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Nehemías 1:1-6

El escritor
En el día de hoy, amigo oyente, vamos a estudiar el libro de
Nehemías, y al entrar en la lectura de este libro quisiéramos decir
algunas palabras sobre el escritor de este libro, algo sobre la
persona de quién trata el relato. El uso del pronombre en primera
persona en Nehemías 1:1 da la impresión de que Nehemías fuera
el autor. Si Esdras fue el escritor, entonces copió del diario de
Nehemías. Ahora este libro, como en el caso del libro de Esdras,
incluyó copias de cartas, decretos, registros y otros documentos.
La conclusión es que el mismo autor escribió ambos libros y fue
probablemente Esdras. Los dos libros de Esdras y Nehemías
figuran como uno solo en el canon hebreo. Nehemías era un laico,
mientras que Esdras era un sacerdote. En el libro de Esdras, al
leerlo antes, nos dimos cuenta que el énfasis se ponía en la
reedificación del templo. Ahora, en el libro de Nehemías el énfasis
recae sobre la reedificación del muro de la ciudad de Jerusalén.
En Esdras vimos el aspecto religioso del regreso del pueblo a su
tierra, mientras que aquí en el libro de Nehemías tenemos el
aspecto político. Esdras fue un buen representante del sacerdote
y del escriba; y Nehemías fue el noble representante del hombre
de negocios. Nehemías tenía un cargo muy importante en la corte
del poderoso rey de Persia, Artajerjes. Pero su corazón estaba
con el pueblo de Dios en Jerusalén, y con el programa de Dios
para Jerusalén. Y quisiéramos destacar que la principal
característica de este libro es su aspecto personal. Estamos
seguros que usted recibirá una gran bendición mediante este
estudio y la lectura de este libro.
La fecha
Cronológicamente, este es el último de los libros históricos del
Antiguo Testamento. Considerando el factor histórico, llegamos
con este libro al final de una línea. En lo que concierne a la historia
de los judíos, el Antiguo Testamento no llegó más lejos. El libro
de Esdras retomó el hilo de la historia unos setenta años después
del Segundo Libro de Crónicas. Los setenta años de la cautividad
habían terminado, y un remanente regresó a la tierra de Israel.
El regreso bajo la dirección de Esdras ocurrió unos cincuenta años
después del regreso bajo Zorobabel; y Nehemías regresó unos
quince años después de Esdras. Por supuesto que todas estas
cifras de años que mencionamos son sólo aproximadas y las
presentamos para dar una idea de las diferentes etapas de la
historia de Israel después de la cautividad. Esto nos permite ver
cómo las setenta semanas de Daniel encajan en el contexto
general de una manera normal y razonable. Estas setenta
semanas comenzaron en el libro de Nehemías, y no en el de
Esdras. En el capítulo 9 de Daniel, versículo 25 leemos: "Sabe,
pues, y entiende, que desde la salida de la orden para restaurar
y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete
semanas, y sesenta y dos semanas" y los antecedentes históricos
para los hechos de Nehemías la encontramos en la parte final del
versículo, donde dice: "se volverá a edificar la plaza y el muro en
tiempos angustiosos".
Ahora, volviendo a Nehemías, y si usted quiere tener algunas
fechas más o menos exactas, podemos decir que el decreto de
Ciro fue promulgado en el año 536 A.C. y eso lo encontramos en
el Libro de Esdras, capítulo 1, versículo 4. Luego el decreto de
Artajerjes fue emitido en el año 445 A.C. (en el vigésimo año de
su reinado). A partir de ese momento se empezarían a contar las
"setenta semanas". Y eso lo podemos leer en el segundo capítulo
de Nehemías, en los primeros ocho versículos. Y las primeras
siete semanas mencionadas en Daniel 9 finalizarían en el año 397
A.C. y eso lo vemos en Malaquías. Y luego notamos que a través
de esta profecía, uno podría indicar claramente el período de
tiempo que pasaría hasta el nacimiento del Mesías.
Versículos clave
Si tuviéramos que escoger dos de ellos, elegiríamos Nehemías
1:4 y 6:3. Nehemías 1:4 dice: "4Cuando oí estas palabras me
senté y lloré, hice duelo por algunos días, ayuné y oré delante del
Dios de los cielos". Y 6:3, nos dice: "3Entonces envié mensajeros
para decirles: Estoy ocupado en una gran obra y no puedo ir;
porque cesaría la obra si yo la abandonara para ir a vosotros.
Ahora vamos a presentar un breve
Bosquejo general
Para tener una visión panorámica del libro.
I. Reedificación de las murallas, capítulos 1 al 7.
1. La oración de Nehemías por el remanente en Jerusalén,
capítulo 1.
2. El pedido de Nehemías al rey; retorno a Jerusalén; inspección
de las ruinas de Jerusalén, capítulo 2:1-16.
3. El ánimo de Nehemías para reedificar las murallas, capítulo
2:17-20.
4. Reedificación de las murallas y puertas, capítulo 3.
5. La respuesta de Nehemías a la oposición, capítulos 4 al 6. La
conclusión de las murallas, 6:15.
6. El registro del pueblo realizado por Nehemías, capítulo 7.
II. Renovación y reforma, capítulos 8 al 13.
1. Gran lectura de la Biblia conducida por Esdras, capítulo 8.
2. Renovación, el resultado, capítulos 9 y 10.
3. La reforma, otro resultado, capítulos 11 al 13.
Llegamos así a
Nehemías 1:1-6
El tema del primer capítulo gira alrededor de la oración de
Nehemías por el remanente en Jerusalén. El pueblo de Israel
había sido llamado para ser un testigo en contra de la idolatría
pero, con demasiada frecuencia, fracasó y los israelitas se
hicieron idólatras. Dios había advertido a Su pueblo a través de
los profetas, de los resultados inevitables de la adoración de los
ídolos. Y ellos seguían rompiendo la ley, quebrantando la ley,
hasta que finalmente ya no hubo más remedio. Entonces Dios
permitió que fueran conducidos a la cautividad en Babilonia, que
era la fuente de la idolatría. Allí, a fuerza de hartarse de los ídolos
de Babilonia, aprenderían la lección y Dios permitiría que
regresaran repudiando la idolatría. Sin embargo, su restauración
espiritual resultaría incompleta. Y no serían completamente libres
a partir de este tiempo, en este período que abarca hasta el
momento de la llegada del Imperio Romano.
Hubo tres hombres que desempeñaron papales importantes en la
reedificación de Jerusalén. Zorobabel, el príncipe, que representó
el aspecto político. Después vimos a Esdras, el sacerdote, y
finalmente Nehemías, el hombre laico, no religioso. Como
resumen histórico diremos que el rey, el sacerdote, el profeta
habían fracasado en la reedificación de los muros de Jerusalén y
en la limpieza del templo. Así que Dios levantó a un hombre a
quien nosotros designamos como laico. Y creemos francamente
que ésta es una distinción desafortunada, y es algo que hacemos
a menudo en nuestros días; siempre distinguimos de forma
categórica entre los creyentes dedicados a pleno tiempo al Señor
y los laicos. Y la verdad es que unos son parte de los otros, y
necesitamos a ambos y no es necesario establecer una diferencia
tan marcada, desde el punto de vista de su efectividad en el
desarrollo de la obra cristiana.
Aquí vemos entonces que un laico reedificó los muros de
Jerusalén e hizo una limpieza en el templo. Y creemos que aún
en nuestros días Dios puede y levanta a personas que tienen
ocupaciones profesionales, fuera del ámbito religioso, para hacer
grandes obras y para desarrollar Su obra sobre una base segura.
Si examinamos bien a este hombre, Nehemías, veremos que él
creía en vigilar y trabajar, y también creía en trabajar y orar.
Vigilar y orar, o podríamos decir también, trabajar y orar, fueron
las palabras que caracterizaron a este hombre. Nehemías tenía
un buen trabajo en Susa, la capital de Persia. Era un funcionario
del gobierno. Él era el copero del rey. Los coperos asistían al rey
en las comidas, sirviéndoles el vino. Eran personas de mucha
confianza, que a veces actuaban como consejeros del rey. Podía
haber permanecido en la capital del reino ya que era un hombre
bueno, honrado, honesto. Pero él nunca habría aparecido en el
Libro de Dios, ni habría sido usado por Dios si hubiera
permanecido en esa posición. Y quisiéramos que usted, estimado
oyente, observe algunos de los rasgos que destacaron a este
hombre, a medida que avanzamos en nuestro estudio.
Recordemos que los primeros siete capítulos de Nehemías
tenemos la reedificación de los muros de la ciudad. Y en los
capítulos 8 al 13, tenemos la renovación y la reforma.
Nehemías 1
El primer párrafo de nuestro estudio, en el capítulo 1, podría
titularse
La preocupación de Nehemías por el remanente de
Jerusalén
Vemos en el primer capítulo la oración de Nehemías por el
remanente en Jerusalén. Leamos los primeros dos versículos del
primer capítulo de Nehemías:
"Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de
Quisleu, en el año veinte, que estando yo en Susa, capital del
reino, vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos hombres
de Judá. Entonces les pregunté por los judíos que habían
escapado, los que se habían salvado de la cautividad, y por
Jerusalén".
Ahora, cuando escribió esta frase: aquellos que habían escapado,
se estaba refiriendo a aquellos que habían regresado a la tierra.
Ahora, Nehemías podía haber regresado a su tierra pero, por
alguna razón no lo hizo. Él tenía un buen empleo, y no lo vamos
a criticar por eso, por la sencilla razón de que Dios usa a hombres
como él, y Dios usó a Nehemías.
Este hombre con un cargo tan alto, tenía una gran inquietud por
la obra de Dios. Él estaba muy preocupado por la causa de Dios.
Un día que estaba ocupado en sus tareas en el palacio, en sus
actividades diarias, al dirigirse de un lugar a otro se encontró de
pronto con uno de sus hermanos que acababa de llegar de
Jerusalén, y que probablemente traía algún mensaje al palacio. Y
Nehemías se detuvo junto a él y le preguntó: "¿Qué tal, cómo van
las cosas en Jerusalén? Y ésta fue la respuesta que recibió.
Leamos el versículo 3:
"Ellos me dijeron: El resto, los que se salvaron de la cautividad,
allí en la provincia, están en una situación muy difícil y
vergonzosa. El muro de Jerusalén está en ruinas y sus puertas
destruidas por el fuego".
Y no fue una imagen muy agradable la que recibió. Vemos que el
pueblo de Dios y la causa de Dios se encontraban en una situación
lamentable. Los judíos estaban desprestigiados porque como
pueblo de Dios habían fracasado, y Dios no podía dejar que esto
ocurriera. Desafortunadamente nosotros tampoco podemos dejar
que eso suceda hoy. Y vemos aquí que este hombre Nehemías
estaba muy preocupado e inquieto por el informe que había
recibido. Podría haber reaccionado de diversas maneras. Por
ejemplo, podría haber dicho: "Bueno, eso es muy triste, lo siento
mucho y voy a orar por este problema". Pero lo importante aquí
es que él estaba muy interesado en lo que estaba ocurriendo.
Cuando él recibió este mensaje reacciona de una manera que nos
sirve de ejemplo. Veamos lo que dijo aquí el versículo 4, que inicia
un párrafo dedicado a
La oración de Nehemías
"Cuando oí estas palabras me senté y lloré, hice duelo por algunos
días, ayuné y oré delante del Dios de los cielos".
Hay varias cosas a las que queremos dirigir nuestra atención en
este versículo de una manera especial. Nehemías no era
indiferente a la triste condición del pueblo; tampoco era una
persona a la que le gustaba criticar. Él lo podía haber hecho;
podría haber dicho: "Bueno, ellos deberían haber hecho eso o
aquello, o lo tendrían que haber hecho de esta otra manera".
Podemos apreciar que él no procedió de esa forma. Nehemías
estaba muy preocupado por la situación y era algo que le afectaba
de una manera muy personal. Aquí encontramos lo mismo que
habíamos visto antes en el libro de Esdras, recordemos su
reacción ante la condición del pueblo de Dios. Esdras era un
sacerdote, y era una persona que se sentía comprometida y
preocupada por la situación. Aquí, en Nehemías, tenemos ahora
a un laico, a un funcionario civil que también se sentía implicado
en el problema.
Hoy en día, la causa de Dios se encuentra en peligro. Y nos
preguntamos si aquellos que se ponen a criticar las cosas ¿se
sienten verdaderamente implicados en lo que está sucediendo?
Si lo que alguien está criticando no le duele en su corazón, debería
dejar de criticar. A veces se habla demasiado, pero no se
derraman lágrimas. Nadie puede ser un verdadero mensajero de
Dios si el mensaje no le causa una angustia personal.
Mientras que Esdras era un hombre mayor, creemos que
Nehemías era un joven. Anteriormente sugerimos que Esdras
probablemente era un niño pequeño en el momento de la
cautividad, pero creemos que Nehemías había nacido en la
cautividad, como muchos otros. Y ésa fue la razón por la cual
cuando estudiamos el libro de Esdras, no criticamos a aquellas
personas que habían decidido quedarse en Babilonia. Aunque
estaban fuera de la voluntad de Dios (esto era obvio y lo podemos
apreciar claramente en el libro de Ester) entre ellos había
personas muy fieles a Dios que no regresaron a la tierra. El
apóstol Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 14, versículo 4,
dijo: "¿Tú quién eres, que juzgas al criado de otro? Para su propio
señor está en pie, o cae". Por tanto, estimado oyente, ni usted ni
yo tenemos ningún derecho de juzgar a esa gente. Debemos
tener mucho cuidado cuando juzgamos o criticamos a otros
creyentes, especialmente cuando no tenemos conocimiento de
todas las circunstancias.
Se nos dice aquí que Nehemías se sentó y lloró. Ahora, él estaba
ocupado en sus asuntos de Estado, pero esto no evitó que él se
sentara y llorara. También leemos que dijo: "hice duelo por
algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos". Ésta
fue la fuente de recursos de aquellos hombres, como él y Esdras:
El presentar su angustia delante de Dios y orar.
Y nuevamente quisiéramos dirigir su atención aquí a esta
expresión el Dios de los cielos, que apareció primeramente en el
Libro de Esdras, luego se repitió aquí en Nehemías, y luego,
podremos observarla en el Libro de Daniel. Fue una expresión
peculiar a estos tres libros. Después de la caída y destrucción de
Jerusalén, Dios no pudo ser identificado con el Templo, como el
que se encontraba entre los querubines. Su gloria había partido
y la palabra "Icabod" (que significa ¿dónde está la gloria?) fue
escrita en el escudo de armas de Israel. El profeta Ezequiel vio la
gloria del Señor salir del templo, que se retiraba sobre el muro
de la ciudad, y luego se posaba momentáneamente sobre la cima
del monte de los Olivos, y luego se elevaba hacia el cielo. No
volvió a aparecer hasta esa ocasión en Belén, según el relato de
Lucas 2:14, cuando el ángel dijo: "Gloria a Dios en las alturas"
por Él está allí. Cristo vendría a la tierra en forma de hombre, y
Su gloria estaba encubierta. Pero un día Él regresará. Y el Señor
Jesucristo mismo dijo: "Entonces aparecerá la señal del Hijo de
Hombre en el cielo; y entonces todas las tribus de la tierra harán
duelo, y verán al hijo del Hombre que viene sobre las nubes del
cielo con poder y gran gloria". (Mt.24:30) Y no sabemos cuál será
esa señal. Pero tenemos la impresión de que podría ser la gloria
de Dios regresando. Pero en el tiempo de Nehemías, Él es el Dios
de los cielos y Nehemías se dirigió a Dios de esa manera. Ésta fue
una gran oración, y luego tendremos otra en el capítulo 9. Pero
aquí en el versículo 5 él dijo:
"Y le dije: Te ruego, Señor, Dios de los cielos, fuerte, grande y
temible, que guardas el pacto y tienes misericordia de los que te
aman y guardan tus mandamientos"
Detengámonos aquí por un momento, porque esta palabra
temible que se menciona aquí, se ha usado muchas veces de una
manera equivocada. Esta palabra, que equivale a "reverendo" era
el nombre que se le daba a los ministros religiosos anteriormente
cuando se les tenía en alta estima en su comunidad, lo cual ya no
ocurre en nuestro tiempo. En otros tiempos, entonces, era una
expresión de respeto, aunque era un nombre inapropiado. Pero
en realidad quiere decir el reverendo Dios, "el Dios temible", que
causa temor. Pero también, como dice este versículo 5, es el Dios
que guarda el pacto y tiene misericordia de aquellos que le aman
y obedecen sus mandamientos. Es Dios de juicio, pero también
es un Dios amante que muestra Su gracia y Su misericordia. Y
continuó Nehemías su oración diciendo en el versículo 6:
"esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración
de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los
hijos de Israel, tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de
Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre
hemos pecado".
Observemos el vocabulario de Nehemías en esta oración. ¿Acaso
dijo el "los pecados que ELLOS han cometido contra Ti?" No.
Nehemías dijo: "Los pecados que hemos cometido contra ti; sí,
yo y la casa de mi padre hemos pecado". Nehemías sí que fue
directamente al grano, estimado oyente. Dijo: "Yo soy un
pecador. La casa de mi padre ha pecado. La nación ha pecado".
¿Cuántas veces hemos escuchado esta clase de confesión de
pecado en círculos cristianos? O sea que Nehemías se identificó
totalmente con la gente, con los que habían pecado.
Es importante destacar que en su oración, Nehemías hizo una
confesión concreta: que el fracaso de los judíos se debió al
pecado. Él no actuó como en el Nuevo Testamento actuarían los
Fariseos, como simples espectadores del pecado de los demás, y
que no reconocían el suyo propio.
Y así como Su presencia se alejó del pueblo que se volvió idólatra
y cayó en el pecado, Dios permanece alejado del pecador a causa
de su rebelión. Es que hasta que una persona se vea delante de
Dios tal como es, es decir, hasta que reconozca que es un ser
pecador, no podrá establecer una relación con Él. Porque ante los
demás podemos ocultar nuestros pensamientos y, hasta cierto
punto, nuestras acciones. Pero Dios ve el interior de todos y ante
Él sólo podemos expresar la verdad. Por ello, al que se acerca a
Dios humildemente, con esa actitud de sinceridad, recociendo por
la fe su necesidad de la gracia y misericordia de Dios, y la
suficiencia de la obra de Cristo en la cruz a favor suyo, Dios le
recibe como Hijo, le concede el perdón, la salvación, la vida
eterna. Y entonces, Su Espíritu comienza a transformarle en una
nueva persona, en la cual pueda brillar la luz y el resplandor de
la gloria de Dios.

Nehemías 1:7 - 2:16


Regresamos hoy, amigo oyente, al primer capítulo de este libro
de Nehemías. Y vamos a comenzar nuestra lectura en el versículo
7. En nuestro programa anterior, dejamos esta parte de la oración
de Nehemías. Usted recordará que Nehemías era el copero del
rey, tenía un puesto político, era un funcionario del gobierno. En
cierta ocasión se encontró a uno de sus hermanos de raza que
había venido de Jerusalén y éste le contó que las cosas estaban
en una situación terrible, que había mucha aflicción, que la gente
estaba desanimada. Y este hombre Nehemías se sentó y comenzó
a llorar, y estuvo varios días ayunando y orando. Al terminar el
programa anterior estábamos leyendo la oración que dirigió a
Dios. Y concluimos leyendo el versículo 6, en el que observemos
el vocabulario de Nehemías en esta oración. ¿Acaso dijo él "los
pecados que ELLOS han cometido contra Ti?" No. El dijo: "Los
pecados que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi
padre hemos pecado". Nehemías sí que fue directamente al
grano, estimado oyente, diciendo: "Yo soy un pecador. La casa
de mi padre ha pecado. La nación ha pecado". ¿Cuántas veces
hemos escuchado esta clase de confesión de pecado en círculos
cristianos? O sea que Nehemías se identificó totalmente con la
gente, con los que habían pecado.
Es importante destacar que en su oración, Nehemías hizo una
confesión concreta: que el fracaso de los judíos se debió al
pecado. Él no actuó como en el Nuevo Testamento actuarían los
Fariseos, como simples espectadores del pecado de los demás, y
que no reconocían el suyo propio.
Ahora, notemos lo que dijo aquí en el versículo 7, de este capítulo
1:
"En extremo nos hemos corrompido contra ti y no hemos
guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a
Moisés, tu siervo".
Ahora, al leer estas palabras podemos ver que Nehemías creía en
la Palabra de Dios. Confiaba en ella; conocía la Palabra de Dios.
Este hombre estaba muy preocupado porque los mandamientos
de Dios estaban siendo ignorados. Y continuó aquí en el versículo
8, diciendo:
"Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a Moisés, tu siervo,
diciendo: Si vosotros pecáis, yo os dispersaré por los pueblos"
Podemos apreciar que él no sólo creía en la Palabra de Dios sino
que también creía en el regreso de los judíos a Jerusalén. Ahora,
tomemos nota lo que dice aquí el versículo 9:
"pero si os volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los
cumplís, aunque vuestros desterrados estén en los confines de
los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido
para hacer morar allí mi nombre".
Nehemías le dijo al Señor: "Señor, Tú dijiste que nos ibas a
dispersar si nosotros desobedecíamos y así sucedió. Ahora, Tú
también dijiste que si nos volvíamos a Ti, es decir, si
regresábamos y confiábamos en Ti, que aunque hubiéramos sido
dispersados hasta los confines de los cielos, que de allí nos
recogerías y nos traerías de regreso a la tierra prometida".
Podemos comprobar aquí que él creía que ellos iban a regresar a
su tierra, y estaba contando con ello, y por ese motivo oraba de
esta manera. Escuchemos ahora lo que dicen los versículos 10 y
11, de este capítulo 1 de Nehemías:
"Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con
tu gran poder y con tu mano poderosa. Te ruego, Señor, que esté
ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de
tus siervos, que se deleitan en reverenciar tu nombre; haz
prosperar hoy a tu siervo y concédele favor delante de este
hombre. En aquel entonces servía yo de copero al rey".
Nehemías estaba dispuesto y quería ser usado por Dios, y Dios
escuchó su oración. Pero él no estaba adelantándose a Dios,
estaba orando en cuanto a ello. Él dijo: "Si Tú me quieres usar,
yo estoy disponible. Y cuando él hablaba con Dios sobre el rey, lo
llamó simplemente este hombre. Más tarde veremos que le iba a
pedir al rey permiso para regresar a la tierra. Y como no quería
anticiparse a los planes de Dios, en primer lugar se dirigió a Él en
oración. Y así llegamos a
Nehemías 2:1-16
El tema de este capítulo es el regreso de Nehemías a Jerusalén.
En el primer párrafo tenemos entonces:
El pedido de Nehemías de regresar a Jerusalén
Al solicitar el permiso al rey, Nehemías repasó la situación de la
ciudad en ruinas y animó a la gente a reedificar las murallas.
Leamos entonces el versículo 1 de este capítulo 2:
"Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes,
que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al
rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia"
Aquí en este punto de la historia, es decir, en el año veinte del
rey Artajerjes, dieron comienzo las "setenta semanas"
mencionadas por el profeta Daniel. Ésta fue una fecha importante
para la profecía.
Ahora, Nehemías, como vamos a apreciar, era una persona muy
agradable y una compañía muy amena. Y nos hubiera gustado
conocerlo personalmente.
Este hombre, pues, tenía un cargo político, era un funcionario del
estado. Era el copero del rey. Ahora, el copero era la persona que
no sólo servía el vino al rey, sino que también tenía como función
probar todas las comidas o bebidas que se servían al rey. Y si no
caía muerto o enfermo, entonces, el rey podía comer o beber de
ello. Era un trabajo bastante peligroso como bien podemos
apreciar.
Su función de copero requería que estuviera mucho tiempo en
presencia del rey. Naturalmente, pronto llegaba a ser un amigo
del rey. Creemos que muchas veces, cuando el rey tenía que
tomar alguna decisión, por ejemplo, podría preguntar a su
copero: "¿Qué le parece, cuál es su opinión sobre este asunto? Y
con el tiempo, el copero se iba convirtiendo en un tipo de asesor
o consejero del rey, en un miembro del gabinete del rey.
Probablemente debido a su alto cargo, Nehemías se había
quedado en la tierra del cautiverio de su pueblo, esperando que
algún día pudiera utilizar su posición para ayudar a su pueblo.
Quizás por este motivo, preguntó a sus hermanos de raza cómo
estaba la situación en Jerusalén.
Nehemías se estaba preparando para hacerle al rey un pedido,
pero aún no se encontraba listo para ello. Especialmente en ese
día no se sentía bien. Desde que se enteró de la situación de los
judíos en Jerusalén, había estado lamentándose, ayunando y
orando. Posiblemente sus ojos estaban enrojecidos. No tenía el
aspecto feliz de siempre. Nunca antes se había mostrado triste.
Generalmente era una persona alegre. Y el rey se dio cuenta de
que no era el mismo. Dice el versículo 2:
"me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro?, pues no estás
enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces tuve
un gran temor".
Nehemías no se había dado cuenta de que sus sentimientos se
habían reflejado en su semblante. Había tratado de disimular su
tristeza pero, aparentemente, no lo había logrado. Así que el rey
le dirigió una pregunta bien directa: "¿Por qué estás triste? No
estás enfermo físicamente, así que debe ser una aflicción del
corazón. Algo te está preocupando. Dime qué es". Ante esa
pregunta, Nehemías sintió un gran temor. Y dice el versículo 3:
"Y dije al rey: ¡Viva el rey para siempre! ¿Cómo no ha de estar
triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis
padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego?"
Después Nehemías exclamó: "Viva el rey para siempre". Y
Nehemías podía decir esto incondicionalmente, ya que probaba
todo lo que se ponía sobre la mesa del rey y esperaba que el rey
se conservara en buena salud y, lógicamente, él mismo también.
Entonces, no pudo contenerse más y dejó escapar lo que le estaba
preocupando, es decir, el estado ruinoso de la ciudad donde se
encontraban los sepulcros de sus antepasados. Y el versículo 4
nos dice:
"¿Qué cosa pides? preguntó el rey. Entonces oré al Dios de los
cielos"
El rey le preguntó: ¿Qué cosa pides? Evidentemente tienes una
petición que hacerme. Y Nehemías quizás por un instante inclinó
su cabeza y cerró sus ojos orando al Dios de los cielos.
Seguramente fue una oración muy breve. Suponemos que pudo
haber dicho: Señor, ayúdame a usar las palabras apropiadas,
porque estoy en una situación difícil. Y entonces Nehemías fue
directamente al grano, no perdió tiempo en protocolo o en
palabras elocuentes vacías de significado, sino que se dirigió
directamente al problema esencial, sin andar con rodeos. Leamos
ahora el versículo 5:
"y le respondí: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia
delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis
padres, y la reedificaré".
Nehemías le pidió al rey un permiso especial para ausentarse,
para ir a Jerusalén para ayudar a reedificar la ciudad. Y el
versículo 6 nos dice qué ocurrió.
"Entonces el rey, que tenía a la reina sentada junto a él, me
preguntó: ¿Cuánto durará tu viaje y cuándo volverás? Y agradó
al rey enviarme, después que yo le indiqué las fechas".
Podría haber alguna razón para esta observación acerca de que
la reina estaba presente junto al rey. Sin forzar mucho la
imaginación, podemos suponer que Nehemías no sólo era una
persona joven, sino que también tenía una personalidad
agradable. Podemos imaginar que, a veces, los asuntos políticos
de la corte podrían resultar bastante aburridos. Y cuando el rey
pasaba mucho tiempo discutiendo extensamente algún asunto
político, la reina se aburriría y mantendría conversaciones con el
copero y asesor del rey sobre asuntos generales, o quizás le habrá
preguntado que hacía en sus momentos de descanso. Entonces
Nehemías le habrá contado que los sábados, como judío, asistía
a la sinagoga, y así también le habrá hablado de sus paseos o
entretenimientos.
