Está en la página 1de 107

On Her Knees

Jenika Snow
La presente traducción ha sido llevada a cabo sin ánimos de lucro, con
el único fin de propiciar la lectura de aquellas obras cuya lengua madre
es el inglés, y no son traducidos de manera oficial al español.

El staff de Lucky Girls Books apoya a los escritores en su trabajo,


incentivando la compra de libros originales si estos llegan a tu país.

Todos los personajes y situaciones recreados pertenecen al autor.

Queda totalmente prohibida la comercialización del presente documento.

¡Disfruta de la lectura!
Índice
Créditos
Sinopsis
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Epílogo
Sobre la autora
Staff:

Traducción:
Florpincha & IviAbernathy
Moderadora de corrección:
Lelu
Corrección:
Addictedread, Caile,
Maga Pali, Lelu.
Lectura final:
Florpincha
Diseño:
IviAbernathy
Sinopsis

Karina jamás se ha considerado una de esas esbeltas y


hermosas mujeres que pueden capturar la atención de los hombres,
especialmente no del que ella desea. Viktor Port es muchas cosas:
arrogante, demandante y rico. Pero también es su jefe y ella sabe que
jamás habrá nada entre ellos.

Viktor se vuelve despiadado cuando se trata de

conseguir lo que quiere. Jamás ha tenido que intentar tener a una


mujer, hasta Karina. No le avergüenza admitir que ha estado
obsesionado por ella durante el último año. Su conducta tímida y
naturalmente sumisa lo pone duro, y le hace fantasear sobre ella de
rodillas delante de él. Sabe que no puede ignorar lo que siente. Tiene
que tenerla, aunque solo sea por una noche.

Cuando finalmente la posee en todas sus maneras, Viktor se da


cuenta de que no puede alejarse. Karina es suya, así ella se dé cuenta o
no.
Capítulo 1
Traducido por IviAbernathy
Corregido por Addictedread

-E
stás actuando como un auténtico imbécil, Matthew.
Si trabajaras para mí, tu trasero ya hubiera sido
despedido.

Esa fue la primera cosa que Karina escuchó cuando vino a su


entrevista hace un año. Debería haber sabido entonces que su jefe,
Viktor Port, iba a ser el hombre más duro y arrogante con el que había
trabajado. Pero para ser honesta, trabajar en el edificio Imperial de la
calle 54, y poder poner el nombre y la compañía de Viktor en su
currículum, siempre y cuando renunciara, sería un gran beneficio por el
que había pasado por alto al idiota de su jefe y a su francamente
espantosa actitud.

—Cariño, está de humor —dijo Bárbara, la vieja secretaria de


Viktor, desde detrás de su escritorio, con sus anteojos de caparazón de
tortuga sobre el puente de su nariz y su pelo entrecano perfectamente
arreglado en un moño.

Siempre está de humor.

A pesar de lo que Karina sentía por su jefe, y el hecho de que la


asustaba con su actitud dominante y arrogante la mayoría de los días,
trataba bien a su personal.

Cuando no lo haces enfadar, eso es.


Karina observó fijamente las puertas dobles cerradas que
conducían a su oficina, la madera lisa, construida a medida, con su
nombre y título grabados, gritando lo poderoso que realmente era.

Ella sostenía la taza de café en una mano y una bolsa de pasteles


en la otra. A pesar del hecho de que podría haberlos ordenado y
recibido de la tienda de la misma calle, a Viktor le gustaban los que
estaban a doce cuadras de allí. Eso significaba que ella tenía que ir a
trabajar, presentar su documentación antes de que él llegara y luego
irse cuando la panadería se abría para asegurarse de que estuvieran
frescos.

Alzó una mano, se acomodó los anteojos y finalmente atravesó la


puerta. Dándole tres buenos golpes, esperó hasta que él le permitió
entrar.

—Adelante. —Casi rugió y ella lo hizo inmediatamente. Lo


escuchó retomar la conversación con alguien más.

Abrió la puerta y la cerró, encerrándose con un hombre que tenía


a los demás atrapados por las rodillas cuando se daban cuenta de que
enfrentarlo no tendría éxito. Él estaba de pie, de espaldas a ella y podía
oír el ligero murmullo de alguien hablando en el otro extremo del
teléfono que sostenía a su oído.

—No me importa, carajo. Si no me envían esos archivos esta


noche, entonces el trato se canceló, Brogan. —Y luego colgó, finalizó la
llamada y arrojó su teléfono sobre su escritorio.

Karina no se movió por un segundo, y sintió que su pulso


aumentaba, como lo hacía cada vez que estaba en la misma habitación
que él con las puertas cerradas y su aura consumiéndola.

—Se trata del maldito tiempo, Karina —dijo con su ronca voz, la
que enviaba escalofríos corriendo por su espina dorsal.
Viktor era un hombre magnífico, no se podía mentir al respecto o
fingir lo contrario. Había oído que la gente lo llamaba idiota, engreído,
decidido y, por supuesto, exitoso. No medía sus palabras y, a pesar de
que tal vez era "poco profesional" que maldijera y que tenía momentos
de pura rabia cuando las cosas no funcionaban según su manera,
trataba bien a su personal. Sus beneficios eran increíbles, su paga
estaba muy por encima de lo que ella estaba calificada para recibir y
todo lo que tenía que hacer, era soportar a un hombre muy dominante
al que le gustaba hacer las cosas a su manera.

—Llevas diez minutos de retraso con el café y los pasteles —indicó


con un tono irritado.

Dejó la bolsa y la taza sobre la mesa, y miró al suelo.

—Lo siento, señor Port. Estaban haciendo tareas y luego hubo un


accidente. —Pero incluso después de que le dijo la verdad, sabía que las
excusas no eran lo que él quería oír. Cuando el silencio la saludó
después de que terminó de hablar, levantó la cabeza y lo miró a los ojos.
Tenía los ojos más claros y verdes que jamás había visto, y junto con su
impecable cabello corto y negro, era sin duda magnífico en todos los
sentidos de la palabra.

El traje de tres piezas solo parecía realzar su avasalladora fuerza,


y Karina ni siquiera intentó mentir y decir que no la encendía verlo
usándolos. Podía ver por qué los llamaban “trajes de poder”. Como
ahora, sin la chaqueta, arrojada sobre su silla, sus músculos eran tan
pronunciados que podía ver a través de su camisa blanca con botones y
chaleco, le provocaba ese hormigueo moviéndose a través de ella. Se
sentía tan mal al quererlo de la manera en que lo hacía y aunque nunca
lo demostró o actuó sobre ello, todavía era un poco humillante.

E incluso su edad la encendía y la hacía querer ser “educada” por


él. Con solo veinticinco años, comparado con sus cuarenta, parecería
tabú, incluso retorcido para el resto de la gente si realmente llegaran a
tener algo. Pero sabía que eso jamás sucedería.

En comparación con las mujeres que sabía que estaban a su


alrededor, Karina se definiría como desaliñada. Ciertamente no era un
talle cero. No, en comparación con las modelos con las que sabía que él
salía, su talla XL era grande. Empujando los anteojos sobre el puente
de su nariz, intentó lucir desafectada, pero honestamente no supo si él
se dio cuenta.

Dios, estás en problemas.

Él aun la observaba mientras bebía su café y ella no supo si


quedarse o marcharse. No tenía problemas para dar órdenes y, por lo
general, cuando terminaba con su personal, se aseguraba de decirles
que se fueran, de muchas maneras. ¿Quería algo más de ella? ¿Estaba
seriamente enojado porque llevaba diez minutos de retraso? Para
algunos parecería ridículo, pero en el mundo en el que vivía, donde el
tiempo era literalmente dinero, supuso que podía ver por qué las cosas
que llegaban tarde lo hacían enfadar.

—¿Hay algo más que necesite de mí, señor? —Ella tenía las
manos detrás de la espalda, los dedos entrelazados. Todavía llevaba su
chaqueta porque había acudido directamente aquí con su café y
pasteles para asegurarse de que no llegaba aún más tarde.

Dejó la taza y se movió detrás de su escritorio para sentarse


mientras la observaba intensamente. Karina tragó saliva, el silencio
entre ellos era espeso, pesado.

—No, eso es todo por ahora, Karina.

La forma en que decía su nombre siempre le provocaba piel de


gallina a lo largo de sus brazos. Su voz era tan profunda, con una ligera
irritabilidad que le hacía tener pensamientos realmente inapropiados
durante la mayor parte del tiempo.

—Si me necesita, estaré en los archivos, señor.

Señor fue el título que Viktor le pidió que usara apenas comenzó
a trabajar para él. También era el título por el que nadie más lo
llamaba. El resto de su personal lo llamaban Don Port y solo los amigos
más cercanos y asociados lo llamaban por su nombre.

No, ella fue a la única a la que le pidió que lo llamara Señor.

Karina se dio la vuelta y se marchó, sin mostrar emociones y solo


volviendo a respirar cuando dejó la habitación. Había algo oscuramente
fascinante sobre él, y ella no sabía por qué él le provocaba esta loca
excitación y sexualidad dentro de sí.

La asustaba, pero también le provocaba algo que nunca había


experimentado.

Viktor observaba las puertas mucho después de que ella las


cerrara, el olor de Karina todavía lo rodeaba. Tomó su copa y bebió otro
trago. Su pene estaba duro como un jodido pedazo de granito
presionado contra su cremallera y sus bolas estaban muy apretadas.

Era un hijo de puta enfermo por las cosas que pensaba hacerle,
por las imágenes que permitía suceder en su cabeza. Diablos, había
estado pensando en quitarle la falda y empujarla sobre su escritorio
para poder follarla hasta que estuviera dolorida y llena de su semen.

Sí, había estado pensando en eso, imaginándolo mientras ella


estaba de pie al otro lado de su escritorio, actuando tan sumisa que la
sangre le golpeaba los oídos.
La había deseado desde el momento en que la contrató. Ella
ciertamente no era el tipo de mujer que normalmente perseguía,
mujeres confiadas y experimentadas que no tenían problemas para
someterse a un hombre como él. Pero Karina era una sumisa nata. Ella
sólo le hablaba cuando se lo permitía, su comportamiento entero
gritando aceptación hacia todo lo que él dijera. Ella lo obedecía sin
culpa, y a pesar de que era su trabajo hacer lo que él decía, Viktor
todavía se ponía duro cada vez que lo llamaba "señor".

Esta enfermiza, incluso diría perversa, parte de sí amaba el hecho


de que ella tuviera que obedecerle. Suponía que ella debía mandarlo a la
mierda con todas sus demandas, pero era naturalmente complaciente,
genuinamente tímida y la amaba, se ponía duro por eso. Karina había
trabajado para él durante el último año y era su imagen con la que
Viktor se masturbaba. Tenía mujeres a sus pies, podía follar a
diferentes mujeres cada noche si así lo decidía, pero no mentiría sobre
lo que deseaba de Karina.

Se había obsesionado con ella, lisa y llanamente, y sabía que


hasta que la tuviera en su cama, debajo de él y sometida ante sí, sabía
que no podría saciar esa necesidad que se revolvía en su interior.

Simplemente no sabía cómo la coaccionaría, cómo le mostraría


que estar con él no era el peor error que podría cometer. Y no estaba
seguro de sí mismo, y lo que quería decir era que, en realidad, no sabía
si tenerla podría atenuar la obsesión.

No, incluso pensaba que podría empeorar las cosas. Ella había
crecido hasta estar en cada uno de sus pensamientos, llenar cada una
de sus fantasías y eso lo enfurecía porque no parecía poder centrarse en
cualquier otra cosa.

Miró el cuadro de la pared de su oficina. Era un diseño abstracto


de una mujer bailando, su vestido rojo moviéndose a su alrededor,
desvaneciéndose en el lienzo. La inspiración lo golpeó y supo lo que
quería hacer, cómo se vería si Karina viniera a él para... estar con él en
todos los sentidos imaginables.

Iría en contra de la política de la empresa, estaría rompiendo un


código de ética porque ella era su empleada, pero en este momento, a
Viktor no le importaba una mierda.

Así de mucho la deseaba.


Capítulo 2
Traducido por IviAbernathy
Corregido por Addictedread.

La semana siguiente…

K
arina entró en el trabajo un poco temprano y se dirigió a
su escritorio en el fondo de la oficina. Dejó su bolso y vio
un sobre rojo sobre el teclado. Recogiéndolo y
abriéndolo, vio que se trataba de una invitación para un evento de
trabajo organizado por el Sr. Port. A pesar de que tenían fiestas de
vacaciones, y tuvieron una hace sólo unos meses, Viktor nunca había
tenido otra tan cerca de la anterior.

Port Industries la invita a un evento formal de cena y bebidas.

Siguió leyendo viendo que era una especie de cena de celebración,


debido a una fusión más grande que el señor Port había adquirido en el
último mes. Miró hacia donde estaba Bárbara y se movió alrededor de
su escritorio para hablar con la mujer.

—¿Tú también recibiste esto? —Por supuesto asumió que


Bárbara recibió la suya, ya que Karina era básicamente la chica de los
recados y archivadora en Port Industries.

¿No era que solo invitaban a los empleados de mayor rango a este
tipo de fiesta?

Bárbara alzó la vista, sus anteojos en un precario equilibrio sobre


su nariz. Observó la carta y luego a Karina.
—Si.

—¿Es normal? —Karina no iba a protestar sobre una fiesta


elegante, pero encontró un poco extraño que dieran una, sobre todo por
una fusión. Sabía que durante el año Viktor se había fusionado con
otras pequeñas empresas y no había sucedido nada al respecto,
entonces, ¿por qué ahora?

—Nunca antes ha dado una fiesta de fusión para el personal, pero


no soy quien para quejarse, sobre todo porque sé cómo derrocha para
las fiestas de vacaciones. —Bárbara miró la invitación de nuevo—. Debe
tratarse de una fusión enorme para que él quiera hacer una fiesta para
la oficina. —Se encogió de hombros.

—Solo ve, cariño, e intenta no entender por qué el señor Port hace
las cosas que hace. —Bárbara sonrió y volvió su atención a la
computadora.

Karina regresó a su escritorio, observando la invitación


nuevamente y sintiendo una tensión en la parte posterior de su cuello.
No sabía por qué se sentía tan extraña al sostener ese pedazo de papel,
o por qué la idea de ver a Viktor fuera de lo profesional también se
sentía rara. Puede que los haya invitado a una espléndida fiesta de
vacaciones, pero ni siquiera estuvo presente, así que no es como que lo
hubiera visto. Esta fiesta de fusión la hacía sentir como que él estaría
allí y eso la hacía tener los nervios a flor de piel.

Abriendo el cajón de su escritorio y dejando allí la invitación, se


enfocó en el trabajo e intentó alejar el extraño sentimiento dentro de sí.
Pero no podía mentir y ocultar que la idea de ver a Viktor en un
ambiente semi-informal, o al menos en un ambiente que no estaba
relacionado con el trabajo, le producía cierta excitación. Ella estaba
delirante incluso al pensar en Viktor, pero bueno, una pequeña fantasía
nunca lastimó a nadie, ¿no?
Apenas pasaban las seis de la tarde, pero como era febrero, el sol
se escondía ridículamente temprano. Afuera estaba bastante oscuro ya,
y Karina estaba finalizando lo último de la categorización y completando
los documentos legales de la última conferencia de Viktor. También
tenían los archivos principales en el disco duro, pero a Viktor le gustaba
tener copias impresas por si acaso. Ella no podía quejarse porque era el
cincuenta por ciento de su trabajo, y sin eso, solo estaría corriendo de
aquí para allá para conseguirle el almuerzo y el café de todos los días.

Una vez que terminó, tomó su abrigo, su bolso y salió de la parte


trasera de la oficina hacia las escaleras.

La oficina de Viktor solo tenía diez pisos, y un poco de ejercicio


era bueno para ella. Era el único ejercicio que hacía, así que Karina
intentaba hacerlo al menos algunas veces a la semana.

Mientras salía de la oficina hacia las escaleras, vio una pequeña


cantidad de luz procedente de la oficina de Viktor. No sabía que alguien
más estuviera en la oficina, menos él. Se detuvo por un segundo,
contemplando si debía ver si él necesitaba algo, pero se encontró
indecisa al respecto.

Su corazón latía un poco más rápido de lo normal al pensar en


hablar con él, pero se encontró caminando hacia la puerta de su
oficina. Alzando una mano y sosteniéndola sobre la madera durante un
segundo, finalmente bajó los nudillos. No hubo respuesta, golpeó de
nuevo.

—Dije, pase —gruñó Viktor y el corazón de ella saltó.

Miró hacia las escaleras, preguntándose si simplemente debía


marcharse ya que él no sabía que se encontraba allí, pero por alguna
razón desconocida se encontró abriendo la puerta. Al principio vio su
escritorio vacío y la lámpara sobre él emitiendo un cálido brillo a través
de la madera pulida.

Dio un paso hacia adentro, mirando alrededor.

—¿Señor? —dijo alzando la voz y cuando miró hacia el sofá de la


derecha, lo encontró sentando, media botella de licor vacía en la mesa
de café y el vaso en su mano, vacío. Se inclinó y se sirvió otro trago, y
cuando se recostó sobre el sofá, se enfocó en ella nuevamente. Durante
unos cuantos segundos se dedicó a observarla mientras bebía de su
vaso y ella sintió intensificarse el calor de la habitación.

—¿Hay algo que pueda hacer por usted antes de que me marche,
señor? —Su corazón retumbaba a un kilómetro por minuto y no podía
entender por qué estaba tan nerviosa.

¿Tal vez sea porque solo quedan ustedes dos en la oficina? ¿O tal
vez porque la manera en que te mira es inapropiadamente buena? ¿O tal
vez porque tu excitación por este hombre se está saliendo de control?

Él no decía nada y ella pasó sus sudorosas manos por la falda.

—¿Por qué te pongo tan nerviosa, Karina? —Su voz era ronca,
pero incluso si eso no hubiera sido una indicación de que estuviera
borracho, ella habría podido darse cuenta por el enrojecimiento y la
mirada saturada de sus ojos. Tampoco estaba impecablemente vestido
como lo estaba normalmente, pero Dios, la apariencia desgreñada le
sentaba muy bien.

No tenía la chaqueta ni el chaleco puestos, ni la camisa de cuello


blanco abotonada. También tenía las mangas enrolladas y juró que
nunca había visto unos antebrazos tan atractivos y musculosos.

—Respóndeme —expuso profundamente, su voz sosteniendo la


misma autoridad de siempre.
Se lamió los labios y se pasó las manos por la falda de nuevo.

—No lo sé.

El no habló ni se movió, en su lugar se sirvió otro vaso.

—¿No sabes por qué te pongo nerviosa o no sabes cómo


responder a la pregunta?

Debió sentirse ofendida por su comentario y su tono, pero no lo


hizo, de hecho, una parte de sí se calentó y humedeció ante su desafío.

—No sé por qué me hace sentir nerviosa.

