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1. Introducción: La institución del matrimonio en la sociedad clásica.


Antes de hablar sobre el motivo literario del rechazo del matrimonio y sus apariciones en la
mitología, debemos realizar una breve introducción para conocer en qué consistía la institución
del matrimonio en la Antigüedad y cuál era la función de la mujer dentro de él.

En la Antigua Grecia, así como más tarde en Roma, la institución del matrimonio tenía como
finalidad la concepción de hijos legítimos destinados a heredar la fortuna paterna y perpetuar su
nombre, pues la familia en la Antigüedad tenía también un fuerte carácter religioso, y su
desaparición equivalía, por lo tanto, a la extinción de un culto.

El matrimonio era acordado entre los padres de los contrayentes, a veces a sus espaldas, por lo
que los matrimonios por amor constituían casos excepcionales entre los griegos. La familia de la
joven ha de aportar una dote, en cuya naturaleza y cuantía se fija la atención más que en
cualquier otro punto. La dote se compone de dinero, joyas, vestidos y esclavos, y era la
aportación que la mujer hacía a la economía familiar, tras el matrimonio será el hombre el
encargado de la sustentación del hogar. En caso de divorcio, el marido debía devolver la dote
íntegra a la familia de la esposa para un posible segundo matrimonio. Sin dote el matrimonio de
una mujer era muy problemático, por lo que cuando el padre de la muchacha no posee bienes, se
junta toda la familia para reunir una dote suficientemente atractiva. Existía en tiempos
homéricos otro tipo de matrimonio según el cual era el marido quien debía aportar una cantidad
de dinero, a modo de compra, para poder disponer de la mujer y, por lo tanto, de la posibilidad
de continuar su linaje.

Tras el matrimonio, la esposa se instala generalmente en casa de su esposo o del padre de éste,
como Penélope, que dejó la casa de su padre para ir a vivir con Ulises, o Andrómaca, que tras su
boda con Héctor se instaló en el palacio de Príamo. En la Antigüedad, la mujer necesita durante
toda su vida un tutor legal, función que desempeña en primer lugar su padre y después su
esposo. Si éste muere antes que ella, la responsabilidad legal de la mujer cae en manos del
mayor de sus hijos o de su pariente más cercano en caso de ausencia de hijos. La idea de una
mujer soltera independiente y administradora de sus propios bienes es inconcebible en las
sociedades antiguas de fuerte carácter patriarcal, en particular en las sociedades griega y
romana.

En los poemas homéricos encontramos una imagen bastante clara de la condición de la mujer
griega a comienzos del primer milenio, si bien en su mayoría se nos habla de hogares reales
donde la mujer adquiría algo más de relevancia que en clases más humildes. Señora del oikos,
esposa y reina, dirigía a las sirvientas y compartía con su esposo el cuidado de velar por la
salvaguardia de sus bienes. Así pues, sus funciones estaban perfectamente delimitadas a las
tareas domésticas como hilar lana, tejer, o recibir a los visitantes y embajadores extranjeros y
llevar a cabo los ritos de hospitalidad que tantas veces se nos describen en los poemas
homéricos. Dentro de cada familia, la mujer tendría el poder que su marido le otorgase, así por
ejemplo Penélope posee mayor libertad de actuación en su oikos que por ejemplo Clitemnestra
(la actuación de cada una en ausencia de su marido denota la actitud de cada una). Sin embargo,
si se atrevían a hacer oír su voz por encima de lo permitido o a quejarse de su suerte,
excediéndose en sus libertades, eran enviadas de nuevo con toda rapidez a sus actividades
propias, como encontramos en el episodio de Héctor y Andrómaca.

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Como introducíamos antes, en Homero encontramos paradigmas de ciertos tipos de esposas, la
más destacable Penélope, la perfecta esposa, que se ocupa de las tareas domésticas como hilar y
aguarda la llegada de su marido respetándolo y rechazando a cualquier otro hombre que
intentara estar con ella, sin fallar a las responsabilidades divinas como el derecho a la
hospitalidad, a pesar de conocer las intenciones de sus huéspedes. Como figuras antagónicas a
Penélope encontramos a Helena, que tras dejarse seducir por otro hombre y aprovechando la
ausencia de su marido, lo abandona a él, su familia y su patria, y es responsable de tantas
desdichas por su actitud desleal y egoísta. Por otro lado la figura de Clitemnestra, esposa no
solo infiel, sino traidora, aprovecha la ausencia de su marido para conspirar contra él y planear
junto con su amante el asesinato de éste a su vuelta.

Penélope y sus pretendientes. - Waterhouse

En relación con la finalidad del matrimonio, encontramos en Jenofonte testimonios que nos
hablan de la importancia de esta institución para asegurar una descendencia legítima en la que
legar la propiedad familiar, al tiempo que se garantiza el amparo para la vejez. También
encontramos referencias al papel del hombre, destinado a los trabajos externos y de
conservación del hogar como sembrar, plantar o luchar por la patria, mientras que el papel de la
mujer se limita al ámbito doméstico. Se nos muestra así que la situación de la mujer dentro del
matrimonio no había cambiado mucho desde la época de Homero, pues los padres seguían
eligiendo al marido de sus hijas y sus funciones se limitaban a las tareas del hogar.

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Detalles de mujeres hilando.

Los matrimonios en Grecia y Roma eran por ley monógamos, aunque el marido pudiera
compartir el lecho de otras mujeres y tener concubinas viviendo en su casa, introducidas sin
ningún certificado jurídico que la una a su compañero. El único adulterio del hombre no
permitido es el que se cometía con la mujer de otro ciudadano. Si un marido sorprendía a su
mujer en flagrante delito de adulterio en compañía de su amante, tenía derecho a matar a éste sin
incurrir en culpabilidad. Sin embargo la mayoría de veces se llegaba a un acuerdo de carácter
económico como compensación por la afrenta, pues se había puesto en peligro la legitimidad de
su descendencia.

Con todo lo dicho hasta ahora podemos ver que las principales cualidades admiradas en las
mujeres eran el silencio, la obediencia, la entrega al hogar y la familia y la fidelidad. No
encontramos, sin embargo, estas cualidades en las principales diosas griegas y romanas; las
diosas no eran pues modelos a imitar para las mujeres griegas, sino personificación de las
principales vicios o caracteres de la mujer. Encontramos una Hera que se enfrenta a su marido,
representada como mujer celosa, vengativa y violenta; Afrodita fue infiel a Hefesto en
numerosas ocasiones y con numerosos amantes; Atenea y Artemis eran diosas vírgenes y no
representaban por lo tanto el papel reproductor, función principal de la mujer en la sociedad
antigua.

El único argumento válido para evitar el matrimonio era la consagración al sacerdocio de una
divinidad. Ya fuera por decisión de la joven, como por mandato del padre, una joven que no
deseara o no tuviera medios económicos suficientes para entregar una dote atractiva, podía
iniciarse en el sacerdocio de diosas como Hestia o Atenea, manteniendo su virginidad.

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2. Rechazo al matrimonio en el ámbito divino.
A continuación nos disponemos a narrar y comentar diversos ejemplos de la aparición del
motivo del rechazo al matrimonio en la mitología clásica. Sin embargo, encontramos diferentes
razones y temas según busquemos este motivo en el ámbito humano o divino, por lo cual
consideramos pertinente realizar una distinción en la estructura del trabajo. Empezaremos pues
por realizar una breve descripción de las diosas relacionadas con este motivo y el porqué de esta
relación para, a continuación, reflejar los mitos en los que encontremos estos casos se rechazo al
matrimonio.

2.1. Diosas que rechazan la institución matrimonial.

ÁRTEMIS
Se identifica en Roma con la Diana itálica y
latina. Hija de Zeus y de Leto, nacida como
gemela de Apolo en Delos. Ártemis fue la
primera de los gemelos en nacer, y tan
pronto como hubo nacido, ayudó a su
hermano a venir al mundo. Vivía en el
bosque en plena naturaleza y recorría
montes y montañas cazando con arco y
flechas, acompañada por su cortejo de
ninfas y seres naturales. Se mantenía a
distancia de los hombres y castigaba a
aquellos que se le acercaban demasiado.
Con el mismo rigor velaba por la virginidad
de sus ninfas: a Calisto la transformó en
una osa como castigo a su embarazo por
obra de Zeus. Por el contrario, prestó
especial protección a la cazadora Atalanta,
que había tomado a la casta Ártemis como
modelo, como también hizo el desgraciado
Diana cazadora - Guillaume Seignac. Hipólito.

