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Porfirio Sanz Camañes

y David Rex Galindo


Coordinadores

La frontera
en el mundo hispánico

2014
Índice

Autores............................................................................................................. 9

Presentación
Porfirio Sanz Camañes y David Rex Galindo.................................................. 21

I. Fronteras políticas y militares

La frontera hispánica en la Europa Moderna


Oscar Jane Checa............................................................................................. 39

Los cruzados de la Edad Moderna: Órdenes militares


y fronteras europeas en los siglos XVI y XVII
Francisco Fernández Izquierdo........................................................................ 61

Retener castillos, controlar la frontera. La estrategia de Castilla


frente al reino nazarí de Granada al final de la Edad Media
Jesús Molero García.......................................................................................... 125

La importancia de la frontera militar en los siglos XVII y XVIII


el caso de la región de Noudar y Barrancos en Portugal
João Augusto Espadeiro Ramos........................................................................ 153

Tratados, fronteras y fundaciones urbanas en la América hispana


durante el siglo XVIII. De San Lorenzo al Río de La Plata
Porfirio Sanz Camañes..................................................................................... 181

La frontera oriental novohispana Texas y San Fernando a finales


de la época colonial (1772-1822)
José María Rodríguez Jiménez.......................................................................... 209

5


Crisis en la frontera septentrional del Imperio español en América


la gran rebelión de los indios Pueblo (1680-1696)
José A. Armillas Vicente.................................................................................... 239

II. Fronteras económicas y sociales

La corona española y la libertad de los indios esclavos en la España


peninsular, Nueva España y las fronteras imperiales durante
la segunda mitad del siglo XVI
Andrés Reséndez............................................................................................... 271

El mestizaje en la frontera de Texas durante el siglo XVIII


Carla Mendiola................................................................................................ 293

Muros del presidio y trabajo de los convictos el examen de los orígenes


de los trabajos forzados en la frontera de Nueva España
Norwood Andrews............................................................................................ 325

La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España


durante el siglo XVIII
Joaquín Rivaya Martínez................................................................................. 341

Los jesuitas y el desarrollo económico de la frontera sur del imperio


hispánico, siglos XVI-XVIII
José Gabriel Martínez-Serna............................................................................ 373

“La necesidad hace lícito lo que es ilícito por ley”: Contrabando


en la frontera española en Norteamérica, siglos XVII-XVIII
George T. Díaz.................................................................................................. 401

III. Fronteras ideológicas. Religiosas y culturales

Imágenes indirectas. La cristiandad y el Islam en los interrogatorios


a cautivos
Juan Francisco Pardo Molero........................................................................... 419

La sacramentalización de la frontera. El programa misionero franciscano


del Colegio Apostólico de Tarija en Bolivia al final de la colonia
David Rex Galindo........................................................................................... 439

6
Índice

Fronteras sacralizadas. Relatos sobre martirio de misioneros


jesuitas y franciscanos en el noroeste novohispano en el siglo XVIII
José Refugio de la Torre Curiel......................................................................... 461

Negociando la supervivencia en la frontera de Texas grupos indígenas


en las misiones Franciscanas
Jay T. Harrison................................................................................................. 485

Fronteras Culturales: relación y dependencia histórica entre Europa


y América
Javier García Bresó........................................................................................... 505

7
La expansión comanche
en la frontera norte de Nueva España
durante el siglo XVIII
Joaquín Rivaya Martínez1

La frontera norte de Nueva España

A mediados del siglo XVIII, las provincias de Nuevo México y


Texas constituían la frontera más septentrional de Nueva España. En
ambos casos los españoles controlaban de facto un territorio mucho
más reducido del que ocupan los correspondientes estados en la actua-
lidad, y del reclamado por las autoridades de la corona.2
En Nuevo México, los españoles se habían establecido funda-
mentalmente a lo largo del curso alto del Río Grande, aprovechando la
fertilidad de los valles y, especialmente, la presencia de los indios pue-
blos. Estos agricultores sedentarios eran culturalmente diversos y esta-
ban organizados en asentamientos políticamente independientes, todo

1 Texas State University, San Marcos


2 Sobre la frontera norte de Nueva España véanse las magistrales síntesis de DAVID
J. WEBER, The Spanish Frontier in North America (New Haven: Yale University
Press, 1992), y JOHN L. KESSELL, Spain in the Southwest: A Narrative History
of Colonial New Mexico, Arizona, Texas, and California (Norman: University of
Oklahoma Press, 2002), así como ALFREDO JIMÉNEZ NÚÑEZ, El Gran Norte de
México. Una frontera imperial en la Nueva España (1540-1820) (Madrid: Editorial
Tebar, 2006).

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Joaquín Rivaya Martínez

lo cual los hacía parecer más susceptibles de conversión y explotación


que los nómadas chichimecas con quienes los españoles se habían topa-
do por todo el norte de Nueva España. Sin embargo, tras la conquista
de la provincia por Juan de Oñate en 1598 y el consiguiente reparto
de encomiendas, una mortalidad sin precedentes debida fundamental-
mente a las epidemias, las sequías, y las crecientes incursiones de in-
dios nómadas, unida a la alienación causada por los frecuentes abusos e
imposiciones de encomenderos y misioneros, condujeron a la rebelión
de los indios pueblos en 1680, quienes expulsaron temporalmente a los
españoles de sus tierras hasta que Nuevo México fue reconquistado por
Diego de Vargas entre 1692 y 1693. Un nuevo intento de rebelión de los
pueblos en 1696 resultó en fracaso. Tras la reconquista, las autoridades
españolas se tomaron más en serio la protección de los súbditos indí-
genas de la corona, adoptando una actitud menos explotadora y más
indulgente con las prácticas tradicionales de los pueblos. Durante la
primera mitad del siglo XVIII, la convivencia pacífica entre hispanos y
pueblos hizo posible el mantenimiento de esta remota provincia, pese
a su aislamiento y a la constante amenaza de los numerosos grupos de
nómadas gentiles que la rodeaban.3
En Texas, por otra parte, los primeros intentos colonizadores se
limitaron al establecimiento de una serie de misiones entre los indios
cados a partir de 1690, ante el temor de que los franceses de Luisiana
avanzasen sobre Nueva España. Los cados eran también agricultores se-
dentarios, pero en este caso culturalmente homogéneos y organizados
políticamente en una serie de poderosos cacicatos. El fracaso de los in-
tentos evangelizadores entre los cados fue tal que la región fue abando-

3 Sobre sobre el Nuevo México virreinal véanse: ROSS FRANK, From Settler to Citi-
zen: New Mexican Economic Development and the Creation of Vecino Society, 1750-
1820 (Berkeley: University of California Press, 2000); CHARLES L. KENNER, His-
tory of New Mexican-Plains Indian Relations (Norman: University of Oklahoma
Press, 1969); JOHN L. KESSELL, Kiva, Cross and Crown: The Pecos Indians and
New Mexico 1540-1840 (Washington: National Park Service, 1979); FRAY ANGÉ-
LICO CHÁVEZ, My Penitente Land: Reflections on Spanish New Mexico (Albu-
querque: University of New Mexico Press, 1974).