Así que cuando Nehemías le pidió permiso al rey para regresar a
su tierra, podríamos imaginar que ella le dio un toque con el codo
y le sugirió que accediera a sus deseos y le dejara ir. Y, como ya
hemos leído en el versículo 6, el rey le preguntó cuánto duraría
el viaje y cuándo regresaría. Una vez que Nehemías le respondió,
el rey aceptó dejarlo ir.
Evidentemente al rey le agradaba Nehemías y quiso asegurarse
de que volvería. En este punto, Nehemías pudo haber entrado en
detalles pero no lo hizo. Simplemente añadió y agradó al rey
enviarme después que yo le indiqué las fechas. Nehemías no era
de esas personas que perdían mucho tiempo hablando y sin decir
nada. Ahora, en el versículo 7, leemos:
"Le dije además al rey: Si al rey le place, que se me den cartas
para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen
el paso hasta que llegue a Judá"
Nehemías era consciente de que su viaje podría presentar
grandes dificultades, ya que atravesaría regiones peligrosas. Por
ello le pidió al rey cartas de presentación y explicación para los
gobernadores de los territorios que atravesaría en su ruta, para
que le concediesen protección. Continuamos en el versículo 8:
"y carta para Asaf, guarda del bosque del rey, a fin de que me dé
madera para enmaderar las puertas de la ciudadela de la Casa,
para el muro de la ciudad y para la casa en que yo estaré. Y me
lo concedió el rey, porque la benéfica mano de mi Dios estaba
sobre mí".
Ahora Nehemías confiaba en el Señor, pero al ser un funcionario
del estado no vaciló en pedirle al rey una ayuda oficial y
protección para el largo viaje.
Leamos ahora el versículo 9, que encabeza un nuevo párrafo en
el cual
Nehemías examinó las ruinas de Jerusalén
"Fui luego a los gobernadores del otro lado del río y les di las
cartas del rey. También el rey envió conmigo capitanes del
ejército y gente de a caballo".
A Nehemías lo estaba acompañando una escolta numerosa del
ejército de Persia. Dios había dispuesto de tal manera el corazón
del rey a favor suyo para protegerle, que él supo que la mano de
Dios estaba sobre él. Así que salió de viaje bien protegido.
Recordemos aquí que cuando Esdras le había pedido permiso al
rey para regresar a su tierra, quiso solicitarle protección, pero
como había sido tan elocuente en decirle al rey cómo Dios le
cuidaría y guiaría, le dio vergüenza pedirle una escolta. Temió
que el soberano le dijera: "¿Pero no estás confiando en el Señor?"
Sin embargo, Nehemías, pensó que, siendo un funcionario del
rey, tenía derecho a solicitar protección oficial.
Estimado oyente, Dios no nos guía a todos de la misma manera,
Él guió a Esdras de una forma y a Nehemías de otra. Dios le guiará
a usted de una manera y a mí de otra. Por ello, nadie debe tratar
de imitar a nadie, porque Dios tiene sus propósitos para cada uno
en particular y si se lo permitimos, los llevará a cabo. En nuestro
relato, Esdras regresó sin apoyo logístico y Nehemías con una
gran escolta armada y siervos. Como vemos, Dios utilizó ambos
métodos. Leamos ahora el versículo 10 de este capítulo 2 de
Nehemías:
"Pero cuando lo oyeron Sanbalat el horonita, y Tobías el oficial
amonita, les disgustó mucho que viniera alguien a procurar el
bienestar de los hijos de Israel".
Al llegar a su destino, Nehemías ya se enfrentó con oposición.
Tenemos aquí a dos personajes que conoceremos más adelante.
Después, conoceremos a un tercero: Gesem, el árabe. Estos tres
eran enemigos de Dios y de Su pueblo. Ellos habían tratado de
estorbar la edificación del templo, y en este momento intentaban
impedir la reedificación del muro de Jerusalén. Cuando Nehemías
llegó con su séquito impresionante de siervos y soldados, todos
en esa comarca se enteraron y quisieron saber quién era esa
personalidad. Entonces supieron que se trataba del copero del rey
de Persia, que había llegado para ayudar a los judíos. Cuando se
difundió la noticia, el enemigo se afligió.
Siempre es interesante observar cómo se reciben las noticias.
Depende de quienes son los que las reciben, si las han de
considerar buenas o malas noticias. El evangelio no consiste en
buenas noticias para sus enemigos; es cualquier cosa, menos una
buena noticia. Ahora veamos lo que dice el versículo 11, de este
capítulo 2:
"Llegué, pues, a Jerusalén, y estuve allí tres días".
Ahora, aquí él podía haber escrito dos o tres capítulos relatando
su viaje hacia Jerusalén y sobre las emocionantes experiencias de
aquel largo camino. En cambio, lo resumió en esta breve
declaración: "Llegué, pues, a Jerusalén". Y luego continuó
diciendo en el versículo 12:
"me levanté de noche, yo y unos pocos hombres conmigo, y no
declaré a nadie lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciera
en Jerusalén. No tenía cabalgadura conmigo, sino la única en que
yo cabalgaba".
Después de llegar a Jerusalén, Nehemías no quiso provocar
ninguna alarma indebida, así que salió de noche, protegido por la
oscuridad, para efectuar una inspección y ver en qué condiciones
se encontraban las murallas. Evitó cualquier ostentación y fue
eminentemente práctico. Y continuamos leyendo en los versículos
13 y 14, de este capítulo 2 de Nehemías:
"Aquella misma noche salí por la puerta del Valle hacia la fuente
del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de
Jerusalén que estaban derribados y sus puertas que habían sido
consumidas por el fuego. Pasé luego a la puerta de la Fuente y al
estanque del Rey, pero no había lugar por donde pasara la
cabalgadura en que iba".
Había tantos escombros que su cabalgadura no podía pasar y tuvo
que bajarse del caballo y continuar a pie. Luego dijo en el
versículo 15:
"Subí de noche por el torrente y observé el muro, di la vuelta y
entré por la puerta del Valle, y regresé".
Y así, Nehemías rodeó toda la ciudad y finalizó con su inspección.
Luego leemos en el versículo 16:
"Los oficiales no sabían a dónde yo había ido ni qué había hecho.
Todavía no lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a
los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra".
Aquí podemos apreciar que Nehemías estaba actuando con
cautela y buen criterio al realizar su trabajo para Dios. Realmente
fue un personaje interesante y esperamos que ello reavive
nuestro interés de continuar estudiando su historia, y ver qué
curso de acción seguiría.
Por lo que ya hemos leído sobre él, nos llama la atención que, a
pesar de su privilegiada situación en la corte, y de estar tan
próximo a la dirección del poder político y económico de su época,
mostrase una sensibilidad tan grande a los planes de Dios, a su
cumplimiento y a su propia responsabilidad ante ellos. En
realidad, sólo Dios puede transformar a una persona de tal
manera que sea de verdad un hijo Suyo, y que ame a su Señor
hasta el punto de sentir la imperiosa necesidad de agradarle y
servirle. Es que cuando una persona, por la acción del Espíritu
Santo adquiere la profunda convicción de su pecado, y acepta por
la fe el don gratuito de la salvación que se encuentra en
Jesucristo, se da cuenta de que no merecía el haber sido objeto
del amor de Dios. En consecuencia, surge de ella la necesidad de
vivir de acuerdo con la Voluntad de Dios, y de vivir en armonía
con los planes divinos. Estimado oyente, esperamos que ésa sea
su experiencia.

Nehemías 2:17 - 3:4


En el día de hoy regresamos al segundo capítulo de Nehemías y
comenzaremos a leer el versículo 17. Pero antes permítanos
recordarle que cuando Nehemías se enteró que las cosas en
Jerusalén no estaban marchando muy bien; que la ciudad se
encontraba en una situación muy triste y la gente muy
desanimada, solicitó entonces un permiso para ausentarse de su
trabajo con el rey de Persia. Viajó hacia Jerusalén desde la capital
de Persia, Susa, y fue acompañado por una numerosa escolta del
ejército, como vimos en nuestro programa anterior. Recordemos
aquí que cuando Esdras le había pedido permiso al rey para
regresar a su tierra, quiso solicitarle protección, pero como había
sido tan elocuente en decirle al rey cómo Dios le cuidaría y
guiaría, le dio vergüenza pedirle una escolta. Temió que el
soberano le dijera: "¿Pero no estás confiando en el Señor?" Sin
embargo, Nehemías, pensó que, siendo un funcionario del rey,
tenía derecho a solicitar protección oficial.
Estimado oyente, Dios no nos guía a todos de la misma manera,
Él guió a Esdras de una forma y a Nehemías de otra. Dios le guiará
a usted de una manera y a mí de otra. Por ello, nadie debe tratar
de imitar a nadie, porque Dios tiene sus propósitos para cada uno
en particular y si se lo permitimos, los llevará a cabo. En nuestro
relato, Esdras regresó sin apoyo logístico y Nehemías con una
gran escolta armada y siervos.
Al llegar a su destino, Nehemías ya se enfrentó con oposición. En
el versículo 10 vimos a Sanbalat y a Tobías, dos personajes que
conoceremos más adelante. Después, conoceremos a un tercero:
a Gesem, el árabe. Estos tres eran enemigos de Dios y de Su
pueblo. Ellos habían tratado de estorbar la edificación del templo,
y en este momento intentaban impedir la reedificación del muro
de Jerusalén.
Después de llegar a Jerusalén, Nehemías no quiso provocar
ninguna alarma indebida, así que salió de noche, protegido por la
oscuridad, para efectuar una inspección y ver en qué condiciones
se encontraban las murallas. Evitó cualquier ostentación y fue
eminentemente práctico. Pero había tantos escombros que su
cabalgadura no podía pasar y tuvo que bajarse del caballo y
continuar a pie. Y así, Nehemías rodeó toda la ciudad y finalizó
con su inspección. Aquí podemos apreciar que Nehemías estaba
actuando con cautela y buen criterio al realizar su trabajo para
Dios. Así que, continuando con el relato, leamos los versículos 17
y 18 del segundo capítulo de Nehemías, que destacan
El estímulo de Nehemías para reedificar la muralla
"Les dije, pues: Vosotros veis la difícil situación en que estamos:
Jerusalén está en ruinas y sus puertas consumidas por el fuego.
Venid y reconstruyamos el muro de Jerusalén, para que ya no
seamos objeto de deshonra. Entonces les declaré cómo la mano
de mi Dios había sido buena conmigo, y asimismo las palabras
que el rey me había dicho. Ellos respondieron: ¡Levantémonos y
edifiquemos! Así esforzaron sus manos para bien".
Habiendo efectuado un estudio completo y evaluado las obras que
debían realizarse, Nehemías convocó a los líderes de Jerusalén a
una importante reunión. Les informó cómo Dios lo había guiado,
y que él había solicitado un permiso para ausentarse de su trabajo
como copero del rey para ir a Jerusalén. También les dijo que
había realizado una inspección y que había visto cómo era la
situación; y por tanto les exhortó a llevar a cabo la obra con estas
palabras: "¡Dios está con nosotros! ¡Reconstruyamos la muralla!"
Y la respuesta entusiasta de ellos fue: "Levantémonos y
edifiquemos".
De modo que podemos apreciar que Nehemías era un verdadero
líder. Un líder inspirado por Dios. Y ¿qué fue lo que sucedió? Pues,
simplemente que ellos esforzaron sus manos para bien, es decir,
para realizar esa buena obra. Nehemías nos podía haber dado
aquí una elaborada descripción de todo lo que estaba sucediendo,
de cómo había llegado a un acuerdo con los líderes y cómo ellos
habían reaccionado. Pero no lo hizo así. Era una persona muy
modesta que prefirió ocupar un segundo plano. Pero veamos
ahora lo que dice el versículo 19, de este capítulo 2 de Nehemías:
"Pero cuando lo oyeron Sanbalat el horonita, Tobías el siervo
amonita y Gesem, el árabe, se burlaron de nosotros y nos
despreciaron, diciendo: ¿Qué es lo que estáis haciendo? ¿Os
rebeláis contra el rey?"
Aquí tenemos a los enemigos. Tenemos a tres de ellos. Este trío
va a aparecer también más adelante en el relato. Y suponemos
que cada líder cristiano, cada siervo de Dios no solo tiene
personas excelentes a su alrededor que lo ayudan, como
Nehemías, sino que también tiene cerca a personas como los que
se mencionan aquí: Sanbalat el horonita, Tobías el siervo
amonita, y a Gesem el árabe. Y el enemigo utilizará diferentes
métodos para tratar de disuadir a los líderes, para que se
desanimen en el cumplimiento de su tarea. Y por lo general, la
primera actividad de ellos es la de burlarse, poniendo a alguien
en ridículo. Éste podría ser el primer paso de la lucha de su
enemigo espiritual contra usted, estimado oyente. Él puede
utilizar a los amigos que lo rodean, a sus vecinos y compañeros
de trabajo para que lo pongan en ridículo porque usted es un
creyente. Y usted se dará cuenta que ésta es una situación difícil
de soportar. Ahora, veamos que sucedió en nuestro relato, ante
el ataque de aquellos que intentaron disuadir al pueblo de
acometer la gigantesca tarea de reedificar las murallas y puertas
de la ciudad de Jerusalén. Nehemías reaccionó de una manera
que nosotros debemos destacar. Leamos el versículo 20:
"Pero yo les respondí: El Dios de los cielos, él nos prosperará, y
nosotros, sus siervos, nos levantaremos y edificaremos, porque
vosotros no tenéis parte ni derecho ni memoria en Jerusalén".
Aquí vemos lo que sucedió. Y fue admirable la manera en que
ante las primeras dificultades, Nehemías actuó como un gran
líder, haciendo frente al enemigo con la seguridad de la
aprobación, presencia y bendición de Dios. Su ejemplo movilizaría
a todos para seguirle y comenzar esa gran empresa.
Llegamos ahora a
Nehemías 3:1-4
Y el tema en este capítulo es la reedificación de los muros y las
puertas de la ciudad. Y éste fue uno de los proyectos de
edificación más grandes de que hayamos oído. Y lo que logró
hacer Nehemías fue extraordinario, porque Dios estaba actuando
en aquella ocasión. Como ya hemos visto, Dios había guiado a
Esdras y a Zorobabel, para reedificar el templo. Su tarea había
sido diferente a la de Nehemías, que era un funcionario civil, y
que tendría bajo su responsabilidad la reedificación de las
murallas y puertas de Jerusalén. Y así fue como Dios realizó Su
obra de diferentes maneras y usando a hombres diferentes.
Muchos de nosotros en nuestro ministerio, especialmente cuando
comenzamos, tratamos de imitar a alguna otra persona. Pero eso,
como ya hemos observado, no da buen resultado. Cada uno tiene
que ser él mismo. ¿Ha notado usted alguna vez lo que Dios puede
hacer? Utilizando elementos comunes del rostro de una persona,
Él ha hecho millones de rostros diferentes, ha logrado una
diversidad, de manera que ninguno sea idéntico a otro. Y lo
mismo ha hecho con otras partes del cuerpo como, por ejemplo,
un dedo, consiguiendo un número caso infinito de dedos, con el
resultado que no haya dos idénticos. En otras palabras, Dios ha
dispuesto las cosas de esta forma, porque Él desea que cada uno
de nosotros sea él mismo, con una identidad propia y peculiar.
El relato de la reedificación de los muros de Jerusalén ha sido
presentado de una manera atractiva y didáctica. Las diez puertas
de la ciudad nos cuentan la historia de las obras realizadas,
comenzando por la puerta de las ovejas, y finalizando con esa
misma puerta. A veces ha surgido la pregunta de si había otras
puertas en la muralla de Jerusalén. No lo creemos pero, puede
que las hubiera. De todas formas, estas diez puertas fueron
seleccionadas para contar la historia del Evangelio. Ellas exponen
el plan de Dios para la salvación. Leamos entonces el versículo 1,
de este capítulo 3 de Nehemías, que nos habla sobre
La puerta de las Ovejas
"Entonces se levantaron el sumo sacerdote Eliasib y sus
hermanos los sacerdotes y edificaron la puerta de las Ovejas.
Ellos arreglaron y levantaron sus puertas hasta la torre de
Hamea, y edificaron hasta la torre de Hananeel".
Todo comenzó en la puerta de las ovejas. Ésta es la puerta por la
que el Señor Jesucristo entró en Jerusalén. Tenemos el relato que
en cierta ocasión Él pasó a través de esta puerta y llegó al
estanque de Betesda (Juan 5:2). Pensamos francamente que
cada vez que Jesús entró en Jerusalén lo hizo por la puerta de las
ovejas, hasta Su entrada triunfal. Hablando de las puertas,
diremos que algunos se han equivocado al identificar la Puerta
del Este con la Puerta de Oro. La puerta del Este está cerrada,
bloqueada, en el día de hoy, y no será abierta hasta que
Jesucristo regrese y pase por esa puerta. La Puerta del Oro es la
que conduce al templo. Ésta es la puerta que será abierta para Él
y que le franqueará la entrada hasta el lugar santísimo. Pero la
puerta de las Ovejas es la que fue utilizada para que entrasen los
animales que iban a ser sacrificados, y ésa es la puerta por la cual
entró el Señor Jesucristo. Pensamos que lo que Él estaba
haciendo era representar, por así decirlo, una parábola viviente.
Juan el Bautista lo había anunciado cuando, en el relato de Juan
1:29, señaló al Señor Jesucristo y dijo: "He aquí el Cordero de
Dios que quita el pecado del mundo". Es que Jesús es el Cordero
de Dios en Su persona y en Su obra. Él quita el pecado del mundo.
De modo que la puerta de las Ovejas simboliza la cruz de Cristo.
Aquí es donde uno comienza su relación con Dios, y ése es el
único punto donde usted puede comenzar esa relación, estimado
oyente, en la cruz.
Dios no nos pide nada ni a usted ni a mí, hasta que lleguemos a
Cristo y le aceptemos como nuestro Salvador. Dios solo tiene una
cosa que decirle al mundo y es una pregunta: "¿Qué hará usted
con mi Hijo que murió por usted?" Y hasta que usted responda a
esa pregunta, estimado oyente, Dios no le dirá nada sobre su vida
y su servicio para Él. Si usted lo rechaza y no quiere aceptar a Su
Hijo, entonces, Dios no le pedirá nada. Él no quiere sus buenas
obras ni su dinero. No quiere nada de usted. Pero Dios sí que
tiene algo que darle. Su Hijo murió por usted. Y la Puerta de las
Ovejas nos presenta esa verdad. Por ello resulta significativo que
toda la obra comenzó en la Puerta de las Ovejas.
Continuemos leyendo el versículo 2 de Nehemías 3:
"Junto a ella trabajaron los hombres de Jericó, y luego Zacur hijo
de Imri".
Ahora, Jericó era el lugar de la maldición y se menciona junto a
la puerta de las ovejas. Esto es algo interesante. Los hombres de
Jericó llegaron a Jerusalén desde el valle del Jordán; ellos
repararon este tramo de la muralla que estaba junto a la puerta
de las Ovejas. Cuando uno viene desde el monte de los Olivos,
en el camino de Jericó, llega justamente al lugar donde estos
hombres trabajaron. El pináculo del templo y el área del templo
estaban allí. Allí fue entonces donde ellos edificaron, al lado
mismo de la puerta de las Ovejas.
Jericó fue la ciudad sobre la que se pronunció una maldición.
Josué dijo en el capítulo 6, versículo 26, del libro de Josué:
"Maldito delante del Señor el hombre que se levante y reedifique
esta ciudad de Jericó". En los días de Acab hubo uno que la
reedificó y la maldición cayó sobre él y sus hijos. Era la ciudad de
la maldición.
Estimado oyente, usted y yo vivimos en un mundo que ha sido
maldecido a causa del pecado. No es necesario ampliar aquí esta
declaración. Todo lo que debemos hacer para darnos cuenta de
esta realidad es mirar a nuestro alrededor. El ser humano ha
transformado el orden creado en un gran desorden. El hombre no
parece capaz de resolver sus problemas, derivados de esa
situación. Y hay aquellas personas que están situadas en la
actualidad en posiciones de influencia, que no son creyentes en
Cristo, y que están diciendo que los problemas de hoy en día
superan las soluciones que el ser humano puede ofrecer.
De modo que, usted y yo, estimado oyente, vivimos en un mundo
maldito. Y sólo la muerte de Cristo en la cruz puede remover el
juicio, el castigo del pecado de su vida y de la mía. Cristo puede
llevar esa carga por usted, debido a Su muerte en la cruz. Si usted
no le ha confiado su vida todavía, lo puede hacer ahora mismo.
Continuando ahora con nuestro estudio, leemos en el versículo 3
de este capítulo 3 de Nehemías, donde tenemos
La puerta del Pescado
"Los hijos de Senaa edificaron la puerta del Pescado; la
enmaderaron y levantaron sus puertas, con sus cerrojos y sus
barras".
Aquí tenemos la puerta del Pescado. Ésta era la puerta por la cual
los pescadores traían el pescado del Mediterráneo y del río
Jordán. A ellos les gustaba comer mucho pescado en esos días, y
esa puerta no resultaba muy difícil de localizar en aquellos días
por medio del sentido del olfato. Ahora, ¿qué simbolizaba esta
puerta del Pescado? Bien, el Señor Jesucristo les dijo a aquellos
que le seguían: "Os haré pescadores de hombres". (Mateo 4:19).
Una vez que los discípulos de Jesús comprendieron todos los
hechos del evangelio, Él les dijo, según el relato de Lucas 24:49:
"Quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis
investidos de poder desde lo alto". Ellos necesitaban ser
bautizados por el Espíritu Santo, habitados por el Espíritu Santo,
regenerados por el Espíritu Santo, y después, llenos del Espíritu
Santo. Y en el día de Pentecostés ellos fueron llenos del Espíritu
Santo y se convirtieron en pescadores de hombres. No pescando
ya en el mar de Galilea, sino pescando en el mundo entero. Hoy,
eso es lo que Dios le está diciendo a los Suyos, a los que le
pertenecen. Dios no le está pidiendo al no creyente, a la persona
que aún no ha sido salva, que sea pescadora de hombres. ¿Cómo
podría serlo? Ni siquiera sabría de qué está hablando Dios. Pero
Él le está diciendo hoy a los Suyos, a los que ha salvado: "Yo
quiero que vosotros seáis pescadores de hombres".
Creemos que en el día de hoy, debemos ser pescadores de
personas de diversas maneras. No estamos de acuerdo con
aquellas personas que insisten en que uno tiene que ir llamando
de puerta en puerta. No creemos que todos podamos hacer eso.
Pensamos que algunas personas pueden dar testimonio de su fe
de forma algo diferente. La evangelización por medio de la
oración, por ejemplo, es un medio efectivo para alcanzar a la
gente. Todos tenemos diferentes dones o capacidades
espirituales. Dios nos ha creado a todos diferentes unos a otros.
Y hay varios métodos para difundir el Evangelio. Pero estamos
seguros que, figurativamente hablando, todos nosotros, de
alguna forma u otra, debemos pasar por la puerta del Pescado. Y
usted puede tener una parte importante en la propagación de la
Palabra de Dios en el día de hoy. No olvidemos que el Señor
Jesucristo dijo: "Quiero que me sigáis, y yo os haré pescadores
de hombres".
Cuando llegamos al versículo 4, vemos que se menciona una lista
de varias personas que trabajaron en la obra de reedificación de
las murallas. Resulta hermoso pensar que sus nombres han sido
escritos en el Libro de la Vida. Algunos de los nombres resultarán
difíciles de pronunciar, y otros parecerán extraños. Los vemos por
primera y única vez, y podría ser que sean desconocidos para
nosotros, sin embargo, lo importante es que esos nombres fueron
conocidos por Dios. Ellos ayudaron a reedificar las murallas de
Jerusalén y en algún día futuro, serán recompensados por su
labor.
Para Dios, ningún ser humano es un individuo anónimo,
desconocido. Y aquellos que, reconociendo que están lejos de Él,
aceptan su oferta de gracia, el Evangelio, el mensaje de la
Salvación, personificado en el Señor Jesucristo, se convierten en
Sus hijos. No olvidemos que aquellas murallas, junto con la
ciudad, fueron destruidas como castigo por el pecado, por la
idolatría de un pueblo. Toda vida alejada de Dios, se encuentra
destruida por los efectos del pecado y la maldad humana. Hay
personas cuya existencia en este mundo se parece mucho a un
montón de escombros esparcidos por el suelo, que ningún
esfuerzo humano puede volver a reunir para formar una nueva
construcción, un todo coherente, un nuevo organismo. Esas vidas
necesitan ser restauradas a los propósitos originales de Dios, el
Creador. Aquella puerta de las ovejas, por la que Cristo entró,
siendo el Cordero de Dios que iba a ser sacrificado, nos señala
hoy al Salvador, al único que puede apartar el poder destructivo
del pecado de la vida de las personas. Estimado oyente, la única
manera en la que usted puede comenzar una relación con Dios,
es dirigiendo una mirada de fe a la cruz, en la que Cristo murió
por usted, aceptándole como su Salvador. Entonces, se convertirá
usted en un hijo de Dios y entonces, por su Espíritu, Él comenzará
la obra de reconstrucción de su vida. Él reunirá los trozos rotos
dispersos, apartará los escombros inútiles, y reparará los daños
que el pecado causó. Porque, como dijo San Pablo, "el que está
unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron;
han sido hechas nuevas".

Nehemías 3:5-26
En nuestro programa anterior, comenzamos un recorrido a través
de las puertas de los muros de Jerusalén que se relata en el
capítulo 3 del libro de Nehemías. El relato de la reedificación de
los muros de Jerusalén ha sido presentado de una manera
atractiva y didáctica. Las diez puertas de la ciudad nos cuentan la
historia de las obras realizadas, comenzando por la puerta de las
ovejas, y finalizando con esa misma puerta. Estas diez puertas
fueron seleccionadas para contar la historia del Evangelio. Ellas
exponen el plan de Dios para la salvación. Comenzamos en
nuestra última sesión con la puerta de las Ovejas que simbolizaba
la cruz de Cristo, y allí es donde debemos comenzar nuestra
relación con Dios. Tenemos que ir a ese lugar, Él nos encuentra
en la cruz. La Cruz es el único lugar donde Dios puede reunirse
con el mundo. El Señor Jesucristo lo expresó con toda claridad
cuando dijo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene
al Padre sino por mí". De modo que, usted, estimado oyente, debe
ir a la puerta de las Ovejas, a la cruz de Cristo. Cuando usted lo
recibe y lo acepta como su Salvador, entonces Él quiere hablarle
acerca de algunas otras cosas; y es así como llegamos entonces,
a la puerta del Pescado. Y allí Él nos dice que debemos seguirle y
convertirnos en pescadores de hombres. Ahora, hay diferentes
maneras por medio de las cuales uno puede llegar a ser pescador
de hombres, como hemos indicado ya en nuestro programa
anterior.
Cuando llegamos al versículo 4, vimos que se menciona una lista
de varias personas que trabajaron en la obra de reedificación de
las murallas. Resulta hermoso pensar que sus nombres han sido
escritos en el Libro de la Vida. Algunos de los nombres resultarán
difíciles de pronunciar, y otros parecerán extraños. Los vemos por
primera y única vez, y podría ser que sean desconocidos para
nosotros, sin embargo, lo importante es que esos nombres fueron
conocidos por Dios. Ellos ayudaron a reedificar las murallas de
Jerusalén y en algún día futuro, serán recompensados por su
labor.
Leamos ahora el versículo 5, de este capítulo 3 de Nehemías:
"Y a su lado colaboraron los tecoítas; pero sus notables no se
prestaron a ayudar a la obra de su Señor".
Aquí tenemos una clase de personas que pensaron que eran
demasiado importantes como para ponerse a hacer un trabajo
como éste, de reedificar los muros, o quizás ellos tenían alguna
otra excusa, o no querían estropearse sus manos levantando las
rocas que formaban los muros de Jerusalén. Si usted hubiera
visto las piedras de las murallas de Jerusalén se sorprendería al
comprobar el trabajo que debió dar el levantarlas para formar el
muro, y quizás sentiría simpatía por los personajes importantes
de los tecoítas. Ellos simplemente no quisieron doblegar sus
espaldas ni jugarse el tipo en ese arduo trabajo. Se requería
mucha fuerza para poder levantar esas rocas que eran necesarias
para la edificación; y por tanto, había muchos brazos, y piernas,
y espaldas doloridas por todo el esfuerzo que debía realizarse.
