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Meditación: Sanar al niño interior.

Centramiento
Elige un lugar cómodo para sentarte en calma y silencio… Permítete sentir las
sensaciones de tu cuerpo. Coloca tus pies firmes en el suelo y la espalda recta
y a la vez relajada… relaja tu rostro, los ojos, alrededor de tus ojos… tu
frente… tus cejas, tus labios… tu mandíbula… suelta los hombros.

Nota tu respiración como entra y como sale el aire, no tienes que cambiar nada
en tu forma de respirar, sólo obsérvala…

Ve que tu pelvis esté centrada, firme sobre el asiento y tu cuello alargado.

Imagina que la energía empieza a fluir en medio de tus cejas, el área que se
conoce como el tercer ojo y llévala lentamente hacia el resto de tu cuerpo…

Pon atención a tus dedos índices y nota como empiezan a hormiguear… es la


vida vibrando en tus dedos; lleva ahora la energía también tus dedos anulares,
observa como vibran, están vivos; ahora tus dedos medios, tus dedos índices y
pulgares.

Date cuenta como en este momento tus manos cobran vida. El cuerpo está
siempre presente, siempre vivo, es la mente quien lo aleja al pasado o al
futuro, pero tu realidad está aquí, en este momento. Existes y estás consciente
en el instante presente.

Ahora siente de nuevo la energía en todo tu cuerpo y dirige tu atención hacia


los pies. Una corriente de energía sanadora se dirige hacia tus dedos gordos y
va corriendo por cada uno de tus dedos de los pies. Nota como la energía está
presente en cada uno de los dedos y el resto de tus pies, tus pies están vivos.

Puedes sentir tus manos y tus pies… eres consciente de que puedes enviar la
energía a cualquier parte de tu cuerpo. Mantén tu respiración, mantente en el
presente… Permite que la energía fluya a través de ti y date cuenta qué bien
se siente no tener que estar tomando decisiones, cuando no tienes que

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preocuparte por nada y sólo tienes que ser consciente de tu presencia aquí y
ahora.

Meditación
Lleva ahora tu atención hacia las costillas del lado derecho de tu abdomen en
la zona del hígado. Respira… deja que tu respiración y tu consciencia estén en
este punto de tu cuerpo.

Recuerda ahora, mientras estás observando esta área de tu cuerpo un


momento en el que hayas estado enojado y que hayas sentido frustración.
Sigue respirando y mantente consciente. Si surgen pensamientos déjalos fluir o
flotar como burbujas en el espacio dejándolos ir y quedándote con tus
sensaciones.

Imagina qué edad tienes cuando estás viviendo ese momento de enojo.
Recuerda cuál era la circunstancia por la que te sentías así. Observa toda la
situación, la habitación en la que te encuentras, los que están cerca de ti…
imagina que te observas a ti mismo siendo niño en esa circunstancia específica
cuando te sentiste enojado o frustrado.

Mira desde tu mirada actual a ese niño o ese joven enojado. Nota como el niño
o el joven no sabe cómo manejar sus emociones. Míralo con toda la sabiduría y
el conocimiento que tienes como adulto. Ve si puedes sentir compasión y amor
por ese niño que no sabe cómo reaccionar ante sus emociones. Trata de sentir
empatía por ese niño.

Imagina que te acercas a él y pones tu mano en su hombro diciéndole:

-Aquí estoy… no estás sólo… ellos no sabían lo que hacían.

Permite que esa emoción emerja de manera completa y siéntela en tu propio


cuerpo. No la reprimas, déjate sentir el enojo y la frustración que este niño está
sintiendo y deja que fluya por todo tu cuerpo. Permítete sentirla como el adulto
que hoy eres. Deja que llegue como una ola cálida, respíralo, hazlo real. No
tienes que reaccionar, sólo déjate sentir la energía del enojo y la frustración.

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Date la oportunidad de sentir solamente vibraciones. Toma una profunda
respiración a través de tu nariz y exhala a través de tu boca… suéltala y deja ir
la emoción al exhalar.

(PAUSA)

Ahora dirige tu consciencia hacia tus riñones, aquí es donde has acumulado el
miedo. ¿Puedes notarlo de algún color especial? Déjate fluir y permite que tu
memoria traiga ahora un recuerdo de un momento en el que el niño sintió
miedo. Mucho miedo. Atemorizado. Observa qué edad tienes en ese momento
en el que estás sintiendo ese miedo. Recuerda como si lo estuvieras
observando en una pantalla o en un cuadro las circunstancias tal y como
fueron y permítete sentir ese miedo alrededor de la zona de los riñones y la
espalda.

Imagina u observa la posición del niño sintiendo mucho temor. Tal vez él esté
queriendo ocultar ese miedo y haga algo con su cuerpo para esconderla. Tal
vez esta emoción lo haga apocarse o agacharse. Imagina que tú estás en esa
misma habitación, observando la situación, siendo testigo de ese niño viviendo
y sintiendo ese miedo. Míralo y trata de conectar con tus sentimientos de
compasión… Míralo con amor, sin juicios, ni críticas, ni condiciones de ningún
tipo. Aceptándolo incondicionalmente con su miedo o su frustración.

