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Jesucristo, redentor del hombre

Dr. Enrique Cases

Sacerdote

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Índice

1 El hecho religioso y el hecho cristiano

7

1.1 Universalidad del hecho religioso

7

1.2 Elementos de toda religión

10

1.3 La religió revelada

11

1.4 La religión cristiana

13

2 El hecho religioso y cristiano en el mundo contemporáneo

16

2.1 Permanencia del hecho religioso

16

2.2 El fenómeno del ateismo

17

2.3 El indiferentismo religioso

20

2.4 La existencia de Dios y la inteligencia humana

20

3 Verdaderas y falsas imágenes de Jesús

24

3.1 Creer en Jesucristo

24

3.2 Actitudes ante Jesucristo

24

3.3 Doctrina de la Iglesia sobre Jesucristo

25

3.4 Herejías sobre Cristo

26

3.5 Las representaciones de Jesucristo en el arte cristiano

27

4 La tierra y el pueblo de Jesús

32

4.1 La tierra de Jesús

32

4.2 El pueblo de Jesús

32

4.3 Situación religiosa en tiempo de Jesús

33

4.4 Situación política cuando nació Jesús

34

4.5 Instituciones y autoridades judías. Grupos representativos

34

4.6 Los Libros del Antiguo Testamento

35

4.7 Historia de Israel

36

5 La Sagrada Escritura

38

5.1 La Biblia, palabra de Dios

38

5.2 La Biblia, palabra humana

39

5.3 Interpretación de la Sagrada Escritura

39

5.4 Libros que integran la Sagrada Escritura

40

5.5 Los primeros capítulos del Génesis

40

6 El Nuevo Testamento

44

6.1 ¿Qué son los Evangelios?

44

6.2 Los evangelistas, transmisores del Evangelio

44

6.3 La composición de los Evangelios

44

6.4 La transmisión textual de los Evangelios

46

6.5 Veracidad histórica de los Evangelios

47

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6.6 Datos sobre los cuatro Evangelios

48

6.7 Los Evangelios sinópticos

49

6.8 Otros escritos del Nuevo Testamento

49

6.9 Los libros apócrifos

52

7 Datos históricos sobre Jesús de Nazaret

55

7.1 Datos acerca de Jesucristo en los Evangelios

55

7.2 Testimonios no evangélicos

55

7.3 Cronología de la vida de Jesús

56

7.4 Vida pública de Jesús

57

8 Núcleo fundamental de la predicación de Jesucristo

60

8.1 Jesucristo manifiesta su función mesiánica

60

8.2 El Mesías de Israel

60

8.3 Jesucristo es el Mesías

61

8.4 Jesucristo asume su función mesiánica

62

8.5 Carácter divino del Mesías

62

8.6 Las tentaciones de Jesús

62

8.7 Jesucristo revela como es Dios

64

8.8 El Reino de la salvación de Dios

66

9 La llamada a la conversión

68

9.1 Jesús predica la conversión

68

9.2 San Juan Bautista preparó la venida del Mesías

68

9.3 ¿Qué es la conversión?

68

9.4 El Reino de Dios empieza con la conversión personal

69

9.5 Jesús llama a la conversión para sacar al hombre del pecado

69

9.6 Jesús anuncia el perdón y la salvación

70

9.7 La conversión, camino de la alegría

71

10

Los milagros, signos del Reino de Dios

73

10.1 Jesucristo hizo abundantes milagros

73

10.2 Los milagros son signos o señales

73

10.3 Qué es un milagro

73

10.4 Historicidad de los milagros

73

10.5 Sentido de los milagros

75

10.6 Los milagros y el Reino de Dios

77

10.7 Los milagros y la fe

78

11

Personalidad y éxito de Jesús

81

11.1 ¿Quién es Jesucristo?

81

11.2 El mesianismo de Jesús

81

11.3 Análisis de su personalidad

82

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11.4 El llamamiento a los alejados de Dios

83

11.5 La predileccion por los pobres y marginados

84

12

Confrontación de Jesús con los poderes de Israel

87

12.1 Jesús, signo de contradicción

87

12.2 Dios fue rechazado por su pueblo

87

12.3 Oposición a Jesús de las autoridades religiosas de Israel

88

12.4 Acusaciones contra Jesucristo

88

12.5 Jesús denuncia los pecados existentes en el pueblo elegido

90

12.6 Las autoridades de Israel fueron infieles a su misión

92

12.7 La oposición a Jesús proviene del pecado

92

13

Jesús, crucificado por la salvación de los hombres

94

13.1 La pasión y muerte de Jesucristo

94

13.2 La muerte de Cristo había sido profetizada

95

13.3 Jesús predice su pasión

95

13.4 La conspiración de los judíos

95

13.5 LA

CENA

96

13.6 Jesús es juzgado

97

13.7 Crucifixión

99

13.8 Motivos de la muerte de Jesucristo

101

13.9 La muerte de Jesús es un sacrificio

102

13.10 Jesucristo es el redentor del hombre

103

14

Los testigos de la resurrección de Jesucristo

105

14.1 Análisis de los textos evangélicos acerca de la resurrección y ascensión

105

14.2 Jesús había predicho su resurrección

106

14.3 Los relatos sobre la resurrección

107

15

La resurrección de Jesucristo: realidad y misterio

114

15.1 La realidad de la Resurrección

114

15.2 El misterio de la Resurrección del Señor

114

15.3 Consecuencias de la Resurrección

115

15.4 La alegría de la Pascua

116

15.5 La exaltación de Jesús

116

15.6 Descendió a los infiernos

117

15.7 Cristo está sentado a la derecha del Padre

117

15.8 La santificación de los hombres

119

16

Jesús es Cristo y Señor

121

16.1 La fe es cristiana

121

16.2 Los apóstoles fueron descubriendo poco a poco el misterio de Cristo

121

16.3 La fe de la primitiva iglesia

121

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16.4 La resurrección de Jesús abre la esperanza del futuro

122

16.5 Cristo revela el misterio de Dios

122

16.6 Jesucristo, Señor del universo

126

16.7 La filiación divina del cristiano

126

16.8 La trinidad en el alma

126

17

La Santísima Virgen en el misterio de Cristo

128

17.1 María: nueva Eva

128

17.2 María es la Madre de Dios

128

17.3 Siempre

virgen

129

17.4 María es la plenamente redimida

130

17.5 La concepción inmaculada de María

131

17.6 La virgen María, madre de los hombres

132

17.7 La Asunción a los cielos de la Virgen María

134

17.8 La Veneración a María

134

18

Dimensión moral de la persona humana

138

18.1 El hombre puede y debe alcanzar la santidad

138

18.2 ¿Cómo capta el hombre el bien y el mal?

139

18.3 La ley moral

139

18.4 La ley natural

140

18.5 La ley positiva

141

18.6 La ley

nueva

142

18.7 Hijos de Dios

143

18.8 Hombres de conciencia

144

18.9 Tipos de conciencia

145

19

Jesús, modelo para el cristiano

146

19.1 Sólo Dios es bueno

146

19.2 El seguimiento de Jesús

147

19.3 El hombre viejo y el hombre nuevo

147

19.4 La ley perfecta de la libertad

147

19.5 Necesidad del espíritu de las bienaventuranzas

148

19.6 La vida cristiana

150

19.7 La identificación con Cristo

151

20

El cuerpo humano a la luz de la Revelación

153

20.1 El hombre, unidad radical de cuerpo y espíritu

153

20.2 El cuerpo humano

154

20.3 La persona humana es un ser sexuado

155

20.4 La castidad

156

20.5 El abuso de la función sexual

157

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20.6

La salvación de Cristo y el cuerpo

159

21

EL DERECHO A LA VIDA CORPORAL Y PSIQUICA

161

21.1 La vida humana

161

21.2 El misterio de la muerte

161

21.3 Causas del desprecio de la vida

162

21.4 La violencia sobre la vida

163

22

JESUCRISTO Y LA LIBERTAD DEL HOMBRE

169

22.1 El hombre que Cristo ha liberado

169

22.2 Jesús vive plenamente la libertad

170

22.3 Jesús predica el camino de la verdadera libertad

172

22.4 Jesucristo realiza la liberación de los hombres

172

22.5 La liberación obrada por Cristo

173

23

Libertad y compromiso cristiano

176

23.1 Libertad social

176

23.2 El bien común

176

23.3 Derechos y deberes

177

23.4 Principales libertades sociales

177

24

Significado de las siglas utilizadas

184

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1 El hecho religioso y el hecho cristiano

1.1 Universalidad del hecho religioso

Los hombres esperan de todas las religiones la respuesta a los misteriosos problemas de la humana condición, que, como siempre, también hoy perturban lo más íntimo de sus corazones: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido y la finalidad de nuestra vida? ¿Qué es el bien y qué es el pecado? ¿Cuál es el origen y cuál la finalidad del dolor? ¿Cuál es el camino para llegar a la verdadera felicidad? ¿Qué es la muerte, el juicio y la retribución después de la muerte? Finalmente, ¿cuál es el misterio último e inefable que rodea nuestra existencia, de dónde venimos y a dónde nos dirigimos?

(Vaticano II, NA, 1)

Por la Biblia sabemos que el hombre, creado por Dios, tuvo con su Creador, desde el principio, una relación personal.

El pecado original de los primeros padres y los pecados de sus descendientes hicieron que en bastantes grupos humanos se perdiera buena parte del contenido religioso primitivo y se deformara la noción de Dios y de sus relaciones con el hombre.

Por eso, al investigar la religión en los pueblos primitivos, nos encontramos con formas imperfectas de religiosidad que podrían llevar a la falsa idea de que las religiones más perfectas son el fruto de un proceso evolutivo de menos a más. Los estudios históricos más recientes rechazan plenamente la idea de que la religión es algo explicable como fruto de una evolución a partir de una época de no religión. Aseguran que el hecho de la religión se basa en una cierta actitud del hombre respecto a su propia existencia, que consiste en que se sabe y se siente dependiente de un poder que es dueño del destino humano. Pero la religión no consiste en una fe en ciertos fenómenos de poder, no es una veneración de los espíritus, sino una fe en Dios.

En el terreno de la pura historia, hay indicios de actividad religiosa desde los orígenes de la humanidad. Este es un hecho admitido por todos los historiadores. También ha demostrado la historia de las religiones que el tener religión es un hecho absolutamente universal. Todos los pueblos que han existido han tenido religión. La razón de este hecho tan decisivo es que el hombre es religioso por su propia naturaleza. La huella de Dios en el corazón del hombre le lleva a buscarle, a adorarle y a amarle.

En la Prehistoria, concretamente en el Paleolítico, las pinturas rupestres, las estatuillas femeninas (que representan a la Tierra, diosa madre), los restos funerarios, etc., indican claramente la preocupación del hombre por el problema del más allá y la presencia en su vida de acciones rituales para establecer relaciones con el Ser Supremo, fuente de toda bondad. Y esto aunque los hombres tuvieran que ocuparse de luchar esforzadamente con el medio que les rodeaba, para sobrevivir.

Aunque los signos de actividad religiosa prehistórica están mezclados con elementos animistas (creencia de que todo lo material está lleno de espíritus), fetichistas o mágicos (atribución de propiedades sobrenaturales a ciertos objetos y acciones), contienen elementos de auténtica religiosidad.

En la Antigüedad, las manifestaciones religiosas suelen tener un carácter nacional (cada pueblo tiene su dios) y se caracterizan por creer que hay varios dioses (politeísmo), error del que siempre estará protegido el pueblo de Israel. También ha demostrado la historia de las religiones que el monoteísmo (hay un solo Dios) es anterior al politeísmo. De hecho, el politeísmo surge cuando la religión monoteísta se degrada.

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Desde el siglo VI antes de Cristo aparecen las religiones de gran difusión. En el Oriente, hinduismo y budismo, que no creen en un Dios personal.

Ya desde los más remotos tiempos hasta nuestros días, en los diversos pueblos, se encuentra cierta percepción de la misteriosa fuerza que se halla presente en el curso de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana, y a veces hasta un reconocimiento de la Suprema Divinidad, e incluso del Padre. Esta percepción

y este conocimiento infunden un íntimo sentir religioso en toda su vida. Las

religiones, íntimamente ligadas con el progreso de la cultura, tratan de responder

a dichas cuestiones mediante nociones más refinadas y con un lenguaje más

elaborado. Así, en el hinduismo, los hombres escudriñan el misterio divino, y lo expresan con una fecundidad inagotable de mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía: así buscan liberarse de las angustias de nuestra humana condición, ya por especiales formas de vida ascética, ya por la profunda meditación, ya refugiándose en Dios con amor confiado. En el budismo, según sus variadas formas, se reconoce -la radical insuficiencia de este mundo mutable y se enseña un camino por el cual los hombres, con devota confianza, pueden ya adquirir un estado de liberación perfecta, ya -mediante su propio esfuerzo o con un auxilio sobrehumano- llegar definitivamente a la suprema iluminación. En igual forma todas cuantas religiones existen en el mundo se esfuerzan por resolver la inquietud del corazón humano por los más varios métodos, esto es, proponiendo caminos, es decir, doctrinas y normas de vida así como ritos sagrados.

La Iglesia Católica no rechaza nada de lo que sea santo y verdadero en dichas religiones. Con sincero respeto considera aquellas maneras de vivir y de obrar, así como sus preceptos y doctrinas que, aun siendo tan diferentes en muchos puntos de lo que ella propone y defiende, sin embargo, a veces, reflejan un rayo de aquella Verdad que a todos los hombres ilumina. Pero ella anuncia y está obligada a anunciar incesantemente a Cristo que es camino, verdad y vida (Io. 14, 6), en

el que los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en el que Dios

reconcilió consigo a todas las cosas.

(NA, 2)

Un caso de religión completamente aparte es la de Israel. Se trata de la religión revelada por Dios y comienza con la llamada a Abrahán, más de 1800 años antes de Cristo. Los otros momentos más relevantes son Moisés, hacia el siglo XIII, David diez siglos antes de Jesucristo y el regreso del cautiverio de Babilonia unos cinco siglos antes de Cristo.

Investigando plenamente el misterio de la Iglesia, este Sagrado Concilio recuerda

el lazo que une espiritualmente al pueblo del Nuevo Testamento con la estirpe de

Abrahán.

