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UNA MIRADA A LA EVALUACIÓN BASADA EN PRINCIPIOS...

RETO PARA
EDUCADORES EN LA EDUCACIÓN BÀSICA Y MEDIA
ANAIS YANED RIVERA MACHADO

INTRODUCCIÓN

La evaluación, como uno de los componentes indispensable en el quehacer docente, se


ve permeada diariamente por diferentes factores que, de alguna manera, tensionan el
proceso enseñanza aprendizaje, por lo tanto es necesario darle una mirada amiga y
concertadora en la cual sea considerada una aliada, tanto para quien aprende, como para
quien enseña llevándola a la praxis de una forma regulada, participativa, continua entre
otras…atendiendo a las necesidades del estudiante.

En este sentido la evaluación en la educación básica y media es necesario que retome


los principios que esta debe tener y conjugar para que retome sus matices de ser, justa,
pertinente, asertiva y contextualizada como ayuda individual y grupal para contribuir a
las metas de cada programa y a la pertinencia institucional.

De la misma manera la evaluación es el asunto que ha sido tomado como problema que
condicionan notoriamente el funcionamiento de las instituciones educativas, el
desempeño de los docentes, de los mismos estudiantes y las decisiones que se toman en
su nombre. Por lo cual conduce a verificar qué se entiende por evaluación formativa,
cómo se evidencia esta en el proceso pedagógico y de qué manera los diferentes actores
del proceso actúan en pro de una formación integral del estudiante.

La pregunta que guiará esta disertación será ¿Cómo mejorar los sistemas institucionales
de evaluación basados en principios como fundamento epistémico de reflexión y
pertinencia en el mejoramiento de las instituciones de educación básica y media de
Ibagué, -Tolima-Colombia? La reflexión sobre esta pregunta es una misión prioritaria para
los maestros de las instituciones de educación básica y media y la secretaria de
educación municipal teniendo como referente la meta de mejorar el índice sintético de
calidad evidenciado a través de la evaluación.

Por consiguiente, cuando el maestro se cuestiona a cerca de ¿cuál es la mejor manera


de evaluar en la básica primaria o secundaria?, ¿por qué y para qué?, ¿cuáles son los
principios o los fundamentos epistémicos de la evaluación?, e indaga por su
conocimiento y por el conocimiento que se pueda generar en la comunidad educativa se
suscita la reflexión acerca del aporte de la evaluación formativa y los principios que
pueden contribuir al mejoramiento en la calidad educativa.

EVALUACIÓN BASADA EN PRINCIPIOS

Según cada una de las concepciones, psicológicas, sociológicas, antropológicas,


filosóficas, históricas, biológicas, pero especialmente políticas y epistemológicas, se
configurará una concepción de sujeto, aprendizaje, enseñanza, escuela y currículo distinta
según la matriz disciplinar en la que se apoye la ciencia auxiliar en cuestión, se
conformarán modelos pedagógicos de evaluación y por tanto una forma de hacer
curriculum, reproduciendo distintos representaciones simbólicas de sociedad, a las cuales
le subyacen valores, creencias e ideologías diversas según sea el caso.

Del mismo modo la evaluación emerge de una racionalidad curricular en la que se


configura y sitúa, pues es necesario recordar que el curriculum, como tejido social de
significados compartidos, transmite y representa un modelo de sociedad, que a lo largo de
su trayectoria socio-histórica, se han identificado como racionalidades: Tradicionales,
Técnicas, Prácticas, Críticas entre otros, según el contexto del cual han emergido

De acuerdo con lo anterior Santos Guerra, (2002) afirma:

“uno de los más preocupantes efectos de esta concepción negativa o


patológica de la evaluación repercute en la educación misma del estudiante: hace recaer
su atención en la forma de aprobar exámenes y no en el esfuerzo de aprender, enfatiza el
valor de la calificación y no el del conocimiento mismo”

Así mismo hace que la evaluación casi siempre se dé en condiciones especiales de


preocupación, angustia, terror y tensión. Situación evidenciada en los últimos grados de
la básica primaria y en los primeros de la secundaria, ya que en algunas áreas la
evaluación es tomada por los docentes como mecanismo de prevención, y casi que de
frustración para el estudiante. Situaciones en las cuales la evaluación se toma como
instrumento de amenaza para hacer que el estudiante asuma un buen comportamiento o
en algunos casos le tema a un determinado maestro y le tenga fobia a algún área.

