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“AÑO DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN Y LA

IMPUNIDAD”
UNIVERSIDAD NACIONAL DE PIURA

FACULTAD DE ARQUITECTURA Y URBANISMO

ASIGNATURA :
Historia de la arquitectura I
TEMA :
El imperio Bizantino

DOCENTE :
Mag. Arq. Diana Fernández Santos
ESTUDIANTES :
Adrianzén Peña Ingrid

Campomanes Ordinola Mónica

Flores Chavarry Luis

Flores Rosillo Yessebel

Hernández Ojeda Liliam

FECHA :
Piura, 12 de Julio, 2019
DEDICATORIA

El presente trabajo es dedicado primero a Dios; a nuestras familias por apoyarnos e


impulsarnos a seguir adelante, a la Mag.Arq. Diana Fernández Santos quien asesoró y
motivó a cada uno de nosotros que hemos sido parte fundamental para realizar este
informe, permitiéndonos así ampliar nuestro conocimiento.
INTRODUCCIÓN

El presente informe tiene como finalidad dar a conocer acerca aspectos importantes del
imperio Bizancio: cómo se originó, ubicación, características, organización, cultura y
cómo pasó de ser un importante centro de intercambio comercial que parecía ser
indestructible a ser sometido por el imperio otomano.

El Imperio bizantino o Bizancio fue la parte oriental del Imperio romano que pervivió
durante toda la Edad Media y el comienzo del Renacimiento. Este imperio se ubicaba en
el Mediterráneo oriental. Su capital se encontraba en Constantinopla.

A lo largo de su dilatada historia, el Imperio bizantino sufrió numerosos reveses y


pérdidas de territorio. Durante su milenio de existencia, el Imperio fue un bastión del
cristianismo, e impidió el avance del islam hacia Europa Occidental. Fue uno de los
principales centros comerciales del mundo debido a su estratégica ubicación.

En tanto que es la continuación de la parte oriental del Imperio romano, su


transformación en una entidad cultural diferente de Occidente puede verse como un
proceso que se inició cuando el emperador Constantino I el Grande trasladó la capital a
la antigua Bizancio y culminó con la invasión turca Otomana.

El cristianismo ocupaba un lugar destacado en la vida de los bizantinos y podía ser


observado, incluso, en las más diversas manifestaciones artísticas. Las catedrales y los
mosaicos bizantinos se encuentran entre las obras de arte y la arquitectura más hermosa
en el mundo.

La Iglesia ortodoxa sufrió otra crisis importante con el movimiento iconoclasta


(partidarios de la prohibición del culto a las imágenes o iconos), comenzando así las
más agrias disputas. Esto no se resolvió hasta que la emperatriz Irene convocó el II
Concilio de Nicea en 787 que reafirmó los iconos. El movimiento iconoclasta resurgió
en el siglo IX, siendo derrotado definitivamente en 843.

En el siglo IX destaca la figura del patriarca Focio, que por primera vez rechazó el
primado de Roma, abriendo una historia de desencuentros que culminaría en 1054, con
el llamado Cisma de Oriente y Occidente.
ORIGEN DEL IMPERIO BIZANTINO

La partición demográfica y geográfica del Imperio romano de Oriente, tiene mucho que
ver con la fisonomía que había adquirido la herencia que dejaron las conquistas
de Alejandro Magno (356-323 a. C.). Tras su muerte, el imperio helenístico quedó
fraccionado en Grecia, Anatolia, Media, y Egipto. Los herederos
(diádocos), mantuvieron enfrentamientos por más de 100 años. Las pujas constantes
terminaron debilitando a todos los reinos en cuestión, acudiendo a Roma como
mediador entre sendas partes, fueron ocupadas paulatinamente y luego invadidas, entre
los siglos I y II a. C. Lo que a Alejandro Magno le llevó doce años, Roma lo hizo en
150 años: pasaron a ser todas provincias romanas (a excepción de Persia y Media
oriental). Los rasgos característicos de todas las regiones eran su origen multiétnico, la
pluralidad religiosa (predominaba el politeísmo de cada región), y la gran diversidad de
idiomas. Se destacaba principalmente la ciudad que el macedonio fundó, Alejandría,
centro de proliferación del saber y la ciencia. En sí, Roma optó en dejar «todo tal como
estaba», pero importando recursos económicos, ingenieros, cientistas y pensadores
trabajando para su imperio.