En efecto, la Iglesia de Cristo reconoce que las primicias de su fe y de su elección ya se encuentran, según el misterio divino de la salvación, en los patriarcas, Moisés y los profetas. Reconoce que todos los Cristianos, hijos de Abrahán según

la fe, están incluidos en la vocación de este Patriarca y que la salvación de la

Iglesia se halla prefigurada místicamente en el éxodo, del pueblo elegido, de la tierra de la esclavitud. Por ello la Iglesia no puede olvidar que ella ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con el que Dios, en su inefable misericordia, dignóse establecer la Antigua Alianza; y que ella se alimenta con la raíz del buen olivo, en el que se han injertado -los ramos del olivo silvestre, que son los gentiles. Cree, en efecto, la Iglesia que Cristo, nuestra Paz, ha reconciliado a judíos y gentiles y que, por su Cruz y en sí mismo, de los dos, él ha hecho uno solo.

También tiene la Iglesia siempre ante sus ojos las palabras del apóstol Pablo sobre sus hermanos de raza a quienes pertenecen la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas y los Padres y de quienes procede Cristo, según la carne (Rom. 9, 4-5), el hijo de María Virgen. Recuerda también

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que los Apóstoles, fundamentos y columnas de la Iglesia, nacieron del pueblo judío, así como un gran número de los primeros discípulos que anunciaron al mundo el Evangelio de Cristo.

(NA, 4)

El Cristianismo no permite comparación con cualquier tipo de religión, porque se trata de la venida al mundo del mismo Hijo de Dios.

Dios, para establecer la paz o comunión con El y armonizar la sociedad fraterna entre los hombres, pecadores, decretó entrar en la historia humana de un modo nuevo y definitivo enviando a su Hijo en nuestra carne, para arrancar por su medio a los hombres del poder de las tinieblas y de Satanás (cf. Col. 1, 13; Act. 10, 38) y reconciliar al mundo consigo en El (cf. 2 Cor. 5, 19) A El pues, por quien también fue hecho el mundo, lo constituyó heredero de todo a fin de instaurarlo todo en El (cf. Eb. 1, 10)

(AG, 3)

Siete siglos después del comienzo de la era cristiana surgirá el Islam, fundado por Mahoma que ha sido y es otra de las religiones de gran difusión.

La Iglesia mira con estima a los musulmanes, puesto que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y omnipotente, Creador del cielo y de la tierra, que se ha revelado a los hombres, a cuyos decretos, aunque estén ocultos, tratan de someterse con toda el alma, como se sometió a Dios Abrahán, a quien la fe islámica se refiere de buen grado. Aunque no le reconozcan como Dios, veneran a Jesús como Profeta; honran a su Madre virginal, María, y, a veces, hasta la invocan con piedad. También esperan el día del juicio, en el que Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por todo ello en gran estima tienen

a

la vida moral y tributan culto a Dios, principalmente con la oración, las limosnas

y

el ayuno.

(NA, 3)

1.1.1 Análisis del hecho religioso

1.1.1.1 ¿Qué es religión?

No se ha llegado a una conclusión definitiva sobre el origen de esta palabra. Según unos, viene de religare, verbo latino que significaría volver a establecer lazos, en este caso del hombre con su Dios. Significaría que el hombre, ser dependiente de Dios, que es su creador, al conocer con su inteligencia esta dependencia, la asume de una manera consciente y libre.

Otros consideran que religión viene de relegere, volver a leer. Por último, hay quienes piensan que procede de reelígere, volver a elegir. En cualquiera de las tres acepciones, significa, sobre todo, relación con un ser superior, que se llama Dios. Esa relación tiene unas consecuencias para el hombre, al qué afecta y hace que oriente su vida en lo fundamental, en relación con ese Ser superior.

Se podría dar la definición de religión siguiente: reconocimiento personal de esa relación real de dependencia que existe con la divinidad y exteriorización de ese reconocimiento por medio de palabras, gestos, ritos, hechos, etcétera.

Lo principal de la actitud religiosa es: comprender que debemos a Dios nuestra existencia y, con ella, todo lo demás, y que hemos de vivir respondiendo a este regalo divino.

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La religión es siempre una relación personal. El hombre se relaciona con un ser personal, no con una fuerza ciega de la naturaleza. Y el hombre queda afectado por esa relación. Es una relación de persona a persona.

Por eso, como el hombre no tiene sólo capacidad de conocer, sino también, y sobre todo, de querer, tener religión es amar o querer a Dios.

La relación con Dios es tan importante para el hombre, que influye en toda su vida. Un hombre que tiene religión, se comporta en todos sus actos de manera distinta de uno que no la tiene.

1.2 Elementos de toda religión

Toda religión tiene unas verdades que hay que creer, unas normas de conducta que se deben cumplir y unas manifestaciones exteriores, llamadas culto, con las que se honra a la divinidad.

La relación con Dios hace que el hombre vaya conociendo, cada vez mejor, a ese Dios. Ese conocimiento de Dios mejora, a su vez, el conocimiento de lo que es el mundo y el propio hombre. El conjunto de estos conocimientos son las verdades de una religión.

Pero la religión no es un mero conocimiento, sino que, si es auténtica religión, se ha de traducir en unos modos de comportarse el hombre, de acuerdo con lo que cree. En primer lugar, el hombre amará a Dios porque sabe quién es y lo que le debe. Y también amará a los demás hombres porque son criaturas de Dios. Por eso dice la Sagrada Escritura que una religión que no acabe proyectándose en amor al prójimo, es mentira. Hay que añadir que un amor a los hombres (si es posible) sin amor previo a Dios, acaba convirtiéndose en amor de uno mismo, en egoísmo.

Los profetas de Israel denuncian con frecuencia la falsa religiosidad del pueblo elegido, le invitan a abandonar toda hipocresía y le colocan frente a obligaciones morales.

La religión pura e intachable a los ojos de Dios Padre es ésta: Visitar huérfanos y viudas en sus tribulaciones y no mancharse las manos con este mundo.

(Epístola del apóstol Santiago, 1, 27)

1.2.1 El lenguaje de la religión

El hombre es un ser compuesto de espíritu y materia. La religión, al ser la actitud más perfecta del hombre, es espiritual. Es, ante todo, una adhesión a Dios con el entendimiento y la voluntad. Consiste, por tanto, en conocerle y amarle.

Pero, al ser el hombre también corporal, la religión se ha de manifestar externamente, corporalmente. Esto hace que se traduzca en gestos, palabras, acciones, trabajos, etcétera.

Entre los diversos actos de la religión hay que destacar la oración. Oración es toda voz, gesto o palabra que expresa la relación religiosa entre el hombre y Dios. La actitud religiosa es principalmente un diálogo entre el hombre y Dios. Pero es un diálogo que repercute en la vida del hombre. Así, por ejemplo, la súplica, alabanza y acción de gracias son algunas de las formas de oración.

Otro acto primordial de la religión es el sacrificio, que, a su vez, puede ser de varios tipos.

Por otro lado, el hombre no vive solo, sino con otros hombres, formando lo que se llama sociedad. Por ello, lo mismo que las demás actividades humanas, la religión se manifiesta también socialmente. De ahí que hayan surgido las celebraciones religiosas comunitarias, las oraciones rituales colectivas, las instituciones religiosas, etcétera.

Pero el hombre no puede hablar y relacionarse con Dios de modo exactamente igual a como lo hace con los demás hombres, porque Dios es supperior al hombre y distinto de él. Por eso, las palabras, gestos, etc., que el hombre usa para relacionarse con Dios, siempre son imperfectos y cargados de un valor que los sobrepasa. Tienen carácter simbólico. Si, por

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ejemplo, un salmo (oración recogida en la Biblia) dice: El cielo pregona la gloria de Dios», no habla de astronomía, sino de que el firmamento es testigo de la majestad de Dios.

Aunque el hombre puede dirigirse a Dios de muy diversos modos y en todos los lugares y circunstancias, dada su limitación, elige unos lugares, unos objetos, unas expresiones, que consagra o dedica a Dios en exclusiva y que, por ello, se hacen sagrados.

En el Nuevo Testamento, creer es RECONOCER que todas las promesas de Dios se han cumplido en Jesús.

El Padrenuestro en su primera parte hace referencia a Dios y pide que se cumpla entre nosotros el primer gran mandamiento de la Ley:

-Vosotros rezad así: Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo- (Mt. 6, 9-10)

En la oración cristiana cuentan también los hombres. Por eso, la segunda parte del Padrenuestro hace referencia a distintas necesidades humanas:

-Danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno» (Mt. 6, 11-13)

(Con vosotros está. Catecismo para preadolescentes, página 325. Se citará C.v.e.)

Las formas más elementales de lenguaje religioso son las profesiones de fe más sencillas, los himnos litúrgicos y las doxologías o expresiones de alabanza.

1.3 La religió revelada

Si Dios habla al hombre de sí mismo, entonces el hombre podrá conocerle mejor. También podrá, en consecuencia, hablar mejor acerca de Dios, proclamando y profesando la fe en lo que Dios le ha dicho acerca de sí mismo y del universo.

1.3.1 El hombre busca la verdad

Por su propia dignidad, todos los hombres, en cuanto son personas, esto es, dotados de inteligencia y voluntad libre y, por ello, dotados de responsabilidad personal, se sienten movidos por su propia naturaleza y por obligación moral a buscar la verdad, en primer lugar la que corresponde a la religión.

(DH, 2)

El hombre, con su inteligencia, trata de comprender el mundo que le rodea, es decir, busca la verdad. Desea saber lo más posible acerca del mundo y de sí mismo. Lleva impresa en su alma una tendencia a saber las verdades más profundas. Son éstas las que se refieren al origen del mundo y del hombre, a su fin y, en definitiva, a su Creador.

Pero así como puede el hombre conocer verdades con su inteligencia, también puede comunicárselas, por medio del lenguaje, a los demás hombres, que también son inteligentes.

Nada impide que el Creador se comunique con el hombre y le revele o descubra verdades, utilizando el lenguaje del propio hombre.

Estas verdades pueden ser: tanto aquellas que el hombre podía conocer con su inteligencia (verdades naturales), como otras que le superan, pero cuyo conocimiento es beneficioso para él y, por eso, Dios se las transmite (verdades llamadas sobrenaturales)

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REVELACION: Manifestación, en hechos y en palabras, que Dios hace de sí mismo y de sus planes de salvación para con los hombres: Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos y trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía. La revelación de Dios se lleva a cabo plenamente en Jesucristo. Comenzó con las primeras comunicaciones proféticas de la palabra divina en la Antigua Alianza y objetivamente ha acabado con la muerte del último apóstol. Sin embargo, la explicación o explicitación de lo que Dios ha revelado sigue haciéndose en la Iglesia a medida de las necesidades vivas que el desarrollo de la misma comunidad creyente hace aparecer.

(C.v.e., P. 166)

1.3.2 La f e

Fe es creer algo a alguien. Se cree porque se fía uno de ese alguien y se está cierto, seguro, de aquello que le dice el otro, aunque no lo haya visto. En la vida de cada día estamos constantemente teniendo fe en los demás. Nadie, por ejemplo, se subiría en un avión si no confiara en el piloto, que le va a llevar a un lugar determinado y no le va a estrellar contra el suelo.

Cuando el hombre asiente a unas verdades, no porque las adquiera con su inteligencia, sino porque se fía de la palabra de Dios, tiene fe religiosa o fe en Dios. Y aunque no comprenda esas verdades más que en una pequeña medida, la sabiduría sin límites del Creador le hace asentir a ellas con más fuerza que a las que él mismo adquiere con su esfuerzo.

Toda profesión de fe es una comunicación a los demás de lo que se cree. También pueden varios hombres juntos confesar esa fe y proclamarla. Es lo que hacemos cuando juntos rezamos el Padrenuestro. El 7 de junio de 1981, el Papa Juan Pablo 11 quiso rezar el Credo de Nicea-Constantinopla en San Pedro del Vaticano junto con los representantes de otras confesiones cristianas no católicas.

La enseñanza del Concilio Constantinopolitano 1 -decía el Papa- es todavía hoy la expresión de la única fe común de la Iglesia y de todo el Cristianismo. Confesando esta fe -como -hacemos cada vez que recitamos el Credo- y reviviéndola en la próxima conmemoración centenaria, queremos poner de relieve lo que nos une con todos nuestros hermanos, a pesar de las divisiones que han surgido a lo largo de los siglos.

(Carta de 25-11-81)

Al profesar la fe, el hombre da testimonio ante los demás de su creencia. El testimonio perfecto será el de quien cumple con sus obras lo que expresa en las palabras.

El creyente, al confesar y proclamar la fe, convoca a los demás, les invita a que crean lo que él cree.

FE: Ante todo es la plena aceptación de Dios, tal como El se nos revela o da a conocer. Esta actitud de fe se caracteriza por la confianza en Dios y por una- adhesión personal a Cristo revelador del Padre y Salvador de los hombres. Aceptar a Cristo quiere decir aceptar su Evangelio, sus enseñanzas y vivir según su Espíritu, en comunión con ¡la fe de la Iglesia.

(C.v.e., p. 300)

«Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn. 17, 3)

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1.4 La religión cristiana

Lo que el hombre puede decir de Dios está sometido a la limitación e imperfección del hombre. Por eso hay religiones más o menos perfectas, en la medida que expresen mejor o peor lo que Dios es.

Si una religión se presenta como originada por una acción de Dios, que ha hablado de sí mismo a los hombres, a través de unos hombres elegidos para ello y en un lenguaje que Dios mismo ha promovido, esa religión tendrá las máximas garantías de perfección y plenitud. Es el caso de la religión cristiana, que recoge todo lo que Dios dijo de sí mismo y del mundo en la revelación del Antiguo Testamento, para preparar la venida del Mesías. La religión cristiana-contiene, además, la revelación de Jesucristo, el Mesías, que es, a la vez, Dios y hombre y que nos ha hablado de sí mismo, de Dios, del hombre y del mundo.

Tanto en el Antiguo Testamento como en la revelación hecha por Jesucristo, Dios ha avalado sus palabras con hechos sobrehumanos (milagros), que son signos de su poder sobre todas las cosas.

1.4.1 La fe cristiana, encuentro definitivo con Dios

En la religión cristiana se da el encuentro definitivo del hombre con Dios, porque Dios se ha hecho hombre. El Cristianismo no es, por tanto, una búsqueda de Dios por parte del hombre, sino un descenso del mismo Dios hasta el nivel del hombre. De este modo, a pesar de lo limitado de su naturaleza, puede el hombre llegar a una comunicación muy íntima con Dios.