Al respecto Moreno (2011) agrega:

“La evaluación formativa es un proceso sistemático para obtener evidencia


continua acerca de los aprendizajes. Los datos se usan para identificar el nivel de
aprendizaje real del alumno y adaptar la clase para ayudarle a alcanzar las metas de
aprendizajes deseadas”

Otra consecuencia también pernicioso de la tradición que prevalece en la evaluación


educativa, es que sus resultados no se traducen en acciones y políticas de mejoramiento
de la tarea educativa porque, en general, las deficiencias y los fracasos se atribuye casi
específicamente al mal desempeño y a las dificultades del estudiante; pues generalmente
alguna otra causa del fracaso, atribuible a la institución misma, o a otros factores como
los recursos de estudio o a los maestros, normalmente no se tiene en cuenta.

En este artículo se plantea algunos de los principios que pretenden configurar una
perspectiva de la evaluación cualitativa en el espacio del aula, y que pueden permitir de
alguna manera cambiar la mirada fragmentada, deshumanizante y técnica de la
evaluación educativa. Ellos son:

1. La evaluación ética como pilar para un desarrollo acertadamente humano

La evaluación del aprendizaje y el desempeño como consecuencia del desarrollo de las


capacidades, talentos y despliegue de las potencialidades de cada individuo en la
sociedad, requiere una clara conciencia sobre lo que representa el tono moral que debe
traspasar toda valoración sobre lo humano, lo que se llama evaluar, como proceso
inherente y esencial en la educación.

La educación como proceso de desarrollo humano: para ello debemos considerar estudio
del libre desarrollo de la personalidad como derecho fundamental consagrado en el
Artículo 16 de la Constitución Política de Colombia que a la letra dice: “Todas las
personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que
las que imponen los derechos de las demás y el orden jurídico” (2). El ejercicio de la
educación en Colombia se enmarca en la Ley 115 de educación donde se establece no
solo los fines y principios de la educación, sino los procedimientos a seguir para
garantizar su calidad y eficacia al formar integralmente los Ciudadanos Colombianos en
todos los niveles educativos atendiendo a los diferentes grupos con características
especiales. Por tanto el educador no debe ser ajeno a esto, por el contrario se invita a
tomar una posición ética y moral a la hora de enfrentar la evaluación.

El desempeño del estudiante además del acompañamiento del desarrollo de las


capacidades humanas, pretende expresar y manifestar competencias del ser saber,
hacer y convivir, por lo tanto la evaluación educativa debe no solo planear, sino
proyectar, gestionar, retroalimentar y aportar al perfeccionamiento del sujeto sometido a
evaluación.

2. La evaluación debe ser un eje transversal y no un acto aislado.

La evaluación debe tener un tinte participativo, entendido como un proceso formativo que
tiene como objetivo principal efectuar una “lectura orientada” sobre la propia realidad
escolar, con el fin de producir cambios orientados a mejorar y a contribuir a la formación
continua del estudiante, en la que cada actor debe tener voz, asumiendo
responsabilidades en consenso.

Por tanto son los docentes, los directivos, personal de apoyo, los estudiantes y los padres
de familia los protagonistas del proceso. Entre tanto este principio se debe evidenciar
claramente en las llamadas. “comisiones de evaluación planteadas en el ART 11 decreto
1290 MEN, las cuales deben tener un tiempo preciso y considerable” (MEN.decreto 1290)
en el cual se pueda llevar a cabo un estudio detallado y responsable de los resultados y
que no se convierta en solo la cuantificación de datos estadísticos.

En el mismo sentido es un proceso formativo, porque supone un alto grado de


aprendizaje institucional, de revisión e interpelación de concepciones sobre lo que
cotidianamente se hace, de prácticas y acciones que se desarrolla a diario con los
estudiantes para su formación.

Una contribución de particular importancia es la progresiva participación del estudiante en


la propia evaluación, guiada por criterios que este debe conocer con anticipación y que
se pueden construir colectivamente con el objetivo de que la evaluación sea pertinente y
eficaz y permite preguntarse a sí mismo cuáles son los motivos de sus actitudes y
comportamientos, de tal manera que pueda reflexionar y aportar favorablemente para un
cambio pertinente.