La división del Imperio romano comenzó con el establecimiento de la tetrarquía (en


latín: quadrumvirate), desde fines del siglo III, por el emperador Diocleciano con miras
a controlar de forma más eficaz el vasto imperio. Este último dividió el imperio en dos,
con dos emperadores (los augusti) para reinar desde Italia y Grecia; cada uno de ellos
tenía como coemperador a un colega más joven (un caesar), destinado a sucederlo.Tras
la renuncia voluntaria de Diocleciano al trono, el sistema tetrárquico comenzó a mostrar
problemas: las rivalidades se instalaron entre augustos y césares, aunque la repartición
teórica de las dignidades continuó existiendo hasta 324, fecha en que Constantino el
Grande mató a su último rival y quedó como único emperador. Al igual que en el
Imperio romano, la falta de reglas de sucesión claras y respetadas fue una constante en
el Imperio bizantino; por ello, la muerte de un emperador conllevaba a una competencia
entre las facciones existentes dentro de la élite para obtener el favor del ejército y del
pueblo.

Entonces, Constantino tomó la decisión esencial -una de las decisiones importantes de


su reino; la otra sería la aceptación del cristianismo- de fundar una nueva capital:
Bizancio. Roma había dejado de ser desde hacía tiempo la capital política de facto del
imperio: muy alejada de sus fronteras septentrionales en peligro y de las ricas provincias
orientales, no había tenido un emperador in situ desde mediados del siglo III. Bizancio
estaba mejor ubicada con respecto a ella: en la encrucijada de dos continentes y dos
mares, en uno de los extremos occidentales de la Ruta de la Seda, abierta también sobre
la ruta de las especias que llevaba al África y a la India, además de que era una base
muy buena para resguardar la crucial frontera del Danubio y estaba razonablemente
próxima a las fronteras orientales. Constantino probó su valor como fortaleza cuando se
convirtió en el último reducto de resistencia en la guerra librada por su rival Licinio y
resistió. Así, en 330, la Nova Roma fue oficialmente fundada sobre el emplazamiento de
Bizancio; sin embargo, comúnmente, la población llamó a la ciudad Constantinopla (en
griego antiguo: Κωνσταντινούπολις; Constantinoúpolis, que significa «la ciudad de
Constantino»). La construcción de la ciudad requirió muchos años y recursos, fuera de
que nadie había fundado una a tal escala desde Alejandría y Antioquía, más de
seiscientos años antes.

Constantino emprendió la construcción de grandes murallas que fueron, sin duda, la


obra más notable de la ciudad. Estos muros, que fueron extendidos y reconstruidos,
combinados con un puerto fortificado y una flota, convirtieron a Constantinopla en una
fortaleza prácticamente inexpugnable y ciertamente la más grande de la Alta Edad
Media. Asimismo, la nueva capital se convirtió en el centro de la nueva administración
reformada por Constantino, quien retiró las funciones civiles del prefecto del pretorio
para ponerlas en manos de los prefectos regionales. Así, en el siglo IV, fueron creadas
cuatro grandes prefecturas regionales. Constantino es considerado el primer emperador
romano cristiano y, aunque el imperio todavía no podía ser calificado de «bizantino», el
cristianismo se convirtió en una característica esencial, a diferencia del Imperio romano
clásico, de origen politeísta. Constantino también introdujo una moneda de oro estable,
el sólido, que se convirtió en la moneda estándar por siglos y fue utilizada más allá de
las fronteras del imperio.