El arco de Ártemis no sólo era un arma mortal en la caza: valerosamente defendió, junto con
Apolo, a su madre acosada por Ticio; ambos castigaron a Níobe, que se había burlado de Leto:
Ártemis mató a sus hijas y Apolo a sus hijos. También el menosprecio a su propia divinidad era
castigado severamente por la diosa; así, envió serpientes a la cámara nupcial de Admeto, que
había olvidado ofrecerle los habituales sacrificios solemnes antes del matrimonio. Es una diosa
muy estricta, castiga gravemente las afrentas pero también sabe compadecerse y recompensar
las muestras de piedad. Así castiga a Agamemnón con el sacrificio de su hija por haber matado
un animal sagrado, pero en el último momento se apiada de la joven Ifigenia y la salva.

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Ártemis es un ejemplo típico de la armonía de los contrarios; protege la vida y el crecimiento en
cualquiera de sus formas, pero también es un poder mortal y exterminador; desde este punto de
vista se explica su posición como diosa cazadora. Es el punto intermedio entre sociedad y
barbarie; rechaza las instituciones sociales, vive en libertad, pero a su vez castiga los
comportamientos salvajes (centauros, sátiros, gigantes,…)

Es la diosa protectora de las doncellas desde el nacimiento hasta que llegan al matrimonio, a ella
le eran consagradas las jóvenes que morían vírgenes y sin desposar. Al mismo tiempo se
presenta como ayuda en el punto culminante de los dolores del parto para ayudar a dar a luz al
niño. A las mujeres que morían durante el parto se las consideraba víctimas de Ártemis.

Sobre todo a partir del helenismo, Ártemis fue identificada con la diosa lunar Selene que anda
errante por las montañas, como divinidad femenina opuesta al sol (identificado con Apolo). Se
hacía de esta diosa la protectora de las amazonas, guerreras y cazadoras como ella y como ella
independientes del yugo del hombre.

Ártemis es la diosa virgen por escelencia, refleja la naturaleza libre, habita en lugares abiertos y
salvajes. Busca la soledad, la tranquilidad, solo permite la compañía de su cortejo de vírgenes.
En general representa el espíritu femenino libre e independiente que los esposos griegos no
apreciaban en sus esposas, pues estaban totalmente sumisas y encerradas en el gineceo. La
inviolable virginidad de Ártemis también se ha interpretado como un antiguo ritual de caza
(abstinencia de los cazadores); o en la misma antigüedad como un concepto de animar la
naturaleza virgen con la presencia de ninfas vírgenes.

ATENEA
Diosa identificada en Roma con Minerva,
Atenea es hija de Zeus y de Metis. Ésta se
hallaba encinta y a punto de dar a luz una
hija, cuando Zeus se la tragó por consejo de
Urano y Gea, pues le revelaron que si Metis
tenía una hija, a continuación tendría un hijo
que arrebataría a Zeus el imperio del cielo.
Llegado el momento del parto, el padre
ordenó a Hefesto que le partiese la cabeza
de un hachazo. De la cabeza salió una joven
completamente armada.

Desempeñó un importante papel en la lucha


contra los Gigantes, dando muerte a Palante
y a Encélado. En la Ilíada participa también
en la lucha al lado de los aqueos, puesto que
Paris le había negado el premio a su belleza.
Protegió a Heracles en el combate y en la
realización de sus trabajos. Ayudó a Ulises
a volver a Ítaca bajo la apariencia de
diferentes mortales.
Representación de Atenea Parthenos.
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Preside las artes y la literatura, función en la que tiende a suplantar a las Musas. Mantiene una
relación más estrecha con la Filosofía que con la Poesía y la Música, pues era considerada la
diosa de la Razón. Protege a las hilanderas, tejedoras, bordadoras, etc. Su ingeniosidad, unida a
su espíritu bélico, le había llevado a inventar la cuadriga y el carro de guerra. Asimismo,
presidió la construcción de la nave Argo, la mayor que se había construido hasta entonces.

También había dedicado su talento a las artes de la paz, y en Ática se le reconocían entre otras
obras buenas, la invención del aceite de oliva, e incluso la introducción del olivo en el país. El
olivo era el regalo que había hecho al Ática para merecer que su pueblo la reconociese como
protectora. Posidón le disputaba esta soberanía, y cada uno trató de ofrecer al país el mejor
regalo susceptible de acrecentar sus méritos. Posidón, de un golpe de tridente hizo surgir un
lago salado en la Acrópolis de Atenas. Atenea hizo que brotase allí un olivo. Los doce dioses
elegidos como árbitros dieron su preferencia al olivo y confirieron a Atenea la soberanía sobre
el Ática.

Con frecuencia, Atenea era elegida como protectora y patrona de las ciudades. Además de
Atenas, a la que se creía había dado su nombre, contaba con templos en la ciudadela de núcleos
urbanos tales como Esparta, Mégara, Argos, etc.

Atenea permaneció virgen sin contraer matrimonio con ningún varón, pues los rasgos de Atenea
eran más varoniles que femeninos. Su virginidad, a diferencia de la de Ártemis, se debe a que
Atenea simboliza lealtad a la figura paterna, es la hija fiel y siempre obediente a su padre, Zeus,
de hecho, esta estrecha relación entre Zeus y Atenea suscitará las envidias de Hera por ser una
hija concebida únicamente por Zeus. Como decíamos, Atenea es la imagen de hija obediente,
bajo la tutela aún de su padre, es decir, sin casar. Sin embargo, encontramos en ella un carácter
mucho más maternal que en su hermana Ártemis, Atenea es la ayudante por excelencia del
héroe, la diosa auxiliar y protectora (generalmente en conflicto con Hera o Posidón).

HESTIA
La diosa del Hogar, del cual es la personificación, es la
primera hija de Crono y Rea, y hermana de Zeus y Hera.
Pese a hacer sido cortejada por Apolo y Posidón, obtuvo
de Zeus la gracia de guardar eternamente su virginidad.
Además, Zeus le concedió honores excepcionales: ser
objeto de culto en todas las casas de los hombres y en
los templos de culquiera de las divinidades. Mientras los
demás dioses van y vienen por el mundo, Hestia
permanece inmóvil en el Olimpo. Esta inmovilidad de
Hestia explica que no desempeñe papel alguno en la
mitología.

En Roma la diosa que preside el fuego del hogar era


Vesta. Pertenece, como la Hestia helénica, al grupo de
las doce grandes divinidades. Su culto se halla bajo la
dependencia directa del Gran Pontífice, asistido por las
Vestales, sobre las que ejercía una autoridad paterna. El
Estatua de la diosa Hestia. culto que Vesta fue introducido en Roma, según la

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mayoría de leyendas por Rómulo, lo cual no deja de ofrecer cierta dificultad, ya que su templo
no se levantaba en el interior de la cuidad palatina, sino al margen de ella, en el Foro romano y ,
por tanto, fuera de la ciudad atribuida a Rómulo. El carácter arcaico de la diosa se confirma
también por el hecho que su animal sagrado era el asno, animal mediterráneo por excelencia, en
oposición al caballo que es indoeuropeo.

Como diosa en el hogar, su culto gozaba de gran prestigio e importancia en la Antigüedad, y por
lo tanto su sacerdocio fue uno de los más conocidos en las sociedades griega y romana. En esta
última eran llamadas vestales. Se trataba de doncellas vírgenes que se consagraban desde
jóvenes a la diosa Vesta y se dedicaban a honrarla y a mantener siempre encendido el fuego de
su templo. Las vestales debían permanecer siempre vírgenes, la ruptura de este voto era
considerada un delito peor que dejar que se apagara el fuego, y por ello eran castigadas con la
lapidación. Más adelante se sustituyó esta pena por la decapitación o el enterramiento en vida.

2.2. Mitos sobre el rechazo al matrimonio en el ámbito divino.


Una vez hemos hablado de las diosas vírgenes, pasaremos a comentar mitos donde aparezca el
motivo del rechazo al matrimonio. En el ámbito divino no se observa un rechazo al matrimonio
como institución, pues ya hemos visto el porqué cada diosa se mantiene sin casar, sino que
encontramos diferentes ocasiones en las que las diosas rechazan la unión con el hombre como
amenaza a la virginidad que las caracteriza.

Ártemis y el cazador Acteón.

