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Kabala / Abraham Abulafia

Fuente: Curso de verano Toledo 2000 Amparo Alba. UCM

Una característica bastante generalizada en la mística judía desde sus


primeras manifestaciones es la escasa relevancia que la descripción de la
experiencia extática adquiere en ella; los escritos de los místicos judíos
carecen, en general, de lo que constituye la esencia en la literatura mística
de otras religiones: descripción de las vivencias íntimas del místico, de su
encuentro con el Ser Supremo, de su transformación personal.

Frente a esto, el místico judío oculta con frecuencia su personalidad , se


refugia en el anonimato o la pseudoepigrafía y procura dar a sus escritos un
aire de objetividad; aunque el tema del ascenso del alma del místico está
presente en muchas obras, la meditación y la contemplación cabalísticas
insisten, sin embargo, en un aspecto más espiritualizado y abstracto de
esta experiencia; se diría que el místico judío, aun en los momentos de
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éxtasis, conserva el sentimiento de distancia entre él y su Creador, que le
permite hacer un relato de la experiencia, hasta cierto punto, frío e
impersonal.

Son relativamente pocas las obras que, hasta bien entrado el s. XVIII,
tienen como tema central la experiencia extática personal y las técnicas
para alcanzarla y escasos los autores cuyas obras proporcionan material
suficiente para obtener una visión clara de su personalidad.

Abraham Abulafia es, probablemente, el primero en el tiempo que rompe


con esa tendencia que acabamos de comentar; su obra es directa, atrevida,
reflejo de la fuerte personalidad de este místico judío enemistado con los
principales cabalistas de su época, y hermanado con místicos de otras
religiones ; es, en definitiva, un personaje excepcional dentro de la corriente
mística judía que llamamos Cábala.

La Cábala de Abulafia y la Cábala teosófica:

Abraham Abulafia es el principal representante de una corriente cabalística


totalmente diferente de la representada por el Zohar, a pesar de la cercanía
de ambas en el tiempo y el espacio.

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La Cábala de Abulafia es conocida por los dos nombres que él mismo la dio
en sus escritos: Cábala profética (Kabbalah Nevu´it) también llamada
Cábala extatica y Cábala de los Nombres (e.j., de los Nombres Divinos:
Kabalah ha-Shemot); bajo la primera denominación se alude a un tipo de
misticismo que pone el énfasis en la obtención por parte del místico de una
experiencia mística concebida como una profecía, es decir: revelación y
unión con la Divinidad (debekut); bajo la segunda, a la práctica de recitar
nombres divinos y combinar letras del alfabeto hebreo con el fin de alcanzar
experiencias extáticas y de comprender los sentidos más ocultos de la
Torah.

La Cábala zohárica es conocida con el nombre de Cábala teosófico-


teúrgica, y en ella se da un lugar central a las discusiones acerca de la
naturaleza del mundo de la Divinidad, incluyendo su nivel más remoto e
inconcebible: En Sof (el Infinito) y su aspecto revelado: Las Diez Sefirot
(Cábala teosófica); junto a esto que constituye la parte teórica, destaca,
sobre todo en la Cábala española representada por el Zohar, un aspecto
práctico (teúrgico) que pone el acento en el cumplimiento de los preceptos
siguiendo las normas de la Cábala, con el fin de actuar en el mundo divino
para restaurarlo a su situación anterior al pecado de Adán (Cábala
teúrgica).

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La compleja doctrina de la Divinidad que fue elaborada en las escuelas
cabalistas teosófico-teúrgicas está ausente en la Cábala de Abulafia, que
ve en ella un peligro de herejía; acusa a algunos cabalistas -entre otros a
Ibn Adret- de ser incluso peores que los cristianos, pues, dice Abulafia,
mientras éstos se conforman con creer en un Dios Trino, los cabalistas
sefiróticos creen en un sistema de 10 fuerzas divinas diferentes

Vida y obra de A. Abulafia (1240-ca. 1291)

1.Su vida. Abraham Abulafia rompe, como ya hemos mencionado, con la


tendencia generalizada a la pseudoepigrafía y al anonimato que se dio
durante la E.M. entre los autores judíos, especialmente entre místicos y
cabalistas. Él, por el contrario, proporciona en sus escritos bastantes
detalles de tipo autobiográfico; en su obra Otsar Eden Ganuz habla de su
vida, sus estudios y sus maestros:

Naci en Zaragoza de Aragón, que pertenece al reino de Sefarad y cuando


era todavía un bebé fuimos a instalarnos, junto con mi madre con mi
hermano y mis hermanas a una ciudad próxima a la de mi nacimiento, a
una distancia de 16 leguas; crecí junto al río Ebro, que pasa por las dos
ciudades (Zaragoza y Tudela) mencionadas.