Así, viendo la evaluación como un todo, reflexionando acerca del hecho o fenómeno
educativo y particularmente tomándola desde sus presupuestos fundamentales, podrá el
maestro tener una mayor conciencia de su labor educativa y saber que su práctica
descansa sobre temas que se imbrican con la humanidad y su práctica más inmediata.

Al respecto Durkhein (1992) sostiene que:


“Una sociedad no puede crearse, o recrearse, sin al mismo tiempo crear
un ideal. Esta creación no constituye para ella una especie de acto subrogatorio por
medio del cual, una vez ya formada, se completaría; constituye el acto por el cual se hace
y se rehace periódicamente”

En el mismo sentido el autor plantea que en muchos espacios de la vida el individuo está
vinculado a diferentes grupos secundarios que en un momento dado pueden recrear
vínculos comunitarios y es allí en donde se debe dar lugar a recrear espacios lúdicos en
donde se suspenda la primacía de lo conceptual, y tome su lugar la dimensión del
sentimiento, el registro pasional, afectivo y activo, lenguajes no verbales, acciones sin
sentido claro ni reflexivo, donde se crean e imaginan realidades que hasta entonces no
existían.

3. La evaluación con una mirada justa!.. asumida desde la educación básica


y media.

Se puede retomar lo explícito en la carta Universal de los Derechos Humanos y la Carta


Constitucional Colombiana en el Título de Derechos Fundamentales, tutelables ante
jueces de la justicia ordinaria para su reconocimiento inmediato, o resarcimiento cuando
los derechos han sido vulnerados, por cualquier autoridad.

En el caso de la evaluación formativa se espera que quien evalúe o califique el


desempeño o logros del educando, represente una autoridad en lo moral, ético,
axiológico, conocimiento, experiencia u otra cualidad o característica y formación que lo
acredite para tan delicada tarea. La evaluación ética debe observar de manera objetiva,
cualitativa, cuantitativa y total los sujetos involucrados en la evaluación; los planes,
programas; recursos; contexto institucional, social, cultural, las posibilidades y
limitaciones; los fenómenos y acontecimientos imprevistos que pueden alterar
significativamente los aprendizajes y los desempeños de quienes estarán sometidos a
evaluación y/o calificación.

Por tanto es muy importante tener en cuenta las estrategias, las técnicas a utilizar, los
actores que intervienen en el proceso y de los momentos en que se realiza como
también los factores que afectan la evaluación. Se debe Evaluar sobre la base de un
prejuicio y recoger información que justifique el juicio de valor emitido positivos y /o
negativos, presentando la finalidad de las distintas actividades que se proponen con los
respectivos criterios de evaluación.

En la misma dirección es importante analizar conjuntamente con el estudiante los


resultados brindando ayuda durante el proceso de evaluación para detectar grado de
relevancia del error y localización, proponiendo alternativas para superar dificultades a
través de planes de apoyo y /o superación que deberán quedar plasmadas
preferiblemente en actas institucionales debidamente firmadas y fechadas acorde a cada
acción pedagógica. En el mismo sentido es fundamental el acompañamiento del
estudiante en el ámbito individual y grupal, teniendo en cuenta que reciba información a
tiempo (feedback inmediato) sobre la valoración que se hace en torno a sus avances. De
manera tal que tenga la posibilidad de corregir o de mejorar mediante una
Retroalimentación antes de emitirse un juicio o valoración final.

Del mismo modo Durkheim hace reflexionar sobre el rol del docente en sus diversas
tareas, y una de ellas es la acción en la dimensión afectiva del orden social, en donde es
necesario dar un protagonismo a las afectividades y emociones que caracterizan al ser
humano.

De aquí que la actividad educacional será en mayor medida, y de manera más


consecuente y efectiva, una actividad auténticamente humana y responderá cada vez de
manera más plena y multilateral a su encargo y deber ante la sociedad, en la medida en
que asuma y emplee de modo consciente y consecuente los fundamentos filosóficos de la
educación así concebidos.

