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¿DONDE ESTAN LOS SERES

QUERIDOS QUE HAN MUERTO?

La respuesta a esta y otras preguntas, en este


estudio sobre el Estado de los Muertos.
Puede que sea el tema peor entendido en el mundo
hoy. Para muchas personas está rodeado de miste-
rios y trae sentimientos de temor, incertidumbre e
incluso desesperación.

Algunos creen que los seres amados que han


muerto, realmente NO HAN MUERTO; y viven en
otros lugares, bajo otras condiciones de vida. La
mayor parte de las religiones en el mundo enseñan
que los muertos se transforman en espíritus.

Pero, ¿realmente nos debe de importar esto? Sí, y


debería de importarnos mucho, porque las personas
que no entienden el tema de la MUERTE, son pre-
sas fáciles de Satanás para engañarlos en otros
asuntos.

Publicado por: Ministerio El Evangelio Eterno


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— pág. # 2
Medite usted si podríamos consultar a los líderes religiosos si nuestros seres
queridos están viviendo en otro mundo, o quizás a los astrólogos, lo que
pasa después de la muerte. Veamos a continuación cual es el consejo:

Y si os dijeren: Preguntad a los pitones y a los adivinos que susurran hablando, res-
ponded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Apelará por los vivos a los muertos?
(Isaías 8:19).

¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amane-


cido (Isaías, 8:20).

Cuando dice a la Ley y al Testimonio, se refiere a que consultemos lo que está es-
crito en la Palabra de Dios, la Biblia.

Porque:
“Lámpara es a mis pies tu Palabra,
Y lumbrera á mi camino”
(Salmo 119:105).

“Tenemos también la palabra profética más permanente,


a la cual hacéis bien de estar atentos como a una
antorcha que alumbra en lugar oscuro”
(2 de Pedro 2:19).luga
L
“La Palabra, pues, de Jehová le será mandamiento tras mandamiento, mandato so-
bre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, y otro poquito
allá; hasta que vayan y caigan de espaldas, y sean quebrantados, enlazados y pre-
sos” (Isaías 28:13).

En los días de Moisés, leamos lo que Dios ordenó


que se hiciera con las personas que enseñaban
que los muertos estaban vivos.

“El hombre o la mujer que evocare espíritus de muer-


tos o se entregare a la adivinación, ha de morir; serán
apedreados” (Levíticos 20:27).

“No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su


hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni ago-
rero, ni sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivi-
no, ni mago, ni quien consulte a los muertos, porque es
abominación para Jehová” (Deuteronomio 18:10).

“No os volváis a los encantadores ni a los adivinos, no los consultéis contaminán-


doos con ellos, Yo Jehová tu Dios” (Levíticos 19:31).

Ya que esta enseñanza es tan abominable para nuestro Creador, vamos entonces a
estudiar juntos este tema tan importante.
¡Comenzemos!
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¿COMO ES QUE EL HOMBRE VINO A EXISTIR?
“Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz
aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2:7).
Nota: ¡Dios no puso un ser viviente dentro de Adán! Adán se convirtió en un ser vi-
viente después que Dios sopló en su nariz aliento de vida. La combinación del cuerpo,
y el aliento que Dios le puso, lo hizo a él un alma viviente. De acuerdo a este texto, ese
ser o alma viviente era Adán.
Leamos otros ejemplos
Hechos 27:37 nos “No sea que
dice: “Y eramos desgarren mi
todas las almas (o alma cual
personas) en la león, Y me
nave doscientas destrocen sin
setenta y seis.” que haya
[Ahora, estas al- quien me li-
bre” (Salmos
mas no eran es-
7:2).
píritus escondi-
dos en un rincón
“Persiga el
del barco, sino
enemigo mi
seres humanos
alma y al-
vivos], vea Gén. cáncela:
12:5. Huelle en
tierra mi
“Corrige a tu hijo,
vida, y mi
y te dará descan-
honra pon-
so, Y dará alegría
ga en el
a tu alma” (Prov.
polvo” (Sal-
29:17).
mos 7:3).

“He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma
del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4).
“Por tu nombre, oh Jehová me vivificarás: Por tu justicia, sacarás mi alma de
angustia” (Salmos 143:11).
“Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años;
repósate, come, bebe, regocíjate ... necio esta noche...” (Lucas 12:16-21).
El alma es un ser vivo. Es la combinación de ese cuerpo o materia + el soplo di-
vino [espíritu], dando como resultado un ser que tiene emociones, sentimientos,
pensamientos, etc.
Cuando el soplo o aliento [espíritu de Dios] le es quitado en el último momento
de la muerte, el espíritu vuelve a Dios que lo dio y el alma o ser que vivía,
MUERE.
En otras palabras:
Polvo + aliento de vida [espíritu] = alma o ser vivo
alma o ser vivo — aliento de vida = alma o ser muerto
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"La conclusión a la que
debemos llegar es que un
alma es un ser vivo,
una persona."
Entonces:
¿Según la Biblia que ocurre al hombre cuando muere?
“Y el polvo vuelva a la tierra de donde procede, y el espíritu vuelva a Dios que lo
dio” (Eclesiastés 12:7).
¿Podemos estar seguros de que las expresiones bíblicas “aliento de vida” y
“espíritu” quieren decir lo mismo?
“Pues sale su aliento; y vuelve a la tierra, en ese mismo día perecen sus pensamien-
tos” (Salmos 146:4).
“Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está
muerta” (Santiago 2:26).
“Escondes tu rostro, se turba: Les quitas el hálito, dejan de ser, Y vuelven al
polvo” (Salmos 104:29).
“Que todo el tiempo que mi alma esté en mi, Y haya hálito de Dios en mis narices,
mis labios no hablarán iniquidad, ni mi lengua pronunciará engaño” (Job 27:3-4).
Después que el cuerpo retorna al polvo y el aliento a Dios, ¿son los muertos
capaces de enviar mensajes a los vivos?
Claro que No, ya que:
No tiene pensamientos: “pues expira, y vuelve a la tierra; en ese mismo día perecen
sus proyectos” (Salmos 146:4).
No Sabe Nada: “Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos
nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido” (Eclesias-
tés 9:5).
No tiene emociones: “También su amor, su odio y envida fenecieron ya; y nunca
tendrán más parte en todo lo que se hace debajo del sol” (Eclesiastés 9:6).
No hay actividad: “Todo lo que esté al alcance de tu mano, esmérate en hacerlo
según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni cien-
cia, ni sabiduría” (Eclesiastés 9:10).
No Alaba a Dios: “No alabarán los muertos a Jehová, ni cuantos descienden al si-
lencio” (Salmos 115:117).
“Porque en la muerte no queda recuerdo de ti; en el Seol ¿quién te alabará?” (Sal-
mos 6:5).