Posiblemente no había una sola parte del cuerpo que no les
doliera a esos trabajadores. Entonces, estos grandes personajes
de mucha importancia e influencia de los tecoítas, fallaron en su
responsabilidad, pensaban que esto era demasiado esfuerzo para
ellos. De cualquier manera, ellos no quisieron poner manos a la
obra y abandonaron la tarea.
Un detalle interesante observar que ellos estaban junto a la
puerta del Pescado, que simboliza el testimonio activo, así que
ellos no fueron testigos de Dios en absoluto. Estimado oyente, yo
no sé en cuanto a usted, pero a mí no me habría gustado estar
en un grupo como ese. No me hubiera agradado tener que haber
sido mencionado en la Palabra eterna de Dios como una persona
que no hizo lo que Él me pidió que hiciera. Nos tememos,
estimado oyente, que en la actualidad hay muchos cristianos que
no están haciendo lo que Dios les ha pedido que hagan. Estamos
hablando de personas creyentes, que son salvas, no de personas
no creyentes. El escritor del libro de los Proverbios, en el capítulo
11, versículo 26 dijo: "Al que acapara el grano, el pueblo lo
maldecirá; pero bendición cubre la cabeza del que lo vende". El
grano aquí representa a la Palabra de Dios. Es algo terrible
acaparar, retener la Palabra de Dios ante aquellos que tienen
hambre espiritual. Estimado oyente, ¿se ha detenido usted a
pensar en ello? Volvamos a leer detenidamente este versículo que
mencionamos aquí en Proverbios: "Al que acapara el grano, el
pueblo lo maldecirá; pero bendición será sobre la cabeza del que
lo vende". Se nos dice que habrá ciertas personas en la eternidad
que se levantarán y llamarán a algunos, bienaventurados. Y
pensamos que habrá gente que se levantará en el infierno y
maldecirá a algunos que han ido al cielo porque ellos no quisieron
compartir con ellos el grano, como se nos dice aquí. Hay gente
hoy que no están compartiendo el alimento espiritual que es la
Palabra de Dios con aquellos que desesperadamente la necesitan.
El Señor Jesucristo dijo: "Venid en pos de mí, y os haré
pescadores de hombres". Si vamos a hacer Su voluntad hoy, en
alguna parte tenemos que implicarnos activamente en un
movimiento que esté difundiendo la Palabra de Dios. Y como se
trata de un gran esfuerzo, ninguno de nosotros lo puede hacer en
forma individual, sino que debe realizarlo en equipo, con la ayuda
de otros. Leamos ahora el versículo 6 de este capítulo 3, en el
que llegamos a la tercera puerta que es
La puerta Vieja
"La puerta Vieja fue restaurada por Joiada hijo de Paseah y
Mesulam hijo de Besodías, quienes la enmaderaron y levantaron
sus puertas, con sus cerrojos y sus barras".
Hemos notado aquí que se menciona la puerta Vieja. Cuando uno
visita la ciudad de Jerusalén y observa las puertas, quizás se
pregunte ¿cuál de ellas es la puerta Vieja? porque todas tienen el
mismo aspecto de puertas antiguas. Pero esta fue llamada la
puerta Vieja, una de las que había estado allí desde el mismo
comienzo y este grupo de personas la repararon. Jeremías,
capítulo 6, versículo 16, nos comunica el mensaje que esta puerta
vieja tiene para nosotros: "Así dijo el Señor: Paraos en los
caminos, mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el
buen camino. Andad por él, y hallaréis descanso para vuestras
almas".
Nosotros estamos viviendo en un día en que todos estamos
interesados por las cosas nuevas. La sociedad de consumo nos
arrastra a estar pendientes de lo último, lo que esté de moda o
que lleve el nombre de una marca famosa, lo que incorpore las
últimas innovaciones de la técnica, lo que tenga un aspecto más
novedoso y atractivo. Y todo ello, a veces, sin reparar en gastos,
aunque nos endeudemos cada día un poco más. En nuestro
tiempo todo cambia con gran rapidez, vertiginosamente y no nos
da realmente tiempo para adaptarnos a los cambios. Y es esta
búsqueda constante por algo nuevo lo que frecuentemente
conduce a muchos a la frustración, a un callejón sin salida. En
esta carrera incesante nos estamos alejando, quizás sin darnos
cuenta, de ciertas realidades espirituales. Y necesitamos
acercarnos a Aquel que dijo, en Mateo 11:28-30: "Venid a mí
todos los que estáis muy cansados y cargados, y yo os haré
descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que
soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para
vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera". Así
que, en medio de este torbellino ruidoso y espectacular, podemos
encontrar un reposo, un descanso en nuestra relación con el
Señor Jesucristo. El corazón humano necesita algo más que lo
que esta época materialista puede ofrecer. En ese sentido,
necesitamos volver a los senderos antiguos, es decir, a los
preceptos y normas de la Palabra de Dios para vivir en
conformidad, en paz y armonía con la voluntad de Dios. Porque
tales senderos antiguos, además de ser antiguos, son
atemporales.
Continuemos leyendo el versículo 8:
"Junto a ellos trabajó Uziel hijo de Harhaía, de los plateros"
Ahora, ¿le llama la atención esto como algo fuera de lo común?
Ya dijimos que las rocas y las piedras que se usaban en los muros
de Jerusalén eran bastante grandes y pesadas. Y aquí tenemos a
los plateros. Bueno, por lo general estas personas trabajaban
sentadas en bancos y con piezas de tamaño reducido. Ellos no
estaban acostumbrados a trabajar con piedras grandes como
éstas. Y aunque esta tarea era bastante dura para los plateros,
ellos lo hicieron, y Dios registró su labor y lo señaló aquí, haciendo
constar expresamente que los plateros hicieron su trabajo. Hay
personas que hoy están haciendo verdaderos sacrificios por Dios
y realizando tareas difíciles. Dios, estimado oyente, toma nota de
todo esto. Luego notemos aquí al siguiente grupo que se
menciona en este mismo versículo 8, en su segunda parte, donde
dice:
"con quien colaboró también Hananías, hijo de un perfumero. Así
terminaron la reparación de Jerusalén hasta el muro ancho".
Podemos decir que esta persona era un farmacéutico, y como
usted ya sabe, esta gente está acostumbrada a trabajar con
píldoras, o sea, con elementos pequeños. Los encontramos aquí
trabajando con estas grandes y pesadas piedras. Y Dios también
tomó nota de ello y lo mencionó aquí en Su Palabra. Es bueno
poder apreciar a estas personas que se dedicaron realmente a la
obra del Señor Jesucristo, a pesar de tener que realizar tareas
tan diferentes a su profesión habitual, y para lo cual quizás no
estaban físicamente preparados. Continuemos leyendo el
versículo 12:
"Junto a ellos trabajó en la restauración Salum hijo de Halohes,
gobernador de la mitad de la región de Jerusalén, él con sus
hijas".
Aquí tenemos, como hoy, a mujeres que quisieron tener las
mismas oportunidades de trabajo. Aparentemente, Salum no
tenía hijos varones y sus hijas estuvieron dispuestas a ayudarle
a restaurar las murallas de Jerusalén. Vemos aquí que Dios no
pasó por alto estos detalles y los registró.
Continuemos leyendo el versículo 13, que nos habla sobre
La puerta del Valle
"La puerta del Valle la restauró Hanún con los habitantes de
Zanoa; ellos la reedificaron y levantaron sus puertas, con sus
cerrojos y sus barras, y cuatrocientos cincuenta metros del muro,
hasta la puerta del Muladar".
Ésa era la puerta que permitía la salida de la gente que estaba en
Jerusalén hacia abajo, en dirección al valle. Y podría haber estado
en cualquier lado de la ciudad, porque era necesario descender al
valle para salir de Jerusalén. Y, figurativamente hablando, esa es
la puerta a través de la cual muchos de nosotros somos llamados
a salir.
El pensar en esta puerta nos recuerda el valle de la sombra de la
muerte, y creemos que todos estamos caminando en esa
dirección. Eso es lo que David quiso decir al mencionar ese valle
en su Salmo 23. En nuestra vida, es como si nosotros
estuviéramos caminando por un paso estrecho entre dos altas
montañas. A medida que uno va descendiendo por él, se va
haciendo cada vez más estrecho hasta que, si el Señor no viene
antes, uno cruzará esa puerta.
Pero esta Puerta del Valle también tiene su lado práctico. Es la
puerta de la humildad. Dios muchas veces nos tiene que guiar por
medio de problemas y dificultades para enseñarnos algunas
lecciones. Se nos dice que la fe desarrolla en nosotros diferentes
virtudes y una de ellas es la humildad de corazón. En la carta a
los Colosenses, Pablo les dijo que deberían vestirse como
escogidos de Dios, con humildad y mansedumbre. Esto es algo
que uno no puede cultivar, por su propio esfuerzo humano. Tiene
que venir de adentro, es decir, es el fruto del Espíritu Santo.
Se cuenta la historia de cierto joven predicador que estaba
estudiando para entrar al ministerio, y a quien habían invitado a
predicar. Él nunca lo había hecho antes pero pensaba que, ya que
era el mejor de su clase, que no tenía necesidad de mucha
preparación para su sermón. Cuando subió al púlpito con una
actitud de suficiencia y observó a la congregación, todo se tornó
en confusión para él. Se dio cuenta que era mucho más fácil
escribir un sermón en un papel en su hogar, que el presentarse
ante el público y predicarlo. Y se asustó bastante y se olvidó de
todo lo que pensó que sabía. Cuando terminó su sermón bajó del
púlpito sintiéndose bastante avergonzado y con un gesto de
humildad. Entonces se le acercó una ancianita que le había estado
observando atentamente desde el momento en que había subido
al púlpito hasta que terminó de hablar y le dijo: "Joven, si usted
hubiera subido al púlpito en la forma en que bajó de él, entonces,
usted hubiera bajado en la forma en que subió". Usted bien sabe,
estimado oyente, que Dios nos matricula con frecuencia en la
escuela de la humildad. Y ésa es la puerta por la cual muchos de
nosotros debemos pasar. Continuando ahora con la lectura del
14, vemos que se nos habla de
La puerta del Muladar
"Reedificó la puerta del Muladar Malquías hijo de Recab,
gobernador de la provincia de Bet-haquerem; él la reedificó y
levantó sus puertas, sus cerrojos y sus barras".
Esta puerta del Muladar es una puerta muy importante para la
salubridad de la ciudad, pero no se dice mucho sobre ella. De
paso podemos decir que la puerta del Muladar es la que uno debe
utilizar hoy para llegar al muro de los lamentos en Jerusalén. Pero
en los días de Nehemías, estaba situada en el ángulo suroeste del
Monte de Sión. Por la puerta del muladar se sacaban los
desperdicios y la basura. Pero, como ya hemos dicho, no se
encuentra allí en el día de hoy. Ahora, en nuestras vidas cristianas
se puede acumular la basura y el apóstol Pablo nos dijo en su
Segunda carta a los Corintios, capítulo 7, versículo 1: "Por tanto,
amados, teniendo estas promesas, limpiémonos de toda
inmundicia del cuerpo y del espíritu, perfeccionando la santidad
en el temor de Dios". Pablo trató este tema de la vida cristiana,
tanto como cualquier otro. Tenemos que reconocer que
necesitamos confesar nuestros pecados a Dios. Una confesión
honesta es el medio por el cual eliminamos la basura.
Recordemos las palabras de 1 Juan 1:9 "Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y para
limpiarnos de toda maldad". Ahora, en el versículo 15 de este
capítulo 3 de Nehemías, tenemos
La puerta de la Fuente
"Salum hijo de Colhoze, gobernador de la región de Mizpa,
restauró la puerta de la Fuente; él la reedificó, la enmaderó y
levantó sus puertas, sus cerrojos y sus barras; también el muro
del estanque de Siloé junto al huerto del rey, hasta las gradas
que descienden de la ciudad de David".
La puerta de la Fuente, creemos que se refiere a aquella que el
Señor mencionó cuando le dijo a la mujer samaritana junto al
pozo: "pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed
jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él una
fuente de agua que brote para vida eterna". (Juan 4:14) Y
también más adelante, en la fiesta de los tabernáculos, Él se puso
en pie y dijo: "El que cree en mí, como ha dicho la Escritura, de
lo más profundo de su ser brotarán ríos de agua viva". (Juan
7:38) Y luego, en el versículo siguiente, el apóstol Juan, explicó
lo que Jesús dijo: "Pero Él decía esto del Espíritu que los que
habían creído en Él habían de recibir; porque el Espíritu no había
sido dado todavía, pues Jesús aún no había sido glorificado". Y el
apóstol Pablo pudo decir en su carta a los Romanos, capítulo 8,
versículo 9: "Sin embargo, vosotros no estáis en los deseos de la
débil condición humana sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu
de Dios habita en vosotros. Pero si alguno no tiene el Espíritu de
Cristo, el tal no es de él". Por lo tanto, la puerta de la Fuente nos
enseña que cada creyente tiene en sí mismo el Espíritu de Dios y
necesita ser llenado, es decir, controlado por el Espíritu de Dios.
Y cuando él está controlado por el Espíritu, no es simplemente un
pozo, sino una fuente de agua viva que brotará de él para
bendecir a otras personas. Y todos nosotros deberíamos ser una
bendición para otros en los días que vivimos.
Cuando uno continúa leyendo todo el capítulo 3 de Nehemías,
algo que nosotros no vamos a hacer ahora, llega al versículo 26,
que nos habla de la séptima puerta que es
La puerta de las Aguas
"Los sirvientes del Templo que habitaban en Ofel trabajaron en la
restauración hasta frente a la puerta de las Aguas al oriente y la
torre que sobresalía".
Ahora, la puerta de las Aguas se utilizaba para introducir agua en
la ciudad. Había un acueducto que traía algo de agua, pero no
toda provenía de allí. El resto del agua era traída por la puerta de
las Aguas.
Ahora, ¿de qué nos habla esta puerta de las Aguas? Bueno,
pensamos que la puerta de las Aguas nos habla de la Palabra de
Dios. Aquí es donde Esdras instaló un púlpito, y eso lo veremos
más adelante en este Libro. Cuando él colocó ese púlpito en la
Puerta de las Aguas, desde allí leyó la Palabra de Dios. El lugar
que él utilizó, junto a esta puerta, fue simbólico, no fue elegido
accidentalmente. El Nuevo Testamento deja esto bien claro
cuando habla de ser lavados en agua por la Palabra. El Señor
Jesucristo dijo a los Suyos en el aposento alto, según Juan 15:3,
"Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado". Y
luego en este mismo evangelio, capítulo 17, versículo 17, en su
oración a favor de los discípulos, Jesús dijo: "Santifícalos en tu
verdad; tu palabra es verdad.2 De modo que, la puerta de las
Aguas es un símbolo de la Palabra de Dios. Y nosotros somos
purificados por el agua de esa Palabra. Y es a través de esa puerta
que estamos tratando de difundir la Palabra.
El Salmista, en el Salmo 119:9, hizo una pregunta y presentó la
respuesta: "¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?
Guardando tu palabra". El hecho sorprendente fue que la puerta
de las Aguas no fue reparada. Aparentemente, cuando las otras
puertas y murallas fueron derribadas, la puerta de las Aguas
permaneció intacta. Este fue un hecho extraño. No necesitó
ningún trabajo de reparación. ¿Acaso no nos dice nada esto? Es
que la Palabra de Dios no necesita ninguna reparación.
Permanece intacta.
Algunas personas hoy consideran importante probar que la Biblia
es la Palabra de Dios. Y también hay otros que se dedican a
probar que la Biblia no es la Palabra de Dios. En un principio, nos
hemos dedicado a un ministerio apologético que exponía las
pruebas de que la Biblia es la Palabra de Dios. Sin embargo,
hemos aprendido que no necesitamos probar que la Biblia es la
Palabra de Dios. Nuestro deber es proclamarla, difundirla, y el
Espíritu de Dios se ocupará de ello. Hemos llegado a la conclusión
de que la Biblia es, en efecto, la Palabra de Dios. No es que
razonamos o pensamos que lo sea, sino que sabemos que lo es.
Y sabemos lo que ella puede hacer por usted hoy, estimado
oyente. Esa Palabra no necesita de nuestro débil apoyo. Ella se
cuida, se protege a sí misma.
Un predicador dijo en una ocasión: "Yo no necesito defender a la
Palabra de Dios; ella sola se defiende a sí misma. Es como tener
un león en una jaula en el jardín trasero de tu casa. Usted no
necesita guardianes para proteger al león de los gatos del
vecindario. Simplemente, abra usted la puerta de la jaula y el
león ya se cuidará de sí mismo. Y también se ocupará de los
gatos". Así ha sido y es la Palabra de Dios a través de los siglos.
Necesita ser entregada, divulgada. Y como aquella puerta de las
Aguas, no necesita ninguna reparación y, por supuesto, no
necesita que la apuntalemos con nuestros esfuerzos humanos.
Todo lo que el Señor nos pide, es que difundamos la Palabra de
Dios.
Continuaremos, Dios mediante, en nuestro próximo programa
con la octava, novena y la décima puerta, y luego regresaremos
a la Puerta de las Ovejas. Mientras tanto, estimado oyente, le
rogamos que permita que ante el mensaje del evangelio que estas
antiguas puertas de Jerusalén proclaman, el Espíritu de Dios
sensibilice su corazón para mirar por la fe al Señor Jesucristo y
para aceptar que Él murió en su lugar en la cruz. Allí, el castigo
de Dios cayó sobre Él, para que usted pueda recibir hoy el perdón
de sus pecados y la vida eterna.
Nehemías 3:28-32
Estimado oyente, en estos días estamos recorriendo los muros de
Jerusalén y pasando a través de las puertas que estaban en esos
muros, como si entráramos y saliéramos a través de cada una de
ellas. Recordemos que había diez puertas en esos muros, y hoy
vamos a leer en el versículo 28 de este capítulo 3 de Nehemías,
donde se menciona la octava de las puertas.
Pero antes diremos que en nuestro programa anterior,
mencionamos la puerta de las Aguas. Ahora, ¿De qué nos habla
esta puerta de las Aguas? Bueno, pensamos que la puerta de las
Aguas nos habla de la Palabra de Dios. Aquí es donde Esdras
instaló un púlpito, y eso lo veremos más adelante en este Libro.
Cuando él colocó ese púlpito en la Puerta de las Aguas, desde allí
leyó la Palabra de Dios. El lugar que él utilizó, junto a esta puerta,
fue simbólico, no fue elegido accidentalmente. El Nuevo
Testamento deja esto bien claro cuando habla de ser lavados en
agua por la Palabra. El Señor Jesucristo dijo a los Suyos en el
aposento alto, según Juan 15:3, "Vosotros ya estáis limpios por
la palabra que os he hablado". Y luego en este mismo evangelio,
capítulo 17, versículo 17, en su oración a favor de los discípulos,
Jesús dijo: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad". De
modo que, la puerta de las Aguas es un símbolo de la Palabra de
Dios. Y nosotros somos purificados por el agua de esa Palabra. Y
es a través de esa puerta que estamos tratando de difundir la
Palabra.
El Salmista, en el Salmo 119:9, hizo una pregunta y presentó la
respuesta: "¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?
Guardando tu palabra". El hecho sorprendente fue que la puerta
de las Aguas no fue reparada. Aparentemente, cuando las otras
puertas y murallas fueron derribadas, la puerta de las Aguas
permaneció intacta. Éste fue un hecho extraño. No necesitó
ningún trabajo de reparación. ¿Acaso no nos dice nada esto? Es
que la Palabra de Dios no necesita ninguna reparación.
Permanece intacta.
Algunas personas hoy consideran importante probar que la Biblia
es la Palabra de Dios. Y también hay otros que se dedican a
probar que la Biblia no es la Palabra de Dios. En un principio, nos
hemos dedicado a un ministerio apologético que exponía las
pruebas de que la Biblia es la Palabra de Dios. Sin embargo,
hemos aprendido que no necesitamos probar que la Biblia es la
Palabra de Dios. Nuestro deber es proclamarla, difundirla, y el
Espíritu de Dios se ocupará de ello. Hemos llegado a la conclusión
de que la Biblia es, en efecto, la Palabra de Dios. No es que
razonamos o pensamos que lo sea, sino que sabemos que lo es.
Y sabemos lo que ella puede hacer por usted hoy, estimado
oyente. Esa Palabra no necesita de nuestro débil apoyo. Ella se
cuida, se protege a sí misma.
Un predicador dijo en una ocasión: "Yo no necesito defender a la
Palabra de Dios; ella sola se defiende a sí misma. Es como tener
un león en una jaula en el jardín trasero de tu casa. Usted no
necesita guardianes para proteger al león de los gatos del
vecindario. Simplemente, abra usted la puerta de la jaula y el
león ya se cuidará de sí mismo. Y también se ocupará de los
gatos". Así ha sido y es la Palabra de Dios a través de los siglos.
Necesita ser entregada, divulgada. Y como aquella puerta de las
Aguas, no necesita ninguna reparación y, por supuesto, no
necesita que la apuntalemos con nuestros esfuerzos humanos.
Todo lo que el Señor de la Palabra nos pide, es que la difundamos.
Iniciemos nuestra lectura de hoy leyendo el versículo 28, de este
capítulo 3 de Nehemías, que nos habla de la octava puerta, que
era
La puerta de los Caballos
"Desde la puerta de los Caballos trabajaron en la restauración los
sacerdotes, cada uno frente a su casa".
¿De qué nos habla entonces la puerta de los Caballos? Bueno, el
caballo era el animal que utilizaban los guerreros. Nos
preguntamos, si usted, amigo oyente, ha notado esto cuando lee
las Escrituras. Zacarías 1:8 menciona a un hombre que iba
montado en un caballo rojo. Detrás de él iban caballos rojos,
castaños y blancos. En el Libro de Apocalipsis 6:4 dice: "Entonces
salió otro caballo rojo, y al que estaba montado en él se le
concedió quitar la paz de la tierra y que los hombres se mataran
unos a otros; y se le dio una gran espada". Estos son caballos
simbólicos y son poderes haciendo la guerra.
Ahora, el Señor Jesucristo entró a la ciudad de Jerusalén montado
en un pequeño asno. Él no estaba demostrando que era humilde
al montar en un pollino, como creemos nosotros. Ése era el
animal sobre el cual montaban los reyes. En aquellos días no era
considerado un animal humilde. Los hombres sólo montaban en
caballos en tiempos de guerra. Los caballos eran un símbolo de
la guerra.
La puerta de los caballos nos habla del servicio de soldado que
tiene el creyente en el día de hoy. Recordemos lo que dijo el
apóstol Pablo en su epístola a los Efesios 2:6, "y con Él nos
resucitó, y con Él nos sentó en los lugares celestiales, con Cristo
Jesús". Esa gran verdad se encuentra expuesta en la primera
parte de Efesios, pero en la segunda parte, el apóstol Pablo nos
dijo en 4:1, "Os ruego que viváis de una manera digna de la
vocación con que habéis sido llamados". De modo que, por decirlo
así, tenemos nuestra cabeza en los lugares celestiales, pero
nuestros pies están aquí en la tierra firme, donde debemos vivir.
Y no sólo eso, sino que en el capítulo 6:11 de Efesios, el apóstol
Pablo nos dijo: "revestíos con toda la armadura de Dios para que
podáis estar firmes contra las insidias del diablo". Hay una batalla
en la cual luchar y es una gran batalla espiritual. Nosotros no
estamos luchando contra gente de carne y hueso sino contra
fuerzas espirituales malignas que tienen mando, autoridad y
dominio sobre un mundo lleno de oscuridad. Y hoy, en algunos
círculos, existe un interés creciente en la Palabra de Dios pero
también hay muchos adversarios. El apóstol Pablo, en su día, dijo
precisamente esto en 1 Corintios 16:9, donde leemos lo
siguiente: "Se me ha abierto puerta grande para el servicio eficaz,
y hay muchos adversarios".
Debemos decir que hay muchos adversarios en el día de hoy y
que necesitamos protegernos con los recursos espirituales, como
dijo el apóstol Pablo, con la llamada armadura provista por Dios.
Se nos dijo que debíamos tomar la espada del Espíritu, que es la
Palabra de Dios. Y ésa es el único arma que queremos usar.
Pero el apóstol Pablo también le dijo a un joven predicador, en su
Segunda carta a Timoteo, capítulo 2, versículo 3: "Sufre
penalidades conmigo, como buen soldado de Jesucristo". Eso nos
habla estimado oyente, de que usted y yo hoy, vamos a
enfrentarnos con batallas espirituales en las tendremos que
luchar. Y si usted no está en esa clase de lucha en el día de hoy,
aparentemente no está ocupando su posición a favor del Señor.
Porque la batalla está teniendo lugar en muchos lugares. Y si
usted adopta una posición firme por el Señor en el día de hoy,
alguien tratará de derribarlo. Muchos de los creyentes en Dios,
en la actualidad, están pasando por grandes dificultades a causa
de esta lucha espiritual.
Bien, llegamos ahora a la novena puerta. Leamos entonces el
versículo 29, que nos presenta
La puerta Oriental
"Después de ellos, Sadoc hijo de Imer restauró frente a su casa;
y después de él Semaías hijo de Secanías, guarda de la puerta
Oriental".
Esta Puerta Oriental nos llena de expectativa y entusiasmo.
Obviamente, estaba situada en la parte oriental de la ciudad. Era
la primera puerta que se abría por la mañana. En la actualidad
está cerrada. Muchos piensan que ésta es la puerta por la cual
pasará el Señor Jesucristo cuando regrese a la tierra. Quizá lo
haga, no lo sabemos, pero la Escritura no lo dice. Pero sí dice que
pasará por la puerta de Oro, que no se encuentra en la muralla
de la ciudad, sino en el templo. Ahora, la puerta de Oro está en
el templo, no en el muro de la ciudad.
Aunque está puerta está cerrada hoy, era la primera que se abría
por la mañana porque estaba orientada en dirección a la salida
del sol. Durante toda la noche el centinela estaba patrullando el
muro, caminando de un lugar a otro. Pero muy temprano por la
mañana llegaba a la puerta Oriental y se ponía a observar el
horizonte, esperando la primera señal del amanecer. Quizá en la
ciudad había personas inquietas que no podían conciliar el sueño,
por temor a que hubiera enemigos en la oscuridad. Quizás se
encontraban paseando de un lugar para otro durante las horas de
la noche. Finalmente, uno de ellos se levantaría y preguntaría al
centinela: "¿Cuándo se acabará esta noche?" Y el centinela
contestaría: "Bueno, todavía está oscuro afuera, pero ya se
acerca la mañana". Y luego de un rato, comenzaba a aparecer un
brillo de luz en el horizonte oriental. Finalmente el centinela al
observarlo decía: "Ya comienza a amanecer y puedo ver que
afuera no hay ningún enemigo y que ya sale el sol". Y nos
podemos imaginar el suspiro de alivio que salía de los pechos de
las personas inquietas y preocupadas por toda la ciudad.
Estimado oyente, figurativamente hablando, todos los creyentes
deberían estar reunidos en la puerta Oriental porque se puede
observar en estos momentos un poco de luz en el horizonte, y el
sol puede aparecer muy pronto. Pero antes que aparezca el sol,
la estrella de la mañana se hará visible. ¿Por qué? Bueno, en la
Primera carta del apóstol Pablo a los Tesalonicenses, capítulo 4,
versículos 16 al 18, leemos: "Porque el Señor mismo descenderá
del cielo con voz de mando, con voz de arcángel, y con la
trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero.
Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos,
seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al
encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor
siempre. Por tanto, confortaos unos a otros con estas palabras".
