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ANTOLOGÍA DE ARTÍCULOS DE DAVID POWLISON

La siguiente es una antología de diversos artículos de David Powlison tomada de diversas


fuentes en Internet que se identifican en el texto (Third Millenium, 9Marks,
ConsejerosBiblicos.com, Coalición por el Evangelio, etc).

Tabla de Contenido

1. David Powlison (1949-2019) - Artículo de Coalición por el Evangelio

2. ¿Por qué la Consejería Bíblica es Diferente?

3. ¿Qué Preguntas Nos Sugiere un Consejero Bíblico Que Hagamos?

4. Conceptos Básicos de la Motivación Humana

5. El evangelio terapéutico

6. Juega a largo plazo por tu santificación

7. Violencia familiar

8. El papel de los medicamentos psicotrópicos

9. Terapias Modernas y la Fe de la Iglesia

10. Temor a Dios

11. Amor incondicional de Dios

12. Enojo 1: Entender el enojo

13. Enojo 2: Mentiras acerca del enojo

14. Enojo 3: Llegando al corazón del enojo

15. Puedes Ver


David Powlison (1949-2019)
coalicionporelevangelio.org/articulo/david-powlison-1949-2019

10 Junio, 2019 | Justin Taylor Compartir

David Powlison murió a las 11 a. m. el viernes 7 de junio de 2019, después de sufrir cáncer
de páncreas. Tenía 69 años.

David Arthur Powlison nació el 14 de diciembre de 1949 en Honolulu, Hawái, el primero de


los tres hijos de Peter y Dora Powlison. Tenía dos hermanos menores: Daniel y Diane.

La religión y la búsqueda de encontrar significado


Los Powlison asistían a una iglesia protestante muy liberal, que probablemente era unitaria
funcionalmente. Siendo adolescente, David razonó:

Jesús es una persona realmente buena que cuidó a las personas menos afortunadas que
él. Por lo tanto, debemos ser buenas personas que cuiden de personas menos afortunadas
que nosotros.

Eso era más o menos todo su pensamiento sobre Jesús y el cristianismo.

Fue durante sus años de escuela secundaria que se preocupó por las preguntas
existenciales: ¿qué vale la pena? ¿Cuáles cosas importan? ¿Qué es significativo? ¿Quién
soy? Se separó por completo de su iglesia nominal. El cristianismo, pensó, era una
apariencia educada para las personas que se negaban a enfrentar las realidades difíciles.

Durante ese tiempo, él mismo se enfrentó a la muerte y a la depravación, incluyendo el


bullying (hacia él y hacia otros), el asesinato de un compañero de clase, amigos suicidas, la
exposición a la pornografía, y el hecho de que otros se autoinmolaban con drogas.

Se había matriculado en Harvard como estudiante de matemáticas y ciencias, pero pronto


emigró a la psicología y a las ciencias sociales, y luego pasó a la literatura y a las artes.

Fue a través de su lectura de Dostoievski y T. S. Eliot que poco a poco se dio cuenta de que
el cristianismo abordaba directamente las grandes cuestiones de la vida, a pesar de que él
no abrazaba las enseñanzas del cristianismo.

Conversión a Cristo
En Harvard, el mejor amigo y compañero de cuarto de David, Bob Kramer, se había
convertido en cristiano cuando tenían veinte años. Ambos pensaban en el mismo tipo de
preguntas y comenzaron una conversación y debate continuos durante los próximos cinco
años.
Un domingo por la noche, el 31 de agosto de 1975, unos cuatro años después de haberse
graduado de Harvard, Bob le habló a David con una franqueza inesperada e inusitada.
Habían hablado muchas veces sobre los temas habituales de las Escrituras, de Cristo, y de
la filosofía, dándole vueltas y vueltas, con David siempre esquivando las preguntas.

Yo sabía que él tenía razón. El Espíritu Santo usó sus palabras como algo que perforó mi
armadura. Fui sometido a una convicción amplia y específica de mi pecaminosidad,
inmundicia, incredulidad, y el hecho de que era inaceptable ante Cristo. Fue un momento
en que mi vida entera pasó ante mis ojos. Sentí el peso de muchos pecados.

Bob me invitó a pedirle a Dios misericordia. Y le rogué a Dios por misericordia. Dios fue
misericordioso. Las promesas de hace siglos demostraron ser ciertas: Dios salva
voluntariamente, perdona pecados, crea una nueva vida, da su propio Espíritu, y promete
darnos una gran ayuda para obedecerle. Él hizo todo esto. Me encontró y me llevó a casa.
Me sorprendió la alegría y el amor de Jesús.

David no “le pidió a Jesús que entrara en su corazón”. Más bien, clamó para ser rescatado:
“¡Dios, ten piedad de mí, pecador!”.

A la edad de 25 años, había renacido.

Seminario y matrimonio
En el otoño de 1975, David conoció a Nancy Gardner. Estaba dando una presentación
multimedia en un festival de arte celebrado en el Seminario Teológico de Westminster en
Glenside, Pensilvania. Bob Kramer era ahora estudiante en ese seminario, y David, un
creyente completamente nuevo, estaba de visita como estudiante prospecto.

Se inscribió como estudiante de Maestría en Divinidad en el Seminario Teológico de


Westminster en Glenside, Pennsylvania, y se graduó del seminario en 1980. David y Nancy
tuvieron tres hijos: Peter (1980), Gwenyth (1982), y Hannah (1986).

Consejería bíblica
Ese mismo año se convirtió en escritor, editor, y consejero en CCEF (en español: La
Fundación Educativa para la Consejería Cristiana), fundada en 1968 en Glenside,
Pennsylvania. David también se convirtió en profesor visitante en el Seminario Teológico de
Westminster.

A partir de ahí, recibió una maestría (1986) y luego un doctorado (1996) de la Universidad
de Pensilvania, escribiendo su disertación en el área temática de la historia de la ciencia y
la medicina: “¿Capacitado para aconsejar? La historia de un movimiento conservador
antipsiquiatría protestante” (más tarde publicado en El movimiento de la consejería bíblica:
Su historia y contexto).
En 1970, Jay Adams, un ministro presbiteriano de 41 años, publicó un libro titulado
Competent to Counsel (Capacitado para aconsejar), que lanzó efectivamente un
movimiento antipsiquiátrico entre los protestantes conservadores estadounidenses.

Adams llamó a esto consejería “noutética” (de la palabra griega, noutheteo, “amonestar”).

Antes del trabajo de David Powlison, nadie había estudiado este conflicto sobre la
jurisdicción profesional que se estaba librando entre Adams y los psicoterapeutas
evangélicos. Trabajó casi exclusivamente de fuentes primarias, incluyendo de entrevistas,
publicaciones, y registros de casos.

Cuando CCEF entró en los años 80 y 90, fue evidente que la segunda y la tercera
generación de líderes se beneficiaron de las fortalezas de sus predecesores y de sus
debilidades. Movieron CCEF en una dirección de mayor sensibilidad al sufrimiento humano,
a la dinámica de la motivación, a la centralidad del evangelio en la vida diaria del creyente,
a la importancia del cuerpo de Cristo (la iglesia), y a un compromiso más articulado con la
cultura secular.

El legado de David Powlison


El legado de David Powlison comienza en su familia. Era un hombre que amaba mucho a
su esposa, a sus hijos, y a sus nietos.

Su legado se extiende hacia aquellos a quienes instruyó e inspiró a través del movimiento
de la consejería bíblica, en particular a través de CCEF y el Seminario Teológico de
Westminster.

David no fue un autor de libros prolífico, según algunos estándares. Sin embargo, fue un
prolífico ensayista, y sus folletos, en particular, están llenos de gentil sabiduría y profunda
reflexión sobre cómo la Palabra de Dios habla a cada situación de la vida. Sus últimos
libros por completo los dedicó a algunos de los temas que enseñó particularmente bien:

Haciendo que todas las cosas sean nuevas: Devolverle la alegría a las personas
rotas.

Gracia de Dios en tu sufrimiento.

Bien y enojado: Redimiendo la ira, la irritación, la queja, y la amargura.

El libro en el que estaba trabajando cuando murió está programado para ser lanzado este
otoño:

Sanos y salvos: Firmes en las batallas espirituales.

¿Por qué no yo?


En su libro sobre el sufrimiento, David Powlison notó que muy a menudo nuestra reacción
inicial al doloroso sufrimiento es:

¿Por qué yo? ¿Por qué esto? ¿Por qué ahora?

¿Por qué?…

Él escribió:

[Dios] viene por ti, en la carne, en Cristo, a sufrir en tu nombre. No te ofrece consejos y
perspectivas desde lejos; Él entra en tu sufrimiento. Él te atenderá y trabajará contigo todo
el camino. Él te llevará incluso a través de lo extremo. Esta realidad cambia las preguntas
que surgen de tu corazón. Ese mirar hacia adentro, “¿Por qué yo?”, se calma, levanta los
ojos y comienza a mirar a su alrededor. Te vuelves hacia afuera y se forman nuevas y
maravillosas preguntas.

¿Por qué tú, Señor? ¿Por qué tú? ¿Por qué entrarías en este mundo de males? ¿Por qué
pasarías por la pérdida, la debilidad, las dificultades, el dolor, y la muerte? ¿Por qué harías
esto por mí habiendo tantas otras personas?

Pero lo hiciste.

Hiciste esto por la alegría puesta delante de ti. Hiciste esto por amor. Hiciste esto al mostrar
la gloria de Dios en Cristo.

Por supuesto, no quieres sufrir, pero estás dispuesto a hacerlo: “Si es posible, que pase de
mí esta copa; pero no como yo quiero, sino como tú quieras”.

Como sucedió con Él, el que salva de la muerte escuchará tus fuertes gritos y lágrimas.
Como sucedió con Él, aprenderás la obediencia a través del sufrimiento. Como Él,
simpatizarás con las debilidades de los demás. Como Él, tratarás gentilmente a los
ignorantes y descarriados. Como Él, mostrarás fe a un mundo sin fe, esperanza a un
mundo sin esperanza, amor a un mundo sin amor, vida a un mundo moribundo.

Si todo lo que Dios promete se cumple, entonces ¿por qué no yo?

Una versión de este artículo se publicó originalmente en The Gospel Coalition.


Traducido por Equipo Coalición.
thirdmill.org/files/spanish/27157~12_14_00_1-52-31_PM~PrqCBdif.html

¿Por qué la consejería BÍBLICA es diferente?


1. Perspectiva diferente de la persona.
Tiene un corazón activo y responsable. El hombre siempre es responsable delante
de Dios. Tiene que rendir cuentas delante de Dios por como se expresa su corazón
en sus hechos (Ec.. 9:3; Gén. 6:5; Mr. 7:18-23; Mt. 12:33-37; Stg. 1:13s; 4:1-3; 3:2-4;
Ef. 2:1-10...¡la Biblia entera!)
2. Perspectiva diferente de las circunstancias.
Específicamente, ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Con quien? ¿Bajo cuáles circunstancias?
Todas estas preguntas son importantes. La situación contribuye a la formación de la
vida pecaminosa del individuo (por ej., Pr. 30:8s) y provee también el escenario en el
cual ciertos pecados o injusticias específicos se expresan. La situación en todas sus
complejidades (pasado, presente, y futuro anticipado; problemas generales de la vida
tales como la pérdida de seres queridos, pobreza y enfermedad; ser traicionado por
hermanos o enemigos; los modelos, imágenes, voces y valores del mundo; Satanás y
sus huestes; la experiencia de buenas cosas como salud, amistad, seguridad
económica, etc.) revelan quién es cierta persona (Dt. 8); la situación no causa
ninguna respuesta particular. La situación NO es determinativa. NO se explica la
razón del estilo de vida de uno basado en situaciones variables tales como
experiencias traumáticas, modelos, demonios y otros.
3. Perspectiva diferente de los recursos necesitados para el cambio.
Ser limpiado de la culpa y poder del pecado. La Palabra de Dios.
NO “satisface necesidades (percibidas) de amor, significado, auto-estima,” etc.
4. Perspectiva diferente del proceso de cambio.
Arrepentimiento, fe, renovación de la mente (Rom. 12:1-2), nueva obediencia,
santificación progresiva, para que pueda glorificar y apreciar al digno Dios. NO
“satisfacer necesidades percibidas,” o encontrar “sanidad interna,” o aceptación
personal, o clarificando propósitos alcanzables, para así sentirme con “seguridad
propia,” “auto-estima” y dignidad.
5. Perspectiva diferente de Dios.
El Soberano, Trino Señor; el Padre que gobierna todo para su gloria, el Hijo de Dios
quien fue crucificado como el Cordero de Dios en lugar de los pecadores, resucitado,
gobernando y quien regresará; el Espíritu Santo quien nos fortalece para destruir el
pecado, magnificar a Cristo y conocer al Padre. NO el espectador sin poder en
nuestros problemas, el “terapista en los cielos” quien satisface nuestras “necesidades
emocionales,” cuya muerte demostró cuán valioso e importante somos para Dios,
quien acepta víctimas de los pecados de otros, el cazador de problemas quien
compone nuestras circunstancias, ni la droga que compone nuestros sentimientos.
6. Perspectiva diferente de la Biblia.
La todo-suficiente, pertinente, compresiva Palabra de Dios trata las precisas cosas
que trata la consejería: como entender y tratar con los asuntos prácticos de la vida
tales como la comunicación, la crianza de los niños, la identidad, el matrimonio, el
sexo, el auto-engaño, las motivaciones, las creencias, la tomada de decisiones, las
adicciones, los métodos de consejería, el ser pecado en contra, el enojo, la ansiedad,
el desespero, y cosas similares. Las ideas y prácticas de la consejería bíblica son
sumisas a la autoridad de la Biblia.
NO simplemente un “recurso” para asuntos espirituales” tales como la ética y la
experiencia religiosa, mientras que la sicología es la guía para los problemas de la
vida práctica. La epistemología del “evangelio psicológico” es fundamentalmente
ecléctico y basada en voluntad propia: “cada hombre hizo lo que parecía bien a sus
propios ojos.” (Jueces 21:25).
¿Qué Preguntas Nos Sugiere un Consejero Bíblico Que
Hagamos?
es.gospeltranslations.org/wiki/¿Qué_Preguntas_Nos_Sugiere_un_Consejero_Bíblico_Que_Hagamos%3F

Todos los ministerios vitales de la Palabra y el Espíritu llegan a una intersección: La verdad
se encuentra con la verdad. El Redentor Divino se encuentra con la necesidad humana
honesta. Así que, cuando dos (o más) personas se encuentran en un discipulado o en
consejería pastoral, ellos tienen que poner sobre la mesa los elementos clave de ese
encuentro más profundo que cambia las vidas hoy y en todo tiempo. Existe una relación de
“tiempo real” entre Dios y todas Sus criaturas. Hoy algo está en juego, no importa cuán
conscientemente fieles o ciegamente desobedientes seamos. Si este es el caso, entonces
dos preguntas claves deben entretejerse a través de todo lo que es dicho y hecho en el
discipulado.

Primero, ¿Qué está enfrentando en la vida esta persona? Dicho más deliberadamente,
¿Cuál es tu mayor lucha y necesidad en este momento?¿Dónde enfrentarás las decisiones
cruciales dehoy? En ese momento, en esa situación, ¿qué harás? ¿Cómo tratarás a la
gente? ¿En qué vas a creer? ¿Dónde vas a poner (o perder) tu confianza? ¿Qué vas a
querer? ¿Cómo vas a reaccionar en esa circunstancia? Estas preguntas buscan las
cuestiones de elección significativas y decisivas en la vida cotidiana de una persona:
“Cuando enfrentes esa situación, ¿qué camino tomarás?"
Segundo, ¿qué dice el Señor que habla directamentea lo que estás enfrentando?
¿Quién es Él? ¿Qué está haciendo Él? ¿Qué es lo que Él promete? ¿Cuál es Su voluntad?
Y, ¿Qué es lo que Él te llama a creer, necesitar, confiar, esperar y obedecer? Estas
preguntas exploran las percepciones actuales de una persona del Dios que está presente y
no está silencioso. ¿Es lo que dice y hace Dios inmediatamente relevante o carece de
importancia?

Ambas preguntas nos ayudan a trabajar juntos en lo que cuenta. El ministerio está siempre
en el negocio de ayudar a la gente a hacer conexiones que no han estado haciendo.
Siempre está reinterpretando lo que está pasando, con el propósito de identificar las
oportunidades redentoras en lo que parecen ser los mismos hábitos de siempre. Traza
previamente las implicaciones prácticas que no se han visto de la vida en Cristo. Siempre
está rehaciendo mentes, corazones y estilos de vida que están aún deformes. Estas
preguntas te ayudaran a decir las palabras oportunas, significativas y apropiadas que
ayudarán a la gente a transformar sus vidas con el objeto de ser discípulos de Jesús.

La primera pregunta nos ayuda a comprender la “etapa” (organizada providencialmente por


el Viñador) donde el crecimiento (o endurecimiento) se lleva a cabo diariamente. Hace
relevante al discipulado. De vez en cuando, hay un asunto “grande”, una vuelta en U
enorme, una elección importante en la dirección que toma la vida. Pero normalmente, los
momentos decisivos ocurren en las pequeñas elecciones de la vida: Las palabras que
decimos o no decimos, las actitudes que adoptamos o resistimos, las tareas que hacemos o
denegamos, la manera en que amamos o ignoramos a otros, nuestras reacciones a algún
problema típico. Si el amor es el fruto del Espíritu, lo necesitamos a Él ese mismo momento
y lugar.

La segunda pregunta nos ayuda a captar qué es lo que esta persona comprende (o no
comprende) acerca de Dios y cómo Él está con nosotros. Esto le permite al discipulado
fortificar y consolidar lo que alguien ya sabe (pero, ¡qué fácilmente nos olvidamos, nos
distraemos o le damos la espalda obstinadamente!). Después puedes añadir con juicio lo
que alguien todavía desconoce que haga una diferencia. Muchas veces, la gente que
ministramos ya "sabe" la verdad significativa, pero no la saben de la manera que cambia
sus vidas. El discipulado hace el trabajo duro de heñir lo que es verdadero a cómo
realmente vivimos.

Harás estas dos preguntas en cientos de maneras distintas. Son cosas que tú como
ministro debes preguntar continuamente de todo lo que ves y escuchas, ya sea que hagas
la pregunta en voz alta o no. Estás buscando los puntos de elección significativos en tiempo
real - hoy, esta semana, durante esta temporada en la vida de esta persona. Estás
buscando los lugares donde puedes decirle al otro: “Aquí es donde necesitas esta gracia y
verdad." Muchas veces le diré a alguien: “El Viñador utiliza tijeras para podar, no una
motosierra. Él no va a trabajar en todo al mismo tiempo. Él no te va a hacer enfrentar todo
tipo de problemas enseguida. Él no va a cambiar todo dentro de ti o enseñarte todo acerca
de Él. Pero algo acerca de quien es Él y lo que Él te dice hará una diferencia crítica en
algún reto que estás enfrentando en este momento." Al ministrar a otra persona, no estoy
haciendo nada más que seguir el mismo tipo de interrogación y razonamiento que yo
también necesito, y que encuentro que el Ministro lleva conmigo. Dios está contigo en el
lugar exacto donde estás. De ésto se tratan todas estas preguntas.

Sospecho que la mayoría de nuestros esfuerzos de ministrar hacen mejor trabajo en educar
a la gente en teología básica, conocimiento de la Biblia, principios de la ética Cristiana, las
promesas de Dios, técnicas de ministerio y las disciplinas de la gracia, que en hacer las
buenas preguntas causando que todas esas buenas enseñanzas brillen con relevancia. Yo
he encontrado que este tipo de investigación es enormemente provechoso. Me ayuda a
comprender mejor a la gente que Dios me ha llamado a servir (incluso mientras me ayuda a
entenderme a mí mismo). Ayuda a otros a comprender mejor cómo Dios está con ellos en
la vida real (incluso mientras me ayuda a mí).

También es significativo que estas dos preguntas te ayudan a comprender las Escrituras.
Piensa en eso por un minuto. Deberías preguntar las mismas cosas de la Biblia que
preguntas de la gente. Claro y ¿por qué no? La Biblia es acerca de gente y problemas, y
misericordias, y elecciones y luchas, y esperanza. Así que, pregunta de las Escrituras:
¿Qué estaban enfrentando esas personas en aquellos tiempos? ¿Qué escogió Dios
demostrarles y decirles al estar con ellos? Las situaciones particulares y elecciones de hoy
en día nunca son exactamente las mismas, pero siempre hay temas en común. Y aunque
nuestro Dios salvador nunca trabaja dos veces en exactamente la misma manera. Él sigue
siendo el mismo ayer, ahora y siempre.

Estas dos preguntas te ayudan a captar cómo funcionan las Escrituras. La Palabra no es un
libro de texto de verdades normativas e hipotéticas. No funciona como un texto de teología
sistemática, repleta de proposiciones abstractas y organizadas lógicamente. Y no es una
tesorería de textos probados del tamaño de versículos. Un estudio temático utilizando una
concordancia no es a menudo la mejor manera de comprender algo bíblicamente. La Biblia
no es un manual de instrucciones, un manual de auto-ayuda, o de lectura inspiradora. Las
Escrituras no funcionan como algún manual lleno de principios abstractos, consejos, pasos,
dichos y anécdotas animadoras. Al contrario, la Palabra de Dios nos revela a la persona de
Dios, sus promesas, sus maneras, y su voluntad en acción sobre el “escenario” e “historia"
de las vidas humanas reales. Nuestras dos preguntas nos afinan a eso; ellas surgen de
afinarse a eso. En nuestro ministerio de discipulado, deberíamos tratar de funcionar de la
misma manera que funcionan las Escrituras. Estamos ministrando al mismo tipo de
personas que originalmente recibieron cualquier parte particular de la Palabra. Así que,
¡dejemos entrar al Dios viviente a los momentos cotidianos notables! Permítanme dar una
resumen, y luego ilustrar.

A cada instante, la Palabra de Dios muestra a gente enfrentando problemas particulares y


puntos de elección. En medio de problemas y oportunidades en sus vidas, están tentados a
creer en mentiras particulares, a escoger errores particulares, y a vivir en maneras
desagradables, perversas y complicadas. (Esta es nuestra primera pregunta)

Y las Escrituras muestran al brillante Señor de vida, al Dios verdadero y viviente que entra a
la condición humana de forma redentora, arreglando lo que está mal, hablando la sabiduría
que necesitamos. (Esta es nuestra segunda pregunta)

Y, en medio de todos los problemas y las oportunidades, las Escrituras muestran a algunas
personas creyendo lo verdadero, escogiendo lo que es bueno, y viviendo en maneras que
son sencillamente bellas - gente enteramente al gusto de Dios. Ellos necesitan, buscan y
recurren al Señor. Supremamente, atestiguamos al verdadero hombre enteramente al gusto
del Dios, ese Señor brillante, el Verbo hecho carne, viviendo con nosotros, conmovido por
nuestras flaquezas, lleno de gracia, verdad y gloria, amando a Dios y al prójimo. (Esta es la
meta de nuestro discipulado).

Consideren un ejemplo sencillo de como las Escrituras nos ministran en medio de lo que
enfrentamos. ¿Alguna vez alguien ha enfrentado una situación amenazadora más honesta
y maravillosamente que ésta?

Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad de mí, porque en Ti se refugia mi alma; en la
sombra de tus alas me ampararé hasta que la destrucción pase. Clamaré al Dios Altísimo,
al Dios que todo lo hace para mí. El enviará desde los cielos y me salvará; El reprocha al
que me pisotea. Dios enviará su misericordia y su verdad. (Salmo 57: 1-3)
Observa todos esos verbos activos. Ellos describen al Dios que yo necesito honestamente.
(De nuevo nuestra segunda pregunta) ¿Están aprendiendo aquellas personas que
discipulas una relación tan directa con este Dios?

Observa cómo procede el salmo luego. Un hombre describe gráficamente su experiencia de


enfrentar una amenaza, y su intención es de evocar esa misma experiencia en ti,
conectándola a lo que tú enfrentas. Imagínate a ti mismo sintiéndote amenazado
agudamente por personas con intenciones aniquiladoras . . . pisoteado y arrollado . . .
acechado y rodeado por una manada de leones . . . yaciendo en la tierra indefenso entre
depredadores que respiran fuego . . . asaltado por asesinos violentos cuyas bocas son
lanzas, flechas y espadas . . . atrapado por gente que quiere dañarte, que tienden una red y
cavan una fosa para cazarte (57:3, 4, 6).

En las palabras de la película Parque Jurásico: “Se escaparon los velocirráptores”. Los
terroristas están en su ciudad. Pero éstas son sólo versiones extremas de la vida cotidiana
en la selva humana. Chismosos y difamadores murmuran en tu trabajo. Divisiones surgen
en tu iglesia. Familiares manipulan, fastidian, mienten, traman y se agrupan en tu contra
para salirse con la suya. El otro conductor, agresivo y violento, te hace gestos y te dice
obscenidades. Así que, ¿qué estás enfrentandotú hoy? ¿Algo que te amenaza? (Nuestra
primera pregunta de nuevo) El Salmo hace la experiencia amenazadora escalofriantemente
precisa, pero deja indefinidas las circunstancias precisas. Esto invita a los discípulos a que
introduzcan sus propios detalles personales.

Observa más aún, en medio de esta experiencia difícil y perturbadora, el asombroso


fundamento del salmo: “Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios. Sea tu gloria sobre toda la
tierra.” (Salmo 57:5) Es una maravilla. Aquí está la fe viviente a que aspira el discipulado
verdadero. Intencionalmente puesto en medio de dificultades, esta es una manera
totalmente distinta de ver las cosas y responder. Estas oraciones son el eje donde gira todo
lo que está en el salmo. Te garantizo, la gente que ministras no piensan de esta manera
muy a menudo. Tú y yo no pensamos de esta manera muy a menudo. La gente que se
siente amenazada reacciona por lo general con temor, venganza o evasión. Se olvidan del
Dios exaltado. El discipulado aspira a ayudar a que estas personas lo recuerden.

Y finalmente, ¿alguna vez ha expresado alguien de esta manera la esencia del gozo más
honesta y maravillosamente?

Firme está mi corazón, oh Dios, mi corazón está firme; ¡cantaré y entonaré salmos!
¡Despierta, gloria mía! ¡Despertad, arpa y lira! ¡A la aurora despertaré! Te alabaré entre los
pueblos, Señor; Te cantaré alabanzas entre las naciones; Porque grande, hasta los cielos,
es tu misericordia, y hasta el firmamento tu verdad. Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios.
Sea tu gloria sobre toda la tierra.” (Salmo 57:7-11)

Aquí en el escenario de los problemas reales y puntos de elección, hemos visto y


escuchado como operan los dos medios principales de fe: La necesidad y la felicidad.
Hemos presenciado a un discípulo, un portador de imagen, un hombre enteramente al
gusto de Dios en medio de sus pensamientos, emociones y acciones.
Tal fe viviente es la fuente de la meta final de nuestro discipulado: Todos los detalles
prácticos y necesidades de la obediencia a Dios, amor, servicio, valor, resistencia divina a la
maldad, y la misericordia. Nuestro discipulado aspira a estas acciones prácticas y bellas en
el escenario de la vida real. El Salmo 57 no llega ahí. Es solo un video corto de la
dimensión vertical operando entre los problemas de la vida. Pero establece la dimensión
horizontal: Efesios 4; 1 Corintios 13; Romanos 12; 1 Pedro; Lucas 6:21-49; y el resto de la
ética de Dios de la operación del amor práctico entre las adversidades. Esta es la
recompensa; estas obediencias pequeñas, constructivas y de otra manera inexplicables son
la recompensa. La fe trabaja a través del amor. Estos son los procedimientos para negociar
el perdón, de hacer elecciones constructivas, de la buena comunicación, de la pacificación
vigorosa, de la toma de decisiones sensatas, de la administración financiera y todo lo
demás. Esta es “la imagen de Cristo” compenetrándose en el corazón de un discípulo y
desarrollándose en la marcha del discípulo.

Estas dos preguntas simples: ¿Qué estás enfrentando? ¿Cómo se enlaza Dios?-
expresan la agenda fundamental de nuestro discipulado. Ellas establecen el llamado a la fe
explícita y al amor explícito.
David Powlison, M.Div., Ph.D. redacta The Journal of Biblical Counseling, aconseja y da
clases en la Escuela de Consejería Bíblica en CCEF, y da clases de Teología Practica en el
Seminario Teológico en Westminster. Ha escrito: Power Encounters: Reclaiming Spiritual
Warfare,Competent to Counsel: The History of a Conservative Protestant Anti-Psychiatry
Movement,Seeing with new Eyes: Counseling and the Human Condition through the Lens of
Scripture; y numerosos artículos sobre la consejería.
thirdmill.org/files/spanish/83076~12_14_00_1-48-
00_PM~Conceptos_Básicos_de_la_Motivación_Humana.html

Conceptos Bíblicos Básicos de la Motivación Humana


por David Powlison
"¿Por qué hice eso ?" "¿Por qué hiciste eso?" Así como el bello rostro de Elena originó que
fueran mil naves a la guerra de Troya, así también la pregunta "¿Por qué?" ha originado un
millar de teorías de la naturaleza humana. ¿Por qué hace la gente lo que hace? ¿Eres un
Aries con un Júpiter creciente? ¿Estás programado genéticamente para la agresión? ¿Son
las hormonas de la ira las culpables? ¿Tus impulsos instintivos psicológicos están conflicto
con las ordenanzas de la sociedad? ¿Tus deseos han sido reforzados por estímulos
recompensantes? ¿Te quedaste fijado en algún punto de la jerarquía de la necesidad?
¿Estás compensando alguna inferioridad percibida? ¿Algún demonio llamado adicción se
infiltró en tu personalidad? ¿Es tu temperamento melancólico o sanguíneo? "Yo hice eso
porque . . ." El comportamiento tiene razones ser.

Las Teorías de lo que hace a la gente actuar se encarnan en modelos de consejería. La


consejería basada en la Escritura debe hacer justicia a lo que la Biblia dice acerca de los
"porqués" y los "por lo tantos" del corazón humano. Este artículo hace dos cosas. La primera
sección da material para pensar en una perspectiva bíblica de la motivación humana, y
después ofrece 34 preguntas para hacer que pienses en los "pensamientos e intenciones del
corazón" (Heb. 4:12). La segunda sección toma una de esas preguntas y la desarrolla,
respondiendo una serie de preguntas acerca de la motivación comúnmente propuestas.
Terminaré con la pregunta más importante de todas "¿Puedes cambiar lo que quieres?"

"Preguntas Rayos X"

Las siguientes preguntas proveen ayuda para discernir el patrón de la motivación de una
persona. Tal entendimiento tiene el propósito de desenmascarar amos impíos que ocupan
posiciones de autoridad en el corazón humano. Estas preguntas revelan tus "dioses
funcionales", es decir, qué o quién en realidad controla tus acciones, pensamientos,
emociones, actitudes, memorias y suposiciones. Nota bien: tus "dioses funcionales" en una
situación particular a menudo están opuestos diametralmente a tu "Dios profesado."

Considera cuando te sentiste ansioso y preocupado. Algo pasó: no podías sacarlo de tu


mente. Algo está pasando: Estás siendo consumido por eso. Algo pasará mañana: Tu mente
gira sobre eso una y otra vez. A medida que el pecado de la preocupación se profundiza en
tu alma, tal vez tu recurras a alguna forma rápida de escapismo: ver televisión, masturbarse,
leer una novela, ir de compras, tomar una cerveza, jugar algo. O tal vez te movilices para
tener control: Hacer muchas llamadas telefónicas, trabajar toda la noche, limpiar tu casa. ..
¿Qué está pasando?

Como cristiano tu profesas que Dios está en control de todo y que hace todo para su gloria y
para tu bienestar. Tu profesas que Dios es tu roca y tu refugio en cualquier problema que
enfrentes. Tu profesas que le adoras, que confías en él, que le amas y le obedeces. Pero en
ese momento (hora, día o temporada) de ansiedad o escape tu vives como si tú necesitaras
controlar todas las cosas. Vives como si el dinero, o la aprobación de alguien, o un sermón
"exitoso" o tu calificación en el examen, o buena salud, o evasión de conflictos o salirte con la
tuya o . . . importaran más que confiar y amar a Dios. Vives como si algún buen sentimiento
temporal pudiera proveerte de refugio, como si tus acciones pudieran hacer que mundo se
corrigiera. Tu dios funcional entra en competencia con tu Dios profesado. Los incrédulos
están dominados totalmente por motivos impíos. Los verdaderos creyentes a menudo
transigen, se distraen y se dividen severamente.
La santificación tienen el propósito de purificar tanto tu corazón como tu cuerpo, tanto tus
motivos como tu comportamiento. Los dos son importantes. Imagínate que te sientas en una
colina viendo un lago. Tú ves una lancha rápida surcando el agua. Tú ves y oyes que es el
"comportamiento": acelera, hace maniobras, se balancea sobre otra estela a alta velocidad,
de pronto apaga el motor, se detiene en una isleta y tira el ancla. ¿Por qué se comporta de
esa manera? Si fueras capaz de verla de cerca descubrirías sus "motivos." Encontrarías que
es lo que da fuerza y dirección al bote: un motor v-8 de 200 caballos de fuerza, un timón, la
voluntad y las creencias del piloto. ¿Por qué la lancha se detuvo en la isla? ¿Para encontrar
un tesoro escondido? ¿Para escapar de la Policía? ¿Para llevar a la familia en un día de
campo? ¿Para probar la lancha para ver si la compraba? Para entender totalmente la lancha
debes considerar tanto lo visible como lo invisible. La Biblia se dirige tanto a las razones
como a los resultados. Para evaluar y "aconsejar" a la lancha rápida necesitas saber todo lo
que se puede saber.

El Conocedor de corazones recompensará a cada persona de acuerdo con sus hechos (Jer.
17:10). La Escritura nunca separa motivo y comportamiento. El espejo de la Escritura expone
a ambos. Las buenas noticias de la Escritura renueva a ambos. La lámpara de la Escritura
guía a ambos. El "primer y grande mandamiento" directamente se dirige a los motivos:
¿Amas a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, mente y fuerzas? ¿O algo más divide y
roba tus afectos? El "segundo gran mandamiento" directamente se dirige al comportamiento:
¿Amas a tu prójimo como a ti mismo? ¿O usas, burlas, temes, evitas, odias, ignoras a tu
prójimo? El evangelio de Jesucristo es el puente que nos lleva de las tinieblas a la luz. La
gracia estirpa de nosotros los corazones de piedra; la gracia remplaza las manos y la lengua
que obran maldad.

Las preguntas que siguen son preguntas "Por qué" que están formuladas concretamente
como preguntas "Qué." Estas preguntas pueden ayudarte a sacar qué es lo que le da
dirección específica a la vida de una persona. "¿Por qué estás enojado? ¿Por qué le estás
manipulando? ¿Por qué estás ansioso en esa situación? ¿Por qué tienes un problema de
lascivia en este tiempo particular? ¿Por qué bebes con exceso?" La Biblia penetra por debajo
de tu comportamiento y emociones para exponer tus motivos. El reorientar tus motivos a
través de la gracia del evangelio puede ser seguido de una convicción de tus formas
particulares de desorientación.

Cualquiera de estas preguntas puede ser hecha directamente a una persona en esta forma o
en una forma alterada apropiadamente. Pero no siempre son preguntas para ser hechas
directamente. Algunas veces es mejor simplemente escuchar y observar, indagando entre el
fruto de la vida de una persona en búsqueda del patrón que revele su corazón. Recuerdo
haber notado como un hombre, a quien yo aconsejaba, se disculpaba abundantemente cada
vez que llegaba unos minutos tarde, con agitación y angustia evidentes. Luego descubrimos,
que llegaba tarde porque no podía interrumpir su charla con otras personas, llamadas
telefónicas o visitas por miedo a que no les agradara. Se disculpaba abundantemente porque
tenía miedo que ya no me agradara. Esos pequeños pedazos de fruto (impuntualidad,
agitación momentánea, disculpas exageradas) me llevaron a descubrir el patrón que
gobernaba su vida. Y eso nos llevó a la gracia de Cristo para perdonar y el poder para hacer
cambios prácticos.

Si las mentes se han de renovar, si los corazones han de ser transformados


progresivamente, si el conocimiento de Dios ha de crecer, si el doble ánimo ha de ser
convertido en una devoción singular por Cristo, entonces debes entender con exactitud estos
asuntos. Un amor por Cristo agradecido y sincero depende de tal convicción inteligente.

Nota que cada pregunta gira alrededor del mismo asunto básico: ¿Quién o qué es tu dios
funcional? Muchas de estas preguntas simplemente se derivan de los verbos que te
relacionan con Dios: amar, confiar, temer, esperar, buscar, obedecer, refugiarse, y otros
semejantes. Convierte cada verbo en una pregunta. Cada verbo sostiene un espejo para
mostrarnos donde nos desviamos. Cada verbo sostiene una lámpara para guiarnos a la vida.
Así, cada pregunta viene a la misma pregunta general. En situaciones individuales (tiempos
diferentes, lugares, y personas) una u otra pueden ser más apropiadas o útiles. Las
diferentes formas de formular las preguntas de motivación serán de impacto para diferentes
personas.

Estas preguntas pueden ser usadas en diversas maneras diferentes. Cada una puede
enfocarse "microscópicamente" para disectar al detalle un incidente particular de la vida de
una persona. O cada una puede enfocarse para dar una visión panorámica, para iluminar los
patrones típicos y recurrentes que caracterizan la vida entera de la persona. Vas a encontrar
con la experiencia en consejería y de tu crecimiento en la gracia que los detalles y la vista
panorámica se complementan. El panorama únicamente es muy general; el cambio ocurre en
las cosas específicas. Los detalles nada más parecen ser muy triviales; el panorama da un
significado más grande a detalles insignificantes como una disculpa abundante.

Las referencias bíblicas tienen la intención de hacerte pensar. Son apenas un puñado de lo
que la Biblia dice con respecto a lo que motiva a las personas. Asegúrate de preguntarte
primero las preguntas de una manera existencial. ¿Qué es lo que te motiva a ti o a otro? No
recurras a la "repuesta cristiana correcta" sin trabajar duro y honestamente para analizar
cuales son los "dioses funcionales." El arrepentimiento inteligente hará que las respuestas
correctas sean realmente correctas y harán que el amor de Jesús sea tu gozo y tu
esperanza.

1. ¿Qué amas? ¿Qué odias?


Este pregunta del "primer gran mandamiento" examina tu corazón, alma y fuerza. No hay otra
pregunta más profunda que se le pueda preguntar a cualquier persona. No hay explicación
más profundo del porqué haces lo que haces.

2. ¿Qué quieres, deseas, anhelas, codicias? ¿Los deseos de quien obedeces?


Esto resume las operaciones internas de la "carne" en las epístolas del Nuevo Testamento.
Nota, algunas veces la voluntad de otra persona de gobierna (presión de grupo, agradar a las
personas, comportamiento de camaleón). El anhelo de tu corazón en tales casos es obtener
cualquiera que sea el bien que te prometen y evitar el mal con el que amenazan.

3. ¿Qué buscas, te propones, persigues? ¿Cuáles son tus metas y expectativas?


Esto te dice que tu vida es activa y se mueve en una dirección.

4. ¿En donde cifras tus esperanzas?


La dimensión futura es prominente en los motivos humanos. La gente enérgicamente se
sacrifica para obtener lo que esperan; ¿Qué es esto? La gente en desesperanza tiene sus
esperanzas hechas pedazos; ¿Cuáles eran esas esperanzas?

5. ¿A qué temes? ¿Qué no quieres? ¿De qué tiendes a preocuparte?


Los temores pecaminosos son la parte inversa de los anhelos.

6. ¿Qué te gustaría hacer?


Esta pregunta lo mismo que la 2, ¿Qué deseas? Quiere decir que quieres hacer de tus
deseos la guía de tu vida.

7. ¿Qué piensas que necesitas? ¿Cuáles son tus necesidades sentidas?


Si las preguntas 2 y 3 exponen los propósitos de la actividad, esta pregunta expone el
propósito de recibir. Las necesidades sentidas frecuentemente se toman como necesidades
para ser satisfechas, no como amos esclavizantes engañosos.

8. ¿Cuáles son tus planes, agendas, estrategias e intenciones diseñadas para ser logradas?
Esta es otra manera de determinar lo que estás buscando.

9. ¿Qué te hace andar? ¿Qué sol hace que tu planeta gire? ¿Donde encuentras tu jardín
deleite? ¿Qué ilumina tu mundo? ¿De qué fuente de vida y satisfacción bebes? ¿Qué comida
sostiene tu vida? ¿Qué es realmente importante para ti?
Muchas metáforas pueden expresar la pregunta: "¿Para qué vives?
10. ¿Dónde encuentras refugio, seguridad, comodidad, escape, placer?
Esta es la pregunta de los Salmos, que excava en tu escapismo y falsa confianza.

11. ¿En qué o en quién confías?


El verbo confiar es uno de los verbos mayores que te relacionan con Dios o con falsos dioses
y mentiras.

12. ¿Las acciones de quién importan para ti? ¿Sobre los hombres de quien reposa el
bienestar de tu mundo?
Esta excava en la auto-justificación, o el vivir a través de tus hijos, o cifrar tus esperanzas en
encontrar el cónyuge correcto.

13. ¿A quién debes complacer? ¿La opinión de quién cuenta para ti? ¿De quién deseas
aprobación y temes el rechazo? ¿Con el sistema de valores de quién mides el tuyo? ¿Ante
los ojos de quién vives?
Cuando dejas a Dios, entras a una jungla de confusión. Tiendes a vivir delante de tus propios
ojos o ante los ojos de otros (o ambas cosas).

14. ¿Quién es tu modelo? ¿Qué tipo de persona piensas que debes ser o quieres ser?
Tu "ídolo" te revela a ti mismo.

15. En lecho de la muerte, ¿Cuál será el resumen del valor de tu vida? ¿Qué le da a tu vida
significado?
Esta es la pregunta Eclesiastés. El libro examina varias opiniones y encuentra que todo es
vanidad excepto algo. En algún punto, haz una traducción de Eclesiastés 2 a palabras
modernas equivalentes.

16. ¿Cómo defines éxito o fracaso en cualquier situación particular?


Los estándares que sirves pueden estar muy distorsionados. Dios quiere renovar tu
"consciencia," por medio de la cual te evalúas y evalúas a otros.

17. ¿Qué te haría sentirte rico, seguro, próspero? ¿Qué te haría sentir feliz?
La Biblia habla a menudo de los motivos usando la metáfora de tesoro.

18. ¿Qué te traería el mayor placer, felicidad y deleite? ¿Qué te traería el mayor dolor y
miseria?
La bendición y la maldición son maneras en las que la Biblia habla de la felicidad y la miseria.

19. ¿La subida al poder de quién hará las cosas mejores?


La gente invierte vasta confianza en el poder político

20. ¿La victoria o el fracaso de quién hará feliz tu vida?


¿Cómo se revela el interés personal interno? Algunas personas "viven o mueren" de acuerdo
a los logros de un equipo deportivo local.

21. ¿Qué consideras tu como tus derechos? ¿A qué te sientes con derecho?
Esta pregunta a menudo ilumina los patrones de motivación de la gente enojada, agraviada y
autocompasiva.

22. ¿En qué situación te sientes presionado o tenso? ¿En cuál, confiado y relajado?
¿Cuando estás presionado a donde recurres? ¿En qué piensas? ¿Cuáles son tus escapes?
¿De qué escapas?
Esta pregunta llega al punto desde otra dirección diferente. Muchas veces ciertos patrones de
pecado dependen de la situación. El analizar la situación puede sostener un espejo para los
motivos del corazón.

23. ¿Qué quieres obtener de la vida? ¿Qué paga buscas de las cosas que haces? ¿Qué
sacas al hacer eso?"
Esta es una manera concreta de repetir las preguntas 3 y 8, en búsqueda de tus metas
operativas.

24. ¿Por cuáles cosas oras?


Tus oraciones a menudo revelan el patrón de tu falta de balance y egocentrismo. De las
muchas cosas posibles que puedes pedir, ¿en qué te concentras?

25. ¿En qué piensas con mayor frecuencia? ¿Qué te preocupa o te obsesiona? En la
mañana, ¿Hacia donde se dirige tu mente instintivamente?
Pon un espejo a tu tendencia para que puedas redirigir tu dirección.

26. ¿De qué hablas? ¿Qué es importante para ti?


Esta pregunta y la siguiente asumen una conexión muy cercana entre los motivos y el
comportamiento. Toma nota de lo hablan tú y los demás.

27. ¿Cómo pasas tu tiempo? ¿Cuáles son tus prioridades?


Toma nota de lo tú y otros escogen hacer.

28. ¿Cuáles son tus fantasías características, ya sean placenteras o de temor? ¿En qué
sueñas despierto? ¿Alrededor de qué giran tus sueños nocturnos?
Aunque estemos mas o menos separados de la consciencia, seguimos siendo seres
humanos responsables. Los patrones de preocupación y deseo se revelan en el ensueño.

29. ¿Qué creencias sostienes con respecto a la vida, a Dios, a ti mismo y a otros? ¿Cuál es
tu cosmovisión, tu "mitología" personal que estructura la manera en la que ves e interpretas
las cosas? ¿Cuál es tu creencia específica acerca de esta situación? ¿Qué valoras?
Hebreos 4:12 habla de "los pensamientos y las intenciones" del corazón. Tal vez podamos
traducir esto como "creencias y deseos". Tanto las mentiras que crees como la codicia
sustentan pecados visibles.

30. ¿Cuáles son tus ídolos o dioses falsos? ¿En dónde pones tu confianza o tus esperanzas?
¿Hacia donde te vuelves o buscas? ¿Donde te refugias? ¿Quién es el salvador, juez y
controlador de tu mundo? ¿A quién sirves? ¿Qué "voz" te controla?
Esta lista de preguntas busca las cosas que han usurpado el lugar de Dios. Cada una de
éstas puede ser llamada metafóricamente "ídolos" a los que les das tu lealtad.