Otro acontecimiento clave en la historia del Imperio romano y bizantino fue la batalla
de Adrianópolis en 378, en la cual murió el emperador Valente y las mejores legiones
romanas fueron vencidas por los visigodos. El Imperio romano fue nuevamente dividido
por el sucesor de Valente, Teodosio I (apodado «el Grande»), quien reinó sobre las dos
partes desde 392: siguiendo los principios dinásticos establecidos por Constantino, en
395, Teodosio donó las dos mitades del imperio a sus dos hijos, Arcadio y Honorio.
Arcadio se convirtió en el dirigente de la parte oriental, con su capital en
Constantinopla; mientras que Honorio gobernó la parte occidental, con su capital en
Rávena. Teodosio fue el último emperador romano cuya autoridad abarcaba por
completo la extensión tradicional del Imperio romano.

El auge de este imperio fue alcanzado durante el reinado del emperador Justiniano (527-
565), que pretendía reconquistar el poder que el Imperio Romano había perdido en
occidente. Con este objetivo, Justiniano buscó unificar todos los reinos cristianos,
reconquistó el norte de África, Italia y España. Durante su gobierno, Justiniano recuperó
gran parte de aquel que fue el Imperio Romano de Occidente.

Además él buscó una relación pacífica con los persas, que hasta ese momento aminaban
al imperio.

Después de muchas conquistas, que buscaban recuperar territorios perdidos por el


imperio romano de occidente, dejaron un coste muy alto, el imperio entró en una gran
crisis económica profunda, que llevaron al gobierno de Justiniano a pedir impuesto a la
población para solventar la crisis económica, esta decisión por poco le cuesta el exilio al
emperador.
UBICACIÓN

La parte oriental del Imperio Romano pasó a ser también denominada Imperio
Bizantino, pues su capital era una antigua colonia griega llamada Bizancio. En el siglo
IV, bajo el gobierno del emperador romano Constantino, la ciudad fue reformada y
recibió el nombre de Constantinopla.

Ubicada en el Mediterráneo oriental .Actualmente pertenece al territorio de Turquía y se


llama Estambul.

CARACTERÍSTICAS:

 Su máximo esplendor surgió durante el gobierno del emperador Justiniano.


 Imperio tenían varios idiomas que eran influyentes en su población, el latín, que
era el idioma oficial que después fue cambiado por el griego.
 La Sociedad estaba fuertemente Jerarquizada.
 La religión que predominaba en el imperio era el cristianismo y al parecer la
unificación de todas las religiones ligadas al cristianismo fueron un punto
favorable para el Imperio Bizantino.

 El emperador era muy poderoso y considerado un representante de Dios en la


tierra.
 El Imperio tuvo un amplio desarrollo cultural y una participación fundamental
en la conservación y transmisión del pensamiento clásico.
 Dejaron un gran legado en la arquitectura con un estilo naturalista y usando
técnicas del imperio griego y romano, mezclado con temas del cristianismo.
 El Imperio Bizantino se caracterizó por tener una excelente economía debido a
su ubicación estratégica, lo que les facilitaba comerciar con productos como
seda, marfil y otro tipo de artesanías.

ORGANIZACIÓN:

Organización social:

La sociedad bizantina era una jerarquía.

 En la cima se encontraba el Emperador y su familia.

Algunos académicos, como Theodor Mommsen, han afirmado que


hasta Heraclio puede hablarse con propiedad del Imperio romano de Oriente y más
adelante de Imperio bizantino, que duró hasta 1453, ya que Heraclio sustituyó el
antiguo título imperial de «augusto» por el de basileus(palabra griega que significa
'rey' o 'emperador') y reemplazó el latín por el griego como lengua administrativa
en 620, después de lo cual el Imperio tuvo un marcado carácter helénico.