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Entonces:
“¿No van al cielo las personas buenas cuando mueren, y los malos al purga-
torio o al infierno? ”

No, la gente no va al cielo, al infierno o al purgato-


rio cuando mueren. Vuelven a la tierra después de ¡Bienvenidos
que el aliento de vida salió de ellos; es decir, van a al cielo!
la tumba a esperar el día de la resurrección.
“Así el hombre yace y no vuelve a levantarse: Has-
ta que no haya cielo, no despertarán, Ni se levanta-
rán de su sueño” (Job 14:12 y 7:9-10).
“Varones hermanos, se os puede decir libremente
del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su
sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy
(Hechos 2:29). Cuando él murió fue puesto en un
sepulcro y Hechos 2:34 dice: “Porque David no
subió a los cielos.”
Nota: El no fue al cielo cuando murió, sino que su cuerpo fue sepultado y el
aliento o espíritu de vida retornó a Dios. Cuando David estaba vivo, el nos
dice, que esperaba resucitar a la semejanza de Dios e irse al cielo en ese día
(vea Salmo 17:15).
¿Cómo Jesús nos muestra la muerte a nosotros?
“Nuesto amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle (Juan 11:11). El dormir
que Jesús está hablando aquí es la muerte. Dijeron los discípulos entonces: “Señor si
duerme sanará.” Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que
él hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: “Lázaro ha
muerto” (Juan 11:12-14).
Cuando alguien está durmiendo profunda-
mente está completamente inconciente y no se
da cuenta de nada de lo que pasa a su alrede-
dor. Las horas pueden pasar como segundos.
“..Tu hija ha muerto; no molestes más al ma-
estro...Y lloraban todos y hacían lamentación
Jesús llama a la
por ella. Pero él le dijo: No lloréis; no está
muerte un “Sueño”
muerta, sino que duerme” (Lucas 8:49-55).

¿Cuándo esperó Marta que su hermano Lázaro viviría otra vez?


“Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resu-
rrección en el día postrero” (Juan 11:23-24).
Nota: Marta era una seguidora de Jesús. Ella había escuchado atentamente
lo que El había enseñado acerca de la muerte, y creía que los muertos serían
resucitados en la resurrección en el último día, como Cristo lo había pro-
metido.
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¿Cuándo podemos nosotros esperar la resurrección de todos aquellos que
han muerto en Jesús?
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados
[¿cuándo?] Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; después, los que
son de Cristo [los muertos], en su venida” (1 de Corintios)15:22-23).
De acuerdo a la Biblia, ¿qué voz oirán los muertos antes de ser resucitados?
“No os asombréis de esto; porque va a llegar la hora en que todos los que están en
los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de
vida; más lo que hicieron lo malo, a resurrección de condenación” (Juan 5:28-29).
De acuerdo al apóstol Pablo, ¿cuándo serán resucitados los que hicieron lo
bueno para ser llevados al cielo?
“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz
de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del
cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
Luego nosotros los que vivamos, los que hayamos que-
dado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las
nubes para salir al encuentro del Señor en el aire, y así
estaremos siempre con el Señor” (1 de Tesalonicenses
4:16-17).
En la resurrección ¿cómo serán nuestros cuer-
pos?
“Más nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador,
al Señor Jesucristo; el cual transfigurará el cuerpo de nuestro estado de humillación,
conformándolo al cuerpo de la gloria suya, en virtud del poder que tiene también
para someter a sí mismo todas las cosas” (Filipenses 3:20-21).
Después de la resurrección, cuando Jesús se apareció ante sus discípulos,
¿tenía El, como muchos suponen “un cuerpo de espíritu”?
“Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y
aterrorizados, creían ver un espíritu. Pero el les dijo: ¿Por qué estaís turbados y se
suscitan en vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que
soy yo mismo; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veís
que yo tengo” (Lucas 24:36-39).

A continuación detallaremos tres pasajes de la Biblia que


han traído mucha confusión y controversia porque han sido
interpretados en forma literal.
El primero de ellos se encuentra en Lucas 16 donde se habla del “Hombre
rico y Lázaro,” diciendo que el rico fue al infierno y Lázaro al cielo.
Muchos preguntan ¿cómo ustedes me explicarían esto?
Según el diccionario la palabra parábola significa: narración de la que se deduce una
enseñanza moral, o una verdad importante. En otras palabras los hechos relatados en
la parábola, no deben entenderse como que sucedieron literalmente sino que fueron
dados para ilustrar una enseñanza.
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En esta parábola de Lucas 16, Cristo estaba haciendo frente al público en su propio
terreno. La doctrina de un estado de existencia conciente entre la muerte y la resu-
rrección era sostenida por muchos de aquellos que estaban escuchando sus palabras.
El Salvador conocía esas ideas y narró su parábola de manera tal que inculcara im-
portantes verdades por medio de esas opiniones preconcebidas.
Colocó ante sus oyentes un espejo en el cual se habían de ver a sí mismos en su ver-
dadera relación con Dios. Empleó la opinión prevaleciente para presentar la idea que
deseaba destacar en forma especial, es a saber, que ningún hombre es estimado por
sus posesiones; pues todo lo que tiene le pertenece en calidad de un préstamo que el
Señor le ha hecho. Un uso incorrecto de estos dones lo colocará por debajo del hom-
bre más pobre y más afligido que ama a Dios y confía en él.
Cristo desea que sus oyentes comprendan que es imposible que el hombre ob-
tenga la salvación del alma después de la muerte. “Hijo — se le hace responder a
Abraham — acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males,
mas ahora éste es consolado aquí, y tú atormentado. Y además de esto, una grande
sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieran pasar de aquí a
vosotros no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 25-26). Así Cristo presentó lo irre-
mediable y desesperado que es buscar un segundo tiempo de gracia. Esta vida es el
único tiempo que se le ha concedido al hombre para que en él se prepare para la
eternidad.
El hombre rico había pasado su vida en la complacencia propia, y se dio cuenta de-
masiado tarde de que no había hecho provisión para la eternidad. Comprendió su in-
sensatez y pensó en sus hermanos, los que seguirían el mismo camino que él, vivien-
do para agradarse a sí mismos. Entonces hizo esta petición: “Ruégote pues, padre,
que le envíes [a Lázaro] a la casa de mi padre; porque tengo cinco hermanos; para
que les testifique, porque no vengan ellos también a este lugar de tormento.” Pero
Abraham le dijo: “A Moisés y a los profetas tienen: óiganlos. El entonces dijo: No,
padre Abraham: mas si alguno fuere a ellos de los muertos, se arrepentirán. Mas
Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, si al-
guno se levantara de los muertos” (Lucas 27-31).
La conversación sostenida entre Abraham y el hombre que una vez fuera rico
es figurada. La lección que hemos de sacar de ella es que a todo hombre se le ha
concedido el conocimiento suficiente para la realización de los deberes que de él
se exigen. Las responsabilidades del hombre son proporcionales a sus oportuni-
dades y privilegios. Dios concede a cada uno la luz y la gracia suficientes para
que efectúe la obra que le ha dado.
Lázaro representa a los pobres dolientes que creen en Cristo. Cuando suene la trom-
peta y todos los que están en la tumba oigan la voz de Cristo y salgan, recibirán su
recompensa; pues su fe en Dios no fue una mera teoría, sino una realidad.
Por otro lado, si fuese cierto que Abraham hubiese estado en el cielo, la Biblia se
contradijera a sí misma cuando en Hebreos 11:13-16, 39-40, dice que Abraham jun-
to a otros allí mencionados, murieron sin haber recibido lo prometido, a saber la vida
eterna, sino que están esperando en sus tumbas como todos los demás.

