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INDICE

INTRODUCCION....................................................................................................................... 2
I. DESARROLLO ................................................................................................................... 3
1.1 Antecedentes ................................................................................................................ 3
1.2 Definición ..................................................................................................................... 4
1.3 Elementos Condicionantes .......................................................................................... 4
1.3.1. Cohabitación y comunidad de lecho .................................................................. 5
1.3.2. Comunidad de vida ............................................................................................. 6
1.3.3. Notoriedad, singularidad y permanencia .......................................................... 7
1.4 Naturaleza Jurídica ..................................................................................................... 8
1.5 Concubinato y el Derecho Peruano ........................................................................... 9
II. CONCLUSIONES ........................................................................................................... 9
REFERENCIAS BIBLIOGAFICAS ....................................................................................... 11
INTRODUCCION

Durante mucho tiempo en nuestra conservadora sociedad, el concubinato fue

cuestionado, señalado con menoscabo y tratado de manera infame, debido a prejuicios

vinculados a una concepción tradicional de familia vinculada exclusivamente al

matrimonio y a las costumbres religiosas. De hecho, hasta hace poco, nuestras

constituciones sólo reconocían como principal fuente de origen de la familia al

matrimonio. En las constituciones anteriores a la de 1979 ni siquiera se hacía mención

a las uniones de facto entre las personas. Es únicamente a raíz de la Carta Fundamental

de 1979 que la unión de hecho alcanza reconocimiento constitucional. En esta

Constitución se reconocieron cuestiones de vital importancia para el Derecho de

Familia como lo son el reconocimiento igualitario de los hijos, el reconocimiento

igualitario entre varón y mujer, y también el reconocimiento de la unión de hecho o

concubinato como fuente originaria de familia.

El reconocimiento constitucional y legal de la unión de hecho tuvo su fundamento en

la creciente inclinación de las parejas a establecer una vida en común no matrimonial.

La falta de regulación de este tipo de uniones generaba una serie de vacíos que

necesitaban ser abordados, sobre todo en relación a los deberes y derechos de estas

personas en el marco de una relación no matrimonial pero que finalmente constituía

un vínculo familiar al igual que el matrimonio. En efecto, en nuestra actual Carta

Magna la unión de hecho se encuentra regulada en el artículo 5 de la siguiente manera:

“La unión estable de un varón y una mujer, libres de impedimento matrimonial, que

forman un hogar de hecho, da lugar a una comunidad de bienes sujeta al régimen de

la sociedad de gananciales en cuanto sea aplicable”.


I. DESARROLLO

1.1 Antecedentes

En Roma, las uniones de hecho fueron permitidas, aunque no eran bien vistas,

porque el concubinato era una forma de unión legal, pero de carácter inferior al

matrimonio, donde el concubinato debía darse sin affectio maritalis de un

ciudadano- con una mujer de baja condición, como podría ser una esclava o

liberta. En los pueblos germanos se admitieron las uniones de hecho entre libre y

siervos. ( FERNÁNDEZ ARCE & BUSTAMENTE OYAGUE , 2018, pág. 222)

En el antiguo derecho español se admitió la institución conocida como

"barraganía", que era una unión de naturaleza inferior parecida al concubinato

romano, en la cual resaltaba como característica que la barragana debía ser una

sola, que no debía existir impedimento matrimonial, y que quien tomaba barragana

debía hacerlo ante testigos, para impedir que fuera considerada como esposa

legítima en virtud de matrimonio clandestino.

En cambio, en el antiguo derecho francés no sólo se limitó a desconocer efecto

jurídico al concubinato, sino que, además, adoptó una serie de medidas tendientes

a combatirlo.

En nuestro país, el Código Civil de 1852 hizo referencia, exclusivamente, al

concubinato como causal de separación de los cónyuges y no reguló las uniones

de hecho porque tuvo una marcada influencia del Derecho Canónico en lo referido

al matrimonio. Lo cual tiene asidero en la Carta Política de 1839, vigente en esa

época, que en su artículo 3 refería “su religión es católica, apostólica y romana,


que profesa sin permitir el ejercicio de cualquier otro culto”. El matrimonio

religioso era el único reconocido y que legitimaba a la familia, toda relación fuera

de ella merecía el rechazo de la sociedad (Varsi, 2011, pág. 388)

1.2 Definición

ZANNONI, 1990 define el concubinato como: "la unión estable de un hombre y

una mujer en estado conyugal aparente o de hecho, esto es sin atribución de

legimitidad pero con aptitud potencial a ella"

La unión de hecho o convivencia more uxorio suele definirse como aquella que

ha de desarrollarse en régimen vivencial de coexistencia diaria, estable, con

permanencia temporal consolidada a lo largo de los años, practicada de forma

extensa y pública con acreditadas actuaciones conjuntas de los interesados,

creándose así una comunidad de vida amplia, de intereses y fines, en el núcleo del

mimo hogar (ABOGADOS, Sin fecha)

1.3 Elementos Condicionantes

Se consideran como requisitos o elementos condicionantes del concubinato la

cohabitación y comunidad del echo; comunidad de vida; notoriedad, singularidad

y permanencia; elementos que de manera conjunta y concurrente deben reflejar la

vida en común de la pareja, de modo que represente en lo sustancia la unión de

sus vidas con el propósito de formar un hogar.


