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Kyberdemos, 1: hipótesis de trabajo para la implementación de una cibernética postsocialista

(primera revisión)

1. Breve nota sobre los procesos cognitivos y de escritura para conceptualizar el kyberdemos

Este ensayo nació del ejercicio de resaltar los puntos más importantes y hacer comentarios del libro
“99 Tesis sobre la Revaluación del Valor: Un Manifiesto Post-Capitalista” de Brian Massumi, sin
embargo los comentarios arrebasaron los alcances de este libro. El método fue el del bricollage. Es
una palabra mal vista en la ciencia y sus discursos debido a que sus inducciones no son rigurosas, sin
embargo su uso debería ser revaluada para formular hipótesis de trabajo. Algún día me gustaría
escribir sobre su capacidad de realizar pensamientos abductivos por medio de la generación de
conexiones inesperadas, inclusive dentro de un mismo texto, sin embargo por el momento es un
proceso intuitivo. También parte de la idea de Benjamin de que la verdad se plasma mejor en
fragmentos, que Jean-Luc Godard retoma para sus ensayos fílmicos.

El formato de este ensayo es indiferente a los estándares académicos, sus procesos de divulgación y de
validación, pues son inhibidores de la creatividad. También es indiferente a las referencias
bibliográficas, pues solo son materiales dispuestos a ser colisionados y su fetichización una manera de
promover la propiedad privada en el trabajo cognitivo. La idea es hacer el mismo ejercicio con libros
de diversas disciplinas para su discusión, pues el concepto de kyberdemos requiere abordar muchas
disciplinas y formas de conocimiento. Serán materiales sobre la relación entre la filosofía política,
economía, ciencia y cibernética, en ocasiones colisionando libros de distintas áreas del saber, pero
también sus formas más populares y horizontales, pues su implementación deberá ser decolonial, lo
cuál significa que deberá de tomar en cuenta saberes que la mayoría de las veces la filosofía y la
ciencia desdeña, mientras que la antropología generalmente los usa en favor de los colonizadores. Su
construcción se irá haciendo por bloques de construcción que poco a poco se irán sumando, para
formar un sistema cuya complejidad irán creciendo y sus estrategias mutando. Se irá demostrando que
los sueños del kyberdemos no son triviales en el sentido matemático del término. Algunos comentarios
a otros autores son apenas un esbozo y son susceptibles de ser reelaborados, ya sea en posteriores
bloques o en revisiones subsecuentes del mismo bloque. El kyberdemos es un concepto sumamente
adecuado para su propagación y discusión colectiva por medios electrónicos, e inclusive para la
invitación a la creación colectiva. Abarca varios posibles campos de implementación. Comenzaremos
con el económico y comentaremos brevemente su aspecto cognitivo.

2. Notas a partir de “99 Tesis sobre la Revaluación del Valor: Un Manifiesto Post-Capitalista” de
Brian Massumi

1. La primera tarea de la revaluación del valor es deslindar el valor de la cuantificación. El valor


debe ser reconocido por lo que es: irreductiblemente cualitativo.
2. La definición del dinero, según el mercado, asume que el valor es por naturaleza cuantificable y
posiciona el dinero como la medida del valor. Esta suposición debe ser cuestionada para abrir el
camino a la revaluación del valor.
3. La distinción entre lo interno/externo (entorno del sistema) y el afuera inmanente (ecología
procesal) se vuelve extremadamente importante para entender la complicidad y resistencia bajo
el capitalismo.
4. La cuantificación colapsa en la acción especulativa. Se convierte en algo auto-aplicado. Esto
significa que en el mundo bursátil no importan tanto los índices económicos, sino que el valor
es cuantificable de acuerdo a una calibración de su precio: la validación de la especulación en el
libro mercado es validada por sí misma, cuando el volumen de la inversión es cuantificada o
calibrada de manera correcta, con lo cuál se puede hacer un cálculo correcto de las ganancias y
perdidas de los inversores, puesto que una inversión siempre implica una fuga de capital de una
inversión y el crecimiento de otra. Esta ausencia de coherencia en los sistemas financieros
significa que fortunas pueden hacerse y perderse en cuestión de una sola jornada, lo cuál será
cada vez más desastroso para la economía si no se busca una mayor coherencia en la teoría del
valor, pues la acumulación de capital es proporcional a la magnitud potencial de sus crisis.
5. Se pueden inventar modos de cuantificación prácticos que estén adheridos de manera más
cercana al campo cualitativo. Estos harían un índice de magnitudes intensivas, que es la
complejidad del campo constitutivo diferencial como tal, y la entrada en continuidad de la
multiplicidad de factores contribuyentes que concurren hacía la producción de un factor
relacional. Hay sin duda muchos medios para este devenir procesal de lo cuantitativo que se
puede encontrar en las matemáticas cualitativas y el modelado de datos cualitativo. Su
posibilidad necesita ser explorada en un pensamiento y diseño alter-económico.
6. La intensidad fundamentalmente tiene que ver con el rango cualitativo del potencial envuelto, y
su habilidad de insistir en sí mismo: hacerse a sí mismo palpable. Un número pequeño de
elementos pueden mutuamente adherirse en movimiento, de manera que envuelve una
intensidad más alta del potencial, que un número más grande del mismo tipo de elementos,
dependiendo de su naturaleza y la forma de su concentración. Esto es debido al hecho de que las
subtendencias contribuyentes insisten en sí mismas, así como su expresión integral insiste en
ellas mismas, y la cualidad de la expresión global es modulada como una función de eso.
Tomando el dolor como ejemplo, es sabido que la tensión ansiosa incrementa la intensidad del
dolor, así como la cultivación de ciertas técnicas de conciencia, que sirven como contra
tendencias de la atención, decrecen la intensidad de ese mismo dolor. La relación entre
extensión e intensidad no es lineal. Las tendencias van hasta lo cualitativo, y sus diferenciales
realizan la diferencia en todo nivel. Esto nos habla de que la noción de intensidad y cualidad en
la teoría del valor es creciente de manera exponencial de acuerdo a su propagación, como el
fuego o la polinización.
7. Para aprovechar los potenciales del mundo digital, la invención de una máquina de un proceso
creativo requeriría una nueva clase de plataforma digital. Logística, colaboración creativa,
gobernabilidad y la producción de valor estarían entrelazados a través de una sola plataforma
cuyo funcionamiento sería autónoma, dispensando la necesidad de una jerarquía ejecutiva,
poniendo al frente el proceso y empoderamiento de sus participantes. De esta manera, cierto
bien común de actividad productiva será creada, con una ética de colaboración creativa y cierta
instauración de democracia directa.
8. Puede ser posible que se utilicen tokens para expandir criptomonedas más allá de sus usos
convencionales, individuales, fundados en el mercado y basados en transacciones.