Él permaneció en silencio durante unos segundos luego de que


hablara, y ella juró que él podía escuchar el sonido de su corazón
latiendo. Sonaba como un tren de carga en su interior. Tomó la botella
de whisky y le preguntó:

—¿Quieres un trago?

Sacudió la cabeza.

—No, gracias, señor.

¿Tal vez tú ya has tenido suficiente?

Por supuesto, no lo dijo en voz alta, en cambio permaneció allí y


lo observó tomar la botella y dar un largo trago directo desde el
recipiente. Karina no se movió a pesar de que debió decirle adiós y
marcharse. Nunca había visto a Viktor borracho y era claro que se
estaba intoxicando.

—Solo quería ver si necesitaba algo antes de que me fuera. Veo


que está bien, así que me iré. —Iba a marcharse, pero el sonido de él
levantándose la hizo tensarse.
—Para —le ordenó y no se dio cuenta de que una palabra podía
contener tanto poder.

Sin moverse, pero aún de espaldas a él, Karina separó los labios
para tomar aire. Lo escuchó acercarse, sintió el calor de su cuerpo
calentar el suyo mientras se detenía justo detrás y pudo prácticamente
oír la inhalación que dio justo detrás de su oreja. La esencia de su
colonia y el alcohol que había estado bebiendo salieron de él,
embriagándola, excitándola y haciéndole sentir que había malditamente
enloquecido.

Parecía que pasó una eternidad desde que él se quedó detrás de


ella, solo respirando uniformemente, pero finalmente lo sintió tocar el
costado de su cuello y mover un mechón de cabello. Un escalofrío le
recorrió todo el cuerpo y ella dejó de respirar, sintiendo que
probablemente era tan malditamente poco profesional y estaban
cruzando algunas líneas, pero sin tener fuerzas para moverse o
decírselo. Le gustaba su toque, aunque fuera suave, algo inocente.

—Hueles tan condenadamente bien.

Su corazón se saltó un latido ante el sonido de su dominante y


profunda voz, ante el hecho de que maldijo porque tampoco podía
contenerse, o que no le importaba una mierda porque estaba borracho.

—Hueles a limpia, como a jabón, pero dulce como un puto pedazo


de caramelo.

Lo sintió acercarse otro par de centímetros, y sus ojos se


ampliaron cuando sintió su erección empujar la parte baja de su
espalda.

Está duro por mí. Oh, Dios.

—Señor. —Se las arregló para respirar—. No creo que esto sea
apropiado.
—¿No crees que esto sea apropiado? —Tocó el costado de su
cuello nuevamente, solo un leve toque de la punta de su dedo a lo largo
de su cuerpo. Karina apretó sus muslos intentando en vano contener la
excitación que sentía, al parecer, la humedad comenzaba a fluir de su
cuerpo.

—Tal vez, pero ser inapropiado es mucho más divertido, Karina.

Santa mierda.

Cerró los ojos cuando él comenzó a deslizar su mano por su


brazo, deteniéndose en su cadera, y empujándola suavemente hacia él.

Su polla se clavó aún más contra ella y no pudo detener el


pequeño sonido que escapó de sus labios. Sus nervios estaban a punto
de estallar, y más allá de cuánto lo deseaba, sabía que no estaba bien,
no solo porque él era su jefe, sino porque estaba ebrio. Haciendo uso de
todas sus fuerzas, se alejó unos cuantos pasos y se dio la vuelta para
enfrentarlo.

Viktor no se movió hacia ella, pero parecía salvaje, aun así bajo
control. Tenía la cabeza ligeramente caída, pero su concentración
estaba en ella. Sus ojos parecían brillantes y un poco rojos, y podía ver
que estaba muy borracho. Eso empeoró aún más la situación.

—Tengo que irme. —Sin esperar a que respondiera, se dio la


vuelta, salió de su oficina y luego del edificio lo más rápido que pudo.
No fue hasta que estuvo afuera que se apoyó contra la pared de ladrillo,
cerró los ojos y tomó una respiración firme.

Se sentía como si estuviera a punto de caer desde un estante, y


no había ningún final a la vista. Si se sentía así con sólo un pequeño
toque de él, Karina no podía dejar de preguntarse cómo se sentiría
realmente el estar con Viktor.
Capítulo 3
Traducido por IviAbernathy
Corregido por Addictedread

K
arina se observó en el espejo de su baño, sintiendo su
corazón acelerarse, su cuerpo entero sintiéndose como si
hubiera corrido una maratón. No sabía por qué se sentía
tan nerviosa.

Es solo una fiesta. Nada más.

Pero no era solo una fiesta, no realmente. En todo lo que podía


pensar era en el encuentro que tuvo en la oficina de Viktor, cómo su
cuerpo aún se sentía como si estuviera vivo por su toque, por su cálido
aliento corriendo por su nuca. Era una locura, pero no podía evitarlo, y
lo odiaba todo al mismo tiempo.

Apoyando las manos en el fregadero, cerró los ojos por un


segundo e intentó calmarse. El taxi pasaría a buscarla en breve y aquí
estaba ella, actuando como si fuera a ir a su ejecución.

Dramática.

Abriendo los ojos, observó su reflejo. Había hecho su propio


maquillaje y peinado, y a pesar de que no era ni la mitad de lo formal
que seguramente sería la noche, no estaba tan mal. Llevaba un largo
vestido de color esmeralda profundo con delicadas correas. Había tenido
que pedírselo prestado a una de sus amigas, porque aparte de algunos
vestidos negros, no tenía nada que hubiera sido apropiado para esta
noche.
Alejándose del lavabo, sacudió las manos, dándose una charla de
ánimo. Podía hacerlo y actuar como si nada hubiera sucedido en la
oficina de Viktor.

Probablemente él estaba tan borracho que ni siquiera lo recuerda.

Salió del baño y del departamento, y supo que esa noche sabría
cómo eran las cosas. Si él no recordaba, entonces estaría bien, porque
no tendría que preocuparse de que las cosas se volvieran incómodas.
Pero si recordaba… sip, incómodo sería un eufemismo.

La fiesta era íntima y se llevó a cabo en un elegante y exclusivo


restaurante del centro de la ciudad. Karina nunca había estado en él
porque el precio de las comidas estaba muy por fuera de su
presupuesto, y se sentía un poquito fuera de lugar allí. A pesar de que
el restaurante era exclusivo y atendía a algunas personas de clase alta
en el espectro social, nunca estuvo tan formal como esta noche. Eso la
puso diez veces más nerviosa porque era la primera vez que se vestía
tan elegante.

Debe haber sido realmente un buen contrato y fusión para


organizar algo como esto para sus empleados.

Karina le pagó al conductor y salió, sintiéndose un poco extraña


en ese elegante vestido, dirigiéndose a ese restaurante, pero yendo en
taxi. El auto se marchó y ella permaneció allí por un segundo, el grueso
chal que iba con el vestido iba ajustado a su alrededor para frenar el
aire frío.

El sonido de la puerta de un auto cerrándose la hizo mirar sobre


su hombro y vio a Bárbara, y presumiblemente a su esposo, caminando
hacia ella.
—Karina, luces hermosa —dijo Bárbara, su vestido de un rojo
profundo.

—Y tú también —respondió Karina y se volvió para enfrentar a la


anciana pareja.

Luego de las presentaciones, los tres ingresaron.

—¿Puedes creer que él haya preparado todo esto para nosotros?


—susurró Bárbara.

Karina solo asintió, porque ahora mismo estaba pensando en la


elegancia del lugar y en cuán fuera de su elemento se sentía.

Unos cuantos empleados más entraron, y aunque Karina conocía


a Bárbara principalmente porque trabajaba cerca de Viktor, también
estaban varios analistas, abogados y miembros del servicio de ayuda
ambiental. Después de un rato, el restaurante estaba lleno de gente que
trabajaba para el señor Port, aunque el hombre en cuestión no se veía
por ninguna parte.

—Aquí, cariño —expresó Bárbara, y le entregó a Karina una copa


de champán.

—Gracias. —Karina bebió un trago grande y miró alrededor de la


habitación. Los aperitivos ya habían sido servidos, y el alcohol fluía en
forma de vasos de champán y un bar abierto.

—¿Dónde está el señor Port? Esta es su fiesta, pero no lo he visto.

Al pensar en Viktor, el corazón de Karina comenzó a latir más


fuerte. Terminó su copa de champán y agarró otra cuando pasó un
camarero.

—Estoy segura de que llegará elegantemente tarde —dijo Bárbara


comenzando a reír. Era claro que la mujer estaba sacando provecho del
alcohol gratis, con sus mejillas sonrosadas, su personalidad estaba
volviéndose más abierta. A Karina le gustó.

Acabó su segunda copa de champán justo cuando vio a Viktor


ingresar. La reacción de su cuerpo fue instantánea: su pulso se disparó,
las palmas comenzaron a sudarle y su garganta se cerró. Llevaba
puesto un esmoquin, la prenda en blanco y negro moldeaba su
impresionante y musculoso cuerpo. La pajarita no le hacía parecer
menos viril, y de hecho, lo encontró aún más atractivo.

Sería guapo sin importar qué.

Todo lo que Karina podía pensar era en estar en la oficina de él,


su mano encendida en ella, rozando su cuerpo, su aliento acariciándola
a lo largo de su cuello. Un escalofrío se abrió camino a través, se giró y
se dirigió al baño, necesitaba escapar para aclarar sus pensamientos.

Todo estará bien. Probablemente no lo recuerda.

Pero, ¿qué si se arrepiente de lo que hizo? ¿Qué si te despide por lo


inapropiado que fue la situación?

Sacudió la cabeza.

No te despedirá por eso.

Respiró por la nariz y exhaló por la boca, sintiéndose tranquila,


aunque sabía que tan pronto como volviera a verlo se sentiría muy
inestable, muy nerviosa. El sonido de alguien que llamaba en la puerta
del baño la devolvió a la realidad, se lavó las manos, las secó y salió de
la habitación.

Todos estaban sentados para cenar, ella encontró su mesa, se


sentó junto a Bárbara y vio a Viktor. Hablaba con uno de los abogados
que manejaban sus contratos. Una de las asesoras ambientales estaba
a su otro lado. La mujer era preciosa en días regulares, pero vestida
elegantemente era impresionante. Observaba a Viktor a pesar de que él
estaba hablando con otra persona, y estaba claro que había excitación
en su mirada.

Los camareros trajeron el primer plato, pero Karina seguía


mirando a Viktor. Finalmente se enderezó y aunque había una buena
distancia entre ellos, su mirada se trabó con la suya. Se miraron el uno
al otro durante tanto tiempo que ella empezó a moverse en su asiento,
pero fue su expresión la que encendió su cuerpo.

Él recuerda todo.

Sí, solo con su expresión supo que lo recordaba y era claro que no
se arrepentía.

O tal vez eso es lo que quieres pensar, ¿quieres esperar?

Karina rompió el contacto visual y comenzó a cenar sabiendo que


incuso si Viktor quería algo más con ella, jamás funcionaría. Jamás
sería más que un pedazo de trasero para un hombre como él.

Jamás escuchó que tuviera cualquier tipo de relación. Él había


estado con una mujer, paseando con ella del brazo, pero a la semana
siguiente lo había visto con alguien más. No, ella no sería una muesca
en el poste de su cama sin importar cuán atractivo sonara en el sentido
carnal.

Se había mantenido alejado de Karina toda la noche, y hacerlo


estaba tomando todo el maldito control de Viktor. El hecho era que ella
parecía nerviosa y lo estaba mirando. Sabía que era por el encuentro en
su oficina y por las cosas que le había dicho y hecho. Oh, él se acordaba
de todo, de cada cosa increíble con ella. Lo único que había hecho era
olerla, apenas tocarla, y estaba listo para acabar en sus malditos
pantalones solo por eso.

Y desde entonces, había estado pensando en ella, masturbándose


con la imagen al pensar en ella, y sabía que ya no podía esperar. Ella lo
quería. Lo sabía por su reacción en su oficina. Viktor podría haber
estado borracho, pero sabía lo que había estado haciendo. Había olido
prácticamente su excitación, podía sentir su calor, y sabía que si no se
hubiera escapado y si él hubiera empujado un poco más duro, se
habría sometido, entregado en todos los sentidos.

No necesitaba una relación hardcore o BDSM. Todo lo que Viktor


necesitaba era que Karina fuera suya y sabía que no se detendría hasta
que admitiera que estar con él era lo correcto. ¿Pensaba que follarla lo
libraría de su obsesión por ella? ¿ o la sacaría de su sistema? No lo
sabía, pero tenía que averiguar si estar con ella sexualmente era todo lo
que quería, o si Viktor quería jodidamente mucho más.

Pero la fiesta se estaba acabando, los que quedaban eran


agradables y estaban borrachos, disfrutando, lo cual había sido el
punto, o algo así, de la fiesta. La verdad era otra, quería dar una fiesta
para ver a Karina en un ambiente más personal.

Se paró en el fondo de la habitación, bebiendo bourbon de un


vaso de cristal y observándola. Ella había cambiado a agua después de
su cuarta copa de champán, en este momento estaba hablando con otro
miembro del personal y el enfoque de él estaba directamente en la
redondez de su culo. Era grande, voluptuoso, y no podía evitar el deseo
que ardía en él. Había estado luchando toda la noche, no queriendo
tener una erección, pero también a una parte de él no le importaba ni
una mierda si alguien lo notaba.

La gente que estaba hablando se ramificó en otras direcciones y


ella se quedó allí sola por un momento. Entonces se marchó y supo que
se dirigía hacia los baños ubicados en la parte trasera del restaurante.
Viktor terminó su bebida y la siguió, pero se sorprendió de encontrarla
de pie en el pasillo mirando las fotos enmarcadas en las paredes de las
celebridades que habían frecuentado el establecimiento.

Habían dado vuelta en la esquina, por lo que el resto del grupo no


podía verlos (con una pared bloqueando su vista), pero a Viktor le
gustaba la emoción de que alguien pudiera acercarse a ellos y ver lo que
iba a hacer con Karina. Se acercó hasta que estuvo justo detrás de ella,
inhaló su aroma dulce y floral y no pudo evitar gemir. Ella giró,
jadeando, sus ojos se ensancharon. Apretó la espalda contra la pared y
él no pudo evitar acercarse a ella.

—He estado esperando toda la noche para tenerte a solas, Karina.


Capítulo 4
Traducido por IviAbernathy
Corregido SOS por Lelu

K
arina lo sintió incluso antes de darse la vuelta, pero
ahora que obtuvo un vistazo de Viktor directamente
frente suyo, su cabello perfectamente arreglado, sus ojos
penetrantes mientras parecían tomar cada parte de sí, su esencia
envolviéndola en cada sentido de la palabra. Permaneció tan cerca, que
ella sabía que si alguien aparecía por la esquina se daría cuenta de la
intimidad de todo ello.

—¿Pensabas que había olvidado lo que sucedió? —preguntó, pero


pudo ver por su expresión que él ya sabía la respuesta.

—Creí que estaba tan borracho que no lo recordaría.

Dios, ¿por qué dije eso?

Podría haberse tapado la boca con la mano luego de lo que dijo.


Pero Viktor no mostró ninguna emoción y en su lugar se movió un par
de centímetros más cerca, alzó la mano y rodeó su muñeca con los
dedos. Tenía los dedos en su pulso y ella sintió latir aún más rápido su
corazón, todo por ese pequeño contacto.

—Recuerdo todo, Karina, y quiero más.

Si Viktor se considerara a sí mismo un buen tipo, habría dejado


en paz a Karina y no la hubiera puesto en esta situación. Pero era un
hombre determinado en todas las cosas y cuando veía algo, no se
detenía hasta tenerlo.

Ella estaba allí, con él, y podía decir que Karina lo quería. Pero no
iría más allá hasta que realmente admitiera que lo deseaba. Mientras la
miraba a la cara, vio el color rosado de sus mejillas, la forma en que sus
labios brillaban y se separaron, y pudo ver la expresión llena de
excitación en sus ojos, Viktor sabía que no lo detendría. Ella quería esto
tanto como él, y eso fue un aliciente gigante.

—Me quieres. Puedo verlo en tu rostro, la forma en que estás


respirando, cambiando de posición. Me deseas tanto como yo te deseo a
ti. —Se inclinó un centímetro y deslizó la nariz por el costado de su
perfil—. Dímelo.

Colocó su mano en su cadera y la bajó. Viktor se apartó y miró


directamente a sus ojos, observó cómo sus pupilas se dilataban de
lujuria y la oyó aspirar un poco de aire. Cuando se detuvo en el borde
de su vestido, juró que dejó de respirar por completo... igual que él.
Nunca antes había estado tan duro, nunca necesitó tanto a una mujer.
Su polla se sentía como de acero en sus pantalones, la punta ya repleta
de líquido pre-seminal, y sus bolas tensas.

—Lo quiero —dijo ella, pero era suave, como si tal vez no
estuviera segura de que en realidad había dicho las palabras.

—¿Segura que quieres esto? ¿Me quieres, Karina? —preguntó en


voz baja, manteniéndola presionada contra la pared. Moviendo su mano
a su rostro, tomó su mejilla solo por un segundo antes de moverla hasta
descansar en su pulso justo debajo de su oreja. Su pulso corría bajo la
punta de su dedo, otro signo excitante de que ella estaba tan
profundamente metida en esto como él.

—Sí. Es una locura, ¿no?


Él quería su aceptación, su disposición.

—No, no lo es. Porque también te quiero. —Eso fue lo que lo


convirtió en un loco de mierda por ella, obsesionado y sintiendo como si
se escapara de su propia piel solo para probarla. Se trataba de que ella
le diera esto por su propia voluntad y porque también lo deseaba. Su
deseo por él era lo que necesitaba, como consiguiendo su próxima
dosis.

Ella es tu droga, tu debilidad.

Sí, lo sabía, lo había sabido desde el momento en que se dio


cuenta que no podía dejar de pensar en ella hasta que fuera suya.

—Alguien podría vernos, cuestionar todo esto —susurró


suavemente. Él miró sus labios y movió su mano más abajo, sobre su
clavícula, a través de sus grandes pechos presionados contra el material
sedoso de su vestido, y sobre su brazo. Colocó su dedo en su radial,
sintiendo su pulso latiendo salvajemente allí también. Un suave sonido
lo excitó, ante el hecho de que estaba frenética por él.

—Incluso si lo hacen, no me importa —dijo contra sus labios. La


miró a los ojos mientras recogía el borde de su vestido y lo levantaba,
exponiendo sus muslos.

—Esto es una locura. —Sus ojos estaban muy abiertos mientras


lo miraba.