Estimado oyente, esto nos habla del arrebatamiento de la Iglesia.
La Escritura dice que Él llegará y arrebatará a los Suyos,
sacándolos de este mundo antes de que salga el sol. Y en estos
momentos ya tenemos un cierto resplandor de luz en el horizonte.
Las Sagradas Escrituras no autorizan a establecer ninguna fecha
para tal evento. Desafortunadamente en todas las épocas ha
habido personas que han tratado de fijar fechas para el retorno
del Señor. Pero sí creemos que la venida del Señor está próxima
y que el próximo gran evento será el arrebatamiento de la Iglesia.
Y nosotros, amigo oyente, deberíamos estar viviendo aquella
expectativa y la esperanza que tenían los ciudadanos de Jerusalén
en la antigüedad, cuando en medio de la oscuridad de la noche
comenzaba a vislumbrarse la claridad que precedía a la salida del
sol. Y éste es el día cuando aunque nos parezca que es muy
oscuro allá afuera, ya se observa un poquito de luz, lo que nos da
una esperanza.
Pero antes de llegar a la próxima puerta leamos el versículo 30
de este capítulo 3 de Nehemías, dice:
"Tras él, Hananías hijo de Selemías y Hanún hijo sexto de Salaf
restauraron otro tramo; después de ellos, Mesulam hijo de
Berequías restauró, frente a su vivienda"
La razón por la cual leímos este versículo es que nos llamó la
atención un detalle. Todo lo que este hombre Mesulam hizo fue
reparar la parte de la muralla que se encontraba frente a su casa.
Y esto nos lleva a aplicar la siguiente lección. Estimado oyente,
quizá usted no sea capaz de ser testigo ante todo el mundo, en
lejanas tierras, o quizá no lo pueda hacer frente a sus propios
vecinos, pero sí puede dar testimonio de su fe a su propia familia.
Es hermoso en nuestros días tener a una familia que es salva y
es suya la responsabilidad de presentarles la Palabra de Dios. De
modo que, este hombre Mesulam reparó el muro enfrente de su
casa. Y pensamos que eso era todo lo que Dios le pidió que
hiciera. Y ahora sí llegamos al versículo 31, de este capítulo 3 de
Nehemías, que nos habla de décima puerta que es
La puerta del Juicio
"y después de él Malquías hijo del platero restauró hasta la casa
de los sirvientes del Templo y de los comerciantes, frente a la
puerta del Juicio, y hasta la sala de la esquina".
Ésta era la puerta de la revisión o de registro. Cuando un
extranjero llegaba a la ciudad, tenía que tener una visa. Bueno,
no como las que conocemos en el día de hoy, pero él debía
detenerse en la puerta para inscribirse. Y también era la puerta
de la inspección, de pasar revista. Cuando llegaba de regreso el
ejército que había salido a luchar en alguna batalla, los soldados
al regresar pasaban por esta puerta. Aquí fue donde el rey David
pasó revista a sus tropas cuando regresaban. ¡Cómo los amaba
él! y ¡cómo lo amaban ellos! La mayoría de ellos gustosamente
hubiera entregado su vida por su rey. Cuando ellos llegaban
cansados y heridos de la lucha, encontraban a su rey en la puerta
para darles la bienvenida y agradecerles por su lealtad y valor.
Como hemos leído en 1 Tesalonicenses 4, en el momento del
arrebatamiento de la Iglesia, seremos recogidos para
encontrarnos con el Señor en el aire. Hay personas que dicen que
eso va a ser ¡algo maravilloso! ¡Pues, sí, lo es! Pero, ¿sabe usted
que después de dicho arrebatamiento vamos a presentarnos ante
el tribunal de Cristo?
Escuchemos lo que dijo el apóstol Pablo en su Segunda carta a
los Corintios, capítulo 5, versículo 10: "Porque todos nosotros
debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada
uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de
acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo".
Pues bien, éste no es el mismo juicio que el del Gran Trono
Blanco, mencionado en Apocalipsis 20:11-15. Solo los creyentes
comparecerán ante el tribunal de Cristo. Porque este juicio no
está relacionado con la salvación, sino con la recompensa. Los
creyentes, entonces, recibirán lo que les corresponda, según lo
bueno o lo malo que hayan hecho mientras estaban en esta tierra.
En base a ello, el apóstol Pablo dijo en 2 Corintios 5:11, "Por eso,
sabiendo que hay que tener reverencia al Señor, procuramos
convencer a los hombres". Pablo estaba diciendo: "Yo quiero estar
ocupado porque tendré que presentar un informe sobre si estoy
trabajando 8 horas por día, o si le estoy dando al Señor 60
segundos de cada minuto; 60 minutos en cada hora; o 24 horas
en cada día, y los 7 días de la semana". Bajo la ley, los judíos
deberían dar a Dios solamente un día; pero el Señor dijo que,
indiferentemente de lo que hagamos, nuestra motivación debe
ser la de hacerlo para Él. Y Él va a examinar esas obras en ese
día. Él va a examinar de cerca cómo hemos vivido nuestra vida
aquí en la tierra. Este es, pues, el simbolismo de esta puerta.
Como ya hemos dicho, cuando los soldados regresaban a través
de esta puerta, el rey David estaba allí. Y él conocía al soldado
cubierto de cicatrices, que había luchado con denuedo, y él sabía
lo que había hecho. Entonces, de vez en cuando, él llamaba a uno
de los que estaban formados en filas y le decía: "Yo tengo un
premio, una recompensa para usted". Y habrá muchos creyentes
desconocidos para nosotros, y otros más conocidos, que serán
llamados aparte de las filas en ese día del tribunal de Cristo, para
ser recompensados. Esta puerta del Juicio podría ser, algún día,
una puerta maravillosa para usted y para mí. Ahora veamos lo
que dice el versículo 32:
"Entre la sala de la esquina y la puerta de las Ovejas, trabajaron
en la restauración los plateros y los comerciantes".
Ahora que ya hemos pasado por las diez puertas, regresamos a
la puerta de las ovejas. Hemos recorrido todo el camino alrededor
de las murallas de Jerusalén, porque ya estamos de regreso en el
punto de partida. Recordemos que la puerta de las Ovejas
simbolizaba la cruz de Cristo. O sea, que comenzamos en la cruz
de Cristo y finalizamos nuestra caminata en la cruz de Cristo. Y
esto es suma importancia y valor, la cruz de Cristo.
Estimado oyente, comenzamos en la puerta de las Ovejas y
salimos por la misma puerta. Y creemos que a través de la
eternidad vamos a hablar sobre esta puerta de las Ovejas, donde
el Señor Jesucristo murió hace más de dos mil años en el Gólgota,
en el lugar de la Calavera; por sus pecados y los míos. Y esta
puerta nos recuerda el conocido pasaje Bíblico de Isaías 53:5 y
6, que dice: "Mas él herido fue por nuestras transgresiones,
molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó
sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros
nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su
camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de
todos nosotros".
Este versículo comienza diciendo "todos". Todos somos iguales en
esto. No hemos ido todos en la misma dirección, ni hemos
recorrido la misma distancia. Pero todos nos hemos alejado de
Dios, nos hemos extraviado. Se dice que si las ovejas tienen
ocasión de perderse, seguramente se perderán. No hay otro
animal que sea tan impotente, que se encuentre tan indefenso,
vulnerable y sin esperanza de encontrar su rumbo que una oveja
que ha salido del corral. Otros animales conocen a sus dueños, y
encontrarán el camino de regreso al hogar. Pero no así la oveja,
vagará desorientada y perdida hasta que sea atacada por los
lobos o yazca herido o atrapada entre las rocas. Así somos los
seres humanos, en nuestro vagar sin Dios. La esencia del pecado
se revela en la expresión que destaca que cada cual se apartó
"por su camino", en vez de recorrer el camino de Dios. Y la
maldad tenía que ser castigada. Y el apóstol Pedro resumió la
obra de la gracia y misericordia de Dios en la salvación en su
primera carta, 2:24, citando también al profeta Isaías, afirmó que
el Señor Jesucristo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la
cruz, añadiendo también que por Sus heridas, fuimos sanados de
las heridas mortales del pecado y la maldad. Por lo tanto,
estimado oyente, la salvación que Dios ha provisto, se encuentra
disponible para usted y para todo aquel que confíe en Él como su
Salvador.
Nehemías 4:1-23
En el día de hoy, amigo oyente, llegamos al capítulo 4 de este
libro de Nehemías. El tema general es la respuesta de Nehemías
a la oposición exterior. Vimos en nuestro último programa que
Nehemías, que era un hombre ingenioso, usó una estrategia
especial para reconstruir la muralla alrededor de la ciudad. Y
mientras nosotros avanzábamos alrededor del muro, vimos que
diferentes grupos de personas habían sido designadas para
reedificar las correspondientes secciones, para que estas
secciones fueran reparadas a lo largo de todo el recorrido, todas
al mismo tiempo. En este capítulo se nos dice que reedificaron
hasta la mitad de la altura del muro. Los enemigos descubrieron
que reírse de ellos no había logrado detener los trabajos, así que
iban a emplear una nueva forma para intentar interrumpir las
obras de reedificación. Veamos pues, ahora, lo que nos dice el
primer versículo de este capítulo 4, de Nehemías:
"Cuando oyó Sanbalat que nosotros edificábamos el muro, se
enojó y enfureció mucho, y burlándose de los judíos",
Así que vemos que la risa no había conseguido detenerles,
porque, por el contrario, el trabajo había progresado. Así es que,
entonces utilizaría el arma de burlarse de ellos ante los demás.
Lo importante que debemos notar aquí es que él se estaba
burlando de aquello que era precioso para Dios, pero que era
despreciado por Sanbalat. Notemos entonces lo que hizo el
enemigo, leyendo el versículo 2:
"dijo delante de sus hermanos y del ejército de Samaria: ¿Qué
hacen estos débiles judíos? ¿Se les permitirá volver a ofrecer sus
sacrificios? ¿Acabarán en un día? ¿Resucitarán de los montones
del polvo las piedras que fueron quemadas?"
Estas preguntas que él estaba haciendo eran pertinentes. Eran
preguntas que incluso los del pueblo de Israel se estaban
haciendo a sí mismos. Ellos mismos se preguntaban si serían
capaces de completar la tarea. El poner en ridículo, el avergonzar,
es un método que el enemigo puede utilizar. Continuemos
leyendo el versículo 3:
"Y estaba junto a él Tobías, el amonita, el cual dijo: Lo que ellos
edifican del muro de piedra, si sube una zorra lo derribará".
Tobías el amonita, que es una de esas personas que siempre
estaban tratando de contar chistes u ocurrencias, entró en acción
haciendo unas declaraciones sarcásticas y que, por cierto, tenían
un cierto sentido del humor.
Ahora, la zorra es un animal que camina de una manera muy ágil,
ligera. Puede caminar sobre la tierra y no dejar una huella muy
profunda. Puede subirse a una pared y no dejar ninguna marca
en ella. Él estaba diciendo que aquellos débiles judíos estaban
edificando un muro que hasta una zorra podría derribar. Después
de todo, algunos de los que edificaban eran plateros,
farmacéuticos y las mujeres. Así que podemos imaginar cómo los
pusieron en ridículo públicamente. Aquella burla debió resultar
desalentadora para esta gente que había trabajado tan
duramente. ¿Qué iba a hacer entonces Nehemías? Bueno, el
recurso de aquel hombre era la oración. Observemos lo que hizo.
Leamos los versículos 4 y 5, de este capítulo 4 de Nehemías:
"¡Oye, Dios nuestro, cómo somos objeto de su desprecio! Haz que
su ofensa caiga sobre su cabeza y entrégalos por despojo en la
tierra de su cautiverio. No cubras su iniquidad ni su pecado sea
borrado delante de ti, porque se han airado contra los que
edificaban".
Es importante notar aquí que estas personas que trataron de
estorbar la edificación eran los enemigos de Dios, así como lo
eran de los judíos. Y la oración que Nehemías hizo fue una oración
bajo la ley. Bajo la ley ellos tenían el derecho de pedir justicia.
Ellos estaban en lo correcto al pedir que un juicio justo cayese
sobre sus enemigos, y Dios tiene interés en hacer justicia. Esa
opción no ha cambiado.
Sin embargo, el Señor Jesucristo ha establecido una conducta
inversa para aquellos que son creyentes en Él en el día de hoy.
Así que en la actualidad se nos dice que no debemos orar por
venganza. Sin lugar a dudas se nos dice en Efesios 4:32: "sed
más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos
unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo".
También vimos en la epístola a los Romanos 12.19, hace algún
tiempo, que el apóstol Pablo dijo: "Nunca os venguéis vosotros
mismos, sino dad lugar a la ira de Dios, porque escrito está: mía
es la venganza, yo pagaré, dice el Señor". Hay ciertos temas que
debemos poner en las manos del Señor para que él se ocupe de
ellos. Si intentamos resolverlos nosotros por nuestra cuenta,
significa que no estamos viviendo por la fe.
Hay ciertas cosas de las que sí debiéramos ocuparnos. Y es
evidente también desde el punto de vista de las Escrituras, que
debiera efectuarse una censura o una reprensión. Vemos que el
apóstol Pablo, por ejemplo, les dijo a los Corintios que ellos
debían hacer frente a las cosa que andaban mal en la iglesia. Y
Pablo al escribirle a un joven predicador, a Timoteo, en su
segunda carta 4:2, lo último que le dijo fue: "Predica la palabra;
insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta
con mucha paciencia e instrucción". Él dice "redarguye" que
quiere decir, convencer de culpa o delito. "Reprende" que quiere
decir, amenazar o advertir. Y también dice "exhorta", y esto
quiere decir consolar. Y el hijo de Dios tiene que usar la espada
del Señor que es la Palabra de Dios. Esa espada necesita ser
clavada en las cosas que son corruptas y malas en nuestras vidas.
Pero también necesitamos aplicar el bálsamo a un corazón herido.
Hay veces cuando nosotros debemos reprochar o redargüir como
nos indicó Pablo. Que Dios ayude al predicador o al maestro que
en estos días presentes no están siendo fieles en cuanto a estos
asuntos. Estamos viviendo en días en que la gente no quiere
escuchar nada que produzca escozor o que la enfrente con la
realidad. Las personas sólo desean escuchar mensajes elocuentes
y entretenidos, cuyo contenido o significado práctico se disuelve
o se esfuma en la nada. No quieren escuchar un mensaje que
trate directamente sobre su indiferencia y del pecado que hay en
sus vidas. Como resultado de eso, algunos sectores del
cristianismo no tienen nada que ofrecer, a menos que sea algo
agradable a los oídos y que no resulte molesto para la conciencia.
Hay muchas porciones de las Escrituras que son dulces, pero hay
también hay otras que son amargas, agrias. Y hay muchas
personas que no desean escuchar esas partes correctivas, que
reprochan cierto modo de vida, y que produzcan esa convicción
que resulta en una renovación interior y en un compromiso firme
con el Señor.
Pero bajo la ley, estimado oyente, esta gente que vemos en el
relato Bíblico, podía orar pidiendo que la justicia se ejecutase
sobre sus enemigos. Tenemos que recordar que estos hombres
que eran los enemigos del pueblo de Dios, también eran los
enemigos de Dios.
Sin embargo, la vida del pueblo de Dios no es simplemente una
vida de oración; también es un caminar y una lucha. Entonces,
¿qué hizo aquel pueblo? Leamos el versículo 6:
"Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta
la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar".
Nehemías ignoró el sarcasmo del enemigo, oró a Dios, y continuó
edificando. Así que la oposición realizada poniéndolos en ridículo
fue vencida por la determinación de la gente. Leamos el versículo
7:
"Pero aconteció que oyeron Sanbalat, Tobías, los árabes, los
amonitas y los de Asdod que los muros de Jerusalén eran
reparados, pues ya las brechas comenzaban a ser cerradas, y se
enojaron mucho".
Ahora, cuando el enemigo vio que el reírse de ellos, y el ponerles
en ridículo públicamente no iba a detener la edificación de las
murallas, comenzaron a moverse en otra dirección. Estaban
realmente enfadados. Leamos los versículos 8 y 9:
"Conspiraron luego todos a una para venir a atacar a Jerusalén y
hacerle daño. Entonces oramos a nuestro Dios, y por culpa de
ellos montamos guardia contra ellos de día y de noche".
Y aquí nuevamente vemos que la oración era el recurso y la fuente
de ayuda de Nehemías. Su lema era "vigilar y orar". Observemos
su reacción: "Entonces oramos a nuestro Dios". Es maravilloso en
nuestros días utilizar estos tópicos santos, que parecen muy
espirituales, siempre y cuando los respaldemos con algo más.
Conocemos a muchas personas que al enfrentarse con un
problema suelen decir: "Oremos en cuanto a esto". Pero lo que a
mí me agradaría saber es qué van a hacer esas personas después
de orar. Usted les pide que hagan algo, y ellos le dicen que van a
orar sobre el asunto.
En cierta ocasión un pastor le pidió a un miembro de su iglesia,
que hiciera algo y el señor este contestó: "Bueno, voy a orar sobre
el asunto". Y el pastor le dijo: "Un momento, si esa es su manera
de decirme que no, entonces dígamelo directamente y así podré
buscar a otra persona que lo haga. Pues no creo que sea
necesario orar sobre un asunto como este. Usted lo puede hacer
o no lo puede hacer; lo quiere hacer o no lo quiere hacer, ¿cuál
de los dos es?" Bueno, él no lo quería hacer, para decir la verdad,
estaba tratando de buscar una excusa y al darse cuenta el pastor,
buscó a otra persona que lo hiciera. Y hay muchas personas,
estimado oyente, que en nuestros días están expresando estos
tópicos que suenan bien desde una perspectiva espiritual.
Nehemías podía también haberse expresado con tópicos que
sonaran muy bien desde un punto de vista espiritual. Podría haber
dicho, por ejemplo, "Estamos confiando en el Señor, así que
esperaremos y no haremos nada". Ésa hubiera sido una salida
fácil y es lo que muchos hacen en la actualidad. Es decir, que
dicen confiar en el Señor, pero no hacen nada al respecto. Si
usted realmente confía en el Señor, usted hará algo, pasará a la
acción. Nehemías supo que el enemigo estaba conspirando para
enfrentarse con él, así que estableció un sistema de vigilancia.
Por supuesto, esto fue lo que Dios esperaba que él hiciera. Ahora,
escuchemos algunas de las reacciones que se produjeron. Leamos
el versículo 10:
"Y decía Judá: Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado
y el escombro es mucho; no podremos reconstruir el muro".
En un momento como éste hay que ser cuidadosos porque el
diablo puede causarle a usted mucho daño desde dentro. Una de
las armas más efectivas de Satanás contra el pueblo de Dios es
el desaliento.
En cierta ocasión unos misioneros que estaban en un pueblo en
la selva, en un país de la América del Sur, trabajando entre los
miembros de una tribu indígena, escribieron indicando que
estaban muy desanimados. Y decían: "Nosotros estamos muy
desanimados aquí y usted no sabe cuánto nos ayuda el poder
escuchar su programa de radio durante las horas de la noche,
especialmente cuando nos vemos aquí en un país extranjero.
Nosotros todavía no entendemos a la gente del lugar, no podemos
comprender su idioma. Lo estamos aprendiendo".
Aparentemente, ellos estaban listos para abandonar la tarea,
para dejar todo y regresar a sus hogares. El diablo por supuesto,
estaba usando este problema para desanimarlos. Les escribimos
animándoles para que continuaran con su importante labor
misionera.
Aquí en nuestro relato, vemos que la gente también estaba
desanimada y el enemigo trató de aprovecharse de esa situación.
Leamos los versículos 11 y 12, de este capítulo 4 de Nehemías:
"Nuestros enemigos dijeron: Que no sepan ni vean hasta que
entremos en medio de ellos, los matemos y hagamos cesar la
obra. Pero sucedió que cuando venían los judíos que vivían entre
ellos, nos decían una y otra vez: De todos los lugares donde
habitan, ellos caerán sobre vosotros".
El enemigo tomó ventaja del desaliento de los judíos y planeó un
ataque por sorpresa. ¿Cuál sería entonces la estrategia de
Nehemías ante ese ataque por sorpresa? Leamos el versículo 13:
"Entonces puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus
lanzas y con sus arcos, por las partes bajas del lugar, detrás del
muro y en los sitios abiertos".
Él puso a cada uno de los hombres en una posición donde pudiera
defender a su propia familia; esto, por supuesto, le permitía estar
en una situación mucho más cómoda cuando estaba edificando.
Si hubiera tenido que edificar el muro estando su familia lejos, no
podría saber si los suyos estaban seguros o en peligro. Por lo
tanto, Nehemías colocó a cada uno junto a su familia, y les armó
adecuadamente, con sus espadas, lanzas arcos y flechas. Y luego
les dijo lo que leemos en este versículo 14, del capítulo 4 de
Nehemías:
"Después miré, me levanté y dije a los nobles, a los oficiales y al
resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor,
grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros
hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras
casas".
La frase "acordaos del Señor" sería su lema y su señal para
reunirse. Eso es lo que utilizaban ellos para la lucha, y es algo
maravilloso. Napoleón siempre utilizaba el nombre de alguna
victoria para animar a sus soldados a luchar. Siempre usaba el
nombre de alguna victoria memorable. El apóstol Pablo en la
segunda carta que escribió al joven predicador Timoteo, utilizó
también un lema para darle ánimo. Lo podemos leer en la
Segunda carta a Timoteo, 2:8, donde dijo: "Acuérdate de
Jesucristo". Éste es el lema de reunión que tienen los creyentes
en el día de hoy. En los días de Nehemías, el lema de reunión de
los judíos fue acordaos del Señor. Y el versículo 15, continúa
diciendo:
"Cuando supieron nuestros enemigos que estábamos sobre aviso,
y que Dios había desbaratado sus planes, nos volvimos todos al
muro, cada uno a su tarea".
Aquí vemos que los judíos pudieron volver a trabajar. El enemigo
se había retirado, habiendo descubierto que no podía sorprender
a los edificadores de la muralla.
Realmente, Nehemías era un líder ingenioso. Tenía grandes
recursos estratégicos. Su presencia sería muy útil en la
actualidad. Continuemos con los versículos 16 y 17, de este
capítulo 4 de Nehemías, en el cual explicó su estrategia de
prevención de ataques sorpresivos:
"Desde aquel día la mitad de mis siervos trabajaba en la obra, y
la otra mitad se mantenía armada con lanzas, escudos, arcos y
corazas. Y detrás de ellos estaban los jefes de toda la casa de
Judá. Los que edificaban en el muro, los que acarreaban y los que
cargaban, con una mano trabajaban en la obra y con la otra
sostenían la espada".
Esta medida nos agrada. En una mano tenían una paleta de
albañil para edificar, mientras que en la otra tenían la espada para
defenderse del enemigo. Y estas son las dos armas o
instrumentos que tendrían que estar en las manos de los
creyentes en la actualidad. La paleta, representa el hecho de que
los creyentes deberían edificarse a sí mismos en la santa fe, es
decir, lo que hacemos para la parte interior, para edificarnos, es
decir, para crecer y fortalecernos espiritualmente. No estamos de
acuerdo con las personas que dicen que cuando uno recién se
convierte tiene que entrar a la lucha espiritual y comenzar a dar
testimonio de su fe. Pero creemos que primero, el recién
convertido necesita aprender de la experiencia que Jesús salva,
protege y satisface y así, ir creciendo en su fe. Por eso decimos
que hoy tenemos que sostener esa paleta simbólica en nuestra
mano. Pero También tenemos que empuñar la espada del
Espíritu. Y esto es también importante. La espada del Espíritu es
la Palabra de Dios, con la cual podemos defendernos. Así que por
todo ello, necesitamos tener la paleta en una mano y la espada
en la otra. Ahora, los versículos 18 al 20 de este capítulo 4, dicen:
"Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a la
cintura, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto
a mí, pues yo había dicho a los nobles, a los oficiales y al resto
del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos
apartados en el muro, lejos los unos de los otros. En el lugar
donde oigáis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros;
nuestro Dios peleará por nosotros".
Así que Nehemías les dijo: "Yo vigilaré. Cuando oigáis la
trompeta, id a ese lugar y allí nos enfrentaremos al enemigo".
¡Maravilloso! ¿Verdad? Luego dijo Nehemías en el versículo 21:
"Así pues, mientras trabajábamos en la obra desde el despuntar
del alba hasta que salían las estrellas, la mitad de ellos montaba
guardia con la lanza en la mano".
No conocemos las exigencias laborales de la época, pero aquellos
hombres, como podemos ver, trabajaban más de ocho horas
diarias. Desde el amanecer hasta la noche. Realmente, trabajaron
para el Señor hasta el límite de sus fuerzas, hasta agotar su
resistencia física. Ahora, en el versículo 22, Nehemías continuó
diciendo:
"También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado
permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela
y de día en la obra".
Y a aquellos que habían llegado de lugares alejados, como los
hombres de Jericó, Nehemías les dijo que debían pasar la noche
dentro de Jerusalén, para que pudieran protegerles, como
centinelas de guardia por la noche. Y en el versículo 23 leemos:
"Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes ni la gente de guardia
que me seguía, nos quitamos nuestra ropa; cada uno se
desnudaba solamente para bañarse".
Aquí vemos que Nehemías indicó que después de todo se daban
un baño y era la única ocasión en que se quitaban la ropa. Es
decir, que estaban de guardia todo el tiempo, de día y de noche,
Estaban siempre listos para reaccionar ante un ataque. El relato
nos hará ver que les esperaban tiempos de prueba. Surgirían
verdaderas dificultades que harían enfadar a Nehemías, y que
estuvieron a punto de interrumpir el trabajo que realizaban para
el Señor.
¡Qué conveniente es estar hoy siempre vestidos con toda la
armadura de Dios! Cuando el apóstol Pablo les hizo esta
advertencia a los Efesios, les dio el motivo por el cual revestirse
de todos los recursos defensivos provistos por Dios. Les dijo
entonces que el propósito era que pudieran resistir al enemigo en
el día malo, es decir en el día del ataque, para que en esos
momentos críticos, pudieran permanecer firmes. Estimado
oyente, si usted aún no ha recibido al Señor Jesucristo como
Salvador, permanece aún bajo el dominio total del enemigo de
Dios que, no sólo le esclaviza, sino que, además, sea consciente
de ello o no, le está destruyendo. Si usted establece hoy una
relación con Dios, convirtiéndose en un hijo de Dios, además de
la salvación y la vida eterna, Él le rescatará del dominio del
enemigo y le proveerá los recursos espirituales necesarios para
sobrellevar las luchas de la vida, y para enfrentarse a toda fuerza
destructiva que le aceche. Podrá usted utilizar la espada del
Espíritu, que es la Palabra de Dios.

Nehemías 5:1-19
Hoy comenzamos el capítulo 5, cuyo tema es la respuesta de
Nehemías a la oposición interior que encontró en la reedificación
de los muros de Jerusalén. Ya hemos visto antes que él había
encontrado oposición, y ésta había tomado diferentes formas, ya
que el diablo es una persona muy sutil en su manera de actuar.
Primero, el enemigo se rió de los judíos que trabajaban. Después
se burlaron, poniéndolos en ridículo. Finalmente, hubo una
oposición abierta. Ésta fue tan intensa que Nehemías tuvo que
disponer que cada obrero trabajase en la muralla con una paleta
de albañil en una mano, y una espada en la otra. Y Nehemías y
sus colaboradores trabajaron tan duramente que solo se quitaban
la ropa para bañarse.