3. Primer comentario: valor cualitativo, la estadística y sus signos

“99 Tesis sobre la Revaluación del Valor” es un manifiesto audaz y que llama a expandir sus conceptos
económicos, así como indagar más sobre las técnicas necesarias para implementarlos. Partiendo del
vitalismo (Bergson) y de la filosofía del proceso (Whitehead), busca hacer valer en términos
económicos lo cualitativo sobre lo cuantitativo y el proceso sobre la ganancia, en búsqueda de que lo
que rija económicamente sea lo que él llama “plus de vida” (que en términos de Spinoza, que se tiene
que considerar tomando en cuenta que toma su Ética demostrada según el orden geométrico como
modelo de construcción, podríamos traducir de manera más sencilla como alegría).

El que me parece que es el punto en el que hay que hacer más énfasis también es el más problemático.
Brian Massumi propone hacer más inmanente y menos dualista la noción de valor cualitativo en
relación al valor cuantitativo. Actualmente el valor de los ensambles de producción compuestos
principalmente por el trabajo, las condiciones materiales de producción (incluyendo los factores
ecológicos), administración de bienes, distribución mercantil, el saber y la tecnología están basados en
el valor de cambio que le otorga la especulación financiera y no al revés, como sucedía previamente al
modelo económico neoliberal. Si se produjera un mercado donde el campo cualitativo de la producción
fuera lo que determinara el valor, entonces tendríamos un modelo económico donde la desigualdad
sería menor, pues sería una forma de medir el valor de una manera más material en el sentido marxista
del término, y también de acuerdo a lo vivido. Esto requeriría un modelo de producción y distribución
de bienes con instituciones y una moneda autónoma a los Estados y al sistema de producción actual,
cuestión que la realidad tecnológica de hoy hace posible pero no la política, sobre todo frente a la
pujante automatización del trabajo, así como la desterritorialización de capital, donde las
criptomonedas y otros sistemas basados en 'blockchain' no son más que un síntoma y una herramienta,
pero que hacen real la posibilidad de una economía basada en riqueza común, la cuál es una solución
democrática para la tensión entre lo privado y lo público. El fracaso de las alternativas al modelo
económico capitalista fue en primer lugar institucional, puesto que los modelos anarquistas solo
lograron crear comunidades sin efecto en lo macroscópico y que muy pronto se volvieron
disfuncionales; mientras que el comunismo falló por la razón inversa: sus estructuras fueron demasiado
rígidas. La segunda razón es que no existía la tecnología necesaria para crear sistemas funcionales sin
complejas estructuras burocráticas parasitarias. La promesa de Lenin fue que la acumulación de la
fuerza de trabajo crearía las condiciones tecnológicas en el futuro para crear un comunismo real, pero
el bloque soviético colapsó antes de que esto sucediera; en gran parte debido a la psicopatía de sus
líderes, lo cuál debería analizarse de manera más minuciosa por la izquierda, pues al saber que el
marxismo es la única alternativa es un tema que se convierte en un tabú. No es solo a las enfermedades
mentales inherentes al poder por lo que esto sucedió, sino a los experimentos cibernéticos de las
agencias secretas de las potencias mundiales durante la Guerra Fría. Estos sistemas de control
convirtieron a sus líderes en genocidas obsesionados con tomar el control tecnológico del mundo,
convirtiéndose en monstruos los unos a los otros, cómo una infección que se transmitían entre gente
poderosa y sus súbditos. En el tercer comentario hablaremos más extensamente de este tema, su
relación con la promulgación de los comunes y su importancia para hacer posible la implementación
del kyberdemos.