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La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

nada temporalmente. En 1718 Martín de Alarcón fundó el presidio de


San Antonio de Béxar y la misión de S. Antonio Valero, en la ruta que
unía el territorio cado con el presidio de San Juan Bautista de Río Gran-
de, en Coahuila. Con el tiempo, Béxar se convirtió en la capital y centro
neurálgico de la provincia, en torno al cual se concentraba el núcleo
principal de población hispana y de indios neófitos.4
Tanto Nuevo México como Texas eran provincias de escasa po-
blación dispersa en asentamientos y misiones relativamente vulnera-
bles a las incursiones de los llamados ¨bárbaros¨, es decir, indios inde-
pendientes no evangelizados ni hispanizados. La corona las mantuvo
fundamentalmente como barrera para proteger las ricas minas de plata
situadas más al sur de una potencial invasión de alguna potencia rival,
y, en menor medida, para continuar la tarea evangelizadora y conser-
var su propio prestigio. El crecimiento demográfico de Nuevo México y
Texas fue lento, reflejo de una reducción paulatina de la población indí-
gena evangelizada, fundamentalmente debido a las epidemias llegadas
del viejo continente. Además de gérmenes y explotación, los españoles
también llevaron a América elementos aparentemente menos nocivos,
incluyendo diversas especies de plantas cultivables y de ganado. Una de
estas especies, el caballo, transformaría profundamente el universo de
toda una serie de sociedades indígenas situadas en ocasiones a miles de
kilómetros de Nueva España, influyendo decisivamente en la génesis de
un nuevo grupo, los comanches.

La revolución ecuestre

Los comanches y otros indios pronto descubrieron que el caballo


se adaptaba admirablemente al ecosistema de las Grandes Llanuras de
Norteamérica, una inmensa pradera que se extendía al este de las Mon-

4 Sobre la provincia española de Texas véanse: DONALD E. CHIPMAN, Spanish


Texas, 1519-1821 (Austin: University of Texas Press, 1992); JACK JACKSON, Los
Mesteños: Spanish Ranching in Texas (College Station: Texas A&M University Press,
1986); JESÚS F. DE LA TEJA, San Antonio de Béxar: A Community on New Spain’s
Northern Frontier (Albuquerque: University of New Mexico Press, 1995).

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Joaquín Rivaya Martínez

tañas Rocosas desde el centro de Canadá hasta el oeste de Texas, por la


que vagaban millones de bisontes, antílopes y otros ungulados. El caba-
llo puede sobrevivir sin ayuda los dramáticos cambios climáticos que se
producen en la región, a excepción de los rigores extremos del invierno.
Durante esta estación, cuando la hierba ofrecía menor valor nutritivo y
podía permanecer sepultada bajo la nieve durante semanas, los caballos
podía alimentarse con corteza de álamo y de otros árboles que crecían
en valles fluviales y cañones.
Además el caballo proporcionaba ventajas significativas a sus
dueños: mayor capacidad de carga que el perro, único animal domés-
tico que poseían los indios de las Llanuras, lo que permitía una mayor
acumulación de riqueza; y mayor movilidad y velocidad en los despla-
zamientos, permitiendo a grupos enteros trasladarse largas distancias
para practicar la caza, el comercio o la guerra, así como eludir enemigos
y epidemias con más facilidad. Herramientas y técnicas ecuestres hispa-
nas fueron rápidamente incorporadas al bagaje cultural de los pueblos
indígenas. Tampoco debemos olvidar que el caballo doméstico propor-
cionaba una fuente más fiable de carne que cualquiera de los herbívoros
salvajes que poblaban las Llanuras.
No es de extrañar que el caballo, un bien mueble/transportable,
se convirtiese en la forma más valiosa de propiedad individual y el prin-
cipal artículo de comercio, sirviendo como ¨moneda¨ en todo tipo de
transacciones. Dado su valor intrínseco, el caballo se convirtió en un ín-
dice de la riqueza y el estatus de su dueño. De esta forma, individuos con
aspiraciones políticas podían acumular prestigio y poder mediante do-
naciones generosas de caballos entre su séquito. Por todo ello, los caba-
llos se convirtieron también en el principal objetivo de las incursiones.
Así, la introducción del caballo causó una verdadera revolución
entre los indios de las Grandes Llanuras y zonas limítrofes, provocando
cambios en los patrones de subsistencia y la economía política de todos
ellos. Grupos de cazadores-recolectores pedestres, como los sioux o los
comanches, se volvieron ecuestres. Pero incluso algunos horticultores
sedentarios se transformaron en cazadores nómadas. Así ocurrió con

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La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

los cheyenes, arápajos, crows y muchos otros. Una vez montados, todos
estos grupos comenzaron a vagar por las Llanuras recorriendo distan-
cias mucho más largas en pos del deseado bisonte y del no menos codi-
ciado caballo, que obtenían a menudo por medio del robo, lo que pro-
dujo enfrentamientos más frecuentes y la consiguiente militarización de
estas sociedades. Por último, el caballo también transformó los patrones
de asentamiento de los nómadas, quienes se vieron obligados a estable-
cer campamentos más pequeños (y por lo tanto más vulnerables) y a
desplazarse más a menudo cuanto mayor era su caballada, al consumir
los équidos rápidamente el pasto y el agua de los alrededores.5

Los comanches

El pueblo comanche surgió en buena medida como resultado de


todos estos procesos. A mediados del siglo XVIII, los españoles llama-
ban comanches o ¨cumanches¨ a una serie de grupos indígenas de las
Grandes Llanuras políticamente autónomos pero que compartían la
lengua shoshone, el parentesco bilateral y una cultura material similar
a la de otros nómadas de la región (incluyendo la habitación en tipis, la
dependencia del bisonte, al que cazaban con arco y flecha, etc.). Es decir,
constituían una nación en el sentido étnico, pero se organizaban en una

5 Sobre la influencia del caballo en las culturas de las Grandes Llanuras, la obra
clásica es: CLARK WISSLER, “The Influence of the Horse on the Development of
Plains Culture,” American Anthropologist 16, no. 1 (1914). Véanse también: FRAN-
CIS HAINES, “The Northward Spread of Horses among the Plains Indians,” Ame-
rican Anthropologist 40 (1938); PRESTON HOLDER, The Hoe and the Horse on the
Plains: A Study of Cultural Development among North American Indians (Lincoln
and London: University of Nebraska Press, 1970); LOIS L. NELSEN SCHMIDLIN,
“The Role of the Horse in the Life of the Comanche,” Journal of the West 13, no. 1
(1974); JAMES E. SHEROW, “Workings of the Geodialectic: High Plains Indians
and Their Horses in the Region of the Arkansas River Valley, 1800-1870,” Environ-
mental History Review 16, no. 2 (1992); PEKKA HÄMÄLÄINEN, “The Rise and
Fall of Plains Indian Horse Cultures,” Journal of American History 90, no. 3 (2003);
DAN FLORES, “Bringing Home All the Pretty Horses: The Horse Trade and the
Early American West, 1775-1825,” Montana 58, no. 2 (2008).

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Joaquín Rivaya Martínez

serie de parcialidades o divisiones independientes, integradas a su vez


por rancherías autónomas.
Los comanches eran nómadas ecuestres que subsistían de la caza
de bisonte y otros grandes ungulados, y de la recolección de frutos y
plantas silvestres. También eran ávidos comerciantes de caballos, cauti-
vos, pieles, y otros productos, y su propensión a la rapiña era ya legen-
daria en la frontera. Su riqueza en caballos era tal, que hay quien los ha
llegado a considerar un pueblo de ¨pastores¨. El trabajo se repartía de
manera desigual, en virtud de la edad y el sexo de cada individuo, sien-
do las mujeres responsables principalmente de la recolección y de toda
clase de tareas domésticas, mientras que los hombres se encargaban de
la caza y de la guerra.
Su entera existencia giraba en torno al caballo y el bisonte. Este
herbívoro les proporcionaba alimento, abrigo, vivienda, herramientas,
artículos comerciales, etc. La dependencia del bisonte era tal que las osci-
laciones en la población y los movimientos de este animal condicionaban
la ubicación, el tamaño y la duración de los campamentos comanches,
los cuales se desplazaban a menudo en persecución del bisonte conforme
a un patrón de migraciones estacionales no siempre predecibles.
Al contrario de lo que algunos han afirmado, los comanches no
constituían una sociedad igualitaria. Antes bien, las constantes tensiones
con otros grupos indígenas y la dimensión depredadora de su economía
conformaron una sociedad de rangos profundamente androcéntrica y
caracterizada por un etos marcial que impregnaba en buena medida las
relaciones interpersonales dentro y fuera del grupo.6