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Empecé a aprender Torá con mi ilustre padre, que en paz descanse, e
incluso aprendí de él algo de Misná y Talmud, pues era un hombre de
muchos conocimientos; yo tenía 18 años cuando él murió...y me quedé dos
años más en la ciudad en la que crecí tras la muerte de mi ilustre padre.
Cuando yo tenía 20 años, un espíritu divino me despertó y me sacudió y
salí de allí y emprendí el camino de la tierra de Israel por mar y por tierra,
con la intención de llegar al Río Sambatión, pero no pude pasar de Acco a
causa de las guerras que había entre musulmanes y cristianos, así que
emprendí el regreso en dirección a Grecia, donde me casé.

Pero el espíritu de Dios me sacudió y me dirigí junto con mi esposa a


buscar a alguien con quien aprender Torah; en la ciudad de Capua, a cinco
jornadas de Roma, encontré a un afamado sabio filósofo y médico llamado
R. Hillel (de Verona) ....

Con R. Hillel de Verona aprendió filosofía y especialmente la obra de


Maimónides, Moreh Nebujim, (Guía de los Perplejos), de la que dice que la
estudió varias veces, concibiendo una admiración por Maimónides que le
duraría toda su vida. Lejos de ver una oposición, como los otros cabalistas,
entre el filósofo racionalista y el místico, Abulafia considera el More Nebujim
como el antecedente inmediato de su propia teoría mística; de hecho
considera que esta obra, junto con el Sefer Yetsirá representan por sí solas
la verdadera teoría del cabalismo profético.

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Hacia 1270 regresó a España, donde pasó unos años dedicado por entero
a la mística. En Barcelona y Gerona entró en contacto con un grupo de
cabalistas que creían poder acceder a los misterios más profundos de la
cosmogonía y la teología mística por los tres métodos cabalísticos basados
en el valor numérico de las letras (gematria) , en la acrología (notaricón) y
en su permutación.

En una carta cuenta que en Gerona se inició en los estudios místicos con
Nahmánides:

*Allí es donde me enseñaron las vías por las que se revelan las intenciones
verdaderas, los misterios de la Ley, y esas vías son tres: el notaricón
(acrología), la gematría (numerología) y el tsiruf (permutación)+.

Desde Cataluña viajó a Castilla explicando y enseñando la obra de


Maimónides; sus enseñanzas ejercieron gran influencia sobre Yosef
Gikatilla y Moshe b. Simón de Burgos, dos de los principales cabalistas
castellanos entre 1270 y 1280. Junto con esta obra de Maimónides, el otro
gran pilar sobre el que se apoyó Abulafia, que mencionamos anteriormente,
fue el Sefer Yetsirá, del que dice, en sus escritos, haber estudiado y
meditado doce comentarios diferentes.

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Durante algún tiempo viajó por España y Francia enseñando su nueva
doctrina, pero en 1274 se lanzó a la aventura de otro viaje por Italia y
Grecia. Fue entonces cuando comenzó a escribir textos proféticos que
firmaba con los nombres de Raziel o Zejariya, nombres que adoptó por
poseer el mismo valor numérico que el suyo (247).

Por esa época tuvo una visión en la que se le ordenaba visitar al Papa,
visión a la que pretendió dar cumplimiento en 1280: así, probablemente
imbuido de ideas mesiánicas y convencido de la importancia de su misión
se lanzó a una de las aventuras más arriesgadas e incomprensibles que
llevó a cabo: fue a Roma para presentarse ante el Papa y discutir ante él
*en nombre de los judíos+. Según el mismo cuenta (Sefer ha-Ot), el Papa
ordenó que *cuando Raziel llegara a Roma fuera arrestado, no le dejaran
entrar en su presencia y fuera quemado en las afueras de la ciudad+.

Pero Abulafia, desoyendo las amenazas y probablemente guiado por


alguna visión profética, entró en Roma y, precisamente la noche anterior a
su entrada, el Papa (Nicolás III) murió de repente. Abulafia pasó ocho días
arrestado en el Colegio de los Franciscanos y tras ser puesto en libertad, se
dirigió a Sicilia, donde continuó sus actividades literarias y mesiánicas.

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Allí se rodeó de un círculo de fieles estudiantes y admiradores, pero sus
pretensiones proféticas y mesiánicas le causaron serios problemas con las
autoridades religiosas de la isla, tanto judías como cristianas, hasta el punto
de ser exiliado durante algún tiempo en la isla de Comtino, cerca de Sicilia;
Selomoh ibn Adret (1235-1310), principal autoridad haláquica de la judería
española y cabalista, él mismo, le declaró la guerra abiertamente, guerra
que no terminó hasta la muerte de Abulafia.

Su obra:

Abulafia fue uno de los autores más prolíficos de su época en temas de


cábala. Entre 1271 y 1291 compuso más de 50 obras, la mayor parte de las
cuales ha permanecido casi inédita hasta bien entrado el siglo pasado;
aunque algunas han desaparecido, el material conservado es muy
abundante.

Convencido como estaba de haber encontrado el camino de la inspiración


profética que lo llevaría al verdadero conocimiento de Dios, se preocupó
por utilizar un estilo simple y directo que impactara al lector; destacan sus
escritos por la gran fuerza lógica expresada en un estilo claro y un lenguaje
colorista. De sus escritos se desprende también una gran erudición, sobre
todo en cuanto a conocimientos filosóficos .