 En seguida, quedaba la nobleza, que estaba formada por los asesores del
Emperador.
 A continuación, el alto clero, que era privilegiado con su posición jerárquica.
 Luego venía la élite, que estaba compuesta de granjeros, comerciantes y dueños
de talleres artesanales.
 Había una capa media de la sociedad formada por pequeños agricultores, bajo
clero y trabajadores de talleres de artesanía.
 La mayor parte estaba formada por los pobres campesinos que ganaban poco y
tenían que pagar altas tasas de impuestos.

Organización política:

El imperio constituía una monarquía teocrática en la que el emperador o basileus era


considerado el delegado de Dios en la Tierra y por lo tanto un personaje sagrado. Por
eso fue el jefe de la Iglesia y como tal podía nombrar a los patriarcas. Al emperador se
lo representó como a los santos con la cabeza rodeada por un halo de luz.
Con un poder absoluto, el emperador fue también el jefe supremo de la administración y
del ejército bizantino, auxiliado por innumerables funcionarios; dirigía a la Iglesia, que
se autodenominaba ortodoxa.

Como la Iglesia local estaba subordinada a su autoridad, hubo un alejamiento cada vez
mayor en relación a la Iglesia occidental, que obedecía al Papa. Más tarde, esos lazos se
rompieron definitivamente, existiendo hasta hoy la Iglesia Católica y la Iglesia
Ortodoxa.
Además de la rica nobleza, también los comerciantes y artesanos tenían una situación
económica privilegiada. Los campesinos, sin embargo, vivían bajo un régimen de
servidumbre y pobreza.

Organización económica:

A lo largo de diez siglos de historia, Bizancio fue uno de los centros económicos más
importantes del mundo medieval. La economía bizantina fue mayoritariamente agraria.
Las grandes propiedades agrícolas estaban en manos de la Iglesia y de la aristocracia,
pero también había pequeños propietarios que con el correr de los siglos,
desaparecieron, incorporándose los grandes dominios como colonos.
Por otro lado, Bizancio no descuidó las actividades artesanales ni el comercio. Este
imperio desarrolló un importante comercio internacional. Gracias a esta actividad, en
los mercados de Constantinopla y de otras ciudades del imperio se podían hallar
productos de zonas tan diversas como por ejemplo, China, Persia y España. Los
artesanos bizantinos fabricaban a su vez numerosas piezas que se vendían al extranjero.
Por ello, la moneda bizantina, el besante, fue aceptada en todos los mercados de la Edad
Media hasta el siglo XI. Se trató por lo tanto de una moneda internacional.
Situada en una posición privilegiada, entre el Mar Negro y el mar Mármara, facilitaba
mucho el comercio en la región. Constantinopla era punto de paso para los comerciantes
que circulaban entre Oriente y Occidente. La ciudad poseía diversas manufacturas,
como las de seda y un comercio desarrollado.

Los productos del Lejano Oriente, tales como sedas, especias y marfil, se revendían en
Europa occidental, junto con los productos locales (tejidos, joyas, artesanía fina).
Destacaba la manufactura de tejidos. Este gran movimiento atrajo a la ciudad
comerciantes de todas las nacionalidades. Acuñaron monedas de oro que fueron el
principal medio de pago en el comercio europeo durante mucho tiempo.

Constantinopla se convirtió en la “capital de Oriente”, abriendo una enorme población,


aunque el Imperio poseía otras grandes ciudades, como Nicea, Antioquía, Salónica o
Alejandría. Algunas de ellas estaban situadas en las regiones fértiles y producen
artículos agrícolas importantes como el trigo o las uvas para la producción de vino.

RELIGIÓN:

La religión fue fundamental para el mantenimiento del Imperio, pues las doctrinas
dirigidas a esta sociedad eran las mismas de la sociedad romana. Justiniano trató de usar
la religión para unir el mundo oriental y occidental.

El cristianismo ocupaba un lugar destacado en la vida de los bizantinos y podía ser


observado, incluso, en las más diversas manifestaciones artísticas. Las catedrales y los
mosaicos bizantinos se encuentran entre las obras de arte y la arquitectura más hermosa
en el mundo.