6 Este breve esbozo de la sociedad comanche del XVIII se basa tanto en fuentes
históricas como etnográficas: DOMINGO CABELLO, Respuestas... sobre varias cir-
cunstancias de los indios Cumanches Orientales, Béxar, abril 30, 1786, Bexar Archi-
ves 17: 417-419; THOMAS W. KAVANAGH, “Comanche,” in Handbook of North
American Indians, ed. William C. Sturtevant (Washington: Smithsonian Institu-
tion, 2001); FELIPE DE SANDOVAL, [Carta a Vélez Cachupín], Santa Fe, marzo 1,
1750, Archivo General de la Nación, Provincias Internas (en adelante AGN-PI), 37:
103-106v; PEDRO VIAL and FRANCISCO XAVIER CHÁVEZ, [Diario e informe

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La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

La expansión comanche, 1700-1770

Hacia 1750, los comanches controlaban un vasto territorio que


se extendía aproximadamente desde el río Platte hasta el Canadian. Los
comanches procedían sin embargo de latitudes más septentrionales. A
partir de finales del siglo XVII, una serie de grupos de habla shoshone
abandonaron el actual estado de Wyoming dirigiéndose hacia el centro y
el sur de las Grandes Llanuras. Fue ésta una emigración gradual que tuvo
lugar a lo largo de varias generaciones. Diferentes grupos alcanzaron el
sur de las Grandes Llanuras en diferentes momentos, ampliando poco a
poco su territorio que también fue desplazándose paulatinamente ha-
cia el sur. Las fuentes más antiguas en lengua francesa o inglesa suelen
referirse a estos indios como ¨serpientes¨, la misma denominación que
recibían los shoshones que permanecieron más al norte, mientras que los
españoles de Nuevo México los denominaron inicialmente ¨cumanchis¨,
confiriendo al territorio que habitaban la designación de Comanchería.7
Al desplazarse hacia el sur de las Grandes Llanuras, los coman-
ches se aproximaban a la frontera norte de Nueva España, de donde
procedían los codiciados caballos y buena parte de las manufacturas que
circulaban por la región. La tradición oral de comanches y shoshones
orientales sugiere que las epidemias también jugaron un papel impor-

sobre los comanches orientales], San Antonio de Béxar, noviembre 15, 1785, Ar-
chivo General de Simancas, Secretaría de Guerra (en adelante AGS-SG), 7031, 9, 2.
7 GARY C. ANDERSON, The Indian Southwest, 1580-1830: Ethogenesis and Reinven-
tion (Norman: University of Oklahoma Press, 1999), 204-05; PEKKA HÄMÄLÄI-
NEN, The Comanche Empire (New Haven and London: Yale University Press,
2008), 18-20, 28, 346, 73 n.22; ELIZABETH A. H. JOHN, Storms Brewed in Other
Men’s Worlds: The Confrontation of Indians, Spanish, and French in the Southwest,
1540-1795, 1996 ed. (Norman and London: University of Oklahoma Press, 1975),
215-17, 56-57, 67, 75, 79, 306-07; THOMAS W. KAVANAGH, Comanche Political
History: An Ethnohistorical Perspective, 1706-1875 (Lincoln: University of Nebras-
ka Press, 1996; reprint, 1999), 3-7, 126-27; KAVANAGH, “Comanche”, 886, 902-04;
RUPERT N. RICHARDSON, The Comanche Barrier to South Plains Settlement: A
Century and a Half of Savage Resistance to the Advancing White Frontier (Glendale,
California: Arthur H. Clark Co., 1933), 1-2, 17, 21.

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Joaquín Rivaya Martínez

tante en la separación de ambos grupos. Otros factores que seguramente


atrajeron a los comanches a latitudes más meridionales son el clima más
benigno y la abundancia de bisontes en el invierno. Los comanches ter-
minarían por abandonar la región al norte del río Arkansas a comienzos
del siglo XIX ante la presión de otros grupos indígenas. Con su avance,
los comanches también desplazaron a otros grupos, especialmente a los
apaches llamados ¨orientales” (grupos de lengua atapasca que habita-
ban al este y el nordeste del curso alto del Río Grande), con quienes
competían por los recursos naturales de las llanuras, los caballos y el
control del comercio regional.8
Las primeras noticias de comanches se refieren a sus incursiones,
acompañados a menudo por aliados yutas (en inglés “Utes”), contra
diversos grupos de apaches que vivían al nordeste de Nuevo México.
Partidas de guerreros comanches asaltaban por sorpresa los poblados
apaches matando a los varones, pero capturando a menudo a mujeres
y niños. Los primeros contactos conocidos entre comanches e hispanos
fueron también hostiles. Mencionados en Nuevo México desde 1706 y
en Texas desde 1743, sus relaciones con los habitantes de estas provin-
cias vinieron marcadas por las incursiones comanches de saqueo, fun-
damentalmente para robar caballos. Las primeras irrupciones en Nuevo
México ocurrieron en el norte de la provincia en la década de 1710,
siendo frecuentes las treguas temporales para comerciar a partir de la
década de 1720, especialmente en el pueblo indígena de Taos. Los pri-
meros períodos de paz duradera con los comanches en dicha provincia
no llegarían hasta los dos ejercicios del gobernador Tomás Vélez Ca-

8 Sobre la rivalidad entre comanches y apaches de las llanuras, véanse: ANDERSON,


Indian Southwest, 204-15; JULIANA BARR, Peace Came in the Form of a Woman:
Indians and Spaniards in the Texas Borderlands (Chapel Hill: University of North
Carolina Press, 2007), 181, 207-09, 24, 39-42, 72, 79; HÄMÄLÄINEN, Comanche
Empire, 61, 64, 66, 75, 90, 101; JOHN, Storms, 223, 29-30, 43-45, 65-66, 75, 96, 318,
59-60, 62, 460, 65-66, 85, 551; KAVANAGH, Comanche History, 63-79; JOAQUÍN
RIVAYA-MARTÍNEZ, “Diplomacia interétnica en la frontera norte de Nueva Es-
paña. Un análisis de los tratados hispano-comanches de 1785 y 1786 y sus con-
secuencias desde una perspectiva etnohistórica,” Nuevo Mundo, Mundos Nuevos
(2011), http://nuevomundo.revues.org/62228

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La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

chupín, entre 1749-1754 y 1761-1767 respectivamente, tras la desinte-


gración de su alianza con los yuta. La piedra angular de las relaciones
pacíficas entre comanches y novomexicanos era el comercio.9
Los indios comanches probablemente se dieron a conocer en la
provincia española de Nuevo México en torno al año 1700. El 15 de julio
de 1706, varios líderes de los indios Taos informaron al sargento mayor
Juan de Ulibarri de que los indios yutas o utes y ¨cumanchis¨ o coman-
ches planeaban atacar su pueblo de forma inminente. Si bien parece que
dicho ataque no llegó a materializarse, se trata de la primera mención de
comanches aparecida en el registro documental hasta la fecha. El 27 del
mismo mes, en un lugar indeterminado de las Grandes Llanuras próxi-
mo a un río al que los españoles denominaban de San Blas, un grupo de
líderes apaches, incluido un individuo llamado El Coxo, hicieron saber
a Ulibarri que yutas y comanches habían atacado recientemente una
ranchería (campamento) de los (¿apaches?) Carlana y Sierra Blanca, y
otra de los (¿apaches?) Penxayes.10 Ese mismo año, en un informe a sus
superiores, el gobernador de Nuevo México, Francisco Cuervo y Valdés,
se refería a yutas y comanches como los grupos indígenas hostiles situa-
dos al norte de la provincia a su cargo.11 Como señala el etnohistoriador
estadounidense Thomas Kavanagh, el hecho de que ninguno de los es-
pañoles mencionados parezca haber reaccionado con sorpresa ante la
presencia de comanches tan cerca de Nuevo México sugiere que éstos
eran ya conocidos en la provincia con anterioridad.12

