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Melvin Rader

ETICA
Y
DEMOCRACIA

i
VERBO DIVINO
MELVIN RADER

Etica y
democracia
Los ideales sociales

EDITORIAL VERBO DIVINO


Avda. Pamplona, 41
ESTELLA (Navarra)
1975
CONTENIDO

ENRIQUE LÓPEZ CASTELLÓN, Presentación 9

Prólogo 19
I. ETICA DE LAS LEYES 23
1. Las leyes de la sociedad 29
2. Las leyes de Dios 45
3. Las leyes de la naturaleza 59
4. Las leyes de la conciencia 83
II. ETICA DE LOS IDEALES 123
5. El relativismo, la negación de todo ideal uni-
versal 129
6. El grupo y el individuo 153
7. El significado del bienestar 191
8. La acción social justa 241
III. IDEALES SOCIALES 281
9. El ideal aristocrático 287
10. El ideal democrático 299
11. El ideal liberal 317
12. El ideal fascista 347
Tradujo Enrique López Castellón . Título original: Ethics and society . 13. El ideal socialista 363
<gj Holt, Rinehart and Winston - © Editorial Verbo Divino, 1975 . Es
propiedad . Printed in Spain . Talleres gráficos: Editorial Verbo Divino, CONCLUSIÓN: La necesidad de hacer las cosas difíciles ... 417
Avda. de Pamplona, 41 . Estella (Navarra) . Depósito Legal: NA. 1.310-1975
ISBN 84 7151 187 8 INDICACIONES BIBLIOGRÁFICAS 425
PRESENTACIÓN

No iríamos demasiado desencaminados si, al explicar la acti-


tud teórico-práctica de la moral de nuestros días, apeláramos a la
profunda reacción que supone frente a posturas y concepciones
pretéritas. Como ha hecho ver Sánchez Vázquez, la ética que surge
a partir de Hegel tiende a fijar su atención en lo concreto contra el
abstraccionismo formalista y universalista, reconoce la presencia
de un factor irracional en el comportamiento humano frente a
posiciones absolutamente racionalistas, y busca en el hombre mis-
mo la fuente de la moral rechazando todo intento de fundamen-
tación metafísica.
Con todo, la ética actual ha dado un nuevo paso: ha reaccio-
nado a su vez frente a una posición subjetiva, irracionalista y teo-
rizante para subrayar el carácter social, racional-instrumental y uti-
litario del comportamiento moral. A nivel de conductas y juicio
reales, parece, además, que la sensibilidad moral de hoy tiende a
desplazarse de la represión de actos «anti-ascéticos» a la condena
de actos antisociales. Desde estas nuevas perspectivas, se destaca
la desorientación y las contradicciones de determinadas posturas
morales demasiado cercanas todavía a nosotros. Si, en líneas muy
generales, quisiéramos describir esas tendencias pretéritas contra
las que reaccionan obras como la que hoy me complace presen-
tar, podríamos señalar las siguientes notas:
1. Reducir o centrar el campo de la moral en lo íntimo y per-
10 Enrique López Castellón Presentación 11

sonal fundando la investigación ética sobre la base de una supues- éticas parecen pertenecer exclusivamente a un sector privado y
ta contraposición entre el individuo y la sociedad. Desde esta suponer la aceptación de una escala de valores difícilmente con-
posición, se tiende a infravalorar la influencia del medio y a con- ciliable con la que rige en una sociedad competitiva, explotado-
fiar en los dictados de una facultad cognoscitiva interior. La con- ra y consumista. \
secuencia más grave de este mal entendido individualismo radica, 3. Monopolizar una «facultad» o dimensión específica del
a mi forma de ver, en poner el acento de la justificación moral ser humano y centrar sobre ella la cualificación moral. El hom-
en un perfeccionismo intimista y aislacionista, dejando en un pla- bre aparece, así, como un ser contradictorio que libra en su in-
no secundario los resultados previsibles de los comportamientos, terior una especie de guerra civil entre sus facultades «superio-
y en tender peligrosamente a calibrar el mérito de las acciones en res» y sus tendencias e inclinaciones «inferiores». Las consecuen-
función del grado de violencia y de dolor que las acompaña. De- cias de este intento —según la escala de valores que se adopte
saparece, así, el sentido social del sentimiento de obligación y en y según lo que se entienda por «superior» e «inferior»— han
su lugar se sitúa el autocontrol a la base del principal objetivo cristalizado históricamente en posiciones encontradas. Unas ve-
a lograr mediante el esfuerzo individual. Como quiera que, por ces —como en el caso de Aristóteles— del hecho de que el com-
una parte, esta moral interiorista escapa a la observancia y a la portamiento moral constituya un fenómeno específicamente hu-
sanción social, y que, por otra, exige una intensa represión de in- mano, se ha deducido sin ninguna base, como nos hace ver Ra-
clinaciones y tendencias psicobiológicas, se convierte en un terre- der, que la acción ética ha de consistir por necesidad en el de-
no abonado para la adopción de actitudes hipócritas e insinceras. sarrollo de una facultad que diferencie y distinga al hombre.
2. Cualificar la acción ética en función del criterio del desin- Otras —como en el caso de las éticas que pretenden basarse en
terés, renunciando a subrayar los beneficios individuales y sociales una concepción «naturalista»— se han moralizado tendencias, in-
que reporta tanto a los agentes como a los otros miembros del clinaciones o instintos a pesar de su manifiesta neutralidad axio-
grupo un comportamiento ajustado a un modelo normativo razo- lógica. El problema es tanto más grave cuanto que a veces se
nable, justo y realista. La influencia de esta concepción «espiritua- han considerado como impulsos básicos y naturales del hombre
lista» de la moral ha sido verdaderamente extraordinaria y, en ge- el egoísmo, la agresividad o la voluntad de poder y de dominio.
neral, ha hecho aparecer como sospechosa toda forma más o me- 4. Tendencia a concebir los modelos morales en un sentido
nos encubierta de utilitarismo. Baste decir que no han faltado objetivista y cosista y a justificar, en consecuencia, un sistema de
autores «espiritualistas» que se han sentido obligados a defender normas establecido. Uno de los principales escollos de la filosofía
el eudemonismo aristotélico por su empeño en situar el logro moral difícilmente salvable y que justifica la crítica marxista,
de la felicidad a nivel de fin último de la vida humana. Incluso radica en su tendencia a afirmar que el deber ser es, que lo ideal
cuando la antropología cultural buscó un criterio «imparcial» para es ya real y que puede ser conocido de un modo analógico a
poder discernir los modelos morales de entre la amplia gama de como los sentidos captan la presencia de objetos. La cosificación
costumbres y normas presentada por los pueblos estudiados, con- del objeto de la ética no sólo destruye la validez de los resulta-
sideró muchas veces la «motivación desinteresada» como la piedra dos de la investigación, sino su practicidad misma, porque al
de toque para discriminar los fenómenos auténticamente éticos. constituir ese objeto una «realidad» metafísica abstracta —aun-
Frecuentemente, además, para esta moral «espiritualista», la que se le quiera dotar de todos los atractivos deducibles de su
sanción de los comportamientos éticos refiere a especiales esta- perfección «pura»— no tiene ningún sentido operativo. La psi-
dos de conciencia y a una distribución ultraterrena de premios cología y la pedagogía han puesto de relieve la inoperancia e in-
y castigos dependiente, claro está, de determinadas creencias re- cluso el carácter perjudicial de modelos y de normas alejados de
ligiosas. Exentas de una significación social clara, las conductas la comprensión y de las posibilidades de acción individuales. Es-
12 Enrique López Castellón Presentación 13

ta última tendencia suele cristalizar en el establecimiento de las dominantemente maniqueísta. Del éxito de tales manipulaciones
dicotomías insalvables que caracterizan al pensamiento reaccio- habla por sí solo el hecho de que la intimidad del ser humano
nario: objetivismo versus subjetivismo, absolutismo versus rela- deje de ser el reino de la creatividad y de la libertad moral para
tivismo, racionalismo versus irracionalismo, e individualismo ver- pasar a ser el escenario donde se desarrolla el terrible drama del
sus sociologismo. sentimiento neurótico de culpabilidad.
Como es de suponer, estas incorrecciones están muy lejos de Como quiera que este tipo de educación persigue la forma-
justificarse en la unidad de un sistema teórico-práctico coherente. ción de individuos autocontrolados —principalmente a nivel de
Muy por el contrario, generan toda una serie de contradicciones comportamientos sexuales—, hace prevalecer una actitud repre-
que, ya en principio, afectan negativamente a las garantías de siva sobre una actitud de servicio a los demás. El resultado es
la presunta objetividad de los modelos. De este modo, frente una falsa apariencia de individualidad que toma como propios
a la afirmación de la universalidad de las normas, surgen varios modelos introyectados sin analizar críticamente y que, en último
códigos morales relativos al sexo, a la clase social, a la raza, etc. término, son justificativos de una situación social dada. El cam-
Otras veces, por el contrario, se pretende salvar la universalidad po de la moral se empobrece y trivializa con la contabilización
del modelo convirtiéndolo en criterio inapelable que mide toda de méritos y de deméritos individuales, de debilidades y supe-
acción de todo sujeto en toda circunstancia, totalmente al mar- raciones, de obsesiones escrupulosas y culpabilizaciones, de re-
gen de las variables que rodean al caso en cuestión. presiones y agresividades mal controladas.
Por otra parte, frente al acento puesto en el carácter per- Las estructuras económicas y sociales quedan ubicadas en
sonal e íntimo de la esfera donde se decide el drama moral, se una esfera «neutra» a la que no llega la cualificación moral. A
tiende a infravalorar todo el elemento creador e inteligente de lo sumo, los problemas de la moral social son analizados con
la acción ética para hacer hincapié en la relación que guarda la unas categorías tan generales y vacías que no logran superar un
conducta concreta con la norma establecida. En esta concepción nivel puramente idealista cuando no utópico. La solución de los
legalista de la moral, la obediencia se convierte en virtud fun- problemas ambientales queda relegada al lenguaje de la prédica
damental aun a costa de sacrificar la racionalidad del modelo en moral, a la apelación a una «conversión» intimista e individual
favor de un decreto arbitrario, irracional y autoritario. El punto que arrastre con el ejemplo del modelo excepcional.
en que determinadas corrientes teológicas han fomentado y apun-
Con todo, esta posición se ve abocada al callejón sin salida
talado esta concepción debería constituir un tema de honda me-
del dualismo. Existe una moral «de andar por casa», una moral
ditación para todo educador religioso.
doméstica, autoritaria y represora que rige a nivel de comporta-
Con todo, no son éstas, a mi modo de ver, las mayores con- mientos sexuales, de educación familiar, de fidelidad matrimo-
tradicciones. La auténtica escisión de este tipo de moral se revela nial... Más allá está el reino de la lucha de intereses económi-
cuando el historiador descubre las relaciones existentes entre la cos, del afán de lucro, de la explotación del hombre por el hom-
pretendida universalidad e intemporalidad de los modelos y las bre, del fraude, del engaño publicitario, de la incompetencia pro-
circunstancias sociales, económicas, políticas y culturales en las fesional, del oportunismo y la represión políticos, de los prejui-
que surgen las creencias morales o desde las que se elaboran las cios raciales y nacionalistas... La consecuencia es esa profunda
teorías éticas. Es entonces cuando se aprecia la desaparición de escisión que sufre el hombre contemporáneo y que Karen Hor-
la pretendida confianza en la facultad cognoscitiva moral al uso ney ha detectado entre las causas que configuran la «personalidad
y se descubre la importancia concedida al uso de refuerzos nega- neurótica de nuestro tiempo».
tivos y al adoctrinamiento ético ejercido desde una posición pre- Bien es cierto que la crisis religiosa, el avance científico y
14 Enrique López Castellón Presentación 15

las condiciones de vida generadas por la sociedad de consumo jetos esa búsqueda ansiosa de la aprobación y de la integración
han dado al traste con este modelo moral. En primer lugar, la en la colectividad que David Riesman ha designado con el nom-
crisis operada en el terreno religioso ha supuesto una reacción bre de «carácter extradeterminado».
contra una concepción «espiritualista» y dogmática. «El gran La actitud consumista ha afectado profundamente a l^s pau-
pecado que nosotros, los occidentales, ha escrito González Ruiz, tas y comportamientos morales. En primer lugar, ha devaluado
alimentados por la filosofía clásica de la evasión y del puro es- toda moral espiritualista y sublimada. Ante la necesidad de am-
píritu, hemos cometido contra el mensaje bíblico está en haber pliar el campo de la libertad individual para facilitar la opción
introducido la discontinuidad entre el más acá y el más allá, y consumista y de mantener a la vez un mayor control en el terre-
haber separado lo que Dios ha creado uno e indivisible». no económico-político, se ha producido una situación que, en
Como quiera que sea, el dato incuestionable, comprobado in- términos marcusianos, se ha dado en llamar «desublimación re-
cluso en investigaciones emprendidas bajo los auspicios de la presiva». Se ha tendido a liberar al individuo de la ancestral re-
iglesia, revela un alejamiento de la práctica de la religión, una presión de comportamientos «anti-ascéticos» y a sustituir la mís-
proliferación de actitudes agnósticas y, en todo caso, una bús- tica del trabajo por el fetichismo del objeto de consumo.
queda de nuevas formas de experiencia y de concepción reli- En segundo lugar, la sociedad de consumo ha fomentado ac-
giosas. No nos hemos de extrañar de que cuando se ha justifi- titudes pragmáticas que buscan la satisfacción inmediata de ne-
cado el comportamiento moral exclusiva o preponderantemente cesidades más o menos ficticias y que orientan el esfuerzo indi-
sobre la base de unas creencias religiosas específicas, las crisis vidual hacia el disfrute pasajero de los artículos y modelos ofre-
operadas a este nivel influyan por necesidad en los juicios y en cidos insistentemente por la publicidad. Carente esta actitud del
los controles éticos. La extensión de la irreligiosidad va, así, espíritu laborioso, ahorrativo, ascético y aplazador de recompen-
acompañada de la extensión del amoralismo. sas y de satisfacciones inmediatas que caracterizó al capitalismo
En segundo lugar, el avance científico y tecnológico ha pro- primitivo, los individuos dejan de ser agentes de autocontrol
ducido repercusiones ambiguas en el terreno moral. Por una para pasar a estar gobernados por los imperativos de instancias
parte, ha mostrado el carácter relativo de los códigos y costum- ajenas y colectivas. Por otra parte, la necesidad de alcanzar el
bres morales. Por otro, ha subrayado la importancia del medio máximo de potencial de consumo por los medios que exijan un
en la génesis de las actitudes individuales, ha puesto de relieve menor esfuerzo, y la falta de una educación adecuada en moral
el papel de los determinantes genéticos y biológicos, y ha des- social que genere actitudes de servicio hacia la colectividad, ex-
crito los factores y circunstancias implicados en los procesos de plican la proliferación de actos de fraude, de explotación, de
socialización y de aprendizaje. Por último, ha dejado al descu- adulteración de alimentos y de escándalos económicos y políticos.
bierto el dramático vacío de ideales y de objetivos que aqueja
En tercer lugar, la inmediatez y la concreción consumistas
al hombre contemporáneo poseedor de una inmensa fuerza tec-
impiden el sacrificio individual y colectivo exigidos para el logro
nológica y cuya aplicación puede reportar resultados tanto positi-
de ideales a largo plazo. Si tenemos en cuenta que la actitud
vos como negativos.
pragmática y aparentemente individualista del «consumidor in-
El tercer factor que ha afectado a la crisis moral de nuestra satisfecho» resulta poco propensa a ese «desinterés» con el que
época viene determinado por el tránsito de una economía basada se pretendió caracterizar la acción moral en épocas pretéritas, no
en la producción a una economía basada en el consumo de ma- nos debe sorprender que, como sucedió recientemente en nues-
sas. Como efecto de este tránsito, el capitalismo ha perdido el tro país, se entreviste en televisión a un individuo sólo por el
sentido individualista de su primera época generando en los su- hecho de haberse comportado honradamente.
16 Enrique López Castellón Presentación 17

Bien es cierto que la solución de los problemas económicos, satisfacción del deseo— o de la sociedad —el interés de una
políticos y sociales no ha de provenir ni exclusiva ni siquiera clase social, de una nación o de una raza determinadas—, sino
preponderantemente de especiales «conversiones morales» indi- que también se justifica a sí misma desde una base decididamen-
viduales. El afán moralizante de gran parte de la política social te objetivista. La objetividad y, en consecuencia, la universalidad
reaccionaria no ha conseguido las más de las veces sino desviar del ideal moral vienen determinadas más por el carácter comuni-
las soluciones del auténtico terreno donde deben ser buscadas tario de las necesidades a satisfacer que por la elevación a nivel
y aplicadas. También es verdad, por otro lado, que, como el de modelo universal de un código de normas o un sistema de va-
propio Marx nos recuerda en sus Tesis sobre Feuerbach, el ma- lores específicos y regionalmente aceptados.
terialismo ambientalista «olvida que las circunstancias son cam-
La tercera parte del libro está dedicada a la revisión de los
biadas por los hombres y que el educador ha de empezar por edu-
principales ideales sociales que el hombre ha concebido a lo
carse a sí mismo». Toda ética social realista y operativa debe
largo de la historia. Para el lector interesado por esta temática
partir de los datos de la psicología, de la antropología y de la
convendría señalar que las anotaciones de Rader pueden ser com-
sociología para sentar las bases de las necesidades humanas co-
pletadas con la descripción que Ossowska ha hecho de los distin-
munes, pergeñar sobre ellas los ideales colectivos a perseguir,
tos tipos de ethos en su libro Vara una sociología de la moral,
y posibilitar, así, el acercamiento de las condiciones de vida al
traducido también por esta editorial.
logro de la justicia social.
En su exposición de la esencia de tales ideales, el autor recu-
Me ha parecido de interés para el lector traer a colación es- rre a las fuentes originales y va deÜneando los procesos segui-
tas ideas como presentación de este libro de Melvin Rader que dos por la aristocracia, la democracia, el liberalismo, el fascismo
he tenido la satisfacción de promocionar y traducir. El autor, y el socialismo. El criterio adoptado para enjuiciar críticamente
profesor de filosofía en la universidad de Washington, parte de estos proyectos de vida en común no difiere del mantenido en la
la diferenciación entre un enfoque ético centrado en el concepto segunda parte de la obra. Cada uno de los ideales sociales har
de ley y otro basado en el concepto de ideal. Tras exponer y ce un especial hincapié en un valor esencial descuidando o in-
criticar las posiciones que toman como modelos morales las le- cluso, en ocasiones, sacrificando otros objetivos para el logro de
yes emanadas de la sociedad, de Dios, de la naturaleza o de la una plena realización de las posibilidades humanas en un medio
conciencia anulando el carácter finalista y progresivo de la ac- de convivencia pacífica: el cultivo de la excelencia, la igualdad,
ción ética, Rader dedica la segunda parte de su libro a examinar la libertad, la organización y la supresión de las diferencias de
los ideales morales propuestos por los distintos enfoques filosó- clase.
ficos a lo largo de la historia. Su posición, cercana al espíritu
más genuino de la ética anglosajona, podría ser calificada de Con todo, es de subrayar la crítica y la denuncia que Rader
utilitarismo social. Una acción es «justa», «correcta» o «buena» hace dé la peligrosidad de la ideología fascista. Su carácter re-
en la medida en que realice el máximo de bienestar mediante una presor, su potenciación de la lucha y del enfrentamiento bé-
integración total y armónica de intereses. Por supuesto que la lico como medio de otorgar a una «raza privilegiada» el papel
noción de bienestar (welfare) ha de ser entendida como la po- dirigente del mundo contemporáneo, la ausencia de toda teoría
tenciación y satisfacción de todas y de cada una de las dimen- racional que resista el más mínimo examen crítico, el encubri-
siones del hombre individual y socialmente considerado. Esta rea- miento de lo que no fue sino una coalición de las fuerzas eco-
lización plena no sólo se opone al parcialismo de las doctrinas nómicas, políticas y militares de la derecha antidemocrática, y,
que monopolizan la tarea moral en torno a un sector específico sobre todo, los terribles crímenes y represiones que llevaron a ca-
del individuo —la vida de la razón, el máximo de placer o la bo los gobiernos fascistas, resultan argumentos harto elocuentes
18 Enrique López Castellón

para rechazar de plano la ideología que los sustentó. Incluso


dentro de la propia perspectiva fascista, si la verdad de una idea
se verifica mediante su victoria en el enfrentamiento bélico, la
derrota de las potencias del eje en la segunda guerra mundial
y los efectos desastrosos que sufrieron los pueblos que elevaron
al poder a hombres como Hitler y Mussolini, suponen un rotun-
do mentís a la pretendida validez de su modelo.
Frente a ello, Rader propone un ideal social que combine la
libertad, la participación política y la distribución equitativa de
todos los bienes con un pleno desarrollo vertical de la cultura.
El ideal democrático no sólo consigue encauzar el orden social P R O L O G O
hacia el logro de un mayor grado de justicia, sino que, al posibi-
litar la libertad de expresión y de participación, enriquece el
progreso colectivo con la colaboración y la aportación de todos
los miembros de la comunidad. ¿Cómo podemos pretender la ob-
tención de una abundante cosecha, argumenta el autor, si nos El tema principal que preside este libro es el estudio de lo
contentamos con cultivar unos pocos acres teniendo ante la vista que significa una sociedad justa. Empieza analizando la naturale-
inmensos terrenos que esperan ser explorados y aprovechados? za del bienestar social y de la acción moralmente buena para
pasar a examinar, desde un ángulo crítico, ideales sociales tan
Creo que, con su estilo directo y divulgador, el libro de Mel- opuestos como los del liberalismo y el comunismo. No está diri-
vin Rader puede aportar interesantes sugerencias al público es- gido a personas especializadas en estos temas, sino a los estu-
pañol de la hora presente. Con un planteamiento claro y un de- diantes y al público en general. Considero que el conocimiento
sarrollo jalonado de interesantes citas filosóficas y literarias, sabe que nos han suministrado los investigadores de los distintos cam-
mostrar las conclusiones a las que puede llegar la investigación pos constituye un bagaje de inapreciable valor, pero que si nues-
ética cuando, bajo el impulso de una sed sincera de justicia y tros ideales no se asientan en unas sólidas bases, haremos un mal
de un profundo respeto hacia la persona humana, hace uso de uso de ese saber acumulado.
la razón y del sentido común.
La ciencia y la tecnología pueden ser objeto de alabanza o
ENRIQUE LÓPEZ CASTELLÓN de repulsa: lo mismo pueden ser puestas al servicio del bien que
Profesor en la Universidad de Madrid del mal. El conocimiento de los fármacos, por ejemplo, ha ser-
vido tanto para curar enfermos como para envenenar enemigos;
la estrategia militar puede usarse en legítima defensa o con afa-
nes ambiciosos de conquista; la economía puede convertirse en
un medio de ayudar a los demás o de estafarles; y, mediante la
educación, lo mismo podemos impartir auténtica sabiduría que
inculcar ideales ruines. Por todo ello, la elección del fin más
justo se convierte en un tema de extraordinaria importancia.
Como Francis Bacon observó: «El hombre que, aun siendo cojo,
sigue el camino recto, aventaja al corredor que toma una senda
20 Ética y democracia Prólogo 21

equivocada. Y no sólo eso; es evidente que, al seguir un cami- Este libro es un estudio de la ética de la reconstrucción so-
no equivocado, los más activos y veloces serán los que más irre- cial. En cuanto tal, forma parte de un trabajo de investigación
mediablemente se perderán».1 Al igual que un corredor que se realizado gracias a una beca de la Fundación Rockefeller bajo el
lanza en una dirección equivocada, una sociedad puede ser eficaz tema genérico de «Crisis y Reconstrucción». Espero poder dar
y, al mismo tiempo, condenable. Hitler nos ha proporcionado el más adelante a la imprenta un apéndice sobre el significado de
más vivo ejemplo de esta afirmación. Con los recursos técnicos la crisis social y el ideal de comunidad que ha de servir de base
del gobernante más civilizado, pero con los impulsos morales de a la reconstrucción. Doy las gracias a la mencionada fundación
un salvaje, fue capaz de producir más estragos que la indomable porque con su ayuda económica me ha permitido dedicarme du-
ambición de Atila. Tal vez sea cierto eso de que el infierno está rante meses a este trabajo sin la necesidad de recurrir a la ense-
empedrado de buenas intenciones, pero quizá también lo esté de ñanza.
conocimientos científicos y tecnológicos. ¿Quién puede pretender
saber más que Fausto en el momento en que vendió su alma al Sería imposible enumerar aquí los libros y las personas que
diablo? me han servido de inspiración. Tengo una deuda especial con
William Savery, mi antiguo profesor y colega, cuyas lecciones de
No estoy pretendiendo desacreditar el conocimiento, sino la Etica Social seguí siendo estudiante y que me movieron y
falta de objetivos válidos. Un saber que no esté puesto al servi- sugirieron más que ningún otro curso ulterior. Me han hecho
cio de unos determinados valores resulta insuficiente. Si preten- críticas muy útiles tanto mis amigos y colegas Arthur Smullyan,
demos que la moral presida nuestras vidas y que la justicia reine A. I. Melden y Brents Stirling, como mi mujer, Virginia Rader.
en nuestra sociedad, tenemos que volver a replantearnos cuestio- Los editores de «Journal of Philosophy, «Antioch Review, «Ken-
nes éticas fundamentales. ¿Cuál es el valor esencial de la vida yon Review» e «Interim» me han permitido amablemente repro-
humana? ¿Cuál es la naturaleza de una buena sociedad? ¿Qué ducir parte de artículos ya aparecidos en estas publicaciones. He-
es una acción social justa? ¿Cuál es la esencia de la civilización? len Lea y Dorothy Smullyan han mecanografiado cuidadosamen-
A menos que podamos hallar respuestas razonables a estas pre- te mi manuscrito. Doy mis más expresivas gracias a todos los
guntas, desperdiciaremos nuestras energías de una forma dispara- que me han ayudado.
tada e inconsecuente; estaremos luchando en el vacío hasta que
nos sobrevenga el desastre. Este libro trata de contestar a estas
preguntas y de clarificar, al mismo tiempo, los ideales que pue- Melvin Rader
den guiarnos en este mundo incierto que nos ha tocado vivir. Seattle, Washington
15 de febrero de 1950
Lo he escrito con el convencimiento de que el mundo tiene
una gran necesidad de espíritu filosófico, de voluntad de ver las
cosas en conjunto, crítica y desapasionadamente, y de actuar en
consecuencia. Si no podemos contar más que con la falta de vi-
sión unitaria del fervor revolucionario o de la oposición reaccio-
naria, el futuro que nos espera será muy triste casi irremedia-
blemente. La consideración filosófica podría contribuir, así, al
logro de un mundo más humano y más racional.

1
Novutn Organum, en Works (Obras). Houghton, Mifflíh, Boston, sin
fecha, 89.
I

ETICA DE LAS
LEYES
INTRODUCCIÓN

Trataré de contestar en este libro a dos importantes pregun-


tas: ¿qué es una acción social justa? y ¿qué es un orden social
bueno? Ambas cuestiones pertenecen a la ética social. Por ética
entiendo la teoría del bien y del mal, de lo justo y lo injusto;
y por ética social la aplicación de esta teoría a todo grupo o so-
ciedad.
Tanto si se trata de la ética individual como de la social,
podemos establecer una división de la misma tomando como cri-
terio el modelo por el que valoramos la acción. Los dos modelos
principales son el ideal y la ley. Según el primer modelo, una
acción es justa si promueve un ideal; de acuerdo con el segundo,
una acción es justa cuando se adecúa a una ley. Utilizo el tér-
mino ley en un sentido tan amplio que incluyo dentro de él la
regla, la prescripción y el mandato.
La ética de los ideales defiende que una acción es justa si
realiza el ideal, siendo éste el que, en último término, puede ser
calificado de bueno. De este modo, la acción justa es útil en el
sentido de que produce bien. El profesor George E. Moore ha
expresado con mucha claridad el punto de vista de este tipo de
ética:

Preguntar qué clase de acciones tenemos que llevar a cabo o qué


clase de conducta es correcta, equivale a preguntar qué clase de
'(> Etica de las leyes 27
Introducción
efectos producirán semejantes acciones o tal conducta... Lo que
primero deseo señalar es que «correcto» no significa, ni puede sig-
determinante de la voluntad, puede constituir ese bien tan excelen-
nificar, nada sino «causa de un buen resultado», y que es, pues, te que llamamos bien moral.2
idéntico a «útil»... Nuestro «deber», por consiguiente, sólo puede
ser definido como esa acción que causará la existencia de más bien Podemos establecer subdivisiones en una teoría ética de este
en e) universo que ninguna otra alternativa.1 tipo si tenemos en cuenta la fuente de la que se supone que
deriva la ley moral. Una ética consuetudinaria o legalista se basa
Según este punto de vista, la moralidad consiste en la reali- en las leyes de la sociedad; una ética teológica, en las leyes de
zación de objetivos, en la acción que actualiza un fin, no siendo Dios; una ética naturalista, en las leyes de la naturaleza; una
otro el problema ético fundamental que el descubrimiento de la ética intuicionista o racionalista, en las leyes de la conciencia.
naturaleza del bien último y de los medios para conseguirlo. Llamaré «no teleológica» o «formalista» a la teoría ética gene-
Hacer el bien equivale a promover la felicidad. ral que incluye las variantes enumeradas.
Según la forma de concebir esa felicidad, esta teoría ética ge- Utilizo el término «formalista» en un sentido más amplio
neral admite diversas subdivisiones. La ética hedonista defiende que el ordinario. La mayor parte de los escritores de ética res-
que el bien se identifica con el placer, la voluntarista lo sitúa en tringen su uso al tipo de ética racionalista que encontramos en
la satisfacción del deseo, la intelectualista lo hace radicar en la la filosofía de Kant: una ética basada en leyes universales, que
propia sabiduría, etc. Con todo, estas variaciones de la teoría ge- se suponen validadas por la razón pura. Según mi terminología,
neral concurren en la afirmación de que una acción es correcta este tipo sería sólo una de las variedades de «ética formalista».
cuando promueve el bien o hace desaparecer el mal. Podemos de- Cuando empleo el término «formalismo», entiendo por tal la
signar este tipo de teoría ética con el nombre de «teleológica» o, doctrina según la cual la calidad moral de los actos depende de
en el más amplio sentido de la palabra, con el de utilitaria. su conformidad con las leyes o reglas de la acción. Las distintas
El segundo tipo de teoría ética es el que toma la ley moral variedades del formalismo se diferencian entre sí por su apela-
como modelo. Este punto de vista defiende que la naturaleza de ción a diversas fuentes para explicar dichas reglas morales. Las
lo justo encuentra su fundamento en una ley, norma o decreto. teorías de este tipo son «no teleológicas»; ahora bien, mientras
Se supone que la ley es evidente por sí misma o que deriva de esta denominación es puramente negativa, el término formalistas
una fuente autorizada e inmutable. Es aceptada como última ins- indica su carácter positivo, esto es, su adhesión y observancia de
tancia; no se intenta ir más allá de ella para determinar sí de su «formas» prescritas, formas que, en este caso, son leyes o reglas
observancia se seguirá alguna utilidad o alcanzaremos alguna morales.
forma de felicidad. La propia ley es la que determina lo que es Estos dos tipos principales de teoría ética, la teleológica y la
justo y se ha de hacer lo justo sin tener en cuenta las conse- formalista, se confunden en la conciencia de la mayoría de los
cuencias que de ello se deriven. La esencia de esta posición hombres. Hasta los que se adhieren más firmemente a un códi-
la encontramos en las siguientes palabras de Emmanuel Kant go moral, se permiten, de un modo dudoso, incierto e incluso
(1724-1804): culpable, pequeñas infracciones de las normas con fines filantró-
picos o de provecho personal. De igual modo, hasta los que más
El deber es la necesidad de una acción por respeto a la ley... se esfuerzan por realizar un ideal, pasan períodos de conformi-
Por tanto, no otra cosa, sino sólo la representación de la ley en sí dad y aceptación sin cuestionar las leyes o reglas a las que se
misma, en cuanto que ella y no el efecto esperado es el fundamento
someten.
1
Principia ethica. U.N.A.M. Traducción de Adolfo García Díaz, Mé- 2
xico 1959, 139-141. Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducción
de Manuel García Morente. Espasa-Calpe, Madrid 1963, 38-39.
2« Etica de las leyes

Dedicaré la primera parte de este libro a exponer y criticar


la teoría ética formalista, en contraposición con la teleológica. í
Al hacerlo, obtendremos una visión más completa de ambas po-
siciones. A lo largo de mi exposición, haré un hincapié especial
en las implicaciones sociales de estos puntos de vista éticos Las leyes de la
opuestos.
sociedad

1. La moral de la costumbre

Consideraremos en este capítulo la doctrina según la cual los


modelos morales consisten en prescripciones autorizadas que, en
forma de costumbre o de ley positiva, impone la sociedad a los
individuos. De acuerdo con esta postura, el deber del hombre
no está en decidir por sí mismo lo que es justo, sino en atenerse
a las reglas establecidas socialmente.

Una primera manifestación de este punto de vista la encon-


tramos en la moral de la costumbre. Una costumbre es un uso
mantenido durante largo tiempo, que el hábito social y la tradi-
ción han llegado a establecer y que ha adquirido la fuerza de una
ley. Para una moral consuetudinaria, los juicios morales se basan
siempre en costumbres. Dado que las costumbres suelen ser
aceptadas de un modo irreflexivo e incondicional, podemos en-
cuadrar esta teoría dentro de las éticas a las que hemos llamado
formalistas.

El carácter absoluto y formal de los usos o costumbres ha


sido expuesto muy claramente en la descripción que William
Graham Sumner ha hecho de la vida primitiva:
JO Las leyes de la sociedad
Burke: Defensa de la costumbre y la tradición 31
Las costumbres son las formas «correctas» de satisfacer todos los
intereses, dado que son tradicionales y existen de hecho. Abarcan
todos los aspectos de la vida. Existe una forma correcta de cazar, miento está impregnado de prejuicios habituales o de postulados
de obtener una esposa, de cuidar el aspecto externo, de curar una que nunca han sometido a crítica.
enfermedad, de honrar a los espíritus, de tratar a los camaradas o a En sus formas más ingenuas, la moral de la costumbre es
los extranjeros, de actuar cuando nace un niño, en caso de guerra,
fácilmente criticable. Casi nadie defendería hoy que se ha de
en una asamblea, y en toda situación que pudiera plantearse. Las
formas de comportamiento suelen aparecer definidas de un modo respetar siempre una costumbre o que la hemos de considerar
negativo, es decir, por medio de tabúes. El modo «correcto» es el moralmente aceptable sólo por el hecho de ser un uso estable-
modo como actuaron los antepasados y que se ha venido transmi- cido. Pocas personas estarán dispuestas a admitir que «el cani-
tiendo de generación en generación. La tradición es su propia garan- balismo es moral en un país caníbal». 2 En culturas primitivas en-
tía. No hay lugar para una verificación experimental. La noción mis- contramos ejemplos de costumbres que nos resultan extremada-
ma de corrección está contenida en las propias costumbres. No está
fuera de ellas, en una fuente independiente que les comunique su mente sorprendentes, como dejar de lavarse, quemar a las viudas,
validez. Todo lo que es costumbre es correcto por el hecho de ser comerse a los propios padres o sacrificar a un recién nacido. En
tradicional. Una vez que llegamos a las costumbres, finaliza nuestro países modernos y civilizados se dan también costumbres que re-
análisis.1 sultan muy perjudiciales, tal es el caso de las represalias bélicas,
del sometimiento cruel de la mujer al hombre, de los malos tra-
Podemos, por supuesto, preguntarnos si la moral ejerce al- tos a los negros y de la ganancia despiadada del capitalismo en
guna función a este nivel de aceptación casi irreflexiva de la cos- sus aspectos más voraces. Si una costumbre es siempre justa, nin-
tumbre. Franz Boas, Bronislaw Malinowski y otros antropólogos guno de estos abusos, en la medida en que constituyan usos esta-
han demostrado que los pueblos primitivos reflexionan a me- blecidos, podría nunca superarse. No merece la pena que nos de-
tengamos en la refutación de un punto de vista tan ingenuo.
nudo y que incluso se desvían de sus costumbres. Con todo, ta-
les autores siguen manteniendo una cierta distinción entre una Sin embargo, lo que nos hace detenernos en esta posición es
moral consuetudinaria y una moral reflexiva. Entre personas re- el hecho de que pensadores profundos e incluso geniales han de-
flexivas, la elección moral viene determinada de un modo muy fendido a veces la moral de la costumbre. Hombres como Hegel
frecuente por un juicio crítico independiente. En comparación, y Savigny en Alemania, Taine y Renán en Francia, y Burke y
el grado de reflexión existente en individuos dominados por la Maine en Inglaterra, se han sentido profundamente impresiona-
costumbre es considerablemente menor. La conformidad es objeto dos por los valores contenidos en las costumbres. Para pasar re-
de aprobación y de respeto; por el contrarío, la disensión suele vista a los argumentos que han esgrimido en su defensa, no po-
ser considerada como una falta e incluso como un signo de de- demos hacer nada mejor que dirigirnos a los elocuentes escritos
pravación. de Burke.

En este sentido relativo, puede decirse que en todas las épo-


cas y países encontramos un cierto grado de moral consuetudi-
naria. No tenemos más que observar a nuestro alrededor para en- 2. La defensa de Burke de la costumbre
contrar individuos que siguen formas rutinarias de comportamiento y la tradición
sin preocuparse nunca de modelarlas o readaptarlas. Dichas per-
sonas podrán incluso ofrecernos múltiples razones para apoyar Edmund Burke (1729-1797), teórico político y dirigente del
sus creencias si las forzamos a ello, pero en este caso su pensa- partido liberal en el parlamento británico, no sólo es conocido
2
1
Folkways (Costumbres). Ginn, Boston 1906, 28. Traducción castella- The notebooks of Samuel Butler (Cuadernos de Samuel Butler).
na: Los pueblos y sus costumbres. Kraft, Buenos Aires 1948. Dutton, New York 1907, 29.
32 Las leyes de la sociedad
Bur&e: Defensa de la costumbre y la tradición 33
por su valiente apoyo a la causa de la libertad en Irlanda, la In-
dia y América, sino también por su defensa apasionada de la tra- inconstantes y desorientados de los individuos aislados. Su ma-
dición frente a la terrible acometida de la revolución francesa. yor solidez no sólo es válida en el terreno moral, sino también
Sus Reflexiones sobre la revolución francesa (1790) y sus ulte- en el de la opción política y en el de la actuación gubernamental.
riores escritos sobre el mismo tema constituyen uno de los ale-
Constituye un fuerte argumento en favor de todo plan estable-
gatos más poderosos e influyentes jamás redactado. cido de gobierno contra cualquier proyecto sin experimentar, el he-
cho de que una nación haya perdurado y florecido durante tanto
El espectro de la revolución francesa persiguió a su genera- tiempo bajo su dirección. Este representa incluso la más firme mani-
ción, como el espectro de la revolución comunista ha perseguido festación de lo que una nación elige, por encima de todo acuerdo
a la nuestra. Desde sus comienzos vio en esta revolución algo repentino y temporal que se base en unas elecciones reales. Y es
mucho más significativo que el simple fracaso de los asuntos in- que una nación no es sólo una simple área geográfica, ni una
suma momentánea de individuos, sino una continuidad que se ex-
ternos de Francia. No sólo la consideró como una profunda cri-
tiende en el tiempo tanto como en el número y en el espacio. No
sis que afectaba a la vida y a la cultura de toda Europa, sino se trata de la elección de un día, ni de la de un grupo de personas;
como un riesgo que alcanzaba a la esencia misma de la civiliza- no es una elección tumultuosa y atolondrada; es una decisión de
ción. Creía que «aquel extraño caos de ligereza y ferocidad»3 épocas y de generaciones, una constitución elaborada por lo que es
comprometía a todos los valores tradicionales. Haciendo uso del diez mil veces mejor que una elección; está formada por circuns-
tancias, ocasiones, temperamentos, disposiciones peculiares, tanto co-
aplastante poder de su elocuencia, describió los horrores y terro- mo por hábitos morales, civiles y sociales de personas que sólo se
res de la revolución con palabras que guardan un estrecho pare- revelan en largos períodos de tiempo... El individuo es necio; la
cido con las empleadas por Winston Churchill o por cualquier multitud de un momento es necia, cuando actúa sin una previa
otro dirigente conservador de nuestra época de crisis. deliberación; pero la especie es sabia y, cuando se le da tiempo,
en cuanto especie, casi siempre actúa correctamente.5
Al igual que muchos de nuestros políticos de hoy, buscó un
refugio en los valores tradicionales de su nación y de su clase Desde su posición extremadamente ingenua, Burke estaba
social. En medio de una oleada de cambios, intentó ansiosamen- convencido de que una acción considerada como mala es menos
te anclar a la nación inglesa a la seguridad de sus costumbres frecuente en una sociedad que sigue fielmente los dictados de la
inmemoriales y de sus códigos establecidos. Defendió que la cos- costumbre y de la tradición. Al estar más fuertemente unidos
tumbre y la tradición representan la experiencia acumulada y pro- entre sí los modelos de personalidad, el riesgo de que éstos se
bada de muchas generaciones, la herencia fundamental de un desintegren y provoquen la inmoralidad queda reducido al míni-
pueblo. Dada la continuidad de los usos y de las instituciones mo. De este modo, se evitan por igual tanto el crimen como las
configurados en torno al estado, una sociedad «dispone de un experiencias poco afortunadas, mientras una opción pública uni-
fuerte vínculo de relación no sólo entre los vivos, sino también forme y consistente se fortalece y multiplica merced al contacto
entre los vivos, los muertos y los que han de vivir».4 Este nexo profundo y continuado. Resulta mucho más seguro confiar en
de unión que representa el uso y la costumbre, creado por innu- las instituciones de nuestros antepasados que plegarnos a la pa-
merables conciencias de muchas épocas, constituye un depósito sión que el revolucionario experimenta por todo tipo de in-
de sabiduría mucho más seguro que los pensamientos fugaces, novación.
Si nos dejáramos llevar por esa facilidad sin escrúpulos para cam-
3
EDMUND BURKE, Reflections on the french revolution and other biar el estado tan a menudo, tan profundamente y de tan diversas
essays (Reflexiones sobre la revolución francesa y otros ensayos). Dutton,
New York 1910, 98. 5
Speech in the house of commons, may 7, 1782 (Discurso en la
4 Cámara de los Comunes del 7 de mayo de 1782), en Works (Obras).
Ibid., 93.
Little, Brown, Boston 1894, VII, 94-95.
34 Las leyes de la sociedad Peligros de la costumbre 35

formas, a tenor con el capricho o la moda del momento, terminaría 3. Los peligros de la costumbre
por romperse toda la ligazón y la continuidad de nuestra comunidad.
Ninguna generación se sentiría unida a la anterior. Los hombres en una época de rápida transición
serían más pequeños que los insectos de un verano.6

El valor de la vida humana individual depende, según Burke, El punto de vista opuesto lo encontramos en el vehemente
de su identificación con la vida más amplia de la comunidad en- manifiesto que Thomas Paine escribió en respuesta a Burke bajo
carnada en sus costumbres y en sus tradiciones. De este modo, el título de Los derechos del hombre. La apelación de Paine no
cada individuo une su conciencia con las conciencias de los que se dirige a un pasado inmemorial, sino a las candentes necesida-
le rodean, obteniendo a cambio un inapreciable derroche de so- des y exigencias del presente.
lidaridad y ayuda. Piensa en términos de un «nosotros» y no en
términos de un «yo», lo que le libera de la pequenez de su na- Toda generación ha de ser libre para actuar por sí misma en
turaleza individual. Su espíritu se enriquece con la tradición con- todo momento, como lo hicieron las épocas y generaciones que la
tinuada de sentimientos, asociaciones y leales adhesiones; todo precedieron. La vanidad y el atrevimiento de gobernar por encima
de la muerte, constituye la más ridicula e insolente de todas las
su ser se impregna de la vida orgánica del vecindario, la provin- tiranías... Cada generación es, y debe ser, competente respecto a to-
cia y la nación. La unión de muchas conciencias hace que se des- dos los objetivos que sus circunstancias exijan. Es la vida y no la
vanezcan las dudas y las incertidumbres. Sin ese consenso social, muerte la que ha de servir de pauta.8
el individuo no supera la endeblez del junco.
Cada nueva generación tiene sus propios problemas, sus pro-
El solo hecho de pensar en la posibilidad de engendrar hijos pios recursos y sus propias crisis sin precedentes. Si una costum-
para dejarles a merced de su capacidad intelectiva individual, nos bre generada en otras circunstancias y ajustada a otras condicio-
llena de pavor. Y es que sospechamos que esa capacidad individual
es muy pequeña y que los individuos hacen muy bien al aprovecharse
nes subsiste por encima de los cambios que se hubieran opera-
de ese capital universal que las naciones y las épocas han ido do, el resultado es lo que los sociólogos han dado en llamar
acumulando.7 «desfase cultural» (cultural lag). Este desfase puede llegar a re-
vestir una extraordinaria importancia cuando la sociedad experi-
Valga este breve resumen como muestra del tipo de argu- menta en ciertos aspectos cambios tan rápidos como fundamen-
mentos esgrimidos por Burke en su defensa de las costumbres tales. Las condiciones de vida de los últimos setenta y cinco
y de la tradición. Su estilo no difiere demasiado del que, en años, por ejemplo, han experimentado un cambio inusitado. Se
mayor o menor medida, encontramos en los conservadores de ha dicho que «se ha producido un mayor cambio espiritual entre
nuestra propia época. el mundo de 1870 y el actual que el que se produjo entre la
edad media y el ambiente Victoriano de dicha fecha».9 La rapi-
dez del cambio parece aumentar en progresión geométrica, espe-
cialmente durante nuestra nueva era atómica, mientras las for-
mas tradicionales de pensamiento se han manifestado impotentes

* En Writings (Escritos), editados por Moncure D. Conway, Put-


6 nam's, New York 1894-1896, 278.
BURKE, Reflections on the french revolution (Reflexiones sobre la
9
revolución francesa), 92. J O H N H. MUIRHEAD, Why everybody needs a philosophy (Por
7 qué todos necesitamos una filosofía) en The neto world (El nuevo mun-
Ibid., 84. do), editado por Harold Bruce y Guy Montgomery, New York 1927, 548.
36 Las leyes de la sociedad Peligros de la costumbre 37

en su intento de adaptación a tan radicales transformaciones. El no prestar atención a la sabiduría contenida en estas profundas
resultado ha sido que las costumbres morales no han podido ha- observaciones. Su lema fue «volver a la normalidad». Dema-
cer nada frente a los que han sido considerados como los peca- siado orgullosos por el pasado, no llegaron a comprender que
dos característicos de la sociedad moderna: la supercapitalización se habían desencadenado en el mundo nuevas y poderosas fuer-
de la industria, el alquiler de viviendas sin condiciones higiéni- zas. El mejor comentario sobre esta coyuntura y este fracaso lo
cas, la explotación laboral, el mantenimiento de fábricas en si- encontramos en las páginas en que T. E. Lawrence narra el idea-
tuaciones que resultan perjudiciales para la salud, la fabricación lismo juvenil que presidió la primera guerra mundial y el amar-
y venta de medicamentos sin patentar, la incitación a la guerra go desengaño de sus consecuencias.
llevada a cabo por un tipo de prensa característicamente patrio-
tera. La moral consuetudinaria ejerce un importante papel en la El frescor matinal de un mundo futuro nos embriagó. Estábamos
condena de pequeños deÜtos personales de corte tradicional, enardecidos de ideas inexpresables e inconcretas, pero por las que
pero se muestra ineficaz e insignificante a la hora de enjuiciar había que luchar. Vivimos muchas vidas en aquel remolino de cam-
crímenes que por su forma y por su carácter social resultan iné- pañas militares que siempre nos parecieron cortas; cuando por fin
acabamos nuestra empresa y el nuevo mundo empezaba a alborear,
ditos hasta hoy. Menos preparada se encuentra aún para responder volvieron a presentarse los ancianos, recogieron nuestra victoria y la
a las exigencias de reconstrucción que piden los actuales desa- rehicieron tomando como modelo el viejo mundo que conocían. La
justes. Para someter las desenfrenadas fuerzas de la ciencia y de juventud pudo ganar, pero no había aprendido a insistir; era com-
la tecnología a la responsabilidad de un control internacional, pasivamente débil frente a la edad. Afirmamos tartamudeando que
por ejemplo, no cabe otro recurso que la reflexión y la apela- habíamos trabajado por un cielo nuevo y por una tierra nueva, pero
ellos nos dieron amablemente las gracias e hicieron su paz.11
ción a una intensa iniciativa social.
Está claro que vivimos en medio de una enorme oleada de Estos hombres ciegos que hicieron su «paz» no pudieron
cambios y que necesitamos adaptar con toda urgencia algunas de poner diques a la oleada del cambio, pero hicieron que la tran-
nuestras instituciones tradicionales —como es el caso de la na- sición fuera mucho más sangrienta y costosa de lo que podría
ción-estado absoluta— al desarrollo vertiginoso de la moderna haber sido. Por culpa de su fracaso, la humanidad hubo de so-
tecnología. A pesar de su conservadurismo, el propio Burke com- portar las terribles pruebas que supusieron el colapso econó-
prendió que existen períodos en la historia que exigen altera- mico, el fascismo y una segunda guerra mundial. Hoy más que
ciones fundamentales. En tales circunstancias, apuntó el políti- nunca se hace imperioso que los ancianos no vuelvan a tomar
co inglés, resultaría una locura oponerse a ellos. las riendas del poder para tratar de restaurar en vano, pero a
un precio terrible, el mundo que vivimos adaptándolo a formas
Si ha de operarse un gran cambio en los asuntos humanos, se caducas. Nunca como hoy necesitamos del vigor mañanero. Aten-
ajustarán a él las conciencias de los hombres y las opiniones y sen-
timientos generales seguirán ese camino. Cada miedo, cada esperanza, tos a las grandes tradiciones del pasado, pero sin esclavizarnos
lo adelantará; entonces, los que persistan en oponerse en los asuntos a ellas, debemos renovar el mundo desde sus cimientos, de tal
humanos a esa poderosa corriente, parecerá que se oponen más a modo que «la nación no alce la espada contra la nación».12
los decretos de la providencia que a los simples designios de los
hombres. No serán decididos ni firmes, sino perversos y obstinados.10

Ciegos a los imperativos de su época, los hombres que fir-


maron la «paz» tras la primera guerra mundial fracasaron por
11
10
Oriental assembly (Asamblea oriental). Dutton, New York 1940,
Thoughts on french affairs (Pensamientos sobre los asuntos .fran- 142-143.
ceses), en Reflections on the french revolution and other essays, 330. 12
Isaías, 2, 4.
38 Las leyes de la sociedad Limitaciones de la costumbre 39

4. Las limitaciones de la costumbre caso de que sea superior, tenderá a exhibir su supremacía, es-
en épocas de normalidad tableciendo, así, un modelo a seguir. Otras personas, sin em-
bargo, no tienen necesariamente que elegir entre él y yo; pueden
combinar nuestros valores mutuos y lograr así una síntesis que
Aun en los casos en que la reflexión crítica resulta menos incluya lo que hay de bueno en las vidas de los dos. Las dife-
esencial que en nuestra época actual, los hombres son conscien- rencias de personalidad constituyen la condición previa e indis-
tes de su necesidad y de las desventajas de la moral consuetudi- pensable de dicha síntesis. Cuando aparece una gran cantidad
naria. Incluso en momentos relativamente estables, lo que se re- de personas originales y creativas, estamos ante un rico mate-
quiere no es la rigidez de una firme adhesión a la costumbre, rial que ha de ser fundido y organizado en modelos nuevos y
sino la adaptación dinámica del individuo a su entorno. Cuando más adecuados. Desde el momento en que la costumbre reprime
dos individuos presentan personalidades que difieren grandemen- el rico fermento de las individualidades opuestas, impide que
te entre sí, la misma adaptación no sirve para ambos. Como dijo la sociedad adquiera la apertura y la espontaneidad que necesita
el poeta Blake, «una sola ley para el león y para el buey es para su desarrollo y superación. Aun admitiendo muchos de los
opresión».13 Un sólo código invariable para el débil y para el valores tradicionales que Burke puso de relieve, hemos de in-
fuerte, para el sano y el neurótico, para el hombre práctico y el sistir en que la primera condición de toda cultura avanzada la
artista, para el introvertido y el extravertido, para el emotivo y constituye la interacción de individuos diferentes y creadores.
el intelectual, para el místico y el ciudadano, no puede asegurar Sin ella, desaparecerían los artistas, dejarían de tener sentido
una descarga feliz de energías ni una adaptación a las diferencias los pensadores y todo lo grande y noble se marchitaría en el ári-
de base. No podemos reducir toda la humanidad a un común do desierto de la mediocridad.
denominador sin violar el carácter sagrado de la personalidad.
En una cultura primitiva, en la que pensamiento y acción son Los refuerzos extraordinariamente emotivos, como el senti-
muy homogéneos, no importa demasiado la violencia que la miento del tabú, que acompañan a la moral consuetudinaria, sue-
costumbre pueda ejercer sobre la individualidad; en una cultu- len constituir un obstáculo para la reflexión científica o crítica.
ra avanzada, en la que se ha generado un alto nivel de diferen- Las actitudes tradicionales hacia el sexo y la religión, por ejem-
ciación, los perjuicios que puede acarrear un código inflexible plo, han tenido una profunda connotación emocional; como re-
resultan evidentes. Un claro ejemplo de ello lo encontramos en sultado, el pensamiento acerca de estos temas se ha caracteri-
los casos de Jude el Tenebroso y de Tess D'Urbervilles que Tho- zado por su gran carga de prejuicios y de irracionalismos. No es
mas Hardy describe en sus novelas. el momento de indicar todo lo que la moral debe al sentimiento,
siempre que éste pueda ser armonizado con la inteligencia. Sin
Si una sociedad quiere progresar, ha de quebrantar «el du- embargo, cuando un sentimiento se hace habitual, se convierte
ro bloque de la costumbre». Sólo cuando los individuos se apar- en una poderosa barrera que impide solucionar racionalmente
tan de un modelo simple y perentorio de costumbre, pueden los problemas de la vida.
someter sus diferencias a una reflexión crítica. Si mi amigo Jo-
nes es diferente a mí, me siento impulsado a preguntarme ¿quién La moral debe experimentar un desarrollo si ha de seguir
es mejor y quién es peor? Si fuéramos exactos en todo, no ten- el ritmo de los avances que se producen en el campo del cono-
dría nada que preguntarme y nada me haría reflexionar. En el cimiento, pero su crecimiento resultaría imposible si quedara re-
13 ducida para siempre a los estrechos límites del pasado, si no se
The marriage of heaven and hell (Las bodas entre el cielo y el
infierno), en Poetry and prose of William Blake (Poesía y prosa de abriera a nuevos horizontes de un modo aventurero, flexible e
William Blake). Random House, New York 1927, 203. inteligente.
40 Las leyes de la sociedad
Bases éticas de la ley positiva 41
5. Las bases éticas de la ley positiva principios inmutables deducidos por la razón a un determinado
nivel de abstracción; la ley es un conjunto unitario de decretos
y prescripciones que se justifica por sí mismo y que sólo puede
Si de la costumbre pasamos a la ley positiva, podemos vol- ser validado e interpretado recurriendo a las premisas jurídicas
ver a hacer uso de las mismas consideraciones en torno al bie- en que se apoya y a su coherencia lógica interna.
nestar humano. Por ley positiva entiendo un conjunto de reglas
deducidas o establecidas, de acuerdo con las cuales, los tribu- Ni que decir tiene que la mayoría de estas interpretaciones
nales o los magistrados, en cuanto órganos judiciales, resuelven son más o menos admisibles en cuanto descripciones de lo que
los posibles pleitos. En este sentido, la ley positiva se diferencia es la ley. Es cierto, por ejemplo, que la ley es a veces el resul-
claramente de la simple costumbre. tado de un acuerdo contractual deliberado; que puede sancio-
Cabe distinguir entre una interpretación formalista de la nar costumbres o expresar el espíritu de un pueblo o de una
ley y una interpretación teleológica. Por regla general, prevalece época; que normalmente intensifica la solidaridad social; que
el punto de vista más estrictamente formalista. Rara vez reco- más frecuentemente aún representa los intereses económicos de
nocen los jueces y los abogados que el fundamento auténtico una clase privilegiada; que puede ser afectada por el intuicionis-
mo ético o por el razonamiento abstracto y deductivo; y que
de la ley lo constituye la conveniencia o el bienestar social. La
tiende a convertirse en una disciplina separada e independiente
conciencia de tipo «legalista» se retrotrae al hábito; considera
regida sólo por sus propias reglas internas. Ahora bien, estas
el pasado y no el futuro; se somete a leyes configuradas, a re-
interpretaciones quedan invalidadas desde el momento en que no
gulaciones pasadas, a legitimidades establecidas. Muy pocas ve-
se ve en ellas una descripción parcial de lo que es una ley, sino
ces está dispuesta a admitir la necesidad de readaptar o dero-'
que se las pretende elevar a la categoría de modelos de lo que
gar una ley en provecho del bienestar social.
una ley debe ser. El único modelo válido de ley consiste en su
Casi todas las interpretaciones posibles de la ley han sido eficacia para promover una vida justa.
ya hechas en una época u otra. La mayoría de ellas coincide en
el intento de explicar y justificar la ley en un sentido formalis- Cuando una ley ha de ser promulgada es precisamente cuan-
ta. Entre este tipo de interpretaciones podemos enumerar las do se comprende este hecho con una mayor claridad. Como de-
siguientes: la ley es un don de Dios y ha de ser sancionada por claró el juez Brandéis, «casi toda legislación parte de la base
un decreto divino; la ley es la enseñanza de los antiguos sabios de que las necesidades públicas y, a la vez, los valores sociales
cuya autoridad resulta indiscutible; la ley es el reflejo de un que les son afines tienen un mayor peso que los deseos e inte-
derecho natural que suministra las normas para toda posible reses privados».14 Pocas personas dejarían de admitir que cuando
legislación e interpretación judicial; la ley es el resultado de un los deseos privados prevalecen sobre las necesidades públicas,
contrato social en el que de algún modo han intervenido todos representativas de un bien mayor, se produce un claro abuso del
los ciudadanos, por lo que está revestida de la obligatoriedad poder legislativo. La actitud hacia la interpretación judicial de
de toda promesa formal; la ley es la cristalización de costumbres la ley es, sin embargo, diferente. Muy pocos expertos en cuestio-
inmemoriales, o la expresión del espíritu de un pueblo o de una nes de jurisprudencia han admitido abiertamente que la única
época; la ley es un instrumento de solidaridad social por el que justificación real de la ley radica en su eficacia para promover
una sociedad mantiene su cohesión; la ley es un medio de su- el bienestar humano.
jeción social con el que una clase dominante legaliza y perpe-
túa su poder y sus privilegios; la ley es la encarnación de las 14
verdades que la conciencia intuye; la ley es la afirmación de los Opinión del juez Brandéis en el proceso de Truax contra Corrigan
ante el Tribunal Supremo americano (1921), 257 U.S. 312, 357.
42 Las leyes de la sociedad
Bases éticas de la ley positiva 43
Fclix S. Cohén, filósofo y abogado a la vez, ha sugerido há-
bilmente este punto de vista: El que recomienda que sea la ley la que gobierne parece impo-
ner que solamente sea Dios y la razón los que hayan de gobernar,
mientras que el que quiere que gobierne sólo el hombre le añade de
La ética es el estudio del significado y de la aplicación de los
esta manera el animal salvaje, porque el apetito es como un animal
juicios de bueno, malo, justo, injusto, etc., y toda valoración final salvaje, y además la pasión tuerce el gobierno aun de los hombres
de una ley implica un juicio ético. Cuando decimos, por ejemplo, mejores. Así, pues, la ley es sabiduría sin deseo.16
que una ley dada es mala, que una decisión judicial es mejor que
otra, que la constitución americana debería ser revisada, o que tene-
mos que obedecer las leyes, estamos empleando juicios cuya verdad Con todo, se ha de comprobar la validez de una ley exami-
o falsedad no pueden ser establecidas sin apelar a consideraciones nando los beneficios que reporta su observancia. Su aceptación
éticas. No hay forma alguna de evitar esta responsabilidad última debe estar condicionada a la producción de unos efectos que,
de la ley ante la ética... Toda determinación última del fin general en líneas generales, resultan justos. No seguiríamos lo legislado
de la ley... ha de reducirse a la fórmula según la cual 'toda ley
ni mantendríamos lo establecido si sus consecuencias generales
ha de reportar el mayor bien posible'.15
resultaran injuriantes para la salud del grupo o de cualquiera
de sus partes. Si este hecho fuera claramente reconocido, no
Resulta imposible negarse ante la fuerza de estas observa-
sólo por el público en general, sino también por juristas y jue-
ciones. La ley está hecha para el hombre, no el hombre para la
ces, evitaríamos el oscurantismo legalista y prestaríamos a la
ley. Hay leyes buenas y leyes malas, leyes prudentes y leyes ab-
ley u n espíritu progresivo.
surdas; ello hace que existan grandes diferencias entre las leyes
que nos gobiernan. Cuando modificando o derogando una ley Podemos ejemplificar los efectos que se siguen de esta acep-
puede elevarse el nivel general de bienestar, dicha ley deberá tación recordando el famoso juicio de Nuremberg contra los cri-
ser modificada o abolida. La declaración de independencia ame- minales de guerra nazis. A la manera tradicional, la defensa
ricana enuncia esta gran verdad con expresiones muy similares. centró sus argumentos en el hecho de que los cargos no se ba-
saban en precedentes legales y que, por ello, no eran válidos;
No niego con ello ni por un momento que existen general- los jueces, sin embargo, decidieron que, por encima de lo esta-
mente razones muy poderosas en favor del respeto y el man- blecido en la ley, se había de tener en cuenta el bienestar gene-
tenimiento de la ley. El fallo inapelable de ésta resulta necesa- ral. El juez Jackson, que actuaba como fiscal principal, subrayó
rio, sobre todo en una sociedad compleja, si se ha de contener que «el derecho internacional no está a la altura del sentido
el crimen y evitar la anarquía. El orden jurídico es el único sus- moral de la humanidad desde el momento en que considera ju-
tituto de la guerra civil, e incluso es preferible muchas veces rídicamente inocente un comportamiento que la ética condena
la existencia de leyes irracionales que la ausencia de toda nor- como criminal». Frente a ello defendió que se ha de reformar
mativa. La ley supone también una protección necesaria contra una ley que no se adecúa a la sensibilidad moral general.
la falibilidad y el abuso de poder de los gobernantes. La posi-
bilidad misma de apelar a precedentes judiciales constituye una No puedo apoyar el perverso razonamiento de que la sociedad
poderosa garantía frente a los caprichosos e imprevisibles ex- debe promover y fortalecer el peso de la ley a expensas de vidas
moralmente inocentes, y de que el progreso de la ley puede llevarse
travíos de los jueces. Como ya Aristóteles subrayara, la ley es
a cabo al precio de actitudes éticamente culpables... Como determi-
una salvaguarda necesaria contra el subjetivismo y el irraciona- na el derecho civil, el desarrollo de la ley está condicionado a las
lismo que rehuyen los precedentes establecidos y prefieren de- decisiones que de vez en cuando se tomen para adaptar los prin-
pender de las órdenes del momento. cipios establecidos a las nuevas condiciones... Avanza a costa de
16
1S Política, traducción del griego de Francisco de P. Samaranch, en
Ethical systems and legal ideáis (Sistemas éticos e ideales legales). Obras. Aguilar, Madrid 1964, 1476 (1287, a).
Falcon Press, New York 1933, 7.
4-1 Las leyes de la sociedad

quienes sospecharon que las leyes se equivocaban y comprendieron


demasiado tarde sus errores.17 2
Es evidente que en estas declaraciones prevalece el interés
por el bienestar humano. La costumbre por la costumbre o la
Las leyes de Dios
ley por la ley nunca constituye una base adecuada de política
social. Todo se ha de justificar o condenar por sus frutos; todo
ha de ser sometido a la prueba de la reflexión crítica.
Mucho antes del nacimiento de Cristo, Buda determinó la
naturaleza de esta reflexión. Rechazó la simple apelación a la
costumbre, a la autoridad, a las impresiones superficiales de los
sentidos y al razonamiento abstracto y deductivo; e insistió, por
el contrario, en la observación minuciosa y en la reflexión sobre
la base del bienestar y del dolor.
1. Dios como legislador moral
Es conveniente y muy natural que te asalte la duda; las creen-
cias ciegas deben ser rechazadas. No juzgues por la fama, ni por la
tradición, ni por la simple aseveración, ni por los llamados escritos
En el esfuerzo espontáneo por revestir las costumbres y las
sagrados, ni por deducciones lógicas, ni por derivaciones metodoló-
gicas, ni por la mera evidencia de los sentidos, ni por opiniones y leyes morales de una autoridad reverencial, las antiguas civili-
concepciones aceptadas y extendidas; no juzgues por las apariencias zaciones concibieron que dichas costumbres y leyes habían sido
ni creas una cosa sólo porque un asceta o un maestro la diga. Por formuladas por un dios y que resultaban obligatorias precisa-
el contrario, cuando percibas por ti mismo que «esto es injusto, mente por su procedencia divina. Resulta ilustrativo traer a co-
esto es ofensivo o esto produce dolor y sufrimiento a nosotros y a
lación unos cuantos ejemplos.
otras personas», recházalo. Sin embargo, cuando comprendas que
«esto es justo, esto es inofensivo, esto produce bienestar y felicidad El código escrito de leyes más antiguo, que los historiado-
a nosotros y a otras personas», acéptalo y actúa en consecuencia.18
res no han conocido sino en fecha reciente, es el que promulgó
Hammurabi, rey de Babilonia, entre el año 1955 y el 1913 antes
de Cristo. Sobre un gran pilar de diorita negra de casi ocho pies
de alto está inscrito un código en el que se enumeran las concep-
ciones morales y jurídicas de Babilonia. Tallada en la misma ro-
ca, aparece una escena en la que el rey recibe estas leyes de la
representación sedente de Chama, el dios del sol, «juez de cie-
los y tierras».
Parecidas representaciones se encuentran en otras civiliza-
ciones. En el Antiguo Testamento, por ejemplo, encontramos las
17
Recogido por T. V. SMITH, Constructivo ethics (Etica construc- historias de las órdenes que Dios dio a Adán, de su alianza con
tiva). Appleton-Century-Crofts, New York 1948, 11. Abrahán y de su entrega a Moisés de los diez mandamientos.
18
C. T. STRAUSS, The Buddha and bis doctrine (Buda y su doctrina). El libro de Manu (alrededor del 250 antes de Cristo), fuente
Rider, London 1923, 101.
46 Las leyes de Dios Dios como legislador moral 47

autorizada de ley moral para todos los indostánicos, es conside- como un delito religioso y que, al solicitar la pena de muerte
rado como una emanación del dios supremo. De igual modo, las para su padre, se siente movido por un sentimiento de piedad
enseñanzas morales islámicas son presentadas como la revelación hacia los dioses. El filósofo le pide entonces que explique lo
directa de Dios que el ángel Gabriel comunicó palabra por pa- que entiende por piedad y, como resultado de la interrogación
labra al profeta Mahoma. En el siguiente pasaje de un diálogo de Sócrates, pronto se formula la siguiente disyuntiva: ¿es jus-
platónico, Las leyes, podemos leer lo que sigue: to un acto porque está mandado por los dioses o está manda-
do por los dioses por ser justo? Eutifrón se adhiere a la pri-
— Extranjero: Decidme, extranjeros, ¿quién creéis que es el mera alternativa, defendiendo que «la piedad es lo que resul-
autor de vuestras leyes, un dios o un hombre? ta querido a los dioses y la impiedad lo que no les resulta que-
— Clinias: Un dios, extranjero; evidentemente, un dios. Entre rido».2 En ningún momento, a lo largo de toda su exposición,
nosotros los cretenses decimos que ha sido Zeus, pero en Lacede- recurre Eutifrón a consideraciones humanitarias o utilitarias. Su
monia, de donde procede nuestro amigo, creo que te dirían que es
Apolo su legislador. ¿No es así, Megilo? opinión es que ciertos actos, al ser condenados por los dioses,
— Megilo: Ciertamente. 1 son sacrilegos y que ciertos actos, al ser aprobados por los dioses,
son sagrados. Aunque más tarde modifica su postura, es incapaz
Ejemplos parecidos son muy numerosos. de superar, de un modo claro e inequívoco, una concepción for-
malista de la ética religiosa.
De este modo, al ser «dadas por Dios», las leyes han de ser
obedecidas tanto por su carácter sagrado como por estar im- Sócrates pone en tela de juicio todo este enfoque. Apunta
puestas por un decreto divino. Según una interpretación pu- que la definición de Eutifrón según la cual un acto es piadoso
ramente formalista, estas leyes divinas son justas sólo por el por estar aprobado por los dioses, supone una caracterización
hecho de que Dios las ordena. El punto de vista opuesto sería puramente externa. No nos dice nada de la esencia del acto, de
que lo justo no se funda en un decreto arbitrario de Dios, sino la cualidad que es causa de la aprobación divina. Sócrates de-
que tiene una naturaleza independiente. fiende que ha de haber algo en el acto mismo que le haga ser
justo, que los dioses están de su parte por ser justo, y no que
La consecuencia implicada en este enfrentamiento de opi- es justo sólo porque éstos lo apoyen.
niones está claramente descrita en el Eutifrón de Platón. Según
este diálogo, un adivino llamado Eutifrón, impulsado por su En los muchos siglos que han transcurrido desde que se es-
sentido del deber religioso, se dirigió al palacio de justicia de cribió este diálogo, infinidad de personas han admitido con Euti-
Atenas para presentar una denuncia contra su padre quien por frón que lo justo depende de la voluntad arbitraria de Dios. Tan
una cruel negligencia había causado la muerte de un esclavo. influyente era esta teoría durante la edad media que santo To-
Allí se encuentra con Sócrates que había acudido para respon- más de Aquino se cuidó mucho de combatirla; incluso después
der de la acusación de «introducir dioses falsos y corromper a de la muerte del Aquinate, reapareció en los escritos de muchos
la juventud», «crimen» por el que se le condenaría a beber filósofos medievales. No son pocos los pensadores posteriores
la cicuta. que han defendido que lo justo se funda en la voluntad arbi-
traria de Dios, que la obediencia a la ley divina constituye una
Siguiendo su costumbre, pronto enzarza Sócrates a Eutifrón virtud y la desobediencia un vicio y que obramos moralmente
en una conversación filosófica. Antes de que le pregunte nada, en función de los premios y castigos que Dios concede en este
este último confiesa que considera el asesinato de un esclavo mundo o en el cielo y el infierno futuros.
1
En The dialogues of Plato (Diálogos de Platón). Oxford University 2
Press, London 1924, V, 1. Ibid., I I , 80.
48 Las leyes de Dios Dios como legislador moral 49