Ciertas nociones tecnológicas de las políticas post-capitalistas nos parecen valiosas: hacen posibles otro
tipo de instituciones, que como Massumi hace notar deberíamos llamar anarcosocialistas, en
contraposición al anarcoliberalismo del sistema actual. El anarquismo se basó en la idea, a veces
consciente y otras no, de implementar sistemas precapitalistas de producción, pero con comunidades
que no supieron hacer crecer el valor de su trabajo y con modelos de intercambio arcaicos sin la
posibilidad de crecimiento. A pesar de las apariencias, el anarcoliberalismo actual tiene debilidades
similares que hacen que sea igual de fácil imaginar el final del capitalismo que el fin del mundo. No
más ni menos, pues su supuesta fortaleza es parte de su poder de crear ilusiones de cuestiones
inexistentes, pues esa es la mística inherente al capital. Por otra parte, la noción de un anarcosocialismo
que aproveche la tecnología que desarrolló la acumulación capitalista puede encontrar alternativas,
pero quedarse en el término 'postcapitalismo', cómo sucedió con el término 'aceleracionismo', hace que
se arrastren propuestas noeliberales bastante tóxicas para la creación de comunidades, que como
veremos más adelante es fundamental para revaluar la teoría del valor.
El reto de esta visión es que generar una economía basada en valores cualitativos sería un reto para la
medición de índices económicos. Podría suceder lo mismo que observamos en lo que Nick Srnicek ha
llamado capitalismo de plataformas. Es algo que todos podemos observar en nuestra experiencia
cotidiana como usuarios de internet. A pesar de que las rutas de información del internet son enormes,
toda la información termina siendo consumida por los mismos medios, lo cuál causa que se
hipernormalice (haciendo referencia al documental de Adam Curtis) el consumo de la misma
información y datos y del mismo modo. Esto es debido a que el internet opera por medio de lo que en
teoría de la probabilidad se llama la ley de los grandes números. Esta nos indica que conforme se van
repitiendo la extracción de datos de fenómenos complejos o de apariencia aleatoria, estos terminan
generando patrones regulares, lo cuál parece ser inherente a la cuantificación de datos. Esto haría que
se borre en la cuantificación lo que Brian Massumi llama el campo constitutivo diferencial de lo
cualitativo, lo cuál haría que su cálculo cuantitativo pueda ser inútil en algunos escenarios para
producir un sistema alter-económico.

Para saber si es posible hacer una medición inducida de las propuestas de Massumi, se hará una
simulación a partir de de lo que él llama matemáticas cualitativas. De este campo yo hago hincapié en
el análisis topológico. A diferencia de lo que sucedería en un espacio euclidiano, cuyas formas y figuras
son fijas, el análisis topológico es más apto para adaptarse a la plasticidad que requeriría la tarea de
acortar la distancia entre los índices económicos y las diferenciales de los modos de vida, pues la
economía es lo que genera a los segundos. Lo que debería generar este experimento en la economía
sería un principio neguentrópico. Bernard Stiegler ya ha hecho una translación interesante a la filosofía
de este concepto proveniente de la física y sus aplicaciones biológicas. De forma inversa a lo que
sucede en la entropía, donde el orden nace del caos y esto tiene como una de sus consecuencias la
perdida de energía para la regulación de un sistema, en la neguentropía la fricción causada por aquello
que se sale de la regularidad produce una energía libre, lo cuál puede hacer nacer otra forma de orden
donde la singularidad de las multiplicidades tengan un valor más allá de su mera regulación. Y sí bien
su cuantificación debe ser topológica, la neguentropía será un efecto de que su propagación informática
será cuántica, pues es necesario que va más allá de las cuantificaciones del espacio. Esto generará una
adaptación de la economía a diversas modos de vida y no al revés, lo cuál es fundamental en la
ontología política del kyberdemos.

Todo esto lo podríamos ponerlo en relación a la semiótica de Charles Sanders Pierce. Hay que recordar
que en el neoliberalismo los signos juegan un papel primordial, hasta el punto que podríamos decir que
vivimos en un orden semiocapitalista, pues los flujos de capital más que fundados en lo material están
basados en la manipulación de signos. Hoy en día el valor de cambio, convertido en valor de
especulación, es de dónde se extrae la mayor riqueza, y esta se calcula gracias a la interpretación de
índices económicos. El lenguaje de la economía hoy en día es sumamente deficiente, sin embargo no se
modifica su uso debido a que permite seguir acumulando ganancias para los que más capital poseen.
Una teoría del valor basada en las diferencias cualitativas como propone Massumi implicaría una
reconceptualización económica de lo que Pierce llama primeridad dentro de su categoría de signos,
obligando a que en su interpretación cómo índice económico (que en Pierce vendría siendo la
segundidad de los signos) se tomen en cuenta factores que hoy en día son ignorados y cuya
valorización queda en manos de la mera especulación. Este respeto a la primeridad de la producción
económica nos obligaría a plantear el concepto de iconicidad: una forma de signo donde la expresión y
su contenido son lo más cercanos posibles. Asimismo, podríamos capturar en la primeridad o en las
diferencias cualitativas la plusvalía por medio del concepto de abducción, que de acuerdo a la
conceptualización del método científico de Pierce se refiere a la posibilidad de producir un nuevo
enunciado de manera creativa, más allá de la mera inducción. Un lenguaje menos defectuoso en la
valoración nos permitiría tener un sistema donde la tensión entre actores económicos produzca una
medición del valor más verdadero y con mejor distribución, a diferencia de lo que se maneja
actualmente: un sistema económico donde las diferenciaciones de valor solo le benefician al
especulador, sin una relación clara entre el proceso material y laboral de la producción económica. Un
mayor grado de iconicidad de los flujos económicos sería una solución auténtica a este problema.