9 ANDERSON, Indian Southwest, 205-12, ; HÄMÄLÄINEN, Comanche Empire,


1-71; JOHN, Storms, 226-57, 304-35; KAVANAGH, Comanche History, 121-23, 26-
31; RIVAYA-MARTÍNEZ, “Diplomacia interétnica”.
10 JUAN DE ULIBARRI, Diario y derrotero que hizo el sargento mayor Juan de Ulibarri
de la jornada que ejecutó de orden del señor gobernador y capitán general de este reino
don Francisco Cuervo y Valdés, Santa Fe, September 2, 1706, AGN-PI, Tomo 36,
Expediente 4, folios 131-140.
11 CHARLES W. HACKETT, ED., Historical Documents Relating to New Mexico, Nue-
va Vizcaya, and Approaches Thereto, to 1773, 3 vols. (Washington: Carnegie Insti-
tution, 1937), vol. 3, 382.
12 THOMAS W. KAVANAGH, Comanche Political History: An Ethnohistorical Pers-
pective, 1706-1875 (Lincoln: University of Nebraska Press, 1996; reprint, 1999), 63.

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Joaquín Rivaya Martínez

Durante el verano de 1716, yutas y comanches llevaron a cabo


una serie de robos de caballada en las jurisdicciones nuevomexicanas
de Santa Cruz, la Cañada, Santa Clara y Taos. Otros indios forasteros
fueron observados en varios puntos de la provincia, lo que hizo temer
se tratase de espías de un grupo presuntamente hostil. El 14 de octubre,
las autoridades españolas reunidas en junta de guerra en Santa Fe deci-
dieron atacarlos. Poco después, un contingente mixto de soldados presi-
diales, milicianos, e indios teguas (Tewas) auxiliares comandado por el
capitán Cristóbal de la Serna asaltó una ranchería de comanches y yutas
en el Cerro de San Antonio, unas cien leguas al noroeste de Santa Fe. Al-
gunos de los cautivos apresados en el ataque fueron vendidos como es-
clavos en la provincia de Nueva Vizcaya. Al conocerse que el gobernador
Félix Martínez en persona se había beneficiado de la venta, se le ordenó
a éste que recobrase los prisioneros. Sin embargo, para entonces muchos
habían fallecido de viruela, mientras que otros habían sido bautizados,
de modo que, ante el riesgo de que apostatasen, nunca fueron devueltos
con los suyos.13
En septiembre de 1719, tras una sucesión de ataques en la pro-
vincia atribuidos a yutas y comanches, el gobernador Antonio Valverde
y Cossío llevó a cabo una nueva expedición punitiva. Si bien los expe-
dicionarios descubrieron esta vez los restos de dos rancherías, de unos
60 y 100 hogares respectivamente, cerca de la actual ciudad de Pueblo,
en Colorado, nunca llegaron a entrar en combate. Lo que sí pudieron
constatar es que los apaches situados al nordeste de Nuevo México vi-
vían bajo la amenaza constante de las incursiones de comanches y yutas.
Dichos apaches también informaron a Valverde de una supuesta alianza
entre los franceses y una serie de grupos indígenas que vivían aún más al
nordeste, incluidos los Pananas (Pawnees), Cánceres (Kansas) y Jumanes
(Taovayas).14

13 FÉLIX MARTÍNEZ y MIGUEL TENORIO DE ALBA, [Junta de guerra], Santa Fe,


octubre 14, 1716, Spanish Archives of New Mexico (en adelante SANM), II, 5: 632-
638; KAVANAGH, Comanche History, 63-64.
14 ANTONIO VALVERDE COSSÍO, [Carta al Marqués de Valero], Santa Fe, noviem-
bre 30, 1719, (AGN-PI), 183: 324-329v.

350
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

El trueque entre nómadas y sedentarios era práctica común en


Nuevo México ya en época prehispánica. Los nómadas suministraban a
los pueblos fundamentalmente pieles, derivados del bisonte y cautivos,
a cambio de productos agrícolas, ropas de algodón, cerámica y otros
productos. Este rescate o cambalache (trueque) alcanzó gran importan-
cia en época virreinal con la entrada en circulación del ganado y las
manufacturas europeas. Las autoridades españolas intentan regularlo,
estableciendo ferias (anuales) en Taos, Pecos, Abiquiú y otros lugares,
y supervisando las transacciones personalmente para evitar los abusos.
En este comercio participaban todos los sectores de la población no-
vomexicana: vecinos, indios pueblos, autoridades y misioneros. El res-
cate llegó a convertirse en la base del tráfico interno de la provincia,
así como del comercio de larga distancia con Chihuahua y Sonora. El
rescate de cautivos no sólo cristianos sino también paganos fue per-
mitido bajo el criterio de que así se salvaban las vidas y las almas de
los rescatados, a cambio de una servidumbre temporal y supuestamente
remunerada que debía durar sólo unos años, durante los cuales los cria-
dos compensarían a sus amos con su trabajo. Los abusos, sin embargo,
fueron frecuentes. Estos indios de rescate y sus descendientes, conoci-
dos en la provincia como genízaros, quedaban así desvinculados de su
etnia ancestral, siendo teóricamente cristianizados e hispanizados por
sus rescatadores y amos. Con el tiempo, la población de genízaros creció
exponencialmente y una serie de comunidades de criados emancipados
y sus descendientes fueron estableciéndose en los límites de la provincia,
sirviendo como barrera ante las invasiones de los nómadas.15

15 Sobre los genízaros de Nuevo México, véase: DORIS SWANN AVERY, “Into the
Den of Evils: The Genízaros in Colonial New Mexico” (M.A. Thesis, The Unvier-
sity of Montana, 2008); FRAY ANGÉLIOCO CHÁVEZ, “Genizaros,” in Handbook
of North American Indians, ed. William C. Sturtevant, Handbook of North Ameri-
can Indians (Washington: Smithsonian Institution, 1979); MALCOLM EBRIGHT,
“Advocates for the Oppressed: Indians, Genizaros and their Spanish Advocates in
New Mexico, 1700-1786,” New Mexico Historical Review 71, no. 4 (1996); RUS-
SELL M. MAGNAGHI, “Plains Indians in New Mexico: The Genizaro Experience,”
Great Plains Quaterly 10, no. 2 (1990); JAMES F. BROOKS, Captives and Cousins:

351
Joaquín Rivaya Martínez

Desde su primera mención en Texas en 1743, los comanches apa-


recen como enemigos acérrimos de los apaches lipanes, contra quienes
lanzaban campañas constantemente. En un principio, los asentamientos
españoles no sufrieron más que alguna que otra incursión esporádica
para robar caballos. Sin embargo, los intentos españoles por convertir
a los lipanes condujeron a una alianza entre comanches y norteños (un
conjunto de grupos indígenas culturalmente diversos que vivían al norte
de la provincia), y a un enfrentamiento frontal entre éstos y los españoles.
La nueva estrategia comanche salió a la luz con la destrucción de la Mi-
sión de San Sabá en 1758, a la que sucedió un ataque al presidio San Luis
de las Amarillas en 1759. Una expedición con carácter punitivo liderada
por Parrilla en 1759 terminó en fracaso. Sin embargo, en 1762, un grupo
de líderes comanches acordaron con Fray José Calahorra y Sáenz no ata-
car a los apaches de misión. Diez años más tarde, gracias a la mediación
del Athanase de Mézières, se alcanzaba la primera paz formal con los
comanches representados por el jefe Povea. Sin embargo, las incursiones
comanches en Texas continuarían casi sin remisión hasta 1785.16
Para entender el porqué de esas incursiones conviene tener en
cuenta la importancia de la guerra en la sociedad comanche. Los Co-
manches distinguían las incursiones de saqueo para obtener botín (fun-
damentalmente caballos y otro ganado, pero también cautivos, ropa,
armas y otros objetos) de las campañas militares organizadas expre-
samente para vengar la muerte de un pariente a manos de algún ene-
migo. La expectativa cultural era que los vengadores regresarían con la
cabellera de un individuo perteneciente al grupo de los agresores. De