Una de las afirmaciones más claras de esta teoría formalista de su voluntad. Se trata de un Dios que es cólera en lugar de
la encontramos en los Principios de filosofía moral y política de amor y que predestina a una parte de la humanidad a la salva-
William Paley, teólogo inglés del siglo dieciocho, cuyas ideas ción, pero condena para toda la eternidad a la mayoría de los
llegaron a hacerse extraordinariamente populares. «Lo justo, de- hombres «por un juicio justo e irreprochable, aunque incom-
claró, no significa otra cosa que la conformidad con la ley que prensible para la mente humana». Interpretada así, la voluntad
tenemos delante». La voluntad de Dios debe ser nuestra norma, de Dios se manifiesta en una ley extraordinariamente rígida y
siguió diciendo a continuación, por lo que «lo justo se identifica severa. Bajo el poder de Calvino, las vidas de los ginebrinos
con la aceptación de la voluntad de Dios». Podemos descubrir quedaron sometidas al más minucioso control; la embriaguez
la voluntad de Dios tanto en su propia revelación, las sagradas era severamente castigada; el baile y otros placeres inofensivos
escrituras, como en «la luz de la naturaleza».3 Esta última con- quedaron prohibidos; se condenó a los herejes a la hoguera y
siste en deducir la voluntad de Dios mediante una consideración a las prostitutas a ser arrojadas al Ródano. Las ideas de Calvino
de sus «obras», es decir, de todo lo creado, incluyendo al hom- se extendieron por Europa, llegaron a arraigar profundamente en
bre y a los demás seres vivientes. Paley creía poder demostrar Escocia y florecieron en las colonias de Nueva Inglaterra, donde
con tales inferencias que Dios busca la felicidad del hombre y sirvieron de base a la tradición puritana de la vida americana.
que, por ello, toda acción que vaya acompañada de felicidad se
encuentra en consonancia con la voluntad divina. Llegada a este No sólo en obras protestantes sino también en escritos ca-
punto, su argumentación presenta una cierta ambigüedad. Su de- tólicos encontramos muchas huellas de conceptos teocráticos. La
finición de lo justo como lo que se acomoda a la voluntad de encíclica Diuturnum de León XIII (1881), por ejemplo, contie-
Dios es puramente formalista, pero, al mismo tiempo, se nos ne las siguientes afirmaciones:
dice que por lo menos la felicidad es intrínsecamente buena y
Si deseamos determinar de qué fuente se deriva el poder del
que un acto puede ser justo por el hecho mismo de promover estado, la iglesia enseña, y con razón, que no puede ser otra sino
dicha felicidad. Explícitamente afirma que la ley moral es de Dios. Esto es lo que ha descubierto expresamente afirmado en las
origen divino, pero implícitamente sugiere que dicha ley no tiene sagradas escrituras y en los testimonios del cristianismo primitivo...
por qué ser totalmente arbitraria, absurda y opuesta a la natu- Las modernas teorías del poder político ya han provocado grandes
raleza humana. males y es de temer que en el futuro éstos alcancen peores propor-
ciones. Ya que, indudablemente, al negar a Dios, como a su fuente,
Podemos ilustrar las aplicaciones político-sociales del forma- el derecho a gobernar al hombre, se despoja al poder político de
lismo religioso con las ideas y prácticas de Juan Calvino (1509- toda su dignidad y de toda su fuerza. Hacerlo depender de la
voluntad del pueblo es, antes que nada, un error de principio;
1564), protestante francés, que llegó a ser en su época un autén- después, supone asentar la autoridad en una base tan frágil como
tico dictador político y religioso en la ciudad de Ginebra, ejer- inconsistente. Tales opiniones son una incitación constante a las
ciendo un considerable influjo en el desarrollo del pensamiento pasiones populares, a las que se vería florecer continuamente con
moderno. Según su doctrina, todo buen gobierno es una teocra- osadía, y preparan la ruina pública por dejar libre el camino para las
cia; Dios es el gobernante personal, omnipotente y arbitrario del conspiraciones secretas o para la sedición abierta.4
mundo; los magistrados civiles son sus ministros en la tierra,
y la biblia la única fuente de ley. Por otra parte, el Dios de Una teoría teocrática como ésta no va necesariamente acom-
Calvino presenta los rasgos antropomórficos del Yavé del Anti- pañada de una ética teológica estrictamente formalista. Con to-
guo Testamento, a excepción del carácter inescrutable y absoluto 4
LEÓN XIII, Diuturnum, en Michael Oakeshott, The social and
political doctrines of contemporary Europe (Doctrinas sociales y políticas
3
WILLIAM PALEY, Principies of moral and political philosopby (Prin- de la Europa contemporánea). Cambridge University Press, Cambridge
cipios de filosofía moral y política). Boston 1811, 61, 65 y ss. 1939, 52-53.
1(1 Las leyes de Dios Critica de la ética teológica formalista 51

do, encontramos que muy a menudo ambas posiciones se com- de reflejar y expresar su bondad, por lo que, de este modo lo
binan entre sí. justo, en cuanto formulado en tales decretos, no sería indepen-
diente de la bondad. En la primera epístola de san Juan se nos
dice que Dios es voluntad santa, que es amor. De ser así, lo
justo, en cuanto encarnado en sus exigencias, habrá de estar
2. Crítica de la ética orientado hacia el bien. Por su simple voluntad, Dios no podrá
teológica formalista hacer bueno lo que no lo es, como no podría hacer redondo lo
que no es redondo. Ni siquiera podría Dios hacer lo que es con-
tradictorio: un cuadrado redondo o un mal bueno.
Si examinamos el punto de vista formalista en toda su pu- Además de subrayar tales dificultades, podemos criticar la
reza, nos encontraremos con una teoría que muy pocas personas ética religiosa formalista poniendo de relieve su ingenuidad, su
de nuestra época estarían dispuestas a admitir tras una ligera dependencia de una concepción extremadamente antropomórfica
reflexión. Su tesis sería que las distinciones morales se deben de la divinidad. Se concibe a Dios como a una especie de rey
exclusivamente al mandato de Dios. El canibalismo, por ejem- o de legislador que formulara desde las alturas decretos arbitra-
plo, sería bueno si Dios así lo dispusiera; su maldad deriva del rios. Como Walter Lippmann ha apuntado en su Prefacio a la
simple hecho de que Dios lo prohibe. Esta doctrina considera moral, a un hombre culto de nuestra época le resulta difícil to-
que la esencia de Dios es el poder y no la bondad. Sin embar- mar en serio esta doctrina. Ha desaparecido la antigua certeza y
go, si sólo hemos de considerar a Dios como el ser más pode- las vivas imágenes que en otras épocas hicieron «que Dios y su
roso del universo, no encontraremos ninguna razón moralmente plan parecieran algo tan real como un portalámparas». Ya no
válida para obedecerle. Si el reto de Prometeo fuera posible sin podemos describirlo con «su trono, su corona, su cetro, su sé-
una excesiva dosis de sacrificio, su actitud sería justificable e quito de ángeles, sus leyes, premios y castigos».5 Esta concreta
incluso mucho más heroica. Si contestamos que «lo moral» sig- visualización era siempre, en cierta medida, poética, pero hizo
nifica solamente obedecer al poder supremo, podemos objetar el modelo mucho más vivido y a ello se debe su profunda in-
que ello va en contra de nuestro sentido moral. La adoración fluencia. Las concepciones modernas tienden a desterrar todo
del poder por el poder es incompatible con la madurez ética y ese espectáculo colorista: Dios es totalmente abstracto; el infier-
religiosa. Aunque la religión empieza en el temor, se eleva a esa no es irreal; el cielo es inconcebible. El modelo que predomina
reverencia de la bondad y de la sabiduría que Bertrand Russell ha sido descrito por la poetisa inglesa Edith Sitwell de la siguien-
ha descrito como la esencia del «culto de un hombre libre». te forma:
Si mantuviéramos que Dios no es sólo poderoso sino también
bueno, no podríamos sostener durante mucho tiempo una inter- Este mundo moderno no es sino un débil tablero de juego que
pretación formalista de la ética. Desde esta posición, como Dios flota sobre un infierno poco profundo. Pues el infierno de Dante
es bueno y la bondad tiene un cierto carácter real, el bien no se ha desvanecido, ha muerto. El infierno no es inmensidad; ya no
hay diablos que rían o lloren: sólo los enanos lisiados de este
quedaría determinado por un factor tan extrínseco como es el mundo que manejan maquinarias terribles, se revuelcan en las playas
caso del mandato arbitrario. En respuesta, se nos puede argüir de la frivolidad y se divierten desmoronando gigantes.6
que lo justo es enteramente independiente de la bondad, y que
es lo justo, y no la bondad, lo que está determinado por un s
Preface to moráis {"Prefacio a la moral). Macmillan, New York
simple decreto. Con todo, si Dios es bueno, sus mandamientos 1929, 22.
no podrán ser, por supuesto, completamente arbitrarios: han 6
Bucolic comedies (Comedias bucólicas). Duckworth, London 1928, 51.
52 Las leyes de Dios
Hacia una moral religiosa teleológica 53

Puede que la disposición desilusionada que ejemplifica esta malista. Con ello, o caemos en la anarquía moral, o logramos
cita haya ido demasiado lejos. Por mi parte, prefiero eliminar
una actitud ética más liberal, flexible, humanista e intencional.
del mobiliario eterno del universo toda forma posible de infier-
no, incluyendo la de Dante.

En todo caso, este cambio de perspectiva acompaña inevita-


blemente al desarrollo de la ciencia y del conocimiento. El hom- 3. Un ejemplo histórico de transición
bre moderno ha llegado a tomar contacto con muchas religiones, a una moral religiosa teleológica
cada una de las cuales se erige en autoridad y lee e interpreta
la biblia de muchas formas. De este modo, ha descubierto que
mucho de lo que en otro tiempo se tuvo por seguro no rebasa La propia biblia registra un ejemplo de transición de una
los límites de la conjetura, que la ética que su religión considera concepción moral formalista a otra relativamente teleológica. En
«revelada» se encuentra al mismo nivel que otros sistemas éti- las partes más primitivas del Antiguo Testamento, se concibe
cos «revelados», y que conceptos morales básicos, como la «re- a Yavé como el legislador del pueblo judío, como a un dios tri-
gla de oro», se han de buscar en esas otras religiones. El desa- bal, celoso y vengativo, cuyo poder, a los ojos de Abrahán, su-
rrollo de la ciencia moderna, por otra parte, ha disipado muchas peraba la fuerza de todos los otros dioses juntos. La doctrina
creencias sobrenaturales y ha difundido un espíritu de compro- no es el monoteísmo, sino el henoteísmo, esto es, la adoración
bación que, en gran medida, se opone al dogma religioso. A su de un solo dios, aunque se admita la existencia de otros. Esta
vez, los modernos filósofos del conocimiento, representados, por posición está implicada en mandatos tales como: «No blasfe-
ejemplo, por las obras de Hume, de Kant y de McTaggart, han marás contra los dioses» y «no pondrás a otros dioses por en-
puesto muy eficazmente en tela de juicio los argumentos en fa- cima de mí».8
vor del teísmo tradicional. Modelado por estas influencias, al
hombre moderno le resulta imposible creer que Dios, al igual Yavé establece un código de preceptos en el que junto a
que un rey despótico, ha impuesto un código moral específico ritos y tabúes aparecen costumbres morales.
mediante un decreto externo y arbitrario. Aunque muchos meta-
físicos lamentan este cambio de sentimientos, tienen que admi- No harás dioses de metal fundido. Guardarás la fiesta de los
tir que es un hecho real. Si hemos de establecer un orden mun- ácimos... Todo primogénito es mío. Y todo primogénito macho de
dial, no podemos edificarlo sobre la base de actitudes que desde los bueyes y de ovejas, mío es. El primogénito del asno lo redimi-
rás con una oveja, y si no lo redimes a precio, le desnucarás. Re-
hace tiempo se han desmoronado o que no son representativas dimirás al primogénito de tus hijos... Seis días trabajarás; el séptimo
sino de una minoría muy reducida de la humanidad. No pode- descansarás... Celebrarás la fiesta de las semanas... y la solemnidad
mos tener la mente tan estrecha como la de Thwackum, el tu- de la recolección... No asociarás a pan fermentado la sangre de la
tor de Tom Jones, en la novela de Henry Fielding, cuando
afirmaba dogmáticamente: «Cuando digo religión, me refiero 8
Éxodo, 22, 28 y 20, 3. La versión castellana de las citas bíblicas
al cristianismo, y no sólo al cristianismo sino al protestantis- la hemos recogido de la traducción de Nácar y Colunga. Con todo, hemos
mo, y no sólo al protestantismo, sino a la iglesia anglicana».7 cotejado la versión castellana y la inglesa que utiliza Rader para poder
detectar posibles diferencias. En el caso concreto de la cita que nos
Tan pronto como superemos esos estrechos límites, dejaremos ocupa, en la versión inglesa aparecen los términos relativos a Dios con
los confines de una ética religiosa exclusivista, autoritaria y for- minúscula y en plural («gods»). En los mismos pasajes, Nácar y Colunga
traducen el mismo concepto con mayúscula y en singular («Dios»). He-
mos respetado la traducción literal de la versión inglesa, porque si no
7 Jo hubiéramos hecho así el contexto perdería su sentido. Dejamos a los
Tom Jones. Modern Library, New York, sin fecha, 82. especialistas la aclaración del problema (Nota del traductor).
54 Las leyes de Dios Hacia una moral religiosa teleológica 55

víctima, y el sacrificio de la fiesta de la pascua no lo guardarás interpretando y santificando la ley. Los profetas, por el contra-
durante la noche... No cocerás un cabrito en la leche de su madre.9 rio, fueron los visionarios y los idealistas; se desentendieron de
las normas y los preceptos tradicionales, no por el ansia de situar-
Si un hombre es moral, sigue lo prescrito por la ley; si es se por encima de la ley moral, sino para buscar principios y
inmoral, viola la ley. Yavé, que impone estos mandatos, es in- leyes mejores. Criticando el pasado y anticipando el futuro, in-
flexible con sus enemigos, despiadado con el pecador impeni- sistieron en la prosecución activa de ideales tales como la recti-
tente, cumplidor del precepto «ojo por ojo, diente por diente». tud, la justicia, la bondad, el amor y la misericordia. En los
Ya en épocas muy tempranas del desarrollo religioso del grandes profetas —Amos, Oseas, Miqueas, Isaías y Jeremías—,
pueblo judío, se introdujeron casi insensiblemente otras concep- encontramos expresiones llenas de implicaciones sociales revo-
ciones. A veces se concibió a Dios como un ser bondadoso e lucionarias: la condena de los ricos, la alabanza de los pobres,
indulgente, tardo para la cólera y pródigo en el amor. Los ritos la visión de un mundo de paz y de justicia.
tribales y los tabúes fueron suplidos con la amonestación del
Levítico: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo».10 Se cumplió, Y juzgará a muchos pueblos, y ejercitará la justicia hasta muy
lejos con naciones poderosas, que de sus espadas harán azadas y de
además, el campo de aplicación de la moral: trascendió la tribu
sus lanzas hoces; no alzará la espada gente contra gente, ni se ejer-
y abarcó también a los extranjeros: «Tratad al extranjero que citarán ya para la guerra.12
habita en medio de vosotros como al indígena de entre vosotros;
ámale como a ti mismo, porque extranjeros fuisteis vosotros en la Dios no aparece ya como una divinidad tribal que impone
tierra de Egipto».11 Encontramos una afirmación similar en e1 leyes rituales o exige sacrificios, sino como un padre universal
capítulo 23 del Éxodo, que data del siglo ix antes de Cristo, y amoroso:
aunque quizá apareciera en fecha aún más temprana. Gradualmen-
te, el politeísmo primitivo, con su exclusivismo tribal, desembocó ¡Oh hombre! Bien te ha sido declarado lo que es bueno y lo que
en un monoteísmo. La doctrina de que los judíos son «un pue- de ti pide Yavé: hacer justicia, amar el bien, humillarte en la pre-
blo escogido» había hecho ya su aparición, pero este particula- sencia de tu Dios.13
rismo aparecía paradójicamente combinado con una cierta ten-
dencia universalista. El pueblo escogido, según esta nueva y su- En la época de Jesús, la intensa visión de los profetas se
blime interpretación, prepararía el camino para un reino de autén- había apagado un tanto, mientras se producía un considerable
tica hermandad universal, una humanidad unida bajo un Dios retroceso en el terreno moral. Bajo el dominio de Roma, el pue-
universal. blo judío no podía mantener el elevado idealismo de los profe-
tas. Sus vidas estaban regidas por la ley judaica tradicional, con-
Surgen entre los judíos dos tipos de dirigentes religiosos: los cebida, principalmente, en términos de un ritualismo estricto y
sacerdotes y los profetas. Los sacerdotes fueron formalistas y, centrada en preceptos insignificantes y represivos, como los ta-
por regla general, hicieron hincapié en la observancia ritual y búes alimenticios. Fanáticas sectas, como la de los zelotes y la de
en la letra de la ley: la circuncisión, los tabúes alimenticios, el los fariseos, insistían en la observancia literal de la ley. Una cla-
respeto sabático, el cumplimiento de las ceremonias religiosas. se sacerdotal, celosa c intolerante, sojuzgaba a las masas. Al
Se convirtieron en escribas y estudiosos de la Tora, codificando, mismo tiempo, se extendía ampliamente la antigua esperanza
mesiánica, doctrina, según la cual, aparecería un caudillo enviado
' Éxodo, 34, 19-26.
10 13
Levítico, 19, 18. Miqueas, 4, 3.
" Levítico, 19, 34. 13
Miqueas, 6, 8.
56 Las leyes de Dios Conclusión 57

por Dios que liberaría a los judíos de la esclavitud. Era una guntaron: «¿cuál es el mandamiento más grande de la ley?»,
época de transición: empezaba a declinar la cultura de Grecia y su contestación fue:
de Roma; la antigua cultura judía estaba en decadencia. Era
un tiempo propicio para el comienzo de otra nueva. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma
y con toda tu mente. Este es el más grande y el primer manda-
La actitud de Jesús fue creativa y abierta. Insistió en la im- miento. El segundo, semejante a éste, es: Amarás al prójimo como
a ti mismo. De estos dos preceptos penden toda la ley y los
portancia del espíritu sobre la letra, de la intención sobre el profetas.17
formulismo, del valor de lo interior sobre la apariencia externa.
Su postura liberal y antiformalista se manifiesta, por ejemplo, Como podemos deducir de la parábola del buen samaritano,
en sus indicaciones sobre la observancia del sábado. La ley de nuestro «prójimo» es todo ser humano. Su precepto básico se
observancia del sábado —uno de los diez mandamientos— era centró, así, en el amor hacia todos los hombres, sin distinción
quizá la más estrictamente cumplida de entre todas las reglas de sexo, nación, raza, clase o credo. De un modo especial, se
religiosas tradicionales. En el Éxodo se nos presenta a Dios de- interesó por el pobre, el humilde, el extranjero, el proscrito, la
clarando a Moisés que «el sábado es cosa santa para vosotros. prostituta, el hijo pródigo. En esencia, estaba dando a entender
El que lo profane, será castigado con la muerte; el que en él que toda la ley moral se reduce a una ley de amor. Aunque
trabaje, será borrado de en medio de su pueblo».14 Muchos de habló de la venida del reino de Dios, lo caracterizó como un
los actos prohibidos en sábado eran tan insignificantes como en- estado interior, una comunidad lo más extensa posible unida
cender el fuego, coser dos puntadas o hacer y deshacer un nu- por el amor. «El reino de Dios está dentro de vosotros».18 Al
do. Se prohibía también segar, incluyéndose en este concepto igual que los profetas del Antiguo Testamento, proclamó un gran
incluso la recogida de unas pocas espigas. Un sábado en que ideal moral y no un conjunto de reglas formalizadas.
Jesús y sus discípulos atravesaban unas mieses, un grupo de fa-
riseos les reprocharon porque habían arrancado unos granos.
Jesús contestó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no
el hombre para el sábado».15 En términos generales, esta frase
4. Conclusión
significa que la ley está hecha para el hombre, no el hombre
para la ley. Esta es una tesis central de la ética ideológica.

Jesús estaba íntimamente familiarizado con la ley moral y Cuando un credo religioso alcanza su madurez, ya no conci-
religiosa judaica y no intentó destruirla. «No penséis que he ve- be la moral como algo arbitrariamente impuesto desde lo alto,
nido a abrogar la ley o los profetas, aclaró, sino a consumar- sino como algo inherente a las intenciones y comportamientos
la».16 Con todo, interpretó la ley antigua con una flexibilidad nue- humanos. No hace hincapié en la letra de la ley, sino en el es-
va. Una y otra vez repetía la expresión: «Habéis oído que desde píritu interior y en las consecuencias de los actos. En algunas
antiguo se dijo..., pero yo os digo...». No insistió en un código de sus modernas manifestaciones, adopta formas esencialmente
moral cerrado, sino en una comunidad espiritual, en la herman- humanistas: consagración a ideales que ennoblezcan la vida, unión
dad de los hombres bajo la paternidad de Dios. Cuando le pre- con los hombres que comparten nuestra existencia y sentimien-
tos universalistas dirigidos al establecimiento de una comunidad
14
Éxodo, 31, 12-17.
15 " Mateo, 22, 36-40.
Marcos, 2, 27. 18 r v:
16 Lucas, 17, 21. '
Mateo, 5, 17.
18 Las leyes de Dios

espiritual que abarque a todo ser humano. Cuando habla de


Dios, lo entiende en un sentido naturalista, esto es, como el con- 3
junto de fuerzas que, en este mundo, nos impulsa al bien. No
limita la mirada del hombre a la contemplación del cielo, sino Las leyes de la
que le conduce para que vea con mayor claridad lo que ha de
hacer aquí en la tierra mientras vive. Busca realizar un ideal y naturaleza
no idealizar lo real. Si su tono es optimista, su optimismo se
debe a la comprensión de que

la lucha con los islotes que vagan en la noche


es el verdadero origen y la causa del día.15

Una religión de simple asentimiento no es, en espíritu, inten-


cional, porque no reconoce que existen males genuinos a los que
es preciso combatir. Una religión que se sitúe por encima de las
injusticias y sufrimientos de este mundo, poco puede hacer por
realizar el viejo ideal de fraternidad humana al que tanto han 1. El significado ambiguo
apelado casi todos los sistemas religiosos y morales. de la ética naturalista

Tanto la ética formalista de la costumbre o de la ley positi-


va, como la ética formalista de la religión, insisten en que la
moral se impone al individuo desde fuera. En unos casos, la
fuente es la sociedad; en otros, Dios. En todos ellos, la moral
se identifica con la obediencia a una regla o a una norma.
En ciertos tipos de ética naturalista, podemos encontrar otra
variante de la teoría según la cual la moral nos es impuesta o
deriva de algo externo. Estas posturas defienden que la moral
está enraizada más bien en la naturaleza que en el carácter dis-
tintivo del hombre y de sus necesidades. La moral consiste en
estar en armonía con la naturaleza. La naturaleza suministra
modelos, reglas o leyes que el hombre debe seguir. Esta posi-
ción fue expresada, por ejemplo, por el poeta John Gay al es-
cribir:
El que estudia las leyes de la naturaleza
extrae sus máximas de una verdad segura.1

1
Citado por WILLIAM A. ROBSON, Civilization and the growth of
law (La civilización y el desarrollo del derecho). Macmillan, New York
" ALFRED LORD TENNYSON, In memoriam, X X I V , 3. 1935, 234.
1,1) Las leyes de la naturaleza El estoicismo, ejemplo de ética naturalista 61

Una de las dificultades con que tropieza este punto de vista tado se enzarzaban en una guerra permanente. Con la conquista
es que la naturaleza ha sido concebida de muchas formas, co- llevada a cabo por Roma, consiguió una paz eventual y un pro-
rrespondiendo a cada una de ellas un conjunto diferente de «le- fundo dominio, aunque sus logros culturales, especialmente en
yes naturales». «La naturaleza es más fácilmente concebida que el campo de la filosofía, no pudieron hacer nada frente a la su-
descrita».2 Es más fácilmente concebida, porque la mente en sus jeción política.
vuelos especulativos sufre menos el lastre de un sobrio sentido
de lo fáctico. Dada esta diversidad de interpretaciones, tenemos El estoicismo, nacido en Atenas y trasplantado a Roma, re-
que detenernos en un cierto número de posturas para conside- flejó esa «época de turbaciones». En esencia, se trataba de una
rarlas por separado. Traeré a colación dos ejemplos históricos filosofía de refugio que buscaba una cierta salvación, no en
—-el estoicismo y la ética evolucionista— y consideraré más bre- una vigorosa reconstrucción socio-política, en la que los hom-
vemente un cierto número de interpretaciones complementarias. bres ya no podían confiar ni creer, sino en el autodominio indi-
De este modo, haremos justicia a la variedad y al gran influjo vidual, en el cultivo consciente de la paz de conciencia frente a
de la ética naturalista. los problemas y vicisitudes de la vida. Su cosmopolitismo era
un reflejo de una época imperialista caracterizada por el desa-
rraigo, la migración y la mezcla de diferentes pueblos. Al desa-
parecer las pequeñas ciudades-estado, los grandes imperios de
Macedonia y de Roma exigían un nuevo concepto de ciudadanía
2. El estoicismo, como ejemplo universal. El estoicismo creció y se propagó porque respondía
de ética naturalista al espíritu de una época en la que se estaba produciendo un fe-
nómeno de expansión de una cultura en decadencia.

Sus propios representantes son un exponente más de su ca-


El estoicismo es un buen ejemplo de ética naturalista, no só- rácter heterogéneo y cosmopolita. La escuela fue fundada por
lo por sus características propias, sino por la enorme influencia Zenón (alrededor del 336-264 antes de Cristo), un fenicio pro-
que ha ejercido. Influyó profundamente en destacados filósofos cedente de Chipre, que vivió en Atenas como extranjero, ofre-
de la Roma clásica, como Cicerón y Séneca, y ha configurado, en ciendo sus lecciones en un lugar conocido con el nombre de
gran manera, las modernas concepciones del derecho y de la ley Estoa Poikile o pórtico pintado, palabra de la que derivó el tér-
natural. mino de «estoico». Los primeros estoicos procedían de muy di-
versos lugares, especialmente de Siria; los últimos estoicos fue-
Surgió en esta época de grandes turbaciones que fue el pe-
ron en su mayoría romanos. Sus dirigentes pertenecían a todas
ríodo más tardío de la civilización helénica. Tras la guerra del
las clases sociales. Así, mientras Epicteto fue un esclavo mise-
Peloponeso, Grecia quedó tan desgarrada por sus luchas y difi-
rable, Marco Aurelio fue un poderoso emperador. Sus doctrinas
cultades internas y tan seriamente desangrada y extenuada, que
revistieron tal variedad que los historiadores modernos se han
se convirtió en una presa fácil de los planes imperialistas de
visto obligados a distinguir entre un estoicismo primitivo, otro
Macedonia y de Roma. Perdió su libertad, su confianza política
medio y otro tardío. No tendremos aquí en cuenta la evolución
y su entusiasmo creador. El escenario político quedó solamente
de la escuela; me limitaré a exponer con brevedad el pensamien-
ocupado por despóticas monarquías, mientras las ciudades-es-
to de Epicteto y el de Marco Aurelio, cuyos escritos han lle-
2
Citado por C. D. BROAD, The mind and its place in nature (La gado hasta nosotros, mientras que las obras de la mayoría de
conciencia y su lugar en la naturaleza). Kegan Paul, Trench, Trübrier, los estoicos se han ido perdiendo con el transcurso del tiempo.
London 1925, 1.
Las leyes de la naturaleza El estoicismo, ejemplo de ética naturalista 63

Los estoicos se interesaron, ante todo, por dos importantes significa que no debemos someternos sin más al destino, sino
temas: en qué podemos creer y cómo debemos vivir. Algunos que hemos de aceptarlo y darle una buena acogida.
de ellos se interesaron exclusiva y prácticamente por la prime-
ra de estas cuestiones, pero la mayoría prestó una especial aten- Llegados a este punto, nos encontramos, sin embargo, con
ción a la segunda. Con todo, pensaban que la segunda pregunta una importante dificultad. Si la naturaleza se identifica con el
no podía ser contestada si antes no se resolvía la primera. He- destino, parece que no nos queda ninguna elección posible: no
mos de saber qué es la realidad, afirmaban, antes de que poda- es que hagamos «mejor» en aceptarlo, es que no tenemos más
remedio que hacerlo. Los estoicos evitaron este escollo estable-
mos juzgar sobre lo que debemos hacer.
ciendo una excepción. Dijeron que todos los acontecimientos ex-
En su explicación de lo real, el estoicismo defendió, ya des- ternos, todas las vueltas de la fortuna, están sometidos al des-
de Zenón, lo que podríamos llamar un materialismo intransi- tino, pero que, en relación con sus actitudes interiores, el hom-
gente. Todo es material; incluso Dios y el alma son cuerpos; bre es libre. No puede, por supuesto, oponerse a la naturaleza,
la razón divina es una especie de fuego. Nadie pondrá en duda pero es libre de aceptarla sabiamente o de rebelarse como un
que resulta muy complicado encontrar el sentido de tales afir- necio. No puede determinar su papel en la vida, pero puede re-
maciones: es difícil descubrir la coherencia de una doctrina que presentarlo bien o mal; puede desechar la rebelión insensata o el
empieza identificando la razón con una sustancia material. Los sometimiento pasivo y adoptar una actitud de alegre serenidad
estoicos, sin embargo, eran hilozoístas: creían que toda materia o, al menos, de ecuanimidad. Epicteto escribe:
está dotada de vida. Admitiendo esta premisa, ya no parece tan
extraño afirmar que el universo material es un ser viviente y que Recuerda que eres un actor en una obra de teatro y que es el
la materia está impregnada por la razón. Al igual que el alma o dramaturgo quien elige el argumento: si lo quiere corto, es corto;
la fuerza vital anima al cuerpo humano, una fuerza espiritual lo si largo, es largo. Si quiere que hagas de pobre, debes representar
ese papel lo mejor que sepas, y lo mismo si tu personaje es un
mueve todo. Podemos llamar dios, naturaleza, razón a ese alma tullido, un magistrado o un hombre vulgar. Tu problema es, pues,
o fuerza vital, puesto que todos esos términos son sinónimos representar el papel y representarlo bien; la elección del reparto
de la esencia íntima y del principio que anima el mundo. La es cosa de otro. 3
fuerza que le hace moverse y desarrollarse es un poder produc-
tivo y formativo, una espontaneidad natural. Estamos ante una Para vivir sabiamente, una persona debe saber qué es libre
razón divina que todo lo impregna y que todo lo puede; en con- de hacer y qué no es libre de hacer. Ha de contar simultánea-
secuencia, no existe en el mundo ningún mal absoluto, y nada mente con el destino externo y con la libertad interior; ha de
está dejado al azar. De ahí también que el destino —no enten- comprender que la razón no puede alterar el curso de los acon-
dido como una necesidad mecánica y ciega, sino como una fuer- tecimientos externos, pero que tiene un inmenso poder sobre su
za intencional y providente— se identifique con la actividad vi- vida íntima. Sigue diciendo Epicteto:
viente del todo que se manifiesta en cualquier acontecimiento
natural. De entre todas las cosas que existen, unas están bajo nuestro
poder y otras no lo están. En nuestro poder está el pensamiento,
Todo hombre participa del fuego divino: la razón es su el impulso, la voluntad de evitar; en una palabra, todo lo que
principio rector, el corazón y el centro de su ser. Lo que co- constituye nuestro hacer. Lo que no está bajo nuestro poder es
rresponde a su razón y expresa su naturaleza, corresponde tam-
bién al alma del mundo y expresa la naturaleza universal. «Vivir 3
Manual de Epicteto, en Whitney J. Oates, The stoic and epicurean
según la naturaleza» es expresar nuestra naturaleza racional y, philosophers (Filósofos estoicos y epicúreos). Random House, New York
a la vez, estar en armonía con el orden racional del mundo. Ello 1940, 472.
.1 Las leyes de la naturaleza
El estoicismo, ejemplo de ética naturalista 65
el cuerpo, los bienes de fortuna, la fama, los cargos públicos; en
una palabra, todo lo que no constituye nuestro hacer.4 facionales, providenciales y están mandados por el destino, y si
lo único bueno es la vida interior, la actitud del auténtico sa-
La esencia de la moral consiste en hacer que «lo que está bio consiste en considerar los «males» externos, como la pobre-
en nuestro poder» —nuestras actitudes internas— esté en ar- za, con perfecta ecuanimidad. Epicteto aconseja:
monía con «lo que no está en nuestro poder» —la marcha ex-
Si besas a tu hijo, a tu hermano, a tu amigo, no des rienda
terna de los acontecimientos—. «No pidas que las cosas sucedan suelta a tu imaginación, ni permitas que tu regocijo vaya tan lejos
como tú quisieras, advierte Epicteto; deja que tu voluntad con- como quisieras. Debes recordar que amas a un mortal y que nada
cuerde con lo que sucede, y obtendrás la paz».5 Su lógica es muy de lo que amas te pertenece; que se te ha dado para un momento
simple: si quieres lo que consigues, conseguirás lo que quieres. y no para que siempre lo conserves; si no obraras así, serías tan
loco como el que pretendiera guardar para el invierno los higos y
Lo que realmente importa es la actitud interior. Los «bie- las uvas que come en la estación oportuna... Y, de este modo,
nes» externos de fortuna, los «bienes» físicos del cuerpo, no en el momento en que vayas a obtener placer con algo, trae a tu
imaginación impresiones opuestas. ¿Qué mal hay en que cuando
son verdaderos bienes. Sólo la bondad es un bien y ésta es un beses a tu hijo te digas a ti mismo «mañana morirás», o en que
estado de la mente. Si un hombre pierde la riqueza o la salud, cuando hagas lo mismo con un amigo te digas «mañana tú o yo
ha perdido cosas que han de serle indiferentes; si ha de guardar nos marcharemos y no nos veremos más»? 8
cama, no ha de sentirse afectado por ello. Frente a toda adver-
sidad, ha de conservar una imperturbable serenidad. «Recuerda... Con otras palabras, nadie debe amar demasiado, sino man-
en toda ocasión que te resulte enojosa que has de aplicar este tenerse despegado incluso de lo que más le interese en esta vi-
principio, dice Marco Aurelio: esto no es un infortunio, pero da. En lugar de sentirse profundamente afectado por el amor
si lo soporto con dignidad, puedo incluso alegrarme con mi suer- o la compasión, en lugar de indignarse ante las injusticias del
te».6 En la práctica, esto significa llevar una vida sencilla, aus- mundo, el sabio estoico acepta su situación y las tareas que és-
tera, en constante meditación, concentrada en lo interior y no en ta le impone. «Basta con que cada hombre cumpla su función».9
lo que nos rodea. Los siguientes consejos de Epicteto resultan El autocontrol individual y no la acción social, la resignación
muy característicos: y no la reconstrucción colectiva, la reserva y no el amor pródiga-
mente ofrecido, son los rasgos dominantes de la ética estoica.
Guarda silencio la mayor parte del día... No te rías demasiado, Las implicaciones conservadoras e individualistas de esta fi-
ni por cualquier cosa, ni de un modo descontrolado. Toma sólo lo
losofía son, en cierto modo, contrapesadas por la doctrina es-
que verdaderamente necesites, como alimento, bebida, vestido, casa,
sirvientes; pero desecha lo que tienda al lujo y a la apariencia ex- toica de la fraternidad universal. Todo hombre, piensan, es par-
terna... Es propio de las almas necias excederse en los cuidados del te de un todo: todos están unidos por «la ley natural de la her-
cuerpo, prolongar el ejercicio, la comida, la bebida y otras funciones mandad», el parentesco de todos los hombres como hijos de la
del cuerpo. Todo esto ha de hacerse de pasada; toda tu atención ha naturaleza y ciudadanos del universo, esa «ciudad suprema de
de estar concentrada en tu mente.7
la que todas las otras ciudades son como familias».10 Marco Aure-
Las implicaciones éticas y sociales de esta filosofía son, en lio declaró:
líneas generales, quietistas. Si los acontecimientos externos son
Si nuestra parte racional es común, también la razón, respecto a
4 la cual somos seres racionales, es común; si ello es así, también es
Ibid., 468.
5
Ibid., 470. ' Discursos de Epicteto, en Ibid., 397-398.
6
MARCO AURELIO, Soliloquios o reflexiones morales, en Ibid., 516.
7 ' Manual de Epicteto, en Ibid., 474.
Manual de Epicteto, en Ibid., 478, 480. '•;*"; 10
MARCO AURELIO, Soliloquios o reflexiones morales, en Ibid., 506.
(>(> Las leyes de la naturaleza El estoicismo, ejemplo de ética naturalista 67

común la razón que nos manda lo que debemos hacer o no hacer; de la naturaleza, se elaboran las leyes humanas que castigan al
si ello es así, también hay una ley común; si ello es así, somos malvado y defienden y protegen al justo. 14
conciudadanos y miembros de una comunidad política; si ello es así,
el mundo entero es una especie de estado. 11
Mientras la ley humana es relativa en el tiempo y en el es-
Esta doctrina de que el mundo entero es un estado, ciudad pacio y la ley de un estado determinado es promulgada en una
o comunidad política la encontramos también en Cicerón, quien época y derogada en otra, la ley natural es de aplicación uni-
sufrió una gran influencia del pensamiento estoico. Cicerón afir- versal, inmutable y eterna. Cicerón continúa:
ma que debemos concebir «ese universo total como una repúbli-
ca en la que forman parte tanto los dioses como los hombres», Ni el senado ni el pueblo pueden liberarnos de sus obligaciones,
y en la que «toda cosa es tan parecida a otra, tan exactamente y no necesitamos salir de nosotros mismos para conocerla e inter-
su copia, que todo lo nuestro está en otro».12 Con parecidos ra- pretarla. No tendrá leyes diferentes en Roma y en Atenas, ni en
el presente y en el futuro, sino que una sola ley eterna e inmutable
zonamientos extrajo Epicteto las siguientes conclusiones éticas: valdrá para todos los pueblos y todas las épocas; no habrá sino
un. legislador y un gobernante, el mismo para todos, Dios, pues él
Toda dificultad está provista de dos asideros; llevando sujeto es el autor de esta ley, su promulgador y su juez ejecutor.15
uno de ellos, se puede soportar su peso; por el contrario, el otro
asidero, por sí solo, no puede mantener la carga. Si tu hermano peca
contra ti, no dejes de sujetar el asidero del lado por el que aquél Ningún hombre, nos dice, está obligado a obedecer una ley
pecó. Sin embargo, si tu hermano, tu compañero de cuna, sujeta humana a menos que ésta se acomode a la ley de la naturaleza,
bien el asidero que le corresponde, tu carga se te hará menos pesada
pues la ley natural se apoya en principios absolutos e inmuta-
de llevar.13
bles a los que habrá que seguir en el caso de que la ley humana
Esta noble profesión de fraternidad humana difiere de la entre en conflicto con ellos.
cristiana por su frialdad y su desprendimiento intelectual. El es- A diferencia de las leyes puramente físicas, como la ley de
toico reprime con su actitud de reserva todo compromiso afec- la gravitación universal, las leyes naturales, en el sentido en que
tivo. Ha de conservar a toda costa una imperturbable compos- los estoicos utilizan esta expresión, pueden ser transgredidas. No
tura interior. representan lo que los hombres han de hacer, sino lo que debe-
La doctrina estoica de la fraternidad humana está íntimamen- rían hacer para estar en armonía con la naturaleza. Son una ma-
te relacionada con la doctrina del derecho natural. Si «todo el nifestación del orden racional que gobierna todo el universo y
universo es una república», existe una ley natural que como ciu- no de la simple necesidad física. En la inmensidad del universo
dadanos y hermanos estamos obligados a observar. Sirvan de sólo hay un diminuto rincón, el del alma humana, en el que po-
nuevo las palabras de Cicerón para ilustrar este punto: demos descubrir la libertad; en él cabe al menos un cierto mar-
gen de elección. En lo más recóndito de nuestra propia alma
Ley es la distinción entre lo justo y lo injusto, según lo primero podemos escoger entre aceptar o rechazar las leyes comunes de
y más antiguo de todo: la naturaleza. En conformidad con las leyes toda la humanidad como ciudadano del universo. A ese nivel,
cualquier hombre puede abrazar libremente las leyes de la ra-
" Ibid., 509. zón, de la equidad, de la justicia y de los derechos naturales
12
República, en M I C H A E L B. FOSTER, Masters of political thought innatos.
(Maestros del pensamiento político). Houghton Mifflin, Boston 1941,
185-186.
13 14
Citado por M A T T H E W ARNOLD, An essay on Marcus Aurelias CICERÓN, /. c , 183.
(Ensayo sobre Marco Aurelio), en Oates, /. c, 594. 15
Ibid., 188.
68 Las leyes de la naturaleza El estoicismo, ejemplo de ética naturalista 69

Esta concepción de la ley natural no sólo influyó profunda- En tanto que la aflicción es inevitable, es mejor soportarla
mente en los legalistas y juristas romanos, sino que, con diver- en la medida de nuestras fuerzas.
sas modificaciones, persistió a través de la dominación de los
bárbaros y de la edad media, llegando hasta la época moderna. Sin embargo, son muchas las dificultades con que tropieza el
Santo Tomás de Aquino, por ejemplo, el más importante de los sistema estoico. Sus tesis centrales —la naturaleza es divina, ra-
filósofos medievales, tenía presente esta doctrina al escribir: cional y está regida por el destino, y todo lo que acontece fuera
del hombre está sometido a la necesidad— desestiman la base
Toda ley elaborada por el hombre presenta el carácter de ley de la elección moral. Si lo ideal es lo real y lo real es lo nece-
precisamente en cuanto se deriva de la ley de la naturaleza. Porque sario, no existe, evidentemente, razón alguna para que nos es-
si en alguno de sus puntos entrara en conflicto con la ley de la forcemos en mejorar el mundo. La excepción que los estoicos
naturaleza, dejaría de ser ley; sería una simple perversión de una hacen de que el hombre es libre de aceptar o rechazar el desti-
ley.16 no, deja muy poco margen a la elección; las consecuencias si-
guen siendo extraordinariamente quietistas. Por otra parte, no
Tales ideas jugaron un importante papel en el desarrollo de parece haber ninguna razón de peso para afirmar que el hom-
la filosofía liberal y en las enormes transformaciones que supu- bre en su fuero interno es independiente del destino. Si, como
sieron las revoluciones inglesa, francesa y americana. Incluso en alegan los estoicos, es una parte de la naturaleza, ¿por qué no
las últimas décadas son muchos los escritores que han vuelto a está sometido al destino que la gobierna? La interpretación es-
recurrir al viejo concepto de ley natural. toica del mundo tiende a ser incoherente por su paradójica com-
El profesor Gilbert Murray ha llamado al estoicismo «el binación de destino y voluntad libre, cosmopolitismo y autosu-
mayor sistema de pensamiento elaborado por el hombre durante ficiencia, aceptación tácita de que hay cosas preferibles a otras
la época grecorromana, antes de la aparición del cristianismo».17 y enseñanza explícita de que siempre sucede lo mejor.
Creo que habría que reservar este juicio para las filosofías an-
teriores de Platón y Aristóteles, máximos representantes del pen- Uno de sus errores básicos es la desestimación de nuestro
samiento clásico. Con todo, hay mucho que admirar en el estoi- poder sobre los acontecimientos externos y la exagerada esti-
cismo: el valor, la tranquilidad, el cosmopolitismo, el sentimien- mación de nuestro poder sobre el «hombre interior». Los estoi-
to de hermandad universal, el intento de descubrir relaciones cos defienden que una necesidad inexorable determina la salud,
racionales y necesarias entre los seres, la actitud confiada y mag- la enfermedad, la riqueza, la pobreza, la alta o baja condición
nánima de quien se siente identificado con el conjunto de la social, e incluso el placer y el dolor. Hoy sabemos, por el con-
naturaleza. Incluso un autor impregnado de pesimismo como trario, que los grandes males del mundo —la guerra, la enfer-
A. E. Housman recoge algo del sentir estoico al escribir: medad, la pobreza, la ignorancia-— no están fijados desde toda la
eternidad. Los hombres han demostrado de mil maneras su ca-
Las aflicciones de nuestro engreído y agresivo polvo pacidad para modificar su entorno y, en muchas ocasiones, para
existen desde la eternidad y nunca acabarán. mejorarlo. Especialmente en nuestra época científica y tecno-
Podemos soportarlas y, si podemos, debemos hacerlo. lógica, el poder humano de cambiar la vida constituye un hecho
Carga con el cielo, hijo mío, y bebe tu amargura.18 impresionante. Por otra parte, los estoicos exageraron el alcance
en que la razón controla a la conciencia. Insistieron en que la
16
Suma teológica, 2, q. 95, a. 2; citado por Robson, /. c, 221. esencia del alma humana es la razón y que, si un hombre for-
17
The stoic philosophy (La filosofía estoica). George Alien and mula juicios racionales, puede controlar cualquier parte de su
Unwin, London 1921, 12.
18
alma. Hoy sabemos que la razón juega un papel menos abso-
Last poems (Últimos poemas), Holt, New York 1922, 25.
VII Las leyes de la naturaleza La ética evolucionista 71

luto en la vida humana, que el sentimiento, el deseo y el instin- sualidad, el Ensayo sobre la población de Robert Malthus, clé-
to son fundamentales, y que ciertos factores subconscientes de- rigo inglés que publicó su famoso trabajo en 1798. En su estu-
terminan el contenido de nuestra vida mental consciente. Algu- dio, Malthus defendía que la raza humana tiende a aumentar mu-
nos psicólogos modernos como Freud insisten en que los móviles cho más rápidamente que los medios de subsistencia y que, en
principales de la personalidad han de buscarse en ese nivel in- consecuencia, una gran mayoría de seres humanos no podrá so-
consciente, y en que los procesos conscientes representan, en brevivir. Los débiles, argüía, serán eliminados por «controles na-
gran medida, la expresión disfrazada o sublimada de impulsos y turales» como el hambre y la peste. Darwin explica:
conflictos subconscientes. Puede que Freud vaya demasiado le-
jos, pero la afirmación dogmática de los estoicos según la cual En octubre de 1838, se me ocurrió leer, por puro entreteni-
«yo soy el capitán de mi nave», ha de ser interpretada y mo- miento, el Ensayo sobre la población de Malthus y, al estar pre-
dificada. parado para apreciar la lucha por la existencia que la observación
constante de los hábitos de animales y plantas descubre por todas
El estoicismo es el prototipo de todas aquellas teorías que partes, intuí inmediatamente que en circunstancias favorables las
variaciones tenderían a ser preservadas y en circunstancias desfavora-
ponen un énfasis extremo o exclusivo en cambiar al «hombre
bles a ser destruidas. El resultado sería la formación de nuevas
interior», como algo distinto de los factores ambientales. Mu- especies. Disponía así de una teoría sobre la que podía empezar
cho más realista sería afirmar que debemos cambiar las concien- a trabajar.19
cias y las instituciones, los pensamientos y las cosas, los agentes
y las circunstancias. Cambiamos las mentes de los hombres al Se puso a investigar y, después de muchos años de laborio-
cambiar sus entornos; cambiamos sus entornos al cambiar sus sas experiencias en las que reunió una considerable cantidad de
mentes. Ambos factores —la personalidad individual y la situa- pruebas, se sintió en disposición de ofrecer una interpretación per-
ción ambiental— están en constante interacción; cada uno condi- sonal de la evolución.
ciona al otro, cada uno modifica al otro. Esta es la única base
realista de la acción social y ética, la cual es, al mismo tiempo, En resumen, su teoría es como sigue. Todos los animales y
psíquica y social, mental y física, interna y externa. plantas se multiplican más rápidamente que los medios de sub-
sistencia y, por ello, muchos individuos perecen antes de que
puedan reproducirse. Algunos sobreviven por puro azar, pero la
mayoría de los que superviven están, en cierto sentido, mejor
adaptados a su medio que el resto de sus compañeros. Del mismo
3. La ética evolucionista modo que no hay dos huellas dactilares completamente iguales,
las plantas y los animales varían siempre aunque sea ligeramen-
te. Unas modificaciones favorables dan a sus poseedores una ma-
Otro tipo de ética naturalista que ha ejercido una gran in- yor posibilidad de sobrevivir y de transmitir sus caracteres, se-
fluencia se ha basado en la teoría de la evolución y, más con- gún las leyes de la herencia, a sus descendientes. La acumulación
cretamente, en las doctrinas de Charles Darwin. Sus conceptos de estas variaciones en el curso de muchas generaciones produ-
fundamentales, que todo hombre culto conoce, son los de lucha ce gradualmente un cambio en la especie. Dando un período
por la existencia, variación, selección natural y supervivencia suficientemente largo de tiempo, este proceso puede explicar la
de los más aptos. evolución de la vida desde los protozoos hasta el hombre.
La posibilidad de explicar la evolución en términos de tales 19
Citado por WILLIAM CECIL DAMPIER, A history of science (His-
factores fue repentinamente intuida por Darwin al leer, por ca- toria de la ciencia). Macmillan, New York 1949, 276.
72 Las leyes de la naturaleza La ética evolucionista 73

Esta teoría fue complementada con nociones adicionales que cia posible con las «leyes de la evolución», por lo que constitu-
pronto aportaron los entusiastas discípulos de Darwin. Primero, ye el estado ideal de sociedad para la mejora del hombre. En una
se hizo equivaler la noción de evolución a la de progreso y se sociedad así, los seres humanos pueden progresar rápidamente
interpretó «la supervivencia de los más aptos» como la super- hacia las metas evolucionistas, a saber, la perfecta adaptación del
vivencia de los mejores. Segundo, se describió la lucha por la hombre, organismo individual, a su medio ambiente. Cuando se
existencia como una despiadada competición, imaginando que la realice este estado de equilibrio perfecto, será posible la aboli-
naturaleza estaba provista de «dientes y garras siempre cubiertos lición de todo gobierno, el establecimiento de una anarquía utó-
de sangre».20 Tercero, se concibió al hombre como una parte pica en la que la felicidad humana alcanzará su más alta ex-
de la naturaleza e igualmente sometido a la selección natural. presión. Incluso antes de que se elimine todo gobierno, su in-
Había una marcada tendencia a considerar la competencia eco- tervención puede ser reducida al mínimo. Spencer creyó que
nómica del capitalismo e incluso la guerra como una prolonga- muy pronto se abolirían funciones oficiales tales como el servi-
ción en la vida humana de la «lucha por la existencia» darvi- cio postal, la acuñación de moneda y la educación estatal.
nista. Otros autores intentaron hacer uso de la teoría evolucio-
Muchos autores tomaron estas ideas como base para una re- nista para justificar los confÜctos de raza o de clase social. El
interpretación de la vida moral del hombre. Herbert Spencer sociólogo austríaco Ludwig Gumplowicz, por ejemplo, conside-
(1820-1903), por ejemplo, uno de los filósofos ingleses que más ró la historia como una sucesión de luchas entre tribus, razas,
influencia ha ejercido, defendió que el hombre es un animal so- naciones y clases sociales, en la que sobreviven los individuos
metido a los leyes generales de la evolución y que el progreso y grupos más aptos. En Alemania, militaristas como el mariscal
humano es el resultado de la rígida disciplina de la naturaleza von Moltke y el general von Bernhardi exaltaron la guerra co-
que elimina a los inadaptados.21 Mediante un oportuno disfraz mo medio de «selección natural» y, en consecuencia, como una
se alababa así el carácter despiadado de la lucha humana por la de las condiciones primeras del progreso humano. Oswald Spen-
supervivencia. Spencer llegó incluso a declarar: gler, el famoso historiador alemán, insistió en que «el hombre
es un animal de presa» y denunció como antinatural «el desden-
La pobreza del incapaz, las angustias que sobrevienen al impru- tado sentimiento de simpatía y de reconciliación».23 Mussolini,
dente, el hambre del perezoso y el desplazamiento de los débiles Hitler y el filósofo nazi Alfred Rosenberg argüyeron que en toda
por los fuertes, que deja a tantos «en el arroyo y en la miseria», la naturaleza hay una lucha incesante por la supervivencia y que
son los decretos de una gran y previsora benevolencia.22 los fuertes y aptos sobreviven. El hombre, afirmaron, es un ani-
mal combativo; en la lucha, la humanidad ha alcanzado su gran-
Todos estos males han de ser motivo de alegría, afirmó Spen- deza. La nación o la raza es la unidad natural de combate, y su
cer, porque eliminan al inepto; no habría, pues, que permitir fuerza combativa depende de su rechazo de los principios hu-
ni la reglamentación de la industria, ni la ayuda al necesitado, ni manitarios y democráticos, que han de ser considerados como
los programas de higiene pública o de cuidados sanitarios, ni la antinaturales.
legislación social, para no dulcificar la lucha por la existencia. La
doctrina económica del laissez faire implica la menor interferen- El principal representante de la ética evolucionista fue Frie-
drich Nietzsche (1844-1900). Su filosofía, notablemente variada
20
y ambivalente, resulta muy difícil de clasificar y resumir. «Co-
TENNYSON, In memoriam, LVI.
21
HERBERT SPENCER, Social statics (Estática social). Appleton, New 23
York 1888, 352-357, 412-413. OSWALD SPENGLER, The hour of decisión (Años decisivos). Knopf,
22 New York 1934, 21; y Man and technics (El hombre y la técnica). Knopf,
Ibid., 354. New York 1932, 43.
I Las leyes de la naturaleza La ética evolucionista 75

nozco a ambas partes, porque soy ambas partes», afirmó.24 Unas Yo os muestro al superhombre. El hombre es algo que debe
veces escandalizó y fanfarroneó como un malhechor; otras fue ser superado. ¿Qué habéis hecho vosotros para superarlo? Hasta
hoy, todos los seres han creado algo por encima de ellos, ¿y que-
un modelo de refinamiento sutil. Defendió, entre otras doctri- réis ser vosotros el reflujo de esa ola enorme prefiriendo retornar a
nas, que la vida, en su verdadera esencia, es voluntad de poder; la animalidad antes que superar al hombre? ¿Qué es el mono para
que la evolución resulta del triunfo de la fuerza sobre la debi- el hombre? Un motivo de risa o una vergüenza dolorosa... El super-
lidad; que el tipo bondadoso y democrático de personalidad es hombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: Sea
el superhombre el sentido de la tierra. 25
decadente; que el instrumento supremo del avance evolutivo
es una élite aristocrática y guerrera, una orgullosa clase dirigen-
te; y que el dominio despiadado de los «amos» sobre los «es- Toda ética ha de sufrir una inversión de todos sus valores.
clavos» preparará el camino para un tipo mucho más evolucio- Fraguando un nuevo código moral, podemos expresar la orien-
nado: el superhombre. tación del hombre actual hacia lo que ha de ser el superhombre.
La filosofía de Nietzsche está lejos de ser una justificación
A diferencia de Herbert Spencer, Nietzsche creía que no de- del status quo, pero la ética evolucionista ha sido a menudo uti-
be dejarse que el proceso natural siga su propio ritmo, sino que lizada como sostén del orden existente y, en especial, de una
ha de ser activamente ayudado y fomentado. En su concepción economía centrada en un «descarnado individualismo». William
de la evolución, se alejó de Darwin para acercarse a Lamarck, Graham Sumner, sociólogo americano que ha ejercido una enor-
quien defendía que los organismos se adaptan por sí mismos a me influencia, por ejemplo, escribió durante la depresión eco-
nuevos ambientes luchando por superar las dificultades, y que nómica universal de 1879:
estas adaptaciones se transmiten a sus descendientes. Al igual
que Lamarck, defendió que el avance del hombre no tendrá Si no estamos de acuerdo con la supervivencia de los más aptos,
lugar como el resultado de una lucha azarosa por la existencia, sólo nos queda una alternativa posible: la supervivencia de los más
sino como la consecuencia de un esfuerzo deliberado. El prin- ineptos. La primera es una ley de la civilización; la segunda es la
cipal agente que logrará una superación del actual estado evolu- ley de la anticivilización. Ningún hombre se adherirá a un tercer
proyecto —el del ideal socialista— para el que el avance de la ci-
tivo será una nueva clase de señores que se desprenderá de los vilización ha de producirse fortaleciendo a los más ineptos. 26
grilletes de la moral convencional y vivirá merced a la sujeción
de una inmensa clase de esclavos. Estos nuevos señores serán
Robert y Helen Lynd señalaron en su estudio sobre Middle-
una réplica de aquellos jefes bárbaros que, en el amanecer de
town —nombre supuesto de una ciudad real y representativa
la civilización, se impusieron a los pueblos más débiles a los
norteamericana— que estas ideas son bastante comunes en Es-
que redujeron a la esclavitud. Al rechazar conscientemente los
tados Unidos.
valores del cristianismo, de la democracia y del socialismo, los
futuros señores harán que reverdezcan los antiguos valores aris-
Es imposible concebir un mundo que sea a la vez planificado y
tocráticos: la arrogancia, la dureza y el desprecio hacia todo lo débil, afirma el típico hombre de negocios de Middletown. Los más
vulgar. Como resultado de su impulso vital y de su heroísmo, fuertes y mejores superviven; ésta es, a fin de cuentas, una ley de
se renovará la cultura occidental y se preparará el camino para la naturaleza; así ha sido siempre y siempre lo será.27
el superhombre. Zaratustra, el profeta creado por la imaginación
de Nietzsche, proclama: :5
Así hablaba Zaratustra. E.D.A.F., Madrid 1964, 18.
26
Essays (Ensayos). Yale University Press, New Haven 1934, I I , 56.
21
Citado por HARRY SLOCHOWER, NO voice is wholly lost (Nin- -' Aíiddletown in transition (Middletown en transición). Harcourt,
guna voz se pierde totalmente). Creative Age Press, New York 1945, 1. Brace, New York 1937, 500.
76 Las leyes de la naturaleza
La ética evolucionista 11
La ética evolucionista presenta un buen número de falacias
mente los sagaces, los crueles o los débiles que se hayan unido
y dificultades. La mayoría de sus expositores, con excepción de
entre sí. Por otra parte, lo que es más apto depende de las
Nietzsche, han incurrido en la falacia genética: identificar la
condiciones ambientales y es enteramente relativo a ellas. Por
forma desarrollada de algo con sus orígenes. Han defendido que,
ejemplo, si la tierra se volviera a helar en una nueva era glacial,
dado que la vida moral del hombre surge de la naturaleza, debe
la «supervivencia de los más aptos» podría producir organismos
presentar las mismas características de la naturaleza de la que
cada vez más raquíticos y pobres del estilo de los liqúenes. Es
emergió. Como el hombre procede de los animales inferiores,
posible que en una banda de asesinos sólo sobrevivan los más
su vida moral ha de estar revestida de los mismos rasgos que
sangrientos. De este modo, no hay nada en la simple supervi-
dichos animales y atenerse a la misma «ley» de la supervivencia
vencia que atestigüe un carácter ético superior o una forma cual-
de los más aptos que vale para los monos y para los tigres.
quiera de bondad.
Ahora bien, si el desarrollo o la evolución tienen algún signi-
ficado, éste no puede ser otro que el de cambio. Ha de apare- Aunque no tengamos en cuenta estas objeciones y demos
cer al final del proceso una serie de caracteres que no estaban por sentado que los más aptos y los más desarrollados son siem-
presentes al principio del mismo. Un roble procede de una be- pre los mejores, no tendríamos ningún derecho en concluir que
llota, pero no es una bellota. El hombre procede de los monos los medios naturales a un fin natural son, igualmente, los me-
antropomorfos, pero no es un mono. Sólo los seres humanos son jores. La naturaleza puede ser extraordinariamente pródiga y
capaces de trazarse un plan de vida y de acomodarse a él. Úni- cruel en la consecución de sus logros. Es posible que en la na-
camente el hombre puede sustituir la fuerza por la persuasión turaleza se produzca un auténtico progreso, pero ello suele dar-
racional. Por otra parte, sería una locura que un hombre viviera se al elevado precio de una proliferación ciega y de un enor-
como un lobo, ya que ello supondría vivir a un nivel infrahu- me proceso de eliminación. La razón, la cooperación, el senti-
mano. En su génesis, el hombre pudo asemejarse al lobo; en el miento, la previsión y el control científico del hombre pueden
desarrollo de sus caracteres, son dos seres muy diferentes. lograr tal vez un progreso evolutivo con medios más económi-
cos que los empleados ordinariamente por la naturaleza. Quizá
La mayoría de los partidarios de la ética evolucionista han el hombre obraría de un modo más eficaz si en lugar de imitar
cometido también la «falacia del factualismo», consistente en a la naturaleza se esforzara en mejorarla. Como dijo Tennyson
suponer que lo que es es sinónimo de lo que debe ser. Dada hablando de la naturaleza, «de las cincuenta semillas de que dis-
una proposición fáctica, x es un objeto, intentamos inferir una pone sólo fructifica una».28 ¿Deberá plegarse el hombre a ese
proposición normativa, x es bueno o x debe existir. No podemos despilfarro sólo porque sea el modo en que la naturaleza opera?
pasar de una proposición fáctica a una proposición normativa,
a no ser que supongamos que todo lo que existe es bueno, hipó- Podemos, por otra parte, considerar inadecuada la interpre-
tesis ésta harto dudosa. La presencia encubierta de esta falacia tación que Spencer, Nietzsche y el darwinismo ético han hecho
en el darwinismo ético se debe, en gran parte, al significado am- del evolucionismo. Ya hemos dicho que estos autores conciben
biguo de la expresión «los más aptos». Si no acertamos a esta- la naturaleza como la lucha de todos contra todos, en la que
blecer una distinción entre el significado biológico y el signi- los vencedores sobreviven para engendrar en su día animales
ficado ético del concepto «los más aptos», resulta muy difícil más aptos. Con todo, Darwin apuntó en numerosos pasajes que
no incurrir en esta falacia: supondremos que «los aptos» bioló- muchos animales sobreviven gracias a la cooperación. Desde su
gicamente son los aptos moralmente; que lo que supervive es muerte se ha venido acumulando una gran cantidad de pruebas
lo que debe supervivir. Ahora bien, los más aptos, desde el en las que la ayuda mutua aparece como un poderoso factor
punto de vista de la supervivencia biológica, pueden ser simple-
TENNYSON, In memoriam, LV.
Las leyes de la naturaleza La ética evolucionista 79

evolutivo. Kropotkin, Geddes, Conklin y muchos otros biólo- tas. Cuando la guerra moderna no es antiselectiva, resulta in-
gos han encontrado entre los animales innumerables comporta- discriminatoria. En el momento en que, por ejemplo, estalla
mientos de cooperación. Tras revisar las pruebas de que dispo- en una ciudad una bomba atómica, extermina tanto a los inep-
nía, el eminente biólogo americano W. C. Allee afirmó: tos como a los aptos. La guerra es tan absurda desde el punto
de vista biológico como catastrófica desde el punto de vista
En la naturaleza existen fuerzas egoístas y fuerzas altruistas, y ético.
ambas son importantes. El principal problema que aquí se plantea
es cuáles son más fundamentales y poderosas. Después de muchos Hasta ahora me he limitado a exponer la interpretación que
estudios y en contra de Herbert Spencer, mi opinión última es que de la ética evolucionista han ofrecido pensadores como Herbert
las fuerzas de cooperación son biológicamente más importantes y Spencer y William Graham Sumner. Otros autores, como John
vitales... En muchas ocasiones, las fuerzas de cooperación resultan Dewey, Henri Bergson y Samuel Alexander, se han basado en
vencidas. Sin embargo, a largo plazo, los individuos unidos a un
grupo y los impulsos más altruistas resultan ligeramente más fuertes. la teoría evolucionista para defender un credo liberal y humani-
Si la cooperación no hubiera sido la fuerza más poderosa, ni ha- tario. Para ellos, la evolución muestra que el universo está de
brían aparecido animales tan complejos como los artrópodos o los tal manera constituido que permite la innovación, el crecimiento
vertebrados por evolución de otros más simples, ni habrían sur- y el desarrollo de capacidades más ricas: el tránsito desde los
gido esos hombres que se angustian entre sí con guerras terribles
y biológicamente disparatadas. 29
protozoos al más elevado nivel de la humanidad representado
por sus héroes, artistas, pensadores y santos. Al producir al
hombre, siguen argumentando, la naturaleza ha creado por fin
Esta opinión ha sido suscrita en todo el mundo por algunos
a un animal que tiene el poder de crearse a sí mismo. Por ello,
de los científicos más reputados. Muchos biólogos han apunta-
han destacado la importancia de una moral abierta y emprende-
do además que la selección natural no es un factor creativo,
dora, que no se limite a imitar a los animales inferiores, sino
sino que se limita a conservar lo que ya ha aparecido, y que se
que se abra a nuevos horizontes.
han de tener en cuenta otros factores como la mutación a la
hora de explicar la evolución. Según estas opiniones, podemos La evolución puede ser interpretada de diversas formas, por
afirmar con plena seguridad que «la lucha por la existencia», lo que sus implicaciones éticas resultan a menudo ambiguas.
con su consiguiente selección natural, no explica toda la historia Ni ha resuelto nuestros problemas éticos, ni nos ha suministra-
y que no es menos «natural» una forma de vida cooperativa que do un modelo de conducta. A la luz de las ciencias biológicas,
otra competitiva o agresiva. nos sentimos más inclinados a interpretar al hombre en un sen-
tido naturalista que sobrenatural. Junto a ello, tenemos más
La agresión, en la forma que adopta en la guerra moder-
conciencia del inmenso pasado de la raza humana y de la inmen-
na, resulta biológicamente injustificable. Es absurdo admitir que
sa promesa de su futuro. Con todo, si el hombre considera la na-
tras una posible guerra futura sobrevivirán los más aptos. Con
turaleza como un modelo a imitar, deja de hacer uso de su más
sus reclutamientos, la guerra moderna va en contra de la selec-
alto don natural: su inteligencia libre.
ción: selecciona a los más aptos para el frente de batalla y de-
secha a los más ineptos. Entre los que están en línea de comba-
te, se escoge a los más inteligentes y sanos para las empresas
más peligrosas, como tripular aviones y submarinos, por ejem-
plo, o servir en el cuerpo de transmisiones o en el de paracaidis-
29
Where angels jear to tread (Donde los ángeles temen poner el pie):
Science 97 (1943) 521.
81) Las leyes de la naturaleza Crítica general de la ética naturalista 81