1.3.1. Cohabitación y comunidad de lecho

En el concubinato existe un deber natural de cohabitación semejante al deber legal

de los cónyuges; no obstante, el incumplimiento unilateral de esta obligación

ocasionará la terminación de la unión de hecho, al desaparecer la convivencia que

es fundamento de su vigencia (Maz., 1997, pág. 201)

La voluntad de la pareja conviviente que comparte el mismo lecho, que desarrolla

vida marital, y tiene un proyecto de vida en común, se traduce en hechos

concretos, como se señalara en el acápite precedente, los que serán llevados a cabo

en un hogar común, ante la vista de terceros, quienes los vincularán tal como si

fueran "esposos". De ahí, la importancia del elemento de la cohabitación que

significa el vivir juntos en hogar de hecho.

Mientras que, en la regulación matrimonial se entiende que ambos cónyuges se

encuentran dotados de idéntica capacidad de derecho y de obrar, así ambos

esposos son hábiles para fijar su domicilio. Este principio, según MÉNDEZ se

encuentra afectado por el deber de cohabitación que impone a los cónyuges el de

convivir en una misma casa. En cambio, en la unión concubinaria dada la voluntad

de la pareja que decide compartir su vida, no existe la facultad de establecer el

domicilio, pues el hogar de hecho dependerá de ambos; de modo que, la fijación

del mismo tendrá vigencia en tanto dure la relación convivencia.

En cambio, en el caso de la convivencia no resulta de aplicación la diferencia

anotada entre los conceptos de domicilio y cohabitación, dada la nota de

voluntariedad que caracteriza la unión concubinaria, en la que siempre deberá


coincidir el hogar de hecho en un solo lugar: aquel donde la pareja cohabita,

comparte una comunidad de vida en común, y convive tal como si fueran marido

y mujer. Por otra parte, la comunidad de lecho es uno de los vínculos de hecho

que ligan al hombre y a la mujer que han unido sus vidas en convivencia, a

semejanza del matrimonio. Por lo que no será concubinato aquella unión sexual

circunstancial o momentánea entre varón y mujer.

1.3.2. Comunidad de vida

Es el elemento esencial y fundamento de la unión voluntaria, que debe ser hecha

para durar, por dos compañeros. Sobre este aspecto debe precisarse que la mujer

conviviente debe ser la auténtica compañera de su pareja y no su simple amante.

Por lo tanto, no se trata de la mujer con quien se tengan relaciones sexuales, ni

siquiera de aquella a quien se sostiene en todo con quien hasta se tienen hijos, pero

a quien sólo se visita ocasionalmente, o un día sí y otro no, o inclusive todos los

días, o se queda el hombre a vivir con ella por temporadas, sino de la mujer con

quien se convive realmente, con quien se hace vida en común en forma plena,

absoluta, sin reserva, del mismo modo que se hace con la mujer legítima, con la

esposa; de ahí que se diga que se requiere que la mujer sea la auténtica compañera

del hombre. En esa línea de ideas, consideramos que iguales características debe

darse en relación al varón conviviente, cuya participación en la unión concubinaria

debe reflejar su rol de pareja, muy similar al que le compete cumplir a un "esposo"

cualquiera.
La comunidad de vida se verá representada en los actos diarios que desarrolle la

pareja durante su convivencia, los valores y las perspectivas de proyecto de vida

en común que compartan, demostrándose esa comunidad de vida en la adquisición

de bienes como, por ejemplo, desde las elementales, compras domésticas, de la

casa en la que cohabitan, o las cuentas bancarias, etc.; así, también contraen

deudas con terceros, obligaciones que son asumidas por la pareja durante la etapa

convivencial.

1.3.3. Notoriedad, singularidad y permanencia

La unión del hombre y la mujer consistentes en una comunidad de hecho,

habitación y de vida debe ser susceptible de público conocimiento, no debe ser

ocultado por la pareja. La carencia de este requisito incidirá en el plano de los

efectos que interesan a terceros así, por ejemplo, la situación de los proveedores

del hogar común que no podrán invocar la apariencia del estado matrimonial.

(SOlARI, 1983)

Entre los elementos constitutivos del concubinato tienen que figurar singularidad.