En efecto, Dios creó al hombre y se le fue manifestando de diversas maneras hasta el momento de la encarnación del Verbo. Por eso dice la Carta a los Hebreos: -Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas; últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo- (1, l)

Este universal designio de Dios en pro de la salvación del género humano no se realiza solamente en una forma, en cierto modo secreta, en el alma de los hombres, o también por esfuerzos, incluso religiosos, con los que ellos buscan de muchas maneras a Dios, por ver si a tientas lo tocan o lo encuentran, ya que no está lejos de cada uno de nosotros (Act. 17, 27); porque estos esfuerzos necesitan estar iluminados y sanados, aunque, por benigna determinación de la providencia de Dios, pueden considerarse casi como una pedagogía hacia el Dios verdadero, o como una preparación del Evangelio.

(AG, 3)

1.4.2 Jesucristo esclarece el misterio del hombre

Como consecuencia del pecado original, el hombre había perdido el auténtico sentido de su vida. Jesucristo, además de salvarnos, ha iluminado la misma vida humana. Nos ha mostrado el camino para ser verdaderamente hombres, según el plan que Dios tenía desde

el principio. Por eso dice el Concilio Vaticano 11 que -el misterio del hombre se esclarece en

el misterio del Verbo encarnado (

hombre y le descubre la sublimidad de su vocación- (GS, 22) Jesucristo ha dicho de sí mismo que es -Camino, Verdad y Vida- (Jn. 14, 6); esto quiere decir que el hombre encuentra en sus obras y en sus palabras las luces necesarias para acomodar a ellas su conducta.

Cristo, manifiesta plenamente el hombre al propio

)

Pero no sólo restaura Jesucristo el sentido auténtico de la vida humana, también devuelve a la descendencia de Adán la semejanza divina deformada por el pecado. Jesucristo es el hombre perfecto, pero es también la «imagen del Dios invisible» (cfr. GS, 22)

Y esto, «vale no sólo para los cristianos, sino también para todos los hombres de buena

voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo invisible. Cristo murió por todos, y la

vocación suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, la divina. (ibíd.)

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Cristo Jesús, pues, fue enviado al mundo como verdadero mediador entre Dios y los hombres. -Por ser Dios, habita en El corporalmente toda la plenitud de la divinidad (cf. Col. 2, 9); según la naturaleza humana, nuevo Adán, lleno de gracia y de verdad (cf. lo. 1, 14), es constituido cabeza de la humanidad renovada. Así, pues, el Hijo de Dios siguió los caminos de la Encarnación verdadera para hacer a los hombres partícipes de la naturaleza divina.

(AG, 3)

INFLUENCIA DEL CRISTIANISMO EN LA CULTURA

La religión cristiana ha venido a salvar al hombre. Al influir sobre el hombre, influye sobre lo que éste produce, que es la cultura.

Resulta difícil resumir el influjo del Cristianismo en la cultura. La cultura occidental puede decirse que es el resultado de la cultura grecorromana y del Cristianismo. El Cristianismo utilizó todo lo positivo que encontró en la cultura del mundo grecorromano. No tuvo ningún inconveniente en hacerlo, porque los escritores cristianos de los primeros siglos consideraban que el alto nivel cultural alcanzado por Grecia y Roma era fruto de la Providencia divina, ya que Dios habla querido preparar así la llegada de Jesucristo.

En efecto, la filosofía y arte griegos, el derecho y administración romanos, entre otras cosas, serán incorporados en gran medida, a la vida de la Iglesia.

Pero la religión cristiana eliminará todo lo que en esas culturas había de imperfecto y, además, proyectará a alturas que griegos y romanos no habían ni siquiera vislumbrado, esas mismas culturas. La Iglesia purifícó de elementos inhumanos e inmorales algunas de las costumbres e instituciones de aquel mundo.

Entre las cosas que pueden señalarse como aportaciones culturales propias del Cristianismo, señalamos las siguientes:

El

a) La dignidad de la persona humana, con

Cristianismo será el principal luchador contra la esclavitud, al proclamar la

igualdad de todos los hombres como hijos de Dios, creados a su imagen y semejanza y redimidos por Jesucristo.

También el reconocimiento de esa dignidad trae consigo la condena del homicidio, del suicido, de la tortura, de la mutilación, etc. Para el cristiano los demás son el prójimo, son hermanos.

b) La defensa de la familia, como consecuencia de elevar el matrimonio,

institución natural, a la categoría de sacramento, es decir, uno de los cauces concretos de la vida sobrenatural de la gracia. Este nuevo valor dado al matrimonio incluye un concepto nuevo de la mujer, que en los pensadores griegos era un ser de segunda categoría.

c) El valor de la libertad, que deriva de la dignidad de la persona.

d) La ordenación de la sociedad a Dios, que repercute en la valoración de la

justicia.

e) La primacía de la caridad, que hará a los cristianos los campeones de la

todo lo que esto comporta.

beneficencia y de las obras en favor de los necesitadas.

f) La doctrina verdadera sobre Dios, el más-allá, etc., liberó a los hombres de

las tremendas esclavitudes de la magia, la superstición, etcétera.

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Aparte estos valores humanos, el Cristianismo ha promovido el arte, la literatura, la música, etc. Baste con recordar, como ejemplo, que gracias a la labor de copistas de los monjes medievales, conservamos la mayoría de los tesoros literarios y científicos de la Antigüedad.

Y cuando la destrucción, por los llamados pueblos bárbaros, del Imperio Romano de Occidente produce una generalizada desmoralización en las regiones romanizadas, San Benito y sus monjes devolverán a Europa la confianza, promoviendo la agricultura, la ganadería y una pequeña industria.

-La Buena Nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre caído, combate y elimina los errores y males que provienen de la seducción permanente del pecado. Purifica y eleva incesamente la moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde sus entrañas las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo y de cada edad, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo- (GS, 58)

(Cf. C. Dawson, Dinámica de la Historia universal, Riaip. 1961.)

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2 El hecho religioso y cristiano en el mundo contemporáneo

2.1 Permanencia del hecho religioso

Algunas personas de nuestros días se preguntan por el presente y futuro de las creencias religiosas. Hay quienes piensan que la religión es un fenómeno sin porvenir, propio de épocas de menos desarrollo tecnológico.

Decía, por ejemplo, un médico ateo: -Antes, los hombres, cuando se encontraban con la

enfermedad acudían sobre todo a la ayuda que podía prestarles su Dios. Ahora, con el progreso de la medicina, los hombres confían, sobre todo, en la ciencia y en la pericia del

médico»

Y, sin embargo, en algunos de los países más tecnificados es donde hay mayor crecimiento del número de creyentes. Un médico español, gran escritor, decía:

La ciencia, a pesar de sus progresos increíbles, no puede ni podrá nunca explicarlo todo. Cada vez ganará nuevas zonas a lo que hoy parece inexplicable; pero las rayas fronterizas del saber, por muy lejos que se eleven, tendrán siempre delante un infinito mundo misterioso, a cuya puerta llamará angustioso nuestro ¿por qué?, sin que nos den otra respuesta que una palabra: Dios. (Gregorio Marañón)

Es importante no dejarse llevar de las opiniones que pretenden hacernos creer que el hombre se aleja de lo religioso. Más bien hay que tener presente que en aquellos países donde ha disminuido la religiosidad ha sido porque se la ha combatido de una manera muy violenta.

En el caso del Cristianismo, la historia de la Iglesia muestra que la situación de los

creyentes ha pasado por fases muy diversas, y cómo siempre, ante hechos que pudieran suponer un retroceso en el ámbito espiritual, han surgido otros que le han hecho extenderse

y afianzarse en los corazones de los hombres. Así pues, a la expansión extraordinaria de los

primeros siglos, hecha por pocas personas y con medios muy escasos, sigue la época de las persecuciones, promovidas por los poderosos emperadores romanos, que parece deberían haber acabado con el Cristianismo. Salió, sin embargo, fortalecida la Iglesia de esa experiencia dolorosa y los siglos siguientes contemplaron un gran florecimiento de la vida cristiana, tanto en el Próximo Oriente, como en Occidente.

Más adelante, el Islam aniquilaría prácticamente las florecientes cristiandades del norte de África. Pero, en ese tiempo, continuaría el desarrollo y consolidación de las comunidades cristianas de Europa.

La llamada Reforma protestante del siglo XVI supondría una tremenda división surgida en el mismo interior de la Iglesia, que desgajaría algunos países enteros de la comunión eclesial. Al mismo tiempo, la Reforma tridentina, el surgimiento de familias espirituales llenas de vigor y de celo apostólico, produciría una profunda consolidación de la renovación espiritual que se sentía tan necesaria en todo el ámbito de la Iglesia. La Compañía de Jesús, la reforma carmelitana y la numerosísima pléyade de santos y fundadores, hará posible compensar la dolorosa escisión, producida por el protestantismo, con la propagación de la fe en las tierras americanas, recién descubiertas, que harían posible el florecimiento de pueblos profundamente cristianos, que constituyen hoy la mitad de los católicos (el 48 %) del mundo.

A la vez, también comenzaba la difusión del Cristianismo en Asia: Japón, Filipinas, etcétera.

En el siglo XIX culminará un proceso de descristianización de los países de Occidente. Pero, entonces, surgen las misiones de África, que cuentan en estos momentos con 52 millones

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de católicos. También hay actualmente en África un número no pequeño de cristianos de las otras confesiones y un número elevado de musulmanes.

Por otro lado, durante los siglos de descristianización, han surgido santos que han promovido obras de apostolado de gran repercusión en el terreno de la enseñanza o del ejercicio de la caridad.

En el último tercio del siglo XIX tuvo lugar el gran acontecimiento del Concilio Vaticano I, que salió al paso de muchos de los errores de ese siglo. Definió la infalibilidad del Romano Pontífice, trayendo como consecuencia una adhesión unánime a la Sede de San Pedro, que iba a ser una nota dominante del último siglo de la historia de la Iglesia.

En el siglo XX, además de la fundación de nuevas instituciones en el seno de la Iglesia, continuó la importante actividad doctrina¡ de los Pontífices, comenzada por Pío IX y León XIII, no sólo en el terreno dogmático y moral, sino también en el muy actual terreno social, produciendo documentos que permiten dar respuestas cristianas a algunos de los grandes problemas de nuestro tiempo.

También en nuestro siglo surge en la Iglesia un sentido nuevo del papel que los laicos, los cristianos corrientes, tienen que cumplir en la cristianización del mundo. En este terreno hay que destacar la figura de Monseñor Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador en 1928 del Opus Dei, institución de la Iglesia Católica de extensión y régimen universales- y verdadero adelantado y pionero de muchos de los más importantes temas del Concilio Vaticano II.

Por fin, este Concilio será un factor fundamental en la renovación de la Iglesia en nuestros días.

De todo lo expuesto se deduce que un cristiano no puede dejarse dominar por ninguna forma de pesimismo cuando contemple problemas o crisis de fe en algunas personas o grupos sociales. La Iglesia es divina y Jesucristo ha prometido a los cristianos que estará con ellos hasta la consumación de los siglos y que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (cfr. Mt. 16, 18)

2.2 El fenómeno del ateismo

La más alta razón de la dignidad humana consiste en la vocación del hombre a la comunión con Dios. Ya desde su nacimiento, el hombre está invitado al diálogo con Dios: puesto que no existe sino porque, creado por el amor de Dios, siempre es conservado por el mismo amor, ni vive plenamente según la verdad si no reconoce libremente aquel amor, confiándose totalmente a El. Mas muchos contemporáneos nuestros desconocen absolutamente, o la rechazan expresamente, esta íntima y vital comunión con Dios. Este ateísmo, que es uno de los más graves fenómenos de nuestro tiempo, merece ser sometido a un examen más diligente.

(GS, 19)

Es cierto que en nuestro tiempo se ha difundido el fenómeno del ateísmo, especialmente en los países dominados por el marxismo, como consecuencia de la persecución sistemática de la religión, pero también en los países de libertades democráticas y desarrollo económico.

Ateo es una palabra que significa sin Dios. Se pueden distinguir dos clases de ateos: unos, llamados ateos prácticos, viven de hecho como si Dios no existiera, sin plantearse más problemas; otros, en cambio, pretenden argumentar, de diversas maneras, que no es razonable creer en Dios: se llaman ateos teóricos. El Concilio Vaticano II lo expresa así: - Muchos son los que hoy día se desentienden del todo de esta íntima y vital unión con Dios o la niegan en forma explícita» (GS, 19)

Añade el Concilio que: -quienes voluntariamente pretenden apartar de su corazón a Dios y soslayar las cuestiones religiosas, desoyen el dictamen de su conciencia y, por tanto, no carecen de culpa. (ibíd.)

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Con frecuencia el ateísmo moderno se presenta también en forma sistemática, la cual, además de otras causas, conduce, por un deseo de la autonomía humana, a suscitar dificultades contra toda dependencia con relación a Dios. Los que profesan este ateísmo afirman que la libertad consiste en que el hombre es fin de sí mismo, siendo el único artífice y creador de su propia historia; y defienden que esto no puede conciliarse con el reconocimiento de un Señor, autor y fin de todas las cosas.

(GS. 20)

Una de las formas de ateísmo que más ha influido en nuestro tiempo es la elaborada por algunos pensadores, entre ellos los marxistas, según la cual, la afirmación de Dios significaría la «alineación o negación del hombre lo explican diciendo que si el hombre debe vivir en función de otro ser (Dios), no vivirá para sí mismo. A eso lo llaman -alienarse o enajenarse, es decir, hacerse ajeno y extraño a sí mismo. Por eso consideran que para que se afirme al hombre, hay que suprimir a Dios. Quitado Dios, «el hombre es Dios para el hombre y no ha de vivir en función de ese otro, distinto de él.

Esta doctrina pierde de vista algo tan evidente como que el hombre es un ser limitado, imperfecto. Y más todavía olvida que el Dios de que habla la religión es un ser que no necesita nada del hombre. Es todo lo contrario a un dueño malo, que tratara cruelmente a sus esclavos. Es precisamente Amor, Bondad y no ha hecho más que mostrar con obras su amor al hombre. La Creación es ya una obra de su amor.

La experiencia ha demostrado que esas doctrinas no llevan precisamente a la defensa del hombre, que era lo que pretendían, sino a su destrucción, que era lo que criticaban. El amor y el respeto a Dios ha hecho a los hombres durante tantos siglos dominar sus tendencias más bajas y crueles. La falta de religión nos muestra cada día la carencia de escrúpulos para los actos más viles.

El hombre creyente, lejos de -alienarse», se enriquece y se hace más fiel a sí mismo cuando vive religado a Dios. Y Dios le ofrece como meta dársele por completo en la vida futura, tan real como la presente.