4. Crítica general de la El hombre primitivo puede estar revestido de una prístina vita-
ética naturalista lidad o de una sencillez intacta dignas de admiración, pero tam-
bién puede ser «mezquino, sucio, despiadado y necio». El sim-
ple hecho de que algo aparezca antes en un proceso evolutivo
La naturaleza ha significado cosas muy diferentes a las dis- no lo hace bueno.
tintas personas que se han parado a interpretarla. Sin embargo,
en la mayoría de estas interpretaciones, la naturaleza no sumi- En cuarto lugar, el término naturaleza puede significar lo
nistra una norma adecuada para la acción individual o social. innato frente a lo adquirido, como cuando lo oponemos a lo
Puede que todo lo valioso sea natural, pero, indudablemente, no cultivado. Ahora bien, a menos que abandonemos todo tipo de
todo lo natural es valioso. Sólo en la medida en que lo natural educación, de aprendizaje y de cultivo, no podemos afirmar
coincide con lo valioso puede servir de base aprovechable para que la naturaleza es preferible a la cultura. En la práctica, toda
la elección ética. empresa civilizadora consiste en mejorar lo innato.
En quinto lugar, el término naturaleza puede hacer referencia
Consideremos algunos de los significados del término natu-
a lo que está fuera del control o de la innovación humanos,
raleza. En primer lugar, el término puede ser utilizado para de-
como cuando utilizamos la palabra «naturaleza» para designar
signar todo lo que existe, el sistema entero de seres. Desde es-
lo salvaje, lo involuntario o lo espontáneo. Tampoco tenemos
ta perspectiva, no ofrece ninguna base de selección. Cualquier
aquí ningún fundamento para una norma ética, ya que toda la
cosa y todo es natural; de ahí que la expresión «seguir la na-
técnica y la ciencia humanas implican una interferencia con la
turaleza» carezca de sentido, porque no podríamos nunca dejar
naturaleza así entendida. Sin esa interferencia, sería imposible
de hacerlo.
la vida humana. No existen razones válidas para que podamos
En segundo lugar, el término naturaleza se utiliza a veces excluirla por el simple hecho de «no ser natural».
para hacer referencia a lo que es característico, común o usual. Si se nos exige que vivamos de acuerdo con la naturaleza,
Así entendida, la naturaleza no es necesariamente buena o co- en cualquiera de los cinco significados del término, lo que en reali-
rrecta. No tenemos por qué ser típicos, si ello implica ser medio- dad se nos está pidiendo es que cometamos la falacia del factua-
cres o incluso malos. El refrán que dice «donde fueres haz lo lismo. Se nos invita a que tomemos cualquier rasgo puramente
que vieres», es un consejo de prudencia, pero no una adver- fáctico —la totalidad, lo característico, lo primitivo, lo innato
tencia moral. No siempre nuestro deber ha de coincidir con lo o lo inculto— y lo convirtamos en norma de conducta. Lo fác-
aceptado. Puede incluso que la mayoría esté equivocada. Los tico no es, sin embargo, lo ideal: lo físico se distingue de lo
más altos logros, en virtud de su propia elevación, han de ser ético. «Lo que es» no es idéntico a «lo que debe ser». Es evi-
necesariamente poco corrientes. Como indica Spinoza en las úl- dente que los ideales se convierten a veces en realidad: lo bue-
timas palabras de su Etica, «todo lo que es hermoso es tan no y lo real se identifican en parte, pero nunca llegan a coincidir.
difícil como raro».30 Este hecho constituye el eje de la tragedia de nuestra exis-
En tercer lugar, el término naturaleza puede significar lo pri- tencia.
mitivo. Rousseau, por ejemplo, en sus últimos escritos, utilizó Si con el término naturaleza no significamos lo real, sino
el término en este sentido. A este nivel, es evidente que no lo ideal, podemos utilizar este concepto como base para nues-
encontramos tampoco ninguna base válida para la elección ética. tra conducta. A veces se usa el término en este sentido, como
30 cuando hablamos de «natural» en cuanto que plenamente cum-
Etica. Traducción de Ángel Rodrígue2 Bachiller. Aguilar, Ma-
drid 1961, 431. plido, como la realización ideal del tipo. Con todo, una ética que
82 Las leyes de la naturaleza

se base en tal concepto será esencialmente intencional: no nos


pide que imitemos un modelo dado, mira más allá, persigue un 4
fin y se muestra abierta y emprendedora. En la segunda parte
de este libro •—dedicada a la ética de los ideales— estudiare- Las leyes de la
mos este tipo de moral.
Una ética así no puede ser indiferente respecto a lo fáctico conciencia
ni prescindir de ello. Puede y debe admitir que la realidad —el
mundo real de lo fáctico— nos suministra el material con el
que hemos de trabajar y establece los límites de lo que podemos
hacer. Por otro lado, sólo podemos determinar lo ideal a la luz
de las necesidades y tendencias reales, pero no podemos identi-
ficar el hecho con la norma, lo real con lo ideal. Cuando lo
natural significa lo bueno, debemos aceptarlo; cuando significa
cualquier otra cosa, no puede ser objeto válido de aspiración
ética. 1. La ética de la conciencia

Los hombres han intentado formular leyes morales de dos


formas: observándose a sí mismos u observando lo que les ro-
dea. Al buscar una autoridad externa a la conciencia individual,
han apelado a Dios o a la naturaleza; al buscar el testimonio
directo de su propia conciencia, han recurrido a alguna facultad
interna, como la conciencia o la razón.
He dedicado los capítulos anteriores a la exposición de las
éticas consuetudinarias, teológicas y naturalistas, cada una de
las cuales deduce, a su modo, las leyes morales de una fuente
externa a la conciencia individual. Examinaremos, en este ca-
pítulo, las teorías que deducen la orientación moral, tanto res-
pecto a la acción individual como a la social, de una facultad
interna cuya función es distinguir el bien y el mal.
Dicha facultad puede ser concebida de formas diferentes y
recibir distintos nombres. El término que más a menudo se uti-
liza es el de conciencia. Empezaré considerando una interpreta-
ción concreta de la conciencia, la que atiende a la rectitud o
incorrección de los actos y motivos sin considerar el valor de
sus consecuencias. Según esta posición, la conciencia es una es-
pecie de facultad innata que nos inspira ciertas creencias y ac-
84 Las leyes de la conciencia La ética de la conciencia 85

titudes morales de un modo inmediato y extrarracional, sin con- Incluso un iconoclasta moral como Nietzsche tiene ciertos
siderar los efectos ulteriores de nuestras acciones. Al final de ideales y principios morales. Descartar estas orientaciones ge-
este capítulo, consideraré otra interpretación de la conciencia, nerales y dejar que sean los impulsos infrarracionales —a los
la que apela a una «voz interior» teleológica y no autoritaria que en esta interpretación se les llama «conciencia»— los que
que llama a cada hombre a su verdadero yo. Nos detendremos, determinen una acción únicamente a la luz del momento no sólo
sin embargo, en este primer epígrafe en las concepciones no te- supone situar la moral al nivel del puro capricho sino destruirla.
leológicas de la conciencia.
Con todo, con el término conciencia podemos entender algo
Algunos individuos —generalmente los que tienen una men- diferente: el conocimiento inmediato de que cierto tipo de actos
talidad menos filosófica— piensan que la conciencia suministra son buenos o malos. Según este punto de vista, existen reglas
con facilidad dictámenes en cada situación moral. Actúa de un evidentes que determinan la acción justa en las distintas formas
modo casi instantáneo, a la manera de un órgano sensorial o de conducta. Unos actos como el robo o el homicidio han de
de un instinto determinado, sin tener en cuenta ni reglas ni ser condenados a la base de reglas intuidas por la conciencia,
principios. y otros como la sinceridad o el cumplimiento de las promesas
Tal interpretación apenas requiere una discusión detenida. han de ser aprobados sobre el mismo fundamento. Esta doc-
Supone que los preceptos de la conciencia son tan irracionales trina ha tenido una aceptación tan grande que Henry Sidgwick,
y caprichosos que no se basan en principios de ninguna clase. pensador de finales del siglo xix, la llamó el punto de vista de
Esta postura no dejaría en pie otra cosa que no fuera un caos «la moral del sentido común». Su crítica a esta teoría, expuesta
de actitudes emocionales: desde estas premisas, hemos de aban- en su obra Métodos de la ética, contiene un razonamiento que
donar todo concepto de moral objetiva. Si hemos de tener una se ha hecho ya clásico. A excepción hecha de la brevedad de mis
moral objetiva y no fantástica, habremos de admitir que los ca- observaciones, todo lo que voy a exponer a continuación difie-
sos similares han de ser tratados de un modo similar, y los casos re muy poco de las afirmaciones críticas establecidas por dicho
idénticos de un modo idéntico. autor.2
Como Hastings Rashdall apuntó en su Teoría del bien y del En primer lugar, las reglas impuestas por la conciencia no
mal: son, en realidad, evidentes por sí mismas. Lo que es evidente
A un niño que nos pregunta si puede coger ñores de un jardín por sí mismo ha sido claramente expuesto por Thomas Reid
que no es suyo, no le contestamos: «Hijo mío, eso depende total- (1710-1796), defensor de la posición que estamos criticando.
mente de las circunstancias que rodeen el caso concreto; sería Reid determina que las proposiciones evidentes por sí mismas
un dogmatismo injustificable por mi parte si dictaminara una regla
general sobre el asunto; consulta tu conciencia en cada caso y son «aquellas en las que creemos en el momento mismo de com-
siempre obrarás bien». Por el contrario, lo que en seguida le decimos prenderlas... No se descubren mediante demostraciones, ni por
es: «No debes coger flores, porque eso sería un robo y robar es el peso de los argumentos: la proposición no se deduce o in-
malo». Determina todas las reservas que quieras sobre la insufi- fiere de otra; tiene en sí misma la luz de la verdad y no hay
ciencia de la regla, sobre su carácter indefinido, sobre su incapa-
motivo para que se la apropie de otra».3 Puede decirse que per-
cidad para resolver muchos problemas de la vida, sobre la necesi-
dad de establecer excepciones, etc., aun entonces habrás de admitir tenecen a esta categoría las proposiciones simples de las mate-
que hay un punto en la moral en el que se produce un acuerdo
entre todos los hombres sencillos y entre casi todos los filósofos: 2
Véase HENRY SIDGWICK, The methods of ethics (Métodos de la
ello es lo que hace que existan reglas de conducta.1 ética). Macmillan, London 1922, libro III, capítulo XI.
3
1
Essays on tbe intellectual poivers of man (Ensayos sobre los po-
Tbe tbeory of good and evil (Teoría del bien y del mal). Oxford deres intelectuales del hombre). Macmillan, London 1941, ensayo VI, ca-
University Press, London 1907, I, 82-83. pítulo IV.
86 Las leyes de la conciencia La ética de la conciencia 87

máticas o de la lógica. La afirmación «dos y dos son cuatro», tas», pero otra puede ordenar «no causes sufrimiento a otros».
por ejemplo, será admitida por todo el que la comprenda: ne- Cuando se han de aplicar estas dos reglas a un caso dado, am-
garla sería lógicamente contradictorio. Por poner otro ejemplo: bas pueden entrar en conflicto. Cuando el deber de veracidad
sabemos, al margen de la observación y de la experimentación, entra en conflicto con el de benevolencia, ¿cuál es el que ha de
que «si x implica y, y x es verdadera, y es también verdadera». prevalecer? El viejo problema de si un médico debe decir siem-
(En este caso, x e y simbolizan proposiciones). Decir que la pro- pre la verdad a un enfermo encierra este dilema moral. Su-
posición y es falsa cuando está implicada en una proposición pongamos, por poner otro ejemplo, que en un banquete alguien
verdadera —x— es a todas luces contradictorio. Por el contra- calumniara deliberadamente a un amigo nuestro. ¿Actuaríamos
rio, la negación de una norma ética, la que afirma que «una de acuerdo con el precepto «seamos leales con nuestro anfitrión
persona no debe robar», por ejemplo, no es lógicamente contra- y no organicemos una escena desafiando o denunciando al calum-
dictoria; entre otras cosas no siempre se ha defendido la validez niador»? ¿O actuaríamos según el principio «seamos leales con
de esta regla. A los niños de la antigua Esparta, por ejemplo, nuestro amigo y defendámosle aun a costa de tener que es-
se les enseñaba a robar; y, durante la segunda guerra mundial, grimir un argumento precipitado y embarazoso»? Las perple-
los niños polacos o franceses aprendieron que robar a los nazis jidades morales de la vida se plantean precisamente de este
era un acto meritorio aunque peligroso. modo: un principio nos impele a actuar en contra de otro prin-
cipio. Cuando nos enfrentamos con tales incertidumbres, desa-
En segundo lugar, suponer que una regla moral es evidente parece la pretendida evidencia de la regla moral y no podemos
por sí misma hace que su examen resulte ambiguo. Considere- decidir lo que hemos de hacer sin considerar las consecuencias de
mos, por ejemplo, la regla que condena el homicidio. ¿Qué es nuestros actos.
un homicidio? Los cuáqueros han condenado la guerra y la pena
capital por considerarlas formas de homicidio. Hay muchas per- En cuarto lugar, las prescripciones de la conciencia varían
sonas que se oponen a esta afirmación, pero no podemos tomar de una época a otra y de un lugar a otro, y ello implica que no
una decisión sobre este problema basándonos simplemente en son realmente infalibles ni evidentes por sí mismas. Los antiguos
el número de personas que apoyan o rechazan una opinión u griegos, por ejemplo, creían que no iba en contra de la moral
otra. En la práctica, resulta difícil dilucidar cuándo estamos ante abandonar a su suerte a los niños recién nacidos que no ha-
un verdadero asesinato: a menudo es difícil distinguir entre un bían sido deseados. Incluso un hombre de la sensibilidad mo-
homicidio justificable, un homicidio involuntario y un asesina- ral de Platón compartía esta opinión cuando entraba en juego
to. Los juristas han dedicado muchas horas a reflexionar sobre un objetivo eugenésico. La homosexualidad era igualmente ad-
la posible solución de estos problemas. Consideremos, por otra mitida entre la mayoría de los griegos. Por citar otro período
parte, la regla que condena la mentira. ¿Estamos mintiendo cuan- de la historia, cristianos muy pudibundos y escrupulosos se de-
do decimos literalmente la verdad, pero la interpretación que dicaron al tráfico de esclavos sin que les pareciera reprobable
se deduce de lo que afirmamos es falsa? ¿Puede constituir una el terrible sufrimiento y el elevado número de víctimas que
mentira una mirada, un gesto o un silencio? ¿Es una mentira provocaban entre los negros reclutados en África. La quema de
decir a un niño algo que es falso cuando no puede entender la «brujas» era también bastante común entre comunidades cris-
verdad o cuando ésta heriría sus sentimientos? Toda regla mo- tianas. Se ha demostrado que esta práctica llegó a extremos in-
ral es ambigua cuando ha de ser aplicada a casos dudosos. creíbles; muchos centenares de mujeres ardieron en la hogue-
ra y en algunas ciudades y villas casi todas las mujeres de más
En tercer lugar, las reglas morales pueden entrar en conflic- de cuarenta años quedaron exterminadas. Casi todas ellas con-
to entre sí. Una regla puede, por ejemplo, dictaminar «no mien- fesaron ser brujas cuando se les torturaba una y otra vez, y
88 Las leyes de la conciencia La ética de la razón a priori 89

los buenos cristianos de la comunidad las quemaban al momen- 2. "La ética dé la razón a priori
to sin el más mínimo asomo de escrúpulo.

Ante tales diferencias, resulta imposible considerar como ge-


nuinamente objetivas y universales el contenido de las inspira- Hemos comentado desde un ángulo crítico el tipo de ética
ciones «intuitivas» de la conciencia, inspiraciones que las más intuicionista que defiende que la conciencia es una voz interior
de las veces coinciden con las costumbres de una sociedad dada. e infalible que juzga las acciones buenas y malas en términos
Los psicólogos modernos, como Freud, han interpretado la con- de un considerable número de reglas autónomas y evidentes.
ciencia como la «internalización» de las órdenes de las autori- Dichas normas condenan como malos ciertos actos como robar
dades externas que rodean al hombre, principalmente durante o matar, y prescriben como buenos otros como cumplir lo pro-
la infancia. Erich Fromm, psicólogo contemporáneo, expresa el metido y ser castos. Otra forma de intuicionismo ético defiende
carácter autoritario de la conciencia de la siguiente forma: que todas las reglas de este tipo pueden subsumirse en unas
pocas e incluso en una sola ley general cuyo conocimiento cierto
En la formación de la conciencia, autoridades tales como los se obtiene por intuición.
padres, la iglesia, el estado o la opinión pública, son aceptadas
El intento más importante por establecer leyes morales es-
consciente o inconscientemente como legisladores éticos y morales
cuyas leyes y sanciones adopta uno interiorizándolas. Por así decirlo, pecíficas a partir de un reducido número de principios genera-
las leyes y las sanciones de la autoridad externa llegan a formar les es el que encontramos en los tratados éticos de Kant. Kant
parte de uno mismo, y en vez de sentirse responsable ante algo creyó que la rectitud de los actos ha de juzgarse siempre en re-
externo, uno se siente responsable ante algo interno: la propia lación con leyes y que la mayoría de las reglas éticas contenidas
conciencia. La conciencia es un regulador de la conducta más efec-
tivo que el temor ante las autoridades externas; porque si bien en lo que se ha dado en llamar «moral del sentido común» po-
uno puede sustraerse a las autoridades, no puede, en cambio, drían reducirse, en última instancia, a unos pocos principios o
escapar de sí mismo y, por consiguiente, tampoco de la autoridad leyes generales aprehendidos por la razón a priori.
interiorizada que ha llegado a formar parte de uno mismo.4
Su obra Fundamentarían de la metafísica de las costumbres
Las prescripciones de la conciencia irreflexiva y autoritaria constituye la mejor exposición de su filosofía moral. Toda per-
son la voz de la costumbre o de la autoridad tradicional tan pro- sona que lea este libro encontrará una exposición breve y apa-
fundamente insertas en el alma humana que parecen evidentes rentemente clara de la ética kantiana, aunque sus ideas hayan
por sí mismas. sido con frecuencia mal interpretadas. Una de las razones de esta
incomprensión se debe a que tradícionalmente se nos ha pre-
N o quiero decir con ello que un hombre no debe nunca en- sentado a Kant como una especie de máquina intelectual sin
contrar contestación a sus problemas morales en la paz interior espontaneidad ni flexibilidad emocional. Es famosa la pintoresca
de su conciencia personal. Toda persona actuaría conscientemen- caracterización que nos ha legado Heinrich Heine:
te, en el sentido de que sería sincera respecto a lo mejor de sus
intuiciones morales. Como veremos al final de este capítulo, la Resulta difícil escribir una historia de la vida de Immanuel
rehabilitación de la conciencia constituye una de las exigencias Kant, entre otras cosas porque ni vivió ni tuvo historia. Su vida
más perentorias de nuestra época. de solterón, mecánicamente ordenada y abstracta, transcurrió en
una calle bastante retirada de Kónisberg, antigua ciudad situada al
nordeste de Alemania. No creo que el viejo reloj de la catedral
que allí existe cumpliera su cometido diario de un modo más des-
* Man for himself (Etica y psicoanálisis). Traducción de Heriberto :* apasionado y regulado que su compatriota Immanuel Kant. Levan-
F. Morck, Fondo de Cultura Económica, México 1965, 147. tarse, tomar café, escribir, dar clase, leer, comer, pasear, todo tenía
90 Las leyes de la conciencia La ética de la razón a priori 91

un horario preciso, y sus vecinos sabían que eran exactamente las inmortalidad, no como dogmas de una iglesia autoritaria, sino
tres y media cuando Immanuel Kant con su casaca gris aparecía
como artículos de una creencia moral racional. Con su hincapié
empuñando su bastón en la puerta de su casa dispuesto a dar una
vuelta por la avenida de los Tilos que, en su memoria, hoy lleva en el hecho de que todo ser humano es un fin en sí mismo, ex-
el nombre de paseo del filósofo.5 presó en términos filosóficos la doctrina cristiana de la dignidad
intrínseca e infinita del alma individual, junto a la nueva doc-
Sin duda alguna que esta caracterización no carece de base trina revolucionaria de los derechos del hombre. Simpatizó con
real, pero se trata de una caricatura que no hace justicia a la la revolución francesa hasta la implantación del régimen del
dimensión más humana de la naturaleza de Kant. Fue, por ejem- terror, y admiró la nueva república americana. Creyó que no
plo, un aficionado y notable jugador de cartas, aunque no so- era posible el progreso moral y social si no era sobre la base de
portaba la lentitud de sus contrincantes. Le agradaba relacionar- la libertad. Sufrió una gran influencia de la ilustración, el im-
se con amigos, especialmente a la hora de comer, y nunca se portante movimiento de pensamiento crítico que, nacido en
sentaba a la mesa sin que alguien le acompañara. Como profe- Europa, presidió las revoluciones francesa y americana. Al igual
sor universitario, gozó de una gran popularidad entre los estu- que muchos de los apóstoles de este movimiento, confió ex-
diantes, manifestando una gran capacidad para provocar en sus traordinariamente en la razón, pero, como Rousseau, intentó rei-
clases tanto risas como lágrimas. vindicar tanto «el corazón» como «el cerebro». Hay que admi-
tir, con todo, que prestó un cierto apoyo a la subordinación del
Ni siquiera cuando se hizo viejo y achacoso, nos dice H. J. Patón, individuo a los dictámenes de un estado autoritario. En un sen-
perdió su carácter sencillo, amable y cortés. En cierta ocasión, tido muy complejo, combinó el rigorismo con el afecto, la razón
estaba tan débil que se cayó en plena calle y no hubiera podido
levantarse si no le hubiesen ayudado dos damas desconocidas. Cuan- con la fe, la creencia en la libertad con el respeto a la auto-
do se vio de pie, obsequió a una de ellas con una rosa que se ridad.
había encontrado por casualidad mientras le ayudaban a levantarse.6
Tras una corta introducción en la que insiste en la necesi-
dad de basar la ética en principios a priori y no en principios
A pesar de su afición a lo rutinario y sistematizado, exis-
empíricos, Kant empieza su argumentación ética afirmando que
tía en él un cierto aire romántico y una gran dosis de emotiva
nada es incondicional e ilimitadamente bueno a excepción de
cordialidad. Los que se han sentido inclinados a interpretar su
una buena voluntad. El conocimiento, la riqueza, la salud o cual-
ética en un sentido fríamente formalista y puramente intelectual,
quier don de la mente o del cuerpo no son buenos si se emplean
no han sabido captar ese importante aspecto de su carácter; por
con fines perversos. El placer que obtiene, por ejemplo, un
ello, su visión resulta extremadamente parcial.
sádico al torturar a un niño inocente es absolutamente malo.
En relación con el marco histórico de su pensamiento, Kant Sólo la buena voluntad constituye una excepción: es buena in-
es hijo de la reforma protestante y de las revoluciones france- trínseca y absolutamente. Al igual que una piedra preciosa, bri-
sa y americana. Educado en el seno de una familia piadosa, que- lla por su propia luz.
dó profundamente imbuido del espíritu de la ética y de la re- Esto no implica que una buena voluntad sea el bien total
ligión protestante. Una de sus principales ambiciones como fi- o el único bien no instrumental. Para Kant existen dos bienes:
lósofo era reinvindicar la creencia en Dios, en la libertal y en la la buena voluntad, que es incondicionalmente buena, y la feli-
5
cidad, que es un bien en sí sólo cuando está unida a una buena
Germany (Alemania), en sus Works (Obras). Heinemann, London voluntad. Cree que la virtud merece un premio y que habría
1891-1905, V, 136.
6 de ir seguida de felicidad. Con frecuencia, entiende que la feli-
The categórica! imperative (El imperativo categórico), Hutchinson,
London 1947, 198. cidad constituye el máximo placer, pero, en ocasiones, utiliza
92 Las leyes de la conciencia La ética de la razón a priori 93

el término en un sentido más amplio para denotar la satisfac- Desgraciadamente, esta forma de voluntad está por encima del
ción total de las necesidades o inclinaciones humanas. hombre; en el ser humano, la exigencia del deber no sólo se
distingue de la inclinación, sino que a menudo se opone a ella.
Conseguir nuestra felicidad personal, afirma, es el objetivo
Si el criterio de la rectitud del motivo no radica ni en las
de la prudencia. Todo hombre tiene el derecho a perseguir su
consecuencias ni en la inclinación, ¿dónde hemos de buscarlo?
propia felicidad en la medida en que su esfuerzo no entre en
La respuesta es que un motivo justo se basa en un principio
conflicto con la ley moral. En determinadas circunstancias, la
moral: el «imperativo categórico».
misma prosecución de la felicidad personal puede constituir un
deber indirecto, dado que un hombre infeliz está tan encadena- Un imperativo es un precepto o un mandato: dice lo que
do por su miseria que le resulta muy difícil cumplir con su de- una persona ha de hacer y cómo ha de hacerlo. Hay dos clases
ber, mientras que un hombre feliz puede lograrlo con facilidad. de imperativos: el hipotético y el categórico. Un imperativo
Con todo, Kant siente que existe una diferencia fundamental hipotético adopta siempre la forma de «si quieres conseguir x,
entre una vida prudente y una vida moralmente buena, y que debes hacer y». Se basa en el hecho de que «el que quiere el fin,
el amor hacia uno mismo o el afán por conseguir la felicidad per- quiere también (de conformidad con la razón, necesariamente)
sonal no constituyen propiamente virtudes. los únicos medios que están para ello en su poder».7 Ordina-
riamente, son imperativos hipotéticos las reglas de la experien-
Como sólo una voluntad virtuosa es absoluta e incondicio- cia y los consejos de la prudencia: nos dicen lo que debemos
nalmente buena, debe contener en sí misma su propia dignidad, hacer («debemos» en el sentido de lo que sería aconsejable ha-
al margen de las consecuencias que de ella se sigan. Al sentar cer) si deseamos conseguir determinados fines. Pueden ser com-
estas bases, Kant rechaza toda forma de utilitarismo, te'oría para pletamente legítimos, pero no son morales. Por el contrario, un
la que lo bueno se identifica con lo útil en la promoción del imperativo categórico afirma lisa e incondicionalmente: «Has
bienestar. Ello no significa que un hombre bueno no deba tener de obrar de esta manera y de esta otra». No hay ningún «si»
en cuenta las consecuencias; para actuar inteligentemente debe condicional delante del «debes». La obligación no viene deter-
tener presente los resultados que se sigan de sus actos. Se dirigi- minada por el deseo o por la conveniencia, sino por la necesidad
rá a la prosecución de determinadas consecuencias, porque ése moral objetiva que puede ser elevada al nivel de regla univer-
es su deber, pero éste estará determinado por una ley moral uni- sal. Cuando, por ejemplo, digo que un hombre debe respetar
versal y no por los resultados específicos de un acto. los derechos de los demás, o que no debe matar, no doy a en-
tender que el «debe» esté condicionado al deseo del hombre o
Tampoco la inclinación es un fundamento determinante de
que sea un simple asunto de prudencia. Tal «deber» —objetivo,
un acto moral. El hombre moral actúa según el principio «cum-
necesario, incondicional, absoluto— constituye un imperativo
pliré con mi deber, cualquiera que sea mi inclinación». No dice:
categórico. Ningún otro imperativo, a excepción de éste, es
«cumpliré con mi deber si me siento inclinado a ello». Esto no
moral.
significa que un hombre moral tenga que obrar siempre en con-
tra de su inclinación. Kant ha sido a menudo criticado por de- Kant ha explicado de la siguiente forma la necesidad y la
fender que el deber ha de ser siempre desagradable, pero esta universalidad implicadas en un imperativo moral:
objeción se basa en una mala interpretación de sus palabras.
Todo el mundo ha de confesar que una ley, para valer moral-
Cumplir con el deber con el corazón complaciente no constitu- mente, esto es, como fundamento de una obligación, tiene que llevar
ye ningún signo de imperfección moral. Indudablemente, Kant
cree que la forma más elevada de voluntad es la «voluntad san- 7
Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Traducción de
ta», en la que deber e inclinación se identifican totalmente. Manuel García Morente. Espasa-Calpe, Madrid 1963, 67.
La ética de la razón a priori 95
y4 Las leyes de la conciencia

consigo una necesidad absoluta; que el mandato siguiente: no debes cimos en ella que, a veces, dos y tres sean cinco, sino que siem-
mentir, no tiene su validez limitada a los hombres, como si otros pre y necesariamente lo son. Sería absurdo y, en consecuencia,
seres racionales pudieran desentenderse de él, y asimismo las demás imposible que la suma de dos y tres diera algo que no fuera
leyes propiamente morales; que, por tanto, el fundamento de la cinco. Ello podemos saberlo por la pura razón, sin tener en
obligación no debe buscarse en la naturaleza del hombre o en las
circunstancias del universo en que el hombre está puesto, sino a priori cuenta ningún caso particular. Según Kant, la ley moral es igual-
exclusivamente en conceptos de la razón pura, y que cualquier otro mente necesaria y universal, porque su negación implica una
precepto que se funde en principios de la mera experiencia, incluso contradicción. Un principio moral es coherente y un principio
un precepto que, siendo universal en cierto respecto, se asiente en inmoral es inconsistente.
fundamentos empíricos, aunque no fuese más que en una mínima
parte, acaso tan sólo por un motivo de determinación, podrá lla- Al considerar una forma de acción, como mentir, tenemos
marse una regla práctica, pero nunca una ley moral.8
que formular el principio que manifiesta y ver si podemos ele-
varlo coherentemente al rango de principio universal. En caso
Kant defiende aquí la postura del absolutismo ético, según
contrario, es inconsistente e inmoral. Desde esta posición, Kant
la cual, las leyes morales no admiten ningún tipo de excepción,
deduce la primera fórmula del imperativo categórico: «obra co-
y son de aplicación universal al margen de circunstancias o in-
mo si la máxima de tu acción debiera tornarse, por tu voluntad,
clinaciones diferentes. Ni siquiera pretende basar la moral en
la naturaleza humana o aplicarla específicamente al hombre. De- ley universal de la naturaleza».9 Esta fórmula expresa la autén-
be quedar al nivel de la razón abstracta y ser aplicada unifor- tica concepción del imperativo categórico, a saber, la de ser in-
memente a toda criatura racional, incluyendo a los ángeles, si es dependiente de fundamentos empíricos e hipotéticos, es decir,
que existen y son racionales. El imperativo categórico es nece- estrictamente universal y formal.
sario en el sentido de que es moralmente obligatorio para todos
Como ejemplo de aplicación de esta fórmula, consideremos
los seres racionales.
el caso de la mentira que antes hemos mencionado. Sería con-
Esta forma de necesidad es, por supuesto, muy diferente tradictorio en sí mismo desear que la mentira se convierta en
de la necesidad física. Significa estrictamente obligación: no práctica universal, pues, si todos mintiéramos, nadie confiaría
hace referencia a ningún tipo de compulsión física. Cuando es- en nadie. La mentira tiende a ir en contra de sí misma, a auto-
toy compelido a hacer algo, parece claro que no tiene senti- destruirse. Depende de decir la verdad; si la universalizáramos,
do decir que debo hacerlo; sólo me es lícito decir que puedo ha- no habría ninguna verdad en relación a la cual mentir. Supon-
cerlo. Al describir o explicar una sucesión causal de hechos, gamos, por otra parte, que tenemos intención de hacer una
las ciencias empíricas se interesan por lo que es, no por lo que promesa que luego no pensamos cumplir. Está claro que no po-
debe ser. La ética, por el contrario, expresa lo ideal en lugar dríamos unlversalizar la máxima de nuestra acción.
de lo fáctico. Como los juicios morales no son juicios de he-
chos, ni constituyen generalizaciones empíricas, han de ser deri- Pues la universalidad de una ley que diga que quien crea estar
vados a priori, es decir, independientemente de la experiencia. apurado puede prometer lo que se le ocurra proponiéndose no cum-
plirlo, haría imposible la promesa misma y el fin que con ella
De este modo, pueden ser derivados, manifestando, así, una pueda obtenerse, pues nadie creería que recibe una promesa y todos
se reirían de tales manifestaciones como de un vano engaño.10
especie de necesidad que guarda una estrecha semejanza con la
de las proposiciones matemáticas. En la proposición dos y tres
son cinco hay una necesidad absoluta e incondicionada. No de- El principio de que debemos mentir o el de que debemos

Ibid., 18. ' Ibid., 73.


" Ibid., 74.
96 Las leyes de la conciencia La ética de la razón a priori 97

hacer promesas con la intención de no'cumplirlas, no pueden riores. Al aplicarlo a la conducta, excluye toda forma de egoís-
ser pensados como umversalmente mantenidos. Algo diferente mo, dado que la esencia de éste es el empleo de otro como
sucede con otros tipos de inmoralidad que pueden ser conce- simple medio o instrumento, sin el respeto que le debemos
bidos como umversalmente admitidos, pero no pueden ser que- como persona. Todo tipo de venganza, explotación, agresión o
ridos como universales. Pongamos, como ejemplo, negarse a ayu- gratificación de impulsos sádicos puede ser considerada inmoral,
dar a otros en caso de apuro. porque implica el uso de alguien como simple medio.

Ciertamente, si tal modo de pensar fuese una ley universal de La característica que hace al hombre un fin en sí mismo es,
la naturaleza, podría muy bien subsistir la raza humana... Pero por encima de todo, su autonomía. Sólo un agente libre pue-
aun cuando es posible que aquella máxima se mantenga como ley de ser movido por una buena voluntad, que es el único bien
natural universal, es, sin embargo, imposible querer que tal princi-
pio valga siempre y por doquiera como ley natural, pues una volun- incondicional y absoluto, la joya suprema de la vida. Sin liber-
tad que así lo decidiera se contradiría a sí misma, ya que no tad, la obligación moral carecería de significado: «Debo» im-
podrían suceder algunos casos en que necesitase del amor "y com- plica «puedo». De ahí que Kant infiera una tercera afirmación
pasión ajenos, y entonces, por la misma ley natural oriunda de su del principio del imperativo categórico, insistiendo en que todo
propia voluntad, veríase privado de toda esperanza de la ayuda
que desea.11
hombre actúa como agente moral libre al querer la ley moral
por sí misma y someterse voluntariamente a ella. Esta fórmula
se expresa de múltiples formas, pero podemos resumir el pen-
Una razón, pues, de que no podamos unlversalizar el prin-
samiento de Kant así: «Obra siempre como miembro de un rei-
cipo de acciones inmorales es que todo hombre quiere que le
no de los fines».13 Ello significa que todo hombre se vincule con
traten con respeto; no desea ser la víctima de un acto injusto
los demás en una sociedad en la que cada uno realice libremen-
y, en consecuencia, no puede pretender coherentemente que este
te su propio bien promoviendo el de otros, y en el que sea a la
tipo de conducta se unlversalice.
vez subdito y soberano. Como soberano, ejercería su libertad,
La razón última de este hecho es que todo hombre constituye querría lo justo, haría uso y desarrollaría su capacidad para elegir
un fin en sí mismo y así quiere ser considerado. Una persona- racionalmente. En cuanto miembro, se mostraría moralmente
lidad es algo digno de ser apreciado; es un centro y un foco responsable, obedeciendo la ley moral por sí misma. De este
de valor; y desde el momento en que es libre y racional, tiene modo, el resultado del ejercicio tanto de la libertad como de la
conciencia de este hecho. Kant especifica, así, la segunda for- responsabilidad, es unirse con los demás en una sociedad auto-
mulación del imperativo categórico: «Obra de tal modo que gobernada de agentes racionales, cada uno de los cuales es un
uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona fin en sí mismo y un medio para conseguir el fin de otros:
de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nun-
ca solamente como un medio».12 Con otras palabras, hay que Todos los seres racionales están sujetos a la ley de que cada
tratar a toda persona como a un ser que tiene un valor intrínse- uno de ellos debe tratarse a sí mismo y tratar a los demás, nunca
co, nunca como un simple medio, como una herramienta, como como simple medio, sino siempre al mismo tiempo como fin en sí
algo que sólo tiene un valor instrumental. Este principio se mismo. Mas de aquí nace un enlace sistemático de los seres racio-
nales por leyes objetivas comunes; esto es, un reino que, como esas
deduce del hecho de que el hombre como racional y moral y leyes se proponen referir esos seres unos a otros como fines y
como capaz de ser feliz, posee una dignidad y un valor inte- medios, puede llamarse muy bien un reino de los fines... Un ser
racional pertenece al reino de los fines como miembro de él, cuando
" Ibid., 75.
a 13
Ibid., 84. Ibid., 90.
98 Las leyes de la conciencia La ética de la razón a priori 99

forma en él como legislador universal, pero también como sujeto a como argumento el conjunto de obstáculos a los que se opone
esas leyes. Pertenece al reino como ¡efe, cuando como legislador el progreso humano, entendiendo esencialmente por tal, el mo-
no está sometido a ninguna voluntad de otro.14 vimiento de la humanidad hacia ese ideal último.

Kant explica que este «reino» —que debería mejor llamar- La concepción que Kant tiene del ser humano como un fin
se «república de los fines»— sólo es, por supuesto, un ideal, en sí mismo apoya sus concepciones democráticas. La idea de-
pero que no existe una norma más válida de conducta humana. mocrática de que todos los seres humanos son creados iguales
implica que todos los hombres tienen el mismo derecho funda-
En sus escritos políticos aplica Kant estos principios mora- mental a ser considerados fines en sí mismos y no simples me-
les a la sociedad. En esta aplicación, revisten una importancia dios. Si ningún hombre es un mero instrumento, su explotación
especial su hincapié en el carácter apriorístico y universal de en beneficio de otros, el que una clase viva del sudor de otras
la moral, su concepción del ser humano como un fin en sí mis- o el que un individuo gobierne a otros en orden a su engran-
mo y su convencimiento de que la libertad es indispensable para decimiento personal, constituyen sendas inmoralidades. De igual
la vida moral. modo, el estado no tiene ningún derecho a utilizar a sus ciuda-
El ideal del estado político, declara, consiste en encarnar danos como instrumentos. De ahí que el estado esté hecho para
la ley moral universal. La ley moral que serviría de base al esta- el hombre y no el hombre para el estado. Con otras palabras,
do viene determinada por el imperativo categórico y no por con- un ser humano no es una hormiga en un hormiguero social; es
sideraciones utilitaristas. Aunque Kant reconoce que un buen un fin, y tiene derecho a ser tratado como tal. Negar esto su-
gobierno ha de promover el bienestar del pueblo,^ insiste en que pone blasfemar contra la dignidad esencial del hombre y de-
gradarle a la condición de una máquina o de un esclavo. Kant
por ello no ha de entenderse el bienestar individual ni la felicidad está así expresando la base moral que sirve de fundamento a la
de los ciudadanos del estado... El bienestar del estado, en cuanto su democracia.
bien supremo, significa esa situación en la que se alcanza la mayor
armonía entre la constitución y el principio de la justicia.15 El hincapié que Kant hace en la libertad subraya, por otro
lado, su liberalismo. En cuanto libre, el hombre sería a la vez
El derecho sería, en esencia, una aplicación del imperativo subdito y soberano tanto a nivel moral como político. Como
categórico y, en cuanto tal, obligaría a todo ser racional, sin subdito, ha de aceptar libremente las leyes del estado, siempre
consideración de clase, sexo, raza, nacionalidad o características que éstas sean la encarnación de los principios morales; se ha
personales. Con esta concepción del derecho universal, se ve de exigir a todos una apertura hacia los demás; el parasitismo
obligado a rechazar el ideal de estados separados, ya que éstos resulta injustificable. Libertad supone responsabilidad y el de-
representan sólo un estadio intermedio en la realización de la ber corresponde al derecho. En cuanto soberano, el hombre es
universalidad del derecho y de la moral. Sólo un estado univer- libre; tiene el derecho a autogobernarse y a participar en las
sal puede encarnar la idea de derecho universal; de ahí que decisiones de la comunidad; legítimamente, no puede ser ins-
Kant fuera un ardiente defensor de una confederación interna- trumento de ninguna dictadura. Kant está casi expresando la
cional o estado mundial capaz de expresar las leyes universales esencia del ideal liberal.
y asegurar una paz perpetua. Toda la historia, pensaba, tiene

" Ibid., 91. Los subrayados son de Kant.


15
Pbilosopby of law (Filosofía del derecho). Clark, Edinburgh 1887,
173.
11)0 Las leyes de la conciencia Crítica de la ética y política kantianas 101
3. Crítica de la ética y de que ello se haga para obtener resultados excelentes. Es éste
de la política kantianas uno de los puntos que quisiera someter a examen crítico.
Consideremos su primera formulación del imperativo cate-
górico: «obra sólo según una máxima tal que puedas querer al
Pasemos ahora de la exposición a la valoración crítica de
mismo tiempo que se torne ley universal». Está claro que en
los principios e ideales políticos de Kant. Las críticas que se
la práctica aplicamos a menudo este tipo de fórmula. Al tener
han hecho a Kant han abierto un amplio campo de discusiones.
que hacer una determinada elección, puedo, por ejemplo, pre-
Lo que voy a decir a continuación incide en aquellas cuestiones
guntarme «¿debo votar?» Es posible que me diga a mí mismo
que han sido más controvertidas.
que mi voto es insignificante en comparación con todos los de-
Hemos de reconocer, ante todo, que el pensamiento de Kant más y que, con toda probabilidad, no va a ejercer ninguna in-
contiene ideas de extraordinario valor. Todo el que lea y com- fluencia en el resultado de las elecciones. Pero entonces me pre-
prenda sus obras quedará hondamente impresionado por su ele- gunto: «¿Qué sucedería si todos pensaran como yo y se abstu-
vada seriedad y sus profundas intuiciones. Cualesquiera que vieran de votar?» No puedo querer que esto ocurra: si no votar
sean sus errores, nos ha rendido un gran servicio con la for- se convirtiera en norma universal, el efecto sería desastroso;
mulación de principios tan básicos como los de la importancia nunca habría elecciones y ni siquiera existiría la posibilidad mis-
central de la buena voluntad, la imparcialidad y universalidad ma de abstenerse de votar. La toma de conciencia de este pro-
del deber, la distinción tajante entre imperativos hipotéticos y blema me ayuda a clarificar la obligación de votar que como
categóricos, el reconocimiento de que «debo» implica «puedo», ciudadano tengo.
y la insistencia en que todo ser humano debe ser tratado como
un fin en sí mismo. Con la aplicación de sus principios a la Puede decirse, sin embargo, que esta forma de razonamiento
realidad social, Kant suministra una sólida base moral a la de- implica una apelación tácita a las consecuencias. ¿Por qué no
mocracia, al liberalismo y al internacionalismo. Nadie duda, sin quiero que nadie vote? O, por poner otros ejemplos, ¿por qué
embargo, que aún queda mucho terreno por andar en estos te- no quiero que todos dejen de cumplir sus promesas, roben lo
mas, y que algunos de sus más básicos principios, incluyendo el que pertenece a sus vecinos, cometan adulterio con las mujeres
concepto mismo de «imperativo categórico», necesitan ser rein- de sus amigos, o asesinen a sus compañeros y camaradas? Por-
terpretados desde sus fundamentos. Con todo, como C. D. Broad que valoramos la vida humana y no podríamos salvaguardar ese
observa, «los fallos de Kant son más importantes que la ma- valor de un modo totalmente indeterminado. A los ojos de un
yoría de los éxitos de otros hombres».16 Ello no quiere decir individuo amoral, cínico o pesimista para el que la vida huma-
que no valga la pena detenernos en los aspectos más discutibles na careciera de todo valor, no resultaría rechazable pensar en la
y débiles de su pensamiento. posibilidad de unlversalizar cualquiera de estas formas de hacer
el mal. Algunos anarquistas, por ejemplo, han defendido que
El problema principal de su filosofía moral radica en su abs- nadie debiera votar; pero si disentimos de ellos es porque pen-
traccionismo y en su formalismo extremos. Declara que la moral samos que el sistema de votaciones encierra un bien.
sólo puede determinarse por una ley ética universal, totalmente
al margen de las inclinaciones y del resultado de los actos. Es De este modo, sin una apelación a las consecuencias, la fór-
inmoral, afirma, transgredir una regla universal, aun en el caso mula de Kant carece de significado. Su intento de derivar le-
yes a la base de la pura coherencia lógica es engañoso. No po-
16 demos derivar más verdad moral de una ley lógica formal que
Five types of ethical tbeory (Cinco tipos de teoría ética). Har-
court, Brace, New York 1930, 11. la verdad científica que podemos deducir de ese mismo tipo de
102 Las leyes de la conciencia Crítica de la ética y política kantianas 103

ley. Si nos hubiéramos quedado sólo en el examen del principio difícil pensar que algunas de sus afirmaciones puedan signifi-
de contradicción, nunca se hubieran formulado ciertas leyes na- car algo distinto. Pero, aunque así fuera, resulta muy problemá-
turales, como la de Boyle sobre el comportamiento de los gases. tico mantener la coherencia de esta posición con la segunda de
De igual modo, toda consideración que hagamos a nivel exclu- las fórmulas del imperativo categórico: «obra de tal modo que
sivamente del principio de contradicción, no podrá nunca ayu- uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de
darnos a derivar una verdad moral concreta, como es el caso cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca
de que debemos votar. como un medio». Si esta formulación tiene algún significado,
éste no puede ser otro que el respeto al valor intrínseco de la
Admitamos, sin embargo, que la regla de que debemos votar
personalidad. Ahora bien, dicho respeto va en contra del inten-
se justifica moralmente. ¿Existirá alguna excepción? Parece que
to de sacrificar gustosamente la vida humana y todos sus valo-
Kant habría de contestar negativamente a esta pregunta, dada
res en aras de una ley moral abstracta.
su machacona insistencia en que las reglas morales no admiten
excepciones. Con todo, un individuo podría tener razones de Para ilustrar este punto, suele traerse a colación una anécdo-
mucho peso para abstenerse de votar. Podría estar enfermo, te- ta que protagonizó el filósofo Fichte. En cierta ocasión le for-
ner que asistir a otro que lo estuviera o encontrarse en cual- mularon la siguiente pregunta: «¿Qué harías si tu esposa es-
quier otra circunstancia especial que justificara su decisión de no tuviera muy enferma y el conocimiento de una verdad insospe-
votar. Afirmar que no hay que tener en cuenta ni el bienestar chada y desagradable terminara por matarla?» Al igual que
ni las consecuencias, supondría calificar de irracional esa decisión Kant, Fichte no podía admitir que una persona se justificara
de no votar en un caso concreto. En contra de Kant, toda per- nunca diciéndose: «Casi siempre es mejor decir la verdad, pero
sona razonable estará dispuesta a admitir excepciones filantró- en este caso excepcional conseguiré un bien mucho mayor si
picas. digo una mentira. Por consiguiente, debo mentir». En lugar de
ello, se dice que contestó: «Si mi esposa ha de morir por la
Podría argüirse, en defensa de Kant, que la máxima de un verdad, no seré yo quien se lo impida».17 Está claro que, al
deber puede estar condicionada a otra: el deber de votar, por responder así, Fichte no estaba considerando a su esposa como
ejemplo, puede a veces estar condicionado al deber de ayudar a un valor intrínseco, como un fin en sí misma. La fórmula kan-
alguien que lo necesite. Ahora bien, si los deberes entran en tiana de que no tratemos nunca a otro como un simple medio
conflicto y están condicionados entre sí, su carácter ha de ser, implica, entre otras cosas, que no debemos usar nunca a una
necesariamente, relativo y provisional; es decir, no pueden tener persona como mero instrumento para cumpÜr un código moral
el carácter apriorístico e incondicional que Kant les atribuye. abstracto: la moral está hecha para el hombre, no el hombre
Por otra parte, cuando dos deberes entran en conflicto, es di- para la moral.
fícil determinar, desde la posición kantiana, cuál de ellos ha de
prevalecer. A diferencia del utilitarismo, el filósofo alemán no La incoherencia de la ética kantiana se centra en el conflicto
podría decir que hemos de decidirnos por aquella acción cuyos entre el carácter abstracto y absoluto de su formalismo moral
resultados produzcan un mayor bienestar. —que encuentra su más clara expresión en su primera fórmula
del imperativo categórico—, y la concreción y el humanitaris-
Dejando a un lado el hecho de que en la vida real los de- mo que impregnan la segunda y la tercera de las formulaciones
beres entran a menudo en conflicto, Kant parece aferrarse a la de dicho imperativo. Aunque Kant crea que la primera fórmula
posición de que la moral ha de ser totalmente desinteresada y
que ciertos actos, como decir la verdad, son buenos en toda cir- " Referido por WILBUR MARSHALL URBAN, Fundamentáis of ethics
cunstancia. Al menos así se le ha interpretado siempre, y es (Fundamentos de ética). Holt, New York 1930, 40.
104 Las leyes de la conciencia Critica de la ética y política kantianas 105

incluye a las otras dos, existe un auténtico conflicto entre am- los otros valores al prestarles su belleza y su calor. Muchos psi-
bas. La primera fórmula subraya la intransigente universalidad cólogos han defendido que el amor es el impulso básico y el
moral que no admite excepciones. Este hincapié resulta inco- móvil primario de la vida. En su más amplio significado, no
herente a la luz de la segunda de las formulaciones, según la sólo incluye, por supuesto, el vínculo sexual entre un hombre
cual, toda persona ha de ser tratada como un fin en sí misma; y una mujer, sino también las diferentes y numerosas relacio-
como toda persona constituye un individuo concreto, hemos de nes afectivas sin las cuales la vida sería un triste negocio.
tener en cuenta su individualidad si hemos de tratarla como
un fin. Eckhart, el conocido místico alemán, escribió: Kant fue un hombre afectuoso, pero el abstraccionismo rigo-
rista de su formalismo ético le impidió conceder la importancia
Ser un hombre es algo que comparto con otros hombres. Ver, debida al amor y, en especial, al amor a los seres humanos con-
oír, comer y beber son cosas que también los animales hacen. Pero cretos. En su primera formulación del imperativo categórico,
ser yo es algo mío, que me pertenece a mí y a nadie más; ni a basó totalmente la moral en una ley universal, sin considerar lo
otro hombre, ni a un ángel, ni tan siquiera a Dios, excepto en la que de distinto hay en cada persona humana. En su segunda
medida en que soy uno con él.18
fórmula, por el contrario, declaró que todo ser humano ha de
Todo hombre es un individuo: es «hombre» en singular; no ser tratado como un fin eh sí mismo, lo cual supone un respeto
es el concepto abstracto de «humanidad». Comparte muchas ca- y un afecto a lo que hay en el individuo que le distingue de los
racterísticas con otros animales y con otros hombres, pefb siem- demás. De ahí su falta de coherencia.
pre tiene un temperamento peculiar, una combinación exclusiva Su tercera fórmula, la de que cada uno ha de unirse con los
de aptitudes y una conciencia separada y distinta. Al igual que otros en un «reino» de agentes morales libres y responsables,
no existen dos huellas dactilares idénticas, tampoco hay dos per- supone quizá una individualización de la moral. No puede haber
sonalidades exactas. Siempre hay algo en mí que no comparto auténtica libertad sino en la medida en que cada individuo se
con otras personas. El respeto a una persona implica el respeto exprese a sí mismo a través de su conducta. La libertad supone
a ese foco de individualidad. Significa valoración del hombre todo lo contrario a la simple reducción de los seres humanos a
real de carne y hueso, del yo individual y humano, y no de la un común denominador: significa liberar y declarar la indivi-
pura abstracción. Kant no valoró suficientemente esta realidad. dualidad de todo hombre. Sin autorrealización es imposible la
Si hubiese hecho más hincapié en el valor del amor y hu- libertad. La autorrealización no significa, por supuesto, lo mis-
biera concedido menos importancia al deber abstracto, no se mo que el egoísmo, como la individualidad no se identifica con
habría expuesto a críticas parecidas a la que aquí le estamos ha- el individualismo. Puede que sólo una sociedad cooperativista
ciendo. A pesar de lo que puede desprenderse de algunas de o socialista consiga asegurar el máximo de libertad individual.
sus expresiones, su ética no concede la importancia que merece De todos modos, la libertad implica necesariamente la autono-
al amor a los demás. Se detiene mucho más en el deber que en mía y la expresión del individuo concreto y auténtico.
el amor. Por otra parte, si el respeto hacia el deber no está im-
pregnado de amor, daremos más importancia al control de los Kant no percibió las implicaciones contenidas en su filoso-
impulsos que al propio individuo. Aunque el deber sea nece- fía. No comprendió claramente que sólo un individuo que ex-
sario en la configuración del ser humano, el amor es una fuerza prese su individualidad puede ser auténticamente libre y un fin
más creadora y fundamental. No constituye sólo un valor suple- en sí mismo. Supuso que un hombre es libre sólo cuando sigue
mentario situado al mismo nivel que los demás: transforma a los dictados de una razón abstracta y universal, y que un in-
dividuo es tratado como un fin en sí mismo únicamente en la
18
Fragmentos. Recogido por Erich Fromm, o. c, 38. medida en que se considere su «buena voluntad», como encar-
106 Las leyes de la conciencia Deberes prima-facie 107

nación de la ley moral, el mayor de los valores. Mantener esa La resistencia por parte del pueblo al supremo poder legislativo
moral supone exclusivamente obedecer la ley universal sin te- del estado no es legítima en ningún caso... El pueblo no tiene ningún
ner en cuenta al individuo ni a la situación que le caracteriza. derecho a la sedición y mucho menos a la rebelión... Constituye un
deber para el pueblo soportar cualquier abuso del poder supremo,
Kant disuelve la personalidad individual en un océano de abs- aun en el caso de que lo considere insoportable.19
tracción ética, como un grano de arena se disuelve en la inmen-
sidad del mar. Con todo, el flanco más débil de la filosofía ética y política de
El movimiento filosófico conocido con el nombre de exis- Kant lo constituye su formalismo. Este le conduce a no conside-
tencialismo, que ha ejercido una gran influencia en nuestra épo- rar el bienestar y los derechos individuales. En última instancia,
ca, supone, en gran medida, una reacción contra esta concep- su formalismo se muestra inconsecuente con su creencia en la li-
ción abstracta del hombre y sus valores. Filósofos existencialistas bertad y con el carácter de fin en sí mismo que atribuye al
como Sóren Kierkegaard y Jean Paul Sartre han insistido en la hombre.
realidad del individuo, en el carácter peculiar de su situación
y en la imposibilidad de expresar la verdad concreta de la exis-
tencia en términos abstractos y universales. Lamentablemente,
algunos de los representantes de este movimiento se han pasa- 4. Deberes prima-facie
do al extremo opuesto al de Kant, y han negado al individuo
todo significado que trascienda la situación del momento. El
hombre es tanto individual como universal —un ser humano
Después de Kant, el intuicionismo ha conocido un fuerte e
con cualidades universales—, por lo que su verdad total ha de
importante impulso en las obras de varios autores ingleses. Sus
hacer justicia a ambos aspectos de su naturaleza.
máximos representantes han sido los profesores H. A. Prichard y
La insistencia en la realidad del individuo constituye uno de William D. Ross. Expondré brevemente las ideas de Ross, rector
los principales artículos del credo del liberalismo. Lo que hace del Oriel College de Oxford, como ejemplo de esta nueva forma
que Kant no sea en todo momento un autor liberal es precisa- de intuicionismo.
mente la falta de atención que prestó a esta dimensión genuina-
mente humana. A diferencia de los representantes del liberalismo, Ross rechaza la afirmación kantiana de que existen deberes
no subrayó la necesidad de proteger al individuo del intrusismo que no admiten excepciones. Como casi todo el mundo, el filósofo
del poder estatal. Para él, un buen gobierno es el que aplica siste- inglés sostiene que nos es lícito mentir o romper una promesa
máticamente la ley racional, situando las reglas universales de la cuando el beneficio que causemos con ello sea muy grande. Una
moral por encima de los intereses o de los derechos individuales. persona se justifica mintiendo, por ejemplo, para salvar una vida.
Todo el problema fundamental se ciñe a la consideración de si el Sin embargo, Ross concede a Kant que hemos de ajustamos a un
derecho concuerda o no concuerda con los principios a priori de principio de obligación por encima del puro beneficio. Admite,
la justicia; con ello, la cuestión de si sirve a los intereses públicos, así, una dualidad de modelos morales: la producción del bienes-
si corresponde a los deseos del pueblo o si protege los derechos tar, y la obligación que intuimos independientemente del bienes-
civiles de los individuos, pasa a ocupar un lugar secundario. Al tar o malestar que consigamos plegándonos a ella. Para explicar
menospreciar, así, la consideración del bienestar y de los derechos su afirmación de que existen obligaciones condicionales, aunque
individuales, Kant niega al individuo el derecho a rebelarse in- no ideológicas, introduce el concepto de «deberes prima-facie».
cluso contra el más tiránico de los gobiernos. Llega incluso a Un deber prima-facie es una obligación que se mantiene en au-
declarar:
" Pbilosopby of law (Filosofía del derecho), 176-177.
108 Deberes prima-facie 109
Las leyes de la conciencia

sencia de una obligación mayor. En igualdad de situaciones, tene- ser perjudicial para el bienestar de la humanidad. Lo que sí me
mos, por ejemplo, el deber de cumplir lo que hemos prometido; parece evidente es que el bien ha de ser realizado al máximo y el
pero puede que dicho deber entre en conflicto con una obligación mal reducido al mínimo, y que, en consecuencia, hemos de obrar
mayor que tenga sobre él un derecho de prioridad. A veces, el de tal modo que consigamos el máximo excedente de bien intrín-
deber de mantener una promesa es, sin embargo, mayor que otro seco sobre el mal intrínseco. Ninguno de los principios no ideo-
deber que esté en conflicto con él, incluyendo el deber de obtener lógicos de Ross me parece una verdad tan evidente como la que
el máximo bien. De hecho, la obligación de conseguir el mayor contiene esta afirmación.
bien es sólo un deber entre otros y no tiene necesariamente prio- Admito que hemos de rechazar la forma de utilitarismo que
ridad sobre ellos. considera únicamente los resultados y deja fuera los valores y con-
Ross piensa que conocemos intuitivamente lo que constituye travalores inherentes al acto mismo. Ciertamente, hemos de tener
un deber prima-facie y que, del mismo modo, estimamos, en caso en cuenta la naturaleza intrínseca de una acción antes de que po-
de conflicto, la obligación prioritaria. Experimentamos por intui- damos decidir si, en justicia, la ponemos o no en práctica. Hacer el
ción la importancia de deberes como decir la verdad, cumplir mal para que se produzca un posible bien no puede ser justifi-
nuestras promesas, devolver los servicios que nos han prestado, cado, si el mal supera al bien o si pudiera conseguirse dicho
reparar los daños causados, dar a cada uno lo que merece o ma- bien a menor precio.
nifestar gratitud a nuestros benefactores, por ejemplo. Cuando no cumplimos una promesa, por ejemplo, aparecen
«Para comparar entre sí el rigor de estas obligaciones prima- ciertos contravalores inmediatos que no debieran pasarse por
facie, declara Ross, no hace falta asentar ninguna ley general, alto. Puede movernos a ello el egoísmo o el odio; y, aunque así
dado que puedo descubrirlo por mí mismo».20 Sólo podemos decir no fuera, hay que reconocer que la transgresión de una promesa
que existe la obligación de hacer ciertos actos, al margen de sus ofende casi siempre a nuestra autoestimación y al respeto que
consecuencias, y que, en última instancia, la intuición nos dicta los demás nos deben. Por otra parte, generalmente, esta situación
lo que hemos de hacer en caso de que se produzca un conflicto nos produce el sentimiento de haber causado un mal inmerecido.
entre deberes. Todos estos contravalores y muchos otros males inmediatos han
de ser sopesados frente a las futuras ventajas que podríamos
Dado que Ross convierte la intuición en el tribunal último al alcanzar. La injusticia, la ingratitud y la infidelidad constituyen
que podemos apelar, se le puede objetar que el contenido cog- auténticos males y, en general, todo moralista condenaría los
noscitivo de esta facultad no parece tan evidente como supone. A actos que los implicaran. Con todo, ello no hace válida la teoría
diferencia de Ross, pienso que es muy difícil admitir que alguna del bien por el bien exclusivamente. Todavía se puede seguir
vez debo realizar deliberadamente un bien menor, cuando podría pensando que el mejor acto es el que más contribuye al bienes-
hacer otro mayor. Es duro de creer, por ejemplo, que debo man- tar; pero al considerar el bienestar no podemos excluir arbitra-
tener una promesa si haciéndolo conseguiré más mal que bien, riamente los valores y contravalores inherentes al acto mismo y
como sería el caso de una promesa que se hubiera hecho perjudi- a la situación inmediata que provoca.
cial para los individuos implicados. De igual modo, a nivel de
política social, pienso que un estado ha de respetar las promesas Por otra parte, hay una razón de utilidad para desaprobar
hechas a otro; pero creo que es mejor romper un tratado que actos como romper una promesa o mentir, aunque de ello se
respetarlo cuando se ve claro que su cumplimiento ha llegado a sigan consecuencias relativamente buenas para las personas impli-
cadas. En cuanto acto individual, podría justificarse una mentira,
20
The right and the good (Lo justo y lo bueno). Clarendon Press, aunque siempre será mejor decir la verdad para mantener la regla
Oxford 1930, 41.
110 Las leyes de la conciencia Deberes prima-facie 111

general que así lo prescribe. En general, resulta más ventajoso La transgresión de esta norma quedaba al amparo de la intimi-
para la humanidad que se cumpla la ley que ordena decir la ver- dad del cuarto de baño; la cantidad de agua a utilizar era tan in-
significante que poco daño iba a causar a la comunidad. El perjuicio
dad, aunque ello acarree algún tipo de castigo, que dejar al sen- sólo sería considerable si otros se animaran a hacer lo mismo al
tido y al juicio individuales la posibilidad de que, en cada caso, observar el mal ejemplo; pero éste no era el caso porque nadie se
decidan lo que se ha de hacer, con la consiguiente debilitación iba a enterar.21
e indeterminación de la ley.
Koestler sigue diciendo que el bienestar del pueblo inglés
Un problema parecido es el de la obediencia o no obediencia dependía de «la observancia que millones de individuos hicieran
a las leyes del estado .Una ley puede prohibir que un automovi- de esta ley en la intimidad de sus cuartos de baño». Trae este
lista atraviese un cruce de calles con el semáforo en rojo. En ejemplo a colación para demostrar «la falacia de la ética utilita-
determinadas circunstancias, un automovilista puede juzgar acon- rista», pero, en realidad, sólo sirve para desacreditar un tipo es
sejable no tener que someterse, sin embargo, a la señal de prohi- pecial de utilitarismo. Un modelo estrecho e individualista de uti-
bición. Con todo, podría razonar válidamente que, en general, litarismo excusaría la infracción de la regla, pero un utilitarismo
se ha de obedecer la ley, incluso en ese caso específico en que su abierto y social reconocería que se ha de respetar una ley que
transgresión reporta un beneficio. Obedecer las leyes es impor- reporta un gran beneficio a la sociedad, aun a costa de los bene-
tante para mantenerlas y para conseguir que se respeten. Es ficios individuales que supondría su transgresión. En consecuen-
mejor que existan leyes de tráfico, aunque a veces resulten incon- cia, no puede ser válida una ética del bienestar que se base sim-
venientes, que no tenerlas; y, en general, es mejor obedecer la ley, plemente en decisiones individuales de personas aisladas, cada
aunque se den casos en que su observancia nos pueda reportar una de las cuales actúe según sus intereses.
algún problema. Es mayor la ventaja que consigue la observancia
general de una ley que la que se seguiría de sus posibles trans- Se ha creído a veces que una regla que resulta provechosa
gresiones en casos concretos. Ello no supone negar que existan para los individuos aisladamente considerados, es también pro-
situaciones insólitas en las que la violación de una ley o de una vechosa para la sociedad. Pero esta conclusión es tan ilógica como
norma moral pueda tener justificación. sería suponer que, dada la corta duración de las notas de una
sinfonía, la obra entera ha de ser breve. Un razonamiento de
Por otra parte, sólo podemos juzgar el valor de las reglas este tipo incurre en lo que los lógicos llaman la «falacia de com-
morales si trascendemos la óptica individual y las consideramos posición», es decir, el error de suponer que lo que es verdad
desde un ángulo social. Arthur Koestler, en su obra Intuición y respecto a las partes de un todo, lo es también respecto al con-
perspectiva, cita un ejemplo esclarecedor. Durante la segunda junto. Volviendo al ejemplo del voto que antes hemos puesto,
guerra mundial, se produjo en Inglaterra una inquietante escasez apenas resulta rentable para el individuo, en cuanto individuo,
de combustible, por lo que el gobierno se vio obligado a dictar la molestia que ha de sufrir para ir a entregar su voto en unas
una serie de normas entre las que se incluía el uso del agua elecciones nacionales, dada la poca probabilidad de que el voto
caliente. Según una de ellas, el agua de las bañeras no debía de un simple individuo, en un sufragio de este tipo, afecte al
rebasar las cinco pulgadas. Koestler apunta que «en las frías resultado final. Sin embargo, es muy importante para una socie-
mañanas de invierno, sobre todo después de haber pasado la dad democrática que sus miembros voten y, por ello, éstos tienen
noche en un refugio antiaéreo, la tentación de añadir dos pulga- la obligación de hacerlo. En consecuencia, no podemos determinar
das más de agua caliente resultaba demasiado fuerte». Examinado
21
el problema desde el punto de vista del interés individual, no Insight and outlook (Intuición y perspectiva), 1949. Derechos de
encontramos razón alguna para resistir la tentación. Arthur Koestler y reproducido con la autorización de The Macmillan Com-
pany, 230-231.
112 Las leyes de la conciencia Rehabilitación de la conciencia

cuál es nuestro deber considerando simplemente la utilidad de 5. La rehabilitación de la conciencia


nuestros actos en un sentido aislado e individual. Tenemos muchos
deberes con la sociedad, que se basan en el bienestar de la comu-
nidad y que no pueden ser determinados a la base del puro bie-
Hemos pasado revista a algunos de los intentos de basar la
nestar individual. Es cierto que el bienestar social se realiza en
acción en las leyes o en los dictados de la conciencia. En pri-
las vidas de los individuos; pero éstos actúan en el seno de un
mer lugar, hemos considerado brevemente la doctrina de que
conjunto social que tiene características propias, las cuales han de
la conciencia suministra una decisión para cada situación con-
ser tenidas en cuenta a la hora de considerar los deberes indivi- creta, mandando o prohibiendo un acto específico al margen de
duales. Esta es una de las razones por las que la ética social no reglas o principios, y hemos llegado a la conclusión de que una
se identifica con la ética individual. conciencia entendida así resulta tan falta de principios y de di-
Antes aclaré que un acto, de acuerdo con su carácter intrín- rectrices que no puede servirnos de base para la moral indivi-
seco, puede ser malo, aunque su resultado ulterior sea bueno; dual o social. En segundo lugar, hemos ponderado la doctrina
que no sólo hemos de considerar el valor del acto individual, sino para la que la conciencia nos proporciona un conocimiento in-
también el de la regla que lo manda o lo prohibe, y que, por ra- mediato y no razonado de muchas reglas éticas independientes,
zones de tipo social, tenemos la obligación de realizar ciertos como el deber de respetar las promesas o de no mentir; y hemos
actos aun en el caso de que, desde nuestra posición individual, visto que esta interpretación de la conciencia no puede justificar-
nos perjudique hacerlos. Todas estas afirmaciones son bastante se racionalmente y que no constituye una guía oportuna para la
coherentes con una ética no formalista, teleológica e intencional. acción individual o social. En tercer lugar, hemos discutido la
doctrina de Kant de que se pueden reducir las reglas éticas a
Cuando comprobamos las razones que apoyan estas conside- unos pocos principios universales a priori que establecen de-
raciones, deja de ser admisible la afirmación de Ross de que beres incondicionados; y hemos comprendido que, a causa de su
existen deberes prima-facie al margen del bienestar. Podemos formalismo y del antiempirismo de esta postura, no se tienen
explicar la fuerza de nuestra obligación de mantener una pro- en cuenta las exigencias del liberalismo y del humanitarismo. En
mesa o de decir la verdad, por ejemplo, sin tener que apelar cuarto lugar, hemos examinado la defensa que Ross hace de los
a sus «intuiciones». No necesitamos emplear, como hace Ross, deberes prima-facie que son, según él, objetos de intuición; y
un modelo teleológico de bienestar, por una parte, y un mode- hemos juzgado que puede explicarse la fuerza de una obligación
lo no teleológico o intuido de corrección, por otra. De esta sin tener que admitir tan discutibles hipótesis.
forma, podemos evitar la dualidad de criterios morales y el ine-
vitable conflicto entre ambos. No necesitamos recurrir a «intui- Con todo, cometeríamos un grave error si, en conclusión,
ciones» subjetivas a la hora de juzgar la fuerza relativa de obli- declaráramos ilegítimos los conceptos de conciencia y de deber.
gaciones que están en conflicto. Por el contrario, podemos utili- El mayor orgullo de un hombre lo constituye el poder decir: «He
zar el método más objetivo que supone la investigación de las sido sincero conmigo mismo». En nombre de la conciencia, Só-
necesidades reales de los seres humanos y de las consecuencias crates bebió la cicuta, Juana de Arco subió a la hoguera y un
de sus actos. número interminable de valientes héroes sufrieron las peores tor-
turas que los nazis pudieron concebir. La conciencia ha inspira-
do los comportamientos humanos más ejemplares; sin ella, el
hombre no sería superior a los otros animales.