Con toda tu sabiduría y toda tu habilidad para comprenderlo y acompañarlo


amorosa y compasivamente. Imagina ahora que caminas hacia ese niño que
eres tú mismo. Camina lentamente y mantén una distancia adecuada para no
hacerlo sentir más miedo. Acércate con el cuidado que te acercarías a un
animalito herido para no asustarlo y hacerlo reaccionar con enojo.

Date cuenta de cómo te sientes al observar a ese niño con su miedo, con todo
ese temor. Intenta ahora dejar entrar en tu yo adulto todo ese miedo, respira el
miedo del niño y llévalo a tu interior. Déjate sentir todo ese miedo y dile:

-Yo sé que sientes mucho miedo y sé que estás triste. Está


bien que lo sientas. Tú no estás solo, yo estoy aquí contigo.

Acércate ahora un poco más y abrázalo. Haz cualquier cosa que él necesite
para hacerlo sentir bien, para que se sienta protegido, para sanarlo de su dolor.

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Siente ese miedo en la zona de tus riñones, en la parte trasera de tu espalda.
Siente que tienes la fuerza para poder expandir esa emoción desde este punto
hacia todo tu cuerpo. Muchas veces esta energía no es tanto de la emoción,
sino de la resistencia a sentir el miedo, el esfuerzo que ese niño que eres tú ha
realizado para impedir el miedo.

Dale permiso a ese miedo para sanar. Déjatelo sentir plenamente, sin resistirte
a él. Deja que esa energía recorra todo tu cuerpo sin reaccionar… sólo
observando y aceptando lo que ocurre como un testigo compasivo y amoroso.
Apóyate en tu respiración para permitir que no desaparezca antes de tiempo,
para que permanezca ahí, en tu cuerpo, todo el tiempo que necesite para
sanar.

Lo sientes vibrando en tu cuerpo entero.

Haz ahora una profunda respiración. Inhala por la nariz y exhala por la boca de
una manera larga, prolongada, dejando salir de tu cuerpo toda la emoción del
miedo. Déjalo ir. Permite que salga completamente de tu organismo.

(Pausa)

Ahora dirige tu consciencia plena al área del estómago. Abre espacio para
sentir una ocasión en la que sentiste vergüenza… Siéntelo igual que lo sentiste
la última vez en la que te enfrentaste a este sentimiento. Imagínate en ese
espacio donde sentiste la vulnerabilidad y la vergüenza, no importa si fue ayer
o hace varios años en el pasado. Nota a ese niño o joven en el momento en
que está sintiendo vulnerabilidad y vergüenza… observa la posición de su
cuerpo… el lenguaje de su cuerpo… Observa sus hombros, su pecho, como
todo su cuerpo refleja esa vergüenza. Contempla como siendo un testigo de su
propia experiencia. Míralo con mirada amorosa y compasiva.

Imagina ahora que caminas hacia ese niño avergonzado y vulnerable. Al llegar
hasta donde se encuentra pon tu mano en su espalda y hazle saber que ahí
estás:

- Aquí estoy, no estás solo. Yo estoy aquí contigo y puedo


sentir tu vulnerabilidad y tu vergüenza. Las conozco…
conozco ese dolor… sé lo que se siente… no estás solo. Está

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bien, eres profundamente amado por mí, tú eres muy valioso.
Está bien. Te amo.

Nota como al escucharte, la posición del niño o el joven empieza a cambiar y le


permite crecer con amor y aceptación.

Permite ahora sentir ese dolor de la vergüenza y la vulnerabilidad en tu


estómago como una energía… deja que se expanda por todo tu cuerpo.
Recuerda, no tienes que reaccionar, sólo sentir y ser testigo de esta energía
incómoda sin juzgarla, sin contenerla, sin evitarla. Deja que llegue a todas las
fronteras de tu cuerpo, a cada rincón de tu cuerpo, a cada célula a cada
molécula de tu ser.

Toma una respiración profunda y exhala completamente dejándola salir de tu


organismo.

Imagínate caminando a través de esa vergüenza y al llegar del otro lado donde
encuentras alegría y felicidad.

Evoca ahora un momento en tu vida cuando sentiste alegría y felicidad.


Cuando te sentiste en completa paz y seguridad y déjate sentir en todo tu
cuerpo esa emoción agradable. No importa si tenías tres años o si son menos o
más. Permite que la energía de la alegría se expanda por tu cuerpo. Deja que
crezca y se expanda por todo tu ser.

Recuerda, el tiempo no tiene que ser siempre lineal. Tú puedes sanar desde
esta habitación hacia el pasado cultivando la acción hacia el presente.
Incrementar esa emoción es algo que está en tus manos. Imagina que
observas esos sentimientos de felicidad, paz, alegría con compasión, con
amor, con aceptación. Son tuyos, tú los creaste y los puedes hacer crecer en tu
interior sanando tu presente y tu futuro. Que así sea.