31. ¿De qué manera vives para ti mismo?


Esta es una manera general de preguntar cualquiera de las preguntas anteriores.

32. ¿De qué manera vives como un esclavo del diablo?


La motivación humana no es meramente "psicológica" o "Psicosocial" o "Psicosocial-
somática". Cuando sirves a la codicia y las mentiras estás sirviendo al enemigo quien desea
engañarte, esclavizarte y matarte.

33. ¿De qué manera dices implícitamente, "Si tan solo . . ." (obtener lo que quieres, evitar lo
que no quieres, mantener lo que tienes).
Los "Si tan solo . . ." son una manera sencilla de desenmascarar muchas motivaciones para
crear autoentendimiento bíblico y arrepentimiento.

34. ¿Qué es lo que instintivamente sientes y te parece correcto? ¿Cuál es tu opinión, las
cosas que sientes que son verdad?
Tú no sólo sientes deseos de hacer algunas cosas (Pregunta 6), sino que también sientes
que ciertas cosas son verdaderas. Por el contrario, la sabiduría es corregible a medida que
escucha y aprende.

Este conjunto de preguntas puede hacerte pensar. Déjame reforzar dos puntos en
conclusión. He hallado estas preguntas muy útiles para mantener mi vida derecha, tanto en
consejería como en buscando arrepentimiento de mis propios pecados. Primero, mi regla
básica es una pregunta con dos aspectos: "¿Qué deseos y mentiras están siendo
expresados por este patrón de vida pecaminoso?" Excava bajo la irritabilidad, el egoísmo, la
desesperanza, el escapismo, la autocompasión, temores irracionales, quejas, etc. y
encontrarás un mosaico de mentiras específicas que se creen y deseos que se persiguen. La
Escritura te capacita para dar con ellos.

Segundo, los verbos que relacionan a la gente con Dios deben formar parte activa de tu
pensamiento. La gente está siempre haciendo algo con Dios. Los seres humanos
inescapablemente o aman a Dios o aman cualquier otra cosa. Nos refugiamos en Dios o en
cualquier otra cosa. La Escritura tomará un nuevo sentido cuando desarrolles una atención
hacia los verbos que nos relacionan con Dios. Tal perspectiva provee un poderoso
entendimiento tanto en consejería evangelística como para ayudar a los santos.

Recuerdo cuando aconseje a un hombre que habitualmente escapaba de las presiones de la


vida viendo televisión, comiendo, jugando juegos de video, en el alcohol, la pornografía,
colecciones y novelas de ciencia ficción. ¿Dónde debíamos comenzar? ¿Podría encontrar
pasajes que enfocaran sus problemas? No estaba seguro por donde comenzar. Entonces,
me vino una idea: Intenta comenzar con los Salmo como un todo. Casi cada Salmo, presenta
de una u otra manera al Señor como nuestro refugio en los problemas. Los Salmos
implícitamente y explícitamente amonestan a los que toman refugio en cualquier otro lado.
Los Salmos nos impulsan a conocer y obedecer a Dios en las trincheras de la vida. Este
hombre se sintió vagamente culpable por algunos de sus comportamientos malos. Pero no
podía ver el patrón o la seriedad. Sus esfuerzos de cambio quedaron a medias y no fueron
exitosos. Al quedar convencido del pecado específico de su corazón (volverse de Dios a los
ídolos), despertó y le hizo ver sus pecados de conducta de una nueva manera. Inclusive
comenzó a identificar pequeños trucos de escapismo que ni siquiera se había dado cuenta
que los hacía. La gracia de Cristo comenzó a ser real y necesaria. El empezó a estar
motivado para cambiar prácticamente, es decir, enfrentar la presión y las responsabilidades
para la gloria de Dios.

En la próxima sección, me concretaré a una familia de preguntas en particular. "¿Qué


quieres, deseas, anhelas, codicias?" Como hemos visto, hay muchas maneras de llegar a un
tópico de motivación de una manera bíblica, pero esta es la más fructífera. Los autores del
Nuevo Testamento repetidamente aluden a los deseos controladores de la vida cuando
resumen la dimensión interna de nuestra lucha con el pecado.

Preguntas y Respuestas acerca de los "Deseos de la Carne"

1. ¿Cuáles son las palabras más comunes que la Biblia usa para hablar de lo que está
mal con la gente?

Idolatría, mentiras, y malos deseos son términos que indican lo que está mal espiritualmente
con la gente. (ve las "Preguntas Rayos X" para encontrar otros patrones de pecado del
corazón). Pero las palabras "ídolos", "Mentiras" y "malos deseos" han llegado a ser casi
inútiles para los lectores modernos de la Biblia. La idolatría se ha reducido a imágenes
visibles; las mentiras se han reducido a engaño consciente a otras personas; los malos
deseos se han reducido a deseo sexual. Tienes que ampliar el significado de estos términos.
Necesitas aprender a entender la vida a través de estos términos para usarlos
adecuadamente.

La gente deja a Dios para servir a los ídolos, las mentiras y los malos deseos. La gente se
vuelve a Dios para dejar a los ídolos, las mentiras, y los malos deseos. Tú volviste a Dios
dejando a los ídolos para servir al Dios vivo y verdadero (1 Tes. 1:9). Ellos han cambiado la
verdad de Dios por una mentira (Rom. 1:25). Nosotros también en el pasado vivimos en el
deseo de nuestra carne, satisfaciendo los deseos de la carne y de la mente (Ef. 2:3).

A través de toda la Biblia, la gente cree y sigue mentiras. El Antiguo Testamento se enfoca en
la idolatría como una manera en la que la gente se desviaba. Esto no quiere decir que el
Antiguo Testamento es externalista. Hay problemas en las que el problema de la idolatría se
internaliza (Ez. 14), y la idolatría visible siempre expresa una alejamiento del corazón con
respecto a Dios. Hay lugares en los que el corazón humano es descrito como insensato (9:3),
malo (Gen. 6:5), lleno de mentiras y deseos (Num. 11-25), incircunciso, duro, ciego, etc.

El Nuevo Testamento típicamente se enfoca en el deseo de la carne como un resumen de lo


que está mal con nuestros corazones: Rom. 13:14; Gal. 4:16-17; Ef. 2:2 y 4:22; Sant. 1:14-
15; 1 Ped. 1:14; 2 Ped. 4; 1 Jn. 2:16. Esto no quiere decir que Nuevo Testamento es
internalista. En cada uno de los pasajes citados, el comportamiento se conecta íntimamente
con los motivos. Los consejeros sabios siguen el modelo de la Escritura y se movilizan entre
el deseo de la carne y sus obras tangibles, y entre la fe y el fruto tangible del Espíritu. El
Nuevo Testamento también hace un ecuación con los deseos pecaminosos y la idolatría
(metafóricamente) en varias ocasiones (Col. 3:5; Ef. 5:5). La idolatría puede resumirse como
cualquier amo falso y controlador de la vida. (1 Jn. 5:21).

2. ¿Por qué la gente hace cosas impías específicas?

Los deseos de la carne. Los deseos controladores específicos (malos deseos, codicias o
placeres) dan origen a fruto malo. Los deseos desordenados explican y organizan los
diversos frutos malos: palabras, acciones, emociones, pensamientos, planes, actitudes,
memorias, fantasías. Para corroborar esta conexión entre los motivos y el fruto ve Gal. 5:16-
6:10; Sant. 1:13-16; Sant. 3:14-4:12. En lenguaje moderno tales anhelos a menudo son
enmascarados como expectativas, metas, necesidades sentidas, deseos, demandas,
impulsos, etc. La gente habla de sus motivos de maneras que se anestesian ellos mismos y a
los demás con respecto al verdadero significado de lo que están describiendo.

3. ¿Pero que tiene de malo querer cosas que parecen buenas?

Adjetivo #1: malo, deseos pecaminosos. Algunas veces el objeto mismo del deseo es malo:
por ejemplo, matar a alguien, robar, ser el Señor de la droga en Filadelfia. Pero a veces el
objeto del deseo es bueno y el mal reside en el señorío que tiene ese deseo sobre nosotros.
Nuestra voluntad reemplaza a la de Dios decidiendo como vivimos. Juan Calvino lo dijo de
esta manera: Lo malo de nuestros deseos no reside en lo que queremos sino en que lo
queremos demasiado. Los afectos naturales (por cualquier cosa buena) llegan a estar
anhelos controladores y desordenados. Hemos sido creados para ser gobernados por
pasiones y deseos piadosos (Ver #15 más adelante). Los deseos naturales por las cosas
buenas fueron hechos para existir subordinados a nuestro deseo de complacer al dador de
regalos. Un punto importante para la consería es el hecho de que el mal reside en la posición
de control que ocupa el deseo y no el objeto en sí.

Considera este ejemplo. Una mujer comete adulterio y se arrepiente. Ella y su esposo
reconstruyen su hogar con dolor y paciencia. Ocho meses después el hombre se ve plagado
de sospechas. La esposa lo percibe y se siente un poco como si estuviera bajo la vigilancia
del FBI. El esposo esta angustiado por sus sospechas porque no tiene razones objetivas para
sus sospechas. "Ya la he perdonado; hemos reconstruido nuestro matrimonio; nunca antes
nos habíamos comunicado tanto, ¿Por qué entonces tengo esta desconfianza?" Los
finalmente surge es que está dispuesto a perdonar el pasado pero está intentando controlar
el futuro. Su anhelo puede ser declarado la siguiente manera: "Quiero tener la garantía que la
traición nunca más ocurrirá." La misma intensidad del anhelo empieza a envenenar la
relación; lo pone a él en la posición de estar continuamente juzgando a su esposa, en vez de
estarla amando. Lo que el desea no puede ser garantizado en esta tierra. El ve el punto, ve
su deseo desordenado de asegurar el futuro. Pero exclama: ¿Qué de malo tiene que yo
quiera que mi esposa me ame? ¿Qué tiene de malo que yo quiera que ella permanezca fiel a
nuestro matrimonio? Aquí es donde la verdad es tan dulce. No hay nada malo con respecto al
objeto del deseo; pero todo será malo cuando éste gobierne su vida. El proceso de
restauración dio un paso más grande hacia adelante cuando él entendió la lección que Su
Pastor tenía para él.

4. ¿Por qué la gente no ve esto como un problema?


Adjetivo #2: deseos engañosos. Nuestros deseos nos engañan porque se nos presentan
como muy factibles. Los afectos naturales se deforman y nos ciegan. ¿Quién no desea buena
salud, comodidad económica, un cónyuge amoroso, buenos hijos, éxito en el trabajo, padres
amables, comida sabrosa, una vida sin complicaciones, control sobre las circunstancias? Sin
embargo, los anhelos por estas cosas pueden llevarnos a toda clase de mal. Las cosas que
la gente desea son magníficas como bendiciones recibidas de Dios, pero terribles como
gobernantes. Ellas prometen bendición pero entregan pecado y muerte.

Algunos pecados son "de alto calibre" hechos con toda conciencia de la elección (Salmo.
19:13). Otros pecados reflejan la insanidad del pecado que es ciega, oscura, habitual,
compulsiva, ignorante y confundida. Uno de los gozos de la consejería bíblica eres capaz de
encender las luces en el cuarto oscuro de otra persona. Todavía no he encontrado una pareja
hostil que entienda realmente sus motivos. Santiago 4:1 en adelante enseña que los deseos
son el origen de los conflictos. Las parejas que pueden ver qué es lo que las gobierna
(anhelos de afecto, atención , poder, vindicación, control, comodidad, una vida fácil) se
pueden arrepentir y comenzar a aprender cómo hacer la paz.

5. ¿Es útil en la vida práctica y la consejería la frase "los deseos de la carne"?

Hay que desempacarla para que sea entendible en la vida del siglo XX, redimiendo el
lenguaje evasivo que la gente utiliza. La gente frecuentemente hablar acerca de lo que
quiere, espera, desea, demanda, necesita y anhela. La Psicología popular típicamente valida
estas necesidades y anhelos como cosas neutrales. La gente casi no se dan cuenta que la
mayoría del tiempo ellos están describiendo usurpadores pecaminosos de dios que controlan
sus vidas: deseos desordenados, deseos de la carne. Por ejemplo, escucha a los niños
hablar cuando están molestos, decepcionados, demandantes y contrarios: "Pero yo quiero . .
. Pero yo no quiero . . ." En nuestra familia le enseñamos a nuestros hijos acerca del "Yo-
quieroismo"desde que tenía menos de dos años. Queríamos que entendieran que el pecado
era más que sólo el comportamiento. Por ejemplo, analiza cualquier argumento o brote de ira
y encontrarás expectativas y deseos que han sido frustrados (Sant. 4:1-2). El lenguaje
coloquial te lleva a los detalles de la vida de una persona, pero viene con una interpretación
distorsionada adjunta; la consejería debe reinterpretar la experiencia en categorías bíblicas,
con un lenguaje más directo como "deseos, placeres, codicia." La misma falta de familiaridad
de la frase es una ventaja cuando la explicas y muestras su relevancia y aplicación.

6. ¿Cada persona tiene un "pecado-raiz"?

Deseos (Plural). Con sobrada razón la Biblia usualmente se refiere a los "deseos" (plural) de
la carne. El corazón humano puede generar un deseo confeccionado para cada situación.
Los deseos hierven dentro de nosotros; la mente del hombre es una fabrica de ídolos;
estamos infestados de deseos. Ciertamente un deseo en particular puede ser tan frecuente o
habitual que parezca ser el "pecado-raiz": el amor al dinero, miedo al hombre y deseo de
aprobación, amor a la preeminencia, deseos de placer, etc. pueden dictar en nuestras vidas.
Pero toda la gente tiene todos los deseos típicos.

El darnos cuenta de la diversidad de los deseos humanos nos da gran flexibilidad y


penetración para la consejería. Por ejemplo, un deseo puede generar diversos pecados,
como dice 1 Tim. 6:10. Cada uno de los 10 mandamientos pueden ser quebrantados por
alguien que ama y sirve al dinero. Por otro lado, una sola conducta puede venir de diferentes
deseos. Por ejemplo, un acto de inmoralidad sexual puede ocurrir por muchas diferentes
razones: placer erótico, beneficios financieros, venganza hacia el cónyuge o los padres,
miedo de decir no a una autoridad, búsqueda de aprobación y afirmación, el placer de tener
control sobre la respuesta sexual de otra persona, para ganar estatus social o avance en la
carrera, sentirse triste por alguien y jugar al salvador, miedo a perder un compañero potencial
para el matrimonio, escapar del sentimiento de aburrimiento, presión grupal, etc. Los
consejeros sabios excavan buscando las cosas específicas. No asumen que todas las
personas tienen la misma carne característica o que un persona siempre hace las cosas por
las mismas razones. La carne es creativa en lo que respecta a la iniquidad.
7. ¿Cómo puedes saber que un deseo es desordenado o natural?

Por sus frutos los conocerán. La motivación humana no es un misterio teórico del cual
debamos especular. Los deseos malos producen frutos malos que pueden ser vistos,
escuchados y sentidos (Sant. 1:15M 3:16). Por ejemplo, un padre que quiere que su hijo
llegue a ser cristiano revela la situación de su deseo siendo un buen padre o uno
manipulador, temeroso, iracundo y sospechoso. Una esposa que quiere ser amada revela la
situación de su deseo amando y respetando a su esposo. Los frutos visibles revelan si Dios o
los deseos están en control.

8. ¿Es correcto hablar acerca del corazón, cuando la Biblia enseña que el corazón es
inescrutable e imposible de conocer excepto por Dios? (1 Sam. 16:17; Jer. 17:9).

Nadie más que Dios puede explicar y controlar el corazón y las decisiones de otra persona.
El es el conocedor del corazón y el que cambie el corazón. No hay ninguna razón que
justifique porque una persona sirve a algún deseo en vez de servir a Dios; es irracional y
locura. Y no hay ninguna técnica terapéutica que pueda cambiar los corazones. Pero la Biblia
enseña en cada página que podemos describir que es lo que gobierna el corazón. El
ministerio bíblico efectivo prueba y habla del porqué la gente hace las cosas y también qué
es lo que hace. Por ejemplo, Saúl desobedeció a Dios por una razón: temió a la gente y
escuchó su voz, en lugar de temer a Dios y escuchar Su voz (1 Sam. 15:24). Por ejemplo, el
comportamiento manifiesta que la gente confía en ídolos, en ellos mismos, en otros, en lugar
de confiar en Dios (Jer. 17:1-8). Por ejemplo, los conflictos interpersonales surgen por los
deseos (Sant. 4:1-2).

9. ¿No es el término "deseo" aplicable únicamente a los apetitos corporales: los


placeres y comodidades del sexo, la comida, la bebida, el ejercicio, el descanso y la
salud?

La gente sigue los deseos del cuerpo y de la mente (Ef. 2:3). Los apetitos del cuerpo
ciertamente son poderosos amos del pecado. Pero el deseo de la mente (por poder,
aprobación humana, éxito, preeminencia, dinero, etc.) son también amos potentes. Los
deseos de la mente a menudo presentan los deseos más sutiles y engañosos porque su obra
no siempre es obvia.

10. ¿Pueden ser habituales los deseos?

Pablo describe una manera pasada de vivir caracterizada por deseos engañosos. Pedro dice
a sus lectores que no se conformen a sus antiguos deseos. Como todos los aspectos del
pecado (creencias, actitudes, palabras, actos, emociones, pensamientos, fantasías), los
deseos pueden ser habituales. Aconsejarás a personas que típica y repetidamente buscan
controlar o satisfacer los deseos de la pereza, o que quieren que los quieran. El llamado de
Jesús a negarse a uno mismo cada día toma en cuenta la inercia del pecado. Dios está
creando nuevos deseos habituales, por ejemplo, una preocupación activa por el bienestar de
otros delante de Dios.

11. ¿Qué hay de los temores? Parecen ser tan importantes en la motivación humana
como los deseos.

El temor y el deseo son dos caras de la misma moneda. Un temor pecaminoso es el deseo
de que algo no ocurra. Si yo quiero dinero, temo la pobreza con sus privaciones y
humillaciones, y vice versa. Si quiero ser amado, me aterra el rechazo. Si temo al dolor y a
las dificultades, deseo comodidad y placer. Si deseo preeminencia, temo estar subordinados
a otros. Con algunas personas su temor puede estar más pronunciado que su deseo
correspondiente, y un consejero sabio trabajará con aquello que este pronunciado. Por
ejemplo, una persona que creció durante la Gran Depresión puede manifestar adoración al
dinero a través de su temor a la pobreza que se manifiesta por la ansiedad, cálculos
repetidos de su riqueza, etc. Otra persona puede manifestar adoración al dinero a través de
un consumismo desmedido. Con el primero hay que señalar el temor; con el último la codicia.
Las dos son expresiones complementarias del deseo de hacer tesoros en la tierra.

12. ¿Tiene la gente motivos en conflicto?

Ciertamente. El conflicto entre los deseos pecaminosos y los deseos del Espíritu Santo son
un hecho en la vida cristiana (Gal. 5:16-17). La gente a menudo tiene motivos mezclados,
algunos buenos, algunos malos. La mayoría de los predicadores y los consejeros
reconocerán que el amor a Cristo y a la gente batalla con el amor al éxito y a la aprobación
humana. La gente puede tener varios tipos de motivos en conflicto. Dos deseos pecaminosos
pueden estar en conflicto. Por ejemplo, un hombre de negocios puede querer robar algo, pero
se detiene por miedo a lo que pensarán de él sus clientes y amigos si lo descubren. En este
ejemplo, la adoración al dinero y la aprobación social están presentes como opciones para la
carne; el corazón se inclina por el segundo motivo. La gente a menudo pone en orden de
prioridad sus deseos, y puede arreglar sus prioridades de manera diferente en diferentes
situaciones. Por ejemplo, un hombre que nunca evadió al fisco, por miedo a las
consecuencias sociales, podría hacer trampa en sus impuestos porque no es muy probable
que lo descubran y no le importa la opinión de nadie en caso de ser atrapado. En este caso la
voluntad propria y la adoración al dinero tomaron el control, y la aprobación social pasó a
segundo término. El "camino ancho" tiene mil variantes creativas.

13. ¿Cómo el pensar en los deseos se relaciona con otras maneras de hablar del
pecado, tales como "la naturaleza pecaminosa", "El yo", "Orgullo", "autonomía",
"Incredulidad" y "Egocentrismo"?

Estas palabras son términos generales que resumen el problema del pecado. Una de las
bellezas de identificar deseos controladores es que estos son tan específicos que permiten
un arrepentimiento y cambio específicos. Por ejemplo, una persona que se enoja en un
embotellamiento de tráfico puede decir, "Yo sé que la ira es un pecado, y que viene de mi yo."
Esto es cierto en cierta medida, pero ayuda a llevar el conocimiento de uno mismo un paso
más adelante: "Yo insulté en mi ira porque deseaba llegar a mi cita a tiempo, y temía el
criticismo de las personas que me esperaban, y temía perder una venta." El arrepentimiento y
el cambio puede llegar a ser más específico cuando las personas identifican estos tres
deseos que expresaban el señorío del "yo" en este incidente particular.

La Biblia discute el pecado en una asombrosa variedad de maneras, proveyendo varias


connotaciones. Algunas veces, la escritura se dirige al pecado a un nivel general: Ej. Lucas
9:23-26 sobre "el yo"; Proverbios acerca del "Necio". En otras ocasiones la Escritura aumenta
el poder del microscopio y trata un tema particular del pecado: por ejemplo, Fil. 3 habla del
buscar la justicia propia; 1 Tim. 6 del amor al dinero. En otros pasajes la Escritura habla de
deseos pecaminosos que nos llevan al pecado y nos invita a hacer aplicaciones específicas:
Por ejemplo: 1:14 y 3:14-4:12. Podríamos diagramar esto de una manera global así: términos
generales, patrones típicos de nivel medio y nivel de los detalles específicos.

14. ¿En consejería simplemente confrontamos a las personas con sus deseos
pecaminosos?

Los consejeros sabios no "simplemente confrontan" cualquier cosa. Ellos hacen muchas
cosas que hacen que la confrontación sea oportuna y efectiva. Los consejeros no pueden ver
el corazón, sólo las evidencias, por eso es apropiado es tomar con cierta cautela las
discusiones sobre los motivos del corazón.

Pero esto no quiere decir que no puedes lidiar tales asuntos. Recuerda que 2 Tim. 3:16
comienza con "enseñar." La buena enseñanza (por ejemplo, como Gálatas 5 y Santiago 1
conecta el pecado externo con los deseos internos) ayuda a la gente a examinar y llegar a
conocerse a si mismos. La experiencia con la gente te hará "conocedor de casos" con
respecto a conexiones típicas (por ejemplo, los varios motivos ligados a la inmoralidad sexual
mencionados en la pregunta 6). Las preguntas provocativas ("¿Qué
deseabas/esperabas/temías cuando le pegaste a tu esposa?") ayudan a una persona a
revelar a sí mismo y a su consejero sus deseos controladores. Ver las preguntas "rayos X"
por más ejemplos.

A la luz del conocimiento personal ante el rostro de Dios (Heb. 4:12-13), el evangelio ofrece
muchas promesas: misericordia, ayuda, el cuidado del Pastor en una vida de santificación
progresiva (Heb. 4:13-16). El arrepentimiento y la fe llegan a ser vigorosos e inteligentes en
una persona que ve tanto sus dioses falsos como sus pecados externos. Los patrones, temas
y tendencias del corazón no nos llevan típicamente a un arrepentimiento definitivo. Trata de
dar un golpe mortal a tu orgullo, temor al hombre, amor al placer, o el deseo de controlar tu
mundo, y te darás cuenta porqué Jesús dijo Lucas 9:23. Sin embargo, progreso genuino
ocurrirá en donde el Espíritu Santo está obrando.

Trabaja duro y cuidadosamente en los asuntos de la motivación (Rom. 13:14; los deseos de
la carne versus revestirse de Cristo) y en los asuntos de comportamiento (Rom. 13:12-13: los
actos variados de las tinieblas versus el comportamiento apropiado de "luz").

15. ¿Puedes cambiar lo que quieres?

Sí y Amén. Esto es central en la obra del Espíritu Santo. Siempre vas a desear, amar, confiar,
creer, temer, obedecer, anhelar, valorar, perseguir, esperar, y servir . . .ALGO. El Espíritu
Santo obra para cambiar el algo mientras te conduce con una mano íntima. Los deseos del
corazón no son inmutables. Tus deseos no están predeterminados. Dios nunca promete darte
lo que quieres, satisfacer tus necesidades sentidas y anhelos. El dice que seas gobernado
por los deseos diferentes de otro. Esto es radical. Dios promete cambiar lo que tú realmente
deseas. Dios insiste que él sea el primero, y todos lo demás amores estén radicalmente
subordinados.

La mejor manera de entender esto es pensar acerca de la oración. Orar significa pedir. Y tú
pides porque quieres algo. Le pides a Dios, porque crees que tiene el poder para concederte
algo deseado. ¿Recuerdas como Salomón oró por un corazón sabio y con discernimiento?
Dios libremente le dio a Salomón lo que quería (1 Rey. 3).

A Dios le complació que Salomón no haya pedido una vida larga, riquezas o éxito. Salomón
no lo había tratado como el genio de la lámpara que existe para concedernos tres deseos. Lo
que deseamos naturalmente (los deseos de la carne) expresa nuestra naturaleza
pecaminosa. Pero Salomón había aprendido a conocer lo que realmente necesitaba. El había
aprendido a orar de acuerdo a la voluntad de Dios. Le plugo a Dios responderle. ¿Puedes
cambiar lo que deseas? ¿Puedes aprender a orar por lo que complace a Dios? Cuando Dios
te enseñe a orar, necesariamente él cambiará lo que deseas.

Dios desafía las cosas que todos en todos lados persiguen (Mat. 6:23). ¿Cuáles son los
deseos del cuerpo y la mente (Ef. 2:3) que la gente sigue naturalmente? Estoy seguro que los
lectores están familiarizados con las pasiones características, sin embargo piensen en ellas
una vez más. ¿Pueden ser estas cosas realmente? Los deseos del cuerpo incluyen la vida
misma, el aire, la salud, el agua, la comida, la ropa, el refugio, el placer sexual, el descanso y
el ejercicio. Los deseo de la mente incluyen la felicidad, el ser amado, el significado, el
dinero, las posesiones, el respeto, el estatus, el logro, la autoestima, el éxito, el control, el
poder, el placer estético, el conocimiento, el matrimonio y la familia. ¿Tienen que gobernar
nuestras vidas estos deseos? No gobernaron la vida de Jesús.

Por supuesto, muchas de estas cosas no son malas en sí mismas. Lo malo está no en lo que
deseamos, sino en que lo deseamos demasiado. Nuestros deseos de cosas buenas buscan
el trono, llegando a ser ídolos que reemplazan al Rey. Dios se rehusa a servir a nuestros
anhelos instintivos, pero nos ordena que seamos gobernados por los deseos de otro. Dios
ordena y nos da el poder para cumplirlo: El obra en nosotros el querer como el hacer según
su buena voluntad (Fil. 2:12-13).
¿Puedes cambiar lo que deseas? Sí y Amén. ¿Te sorprende la respuesta a esta pregunta?
Contradice a los puntos de vista contemporáneos influyentes de la motivación humana. La
mayoría de los libros cristianos de consejería siguen estas corrientes de la psicología secular
y dan por un hecho tus deseos y necesidades sentidas. Muchos psicólogos cristianos
influyentes ponen como fundamento de su sistema lo inmutable de nuestros deseos. Por
ejemplo, muchos enseñan que tenemos un "tanque de amor vacío" a dentro, y nuestras
deseos de amor deben ser satisfechos o estaremos condenados a una vida de pecado y
miseria. Esto haría imposible para nosotros aprender a orar como oró Salomón. Refuerza
nuestra tendencia a orar por nuestros deseos. Hace que los padres se sientan responsables
en exceso. Refuerza un sentido de victimización en aquellos que fueron abusados. Refuerza
la tendencia de presionar a dios para que nos cumpla los deseos.

Un Psicólogo lo dijo de esta manera: "Los deseos del corazón humano no pueden ser
cambiados. Y aun si se pudieran cambiar, el hacerlo haría que el hombre sea menos de lo
que Dios dispuso que fuéramos. Nuestros anhelos son legítimos. Deben sentidos
activamente y abrazados para conocer más ricamente a Dios como el satisfactor y amante de
nuestra alama. El problema no está centrado en nuestros deseos."

Por el contrario, el problema son nuestros deseos; los deseos del corazón humano pueden
ser cambiados; nos deberíamos activamente arrepentir de ellos, Dios nos quiere deseándole
a él. Para hacernos verdaderamente humanos Dios debe cambiar lo que deseamos, porque
debemos aprender a desear lo que Jesús deseaba. No es de sorprenderse que los
Psicólogos no puedan encontrar un texto bíblico que pruebe su punto de vista de la
motivación humana. La Biblia enseña una perspectiva diferente.

La vida cristiana es una gran paradoja. Aquellos que mueren a sí mismos, se encuentran a sí
mismos. Aquellos que mueren a sus deseos recibirán en este siglo y en el venidero la vida
eterna (Lucas 18:29). Si deseo felicidad, recibiré miseria. Si deseo amor, recibiré rechazo. Si
deseo importancia, recibiré futilidad. Si deseo control, recibiré caos. Si deseo reputación,
recibiré humillación. Pero si deseo a Dios y Su sabiduría, recibiré a Dios y a su Sabiduría. En
el camino, tarde o temprano, recibiré felicidad, amor, significado, orden y gloria.

Todo cristiano vital testifica que las pasiones instintivas y los deseos de la carne pueden ser
reemplazados con las nuevas prioridades del Espíritu Santo. Esta reorientación no es
instantánea ni completa. Pero es genuina y progresiva. Dos de los grandes libros de Teología
Cristiana práctica (Las Confesiones de Agustín y El tratado de los afectos religiosos de
Jonathan Edwards) meditan en esta transformación. Uno asume que Francisco de Asís quiso
decir esto en su oración: "Oh Maestro divino, permite que pueda buscar no tanto el ser
consolado como consolar, el ser entendido, como entender, el ser amado, como amar." La
necesidad de aprender cómo amar reemplaza el deseo de ser amado.

Aquellos que tienen hambre y sed de justicia serán saciados, tenemos la palabra de Jesús.
sin embargo, no tenemos ninguna promesa de que Dios satisfacerá los deseos instintivos de
nuestra alma. Carrie ten Boom experimentó degradación humana en el campo de la muerte
de Ravensbruck. Pero el que satisface su alma tenía algo mucho mejor en mente que darle lo
que ella deseaba. Le enseñó el gozo en el perdón de los pecados por la libre gracia. Le
enseñó el gozo en poder del Espíritu para rehacerla en una persona sabia. Y a su tiempo la
libro de todas sus prisiones y la llevo a la gloria.

La Biblia nos enseña a orar, a aprender a pedir por lo que realmente necesitamos. ¿Podemos
orar las peticiones del Padre Nuestro y realmente creerlo? Sí. ¿Podemos anhelar la gloria de
Dios, que su voluntad sea obedecida, que la provisión material para todo el pueblo de Dios
llegue, que los pecados sean perdonados, que recibamos ayuda en nuestra lucha contra el
mal? Sí.

Un pastor sabio, Stephen Charnock, una vez escribió del "Poder expulsivo de un nuevo
afecto." Los nuevos deseos gobernantes expulsan a los amos menores del trono de tu vida.
¿Cuáles son los motivos nuevos y diferentes que rigen en un corazón renovado? ¿Qué
objetos de deseo caracterizan a los corazones nuevos? ¿Cómo cambia Dios lo que tú
quieres?

Para cada uno de los siguientes pasajes pregúntate, ¿Qué o en qué esta persona realmente
quiere, anhela, persigue y se deleita?

Salmo 42:1-2
Salmo 73:25-28
Salmo 63:1-8
Salmo 80
Salmo 90:8-17
Proverbios 2: 1-6
Proverbios 3:13-18
Proverbios 8:11
Isaías 26:8-9
Mateo 5:6
Mateo 6:9-13
Mateo 6:19-33
Mateo 13:45-46
Lucas 11:9-13
Romanos 5:1-11
Romanos 8:18-25
Romanos 9:1-3
2 Corintios 5:8-9
Filipenses 1:18-25
Filipenses 3:8-11
Filipenses 3:20-21
2 Timoteo 2:22
2 Timoteo 3:12
1 Pedro 1:13
1 Pedro 2:2
Apocalipsis 22:20

¿Es posible que quieras estás cosas más que lo que quieres los ídolos que secuestran tu
corazón? Sí y Amén. Trae a Jesús todos los deseos que tienes por bendiciones menores, y
pídele que renueve tus deseos. El quiere encender tu corazón con santo amor, gloria y
gratitud.
El evangelio terapéutico
es.9marks.org/articulo/el-evangelio-terapeutico

Lo que puede ser el capítulo más famoso de toda la literatura occidental describe el
atractivo de un «evangelio terapéutico».

En este capítulo titulado «El Gran Inquisidor», Fyodor Dostoevsky se imagina a Jesús
volviendo a una España del siglo dieciséis (The Brothers Karamazov [Los
hermanos Karamazov], II:5:v), pero Jesús no es recibido por las autoridades de la iglesia. El
cardenal de Sevilla, cabeza de la Inquisición, arresta y encarcela a Jesús condenándolo a
la muerte. ¿Por qué? La iglesia ha cambiado su rumbo. Ha decidido suplir los anhelos
humanos instintivos, en lugar de llamar a los hombres al arrepentimiento. Ha decidido
adaptar su mensaje a las necesidades emocionales, en vez de hacer un llamado a la
libertad alta, santa y difícil de la fe que opera a través del amor. El ejemplo y mensaje
bíblico de Jesús son considerados como algo muy difícil para las almas débiles, y la iglesia
ha decidido hacerlo más fácil.

El Gran Inquisidor, representando la voz de


esta iglesia equivocada, cuestiona a Jesús
en la celda de su prisión. Él se pone del lado
del tentador y hace las tres preguntas que el
tentador hizo a Jesús en el desierto siglos
atrás. Él dice que la iglesia dará pan terrenal
en lugar de pan celestial. Ofrecerá magia y
milagros religiosos en lugar de fe en la
Palabra de Dios. Ejercerá un poder y
autoridad temporal en vez de servir al
llamado a la libertad. «Nosotros hemos
corregido tu obra», le dijo el inquisidor a
Jesús.

El evangelio del inquisidor es un evangelio


terapéutico. Está estructurado para dar a las
personas lo que quieren, no para cambiar lo que quieren. Se enfoca exclusivamente en el
bienestar del hombre y la felicidad temporal. Rechaza la gloria de Dios en Cristo. Abandona
el camino estrecho y difícil que lleva a la profunda prosperidad humana y el gozo eterno.
Este evangelio terapéutico acepta y oculta la debilidad humana, buscando aliviar los
síntomas más evidentes de angustia. Hace que las personas se sientan mejor. Ve la
naturaleza humana como algo que no necesita cambio, porque esta es muy difícil de
cambiar. No quiere que el Rey de Reyes venga. No busca hacer que las personas amen a
Dios, a partir de la verdad de quién es Jesús, cómo es, y lo que hace.
El evangelio terapéutico contemporáneo

Las necesidades instintivas más evidentes del siglo veintiuno de los americanos de clase
media son diferentes a las que Dostoevsky describió. Damos por sentado la provisión de
alimentos y la estabilidad. Encontramos el sustituto de nuestro milagro en las maravillas de
la tecnología. Las necesidades emocionales de la clase media son menos importantes.
Expresan un sentido de egoísmo más lujurioso y refinado:

Quiero sentirme amado por quien soy, ser digno de lástima por lo que he vivido,
sentirme íntimamente comprendido y ser aceptado incondicionalmente;
Quiero experimentar un sentido de significado personal, ser exitoso en mi carrera,
saber que mi vida tiene sentido, tener un impacto;
Quiero ganar autoestima, afirmar que estoy bien, poder afirmar mis opiniones y
deseos;
Quiero ser entretenido, sentir placer en las diferentes circunstancias que deleitan mis
ojos y hacen cosquillas a mis oídos;
Quiero tener un sentido de aventura, emoción, acción y pasión para experimentar una
vida emocionante y movida.

La versión de la clase media moderna del evangelio terapéutico está inspirada a partir de
esta familia particular de deseos. Podemos decir que la audiencia objetivo consiste en las
necesidades sicológicas, en lugar de las necesidades físicas que comúnmente surgen en
condiciones sociales difíciles. (El evangelio contemporáneo «salud y prosperidad» y la
obsesión con los «milagros» expresa algo más que la vieja versión del evangelio
terapéutico del Gran Inquisidor).

En este nuevo evangelio, los grandes «males» que deben ser remediados no hacen un
llamado a ningún cambio fundamental de dirección en el corazón humano. En lugar de eso,
el problema radica en mi sentido de rechazo de otros; en mi experiencia nociva de la
vanidad de la vida; en mi sentido nervioso de auto-condenación y desconfianza; en la
amenaza intermitente del aburrimiento si mi música es apagada; en mis quejas exigentes
cuando veo un camino largo y difícil por delante. Estas son las necesidades emocionales
significativas de hoy a las que ese evangelio pretende servir. Jesús y la iglesia existen para
hacerte sentir amado, significativo, valioso, entretenido y con energía. Este evangelio alivia
los síntomas de la angustia. Te hace sentir mejor. La lógica de este evangelio terapéutico es
la siguiente: Jesús existe para mí, para satisfacer mis deseos individuales y aliviar mis
dolores psíquicos.

El punto de vista terapéutico no es algo malo en sí mismo. Por definición, una mirada
médico-terapéutica se enfoca en los problemas de sufrimiento físico y la depresión. En la
intervención médica literal, una terapia trata con una enfermedad, un trauma o deficiencia.
Tú no llamas a alguien al arrepentimiento por su cáncer de colon, su pierna rota o por tener
beriberi. Tú buscas sanarle de una manera u otra.
Pero en el evangelio terapéutico de hoy, la forma médica de ver el mundo está
metafóricamente extendida hacia estos deseos sicológicos. Estos son definidos como un
problema médico. Si te sientes mal, la terapia te hace sentir mejor. La definición de la
enfermedad se deriva del corazón humano. Tú no eres el agente de tus problemas más
profundos, sino simplemente una persona que ha sufrido y una víctima de necesidades no
satisfechas. La oferta de una cura pasa por alto al Salvador sin pecado.

El asunto no tiene que ver con arrepentimiento por incredulidad, terquedad y maldad. Los
pecadores son llamados a hacer un giro en su vida para comenzar una nueva vida que es
la verdadera vida. Dicho evangelio motiva el amor propio. No hay nada en su lógica interna
que te lleve a amar a Dios y a cualquier otra persona más que a ti mismo. Este evangelio
terapéutico puede mencionar frecuentemente la palabra «Jesús», pero se ha convertido en
uno que satisface tus necesidades en lugar de salvarte de tus pecados. Corrige la obra de
Jesús. El evangelio terapéutico trastorna el verdadero evangelio.

El evangelio eterno

El verdadero evangelio son las buenas nuevas del Verbo hecho carne, el Salvador sin
pecado, el resucitado Señor de señores: «yo soy el primero y el último;  y el que vivo, y
estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos» (Ap. 1:18). Este Cristo
pone el mundo al revés. El Espíritu Santo renueva nuestro sentido de necesidad emocional
como el efecto principal de la obra interior de su presencia y poder. Ya que el temor del
Señor es el principio de la sabiduría, sentimos necesidades totalmente diferentes cuando
tomamos en cuenta a Dios y cuando entendemos que permanecemos o caemos ante su
mirada. Mis anhelos instintivos son reemplazados (algunas veces rápidamente, siempre
gradualmente) por la conciencia creciente de la verdad y las necesidades de vida o muerte:

Sobre todas las cosas necesito misericordia: Señor, ten misericordia de mí; por tu
nombre, perdona mi iniquidad porque es muy grande.
Quiero aprender sabiduría y desaprender la auto-preocupación: «nada de lo que
desees se compara con ella».
Necesito aprender a amar a Dios y a mi prójimo: «el objetivo de nuestra instrucción
es el amor que viene de un corazón puro, una buena conciencia, y una fe sincera».
Anhelo que el nombre de Dios sea honrado, que su reino venga, que su voluntad sea
hecha en la tierra.
Quiero que la gloria de Cristo, su misericordia y bondad sean vistas en la tierra, que
llenen la tierra como el agua llena el mar.
Necesito que Dios me cambie de lo que soy por instinto, elección y práctica.
Quiero que me libere de mi auto-justicia excesiva, que elimine mi lujuria por la auto-
vindicación, para poder sentir mi necesidad de las misericordias de Cristo y así
aprender a tratar a los demás amablemente.

Necesito la gran e íntima ayuda de Dios para querer y hacer aquellas cosas que
permanecen eternamente; en lugar de desperdiciar mi vida en vanidades.
Quiero aprender a enfrentar los momentos difíciles y el sufrimiento en esperanza,
teniendo mi fe simplificada, profundizada y purificada.
Necesito aprender a adorar, a deleitarme, a confiar, a dar gracias, a clamar, a
refugiarme, a esperar.
Quiero la resurrección a la vida eterna: «gemimos dentro de nosotros, esperando con
ansias una adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo».
Necesito a Dios mismo: «Muéstrame tu gloria»; «Maranatha, ven Señor Jesús».

Que así sea, Padre de misericordias. Que así sea, Redentor de todo lo que está en
tinieblas y quebrantado.

La oración expresa los deseos. La oración expresa tu sentido de necesidad. Señor, ten
misericordia de nosotros. Las canciones expresan nuestro gozo y gratitud por los deseos
cumplidos. Las canciones expresan nuestro sentido de quién es Dios y todo lo que él da.
Sublime gracia del Señor que a un infeliz salvó. Pero no hay oraciones ni canciones en la
Biblia que tengan la orientación de las necesidades terapéuticas actuales que sentimos.
Imagínate, «Padre nuestro que estás en los cielos, ayúdame a sentir que estoy bien así
como soy. Protégeme este día de tener que hacer algo que encuentre aburrido. Aleluya,
soy indispensable, y lo que estoy haciendo tiene un verdadero impacto en otros, y por eso
me siento satisfecho con mi vida». ¡Ten misericordia de nosotros! En lugar de eso, en
nuestra Biblia escuchamos miles de clamores, de necesidades y gritos de deleite que nos
llevan a considerar nuestras verdaderas necesidades y nuestro verdadero Salvador.

Buenos bienes, malos dioses

Las necesidades emocionales, correctamente entendidas y cuidadosamente interpretadas,


se convierten en buenos dones pero malos dioses. Dale prioridad a lo más importante.
Busca primero el reino del Padre y su justicia, y cualquier otro buen don será añadido a tu
vida.

Es fácil ver esto en el caso de los tres dones particulares ofrecidos por el evangelio
terapéutico del Gran Inquisidor. Es bueno tener una fuente confiable de alimento, «pan para
mañana» (Mt. 6:11). Todas las personas en todos los lugares buscan alimento, agua y ropa
(Mt. 6:32). Nuestro Padre sabe lo que necesitamos. Pero primero busca su reino. No vives
solamente del pan, sino de cada palabra que sale de su boca. Si adoras tus necesidades
físicas, morirás; pero si adoras a Dios, el dador de todo buen don, estarás agradecido por lo
que él da; aún tendrás esperanza cuando tengas alguna necesidad; y es seguro que
disfrutarás del banquete eterno.

También es algo bueno tener un sentido de maravilla y misterio, pero aplica la misma
advertencia y la misma estructura. Dios no es un mago de Oz, que crea experiencias
maravillosas por el bien de la experiencia. Jesús dijo, «no» cuando se le tentó a hacer un
espectáculo de él mismo en medio de la multitud del templo. La fidelidad diaria de Dios es
maravilla sobre maravilla. Dale prioridad a lo más importante. Luego apreciarás la gloria a
pequeña y gran escala. Al final verás todas las cosas, lo que es (Ap. 4) y lo que ha
sucedido (Ap. 5), como maravillas. Conocerás al Dios incomprensible, creador y redentor,
cuyo nombre es Maravilloso.

Igualmente, el orden político es un buen don. Debemos orar para que las autoridades
gobiernen bien, y así vivamos en paz (1 Ti. 2:2). Pero si sólo vives para una sociedad,
siempre serás decepcionado. Una vez más, busca primero el reino de Dios. Trabajarás por
un justo orden social, disfrutándolo hasta el punto que esto se puede disfrutar, y tendrás
una razón para soportar la injusticia. Al final, conocerás el gozo inalterable el día en que
todas las personas doblen sus rodillas ante el reino del verdadero Rey.

Claro, Dios da buenos dones, pero también da el mejor don, el inexpresable Don de dones.
El Gran Inquisidor quemó a Jesús en la hoguera para borrar al Don y al Dador. Él escogió
darle a las personas cosas buenas, pero descartó las más importantes.

Las cosas ofrecidas por el evangelio terapéutico contemporáneo son un poco complicadas
de interpretar. El olor a egoísmo y obsesión propia está muy relacionado con esa lista de
deseos «Yo quiero ____________». Pero aún esto, cuidadosamente reestructurado y
reinterpretado, apunta en dirección hacia un buen don. Todo el paquete de las
«necesidades emocionales» está sistemáticamente mal alineado, pero las piezas pueden
ser bien entendidas. Cualquier «evangelio diferente» (Gá. 1:6) se hace a sí mismo verosímil
al ofrecer piezas de la realidad unidas en una estructura que contradice la verdad revelada.
La tentación que Satanás presentó a Adán y Eva fue algo verosímil solo porque incluyó
muchos elementos de la realidad, continuamente apuntando en dirección hacia la verdad,
pero realmente guiando hacia algo diferente a la verdad: «Mira, un árbol hermoso y
deseable. Y Dios ha dicho que esta prueba revelará el bien y el mal, con la posibilidad de
vida o muerte dependiendo de tu elección. Tú eres quien escoge; puedes llegar a ser sabio
así como Dios es sabio. Ven ahora y come». Tan cerca, pero al mismo tiempo tan lejos.
Casi, pero exactamente lo contrario.

