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RELATO #1 ARTEMISA

En la ciudad de Bogotá, una de las más grandes de Colombia, las divinidades más antiguas del
panteón griego. Esta hermosa diosa, nace de la unión de un amorío entre Zeus, dios del cielo y
trueno que gobierna el Olimpo y Leto, diosa de la noche y de la luz del día. Pero su llegada al
mundo no fue fácil, su madre, Leto, tuvo que huir por mucho tiempo de la ira de la diosa Hera,
esposa de Zeus y es por esta razón que llega a la recóndita isla de Delos. Hizo perenigraje por
tanto tiempo que pudo pensar con calma el nombre de sus hijos, porqué para sorpresa de todos,
Leto carga en su vientre a dos hermosos mellizos a los cuales decidió llamar, Artemisa y Apolo.
Artemisa fue la primera en nacer y desde pequeña mostró habilidades y cualidades
excepcionales, su padre mostraba admiración por ella y le concedió unos peculiares deseos a
petición de la pequeña diosa. Artemisa, a una temprana edad pidió a su padre que la mantuviera
virgen por la eternidad y que pudiera vivir en los bosques y así dedicarse a la caza; otorgándole
un grupo de ninfas y dríades, al Zeus cumplir estas solicitudes, Artemisa se dirigió a Hefesto,
dios del fuego y la forja y le pidió que le confeccionara un arco para desarrollar su actividad.
Por último Pan, el semidios de los pastores y rebaños, le entregó una jauría de perros para que
acompañara a la diosa en sus monterías. A medida que fue creciendo, iba utilizando cada una
de esas herramientas y acompañantes que le dieron como obsequio para hacer uso de su poder
como Diosa.

Pasados algunos años, en una calurosa tarde se encontraban Artemisa y sus ninfas en un
estanque refrescándose, justo en ese momento el príncipe Tebano Acteón estaba de cacería por
la zona y tuvo sed, así que caminó en busca de algún estanque para poder hidratarse, pero por
desgracia se topó con Artemisa y mancilló con su mirada el pudor de la divinidad. A pesar de
que las ninfas intentaron cubrirla ya era demasiado tarde y la diosa enfurecida gritó y convirtió
a Acteón en un ciervo y al completarse la metamorfosis puso a los sabuesos que acompañaban
al príncipe en su contra y lo despedazaron sin darse cuenta que era a su propio amo a quien
estaban dando muerte. Los sabuesos buscaron sin cesar a su dueño, y se encontraron con el
centauro Quirón quien para consolarlos construyó una estatua de su difunto dueño.

En medio de toda esa barbarie con la muerte de Acteón y todo el Olimpo impactado por la
situación, nadie se fijaba de las otras cosas que pasaban. Zeus estaba encaprichado con Calisto,
una joven demasiado noble, hija del rey de Arcadia, una de las compañeras más fieles de
Artemisa, pues ella había consagrado su vida haciendo un voto de castidad, permaneciendo
virgen del mismo modo en que lo hacía Artemisa, para formar parte de su cortejo. Zeus se
aprovechó de que estaban distraídos con la muerte del príncipe que se hizo pasar por su hija
Artemisa, abusando de ella y dejándola embarazada. Calisto trato de ocultarlo durante mucho
tiempo, porque sabía que si Artemisa se enteraba sería una gran desilusión pero sobre todo, ya
no pertenecería más a su séquito por lo que ya no era virgen; pero por más esfuerzos que hizo,
en otra ocasión mientras se bañaban en su estanque favorito, Artemisa descubrió el embarazo
de calisto y como castigo por haber faltado a su voto de castidad, la transformó en una enorme
osa ,Artemisa permitió que naciera el bebé que por nombre tuvo Arcas y aún así quería más
desgracias para Calisto, por esa razón los mato pero Zeus reaccionó rápidamente, estaba tan
preocupado por ella y por su hijo que a escondidas los elevó a los cielos convirtiéndolos como
compensación en constelaciones por el castigo que había sufrido, Calisto como Osa mayor y
su hijo como Osa menor.