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Moshe Idel, cuya tesis doctoral supuso el primer estudio en profundidad de
la obra y doctrina de este autor clasifica sus escritos de acuerdo a los
siguientes grupos temáticos:

Manuales de experiencia mística:

Constituyen el grupo más numeroso e importante de sus escritos. Se trata


de manuales que describen con detalle distintas técnicas para obtener la
profecía (e.d., el éxtasis) y la unión con Dios (debekut), e.d., lo que
actualmente denominamos "experiencia mística". Los más importantes son:
Hayye ha-Olam ha-Ba´(el Libro de la vida eterna), Or ha-Sekhel (La luz del
Intelecto) Imre Sefer (Palabras de Belleza), Otzar Eden Ganuz y Sefer ha-
Heseq (Libro del deseo) Los tres primeros debieron de gozar de una gran
difusión como indica el gran número de manuscritos en que se contienen, y
son los que mayor prestigio dieron a Abulafia entre los cabalistas.

Interpretación de textos clásicos del judaísmo:

Aparte de las múltiples interpretaciones que compuso a la Guía de los


Perplejos, de Maimónides y al Sefer Yetsirá, se conserva un comentario
suyo a la Torah titulado Sefer ha-Maftehot, y varios "libros proféticos".

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Obras proféticas:

A partir de 1279 compuso una serie de libros "proféticos" de los que solo se
ha conservado uno, el Sefer ha-´Ot (Libro de la señal), en los que describía
las visiones místicas y mesiánicas que tuvo durante un periodo de su vida.

Otras obras:

Una parte no desdeñable de su obra, ni por su cantidad ni por su interés


para comprender el pensamiento de Abulafia y su evolución personal, está
compuesta por epístolas y poemas.

Teoría mística y doctrina de la búsqueda del éxtasis y de la inspiración


profética:

Al estudiar la obra de Abulafia se ponen de manifiesto, por una parte, las


influencias intelectuales tan diversas que concurren en este autor y, por
otra, los puntos claves sobre los que construye su propio sistema místico y
cabalístico.

Lo primero que sorprende en este autor, y sobre lo que ya hemos hecho


mención anteriormente, es la profunda influencia de la filosofía aristotélica a
la que llega, probablemente, a través de la obra de Maimónides. Abulafia,
lejos de ver en las doctrinas de Maimónides la antítesis del misticismo,

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como otros cabalistas de su época, se sirve de ellas para dar una base
filosófica racionalista a su teoría del éxtasis profético, que supone la unión
del intelecto humano con el divino; a diferencia de Maimónides que cree en
la imposibilidad de que esa unión se produzca en esta vida, Abulafia afirma
que la última transformación del intelecto humano en el intelecto activo,
(corriente de vida cósmica que fluye a través de todo lo creado), o incluso
en Dios, tiene lugar durante la experiencia mística .

En lugar de dedicarse a especulaciones sobre la naturaleza divina y su


manifestación a las criaturas -como hacían los cabalistas de su época-
Abulafia pone el acento en el modo de llegar a la unión extática con la
Divinidad: como hemos indicado al hablar de sus obras, su sistema
presenta una exposición detallada de la vía que permite al vidente alcanzar
una experiencia mística.

Según Abulafia, hay ciertas barreras que separan la existencia personal del
alma de la corriente de la vida cósmica, personificada para él en el
Intellectus agens o Intelecto Activo de los filósofos, que circula a través de
toda la creación.

El objetivo de su técnica es alcanzar la unión total del Intelecto humano con


el Ser Supremo, ya sea éste concebido como Dios o como Intelecto Activo.
A esta experiencia mística es a la que Abulafia denomina Profecía y a
buscar y explicar medios y técnicas para adquirirla dedica gran parte de su
vida.

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Abulafia observa que la vida normal del alma está encerrada en los límites
de las percepciones sensoriales y de las emociones y en tanto en cuanto
esta vida está llena de aquéllas, es muy difícil para el alma percibir la
existencia de las formas espirituales y de las cosas divinas; por eso,
Abulafia pone la vista en las formas más altas de la percepción que, en
lugar de bloquear la vía a las regiones más profundas del alma, facilitan su
acceso y las ponen de relieve; se trata de encontrar un objeto absoluto de
meditación, es decir, un objeto capaz de estimular la vida profunda del alma
y liberarla de las percepciones ordinarias. Cree encontrar este objeto en las
letras del alfabeto hebreo.

Basándose en la naturaleza abstracta e incorpórea de la escritura,


desarrolla una teoría de la contemplación mística de las letras y sus formas
como constitutivas del Nombre de Dios, y éste es el objeto particularmente
judío de la contemplación mística: el Nombre de Dios que es algo absoluto
porque refleja la significación oculta y la totalidad de la existencia: el
Nombre a través del cual todo adquiere su significado pero que sigue sin
tener para el hombre un significado concreto y particular. En resumen,
Abulafia cree que el que consiga hacer de este gran Nombre de Dios -la
cosa menos concreta y menos perceptible en el mundo el objeto de su
meditación, está en la vía del verdadero éxtasis místico.