El segundo pasaje mal interpretado es el siguiente:


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El Ladrón en la Cruz
Esta escena sucedió el viernes, cuando el Señor Jesu-
cristo estaba crucificado en medio de los dos ladrones.
De acuerdo al evangelio de Juan 20: 11-17, el domingo
por la mañana, o sea el primer día de la semana, Jesús
se encuentra con María Magdalena, y El le dice: ¡No
me toques porque aún no he subido al Padre! ¿Cómo
es esto? ¿Qué Jesús no había subido para ver al Padre,
que fue lo que pasó entonces? Le mintió Jesús al
ladrón cuando le dijo ese día, que iba a estar con él en
el paraíso? ¡Claro que no! repasemos la escena de la
conversación de Jesús con el ladrón, ese viernes.
Dijo el ladrón a Jesús, “acuérdate de mi cuando vengas en tu reino” (Lucas 23: 42).
La respuesta de Jesús fue, “de cierto te digo hoy estarás conmigo en el paraíso.”
Analicemos esta respuesta: Si aceptamos la versión de algunas Biblias donde dice en
la respuesta de Jesús: “de cierto te digo que hoy, estarás conmigo en el paraíso” [en
estas versiones se le agrega la preposición que y se coloca una coma después de la
palabra hoy], si lo entendemos asi, entonces podemos caer en la conclusión que
Jesús le mintió al ladrón, porque según Juan 20:17, Jesús no había subido al padre
[después de la resurección], por eso le dijo a Magdalena que no lo tocara.
El le dijo: “No me toques porque aún no he subido a mi Padre, mas vé a mis her-
manos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.”
Nuevamente hacemos la pregunta, ¿le mintió Jesús al ladrón? Por supuesto que no.
Es mas, el ladrón inspirado por el Espíritu de Dios lo entendió de tal manera que
hasta le dijo a Jesús: “Acuérdate de mi, cuando vengas en tu reino.” El com-
prendió que no era en ese día que se iba a ir con él por eso le dijo, cuando vengas,
esto es muy importante de entender.
La verdadera forma de interpretar es: De cierto de cierto te digo hoy, estarás con-
migo en el paraíso, [y esto era una confirmación de que sí, que iba a estar con él en
el paraíso]. Que descanso para ese hombre, se imagina usted amado lector, oír esas
palabras de Jesús mismo diciéndole, estarás conmigo en el paraíso. ¿A cuántos de
nosotros no nos gustaría escuchar eso mismo de la propia boca de Jesús, cuando
estemos al borde de la muerte? Pero el ladrón fue a la tumba y allí aguarda aún la
venida de su Salvador para cumplirle su promesa de llevarlo al reino.
Algunas personas dicen: No, ese que se le apareció a Magdalena era solamente el
espíritu de Jesús. Pero sabemos que no lo era porque el mismo Jesús en Lucas 24:39
dice: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un
espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.” Como pueden leer, él,
está afirmando aquí, que no era un espíritu. En el versículo 41 también dice que
Jesús pidió algo de comer y si hubiese sido un espíritu pues no podía comer.
Y el tercero es el que sigue a continuación:

El Rey Saúl y la Hechicera de Endor


En la Palabra de Dios se nos dá a conocer el hecho de que el Rey Saúl ya se había
apartado de Jehová y que estando inquieto por saber el futuro de su reino, quiso
— pág. # 9
desesperadamente buscar orientación del profeta Samuel; pero había un problema,
Samuel ya había muerto, pero Saúl insistía en que quería comunicarse con el profeta,
para obtener información sobre qué le respondería Dios, en lo tocante a su reino.
Este hecho se encuentra en 1 de Samuel capítulo 28. Por favor abra su Biblia y co-
mience a leer el capítulo para que se vaya familiarizando con la escena, ya que va-
mos a repasar juntos algunos de los versículos. El primer punto que queremos ana-
lizar con usted lo encontramos en el versículo 6: “Y consultó Saúl a Jehová, pero
Jehová no le respondió, ni por sueños, ni por Urim ni por profetas.
Amigos, esto es muy importante, ya que la Palabra de Dios dice aquí, que no se
comunicó con Saúl, por ningún medio disponible para los hijos de Dios a través de
la historia. Así que pensemos en esto: Dice la Palabra de Dios y no nosotros, que
Jehová no se comunicó con él.
Prosigamos con otros detalles que se encuentran en este mismo capítulo; y de
acuerdo a la Biblia, veremos que quién se le apareció a Saúl ese día, no fue el pro-
feta Samuel, sino un fantasma, un espíritu maligno de Satanás. Volvemos a recalcar,
la Palabra de Dios dice que Jehová no le respondía y si El no le respondía, entonces
la respuesta tuvo que venir de uno de esos demonios que la Biblia dice vendrían so-
bre los reyes de la tierra, y Saúl era un rey que se había revelado en contra de Dios.
El apóstol Pablo menciona en una de sus cartas en 2da. de Corintios 11:14, que el
mismo Satanás se transforma en ángel de luz, para engañar a los seres humanos.
Pero sigamos analizando 1 de Samuel capítulo 28: Encontramos que Saúl en su
forma desesperada va y consulta a una bruja, hechicera o espiritista. Otra vez, ¿creen
ustedes que Dios, Jehová de los Ejércitos iba a permitir que un siervo suyo como lo
fue el profeta Samuel, se manifestase a Saúl por medio de una hechicera, si en reali-
dad hubiese habido comunicación después de la muerte? Tanto en los tiempos bíbli-
cos como en los tiempos de hoy, la brujería, astrología, hechicería y cosas seme-
jantes, eran y son abominables a los ojos de Jehová.
Pero Saúl en su ceguera espiritual, busca a esta pitonisa de Endor; repasemos el
versículo 8: “Y se disfrazó Saúl, y se puso otros vestidos, y se fue con dos hombres,
y vinieron a aquella mujer de noche; y él dijo: Yo te ruego que me adivines por el
espíritu de adivinación, y me hagas subir a quien yo te dijere.”
Note usted querido lector que Saúl viene a esta adivina y reconoce que lo único que
ella poseía era un espíritu de adivinación. Pero recuerden ¿de dónde procedía ese
espíritu? ¿quién era que guiaba a esta mujer, era Dios o Satanás? Mantengan esto
en mente.
Fíjense lo que responde esta mujer en el versículo 9: He aquí tu sabes lo que Saúl ha
hecho, como ha cortado de la tierra a los evocadores y adivinos. ¿Por qué pues, po-
nes tropiezo a mi vida, para hacerme morir? Noten, hasta ese momento la mujer ni
siquiera pudo discernir que quien estaba delante de ella era Saúl. [Recuerden ha-
biamos leído que Saúl se había disfrazado]. Si ésta mujer hubiese tenido de verdad
un espíritu profético de parte de Dios, hubiese sabido que ese hombre disfrazado era
Saúl; pero no pudo saberlo hasta más adelante cuando el espíritu inmundo se lo re-
vela, ya que ella había sido arrastrada por este gran pecado de adivinación, y estaba
siendo usada como un instrumento de Satanás.