Considera los cinco elementos que hemos identificado con el evangelio terapéutico:

1. «¿Necesitas amor? Eso es bueno, saber que eres conocido y amado. Dios, quien ve
los pensamientos e intenciones de nuestro corazón, también establece su amor firme
en nosotros. Sin embargo, todo esto es muy diferente del deseo instintivo de ser
aceptado por quien soy. El amor de Cristo se manifiesta deliberada y
personalmente a pesar de quien soy. Eres aceptado por quien Cristo es, por lo que Él
hizo, hace y hará. Dios verdaderamente te acepta, y si Dios está contigo, ¿quién
puede estar contra ti? Pero al hacer esto, él no afirma ni aprueba cómo eres sino que
establece cambiarte y convertirte en un tipo de persona muy diferente. En el
verdadero evangelio te sientes muy conocido y amado, pero tu gran «necesidad de
amor» ha sido derrocada.

1. «¿Necesitas significado en tu vida?». Esto es algo bueno para que las obras de tus
manos sean establecidas eternamente: oro, plata y piedras preciosas, no madera,
heno y hojarasca. Es bueno cuando lo que haces con tu vida es verdaderamente
importante, y cuando tus obras te siguen hasta la eternidad. La vanidad, la inutilidad y
la insignificancia muestran que la maldición del pecado impacta también nuestra vida
de trabajo, no solo cuando nos retiramos o cuando morimos o en el día del juicio. Sin
embargo, el verdadero evangelio invierte el orden de las cosas determinadas por el
evangelio terapéutico. El deseo por el impacto y el significado –una de las «pasiones
juveniles» comunes entre nosotros– es simplemente idolatría cuando actúa como el
Director de Operaciones del corazón humano. Dios no llena tu necesidad de
significado; él llena tu necesidad de misericordia y te libera de tu obsesión por el
significado personal. Cuando te conviertes de tu esclavitud a Dios, entonces tus
obras comienzan a convertirse en algo bueno. El evangelio de Jesús y el fruto de la
fe no son adaptados para «llenar tus necesidades». Él te libera de la tiranía de las
necesidades emocionales, te hace nuevamente para que temas a Dios y obedezcas
sus mandamientos (Ec. 12:13). En la divina ironía de la gracia, solo eso hace que lo
que llevas a cabo con tu vida tenga un valor duradero.

1. «¿Necesitas autoestima, autoconfianza y auto-afirmación?». Ganar un sentido de


confianza e identidad es algo bueno. El libro de los Efesios está lleno de varias
docenas de «declaraciones sobre la identidad», porque a través de ello el Espíritu
motiva una vida de fe valiente y amor. Tú perteneces a Dios –estás entre los santos,
escogidos, hijos adoptados, hijos amados, ciudadanos, esclavos, soldados; eres
parte de la obra, esposa y morada– y todo esto porque estás en Cristo. Ningún
aspecto de tu identidad es de referencia propia, ni alimenta tu «autoestima». Tu
opinión de ti mismo es mucho menos importante que la opinión de Dios sobre ti, y la
auto-evaluación exacta se deriva de la evaluación de Dios. La verdadera identidad
depende de Dios. El verdadero conocimiento de ti mismo está conectado a la alta
estima por Cristo. La confianza en Cristo está relacionada a no confiar en ti porque no
se trata de ti. Dios en ninguna manera sustituye la falta de confianza en uno mismo y
el querer agradar a la gente por la auto-afirmación. De hecho, afirmar tus opiniones y
deseos como tales te hace un necio. Solo cuando eres libre de la tiranía de tus
opiniones y deseos eres libre de afirmarlos de manera precisa, y luego expresarlos
de forma apropiada.

1. «¿Necesitas placer?». De hecho, el verdadero evangelio promete una experiencia de


gozo eterno, bebiendo del río de los deleites (Sal. 36). Esto describe la presencia de
Dios. Pero como hemos visto en cada caso, esto es el reverso de nuestros anhelos
instintivos, no su satisfacción directa. El camino al gozo es uno de sufrimiento,
resistencia, pequeñas obediencias, disposición a identificarnos con la miseria
humana, disposición a abandonar nuestros deseos e instintos más persuasivos. No
necesito estar entretenido, pero definitivamente NECESITO aprender a adorar con
todo mi corazón.

1. «¿Necesitas emoción y aventuras?». Participar en el reino de Dios es participar en


la mayor historia de acción y aventura jamás contada. Pero la paradoja de la
redención una vez más pone el mundo al revés. La verdadera aventura toma el
camino de la debilidad, las luchas, la resistencia, la paciencia, las pequeñas
bondades bien hechas. El camino a la excelencia en la sabiduría no es atractivo.
Otras personas pueden tomar mejores vacaciones y tener un matrimonio más
emocionante que el tuyo. El camino de Jesús trae más que una emoción. Él necesitó
la perseverancia mucho más de lo que necesitó las emociones. Su reino puede no
llenar nuestros anhelos de hazañas y búsqueda de emociones, pero «no hay gozo ni
tesoros duraderos como los que conocen los hijos de Sión».

Decimos «sí» y «amén» a todos los buenos dones, pero lo primero es lo más importante. El
evangelio terapéutico contemporáneo en sus muchas formas toma nuestros «anhelos» en
sentido literal. Se agarra de las golosinas. Elimina la adoración al Dador, cuyo gran don es
la misericordia hacia nosotros por lo que queremos por instinto, elección, cultura y hábito. Él
nos llama al arrepentimiento radical. Bob Dylan describió la alternativa terapéutica en una
frase extraordinaria: «piensas que él es solo un niño vagabundo que busca satisfacer los
deseos de su imaginación» (tomado de «When you Gonna Wake Up?»). Las cosas
secundarias son exaltadas como siervos del Número Uno.

Obtén primero lo más importante. Obtén el evangelio de la encarnación, crucifixión,


resurrección y gloria. Vive el evangelio del arrepentimiento, la fe y la transformación a la
imagen del Hijo. Proclama el evangelio del gran día cuando la vida y la muerte eterna serán
reveladas, el gran día de Cristo.

¿Cuál evangelio?

¿Cuál evangelio vivirás? ¿Cuál evangelio predicarás? ¿Cuáles necesidades despertarás y


motivarás en otros? ¿Cuál Cristo será el Cristo de tu gente? ¿Será el cristito que entretiene
las necesidades emocionales? ¿O el Cristo que pone el mundo al revés y hace nuevas
todas las cosas?

El Gran Inquisidor era muy tierno de corazón hacia las necesidades emocionales del ser
humano, muy simpático hacia las cosas que todas las personas buscan en todo lugar con
todo su corazón, muy sensible a la dificultad de cambiar a alguien, pero al final demuestra
ser un monstruo. Hay un dicho en los ministerios de misericordia que dice así: «si no
buscas llenar las necesidades físicas de las personas eres un despiadado, pero si no le das
a las personas el Cristo crucificado, resucitado y que vuelve victorioso los dejas sin
esperanza». Jesús alimentó con pan a los hambrientos y ofreció su cuerpo quebrantado
como el pan de vida eterna. En última instancia, es cruel dejar a las personas en sus
pecados, cautivas de sus deseos instintivos, en desesperación, bajo maldición. El evangelio
terapéutico actual suena como algo tierno en primera instancia porque parece que resuelve
asuntos tan importantes como el dolor y la decepción, pero al final es cruel y no tiene a
Cristo. No fomenta el verdadero conocimiento de uno mismo. No escribe nuevamente el
guion del mundo. No crea oraciones o canciones.
No debemos ser menos sensibles, pero sí tener mucho más discernimiento. Jesucristo
transforma la necesidad humana a través de la oración. Él es el inexpresable Don de
dones, la canción creada. Y Él nos da a todos buenos dones, ahora y por la eternidad. Que
toda rodilla se doble y todo lo que respira alabe al Señor.

Este artículo fue traducido por Samantha Paz y Daniel Puerto.


Juega a largo plazo por tu santificación
coalicionporelevangelio.org/articulo/juega-largo-plazo-santificacion

12 Enero, 2018 | David Powlison Compartir

Los cristianos a menudo malinterpretan la santificación. Muchos la ven como un objetivo a


alcanzar. Estás “santificado” cuando alcanzas cierto nivel de santidad. Esto no es del todo
falso; de hecho, es la meta a alcanzar. La Biblia nos dice que cuando veamos a Jesús cara
a cara, seremos como Él. Te sentirás completamente caracterizado por la confianza, el
amor, la alegría, la humildad, y todos los buenos frutos. En la carta de 1 Juan, capítulo 3, se
nos exhorta a purificarnos por la esperanza de llegar a ser como Cristo en el día de su
venida.

Sin embargo, aunque la santificación algún día será completa, en este momento es un
proceso continuo. Es un viaje, no un destino. La verdadera clave está en la dirección hacia
la que te diriges, no en la distancia que has recorrido ni en el lugar al que has llegado.

La santificación en realidad comienza cuando Dios te reclama como suyo, y pasas a ser
“escogido, santo y amado” (Col. 3:12). Pero el proceso de convertirte en lo que eres
comienza cuando le das la espalda al pecado y te diriges hacia Dios.

Imagina el ser humano más malvado posible: violento, inmoral, borracho, perezoso, y
profano. Este hombre o mujer, aunque atrapado en dicha maldad, puede llegar al momento
en el que comience la santificación. Se da cuenta de su pecado, se cansa de la vida que
lleva, y desea una vida distinta. Comienza a mirar en torno a la misericordia; se vuelve a
Cristo. El Señor lo reclama como suyo, y comienza a caminar en dirección a la luz.

Inmoralidad en declive
Durante mis primeros meses como cristiano tuve un amigo que me mostró la gran paciencia
de Dios en el proceso de la santificación. Él tenía casi 40 años y llevaba 10 de cristiano.
Antes de eso, había vivido una vida de inmoralidad desde su adolescencia y durante sus
veintes. Me dijo: “Si pudiéramos dividir los pensamientos y conducta en mil momentos por
día, 900 de los míos habrían sido inmorales”. Agregó:

Cuando me volví a Cristo encontré misericordia, me convertí en cristiano, y recibí al Espíritu


Santo. Sin embargo, esos 900 pensamientos y comportamientos inmorales al día no
desaparecieron de la noche a la mañana. Gradualmente se volvieron 700, luego 500, y de
500 pasaron a 100, con el tiempo esos 100 pasaron a ser un momento ocasional de lujuria
con la mirada. Aprendí a regocijarme en la gracia de Dios por mí, y en su amor, que es a la
vez paciente y constante.
Se había producido una gran sanidad en el área de su sexualidad, pero no era perfecto, y
todavía estaba caminando hacia la santificación. Buscó ser transparente con su esposa,
rendir cuentas a otros, y se comprometió a caminar en la luz.

Mi amigo experimentó santificación en el área de su sexualidad, pero este tipo de cambio


es aplicable a cualquier pecado. Ya sea que tus debilidades sean el pecado sexual, la
ansiedad, los chismes, las quejas, o la ira, el cambio es posible por la gracia de Dios.

Reconoce que el pecado no desaparecerá de tu vida en la conversión, ni será erradicado


en un chasquido. Alejarse de pecados más grandes cuyas consecuencias son públicas y
más evidentes, como el ir a la cárcel, en realidad podría ser más fácil. Pero renunciar a
impulsos pecaminosos “más pequeños” lleva toda una vida.

El pecado morirá lentamente a lo largo de nuestro caminar hacia la santificación, al avanzar


en dirección a Cristo, y al venir a Él una y otra vez en arrepentimiento y confianza. La
“cantidad” de nuestra santificación no es lo importante, sencillamente estamos llamados a
caminar en dirección a Jesús.

La “cantidad” de nuestra santificación no es lo importante, sencillamente estamos llamados a


caminar en dirección a Jesús.

La santificación no es una competencia


Debemos ser precavidos al comparar la velocidad de los diferentes caminos a la
santificación. Para algunos, el enredo con el pecado es mucho más profundo, y enfrentarán
tentaciones repetidas en sus vidas. Aquellos que luchan profundamente con el pecado
deben ser animados incluso al dar pequeños pasos en la dirección correcta. Al venir a Dios
pidiendo misericordia, han comenzado el proceso de santificación.

Dios nos llama a ser santos, como Él es santo; este es el estándar más alto que tenemos.
La visión de Cristo para nuestra sexualidad, y para toda la vida, es sencilla. Debes anhelar
llegar a ser como Él en santidad. Arrepiéntete de tus pecados y vuélvete a Él para ser
limpiado. Busca su fuerza para protegerte y cambiarte. Su objetivo es tu santificación.

Sin importar lo lejos que hayas ido en tu viaje, recuerda que lo más importante es la dirección
en la que estás caminando.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Carolina López


Ortiz.
Imagen: Lightstock.
Salmos 136-142 y Hechos 20-21

Yo sé que el Señor sostendrá la causa del afligido, Y el derecho de los pobres. (Sal.
140:12)
Dorothy Peters perdió a su hijo Matthew en un accidente de tránsito donde fallecieron él y
dos de sus amigos. El joven sólo tenía 15 años y dejó a su familia devastada. Dorothy tuvo
que rehacer completamente su vida luego de esa tremenda pérdida. Algunos meses
después del accidente, ella decidió ponerse a estudiar. Culminó una maestría y luego fue
aceptada con una beca en una prestigiosa universidad europea. Ella definió en una
entrevista su caminar desde la tragedia al propósito de la siguiente manera: “Yo deseé vivir
mi vida en la manera en que hubiera querido que mi hijo viviera la suya”.

La señora Peters se levantó de la tragedia como pudo. Los humanos tenemos ese sentido
de resiliencia que nos permite enfrentar y luchar contra la adversidad. Muchos salen como
pueden y luego son levantados como seres especiales que vencieron la adversidad con sus
propias manos. Sin embargo, nosotros los cristianos sabemos que no peleamos esas
batallas en solitario y sin un propósito que sea mayor a nuestras circunstancias. Debemos
tener la seguridad que el Señor está presente y al tanto de cada una de nuestras
circunstancias. No solo tratamos de entender las circunstancias temporales que están
delante de nuestros ojos, sino también percibir y buscar la voluntad del Señor que está en
el mismo medio de esas circunstancias.

Para empezar, sabemos que el Señor nos conoce aún desde el vientre de nuestra madre.
El Salmista dice, “Porque Tú formaste mis entrañas; Me hiciste en el seno de mi
madre… Tus ojos vieron mi embrión, Y en Tu libro se escribieron todos Los días que
me fueron dados, Cuando no existía ni uno solo de ellos” (Sal. 139:13,16). Para mí
este último pasaje bíblico es el mejor adelanto profético al código genético tan mentado en
la actualidad. El Señor mismo lo escribió con sabiduría, pero también con amor en
nosotros.

Pero la obra del Señor va más allá y no termina solo con nuestra constitución física y
genética. Él, a través de su providencia, también está totalmente identificado con nuestras
realidades anímicas íntimas y todas nuestras circunstancias externas. El Salmista dice, “Oh
Señor, Tú me has escudriñado y conocido. Tú conoces mi sentarme y mi levantarme;
Desde lejos comprendes mis pensamientos. Tú escudriñas mi senda y mi descanso,
Y conoces bien todos mis caminos” (Sal. 139:1-3). Como podemos notar, no hay nada
que escape de su presencia, que le sea desconocido, que lo sorprenda o que simplemente
le dé la espalda.

Por eso es importante que le devolvamos a nuestra vida y a nuestra fe una clara convicción
de la providencia de Dios. ¿Qué es la providencia divina? Jerry Bridges la define de la
siguiente manera: “Es su constante cuidado y su absoluto gobierno sobre toda su creación,
para su propia gloria y el bien de su pueblo”. El Señor no llega a nuestras vidas como un
bombero durante una emergencia, ni tampoco se ausenta cuando nuestra vida peligra
como un policía negligente o distraído. Su presencia y gobierno es constante en todo
momento y circunstancia. Por eso siempre afirmamos que vivimos, como decía R. C.
Sproul, Coram Deo, siempre delante del Rostro de Dios.
Aunque Dios gobierna y es completamente soberano sobre nuestras vidas, los matices de
la vida humana, la capacidad de tomar decisiones, los errores y los aciertos en el camino y
las victorias y derrotas inesperadas, son demostraciones claras de que la vida que Dios
espera de nosotros jamás estará regida por una serie de pasos del tipo “ármelo por usted
mismo en cuatro fáciles pasos”. Por el contrario, nuestras vidas estarán regidas por los
acontecimientos y circunstancias que nos rodean, pero, sobre todo, por el diálogo y
sometimiento permanente al Señor Soberano, Creador, y Redentor de nuestras vidas. El
salmista lo vivencia así: “Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y
conoce mis inquietudes. Y ve si hay en mí camino malo, Y guíame en el camino
eterno” (Sal. 139:23-24). Por tanto, nunca nos encontraremos con una línea de montaje
para vencer adversidades, crecer y madurar. Más bien, nos enfrentaremos al duro proceso
de “hacer camino al andar”. Pero ese andar solo será fructífero si lo hacemos de la mano
del Señor, quién va delante nuestro mostrándonos el camino que ya ha preparado para
nosotros.

¿Cómo podemos sacarle provecho a nuestras vidas en medio de las pruebas? Veamos
algunos consejos que nos pueden ayudar a aprobar las pruebas con las más altas
calificaciones:

Primero, debemos creer que Dios está comprometido providencialmente con nosotros. Así
lo expresa el Salmista, “Oh Dios, Señor, poder de mi salvación, Tú cubriste mi cabeza
en el día de la batalla” (Sal. 140:7). El Dios de la Biblia es el Todopoderoso que tiene
poder y dominio sobre cualquiera de nuestras circunstancias: en la oficina, la iglesia, la
universidad, la casa y en todas partes. Él nunca nos dejará solos en los momentos en que
más lo necesitamos: “Aunque yo ande en medio de la angustia, Tú me vivificarás;
Extenderás Tu mano contra la ira de mis enemigos, Y Tu diestra me salvará. El Señor
cumplirá Su propósito en mí; Eterna, oh Señor, es Tu misericordia; No abandones las
obras de Tus manos” (Sal. 138:7-8). Dios no pasará por alto nuestra congoja, porque
somos suyos. Pero lo más importante es que Él no dejará que se deje de cumplir el
propósito para el cual fuimos creados.

Segundo, debemos encontrar nuestra fortaleza en el Señor. Muchos tenemos una actitud
pesimista ante las pruebas de la vida porque creemos que la victoria depende
exclusivamente de nosotros mismos. Pero eso no es verdad. Aprendamos del testimonio
del Salmista, quien dijo, “En el día que invoqué, me respondiste; Me hiciste valiente
con fortaleza en mi alma” (Sal. 138:3). Es nuestro deber presentarnos y presentar
nuestras debilidades delante del Señor, “Señor, pon guarda a mi boca; Vigila la puerta
de mis labios. No dejes que mi corazón se incline a nada malo, Para practicar obras
impías Con los hombres que hacen iniquidad, Y no me dejes comer de sus manjares”
(Sal. 141:3-4). ¿Nos damos cuenta? No podemos superar nuestras pruebas pidiendo que
los malos sean menos malos, pero sí podemos pedir que los que nos decimos “buenos”
tengamos la fortaleza para portarnos como tales.
Tercero, debemos asegurarnos que estamos comprometidos con el Señor. Del punto
anterior se desprende este. ¿Estás dispuesto a pagar el precio por lo que dices creer?
Muchos, a lo largo de todas las épocas, han pagado con sus vidas su compromiso vital con
el Señor. ¿Crees que somos una generación con privilegios distintos? Por supuesto que no.
El martirio de los fieles es una demostración palpable del alto precio que se puede pagar
por ser cristiano. Si las cosas nos salen mal porque obramos lo malo, merecido es el
castigo; pero si por la obediencia a Dios tengo que pasar aflicción, entonces, como el
salmista decimos, “Clamo al Señor con mi voz… Delante de El expongo mi queja; En
Su presencia manifiesto mi angustia. Cuando mi espíritu desmayaba dentro de mí, Tú
conociste mi senda…” (Sal. 142:1-3). Pon tu vida en las manos de Dios y recuerda que Él
te conoce y gobierna en totalidad y profundidad. Como decía David al cantar, “Por detrás y
por delante me has cercado, Y Tu mano pusiste sobre mí. Tal conocimiento es
demasiado maravilloso para mí; Es muy elevado, no lo puedo alcanzar” (Sal. 139:5-6).
El Señor ha hecho suya nuestra causa… ¿nosotros hemos hecho nuestra la suya?

Nuestra actitud es tan importante como nuestro compromiso. Es significativo que nuestro
ánimo no decaiga en medio de las circunstancias —buenas o malas— que tengamos que
enfrentar. Muchos no son capaces de terminar con gozo lo que empiezan, siempre habrá
alguna decepción, nos daremos cuenta que las cosas no eran tan fáciles, que la situación
estaba muy idealizada, que las personas no eran como lo esperábamos, que nos
quedamos solos, que el resto no trabajaba con el mismo empeño, y un gran largo etcétera.
Ante tales situaciones, que son muy reales en nuestro mundo caído, el apóstol Pablo tomó
una decisión con respecto a su actitud. Él dijo, “Pero en ninguna manera estimo mi vida
como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que
recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia
de Dios” (Hch. 20:24).

Pablo no solo se propuso superar las pruebas, sino también acabarlas con dignidad y gozo
delante del Señor. Él no se detuvo tanto en los detalles o en lo que hicieran los demás, sino
que más bien prestaba atención al desafío de darle sentido a su propia existencia, dándole
valor a la obra de Cristo que ya gozaba en su vida y que anunciaba a través del evangelio.
Además, sabía que su actitud (y no solo completar la tarea) era sinónimo demostrativo de
que lo que le estaba pasando, y por lo que se estaba esforzando, le estaba haciendo bien
porque el Señor estaba de por medio y todo era, finalmente, para Su gloria.

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VIOLENCIA FAMILIAR:
thirdmill.org/files/spanish/58743~7_18_01_11-35-38_AM~Abuse_helping_the_perpetrator.htm

VIOLENCIA FAMILIAR:

Ayudando a la persona violenta

por Pablo Tripp y David Powlison

«La gracia de Dios se ha manifestado… enseñándonos a renunciar a la impiedad y a los


deseos mundanos, y a vivir sobria, justa y piadosamente» (Tito 2:11,12).

El hecho de que dos personas se sienten juntas en el templo durante el servicio de los
domingos no impide que puedan agredirse con violencia una vez que se hallan en privado.
El ministerio a las personas violentas, requiere ministros con gran lucidez, llenos de
conocimiento, gracia y verdad, dispuestos a intervenir con valentía. Los golpeadores (como
los depredadores sexuales) son infractores de la ley, perversos y sumamente
embaucadores. Aquellos que cometen violencia en el hogar necesitan gracia: una gracia
eficaz, transformadora y verdadera. A medida que se dispongan a renunciar y a verse
reflejados en la verdad, a medida que abracen al verdadero Mesías, un cambio genuino es
posible y seguro en sus vidas. Existen numerosos pasajes en la Escritura que hablan
acerca del pecado de la ira y la violencia y de las maneras en que el Redentor trata con
estos pecadores. ¿Qué debe considerar usted para que sus esfuerzos sirvan de ayuda a
estos hombres (ya veces mujeres)?

Todos necesitamos de la gracia

Los individuos violentos tienen mucho en común con otras personas, tanto con las que
podrían ayudarlos como con las que resultan heridas por su culpa. Todos somos
básicamente semejantes, según encontramos en 1 Corintios 10:12-13. La hostilidad entre
seres humanos puede manifestarse de muchas maneras: verbal, física y sexualmente, en
las actitudes, y en los negocios. Asimismo, se presenta con distintos grados de intensidad,
desde el malhumor y las pequeñas peleas hasta la agresión violenta y el homicidio. La
naturaleza de la violencia familiar no difiere de la de otros pecados comunes. Esta similitud
genera tanto confianza como humildad en aquellos que buscan ayudar a otros: si usted
sabe cómo tratar con su propia ira, cuenta con buenos recursos para ofrecer a quienes
están en la lucha. En una oportunidad aconsejé a una pareja que había tenido nada menos
que una lucha armada en su hogar. El haber experimentado en lo personal el
arrepentimiento de la cólera y el mantener una actitud crítica me ayudaron a entender a
esta pareja y proceder con seguridad y firmeza. Un consejero que desea trabajar con
personas violentas no es un ser inmaculado que se acerca a individuos pecaminosos.
Somos personas que hemos hallado gracia y vamos al encuentro de quienes la necesitan.

De igual manera, usted se encontrará con una relación entre dos pecadores y no con un
monstruo sin posibilidad de redención que oprime a una inocente víctima que no necesita
ser redimida. Dios estará trabajando en ambas vidas. Por lo tanto, examine detalladamente
cada incidente de violencia. A menudo encontrará áreas en las que ambas partes necesitan
de la gracia de Cristo para poder cambiar. Tal vez el hombre capte la mayor atención por el
hecho de proceder con los puños; sin embargo, si se mira más profundamente, la mujer
podría ejercer un uso hábil y perverso de la lengua de modo que incite a la violencia. Los
arrebatos de violencia generalmente representan la «gota que rebasa el vaso» cuando el
abuso familiar es usual en el hogar en menor grado. Rastree los pecados que ambas partes
tienen en común y también las manifestaciones individuales. Su deseo es ayudar a que la
pareja crezca en amor, sabiduría y paz entre sí.

El velo de la evasión

Dado que las personas violentas eluden con facilidad y crean así una sombra de confusión,
usted necesita conocer el comportamiento de los violentos. El pecado es engañoso; esto es
lo que enseña Jeremías 17:9. Las personas violentas no sólo no se conocen a sí mismas,
sino que impiden que otros las conozcan. Para ellas es común mentir y ocultar, y a menudo
elaboran patrones de engaño. Suelen ocultar lo que hacen y, en caso de fallar, tienden a
restarle importancia a la gravedad del hecho. Si esto no llegara a resultarles, suelen
inculpar a la persona golpeada, dando la imagen de víctimas inocentes y afligidas. De no
funcionar esto último, se sumergen en la desesperación y el «arrepentimiento» para que los
demás les tengan lástima. Tenga en cuenta las siguientes características del pecado, que
comúnmente conforman el perfil de la persona violenta:
1. Fundamentar el acto de violencia refleja un egoísmo invasivo: Gran parte de su vida se
encuentra dominada por su propio placer, sus compromisos diarios, sus deseos, sus
exigencias, sus antojos. El aconsejamiento no debe permitir que los pecados que aparecen
a simple vista desvíen la atención de la perversidad que sustenta un estilo de vida
caracterizado por la «impiedad y los deseos mundanos». A menudo, la conciencia de
pecado es superficial: puede ser que el golpeador se lamente por sus reacciones
esporádicas de violencia, pero rara vez reconoce que lleva una vida egoísta o las pasiones
específicas que lo controlan.

2. Espere encontrar intrincados y sutiles patrones de autoengaño. El abusador a menudo


siente lástima por él mismo: «Yo soy la verdadera víctima y la furia es tan sólo una
reacción». Con frecuencia expresa la justa y buena opinión que tiene de sí mismo diciendo
«En verdad yo no soy así», o bien «Sé que no debería hacer eso, pero…». A menudo
exhiben una notable habilidad para dividir el corazón y vivir así una doble vida. Es posible
que un hombre golpee a su esposa y luego, una hora después, se transforme y lidere
(dirija) un estudio bíblico con toda serenidad.

3. Espere encontrar intrincados patrones de atracción engañosa. Las personas violentas


(al igual que los depredadores sexuales) suelen ser seductores innatos. Se ganan a la
gente, incluso restablecen la confianza de las mismas personas a las que maltrataron y
traicionaron. Manipulan hábilmente a sus víctimas y a los que desean ayudar,
empujándolos hacia un sentimiento de culpa y de responsabilidad: a los primeros, por lo
sucedido y a los segundos, por no haber mejorado las cosas.

4. Espere encontrar versiones engañosas de «confesión y arrepentimiento». Es como si


pudieran engañar a Dios, pero, por supuesto, sólo se engañan a sí mismos y a los demás.
Parecería que usan las palabras evangélicas adecuadas o que expresan los sentimientos
apropiados, pero su «arrepentimiento» no suele estar centrado en Dios. Por el contrario,
sólo expresa el remordimiento por haber dañado su propia imagen o su reputación frente a
los vecinos. En realidad, este «arrepentimiento» alimenta el propio orgullo y temor al
hombre, que originan el pecado de la violencia en privado. Es común que las personas
violentas hagan un mal uso de la gracia o bien no la entiendan correctamente. La gracia se
transforma en algo «barato», y el supuesto arrepentimiento se convierte en una «carrera de
obstáculos» que hay que sortear con el fin de aliviar la conciencia y recuperar el favor de
los demás. Incluso se puede volver una herramienta del pecado, una solución rápida, a
veces calculada, que barre los problemas bajo la alfombra. Puede ser que lloren, oren y
prometan que nunca más volverá a suceder, sin que se produzca ninguno de los cambios
fundamentales que implican el verdadero arrepentimiento y la fe en Cristo: la
transformación de la mente y un giro de 180 grados que llevan a un cambio de vida.
5. Los golpeadores intimidan y manipulan a sus víctimas con frecuencia. La violencia
genera miedo; es un instrumento de control. En ocasiones hasta resultará difícil obtener los
hechos de boca de la persona golpeada. Es probable que ésta desee fervientemente
preservar el momento de paz temporaria que está viviendo, o que tema que su honestidad
desencadene una represalia, o bien que haya sido amenazada «Si tú hablas, entonces yo
te voy a…». Puede ocurrir que a la víctima le resulte sumamente vergonzoso el hallar estos
problemas en el seno de su hogar y podría ser reacia a dar a conocer el grado de maldad.
A todo esto se suma el hecho de que probablemente usted tenga que enfrentar un complot
basado en el silencio de la familia, que sirve de protección al opresor.

Estas son sólo algunas formas que muestran la violencia familiar como un pecado
«secreto». Usted debe estar preparado para sacarlo a la luz.

La palabra de gracia en Jesucristo

Las personas violentas necesitan a Cristo; esta verdad se ve en Hebreos 3:12-14. La


corriente del pecado arrastra y aparta al ser humano del Cristo vivo. Este es un problema
del corazón, que requiere atención diaria. Jesús, que entregó su vida por los pecadores,
abunda en gracia y su gracia es eficaz.

1. Aspire a una reestructuración profunda del corazón y del estilo de vida. Los ajustes
superficiales sólo logran que el comportamiento de la persona tenga mayor aceptación por
parte de su núcleo social. Usted debe poner en evidencia las intenciones del corazón, que
mueven al acto de violencia: las ansias de poder, control, dinero; la búsqueda de placer,
confort, amor, respeto, entre otras. ¿Qué cosas se empeña en seguir haciendo obstinada y
deliberadamente esta persona? Sus actos de violencia no tienen que ver con su esposa,
sino consigo mismo y con las idolatrías que arrastró con él al matrimonio. Las personas
violentas fingen ser un dios y luego se comportan como si fueran el diablo, en lugar de
servir a Dios. Deben arrepentirse de sus pecados para con Dios, que son los que traen
como consecuencia los pecados para con los demás. Tanto el comportamiento como las
motivaciones hostiles deben quedar al descubierto

(ver Stg. 3:5-12, 3:14-16, 4:1-4, 4:6 y 4:11-12).


2. Propóngase solucionar las manifestaciones secundarias de los principales pecados y
reacciones. Por lo general, la crítica, la queja, la irritabilidad, las pequeñas peleas y las
discusiones preceden al acto de violencia y suelen ser manifestaciones externas que
comparten un origen común en el corazón. Las personas que aprenden a arrepentirse de la
queja, y por ende cultivan la gratitud y la satisfacción en Cristo, casi no tendrán necesidad
de arrepentirse de la agresión y el maltrato.

3. Presénteles al verdadero Cristo vivo. Jesús abunda en compasión mas su ira es terrible.
Las personas violentas necesitan conocer el amor de Cristo. Si bien merecen la ira de Dios,
Él en cambio entregó al Cordero. Jesús amó a los pecadores, a los impíos, a los malos, a
los débiles, a los enemigos de Dios. Él murió para que los que viven ya no vivan para sí
mismos. Dios ofrece gratuitamente gracia y sabiduría de lo alto (Stg. 1:5, 1:17, 3:17, 4:6 y
4:10). La gracia eficaz y correctora se encuentra a disposición de todos aquellos que la
necesiten. Pero es preciso que las personas violentas aprendan a temer la ira del Señor. Él
es celoso y santo (Stg. 4:5 y 4:12). Una persona que comete un acto de violencia vive sin
temor del Señor; actúa y reacciona como si Dios no existiera. Mas en verdad, «todas las
cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquél a quien tenemos que dar cuenta» (He.
4:13). Comenzar a vivir transparente significa a llevar una vida sin la privacidad de la que
depende la violencia.

4. Lleve a la persona violenta a un arrepentimiento centrado en Dios (Stg. 4:6-10). Lo más


importante son los cambios internos. Compare el «arrepentimiento» manifestado por la
persona con el verdadero arrepentimiento. Los salmos 50 y 51 permiten diferenciar un
arrepentimiento centrado en Dios de uno que no lo es. Conocer al Cristo del evangelio
significa reordenar todo el ser interior de manera que el pecado ya no triunfe en la vida. No
se conforme con menos. Los que buscan, encuentran; los que creen, reciben el Espíritu
Santo. La pregunta es: ¿Cómo saber que ha habido un verdadero arrepentimiento? Usted
se dará cuenta. El tiempo siempre se encarga de confirmar la legitimidad de las cosas.
Usted observará cambios radicales en las relaciones de estas personas, primeramente con
Dios y luego con los demás.

5. Ayude a los creyentes arrepentidos a asimilar las alternativas prácticas, pacíficas y


afectuosas de las que puede hacer uso en lugar de manipular, culpar al otro, intimidarlo y
recurrir a la violencia (Stg. 3:13, 3:17-18). Las personas son capaces de aprender a
escuchar, a preguntar, a pedir perdón, a detenerse y tomarse un tiempo, a pedir ayuda, a
demorar la toma de decisiones, a ser dadivosos: todas acciones fruto de la sabiduría que
viene de lo alto. El amor puede reemplazar no sólo los momentos de violencia, sino también
el egoísmo y la obstinación que antes invadían el estilo de vida. No hablamos de
perfección, sino de progreso. Un corazón cada vez más entregado es una vida en la que
cada vez hay menos lugar para el odio y la agresión.
6. Emplee los recursos de la comunidad de Cristo (Stg. 5:19-20 y He. 3:12-14). Las
personas que se arrepienten de la violencia necesitan más que un aconsejamiento «formal»
una vez por semana. Necesitan aprender la honestidad absoluta y dar razón de sus actos,
necesitan que se les recuerden las cosas, necesitan recibir ánimo y oraciones de
intercesión, necesitan modelos para seguir y también necesitan exponerse diariamente a la
luz. Jamás tuve conocimiento de que un incidente de violencia familiar sucediera
públicamente durante el servicio en la iglesia o mientras la persona se encontraba hablando
por teléfono con el pastor o con su líder de estudio bíblico. Ayude a las personas violentas
a salir del escondite y a vivir en la luz. El pecado crece en los rincones oscuros; la rectitud
prospera a la luz del día. Una persona que ha efectuado un cambio en su interior hacia
Cristo, deseará voluntariamente rendir cuentas al pueblo de Cristo con el propósito de
crecer en la humildad y de que lo salven de sí mismo.

¿Cómo ayudará usted a las personas que cometen violencia en el hogar? Ellas necesitan
reordenar su ser interior de forma tal que busquen y lleguen a conocer al Cristo del
evangelio. Sin el fundamento de una relación viva con Cristo, será imposible que ni usted ni
los demás hagan lo suficiente para que deje la violencia. Por el contrario, cuando los
pecadores violentos abrazan el amor de Jesucristo, la doctrina, la mirada introspectiva, la
estructura, el planeamiento, el compromiso, la comunidad y el consejo, se transforman en
canales por donde fluye y se manifiesta la eficaz gracia de Cristo.
El papel de los medicamentos psicotrópicos
por David Powlison

¿Hay algún lugar para el Litio, Prozac o Ritalín como complemento a la


Consejería Bíblica? La psiquiatría biológica está actualmente en expansión;
abundan nuevas drogas y nuevos usos de las mismas. Por ejemplo, los niños
están siendo sujetos a etiquetas psiquiátricas y a la prescripción de drogas.
¿Cómo responder a una cultura persiguiendo con vehemencia una “psico-
farmacología cosmética” donde una pastilla ofrece alivio para cada sentimiento
no placentero y comportamiento problemático? Los consejeros bíblicos son
conocidos por generalmente oponerse a la medicación psico-activa. El modelo
médico se ha entrometido agresivamente a las arenas de la conducta
responsable, y continuará entrometiéndose. Nosotros nos mantenemos la visión
de que los medicamentos que alteran el humor, la mente y la conducta pueden
proveer alivio sintomático en cierta medida, pero no un cambio moral genuino.
Sin embargo, dentro de esas áreas en las que estamos de acuerdo, nuestra
filosofía de práctica y de trabajo varía de persona a persona y de caso a caso.

He observado tres posiciones, no necesariamente excluyentes la una de la otra.


Primero, algunos consejeros bíblicos se oponen a todos los medicamentos
psicotrópicos como un asunto de principio. Ellos han presenciado la seducción
del modelo médico; el “alivio” es ambiguo, hasta engañoso. Hasta los
aconsejados que experimentan una porción pequeña de alivio sintomático muy a
menudo van hacia una interminable búsqueda de arco-iris. Los consejeros que
se aferran a esta postura animan fuertemente al aconsejado a hablar con su
médico y a dejar de tomar la droga tan pronto sea posible. Algunos quizás
ocasionalmente hasta hagan de eso una condición para continuar la consejería.

Segundo, otros consejeros generalmente se oponen a los medicamentos pero


no sugerirán al aconsejado que dejen de tomar la droga hasta que hayan
entendido su problema bíblicamente y estén comenzando a cambiar. Ellos
intentarán resolver el problema moral fundamental antes de dejar la muleta
alivia-síntomas. Ellos intentan cortejar a los aconsejados a salirse de la
medicación psico-activa por medio de dejarles experimentar ese “gozo y tesoros
perdurables” que los hijos de Sión llegan a conocer al vivir vidas de fe y
obediencia.

Tercero, otros consejeros bíblicos también se oponen generalmente a la


medicación, pero pueden recomendar ocasionalmente que el aconsejado vea a
un médico, quizás para considerar una prueba con Litio o Prozac. Ellos ven el
alivio sintomático temporal como ayuda ocasional en la consejería para
aconsejados con buenas intenciones pero inmóviles. Desde este punto de vista,
el tratamiento médico funciona en el mismo nivel que un cambio de dieta,
ejercicio y descanso, lo que de una manera similar puede aliviar algunos
síntomas por medio de afectar cambios psico-sociales.
¿Quién está en lo correcto? Los tres puntos de vista – “intervenir
inmediatamente”, “no intervenir inmediatamente”, y “anima muy
ocasionalmente”— pueden ser consistentes con la oposición de proveer
simplemente alivio sintomático. Los tres puntos de vista pueden ser consistentes
con la oposición a “medicalizar” los problemas de la vida.

En la práctica actual muchos consejeros bíblicos se mueven entre las diferentes


posturas, dependiendo de los matices del caso en cuestión. Por ejemplo, Jay
Adams generalmente se opuso a los medicamentos. Pero siempre estuvo
interesado en los posibles componentes fisiológicos de los problemas y
típicamente modificó sus comentarios del asunto. Cuando escribió acerca de la
depresión que “El médico puede descubrir algunos casos infrecuentes de
depresión causada por des-balance químico y en casos muy serios puede
ayudar al pastor a entablar una profunda consejería por medio de administrar
antidepresivos”, Adams no quiso resolver las ambigüedades del término “des-
balance químico” o definir los parámetros de “serio”. Nosotros tenemos que
luchar con el asunto de la medicación abiertamente para poder ayudar a la
gente en esta época médicamente sofisticada pero sobre-medicada.

Traducido del Journal of Biblical Counseling Vol. 14, No. 2 (Winter 1996) p. 3.
TERAPIAS MODERNAS
Y LA FE DE LA IGLESIA
por David Powlison

Vine a Jesús en el contexto de ser un verdadero creyente en la psicología secular. Obtuve


una licenciatura en psicología, y creí que mi deseo de conocerme a mí mismo y otras personas
serían llenados en el mundo secular de las profesiones de salud mental. Me había convertido a
Cristo mientras trabajaba en un hospital psiquiátrico, donde había trabajado como parte de mi
plan de continuar un doctorado en psicología clínica. Yo estaba siendo cambiado de raíz en los
niveles más fundamentales de mi persona mientras conocía al Dios viviente.
Mientras mi fe crecía y se profundizaba, llegué a entender las implicaciones de pensar en
una manera coherente y consistente acerca de la fe cristiana (conciente de las presuposiciones
que tenemos). Me di cuenta de que como cristianos tenemos una manera más completa, más
profunda y más entendible para ver la naturaleza de la gente y sus problemas que nunca antes
había visto en la psicología. Necesitamos pensar cuidadosamente y en oración acerca de la
relación entre un cristianismo bíblico y consistente y las sicologías modernas.
Déjame empezar por explicar mi uso de la palabra sicologías. Cuando uso este término
no estoy criticando el sentido de psicología en general, en el sentido de que somos almas
capaces de percepción, pensamiento, emoción, voluntad, memoria, creencia, y por eso fuerza.
Cada creyente debe ser un “psicólogo” en el mejor sentido de la palabra: Nosotros debemos
estudiar el alma; nosotros debemos conocer a las personas, y entender cómo funcionan.
Lo que debemos criticar son los sistemas organizados de psicología, las teorías de
personalidad, las diferentes interpretaciones del alma humana y las sicoterapias que aplican
esas teorías a los individuos. Tu podrías decir que las psicoterapias funcionan como “pastores en
el ministerio” buscando comunicar una “palabra de redención” a personas atribuladas. En ese
sentido nosotros podríamos decir legítimamente que el cristianismo bíblico tiene una

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psicología superior y psicoterapia superior. La fe cristiana somete sus competidores a una
crítica radical. Empecemos a considerar el desarrollo histórico de este debate.

Considerando Nuestro Momento Histórico


Hoy el Cristianismo tiene un competidor proclamado y consciente. Apareció en el
escenario en el siglo XX y anunció, básicamente que los recursos de la fe cristiana se habían
secado. Ya no eran convincentes a los seres humanos modernos; ya no respondían o hacían
frente a las necesidades y luchas de la vida. Qué se necesitaba, la psicología secular dijeron, es
una visión diferente, una Escritura diferente, si tú quieres, una diferente verdad, un diferente
pastorado, un diferente grupo de personas para curar las almas. No es como se hubiera
pensado que los cristianos hubieran reaccionado o argumentado, el asalto empezó desde el
otro lado en una forma muy consciente.
Vemos en este comentario de Sigmund Freud: “las palabras ‘trabajador del pastorado
secular’ podrían servir bien como una fórmula general para describir la función en la cual el
analista, sin importar si es un doctor o un laico, debe desarrollar su relación con el público.”
Para Freud el rol de la psicoterapia era el de un pastor, uno secular, porque ahora vivimos en

!1
una era en la que Dios no es creíble –una era después de la Era de la Iluminación. Aún la gente
tiene los mismos problemas (los cuales los cristianos llamarían pecado y miseria) que siempre
han tenido. Alguien tiene que hacer el trabajo pastoral para curar sus almas.
Carl Jung fue inicialmente un discípulo de Freud y después se separó. El escribió, “Los
pacientes fuerzan al psicoterapeuta en el rol de sacerdote y esperan y demandan de el que los
liberte de sus angustias. Es por eso que nosotros los psicoterapeutas debemos ocuparnos de
problemas, los cuales, hablando estrictamente, pertenecen a lo teológico.” El Hombre Moderno
en Busca de un Alma de Carl Jung francamente sostiene que las viejas verdades de cristianismo
ya no funcionan; y que hay un vacío espiritual de significado en el mundo moderno, y que los
psicoterapeutas son ahora los designados a proveer significado, libertad de angustias, y
entonces fortaleza. La forma de espiritualidad de Jung es, desde un punto de vista cristiano, sin
Dios, sin Cristo, sin Espíritu, sin Escritura.
Abraham Maslow fue un exponente clave de la psicología humanista. En el principio de
su libro más significativo, Toward a Psychology of Being (Hacia una psicología del ser), sostiene,
“La naturaleza humana parece no ser intrínsicamente ni primariamente ni necesariamente
malvada.” Maslow está hablándonos a ti y a mi; el está hablando a Eclesiastés 9:3 que dice: “El
corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su
vida; y después de esto se van a los muertos.” Maslow no quiere escuchar esa cruda descripción
de la naturaleza de los seres humanos en su caída. Los cristianos han dicho que hay una
atracción hacia lo que la Escritura llama pecado, y una tendencia de alejarse de Dios. Podríamos
decir que aún las teorías sicológicas están afectadas en su desarrollo por ese movimiento lejos
de Dios. Pero Maslow aparece y dice, “No, eso no es verdad.”
El conductista B.F. Skinner escribe en su novela utópica, Walden Dos “Lo que Jesús
ofreció a cambio por amar a tu enemigo era el cielo en la tierra, mejor conocido como paz
mental.” La paz mental es un producto colateral de lo que Jesús ofrece, pero el Jesús en que los
cristianos creemos no nos ofrece una tecnología, un conjunto de trucos para hacerte un
relajado y confiado ser humano. B.F.Skinner piensa que una tecnología conductista resolverá el

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dilema humano; cree que el puede arreglar las eventualidades del reforzamiento de tal manera
que nosotros podamos crear gente satisfecha, feliz, productiva y ajustada. Toda la estructura de
Walden Dos es una iglesia alterna, un salvador alterno y un evangelio alterno.
En la psicología contemporánea de John Bradshaw el se presenta a sí mismo como un
psicólogo, pero es un proponente de religión, como vemos en su cita: “Jesús nos llama a la
creatividad y a nuestra propia cualidad de ‘Yo soy’ (“I-AM-ness”). Hoy Yo sé que en el nivel más
profundo que Yo soy Yo, una maravillosa persona.” La visión de Bradshaw es que yo son
esencialmente un “YO SOY” dentro y en las brutales experiencias de la vida de alguna manera
se envenenó esa maravillosa identidad (I-AM-ness) que yo soy por naturaleza. Mi meta es
entonces estar en contacto con mi identidad y actualizarla. Este no es la afirmación de un
científico neutral. Todas estas teorías son religiosas en una manera muy consciente: Bradshaw
es sólo más audaz. [Bradshaw utiliza el mismo término “yo soy” pare identificar el hombre, lo
cual Dios utiliza para identificarse y señalar Su divinidad, una blasfemia abierta.]
En resumen, las psicoterapias son “sacerdotes seculares,” una frase acuñada por Perry
London, un influyente historiador y comentarista de la psicoterapia moderna. Cada vez más los
sicólogos reconocen libremente este rol. Yo diría más específicamente que ellos son profeta-
teólogos seculares. Son gente que está asignando un significado a la vida, explicando la vida,
dándole sentido. Ellos son pastores-sacerdotes pastoreando el alma humana. Son reyes-

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ancianos seculares, administradores de instituciones que curan las almas, administrando de la
salud mental, las oficinas de consejería y los hospitales psiquiátricos.