La conciencia implica una combinación de diversos factores:


114 Las leyes de la conciencia Rehabilitación de la conciencia 115

primero, una serie de creencias sobre el bien y el mal; segundo, nuestros son, por necesidad, los únicos correctos. Son ya muchas
una serie de actitudes emocionales de aprobación o desaproba- las personas que no creen en la existencia de una guía racional
ción; y tercero, un sentido determinado del deber o de la obli- de la acción: lo que hay es una chachara confusa en la que cada
gación. Si las creencias son irracionales, la conciencia es irracio- voz señala injustificadamente un camino distinto. En medio de
nal. Si son autoritarias, también lo será la conciencia. Pero si son toda esta confusión, necesitamos algo más que la voz interiori-
racionales y fundadas, el hecho de estar reforzadas por las emo- zada de la autoridad, por muy evidentes que nos parezcan sus
ciones y por el sentido del deber las perfecciona y afianza. El ob- dictados.
jetivo de la ética no es suplantar la emoción por la inteligencia.
Como dijera Francis Bacon, la ética situaría así las pasiones con Nuestra época está especialmente necesitada de reflexión en
las que ha combatido al lado de la inteligencia, pero no con- el campo de la ética social. La conciencia autoritaria es pronta
tra ella. en la condena de crímenes conocidos y personales, como el homi-
cidio o el robo descarados. Pero permanece ciega a las nuevas
El significado liberal de los términos de conciencia y de de- formas sociales de hacer el mal. La supercapitalización delibe-
ber ha quedado oscurecido precisamente por el hecho de que mu- rada de una industria es una forma de robo, pero es probable
chas personas los han asociado a un ética puritana, autoritaria que la aceptemos como un astuto negocio. La publicidad enga-
y supersticiosa. Pero hemos de distinguir entre el nivel autori- ñosa o las noticias tergiversadas de la prensa son formas de men-
tario y el nivel reflexivo de la conciencia. La conciencia autori- tir, pero se han hecho tan comunes que han llegado a consi-
taria parece implicar un conocimiento inmediato y extrarracio- derarse respetables. Emplear trabajadores en condiciones insegu-
nal de verdades éticas, pero realmente esas «verdades evidentes», ras e insanas puede ser una forma de homicidio, pero como los
como hemos dicho, no son otra cosa que los preceptos de la cos- resultados no son ni inmediatos ni violentos ni evidentes, gene-
tumbre o de la autoridad tradicional que han llegado a formar ralmente escapan al castigo. Como el sociólogo americano Edward
parte tan profundamente de la conciencia que parecen evidentes. Alsworth Ross advirtiera:
Muy diferente es el nivel reflexivo de la conciencia, presente, por
ejemplo, en una persona como Sócrates. Aunque se refirió a me- Hoy en día, el malvado al que más se necesita refrenar es el
nudo a su «voz interior», insistió en que «una vida sin examen respetable, ejemplar y confiado personaje que, estratégicamente si-
no merece ser vivida». Comprendió que la conciencia de todo tuado en el centro de una telaraña de relaciones fiduciarias, es capaz,
individuo ha de estar profundamente impregnada por las nor- desde el sillón de su despacho, de vaciar mil bolsillos, de envenenar
a mil enfermos, de corromper mil conciencias o de poner en peligro
mas de la tradición cultural, pero sometió dichas normas al há- mil vidas. Este es el pecador a gran escala, de alto voltaje, el que
bito de la reflexión y a la discusión espontánea. En el cumpli- necesita grilletes. Castigar con más dureza al raterillo que al emi-
miento de su misión de filósofo, fortaleció el vigor de su con- nente y sinvergüenza que, de un modo impresionante y a lo grande,
ciencia personal, en lugar de debilitarla. vende a sus electores, a sus secuaces, a sus fiadores o a sus clientes,
sería como apartar un mosquito y tragarse un camello.22
Hoy en día estamos muy necesitados de una conciencia no
sólo reflexiva, sino incluso vigorosa. Parece claro que la ética de El tipo de ética que asegure la condena de tales malhechores
reglas formales y autoritarias está pronta a desaparecer. Hemos sociales no puede ser irreflexivo o «intuitivo», sino consciente
llegado a tomar conciencia de muchas tradiciones en conflicto y y reflexivo; ha de perseguir la justicia para obtener un máximo
de muchos «sistemas cerrados» de moral. Sabemos que existen
tantas oposiciones entre los modelos que resulta imposible per- 22
Sin and society (Pecado y sociedad). Houghton Mifflin, Boston
manecer confortablemente instalados en la ilusión de que los 1907, 29-30.
116 Las leyes de la conciencia

de bienestar y conocer con perspicacia las nuevas y sutiles for-


mas de crimen.
El texto que he citado de Ross fue escrito a principios de
siglo. Desde entonces, los problemas sociales han crecido en
amplitud y complejidad. El mundo ha ido pasando de una cri- /
sis a otra, de la depresión a la guerra, y de ésta a la amenaza
de una nueva depresión y de una nueva guerra mucho más te-
rrible que la anterior. Desconocidas formas de tiranía y tipos
diabólicos de crueldad han diezmado a la humanidad. La ciencia
y la tecnología han incrementado tan prodigiosamente el poder
del hombre —tanto para el bien como para el mal— que la R E S U M EN
pregunta sobre lo que vamos a hacer ha adquirido una terrible
urgencia. Los problemas de nuestra era atómica son demasiado
agudos y faltos de precedentes como para ser resueltos en los
términos de las viejas y estáticas reglas formales. Ningún modelo Hemos estado buscando una respuesta a la pregunta: ¿qué
autoritario que se base en la costumbre, en la naturaleza, en es una acción social justa? Las teorías formalistas afirman que
Dios o en la conciencia puede ya bastar. Debemos intentar una es la que se acomoda a una ley; las teorías teleológicas la iden-
rehabilitación de la conciencia sobre una base reflexiva, empí- tifican con la que promueve el bienestar. Hemos dedicado esta
rica y teleológica. primera parte a presentar una exposición crítica de las teorías
formalistas.
Estas se diferencian entre sí según las fuentes reales o su-
puestas de la ley. Hemos distinguido las siguientes:
1. Las leyes de la sociedad, en forma de costumbres o de
leyes positivas.
2. Las leyes de Dios.
3. Las leyes de la naturaleza.
4. Las leyes de la conciencia, derivadas de ésta, de la ra-
zón a priori o de la intuición.
He dedicado un capítulo a cada una de estas cuatro posi-
ciones.
En el capítulo 1 sostuve que las leyes de la sociedad, con-
suetudinarias o positivas, no pueden sustituir a la reflexión mo-
ral. Ninguna persona culta podría mantener que toda práctica
consuetudinaria es buena, o que es buena sólo por el hecho de
ser costumbre. Una costumbre puede ser moralmente mejor que
otra; algunas costumbres son irracionales; cuando las costum-
I IH La ética de las leyes Resumen 119

bres entran en conflicto, o cuando se plantean nuevos proble- diente. Implicaría, por ejemplo, que el homicidio sería una buena
mas, se necesita hacer uso de la reflexión. acción si a Dios se le hubiera ocurrido ordenarlo y que no hay
nada en la naturaleza misma del homicidio que lo haga condena-
Con todo, un cierto número de interesantes pensadores, co-
ble. Esta postura es ingenua, pues depende de una concepción
mo Edmund Burke, han mantenido que la costumbre represen-
antropomórfica de Dios y de una aceptación literal de un de-
ta la sabiduría consolidada de una sociedad, y que suministra
cálogo autoritario. Una doctrina así resulta demasiado estrecha
seguridad frente a la improvisación, la obstinación de las acciones
y dogmática para que pueda servir de base a un orden mundial.
individuales y los desórdenes de una época revolucionaria. Aun-
Bien entendida, la biblia no apoya un credo formalista. Aun-
que la filosofía social de Burke contiene algunas profundas in-
tuiciones, resulta insuficiente a la hora de tener que hacer fren- que en sus primeras narraciones aparece Yavé como un severo
te a crisis que carecen de precedentes históricos. En el siglo xx, legislador, luego se nos habla del sorprendente idealismo de los
por ejemplo, el rápido y asombroso desarrollo de la tecnología, profetas y de las humanitarias e interioristas enseñanzas de Jesús.
incluyendo la guerra atómica, ha hecho indispensables la refle- Con el paso del tiempo, toda religión realiza un tránsito de este
xión crítica y la reconstrucción social para la propia superviven- tipo de una ética formalista a una ética teleológica. Cerramos,
cia del hombre. Incluso en períodos menos cruciales, una moral así, el capítulo 2, concluyendo que toda ética religiosa madu-
irreflexiva y anclada en la costumbre tiende a reprimir lo indi- ra hace más hincapié en la prosecución de ideales de vida que
vidual, a ahogar la creatividad, a retrasar el progreso y a conte- en la conformidad a un código autoritario.
ner el pensamiento científico. En el capítulo 3 examiné algunos intentos de basar la
ética y la política social en el precepto «obedeced las leyes de
Podemos hacer parecidas consideraciones respecto a una in-
la naturaleza». Entre los más importantes defensores de la ética
terpretación formalista de las leyes positivas, tanto en su forma
naturalista están los estoicos, quienes concibieron la naturaleza
de estatutos jurídicos como de precedentes judiciales. Aunque
como algo divino, providente, racional y dominado por el des-
han sido muchos los intentos de basar la ley en doctrinas for-
tino. Lo ideal, afirmaron, es lo real, y lo real es lo necesario.
malistas, lo que en última instancia cuenta es el bienestar o el
Con todo, vimos que los estoicos admitieron un cierto margen
dolor humanos, por ello toda valoración final de una ley exige
de libertad en el interior del alma humana. Al ejercer esa liber-
un juicio reflexivo teleológico. He llegado a la conclusión de que
tad, el sabio estoico renunciaba al deseo de bienes externos y ar-
una prudente política social no puede basarse en la mera obe-
monizaba su voluntad con la naturaleza. Concebía el conjunto de
diencia a la costumbre o al derecho positivo de una sociedad.
la naturaleza como una gran «república», gobernada por leyes
En el capítulo 2 he examinado la doctrina de que una ac- naturales a las que, en conciencia, ha de someterse todo ser ra-
ción social justa es la que está en conformidad con las leyes de cional. En cuanto ciudadanos de dicha república, todos los hom-
Dios. Esta postura ha sido ampliamente aceptada tanto en civili- bres son iguales y libres por naturaleza. Esta doctrina ejerció
zaciones antiguas como modernas. Al valorar esta doctrina, nos una gran influencia en pensadores posteriores entre los que se
hemos enfrentado con la importante pregunta que Sócrates for- incluye Thomas Jefferson, el redactor de la declaración de in-
mulara a Eutifrón: «¿Un acto es justo por estar mandado por dependencia americana.
los dioses o está mandado por los dioses porque es justo?» Cal- Aunque la postura estoica presente un cierto aire revolucio-
vino, Paley y otros teólogos formalistas defendieron la primera nario, exagera el alcance de la racionalidad de lo real y, en con-
alternativa: lo justo significa lo que está mandado por Dios. secuencia, justifica el conformismo social; desestima el poder del
Esta interpretación subordinaría la fuerza de la justicia al po- hombre sobre los acontecimientos externos y tiene un concepto
der de Dios y negaría a la bondad moral toda validez indepen- exagerado de su capacidad sobre su propia alma.
120 La ética de las leyes
Resumen 121

Muy diferente es la concepción de la naturaleza que surge


entran en conflicto entre sí, y no son objetivas, puesto que va-
entre los evolucionistas de la época de Darwin. Muchos autores
rían en el tiempo y en el espacio.
mantuvieron que la lucha competitiva, la selección natural y la
supervivencia de los más aptos son las grandes «leyes de la na- Más complicada es la teoría de Kant para quien la esencia
turaleza»; y que si el ser humano rompiera con la naturaleza, de la moralidad es la «buena voluntad», esto es, la que no está
la naturaleza rompería con él. Tal es el punto de vista que, con determinada ni gor la inclinación ni por la utilidad, sino por
ciertas variantes, fue adoptado por Spencer, Nietzsche, Sumner un principio formalmente coherente: el «imperativo categórico».
y un gran número de escritores. Puede decirse incluso que su Kant nos ofrece tres formulaciones de dicho imperativo: 1) Obra
sombra sigue percibiéndose en el «juego» admitido por toda so- sólo sobre la base de aquellas máximas que podrían ser unlver-
ciedad que como la nuestra se basa en un comercio competitivo. salizadas; 2) Trata a todo ser humano como un fin en sí mismo
y nunca como un medio; 3) Únete a los demás en un «reino» de
Ni que decir tiene que esta teoría contiene un conjunto de
agentes morales libres y responsables. Estos principios éticos le
errores: identifica la vida humana con su origen animal; no dis-
llevan a adoptar, dentro de ciertos límites, una filosofía social
tingue entre lo que significa el más apto a nivel biológico y a
de corte liberal y democrático y a aconsejar un gobierno mundial.
nivel ético, y supone que los medios naturales para el fin de la
evolución son los mejores. Aunque algunas de sus ideas son dignas de admiración, la
Si consideramos otros significados de la palabra naturaleza debilidad de su ética y de su filosofía social se centra en su
—por ejemplo, el de lo total, lo característico, lo primitivo, lo formalismo abstracto, desde el que se muestra incapacitado para
innato, lo espontáneo—, no encontraremos tampoco un funda- tener en cuenta las consecuencias de los actos y para hacer jus-
mento válido para la ética. Todas estas interpretaciones incu- ticia a la individualidad humana. Por otra parte, la segunda y la
rren en la falacia fundamental del naturalismo ético: la preten- tercera fórmulas del imperativo categórico son mucho menos
sión de que lo que es se identifica con lo que debe ser. Sólo formales que la primera y de ahí resulta la presencia de una
si concebimos lo natural como lo ideal y distinguimos lo ideal cierta incoherencia en su filosofía.
de lo real, puede la naturaleza convertirse en la base de una
En un esfuerzo por encontrar una teoría más satisfactoria
ética válida. Ahora bien, ello implica que hemos de rechazar la
que la de Kant, W. D. Ross ha mantenido la posibilidad de
doctrina de que una acción es justa, tanto a nivel individual co-
combinar el modelo teleológico del bienestar con el modelo no
mo social, cuando se ajusta a las leyes de la naturaleza.
teleológico de la intuición de lo justo. Con todo, no se aprecia
Dediqué el capítulo 4 a la exposición de la teoría según la la pretendida evidencia de los deberes prima-facie que, según
cual la moral consiste en la obediencia a las leyes dictadas por él, son objetos de intuición, ni la necesidad de hacer uso de dos
la conciencia humana. Consideré, ante todo, la ingenua posición modelos opuestos con su consiguiente incoherencia lógica.
según la cual la conciencia es una facultad intuitiva que manda He llegado a la conclusión de que la conciencia, la razón a
o prohibe cada acción en concreto, al margen de toda norma priori o la intuición no son sustitutivos satisfactorios de la in-
o principio. Llegué a la conclusión de que esta tesis deja la vida tención reflexiva. Ello no significa que podamos prescindir de
a merced del puro capricho. Una interpretación más aceptable la conciencia moral. En nuestra era atómica, en la que la cien-
es la de que la conciencia manda o prohibe tipos de acción, de cia y la tecnología han seguido un desarrollo mucho más rápido
acuerdo con unas reglas evidentes por sí mismas. Ahora bien, di- que el mantenido por el conocimiento moral y el control social,
chas reglas que se suponen impuestas por la conciencia no son el mundo necesita desesperadamente una poderosa reafirmación
tan evidentes como se pretende; resultan ambiguas, a menudo y una vigorosa rehabilitación de la conciencia, siempre que és-
122 La ética de las leyes

ta sea, por supuesto, crítica o intencional y no autoritaria e II


irreflexiva.
Hemos completado, así, nuestra revisión de la ética forma- ETICA DE
lista, rechazando la idea de que la acción justa implica una sim-
ple obediencia a la ley en cualquiera de sus formas. Pasamos, LOS IDEALES
pues, a considerar a continuación los ideales humanos, esto es,
a buscar una base teleológica y no formalista para la acción
social.
INTRODUCCIÓN

Tras haber pasado revista a las éticas de las leyes o éticas


formales, consideraremos ahora las éticas de los ideales o éticas
teleológicas.
Como la ética ideológica es una ética de objetivos, trata-
remos de descubrir, ante todo, qué es un bien como fin —un
bien en sí mismo—, definitiva e intrínsecamente bueno. Intenta-
remos, acto seguido, determinar lo que es un bien como medio
para este fin —un bien instrumental—.
Al empezar el Libro II de la República, de Platón, encontra-
mos una breve clasificación de los bienes de acuerdo con el
valor intrínseco o instrumental de los mismos. Se trata de un
fragmento en el que Glaucón interroga a Sócrates y éste se li-
mita a asentir:

—Dime, Sócrates, ¿no hay una clase de bienes, que deseamos y


que buscamos por lo que ellos son, sin cuidarnos para nada de sus
resultados, como la alegría y otros placeres puros y sin mezcla, aun-
que no nos proporcionen otra ventaja que el placer de gozar de ellos?
—Sí, hay, a mi parecer, bienes de esta naturaleza.
—¿No hay otros que amamos a la vez por sí mismos y por sus
resultados, como, por ejemplo, el buen sentido, la vista, la salud?
—Es cierto.
—¿No encuentras una tercera clase de bienes, como el entregarse
a los ejercicios del cuerpo, el restablecer su salud, el ejercer la me-
dicina o cualquiera otra profesión lucrativa? Estos bienes diremos que
l- ( ' Etica de los ideales Introducción 127

son penosos pero útiles, y los buscaremos, no por sí mismos, sino consecuencias. Sin embargo, existen muchos aspectos e incidentes
por el salario y demás ventajas que nos proporcionan. en unas vacaciones que resultan intrínsecamente malos o, al me-
—Reconozco esta tercera clase de bienes.1 nos, indiferentes; de ahí que no podamos decir que las vaca-
ciones son intrínsecamente buenas de un modo absoluto.
Las tres clases de bienes que aquí se enumeran son: 1) El
bien intrínsecamente bueno, pero instrumentalmente indiferente; Podemos utilizar el término intrínsecamente bueno en un sen-
2) El bien instrumental e intrínsecamente bueno; 3) El intrínse- tido más estricto. Podemos referirnos a lo que hace que las va-
camente malo, pero instrumentalmente bueno. A estas tres cla- caciones tengan un valor en sí mismas, es decir, la bondad úl-
ses podemos añadir otras seis, con lo que el cuadro quedaría tima que es un bien absoluto en el que no existe nada que sea
como sigue: malo o indiferente. Un hedonista, por ejemplo, mantendría que
una vacación es intrínsecamente buena —en el sentido menos
Valor intrínseco Valor instrumental estricto del término —porque contiene placer y, en última ins-
tancia, el placer y sólo el placer es un bien en sí mismo, un bien
1. Bueno Bueno último, absoluto o intrínseco en el sentido restringido de la pa-
2. Bueno Malo labra. Como G. E. Moore declara:
3. Bueno Indiferente
4. Malo Bueno Podemos, brevemente, dividir las cosas intrínsecamente buenas
5. Malo Malo en dos clases: 1) las que, en conjunto, son intrínsecamente buenas,
6. Malo Indiferente aunque contengan alguna parte que no sea intrínsecamente buena; y
7. Indiferente Bueno 2) las que no tienen partes o, si las tienen, son en sí mismas intrín-
secamente buenas.2
8. Indiferente Malo
9. Indiferente Indiferente
Moore utiliza el término definitivamente buenas para desig-
nar la segunda de estas clases.
Para determinar la valía de un acto o estado, sería necesario
juzgar a qué clase pertenece y cuáles son sus valores intrínse- En los capítulos de esta segunda parte, intentaré descubrir el
cos e instrumentales. A veces, el bien intrínseco supera al mal significado del bien intrínseco en este sentido de bien último.
instrumental, o el bien instrumental tiene un mayor peso que Daré este significado al término bien intrínseco, todas y cada
el mal intrínseco. Cualquier cosa es instrumentalmente buena o una de las veces que lo utilice. Trataremos también de determi-
mala sólo por el hecho de producir o ayudar a producir lo que nar lo que es bueno como medio para esa bondad última —lo
es intrínsecamente bueno o malo. que es instrumentalmente bueno—. Si no lo hiciéramos, no po-
dríamos juzgar lo que es justo o injusto, ya que, para una ética
Con todo, el término bien intrínseco puede ser entendido en teleológica, la corrección o incorrección de un acto no puede
un sentido más o menos estricto. Se puede hablar, por ejemplo, determinarse al margen de su utilidad. Nuestro interés primordial
de unas vacaciones como de algo intrínsecamente bueno, dando se centra en descubrir lo que es bueno, justo o correcto en un
a entender que las vacaciones suponen un valor en sí mismas, sentido último o definitivo. Hablando en términos de ética so-
o, con otras palabras, que son un bien, aunque sus resultados cial, nuestras dos principales cuestiones son: ¿qué es una socie-
sean indiferentes o se consideren relativamente al margen de sus dad buena?, y ¿qué es una acción social justa?
1
República, Libro II, en Diálogos. La república o el estado. Tra- 2
Ethics (Etica). Oxford University Press, New York 1912, 75. Tra-
ducción de Patricio Azcárate. E.D.A.F., Madrid 1962, 1063-1064. ducción castellana: Etica. Labor, Barcelona 1929.
128 Etica de los ideales

Entre las doctrinas que han hablado del bien último, me de-
tendré en las siguientes: el relativismo —doctrina para la que 5
no existe ningún ideal umversalmente válido—; el individualismo
extremo —posición que sitúa la bondad en el propio individuo—; El relativismo.
el colectivismo extremo —para el que la bondad reside sólo en
la sociedad—; el intelectuaUsmo —que identifica el bien con la La negación de
razón—; el hedonismo —que lo identifica con el placer—; y la
teoría del interés —para la que el bien coincide con el cultivo todo ideal universal
y la realización de intereses—. A la luz del examen que hagamos
de estas teorías, intentaremos describir la naturaleza de un or-
den social justo.
Consideraremos, a continuación, el significado de una acción
social justa, discutiendo la base y la naturaleza de la obligación
moral, y distinguiendo entre teorías válidas e inválidas acerca
de lo justo. Al adoptar un modelo universal —el del máximo
1. El significado del relativismo ético
bien y no el del bien de un individuo concreto o el de un grupo
restringido—, consideraremos los criterios desde los que cabe
Para comenzar nuestra investigación sobre el ideal de una bue-
hacer una elección entre los bienes tan numerosos y opuestos
na sociedad, debemos considerar, ante todo, la doctrina para la
que existen.
cual no existe ningún ideal universal. Lo que existen son idea-
les locales, efímeros y variables. Cada individuo, cada grupo o
cada época pueden reclamar su propia virtud y su propio mode-
lo. No hay un modelo universal único y objetivo. Lo que es
comida para un hombre, es veneno para otro.
El relativismo puede ser mejor comprendido si lo contras-
tamos con su opuesto: el absolutismo. Un absolutista defiende
que ciertos ideales son incondicionalmente válidos, buenos en
cualquier época y lugar, eternos e inmutables. Esta posición va
emparentada las más de las veces con la doctrina de que sólo
existe un Dios, legislador de todo el universo, quien determina,
con su voluntad y sabiduría inmutables, lo que es bueno para
todos los pueblos y para todas las épocas. Puede estar relaciona-
da también con otras teorías filosóficas, como la de la unidad de
lo real -—sólo existe el uno o la unidad—, o la de que los idea-
les son abstracciones universales, a la manera de las «ideas» pla-
tónicas o de las formas, las cuales existirían independientemente
de toda posible ejemplificación. Cualquiera que sea su base re-
ligiosa o filosófica, el absolutismo insiste en que los modelos
130 El relativismo Representantes antiguos y modernos 131

éticos son incondicionales e invariables, mientras que el relati- lugar, el relativismo insiste en que los modelos varían necesaria-
vismo, por el contrario, niega la existencia de tales modelos ab- mente de un lugar a otro. Cada individuo o grupo tiene sus pro-
solutos, universales y objetivos de bien y de corrección. pios modelos éticos y no existe posibilidad alguna de descubrir
un ideal que sea común para todo individuo o grupo. En todo
Con su mordaz estilo, Pascal expresa así la posición relati-
momento, existe una variedad irreductible de ideales. En segun-
vista, posición, por otra parte, que luego pasará a rechazar: do lugar, el relativismo pone de relieve que los modelos varían
necesariamente de una época a otra. Cada época tiene sus pro-
No hay nada justo ni injusto que no cambie de calidad en cam-
biando de clima. Tres grados de elevación del polo trastornan toda pios modelos y no hay ningún principio ético que resista y tras-
la jurisprudencia; un meridiano decide la verdad; en pocos años de cienda estas limitaciones temporales. De este modo, según el re-
posesión las leyes fundamentales cambian; el derecho tiene sus épo- lativismo, la variedad irreductible de normas éticas puede ma-
cas; la entrada de Saturno en el León nos señala el origen de tal nifestarse simultáneamente (relativismo espacial) o sucesivamen-
crimen. Divertida justicia que limita un río. Verdad allende los Pi- te (relativismo temporal).
rineos, error aquende.1

Tanto el relativismo como el absolutismo pueden admitir


esta diversidad de costumbres morales, pero el absolutista apela
a un modelo superior inmutable, mientras el relativista no ve 2. Algunos representantes antiguos
sino sentimientos subjetivos e ideales variables. El punto central y modernos del relativismo
en el que se oponen ambas posiciones no es en la afirmación
de que los ideales morales difieran —esto es un dato incuestio-
nable—, sino en la de si deben diferir. Es perfectamente posi- Podría decirse que toda época revolucionaria ha conocido
ble que un ideal, como la felicidad, sea válido para todos los alguna reacción relativista contra el absolutismo. Así sucedió,
pueblos, aun en el caso de que por ignorancia, salvajismo o per- por ejemplo, en la época de los sofistas de la Grecia clásica, en
versión haya individuos o grupos que no lo acepten. Al igual un período en que la cultura helénica tradicional empezaba a dar
que puede ser perfectamente cierta una teoría como la de la re- muestras de disgregación por efecto de la lucha de clases y de la
latividad de Einstein, aunque muchas personas no la compren- guerra. El impacto de la revolución económica, que empezó a
dan o no crean en ella, un determinado ideal puede ser objetiva- detectarse en la época de Solón (alrededor del 639-559 antes de
mente verdadero o válido, aunque muchas personas no lo en- Cristo), removió desde sus cimientos la vida griega. La base pri-
tiendan o no lo acepten. Que las ideas morales varían es un he- mitiva de la vida económica griega había sido la propia de una
cho que nadie puede negar. El absolutista afirma que la varia- agricultura de subsistencia; pero al igual que sucedió en la época
ción puede explicarse por el error de muchos seres humanos en moderna con la «revolución industrial», evolucionó hacia un tipo
la comprensión del modelo o ideal moral absolutos. El relati- más avaszado y floreciente tanto a nivel agrícola como comer-
vista, por el contrario, afirma que la variación ha de explicarse cial y artesanal. En poco más de un siglo, su gran transforma-
por la ausencia de un ideal o de un modelo universalmente vá- ción económica produjo la aparición de una clase media comer-
lidos. cial e industrial y de una nueva clase «proletaria» compuesta
Podemos distinguir dos aspectos en el relativismo: en primer por trabajadores artesanales y hombres del mar. Desapareció el
ancestral aislamiento de las ciudades-estado griegas, los núcleos
1 urbanos se enzarzaron entre sí en conflictos comerciales e impe-
Pensamientos. Traducción de Juan Domínguez Berrueta. Aguilar,
Buenos Aires 1959, I, primera parte, capítulo 2, 113-114. rialistas y se produjo un enfrentamiento entre los estados grie-
132 El relativismo
Representantes antiguos y modernos 133

gos y los imperios circundantes, como el persa. Como resultado, de Cristo), anciano ya cuando Sócrates era aún joven y que mu-
la cultura griega quedó profundamente afectada y comenzaron a
rió en los comienzos de la guerra del Peloponeso. A excepción
producirse interminables guerras y revoluciones. Nadie como Tu-
de unos pocos y reducidos fragmentos, sus obras originales se
cídides, el famoso historiador griego, ha descrito más vivamente
han perdido. Podemos, sin embargo, reconstruir su pensamiento
el clima que originó este desarrollo. Sus escritos están llenos de
por lo que de él han dicho Platón y otros filósofos. Su tesis-cen-
brillantes narraciones, no sólo de la gran catástrofe que supuso
tral era que «el hombre es la medida de todas las cosas». Con
la guerra del Peloponeso, sino también de los conflictos de clase
estas palabras no quería dar a entender que la humanidad uni-
que la precedieron y acompañaron.
versal es el modelo por el que ha de juzgarse la verdad y la bon-
dad. Según el Teeteto, uno de los diálogos de Platón, entendía
La revolución se extendió, así, de ciudad en ciudad, y en los por «hombre» el individuo concreto. Las cosas son para mí co-
lugares a los que llegó más tarde, al conocer lo que ya se había
hecho, se extremaron los refinamientos de las innovaciones hasta ta- mo me parecen y para ti como te parecen. No hay ningún mundo
les excesos que se plasmaron tanto en la sagacidad de las empresas real común que pueda ser conocido por dos o más sujetos cog-
como en la atrocidad de sus represalias... De este modo, como con- noscentes. Todo objeto es relativo al punto de vista desde el
secuencia de dichas turbulencias, toda forma de iniquidad echó raí- que se le percibe o al acto momentáneo y efímero de la sensa-
ces en los países helénicos. La antigua sencillez tan fuertemente asen- ción. Nunca puede probarse la falsedad de un hombre que fuera
tada en el honor quedó burlada y terminó por desaparecer. La so-
ciedad llegó a dividirse en campos de batalla en los que ningún ciego al color o que se distinguiera de los demás por sus percep-
hombre se fiaba de su vecino.2 ciones o sus creencias.
Protágoras defendió también que la relatividad es incluso apli-
Los sofistas fueron los representantes filosóficos de esta épo- cable al campo de la moral y de la política. Se presentó a sí
ca de zozobra. Pertenecían a una generación que había visto pro- mismo como un «médico del alma»: no podía enseñar creencias
mulgar importantes leyes barridas luego por la fuerza de movi- más verdaderas sobre la virtud o el vicio, porque ninguna creen-
mientos revolucionarios y contrarrevolucionarios. De este modo, cia es más objetiva o «verdadera» que otra, pero podía inculcar
reflejaron la desilusión y la incertidumbre de un período en el creencias más sanas y, sobre todo, más útiles. Deseó sustituir los
que las tradiciones y las costumbres eran constantemente viola- juicios de verdad por los de valor, introduciendo aquí una in-
das. Como maestros errantes, al viajar de una ciudad a otra, fue- terpretación excesivamente relativista, aunque no individualista.
ron agudamente conscientes tanto de la diversidad como de la Defendió que los valores morales y políticos varían de una ciu-
inestabilidad de los códigos morales. Con su actitud escéptica y dad a otra, que dichos valores están encarnados en las costum-
predominantemente práctica, reaccionaron también contra la cien- bres y en las tradiciones locales y que un hombre sabio y moral-
cia abstracta y contra la filosofía. Les pareció muy claro que las mente sano es el que se adhiere a los modelos predominantes.
respuestas a los problemas filosóficos variaban de un pensador Su posición es así resumida en el Teeteto: «Lo que a un estado
a otro, de una ciudad a otra, y que, en consecuencia, no podía le parece justo y honrado, en la medida en que así le parece, es
establecerse ninguna verdad que fuera universal. En tales cir- para él justo y honrado».3
cunstancias, no nos ha de extrañar que afirmaran el carácter re-
lativo de la verdad y del valor. En el Protágoras, otro de los diálogos platónicos, se nos pre-
senta a este sofista manifestando a través de un mito su rela-
El más famoso de los sofistas fue Protágoras (481P-511 antes tivismo fundamental. Cuando el mundo era muy joven, Prome-
1
La guerra del Peloponeso (versión inglesa). Modern Library, New 3
Teeteto, o de la ciencia. Traducción de José Antonio Míguez. Agui-
York 1934, 189, 191. lar, Buenos Aires 1960, 91.
134 El relativismo Representa/lies antiguos y modernos .135

teo robó a los dioses el secreto del fuego y de las artes mecá- a los oráculos del pasado y escuchar tan nuevas y contradictorias
nicas y se lo transmitió a la humanidad; pero los hombres eran voces, nos sentimos inclinados a creer que no existe ningún mo-
todavía incapaces de vencer a los otros animales y de superar los delo común y objetivo por descubrir. Las causas del resurgi-
rigores de la naturaleza, ya que les faltaba cohesión política y miento del relativismo ético son numerosas y complejas, pero
la fuerza que deriva de la unidad. Temiendo Zeus por el exter- creo que entre las más importantes habría que encuadrar los
minio de toda la raza humana, envió a Hermes para que ense- conflictos, confusiones y tendencias revolucionarias de nuestra
ñara a los hombres el sentido del deber y de la justicia, concep- era.
tos tan necesarios para la unión en pro de h defensa mutua.
Con la posesión de tal conocimiento, los hombres fueron desde Como veremos en un capítulo ulterior, las formas más abier-
entonces maestros de virtud, pudiendo además transmitir su sa- tas y descaradas de relativismo han sido las sostenidas por los
ber a las nuevas generaciones. De acuerdo con esta interpreta- portavoces del fascismo. Con todo, muchos intelectuales euro-
ción, la bondad se ha de identificar con las costumbres y con- peos y americanos han presentado formas más complicadas y
venciones de una comunidad determinada, recibiendo los niños encubiertas de relativismo. Los historiadores y antropólogos han
de sus mayores todo el conocimiento sobre la «virtud» que pu- recalcado la «irreductible» diversidad de las sociedades huma-
dieran necesitar. De este modo, la moral es totalmente relativa, nas, cada una de las cuales presenta una «configuración» o «mo-
dado que no hay ningún modelo ético más definitivo que el os- delo cultural» únicos y una forma propia de religión, ciencia,
tentado por cada sociedad. arte y moral, estando todo ello sometido a un cambio incesante.
Los pragmatistas, tan influyentes en el sistema educativo ameri-
Si lo comparamos con otros sofistas más jóvenes, Protágo- cano, han tendido a rechazar todo concepto que trascienda la
ras puede ser tachado de conservador. El punto de vista más fluidez de un organismo sometido a un constante cambio y en
radical sustentado por los sofistas vendría expresado por Trasí- interacción con un medio reducido también a un perpetuo de-
maco, uno de los personajes que aparecen en el libro primero venir. Varios filósofos, entre los que se encuentran especialmente
de la República de Platón. Su tesis es que lo justo está deter- los empiristas radicales y los positivistas lógicos, han negado que
minado por las leyes y convenciones de cada sociedad y que és- la ética tenga un carácter científico y que los conceptos morales,
tas son prescritas, a su vez, por la clase dirigente. El grupo que como el de deber, presenten un contenido objetivo. Trataremos
domina en cada estado actúa en provecho de sus propios intere- de sintetizar en las páginas siguientes algunas de las conclusio-
ses. Al ser el partido más fuerte dentro de un estado, controla nes ofrecidas por estos pensadores, incluyendo el análisis del
las ideas directrices de su sociedad, las cuales son las que deter- significado del término «debe». Por el momento, no estaría de
minan lo que es justo o injusto para cada grupo. De ahí que ío más citar aquí las opiniones de algunos recientes defensores del
bueno se identifique con el poder y que la «justicia» —término relativismo.
utilizado en el sentido amplio de bondad moral— esté determi-
Entre tales defensores se encuentra, por ejemplo, Vilfredo
nada por la fuerza y el interés personal. En palabras del propio
Pareto, famoso economista y sociólogo italiano, cuyo Tratatto
Trasímaco, «la justicia es el interés del más fuerte».
di sociología genérale (cuya versión inglesa lleva el título de The
En la actualidad estamos viviendo un período parecido a «la mind and society —Mente y sociedad—) ha sido considerado
época de los sofistas», a excepción del hecho de que las nuevas en todas partes como uno de los libros más importantes del si-
fuerzas que hoy se han enfrentado entre sí son mucho más po- glo xx. No se trata primordialmente de un tratado de ética, pero
derosas y tienen un tadio de acción más amplio. También nues- lo traemos aquí a colación porque una de sus premisas funda-
tra época ha conocido un relativismo generado, entre otras co- mentales es el relativismo expresado explícita o implícitamente
sas, por el clima de incertidumbre que vivimos. Al no hacer caso en muchas de sus páginas. Pareto afirma que
136 El relativismo Representantes antiguos y modernos 137

los conceptos que los diversos individuos tienen de lo que es el cide, finalmente, que la nota que caracteriza a las primeras es
bien, para ellos y para los demás, son esencialmente heterogéneos y
que no hay forma alguna de reducirlos a la unidad.4
su imparcialidad real o aparente. La aprobación moral, explica,
se basa en un sentimiento bondadoso que es —o al menos así
lo parece— imparcial. Por otra parte, va siguiendo directamente
Todo lo que tienen en común las diversas definiciones de
«bien» es que cada definición «agrada» a los que la proponen. el rastro al desarrollo de la imparcialidad hasta llegar a la apa-
En último término, los ideales remiten a simples sentimientos y rición y a la creciente expansión del «sentimiento altruista». De
no a la razón o a la ciencia, y los sentimientos varían tanto a este modo, afirma lo siguiente:
nivel individual como social. Por esta causa, todo intento de des- Es evidente que la expansión de las reglas morales ha sido una
cubrir los objetivos de la vida está condenado a ser alógico. Po- consecuencia de la expansión de la unidad social y del intercambio
demos ser lógicos en el descubrimiento de los modos de reali- creciente de diferentes sociedades. Si, como mantengo, el alcance de
zar objetivos, pero al estar éstos determinados por sentimientos las emociones morales varía a tenor del sentimiento altruista, exis-
ten poderosas razones para afirmar que una causa inmediata de la
variables, se encuentran más allá del dominio de la razón. mayor extensión de las reglas morales ha sido la correspondiente di-
fusión de dicho sentimiento.6
Una posición semejante es la adoptada por Edward Wester-
marck, que en un principio fue profesor de filosofía en una aca- Sin embargo, si Westermarck es coherente con tales afirma-
demia finlandesa y después fue nombrado profesor de sociolo- ciones, debería de admitir, a pesar de sus negativas, que en toda
gía de la universidad de Londres. Sus obras, Origen y desarrollo moral existen unos elementos universales: el altruismo y la im-
de las ideas morales y Relativismo ético, se encuentran entre parcialidad. Muchos escritores, como David Hume y Adam Smith,
los más famosos tratados de ética moderna. Muchos de sus ar- han defendido que el auténtico origen de la moral hay que bus-
gumentos se apoyan en la diversidad de costumbres morales que carlo en la combinación del altruismo (o la simpatía) y la im-
se observa en todo el mundo, pero lo más característico de su parcialidad. Westermarck está reconociendo tácitamente la uni-
posición está en su tesis de que la moral se base en emociones. versalidad de lo que muchos llamarían el alma y el corazón de
«Todo juicio o concepto moral, explica, se basa, en último tér-
la moral. Por otra parte, es imposible comprender cómo podría
mino, en emociones»;5 como quiera que las emociones son evi-
darse la imparcialidad sin que existiera un elemento reflexivo de
dentemente variables y subjetivas, no podemos fundar en ellas
evaluación o de juicio. Si somos imparciales, controlamos nuestros
ningún sistema objetivo de moral. Carece de sentido decir que
prejuicios, superamos nuestros caprichos y predisposiciones y al-
una emoción sea verdadera o falsa; por ello, si la moral es, en
canzamos un cierto grado de objetividad. Como Westermarck
esencia, emocional, no puede ser verdadera o falsa. No hay nin-
apunta, es cierto que la imparcialidad puede ser sólo aparente,
guna verdad moral; sólo existen emociones morales y ello nos
pero aun así nos esforzamos por evitar el particularismo y por
impide hablar de una ética objetiva. Esta es, muy en resumen,
su argumentación. ser más objetivos. Al admitir, así, un elemento de juicio crítico
en la vida moral, Westermarck está efectivamente negando su
Con todo, su postura llega en algunos momentos a resultar propia tesis de que la moral es puramente emocional. Cito estas
extraordinariamente equívoca. Considera el problema de la di- incoherencias de su argumentación con el único propósito de sub-
ferencia entre emociones morales y emociones no morales y de- rayar lo que a menudo ocurre en los tratados que sustentan un
relativismo ético. Pocas personas encontraremos que nieguen con
4
The mini and society (Mente y sociedad). Harcourt, Brace, New una cierta coherencia toda objetividad o universalidad en la es-
York 1935, IV, 1476. fera de la moral o de los valores humanos.
5
Ethical relativity (Relativismo ético). Harcourt, Brace, New York
1932, 60. 6
Ibid., 200.
I 1K El relativismo
Insatisfacción del relativismo y del absolutismo 139

i. El carácter insatisfactorio del cho todavía más provisionales y estadísticas. A principios de la


relativismo y del absolutismo moderna edad científica, Leonardo da Vinci podía hablar, se-
guro de sí mismo, de «la necesidad, ese vínculo eterno y ley de
la naturaleza». La ciencia era concebida como un sistema de
La fuerza del relativismo se encuentra principalmente en su verdades que poseía en sí mismo una certidumbre y una finali-
firme oposición al absolutismo. En aras del absolutismo se ha dad plenas. Este intento por alcanzar la certeza total en el cam-
pretendido hacer valer en todo el mundo una gran dosis de su- po de la ciencia ha sido puesto en duda en una época relativa-
perstición y de «control ideológico». Al oponerse a ello, se ha mente reciente. George Santayana nos cuenta el cambio produ-
pensado muchas veces que los relativistas tomaban partido por cido en su propia vida:
la libertad y la objetividad científica.
Como hemos venido diciendo, el absolutismo ético es la teo- Cuando yo era más joven, lo que pomposamente se llamaba
ría de que los ideales son incondicionados e invariables, indepen- «ciencia» presentaba un majestuoso aspecto. En el mundo intelectual,
existía una elegante familia real que esperaba gobernar indefinida-
dientemente válidos en el espacio y el tiempo, trascendentes a mente: axiomas soberanos, leyes inmutables, reales hipótesis... Hoy
la naturaleza o a la necesidad de los hombres o a sus circuns- en día, hay una democracia de teorías elegidas para ostentar el poder
tancias históricas, enraizados de algún modo en la voluntad de durante un período reducido de tiempo, que hablan en su propio
Dios, en la estructura eterna del universo, en «el cielo superior dialecto y que difícilmente se presentan en público o resultan pre-
sentables.7
a todo cielo» de Platón o en los principios inmutables de la
razón a priori.
De un modo más preciso, podemos concebir las teorías cien-
Creo que el relativismo actúa con toda justicia al rechazar tíficas como aproximaciones cada vez más cercanas a la verdad,
ese absolutismo y todos los elementos extraempíricos que en- nunca como absolutas e inmutables. Indudablemente, la autén-
cierra. Todo el espíritu de la ciencia se opone a la creencia en tica estructura de la naturaleza elude toda formulación final y
«absolutos» trascendentes. ¿Cuál es el espíritu de la ciencia? exhaustiva, dado que la física cuántica contemporánea apunta a
Podríamos resumir así las notas dominantes del espíritu cientí- la «incertidumbre» que se encuentra a la base del supuesto or-
fico: supresión de toda creencia hasta haber acumulado un nú- den físico. Lejos de ser la variabilidad una simple apariencia de-
mero masivo de pruebas; reconocimiento de que toda teoría ha bida al carácter incompleto y limitado de nuestro conocimiento,
de ser sometida a la interverificación y que su formulación es, ha sido confirmada mediante una observación y una experimen-
en consecuencia, provisional y puede ser rechazada con el pro- tación más cuidadosas y exactas. Han pasado muchos años des-
greso ulterior de la investigación; poca disposición a aceptar en- de que Aristóteles afirmara que no hay nada inmutable ni en los
tidades imperceptibles, a menos que estén provistas de una fuer- datos ni en las conclusiones de las ciencias biológicas y sociales,
te evidencia circunstancial; e intento de resolver todo problema pero en los últimos cincuenta años se ha demostrado que esa
haciendo uso de los conocimientos disponibles y excluyendo toda variabilidad se extiende también a las ciencias físicas. De esta
instancia que no resulte estrictamente necesaria. La admisión de forma, si se ha de defender el absolutismo, se tendrán que bus-
principios inmutables fijados en la conciencia de un ser sobre- car bases ajenas a la ciencia. El problema está en que casi nadie
natural o insertos en un reino de fantasmagóricas esencias va ha sabido dar con esa sólida base extracientífica. El arte nos
en contra de ese espíritu científico que nos ha proporcionado el proporciona una forma de «intuición» o de «significado» que
único fundamento relativamente seguro de la creencia.
7
Citado por HARRV SLOCHOWER, NO voice is wholly lost (Ninguna
Por otra parte, las propias «leyes» de la ciencia se han he- voz se ha perdido del todo). Creative Age Press, New York 1945, XVI.
140 El relativismo Posición intermedia 141

puede ser extraordinariamente rica y válida, pero la «verdad» sólo se apoyan en simples ilusiones. Decir que un objetivo es
del arte es más subjetiva que la de la ciencia y no proporciona mejor que otro no tiene ningún significado; de ahí que no haya
ninguna base al absolutismo. El único rival serio de la ciencia ninguna razón para tratar de mejorar un ideal moral o para lu-
es la religión: el que está dispuesto a aceptar un supernaturalis- char por la prosecución de un objetivo y no de otro. Esta po-
mo religioso, encuentra más facilidades para sustentar el absolu- sición destruye el significado esencial de la moral. Equivale al
tismo. Sin embargo, como los entes sobrenaturales se muestran inmoralismo o al nihilismo.
por propia definición inasequibles a las exigencias de la experi- Tal vez el relativismo niegue la posibilidad de inferir de
mentación, son muchos los que se manifiestan escépticos respec- su posición tamañas implicaciones, pero no acierto a ver en qué
to a ellos. se podrían apoyar los relativistas para desecharlas. Un relativis-
La fuerza del relativismo reside, como hemos dicho, en su ta radical, repitámoslo, no encuentra ningún modelo común con
oposición al absolutismo. Su poder no está tanto en lo que afir- el que comparar y juzgar los ideales; de ahí que no disponga de
ma como en lo que niega. En una época científica y escéptica, ningún canon o criterio sobre el que poder afirmar: «Esto es
ejerce un gran atractivo sobre muchas personas porque niega real y verdaderamente bueno. Esto es real y verdaderamente
los conceptos extraempíricos de «vida honrada» y «sociedad jus- justo». Negar la posibilidad de hablar así supone oponerse a las
ta». Negar lo que no se puede probar experimentalmente cons- más profundas convicciones de la humanidad.
tituye, ciertamente, una virtud, pero se trata de una virtud pu- La debilidad del absolutismo radica en su abandono de toda
ramente negativa. La debilidad del relativismo está en que nos actitud empírica en la esfera de los valores. La debilidad del
deja sumidos en un puro negativismo. Rechaza la existencia de relativismo radica en la negación de toda base objetiva sobre
un modelo universal y objetivo de valores y sólo admite patro- la que considerar una idea moral mejor que otra. Hemos de
nes subjetivos locales o efímeros. Al dejarnos sin ningún modelo buscar alguna alternativa que no sea ni el absolutismo ni el re-
moral objetivo, niega el alma de toda moral individual o social. lativismo.
El relativismo defiende que toda persona que afirme «mi posi-
ción es la correcta» no hace sino expresar sus preferencias sub-
jetivas. Ninguna exigencia moral es, en realidad, mejor o peor
que otra. Cada grupo se justifica según sus propios modelos, y
ahí se acaba todo. 4. Una posición intermedia.
Tema y variaciones
Consideremos lo que esto significa. El pueblo inglés, fran-
cés, ruso, chino y norteamericano invirtieron enormes cantidades
de sangre y de dinero por derrotar el sistema social nazi y fas- Hemos señalado que existen dos tipos de relativismo y, en
cista durante la segunda guerra mundial. La mayoría de estas consecuencia, dos tipos de absolutismo opuestos a aquéllos. En
personas estaba segura de que combatía por una causa justa. primer lugar, existe el relativismo del momento histórico frente
Creían, por supuesto, que estaban «en el lado de la verdad». El al absolutismo de la creencia en lo eterno. En segundo lugar,
relativismo les diría que su creencia no pasaba de ser una pura tenemos el relativismo del grupo concreto frente al absolutismo
ilusión; que no hay ningún ideal objetivamente válido; que sólo de un solo código universal. Comentaré sucesivamente cada uno
existen voces contradictorias, cada una igualmente «justa», cada de ellos e indicaré una posible alternativa a cada forma de rela-
una justificable desde su punto de vista. En el futuro se exigirá tivismo.
de los hombres grandes y renovados esfuerzos en aras de una
En su forma más genuina y extrema, el relativismo temporal
vida mejor. El relativista volverá a repetir que esos esfuerzos
142 El relativismo Lo particular y lo universal 143

niega la permanencia de los modelos e ideales morales. El abso- fórmula, sino una fórmula mejor». 9 Esta disposición por encon-
lutismo temporal extremo no sólo afirma esos modelos e idea- trar una legalidad con una actitud nueva y experimental ¡i la
les, sino que niega todo cambio respecto a ellos. En cada caso, que Confucio llamó «hospitalidad mental» difiere bastante de lu
la falacia reside en el extremismo y en el exclusivismo. Una al- pura hostilidad hacia toda legalidad. Una época de turbulencia
ternativa razonable tanto del absolutismo estático como del re- y transición como la nuestra necesita esta combinación de adap-
lativismo dinámico ha de superar esos extremismos, evitar la tación de los principios y de respeto hacia los mismos.
concepción del relativismo y del absolutismo como dos polos
Si hemos de escapar del caos y de la anarquía moral, tenemos
irreconciliables, y reconocer tanto la existencia de lo viejo como
que entender la vida como algo más que «una bagatela de ex-
de lo nuevo, de la tradición y de la innovación. Como apunta
periencias transitorias». Hemos de reconocer que los valores
Whitehead:
esenciales de la civilización, como la verdad, la belleza, la va-
lentía y el amor, son hoy tan válidos como siempre lo fueron.
Hay dos principios que son inherentes a la verdadera naturaleza Hemos de experimentar la continuidad de la historia y tomar
de las cosas y que se repiten de un modo peculiar en todo campo contacto con los mejores espíritus del pasado. Sólo así podemos
que exploremos: el espíritu de cambio y el espíritu de conservación.
Nada real podría darse sin ellos. El simple cambio sin la conserva- superar la dinámica multiplicidad de modelos y hallar una auto-
ción sería un tránsito de una nada a otra. Su integración final produ- ridad obligatoria más racional que el prejuicio y menos brutal
ciría una nulidad pasajera. La mera conservación sin ningún tipo que la fuerza. Debemos incluso reconocer que, como los temas
de cambio no podría mantenerse. Ya que, después de todo, hay un musicales, los valores que perduran son extraordinariamente va-
flujo de circunstancias y la frescura de ser se evapora bajo la sim-
ple repetición... Un valor estático, aunque fuera fundamental e im- riados. Toda fuerza es poca para resistir a la exigencia reaccio-
portante, llegaría a hacerse irresistible ante la espantosa monotonía naria de volver a las «verdades eternas y absolutas» de la edad
de su permanencia inalterable. El alma pide a voces liberarse a tra- media o a cualquier sistema social desaparecido o en trance de
vés del cambio. Sufre las agonías de la claustrofobia.8 desaparecer. Hay que admitir que nuestra era atómica exige so-
luciones e intuiciones nuevas, no un abandono de los antiguos
Si, dentro del espíritu de Whitehead, procuramos unir el con- ideales, sino una reencarnación inédita de los mismos. Debemos
servatismo y la innovación, conseguiremos encontrar provechosas aceptar que la imaginación y la previsión, no menos que la me-
enseñanzas incluso en la antigua civilización china. William Er- moria, son condiciones indispensables para que el mundo de hoy
nest Hocking ha apuntado que los sabios chinos como Lao-Tse elija sabiamente. Fijar nuestras mentes en el pasado exclusiva-
y Confucio comprendieron que debemos elevar el pensamiento y mente, buscar sólo repetirlo o prolongarlo, supondría atrofiar
la acción por encima y más allá de las fórmulas existentes, no nuestra energía creadora. Sería el camino de la muerte y no el
para escapar de las reglas, sino para examinarlas. N o hay nada de la vida.
que esté por encima de la razón y del orden —como tampoco de
las concepciones, principios, ideas y leyes—, pero todo sabio
supera sus definiciones en pro de principios y leyes mejores. Al 5. Lo particular y lo universal
margen del respeto por «la legalidad latente del futuro», el sa-
bio critica «la suficiencia de la legalidad del pasado... La so-
Al igual que hemos de evitar los extremismos de un rela-
lución para una fórmula inapropiada no es la supresión de toda
tivismo y de un absolutismo temporales, tenemos que superar

!
ALFRED NORTH WHITEHEAD, Science and the modern world. ' A new east in a new world (Un nuevo oriente en un mundo
(La ciencia y el mundo moderno). Macmillan, New York 1925, 289-290. nuevo): Fortune (agosto de 1942) 124-126.
144 El relativismo Lo particular y lo universal 145

las exageraciones del particularismo de grupo y del universalis- cuando podría estar sano, tener un trabajo agotador e inseguro
mo. Nuestra sociedad está dividida en grupos conflictivos de cuando podría tener otro creativo y estable, sería una rara avis
muy diversos tipos: naciones, clases, credos. Cada grupo reclama de la que podríamos prescindir a la hora de establecer un orden
poseer su propia verdad, su credo exclusivo, su ley y su virtud. mundial. Las necesidades vitales —comida, albergue, vestido, sa-
El universo de principios morales se ha escindido en un caótico lud y seguridad económica— no son las únicas metas básicas
multiverso. A menos que podamos descubrir ciertos principios y universales, pero pueden ser estudiadas cuidadosamente con
universales que trasciendan esos particularismos en conflicto, pa- técnicas científicas de validez probada, algo que ya han hecho
rece que no hay ninguna oportunidad de evitar la muerte vio- diversas instituciones como el ministerio de agricultura de los
lenta de muchos millones de seres humanos y la total destrucción Estados Unidos.
de la civilización en una posible guerra atómica futura. Incluso un
presuntuoso universalismo, con sus peligrosas implicaciones de Asimismo, tampoco tenemos motivos para echarnos las ma-
intolerancia y autoritarismo, es quizá más de temer que el rico nos a la cabeza a la hora de considerar valores más sutiles como
fermento de particularismos en conflicto. El ideal de una unifor- son los psicológicos. La salud y la enfermedad mental son quizá
midad universal es uno de los ideales más desacreditados de los tan susceptibles de estudio como la salud y la enfermedad fi-
que ha concebido la mente humana. siológicas. Podemos saber, por ejemplo, qué necesidades huma-
nas resultan tan básicas que su represión produce crisis nervio-
La mejor solución consiste en combinar las intuiciones vá- sas individuales y sociales: neurosis, demencias y suicidios, a
lidas tanto del particularismo como del universalismo. Frente nivel individual; crímenes, depresiones económicas, guerras y
al relativismo, hemos de defender el ideal de universalidad. La revoluciones, a nivel social. En este campo, la investigación ha
auténtica posibilidad de una paz duradera depende de una co- empezado a dar pasos seguros. Sociólogos tan conocidos como
munidad internacional sobre la base de una humanidad y de una W. I. Thomas y Florian Znaniecki, en un detallado estudio so-
justicia comunes. Con todo, tal universalismo ha de evitar la bre la desorganización social, elaboraron una lista de las necesi-
posición rígida y extraempírica del absolutismo. dades básicas del hombre.10 Un competente psiquiatra, Gilbert
V. T. Hamilton, ha intentado descubrir igualmente los impulsos
Generalmente, el absolutismo se basa en conceptos no cien- fundamentales examinando numerosos casos de disociación men-
tíficos. Casi siempre construye sus cimientos sobre el superna tu- tal.11 Aunque estas dos investigaciones se llevaron a cabo inde-
ralismo o el autoritarismo. Al hacer hincapié en el carácter incon- pendientemente y utilizaron técnicas distintas, unas psicológicas
dicionado de los valores, fracasa al considerar las condiciones y otras sociológicas, llegaron a conclusiones muy parecidas. Las
reales de la vida humana. Se niega a reconocer que los ideales necesidades humanas así definidas son: 1) La necesidad de se-
humanos deberían basarse en las necesidades humanas, y, si lle- guridad (la «liberación de la necesidad» y la «liberación del mie-
ga a admitir tales necesidades, no trata de determinarlas de una do» de las que habló Franklin D. Roosevelt); 2) la necesidad
manera experimental. de amor y de compañía; 3) la necesidad de desarrollar construc-
A pesar de ello, es posible estudiar empíricamente las nece- tivamente nuestras aptitudes y de adquirir la categoría social y
sidades humanas y, de este modo, hacer uso de las conclusiones el respeto personal consiguientes; 4) la necesidad de aventura,
obtenidas como base de unos ideales universales. Las necesida-
des materiales fundamentales de los seres humanos son univer- 10
Véase, W. I. THOMAS y FLORIAN ZNANIECKI, The polish peasant
sales o casi universales. Si hubiera alguien tan raro que prefi- in Europe and America (El campesino polaco en Europa y en América)
riera morir de hambre cuando podría tener el estómago lleno, Knopf, New York 1927.
tiritar de frío cuando podría abrigarse, coger una enfermedad " Véase Introduction to objetive psychopathology (Introducción
la psicopatología objetiva). Mosby, St. Louis 1925.
Lo particular y lo universal 147
1.46 El relativismo

imaginar, cantar, bailar, producir y moverse al son de múltiples rit-


variedad y libertad de expresión. Es de subrayar que la segunda mos, del mismo modo que necesitaba del aire, de la comida, de la
de las necesidades —la respuesta amorosa y social— ha sido bebida, del descanso, del hogar, del sexo, de tener hijos y educarlos,
puesta de relieve por Freud y muchos otros psicólogos moder- de dormir y de evitar el dolor. Las necesidades de conocimientos,
nos. belleza y cooperación son tan básicas como las de aire, comida y
sexo.13
No quiero dar a entender que ésta sea una lista fija y defi-
nitiva. Otros autores, como Murray y Tolman, nos han ofrecido Dennes sigue diciendo que estas necesidades son básicas no
otras alternativas que han venido a completar los estudios de sólo por estar muy extendidas, sino porque su frustración con-
Thomas, Znaniecki y Hamilton.12 duce en último término al trastorno mental y a la muerte, al
crimen, a la agresión, al suicidio, a la histeria colectiva, a la
Algunas de estas necesidades son tan universales que pueden
disociación psíquica y a la guerra.
considerarse como la base más sólida de un orden mundial. La
naturaleza humana no es un puro nombre. Sin la necesidad de Podemos concluir que el relativista exagera a todas luces
apelar a un conjunto extraexperimental de seres absolutos y so- la diversidad de las sociedades humanas. Toda sociedad es cuan-
brenaturales, podríamos basar los valores universales en esas do menos una sociedad. En ella, se unen una serie de seres hu-
necesidades que experimenta todo ser humano. Nadie pondría manos para vivir juntos y enfrentarse con necesidades que han de
en duda que el cuerpo humano presenta una estructura básica satisfacer colectivamente. Las máximas morales esenciales —ha-
—que los chinos tienen corazón e hígado como los americanos— cer el bien, tener en cuenta a los demás, ser justos— son res-
y que, en consecuencia, la medicina, ciencia de la salud y del puestas humanas necesarias a esta necesidad universal. En la
bienestar físicos, es aplicable a todos los hombres. De igual mo- medida en que los seres humanos son hombres y viven unidos
do, la mente humana no es tampoco una entidad amorfa; pre- en sociedades, existen ciertos elementos morales universales. Exis-
senta también una estructura de pensamientos, pasiones, apeti- tirá el ideal de satisfacer las necesidades de su naturaleza huma-
tos, emociones y sensaciones; sus leyes de acción, sus niveles na común y el imperativo moral de evitar una guerra suicida de
consciente y subconsciente, son comunes a todos los hombres. todos contra todos. La moral obliga a los hombres a vivir con
Si no fuera así, no podría existir la psicología ni la psiquiatría ese grado indispensable de prudencia, justicia y bondad sin el
como ciencia de la salud mental. Nadie pone en duda que el cual la vida en cualquier época o sociedad sería intolerable.
psiquismo está mucho más profundamente condicionado y modi-
ficado por los diversos medios culturales que el cuerpo, pero hoy Es evidente que siempre existirá una cierta diversidad en
por hoy no existen pruebas definitivas que justifiquen la creencia cuanto a los medios que los hombres empleen para vivir una
de que el psiquismo o el cuerpo son absolutamente atípicos o vida justa, pero ello no implica la inexistencia de toda forma
infinitamente plásticos. Como el profesor Dennes ha dicho muy de ideal universal. Supongamos por un momento y a título de
bien; ejemplo que el ideal de felicidad fuera umversalmente válido.
Podría, por supuesto, darse el caso de que un hombre o un
Sólo conocemos al hombre que hemos descubierto, y no lo hemos
grupo entendieran la felicidad de un modo muy diferente a co-
encontrado en ninguna época ni lugar sin manifestar una gran an- mo la concibieron los demás. Un hombre encontraría la felicidad
siedad por explorar, comprender, afiliarse, cooperar, ser leal, jugar, en el arte y otro en la ciencia. O hablando a un nivel social,
América podría alcanzar la felicidad con el capitalismo y la Unión
12
Véase E. C. TOLMAN, Psycbological man (El hombre psicológico):
Journal of social psychology 13 (febrero de 1941), y H . A. MURRAY y 13
otros, Explorations Of personality (Exploraciones de la personalidad). Ox- WILLIAM R. DENNES y otros, Civilization (Civilización). Univer-
ford University Press, New York 1938. sity of California Press, Berkeley 1942, 179-180.
Lo particular y lo universal 149
148 El relativismo