Los monjes, además de ganar mucho dinero con la venta de iconos, también tenían
fuerte poder de manipulación sobre la sociedad. Sin embargo, incomodado con este
poder, el gobierno prohibió la veneración de imágenes, a no ser la de Jesucristo, y
decretó la pena de muerte a todos aquellos que las adorasen. Esta guerra contra las
imágenes se conoció como la cuestión de Iconoclasta.
El emperador pasó a ser considerado el principal jefe de la Iglesia. Despreciaban las
imágenes, podían adorar a Dios, cuya imagen tampoco podía ser reproducida.

Al cuestionar los dogmas cristianos clavados por el clero que seguía el Papa de Roma,
dieron origen a algunas herejías – corrientes doctrinales discordantes de la
interpretación cristiana tradicional.

CAMBIOS RELIGIOSOS

El cristianismo primitivo tuvo un desarrollo mucho más rápido en Oriente que en


Occidente. Es muy significativo el hecho de que el Concilio de Calcedonia reconociera
en 451 cinco grandes patriarcados, de los cuales solo uno (Roma) era occidental; los
otros cuatro (Constantinopla, Jerusalén, Alejandría y Antioquía) pertenecían al Imperio
de Oriente. De todos ellos, el principal fue el Patriarcado de Constantinopla, cuya sede
estaba en la capital del Imperio. Las otras tres sedes fueron separándose paulatinamente
de Constantinopla, primero a causa de la herejía monofisita, duramente perseguida por
varios emperadores; luego, con motivo de la invasión del islam en el siglo VII, las sedes
de Alejandría, Antioquía y Jerusalén quedaron definitivamente bajo dominio musulmán.

Durante el siglo VII, hubo algunos intentos de la Iglesia ortodoxa por atraerse a los
monofisitas (una corriente religiosa que sostenía que Cristo poseía una sola naturaleza,
la divina, y que contrariaba a la posición cristiana que invocaba la doble naturaleza de
Cristo: humana y divina.) , mediante posturas religiosas intermedias, como
el monotelismo, defendido por Heraclio I y su nieto Constante II. Sin embargo, en los
años 680 y 681, en el III Concilio de Constantinopla se retornó definitivamente a la
ortodoxia.

La Iglesia ortodoxa sufrió otra crisis importante con el movimiento iconoclasta, primero
entre los años 730 y 787, y luego entre 815 y 843. Se enfrentaron dos grupos religiosos:
los iconoclastas, partidarios de la prohibición del culto a las imágenes o iconos, y los
iconódulos, que defendían esta práctica. Los iconos fueron prohibidos por León III,
que ordenó la destrucción de todas las representaciones de Jesús, la Virgen María y de
todos los santos, comenzando así las más agrias disputas. Esto no se resolvió hasta que
la emperatriz Irene convocó el II Concilio de Nicea en 787 que reafirmó los iconos. Esta
emperatriz consideró una alianza matrimonial con Carlomagno que hubiera unido
ambas mitades de la cristiandad, pero que fue desestimada.
El movimiento iconoclasta resurgió en el siglo IX, siendo derrotado definitivamente
en 843. Todos estos conflictos internos no ayudaron a resolver el cisma que se estaba
produciendo entre Occidente y Oriente.

En el siglo IX destaca la figura del patriarca Focio, que por primera vez rechazó el
primado de Roma, abriendo una historia de desencuentros que culminaría en 1054, con
el llamado Cisma de Oriente y Occidente. Focio se esforzó también en equiparar el
poder del patriarca al del emperador, postulando una especie de diarquía o gobierno
compartido.

El cisma contribuyó, sin embargo, a la transformación de la Iglesia ortodoxa en una


Iglesia nacional. Esto se reforzó más aún con la humillación sufrida en 1204 por la
invasión de los cruzados y el traslado temporal de la sede patriarcal a Nicea.