Tres Niveles de Conflicto


Dadas las intenciones sostenidas por los sicólogos del siglo XX, uno esperaría a la iglesia
levantarse y que el resultado fuera un conflicto entre el cristianismo bíblico y la gente que dice
de sí mismos, “Nosotros te reemplazaremos. Nosotros te enterraremos” Debería haber un
conflicto de tres partes acerca de las cuestiones de verdad, amor y poder.
Primero en la cuestión de verdad:¿Quién está en lo correcto?¿Quién está en el
diagnóstico correcto de la condición humana? ¿Es verdad que los seres humanos no son
primero malvados pero que, para seguir la línea de Maslow, la ruina de nuestras almas y el
pecado y la miseria de nuestras vidas son producto de necesidades insatisfechas? Que nosotros
de alguna manera somos pisoteados por fuerzas fuera de nosotros, y, por eso, cualquier maldad
en nosotros es sólo producto de lo que nos ha pasado a nosotros? ¿Es esta verdad o la visión
cristiana es verdad? Esperaríamos un conflicto fundamental sobre el entendimiento de la gente
y sus problemas.
La segunda área del conflicto gira alrededor del la cuestión, ¿Quién tienen el derecho de
trabajar con la gente? ¿Quién tiene el llamado a amar?¿De quién es la responsabilidad de
alcanzar y ayudar a la gente que está en lucha, quebrantada, confundida, frustrada, derribada,
enredada, miserable, perdida como ovejas?¿Quién tiene la autoridad social? La iglesia siempre
ha dicho es nuestra responsabilidad, los ministros de misericordia y la Palabra deben de lidiar
con el pecado y la miseria de este mundo.
La tercera cuestión es, ¿Quién puede corregir los problemas del mundo? Esta es un
asunto de autoridad práctica. ¿Quién puede respaldar su derecho de poder y efectividad?
¿Quién realmente puede hacer la diferencia en la vida de la gente? Esperaríamos que el
conflicto también tomara lugar aquí.

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La Evolución de las Profesiones
Déjeme señalar que el rol social que tienen en este momento los psiquiatras, los
sicólogos y los trabajadores sociales no siempre ha sido de esta manera. Estas profesiones han
cambiado radicalmente durante el siglo XX. La noción de profesiones de la salud mental hace
un tipo de trabajo pastoral y hace pronunciamientos acerca de la condición del ser human tiene
un desarrollo relativamente nuevo. Cien años atrás un psiquiatra no daba terapia ni trabajo
pastoral.
Un psiquiatra era en primer lugar un administrador. El dirigía las grandes instituciones y
su responsabilidad principal era proveer seguridad, tres comidas al día, y un hermoso ambiente
campirano en el cual la gente que había caído (enferma) pudiera mantenerse lejos de las
presiones de la vida y componer su vida de nuevo. Como administradores, los psiquiatras
fueron ordenados a proveer un buen entorno social para la curación.
En segundo lugar ellos eran doctores. Si había un componente medico distintivo en este
caso, tal como locura asociada con alcoholismo o sífilis, tumores cerebrales, etc. un
diagnostico médico y concebible, algunos tratamientos para aliar estarían disponibles. Fue
hasta después de la primera visita de Freud a América a principios de 1900 que el rol de
psicoterapeutas empezó a añadirse al rol medico administrativo. De manera interesante en los

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últimos veinte años los psiquiatras se han retirado a las prácticas mas médicas, somáticas y
biológicas al mismo tiempo que otros practicantes –psicólogos, trabajadores sociales, y
consejeros pastorales—han cuestionado la dominación del mundo terapéutico de “consejería
pastoral.”
Un siglo atrás un psicólogo no hacia nada remotamente relacionado con psicoterapia o
consejería. Un psicólogo era un científico, un psicólogo que hacia investigación con cosas como
los reflejos –te pinchas el dedo y ¿cómo viaja el impulso eléctrico de tal manera que retiras tu
dedo? La psicología biológica, la psicología experimental, era el meollo del rol del psicólogo.
Durante la Guerra Mundial I el papel empezó a expandirse en cuanto los psicólogos
empezaron administrar pruebas a las personas que se inscribieron en el ejercito, pruebas de
inteligencia y habilidades, por ejemplo. Sólo después de la Guerra Mundial II los psicólogos
llegaron a ser psicólogos clínicos y psicoterapeutas que aconsejaban mucho uno a uno. El
momento histórico de estos desarrollos es importante. Lo que es significante para los
Cristianos es que los análisis indican que hay correlación entre los avances de las profesiones de
salud mental en el área de psicoterapia y las fallas de la iglesia en ofrecer cuidado pastoral.

La Retirada de la Iglesia
Como Cristianos nos ha sido dadas riquezas del conocimiento acerca de qué es el
ministerio interpersonal que realmente entienden a las personas, profundizas con paciencia sus
vidas, y les ayudas con la verdad, con amor, y con poder. Estas riquezas raramente son minadas.
El lado oscuro de la verdad es que la iglesia ha sido derivada intelectualmente,
subordinada estructuralmente, y débil prácticamente. La iglesia ha tendido subordinarse y
tomar por sentado que el pueblo de Dios tiene que aprender cosas de Adler, Freud, Skinner,
Rogers, y Jung. Nos hemos permitido ser persuadidos que ellos tienen la gran verdad; que son
personas que realmente conocen a la gente, y somos subordinados. Deferimos a ellos
intelectualmente.
La iglesia también ha sido subordinada estructuralmente. En muchos casos la iglesia ha

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sido reducida a una fuente de referencias. El mensaje es que la iglesia está bien para agarrarle la
mano de alguien que está sufriendo, pero en cualquier asunto más serio, el papel de la iglesia es
recomendarle a los profesionales que saben como manejarlo. Hemos llegado a ser
estructuralmente subordinados.
La iglesia también es débil prácticamente. Su teología práctica y ministerio
interpersonal actual han sido pobres. En un extremo la iglesia tiende a ser superficial y
moralista, sólo diciendo “Meramente deja de pecar,” “Haz tu Devocional, asiste a los cultos, tus
problemas van a desaparecer.” En el otro extremo la énfasis ha sido una curación rápida: “Ten
una experiencia conmovedora con Jesús;” “Deja que Dios tome control de tu vida,” “Echa fuera
un demonio de enojo,” y así, de golpe, todos tus problemas serán solucionados. Todos los
asuntos en medio de los dos extremos—examinación de nuestros corazones para que nos
conozcamos, y conozcamos a la gente y sepamos cómo amarles—estas cosas han sido
agarradas por otras profesiones. Y la iglesia ha sido dejada en segundo lugar.
El sociólogo Andre Abbott ha analizado cómo la iglesia retiraba mientras las profesiones
de salud mental ganaban terreno. Respecto el siglo 19, dijo,
Los análisis de los clérigos siguen siendo primitivos. El reconocimiento de los problemas
personales como categorías legítimas de trabajo profesional no les estimuló a un
esfuerzo serio para conceptualizarlos. La falla del clero en proveer un fundamento
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académico para su práctica era su derrocha. Si otra profesión lograra establecer
diagnósticos relevantes y sistemas terapéuticos…la jurisdicción del clero sería usurpada
fácilmente.1
En el período después de 1880, eso es precisamente lo que sucedió. Abbott sigue su
análisis. Llegando a los años 1920 él describe el clero como fracasados quienes habían perdido
todo vestigio de autoridad cultural y real sobre los problemas personales. La igleisa no era vista
como fuente de respuestas profundas. La iglesia era margenalizada hacia el pietismo y
moralismo.
En analizar la situación en los años 1920, Abbott escribió:
Emergió en este período el movimiento de educación clínica pastoral, un movimiento de
entrenamiento pastoral…Los seminaristas aprenderían los básicos de la naturaleza
human de los psiquiatras, psicólogos, y obreros sociales…es decir, de los profesionales
que actualmente controlan las definiciones de estas cosas…2
La psicología secular hizo declaraciones que podía sostener; ambas la cultura y la iglesia
las tragaron. Las personas que conocían la naturaleza human eran de las profesiones de salud
mental. Ahora, la iglesia tenía que ir a las autoridades seculares para aprender los básicos de la
naturaleza humana.

Perdiendo nuestra patria


En fin, la iglesia perdió su patria, el terreno asignado a ella por Dios: la comprensión y
curación de almas. Este terreno llegó a ser la jurisdicción de las profesiones seculares, y la
iglesia fue empujada a las márgenes.
¿Cuáles ideas son vistas como autoritarias respecto al entendimiento del corazón
humano? Las de la psicología secular, se cree. Piensa en el asunto de auto-engaño. Freud habló
de “mecanismos de defensa.” Lo que estaba describiendo, bíblicamente, era lo engañoso que es

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el pecado, pero el análisis profundo de ese fenómeno fue ajustado para encajar con otra
cosmovisión, y el trabajo no fue hecho por los Cristianos. En manera parecida, el impacto de
nuestros traumas, sufrimientos, pecados de otros contra nosotros, abuso además que las
influencias sutiles como modelos sociales son cosas de las cuales la Biblia habla. Son cosas
básicas en la Biblia. Pero el mundo se ha apoderado de estos asuntos y los ha tergiversado.
O, piensa en los motivos. ¿Por qué hace la gente lo que hace? ¿Cómo entendemos sus
sistemas de creencias? ¿Sus anhelos? ¿Sus temores? ¿Cómo es que estas cosas moldean a la
identidad y afectan el funcionamiento de la conciencia? Otra vez, temas y asuntos que son
inherentemente bíblicos han llegado a ser el terreno de personas fuera de la iglesia.
Muchas otras cosas han salido del dominio de la iglesia: cambio progresivo, conflicto
interpersonal, criar niños, comunicación, conducta adictiva, todas las emociones negativas—
luto, culpa, ansiedad, depresión, enojo, y temor—envejecimiento, y muerte. Estas cosas son los
tópicos de la Biblia, pero han llegado a ser la jurisdicción de las profesiones de salud mental
donde ahora la mayoría de la gente cree que la verdad, el amor, y el poder residen. Estas

1 Abbott, Andrew, The System of Professions: An Essay on the Division of Expert Labor (Chicago: Univ. of Chicago
Press, 1988) p. 186.

2Ibid, p. 309.
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profesiones “conocen” a las personas. Son mandados a amar y ayudar, y parecen hacer una
diferencia.
La iglesia está en la margen de las discusiones significativas. El siglo 20 ve la vida
humana y dice, “¡La religión no funciona! ¡La iglesia es irrelevante!” las personas que están
investigando los asuntos profundos del alma humana son los psicólogos. Sin embargo, estos
son los asuntos en que consiste la Biblia, fundamentalmente.
Nuestra tarea como Cristianos es retomar nuestra patria. ¿Cómo retomamos nuestro
lugar en las discusiones significantes acerca de las personas, sus problemas, y las soluciones?

La Oportunidades Actuales para la Iglesia


Nuestro momento histórico nos presenta oportunidades para debatir los asuntos de la
consejería y la psicología. Creo que las psicoterapias ahora son vulnerables a una crítica
Cristiana. Primero, siempre ha habido una fragmentación entre las psicologías del siglo 20. Esto
resulta que la declaración que la psicología es la verdad—que es revelación, que es ciencia, que
es la verdad—sea menos sostenible. Dado que en esta profesión hay sistemas que se
contradicen mutuamente, y el número de sistemas de creencias se está aumentando, tenemos
que admitir el hecho que no existe tal cosa como la psicología—hay las psicologías. Así que es
difícil sostener una declaración de la verdad última. No todos pueden ser verdad. Los
proponentes de las teorías principales—Freud, Jung, Maslow, Skinner, y otros—están en
desacuerdo el uno con el otro. Se ha perdido la esperanza de una teoría unida y en lugar se
proponen micro-teorías y combinaciones eclécticas.
Adicionalmente, ha habido críticas agudas de los historiadores y filósofos de la ciencia y
la medicina. Aun gente secular se ha preocupado por la corriente que hace un problema
médico de cada problema de la vida cotidiana y común. ¿Cuáles son las implicaciones para la
sociedad si el crimen, borracheras o problemas con la niñez son vistos como desórdenes
médicos y no como problemas fundamentalmente morales? La gente que piensa acerca de la
naturaleza de la justicia, la naturaleza de la moralidad pública, y la naturaleza de la vida civil

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están profundamente preocupados acerca de la medicación de problemas conductuales.
Los historiadores de la ciencia también tienen sus criticas y reservas. Los dos más
influyentes en los últimos treinta años han sido Thomas Kuhn y Carl Popper. Ninguno creía que
los psicólogos eran científicos. Ellos los veían como más semejantes al mito, la filosofía, la
religión y la política. Los sicólogos no tienen derecho en la estimación de Kuhn y Popper, para
ser clasificados como ciencia dado que manejan profundamente la cosmovisión y problemas
morales.
Charles Rosenberg el líder en la historia americana de medicina y para algunos hasta
cierto punto amigo de la psiquiatría, ofreció una llamativa critica de la legitimidad de la
psiquiatría dentro de la cultura. Se basa en tres cosas. El dice primero que es un profundo
problema porque reclama ser vista como ciencia médica—aunque dentro de la medicina para
muchos doctores está en duda. Algunos temen de que doctores brujos se han metido de alguna
manera en el campo de las ciencias exactas. Entonces mientras la psiquiatría necesita ser vista
como medicina para ser legítima, está con fuego por debajo por sus propios compañeros.
Segundo, Rosenberg apunta a una cosa curiosa en la psiquiatría misma. Esos aspectos de
psiquiatría que están cerca de la medicina, como el tratamiento de la psicosis de SIDA terminal,
tumores cerebrales, y Alzheimer –esos problemas que tienen claramente componentes

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fisiológicos—tienen el status más bajo dentro de la profesión. Esta área de responsabilidad de
esta “ciencia exacta” es relegada a casas hogares y a los hospitales mentales; aquí la psiquiatría
difiere muy poco de lo que era en el siglo XIX.
¿Cuáles son los aspectos con más alto estatus en la psiquiatría? En palabras de
Rosenberg es decir de la psiquiatría como teología, psiquiatría como filosofía pública,
psiquiatría como el significado de la vida, lo que parecen reclamaciones bastante dudosas. Así
tienes una profesión en la que los elementos de las ciencias exactas—los que las legitima
(somos científicos médicos)—son vistos como menos, y lo que resulta más atractivo y seductor
(ser árbitros de la realidad) es lo más debatible. Esencialmente, las psicología compete con
otras religiones, otras maneras de ver el mundo.
El tercer punto de Rosenberg es que dentro de la sociedad, las profesiones de salud
mental han estado manejando un amplio gama de temas: todos desde rabietas infantiles, hasta
crímenes y delincuencia juvenil; los dolores y penas de la vida diaria –ansiedad, preocupación,
depresión, enojo, conflicto interpersonal. Pero no pueden llegar a soluciones. Como cristianos,
nosotros sabemos que no pueden porque lo que ellos están realmente manejando es pecado y
miseria, oscuridad de la vida en un planeta que vive en tinieblas. Rosenberg habla de cómo las
expectativas para la eficaz por los tratamientos psicológicos no son cumplidas, su desempeño
ha resultado decepcionante, mientras la sociedad espera a que la psiquiatría provea las
respuestas a la delincuencia juvenil, ansiedad, depresión y falta de significado. (Charles E.
Rosenberg, Explaining Epidemics and Other Studiesin the History of Medicine (New York:
Cambridge University Press, 1992), p. 252.)

Articulando la alternativa cristiana


De varias maneras significativas la cultura está aceptando de manera automática el
reclama de la psicología. Pero estoy aún más animado por el hecho de que la fe bíblica puede
ser articulada positivamente para retomar la patria. La experiencia humana en todos sus
detalles es algo que la Escritura señala. Tenemos la oportunidad de presentar una alternativa

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distintivamente cristiana al mundo en el cual vivimos.
Podemos comprometernos con nuestro momento histórico con los recursos de un
cristianismo consistente con sus presuposiciones. Pienso en esto en términos de la antigua
metáfora de los cinco hombres ciegos y el elefante. Cada uno identifica algo diferenta, como
una pared, como una culebra, un árbol, una hoja, una cuerda, dependiendo de la parte de
cuerpo que está examinando. La parábola ha sido usada frecuentemente para comentar el rol
de los prejuicios y presuposiciones en la manera en que vemos las cosas.
Pero imagina que los hombres ciegos no están tan ciegos; ellos sufren de visión de túnel
y astigmatismo severo. Los hombres que identifican la pata del elefante como el tronco de un
árbol están bastante cerca. Le importan los troncos de los árboles y los estudia
cuidadosamente. Uno produce un tratamiento para la corteza del árbol y las escarabajos que en
el habitan y que parecen causar al árbol algo de dolor. El describe la manera que si se corta la
corteza causa que corra savia roja , rítmicamente por alguna razón. No puede explica porqué
fluye rítmicamente, pero el se ha documentado en las savia de los “árboles”. El también tiene
una teoría de por qué periódicamente el árbol sube y se mueve. Parece contradictorio que lo
que sabemos de los árboles, y parece que este árbol se mueve. Detalladamente puede explicar
acerca de ungüentos que pueden ser utilizados para detener el fluido de la savia y cremas que
pueden ser untadas a la corteza para que los escarabajos mueran de ahora en adelante.

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Ahora imagina que como cristianos nosotros nos paramos 12 metros de distancia del
elefante. Podemos ver y decir, “¡Es un elefante!¡Es un elefante!” Nosotros vemos a los seres
humanos como la imagen de Dios, pecadores en contra del Dios viviente, redimidos en Cristo,
capaces de ser transformados por el poder del Espíritu Santo. Pero porque nosotros estamos
tan lejos nunca sabremos que las piernas sangran. Nunca sabremos acerca de los bichos en las
rodillas en las arrugas de la piel. Ni siquiera sabemos que la piel tiene arrugas porque hemos
estado muy lejos rezagados. Nunca entenderemos los problemas específicos del elefante,
entonces nunca llegaremos con una solución específica, una salvación para las rodillas
sangrantes.
Esto captura algo del dilema en cuestión. Como cristianos, nosotros decimos, “Por un
lado somos retados por la persona que estudió cuidadosamente esa bestia. Nunca supimos
nada hacer del líquido que salía de sus rodillas. Nunca supimos nada sobre los bichos.” Pero al
mismo tiempo decimos “Es tan perceptivo, tan provocativo y aún totalmente erróneo. Su
percepción nos reta, nos reprueba, nos obliga a regresar y hacer nuestra tarea y hacer nuestra
búsqueda teológicamente. Curas mal guiadas para problemas mal definidos nos reta a
involucrarnos en el ministerio. Aún el hecho de que las conclusiones son tan malas nos
molesta. ¿Cómo pueden decir que es un árbol? ¿Eso no es savia, es sangre!¡Esos piojos no son
escarabajos! ¡Eso no es corteza, es piel! ¡Eso es un elefante no un árbol! El dilema captura algo
de donde estamos los cristianos en relación con las ciencias sociales.

Crítica radical y servicio humilde


Por un lado un compromiso con nuestros tiempos incluiría una crítica radical de la
psicoterapia y los sistemas psicológicos. Ellos están equivocados. Todo ellos están entregados a
estar en el error porque cada uno de ellos está comprometido con decir, en el último análisis,
que no somos pecadores. La gente puede ser explicada de por lo que le sucede o por las
elecciones que hace en el aislamiento moral. Cuando una teoría humanista dice tus
necesidades no fueron satisfechas por tus padres o cuando una teoría psicodinámica dice que el

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trauma que tuviste de niño te ha determinado toda tu vida, o cuando una teoría conductual
dice que fuiste condicionado por fuerzas socio-culturales para ser el tipo de persona que eres, o
cuando una teoría sicológica explica el problema de vivir en términos de la genética,
neuropsicología y el desbalance químico, cada uno de ellos está definiendo a la gente en una
manera en la que Cristo, el Salvador, no será la respuesta.
Esto es parte de la falsedad del pecado. Los sistemas no son neutrales. Si la Biblia está en
lo correcto, que lo está, la gente real está siempre haciendo algo con Dios, y si yo creé un
sistema interpretativo que se saca está verdad, estoy comprometido a un error fundamental
desde su cimiento. Como cristianos, podemos traer verdad y vigor a nuestra crítica.
Por otro lado, debemos también ser caracterizado por la humildad mientras afrontamos
el hecho de que hemos fallado como iglesia. El siglo XX cuenta un triste cuento de la
inhabilidad de la iglesia para luchar con lo que honestamente está sucediendo con las personas.
Hemos sido incapaces de ensuciarnos las manos y ministrar pastoralmente con percepción,
perspicacia, y paciencia. Frecuentemente la fe cristiana ha ofrecido respuestas místicas o
legalistas a los ayes de la humanidad.
¿Cómo se ve el fresco, profundo y práctico compromiso? Primero, querríamos entender
cómo el pecado afecta el trabajo de los psicólogos quienes escriben su ensayo acerca de
“escarabajos en la corteza y savia roja”. Nosotros queremos ser capaces de separar (1) lo que un

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psicólogo describe y le importa, (2) cuál es su mapa interpretativo y (3) cuáles son las
implicaciones para la terapia.
Toma como ejemplo a Alfred Adler en Understanding the Human Nature (Entendiendo la
naturaleza humana). El escribe en una sección que empieza en la página 70 una de las más finas
descripciones de lo que es la depravación total que he leído. Lo interesante de Alfred Adler es
que él no cree en la depravación total; él no cree en el pecado. Pero él diseca las cosas hasta el
punto de por qué la gente se pica la nariz. Él se mete en lo sucio de la vida y mira el engaño, el
caos y el egoísmo. A él le importa ayudar. Pero aquí es donde nosotros vemos la tergiversación,
el efecto del pecado. Las observaciones de Adler no existen aisladas como buenas ideas que un
cristiano puede traer inalteradas dentro de un marco cristiano. Lo que Adler o cualquier otro
describe y se preocupa es controlado por un mapa, un marco de presuposiciones. Esto tiene un
efecto aún en los datos de Adler en tres maneras: el efecto de agrandar, el efecto de reducir la
visión, el efecto generalizador.

El efecto de agrandar
Primero, las presuposiciones de Adler tienen el efecto de agrandar, como si estuviera
viendo sus sujetos por medio de una lupa o un microscopio. Ve de cerca las rodillas del elefante
y quizá ve lo que nadie jamás ha visto antes; así que puede ofrecer detalles fenomenales de la
vida humana. Esto es el efecto de agrandar.
Toma, por ejemplo, alguien que se está comprometido a la teoría que todos nuestros
problemas son causados por algún trauma de la infancia. Esa persona puede poner su
microscopio sobre cada cosita que te sucediera en tu pasado. Investigará más y más y
descubrirá muchos detalles acerca de cómo hayas sido lastimado o abusado o maltratado o
defraudado. Provee descripciones detalladas.

El efecto de reducir la visión


Pero su teoría también tiene el efecto de reducir la visión, como los protectores que

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ponen s los lados de los ojos de los caballos para estorbar su vista lateral. Si estás andando con
un microscopio pegado a tu ojo, hay muchas cosas que no puedes ver.
Por ejemplo, la persona comprometida a que las experiencias infantiles son
determinantes puede detectar muchos detalles acerca de Persona A, quien es ansiosa,
depresiva, y enojona, que abusa de la comida y que trata de obtener amor de la gente por
medio de acostarse con muchos, y a quien le sucedieron muchas cosas terribles como niño.
Pero consideramos a la persona B, quien tuvo un diferente desarrollo pero en la
actualidad tiene los mismos problemas de la persona A. Esta teoría parpadea, no la ve. La
Persona B tuvo maravillosas experiencias, fue crecida bien, fue tratada con amabilidad y
respeto, no fue maltratada en ninguna manera significativa. Pero esa persona también abusa de
la comida, también se involucra con pensamientos y acciones sexuales inmorales, también
siente enojo y ansiedad. El efecto de parpadear causa que se excluyan cosas que le forzarían a
realizar una revisión de esta interpretación.
Entonces está una persona C; quien fue abusada, burlada y traicionada, y al final todo
llevó a bien. Resultó ser “buena persona,” o por lo menos sin problemas tan obvias como los
mencionados. ¿Cómo explicas al Señor Jesucristo en una teoría en la que la traición y el abuso
controlan tu vida? Ese efecto de parpadear deja fuera muchas otras piezas de información
necesarias para una visión comprensiva de la vida del ser humano.

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El efecto distorsionador
El efecto más siniestro es el efecto generalizado distorsionador. Si mis presuposiciones
me llevan a insistir que estoy escribiendo acerca de árboles, no elefantes, se distorsionará
cualquier observación que yo haga. Mis presuposiciones controlan mis descripciones de manera
fundamental. Controlan las implicaciones, la psicoterapia, la manera de criar hijos, la manera
de resolver conflictos, etc.
Las explicaciones son señales para soluciones. Esto es, la manera que yo explico algo, me
dirá qué hacer al respecto. Si digo, por mi cuadro interpretativo, que tu problema de enojo
revela un demonio de enojo, ¿cuál es la solución que indica? Expulsas los demonios de enojo. Si
digo que tu enojo tiene su raíz en tus necesidades de amor que no fueron llenas en tu niñez,
¿qué haces acerca de esto? Trato de llenar tus necesidades de amor ahora. Trato de crear una
estructura donde yo pueda criarte de nuevo y alimentarte emocionalmente, y en cierto sentido,
llenar tu “tanque de amor.”
Si creo que tu problema de enojo tiene relación con problemas cognitivos que resultan e
una distorsión de la manera que interpretas el mundo, buscaré un cambió en tu cognición, para
cambiar la manera que tu interpretas el mundo. Si pienso que la razón de tu enojo es que ere
Aries con Júpiter creciente y marzo es un mal mes para Aries, te diré que no emprendas cosas
nuevas ni tomes decisiones importantes por el momento, de acuerdo con tu carta astrológica.
Tu mapa interpretativo te dirige hacia soluciones que caben en el diagnóstico. Si yo
pienso que tú estás programado hacia la agresión porque los seres humanos genéticamente,
fisiológicamente y hormonalmente tienen respuestas de enojo a cualquier tipo de amenaza,
asumiré que no hay esperanza de que tú cambies. Optaré por controles disponibles en nuestra
cultura, como prisión o medicamentos que intervendrán psicológicamente para calmarte.

La tarea reinterpretativa
El mapa interpretativo de una persona controla las descripciones y las implicaciones, y

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es aquí que nosotros, como cristianos, podemos debatir los sistemas de creencias de la cultura.
Podemos interactuar con presuposiciones y ocuparnos en la tarea reinterpretativa. La tarea
reinterpetativa es desmontar o disecar el marco y ponerle un giro diferente. Como cristiano, soy
capaz de decir, “Mira, esas cosas que tú has visto acerca de la corteza del árbol y la savia pueden
tener más sentido si entiendes que esas cosas son parte de un elefante. De hecho, si las
entiendes como un elefante, también puedes explicar cosas que tú nunca pudiste explica en tu
teoría, como que la “savia” fluye rítmicamente y por qué los troncos se mueven de un momento
a otro.”
Para cambiar la imagen de un elefante a la de un ser humano, digamos que tú has
pensado tener padres terribles le hubiera hecho a alguien automáticamente una persona mala.
Pero observemos al hecho de que algunas personas que han tenido padres terribles se han
convertido en gente buena, y otros que han tenido muy buenos padres se han convertido en
gente mala. Quitemos el efecto de parpadear, y el efecto distorsionador, y en cierto sentido
apreciamos el efecto de agrandar y pongamos un paradigma diferente a lo que tú ves. Esta
tarea reinterpretativa es el meollo de un encuentro apologética y, últimamente, un encuentro
evangelístico con la gente que ha sido psicologizada.

El ejemplo de la Autoestima

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Veamos cómo la tarea reinterpretativa funcionaría con el ejemplo de la autoestima. Un
escenario típico describe a una persona con padres que no pueden ser agradados, y así la
persona reacciona con baja autoestima y todas las conductas que conlleva. La persona se
desvive tratando de complacer a sus padres. Tal vez él es sexualmente inmoral, o tal vez usa la
comida destructivamente, de alguna manera tratando de obtener un sentido de afirmación de
alguien. Estos padres fueron caprichosos y manipulativos, tal vez fueron violentos y
traicionaron su confianza. La persona depresiva está atorada en fracaso y culpa, tratando de
agradar a la gente aunque esto nunca funciona.
Nuestra cultura mira el caso y dice “baja autoestima” es el problema. La solución es
crear un sentido de confianza en sí mismo. Una clave es encontrar un terapeuta que se
complace en todo o un grupo en que la regla principal es “Te acepto”(en palabras de Carl
Rogers, “estima positiva incondicional,” una actitud fundamental de afirmación, validación y
aceptación total).
Digamos que una de las cosas que pesa más a esta persona es el hecho de que “Yo
solamente gano $50,000 al año como enfermera, y mis padres querían era que yo fuera un
médico que ganara $100,000. Me he esforzado por eso, pero nunca lo he logrado.”
El terapeuta que se complace con todo le dirá a la persona que está bien ganar sólo
$50,000 y que seas solamente enfermera. Eso es válido. Eres tú mismo. Confía en ti mismo.
Afírmate tú mismo. Conténtate con quien eres. Un amor falsificado y una verdad falsificada son
ofrecidos. Pero esas respuestas llaman la atención de esta persona. Ha sido miserable y
desesperado, lleno de miedos sociales y ansiedades, tal vez fácilmente enfadado, tal vez un
poquito paranoico. De repente él se encuentra en una nueva situación. Se le dice que no
necesita agradar a sus padres. Él está básicamente bien como es. Él puede aceptarse a sí mismo.
El terapeuta lo acepta, y otras personas en un grupo de soporte lo ayudan. Su criterio para
evaluarse a sí mismo ha llegado a ser más “realista.”
Puedes ver cómo mejora sintomática tomará lugar en la vida de esta persona. Esta
persona se sentirá mejor; tal vez será menos compulsivo acerca de la comida o el sexo,

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desarrollará cierto sentido de contentamiento, llegará a estar menos cambiante y más
confiado, estará enojado con menos facilidad y menos ansioso. En esto mucha gente encuentra
una solución extremadamente persuasiva y factible para ellos.
¿Qué debemos hacer los cristianos cuando miramos esto? Algunas de nuestras
categorías bíblicas fundamentales nos dicen, por ejemplo, que sí, todos vivimos en un mundo
que busca inculcar un dudoso sistema de valores para formarnos. Hay maneras en las que otros
pecan contra nosotros.
Nuestro sistema también nos dice que nuestras reacciones, nuestra conducta y
emociones, vienen de alguna parte. Bíblicamente se nos ha dado un vasto tesoro para entender
los motivos humanos desde una perspectiva centrada en Dios. Por ejemplo podríamos decir que
hay un tema en esta persona que la Biblia llama temor al hombre. Básicamente es “Deseo
profundamente la aprobación de mis padres. Si no puedo tenerla de ellos, la buscaré de alguien
más. Si tengo que dormir con alguien más para obtener aprobación, lo haré. Si no puedo, me
llenaré la boca de comida para llenar el vacío. Deseo aprobación. Estoy orientado hacia lo que
esas personas piensen de mí. Nunca funciona porque estoy viviendo para agradarlos y son
insaciables, y yo estoy ansiosa todo el tiempo. También, tengo algo de lo que la Biblia pone en la
categoría de orgullo. Estoy buscando definir el éxito o justicia o algo más que hará mi vida
valiosa. Yo pienso que si soy un doctor que gana $100, 000 al año, entonces soy exitoso. Estoy

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sirviendo un estándar imposible y si no puedo ser así, entonces soy un fracaso.”
Desde una perspectiva bíblica, éstas reacciones tienen sentido –no como producto de
una situación desafortunada pero como producto de la interacción entre una situación malvada
y engañosa y un corazón que responde a esas presiones con sus propias soluciones
pecaminosas. Estas cosas vienen del corazón regido por el temor al hombre y el orgullo.
Aquí es donde el análisis de un cristiano es radical. Nosotros vemos el “éxito”
terapéutico del psicoterapeuta y decimos, “Puedo reconocer que haz logrado un cierto alivio
sintomático, pero esta persona está sin ningún cambio al nivel de motivos. Él todavía está
viviendo temeroso del hombre buscando aprobación. Todo lo que ha pasado es que la consejería
ha cambiado al objeto que está mirando. En lugar de mirar a padres imposibles de agradar y, de
ahí, estar ansiosa, esta persona ahora mira al terapeuta que se agrada con todo y al grupo de
soporte. No te preguntes por qué se siente mejor. Tú puedes decir que su idolatría ha sido
rehabilitada. La idolatría que una vez hizo su vida miserable ahora le funciona. Ahora el
planeará ir por la vida buscando por el cuidado de las personas. Se siente mejor acerca de sí
mismo y pasa menos tiempo haciendo conductas destructivas. Pasa menos tiempo
comparándose a sí mismo con otros y también ha ajustado sus estándares de tal manera que
son logrables. Ahora se dice a sí mismo que ser enfermera y ganar $50,000 al año está bien.
Que está bien ser la persona que es.” Su orgullo esencial y autoconfianza también han sido
rehabilitados.

El paradigma bíblico
Entendido bíblicamente, este sufrido con baja autoestima ha sido engañado. Se siente
mejor, pero ¿dónde está la verdadera transformación? ¿Son estas cosas metas que valen la
pena para una persona bíblica? ¿Dónde está el amor? ¿Dónde está el gozo? ¿Dónde está la
gratitud? ¿Dónde está la obediencia? ¿Dónde la disponibilidad de sacrificio? ¿Dónde está el
valor para amar a tus enemigos en maneras que son misericordiosas y bien pensadas? ¿Dónde
están todas las buenas cosas que son parte de la vida a la imagen de Jesús? ¡Esa auto-confianza

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“realista” no es la imagen de Cristo!
Sentirte mejor acerca de ti mismo, estar contento, estar bien y tener confianza en uno
mismo es un estándar menor. Hay cosas mucho más altas que buscar; de hecho estas cosas
vienen como añadidas cuando el corazón de alguien ha sido renovado. Si “el temor al hombre
que le pone la trampa” es reemplazado con “el que confía en el Señor está seguro,” y el orgullo
es reemplazado con una humildad que hace nuestra meta agradar al bondadoso Cristo,
entonces una nueva visión emerge. Esta es una persona que tiene un nuevo corazón, nuevos
valores y nuevas prioridades. Esta es una persona quien tiene un nuevo Dios.
Lo que sucede esencialmente aún en la “psicoterapia” exitosa es la rehabilitación de los
dioses viejos, no el dar un nuevo Dios quien es el Dios viviente y verdadero. Nosotros como
cristianos podemos venir al mundo y mirar qué está mirando, incluyendo todos los detalles
acerca de cómo una persona siente, piensa y actúa. Nosotros podemos también mirar a las
supuestas soluciones. Podemos desbaratarlas y luego sobreponerle un paradigma correcto. Las
ponemos de cabeza o al revés y las reinterpretamos en una radical manera bíblica.
Tratamos con personas psicologizadas todo el tiempo. Unas pocas son realmente
psicólogos. La mayoría son las personas que se sientan a nuestro lado en la iglesia, gente
preocupada acerca del hecho de que tienen baja autoestima o que tienen una adicción sexual o
que no pueden controlar lo que comen.

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Gente que tragan el hablar psicologizado de nuestra era son las personas que podemos
alcanzar. Dándoles una mejor, más rica y profunda interpretación, tenemos el potencial de
edificar a la iglesia y retar al mundo secular.
Podemos ofrecer el cambio de paradigma que hace sentido de las cosas que ven y les
importan. Ellos lo llaman corteza nosotros lo llamamos piel. Ellos lo llaman sabia; nosotros
sangre. Ellos lo llaman sanar; nosotros arrepentimiento y fe en Cristo. Nosotros tenemos un
análisis más radical del problema porque es un problema entre la persona y Dios. Nosotros
tenemos soluciones maravillosas porque tenemos un Salvador que solucionó el problema,
quien enfrentó la ira de Dios en nuestro lugar y ahora nos da su Espíritu Santo para cambiarnos.
La prueba de la verdad, el potencial, y la profundidad de cualquier análisis de la
condición humana es si explica o no cómo Cristo llena la necesidad humana. La prueba de que
un dialogo se lleva en una manera cristiana con las psicologías y las psicoterapias será nuestra
habilidad para llamarles al arrepentimiento de las distorsiones.

Traducido del artículo, “Modern Therapies and the Church’s Faith, Journal of Biblical
Counseling, Vol. 15, No. 1, 1996, pp. 32-41.

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El Temor de Cristo es el Principio de la Sabiduría
Efesios 5:21-6:9

Por David Powlison

¿Cómo debemos entender, definir y estructurar las relaciones humanas primarias? El


matrimonio, la familia y el centro laboral – los asuntos “domésticos” que trata Efesios 5:21-6:9
– son tópicos candentes. ¿Debe someterse una esposa a su marido, o esa es una noción
retrógrada del patriarcado primitivo? ¿Es el esposo “el jefe” cuyo hogar es su castillo dónde él
“tiene los pantalones? ¿Debe una adolescente pedir permiso a sus padres para emplear
métodos contraceptivos o para practicarse un aborto? ¿Qué significa el concepto “familia” en
una sociedad de divorcio, nuevas nupcias, cohabitación, homosexualidad, soltería prolongada,
e hijos nacidos fuera de matrimonio, en la que la “familia nuclear” ya no es la típica? ¿Puede
una madre corregir físicamente a su hijo en el supermercado por hacer un berrinche? ¿Es el
propósito principal de la escuela disciplinar e instruir a los niños en nombre de los padres o es
su objetivo medular fomentar la expresión personal, al mismo tiempo que pone bajo
medicación a los que se salen del límite? ¿Pueden los hijos y los padres “divorciarse” los unos de
los otros? ¿Puede un patrón despedir a un empleado por fraude? ¿Puede un empleado
demandar que el patrón ofrezca beneficios laborales para su compañero homosexual? Tanto el
sistema legal como la opinión pública están embargados de perplejidad por tales asuntos. Los
derechos, la responsabilidad y la autoridad son motivo de discordia. Aunque la Iglesia creyente
no está caminando en la cuerda floja en tales asuntos, de todas maneras, el pueblo cristiano se
ve profundamente afectado por el clima de incertidumbre. A menudo estamos confundidos y
con demasiada frecuencia, estamos divididos.
La epístola a los Efesios ofrece claves para obtener la sensatez y la sabiduría que
permitirá crecer en unidad y madurez al pueblo de Dios. Pero puede ser que te sorprendan sus
respuestas, ya sea que tiendas a ser “tradicionalista” o “liberal” en cuanto al papel de las

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relaciones. La mayoría de los que aseguran que la gracia de Cristo establece la autoridad,
jerarquía y distinción de papeles apropiadas citan Efesios 5:21-6:9, y allí se termina la discusión.
Los mandamientos son claros y claramente consistentes con el resto de la Escritura. Sólo la
perversidad voluntariosa puede torcerlos para que digan otra cosa distinta a la que dicen. Pero
una mirada más cercana a este pasaje particular y una mirada más amplia al contexto, pone un
giro radical en cuanto a la sumisión y la autoridad, mostrándonos verdades que pasan
inadvertidas a menudo. Todos aquellos que aseguran que la gracia de Cristo elimina la
autoridad, la jerarquía y la distinción de papeles usan otras partes de la Biblia para triunfar
sobre Efesios 5:21-6:9. Por ejemplo, tanto Gálatas 3:28 ( Ya no hay judío ni griego; no hay
esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús), como la
prominencia de los mandamientos que hablan de los “unos a otros” (en Efesios y en otras
partes de la Escritura) hacen a un lado el lenguaje jerárquico de Efesios 5-6 que tales personas
consideran algo vergonzoso. Pero una mirada honesta a este pasaje muestra cómo el mensaje
de la diferencia de papeles – y Pablo sólo es un portavoz del mismo Jesucristo – está
enmarañado en el mensaje de la mutualidad.
Este artículo considerará tres verdades entrelazadas que nos hacen sabios. Primero,

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tenemos un llamamiento en común por parte de Dios, el cual nos identifica como compañeros
los unos de los otros. Segundo, cada uno tiene un enfoque particular dentro de nuestras
relaciones primarias, definiéndose así lo que es el servicio, el liderazgo y la sumisión. Tercero, la
mayoría de nosotros usa diversos sombreros, algunas veces somos llamados a ser líderes y
otras, a someternos. Si mantenemos juntas estas tres cosas – las personalizamos, enseñamos
al cuerpo de Cristo a vivirlas – entonces viviremos nuestras vidas juntas con claridad, gracia y
confianza, para la gloria de Dios.

A. Tienen el llamado en común en todas las relaciones a caminar de acuerdo con la


dignidad de su identidad como la esposa, el hijo y el esclavo del Señor.
El Señor les llama a agradarle por medio de tener humildad, paciencia, candor,
generosidad, y ternura hacia los demás. Este llamado en común se aplica sin importar el papel
social que se esté desempeñando. Establece una actitud medular de mutualidad que afecta
cada relación. Somos uno con los demás y somos iguales delante de Dios, ya sea que seamos
apóstoles o un nuevo creyente, un magnate o recibamos apoyo gubernamental, un alto
ejecutivo o un portero, un adulto competente o un infante desamparado. Vivimos como iguales
delante de Aquel que no hace acepción de personas. Se desvanecen las diferencias de aptitud,
poder, riqueza, inteligencia, éxito, oportunidad, sexo, edad y trasfondo étnico. Todos tienen el
mismo “derecho al voto” que los demás.
Todo lo que dice Efesios 1:1-5:20 y 6:10-24 se aplica siempre a todo cristiano en toda
relación. Se les ha dado la gracia de Dios y se les ordena por el Señor Jesús a dar gracia el uno al
otro. Ya sea que seas casado o soltero, varón o mujer, hijo o padre, empleado o patrón, tú vives,
te mueves y tienes tu ser dentro de una mutualidad: una iglesia, santos juntos, miembros de un
cuerpo, conciudadanos, prójimos, casa de Dios, hermanos y hermanas los unos de los otros. El
“ustedes” es un “nosotros”. Por lo tanto, somos llamados a ser pacientes y constructivos en
cada relación y cada interacción. El esposo y la esposa, el padre y el hijo, deben comunicarse
abiertamente, acercándose el uno al otro para encontrar ayuda y perspectiva, buscando

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entenderse y animarse los unos a los otros, arrepintiéndose de los pecados que interfieran. No
te atrevas a hacerlo de otra manera. No debe haber superioridad, doble estándar ni
favoritismos. Si los niños no deben hablar mal contestar a los padres, tampoco los padres
deben gritarle a los niños. Si las esposas no deben ser regañonas y mandonas, tampoco los
esposos deben ser cobardes o mandones. En el llamado que tenemos en común con los demás,
lo que le toca al uno le toca al otro.
Dicho con mayor precisión, cuando piensas acerca del meollo de tu identidad, eres,
primero que nada, la esposa. Eres parte del cuerpo de Cristo en unión con su único Esposo
(5:25-32). Ya sea que seas varón o mujer, casado o soltero, eres la Esposa de Jesucristo, llamado
a temer a Cristo y a vivir en sujeción a Él. Similarmente, en el meollo de lo que eres, está que
eres esencialmente hijo, amado por el único Padre (1:2; 1:5; 5:1). Ya sea que seas padre o hijo,
eres Hijo de Dios, llamado a obedecerle y a honrarle. Además, eres esencialmente esclavo del
Señor (5:8-10; 6:5-9). Ya sea que estés en autoridad o bajo autoridad en el centro laboral, eres
Esclavo de Cristo, llamado a obedecerle y a temerle. Puede ser que seas un varón, pero eres
esposa. Puedes ya tener niños, pero eres un hijo. Puedes tener gente bajo tu autoridad, pero
eres esclavo. Cada uno de nosotros en el meollo de su identidad fue diseñado para vivir como
subordinado.
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Todos recibimos el amor, la provisión, la atención, la misericordia, la protección, la
voluntad y la gracia edificante de nuestro Esposo, Padre y Señor. Cristo es cabeza, líder, amo, el
consorte con la autoridad. Él es nuestro “superior” y nosotros somos Sus “subordinados”, en el
buen sentido de las palabras. Somos súbditos, seguidores y dependientes. Estamos bajo Él.
Esta relación de subordinación con el Dios que nos rige y que cuida de nosotros, debe colorear y
dominar cada aspecto de la vida.
Entonces, el crecimiento en Cristo tiene una doble estocada. Primero, la madurez hace
más profunda la sumisión. Aprendes más y más a servir a Cristo, a agradarle (5:8-10). Pero,
segundo, por este mismo acto, la madurez intensifica tu parecido a Él (4:32-5:2). Llegas a ser
más imperioso siguiendo la imagen de Aquel a quien sirves. Más y más reflejas la esencia del
liderazgo. Le dices no a tu propia voluntad y a la atención a ti mismo. Le dices no al mundo y al
diablo. Le dices sí a una vida con propósito para Dios que incorpora la claridad, convicción,
integridad, consejo sabio, perdón, generosidad, paciencia y amor desinteresado. De esta
manera, a medida que el Cristiano se somete al liderazgo de Cristo, él o ella se convierte más y
más en un líder en el mejor sentido de la palabra. Los subordinados buenos crecen
excelentemente. Los rasgos particulares de tu llamado como esposo-esposa, padre-hijo, o
patrón-empleado, nunca eliminan tu identidad medular y tu llamado en común como Esposa,
Hijo, y Esclavo. El llamado que tenemos en común con los demás condiciona cada detalle.