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Partiendo de este concepto Abulafia expone una disciplina particular que
llama Hokmat ha-Tsiruf (Ciencia de la combinación de las letras), que
presenta como una guía metódica para la meditación con ayuda de las
letras y sus formas. La finalidad de esta disciplina es provocar, con ayuda
de una meditación metódica, un nuevo estado de consciencia, que puede
ser definido como un movimiento armonioso de pensamiento puro que ha
roto toda relación con los sentidos.

A continuación expondremos brevemente algunas de las técnicas que


elabora Abulafia en sus obras para alcanzar el éxtasis:

Recitación del Nombre de Dios:

Ésta es una práctica muy extendida entre los místicos de distintas


religiones (India, Tíbet, Islam...) y también en otras corrientes místicas que
se dieron en el seno del judaísmo anteriores a la Cábala, como el
misticismo de la Merkabá o el de los Hasidim de Askenaz.

También los filósofos judíos ven en el uso de los Nombres Divinos un


medio para alcanzar niveles de conciencia que trascienden las estructuras
mentales normales; el filósofo Ibn Latif , por ejemplo, hace referencia en
sus obras a tres tipos de conocimiento: el filosófico, en el que se basa la
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teología, el profético, que se obtiene por la meditación en los Nombres
Divinos, y el místico, que sólo llegará en los tiempos mesiánicos y que
consiste en el conocimiento del Nombre oculto de Dios.

La especulación basada en los Nombres divinos es, según Abulafia, un


medio para obtener sabiduría, alcanzar experiencias místicas y conseguir
poderes extraordinarios que permitirán al místico alterar la realidad
mediante la "renovación de las almas". De los escritos de Abulafia y de
algunos cabalistas pertenecientes a su círculo se deduce que en la 20
mitad del s. XIII era conocida y utilizada en España esta técnica de
recitación de Nombres divinos para alcanzar estados de éxtasis.

Del mismo modo que las letras se muestran en tres posibles niveles de
realización: gráfico, oral y mental, también la "recitación" de Nombres
divinos se puede realizar en esos tres niveles; al primero de ellos, el de la
escritura, hace referencia Abulafia en muchas de sus obras:

...Coge pluma, pergamino y tinta y escribe y combina Nombres...

El segundo nivel, el de la articulación verbal, es más complejo y tiene que


ser realizado siguiendo las siguientes pautas:

1. Las letras (consonantes con su vocal) han de ser cantadas. La música


juega un papel importante en la mística de Abulafia, que no duda en
comparar su método de combinación de letras con este arte:

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Habéis de saber que el método del siruf puede ser comparado con la
música: el oído capta sonidos y éstos se combinan según el carácter de la
melodía y el instrumento; dos instrumentos diferentes pueden formar una
combinación y si los sonidos se combinan armónicamente el oído del que
escucha experimenta una sensación agradable al captar sus diferencias...

Desde el oído la sensación llega al corazón y desde el corazón al bazo


(centro de emoción); la unión de las diferentes melodías produce siempre
un nuevo placer... Se toca la primera cuerda, que es comparable a la
primera letra, luego la segunda, la tercera, la cuarta y la quinta y así se
combinan los diversos sonidos. Y los secretos que se expresan en esas
combinaciones regocijan el corazón que reconoce a su Dios y se llena de
un gozo siempre nuevo .

2. Durante su articulación el místico debe mantener un ritmo de respiración


fijo, tal como describe el propio Abulafia en una de sus obras :

Toma cada letra del Nombre y vocalízala con una larga respiración. No
respires entre dos letras, únicamente mantén la respiración todo el tiempo
que puedas, y después descansa durante una respiración.

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Haz esto mismo con todas y cada una de las letras. Con cada letra tiene
que haber dos respiraciones, una que se ha de mantener durante la
pronunciación de la vocal y otra para descansar en el intervalo entre cada
una de las letras.

Cada respiración individual comprende una inhalación y una exhalación. No


pronuncies la palabra con los labios entre la exhalación y la inhalación, sino
que procura que el aliento y la vocalización se produzcan mientras estás
exhalando.

3. El místico debe mover la cabeza de acuerdo con la vocalización de la


letra que está siendo pronunciada; estos movimientos, que aparecen
claramente detallados en varios pasajes de sus obras, pretenden reproducir
la forma material de la vocal:

Cuando empieces a pronunciar la letra, empieza a mover la cabeza y el


corazón: el corazón, mediante el intelecto, porque es un órgano interno, y la
cabeza, por sí misma, pues es un órgano externo. Moverás la cabeza
según la forma del punto vocálico de la letra que estés pronunciando; ésta
es la forma de moverla: la vocal que aparece en la parte superior se llama
holem, y es la única que se escribe por encima de la letra; las otras cuatro
se escriben en la parte inferior. Cuando empieces a pronunciar la letra con
esta vocal no inclines la cabeza ni a la izquierda ni a la derecha, ni abajo ni
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arriba, sino que déjala quieta, como la dejas cuando estás hablando con
otra persona de tu misma altura cara a cara. Luego, cuando alargues la
vocal de la letra al pronunciarla, levanta la cabeza hacia el cielo, cierra los
ojos y abre la boca y deja que tus palabras resplandezcan, y limpia de
saliva tu garganta para que no interfiera con la pronunciación de la letra en
tu boca; el movimiento hacia arriba de la cabeza irá acorde con la lentitud
de tu respiración, y se detendrá cuando interrumpas la respiración. Y si
después de pronunciar la letra queda un momento para completar la
respiración, no bajes la cabeza hasta que lo hayas completado totalmente

...Para pronunciar una letra con la vocal sere mueve la cabeza de izquierda
a derecha, y con la vocal qames, de derecha a izquierda

4. Por último, el místico que está llevando la combinación al plano oral debe
centrar la contemplación en la estructura interna del ser humano.

El tercer nivel se refiere a la combinación mental de los nombres divinos:

Has de saber que la combinación mental (de letras) realizada en el corazón


produce una palabra que, como resultado de la combinación de letras, es
totalmente mental y nacida de la esfera del intelecto .

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Este nivel puede dar paso directamente a la profecía, según se deduce del
siguiente texto :

Concentra todos tus pensamientos en imaginar el Nombre, bendito sea, y


con él, a los ángeles celestiales. Y visualizalos en tu corazón como si
fueran seres humanos que están a tu alrededor, sentados o de pie. y tú
estás entre ellos como un mensajero...Y cuando hayas imaginado todo esto
enteramente, dispón tu mente y tu corazón para comprender los
pensamientos que te van a ser enviados por medio de las letras que has
pensado en tu corazón.

Abulafia establece, pues, un método que va de la pronunciación y


combinación de los fonemas a su escritura y a la contemplación de lo que
está escrito, y de ahí al pensamiento y a la pura meditación de todos estos
objetos que componen lo que él llama *la lógica mística+.

La pronunciación mibtá, la escritura, miktab y el pensamiento, mahshab,


forman tres capas superpuestas de la meditación. Las letras son los
elementos que se manifiestan en formas cada vez más espirituales.

A esto se añade otro método que Abulafia denomina dillug o kefitsá, y que
podemos traducir como *el salto+ de un concepto a otro. Se trata de
servirse de asociaciones y pasar de una a otra según ciertas reglas

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establecidas: cada salto abre una nueva esfera, en el interior de la cual el
espíritu puede establecer nuevas asociaciones; en palabras de Abulafia,
este salto *nos libera de la prisión de la esfera de la naturaleza y nos lleva a
los límites de la esfera divina+.

2. Preparativos para la Recitación:

Como actitud previa al inicio de los sucesivos pasos de esta técnica el


místico ha de cumplir ciertas condiciones; son muchos los textos
esparcidos entre varias obras de Abulafia que hablan de estos preparativos
para cumplir el ritual; todos estos textos inciden en destacar algunos
elementos comunes, tales como la limpieza física y espiritual, el aislamiento
y la concentración del místico:

...Cuando vayas a recitar el Nombre Inefable con sus vocales, adórnate y


reclúyete en un lugar especial para que tu voz no pueda ser oída por nadie
más que tú, y purifica tu corazón y tu alma de todos los pensamientos de
este mundo

En otra obra:

Prepárate para tu Dios, (oh Israelita! Disponte a dirigir tu corazón solamente


a Dios. Purifica tu cuerpo y escoge una casa solitaria donde nadie escuche
tu voz. Siéntate en tu aposento y no reveles tu secreto a ningún hombre. Si
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puedes, haz esto durante el día, en tu casa, pero es mejor si lo llevas a
cabo durante la noche. En la hora en que te prepares para hablar con el
Creador, y si deseas que Él te revele su poder, cuida de abstraer tus
pensamientos de las vanidades de este mundo .

La pureza exterior está reflejada en el hábito blanco con que se debe


recubrir el místico; elementos característicos del piadoso judío en oración,
tales como el tallit y las filacterias son también recomendables:

Cúbrete con tu tallit y ponte filacterias en la cabeza y en el brazo a fin de


llenarte de temor a la Shejiná que se encuentra cerca de ti. Limpia tus
ropas y, a ser posible, procura que toda tu vestimenta sea de color blanco,
pues todo ello contribuye a acercar el corazón al temor y al amor a Dios. Si
fuera de noche, enciende muchas luces a fin de que todo brille y esté claro .

Una vez cumplidas todas estas condiciones, el adepto está listo para
comenzar a combinar letras hasta que tiene la sensación de que su
"corazón entra en calor":

Ahora comienza a combinar letras pequeñas con letras grandes, a


invertirlas y a permutarlas hasta que tu corazón entre en calor a través de
las combinaciones y regocíjate en sus movimientos y en los que tú puedes
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producir al permutarlas; y cuando sientas que tu corazón ha entrado en
calor y veas que por medio de la combinación de letras puedes percibir
cosas nuevas que no podrías conocer por tradición ni por ti mismo, estás
preparado para recibir la corriente de fuerza divina que fluye hacia ti.