—Es una locura, pero una muy buena. —Él movió su mano bajo
el vestido, deslizándolo cada vez más alto hasta llegar a la unión entre
sus muslos, el dulce punto que podría haberlo hecho acabar en sus
pantalones. Llevaba un par de pequeñas bragas de algodón, y aunque
quería tocar su coño, no podía mentir y decir que la pequeña tira de tela
que lo cubría no lo volvía feroz.
—Dime que toque tu coño. —Le gustaba escuchar mierda sucia
mientras reclamaba a una hembra, pero con Karina sabía que sería el
más dulce de todos por su lado naturalmente sumiso y comportamiento
tímido.

—Dime, cariño.

Había una clara excitación en su expresión, en su lenguaje


corporal, pero también estaba nerviosa. Sabía que era una combinación
del hecho de que había gente justo al otro lado del muro contra el que
la tenía atrapada, que ella estaba aquí con él, y también, el hecho de
que estaba sobrecargada de su deseo. Podía verlo en su rostro, y eso
hizo que su polla se sacudiera.

No habló enseguida, pero a pesar de eso sintió su calor, su


humedad entre sus muslos. Sus pequeñas bragas estaban empapadas
en el centro, y él pasó la yema de su dedo hacia adelante y hacia atrás,
ligeramente sobre el material, viendo sus pupilas dilatarse aún más
para él. Se necesitó mucha fuerza de voluntad para no hacer la tela a
un lado y tocar su carne desnuda, sentir lo húmeda y caliente que
realmente estaba para él. No volvería a preguntarle, pero sabía que no
tendría que hacerlo porque cedía. Vio cómo su resistencia se
desmoronaba ante su lujuria.

—Tócame —dijo Karina suavemente. Cuando cerró los ojos y


aspiró otra vez, supo que estaba rindiéndose ante sí misma en este
momento, y finalmente se entregó a él.

Viktor agarró el diminuto borde elástico de su ropa interior, la


apartó y tocó su coño. Ella estaba toda lisa, lista, caliente y empapada,
y era toda para él, todo por él. Tomando su otra mano, la colocó en la
pared junto a su cabeza, clavó las uñas en el papel tapiz y retuvo un
gemido.
—¿Y si alguien nos oye o nos ve? —preguntó de nuevo, pero sus
palabras no tenían fuerza.

Se inclinó para enterrar la cara en la base de su cuello, inhalando


profundamente. Ella olía dulce, como algodón de azúcar, y él pasó su
lengua por toda su garganta.

—¿Y si lo hacen? —Honestamente, no le importaba si alguien los


veía.

Probablemente le calentaría saber que alguien los viera


reclamándola, finalmente teniéndola.

—¿No te importaría si alguien te ve conmigo? —Parecía un poco


sorprendida, pero también sonaba drogada como la mierda, y él sabía
que probablemente le estaba tomando mucho esfuerzo incluso hablar
en este momento.

Se apartó solo lo suficiente para mirarla a los ojos después de que


ella hablara. Sin decir nada de inmediato, Viktor pasó los dedos por los
labios de su coño, y no pudo detener el gemido por la suavidad de su
carne. Empezó a frotarse contra ella, su polla doliendo por introducirse
profundamente en ella.

—Dime cómo se siente. —Lo encendería como la mierda que ella


admitiera que él era el único que la hacía sentir increíble.

Llámalo narcisista, pero a Viktor no le importaba. Quería que


Karina se lo diera. No sabía si se daba cuenta de ello o no, pero estaba
trabajando en su mano, moviendo su coño de un lado a otro tan
ligeramente.

Era un bastardo arrogante, y tenía este tipo enfermo de poder


sabiendo que estaba haciendo lo que le decía, diciendo lo que sentía.

—Se siente bien.


Él la miró a los ojos, y presionó su pulgar contra su clítoris al
mismo tiempo que colocó la yema de su dedo índice justo en su agujero
de coño.

—Se siente muy bien.

Él gimió suavemente.

—¿Es un coño virgen?

Sus ojos se abrieron por un segundo, pero después de un


momento negó con la cabeza.

—Bien, porque cuando tenga mi polla en tu coño no planeo


tomarlo suave y amable. No podré controlarme. —Su jadeo le gustó.

Le pasó los dedos por los pliegues, los movió por la rendija, y
luego empezó a frotar su clítoris de un lado a otro, deseando, no,
necesitando que acabara por él.

—Viktor.

—Llámame señor.

Ella no lo dijo por un segundo, pero luego se lamió los labios, sus
mejillas se volvieron de un bonito color rosa.

—Señor, espere.

Le encantaba escucharla decir eso, pero quería que gritara


mientras la cogía, le arañara la espalda mientras golpeaba su polla
dentro y fuera de ella, y envolviera sus piernas alrededor de su cintura
con fuerza, sujetándolo.

—Quiero follarte —dijo contra su cuello.

—Dios, señor.
—Quiero mi polla en tu coño. Te quiero en mi cama, debajo de mí,
y dándome todo porque me necesitas tanto como te necesito de ti. —Él
la frotó más rápido, más fuerte, y supo que ella acabaría en cuestión de
segundos.

Él quería que ella alcanzara el clímax con el personal a solo unos


pasos de ellos, solo un muro que separaba lo que le estaba haciendo de
la fiesta. Pero frenó sus acciones y, como resultado, hundió los dedos
en su pecho.

—Quiero que me digas que me quieres dentro de ti —dijo bajo,


ronco.

—¡Oh, Dios mío! —susurró Karina y comenzó a mover las caderas


hacia adelante y hacia atrás, moliendo su coño en su mano con
movimientos más rápidos.

Él quería seguir adelante, quería que ella acabara en sus dedos,


que se corriera en esta fiesta, por él, porque no podía evitarlo.

Pero encontrando reserva y autocontrol, se apartó de ella solo un


par de centímetros. Ella hizo un suave sonido de decepción, y él lo amó.
Levantó la mano, sintiendo su crema de la vagina recubriendo sus
dedos, y le mostró el producto de lo que acababan de hacer. Ella
respiraba más fuerte ahora, y cuando él movió sus dedos más cerca de
su boca él la oyó dejar de respirar por completo.

—Dime —exigió.

—Te quiero dentro de mí. —Sus palabras eran suaves, pero


genuinas.

Mientras mantenía su enfoque en sus ojos, él chupó los dedos


hasta limpiarlos, moviendo su lengua alrededor de sus dedos y
lamiendo toda su crema. Se movió hacia ella de nuevo, la agarró detrás
de la cabeza, sosteniéndola en su lugar con la mano enredada en su
cabello, y golpeó su boca contra la suya. La forzó a saborearse en él, y
cuando ella gimió y trató de acercarlo más, se movió hacia atrás otra
vez.

Estaba temblando, y sabía que era porque estaba a punto de


correrse. Él la dejó respirar por unos segundos, deseándola como un
animal, pero también sabiendo que esto era, probablemente,
demasiado. Él podría tener el gusto de estar en control con todas las
cosas en su vida, y apenas el pensamiento de tener a Karina lo ponía
más duro de lo que había estado en su vida, pero no quería asustarla.

—¿Te estoy asustando, nena?

Ella negó con la cabeza, y lo puso contento de que no dudara.

—Yo solo... —Ella hizo una pausa por un segundo, y él le dio un


momento para terminar de hablar, sin apresurarla—. Simplemente no
entiendo nada de esto. No entiendo por qué me quieres cuando puedes
tener supermodelos.

Levantó la mano y pasó el pulgar por su labio inferior, amando el


pequeño sonido que hizo. Cuando él sumergió su dedo en su boca y la
miró a los ojos, vio la plétora de emociones cruzar su rostro.

—Chupa mi pulgar, frota la lengua alrededor de él.

Envolvió sus labios alrededor del dedo, lamió su carne y gimió


suavemente. Él apartó su mano, y tomó su barbilla, manteniéndola
inmóvil.

A Viktor le enojó que ella no pensara que fuera algo especial, que
de alguna manera las otras mujeres con las que se había asociado eran
mejores que ella.

—No soy hermosa como ellas, y no quiero entregarme a ti y


arruinarme, Viktor.
Le gustaba que ella lo llamara señor, le gustaba ese poder, pero
también le gustaba oírla decir su nombre en ese tono suave.

No sabía qué pasaba con ella. Ni siquiera había estado dentro,


pero ya sabía que una vez no sería suficiente. Haciendo algo que nunca
había hecho con una mujer, sería honesto con ella sobre lo que sentía.

—En mis ojos tú eclipsas a esas otras mujeres, Karina. —Él alisó
su pulgar a lo largo de su mejilla, mirando su boca—. Eres especial en
más formas de las que te das cuenta. —Él la miró a los ojos ahora—. Yo
tampoco entiendo nada de esto, pero ¿qué tal si vamos viendo?

Ella permaneció en silencio por un segundo, sin responder, pero


él no la apuró. Finalmente respiró hondo y asintió lentamente.

—De acuerdo, Viktor. —Su voz tenía esa fuerza moviéndose a


través de él—. Pero una parte de mí tiene miedo del poder que tienes
sobre mí.

No pudo detener el gemido que escapó de él. Se acercó un


centímetro más, clavó su polla contra su vientre y colocó sus labios tan
cerca de los suyos de tal manera que supo que al hablar se rozarían.

—Nena, te confesaré algo que nunca le he dicho a nadie. —Hizo


una pausa antes de continuar—. Has tenido un poder sobre mí desde el
momento en que te vi. —Y entonces él aplastó su boca contra la suya y
la besó como si estuviera hambriento—. Las cosas que quiero hacerte...
—dijo contra su boca y comenzó a besarla más fuerte.

Ella se separó, jadeando, y clavando sus uñas en sus brazos.

—¿Qué quiere hacerme, señor?

Su miembro se sacudió.

—¿De verdad quieres saber?


Ella asintió, presionando sus tetas contra su pecho. Echó un
vistazo a su generosa cima que se alzaba sobre el dobladillo del cuello
del vestido.

—Quiero tenerte en mi habitación, desnuda, y con tu culo rojo


por mis azotes.

Ella bajó la vista y él le levantó la barbilla con el dedo y el pulgar.

—Mírame. —Cuando lo estuvo mirando directamente, terminó—:


Quiero tenerte atada, sumisa a mis necesidades, acabando porque te lo
he permitido.

Ella abrió los labios pero no dijo nada.

—El dolor que quiero darte te haría acabar tan fuerte, nena. —Le
acarició la mejilla con el dedo y la miró a la boca—. Te quiero en todos
los sentidos, Karina. Soy un hombre egoísta y decidido, y no me habría
detenido hasta que te tuviera. —Se inclinó otro centímetro hasta que
pudo sentir y oler el cálido y dulce aroma de su respiración mezclada
con el suave vino en su boca—. Cualquier cosa que yo te haga te traerá
el mismo placer que me traerá a mí, Karina. Puedo jodidamente
garantizarlo. —Inclinó su cabeza hacia un lado, exponiendo su
garganta, y teniéndola a su merced.

—Es difícil de entender para mí, creer que de todas las otras
mujeres que podrías tener me querrías a mí. Soy tan sencilla, y
ciertamente no delgada.

Hizo un leve sonido de advertencia, y vio que sus ojos se abrieron.

—No quiero que digas que no eres tan hermosa como cualquier
otra mujer.

Un latido de silencio se extendió entre ellos.


—Dices eso como si fuera la verdad, pero he visto a las mujeres
con las que has estado. —Ella miró hacia abajo—. Soy más ancha,
simple, y esta noche es probablemente la primera noche en toda mi vida
que he vestido de esta manera. Estoy tan fuera de mi elemento.

Llevaba sus gafas, y él las amaba, amaba la forma en que miraba


a su alrededor.

—Hay algo en ti que me atrae, Karina. Hay algo que tiene esta
obsesión dentro de mí, que me hace pensar en ti constantemente.
Quiero poseerte, poseer cada centímetro de ti.

—Te gusta obtener lo que quieres —dijo sin decirlo como una
pregunta.

—Sí, y te quiero a ti. —Le pasó la mano por la mejilla y la parte


posterior de la cabeza. Él inhaló su olor—. Seríamos tan jodidamente
buenos juntos, Karina. Completos opuestos que engranan
perfectamente.

Él tomó su otra mano y le sostuvo la mejilla, ahora apretando


ambos lados de su rostro. Él quería que ella lo mirara directamente a
los ojos cuando dijera la siguiente parte, porque entonces ella sabría
que no era ninguna broma.

—Te quiero en mi departamento, desnuda, de rodillas, y


chupándome la polla antes de que te folle. —Dio un paso atrás, y le
tendió la mano para que la tomara—. ¿Quieres ir conmigo y ver a dónde
lleva esto? —Levantó una ceja, esperando a ver qué haría, qué diría.
¿Podría ella aprovechar esta oportunidad, entregarse a él o correría? La
perseguiría si fuera necesario, porque Viktor no la dejaría marcharse.
Capítulo 5
Traducido por IviAbernathy
Corregido SOS por Lelu

K
arina se marchó de la fiesta con Viktor, su jefe, con sus
nervios emprendiendo una guerra dentro de ella. Lo
deseaba, pero también tenía miedo de estos
sentimientos. Eran fuertes, consumidores, y ella no sabía cómo
terminaría todo eso. No era virgen, pero tampoco quería ser una muesca
en el pilar de la cama.

Ahora estaba de pie en su departamento, la prodigalidad de lo que


había esperado dada su posición en la vida. Se quitó la chaqueta y la
tiró por encima del respaldo del sofá. Las luces estaban encendidas,
pero estaban atenuadas, haciendo que todo pareciera nebuloso y como
un sueño.

Se pararon uno frente al otro, solo a varios metros de distancia,


sin hablar ni moverse. Su corazón latía con rapidez y fuerza, sus
nervios en la superficie.

La excitación que había sentido cuando Viktor la había tocado


consumía cada parte de ella. Todavía sentía sus manos sobre su
cuerpo, sentía el calor, la excitación... el control y el poder. Lo último
que había dicho antes de partir era que la quería desnuda en su
habitación, y de rodillas chupándole la polla. Eso era todo en lo que
había estado pensando en el viaje en la limusina hacia su hogar, todo lo
que le impedía decir nada más.

Realmente estás haciendo esto.

Karina estaba todavía tan húmeda por él, embarazoso.


—Ven aquí, Karina —dijo y extendió la mano—. Ella se movió
hacia él sin culpa, deslizó su mano en la de él, y Viktor la atrajo hacia
la dureza de su cuerpo. Era tan musculoso, los tendones y músculos
eran tan pronunciados que se sentía muy femenina con él.

—¿Recuerdas lo que te dije antes de marcharnos?

Dios, sí.

Karina asintió apretando los muslos entre sí porque estaba tan


mojada que era casi incómodo, cerró los ojos y trató de concentrarse.

—¿Estás lista para hacerlo, Karina? ¿Estás lista para ser mía?

Ella asintió de nuevo.

Los sacó de la sala de estar, por un pasillo, y finalmente se


encontraron en su dormitorio. Olía como él: madera, masculino, erótico.
Soltó su mano y se acercó al borde de la cama, pero no se sentó. En vez
de eso, soltó el botón de sus pantalones, concentrándose en ella
mientras lo hacía. Tiró lentamente de la cremallera, como si quisiera
hacerlo durar.

—Ven aquí.

Hizo lo que le dijo, y cuando se paró delante de él, solo medio


metro los separaba, él extendió la mano y deslizó las finas correas de su
vestido por sus hombros. Luego se dirigió a su lado, encontró la
cremallera y la bajó. Apretó los brazos a los lados, sosteniendo el
vestido y sintiendo cada parte de su cuerpo tensa y temblorosa.

—Quiero verte. Deja que se caiga el vestido, Karina. —Su voz era
tan dura, tan controlada y ordenada que se encontró haciendo lo que
dijo al instante.
Cuando el vestido cayó al suelo, juntándose alrededor de sus pies,
no pudo pensar y mucho menos respirar. Llevaba únicamente un par
de bragas, y el aire frío se movía a lo largo de sus pechos expuestos. Su
enfoque estaba en su pecho, y cuando miró hacia abajo vio su erección
tensa.

—Eres jodidamente hermosa, Karina.

Y ella le creyó. Por el tono en su voz, su polla dura, y la forma en


que él la miraba, ella sabía que estaba siendo sincero.

Se quitó la camisa y la tiró a un lado, y luego se deshizo de sus


pantalones. Allí se quedó sin nada más, su polla enorme, y haciendo
que su boca se secara. Durante unos segundos, todo lo que pudo hacer
fue mirarlo fijamente.

Su piel tenía aquel color dorado, y su cuerpo estaba tan definido


que no creía que un hombre pudiera ser tan musculoso. No tenía pelo
en el pecho, excepto por el rastro oscuro que empezaba justo debajo de
su ombligo y se encontraba con el montón de pelo que rodeaba su
monstruoso pene.

—Quítate las bragas, Karina.

Ella se encontró haciendo exactamente eso, y antes de que lo


supiera, estaba parada allí tan desnuda como él.

Por supuesto que había soñado con ese momento, pero nunca lo
admitiría, ni él, ni siquiera en voz alta.

Se sentó en el borde de la cama, esperándola. Era como acero


entre sus muslos, grueso y largo, y la gota de líquido pre-seminal en la
punta le dijo exactamente lo duro que estaba.

—Dije que vengas aquí, Karina.


Ella se movió hacia él, sus rodillas sintiéndose como si se
hubieran doblado.

—De rodillas, cariño.

Con las piernas ligeramente temblorosas, se dejó caer al suelo.

Mirando hacia arriba, su polla entre ellos, la punta cada vez más
cubierta de líquido pre-seminal, supo que este hombre cambiaría algo
en ella.

Por un segundo, lo único que hizo fue mirar su rostro, pero luego,
al pasar el tiempo, bajó la mirada hacia sus pechos. Sus pezones
estaban tan duros, pero sentía que se ponían aún más duros cuanto
más la miraba.

Extendió la mano, la pasó sobre su pecho y trató de controlar su


respiración, el placer ya se estaba acumulando.

—¿Cuán encendida estás, Karina? —preguntó en voz baja.

—Realmente caliente.

—¿Tienes el coño mojado?

Ella asintió, sin confiar en su voz. Él apretó sus pechos más


fuerte, y un jadeo la dejó. La incomodidad fue reemplazada
inmediatamente por este placer que la sorprendió.

Viktor sonrió, pero era un poco despiadado.

—Dime dónde quieres mi pene —dijo en un profundo gruñido.

Se lamió los labios y clavó sus uñas en la carne de sus muslos.

—En mi coño.

Hizo un ruido brusco.


—¿Dónde más?

—En mi boca —dijo ella más suave.

—¿En cualquier otro lugar, bebé?

Un momento de silencio se extendió entre ellos. Ella todavía no


respondía.

—¿Qué te parece en ese culo tan grande y bonito?

Su pulso se aceleró ante sus palabras.

—Si allí es donde quieres follarme… —Dios, ¿de dónde vino eso?