Durante el siglo XIV se desarrolló una importante corriente religiosa, conocida


como hesicasmo (del griego hesychía, que puede traducirse como 'quietud' o
'tranquilidad'). El hesicasmo defendía el recogimiento interior, el silencio y la
contemplación como medios de acercamiento a Dios, y se difundió sobre todo por las
comunidades monásticas. Su máximo representante fue Gregorio Palamás, monje
de Athos que llegaría a ser arzobispo de Tesalónica.

Desde finales del siglo XIII hubo varios intentos de volver a la unidad religiosa con
Roma: en 1274, en 1369 y en 1438, para conseguir la ayuda occidental frente a los
turcos. Sin embargo, ninguno de estos intentos llegó a prosperar.

CULTURA

La cultura bizantina fue una admirable síntesis de elementos grecorromanos, orientales


y cristianos. Las grandes obras del mundo clásico se recopilaron en las escuelas y
universidades, como las de Atenas o Constantinopla y en monasterios como los célebres
del monte Athos, en Grecia. Aunque hablaban latín inicialmente, luego adoptó el griego
como idioma oficial, en el siglo III, mantuvieron constantes relaciones con los pueblos
asiáticos, además de experimentar la invasión persa y el posterior asedio árabe. El arte
combinaba el lujo y la exuberancia de Oriente.
ARTE

El arte bizantino es un arte cristiano que solo se produce en un momento en el que el


cristianismo será reconocido como una religión.

El emperador Constantino otorgó el Edicto de Milán, que prohibía la persecución a los


cristianos y entonces el cristianismo empieza a crecer. Surgen las iglesias cristianas y un
nuevo estilo de arte, el Arte Bizantino.

El Arte Bizantino, a su vez, surge después de la aceptación del Cristianismo y, así,


revela la exuberancia de un arte que pretende ser vista, divulgada y que tenía como
propósito instruir a los devotos, en ellos incitando la devoción al Cristianismo. De este
modo, el arte bizantino puede ser considerado el primer estilo de arte cristiano.

PINTURA

Son particularmente destacables los retablos de temática religiosa conocidos


como iconos.

El predominio de los temas religiosos pone de relieve las pinturas hechas en las iglesias.
Esta expresión artística, sin embargo, no fue mucho más allá del contexto religioso
como en el Imperio se produjo un movimiento llamado iconoclasia.

Las figuras humanas no podían ser adoradas, la adoración cabía sólo a Dios. De acuerdo
con la práctica monoteísta la veneración de los santos consistía en el pecado de la
idolatría. Así, para acabar con el culto a figuras humanas, el emperador prohibió la
reproducción de toda representación humana, ordenando, incluso, la destrucción de las
obras artísticas que existir en esas condiciones.

ARQUITECTURA

En la arquitectura los bizantinos sobresalieron por la belleza de sus iglesias. En sus


construcciones usaron la cúpula sobre pechinas y planta de cruz griega.
Los mejores ejemplos de esta obra los tenemos en la iglesia de Santa Sofía de
Constantinopla y en Italia en la basílica de San Marcos en Venecia. Los interiores de las
iglesias fueron decorados con hermosos mosaicos que recubrieron con un lujo y color
inusitado, los ábsides y las cúpulas. Por otro lado, la escultura bizantina produjo bellos
relieves en placas de marfil.

APORTES DEL IMPERIO BIZANTINO A LA HUMANIDAD

Entre los aportes principales de esta potencia al mundo entero se pueden nombrar:

 Debido a que fue un imperio que gobernó por casi un milenio, su estructura e
influencia estabilizó al continente europeo.
 La caída del imperio y, por lo tanto, de sus redes de comercio, planteó la necesidad
de abrir otros caminos para establecer el comercio, lo cual llevó a las expediciones
que se realizaron hacia África y América. Durante estas nuevas travesías se hallaron
riquezas desconocidas lo que llevó a una expansión cultural y económica de Europa.
 La riqueza cultural del imperio bizantino los llevó a la conservación de textos y
manuales que más tarde desatarían el renacimiento.
 El imperio se empeñó en la propagación de las creencias de la iglesia. Por esta
razón, para su caída la mayor parte del continente europeo profesaba sus principios.
 Redactaron leyes que se consideran en la actualidad como las bases del Derecho
Civil.
 El aspecto cultural que caracterizó la escultura, arquitectura y arte eran sinónimos de
riqueza, lujo y belleza, lo cual fue transmitido a los países que más tarde se
independizaron.
FIN DEL IMPERIO BIZANTINO