Es probable que esta semiótica inmanentista de los flujos de capital se pueda lograr a partir de un
sistema de blockchain cuya estructura de programación esté basado en teoría de categorías. La relación
entre el blockchain y este campo novedoso de las matemáticas ha sido explorado por sus practicantes
más reconocidos, mientras su relación con la iconicidad y la inmanencia ha sido explorada por Rocco
Gangle en Inmanencia Diagramática: Teoría de Categorías y Filosofía. En esta obra se desarrolla una
ontología relacional inmanente, donde los objetos matemáticos solo adquieren su valor a través de los
otros objetos con los que se relaciona, mostrando la posibilidad de que los conceptos de Pierce sean
trabajados a través de los diagramas de la teoría de categorías. Su metafísica inmanente, tomada
principalmente de Spinoza y Deleuze, harían que los flujos de capital no fueran acumulados de manera
absurda por instancias de apariencia trascendental. A diferencia de los métodos estadísticos que se
utilizan en la economía actual, una criptomoneda donde los índices de valor tengan una incidencia
directa entre la primeridad semiótica y el sistema de intercambio monetario, puede hacer realidad la
propuesta de una economía donde se tome en cuenta las diferencias cualitativas de los modos de
producción económica y su intercambio, tomando en cuenta que sus factores materiales pueden ser
medidos por sistemas de inteligencia ambiental, realizando de tal manera una alter-economía con una
verdadera ontología materialista en el sentido socialista del término, considerando al socialismo una
auténtica solución a los conflictos entre los hombres y el hombre y la naturaleza. Una regulación del
valor de la moneda a través de una cibernética de la complejidad puede regular el valor, la oferta y la
demanda no a partir de las leyes del mercado, sino a partir de una interpretación verdadera de los
procesos de producción e intercambio, de tal forma que la plusvalía quede en mano de los trabajadores
y no de la especulación libre, quedando en armonía con los procesos de producción y produciendo
precios justos, tanto para el productor como para el consumidor.

Para cualquier proyecto alter-económico es de suma importancia realizar un análisis pragmatista de sus
signos, ya que en las finanzas el acto de enunciar es equivalente a asignar y por lo tanto producir valor,
y el punto de vista pragmático de ciertos filósofos analíticos o que toman elementos de esta escuela
(pienso principalmente en John L. Austin y la aplicación financiera que a partir de él hace Arjun
Appundarai, así como Robert Brandom y el enfoque computacional que partiendo de él hace Reza
Negarestani) nos pueden permitir hacer un análisis riguroso de este acto performativo. La transgresión,
que es imposible en el plano de las reglas constitutivas, se vuelve posible en el campo de la pragmática.
Es fundamental comprender que la transgresión en las finanzas no debe ser visto como un horizonte
revolucionario, ya que es la lógica de la ganancia en el neoliberalismo, pero abre la posibilidad a un
declive económico nunca antes visto, más allá de la increíble capacidad de sobrevivencia que ha
mostrado el capitalismo hasta en sus peores crisis. Buscar bloquear los mecanismos que hacen posible
esta forma de explotación y buscar modelos alternativos, fundados no en el abandono de las dinámicas
pragmáticas del valor sino refundándolas desde un punto de vista materialista, es fundamental para
cualquier proyecto alter-económico que tenga como horizonte al siglo XXI. Desde el punto de vista de
Wittgenstein, el análisis pragmático del lenguaje es fundamental para entender una forma de vida, pues
el lenguaje es la base de un estar en común. Esto se multiplica cuando la pragmática se aplica a los
flujos de valor que determinan las condiciones materiales de una sociedad.

4. Segundo comentario: implementación de blockchains frente a la crisis del valor


en el arte
Algunas propuestas de Brian Massumi resultan prácticamente imposibles de implementar en el estado
actual de la mayoría de las industrias, pues un componente indispensable para su visión de la
revaluación del valor es una alter-economía que no sea dependiente de las dinámicas del mercado. Para
los bienes de consumo, primero habría que cambiar esas dinámicas. Su visión postcapitalista sería
actualmente prácticamente imposible de implementar en la mayoría de las industrias, sobretodo en la
producción de bienes de consumo. En primer lugar, volviendo a las propuestas clásicas del marxismo,
habría que hacer énfasis en que para ello se necesitaría en primer lugar una reglamentación de de los
medios de producción como propiedad común, y en segundo una mayor automatización del trabajo. La
segunda llevará a la primera, pues hará que no haya otra opción más que la autonomía frente a la
extrema escasez de empleo a la que llevará la automatización del trabajo, lo cuál ya están empezando a
vivir aquellos que empiezan a buscar una actividad laboral. Cada generación que venga sufrirá sus
consecuencias con mayor fuerza y la idea de una renta básica universal al largo plazo solo reforzaría los
sistemas de control, como formula El Comite Invisible de manera más extensa en Ahora. Pero las
industrias relacionadas con el arte si resultan un campo fértil para la experimentación de nuevos
modelos debido a su capacidad para crear comunidades, lo cuál tiene la posibilidad de crear mercados
donde antes no existían, cada vez con mayor fuerza gracias al aumento de los flujos de información y el
comercio de afectos que estos generan: aquello que los autonomistas han llamado trabajo inmaterial.
Los teóricos de esta escuela han insistido que es en el ámbito del trabajo cognitivo que se puede
subvertir el modelo capitalista. Su visión ha sido negada debido a la flexibilidad y éxito con que los
aparatos de captura económicos e ideológicos han detenido el devenir revolucionario de los flujos
descodificados que implican el trabajo cognitivo en nuestra era informática, sin embargo nuevas
tecnologías aplicadas a la plataformas económicas, tanto digitales como materiales, pueden terminar
demostrando que su visión si puede ser aplicada. Inclusive se puede aprender mucho de estos aparatos
de captura digitales, como muestra el análisis que Brian Massumi hace sobre los modos en que la 'alt-
right' propaga sus ideas en el internet, cuyo poder de contagiar ideas es impresionante. Ese poder de
expansión es fácilmente replicable y revertible, pues la 'alt-right' utiliza tácticas políticas de la izquierda
a través de sus guerrillas cibernéticas. Lo difícil es pensar como parar el eterno juego de contrarios de
lo que la Escuela de Frankfurt llama la dialéctica de la Ilustración. De cualquier forma es visible que,
como propone Massumi, la creación de comunidades cómo un índice de valor resulta adecuado,
sobretodo en una era donde los cuerpos viven radicalmente separados unos de otros y sufren por ello.