«Dice en su corazón el insensato: ¡No existe Dios!»

(Sal. 53, 2)

2.2.1 La Sagrada Escritura y el ateismo

San Pablo dice a los Romanos:

Lo cognoscible de Dios es manifiesto entre ellos, pues Dios se lo manifestó; porque desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, son conocidos mediante sus obras. De manera que son inexcusables, por cuanto, conociendo a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se entontecieron en sus razonamientos, viniendo a oscurecer su insensato corazón; y alardeando de sabios se hicieron necios, y trocaron la gloria del Dios incorruptible por la semejanza de la imagen del hombre corruptible-

(1, 18-23)

Las palabras de San Pablo nos ayudan a resumir algunas de las más frecuentes causas del ateísmo en la práctica:

El orgullo o soberbia. El hombre orgulloso se cree superior e independiente. Dios le estorba porque le limita y se convierte para él en un enemigo.

Las pasiones desordenadas. Dios sería un freno a la búsqueda incontrolada de placeres. Los que sólo piensan en gozar no quieren tener ningún límite a su egoísmo y, como consecuencia, rechazan a Dios.

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Antes de San Pablo, el Libro de la Sabiduría había dicho:

atendiendo a las obras no reconocieron al artífice (

hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor-

),

pues de la grandeza y

(13, 1, 5)

2.2.2 Respuesta de la Iglesia al ateismo

Defiende la Iglesia que el reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad del hombre, puesto que esta dignidad se funda en Dios y en El tiene su perfección: el hombre recibe de Dios Creador la inteligencia y libertad que le constituyen libre en la sociedad; pero, sobre todo, es llamado, como hijo, a la comunión misma con Dios y a la participación de Su felicidad. Enseña, además, que la esperanza escatológico en nada disminuye la importancia de los deberes terrenales, cuando más bien ofrece nuevos motivos para el cumplimiento de los mismos. En cambio, cuando faltan plenamente el fundamento divino y la esperanza de la vida eterna, queda dañada gravemente la dignidad del hombre, según se comprueba frecuentemente hoy, mientras quedan sin solución posible los enigmas de la vida y de la muerte, de la culpa y del dolor, tanto que no pocas veces los hombres caen en la desesperación.»

(GS, 21)

Sostienen algunos ateos (por ejemplo, los marxistas) que la esperanza en una vida futura aparta al hombre de la necesaria preocupación por las cosas de este mundo. Más bien hay que decir lo contrario: cuando falta el sentido religioso de la vida, el hombre se degrada. Así, la falta de fe religiosa aumenta los homicidios, el alcoholismo, el divorcio, el aborto, el uso de las drogas, el desorden sexual con sus consecuencias, como la violación, etc., pecados todos ellos que no sólo van contra la ley de Dios, sino contra la sana convivencia entre los hombres.

Por otro lado, sólo la fe religiosa da sentido a enigmas como la vida y la muerte, la culpa, el dolor, que no raras veces llevan a la desesperación y al suicidio.

Hay que llevar un remedio el ateísmo, pero no se logrará sino con la doctrina de la Iglesia convenientemente expuesta y por la integridad de su propia vida y de todos los creyentes. Ciertamente que tiene la Iglesia la misión de hacer presente, visible en cierto modo, a Dios Padre y a su Hijo encarnado, por su incesante renovación y purificación, guiada por el Espíritu Santo. Y esto se obtiene, en primer lugar, con el testimonio de una fe viva y plena, educada precisamente para conocer con claridad las dificultades y superarlas. Un sublime testimonio de esta fe dieron y dan muchísimos mártires. Fe, que debe manifestar su fecundidad penetrando totalmente en toda la vida, aun en la profana, de los creyentes, moviéndolos a la justicia y el amor, especialmente hacia los necesitados. Mucho contribuye, finalmente, a esta manifestación de la presencia de Dios el fraternal amor de los fieles, si con unanimidad de espíritu colaboran en la fe del Evangelio, y se muestran como ejemplo de unidad.- (GS, 21)

Entre los remedios del ateísmo señala el Concilio:

la exposición adecuada de la doctrina; pues, para que no haya ateos por desconocimiento de la verdad sobre Dios, es necesario que los creyentes conozcan y difundan la verdad;

que los creyentes lleven una vida íntegra; pues a los hombres, más que las teorías, les convencen los hechos que las confirman;

el amor a los demás, refrendado por las obras, que será una demostración práctica del amor a Dios.

Los mártires y los santos son un claro testimonio de esa fe consecuente.

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2.3 El indiferentismo religioso

Otros ni siquiera se plantean los problemas acerca de Dios, puesto que no experimentan inquietud alguna religiosa, ni entienden por qué hayan de preocuparse ya de la religión.

(GS, 19)

Además del ateísmo, ciertamente se ha dado en los últimos tiempos un fenómeno que podemos llamar indiferentismo religioso.

Es la actitud de aquellos que prescinden del tema religioso por completo. Esta actitud, que es posible, no es fácil que dure si el hombre cultiva los valores humanos más importantes. Es difícil encontrar motivos para obrar rectamente si no se tiene un sentido trascendente de la vida, es decir, si no se considera que las propias acciones valen ante Alguien, que no son los demás.

Otra cosa es que no se crea en una determinada Iglesia o confesión religiosa; que no se practiquen unos ritos religiosos, etc. Pero en el corazón de un hombre recto hay una relación a un orden trascendente, a unos valores supremos, que están por encima de lo terreno. Se podría expresar con las famosas palabras que el trágico griego Sófocies puso en boca de Antígona:

«Y no creía yo que tus decretos (se refiere al tirano Creonte) tuvieran tanta fuerza como para permitir que sólo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron.”

2.4 La existencia de Dios y la inteligencia humana

Ha sido una enseñanza constante de la iglesia y, por tanto, de los pensadores cristianos, que el hombre puede conocer con certeza al Dios vivo y verdadero, por la luz natural de la razón humana, por medio de las cosas visibles (cfr. Concilio Vaticano I)

En efecto, el progreso de las ciencias no da razón de por qué existe el mundo, cuál es su origen, quién lo ha organizado tan admirablemente y para qué. Algunos han querido explicarlo por el azar y la casualidad, como si mezclando letras sin orden ni concierto o poniendo un mono a la máquina de escribir pudiera resultar el Quijote o uniendo al azar notas musicales pudiera surgir la Novena Sinfonía de Beethoven.

Pensadores de todos los tiempos han elaborado argumentos más o menos sencillos para razonar la existencia de Dios. Entre todos ellos destacan las llamadas –vías- de Santo Tomás de Aquino.

Las vías de Santo Tomás parten de un hecho de experiencia; aplican el principia de que todo lo que surge ha de tener una causa proporcionada; esta causa, a su vez, ha debido ser causada por otra; esta serie de causas no puede ser infinita; luego se ha de admitir una primera causa, no causada, que es a la que llamamos Dios.

en la naturaleza hallamos cosas que pueden

existir o no existir, pues vemos seres que se producen y seres que se destruyen

Es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo

que tiene posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que no fue. Si todas las cosas

tienen la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existía. Si esto es verdad, tampoco debiera existir ahora cosa alguna, porque lo que no existe no

empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe (

ahora no habría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los

La tercera vía considera que (

)

) (

)

y, en consecuencia,

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seres son posibles (pueden ser y no ser) o contingentes, sino que ha de haber alguno que sea necesario por sí mismo, al cual todos llamamos Dios.

(Santo Tomás, Summa teológico, q. 2)

Hoy, gracias al desarrollo de las ciencias nos encontramos ante un hecho indiscutible: Desde hace miles de millones de años el universo está haciéndose. Ante este hecho cabe una pregunta: ¿Se hace a sí mismo o es hecho por otro?

Lo primero es imposible y contradictorio, sólo explicable si se recurre a la falacia de atribuir a la materia originaria la capacidad de crearse a sí misma, organizarse por sí misma, de darse a sí misma la vida que antes no tenía y lo que es más ¡lógico todavía darse la capacidad de pensar, todo lo cual es absurdo. Sólo cabe la otra respuesta: Es hecha. Es hecha por un Ser que existe antes que todo.

Esto, que con nuestra razón alcanzamos, lo conoció con certeza absoluta el pueblo de Israel por un designio divino. La Biblia, su libro sagrado, empezaba con estas palabras: -Al principio creó Dios el cielo y la tierra-. Dios existía antes del principio de todo.

Aunque los datos estadísticos tienen solamente un valor relativo y, más si cabe, en un terreno como el de la religión, puede ser ilustrativo el siguiente cuadro:

NUMERO DE CREYENTES EN EL MUNDO A FINALES DE 1978

3.800 millones de una población de 4.200 (cifras redondeadas)

De estos creyentes, 1.200 millones son cristianos.

750

millones de católicos.

350

millones de cristianos protestantes y 150 millones de cristianos ortodoxos.

De los católicos, que constituyen el 18 % de los habitantes de la Tierra, viven en las dos Américas el 48,6 %. En Europa, el 35,5 %; en Asia, el 7,8 %; en África, el 7,3 % y en Oceanía, e/ 0,8 %.

Respecto a la población total resultan los siguientes porcentajes: 62 % son los católicos en América, 39,6 % en Europa, 25,5 % en Oceanía, 12,4 % en África y 2,8 % en Asia.

En la actualidad hay en la Iglesia Católica 3.650 obispos; 416.329 sacerdotes, de los cuales 258.451 son seculares y los demás religiosos. También hay 984.782 religiosas. Hay un sacerdote por cada 1.800 católicos. Los creyentes de otras religiones se distribuyen aproximadamente del siguiente modo (datos de 1978):

550

millones de musulmanes.

500

millones de hindúes.

300

millones de confucianos.

280

millones de budistas.

EL CATOLICISMO EN ASIA A 31-XII-78

JAPÓN

La misión del Japón comenzó con la llegada de San Francisco Javier, jesuita español, el 15 de agosto de 1549. Además de jesuitas, llegaron poco después

franciscanos y dominicos. En 1562 había ya 82 misioneros y 150.000 fieles con

200 iglesias.

Hubo después destierro de misioneros y persecución sangrienta con abundancia de mártires. Siguieron dos siglos de aislacionismo japonés. En 1858 comienza una

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nueva evangelización. Se descubre entonces que hablan permanecido católicos, que conservaban la fe. Hubo nuevas persecuciones hasta 1873. En 1930 eran 100.000 los cristianos y había 252 sacerdotes. En 1978 hay: 15 diócesis; 401.706 católicos; 1.916 sacerdotes; 1.967 religiosos; 6.980 religiosas; 186 seminaristas; 10.647 bautizos en ese año; 11.547 catecúmenos.

Hay también 12 universidades católicas, 33 Junior Colleges; 114 High Schools; 55 escuelas elementales; 600 parvularios.

Asimismo hay 31 hospitales llevados por católicos; 51 orfanatos; 14 guarderías infantiles; 4 sanatorios para inválidos; 20 para retrasados mentales; 42 residencias para ancianos; 49 residencias de estudiantes y 23 para trabajadores.

FILIPINAS

Actualmente hay: 26 diócesis; 10 prelaturas; 4 vicariatos apostólicos y uno castrense, 100 obispos; 4.000 sacerdotes (seculares y religiosos)

El 86 % de la población es católica en un total de 12.194.740.

CHINA

A fines de 1978 se calcula que China tiene más de 950 millones de habitantes. Es muy difícil saber cuántos católicos quedan de los 3.251.347 que había en 1947, pero hay quien considera que pueden pasar de los dos millones. También puede acercarse al millón el número de chinos católicos que viven fuera de la China continental.

Antes de la implantación del marxismo, que ha combatido intensamente la religión, había 145 diócesis con unos 5.800 sacerdotes.

EL CATOLICISMO EN LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA

(Datos facilitados por el Directorio Católico Oficial para 1979)

Número de bautismos 896.154

340.489

Matrimonios por la Iglesia

Arzobispos y obispos 345

Sacerdotes

58.430

Religiosos

7.965

Religiosas

128.376

Seminaristas

13.960

Estudiantes universidades católicas 483.760

Estudiantes escuelas católicas

3.233.422

Parroquias

18.695

Universidades católicas 341

Escuelas católicas 10.373

Total de católicos

49.602.035

2.4.1 Vigencia de la religión

Los datos estadísticos sobre la religión tienen un mero valor indicativo. Hay hombres que se confiesan creyentes pero que tienen una fe pobre o superficial. También hay hombres que se dicen no creyentes pero que en el fondo de su corazón tienen una actitud que se puede calificar de religiosa.

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Al manejar estos datos no se puede perder de vista que en el caso de la religión no se trata sólo de las actitudes que van tomando los hombres de determinados ambientes o culturas, sino de la acción de Dios en las almas, de una manera especial a través de los medios que ha dejado a su Iglesia.

Aparte los datos referentes al Cristianismo se puede señalar la difusión de la religión islámica, que está extendida por muchos países del mundo y que ha resistido con fuerza la presión del marxismo en algunos de estos países.

De todo lo expuesto puede concluirse que, a pesar de las perspectivas parciales que se puedan tener, por ejemplo, la de la disminución de la práctica religiosa en algunos países de raigambre cristiana, la disminución de las vocaciones sacerdotales y religiosas durante los últimos años o el deterioro de las costumbres morales en bastantes cristianos y creyentes, bajo el influjo de un neopaganismo, que no sólo atenta a la moral cristiana, sino a la misma naturaleza del hombre, a pesar de todo eso, es un hecho incuestionable la presencia de la religión y de la creencia en el mundo, a finales del siglo veinte.

Los hechos confirman la doctrina de que la religión es una actitud esencial al hombre, inscrita en su propia naturaleza. Por eso, a pesar de todas las persecuciones y de todas las circunstancias adversas, la religión renace en el corazón de los hombres una y otra vez.

Puede, ciertamente, afirmarse que todas las profecías sobre la desaparición de la religión, hechas en los últimos tiempos, han sido desmentidas por la realidad. El principal profeta del ateísmo, Marx, ha sido desmentido por los hechos, como en otras de sus profecías. En primer lugar, tenemos el hecho de la supervivencia de la fe en los países comunistas, a pesar de la persecución encarnizada. Así lo muestran muchos de los disidentes rusos, que han logrado salir de la URSS. Lo mismo manifiesta la conservación de la fe en China y en los demás países comunistas, destacando sobre todo el caso polaco.

LA IGLESIA, INSTITUCION MEJOR CONSIDERADA EN POLONIA.