La estabilidad del Imperio estuvo por algún tiempo amenazada por dificultades
financieras. En el auge del gobierno Justiniano, en el siglo VI, siguió un largo período
de decadencia.

Una vez que Justiniano empezó la conquista de nuevos territorios que había perdido el
imperio de occidente, desató la crisis económica ya que eran muy costosas estas
guerras, luego una peste en el imperio y la muerte de Justiniano en 565 agudizó mucho
más la crisis económica.

Nacieron otras amenazas importantes, como lo fue la expansión del islam que hasta ese
momento ocupaban siria, palestina y el Norte de África, reduciendo cada vez más el
imperio. Los árabes y búlgaros intensificaron los intentos de entrar en el Imperio, pero
la amenaza más importante fueron los turcos Otomanos.

Con la expansión de los turcos otomanos en el siglo XIV, tomando los Balcanes y el
Asia Menor, el imperio acabó reducido a la ciudad de Constantinopla.

El predominio económico de las ciudades italianas amplió el debilitamiento Bizantino,


que llegó al fin en 29 de mayo de 1453, cuando el imperio Otomano conquistó
Constantinopla. Los turcos la convirtieron en su capital, pasando a llamarla de
Estambul, como es conocida hoy.

Sin embargo, su caída supuso un verdadero shock para el mundo cristiano, que veía
cómo las puertas de Europa se habrían para los otomanos. Asimismo, la caída de
Constantinopla suponía el fin de un Imperio que había durado más de mil años y al que,
pese a los reclamos del Sacro Imperio Romano Germánico, se seguía considerando en
buena medida como los herederos más directos del célebre y glorioso Imperio Romano.

De hecho, la conquista de esta mítica ciudad fue tan importante que los historiadores
han considerado 1453 como la fecha de referencia que separa la edad Media de la Edad
Moderna.

La caída de Constantinopla influyó de diferentes y destacadas formas en la cultura


occidental de la época. Así, por ejemplo, se sabe que, ante la inminente caída de la
milenaria ciudad, muchos artistas e intelectuales de origen bizantino decidieron partir
hacia occidente. Se establecieron especialmente en diferentes territorios de Italia, con
los que Bizancio había tenido intensas relaciones comerciales.

Dichos intelectuales y artistas llevaron consigo sus conocimientos y muchos


manuscritos de todo tipo que querían salvar de la destrucción que los otomanos dejaban
a su paso. De esta forma, llegaron a Occidente una enorme cantidad de conocimientos
que no se conocían previamente y que tuvieron una gran influencia en el auge
del Renacimiento que se estaba produciendo, especialmente en el caso de los escritos de
la filosofía neoplatónica

En todo caso, el final del Imperio Bizantino supuso un duro golpe para la Cristiandad
Occidental. No solo desaparecía un símbolo político, ideológico, religioso y cultural que
había sido referencia durante milenios, sino que significaba que el peligro otomano ya
no tenía apenas ninguna barrera que le separara de Europa.

De hecho, los enfrentamientos entre diferentes ejércitos cristianos y el poder turco


fueron constantes durante las siguientes décadas, llegando a sitiar la célebre ciudad de
Viena en varias ocasiones, la última de ellas más de dos siglos después de la caída de
Constantinopla, en 1683. Este impacto convirtió su reconquista en una ambición
constante pero, aunque el papa Pío II llamó a todos los líderes cristianos a una Cruzada
para reconquistarla en 1459, esta nunca se llevó a cabo.

BIBLIOGRAFÍA:

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