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El secreto está en que a la realización nos conduce la orientación hacia lo deseado y no el

deseo en sí. Funcionan no los pensamientos de por sí sobre lo deseado, sino algo

que resulta difícil describir con palabras. Esa fuerza está entre bastidores de

un escenario en el que se desarrolla el juego de los pensamientos. Sin embargo,

esa fuerza tiene la última palabra. Creo que te has percatado ya que se trata de

la intención. La mente no ha podido encontrar entre todas sus etiquetas

indicativas una descripción conveniente para la intención. Por lo que definimos la

intención como, más o menos, la determinación de tener y actuar.

Los pensamientos sólo son espuma en la cresta de la ola de la intención. Se realiza la

intención, no el deseo.

Las cosas se realizan solo cuando queda la determinación de actuar, no solo deseando o
pensando o decidiendo.

Nuestra definición de la intención como un firme propósito de tener y actuar, es sólo el preludio
de la fuerza la que, propiamente dicho, efectúa la acción. La intención es lo que sigue tras la
determinación.

En realidad es muy difícil explicar qué es la intención. La intención es una cualidad muy inestable.
Es muy difícil obtenerla, pero es muy fácil perderla.

Así que, el deseo de por sí nada nos ofrece. Al contrario, cuánto más fuerte es el deseo, más
activamente se oponen las fuerzas equiponderantes. Presta atención: el deseo está orientado
hacia el objetivo mismo, mientras que La intención: al proceso de obtención de ese objetivo. El
deseo se realiza a sí mismo creando potencial excesivo del propio deseo de alcanzar el objetivo.
La intención se realiza en acción. La intención no razona si objetivo es alcanzable o no.

La intención no crea potencial excesivo, puesto que la energía del potencial de deseo se emplea
en acción. El deseo y la acción se unen en intención. La intención en acción disipa el potencial
excesivo, creado por el deseo, de una manera natural y sin participación de las fuerzas
equiponderantes.

La espera, la preocupación, la indecisión y los deseos sólo te quitan energía. Mientras que la
intención en acción no sólo consume energía del potencial, sino que también llena con esa
energía la capa energética de una persona.

Tanto en los sueños como en la vida real nos persiguen siempre las variantes con guiones de
nuestros recelos, preocupaciones, animadversión, odio. Pues si hay algo que yo no quiero,
entonces yo no tengo intención de tenerlo, ¿verdad? Sin embargo, de todos modos recibimos
aquello que rechazamos activamente. ¿Resulta entonces que la orientación de nuestro deseo
no significa nada? La respuesta se oculta en una fuerza aún más misteriosa y poderosa cuyo
nombre es intención exterior.