Slavery, Kinship, and Community in the Southwest Bordelands (Chapel Hill and
London: The University of North Carolina Press, 2002), 53, 71, 121-42, 98-206.
16 El mejor y más exhaustivo resumen de estos procesos continúa siendo: ELIZA-
BETH A. H. JOHN, Storms Brewed in Other Men’s Worlds: The Confrontation of
Indians, Spanish, and French in the Southwest, 1540-1795, 1996 ed. (Norman and
London: University of Oklahoma Press, 1975). Véanse también: JULIANA BARR,
Peace Came in the Form of a Woman: Indians and Spaniards in the Texas Borderlands
(Chapel Hill: University of North Carolina Press, 2007); PEKKA HÄMÄLÄINEN,
The Comanche Empire (New Haven and London: Yale University Press, 2008); KA-
VANAGH, Comanche History.

352
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

esta forma una incursión a cargo de unos cuantos jóvenes con el único
objetivo de robar unos caballos podía convertirse a largo plazo en una
auténtica campaña militar masiva, generando a menudo un ciclo vicio-
so de vendettas mutuas con otros grupos indígenas. Además, como ya
vimos, la introducción del caballo, y la existencia de un mercado fiable
para cautivos en Nuevo México, proporcionaba alicientes adicionales a
los guerreros.
Pero es que la guerra era además la principal fuente de estatus y
poder para los varones. Las hazañas militares entrañaban gran prestigio
y eran interpretadas como el resultado de la capacidad del guerrero para
manipular el poder sobrenatural (puha). Por otra parte, la generosidad
en la redistribución del botín, solía acarrear el apoyo político de los be-
neficiarios. De hecho, todo líder (paraibo) debía ser antes un héroe (te-
kwuniwapi).
Sin embargo, la enemistad latente entre los comanches y otros
grupos indígenas tenía también importantes causas materiales. Coman-
ches, apaches, y otros grupos de las Grandes Llanuras rivalizaban por los
recursos naturales de la región, fundamentalmente el bisonte y otra caza
mayor y los lugares de acampada más favorables, aquéllos que ofrecían
pasto, agua y árboles en abundancia. Los valles de los ríos de menor
elevación que la llanura circundante eran particularmente codiciados
en invierno para eludir los gélidos vientos que en ocasiones barren la
región y acceder a las hierbas que conservaban un mayor valor nutritivo
en esa época del año.
Esa tensión latente se vio agudizada con la introducción de ca-
ballo, que como ya vimos se convirtió en el principal objeto de saqueo
y comercio, y otorgaba mayor movilidad y un campo de acción más
amplio a cazadores y guerreros. Además, a medida que nuevos grupos se
iban haciendo ecuestres y pasaban más tiempo en las Llanuras, algunos
de los recursos naturales de la región se fueron haciendo más escasos.
Los mismos caballos escaseaban crónicamente debido a la alta morta-
lidad que causaban las condiciones climáticas extremas. Por otra parte,
el tráfico de manufacturas europeas generó una gran competición por

353
Joaquín Rivaya Martínez

las armas de fuego, los instrumentos metálicos, y otros productos, así


como el acceso desigual de los distintos grupos indígenas a las armas
de fuego y la munición. La elevada mortalidad causada por la guerra
crónica se vio multiplicada por las epidemias, generando una gran de-
manda de mano de obra, lo que explica la captura masiva de mujeres
y niños enemigos, quienes eran a veces esclavizados y utilizados como
pastores, procesadores de pieles, concubinas, etc., siendo también a me-
nudo incorporados al grupo de sus captores por medio de la adopción,
el matrimonio o la cooptación.
En ese contexto de violencia crónica, los comanches se convir-
tieron en el pueblo hegemónico del centro y sur de las Grandes Llanu-
ras. Ello fue posible gracias a una población numerosa que crecía con
la afluencia de nuevas oleadas de shoshone-parlantes del noroeste, así
como con la masiva incorporación de cautivos, favorecida por el ca-
rácter exógamo de las bandas comanches y la extendida práctica de la
poliginia. Al mismo tiempo, los comanches pronto se convirtieron en el
pueblo más rico en caballos, lo que les otorgaba una importante ventaja
comercial y favorecía su asombrosa movilidad. Sin embargo, al igual que
los comanches obtenían la mayor parte de sus équidos a través del robo,
sus grandes caballadas constituían un suculento atractivo para los me-
rodeadores de grupos rivales. Si bien sus numerosos guerreros y caballos
constituyeron la clave de su poderío militar, los comanches también se
beneficiaron de una situación estratégica privilegiada dada su proximi-
dad a la principal fuente de caballos, Nueva España, su acceso directo a
los mercados y mercancías españoles en Nuevo México (y, desde 1785,
en Texas), así como a las mercancías y mercados de Luisisana a los que
accedían a través de comerciantes francoparlantes que se adentraban en
las Llanuras remontando los ríos Red y Arkansas, o bien a través de in-
termediarios de habla güichita (especialmente taovayas). Por último, los
comanches también demostraron gran habilidad diplomática tejiendo
un sistema cambiante de alianzas del que formaron parte sucesivamente
los indios yutas (Utes, c. 1705 - c. 1740), taovayas (desde c. 1740), y de-
más norteños (desde c. 1755), así como los españoles de Texas (1785 - c.
1810) y Nuevo México (desde 1786). Sólo la combinación de todos estos

354
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

factores hizo posible la expansión sin precedentes de los comanches, la


cual se produjo a costa de otros grupos indígenas, fundamentalmente
los apaches de las llanuras.
La hegemonía comanche tuvo una importante dimensión comer-
cial. Los comanches no sólo se convirtieron en los principales traficantes
de caballos de las Llanuras, sino que también vendían pieles, produc-
tos derivados del bisonte, cautivos, sal, y otros productos a cambio de
maíz, piloncillo (barras de azúcar moreno), pinole (un tipo de harina
de maíz mezclada con hierba y semillas molidas), y otros alimentos, así
como cuchillos, ropa, armas de fuego, munición, cuentas de vidrio y
otras manufacturas. A medida que los comanches fueron expulsando
a los apaches del territorio del bisonte, éstos intensificaron sus propias
hostilidades contra los asentamientos novohispanos.17

Crisis en la Comanchería, 1770-1785

A partir de 1770, una sucesión de acontecimientos preparó el te-


rreno para el establecimiento de una alianza hispano-comanche. Una
prolongada sequía en las llanuras meridionales acarreó una de las peores
fases de violencia comanche en la frontera a partir de 1772. En agosto de
1779, una fuerza de ochocientos hombres que incluía soldados “presidia-
les”, milicianos, indios yutas (utes) y apaches jicarillas liderada por el go-
bernador de Nuevo México, Juan Bautista de Anza, asaltó una ranchería
comanche de más de ciento veinte tiendas al norte del río Arkansas. Era

17 Sobre los diferentes procesos que contribuyeron a forjar la hegemonía comanche,


véanse: HÄMÄLÄINEN, Comanche Empire, 18-106; NED BLACKHAWK, “The Dis-
placement of Violence: Ute Diplomacy and the Making of New Mexico’s Eighteenth-
Century Northern Borderlands,” Ethnohistory 54, no. 4 (2007); JOHN, Storms; KA-
VANAGH, Comanche History, 63-154; ALFRED B. THOMAS, ed., After Coronado:
Spanish Exploration Northeast of New Mexico, 1696-1727 (Norman: University of
Oklahoma Press, 1935), 1-49; ALFRED B. THOMAS, ed., The Plains Indians and
New Mexico, 1751-1778: A Collection of Documents Illustrative of the History of the
Eastern Frontier of New Mexico (Albuquerque: University of New Mexico Press,
1940), 1-59; GARY C. ANDERSON, The Indian Southwest, 1580-1830: Ethogenesis
and Reinvention (Norman: University of Oklahoma Press, 1999), 105-27.