Soviética con el socialismo. Si así fuera, la diversidad de los me- de nuestro mundo, pero, aunque no sea más que para que siga-
dios no iría en contra de la universalidad de la felicidad como mos temblando al borde del abismo, hemos de repetir su adver-
fin. Sería ilógico, por otra parte, suponer que la felicidad pudiera tencia una y otra vez.
ser intrínsecamente buena para mí y que no lo fuera para otros. Para responder a este reto, no necesitamos confiar en vagas
Si la felicidad es intrínsecamente valiosa cuando yo la experi- intuiciones. Podemos elaborar una planificación para una comu-
mento, no perderá su validez cuando sea otro distinto a mí quien nidad extendida por todo el mundo utilizando una metodología
la experimente. Se dé donde se dé, la felicidad es felicidad; tie- experimental. En líneas generales, una civilización justa será
ne la misma calidad en la experiencia de otros que en la mía, y aquella que consiga satisfacer cumplidamente las necesidades bá-
si es intrínsecamente buena en sí misma, será, por consiguiente, sicas de la naturaleza humana: al estudio del hombre y de la
buena dondequiera que la encontremos. La felicidad es evidente- sociedad toca descubrir el contenido y significado de tales nece-
mente un bien en todas las partes del mundo. sidades. El siguiente paso sería la confección de un inventario
de los recursos disponibles para hacer frente a las necesidades
Ante la nueva base tecnológica de una economía global, el fundamentales. Por último, con ayuda de la ciencia y de la inge-
reconocimiento de unos valores universales se ha convertido en niería sociales, podríamos planificar a nivel mundial el uso y la
una extrema necesidad. Dado que estamos viviendo en «un solo distribución de tales recursos.
mundo» y dado que las diversas naciones y culturas están ahora
Si hemos de evitar una terrible catástrofe, el mundo nece-
articuladas y engranadas en un modelo universal, sería anacróni-
sita unirse; ahora bien, ha de ser una unidad en la variedad y
co y suicida vivir en los términos de un exclusivismo particular.
no una monótona uniformidad. El pueblo americano es dema-
No son sólo los instrumentos técnicos para la conquista del es-
siado propenso a entender la unificación mundial como una ame-
pacio y del tiempo los creadores de un mundo interdependiente,
ricanización de todo el planeta, al igual que toda nación tiende
sino la combinación de tales instrumentos con las ramificaciones
a pensar que sus normas son necesariamente absolutas y uni-
del industrialismo que se extienden por todo el planeta y con
versales. Una unificación mundial que se basara en el etnocen-
una educación humana común que venga a añadirse a una na-
trismo, esto es, en los modelos culturales de una sola nación o
turaleza humana común. Los factores ambientales y los tipos de
raza, no sería sino una forma de dominio totalitario. Ello sig-
estímulos están siendo cada vez más parecidos en todo el pla-
nificaría extirpar sin compasión todo lo que de abundante y rico
neta. Casi en todas partes, los seres humanos han de adaptarse
existe en las tradiciones culturales para sacrificarlo en aras de un
a los modernos instrumentos de producción, transporte, comuni-
modelo único y autoritario.
cación, técnicas administrativas, formas de organización social y
a la promesa y a la amenaza del poder atómico. Al estar cons- Las fidelidades privadas y las diferencias regionales no pue-
tantemente invadiendo estos factores todos los ambientes del den ser suplantadas por un gobierno o una cultura mundiales
hombre, existe una necesidad más imperiosa que nunca de una del tipo que sean. Un estado mundial sería algo demasiado co-
universalidad moral que corra pareja con esa universalidad tec- losal, remoto e impersonal— algo excesivamente monótono en
nológica. Ha llegado a ser trágicamente claro que si los hom- su aplicación universal— para que innumerables seres humanos
bres bienintencionados no llegan a comprender este imperativo consiguieran a través de él una unidad social de formas que son,
moral, los malintencionados utilizarán esos instrumentos técnicos por su propia naturaleza, íntimas, espontáneas y familiares. Ha-
universales para fomentar la destructividad de los particularis- cer justicia a la naturaleza humana supone reconocer tanto lo uni-
mos bélicos. Lo que se universalizaría entonces sería la muerte versal como lo particular, las particularidades nacionales y re-
y la anarquía. Miles de escritores nos han prevenido de los de- gionales y las exigencias internacionales, la comunidad local y
sastres que nos amenzan si no aceptamos los imperativos morales el estado mundial.
150 El relativismo Lo particular y lo universal 151

Los seres humanos se asemejan entre sí, pero también se necesitamos apreciar tanto los elementos universales como los
diferencian. Se parecen en su necesidadad de alimentación, pero particulares de una cultura. Se ha de reconocer, en primer lugar,
se diferencian en sus gustos culinarios. Se parecen en su nece- que, a determinados niveles, todos los pueblos del mundo tienen
sidad de vestido, pero requieren que su ropa les individualice. mucho en común. Como afirmó un antiguo sabio chino,
Se asemejan en su exigencia de cobijo, pero no desean vivir en
casas idénticas. Se asemejan en su necesidad amorosa y sexual, el corazón misericordioso está en todos los hombres; el sentimiento
de vergüenza está en todos los hombres; el sentimiento de cortesía
pero aman a distintas personas y de forma diferente. Se aseme-
y de respeto está en todos los hombres; el sentido de lo justo y de
jan en el disfrute de la belleza y en el uso de la imaginación, lo injusto está en todos los hombres.14
pero producen estilos artísticos diferentes. Se asemejan en la
necesidad de expresar creativamente sus aptitudes, pero se di- Si en algún momento los seres humanos llegaran a ser tan
ferencian en sus distintas capacidades y posibilidades. Se aseme- antinaturales y deshumanizados que carecieran de tales elemen-
jan en la posesión de un impulso religioso, pero satisfacen ese tos, sería necesario restaurarlos mediante una apropiada educa-
impulso con diferentes símbolos. Se parecen en su necesidad de ción. En segundo lugar, hemos de admitir que las culturas, las
razonar y comprender la naturaleza, pero se diferencian en sus sociedades, las comunidades y los individuos difieren en sus én-
pensamientos y creencias. Sólo un totalitarismo absurdo y degra- fasis y en su estimación de ciertos valores a expensas de otros,
dado trataría de suprimir esas diferencias. Una sociedad de ge- y que, en ocasiones, presentan modelos de los que otros care-
melos idénticos a nivel corporal o a nivel psíquico no corres- cen. Los hombres han de aprender a respetar esas fluctuacio-
pondería a lo que se ha venido entendiendo por «el sumo bien». nes. La tolerancia es una de las más importantes características
Una uniformidad mundial no sería sino una espantosa pesadilla. de una auténtica civilización: si alguna vez hemos de conseguir
Los antropólogos han puesto de relieve la gran diversidad una paz definitiva, tendremos que aprender a creer más en la
que presentan las culturas humanas. El factor cultural y su co- tolerancia y menos en la autoafirmación o corrección de un
rrespondiente configuración peculiar es, antes que nada, lo que grupo.
une a un pueblo. La cultura de los pueblos, de los dobuanos,
El universalismo y el particularismo, la cultura local y la
de los kwakiutl o de los bosquimanos presentan modelos y
general, lejos de estar en conflicto, se necesitan y complementan
pormenores idiosincrásicos. Lo mismo sucede entre pueblos me-
mutuamente. Una cultura generalizada en la que se hubieran di-
nos primitivos —chinos, indios, latinamericanos—, cuyos valores
fuminado las diferencias locales envejecería y moriría pronto: le
e instituciones manifiestan rasgos característicos. Se necesita co-
faltaría la interacción vital de sus partes y, con ello, el fermento
nocer esas formas de variación cultural para poder elaborar un
creativo y la espontaneidad. Por el contrario, un particularismo
pensamiento social realista. Una actitud de tolerancia y de sim-
autosuficiente sería algo demasiado envarado, famélico y enco-
patía hacia los diferentes valores que se encarnan en las dis-
gido para asegurar una vida cultural rica. De ahí que estemos
tintas culturas, es un signo claro de una mentalidad prudente
forzados a abandonar tanto el ideal de una autarquía local abso-
y universal. El cosmopolitismo puede estar abocado a un exce-
luta como el ideal de un universalismo indiferenciado, abogando,
so: al aceptar por igual toda cultura, podemos no sentirnos vin-
en cambio, por una interpenetración de estos dos «polos» apa-
culados a ninguna. Un espíritu maduro rehuye la «ilusión de po-
rentemente opuestos: lo universal da amplitud a lo particular
sición», es decir, la tendencia a juzgar toda cultura humana en
y éste, a su vez, presta concreción a lo universal. La solución
términos de una herencia peculiar y a condenar toda posible va-
riación de las normas de un grupo dado. 14
LIN YUTANG, The wisdom of India and China. Random House, New
Para determinar, pues, la base moral de la paz mundial, York 1942, 774.
152 El relativismo

válida consiste en unificar las lealtades amplias con las estrechas


y en fomentar una articulación variada y descentralizada de los 6
intereses de grupo para eliminar las injusticias y las disposicio-
nes rapaces que se interfieran con una fidelidad más universal.
Hacerlo de otro modo, supondría disolver sin el más mínimo
El grupo y el individuo
escrúpulo en una sola organización mundial culturas nacionales
tan diversas como la china, la rusa, la alemana y la americana;
no haríamos justicia a las ricas variaciones culturales que esas
culturas encierran.
Para concluir, ni el relativismo ni el absolutismo, como teo-
rías extremas y exclusivistas, responden a las necesidades del
mundo. Precisamos ideas que sean a la vez flexibles y compren-
sivas. Necesitamos combinar lo universal y lo particular, la in-
mutabilidad y el dinamismo.
1. El lugar del bien
intrínseco

Rechazar el relativismo supone admitir que el bien presenta


un significado objetivo y general. A pesar de la posible varia-
ción de sus fuentes, el bien en sí mismo ha de ser común, en uno
u otro sentido, a muchas vidas, grupos u objetos. Empezaré este
capítulo contestando a la siguiente pregunta: «¿Cuál es la na-
turaleza del bien?» Entiendo en este contexto por bien lo que
es bueno como fin, por sí mismo, y no de un modo puramente
instrumental. Una primera aproximación a su respuesta podría
consistir en indicar dónde se encuentra el bien. ¿Dónde se da?
¿Cuál es su lugar?
El lugar del bien no puede estar en un mundo totalmente
privado de vida. La indiferencia no se compagina con el valor.
No puede darse ningún valor intrínseco— ninguna bondad o mal-
dad— en un mundo que fuera tan completamente neutro que
se mostrara incapaz de establecer ninguna diferencia. Ahora bien,
a mi forma de ver, sólo sería completamente neutral un mundo
en el que en ningún tipo de criatura —animal, humana o divi-
na— se hubiera despertado jamás el más mínimo destello de
agrado o desagrado. Pienso que la desaparición de todo tipo de
valor únicamente podría darse en un universo en el que todo ser
154 El grupo y el individuo El lugar del bien intrínseco 155

viviente o hubiera sido aniquilado o hubiera quedado convertido hacerlo. Un universo total y eternamente carente de vida no po-
en una especie de autómata inconsciente, de tal forma que, en seería ningún valor real. Comprendo que, a pesar de que estas
ningún momento y en ningún lugar, se produjera la más peque- afirmaciones me parecen evidentes, no puedo demostrarlas de
ña chispa de sentimiento, emoción, deseo o curiosidad. El menor ningún modo.
estremecimiento de interés experimentado por cualquier criatu-
ra viviente vale más que todo un universo sumido en una muer- Por otra parte, he de confesar que algunos autores no esta-
te eterna. Y es que el interés es un valor o un componente rían de acuerdo con mi posición. El profesor G. E. Moore, por
o acompañante indispensable del mismo. Un universo muerto ejemplo, ha defendido la posibilidad de que la belleza existe in-
carece de todo valor. dependientemente de todo interés y que, cuando se encuentra
en ese estado, puede ser calificada de intrínsecamente buena.
Utilizo aquí el término interés en un sentido que incluye Moore nos pide que consideremos dos alternativas:
toda actitud de agrado o desagrado, de aprecio o desprecio, de
preferencia, selección, estimación o valoración. Implica sentimien- Imaginemos un mundo excesivamente bello. Imagínesele tan bello
tos, emoción, deseo, tendencia o cualquier otra actitud similar. como se quiera: póngase en él todo lo que más se admire en esta
Con ello quiero decir que fuera del interés así definido nada pue- tierra —montañas, ríos, mar, ocasos, estrellas y luna—. Imagínese
todo esto combinado en la más exquisita de las proporciones, de tal
de poseer totalmente un valor intrínseco. No trataré de contes- modo que ninguna cosa choque contra otra, sino que contribuya a
tar por ahora a la pregunta acerca de dónde reside exactamente aumentar la belleza del conjunto. Imagínese, entonces, el mundo más
el valor: si en el interés, en el objeto de interés o en la relación feo que pueda concebirse. Imagínese simplemente un montón de
existente entre ambos. Me limito a afirmar que un valor intrín- basura, que contenga todo lo que nos es más repelente, sea por la
razón que fuere, y al conjunto, en la medida de lo posible, despó-
seco exige, en uno u otro sentido, un interés. jesele de toda característica redimible.1
Es cierto que puede existir un valor extrínseco o instrumen-
mental —un valor de medio respecto a un fin— sin que nin- Moore defiende que sería mejor que existiera el mundo be-
guna criatura se interese directamente por él. Las vitaminas eran llo que el mundo feo, aunque nadie lo contemplara nunca. Paso
útiles antes de que fueran descubiertas; sin embargo, nadie se a discutir esta postura y a rechazar la hipótesis de que la belleza
interesó por ellas. Con todo, su utilidad depende de su relación pueda existir en ese estado.
de medios respecto a valores intrínsecos: de este modo, los va- Creo que la belleza no puede existir al margen del interés,
lores instrumentales dependen, indirectamente o en último tér- dado que, para mí, la belleza no está sólo en el objeto, ni sólo
mino, del interés. Si ninguna criatura hubiera experimentado en la conciencia, sino en la relación existente entre ambos. Una
nunca ningún interés por el conocimiento, es decir, ninguna pre- bella puesta de sol, por ejemplo, puede contemplarse con faci-
ferencia, no se utilizarían hoy las vitaminas: en un mundo desin- lidad; es, por así decirlo, apta para ser apreciada y percibida;
teresado, neutral, la salud no representaría un valor frente a sentimos que existe una armonía entre su manifestación y nues-
la enfermedad. tras facultades. Si así no fuera, no podríamos considerarla her-
mosa. Es evidente que, cuando apreciamos la belleza, nuestra
También es cierto que en un universo sin vida podría existir
atención se concentra en el objeto y en su disfrute y que, como
un valor potencial. Tal vez ese mundo fuera, por ejemplo, bello,
estado psicológico, está en el umbral o límite de la conciencia.
pero no podría ser calificado de tal hasta que aparecieran en él
Esta es la causa de que no seamos totalmente conscientes del
seres humanos o cualquier otro tipo de criaturas que pudieran
apreciar su belleza potencial. Es decir, su valor no sería actua- 1
Principia ethica. Traducción de Adolfo García Díaz. Centro de
lizado si no nacieran en ese mundo seres animados capaces de estudios filosóficos, U.N.A.M., México 1959, 79.
156 El grupo y el individuo El lugar del bien intrínseco 157

lado subjetivo de la relación. De ahí que otorguemos el valor Recordemos todo lo que hemos dicho hasta aquí. Hemos
al objeto aparentemente independiente y no al objeto en rela- afirmado que un valor supone una no indiferencia y que sin
ción con la actitud de apreciación. Esta es la razón de que la interés no hay diferenciación posible. Puede pensarse que, dadas
belleza parezca existir completamente al margen de nosotros. estas premisas, la conclusión está muy clara: el lugar del valor
Cuando, sin embargo, nos ocupamos de analizar la naturaleza es el individuo, pues sólo él, y no el grupo, es susceptible de
de la belleza, hallamos que implica una relación entre un obje- experimentar un interés. Esta es exactamente la posición que
to apreciado y un organismo que lo aprecia, y que no puede exis- adopta Ralph Bar ton Perry:
tir divorciada de todo interés o apreciación.
Aun en el caso de que algo pudiera existir así, sería enton- Si «bueno» fuera un simple adjetivo que implicara una cualidad
o característica imposible de analizar, no tendría ninguna relación
ces una cualidad neutral y no un auténtico valor. ¿De qué se esencial ni con individuos ni con ninguna otra cosa. Sería imposible
diferenciaría o qué valor podría tener si no hubiera despertado saber a qué está agregado, a no ser que contempláramos los objetos
nunca el más mínimo interés? Al profesor Moore le repugna y viéramos que eran de hecho buenos —o indiferentes o malos—.
la imagen de la fealdad y se deleita con el pensamiento de la Frente a las posiciones que defienden cualquier tipo de intuicionis-
belleza, pero tal vez no valore convenientemente el hecho de que, mo, lo que aquí se deduce es la afirmación, que yo suscribo, de que
la bondad de algo consiste en su relación con un sentimiento, deseo,
en su ejemplo imaginario, «se interesa» por concebir un universo emoción o cualquier otra actitud similar. Una vez entendido esto,
bello aunque carente de vida. En su experiencia existe, evidente- habría que resolver el problema de dónde se han de buscar las ac-
mente, un valor, pero es fácil dejarse engañar por la suposición titudes de aprobación y desaprobación. La respuesta de la democra-
de que el valor existe más allá de la experiencia. El valor se- cia social es que se encuentran en los individuos, y sólo en ellos;
es decir, en uno o más de esos seres de carne y hueso, nacidos de
guiría indudablemente existiendo si incluyéramos en ese uni- mujer, sometidos a la muerte tras un período de setenta años aproxi-
verso imaginario un organismo que fuera susceptible de apreciar madamente, que tienen un nombre propio y que son susceptibles de
la belleza, pero no podríamos decir que continuara dándose si figurar en el censo de una población.2
tal organismo desapareciera.
En todo caso, el valor carece de importancia para nosotros Podríamos dar inmediatamente la razón a Perry, si no fuera
a menos que nos sintamos interesados por él. Nos interesa lo porque también contamos con afirmaciones contrarias según las
que está dentro de los límites de la capacidad de comprensión cuales un grupo puede tener intereses que quizá difieran bas-
humana. Nos preocupan aquellos valores que encontramos en tante de la simple suma de los intereses de todos sus miembros.
nuestra vida y no los que podríamos suponer o imaginar que Rousseau, con su famosa teoría de la «voluntad general», podría
existen más allá de toda vida. Para nosotros, la vida es el lugar ser considerado como un genuino representante de esta posición.
del valor intrínseco, y la vida que más nos interesa es la vida Rousseau señala que el «cuerpo político», como el cuerpo indi-
humana. vidual de un hombre, presenta una especie de coherencia interna
¿Qué clase de vida humana? ¿Se da el bien en el individuo y de interacción orgánica de sus partes, concluyendo, por ello,
o en el grupo? Esta pregunta reviste una extraordinaria impor- que tiene un yo y que es un ser moral con voluntad propia.
tancia. Empezaremos considerando dos respuestas que se han
dado a ella y que constituyen dos polos opuestos: la que podría- Individualmente tomado, el cuerpo político puede ser considerado
como un cuerpo organizado y vivo semejante al del hombre... La
mos llamar del «individualismo extremo» y la que podríamos vida de ambos cuerpos es el yo común a todo el conjunto, la sensi-
llamar del «colectivismo extremo». Consideraremos después si
no cabe ninguna otra alternativa entre estos dos extremos o si, 2
Puritanism and democracy (Puritanismo y democracia). Vanguard
por el contrario, existe una tercera vía intermedia. Press, New York 1944, 440-441.
158 El grupo y el individuo El individuo como lugar del valor 159

bilidad recíproca y la correspondencia interna de todas las partes... 2. El individuo como


Por ello, el cuerpo político es también un ser moral poseedor de lugar del valor
una voluntad; y esta voluntad general que tiende siempre a la con-
servación y al bienestar del conjunto y de cada parte, es la fuente
de las leyes y constituye para todos los miembros del estado, en sus
relaciones mutuas y en sus relaciones con él, la regla de lo justo y Puede que no haya una forma mejor de ilustrar la ética del
de lo injusto.3 individualismo extremo que la exposición de la filosofía de Tho-
mas Hobbes (1588-1697), uno de sus máximos representantes.
De un modo claro, Rousseau subraya la distinción que existe Resulta más fácil entender a Hobbes si antes hacemos una breve
entre la voluntad general y la simple suma de voluntades par- referencia a las características principales de su personalidad y de
ticulares: la época en que le tocó vivir. «El miedo y yo somos gemelos»,
declaró para achacar el temor anormal que constantemente pade-
A menudo existen muchas diferencias entre la voluntad de todos cía al hecho de que su nacimiento coincidiera con el momento en
y la voluntad general; la segunda considera el interés común, mien- que la escuadra española amenazaba con destruir la armada in-
tras la primera tiene en cuenta el interés privado y se reduce a la glesa. Esta tendencia temperamental sería reforzada por el carác-
simple suma de las voluntades particulares.4 ter de su época, un período ensangrentado de guerras civiles,
en el que el rey Carlos I era públicamente decapitado y la nación
Resumamos ambas soluciones: por una parte, tenemos la teo- entera quedaba sumida en el pánico. En su obra Behemoth,
ría de que el lugar del bien es siempre el individuo y de que describió Hobbes la guerra civil como un estado terrible de ile-
el bien del grupo o de la sociedad se reduce a la suma de los galidad, desorden y anarquía; en Leviatán, su libro más famoso,
bienes individuales. Una cosa es mi bien y otra el tuyo; nunca expuso las extremas medidas que habían de aplicarse necesaria-
se da un bien común que los sintetice en una unidad o que mente para reprimir la anarquía, frenar el desastre y garantizar
exista al margen de tu bien, del mío o del de otros individuos. la seguridad de todo individuo.
Por otra parte, tenemos la teoría de que existe un interés gene-
O t r o de los móviles que, junto al miedo, presidió la vida
ral o común del grupo, cuya realización o cumplimiento consti-
de Thomas Hobbes fue su intento por descubrir los hechos reales
tuye un bien distinto a la suma de los intereses individuales.
que se dan en la existencia. Procuró que los determinantes ex-
Consideremos ahora por separado cada una de estas posicio- clusivos de sus creencias fueran siempre la razón y la evidencia,
nes. Creo que el punto de vista de Perry es esencialmente co- por lo que se esforzó constantemente para mantener a raya toda
rrecto; pero, si examinamos de cerca la posición de Rousseau, emoción y sentimiento. Amigo de Francis Bacon, contemporáneo
veremos que no está tan exenta de verdad como para que recha- y conocido de Descartes, y admirador de Kepler, Galileo y Har-
cemos de plano el individualismo extremo. vey, no es de extrañar que se sintiera impulsado a estudiar los
nuevos desarrollos de las ciencias naturales y a aplicar sus mé-
todos a los campos filosófico y político.
Constituía una idea bastante extendida entre los científicos
de su época que todo cuerpo material se reduce a un agregado
1
A discourse on political economy (Discurso sobre economía polí- de átomos, cada uno de los cuales, como Newton expusiera más
tica), en Social contract and discourses (El contrato social y discursos). tarde, es «una partícula sólida, maciza, dura, impenetrable y di-
Dutton, New York 1913, 253. Traducción castellan: Discurso social.
Espasa Calpe, Madrid 1969; Discurso sobre el origen y los fundamentos námica». 5 Tanto los científicos como los filósofos se sentían muy
de la desigualdad entre los hombres. Península, Barcelona 1970.
5
4
El contrato social, en Ibid., 25. ISAAC NEWTON, Opticks (Óptica). W. y J. INNYS, London 21717, 375.
El individuo como lugar del valor 161
160 El grupo y el individuo
otros... Estas operaciones no sólo son propias de números, sino tam-
inclinados a entender el mundo como una máquina o un conjunto bién de pensamientos que puedan ser añadidos a otros y tomados de
de máquinas. Ahora bien, una máquina se compone de partes otros... En resumen, en cualquier clase de materia en donde haya
distintas, las cuales, aunque tal vez se encuentren engranadas, lugar para la adición y la sustracción, hay también lugar para la ra-
zón; y donde éstas no tengan cabida, la razón no tiene nada que
conservan siempre su identidad específica. Un neumático, por hacer.6
ejemplo, separado de un automóvil, sigue siendo un neumático;
pero un corazón no puede ser extirpado de un organismo bioló-
Esta concepción del proceso de razonamiento supone que un
gico sin que deje de ser lo que es, e, indudablemente, sin que
conjunto de partes no es una unidad orgánica, sino un agregado
pronto se inicie en él un proceso de descomposición. Por consi-
de elementos discontinuos que pueden ser libremente añadidos y
guiente, puede decirse que una parte de una máquina es mucho
sustraídos. Asentadas estas premisas, sólo había que dar un paso
más un «individuo» que una parte de un organismo. Influido
para concebir la sociedad como un simple agregado de individuos
por la ciencia de su época, Hobbes era propenso a pensar que un
egoístas.
conjunto cualquiera está compuesto de átomos aislados o de par-
tes individuales como las de un mecanismo, y trató de explicar El punto de vista atomista salía, además, fortalecido con la
de igual manera al hombre y a la sociedad. negación de Hobbes a admitir la validez de las ideas supuesta-
mente universales. Pensó que es lo particular, y no lo universal,
Las fuerzas económicas de la época reforzaron estas ideas. Se
lo único real. Lo que llamamos universal se reduce a un simple
trataba de un período en el que el capitalismo naciente empezaba
nombre con el que hacemos referencia a muchos individuos. De
a defender la «empresa individual» contra el colectivismo y el
este modo, «hombre» no tiene otro significado que el de ser una
absolutismo monárquico. El hombre de negocios deseaba sustituir
palabra; la realidad pertenece siempre al hombre concreto. A
las relaciones basadas en un status social predeterminado por las
partir de estos supuestos, Hobbes elaboró una interpretación
del contrato libre. Se insistía en el derecho del individuo empren-
nominalista de los grupos y de las organizaciones que afectaba
dedor —concebido como un ser separado y egoísta— a decidir
incluso al estado. Les llamó «cuerpos artificiales» —una de las
su propio destino económico. Hobbes conoció de cerca estos pri-
formas de ficción—, concibiéndolos como puras máquinas al ser-
meros desarrollos del capitalismo que, aunque sólo empezaban a
vicio de los individuos, quienes son, a fin de cuentas, la única
dejarse sentir en su época, influyeron, en cierta medida, en su
realidad.
pensamiento.
Según él, el mundo está constituido por cuerpos extensos
Sobre estas bases, Hobbes levantó una teoría materialista y
sometidos a un constante movimiento; el ser humano mismo es
mecanicista de la realidad y una teoría individualista del hombre
un cuerpo material, una especie de máquina perfeccionada, sepa-
y de la sociedad. Sólo me detendré en aquellas partes de su filo-
rada y distinta de las otras. Cuando esta máquina se pone en
sofía que ilustren mejor su individualismo ético.
contacto con otros cuerpos, responde con un movimiento propio
El fundamento general de sus doctrinas individualistas lo cons- que toma la forma de lo que llamamos sensación. Una sensación
tituye la tesis de que un conjunto se reduce a la simple suma de es un movimiento vibratorio de partículas: «sólo un movimiento
sus distintas partes, afirmación contenida, como acabamos de ver, en los órganos de los sentidos». «La imaginación es un sentido
en su atomismo mecanicista. Creyó que todo razonamiento es una decadente», y «la memoria» otra forma del mismo. La «tenden-
especie de adición y sustracción de elementos discontinuos. cia», la «voluntad» y el «deseo» se reducen a simples movimien-

Cuando un hombre razona, en realidad no hace otra cosa que o 6


Leviatán, en The english works of Thomas Hobbes (Obras inglesas
concebir una suma total a partir de una adición de elementos sim-
de Thomas Hobbes). Bohn, London 1839, III, 29-30.
ples o concebir una resta a partir de una sustracción de una suma de
162 El grupo y el individuo El individuo como lugar del valor 163

tos en el sistema nervioso. Llamamos «bueno» a lo que es objeto mar, ni se construyen viviendas confortables, ni se hace uso de ins-
trumentos de transporte; en resumen, no existe nada que exija algún
de deseo o a la tendencia a ello; y «malo» a lo que es objeto de tipo de esfuerzo. Se desconoce la superficie de la tierra, no se mide
aversión o al movimiento que lo repele. El bien y el mal son el tiempo, no se practican las artes ni las letras; no existe la socie-
siempre relativos a las mociones o voliciones de los individuos, no dad; y, lo que es peor, el miedo y el peligro de muerte violenta
habiendo nada que justifique la creencia en un bien social objetivo. constituyen una constante amenaza; la vida del hombre es solitaria,
pobre, mezquina, brutal y breve.10
Según esta posición, toda persona está motivada exclusiva-
mente por impulsos egoístas. En un pasaje muy característico, He aquí la intolerable condición del hombre antes de que se
Hobbes compara la vida a una carrera: creara el estado civil. Para poner fin a esta situación, los hom-
bres se asocian y nombran a un soberano para que implante la
Imaginemos una carrera que, a pesar de su importancia, no tenga paz haciendo uso de un poder ilimitado. El «contrato social»,
ni meta ni trofeos. Lo que llamamos apetito es el esfuerzo que po- que establece el poder absoluto del soberano, es un acuerdo entre
nemos en ella. El descuido es la sensualidad. Reparar en los que van individuos asocíales y egoístas con miras a su supervivencia. Sólo
detrás de nosotros es el orgullo. Tener en cuenta a los que nos la fuerza desnuda del poder soberano, constituido expresamente
aventajan es la humildad... Ver caer a otros es lo que nos provoca
risa. Cuando somos nosotros los que de improviso caemos, nos sen- para este fin, puede obligar a seres humanos egocéntricos a que
timos predispuestos para el llanto. Ver que, en contra de nuestros vivan juntos y en paz, ya que «los pactos sin la espada no son
deseos, alguien se queda rezagado es la compasión. Ver que, en contra sino palabras y carecen de fuerza para garantizar al hombre una
de nuestros deseos, alguien se adelanta es la indignación. Mantenerse seguridad total».11 Sin la fuerza del estado para obligar a los
junto a otro es el amor. Transportar a otro es la caridad. Dañarse a hombres a la obediencia civil, recaerían en el estado de anarquía.
uno mismo por ir demasiado deprisa es la vergüenza. Ir constante-
mente rezagado es la miseria. Adelantar constantemente al que nos Al ver que la única elección posible se limita a estos dos extre-
aventajaba es la felicidad. Y abandonar la pista es morir? mos, los hombres prefieren el látigo de la tiranía al alacrán de la
anarquía: abandonan la libertad anárquica por la acorazada
Movida por su interés, cada persona entra en conflicto con seguridad.
todas las demás. «Si dos hombres desean lo mismo y no pueden Parece claro que Hobbes se está aquí pronunciando en favor
poseerlo juntos, declara Hobbes, se convierten en enemigos y se de una forma extrema de individualismo: la naturaleza básica del
esfuerzan por destruir o someter al otro».8 Por otra parte, hay hombre es antisocial; las relaciones sociales son algo artificial; el
que tener en cuenta que el deseo humano es insaciable: todo estado no pasa de ser un artificio creado por el miedo y mante-
hombre está impulsado «por un deseo constante e incansable de nido por la fuerza. El poder absoluto del que está investido el
alcanzar más poder, que sólo extingue la muerte».9 Impelidos así, soberano es el precio que han de pagar los individuos para ga-
cada uno ataca a su vecino y, a la vez, es atacado por éste. La rantizar su seguridad. Toda acción, sea pública o privada, no
consecuencia es «la lucha de todos contra todos», un estado de está hecha sino por individuos. La sociedad no es más que un
anarquía total que Hobbes describió en un famoso texto: simple medio.12
Para aceptar el individualismo ético no hay necesariamente
En tal situación, no hay lugar para la industria porque su pro-
ducto es incierto: en consecuencia, no se cultiva la tierra; no existe
la navegación; no se utilizan materiales que se hayan de llevar por " Ibid., 113.
" Ibid., 154.
a
7 Véase GEORGE H. SABINE, A history of political theory. Holt, New
Human nature (ha naturaleza humana), en Ibid., IV, 53. York 21950, 467, 474-475. Hay traducción castellana: Historia de la teoría
8
Leviatán, l. c, 111. política. Fondo de Cultura Económica, México 1965.
' Ibid., 85-86.
164 El grupo y el individuo El grupo como lugar del valor 165

que suscribir todas y cada una de las ideas de Hobbes. Está claro a su influjo. Todas nuestras modernas ideologías políticas son itrm
que algunas de sus opiniones se han quedado anticuadas y que muestra palpable de la fuerza, la duración y la permanencia de lux
principios instaurados y defendidos por Hegel en su filosofía del
muchas incurren en un agudo extremismo. Con todo, las teorías derecho y en su filosofía de la historia... Un historiador planteaba
extremas del pensacjor inglés sirven para poner de relieve la tesis recientemente la cuestión de si la guerra de los rusos y la invasión
del individualismo ético según la cual el valor intrínseco se de los alemanes de 1943 no serían, en el fondo, un conflicto entre
encuentra sólo en el individuo. Pasemos ahora a considerar el la izquierda y la derecha hegelianas. Puede que esta afirmación resulte
punto de vista radicalmente opuesto. exagerada, pero no le falta una base de verdad.13

El punto de partida y el fundamento de la filosofía de Hegel


hay que buscarlos en su idealismo absoluto, esto es, en su tesis
3. El grupo como de que todo lo real es un sistema unificado del espíritu o de la
lugar del valor conciencia. Los procesos naturales se dan dentro del campo del
espíritu y se reducen, en última instancia, a los razonamientos
de dicho espíritu. Las leyes científicas no son sino una copia
La teoría del colectivismo extremo ha abarcado amplios pe- exacta del pensamiento universal y los estadios de la historia
ríodos de la historia, ya que ha sido apoyada por numerosos pen- el despliegue del mismo. Todo espíritu y, en definitiva, todo lo
sadores. Puede decirse que hallamos elementos de ella en Platón que existe es una parte de ese vasto conjunto; no existen partes
y Aristóteles, que tuvo gran aceptación durante la edad media, realmente separadas a la manera de átomos impenetrables o de
y que Rousseau, Hegel, Durkheim, Bosanquet, Gentile y muchos conciencias subsistentes y encerradas en sí mismas. El significado
otros escritores modernos la han aceptado con más o menos re- de cada una de las partes ha de hallarse en su relación con las
servas. Ha ejercido una gran influencia en la formulación de la demás y con el conjunto. Al expresar estas ideas, Hegel estaba
ideología fascista y, en gran medida, ha inspirado la doctrina haciéndose eco del movimiento filosófico que predominaba en la
comunista. Alemania de su época.
Su representante destacado es Georg Wilhem Friedrich He-
gel (1770-1831), el filósofo alemán más importante posterior a Al mismo tiempo, Hegel recibiría la influencia de los estudios
Kant. No sólo fue Hegel el más devoto y sistemático portavoz que la ciencia estaba llevando a cabo sobre los organismos y que
del organicismo social, sino también el que ha ejercido una ma- día a día se veían coronados por nuevos éxitos. La biología co-
yor influencia. Antes que él, los filósofos se habían interesado menzaba a desarrollarse con extraordinaria celeridad y ya Buffon,
por las actividades políticas e incluso algunos habían participado Erasmus Darwin, Lamarck y Goethe habían arrojado mucha luz
en ellas. Platón intervino, en cierta medida, en las intrigas polí- sobre la comprensión de las estructuras y las funciones de la vida
ticas de Siracusa; el Leviatán de Hobbes era lo bastante peligroso orgánica. En su Crítica del juicio, Kant había subrayado las ca-
como para despertar la ira tanto de Cromwell como de Carlos II; racterísticas distintivas de un organismo en el que se da una
la revolución americana debió mucho a las ideas de Locke, y lo interdependencia sistemática de sus partes, por ser éstas causas y
mismo puede decirse de la revolución francesa respecto a Rous- efectos en sus relaciones mutuas y en sus relaciones con el con-
seau. Sin embargo, Hegel excedió en mucho la influencia de junto. Las hojas de un árbol, por ejemplo, dependen del tronco;
todos ellos. Como Ernst Cassirer ha observado: el tronco, a su vez, depende de las hojas, y ambos contribuyen y
son gobernados por el equilibrio dinámico del conjunto.
Ningún sistema filosófico ha ejercido una influencia tan grande y
tan duradera en la vida política como la metafísica de Hegel... Es 13
Tbe myth of the state (El mito del estado). Yale University Press,
difícil encontrar un sistema político importante que se haya resistido New Haven 1946, 248-249.
166 El grupo y el individuo El grupo como lugar del valor 167

Esta doctrina de las relaciones orgánicas entre la parte y el gularizan. Si examinamos los intereses comunes de un grupo en
todo ocupa un lugar fundamental en el pensamiento hegeliano. concreto, veremos que no concuerdan con los de sus propios
Para Hegel, el universo es una inmensa unidad orgánica com- miembros. Cuando una muchedumbre se comporta de un modo
puesta de unidades igualmente orgánicas. En una unidad orgá- diferente a como lo harían individualmente sus miembros, está
nica, cada parte es, en lo más profundo de su ser, una relación; manifestando, a un nivel exagerado y patológico, un hecho bá-
no puede ser aislada sin que su carácter se modifique o acabe por sico y fundamental: que todo grupo tiene un «espíritu de cuerpo»,
destruirse; su valor y su carácter son, como la frase musical de unos intereses comunes, una voluntad social, una especie de con-
una sonata, dependientes y derivados de sus relaciones con el ciencia colectiva. Todos hemos experimentado en alguna ocasión
conjunto. El modelo del conjunto es anterior e inmanente a las el sentimiento y la forma de pensar de nuestro grupo, la sensa-
partes; algo parecido a lo que sucede con el cuerpo humano cuyo ción de sumergirnos en algo que nos trasciende, de estar domi-
plan general se encuentra en todas sus partes y las gobierna. nados por el espíritu de nuestra colectividad.

Como cada cosa guarda una relación esencial con las demás, Hegel derivará de estas premisas su concepción de la liber-
no puede captarse su verdad sino en función de dicha relación. tad. Rechaza la idea de que la libertad puede residir en algo
La verdad está en el conjunto, y cuando consideramos aislada- negativo, como sería la ausencia de toda restricción. No podemos
mente cada una de sus partes integrantes no hacemos otra cosa encontrar la libertad en el rechazo de todo lo que nos exigen las
que mutilarla. De este modo, la visión se enriquece con la con- relaciones que nos rodean. Concebida así, la libertad sería algo
templación de la unidad del todo y se empobrece con la consi- ilusorio, porque el individuo separado y aislado no pasa de ser
deración aislada de las partes. Ninguna proposición es totalmente algo vacío e irreal. Tampoco podemos hallar la libertad en la
cierta si la tomamos por separado, porque nada que consideremos autoafirmación. La grandeza de un hombre depende de su grado
al margen del conjunto es totalmente real. de participación; si sólo afirmara su propia dignidad, se situaría
a un nivel evanescente. No conseguiremos, en fin, una felicidad
Este punto de vista preside la filosofía social hegeliana. El coherente si buscamos la libertad en el terreno del interés irra-
individualismo es falso, según Hegel, porque los individuos sepa- cional y antojadizo. La libertad exige organización y disciplina,
rados son irreales. Más allá de sus relaciones sociales, los seres coherencia de una personalidad que se expresa a sí misma en una
humanos son tan artificiales e insustanciales como una personi- acción conexa y esforzada. Sólo la participación social constituye
ficación alegórica. Su configuración y constitución dependen to- la base y la auténtica dimensión de la libertad. El único medio
talmente de las fuerzas sociales que los penetran, de las costum- que tiene el hombre de llegar a ser libre consiste en obtener un
bres, tradiciones, instituciones y vida cultural de la comunidad. profundo conocimiento de sí mismo a través de las múltiples
relaciones que puede entablar con las cosas, con los demás y con
Un grupo social es algo más que un simple agregado, que la las instituciones que son la encarnación de la vida colectiva.
suma aritmética de sus partes. La nota distintiva de un agregado
es que se pueden unir o separar sus partes sin que se produzca Ahora bien, ¿qué sucede cuando una persona se opone a la
ningún cambio esencial en sus características internas. Ningún sociedad? ¿Qué ocurre cuando un hombre esencialmente indivi-
grupo social genuino es un agregado de este tipo: sus miembros dualista se niega a identificarse con las instituciones sociales? ¿No
son totalmente interdependientes, ya que son las relaciones que está exigiendo entonces su libertad la necesidad de admitir que
mantienen entre sí y con el conjunto las que sostienen su activi- existe una voluntad privada e individual? Para contestar a estas
dad. Todo individuo está marcado por las características de su preguntas, Hegel distingue en el hombre entre una «voluntad
grupo, por la unidad concreta e irremediable que configura al real» y una «voluntad aparente». Todo individuo presenta dos
conjunto y por la estructura y las funciones sociales que lo sin- voluntades, una irracional e inmediata, y la otra real, racional y
168 El grupo y el individuo
El grupo como lugar del valor 169

previsora. La primera es individual y la segunda social. Mi volun- cultural. En su extenso campo, el individuo encuentra menos
tad real y la tuya coinciden. Las voluntades combinadas de todos intimidad que en la familia, pero, a cambio, obtiene una panorá-
los ciudadanos constituyen la «voluntad general» de la sociedad, mica mayor. El análisis hegeliano de la sociedad civil, en el que
que es, como quería Rousseau, algo más que la suma de sus par- se interesa especialmente por las actividades económicas y los de-
tes, una síntesis creadora, un organismo en el pleno sentido de la rechos de propiedad, viene caracterizado por un abierto recono-
palabra. Esta voluntad, que quiere lo mejor para ti y para mí, es cimiento de sus tendencias anárquicas: el conflicto de intereses
el guardián de los valores morales de la sociedad y está encarnada privados, la lucha de grupos económicos y la confusión de institu-
en sus tradiciones, en sus instituciones y, sobre todo, en el esta- ciones competitivas. Sin embargo, no todo es anarquía: cada indi-
do. Cuando nos fundimos con dichas tradiciones e instituciones viduo o grupo, al perseguir sus intereses privados o particulares,
y nos identificamos con el estado, seguimos nuestra propia volun- contribuye a la creación de un sistema de interdependencia social
tad, logrando esa universalidad y disponibilidad social en la que encarnado, V<3£ ejemplo, en la división del trabajo. Obrando de
radica la auténtica libertad. este modo, amplía el área de la libertad y de la asociación racio-
Hegel distingue tres estadios en la realización de la libertad. nal. Con todo, dada la tendencia a la anarquía que existe en la
El primer estadio es la participación del individuo en la familia. sociedad civil, es necesario acceder a una fuerza vinculante o sin-
Al vivir en el círculo familiar, los individuos pierden su ridicula tética que integre a todos los individuos e instituciones diver-
independencia y participan en un conjunto más amplio y pro- gentes en un organismo social supremo. Esta unificación se con-
fundo. Cada familia tiene su propio carácter y su ambiente espe- sigue en y por el estado.
cífico: ninguna es exactamente igual a otra. La unión de sus El tercer estadio de la libertad es, pues, la participación del
miembros crea un pequeño organismo social, una especie de per- individuo en el estado. En él reside la culminación de la libertad,
sonalidad colectiva, un espíritu de cuerpo. Al compartir esta vi- ya que al conseguir la mayor y más profunda integración de los
da común, cada individuo aprende que el amor significa aban- intereses, el estado proporciona al individuo la forma más rica
donar una existencia egoísta. Hegel afirma: de participación social. De ahí que lo que exige del individuo
sea mayor que lo exigido por la sociedad civil. Hegel explica:
En general, el amor significa la conciencia de mi unidad con otro,
de tal forma que ya no estoy aislado de mí mismo: efectivamente, Si el estado fuera sustituible por la sociedad civil y si sus princi-
renunciando a mi ser explícito o a mi independencia, adquiero un pales funciones se redujeran a asegurar y proteger la propiedad y la
conocimiento de mí mismo. De este modo, me reconozco en la uni- libertad personal, el objetivo último de la unión social sería el inte-
dad de mi yo con el de otro y del yo de otro con el mío.14 rés del individuo como tal. La opción de pertenecer o no al estado
quedaría relegada al criterio del individuo. Ahora bien, el estado
La libertad de cada miembro de la familia consiste precisa- tiene con éste una relación totalmente diferente. El estado es el
espíritu objetivo, y el individuo encuentra su verdad, su existencia
mente en su diferenciación y unión en la vida común. real y su estatuto moral sólo como miembro de aquél. Su auténtico
fin y contenido es la unión como tal, dado que el individuo está
El segundo estadio es la participación del individuo en la llamado a acceder a una vida universal. Sus satisfacciones particula-
sociedad civil. Estamos en el ámbito de las instituciones, más res, sus actividades y su forma de vida tienen su origen y resultado
amplio que el de la familia pero más estrecho que el del estado. en este genuino y sustantivo principio.15
Incluye la escuela, la iglesia, el grupo económico y la asociación
Hegel sigue diciendo que en el estado ideal, «el interés pri-
14
The philosophy of right (Filosofía del derecho), nota de la sección
15
158. Citado por HUGH A. REYBURN, The ethical theory of Hegel (La teoría The philosophy of right (Filosofía del derecho). Traducción al inglés
ética de Hegel). Clarendon Press, Oxford 1921, 208. de S. W. Dide. Bell, London 1896, 240.
17(1 El grupo y el individuo Teoría de los niveles de integración 171

vado de los ciudadanos se identifica con el interés común del Ese fin último, que es el estado, explica Hegel, tiene un dere-
estado» y que «el primero encuentra su gratificación y su reali- cho supremo sobre los individuos, cuyo supremo deber es ser miem-
zación en el segundo». 16 Aunque no se haya alcanzado el estado bros del estado.20
ideal, el estado real comunica sus valores esenciales a los ciuda-
danos individuales. Aunque Hegel divinice al estado, no trata de abolir las dis-
tinciones individuales. A diferencia de los modernos fascistas,
cree que la libertad exige la diferenciación de las partes.
El estado, sus leyes y sus disposiciones constituyen los derechos
de sus miembros; sus características naturales, sus montes, su aire
y sus aguas son el país, la patria y las propiedades materiales exter- La únicajtiorma esencial que confiere profundidad y autenticidad
nas de los ciudadanos del estado; la historia del estado son las a la libertad consiste en conceder a todo asunto que pertenezca a los
hazañas de éstos; lo que han hecho sus antepasados les pertenece y intereses generales del estado una organización separada en aquellos
perdura en su recuerdo. Todo lo poseen, como el estado les posee sectores que sean esencialmente distintos. Esta división ha de ser
a ellos, ya que éste constituye su existencia y su ser.17 real, pues la libertad sólo es profunda cuando se diferencia en toda
su plenitud y esas diferencias se manifiestan en la existencia.21

Según Hegel, la dignidad del estado no depende de la vida Hegel llega incluso a reservar al individuo una esfera de
mejor que ofrece a sus miembros; representa, por el contrario, conciencia privada «que, en cuanto tal, no está incluida en el
en sí mismo un supremo valor intrínseco. Con su estilo entusias- ámbito del estado». 22 A pesar de estas precisiones, Hegel ha pasa-
ta, ensalza al estado como «la huella de Dios en la tierra» y como do a la historia de la filosofía moderna como el máximo repre-
«el fin en sí mismo, absoluto y estable». 18 Lo describe como un sentante de la teoría según la cual los valores son esencialmente
organismo, atribuyéndole voluntad y pensamiento y reverencián- sociales y pertenecen al grupo y no al individuo aislado.
dolo como a un ser divino.

Ningún predicado, principio ni nada parecido sería suficien-


te para explicar la naturaleza del estado; éste no debe ser enten-
4. La teoría de los niveles
dido de otra forma que como un organismo... En su esencia, la
de integración
conciencia y el pensamiento pertenecen por entero al estado. De
este modo, el estado sabe lo que quiere, y lo sabe bajo la forma
del pensamiento... Debemos, pues, venerar al estado como la
A la luz de lo que ya sabemos sobre la naturaleza humana,
hemos de tratar de evitar tanto el individualismo exagerado de
Hobbes como el prepotente colectivismo de Hegel. No podemos
18
The philosophy of history (Filosofía de la historia). Traducción concebir la sociedad, ni como un superorganismo monstruoso del
inglesa de J. Sibree. Collier, New York 1900, 70. que los individuos no fueran sino simples células, ni como una
" Ibid., 102-103. simple suma aritmética de sujetos egoístas encerrados en sí mis-
" J. MACBRIDE STERRET, The ethics of Hegel: translated selections mos. Hemos de rechazar los conceptos de «organismo estatal»,
from his «Rechtphilosophie» (La ética de Hegel: Traducción de una selec-
ción de su «Filosofía del derecho». Ginn, Boston 1893, 189, 245. 20
STERRET, /. c, 189.
21
" The philosophy of right (Filosofía del derecho). Traducida por Encyclopaedia of the philosophical sciences (Enciclopedia de cien-
J. Loewenberg, en Hegel selections (Selecciones de Hegel). Scribner's, New cias filosóficas), sección 541, citado por Cassirer, /. c, 276.
York 1929, 446-447. !2
DYDE, /. c, 264.
172 V.l grupo y el individuo Teoría de los niveles de integración 173

«espíritu de grupo» o «conciencia colectiva», tanto como el de Tengamos en cuenta, en el momento de describir estos tipos, que
individuos egoístas e independientes que no se relacionan entre éstos no se excluyen entre sí y que las formas más intensas de
sí por ningún vínculo real. Trataremos, por el contrario, de ha- unidad pueden incluir a las menos intensas. Por otro lado, cada
cer justicia a las dos dimensiones fundamentales de la naturaleza uno de dichos tipos presenta infinitos grados de integración, de
humana: la individual y la social. forma tal que podría darse el caso de que el grado más bajo de
uno de los tipos río fuera más intenso que el grado más alto del
Necesitamos, pues, una teoría que supere, a la vez, los escollos tipo inmediatamente anterior.
del atomismo y del organicismo sociales. Desde esta posición, dis-
tinguiremos cuidadosamente entre diversos tipos y grados de inte- (1) Simple contigüidad. Las cosas pueden formar grupos en
gración y determinaremos las formas de unidad que caracterizan el sentido de que estén yuxtapuestas en el tiempo y en el espa-
a los grupos humanos y las que no lo hacen. A la luz de este cio. Un montón de desperdicios de todo tipo forma un grupo en
análisis, podremos señalar los errores de individualistas extremos este sentido: a excepción del hecho de estar hacinados, no existe
como Hobbes y de colectivistas extremos como Hegel. Llamaré ninguna conexión entre tales objetos. Un grupo humano de este
a esta posición intermedia teoría de los niveles de integración. tipo sería una reunión accidental y heterogénea de individuos in-
diferentes los unos a los otros, Puede darse el caso, por ejemplo,
En primer lugar, dicha teoría se apoya en el hecho de que de que un cierto número de personas tengan que dar la vuelta
la unidad permite infinitos grados. Si entendemos por unidad, por la esquina de una calle muy concurrida. Cada persona de ese
como vamos a hacer aquí, la integración de partes en un con- grupo incidental lleva su propio camino y es afectada muy débil-
junto, habremos de admitir que ésta puede ser muy débil o muy mente por las que le rodean. En una unión de esta clase se pro-
intensa. De este modo, toda cualidad puede variar de menor a duce un nivel de integración tan pequeño que dudamos incluso
mayor. Puede haber, por ejemplo, un grado de luz tan impercep- en atribuirle el nombre de grupo: sería un mero agregado o
tible que apenas se le consiga distinguir de la oscuridad total; y, conjunto.
por el contrario, podemos imaginar una intensidad de luz tan (2) Asociación externa. Las cosas pueden estar agrupadas,
brillante que resulte cegadora en su terrible luminosidad. Entre no porque guarden una relación entre sí, sino porque sean rela-
ambos extremos existe una infinita graduación de luz que irá de tivas a algo que está fuera del grupo. Los trozos de madera que
menor a mayor. Del mismo modo, puede existir un grado tan encontramos esparcidos por una playa, por ejemplo, están agrupa-
débil de unidad que dudemos incluso en afirmar que las partes dos, no porque exista ninguna relación entre ellos, sino porque
están realmente en conexión; y puede darse también el extremo a todos los ha arrastrado la marea. De igual modo, un grupo de
opuesto, es decir, una coherencia sumamente intensa y estrecha. seres humanos puede encontrarse unido, no porque se interesen
Entre ambos polos existen igualmente infinitas graduaciones y unos por otros, sino porque se relacionan con algún factor exter-
todo grupo concreto puede estar situado en un nivel bajo, medio no. El público que está viendo una película forma un grupo de
o alto de la escala. El simple hecho de que un grupo sea una este tipo. Con la excepción de las parejas de novios que asisten
unión de individuos dice muy poco sobre su grado de integración. al cine más por disfrutar de la compañía mutua que del film que
se proyecta, la mayor parte de los espectadores generalmente ni
En segundo lugar, es importante recordar aquí que existen
conoce ni le preocupa la persona que se sienta en la butaca de al
distintas formas de integración. La integración que presenta un
lado. Sin embargo, están unidos porque tienen un interés común:
organismo o una conciencia no agota la diversidad de tipos e
lo que se está proyectando en la pantalla.
incluso puede que no corresponda al tipo de unión característico
de un grupo o sociedad. Consideraremos, a continuación, formas (3) Interdependencia mecánica. En este nivel de integración
diferentes de unidad de acuerdo con una escala de intensidad. no existe una simple relación con un factor externo, sino una in-
174 El grupo y el individuo Teoría de los niveles de integración 175

tegración funcional de partes. En un motor, por ejemplo, el cilin- externa sino interna. Una relación es interna cuando afecta sus-
dro, el pistón, el vastago de acoplamiento y el volante actúan tancialmente a la naturaleza de las cosas implicadas en ella. Fren-
unos sobre otros y, en cierto modo, se puede decir que «colabo- te a las meramente externas y accidentales, tales relaciones inter-
ran». Una pieza acciona y reacciona sobre otra bien directamente nas o esenciales son a menudo designadas con el nombre de «or-
o bien por medio de algún mecanismo de transmisión. Ahora gánicas», aunque habría que precisar que los individuos pueden
bien, una parte de tal naturaleza es, en un sentido más, y en un mantener una relación de este tipo sin que tengan que constituir
sentido menos, «individual» que una parte de un organismo. Es un «organismo» en el sentido literal del término.
más individual en el sentido de que es más independiente: tiene Es posible que todo esté en relación con todo y que un sim-
una forma y una composición determinadas que permanecen rela- ple movimiento de nuestra cabeza afecte a las estrellas del univer-
tivamente sin alterar cuando se une a la máquina o se separa de so, pero, en este caso, la relación es tan nimia que no merece
ella. Se puede sacar de una máquina una rueda dentada, por que la tengamos en consideración. Sin embargo, las relaciones
ejemplo, y ésta sigue siendo el mismo objeto; pero no se puede humanas no presentan a menudo este carácter superficial. Una
amputar un pie a un cuerpo humano sin que deje de ser un pie. persona es hijo, hermano, marido, amigo, enemigo, ciudadano,
Por otra parte, la rueda dentada es menos individual en el sen- miembro de un sindicato, de una iglesia, etc., y si le despojára-
tido de que es estandardizada y reemplazable, mientras el píe es mos de todas esas relaciones dejaría de ser un individuo humano.
único e irreemplazable. Una pieza de una maquinaria se carac- Algunas de ellas son tan esenciales a su personalidad que las po-
teriza por estar elaborada según planos detallados y exactos; ge- demos considerar internas con toda propiedad. Cuando destrui-
neralmente podemos encargarla a la fábrica indicando el número mos una pieza de una maquinaria, el conjunto no experimenta
que tiene en un catálogo y reemplazarla por otra realizada según ningún cambio digno de consideración. Por el contrario, cambia-
idénticos planos. ríamos profundamente a una persona si la separáramos para siem-
Nunca un ser humano es exactamente igual a la pieza de una pre de su familia.
máquina, pero a veces actúa de una manera mecánica. Un galeote (5) Interdependencia existencial. En este nivel, las partes son
romano, por ejemplo, era escogido y entrenado esencialmente para interdependientes, no sólo por sus funciones, sino también por
la mecánica función de manejar un remo al compás de un ritmo sus propias existencias. Normalmente, se relacionan así las partes
monótono. Si no se ajustaba a lo que de él se exigía, se le reem- de un organismo. (Alexis Carrel consiguió que siguiera latiendo
plazaba al momento por otro. De un modo igualmente mecánico durante varios años el corazón que le había extirpado a un pollo,
actúan los modernos trabajadores de una cadena de montaje, pero este hecho constituye una excepción). Con todo, la interde-
quienes realizan una y otra vez, minuto a minuto, la misma fun- pendencia existencial no se limita a las partes de un organismo.
ción, durante un día tras otro. Desde el punto de vista del jefe En un animal muy joven, por ejemplo, su vida puede depender
de personal, la vida íntima del obrero carece de importancia; lo de sus relaciones familiares, pero ello no significa que no sea un
que le interesa es su función externa y sus relaciones con los organismo separado. De igual modo, un soldado puede perder la
otros operarios de la cadena de montaje. Si se derrumba, es rá- vida si se separa de su regimiento, pero ello no quiere decir que
pidamente reemplazado por otro robot humano que repite de el regimiento constituya un organismo. Por regla general, cuando
idéntica manera el mismo movimiento mecánico. los miembros de un grupo son existencialmente interdependientes,
(4) Interdependencia esencial u «orgánica». A este nivel, encontramos un alto grado de integración.
no se da sólo una interacción de partes, sino que las característi- (6) Unidad de configuración. Generalmente se usa hoy el
cas esenciales de éstas resultan modificadas como resultado de término configuración para designar una unidad cuyas partes no
la interacción. La relación existente entre las partes no es, pues, son sólo interdependientes, sino que también están determinadas
176 El grupo y el individuo Teoría de los niveles de integración 177

por el carácter del conjunto. Debemos a los psicólogos gestaltistas ve. El «americanismo», por ejemplo, es algo relativamente inde-
el haber insistido en que, con frecuencia, es el conjunto el que pendiente de los individuos y de las generaciones. Por otra parte,
determina la existencia y la naturaleza de las partes: éstas no se ninguna persona es sólo americana; participa de otras configura-
combinan sin más para formar un conjunto, sino que el todo se ciones culturales, tal vez de lo que llamamos «cristiandad». Todo
expresa por entero en las partes. En este sentido, el conjunto es individuo está dentro del ámbito de diversos modelos sociales o
anterior a la suma de las partes, inminente a ellas y representa sistemas de cultura, cada uno de los cuales contribuye a formar
algo más que su simple adición. su personalidad.
Una buena obra de arte manifiesta una unidad de este tipo. (7) Unidad biológica. A nivel del organismo biológico, en-
Puede parecer que algunos de sus detalles preceden al conjunto, contramos un grado relativamente elevado de integración. En-
pero es el efecto total el que determina la posible modificación tiendo por organismo una unidad compuesta por un cierto núme-
u omisión de aquéllos. Todo detalle incoherente, como un acorde ro de partes que cooperan y dependen mutuamente, y que está
inapropiado en una composición musical, por ejemplo, pide a constituida para mantener procesos vitales. Existe, pues, una sola
voces que lo cambien o lo eliminen. Si finalmente queda incluido, unidad, la vida del conjunto, que es el fin de las partes. Implica
se ha de readaptar la estructura de la composición para que la interdependencia orgánica y existencial de las partes y la uni-
consiga un efecto coherente. Adaptado al nuevo contexto, el acor- dad de configuración del conjunto. Con todo, supone también algo
de suena de distinta manera que antes: ya no aparece como un más: el elevado grado de integración que presenta la unidad de
conjunto desacorde de tonos, sino como una parte integral de la una vida, aunque se trate sólo de la de una planta o de la de un
composición entera. Por otra parte, cuando la forma total está animal inferior.
acabada, manifiesta una cierta independencia respecto a los ele-
mentos que la constituyen. Una melodía, por ejemplo, puede ser Por una serie de razones que veremos después, no creo que
transportada a una clave diferente, de do a do sostenido, aunque un grupo de seres humanos pueda alcanzar este nivel de in-
no se repita ni uno solo de los tonos de la adaptación original. tegración.
De este modo, la forma o configuración no se reduce a la suma (8) Unidad psicológica. Un animal superior no constituye
aritmética de sus componentes. sólo un ser orgánico a la manera de un vegetal o de un animal
Tratándose de grupos humanos, encontramos, igualmente, inferior, sino que presenta, además, una conciencia que se expresa
conjuntos más o menos definidos cuyas características aparecen a través de lo que experimenta y de lo que hace. Es posible que
grabadas en sus partes. Las partes han de ser, pues, concebidas Jos animales tengan experiencias sin ser conscientes de que las
como elementos de la configuración del conjunto. Por otro lado, tienen; pero un hombre es consciente de sí mismo como sujeto
como en el caso de una melodía, las partes pueden cambiar de experiencias; puede considerarse como un yo, como un mismo
mientras la forma permanece plenamente constante. Un ejemplo ser que piensa en diferentes momentos y lugares. De este modo,
claro de configuración lo constituye una cultura nacional: implica está capacitado para orientarse y criticarse.
la posesión común de todos los individuos de la nación, pero es
Como veremos más adelante, ningún grupo alcanza el nivel
relativamente independiente de ellos. Se trata de un modelo
de integración que manifiesta una conciencia.
único de religión, arte, idioma, moral, ideología, historia, etc., en-
carnado en costumbres, tradiciones, instituciones, y con objetos A la luz de esta teoría de los niveles de integración, podemos
tales como libros, leyes y obras de arte. La cultura impregna de exponer ahora los errores principales del individualismo y del
tal modo a los individuos que moldea su mentalidad y su con- colectivismo extremos.
ducta, pero perdura y se desarrolla, aunque la población se renue-
178 El grupo y el individuo Crítica del individualismo extremo/ 179
V