Ahora, vemos aquí que la oposición vino desde dentro. En
realidad, en estos casos es donde el diablo lanza sus ataques más
efectivos. Al recordar la historia de la iglesia comprobamos que
el diablo no ha podido destruirla por medio de la persecución y lo
que ha hecho entonces, fue unirse a ella. Y en este relato le
vemos actuar desde dentro. Ya había causado el desaliento entre
los judíos y entonces avanzó un paso más e hizo que se
produjesen conflictos entre ellos. Comenzaremos leyendo los
primeros cuatro versículos de este capítulo 5, de Nehemías:
"Entonces hubo gran clamor del pueblo y de sus mujeres contra
sus hermanos judíos. Había quien decía: Nosotros, nuestros hijos
y nuestras hijas, somos muchos; por tanto, hemos pedido
prestado grano para comer y vivir. Y había quienes decían:
Hemos empeñado nuestras tierras, nuestras viñas y nuestras
casas, para comprar grano, a causa del hambre. Otros decían:
Hemos tomado prestado dinero sobre nuestras tierras y viñas
para el impuesto del rey".
Usted puede apreciar, estimado oyente, que la naturaleza
humana no cambia; no sólo eso, aun cuando estamos viviendo
en la actualidad en una era mecánica, electrónica, tecnológica, y
en la era espacial, los problemas que tenemos son similares a los
que tenían en los días de Nehemías. Creemos que quizá nuestros
dispositivos electrónicos simplemente multiplican los problemas y
los hacen mucho más difíciles de resolver. La gente aquí estaba
tan ocupada edificando los muros que no habían tenido
oportunidad de ocuparse de sus propios negocios. Por lo tanto,
para comprar sus alimentos, habían tenido que hipotecar sus
propiedades. Algunos tuvieron que hipotecarlas para poder pagar
sus impuestos, que eran bastante altos en esos días. Y habían
tenido que pedir dinero prestado de sus propios hermanos. Ahora,
leamos el versículo 5:
"Ahora bien, nosotros y nuestros hermanos somos de una misma
carne, y nuestros hijos son como sus hijos; sin embargo, nosotros
tuvimos que entregar nuestros hijos y nuestras hijas a
servidumbre, y algunas de nuestras hijas son ya esclavas, y no
podemos rescatarlas porque nuestras tierras y nuestras viñas son
de otros".
Durante todo este tiempo este problema se había estado
agravando, pero hasta esta ocasión Nehemías no se había dado
cuenta de ello. Estas personas se dedicaron a la reedificación de
los muros de la ciudad y discretamente empeñaron sus
propiedades con sus hermanos. Como podemos ver, había
algunos que se dedicaban a prestar dinero.
Los enemigos de fuera no habían podido crearles mayores
dificultades mientras hubo amor y armonía dentro del grupo. Pero
en este momento surgió el conflicto. Recordemos que este tipo
de problemas también apareció temprano en la misma iglesia
primitiva. Ananías y Safira habían tramado engañar a sus
hermanos y fueron castigados por Dios con una muerte repentina.
Aquella conspiración tuvo que ver también con el dinero.
Podemos ver que el dinero ha sido siempre una gran tentación,
incluso en algunos círculos cristianos.
Y vemos aquí que este es el asunto que se presentó ante
Nehemías y que tuvo que tratar de una manera directa. La Biblia
nos da algunos consejos al respecto. Por ejemplo en Filipenses,
capítulo 1, versículos 27 y 28 dice: "Solamente comportaos de
una manera digna del evangelio de Cristo, de modo que ya sea
que vaya a veros, o que permanezca ausente, pueda oír que
vosotros estáis firmes en un mismo espíritu, luchando unánimes
por la fe del evangelio; de ninguna manera intimidados por
vuestros adversarios, lo cual es señal de perdición para ellos, pero
de salvación para vosotros, y esto, de Dios". Pablo estaba
diciendo que tiene que haber armonía dentro de la iglesia, que
uno tenía que ser honrado en sus asuntos. No debía dar falsos
informes ni menospreciar al hermano. Y el decir la verdad
produciría armonía.
El apóstol Santiago, que era muy práctico, también tuvo algo que
decir al respecto. En el capítulo 3, versículo 16 de su carta, dijo:
"Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión
y toda cosa mala". Eso es lo que le sucedió a Ananías y Safira.
Ellos mintieron en sus tratos con la iglesia y trajeron confusión. Y
volviendo a los días de Nehemías y como ya hemos anticipado, el
problema surgió porque algunos judíos habían pedido dinero
prestado. Cuando no pudieron devolverlo, tuvieron que vender a
sus hijos e hijas como esclavos, y aunque esa situación se
mantenía por un período determinado de tiempo, duraba lo
necesario como para malograr sus vidas, en algunos casos.
Aquellos que habían pedido dinero prestado tuvieron que pagar
intereses. Lo interesante es que aunque esto parecía algo
legítimo, como lo es en el mundo financiero actual, no lo era para
los israelitas. Dios había dicho que ellos no debían cobrar
intereses a sus propios hermanos.
Hasta ese momento Nehemías había mantenido la calma. Él había
podido mantener una buena relación con su pueblo y había sido
paciente con los israelitas. Pero en esta ocasión, Nehemías se
enfadó. Bueno, escuchemos lo que dijo aquí en los versículos 6 al
8 de este capítulo 5 de Nehemías:
"Cuando oí su clamor y estas palabras, me enojé mucho. Después
de meditarlo bien, reprendí a los nobles y a los oficiales. Y les
dije: ¿Exigís interés a vuestros hermanos? Además, convoqué
contra ellos una gran asamblea, y les dije: Nosotros, según
nuestras posibilidades, rescatamos a nuestros hermanos judíos
que habían sido vendidos a las naciones; ¿y ahora sois vosotros
los que vendéis aun a vuestros hermanos, para que nosotros
tengamos que rescatarlos de nuevo? Y callaron, pues no tuvieron
qué responder".
Aquí vemos que no se enfadó simplemente, sino que se indignó.
Pero se tomó su tiempo para pensarlo bien, lo cual es una buena
lección a imitar. Nunca conviene hablar en público bajo los efectos
de la indignación. Pero enfrentó la situación y les reprochó
públicamente a los nobles y a los gobernantes por su proceder.
Teniendo en cuenta el estado público del problema, fue la forma
más correcta de proceder. Creemos que en la iglesia ante
situaciones similares en las que se dude de la honestidad de
alguien o se cuestione la transparencia de otro, debe exponer
abiertamente el problema con la actitud constructiva de
resolverlo.
Nehemías entonces expuso la conducta poco honrada ante sus
compatriotas. Ya hemos dicho que estaba enfadado. Alguien
podría decir que el cristiano no debiera enfadarse así.
Recordamos que el apóstol Pablo escribió en Efesios 4:26, "Airaos
pero no pequéis". Aquí hay que aclarar que hay que tener en
cuenta las razones para un enfado. Si usted se enfada porque
alguien ha perturbado su propio bienestar, o porque alguien ha
perjudicado sus beneficios o intereses personales, entonces está
mal. Pero si usted se enfada por motivos tales como los planes y
propósitos de Dios, la gloria y honra de Dios, o porque el nombre
de Dios está siendo menospreciado, entonces, usted puede
enojarse, y no estará cometiendo ningún pecado. Nehemías,
pues, no adoptó una actitud pasiva ante el pecado evidente. No
consintió en que se lo pasara por alto. Lo denunció abiertamente.
Y creemos que nosotros debemos ser impulsados a mostrar
nuestro enojo justo cuando vemos que las cosas andan mal. No
debemos mimar al que ha obrado mal, cerrar los ojos ante el
pecado ni mirar para otro lado. Muchos, en estos casos, prefieren
no intervenir y dicen: "Bueno, nosotros no queremos crear
problemas". Pero los problemas vendrán igual, sólo que
aumentados, porque si usted no interviene, el enemigo espiritual
acabará ganando terreno, causará divisiones y el daño será
mayor. Por ello, ante situaciones de esta naturaleza necesitamos
personas con valor, y con convicciones firmes. En la medida en
que el cristianismo pierda autoridad moral, su imagen continuará
deteriorándose. Y entonces, el mundo seguirá, indiferente, su
propio camino, sin tener en cuenta los principios Bíblicos que los
cristianos siempre han proclamado. Éste es uno de los motivos
por los cuales algunos movimientos de renovación espiritual
genuinos, han surgido fuera del cristianismo organizado e
institucional.
Cierto predicador dijo que le enfadaba el pensar que no podía
hacer llegar a los no creyentes el mensaje del Evangelio porque
ellos lo rechazaban, basados en las actitudes de hipocresía y
deshonestidad de algunos cristianos. Sin embargo, hay muchas
personas en el mundo que anhelan conocer la verdad y quieren
saber si somos sinceros en lo que decimos, y si existe coherencia
entre los principios que proclamamos y nuestra conducta
personal. Algunos que ejercen la autoridad, tratan el mal
proceder de otros como aquel que limpia su casa ocultando la
suciedad debajo de la alfombra, con la excusa de querer
proyectar una imagen de bondad y amabilidad. Es una forma más
de ocultar la falta de valor y autoridad espiritual.
Ahora, cuando Nehemías expuso en público el pecado de sus
hermanos de raza, nadie se atrevió a responderle. Los implicados
permanecieron en silencio mientras él estuvo ante ellos, pero le
causarían todas las dificultades que pudieran. También le traerían
muchos problemas cuando regresara al palacio de Susa. Pero ya
veremos que, a pesar de todo, el reedificó las murallas de
Jerusalén y sirvió a Dios en su día y a su generación. Continuemos
leyendo el versículo 9:
"Y yo añadí: No es bueno lo que hacéis. ¿No deberíais andar en
el temor de nuestro Dios, para no ser objeto de burla de las
naciones enemigas nuestras?"
El nombre de Cristo ha sido deshonrado en el mundo. ¿Por causa
de la conducta de la iglesia como institución? ¿Por la conducta de
los creyentes? ¿Por la conducta suya y la mía? Eso es lo que nos
debemos preguntar a nosotros mismos, con una actitud de crítica
constructiva. En otras palabras, les dijo que con su conducta
estaban provocando que el enemigo se burlara de Dios y de Su
pueblo. O sea, que no estaban honrando a Dios. Y continuamos
leyendo en el versículo 10:
"También yo, mis hermanos y mis criados les hemos prestado
dinero y grano. ¡Perdonémosles esta deuda!"
Nehemías les dijo que se podía haber beneficiado personalmente
de esa situación. Esta era en realidad la gran prueba de
Nehemías. Porque pudo demostrar que no había utilizado su
cargo ni posición para obtener una ganancia. Generalmente, la
persona avara procura sacar rendimiento al último centavo.
Muchas personas están colocando el dinero en el lugar principal
de su vida, antes que Dios. Usted puede poner una moneda
delante de su ojo y no ver el sol. Y hay muchas personas que
están mirando al mundo de esa manera. Ahora, notemos lo que
él hace aquí en el versículo 11:
"Os ruego que les devolváis hoy sus tierras, sus viñas, sus
olivares y sus casas, y la centésima parte del dinero, del grano,
del vino y del aceite, que demandáis de ellos como interés".
Así que Nehemías apeló a los judíos ricos para que devolvieran lo
que habían acumulado, y que no recibiesen más pagos. Ahora, el
versículo 12, continúa diciendo:
"Ellos respondieron: Lo devolveremos y nada les demandaremos;
haremos así como tú dices. Entonces convoqué a los sacerdotes
y les hice jurar que harían conforme a esto".
Aquí vemos que no confió en sus promesas verbales y requirió de
ellos un compromiso formal. Aunque eran el pueblo de Dios, su
experiencia le aconsejó no fiarse de la palabra empeñada, incluso
públicamente. Tuvieron que hacer constar su juramento por
escrito.
Hay creyentes que, por los desengaños sufridos se han
arrepentido por haber confiado en otros cristianos, por haber
creído de buena fe que respetarían la palabra dada y sus
compromisos financieros. En consecuencia muchos evitan entrar
en acuerdos profesionales y comerciales con otros cristianos. Y
dicen que prefieren los tratos con los no creyentes, porque ya
saben lo que podrían esperar de ellos y se sienten con mayor
libertad para vigilarles.
Veamos ahora lo que dijo Nehemías aquí en el versículo 13, de
este capítulo 5 de Nehemías:
"Sacudí además mi ropa, y dije: Así sacuda Dios de su casa y de
su trabajo a todo hombre que no cumpla esto; así sea sacudido y
quede sin nada. Y respondió toda la congregación: ¡Amén!
Entonces alabaron al Señor, y el pueblo hizo conforme a esto".
Sabemos que sólo se necesita una manzana podrida para echar a
perder todas las demás. Lo mejor es identificarla y sacarla para
que no se perjudique el resto del grupo. Y eso es lo que Nehemías
estaba haciendo. Él, en realidad, estaba pronunciando una
maldición sobre ellos. Ésta fue una escena pintoresca y
dramática. Era un funcionario del gobierno y como tal usaba un
uniforme así que se quito su larga túnica en frente de la multitud
y lo sacudió, en otras palabras dijo: "Así sacuda Dios fuera de su
casa y de sus propiedades a todo aquel que no cumpla este
juramento, y así lo despoje de todo lo que ahora tiene". Fueron
palabras tremendas, pero esa era la forma adecuada de hablar a
gente como aquella. Recordemos que Pablo, escribiendo a los
Gálatas en 5:12, les dijo: "¡Ojalá se mutilasen los que os
perturban!" Él deseó que los legalistas fueran separados
completamente del grupo, por el daño que estaban causando a
los creyentes de Galacia. Éste también fue un lenguaje muy
fuerte. Ahora tenemos un detalle de la vida personal de
Nehemías. Leamos el versículo 14, de este capítulo 5 de
Nehemías:
"También desde el día que me mandó el rey que fuera gobernador
de ellos en la tierra de Judá, desde el año veinte del rey Artajerjes
hasta el año treinta y dos de su reinado, durante doce años, ni yo
ni mis hermanos comimos del pan del gobernador".
Era evidente que tenía derecho a tener un sueldo, pero no lo
aceptó. Y en el versículo 15 dijo de sus antecesores:
"En cambio, los primeros gobernadores que me antecedieron
abrumaron al pueblo: les cobraban, por el pan y por el vino, más
de cuarenta monedas de plata, y aun sus criados oprimían al
pueblo. Pero yo no hice así, a causa del temor de Dios".
Los gobernadores que ocuparon el cargo antes de él recibieron
los sueldos que les correspondían. Pero él no quiso aceptar el
suyo. Y el versículo 16 dice:
"También trabajé mi parte en la restauración de este muro, y no
he comprado heredad; también todos mis criados estaban allí
juntos en la obra".
Nehemías no quiso implicarse en el negocio de los bienes
inmuebles y se mantuvo apartado de la especulación de la tierra.
No obtuvo beneficios de hipotecas sobre las tierras prestando
dinero o grano. No se quedó con nada de modo extraoficial o de
manera encubierta. Y el versículo 17, dice:
"Además, ciento cincuenta judíos y oficiales, y los que venían de
las naciones que había alrededor de nosotros, se sentaban a mi
mesa".
Nehemías recibía regularmente a su mesa a ciento cincuenta
invitados. También recibió a judíos de las naciones circundantes
que habían venido a vivir a la ciudad y aún no habían encontrado
una vivienda. Aparentemente hizo todo esto corriendo él
personalmente con los gastos. Evidente, había sido diferente a
los demás gobernadores. Leamos el versículo 18:
"Cada día se preparaba un buey y seis ovejas escogidas; también
me preparaban aves; y, cada diez días, se traía vino en
abundancia. Así y todo, nunca reclamé el pan del gobernador,
porque la carga que pesaba sobre este pueblo era excesiva".
O sea, que él no reclamó la asignación económica para gastos de
hospitalidad de un gobernador, porque tenía un corazón sensible
por sus hermanos de raza, que trabajaban duramente. Leamos,
finalmente por hoy, el versículo 19:
"¡Acuérdate de mí para bien, Dios mío, y de todo lo que hice por
este pueblo!"
Nehemías era un hombre extraordinario. La gente del pueblo era
su principal preocupación pero esa gente le olvidaría. Fue una
triste realidad, pero muchos personajes famosos han aprendido
que el mundo olvida fácilmente. Las personas tienen una
memoria muy frágil. Pero Nehemías le pidió a Dios que lo
recordase. Y así fue que dijo: "Acuérdate de mí. . . Dios mío". Es
hermoso recordar que Dios no recuerda nuestros pecados pero
siempre recordará nuestras buenas obras, e incluso las registra
en un libro.
Estimado oyente, hemos recordado que los seres humanos se van
olvidando unos de otros. Y cada uno va a lo suyo y, de forma
egoísta se desentiende de los problemas y necesidades de los
demás. Pero Dios se acuerda de usted, estimado oyente, y conoce
cual es su situación ante Él. Sabe si usted está lejos de Él, o si ya
le pertenece como hijo. Y si usted acepta Su amor y Su gracia,
expresados al entregar a su Hijo, el Señor Jesucristo, como
sacrificio en la cruz, Él perdonará sus pecados porque Cristo ya
pagó el castigo por ellos. Entonces, al pertenecerle, Él escuchará
sus oraciones, como escuchó las de Nehemías, y por medio de Su
Espíritu le fortalecerá, le consolará, le guiará y transformará su
existencia en una vida de auténtica calidad, que se prolongará
después de esta vida, en la vida eterna.

Nehemías 6:1-19
En nuestro programa anterior finalizamos la lectura del capítulo
5. Nehemías había encontrado toda clase de oposición que uno
pudiera imaginar en la reedificación de los muros de Jerusalén.
Satanás había estado muy activo y había puesto en su camino
toda clase de obstáculos que pudieran causar que él fracasara en
su propósito. El enemigo está haciendo lo mismo con nosotros en
el día de hoy. La única diferencia es que en nuestra experiencia
él muchas veces tiene éxito y nosotros fracasamos. Dios no quiere
que nosotros fracasemos y ha provisto todo lo necesario para que
no seamos vencidos, y sin embargo lo somos. Ahora, en el caso
de Nehemías no fue así.
Llegamos, pues, al capítulo 6. Y aquí veremos que, a pesar de la
astuta oposición, la muralla quedaría terminada. Vimos en
nuestro programa anterior, que él no estaba recibiendo un
sueldo; era una persona que no buscaba nada para sí mismo y
estaba haciendo un gran sacrificio para reedificar el muro de la
ciudad. Luego, él se dio cuenta que algunos de sus hermanos de
raza, especialmente aquellos de alto rango, se habían dedicado
al negocio de los bienes inmuebles, así como al de los préstamos.
Estaban ganando dinero mientras se aprovechaban del
sufrimiento de las demás personas y de las dificultades
económicas que ellas tenían para sobrevivir. Y como resultado,
este problema hizo enfadar mucho a Nehemías, pero él pudo
arreglar este asunto y lo hizo de una manera muy directa,
enfrentándose con el problema y exponiéndolo en público.
En este capítulo vemos los acontecimientos que culminaron con
los últimos trabajos de reedificación del muro. Comencemos
nuestra lectura Bíblica de hoy leyendo el primer versículo de este
capítulo 6 de Nehemías:
"Cuando oyeron Sanbalat, Tobías, Gesem el árabe y los demás
de nuestros enemigos que yo había edificado el muro, y que no
quedaba en él brecha alguna (aunque hasta aquel tiempo no
había puesto las hojas de las puertas)"
Observemos aquí la honestidad de Nehemías. Reconoció que aún
no había colocado las puertas en su sitio. Era como Natanael, de
quien se nos habla en Juan 1, porque en él no había engaño. Es
decir, él no trataba de ser sutil, listo. En esto, también, fue un
ejemplo para muchos cristianos en el día de hoy que, a veces,
rinden cuentas de su labor solo parcialmente, ocultando aspectos
de su trabajo que quizás no les favorezcan, lo cual revela
personalidades que no son transparentes, creyentes que no se
expresan con sinceridad. No comunican toda la verdad. Se
sienten más seguros reservándose para sí una parte de la
información.
El Dr. McGee dice que él apreció mucho lo que su médico hizo por
él. Este médico es un creyente y cuando sospechó que el Dr.
McGee tenía cáncer, se lo dijo directamente. El médico le dijo:
"Dr. McGee, le voy a decir la pura verdad directamente, porque
si no lo hago así, usted no va a tener confianza en mí". Y eso fue
lo que hizo, él siempre presentó las cosas tal cual eran. Cuando
él pensaba que ya no había esperanza alguna para el Dr. McGee
a causa de la enfermedad, honradamente se lo dijo. No trató de
decir una cosa por otra, ni trató de ocultar la verdad. Lo dijo tal
cual era, y uno, estimado oyente, siempre puede apreciar esta
conducta. Esto es algo necesario en la actualidad, en los negocios,
en las relaciones sociales, y también hace mucha falta, y de
manera muy especial, en la esfera de la iglesia, entre los
cristianos. Estas relaciones deberían estar caracterizadas por la
sinceridad, la transparencia. Esta conducta promueve y va
desarrollando la confianza, así como el afecto entre los creyentes.
Como hemos leído, cuando los enemigos, Sanbalat, Gesem,
Tobías y otros, oyeron que las obras de la muralla se habían
completado, Nehemías admitió honestamente, que el informe que
había trascendido era un poco exagerado. Como vimos, las
puertas aún no habían sido colocadas en su lugar. Por ello hemos
destacado la honestidad de Nehemías. Él dijo las cosas como
eran. Leamos ahora los versículos 2 y 3:
"Sanbalat y Gesem enviaron a decirme: Ven y reunámonos en
alguna de las aldeas en el campo de Ono. Pero ellos tramaban
hacerme daño. Entonces envié mensajeros para decirles: Estoy
ocupado en una gran obra y no puedo ir; porque cesaría la obra
si yo la abandonara para ir a vosotros".
Los enemigos habían invertido sus tácticas. Ya que no habían
podido detener el trabajo, propusieron reunirse con Nehemías
para llegar a una solución negociada. Su intención, por supuesto,
no era el bienestar de Nehemías. Este es el antiguo método
satánico que aconseja que si no puedes vencer a tu enemigo,
únete a él.
Y así fue como Nehemías rechazó la invitación, porque como él
mismo dijo, "tramaban hacerme daño". Probablemente estaban
planeando matarle. Nehemías pensó que no tenía sentido discutir
detalles con el enemigo; simplemente envió mensajeros
diciéndoles que estaba muy ocupado en una obra muy importante
y que no podría ir a verlos porque si abandonaba sus tareas,
entonces el trabajo se detendría. O sea, que Nehemías se negó a
llegar a un compromiso con sus enemigos, a una solución
negociada.
Hay quienes quieren que la Iglesia contemporice con sus
adversarios y entre en un terreno de componendas, acuerdos y
concesiones. Ellos piensan que quizá uno es demasiado
dogmático e intolerante si no accede a reunirse con quienes
discrepan en lo esencial. Y en realidad, uno sólo debería tratar
con aquellos que se reúnen alrededor de la persona de Cristo,
pero no con adversarios que intenten acercar posiciones por la
vía de la negociación en la cual, cada una de las partes va
cediendo hasta coincidir con la otra. Más bien, preferimos
reunirnos con quienes crean en la Palabra de Dios, en la deidad
de Cristo, y acepten el hecho de que Él murió por nuestros
pecados y resucitó de los muertos, indiferentemente de la
etiqueta que usen para identificarse. El nombre es secundario si
hay coincidencia en las creencias básicas de la fe cristiana,
basadas en la Biblia. Y Nehemías estaba llevando a cabo una
buena obra y no tenía tiempo para abandonar su misión y perder
el tiempo con sus enemigos. Prosigamos adelante ahora con el
Libro de Nehemías. Y leemos lo siguiente aquí en los versículos 4
y 5, de este capítulo 6 de Nehemías:
"Cuatro veces me enviaron mensajes sobre el mismo asunto, y
yo les respondí de la misma manera. Entonces Sanbalat me envió
a su criado para decir lo mismo por quinta vez, con una carta
abierta en su mano"
Podemos ver que el enemigo fue persistente. Y siempre lo ha sido.
¿Acaso querían ellos realmente, tener una actitud amistosa con
Nehemías y llegar a una solución negociada? La verdad es que la
presencia de Nehemías era desesperadamente necesaria en
Jerusalén para completar la edificación de la muralla. La carta del
enemigo estaba redactada en un lenguaje cortés pero, en
realidad, era como un anzuelo con su carnada. Observamos que
la carta contenía una amenaza. Leamos el versículo 6:
"en la carta estaba escrito: Se ha oído entre las naciones, y
Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros y que por
eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser
tú su rey"
Este hombre Gasmu parece que siempre está con nosotros. Era
el peor de ellos en lo que a chismes se refiere. Se lo menciona
también como Gesem. Hemos descubierto que a veces, la
persona capaz de llevar los peores chismes es un hombre y no
una mujer.
La carta, que acusaba a Nehemías de rebelarse contra Persia y
fundar un estado separado, fue hecha pública enviándola o
leyéndola públicamente. Fue preparada para desanimar a
aquellos que estaban trabajando en la muralla. Y acusaba a
Nehemías de querer convertirse en un rey. Continuemos leyendo
el contenido de la carta en el versículo 7:
"y que has puesto profetas que, refiriéndose a ti, proclamen en
Jerusalén: ¡Hay rey en Judá! Estas palabras van a llegar a los
oídos del rey; ven, por tanto, y consultemos juntos".
Vemos que no sólo le acusaron de reclamar un reino, sino también
de reclutar profetas que apoyasen sus demandas. Éstas fueron,
pues, perversas calumnias difundidas sobre Nehemías. La carta
indicaba que ellos querían averiguar si estas noticias eran
realmente ciertas, porque querían informar al rey sobre ellas. De
esta manera presionaban a Nehemías para que se reuniera con
ellos. Continuemos leyendo el versículo 8:
"Entonces envié yo a decirle: No hay nada de lo que dices, sino
que son invenciones de tu corazón".
La reacción de Nehemías ante el enemigo fue, como vemos,
decirle que no había nada de cierto en esos rumores, sino que
éstos eran producto de su imaginación. Fue una manera elegante
de llamarlo mentiroso. Y dice el versículo 9:
"Porque todos ellos nos amedrentaban, diciendo: Se debilitarán
las manos de ellos en la obra, y no será terminada. ¡Ahora, pues,
oh Dios, fortalece tú mis manos!"
Al hacerle frente a este problema, Nehemías recurrió al Señor,
consciente de los grandes esfuerzos del enemigo para detener la
obra de reedificación. Y entonces, le pidió fuerzas para continuar
resistiendo. Y continuó el relato diciendo en los versículos 10 y
11:
"Después fui a casa de Semaías hijo de Delaía hijo de Mehetabel,
porque estaba encerrado. Él me dijo: Reunámonos en la casa de
Dios, dentro del Templo, y cerremos las puertas, porque vienen
a matarte; sí, esta noche vendrán a matarte. Pero yo le respondí:
¿Un hombre como yo ha de huir? ¿Y quién, que fuera como yo,
entraría al Templo para salvarse la vida? No entraré".
Semaías, que era un falso profeta, fingió tener un gran interés en
la seguridad de Nehemías. Dijo que quería revelarle una
conspiración contra la vida del gobernador. El templo era el único
lugar donde Nehemías estaría seguro. Y le estaba sugiriendo un
acto cobarde. Pero no tuvo en cuenta la percepción espiritual de
Nehemías. Leamos entonces los versículos 12 al 14:
"Reconocí que Dios no lo había enviado, sino que decía aquella
profecía contra mí porque Tobías y Sanbalat lo habían sobornado.
Pues fue sobornado para intimidarme, para que así yo pecara.
Ellos aprovecharían esto para crearme mala fama y
desprestigiarme. ¡Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat,
conforme a estas cosas que hicieron; también acuérdate de la
profetisa Noadías y de los otros profetas que procuraban
infundirme miedo!"
Podemos ver que Nehemías se encontraba en medio de complots
y planes para destruirle. Bien, él se ocupó de esas personas que
fingían ser sus amigos, pero aun así se encontraba en una
posición difícil. Estaba entre la espada y la pared. Apenas se daba
vuelta, se encontraba en medio de otra conspiración; pero al
verse en esa situación recurrió a Dios. Porque aquella tierra
estaba soportando otra vez la maldición de la existencia de falsos
profetas. Daba la impresión de que ellos eran los enemigos más
resueltos de los siervos de Dios. Continuemos leyendo el versículo
15:
"Fue terminado, pues, el muro, el veinticinco del mes de Elul, en
cincuenta y dos días".