— pág. # 10
Después de que llegaron a un arreglo, dice el versí-
culo 11 que la mujer le pregunta: ¿A quién te haré
venir? Y Saúl respondió: Hazme venir a Samuel...Y
viendo la mujer a Samuel, versículo 12, clamó en
alta voz a Saúl diciéndole, ¿por qué me has en-
gañado? pues tú eres Saúl. Y el rey le dijo: No te-
mas, ¿Qué has visto? y la mujer respondió a Saúl:
He visto dioses que suben de la tierra. Fíjense bien
en la palabra dioses, está en minúscula; lo que quiso
decirle la mujer es que estaba viendo espíritus. Pero,
¿qué clase de espíritus eran estos? Porque ni Dios
estaba guiando a esta mujer de acuerdo a la Biblia,
ni tampoco Saúl estaba siendo atendido por Jehová,
como ya hemos leído. Entonces si estos espíritus no venían de Dios, ¿de dónde pro-
cedían? piense en esto.
Asi que cuando esta mujer vio a estos espíritus que salían de la tierra, Saúl le pre-
guntó que forma tenían, y ella le dijo: Un hombre anciano, cubierto de un manto.
Saúl entendió entonces que era Samuel y humillando el rostro a tierra hizo gran re-
verencia. ¿A quién era que Saúl le estaba haciendo reverencia en aquel momento
cuando se postró delante de ese supuesto Samuel?, [tengan en cuenta que era un
espíritu disfrazado de Samuel porque como ya lo habíamos leído, esta mujer
confirmó que lo que ella miraba que subía, eran dioses o espíritus, ya que Sa-
muel no era un dios, sino un profeta de Dios mientras vivió, y Dios no hubiese
permitido que esto sucediera].
Sigamos el relato en el versículo 15: Saúl le dice al supuesto Samuel: Estoy muy
angustiado, pues los filisteos pelean contra mi, y Dios se ha apartado de mi, y no me
responde más, ni por profeta ni por sueños; y por eso te he llamado, para que me de-
clares lo que tengo que hacer. Y por esto sabemos que el que apareció a Saúl no era
Samuel, porque Saúl dice que Dios no le respondía ni por profeta.
Entonces el supuesto Samuel le dice: ¿Y para qué me preguntas a mi, si Jehová se ha
apartado de ti y es tu enemigo? [Apreciado lector queremos que entienda esto, el
mismo demonio disfrazado de Samuel le está diciendo que Dios se ha apartado
de él, lo cual era verdad, ya que el enemigo sabe cuando alguien se a apartado de
Dios y se ha pasado a sus filas]. Note el versículo 18, este espíritu de demonio en
forma de Samuel le dijo: Como tu no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el
ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy. El entregará a Is-
rael juntamente contigo en manos de los de los filisteos y mañana estarás conmigo tú
y tus hijos, y Jehová entregará también al ejército de Israel en manos de los filisteos.
Noten, Satanás disfrazado de Samuel le habló verdad mezclada con mentira; a través
de toda la Biblia él ha usado este mismo sistema. Era verdad que Dios se había apar-
tado de Saúl y era verdad que los enemigos de Dios en aquel entonces, los filisteos,
iban a destruir el ejército o por lo menos a Saúl, pero la mentira aquí presentada es
que le dice: Mañana estarás conmigo tú y tus hijos; versículo 19.
Fíjense bien lo que la Biblia dice en cuanto a que si era cierto que al día siguiente
Saúl y sus hijos iban a reunirse con el supuesto Samuel: “Porque los que viven saben
que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su me-
— pág. # 11
moria es puesta en olvido. También su amor y su odio y su envidia fenecieron ya;
y nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol” (Eclesiastés
9:5-6).
Estos versículos son muy profundos. Note que dice que los muertos no saben nada,
están inconcientes, y también dice que no tienen parte en lo que se hace aquí en la
tierra. Asi que, el que se apareció allí no era el verdadero Samuel, porque según el
versículo que acabamos de leer dice que los muertos nada saben. Tampoco Saúl y
sus hijos iba a ir a reunirse con él, esto era una mentira. De acuerdo a Eclesiastés
9:5-6 podemos ver claramente que los muertos nada tienen que ver en lo que se
hace aquí debajo del sol. Asi que es ir en contra de la Biblia el creer que fue Samuel
el que se apareció allí para orientar a Saúl.
Sin embargo, si leemos estos pasajes bíblicos en forma literal sin analizarlos pro-
fundamente, y creemos que fue el profeta Samuel el que se apareció a Saúl después
de estar muerto, ¿no cree usted apreciado lector que la Palabra de Dios se estaría
contradiciendo especialmente cuando analizamos los siguientes versículos en
Eclestiastés 3:19?: “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que
sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los
otros, y una misma respiración tienen todos...” Todo va a un mismo lugar, todo es
hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo. Lea también Eclesiastés 9:10; Sal-
mos 6:5, Salmos 104:29; Job 14:21 y 34:15.
Amigos, la Palabra de Dios no se contradice. Lo que pasó allí en 1 de Samuel 28,
era lo que ya hemos explicado hasta este momento, eran espíritus de demonios to-
mando la forma de Samuel, haciéndole creer a Saúl que estaba viendo al mismo
profeta.
Finalmente tenemos que recordar que los muertos están allí descansando hasta que
Cristo venga. En 1 de Tesalonicenses. 4:13-17 dice: “Tampoco queremos herma-
nos, que ignoréis acerca de los que duermen para que no os entristezcáis como los
otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así
traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en pa-
labra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida
del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz
de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios descenderá del cielo; y los
muertos en Cristo resucitarán primero…” [y Samuel fue uno que murió en la fe de
Jesús], asi que dice la Biblia que los que han muerto en Cristo están en la sepultura,
esperando aquel día que Cristo les despierte en la final trompeta.

Meditemos en estas Maravillosas Promesas:


“Yo soy el primero y el último, y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que es-
toy vivo por los siglos de los siglos, amén. Tengo las llaves de la muerte y del Ha-
des” (Apocalipsis 1:18).
“He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transfor-
mados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se to-
cará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros sere-
mos transformados...” “Porque es menester que esto corruptible sea vestido de in-
corrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto incorruptible
— pág. # 12
se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, en-
tonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria.
¿Dónde está oh muerte tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria?” (1 de
Corintios 15:51,53-55).
La lectura a continuación le hará meditar más profundamente
sobre el estudio del Estado de los Muertos que acabamos de
completar. Lea detenidamente, permitiendo que el Santo Espí-
ritu de Dios sea su instructor.