5. Crítica del individualismo son egocéntricos y no guardan entre sí ninguna relación intrín-
extremo seca, pero se deciden a vivir juntos para conseguir un grado
equitativo de paz y seguridad. También en este caso se relacionan
con un factor externo y común: el soberano absoluto establecido
El error fundamental del individualismo extremo que hemos mediante un «contrato social». Otros individualistas recurren a
visto representado por Rousseau, radica en su negación de que los mecanismos parecidos para explicar la unión de sus átomos hu-
manos independientes. Turgot y Quesnay, por ejemplo, hablan
grupos puedan ser caracterizados según niveles de integración más
de las «leyes de la naturaleza» que promueven y mantienen una
elevados e intensos. Representa, así, una teoría disminuida o de
armonía entre los distintos egoísmos. Adam Smith escribe sobre
un nivel rebajado: interpreta los grupos en términos de simple
la «mano invisible» de la competencia económica que concilia la
contigüidad, de asociación externa o de interdependencia mecá-
ganancia de cada individuo egoísta con la ganancia del resto.
nica, descuidando o excluyendo los tipos superiores de unidad.
Jeremy Bentham recurre al sistema de «sanciones», de premios y
Esta falta de reconocimiento de formas más intensas de inte- castigos, que induce a los insaciables egoístas a colaborar en ar-
gración es una consecuencia necesaria del individualismo extremo. monía. Y Friedrich Hayek defiende que los esfuerzos separados
En su esencia, este tipo de teoría exagera la independencia de de los individuos son armoniosamente coordinados por la mecá-
los individuos. Supone que la individualidad excluye en gran nica de autoequilibrio del sistema de mercado. En cada caso,
parte la sociabilidad, que todo hombre es un ser centrado en sí existe una fuerza o agencia externa y común que establece una
mismo, egoísta y autosuficiente. Todo el que, en contraste, acen- armonía artificial entre individuos egocéntricos.
túe los tipos más intensos de integración social, lo hace como
Los individualistas extremos tienden también a interpretar
reacción a este individualismo extremo.
las relaciones humanas en términos de interdependencia mecáni-
A veces, el individualismo habla como si los grupos humanos ca. Admiten que los seres humanos interactúan funcionalmente,
fueran simples colecciones fortuitas cuyos miembros no se re- pero piensan que la interacción es parecida a la de las partes de
lacionaran más que por una contigüidad temporal y espacial. Aun- una máquina, que no son modificadas por sus interconexiones
que podamos aplicar esta interpretación, en mayor o menor medi- en nada esencial. Tradicionalmente, esta postura ha venido ex-
da, a grupos muy casuales, se muestra inadecuada a la hora de presada por el mito del «estado de naturaleza», según el cual,
describir grupos organizados. En consecuencia, el individualista los individuos han heredado sus caracteres fundamentales de un
se ve obligado a recurrir a algún otro tipo de explicación. estado primitivo y anterior a la civilización, y se considera que
dichos caracteres siguen siendo constantes a través del proceso
Puede entonces apelar al segundo tipo de integración, es social. Cada ser humano, como un átomo impenetrable o una
decir, al que he llamado «asociación externa». Como el lector re- rueda dentada de una máquina, sigue siendo fundamentalmente
cordará, en esta segunda clase de grupo, los miembros no se el mismo aunque se integre o se desvincule de un mecanismo
relacionan entre sí más que de un modo artificial, pero se encuen- social determinado. Esta teoría del hombre natural e inmutable,
tran vinculados en función de su relación común con algún factor defendida en las obras de Hobbes, Locke, Paine, Godwin y en
externo. Según la filosofía de Leibniz, por ejemplo, todos los los primeros escritos de Rousseau, ejerció una profunda influen-
seres finitos no se relacionan directamente entre sí, sino que se cia en el desarrollo del liberalismo individualista.
adaptan juntos a un conjunto armonioso; en cambio, dicen rela-
ción a un factor externo, Dios, quien predetermina a cada uno En la teoría económica que corresponde a esta posición se
de ellos a estar en armonía con el resto. De un modo algo simi- hace más evidente su carácter mecanicista. De nuevo encontra-
mos aquí un mito, el del «hombre económico», un individuo abs-
lar, Hobbes defiende que, al margen del estado, los seres humanos
180 El grupo y el individuo Critica del individualismo extremo " 181

tracto, artificial y deshumanizado, interesado sólo por la ganan- la naturaleza humana resulta sumamente ínapropiada. Los hom-
cia económica y controlado por las fuerzas impersonales del bres y las mujeres no son máquinas ni partes de máquinas. Como
mercado. Desde esta perspectiva, todos los seres humanos apare- declaró William Ellery Channing, uno de los mayores predicado-
cen como esencialmente parecidos; sus emociones y aspiraciones res de Nueva Inglaterra en la primera mitad del siglo xix:
individuales carecen de importancia; la diferencia existente entre
ellos se reduce a una distinción meramente cuantitativa que se No veo al ser humano como una máquina que haya sido puesta
expone en términos de potencial económico. Como desapasiona- en marcha por una fuerza exterior para realizar una sucesión invaria-
damente escribiera Hobbes: ble de movimientos, llevar a cabo una cantidad fija de trabajo, y,
al final, hacerse añicos y morir.24
El valor o la dignidad de un hombre es, como el de toda otra
cosa, su precio; es decir, tanto como se le retribuye por el uso de No podemos concebir a los trabajadores en abstracto como
su poder; de este modo, no es algo absoluto, sino dependiente de máquinas o mercancías, sino en concreto como personas que san-
la necesidad y el juicio de otro.23 gran cuando se les hiere, que sueñan, aman y sufren. Un ser
humano no debe ser concebido como un átomo social, como un
Desde esta base, los trabajadores son mercancías cuyo valor individuo aislado y egocéntrico que vive su vida en solitario, sino
viene determinado por la mecánica impersonal del mercado. como un miembro de una comunidad. Los individuos existen y,
Al igual que las teorías económicas con las que se ha relacio- como tales, constituyen un fin en sí mismos, aunque su eficacia
nado, la industria moderna ha sido individualista, externalista y y su felicidad dependan de sus relaciones con los demás y con
mecanicista, en sus modos de organización. La tecnología, con los conjuntos sociales de los que forman parte. La idea de que
su tendencia a la «racionalización» mecánica, y el capitalismo un individuo es un ser completo en sí mismo, como Hobbes,
financiero, con su desarrollo de un sistema de créditos y de Bentham y Spencer subrayaran, y de que las relaciones interin-
contabilidad de gastos sumamente abstractos, ha despersonaliza- dividuales son externas por necesidad, resulta inadecuada y
do las relaciones humanas. El capitalismo se ha sentido inclinado errónea.
a exaltar los impulsos adquisitivos a costa de los creativos y de En la medida en que prevalezcan tales concepciones indivi-
la solidaridad, y a desarrollar un estrecho individualismo y un dualistas, es imposible explicar por qué los seres humanos se
egoísmo inflexible y codicioso. La impersonalidad del nexo eco- unen siempre en sociedades. El individualista extremo trata de
nómico ha tendido a reemplazar la intimidad de la comunidad explicar la formación de los grupos por el interés personal de
humana. Al igual que en la filosofía mecanicista, descubrimos cada miembro. Según él, el grupo no pasa de ser un invento
aquí la misma tendencia a disolver los conjuntos en mónadas artificial creado por un «contrato social» o por un acuerdo simi-
encerradas en sí mismas, en «átomos» relacionados externamente lar entre individuos egoístas. Es cierto que algunos grupos se
sin que exista ningún tipo de conexión interna y profunda entre forman de este modo; pero otros —indudablemente, la mayo-
ellos. El individualismo extremo ha reflejado estas tendencias y ría— surgen de la naturaleza fundamental y esencial del hombre
ha impregnado, así, algunos de los aspectos más fundamentales como ser social. A menudo el hombre nace en un grupo —en una
de la vida moderna. Cuando reconoce la existencia de formas familia, tribu, clan, nación, etc.—, e incluso cuando se une volun-
superiores de integración, como la de las comunidades íntimas, tariamente a una colectividad, puede estar impelido por su natu-
las interpreta de un modo muy inadecuado y casi a regañadientes.
24
Hemos de afirmar con todo vigor que esta interpretación de Self culture (El cultivo del yo), conferencia pronunciada en Boston,
en setiembre de 1838. Citado por S. GIEDION, Mechanization takes com-
mand (La mecanización toma el mando). Oxford University Press, New
Leviatán, l. c, X. York 1948, 127.
182 El grupo y el individuo Crítica del individualismo extremo IHI

raleza social y no sólo por cálculos individuales egoístas. La socia- ministre espontáneamente la tierra todo lo que pueda serle útil y
agradable. Seguirá siendo miserable, hasta que le demos otra pcrsonn
bilidad es un rasgo humano esencial, y, si no existieran en el hom- con quien pueda compartir su felicidad y de cuyo afecto y amistad
bre disposiciones sociales, resultaría imposible explicar ese grado pueda disfrutar.26
de sinceridad y de cooperación que la formación y el funciona-
miento de la mayoría de los grupos humanos exigen.
Los carceleros saben hasta qué punto es importante para un
Nos estamos acercando aquí a lo más genuino de la esencia hombre tener un compañero; no se conoce una forma más refi-
del hombre. Aristóteles afirmó que la racionalidad constituye nada de tortura que un encierro prolongado en soledad.
la naturaleza esencial del hombre; pero lo más profundamente
humano, en cuanto que se integra en la naturaleza humana total, El efecto de la incapacidad de entablar lazos de simpatía
es esa capacidad que poseemos para trascendernos a nosotros con otras personas viene ilustrado por un tipo especial de neu-
mismos de la que la razón no es sino una parte. En su desafiante rosis que los psicólogos llaman «despersonalización». Un neuró-
libro El hombre medida, Erich Kahler da el nombre de «espí- tico de este tipo encuentra serias dificultades para ver a otros
ritu» a esa facultad de ir más allá de nosotros mismos. Se trata, seres humanos como personas reales; le parece que son simples
nos dice este autor, de la capacidad de «separar y discernir un autómatas por los que no puede sentir ninguna forma de cordia-
no-yo definido de un yo definido», y de identificarse uno mismo, lidad. Por otra parte, tiene la extraña impresión de que él mis-
mediante la simpatía y el conocimiento, con ese no-yo. mo se ha convertido en algo mecánico. Se ve como una mario-
neta, como un autómata sin alma: no puede descubrir o recono-
De este modo, el espíritu no es sólo la facultad de discernir y se- cer su propia personalidad; no existe en él u n «yo real». Le
parar, sino también de establecer una relación entre un yo y un no-yo, parece que todo, incluso él mismo, pertenece a esa especie de
la capacidad de rebasar los límites del yo. Es, al mismo tiempo, dis- mundo despersonalizado que Franz Kafka ha descrito con tanto
cernimiento y unión, la auténtica esencia de un ser preocupado por dramatismo en sus novelas. Este tipo de enfermedad ilustra el
algo más que por sí mismo. Una persona lleva una vida espiritual
en la medida en que se sitúa por encima de sus intereses personales hecho de que nadie puede ser plenamente una persona a menos
«prácticos», y es capaz de separarse de lo suyo y de su yo concebido, que reconozca a otros como personas. Una personalidad en el
de hacerse cada vez más objetivo y de integrarse en un objetivo ma- pleno sentido de la palabra exige autotrascendencia, conciencia
yor y más extenso.25 estimativa de otras cosas y, en especial, de otras personas.

Un hombre absorto en sí mismo y en el momento presente es La moral exige también que el individuo supere los límites
sólo un destello pasajero de conciencia; pero en la medida en que del yo. Si estuviéramos encerrados en nosotros mismos no podría-
se trasciende a sí mismo, escapa del pequeño confín de su iden- mos comprender ni responder al precepto ético: «no seas egoís-
tidad personal y transitoria y vive en el amplio mundo que se ta». Si no experimentáramos los vínculos que nos ligan a otros,
vislumbra a la luz del amor, de la imaginación, del conocimiento no tendríamos un sentido de la obligación social. La razón esen-
y de la previsión. El mundo humano libera, por encima de todo, cial de que una persona se sienta obligada a otras es que forma
al espíritu. Como David H u m e escribió: parte de un gran conjunto. Está sometida por su naturaleza social
a la obligación moral y no puede dejar de responder a las exi-
Pongamos todos los poderes y elementos de la naturaleza al ser- gencias de la ética social sin negar una parte esencial de sí misma
vicio y a la obediencia del hombre: alcemos el sol y démosle su
mando, muévanse el mar y los ríos de acuerdo con sus deseos, y su- y sin afrentar a la sociedad de la que forma parte. En lo más

25 26
Man the mensure (El hombre medida). Pantheon Press, New York A treatise of human nature (Tratado de la naturaleza humana). Cla-
1943, 11-12. rendon Press, Oxford 1896, 365.
184 El grupo y el individuo Crítica del colectivismo extremo 185

profundo de su conciencia comprende la gran verdad que encie- bres se unen en sociedades, se necesitan unos a otros y son agen-
rran las conocidas palabras de Donne: tes morales.

Ningún hombre es una isla, ni está encerrado en sí mismo; todo


hombre es un trozo de un continente, una parte de mí mismo...
Todo hombre que muere me disminuye, porque estoy implicado en la
humanidad; por ello, no preguntes nunca por quién doblan las cam- 6. Crítica del colectivismo
panas; están doblando por ti.27 extremo

Como procuraré dejar claro en el capítulo 8, el sentido del


deber es la «voz» interiorizada de la sociedad que ejerce sobre el
Mientras el individualismo extremo es una teoría rebajada de
individuo una especie de «presión» o compulsión interna. Ello
nivel, el colectivismo extremo es una teoría elevada de nivel. Al
explica por qué la siente como una influencia externa, pero tam-
igual que el individualismo insiste en interpretar los grupos en
bién como algo íntimo y personal. La teoría freudiana del «su-
términos de los niveles inferiores de integración, el colectivismo
per-ego» recoge esta interpretación de la obligación moral. El
extremo se esfuerza en explicar los grupos recurriendo a los ni-
super-ego es el censor interno, la conciencia, la encarnación de
veles superiores de integración. Algunos de estos niveles —inter-
los modelos morales, lo que controla los impulsos egoístas e ins-
dependencia orgánica, interdependencia existencial y unidad de con-
tintivos; con todo, representa la influencia de la sociedad tan pro-
figuración— son aplicados por los colectivistas a los grupos hu-
fundamente inserta en el alma del individuo que es, en gran
manos con toda propiedad. Al subrayar este hecho, los colecti-
parte, subconsciente. En cierto modo, Freud tiende a menospre-
vistas han superado los errores del individualismo extremo. Sin
ciar su valor, pero otros psicólogos, como Henry A. Murray, con-
embargo, no son aplicables a los grupos humanos otras formas
sideran el super-ego como una fuerza necesariamente constructi-
más intensas de integración —las que caracterizan a la vida cor-
va que la inteligencia crítica ha de intensificar y reformar.
poral y psíquica—. El colectivismo extremo incurre en el error
Hemos de aceptar cualquiera de estas teorías a la hora de de suponer la posibilidad de tal aplicación.
explicar la obligación moral. No puede ésta ser explicada a base
Para descubrir en qué consiste su error, consideremos, por
del individualismo extremo. Jeremy Bentham, quien negó la po-
ejemplo, la familia, un grupo relativamente simple y, por ello,
sibilidad de que la sociedad sea algo más que una pura ficción y
menos difícil de analizar que el estado, la nación o la raza. Cada
concibió al individuo como un ser enteramente egoísta, se mostró
miembro de la familia es un organismo, una conciencia o una
coherente con su doctrina cuando declaró que la palabra debo,
si es que tiene después de todo algún significado, debiera ser personalidad, pero ello no significa que la familia sea un orga-
borrada del diccionario. nismo, una conciencia o una personalidad. En muchos aspectos,
un grupo no tiene las mismas características que sus miembros;
Nuestra crítica al individualismo extremo se reduce a esto: un montón de ladrillos, por ejemplo, puede tener seis pies de
trata de explicar la vida social recurriendo sólo a formas relati- alto, pero ningún ladrillo alcanza esa altura. De igual modo, un
vamente inferiores de integración —simple contigüidad, asocia- grupo humano está compuesto de organismos, pero esto no le
ción externa, interdependencia mecánica— y, por ello, fracasa en convierte en un organismo.
dar una explicación adecuada de las causas por las que los hom-
Admito que existen relaciones orgánicas entre sus miembros.
27 Como hemos visto, una «relación orgánica» significa una relación
J O H N DONNE, Complete poetry and selected prose (Poesía com-
pleta y prosa seleccionada). Random House, New York 1936, 538. interna o esencial. Ahora bien, un marido, una esposa, un hijo
186 El grupo y el individuo Crítica del colectivismo extremo 187

o una hija están muy íntimamente afectados por sus relaciones grupos son conciencias o almas colectivas y que contienen los
familiares y serían algo muy diferente sin ellas. Por otra parte, intereses propios de éstas.
dichas relaciones no sólo pueden implicar una dependencia me-
ramente funcional, sino también existencial: constituyen una in- Literalmente hablando, nada fuera del individuo puede tener
terdependencia. Los hijos, al menos, no habrían venido al mundo un interés. Dentro de la familia cada miembro tiene intereses,
al margen de las relaciones familiares y mientras son pequeños y dichos intereses son afectados por el «espíritu de cuerpo»
no podrían seguir viviendo si se les separara de la familia. Con familiar y por las relaciones existentes entre sus miembros. Sin
embargo, los intereses de la familia se reducen a los del padre, la
todo, pueden haber relaciones orgánicas o existenciales entre los
madre y los de cada uno de los hijos. No hay intereses familiares
miembros de un grupo, sin que éste sea un organismo. El padre
por encima y más allá de esos intereses individuales. Lo que vale
es un organismo, la madre es un organismo y cada uno de los
para un grupo compuesto por unos pocos miembros vale tam-
hijos es un organismo; hay interrelaciones orgánicas entre todos
bién para un grupo de muchos individuos, e incluso para una gran
ellos; pero, por encima del individuo y en la fusión de éstos en
nación. Tampoco tienen intereses que no sean los de sus miem-
el grupo, no existe ningún tipo de organismo. Cuando hablamos
bros, porque no tienen ninguna conciencia fuera de la conciencia
de un «organismo familiar» no hacemos sino utilizar un lenguaje
de éstos.
metafórico.
También es cierto que la familia presenta una especie de Ciertos filósofos, como Emile Durkheim, han defendido que
unidad de configuración: no es una simple suma de individuos, es imposible dar una explicación de la vida moral y religiosa sin
sino una síntesis, una Gestalt, una forma o modelo único. Toda aceptar que la sociedad es un organismo o que constituye una
familia está unida por bienes, recuerdos, esperanzas, ideales y conciencia colectiva. Arguyen que la experiencia religiosa y moral
hechos comunes. Todo ello se incorpora en un «espíritu de cuer- representa la presión de la sociedad sobre el individuo y que la
po», una especie de espíritu que se imprime en cada uno de sus sociedad debe ser una agencia real con objetivos propios para
miembros y que confiere una significación espiritual al hogar. ejercer esa presión. Ahora bien, he estado defendiendo que no
En estos aspectos, la familia presenta una especie de carácter se puede dar una explicación adecuada de la moral y de la reli-
corporativo. Los organicistas sociales, como Hegel, nos han pres- gión sobre la base del individualismo extremo, pero ello no sig-
tado un auténtico servicio al resaltar este hecho, pero no han nifica que tengamos que pasarnos al lado opuesto y admitir que
analizado correctamente su significado. la sociedad sea un organismo o una conciencia. La presión moral
y religiosa de la sociedad sobre el individuo puede ser explicada
No implica que exista literalmente una conciencia o una per- si reconocemos que los individuos se relacionan íntimamente entre
sonalidad familiares. Incluso una obra de arte, como ya hemos sí, que pueden experimentar, disfrutar y alegrarse con dichas rela-
dicho, tiene una Gestalt o configuración; pero ello no quiere ciones, y que la sociedad tiene un modelo de organización, una
decir que tenga vida, conciencia o personalidad. Es evidente que, configuración real que afecta profundamente a todos sus miem-
en el caso de la familia, sus componentes son conciencias o per- bros. Todo esto lo podemos admitir sin tener que pensar que la
sonalidades, pero esto no supone que la configuración de la fami- sociedad sea literalmente un superorganismo o una conciencia
lia sea una personalidad o una conciencia. Los colectivistas ex- colectiva. Si admitimos estas hipótesis, estaríamos «multiplican-
tremos se han equivocado al suponer que la organización de do entidades más allá de las necesarias».
individuos constituye un individuo, la organización de las con-
ciencias una conciencia y la organización de las personalidades Si no puede decirse literalmente que los grupos tengan una
una personalidad. Aun admitiendo que la organización presenta conciencia, tampoco puede afirmarse que posean un valor intrín-
rasgos configuracionales, hemos de rechazar la teoría de que los seco. Como hemos visto, no puede haber ningún valor intrínseco
188 El grupo y el individuo Crítica del colectivismo extremo 189

donde no existe ninguna forma de interés, y no puede haber nin- los intereses de muchos individuos pertenecientes a un grupo
gún interés donde no existe ninguna conciencia. En el próximo prevalecen sobre los intereses de un individuo; pero ello sucede
capítulo, defenderé que el valor intrínseco reside en el interés porque se trata de muchos individuos frente a uno solo. El grupo
y primariamente en la realización de éste. De ello se sigue que como tal no es intrínsecamente superior al individuo; no tiene
el lugar del valor intrínseco es el individuo ya que, después de ningún valor intrínseco. Por ello, la tendencia a venerar al esta-
todo, éste es la sede del interés. El grupo existe por el individuo do, a la nación o a cualquier otro grupo, grande o pequeño, es
y no el individuo por el grupo. Lo que cuenta es, pues, el bienes- una forma de idolatría. Como el filósofo McTaggart ha declarado:
tar de seres humanos, y no el «bien» del estado, la nación, la
raza o la «clase obrera». Una religión que pretenda ser algo más que un medio no rebasa
el nivel del culto fetichista. En comparación con el culto al estado,
No niego que un grupo pueda constituir un objeto de interés la zoolatría es racional y digna. Un toro o un cocodrilo pueden no
y que, en ese sentido, sea causa u ocasión del bien intrínseco. tener un gran valor intrínseco, pero, como seres conscientes, poseen
Es sabido que un grupo, grande o pequeño, puede ser objeto alguno. El estado carece de ellos. Rendirle culto es tan razonable
como venerar una tubería que también contiene un considerable
de afecto humano. Podemos amar a ciertas personas, no por ellas valor como medio.28
mismas, sino como miembros y representantes que son de un
grupo, y, lo que es más de destacar, podemos amar al grupo por El estado puede tener una gran cantidad de valor instrumen-
presentar características que no encontramos en el individuo ais- tal, pero su valor es el de medio y no el de fin.
ladamente considerado. El amor al grupo, como en el caso del
patriotismo, puede extenderse a sus tradiciones, instituciones, Es preciso que hagamos hincapié en esta conclusión porque
símbolos, etc. En cuanto objetos de satisfacción intrínseca, algu- la postura contraria ha ejercido una gran influencia. La idea de
nos grupos se encuentran entre los mayores valores humanos. No que una raza, un estado o una sociedad puedan tener un valor
dudo, pues, ni por un momento, que sean objetos de valor, pero intrínseco es uno de los grandes mitos sociales, un mito que ha
niego que sean sujetos de valor. Ningún grupo, al margen de sus ejercido un terrible impacto en la humanidad. Basta con que
miembros, puede tener un interés; como defiendo que la sede recordemos qué fue el mito de Hitler y de Mussolini para com-
del valor intrínseco es el interés, niego que los grupos tengan prender el extraordinario valor que ha desempeñado. Al rechazar
un valor intrínseco. Mi posición difiere de la de Perry, dado que este mito, no debemos abrazar el opuesto: el mito del individua-
él habla del valor intrínseco como objeto de interés. A menudo, lismo extremo, el del hombre aislado, egocéntrico y autosuficien-
un grupo es objeto de interés, de ahí que Perry mantenga que te. El individuo real es un ser profundamente social: él, y no su
posee un valor intrínseco, no al margen de los individuos, por contrapartida mítica, constituye la sede del valor. Sólo un falso
supuesto, sino en relación con el interés de éstos. Mi tesis es di- individualismo y un falso colectivismo pueden oponerse entre sí.
ferente: como aclararé en el próximo capítulo, un valor intrínseco Lejos de ser incompatibles, la individualidad y la sociabilidad se
es el interés que existe por un objeto y no el objeto de un inte- necesitan mutuamente. Cuanto más sinceramente se unen los
rés. Por ello, no creo que ningún grupo pueda tener un valor individuos, más respetan las diferencias de cada uno. Las perso-
intrínseco. nas que están enamoradas aprecian mucho la individualidad del
otro. Los seres humanos debieran estar más diferenciados y más
Es evidente que un grupo posee un valor intrínseco, si lo que
unidos de lo que ahora están; y la unidad, que es una meta
queremos decir con ello es que sus miembros lo tienen; pero es
legítima de la aspiración humana, es la unificación de la diferencia.
falso afirmar que un grupo como tal tenga un valor intrínseco.
También es cierto que los intereses del grupo están por encima 28
J. M. E. MCTAGGART, Pbilosophical studies (Estudios filosóficos).
de los intereses de los individuos, si con ello queremos decir que Arnold, London 1934, 109.
7
El significado del
bienestar

1. El interés y sus objetos

En nuestra búsqueda del significado de una buena sociedad,


hemos empezado a estrechar el círculo en torno al objeto que
pretendemos conocer. Abandonamos primero los falsos modelos
del relativismo y del absolutismo, concluyendo que lo bueno es
universal pero inmanente a las vidas de los hombres. Descubri-
mos luego que tanto el individualismo como el colectivismo extre-
mos siguen caminos equivocados y que la solución al problema
había de combinar nuestra dimensión individual y nuestra dimen-
sión social. El lugar del valor intrínseco, según probamos, es la
personalidad individual. Ahora bien, como la individualidad y la
sociabilidad están tan profundamente unidas, el ideal es el des-
arrollo de la personalidad en sociedad. Por último, hemos indicado
que lo que hay de intrínsecamente bueno en la personalidad es el
interés o un objeto de interés. En este punto, pues, hemos de
proseguir nuestra investigación.
¿Qué es, entonces, el interés, y cómo se relaciona con el va-
lor? Como hemos dicho, el interés es una actitud de aprobación
o de rechazo, esto es, un estado de no indiferencia. Supongamos,
por poner un ejemplo, que tenemos una piedra blanca y otra ne-
gra, y que nos preguntamos cuál de ellas encarna el modelo co-
191 El significado del bienestar El interés y sus objetos 193

rrecto. ¿Nos interesa realmente responder a esta cuestión? Está ciencia de la naturaleza, como la psicología o la biología. No
claro que las piedras serían indiferentes a la respuesta que dié- puedo «descubrirlo» pasando revista a los datos de mis senti-
ramos a la pregunta. Dichos objetos no poseen conciencia, ni sen- dos o examinando mis estados mentales. Tiene un significado
timientos, ni deseos, ni, en consecuencia, nada a lo que pudiéra- ético y no meramente fáctico. Un valor es algo atribuido a un
mos llamar interés; donde no existe interés, no hay tampoco nin- objeto o a una cualidad y no algo que pueda descubrirse a nivel
guna forma de distinción entre mejor y peor o bueno y malo. Un fáctico; de ahí que un acto de valoración se diferencia de una
universo que no contuviera más que piedras carecería de valor. simple descripción o de un inventario de datos. En consecuen-
cia, incurriríamos en una falacia si identificáramos el bien con el
Supongamos ahora que le preguntamos a alguien si la piedra
interés. Si lo hiciéramos, convertiríamos la afirmación «el bien
blanca es mejor que la negra o viceversa. Posiblemente nos res-
es el interés» en una proposición tautológica; esto es, equival-
pondería que lo mismo le daba contestar una cosa que otra. Sa-
dría a decir «el interés es el interés», lo que, evidentemente, no
bría lo que son las piedras, pero se mostraría totalmente indife-
es el caso. Pasar por alto el carácter ético del bien e identifi-
rente respecto a ellas. Imaginemos ahora que todos los estados
carlo simplemente con una propiedad objetiva, como es el caso
de conciencia fueran de este tipo. En un universo desprovisto de
del interés, supone cometer «la falacia naturalista».
todo estado de conciencia que no fuera indiferente no habría más
valor que en otro universo compuesto de objetos inconscientes, La razón del carácter irreductible del bien moral se funda,
dado que tanto en uno como en otro no existiría ni el más mí- a mi modo de ver, en su sentido normativo. No implica, sim-
nimo interés. plemente, lo que es, sino lo que debe ser. Como Kant subrayó,
Pero supongamos que la persona en cuestión nos contestara: el deber no se identifica con lo que es. Por ello, si el bien im-
«Prefiero la piedra negra a la blanca. Creo que es mejor». Ha- plica un deber, no puede ser detectado mediante una simple ob-
bría comprendido la alternativa y no se mostraría indiferente a servación de lo que es. Creo que el bien intrínseco no tiene nin-
ella. Le gustaría más o preferiría una en lugar de otra. Ese es- gún significado fuera del de «deber ser», al igual que lo justo
tado de preferencia o de estimación es, precisamente, el interés no tiene otro significado fuera del de «deber hacer». El carác-
positivo; el interés negativo sería el estado opuesto de rechazo ter indescriptible propio de los conceptos éticos de «bueno» y
o desestimación. Tanto uno como otro se distinguen de los es- «justo» es exclusivamente una consecuencia del hecho de que
tados inconscientes y de los estados conscientes pero indiferen- en ellos está implicado el concepto de «deber».
tes. Un interés es un estado consciente diferenciable de la in-
diferencia. Siempre que existen intereses existen también va- El bien intrínseco es lo que debe ser a menos que su exis-
lores. tencia suponga el sacrificio de algo mejor. En igualdad de cir-
cunstancias, debe ser. Con todo, al decir que no es indiferente,
Con todo, la relación existente entre los intereses y los va- podría parecer que lo concebimos como un estado de interés.
lores requiere un análisis más profundo. No podemos decir sin Conviene, pues, que distingamos entre dos estados de no indi-
más que un valor o un bien intrínseco son un interés. Afirmar ferencia. El primero, de tipo psicológico; el segundo, ético. La
esto sería incurrir en lo que G. E. Moore, en sus Principia ethica, no indiferencia psicológica se refiere simplemente a la situación
llama «falacia naturalista».1 El punto principal que Moore sub- de estar interesado: de gustar o disgustar, estimar o desestimar.
raya para denunciar este tipo de falacia es que el bien intrínseco Puede ser descrito objetivamente. La no indiferencia ética se
no puede identificarse con nada fáctico. No es un dato de una produce siempre que aparece un «debe». Decir que algo es in-
1
trínsecamente bueno equivale a afirmar que debe ser en com-
Principia ethica. Centro de estudios filosóficos, U.N.A.M., México
1959, 9 y ss.
paración con un estado moralmente indiferente. Decir que algo
194 El significado del bienestar El interés y sus objetos 195

es intrínsecamente malo equivale a decir que no debe ser en Constituye una excepción manifiesta la existencia de actitu-
comparación con un estado moralmente indiferente. des subjetivas que todavía no han encontrado sus objetos. Tal
Ahora bien, incurriríamos en la falacia naturalista si nos es el caso que se produce cuando nos levantamos por la mañana
limitáramos a definir el bien como un estado psicológico de no de mal humor sin un motivo definido: no sabemos aún por qué
indiferencia, como un interés positivo, como una actitud de agra- estamos enfadados, pero el hecho evidente es que lo estamos.
do o de estimación. Pero no cometeríamos la falacia naturalista En muchos casos, los psicoanalistas han descubierto, sin embar-
si lo definiéramos como una especie de no indiferencia ética, go, la presencia de un objeto real situado a nivel subconsciente;
como un estado de cualidad o propiedad que, en algún sentido, si en tales situaciones encontramos casualmente un objeto del
debe ser. El bien es un estado positivo de no indiferencia ética: que somos plenamente conscientes —una cosa inofensiva o una
un estado que, en igualdad de circunstancias, debe ser. El mal persona sobre la que descargar nuestra irritabilidad—, haremos
es un estado negativo de no indiferencia ética, un estado que, uso de un sustitutivo y sublimaremos una reacción colérica que,
en igualdad de circunstancias, no debe ser. de otro modo, hubiéramos reprimido. Con todo, el proceso de
sublimación prueba que se puede separar un interés de un ob-
Al definir, así, lo bueno y lo malo en términos éticos, puedo jeto y unirlo a otro, sin que éste sufra una total modificación.
defender con toda coherencia que sólo los estados psicológicos Se puede decir, pues, que tiene una cierta independencia respec-
de no indiferencia son buenos o malos, o no indiferentes a ni- to a un objeto específico.
vel moral. Creo que un mundo sin ningún tipo de interés sería
éticamente neutral. Es la no indiferencia psicológica lo que ha- Al analizar el significado del valor, el profesor De Witt H.
ce que una cosa no sea indiferente a nivel ético. Si en algún pá- Parker apunta que puede haber deseos o emociones a las que no
rrafo de este libro pareciera que estaba identificando el valor corresponda ningún objeto:
o el bien con el interés, se deberá tener en cuenta que, en ese
momento, estaba hablando elípticamente: estaría queriendo decir Hay que hacer notar... que son muy pocos los casos en los que
que el interés debe ser y que, en ese sentido, es bueno. a un valor no corresponde un objeto valioso. El ejemplo más inte-
resante es el de la música. Cuando escuchamos música, se despiertan
Quisiera dedicar este capítulo a contestar a la siguiente pre- y se satisfacen deseos, pero éstos no son deseos de algo, ni sus satis-
gunta: ¿qué es lo que hace que algo sea bueno?; ¿se trata del facciones son satisfacciones por algo. Los sonidos que oímos no cons-
mismo interés o del objeto de interés?; ¿es, por ejemplo, mi tituyen los objetos de esos deseos, del mismo modo que las palabras
con las que expresamos nuestros anhelos no son el objeto de nues-
gusto por una manzana, o es la manzana como objeto de mi gus- tros anhelos; son expresiones, encarnaciones del deseo, no objetos de
to? En cierto sentido, el valor implica ambos factores. Debe- deseo. En la música, los deseos carecen de objeto; deseamos, pero
ríamos llamar valor subjetivo al interés, valor objetivo al objeto, no deseamos nada, y nos sentimos satisfechos, pero no nos sentimos
y valor completo a toda la situación, es decir, al interés por un satisfechos por nada. Tampoco hay en la experiencia musical objeti-
vos o metas explícitas; el deseo no ha formulado a dónde se dirige
objeto. Como a menudo nos interesamos por los datos de nues- ni qué le produciría satisfacción.2
tras introspecciones, el objeto puede ser interno al organismo in-
teresado. Tal es el caso de un sentimiento, una imagen, una idea,
No estoy muy seguro de la validez de este análisis. Cuando
una sensación kinestésica, o incluso el propio yo como objeto
oímos los primeros compases de una obra musical, nuestra con-
de autoconocimiento. Aunque el hecho es difícil de analizar, po-
ciencia comienza a vibrar de expectación y deseo; ciertos tonos
demos amarnos u odiarnos «a nosotros mismos». También es
piden y conducen naturalmente a otros. Se han de «resolver»
cierto que la situación a la que hemos llamado «valor completo»
las disonancias, por ejemplo; hay notas «que adelantan» y notas
presenta un doble carácter: interés por un objeto y objeto de un
interés. 2
Human valúes (Valores humanos). Harper, New York 1931, 23.
196 El significado del bienestar El interés y sus objetos 197

«que siguen» a otras, y éstas son, precisamente, las que marcan ner de una «teoría del interés» que sea capaz de abarcar todos
la pauta de la composición. El resultado final puede ser la res- los aspectos de la vida moral.
puesta a muchas premoniciones y deseos. Por ello podemos de-
cir que deseamos lo que completa y responde a los anhelos que, ¿Reside el valor —en el sentido de «lo que debe ser»-— en
en un principio, se despertaron en nosotros. De ser así, las fases el interés o en el objeto? No siempre se han puesto de acuerdo
posteriores de la composición musical serán, en cierta medida, los filósofos al tratar de responder a esta pregunta. Unos defien-
los objetos evocados por las primeras. No puede decirse, sin den que el valor es el interés por el objeto, otros dicen que es
embargo, que deseemos los tonos exactos que oímos, ya que és- el objeto del interés, otros señalan que es la relación existente
tos resultan inesperados e incluso su encanto depende de su no- entre el interés y el objeto, y otros afirman incluso que es una
vedad. La música es, al mismo tiempo, objeto de deseo y ex- característica de la situación total que abarca al interés y al ob-
presión. jeto. Examinar una por una todas estas alternativas exigiría un
complicado análisis que escapa a las pretensiones de este libro.
Supongamos que fuera sólo la expresión de deseos y emo- Me limitaré, pues, a clarificar la solución a la luz de unas
ciones. Aun así, estirando nuestros términos un poco, podemos breves observaciones. Por «valor intrínseco» entiendo lo que
seguir hablando de un «interés» y de un «objeto». La emoción es un fin en sí mismo o lo que es bueno en sí. Hablando con
y el deseo que sentimos ante la música es un estado de no in- toda exactitud, un objeto de interés puede poseer un valor in-
diferencia psicológica, un valor que mueve a la conciencia y, en trínseco. Puede decirse, por ejemplo, que cuando me como un
en este sentido, constituye un interés, aun cuando no nos sinta- bombón lo estoy tratando como «un fin en sí mismo», pues no
mos interesados por nada en concreto. Por otra parte, podemos lo hago por ninguna consecuencia ulterior, sino simplemente por-
seguir empleando la palabra «objeto», si entendemos por ella lo que me gusta su sabor. Sin embargo, cuando digo que una per-
que nos interesa o lo que expresa un interés. La música, como sona tiene un valor intrínseco, utilizo el término en un sentido
fruto de la imaginación libre, ilustra este último tipo de obje- diferente. No quiero decir que adquiere ese valor cuando, por
to. A menudo usamos el término «objeto estético» en este sen- ejemplo, un caníbal decide comérsela. Tienen un valor intrínseco
tido. No creo, pues, que estemos faltando al idioma cuando ex- en un sentido más íntimo y esencial. En este sentido más res-
tendemos el término «objeto» para designar instancias de este tringido, pienso que un valor intrínseco es el que le otorgamos
tipo: para referirnos, con otras palabras, a objetos expresivos, a una cualidad interna de experiencia, mientras el objeto exter-
esto es, objetos que son la expresión y la encarnación de emo- no es válido no intrínseca sino instrumentalmente, esto es, co-
ciones, deseos o sentimientos. mo medio de producir o expresar esa experiencia.
_
...: . ~ -~~I*>I—^¿*KJ¿*¿ÍWZ~ ~~~ - ' / - " - ^ v ^ r s ?
Es posible, además, hacer uso del término «interés potencial» Deseo un libro, por ejemplo, pero el libro no es bueno en
para referirnos a una emoción subjetiva, como ese «mal humor sí mismo. Supongamos que el libro es muy difícil de encontrar
sin fundamento» del que antes hablábamos. Una emoción de este y que eso me acarrea urfa serie de problemas e inconvenientes.
tipo no es un interés actualizado en el sentido de que se dirija En ese caso, es instrumentalmente malo en el sentido de que me
a un objeto definido, sino un interés potencial, es decir, tiende causa un dolor. Supongamos ahora que lo consigo y que leo su
a unirse a un objeto. Podríamos utilizar, así, la palabra «interés» contenido. Si me desagrada, seguirá siendo instrumentalmente
como un recurso terminológico para hacer referencia a los sen- malo. Imaginemos, por el contrario, que su lectura me compla-
timientos, emociones, voliciones y juicios, tanto si son actuales ce. Sería entonces instrumentalmente bueno, es decir, bueno co-
como si son simplemente potenciales respecto a los objetos. Ne- mo medio para el fin de instruirme y deleitarme. Ahora bien,
cesitamos hacer este amplio uso del término si queremos dispo- no creo que nunca, al menos como yo lo entiendo, sería bueno
198 El significado del bienestar El interés y sus objetos 199

en sí mismo, esto es, intrínsecamente bueno. Lo mismo sucede y no en sus objetos, dichos intereses no son ciegos, desorien-
con otros objetos. Evidentemente, cuando el propio objeto es tados y aislados: no se justifican en una esotérica y fantástica
un interés, posee un valor intrínseco, pero ello es en razón del abstracción del mundo real; se expresan en objetos o se dirigen
objeto en cuestión. a objetos y son públicamente descriptibles en términos de sus
referencias objetivas y de sus manifestaciones comportamentales.
Con todo, el valor intrínseco es el interés positivo o negativo.
Disfruto con este cuadro. Amo a esta persona. Admiro este acto.
Siempre que aparece un interés, existe un valor. Si el interés es
Puede incluso hablarse de los objetos, dada su capacidad de evo-
positivo —una actitud de agrado—, el valor es positivo, bueno
car y expresar intereses, ya que, aunque no poseean un valor
en lugar de malo. Estas observaciones merecen una puntuali-
intrínseco, en el sentido estricto y esencial del término, pueden
zación. Un interés positivo puede implicar momentos de inquie-
aún poseer un valor terminal, en el sentido de que el interés
tud y de tensión dolorosa —las punzadas del deseo—. En este
se consuma en ellos y a través de ellos. A nivel ético, resultan,
sentido, encierra un mal y no es, pues, un bien incondicional.
evidentemente, muy importantes, sobre todo como fines y metas
Un bien puro consiste, primariamente, en la realización de inte-
de la aspiración.
reses, por cuanto el deseo, en su proceso de realización, alcanza
su satisfacción. Hablando con más propiedad, el ideal del hom- La personalidad humana, como lugar y centro de intereses,
bre no es sólo la realización, sino el cultivo de intereses. No sólo presenta tres dimensiones o capacidades fundamentales: conocer,
importa satisfacer intereses, sino tener más intereses que satis- sentir y esforzarse, o, en un lenguaje más académico, conoci-
facer: pasar de una serie estrecha de intereses a otra más am- miento, afección y volición. ¿Cuál es la relación entre el interés
plia y satisfacer ese nivel más rico y extenso. Como John Stuart y el valor con cada una de estas capacidades? ¿Puede decirse que
Mili observó, el bienestar humano consiste en la realización de todas estas
aptitudes, o se ha de fundar en el desarrollo de una de ellas en
una inteligencia cultivada... halla fuentes de inagotable interés en concreto?
todo lo que le rodea: en los objetos de la naturaleza, las obras de
arte, las creaciones poéticas, los acontecimientos de la historia, las Una vez más, las respuestas dadas por los filósofos se dife-
costumbres pasadas y presentes de la humanidad, y sus perspectivas rencian entre sí. Un intelectualista, como Aristóteles, sitúa esen-
futuras.3
cialmente el bien en la vida de la razón y defiende que el inte-
La auténtica vida feliz es la que experimenta el hombre rés por el conocimiento prevalece sobre cualquier otro. Un he-
que responde con intereses positivos a una gran serie de objetos donista, como Epicuro, afirma que el bien intrínseco se ha de
y que realiza activamente esos intereses consiguiendo en ello un buscar exclusivamente en el sentimiento de placer y que todo
gozo y una satisfacción plenos. Si hubiéramos de resumir lo que lo demás no interesa sino como medio. Un voluntarista, como
es el bien en unas pocas palabras, diríamos que es el cultivo y Nietzsche, defiende que el valor intrínseco ha de ubicarse en la
la realización de intereses positivos. Frente a ello, el signo de volición y que a ella se han de subordinar totalmente el senti-
una vida infeliz o intrínsecamente mala consiste en el predomi- miento y el intelecto. Otros filósofos, como Platón, admiten que
nio de intereses negativos y en la falta de cultivo o en la frus- el bienestar humano implica la realización de todas las dimen-
tración de intereses positivos. El resto de este capítulo se redu- siones de nuestra naturaleza. Consideremos, a continuación, ca-
ce a dilucidar lo que significa el bien y el mal así concebidos. da una de estas alternativas.
Aunque piense que el valor intrínseco reside en los intereses
3
Utilitarismo. Traducción de Ramón Castilla. Aguilar, Buenos Aires,
página 38.
200 El significado del bienestar El bienestar como la vida de la razón 201

2. El bienestar como la vida Según el primer criterio, ¿qué es lo que sólo un hombre
de la razón puede hacer? La capacidad de crecimiento y de reproducción la
compartimos incluso con las plantas; la capacidad de experimen-
tar sentimientos, sensaciones e impulsos la compartimos con otros
La expresión clásica del intelectualismo está representada por animales; todas estas funciones no pueden diferenciar ni carac-
la ética de Aristóteles (384-322 antes de Cristo). Empezaré ex- terizar a la acción humana. No constituyen su rasgo distintivo, su
poniendo su filosofía moral para pasar luego a hacer un comen- atributo esencial, su diferencia específica. La razón es la capa-
tario crítico sobre ella. cidad de calcular, reflexionar, conocer, de comprender relacio-
nes y cualidades universales, y de vivir de acuerdo con una ley
Su concepción de la ética es esencialmente humanista. Según en lugar de estar sometidos al apetito.
él, el conocimiento del hombre constituye el fundamento para
establecer normas y valores. Su ética se basa en la psicología y La felicidad es la vida de la razón, no la mera potencialidad
no en la teología o metafísica trascendental. de razonar, que un hombre puede poseer hasta cuando está pro-
fundamente dormido, sino el ejercicio activo de la inteligencia.
Constituye una de las ciencias prácticas y forma parte de la
Aristóteles añade que hemos de actuar de acuerdo también con
política. Su problema fundamental consiste en determinar las
la virtud, o en el caso de que existan varias virtudes, según la
cualidades de la vida humana que el educador y el hombre de
mejor y más perfecta de todas ellas. Esta forma de vida no pue-
estado deberán cultivar en el pueblo. Todo su objeto se reduce
de reducirse tampoco a cortos períodos, sino que se ha de exten-
a descubrir el bien supremo del hombre.
der a toda nuestra existencia, pues una golondrina no hace ve-
¿Cuál es, pues, la mejor forma de vida? Aristóteles responde rano ni un trocito de felicidad constituye una vida feliz. En re-
que existe un acuerdo general en considerar que la mejor forma sumen, la felicidad consiste en una forma de vida activa, virtuo-
de vida es «la felicidad», entendida, claro está, en un sentido sa e ininterrumpida, una vida en la que entren en juego las fa-
muy amplio y ambiguo. Por ello, la investigación ética ha de cultades específicamente humanas y, por encima de todas, nues-
dirigirse a especificar una cuestión de hecho: ¿qué tipo de vida tra naturaleza racional.
merece llamarse verdaderamente feliz?
Si definimos la felicidad así, no sólo responderemos al ter-
Establece, así, tres criterios para determinar en qué consis- cero de los criterios, sino también a los otros dos. Efectivamente,
te la felicidad. Primero, se ha de desear por sí misma, es decir, esta forma de vida es deseable por sí misma, esto es, constituye
como fin y no como un simple medio. De ahí que no pueda con- un fin o bien último y no un simple medio. También es auto-
sistir en algo externo, como la salud. Segundo, ha de ser autosu- suficiente y resulta preferible a cualquier otra forma de vida
ficiente, esto es, adecuada para satisfacernos por sí misma. Por que pudiéramos concebir. Se trata del único modo de vida que
ello, no puede radicar en el placer o el honor, que, a los ojos de puede satisfacer plena y permanentemente al hombre. La posi-
Aristóteles, no son suficientes. Tercero, ha de fundarse en la ción aristotélica tiene el mérito de implicar otras concepciones
vida y en la acción específicamente humanas. Toda criatura tiene bastante extendidas sobre la felicidad. Unos dicen que la felici-
una función que le caracteriza, y su bien consiste, precisamente, dad se identifica con la virtud, otros que con el placer, y otros
en ejercer esa función. Un oso, por ejemplo, ha de ser un oso, incluso con cualquier forma de prosperidad externa. Sin embar-
esto es, ha de expresar la función propia de los osos. De igual go, para Aristóteles, la virtud es el terreno abonado en el que
modo, un hombre ha de ser un hombre: ha de expresar, en la florece la felicidad, el placer su acompañante habitual, y la pros-
medida de lo posible, su función específicamente humana. peridad su condición indispensable.
202 El significado del bienestar El bienestar como la vida de la razón 203

Aunque Aristóteles admita que el placer es auténticamente los extremos. Tanto el exceso como la deficiencia anulan la vir-
bueno, no podemos decir que sea un hedonista. También los tud.
animales experimentan placer, y nuestro filósofo está seguro de
que el bien del hombre ha de estar muy por encima del de los Este mismo es el caso de las fuerzas físicas y la salud. El ejerci-
animales inferiores. El placer es el acompañamiento de la vida cio, tanto si es exagerado como si es insuficiente, altera este vigor;
feliz, y no su principal sustancia. Es lo que «florece» en la vida; igualmente el exceso y la insuficiencia de bebida y de alimento com-
perfecciona y completa la actividad a la que acompaña, y alcan- prometen la buena salud, mientras que la medida en ello crea, des-
arrolla y conserva la salud. Lo mismo cabe decir de la templanza, de
za su punto álgido en el funcionamiento más libre y más salu- la fortaleza y de las demás virtudes. El hombre que, lleno de miedo,
dable del alma. De ahí que la vida de la razón no sea sólo la huye a la mínima sombra de peligro, que es incapaz de soportar
mejor y más notable de todas las formas posibles de vida, sino nada, se vuelve blando, mientras que el que no tiene miedo de nada
también la más placentera. y va a través de todo, da muestras de temeridad. Igualmente, el que
gusta toda clase de placeres sin prohibirse ninguno, da muestras de
Habría también que puntualizar que, aunque los bienes ex- intemperancia, mientras que el que los huye todos, como hacen los
rústicos, se vuelve completamente insensible. Así, pues, la templanza
ternos no sean buenos por sí mismos, resultan condiciones in- y la fortaleza se destruyen por exceso o por insuficiencia de práctica,
dispensables para una vida virtuosa. Para poder emplear noble- mientras que la moderación las conserva.4
mente el ocio y expresar nuestra naturaleza en su grado más ele-
vado, se requiere una cierta dosis de salud, seguridad y como- Este principio de moderación no se limita a las acciones,
didad. sino que también es aplicable a las emociones.
Existen dos formas de bien que corresponden a las dos par- Los sentimientos de temor, de confianza en sí mismo, de concu-
tes principales del ser humano: la racional y la infrarracional. La piscencia, de ira, de piedad, en una palabra, de placer o de dolor,
primera forma es el bien intelectual, que corresponde a la parte pueden afectarnos o demasiado o demasiado poco, y en ambos casos
racional. Consiste en el ejercicio de la razón por sí misma. La de manera defectuosa. Pero si experimentamos estos sentimientos en
el momento oportuno, por motivos satisfactorios, respecto de personas
segunda es el bien moral, que corresponde a la parte infrarra- que los merecen, por fines y en condiciones convenientes, nos man-
cional. Esta parte se divide, a su vez, en la parte «vegetativa», tendremos en un excelente término medio, que es lo característico
que consiste en las funciones vitales elementales de alimentación, de la virtud.5
crecimiento y reproducción, y la parte «apetitiva», que encuadra
la percepción, la emoción, el placer y el dolor, y el deseo y la Esta última cita señala claramente que el justo medio no es
aversión. La parte vegetativa está fuera del alcance de la razón, un punto equidistante entre dos extremos, sino una posición
pero la parte apetitiva es racional en la medida en que obedezca flexible y adaptable al momento, lugar y circunstancias, tanto en
los dictados de la razón. relación con la persona que actúa como con las que son afecta-
das por su comportamiento. Esta postura rechaza, pues, toda
Consideremos ahora el bien moral, que constituye una es- concepción rígida y rigorista como la kantiana, haciendo de la
pecie de excelencia o de virtud. Sólo heredamos una cierta ca- moral un sutilísimo arte intelectual regido por un sentido de la
pacidad para la virtud, mientras que la actualización de esa po- proporción y de la armonía y por un cálculo de las consecuencias.
tencialidad exige una gran cantidad de práctica y de esfuerzo.
Sin embargo, como fruto del hábito y de la educación, lo que Una parte de la vida racional la constituye la sabiduría prác-
no es más que una mera aptitud se convierte en una disposición 4
Etica Nicomaquea, en Obras. Traducción de Francisco de P. Sama-
desarrollada. A esa disposición es a lo que llamamos virtud. El ranch. Aguilar, Madrid 1964, 1.188.
bien moral es la disposición a elegir la moderación en lugar de s
Ibid., 1.192.
204 El significado del bienestar El bienestar como la vida de la razón 205

tica que encierra la virtud moral, un punto en el cual ya nos capacidad para la creatividad y la autotrascendencia. Bach, por
hemos detenido antes. Este implica bienes instrumentales y no ejemplo, fue un gran artista y Kant un excelente pensador, pero
solamente intrínsecos. Otra parte es el ejercicio de la razón por ambos fueron profundamente humanos. Jesús, un hombre emi-
sí misma: esto es lo que Aristóteles llama virtud intelectual. Co- nentemente religioso, está tan por encima de los animales como
mo el bien supremo e intrínseco del hombre es el perfecto de- Aristóteles, un hombre que consagró su vida a la ciencia y a la
sarrollo de su naturaleza racional, éste ha de ejercitarse primor- filosofía. Por otra parte, lo que verdaderamente importa es el
dialmente en la virtud intelectual, es decir, en la libre actividad valor que, a nivel humano, adquiere una determinada facultad,
de la razón. ya que no va en detrimento de la dignidad de una capacidad
cualquiera el que tenga sus orígenes en una vida anterior a la
Podemos aplicar, además, aquí el principio ya establecido de que del hombre. ¿Va, por ejemplo, en detrimento del amor humano
todo lo que es propio de la naturaleza de una cosa, es lo mejor y lo el hecho de que los perros manifiesten afecto por sus amos?
más placentero para esa cosa. Como lo más genuinamente humano es Creo que sería absurdo contestar afirmativamente.
la razón, una vida de acuerdo con la razón ha de ser, por ello, la
mejor y la más placentera para el hombre. De este modo, una vida Lo valioso no es, por necesidad, lo que distingue específica-
así será la más auténticamente feliz.6
mente al hombre, sino lo que es digno de él. De entre todos
los animales, sólo el hombre es capaz de distinguir el bien y el
La ley moral suprema es el amor a la virtud intelectual. Sa- mal; de ahí que sólo él pueda realizar actos criminales. La mal-
tisfacer ese amor significa acceder a una vida de contemplación dad diabólica es tan específicamente humana como el bien
intelectual, una vida que halla su mejor expresión en la ciencia que Aristóteles buscaba. Aristóteles pregunta: «¿cuál es la fun-
y en la filosofía. ción más propia del hombre?» Ahora bien, si «lo más propio»
Pasaré ahora a comentar críticamente todo lo expuesto hasta no significa otra cosa que lo que distingue al hombre, lo que
aquí. Empezaremos por investigar cuál es la relación de la razón contestemos no resultará necesariamente relevante para el ideal
con el valor y con el interés, y, a la luz de lo que concluyamos, moral de felicidad. Por otro lado, si «lo más propio» significa
determinaremos si la vida racional merece la alabanza ilimita- lo moramente propio, el intento de determinar su naturaleza ha-
da que Aristóteles le concede. ciendo referencia a una función humana supone partir de algo
que no se ha probado: que el hombre es lo moralmente propio.
Su afirmación de que la razón constituye un atributo exclu- Dicha hipótesis resulta injustificable. El bien no reside en todo
sivamente humano y que, por ello, ha de ser el bien supremo del lo que distingue al hombre: reside en aquella parte de la natu-
hombre, es falsa. Como el psicólogo Wolfgang Kohler ha pro- raleza humana que es el lugar del valor, al margen totalmente
bado en numerosos experimentos, los chimpancés tienen también de que dicha parte constituya o no constituya un distintivo es-
una capacidad racional. Por ejemplo, enfrente de una jaula don- pecífico del hombre. Como ya hemos visto, esa parte es el in-
de está encerrado un chimpancé, colocamos un plátano fuera de terés. Tenemos, pues, que examinar el interés para determinar
su alcance. Ponemos a su lado una caña con la cual pueda co- si el énfasis que Aristóteles pone en la razón está justificado.
gerse el plátano. El animal, dando una clara muestra de inteli-
gencia, tomará la caña y se apoderará del plátano. Puede, así, Consideremos qué relación puede haber entre la razón y el
probarse que la inteligencia o la razón no es exclusivamente interés. La razón es, por lo pronto, un factor del interés. Pode-
humana. Lo que, en esencia, distingue al hombre es el notable mos distinguir entre un interés reflexivo y un interés no refle-
desarrollo de todos los aspectos de la cultura, que expresan su xivo, entre apreciar y despreciar, entre premiar y valorar. Cuando
estimamos o valoramos, la razón modifica y controla el interés.
6
Ibid., 1.240. Sólo entonces actúa un juicio de la razón. Ahora bien, si afir-
206 El significado del bienestar El bienestar como la vida de la razón 207

máramos que el juicio es el factor más importante del interés, la vida de la razón es lo que realmente interesa a los hombres, lo
estaríamos cometiendo un error. Como hay gustos racionales y que quieren y ansian, lo que más total y profundamente les sa-
gustos no racionales, el interés, con frecuencia, no incluye un tisface. Esta afirmación contiene una gran verdad. La mayoría
juicio. El juicio no constituye la más íntima esencia del interés, de los hombres son profundamente adversos a actuar de un mo-
pues le sobreviene y califica. En este sentido, el juicio es me- do atolondrado, sobre todo si ese comportamiento se convierte
nos importante como factor del interés que los sentimientos y en una actitud permanente. Es verdad que la locura constituye
los deseos. sólo una de las formas posibles de irracionalismo, y que una per-
sona, aun sufriendo una grave enfermedad mental, puede todavía
Con todo, resulta indispensable para la vida virtuosa. Antes mostrarse muy razonable en algunos aspectos de su conducta.
de que un objeto de interés pueda ser considerado un valor fi- Con todo, su capacidad racional se ve disminuida, y nadie desea-
dedigno, hemos de determinar si, al menos, es «agradable» o si
ría vivir en un estado así. Posiblemente, la explicación de esta
también es «susceptible de agradar»; si es «deseado» o es tam-
aversión haya que buscarla en el hecho de que la racionalidad
bién «deseable»; si es «admirado» o es también «admirable».
representa algo muy valioso, por lo que su pérdida se considera
Hay una gran diferencia entre lo que se premia y lo que mere-
como una de las cosas más temibles. Por otra parte, uno de los
ce ser premiado, y entre lo que se premia irreflexivamente y lo
rasgos más característicamente humanos es el deseo de saber, el
que se alaba tras un acto de reflexión. Si no admitiéramos estas
hacer preguntas, el dar muestras de curiosidad. Este rasgo se
distinciones, nuestras vidas serían totalmente anárquicas. Como
manifiesta particularmente en los niños pequeños que hacen in-
John Dewey indicó:
numerables preguntas y se muestran extraordinariamente inte-
resados por los animales, las máquinas, las personas y por obje-
En nada se revela tanto una persona como en las cosas que juzga
agradables y desagradables. Tales juicios constituyen la única alterna-
tos naturales como las estrellas y las tormentas. ¡Dichoso el
tiva posible frente al dominio de la creencia por el impulso, frente hombre que conserve esta curiosidad infantil y desarrolle y di-
a la suerte, el hábito y el interés individual. La formación de una rija su inquietud natural de saber hacia intereses intelectuales
buena capacidad de juicio, cultivada y eficazmente operativa, o de cada vez más amplios y vitales!
un gusto por lo estéticamente admirable, lo intelectualmente acepta-
ble y lo moralmente aprobable representa la más elevada tarea del
ser humano ante los incidentes de la experiencia.7 El lector habrá observado que en la concepción que Aristó-
teles tiene de la ciencia se sitúa a las contemplativas y puramente
intelectuales por encima de las activas y eminentemente experi-
Uno de los mayores méritos de Aristóteles como filósofo
mentales. En muchos de sus textos se nos dice que la ciencia pura
moral radica, precisamente, en admitir estas observaciones. Com-
está por encima de la aplicada. Su postura contrasta abiertamen-
prende que sin el juicio o la sabiduría práctica nuestra vida no
te con el aforismo de Francis Bacon de que «conocer es poder»
se distinguiría de la locura. Según él, la función principal de la
y con la afirmación de Robert Boyle según la cual «idear es lo
razón consiste en gobernar nuestros sentimientos y apetitos. Si
mismo que tender a obrar». La concepción que Aristóteles tiene
así no fuera, el ser humano no podría actuar de un modo nor-
de la ciencia está íntimamente relacionada con su desprecio por
mal, satisfactorio, sano y equilibrado.
el trabajo físico y con su predilección aristocrática por «el no-
No sólo es la razón un factor del interés, sino también uno ble empleo del ocio». La pasión que Aristóteles muestra por la
de sus principales objetos. Aristóteles apunta repetidas veces que ciencia pura ha sido objeto de duras críticas por parte de auto-
res modernos demócratas y socialistas. Lancelot Hogben, por
7
The quest for certainty. Mintor, Balch, New York 1929, 262. Hay ejemplo, tras echarle en cara su insensibilidad de aristócrata en
traducción castellana: La busca de la certeza. Fondo de Cultura Económica,
México 1952. medio de una sociedad esclavista, arguye:
208 El significado del bienestar El bienestar como la vida de la razón 209

La ciencia progresa gracias a sus aplicaciones. Justificarla como medio». Sin embargo, este valor es instrumental y relativo; no
un fin en sí misma es una política de derrota. Una sociedad en la puede haber un justo medio entre la villanía y la virtud. «Sé
que la búsqueda de la verdad se convierta en el juguete de una clase
privilegiada o una sociedad que limite los beneficios de la aplicación
cauteloso, evita los extremismos y sigue el justo medio» es un
científica a un grupo reducido de individuos no puede hacer un consejo de prudencia, pero no necesariamente de moral. El mal-
uso pleno de la ciencia. La ciencia avanza con mayor rapidez cuando, vado y el astuto pueden utilizarlo en provecho propio. El prin-
por ser más ampliamente compartidos, se reconoce la eficacia de sus cipal valor que un hombre honrado puede descubrir en la ob-
beneficios. Sobre todo, su mayor carta de crédito radica en la pros- servancia del justo medio consiste en que promueve la armonía
peridad que imparte en las clases menos privilegiadas. Alcanzará su
más elevada dignidad en una sociedad sin clases que exija un modelo y, en consecuencia, la máxima realización de los diversos inte-
de ocio y bienestar asequible a todos sus miembros} reses de la personalidad; pero este valor resulta insignificante a
menos que esos intereses armonizados sean cualitativamente ri-
Puede argüirse en defensa de Aristóteles que el ansia de cos. Considerada en sí misma, la moderación no pasa de ser man-
conocer por conocer constituye una de las fuentes más importan- sedumbre y sosería: sólo contribuye en gran medida a la felicidad
tes de la felicidad, y que la aplicación del saber científico a la cuando la equilibra el gusto por la aventura y el entusiasmo
práctica ha sido con demasiada frecuencia insatisfactoria o po- despreocupado por vivir intensamente. Aunque Aristóteles trate
sitivamente perjudicial. En nuestra época concretamente, la cien- exclusivamente el tema de la amistad, sus observaciones no re-
cia aplicada ha multiplicado las diversiones entontecedoras, ha basan nunca el nivel del sentido común, ni valoran como debie-
impregnado de monotonía múltiples trabajos, ha convertido la ran el afecto apasionado. Tampoco le presta gran atención a la
guerra en un juego diabólico e infinitamente peligroso y ha pro- compasión y, al igual que otros aristócratas griegos, acepta la
ducido, entre otras cosas, una gran cantidad de objetos de con- esclavitud y considera desdeñosamente a los trabajadores ma-
sumo mal distribuidos y de pésima calidad. Si la ciencia ha de nuales.
rendir un servicio al hombre, tiene que buscar otros ideales
Todo el que profundice en sus obras de ética descubrirá que
y dirigirse a la prosecución de metas más dignas.
la gran cantidad de elementos experimentales que se hallan pre-
A pesar de la valoración acertada que Aristóteles hace de la sentes en ellas resultan ahogados por el exagerado intelectua-
ciencia pura, su estrechez de miras en otros aspectos es clara- lismo aristotélico. Como observa Santayana, «la vida de la ra-
mente manifiesta. Inútilmente buscaremos en las páginas de sus zón marcará un auténtico progreso cuando dé su más plena ex-
obras de ética la más mínima alusión a los valores estéticos. En presión a los intereses que apuntan sus tentativas».9 Aparte de
su Poética, ciertamente, aporta muchas ideas interesantes sobre su fondo de intereses vitales, el pensamiento de Aristóteles re-
las cualidades de la buena poesía, y en su Política da muestras sulta demasiado árido y abstracto para que llegue a colar en el
claras de haber comprendido las funciones que puede ejercer la corazón humano. Ningún hombre elegiría una vida de pura ac-
enseñanza de la música y de otras formas de arte. Con todo, tividad intelectual desprovista de todo sentimiento y de la sa-
sitúa las actividades artísticas muy por debajo de la ciencia y tisfacción de toda forma de deseo.
de la filosofía, y nunca llega a comprender la gran aportación
que la belleza y el arte pueden hacer al logro de la felicidad.
Por otra parte, en su exposición de lo que es la virtud moral,
se interesa casi exclusivamente por resaltar el valor del «justo

8
Science for tbe citizen (Una ciencia para el hombre de la calle). ' The Ufe ofreason (La vida de la razón), I. Scribner's, New York
Knopf, New York 1938, 726. 1927, X.
210 El significado del bienestar El bienestar como el máximo de placer 211