B. Tu llamado a “andar dignamente” tiene un enfoque particular dentro de cada relación


primaria en el matrimonio, la familia y el centro laboral.
El Señor te llama a agradarle enfatizando ya sea la sumisión o el amor dentro de las
esferas de tu relación doméstica en particular. El enfoque particular funciona dentro de tus
“propios” círculos domésticos: con tu propio esposo o esposa, con tus propios hijos o padres, y
con tus propios jefes o trabajadores. Dentro de los varios papeles que desempeñas, Cristo dice,
“Pon atención especial a esto” Tu enfoque particular no elimina o cancela el llamado en común
que tenemos con los demás que hace que tu vida irradie para el Señor. El llamado en común no

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enmudece ni cancela el enfoque particular que hace que brilles con tu belleza característica.
Podríamos comparar esto a una orquesta y un coro numeroso que se unen para ejecutar una
sinfonía en alabanza de la gloria de la gracia de Dios. El llamado en común que tenemos con
los demás define el tono, el ritmo, los temas melódicos y las letras que todos los cantantes e
instrumentistas respetan en común al someterse al director. El enfoque particular define las
partes distintivas que ejecuta cada instrumento y cada voz, el timbre y la armonía del fagot y el
violín, de la soprano y del barítono.
¿Eres una Esposa, un Hijo y un Siervo de Cristo que también es esposa, hijo o siervo de
otros seres humanos? Debes tener el propósito particular de someterte, respetar, obedecer,
honrar y servir. Por lo tanto, harás el bien a tu propio esposo, tus padres y a las personas sobre
ti en el centro laboral. Sirves en particular a Cristo cuando te sujetas a los que Dios ha puesto
sobre ti. Tus interacciones con dichas personas deben estar continuamente forjadas e
informadas por una serie de preguntas:
“¿Cómo puedo visible y consistentemente demostrar respeto, honor y sumisión a la persona
que Dios ha puesto sobre mí?
¿Cómo puedo comunicarle por medio de palabras, acciones y actitudes que estoy bajo él o
ella?
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¿De qué manera he sido irrespetuoso, difícil, terco, flojo o manipulador?”
Efesios te conduce: si temes a Cristo, respeta a tu marido; si obedeces al Señor, obedece a tus
padres, si sirves a Cristo, sirve a tu jefe.
El punto de vista anarquista y liberacionista contradice lo que el Señor soberano dice
acerca de estas cosas. Lo que hace es ignorar, rechazar o torcer las palabras que Jesús ha dicho
a través de Su mensajero. El grano de verdad – nuestra humanidad universal – se torna
perversa cuando uno pone su voluntad en contra de la voluntad de Dios con respecto al
sometimiento. Pero muchos que defienden las palabras claras del Señor, también reducen su
fuerza. Algunos, en efecto, sólo sirven de labios a la voluntad de Dios. Le dan tanta atención a
las excepciones a la regla que no establecen la relevancia, belleza y autoridad de la regla. “Sí,
Dios llama a las esposas a someterse, pero, por supuesto, si el marido es áspero y negligente, o
le pide que haga algo pecaminoso, o no considera su punto de vista, o no es el líder espiritual, o
si es irresponsable en lo financiero, .o . . .” Pero en Efesios no se nos da una lista de excepciones
a la regla. Pablo sólo se queda con la regla, porque la regla del sometimiento desafía tan
directamente nuestro deseo instintivo, fuerte y habitual de querer salirnos con la nuestra.
Otros debilitan la fuerza de las palabras del Señor al hacer sonar a la Biblia como si
degradara y aplastara nuestra humanidad. Describen o viven la sumisión y la obediencia como
si fuera servilismo al dominio de otros. Se olvidan del llamado que tenemos en común con los
demás, y mal entienden el enfoque particular. Hacen que la sumisión suene o luzca como
“resígnate y cállate”. No le dan a la obediencia el sentido de estar libres del pecado y ser libres
para amar, tener valor y una vida con propósito. Es decir, estar bajo aquellos a quienes Dios ha
puesto sobre ti. La regla de la sumisión, cuando se entiende y se vive correctamente, hace que
brillen la belleza, la libertad, el gozo y la gloria de Dios.
Por supuesto, hay excepciones. En cada situación en la que eres llamado a estar bajo
otra persona, debes siempre “obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5:29). Debido
a este llamamiento global, una esposa puede tener que amonestar a su esposo por su actitud,
una hija puede llamar la atención a su madre por su tono de voz, un empleado puede disputar

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por la injusticia de su patrón. En cada caso, la actitud de sumisión tanto a Dios como a la
persona se hace persuasiva al endulzar la confrontación. Puede darse el caso de que sea
necesario llamar a los ancianos de la Iglesia o inclusive a la policía. Puede darse el caso en que
la esposa, el hijo o el empleado deban decir, “Deseo honrarte, pero en mi consciencia no puede
participar en esto porque no está bien”. Puede darse el caso que se tenga que huir por motivos
de seguridad. El enfoque particular nunca te llama a pecar en violación del llamado en común
de servir a Cristo. Pero consideremos la inmensa cantidad de chismes, contenciones, traiciones,
tijeretadas, rebelión velada o abierta, mal genio, terquedad, falta de respeto, críticas, flojera,
muecas, manipulaciones, murmuraciones y dominaciones que son hechas por las esposas, los
hijos y los empleados. Estas cosas nunca son correctas. Nunca. Tal lista larga y fea de
testarudeces no necesita ni la ocasión ni la excusa de las malas acciones de otra persona. Tales
cosas ocurren de todas maneras. Pero aun cuando un esposo, padre o jefe está haciendo algo
terriblemente malo, nunca pagues mal por mal a nadie (Rom. 12:17). Aun cuando una persona
que debe velar por tu bienestar está velando sólo por sus propios intereses, no deben salir de tu
boca palabras corrompidas, sino sólo las que sean para la buena edificación de acuerdo con la
necesidad del momento (4:29). El pecado de otro nunca cancela el llamado general o el
enfoque particular. Cuando la piedad debe desafiar o resistir a la autoridad humana, lo hace de
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una manera piadosa, respetando tanto al ser humano como a su posición, inclusive mientras
uno se opone al pecado del ser humano que tiene la posición.
¿Es difícil la voluntad de Cristo? Sí. ¿Es contraria a la manera en la que el mundo entero
actúa y reacciona por naturaleza y por hábito? Sí. ¿Es contraria a la manera en la que actúas y
reaccionas por naturaleza y por hábito? Sí. ¿Es contraria a lo que con mayor frecuencia
escuchamos a nuestro alrededor? Sí. ¿Pero es correcta? Sí. ¿Y te ayudará a realizarla Jesucristo
mismo? Sí y amén. Si tu propósito es la sumisión cuando Cristo te llama a la sumisión,
entonces tu vida va a florecer.
Cristo llama a otros a desarrollar particularmente intenciones y acciones de cuidado y
atención. Una Esposa, Hijo y Siervo que también es un esposo, padre, o patrón tiene el propósito
particular de amar, proveer, cuidar, sustentar, abrigar, valorar, bendecir, tener misericordia, dar
gracia, purificar, edificar, enseñar y tratar justamente. Por lo mismo haces el bien a tu propia
esposa, tus hijos y tus subordinados en el centro laboral. De manera particular debes reflejar a
Cristo al velar por el bienestar de aquellos que Dios ha puesto bajo tu cuidado. Los líderes
deben tomar a Cristo como modelo de liderazgo: Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por
nosotros (5:2 y 5:25). Es sorprendente que el llamado que tenemos en común nos dice a cada
uno de nosotros que sigamos Su ejemplo (5:2), siguiendo un plan misericordioso y redentor
hacia los demás. Su mismo ejemplo de darse a sí mismo luego es establecido para los esposos
(5:25). Siguiendo la implicación de esto, tal interés en aquellos que están bajo el cuidado de
uno también es establecido para los padres y los gerentes – supervisores. Tus interacciones con
tu esposa, hijos y empleados deben estar continuamente forjados por preguntas cruciales:
¿Cómo puedo sustentar, proteger, cuidar y tratar justamente a la persona que Dios ha
puesto bajo mi cuidado?
¿Cómo le comunicaré por medio de palabras, acciones y actitudes que estoy velando por su
bienestar?
¿De qué maneras estoy siendo injusto, egoísta, áspero, negligente, irritante, desalentador o
dominante?”

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La epístola a los Efesios te “atrapa”: Si Cristo te ama, entonces ama a tu esposa; si tu Padre
Celestial te sustenta, sustenta a tus hijos, si tu Amo es bueno contigo, sé bueno con aquellos
que te sirven.
La perspectiva machista y autoritaria contradice lo que dice Aquel que se da a si mismo.
El grano de verdad – la necesidad y lo correcto en las relaciones de autoridad – se torna
perversa cuando pone su propia voluntad en contra de la voluntad de Dios con respecto al
amor. Es decir, que nuestra meta llega a ser la sumisión de los demás a nuestra voluntad
demandante e imperial. Esta tendencia, ya sea que sea defendida como un punto de vista o
practicada en la vida, debilita las palabras de Cristo al enfatizar los derechos de una autoridad y
las responsabilidades de los subordinados, en vez de enfatizar las responsabilidades de aquellos
que están en autoridad. “Soy el director de esta escuela, y he aprendido a ganar por medio de la
intimidación en mi trato con los estudiantes, padres, maestros y personal”. “Soy el papá y lo
que yo digo eso se hace. Inténtalo y te arrepentirás” “He tenido un día duro en el trabajo y
cuando llegue a casa sólo quiero recostarme con el control remoto de la TV en una mano y una
cerveza en la otra”. Pero la epístola a los Efesios no nos provee de una lista de derechos. Pablo
permanece sólo en la regla porque la regla del amor desafía tan directamente los deseos
instintivos, reforzados y habituales de salirnos con la nuestra.
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Cristo hace una acusación devastadora de los hábitos normales de los líderes, y con su
vida muestra una alternativa dramática. Sí, “El Hijo del hombre no vino para ser servido, sino
para servir y dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). El realizó el servicio a nuestro
favor, pero no sirvió nuestros deseos, como tampoco vino a complacerse a sí mismo. Nosotros
que fuimos tan servidos aprendemos a servir Su voluntad. Cuando somos llamados a dirigir a
otros, aprendemos a realizar dicha tarea siguiendo Sus pisadas. Los Esposos, padres, gerentes,
deben arrepentirse tanto si están sirviéndose a sí mismos como si están sirviendo la voluntad de
otros, para que puedan servir a los demás delante de Dios. Pablo sólo está reiterando la
enseñanza de Jesús: “Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se
enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros,
sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros
quiera ser el primero, será siervo de todos” (Marcos 10:42-44). Debes velar por los que Dios ha
puesto bajo tu cuidado. La regla del amor, cuando se entiende y vive correctamente, hace
brillar la belleza, la libertad, el gozo y la gloria de Dios. Esposos, busquen el bienestar de sus
esposas. Padres, entréguense a sí mismos a fomentar el desarrollo de sus hijos. Patrones,
pongan energía en ser justos y hacer el bien hacia aquellos que trabajan para ustedes.
Por supuesto que existen derechos. En cada situación en la que somos llamados a velar
por el bienestar de otro, debemos ser los que dirijan. No puedes permitir que gobiernen tus
propios deseos. Pero tampoco puedes revertir los papeles, de tal manera que rijan los deseos de
la esposa, el hijo o el empleado. Habrá algún momento en el que se tenga que tomar una
decisión que no sea muy popular y se tenga que insistir en su obligatoriedad. Habrá algún
momento en el que se tenga que llamar la atención a alguien, poner a un empleado a prueba, o
disciplinar a un hijo. Habrá algún momento en el que un esposo, padre o jefe tendrá que decir,
“Te amo y quiero lo mejor para ti, pero esto es lo que vamos a hacer a pesar de que no te guste”.
Habrá un tiempo en el que se tenga que asumir el control de la situación y establecer la
autoridad directamente. El enfoque particular del mostrar consideración tierna no te permite
que peques al desatender las responsabilidades del liderazgo. Los pecados de los demás nunca

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son una justificación para dejar el enfoque particular de buscar el bienestar de los demás ni para
olvidarse del llamado que tenemos en común. Consideremos la gran cantidad de hostilidad,
inconsideración, flojera, violencia, egoísmo, ingratitud, negligencia, favoritismo, caprichos, y
abuso de autoridad que realizan los esposos, los padres y los jefes. Estas cosas nunca son
correctas. Nunca. Esa lista larga y fea de tiranía egocéntrica no necesita ni la ocasión o la
excusa de las acciones malas de los demás. Tales cosas pasan de todas maneras. Pero aun
cuando una esposa, hijo, o empleado está haciendo algo terriblemente malo, nunca debemos
pagar mal por mal a nadie (Romanos 12:17). Aun cuando una persona que debe estar sometida
a ti actúa en una franca rebeldía, no permitas que alguna palabra corrompida salga de tu boca,
sino sólo aquellas palabras que sean para la buena edificación de acuerdo con la necesidad del
momento (4:29). El pecado de los demás nunca cancela ni el llamado general ni el enfoque
particular. Cuando la piedad debe exhortar el mal de otra persona, lo hace de una manera
piadosa, comunicando la gracia de Dios en palabra, acción y actitud. Muestra respeto tanto por
el ser humano como por las obligaciones de la autoridad paciente y redentora, aun mientras te
opones al pecado del ser humano que se opone a la autoridad.
¿Es difícil la voluntad de Cristo? ¿Es totalmente contraria a la manera en la que todo el
mundo actúa y reacciona? ¿Es contraria a la manera en la que actuamos y reaccionamos? Sí.
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¿Pero es correcta? Sí. ¿Y nos ayudará Cristo mismo para cumplirla? Sí y Amén. Si tu propósito
es mostrar amor edificante cuando el llamamiento de Cristo es hacia el amor edificante,
entonces tu vida florecerá.
Notemos que en cada caso, la palabra clave es “su propio”, ya sea que debamos
someternos o debamos cuidar de alguien. Esto es muy importante entenderlo. Si eres una
esposa, tienes la responsabilidad de someterte a “tu propio” marido (5:22, Tito 3:5; 1 Ped. 3:1),
no a todos los esposos, o a los varones en particular. Si eres un esposo, eres responsable de
buscar el bienestar particular de “tu propia” esposa (5:28), no el de todas las esposas o el de las
mujeres en general. Como empleado, le debes obediencia y servicio a “tu propio” patrón (Tito
3:9), no a todos los patrones. La misma pauta se aplica entre los padres y los hijos, y los jefes
con sus empleados.
Ni el llamado que tenemos en común, ni el enfoque particular cancela al otro o excluye
al otro. Sino funcionan en una sinfonía. Esto es crucial para conducir un ministerio de
consejería oportuno y apropiado. Por ejemplo, la mutualidad entre los hijos amados ordenada
en Efesios 4:1-16 y 4:25-5:2 siempre se aplica entre el esposo y la esposa, el padre y el hijo, y el
amo y el esclavo. Muchos problemas de consejería se resuelven en la medida en que ambos
bandos practican el llamado en común a la misericordia, el perdón, hablar la verdad en amor, y
demás acciones semejantes. Generalmente, cuando ambos bandos son atendidos en
consejería, estos asuntos se podrán sobre la mesa desde el principio. Cuando una pareja
intercambia palabras airadas y destructivas, y cada uno abriga actitudes de amargura, la
solución natural comienza con la aplicación del llamado que tienen ambos en común. Los
problemas de comunicación y la resolución de conflictos usualmente tienen cierta prioridad
temporal y lógica: “¿Cómo se arrepentirán cada uno de ustedes de la amargura y la hostilidad, y
de las demandas y expectativas que les mueven? ¿Cómo aprenderán de Jesús para así aprender
la misericordia, la humildad y la generosidad? ¿Cómo se pueden comunicar
constructivamente?” Similarmente, el conocimiento de Cristo y la fe vital de cada persona
(3:14-21), el llamado que tiene cada persona a un estilo de vida caracterizado por el cambio

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(4:17-24), y el andar de cada persona ya sea en necedad o sabiduría (5.13-20) saldrá a colación al
principio y a menudo. Dos santos creciendo para salir de sus pecados pueden aprender a
comunicarse con gracia. Muchos problemas de consejería se resuelven a medida de que las dos
partes ponen atención al llamado que tienen en común.
El ministerio con naturalidad llega al enfoque particular de cada persona, para encontrar
fallas básicas en el desempeño de los papeles que engendran problemas. Como esposo y esposa
pecan, y pueden aprender a cuidar del otro o someterse al otro, respectivamente. Muchos
problemas de consejería se resuelven cuando las partes se enfocan respectivamente en el
requisito de la sumisión y en el requisito del amor. Cuando se aconseja a una esposa, siempre
es oportuno explorar “¿Cómo estás siendo respetuosa hacia tu esposo? ¿Cómo estás
aprendiendo como esposa a honrar a tu esposo en vez de quejarte, ignorarlo, tener
resentimiento hacia él o despreciarlo?” Cuando se aconseja a un esposo siempre es oportuno
considerar, “¿Cómo estás siendo autosacrificado, constructivo, iniciador y constante en amor
hacia tu esposa? ¿Cómo aprenderás como esposo a buscar activamente el bienestar de tu
esposa, en vez de desatenderla, estar preocupado o irritarte con ella?” En los conflictos en la
familia y el centro laboral se aplican preguntas análogas a éstas.
Si entiendes el llamado que tenemos en común y el enfoque particular, serás capaz de
!7
oponerte a las tendencias liberacionistas y autoritarias en ti mismo y en los demás. Cada una
de ellas se centra en una cosa buena, pero pierde de vista otras verdades que dan balance. Los
liberacionistas están alertas en contra de los pecados crueles de la tiranía y el abuso, y de las
injusticias del poder. Aspiran a lograr la máxima mutualidad y humildad, y proteger al débil.
Pero pierden de vista la importancia que pone nuestro Esposo, Padre y Amo en la sumisión a los
esposos, padres y patrones, y en Su reprobación de la insubordinación como un pecado
fundamental (2 Ped. 2:10). Los autoritarios están alertas contra los pecados tremendos de la
anarquía y la falta de respeto, del individualismo testarudo y del desorden. Aspiran a lograr el
respeto debido a las autoridades constituidas, y a proteger el orden dentro del cual florece la
vida humana. Pero pierden de vista la importancia que Cristo pone en el amor paciente a las
esposas, los hijos y los empleados, y su reprobación del autoritarismo como un pecado
fundamental (Marcos 10.42 en adelante). La Biblia lleva al pueblo de Dios a un tercer camino, le
alerta de la gama de pecados y les hace aspirar la gama de rectitud.

C. Debido a que desempeñan múltiples papeles, la mayoría de ustedes escucharán que la


epístola a los Efesios se dirige muchas veces a ustedes desde diferentes ángulos.
El llamado que tenemos en común se dirige a cada uno de nosotros. Pero cada uno pone
la configuración única al enfoque particular. Dios coloca a cada persona en una situación única:
“tus propias” relaciones domésticas. Inclusive cinco de los seis énfasis particulares pueden
venir con tu nombre escrito. Si tus padres aun viven, y eres casado y tienes hijos, y das cuentas a
un supervisor y tienes subordinados en el centro laboral, entonces eres tanto jefe como
empleado, tanto padre como hijo, y esposo o esposa. Sólo unas cuantas personas – por
ejemplo un hombre soltero, jubilado sin hijos ni padres – aplican sólo el llamado general.
Efesios 5:21-6:9 no habla directamente de su situación. Por supuesto, los principios generales
que guían el pasaje sí se aplican: somos Esposa, Hijo, y Siervo. Tales personas de todas maneras
tiene mucho para estar ocupados, en la medida que el resto de Efesios opera en sus corazones y
obra en su estilo de vida. Y siempre estarán abarcados en cierto lugar en la Iglesia y el Estado,

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los dos tipos de relación del tipo “sumisión-amor” que Pablo no trata en la Epístola a los
Efesios.
Los adultos solteros algunas veces se preguntan “¿Por qué Pablo no me tomó en cuenta
en Efesios? Sólo se enfoca en los casados”. Pero por supuesto la gente soltera no es dejada a un
lado por este Pablo, el adulto soltero, que fue enviado a una misión por Jesús, otro adulto
soltero. Si eres soltero, Efesios 1:1-5:20 y 6:10-24 se dirigen expresamente a ti: la relación entre
Jesús y Su cuerpo. Y mucho de lo que se dice en 5:21-6:9 puede ser aplicado también. Eres
Esposa. Aunque no tengas un llamado como esposo o esposa, las verdades del trasfondo y las
exhortaciones específicas enriquecerán tu llamado general. Eres hijo. Si tienes padres que aun
viven, Efesios 6:1-3 se dirige a ti. Si eres un padre soltero, entonces el verso 6:4 tiene tu nombre
grabado en él. Eres Siervo. Si eres empleado, Efesios 6:5-8 se dirige a ti con respecto a tu
supervisor; si eres jefe, o tienes otra gerencia o responsabilidad de liderazgo, entonces se aplica
el verso 6:9 a tu vida.
El efecto neto es que todos somos llamados a tener una mayor sumisión dentro de
ciertas relaciones y un amor mayor dentro de otras relaciones. Imaginemos la siguiente
situación. Cinco miembros de tu Iglesia trabajan para una compañía que manufactura equipos
electrónicos: un vendedor, una gerente de ventas, una secretaria, el presidente de la compañía y
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la vigilante. Los cinco son llamados a procurar y a vivir las actitudes y acciones del llamado que
tienen en común. Estos saturarán su vida dentro y fuera del trabajo: cómo se tratan los unos a
los otros, cómo tratan a los clientes, cómo resuelven conflictos, etc. Pero cada uno también
tiene una configuración única de responsabilidades de someterse o de cuidar de otros.
El vendedor es un soltero de veintiocho años que vive con sus padres. Sus labores
cotidianas lo colocan con clientes en la calle, pero recibe instrucciones y soporte administrativo
de la oficina central. Efesios 5:21-6:9 particularmente se dirige a él tres veces. El es un hijo, un
empleado y un jefe. Está llamado a [1] honrar a sus padres, [2] respetar y servir a su gerente de
ventas, y [3] a mostrar amabilidad y consideración a la secretaria que le sirve. Naturalmente no
tiene ninguna responsabilidad particular hacia una esposa o hijos. Notemos cómo su sumisión
a Cristo se canaliza en la sumisión a la autoridad en algunas relaciones y en otras, en el ejercicio
de una autoridad amorosa.
La gerente de ventas es una mujer casada de cuarenta y ocho años que tiene tres hijos en
edad universitaria y una madre anciana. Pablo se dirige a ella no menos de cinco veces, como
esposa, hija, madre, empleada y jefa. Está llamada a [1] respetar y someterse a su marido, [2]
honrar a su madre, [3] cultivar y dirigir a sus hijos, [4] servir a los gerentes de mayor nivel en la
compañía, y [5] tratar al vendedor y a la secretaria con amabilidad y justicia al dirigirlos. En dos
lugares se le desafía a aprender cómo dirigir a otros, y en tres lugares a aprender cómo respetar
a otros.
La secretaria es una mujer de cincuenta y ocho años, soltera sin hijos, cuyos padres ya
han fallecido. Es la secretaria del departamento de ventas y supervisa directamente a una
archivista y a la vigilante. La epístola de Pablo se dirige a ella en dos puntos, como sierva y
como jefa. Ella es llamada a [1] respetar y servir al presidente de la compañía, a la gerente de
ventas y al vendedor, y [2] mostrar amabilidad hacia la archivista y la vigilante que están bajo su
supervisión. No tiene alguna responsabilidad hacia un esposo, hijos o padres. Pero, como todos
nosotros, Dios la ha colocado en una situación en la que debe aprender tanto a estar bajo otros
como a cuidar de otros.

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El presidente de la Compañía es un hombre casado de treinta y cinco años que tiene dos
hijos en la primaria. Él heredó la compañía cuando sus padres murieron. El Señor se dirige a él
en tres puntos, en cada caso con el llamado a ejercer liderazgo responsable y
constructivamente. Como esposo, padre y jefe, él [1] debe amar y proveer para su esposa [2]
debe educar a sus hijos y [3] debe tratar a sus empleados de una manera que les haga bien. El
aprendizaje de vivir como la Esposa, Hijo y Siervo de Cristo lo coloca enteramente en un papel
de liderazgo en sus relaciones domésticas. Aprenderá la sumisión por otra parte – en relación
con los ancianos de su Iglesia, y en relación con las autoridades gubernamentales con quienes
tiene contacto respecto a medidas de seguridad laboral, impuestos y disputas legales.
Finalmente, la vigilante es una mujer recién casada, sin hijos, de veintidós años, cuyos
padres aun viven. La epístola se dirige a ella en tres puntos. Ella derrama su energía en los
papeles de esposa, hija y sierva. Ella debe [1] someterse a su esposo, [2] honrar a sus padres, y
[3] servir a los demás en su centro laboral. Para ella, la sumisión a Cristo la coloca enteramente
en un papel de auxiliar y subordinada en sus relaciones domésticas. Ella aprende a reflejar la
autoridad amorosa de Cristo sólo como parte de un llamado general a resistir al mundo, la
carne y el diablo, y a edificar a los hermanos y hermanas en Cristo.
Colateralmente, vale la pena notar que los cinco están enraizados en otras dos esferas
!9
en donde las relaciones de sumisión y cuidado entran en juego, aun cuando Pablo no las discute
aquí en Efesios. Exactamente la misma pauta descrita anteriormente – un llamado que siempre
es relevante y un enfoque particular, ambos expresando características de la relación de Cristo
con su pueblo – se aplica a las relaciones dentro de la Iglesia y con las autoridades
gubernamentales. Primero, en la Iglesia todos somos ovejas del Gran Pastor. Aquellas ovejas a
quienes también se les ha concedido ser los pastores tienen una responsabilidad particular de
reflejar el cuidado pastoral, la responsabilidad y el liderazgo sobre otras ovejas puestas bajo su
cuidado. Las ovejas que también son ovejas en una congregación local tienen una
responsabilidad particular de servir, honrar, y someterse a sus pastores. En nuestro estudio de
caso, las cinco personas son ovejas llamadas a someterse a sus ancianos de la Iglesia.
También todos somos súbditos del Gran Rey que rige generosa y misericordiosamente.
Aquellos súbditos que también son asignados como reyes o gobernantes tienen una
responsabilidad particular de reflejar al Rey de reyes en relación con sus súbditos: proveer,
proteger y mantener la justicia. Los súbditos de Dios que también son súbditos tienen una
responsabilidad particular de someterse a aquellos que los gobiernan: pagar impuestos,
obedecer leyes, tratar con respeto. En nuestro estudio de caso, las cinco personas son súbditos,
llamados a estar bajo el gobierno local, regional y nacional.
Notemos que el papel de una persona usualmente cambia significativamente con el paso
del tiempo. Cuando un deja a sus padres para unirse a su cónyuge cambia la forma en que unos
los honra. La muerte de un esposo o un padre cancela la obligación del sometimiento. Cuando
una esposa abandona a su esposo o el matrimonio de un hijo cancela o altera grandemente las
obligaciones la provisión y dirección amorosa. En nuestro caso de estudio, si la vigilante llegara
a ser madre, adquiriría un nuevo papel. Si se involucrara ayudando en el ministerio juvenil de su
Iglesia, obtendría dos nuevas obligaciones: amar y dirigir a las adolescentes con las que se
reúne, y someterse para aprender del pastor juvenil y del comité que establece las políticas del
ministerio juvenil. También las responsabilidades se modulan conforme cambian las
circunstancias y pasa el tiempo. La gerente de ventas trata a sus hijos universitarios de manera

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diferente al trato que el presidente de la compañía da a sus hijos de primaria. Ambos son
padres, pero evoluciona el tipo de educación adecuada. Similarmente, el vendedor ahora
expresa honor a sus padres con “menos” obediencia que cuando era un niño, y con “más”
obediencia que si estuviera casado y se mudara. Sus padres ya no le indican cuando bañarse,
pero él vive bajo las reglas de la casa, en vez de establecer sus propias reglas. Algunas veces los
papeles no evolucionan: Si uno de los hijos de la gerente tiene discapacidad mental, ella tendrá
que ejercer bastante control mientras los dos vivan. Por otra parte, a veces los papeles se
invierten casi completamente. Si la madre de la gerente pierde su competencia mental, la hija
tendrá que hacerse cargo de sus asuntos, imponiendo decisiones sobre la madres que la creció,
dirigiéndola hacia la fe y estableciendo su hora de irse a la cama. Su llamado a honrar a su
madre permanecerá hasta la muerte como una actitud central que afecte sus modales y
emociones, aunque en muchos de los asuntos de la vida ahora tiene que actuar como una
autoridad amorosa.
Finalmente, es importante notar que Dios no “hace acepción de personas” (6:9).
Algunas personas tienden a favorecer a los que están en autoridad, y confieren una
superioridad sutil o evidente a los esposos, padres, jefes, gobernantes y pastores. Tienden a
menospreciar a la gente “pequeña”. Ven con mayor claridad los pecados de rebelión que los
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pecados de control y dominio. Otras personas tienden a favorecer a los que tradicionalmente
están en papeles subordinados, y tienden a despreciar la autoridad de esposos, padres, jefes,
gobernantes y pastores de una manera sutil o evidente. Sienten amargura hacia la gente
“grande”. Ven con mayor claridad los pecados de dominio que los pecados de rebelión y
terquedad. Pero Dios no muestra favoritismo. No empuja la balanza hacia el lado de los
“grandes” quienes deben amar bien (por ejemplo la gerente de la compañía) ni hacia los
“pequeños” quienes deben servir bien (por ejemplo, la vigilante). Una diferencia entre Efesios
6:9 y Colosenses 3:25 es reveladora. En Efesios, Pablo le dice a los amos, “sabiendo que el Señor
de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas”. Pero en
Colosenses, Pablo le habla a los esclavos, “Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que
hiciere, porque no hay acepción de personas”. Dios no tiene favoritos. No pienses que puedes
alejarte, moverte o escapar de Su voluntad revelada para ti.

Conclusión
Esta corta epístola a los Efesios, y el contexto de la Escritura con el cual está en sintonía,
nos da la sabiduría para encontrar nuestro camino en medio de todas estas variables. Al tratar
de aprender lo que es agradable al Señor, aprendemos el fruto de la luz que consiste en toda
bondad, justicia y verdad (5:9 en adelante). La pauta de Dios para las relaciones es exquisita y
consistente. Aprende y vive estas tres verdades. Primero, todos deben obedecer el llamado
general de tratarse unos a otros con amor redentor. Esto satura cada relación en cualquier
momento. Trata a todos por igual. Segundo, cada persona que tiene un papel de subordinación
debe enfocarse en estar bajo aquellos que han sido puestos sobre ella. Cada persona en
autoridad debe enfocarse en buscar el bienestar de aquellos que han sido puestos bajo su
cuidado. Trata a la gente diferentemente. Tercero, la vida está arreglada de tal modo que todos
debemos someternos a Cristo al estar bajo algunas personas, y casi todos nosotros debemos
reflejar a Cristo al cuidar de otras personas. El “debemos” en cada una de estas verdades no es
algo que se de por sentado, sino es el plan proveniente del reino de luz. Por el contrario,

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aquellos que se someten al príncipe de la potestad del aire siguen los deseos del cuerpo y la
mente, y andan en tinieblas. Cuando son llamados a la sumisión genuina, usurpan la autoridad
o se vuelven tapete que todos pisan. Cuando son llamados a cuidar perseverantemente de
otros, se vuelven tiranos o abdican. Están ciegos al estilo de vida radiante y sabio enseñado por
el temor a Cristo. Pero aquellos que siguen a Jesús el Mesías, en quien las naciones encuentran
tanto la esperanza como a Dios, vivirán en esta luz.

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¿Dios? ¿El Amor Incondicional?
David Powlison, The Journal of Biblical Counseling,
Vol. XII.3, Spring 1995, pp. 45-48

Hace tiempo que me incomoda la expresión "amor incondicional" para hablar del amor de Dios.
Rara vez la uso porque el amor de Dios es tan distinto del amor incondicional, y tanto mejor. El
amor incondicional, según definiciones contemporáneas, comienza y termina con simpatía y
empatía, con una aceptación universal. Te acepta como eres, sin expectativas de ningún tipo.
Puedes aceptarlo o rechazarlo. Pero piensa en cómo es el amor de Dios por ti. El no te mira
aprobándote con benignidad. Dios te ama demasiado como para amarte con amor
incondicional.
Imagínate que eres un padre o una madre observando cómo tu propio hijo juega con un grupo
de niños. Tal vez sea exacto decir que tienes amor incondicional por todos los niños en
conjunto; no sientes hostilidad hacia ninguno; en líneas generales, les deseas lo mejor. Pero algo
distinto sucede cuando se trata de tu propio hijo. Porque lo amas, si adviertes una herida, la
posibilidad de que le ocurra algo malo, matoneadas o injusticia, nace en ti un fuerte deseo de
querer protegerlo. Porque lo amas, si tu hijo tiene una rabieta o quiere mangonear a otro,
nuevamente sientes deseos de intervenir. Porque lo amas, te alegras si a tu hijo las cosas le van
bien. Por cierto que todas estas reacciones pueden estar corrompidas por nuestro pecado. El
orgullo, el temor a la opinión de los demás, el gran deseo de éxito, la superioridad, la ambición
o la abstracción ensimismada e insensible pueden deformar el amor de padre. Imagina esas
reacciones no corrompidas por el pecado. Lee el Salmo 121, Oseas 11, Oseas 14, Isaías 49. . .la
vida de Jesús. El Señor vela por ti. El Señor se preocupa y le importa lo que les sucede a sus hijos
y lo que ellos hacen. El cuidado y la preocupación son intensos. Complejos. Específicos.
Personales. El amor incondicional no es tan grandioso ni apremiante. En comparación es

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despreocupado, general, impersonal. El amor de Dios es mucho mejor que incondicional.

Dios es un ser activo. Decidió amarte cuando con toda razón podría haberte condenado. El
participa en el proceso de amar. El es misericordioso, no sencillamente tolerante. Aquel que
aborrece el pecado va en busca de los pecadores llamándolos por su nombre. Dios está tan
comprometido a perdonarte y a cambiarte que envió a Jesús a morir por ti. El da la bienvenida a
los pobres en espíritu. Dios es increíblemente paciente e implacablemente perseverante en tu
vida. El amor de Dios te beneficia activamente. El amor de Dios está lleno de sangre, sudor,
lágrimas y clamor. El sufrió por ti. El lucha por ti, defendiendo al afligido. Te busca con poderosa
ternura a fin de poder cambiarte. El es celoso, no indiferente. Su simpatía y empatía hablan
claramente palabras de verdad para liberarte del pecado y la desdicha. El te disciplinará para
demostrarte que te ama. El vive en ti y derrama su Espíritu en tu corazón a fin de que puedas
conocerlo. El amor de Dios incluye odio: odio al pecado, ya sea pecado contra ti o pecado de tu
parte. El amor de Dios demanda que respondas: que creas, confíes, obedezcas, agradezcas con
corazón alegre, que te ocupes de tu salvación con temor, que te deleites en el Señor.
El león de Judá a que se refiere la Biblia no es un león domado. De la misma manera, el amor del
Señor por la niña de sus ojos no es un amor dócil, no es una técnica terapéutica. Y de alguna
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manera, tú debes tener esta clase de amor hacia otros: "Andad en amor, como también Cristo
nos amó" (Efesios 4:32-5:2). Tal amor es vigoroso y complejo. Amar de esa manera es difícil. Es
distinto de "A mis ojos, todo está bien; te acepto porque eres quien eres, y porque acepto a los
demás; no te juzgaré ni trataré de imponer mis valores en ti." El amor incondicional sustituye al
león, rey de los animales, con un osito de peluche. Los ositos te hacen sentir bien y no te
responden.
¿Debe el amor de Dios ser llamado incondicional, un término cuyo significado ha sido moldeado
por la calma indiferente y despreocupada del psicoterapeuta profesional, cuyo principio es no
imponer principios ni valores? ¿Qué palabras serán adecuadas para describir el amor de Dios,
que acepta de manera espectacular, y que al mismo tiempo es obstinado, exigente y activo?
El amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos
murieron; y por todos murió, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para aquel que
murió y resucitó por ellos (2 Corintios 5:14 y sig.).
¿Qué palabras serán suficientes para describir el amor de Dios que es tanto un regalo para los
impíos, como también una expectativa para una vida de piedad? ¿Un amor que me acepta
como soy pero que me transforma? ¿Un amor que acepta a las personas e incluye un programa
de cambio para toda la vida? ¿Acaso se debe llamar "amor incondicional" a la clase de amor que
tiene Dios y a lo que padres y consejeros temerosos de Dios deben hacer, hablar y para lo que
deben servir de modelo?

El término me hace sentir incómodo. Sin embargo, mucha gente usa la frase amor incondicional
con buenas intenciones, tratando de representar cuatro verdades significativas e
interrelacionadas.

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En primer lugar, el "amor condicional" es algo malo. No es amor sino una expresión de odio y
egoísmo del corazón humano. Es mejor llamarlo "aprobación condicional y manipuladora".
Actúa como legislador caprichoso y como juez: "Si haces lo que me agrada y cumples todos
estos requisitos, te sonreiré favorablemente. Si haces lo que me desagrada, te atacaré o bien te
ignoraré." La gente usa la expresión incondicional para contrastarlo con manipulación,
demanda, o espíritu crítico. La usan para echar luz sobre una forma pecaminosa de relación
humana y decir: "El verdadero amor no es así."

En segundo lugar, el amor de Dios es paciente. Dios no baja los brazos vencido. Porque Dios
persevera, sus santos habrán de perseverar hasta el fin y llegarán a la gloria. La gente usa la
expresión incondicional para referirse a permanecer junto a quien atraviesa adversidades, en
vez de hacer abandono de la situación cuando ésta se torna difícil. Usan esa palabra para crear
esperanza al mirar al futuro.

En tercer lugar, el verdadero amor es un regalo de Dios. Es iniciativa y decisión de Dios, más que
algo condicionado por la forma en que actúo. El evangelio del amor no es pago sino regalo. Es
!2
un regalo que yo no puedo ganar; aun más, es un regalo que ni siquiera merezco. Dios ama a
enemigos débiles, impíos y pecadores. El regalo es contrario a lo que merezco. Dios debería
matarme aquí mismo. La gente habla de incondicional para hablar de tal bendición inmerecida.
Lo usa para dejar de lado una iniciativa de legalismo de mi parte.

En cuarto lugar, Dios te recibe tal como eres: pecador, sufriente, confundido. No trates de
arreglar tu vida para luego venir a Dios. Ven. La gente habla de incondicional para hacer
referencia a la invitación que hace Dios a personas toscas y hasta groseras, impuras, ya
terminadas. Lo usan para vencer la desesperación de pensar que soy indigno y que me lleva a no
pedir ayuda de Dios y del pueblo de Dios.
Estas son preciosas verdades. El adjetivo incondicional en realidad tiene una noble ascendencia
teológica para describir esta gracia de Dios que es perseverante y se inicia espontáneamente.
¿Debo, entonces, sentirme cómodo con la manera en que la mayoría de la gente habla de esta
expresión? ¿Acaso la idea corriente expresa en verdad las prácticas verdades teológicas que
ellos creen que expresa? ¿Es un equivalente adecuado para estas cuatro verdades maravillosas?
No lo creo, y hay cuatro razones.

En primer lugar, hay maneras más vívidas y más bíblicas para describir cada una de las cuatro
verdades mencionadas.
• Lo opuesto a manipulación no es benignidad desapasionada. La bondad del verdadero amor
conlleva celo, autosacrificio, y un llamado al cambio (Isaías 49:15 y sig.; 1 Tesalonicenses 2:7-12);
• El llamado a ser paciente y compasivo cuando la otra persona atraviesa por dificultades,
puede ser descrito de este modo: "El amor es paciente"; "que seáis paciente para con todos" (1
Corintios 13:4 BLA; 1 Tesalonicenses 5:14);

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• "Gracia" y "regalo" describen la calidad gratuita e inmerecida del amor de Dios de manera
menos ambigua que la expresión incondicional (2 corintios 9:15; Romanos 6:23; Efesios 2:4-10);
La bienvenida de Dios a los impíos y manchados con corrupción tiene una explicación: "Cristo
Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores" (1 Timoteo 1:15). "Cristo nos amó y se entregó a
sí mismo por nosotros" (Efesios 5:2). El evangelio es una historia de acción, no una actitud de
aceptación.
La gente hoy día emplea una palabra un tanto vaga y abstracta—incondicional—cuando por
otro lado la Biblia provee palabras, metáforas y relatos más vívidos y específicos.

En segundo lugar, resulta claro que la gracia inmerecida no es estrictamente incondicional. Si


bien el amor de Dios no depende de lo que tú haces, depende sí de lo que Jesucristo hizo por ti.
En ese sentido, es muy condicional. A Jesucristo le costó la vida.
En realidad, el amor de Dios definido en la Biblia contiene el cumplimiento de dos condiciones:
perfecta obediencia y un sustituto que cargara con el pecado. Jesús, por su activa obediencia a
la voluntad de Dios, demostró y se ganó el veredicto de "Justo". Su constante obediencia a las

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condiciones de Dios es atribuida por gracia cuando Dios justifica a los impíos. Y Jesús, en su
obediencia pasiva, sufrió el castigo de una muerte sangrienta. El Cordero de Dios aceptó la pena
de muerte como condición para que tú pudieras tener libertad y vida. De manera que el amor de
Dios contienes dos "condiciones cumplidas" cuando nos es entregado gratuitamente a ti y a mí.
El amor de Dios contiene la vida y la muerte de quien fue tanto Siervo de Dios como Cordero de
Dios. ¿Amor incondicional? No, algo mucho mejor. La gente que ahora usa la palabra
incondicional a menudo habla de una aceptación indiferente de esta verdad detallada y
específica en cuanto a Cristo.

En tercer lugar, hay otra manera en que la gracia de Dios es algo más que incondicional. Tiene la
finalidad de cambiar a quien la recibe. Hay pecado en tu vida. Desde el punto de vista de Dios,
no sólo necesitas que alguien muera en tu lugar para que puedas ser perdonado; además,
necesitas ser transformado de manera total. La palabra incondicional puede ser una manera
aceptable para expresar la bienvenida de Dios. Sin embargo, no alcanza a describir el motivo de
esa bienvenida: una rehabilitación completa y que dure toda la vida, aprendiendo a vivir en
santidad, "sin la cual nadie verá al Señor." La gente a menudo usa la palabra incondicional para
decir que todo está bien, quitándole el propósito central al amor de Dios y al del consejero o de
los padres. Tú debes "volverte" para recibir el amor de Dios; sin embargo no haces nada para
recibir una aceptación generalizada y universal.

En cuarto lugar, y lo que es más serio, el amor incondicional lleva consigo una cantidad de
bagaje cultural. Al leer los párrafos anteriores, habrás notado cómo "incondicional" va junto a
palabras como "tolerancia, aceptación, aprobación, docilidad". Va también de la mano con una
filosofía que afirma que el amor no debe imponer valores, expectativas ni creencias en la otra
persona. Yo podría haber utilizado la frase que surgió con la psicología humanística: estimación

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afirmativa incondicional. La mayoría de la gente piensa en este concepto cuando piensan en
amor incondicional: "En lo profundo de tu corazón, eres una buena persona. Dios te acepta tal
como eres. Dios te sonríe aun cuando tú no hagas nada. Vales mucho. Puedes relajarte,
descansar en su sonrisa, y dejar que emerja tu yo verdadero, básicamente bueno." Esta es una
filosofía de la vida, una teología práctica contraria al verdadero amor de Dios.
Lo contrario a condicional y crítico podría ser incondicional y aprobador. Lo contrario a grandes
y caprichosas expectativas podría ser ninguna expectativa. Lo contrario a ser mandón podría ser
no dar directivas de ningún tipo. O al menos es lo que la gente desearía. El amor condicional
obviamente es odio, no amor. El amor incondicional, con el significado que hoy tiene la
expresión, es un engaño más sutil.
Me siento incómodo con la frase amor incondicional porque tan frecuentemente hace a un lado
la realidad. Es compañera de las enseñanzas que le dicen a la gente: "Paz, paz," cuando, desde la
perspectiva santa de Dios, no hay paz (Jeremías 23:14,16 y sig.). Si recibes aceptación
generalizada, no necesitas arrepentimiento, simplemente la aceptas. Te llena sin hacer que te
humilles. Te hace sentir tan bien contigo mismo que ni siquiera ves la necesidad de arrepentirte
ni de deleitarte en la obra de Cristo. Hace que te sientas bien sin tener que enfrentarte a la
angustia de Jesús en Getsemaní y en el Calvario. Es fácil y no demanda nada. No insiste en
!4
transformarte y no lo hace. Te engaña en cuanto a Dios y en cuanto a ti mismo. La mayoría de la
gente aspira a este amor incondicional que contiene una gran dosis de este bagaje cultural.
Hay algo mejor. Decir "el amor de Dios es incondicional" en cierta manera es como decir: "la luz
del sol a mediodía es una linterna en un apagón." Una bombilla débil tiene ciertas analogías con
el sol. El amor incondicional tiene ciertas analogías con el amor de Dios. Pero ¿por qué no
empezar con el sol ardiente en vez de con la linterna? Cuando observas con detenimiento, el
amor de Dios es muy diferente de la "estima positiva e incondicional", semillero de las ideas
contemporáneas sobre el amor incondicional. Dios no me acepta como soy; me ama a pesar de
cómo soy; me ama lo suficiente como para querer transformarme a la imagen de Jesús. Este
amor es mucho, mucho, mucho mejor que el incondicional. Tal vez pudiéramos llamarlo amor
"contracondicional". Contrariamente a las condiciones para conocer la bendición de Dios, El me
ha bendecido porque su Hijo cumplió las condiciones. Contrariamente a lo que merezco, me
ama. Y ahora puedo empezar a cambiar, no para obtener amor sino por amor.
La gente que habla de amor incondicional a menudo tiene buenas intenciones. Unos pocos usan
las palabras con los viejos significados teológicos intactos. Muchos quieren que la gente se ame
en forma incondicional. Otros quieren ayudar a quienes ven a Dios como el gran crítico, a
quienes o bien sirven como si fueran esclavos o de quien escapan porque nunca pueden servirle.
Y no tengo dudas de que la frase ha sido de utilidad a algunos, a pesar de las riquezas que deja
de lado o del bagaje que por lo general contiene. Pero hay buenas razones por las que la Biblia
nos relata historias de eventos asombrosos, nos habla usando atractivas metáforas, y revela
una detallada teología a fin de informarnos del amor de Dios. Necesitas algo mejor que amor
incondicional. Necesitas la corona de espinas.
Necesitas el toque de vida al hijo muerto de la viuda de Naim. Necesitas la promesa al ladrón
arrepentido. Necesitas saber que "nunca te abandonaré ni te dejaré." Necesitas perdón.
Necesitas un Labrador, un Pastor, un Padre, un Salvador. Necesitas ser como aquel que te ama.

