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“Año de la lucha contra la Corrupción y la Impunidad”

“UNIVERSIDAD CATÓLICA LOS ANGELES DE


CHIMBOTE”

Tema:
Delincuencia y Globalización
DOCENTE : Dr. OSCAR G. CHACON VALDIVIESO
ALUMNO : FRANK HURTADO ITURRI
ASIGNATURA : CRIMINOLOGIA Y CRIMINALISTICA
CICLO : IX

HUANUCO - PERÚ
2019
INTRODUCCIÓN

La Seguridad en estos últimos años ha cobrado vital importancia en las Políticas de Estado,
pues se está viendo afectada uno de las principales derechos del hombre "el derecho de vivir
en paz" en condiciones adecuadas para su desarrollo. Pero quizá la problemática específica
en este tema de Seguridad Ciudadana esta en lo urbano más que en lo rural, vinculado
principalmente con el aumento de la delincuencia, alarmantes cifras de homicidios, robos,
afectando el normal desarrollo del Capital Humano.

Por esta razón nos parece interesante plantear un tema de esta magnitud, realizando así
un análisis de la Delincuencia Común, sus principales actores, su dinámica, y sus
consecuencias.

Con el presente trabajo pretendemos contribuir al mejor conocimiento de la situación


delincuencial en el Perú, a pesar de las limitaciones y posibles errores de este proyecto de
investigación.
DELINCUENCIA Y GLOBALIZACIÓN

Ahora bien, la estructura de las organizaciones criminales no es uniforme. Ella varía


según su origen, el grado de desarrollo que ha alcanzado, el tipo de actividades
delictivas que ejecuta o el número de componentes que integra. Por consiguiente,
pues, hay organizaciones con estructuras altamente jerarquizadas y complejas que
muestran una composición vertical, con niveles de poder y gestión muy
centralizados. Pero, también, coexisten otras agrupaciones delictivas con estructuras
flexibles y roles de dirección colectiva o descentralizada. Es más, las organizaciones
que activan la criminalidad organizada contemporánea adoptan nuevas formas
estructurales altamente flexibles y que, incluso, buscan adaptarse a esquemas
corporativos horizontales que se les permitan en una dinámica de cooperación cubrir
mayores mercados e intercambiar sus mercancías o servicios ilícitos.

Si el delincuente es el "sujeto que delinque", o lo que es igual, "sujeto activo o agente


del delito", entonces la delincuencia es la "calidad de delincuente", la "comisión de
un delito" o un "conjunto de delitos en general, o referidos a un país o época".

A su vez, un diccionario puede decir que delito es la "culpa, crimen o


quebrantamiento de la ley". Dicho de manera más precisa, es la "acción u omisión
voluntaria, imputable a una persona que infringe el Derecho, y que es penada por la
ley".

El Maestro Eduardo García Maynez señala que "se da el nombre de delitos a ciertas
acciones antisociales prohibidas por la ley, cuya comisión hace acreedor al
delincuente a determinadas sanciones conocidas con el nombre específico de penas".

En cuanto a la delincuencia, una definición elemental señala que "delincuencia es la


conducta resultante del fracaso del individuo en adaptarse a las demandas de la
sociedad en que vive". A su vez, Herrero Herrero define la delincuencia como "el
fenómeno social constituido por el conjunto de las infracciones, contra las normas
fundamentales de convivencia, producidas en un tiempo y lugar determinados".

En un comunicado de prensa emitido por el Consejo Europeo de Tampere, realizado


en octubre de 1999, y luego de la Conferencia de alto nivel celebrada en Praia da
Falésia el 4 y 5 de mayo del 2000, la Comisión Europea llegó a la conclusión de que
se "define la delincuencia como todo acto punible cometido por individuos o
asociaciones espontáneas de personas. No obstante", indica el mismo documento,
"esta definición engloba distintas realidades como:
• a delincuencia en sentido propio.

• La delincuencia con un nivel de


infracción penal menos grave pero
más frecuente.

• La violencia que afecta a los


medios más diversos.

• La falta de civismo, que incluye

comportamientos asociales –o
antisociales, como sería más
apropiado decir– que no
constituyen una infracción penal".

Ahora bien, el delito cometido por el delincuente no es del todo espontáneo, sino
que puede ser premeditado y programado. Sin embargo, dependiendo del número
de personas que lo cometa y ejecute, de los procedimientos que siga, de los recursos
que utilice y de los objetivos que persiga, podrá haber, esencialmente, dos tipos de
delincuencia:
1.- Delincuencia menor
2.- Delincuencia organizada.