355
Joaquín Rivaya Martínez

la primera ocasión en que los españoles atacaban a los comanches tan al


norte. De regreso a Nuevo México, el contingente de Anza se topó con
una partida de más de cuarenta comanches que volvía de incursionar allí.
Este encuentro costó a los comanches otros diecisiete muertos, incluidos
su belicoso líder Cuerno Verde, considerado el principal instigador de las
incursiones, su hijo primogénito y otros cuatro líderes.18
Entre 1780 y 1781, una mortífera pandemia de viruela se exten-
dió por Norteamérica. El hecho de que sea el primer estallido de dicha
enfermedad documentado entre los comanches, sugiere que se trató del
primer episodio de la misma, o al menos del primero en mucho tiem-
po. En cualquier caso, la epidemia debió de ser terriblemente virulenta
entre los comanches al tratarse de una población no inoculada hasta el
punto que en 1785, los orientales afirmaron haber perdido dos tercios
de su población durante dicha epidemia.19 Todos estos factores hicieron
a los comanches más vulnerables a los ataques de otros grupos indí-
genas, muchos de ellos mejor pertrechados de armas de fuego que los
propios comanches.
Entre tanto, durante una ardua inspección de los presidios del
norte de Nueva España que se extendió por dos años (1766-1768), el
Marqués de Rubí comprobó la falta de recursos humanos y materiales
para defender la frontera de las incursiones de los bárbaros. En su in-
forme final, el marqués recomendaba una profunda reestructuración
de los presidios, reubicando varios de ellos para formar una única línea
de defensa más o menos paralela al río Grande, con la excepción de
los presidios avanzados de Santa Fe y Béxar. Rubí también recomendó
formar una alianza con los comanches e intensificar la guerra contra los
apaches. La mayoría de sus recomendaciones fueron reflejadas en un

18 JUAN BAUTISTA DE ANZA, Diario de la expedición... contra la nación Cuman-


che... septiembre 10, 1779, Archivo General de Indias - Audiencia de Guadalajara
(en adelante AGI-AG), 278.
19 JOAQUÍN RIVAYA-MARTÍNEZ, “Incidencia de la viruela y otras enfermedades
epidémicas en la trayectoria histórico-demográfica de los indios comanches, 1706-
1875,” in El impacto demográfico de la viruela. De la época colonial al siglo XX, ed.
Chantal Cramaussel (Zamora, Michoacán: El Colegio de Michoacán, 2010), 67-68

356
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

nuevo Reglamento e Instrucción de presidios aprobado en 1772. A partir


de entonces, las autoridades españolas iniciaron una exhaustiva reorga-
nización militar y administrativa de la frontera norte de Nueva España
que culminó con la creación de la Comandancia General de las Provin-
cias Internas en 1776. Los españoles habían sido incapaces de subyugar
o evangelizar a los apaches, y las hostilidades generalizadas de éstos y de
otros indios independientes se habían convertido en una pesadilla para
las autoridades novohispanas. En los años siguientes, para hacer frente
a los apaches, los españoles construirían un sistema de coaliciones que
llegará a incorporar a buena parte de los indios bárbaros de la frontera,
y cuya piedra angular iba a ser la alianza con los comanches.20

La alianza con los españoles, 1785-1821

Hacia 1785, los españoles distinguían cuatro divisiones princi-


pales entre los comanches. Algunas rancherías de “cuchunticas” (del
comanche Kuhtsutuhka ´comedores de bisonte´) vagaban normalmente
por la región situada al sur del río Arkansas y al este de la Sierra de la
Sangre de Cristo. Los “jupes” (Huupin o “gente del bosque o de palo”)
habitaban las llanuras al norte del Arkansas y al este de la sierra de las
Montañas Rocosas conocida como Front Range. Aún más al norte vi-

20 ANTONIO BONILLA, [Actas de cuatro juntas de guerra], Chihuahua, octubre 4,


1778, AGS-SG, 7045, 3, 41, 51-60; LUIS NAVARRO GARCÍA, Don José de Gálvez
y la Comandancia General de las Provincias Internas del norte de Nueva España
(Sevilla: Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1964); NOEL M. LOOMIS and
ABRAHAM P. NASATIR, Pedro Vial and the Roads to Santa Fe (Norman: Univer-
sity of Oklahoma Press, 1967), 22-27; MAX L. MOORHEAD, The Apache Fron-
tier: Jacobo Ugarte and Spanish Indian Relations in Northern New Spain, 1769-1791
(Norman: University of Oklahoma Press, 1968), 143-69; ALFRED B. THOMAS,
ed., Forgotten Frontiers: A Study of the Spanish Indian Policy of Don Juan Bautista
de Anza, Governor of New Mexico 1777-1787 (Norman: University of Oklahoma
Press, 1932), 71-83; WEBER, Spanish Frontier, 204-35; DAVID J. WEBER, Bár-
baros: Spaniards and Their Savages in the Age of Enlightenment (New Haven: Yale
University Press, 2005), 156-59; ALFRED B. THOMAS, ed., Teodoro de Croix and
the Northern Frontier of New Spain, 1776-1783 (Norman: University of Oklahoma
Press, 1941), 1-68

357
Joaquín Rivaya Martínez

vían los “yamparicas” (Yamparuhka ´comedores de yampa´, un tubér-


culo de la región). Estos tres grupos residían más cerca de la provincia
de Nuevo México, siendo a veces denominados colectivamente “coman-
ches occidentales”. Otro grupo de cuchunticas, conocidos simplemente
como “orientales”, vivían entre los ríos Rojo y Brazos, en las inmediacio-
nes de la provincia de Texas.21
En Julio de 1785, una partida de cuchunticas apareció en el pue-
blo indígena de Taos, al nordeste de Nuevo México, para vender sus
mercancías y proponer la paz a los españoles. Ese mismo verano, jupes
y yamparicas se declaraban también dispuestos a establecer la paz tras la
muerte de Toroblanco, un influyente líder que los había mantenido en
pie de guerra hasta entonces.22 En septiembre del mismo año, una de-
legación española encabezada por el comerciante franco-hispano Pedro
(Pierre) Vial y el excautivo comanche Francisco Xavier Chávez iniciaba
negociaciones con los cuchunticas orientales con la ayuda de Guersec y
Eschas, líderes respectivamente de los Taovayas y Güichitas. Siguiendo
el consejo de sus dos ¨capitanes¨ principales, Camisa de Hierro y Cabeza
Rapada, los orientales se mostraron favorables a la paz. En octubre, el
gobernador de Texas, Domingo Cabello, recibía en Béxar a una delega-
ción de los orientales con quienes establecía un tratado formal.23

21 BONILLA, [Actas de cuatro juntas de guerra], ; VIAL and CHÁVEZ, [Diario e


informe sobre los comanches orientales]; CABELLO, Respuestas... sobre varias cir-
cunstancias de los indios Cumanches Orientales, ; FRANCISCO XAVIER ORTIZ,
[Informe sobre la nación comanche dirigido a Juan Bautista de Anza], Santa Fe,
May 20, 1786, AGS-SG, 7031; PEDRO GARRIDO Y DURÁN, Noticia de los ca-
pitanes Comanches... [Santa Fe, julio 14, 1786], AGS-SG, 7031, 9, 37/8; PEDRO
GARRIDO Y DURÁN, Relación de los sucesos ocurridos en la Provincia del Nuevo
México... Chihuahua, diciembre 21, 1786, AGS-SG, 7031, 9, 37; CARNEY SAU-
PITTY, SR., Interview with author, Apache, Oklahoma, July 19, 2005; KAVANA-
GH, Comanche History, 121-32
22 JOSÉ ANTONIO RENGEL, [Carta n.116 a Gálvez sobre progresos conseguidos en la
Paz de los Cumanches], Chihuahua, diciembre 31, 1785, AGS-SG, 7031, 9, 32; AGI-
AG, 286
23 VIAL and CHÁVEZ, [Diario e informe sobre los comanches orientales],