El MISTERIO DE LA INMORTALIDAD
Desde los tiempos más remotos de la historia del hombre, Satanás se esforzó por en-
gañar a nuestra raza. El que había promovido la rebelión en el cielo deseaba inducir
a los habitantes de la tierra a que se uniesen con él en su lucha contra el gobierno de
Dios.
Adán y Eva habían sido perfectamente felices mientras obedecieron a la ley de
Dios, y esto constituía un testimonio permanente contra el aserto que Satanás había
hecho en el cielo, de que la ley de Dios era un instrumento de opresión y contraria al
bien de sus criaturas. Además, la envidia de Satanás se despertó al ver la hermosí-
sima morada preparada para la inocente pareja. Resolvió hacer caer a ésta para que,
una vez separada de Dios y arrastrada bajo su propio poder, pudiese él apoderarse
de la tierra y establecer allí su reino en oposición al Altísimo.
Si Satanás se hubiese presentado en su verdadero carácter, habría sido rechazado en
el acto, pues Adán y Eva habían sido prevenidos contra este enemigo peligroso;
pero Satanás trabajó en la oscuridad, encubriendo su propósito a fin de poder rea-
lizar mejor sus fines.
Valiéndose de la serpiente, que era entonces un ser
de fascinadora apariencia, se dirigió a Eva, dicién-
dole: “¿Conque Dios os ha dicho: no comáis de to-
do árbol del huerto?” (Génesis 3:1).
Si Eva hubiese rehusado entrar en diálogo con el
tentador, se habría salvado; pero ella se aventuró a
alegar con él y entonces fue víctima de sus artifi-
cios. Así es como muchas personas son aún venci-
das. Dudan y discuten respecto a la voluntad de
Dios, y en lugar de obedecer sus mandamientos,
aceptan teorías humanas que no sirven más que
para encubrir los engaños de Satanás.
“Y respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del jardín bien po-
demos comer: mas del fruto del árbol que está en medio del jardín, ha dicho Dios:
“No comeréis de él, ni lo tocaréis, no sea que muráis.” Entonces dijo la serpiente a
la mujer: De seguro que no moriréis; antes bien, sabe Dios que en el día que com-
iereis de él, vuestros ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y
del mal” (Vers. 2-5, V.M.). La serpiente declaró que se volverían como Dios, que
tendrían más sabiduría que antes y que serían capaces de entrar en un estado supe-

— pág. # 13
rior de existencia. Eva cedió a la tentación, y por su influencia Adán fue inducido a
pecar.

Ambos aceptaron la declaración de la serpiente de que Dios no había querido decir


lo que había dicho; desconfiaron de su Creador y se imaginaron que les estaba cor-
tando la libertad y que podían ganar gran caudal de sabiduría y mayor elevación
quebrantando su ley.

Pero ¿cómo comprendió Adán, después de su pecado, el


sentido de las siguientes palabras: “En el día que comieres
de él de seguro morirás?” ¿Comprendió qué significaba lo
que Satanás le había inducido a creer, que iba a ascender a
un grado más alto de existencia? De haber sido así, habría
salido ganando con la transgresión, y Satanás habría resul-
tado en bienhechor de la raza. Pero Adán comprobó que no
era tal el sentido de la declaración divina.

Dios sentenció al hombre en castigo por su pecado, a volver a la tierra de donde ha-
bía sido tomado: “Polvo eres, y al polvo serás tornado” (Vers. 19). Las palabras de
Satanás: “Vuestros ojos serán abiertos” resultaron ser verdad pero solo del modo
siguiente: Después de que Adán y Eva hubieron desobedecido a Dios, sus ojos fue-
ron abiertos y pudieron discernir su locura; conocieron entonces lo que era el mal y
probaron el amargo fruto de la transgresión.

En medio del Edén crecía el árbol de la vida, cuyo fruto tenía el poder de perpetuar
la vida, Si Adán hubiese permanecido obediente a Dios, habría seguido gozando de
libre acceso a aquel árbol y habría vivido eternamente. Pero en cuanto hubo pecado,
quedó privado de comer del árbol de la vida y sujeto a la muerte. La sentencia divi-
na: “Polvo eres, y al polvo serás tornado,” entraña la extinción completa de la vida.

La inmortalidad prometida al hombre a condición de que obedeciera, se había per-


dido por la transgresión. Adán no podía transmitir a su posteridad lo que ya no
poseía; y no habría quedado esperanza para la raza caída, si Dios, por el sacrificio
de su Hijo, no hubiese puesto la inmortalidad a su alcance. “Como el pecado entró
en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los
hombres, por cuanto todos pecaron” “Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la
luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (Romanos 5: 12; 2 Timoteo 1: 10).

Y solo por Cristo puede obtenerse la inmortalidad. Jesús dijo: “El que cree en el
Hijo, tiene vida eterna, más el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida” (S. Juan
3:36). Todo hombre puede adquirir un bien tan inestimable si cede en someterse a
las condiciones necesarias. Todos “los que perseverando en bien hacer, buscan glo-
ria y honra e inmortalidad,” recibirán “la vida eterna” (Rom. 2:7).

El único que prometió a Adán la vida en la desobediencia fue el gran seductor. Y la


declaración de la serpiente a Eva en Edén. “De seguro que no moriréis” fue el
primer sermón que haya sido jamás predicado sobre la inmortalidad del alma. Y sin
embargo esta misma declaración, fundada únicamente en la autoridad de Satanás,
repercute desde los púlpitos de la cristiandad, y es recibida por la mayoría de los
hombres con tanta prontitud como lo fue por nuestros primeros padres.

— pág. # 14
A la divina sentencia: El alma que pecare, ésa morirá (Ezequiel 18:20), se le da el
sentido siguiente: El alma que pecare, ésa no morirá, sino que vivirá eternamente.
No puede uno menos que extrañar la rara infatuación con que los hombres creen sin
mas ni más las palabras de Satanás y se muestran tan incrédulos a las palabras de
Dios.
Si al hombre, después de su caída, se le hubiese permi-
tido tener libre acceso al árbol de la vida, habría vivido
para siempre, y así el pecado habría sido inmortalizado.
Pero un querubín y una espada que arroja llamas guar-
daban “el camino del árbol de la vida” (Génesis 3: 24),
y a ningún miembro de la familia de Adán le fue permi-
tido cruzar esa línea divisoria y participar de esa fruta
de la vida. Por consiguiente no hay ni un solo pecador
inmortal.
Pero después de la caída, Satanás ordenó a sus ángeles que hicieran un esfuerzo es-
pecial para inculcar la creencia de la inmortalidad natural del hombre; y después de
haber inducido a la gente a aceptar este error, debían llevarla a la conclusión de que
el pecador viviría en penas eternas.
Ahora el príncipe de las tinieblas, obrando por conducto de sus agentes, representa a
Dios como un tirano vengativo, y declara que arroja al infierno a todos aquellos que
no le agradan, que les hace sentir eternamente los efectos de su ira, y que mientras
ellos sufren tormentos indecibles y se retuercen en las llamas eternas, su Creador los
mira satisfecho.
Así es como el gran enemigo reviste con sus propios atributos al Creador y Bien-
hechor de la humanidad. La crueldad es satánica. Dios es amor, y todo lo que él creó
era puro, santo, y amable, hasta que el pecado fue introducido por el primer gran re-
belde. Satanás mismo es el enemigo que tienta al hombre y lo destruye luego si
puede; y cuando se ha adueñado de su víctima se alaba de la ruina que ha causado.
Si ello le fuese permitido prendería a toda la raza humana en sus redes. Si no fuese
por la intervención del poder divino, ni hijo ni hija de Adán escaparían.
Hoy día Satanás está tratando de vencer a los hombres, como venció a nuestros
primeros padres, debilitando su confianza en el Creador e induciéndoles a dudar de
la sabiduría de su gobierno y de la justicia de sus leyes. Satanás y sus emisarios re-
presentan a Dios como peor que ellos, para justificar su propia perversidad y su re-
beldía.
El gran seductor se esfuerza en atribuir su propia crueldad a nuestro Padre celestial,
a fin de darse por muy perjudicado con su expulsión del cielo por no haber querido
someterse a un soberano tan injusto. Presenta al mundo la libertad de que gozaría
bajo su dulce cetro, en contraposición con la esclavitud impuesta por los severos de-
cretos de Jehová. Es así como logra sustraer a las almas de la sumisión a Dios.
¡Cuán repugnante a todo sentimiento de amor y de misericordia y hasta a nuestro
sentido de justicia, es la doctrina según la cual después de muertos los impíos, son
atormentados con fuego y azufre en un infierno que arde eternamente; y que por los
pecados de una corta vida terrenal deben sufrir tormentos por tanto tiempo como

