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EL DINERO Y LA ETERNA BURLA EN LA COMEDIA GRIEGA

Menandro, todo luces y fugaces pinceladas que destellan la insinuación latente de


un fresco del ser ad perpetuam, en un memorable e inmarcesible pasaje de “El
díscolo” aventura sobre la pérfida enfermedad que se asocia al poseedor abyecto y
febril de dinero lo siguiente: “Hablas de dinero, que es cosa inestable. Si estás
seguro de que tú contarás siempre con él, guárdalo sin repartirlo con nadie. Pero si
tú no eres su dispensador y si todo se lo debes, no a ti mismo, sino a la suerte, no
te niegues, padre mío, a ser pródigo. Esta diosa (fortuna), va quizá a quitártelo todo
para dárselo a algún otro que no lo merezca. Por eso yo afirmo que, mientras seas
su poseedor, tienes que servirte de él con generosidad, ayudar a todos, enriquecer
por tus propios medios al mayor número posible de gentes. He ahí un tesoro
imperecedero. Y si alguna ve experimentas un revés de fortuna, en ello hallarás tu
resarcimiento. Más vale contar con un amigo verdadero que con riquezas
escondidas que se guardan en tierra.”

Perdonará al redactor el siempre respetable lector por la extensión de la anterior


cita, empero, los relámpagos de singular brillo que arroja la comedia griega, solo
comparables, si se me permite la evidente imprudencia subjetiva, con los que se
dejan ver en la lectura alterada y motivada de algunos mitos nativos de América son
iluminaciones que descubren la sucia desnudez de la naturaleza empedernida,
obstinada, y por qué no, materialista del ser humano; difícil resistirse al asombro. La
comedia, representada en este caso por Menandro, supone un ir y venir
epistemológico, moral, ético y teológico de asuntos mundanos que han guiado las
bridas del homo sapiens desde que éste empezara a comprender su lenguaje en
abstracto en el paleolítico.

En efecto, la comedia en medio de su organizada y sobria borrachera nos pone de


frente con los pesares y condiciones inexorables de un animal incapaz (por ventura)
de desarroparse de su pesado manto salvaje que lo cubre desde antaño. Ello con
el fin de recordarnos lo pedestre que siempre hemos sido así se ose a llevar el
atavío de deidad embriagada de poder, puesto que muy en el fondo somos dioses
que pretendemos serlo y por eso creemos en ellos.

“El interés señala el camino de la salvación” menandro, los díscolos. Pág


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Menandro, todo luces y pinceladas fugaces que destellan la insinuación
latente de un fresco del ser ad perpetuam, en un memorable e
inmarcesible pasaje de “El díscolo” aventura sobre la pérfida
enfermedad que se asocia al poseedor abyecto y febril de dinero lo
siguiente: “Hablas de dinero, que es cosa inestable. Si estás seguro de
que tú contarás siempre con él, guárdalo sin repartirlo con nadie. Pero
si tú no eres su dispensador y si todo se lo debes, no a ti mismo, sino a
la suerte, no te niegues, padre mío, a ser pródigo. Esta diosa (fortuna),
va quizá a quitártelo todo para dárselo a algún otro que no lo merezca.
Por eso yo afirmo que, mientras seas su poseedor, tienes que servirte
de él con generosidad, ayudar a todos, enriquecer por tus propios
medios al mayor número posible de gentes. He ahí un tesoro
imperecedero. Y si alguna vez experimentas un revés de fortuna, en ello
hallarás tu resarcimiento. Más vale contar con un amigo verdadero que
con riquezas escondidas que se guardan en tierra.”

Perdonará al redactor el siempre respetable lector por la extensión de


la anterior cita, empero, los relámpagos de singular brillo que arroja la
comedia griega, solo comparables, si se me permite la evidente
imprudencia subjetiva, con los que se dejan ver en la lectura alterada y
motivada de algunos mitos nativos de América; son iluminaciones que
descubren la sucia desnudez de la naturaleza empedernida, obstinada,
y por qué no, materialista del ser humano; difícil resistirse al asombro.
La comedia, representada en este caso por Menandro, supone un ir y
venir epistemológico, moral, ético y teológico de asuntos mundanos que
han guiado las bridas del homo sapiens desde que éste empezara a
comprender su vertiginoso viaje en abstracto (el lenguaje) en el
paleolítico. El dinero, como punto elemental de las preocupaciones de
este tipo de homo economicus suscita, al igual que la guerra, la moral o
la paz, en la comedia griega apasionadas lides argumentales
acendradas en tribunas desgastadas por marejadas de desaliento,
desilusión, muerte y corrupción. Puesto que como lo habrá notado el
lector atento y acucioso, las comedias de alto vuelo se edifican sobre
relatos de desolación y escombros de muerte.

En efecto, la comedia en medio de su organizada y sobria borrachera


nos pone de frente con los pesares y condiciones inexorables de un
animal incapaz -por ventura- de desarroparse de su pesado manto
salvaje que lo cubre desde antaño. Tal vez por ello, el siempre valiente
y mordaz Aristófanes en "Los Acarnienses" escribió: " No os
ofendáis espectadores, de que siendo un mendigo, me atreva a hablar
de política en una comedia, pues también la comedia conoce lo que es
justo. Yo os diré palabras amargas, pero verdaderas." Las puestas en
escena de estos pocos dramas que han sobrevivido al fuego, el agua y
la locura recuerdan con crudeza lo pedestre y llano que siempre este
animal ataviado de deidad embriagada de poder ha sido. No muy en el
fondo somos dioses que pretendemos serlo y por eso creemos en ellos.
La comedia es una imitación de una acción inferior y completa, de cierta
amplitud, en lenguaje sazonado, separada cada una de las especies en
distintas partes, actuando los personajes y no mediante relato, y que
mediante la risa lleva a cabo la purgación de tales afeccione