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LAS TRES CABRAS

3 Minutos de Lectura

Erika GC

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Cuento infantil adaptado de una vieja leyenda de Noruega.

Erase una vez una familia con tres cabras que se querían mucho. Estaba el abuelo, con sus largas
barbas y su gran ingenio, el padre, joven y vigoroso, y una cabritilla pequeña y muy curiosa, que
era el hijo. Los tres vivían en un prado con mucha hierba fresca para comer, sin embargo, un
buen día esta se secó y ellos se preocuparon mucho.

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¿Cómo iban a subsistir si la pradera ya no les daba comida?

—Tendremos que cruzar el puente de piedra —dijo el abuelo—, del otro lado hay un valle más
grande que este, lleno de flores y con montones de hierba deliciosa para comer. Allí viviremos.

Sin embargo, ninguna de las cabritas sabía que aquel puente de piedra estaba custodiado por
un malvado troll, que amenazaba con devorar a todos los que caminaban por él. Así que en
cuando la cabra más pequeña cruzó, corriendo y sin precaución, el monstruo le salió en medio
del camino asustándola.

—¿A dónde crees que vas? —le preguntó.

—Voy a cruzar el puente para vivir en el valle.

—¡De eso nada! Este puente me pertenece y ahora te voy a comer.

—¡Espera! —dijo la cabritilla, antes de que la devorara— Yo soy muy pequeña y no voy a saciar
tu hambre. Pero si esperas un poco y me dejas pasar, verás a una cabra mucho más grande que
viene detrás de mí.

El troll se lo pensó un poco y como tenía tanta hambre, la dejó pasar, ansioso por devorar una
presa mayor. Así llegó el padre de la cabrita, al cual también amenazó.

—¿A dónde crees que vas?

—Voy a cruzar el puente para vivir en el valle.

—¡De eso nada! Este puente me pertenece y ahora te voy a comer.


—Aguarda un poco —le dijo el padre—, déjame pasar y verás venir detrás de mí a una cabra que
es el doble de grande que yo. Comiendo tan poca cosa como lo soy yo, no vas a quedar
satisfecho.

Una vez más lo pensó el troll y codicioso y glotón como era, decidió dejar pasar a la segunda
cabra. En cuanto lo hizo vio que venía el abuelo, grande y regordete, y la boca se le hizo agua.

—¿A dónde crees que vas?

—Voy a cruzar el puente para vivir en el valle.

—¡De eso nada! Este puente me pertenece y ahora te voy a comer.

—¿Cómo te atreves a amenazarme? ¡Tú no sabes con quien estás hablando! —exclamó el
abuelo indignado.

Y corriendo hacia el troll, lo pisoteó con sus poderosas patas para enseguida, clavarle sus
cuernos y mandarlo volando hasta el río, en donde la corriente se lo llevó muy lejos.

Su hijo y su nieto lo recibieron del otro lado, en el valle, muy felices de verlo a salvo. Las tres
cabras se abrazaron y celebraron que estaban juntas, gracias a su inteligencia y su valentía. De
ahí en adelante habitaron en paz y con montones de hierba fresca para comer.