La experiencia mística:

Después de haber hecho un recorrido por las técnicas para alcanzar la


experiencia mística, hablaremos de lo que esta experiencia significa en el
pensamiento de Abulafia.

El pensamiento de Abulafia está dominado por dos conceptos


fundamentales: el intelecto y la imaginación; asocia el significado literal de
la Torá con la imaginación, y el significado oculto, con el intelecto; del
mismo modo, su propia experiencia mística, sus visiones o, por decirlo en
sus términos, las profecías que le son reveladas durante su experiencia, se
asocian con estos dos conceptos; toda experiencia mística tiene un
componente sensual-imaginativo que no está sujeto a la interpretación, y
otro componente, la propia visión, que ha de ser interpretado; en su obra
Sefer ha-Ot dice: "éste es el significado revelado a todos, pero el
significado oculto sólo puede ser comprendido por el que lo entiende por sí
mismo".

Abulafia manifiesta , siguiendo en esto a Maimónides, que la profecía es


imposible sin la facultad imaginativa, gracias a la cual, el flujo del intelecto
se transforma en imágenes visuales y sonidos; la función de la

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interpretación es devolver este flujo al intelecto con los componentes
intelectuales de la revelación que hay en él.

Entre los elementos pertenecientes al componente sensual-imaginativo


menciona Abulafia sentimientos de alegría, de temor, de debilidad, que
aumentan a medida que el flujo intelectual:

...Has de saber que cuanto más intenso sea el flujo intelectual dentro de ti,
más débiles se volverán la parte exterior e interior de tu ser. Todo tu cuerpo
se verá poseído por un violento temblor y pensarás que estás a punto de
morir pues tu alma, colmada de júbilo por el conocimiento adquirido,
abandonará tu cuerpo...Entonces sabrás que avanzaste lo suficiente como
para recibir el flujo divino .

En otro texto se describe con más detalle cómo es ese temblor que sacude
al adepto durante la experiencia extática:

Y tu sangre -la sangre de vida que está en tu corazón, de la que está dicho
Porque la sangre es la vida (De 12,23) y también: pues la sangre es la que
expía por la vida (Le 17,11)- (esta sangre) comenzará a brotar ... y todo tu
cuerpo empezará a temblar, y tus miembros se agitarán, y sentirás un
tremendo temor, y el temor de Dios te cubrirá... El cuerpo se agitará como
el jinete que cabalga, mientras tiembla el caballo bajo él

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Pero este sentimiento de temor va acompañado de sentimientos de gozo, y
placer provocados por el alto grado de espiritualidad logrado:

Y sentirás que surge otro espíritu en tu interior que te fortalece y recorre


todo tu cuerpo produciéndote un inmenso placer, y te parecerá que un
bálsamo se derrama sobre ti, de la cabeza a los pies, una o varias veces, y
sentirás una gran alegria y un inmenso gozo.

Abulafia describe en varias de sus obras los distintos estadios que se dan
en la experiencia mística; la visión de la luz corresponde a un nivel inferior
que la percepción de la voz.

Según él, la visión de la luz es característica de los cabalistas sefiróticos, a


los que Abulafia compara con los filósofos y llama "profetas personales", ya
que su experiencia quedaba confinada en círculos muy reducidos; la voz,
por el contrario, es la fuente de la verdadera profecía, la que va dirigida
tanto al profeta como a sus seguidores.

Para que el místico acceda a esta voz, tiene que fiortalecer su intelecto, de
manera que pueda recibir el flujo -el verbo divino- cuya fuente está en Dios
o en el Intelecto activo.

Relacionada con el nivel anterior aparece otra visión, que describe Abulafia
en primera persona: la de la forma humana:
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...Vi un hombre que venía del oeste con un gran ejército de veintidos mil
guerreros... Y cuando vi su rostro me quedé atónito y el corazón temblaba
dentro de mí, dejé mi sitio y quise invocar a Dios en mi ayuda, pero no tuve
fuerzas.

Cuando el Hombre vio mi gran temor y miedo, abrió la boca y empezó a


hablar, y abrió también mi boca para que hablara, y yo le respondía a sus
palabras, y me transformé, mientras hablaba, en otro hombre.

La visión de las letras, particularmente las letras que componen el nombre


divino, es otro elemento relacionado con la visión del hombre y la
percepción de voces; en el siguiente texto del Libro de la vida eterna queda
constancia de la importante función que cumplen en la experiencia mística:

Las letras son sin duda la raíz de toda sabiduría y conocimiento y son, ellas
mismas los contenidos de la profecía, y aparecen en la visión profética
como si fueran cuerpos opacos que hablan con el hombre cara a cara
exponiéndole muchos conceptos intelectuales elaborados en el corazón del
que los dice.

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Y aparecen como si los mismos ángeles puros las cambiaran de sitio y las
enseñaran al hombre, que las hace rodar como si fueran ruedas en el aire,
volando con sus alas, y son el espíritu dentro del espíritu.