El mito de Acteón se ha transmitido a la tradición occidental mediante la versión que Ovidio


ofrece en sus Metamorfósis. Acteón era un príncipe tebano, hijo de Aristeo y de una de las hijas
de Cadmo, el fundador de Tebas, Autónoe. Actéon era un gran cazador, había sido instruido por
el mismísimo centauro Quirón, encargado de adiestrar a grandes héroes como Aquiles. Acteón
disfrutaba de la caza más que con cualquier otra actividad, así gozaba de grandes viajes y
escapadas cargado con sus armas con el fin de buscar presas.

Un día, la diosa Ártemis, disfrutaba de un baño acompañada de su séquito de ninfas,


completamente desnuda. Andando por el bosque, Acteón llegó hasta el lugar en el que la
hermosa diosa gozaba del gratificante baño, y ante tanta belleza quedó completamente
fascinado, no podía apartar la mirada de la diosa, algo que ésta se tomó como una gran ofensa y
violación de su privacidad y virginidad divina.

Muy enojada, Ártemis decidió castigar a Acteón y lo convirtió en un ciervo, cambio


significativo a través del agua. No contenta con eso, la diosa aún encolerizada por la
profanación de sus virginales misterios, decidió enviar a los propios perros de Acteón, cincuenta
eran, para que lo mataran. Así, el final trágico llegaría a Acteón de mano de sus animales, que lo
devoraron cruelmente haciendo su cuerpo pedazos. Una vez terminaron con su vida, buscaron
desesperados a su amo por todo el bosque, pero jamás lo encontraron. Completamente
desorientados, los cincuenta perros buscarían al centauro Quirón, quien, con el único fin de
consolar a los pobres animales, construiría una estatua del difunto Acteón.

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Diana y Acteón. – Giuseppe Caesari.

Esta historia tiene muchas variantes, por ejemplo la razón por la que Acteón es transformado
varía, auqnue la razón que da Ovidio parece ser la más antigua. En otras versiones la causa del
castigo es haber intentado seducir o violar a Sémele, otra princesa tebana descendiente de
Cadmo, que era amante de Zeus y madre de Baco, o bien por haber intentado violar a la propia
Ártemis. Así mismo, hay variantes con respecto al final de la historia, otra versión de la misma
justifica la muerte de Acteón por alardear de ser mejor cazador que la porpia Ártemis, lo cual
habría provocado la ira de la diosa. El motivo del castigo divino a un humano por considerarse
mejor que los dioses aparece también en el mito de Atenea y Aracne, a quien la diosa
transforma en araña por considerarse mejor tejedora que ella.

En cuanto a la creación de la estatua, se corresponde o bien la historia que he mencionado


anteriormente o, según Pausanias, con una historia independiente, según la cual los habitantes
de Orcómenos vieron un fantasma junto a una roca, y asustados consultaron al oráculo que les
dijo que erigieran allí una estatua en honor a Acteón y que enterraran allí sus restos. Son dos
variantes del mismo motivo: en ambos casos la estatua actúa como un sustituto fúnebre del
muerto. En Grecia se usaban un cierto tipo de estatuas para enterrar a los muertos cuyo cuerpo
no se encontraba. Estos son rasgos son propios de los héroes griegos: no hace falta que realicen
ninguna una proeza, en ocasiones su heroicidad está relacionada con sus manifestaciones
después de su muerte.

En cuanto a los perros, tienen una influencia histórica curiosa en un diálogo propio del
Renacimiento, llamado Cymbalum mundi. Es una sátira menipea en la que hablan unos perros,
los perros de Acteón, que por un día adquieren el privilegio de hablar. Este diálogo se observa
como una antecedente al Coloquio de los perros de Cervantes. El mito de Acteón en la obra de
Ovidio aparece relacionado con una serie de mitos sobre la ciudad de Tebas que giran en torno
al motivo de la visión de a prohibido: el mito de Sémele, que contempla a Júpiter con toda su
dignidad y muere por ello; el mito de Tiresias, que según la versión de Calímaco vió a Atenea y

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a su propia madre desnudas en el baño y fue castigado con la ceguera, pero con el don
compensatorio de la profecía. Además, en otra historia semejante encontramos un personaje de
la mitología que, por ver a una diosa desnuda, es transformado de hombre en mujer (lo cual
ocurre también en otra versión del mito de Tiresias). También observamos la historia de Penteo
que espía a las Bacantes y es castigado por ello. Ovidio conocía todos estos relatos y la similitud
de estos mitos con el relato de Acteón provoca que el autor lo coloque también en el ciclo
tebano.

Ártemis y el gigante Orión.

En segundo lugar, el mito de Orión, de nuevo relacionado con la diosa Ártemis. Orión es un
gigante de gran hermosura, es uno de los amantes de la Aurora. Por regalo de su padre Posidón,
tiene la capacidad de caminar sobre el mar, y es un cazador extraordinario, libra a la isla de
Quíos de todos los animales que la asolaban. Pero carece de caracter civilizado (es la
connotación negativa de la caza, traspasar los límites de lo civilizado) y trata de violentar a
Mérope, la hija del rey del lugar, Enopión (nombre que evoca el vino), que castigará a Orión
dejándolo ciego. Orión recupera la vista colocándose a un niño sobre los hombros (motivo
literario frecuente, el niño lazarillo del ciego). Con el niño a hombros, guiándose por su vista,
camina en dirección al sol y así recupera la vista. Trata de castigar al rey pero no lo encuentra
porque Hefesto le ha construido una cámara especial la cual Orión no puede encontrar.

Diana junto al cadáver de Orión. –


Daniel Seiter.

Al final es asesinado por Ártemis, por tratar de violentarla (la causa de la muerte varía). Esta
violación es una variante del mismo motivo, el intento de violación de Mérope y el intento de
violar a la diosa. La diosa lo castiga enviándole un escorpión y ambos son catasterizados en las
constelaciones de Orión y el escorpión. Las constelaciones no aparecen al mismo tiempo,
mientras que Orión permanece en el invierno, el escorpión lo hace en el verano, y queda
perpetua su lucha.

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Existen otras variantes por la cólera de la diosa, como que el cazador gigante, Orión, le reta a
lanzar el disco y por ello provoca la ira de la diosa (véase de nuevo el castigo por retar a los
dioses), o porque intenta robar a una de sus compañeras. Otra versión narra que Ártemis mata a
Orión por un engaño de su hermano Apolo, celoso porque Ártemis acostumbraba a irse de caza
con el gigante y descuidaba sus deberes como diosa. Esta al descubrir el engaño cuando el
cuerpo de Orión llego a la orilla, después de llorar su muerte, envió el cuerpo de Orión y el de
su perro de caza a las estrellas convirtiéndolos en constelación.

En resumen, en estos mitos vemos representada la figura de Ártemis como cazadora y como
defensora de la virginidad. El rechazo del matrimonio que simboliza Ártemis está en relación,
como ya hemos apuntado, con su carácter libre y su situación intermedia entre civilización y
barbarie, pues como diosa de la naturaleza salvaje no se rige mediante las instituciones sociales
y, por ello rechaza el matrimonio y preserva su virginidad como muestra de su libertad personal.
En ambos mitos vemos que la ira de la diosa viene provocada por una amenaza a su virginidad o
a su intimidad física por parte de seres desvinculados de la civilización (un cazador y un
gigante). En otros relatos, la virginidad de la diosa o de su cortejo se ve también amenazada por
seres naturales no civilizados como son los centauros o los sátiros.

Atenea y Hefesto.

Atenea y Hefesto se pueden entender como dioses opuestos y a la vez estrechamente vinculados
en el panteón griego. Ambos son, según unas versiones, hijos de Zeus, y según otras, uno nace
como venganza por el nacimiento del otro. Según esto último, Hera, enfadada porque Zeus
hubiera engendrado por sí solo (o bien junto a Metis, la anterior mujer de Zeus) a la diosa
Atenea, dio a luz a Hefesto, siendo éste hijo únicamente de Hera. No obstante, la mayoría de las
versiones sobre el nacimiento de Atenea mencionan a Hefesto como ayudante de su nacimiento,
al abrir la cabeza de Zeus de un hachazo. Sea como fuere, ambos dioses están fuertemente
relacionados en la mitología y en los cultos religiosos, pues a menudo las ciudades protegidas
por uno de ellos poseen un fuerte culto al otro.