Se pretende que la evaluación sea una tarea compartida puesto que normalmente se
tiende a pensar que únicamente evalúa el profesorado, pero desde los fundamentos de la
filosofía de la ciencia, eso es una acción que no debe ser así. Es cierto que el estudiante
necesita la evaluación del maestro (para que le guíe y le oriente, para que le ayude a
regular sus errores y a aprender de ellos, para que le enseñe, etc.), pero también es
necesaria la implicación de los estudiantes en el proceso evaluativo

Reflexivamente la evaluación deja de ser sólo un juicio de valor, una nota, para
convertirse en un indicador, a modo de termómetro, del estado de salud del aprendizaje
del estudiante en cada momento que interesa, en primer lugar, al mismo estudiante. El
juicio de valor, que recibirá al final (la nota), estará ajustado al trabajo que él mismo sabe
que ha realizado.

4. El acompañamiento permanente y pertinente… el principio de una evaluación


cooperativa y no solamente individualizada.

El acompañamiento permanente y pertinente es uno de los principios que debe


caracterizar a la evaluación formativa, una eficaz labor de evaluación exige el
protagonismo del trabajo de acompañamiento, entendida esta más allá de la clase
tradicional. El “coaching” es una nueva función que puede enfatizar la labor del profesor,
asumiendo un rol más simétrico con el del estudiante que en una enseñanza más
tradicional.

El profesor como dinamizador, con esta nueva función, planifica su trabajo (enseñanza) y
“ayuda” a planificar el trabajo del estudiante (aprendizaje); contribuye a encontrar sentido
a la materia que imparte en el contexto experiencial del estudiante; le hace reflexionar
sobre los conocimientos e intencionalidad de sus fallar, para aprender del error como una
oportunidad para aprender ,de las competencias a desarrollar en el área o asignatura;
proporciona recursos para que el estudiante los integre con otros que buscará en diversas
fuentes; orienta el sentido de los conocimientos y experiencias que va adquiriendo el
estudiante para que genere sus propios conocimientos y convencimientos. Y de esta
manera la evaluación será una herramienta y ayuda para su aprendizaje seguro y
pertinente.

De acuerdo con lo anterior López (2012) afirma que la evaluación formativa:

“Es todo proceso de evaluación que sirve para que el alumnado aprenda
más (y/o corrija sus errores) y para que el profesorado aprenda a trabajar mejor (a
perfeccionar su práctica docente). La evaluación formativa es todo proceso de
constatación, valoración y toma de decisiones cuya finalidad es optimizar el proceso de
enseñanza – aprendizaje que tiene lugar, desde una perspectiva humanizadora y no
como mero fin calificador”

5. Las estrategias un principio hacia las evidencias…

El uso apropiado de las estrategias, las técnicas y los instrumentos facilita, además, la
creación de una “cultura“ colegiada de aula en la que se comparta intereses,
conocimientos, pensamientos, experiencias; participa en la moderación de los debates;
sigue y apoya el proceso de aprendizaje del estudiante; evalúa y orienta en ese proceso.
Sin una labor de acompañamiento del maestro, es muy poco probable que se de el
desarrollo y evaluación de competencias y, por tanto, no es posible que se avance en el
camino adecuado que exige el proceso de innovación de evaluación propuesto.

Por lo tanto proporcionar las situaciones y estrategias de enseñanza y evaluación que los
llevan al logro de un desarrollo académico y ejercicio profesional, en un ambiente de
relación interpersonal que facilite una identidad adecuada, teniendo en cuenta que la
mayoría de las dificultades que encontrará en su camino se debe a que en muchas
ocasiones está ante la necesidad de reeducar, para después educar.

Respecto a lo anterior Pérez, Clemente y López (2009) sustentan que:

“Proponen una mirada desde la evaluación formadora concebida como


una estrategia que promueve la autorreflexión y el control sobre el propio aprendizaje que
pretende desarrollar en los alumnos competencias y/o estrategias de autodirección en el
aprendizaje y generar proceso meta cognitivos, no simplemente utilizar las técnicas
citadas (autoevaluación, evaluación mutua y evaluación)… no se trata de explicar al
alumnado las probables causas de sus errores y lo que puedan hacer para evitarlos, sino
que sean ellos mismos los que tengan que explicárselos a sí mismos o a otros
compañeros, y explicárselos al docente de tal manera que produzcan análisis más o
menos originales, que recogen sus ideas y propuestas en lugar de aceptar las del
profesor o fingir que lo hacen”.

La misión del docente y su inherente evaluación, es la de formar personas conscientes


de su mundo y de lo que son capaces de hacer a favor de su formación y de sus familias
.De ahí la importancia fundamental entre el vínculo escuela –familia para que hablen un
mismo idioma y puedan ser partícipes en la formación del niño o el joven que requiere un
apoyo constante y certero.

