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¿Existe un límite ético en la actividad de los mercados?

“al final, la cuestión de los mercados no es fundamentalmente una cuestión


económica. ¿queremos una sociedad donde todo está a la venta o hay ciertos
bienes morales y cívicos que los mercados no honran y que el dinero no puede
comprar?” (Sandel, Michael, 2013)

A menudo la sociedad se encarga de establecer una concepción de los mercados


cruda, egoísta, generalizada y con una sola intención: lograr vender y dominar
las necesidades de los consumidores. La economía se ha convertido en partidaria
de ello y los mercados se han ido transformando de una manera permanente con
el fin de lograr los principales objetivos de algunas organizaciones: quien vende
más y quien controla el mercado. Sin embargo, dichos sucesos no han sido razón
suficiente para desestabilizar la concepción ética que siempre rodea a la
sociedad, y es por ello que de manera acertada es posible afirmar que se hace
evidente un límite ético en la actividad que realizan los mercados. De esta
manera, podemos ver que en la sociedad aun predomina la idea de que el
consumo, los gustos, la comercialización de bienes y demás, deben estar regidos
por un límite ético que también determina la manera en la que las personas se
relacionan, establecen formas de vida y de consumo dignas e igualmente exigen
que todos los bienes y servicios que adquieran, lleven siempre a un bienestar.
Tal bienestar debe estar condicionado e influenciado por un valor interno, de
manera que pueda evidenciarse que el mercado, como lo diría Michael sandel, no
contamina ni altera los bienes que se producen en él. Factores como la
competencia desleal, el intercambio de bienes poco óptimos para el beneficio de
las personas, procesos de venta y producción que explotan a las personas que
trabajan en las organizaciones, precios excesivamente elevados que sobrepasan
el valor del bien, publicidad engañosa, falsas expectativas y demás, contaminan
los bienes a los que tenemos acceso y crean en los consumidores sensaciones de
desconfianza, pérdida de valor y bajas expectativas hacia las cosas, que se
supone, deberían dar valor al cliente y exaltar a quien las produce. La ética en los
mercados debe constituirse como algo fundamental, debe ser la prioridad de las
empresas procurar que en el bienestar de la sociedad también se incluya la
posibilidad de acceder a un mercado libre de inconciencia, de ilegalidad, de
irrespeto por la dignidad humana y que sea capaz de mostrarle al cliente la
verdad, cumplir sus expectativas, comercializar productos que estén llenos de
valores, que transmitan algo positivo, que generen bienestar y que además sean
un excelente reflejo de la ética de los profesionales, de las empresas y de las
ideas y que conforman un mercado para vivir por el bienestar de todos.