Otra de las cosas en común entre


ambos dioses son las armas de
guerra, pues Hefesto, como herrero
y artesano de los dioses, es el
encargado de forjar las armas
divinas, entre ellas por supuesto las
de Atenea. Según el mito, Atenea se
encontraba en el taller de Hefesto
buscando una de sus armas cuando
Hefesto, dolido por las infidelidades
descubiertas de su esposa, sintió un
irrefrenable deseo de unirse a
Atenea y se abalanzó sobre ella. La
diosa asquedada por tal acción se
defendió con su lanza, apartándose
del abrazo del dios. El semen de
Hefesto cayó sobre el muslo de

Atenea despreciando a Hefesto. -


Paris Bordone 12
Atenea, que se lo limpio con repulsión. Al caer el semen al suelo, la Tierra quedó fecundada y
de ella nació Erictonio (identificado por la tradición con el rey mítico ateniense Ericteo).
Atenea, compadeciéndose del bebé lo metio en una cesta y se lo entregó a las tres hijas de
Cérope, Herse, Aglauro y Pándoroso, bajo juramento de que no abrirían la caja. Pero la
curiosidad venció a estas mujeres (otro tópico recurrente en la mitología) y al abrir la cesta
observaron al pequeño Erictonio con forma de serpiente. Aterrorizadas por el mostruo se
arrojaron por la el lado más abrupto de la Acrópolis. La diosa, compadeciéndose de nuevo de la
suerte del niño, lo acogió y lo crió como su madre adoptiva.

Este mito no es de origen antiguo, sino que parece una creación posterior con el fin de ensalzar
el origen divino y la legitimidad de los atenienses, “auto-ctonos”, nacidos de la tierra. Según las
versiones, la razón de la atracción de Hefesto cambia, pudiendo tratarse de un repentino deseo
pasional o del enamoramiento del dios al ser Atenea todo lo contrario de su infiel esposa.
También varían las versiones sobre si el semen llegó a tocar el muslo de Atenea o calló
directamente en la Tierra, puede que la primera versión busque explicar por qué Atenea se
compadece y adopta al pequeño Erictonio.

Atenea y el adivino Tiresias.

Otro mito sobre el castigo de una diosa por la amenaza o violación de su intimidad virginal lo
encontramos a porpósito nuevamente de Atenea. El tebano ciego Tiresias, hijo de Everes y de la
ninfa Chariclo, es junto con Calchas el más célebre adivino de la mitología griega. Un día el
joven Tiresias vió a la virginal diosa Atenea bañándose desnuda junto a su madre. Irritada la
diosa por esta violación de su desnudez, lo privó del sentido de la vista, pero la ninfa Cariclo le
rogó que deshiciera el castigo de su hijo. La diosa no lo deshizo, pero en compensación le dio el
entendimiento del lenguaje de las aves y el poder para predecir el futuro. Como hemos visto,
Atenea es una diosa mucho más compasiva que Ártemis y por ello compensa a Tiresias
obsequiándolo además con un cayado especial y le garantizó una larga vida.

Sobre el origen del don de Tiresias existe otra versión, según la cual Tiresias se encuentra a dos
serpientes copulando en la montaña y golpeó a la hembra con su vara y Hera, ofendida por este
gesto, como venganza, lo transformó en una mujer y esta se dedicó al sacerdocio de Hera. Ocho
años después, siendo aún mujer, encontró a las dos serpientes de nuevo y en este caso golpeó a
las dos, y así fue devuelto a su estado primitivo de hombre. Un día cuando el rey de los dioses
Zeus y su esposa Hera se encontraban discutiendo sobre qué sexo disfrutaba más haciendo el
amor, Tiresias fue elegido para que resolviera el enigma según su experiencia. Tiresias afirmó
que la mujer disfrutaba más que el hombre, respuesta que enfadó a Hera, que lo dejó ciego. Zeus
no pudo rectificar la cruel acción de Hera, pero trató de compensarlo dándole el don de la
carividencia. Tiresias hacía sus predicciones observando el comportamiento de las aves.
Estudiaba los sonidos que hacían y, cuando era necesario, apoyaba sus ideas en el resultado de
los sacrificios realizados.

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Tiresias golpeando a las serpientes.

Vesta y Príapo.
Como explicación a la consagración del asno como animal sagrado de Vesta, ya en Roma nace
una leyenda que justifica el carácter sagrado de este animal. Según este relato Príapo trató de
violar a la diosa que se encontraba dormida tras la celebración de un banquete divino, pero la
diosa fue alertada por el rebuzno del asno del sátiro Sileno. Gracias a él Vesta se despertó y
logró huír de la tentativa de Príapo. Como agradecimiento, al asno fue consagrado como animal
de Vesta y durante las Vestalia se les adornaba con guirnalda y se les libraba del trabajo.

Mitos de vestales.
Como hemos visto, Vesta no ocupa un papel activo en la mitología clásica, por lo que es
complicado encontrarla más que como personaje de fondo. Más relevancia para la tradición
mítica sin duda tuvieron sus sacerdotisas, las vestales. La más importante de ellas fue Rea
Silvia, madre de Rómulo y Remo. Según el mito, Silva era hija de Numitor, rey de Alba Longa,
y descendiente del mismo Eneas. Su tío Amulio arrebató el trono a Numitor y lo asesinó a él y a
su hijo. Para evitar que ningún heredero de Numitor le reclamara el trono más tarde, obligó a
Rea Silvia a entrar en el sacerdocio de la diosa Vesta. Sin embargo, la vestal fue violada en un
sueño por el dios Marte, y de esta unión nacieron los gemelos Rómulo y Remo destinados a
fundar la ciudad de Roma.

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Marte violando a Rea Silvia en sueños.

Otro nombre de vestal conocido por la tradición es el de Tuccia. Según la tradición, esta vestal
fue injustamente acusada de haber violado su voto de castidad. Ante la rotunda negación de la
joven, se le impuso como prueba transportar una cantidad de agua utilizando únicamente un
colador. Tuccia consiguió cumplir la prueba, lo cual se vio como una muestra indudable de su
inocencia y fue liberada de la acusación.

3. Rechazo al matrimonio en el ámbito humano.


La tradición mitológica recoge también relatos sobre mujeres humanas que desafiaron a la
sociedad rechazando una de sus instituciones primordiales, el matrimonio. Según el mito,
encontraremos un tipo de rechazo u otro, ya sea habiendo tomado o no matrimonio.

Atalanta
El personaje humano más relevante para la miotlogía clásica en relación con este motivo es sin
duda Atalanta. De este personaje mitológico encontramos dos variantes, una Atalanta beocia,
hija de Esqueneo, corredora prodigiosa amante y esposa de Hipómedes. Esta es la Atalanta de
Ovidio. Por otra parte una Atalanta épica, que participa en la expedición de los Argonautas y en
otras empresas heroicas destinadas a hombres. Es la Atalanta arcadia, se casa con Melanio y
tiene un hijo de él o bien de Ares.

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Atalanta vivía en el bosque de caza y rechazaba completamente el matrimonio. Había sido
criada por una osa, hacía vida como seguidora de Ártemis. La osa es un anima relacionado con
Ártemis en el mito de Calisto, convertida en osa y, en general, la osa es una emblema de la
maternidad en la literatura y en el arte y se identificaba esta maternidad con el papel de Ártemis
como educadora de las doncellas. Ser criados por animales es un rasgo característico de los
héroes masculinos: Rómulo y Remo, Ciro, etc. En este caso, tenemos este rasgo referido a una
mujer, como símbolo de la masculinidad de Atalanta.

Con este carácter masculino está relacionado precisamente su rechazo al matrimonio, como
todas las figuras de cazadora-guerrera de la mitología, pues también su conducta es equiparable
a la de un varón, hace el papel del hombre. A veces se explica esto porque sus padres la
concibieron en busca de un varón. Este rechazo del matrimonio y el hecho de vivir en los
bosques son la negación a convertirse en adulta, y el deseo seguir en un estadio de adolescencia
prematrimonial, que se asocia con lo salvaje y la naturaleza. Todo esto la convierte en una
tentación, en objeto de deseo de hombre y centauros que quieren violarla. Como hemos visto a
propósito de Ártemis, sátiros y centauros son seres salvajes y desenfrenados, son violadores por
naturaleza, y dos de ellos tratan de violentar a Atalanta, que los mata a flechazos.