Según un sondeo publicado por el semanario sociocultural Kultura, la Iglesia Católica es la institución en la que los polacos tienen más confianza. El sondeo ha sido realizado por el muy oficial Centro de Encuestas sobre la opinión pública y señala que el Partido Comunista, clara minoría, ocupa el último lugar en la escala de preferencias. En Polonia, a pesar de ser un país dominado por un partido marxista, continúa el aumento de vocaciones sacerdotales. En 1979 había 5.845 seminaristas. En ese año se ordenaron 589 sacerdotes (569 en 1978 y 438 en

1977)

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3 Verdaderas y falsas imágenes de Jesús

3.1 Creer en Jesucristo

El ruso Dostolevski, en su ensayo Los demonios, hace decir a su héroe que la cuestión de la fe -se reduce, en definitiva, a esta pregunta apremiante: "¿Puede un hombre culto, un europeo de nuestroS días, creer aún en la divinidad de Jesucristo, Hijo de Dios?", pues en ello consiste la fe toda»

Según ese autor, que escribía en 1871, la fe no es sino creer en la divinidad de Cristo.

El Papa Juan Pablo II, el 22 de octubre de 1978, en el discurso del comienzo de su pontificado, como respondiendo a esa cuestión, empezaba así:

-Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt. 16, 16) Estas palabras fueron pronunciadas por

Simón, hijo de Jonás, en la región de Cesárea de Filipo

En aquellas palabras está la fe de la Iglesia. En aquellas mismas palabras está la nueva verdad, más todavía, la última y definitiva verdad sobre el hombre: el Hijo de Dios vivo. -Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo»

3.2 Actitudes ante Jesucristo

Eran éstas, palabras de fe (

)

Jesús es el gran enigma de la historia: su vida heroica; su mensaje de salvación eterna; su nueva escala de valores, que contrasta abiertamente con lo que suele buscar el hombre egoísta y apegado a lo material; la proclamación de su divinidad, hace de Jesús un personaje que no se puede comparar a ningún otro de la historia de la humanidad.

No es extraño, por tanto, que la reacción de los hombres ante Jesucristo, haya sido tan dispar. Unos, sus discípulos, sus fieles, sus santos, han creído en El y con tal firmeza y le han querido de tal manera, que han perdido su vida por El. -El que hallare su vida la perderá, y el que perdiere su vida por amor de mi, la encontrará. (Mt. 10, 39) Otros, en cambio, le han rechazado de plano. Así, San Pablo llegará a decir que Jesús es -escándalo- para los judíos y -locura» para los gentiles.

Todavía hoy, y quizás hoy más que nunca, Jesucristo, tal corno la Iglesia lo confiesa, lo exalta, lo propone y lo ama, sigue siendo objeto de contradicción, como en el acto de la presentación de Jesús en el templo, el anciano Simeón dijo a María (Lc. 2, 21-40) Toda una literatura erudita y a veces artística, desde el siglo pasado hasta hoy, se ha esforzado en viviseccionar el Evangelio para introducir la duda sobre Jesús, incluso sobre su existencia.

(Pablo VI, 11-XII-74)

Los fariseos y saduceos pedían a Jesús una señal del cielo para creer en El. En todas las épocas de la historia hubo gentes que querrían hechos extraordinarios para creer en Jesús. Sin embargo, en todos los tiempos desde entonces ha habido creyentes en Jesucristo y quienes no han querido creer, a pesar de haber presenciado milagros.

En efecto, el mensaje evangélico chocó con las ideas del mundo judío y grecorromano de la época y, en general, con toda doctrina que no admite más que lo material o lo que se puede demostrar con la razón humana.

Los judíos de su tiempo le acusaron de estar poseído de un espíritu maligno. Para algunos se trataba de un mago que había fundado una secta al margen de la religión ortodoxa.

El judío Maimónides, del siglo XI, considera a Jesús como un traidor a su pueblo, pero reconoce que gracias a él es conocida la Biblia por gran parte de la humanidad.

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Entre los escritores paganos, Tácito considera a los cristianos como enemigos de la raza humana, fanáticos, que llevan una vida oculta. Suetonio llama a la religión cristiana superstición maléfica, y Ceiso dice que Jesús es un fracasado, un desequilibrado mental.

En el Islam, Mahoma no conoció los evangelios auténticos, sino sólo los apócrifos (escritos no inspirados por Dios), pero el Corán dice extravagancias sobre Jesucristo, como que la muerte fue aparente y que crucificaron a otro parecido a El.

Con la aparición del racionalismo en la Edad Moderna (doctrina que no admite nada sobrenatural) la figura de Jesucristo sufre múltiples tergiversaciones. Los llamados librepensadores de la Ilustración atacan con fanatismo la figura de Jesús.

Una de las deformaciones de la verdadera doctrina sobre Jesucristo ha tenido lugar también en nuestros días y dentro de algunos grupos católicos. Es la de aquellos cristianos que, preocupados, noblemente quizá, por los problemas sociales, que aquejan a la humanidad, han reducido la misión de Jesucristo a una mera misión humana, terrena, «horizontal-, de redentor del hombre en cuanto a esos problemas. Esto ha traído en muchos casos una humanización de la religión y, por tanto, una desvirtuación de la misma. El Papa Juan Pablo II, como ya lo hicieron sus antecesores, ha rechazado esta visión de Jesucristo:

Los fieles de vuestros países, decía en México el 28-1-79, esperan y reclaman ante todo una cuidadosa y celosa transmisión de la verdad sobre Jesucristo. Este se encuentra en el centro de la evangelización y constituye su contenido esencial

Hemos de confesar a Cristo ante la historia y ante el mundo con convicción

profunda, rendida, vivida, como lo confesó Pedro: -Tú eres el Cristo, el Hijo de

En algunos casos se silencia la

divinidad de Cristo, o se incurre de hecho en formas de interpretación reñidas con la fe de la Iglesia. Cristo sería sólo un «profeta», un anunciador del Reino y del amor de Dios, pero no el verdadero Hijo de Dios, ni sería, por tanto, el centro y el objeto del mismo mensaje evangélico.

Dios vivo-

No caben -relecturas» del Evangelio

Otros proponen un Jesús como comprometido políticamente, como un luchador contra la dominación romana y contra los poderes, e incluso implicado en la lucha de clases. Esta concepción de Cristo como político, revolucionario, como el subversivo de Nazaret, no se compagina con la catequesis de la Iglesia.

3.3 Doctrina de la Iglesia sobre Jesucristo

Creemos en nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. El es el Verbo eterno,

, han sido hechas todas las cosas. Y se encarnó por obra del Espíritu Santo, de María Virgen y se hizo hombre: igual, por tanto, al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad; completamente uno no por confusión de la sustancia, sino por unidad de la persona.

nacido del Padre antes de todos los siglos y consustancial al Padre

por quien

(Pablo VI, Credo del pueblo de Dios, 111)

En todos los símbolos de la fe, la Iglesia ha manifestado invariablemente su doctrina sobre Jesucristo: Verdadero Dios y verdadero Hombre. La fe cristiana encierra esta doble afirmación.

Podemos resumir la doctrina de la Iglesia en las siguientes afirmaciones:

Se hizo hombre la segunda Persona de la Santísima Trinidad, que es el Hijo, para redimirnos del pecado y darnos la vida eterna;

Al hacerse hombre se encarnó, es decir tomó nuestra carne. Además de cuerpo, tiene, como todo hombre, un alma espiritual e inmortal. A este cuerpo y alma se unió la segunda Persona divina para formar a Jesucristo.

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Hay, por tanto, en Jesucristo dos naturalezas: una divina porque es Dios y otra humana porque es hombre.

En Jesucristo hay una sola persona, que es divina y es la segunda de la Santísima Trinidad.

Jesucristo, en cuanto hombre, es igual que nosotros, menos en el pecado, que El no tuvo ni pudo tener.

Jesucristo, durante los últimos años de su vida, enseñó públicamente su doctrina, la practicó con sus obras y la confirmó con sus milagros;

Nos salvó o redimió ofreciendo el sacrificio de su vida en la cruz por todos los hombres, para obtener el perdón de nuestros pecados y devolvernos la gracia y la amistad de Dios.

Jesucristo, que murió verdaderamente y fue puesto en un sepulcro, para mostrar su divinidad resucitó por su propio poder al tercer día, como lo había anunciado, saliendo glorioso del sepulcro para no morir ya nunca más;

La resurrección de Cristo es una verdad fundamental de nuestra fe y la garantía de nuestra propia resurrección.

3.4 Herejías sobre Cristo

Sobre Jesucristo es posible una mala interpretación, que lleve al error y a la herejía. Así sucedió en los primeros siglos de la Iglesia, hasta que se fue precisando en los concilios el contenido del misterio de Dios-hombre. Los errores suelen provenir de dos fuentes, o bien por percibir un aspecto parcial y olvidarse del conjunto, o bien por no poseer una precisión filosófica suficiente que permita distinguir y avanzar en el conocimiento de la verdad. Las principales herejías son las siguientes:

Los que niegan su divinidad

a) En la Antigüedad con diversos matices hubo quienes negaron la divinidad de Cristo.

Sobre todos destaca el arrianismo. Este no admite que Cristo sea consustancial con el Padre, sino que afirma fue creado como un ser intermedio a través del cual se realiza la

creación y la redención. Cristo es, por tanto, inferior al Padre.

b) Modernamente han negado la divinidad de Jesucristo aquellos que niegan todo lo

sobrenatural. Afirman que Cristo es sólo un hombre. Para unos es un hombre excepcional,

con una gran fe, por la que tuvo un singular conocimiento de Dios, debido al cual fue Redentor del mundo. Para otros fue un hombre idealizado por la piedad de los primeros cristianos y divinizado por influencia de ideas paganas.

Los que niegan su humanidad

A finales del siglo II y comienzos del II hubo algunos, que movidos por las filosofías en boga, negaron la -humanidad del Señor. Afirmaban que lo humano de Jesús era pura apariencia. Su cuerpo sería aparente. Su Pasión aparente. Lo único real en El era lo divino.

Los que niegan que Cristo es una sola Persona

a) Nestorianismo: Afirma que en Cristo hay, además de dos naturalezas, dos personas: una divina (el Verbo) y otra humana (Jesús de Nazaret) Según esto, Cristo es verdadero hombre y verdadero Dios, pero ambas naturalezas tienen sólo una unión moral. La divinidad habita en la humanidad de Jesús como en un templo. En consecuencia, no se puede llamar a María madre de Dios, sino madre de Jesús-Hombre.

Fórmulas modernas de nestorianismo o arrianismo serán las que afirman que Cristo es solamente -el hombre para los otros. o simplemente -un hombre provisto excepcionalmente de gracia, o una manifestación extraordinaria de Dios-. Reducen, pues, a Cristo a ser para los hombres sólo un ejemplo, silenciando su divinidad.

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b) Los que niegan la existencia de dos naturalezas. Hubo algunos que para defender la divinidad de Cristo dijeron que su humanidad desaparece al unirse a la divinidad. En Cristo, por tanto, hay una sola naturaleza y una sola persona, pues lo humano se convierte en divino, o se confunde con ello. Otros, dependiendo de los anteriores, afirmaron que en Cristo solamente había una voluntad: la divina. La humana desaparecía. Según esta doctrina, no se podría explicar que Jesús dijese en el Huerto: «No se haga mi voluntad sino la tuya»

Ninguno de estos errores puede explicar bien todo lo que es Jesús, ya que deforman su figura. Pero Dios, que no abandona a los hombres, marca el camino de la verdad por el Magisterio de la Iglesia asistido por el Espíritu Santo.

3.4.1 Enseñanza de la Iglesia

El Concilio de Calcedonia

La Iglesia, con la asistencia del Espíritu Santo, tiene la misión de enseñar la verdadera fe.

Aunque ya quedó clara la divinidad de Cristo en el Concilio de Nicea, la declaración del Concilio de Calcedonia dice: -Siguiendo a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad, verdadero Dios y verdadero hombre, de alma racional y de cuerpo, consubstancial al Padre en cuanto a la divinidad y consubstancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros menos en el pecado; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad y, él mismo, en los últimos' días, por nosotros y nuestra salvación, engendrado de María Virgen, Madre de Dios, en cuanto a la humanidad»

Las últimas declaraciones del Magisterio de la Iglesia insisten, ante esos nuevos brotes de nestorianismo, e incluso de arrianismo, en que Cristo es la revelación plena del Padre y del Amor divino, precisamente porque es Dios (21. Nov. 1970)

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

3.5 Las representaciones de Jesucristo en el arte cristiano

Las diversas representaciones artísticas de Jesús son también expresiones de la doctrina sobre Jesús y de la fe en El.

Como Jesucristo es Dios y, a la vez, hombre perfecto, la riqueza de su figura es inabarcable para el hombre. Por eso es lógico que puedan resaltar aspectos distintos las diversas épocas históricas, de acuerdo con las aspiraciones humanas de cada tiempo y las características culturales y religiosas de cada momento. Esto no significa que unas épocas representen mejor que otras a Jesús, sino que se van poniendo de relieve aspectos de su insondable riqueza.

3.5.1 El antiguo arte cristiano

En un principio, se representa a Jesucristo por medio de símbolos o alegorías, porque se temía que las representaciones del Señor no tuvieran la dignidad que corresponde al Hijo de Dios.

Uno de los símbolos más antiguos es el pez, pues sus letras griegas (ijzus) son las iniciales de las palabras Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador. También se usa el león, el pelícano (del que se pensaba que se daba muerte para alimentar a sus crías con su propia sangre, en caso de necesidad), el ave fénix (de la que existía la leyenda de que renacía de sus cenizas), el delfín, el racimo de uvas, etcétera.

Especial mención merece el cordero, que abunda desde el siglo V, a veces colocado sobre un pequeño monte, que significa el Calvario. Este símbolo tenía un fundamento en las

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palabras de San Juan Bautista acerca de Jesús: -He ahí el Cordero de Dios y en las profecías sobre la Pasión: -Como un cordero llevado al matadero» Sobre todo representaba la relación entre la Pascua judía centrada en la comida del cordero pascual y la nueva Pascua cristiana, fundada en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.

La representación más frecuente y difundida es el anagrama formado por las dos iniciales de su nombre en griego X (ji) y P (ro), enlazadas, que recibe el nombre de crismón. Suelen acompañarlas la primera y última letras del alfabeto griego, A y fl (alfa y omega), símbolos de principio y fin, o sea de eternidad.

A finales de la Edad Media se popularizará el trigrama formado por las letras IHS, que

significan Jesús, Hombre, Salvador.