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Necesitas el amor de Jesús, que es mucho mejor.

[Tomado del Journal of Biblical Counseling. Usado con permiso]


(Notal del Editor: El Consejero Bíblico se publica quincenalmente. Estos mismos artículos
quedan en nuestra página de Internet en http://www.luispalau.net. Estarán disponibles para
que usted pueda bajarlos indefinidamente. Damos permiso general para usar y/o publicar los
artículos con tal que mencione lo siguiente: <<Tomado del Consejero Bíblico http://
www.luispalau.net, usado con permiso. Nuestra oración es que el Consejero Bíblico sea de
bendición para usted, su familia y su iglesia).

!5
El enojo, parte 1: Entender el enojo.
Condensación del artículo escrito por
David Powlison, The Journal of Biblical Counseling,
Vol. 14.1, Fall 1995, pp. 40 – 53.

Cada ser humano lidia con el enojo. En un mundo de decepciones, imperfecciones, miserias, y
pecados (nuestros y los de otros), el enojo es dado por sentado. Te enojas. Me enojo. Tus
aconsejados se enojan. No cabe duda de que por esto la Biblia está llena de historias,
enseñanzas, y comentarios acerca del enojo. Dios quiere que entendamos el enojo y sepamos
cómo resolver los problemas de enojo.
Este artículo tiene 3 partes. “Entender el enojo” enfocará en cómo pensamos sobre el enojo. La
segunda y tercera parte verán implicaciones y cómo aconsejamos a personas airadas.
¿Qué es el enojo? ¿Qué sentido tiene? Empecemos con cinco declaraciones generales acerca de
algo que experimentamos al menudo pero muy infrecuentemente nos paramos para
entenderlo.

1. La Biblia trata del enojo


La Biblia trata del enojo. ¿Quién es la persona más enojada en la Biblia? Dios. Cuando Dios
mira la maldad, no ha cesado su furor, como el profeta Isaías repite vez tras vez. En Romanos,
Pablo menciona el enojo de Dios y sus efectos más de cincuenta veces, empezando con “La ira
de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen
con injusticia la verdad” Romanos 1:18. Juan dice que la ira de Dios “está sobre” el que se niega a
creer en el Hijo: la ira estaba, está y estará sobre sus cabezas.1
El hecho de que Dios esté enojado nos dice algo muy importante. Esto nos dice que el enojo
puede ser algo correcto, apropiado, bello, la única justa respuesta a maldad y la respuesta de

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amor para con las víctimas de maldad. De hecho, “sería imposible para un ser moral presenciar
una maldad y no ser conmovido.”2 No es sorpresa que Jesucristo se llenó de enojo cuando
encontró a gente que pervertía la adoración de Dios y contribuía a o estaban indiferentes al
sufrimiento de otros.3
El enojo de Dios jamás es caprichoso o petulante. Él responde justamente a lo que es malo y
ofensivo. Dice “¿Acaso creen que me complace la muerte del malvado? ¿No quiero más bien
que abandone su mala conducta y que viva?” (Ezequiel 18:23). Los seres humanos fueron
diseñados a amar a Aquel quien los hizo y los sostiene, cuyas “riquezas de su benignidad,
paciencia y longanimidad” todos han experimentado (Rom. 2:4). Sin embargo, “por culpa de su
corazón adúltero... se apartaron... y se fueron tras sus ídolos malolientes” (Ezequiel 16:9). ¿Es
injusto el enojo de Dios? Cuando es desafiado, su respuesta es directa: “¿en qué soy injusto?

1 Juan 3:36; cf. 3:14-21


2 B.B. Warfield, “the Emotional Life of Our Lord,” The Person and Work of Christ (Philadelphia: Presbyterian &
Reformed, 1950, pp. 93-145), p. 107.
3 Ve por ej., Marcos 3:5 y 10:14; Mateo 18:6ss y 23:2-36; Juan 2:14-17.
!1
¿No son más bien ustedes los injustos?...Te juzgaré conforme a tu conducta y tus acciones.”4
Los crímenes en la Biblia que encienden la ira de Dios son los crímenes capitales: traición,
rebelión, engaño, creencias blasfémicas. El corazón humano es traicionero; deseamos creer
cualquier cosa menos lo verdadero acerca de Dios. Los seres humanos fueron creados para
escuchar la voz vivificante de Dios y tratarse mútuamente con amor. Pero tenemos corazones
de piedra. Somos tercos: “cada uno sigue la terquedad de su corazón malvado, y no me ha
obedecido;” “Cada uno hacía lo que le parecía mejor.”5 Dios no sería bueno si no odiara tales
maldades.
Dios es también la más amante persona en la Biblia y el Hijo de Dios expresa la plenitud de Su
amor. A menudo fallamos en darnos cuenta de que su enojo y su amor son enteramente
consistentes el uno con el otro, como diferentes expresiones de su bondad y gloria. Los dos
operan juntos: “Jesús ardía de enojo contra las maldades que encontraba en su caminar por la
vida humana, tan cierto como se conmovía con compasión al ver la miseria del mundo; y de
estas dos emociones procedía su misericordia genuina.”6 No podemos entender el amor de Dios
si no entendemos su enojo. Porque Él ama, se enoja sobre lo que daña.
Pero, date cuenta de la manera en que los hijos de Dios experimentan su enojo: ¡Su enojo es
expresado para su beneficio como el amor supremamente tierno! Como veremos, la Biblia es
consistente acerca de esta verdad. Sin embargo, el enojo es, por definición, contra algo, con
intención de destruir, así que ¿Cómo puede llegar a ser la ira de Dios algo que los hijos de Dios
aman y en lo que confían, en vez de algo que temen o que no les gusta? ¿Cómo es el enojo de
Dios una expresión del hecho que Dios está por nosotros, en vez de una expresión de que Él está
en contra de nosotros? Las buenas nuevas son siempre presentadas en términos de cómo el
enojo y el amor llegan a ser resueltos. Dios expresa su amor para con su pueblo por medio de
cada una de las maneras en que expresa su enojo contra la maldad. Dios nos promete a nosotros
los creyentes librarnos de tres cosas:
(a) En amor, el enojo que tus pecados merecen cayó sobre Jesucristo.

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(b) En amor, el enojo de Dios trabaja para desarmar el poder del pecado. Porque nos ama, se
enoja a causa de nuestra pecaminosidad que nos destruye.
(c) En amor, el enojo de Dios te rescatará del dolor de los pecados de otros.
Dios expresa su amor para con su pueblo por medio de cada una de las maneras en que expresa Su
enojo contra la maldad. El enojo amoroso de Dios resuelve el problema de la maldad de una
manera que le trae gloria inexpresable y nos trae bendiciones inexpresables: justamente
condenando la maldad, cortando el poder de los restos de maldad, y trayendo alivio del
sufrimiento. La ira de Dios ha llegado a ser la esperanza de Sus hijos y la desesperación de Sus
enemigos.
Vayamos a la pregunta inicial viéndolo desde otro ángulo. ¿Quién es la persona más enojada en
la Biblia? Satanás. Su enojo viene de su malicia y el deseo de dañara a las personas. Es el

4 Ezequiel 18:29 y 24:14.


5 Jeremías 18:29; Jueces 24:25.
6 Warfield, p. 122.
!2
paradigma del enojo pecaminoso; es la antítesis del enojo de Dios. Esto nos dice que el enojo
puede ser algo enteramente malo, inapropiado, feo y destructivo. Tal enojo resume la esencia
de la maldad: “Yo quiero las cosa a MI manera, no a la manera de Dios, y porque no puedo
tener las cosas a mi manera, me enfurezco.”
Las Escrituras muestran varias cosas acerca del enojo:
El enojo puede ser falsamente provocado. (En Gén. 39 Potifar se encendió en ira al escuchar la
acusación de su esposa contra José).
El enojo puede disfrazarse en “inocencia.” La esposa de Potifar estaba enojada, y fue
manipulativa y vengativa.
La misma persona puede expresar ambos el enojo justo y el enojo pecaminoso. Cuando Moisés
supo de la adoración del becerro de oro, él se encendió en ira a la imagen de Dios. Su enojo le
dio la energía para tratar con el problema. Pero cuando maldijo a la gente y golpeó la roca, él se
encendió en ira a la imagen del pecado. En este caso el enojo le dio la energía para deshonrar a
Dios (Núm. 20: 7-13).
El sexto mandamiento, “No matarás,” es parte de la familia de reacciones de juicio que se
incluyen este pecado. El comentario de Jesús sobre este mandamiento extendió el alcance de
sus implicaciones hasta incluir actitudes y palabras.
Los sabios y los necios se distinguen por cómo se enojan.
Las motivaciones del enojo pecaminoso son expuestas en la Escritura: anhelos específicos e
incredulidad. ¿Por qué se quejaron repetidamente los Israelitas en el desierto? No recibieron lo
que ellos quisieron, y no creyeron que Dios era bueno, poderoso y sabio. Los motivos del
corazón correspondieron a los detalles de las circunstancias. Cuando la comida era fastidiosa, el
pueblo anhelaba cebollas, y ajos, etc. Cuando Moisés actuaba como el portavoz de Dios,
Miriam y Aarón quisieron compartir la autoridad. Al fin y al cabo, en todos los casos la causa
del enojo pecaminoso radica en las mentiras y codicias que dominan el corazón humano. Tú y

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las personas a quienes aconsejas no son diferentes.
El enojo trae consecuencias serias. “El hombre iracundo provoca contiendas; el furioso, a
menudo peca” (Prov. 29:22) Causa divisiones. A menudo encuentras consecuencias directas en
sus vidas: hijos temerosos y alejados, esposa amargada, problemas de salud, dificultades en el
trabajo, etc. “El de grande ira llevará la pena, y si usa de violencias, añadirá nuevos males” (Prov.
19:19).
El enojo se alimenta a sí mismo y crece. Saúl es buen ejemplo de esto.
La Biblia también trata del evangelio que perdona y cambia a las personas enojadas. Dios nunca
nos dirige hacia un espejo sin también proveernos de una lámpara: Él habla ampliamente y
frecuentemente sobre las alternativas al enojo: confianza, perdón, paciencia, desear la justicia,
confrontación piadosa, dominio propio, etc. Cada elemento en la definición del amor en 1Cor. 13
es el opuesto explícito del enojo pecaminoso. Todos somos por naturaleza guerreros;
bienaventurados sean los pacificadores porque serán llamados hijos de Dios.
El enojo provee grandes oportunidades para aconsejar; Los asuntos son bastante claros.
Cuando alguien se enoja, su corazón es desplegado sobre la mesa sin tener ningún lugar donde

!3
esconderse. A menudo sus problemas son muchos y complejos y no sabes por dónde empezar.
El enojo es buen lugar.

2. El enojo es algo que tú haces


El enojo es algo que tú haces con todo lo que eres como persona. Hay manifestaciones
fisiológicas patentes, pero hay más que esto. Entender esto te ayudará a identificar las mentiras
que nuestra cultura promueve acerca del enojo. Usualmente pensamos primero en las
emociones. Hay un rango entre leve irritabilidad y la rabia ciega. No tienes que montar en cólera
para tener un problema con el enojo pecaminoso. Irritabilidad, murmuraciones, comentarios
sarcásticos, y una actitud crítica también cuentan.
El enojo también consiste en pensamientos, retratos mentales, actitudes, y juicios. Involucra el
razonamiento, la imaginación, la conciencia. El vídeo interno pasa escenarios de lo que te pasó,
y a veces escenarios imaginados de tu retribución violenta. La actitud crítica es parte de la
esencia del enojo: Es una actitud de juicio, condenación, y displacer hacia personas o cosas.
El enojo explota en conducta: palabras sarcásticas, maldiciones, exageraciones, gestos, golpes,
amenazas, salir del cuarto, etc. Tú haces el enojo con todo que eres.
A menudo el enojo y el temor son primos hermanos.
La inmoralidad sexual también puede estar conectada al enojo.
El enojo es usualmente un evento interpersonal, tiene un objeto, un blanco. El enojo coacciona,
intimida y manipula.
También se ve en la relación con Dios. Muchas personas están enojadas con Dios. Si creo que
Dios existe para darme lo que yo quiera, me encenderé cuando no me lo entregue. De hecho,
cuando se considera con respecto a lo que motiva el corazón, todo enojo pecaminoso tiene
referencia inmediata con Dios. Si maldigo las circunstancias, atento contra Dios en tres

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maneras:
(1) Lo olvido a Él, la fuente de vida, lo ignoro como si no existiera.
(2) Actúo como si yo fuera Dios en su lugar, elevando mi voluntad al supremo estatus en mi
universo.
(3) Murmuro contra Él, criticando implícitamente al Autor verdadero de las circunstancias por
no gustarme éstas.

3. El enojo es natural
Es natural es dos maneras muy diferentes: Es natural porque somos creados a la imagen de
Dios y es natural porque caímos en pecado. El primer caso de enojo violento en la Biblia es el
asesinato de Abel por Caín. El primer caso de enojo violento debió de haber ocurrido en Edén:
Adán y Eva debieron haber matado a la serpiente en enojo justo.
Tenemos la capacidad dada por Dios, para el enojo hacia la maldad como una expresión de
amor para con Dios y las personas dañadas por el mal. Siendo pecadores que han recibido

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misericordia en lugar de ira, tenemos la habilidad de odiar la maldad mientras amamos a
aquellos que la hacen simultáneamente: “de otros... tened misericordia con temor,
aborreciendo aún la ropa contaminada por su carne “ (Judas 23).
Habiendo sido corrompidos al estilo del Acusador, somos capaces de odiar y tener
resentimiento. Por eso dice Santiago: Sed tardos para la ira, "porque la ira del hombre no obra
la justicia de Dios” (1:19-20). Inclusive el justo enojo fácilmente se deteriora en autojusticia,
venganza, chisme, etc.
Nuestra capacidad para el enojo pecaminoso se demuestra bien pronto. Nadie tiene que
enseñar a un bebe cómo hacer una rabieta.

4. El enojo es aprendido
La capacidad de enojo es innata. Pero también el enojo es aprendido, de dos maneras
diferentes: Primero, el enojo es enseñado y modelado para nosotros. Aprendemos de otras
personas, para bien o para mal. Aprendemos de qué enojarnos y cómo mostrar nuestro
disgusto. Es interesante que se discute el tema de “si se hacen o si así nacen” o “¿es la
naturaleza o la crianza?” pero se trata de ambos, ninguno de los dos es neutral.
Por medio de la influencia de modelos, el enojo severo y la hostilidad llegan a ser las maneras
rutinarias de responder a la más leve frustración. Por eso dice la Biblia “No te entremetas con
el iracundo ni te acompañes con el hombre de enojos, no sea que aprendas sus maneras y
tomes lazo para tu alma" (Prov. 22:24-25). Los consejeros buscarán a las personas de quienes el
aconsejado aprendió cómo enojarse.
Pero el enojo constructivo y hábitos piadosos también se aprenden. “El que anda entre sabios
será sabio” (Prov. 13:20).
Muchos de los detalles del estilo de enojarse de una persona son influenciados por sus padres,

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compañeros, o grupo étnico. El enojo pecaminoso siempre proviene del corazón (Marcos
7:20-23) pero la forma exacta que toma es a menudo cultivado o aprendido.
El enojo es aprendido en una segunda manera: es practicado, habituado. Hay que estar
familiarizado con las expresiones de enojo típicas de tus ovejas.

5. El enojo es un asunto moral


El enojo es intrínsecamente un asunto moral: El enojo evalúa y el enojo es evaluado.
El enojo es el juicio contra un mal percibido. Nos impulsa a atacar aquello que nos disgusta. El
enojo interpreta, juzga y evalúa de acuerdo a su perspectiva personal.
El enojo también es evaluado. Dios juzga nuestros juicios. Él moralmente evalúa cada instante
de enojo. Dios evalúa mis criterios de opinión y mi forma de reaccionar. Si suena el teléfono y
maldigo con groserías en mi enojo porque interrumpió mi concentración, declaro “Esa llamada
es mala y merece ser condenada,” Dios juzga ambos mis criterios y mi reacción como malos.
Dios y Satanás están enojados todo el tiempo, ¿en cuál de los lados está tu enojo? Las
Escrituras nos proporcionan muchos criterios por los cuales Dios nos permite discernir.
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Consideremos 7:
Prueba 1: ¿Te enojas acerca de las cosas correctas?
El enojo expresa un mal percibido. ¿Percibiste correctamente? Mucho de nuestro enojo se deriva
de percepciones distorsionadas por creencias, anhelos, y expectativas que sustituyen al
gobierno de Dios en nuestro corazón. Donde Dios gobierna, el dolor y el enojo nos moverán a
resolver problemas de una manera piadosa, evaluando nuestras percepciones. El enojo siempre
refleja los estándares morales de uno, sus definiciones de lo bueno y lo malo. ¡Examínalos!
(Jonás 4)
Prueba 2: ¿Expresas tu enojo en el modo correcto?
Es posible percibir el mal correctamente pero expresar el enojo en una manera pecaminosa. La
prueba más clara de si la expresión del enojo es mala o buena es si actúa para condenar o para
brindar ayuda. (Rom. 12:19; Ef. 4:29; 2 Tim. 2:24-25; Mat. 23)
Prueba 3: ¿Cuánto tiempo dura tu enojo?
Cuando el enojo dura un día, una semana, una década, una vida... algo está mal. Cuando se
torna en amargura y hostilidad, el diablo gana. Llegamos a ser como nuestros opresores,
devolviendo mal por mal. Ef. 4:26
Prueba 4: ¿Qué tan controlado es tu enojo?
El enojo piadoso es controlado por un propósito dado por Dios. Es consistente con los frutos del
Espíritu (Gál. 5). El enojo injusto es controlado por el impulso de nuestros corazones que lo
llevan fuera de control. Jay Adams dice, "El enojo es la emoción dada por Dios para atacar
problemas... Las energías del enojo deben ser canalizadas productivamente, bajo control, hacia
el problema. El enojo se debe dirigir hacia la destrucción del problema, no de la persona. Como
un buen caballo, debe ser frenado." (Luc. 17:1; Prov. 29:11; Juan 2:17; Apoc. 6:16)
Prueba 5: ¿Qué motiva tu enojo?

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El vínculo entre raíz y fruto es bastante claro. Las personas motivadas por la gloria de Dios, su
propia santificación, la voluntad de Dios, y el bien de otras personas se enojan en una manera
diferente que las personas dominadas por el propio "yo." (Ef. 2:3, 8)
Prueba 6: Es tu enojo "listo" para responder a los pecados habituales de otros?
Las personas tienden a repetir sus pecados pero nuestro perdón debe ser "70 veces 7." En lugar
de esperar lo peor y decir "¿Cuántas veces te he dicho...?" nuestra misericordia debe ser nueva
cada mañana. Dios puede quebrantar los círculos viciosos. (Ef. 4:32; Lucas 17:3-4)
Prueba 7: ¿Cuál es el efecto de tu enojo?
El enojo pecaminoso crea problemas o los empeora. Daña a personas, las pone a la defensiva. El
enojo justo soluciona problemas. Miremos el ejemplo de Jesús. Si el reo no nos hace caso, no
hay que enojarte más como si tu severidad pudiera obrar el arrepentimiento en su corazón. Ora
para que Dios le conceda el don del arrepentimiento. "Si tu enemigo tiene hambre, dale de
comer..." Pero también puedes imponer límites que restringen el daño que pueda hacer (Ef 4:29;
Lc 6:28; Ro 12:20).

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El enojo parte II: Tres mentiras acerca
del enojo y la verdad transformadora.

por David Powlison


The Journal of Biblical Counseling,
Vol. 14.2, Winter 1996, pp. 12 – 21.

¿Qué es el enojo? ¿Cómo debemos manejarlo? En la parte 1 de este artículo1 buscamos proveer
algunas anclas bíblicas para entender esta experiencia tan volátil. Vimos que la Biblia trata con
el enojo con lujo de detalles. Vimos que el enojo implica a la persona total: cuerpo, emociones,
mente, motivos y conducta. Tiene un enfoque interpersonal, siempre teniendo relación con
Dios y generalmente con otras personas. Es tanto natural como aprendido, para bien y para
mal. Es un asunto moral. Dios nos ofrece una cosmovisión de la cual tomar para pensar sobre el
enojo, y dentro de la cual poder luchar contra las expresiones variadas del enojo que
encontramos.
En la parte 2 criticaremos tres de las ideas más perniciosas y falsas sobre el enojo que dominan
nuestra cultura. Como consejeros cristianos, podemos ofrecer la alternativa bíblica con toda su
profundidad, esperanza y poder para la gente atrapada en una red de mentiras. La verdad
provee un sendero para salir del enojo y para salir de la confusión que rodea al enojo. Esta parte
del artículo concluirá con un juego de ocho preguntas que ayudan a valorar y vencer el enojo de
una forma piadosa.

Mentira # 1: El enojo es algo dentro de mí.


Una implicación crucial de lo que hemos discutido es que el enojo no es una “cosa.” Es un acto

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moral de la persona total, no una sustancia o un “algo” dentro de ti. Eso puede parecer obvio,
pero no es así para mucho del entendimiento popular sobre el enojo. ¿Es el enojo un fluido
caliente y emotivo que aumenta la presión desde adentro? ¿O es un demonio que reside dentro
de la persona? Estas ideas comunes – ¡opuestas las unas de las otras en toda forma! – ambas
están de acuerdo en que el enojo es un "algo".
En la cultura occidental, muchas teorías del enojo lo ven como un fluido ejerciendo presión
desde adentro que debe ser liberado. Esta teoría “hidráulica” del enojo contribuye a la sabiduría
popular de que el enojo “tan solo es, no es bueno ni malo.” Las cosas son neutrales; los agentes
morales no lo son. ¿Por qué esta teoría parece tan plausible? Debido a que las siguientes
imágenes reflejan algo de cómo se siente el enojo: el enojo de una persona puede ser
“guardado”; su “bomba está lista.” La gente puede estar “hirviendo coléricamente,” “llenos” de
enojo, esperando “estallar.” Tiene que “desahogarse.” Los enojos pasados, sin resolver, pueden
ser “almacenados adentro,” “albergados” por décadas. Si te desahogas hasta que el enojo se
haya “gastado” entonces te vas a sentir mejor. Todas estas metáforas persuasivamente
representan al enojo como una sustancia presurizada dentro de nosotros.

1 “Understanding Anger,” (Entendiendo el Enojo), Journal of Biblical Counseling, 14:1 (Otoño 1995), pp. 40 – 53.
!1
Sin duda, estas descripciones tan coloridas expresan cómo se siente el enojo. Pero la intención
de la metáfora no es predominar sobre aquello que trata de ilustrar. Los escritores del Antiguo
y Nuevo Testamento, por ejemplo, realmente no creyeron que un horno interior se encienda
para calentarte cuando “ardes” en enojo. La metáfora “ardiente” capta gráficamente la
sensación del enojo y sus efectos, pero no trata de anular el hecho de que el enojo es algo que la
gente hace. El enojo se siente como un fuego, pero no es un fuego. ¡La solución no es remover
quirúrgicamente el horno o tomar mucha agua para apagar el fuego! La solución es una
solución moral: “dar la espalda” al pecado y acudir a la gracia de Dios en fe y arrepentimiento.
¿Qué quiero decir si digo: “Mi enojada vecina gruñe, ladra, refunfuña, y le grita a sus hijos; ella
mastica y les arranca la cabeza con los dientes; está rabiosa, y echa espuma por la boca”? Estas
son imágenes verbales muy iluminadoras. Pero ciertamente no quiero decir que ella tenga un
hidrofóbico perro guardián en su interior, ¡y que la rabia canina de su interior haya tomado
posesión de ella! En tal caso, las únicas soluciones serían ponerle un bozal o sacrificarla
liberándola de su miseria. Un perro molesto es una “cosa” la cual el hablar no arregla. Pero he
conocido gruñones que, escuchando a Dios, arrepintiéndose, creyendo y obedeciendo, acabar
siendo apacibles.
Cuando la gente cree que el enojo es una sustancia presurizada, algo dentro, no algo que hacen,
la idea apunta a una solución diferente del arrepentimiento. La necesidad de algún tipo de
catarsis parece lógica. La consejería buscará liberar la presión “abriendo la pústula” (¡Otra
metáfora!) “Tienes esta sustancia caliente hirviendo lentamente dentro de ti que necesitas
sacar. Aquí hay una almohada. Llámala tu mamá. Toma este bate de béisbol y dale una paliza a
la almohada, insultándola por cada cosa que ella te hizo. Tú sacarás el enojo de tu sistema. Te
sentirás mejor, y te vas a aliviar.” El escenario suena lógico solo si el enojo es una cosa dentro.
Pero debido a que el enojo no es una cosa, sino un acto moral de la persona total, el escenario
es pecaminoso.2 El enojo no es una cosa, así que la solución es conocerse a uno mismo, y
reconocer lo que está mal; la solución es el arrepentimiento, la fe y una nueva obediencia por el
poder de la gracia de Dios.

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La segunda forma en la cual el enojo es visualizado como una cosa, se ve en las culturas
animistas y en algunos segmentos de la cultura cristiana contemporánea. En estos contextos,
muchas personas tratan el enojo como un “demonio.” La lógica es idéntica al modelo secular
hidráulico. Nuevamente, el enojo es algo dentro de ti. Te vas a aliviar sacando la “cosa” de
dentro de ti, en este caso expulsándolo. Nuevamente esta teoría parece plausible. Así como
hierven las personas enojadas, así el enojo, nos hace exactamente como el diablo, tanto como
cualquier pecado. El es el acusador que usurpa el trono del juicio, desparrama medias verdades
y mentiras, y trae la ira contra Dios y otras personas. Todo el mundo enojado yace en su poder, y
el diablo busca moldearnos a su imagen. Cuando ves (o eres) una persona pecaminosamente
molesta, voilà, la imagen del diablo es expuesta. Pero la mano del diablo no es diferente de su
participación en cualquier otro pecado. Él no nos endemonia para que pequemos; él nos
gobierna. Él tienta y miente en su esfuerzo por controlarnos y destruirnos. La solución no está

2 Esto no es decir que la catarsis no pueda hacer que la gente se “sienta mejor.” Muchas cosas que no proveen una
solución real para los problemas morales hacen que la gente molesta se sienta temporalmente mejor: p.ej.,
medicamentos tranquilizantes, comer comida basura, orgasmo, dormir, ver TV, chismear tu historia para hacer
que la gente se ponga de tu lado, ir al gimnasio, escaparse a las Bermudas. Tales cosas frecuentemente nos
tranquilizan, pero todo eso no cambia nuestro corazón.
!2
en el exorcismo de supuestos demonios de ira, enojo, orgullo, y rebelión; sino en el
arrepentimiento de la ira, enojo, orgullo, y rebelión, volviéndonos hacia la gracia del Señor. El
enojo es un acto moral, no una cosa residente, y su solución es un acto moral, también.3
Debido a que el enojo es algo que las personas hacen como agentes morales, no hay razón por
la cual el enojo deba ser desahogado o exorcizado para que sea verdaderamente resuelto. Las
teorías que tratan el enojo como una sustancia o un demonio suenan plausibles porque giran
sobre una metáfora vívida o sobre el acusador que está al acecho en los alrededores. Pero ellas
interpretan mal lo que ven, y hacen que las personas se extravíen.

Mentira # 2: Está bien estar enojado con Dios


Hemos visto anteriormente que el enojo con Dios es algo común. La Biblia habla de esto varias
veces. 4 Es una de las reacciones humanas más lógicas, dada la naturaleza del pecado, pero es
una aberración tremenda. Lo que la esposa de Job dijo fue un terrible consejo, pero al menos
ella entendió correctamente la consecuencia: “maldice a Dios y muérete” (Job 2:9).
Muchas psicologías populares discuten la cuestión del enojo con Dios de tal manera que es de
poca ayuda. El consejo normal es algo así: “Si estás enojado con Dios necesitas hacer cuatro
cosas. Primero, recuerda que el enojo solo "es", no es ni bueno ni malo. Está bien sentir enojo
hacia Dios. El nos hizo con la emoción del enojo. Segundo, Dios con frecuencia nos abandona y
nos decepciona ¿Cómo explicas el hecho de ser abusado, clamar a Dios por liberación, y sin
embargo seguir padeciendo el abuso? Si se supone que él está en control de todo, entonces Él
podría haberlo detenido, y Él no lo hizo. Tercero, necesitas ventilar tu enojo hacia Dios. Él te
ama con un amor maduro y el amor maduro puede absorber el enojo honesto del ser amado.
Así que no tengas miedo de decirle exactamente lo que sientes y piensas. Muchos salmos
describen el enojo hacia Dios, si otras personas buenas han dejado salir su rabia hacia Él, tú
puedes hacerlo también. No censures tus sentimientos y tu lenguaje; di como te sientes para

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que no seas un hipócrita. Cuarto, necesitas perdonar a Dios. El perdón es lo opuesto al enojo, y
necesitas dejar la hostilidad para estar en paz contigo mismo y construir una relación de
confianza con Dios. Perdónale por la forma en que falló.” ¿Plausible? Así lo piensan muchos.
¿Coherente? Tiene consistencia. ¿Verdadera? De ninguna manera.
El enojo con Dios es bien examinado preguntando “¿Qué quieres y crees?” – tal como lo harías
con otro caso de enojo. Lo que invariablemente encontrarás es que tu corazón está controlado
por deseos fervientes y mentiras que han sustituido al Dios viviente y verdadero. Por ejemplo, si
yo deseo casarme y creo que Dios recompensará mi devoción a Él con una esposa, mi corazón se
hace vulnerable al enojo contra Dios. El enojo vendrá cuando el deseo no sea satisfecho y la
creencia se muestre infundada.

3 Vea mi libro Power Encounters: Reclaiming Spiritual Warfare (Encuentros de Poder: Recobrando la Guerra
Espiritual) (Grand Rapids: Baker Books, 1995) para una crítica mas extensa de la noción de los demonios de la ira.
4 Quizá mas vívidamente en la hostilidad sostenida hacia Jesucristo el Hijo de Dios, y hacia aquellos precursores y
mensajeros de Dios que le precedieron (especialmente David, Jeremías, y Juan el Bautista) y le siguieron (Pablo).
En el desierto, las quejas expresaron disgusto enojado hacia Dios. En Proverbios 19:3 un hombre insensato “está
furioso” contra Dios el Señor. Apocalipsis 16 menciona tres veces a aquellos hombres que “blasfemaron a Dios”
en lugar de arrepentirse.
!3
El enojo con Dios del tipo que es frecuentemente visto en consejería es—virtualmente sin
excepción (discutiremos esos Salmos de “enojo” en un momento) —enojo pecaminoso. Rebosa
malicia y desconfianza hacia Dios. Firmemente abraza mentiras (y las proclama) acerca de
cómo es Él. Racionaliza cualquier número de conductas auto-destructivas y pecaminosas. El
enojo con Dios presenta una maravillosa oportunidad de consejería. Manejada correctamente,
es el camino real hacia los trastornos perversos del corazón humano. Por la gracia de Dios,
aquellos que están molestos con Él pueden por primera vez descubrir quién realmente es Él, y
quiénes son ellos también.
Examinemos la formula terapéutica punto por punto. Primero, hemos tratado con el hecho de
que el enojo no es neutral. El enojo con Dios, o le acusa maliciosamente o expresa fe viva en Él.
Aquellas emociones de enojo con las cuales estamos “hechos” pueden ser piadosas o
diabólicas. En contraste, la primera pieza del consejo terapéutico elude completamente el
dilema moral inherente en el enojo.
Segundo, ¿Realmente nos falla Dios cuando sufrimos? En ningún lugar de la Biblia encontramos
una pizca de evidencia de que Dios realmente nos traicione. La Biblia discute constantemente el
sufrimiento, pero siempre nos muestra que cualquier “traición” aparente de parte de Dios debe
ser vista en el contexto de sus propósitos más grandes. Indudablemente, la gente puede
verdadera y seriamente fallarnos. Los abusadores traicionan la confianza de una forma tan
atroz que si el infierno tuviera gradaciones ellos merecerían el hoyo mas profundo.5
Indudablemente el diablo nos atormenta. Ese es su trabajo. Indudablemente los sufrimientos
duelen—por definición. El enojo hacia los tiranos y al tirano principal es bien merecido. Y gemir
(a Dios, en fe y esperanza) por causa de nuestros sufrimientos seguramente es válido. Pero Dios
nunca nos ha prometido libertad de las lágrimas, el lamento, el llanto y el dolor—o del mal que los
produce—hasta el gran día cuando la vida y el gozo triunfen por siempre sobre la muerte y la
miseria. El entretejido de la gloria de Dios y nuestro bienestar es mucho más grande de lo que la
gente imagina. Los que están enojados con Dios ¿Han creído falsas promesas o han impuesto
sus propias expectativas sobre Dios? ¿Han llegado, entonces, a estar molestos con un Dios

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“decepcionante,” hasta el grado de confundir sus acciones y sus motivos con los de Satán y con
gente malvada que imita la crueldad del diablo? Es curioso como las personas que
verdaderamente no creen en la soberanía de Dios se convierten en hiper–calvinistas cuando
están molestos con Él (“Él podría haber cambiado las cosas y no lo hizo”). Creer realmente en la
soberanía de Dios es ganar un fundamento inconmovible para confiar en Él aun en medio de los
tormentos infernales, además de los dolores más ligeros.
El Dios real es el libertador de los tiranos, no el tirano. El es la única esperanza para “el pobre,
afligido, necesitado, desafortunado y oprimido” que se encuentra atacado en un mundo “lleno
de violencia.” Y—una verdad tan profunda que solo la podemos mencionar con temblor—
cuando somos honestos con nosotros mismos nos damos cuenta que somos más parecidos a
los tiranos que diferentes a ellos. La línea entre lo bueno y lo malo corre a través de cada
corazón, excepto del corazón del Cordero de Dios. No es que nosotros merezcamos lo que otros

5 Estoy citando un escenario con el peor caso. Muchas personas que están molestas con Dios han sufrido apuros
más suaves: desilusión en el amor, un revés financiero, la muerte de un familiar anciano, una propuesta
rechazada por el consejo de la iglesia. ¡Me sorprende ver que las personas que están molestas con Dios
típicamente han sufrido exactamente las mismas dificultades que las personas que aman a Dios!
!4
nos hicieron, sencillamente eso fue malo, y será compensado completamente con la ira de Dios
(desahogada sobre los tiranos o sobre Cristo para aquellos que se arrepienten). Pero eso no
significa que por ello seamos inocentes. También merecemos la ira por nuestros propios
pecados. Jesús sufrió las torturas que justamente merecemos.
El enojo con Dios que los consejeros ven con frecuencia invariablemente enmascara una
profunda auto–justicia y expresa una incredulidad descarada. La fórmula terapéutica mundana
no desafía esa auto–justicia e incredulidad en ninguna manera. Al contrario, la refuerza (¡Razón
por la que muchos encuentran el modelo terapéutico tan atractivo y plausible!) Debido a que
nunca habla de la pecaminosidad dentro del enojo con Dios, la fórmula terapéutica nunca
puede ofrecer la única verdadera esperanza para aquellos que están en dificultades: el Salvador
que sobrellevó nuestros pecados quien libera a su pueblo de la condenación y de la corrupción
de sus propios pecados y del dolor de los pecados de otras personas.
La Biblia también desafía el tercer punto de la fórmula terapéutica. No necesitas ventilar tu
enojo pecaminoso con Dios para tratar con él. Necesitas arrepentirte de eso, como Job.
Necesitas entender las demandas, las falsas creencias, la auto–justicia que lo produce y
controla. No hay salmo que aliente a tener el tipo de ventilación de enojo hostil que los
terapeutas alientan. En los salmos de “enojo” sin excepción, lo que subsiste es una actitud de fe.
Sí, hay verdadero desconsuelo, queja, dolor y consternación. Podemos llamarlo reverentemente
ira justa porque anhela la gloria de Dios y el bienestar de su pueblo. Tal enojo amante anhela
que Dios, nuestra única esperanza, elimine los sufrimientos que actualmente experimentamos.
La intensidad de la queja emana de la intensidad de la fe. No contiene maldiciones, ni amargura
infame, ni mentira, ni desprecio, ni blasfemias; tampoco es despectivo. Los salmistas están
consternados porque conocen y confían en Dios quien es bueno, porque le aman, y porque
luchan por reconciliar sus promesas con su aflicción actual.6 Los salmistas se mueven hacia
Dios con fe honesta, luchando con sus circunstancias. Pero las personas molestas con Dios lo
sacan del camino. Los salmistas quieren la gloria de Dios y quieren que el mal se vaya; gimen y
se lamentan en su fe. Y típicamente (también ignorado por la falsificación terapéutica)

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manifiestan una conciencia de culpa y pecado; reconocen que el sufrimiento en general es de
algún modo merecido. Esta es una conciencia que coexiste con el odio a los intentos malvados
de aquellos que nos afligen. Cuando la Biblia nos enseña cómo expresar agonía hacia Dios,
enseña un grito de fe, no una vociferación de furia blasfema. La alternativa terapéutica es
demasiado distorsionada para poder enseñar a la gente atribulada cómo y por qué quejarse con
el Dios que aman.
Cuarto, la noción del perdonar a Dios es una blasfemia final en una serie de blasfemias. La
persona que verdaderamente trata con el enojo hacia Dios mediante el arrepentimiento y la fe
dejará de sentir enojo hacia Dios. Sentirá una gratitud enorme (otra cosa perdida en la
falsificación) debido a que ha encontrado perdón, no porque lo haya otorgado. Dios es bueno. El
no necesita nuestro perdón. El nunca se queda en el banquillo de los acusados como culpable,
sin importar cuanto nuestro enojo pecaminoso busca ponerlo allí. ¿Con quién comienza el
perdón, de modo que una relación confiable pueda ser reconstruida entre el hombre y Dios?
¿Comienza con nosotros? Imposible. La falsificación terapéutica se equivoca seriamente en este
punto, como los demás.

6 Fuera de los Salmos, Habacuc hace lo mismo más conmovedoramente.


!5
Los Salmos y Job no proveen de apoyo bíblico para estas ideas distorsionadas que hacen del
enojo contra Dios algo trivial. Aun Job, un hombre piadoso y de fe honesta, al final se arrepintió
de su auto–justicia. En cuanto había acusado a Dios y buscado justificarse a sí mismo, fue
puesto bajo la convicción que estaba errado. De eso trata el libro. Los Salmos leídos en su
totalidad, no dicen lo que se supone que dicen, planteado por aquellos que toman los versículos
fuera de contexto para apoyar una idea falsa.
Cada paso en la fórmula terapéutica del mundo se ajusta a un objetivo: mantener al hombre en
el trono del orgullo. Esta falsificación terapéutica justifica el enojo como neutral, culpa a Dios
por ser malo, ventila la hostilidad y finalmente “perdona” al Gran Ofensor. Esto exhibe
superficialidad en el razonamiento moral, superficialidad aun para formular el problema del
mal (entonces cuanto más en tratar con ello), y una superficialidad en involucrarse con las
Escrituras. ¡Todo esto debiera enojar a los cristianos!7
La persona honesta acerca de su enojo con Dios—y que busca la verdad respecto a esto—seguirá
una ruta muy diferente de la prescrita por la fórmula terapéutica. El corazón arrepentido y
creyente no permitirá una tregua fácil entre mis sufrimientos pasados y mi disposición actual
de tolerar alguna relación con un Dios que me decepciona. El corazón creyente encontrará la
verdad, gozo, esperanza, y amor indescriptible. El corazón creyente encontrará a Dios.

Mentira # 3: Mi gran problema es el enojo conmigo mismo.