Artemisa estuvo sumida en la tristeza durante mucho tiempo, Calisto había sido su compañera
más preciada y no concebía la idea de tener que continuar la vida sin ella. Pero como por arte
de magia, apareció en su vida un colosal gigante cuyos padres eran Poseidón dios de los mares
y océanos y Euríale una de las tres gorgonas. Este hermoso gigante, era Orión quien se
destacaba por su enorme tamaño y su asombrosa fuerza. La diosa y el gigante, desarrollaron
una amistad bastante fuerte, tanto así, que permitió que Orión se uniera a su cortejo, pero no
todos estaban de acuerdo. Apolo, fue el principal opositor de esta unión pero la diosa le restó
importancia alegando que su hermano estaba celoso de que ella compartiera más tiempo con
Orión y no con él. Pero Apolo sabía que Orión había roto el corazón de Eos, diosa titánide de
la aurora, y la había abandonado sin remordimientos. El dios de las artes, sólo estaba
preocupado por su hermana, temía que el gigante hiciera lo mismo con ella, así que acudió a
Gea, diosa de la Tierra y le explicó la excesiva vanidad de Orión y esta envió un escorpión para
que acabara con su vida. El gigante, intentando salvar su vida, escapó a la isla de Delos en
donde Eos estaba a la espera de él. Mientras esto sucedía Artemisa estaba con sus ninfas
cazando cuando llegó Apolo en busca de un tiempo con su hermana y la desafió a disparar
flechas como cuando eran niños; ella accedió. A lo lejos divisó una figura que se alejaba
nadando y su hermano le dijo que ese era el seductor de Opis, diosa de la fertilidad y lo acusó
con su hermana argumentando que había intentado violarla, Artemisa llena de ira disparó sus
flechas dando directo al objetivo y lo mató. Al acercarse para ver de quien se trataba, descubrió
que era Orión y llena de tristeza y arrepentimiento le suplicó a su padre Zeus que lo convirtiera
en una constelación para que la acompañara siempre desde el cielo.

Se avecinaba una época tan marcada para los dioses, un evento no tan bueno que acabó con
unos haciendo justicia y con otros injustamente, el ciclo troyano, la famosa guerra en el siglo
XIII a.c, Artemisa siempre actuó a favor de los troyanos, posiblemente por fidelidad a su
hermano Apolo. Fue la responsable de que se detuvieran los vientos, inmovilizando la flota de
los griegos en Aulide. Este castigo se debió a que Agamenón, rey de Micenas y principal
caudillo de los griegos, había matado a una cierva en un bosque consagrado a Artemisa. Como
anunciaron los adivinos a Agamenón, sólo un sacrificio humano calmaría la cólera de la diosa
y lograría que ésta liberara de nuevo los vientos. El rey Agamenón accedió a sacrificar uno de
sus más preciosos tesoros, su hija pequeña, Ifigenia. La niña fue sacrificada en un altar
construido sobre un acantilado, y en el momento en el que la pequeña exhaló su último aliento,
los vientos hincharon de nuevo las velas de las naves griegas. Artemisa se apiadó de la pequeña
en el último momento, cambiando su cuerpo por el de un cervatillo antes del golpe destinado a
acabar con su vida. La pequeña Ifigenia fue trasladada por la diosa a la tierra salvaje de Tauride,
donde fue nombrada sacerdotisa principal de la diosa Artemisa, viviendo toda su vida
apartada.Y así es como Artemisa a pesar de tener grandes pérdidas también tuvo grandes
victorias y cada vez que se enfrentaba a alguien, sabía que tenía en el cielo, dos constelaciones
que siempre estarían conspirando a favor de ella y cuidandola ante quien se le enfrentara.
Presentado por:
Gessica Ximena Duran Velandia
Maria Paula Osorio Osorio

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