Este concepto implica que la totalidad de los elementos que constituyen el

concubinato debe darse solamente entre los dos sujetos; pero no se destruye la

singularidad por el hecho de que algunos de dichos elementos se de entre uno de

los concubinos y otro sujeto, en la medida en que ello resulte posible.

La relación de los concubinos no puede ser momentánea, ni accidental. Debe ser

duradera, a tal punto que faltando esta modalidad resultaría inaplicable la casi

totalidad de los efectos que cabe adjudicar al concubinato, Así como en el


matrimonio también en el concubinato puede haber breves rupturas, momentáneas

separaciones seguida de pronta reconciliación, sin que ello afecte el carácter de

permanencia que la relación presente.

1.4 Naturaleza Jurídica

Durante la vigencia del Código Civil de 1852 y durante la casi totalidad de la vida

jurídica del Código Civil de 1936, concretamente hasta el año 1980, el Perú

presencio la existencia de una situación de enriquecimiento indebido sin que el

ordenamiento jurídico adoptara medida alguna para evitarla y ni aun para

solucionarla, una vez producida. Forma parte de la realidad social peruana la

unión, fuera de matrimonio, de varón y mujer sin impedimento matrimonial que

constituye un hogar de hecho y de familia.

Existen también antecedentes importantes en otros campos ajenos al Derecho

Civil. Algunos de ellos afrontaron el problema de las uniones de hecho de modo

mucho más directo así a las Leyes 8439 de Agosto de 1936 y 8569 de 27 de Agosto

de 1937 resultaron comprendiendo a la concubina con relación a la compensación

por tiempos de servicios en caso de fallecimiento del trabajador, posteriormente

se hizo explicito el reconocimiento del fenómeno concubinario, primero en el

Decreto Ley 17716 de 24 de Junio del 1969 y luego en el Decreto Ley 20598 de

30 de Abril de 1974, relativo a las empresas de propiedad social.


1.5 Concubinato y el Derecho Peruano

Acerca de la legislación del concubinato, refiere (CORNEJO CHÁVEZ, 1991,

pág. 78) que la Comisión Reformadora del Código Civil de 1852 llegó a abordar

el problema de las uniones de hecho sin llegar a regularla expresamente pues, se

consideró que la situación de la mujer abandonada por su concubino podría

resolverse mediante la aplicación de aquella norma que señala "aquel que se

enriquece indebidamente a expensas de otro, está obligado a la restitución”.

Los derechos de la concubina sobre los bienes adquiridos durante la unión de

hecho, le fueron reconocidos durante la vigente del Código Civil de 1936, en ese

sentido se pronunció el Tribunal Agrario el 16 de julio de 1970, amparando la

pretensión de una mujer concubina a quien se le otorgó el 50% de los bienes

adquiridos durante el período de convivencia, en el concubinato el demandante

debe probar la vida en común, que la ley no presupone, de lo que se deriva su

derecho a participar por partes iguales el patrimonio común sin que tampoco tenga

que probar la ayuda y colaboración prestada a su conviviente, que se presume por

razón de la vida en común.

II. CONCLUSIONES

El concubinato stricto sensu tiene como elementos condicionantes y concurrentes:

que se trata de una unión conformada por un varón y una mujer, libre de

impedimento matrimonial, que comparten un mismo lecho, desarrollando un

proyecto de comunidad de vida, de forma pública y notoria, con rasgos de


singularidad, cumpliendo deberes de fidelidad, con carácter de permanencia y

donde ambos cohabiten en un hogar común de hecho.

El sustrato jurídico para las relaciones personales entre los miembros de la unión

de hecho está dado por los derechos fundamentales consagrados en la

Constitución, a partir de los cuales, la pareja no casada debiera poder definir su

propio estatuto de relaciones personales.

Cualquier país que se considere como democrático y declare ser protector de los

derechos constitucionales, fundamentales y humanos de sus ciudadanos, debe

poder reconocer los derechos respectivos a quienes decidan unirse fáctica o

formalmente (unión de hecho o matrimonio) con independencia a su orientación

sexual. Las trabas que le pone nuestra propia sociedad al reconocimiento de tal

derecho deben verse superadas, no solo a fin de garantizar los derechos específicos

de estos ciudadanos, sino también para progresar y crecer como sociedad.


REFERENCIAS BIBLIOGAFICAS

FERNÁNDEZ ARCE , C., & BUSTAMENTE OYAGUE , E. (2018). La Unión de Hecho


en el Código Civil Peruano de 1984: Análisis de su conceptualización jurídica desde la.
Obtenido de revistas.pucp.edu.pe:
http://revistas.pucp.edu.pe/index.php/derechoysociedad/article/viewFile/17170/17460
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Maz., A. P. (1997). Exégesis del Código Civil PellJano de 984. Lima: Gaceta Jurídica
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SOlARI, J. (1983). Uno de los requisitos esenciales para que existo el concubinato'.
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