También hay otras alegorías muy características, como la del Buen Pastor. Suele representarse por un pastor con una oveja en los hombros y un cayado en la mano, ya desde las catacumbas.

En la época helenística se representa a Cristo como un hombre joven e incluso adolescente. Se encuentra en sepulcros, pinturas, marfiles, mosaicos, miniaturas, etcétera.

En el imperio bizantino surge la representación de Cristo con aspecto solemne y mayestático, de amplia cabellera y abundante barba.

3.5.2 Románico y gótico

En el románico, las imágenes de Cristo, tanto en pintura como en escultura, expresan sobre todo dos temas:

1) la Majestad del Señor. Cristo en la Cruz, rígido, con cuatro clavos, ojos abiertos, corona (no de espinas, sino real) y cubierto con túnica. Aunque esté en la Cruz, Cristo es, sobre todo, el Rey del universo y, además, es Cristo victorioso, que ha vencido en la Cruz.

2) El Pantocrátor. Cristo sentado, barbado, bendiciendo, que también es Cristo Rey, rodeado por una orla con una inscripción y frecuentemente con los símbolos de los cuatro evangelistas en los extremos, que subrayan la divinidad de Cristo y su triunfo sobre el pecado y sobre la muerte. La escultura románica constituirá una verdadera catequesis con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento, como se ve, por ejemplo, en el pórtico de Santa María de Ripoll, en el claustro de Sant Cugat del Vallés, en el pórtico de la Gloria, de Santiago de Compostela, etcétera.

En el arte gótico se pasa de la majestuosidad y el hieratismo del románico a una acentuada humanización, adquiriendo las representaciones de Cristo rasgos más humanos. Sigue habiendo una idealización de la figura de Cristo en las imágenes, que lo presentan bendiciendo. Pero en los crucificados y calvarios se acentúan los rasgos del sufrimiento de la pasión: Cristo cuelga muerto de la Cruz, llagado, con corona de espinas y en algunos casos aparecen las hinchazones, etc. Es, sobre todo, el Siervo de Yavé, que anunciaba la Escritura, «en el que no hay parecer ni hermosura» Es el Varón de dolores, también en frase de la Escritura. Se representan igualmente otras escenas de la Pasión.

A

la vez, se difunden escenas de la vida de infancia de Jesús, que fomentan el afecto hacia

la

figura de Cristo.

3.5.3 El Renacimiento y el barroco

En el Renacimiento predomina el tipo heroico del Cristo atleta, que surge de los modelos de Miguel Ángel.

En el barroco predomina un naturalismo en el que destacan las notas dolorosas y a veces patéticas de cristos agónicos o muertos, con muestras muy visibles de sufrimiento, todo ello dentro de la expresividad y movimiento del arte barroco. Es la época de la gran imaginaría española, muy abundante en escenas de la Pasión, entre otras cosas por destinar buena

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parte de las imágenes a las procesiones de la Semana Santa, que no tenían ninguna finalidad folklórica, sino penitencial, de mover a los cristianos a la piedad y al arrepentimiento de los propios pecados. Eran una manera de predicar la doctrina, como también lo había sido el románico y el gótico.

Para comprender el arte barroco de carácter religioso, hay que tener en cuenta la llamada Reforma protestante, que supone la destrucción del equilibrio y optimismo humanístico del Renacimiento, ante la realidad dolorosa de la ruptura de la unidad de la Cristiandad europea, con las guerras que trajo consigo. La Iglesia, poco después reacciona con gran vitalidad y se esfuerza por exaltar y avivar la fe de los fieles. Así como el protestantismo avanza por cauces más bien iconoclastas (no querer imágenes), en el ámbito católico se despliega un arte lleno de expresión plástica, de riqueza de formas y de colorido, que ayuda al pueblo cristiano a mantener la alegría de la fe en Jesucristo y a contemplar con facilidad los misterios.

El arte barroco tiene riqueza, movimiento, abundancia. Todos los recursos de la imaginación humana se emplean para la gloria de Dios. La arquitectura, escultura y pintura barrocas son instrumentos al servicio de la fe y de la celebración religiosa. Puede ser que al católico de nuestros días le resulten excesivamente recargados los retablos barrocos, las imágenes, las mismas iglesias, pero en su tiempo cumplieron una función evangelizadora. El pueblo cristiano encontró en ese arte un medio de aprendizaje de la fe. Lo que pueden hacer hoy el cine, la televisión, etc. lo hacía en esos siglos el arte barroco. Las representaciones de la Trinidad, de la vida de Cristo, de su Pasión, Muerte, Resurrección, etc. constituían un catecismo plástico de un valor incalculable.

Otros temas religiosos propios del arte barroco son: la difusión del Niño Jesús y la de Cristo Sacerdote en representaciones del Salvador, algunas de ellas con el Cáliz y la Sagrada Hostia en las manos de Cristo. También en esta época surgen las representaciones del Corazón de Jesús, en las que Jesucristo muestra su corazón descubierto en el pecho, del que surgen rayos. Este tema se difunde a partir de 1685 y coincide con una profundización en el gran tema del amor de Dios por los hombres, manifestado a través de la Encarnación del Verbo, es decir, de su Santa Humanidad.

Otro tanto podríamos decir de las manifestaciones literarias, que culminan en las obras de Calderón de la Barca, cuya obra genial sintetiza la musicalidad del verso con la densidad de ideas del conceptismo, en un prodigioso equilibrio, puesto todo él al servicio de la expresión de la fe católica en todas sus facetas, no sólo a través de sus autos sacramentales, sino de las restantes obras, que sirven para mostrar una sociedad en la que la fe cristiana ha arraigado hasta lo más hondo y se manifiesta en todas las facetas de la vida.

3.5.4 Siglos XVIII y XIX

El neoclasicismo significa un redescubrimiento de la Antigüedad clásica y ello se traducirá en las representaciones religiosas. Son destacabas en escultura las imágenes de Salzillo, que narran los sucesos de la Pasión basándose en grupos escultóricos de corte clásico, muy aptos para mover al pueblo cristiano. También traslada a España las representaciones del Pesebre, tan difundidas en su patria de origen (Italia)

En el XIX hay que hacer notar la obra de Gaudí, especialmente en la Sagrada Familia de Barcelona, en la que con un cierto neogoticismo y un modelado naturalista resulta una síntesis genial del arquitecto ingeniero-escultor, muy propio de su tiempo.

Los demás movimientos artísticos no aportaron nada en el fenómeno religioso.

3.5.5 Arte actual

Es difícil dar una visión global. Después de la crisis del arte religioso en el siglo XIX, en nuestro tiempo se ha tendido, por lo general, más a señalar el simbolismo alegórico que a insistir en la búsqueda de los rasgos concretos del Jesús de la historia, bajo el influjo, en parte al menos, del arte abstracto de nuestros días.

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Entre las diversas corrientes de arte religioso de nuestro tiempo, cabe destacar también la tendencia a un sano realismo, que ayuda a la piedad de los fieles, objetivo siempre primordial del arte cristiano. No podemos olvidar que, cuando Fray Angélico pintaba sus encantadoras escenas de la vida del Señor, no pensaba hacer otra cosa que la que hacían todos sus hermanos de la Orden de Predicadores: predicar a Jesucristo.

ACTITUDES ANTE JESUCRISTO EN LOS ULTIMOS TIEMPOS

En 1966, la revista norteamericana TIMES, de enorme difusión en todo el mundo, llenaba su portada con una frase que habla pronunciado el filósofo ateo Nietzsche y que, con un sentido algo diverso sostenían una serie de teólogos protestantes

del ámbito anglosajón: ¡Dios ha muerto! Estos teólogos sostenían que la originalidad de Jesucristo está en el amor, que le hace ser, ante todo, -el hombre

En resumen, convertían a Jesús en un puro hombre y la religión

es una cosa para este mundo solamente. Algunos de ellos han aceptado ser

llamados «cristianos ateos»

para los demás

Tres años más tarde, la misma revista ocupaba toda su portada con las siguientes palabras: .¿Vuelve Dios a la vida?» Era la expresión del crecimiento de la preocupación religiosa en muchas personas, especialmente entre los jóvenes. Algunos movimientos de jóvenes cantaban -I love Jesus- o llevaban camisetas en las que podía leerse «Jesús is my Lord u otras cosas por el estivo. Al lado de esto surgía el éxito mundial de Gospel o de Jesús Superstar.

¿Han sido estas manifestaciones auténticas búsquedas de Jesús? Probablemente no; pero cuando los jóvenes han abarrotado los estadios o los aeropuertos para asistir a las Misas de Juan Pablo II o cuando acuden por millares a sus audiencias, puede asegurarse que la figura de Jesús sigue teniendo ese atractivo único, que desde hace veinte siglos ha hecho una leva de hombres y mujeres que le han dado la vida.

Aunque las noticias son difíciles de calibrar, podemos citar también los testimonios de los disidentes de la URSS, que aseguran hay una inquietud religiosa creciente bajo la opresión comunista.

En todos estos casos, del Occidente capitalista o del Oriente comunista, se puede detectar lo que también expresaba la revista TIME en junio de 1971. Ocupaba la portada un rostro de Jesucristo orlado por las siguientes palabras: LA REVOLUCION JESUS. Para muchos jóvenes del mundo, hastiados por el materialismo, Jesucristo significa un sentido más alto para la vida, unos valores más duraderos, un motivo verdaderamente valioso por el que esforzarse.

Esto no quiere decir que el camino para llegar a Jesucristo haya de ser el de estar de vuelta de otras cosas. Muchos otros jóvenes han encontrado a Jesús desde su infancia y han tenido la suerte de no perderlo y crecer a su lado.

Juan Pablo II decía en Galway (Irlanda) a 300.000 jóvenes que le habían recibido con 18 minutos ininterrumpidos de aplausos y gritos: -En Cristo descubriréis la grandeza de vuestra propia humanidad; El os hará entender vuestra propia dignidad como seres humanos, "creados a imagen y semejanza de Dios" (Gen. 1, 6) Jesús tiene las respuestas a vuestras preguntas y la clave de la historia; tiene el poder de elevar los corazones. El sigue llamándoos, El sigue invitándoos, El, que es "el Camino y la Verdad y la Vida" (Jn. 14, 16) Sí, Cristo os llama, pero El

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os llama de verdad. Su llamada es exigente, porque os invita a dejaros "capturar" completamente por El, de modo que viváis toda vuestra vida bajo una nueva luz.

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4 La tierra y el pueblo de Jesús

4.1 La tierra de Jesús

Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que te mostraré (Gn. 12, l) Con estas palabras de Dios a Abrahán comienza verdaderamente la historia del pueblo hebreo. Abrahán mora en la tierra de Canaán que Dios promete dar a su descendencia.

Esta tierra comprendía cuatro franjas paralelas: la costa mediterránea; la llanura costera; las cadenas montañosas con sus montes: Hermón (2.759 m), Garizim (868 m), Tabor (562 m) y el Olivete (812 m); y la depresión del río Jordán, que nace en el monte Hermón y atraviesa una zona pantanoso (la laguna Hulé), el lago -de Genesaret o de Tiberíades, llamado también mar de Galilea, para desembocar en el mar Muerto.

Es una tierra llena de contrastes, tanto en su aspecto físico, en el que se encuentran zonas desérticas y otras muy feraces, como en su clima, con épocas y zonas muy frías y otras muy húmedas y calurosas.

En tiempos de Jesús, Israel estaba dividido en las siguientes provincias: Judea, Samaria, Galilea, Perea, la Decápolis e Iturea.

Judea: era la provincia más importante. En ella radicaba Jerusalén, capital y centro de todo el país. Situada en el Sudoeste, era la provincia más pobre y seca. Otras ciudades importantes de Judea eran: Jericó, Hebrón y Belén.

Samaria: estaba situada al norte de Judea. Entre sus poblaciones más importantes se encontraban: Cesárea y Sebaste.

Galilea: era la provincia más fértil. Por su cercanía con Siria y Fenicia tenía un importante comercio. Entre las poblaciones más importantes se encontraban:

Nazaret, Cafarnaúm, Caná y Naím.

Perea, Decápolis e Iturea: la provincia de Perea se encontraba al otro lado del Jordán, en el Oeste. La Decápolis estaba formada por diez ciudades confederadas, situadas casi todas en la Transjordania; eran ciudades habitadas por griegos. Iturea se encontraba al Norte; comprendía unas treinta ciudades, cuyos habitantes eran griegos de raza y paganos.

4.2 El pueblo de Jesús

El origen del pueblo judío está en Abrahán, pastor nómada, natural de Ur de Caldea.

Abrahán -nombre que Dios le pone- es un hombre de fe, que se abandona completamente en las manos de Dios. No teniendo descendencia, cree en la palabra divina que le promete será numerosa como las arenas de la playa y las estrellas del cielo. Dios le pide que le ofrezca en sacrificio al hijo nacido de la promesa: Isaac. Abrahán pasa por encima de su amor paterno y va a poner en ejecución la orden de Dios. Demuestra así su profunda convicción religiosa de que tiene a Dios por encima de todas las cosas. Es, entonces, cuando Abrahán descubre lo que es más importante para un hombre: Que Dios nunca falla. Abrahán es el hombre que encontró a Dios y supo seguirle fielmente. Dios hizo con Abrahán el pacto de la circuncisión, que sería siempre la manifestación de su pertenencia al pueblo elegido.

La semilla de un pueblo puesta en Abrahán tiene su realización con Moisés, que, guiado por Dios, salva al pueblo de la esclavitud en que había caído en Egipto y comienza así el éxodo o camino hacia la tierra prometida.

El nacimiento del pueblo elegido tiene dos fases: la Pascua y la Alianza. En ambas hay una especial intervención de Dios, lo que hará que en este pueblo esté siempre presente esa

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elección por parte de Dios para cumplir en él lo que había prometido a Adán: la Redención. El Mesías prometido nacería de Israel.

La Pascua es el inicio de la liberación: Dios elige a Israel y castiga a los egipcios. Esta liberación será total cuando Dios, haciendo muestra de su poder, abra las aguas del mar Rojo y libere a Israel del Faraón que les perseguía. Empieza entonces la marcha por el desierto guiados y protegidos por Dios, que los alimenta milagrosamente con el maná y calma su sed haciendo brotar agua de la peña de Horeb.

Al tercer mes de la salida de Egipto llegaron al Sinaí, donde tendrá lugar la Alianza. Dios dijo: -Si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mi un reino de sacerdotes y una nación santa. (Ex. 19, 5-6) A lo que el pueblo contestó: «Haremos cuanto

De esta manera el pueblo elegido debería ser santo, para poder

transmitir la palabra divina que santifica.