En el mismo sentido Santos Guerra, (2003) considera:

“la verdadera docencia y su idónea evaluación formativa son aquellas


acciones en el aula que propician que el estudiante forje la necesidad de aprender por su
cuenta y encontrar en el profesor un guía, un acompañante de travesía para llegar al
conocimiento y en el grupo un espacio de encuentro, de intercambio, discusión y
confrontación de ideas, buscando no tan sólo aprender sino que, a través de una
evaluación formativa, aprender la forma de aprender, es decir, entender a la evaluación
como aprendizaje Esta revisión constante de las prácticas y de los principios que la
sustentan ha de hacerse de forma cooperativa y no solamente individualizada. Compartir
los interrogantes, reformular las preguntas, desmontar las paradojas “

Por tanto dentro de las estrategias pedagógicas implementadas para la realización de las
prácticas pedagógicas es necesario hacer un pare en el camino y detenerse en las
actividades de desarrollo en las cuales se debe contemplar la “Retroalimentación y
profundización” como estrategia para mejorar y ayudar a fortalecer muchas de las
debilidades que los estudiantes en la mayoría de las áreas presentan al finalizar cada
corte de tema o núcleo problémico trabajado. Finalmente analizar las repercusiones de
un determinado modo de proceder, resulta imprescindible para la mejora de la evaluación.

Por tanto Jiménez Jiménez, (1999) aporta:

“La evaluación se ha circunscrito a los aprendizajes de los alumnos


pero, como es lógico, hay que evaluar también la docencia. Si se evalúa la docencia, será
más fácil mejorar los procesos”

CONCLUSIONES

Los principios presentados anteriormente son una invitación a reflexionar sobre el tema de
la evaluación y las diferentes técnicas, instrumentos, miradas y acciones con que se
abordan en la labor pedagógica en el diario vivir de las aulas con los estudiantes que de
alguna manera son nuestra razón de ser en nuestra noble profesión.

1. Es muy importante desarrollar una actuación colegiada en el proceso de evaluación, a


nivel de curso, del área de las asignaturas, de lo contrario, el estudiante puede acabar
desconcertado o al menos dudar de la coherencia que existe en la contribución del
docente en el desarrollo de su currículum académico

2. La evaluación de los aprendizajes y de las competencias debe ser holística,


interdisciplinaria, centrada en problemas, proyectos, simulaciones, situaciones complejas
y creativas diversas. Ha de convertirse en un proceso de construcción, de registro, y de
verificación de evidencias y no sólo en una nota o apreciación parcial de un cuaderno,
portafolio u examen aislado.

3. El docente debe admitir como parte de su proceso de mejora profesional la evaluación


de sus planteamientos y prácticas de evaluación. Por ejemplo, pierden sentido algunas
prácticas evaluativas, como: Evaluar tan solo una o dos veces en un período lectivo,
utilizar la evaluación con carácter punitivo y de generar miedo y temor. Someter la
evaluación a la apreciación subjetiva, de carácter de presentación de una sola evidencia
debe cambiar. Lo ideal es llevar un proceso justo y pertinente acorde con las diferencias y
necesidades de los estudiantes.

4. Las siguientes son acciones que debemos mejorar: considerar conocimientos o


prácticas unicamente, a la hora de evaluar. Utilizar solo una modalidad o técnica de
evaluación. El desconocimiento por parte de los estudiantes acerca de lo que tienen que
hacer o de lo que pueden hacer ante la evaluación, además de sufrirla.

5. La integración en la evaluación de otros agentes (compañeros, otros profesores,


profesionales, los propios estudiantes) intervinientes en el proceso de enseñanza-
aprendizaje, además de enriquecer y objetivar el resultado de la evaluación, hace
reflexionar y profundizar en el aprendizaje.

6. Entre tanto las instituciones deben disponer un dispositivo institucional para que
conjuntamente reflexionen sobre paradigmas o equipo de docentes especializados en la
solución de conflictos y problemáticas relacionadas con la evaluación que se puedan
suscitar en el medio educativo. Dejando normas establecidas especialmente en los
comités de evaluación y seguimiento académico, que conlleven a la investigación de
situaciones particulares de evaluación y de análisis.

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