—Sabes exactamente qué decir para que me acerque ahora


mismo, Karina. —Sacó sus manos de sus pechos, pero en vez de dejar
que hiciera lo que quería, deslizó su mano entre sus muslos. Viktor
estiró los labios de su coño con los dedos, expandiendo su crema
alrededor y clavándolos aún más en su carne. Continuó pasando las
yemas de sus dedos por sus pliegues, sin hablar, sin siquiera mostrar
emoción. Ella ya estaba a punto de acabar, y aguantar por sus servicios
era muy difícil.

Apartó los dedos, brillantes con su excitación.

Viktor los llevó a su boca, sus ojos se fijaron en los de ella y se


lamió los dedos. Antes de que ella pudiera comprender cualquier cosa,
él la había pegado contra sí, tenía sus labios enganchados sobre los de
ella, y folló su boca como ella supo que se lo haría a su coño. Apoyó sus
manos en la cama para estabilizarse, para tomar su ataque erótico.
Quería más, tanto más que se estaba ahogando.

La manera en que la follaba con la boca, empujando su lengua


entre sus labios, moviéndola a lo largo de ella, y mezclando su saliva
con la suya, era suficiente para emborracharla. Él gimió
profundamente, un sonido tan masculino y excitante que sintió un
nuevo chorro de humedad salir de su coño.

—Chupa mi polla —dijo contra su boca, alejándose y mirándola.

Alcanzando y pasando sus dedos a lo largo de la longitud de su


tenso pene, envolvió su mano alrededor de la impresionante
circunferencia.

Estaba caliente y dura, y en el momento en que ella envolvió sus


dedos, él gruñó de placer.

—Eso es todo, Karina. Dale un buen apretón.

Ella hizo lo que le dijo, añadiendo presión y sintiendo que su eje


se sacudía en su agarre.

—¿Ves lo duro que me pones? —Sus ojos estaban entrecerrados,


su voz era áspera como papel de lija.

Ella asintió y se lamió los labios.

—Estoy tan duro para ti, nena.

Inclinándose hacia delante, separó sus labios, necesitando tener


su polla en su boca. Él deslizó su mano por su mejilla y la agarró,
forzándola a mirarlo.

—Chupa. Mi. Polla.

Su corazón dio un vuelco a su exigente tono. Necesitaba dejar de


pensar y hacerlo.

—Quiero que tus hermosos labios rosados se extiendan alrededor


de mi miembro, y quiero que me chupes hasta que me deslice incluso
en el fondo de tu garganta. —Pasó su mano por su cabello, enrolló los
mechones en su puño y tiró de ella hacia adelante hasta que la punta
de su polla le rozó el labio inferior.

Karina abrió los labios y tomó la corona de él en su boca sin más


vacilación. Al instante, el sabor salado de su esperma estalló en su
lengua. Era suave pero duro como el acero. Un suave sonido escapó de
ella, un ruido que nunca hubiera podido contener aunque lo hubiera
intentado. Karina estaba demasiado cansada, demasiado caliente y
húmeda por este hombre. Cuanto antes la chupara, más pronto la
follaría y sacaría el infierno dentro de ella.

—Sí —él gruñó esa sola palabra y apretó su agarre en su


cabello—. Chupa mi puta polla como si quisieras mi mierda, como si
estuvieras codiciosa por mi corrida.

Cuanto más tiempo tenía su polla en la boca, más quería que él la


tocara, besara... follara. Ella quería que sus dedos la sujetaran con la
fuerza suficiente como para que a la mañana siguiente tuviera
magulladuras. Karina estaba borracha de la sensación que la
embargaba, de los sentimientos que había intentado alejar durante
tanto tiempo. Lo había deseado, pero también se había mantenido lo
suficientemente fuerte como para retenerlos, para hacer su trabajo y
no dejar que la controlaran.

Pero ahora estaba perdiendo la batalla, y todo lo que había


tomado fue una fiesta, una mirada de Viktor, y el dominio y control se
derramaba de él para rodearla. Quería someterse a él, hacer lo que le
decía, no porque él se lo demandara así y ella estuviera asustada, sino
porque quería hacerlo.

Solo pensó en ser suya, en todos los sentidos. Quería entregarse a


él, dejar que este hombre que tenía tanto poder la tocara, que estuviera
con ella de una manera que nunca antes había experimentado.
Ahuecando sus mejillas, Karina trató de chupar tanto de él en su
boca como pudo. Pero su polla era enorme, y cada vez que la punta le
golpeaba la garganta, no podía evitar el ligero reflejo de arcada que le
daba. Sus ojos se llenaron, su coño estaba húmedo, y los gruñidos de
Viktor la empujaron.

Ella envolvió sus dedos alrededor de la base de su pene, y trabajó


su mano arriba y abajo por la longitud que no podía alcanzar. Su
clítoris hormigueaba, palpitaba, y ella quería estirarse y tocarse tan
duro. Pero en lugar de eso clavó las uñas en la cama y siguió chupando
su polla. Él tiraba de su pelo de vez en cuando, el ligero dolor era
combustible para su excitación. Le gustaba ese poco de dolor mezclado
con placer, y quería más.

Tomando velocidad porque quería que él acabara para disparar


su carga por su garganta, Karina renovó sus esfuerzos y cerró más duro
sus dedos alrededor de la base de su eje. Siseó, y ella gimió ante el
hecho de que se había metido bajo su piel, por así decirlo. Siempre
estaba en control, pero en este momento ella era quien tenía el poder.
La sensación de él bajo su lengua, lisa, caliente y dura, la tenía
apretando sus muslos aún más, tratando de dar un poco de alivio a su
coño y clítoris.

Ella quería correrse también, pero quería su polla dentro de ella


cuando lo hiciera. Sin embargo, su mente y su cuerpo estaban en la
misma onda.

Ambos querían entregarse a este hombre hasta que nada más


importara.

Y ella tendría ese poder sobre él, porque no importaba cuán fuerte
fuera Viktor, estaba claro que incluso el más fuerte podía derrumbarse.
Capítulo 6
Traducido por IviAbernathy
Corregido SOS por Lelu

-E
so es, nena. —Viktor iba a acabar jodidamente
duro, y a pesar de querer hacerlo en la garganta de
Karina, también quería correrse en su dulce coño.
Sus pelotas estaban apretadas, y las cabronas le dolían ferozmente.
Había estado pensando en este momento durante un largo tiempo,
sacudiéndose a la imagen de ella de rodillas, chupando su polla, y
secándolo. Había pensado en su semen por toda la boca y barbilla de
Karina, deslizándose hasta sus tetas, y luego frotándolo todo en su piel.
Sí, quería hacerlo en algún momento, quería su olor en ella, su
eyaculación que la cubriera como una loción.

Necesitaba acabar, pero no lo haría en su boca. Viktor quería


controlarla, pero lo que ella no sabía, o tal vez si, fue que el someterse a
él le daba control también.

—Chupa más fuerte, nena.

Empezó a mover la cabeza de arriba a abajo, y mientras intentaba


meterse toda su longitud con su boca, utilizó su mano para frotar la
base. Viktor se mantuvo quieto, solo viendo cómo sus labios se
extendían sobre su tronco, adorando que sus mejillas estuvieran
ahuecadas y le calentaban los ruidos húmedos que salían de ella.

Él gimió cuando la punta de su erección golpeó la parte posterior


de su garganta, y gruñó cuando ella rascó suavemente con los dientes a
lo largo de su longitud, enviando este placer/dolor a través de su
cuerpo entero. Su respiración se movió, y él silbó, sintiendo su orgasmo
crecer violentamente.

—No, todavía no —dijo y la empujó hacia atrás suavemente antes


de ponerse de pie. La observó, la vista era como algo sacado de sus
malditas fantasías. Ella estaba todavía de rodillas, desnuda, su cuerpo
exuberante y curvilíneo en exhibición, su pecho palpitante porque
respiraba duramente. Sus pezones estaban hinchados, alargados, y
tenía la boca entreabierta, los labios rojos. La saliva los cubría, dándole
una apariencia brillante, y haciéndolo agarrar su polla para acariciarse
por un segundo.

Mierda, ni siquiera puedo hacerlo o acabaré en todo su rostro y


pecho.

Y tan delicioso como sonaba, tanto como le gustaría ver su piel


cubierta de cintas blancas de su semen, no iba a desperdiciar este
primer orgasmo en eso. Quería llenarla con su semilla y verla salir de
su coño.

—¿No estuvo bien? —preguntó ella, con los ojos muy abiertos, la
boca aún separada incluso después de hablar.

Extendió la mano y le pasó el dedo por el labio inferior.

—Fue mucho mejor que bueno, Karina. Pero cuando me corra


será dentro de ti, tu coño ordeñando mi polla, queriendo mi esperma.

Viktor la ayudó a moverse en el piso, y en cuestión de segundos la


había dado vuelta, así que ahora estaba de espaldas, con las piernas
abiertas. Se subió sobre ella, anidó su cuerpo grande entre sus piernas
estiradas, y agarró su rostro entre sus manos. Él observó su boca
abierta, y se inclinó para besarla, follarla con su lengua. Absorbió el
músculo en su boca, chupándolo al mismo tiempo que bombeaba sus
caderas contra ella, frotando su polla a lo largo de su coño.
Solo hizo esto por unos momentos, porque sinceramente si lo
continuaba, se correría, y quería follarla cuando lo hiciera.

—¿Estás tomando la píldora? —Una pregunta invasiva, sí, pero


necesitaba saberlo. Quería entrar sin nada en ella, quería sentir las
paredes de su coño contrayéndose a lo largo de su eje sin nada que los
separara.

—¿Qué...? —tartamudeó la palabra, claramente sorprendida por


su pregunta.

—Necesito saber si estás tomando la píldora porque tengo que


acabar, Karina, porque necesito follarte sin nada. No quiero usar un
condón.

Ella permaneció en silencio un segundo.

—Estoy limpio, y siempre he utilizado protección.

Entonces, ¿por qué quiero renunciar al condón ahora con ella?

No lo sabía, pero estaba ese deseo ardiente, necesidad, dentro de


él.

—Sí.

Solo fue necesaria esa palabra para que se levantara, la sacara de


la cama y la volteara para que ahora estuviera presionada contra la
pared. Los movimientos habían sido tan rápidos y frenéticos que
incluso su cabeza giró.

Podría haberla follado fácilmente en la cama, pero había un lado


salvaje que le pedía que la tomara duro por primera vez en esta
posición. Quería sostenerla, deslizarse dentro y fuera de su coño, y
sentir cada parte de ella experimentando esto con él.
Nunca había sido el tipo de hombre suave y dulce, y estar con
Karina no sería diferente.

Ahora mismo solo quería su polla dentro de ella.

Agarró las suaves y generosas mejillas de su culo, les dio un


apretón, y no pudo detener el sonido brusco que soltó. Cuando la
apretó contra la pared, la agarró de los brazos y se los colocó detrás de
su espalda. La posición le hacía sobresalir los pechos y no se detuvo de
inclinarse y chuparle los pezones. Durante largos segundos, eso fue
todo lo que hizo. Sus tetas eran grandes y suaves, sus pezones de color
rosa y las puntas duras para su boca. Soltó un pico con un resonante
pop, y se acercó un poco más a ella, presionando su polla contra su
vientre.

—Envuelve tus piernas a mi alrededor.

Ella obedeció sin vacilar, y el lado dominante de él se alzó aún


más, contento de que le hubiera obedecido tan bien. Pasó el dedo por la
parte de atrás de su muslo mientras la miraba a los ojos. Un escalofrío
sacudió su cuerpo entero por su toque, y Viktor amó que ella fuera tan
sensible a él.

Viktor se echó hacia atrás y vio que se mordía el labio, la carne


ligeramente blanca donde sus dientes apretaron. La vista lo encendió,
hacía este sonido áspero y supo que tan pronto como entrara en ella, se
correría como nunca antes.

—¿Cuánto me quieres? —Tal vez estaba siendo arrogante por la


necesidad de oírla decirlo, pero no podía detenerse, no cuando la
necesitaba tanto.

—Sabes cuánto lo quiero.

Un suave sonido de necesidad lo dejó, y la besó con la fuerza


suficiente para que el dolor de sus bocas golpeando lo consumiera.
A la mierda la pared.

Viktor la abrazó fuertemente y se volvió con ella en sus brazos.


Caminó unos cuantos pasos hacia la cama, la puso sobre ella y estuvo
encima un segundo después. Volvió a besar y chupar su carne, y ella
jadeó. Viktor estaba tan jodidamente duro, y podía sentir lo húmeda
que ella estaba para él. La crema de su coño empapó su polla mientras
presionaba su hendidura, y un gruñido lo dejó mientras continuaba
besándola.

Él alcanzó entre sus cuerpos mientras todavía tenía sus labios


apretados contra los suyos, alineó su polla en la apertura de su coño y,
en un movimiento, deslizó toda su polla dentro de su coño caliente. No
era fácil cuando la penetró, trató de no ser tan duro, pero no pudo
evitarlo con Karina. Ella rompió el beso e hizo un desesperado sonido de
deseo.

—Eso es, nena. Aprieta esos músculos a mi alrededor. —Se las


arregló para decir, clavado hasta las bolas profundamente en ella. Sus
músculos internos se cerraron y relajaron alrededor de su polla, y tomó
todo su control y fuerza para no bajar y llenarla con su semen. Su
control se rompió entonces, y él comenzó a follarla realmente.

Viktor sacó casi todo su pene, y luego empujó de nuevo duro y


feroz. Ella gritó, cerró los ojos y abrió más la boca.

—Agarra la cabecera de la cama, Karina. Aguanta cariño.

Hizo lo que le ordenó al instante, y una oleada de poder y placer


lo llenó.

—Dime cómo se siente, nena. —Viktor nunca se había interesado


mucho en querer saber esta mierda cuando follaba, pero había algo
diferente, especia, con Karina. Quería asegurarse de que se sentía bien,
quería asegurarse de que ella estaba justo aquí en el momento con él.
Abrió los ojos y lo miró.

—Se siente muy bien, señor.

Él gimió y empujó duro.

—Me estiras, me llenas —gimió la última palabra y arqueó el


cuello. Su espalda estaba ligeramente inclinada, sus pechos elevados en
invitación. Sus tetas se agitaban de un lado a otro de lo fuertemente
que la estaba follando. La vista lo cautivó.

—Dios, eres tan grande dentro de mí. —Las palabras salieron


ligeramente amortiguadas, pero ella gimió más fuerte, y la folló aún más
fuerte.

—Quiero que pienses en mí mañana cuando te sientes, Karina. —


Una embestida—. Quiero que te sientes y te sientas dolorida, sabiendo
que mi gran polla estuvo aquí. —Dos embestidas—. Pero a pesar de lo
dolorida que estarás. —Tres embestidas—. Estarás mojada y querrás
volver a tener mi polla otra vez.

El sudor empezó a acumularse en su frente y se deslizó por toda


su espina dorsal. Ella se extendió ante él como una ofrenda... su
ofrenda.

Por un momento, todo lo que hizo Viktor fue ver cómo sus tetas
rebotaron mientras la follaba. Luego, lentamente, elevó su mirada hacia
su rostro, vio el sudor salpicar su carne y no pudo evitarlo. Se inclinó,
pasó la lengua por su cuello, por su mandíbula y mejilla, y luego
reclamó su boca. Su sudor era salado, pero tan malditamente dulce. Su
polla se sacudió dentro de ella, y ambos hicieron ruidos estrangulados
al mismo tiempo.

—Dime de quién es la polla que está dentro de tu coño,


reclamándote, llenándote estirándote.
—Tuya, Viktor. Tuya —susurró las palabras, con los ojos todavía
cerrados, las manos todavía agarrando la cabecera.

—Sí, mía, y así será siempre.

Ella abrió los ojos y la sorpresa floreció en su cara por un


segundo.

Nunca se había sentido tan loco con otra mujer, y tampoco quería
hacerlo. Quería que ella fuera suya en todos los sentidos. Quería que su
coño solo supiera cómo se sentía su polla a partir de este momento, y
cuanto antes lo entendiera y aceptara, cuanto antes podrían avanzar ...
donde quiera que eso los llevara. No se estaba cuestionando a sí mismo
ni a lo que quería, porque siempre había ido de cabeza a lo que
importaba.

Y ella importa.

Bombeaba dentro y fuera, rápido y duro, y cuando ella se


desarmó para él, casi llega al borde con ella. Su grito de culminación
fue lo más caliente que jamás había escuchado. Viktor se obligó a no
correrse, y en su lugar tiró de ella, y la volteó sobre su vientre. Ella
rebotó en el colchón por un segundo, y la vista de las mejillas de su
culo rebotando lo transfiguraron.

Separó las nalgas de su culo y echó un vistazo al agujero que


estaría follando en algún momento. Siempre había sido un hombre de
culos, y Karina tenía un trasero glorioso. Ella se tensó, y él se detuvo,
deseando que estuviera aquí con él en el momento, y no se preocupara.

—No haré nada que no quieras, Karina, cariño. —Clavó los dedos
en las mejillas de su trasero—. Pero te haré sentir tan bien. Será
malditamente increíble.

Nunca se había preocupado por lo que sentía una mujer durante


el sexo, para ser honesto. Ellas sintieron placer, seguro, pero él nunca
detuvo lo que estaba haciendo para asegurarse de que todavía
estuvieran allí con él. Si estaban dispuestas y en ello, eso era todo lo
que importaba. Era una manera de pensar egoísta, pero no mentiría
acerca de quién había sido, ni siquiera para sí mismo.

Lo que estaba haciendo con ella, exponiendo cada parte de ella,


probablemente la hizo sentir incómoda y empujó sus límites, pero
Karina no había dicho que se detuviera, así que debía gustarle, y eso
era lo que importaba, lo que lo hacía tan diferente de cualquier otro
momento anterior.

—Dime si voy demasiado lejos.

Ella asintió, sus manos en las sábanas, sus dedos se curvaron


alrededor del material.

No sabía por qué le importaba si iba demasiado rápido para ella,


porque estaba claro que le gustaba, dado su coño empapado y gritos de
placer.

—Quiero lo que tengas para darme, señor.

Apretó su culo tan fuerte que ella hizo un suave sonido, y él aflojó
su agarre. Al oírla decir que quería lo que él quisiera, una extraña
sensación lo consumió. Alzando sus manos sobre el dolor que
probablemente le había causado, tomó una respiración firme.

Viktor pasó el dedo por sus pliegues, amando el sonido erótico


que provenía del acto.

—Eso se siente bien —gimió ella.

Gruñó al mismo tiempo que metió un dedo en ella.


Inmediatamente su coño lo chupó, y él sintió su polla sacudirse.

—Sí, Karina.
Ella levantó su culo, rectificándose en su dedo, follándose con el
dedo. Él tomó su coño con movimientos lentos y constantes con su
dedo, observando el acto con la boca entreabierta. Él quería meter su
pene de nuevo en su coño, quería llenarla con su semen. Utilizó su otra
mano para alisar el montículo de su culo y darle un apretón. Ella seguía
empujando su trasero hacia él, y él no podía dejar de azotarla.