3. El bienestar como el Tras el paréntesis que supuso la edad media, el hedonismo


máximo de placer volvió a hacer su aparición con la recuperación de los saberes
clásicos emprendida por el renacimiento. En Inglaterra, uno de
los países donde echó raíces más profundas, estuvo representa-
do en diversos grados y formas por una serie de filósofos, entre
En el extremo opuesto del intelectualismo se encuentra la
los que cabe incluir a Thomas Hobbes, John Locke, David Hu-
teoría ética que se ha venido llamando hedonismo, palabra de-
me, Jeremy Bentham, James Mili, John Stuart Mili y Henry
rivada del término griego hedone que significa «placer». El he-
Sidgwick. Su influencia es hoy menos intensa de lo que fue en
donismo defiende que el placer es lo único que, en último tér-
el siglo xix. Con todo, sigue percibiéndose la inspiración hedo-
mino, puede ser considerado bueno, y el dolor lo único que, en
nista en pensadores tales como los filósofos americanos Durant
último término, puede ser considerado malo. Como el placer y
Drake, F. C. Sharp, William Savery y Curt John Ducasse. To-
el displacer son sentimientos, el hedonismo defiende que éstos
davía, pues, no se ha extinguido su eco ni faltan quienes apelan
son el único lugar del valor último.
con vigor a algunos de sus principios.
Puede decirse que desde la época de Demócrito (alrededor
Entre los modernos defensores del hedonismo, uno de los
del 460-362 antes de Cristo) hasta la actualidad, el mundo oc-
más importantes y característicos es Jeremy Bentham (1748-1832),
cidental ha conocido movimientos de corte hedonista. En la pri-
fundador del importante movimiento filosófico llamado utilita-
mera mitad del siglo iv antes de Cristo, Aristipo de Cirene, uno
rismo y de la no menos conocida corriente política que lleva el
de los discípulos de Sócrates, fundó una escuela hedonista en
nombre de radicalismo. La clave de su pensamiento está conte-
la que defendió que lo único que merece tenerse en cuenta es
nida en las siguientes palabras recogidas de su Introducción a
el placer del momento. Epicuro, que llegó a Atenas el año 306
los principios de la moral y de la legislación:
antes de Cristo, estableció otra escuela hedonista que llegó a
florecer casi durante nueve siglos. A diferencia de Aristipo, cuyo
lema era «comamos, bebamos y disfrutemos, pues mañana mori- La naturaleza ha puesto al hombre bajo el dominio de dos sobe-
remos», Epicuro creyó que la mejor forma de alcanzar el placer ranos maestros: el dolor y el placer. Sólo por ellos descubrimos lo
que debemos hacer y determinamos cuál será nuestro comportamien-
y evitar el dolor consiste en llevar una vida sencilla y austera, to. Por un lado, el modelo del bien y del mal, por otro la cadena
en la que se cuide más el rechazo del mal que el logro del bien. de causas y efectos, están sujetos a su trono.11
Una muestra característica de su postura lo constituye el siguiente
fragmento de una de sus cartas:
Bentham defiende aquí dos doctrinas muy distintas, una de
tipo psicológico y otra de carácter ético. La doctrina psicológica
Entiendo por placer la ausencia de dolor en el cuerpo y de tur- afirma que todo hombre está constituido de tal manera que,
bación en el alma. No es una sucesión ininterrumpida de borrache- siempre y en cada una de sus acciones, busca su propio placer o
ras, orgías, sexo y placeres y lujos de una buena mesa lo que produce
una vida placentera: es el razonamiento equilibrado, la búsqueda de evita un posible dolor. La doctrina ética declara que el único
los fundamentos de la elección y del rechazo, y el destierro de todas modelo de bienestar y el objetivo de la acción justa radica en la
aquellas creencias por las que se apoderan del alma las mayores felicidad, entendida ésta como la mayor cantidad de placer y el
turbaciones.10 menor margen de dolor. La primera de las doctrinas lleva el

10 11
Carta a Meneceo. Traducción inglesa de Hick, recogida en el libro An introduction to the principies of moráis and legislation (Intro-
de GORDON H. CLARK y T. V. SMITH, Readings in ethics (Lecturas de ducción a los principios de la moral y de la legislación). Hafner, New York
ética). Crofts, New York 1935, 91. 1948, 1.
212 El significado del bienestar El bienestar como el máximo de placer 213

nombre de hedonismo psicológico. El propio Bentham la formu- numerosas inexactitudes. Lo verdaderamante opuesto al placer
ló de la siguiente manera: no es el dolor, como él mantiene, sino la falta de placer. Ge-
neralmente, el dolor supone no placer, pero, en ocasiones, puede
Con ocasión de cada acto que realiza, todo ser humano tiende a llevar emparejado el placer. Un niño que esté mudando los
seguir aquella línea de conducta que, según su visión de la situación
y las indicaciones del momento presente, contribuirá en mayor me- dientes puede mover con la lengua el que está a punto de caér-
dida a conseguir el grado más elevado posible de felicidad personal.12 sele encontrando un cierto placer en la sensación dolorosa que
ello le produce. El placer que el masoquista experimenta con el
La segunda de las doctrinas es el hedonismo ético. Defiende dolor constituye un hecho psicológico sobradamente conocido.
que el placer es siempre bueno en sí mismo y que ninguna otra Como indica el psicólogo Edward Titchener: «El dolor es una
cosa puede serlo. Por otra parte, se juzga el placer en términos sensación, y una sensación que con intensidades y en circunstan-
cuantitativos. Lo que importa es conseguir la mayor cantidad cias diversas puede ser placentera, indiferente o no placente-
posible de placer, sin reparar en el tipo de placer de que se trate ra».13 Bentham debería haber definido la «felicidad» como el
ni en la forma de obtenerlo. La cantidad viene determinada por máximo excedente de placer sobre la carencia de éste.
dos factores: la duración o el período de tiempo que abarca, Examinemos ahora la relación que guarda el placer con el
y la intensidad, o la fuerza relativa que el placer alcanza en un interés. ¿Es el único o el principal factor de interés?; ¿es un
momento determinado. De igual forma, el dolor es lo único que objeto de interés? En caso negativo, ¿es el único objeto del in-
puede ser considerado malo en sí mismo. Al igual que el placer, terés reflexivo?
sólo es considerado en términos de los modelos cuantitativos de
intensidad y duración. El placer y la falta de placer son, evidentemente, formas de
interés, pero no las únicas. Como ya hemos observado, el juicio
Desde un punto de vista lógico, el hedonismo psicológico y interviene como factor en la reflexión de lo que agrada o des-
el hedonismo ético representan dos doctrinas bastante separadas. agrada. La emoción está también implicada en el interés y hasta
Bentham creyó que el hedonismo ético se funda en el hedonismo puede decirse que resulta aún más indispensable. Una emoción
psicológico: que el placer ha de ser bueno porque siempre es es un complejo estado de conciencia que contiene placer o dis-
deseado. Ahora bien, es posible que algo sea bueno aunque no placer entre los elementos que la constituyen, pero en la que
se desee, y que se desee algo aunque no sea bueno. Mientras intervienen también otros componentes. La reverencia, por ejem-
el hedonismo psicológico ha sido casi unánimemente rechazado plo, es una mezcla de placer, temor y afecto. La admiración su-
en las últimas décadas por muchos psicólogos y filósofos, el he- pone una fusión de placer, curiosidad, conocimiento y sentido
donismo ético continúa siendo en gran manera defendido. Por del misterio. El amor encierra placer, ternura y estimación cons-
otra parte, si concedemos al hedonismo psicológico que el im- ciente de las características del ser querido. La repugnancia es
pulso de nuestra propia naturaleza nos obliga a perseguir el pla- un conjunto de displacer, temor y aversión. Hasta la emoción
cer, no podemos, lógicamente, aceptar la tesis del hedonismo más simple presenta alguna cualidad distintiva que permite ca-
ético de que debemos buscar la felicidad. El deber implica elec- racterizarla al margen de la sensación de placer o displacer que
ción, no necesidad. De ahí que exista una incompatibilidad ló- implique.
gica entre el hedonismo psicológico y el ético.
El interés supone también volición, es decir, impulso, deseo,
En su formulación del hedonismo ético, Bentham incurre en anhelo, apetencia. Por otra parte, la mayoría de los psicólogos
12 u
The works of Jeremy Bentham (Obras de Jeremy Bentham), IX. Text-book of psychology (Manual de psicología). Macmillan, New
W. Tait, Edinburgh 1843, 5. York 1910, 227.
214 El significado del bienestar
El bienestar como el máximo de placer 215
actuales defienden que la volición es, precisamente, el factor más
importante del interés, ya que de ella surgen y dependen el sen- Ahora bien, la mayoría de los hedonistas se ven forzados a
timiento y la emoción, el éxito o el fracaso del esfuerzo volitivo aceptar que deseamos otras cosas además del placer, pero sue-
del organismo. Como el interés incluye juicio, emoción y voli- len hacer hincapié en que, cuando reflexionamos, el placer cons-
ción, no se puede reducir sin más al placer y al displacer. Con- tituye el único objeto de deseo. Veamos, por ejemplo, lo que
sideremos ahora los sentimientos hedonístas como objetos de in- dice al respecto un defensor del hedonismo como el profesor
terés. F. C. Sharp:

El placer es un objeto de interés positivo (agrado) y el dis- Lo bueno... no es lo deseado en cuanto tal. Es lo que deseamos
placer es un objeto de interés negativo (desagrado). Una persona cuando nos sentamos fríamente a reflexionar sobre las relaciones
puede buscar, por ejemplo, ansiosamente el placer sexual, aunque existentes entre los diversos fines que nos atraen, y nos enfrentamos
sin tapujos al hecho de que el logro de unos es incompatible con el
de hecho le agraden muchas otras formas de placer. Ahora bien, de otros. Pronto notamos que nos sentimos muy interesados por
sería un error mantener, como hace el hedonismo psicológico, que ciertas metas, mientras se desvanece el atractivo de otras. Lo que en
el placer o la evitación del displacer es el único objeto del agra- tales situaciones sigue ocupando un lugar en nuestra estimación es
do o del deseo. Hoy en día son muchas las personas que desean lo que llamamos bueno. Si hemos de definirlo con pocas palabras
podríamos decir que una experiencia es intrínsecamente buena cuando
tanto o más ampliar su conocimiento, alcanzar seguridad, lograr es capaz de convertirse en el objeto de un deseo reflexivo entendido
honores o conseguir poder. en el sentido que le hemos dado en la descripción anterior.14

Suponer que el placer es siempre el único objeto de deseo


constituye una confusión debida a no distinguir entre el deseo En estos momentos de reflexión, sigue diciendo Sharp, des-
de placer y el placer que acompaña a la satisfacción del deseo. cubrimos que lo intrínsecamente bueno es el placer y no otra
Siempre obtengo algún placer con la realización de mi deseo, cosa.
pero ello no significa que el placer sea necesariamente el objeto Ahora bien, estoy de acuerdo en que no tenemos ninguna
de mi deseo. Como obtenemos placer cuando conseguimos lo que otra forma de determinar lo que es bueno que no sea la de
queremos, suponemos que lo único que deseamos es el placer. «sentarnos fríamente a reflexionar» sobre todas las metas posi-
Cuando estoy solo, por ejemplo, necesito que alguien me haga bles que la vida nos brinda y la de descubrir, a través de la in-
compañía, y, con la satisfacción de ese deseo, obtengo placer. trospección crítica, lo que real y verdaderamente queremos. La
Ahora bien, el ansia de compañía llega primero, y el placer es definición de bien que Sharp propone me parece extraordinaria-
una consecuencia de la satisfacción de ese deseo y no su objeto. mente válida como forma de actuación, pero creo que el objeto
En realidad, nos olvidamos a menudo totalmente del placer y nos del deseo reflexivo no se agota con el placer.
esforzamos por conseguir otras cosas. Estamos más en disposi-
ción de obtener placer precisamente cuando nos olvidamos de Considero evidente que la cordura es algo que todo hombre
él. Hay una profunda verdad en el dicho que se ha dado en desea incluso cuando se para cuidadosamente a reflexionar. Hay
llamar «la paradoja hedonista», según el cual «la forma de ob- formas de demencia en cuyo cuadro sintomático aparecen delirios
tener placer consiste en olvidarse de él». El secreto de la feli- de grandeza que pueden resultar extraordinariamente placente-
cidad radica en el poder que tienen los intereses impersonales de ros. Sin embargo, ninguna persona que lo piense querría volverse
hacer felices a los hombres; ello sucede cuando nos entregamos a loca, aunque ello le procurara más placer y menos dolor que el
una causa olvidándonos de nosotros mismos o cuando dejamos que pudiera experimentar de alguna otra manera.
que nos absorba un trabajo creativo.
14
Ethics (Etica). Century, New York 1928, 410-411.
216 El significado del bienestar
El bienestar como el máximo de placer 217
Por otra parte, considerándola exclusivamente, la unión del
Un hedonista contestaría que el amor, el conocimiento, la
placer y la cordura no es suficiente. Una ostra es «sensata» y
belleza, etc., son, evidentemente, bienes pero sólo en función
puede que estos animales sientan placer, pero la mayoría de los
de que producen placer. A mi forma de ver, esta respuesta re-
hombres, cuando reflexionan, desean una vida mental superior
sulta inadecuada. No es lo deseable sin más lo que nos produce
a la de las ostras. Es posible que en un mundo en el que sólo
placer, sino que sentimos placer de determinadas formas y como
hubiera ostras se diera más placer y menos dolor que en otro
acompañamiento de ciertas cosas. En los ejemplos anteriores
en el que existieran seres humanos. Ahora bien, como apuntó
hemos supuesto que la alternativa menos atractiva era igual o
Platón en el Filebo, el hombre necesita algo más: requiere ac-
mayor en cuanto a la cantidad de placer, pero que carecía de
tividad intelectual tanto como experiencias placenteras. Una vida
ciertas cosas que los hombres verdaderamente deseamos.
en la que no se dieran sino sentimientos —sin memoria, ni ex-
pectativa, ni conciencia de uno mismo, ni conocimiento del en- John Stuart Mili (1806-1873), en su obra El utilitarismo,
torno— no agotaría en modo alguno el amplio campo de los de- admite que casi todos preferimos estar cuerdos que locos, aunque
seos humanos. quizá el loco experimente algo más de placer, y que no querría-
mos convertirnos en animales inferiores ni aún a cambio de
Creo que hay muchas otras cosas que los hombres desean obtener todos los placeres posibles en la vida de los brutos. Sin
incluso cuando se paran a reflexionar. Para comprobarlo, haga- embargo, trata de salvar el hedonismo y, para ello, establece una
mos el siguiente experimento mental. Imaginemos dos mundos distinción entre la cantidad y la cualidad del placer, haciendo
con igual cantidad de placer, pero diferentes en muchas otras hincapié en ésta última.
cosas. Los únicos seres que habitan en el primero sólo sienten
placer, pero no tienen ni siquiera conciencia del medio que les Sería absurdo suponer que los placeres dependen sólo de la can-
rodea. No saben nada de la verdad, del amor, de la imaginación, tidad, siendo así que, al valorar todas las demás cosas, se toman en
del conocimiento de la belleza ni de lo que es una personalidad consideración la cualidad tanto como la cantidad. Si se me pregunta
madura. En el segundo de los mundos, existen seres humanos qué quiere decir diferencia de cualidad entre los placeres, o qué
hace que un placer, en cuanto placer, sea más valioso que otro, prescin-
que no sólo experimentan placer, sino que también conocen, diendo de su superioridad cuantitativa, sólo encuentro una respuesta
aman, admiran la belleza, practican la virtud y desarrollan sus posible: si, de dos placeres, hay uno al cual, independientemente de
aptitudes. Aunque en ambos mundos exista la misma cantidad cualquier sentimiento de obligación moral, dan una decidida preferen-
de placer, ¿no es el segundo más deseable que el primero? Creo cia todos o casi todos los que tienen experiencia de ambos, ese es el
placer más deseable. Si quienes tienen un conocimiento adecuado de
que las personas que contesten afirmativamente serán, con toda ambos, colocan a uno tan por encima del otro, que, aun sabiendo
seguridad, las más reflexivas. que han de alcanzarlo con un grado de satisfacción menor, no lo
cambian por ninguna cantidad del otro placer, que su naturaleza les
Pasemos ahora al nivel de la vida individual. Imaginemos permite gozar, está justificado atribuirle al goce preferido una supe-
que se descubriera una droga que fuera capaz de conferir al rioridad cualitativa tal, que la cuantitativa resulta, en comparación, de
pequeña importancia.15
hombre la capacidad permanente de estar siempre durmiendo y
de no despertar más que para sentir placer. Aunque la cantidad
La posición de Mili es más adecuada pero menos coherente
de placer fuera en ambos casos igual, ¿nos dejaría indiferentes
que el hedonismo puramente cuantitativo de Bentham. En pri-
la pérdida de todas las otras capacidades humanas? Evidente-
mer lugar, es discutible que los placeres, considerados en sí mis-
mente que no. Quiero decir con esto que, en el ejemplo propues-
mos, se diferencien entre sí por el tipo o la cualidad. Titchener,
to, aunque los valores instrumentales permanezcan, los valores
intrínsecos de la vida humana resultan reducidos o eliminados.
15
S. MILL, o. c, 7-8.
218 El significado del bienestar El bienestar como el máximo de placer 219

por ejemplo, en su Manual de psicología, niega la existencia de Mili estaría en lo cierto al mantener que los placeres se di-
tales diferencias; índica, además, que la diferencia atribuida al ferencian por la clase a la que pertenecen, si entendiera por pla-
tipo existe realmente, pero que no se da en los placeres sino en cer no algo separado de todo contenido, sino un estado agrada-
los contenidos de conciencia muy distintos que tienen la pro- ble de experiencia. Ello se debe a que la experiencia contiene
piedad común de agradar.16 Según esta interpretación, el placer algo más que placer y a que el placer se funde con sus otros
de jugar al tenis no difiere cualitativamente del de leer un libro constituyentes. Quizá sin proponérselo, las expresiones de Mili
junto al fuego; ahora bien, ambas experiencias son muy diferen- atestiguan estos hechos. Así, por ejemplo, habla de la mayor
tes por otra serie de razones. «dignidad» o «intelectualidad» de los placeres que prefiere. Ello
implica que no sólo es bueno el placer, sino también la dignidad
Por otra parte, es discutible que podamos separar claramente o intelectualidad que sirve para diferenciar una experiencia agra-
el placer del contenido al que va unido. El «placer puro» no dable de otra que también lo es. Al admitir estas diferencias,
pasaría de ser una abstracción irreal. No hay duda de que po- Mili está abandonando implícitamente el hedonismo estricto.
demos abstraer mentalmente la complacencia de una experien-
cia, pero lo que podemos considerar separadamente no está, de En resumen, el placer no es la única forma de interés, ni
hecho, separado. Lo que se da en la vida real es la experiencia su único objeto, y ni siquiera el único objeto del interés refle-
agradable y no el placer desnudo. Nunca encontramos place- xivo. Concluyo, pues, que no basta por sí solo para constituir
res «en solitario tropel»; los hallamos como constituyentes de el bienestar.
emociones, entrelazados con deseos, o fundidos con ideas, imá- La felicidad, bien último de la vida, se reconoce mejor que
genes o sensaciones. Esas experiencias placenteras presentan di- se define. Generalmente sabemos cuándo somos felices, pero si
ferencias cualitativas. Existe, por ejemplo, una diferencia de cua- se nos pregunta qué es la felicidad, nos quedamos desconcerta-
lidad entre el agradable placer de escuchar una sinfonía y la dos. Podemos, sin embargo, describirla acertadamente como lo
grata sensación de rascarnos la espalda. Los sentimientos con- que nos gusta y lo que queremos en forma de experiencia in-
tenidos en cada experiencia se funden sutilmente entre sí y con mediata, de igual modo que la infelicidad sería lo que nos dis-
el contenido total. Como Félix Krueger, el eminente psicólogo gusta y lo que rechazamos. Lo que queremos es una actividad
alemán, escribiera: que esté libre de conflictos irreconciliables y de frustraciones,
placentera y emocionalmente gratificante, y que satisfaga sin sa-
Las partes o aspectos diferenciables de una experiencia real nunca ciar o sin que se agote su interés. Como la única palabra con la
están tan aislados uno de otro como las partes de una sustancia que podemos designar esa experiencia es la de «placer», siem-
física, como sus moléculas o sus átomos, por ejemplo. Todo lo que, pre habrá personas que la encontrarán inadecuada. A mí, por
por analogía, podemos diferenciar a este nivel está unido a otra cosa
y lo que le rodea se integra en una elaboración mayor. Por si fuera lo menos, me lo parece por las razones que he venido dando.
poco, cada situación está, sin excepción, vinculada a una totalidad
que la penetra y que, de un modo más o menos completo, la encua- Si algunos filósofos persisten en emplear la palabra placer
dra. Los sentimientos son cualidades de experiencias de esa tota- para designar todas estas experiencias intrínsecamente valiosas,
lidad.17 es de temer que se consideren diferencias de posición lo que no
es más que una cuestión terminológica. Mientras unos prefieren
"• Véase TITCHENER, o. c, 256-257. usar el término en un sentido muy amplio, otros le otorgan un
17 significado muy preciso. Como un uso extremadamente amplio
The essence of jeeling (La esencia del sentimiento), en Veelings
and emotions (Sentimientos y emociones), editado por Martin L. Reymert. puede dar lugar a equívocos, cuando no a errores, prefiero emplear
Clark University Press, Worcester, Mass. 1928, 67. cualquier otra palabra.
220 El significado del bienestar El bienestar como la satisfacción del deseo 221

Al decir que el bienestar incluye algo más que placer, no postura, la música, los juegos que ejercitan el cuerpo, los espectácu-
los y otras cosas de igual especie de que todos pueden usar sin
defiendo que el placer sea neutral desde el punto de vista del perjuicio alguno ajeno.18
valor. Aunque no agote el bien intrínseco, es intrínsecamente
bueno. Cuando con una actitud crítica me encierro dentro de Spinoza creía incluso que el bien consiste en el regocijo de
mí mismo, no veo que una experiencia totalmente carente de todo el organismo, y que el mayor deleite no es el simple pla-
placer sea en algún momento intrínsecamente buena, por muchos cer pasivo y localizado, sino el gozo del organismo entero en
factores que le añadamos y por mucho que aumentemos su va- su más plena realización. Esa alegría integral y no el mero placer,
lor. Por el contrario, me siento inclinado a creer que toda ex- es lo que constituye el signo más seguro del bienestar.
periencia agradable es siempre intrínsecamente buena. El inten-
to de Kant de demostrar lo contrario me parece engañoso. Kant
argüía que el placer ha de estar unido a una buena voluntad
para ser intrínsecamente bueno; que el placer obtenido con un
acto de tortura, por ejemplo, es malo en sí mismo. Está claro 4. El bienestar como
que un placer de este tipo es malo, pero lo es, no porque sea la satisfacción del deseo
un placer, sino porque supone la manifestación de una disposi-
ción inmoral y porque ocasiona más mal que bien. Sus malos
efectos y lo que le acompaña tienen un peso específico mucho Al igual que el hedonismo exacerba exclusivamente el sen-
mayor que su bondad intrínseca, aunque, en cuanto placer, sea timiento, el voluntarismo extremo viene caracterizado por el
intrínsecamente bueno. Con todo, no estoy seguro de la correc- acento exclusivista que pone en la volición. A un nivel muy
ción de esta afirmación. Es posible que un placer contagiado general, puede decirse que es voluntarista toda doctrina para la
durante mucho tiempo por circunstancias moralmente malas cons- cual la volición incluye momentos de pensamiento y sentimiento,
tituya un mal en sí mismo. determinando que la satisfacción del deseo produce placer y emo-
ciones agradables. Ilustraremos algunas de las formas de volun-
Sin embargo, todo moralista liberal y antipuritano se mos- tarismo recurriendo a una serie de ejemplos históricos.
trará más predispuesto a alabar el placer que a condenarlo. Na-
Uno de los voluntaristas más famosos fue Arturo Schopen-
die ha ensalzado más sinceramente el valor del placer sin ser
hauer (1788-1860), notable defensor del pesimismo radical de la fi-
un hedonista que el gran filósofo liberal Benedicto Spinoza.
losofía occidental. Según él, la esencia fundamental y completa
Seguramente sólo una salvaje y triste superstición puede prohibir de la vida es la «voluntad», entendiendo por tal toda forma de
disfrutar de los placeres. ¿Qué razón hay para que no sea tan con- apetito, impulso, instinto o deseo que impulse a cualquier ser a
veniente desechar la melancolía como apagar el hambre y la sed? esforzarse y a actuar. Como idealista, creía que toda la naturaleza
Tal es mi regla y tal mi convicción. Ninguna divinidad, nadie más se halla penetrada por la voluntad. «Hasta ahora, explicó, el
que un envidioso, puede gozar con nuestras lágrimas, nuestros sollo-
zos, nuestro temor y otras señales de interior impotencia; por el con- concepto de voluntad se ha incluido en el concepto de fuerza.
trario, cuanto mayor es el gozo que nos afecta, más grande es la Yo hago justamente lo contrario: considero que toda fuerza de
perfección que conseguimos y más necesario que participemos de la la naturaleza está dotada tanto de pensamiento como de volun-
naturaleza divina. Es, pues, propio de un hombre sabio usar de las tad».19 La acción de la gravedad, la fuerza expansiva de un lí-
cosas y disfrutar de ellas en lo posible (sin llegar hasta el hastío, por-
que esto no es deleitarse). Es propio de un hombre sabio, repito, 1S
utilizar para su refección y para la reparación de sus fuerzas, ali- Etica. Traducción de Ángel Rodríguez Bachiller. Aguilar, Buenos
mentos y bebidas agradables tomados en cantidad moderada, como Aires 1961, 333.
asimismo los perfumes, el encanto de las frondosas plantas, la com- " Werke (Obras) (Edición alemana), II. Leipzig 1873-1874, 362.
222 El significado del bienestar El bienestar como la satisfacción del deseo 223

quido contenido en un vaso y la respuesta trópica de una planta, de la voluntad. El fascismo y el nazismo han convertido este
por ejemplo, constituyen manifestaciones de una voluntad. En los principio en una de sus principales doctrinas. Como ejemplo ca-
niveles inferiores de la existencia, la voluntad es un impulso racterístico podemos citar al propio Benito Mussolini, según el
ciego, pero en el hombre se hace consciente. Todas las otras cual, el fascismo «niega la validez de la ecuación: bienestar igual
funciones de la mente se subordinan a ella. La voluntad es la a felicidad» y descubre su «valor» en «una voluntad de existir y
capitana, la razón el obediente timonel; la voluntad busca el fin, una voluntad de poder».22 La historia posterior del fascismo, con
la razón se limita a descubrir o a inventar los medios. De igual su activismo destructor y su anti-intelectualismo, podría bastar
modo, el sentimiento y la emoción son funciones de la volición. como indicación de los peligros sociales de este voluntarismo
exagerado. Toda ética que desprecie los valores intrínsecos del
Desde esta posición, Schopenhauer se veía obligado a situar la
sentimiento y de la razón resulta rechazable. Como ha dicho
voluntad en el centro de la teoría de los valores. «Todo lo que
Bertrand Russell, «la vida virtuosa es la que está impulsada por
se conforma al esfuerzo de una voluntad individual, afirmó, se
el amor y guiada por el conocimiento».23 Sí no admite este hecho,
llama bien en relación con la voluntad en cuestión —buena co-
toda ética está obligada a ser cruel e irracional.
mida, buen camino, buen presagio—. A lo opuesto se le llama mal
o, en el caso de seres animados, perversión».20 Su pesimismo le Para obtener una amplia visión de lo que es el bienestar,
hizo creer que la voluntad encierra una mayor dosis de mal que podemos volver a hacer referencia a la filosofía de Spinoza. Su
de bien. Se trata de un irracional e insaciable furor de vivir, que ética era, fundamentalmente, voluntarista: defendía que la esen-
surge de la zozobra, la necesidad y el sufrimiento. «Querer es cia de todo ser es un «conatus» o impulso volitivo, una tenden-
una necesidad, una carencia y, en consecuencia, un dolor, declaró. cia a la autoconservación y al autodesarrollo, una necesidad de
La vida oscila entre el dolor y el aburrimiento».21 El único refugio aumentar la plenitud del individuo. «Este esfuerzo, escribió, cuan-
contra la avidez insaciable y la larga tortura del deseo se encuen- do se relaciona sólo con el alma, se llama voluntad; cuando se
tra en los momentos de rapto de la contemplación estética o en relaciona a la vez con el alma y con el cuerpo, se llama apetito;
los escasos estados de paz desapasionada —la ecuanimidad per- el deseo es el apetito con conciencia de sí mismo». La volición
fecta del nirvana— que sólo alcanzan los santos ascéticos. es la base de toda valoración: «no nos esforzamos en nada, ni
Friedrich Nietzsche (1844-1900) compartió con Schopenhauer queremos, apetecemos o deseamos cosa alguna porque la juzgue-
la doctrina sobre la importancia trascendente de la voluntad, pe- mos buena; sino que, por el contrario, juzgamos que una cosa
ro sustituyó su pesimismo sumiso y resignado por un desafiante es buena porque nos esforzamos hacia ella, la queremos, apete-
optimismo. Defendió que la voluntad —y, por encima de todo, cemos y deseamos».24 De este modo, el bien surge del deseo y no
la voluntad de poder— es la fuerza directiva fundamental de la el deseo del bien.
vida; y que no sólo es, sino que ha de ser, la facultad que impera Como la necesidad básica del hombre consiste en el aumento
en la personalidad. Por encima de todo tipo humano, Nietzsche de la vida, ser bueno significa, ante todo, fomentar la vida, favo-
ensalzó al aristócrata fuerte, soberbio, agresivo, cuyo ideal es recer los poderes del hombre. «Llamamos bueno o malo, aclara
esclavizar y explotar; el hombre feliz, el que razona y el que Spinoza, lo que acrecienta o disminuye, secunda o reduce nuestra
ama carecen de valor.
22
The political and social doctrine of fascism (Doctrina política y so-
Aunque se diferencien en muchos aspectos, hallamos en Scho- cial del fascismo): International conciliatíon (Conciliación internacional)
penhauer y en Nietzsche una expresión extrema de la primacía (enero, 1935) 9 y 13.
23
What i believe (Aquello en lo que creo). Dutton, New York 1925,
Ibid., IV, 265. 20.
24
Jbid., sección 57. B. SPINOZA, O. C, 115-116.
224 El significado del bienestar El bienestar como la satisfacción del deseo 225

potencia de obrar».25 De este modo, Spinoza fundó su ética en pasivas incluyen el pánico, el miedo, los amores esclavizados, el
la distinción entre una vida descendente y una vida ascendente. odio, la envidia y toda pasión inmoderada. Corresponden a las
El problema ético fundamental consiste en pasar del nivel más ideas confusas e inadecuadas de la primera de las formas de co-
bajo de la vida al más elevado, a fin de que ésta sea cada vez nocimiento: impresiones sensoriales aisladas, opiniones populares,
más activa, organizada, proyectiva, dinámica y total, ya que, en convenciones y supersticiones. Las emociones activas, por el con-
último término, esta vitalidad desbordante constituye el más trario, surgen de la expresión libre e íntegra del hombre total.
fundamental de nuestros deseos. Proceden de la máxima realización del deseo y de la voluntad y
corresponden a la razón y a la intuición. Suponen el amor a los
La realización del apetito, del deseo y de la voluntad que ese objetos más amplios —la naturaleza y la comunidad humana uni-
proceso de expansión vital implica, va acompañada de razón y de versal— y producen la máxima felicidad, pues ésta depende de la
sentimiento. Intelectualmente significa reemplazar el desorden y calidad de los objetos en los que fijamos nuestro amor, y el amor
la confusión por la sistematización y el orden racional, e identi- hacia IOJ objetos más extensos impregna el alma de un profundo
ficarnos mentalmente con el todo eterno. El desarrollo del pen- gozo.
samiento supone un ascenso a través de tres niveles de conoci-
miento. El primer nivel es la «imaginación», e incluye la sensa- Esta es la visión que Spinoza tiene del tránsito del hombre
ción y la representación; nos proporciona un vislumbre diferen- de la esclavitud a la libertad, un paso motivado e impulsado por
ciado, fragmentado y superficial de la realidad. La razón, el se- la volición, pero que incluye en su amplio ámbito el desarrollo
gundo de los niveles, es más adecuado: nos suministra la ciencia, intelectual y emocional.
y su efecto es unificar, aunque de un modo incompleto. El do-
Para considerar la validez de estas doctrinas, podemos exami-
minio intelectual no se logra sin acceder al tercero de los niveles
nar la relación existente entre la volición y el interés y el valor.
de conocimiento: la intuición, una «visión intelectual» que em-
pieza captando el todo para desde él comprender la parte, dado Ello exige un análisis de los factores que entran en la expresión
que ésta está implicada en el conjunto. A este nivel, la certeza y en el cumplimiento del deseo. Podemos distinguir los siguientes
y la necesidad de la demostración propias de la ciencia se unen factores:
a una percepción intelectual, concreta e inmediata del todo. En (1) Impulso o fuerza. La volición es el elemento dinámico
la cima de su desarrollo mental, el hombre capta la unidad del de la personalidad: es impulso, fuerza, movimiento o tendencia.
«ser total»: consigue su salvación y su libertad viviendo cons- Un organismo vivo, ya sea por sus caracteres instintivos o por los
cientemente como un hombre completo en ese conjunto cósmico adquiridos, presenta apetencias y disposiciones que le gobiernan:
que todo lo abarca. impulsos psicológicos tales como el hambre, la sed, la necesidad
de sexo, descanso o sueño, y disposiciones psicológicas como la
Un paso importante hacia el logro de esta realización del curiosidad, el deseo de juzgar, el interés por la seguridad y el
deseo y de esta expansión del pensamiento, lo constituye la trans- impulso artístico. Los valores de nuestros cuerpos y de nuestras
formación de nuestra vida emocional mediante el tránsito de las almas consisten primariamente en la satisfacción de tales necesi-
emociones pasivas a las activas. Una emoción pasiva está locali- dades, anhelos y tendencias.
zada, desunida y separada del conjunto de la personalidad. Se
trata de una simple respuesta a las fuerzas externas que nos do- (2) Pensamiento. Si no hemos de estar dirigidos por impul-
minan y no de una afirmación de la individualidad y de la integri- sos ciegos, sino por deseos conscientes, el pensamiento ha de to-
dad, ni de un resultado de la realización orgánica. Las emociones mar conciencia del impulso y representarse, verdadera o falsamen-
te, los supuestos objetivos de la actividad, tanto los inmediatos
25
Ibid., 186. como los remotos. En el caso del hambre, por ejemplo, tomar
226 El significado del bienestar El bienestar como el desarrollo de la personalidad 227

alimento será la meta consciente del impulso. La inteligencia La insatisfacción implica aversión, displacer y emociones negativas
puede examinar con un sentido crítico cada uno de los objetivos como el odio y el disgusto.
para juzgar, en consecuencia, su dignidad o su indignidad. Fre-
Primariamente, un valor es el complejo proceso total que
cuentemente, un juicio de este tipo supone una elección y, a ve-
supone la satisfacción de un deseo. Como hemos señalado, con-
ces, hasta una nueva orientación del deseo.
tiene impulso, pensamiento, imaginación, emoción y placer o dis-
(3) Esfuerzo. Entre la aparición de un impulso y su satis- placer. Cuando sometemos el deseo a un análisis detenido como
facción, se da generalmente un intervalo de tensión, inquietud y el que acabamos de hacer, descubrimos en él esos factores de
búsqueda. A menudo, aunque no invariablemente, va acompañado interés intelectual, hedonista y emocional que hemos venido des-
de displacer, que es un signo de la falta de tranquilidad. En el cribiendo. Sólo cuando concebimos el deseo en un sentido muy
tránsito de la búsqueda a la consumación, el displacer y las emo- amplio, podemos decir con toda propiedad que constituye la base
ciones negativas que le acompañan se tornan en placer y en emo- y el contenido del valor. Un deseo abstracto, desprovisto de todo
ciones positivas... Sin embargo, a veces, como en el caso de una pensamiento, emoción y sentimiento, no es más real que el placer
agradable necesidad de comer, no se produce ninguna sensación puro: en consecuencia, no puede entrar en el contenido de la
dolorosa de deficiencia, y la fase de búsqueda resulta también experiencia del valor. Spinoza, pues, era realista al hacer hinca-
placentera. pié en la interrelación de las funciones mentales.
(4) Anticipación y memoria. La consumación del deseo no es Dado que el deseo es concebido a menudo a nivel abstracto
instantánea: existe un estado previo a la satisfacción, que es la y restringido, quizá sea mejor, para indicar la base psicológica
anticipación, y un estado posterior a la misma, que es la memo- del valor, emplear la palabra interés. Por otra parte, tal vez este
ria. Por otra parte, cada nueva satisfacción puede reavivar el re- término exprese mejor la idea de que el interés positivo consiste
cuerdo de satisfacciones pasadas similares y provocar el anhelo por en una actitud de agrado que abarca elementos intelectuales, voli-
posibles reanudaciones futuras. Como apunta el profesor Parker: tivos, emocionales y hedonistas, y que el interés negativo supone
una actitud similar de signo contrario en la que se incluyen tam-
Todo valor contiene... ecos del pasado y suministra nuevas reso- bién todos los factores mencionados.
nancias para inéditos valores futuros. Un valor es un sistema armó-
nico, que, como un tono, rememora todos los que armonizan con él.
Merced a la anticipación imaginaria de la satisfacción, gozamos antes
de gozar; gracias a la memoria, disfrutamos después de haber dis-
frutado; y cada gozo contiene un gozo anterior y otro posterior. A la 5. El bienestar como el desarrollo
vista del papel que juega la imaginación en el valor, gracias a la de la personalidad
anticipación y a la memoria, es preciso concluir que el valor no se
circunscribe al término de la experiencia, a la sola consumación, sino
que abarca el proceso entero de deseo-búsqueda-satisfacción.26
Por su carácter dinámico, la personalidad humana representa
(5) Consumación o frustración. Si el deseo se realiza, la con- una organización de intereses cuyo enriquecimiento y satisfac-
secuencia es la satisfacción. Por el contrario, si se frustra, el resul- ción constituye su bienestar. Como organización de intereses, se
tado es una insatisfacción. La satisfacción comporta alivio de la diferencia de la simple colección; se parece más a una comunidad
tensión, placer y emociones positivas como el amor y la alegría. en miniatura. La idea es muy antigua. Platón, en La república,
sostuvo que el estado es el orden individual a gran escala y el
H. PARKER, O. C, 25. individuo el orden estatal a escala reducida. Del mismo modo que
228 El significado del bienestar El bienestar como el desarrollo de la personalidad 229

imaginó su estado ideal como una auténtica comunidad en la que vida trascendiéndola, pero el resultado es la potenciación de la
existiera una interdependencia y una mutualidad genuinas, con- misma.
cibió el alma individual como una «comunidad» de partes en la
Si nuestra meta es, sin lugar a dudas, el enriquecimiento de
que se da una armoniosa interacción entre todas ellas. La posición
la vida, ésta se funda en la realización del hombre total: no sólo
platónica puede ser traducida al lenguaje de la moderna psicolo-
de la razón, ni de la voluntad, ni de las emociones, sino de la
gía. Podemos defender que una personalidad virtuosa es aquella
expresión y actualización de la naturaleza humana como una or-
que está bien organizada y en la que todas las dimensiones de la
ganización dinámica de intereses.
naturaleza humana —la volitiva, la intelectual, la hedonista y la
pasional— forman una comunidad, una unidad orgánica. En ella, Quizá pueda comprenderse mejor el significado del bienestar
cada parte se relaciona con otra y con el conjunto, y todas esas contrastándolo con el mal. Tomamos un ejemplo de la literatura:
dimensiones interdependientes, que se expresan en múltiples in- el momento terrible en que Macbeth toma conciencia de la abso-
tereses, son cultivadas y satisfechas. luta inutilidad, la falta de sentido y la miseria de su existencia.
Le ha sobrevenido un desastre tras otro; Lady Macbeth ha muer-
A mi forma de ver y en relación con el objetivo más caracte- to; todas sus esperanzas y sus equivocados sueños se han desmo-
rísticamente humano, nuestro valor depende de nuestra sabiduría ronado; sabe, en fin, como las brujas le han revelado, que la de-
moral. Nos interesa lo que puede ser objeto de nuestro interés. rrota y la muerte estrechan su cerco en torno a él. Con el candor
Nuestro interés dominante es el cultivo y la satisfacción de inte- despiadado de la desesperación resume así el mal de la vida:
reses. La personalidad, como lugar y centro dinámico de intereses,
constituye nuestro interés supremo. Estar vivo supone, así, el Esa engañosa palabra mañana, mañana, mañana, nos va llevando
deber de responder a todos los valores. El conjunto de la cultura por días al sepulcro, y la falaz lumbre del ayer ilumina al necio hasta
humana —la ciencia, el arte, la religión, la moral —han de que cae en la fosa. ¡Apágate ya, luz de mi vida! ¿Qué es la vida sino
servir a la vida y facilitarla. La aspiración básica del hombre, una sombra, un histrión que pasa por el teatro y a quien se olvida
después, o la vana y ruidosa fábula de un necio? M
por decirlo con las elocuentes palabras de D. H. Lawrence, con-
siste en despertar «el cuerpo aún no nacido de la vida oculto en
el cuerpo de esta casi muerte que llamamos vida».27 ¿Qué supone esta forma horrible de entender el mal? No se
trata ya, como diría un hedonista, de afirmar que la vida encierra
No quiero decir que hemos de interesarnos sólo por el hom- dolor. Tras las palabras de Macbeth se esconde la idea de que el
bre. Nada contribuye más a la felicidad que los intereses imperso- sufrimiento humano alcanza grados insoportables. Macbeth pon-
nales que trascienden nuestro yo y que se sitúan incluso por en- dría el dedo en la llaga si hubiera ampliado y profundizado en su
cima de la vida. Tal sucede al astrónomo interesado por desen- idea de que la existencia carece de significado, de dignidad y de
trañar el misterio del universo o al hombre corriente que se emo- valor y de que la vida no es más que «una vana y ruidosa fábu-
ciona ante la belleza y se siente fascinado con el espectáculo de la». Es precisamente en tales situaciones, en esos momentos en
la naturaleza. Sin embargo, estos intereses son válidos para el que la vida se nos revela en su más absoluta inconsecuencia, ca-
hombre porque enriquecen la vida. Cuando estos intereses nos rente de modelos para la inteligencia, de atractivos para la volun-
absorben, abrimos de par en par las ventanas del alma y dejamos tad y de deleite para las emociones y sentimientos, cuando un
que los aires vivificadores que proceden de los más remotos con- hombre no ve otra salida que el suicidio.
fines del universo impregnen nuestros espíritus. Realizamos la
28
W. SHAKESPEARE, Macbeth, quinto acto, escena quinta, en Obras
inmortales. Traducción de M. Menéndez y Pelayo. E.D.A.F., Madrid 1966,
27
Glad ¿hosts (Espíritus alegres): Dial 81 (julio de 1926) 2. página 434.
230 El significado del bienestar El bienestar como el desarrollo de la personalidad 231

Un hedonista podría objetar a Macbeth que, al pasar revista su conexión con el conjunto orgánico de la unidad de la persona-
a lo que ha sido su vida, está hablando del mal desde la panorá- lidad. El bien supremo consiste, a mi forma de ver, en el regocijo
mica de un largo período de tiempo, que, por el contrario, un de todo el organismo, la alegría de la realización orgánica total.
hombre que se hace daño en un dedo experimenta sólo un dolor Lo intelectual, lo volitivo, lo emotivo y lo afectivo emergen de
pasajero y que la insignificancia relativa del displacer se debe un foco central de unidad o identidad personal: el hombre se
enteramente a su carácter evanescente. Yo creo, sin embargo, convierte en un ser armónico y relativamente completo. No es
que, en ningún otro momento de su vida, ha experimentado sólo un compuesto de estados cambiantes, sino un «yo» que
Macbeth el mal de una forma más sólida y extensa que en esa perdura y evoluciona. El «yo» se convierte en el dirigente del
situación que Shakespeare nos describe en la que su alma herida cambio, al expresarse a través de lo que hace y de lo que piensa.
de muerte se vuelve más penetrante, abarca toda su personalidad La personalidad, bien integrada, presenta unos elementos unifica-
y roe las más vitales entrañas de su ser. Suponiendo una duración dos y ricos que forman, como hemos dicho, una especie de «co-
igual, el displacer, aisladamente considerado, produce menos da- munidad» caracterizada por la interdependencia y la potenciación
ño, a causa de su carácter simple, periférico y localizado, y de su mutua de sus miembros.
impotencia para envolver todas las dimensiones de un ser hu-
mano y captar la trama íntima de la vida. Una persona que ha Hasta aquí he descrito la realización de la personalidad ape-
sido derrotada en todas sus dimensiones esenciales y en su más lando a sus dimensiones conscientes —sentimiento y emoción,
íntima naturaleza se aborrece más profundamente a sí misma que volición e inteligencia— y a su interpenetración en la unidad or-
otra que ha sido lesionada sólo en uno de sus aspectos, como, gánica del yo intencional. Esta visión resultaría incompleta si no
por ejemplo, el del placer. incluyéramos en ella los niveles físicos y subconscientes. Como no
soy psicólogo, no intentaré explorar aquí el oscuro y laberíntico
Podemos expresar la misma idea con otras palabras. Como reino del «id» con su cúmulo de exigencias biológicamente deter-
antes hemos dicho, no sólo los «intereses» incluyen algo más que minadas, ni de armonizar las demandas rivales de las «necesida-
sentimientos, sino que lo mismo sucede con sus «objetos». Si sus- des del id», las «necesidades del ego», las «necesidades del super-
tituimos en esta frase la palabra sentimientos por las de juicios, ego» y las «necesidades ampliadas del ego», como ya ha hecho
emociones o voliciones, la afirmación sigue siendo correcta. Por Tolman en su admirable análisis de El hombre psicológico?* Tam-
ello, un hedonismo exclusivista resulta tan éticamente inadecuado poco quisiera adentrarme en la paradójica doctrina de que existen
como lo son un voluntarismo, un emotivismo o un intelectualismo auténticas experiencias a nivel inconsciente. El significado del
con iguales pretensiones. La única teoría ética válida sería aquella subconsciente está plagado de enigmas. Baste, pues, con subrayar
que admitiera que toda la personalidad entra en juego en el acto el hecho básico de que toda persona es un organismo psicofísico
de interesarse y como objeto de interés. con un cuerpo, un nivel subconsciente y otro consciente tan ínti-
mamente relacionados entre sí que constituyen un sistema único.
Lo que acabo de decir sigue siendo válido si pasamos del mal
Como resultado de las investigaciones de innumerables fisiólo-
que encierra la vida, tal y como ha quedado ilustrado con la som-
gos, como Jacques Loeb y Walter Cannon, y de la labor de mu-
bría visión de Macbeth, a la consideración del bien. Cuando una
chos psicólogos, como Pierre Tanet y Sigmund Freud, hoy pode-
persona examina su vida y la encuentra auténticamente gloriosa,
mos afirmar el estrecho enlace del cuerpo y la mente, y de la con-
está expresando y valorando todas las dimensiones de su natura-
ciencia y la subconsciencia en casi todos los aspectos de nuestra
leza: la volitiva, la intelectual, la hedonista y la pasional. Ahora
vida. Al igual que las hormonas físicas, por ejemplo, ejercen una
bien, aunque" estas «dimensiones» puedan ser separadas a efectos
de análisis, no se dan verdaderamente diferenciadas: en la reali- 29
Véase este artículo aparecido en Journal of social psychology 1?
dad, se interpenetran y enriquecen en sus relaciones mutuas y en (febrero de 1941) 205-218.
232 El significado del bienestar
El valor social 233
influencia decisiva en el temperamento humano, un conflicto psí-
quico puede perturbar las funciones físicas. La unidad del orga- de los pueblos. Al no existir un cuadro eterno y fijo de valores,
nismo psicofísico es ya una idea plenamente aceptada en psiquia- es preciso que ampliemos y profundicemos en el conocimiento
tría y en medicina psicosomática. Aunque el valor intrínseco se axiológico para verificar la validez de las metas que actualmente
halla sólo en los estados conscientes de interés, hemos de tener se nos proponen y perfeccionar sus contenidos. Sólo quiero insis-
en cuenta la interdependencia que existe entre el cuerpo y la tir, por el momento, en un concepto capital: que la norma de
mente, si queremos interpretar adecuadamente la salud física y aspiración ha de ser la salud y la felicidad de la personalidad
mental. total que surgen de la cooperación armónica de nuestras activi-
dades físicas y mentales que, como hemos dicho, se encuentran
La idea que yo tengo de la ética apela, pues, al organismo sometidas a una constante interacción.
humano total y no a una de sus partes o dimensiones. Desde la
No hay oráculos sobrenaturales que nos revelen que el bien
perspectiva de este humanismo integral, se han de considerar bá-
supremo consiste precisamente en esa realización conjunta. El
sicos para la personalidad y, en consecuencia, para la vida moral,
testimonio de esa valoración es obra exclusiva del hombre. El
aquellos valores biológicos que resultan tan fundamentales como
summum bonum se define merced a un juicio sereno y equilibrado
una alimentación suficiente, descanso, vivienda adecuada, vestido,
sobre la base de toda la evidencia experimental que podamos dis-
ejercicio físico y deportes, expresión sexual, evitación del dolor
poner. El bien supremo —no el bonum sino el summum bonum—
y cuidado de la salud. Si bien a un nivel menos básico que éstos,
consiste en lo que ansian los hombres moralmente juiciosos cuando,
pero igualmente imprescindibles para el organismo humano, se
libres de apasionamientos y de prejuicios, reflexionan sobre la am-
encuentran nuestros valores más «ideales»: belleza, conocimiento,
plia gama de datos experimentales, consideran las alternativas
amor y cooperación, seguridad, aventura y trabajo creador. Los definidas por la ciencia y vivificadas por el arte y deciden cuáles
dos grupos de valores —el biológico y el psicológico— han de son las necesidades básicas y auténticas. Todo juicio de valor se
ser considerados en términos de interacción, interdependencia y, a apoya en el conjunto de conocimientos de que un hombre puede
menudo, de unión y combinación. Son los elementos de esa reali- disponer, en la ciencia, la capacidad de imaginación, la experien-
zación orgánica total —la salud psicofisiológica de la personali- cia práctica y la introspección crítica. Creo que cuando los hom-
dad— que constituye la norma del bienestar humano. bres moralmente sensibles se paran a reflexionar de este modo,
La especificación de dicha norma exige la colaboración de coinciden en desear una vida bien integrada y plena de experien-
muchos especialistas —médicos, psicólogos, higienistas, filósofos, cias cualitativamente ricas y variadas... Desean la realización con-
educadores, asistentes sociales, políticos, investigadores en el cam- junta y armónica de sus potencialidades, y no un placer o una
pasión psicopatológicos, ni una intelectualidad que implique frial-
po de la estética y de la dietética, etc.—. Las artes y las ciencias
dad emocional, ni un cultivo de la mente a expensas del cuerpo,
del hombre han de aunar sus esfuerzos para definir la meta que
ni un desarrollo espiritual que deje de atender las exigencias de
toda sociedad debe perseguir: la salud y el bienestar de toda la
satisfacción y perfeccionamiento fisiológicos.
personalidad. No se trata de una tarea propia de charlatanes o de
«idealistas» abstractos. Es posible utilizar los métodos de las
ciencias experimentales para la dilucidación de aquellos impulsos
humanos que, al ser básicos y fundamentales, exigen ser satisfe- 6. El valor social.
chos para evitar la enfermedad física y mental, y el suicidio a El significado de la justicia
nivel individual, o la guerra, la depresión económica y el sadismo
colectivo a nivel social. La realización de tales impulsos conduce, Hasta ahora hemos estado examinando el bienestar de la per-
por el contrario, a la felicidad, la paz social y la convivencia justa sonalidad individual que, como hemos visto, constituye el único
234 El significado del bienestar El valor social 235

lugar posible del valor intrínseco. Con todo, hemos insistido re- la justicia, en el amplio significado que Platón le confirió, como
petidas veces en el capítulo anterior, que los seres humanos son armonía funcional y unidad orgánica. Según este significado, pien-
profundamente sociales y que su realización sólo es posible en el so que la justicia y la autorrealización son más o menos interde-
seno de una comunidad o sociedad. pendientes, que se determinan recíprocamente y que cada una
potencia a la otra. N o quiero decir con esto que la justicia y el
Los dos conceptos básicos para la reconstrucción moral son interés individual coincidan siempre. Las exigencias de la justicia
la personalidad y la comunidad. Nuestro ideal debiera ser el des- o el deber para con los demás pueden demandar el sacrificio del
arrollo total de las personas unidas en el seno de una comunidad interés personal e incluso la muerte. Lo que niego rotundamente
rica en experiencias. Los liberales trasnochados sacrificaron la es que la justicia y la autorrealización se opongan entre sí de un
comunidad en beneficio de la «personalidad individual»; los tota- modo necesario y hasta normal. El ideal moral consiste en conse-
litaristas adelantados a su época negaron la personalidad indivi- guir la máxima armonía entre el bienestar individual y el social,
dual en aras de la «comunidad»; pero la solución válida para la entre la autorrealización y la justicia.
ética consiste en afirmar su interdependencia. A nivel personal;
la potenciación de la vida —entendida como el enriquecimiento Muchas veces se ha afirmado, sin embargo, que existe una
cualitativo y la satisfacción de intereses— constituye el fin su- absoluta incompatibilidad entre la autorrealización y la justicia.
premo o la meta de nuestra aspiración. Pero para conseguir esa Glaucón, uno de los personajes de La república de Platón, por
plenitud existencial los hombres han de estar unidos por la sim- ejemplo, recuerda la leyenda del anillo de Giges que podía hacer
patía y el espíritu de colaboración. Como dijera Spinoza, nada invisible a quien lo llevara, y pregunta qué haría un hombre
importa tanto al hombre como su prójimo. Si bien es cierto que corriente si tuviera a su alcance una forma tan segura de escapar
la personalidad, al margen de la comunidad, se reduce a una pura a las consecuencias de sus delitos sociales. Si, haciéndonos invi-
nada, también es verdad que una comunidad se empobrece en la sibles a voluntad, pudiéramos robar, matar o cometer injusticias
monotonía cuando descuida el desarrollo de las personalidades en provecho propio sin el más mínimo riesgo de ser capturados,
que la componen. «Una comunidad ideal, ha escrito Whitehead, ¿cuántos de nosotros seguiríamos la estrecha y recta senda de una
es aquella en la que intensas individualidades se relacionan en la vida moral?
unidad de un término común de referencia». 30
Friedrich Nietzsche creía que ningún ser superior lo haría.
Hace muchos siglos, Platón utilizó el término justicia para de- Defendió que, normalmente, la autorrealización exige la viola-
signar la armonía que ha de existir entre los individuos y los ción de la justicia. Para el aristócrata nato, la autorrealización
grupos en el seno de una comunidad más amplia. Hizo uso de la sólo se logra mediante el poder y la dominación, merced a la
misma palabra para hacer referencia al desarrollo armónico de explotación y al sometimiento de los seres inferiores. En nuestro
todas las partes fundamentales de un alma individual. Podría mundo de hoy, serían muchas las personas que, sin ser tan fran-
traducir la idea de Platón al lenguaje de nuestros días empleando cas como Nietzsche, estarían de acuerdo en afirmar la incompa-
la palabra autorrealización para designar el desarrollo armónico tibilidad de la autorrealización y la justicia. Innumerables seres
de la personalidad individual. Por otra parte, la palabra justicia, humanos buscan su satisfacción personal o la satisfacción de un
a menos que la entendamos en u n sentido excesivamente amplio, grupo reducido con el que se sienten identificados, utilizando
representa uno de los valores de la vida comunitaria, pero no métodos injustos y antisociales.
el único. Con todo, resulta útil por el momento si consideramos
La negación de la justicia suele adoptar dos formas. La pri-
30 mera es el egoísmo personal. Los individuos buscan sus ventajas
ALFRED NORTH WHITEHEAD, Adventures of ideas (Aventuras
de ideas). Macmillan, New York 1933, 362. personales a expensas de los intereses públicos. Sus medios son
236 El significado del bienestar La capacidad de perfeccionamiento iyi

la corrupción política, la publicidad engañosa, la elaboración de pie ausencia de fricciones. No hay ninguna fricción entre los
productos de ínfima calidad, la explotación de sus empleados, el muertos, pero tampoco ninguna forma de justicia. La justicia
incumplimiento de los deberes públicos, la evasión de impuestos, implica que los seres humanos reconozcan y respeten a los demás
la fijación monopolizadora de precios y las innumerables formas como personas.
que adopta la estafa y el chantaje. En los casos más extremos, La autorrealización —el bien de la persona individual— y la
no sienten el más mínimo escrúpulo recurriendo incluso al crimen justicia —el valor fundamental de la comunidad— tienden, pues,
violento y a la guerra como medio de medrar económicamente. a ser interdependientes. Constituyen los dos grandes objetos de
La segunda forma es el egoísmo de grupo. Al igual que un la reconstrucción moral. Se les ha de concebir en términos de
individuo puede adoptar el ideal del «sólo yo», un grupo perte- cultivo, satisfacción y reconciliación de intereses, primero a nivel
neciente a una comunidad más amplia puede afirmar fanática- personal y luego a nivel social. Dedicaremos el próximo capítulo
mente el ideal del «sólo nosotros». Tal ha sido el pecado fun- a examinar a fondo la naturaleza de esa reconciliación.
damental del fascismo, aunque dicha actitud no se restringe a esta
ideología política. En todos los países se suele dar la tendencia
a negar la justicia o los derechos de toda la comunidad en bene-
ficio de lealtades a fracciones restringidas. 7. La capacidad de
El efecto del egoísmo individual y de grupo es la destruc- perfeccionamiento
ción de la justicia. Su total destrucción significa la anarquía, esto
es, la lucha de todos contra todos. Como Platón recalcó, ésta es
la causa de que deba haber un cierto grado de justicia en todo Si tenemos en cuenta no sólo el presente, sino también el
grupo coordinado. Incluso en una banda de ladrones se ha de futuro, habremos de considerar otro importante factor: la capaci-
implantar una cierta justicia entre sus miembros si desean mante- dad de llegar a conseguir algo mejor. Algunas sociedades perma-
ner la unidad. La injusticia constituye la auténtica esencia y el necen relativamente estáticas y muestran poca tendencia a avan-
principio de la anarquía en el sentido que Hobbes dio a este tér- zar o a declinar. Otras pueden presentar incluso un cierto índice
mino al describir el «estado de naturaleza».31 Su descripción de de prosperidad, pero están presididas por la crisis y el desorden.
ese estado anárquico —«solitario, pobre, peligroso, cruel, bre- Por el contrario, hay otras que progresan aunque ocupen un lugar
ve»— deja clara su incompatibilidad con la autorrealización. La inferior en la escala del bienestar inmediato. El sacrificio, la au-
vida individual resulta intolerable cuando la única regla que todisciplina, el esfuerzo perseverante y el cumplimiento libre y vo-
preside la existencia es que «el hombre es un lobo para el luntario del deber constituyen algunas de las actitudes requeridas
hombre». para que una sociedad evite su propia autodestrucción.
Si normalmente la autorrealización requiere justicia, no es Uno de los graves peligros de todo sistema cerrado, ordena-
menos cierto que la justicia exige autorrealización. La armonía do y racionalizado consiste en su tendencia a anclarse en el esta-
social ideal se asienta en la armonía de individuos que colaboran, tismo y, en definitiva, a declinar. Como Arnold J. Toynbee, uno
que potencian al máximo sus aptitudes y que reconocen los de- de los historiadores contemporáneos más sobresalientes, ha de-
rechos que asisten a los demás para hacer lo mismo. No podemos clarado, éste es el defecto capital de todas las utopías sociales
describir la justicia de un modo externo y negativo como la sim- similares a la «república» de Platón:
31
Véase Leviatán, en The english works of Thomas Hobbes (Obras La mayor parte de las utopías sociales consideran que su fin
inglesas de Thomas Hobbes). Bohn, London 1839, III, 113. supremo consiste en detener todo movimiento descendente. Ello se
238 El significado del bienestar La capacidad de perfeccionamiento 239
debe a que raras veces comienzan a escribirse utopías en una socie- valores, se puede caracterizar a los individuos en términos de
dad antes de que sus miembros hayan perdido la esperanza de un
progreso futuro. De ahí que, en la mayoría de las utopías —con la una fusión dinámica y compleja de intereses; su bienestar con-
notable excepción de la obra del genio inglés que dio su nombre a siste en el cultivo armónico y en la satisfacción de dichos intere-
toda la literatura de este género—, se han de subordinar, y, si es ses. Tales intereses implican placer, emoción gozosa y satisfacción
preciso, sacrificar, todos los fines sociales al logro de un equilibrio máxima del deseo. En el sentido que lo hemos definido, el bien
invenciblemente estable.32 supone tanto el enriquecimiento cualitativo como la satisfacción
cuantitativa de intereses. He defendido que, como ideal, implica
La tendencia de Platón a proscribir a los poetas, censurar a la realización de todas las dimensiones fundamentales de la natu-
los artistas, prohibir «los pensamientos peligrosos», desaconse- raleza humana: sensorial, intelectual, volitiva y pasional. Por otra
jar las innovaciones, decir «mentiras nobles» para preservar una parte, la naturaleza humana es fundamentalmente social y, por
jerarquía clasista, etc., convierten su «república», a pesar de la ello, la satisfacción y el cultivo cualitativo de intereses requiere
grandeza de su concepción, en un ideal estático e incluso una sociedad en la que los seres humanos se reconozcan entre sí
decadente. como personas valiosas y autónomas. En términos de valores in-
mediatos, un orden social justo se consigue cuando el bienestar,
Al aceptar la exigencia platónica de justicia, es importante
tal y como lo hemos concebido, está en manos no de una raza,
que superemos su error de sacrificar lo dinámico a lo ordenado.
de una clase o de un grupo privilegiado, sino del máximo número
Nuestro ideal no ha de ser un sistema puro, ordenado y estrecho,
de personas que componen una sociedad. Como hemos de contar
sino el de un equilibrio cambiante y dinámico que combine la
con el futuro, debemos considerar si la sociedad progresa o retro-
integración social con el progreso. cede. Una sociedad justa es la que se muestra más eficaz para
De este modo, una sociedad sana fomentará y protegerá la promover el bienestar, no sólo de todos sus miembros, sino tam-
libertad, la espontaneidad y los impulsos creativos. Animará a los bién a lo largo de todo su proceso.
artistas y a los pensadores. Estimulará la investigación, la expe-
rimentación y la innovación, no sólo en las ciencias físicas y tec-
nológicas, sino también en las humanidades y en las ciencias so-
ciales. Tendrá en cuenta y evitará los errores del pasado y prote-
gerá sus objetivos para el futuro de un modo claro y abierto.
Infundirá en sus miembros una fe inquebrantable en una vida
mejor y dedicará, así, sus energías a las grandes tareas del desa-
rrollo social.
Ya estamos en disposición de entrelazar los hilos de mi expo-
sición y definir, a la luz de los argumentos ofrecidos, el signifi-
cado de una sociedad justa. El bien intrínseco de una sociedad
radica en el bienestar de los que la componen: no tiene otro bien
intrínseco más allá del de sus miembros. Como portadores de
32
A study of history (Un estudio de la historia). Oxford University
Press, New York 1947, 183: Traducción castellana: Compendio del estudio
de la historia. Emecé, Buenos Aires 1959. Como habrá advertido el lector,
Toynbee hace referencia a Tomás Moro, cuya obra Utopía podrá leer en
castellano: ZYX, Madrid 1968 (Nota del traductor).
8
La acción social justa

1. Las bases de la obligación social

Hemos dicho que el tema principal de este libro lo constitu-


ye la respuesta a dos grandes cuestiones: ¿cuál es la naturaleza de
una sociedad justa? y ¿qué es una acción social justa? Los capí-
tulos precedentes han sido dedicados a contestar con una cierta
extensión a la primera de estas preguntas. Ha llegado el momento
de volver a plantear la segunda. Digo «volver», porque en la
primera parte examinamos y, por último, rechazamos la tesis de
que la ley constituye el modelo último de la acción justa. Trata-
remos de abordar ahora el problema desde otro ángulo, esto es,
intentaremos buscar un criterio de conducta que no sea forma-
lista sino teleológico.
Para que una interpretación de la acción justa resulte ade-
cuada, ha de explicar, ante todo, lo que significa la afirmación
«debes hacer esto y aquello», teniendo en cuenta que debes tiene
un sentido moral. El concepto de «justo» es inseparable del de
«deber» moral. Nunca es justo hacer lo que no se debe hacer,
y lo que se debe hacer es siempre justo. Fuera de la significación
de «deber» u «obligación», «lo justo» carece de sentido y de
lógica.
Debemos a Kant, más que a ningún otro pensador, el haber
242 La acción social justa Las bases de la obligación social 243

puesto de relieve que el concepto de obligación constituye el eje Smith y Hume, unidos no sólo por la amistad sino también
y la médula del problema moral. Sin embargo, como hemos estado por el acuerdo en muchas de sus doctrinas éticas esenciales, de-
viendo en el capítulo 4, su intento de derivar la fuerza obligatoria fendieron que la simpatía constituye la fuente de la vida moral.
del deber del principio lógico de no contradicción supone empren- En mayor o menor medida, todos tenemos una especial afinidad
der un camino equivocado, pues conduce a una interpretación respecto al bienestar y la desgracia de otros; a través de la pie-
formalista y abstracta de la obligación en la que no se hace justicia dad, la benevolencia y la imaginación llegamos a comprender y a
a la importancia de las consecuencias y al hecho de la individua- ser afectados por lo que otros sienten. Las emociones y los sen-
lidad humana. timientos son «contagiosos» y tienden a propagarse, en cierto
sentido, de una persona a otra. Cuando alguien experimenta, por
En el capítulo 6 sugerimos otra interpretación, según la cual,
ejemplo, una gran congoja, sufrimos al ver y comprender su dolor.
la obligación representa, en gran parte, la presión que la sociedad
ejerce sobre el individuo. Ello significa que, en su naturaleza más
Merced a la imaginación, escribe Smith, nos ponemos en su lugar;
íntima, el hombre es un ser social que siente la fuerza de la socie- nos concebimos soportando sus mismos tormentos, y casi puede de-
dad como la «voz» interiorizada de la conciencia. Todo hombre cirse que entramos en su propio cuerpo y que nos convertimos, en
está implicado en una compleja red de fuerzas sociales que, gra- cierta medida, en su persona. De este modo, nos formamos una idea
dualmente, configuran en su interior un «yo social», fruto y re- de sus sensaciones e incluso sentimos algo que, en un grado inferior,
no difiere demasiado de lo que el otro experimenta. Cuando com-
sultado de la acumulación y el depósito interior de innumerables prendemos sus congojas, las adaptamos y las hacemos nuestras, aca-
actitudes y emociones sociales. Cuando estamos impulsados a ac- ban por afectarnos, haciéndonos luego estremecernos y temblar con el
tuar de acuerdo con esas fuerzas sociales, experimentamos el fuer- solo pensamiento de lo que el otro siente. Lo mismo que sucede
te apoyo interior de nuestro «yo social»; cuando, por el contra- con el dolor y con cualquier tipo de aflicción ocurre con todas las
rio, estamos impelidos a actuar en sentido opuesto, sentimos su emociones que compartimos. Hemos de pensar, pues, que, según la
vivacidad o la insensibilidad con que las captamos y concebimos, ex-
represión y su coacción. «Cultivar ese yo social, escribe Bergson, perimentamos, en diferente grado, las emociones de otros.2
constituye la esencia de nuestra obligación para con la sociedad».1
Creo que esta interpretación de la obligación va bien encami- La simpatía constituye la base de nuestra preocupación moral
nada, aunque resulta incompleta. A mi forma de ver, el concep- por los que nos rodean. Las disposiciones altruistas se configu-
to de «deber» se ha de explicar, ante todo, mediante la conjun- ran en nuestro interior merced a numerosas experiencias de sim-
ción de dos factores: primero, la influencia de la sociedad, y se- patía. Tales disposiciones, en unión con otras actitudes sociales,
gundo, el intento de superar cualquier tipo de prejuicio para ac- se funden para formar el «yo social» cuya voz constituye la con-
ceder, así, a la objetividad moral. Ambos factores están presentes ciencia.*
en la interpretación de «lo justo» que encontramos en la Teoría Sin embargo, la simpatía necesita estar sometida al control y
de los sentimientos morales de Adam Smith y en el Tratado de la a la crítica de la inteligencia. Su intensidad es mucho mayor res-
naturaleza humana e Investigación sobre los principios de la mo- pecto a las personas que nos rodean o a las que pertenecen a
ral de David Hume. Aunque raras veces aparezca en ellos el tér- nuestro grupo, pero se marchita y desvanece cuando la distancia,
mino «deber», suministran la base para una doctrina clara y cohe- el prejuicio o el desconocimiento embotan nuestros sentidos. Es-
rente de la obligación.
2
ADAM SMITH, The theory of the moral sentiments (Teoría de los
1
HENRI BERGSON, The two sources of morality and religión. Holt, sentimientos morales). Cadell and Davies, London 1804, 3.
New York 1935, 7. Traducción castellana: Las dos fuentes de la moral y * Hume y Smith no utilizan el concepto de «yo social». Su uso en
de la religión. Sudamericana, Buenos Aires 1946. este contexto supone una implicación de su teoría.
244 La acción social justa Las bases de la obligación social 245

ta es la razón de que resulte éticamente necesario corregir nues- mos de tratar de alcanzar. Puede decirse que obramos moralmen-
tras predisposiciones y ampliar el círculo de nuestro interés mo- te en la medida en que nuestra acción se ajusta a lo que nos
ral. Recojamos una cita de H u m e : indica.