— pág. # 15
Dios viva! Sin embargo, esta doctrina ha sido enseñada muy generalmente y se en-
cuentra aún incorporada en muchos de las creencias de la cristiandad. Un sabio teó-
logo sostuvo: “El espectáculo de los tormentos del infierno aumentará para siempre
la dicha de los santos. Cuando vean a otros seres de la misma naturaleza que ellos y
que nacieron en las mismas circunstancias, cuando los vean sumidos en semejante
desdicha, mientras que ellos estén en tan diferente situación, sentirán en mayor gra-
do el goce de su felicidad.”
Otro dijo lo siguiente: “Mientras que la sentencia de reprobación se esté llevando a
efecto por toda la eternidad sobre los desgraciados que sean objeto de la ira, el humo
de sus tormentos subirá eternamente también a la vista de los que sean objeto de
misericordia, y que, en lugar de compadecerse de aquéllos, exclamarán: ¡Amén!
¡Aleluya! ¡Alabad al Señor!”

¿En qué página de la Palabra de Dios se puede encontrar semejante enseñanza?


¿Los rescatados no sentirán acaso en el cielo ninguna compasión y ni siquiera un
leve asomo de humanidad? ¿Habrán quedado esos sentimientos por ventura substi-
tuídos por la indiferencia del estoico o la crueldad del salvaje? No, mil veces no. No
es esa la enseñanza del Libro de Dios.
Los que presentan opiniones como las expresadas en las citas anteriores pueden ser
sabios y aun hombres honrados; pero han sido engañados por los sofismas de Sata-
nás. El es quien los induce a desnaturalizar las enérgicas expresiones de las Sagra-
das Escrituras, dando al lenguaje bíblico un tinte de amargura y malignidad que es
propio de él, Satanás, pero no de nuestro Creador. “¡Vivo yo! dice Jehová el Señor,
que no me complazco en la muerte del inicuo, sino antes en que vuelva el inicuo de
su camino y viva. Volveos, volveos de vuestros caminos malos, pues ¿por qué mo-
riréis?” ( Ezequiel 33:11).

Pues según las enseñanzas de esos mismos teólogos, los tormentos continuos y sin
esperanza de misericordia enfurecen sus miserables víctimas, que al manifestar su
ira con juramentos y blasfemias, aumentan continuamente el peso de su culpabili-
dad. La gloria de Dios no obtiene realce con que se perpetúe el pecado a través de
los siglos sin fin.
¿Qué ganaría Dios con que creyéramos que él se goza en
contemplar los tormentos eternos, que se deleita en oír
los gemidos, los gritos de dolor de las criaturas a quienes
mantiene sufriendo en las llamas del infierno? ¿Pueden
acaso esas horrendas disonancias ser música para los
oídos de Aquel que es amor infinito? Se alega que esas
penas sin fin que sufren los malos, demuestran el odio de
Dios hacia el pecado, ese mal tan funesto a la paz y al
orden del universo. ¡Oh, qué horrible blasfemia! ¡Como
si el odio que Dios tiene al pecado fuese motivo para
eternizar el pecado!
Es incalculable para el espíritu humano el daño que ha producido la herejía de los
tormentos eternos. La religión de la Biblia, llena de amor y de bondad, y que abunda
en compasión, resulta empañada por la superstición y revestida de terror. Cuando

— pág. # 16
consideramos con cuán falsos colores Satanás pintó el carácter de Dios, ¿podemos
admirarnos de que se tema, y hasta se aborrezca a nuestro Creador misericordioso?
Las ideas espantosas que respecto de Dios han sido propagadas por el mundo desde
el púlpito, han hecho escépticos e incrédulos a miles y millones.

Por otro lado, si fuese cierto que las almas de todos los hom-
bres van directamente al cielo en la hora de la disipación, en-
tonces bien podríamos anhelar la muerte antes que la vida.
Esta creencia ha inducido a muchas personas a poner fin a su
existencia. Cuando estamos anonadados por los cuidados, por
las perplejidades y los desengaños, parece cosa fácil romper
el delgado hilo de la vida y lanzarse hacia la bienaventuranza
del mundo eterno.
Los que han escogido a Satanás por jefe, y que se han puesto bajo su poder, no es-
tán preparados para entrar en la presencia de Dios. El orgullo, el engaño, la impure-
za, la crueldad se han arraigado en sus carácteres. ¿Pueden entonces entrar en el
cielo para morar eternamente con aquellos a quienes despreciaron y odiaron en la
tierra? La verdad no agradará nunca al mentiroso; la mansedumbre no satisfacerá
jamás a la vanidad y al orgullo; la pureza no puede ser aceptada por el disoluto; el
amor desinteresado no tiene atractivo para el egoísta. ¿Qué goces podría ofrecer el
cielo a los que están completamente absorbidos en los intereses egoístas de la tie-
rra? La suerte de los malos queda determinada por la propia elección de ellos. Su
exclusión del cielo es un acto de su propia voluntad y un acto de justicia y miseri-
cordia por parte de Dios.
A consecuencia del pecado de Adán, la muerte pasó a toda la raza humana. Todos
descienden igualmente a la tumba. Y debido a las disposiciones del plan de salva-
ción, todos saldrán de los sepulcros. “Ha de haber resurrección de los muertos, así
de justos como de injustos” (Hechos 24: 15).
“Porque así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivifi-
cados” (1 Corintios 15: 22). Pero queda sentada una distinción entre las dos clases
que serán resucitadas. “Todos los que están en los sepulcros oirán su voz [del Hijo
del hombre]; y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida; mas los que
hicieron mal a resurrección de condenación” (Juan 5: 28, 29).
En el error fundamental de la inmortalidad natural, descansa la doctrina del estado
conciente de los muertos, doctrina que, como la de los tormentos eternos, está en
pugna con las enseñanzas de las Sagradas Escrituras, con los dictados de la razón y
con nuestros sentimientos de humanidad. Según la creencia popular, los redimidos
en el cielo están al tanto de todo lo que pasa en la tierra, y especialmente de lo que
les pasa a los amigos que dejaron atrás. ¿Pero cómo podría ser fuente de dicha para
los muertos el tener conocimiento de las aflicciones y congojas de los vivos, el ver
los pecados cometidos por aquellos a quienes aman y verlos sufrir todas las penas,
desilusiones y angustias de la vida?
¿Cuánto podrían gozar de la bienaventuranza del cielo los que revolotean alrededor
de sus amigos en la tierra? ¡Y cuán repulsiva es la creencia de que, apenas exhalado
el último suspiro, el alma del impenitente es arrojada a las llamas del infierno! ¡En
qué abismos de dolor deberán sumirse los que ven a sus amigos que no se prepara-
— pág. # 17
raron, bajar a la tumba para entrar en una eternidad de pecado y de dolor! Muchos
han sido arrastrados a la locura por este horrible pensamiento que los atormentara.
¿Qué dicen las Sagradas Escrituras a este respecto? David declara que el hombre no
es conciente en la muerte: “Saldrá su espíritu, tornaráse en su tierra: en aquel día pe-
recerán sus pensamientos” (Salmo 146: 4). Salomón dá el mismo testimonio: “Por-
que los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben.” “También
su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo
lo que se hace debajo del sol.” “Adonde tú vas no hay obra, ni industria, ni ciencia,
ni sabiduría” (Eclesiastés 9: 5, 6, 10).
Antes de entrar en la mansión de los bienaventurados, to-
dos deben ser examinados respecto a su vida; su carácter y
sus actos deben ser revisados por Dios. Todos deben ser
juzgados con arreglo a lo escrito en los libros y recompen-
sados según hayan sido sus obras. Este juicio no se veri-
fica en el momento de la muerte.
Notad las palabras del apóstol Pablo: “Por cuanto ha esta-
blecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justi-
cia, por aquel varón al cual determinó; dando fe a todos
con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17:31). El apóstol enseña aquí sim-
ple y llanamente que cierto momento en el futuro, había sido fijado para el juicio del
mundo.
Judas se refiere a aquel mismo momento cuando dice: "A los ángeles que no guar-
daron su original estado, sino que dejaron su propia habitación, los ha guardado en
prisiones eternas, bajo tinieblas, hasta el juicio del gran día." Y luego cita las pala-
bras de Enoc: “¡He aquí que viene el Señor, con las huestes innumerables de sus
santos ángeles, para ejecutar juicio sobre todos!” (Judas 6, 14, 15, V.M.).