Golpe.

—¿Te gusta eso, verdad?

—Sí.

—¿Quieres acabar?

—Dios, sí, Viktor.

Se inclinó hacia adelante, quitó el dedo y extendió las mejillas de


su culo una vez más. La vista de su coño rosa ligeramente abierto y de
su culo justo aquí para tomarlo le hicieron doler la polla. Se apoyó
sobre el estómago entre las piernas de Karina y metió la boca en su
coño, chupando como un demonio.

—Oh —gritó ella.

Golpeó el culo una y otra vez, todo el tiempo chupando y


lamiendo su coño, arrastrando su orgasmo a la superficie. Él gruñó
contra su abertura, su sabor intoxicante, adictivo. Viktor le chupó el
clítoris, el pequeño capullo engullido por su placer. Movió la lengua de
un lado a otro sobre ella, y empezó a gemir y jadear, sabiendo que
estaba a punto de correrse.

Se sentó de nuevo, agarró su polla y la frotó a lo largo de sus


pliegues brillantes. Después de unos segundos de torturarse con el
placer, Viktor se colocó en su entrada. Le agarró las caderas, levantó su
cuerpo para que ella estuviera de rodillas, y sintió que su pulso
aumentaba.

—Ponte sobre las manos y rodillas, nena.

Ella se colocó en la posición que quería, y él se acercó, agarró uno


de sus pechos, y comenzó a tirar y rodar su pezón entre sus dedos.

—Fóllame, Viktor —dijo en voz baja, ahora mirando por encima de


su hombro hacia él.

No había más espera, ni más tortura erótica. Palmeó su culo


varias veces. Viktor agarró la base de su polla, colocó la punta en el
agujero del coño, y empujó en ella en un movimiento suave y uniforme.
Karina enterró su rostro en el colchón.

Tomando sus caderas en sus manos, empezó a entrar y salir de


ella, follándola con la fuerza suficiente que ni siquiera podía ver
derecho. El éxtasis empezó en la base de su espina dorsal, y lentamente
se movió hacia arriba, tomando el control de cada parte de él. El sudor
cubría su cuerpo, gruñidos se escapaban de su boca, y sabía que este
orgasmo avergonzaría a todos los demás.

Movió su mano a lo largo de su espina dorsal y deslizó sus dedos


arriba y abajo por la leve hendidura.

—Te he querido durante mucho tiempo, Karina, nena. —Empujó


dentro de ella tan profundamente, sus manos se deslizaron sobre la
cama y ella hizo un ruido agudo. Él la embistió de nuevo, se aferró a
sus caderas más fuerte, sus dedos presionaron tan profundamente en
su piel que supo que habría moretones, y la folló como si nunca hubiera
follado a una mujer antes.

Él la poseía, y las marcas mostrarían esa posesión. Él iba a


acabar, y explotaría en su cuerpo.
Gimiendo y cerrando los ojos con fuerza, sintió que ella lo
ordeñaba y supo que estaba teniendo otro orgasmo. Entró en ella,
llenando su coño con su esperma caliente, bombeándolo
profundamente, y sintiendo cómo ella lo succionaba.

Cuando terminó su orgasmo, salió su cuerpo apretado, y se quedó


de rodillas detrás de ella solo viendo su semen salir de su coño. La
espuma blanca se deslizó por los labios de su coño y goteó sobre las
sábanas.

—Mierda, eso es caliente.

Viktor finalmente se derrumbó en la cama a su lado, y giró su


cabeza para mirarla. Ahora estaba sobre su vientre, con los brazos
extendidos frente a ella, los ojos cerrados. La transpiración se deslizó
sobre su cuerpo, haciendo que su carne pareciera casi trémula en
apariencia. Era caliente como el infierno.

Extendió la mano y apartó un mechón de pelo húmedo de su


frente, y ella lentamente abrió los ojos.

—Me has desgastado.

No pudo evitar la risa que se le escapó.

—Sí, bueno, me has dejado un poco seco.

Él era grosero con sus palabras, pero su sonrisa le dijo que no le


importaba.

—Podría quedarme dormida ahora mismo —dijo con voz


soñolienta.

Él le acarició la mejilla, le pasó el pulgar por el labio inferior y no


pudo evitar inclinarse y besarla.

—Entonces duerme, cariño.


Karina cerró los ojos y se cubrió con las mantas.

Estaba allí, escuchándola respirar, sabiendo que se había


quedado dormida, y dándose cuenta de que aquella mujer había
cambiado algo en él con una sola noche. Nunca sería el mismo, y ¿cuán
jodidamente increíble, si no loco, era eso?
Capítulo 7
Traducido por Florpincha
Corregido por MagaPali

K
arina se despertó lentamente, pero antes de que sus ojos
estuvieran completamente abiertos, ya sabía que estaba
sola. Se quedó allí, mirando el techo de la habitación de
Viktor, oyendo el reloj de la mesita de noche marcando el tiempo y
recordando todo lo de la noche anterior.

Estaba recostada de espaldas, y alisó las manos sobre la


superficie sintiendo las sábanas frías sobre su piel, y cerrando los ojos a
los recuerdos, el dolor entre sus muslos, y el olor de Viktor en cada
parte de su cuerpo, llenándole todos los sentidos.

Se quedó así por unos segundos y cuando abrió los ojos y se


sentó, observó alrededor de la habitación. Todo estaba ordenado y
limpio, exactamente como esperaba que fuera. Pero la noche anterior
solo había mirado vagamente su entorno, su cuerpo y su mente tan
enredados, tan en sintonía con Viktor que nada más había importado.

Fue entonces cuando vio un trozo de papel en la almohada de


Viktor. Parecía una especie de cliché, pero se encontró conteniendo la
respiración, sin estar segura de lo que decía la nota. Claramente no
estaba en casa, pero para echarla no era necesario que tuviera que
estar aquí, tampoco.

Tenía una conferencia telefónica. Siento irme, pero no quería


despertarte. Un coche te llevará a La Terrice a las once y te traerá a
comer conmigo.
Esto no está por terminar, Karina.

Viktor.-

Su mano comenzó a temblar por sí sola mientras releía la carta


varias veces. Honestamente, estaba sorprendida, porque no importaba
lo que dijera, lo que podría haber sucedido por el calor del momento, en
todo momento creyó que todo eso sería una cosa de una sola vez. No era
como las mujeres con las que había estado, y por eso, y por ser su
empleada, Karina suponía que dijo esas cosas porque la quería en su
cama. La pesadilla de la mañana siguiente se había filtrado brevemente
en su mente, y la torpeza de tal vez verlo experimentando su rechazo
por supuesto la consumió, sobre todo al despertar.

Pero no resultó de esa manera.

No, y eso lo hizo aún más extraño. Aun así, estaba emocionada
por la posibilidad de almorzar con él, de ver exactamente cuáles eran
sus planes y pensamientos acerca de todo eso.

¿Sus pensamientos y planes? Ella no tenía ninguno, porque


nunca imaginó que iría tan lejos.

Al salir de la cama, Karina estaba a punto de ponerse el vestido


de la noche anterior, cuando vio una caja blanca con un moño rojo
apoyado en el tocador. Caminando hacia ella, sacó la pequeña tarjeta y
la abrió.

Usa esto para mí, Karina.

Viktor.-

Su corazón latía con fuerza. Adentro había una sudadera de


cachemira, polainas negras, ropa interior y un par de botas de cuero.

Mierda.
Sacó la túnica, el material suave y obviamente muy caro. No
podía aceptar estos artículos, no cuando sabía que esto tenía que costar
mucho y había dormido con su jefe. Pero ¿realmente quería ir a comer
con su vestido de noche? Miró la hora, no tenía tiempo suficiente para
irse a casa y se dijo a sí misma que usaría la ropa que había dejado y
pensaría en cómo pagar por ella.

No sabía cómo se desarrollaría toda esta experiencia, pero una


parte de ella esperaba que llegara hasta el final. Eso era o muy
optimista, o muy ingenuo.

Viktor había llegado al restaurante hacía diez minutos, y esperaba


que Karina llegara en cualquier momento, es decir, si llegaba a
aparecer. No tenía ninguna razón para ir a verlo, porque por lo que
sabía, ella no quería nada de él. Su deseo y placer fueron genuinos la
noche anterior, pero el hecho de que tuvo que dejarla en su cama para
manejar negocios y que él fuera su jefe, podría asustarla. Pero
necesitaba hablar con ella sobre todo esto y sobre que quería.

Se recostó en la silla y miró a la entrada principal, nada


acostumbrado a los nervios que lo arruinaban. Quería verla aparecer
por las puertas, quería verla vestida con la ropa que le había dejado.
Pero podría ser incómodo para ella, por decir lo menos. Era una mujer
inteligente y el sentido común podría dictarle que detuviera esto antes
de que comenzara. Pero no podía dejarla marcharse, porque incluso
después de haberla follado, todavía la quería como un demonio.

En las primeras horas de la mañana antes de irse, se había


quedado allí, pasando los dedos por los suaves y largos zarcillos de su
cabello. Parecía tan pacífica y bien follada en ese momento, y sintió algo
dentro de él apretarse ante la visión. No podía decir que la amaba, pero
después del año de verla a diario, las emociones que ella evocaba,
cuando ni siquiera lo sabía, le dijeron que la reclamara para si. Lo
había combatido durante demasiado tiempo, y ya terminó con eso. Se
estaba haciendo demasiado viejo para ignorar algo que se sentía tan
bien y correcto, y Karina le hizo sentir esas cosas y más.

Vio que el coche se acercaba a la acera y Viktor se enderezó en su


asiento. El conductor salió y caminó alrededor del coche para abrir la
puerta trasera del lado del pasajero. Cuando Viktor vio a Karina salir
del vehículo, todo en él se endureció, se puso alerta y el recuerdo de la
noche anterior le pasó por la cabeza.

El traje que llevaba era lo que había hecho que uno de sus
ayudantes le buscara antes de que amaneciera. Ser quien era tenía
muchas ventajas, y eso incluía negocios que se abrían para él a
cualquier hora. Se alegró de haber podido aprovecharse de eso, porque
ver a Karina con la ropa que había elegido para ella hizo que todo en él
gruñera en aprobación.

Ella se detuvo y miró al restaurante por un segundo, sin moverse,


su nerviosismo claro en su postura y la expresión en su rostro.
Finalmente entró y Viktor se encontró de pie. Sus miradas se
encontraron por un segundo, y finalmente comenzó a moverse hacia él.

Cuando estuvo a un metro de él, extendió la mano, tomó la suya,


se la llevó a la boca y besó el interior de su muñeca mientras sostenía
su mirada con la suya. Podía sentir el rápido latido de su pulso justo
debajo de sus labios. Vio que sus pupilas se dilataban, la negrura
comiendo el color. Sus labios se separaron, el enfoque en su boca. Se
echó hacia atrás y le sostuvo el asiento. Una vez que ambos estaban
sentados, hizo un gesto para que el camarero tomara su orden.
Después de ordenar, se reclinó en su asiento de nuevo y se preguntó si
debía comenzar o darle un momento para ordenar sus pensamientos.
—Gracias por el traje, pero ¿puedo preguntarte por qué me
compraste ropa? —Ella estaba inquieta con su servilleta, y él extendió
la mano y la colocó encima de la suya.

—Porque quería almorzar contigo, y no creía que quisieras usar tu


ropa formal. —Él sonrió—. Y porque me gustó la idea de que lleves
puesto lo que te había comprado.

Sus mejillas se volvieron rosadas con su comentario.

Podría haber dicho cosas anoche, cosas que deberían haberle


hecho saber que la quería para algo más que una follada, pero Viktor se
aseguraría de que Karina supiera exactamente cómo se sentía. Iba a
asegurarse de que Karina supiera que ella era la que él quería. Solo
tenía que darle una oportunidad.

—Voy a hacer lo correcto, Karina.

Ella asintió y vio la forma en que su garganta se movía mientras


tragaba.

—La noche pasada no fue solo follar. —Él notó la forma en que
miró a su alrededor y cómo sus mejillas se pusieron rojas. Claramente
su lenguaje grosero la avergonzaba, y no pudo evitar reírse entre
dientes—. No voy a hablar con rodeos, Karina. —Ella lo miraba de
nuevo, y cuando asintió, él apretó su mano, asegurándose de que
supiera que esto era real—. Anoche fue el comienzo de algo. Sé que no
puedo ser el único que siente esto con tanta fuerza.

Dime que no soy el único.

Viktor, el comandante y poderoso que tenía que ser cuando


estaba en la oficina o negociando los términos en la sala de juntas, se
dio cuenta que cuando se trataba de Karina, ella tenía el control, lo
supiera o no. No esperaba que las cosas resultaran así, pero ahora que
la había tenido, no podía dejarla ir. Tenía que hacerle ver que estar con
él era lo que debía hacer.

—Quiero algo más que una noche.

Tomó sus manos de las suyas, las colocó en su regazo, mirando


hacia abajo. No la apresuró, porque sabía que esto era probablemente
una gran sorpresa para ella. Habían tenido relaciones sexuales anoche,
y posiblemente todavía se estaba tambaleando por eso. Él era, después
de todo, su jefe, y eso hizo que lo que habían hecho y lo que quería con
ella, haya cruzado una línea. Pero no le importaba una mierda. Después
de tener a Karina sabía que cruzaría cualquier maldito límite solo para
estar con ella.

—Di algo, nena. —Él bajó su voz y no le gustó el hecho de que se


sintiera tan en el borde. Esperar su respuesta era un infierno.

Ella finalmente lo miró de nuevo después de lo que se sintió como


una eternidad, y vio la incertidumbre en su rostro.

—Te quiero, Viktor.

Eso hizo latir más rápido su corazón, tenía las palmas


comenzando a sudar, y todo lo que quería hacer era tirar de ella sobre
su regazo y besarla sin sentido delante de todo el mundo. Nunca había
sido del tipo sentimental, nunca le había importado una mierda nada
que no le diera dinero a largo plazo. Eso era lo que su vida había sido
por tanto tiempo como podía recordar: seguir su carrera y ganar
respeto. Pero cuando miró a Karina, algo en él se movió. No se sentía
tan egoísta, porque complacerla, hacerla feliz, era lo proncipal. Era una
locura para él dado el hecho de que aunque habían estado en la
compañía del otro durante el último año, una noche podría dar forma a
este momento tan drástico.

—Pero, por mucho que te quiera, también tengo miedo, Viktor.


Y así, su corazón se detuvo.

—No hay nada que temer, Karina.

Sacudió la cabeza y cerró los ojos un segundo.

—Tengo miedo de lo que siento, de lo que otros puedan decir.


Estar contigo es tan distinto a todo lo que he experimentado antes, y
eso es tan bueno, Viktor. Pero también es muy repentino, y estoy
confundida. —Ella estaba mirando el traje que él había conseguido,
alisando las yemas de los dedos sobre el material, y sabía que si no le
daba tiempo, lo alejaría. Y conseguir que ella se abriera podría ser el
obstáculo más difícil que había intentado superar.

—No quiero que tengas miedo o dudes sobre esto. Tu trabajo es


seguro, no importa lo que decidas, pero quiero que sepas que darme
una oportunidad no podría ser el mayor error que hayas cometido. —Él
sostuvo su mirada por un segundo antes de continuar—. Quiero que
tomes tanto tiempo como necesites, y decidas lo que quieres. No te
apuraré, Karina. Quería que supieras dónde estoy y qué quiero. Estaré
aquí cuando tomes tu decisión, sin importar cuál sea.

Dios, esta será la espera más larga que he experimentado.

Pero dejar que Karina tomara su propia decisión era lo que él


quería, y lo que ella necesitaba hacer era comprender qué era lo mejor
para sí.
Capítulo 8
Traducido por Florpincha
Corregido por Caile

Q
ué vas a hacer?

—¿
Karina acababa de decirle a su amiga
todo lo que pasó con Viktor... todo en
detalle. No iba a esconder lo que había
pasado, porque quería confiar en alguien, y
quería tener otra opinión sobre todo.

Karina miró a la otra mujer, la única en quien confiaba más,


Hardy. Habían sido amigas durante el último año cuando Karina había
encontrado a Hardy borracha, abandonada en el bar por su exnovio, y
tratando de llamar a alguien para que la recoja. No era la forma ideal de
hacer una nueva amiga, pero las mujeres lo habían conseguido, bueno,
después de que Hardy se pusiera sobria. Después de eso, y durante el
último año, ella fue la única persona con la que Karina habló, la única
persona que consideraba una verdadera amiga. Fue divertido cómo se
conocieron, pero también fue una bendición.

Hardy era también la persona que le había prestado el vestido de


noche a Karina, y había venido hoy para recogerlo.

—No lo sé. —Karina agarró su taza de café y bebió, reflexionando


sobre sus pensamientos—. Pero, honestamente, sé lo que me gustaría.
Estoy demasiado asustada con lo que podría pasar, supongo.

Hardy no habló por un segundo, pero parecía pensativa.


—Tú lo quieres —dijo sin decirlo como una pregunta.

Karina asintió, no iba a mentir.

—¿Pero crees que te va a joder?

Hardy no andaba con rodeos, pero eso era lo que Karina


necesitaba oír ahora mismo.

—Sí, o algo así. Conoces su reputación. Diablos, todos en la


ciudad saben quién es y las mujeres con las que ha estado.

Hardy asintió.

—Claro, pero ¿a quién le importa?

—Supongo que me importa. No debería pensar en lo que podría


suceder…

—Cariño, si la vida me ha enseñado algo, es que no puedes


preocuparte por lo que pueda pasar. Demonios, ¿ves cómo terminamos
Marco y yo? —Hardy negó con la cabeza—. Pensé que iba a casarme con
él, pero luego descubrí que me estaba engañando todo el tiempo que
estuvimos juntos. —Hardy se encogió de hombros y tomó un largo trago
de su taza de café, Karina sabía que había picado con la crema
irlandesa—. Digo, vive tu vida de la manera que quieres. Si sientes que
está bien con él, a la mierda todos los demás y lo que podrían decir.

Karina sabía que su amiga tenía razón, y ella quería tener esa
mentalidad, pero supuso que nunca antes había recibido la clase de
atención que Viktor le había dado, la tenía un poco insegura de qué
camino tomar.

—Solo sigue lo que dice tu corazón. Eres una chica inteligente, y


no te irá mal.
Habían pasado días desde que se había acostado con Viktor y
había hablado con Hardy de toda la situación. Decir que Karina estaba
todavía tan confundida sobre cómo se sentía era un eufemismo, incluso
después de hablar con su amiga. Por supuesto que quería a Viktor,
pensaba en él constantemente, y su admisión de que quería ver a dónde
iban las cosas la hacía feliz. Pero Karina tampoco quería que su corazón
se rompiera en el proceso. Sabía que podía enamorarse de Viktor en
algún momento, demonios, se sentía como si ya estaba a mitad de
camino. Pero no tenía exactamente la reputación de estar en relaciones
comprometidas, y se preocupaba que al final se cansara de ella.