Y así fue que sin toque de trompetas, ni el esplendor de grandes
ceremonias, se terminó el trabajo de reedificación de las
murallas. Dice el versículo 16:
"Cuando lo oyeron todos nuestros enemigos, temieron todas las
naciones que estaban alrededor de nosotros; se sintieron
humillados y reconocieron que por nuestro Dios había sido hecha
esta obra".
Esta gigantesca obra quedó concluida en cincuenta y dos días.
Podemos imaginarnos la rabia y frustración que habrán sentido
los enemigos de los judíos al ver edificado el muro, sin que les
hubieran valido para nada los intentos para impedirlo. Envidiaron
entonces la prosperidad que esa obra les traería a los pobladores
de Jerusalén, y el éxito y el prestigio que la conclusión de esa
obra les traería ante las demás naciones. Sólo Dios podía haber
llevado a cabo esta empresa por medio de ellos. Pero aunque la
muralla estaba terminada, la situación para Nehemías y los suyos
aún era peligrosa y los problemas no se habían terminado.
Leamos los versículos 17 al 19:
"En aquellos días los principales de Judá enviaban muchas cartas
a Tobías y recibían las de éste. Porque muchos en Judá se habían
aliado con él, pues era yerno de Secanías hijo de Ara; y Johanán
su hijo había tomado por mujer a la hija de Mesulam hijo de
Berequías. También contaban delante de mí las buenas obras de
Tobías, y a él le referían mis palabras. Y Tobías enviaba cartas
para atemorizarme".
Todavía le quedaba a Nehemías pasar por una amarga
experiencia. Durante todo este tiempo había aquellos del pueblo,
que eran amigos de los enemigos de Dios y mantenían, en una
actitud que constituía una verdadera traición, correspondencia
con Tobías. Se trataba nada menos que de los nobles, o sea los
más importantes de Judá, que se dejaron manipular por los
enemigos de Dios, que continuaban mostrando su oposición. Al
participar en esta secreta conspiración, no hacían otra cosa que
favorecer a los intereses de los enemigos de Israel y ocasionar la
ruina de su propio país. Dice en este versículo 18 que habían
jurado lealtad a Tobías. Evidentemente tanto Tobías como su hijo
se habían casado con mujeres de Israel. Tobías, concretamente,
se había unido en matrimonio con la hija de uno de esos nobles.
Y como éste, probablemente se produjeron otros matrimonios
mixtos entre israelitas y extranjeros. Parece que éste fue el
resultado de que, durante todo este tiempo, había habido una
relación amistosa encubierta entre algunos de Judá y los
enemigos de Dios. Y Tobías tenía "oídos" o informantes oficiosos
dentro de las murallas de Jerusalén, que le informaban sobre todo
lo que Nehemías decía o hacía. Y Tobías también tenía parientes
o amigos que le contaban a Nehemías lo bien que actuaba Tobías,
tratando de realzar su imagen. Actuaban como oficiales de
enlace, llevando cuentos de un lado a otro. Lo que estaba claro
que este Tobías era un intrigante. Y él y sus secuaces aun tenían
la desvergüenza de intentar que Nehemías se hiciera amigo de él.
Y todas estas intrigas le crearían a Nehemías más problemas.
Y estos incidentes, que parecían no tener fin, nos conducen ahora,
al séptimo capítulo de Nehemías, que desarrollaremos en nuestro
próximo programa. Dicho capítulo finalizará esta extensa sección
que comenzó en al capítulo 1 y que en nuestro Bosquejo General
lleva el título de la "Reedificación de las murallas".
Luego de haber finalizado la reedificación de los muros, uno debe
recordar que al mismo tiempo se encontraban profetizando dos
profetas: Hageo y Zacarías. Y durante este período la Palabra de
Dios sería leída al pueblo, y como resultado llegaría un
movimiento de renovación espiritual, que produciría grandes
reformas en la vida de la nación.
Una vez completadas las obras de reedificación de la muralla, le
gente comenzaría a proteger la ciudad de Jerusalén. Muchas de
las casas ya se habían construido pero aun así, dentro de la
ciudad todavía quedaba mucho trabajo por hacer. Los pobladores
tenían que limpiar muchas zonas y eliminar los escombros que se
habían acumulado. Era importante organizar cuanto antes la
protección porque al enemigo que había tratado de frustrar la
reedificación del muro podría pensar en destruir la ciudad.
Por otra parte, nos llama la atención la obstinación y la
persistencia de los enemigos de Dios y de Su Palabra. Parece que
tras cada fracaso, volvían a conspirar con renovados esfuerzos.
Podríamos decir que, inconscientemente, ellos estaban
preparando el escenario para resaltar públicamente la autoridad
y el poder de Dios. Y es como si Dios hubiera permitido que
llegaran al colmo de su astucia, y que movilizaran sus mejores
aliados y recursos para destruir Sus planes y propósitos, hasta el
extremo de permitirnos ver la situación de indefensión y
vulnerabilidad de aquel pueblo que se esforzaba por levantar la
muralla. Pero al mismo tiempo hemos visto la constancia y
firmeza de un líder que se apoyaba en Dios y en Sus promesas.
Y hemos comprobado que el poder de Dios es mayor que todas
las fuerzas de Sus enemigos, y que la sabiduría que Él dio a Sus
siervos, malogró tramas urdidas con la mayor astucia que nos
podríamos imaginar, planes en los que incluso participaron
traidores del pueblo de Israel. O sea que, paradójicamente, los
enemigos de Dios lograron hacer resaltar el poder de Dios de una
manera extraordinaria. En este sentido, recordemos que, después
de haber comparado la sabiduría y el poder humano, con la
sabiduría y el poder de Dios, San Pablo concluyó en 1 Corintios
1:25, que lo que en Dios puede parecer una necedad, es mucho
más sabio que la sabiduría humana; y que lo que en Dios puede
parecer una debilidad, es más fuerte que toda fuerza humana.
Estimado oyente, en medio de una generación que exalta la
ciencia y sabiduría humana hasta el punto de intentar desplazar
a la sabiduría que proviene de Dios, diremos que Dios tiene la
última palabra. Y en una generación que exalta el poder y los
medios humanos para solucionar los males de la humanidad, y
para evitar que los seres humanos se destruyan entre sí, Dios
también tiene la última palabra al respecto. Porque Dios se
complace en demostrar hoy su poder y sabiduría, que son
evidentes en el mensaje del Evangelio. Porque, como dijo
también San Pablo, el Evangelio es el poder de Dios para la
salvación de todo el que cree. Y creer, ¿en quién? En el Señor
Jesucristo como Salvador. Estimado oyente, le invitamos a
experimentar el poder de Dios para concederle el perdón y la vida
eterna, y la sabiduría de la Palabra de Dios aplicada a su vida
diaria mediante la obra del Espíritu Santo, para transformar su
vida en esta tierra en una vida significativa, en una vida que
merezca la pena vivir.

Nehemías 7:1-73
Llegamos hoy, estimado oyente, al séptimo capítulo del libro de
Nehemías, que concluye la primera sección de este libro iniciada
en el capítulo 1 y que hemos titulado la "Reedificación de las
murallas". En este capítulo se destaca el registro familiar
realizado por Nehemías.
Ahora, al entrar en este capítulo 7, vemos que los muros de
Jerusalén habían sido reedificados, como mencionamos en
nuestro programa anterior. Y vamos a ver que ellos comenzaron
entonces a proteger la ciudad; el templo había sido reedificado y
gran número de las casas también. Dentro de la ciudad aún
quedaba mucho trabajo por hacer. Todavía se estaban limpiando
los escombros que allí se habían acumulado. Pero en ese
momento era necesario proteger la ciudad porque el enemigo que
había tratado de estorbar la tarea de la reedificación de los muros,
podría tratar de entrar y destruir la ciudad. Veamos ahora lo que
dice aquí el versículo 1, de este capítulo 7 de Nehemías:
"Después que el muro fue edificado y se colocaron las puertas, se
nombraron porteros, cantores y levitas".
Una vez concluida la muralla, Nehemías colocó las puertas en sus
correspondientes lugares, y nombró a los hombres que
protegerían la ciudad. Los porteros eran los que vigilaban. Ellos
estaban de guardia y eran los que estaban alrededor de ese muro,
observando, vigilando lo que ocurría fuera e informando de ello a
los que estaban dentro. Si se aproximaba algún enemigo o se
observaba algún peligro en el exterior, hacían sonar la alarma.
Era una tarea permanente de 24 horas de duración; o sea que
vigilaban de día y de noche. Por tanto, eran personas que habían
sido seleccionadas cuidadosamente y que cumplían requisitos
exigentes. Pero vamos a ver que las normas establecidas no se
cumplieron como debían haberse cumplido. Los guardias de las
murallas no tenían que ser indiferentes frente a las personas que
llegaban y penetraban dentro de las murallas.
Se nos dice hoy que no tenemos que ser indiferentes con respecto
a aquellos que llegan para reunirse con la comunidad de los
creyentes. Porque no vamos a tener una relación de comunión y
compañerismo con todos los que profesan ser creyentes.
Observemos lo que Pablo dijo en su Primera carta a los Corintios,
capítulo 5, versículo 11: "No debéis tener trato con ninguno que,
llamándose hermano, sea inmoral, avaro, idólatra, chismoso,
borracho o ladrón". En la actualidad se le da a la doctrina cristiana
la máxima prioridad, por ejemplo, a aquellos que niegan que las
Sagradas Escrituras están exentas de error y la deidad de
Jesucristo, no podemos convertirlos en nuestros hermanos y
tener compañerismo con ellos en la adoración a Cristo. Pero Pablo
no estaba hablando de doctrina cuando dijo que se debían tener
tratos con inmorales. Estaba refiriéndose al hombre o a la mujer
que no hiciese frente al pecado en su propia vida. La comunión y
el compañerismo han estado basados en la doctrina cristiana, y
se rompe esa relación cuando no hay acuerdo en esas áreas
básicas. Aquí cabe aclarar que ese compañerismo se refiere a la
participación comunitaria en el culto cristiano y a las actividades
corporativas de la iglesia. Esa prohibición en ningún modo entra
en el campo de la amistad cristiana y la ayuda espiritual que se
debe prestar a las personas que cometan esos pecados. Por otra
parte, conviene dejar bien en claro que el interrumpir la comunión
o el compañerismo con otro creyente por causa de un tema de la
doctrina cristiana no significa que uno deba colocarse en el papel
de juez frente a esa persona. A un predicador joven llamado
Timoteo, Pablo le aconsejó lo siguiente, en su segunda carta
2:19, "No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece
firme, teniendo este sello: el Señor conoce a los que son suyos,
y: Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el
nombre del Señor". Ni usted ni yo sabemos quienes son
realmente hijos de Dios, pero Dios sí conoce quienes le
pertenecen. Nadie tiene derecho a actuar en contra de nadie por
cuestiones de doctrina cristiana, o porque le parezca que alguien
ha relegado algún punto de la doctrina cristiana porque hace las
cosas de una manera diferente. Porque el único juez es Dios y Él
juzgará a quienes tenga que juzgar. Lo único que los creyentes
tienen que hacer es evitar o interrumpir la relación eclesial de
comunión, pero de ninguna manera actuar contra otros que
profesen ser cristianos como si fuéramos jueces.
Volviendo a Jerusalén, vemos que, además de nombrar porteros
para que vigilaran la ciudad, Nehemías nombró cantores. En el
capítulo siguiente encontraremos a Nehemías diciendo: "La
alegría del Señor es vuestra fuerza". El espíritu de alabanza es el
espíritu de poder. Esto quiere decir que los creyentes tendrían
que ser un grupo de personas alegres. Pero esa alegría está con
frecuencia ausente de la iglesia contemporánea. Por supuesto que
los creyentes muestran su alegría en ciertas conversaciones, ante
chistes u observaciones humorísticas, y cuando disfrutan de una
buena comida o en otras reuniones sociales. Pero el estudio de la
Biblia no es para muchos una fuente de alegría y disfrute. Y eso
se nota incluso en el semblante de la gente cuando escucha la
exposición de la Palabra.
Ahora, Pablo dijo en Efesios 5:18 y 19 que la señal del creyente
lleno del Espíritu era esta: "No os embriaguéis con vino, en lo cual
hay disolución, sino sed llenos del Espíritu, hablando entre
vosotros con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y
alabando con vuestro corazón al Señor". Observemos que en la
frase "hablando entre vosotros con salmos", la palabra "Salmos"
se refiere a la alabanza. La palabra "Himnos" nos habla de las
perfecciones atribuidas a la Deidad. Estas realidades y el hecho
de ensalzar lo hermosa que es la persona de Jesús constituyen el
tema de nuestras canciones y ello trae alegría a nuestra vida.
Se dice que alguien tenía en su despacho el siguiente lema en un
cuadro: "La alegría es la bandera que ondea en el corazón cuando
el Maestro reside en él". Es que cuando uno vive de acuerdo con
la voluntad de Dios y tiene esa relación de compañerismo con Él,
disfruta de una auténtica alegría en su vida. En ese caso,
podemos decir que uno vive una vida de verdadera calidad.
El tener aquellos porteros y cantores hacía de Jerusalén una gran
ciudad. Pero eso no era todo, sino que también nombraron
levitas. Ellos eran los ministros o servidores de los servicios
religiosos. El escritor del libro de los Proverbios dijo en el capítulo
18, versículo 16 "La dádiva del hombre le ensancha el camino y
le lleva ante la presencia de los grandes". En otras palabras, hay
que reconocer que con un regalo se abren todas las puertas y se
llega hasta la gente importante, influyente. Ésta es una gran
verdad en la sociedad, en las relaciones humanas. Pero en la
esfera del reino de Dios, si Él lo ha llamado a usted a que sea un
ministro, un siervo, Él preparará un lugar de servicio para usted,
sin necesidad a que usted recurra a medios puramente humanos
para lograr una posición. Lo cual quiere decir que Dios le dará el
lugar donde pueda servirle mejor. Leamos ahora el versículo 2 de
este capítulo 7 de Nehemías:
"Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Hanani y a Hananías,
jefe de la fortaleza, (porque éste era un hombre fiel y temeroso
de Dios, más que muchos)".
Cuando él dijo aquí "mi hermano Hanani", probablemente no
quiso decir que era hermano de sangre. Recordemos que al
comienzo del libro de Nehemías, cuando se encontraba en el
palacio en Susa sirviendo en la corte del rey Artajerjes, uno de
sus hermanos de Jerusalén llegó para informarle sobre la
condición del remanente que había regresado a Jerusalén. Y era
uno de los compatriotas de Nehemías, más que un hermano
carnal. Hanani era probablemente uno de los líderes de Jerusalén,
y había sido él el que había informado a Nehemías sobre la
situación en Jerusalén, como ya hemos leído en el capítulo 1. Así
que Nehemías conocía a este hombre. Fue por este motivo que él
dijo: "Puse al frente de Jerusalén a mi hermano Hanani y a
Hananías, jefe de la fortaleza". ¿Fue nombrado Hanani para este
cargo porque era un hombre educado y formado teológicamente?
No. Fue uno de los hombres designados para estar el frente de
Jerusalén porque era un hombre fiel, y porque tenía un temor
reverencial de Dios mayor que mucha gente. O sea, que fue
elegido por su fidelidad y no por su educación.
Por supuesto que hacen falta pastores, predicadores y maestros
bien preparados. Pero es posible descuidar otros aspectos
igualmente importantes si uno va en esa dirección. Es posible ser
alguien que sirva a Dios a quien le falte un verdadero carácter, y
sin embargo tenga una adecuada preparación académica. Pero lo
que Dios quiere, estimado oyente, es fidelidad. En 1 Corintios 4:2
el apóstol Pablo dijo: "se requiere de los administradores que
cada uno sea hallado fiel". Estimado oyente, ¿pueden sus
compañeros cristianos depender de usted? ¿Es usted fiel? Eso es
lo importante. La educación es provechosa si usted es una
persona fiel. Pero no tiene ningún valor si usted no es fiel.
Continuemos leyendo ahora el versículo 3, de este capítulo 7 de
Nehemías:
"y les dije: Las puertas de Jerusalén no se abrirán hasta que
caliente el sol, y se cerrarán y atrancarán antes de que se ponga".
Y de entre los habitantes de Jerusalén nombré guardias e indiqué
que cada uno hiciera su turno frente a su propia casa.
Cada entrada a la ciudad debía ser vigilada durante todo el día. Y
durante la noche, cuando cualquier cosa pudiera ocurrir, todos
debían mantener la vigilancia. Cada uno tenía que vigilar, al
menos, su propia casa. En este sentido, recordemos que en
Marcos 13:37, el Señor Jesucristo dijo que Dios nos hace a
nosotros responsables por lo menos por nuestro propio hogar,
aquellos que están más cerca de nosotros. El Señor Jesucristo
dijo, "Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Estad despiertos!"
Ésa tendría que ser la actitud de todo creyente. Pero, en todo
caso, será una vigilancia confiada en la presencia y los recursos
sobrenaturales del Señor. Ahora, el versículo 4, dice:
"La ciudad era espaciosa y grande, pero había poca gente dentro
de ella, porque las casas no habían sido reedificadas".
O sea, que no se había completado la edificación de todas las
casas. Quizás era posible que alguien hubiera estado interesado
en construir su propia casa y se olvidara de vigilarla. La actitud y
el espíritu que había prevalecido en la tarea de edificar las
murallas y las puertas había sido el de trabajar con una paleta en
una mano y una espada en la otra. Y en la vida cristiana y en el
servicio a Dios necesitamos ambos aspectos.
En el resto de este capítulo 7 tenemos un registro de familias.
Leamos a continuación los versículos 5 al 7:
"Entonces puso Dios en mi corazón que reuniera a los nobles, a
los oficiales y al pueblo, para que fueran empadronados según
sus familias. Y hallé el libro de la genealogía de los que habían
subido antes, y encontré que en él se había escrito así: Estos son
los hijos de la provincia que subieron del cautiverio, de los que
llevó cautivos Nabucodonosor, rey de Babilonia, y que volvieron
a Jerusalén y a Judá, cada uno a su ciudad. Ellos vinieron con
Zorobabel, Jesúa, Nehemías, Azarías, Raamías, Nahamani,
Mardoqueo, Bilsán, Misperet, Bigvai, Nehum y Baana".
Lista de los hombres del pueblo de Israel: Ésta es la misma
genealogía que aparece en Esdras 2. Y quisiéramos que usted
tome nota de esta genealogía porque es muy importante. Ahora,
¿por qué permitió Dios que se gastara tanta tinta en presentar
dos veces la misma genealogía? Bueno, es que La palabra de Dios
dice, en el Salmo 112:6, para siempre será recordado el justo. Es
como si Dios hubiera dicho, "Yo conozco a esa gente y quiero que
usted sepa que los conozco". Él ha colocado estos nombres aquí
y lo hizo por duplicado. Como si fuera una copia con papel carbón.
Él dice, "Quizás esto no le parezca interesante, pero para mí lo
es. Yo conozco a cada uno de ellos, son míos". Y ésta es
simplemente una hoja del libro de las memorias de Dios. Hay
bastantes genealogías y listas de nombres en las Sagradas
Escrituras. En el capítulo 49 de Génesis tenemos la lista de los
doce hijos de Jacob, es decir, de las doce tribus de Israel. En el
Segundo libro de Samuel 23, tenemos la lista de los valientes de
David. Los primeros 10 capítulos del Segundo Libro de Crónicas
son listas de nombres. Y este mismo libro de Nehemías 3 nos da
otra lista. En el Nuevo Testamento, vemos que Romanos 16
contiene una lista de nombres, Y Hebreos 11 presenta una lista
de aquellos que se destacaron por su fe. Para nosotros son
simplemente nombres, pero Dios recuerda a todas esas personas
y registró sus nombres en el Libro de la Vida del Cordero. Leamos
ahora el versículo 17 de este capítulo 7 de Nehemías:
"Los hijos de Azgad, dos mil trescientos veintidós".
Aquí encontramos a los hijos de Azgad. Ahora, ¿quién sería este
Azgad? Fue un hombre conducido al cautiverio en Babilonia.
Durante aquellos 70 años, quizás algunos más, su familia se
estuvo multiplicando. Aquí se mencionan a sus 2.322
descendientes, y cada uno de ellos pudo decir: "Yo soy
descendiente de Azgad" Soy un israelita. Y se quien soy. Azgad
fue mi antepasado".
Hay quienes hoy dicen, "Bueno, pienso que soy un hijo de Dios.
Espero ser un hijo de Dios". Estimado oyente, ¿no sabe usted si
es un hijo de Dios? Usted puede saberlo. En 1 Juan 5:12, el
escritor dijo: "El que tiene al Hijo tiene la vida, y el que no tiene
al Hijo de Dios, no tiene la vida". No admite más de dos opciones
o interpretaciones, o tener al Hijo de Dios, o no tenerlo. No hay
una opción intermedia. Entonces, ¿lo tiene usted? ¿Ha confiado
usted en Él? Si usted ha confiado en el Señor Jesús como su
Salvador, usted le tiene y por lo tanto, según esta declaración,
usted tiene la vida. Y si usted no cree en lo que Él dijo, entonces
es como si estuviera afirmando que Él ha mentido. Si usted ha
depositado su fe en Cristo, usted tiene la vida eterna, y esta
verdad está basada en la autoridad de la Palabra de Dios. Y Dios
ha confirmado esa palabra poniéndola por escrito. Por ello
utilizamos el ejemplo de un descendiente de Azgad, que podía
firmar rotundamente, "Yo se quien soy; mire usted, mi nombre
ha sido escrito en esta lista".
Pero hubo algunos que no podían decir lo mismo, como veremos
al leer el versículo 61 de Nehemías 7:
"Estos son los que subieron de Tel-mela, Tel-harsa, Querub, Adón
e Imer, los cuales no pudieron mostrar que la casa de sus padres
ni su genealogía eran de Israel"
Éstos que aquí se mencionan no pudieron probar su genealogía.
Aquellos seguramente pensaron que eran israelitas, esperaban
serlo o trataban de serlo. Pero el pensarlo, el esperarlo o el
intentarlo no les convertía en israelitas ni les resultaba de ninguna
ayuda. Y como no podían probar su descendencia, su genealogía,
fueron excluidos. A continuación veamos el versículo 64:
"Éstos buscaron su registro de genealogías, pero no se halló, por
lo cual fueron excluidos del sacerdocio"
Aplicando este ejemplo a la experiencia de la salvación, diremos
que usted, estimado oyente, no sólo necesita ser salvo, sino que
también tiene que saberlo con certeza. Leamos ahora el versículo
65:
"y el gobernador les prohibió que comieran de las cosas más
santas, hasta que un sacerdote decidiera la cuestión por medio
del Urim y el Tumim".
En aquel tiempo los sacerdotes tomaban sus decisiones,
basándose en el Urim y el Tumim, que se encontraban en el
pectoral que usaba el sumo sacerdote. El pectoral era como un
saquito cuadrado que estaba ligado al efod, que era un
ornamento que se llevaba sobre la túnica del sumo sacerdote. Se
ha pensado que el Urim y el Tumim eran pequeños guijarros o
varillas. Gracias a dos colores diferentes se podía interpretar su
salida del efod como un sí o como un no. Si salían juntos, se
interpretaba que no había respuesta. Por este medio el sumo
sacerdote averiguaba la voluntad de Dios. Aquella fue la manera
provista por Dios para aquella época. Pero en la actualidad, los
creyentes en Cristo determinan cual es la voluntad de Dios por
medio de Su Palabra y la guía del Espíritu Santo. Y esa misma
Palabra es la que nos explica cómo podemos obtener la vida
eterna.
Leamos, finalmente por hoy, el versículo 73 de Nehemías 7:
"Y los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los del
pueblo, los sirvientes del Templo y todo Israel habitaron en sus
ciudades".
Éste es, pues, el último versículo de este séptimo capítulo. Los
israelitas se encontraban en ese momento de su historia de
regreso en su tierra. Bajo la dirección de Nehemías se había
realizado una gigantesca obra. Pero, como veremos más
adelante, el trabajo no había finalizado. Aún quedaba más tarea
para ellos.
Al concluir nuestro estudio de hoy y a raíz de lo que hemos leído
en el versículo 3, que cada uno de los vigilantes de la ciudad debía
efectuar su turno de guardia, algunos en sus puestos y otros
frente a su propia casa, imaginamos que aquellos habitantes de
Jerusalén habrán experimentado miedo e inseguridad,
especialmente al caer la noche, porque la oscuridad creaba las
condiciones propicias para un ataque del enemigo. Pero, en todo
caso, aquella vigilancia debía ser una actitud confiada, una actitud
de fe consciente de la insuficiencia y debilidad humana, y de la
suficiencia y efectividad de los recursos sobrenaturales de Dios.
Y los temores de aquellos moradores de la ciudad, son nuestros
miedos y temores en el día de hoy. En este sentido, viene bien
recordar las siguientes palabras del Salmo 127: "Si el Señor no
edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican: si el Señor
no guarda la ciudad, en vano vela la guardia". Estimado oyente,
vivimos en un mundo en el que las medidas de seguridad son
cada vez más numerosas y efectivas, basadas en los últimos
adelantos de la tecnología. Pero el caso es que las personas son
cada vez más conscientes de su vulnerabilidad, de su inseguridad.
Estimado oyente, está claro que hay en nosotros una tendencia a
la autodestrucción, y fuerzas o influencias externas que tratan de
malograr nuestra vida presente y futura. Le invitamos a vivir una
vida de seguridad, basada en una relación con Dios. Usted puede
iniciar esa relación depositando su fe en Jesucristo, creyendo en
Él como su Salvador. Quizás, pueda usted dirigirse a Dios
haciendo suyas las palabras del autor del Salmo 31: "Señor . . .
inclina a mí tu oído, rescátame pronto; sé para mi roca fuerte,
fortaleza para salvarme. Porque tú eres mi roca y mi fortaleza, y
por amor de tu nombre me conducirás y me guiarás".

Nehemías 8:1-18
Continuamos hoy nuestro recorrido por el libro de Nehemías. Nos
corresponde hoy el capítulo 8 que, en nuestro bosquejo general
inicia la segunda y última sección de este libro, titulada
"Renovación y Reforma", que abarca desde el capítulo 8 hasta el
13. En nuestro programa anterior, vimos que Nehemías había
hecho todos los preparativos necesarios para que la ciudad de
Jerusalén estuviese bien protegida. También nombró cantores,
porque él quería que los habitantes de la ciudad experimentaran
la alegría de su relación con en el Señor. Esta actitud era esencial
para una renovación espiritual. El tema central de este capítulo,
es la lectura pública de la Palabra de Dios, llevada a cabo por
Esdras. Pues bien, escuchemos lo que nos dice el primer versículo
del capítulo 8:
"Entonces se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la
plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron al
escriba Esdras que trajera el libro de la ley de Moisés, la cual el
Señor había dado a Israel".
Esdras, que era un maestro, un escriba, fue llamado para llevar
a cabo una lectura bíblica. Ellos iban a tener, entonces, una
lectura bíblica pública de grandes proporciones. Veamos lo que
dice el versículo 2:
"El primer día del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo la Ley
delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y
de todos los que podían entender".
Observemos que aquellos que estaban reunidos eran personas
con uso de razón. Dice aquí: de todos los que podían entender lo
que oían. Y esto quiere decir que ellos tenían un servicio de
guardería para las criaturas más pequeñas. No sabemos los
detalles de cómo se llevó a cabo este cuidado de los niños, pero
es evidente que se hicieron preparativos adecuados para que los
adultos allí reunidos se pudieran concentrar en escuchar la lectura
de la Palabra de Dios. En el versículo 3 se nos dice de Esdras:
"Desde el alba hasta el mediodía, leyó en el libro delante de la
plaza que está delante de la puerta de las Aguas, en presencia de
hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los
oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la Ley".
Usted recordará, estimado oyente, que cuando estudiamos las
puertas de Jerusalén dijimos que la puerta de las aguas era un
símbolo de la Palabra de Dios y entonces ellos habían hecho un
púlpito y lo habían colocado en este lugar, y desde allí leyó
Esdras.