ESQUEMA

Delincuencia y Globalización

Ha cambiado sobre todo la cuestión criminal. La criminalidad que hoy en día atenta
contra los derechos y los bienes fundamentales no es ya la vieja criminalidad de
subsistencia, ejecutada por sujetos individuales, prevalentemente marginados. La
criminalidad que amenaza más gravemente los derechos, la democracia, la paz y el
futuro mismo de nuestro planeta es seguramente la criminalidad del poder: un
fenómeno no marginal ni excepcional como la criminalidad tradicional, sino inserto
en el funcionamiento normal de nuestras sociedades2 . Sería útil desarrollar la
reflexión teórica, además de la investigación empírica, sobre la criminalidad del
poder: analizar, descomponer, inventariar y clasificar sus diversas formas,
identificar sus rasgos comunes y sus relaciones por un lado con los poderes legales,
por otro con la criminalidad ordinaria. Aquí me limitaré a distinguir tres formas de
criminalidad del poder, mancomunadas por su carácter de criminalidad organizada:
la de los poderes abiertamente criminales; la de los crímenes de los grandes poderes
económicos; y, finalmente, la de los crímenes de los poderes públicos. Por un lado,
por tanto, los poderes criminales, por otro los crímenes del poder, tanto económico
como político. No se trata de fenómenos criminales netamente distintos y separados,
sino de mundos entrelazados por las colusiones entre poderes criminales, poderes
económicos y poderes institucionales, hechas de complicidades y de recíprocas
instrumentalizaciones.

La delincuencia organizada, sin embargo, parece ser algo más antigua que el
capitalismo como tal, y se inicia desde las formas y prácticas del imperialismo
occidental y puede ser que en las formas imperialistas de la cultura humana en
general.
"En un principio", señala Cecilia Lozano, "se dieron las prácticas del saqueo y el
tráfico de aborígenes en América y África, procesos de despojo de medios de vida y
de trabajo y la expropiación de tierras que usufructuaba consuetudinariamente la
población campesina-sierva; y el robo o esclavización de niños para los talleres
manufactureros".

Por supuesto, el saqueo, el tráfico de personas, el robo y otras formas de delincuencia


ya existían desde el origen de la civilización misma: recuérdense las hordas de
bárbaros que asolaban Europa Central y Asia en tiempos del Imperio Romano –Atila
y los Hunos es un ejemplo– y aun antes.

Evidentemente, éstas ya constituían formas de delincuencia organizada puesto que


existían jerarquías definidas –el jefe, su lugarteniente, sus matones personales, etc.–

, funciones y atribuciones conforme a dichas jerarquías, reglas para sus integrantes,


derechos y obligaciones, métodos de acción y formas de operación, cuotas, modos
de impunidad, etc., aunque se hace más notoria en el colonialismo occidental
posterior a los siglos XVII y XVIII.

Posteriormente, las formas de piratería dieron origen a nuevas formas de


delincuencia organizada, una de ellas incluso premiada por los gobiernos de las
naciones en pugna. Así, surgió el pirata, que era un "ladrón de mar, cruel y
despiadado", que destruía barcos pero que trabajaba para sí mismo y para sus propios
fines, sin ley ni bandera.

La criminalidad y violencia en el mundo constituyen en la actualidad un problema político


social de primer orden, que exige la necesidad de implementar medidas Concretas para
disminuir la violencia urbana en las principales ciudades del país, en particular contra la
delincuencia común, cuyos efectos los padece transversalmente toda la población.

Esta violencia obedece a muchos factores causales de índole socioeconómico y cultural,


donde la familia, la escuela, la comunidad y los medios de comunicación constituyen
espacios de socialización muy importantes; sin embargo, éstos históricamente no han
articulado una clara orientación de sus objetivos, contribuyendo a una débil formación
ciudadana.

La criminalidad y la delincuencia urbana es una de las manifestaciones más notorias de la


violencia contemporánea. Las ciudades enfrentan altas tasas de delincuencia que amenazan
los sentimientos de seguridad de la población. Vernos libres de la delincuencia, gozar de
un ambiente de tranquilidad, estar protegido contra la violencia en el hogar y en la calle,
lograr que las ciudades sean más seguras son ingredientes indispensables para un desarrollo
sostenido.

Históricamente las ciudades siempre han sufrido en mayor o menor dimensión los avatares
de la violencia, pero hoy en día, por la incidencia de muchos factores estructurales como
la desocupación, falta de empleo, las migraciones, la pérdida de valores, etcétera, han
elevado sus índices tornándose más agresivas y temerarias.