Al mismo tiempo, justo es la noción de valor en el arte lo que está en crisis, tanto dentro de su
producción creativa como en las autoridades de su mercado, lo cuál se reflejan uno en la otra. En el
marco institucional, es el valor comercial de una obra lo que le brinda su prestigio y su prestigio lo que
le da su valor comercial, volviéndose el valor un bucle con una autoridad tóxica para las comunidades y
la creación de obras singulares, pues crea un espíritu de competencia donde la colaboración y la
empatía sinceras se vuelven una rara excepción, un micro acontecimiento, y promueve una
heterogeneidad y vulgarización de las búsquedas estéticas; pero al mismo tiempo es la labor de sus
redes afectivas lo que tiene un valor verdadero, lo que produce aquello que Massumi llama plusvalía de
vida. Y esto no es solo válido en términos vitales sino también en la generación de sustentabilidad por
medio de instituciones que funcionen bajo un modelo participativo de democracia directa, así como
generación de valor con modelos de intercambio, sin nociones de acumulación como los intereses que
generan deudas. Para aquellos que hemos visto el desarrollo de las industrias creativas en la Ciudad de
México, nos podemos dar cuenta que la introducción de nuevas formas estéticas y modelos de difusión
al principio generan indiferencia e incomprensión, pero bajo esfuerzos sostenidos se van creando
comunidades que permiten que las obras o eventos tengan valor, tanto en el sentido económico como
vital; pero solo con esfuerzos constantes y muchísima paciencia, lo cuál requiere formas de inversión
comunitarias constantes durante cierto tiempo. Es entonces que salta a la vista las posibilidades de una
criptomoneda por medio de blockchains cuyo funcionamiento y ontología sea relacional, no solo en
base a los medios materiales de producción como mencionábamos anteriormente, sino también al
trabajo cognitivo. Una moneda adquiere valor mientras más se intercambie, por lo que generar
criptomonedas para las industrias creativas tiene el potencial de tener un crecimiento sostenido. Al
mismo tiempo, podría generar formas comunitarias de propiedad, donde el tiempo y trabajo invertido
tengan una correlación más directa y su plusvalía no quede en manos de un solo propietario. Este
modelo no solo generará una forma de distribución de la riqueza más justa, sino formas de producción
creativa e intercambio más armoniosas, pues es el autoritarismo de las estructuras verticales lo que crea
comunidades con relaciones malsanas. En El alma del hombre bajo el socialismo, donde Oscar Wilde
hace una excelente reflexión que hace una relación entre la búsqueda estética y el socialismo, escribe lo
siguiente: “Los celos, que son una extraordinaria fuente de crimen en la vida moderna, son una
emoción estrechamente ligada a nuestra concepción de la propiedad que, bajo el socialismo y el
individualismo, desaparecerá. Es notable comprobar que en tribus de tipo comunitario, los celos son
enteramente desconocidos.” Quizá sea un poco extraño leer al individualismo como un valor positivo,
considerando que en nuestra sociedad tal termino se puede confundir con un narcisismo solipsista, pero
a lo que se refiere Wilde en este ensayo con individualismo es la posibilidad de que cada sujeto pueda
generar un estilo de vida propio de acuerdo a sus deseos. Más adelante hablaremos de la importancia de
esto, tanto para la ontología política como del arte. De igual forma afectos negativos como la envidia,
que tienen efectos devastadores en las comunidades, tienen su origen en condiciones materiales de
producción injustas y desiguales, pues generan competencias malsanas en vez de redes de
colaboración. Muchas personas afirman que la naturaleza humana no es capaz de generar comunidades
sanas. Nosotros contestamos: ¿cuál naturaleza humana? Esto es solo cierto para las sociedades con
formas de acumulación capitalista. La naturaleza humana no existe, es dependiente de sus condiciones
materiales de producción de las subjetividades.

Las políticas culturales del nuevo gobierno mexicano se ha propuesto descentralizar la cultura y apoyar
sus formas populares, haciendo a un lado la distinción entre alta y baja cultura. En la campaña se
anunció que se rehabilitaría la idea de las jornadas educacionales vasconcelistas, un programa que
buscaba alfabetizar una nación analfabeta, para utilizar la cultura para combatir la violencia por medio
de la generación de comunidades. La idea sonaba interesante, sin embargo poco ha sonado del
programa, solo se ha escuchado de las dificultades que han tenido las instituciones culturales debido a
las décadas de corrupción que han sufrido. Sin embargo, la solución no es reformar las estructuras
burocráticas sino buscar otro tipo de instituciones, donde los beneficios no necesiten de estructuras
burocráticas parásitas y que solo benefician a grupúsculos de artistas y gestores beneficiados por ser
parte de una red de relaciones públicas. Inclusive los proyectos supuestamente alternativos se ha visto
que no fueron formados para pensar y realizar otro tipo de estructuras y otro tipo de subjetividades,
sino para entrar en el sistema de validación del mercado. Estos males de los aparatos estatales y del
mercado podrían cambiar si los flujos del capital se hacen de manera más directa, teniendo como
principio la creación de comunidades, no la producción de valor de mercado. Por otra parte, abogar por
lo popular ya es volver maniquea la relación entre alta y baja cultura, términos que deberían de
volverse inoperantes. En términos de políticas culturales, lo popular se ha convertido en sinónimo de
las producciones de bienes ornamentales que solo buscan complacer a quienes poseen el capital para
consumirlos: se vuelven figurines del gusto occidental. La cultura indígena no es eso, se debe poner
énfasis en sus singularidades. Pongamos el ejemplo de las músicas indígenas u otras formas folclóricas:
son formas de expresión que no complacen al oído occidental debido a que tienen lógicas microtonales
muy distintas al sistema tonal canónico, y precisamente en eso radica su valor y singularidad. Por otra
parte, el énfasis en la preservación de las lenguas indígenas sí es un tema de gran importancia, pues
contienen un saber común cuyo poder de invención nos es desconocido, y no solo por las lenguas, sino
en su contenido, muchas veces opaco para le mente occidental, así como la ausencia que estas culturas
le tienen, debido a su rapiña, siglos de abuso, su ausencia de entendiemiento y por lo tanto de respeto.
De cualquier forma, el énfasis de la descentralización de la cultura es de suma importancia, sin
embargo debe de entenderse que el fetiche por lo popular solo ha generado un indigenismo paternalista
y un rendimiento al status quo. Como ya hemos indicado, el arte que va a contra corriente siempre
genera al inicio incomprensión, pero con el paso del tiempo siempre logran generar una comunidad que
los vuelve sostenibles, si logra mover los afectos necesarios y tener paciencia, pues las comunidades no
se forman de la noche a la mañana. Es entonces que la descentralización de la cultura, la verdadera y no
complaciente, debe de ser un esfuerzo constante, teniendo muy presente que se enfrentará en un inicio a
la incomprensión. La labor de las instituciones culturales deberá hacer posible las condiciones
materiales de esa constancia, indispensables para su existencia.