Muchos problemas apenas discutidos reaparecen en nociones actuales de auto–perdón. Si estoy
molesto conmigo mismo—y el fenómeno es común—la sabiduría actual arguye que necesito
perdonarme a mi mismo en primer lugar.8 Típicamente se enseñan dos “verdades” para motivar
al auto–enojado a que se perdone. Primero, “Dios no nos creó como basura, y dado que el me
creó debo ser digno de algo.” Segundo, “Jesús pensó que soy tan valioso que Él me amó y vino al
mundo a morir por mí.” Sobre el fundamento de estas afirmaciones puedo sentirme bien

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respecto a mí mismo y ver mis fallos de forma más tolerante. ¿Resultado final? Me “perdono a
mí mismo” en lugar de estar enojado conmigo mismo. 9 Suena plausible para muchas personas.
Pero está totalmente desencaminado.
¿Por qué hay gente molesta consigo misma? Primero, invariablemente han fallado en practicar
alguna norma. Eso es el enojo, es un juicio contra el mal percibido. Esa norma puede ser falsa—

7 Ciertamente este enojo pasaría la primera prueba de la ira justa, es decir, se incomoda por las cosas que hieren a
la gente y que culpan a Dios. Tal enojo pasará las otras pruebas (ver parte 1 de este artículo) si amamos a Dios y
amamos a la gente que está molesta con Dios, deseando ofrecerles ayuda real en lugar de mentiras.
8 Véase el excelente artículo de Robert Jones “I Just Cant’t Forgive Myself: A Biblical Alternative to Self–
forgiveness” (“No me Puedo Perdonar a Mi Mismo: Una Alternativa Bíblica Hacia el Auto–perdón”) que viene a
continuación en este número del Journal of Biblical Couseling.
9 Es probablemente más acertado decir que la meta terapéutica es realmente “aceptarme a mí mismo como
básicamente bueno, con comprensibles defectos como todos los demás,” no “perdonarse a uno mismo.” El
perdón implica que algo es tan malo que “sin el derramamiento de la sangre no hay perdón” (Hebreos 9:22) La
enseñanza del auto–perdón habita en el mundo de la auto–aceptación humanista, no en el del perdón cristiano.
El mundo del auto–perdón es un mundo cuyo dios juega al abuelo tolerante y mundanamente sabio. ¡Dios es un
Padre amoroso con cosas mucho mejores en mente para sus hijos!
!6
necesitar una casa que se ve como una en las páginas de House Beautiful (Preciosas Casas); sacar
todo diezes en la escuela, poder agradar a un padre que nunca está satisfecho; tener el tiempo
devocional perfecto. O la norma puede ser correcta—no cometer adulterio, tener un aborto, o
ser perezoso. En cualquier caso, hay algo que creo debo practicar. Quiero hacerlo. Pero fallo. Esa
es la primera parte sobre cómo me veo a mí mismo.
Segundo, el enojo siempre trae consigo un juez, ya que ellos son quienes llevan los juicios. En las
metáforas del Antiguo Testamento, algo puede ser desagradable ya sea a “mis ojos” o “a sus
ojos” o “a los ojos del Señor.” ¿Cuáles ojos están juzgando cuando me siento molesto conmigo
mismo? Los míos. Evalúo y mi juicio es final. Esa es la razón por la cual los que se odian a sí
mismos nunca se sienten satisfechos tras nuestros esfuerzos bien intencionados por ayudarlos
a creer en el perdón de Dios en Cristo. Puede que “ya crean” que Dios les ha perdonado por
tener la casa desordenada o por el aborto cometido, pero no es suficiente: “Yo no me puedo
perdonar a mi mismo.” Y mis ojos son importantísimos, es decir, más dignos de consideración
que los de Dios.
Es digno de observar que con frecuencia las personas que “no se pueden perdonar a si mismas”
sirven tanto a sus ojos como a los ojos de los demás. Quiero que mi casa se vea impecable para
agradarme a mi mismo (por consiguiente cuando fallo, me desagrado a mi mismo) y para
agradar o impresionar a mi mamá y a mis vecinos. Cuando mi casa está desordenada, me
detesto a mi mismo, he fallado en todo, fallando en agradarme a mi mismo y a otros. O puede
que tenga normas correctas (por ejemplo, contra el aborto) pero ojos perversos. A mis ojos “no
me puedo perdonar a mí misma” por haber abortado. ¿Cómo pude haber hecho eso? Debo
pagar por ello o debo sufrir por ello. Esto es auto–justicia en sumo grado, en todos los lados de
la transacción intra-personal: simultáneamente juego el papel de juez, criminal, y salvador y no
sé nada acerca de la justicia de Cristo que hace que el Nuevo Testamento cante de gozo.
Típicamente los ojos de los otros juegan un papel paralelo a mis propios ojos: me avergüenza
que alguien sepa del aborto. Pueden pensar mal de mí. La Biblia habla de esto en términos del
temor al hombre, sustituyendo el temor del Señor por la opinión social. Los ojos ante los que

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viven aquellos que se odian son frecuentemente una composición de lo que la Biblia llama
orgullo y temor al hombre.
Tercero, cuando establezco una norma y los ojos que me juzgan, también creo mi propia
definición de un “salvador.” Para pagar por mis faltas en alcanzar mis propias normas (o las de
los demás) me puedo esforzar y angustiarme por llegar a la perfección. Trabajo doblemente
duro para limpiar la casa, abro mi hogar a las madres solteras y compulsivamente trabajo en el
movimiento pro-vida. Pero no funciona. La casa sigue estando desordenada y no importa cuán
buena sea, el aborto todavía mancha mi pasado. Decido seguir jugando a ser mi propio salvador
reconstruyendo un logro perfecto, el cual (si tan solo lo pudiera lograr) haría las cosas mejores.
Pero fallo, así que los que se odian siempre tienen la última palabra. El tratar de administrar mi
propio castigo es un retroceso sin fin, haciendo el papel de juez y de cordero sacrificial al mismo
tiempo. Me lacero a mi mismo mentalmente. Me aflijo con el pesar, auto-recriminación, auto-
odio, acusándome a mí mismo despiadadamente por mis transgresiones (imaginarias o reales).
Estoy molesto conmigo mismo. No me puedo perdonar a mí mismo.
La consejería bíblica debe acercarse a tales personas en los tres puntos: normas, “ojos” y
salvadores. Ellos viven en una completa falsificación de la realidad bíblica, por lo cual están tan
!7
confundidos e infelices. Solo la verdad puede traerles sabiduría y gozo. Tu meta es redefinir la
realidad en la que viven, declarar cómo la vida puede ser transformada mediante la renovación
de sus mentes.
Primero, determinar si las normas que la gente usa para juzgarse a ellos mismos son de Dios,
suyas, o las tomaron prestadas de otras personas (como la mamá o los vecinos). Algunas veces
las normas serán correctas; en muchas ocasiones las normas serán distorsionadas y pueden ser
desafiadas y cambiadas a la luz de la verdad.
Segundo, ¿Los ojos de quién principalmente importan? ¿De quién importa la aprobación? Vivir
ante mis propios ojos es sustituir mi conciencia por la de Dios. Este es un acto de orgullo. Vivir
ante los ojos de los demás-para su aprobación es sustituir su evaluación por la de Dios. Este es
un acto de temor al hombre. Vivir ante los ojos de Dios es el comienzo de la sabiduría. Cuando
el que se odia a sí mismo despierta a esto despierta a la realidad. Llega a ser consciente de
pecados que nunca se imaginó y de su verdadera necesidad de perdón.
Tercero, ¿A quién mira como el salvador de todo este caos y miseria? ¿Depende la persona de
sus propios esfuerzos para encontrar una forma de perfección? ¿Se castiga él mismo por la
culpa de los fallos que percibe? Jesucristo es el único que da perfección; Él es el único que puede
cargar con la culpa. Él puede perdonar los diversos pecados presentes: transgresiones genuinas
(adulterio, aborto, pereza), la confianza y la fe en normas falsas (House Beautiful), la elección de
vivir ante los ojos de otros antes que a los de Dios (los míos y los de mi mamá), y el buscar una
justicia auto-lograda como un salvador falso. Jesús da justicia verdadera—su propia vida
perfecta—a las personas que pecan. El da verdadero perdón a las personas que pecan, su auto-
sacrificio para cargar con nuestro castigo. El da su poder residente para renovar nuestras
mentes, darnos gozo y cambiarnos, es decir, Su Espíritu Santo. ¡Qué alivio de la sofocante auto-
absorción de los esquemas de auto-perdón!
Los que se odian a si mismos encontrarán sus problemas resueltos conforme trabajen en ellos
en base a este entendimiento bíblico. Nadie es pasado por alto en la verdad amorosa de Dios. El

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vivir para House Beautiful se marchitará y se convertirá en una tontería infantil de la cual Dios
exquisitamente me ha liberado. El aborto fue verdaderamente perdonado, no porque hice
enmiendas o me haya castigado a mi mismo, sino porque Jesús amó al pecador. El orgullo y
temor del hombre que me elevaron a mi mismo a ser juez son remplazados por el temor del
Señor que es el principio de la sabiduría. El perfeccionismo legalista de mis esfuerzos por el
éxito y el auto-castigo de mi enojo conmigo mismo son remplazados por la gratitud por la
gracia de Dios. Caso cerrado, nunca mas “enojado conmigo mismo” ni siquiera un soplo de
“necesito perdonarme a mi mismo.”
Date cuenta, a propósito, como el análisis falso (¿Estás enojado contigo mismo? Perdónate a ti
mismo) guía hacia un falso evangelio, tal como lo hicimos cuando consideramos el enojo con
Dios. En el escenario bíblico no hay ninguna indicación de que “eres muy digno debido a la
creación, y el amor de Jesús muestra cuán valioso eres. Así que te puedes sentir bien contigo
mismo.” La verdad es que la creación y la redención no nos dan mucha razón para sentirnos
bien acerca de nosotros mismos. Nuestra creación fue a la imagen de la gloria de Dios, no
obstante mira que tan bajo hemos caído: “los corazones de los hijos de los hombres están

!8
llenos de maldad y locura hay en sus corazones mientras viven.”10 Una mirada honesta a nuestra
gloria en la creación “cierra toda boca... pues todos hemos pecado y estamos destituidos de la
gloria de Dios.” De la misma manera, nuestra redención fue ganada de una forma que exhibe
cuan malos somos y cuan desamparados estamos. El único Hombre bueno y digno murió
voluntariamente por enemigos impíos, débiles y pecadores. ¡Tales hechos difícilmente nos
ofrecen razón alguna para una auto-aceptación y un auto-perdón seguros! Gracia, por
definición, arruina el auto-valorarse. El orgullo escondido que alberga la “baja auto-estima” y
“el enojo conmigo mismo” no se cura declarándome erróneamente valioso. El evangelio bíblico
nos dirige hacia la dignidad de Jesucristo, que redimió al indigno y al merecidamente
condenado. Cuan mejor es el evangelio verdadero, el cual define nuestra necesidad de perdón a
partir de Dios (no de nosotros mismos) y lo provee, total y gratuitamente. Las personas que
abrazan la gracia de Dios llegan a ser verdaderamente felices, libres de la necesidad de muletas
para su inestable auto-concepto. Un auto-conocimiento bíblico y correcto acaba con la
supuesta necesidad de auto-estima. Produce a las únicas personas sobre el planeta con razón
para estar confiados al acercarse a la vida.
La idea de perdonarse a uno mismo realmente suscita un pecado central: mantiene a las
personas viviendo ante los ojos equivocados—los suyos. “Estoy molesto conmigo mismo;
necesito perdonarme a mí mismo.” El armario psíquico mal ventilado está muy lejos del mundo
real en el cual la Biblia nos hace libres para que podamos vivir. Por ejemplo, en 1 Corintios 4:3–5,
Pablo dice que no importa lo que piensen las otras personas de él: “muy poco me preocupa que
me juzguen ustedes o cualquier tribunal humano.” No vive a los ojos de otros. Entonces dice que
no importa qué piense de si mismo: “es más, ni siquiera me juzgo a mi mismo. Porque aunque la
conciencia no me remuerde, no por eso quedo absuelto.” El no vive ante sus propios ojos.
Finalmente dice, “el que me juzga es el Señor,” y pasa a discutir qué significa vivir ante los ojos
de Dios. Mi opinión de mi mismo (“conciencia”) y tu opinión de mi (“reputación”) no importan a
menos que se conformen a la opinión de Dios acerca de mí. Cuando se quedan en su lugar, son
enormemente valiosos; cuando se apoderan del trono son unos tiranos.

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Tanto el enojo con uno mismo, como el enojo con Dios, vienen a una rica y satisfactoria
resolución cuando se entienden correctamente y cuando el evangelio es aplicado. Las
falsificaciones frecuentemente ofrecidas a la gente atribulada son suficientes para hacer a los
cristianos llorar con aflicción y enojo.

Un sendero para salir del enojo.


Movámonos hacia una dirección positiva. ¿Cómo podemos tomar la enseñanza bíblica respecto
al enojo para ayudarnos a cambiar? Esa es la pregunta importante. Todo lo que hemos visto
puede ser resumido en ocho preguntas prácticas. Las primeras cuatro preguntas nos ayudan
hacia una evaluación del enojo; las siguientes cuatro nos guían hacia una resolución.11
Permítame usar como ejemplo una situación sencilla que nos tienta a muchos (¿o a todos?)

10 Eclesiastés 9:3; Otro análisis de la condición moral humana tal como Génesis 6:5, Jeremías 17:9 y Romanos 3.
11 Esta estructura básica se aplica a otros problemas además del enojo. Este es simplemente un resumen del
modelo bíblico de cambio.
!9
nosotros a enojarnos. Estás en un embotellamiento de tráfico y apurado porque vas retrasado
para llegar a un cita importante. Faltan cinco minutos para el medio día. La cita es al medio día.
Estás atrapado en la autopista a quince kilómetros de distancia, el tráfico no se ha movido por
veinte minutos y no muestra señal de desatorarse. ¿Una respuesta común? Tú refunfuñas – con
enojo, frustración, disgusto, consternación, tristeza, tensión. Cuando lo hagas. Hazte estas
preguntas.

Pregunta #1: ¿Cuál es la situación?


Esta es fácil. ¿Cuál es la situación provocante? El enojo es provocado, tiene un gatillo, sucede
por razones y en lugares y momentos específicos. ¿Qué te pasa? “No estaba tentado a
molestarme hasta que me vi atrapado en el embotellamiento de tráfico y el reloj estaba
acercándose al medio día, y me di cuenta de que iba a llegar tarde para mi cita.” La situación
significativa incluye a la Secretaría de Transportes que decidió hacer una vía en ese preciso
momento, el tráfico, la hora, la cita, la posible reacción de la persona esperándote, etc.

Pregunta #2: ¿Cómo reacciono?


Esta pregunta es relativamente fácil. Está destinada a ayudarte a identificar las formas
específicas en que expresas el enojo pecaminoso. ¿Qué pasa en la vida de tu pensamiento?
Mentalmente insultas a la Secretaría de Transportes. Imaginas escenarios de ansiedad mental
de cómo presentarle tus disculpas a la persona que dejaste plantada. Auto-recriminación quizá:
“¿Por qué no salí antes o tomé una ruta diferente o escuché las noticias del tráfico en la radio?
¿Qué va a pasar si esa persona con quien iba a encontrarme se disgusta conmigo?” ¿Dónde está
Dios en todo esto? Quizás he insultado, invocando su ira para servir a mis frustraciones. Quizá
tuve un pensamiento efímero de “debo... o no debo...” pero eso no detiene al tren fugitivo.
Quizá he tenido pensamientos de enojo acerca de Dios, “el cristianismo no funciona; Dios es un

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chiste; ¿cuál es la utilidad?”
¿Cuerpo y emociones? Me siento molesto, irritado, caliente. Desde que me siento aquí siento
que el vapor sale de mis oídos. Me siento tenso. Mi cuello se pone tenso. El dolor de estómago
se hace más fuerte. Ansiedad por perder la reunión.
¿Acciones? Me acerco sigilosamente al parachoques de enfrente y no le permito a nadie de los
lados pasar. Aporreo con el puño en el tablero. Gemidos, suspiro, silbidos. Ventilo mi disgusto
“¡No lo puedo creer! ¡Que ridiculez! De todos...” Enciendo y apago la radio agresivamente. Un
gesto o frase obscena. Manejo como un maníaco cuando el tráfico ya está descongestionado.
Una erupción semi-coherente de enojo y pido disculpas cuando finalmente llego a la cita.
Esta explosión de enojo (y a veces temor) es una clásica reacción humana de las “obras de la
carne.”

Pregunta #3: ¿Cuáles son mis motivos?


Estoy protestando y quejándome, de modo que algunos deseos y falsas creencias deben estar
controlándome. Haz las preguntas básicas: ¿Qué es lo que verdaderamente quiero? ¿Qué es lo
!10
que verdaderamente creo? El enojo sale de mi corazón; no es causado por una situación.12 Aquí
hay algunas posibles cosas que gobiernan el corazón:
• “Quiero ir por donde quiera ir cuando quiera estar ahí.” Eso es orgullo inalterado.
• “¿Qué pensará la gente de mi? Llegué tarde una vez antes.” Temor al hombre
• “Quiero y necesito el dinero que estas llamadas de venta estaba seguro que iban a
producir.” (o la curación que el doctor estaba seguro que iba a proveer; o el amor que esta
persona estaba seguro me iba a dar; o...) múltiples deseos (“quiero”) y falsas creencias
(“necesito”) concerniente al dinero, medicina, amor.
Cuando estos deseos (clásicos “deseos de la carne”) y falsas creencias gobiernan mi corazón,
producen enojo pecaminoso. Si Dios realmente gobernara mi vida, estas emociones naturales
estarían subordinadas a Él. Puede que sintiera algo de desilusión, pero no estaría chapoteando
en el pantano.

Pregunta #4: ¿Cuáles son las consecuencias?


El enojo tiene consecuencias. Crea lazos retroactivos, círculos viciosos. Quizá cuando los
conductores ribetean hacia delante, golpeo el auto más cercano y obtengo un grito hostil de
parte del conductor y $250 a mi cuenta deducible de mi seguro de colisión. Quizá cosecho
consecuencias físicas y emocionales: culpa, perturbación y tensión crecientes, dolor de
estómago y dolor de cabeza. Algunas veces las consecuencias son fatales: el gesto obsceno lleva
al receptor a sacar una pistola y disparar. Quizá cuando finalmente llego a la cita estoy tan
enojado, molesto, nervioso y lleno de excusas que doy una terrible impresión y pierdo la venta
(o mi novia). Quizá la forma inmadura como actúo me hace perder la reputación con todo el
personal de la oficina del doctor, y ellos disfrutan de veinte minutos de humor sarcástico a mis
espaldas. “Mi día está arruinado.”
Las primeras cuatro preguntas han identificado y disecado la reacción de enojo. Señalan

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provocaciones específicas, los detalles de las varias reacciones, los motivos subyacentes y las
consecuencias. Hemos dado un vistazo aun en este pequeño incidente, los círculos viciosos que
definen “pecado y miseria.” Las próximas cuatro preguntas se mueven hacia una solución
bíblica por la gracia de Dios, quien ha estado mirando con atención lo que ha estado pasando
todo el tiempo.

Pregunta #5: ¿Qué es verdadero?


¿Quién es Dios? ¿Qué dice? Muchos temas y verdades bíblicas pueden ser significativos, pero
me concentraré en tres que son siempre importantes cuando se trata con el enojo. Primero,
Dios está presente y en control en esta y en cada situación. Su soberanía rodea las cosas que
enfrenté en la pregunta #1. Yo no fui destinado a controlar el mundo, pero eso no significa que
el mundo esté fuera de control. Solucionarás el enojo conforme aprendas a creer, “Dios tiene

12 Después de todo, si hubiera querido evitar la cita, ¡hubiera estado contento de estar atrapado en el tráfico con
una gran excusa! La felicidad pecaminosa es un problema por el que las personas rara vez buscan consejería. La
Biblia abunda con ejemplos de personas que se regocijan de hacer lo que sus malos corazones desean (e.g.,
Salmo 73:3 – 12; Jeremías 50:11; Habacuc 1:15; Lucas 6:24 – 26 y 16:19, 25; Apocalipsis 11:10)
!11
mucho que ver en que esté atrapado en el tráfico y vaya a llegar tarde. El está presente y está
obrando algo bueno en mi vida como su hijo. El propósito primordial de Dios es conformarme a
la imagen de Jesucristo, hacerme una persona lenta para la ira y llena de confianza, hacerme un
pacificador no hacedor de guerra. No me gusta el hecho de que mi cita se pierda, pero Dios me
ha dado una oportunidad perfecta para hacerme un tipo diferente de persona.”
Segundo, la ley de Dios habla de sucesos como éstos. La ley actúa en dos formas, como un
espejo y como una lámpara. Primero Dios sostiene un espejo frente a mi: “Ama al Señor tu Dios
con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” y “Ama a
tu prójimo como a ti mismo.” Aquel primer gran mandamiento pone al descubierto mi corazón:
¿Qué amé en cambio? Me irrité porque amé mi camino, aprobación humana y dinero (o salud o
amor). Este mandamiento diagnostica las cosas que encontré acerca de mí en la pregunta #3.
De hecho, ¡me enseñó a preguntarme este tipo de preguntas! El segundo gran mandamiento
pone al descubierto mis frutos. ¿Qué obras de la carne emergieron de los deseos de la carne?
Las reacciones pecaminosas de la pregunta #2 son expuestas por lo que son. Se me enseña
incluso qué tipo de cosas ver por la multitud de preceptos y principios bíblicos que iluminan
este mandamiento.13
Dios también sostiene la ley como una lámpara para guiarme. El primer gran mandamiento me
dice de amar (y confiar, temer, esperar, volverme...) a Dios. Puedo confiar en su provisión
financiera para mi (o por salud, amistad / matrimonio) en lugar de enfocarme en obtener estas
cosas. Puedo amarle por traerme claridad de sabiduría y sentido en una situación que
anteriormente era un pantano emocional. Me dice como encontrar y conocer a Dios (pregunta
#6 abajo). El segundo gran mandamiento habla positivamente de considerar los intereses de
los demás. ¿Cómo aplicaremos eso? Puedo ser benévolo conforme el tráfico se descongestiona
y dejar que alguien me pase. Quizá la cortesía me habría hecho hacer una llamada telefónica (si
es posible) para que la persona que me espera se entere de la situación. Este mandamiento
habla de paciencia y de otros numerosos buenos frutos que aplicaré en diferentes situaciones
de la vida. Me recuerda decir la verdad cuando le digo a la gente qué pasó. Me reta a obtener la

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sabiduría que necesito para aplicar la voluntad de Dios en esta situación específica de mi vida –
a las 11:55 a. m. cuando me atoro en el tráfico y me atraso para una cita (pregunta #7 abajo).
Tercero, la verdad de Dios habla del evangelio. He sido convencido de haber violado el primero y
el segundo gran mandamientos en este pequeño incidente en la autopista. Estos son pecados. Y

13Por supuesto que la Biblia no necesita proclamar que tiene una lista de cada mínimo detalle. Nos enseña como se
ve el enojo pecaminoso y nos da numerosos ejemplos. Por ejemplo, no necesito un texto que prohíba
explícitamente el acto de “comprar Penthouse y masturbarme para hacer un berrinche contra Dios”—sé que tal
cosa expresaría enojo pecaminoso. Tal análisis está implícito en “las obras de la carne son evidentes, (da 15
ejemplos...), y cosas como estas” (Gálatas 5:19 – 21). Ese pasaje y otros nos ofrecen muchas variantes en el tema
del enojo para hacernos capaces de entender el panorama. La Escritura nos orienta hacia la realidad,
enseñándonos a pensar con precisión acerca de nuestro mundo.
Algunas veces el punto de vista de que la Escritura es “suficiente” para la consejería es caricaturizado por los
oponentes, como si esto significara que la Escritura contiene todos los hechos con los cuales la consejería trabaja.
Este es un punto de vista absurdo jamás sostenido por ninguna persona en la historia del mundo. En cambio la
Escritura es suficiente para interpretar todos los hechos con los cuales la consejería trabaja. Si la Escritura fuera
exhaustivamente enciclopédica, ¡bastaría con pedirle a una persona su nombre para conocer todos los detalles de
su vida! Sin embargo las categorías bíblicas harán un mapa de aquellos detalles idiosincráticos, suficientemente,
perfectamente, y sabiamente.
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el Evangelio es el puente entre la ley como un espejo y la ley como una lámpara, entre el caos
del pecado y el gozo de la sabiduría. El Evangelio perdona pecados, me restaura a Dios, provee
poder para ser diferente y da esperanza más potente que las desilusiones de la vida. Dios es
“nuestra ayuda segura en momentos de angustia,” y puede darme gracia para actuar
pacíficamente y compasivamente mientras espero que termine el congestionamiento de
tránsito. Puedo conocer y regocijarme de nuevo en el inexpresable regalo de amor de Dios.

Pregunta #6: ¿Cómo puedo volverme hacia Dios por ayuda? Hazlo.
La pregunta #5 presentó la cosmovisión en la que los problemas adquieren sentido. Dios es
revelado, y el camino de escape de la necedad a la sabiduría se hace claro. Un puro análisis, sin
embargo, aun con el pensamiento mas claro (algo de lo que las preguntas #1 – 5 buscan traer)
no me cambiará. La pregunta #6 me mueve. Dios quiere decirme que le busque, que “trate” con
Él. Necesito aplicar las verdades de la pregunta #5, por ejemplo, trabajando con las preguntas
distinguiendo la ira justa y la pecaminosa. No es difícil notar que mi enojo está fallando el
primer examen de la ira justa:14 este congestionamiento de tránsito no es un mal moral que
requiera de las energías del enojo. Mi enojo pecaminoso ha sostenido esa mentira porque serví a
los falsos dioses identificados en la pregunta #3. Necesito arrepentirme, volverme de los deseos
y obras de la carne al Señor de la vida. Necesito confesar mis pecados, pedir perdón, creer el
Evangelio, pedir sabiduría para saber cómo responder y el poder para hacerlo. Los resultados de
todo esto serán la claridad mental de “estar en sano juicio.” Conoceré la gratitud genuina hacia
Dios, y el contentamiento (aun en el congestionamiento de tránsito, al menos) que fue
inconcebible mientras estaba sumergido en mis pecados. ¡Gracias Dios, por ser quien eres, por
la bondad de tu evangelio que ha venido a encontrarme justo aquí en mi necesidad!
“Bienaventurado el hombre que halla sabiduría... Más preciosa es que las piedras preciosas; y
todo lo que puedes desear, no se puede comparar a ella. (Proverbios 13:13, 15) Estoy
experimentando la bendición de querer la sabiduría más de lo que quiero impresionar a la gente

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u obtener dinero o las otras cosas que me pusieron nervioso.

Pregunta #7: ¿Cómo puedo responder a esta situación para glorificar a Dios? Hazlo.
El arrepentimiento y la fe guían hacia cambios concretos en la conducta, emoción,
pensamientos. La justicia es tan específica como los pecados descritos en la pregunta #2. Al
nivel mas simple, puedo simplemente tomar un profundo suspiro y relajarme, confiando que
Dios esté en efecto en control. Pero Dios tiene otros frutos en mente también. Llego a ser
compasivo, un conductor caballeroso. ¿Qué importa si estoy dos autos más atrás? Dejaré pasar
a dos autos. Dios me ha librado tanto de los aspectos hostiles como de los aspectos
competitivos del enojo pecaminoso. El congestionamiento de tránsito ya no será más una
batalla de perros que se devoran. Doy gracias a Dios. Planeo qué le diré a la persona que he
dejado plantada: sin pretextos artificiosos ansiosos o irritación jactanciosa, sino los hechos
sencillos y un deseo por el bienestar suyo. Planearé disculparme por el inconveniente (no pediré
perdón, eso es para cuando peco contra alguien; las disculpas son para los accidentes. Si yo

14 Véase la primera parte de este artículo, “Understanding Anger” (Entendiendo el Enojo) Journal of Biblical
Counseling, 14:1 (Otoño, 1995) pp. 40 – 53.
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hubiera salido quince minutos tarde del primer lugar, entonces buscar el perdón por la
desconsideración sería necesario). Qué gozo es ser libre del caos emocional del pecado. En lugar
de esa mezcla de enojo, ansiedad y confusión. Estoy apacible con la agradecida “paz que
sobrepasa todo entendimiento” y el “secreto del contentamiento” que viene de vivir a la luz del
Evangelio. La pregunta #7 confronta cada aspecto de la situación descrita en la pregunta #1 y
explora la voluntad de Dios con detalle en mi mundo.

Pregunta #8: ¿Cuáles son las consecuencias de la fe y la obediencia?


Hemos mencionado algunos de los beneficios subjetivos. Más objetivamente, quizás evitar un
parachoques abollado o prevenir un asesinato. Alguien más fue privado de tropezar con el
enojo pecaminoso o de cometer un asesinato por mi causa. Y en mi pequeño rincón del mundo,
la media docena de autos alrededor de mí, puede ser que mi cortesía y mi respuesta relajada se
demuestren contagiosas. La justicia crea círculos de gracia. Aquí venimos a llenar el círculo y a
encontrar que la piedad, aunque no garantiza cambiar la situación original, frecuentemente
tiene un efecto para bien en el mundo. Quizá termino haciendo la venta de todos modos
porque el gerente quedó tan impresionado con mi calma, la forma razonable en que manejé
esta situación frustrante. Habría visto que otros agentes de ventas vienen alterados y con un
montón de excusas. La piedad le atrajo y le intrigó.
Las posibilidades para las multiformes bendiciones de Dios no tienen fin. En lugar de que mi día
se arruine, Dios me ha desenredado del pecado y la miseria y este es quizá uno de los días mas
importantes de mi vida respecto a la oportunidad que tengo de crecer en la imagen de
Jesucristo. He aprendido cómo funciona la vida en el mundo de Dios. He aprendido cómo
funciona el Evangelio. He aprendido profundas lecciones en un pequeñísimo rincón de la vida. Y
quizá cuando hable con alguna persona atribulada, yo sea capaz de “consolarlos en cualquier
situación con el consuelo con el cual he sido perdonado en Cristo.” (2 Corintios 1:4) No sufrí
mucho – la inconveniencia de un embotellamiento de tráfico – y quizá él o ella están sufriendo

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una gran lucha. Pero la dinámica del corazón humano es idéntica: entenderé las tentaciones de
mi amigo a enojarse, temer, y desesperarse porque he entendido las mías. Y entendí la vía de
escape. Atravesar por todo esto no solo me ha bendecido a mí sino que me ha hecho capaz de
aconsejar sabiamente a otros.
Un embotellamiento de tráfico – ese solo es un pequeñísimo caso de estudio. Algunas personas
pueden preguntar “¿Qué utilidad tiene esto con aflicciones más grandes y provocaciones
mayores a airarse?” Desde la perspectiva bíblica tiene muchísimo que ver. Las mismas verdades
acerca de Dios se aplican de la misma forma. Cierto, muchos detalles difieren. Y la Biblia es
franca: habrá lágrimas que no serán lavadas y enemigos que no serán quitados del camino
hasta el Día Final. La pregunta #8 no crea el cielo en la tierra. Pero nos deja probar el cielo,
aunque el último enemigo no haya sido puesto aún bajo los pies de Cristo. Si en aquel día en
que veré a Cristo seré hecho completamente como Él, entonces en menor medida pruebo el
gozo del cielo en el embotellamiento de tráfico cuando soy hecho un poco más como Él. Estas
ocho preguntas nos orientan hacia la realidad cristiana, o lo que es lo mismo, ¡nos orientan
hacia la realidad! Nos enseñan acerca de nuestro mundo, nosotros mismos, nuestro Dios, como
vivir. A las personas a las cuales Dios les enseña cómo afrontar los embotellamientos de tráfico,
Él les enseñará cómo afrontar cualquier cosa.
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EL ENOJO, PARTE III:
LLEGANDO AL CORAZÓN DEL CONFLICTO

por David Powlison


Este artículo fue publicado originalmente
en The Journal of Biblical Counseling,
Vol. 16.1, Fall 1997, pp. 32 – 42.

El conflicto nos interesa a todos: a ti, a mí, a las personas con quienes vivimos y trabajamos.
Esta es el tercero en la serie de artículos sobre problemas1 con la ira, sin embargo esta vez
ampliaremos el tema más allá de la ira en sí. Los problemas con la ira son solo una hebra del
problema mayor del conflicto interpersonal. Sí, las acciones y emociones de la ira acaparan el
centro del escenario en los conflictos, pero también una extensa familia de reacciones forma
parte del drama de la vida real: el temor, el dolor, auto-lástima, el chisme, aislamiento, la
búsqueda de consuelo, la mentira, manipulación y aun un gozo perverso.
Para entender y resolver los problemas de la ira, tenemos que tratar con todas las formas del
conflicto. Las personas pelean unas con otras y con Dios; la ira pecaminosa es solo una de sus
armas. Nos peleamos con nuestros vecinos y con nuestro Señor, tanto por naturaleza como por
aprendizaje. Como pecadores, por naturaleza contendemos por nuestro presunto auto-interés.
Y también aprendemos a pelear más efectivamente al estar practicando más extensa e
intensamente. También lo aprendemos de otros al experimentar sus acciones hostiles y al ver
como pelean. ¡Cada uno de nosotros aprendemos fácilmente porque tenemos la aptitud!
El hacer guerra es una característica principal de los pecadores. Es la imagen de Satanás:
mentiroso, homicida, agresor y causa de división. Iniciar la paz procede de Dios en Cristo
haciendo la paz y de seres humanos transformados a Su imagen. El Señor es el pacificador

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supremo. Aun en Su gracia común Dios inhibe los efectos lógicos del mal, no permitiendo que
la vida humana se desintegre en anarquía y salvajismo. Aquellas formas de paz a medias que
negocian y sostienen los diplomáticos, los mediadores, los consejeros, y otras personas bien
intencionadas son dones de gracia común. Si embargo, la gracia especial de Dios se refiere aun
más profundamente a hacer la paz. Guerreros humanos se rinden a Cristo. Él hizo la paz para
todos entre Dios y nosotros una vez y para siempre; y continúa haciendo la paz instruyéndonos
a hacer lo mismo los unos con los otros; y Él hará la paz, final y perpetuamente.
Este artículo entretejerá algunas cosas. Primeramente, veremos las Escrituras, y algunas
verdades claves que nos enseña el Señor acerca de la guerra y la paz. Esto involucra hacernos
preguntas como, “Cuando Dios ve tus conflictos, ¿qué es lo que ve?,” y “¿Cómo corrige Dios lo
que está mal?” Las Escrituras revelan la mirada de Dios, el criterio que utiliza para evaluar
continuamente la vida humana, y también revelan los medios por los cuales los problemas
humanos son redimidos. También los animaré a que se vean a sí mismos, y les daré

1 Las primeras dos partes de esta serie de artículos sobre la ira aparecieron 14:1(Otoño 1995) y 14:2 (Invierno 1996)
de el Journal of Biblical Counseling. Una cuarta parte que trate con la metodología de la consejería vendrá
después.
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herramientas para buscar el cambio. ¿Qué es lo que haces que promueve el conflicto? ¿Por qué
peleas? ¿Cómo puedes buscar y alcanzar la reconciliación? El cambio real sucede cuando las
verdades bíblicas y la honestidad personal se encuentran en arrepentimiento, fe, y obediencia.

Mirando en el Espejo de la Escritura


Empezaremos con las Escrituras. La Biblia esta llena de historias y enseñanzas acerca de la ira,
el conflicto, y el alejamiento—y cómo resolver tales problemas. Todo aquello de lo cual la Biblia
hable a menudo debe de ser un conflicto universal. Podemos ponerle nuestro toque personal al
pecado, sin embargo los pecados básicos moran en todos nosotros. Por ejemplo, Tito 3:3 ofrece
esta valoración general de la raza humana fuera del reinado de Cristo: “Viviendo en malicia y
envidia, aborrecibles, y aborreciéndonos unos a otros”. Un panorama nada bonito. Algunas
personas son más civilizadas que otras, pero fundamentalmente, todas están viviendo para Si
Mismas, y se enfrentan con otros que están buscando la misma cosa: el beneficio propio.
Consideremos “las obras de la carne” representativas que Pablo enlista en Galatas 5:19-21. Más
de la mitad describen algún aspecto del conflicto: “enemistades, pleitos, envidias, iras,
contiendas, disensiones, herejías, envidias.” 2 Consideremos también 1 Corintios 10:13, “No os
ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana.” Cuando se trata de conflicto personal,
todos somos como los que participan en una junta de AA. En lugar de, “Mi nombre es David y
soy un alcohólico,” bien podríamos presentarnos como, “Mi nombre es David-o Lupe, José,
Pedro, José, o Leticia – y yo me meto en conflictos.”
Piénsalo de esta forma. Imagínate que tienes dos libros gruesos, con pasta dura, uno en cada
mano. Tú representas un libro, el otro representa la persona con quien tienes pleito – tu
hermano o hermana, padres, hijos, cónyuge, pastor, compañero de cuarto, compañero de
trabajo o patrón, tu vecino. Imagínate que golpeas un libro contra otro. Un libro cerrado choca
contra el otro. Dos personas se pelean.
La batalla puede tomar muchas formas. A lo mejor uno de ellos lanza la batería pesada de

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asaltos verbales directos o físicos; a lo mejor el otro tiende a correr y esconderse. Algunos
conflictos son solo pleitos leves; otros son guerras nucleares en grande. Puede ser que una o las
dos partes estén enlistando aliados: consejeros potenciales son candidatos principales para tal
servicio. El aplacamiento parece ser una buena estrategia en una situación; intimidar en
alguna otra. Puede que una persona utilice bombas suicidas: “Beberé y destruiré mi vida, así
entonces tú te sentirás mal.” A veces las disputas se ponen desagradables, como una tubería de
metro y medio echando aguas negras. Otras veces es como una gotera de actitudes despectivas
(negativas) y palabras sarcásticas: echar, echar, alegar, alegar, picar, picar. En cualquier caso, los
dos libros chocan. Pero en cada caso, los libros están cerrados. Cada parte culpa al otro y siente
la lógica indiscutible de auto justicia y auto lástima. Ninguno de los dos se detiene para abrir su
propio libro y preguntarse, ¿Porque estoy peleando?

2 Los pecados del conflicto tienen un lugar significativo en cada lista representativa de pecados. Vea, por ejemplo,
Romanos 1:29-31, 2 Corintios 12:20, Efesios 4:31, Colosenses 3:8, y 2 Timoteo 3:2-4. En los Diez Mandamientos,
cada uno de los pecados horizontales – falta de respeto, homicidio, adulterio, robo, hablar falso testimonio,
codiciar – pueden expresar alguna forma de conflicto interpersonal.
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La Biblia propone separar a los combatientes y abrir los libros3 El Espíritu Santo habla y actúa
para traer convicción inteligente de pecado. Considera Hebreos 4:12-13. Todos nosotros
estamos al descubierto, desnudos ante los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuentas. Dios
ve exactamente lo que está sucediendo. Su valoración es exacta e indiscutible. La Palabra de
Dios, viva y activa, discierne los pensamientos e intenciones del corazón que el Escudriñador de
los corazones ve y evalúa. ¿Qué es lo que ve cuando “abre los libros” de aquellos individuos en
conflicto?
Podríamos mirar en muchos lugares, pero Santiago 3-4 es el pasaje clásico que habla
extensamente sobre la mente de Cristo acerca de este asunto. Santiago 3 empieza
recordándonos que tenemos que rendir cuentas por lo que decimos. Santiago, escribiendo
como siervo de Dios, destaca el significado y el poder de la lengua: un pequeño timón
determina la dirección de todo un barco. La lengua suelta tiene efectos devastadores: es una
chispa que puede encender un bosque. Santiago expone la hipocresía de declarar el conocer a
Dios mientras se ataca a aquellos creados a su Imagen.
Luego, en Santiago 3:13-4:12, el Espíritu Santo resume el problema y la solución: (1) El corazón
que demanda y que se auto-exalta dará un fruto de caos y conflicto; (2) Dios es celoso de
nuestra lealtad, destruyendo sus enemigos, pero lleno de gracia y generosidad para con los
arrepentidos; (3) el corazón sabio, humilde, y receptivo dará el fruto de una vida de paz. Estos
temas aparecen en muchas variaciones. Nunca se ha escrito un análisis mas acertado,
profundo y minucioso de la dinámica del conflicto. Nunca se ha escrito una descripción de la
dinámica de paz más condensada y con más esperanza que ésta. Jamás se ha dado una promesa
de ayuda más poderosa. Santiago 3-4 nos coloca bajo la luz de la mira incesante de Dios, y
promete gracia sobre gracia.

¿Por qué Peleas?


Por ejemplo, la intención de Santiago 4:1-3 es que cada parte en conflicto abriera su propio

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libro. Santiago hace la pregunta, “¿Qué es lo que causa pleitos y contiendas entre
ustedes?” ¿Porque pelean? Santiago NO dice,”Estás peleando porque la otra persona es un
tarugo, porque tus hormonas están desatadas; porque un demonio de ira tomó tu lugar;
porque los humanos tienen un gen de agresión que se encuentra fusionado en nuestra historia
evolutiva, porque tu padre reaccionaba de la misma manera;

3 Muchas veces es deseable aconsejar a un esposo-esposa o familia juntos. Ambos lados de la historia están a la
mano; patrones de pecado que son mutuamente provocativos y reforzados pueden ser discernidos; puede ocurrir
la reconciliación. Sin embargo, no creo que los consejeros deban de tomar como una cuestión de principio el
siempre ver a las personas juntas. El principio de insistir en ver a las personas juntas a veces viene de fuentes
seculares (la filosofía y los hábitos de sistemas de terapia familiares) y a veces de fuentes Cristianas (el
compromiso de honrar la identidad corporativa del matrimonio y de la familia). Pienso que hay momentos en
que se debe separar a los combatientes y traer al frente el hecho que cada persona es responsable ante el rostro
de Dios. Si un hombre y su esposa rehúsan ser constructivos cuándo están juntos, hay que separarlos. Recuerde
que hay personas que utilizan el contexto de la consejería para perpetuar conflicto y almacenar municiones.
Otros lo usan como vigilancia, cuidando que la verdad se suprima e intimidando a la pareja más débil a que
guarde silencio respecto a lo que realmente está sucediendo. Con personas reacias o manipuladoras, no dudes
tratar con ellos uno a uno (Mateo 18:15). Luego regresa a encuentros de grupo cuando se comprometan a ser
constructivos.
!3
Nada hay nada mas “profundo” que las lujurias que llevan al conflicto. Nuestros deseos
reinan en nuestras vidas; compiten directamente con Dios mismo por el Señorío

porque tus necesidades básicas no se han satisfecho; porque te levantaste del lado equivocado
de la cama y te fue mal en el trabajo.” Al contrario, Santiago dice, peleas debido a “vuestras
pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros. Codiciáis y no tenéis” El análisis bíblico
es directo y al grano. Peleas por una razón: porque no obtienes lo que quieres. Se necesitan dos
para bailar. ¿Así que, porqué estás en el baile? Peleas porque tu deseo, lo que te place o lo que
te parece mal, lo que tu añoras y que se te antoja, no se logra. Cuando la Escritura entra en la
escena del conflicto, los libros que están chocando se abren y cada uno se extiende sobre la
mesa y es abierto ante Dios.
El mundo busca esta verdad, y a la vez la evita. Cualquier terapeuta matrimonial o familiar
secular puede señalar como las personas entran en conflictos por tener expectativas opuestas.
Estos terapeutas comúnmente pueden lograr que las personas expresen sus expectativas reales
(quizá no exteriorizadas previamente). Pueden ayudarles a sus clientes a evaluar y alterar
algunas de esas expectativas creando así un ambiente con más armonía. Sin embargo no se
trata con el problema del deseo egocéntrico. Los clientes simplemente encuentran otras
formas menos problemáticas para obtener lo que quieren. Sea cual sea el caso, los conflictos,
que claman por un corazón arrepentido ante Dios, son tratados suprimiendo la verdad de lo
que realmente esta sucediendo. Los consejeros seculares tendrán perspicacia descriptiva, pero
no pueden ver el impulso anti-Dios que opera dentro de tales expectativas interpersonales.
La ironía aquí es que, en mi experiencia, la gente con inclinación secular ve a la Biblia como
demasiada obvia y simple. “Claro” que la gente se enoja cuando no obtiene lo que quiere; pero
tiene que haber algo más “profundo” que verdaderamente explique los problemas. Pero la

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psicología secular yerra en la médula del asunto; se saca sus propios ojos. Las expectativas que
llevan al conflicto revelan algo fundamental sobre dónde está cada uno de los combatientes,
no sólo respecto el uno del otro sino respecto a Dios mismo.
En contra de lo que se asume secularmente, no hay nada más “profundo” que las lujurias que
llevan al conflicto. Nuestros deseos reinan en nuestras vidas; compiten directamente con Dios
mismo por el Señorío. No hay problema más profundo y extenso. Santiago 4:1 dice que tales
pasiones “combaten” dentro de nosotros. Esto no quiere decir que las pasiones combatan en
contra de nosotros o en contra la una de la otra. Estas son nuestras pasiones y expresan
quienes somos. La metáfora evoca la imagen de una guerra donde un ejército se atrinchera para
sitiar una ciudad. Cuando nuestras pasiones se atrincheran, peleamos y hacemos la guerra.
Seríamos pacificadores si en lugar de darle lugar a nuestras pasiones, obedeciéramos al Señor.
Sin embargo allá donde encontramos contiendas y pleitos, atestiguamos que la gente está
obedeciendo los deseos de un señor diferente.

¿Quién Eres Cuando Juzgas?


No hay nada superficial, obvio, o simple en el análisis Bíblico. Los combatientes no ven el
verdadero problema. Tampoco los presuntos consejeros que intentan explicar y ayudar a la vez

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que ignoran la Biblia. Este profundo entendimiento del pecado que lleva al conflicto
interpersonal se explica más a fondo en Santiago 4:11-12. Juzgamos a otros—criticamos,
buscamos pelos en la sopa, fastidiamos, atacamos, condenamos— porque literalmente nos
creemos Dios. Esto es atroz. “Uno solo es dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú,
¿quién eres para que juzgues a otro?” ¿Quién eres tú cuando juzgas? Nadie más que alguien que
quiere ser Dios. En esto nos convertimos como el mismo Diablo (no es sorpresa que el Diablo se
mencione en Santiago 3:15 y 4:7). Nos comportamos exactamente como el adversario, quien
busca usurpar el trono de Dios y quien actúa como el acusador del prójimo. Cuando tú y yo nos
peleamos, nuestras mentes se llenan de acusaciones: tu mal y mi bien llenan mi mente. Nos
auto-nombramos juez ante los demás en nuestros mini-reinos: “Eres un bruto, cruel, insensato,
envidioso. Te atravesaste en mi camino. No agarras la onda. Eres un estorbo a mis planes.”
¿Qué es una discusión? En una discusión, me ofendes a MÍ al contrariar mi voluntad y respondo
confesándote tus ofensas y a la vez, explicándote como todos mis fracasos son tu culpa. Si solo
tú fueras diferente yo no sería lo que soy. De la misma manera tú me confiesas mis pecados a la
vez que excusas los tuyos. En ningún momento durante el conflicto alguien confiesa sus propios
pecados, excepto como una manera de hacer tiempo para el contra-ataque: “Sí, no hice bien en
hacer eso, pero...” La viga se mantiene firmemente plantada en el ojo (Mateo 7:1-5) mientras
cada parte toma el papel de legislador y juez. “Sin embargo hay un Legislador y Juez. Aquel que
puede salvar y destruir.

Dos temas principales se encuentran en el centro del conflicto:


Un corazón demandante y la auto-exaltación.

¿Quién eres para que juzgues a otro?” Aquí vemos que en el corazón del conflicto interpersonal,
se ventila un conflicto mucho más profundo: el pecador presuntuoso en desacuerdo con el Dios

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Verdadero.
Santiago 4:1 y 4:12 entona los dos temas principales que se encuentran en el corazón del
conflicto: un corazón demandante y la auto-exaltación.4 Cada uno de nosotros en cierta forma
dice, “Que se haga mi voluntad, y maldito si te me atraviesas..” Para encontrar la solución de
Dios para los conflictos, tienes que preguntar y responder a las preguntas, “¿Qué es lo que
quiero?” y “¿Cómo estoy jugando a ser Dios para que se haga mi voluntad?” Este profundo y
explícito análisis de la “dimensión vertical” en el conflicto interpersonal nos provee de la clave
que empieza a desenredarlo. Mientras nos mantengamos solo en la “dimensión horizontal” no
habrá paz genuina y duradera.
Por esta razón, todas las formas seculares de hacer la paz son inescapablemente huecas. Sin
una dimensión vertical, lo mejor que puede hacer uno son acuerdos motivados por un mutuo e

4 Estos temas se enlazan por todo el pasaje. La característica apropiadora y pretenciosa del pecado se ostenta
como “celos amargos, deleites, codicia, envidia, “ (3:14, 16; 4:1-3) La cualidad engreída del pecado se ostenta con
“ambición egoísta, orgullo, haciéndose Dios”(3:14, 16; 4:6, 11-12) Que el pecado fundamentalmente es enemistad
y traición en contra de Dios se indica con “adulterio, amistad con el mundo, doble animo” (4:4, 8), así como la
usurpación explícita de los que atentan ser Dios. Que el pecado se conforma a la imagen de Satanás se exhibe
por su carácter “demoníaco” y por la sumisión al Diablo que lo incita. (3:15; 4:7)
!5
“iluminado” auto-interés. La humildad ante el Dios vivo y el amor por el prójimo son imposibles
y ni se piensa en ellos. Sin embargo cuando hay convicción de pecado ante Dios, pacificar
genuinamente no solo es posible, sino lógico. Sí, quizás el conflicto lo inició la otra persona; lo
que te dijo o te hizo puede haber sido peor que lo que tú le dijiste o hiciste. Pero cuando Dios
abre los libros, Él te muestra tu participación en el conflicto; lo que tú contribuiste al
orgullosamente tomar el papel de Dios y ejercer tu voluntad. La perspectiva de Dios nos revela
cómo la voluntad de dos minúsculos dioses yacen en el corazón de esos conflictos y pleitos.