A veces, la persona las ve como si se hubieran quedado en las colinas


sobrevolándolas, y esa montaña, sobre la que la persona las ve
permanecer o sobrevolar, estuviera santificada por el profeta que las ve, y
es justo y apropiado que las llame santas, porque Dios ha descendido
sobre ellas en el fuego y en la montaña santa hay un espíritu santo.

Y el nombre de la sagrada gran montaña es el Nombre Inefable...

Luego las letras se materializan en la forma de los Ángeles del Ministerio


que conocen la labor del canto, y son los Levitas... de los que nace una voz
alegre y un cántico sonoro, y enseñan con su voz asuntos relacionados con
el futuro y nuevas vías y renuevan el conocimientos de la profecía.

El círculo es otro tema corriente en las visiones de Abulafia. Habla de una


escalera esférica que sube hasta el Intelecto activo y otra escalera igual
formada por las letras del Nombre divino y una barra que la cruza y es el
eje del círculo: el círculo simboliza el universo, y la barra es el eje cósmico,
guardado por el propio ángel Metatrón.

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Culminación de la experiencia: Devekut

El término hebreo devekut (lit. adhesión, estar pegado a Dios) con el que se
designa la culminación de la experiencia mística en el misticismo judío ha
sido objeto de estudio por parte de muchos investigadores; Scholem llegó a
la conclusión de que, aunque en líneas generales la Cábala aceptaba la
posibilidad de "comunión" entre el alma humana y Dios, el concepto de la
unión íntima, completa entre los dos no se da en la Cábala.

Idel sostiene que la opinión de Scholem puede ser aceptada sólo en lo que
se refiere a la Cábala teosófica, pero no sirve al aplicarla a la cábala
extática, en la cual la unión mística, expresada por el término hebreo
devequt, supone una unión entre el alma humana y la Divinidad o entidades
espirituales (Intelecto Activo, ángeles...); esta unidad transforma al
elemento espiritual del hombre y lleva a la total aniquilación de la
conciencia individual por el Intelecto Activo.

Son muy frecuentes los pasajes en las obras de Abulafia que hablan de esa
unión y la consiguiente transformación en el hombre que se diviniza durante
el proceso; como ejemplo, hemos seleccionado algunos textos:

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Su alma superior anhela unirse a su raíz, que es el comienzo sin final, y el
final sin comienzo...y Dios, alabado sea, derrama sobre él el flujo de su
Divinidad...hasta provocar que su intelecto sobrepase lentamente su
potencialidad humana y lo transforma en realidad divina .

Por su intelecto el místico se transforma en superior a los de su especie y


se vuelve diferente de ellos, pasando a formar parte de otra especie, la
divina, después de haber sido humano

Si ha sentido el toque divino y ha percibido su naturaleza, nos parece


correcto y adecuado, a mí y a todo hombre íntegro, que se le llame
Maestro, porque su nombre es como el Nombre de su Maestro... pues
ahora ya no está separado de su Maestro, observa que ahora él es su
Maestro y Su Maestro es él, porque está tan íntimamente adherido a él
(aquí utiliza el término debequt) que no puede por ningún medio separarse
de Él, pues él (hombre) es Ël...y es llamado del mismo modo que su
Mestro, del que surge todo: Conocimiento, Conocedor y Conocido...

Según Abulafia la unión mística, o unión del intelecto humano con el


Intelecto Activo o con Dios, es posible sólo cuando la conciencia humana
se aparta de los objetos naturales y se une a un sujeto espiritual; este
proceso es lo que aparece descrito en la obra de Abulafia como "desatar
los nudos".

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En su opinión, el mundo entero impide al alma unirse con Dios; la función
del hombre es romper esos nudos que aprisionan al alma humana y atarlos
al Intelecto Activo:

El hombre está atado con nudos al espacio, al tiempo y a la naturaleza


humana, y si desata los nudos por sí mismo, puede unirse a Aquel que está
por encima de todos ellos, con los guardianes de su alma y los
supervivientes a los que llame el Señor(Jo 3,5), que son los que temen a
Dios...

Características de la experiencia mística en Abulafia:

Como conclusión y resumen de lo dicho hasta ahora, se pueden destacar


los siguientes elementos que caracterizan a la cábala profética:

1. Misticismo racionalista: En uno de sus escritos Abulafia afirma que "la


profecía es un asunto del intelecto"; de hecho Abulafia somete toda su
experiencia personal a una interpretación racionalista, utilizando términos
de la filosofía Aristotélica, en la que Dios se identifica con los conceptos de
Intelecto/ Inteligible y Acto de Intelección, y no con el Dios incognoscible de
la filosofía neoplatónica que tanto influyó en la cábala teosófica.

