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Jenny del Pilar Correales López - 16 de septiembre de 2019

Feminismo y comunismo; Paradigmas y resistencia

Diría el más desconocedor humano de la teoría política, que las filosofías políticas de izquierda al
propender por sistemas de gobierno y formas de estado ​más justas y para todos,​ deberían señalar
un presente y un devenir en cuya hondura se entendiera tales condiciones para el Ser Humano, sin
ninguna otra división que la que concurra a la condición humana en sus múltiples y variopintas
manifestaciones, y esto, solo para proveer de el acceso efectivo a la justicia y el bien - estar. Sin
embargo los sismas de la humanidad no se ausentan de las utópicas y fascinantes teorías
comunistas o socialistas; el poder, la exclusión, las diferencias socioeconómicas, el machismo,
son el pan de cada día de las estadísticas de los países que han recurrido a ellas como sistemas de
gobierno, y en cuya configuración no logran establecer diferencias estructurales a la hora de
evaluar los niveles de equidad y participación política de los grupos sociales minoritarios o
vulnerables.

El caso de la Revolución Cubana y su relación con el papel de la mujer, es un gran ejemplo de la


dicotomía propuesta. En la expresión siguiente, anotada en el texto de Luisa Campuzano, ​Ser
cubanas y no morir en el intento: “(…)Hemos nacido mujer y en cuba ​(Campuzano,1996, pp
489); se ilustra no sólo la categorización infame y la condición adjetivada del sustantivo mujer,
como valoración negativa del adjetivo cubana, en ambos casos un paradigma de
condicionamiento; que además aparece soterrado en las estadísticas favorecedoras a la
participación de la mujer en el gobierno, el acceso a las universidades y trabajos; ocultando tras
magnánimas cortinas, los teloneros de este circo, y los sacrificios de los malabaristas.

A las cubanas y latinoamericanas en general, no se nos hace ajena la escena tragicómica de la


historia femenina, no sólo porque la resistencia ha sido inobservada, sino porque no sabemos
como ejecutarla cuando llevamos el hambre en nuestros senos, el futuro en nuestros vientres, y
las letras escarlata. Nosotras también desconocemos una lucha que no nos incluye, que ha sido
pensada y repensadas a través de paradigmas que se nos hacen propios; unos que nos obligan a
dejar de vivirnos, a competir desde la perspectiva patriarcal, a hacer política desde la
intelectualidad masculina tradicionalista y arcaica, a la que, estoy segura, muchos hombres se
rehúsan hoy a obedecer.

La literatura misma cercena la sensibilidad, aduciendo en ella la carencia de razón e


intelectualidad necesaria, haciendo vanas y orgullosas interpretaciones de grandes autores
clásicos, de quienes no contextualizamos sus búsquedas y teorías artísticas y/o filosóficas y
menos las actualizamos.

Qué sería de la poética de Aristóteles, escrita en nuestro tiempo, o de la la filosofía platónica, con
un Sócrates usando la mayéutica en Facebook. No olvido las palabras recientes del escritor
caleño, Raúl Henao, quien probó dictar una charla sobre el Surrealismo en América, anunciando
de manera conclusiva que los escritores debíamos esforzarnos más, sobre todo las mujeres,
especialmente porque en sus estadísticas, las mujeres no leíamos, o lo hacíamos mal, por demás
hablábamos preferentemente de la maternidad o el amor. ¿Será que nos leemos tras el telón de la
vanidad intelectual?

REFERENCIAS

Campuzano, Luisa, “Ser cubanas y no morir en el intento”, en Hernández, Rafael y Rojas, Rafael,
Ensayo cubano del siglo XX,​ México, Fondo de Cultura Económica, 2002, pp. 489-504.

Traba, Marta. La cultura de la resistencia. En ​Literatura y praxis en América Latina​, comp.


Fernando Alegría, 49-80. Caracas: Monte Ávila, 1974 [1973].
http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0123-885X2009000300013