Dios, haciéndose presente en la cumbre del Sinaí, dio al pueblo elegido la gran carta de libertad que es el Decálogo. Es carta de libertad porque al cumplirlo los hombres se verían libres de -las ataduras que les esclavizan y podrían servir a Dios. Israel vio en los mandamientos de la Ley el medio para cumplir la voluntad de Dios y amarle. Cristo confirmó esto cuando dijo: -El que recibe mis preceptos y los guarda, ése es el que me ama» (Jn. 14, 21) No siempre fue Israel fiel a la Alianza con Dios, pero Dios no le abandonó y mediante los profetas le fue llevando continuamente al camino que le había marcado.

ha dicho el Señor

Esta Alianza fue perfeccionada por Jesucristo con la Nueva Alianza de su Sangre, que da origen al nuevo pueblo de Dios -la Iglesia-. También a los cristianos, aunque a veces no seamos fieles a la Nueva Alianza por nuestros pecados, Dios -rico en misericordia- nos ofrece siempre el perdón y la reconciliación, especialmente por medio del sacramento de la Penitencia.

«Tú eres un pueblo santo para el Señor tu Dios: El te eligió para que fueras entre todos los pueblos de la tierra el pueblo de su propiedad» (Dt. 7, 6)

4.3 Situación religiosa en tiempo de Jesús

Fiestas de los judíos Un pueblo en fiesta

La fiesta es el eje espiritual de Israel. Cuando el pueblo celebra una fiesta revive las hazañas realizadas por Dios en favor suyo a lo largo de la historia.

El año litúrgico hebreo tiene tres clases de celebraciones: El sábado (sabbat) adquiere muy pronto un significado de fiestas. Entre éstas destacan cinco: la Pascua, Pentecostés, las Tiendas, Año nuevo y el gran día de la Expiación.

El sábado (sabbat) adquiere muy pronto un significado religioso. El pueblo fiel entra en el descanso de Dios. Pero, sobre todo, recuerda la gozosa liberación de la esclavitud en Egipto. El día de descanso queda consagrado a la alegría de saberse en alianza con Dios. Sacerdotes y doctores ofrecen sacrificios o educan al pueblo enseñando la Ley. El rasgo común de todas las fiestas de Israel es el gozo y la esperanza. En la Pascua, a partir del rey Salomón, el pueblo; peregrinará a Jerusalén para festejar con sacrificios la alegría de la liberación de Egipto. La cena del cordero recordará a los miembros de cada familia la hazaña de Yavé, que triunfa y salva a su pueblo.

En Pentecostés, el pueblo celebrará con júbilo el don de la Ley promulgada en el monte Sinaí y la renovación de la Alianza.

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En la fiesta de las Tiendas, Israel revivirá gozoso durante siete días el recuerdo de la dura marcha por el desierto. El gozo de la creación y del perdón estarán presentes en las fiestas de Año nuevo y Expiación.

Biblia para la iniciación cristiana, t. 3. pág. 14.

(Se citará B.p.1.i.c.)

La observancia del sábado era uno de los principales deberes de la Ley mosaica. Abarcaba dos preceptos: el positivo, que consistía en los sacrificios del Templo y la lectura y explicación de la Ley en las sinagogas; ya el negativo, que preceptuaba el descanso casi absoluto y la abstinencia de todo trabajo. Los escribas o doctores de la Ley habían convertido la ley mosaica en un puro conjunto de leyes, que interpretaban restrictivamente, sin fijarse en el espíritu propio de la ley dada por Dios.

El lugar central del -culto judío era el Templo de Jerusalén. Pensado por David, fue construido por su hijo Salomón con toda magnificencia. Destruido el Templo por Nabucodonosor sobre el año 587 a. C., fue reconstruido por Zorobabel a la vuelta del cautiverio de Bablionia. El rey Herodes, queriendo congraciarse con los judíos, lo agrandó y embelleció.

El

Templo formaba un enorme cuadrado. Tenía varios atrios, cada uno a más alto nivel que

el

precedente. En el centro del cuadrado se encontraba el Vestíbulo, el Santo (solamente

podían entrar los sacerdotes que estaban de servicio) y el Santo de los Santos (en el que solamente podía entrar el Sumo Sacerdote una sola vez al año) En el Santo de los Santos estuvo antiguamente el Arca de la Alianza.

4.4 Situación política cuando nació Jesús

Después de expulsar a los sirios de Israel, el pueblo elegido disfruta de ochenta años de paz

e independencia. Pronto, sin embargo, comienzan las luchas por el poder, que van a motivar la intervención de Roma.

Hircano II y Aristóbulo II, hijos de Alejandro Janeo, se disputan la corona a la muerte de su padre. Un general romano, Pompeyo, interviene en la contienda y se declara en favor de Hircano. Este, agradecido, comienza a pagar un tributo a los romanos. De este modo, se pierde de nuevo la independencia.

En el año 40 a.C., el Senado Romano concede a Herodes, natural de Idumea, el título de rey de Palestina. Los judíos se rebelan contra este nombramiento. Tras tres años de luchas, le reconocen como su monarca.

A la muerte de Herodes el reino queda dividido entre sus hijos: Arquelao gobierna Judea,

Samaria e Idumea; Herodes Antipas obtiene Galilea y Perea; y Filipo se queda con las

provincias de Iturea y Traconítide.

4.5 Instituciones y autoridades judías. Grupos representativos

Las principales instituciones judías eran:

El Sanedrín: Era un Senado o Tribunal Supremo, compuesto de 71 miembros, formando tres categorías: príncipes de los sacerdotes, escribas o doctores de la Ley y ancianos o príncipes del pueblo.

Los sacerdotes: Pertenecían a la tribu de Leví y se dividían en 24 clases.

Los levitas: Guardaban el Templo, lo conservaban limpio y mantenían el orden.

Las sinagogas: Eran lugares destinados a la oración y a la lectura y explicación de la Ley y la Escritura. En ellas se reunían los sábados y días de fiesta todos los judíos.

Las autoridades judías estaban constituidas por:

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El Sumo Sacerdote: De la descendencia de Aarón -primer Sumo Sacerdote- salían todos los que le sucedían en el cargo.

Príncipes de los sacerdotes: Eran los antiguos Sumos Sacerdotes y los representantes de las 24 clases sacerdotales.

Ancianos o príncipes del pueblo: Formaban una de las categorías del Sanedrín e intervenían en todos los asuntos de la nación judía y eran muy respetados por todos.

Escribas o doctores de la Ley: Eran los encargados de interpretar la Ley mosaica y la Escritura.

Los grupos más importantes eran:

Los fariseos: Eran observadores rigurosos de la Ley escrita y de las tradiciones orales. Se sentían separados de los demás y de ahí les venía el nombre. Tenían gran influencia.

Saduceos: Eran enemigos de los fariseos. Admitían lo esencial de la Ley, pero rechazaban gran parte de las tradiciones.

Publicanos: Eran los cobradores de impuestos para los romanos, por eso eran muy odiados.

Samaritanos: Eran considerados como herejes por los judíos. No reconocían como único lugar de oración el Templo de Jerusalén.

Esenios: Era un grupo piadoso que procuraba vivir con mayor delicadeza la Ley y vivían célibes.

Celotas: Eran judíos comprometidos a luchar por la independencia, nacional. Eran distintos de los sicarios, que eran extremistas e iban siempre armados con un puñal.

4.6 Los Libros del Antiguo Testamento

El Antiguo Testamento, inspirado por Dios, contiene los puntos fundamentales de la historia de Israel: la Promesa, la Alianza divina, las relaciones entre Dios y su pueblo. Es, asimismo, el devocionario y guía de vida para todos los israelitas.

Es Jesús quien muestra qué hay en él de permanente, por reflejar el orden inmutable divino, y qué cosas tenían tan sólo sentido hasta la llegada del Mesías.

Los principales libros del Antiguo Testamento corresponden a los momentos históricos más importantes del pueblo de Israel.

Comienzo de la Promesa:

Los libros del Pentateuco (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio) narran los principales hechos del pueblo primitivo. Contienen, entre otras cosas, 'el relato de la Creación, el pecado original, la promesa de la Redención, historia de Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés -liberador del pueblo sometido a los egipcios- y la llegada a la Tierra Prometida.

En la Tierra Prometida:

Los libros de los Jueces y de los Reyes narran los principales hechos históricos del pueblo de Israel tras la conquista de la Tierra Prometida; especial importancia tiene la historia del rey David, pues de él descenderá el Mesías. Los libros proféticos -principalmente el de Isaías y el de Jeremías- contienen las llamadas por parte de Dios a la fidelidad del pueblo elegido y las profecías mesiánicas.

Cautividad y exilio:

Los libros de Ezequiel y Daniel son expresivos de épocas duras para el Pueblo de Israel: su cautividad bajo pueblos gentiles y su lejanía de la Tierra Prometida por Dios.

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Otros libros:

Los libros didácticos -principalmente los Salmos y los Proverbios- contienen múltiples enseñanzas y oraciones, que vienen a configurar la vida del pueblo de Israel.

Los libros del Antiguo Testamento son:

Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

Libros históricos: Josué, Jueces, Rut, 1.º Samuel, 2.º Samuel, 1.º Reyes, 2.º Reyes, 1.º Crónicas, 2º Crónicas Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, 1.º Macabeos y 2.º Macabeos.

Libros poéticos y sapienciales: Job, Salmos, Proverbios, Qohelet, Cantar, Sabiduría, Sirácida.

Libros proféticos: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y Malaquías.

4.7 Historia de Israel

Dios escoge como padre del pueblo que va a ser el -Pueblo de Dios» a un hombre llamado Abrahán, descendiente de los antiguos patriarcas. Abrahán tiene fe en Dios y abandona su ciudad, dirigiéndose a la tierra que Dios le ha prometido para él y sus descendientes.

Abrahán tuvo, ya en su ancianidad, de su mujer Sara, un hijo llamado Isaac, Dios le mandó sacrificárselo y Abrahán, obediente a Dios, fue a hacerlo cuando el ángel del Señor detuvo su brazo.

Isaac se casó con Rebeca, de la que tuvo dos hijos gemelos: Esaú y Jacob. La bendición de Dios recayó en Jacob a quien Esaú había vendido el derecho de primogenitura.

Jacob huyó a casa de su tío Labán, que le dio por esposas a sus hijas Raquel y Lía, de las que nacieron los doce padres de las tribus. De entre ellos José fue vendido por sus hermanos a unos mercaderes, que lo llevaron a Egipto, donde, por interpretar un sueño del Faraón, fue constituido gobernador de todo Egipto.

Al haber una gran escasez en Palestina, los hermanos de José fueron a Egipto a comprar trigo. José se les dio a conocer y mandó traer a su padre. El Faraón les dio la tierra de Gesén.

Durante cuatro siglos, los descendientes de Abrahán viven en Egipto. En los siglos XIV-XIII los faraones de una nueva dinastía ven en los hebreos un peligro para el imperio y deciden eliminarlos. Pero Dios sigue protegiendo al pueblo elegido a quien hizo juramento de ser su Dios y Protector.

Con brazo fuerte le libra Dios de la esclavitud y de la muerte. De ese modo, el -éxodo» se convierte en el acontecimiento fundamental de la historia de Israel. Dirigidos por Moisés, los israelitas abandonan Egipto en marcha hacia la Tierra Prometida a sus padres. En el monte Sinaí tiene lugar la Alianza de Dios con el Pueblo elegido.

«La salida de Egipto y los acontecimientos en el monte Sinaí o durante la marcha por el desierto pueden parecer a un historiador profano hechos conformes con el curso ordinario

de los acontecimientos humanos

Se trata de unas "hazañas" de Dios, en las que muestra

de hecho a los hombres, y no sólo de palabra, el amor que les tiene, su empeño en salvarles y hacerles felices, sin que los continuos pecados de éstos le hagan desistir de su designio. (B.p.1.i.c., t. 3, pág. 15)

Cuarenta años permanecieron los israelitas en el desierto. Allí murió Moisés y Josué tomó el gobierno de Israel y lo introdujo en el país de Canaán, que conquistaron los israelitas, ayudados por la mano poderosa de Dios.

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Repartida la tierra entre las doce tribus, a excepción de la de Leví, que no recibió tierra alguna por ser Dios su heredad, fueron gobernados según' la Ley de Moisés, por los jueces, entre los que destacaron: Gedeón, Sansón y Samuel.

Samuel, para seguir el deseo del pueblo que pedía un rey, eligió a SAI, de la tribu de Benjamín, que fue el primer rey del pueblo judío.

A Saúl sucedió David, que reinó cuarenta años sobre el pueblo judío y lo llevó a su

esplendor. A David sucedió su hijo Salomón, famoso por su sabiduría. Salomón edificó el

Templo de Jerusalén.

Durante el período de David y Salomón, las tradiciones orales del pueblo elegido reciben su primera expresión escrita. En este tiempo se redacta el Pentateuco, los relatos históricos del pueblo de Israel, los himnos y cantos, y algunos escritos proféticos.

Dios, por el profeta Natán, había anunciado a David, como castigo de su pecado, que, a la muerte de su hijo, dividiría el reino.

En el año 932 antes de Cristo muere el rey Salomón y su reino se divide en dos. A Salomón sucedió su -hijo Roboán, contra quien se rebelaron diez de las tribus; solamente dos permanecieron fieles: Judá y Benjamín. Se formaron así dos reinos: Israel y Judá. Como rey de Israel se proclamó Jeroboam.

El reino de Israel acabó en el año 722 a. C. con el destierro a Nínive y el de Judá en el 587

a. C. en el que Sedecías fue derrotado por Nabucodonosor y llevado cautivo, con todo su

pueblo, a Babilonia. Durante la cautividad de Bablionja vivió el profeta Daniel.

Comienza una época turbulenta para el pueblo de Israel: la fe en Dios se ve continuamente amenazada en su pureza, pues nacen cultos extraños y crece el olvido de Dios. La tibieza religiosa y las torpes alianzas políticas empujan al desastre: los asirlos conquistan Samaria,

y los babilonios destruyen Jerusalén y conquistan el reino del Sur. Es la época de los

profetas, que recuerdan al pueblo de Israel las promesas de Dios y la Alianza sagrada.

El siglo VI antes de Cristo está marcado por la prueba del destierro. Los israelitas supervivientes han sido llevados por Nabucodonosor a Babilonia. Los persas permiten a los judíos volver a la Tierra Santa. Bajo su dominación viven dos siglos de relativa paz. Durante este período los profetas van cediendo lentamente el puesto a los sabios. En este tiempo se incorporan a los libros sagrados los escritos de Job, Proverbios y Salmos.