Sería realmente difícil encontrar hoy una congregación que nos
escuchara leer la Biblia desde la mañana hasta el mediodía. La
gente siempre ha tenido dificultad para escuchar un mensaje de
45 minutos, que ya incluye la lectura. Sin embargo, aquellos
israelitas que se reunieron para escuchar la Palabra de Dios
estaban verdaderamente interesados en oírla. Habían estado en
el cautiverio por setenta años y nunca antes habían escuchado la
Palabra de Dios. Para ellos fue una nueva experiencia. Leamos
entonces el versículo 4:
"Y el escriba Esdras estaba sobre un estrado de madera que
habían levantado para esa ocasión, y junto a él estaban, a su
derecha, Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías; y a su
mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana,
Zacarías y Mesulam".
Éstos eran los 13 hombres que estaban junto a Esdras. Veamos
ahora, el versículo 5:
"Abrió, pues, Esdras el libro ante los ojos de todo el pueblo, pues
estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, el pueblo
entero estuvo atento".
Se nos da la indicación aquí que ellos estaban de pie, escuchando
la lectura de la ley y quiere decir que así permanecieron durante
todo el tiempo que duró la lectura, sin sentarse para descansar,
desde el amanecer hasta el mediodía. En primer lugar, ellos
elevaron una alabanza a Dios. Leamos el versículo 6:
"Bendijo entonces Esdras al Señor, Dios grande. Y todo el pueblo,
alzando sus manos, respondió: ¡Amén! ¡Amén!; y se humillaron,
adorando al Señor rostro en tierra".
Esto quiere decir que ellos se inclinaron hasta tocar con sus
frentes el suelo. Ésa es la forma en que ellos adoraban en esos
días. Y entonces Esdras alabó al Señor. Luego, continuando con
nuestra lectura, leamos el versículo 7:
"Los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías,
Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían
entender al pueblo la Ley, mientras el pueblo se mantenía atento
en su lugar".
Aquí tenemos una lista de nombres, y los mencionamos porque
fueron de personas de bastante importancia. Fueron los que
explicaron la Palabra de Dios a la gente allí reunida. Y dice el
versículo 8:
"Y leían claramente en el libro de la ley de Dios, y explicaban su
sentido, de modo que entendieran la lectura".
Esta gran asamblea de todo el pueblo, se había reunido a la
puerta de las Aguas, dentro de los muros de Jerusalén. Los
hombres mencionados en el versículo 7, fueron colocados en
diferentes lugares entre la multitud. El sacerdote Esdras, el
escriba, leía una cierta parte de la ley, y luego se detenía,
mientras cada uno de esos hombres convenientemente
distribuidos al frente de grupos, entre la multitud, le preguntaba
a su grupo si había comprendido lo que se acababa de leer. Y
quizá la mayoría de la gente, movería su cabeza asintiendo,
indicando que había comprendido. Pero quizás otros levantaban
sus manos indicando que no habían entendido. Entonces, el
hombre asignado les explicaría el significado de esa parte de la
ley. Después, Esdras continuaba leyendo otra sección de la ley, y
se detendría para dar lugar a las preguntas de la gente que
tuviera dudas y así, sucesivamente, el maestro de cada grupo las
respondería.
Nos preguntamos si hoy, en las iglesias cristianas, nosotros
simplemente leyéramos más extensamente la Biblia, dedicándole
más tiempo; ¿qué ocurriría? Es decir, que alguna persona se
levantara y sólo leyera la Biblia; y luego, uno tuviera maestros
preparados, colocados en diferentes partes de la congregación a
cargo de sus respectivos grupos, para responder a las preguntas
que pudieran surgir. Supongamos que se leyera el primer capítulo
de Efesios en la actualidad. Uno no tendría que llegar muy lejos
en su lectura, antes de que apareciera un problema o una duda.
Efesios 1:4, dice: "según nos escogió en El antes de la fundación
del mundo..". Creemos que alguien pudiera leer a la congregación
este versículo, seguido de los versículos 5 y 6, y luego se
detendría. Lo leído daría lugar a preguntas tales como: ¿Qué
quiso decir Pablo? ¿Estaba enseñando la doctrina de la elección?
Es posible que una lectura extensa comentada detalladamente
conduciría a una renovación espiritual. Al menos esta lectura que
tuvo lugar en los tiempos de Nehemías, sí lo logró.
La lectura de la ley, junto con la formulación de preguntas y las
respuestas dadas por los maestros, hizo que la gente entendiera
la ley. Al escuchar cada uno desde su lugar la exposición de la
Palabra, apenas se escuchaba algo que no se entendiera,
inmediatamente era clarificado. Personalmente creemos que toda
la Biblia debería ser enseñada de esta manera, y que cada
versículo que no resulte claro, tendría que ser explicado. Lo que
sucede es que hoy existe una gran falta de interés en la Palabra
de Dios. No creemos que sea muy adecuado ni didáctico el
sistema de tomar un versículo y luego irse por todas partes, por
dentro y fuera de la Biblia en un mensaje de predicación del
evangelio, y sin volver al pasaje leído para explicarlo
debidamente. No creemos que ése sea el sistema correcto.
Creemos que Dios quiere que leamos la Biblia e intentemos
explicarla a medida que avanzamos en su lectura. El actuar de
otra manera, lo único que consigue es fomentar la falta de interés
en la Palabra de Dios.
Y eso no es todo. Aquí, en este capítulo 8:8, tenemos otra gran
lección para todos. Hay muchos métodos que se pueden utilizar
en la predicación. Hay un acercamiento psicológico a la Palabra,
y una aproximación erudita o intelectual, y muchos se distribuyen
por otras opciones. Y creemos que hay una manera de exponer
la Palabra, y es el método utilizado en este pasaje Bíblico que
estamos considerando. Y es este, resumido en la siguiente
afirmación que hemos leído en el versículo 8: "Y leían claramente
en el libro de la ley de Dios, y explicaban su sentido, de modo
que entendieran la lectura". Realmente, necesitamos comprender
lo que Dios está diciendo en Su Palabra. Continuemos entonces
con nuestra lectura, leyendo el versículo 9 de Nehemías 8:
"Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras
y los levitas que hacían entender al pueblo dijeron a todo el
pueblo: Hoy es día consagrado al Señor, nuestro Dios; no os
entristezcáis ni lloréis; pues todo el pueblo lloraba oyendo las
palabras de la Ley".
Muchas de estas personas nunca habían escuchado la palabra de
Dios. La lectura clara y la enseñanza de la ley les hizo sentir una
convicción profunda de su pecado. Y esto causó algo así como un
estallido emocional, que hizo brotar lágrimas de arrepentimiento.
Y posiblemente lloraron también de alegría, porque estaban muy
conmovidos. Notemos lo que cuidadosamente indicó Nehemías en
la primera parte del versículo 10, de este capítulo 8 de su libro,
que leemos a continuación:
"Luego les dijo: Id, comed los mejores alimentos, bebed vino
dulce y enviad porciones a los que no tienen nada preparado;
porque éste es día consagrado a nuestro Señor. No os
entristezcáis, porque el gozo del Señor es vuestra fuerza".
Ahora, éste fue un servicio social. Éste es el aspecto de
solidaridad social del Evangelio. Estimado oyente, si la Palabra de
Dios tiene algún significado para usted, y si usted recibe algo de
ella, entonces le impulsará a salir y a hacer algo por el bien de
otra persona. Éste deber ser uno de los efectos de la Palabra de
Dios en su vida. Y lo importante es que le motivará a usted a
hacer algo por Dios.
Nehemías dijo que ellos deberían enviar porciones a los que no
tenían nada preparado. Es decir, que debían hacer algo a favor
de los pobres. También les dijo que no se entristecieran, porque
la alegría experimentada por su relación con el Señor, era para
ellos un refugio, una fortaleza. Recordemos que el apóstol Pablo
dijo a los creyentes en Filipenses 4:13, "Todo lo puedo en Cristo
que me fortalece... , alegraos siempre en el Señor". Y en ese
mismo capítulo 4:4 les dijo: "Os lo repito: ¡Alegraos!" Lo que
Pablo les quiso enseñar fue que el origen del poder era esa
alegría. El secreto es la oración, pero la fuente del poder para el
cristiano es la alegría. La Palabra de Dios, estimado oyente,
debería hacerle feliz. Ésa es una de las razones por la cual
pensamos que algo anda mal en el servicio religioso de una
Iglesia, si no lo hace a uno sentirse feliz y resulta de bendición
para su corazón.
El Dr. J Vernon McGee, autor de estos estudios bíblicos, contaba
que durante un período de 21 años en la ciudad de Los Ángeles,
California, él tuvo el privilegio de tener lo que se consideró en su
tiempo el servicio religioso de mitad de semana más grande del
país. El dijo: "Nosotros teníamos entre 1.500 a 2.500 personas
asistiendo a las clases de la Biblia. Y yo siempre salía y me
quedaba en la puerta de la Iglesia para dar la mano a los que
salían al terminar la reunión. Siempre me podía dar cuenta, de
cómo había ido el estudio bíblico, si había sido una bendición para
la gente, o no. Muchas veces la gente salía, y sólo murmuraba
algo cortésmente pero sin mucho sentido al darme la mano,
entonces, yo me daba cuenta", comenta el Dr. McGee, "de que
esa noche la enseñanza impartida no había sido una verdadera
bendición. Pero en otras ocasiones, algunos salían alegres y con
un rostro radiante me daban la mano, expresando que la Palabra
de Dios había traído paz y alegría a sus corazones. Entonces, yo
me daba cuenta", decía el Dr. McGee, "que esa noche el estudio
Bíblico había logrado su objetivo".
Es que, estimado oyente, la Palabra de Dios debe traerle alegría.
Después de despertar nuestra conciencia a la presencia del
pecado, y de corregirnos, haciéndonos sentir la tristeza por
habernos apartado de ella, debe producir en nosotros alivio, paz
y alegría. Dios no quiere que usted tenga sólo un poco de alegría,
sino que usted disfrute mucho leyendo Su Palabra, estudiándola.
Ahora, el estudio de la Palabra de Dios debería traer ese gozo a
su vida. Y si el estudio de la Palabra de Dios no le está trayendo
alegría a su vida, entonces, hay algo radicalmente malo en usted
y hay que enfrentar ese problema. Usted tiene que dirigirse a Dios
en oración y decirle: "Señor, yo quiero que Tu Palabra traiga gozo
a mi vida. Y si hay una nube que se interpone, que está
interfiriendo en nuestra relación de compañerismo y comunión,
cualquiera que sea, quiero que sea removida, para que cuando
estudie la Palabra, yo pueda experimentar la alegría que el Señor
trae". Y eso es lo que será el ir a la Iglesia, una experiencia que
realmente se pueda disfrutar, es decir, una experiencia alegre.
¿Ha visto usted las multitudes que se dirigen a los
acontecimientos deportivos? Es como si acudieran a una fiesta,
por la alegría que muestran. ¿Ha visto a la gente yendo una
Iglesia un domingo por la mañana? Parecen reflejar pensamientos
como ¡qué obligación! ¡qué carga! Y hay muchas personas que
están soportando cargas pesadas. Pero esas cargas deberían ser
dejadas en las reuniones, y las personas deberían salir de esos
lugares con sus corazones rebosando de alegría, o demostrando
que se acaba de disfrutar de una grata experiencia. Luego en el
versículo 12, de este capítulo 8 de Nehemías se nos dice:
"Y todo el pueblo se fue a comer y a beber, a obsequiar porciones
y a gozar de gran alegría, porque habían entendido las palabras
que les habían enseñado".
Esperamos, estimado oyente, que este estudio bíblico le haga
feliz a usted. Esa es la razón por la cual a veces nosotros leemos
las cartas dirigidas a nuestro programa. Oímos de personas que
sienten el desaliento en sus vidas, y la Palabra de Dios entonces,
les trae gozo; de un hogar en el que la pareja estaba a punto de
separarse y entonces la Palabra de Dios les dio motivos para
reanudar una vida de pacífica convivencia; de un hombre que
tiene amargura y resentimiento en su corazón contra otros, y la
Palabra de Dios comienza a obrar y a transformar su vida.
Permítanos decirle que la Palabra divina puede también tener un
efecto en usted. Ahora, el versículo 13, dice:
"Al día siguiente, se reunieron los cabezas de familia de todo el
pueblo, sacerdotes y levitas, junto al escriba Esdras, para
estudiar las palabras de la Ley".
El estudio inicial de la Ley de Dios hizo que muchos de los
dirigentes acudieran a Esdras al día siguiente para recibir más
instrucción. Esto es muy importante porque muestra el interés
genuino que ellos tenían en la Palabra de Dios y que ésta había
comenzado ya a actuar en ellos, comenzando su obra de
renovación, de transformación. Veamos ahora lo que sucedió aquí
en los versículos 14 al 18 de este capítulo 8 de Nehemías:
"Y hallaron escrito en la ley que el Señor había mandado por
medio de Moisés, que habitaran los hijos de Israel en
tabernáculos en la fiesta solemne del mes séptimo; y que hicieran
saber e hicieran pregonar por todas sus ciudades y por Jerusalén,
diciendo: Salid al monte y traed ramas de olivo, de olivo silvestre,
de mirto, de palmeras y de todo árbol frondoso, para hacer
tabernáculos, como está escrito. Salió, pues, el pueblo, y trajeron
ramas e hicieron tabernáculos, cada uno sobre su terrado, en sus
patios, en los patios de la casa de Dios, en la plaza de la puerta
de las Aguas y en la plaza de la puerta de Efraín. Toda la asamblea
que volvió de la cautividad hizo tabernáculos, y en tabernáculos
habitó; porque desde los días de Josué hijo de Nun hasta aquel
día, no habían hecho así los hijos de Israel. Y hubo gran alegría.
Leyó Esdras el libro de la ley de Dios cada día, desde el primer
día hasta el último; hicieron la fiesta solemne por siete días, y el
octavo día fue de solemne asamblea, según el rito establecido".
Ésta fue una celebración de la Fiesta de los Tabernáculos. El
habitar en tiendas debía servir como recordatorio para ellos del
cuidado paternal y la protección de Dios mientras Israel viajaba
de Egipto a Canaán. Aquí en los días de Nehemías, ellos estaban
obedeciendo la Ley que les había sido leída. Ellos habían oído la
Palabra de Dios y estaban cumpliendo lo que ella mandaba.
Estimado oyente, usted puede leer y estudiar la Biblia y
experimentar el gozo que ella trae a su corazón, y esperamos que
usted haga eso; pero esa alegría se desvanecerá a menos que
usted obedezca lo que ha leído y permita que tenga su efecto en
usted, es decir, que afecte a su vida.
Y así concluimos nuestro estudio del capítulo 8 de Nehemías.
Ahora en el capítulo 9 veremos que el resultado de esta gran
lectura bíblica, lectura pública, explicada y aplicada a la vida de
cada uno, fue una renovación espiritual. Esperamos que usted
nos acompañe en nuestro recorrido por ese capítulo 9 de
Nehemías.
En este programa hemos destacado la verdadera fuente de
alegría que es la Palabra de Dios. Por ello el autor del Salmo 119
pudo decir, "Tus testimonios he tomado como herencia para
siempre, porque son el gozo de mi corazón". Y aquí queremos
resaltar el tremendo contraste que existe entre la Palabra que
Dios ha pronunciado, y lo que brota de la boca de los seres
humanos. Bien decía el apóstol Santiago, que la lengua humana
es como un fuego, como un mundo de maldad, y un pequeño
miembro del cuerpo humano que nadie en este mundo puede
dominar. Llegó a decir que era un mal turbulento y lleno de
veneno mortal. En su capítulo 2:9 dijo: "Con ella bendecimos a
nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que
han sido hechos a la imagen de Dios. De la misma boca proceden
bendición y maldición. ¿Acaso una fuente por la misma abertura
echa agua dulce y amarga?" Frente a esta imagen de destrucción
incontrolada, hemos visto los efectos de la Palabra de Dios. Esa
Palabra destruye el pecado, el mal, para que éstos no destruyan
al ser humano y después, construye, edifica, restaura lo que se
ha destruido, limpia, purifica y trae alegría. No se trata de la
alegría superficial, frívola, sino de una satisfacción auténtica, que
va en aumento en la medida en que el ser humano la deja actuar
en su vida por la obra del Espíritu Santo. Por ello, estimado
oyente, le invitamos a aceptar por la fe la obra del Señor
Jesucristo en la cruz, recibiéndole como su Salvador y entonces,
la Palabra y la acción del Espíritu irán transformando una vida que
era una fuente contaminada por la amargura de su experiencia
vital, en una fuente que rebose alegría, dulzura y la paz de la
relación con Dios y la posesión de la vida eterna.

Nehemías 9:1-38
En primer lugar diremos que los capítulos 9 y 10 presentan el
tema titulado "Oración y renovación espiritual". En el día de hoy
estimado oyente, vamos a considerar lo que dice el capítulo 9 de
Nehemías. Recordemos que en el estudio del Libro de Esdras
dijimos que había varios grandes capítulos "nueve" en las
Escrituras, y todos ellos tienen que ver con "movimientos de
renovación". Lo vimos en el capítulo nueve de Esdras y hoy
tenemos ante nosotros el capítulo 9 de Nehemías, y también
hemos citado el noveno capítulo en el Libro de Daniel, que
consideraremos al estudiar ese libro.
Probablemente deberíamos aclarar lo que queremos decir cuando
usamos esta palabra "renovación o avivamiento", porque
creemos que es una de esas palabras que han sido mal
entendidas por muchos; y probablemente deberíamos pasar
algún tiempo explicándola. Es un término que expresa la idea de
recobrar la vida y el vigor. También significa un retorno a la
conciencia, volver a tener sentido, volver en sí; se refiere a lo que
tiene vida que está desapareciendo, incluso hasta llegar a la
muerte y que ya no tiene vitalidad; pero que luego revive. El
apóstol Pablo habló sobre la resurrección del Señor Jesucristo, en
el capítulo 14 de la epístola a los Romanos, versículo 9; allí se
dice: "Para esto el murió y resucitó, para ser Señor tanto de los
muertos como de los que viven". Éste es pues, un buen uso del
término revivir, y de lo que significa avivamiento.
Obviamente, la palabra "avivamiento" está limitada a los
creyentes. Se refiere a creyentes que se encuentran en una
condición espiritual muy baja, y que fueron reavivados,
renovados y restaurados a la vitalidad y el poder. Aquí en este
capítulo 9 de Nehemías, donde nos detendremos en el día de hoy,
se utiliza en ese sentido. Sin embargo, estamos seguros que
usted ya se ha dado cuenta que el uso de esta palabra ha sido
ampliado, y ahora, a veces, la palabra avivamiento hace
referencia a períodos en los que muchas personas están viniendo
a Cristo. Realmente, un hecho depende del otro. Uno no podrá
ver un período en que las personas acudan a Cristo, a menos que
el pueblo de Dios haya experimentado un avivamiento o una
renovación espiritual.
En este capítulo veremos un período de avivamiento, que siguió
a una lectura pública de la Palabra de Dios. Muchas de estas
personas, como hemos visto en el capítulo 8, nunca habían oído
la Palabra de Dios. Ellos habían estado en la cautividad por
setenta años, no habían tenido ningún acceso a la Palabra de
Dios. No había nadie allí que se las pudiera leer. Cuando
regresaron a su tierra y los muros fueron reedificados, Nehemías
dispuso que hubiera un tiempo de lectura de la Palabra de Dios.
Esta lectura probablemente se prolongó por un cierto período,
cuya duración desconocemos. Junto a él estaba Esdras, escriba,
quien tenía la Palabra de Dios. Construyeron un púlpito para que
pudiera leer de la Palabra de Dios desde la puerta de las Aguas.
Dicha lectura causó un impacto tremendo sobre la gente. El
pueblo lloró, y lloró principalmente de alegría. Lo que queremos
recalcar es que tiene que haber emoción cuando se escucha la
lectura de la Palabra de Dios, pero no una emoción superficial,
pasajera, sino un sentimiento que les impulsó a hacer ciertas
cosas.
Ésta es nuestra razón personal, estimado oyente, para desear
difundir la Palabra de Dios. Podemos sinceramente decir que no
es muy importante lo que decimos nosotros personalmente, sino
lo que la Biblia dice. El Espíritu de Dios puede tomar la Palabra de
Dios; y si nosotros la hemos presentado como se debe hacer, Él
la puede aplicar y bendecir en los corazones y las vidas de los
oyentes. Ésa es la razón por la cual, a veces compartimos las
cartas que nos llegan de los oyentes, o lo que nos comunican en
sus llamadas telefónicas, para poder apreciar lo que Dios está
haciendo. Es algo verdaderamente sorprendente. Ahora, esto no
nos debería sorprender porque el Señor mismo ha dicho que Él
bendeciría Su Palabra.
Los integrantes de aquel pueblo reconocieron cuánto se habían
apartado de las normas que Dios había establecido para ellos, y
cuán lejos se encontraban del cumplimiento de sus
mandamientos. Como hemos visto en el Libro de Esdras, la
Palabra de Dios había tenido un resultado en la misma vida de
este sacerdote y escriba dándole un gran interés y llevándole a
un compromiso personal con todo lo que estaba llevando a cabo.
Es que no puede haber un avivamiento, o una renovación
espiritual, fuera de la Palabra de Dios; debemos reconocer y
aceptar este principio.
Ahora, veamos lo que Dios hizo por esta gente. Se nos dice en
los primeros dos versículos de este capítulo 9 de Nehemías:
"El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de Israel
para ayunar, vestidos de ropas ásperas y cubiertos de polvo. Ya
se había apartado la descendencia de Israel de todos los
extranjeros; y en pie, confesaron sus pecados y las iniquidades
de sus padres".
Aquí vemos que ellos confesaron sus pecados principalmente, y
también los de sus padres. Ahora, el versículo 3, dice:
"Puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley del Señor,
su Dios, la cuarta parte del día, y durante otra cuarta parte del
día confesaron sus pecados y adoraron al Señor, su Dios".
La lectura de la Palabra de Dios les reveló su pecado y maldad. El
ayuno, el vestirse con sacos o ropas ásperas y el polvo sobre sus
cabezas demostraron su sinceridad. Hubo entonces confesión y
adoración a Dios.
A veces una generación es muy crítica con otra. Este es el caso
de los que pertenecen a la generación joven, que ha sido muy
crítica con la anterior, y con razón. Pero si ellos experimentan un
retorno a la Palabra de Dios, dejarán de lado dicha actitud crítica
y comenzarán a confesar sus propios pecados.
Y con respecto a los que pertenezcamos a la anterior, deberemos
en primer lugar confesar nuestros pecados antes de señalar los
de otros. Y si usted piensa que no tiene ningún pecado, entonces,
estimado oyente, usted necesita regresar a la Biblia, a la Palabra
de Dios. Podemos ver lo que hizo esta gente de nuestro relato:
una cuarta parte del día ellos leyeron la Biblia y luego ellos
hicieron algo más, relacionado con lo que acababan de leer;
confesaron sus pecados. Usted no puede hacer descender a Dios
a su propio nivel. Hay muchas personas que están tratando de
hacer eso. Usted tampoco puede elevarse al nivel de Dios, donde
podría decir que ha alcanzado un estado de perfección. Si usted
lo hiciera así, se estaría engañando a sí mismo. Yo no digo eso
por mí mismo, sino que Juan lo dijo en su primera carta 1:8, 9,
donde encontramos la siguiente declaración: "Si decimos que no
tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad
no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y
justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda
maldad". Si usted lee la Palabra de Dios, comprobará que es un
pecador. Cuando reconozca esa realidad, sentirá la necesidad de
confesar sus pecados.
Confesar los pecados significa estar de acuerdo con la Palabra de
Dios, en vez de presentar excusas o intentar racionalizar nuestras
acciones. La confesión consiste en llamar por su verdadero
nombre lo que estamos haciendo, siendo conscientes
exactamente de lo que realmente es: pecado. Y cuando hacemos
esto, estimado oyente, cuando confesamos nuestros pecados,
entonces, Dios es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y
limpiarnos de toda maldad.
Recordemos que en el aposento alto, el Señor Jesucristo lavó los
pies de los discípulos. Eso es precisamente lo que está haciendo
ahora mismo a la derecha del trono de Dios: está limpiándonos.
Cuando usted y yo nos acercamos a Él con nuestra confesión,
figurativamente hablando, Él lava nuestros pies, y hasta nuestra
propia mente necesita ser lavada algunas veces. En nuestro
contacto con el mundo en que vivimos y en nuestra vida en
sociedad resulta imposible evitar que, desde un punto de vista
espiritual, nuestra mente se ensucie, así como el caminante de
aquellos tiempos ensuciaba sus pies al transitar por aquellos
caminos polvorientos. De ahí la necesidad de acercarnos a Dios
para confesar nuestra impureza. En la fiesta de la Pascua, cuando
el Señor se levantó de la mesa y comenzó a lavar los pies de los
suyos, Pedro le dijo, en Juan 13:8, "¡Jamás me lavarás los pies!
Jesús le respondió: Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Hay
gente hoy que está intentando servir a Dios y que no está
viviendo a la luz de la Palabra de Dios. Dijo Juan en su primera
carta 1:6,7; "Si decimos que tenemos comunión con Él, pero
andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad; mas
si andamos en la luz, como Él está en luz, tenemos comunión los
unos por los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo
pecado".
Aquí no está hablando tanto de la forma de caminar, sino de por
dónde camina uno. Cuando uno camina, es decir, que vive
expuesto a la luz de la Palabra de Dios, verá cuan lejos se
encuentra de la gloria y la santidad de Dios, y que no puede
alcanzar por sí mismo ese estado. Entonces se acercará a Él con
una actitud de confesión. Y si no lo hace, Dios le dirá a usted,
como le respondió a Pedro: "Si no te lavo, no tendrás una relación
de compañerismo conmigo". Por todo ello y volviendo a nuestro
relato de la época de Nehemías, los israelitas pasaron una cuarta
parte del día leyendo la Palabra de Dios, y otra cuarta parte del
día confesando sus pecados.
Cuando enseñamos la carta de Pablo a los Romanos, recibimos
cartas de personas que nos cuentan que han confesado a Dios el
haber hablado mal de otras personas, o que han mantenido una
actitud de resentimiento hacia ellas. En esos casos vemos que la
Palabra de Dios hizo sentir su efecto en la vida de esas personas.
Y si la Palabra causa un impacto en su vida, usted sentirá esa
misma necesidad de dirigirse a Dios en oración para confesar sus
pecados. Estimado oyente, éste es el camino que conduce a un
avivamiento, a una renovación espiritual, y no hay otro.
Cuando se nos habla de la confesión de nuestros pecados,
creemos que es algo que debe hacerse en privado. Y los
pobladores de aquella tierra lograron enderezar y rectificar lo que
habían hecho mal. Recordemos que Simón Pedro, en el día de
Pentecostés, no produjo un avivamiento levantándose y
confesando cómo había negado al Señor Jesucristo. Eso fue algo
que había tenido lugar en privado. Lucas y Pablo nos cuentan que
el Señor apareció a Simón Pedro cuando éste se encontraba solo.
Porque ese asunto de la negación de Pedro era un asunto privado
y tenía que ser arreglado por aquellos que habían estado
implicados en ese incidente y así fue como se restauró su relación
con el Señor. Y así como nadie se bañaría en público, creemos
que la confesión pública de los pecados, además de provocar
emociones difíciles de controlar y dejar recuerdos nada
provechosos para los oyentes, no beneficia espiritualmente a
nadie.
Una renovación comienza como un asunto privado de cada uno
ante la presencia de Dios. Es decir, que la renovación se produce
primero en el nivel individual. Esta actitud forma parte de las
condiciones necesarias para que se produzca ese revivir
espiritualmente del pueblo de Dios, que traerá Su bendición.