Comparece Honestamente ante el Dador de Gracia


Hemos visto en la Escritura, como Santiago resueltamente disecciona el conflicto y abre una
dimensión inesperada. Ahora hay que vernos más específicamente a nosotros mismos y a la
dinámica de la gracia. Me gustaría empezar con una historia. Uno de los primeros conflictos que
resolvimos mi esposa y yo involucraba cuatro disputas seguidas. Eso es significativo en sí
mismo. Encontrarás que muchas de las disputas tienen un patrón. Son encendidas por el
mismo tipo de situación, y son del mismo tema, como si las dos partes siguieran un drama y
actuasen a la señal. En nuestro caso, las cosas se pusieron tensas entre Nan y yo durante cuatro
domingos por la tarde en el mes de junio. Llevábamos menos de un año de casados, y yo estaba
trabajando en el verano como interno de la iglesia. Déjenme que les diga cómo sucedió,
primeramente desde mi punto de vista y luego desde el de Nan.
Para mí, el sábado era un día muy ocupado y con mucha presión. Me enfocaba en preparar los
eventos del domingo. Muchas actividades llegarían al tope en el transcurso de ese día. El
domingo por la mañana me levantaba temprano para terminar mi preparación para predicar,
enseñar y dirigir la alabanza. El día era intenso, lleno de muchas responsabilidades con gente, y
más gente, y más gente. Hablaba con gente, escuchaba atentamente, les expresaba interés,
intentaba ser de ayuda, y oraba. Aconsejaba informal y formalmente. Por las tardes muchas
veces ofrecíamos hospitalidad. A menudo tenía que predicar por las tardes o dirigir la
alabanza, así que más preparaciones—finalizando el contenido y preparando mi alma—

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llenarían la tarde. Después de terminar la última conversación, Nan y yo llegábamos a la casa
como a las ocho de la noche del domingo. Solo podía pensar en una cosa: descanso. Defino
descanso como la paz y el silencio para saborear la página de deportes, tomarme un vaso lleno
de jugo de guayaba con hielo, comerme un puñado de galletas de higo. Estaba listo para cerrar
la tienda en cuanto a relaciones con seres humanos se refiere.
Mientras tanto, ¿qué estaba viviendo Nan? Los dos días anteriores había apoyado a su marido
en todo lo que tenía que hacer. Había orado por cada una de mis responsabilidades, y había
cargado con mi ocupación. Me había visto hablar con otras personas, ofreciéndoles
hospitalidad, paciencia, atención sin fin, y consejo bíblico en respuesta a sus necesidades y
preocupaciones. Ella, también había estado ocupada en la hospitalidad y en la escuela
dominical. Ahora por fin teníamos la oportunidad de estar juntos, la oportunidad de hablar
íntima y personalmente; la oportunidad hacer planes para la semana que venía y orar. Cuando
llegaba el domingo a las ocho de la noche, Nan solo podía pensar en una cosa: conexión
personal. Quería un oído comprensivo que la escuchara, alguien que escuchara como le había
ido a ella en su fin de semana, alguien que soportara sus cargas y compartiera su gozo y alguien
con quien enfrentar la semana siguiente.
¿Té fijas? Hay sólo una vía de tren, pero dos trenes saliendo a encontrarse. El tren con rumbo al
!6
norte está a punto de chocar con el tren con rumbo al sur precisamente el domingo a las ocho
de la noche cuando llegamos a casa! Puedes ver exactamente lo que está pasando en cuanto a
Santiago 3-4. El Pastor José y Josefina la esposa del pastor no están de muy buena cara en este
momento. ¿Cuál fue la causa de la disputa, el alegato? ¿El sentir auto lástima por no ser
comprendida y amada, el sentirse ofendido? ¿No son tus pasiones, tus deseos, las expectativas
que se han arraigado en tu alma? Yo fui dominado por mi deseo de descansar sin
interrupciones. Nan fue dominada por su deseo de tener un tiempo de intimidad. El resultado
fue más que predecible. Un conflicto semanal.
Una pregunta surge inmediatamente en casi todas las mentes, especialmente en los
participantes del conflicto. ¿Qué hay de malo en lo que quiero? En la historia anterior, ¿no es el
descanso un mandamiento de Dios? ¿Qué tiene de malo querer gozar de los dones de la
comida, la bebida, y el descanso al fin de un largo día, y antes de la semana por venir? ¿No es el
refrigerio sabático, un tiempo para dejar nuestras cargas y una de las bendiciones de Dios? ¿No
la intimidad, el que el hombre sustente y aprecie a su esposa, el llevar juntos las cargas y
compartir juntos el gozo, uno de los mandamientos de Dios? ¿Qué tiene de malo querer que a
tu marido le importes, también, así como a todos los demás con quien habló en la iglesia?
¿Acaso no es una bendición de Dios el ser amada? Una de las cosas que mantiene nuestros
libros bien cerrados es la manera en que nuestras pasiones nos parecen plausibles.

Expectativas Demasiado Grandes


¿Qué tiene de malo lo que quiero? La Escritura, los rayos-X del corazón que tiene el Espíritu
Santo, lo dice muy claro, que cuando tales pasiones reinan producen pecado, falta de amor y se
muestran corruptas. Dios ve dentro del corazón del conflicto; El ve el reino privado que cada
uno crea. Cada uno de nosotros asciende al trono, haciendo que nuestros deseos de bendición
se conviertan en la voluntad de un dios: Se me antoja, necesito, tiene que ser! Cada uno hemos
caído victimas de la insensatez del pecado. ¡Estaba dispuesto a pelear para estar quieto y en
paz! ¡Nan estaba dispuesta a pelear para obtener intimidad! Muchas veces el problema no es el

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objeto de los deseos de la persona; lo que corrompe es el “acuartelarse”. No hay nada de malo
en querer descanso o intimidad. Sin embargo cuando lo quiero demasiado, cuando me domina,
peco contra el Señor del cielo y la tierra. Cuando nuestras expectativas se atrincheran,
inevitablemente también pecamos el uno contra el otro. “¡Lo tengo que tener! ¡Es mío! Tengo
derechos. Necesito satisfacer mis necesidades. ¡Eres un estorbo para mis preciosos y queridos
anhelos! Té estas entremetiendo con mi plan de controlar la realidad. No estás cumpliendo mis
expectativas.”
¿Qué es lo que quieres? ¿De qué manera has tomado el papel de Dios? Estas no son preguntas
extravagantes para llevarte a una búsqueda introspectiva de ídolos o a una investigación
arqueológica sobre las influencias formativas de tu pasado. Hazte las preguntas directamente.
Tienen una respuesta objetiva y presente. No se trata de tener una experiencia subjetiva, un
sentimiento o un momento esquivo de lucidez. Lo que queremos en este caso es algo tan
tangible y mortal como el virus Ébola: “¿Exactamente qué es lo que codicias que te hace
aguerrido en lugar de pacífico como Cristo quisiera hacerte? ” Si contestas honestamente a esta

!7
pregunta habrás identificado el PORQUÉ participas en conflictos pecaminosos. 5 No hay razón
mas profunda para tu ira pecaminosa. La violación del “primer gran mandamiento” es el motivo
más profundo de todos. 6 En los momentos de conflicto yo amaba más el descanso que al Dios
viviente; Nan amaba más la conexión personal que lo que amaba al Dios viviente. Mis pecados
externos en la situación incluyeron una actitud quejumbrosa y palabras críticas, sin embargo
estas obras de la carne brotaron de mi codicia, de mi propia versión utópica del descanso. Los
pecados externos de Nan incluyeron una actitud quejumbrosa y palabras críticas, pero esos
pecados brotaron por el anhelo de su propio paraíso de intimidad matrimonial. 7 En nuestro
caso – como en todos – los pecados horizontales reconocen y expresan los pecados verticales.
Estos pecados verticales son tan serios que merecen las etiquetas toscas que El Espíritu utiliza
en Santiago 3:13-4:12: “celos amargos y contención,” “pasión, codicia y envidia” “adulterio”
contra Dios (i.e., idolatría), “amistad con el mundo,” “soberbia,” “doble animo” y “tomar el
papel de Dios.” Hemos sido hechos para vivir estando Dios en el trono, teniendo un corazón
abierto ampliamente hacia Él y hacia los demás. Sin embargo, una persona contenciosa y que
hace juicios se va marchitado por dentro, volviéndose cerrada y endurecida hacia Dios y hacia
su prójimo. Al querer ascender al trono de juicio y control reservado solo para Dios, se
pervierte, corrompe y contamina. Sencillamente se vuelve Satánico. Se comporta conforme a la
imagen del acusador de los hermanos, como un adversario del bienestar de los demás, como un
delincuente destructivo, como un tirano y centinela. Externamente, una persona contenciosa
habla palabras podridas que derrumban en lugar de construir, que reparten condenación en
lugar de dar gracia (Efesios 4:29). En su interior, una persona arrastrada por la ira pecaminosa se
ha vuelto demoníaca, diabólica —verdaderamente— en una portadora de la imagen del gran y
colérico crítico del pueblo de Dios (Santiago 3:15,4:7). Dios quiere una imagen diferente. Quiere

5 Este no es un artículo sobre conflicto constructivo, uno de los grandes deleites de la existencia humana. El
conflicto constructivo no destruye a las personas y multiplica los problemas; confronta y resuelve los problemas

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con el resultado de edificar a la gente individual y corporativamente (Efesios 4:29). El primer artículo de esta
serie habló en detalle de la diferencia entre ira pecaminosa e ira justificada. Mucho de esa discusión se puede
adaptar a las diferencias entre conflicto interpersonal destructivo y constructivo.
6 Nuestra cultura está llena de intentos para encontrar algo más “profundo” que nuestra antipatía hacia el Dios
verdadero y la aserción compulsiva de dioses substitutos. Tales “causas profundas” – necesidades o anhelos
insatisfechos, experiencias formativas, dotación genética, demonios residentes, la configuración de las estrellas,
etc. – son intentos típicos que buscan evadir cuan relacionada está toda la vida humana con Dios.
Por supuesto que algunos factores que contribuyen a un conflicto pueden tener un historial que precede al
momento presente. Por ejemplo, considera a un hombre que a menudo fue manipulado y utilizado por otros en
su pasado. En este momento está gobernado por la decisión de nunca doblarse ante la voluntad de otro. Como si
estuviera “armado.” Un sensor altamente sensible desata la alarma de pánico con solo un indicio de que su
esposa le pueda exigir algo. Escupe furia como un lanzallamas de gatillo ultrasensible cuando su esposa aun de
forma leve no está de acuerdo con él. Entender los antecedentes históricos ayudan a explicar cuándo el deseo
por el control se atrincheró en su corazón, sin embargo no explica porqué es tan explosivo. La intensidad
desproporcionada de reacciones presentes surge de las codicias del corazón aunque ciertamente echa mano de
experiencias anteriores. El consejo sabio no solo se dirigirá a los conflictos actuales sino que también atacará los
conflictos anteriormente no resueltos en los cuales se plasmaron patrones específicos de codicia.
7 Este patrón general se cita explícitamente en Santiago 1:14f: los pecados específicos son el fruto de lujurias
específica y conllevan el juicio de Dios. Santiago 3:14-4:12 toma este patrón y lo aplica en más detalle respecto a
los pecados de conflicto interpersonal. Este artículo procura tomar ese patrón detallado y aplicarlo a los detalles
personales de personas reales con problemas reales.
!8
que seamos portadores de misericordia, redención y ayuda a otros, aún— y particularmente—
cuando pecan.
¿Qué pasa cuando las personas conflictivas captan el significado y alcance de esta dimensión
interna del conflicto? Nos quedamos cortos. Nos humillan pecados específicos ante el rostro de
Dios. El que examina los corazones nos toma por el cuello de la camisa y hace que nos veamos
en el espejo. No hay manera de soltarse. Imagínate ver una pequeña foto, granulada en blanco y
negro del Gran Cañón de 1890. Eso es darle atole con el dedo a la idea que “pecados específicos
son el fruto de pasiones o codicias específicas”. Ahora imagínate que estás parado a la orilla del
Gran Cañón desde antes del amanecer hasta plena luz del día. Al principio te asomas hacia lo
que es pura oscuridad. Pero a medida que el cielo lentamente se va alumbrando, la oscuridad
impenetrable cede al gris oscuro y empiezas a distinguir las formas y los contornos del abismo.
Ves débilmente lo que estaba ante de ti todo ese tiempo. Es así como identificamos por
nombre las pasiones o codicias específicas que producen nuestros conflictos. Finalmente, al
salir el sol las rocas brillan vívidamente con su luz y el cañón resplandece pudiéndose ver todo
en detalle. Esa es la convicción específica de lo que es verdad : “Mi enojo hacia ti—no solo mis
palabras cortantes y defensivas, sino mi actitud de repudio; el enfoque negativo y condenatorio
que le di a tus acciones y el giro positivo y justificado que le di a las mías; las evasiones y el
torrente de emociones y pensamientos de auto-justicia y de auto-lástima, todas estas cosas y
más— expresaron mi orgullo diabólico contra Dios y mi demanda incesante de lo que yo quiero.”
Así, Santiago 3:14-4:12 ha sido aplicado a los detalles de la vida real.

Corriendo Tras la Gracia


¿Ahora qué es lo que sigue? Santiago 4:6 promete lo siguiente: Dios da mas gracia. Dios da
mayor gracia. Dios da gracia a los humildes. La gracia es más y mayor que el pecado. Cuando
los que juegan a ser Dios admiten la verdad, encuentran tremenda gracia en Jesús: perdón,
misericordia, cordura, un nuevo comienzo, limpieza, poder, libertad.

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Cada aspecto de la gracia de Dios está hecho para limpiar y renovar a personas enojadas,
críticas, temerosas, y orgullosas.8 Aquellos que viven vidas deformes, igual que el Diablo,
pueden encontrar el “doble remedio”. En Jesús, aquellos que buscan encontrarán perdón por
tales pecados. La ira justa de Dios se apartará del iracundo pecaminoso, cayendo a su vez sobre
el único hombre inocente. En Jesús, aquellos que lo piden recibirán al Espíritu que revive a los
muertos y endereza al deformado. Serán re-formados a la imagen del Hijo quien murió por
nosotros para que pudiéramos vivir para Él.
¿Qué tienes que hacer? Las personas iracundas tienen que buscar a este Dios en
arrepentimiento y fe. Santiago 4:6-10 lo dice una y otra vez. El Señor propone una solución
“vertical” radical para el problema radical vertical del corazón. Es interesante cómo la solución
está inagotablemente centrada en Dios. Sométete a Dios y resiste al diablo, en lugar de
viceversa. Acércate a Dios. El diablo huirá y Dios se acercará a ti. Limpia tus manos (de las
expresiones externas del pecado, el “caos y todo lo vil,” los “pleitos y conflictos,” el “hablar uno

8 El conflicto interpersonal es uno de los arquetipos del pecado así como la idolatría religiosa, la falta de respeto a
la autoridad, inmoralidad sexual, robo, mentiras, embriaguez. Comprende la ira a través de los ojos de Dios, y el
remedio para la ira a través del Evangelio de Cristo, y comprenderás cómo el pecado y la redención operan en la
práctica. Este entendimiento se generalizará hacia todos los demás problemas.
!9
en contra del otro”). Purifica tu corazón ( de la deserción interna, el doble ánimo que profesa a
Dios pero sirve a otros ‘dioses’). Laméntate sobre lo que has hecho. Humíllate ante la presencia
del Señor. Fíjate que tan presente está Dios. Fíjate que tan relacional es la solución.
Necesitamos buscar y encontrar a Alguien que está lleno de gracia. Alguien con el poder de
ayudarnos. Llegar verdaderamente al corazón del conflicto es entrar en la presencia de Dios. Si
nuestros conflictos son alimentados cuando usurpamos Su lugar, de la misma manera se
producirá la paz a medida que la gracia de Jesucristo restablece el reinado de Dios en nuestros
corazones.
¡Santiago no es nada moderno en su solución al conflicto! Los modernos tienden a hablar de
estrategias horizontales: “aclara tus expectativas, escucha bien y repite lo que has oído, expresa
tus preocupaciones y objeciones en formas que no condenen, cuenta a diez antes de vocalizar
tu enojo, comunica respeto hacia las personas en medio de desacuerdos sobre asuntos, cuida tu
lenguaje corporal.” No hay nada de malo con estas estrategias. Definiéndolas bien, pueden ser
aplicaciones de Santiago 3:17-18. Sin embargo, por su propio mérito son seriamente
inadecuadas. Aunque tienden a lograr mas armonía social, pasan por encima del corazón del
problema. La solución de Santiago va al meollo de lo que está pasando en el conflicto y al
resolver este meollo “religioso” el receptor de gracia recibe el poder y la humildad para ir tras
estrategias que conduzcan a una paz genuina.

Sabiduría Pacificadora
¿Cómo se aplica esto interpersonalmente? Las personas que anteriormente estaban llenas de
ira ahora, capacitados por Dios, pueden dar amor y hacer verdadera paz. Si antes atacabas a la
gente, aprendes a interactuar constructivamente. Santiago 3:17-18 lo describe en pocas
palabras. El Dios de toda gracia da “sabiduría de lo alto”(cf.,1:5, 1:17, 4:6). Es sabiduría: práctica,
específica, caminada, hablada. Es un estilo de vida, lo opuesto en todo sentido a las palabras,
tono, pensamientos, acciones, y actitudes de ira pecaminosa. Y viene de lo alto, el regalo de
Dios a través de Jesucristo. Solamente Él nos da lo que necesitamos para verdaderamente

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resolver conflictos interpersonales. Si te falta sabiduría—y los “pleitos y conflictos” son
ejemplos claros de insensatez -, pídele a Dios (Santiago 1:5).
Esta sabiduría que Él da es pura. Las personas iracundas despiden contaminación mental,
emocional y verbal. Traman cosas feas; su hipocresía condena las faltas de otros mientras ellos
mismos caen de cabeza en pecados espectaculares. Los creyentes contenciosos tienen
corazones que están peligrosamente divididos: impuros.

Las personas en conflicto tienen el oído y el habla distorsionado

Sin embargo los creyentes arrepentidos empiezan a vivir una vida que es pura. Sencilla, Recta.
Corriendo tras lo bueno y lo verdadero. Preocupándose por el bienestar de otros. Dando tu vida.
No calculando intereses propios por debajo del agua.
La sabiduría santa es primeramente pura, y “después pacífica, amable, benigna, llena de
misericordia y de buenos frutos, sin parcialidad ni hipocresía.” ¿De qué otras maneras lo puede
describir Santiago? La gente pacífica ha hecho a un lado sus características aguerridas: estar a la
!10
defensiva, agresividad, crítica, auto-justificación, anotar puntos, ser demasiado sensible a
ofensas... Estas yerbas morales— “inmundicia y abundancia de malicia” que vienen de la “ira del
hombre” (Santiago 1:20-21)—son arrancadas de raíz y empiezan a marchitarse. El fruto dulce
empieza a crecer así como la Palabra de Dios y otros buenos dones se afianzan: ser enseñable,
paciente, bondadoso, pendiente de que otros se vean bien; contentamiento y gratitud por el
regalo inexpresable; enfoque de amor en lugar de impertinencia. Que el Príncipe de paz nos
haga “irénicos” (Palabra Griega), reemplazando nuestro instinto para contenciones, pleitos y
crítica. Jesús mismo es pacífico. Es la encarnación de cada aspecto de esta sabiduría de Dios.
El idioma del inglés no tiene un equivalente para la palabra traducida benignidad. Jesús exhibía
esta característica tan extraordinariamente que su fragancia y color marcaban toda Su vida.
Aquí caminaba el Señor de la gloria con Sus propias criaturas. Cada ser humano que se
encontraba con Jesús le debía la vida y total lealtad. Él es YHWH, a quien se le ofrecieron
sacrificios de arrepentimiento y de gratitud en el templo. Sin embargo la mayoría de esta gente
ignoró a Jesús, lo malentendió, lo trataron de usar, lo insultaron y maquinaron en contra de Él.
Aún sus seguidores más íntimos, quienes básicamente lo amaban, vez tras vez se mostraron ser
duros como las piedras. ¿¡Cómo es que aguantó treinta y tres años?! Benignidad.
Jesús trataba con benignidad a los ignorantes y desviados, aún cuando sufría en sus manos. Él
era manso: una virtud casi mas allá de nuestra imaginación. La habilidad de aguantar
lastimaduras con paciencia y sin resentimiento. Yo he conocido a varias personas en quienes he
visto una demostración de estos primeros frutos de esta virtud. En sus vidas había destellos que
radiaban; un vislumbre de la gloria encubierta de Jesús, lo más hermoso que he visto en mi vida.
Jesús era fundamental y completamente bueno, “haciendo lo bueno”. Podemos entender hasta
cierto punto que Él tenía compasión hacia los que sufrían. Pero si consideramos que el
propósito principal de Cristo era misericordia auto-sacrificial para con sus enemigos, aquí la
mansedumbre de Jesús sobrepasa nuestro entendimiento. George MacDonald capturó la
fragancia de tal mansedumbre de esta manera: “Es algo muy doloroso cuando lo juzgan mal a
uno. Sin embargo no es más de lo que soporta Dios cada hora del día. Pero Él es paciente.

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Mientras sepa que Él está en lo correcto, Él permite que la gente piense lo que quiera – hasta
que tenga el momento para hacerles entender mejor. ¡Señor, limpia mi corazón dentro de mí, y
así me importará poco cualquier juicio que no sea el Tuyo!”9 Es desafortunado que “Jesús el
manso, dócil y apacible” se haya vuelto una frase de burla, imaginándonos a un salvador débil,
ineficaz, sentimental, e insípido solo para niños. Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo nos de
Su verdadera mansedumbre, haciéndonos mansos y dóciles. Esta incomparable y paciente
fortaleza es un atributo regio. Esta bondad gloriosa—límpiense sus manos, pecadores, y
purifiquen sus corazones los de doble ánimo—es precisamente lo que Santiago 3-4 propone
producir en ti y en mí, que somos rápidos en ser ofendidos y ofender.
La sabiduría de lo alto también es razonable. No deja de asombrarme lo razonable que se
empieza a oír Nan cuando los dos empezamos a arrepentirnos de nuestra ira pecaminosa. Las
personas en conflicto distorsionan el oír y el hablar. Nos entonamos en la misma frecuencia de
sonido que usamos nosotros mismos, y es el canal equivocado: Yo escucharé y hablaré lo que
demuestre que estás equivocado y que demuestre que yo estoy en lo correcto. Sin embargo las
personas apacibles emiten y reciben en otra frecuencia: la que promueve el crecimiento en la

9 George MacDonald, The Marquis’ Secret, Minneapolis, Minnesota: Bethany House, 1982, p.58.
!11
gracia y en el conocimiento del Señor Jesucristo. La sabiduría tiene sentido. Es comprensible,
atinada, constructiva, atractiva—aún cuando dice cosas duras. Sin embargo las personas
iracundas están desequilibradas y pervertidas. No se puede hablar con una persona
contenciosa. Pero se puede decir cualquier cosa que sea verdadera y constructiva a una persona
sabia y te escuchará.
Naturalmente cuando alguien se arrepiente de su espíritu crítico e iracundo se vuelve lleno de
misericordia. Si he encontrado la misericordia de Jesús derramándose hacia mí por pecados
espectaculares y mortales, es natural que yo me derrame al menos un poco con la misma
misericordia hacia otros por sus pecados más leves contra mí.10 Mientras más profundices y
llegues al corazón de tu participación en un conflicto, más comprenderás con gozo la
misericordia de Dios hacia ti. Te convertirás en alguien más misericordioso y paciente hacia
otros por sus pecados. Si Dios ha sido tan paciente conmigo, yo puedo ser paciente con mi
prójimo. Las personas iracundas, críticas, busca-pleitos, irritables, normalmente no entienden
mucho de esta misericordia de Dios. Pueden vocalizar las palabras, pero sus acciones revelan
que una mentira habita en

Si Dios ha sido tan paciente conmigo, yo puedo ser paciente con mi prójimo.

sus corazones. Todavía sirven a las lujurias. Y otros pagarán el precio por las transgresiones
percibidas. Ha sido interesante y me ha hecho más humilde el preguntarme a mí mismo,
“¿Hacia quién estoy lleno de misericordia, y hacia quién no tengo misericordia?” Tengo que dar
una respuesta variada: las personas ABC están en la lista de la misericordia, y las personas XYZ
están en la otra. La diferencia entre las dos listas tiene poco que ver con los atributos o las
flaquezas particulares de las personas. Tiene que ver más con mis “expectativas”. Si percibo a
esa persona a través de la lente del plan misericordioso del Salvador o a través de la lente de

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mis propias demandas insistentes. Que Dios sea tan misericordioso como para que nos permita
tener sólo la lista de la misericordia.
También te llenarás de buenos frutos al aprender a hacer la paz en lugar de la guerra. Los
buenos frutos de ser pacificador son tan diversos como las obras malas de hacer la guerra. La
Escritura nos da una lista sin fin de buenos frutos. Ninguna lista podría captar la cantidad de
cosas creativas, apropiadas, y oportunas que las personas arrepentidas hacen y dicen al
aprender a hacer la paz. Guarda tu boca cerrada en lugar de arrojar una reacción como antes;
habla con denuedo, cuando antes te intimidabas. Envuelve tu crítica de alguien con
reconocimientos apropiados y en un optimismo centrado en Cristo. Trata a las personas
justamente, en lugar de malinterpretarlos. Habla con exactitud, y abandona palabras de
prejuicio; “siempre” y “nunca” son palabras que rara vez son ciertas y normalmente más
destructivas que constructivas. Habla con calma, en lugar de con ráfagas de emoción que
insulten. Habla fuertemente, en lugar de ser cohibido por la timidez. Aclara asuntos que antes
te tragabas. No te fijes en ofensas por las cuales antes explotabas. Resuelve los problemas en
lugar de atacar a la persona. Ten la expectativa de que Cristo va a obrar, en lugar de que cunda

10 ¡La misericordia puede fluir hacia aquellos que ni siquiera pecaron personalmente en contra de mí pero a quienes
yo he tratado sin misericordia!
!12
el pánico o la desesperación cuando vengan los problemas. La respuesta blanda quita la ira,
reemplazando las palabras ásperas que provocan el enojo. Cuando te sacas la viga de tu propio
ojo, entonces puedes ver claramente para quitar la espina del ojo de tu prójimo.

Las personas en conflicto son hipócritas

Las probabilidades son que él confiará en ti si lo haces, y te amará por ello. El cuerno de la
abundancia se derrama.
Los comentarios de Santiago de que los pacificadores no son parciales son especialmente
llamativos y apuntan hacia algo que yo nunca he visto que se discuta. He notado que cuando las
personas se arrepienten de la ira pecaminosa, pueden hablar de sus propios pecados
acertadamente – después de todo, esos pecados ahora existen a la luz de la gracia de Cristo y
serán progresivamente destruidos por la gracia. Simultáneamente, pueden hablar de los
pecados de otros con compasión. Ya no hay hacha que afilar, sino un deseo que emerge para el
bienestar del otro en las manos del Redentor misericordioso. Las personas imparciales pueden
discernir qué cosas contribuyó cada cual al problema global. Ese tipo de balance es un
contraste con la polarización del conflicto. Hace poco fui testigo de una esposa que hablaba de
sus propios pecados sin defenderse, y de los pecados de su esposo sin acusarle. ¡Simplemente, y
totalmente asombroso! Solo una semana antes habían estado en pleito largo y tendido, llenos
de ira, decepción, a la defensiva, y auto-lástima. Su objetivo ya no era ni cambiar, ni castigar, ni
temer a su esposo. Ya tenía la libertad de buscar ser una ayuda constructiva en el proceso, en
lugar de un obstáculo destructivo.

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Finalmente, los pacificadores son sin hipocresía. No causan toda una tarde de conmoción y
miseria para obtener unos cuantos momentos de paz y tranquilidad; no son causantes de
hostilidad para obtener atención amorosa. No juzgan a otros por pecados de Ligas Menores en
contra de ellos y cometer así pecados de Ligas Mayores en contra de Dios. Las personas en
conflicto son hipócritas. Reparten condenación global y a la vez se enfurecen cuando son
equivocadamente criticados por pormenores del asunto. Se quejan de que su pareja gasta $20
en una frivolidad, pero no piensan dos veces al gastar $500 en sus propios pasatiempos.
Condenan a otros por ser tarugos teológicos e ignorantes bíblicos, mientras ellos mismos
asienten a “distintivos” teológicos dudosos y equivocados. Acusan a otros de ser ásperos,
ásperamente; se enojan con personas enojadas; altaneramente juzgan a personas orgullosas;
chismean de chismosos. Que Dios tenga misericordia de nosotros. “¿Y piensas esto, oh hombre,
tú que juzgas a los que hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?” (Romanos
2:3). Dios da más gracia... a aquellos que se detienen a verse en el espejo y llegar al corazón con
su participación en este mundo en guerra. Esa gracia es efectiva para hacer cambios reales, en
el tiempo real, con personas reales, en situaciones reales. Aquel quien es puro nos instruye a
que nos purifiquemos nosotros mismos. Y los puros son sin hipocresía.

Cambio Real en la Vida Real

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Así como el diagnóstico de Dios es trazado en la vida real, así también vivimos el remedio
dentro del tiempo y en la vida real. Nan y yo comunicábamos de forma diferente a como
hablábamos anteriormente después de nuestro “amanecer en el Gran Cañón”. Las palabras ya
vienen vestidas con un tono de voz diferente. Acarrean una actitud e intención diferente; ya no
de adversarios y acusadores. Empezamos a hablar honestamente de nuestros fracasos.
Empezamos a amar el amor de Jesús, a orar uno por el otro y a adorar al Misericordioso. Hay
tres en nuestro matrimonio, y uno de ellos es perfecto, bueno y misericordioso. Él está
obrando. La sabiduría es práctica del tipo pies-en-la-tierra, toda-palabra–que–sale-de-tu-boca.
Estamos habilitados para hacer decisiones que resuelven problemas.
No hay nada más anti-romántico que el amor.11 Los sentimientos románticos de la atracción y
placer a veces se asocian con el amor, sin embargo la esencia del amor es diferente: es el
compromiso de obrar por el bienestar de otro. Habiendo resuelto nuestros pleitos de los
domingos por la noche, Nan verdaderamente desea darme descanso, y yo verdaderamente
quiero pasar tiempo con ella y darle atención personal. Decidimos definir el domingo por la
noche como un tiempo de descanso privado y tomar el Lunes por la mañana como tiempo de
comunicación abierta y extensa. Es interesante ver que a través del verano, de todas maneras
terminamos “conectando” informalmente la mitad de los domingos por la noche. Y de alguna
forma cuando la pasión o codicia por el descanso fue destronada yo ya no ”necesito” tanto los
tiempos privados de paz y tranquilidad. Y, sin que nos extrañe, cuando la pasión o codicia por la
intimidad fue destronada pareció darse mucha mas intimidad. Estos tipos de sorpresas ocurren
cuando las personas llegan al corazón del conflicto y encuentran la gracia necesaria.
¿Quiere decir esto que jamás nos volveremos a pelear? ¡Que bueno que fuera así! Sin embargo
las brasas ardientes se tienen que extinguir a diario (Lucas 9:23), no solo una vez y ya está.
Durante ese verano de hace ya casi veinte años a Nan y a mí se nos dio un mapa de la fuente de
la vida y fuimos capaces de encontrar gracia. Obtuvimos un entendimiento duradero de
patrones característicos de pecado y probamos el gozo del arrepentimiento y la piedad. Estos
entendimientos han sido de beneficio una y otra vez. Cuando pecamos de nuevo, el

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arrepentimiento es menos complicado. Estamos familiarizados con lo que está pasando.
Conocemos el terreno y sabemos a dónde ir. No necesitamos tropezarnos tanto tiempo en la
oscuridad antes de buscar la gracia necesaria. Muchos conflictos potenciales se han cortado al
brote y se han convertido en compañerismo sustentador. Sin embargo estamos lejos de la
perfección y más conscientes de ese hecho que hace veinte años. El día que veamos a Cristo
todos los que estamos en Él seremos como Él. A partir de ese día ya no habrá mas causas de
tropiezo, no más ”pleitos y conflictos”. El proceso de llegar al corazón del conflicto algún día se
terminará y la devoción pura y sencilla reemplazará al doble ánimo por siempre.

¿Qué le Pasa al Libro Cerrado?


Hemos estado viendo los conflictos en el proceso de la resolución. ¿Qué de las personas que
niegan verse a sí mismos, quienes continúan acusando a otros y se excusan a ellos mismos? De
hecho, se sacan los ojos ellos mismos. Procuran mantener su libro bien cerrado al mismo
tiempo que toman la justicia en sus manos y la ejercen sobre aquellos a quienes odian. Se
niegan a mirar en el espejo de la Palabra iluminada por el Espíritu. ¿Qué pasa cuando la “viga”

11 Estoy endeudado a Andrée Seu por esta frase.


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se mantiene enclavada en el ojo? continúas siendo un esclavo de tus deseos atrincherados: “Si
solo mi esposa cambiara y viera que estoy cansado y necesito descansar. Si solo mi esposo
cambiara y viera que me siento sola y necesito su amor...” Personas irascibles son incapaces de
amar, echando raíces de amargura, de auto-justicia, de auto-lástima, de un sentido de privilegio
y de infelicidad; quizás de escapismo, quizás de esa infructuosa búsqueda de los mejores
pastos de nuestras pasiones cumplidas.
He estado en el ministerio personal durante veinte años, y he pasado miles de horas hablando
con personas. Durante ese tiempo, he llegado a conocer campeones de la ira, la furia, la auto-
justicia y otros mas de este sórdido clan. En mi “Salón de la Infamia” informal, las cinco
personas más iracundas dijeron algo por el estilo de: “Realmente no soy una persona
iracunda... Era buena persona hasta que conocí a mi esposa / esposo... Me llevo muy bien con
mis compañeros de trabajo. ¡Sin embargo esa persona me está volviendo loco(a)!” Tales
comentarios expresan una profunda ceguera. No saben con qué tropiezan y a pesar de cómo se
perciben a sí mismas, estas personas son realmente iracundas.

La fe vive como si lo que Dios dice es verdad.

Esa ira expresa pasiones que Cristo denunciaría y desarraigaría. Alabado sea Dios que en Su
gracia común ha permitido que este tipo de persona se conduzca más o menos civilmente la
mayoría del tiempo en lugar de perpetuamente de una manera criminal. Sin embargo “esa
mujer/ hombre” se ha dado a exhibir su corazón abiertamente y su comentario habla
volúmenes sobre su ignorancia de la realidad. Ignorancia de sí mismo y de Dios. El cónyuge sin
duda tiene pecados y puede que sean pecados serios. Pero la persona iracunda se cree Dios, y al
hacer esto, se hace como el Diablo en lugar de permitir a Dios ser Dios y así aceptar los

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propósitos del Redentor.
El ocio y las relaciones personales—como el control, el dinero, la vindicación, el poder, el éxito,
el ser amado, la salud, los logros y demás—son maestros seductivos y peligrosos. Cuando son
frustrados, su enojo toma miles de formas. A veces muestra su cara plenamente. Otras se
esconde. Pero cuando las pasiones tiranas son conquistadas por la gracia entonces el descanso,
la intimidad y lo demás se convierte sencillamente en buenas dádivas. En regalos para darles a
otros en la verdadera libertad de la “regla de oro”; son regalos para ser disfrutados al ser
recibidos. No son algo por lo cual debemos vivir, reclamar, necesitar, añorar, o alrededor de lo
cual gire nuestra vida. Dios tiene cosas buenas guardadas para Sus hijos. El mejor regalo es la
libertad de la culpabilidad y del dominio del pecado para poder conocerlo a Él mismo. Tarde o
temprano, a lo largo del camino Él nos dará la verdadera versión de todo lo que es un bien
menor que este.

Caminando por Fe
En Santiago 3-4 el Espíritu Santo nos llama repetidamente a estar delante del espejo y ver la
verdad. Repetidas veces nos atrae con promesas: “Dios da mas gracia. Se opone a los
orgullosos, pero da gracia a los humildes.” Permite que esas palabras se graven en tu corazón.

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La fe cree lo que Dios dice. Imagínate que llegas a tus últimos $100 de tus ahorros. El montón
de cuentas para pagar ha llegado por correo. Esa noche tu alma se llena de ansiedad. Te quedas
despierto con tu mente dando vueltas, calculando y recalculando, planeando e imaginando. A
la mañana siguiente, de la nada, tu banquero te llama y dice, “Alguien le acaba de mandar un
giro de $10,000 a su cuenta. El dinero está disponible, así que viva como corresponde a ello...
Sí, está en su cuenta. No, no es un error.” ¿Seguirías preocupándote? ¿O seguirías tus planes y
pagarías las cuentas con un corazón contento? La fe vive como si lo que Dios dice es verdad.12
Dios sí da más gracia a los humildes. Sé humilde. Dios sí se opone al orgulloso y conflictivo. Sal
con las manos arriba y ríndete.
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Llegar verdaderamente al corazón del conflicto es entrar en la presencia de Dios.
___________________________________________________________________________________________
Él ciertamente perdona a aquellos que abren sus ojos a sus pecados. Detente, abre tus ojos y
confiesa. Él selló Su promesa en la sangre de Jesús. Cuenta con eso. El realmente da el Espíritu
Santo a Sus hijos quienes lo piden. Pide. “Si alguno de Uds. tiene falta de sabiduría, pídala a
Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”(Santiago 1:5). Pide sin
temor, conociendo tu necesidad. “No tienes lo que deseas, porque no pides. Pides, y no recibes,
porque pides mal, para gastar en tus deleites.” (Santiago 4:3). Pide, arrepentido de tus
pasiones. Dios mismo te dará el poder de dar fruto. Él da sabiduría para que camines en la
imagen de Jesucristo.
La fe humilde que hace la paz es tan objetiva como el capricho orgulloso que produce los
conflictos. Mucha gente ve la fe como sus sentimientos de confianza, paz, contentamiento,
alegría. Mucha gente ve la oración como una experiencia de ciertas emociones religiosamente
coloreadas: fervor, quietud, gozo, consuelo. Estos sentimientos son algunas veces asociados
con la fe y la oración, sin embargo los Salmos ilustran como la fe que habla a Dios se puede
expresar en muchos estados de ánimo, algunos placenteros, otros no placenteros. Y no nos

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debemos de olvidar que muchas formas de mentira o falsedad pueden darse con sentimientos
pacíficos, fervientes o de confianza. El estado de tus emociones no es un termómetro exacto
del nivel de tu dependencia de Dios.
La esencia de la fe viva es algo diferente a cualquier experiencia en particular: Busca al Dios
verdadero que habla la verdad. La fe cree lo que Dios dice y actúa. Según su Palabra no hay
nada que tenga menos que ver con la experiencia, lo místico y lo sentimental que la fe. Sin
embargo la fe robusta, directa y sencilla es poderosa. Enlaza tu vida con Dios en Cristo y Él
reorganizará tu vida. Tómale la palabra a Dios. Para llegar al corazón del conflicto tienes que
buscar a Dios. Y si buscas, encontrarás. Y cambiarás, porque la fe viva nunca puede estar sin
fruto: “Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.”(Santiago 3:18).

12 Estoy endeudado a Bob DeMoss por su frase, y por la metáfora en el párrafo anterior.
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¿Puedes Ver?
por David Powlison
“Do You See?,” The Journal of Biblical Counseling,
Vol. XI, No. 3, 1993, pp. 3-4.

La tierra está repleta de cielo


Y cada arbusto arde con Dios
Pero sólo él que ve, se quita sus zapatos
Él resto se sienta alrededor a recoger moras.1

¿Puedes ver? ¿Está tu tierra repleta de cielo, y cada arbusto se enciende de gloria? ¿Te quitas tus
zapatos en tierra santa? ¿O te pones a recoger moras, ocioso e ignorante de lo que sucede a tu
alrededor?
¿Puedes ver que Él ve? “Porque los caminos del hombre están ante los ojos de Jehová, y Él
considera todas sus veredas."2 ¿Vives una vida transparente? ¿Te das cuenta de que todo lo que
haces y piensas es observado y, figurativamente, está siendo escrito en un libro? ¿Sabes que
tendrás que rendir cuenta por cada palabra que sale de tu boca? ¿Estás consciente que una
cámara de video está grabando tu vida? Tu caminar por la vida, ¿está repleto de la presencia
soberana y vigilante del soberano Dios?
¿Te das cuenta que Él está obrando? “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les
ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”3 “De modo que los que
padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien."4
¿Ves cada evento, cada circunstancia, cada apuro, cada frustración, cada pena, cada alegría,
como parte de la providencia de Dios soberano y amoroso?

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¿Confías y obedeces a Dios, o te quejas y tratas de encontrar salidas falsas? ¿Están tus
circunstancias repletas de Dios y de su propósito, de hacerte cada vez más como Jesús?
¿Puedes ver que Él te habla? “A toda perfección he visto fin; amplio sobremanera es tu
mandamiento...Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”5 ¿Qué ves cuando
miras tu Biblia? ¿Ves un libro repleto de relevancia? ¿Ves un libro donde Dios prorrumpe a la vez
que habla de lo que es realmente importante en la vida diaria? ¿Está tu Biblia llena de
aplicaciones a los problemas reales de personas reales en un mundo real: es inagotable,
inmediata, diversa, flexible? ¿O es una Biblia relativamente "delgada" en cuanto al análisis de
luchas humanas?

1 Elizabeth Barret Browning," Aurora Leigh" (traducido)

2 Proverbios 5:21.

3 Romanos 8:28.

4 1Pedro 4:19.

5 Salmo 119:96, 105


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Yo veo dos tipos de evangélicos Protestantes que creen en la Biblia. El primer tipo es aquel que
considera la Biblia totalmente relevante a la vida humana. El segundo tipo lo constituyen los
que consideran que la Biblia tiene una utilidad relativa. Esta diferencia entre ambas
perspectivas es lo que da origen a muchos de los conflictos y malentendidos dentro de la
consejería Cristiana.

Primero, hablaré de los creyentes de la Biblia que utilizan la Biblia como un recurso
moderadamente útil. Es probable que ellos honren a la Biblia con términos "'nobles." La Palabra
de Dios ofrece una estructura teórica, pero sin relevancia directa a la vida diaria. Es un "recurso"
de consuelo en tiempos de prueba, o para encontrar fortaleza "espiritual." La Escritura traza el
camino para la salvación. Es útil para la "teología, " para verdades teóricas acerca de Dios, el
cielo y el infierno, la vida y la muerte, el reino, "la perspectiva cristiana de..." Es una autoridad
respetada para reflexionar en las grandes cuestiones de la vida. ¿Cuál es el error de este
párrafo? Superficialmente, nada, a excepción de su naturaleza vaga y elevada. Aun los teólogos
liberales han manifestado sentimientos similares. La división aparece cuando te preguntas si la
Biblia es realmente efectiva en las encrucijadas de la vida. Es aquí donde este tipo de creyente
de la Biblia busca en otros recursos la guía y la iluminación que necesitan. Algunos voltean
hacia nuevas revelaciones personalizadas, profecías, tendencias e intuiciones. Otros voltean
hacia los psicólogos seculares para obtener entendimiento y orientación. En cualquiera de los
dos casos, la Biblia no provee la suficiente información acerca de lo que es realmente
importante en la vida diaria.
Piénsalo re esta manera. La gente con una Biblia relativamente delgada tiene un defecto de
visión. Su Biblia es concebida como un piano de juguete de ocho teclas. Puede ser que estas
teclas tengan importancia central en la teoría de música: la clave de do (C-mayor), empezando
con una C media, suena, después de todo, como las básicas do-re-mi. Son suficientes para las
canciones de escuela dominical. Pero no puedes tocar nada interesante ni profundo. Ni sonatas,

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ni fugas, ni conciertos. No puedes lograr los matices ni las variaciones, las claves menores de la
vida. Ningún pianista profesional perdería el tiempo tocando este instrumento de juguete. Hay
instrumentos más interesantes y flexibles al alcance.
Pero para el otro tipo de creyente de la Biblia, la Biblia es el Gran Piano. De hecho, es un piano
de cola, más el resto de la orquesta, más los grandes compositores, más el gran pianista, más
los grandes directores. Este piano puede lograr todas las notas, todos los efectos especiales,
todos los matices. Esta es la visión que la Consejería Bíblica tiene acerca de la Biblia. Está
repleta. Él Quien es el Compositor, el Director y el MÚSICO está activo.
Cuando la gente con Biblias delgadas escucha hablar a la gente con Biblias repletas acerca de la
suficiencia de la Escritura para la consejería, ellos lo perciben como “algo delgado e incompleto
es suficiente para un trabajo muy complejo.” Esta suena ridículo. La Consejería Bíblica suena
absurda, doctrinal, obscurantista; la conciben como “los desvaríos de los 'cabeza hueca' que se
glorían en su ignorancia.”
Pero cuando la gente con Biblias repletas afirman la suficiencia de la misma, lo que quieren
decir—o debieran querer decir—es: "Algo vivo y activo, interminablemente rico, entendible v
relevante, es suficiente para una tarea muy complicada." Esto suena razonable. Y cuando, en las

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encrucijadas del ministerio "cara a cara" el mismo Señor es el que habla a la gente, entonces la
veracidad de la visión es vindicada.
Claro está, los defectos de visión no son el único tipo de defecto. Nosotros los consejeros
bíblicos, como individuos y aún como movimiento, no siempre logramos lo mejor cuando
tocamos música. Todos tenemos defectos de habilidades. Alguien que ve el piano de cola—
ningún defecto de visión—tal vez sólo puede tocar "Los Changuitos." Un novato en el violín crea
"rechinidos;" un novato en la trompeta arruina el sonido; un novato en la batería solamente
produce sonidos pesados y monótonos. Dichas fallas pueden hacer difícil que los espectadores
capten la visión, pero no por esto la invalidan. Hay una gran orquesta—superemos nuestras
fallas y aprendamos como tocar.
Los defectos de habilidades se superan más fácilmente que los defectos de visión, pero Dios
puede componer ambos tipos de defectos para alabanza de su Gloria.
¿Está tu Biblia repleta, pero tus habilidades son limitadas? Un niño que ve puede tropezar en un
principio, pero por fin correrá y se moverá saltando bajo el cuidado de su Padre.
¿O es tu Biblia relativamente delgada? Un niño ciego nunca podrá ni siquiera caminar sin
titubear. Pero el Padre puede también abrir los ojos.

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