Pero, ¿realmente piensas eso después de lo que te dijo?

Honestamente, no, no pensaba eso, porque Viktor no era el tipo


de hombre que hacía declaraciones como esas y no las sentía. Por lo
que había visto, oído y reunido por su cuenta, sabía que se mantenía a
distancia con la gente. En su comentario dijo que la quería, que quería
algo más que esa noche, y había sonado genuino.

Él era sincero y lo sabes. Simplemente no quieres darte cuenta o


aceptarlo.

Pero Karina quería aceptarlo, porque era lo que quería.

—Detente —susurró para sí misma, agarró los archivos en los que


había estado trabajando, y volvió a ella. Había estado inmersa en su
trabajo durante los últimos días, tratando de mantenerse fuera del
camino de Viktor, porque seguía envolviendo su cabeza alrededor de
todo, incluso si sabía lo que quería. Había estado trabajando en una
cuenta grande, así que su cabeza había estado en eso, pero también
extrañó la manera que sus miradas se cruzaban, y el calor y las
emociones que la bombardeaban en cada vuelta.
—Karina, voy a ir a tomar mi almuerzo. ¿Te gustaría ir?

Karina dejó de archivar y miró a Bárbara que estaba en la puerta.


Había algunos otros empleados con ella.

—No, gracias. Me gustaría hacer esto.

—¿Quieres que te traiga algo? Vamos a casa de Renaldo.

—Traje mi almuerzo, pero gracias. —Ella sonrió y observó


mientras se iban. Karina volvió a clasificar, sus pensamientos sobre
Viktor, como lo habían sido durante los últimos días. Tampoco ayudó
que hasta el otro día todavía estuviera agradablemente dolorida entre
sus muslos, un recuerdo de lo que habían compartido.
Afortunadamente Viktor no estaba en su oficina, y se había ido a una
reunión hacía unas horas. Eso por lo menos le dio el silencio que
necesitaba para pensar. ¿O tal vez no necesitaba pensar más? Tal vez
solo necesitaba decirle que esto no era lo que podía hacer, o decir que
quería darle una oportunidad.

El sonido de las puertas de la oficina abriéndose y cerrándose la


hizo asumir que una de las muchachas olvidó algo. Terminó de archivar
el último papeleo y salió del cuarto de atrás.

—Te olvidaste de algo... —Sus palabras murieron en su garganta


cuando vio a Viktor parado junto al escritorio de la recepcionista, su
chaqueta a medio poner, y enfocándose en ella. Por un segundo no
hablaron, ni siquiera se movieron.

¿Tal vez esto es una señal de que las cosas deben resolverse ahora
mismo?

Dio un paso hacia su oficina, y aunque pudo ver claramente la


tensión en su rostro, no la empujó. Tenía que apreciarlo porque Viktor
era un hombre conocido por obtener lo que quería, pero le estaba dando
el espacio y el tiempo para decidir lo que necesitaba en su vida.
—Karina. —La forma en que dijo su nombre mientras pasaba por
su lado hizo que estas mariposas se movieran en su vientre. Su aroma
flotando en el aire a su alrededor le erizó los vellos de los brazos. Y la
mirada que le dio justo antes de entrar en su oficina hizo que su
resolución fuera firme.

Has pensado en esto.Sabes lo que quieres. Sabes lo que necesitas


decirle.

Cerró la puerta y contempló por un momento lo que debía hacer.

Deja de pensar, y hazlo. No sabrás cómo será hasta que hables con
él y le des una oportunidad.

Armándose de valor, se alisó las manos sobre las piernas y se


dirigió hacia la puerta. Podía oírlo por teléfono, y aunque debería haber
golpeado, pensó que ya habían compartido tanto, que simplemente
entrar sería apropiado.

Giró la perilla, abrió la puerta y entró. Él estaba de espaldas a


ella, y estaba de pie mirando por una de las ventanas, pero ella pudo
ver cómo se tensó, y supo que podía sentirla de inmediato. Tenían esta
conexión innegable, y esa era otra razón por la que ella iba a ir y ver
cómo iba todo.

—Zachary, déjame llamarte más tarde. —Viktor se dio la vuelta y


desconectó su Bluetooth. Se lo quitó de la oreja y lo puso sobre la mesa.
El silencio entre ellos era espeso, ligeramente incómodo, pero de nuevo
pensó que sería dado por cómo se habían separado.

—Pensé que debíamos hablar —dijo, tratando de no retorcer los


dedos y mostrar sus nervios.

Él asintió y rodeó la mesa.


—¿Quieres un trago? —preguntó, y se acercó al pequeño bar
junto a la pared.

—Estoy trabajando. Probablemente no sea lo mejor para mí.

Él la miró.

—Yo soy el jefe. Creo que estará bien si quieres uno.

—Está bien —respondió ella y trató de sonreír, pero estaba tan


nerviosa que sabía que saldría forzada.

Les sirvió un trago y se acercó a ella, entregándole el vaso.

—¿Quieres sentarte? Tengo la sensación de que lo que quieres


hablar no es profesional.

Sacudió la cabeza y al verlo acercarse al sofá tomó un trago. El


licor era un poco áspero, pero, de nuevo, ella no era mucho de beber
alcohol duro. Pero sabía que necesitaría un poco de valor líquido para
superar esto, porque no importa el resultado, este era un territorio
totalmente nuevo.

Moviéndose junto a él y sentándose, se concentró en su vaso,


preguntándose cómo proceder.

—¿Has pensado en lo que dije y quieres hablar de eso? —


preguntó Viktor, y alzó la vista, agradecida de haber roto el silencio.

Ella asintió, con la garganta apretada y ligeramente ardiendo por


el alcohol, y sus nervios haciéndole casi imposible el hablar. Pero no
sería una cobarde. Quería ser honesta, decirle que tenía sentimientos
por él, que no quería ignorarlos.

Entonces dilo.
—Tengo miedo, lo admito. —Se aferró a su vaso con fuerza—. No
sé si esto es solo una fase, como si te cansas de mí. —Ella se encogió de
hombros, siendo honesta a pesar de que era humillante—. Soy diferente
a las mujeres con las que normalmente sales, y supongo que por eso me
siento de esta manera, porque creo que algún día te habré dado mi
corazón y me desecharás.

—Oh, Karina, cariño. —Apoyó su vaso y la acercó. Ella lo permitió


porque se sentía muy bien que Viktor la abrazara—. Si esto no es lo que
yo quiero, no es lo que deseo por encima de todo, nunca habría dicho
nada.

Era extraño escuchar este lado más suave de él, sentir sus
emociones, su deseo por ella. No se trataba solo de sexo, se trataba de
ella y él se lo había contado. Esto era mucho más, y quería explorarlo.

—¿Pero tú también me quieres a mí? —Él habló tiernamente, y


ella no pudo evitar absorberlo. Estaba tan acostumbrada a ver al fuerte,
y siempre en control de Viktor, que tener este hombre dulce y cariñoso
y que la abrazara y le dijera que todo saldría bien, era surrealista.

—Te quiero.

—Mírame, Karina.

Se apartó y lo miró a los ojos. Todavía parecía tan poderoso y


fuerte, como si pudiera aplastar cualquier cosa que se acercara a él,
que amenazara lo que él quería.

Y él te tiene, querida.

—Si no estuviera seguro, con una duda de mierda de lo que


fueras para mí, no te hubiera dicho lo que quería.

—Está sucediendo tan rápido.


Él sonrió y acarició su mejilla.

—Lo sé, pero ¿no te sientes increíble?

Ella asintió.

—Lo hago.

—Entonces vamos y veamos a dónde nos lleva este camino.

¿Puede ser tan fácil?


Capítulo 9
Traducido por Florpincha
Corregido por Caile

K
arina miró a su lado y no pudo evitar el pequeño
alboroto en su pecho. Al ver a Viktor en el asiento del
conductor, la mano en la palanca de cambios y enfocado
en el camino, hizo que esta excitación subiera violentamente a su dulce
y erótica cabeza. Acababan de regresar de la cena, y aunque no tendría
problemas con él aquí y ahora, los llevaba de regreso a su casa para
vino y música clásica.

Nunca habría tomado a Viktor por el tipo de hombre clásico, pero,


de nuevo, la sorprendía de todas las maneras. Atravesaron la ciudad, el
sol ya se había puesto y la noche estaba llena de vida. El tráfico se
empezaba a engrosar cuanto más tarde era, y su ansiedad y excitación
estaban subiendo con cada segundo que pasaba.

—Estás nerviosa —dijo Viktor sin mirarla y sonando un poco


divertido.

—No lo estoy.

Entonces la miró.

—Estás mintiendo, nena, te puedo leer como si me estuviera


mirando al espejo. —Sonrió y volvió a concentrarse en el camino,
entrando y saliendo del tráfico, y acercándose a su apartamento. Bajó a
un garaje subterráneo, las luces se encendieron instantáneamente.
Había un montón de garajes bajo tierra en la ciudad, pero este solo
tenía unos pocos coches... unos coches muy caros. Una vez que aparcó
y apagó el motor, se quedaron sentados allí un segundo, con las manos
en el regazo, con su corazón latiendo casi tan rápido como supuso que
sería. Aunque no era como si hubieran hablado de por qué regresaban a
su casa, ella sabía el resultado final.

Iban a follar y sería increíble.

—¿Por qué estás nerviosa? —preguntó, mirándola—. ¿Es por


todo, y por lo que me dijiste, o...?

Juró que el calor en el coche subió diez grados en muy poco


tiempo.

Tragó saliva antes de contestar.

—No estoy tan nerviosa, como que estoy... anticipándolo todo —


explicó esa última parte más en un susurro, su rostro calentándose.
Viktor hizo un sonido muy bajo, y no pudo evitar el hormigueo que se
movió a través de ella, empezando por la base de su espina dorsal y
corriendo hasta las puntas de los dedos de los pies y los de las manos.
Viktor extendió la mano y enredó los dedos en su cabello, tirando de su
cabeza hacia adelante, y encontrándose con ella en el medio para
besarla. Sus labios en los suyos eran suaves al principio, pero a medida
que los segundos pasaban, se tornaba más exigente y dominante con su
boca y lengua.

A ella le encantaba, y no pudo evitar gemir contra él y extender la


mano para envolver su mano alrededor de su bíceps. Incluso a través de
la chaqueta de su traje podía sentir sus músculos y su fuerza, y un
nuevo chorro de humedad salió de su cuerpo.

Pasó la lengua por la suya, provocando un suave gemido. Si no se


detenían, podría fácilmente entregarse a él en este momento, y aunque
el coche no podría ser el lugar más cómodo para tener sexo,
seguramente sería caliente como el infierno.
Pero se apartó después de unos segundos, respirando con
dificultad, y apoyando su frente contra la suya.

—Si no paramos, me voy a correr en mis jodidos pantalones, y


quiero estar enterrado en tu coño cuando eso suceda.

Su garganta se tensó y sus pezones rebordearon sus palabras.

Se apartó, pasó el dedo a lo largo de la línea de la mandíbula y


salió del coche antes de que pudiera inhalar. Ella lo observó mientras
caminaba por la parte delantera del coche, su cuerpo congelado en su
lugar por la forma en que se movía, ante el hecho de que parecía un
depredador, uno muy sexy. Abrió la puerta del coche para ella, la ayudó
a salir y la abrazó tan pronto como sus pies tocaron el suelo. La besó de
nuevo y supo que podía perderse en este hombre, todo acerca de Viktor
Port.

—Vamos a meterte en la casa antes de darle a las cámaras de


seguridad un buen espectáculo.

Ella rió y asintió.

Avanzaron por el garaje, sus talones se clavaron en el pavimento.


Una vez que llegaron al ascensor, deslizó una llave, girándola y
llevándolos al piso superior. Era la misma cosa que había hecho la
primera vez que la trajo aquí, justo en otra parte del edificio. Cuando
ella llegó por primera vez, entraron por las puertas delanteras porque
habían tenido un chofer. Era la primera vez que veía el garaje, o aquel
ascensor, y aunque esas cosas no parecieran en absoluto lujosas, en
esta parte elegante de la ciudad, y en este edificio, era impresionante.

Una vez que llegaron a la planta superior y estuvieron en su


apartamento, se tomó el tiempo para apreciar su lugar. Antes de que las
cosas estén tan frenéticas y excitantes, no se había detenido y
comprobado todo, no mucho, de todos modos. La mañana siguiente le
había dado un poco de tiempo para mirar a su alrededor, pero había
estado tan nerviosa de lo que traería el almuerzo, que su mente estaba
preocupada.

—Siéntete como en casa. Nos traeré un poco de vino.

Miró a Viktor y observó cómo entraba en la cocina. Encendió la


luz y el resplandor se abrió paso en el salón que era a donde se dirigía.
Alisando sus dedos a lo largo de la parte trasera del sofá de cuero
suave, ella lo oyó acercarse. Tenía una botella de vino en una mano y
sostenía los tallos de dos copas en la otra. Puso la botella y las copas en
la mesa de café y las llenó con vino. Tomó la copa ofrecida antes de
dirigirse hacia las ventanas.

—Tu visión es increíble —dijo suavemente, y sorbió de su vaso.

Un momento de silencio se estiró después de hablar.

—Es hermoso —respondió justo detrás de ella, y miró por encima


de su hombro para ver que estaba a solo unos metros, su enfoque no en
el paisaje urbano, sino en ella. El corazón de Karina saltó un poco, y
enrolló sus dedos alrededor del tallo del cristal aún más. La forma en
que la miraba, era la forma en que había imaginado a un hombre que
mirara a la mujer que más le importaba. Había posesión, pero no del
tipo que la asustaría, más bien la clase que la hacía sentir como si
realmente la quisiera.

Él sonrió y se acercó al estéreo. Después de encenderlo en algo


clásico y suave, se volvió hacia ella, su copa de vino ahora sobre la
mesa de café.

—Baila conmigo, nena —indicó con una voz baja y profunda, una
que envió chispas de fuego a través de ella.

La vista de la ciudad estaba a su alrededor, las ventanas del piso


al techo dejaban que las luces se filtraran, y casi daban la ilusión de
que estaban flotando por encima de todo lo demás y en su propio
pequeño mundo.

Ella deslizó su mano en su cuerpo extendido, colocó su copa de


vino sobre la mesa a su lado y le permitió que la atrajera hacia la
dureza de su cuerpo. Apoyó la cabeza en su pecho y solo la dejó
abrazarla, los dos balanceándose hacia adelante y hacia atrás, la
música a su alrededor, la atmósfera suave. Era extraño, en cierta
forma, dada la forma en que habían tenido relaciones sexuales, la
personalidad poderosa y controladora que provenía de él, las
necesidades que ambos parecían tener. Pero le gustaban estos dos
lados de Viktor, porque sabía que no todos los veían.

Se apartó y se vio obligada a mirarlo, pero luego se inclinó para


presionar sus labios contra los de ella. Durante varios segundos se
besaron, todavía balanceándose, con las bocas fusionadas. Pero cada
segundo marcado se convirtió en más caliente, más exigente. Ella
agarró sus bíceps y le clavó las uñas en sus brazos, tratando de tirarlo
lo más cerca que pudo. Su cuerpo estaba preparado para él, tan listo
para ser follado, controlado... dominado. Nunca pensó que le gustaría
eso en el sexo, porque nunca lo había tenido antes de Viktor. Pero
ahora que lo había probado, quería más.

—Viktor —susurró su nombre—. Señor —dijo en un segundo


suspiro, gustándole la forma en que llamarlo con ese título la hacía
sentir, y se encendía porque sabía que le gustaba también.

Él gimió, apoyó su erección en su vientre, y colocó su mano sobre


su espalda baja, manteniéndola completamente presionada contra él.

—Me estoy quemando viva. —Cómo fue capaz de formar palabras


en este momento, iba más allá de su comprensión.
—¿Quieres que te ayude con eso, nena? —Su voz bajó más y ella
sintió que el poder provenía de él, el mismo que había experimentado en
la oficina y en la fiesta.

—Sí.

—¿Quieres que te haga sentir bien, que te haga venir?

Ahora respiraba con más fuerza y se obligó a asentir.

—Dios, sí.

—Entonces, dime que eres mía, Karina —ordenó.

Abrió los ojos, sin darse cuenta de que los había cerrado, y miró
su rostro cubierto con una expresión dura. No era obvio lo que ella
quería decir, lo que ella quería con Viktor. Ahora que se dejaba abrir
con él y aceptaba sus sentimientos, ya no tenía miedo, solo quería ser
suya en todos los sentidos imaginables.

—Soy tuya, solo tuya.


Capítulo 10
Traducido por Florpincha
Corregido SOS por Lelu

E
ntraron en su dormitorio, pero todo había sido un
borrón debido a los toques y besos, las palabras crudas
y el placer que se movía entre ellos.

Ahora estaba allí, todavía completamente vestida, temblando, tan


lista para él y todo lo que ofrecía. Karina quería ese tiburón que había
visto tantas veces en la oficina, quería al hombre que la había llevado a
múltiples orgasmos en una sola noche.

—Ponte de rodillas, nena. —Su voz era dura, llena de intención,


de mando.

Un escalofrío le subió por la columna vertebral, y se puso más


húmeda por su tono, por el hecho de que quería hacer lo que él decía,
someterse en el dormitorio a toda costa. El hecho de que él le ordenara
que hiciera lo que dijo no debería haberla hecho sentir sexy o excitada,
pero lo hizo, en ambos casos, y ella quería más de él.

Karina se puso de rodillas. La alfombra era lujosa, suave.


Permaneció en silencio durante tanto tiempo, caminando alrededor de
ella, antes de finalmente detenerse unos metros por delante de nuevo.

—Gírate. Quiero verte extender para mí, muéstrame lo que voy a


probar pronto.

Sintió que se le secaba la boca y le latía el pulso.


—Eso es lo que quieres, ¿no? —Él hizo la pregunta, pero la forma
en que sonaba le dijo que ya sabía que era lo que quería.

—Sí, señor.

Él gimió bajo.

—Muéstrame lo que es mío.

Su corazón comenzó a latir frenéticamente, y ella hizo lo que le


pidió. Cuando se dio la vuelta, se puso sobre sus rodillas y las manos
sintiendo sus nalgas extenderse, pero la falda y las bragas todavía
bloqueaban su vista. Quería que él le ordenara que hiciera más.

—Mantén tu culo en alto, en el aire, y levanta tu falda sobre tus


caderas, pero mantén esas pequeñas y dulces bragas.

Podía oírla respirar más fuerte, más rápido, un signo de que


estaba a punto de romperse, también. Alzando su falda y extendiendo
sus piernas increíblemente más abiertas, sintió que sus músculos se
tensaban y estiraban, pero le gustaba la quemadura.

Gimió de nuevo.

—Apuesto a que estás tan jodidamente lista para mí, Karina, ¿no
es así, nena?