Juan declara que vio “a los muertos, pequeños y grandes, estar en pie delante del
trono; y abriéronse los libros; ... y los muertos fueron juzgados de acuerdo con las
cosas escritas en los libros” (Apocalipsis 20: 12, V.M.). Pero si los muertos están ya
gozando de la bienaventuranza del cielo o están retorciéndose en las llamas del in-
fierno, ¿qué necesidad hay de un juicio venidero? Las enseñanzas de la Palabra de
Dios respecto a estos importantes puntos no son obscuras ni contradictorias; una in-
teligencia mediana puede entenderlas.
¿Pero qué espíritu imparcial puede encontrar sabiduría o justicia en la teoría corrien-
te? ¿Recibirán acaso los justos después del examen de sus vidas en el día del juicio,
esta alabanza: “¡muy bien, siervo bueno y fiel, ... entra en el gozo de tu Señor!”
cuando ya habrán estado habitando con él tal vez durante siglos? ¿Se sacará a los
malos del lugar de tormento para hacerles oír la siguiente sentencia del juez de toda
la tierra: “¡Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno!” ? (S. Mateo 25: 21, 41, V.M.)
¡Burla solemne! ¡Vergonzosa ofensa inferida a la sabiduría y justicia de Dios!

En ningún pasaje de las Santas Escrituras se encuentra declaración alguna de que los
justos reciban su recompensa y los malos su castigo en el momento de la muerte.
Los patriarcas y los profetas no dieron tal seguridad. Cristo y sus apóstoles no la
mencionaron siquiera. La Biblia enseña a las claras que los muertos no van inme-
— pág. # 18
diatamente al cielo. Se les representa como si estuvieran
durmiendo hasta el día de la resurrección. (1 de Tesalo-
nicenses 4:14; Job 14:10-12).
El día mismo en que se corta el cordón de plata y se quie-
bra el tazón de oro (Eclesiastés 12:6), perecen los pen- Alan

Mary
samientos de los hombres. Los que bajan a la tumba per-
6
manecen en el silencio. Nada saben de lo que se hace 200
0–
197
bajo el sol. (Job 14:21.) ¡Descanso bendito para los ex- 005
0– 2
haustos justos! Largo o corto, el tiempo no les parecerá 198

más que un momento. Duermen hasta que la trompeta de


Dios los despierte para entrar en una gloriosa inmortali-
dad. “Porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles.... Porque
es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorrupción, y que lo mortal
se revista de inmortalidad. Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de
incorrupción, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces será
verificado el dicho que está escrito: ¡Tragada ha sido la muerte victoriosamente!” (1
Corintios 15:52-54).
En el momento en que sean despertados de su profundo sueño, reanudarán el curso
de sus pensamientos interrumpidos por la muerte. La última sensación fue la an-
gustia de la muerte. El último pensamiento era el de que caían bajo el poder del se-
pulcro. Cuando se levanten de la tumba, su primer alegre pensamiento se expresará
en el hermoso grito de triunfo: “¿Dónde está, oh Muerte, tu aguijón? ¿dónde está, oh
Sepulcro, tu victoria?” (Vers. 55.).
La doctrina de que el hombre queda conciente en la muerte, y más aún la creencia de
que los espíritus de los muertos vuelven para servir a los vivos, preparó el camino
para el espiritismo moderno. Si los muertos son admitidos a la presencia de Dios y
de los santos ángeles y si son favorecidos con conocimientos que superan en mucho
a los que poseían anteriormente, ¿por qué no habrían de volver a la tierra para ilumi-
nar e ilustrar a los vivos?
Si como lo enseñan los teólogos populares, los espíritus de
los muertos se ciernen en torno de sus amigos en la tierra,
¿por qué no les sería permitido comunicarse con ellos para
prevenirlos del mal o para consolarlos en sus penas? ¿Los
ángeles caídos que ejecutan sus órdenes se presentan como
mensajeros del mundo de los espíritus. Al mismo tiempo
que el príncipe del mal asevera poner a los vivos en comu-
nicación con los muertos, ejerce también su influencia fas-
cinadora sobre las mentes de aquellos.
Satanás puede evocar ante los hombres la apariencia de sus amigos fallecidos. La
imitación es perfecta; los rasgos familiares, las palabras y el tono son reproducidos
con una exactitud maravillosa. Muchas personas se consuelan con la seguridad de
que sus seres queridos están gozando de las delicias del cielo; y sin sospechar nin-
gún peligro, dan oídos a “espíritus seductores, y a enseñanzas de demonios.” Des-
pués que Satanás ha hecho creer a esas personas que los muertos vuelven en realidad
a comunicarse con ellas, hace aparecer a seres humanos que murieron sin prepara-
ción. Estos aseguran que son felices en el cielo y hasta que ocupan allí elevados
— pág. # 19
puestos, por lo que se difunde el error de que no se hace diferencia entre los justos y
los injustos.