Según algunas versiones el padre, en otras ella misma, somete a todos sus pretendientes a una
prueba, quien quiera conseguir su mano tendrá que vencerla en la carrera. El tema de la prueba
matrimonial es constante en la mitología y en las leyendas y cuentos de todo el mundo. Pero
este caso tiene rasgos peculiares, se trata de vencerla a ella en la carrera, de modo que ella es a
la vez el premio y el oponente. Ella les da ventaja, les deja salir antes, y luego los persigue con
una lanza, este hecho convierte la carrera en una caza. Si los alcanza, los mata, y Atalanta gana
siempre.

Sin embargo uno de los


pretendientes recurre a Afrodita, y
ésta, enfadada con Atalanta por su
conducta contraria al matrimonio,
concede su ayuda al héroe. Le
ofrece tres manzanas de oro al
héroe, que proceden de la corona
de Dioniso. La manzana es
simbólica, provoca un hechizo
amoroso, es un símbolo erótico
típico del mito, también de la
literatura griega. También aparece
la manzana en el mito de Aconcio
y Cidipe y en el célebre relato de
la manzana de la discordia. Aquí la
manzana cumple precisamente esa
función. Atalanta e Hipómenes se
enfrentan en la carrera, Hipómenes
lanza hacia atrás una de las
manzanas. Atalanta se detiene,
Atalanta e Hipómedes. - Nicolas Colombel llevada por la curiosidad, y coge la
manzana, lo que le hace perder
tiempo. Pero Atalanta recupera la

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ventaja; de nuevo Hipómenes lanza otra manzana. En el fondo, Atalanta siente atracción por él,
según Ovidio en la versión tardía. Por detenerse a recoger las manzanas, Atalanta pierde la
carrera y se casa con Hipómenes.

Es una estructura típica de cuento; la estipulación de una prueba prueba matrimonial a los
pretendientes por la mano de la princesa; un auxiliar que ayude al héroe entregándole un objeto
mágico que le propicia la victoria en la prueba y, por lo tanto, la mano de la princesa. Lo
particular de este caso, como ya hemos apuntado, es que la negativa a casarse es de la propia
heroína (suele ser del padre) y ella misma es la prueba a batir.

Pero la historia no acaba ahí, Hipómenes y Atalanta se olvidan de dar las gracias a Afrodita,
actúan a la inversa del cuento maravilloso, donde el héroe obtiene ayuda de los auxiliares por
tratarlos bien. Afrodita, enfadada, hace que lleven a cabo una profanación. Los dos amantes
tendrán relaciones mientras están en un santuario de la diosa Cibeles, y la diosa los convierte en
leones. Por este hecho dice Hifiginio que los leones no pueden disfrutar del acto amoroso.
Cuando el matrimonio se convierte en una caza, que no es cultural sino propio de la naturaleza,
el desenlace no es bueno.

Atalanta tiene la conducta opuesta a la que debe tener una mujer de mentalidad griega. El
matrimonio para los antiguos es un acuerdo entre dos familias, no puede ser una competición.
Atalanta no abandona nunca el territorio de la naturaleza y de lo salvaje, no accede al mundo del
matrimonio y de la civilización. Sí tiene acceso a la pasión y a la sensualidad, que es lo que
representa Afrodita. Pero el matrimonio para los antiguos es procreación, y no sexualidad. Por
eso Atalanta sigue siendo, incluso después del matrimonio, una mujer que rechaza el
matrimonio. De esa manera se entiende el desenlace cruel. Este es el mito sobre la Atalanta
beocia.

En otra versión, el pretendiente se llama Milanio (cf. elegía I Propercio). En este caso, Milanio
conquista el amor de Atalanta siguiéndola a todas partes, y para ellos se disfraza de mujer. Es un
mito de travestismo propio de la mitología griega, que tiene un transfondo ritual. Antes del
matrimonio, era habitual travestir a los jóvenes durante un período en algunas regiones. Lo
mismo pasa en la historia de Dafne y Leucipo, con un final diferente. En este mito él tiene éxito,
es un mito del servitium amoris, siguiéndola a todas partes acaba convenciéndola. El motivo del
travestismo es secundario. De Milano y Atalante nace un hijo, Partenopeo. En el personaje se
manifiestan las tendencias de la madre, es un joven equivalente a Hipólito, que también
conserva la tendencia amazónica de la madre, este es famoso porque participa en la expedición
de los siete contra Tebas.

Esta última es la conocida como Atalanta épica, y es por tanto la que aparece en el mito de
Meleagro y la caza del jabalí de Calidón. Eneo el rey de Calidón (ciudad etolia), olvida rendir
homenaje a una diosa, Ártemis, la diosa de los bosques de Calidón. Ella se enfada (motivo
propio de mitos en general, y de la diosa Ártemis en particular) y envía un monstruoso animal,
un jabalí que arrasa todos los sembrados y viñedos de Calidón. Meleagro, hijo de Eneo,
organiza una empresa convocando a todos los héroes griegos que quieran participar, entre ellos,
Atalanta. Meleagro le da muerte al jabalí, no sin haber perdido antes a varios expedicionarios y,
como había prometido la cabeza y piel del animal a quien le matara, al ser él el organizador de
la empresa, decide regalárselo a Atalanta, prendado de su belleza y su valor. Eso provoca los
celos de los hermano de la madre de Meleagro y se origina así el enfrentamiento entre etolios y
curetes (un pueblo vecino).

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Pintura sobre la cacería del jabalí de Calidón.

En la versión épica, la diosa Ártemis provoca la distensión entre los griegos con respecto al
reparto del botín (la piel del jabalí) y eso provoca el enfrentamiento entre dos pueblos. En ese
enfrentamiento Meleagro causa la muerte de sus tíos con la cólera consiguiente de su madre,
Altea, que maldice al héroe, que al final morirá, bien a consecuencia de la maldición bien
porque lo mata Apolo con sus flechas (del bando de los curetes). En esta versión no aparece el
motivo del tizón ni el personaje de Atalanta.

En la versión trágica, cuando nació Meleagro, las Parcas predijeron que su vida acabaría cuando
se consumiera un tizón que ardía en el hogar. En otras versiones, el tizón nace al mismo tiempo
que Meleagro. Altea guarda el tizón en un cofre para que no se destruya. Como consecuencia
del amor de Meleagro por Atalanta, y el enfado de los tíos al haber obtenido ella el premio,
Meleagro acabará matando a sus tíos. La madre, encolerizada, coge el tizón y lo arroja al fuego,
causando la muerte de su hijo. Sus hermanas, o todas las mujeres de Calidón, se transforman,
por su dolor, en aves: las aves conocidas por los griegos como meleágrides. La versión que sitúa
a estas aves en la India las relaciona con el ámbar (relación con la historia de Faetón).

No se sabe cuál de las dos es la versión más antigua. La versión épica es la más antigua en los
testimonios, como Homero, mientras que la versión trágica aparece con los autores trágicos.
Pero algunos motivos (referentes al tizón que representa el alma exterior de Meleagro) hacen
pensar que la versión trágica, aunque atestiguada más tardíamente, es la más antigua.
Apolodoro, en la Biblioteca, da las dos versiones, primero la trágica y luego la épica. En
Diodoro de Sícilia, autor de la Biblioteca histórica, aparecen las dos versiones pero a la inversa,
primero la épica y luego la trágica.

En resumen, Atalanta es la versión humana de la diosa Ártemis, una vida dedicada a los bosques
y a la caza, alejada de las instituciones sociales y de total aversión a la unión matrimonial.
Atalanta refleja con claridad la imagen de la mujer guerrera, masculina, que desea vivir su vida
con libertad. Presenta además en su niñez algunos de los rasgos característicos del esquema de
la vida del héroe, pues, hija de reyes, fue abandonada al nacer y criada por animales y, al llegar
a la juventud, formó parte de diversas expediciones épicas entre ellas, nos cuenta Apolodoro, la
de la nave Argos.

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Hipodamía y Pélope.
Relacionado con la historia de Atalanta encontramos el mito de Hipodamía, hija de Enomao, rey
de Pisa. A este un oráculo le había vaticinado que moriría a manos de su yerno. Para evitarlo y
dado que Hipodamía era su única hija, estableció una prueba imposible como merecimiento de
la mano de la princesa. Para obtener el matrimonio con Hipodamía, el pretendiente debía vencer
a Enomao en una carrera de caballos desde la ciudad de Pisa hasta el altar de Posidón que se
encontraba en el istmo de Corinto. La dificultad de la prueba radicaba en que Enomao era
propietario de unos caballos divinos, regalo del dios Ares, que eran invencibles en la carrera y
además contaba con un extraordinario auriga, Mirtilo, hijo del propio Hermes. Además, el
pretendiente debía portar en su carro también a la princesa, aunque por otra parte Enomao les
permitía partir con ventaja, de modo que, al igual que en el mito de Atalanta, la carrera se
convertía en una caza.