Ella asintió, incapaz de hablar.

—¿Tu coño está todo sonrojado y mojado? ¿Quieres mi polla en


ti?

De nuevo, asintió.

—Date la vuelta.

Ella obedeció al instante.


—Quiero que vengas a mí en tus manos y rodillas, nena. Quiero
que me muestres lo lejos que estás dispuesta a ir.

Estaba más excitada de lo que alguna vez había estado. Tal vez
algo estaba mal con ella por querer esto, por querer obedecerle. Se puso
en sus manos, tomó una respiración firme y comenzó a moverse hacia
él. El piso era suave mientras se acercaba, concentrada en él. Cuando
estaba justo delante de Viktor, miró su rostro y no vio nada más que
una fría compostura y reserva de acero. Su boca se secó
instantáneamente cuando él buscó el cinturón de sus pantalones. Una
vez que lo abrió, bajó la cremallera. Era una exhibición erótica mientras
agarraba su erección a través de la solapa, sin siquiera molestarse en
deshacer el botón de sus pantalones. Empezó a acariciarse lentamente,
con la mirada fija en ella, la mandíbula apretada.

—¿Quieres mi polla?

—Sí —dijo ella de inmediato.

—¿Quieres chupar mi gran polla?

—Dios, sí.

—Tienes hambre de mi semen, ¿no?

Ella asintió y un jadeo la dejó ante su lenguaje brutalmente tosco.


Echó un vistazo a su enorme tronco, al modo en que continuamente se
acariciaba perezosamente, como si esperara a que ella le obedeciera. La
punta de su polla estaba salpicada de pre-semen, y ella tenía hambre
de ese sabor.

Inclinándose hacia adelante, sintió que su garganta se contraía y


su boca se hacía agua, sus pensamientos sobre su sabor.

Él agarró un puñado de su cabello y tiró de ella hacia adelante.


Un chorro de humedad dejó su coño, empapando sus bragas.
—Ahora, chupa mi pene. —Él tiró su cabeza hacia adelante, hasta
que la suave punta de su eje se movió a lo largo de sus labios—. Sí, eso
es, joder, nena.

Ella comenzó a mover su cabeza hacia arriba y hacia abajo,


trabajando sus labios y lengua alrededor de él.

—Eso es todo, Karina, nena. Mueve tu lengua y acaricia la parte


inferior de mi polla.

Ella hizo lo que él dijo, y el sabor salado de su pre-semen cubrió


sus papilas gustativas, volviéndola adicta al instante. Aplastó la lengua
e hizo lo que dijo y la obligó a tomar más de su longitud. Quería más de
él en su boca, quería la punta ahogándola. Quería tragar su semen,
hacer que bañara la parte posterior de su garganta y cubrir el interior
de su boca.

Dejando que su boca hiciera el trabajo, ella comenzó a chuparlo


con fervor, agarrando la raíz de su eje con su mano y acariciándolo a
tiempo con su boca.

—Hazme venir, nena. —Él todavía tenía su mano en su cabello y


mantuvo su cabeza quieta mientras la chupaba cada vez más rápido.
Mirándolo mientras succionaba la cabeza, vio que su atención estaba
en su boca.

—Tus labios están tan extendidos alrededor de mi polla ahora


mismo. Estás caliente como la mierda. —Empezó empujando a tiempo
con su cabeza agitada, y aumentó su velocidad hasta que la punta de
su erección golpeó contra la parte posterior de su garganta, dándole
arcadas—. Cristo. —Él comenzó a respirar más pesadamente, apretó su
agarre en su pelo, y maldijo continuamente. Un profundo gemido lo
dejó, y luego sintió los chorros de su semen bajar por la parte posterior
de su garganta. Karina trató de tragar cada gota, pero había tanto que
se le escapaba por la comisura de la boca.
Finalmente, él se alejó de ella, su polla todavía semidura, su
paquete de seis contraído y relajado cuando inspiró y exhaló
ásperamente. Extendiendo la mano, limpiando una gota de su semen de
la comisura de su boca, presionó el pulgar contra sus labios.

—Límpialo.

Ella se abrió para él, sosteniendo su mirada con la suya, y


succionó sus labios alrededor de su dedo. Un suave sonido vino de él
mientras la observaba, y entonces la estaba levantando. La tenía en sus
brazos, y luego estaba sentado en el borde de la cama con ella en su
regazo. Sus piernas estaban abiertas, su falda subía por sus muslos y
su dura longitud presionaba hasta su coño cubierto por sus bragas.

Dios, sigue estando tan duro.

—Por mucho que quiera hacerlo durar esta noche, prolongar todo,
tengo que follarte, nena —expresó contra su cuello, y luego la mordió lo
suficiente como para que jadeara de dolor. Él lamió el lugar, y ella se
encontró gimiendo y moliendo su coño en él.

—Estoy lista —dijo y volvió a apretarlo.

—Sí, estás tan jodidamente lista.

Se pasó la mano por la mandíbula.

—Quiero que sepas que durante el último año eres en todo lo que
he podido pensar. —Se inclinó y la besó profundamente—. Ni siquiera
he podido estar con ninguna mujer porque eres todo lo que he querido.

Su corazón latía rápido y ferozmente, como si estuviera tratando


de mantenerse al día con lo que estaba sucediendo a su alrededor.

—Me he sentido del mismo modo contigo —expuso honestamente.


—Mierda, cariño, no tienes ni idea de lo difícil que fue para mí
sacar eso.

Oh, tenía una idea, porque también había sido difícil para ella
comprenderlo.

—Concentrémonos en el aquí y ahora.

Él se inclinó y capturó su boca con la suya, agarró la parte


posterior de su cuello con su mano, sosteniéndola en su lugar, y la besó
sin sentido.

—¿Lo sientes? —murmuró contra su boca, y ella sabía,


simplemente sabía de lo que estaba hablando.

—Sí.

—Es esa sensación de que estábamos destinados el uno para el


otro. —Fue este sentimiento en la base de su columna vertebral,
moviéndose lentamente a través de ella hasta que se detuvo en su boca
y la calentó de adentro hacia afuera.

Su coño hormigueó y se volvió más húmedo cuanto más y más


intensamente la besaba y más pensaba en todo esto. Karina sentía que
estaba sofocada con placer y necesidad, por sus sentimientos hacia este
hombre. Sus emociones eran reales, genuinas, y Viktor había sido
sincero con ella.

Esto era diferente, su pasión más aislada, controlada y centrada


en ella y en este momento. Esto sentía, que estaba con ella ahora, como
si no fuera por follarla, sino por darle un pedazo de sí mismo.

—Dime otra vez, cariño. Dámelo. Hazme sentir que esto es


exactamente lo que quieres. —Su voz era baja y tensa, desnuda y
abierta, como si estuviera teniendo un momento muy duro controlando
sus emociones.
Ella tomó una respiración profunda y firme antes de hablar.

—Te quiero en todos los sentidos.

Él la ayudó a levantarse de nuevo y fue a quitarse la ropa. Ella


levantó los brazos y apoyó las manos en sus abultados hombros,
tocando los firmes trapecios bajo sus dedos. Él movió su otra mano
sobre su cadera y abajo de su muslo, apretando suavemente su carne.
Su cuerpo, su piel y sus células estaban vivas de placer.

Movió su mano hacia dentro, tan cerca de su coño que estaba


casi temblando de anticipación. Ella quería desesperadamente su toque,
quería que la provocara y la tentara, y que la hiciera olvidar de todo lo
que no fuera sobre ese momento. Tener a Viktor en completo modo alfa,
dominando,posesivo, era lo que ella necesitaba, lo que anhelaba. La
hacía sentirse como una mujer, como si realmente la quisiera.

Movió los dedos sobre su coño. Quería sentir su dureza


presionando contra ella, en ella.

En el segundo siguiente, se apartó, como si hubiera leído su


mente o su lenguaje corporal.

—Quítate la falda, cariño.

Su voz provocó un nuevo chorro cremoso cubriendo sus labios del


coño.

—Hazlo ahora —exigió.

Abrió la boca en un gemido silencioso, su dominio encendiendo


algo dentro de ella y haciendo que se quemara aún más. Tragó saliva
mientras enganchaba sus dedos bajo la cintura de su falda y la tiraba
lentamente hacia abajo. Salió de ella, su cuerpo ya temblando.
—Quiero que te quites las bragas también. —Él se quedó junto al
borde de la cama, su erección grande, larga.

Ella enganchó sus dedos bajo el elástico de sus bragas y las


empujó hacia abajo.

—Ahora la blusa y el sujetador.

Respirando profundamente, hizo lo que dijo hasta que estuvo


totalmente desnuda para él. Sus pezones instantáneamente se
endurecieron por el frío del aire.

—Acuéstate y extiéndete para mí, nena. Déjame ver toda la


humedad que causé. —Su voz era ronca, dominando todavía, pero tenía
este borde de agresión desenfrenado atado con ella.

Karina se sentía tan fuera de control, tan impotente contra sus


sentimientos hacia él, y le asustaba demasiado, pero no lo tendría de
otra manera. Ella había saltado ciegamente a esto, en estar con Viktor,
y eso es en lo que estaba enfocada, en lo que ponía su energía.

Abriendo los muslos como dijo, sintió que sus labios se extendían
bajo su mirada.

—Tú me quieres, y te quiero, y eso es todo lo que importa, cariño.

Ella asintió.

—Te quiero.

—Eso es tan jodidamente bueno, nena.

Cerró los ojos y respiró. Ahora mismo esto era real.

—Mírame. —Su voz era acerada y dura.


Abrió los ojos pero no respondió. Su sonrisa era lenta y sexual
cuando su mirada volvió a caer sobre su coño.

—Más abierta. Abre más tus piernas.

Empezó a hiperventilar mientras su excitación continuaba


bombeando sus venas. Ni siquiera la tocaba, pero su sola expresión la
tenía al borde del orgasmo. Sus pezones se hincharon, erguidos y listos
para su boca. Todavía estaba mirando su coño cuando él se agachó y
agarró su verga.

—Este coño es mío —dijo y la tocó entre los muslos—. Estas tetas
son mías —indicó y pasó sus dedos a lo largo de los picos rígidos—.
Eres mía —expresó bajo y profundo.

Amaba la forma en que hablaba, amaba el sentimiento de


desamparo y rendición. No importaba lo que pensara o cómo su cerebro
rabiaba contra su cuerpo, Karina sabía que tomaría lo que él ofreciera.
Capítulo 11
Traducido por Florpincha
Corregido por Caile

V
iktor la tenía en la cama y estaba entre sus piernas, su
polla dura presionada contra ella.

—Por mucho que me encanta ser duro contigo,


tengo que hacerlo de esta manera, mirarte a los ojos y saber que eres
mía.

Ella asintió y le tocó el rostro.

—Yo también lo quiero—dijo en voz baja—. Quiero que vayas


lento y suave.

—Voy a demostrarte que me quieres jodidamente mucho, Karina.


—Él movió sus manos para descansar en sus muslos y extenderlos tan
anchos como fuera posible. Se limitó a mirar por un segundo, pero
luego utilizó sus pulgares para separar suavemente sus labios hasta
que se estiraron ampliamente.

Un jadeo la abandonó.

Él la miró durante largos segundos, y luego se movió más abajo.


La sensación de su aliento caliente en sus sensibles labios envió ondas
de choque a través de su cuerpo. Le estaba tomando mucho control el
tratar de respirar normalmente.

—Lo que hay entre nosotros no es pasajero, Karina. ¿Lo


entiendes, verdad?
Ella asintió, sabiendo exactamente lo que quería decir. Ahora que
se permitía sentir esto, todo era tan bueno y justo.

¿Por qué traté de luchar contra esto?

Él besó la parte interna de sus muslos, pasó su lengua sobre su


piel, y ella agarró las sábanas en sus manos, apretando el material
firmemente. El placer la montó tan rápido y frenéticamente que no pudo
mantener el ritmo.

Pero no quiero hacerlo. Solo quiero ser arrastrada.

—Te quiero tanto, Viktor.

—Mmm, estás tan caliente y húmeda para mí.

Y estaba tan empapada que las sábanas se humedecían debajo de


ella.

—Dime que quieres mi boca en tu dulce coño.

Por supuesto que quería eso, porque Viktor ciertamente sabía la


manera exacta de tocarla, de lamerla, de besarla, de sacarla como
ninguna otra.

—Vamos, nena. Dime que quieres que haga.

Ella succionó un poco de aire, su boca tan seca de repente.

—Dime cómo quieres que mi lengua se deslice a lo largo de tus


lindos labios, ¿cómo quieres que chupe tu pequeño clítoris?

Sus palabras sucias pero buenas eran como llamas lamiendo todo
su cuerpo.

—Quiero todo—se las arregló para decir.


—Dime que quieres que haga —gruñó y un pequeño ruido salió de
su garganta. Su respiración caliente se movió entre sus muslos, justo
en su coño, la lujuria golpeando en ella, duro y exigente.

—Quiero que me lamas, que te dejes llevar. —No era que


estuviera avergonzada de decir las palabras. Era que simplemente ni
siquiera podía pensar directamente en este momento con el placer
golpeándola como un tambor dentro de ella. Karina arqueó su cuello
cuando Viktor pasó su lengua en su ranura—. Sí, señor.

El zumbido en su clítoris la hizo jadear ante el placer que la


traspasó.

—Sí, ahí mismo. —Todos los músculos de su cuerpo estaban


tensos, listos para explotar.

—Sí, te gusta cómo te jodo, y quieres más —dijo, aparentemente


para sí mismo.

Ella jadeó ante la sensación de su lengua trazando círculos a lo


largo de su agujero, sumergiéndose lentamente dentro de ella, y
frotando su dedo hacia adelante y hacia atrás en su clítoris. Abrió la
boca y la lamió y la chupó, como si saboreara un cono de helado. Viktor
chupó su clítoris, tarareando alrededor de ella hasta que arqueó su
espalda y gimiendo suavemente por más, mendigando.

—Mírame, bebé.

Ella lo miró, parpadeó un par de veces, el placer continuó


consumiéndola. Tenía la cabeza ligeramente hacia atrás, lo
suficientemente cerca para todavía sentir su cálido aliento en su coño.
El dominio era tan claro y pronunciado en su rostro. Mientras la
observaba, él sacó la lengua y la pasó en pequeños círculos alrededor de
su clítoris. Pasó la lengua alrededor de la dura protuberancia,
moviéndose hacia arriba para bajar, para estar empujando suavemente
el músculo en su agujero y acercándola a un orgasmo.

Se retiró solo una pulgada, y ella vio un hilo de saliva unido desde
su coño a su lengua. La vista no debería haber sido tan excitante, el
objetivo era, y de hecho es, sentirse más caliente, el aire la abandonó.

—¿Ves cómo de caliente estás, Karina?

Se humedeció los labios y asintió.

—Sabes tan bien, bebé. —Sus labios brillaban con su excitación,


ese hilo de saliva ya no estaba, la excitación de ella continuaba siendo
considerable. Él le dio una última lamida antes de trasladarse hasta la
longitud de su cuerpo y besarla. Le metió la lengua en su boca,
haciendo que sienta su propio gusto. Ella gimió cuando comenzó una
lenta rutina contra ella, su pene como el acero, su resbaladizo coño con
sus jugos. La enorme longitud rígida de él presionada a través de su
abertura, moviéndose arriba y abajo mientras frotaba las dos cosas.

Se encontró empujando sus caderas hacia arriba para


encontrarse con su pene, levantando, él necesitando empalarla. Su
ritmo era en sincronía, con ella levantando sus caderas mientras él
presionaba en su contra. El beso se profundizó y la presión fue en
aumento. Él rompió el beso, enterró su rostro en el hueco de su cuello y
comenzó su bombeo contra su erección, más duro y más rápido, su
pene enclavado entre sus labios vaginales.

—Fólleme, señor.

Él se sacudió contra ella, como si sus palabras lo hubieran hecho


perder el control.

—Quiero, bebé. Quiero follarte hasta que simplemente no puedas


sentarte cómodamente mañana, pero quiero hacer esto especial, quiero
hacer esto dulce para ti.
—Solo te quiero, Viktor.

Su expresión era tensa, como si contenerse fuera una dura


proeza. Lo deseaba tan mal que podía saborearlo, sentirlo con todo lo
que ella era.

—Solo quédate conmigo, Viktor.

Él gimió y enterró la cabeza en su cabello otra vez.

—Quiero hacer el amor contigo, hacer esto contigo porque nunca


lo he hecho con nadie más. —Él era tan duro y musculoso, su cuerpo
como una roca presionaba su suavidad—. Quiero experimentar algo que
nunca he hecho con otra mujer, porque eres malditamente especial
para mí, bebé.

Ella abrió la boca cuando su eje frotó arriba y abajo contra su


hendidura, sus movimientos fáciles, volviéndola más frenética a cada
segundo que pasaba. No la había follado todavía, y sin embargo estaba
a punto de explotar. Tenía sus labios sobre su cuello, lamiendo y
mordiendo su carne, su polla todavía bombeando en su contra como si
tuviera una mente propia. El coño de Karina se empapó para él, tan
resbaladiza que no podía ni siquiera ver correctamente. Karina lo quería
tanto en su interior, que la mujer comenzó a levantar sus caderas
ligeramente, empujando contra él.

Ambos gimieron.

—Te necesito, señor. Por favor. —Ella arqueó el cuello y el pecho.

—¿Por favor, que, Karina bebé? —Su voz se quebró un poco—.


Quiero escuchar lo que quieres. —Su voz era un susurro ronco que se
movía sobre su garganta.

—Quiero que estés dentro de mí.


Él dejó escapar un sonido áspero, casi crudo de placer, y alcanzó
entre ellos para apoderarse del pene y colocar la punta en su entrada.
La cabeza bulbosa pinchó en su apertura, acrecentando las ganas de
enterrarse en ella. Karina se levantó y le pasó la lengua a lo largo de la
línea de su mandíbula. El ligero sabor salado de la carne bajo su lengua
era embriagador. Sus pezones estaban duros y dilatados, frotándose a
lo largo de su pecho, y aún más erectos por la fricción y su lujuria.

Empezó frotándose adelante y atrás en su hendidura durante


unos segundos, y justo cuando ella estaba a punto de quejarse,
exigiendo que se lo diera, empujó hacia adentro en un movimiento
fluido. Viktor se quedó quieto dentro de Karina por un segundo, luego
se echó hacia atrás lo suficiente como para mirar hacia abajo, a su
rostro. Ella levantó las caderas y arqueó su espalda, frotando sus tetas
a lo largo de su pecho aún más. Como si estuviera hecho para burlarse
de ella, provocarla, salió unos cuantos centímetros, y empujó hacia
atrás profundo y duro.

Ella jadeó, sintió que él dirigía su lengua a su pulso y agarró sus


bíceps, clavando las uñas en su carne.