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2. El concepto de Misión: el místico, como el profeta bíblico, ha sido elegido
por Dios para llevar un mensaje de salvación a los hombres de su
generación: ésta es su misión; su experiencia no queda reservada para él,
sino que tiene que ser difundida aun contra la voluntad del profeta-místico.
En el prefacio a uno de sus libros compara su misión con la del profeta
Isaías:

Un espíritu vino, me alzó sobre mis piernas y me llamó por mi nombre dos
veces: (Abraham, Abraham ! y yo respondí: "Aquí estoy" y me enseñó el
camino verdadero...y me despertó como se despierta a un hombre de su
sueño para que escribiera una obra nueva como no se había escrito otra en
mis tiempos, por la razón que he mencionado relativa al profeta
Isaías...Hice un esfuerzo de voluntad y me puse a trabajar en algo qu
estaba casi por encima de mis posibilidades...

3. Ausencia de técnicas de tipo ascético basadas en ayunos, baños


rituales, castigos corporales que tienen como finalidad debilitar la parte
material del adepto para inducir al espíritu a obtener más fácilmente
estados de éxtasis; el uso de estas técnicas era frecuente en la mística
anterior judía y sigue siéndolo en muchos sistemas místicos; entre los
seguidores de Abulafia, sin embargo, no es raro encontrar instrucciones de
tipo ascético, debidas probablemente al creciente influjo de la mística sufí.

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Imágenes eróticas en la mística extática

Para describir la unión entre el alma humana y el Intelecto Activo o Dios,


Abulafia se sirve, como muchos otros místicos, de imágenes eróticas.

M. Idel dedica el último cap. de su obra: The mystical experience in


Abraham Abulafia a hacer una clasificación, análisis y descripción de cada
una de ellas. Señala Idel que en general, Abulafia no aporta muchas
novedades en cuanto a las imágenes utilizadas para referirse a la unión
mística, y se sirve de las que ya existían enla literatura mística anterior, o
entre los poetas religiosos, filósofos y comentaristas del Cantar de los
Cantares; siguiendo a Maimónides expresa el amor de Dios como la
cumbre de la adoración intelectual.

Otro grupo de imágenes, en las que Abulafia despliega una mayor


imaginación, son las que ilustran los sentimientos del místico durante su
experiencia extática. Señala Idel las siguientes:

1. El beso: En la literatura rabínica se utiliza la expresión "muerte por un


beso" al hablar de las muerte de Moisés y Aarón, para expresar la muerte
sin sufrimiento y con intervención divina; Abulafia transforma el sentido de
esta expresión y utiliza el término "muerte" como metáfora que expresa el
abandono de la naturaleza material y corpórea del alma del místico y su

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adhesión al Intelecto activo, en definitiva, su participación en la vida eterna
y espiritual; así pues, la expresión "muerte por un beso" viene a significar
que el místico ha alcanzado los más altos niveles de profecía.

2. La relación sexual: Esta imagen adquiere unos aspectos totalmente


novedosos en Abulafia; para él, la experiencia mística es, como el acto
sexual, el resultado de un cortejo en el que el alma humana, que representa
a la mujer, debe hacer un esfuerzo intelectual de estudio de los secretos de
la Torá y de aprehensión de la realidad:

...la mente humana no tiene capacidad de aprehender (la naturaleza de la


profecía) hasta que se ata al Intelecto divino, en una unión similar a la del
cuerpo y el alma, o la unión de materia y forma, similar a la unión del
macho y la hembra: la unión ,más agradable es la primera, la del novio
virgen con la novia virgen, pues el deseo entre ambos ha durado mucho
tiempo antes de la unión.

Por eso, en el momento de su unión alcanzan la cumbre de su deseo...y


sus corazones reciben una gran paz y la realización de su deseo tiene lugar
desde entonces de una forma tranquila, ni demasiado deprisa ni demasiado
despacio, sino en la forma justa...

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3. La fecundación: la unión mística, al igual que la relación sexual en la
naturaleza, tiene como finalidad la fecundación; con éste término alude
Abulafia al flujo del Intelecto activo en el alma intelectiva y su absorción por
ésta, que queda de esta manera fecundada.

4. El hijo: es el resultado deseado de esa fecundación; el nacimiento de un


hijo varón simboliza la aparición del intelecto en el alma humana; Abulafia
designa muchas veces con éste término al intelecto humano, y con el de
Rey al Intelecto Divino:

...un hijo que es la causa de que el hombre comprenda, gane en


comprensión y se mantenga, del mismo modo que el hijo es la causa de la
existencia (o continuación) de las especies. Y es sabido que el intelecto
material (e. d. humano) es el hijo del Intelecto divino .

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BIBLIOGRAFÍA UTILIZADA

ABOULAFIA A., L'épître des sept voies.Editions de l'Éclat 1985.

IDEL, M., The Mystical experience in Abraham Abulafia, State University of


New York Press, Albany, 1988.

Studies in Ecstatic Kabbalah, State University of New York Press, Albany,


1988.

Language, Torah, and Hermeneutics in Abraham Abulafia, State University


of New York Press, Albany, 1988.

VARIOS AUTORES, Cábala y deconstrucción, Azul editorial (Barcelona)


1999.

SCHOLEM, G.,Las grandes tendencias de la mística judía, Fondo de


cultura económica de Argentina, Buenos Aires, 1993.

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