Pélope, hijo de Tántalo, uno de los eternos condenados del Hades, retó al rey enomao por la
mano de Hipodamía. Conociendo las ventajas del rey, Pélope pidió la ayuda de Posidón que le
entregó dos caballos divinos, también invencibles en la carrera, de modo que la competición
ahora estaba igualada. Pero Pélope, para asegurarse la victoria, sobronó al auriga del rey,
Mirtilo, con una noche con Hipodamía y la mitad de los territorios que recibiría al casarse con la
princesa. El auriga sucumbió a tal soborno, pues según algunas versiones estaba enamorado de
Hipodamía.

Pélope e Hipodamia durante la carrera con Enomao.

Mirtilo saboteó las ruedas del carro de Enomao, de modo que, cuando el rey se disponía a
alcanzar el carro de Pélope, las ruedas se salieron y el carro volcó, provocando la muerte de
Enomao. Según algunas versiones, Enomao antes de morir descubrió la traición del auriga y lo
maldijo a morir igualmente a manos de Péolpe. Esta malidción se cumplió, pasando de Mirtilo a
Pélope y después a toda su descendencia. Este es el motivo de las desgracias del linaje de los
atridas.

En este relato encontramos claramente el motivo de la prueba matrimonial de imposible


solución, y por lo tanto, el del rechazo al matrimonio, si bien una vez más este rechazo procede
del padre y no de la doncella. Es una estructura también típica del cuento popular, donde
encontramos las funciones de héroe, agresor, auxiliar y donante de objetos mágicos y hasta la
boda como conclusión del relato.

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Las danaides.
Dánao y su hermano Egipto, descendientes de Ío, disputaban en relación al el trono, pues el
primero gobernaba sobre una zona más extensa que la del segundo. Egipto amenaza la vida de
su hermano y éste se ve obligado a huír junto a sus cincuenta hijas en una nave enrome
inspirada por la propia Atenea. Llegan a Argos, la patria originaria de Ío, y allí el rey Agenor,
reconociendo su linaje real y divino cede a Dánao el trono de la ciudad. En algunas versiones, la
entrega del trono viene dada como consecuencia de un presagio; tras llegar Dánao a Argos, un
lobo ataca y mata a un gran toro. Esta escena es vista como presagio de que la fuerza extranjera
(lobo) debía reinar sobre la fuerza local (toro).

Egipto encuentra a su hermano y acude a Argos junto a sus cincuenta hijos, allí obliga a Dánao
a casar a las danaides con sus cincuenta hijos. Otras versones afirman que el matrimonio se
había acordado ya antes de la huida de Egipto, y a Argos llegaron tan solo los hijos, enviados
por su padre bajo la orden de no volver hasta no encontrarlas (motivo de la búsqueda o el exilio
que encontramos en el mito de Europa y sus hermanos) y, al llegar, reclamaron el matrimonio
que se les había prometido. Dánao, asustado de dejar a sus hijas a merced de los hijos de su
hermano, tras la ceremonia matrimonial, da a cada una de sus hijas un cuchillo para que acaben
con la vida de sus maridos durante la noche de bodas. Las danaides obedecen a su padre,
decapitan a sus marido y arrojan sus cabezas al pantano de Lerna, mientras que sus cuerpos son
enterrados (en algunas versiones ocurre al revés). Todas obedecen la orden de su padre excepto
una, Hipermestra, que perdona la vida a su marido Linceo.

Las danaides representan la imagen de la hija supeditada a la autoridad paterna, relacionadas en


este punto con la diosa Atenea. Siguen siendo fieles a la autoridad de su padre incluso después
de haber sido entregadas en matrimonio y esto las hace entrar en conflicto pues, ¿qué es lo
verdaderamente correcto?, ¿es más fuerte el vínculo conyugal que el sanguíneo? Según la
tradición antigua griega, la mujer una vez que es casada se debe completamente a su marido y
por ello el castigo por crimen de las danaides estaba considerado entre los castigos eternos del
Hades. Sin embargo, Pausanias nos cuenta que fue Hipermestra, la única hija que antepuso la
vida de su marido a la orden de su padre, fue llevada a juicio por su desobediencia, aunque fue
absuelta pues sus motivos eran leales (este juicio se opone al juicio de los dioses sobre sus
hermanas, que serán condenadas eternamente en los Infirernos). Sobre el porqué perdonó la vida
de su marido hay diferentes versiones, relacionadas bien con el amor entre ambos o con el
respeto que este había mostrado hacia la hija de Dánao.

Apolodoro da los nombres de las Danaides, algunas de ellas llevan nombres que evocan al mito
de Perseo, su descendiente, como ''asesina de la Gorgona''. En algunas versiones no es
Hipermestra la única que no mata a su marido, a ella se suma su hermana Amimone. Según
Apolodoro, ella, cuando llega Dánao a la Argólide, es enviada a buscar agua, según Higino
simplemente se encontraba cazando, pues la región de la Argólide atravesaba una árida sequía.
Según el mito, la sequía de la Argólide se debía a a disputa por el patrociniode Argos de dos
dioses: Posidón y Hera (igual que por el dominio de Ática habían disputado Posidón y Atenea).
En los dos casos pierde Posidón, quien enfadado por su derrota en Argos, retira todas las aguas
de la Argólide, provocando la sequía de las tierras. Animone es enviada a buscar agua y de
camino encuentra un ciervo y desea cazarlo (las danaides, en efecto, son mujeres activas y
cazadoras). Animone lanza una jabalina, pero ésta, en lugar de darle al ciervo, va a herir a un
sátiro dormido, que se despierta e intenta forzar a Amimone.

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La joven llama en su ayuda a los dioses y aparece Posidón, que ahuyenta el sátiro (encarnación
de la parte negativa del deseo masculino). Entonces Posidón, seducido por la joven, ocupa el
lugar del sátiro y desea unirse a la joven, pero antes, como compensación, le ofrece una fuente
de tres corrientes que llevará el nombre de la joven. Amimone consiente la unión con el dios por
el bien de la Argólide, y por ello será tratada allí como heroína. Frente al sátiro, ser incivilizado,
aquí hay una compensación por parte del dios, la fuente de Amimone o de Lerna.

El desenlace de la historia varía según las versiones. Había un ritual en época histórica por el
que parece que Linceo escapó durante un tiempo a un lugar cercano para esconderse de Dánao,
y los dos amantes, él e Hipermestra, se comunican encendiendo antorchas. En algunas versiones
hay un final feliz, en el que Hipermestra y Linceo se reconcilian con Dánao y consiguen la
reconciliación de este con Egipto. En otras versiones Linceo se enfrenta a Dánao y lo mata,
regalándole un escudo a su hijo, lo que inaugura también una festividad. Según esta versión
Linceo mata a Dánao y a todas las danaides excepto a Hipermestra. Según otras, tras la muerte
de los maridos, las danaides se casan. Para ello el padre organiza una competición deportiva
para entregar a sus hijas sin dote. Según el orden que obtienen en la carrera, pueden elegir a las
que más les guste.

Hay muchas interpretaciones de la historia de las danaides. Ha sido interpretada en términos


naturalistas, según los cuales las danaides son la encarnación de las fuentes del lugar, y los hijos
de Egipto son los torrentes de la región, por eso sus cabezas son enterradas en el pantano de
Lerna. También se ha interpretado como alegoría histórica o interpretación evemerista, de modo
que las danaides serían el recuerdo de los emigrantes egipcios y de la influencia egipcia en
Argos, un recuerdo histórico en una época en que Oriente y Egipto habrían influido en Argos
(cf. mito de Cadmo en la fundación de Tebas). Por alegoría histórica ha sido interpretado como
el paso de una época matriarcal a otra patriarcal, en la que la mujer no puede elegir el
matrimonio. En este caso vemos un rechazo al matrimonio de las danaides en beneficio de la
autoridad paterna

El relato presenta dos estructuras contrapuestas a propósito del matrimonio. El matrimonio


forzado se convierte en una especie de guerra con una conclusión desastrosa; pero el modelo
matrimonial de Hipermestra y Linceo se basa en el acuerdo entre ambas partes. Tenemos el
motivo de la competición deportiva como forma de adjudicar la mano a la novia, que aparece en
muchos mitos de la mitología griega, como el mencionado en la historia de Atalanta, en que la
competición deportiva se convertía en una caza. Además esta competición se aparta del modelo
matrimonial, puesto que no hay dote y por lo tanto no hay intercambio ni pacto entre familias.

