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UNIMONSERRATE. ESCUELA DE CIENCIAS HUMANAS Y SOCIALES.

PROGRAMA DE TEOLOGÍA
ASIGNATURA: Teología Pastoral y Catequética
DOCENTE: Pbro. Jaime Mancera
ALUMNO: Tomás Dejuán Bitriá
Bogotá, 15/08/2019

¿Qué es la salvación?

Ya próximo el fin los estudios de teología, ante la perspectiva de entregar definitivamente mi vida a la
salvación de los hombres, me planteo el interrogante: ¿qué es la salvación? En una síntesis
retrospectiva y para una aplicación proyectiva, me dispongo a responder.

La salvación es, en su sentido teológico primario, la obra divina por la cual se reestablece la
comunión del hombre con Dios. Para profundizar en esta realidad, se pueden distinguir sus causas,
sus características y sus consecuencias, tal y como se nos ha revelado plenamente en Cristo, nuestro
Señor, único Salvador de los hombres.

En cuanto a las causas de la obra salvífica de Dios, se ha de aclarar, antes de añadir nada más, que
procede de un plan libérrimo de Dios. La causa de nuestra salvación está en la bondad y sabiduría
divinas, que por amor dieron lugar a nuestra creación y por amor procuran que esa creación llegue a
su fin. Por ello, cuando el ser humano abusó de su libertad pretendiendo realizarse a sí mismo
emancipado de Dios, perdió esa comunión que le hacía posible realizarse. Más aún, perdió esa
comunión en la cual consistía su realización plena. Roto el “engranaje” fundamental que
interconectaba todas las “piezas” de la vida humana, dándoles armonía, sentido e impulso en su
movimiento, se hizo imposible que esa vida humana pudiese alcanzar su fin sobrenatural. Como no
quedó destruida, sus “piezas” son capaces todavía de muchos movimientos. Sin embargo, la falta de
armonía entre ellas resulta con frecuencia en choques que van destruyendo el conjunto. Además, las
vidas humanas, al estar “desengranadas” de Dios, también chocan entre sí y con la naturaleza que las
rodea, produciéndose mayores desajustes. Dejando de lado la metáfora, la voluntad, la inteligencia y
la sensibilidad necesitan ser salvadas de sus tendencias autodestructivas, del pecado. Es la
circunstancia a la que el plan de Dios ha respondido.

Entre las características de la salvación, destaca el hecho de su realización en la historia, según una
economía cuya plenitud ha sido la encarnación del Hijo de Dios. Asumida la naturaleza humana por
el Verbo, se restableció radicalmente la armonía perdida entre el hombre y Dios. Otra característica es
el carácter comunitario en el que se ha desarrollado y se desarrolla la economía salvífica.

Por último, respecto a los efectos, se ha de indicar que la salvación no se reduce al establecimiento
del reinado de unos valores, ni del reinado de la paz interior de cada alma individual. El efecto
fundamental de la salvación es, como ya se precisaba antes, reestablecer la comunión del hombre con
Dios en Jesucristo, lo cual vuelve a “engranar”, a dar impulso, sentido y armonía a todas las
dimensiones del hombre y de la mujer, personales, sociales y ecológicas. Estos efectos se irán
desarrollando progresivamente a medida que cada ser humano acoja libremente la participación en la
misma vida de Cristo, que se consumará al final de los tiempos, cuando también nuestros cuerpos
sean salvados de la corrupción y elevados al estado glorioso de que goza ya la humanidad de Cristo y,
como primera redimida, la Santísima Virgen María.