En el Perú:

En el Perú, como en el resto de América Latina, buena parte del debate público acerca de
cómo enfrentar la inseguridad gira en torno de cómo hacer más eficaz y más severa la pena
de los hechos delictivos. Como si la única respuesta posible fuese encerrar a un número cada
vez mayor de jóvenes; como si las cárceles no estuvieran ya abarrotadas y sobre pobladas.
No cabe duda de que cualquier política de seguridad pública debe contemplar el
fortalecimiento del sistema penal, para hacer que las instituciones que lo integran sean más
eficientes. Pero restringir las políticas públicas de seguridad al ámbito de lo penal, y, peor
aún, pretender resolver los problemas incrementando las penas para que el mayor número de
conductas se castiguen con cárcel (y con el mayor número posible de años de encierro), es
un grave error. Es el error al que conducen las llamadas políticas de "mano dura".

2.4.- Tres son las principales formas de prevención:

La primera, la situacional, tiene por objeto reducir los incentivos para el delito al aumentar
las dificultades y los riesgos para el delincuente. Un candado, una reja, una alarma son los
típicos instrumentos a través de los cuales se hace prevención situacional. También se logran
similares propósitos cuando se ilumina una calle peligrosa, se clausura un local donde se
expenden bebidas alcohólicas ilegalmente y se restablece el orden en el escenario urbano

La segunda es la social, y persigue actuar sobre las condiciones que dan pie a los hechos
delictivos, los llamados factores de riesgo. Mientras que la prevención situacional actúa sobre
el entorno, la social lo hace sobre las circunstancias que pueden llevar a alguien a delinquir.
Los factores de riesgo más conocidos son el alcohol, las drogas y las armas de fuego. El
trabajo con jóvenes o niños de la calle es otra forma de hacer prevención social. En el Perú,
Cedro tiene una experiencia muy rica y alentadora con estos grupos especialmente
vulnerables; sin embargo, la acción del Estado es casi inexistente.

La tercera forma de prevención es la comunitaria, que combina aspectos de las dos primeras,
pero que lo hace desde el involucramiento de la comunidad. Es gracias al papel que esta juega
que se identifican las circunstancias del entorno que favorecen el delito y los factores de
riesgo, así como a los grupos vulnerables que es necesario atender prioritariamente.

Para enfrentar estos problemas, tanto en lo social y preventivo cuanto en lo represivo, se


requiere no solo liderazgo es decir, ganas de ejercer la autoridad de que se está investido—,
sino también más y no menos Estado. Por donde uno va se encuentra con comisarías
abandonadas, patrulleros malogrados, policías desmotivados y desinformados, jueces
desprotegidos y sobrecargados de trabajo, maestros exclusivamente preocupados por
la negociación del próximo pliego de reclamos. Sin funcionarios e instituciones públicas no
puede haber políticas públicas; sin ellos no puede haber Estado, y sin este no hay prevención
y persecución posible del delito. Extremos, es decir, personas que tienen un gasto per cápita
superior al costo de la canasta de alimentos, pero inferior al valor de la canasta básica
de consumo.
CONCLUSIONES:

 Una primera conclusión que salta a la vista es el desigual desarrollo de criterios en torno
a lo que es la seguridad ciudadana. En las entrevistasrealizadas tanto al personal de la
Corporación Metropolitana de Seguridad y Convivencia Ciudadana como de FLACSO se
evidencia una preocupación por superar el concepto de seguridad pública y avanzar hacia
el de seguridad ciudadana, donde la Policía, juntamente con la ciudadanía, los órganos
encargados de la justicia, el sistema carcelario, los medios, instituciones municipales y
otras, confluyan en una visión integral del problema y participen activamente en
las soluciones. En cambio, en las personas entrevistadas de la Policía predomina un
concepto de seguridad pública: la seguridad está a cargo de la Policía; la participación
ciudadana no tiene otro propósito que el de coadyuvar para que la Policía cumpla con
su misión; la articulación con otros sectores, como el Municipio, es una oportunidad desde
el punto de vista de la generación de recursos para la mejor dotación de equipos.

 La Corporación de Seguridad y Convivencia Ciudadana incorpora el concepto de


seguridad ciudadana en sus planes. Sin embargo, no aparece como una estrategia clara la
formación del personal de Policía en esta manera de ver la seguridad. No se entiende de
otra manera el que el Comandante General y otros altos oficiales que están en relación
directa con la Corporación sigan manteniendo discursos que tienen que ver más con la
seguridad pública.