358
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

El 25 de febrero de 1786, el líder principal de los cuchunticas oc-


cidentales, a quien las fuentes identifican como Ecueracapa (“El Huér-
fano”), visitó a Anza en Santa Fe en representación de las tres divisio-
nes occidentales y le propuso una serie de condiciones para un tratado.
Tres días después, durante un encuentro con varios líderes cuchunticas
occidentales en la población indígena de Pecos, Anza aceptaba oficial-
mente las propuestas de Ecueracapa. En la misma fecha y lugar, con la
mediación de Anza, los cuchunticas occidentales establecían la paz con
los indios yutas, también aliados de los españoles. Durante las semanas
siguientes, una legión de representantes de todas las divisiones occiden-
tales visitó Nuevo México para ratificar el tratado. Para finales de julio
así lo habían hecho veintitrés líderes que representaban a unas 8.300
personas. El 5 de octubre del mismo año, Jacobo de Ugarte y Loyola, co-
mandante en jefe de las Provincias Internas, aprobaba también el acuer-
do.24 Por último, el 21 de abril de 1787, Anza participó en una reunión
con representantes de todas las divisiones comanches en algún lugar de
la Comanchería donde el tratado fue ratificado de forma definitiva.25
En un contexto de violencia creciente en las Grandes Llanuras,
y aún bajo las secuelas de la pandemia de 1780-1781, los comanches
se aseguraron por medio de estos tratados la capacidad de atravesar
libremente las tierras de la corona mientras continuaban su ancestral
confrontación con los apaches. Además, los tratados permitieron a los
comanches monopolizar el comercio novohispano y controlar el tráfico
de manufacturas a través de las llanuras, desplazando en el proceso a sus
tradicionales rivales, los apaches. De esta forma, los líderes comanches

24 GARRIDO Y DURÁN, Relación de los sucesos ocurridos en la Provincia del Nuevo


México... ; JACOBO UGARTE Y LOYOLA, Extracto de novedades de enemigos y...
de la paz con los comanches, apaches, y otros puntos relativos al estado de la guerra,
Arizpe, agosto 14, 1787, AGI-AG, 287; AGS, SG, 7031, 9, 41
25 JACOBO UGARTE Y LOYOLA, [Carta Juan Bautista de Anza], Chihuahua, oc-
tubre 26, 1786, SANM, II, 11: 1081-1083; UGARTE Y LOYOLA, Extracto de nove-
dades de enemigos y... de la paz con los comanches, apaches, y otros puntos relativos
al estado de la guerra, ; JACOBO UGARTE Y LOYOLA, [Carta a Fernando de la
Concha] Arizpe, enero 23, 1788, Spanish Archives of New Mexico II, 12: 32-34

359
Joaquín Rivaya Martínez

garantizaban a su gente un flujo constante de mercancías hispanas a la


vez que les permitía reforzar su riqueza y prestigio a través de los regalos
diplomáticos y las muestras públicas de deferencia que recibían de las
autoridades españolas. Por último, la capacidad de acampar y desplazar-
se libremente en las inmediaciones de los asentamientos hispanos faci-
litaba también el acceso de los comanches al territorio más meridional
del bisonte, en las cuencas del río Pecos y del alto Canadian, así como la
posibilidad de recibir envíos rápidos de víveres en caso de hambruna.26
De esta forma, los tratados hispano-comanches de 1785 y 1786
pusieron fin a décadas de violencia entre ambos pueblos, inaugurando
un período de relaciones predominantemente amistosas del que unos y
otros se beneficiaron durante décadas. Comanches y españoles se auxi-
liaron mutuamente en sus campañas militares, especialmente contra sus
enemigos comunes, los apaches, ya fuera por separado, como resultaba
lo más común, o en operaciones conjuntas. A menudo, los españoles
suministraron armas de fuego, pólvora y municiones a los comanches,
quienes debían devolverlas al concluir sus expediciones. Más raramen-
te, soldados españoles acompañaron a los comanches en sus campañas
contra enemigos lejanos.27
Los comanches orientales intensificaron su guerra contra los lipa-
nes, mientras que los occidentales incrementaron sus campañas contra

26 Sobre los tratados hispano-comanches y sus consecuencias véase: JOAQUÍN RI-


VAYA-MARTÍNEZ, “Diplomacia interétnica en la frontera norte de Nueva España.
Un análisis de los tratados hispano-comanches de 1785 y 1786 y sus consecuen-
cias desde una perspectiva etnohistórica,” Nuevo Mundo, Mundos Nuevos (2011),
http://nuevomundo.revues.org/62228.
27 MARC SIMMONS, ed., Border Comanches: Seven Spanish Colonial Documents,
1785-1819 (Santa Fe: Stagecoach Press, 1967), 23; GARRIDO Y DURÁN, Relación
de los sucesos ocurridos en la Provincia del Nuevo México... ; JACOBO UGARTE Y
LOYOLA, [Carta al Marqués de Sonora], Chihuahua, diciembre 21, 1786, AGI-AG,
287; UGARTE Y LOYOLA, Extracto de novedades de enemigos y... de la paz con los
comanches, apaches, y otros puntos relativos al estado de la guerra, ; JUAN DE DIOS
PEÑA, Diario y derrotero... en esta campaña... de auxiliar a los Comanches contra la
nación de los Pananas... Santa Fe, agosto 8, 1790, Spanish Archives of New Mexico
II, 12: 262-265

360
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

los faraones, y comenzaron a atacar a otros apaches que vivían más al


sur y al oeste.28 Amenazados al mismo tiempo por españoles y coman-
ches, algunos apaches optaron por establecer sus propios tratados con
los españoles, llegando algunos a establecerse de forma sedentaria en las
inmediaciones de algunos presidios.29 Para 1800, los comanches habían
conseguido empujar a los apaches a la periferia de las llanuras.30
El mantenimiento de la alianza se basó en la buena voluntad y la
flexibilidad de ambas partes.31 Partidas de comanches continuaron visi-
tando Nuevo México y Texas con expectativas de protección, comercio,
hospitalidad y munificencia que las autoridades españolas satisficieron
en la medida de sus posibilidades. Los españoles continuaron prove-
yendo a los comanches de artículos comerciales y regalos. Los líderes
de ambos pueblos contribuyeron a esclarecer quejas y a sancionar a
quienes cometían crímenes contra sus aliados. Las autoridades españo-
las sólo autorizaron el uso de la fuerza contra los comanches de forma
esporádica, y únicamente para castigar a aquéllos responsables de espe-
cíficos actos de agresión.32 También intentaron aplacar a los comanches