Esos supuestos visitantes del mundo de los espíritus dan a veces avisos y adverten-
cias que resultan exactos. Luego que se han ganado la confianza, presentan doctrinas
que de hecho destruyen la fe en las Santas Escrituras. Aparentando profundo interés
por el bienestar de sus amigos en la tierra, insinúan los errores más peligrosos.

El hecho de que dicen algunas verdades y pueden a veces anunciar acontecimientos


da a sus testimonios una apariencia de verosimilitud; y sus falsas enseñanzas son
aceptadas por las multitudes con tanta diligencia y creídas tan a ciegas, como si se
tratara de las verdades más sagradas de la Biblia. Se rechaza la ley de Dios, se des-
precia al Espíritu de gracia y se considera la sangre de la alianza como cosa profana.
Los espíritus niegan la divinidad de Cristo y hasta ponen al Creador en el mismo ni-
vel que ellos mismos. Bajo este nuevo disfráz el gran rebelde continúa llevando ade-
lante la guerra que empezó en el cielo y que se prosigue en la tierra desde hace unos
seis mil años.

Estas personas no toman en cuenta el testimonio de las Santas Escrituras respecto a


los milagros de Satanás y de sus agentes. No fue sino mediante la ayuda de Satanás
que los supuestos magos que estaban con el Faraón de Egipto pudieron imitar la ac-
ción de Dios que hizo Dios a través de Moisés. El apóstol Pablo declara que antes de
la segunda venida de Cristo habrá manifestaciones análogas del poder satánico. La
venida del Señor debe ser precedida de la “operación de Satanás, con todo poder, y
con señales, y con maravillas mentirosas, y con todo el artificio de la injusticia” (2
Tesalonicenses 2: 9,10).
Y el apóstol Juan, describiendo el poder milagroso que se ha de dar a conocer en los
últimos días, declara: “Obra grandes prodigios, de tal modo que hace descender
fuego del cielo a la tierra, a la vista de los hombres. Y engaña a los que habitan so-
bre la tierra, por medio de las señales que se le ha dado poder de hacer” (Apocalipsis
13: 13, 14, V.M.). Lo que se predice aquí no es una simple impostura. Los hombres
serán engañados por los milagros que los agentes de Satanás no solo pretenderán
hacer, sino que de hecho tendrán poder para realizar.

Ese ser poderoso que pudo transportar al Redentor del mundo a un altísimo monte y
poner ante su vista todos los reinos y la gloria de la tierra, presentará sus tentaciones
a los hombres y pervertirá los sentidos de todos los que no estén protegidos por el
poder divino. A los indulgentes consigo mismos, a los amigos del placer, y a los
sensuales, el espiritismo se presenta bajo un disfraz menos sutil que cuando se pre-
senta a gente más refinada e intelectual.
En sus formas groseras, aquéllos encuentran lo que está en armonía con sus inclina-
ciones. Satanás estudia todos los indicios de la fragilidad humana, nota los pecados
que cada hombre está inclinado a cometer, y cuida luego de que no falten ocasiones
para que las tendencias hacia el mal sean satisfechas. Tienta a los hombres para que
se excedan en cosas que son legítimas en sí mismas, a fin de que la intemperancia
debilite sus fuerzas físicas y sus energías mentales y morales. Ha hecho morir y está
haciendo morir miles de personas por la satisfacción de las pasiones, embruteciendo
así la naturaleza humana.
— pág. # 20
Muchos tendrán que vérselas con espíritus de demonios que personificarán a parien-
tes o amigos queridos y que proclamarán las herejías más peligrosas. Estos espíritus
apelarán a nuestros más tiernos sentimientos de simpatía y harán milagros con el fin
de sostener sus pretensiones. Debemos estar listos para resistirles con la verdad bí-
blica de que los muertos no saben nada y de que los que aparecen como tales son es-
píritus de demonios.
Todos aquellos que conservan y cultivan rasgos pecaminosos de carácter, o que fo-
mentan un pecado conocido, atraen las tentaciones de Satanás. Se separan de Dios y
de la protección de sus ángeles, y cuando el maligno les tiende sus redes quedan in-
defensos y se convierten en fácil presa. Los que de tal suerte se abandonan al poder
satánico no comprenden adónde los llevará su conducta. Pero, después de haberlos
subyugado por completo, el tentador los empleará como agentes para empujar a
otros a la ruina.
Es inminente “la hora de la tentación que ha de venir en todo el mundo, para probar
a los que moran en la tierra” (Apocalipsis 3:10.). Todos aquellos cuya fe no esté fir-
memente cimentada en la Palabra de Dios serán engañados y vencidos. La operación
de Satanás es “con todo el artificio de la injusticia” a fin de alcanzar dominio sobre
los hijos de los hombres; y sus engaños seguirán aumentando. Pero solo puede lo-
grar sus fines cuando los hombres ceden voluntariamente a sus tentaciones.
Los que busquen sinceramente el conocimiento de la verdad, y se esfuercen en puri-
ficar sus almas mediante la obediencia, haciendo así lo que pueden en preparación
para el conflicto, encontrarán; seguro refugio en el Dios de verdad. “Por cuanto has
guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré” (Ver. 10), es la prome-
sa del Salvador. El enviará a todos los ángeles del cielo para proteger a su pueblo
antes que permitir que una sola alma que confíe en él sea vencida por Satanás.
Satanás ha estado preparándose desde hace tiempo para su último esfuerzo de enga-
ñar al mundo. El cimiento de su obra lo puso en la afirmación que hiciera a Eva en
el Edén: “De seguro que no moriréis.” “En el día que comiereis de él, vuestros
ojos serán abiertos, y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal” (Géne-
sis 3: 4, 5, V.M.).

Nota: Todos los pasajes sobre el Misterio de la inmortalidad han sido tomados del
libro, el Conflicto de los Siglos. Si usted desea leer otros temas de gran importancia,
en la siguiente página encontrará usted, otros títulos que están incluidos en ese mara-
villoso libro. ¡Que Dios les bendiga a todos!

— pág. # 21
Estimado lector, si ha gustado usted de la lectura anterior y ha sen-
tido en su corazón la influencia del Espíritu de Dios reafirmándo-
sela como verdadera, usted está preparado para leer temas como:
La destrucción de la Jerusalén antigua
Los Estados Unidos en la Profecía
América, Tierra de Libertad
El Origen de el Mal y el Dolor
El Fin del Conflicto
Todos estos títulos junto a otros 37 más, los puede encontrar
en un solo libro llamado “La Gran Controversia” o “El Con-
flicto de los Siglos.”
Nota: Para poder entender mejor cada capítulo, le sugerimos
que lea el libro desde el principio.

Otros libros
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“La enfermedad es un esfuerzo de la naturaleza para librar al


organismo de las condiciones resultantes de una violación de
las leyes de la salud. En caso de enfermedad hay que indagar
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ran conocer los agentes que la naturaleza prove como reme-
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o escriba Email. : jrtoledos@gmail.com
MINISTERIO DE SOSTEN PROPIO HISTORICISTA
ADVENTISTA DEL SEPTIMO DIA
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