Alguien podría argumentar que esta visión instrumentaliza al arte, lo aleja de su ser en sí. Por el
contrario, pensamos que este es uno de los aspectos más fundamentales de su ontología. La modernidad
nos heredó la idea de que el creador, para buscar su singularidad, debe de claudicar a sus compromisos
comunitarios. Sin embargo, una de las experiencias estéticas más radicales muestra lo contrario, a pesar
de que sus versos se han considerado impenetrables y su estética esnob para los no iniciados: hablamos
de los poemas de Stephane Mallarmé, así como sus proyectos inacabados. Al final de su vida,
Mallarmé buscaba crear un Libro de páginas móviles que nunca escribió, cuya lectura fuera análoga a
una misa secularizada que sustituyera a la Biblia, en la cuál su “operador”, de acuerdo a una
combinatoria compleja, descubriría una multitud de significados que variarían según sus conexiones.
Una misa secularizada donde ya no hubiera una creencia en una trascendencia, sino en aquello que es
divino en el hombre. Esta idea puede sonar demasiado soberbia y enloquecida, ¿un libro que sustituya a
la Biblia? Pero más bien respondía a paradigmas tanto sociales como estéticos de su época, pues tanto
la misa cristiana como las estructuras del verso tradicionales comenzaban a volverse obsoletos, lo cuál
hacía un llamado a su refundación: una forma de arte experimental que buscaba refundar las formas de
religar a las sociedades frente al ocaso del dios judeocristiano, tomando al vacío como punto de partida.
Hay una especie de catolicismo secular en la visión política de Mallarmé, pues considera la necesidad
de que el arte debe de ser una elevación común. “Es entonces en los misterios del oficio que el arte
debe de buscar su lección espiritual”, nos hace ver Quentin Meillassoux en “El número y la sirena”.
Meillassoux argumenta que en el caso de Mallarmé ese misterio es dejado al azar ser descubierto en el
futuro, al intentar encontrar un código numérico oculto en su poema más celebre, “Una tirada de
dados”; siendo de tal manera su sacrificio no de la carne como en la crucifixión, sino uno estelar. Pero a
diferencia de lo que piensa Meillassoux, la lección más importante de los libros que Mallarmé sí
escribió es que el azar debe de ser fijado, de otra forma no existirían las palabras del poema ni su
materialidad en la página, fundamental para entender su poética. Vemos entonces que en el juego libre
del neoliberalismo hay una ausencia de entendimiento de la materialidad de la palabra, pues el libre
mercado obtiene sus beneficios de la especulación frente al azar en un casino altamente sofisticado, lo
cuál es una práctica anti-comunitaria, desde los cuerpos aislados o en lucha de los corredores de bolsa,
hasta su propagación de la desigualdad, no solo económica sino en todos los sentidos biopolíticos. En
términos económicos, esta necesidad poética de fijar el azar -ya hablábamos en el comentario anterior
sobre la relación entre el lenguaje y la economía- demuestra que los comunes deben ser constituidos. Y
esto puede comenzar con el ritual del arte.

