Está en la página 1de 4

Autor: Luis Contreras Chipana

Poemas

La mañana

La mañana es
un hombre varado
tras la ventana de una casa
humilde cualquiera.
La mañana es
una mirada de vidrio
que se aleja a paso lento,
como quien no tiene adónde ir, pero va,
rumbo al horizonte
que se incendia de agua.
Es la marcha desconcertada
de los vientos efímeros
de una infancia que murió
y que hoy agoniza.
Es el trotar de caballos
con patas de trigo
sobre una tierra húmeda
que reclama flores.
Es un cielo gris
que despertó sonámbulo,
pero que ahora, consciente,
yace perplejo.
Y es, nada más,
nada más y por último,
el peso trágico de una huella.

Ave

Hay una insurgente ave


en el vientre húmedo
de mi consciencia.

No es
el pájaro azul

de Garcín
pero como él
anhela
libremente volar
entre las grises brumas
del cielo pétreo urbano.
Siempre
está inquieta
Solloza mucho y solo
detiene sus lamentos
cuando la alimento
de voces del gentío
a la hora religiosa
de las largas caminatas.

Queda muy contenta


sin embargo
cuando la nutro
de historias y de versos.

Se siente más feliz aun


si antes de acostarme
la dejo cantar
y materializo su voz
con afiladas palabras.

Solo después de esto


me deja dormir placenteramente.

Ya es un trato entre los dos.

Pobre ave
pronto serás libre
pronto tus alas se agitarán con mayor
soltura fuera de mí
a pesar de que afuera
en el aire metafísico
e hipocondriaco de Lima
todo transcurra peor.

Gaseoso

Impasible día a dia,


¡impasible!,
cada mañana te perforo,
gaseoso,
y mi voz es el gruñido de las maquinas,
el ladrido de los perros,
el cantar matutino de las aves
o, algunas veces,
suele ser

también

el silencio de las miradas.


Las ruinas ajenas
son mis temores.
Los arbolitos ramosos y desnudos,
que crecen en el suelo árido
de los cerros, mi esperanza.
Mi paciencia es la del hombre apurado
en la congestión urbana
y mi amor,
esta sangre,
este amor,
es el que me lo ofrendó mi madre
con su vida misma.
Mis pensamientos
son coloridas cometas que se pierden
en el cielo invernal de Lima,
monótono,
unísono al final de cuentas...

Hombre de ciudad

Soy un hombre de ciudad


un paupérrimo hombre de ciudad
que cada mañana amanece
con tu pálido recuerdo vigente.

Soy un hombre de ciudad


aunque siendo más preciso
soy un hombre de pueblo joven
que vive a la sombra
de la ciudad.

Entonces,
me corrijo:
Soy un hombre de pueblo joven
y la ciudad es el infértil campo
donde cotidianamente riego mis pasos
y lloro mis sueños.
y perezco
perezco
cada noche
con tu pálido recuerdo vigente.

Eterna rutina

Cuando muere el sol


el manantial comienza a florecer
bajo mi follaje...
porque la luna está a punto de amanecer.

Y mis ramas se despiertan


inútilmente
para tratar de aprehenderte.

Pues esta será mi eterna rutina.

Y siempre con el mismo afán


del que no asume la partida
seguiré siendo yo el ser
que cada tarde
se te muere.

Que cada tarde


se te muere
con el sol...