28 GARRIDO Y DURÁN, Relación de los sucesos ocurridos en la Provincia del Nuevo


México... ; JACOBO UGARTE Y LOYOLA, [Carta n.130 a Manuel Antonio Flores],
Janos, marzo 13, 1788, AGN-PI, 65: 507-508v; FERNANDO DE CONCHA, [Carta
n.147 a Jacobo Ugarte y Loyola], Santa Fe, noviembre 20, 1789, AGN-PI, 191: 201-
201v; RAMÓN DE CASTRO, [Carta n.71 a Revillagigedo], Valle de Santa Rosa,
julio 12, 1791, AGN-PI, 224: 47-48v
29 MATTHEW M. BABCOCK, “Rethinking the Establecimientos: Why Apaches Sett-
led on Spanish-Run Reservations, 1786-1793,” New Mexico Historical Review 84,
no. 3 (2009)
30 JAMES H. GUNNERSON and DOLORES A. GUNNERSON, Ethnohistory of the
High Plains (Denver: Colorado State Office, Bureau of Land Management, 1988);
BERNICE SUNDAY EISELT, “The Emergence of the Jicarilla Apache Enclave Eco-
nomy During the 19th Century in Northern New Mexico” (Ph. D. dissertation,
University of Michigan, 2006)
31 GARRIDO Y DURÁN, Relación de los sucesos ocurridos en la Provincia del Nuevo
México... ; JOHN, Storms, 346
32 ELIZABETH A. H. JOHN, “Nurturing the Peace: Spanish and Comanche Coope-
ration in the Early Nineteenth Century,” New Mexico Historical Review 59, no. 4
(1984): 436; JOHN, Storms, 345, 711-66; KAVANAGH, Comanche History, 482

361
Joaquín Rivaya Martínez

cuando se produjeron incidentes con otros indios aliados como suce-


dió, por ejemplo, cuando distribuyeron regalos entre los comanches en
1790, después de que una partida de cazadores mescaleros que viajaba
bajo escolta española atacase una ranchería comanche.33 Además, las au-
toridades de Nuevo México enviaron suministros de maíz a los coman-
ches occidentales en varias ocasiones en los años posteriores al tratado.34
En julio de 1787, ante el asombro de Anza, el líder jupe Paruana-
rimuco solicitó ayuda a los españoles para construir “establecimientos
fijos” para su gente. Tan inusual petición fue rápidamente atendida por
las autoridades españolas, que vieron en ella una oportunidad única
para convertir a los belicosos e itinerantes jupes en un pueblo de agri-
cultores sedentarios, sentando así un prometedor ejemplo para otros
“bárbaros” de la frontera. En unos meses, el poblado comanche de San
Carlos de los Jupes se erguía en algún lugar a orillas del Arkansas.35 En
enero de 1788, sin embargo, los jupes abandonaban San Carlos tras ha-
ber fallecido allí una de las esposas de Paruanarimuco.36
La presencia de intérpretes en las rancherías comanches agilizó
las comunicaciones entre ambos pueblos. La paz también permitió a los
españoles desplazarse con seguridad a través de la Comanchería y llevar
a cabo diversas exploraciones beneficiándose de la hospitalidad y del
conocimiento del terreno de sus anfitriones comanches.37

33 REVILLAGIGEDO, [Carta a Pedro de Nava], México, marzo 2, 1791, AGS-SG,


7045, 3, 42; AGS-SG, 7045, 3, 42; MOORHEAD, Apache Frontier, 168
34 FERNANDO DE LA CONCHA, Relación... de los gastos ocasionados durante... 1791
en gratificar y mantener en esta villa las naciones bárbaras aliadas que concurren a
ella... Santa Fe, marzo 1, 1792, AGN-PI, 204: 337-334v.
35 JUAN BAUTISTA DE ANZA, [Carta a Ugarte y Loyola], Santa Fe, octubre 20, 1787,
AGN-PI, 65: 501-502; FERNANDO DE LA CONCHA, [Carta a Jacobo Ugarte y
Loyola], Santa Fe, noviembre 10, 1787, AGN-PI, 65: 51-56
36 FERNANDO DE LA CONCHA, [Carta n.29 a Ugarte y Loyola], Santa Fe, junio 26,
1788, AGN-PI, 65: 511-511v
37 CONCHA, Relación... de los gastos ocasionados durante... 1791 en gratificar y man-
tener en esta villa las naciones bárbaras aliadas que concurren a ella...

362
La expansión comanche en la frontera norte de Nueva España

En las décadas que siguieron a los tratados, hispanos e indios bajo


dominio español establecieron una relación comercial más informal
con los comanches, ignorando en ocasiones las regulaciones y prohi-
biciones establecidas por las autoridades locales. En Nuevo México, la
paz y la coexistencia favorecieron las visitas a la Comanchería de un
considerable número de traficantes novomexicanos, quienes acabarían
por ser denominados “comancheros”, para comerciar con comanches y
otros indios.38 La importancia y persistencia de este tráfico fortaleció la
paz entre novomexicanos y comanches, que perduraría hasta la década
de 1870, al mismo tiempo que la presencia de ciboleros (cazadores de
bisontes) novomexicanos en la Comanchería se hacía más frecuente.
Todo ello favoreció la expansión demogfráfica, económica y territo-
rial de Nuevo México. Nuevas poblaciones con una importante presencia
de genízaros fueron establecidas al este y nordeste de la provincia. A medi-
da que la población aumentaba, también lo hizo le producción agropecua-
ria y artesanal. Además, las pieles obtenidas por comancheros y ciboleros se
convirtieron en el motor de la economía nuevomexicana, siendo el princi-
pal artículo del comercio interprovincial. De esta forma, la integración de
Nuevo México en el comercio novohispano se hizo más firme.
Por otra parte, la alianza comanche con Texas empezó a desinte-
grarse en la década de 1810, debido en buena medida a la incapacidad
de las autoridades españoles para satisfacer las demanda comanche de
regalos y mercancías en el contexto de la invasión napoleónica y la in-
surrección mexicana. Comerciantes angloamericanos con base en los
Estados Unidos comenzaron a suministrar a los comanches armas, mu-
niciones y otros artículos, ofreciendo además un emergente mercado
para los caballos comanches, a menudo robados. Así, las depredacio-
nes comanches se extendieron paulatinamente a Coahuila, Nuevo León,
Nuevo Santander y Chihuahua.39 La mayoría de los comanches, sin em-

38 JOHN, “Nurturing the Peace”; KENNER, History


39 JOHN, “Nurturing the Peace”; SIMMONS, ed., Border Comanches, 35-36; FRANK,
From Settler to Citizen; JOHN, Storms, 734; KAVANAGH, Comanche History, 177;
MOORHEAD, Apache Frontier, 169

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Joaquín Rivaya Martínez

bargo, se mantendría leal a la corona durante las guerras mexicanas de


independencia.

Conclusión

La intrusión hispana en el actual Suroeste de Norteamérica des-


encadenó cambios dramáticos entre los pueblos autóctonos del conti-
nente. Los españoles y sus aliados indígenas introdujeron mortíferos
gérmenes importados del Viejo Mundo que causaron una mortandad
sin precedentes, pero también nuevas especies animales y vegetales, así
como toda una serie de mercancías, técnicas y herramientas que pron-
to fueron objeto del interés de los nativos. La introducción del caballo
en particular transformó radicalmente el modo de vida de numerosas
sociedades. Muchos de los grupos indígenas de las Grandes Llanuras de
Norteamérica y zonas limítrofes se volvieron nómadas ecuestres. Sus
desplazamientos se volvieron más frecuentes y comenzaron a recorrer
mayores distancias. A la tradicional competencia por el bisonte y otros
recursos naturales se unió ahora una cada vez mayor rivalidad por los
caballos, así como por las mercancías y mercados europeos, lo que a su
vez generó una fuerte militarización de estas sociedades. En este con-
texto de tensiones intertribales crecientes, el siglo XVIII contempló el
ascenso imparable de los comanches, quienes gradualmente fueron im-
poniendo su hegemonía militar y económica sobre el sur de las Grandes
Llanuras a expensas de otros grupos, fundamentalmente apaches. Pese
a sufrir numerosos contratiempos en torno a 1780, los comanches lo-
graron sobreponerse y mantener su dominio sobre la región durante
décadas (de hecho, hasta bien entrado el siglo XIX), en buena medida
gracias a la alianza hispano-comanche que se gestó con los tratados de
1785 y 1786.

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