Las personas que menciona nuestro relato cumplieron las
condiciones para experimentar una renovación y recibirían la
bendición de Dios. Leamos ahora los versículos 4 y 5 de este
capítulo 9 de Nehemías:
"Jesúa, Bani, Cadmiel, Sebanías, Buni, Serebías, Bani y Quenani
subieron luego al estrado de los levitas y clamaron en voz alta a
Jehová, su Dios. Y esto es lo que dijeron los levitas Jesúa,
Cadmiel, Bani, Hasabnías, Serebías, Hodías, Sebanías y Petaías:
Levantaos y bendecid al Señor, vuestro Dios: Desde la eternidad
y hasta la eternidad sea bendecido tu nombre glorioso, que
supera toda bendición y alabanza".
Después de haber oído la Palabra de Dios, hicieron su confesión
y después alabaron y exaltaron a Dios. Y eso es lo que nosotros
debemos hacer. Necesitamos alabar a Dios en nuestras
reuniones, en nuestros encuentros.
Alguien decía en cierta ocasión, que la reunión de oración
semanal de su iglesia se estaba haciendo demasiado monótona,
al escuchar siempre las mismas oraciones. Así es que, decidieron
que, en vez de continuar haciendo a Dios las mismas peticiones
de siempre, alabarían a Dios en sus oraciones. Y entonces todos
los presentes comenzaron a experimentar una renovación
espiritual. Es que cuando comenzamos a exaltar el nombre de
Dios, Él comienza a actuar y los creyentes comienzan a ser
transformados espiritualmente. Veamos ahora, lo que dice el
versículo 6, de este capítulo 9 de Nehemías:
"Tú solo eres Señor. Tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos,
con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares
y todo lo que hay en ellos. Tú vivificas todas estas cosas, y los
ejércitos de los cielos te adoran".
¿Ha tenido usted la oportunidad de detenerse a la orilla del mar
y observar esas olas gigantescas que golpean contra las rocas?
¿Le ha movido a usted a volverse hacia Dios y adorarle? ¿Ha
estado usted alguna vez en un gran bosque, por ejemplo? Cuando
uno entra en un bosque grande lleno de árboles altos y gruesos,
¡qué emocionante es todo eso! Uno puede entrar a un lugar como
esos por la mañana y levantar la vista para observar cómo la copa
de los árboles forman la bóveda de un grandioso templo, y uno
allí puede adorar a Dios. Él es el Creador, Él fue quien hizo toda
esa belleza que nos rodea, Él fue quien creó este universo. Y no
sólo hizo eso. Veamos lo que nos dicen los versículos 7 al 10:
"Tú eres, Señor, el Dios que escogió a Abram; tú lo sacaste de Ur
de los caldeos, y le pusiste por nombre Abraham. Hallaste fiel su
corazón delante de ti, e hiciste pacto con él para darle la tierra
del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del jebuseo y
del gergeseo, para darla a su descendencia; y cumpliste tu
palabra, porque eres justo. Miraste la aflicción de nuestros padres
en Egipto, y oíste el clamor de ellos en el Mar Rojo. Hiciste señales
y maravillas contra el faraón, contra todos sus siervos, y contra
todo el pueblo de su tierra, porque sabías que habían procedido
con soberbia contra ellos; y te hiciste nombre grande como hasta
este día".
Ellos alababan a Dios por la forma en que Él había guiado a sus
antepasados. Cómo Él había elegido a Abraham. Cómo lo había
cuidado en la tierra de Canaán. Cómo los había traído como una
nación, desde la tierra de Egipto. Cómo ellos habían sido guiados
y protegidos milagrosamente a través del desierto.
Estimado oyente, ¿le ha dado gracias usted a Dios, alguna vez,
por permitirle vivir en su país? ¿Le ha dado gracias a Dios por
haberle llevado al lugar que hoy ocupa? Nosotros deberíamos
agradecerle a Dios por eso, así como esta gente lo hizo.
Ellos no sólo reconocieron que Dios era su Creador, sino también
su Redentor. Y le estaban agradeciendo a Dios por la liberación
que experimentaron cuando les condujo fuera de Egipto.
Y estos son motivos para que usted y yo le demos las gracias a
Dios. Él es el Creador y éste es Su universo. También tenemos
que agradecerle que Él nos salvó, nos redimió. Por cierto, ¿le ha
dicho usted que le ama? No olvidemos que Dios es la fuente, el
origen de toda bendición. No sólo nos ha provisto los elementos
materiales que necesitamos sino que, siendo pecadores, nos ha
salvado. Escuchemos ahora lo que dicen los versículos 34 y 35,
de este capítulo 9 de Nehemías:
"Nuestros reyes, nuestros gobernantes, nuestros sacerdotes y
nuestros padres no pusieron por obra tu Ley, ni atendieron a tus
mandamientos ni a los testimonios con que los amonestabas.
Pero ellos en su reino y en los muchos bienes que les diste, y en
la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te
sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras".
Éste fue un repaso de la historia de aquel pueblo, mostrando
como Dios los había favorecido. Sin embargo, sus reyes,
príncipes, sacerdotes y los padres de la nación no habían
obedecido los mandamientos de Dios. Luego él dice en el
versículo 36:
"Míranos hoy, convertidos en siervos; somos siervos en la tierra
que diste a nuestros padres para que comieran su fruto y su
bien".
Ellos reconocieron el juicio de Dios estaba sobre ellos. Leamos
ahora, los versículos 37 y 38, de Nehemías capítulo 9:
"El fruto de ella se multiplica para los reyes que has puesto sobre
nosotros por nuestros pecados, quienes se enseñorean sobre
nuestros cuerpos, y sobre nuestros ganados, conforme a su
voluntad. ¡En gran angustia estamos! A causa, pues, de todo
esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la escribimos, firmada por
nuestros gobernantes, por nuestros levitas y por nuestros
sacerdotes".
En el próximo capítulo veremos las condiciones del pacto. Aquí
vemos que a cada dirigente de la nación se le pidió que se
comprometiese firmemente por escrito en dicho pacto. Porque el
pueblo había resuelto obedecer a la Palabra de Dios.
¿Qué clase de pacto ha hecho usted con Dios? Algunas personas
se resisten a prometer algo que quizás no puedan cumplir. En las
relaciones humanas, cada vez que alguien compra algo, o realiza
cualquier transacción comercial, tiene que comprometerse por
escrito a realizar ciertos pagos. Es decir que las personas están
dispuestas a asumir todo tipo de compromisos y obligaciones en
la vida, pero en el terreno espiritual, no están dispuestas a
establecer un pacto con Dios. ¿Le ha prometido a Dios algo?
Prometerle algo a Dios es un asunto importante, y el Señor quiere
saber si realmente hablamos en serio. ¡Cuántas veces le
habremos fallado! Pero Él nos comprende y tiene misericordia de
nosotros. Y si nosotros tomamos en serio nuestra relación con Él,
Él se ocupará de nosotros y nos dará la fortaleza que supla
nuestra debilidad para cumplir Su voluntad.
Estimado oyente gracias a la obra del Señor Jesucristo en la cruz,
usted puede establecer hoy una relación con Dios. La salvación
no sólo le proporciona la vida eterna sino que, aquí en la tierra
tiene efectos muy importantes. A usted le sorprenderá ir
descubriendo lo que Él puede hacer con su vida y hasta qué punto
pueda irla transformando por la acción de Su Espíritu. Le
invitamos, pues, a dar el paso de fe de recibir al Señor Jesucristo
como Salvador. Y al hacerlo, le invitamos también a que haga
suyas las siguientes palabras del Salmo 37:4 y 5: "Deléitate en
el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón. Encomienda
al Señor tu camino; confía en él, y él actuará".

Nehemías 10 - 13
En el día de hoy, estimado oyente, llegamos a nuestro estudio
final de este libro de Nehemías. Vimos en nuestro programa
anterior, que los hijos de Israel habían leído en la Biblia, el
Antiguo Testamento, y luego habían confesado sus pecados y,
después, se reunieron en un gran servicio de alabanza a Dios. Le
alabaron por ser el Creador y le dieron gracias por la redención
que habían experimentado cuando el Señor guió a su pueblo fuera
de Egipto. Y ésos son dos motivos por las cuales usted y yo
debemos dar gracias a Dios. Él es el Creador y, por lo tanto, éste
es Su universo. Y tenemos que darle gracias a Él porque nos
salvó. De paso quisiéramos preguntarle: ¿Le ha dado gracias a
Dios usted porque le ha salvado? Y también: ¿Le ha dicho hoy
que le ama? Estimado oyente, necesitamos hacer eso. No
debemos esperar hasta el domingo por la mañana para ir a la
iglesia y cantar alabanzas a Dios. Allí mismo, en el lugar en que
usted se encuentra ahora, puede expresar su alabanza a Dios de
quien vienen todas las bendiciones. Porque Él es el Creador, Él
me ha dado todo lo que tengo, material y físico, le doy las gracias
por eso. Dios me ha salvado a mí, un pecador y por ello también
le doy las gracias. ¡Esto es algo verdaderamente extraordinario!
En el capítulo 10 vemos que a cada dirigente de la nación se le
pidió que se comprometiese firmemente por escrito en dicho
pacto. Porque el pueblo había resuelto obedecer a la Palabra de
Dios.
¿Qué clase de pacto ha hecho usted con Dios? Algunas personas
se resisten a prometer algo que quizás no puedan cumplir. En las
relaciones humanas, cada vez que alguien compra algo, o realiza
cualquier transacción comercial, tiene que comprometerse por
escrito a realizar ciertos pagos. Es decir que las personas están
dispuestas a asumir todo tipo de compromisos y obligaciones en
la vida, pero en el terreno espiritual, no están dispuestas a
establecer un pacto con Dios. ¿Le ha prometido a Dios algo?
Prometerle algo a Dios es un asunto importante, y el Señor quiere
saber si realmente hablamos en serio. ¡Cuántas veces le
habremos fallado! Pero Él nos comprende y tiene misericordia de
nosotros. Y si nosotros tomamos en serio nuestra relación con Él,
Él se ocupará de nosotros y nos dará la fortaleza que supla
nuestra debilidad para cumplir Su voluntad. Llegamos ahora a
Nehemías 10
Y aquí en el capítulo 10 de Nehemías, tenemos la lista de aquellos
que firmaron el pacto, y la podemos leer. Nehemías, el
gobernador y veintidós sacerdotes figuran en los primeros lugares
de la lista. También firmaron Levitas y cuarenta y dos jefes del
pueblo. Leamos el versículo 29 de este capítulo 10 de Nehemías:
"se reunieron con sus hermanos y sus principales, para declarar
y jurar que andarían en la ley de Dios, que fue dada por Moisés,
siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los
mandamientos, decretos y estatutos de Dios, nuestro Señor".
El pacto que ellos firmaron era para cumplir la ley y en el pacto
citaron expresamente tres asuntos. Obviamente, los incluyeron
en la lista porque no habían estado obedeciendo esos aspectos
que su relación con Dios requería. Dice el versículo 30:
"Y que no daríamos nuestras hijas a los pueblos de la tierra, ni
tomaríamos sus hijas para nuestros hijos".
Éste parece haber sido un problema perpetuo en Israel. Pero en
ese momento estaban pactando que no habría más matrimonios
mixtos entre ellos y los paganos. Continuemos leyendo el
versículo 31:
"Asimismo, que si los pueblos de la tierra vinieran a vender
mercaderías y comestibles en sábado, en el día del reposo, nada
tomaríamos de ellos en ese día ni en otro día santificado; y que
el año séptimo dejaríamos descansar la tierra renunciando a las
cosechas de ese año, y perdonaríamos toda deuda".
El segundo asunto al que ser refería el pacto concretaba que no
habría actividades comerciales en el día del reposo ni en otros
días santos. También se cumpliría fielmente el dejar reposar a la
tierra en el séptimo año, ya que éste era el año sabático, un año
de liberación.
El asunto final al que se refería el pacto, tenía relación con los
primeros frutos y la provisión para los sacrificios. A continuación
extractar algunas resoluciones del resto del pacto, incluidas en
los versículos 32 al 37:
"Nos impusimos además la obligación de contribuir cada año con
cuatro gramos de plata para cubrir los gastos de la obra de la
casa de nuestro Dios. para el pan de la proposición y para la
ofrenda continua, para el holocausto continuo,. . . Echamos
también suertes los sacerdotes, los levitas y el pueblo, acerca de
la ofrenda de la leña, para traerla a la casa de nuestro Dios, Y
que cada año llevaríamos a la casa del Señor las primicias de
nuestra tierra y las primicias del fruto de todo árbol. Asimismo los
primogénitos de nuestros hijos y de nuestros ganados. . .
También acordamos llevar las primicias de nuestras masas, de
nuestras ofrendas, del fruto de todo árbol, del vino y del aceite,
Y prometimos no abandonar la casa de nuestro Dios".
Ahora, llegamos a
Nehemías 11
El tema de este capítulo es la Reforma. Aquí encontramos otra
gran lista de personas que continúa en el capítulo 12. Estas
personas estaban dispuestas a hacer lo que Dios quisiera que
hiciesen. De este capítulo veremos unos pocos versículos.
Escuchemos lo que dice aquí, el versículo 1, del capítulo 11 de
Nehemías:
"Los jefes del pueblo habitaron en Jerusalén, pero el resto del
pueblo echó suertes para que uno de cada diez fuera a vivir a
Jerusalén, ciudad santa, mientras los otros nueve se quedarían
en las otras ciudades".
Ellos echaron suertes, y uno de cada diez se quedaría en la ciudad
de Jerusalén. Los otros saldrían a vivir a las otras ciudades. Ésa
pudo ser una situación que podría haber dado origen a quejas,
porque algunos podrían haber tenido preferencias para vivir en
ciudades pequeñas, o en el campo. Veamos lo que dice el
versículo 2:
"Y bendijo el pueblo a todos los hombres que voluntariamente se
ofrecieron para habitar en Jerusalén".
Incluso en aquel tiempo, hubo mucha gente que quiso trasladarse
a vivir fuera de las áreas suburbanas. Pero aquellos que estaban
dispuestos a residir en Jerusalén, fueron bendecidos por los
demás. Los nombres de esta lista nos resultan desconocidos, pero
Dios conoció a cada uno de ellos. Y registró su nombre porque
todos tuvieron corazones dispuestos. Veamos lo que dice ahora,
el versículo 3:
"Estos son los jefes de la provincia que habitaron en Jerusalén;
pero en las ciudades de Judá habitaron cada uno en su posesión,
en sus ciudades: los israelitas, los sacerdotes y levitas, los
sirvientes del Templo y los hijos de los siervos de Salomón".
En los versículos siguientes se encuentran los nombres de
aquellos que estuvieron dispuestos a vivir en Jerusalén. Y Dios
tomó nota de su buena actitud. Y esto nos conduce ahora, a
Nehemías 12
Este capítulo continúa con la lista iniciada en el capítulo 11. Pero,
¿quienes eran estas personas? Éstos eran aquellos que estaban
alabando a Dios.
La mayor parte de este capítulo nos habla de la dedicación de las
murallas de Jerusalén. Aquella fue un evento emocionante y
memorable. Los versículos 27 y 28 de este capítulo 12 dicen:
"Para la dedicación del muro de Jerusalén, buscaron a los levitas
de todos los lugares donde vivían y los llevaron a Jerusalén, para
hacer la dedicación y la fiesta con alabanzas y con cánticos,
acompañados de címbalos, salterios y cítaras. Los hijos de los
cantores acudieron, tanto de la región alrededor de Jerusalén,
como de las aldeas de los netofatitas"
Así que, reunieron a todos los músicos. Celebraron un gran
festival de música. Los que figuran en esta lista fueron aquellos
cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida del Cordero.
En esta ocasión se reunieron para dedicar las murallas de
Jerusalén.
Nehemías trajo a la ciudad gente de todas las regiones de la
nación para la dedicación del muro, porque Jerusalén era la
ciudad donde se encontraba el templo. Leamos ahora, el versículo
40, de este capítulo 12 de Nehemías:
"Llegaron luego los dos coros a la casa de Dios. A mi lado estaban
la mitad de los oficiales"
A continuación Nehemías presentó la lista de los sacerdotes.
Todos ellos se encontraban allí. Escuchemos ahora, lo que dice el
versículo 43:
"Aquel día se ofrecieron numerosos sacrificios, y se regocijaron,
porque Dios les había dado gran alegría; también se alegraron las
mujeres y los niños. Y el alborozo de Jerusalén se oía desde lejos".
Los extranjeros, los visitantes, los turistas y otros viajeros que
pasaban por aquella tierra, podían escuchar estos gritos de
alabanza y de alegría y probablemente se preguntaron: ¿Qué es
lo que está ocurriendo allí? Y seguramente se acercaron para
averiguarlo. Debió ser un magnífico testimonio ante el mundo
pagano que les rodeaba.
Una de las razones por las cuales creemos que la gente pasa de
largo por nuestras iglesias hoy, es porque piensan que nosotros
somos un grupo muy apagado y aburrido. Y lo interesante es que
la mayoría de las veces tienen razón. Tendría que haber más
alegría por la presencia del Señor en nuestras reuniones En la
carta del apóstol Pablo a los Filipenses, encontramos que la fuente
del poder espiritual es la alegría que brota de nuestra relación con
Cristo. Y recordemos que Nehemías dijo, "porque el gozo del
Señor es vuestra fuerza".
Bien, llegamos ahora a
Nehemías 13
En este capítulo vemos otra vez una demostración de que la
vigilancia constante es el precio que ha de pagarse por la libertad.
Y también es el precio de la libertad cristiana.
En algún momento entre el capítulo 12 y el 13, Nehemías regresó
a su trabajo en el palacio de Susa. Recordemos que él había
solicitado un permiso para ausentarse temporalmente de sus
responsabilidades. Había estado en Persia por una temporada,
quizás por un año o dos, cuando pidió otro permiso para
ausentarse para poder regresar a Jerusalén. ¿Y qué fue lo que
encontró allí? Pues descubrió algo que le impactó mucho. La
gente no había mantenido la debida separación de los demás
pueblos. Y veamos lo que dice aquí en los versículos 1 al 3, de
este capítulo 13:
"Aquel día se leyó a oídos del pueblo el libro de Moisés, y fue
hallado escrito en él que los amonitas y moabitas no debían entrar
jamás en la congregación de Dios, por cuanto no salieron a recibir
a los hijos de Israel con pan y agua, sino que dieron dinero a
Balaam para que los maldijera; pero nuestro Dios volvió la
maldición en bendición. Cuando oyeron, pues, la Ley, separaron
de Israel a todos los mezclados con extranjeros".
La historia de Balaam puede leerse en Números 23 y 24. Los
israelitas leyeron el relato y decidieron que lo que debían hacer
era obedecer la Palabra de Dios. Habían realizado matrimonios
mixtos con los amonitas y moabitas, lo cual Dios había prohibido.
Los israelitas entonces, fueron conscientes de que tenían que
expulsarles de la tierra. Y leamos ahora el versículo 4:
"Antes de esto, el sacerdote Eliasib, encargado de los aposentos
de la casa de nuestro Dios, había emparentado con Tobías"
Aquí tenemos al sumo sacerdote, que a través del casamiento de
un hijo o de una hija, era pariente de Tobías. En otras palabras,
el sumo sacerdote mismo había desobedecido a Dios en este
asunto tan importante. Dios había prohibido estrictamente los
casamientos mixtos con los paganos. El les había dado, creemos,
una ilustración bastante humorística. Había dicho que no se debía
arar con buey y con asno juntamente. Usted se da cuenta de que
el buey era un animal puro, mientras que el asno era un animal
impuro. Y tampoco deberían unirse un creyente y un no creyente.
Leamos el versículo 5, de este capítulo 13 de Nehemías en el que
continúa hablando del sacerdote Eliasib:
"y le había hecho una gran habitación, en la cual guardaban antes
las ofrendas, el incienso, los utensilios, el diezmo del grano, del
vino y del aceite que se había mandado dar a los levitas, a los
cantores y a los porteros, y las contribuciones para los
sacerdotes".
En otras palabras, había cambiado completamente el uso del
almacén del templo para facilitarle una habitación para Tobías.
Ahora, ellos ya no traían las ofrendas del pueblo a este lugar. Así
que limpiaron esa habitación y pusieron quizás allí una alfombra
mullida, algunos buenos muebles, una cama e invitaron a Tobías
a que fuera a vivir a ese lugar. En realidad le habían dicho que lo
podía usar en cualquier oportunidad que lo deseara. Bueno,
veamos lo que nos dicen aquí los versículos 6 al 8 de este capítulo
13 de Nehemías:
"Pero cuando ocurrió esto, yo no estaba en Jerusalén, porque en
el año treinta y dos de Artajerjes, rey de Babilonia, había ido
adonde el rey estaba; pero al cabo de algunos días pedí permiso
al rey para volver a Jerusalén; y entonces supe del mal que había
hecho Eliasib por consideración a Tobías, haciendo para él una
habitación en los atrios de la casa de Dios. Esto me dolió mucho,
y arrojé todos los muebles de la casa de Tobías fuera de la
habitación".
Todo esto había sucedido mientras Nehemías estaba ausente. Y
nos agrada ver a Nehemías en acción: Fue al templo, tomó todo
lo que pertenecía a Tobías y lo arrojó fuera de la habitación.
Continuemos con la lectura del versículo 9:
"Luego mandé que limpiaran las habitaciones e hice volver allí los
utensilios de la casa de Dios, las ofrendas y el incienso".
Entonces aquella sala fue puesta en orden y restaurada a su uso
original en el servicio de Dios. Pero Nehemías no se detuvo allí.
El versículo 10, de este capítulo 13 de Nehemías, dice:
"Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les
habían sido dadas, por lo que los levitas y cantores que hacían el
servicio se habían ido cada uno a campo".
Aquí vemos que los Levitas que servían en el templo no habían
sido apoyados económicamente, y habían tenido que conseguir
trabajo en los campos. Por lo tanto, el servicio de Dios había sido
descuidado.
Ahora, en el versículo 14, de este capítulo 13 de Nehemías,
leemos esta oración de Nehemías:
"¡Acuérdate de mí por esto, Dios mío, y no borres las obras de
misericordia que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio!"
Nehemías pidió a Dios que registrase lo que había hecho, y el
Señor hizo precisamente eso, aquí en Su Palabra.
Ahora, Nehemías también descubrió que la gente estaba
incumpliendo el día del reposo. Leamos los versículos 15 y 16:
"En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en
sábado, que acarreaban haces de trigo y cargaban los asnos con
vino, y también de uvas, de higos y toda clase de carga, para
traerlo a Jerusalén en sábado; y los amonesté acerca del día en
que vendían las provisiones. También había en la ciudad tirios
que traían pescado y toda clase de mercancías, y las vendían en
sábado a los hijos de Judá en Jerusalén".
Esta gente venía desde la costa y estaban trayendo pescado para
vender. Ahora, el versículo 17, dice:
"Entonces reprendí a los señores de Judá y les dije: ¿Qué acción
tan mala es esta que cometéis, profanando así el sábado, el día
del reposo?"
Lo grave del asunto fue que los jefes de Judá eran los que
permitían esto. Ahora, dice el versículo 18:
"¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo esta
aflicción sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros
aumentáis su furor sobre Israel profanando el sábado?"
Nehemías recordó al pueblo la ira de Dios que había caído
previamente sobre la nación por haber hecho lo que estaban
haciendo precisamente en ese momento. Leamos entonces, lo
que dicen los versículos 19 al 21, de este capítulo 13 de
Nehemías:
"Sucedió, pues, que al caer la tarde, antes del sábado, ordené
que se cerraran las puertas de Jerusalén y que no las abrieran
hasta después del sábado; y puse a las puertas algunos de mis
criados, para que no dejaran entrar carga alguna en sábado. Una
o dos veces, pasaron la noche fuera de Jerusalén los negociantes
y los que vendían toda especie de mercancía. Pero yo les advertí
diciéndoles: ¿Por qué os quedáis vosotros delante del muro? Si lo
hacéis otra vez, usaré fuerza contra vosotros. Desde entonces no
volvieron en sábado".
Justamente cuando las sombras de la tarde anunciaban el
comienzo del sábado, los comerciantes venían con sus
mercaderías pensando que las podrían vender. Nehemías se subió
al muro para comprobar si los vendedores ya habían llegado y,
efectivamente, allí estaban esperando fuera de las puertas.
Vinieron un sábado y se encontraron con las puertas cerradas, y
entonces regresaron el segundo sábado para encontrarse
también con las puertas cerradas. Ante la advertencia de
Nehemías, no volvieron a aparecer, porque sabían que Nehemías
cumpliría lo que estaba diciendo.
Ahora, a Nehemías le llamó la atención otro incumpliendo de la
Palabra de Dios. Leamos los versículos 23 al 25:
"Vi asimismo en aquellos días a judíos que habían tomado
mujeres de Asdod, amonitas, y moabitas; y la mitad de sus hijos
hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar la lengua
de Judá, sino que hablaban la lengua de cada pueblo. Reñí con
ellos y los maldije, hice azotar a algunos de ellos y arrancarles los
cabellos, y les hice jurar, diciendo: No daréis vuestras hijas a sus
hijos, ni tomaréis de sus hijas para vuestros hijos, ni para
vosotros mismos".
Nehemías descubrió que los judíos se habían casado con mujeres
de naciones paganas. Nehemías discutió con ellos y pronunció
una maldición sobre ellos. Y les obligó a jurar que no continuarían
realizando matrimonios con extranjeros. Aquí vemos que estaba
aplicando medidas extremas, pero en aquel contexto histórico
lejano y en aquellas circunstancias, su acción fue necesaria.
El avivamiento o renovación espiritual siempre conduce a una
reforma. Cuando llega ese revivir espiritual, todo aquello que
requiere una limpieza, es limpiado, purificado. Luego, Nehemías
concluyó diciendo en los versículos 29 al 31, de este capítulo 13:
"¡Acuérdate de ellos, Dios mío, de los que han profanado el
sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas! Los purifiqué,
pues, de todo lo extranjero, y puse a los sacerdotes y levitas por
sus grupos, a cada uno en su servicio; lo mismo hice para la
provisión de la leña en los tiempos señalados, y para la entrega
de los primeros frutos. ¡Acuérdate de mí, Dios mío, para bien!"
Estos últimos versículos resumen la gran contribución de
Nehemías al bienestar espiritual de su pueblo. Todos los
extranjeros fueron apartados de sus posiciones de honor y
responsabilidad, y los sacerdotes y Levitas fueron asignados a sus
ocupaciones habituales. Y también se reanudaron las ofrendas
para el templo. Y destacamos las últimas palabras de Nehemías,
que fueron: "Acuérdate de mí, Dios mío, para bien". Y Dios
contestó su oración, registrando su obra extraordinaria en Su
Palabra, la cual quedó como un recordatorio permanente para
todos los tiempos. Estamos seguros de que Dios se acordó de él
para bien. Yo lo recuerdo a él de esa manera, y espero que usted
también, porque fue gran hombre de Dios.
Y así, estimado oyente, concluimos nuestro estudio del libro de
Nehemías. Dios mediante, en nuestro próximo programa,
pasaremos al Nuevo Testamento y comenzaremos a estudiar, la
Segunda Epístola del apóstol San Pablo a los Corintios, y le
invitamos a que nos acompañe. Y, recordando a Nehemías, le
decimos que Dios quiere favorecerle, quiere su bien y, por tal
motivo ha mostrado su gracia y misericordia por usted, enviando
a Su Hijo el Señor Jesucristo a morir en lugar de los pecadores,
en lugar mío, en lugar suyo. Y lo único que tiene que hacer es
apropiarse por la fe de ese bien supremo que El quiere para usted,
que es la salvación. Y que El le ofrece. Y entonces, como
Nehemías, usted podrá mantener esa relación con Dios, una
relación de compañerismo, fructífera, que le dio sentido a la vida
de aquel gran hombre, en esta tierra y para la eternidad. Dios
utilizó a Nehemías para cumplir Sus propósitos en aquella
generación. Estimado oyente, esa puede ser, a partir de hoy, su
propia experiencia.

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