El suplicio final de las Danaides en los Infiernos supone un problema, los testimonios sobre esta
condena son tardíos, el primero aparece en un diálogo falsamente atribuido a Platón, en Ruiz
Elvira, la lista de los testimonios relativos al suplicio de las Danaides. Según estos, las cuarenta
y nueve danaides conyugicidas fueron condenadas por Zeus a llenar de agua con un cedazo un
tonel que no tenía fondo (en las representaciones aparece como un tonel agujereado). Es un
castigo doblemente imposible, pues ni el cedazo puede transportar agua ni el recipiente se
llenará nunca. Algunos testimonios anteriores comentan el mismo suplicio pero atribuido a los
no iniciados en los misterios de Eleusis, puede que se haya trasladado el castigo de los no
iniciados a las Danaides, o al revés. Una pintura no conservada de Polígnoto (descrita por
Pausanias) muestra a unos personajes que hacen lo mismo que las Danaides, pero no son ellas

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.
Las danaides. – Johann Schmidt

Las mujeres de Lemnos.


Una historia parecida a la de las danaides es la de las mujeres de Lemnos, las lemnias. La
historia de las mujeres de Lemnos nos ha llegado a través del relato de los Argonautas. El año
anterior a la llegada de estos héroes, los hombres de Lemnos habían rechazado a sus esposas
porque decían que ellas olían mal y las abandonaron por esclavas tracias capturadas en sus
incursiones. Este olor les había sido infundido por afrodita, como castigo divino por haber
olvidado rendirle culto a la diosa (encontramos de nuevo el castigo divino por la falta al culto)
Las lemnias, humilladas por este rechazo, en venganza se alzaron contra los hombres y los
asesinaron a todos, incluyendo a los niños y a los ancianos, y, por supuesto, esclavas tracias por
las que habían sido rechazadas. Sólo un hombre sobrevivió, el rey Toante, pues su hija Hipsípila
no se atrevió a cometer un parricidio, así que lo puso a la deriva en un bote sin remos. Las
lemnias luego eligieron a Hipsíla como su nueva reina.

Un año más tarde llegaron a la isla los argonautas, estas se armaron pensado que era con motivo
púnico, pero el heraldo Esquión parlamentó con Hipsípila y la convenció de que venían en son
de paz. Hipsípla convocó un consejo para proporcionarles ayuda y suministros, pero que no se
les dejara desembarcar, por miedo a que les castigasen por sus asesinatos. Pero Polixo, la
anciana nodriza de Hipsípila, se puso de pie y propuso que, por el contrario, se recibiese a los
argonautas con hospitalidad y que las mujeres de Lemnos se acostaran con ellos para engendrar
nuevos habitantes que repoblarían Lemnos y que además estarían emparentados con todas las
casas reales de Grecia. Las lemnias aprobaron calurosamente la propuesta y recibieron a Jasón y
a los miembros de la expedición en su palacio. Estas les explicaron que ante las infidelidades de
sus hombres se habían revelado y habían forzado a emigrar junto con las esclavas tracias, y los

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argonautas fingieron creerles. Los tripulantes de Argos se dedicaron con entusiasmo a la
agradable tarea de procrear con las hermosas lemnias; a Jasón, como jefe de la expedición, le
tocó en suerte la reina Hipsípila y tuvo con ella dos mellizos (Euneo y Nebrófono, en otras
versiones: Deifilo y Toante).

El único argonauta que no se entregó a la orgía fue Hércules, quien cansado de esperar, porque
los argonautas estaban entusiasmados y no querían abandonar a las lemnias, sacó su maza y los
forzó uno a uno a abandonar los lechos de sus amantes y volver a embarcarse. Abandonadas,
más tarde, descubrieron que su reina no había matado a su padre y la vendieron como esclava al
rey Licurgo de Nemea, pero permitieron que su hijo, Euneo, se convirtiese en rey de Lemnos; el
nuevo monarca instauró un festival anual de expiación por los asesinatos en masa.

Las amazonas.
Las Amazonas, eran un pueblo de solo mujeres descendientes de Ares, dios de la guerra y de la
ninfa Harmonía. Se ubican al norte, otras en las llanuras del Cáucaso, y otras en las llanuras de
la orilla izquiera del Danubio. En su gobierno no interviene ningún hombre, y como jefe tienen
una reina. La presencia de los hombres era permitida siempre que desempeñaran trabajos de
servidumbre. Para perpetuar la raza se unían con extranjeros, pero solo conservaban a las niñas.
Si nacían varones, se cuenta en algunas versiones, que los mutilaban dejándolos ciegos y cojos.
Otras fuentes indican que los mataban. Por decreto, a todas las niñas les cortaban un seno, para
facilitarles el uso del arco y el manejo de la lanza. De esta costumbre proviene su nombre
amazonas del griego 'amazwn' que significa las que no tienen seno.

Era un pueblo muy guerrero, por lo que su diosa


principal era Artemis, la cazadora. Debido a esto,
se les atribuía la fundación de Éfeso y la
construcción del Gran Templo de Ártemis. De este
pueblo hay muchas leyendas en las cuales se
narran los enfrentamientos de grandes héroes
contra ellas. Por ejemplo, Belerofonte quien luchó
contra ellas por mandato de Yóbates. Una de las
más conocidas se encuentra entre los trabajos de
Hércules cuando, cumpliendo la misión que le
asigna Euristeo, se dirige a los márgenes del
Termodonte a adueñarse del cinturón de Hipólita,
reina de las amazonas. Ésta consintió entregarle el
cinturón a Hércules, pero la celosa Hera provocó
una rebelión entre las amazonas, y Hércules tuvo
que matar a Hipólita. Teseo que acompañaba
Hércules en su misión, se llevó a Antíope, una de
las amazonas. Ellas, molestas por este
atrevimiento y para vengar el rapto, hicieron una
Hercales consigue el cinturón de Hipólita. guerra contra Atenas, pero fueron derrotadas por
los atenienses liderados por Teseo.

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Guerra entre Amazonas contra atenienses.

Otra hazaña legendaria que las involucra, es la ayuda que le brindaron a los troyanos durante la
guerra de Troya. Pentesilea, reina amazona, envió un grupo de apoyo a Príamo, rey troyano.
Aquiles dio muerte a Pentesilea, quien antes de morir, hizo que éste se enamorara perdidamente
de ella, lo que le infundió un gran sufrimiento.

En estas mujeres vemos representado el papel de una mujer luchadora, cazadora y que rechaza
el matrimonio y en general a los hombres, con la misma imagen de la diosa Ártemis, a quien
dan culto como he mencionado anteriormente. Este pueblo de mujeres guerreras tiene su
paralelo en diferentes culturas, como veremos más adelante.

4. El motivo del rechazo al matrimonio en otras culturas.


Ya hemos visto que este motivo es bastante prolífero en la mitología clásica grriega y romana,
pero el rechazo al matrimonio no es exclusivo de la cultura grecolatina. En el resto de culturas
antiguas también encontramos relatos sobre mujeres que desafían las convenciones sociales
sobre la unión matrimonial. Ya hemos visto que estos relatos sobre el rechazo pueden tratar de
una persona individual o de un colectivo generalmente femenino, como ocurre con las amazonas
o las danaides.

Las Skjaldmö.
En cierto modo relacionadas con la tribu de las amazonas, encontramos en la mitología nórdica
un grupo de mujeres, las llamadas skjaldmö, cuya vida y funciones eran diferentes al del resto
de mujeres de su sociedad. Este término significa “doncella escudera” y con él se designa a un
colectivo de mujeres que desde jóvenes habían decidido abandonar su papel como creadoras de
vida para dedicar su vida a la batalla y las armas. Era bastante habitual encontrar en los relatos
bélicos tradicionales protagonistas, o al menos participantes femeninas de estas características.
Encajan dentro del motivo del rechazo del matrimonio porque su dedicación total a las armas las
alejaba del deseo de crear una familia y por lo general se las describe como doncellas vírgenes.