Los judíos, recobrada la libertad por el edicto de Ciro, vuelven a Jerusalén, guiados por Zorobabel, reconstruyen el Templo y vivieron más de acuerdo con la Santa Ley, dependiendo unas veces del rey de Persia o del de Siria o del de Egipto. De esta época es Esdras.

El año 330 antes de Jesucristo, Alejandro Magno anexiona Palestina a su imperio. El año 63

a.C. Pompeyo hace de Judea y de Samaria una provincia romana.

No todos estos reyes dejaron vivir en paz al pueblo judío. Hubo uno muy cruel, Antíoco Epífanes, que les obligó a abrazar la religión gentil. Una sublevación se llevó a cabo dirigida por los Macabeos, pero desaparecida esta familia, el pueblo judío, perdida la autoridad, vino a caer en poder de los romanos.

La sublevación de los Macabeos no fue una sublevación de tipo político, sino para defender

la

pureza de la religión frente a los decretos de paganización que daban los invasores. Fue

la

última acción judía en defensa de la fe tradicional contra un rey dispuesto a hacer aceptar

las costumbres griegas a todo el pueblo judío, incluso por medio de la persecución (cfr. B.p.1.I.c., t. 2, pág. 220)

Los romanos hicieron primero tributario suyo al pueblo judío, respetando sus leyes, costumbres y religión. Luego le nombraron un rey extranjero, Herodes el Grande, que gobernaba junto con un gobernador romano. Estas eran las circunstancias cuando nació Jesús.

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5 La Sagrada Escritura

La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que, escritos por inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y, como tales, han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros sagrados Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos. De ese modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería.

(Vaticano li, DV, 11)

La Biblia es palabra de Dios y al mismo tiempo palabra humana. Palabra de Dios en cuanto Dios ha hablado al hombre para comunicarle las verdades necesarias para la salvación; y al mismo tiempo es palabra humana en cuanto que Dios escogió unos hombres, para que valiéndose de sus propias cualidades, pusieran, cada uno a su modo, lo que Dios quería que escribiesen.

5.1 La Biblia, palabra de Dios

5.1.1 La inspiración de la Sagrada Escritura

«La Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo- (DV, 9) La fuerza salvadera de la Escritura Santa, radica en que ha sido inspirada por Dios.

La inspiración es un influjo sobrenatural de Dios sobre el escritor sagrado para que escriba lo que Dios quiere y sólo lo que Dios quiere. La inspiración de la Escritura supone un influjo positivo del Espíritu Santo en las facultades del escritor, de tal profundidad y eficacia que se puede decir, con toda propiedad, que lo escrito tiene a Dios como autor principal.

5.1.2 La verdad en la Sagrada Escritura

Una consecuencia de ser Dios el autor principal de la Sagrada Escritura, es que en ella se dice verdad. Dios no puede comunicar a los hombres lo que no fuera verdad, ya que El es la Verdad.

Todo lo que el autor inspirado escribe y Dios quiso que quedase consignado para nuestra salvación, es verdad. Para ello es muy importante investigar qué querían decir los escritores sagrados, y qué quería Dios dar a conocer con sus palabras (cfr. DV, 12)

Cuando aparentemente haya una oposición entre la Biblia y la ciencia, hay que tener en cuenta que Dios en la Sagrada Escritura no propone verdades científicas, sino salvadores. Los escritores sagrados hablan de los fenómenos naturales empleando las expresiones y conceptos normales en su época.

El Concilio Vaticano II dice: -Como todo lo que afirman los hagiógiafos, o autores inspirados, lo afirma el Espíritu Santo, se sigue que los libros sagrados enseñan sólidamente, fielmente y sin error la verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvación nuestra

(DV, 11)

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5.2 La Biblia, palabra humana

La palabra de Dios, que recoge la Biblia, se manifiesta en términos humanos, de modo análogo a como la Palabra de Dios el Verbo eterno se manifestó haciéndose hombre.

Los libros sagrados fueron escritos por hombres, inspirados por Dios. Cada uno tenía su manera propia de ser y hablaba y pensaba con unas formas determinadas. Dios no les dictó lo que debían decir. Cada uno de ellos escribió lo que Dios le revelaba tras haberío comprendido y dado forma en su inteligencia y lo expresaba con su propia sensibilidad y sus propias palabras. Por eso, la Iglesia afirma que los escritores inspirados son también verdaderos autores de sus escritos, aunque sea Dios el autor principal.

El que ignora las Escrituras, ignora el poder de Dios y su sabiduría (San jerónimo)

La Palabra de Dios, al encarnarse en la palabra humana, asume una lengua concreta con todas sus características.

5.3 Interpretación de la Sagrada Escritura

Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano. El intérprete de la Sagrada Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar atentamente lo que Dios quiso decir y el modo como los escritores sagrados transmiten esa verdad.

La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo espíritu con que fue escrita. Por tanto, deberá tenerse en cuenta la Revelación entera, sin romper la unidad que entre sí tiene la Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de la Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios. (DV, 12)

Toda la Sagrada Escritura tiene una unidad que se ha de tener en cuenta cuando se quiere interpretar un pasaje. Hay que ver todo el Antiguo Testamento como la preparación y promesa del Nuevo, y en el Nuevo la realización del Viejo. Así se ve cómo Cristo es el centro de todas las etapas de la salvación.

Se ha de tener también en cuenta la Tradición viva de la Iglesia, que también es palabra de Dios. La Escritura no puede ser leída rectamente sin tener presente la Tradición verdadera de la Iglesia, ya que ambas constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios (cfr. DV, 10)

El sentido auténtico de las Sagradas Escrituras sólo podemos conocerlo por la Iglesia, porque sólo ella no puede errar en su interpretación. En efecto, la Sagrada Escritura es la palabra de Dios escrita, lo que lleva consigo la exigencia de la fe para su aceptación y comprensión. Es Dios quien habla y transmite por escrito su palabra. Y Dios ha otorgado al Magisterio de la Iglesia la responsabilidad y el encargo de afirmar lo que es de Dios y lo que no lo es. Únicamente la Iglesia, mediante su Magisterio, es el intérprete auténtico de la Sagrada Escritura. Y lo es en un doble sentido:

hay que aceptar como sentido bíblico el que ha sido propuesto por el Magisterio de la Iglesia;

hay que rechazar toda interpretación que no esté de acuerdo con la interpretación que da el Magisterio de la Iglesia.

5.3.1 La exégesis bíblica

Para comprender lo que el escritor sagrado ha querido decir hay que recurrir a otras ciencias humanas, lo mismo que se hace cuando se quiere interpretar otro libro cualquiera. Así se recurrirá a la crítica textual para determinar cuál es el texto más conforme con los originales; a la historia y la arqueología para saber cómo era el entorno en que vivía el escritor sagrado; a la crítica literaria con el fin de comprender mejor el estilo y el modo de

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escribir de la época y así entender mejor qué es lo que el autor quiere decir. Para ello, hay que tener en cuenta, de modo muy especial, los géneros literarios (cfr. DV, 12)

5.3.2 Los géneros literarios

La consideración de los géneros literarios es un principio exegético de capital importancia para una recta interpretación de la Sagrada Escritura. Consiste en atender a los peculiares modos de expresión empleados por los autores bíblicos y que son comunes a los escritores de su tiempo y ámbito geográfico, en cuanto implican una determinada intención de afirmar o enseñar algo.

Los Santos Padres ya lo emplearon y, con mayor o menor acierto, descubrieron expresiones figuradas en la Biblia (símbolos, metáforas, parábolas, alegorías, etc.), pero su modo de pensar no les capacitaba para encontrar otros géneros literarios que los que se daban en Occidente en su época, y los géneros literarios orientales escapaban a su consideración. Hoy, los exégetas, impulsados por el Magisterio de la Iglesia, con el estudio de las literaturas antiguas orientales extrabíblicas, han descubierto nuevos géneros literarios que están ofreciendo nuevas perspectivas a la exégesis bíblica.

Los principales géneros literarios son: el histórico, donde se narra una historia real o novelada; el profético, que contiene visiones, oráculos, etcétera; el poético, sobre todo en los cantos religiosos; el sapiencias, mediante el cual se pretende dar una reflexión doctrinal partiendo de hechos revelados; el epistolar, en el que en una carta dirigida a un personaje real o ficticio, se busca una intención didáctica. Existen otros más que surgen de dividir estos en grupos y subgrupos.

Se ve claro que según un libro haya sido escrito de una forma u otra, su interpretación debe ser distinta, ya que incluso se puede inducir a error al hacerlo indebidamente; así pasaría si se pretendiera dar valor histórico a un escrito poético. Como el autor sagrado no indica qué género literario ha utilizado, hay que investigarlo acudiendo a comparar diversos escritos de literaturas afines en el tiempo o lugar.

«Y vio Dios que era bueno» (Gn. 1, 1 0)

5.4 Libros que integran la Sagrada Escritura

Son libros sagrados aquellos que han sido escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Por lo tanto, solamente Dios puede revelar cuáles son en concreto los libros inspirados por El. Tal revelación la hace Dios a través de la misma Escritura y de la Tradición oral; revelación que viene reconocida por el Magisterio de la Iglesia. La lista de los libros inspirados constituye el Canon Bíblico, por eso se llaman -libros canónicos-.

Así, pues, un libro es canónico cuando es reconocido y propuesto como tal por la Iglesia.

La realidad del Canon Bíblico está en la fe de la Iglesia desde sus orígenes. En los primeros concilios de la Iglesia se recogieron en un canon los libros inspirados que la Tradición reconocía como tales. Los libros del Canon del Concilio de Trento, reafirmado por el Concilio Vaticano II, son los que reproducen las ediciones católicas de la Biblia.

La Sagrada Escritura se compone de 73 libros, 46 del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo.

5.5 Los primeros capítulos del Génesis

Vamos a examinar, a continuación, la interpretación de algunos capítulos de la Sagrada Escritura, concretamente los primeros capítulos del primer libro del Antiguo Testamento -el Génesis-. Se trata de un ejemplo de interpretación de la Sagrada Escritura.

Es importante ver cómo se aplican las leyes de la interpretación bíblica a estos capítulos fundamentales en los que se abordan temas de capital importancia para la religión cristiana.

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El primer tema a resolver es su historicidad. El Génesis es ante todo una historia, pero una historia de salvación. No se puede considerar una historia tal y como hoy se entiende: Una narración de hechos reales basada en testimonios contemporáneos. Los autores sagrados no tenían esta preocupación, sino que eran narradores que querían transmitir un mensaje religioso apoyados en una historia popular.

En el Génesis se han de distinguir dos partes claramente distintas: la historia de los orígenes (cap. 1 al 11), y la historia de los patriarcas (los restantes) No se trata en la primera parte de dar una historia científica sobre el origen del mundo y del hombre, que corresponde a las ciencias de la naturaleza, sino de exponer en lenguaje figurado, popular, sencillo, adaptado a la mentalidad de los lectores, los orígenes del mundo y del hombre para inculcar las verdades fundamentales de la salvación.

La segunda parte tiene una contextura histórica mucho más precisa que coincide en muchos puntos con la historia general de la humanidad.

La enseñanza religiosa del Génesis gira en torno a Dios, el hombre y el mundo. Dios es el Ser Supremo, creador de todas las cosas, ajeno al mundo. En su actuación resaltan sus atributos de omnipotencia, justicia, bondad y santidad. El hombre hecho a imagen y semejanza de Dios es superior a todas las demás cosas de la tierra sobre las que debe dominar. Dios los creó varón y mujer con igual dignidad y de ellos arranca toda la humanidad. El hombre al conculcar un mandato divino se hace acreedor al castigo anunciado, castigo que transmitirá a su descendencia. Pero en medio del castigo Dios hace resplandecer su misericordia prometiéndole al hombre una redención. Desde ese momento la vida del hombre será una lucha entre su debilidad y su tender hacia Dios. Referente al mundo hace saber que es distinto de Dios por lo que no se le puede adorar y que todo lo que hizo Dios era bueno.

Veamos brevemente qué dice cada capítulo:

En el capítulo 1 el autor sagrado nos hace ver que Dios es el Creador del cielo y la tierra: El mundo es obra de Dios. Que este Dios es único y distinto del mundo, eterno, omnipotente y sapientísimo. Trata de hacer ver la gloria de Dios y su bondad para que el hombre le dé gracias por un mundo tan bello. Para ello recurre a colocar en un marco temporal -la semana judía- toda la obra de Dios procediendo de lo imperfecto a lo perfecto para acabar con la creación del hombre.

CREACION, CREAR: Acto por el cual Dios da existencia a todo lo que existe fuera de él. Dios crea todo de la nada, es decir, nada ni nadie, a excepción de Dios, existía antes de la creación del universo, y todo depende actualmente de El, que lo sigue recreando. La Creación es manifestación por excelencia de la bondad y de la libre iniciativa de Dios.

TIERRA: Donde habita el hombre durante esta vida. Dios es su Creador y Dueño. Se la entregó al hombre para que la dominara y la hiciera fructificar. La Tierra sufrió las consecuencias del pecado del hombre. La Tierra nueva es el mundo renovado por Jesús, cuya plenitud se realizará en los últimos tiempos.

(C.v.e. p. 567)

Los capítulos 2 y 3 forman una unidad. En ellos se expone la creación del hombre y de la mujer con igual dignidad y que con su amor harán patente la semejanza con Dios, que es Amor. Como Dios quiere que el hombre sea feliz, lo pone en un paraíso de delicias para que viva siempre feliz e inmortal. Como le ha dado la libertad, te impone un precepto en el que se quiere hacer ver el sometimiento de la criatura al Creador, pues el determinar lo bueno y lo malo es algo que no pertenece al hombre sino a Dios. Cuando el hombre quebranta el precepto rechaza su ser de criatura queriendo ser como Dios. Lo de la fruta es una forma de hablar, pues no se sabe en qué consistió el pecado externo, pues lo que hace ver el escritor sagrado es que fue un pecado interno de orgullo. En el capítulo 3 se cuenta que el pecado se produjo por la seducción del maligno, representado en la

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serpiente. Era cosa frecuente en las literaturas antiguas atribuir el mal a ese animal. Dios hace ver al hombre su desnudez que representa la situación de pecado y le castiga con la expulsión del paraíso.

TEORIAS SOBRE EL ORIGEN DEL HOMBRE

Transformismo: Esta teoría, materialista, sostiene que el hombre es producto de