Pero antes de ir hacia una ciega búsqueda de nuevas formas de creación de comunidades, parte de
nuestra tarea es pensar qué obstáculos se le puede presentar a la idea de tomar la comunidad como
principio de la generación de valor. Al hablar de las estéticas relacionales, es decir formas artísticas que
buscan la participación del espectador, muchas veces con intenciones didácticas, criticas como Claire
Bishop han mostrado que al ser introducidas en las dinámicas museísticas los asistentes son convertidos
en capital humano, de manera aún más radical que las formas artísticas donde el espectador
supuestamente es más pasivo. Esto nos hace ver que la estrategia debe buscar diversos modelos en
diversos contextos, de tal forma que la experimentación con formas institucionales del arte devenga en
un mejor entendimiento del gobierno de las propiedades comunes. En su fundación, será indispensable
realizar lo que Kojin Karatani llama transcrítica, al poner en relación a Marx con Kant, en primer lugar
porque su filosofía crítica pone la razón dominante en contra del empirismo dominante, lo cuál conecta
con la noción de Marx que la realidad social es una forma de ilusión. Según Karatani, la filosofía de
Kant tiene como imperativo para su cumplimiento nuevos modos de interacción ética, donde los otros
no sean reducidos a ser meros instrumentos, como sucede en todo sistema económico basado en la
explotación del trabajador, pero también del consumidor, lo cuál muchas veces resulta borroso para la
miopía del marxismo rígido, pues termina generando un sistema de culpa en este, cuando en realidad
muchas veces no tiene opciones éticas para sus necesidades más básicas. Según Karatani la filosofía de
Kant, que tiene como imperativo para su cumplimiento nuevos modos de interacción ética, donde los
otros no sean reducidos a ser medios instrumentalizados, requiere de modelos alter-económicos cuyo
principios solo se encuentran en Marx. Para Karatani esta visión encuentra su modelo en el sistema de
intercambio local (LETS por sus siglas en inglés), que básicamente se basa en el crédito mutualista, es
decir, hecho de manera directa y sin intereses como en un trueque de labores. Este sistema se ha
implementado de manera exitosa pero por períodos muy cortos en tiempos de crisis de empleo. Su
problema ha sido que han buscado formas de intercambio sin mediación tecnológica y con un énfasis
excesivo en lo local sin comunicación con lo global, lo cuál ha hecho que sean proyectos que no
puedan desarrollarse de manera sostenida. Por lo tanto, el mayor reto de la alter-modernidad es generar
una cosmotécnica donde la integración de lo local con lo global sea posible, sin que lo primero pierda
sus cualidades como ha sucedido en la modernidad. El término cosmotécnica proviene del filosófo
chino Yuk Hui y se refiere a una unificación del cosmos con una moral por medio de la técnica, tanto
artística como tecnológica, lo cuál requiere una integración de la técnica, la física y la metafísica. La
moral como contrato social y la metafísica como forma del saber se han cuestionado hasta el hartazgo,
pero aun así sería muy necio no ver la necesidad de unir las dos para evitar la explotación del planeta y
el hombre, sobretodo en la era del Antropoceno. Uno de los aspectos más interesantes del desarrollo de
ese concepto por Yuk Hui es ver la crítica que los filósofos confucianos le hacen a Kant, pues para ellos
este filósofo no realiza una moral metafísica sino una metafísica de lo moral, ya que para lograr lo
primero es necesario que la moral este en primer término. Esto se explica gracias a que en términos de
la doctrina del Dao, la moral se adquiere al entender la infinidad del cosmos y nuestro papel en su
armonía. En términos políticos, la cosmotécnica debe ser una herramienta para la cooperación
transnacional que requiere cualquier proyecto alter-económico en un mundo inevitablemente
globalizado.

5. El kyberdemos como una rebelión de cognición cuántica

La teología política, de Carl Schmitt a Giorgio Agamben, nos ha enseñado que lo que se excluye del
discurso pero sigue estando presente de manera oculta, termina siendo el fundamento de una sociedad,
como sucede en la falsa secularización del Estado moderno. En el caso de la arqueología de la ley de
Agamben, ese fundamento tachado es lo que él llama “vida desnuda” en el derecho romano, lo que más
llanamente se conoce como la permisividad de la esclavitud, la cuál permanece de diversas formas en
nuestros días. En la actualidad, el soporte abstracto de la esclavitud de nuestra sociedad es el dinero, el
dios que gobierna el destino de los hombres, un destino que nos lleva a nuestra propia destrucción e
infelicidad, pues el brillo que ofrece a cambio de la libertad es sumamente artificial, y lo que nos lleva
a aceptarlo una especie de brujería cada vez más computarizada, un vudú cibernético creador de miedos
y supersticiones, que busca convertirnos en muertos vivientes. Es ominoso ver el funcionamiento de
ciudades con millones de habitantes y que todo funcione a la perfección, cuando en realidad la gran
mayoría de sus habitantes odian su forma de vida y los abusos que tienen que enfrentar, sin importar su
clase social. Con la cibernética no me refiero al mal uso que se le ha dado al internet, lo cuál no es más
que una herramienta para mantener los cuerpos separados uno del otro, sino a los sistemas de control
tecnológicos a los que estamos sometidos, para que las élites puedan abusar de nuestra labor.
Generalmente lo que se busca con estas herramientas de guerra mental es mantener a una población
ordenada, pero cuando las cosas se ponen difíciles también busca generar psicopatías y dividir la
personalidad de los individuos, cómo demuestra el auge de los fascismos y otras formas políticas de
guerra de la población consigo misma. Pero la cibernética también ha hecho posible una ciencia de la
gnosis, que es hija herética de Marx y su desconocida madre. Marx puede parecer un aliado improbable
en un guerra de brujería cibernética, ¿pero qué mejor aliado que un antimago que rompe con todas las
ilusiones del capital? Lo que en épocas pasadas se consideraba inmaterial ahora son formas de control,
pero también fuerzas capaces de avivar los saberes y la rebeldía del alma, para ponerla en armonía con
utopías que provienen de aspectos antes desconocidos de la materia: son tiempos donde despertar a los
muertos vivientes de su letargo también es una posibilidad tecnológica.