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Hervor.
Dentro de este colectivo de skjaldmö encontramos figuras particulares que sobresalen
individualmente por sus hazañas, su valor y su ingenio. Entre ellas encontramos a Hervor, cuya
historia se narra en la saga Hervarar. En ella se relatan las desgracias que arrastró consigo la
forja de una espada maldita, llamada Tyrfing (“asesina”), creada para el rey Svafrlami,
descendiente del mismo Odín, dios principal de la religión nórdica. . Hervor había sido criada
por un noble (jarl ) que la había instruído en el arte del arco, el manejo de la espada y del
escudo. Tras la muerte de Angantyr, el jarl revela a Hervor la identidad de su linaje y ella
emprende el viaje para reclamar la herencia familiar y como prueba de su derecho porta la
Tyrfing, que encuentra en la tumba de su padre. Según los testimonios, se piensa que Hervor
sería la más antigua heroína guerrera, y bajo el mito de la espada Tyrfing se escondería la
hazaña de la primera princesa que se arrojó a las armas para defender su reino contra los
invasores hunos.

Muerte de Hervor ante los hunos. - Peter Nicolai Arbo.

Alwinda.
Otro nombre de mujer guerrera que sobresale en la tradición nórdica es el de Alwinda, princesa
de la isla de Gotlandia. Su padre el rey Synardus encerró a Alwinda, siendo aún una niña, en
una torre custodiada por dos seprientes, de modo que únicamente el más valeroso y entregado
pretendiente, dispuesto y capaz de vencer a los guardas, conseguiría recibir a la princesa en
matrimonio. Este mito nos recuerda a la historia de Hipodamia, cuyo padre también colocó la
mano de su hija como recompensa de una prueba irrealizable y, al igual que en esta historia, los
pretendientes que no lograran vencer a las serpientes que protegían a Alwinda, serían
decapitados y sus cabezas colocadas en estacas a las puertas del palacio.

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Pero cuando el príncipe danés Alf logró vencer a las serpientes, Alwinda se negó a tomar
matrimonio y, con la ayuda de su madre, logró escapar uniéndose a una tripulación de mujeres
descontentas también con su vida y su condición. Robaron un barco y se dedicaron a aterrorizar
la costa del mar Báltico a modo de piratas, asaltando los navíos mercantes. También cuenta el
mito que tras un tiempo se encontraron con otra nave tripulada por piratas sin capitán, Alwinda
retó a los candidatos y tras vencerlos a todos fue nombrada capitana de ambas naves. El miedo
que crearon Alwinda y su tripulación les valió una reputación legendaria. Los mercaderes
aterrorizados forzaron al príncipe Alf, quien desconocía la identidad de la capitana, a tomar
medidas. Alf dirigió su flota contra las naves de Alwinda y la superioridad numérica era tal que
la guerrera se vio obligada a capitular. Cuando el príncipe reconoció el rosto de Alwinda renovó
su propuesta de matrimonio y esta vez la princesa, admirada por el valor que este había
mostrado durante el combate, aceptó su propuesta. Fruto de este matrimonio nacería Gurith, una
doncella en todo semejante a su madre, tanto en valor como en ingenio y destreza guerrera. La
figura de Alwinda se convirtió, por tanto, en referente mítico de skjaldmö y es mencionada en
diversas sagas y testimonios como en “El Canto de Harbbard”.

Tornbjorg.
De nuevo encontramos el motivo del rechazo al matrimonio entre las skjaldmö en el personaje
de Tornbjorg, hija del rey sueco Eiríkr. Recibió una educación digna de su posición social, tanto
en las labores femeninas como en el uso de las armas, donde demostró gran destreza. Al llegar
la edad de contraer matrimonio, consiguió que el rey le otorgara la posibilidad de elegir ella
misma a su esposo entre sus pretendientes. Logró también que su padre le cediera aún en vida
parte de sus territorios, que gobernaba bajo el nombre de “rey” (no reina) y obligó a todos sus
súbditos a dirigirse a ella con nombres masculinos. Retaba a sus pretendientes a un combate
armado de los que se erigía siempre como vencedora (lo cual nos recuerda al mito de Atalanta,
que retaba también personalmente a sus pretendientes aunque en este caso se trataba de pruebas
de velocidad). El rey Hrólf de Gotland, conociendo su imbatible fama, intentó ganarse su mano
mediante adulaciones y un traro respetuoso, pero al insinuar la petición de matrimonio fue
bruscamente rechazado por la reina. Hrólf, sintiéndose insultado, atacó la región con su ejército
y, tras ser rechazados por las tropas reales, Hrólf consiguió infiltrarse en el palacio mediante un
túnel y someter a la reina en combate. Tornbjorg aceptó entonces al rey como esposo y, tal y
como había prometido, abandonó el uso de las armas para cumplir con sus labores de esposa.

Las Valkyrias.
Además de las skjaldmö encontramos en la mitología nórdica otro grupo de mujeres-guerrero,
este más pertenecientes al ámbito divino. Se trata de las valkyrias divinidades inferiores
supeditadas a la diosa Freyra, diosa del amor, la belleza y la fertilidad (en parte semejante a la
Afrodita de los griegos). Las valkyrias se encargaban de seleccionar a los más valerosos
guerreros caídos en la batalla y llevarlos al Valhalla, un palacio divino del dios Odín, para que
acompañaran a los dioses en la batalla del fin del mundo. Su naturaleza no es clara, pues
generalmente se entienden como divinidades aunque se les atribuyen padres mortales. En otras
versiones, las valkyrias originales era sacerdotisas del dios Odín, quien les otorgó la misión que

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les ocupa. En algunos cantos heroicos se las describe como mujeres guerreras, de naturaleza
humana, hijas de grandes reyes, confundiéndose así con las skjaldmö.

No es extraño, pues a ambas


se las representaba de
manera similar, como bellas
mujeres armadas sobre
caballos (alados en el caso
de las valkyrias). No
obstante, el término “caballo
de valkyria” se utilizaba en
las lenguas escandinavas
para nombrar al lobo, por lo
que encontramos
representaciones de estas
guerreras a lomos de
grandes lobos.

Se les otorgan nombres


relacionados con la batalla,
como Skögul (“furia”),
Hlökk (“estruendo de
batalla”), Hilda (“batalla”)
o Sigrdrífa (“la que trae
victoria”). Por lo general la
tradición menciona a nueve
valkyrias, aunque existen
versiones que cuentan hasta
Representación de una valkyria. dieciséis de estas doncellas
divinas.

Tanto cuando se las entiende como divinidades, de igual modo que como sacerdotisas de Odín,
se las describe como doncellas vírgenes, que al igual que han dejado de lado las labores propias
de la mujer, y por tanto el matrimonio, a cambio de las armas. No participan activamente en las
batallas, sino que se encargan de dirigirlas desde sus caballos alados y a su vez van
seleccionando a los mejores de entre los caídos. Una vez en el Valhalla abandonan las armas y,
vestidas con una túnica blanca, se encargan de atender a sus habitantes con amabilidad y
dulzura.

Entre las valkyrias destaca el caso de Brunilda. Sobresaliente entre todas por su fuerza, había
llegado a colocarse al mando de las valkyrias, pero como castigo a la desobediencia de un
mandato de Odín, fue despojada de su inmortalidad y condenada a un sueño eterno. Sobre el
mandato desobedecido hay diversas versiones, pero la mayoría apuntan a que Brunilda escogió
para el Valhalla a un guerrero diferente al que Odín le había indicado. Otra valkyria en cuya
historia encontramos el motivo del rechazo al matrimonio es Thrud (“fuerza”), hija del dios del
truno Thor. Fue pretendida por el sabio enano Alvís, pero su padre, para protegerla de él y que
pudiera continuar con su labor de valkyria, sometió al enano a diversas pruebas de ingenio a lo

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largo de todo un día. El enano aceptó el reto, pero al salir el sol, como ocuría al resto de los
enanos, Alvís quedó convertido en piedra, por lo que no pudo completar la prueba y Thrud
quedó así liberada de tener que contraer matrimonio con él. Una vez más encontramos aquí el
motivo del padre que impide el matrimonio de la hija mediante una prueba irrelaizable.

Como hemos visto, es habitual encontrar en la mitología nórdica relatos sobre mujeres que
rechazan su papel social y sus funciones “tradicionales”, mujeres con carácter que suponen un
contraste con lo establecido en esta cultura. Además, tratándose de pueblos arraigadamente
bélicos, no es de extrañar que en la mayoría de casos sea el espíritu guerrero el que lleve a estas
mujeres a salirse del camino que se les marca.

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