 La Corporación tiene clara la misión de dotar a la Policía de instrumentos tecnológicos


que permitan luego evaluar si es un cuerpo eficiente y confiable. Hay una percepción en
la Corporación de que la población ha juzgado negativamente a una Policía desprovista
de posibilidades para realizar una labor eficiente, y que hay que darle la oportunidad.

PLANTEAMIENTO DE SOLUCIONES:

Hay cosas que se pueden hacer y que son razonablemente eficaces. En primer lugar, hay que
tener un buen diagnóstico y entender el problema. Dejar atrás lo más emocional, lo más
primitivo, lo más intuitivo; el linchamiento, por decirlo de alguna manera.

Un segundo tema es que el Estado debe tener una política pública, y este tiene que ser fruto
de una discusión nacional; tiene que haber coherencia entre el Congreso y el Ejecutivo; tiene
que haber estrategias de largo y mediano plazo; tiene que haber asignación de recursos acorde
con prioridad que se le quiera dar. Tiene que haber una política pública, y como ciudadanos
es necesario que tengamos capacidad de fiscalización de estas políticas públicas. Y no
estamos en cero: desde el Ministerio del Interior avanzamos mucho al respecto, y esos
avances podrían ser retomados.

En tercer lugar, se debe continuar y profundizar la reforma de la Policía Nacional, hoy


abandonada a su suerte.

La Policía no es la única institución importante para enfrentar el problema, pero es sin duda
clave. Si no es eficiente, cercana a la población, profesional y honesta, todo lo demás se cae.

En cuarto lugar, hay que redefinir las prioridades internas en la Policía. Por muchas razones,
la Policía ha tenido como última prioridad la seguridad ciudadana.

Con una aguda escasez de efectivos y dado lo imperioso de las amenazas o el impacto
político inmediato de los acontecimientos, sus prioridades han estado vinculadas a otros
temas; antes al terrorismo y hoy al mantenimiento del orden público.
BIBLIOGRAFÍA:

Libros:

 1. Alberich,T. 2002, 2004) Ya S. R.Arnstein en 1969

 2. Andrés Bello Seguridad Ciudadana, cuadernos universitarios de Rafael


Blanco, universidad, año 1997.

 3. Barrerio Cavestany, , pág. 17.

 4. BASOMBRÍO, Carlos. "¿Linchamientos o soluciones?" . En: Ideele, N° 176. pp. 51-


54.

 5. Constitución Política de la República año 1993

 6. Comisión Interamericana de Derechos Humanos. "Informe sobre Seguridad Ciudadana


y Derechos Humanos". Washington D.C.: CIDH, Diciembre 2009, p. IX.

 7. Comisión Interamericana de Derechos Humanos. "Informe sobre Seguridad Ciudadana


y Derechos Humanos". Washington D.C.: CIDH, diciembre 2009, p. 10.

 8. De Joan Font y Ricard Gomá: La participación ciudadana: Diagnóstico, experiencias y


perspectivas. Universitat Autónoma de Barcelona. 1999 pag. 3

 9. De Borja Jordi y Castells Manuel, Global y local, La gestión de las Ciudades en la era
de la información,Editorial Taurus, Madrid, 1999, página 31.

 10. Fernando Barreiro Cavestany: Las políticas locales de promoción económica:


reflexiones e innovación. Fundación CIREM. Barcelona

 11. (González 2003: 17). El PNUD (2006: 35),

 12. José maría rico y Laura Chinchilla. Libro. Seguridad ciudadaba en america latina.edic.
siglo XXI buenos aires, 2002 p. 37.

Páginas webs:

 1. http://blog.pucp.edu.pe/item/6096/definicion-y-causas-de-la-inseguridad-ciudadana-
en-el-peru
 2. http://www.monografias.com/trabajos27/seguridad-ciudadana/seguridad-
ciudadana.shtml

 3. http://seguridadciudadana2009.blogspot.com/

 4. LANDÁEZ, Nelly. "Inseguridad ciudadana". En:


http://www.servicio.cid.uc.edu.ve/derecho/revista/cuestloc3/3-9.pdf. 30/10/06 10:30 a.m.
horas

 5. http://www.seguridadidl.org.pe/un-paseo-ciudadano.htm

 6. http://www.ub.edu.ar/investigaciones/tesis/41_orso.pdf

 7. http://www.municaj.gob.pe/webmpc/index.php?option=com_content&view=article&i
d=76&Itemid=6

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