Con el concepto de kyberdemos, nos referimos a una serie de tecnologías que buscan activar las fuerzas
inmanentes de la sociedad, a veces de manera frontal y otras imperceptible, de tal forma que sus
elementos no estén aislados de manera permanente, sino que puedan buscar su singularidad y
colectividad, sin que estos términos caigan en contradicción: busca generar nuevas formas de vida,
tanto en su sentido post-humano como en formas comunales arcaicas. Abrir vasos comunicantes
subterráneos para que nuestras interacciones sean como ondas musicales u ondas aún más débiles. En
¿Qué es la filosofía?, Gilles Deleuze y Felix Guattari mencionan que el momento poético de la
filosofía sucede en el momento de darle una denominación a un concepto. Decidimos recuperar la
etimología original de la palabra 'ciber', ya que como veía Wilde, el socialismo puede cumplir las
promesas que el helenismo y el renacimiento sólo logró para una élite, pero solo una vez que la
tecnología lo permitiera. Buscamos la fortaleza de la 'k' en vez de la debilidad de la 'c', pudiendo tomar
como ancestro el personaje de Kafka, que perdió sus batallas en mundos que no comprendía pero aún
así encontraba formas pequeñas de resistencia. Nosotros, en honor y aprendiendo de los errores de
nuestros antepasados, sí debemos entender nuestro mundo y sus sistemas de control a tal grado que la
inversión de sus principios sea irreversible, sumando los pequeños esfuerzos de la multitud para que
dejen de ser esfuerzos aislados, cambiando hasta las cualidades del tiempo para que no haya un retorno
de las fuerzas reaccionarias. También nos gusta como, tanto en sonido como en concepto, al juntar el
término 'kyber' y 'demos', el término que denomina al pueblo tiene resonancias con la palabra 'daemon':
un consejero invisible que fue demonizado, desde tiempos paganos y no solo por el cristianismo, por
ser el agente que busca derrocar a los dioses actuales, y que al ser un ente colectivo se convierte en una
forma de asamblea. La consideramos una estrategia postsocialista, puesto que las llamadas políticas
postcapitalistas que surgieron del aceleracionismo tecnológico no tienen ninguna utilidad sin un giro
socialista, y todos sabemos que el comunismo no funcionó y debe ser reformando. El destino del
aceleracionismo nunca debió haber sido visto como la posibilidad de coquetear con el enemigo, como
sucedió con algunos cuantos traidores, o copiar de manera simple sus tácticas, sino entender tan bien
sus armas que podamos colisionarlas constantemente para generar estrategias cada vez más novedosas
y difíciles de comprender para el enemigo. La apropiación de armas es llanamente recuperar lo que es
nuestro, pues su desarrollo se ha hecho a las costillas de toda una sociedad global, desde mineros
africanos hasta los trabajadores cognitivos de los países ricos: lo que históricamente se ha llamado
tomar los medios de producción, que gracias a sus mutaciones ahora es de nuevo posible, pues es lo
que nos permitirá devenir imperceptibles en una época en que ya parecía imposible. Ciertos esquemas
ondulatorios provenientes de la física cuántica, teniendo como base conceptual y técnica la
superposición de partículas y ondas subatómicas (habiendo una ausencia de distinción entre ambas),
trae consigo efectos de interferencia, por lo tanto creando nuevos bloques de significados inlocalizables
e indiscernibles. Esto es lo que traerá la transformación de los bits en qubits, es decir la transformación
de un sistema binario con elementos con valor fijo a elementos con valor variable, pues un qubit es un
número que puede ser 0 y 1 al mismo tiempo. Cuando estos efectos sean usados por las computadoras
cuánticas, serán más de provecho para la población que para los sistemas de control que lo oprimen. Si
la conciencia nació de una interacción cuántica como piensa Sir Roger Penrose, entonces su
implementación cibernética como modo de inteligencia colectiva generará un cambio cognitivo. La
noción de Lacan de que la verdad tiene estructura de ficción, muy propia de las noticias falsas y las
teorías de conspiración paranoicas, será al mismo tiempo borrada y radicalizada; pues la verdad
oficialista, un concepto republicano desde los griegos, será tachada y la desinformación tendrá usos en
contra de los opresores. De nuevo, un proceso neguentrópico: un caos necesario para que llegue un
orden de múltiples modalidades. Esto es un ejemplo fundamental de como las tecnologías del
kyberdemos puede masticar, engullir y después escupir en las técnicas del capitalismo.

La pregunta del kyberdemos es: ¿cómo hacer para que nuestras labores materiales e inmateriales
trabajen para nuestro bienestar? ¿Qué clase de cibernética es necesaria para que esto suceda? Es
aquello que Massumi contesta de manera inconclusa con su lema: “Ocupa la plusvalía”, haciendo
referencia a las protestas frente a Wall Street. En el estado actual de las cosas es imposible deshacerse
del dinero, pues no hay forma de generar valor de manera masiva e interconectada sin alguna clase de
abstracción. Lo que si se puede realizar es desterritorializar la moneda por medio de tecnologías como
el blockchain, sin embargo su funcionamiento, desde lo técnico hasta lo institucional y haciendo un
gran énfasis en los modos de intercambio, debe de revaluarse bajo el marco de la teoría monetaria de
Marx, pues su uso hasta el momento no ha servido para otra cosa que hacer más sofisticada ciertas
formas de especulación financiera. Lo único divertido del asunto ha sido observar la preocupación de
las instituciones bancarias frente a las criptomonedas, lo cuál es una demostración de su potencial como
arma para fundar otro tipo de política monetaria: una que responda a resolver los conflictos entre el
hombre y la naturaleza y entre el hombre y el hombre. Por lo tanto, la tarea por venir es adentrarnos en
el funcionamiento cibernético de una nueva moneda que no esté hecha para la explotación del hombre
sino para su beneficio, así cómo pensar maneras en que se convierta en el polen que haga germinar
flores de infinitas variedades. Esa será nuestra arma para realizar un éxodo de las estructuras
financieras que crean formas de vida anti-comunitarias, aquello que pone al prójimo uno contra el otro:
lo que las culturas amerindias llamarían, de forma sencilla pero certera, una enfermedad demoniaca.
Una moneda que sea un daemon fértil y democrático que luche contra los demonios moribundos de
nuestra alienación y sus discordias.