Él presionó su pulgar contra su clítoris, frotando con la yema


mientras bombeaba en ella. Karina iba a venirse e iba a ser alucinante,
lo sabía. Clavando las uñas en la carne aún más duro, cerró los ojos y
se mordió el labio, tratando de hacerlo durar y no bajarse de forma
inmediata. Ella retorció su cabeza hacia atrás y hacia delante, y todo su
cuerpo se tensó, preparándose a sí mismo para el inminente orgasmo.

—Vente para mí, bebé.

Eso fue todo lo que hizo, su voz profunda y dominante diciéndole


que se venga, y sus músculos comenzaron a contraerse cuando el
placer la llenó. Se obligó a mirarlo a, no sucumbir al placer y cerrar los
ojos, no importa cómo se sentía de bien.
—Eres tan jodidamente preciosa cuando te vienes por todo mi
cuerpo. —Contuvo la respiración, los temblores llenos de placer sin fin,
otro punto culminante alcanzó su punto máximo dentro de ella, y luego
explotó en pequeños pedazos.

—Quiero llenarte con mi semen para hacer que se derrame fuera


de ti, porque hay demasiado, bebé. —Su voz era estrangulada, las venas
del cuello pronunciadas cuando él apretó los dientes y dijo las
palabras—. Eres tan apretada y estás tan mojada para mí. —Fue como
si se obligara a hablar. Sus manos estaban a ambos lados de su cabeza
mientras se estrellaba contra ella y se retiraba.

Dentro y fuera. Fuerte y rápido.

Hizo los movimientos una y otra vez, yendo directo al precipicio


una vez más antes de dar marcha atrás, dejándola con ganas de más.
El sudor hacía un trazo por el nacimiento del cabello, un espectáculo
que la excitó porque significaba que estaba muy metido en esto. Dios,
ella quería más. El completo peso de sus bolas abofeteó su culo
mientras él la follaba repetidamente, ampliando así su placer. Le agarró
la pantorrilla y la levantó sobre su hombro, y luego se inclinó un poco
hacia atrás, con la mirada clavada en su coño... justo donde estaba
profundamente dentro de ella.

Viktor comenzó a empujar de nuevo.

—Mírame como te follo, bebé.

Ella hizo lo que él dijo.

—Quiero que veas mi pene reclamar a ese dulce coño. —Viendo


como él empujaba los centímetros restantes en ella y se retiraba, todo
en lo que Karina podía pensar era en lo bien que se sentía, y lo
jodidamente fantástico que era estar con Viktor. La cabeza abatida, su
mirada quedó directamente en ella, los párpados cerrados como
adormilados y extasiados, Viktor era tan dominante tanto como
atractivo.

—Mira lo que estamos haciendo, bebé —dijo Viktor con voz tensa.
Sus brazos fueron apoyados, fueron a ambos lados de ella, y sus
músculos pronunciados.

Un jadeo lo dejó cuando se vio metido en su coño. Su agujero se


extendía ancho alrededor de su pene y su impresionante espesor. Se
movía más rápido dentro de ella, tirando de adentro hacia afuera en el
bombeo. El sonido del choque de la piel húmeda llenó la habitación,
ahogó sus sentidos, y condujo su creciente necesidad.

—Eres tan jodidamente perfecta para mí. —Su profunda voz se


quebró, un signo revelador que estaba a punto de acabar. Su punto
culminante estaba tan cerca que podía sentir que empezaba en la parte
baja de su espalda construyéndose lentamente hasta el placer, hasta
explotar dentro de ella.

—Jodidamente sí, bebé. Voy a venirme —gruñó—. Vente para mí


una vez más, Karina. Déjame verte sentirte bien. —Él movió su dedo
pulgar por su clítoris y comenzó a frotarlo rápidamente, adelante y
atrás, añadiendo un toque de placer. Bombeó más duro y más rápido
dentro de ella, el sonido de su coño aspirando su pene llegaba a sus
oídos.

Oh. Dios.

Se dejó caer en la cama y agarró la cabecera, las manos


enroscándose en las vigas, sosteniendo con fuerza mientras frotaba su
clítoris. El placer, la conexión que tenían, hizo esto aún más intenso.
Ella sintió que su coño apretaba sus músculos internos como si
estuviera ordeñando su pene.
Su respiración se quebró, y su rostro se transformó en una
máscara de placer cuando empezó a venirse. Juró que podía sentir su
pene hinchado dentro de ella, podía sentir el bombeo mientras la
llenaba con su semen. Ella quería estar llena de él, tener su
descendencia deslizándose fuera de ella.

Él gimió sin apartar la mirada de Karina mientras se venía


dentro. La vista y el pensamiento por sí solos podrían haber dado otro
orgasmo. Y cuando él puso su pulgar en su clítoris ella hizo justo eso.

Después de que su orgasmo se desvaneció, mientras estaba


bajándose, su enfoque todavía en ella.

Se veía tan excitada.

—Podría verte acabar toda la noche.

—No sé si sobreviviría a eso. —Ella le devolvió la sonrisa, pero se


dio cuenta que tenía aspecto somnoliento.

Se rió, pasó el dedo por la mejilla, y luego se trasladó fuera de la


cama. Ella se quedó allí, observándolo entrar en el cuarto de baño,
encendió la luz y mostrando una impresionante vista de su culo.
Cuando estaba con él se sentía tan hermosa como pensaba que eran
esas modelos con las que había estado… más hermosa, de hecho. La
forma en que la miraba, tocaba y besaba, este hombre le dijo que le
gustaba cada parte de ella, grande o pequeño.

Cerró los ojos y se relajó contra la cama. Un momento después


sintió un suave y húmedo paño suave sobre su sensible carne mientras
limpiaba entre sus muslos, limpiando el sudor y el semen. Viktor se
metió en la cama a su lado y los cubrió con las mantas. Él la atrajo
para que ella estuviera contra él, de espaldas a su pecho.

Karina se había enamorado intensamente de este hombre. Tan


rápido y duro como había sido, no lamentaba ni un minuto. Esto
parecía que se suponía que iba a suceder, y ella estaba yendo con la
corriente para ver a dónde iba todo.

Karina no se preocupó por lo que podría ocurrir o no, y lo que


otros dirían. Pasaría por esto un día a la vez, y eso era todo lo que
importaba.

Ella y Viktor eran lo único que importaba, y cuando estuvieran


listos para contarle al mundo lo que compartían, la increíble conexión
que tenían entre ellos, bueno, eso sería en sus términos y en su propio
tiempo, también.

Al final, lo que importaba era lo que los hiciera feliz. A la mierda


con lo que alguien más pensara.

La mañana siguiente…

El sol entraba por las ventanas, y Karina cerró los ojos y sostuvo
su taza de café cerca de su pecho. El calor de la luz y su bebida se
sentían bien, y el dolor entre sus piernas la hizo sonreír, ni siquiera se
sentía un poco avergonzada porque sabía por qué estaba tan sensible.
Los recuerdos de anoche, de cómo Viktor la había mirado mientras le
hacía el amor, de las cosas que había dicho, y cómo habían estado tan
desnudos el uno con otro la hacían sentir como si estuviera finalmente
donde se suponía que debía estar. ¿Sabía dónde la llevaría? No. Nadie lo
hacía. Pero eso no significaba que no pudiera simplemente disfrutar de
esto y no preocuparse por el "qué pasa si…".

—Oye, nena —dijo Viktor mientras entraba en la cocina. No sabía


dónde estaba nada, viendo que había estado en su casa una vez más,
pero consiguió encontrar el café y las tazas, y había preparado un poco.
—Hola —expresó sorprendida de que no se sintiera incómoda o
extraña después de lo que había sucedido.

Se sentía cómoda.

Tomó una taza de café y se acercó a ella. La forma en que la besó


en la cabeza y deslizó las puntas de sus dedos a lo largo de su hombro,
hizo que un escalofrió se moviera por su cuerpo. Se sentó frente a ella,
el informe del mercado de valores frente a él, y su pecho sin camisa,
algo con lo que quería despertar más de una sola vez.

Dios, ¿de verdad piensas que quieres esto más de lo que has
compartido?

Ella lo miró y supo la respuesta.

Sí.

Mientras se sentaba allí, en la cocina de su jefe, los recuerdos de


lo que habían compartido eran frescos y agradables, ella sabía que no
importaba lo que pasara, estaba contenta de haber hecho lo que había
hecho. ¿Cómo podría algo tan bueno estar mal?
Epílogo
Traducir por Florpincha
Corregir por Lelu

Seis meses después…

-B
árbara, por favor envía a la señorita East a mi
oficina de inmediato.

Karina estaba junto al escritorio de Bárbara,


por lo que escuchó la demanda a través del intercomunicador. La
secretaria le dio a Karina una mirada de simpatía, probablemente
porque había oído el tono duro de la voz de Viktor. A seis meses de
haberse entregado voluntariamente a Viktor, muchas cosas habían
cambiado. Por un lado, lo que había entre ellos era algo más que
profesionalismo. Estaban juntos, su relación no sería considerada
"tradicional" por la mayoría si lo supieran, pero a Karina no le
importaba.

Sonrió a Bárbara, la mujer no sabía lo que pasaba entre ellos,


pero eso era porque Karina quería mantener su relación privada. Nadie
necesitaba saber lo que compartían, y cuando ella quisiera decirle a la
gente, sería en sus términos. Viktor, por otro lado, parecía querer
decirle a todos acerca de ellos, alardear incluso, y una parte de ella se
calentaba con eso. Pero la verdad era que esto era sobre ellos, y una vez
que dejaran entrar al mundo en su relación, sería considerado de alto
perfil debido a quién era Viktor.

En este momento solo quería quedarse en su burbuja y disfrutar


de esto sin que todos los juzgaran... o más acertadamente juzgarla a
ella.
Se acercó a la puerta, alisó las manos sudorosas en su falda y dio
tres golpes en la suave madera. Solo le tomó un segundo antes de que
oyera a Viktor llamarla.

Abrió la puerta, la cerró y juntó sus manos detrás de su espalda.

—¿Quiere verme, señor?

Viktor se sentó detrás de su escritorio, y por un segundo ni


siquiera la reconoció. Por fin bajó la pluma, la miró y se recostó en su
silla. No mostró ninguna emoción, pero todo esto era parte del juego.

—Ponte adelante —exigió con voz baja y dominante—. ¿Has


malinterpretado estos informes? —Él levantó una pila de papeles, y
sintió que esa emoción se movía a través de ella. Había sido una mala
chica poniendo los archivos en los lugares equivocados, sabiendo que lo
vería y sabiendo... anticipando lo que le haría.

—Sí, señor. —Su cuerpo entero estaba tenso ante la mirada


dominante que él le dio, y cuando arrojó los archivos sobre la mesa y se
puso de pie, su corazón comenzó a batirse a un ritmo frenético. Con
toda honestidad Karina nunca pensó que estaría en este tipo de
relación, pero le encantaba hacer feliz a Viktor, y a cambio obtenía
placer de eso. Por supuesto, ser la chica mala y tener que mostrarle
cómo debía actuar tenía sus beneficios.

—Acércate —dijo, sin pararse en el otro lado de su escritorio.


Tenía los brazos cruzados, la chaqueta y las mangas de la camisa
enrolladas. Él no mostraba ninguna emoción, no actuaba enojado o
molesto, pero ella podría decir que lo disfrutaba tanto como ella. Era la
forma en que él la miraba, el brillo en sus ojos que tenía todo en ella
calentando al instante.
Levantó la mano, deteniéndola, y ella apretó sus puños a los
costados, esperando su siguiente orden. Puso un dedo en el
intercomunicador, y mientras la miraba hablaba con su secretaria.

—Bárbara, pasa todas las llamadas para la siguiente hora, y que


no haya interrupciones, por favor.

Hubo un momento de silencio, y luego Bárbara habló.

—¿Quiere que tome mi almuerzo ahora?

—Sí —respondió él sin vacilar, todavía sosteniendo la mirada de


Karina. Soltó el intercomunicador y se enderezó, cruzando los brazos de
nuevo—. Ponte de rodillas, Karina.

Estaba emocionada, anticipándolo, y sintió que su coño se


humedecía y sus pezones se endurecían. Caminó hacia ella, sus pasos
seguros, su cuerpo duro, grande.

—Te gusta ser una niña mala, ¿no? —Aunque hizo la pregunta,
sabía que no era literal. Sabía que sí, porque le gustaba probarlo y
controlarlo tantas veces.

—Sí, señor. —Ella le respondió de todos modos.

Antes de que pudiera siquiera pensar o reaccionar, Viktor la


había empujado a la dureza de su cuerpo, había levantado la falda y
tenía la mano entre sus muslos.

Ella jadeó. Hizo este gruñido en lo profundo de su garganta, y


todo lo que Karina pudo hacer fue cerrar los ojos y dejarle tocar su coño
resbaladizo.

—Qué buena chica, sin usar bragas como lo pedí.

La única acción o respuesta que pudo reunir fue asentir.


Viktor pasó el dedo por sus pliegues resbaladizos, y ella
involuntariamente abrió la boca ante lo terriblemente bien que se sentía
el que la tocara.

—Me gusta que mantengas desnudos estos labios para mí. —


Gruñó las palabras justo al lado de su oreja al mismo tiempo que
lentamente empujaba un dedo en ella. Inmediatamente, su cuerpo lo
chupó y se apretó alrededor. Él gimió, y ella sintió su polla dura contra
su vientre. Claramente estaba excitado por ella, y ese conocimiento la
excitaba aún más.

—Lo sé, señor —dijo con un gemido, y se apoyó más en su dedo,


follándoselo y clavando sus uñas en los bíceps. Él movió su dedo en el
coño en movimientos lentos y constantes, y ella supo que podría venirse
con esto solamente. La misma imagen de él empujando su polla en ella
tenía un escalofrío que corría por su espina dorsal. Utilizó su otra mano
para acariciar el montículo de su culo y darle a una nalga un duro y
poderoso apretón. El dolor estaba allí por el acto, pero el placer siguió
de inmediato.

—Azótame —contestó ella, y él hizo eso.

Bofetada.

—Sí. —Esa palabra salió de ella en un susurro.

Bofetada.

—¿Te gustan mis manos sobre ti? —preguntó, pero ambos ya


sabían la respuesta.

—Sí —dijo de todos modos.

Bofetada.
—¿Quieres venirte, Karina? ¿Quieres que haga a este pequeño
coño contraerse, agarrando mi pene, necesitándolo?

Ella sólo podía asentir ahora.

Bofetada.

Bofetada.

—Dios, sabes que te necesito de todas las maneras. —Y era la


verdad. Karina no se avergonzaba de admitirlo, porque sabía que Viktor
la necesitaba de la misma manera. Eran dos mitades del mismo
conjunto, y tan loco como sonaba, dado el hecho de que solo habían
estado oficialmente juntos durante los últimos seis meses, la conexión
entre ellos era innegable.

—Dime que quieres que te lo saque de allí, que quieres venirte en


mi mano. —Se inclinó hacia delante hasta que sus labios apenas se
tocaron. Luego le quitó el dedo, y este pequeño ruego suplicante la
abandonó—. Dime.

—Quiero que me hagas venir, Viktor.

Él la hizo girar y la empujó hacia adelante para que estuviera


ahora tumbada sobre su escritorio, su vientre pegado contra la madera
y su trasero en el aire. Él extendió las nalgas de su culo de par en par,
atrapó su coño y comenzó a chupar.

Ella gritó de placer, agradecida de que nadie estuviera en la


oficina ahora, porque seguramente sería escuchada.

—Sí, Viktor.

Él rió contra su carne, y golpeó su culo una y otra vez, todo el


tiempo chupando y lamiendo su coño. Él gruñó contra su hendidura
resbaladiza, tomó una mano y la colocó sobre su espalda para
mantenerla inmóvil, para mantenerla donde la deseaba. Empezó a
hacer esos pequeños sonidos en su garganta, sin importarle ni
avergonzarla. Karina no pudo evitarlo.

—Eres una chica mala por archivar mal, Karina. —Él chupó su
clítoris en su boca, movió su lengua de un lado a otro sobre ella, y
comenzó a sentir su clímax—. Pero por mucho que te castigue, y ponga
tu culo tan rojo que no puedas sentarte, quiero hacerte sentir bien,
nena. —Para su sorpresa y placer, él apartó las mejillas de culo de
nuevo y empezó a lamer su agujero trasero. Movió su lengua alrededor
del apretado anillo de músculos, suavemente probándolo, gruñendo,
gimiendo detrás de ella. Nunca había sido capaz de pensar que le
gustaría un trabajo en el borde, pero con Viktor, tenía esa sensación
inusual pero intensa y aturdida que se movía a través de ella. Empujó
su trasero para más.

Se puso de pie mientras su orgasmo todavía se tensaba y se


movía a través de su cuerpo. Frotó la polla a lo largo de sus pliegues, y
luego se colocó en su entrada una vez más. Él deslizó su mano
alrededor de su pecho, agarrándolo y comenzó a apretar su pezón entre
sus dedos.

—Fóllame, señor —dijo, con la frente contra la mesa y la voz


quebrada al final.

Él la empujó una y otra vez y aunque ella quería que esto durara,
también quería volver otra vez. Solo la folló durante unos minutos y,
mirando por encima del hombro, pudo ver que estaba a punto de
venirse.

—No puedo aguantar, cariño. No puedo detenerme. —Inclinó la


cabeza hacia atrás y gimió, y la visión de él viniéndose la hizo tener otro
orgasmo.
Abrió la boca con un grito silencioso, rodeó el borde del escritorio
con las manos y se alegró con el placer. Cuando sintió que la tensión en
su cuerpo se relajaba, permanecieron así por unos instantes,
respirando ambos pesadamente. Viktor finalmente se alejó de ella, y
sintió la pérdida al instante. Pero al oír el agua que corría en el cuarto
de baño de su oficina, sabía que no la dejaría sola por mucho tiempo.
Solo momentos después la sensación de un trapo cálido entre sus
muslos la hizo respirar satisfecha. Cuando la limpió, la ayudó a salir de
la mesa, la calmó y la abrazó.

—¿Estás bien, nena?

Ella asintió contra su pecho y cerró los ojos.

La sostuvo por la nuca y durante largos segundos no se movieron,


se abrazaron y disfrutaron de lo que acababan de hacer.

—¿Sabes cuánto te quiero?

El ruido en su pecho cuando habló fue reconfortante para ella, y


retrocedió y lo miró a la cara.

—Sé que me amas tanto como yo a ti.

Viktor agarró su rostro y se inclinó para besarla en la frente.


Volvieron a abrazarse, y Karina supo que de la incertidumbre podía
llegar a transformarse la cosa más perfecta y correcta del mundo.

Y eso era lo que había encontrado con Viktor.

Fin.
Sobre Jenika Snow
Jenika Snow es una escritora best
seller del USA Today, vive en el noreste con
su esposo y sus dos hijas. Le gustan los
días sombríos, comer primero el borde de la
pizza y usar calcetines durante todo el año.