Hemos de admitir que la simpatía es mucho más débil que la Creo que estas teorías de Adam Smith nos suministran las
preocupación que sentimos por nosotros mismos, y que la simpatía claves necesarias para una recta interpretación de la obligación
hacia personas alejadas de nuestro lado es más débil aún que la que moral. El «debes», como imperativo moral, es una exigencia ra-
experimentamos respecto a las que están cerca o a nuestro lado. Pre- cional y social a la vez: la presión social interiorizada regida por
cisamente por ello necesitamos enderezar nuestros juicios y centrar
nuestro interés en los caracteres humanos para pasar por alto las la razón. Trataré de definir ahora con una mayor precisión estos
diferencias y hacer que nuestros sentimientos sean cada vez más dos aspectos, individual y social, de la obligación.
públicos y sociales.3
La presión social de la obligación surge cuando una persona
siente que ha de dejar de lado su propio bien en favor del bien
Dado que todos estamos muy influidos por las peculiaridades
mayor de otros o que ha de sacrificar el bien menor de un grupo
y perspectivas de nuestra experiencia personal, hemos de tratar
restringido por el bien mayor de un grupo más amplio. Los inte-
de alcanzar un punto de vista más objetivo.
reses sociales impulsan al hombre a pasar de un bien menor a
Todo hombre concreto, dice Hume, tiene una posición particular otro mayor.
respecto a los demás. Es impensable, pues, que podamos conversar
en términos razonables si cada uno de nosotros considera los carac- Supongamos que una persona sale a dar un paseo por el bos-
teres y las personas sólo como se le aparecen desde su punto de que en un hermoso día de verano. Al pasar por la orilla de un
vista peculiar. Para evitar, así, una constante contradicción y conse- estanque, ve de improviso que un niño se ha caído al agua y que
guir un juicio más estable de las cosas, hemos de fijar unos puntos
corre peligro de ahogarse. Se compadece al instante del pequeño
de vista sólidos y generales, en orden a que siempre que reflexio-
nemos nos situemos en ellos, en la medida en que nos lo permite y, a costa de sacrificar su paseo y de mojarse la ropa, se lanza
nuestra situación actual.4 al estanque y le salva. ¿Podemos decir que es la compasión del
momento lo que le impele a actuar y que la obligación se reduce
Adam Smith reconoce, igualmente, que la simpatía es a me- simplemente a esto? El problema no es tan sencillo. El senti-
nudo distorsionada por el favoritismo o la insensibilidad y que, miento de que debe rescatar al niño surge a impulsos de la com-
por ello, hemos de conseguir una base más imparcial y libre de pasión del momento; pero esta afección presente y concreta no
prejuicios para la elección moral. Señala que hemos de buscar es sino el núcleo en torno al cual gravitan sentimientos y actitu-
este modelo supremo en el punto de vista de un «supuesto es- des implantados en su conciencia por muchas experiencias pasa-
pectador instruido e imparcial», que considere el efecto total de das de tipo parecido. Todas esas experiencias han dejado recuer-
cada alternativa y decida la forma mejor de actuar, una vez exa- dos y huellas que se han ido uniendo hasta formar el «yo so-
minadas las diversas formas de orientar nuestro comportamiento. cial» como fruto de la fusión y de la organización de incontables
Este juez absolutamente prudente y libre de prejuicios no existe, actitudes de simpatía. La visión del niño en una situación apurada
pero como ser imaginario representa un ideal o modelo que he- hace que intervenga todo ese núcleo complejo de experiencias.
De ahí que la presión de la compasión inmediata se vea reforzada
3
DAVID HUME, An enquiry concerning the principies of moráis (In- por la presión de un gran número de experiencias similares vivi-
vestigación sobre los principios de la moral). Open Court, La Salle, III. das en el pasado. Sentimos esta presión como un deber o una obli-
1938, 64.
4 gación y surge en todo momento en que una persona es impul-
HUME, A treatise of human nature (Tratado de la naturaleza hu-
mana). Oxford University Press, London 1896, 581. sada interiormente hacia un objetivo que no experimenta como
246 La acción social justa Las bases de la obligación social 247

propio pero al que responde en virtud del «yo social» que lleva función del cargo público que ocupa, la vida del susodicho indi-
dentro de ella. viduo no sólo es preciosa para él, sino también para muchas otras
personas. En ese caso, la decisión de arriesgar su propia vida con
Las emociones y las actitudes que se funden para formar el la esperanza de salvar la del niño exige un intenso razonamiento.
«yo social» y constituir, así, el sentimiento de obligación, tienen,
indudablemente, diversos orígenes. Siguiendo la línea de Hume y En estas situaciones se requiere que el juicio racional con-
de Smith, hemos hablado ya de la simpatía, pero hay una gran trole las emociones del momento. Este problema se plantea en
diversidad de relaciones que resultan de las órdenes y de las pro- muchas circunstancias de la vida que exigen una respuesta moral.
hibiciones sociales, de la alabanza y la censura, del tabú y del Las normas nos ayudan a alcanzar un punto de vista más sólido
atractivo, del castigo y del premio. Esas actitudes de aprobación, e imparcial siempre que las apliquemos con una cierta sensibili-
abominación, temor, etc., o el sentimiento de obligación, al igual dad y dejemos intervenir la razón para ampliar y regular nuestras
que sus opuestos, se despiertan en el interior de la conciencia. simpatías y para corregir nuestros posibles prejuicios. De esta for-
Con su aumento y su fusión, tales actitudes se sintetizan, final- ma, la acción deja de ser sólo sentimental y pasa también a estar
mente, en un complejo psicológico dinámico al que Freud llamó regulada por principios.
«super-ego» y aquí lo hemos designado con el nombre de «yo so-
cial». El sentimiento de obligación se constituye, primariamente, Si el problema se redujera a ejercer la simpatía o a experi-
por la presión interna de ese «yo social». mentar sentimientos, toda acción que estuviera motivada por ellos
sería necesariamente buena. Ahora bien, todos sabemos que un
Sin embargo, no todo acaba aquí. Como Hume y Smith apun- motivo puede ser bueno a nivel interior o subjetivo, en el sentido
taron, la simpatía puede estar orientada en un sentido equivoca- de que la intención lo es, mientras que el acto puede no serlo a
do: puede ser excesiva, inadecuada, estar desplazada, tener lími- nivel externo u objetivo, dado que no produce los mejores re-
tes muy estrechos, aparecer distorsionada por prejuicios o por sultados posibles. Un acto no puede ser completamente bueno a
basarse en concepciones erróneas, etc. Por otra parte, el refuerzo menos de que tanto las intenciones como los resultados lo sean.
que suministra el «yo social» no garantiza contra una orientación No basta, pues, estar motivado por la simpatía o por el senti-
equivocada, dado que lo que hace es aumentar la presión pero no miento del deber: importa igualmente actuar sin prejuicios, con
asegurar una aplicación correcta. En consecuencia, la simpatía y una acertada apreciación de los fines y con un conocimiento ade-
el «yo social» necesitan ser regulados y completados por la razón cuado de los medios, para que pueda decirse que el acto es obje-
en orden a conseguir un juicio moral reflexivo y desapasionado. tivamente bueno. El «deber» expresa la exigencia de objetividad
Volvamos al ejemplo anterior. Pongamos por caso que el niño moral y no el simple sentimiento subjetivo de obligación. Cuando
que está en peligro de muerte es negro y que el paseante que le decimos que debemos hacer un determinado acto, queremos dar
ve es blanco y tiene intensos prejuicios raciales. En tales circuns- a entender que constituye objetivamente la mejor elección dadas
tancias, el sentimiento de compasión puede mostrarse en un grado las consecuencias previsibles que implica.
tan débil, que el sujeto, insensible, sigue dando su paseo sin En resumen, el sentimiento de obligación incluye dos elemen-
responder a la llamada de socorro. Y aun en el caso de que se tos: primero, las emociones y actitudes volitivas que han cristali-
detenga a salvar al niño, su reacción puede deberse a que la razón zado en el «yo social» y que provocan, en un determinado mo-
rechaza su emoción espontánea. mento, un sentimiento intenso de obligación. Segundo, la aversión
Veamos otra versión del ejemplo. Supongamos que el pa- racional hacia lo que produce consecuencias perjudiciales, y la
seante no sabe nadar y que, en su intento de salvar al niño, pue- aprobación racional de todo acto que origine resultados benefi-
de poner su vida en grave peligro. Añadamos, además, que, en ciosos. Este factor racional de la obligación se expresa en la ne-
La acción social justa Las bases de la obligación social 249
248

cesidad de superar los prejuicios y de conseguir un grado cada Con todo, como Kant defendió, la moral supone también y
vez mayor de objetividad moral. Cuando la moral se hace más en gran medida contrariar nuestra naturaleza humana. Hay que
reflexiva, esta dimensión racional tiende a cobrar una importan- refrenar nuestras inclinaciones y hacer frente a nuestros prejui-
cia mayor. No se trata, pues, de desarraigar la poderosa motiva- cios. En este sentido, la moral es ajena a nuestra naturaleza, lo
cual no quiere decir que no debamos obrar éticamente. La razón
ción que suministra el amor o el sentimiento intenso de obliga-
de nuestra obligación moral radica, simplemente, en que el bien,
ción, sino de hacer que esos impulsos armonicen con la inteli-
por el hecho de serlo, ha de elevarse al máximo, y el mal, tam-
gencia.
bién por el hecho de serlo, ha de reducirse al mínimo. Me parece
Lo que acabo de decir vale tanto para la elección individual evidente que debemos elegir todo acto cuyo contenido y conse-
como para la social. Los problemas con que se enfrenta una cuencias ocupen un lugar superior en la escala de valor intrínseco,
sociedad son mucho más complicados que los que afectan al in- antes que cualquier otro que pudiéramos poner en práctica. En
dividuo, pero en ambos casos existe la misma necesidad de com- lugar de ceder a algún prejuicio en favor de una alternativa me-
binar la razón con la buena voluntad. No basta con que los que nos valiosa, hagamos el mayor bien y el menor mal que podamos.
ejercen funciones políticas dentro de una sociedad —tanto si son No existe en ética un principio más importante que éste. Si no
muchos o pocos— tengan una gran sensibilidad moral y den aceptamos esto, no podremos disponer de base alguna para una
muestras de ser muy altruistas; han de saber racionalmente en ética teleológíca y objetiva, ni a nivel individual ni a nivel social.
qué radica el bienestar de los individuos y cuáles son los medios
Ya podemos, pues, definir el significado de la acción justa.
para alcanzarlo. Igualmente, deben evitar todo prejuicio —como,
Un acto es objetivamente justo cuando, en la medida de lo pre-
por ejemplo, mostrar una marcada preferencia por una determi-
visible, acarrea el máximo excedente de bien sobre mal. En este
nada raza, nación o clase social— que pervierta y distorsione su
cálculo se ha de tener, evidentemente, en cuenta el valor o el
juicio. Sólo así podrán responder adecuadamente a las exigencias
contravalor intrínsecos al acto mismo. Cuando se ha de juzgar,
de la obligación.
por ejemplo, si es justo declarar una guerra, no sólo habremos
Ahora bien, podríamos preguntarnos por qué un individuo de tener en cuenta las consecuencias eventuales que de ello se
ha de responder a tales exigencias. ¿Por qué supeditar nuestro sigan, sino también los valores o contravalores inherentes al pro-
bien menor particular al bien mayor de la sociedad? ¿Por qué pio conflicto bélico. Sin embargo, una vez que se ha calibrado
no elegir el bien menor de nuestro pequeño grupo y dejar de lo que implica inmediata y finalmente, intrínseca e instrumental-
atender al bien mayor de un grupo más amplio? mente, una acción o una actitud, podemos determinar su bondad
o maldad objetiva por el bien y el mal que en sí misma comporta.
Podemos responder, en parte, a estas preguntas basándonos
en el hecho de que la moral constituye una dimensión fundamen- En el último capítulo definí el bien como la realización de
tal de nuestra naturaleza. La sociedad y, más concretamente, el intereses y el mal como la frustración de los mismos. Expliqué
«yo social» forman una parte tan esencial de nosotros mismos que la realización no implica sólo la satisfacción del deseo, sino
que no podemos desoír sin más sus exigencias; no podemos dejar también la emoción placentera y agradable que la acompaña, y
de hacer caso a las demandas sociales sin suprimir una dimensión que la no realización no sólo significa frustración del deseo, sino
esencial de nosotros mismos. Como ha dicho Walt Whitman, también la emoción dolorosa y desagradable subsiguiente. Para
«aquel que camina una sola legua sin simpatía, camina en un su- simplificar mi exposición, designaré el bien, en el sentido en que
dario a su propio funeral».5 lo acabamos de definir, con el término felicidad, y el mal con el
término infelicidad. Por otra parte, como la felicidad se identi-
5
«Canto a mí mismo», en Hojas de hierba, en Obras escogidas. Tra- fica con el bien, será mejor obtener más felicidad que menos; y
ducción al castellano de Concha Zardoya. Aguilar, Madrid 1960, 273,
250 La acción social justa Teorías invalidas acerca de lo justo 251

como la infelicidad se identifica con el mal, será mejor conseguir un soberano. En líneas generales, puede decirse que se reducen
menos infelicidad que más. En consecuencia, será objetivamente a este tipo todas las teorías relativistas para las que lo bueno no
justo aquel acto que implique y produzca el mayor excedente de es más que lo que es objeto de aprobación o inclinación indivi-
felicidad sobre infelicidad, teniendo en cuenta a todo el pueblo duales o lo que es objeto de aprobación o inclinación de los gru-
y un período de tiempo prolongado. La aspiración a crear una pos. Se niegan, pues, a admitir que exista un modelo último por
sociedad así es subjetivamente buena. También será subjetivamen- el que sea posible determinar la universalidad y la objetividad de
te bueno elegir un ideal injusto pero al que aspiramos porque, lo justo y de lo injusto.
tras una cierta reflexión, lo consideramos adecuado. El signo de
A mi forma de ver, esta posición subjetivista o relativista es
una acción objetivamente injusta es el aumento de la infelicidad
errónea. Como «debo» no sólo denota un bien subjetivo sino
y la disminución de la felicidad. La aspiración a producir ese
también objetivo, existe en la moral un elemento categórico y no
excedente de infelicidad es subjetivamente injusta.
simplemente hipotético. La moral no depende sin más de la in-
clinación, sino de lo que es objetivamente bueno. Impone al in-
dividuo exigencias y demandas que no pueden ser eludidas ni
pasadas por alto diciendo que nuestro grupo o nosotros mismos
2. Teorías inválidas
no «nos sentimos inclinados» a someternos a ellas. Si cometiera
acerca de lo justo
un asesinato, no sería válida la excusa de decir que mi grupo o yo
nos sentíamos inclinados a ello y que mi acción era coherente
con mi tendencia. Kant estaba totalmente en lo cierto al distin-
Podemos agrupar en cuatro clases las teorías acerca de lo guir entre el deber y la inclinación y al defender que un precepto
justo que, por una razón u otra, considero inválidas y erróneas: moral no es un imperativo hipotético sino categórico. Su error
hipotéticas, formalistas, disdemonistas y eudemonistas-parcia- estaba en aceptar un criterio formalista para determinar dicho
listas.* imperativo categórico. En una ética teleológica, como la que esta-
(1) Teorías hipotéticas. Niegan la objetividad del deber e mos defendiendo en este libro, sólo se impone categóricamente
insisten en que el juicio moral presenta la siguiente forma: «Si lo que contribuye al bienestar. H e estado manteniendo que nues-
deseo X, entonces debo hacer Y » ; o «SÍ mi grupo quiere X, tro deber consiste en alcanzar el máximo excedente de felicidad
entonces debe hacer Y». Según esta postura, nada es justo o in- sobre infelicidad. Ello constituye realmente, esto es, a nivel ob-
justo, bueno o malo, a menos que sea tenido por tal, esto es, a jetivo, un deber para todo hombre: no se reduce al capricho o a
menos que la inclinación o la aprobación subjetivas así lo consi- la inclinación del sujeto. Una sociedad que, deliberadamente, se
deren. Esta concepción puramente hipotética o subjetivista de lo empeñara en hacer lo opuesto —aumentar la infelicidad y dismi-
justo está contenida, por ejemplo, en la afirmación de Hobbes de nuir la felicidad— no sería justa y resultaría condenable a los ojos
que el bien o el mal morales vienen determinados por el apetito de la moral. Por otra parte, un sádico es un enfermo: su inclina-
o deseo de cada hombre en particular o por la orden arbitraria de ción sádica no hace que el causar deliberadamente dolor a otros
se convierta en un acto moralmente bueno. A menos de que en
* Como explicará más adelante, el autor recoge los términos disde- ética adoptemos un punto de vista objetivo, no podremos justifi-
monista y eudemonista de la Etica de F. C. Sharp. Este, a su vez, adjetiviza car otra cosa que no sea la anarquía moral y el nihilismo. Care-
los sustantivos griegos SuírScau-ovía y EÚ8cau.ovía. Etimológicamente, pues, ceríamos de base racional para oponernos, por ejemplo, al empleo
las teorías a las que se refiere Rader serían «teorías de la infelicidad» y
«teorías de la felicidad». Hemos preferido, sin embargo, limitarnos a trans- de cámaras de tortura.
cribir los términos ingleses. El término «eudemonista», además, es de uso
corriente en filosofía moral (N.T.). (2) Teorías formalistas. Como estas teorías ya han sido exa-
Teorías inválidas acerca de lo justo 253
252 La acción social justa

minadas en la primera parte, no nos queda otra cosa que hacer le sucede al individuo que codicia de tal modo el dinero, que no
aquí sino reafirmar nuestra crítica. Podemos hacer dos objecio- es sino un simple medio, y termina concibiéndolo como un fin,
nes a esta posición: en primer lugar, estas teorías, al no basarse deleitándose en su posesión. Los formalistas éticos no se sitúan
en la conciencia de un valor último, tienden a carecer de fuerza a un nivel diferente: obsesionados por el cumplimiento del deber,
motriz. El que verdaderamente aprecia el bien y se esfuerza por olvidan que las leyes no son más que medios y las consideran
aumentarlo, descubre que su acción está motivada por el amor y como fines en sí mismas reverenciándolas como a tales. Esta
la simpatía; por el contrario, el que sólo busca la simple obser- actitud no rebasa el límite de la idolatría y carece, por supuesto,
vancia de «la ley moral» puede permanecer interiormente frío y de toda base racional.
adoptar actitudes «farisaicas». En segundo lugar, estas teorías (3) Teorías disdemonistas. He recogido los términos disde-
dejan de suministrar a la ética una base racionalmente objetiva. monista y eudemonista de la Etica del profesor F. C. Sharp. Di-
«La ley por la ley» no es ur^ principio racional, por lo que el cho autor entiende por modelo eudemonista el que «aprueba una
intento kantiano de basar la ley moral en el principio de no conducta por sus buenos efectos y la desaprueba por sus resul-
contradicción está condenado al fracaso debido a su abstraccio- tados perjudiciales». Por el contrario, el modelo disdemonista
nismo y a su carácter puramente formalista. No puedo encontrar invierte la relación al beneficio y al perjuicio que establece el eu-
una prueba más válida del bien y del mal que la apelación al bie- demonismo: «aprueba que el que ha causado un mal a otro ha de
nestar. Sólo en la medida en que la obediencia a una ley pro- hacer lo que le perjudica y no hacer lo que le beneficia, y ello no
mueva el bienestar, hemos de someternos a lo que ésta prescribe, como un medio para un fin ulterior —como sería la protección de
pero no por ninguna otra razón. Defender que en todo momento la sociedad—, sino como un fin en sí mismo».7 Este modelo es
y de un modo absoluto nuestro deber consiste en obedecer cual- aceptado por todos los que defienden que se ha de hacer que
quier norma o ley, aunque los resultados sean injustos, me parece los enemigos, los criminales o «los malos» sufran, no porque ello
una doctrina falsa e incluso perniciosa. Estoy, pues, plenamente les ayude o beneficie a la sociedad, sino porque «es lo que les
de acuerdo con G. E. Moore cuando afirma: corresponde».

Me parece evidente que hacer una acción pensando que todo el El modelo disdemonista está mucho más extendido de lo que
. mundo la haría es objetiva y verdaderamente peor que juzgar que, si pudiéramos creer, siendo muy corriente en épocas de guerra o
obráramos de un modo diferente, haríamos siempre algo malo. Si de gran agresividad, dado que en tales situaciones se intensifica
admitimos esto, hemos de rechazar al momento la doctrina de que
hay formas de acción cualesquiera que sean que ha de constituir
el impulso a tomar represalias. Por otra parte, ha ejercido una
siempre nuestro deber hacerlas o evitarlas, independientemente de gran influencia en los sistemas de justicia para con el criminal y
las consecuencias que reporten.6 ayuda a explicar las terribles condiciones que encontramos en la
mayoría de las cárceles del mundo. Este modelo ha inspirado in-
Pienso que, por regla general, la aceptación de teorías forma- numerables argumentos de obras de teatro, de novelas y de pelí-
listas se debe a la tendencia irracional de nuestra naturaleza a con- culas en las que «los malos» mueren o son severamente castiga-
vertir los medios en fines. Hay, por ejemplo, personas tan «prác- dos con gran regocijo de los lectores o del auditorio. De un mo-
ticas» que se obsesionan hasta tal punto por los medios que aca- do mucho más complicado, esta tesis ha sido abiertamente defen-
ban por tomarlos como fines; están tan entusiasmadas por «la dida por filósofos como Kant y Hegel, quienes mantuvieron que
eficacia» o por «el éxito inmediato» que se olvidan de hacer feli- se ha de castigar al criminal sin tener en cuenta si ello les ayuda
ces a los que las rodean e incluso de serlo ellas mismas. Lo mismo o si causa algún beneficio a la sociedad. Encontramos, por el con-

6
Ethics (Etica). Oxford University Press, New York 1912, 181. ' Ethics (Etica). Century, New York 1928, 33.
254 La acción social justa Teorías inválidas acerca de lo justo 255

trario, un rechazo de esta opinión en el personaje de Sócrates que fligir un sufrimiento a un enfermo para conseguir su salud, un
Platón presenta en el libro primero de La república, quien defien- juez ha de provocar a veces un dolor en aras del bienestar. En
de que es injusto causar cualquier mal a otro, sea éste amigo o Erewhon, la utopía satírica de Samuel Butler, los médicos del
enemigo. A este modelo disdemonista se opone, igualmente, el alma, a los que el autor llama «enderezadores», tratan el crimen
precepto cristiano de que hay que devolver bien por mal. de esta forma, esto es, intentan comprender con plena imparcia-
lidad al criminal y eliminar las causas de su comportamiento en
Está indudablemente claro que podemos admitir que los bue- lugar de hacer sufrir a la gente inútilmente. A veces se ha adop-
nos son más merecedores de ser felices que los malos, que éstos tado esta actitud en nuestra sociedad con los delincuentes juve-
son más merecedores de la infelicidad que los primeros y que, niles consiguiéndose un notable progreso. En algunos casos, el tra-
en consecuencia, debemos aspirar a una distribución «justa» de tamiento ha sido el fruto de un cuidadoso estudio científico. Nu-
la felicidad y de la infelicidad que premie al virtuoso y castigue merosos especialistas han conseguido diagnosticar los problemas
al malvado. Se ha admitido que incluso Dios está motivado en del adolescente analizando su inteligencia, sus ineptitudes físicas,
este sentido, es decir, que eleva a los buenos a la gloria infinita sus rasgos caracteriológicos, sus conflictos y anormalidades psíqui-
del cielo y castiga a los reprobos al fuego eterno del infierno. cas y los numerosos factores que incluye su medio ambiente. So-
El modelo de bien que hemos adoptado condena, sin embar- bre la base del conocimiento adquirido en estas distintas áreas,
go, este aumento gratuito del dolor en toda situación indiscrimi- cabe la posibilidad de elaborar una serie de prescripciones tan
nada. Defiende que todo hombre ha de ser tan feliz como sea científicas como las que puede hacer un médico y en cuyo voca-
posible, en la medida en que ello concuerde con la felicidad de bulario no entre casi nunca la palabra «castigo». Se ha hecho un
otros. Con todo, este modelo no condena de un modo absoluto laborioso estudio de la eficacia que se podría obtener con un tra-
los premios y los castigos. Si el bien moral es premiado con la tamiento de este tipo, completándose sus resultados con los de
felicidad, se reforzará la bondad y los hombres tenderán a ayudar otras investigaciones para corregir los posibles fallos del primero.
a su prójimo con mayor frecuencia; y si se castiga el mal moral Este segundo procedimiento emplea los numerosos recursos que
con la infelicidad, la maldad quedará desalentada y los hombres reportan las ciencias sociales, psicológicas y médicas, y el resul-
tenderán a hacer menos daño a su prójimo. De ahí que, a falta de tado ha sido beneficiosísimo tanto para el individuo implicado
una alternativa mejor, el castigo resulte justificable. como para la sociedad. Creo que se debieran utilizar estos méto-
dos humanitarios y científicos, no sólo para afrontar el problema
Con todo, la palabra castigo, como generalmente se entiende,
de la delincuencia juvenil, sino también el del crimen adulto. He-
no significa una penalización preventiva y remediadora en orden
mos de esforzarnos por descubrir científicamente las causas del
a potenciar el máximo de felicidad. Significa, por el contrario, el
crimen, tanto a nivel individual como social, y por trazar un plan
sufrimiento que deliberadamente se impone a quien se ha hecho
bien concebido para eliminarlo y reformar al criminal. Tengo la
acreedor a ello por haber obrado mal. En este último sentido,
esperanza de que con este enfoque racional conseguiremos aumen-
la palabra castigo debiéramos borrarla totalmente de nuestro có-
tar en gran manera el índice de felicidad humana. A largo plazo,
digo moral. Es un vestigio de sistemas morales primitivos como
estos procedimientos serían menos costosos, incluso económica-
el de «ojo por ojo, diente por diente». Con demasiada frecuen-
mente, que los métodos tan toscos y rudimentarios que hoy em-
cia no es más que la expresión de impulsos psícopatológicos o
pleamos para combatir el crimen.
inmorales como el sadismo y la sed de venganza. Su efecto es,
pues, disminuir el bienestar humano. (4) Teorías eudemonistas-parcialistas. Las doctrinas de este
Lo que realmente necesita el que obra mal no es un «castigo» tipo reconocen, dentro de ciertos límites, que el modelo más
sino un «tratamiento». Al igual que un médico debe a veces in- apropiado de la acción justa es el aumento de la felicidad, pero
256 La acción social ¡usía Teorías inválidas acerca de lo justo 257

muestran, a la vez, una marcada preferencia por una visión estre- significado político. En último término, todas las acciones y motivos
cha del bien (como, por ejemplo, egoísta, racista, nacionalista, cla- políticos pueden ser reducidos a esta distinción de base.8
sista, etc.). Estas posturas suelen ser muy frecuentes y son mu-
chas las personas que las aceptan aunque no lo reconozcan abier- Partiendo de estas ideas, Schmitt considera que el conflicto e
tamente. Difícilmente encontraremos a un hombre que se com- incluso la guerra constituye una manifestación normal e inevita-
porte siempre de acuerdo con un modelo universalista y muchas ble de toda relación política y social. No existe, según él, una
más raras veces hallaremos a un individuo que siga esta norma norma universal ni un modelo imparcial por el que, en casos ex-
de acción a lo largo de toda su vida. tremos, podamos resolver tales conflictos; de ahí que «resulte
imposible un estado mundial que abarque a la totalidad de seres
Ya he hablado en los capítulos 5 y 7 de la necesidad que te- humanos y que el campo político sea un pluriverso y no un
nemos de adoptar un modelo universalista y no restringido de universo».9
bienestar. Dada la importancia social del tema no está, sin em-
Este tipo de postura no sólo ha sido muy aceptada, sino que
bargo, de más que volvamos a detenernos en él aunque, en este
ha inspirado conductas sociales tan perjudiciales como las que
caso, nos ceñiremos a su relación con el significado de la acción
alcanzaron su punto álgido en la segunda guerra mundial. Entre
justa e injusta.
nazis y fascistas, especialmente, y, en general, entre personas de
Todo modelo parcialista de bienestar es condenable porque, ideología más o menos similar a éstas, suele ser frecuente la afir-
al ser restringido, nos obliga a sacrificar un bien mayor. Por otra mación del ideal del «sólo nosotros». Con frecuencia se ha dis-
parte, en la práctica, una actitud favorable hacia un grupo limitado tinguido entre oriente y occidente, gentiles y judíos, blancos y
suele ir emparejada con demasiada frecuencia con una actitud negros, «pueblos escogidos» y «razas inferiores», mientras que
desfavorable hacia los que no pertenecen a la colectividad prefe- el elogio y la exaltación de uno de los polos han corrido parejos
rida. En consecuencia, puede decirse que un modelo estrecho de con el desprecio, la tortura e incluso la muerte del otro.
eudemonismo suele ir unido a un modelo disdemonista. Ordina- Aplicado a las diferentes esferas de la cultura, este tribalismo
riamente, el racismo, por ejemplo, implica tanto una actitud fa- ha apoyado las más intolerantes doctrinas. Se dijo, por ejemplo,
vorable hacia los individuos de nuestra misma «raza» como una que el pueblo alemán, como perteneciente a la raza «aria», dis-
actitud de odio y de sometimiento hacia las «razas inferiores». pone de una física, unas matemáticas, una historia, una antropo-
De igual modo, los prejuicios en favor de nuestra propia nación logía, un arte, una música, una literatura, un derecho y una reli-
se combinan a menudo con los prejuicios contra las restantes na- gión peculiares y distintivos, y que las culturas «no arias» ca-
ciones. Lo mismo puede decirse de los prejuicios hacia una de- recen de validez e importancia. En Italia y en el Japón se renun-
terminada clase social, una casta o cualquier otra forma de grupo ció, igualmente, a la idea de una humanidad universal en favor
limitado. Esta es una de las causas por las que los grupos, los de un prejuicio racial o nacionalista.
ideales, las creencias o las fidelidades se enzarzan en luchas
continuas. Con su intolerante «cultura» y sus mitos fanáticos, esta estra-
tegia de odio servía a los propósitos de los demagogos fascistas:
Tan común es este modelo del conflicto que Cari Schmitt, desviar a las masas de las causas reales de sus sufrimientos, fo-
un conocido especialista alemán en estos temas, ha defendido que mentar un sentimiento de solidaridad nacional cultivando una
todas las relaciones políticas se organizan sobre esta base.
' Der Begriff des Politiscben. Hanseatische Verlags-Anstalt, Hamburg
La distinción política esencial, escribe, es la que existe entre 1933, 7.
amigo y enemigo. Presta a las acciones y a los motivos humanos un ' Ibid., 35-36.
258 La acción social justa Teorías inválidas acerca de lo justo 259

mentalidad de rebaño y una actitud de odio hacia los grupos esclavos, dirigentes y dirigidos, explotadores y explotados, «razas
«ajenos», preparar la conciencia del pueblo para una campaña de superiores» y razas sometidas, trabajadores manuales e intelec-
guerra y violencia e inspirar, entre las numerosas víctimas de la tuales, campesinos y ciudadanos, hombres y mujeres... Defendió
«gran depresión», la idea de que «la destrucción del enemigo» que el conflicto básico es el que se produce, a nivel económico,
constituía la solución para todos sus males. La inseguridad labo- entre opresores y oprimidos y que, en nuestra época, esta lucha
ral, el desempleo, la pobreza y el enfrentamiento internacional se fundamenta en la propiedad que individuos particulares osten-
constituyen el terreno abonado en el que suelen florecer estas tan de los medios de producción. En tanto no se resuelva este
actitudes patológicas. conflicto mediante el establecimiento de una sociedad sin clases
en la que se instaure como condición indispensable una propiedad
Si nos dirigimos a las naciones democráticas, encontraremos colectiva, seguirán sin desaparecer las luchas que derivan de este
muchos individuos y grupos cuya mentalidad no difiere en espí- antagonismo radical. En la medida en que siga sin resolverse el
ritu de la fascista. Las ciudades americanas, por ejemplo, son conflicto económico de base, no podemos esperar que la humani-
un hervidero de actitudes antisemitas; los defensores de la «su- dad se una, dado que no puede haber una auténtica cooperación
premacía blanca» se cuentan por millones; durante la guerra, e entre el amo y el siervo, el explotador y el explotado. No voy a
incluso en los años posteriores, los japoneses eran despreciados hacer ahora un estudio valorativo de los argumentos de Marx,
en Estados Unidos donde se les calificaba con el nombre de «ama- pero sí quiero subrayar al menos la gran importancia que tiene
rillos». Si un americano medio oye que en Puerto Rico se está el conflicto económico y el hecho evidente de que los prejuicios
muriendo la gente de hambre, lo más probable es que se encoja de clase no son menos fundamentales que los racistas y los
de hombros y pase a ocuparse de cosas más «interesantes». nacionalistas.
Está claro que los prejuicios nacionalistas y racistas no se A estas formas de prejuicios de grupo cabe añadir además los
han limitado a los países fascistas. Ha podido observarse que his- prejuicios individuales que derivan del egoísmo: la preferencia
tóricamente el nacionalismo se ha ido desarrollando de un modo del ideal del «sólo yo». Aunque haya dicho que éste es un pre-
cada vez más intenso en casi todos los países y que el imperialis- juicio «individual», es necesario admitir que es fomentado por un
mo, con su terrible explotación de las razas y de los pueblos orden social competitivo y que, en comparación, aparece en muy
«inferiores», constituye una fase casi universal en el proceso del contadas ocasiones en sociedades cooperativas, como los pueblos
capitalismo moderno. Los lemas y consignas que han conducido y los arapesh, entre las comunidades primitivas, o como los cuá-
a sangrientos combates son demasiado conocidos: «Britannia ru- queros, entre las más civilizadas. La sociología y la antropología
les the waves!» «Deutschland über alies!» «France d'abord!» han comprobado en múltiples ocasiones que no se trata ni mucho
«America first!» «My country, right or wrong!». Aunque los menos de un rasgo humano inalterable y que su intensidad varía
fascistas llevaron estas tendencias al extremismo patológico del según las circunstancias y condiciones sociales. Es mucho menos
sadismo y de la xenofobia, no tenemos más que observar lo que agudo y frecuente en una sociedad esencialmente cooperativa que
está sucediendo en Estados Unidos para comprobar que el cán- en otra que, en contraste, presente un alto índice de despiadada
cer del racismo y del nacionalismo se está propagando por el competitividad.
tejido sano del organismo democrático.
En consecuencia, es difícil pero no imposible superar el egoís-
Entre los grandes pensadores del siglo xix, Karl Marx de- mo. Todo hombre es, en cierto sentido, el centro de su pequeño
dicó una especial atención al problema de los conflictos de gru- mundo particular, vive dentro de su piel, ve con sus propios ojos
pos. Concibió, así, la historia desde la perspectiva de antiguos y y siente con los sentimientos que le caracterizan. A menos que
amargos antagonismos: conflictos entre ricos y pobres, libres y supongamos que tiene el poder de leer los pensamientos ajenos,
260 La acción social justa Teorías inválidas acerca de lo justo 261

no experimenta nunca directamente otras cosas que no sean sus coincida con el de los demás. Un hombre no ha de despreciarse
propios valores. Ve las manifestaciones de alegría de los que le a sí mismo, sino ampliar y vivificar aquellos intereses que no sean
rodean y ello puede hacerle feliz, pero nunca vive directamente la exclusivamente suyos. Como Spinoza subrayó, un hombre es gran-
satisfacción de otras personas. Este hecho ha conducido a no de en la medida en que lo sean sus intereses, y el mero egoísmo,
pocos escritores a defender el egoísmo. Dado que todo individuo por ocupar el puesto más bajo en la escala del interés, empobre-
se halla situado en una «posición egocéntrica», ¿por qué ha de ce su yo. Puede decirse que, en gran medida, todo el problema
esforzarse en conseguir otro bien que no sea el suyo? del control social se reduce a eliminar el conflicto existente entre
los intereses individuales y los sociales. Para conseguir esto se ha
Sin embargo, como hemos estado viendo, las personas no son de cambiar tanto al individuo como a la sociedad: se ha de hacer
sólo egoístas, sino también sociables. La simpatía constituye un a la sociedad más cooperativa y a los individuos más altruistas
hecho fundamental de la vida humana; según muchos psicólogos, y menos apegados a sus intereses personales.
el amor es el impulso vital básico. Estas emociones rompen los
muros que existen entre los seres humanos y se convierten en Del mismo modo que no es injusto perseguir nuestros intere-
importantes factores en la resolución de conflictos y egoísmos. ses personales si ello no constituye un obstáculo para los intereses
Rainer María Rilke escribió: «El amor consiste en esto: en que sociales, tampoco es injusto buscar los intereses de nuestro grupo
dos soledades se protegen, se comunican y se dan la bienvenida si con ello no impedimos la satisfacción de intereses más amplios.
la una a la otra».10 En esta medida, los individuos trascienden su Es evidente que una de las exigencias primordiales de toda civi-
posición egocéntrica. lización dinámica es el crecimiento rico y variado de asociaciones
humanas, con todas las diversas formas de amor y de lealtad que
Por otra parte, el egoísmo resulta contradictorio como teoría originan. Sólo cuando la lealtad al grupo se convierte en egoísmo
ética. Defiende que el bien de cada hombre es el único bien; pero, de grupo, o peor aún en agresividad de grupo, es cuando aparece
al haber muchos hombres, ello equivale a decir que hay muchos una actitud inmoral. Lo que precisamos, como ha apuntado
bienes únicos, lo que constituye una evidente contradicción.11 Josiah Royce, es una lealtad que sea ampliamente tolerante, que
Por otra parte, si espero que otros hombres reconozcan mi bien, respete las fidelidades de otros, que sea, por así decirlo, «leal a la
me toca igualmente reconocer los suyos. Si mi bien ha de ser lealtad».12
promocionado, por la misma razón se ha de promover el bien de
los demás. El bien, por el hecho de serlo, ha de ser promovido en El problema moral más importante de nuestra época consiste
la medida de lo posible. Sólo cuando somos presa del egoísmo en si creemos en la posibilidad de establecer una comunidad más
más desaforado, nos parece irracional esta afirmación. Cuando am- amplia de seres humanos, de reconocer su destino común y de
pliamos nuestras simpatías y logramos una captación más viva de cultivar su humanidad participada; o si, por el contrario, sólo
la alegría y del dolor de otros, nos parece más irracional que nunca creemos en individuos desarraigados, aislados y particulares, que
endurecer nuestros corazones y reducir nuestras aspiraciones éticas luchan en un sistema inorgánico en el que se desprecie a los que
a los estrechos límites del yo individual. se quedan atrás, o en una multiplicidad de razas, naciones y cla-
ses que luchan constantemente en un conflicto carente de
La forma más razonable de superar el egoísmo no es reprimir significado.
y sojuzgar nuestro yo, sino expandirlo hasta que nuestro bien
10
Otado por WALTER DE LA MARE en Love (Amor). Morrow, New
York 1946, 11.
12
11
Véase G. E. MOORE, Principia ethica. U.N.A.M., México 1959, Véase The philosophy of loyalty (Filosofía de la lealtad). Macmillan,
94-99. New York 1909, especialmente el c. III.
262 La acción social justa La tarea moral 263

3. La tarea moral. intereses de los que nos rodean porque sólo una acción armónica
Elección e integración de valores y equilibrada puede resolver los conflictos y las incompatibilidades.

Toda mi argumentación va dirigida al logro de un mayor La elección se nos hace mucho más sencilla por el hecho de
orden y de una menor anarquía. La esencia de la tarea moral es vivir en una sociedad organizada con costumbres, reglas, leyes e
la prosecución de una integración más amplia y armónica de instituciones basadas en una larga y variada experiencia. Duran-
intereses, de forma tal que un impulso no luche contra otro te la infancia se nos inculca la idea de que la amabilidad es mejor
impulso, ni un individuo contra otro individuo, ni un grupo que la crueldad, de que no debemos mentir, de que robar es un
contra otro grupo. Como ha dicho Ralph Barton Perry: acto vituperable, de que por regla general tenemos que cumplir
nuestras promesas, etc. Cuando llegamos a la madurez, caemos
Sólo se produce el drama moral cuando hay unos intereses que en la cuenta de que el sentido común de la humanidad ha des-
se oponen a otros, cuando la senda de una vida individual se cruza cubierto determinadas fuentes de felicidad; de que bienes tales
con la de otras. Todo interés está obligado a reconocer otros intere- como la salud, la seguridad, el conocimiento, la libertad, el amor,
ses, por un lado, como partes de su entorno, y, por otro, como la belleza y el trabajo creador constituyen, por aceptación univer-
compañeros en la empresa general de la vida. Aquí se encuentra
implicada la idea moral o el principio de acción, según el cual, un sal, las fuentes principales de la felicidad humana; y que sus
interés se alta con otro para ser fuerte y poderoso contra el enemigo opuestos, la enfermedad, la inseguridad, la ignorancia, la tiranía,
que todos heredamos: la pesada inercia y el incesante desgaste del el odio, la fealdad y el trabajo penoso constituyen, también por
cosmos. Merced a la moral, una pluralidad de intereses se convierte aceptación universal, las fuentes principales de la desgracia y del
en una economía o una comunidad de intereses... Aunque la reali-
zación de un interés aislado sea algo bueno, sólo la satisfacción de
dolor. Por otra parte, podemos profundizar y ampliar este cuadro
una organización de intereses es moralmente buena... Los principios de valores reflexionando sobre la base de lo que han escrito
morales definen la adaptación de un interés a otro en orden a la pensadores antiguos y modernos.
economía de cada uno de ellos y al fortalecimiento de ambos contra
el fracaso y la muerte. La moral no es más que la forma de llevar A pesar de ello, nos habremos de enfrentar con la necesidad
adelante el negocio de la vida más allá de un cierto grado de com- de elegir entre valores variados y opuestos. Todo valor puede ser
plejidad. Es el método de un vivir concertado, acumulativo, por el sometido a crítica a la luz de su valía intrínseca y de su consis-
que los intereses pasan de la dudosa condición de ser tolerados por
el cosmos a la de seguridad y confianza. La causa y el motivo de la tencia o inconsistencia con otros valores. ¿Cómo podemos de-
moral no se diferencian, pues, de los de la vida.13 terminar los valores que merecen ser elegidos? ¿Sobre qué prin-
cipios podemos elaborar nuestra economía moral?
Para un ser que no experimentara el riesgo y la aventura de
vivir no existiría la moral. Un ser tan estático como el «Dios» Uno de los intentos clásicos por contestar a estas preguntas
de Aristóteles —un ser eterno que piensa eternamente pensa- lo constituye el «cálculo hedonista» de Jeremy Bentham. El fa-
mientos eternos— no puede ser moral porque no se enfrenta moso pensador inglés defendió que el valor intrínseco del pla-
a la necesidad vital de tener que elegir. Es el carácter temporal cer o del dolor viene determinado por su intensidad y su du-
y procesal de la vida el que plantea problemas éticos: nuestra ración. A la hora de considerar un placer o un dolor futuros,
existencia está impregnada de interés moral porque hemos de hemos de tener en cuenta su certidumbre o incertidumbre y
tener en cuenta un antes y un después. Ponderamos las lecciones su proximidad o lejanía. Si deseamos considerar, además, las con-
del pasado, elegimos mirando hacia el futuro y consideramos los secuencias de un placer o de un dolor, habremos de calibrar
otros dos factores: primero, su «fecundidad» (es decir, la pro-
13
The moral economy (La economía moral). Scribner's, New York babilidad de que el placer vaya seguido de más placer o el do-
1909, 13, 15 y 19. lor de más dolor), y, segundo, su «pureza» (esto es, que un pía-
264 La acción social justa
La tarca moral - 265

cer se vea libre de todo dolor subsiguiente, y que un dolor no


de la vida han de ser duraderas». Con ello apuntaba a un im-
vaya acompañado de un placer ulterior). Por último, si hemos
portante criterio: la extensión temporal del valor.
de considerar una acción que afecta a un grupo de individuos,
debemos tener en cuenta el número de personas que experimen- En igualdad de circunstancias, se han de preferir satisfaccio-
tarán de resultas de ella placer o dolor. Bentham resumió su con- nes o alegrías que sean duraderas (que no se conviertan pron-
sejo en el siguiente verso: to, por ejemplo, en el polvo y la ceniza del aburrimiento); y se
han de cultivar los intereses que produzcan esos placeres. Tales
Intenso, largo, cierto, rápido, fructífero y puro intereses son los que tienen cimientos más profundos, los que ex-
son los signos del placer que ahuyentan el dolor. presan deseos más importantes y los que suministran los medios
Sí los placeres son privados, gózalos por ti mismo, necesarios para su realización y mantenimiento. Un interés que
si son públicos, amplíalos todo lo que puedas.
Evita todo dolor que esté en tu mano esquivar; sea superficial o irreal desemboca o se convierte en aversión.
si son inevitables, reduce al mínimo su número.14
2) Criterio de intensidad: En igualdad de circunstancias,
se han de preferir las satisfacciones y alegrías más intensas a
Bentham propuso calcular el valor de una acción según el las menos intensas. Está claro que la intensidad no puede ser
mayor número de placeres y el menor número de dolores que medida con toda exactitud; sin embargo, en ocasiones, podemos
quepa esperar de ella una vez restados los segundos a los pri- decir con un cierto grado de fiabilidad que una satisfacción es
meros. más intensa que otra e incluso que ésta es más intensa que otra
Con frecuencia, se ha achacado a Bentham el carácter poco tercera. Cabe, así, la posibilidad de ordenarlas en una escala de
práctico de su «cálculo». No hay duda de que es imposible cal- magnitudes de intensidad, separando cada una de la siguiente
cular con precisión aritmética el excedente de placer sobre do- en el orden de jerarquía por alguna diferencia apreciable.
lor o de dolor sobre placer que resultará de un acto. Todo lo Del mismo modo que los intereses profundos producen ge-
más que podemos hacer es juzgar que un placer (o un dolor) neralmente satisfacciones más duraderas, también originan goces
será mayor en duración que otro y estimar muy por encima las más intensos. Cuando se frustran esos intereses fundamentales,
consecuencias subsiguientes. Toda ética teleológica exige esta el dolor resultante es, en correspondencia, intenso y prolongado.
ponderación de valores y consecuencias, por lo que Bentham tie- Gracias a las investigaciones de Freud, Adler, Hamilton, Murray,
ne al menos el mérito de haber reconocido la naturaleza del Hollingworth y Tolman, disponemos de suficientes datos psico-
problema y de haber tratado de resolverlo. lógicos como para poder afirmar que determinados intereses son
Si intentáramos formular los criterios, no para una ética he- extremadamente fundamentales y que entre ellos se incluyen el
interés por el amor y la amistad, por la seguridad, por un tra-
donista como la de Bentham, sino para el concepto más amplio
bajo productivo, por la manifestación constructiva de nuestras
de cultivo y satisfacción de intereses, el problema sería aún más
aptitudes, por una posición y una reputación sociales dignas y
complicado. Podemos indicar, sin embargo, los siguientes crite-
por una variedad considerable de estímulos. Para conseguir una
rios:
felicidad y evitar una infelicidad intensas, resulta particularmente
1) Criterio de duración: Charles W. Eliot, rector de la importante satisfacer los deseos más fundamentales.
universidad de Harvard, gustaba de decir que «las satisfacciones
3) Criterio de cualidad: John Stuart Mili apelaba a este
14
criterio cuando defendía que ciertas formas de placer son pre-
Principies of moráis and legislation (Principios de moral y de legis- feribles a otras completamente al margen de su intensidad y du-
lación). Hafner, New York 1948, 28.
ración. Ya hemos hecho referencia a las incoherencias que pre-
266 La acción social justa La tarca moral 26/

senta la argumentación de Mili; lo que ahora quisiera, no obstan- tras que el puro contacto físico, aunque tal vez produce un plum-
te, subrayar es que hemos de preferir una satisfacción cualitati- illas intenso, sólo expresa un aspecto aislado de la naturaleza hu-
vamente superior a otra cualitativamente inferior. mana. Este es el modelo que tiene presente De Witt Parker
Al juzgar la cualidad, hemos de establecer una diferenciación cuando afirma:
entre lo preferido y lo preferible. Hay deseos apasionados e irra-
Es superior el interés que mejor representa el valor del yo como
cionales, como los de tipo sádico o masoquista, que no constitu-
un todo, el que da al conjunto lo que éste necesita. De este modo,
yen criterios ni determinantes objetivos de la cualidad de un va- cabe la posibilidad de determinar que un interés importante es su-
lor. «Desear lo perjudicial, ha escrito Erich Fromm, constituye perior a otro demostrando simplemente que es más adecuado al valor
la esencia de la enfermedad mental».15 Las preferencias de una del yo en conjunto.16
conciencia enferma, superficial o ignorante, no son necesariamen-
te un índice de una cualidad superior. Toda preferencia, como Si estas afirmaciones de De Witt Parker son correctas, el in-
forma que es de un interés, encierra algún valor, pero ello no terés cualitativamente superior sería el más amplio, esto es, el
quiere decir que dicho valor merezca ser elegido o que sea mo- que expresa una dimensión mayor del yo o incluso al yo en con-
ralmente permisible; aun en el caso de que tuviera un valor in- junto. Puede parecer que la amplitud es algo puramente cuanti-
trínseco, el objeto de dicha preferencia no es necesariamente re- tativo y que, en consecuencia, cabe la posibilidad de reducirla a
presentativo de una cualidad superior o de un tipo digno de elec- los criterios de duración, intensidad y número. Con todo, cuan-
ción. do consideramos valores superiores, como el amor o la belleza,
por ejemplo, parece que hallamos en ellos también una diferen-
¿Cómo podemos juzgar entonces lo que es cualitativamente cia cualitativa. Este problema de la cualidad de un valor resulta
superior? Esta pregunta encierra una enorme dificultad. Puede muy difícil de analizar, por lo que las ideas que he sugerido
que, mediante un análisis adecuado, consigamos reducir el mo- aquí son meramente provisionales y revisables.
delo cualitativo a un criterio cuantitativo, como el de la inten-
sidad, por ejemplo. Es, sin embargo, una creencia muy extendida 4) Criterio numérico: En igualdad de circunstancias, un con-
que ciertos tipos de satisfacciones y de goces, como los que sur- junto de muchos valores es mejor que un conjunto de pocos va-
gen del arte, de la ciencia, de la filosofía, de la religión, del lores. En general, es mejor una vida en la que haya muchas
amor y la amistad, etc., son cualitativamente superiores a los alegrías que una vida en la que haya pocas, y es mejor una so-
placeres puramente corporales o sensuales. Es posible que la ba- ciedad en la que sean felices muchas personas que una sociedad
se de esta creencia se apoye en el hecho de que los valores «su- en la que sean felices pocas personas.
periores» representan el conjunto de la conciencia y que, por Una de las consecuencias de este criterio es que se han de
ello, expresan de un modo más aproximado la esencia y la tota- preferir intereses concordantes a intereses discordantes. El efecto
lidad de la personalidad humana. Los valores «inferiores», por de la falta de acuerdo es disminuir el número de satisfacciones
el contrario, son menos ricos, menos complejos, más centrados y aumentar el de dolores. Como un tanto humorísticamente ha
en lo corporal, menos representativos del yo en conjunto, ya que hecho observar Bertrand Russell, el amor es mejor que el ase-
expresan sólo un aspecto de la personalidad. En su mejor mani- sinato, porque el amor satisface a dos, mientras que el asesinato
festación, el amor, por ejemplo, no es sólo una experiencia sexual sólo satisface a uno. Los intereses egoístas, avariciosos, depreda-
y sensual, sino también emocional, afectiva, imaginativa e inte- dores, sádicos o inmoderados son fuente de conflictos, mientras
lectual. Por ello rezuma el perfume de toda la personalidad, mien- que los altruistas, generosos, desprendidos, filantrópicos o equili-
16
L. c, 120. Human valúes (Valores humanos). Harper, New York 1931, 97.
268 La acción social ¡usía
La tarea moral 269
brados producen armonía. Se han de evitar, además, los conflic-
tos sociales; por lo que, desde el punto de vista de la armonía cuenta el factor del riesgo. En general, se han de preferir las
interior, el mejor de todos los grupos sería aquella comunidad en satisfacciones y las alegrías más probables a las menos probables.
la que el bien de cada uno coincide con el bien de todos. Podemos preguntarnos, por ello, en qué medida es probable que
lleguemos a alcanzar los valores futuros que perseguimos. Esta
Otra consecuencia del criterio numérico es que los bienes de consideración justifica una cierta preferencia por los valores que
la vida han de ser extendidos al mayor número posible de per- están más cercanos a nosotros en el tiempo y en el espacio, dado
sonas. Ello significa que es mejor la participación democrática que la distancia temporal y espacial hace más oscuros e inciertos
que el exclusivismo estrecho. Tratar de aumentar la felicidad los efectos de nuestras acciones. Existe, sin embargo, en la na-
prodigando toda la atención sobre un individuo o sobre un gru- turaleza humana una marcada tendencia a exagerar el valor de
po reducido, cuando deberíamos interesarnos por todos los miem- este factor: el prejuicio en favor de lo inmediato constituye una
bros de nuestra comunidad, sería algo similar a intentar obtener de las formas más perjudiciales de parcialismo. Al igual que el
una abundante cosecha de trigo cultivando un acre de tierra, cuan- hijo pródigo, los americanos, por ejemplo, han talado bosques,
do podríamos cultivar un centenar de acres. han agotado su suelo y han extraído minerales en cantidades des-
comunales. Uno de los principales valores de la planificación so-
5) Criterio de fecundidad: no sólo se han de juzgar los va- cial, si atendemos especialmente las cuidadosas estimaciones que
lores desde el punto de vista de su dignidad inmediata, sino tam- nos suministran los científicos sociales, radica en la posibilidad
bién desde la perspectiva de su valía instrumental o de su capa- de reducir razonablemene tamaña devastación.
cidad para producir futuros valores o contravalores. En base a
ello, pueden ser dignos de elección ciertos bienes externos que Como hemos estado viendo, los valores pueden diferir en una
resultan escasos o que no son valores en sí mismos. Esta afirma- mayor o menor duración, intensidad, cualidad, número y fecun-
ción justifica, por ejemplo, que hayamos puesto un gran énfasis didad. Resulta difícil determinar el valor de las alternativas recu-
en las necesidades básicas de la vida, como el alimento, el vesti- rriendo a uno o a todos estos criterios. Más problemático es aún
do y la vivienda. Como ha observado Helen Lynd: «Un alimento contrapesar estos criterios con otros. Indudablemente, este último
y una vivienda decorosos no hacen más espirituales a los hom- problema —cómo comparar modelos— resulta sumamente com-
bres, pero constituyen una mejor base para conseguirlo que el plejo. Supongamos, por ejemplo, que hemos de considerar cuál
pasar hambre o frío».17 Por similares razones merece subrayarse de estas tres alternativas hay que elegir cuando la primera es pre-
la salud y una sólida educación, ya que sin ellas los hombres ferible en términos del criterio de intensidad, la segunda según
encuentran muchas dificultades para el logro de sus objetivos. el de duración y la tercera de acuerdo con el de cualidad. ¿Cómo
La primera obligación de toda sociedad es suministrar a todos podemos comparar estos criterios y decidir cuál ha de prevalecer
sus miembros estos bienes imprescindibles: comida, vivienda, ves- en una situación dada? Evidentemente que ello dependería mu-
tido, servicios sanitarios y educación. Igual de importante resulta cho de la medida en que cada una de las alternativas fuera su-
lograr un sistema económico y social que evite el terrible desas- perior o inferior a las otras en cada uno de los criterios. Si una
tre de la guerra y de la depresión económica y que proporcione alternativa fuera, por ejemplo, muy superior en intensidad y muy
a todo hombre, mujer y niño seguridad contra la pobreza y opor- inferior en duración y cualidad, parecería que es la mejor, en la
tunidad razonable para lograr su felicidad. medida en que estos tres criterios intervienen. Pero si no se da
Al considerar los valores instrumentales, hemos de tener en ninguna superioridad decisiva en favor de una alternativa y ca-
da una es superior en un aspecto diferente, será imposible deci-
England in the eighteen-eighties (Inglaterra en la década de 1880). dir sobre la base de un fundamento claro y racional. En tales
Oxford University Press, New York 1945, 424. circunstancias, solemos tomar una decisión brusca y repentina.
270 La acción social justa

Me gustaría decir mucho más acerca de este problema, pero es


tan difícil y complicado que me he tenido que contentar con
tocar algunos de sus puntos en este breve epígrafe.

Si es difícil determinar el valor de las alternativas en rela-


ción con una vida individual, mucho más complejo será plantear
este problema a nivel social. La ética social es un arte sutil y
difícil que no puede resolverse maquinalmente. Con todo, si los
hombres se tomaran tiempo y reflexionaran con mayor cuidado,
podrían por lo menos elegir inteligentemente obteniendo, en ge-
neral, consecuencias mejores y más fecundas.
RESUMEN

"¿Sf

En la primera parte de este libro, defendí que toda ética basa-


da simplemente en el puro cumplimiento de las leyes resulta ina-
decuada y que es necesario, a nivel moral, recurrir a la conside-
ración de los ideales y de las consecuencias. He dedicado, pues,
toda esta segunda parte a examinar la ética de los ideales.
Este tipo de ética, a la que he designado con el nombre de
ideológica, defiende que las acciones son justas en la medida en
que tiendan a promover un bien intrínseco, y malas en la medida
en que tiendan a promover un mal intrínseco. Trata de definir,
en consecuencia, el bien y el mal intrínsecos y se esfuerza en deter-
i minar los mejores medios para promover el primero y reducir el
segundo.
Si tenemos en cuenta la definición de la naturaleza del bien
intrínseco que ofrece cada una de ellas, podemos distinguir di-
versas teorías. La relativista niega la existencia de un bien uni-
versal; la absolutista, no sólo afirma la universalidad del bien,
sino también la eternidad de su contenido. El individualismo ex-
tremo sitúa el bien en el individuo autosuficiente; el colectivis-
ta extremo considera que el lugar del bien intrínseco no puede
ser otro que el grupo o la sociedad. El intelectualista descubre
el bien en la razón, el hedonista en el placer y el voluntarista
en el deseo o en la voluntad. Por último, algunos filósofos, al
intentar elaborar una concepción más amplia del bien, lo sitúan
272 Etica de los ideales Resumen 273

en el interés y en sus objetos. He ido examinando una por una tamente iguales ni radicalmente distintos. Comparten unas nece-
estas diversas interpretaciones. sidades básicas, pero las expresan de formas diferentes. La uni-
dad mundial se ha convertido en un imperativo moral en una
En el capítulo 5 estudié la tesis relativista de que el bien época de armamento científico tan terrorífico como el que hoy
no tiene un alcance universal, dado que varía de un lugar a otro poseen los grandes países industriales. Sin embargo, no hay po-
y de una época a otra. Esta teoría constituye el polo opuesto del sibilidad alguna de que se produzca esa unión mientras no se
absolutismo, que proclama el carácter incondicionado e invaria- reconozcan las necesidades comunes y las diferencias legítimas.
ble de los modelos morales.
En el capítulo 6 planteé una importante pregunta: ¿se da
El relativismo ha tendido a prevalecer en períodos conflicti- el bien intrínseco en el individuo o en el grupo? Algunos indi-
vos, como la época de los sofistas o nuestra actual situación de vidualistas han apuntado que no puede hablarse del valor intrín-
crisis. El relativismo antiguo viene representado por Protágoras, seco al margen del interés (sea éste un sentimiento, una emoción,
quien enseñó que cada hombre o cada grupo «es la medida de un deseo, un acto de voluntad o alguna otra actitud similar de
todas las cosas», o por Trasímaco, más radical, para quien la estimación o rechazo), y que el lugar del interés, y en consecuen-
justicia se reduce al «interés del más fuerte». Entre los relativis- cia del valor intrínseco, es siempre el individuo. En el extremo
tas modernos, Pareto y Westermarck han defendido que los con- opuesto, los colectivistas éticos como Rousseau admiten que un
ceptos éticos descansan sobre «sentimientos» o «emociones» va- grupo puede tener un interés colectivo que difiere bastante de
riables, por lo que carecen de toda posible justificación racional. la simple suma de los intereses individuales y que la satisfacción
Con todo, al igual que muchos relativistas, Westermarck se mues- de ese interés común constituye un bien distinto a la suma de
tra incoherente con su propia posición al admitir un elemento de los bienes individuales.
«imparcialidad» en el juicio moral.
Hobbes representa la posición extrema del individualismo éti-
Al rechazar las premisas extraempíricas y las implicaciones co. Mantiene que el hombre es egoísta por naturaleza, que las
del absolutismo, el relativismo concuerda con la postura de la sociedades son «cuerpos artificiales» creados para ayudar y pro-
ciencia y con la tesis del liberalismo. Su punto flaco hay que bus- teger a los individuos, y que el estado es un artificio concebido
carlo en su negativa de encontrar una base objetivamente válida exclusivamente para evitar la anarquía suicida de la condición
que fundamente las normas humanas. Con ello deja de hacer jus- natural del hombre. Desde esta perspectiva, el valor reside en
ticia a la entraña misma de la moral. el individuo autosuficiente.
Para evitar los extremismos relativistas y absolutistas, hemos Hegel, por el contrario, es el más alto exponente de la posi-
de combinar lo viejo y lo nuevo, el espíritu de cambio y de reno- ción opuesta, esto es, del colectivismo extremo. Defiende que los
vación y el de conservación y permanencia, el ideal perdurable y valores supremos de la vida son los sociales, que el individuo
sus aplicaciones dinámicas a situaciones variadas y cambiantes. sólo puede lograr su libertad participando en las actividades co-
De igual modo, hemos de unir el particularismo y el universalis- lectivas, y que la familia, la iglesia, el estado o cualquier otro
mo, el internacionalismo y el patriotismo, el cosmopolitismo y grupo que mantenga una unidad interna es una especie de orga-
el regionalismo, la lealtad al gran estado y la fidelidad a la pe- nismo social poseedor de un valor intrínseco.
queña comunidad.
Mi tesis ha sido la necesidad de evitar tanto el individualis-
La naturaleza humana suministra una base para esta «unión mo exagerado que Hobbes representa, como el colectivismo ex-
de extremos opuestos». Los seres humanos no son ni totalmente tremo ejemplificado con la filosofía hegeliana. Para establecer una
variables ni completamente fijos y estables; tampoco son exac- tercera alternativa, he definido y descrito diversos grados de in-
274 Etica de los ideales Resumen 275

tegración, distinguiendo aquellos que caracterizan a los grupos el sentido literal del término, tampoco puede poseer un valor
humanos frente a los que no son propios de nuestras colectivi- intrínseco. No puede haber ningún valor intrínseco donde no exis-
dades. Cabe señalar los siguientes grados: 1) la mera contigüidad te ninguna forma de interés, y no existe ningún interés donde no
en el tiempo y en el espacio, como es el caso de una colección ac- se da la conciencia. De ahí que el lugar del valor intrínseco sea
cidental y heterogénea; 2) la asociación externa, que se da cuando el individuo y no el grupo. Con todo, el individuo real es pro-
se agrupan determinados elementos, no porque exista algún tipo fundamente social. En él, y no en su contrapartida mítica, «el
de relación entre ellos, sino porque todos hacen referencia a un egoísta puro», reside el valor.
mismo factor ajeno a la reunión misma; 3) la interdependencia
mecánica, en la que las partes guardan una interacción funcional Dediqué el capítulo 7 a examinar algunas de las teorías clá-
aunque no sufren una modificación esencial como resultado de su sicas sobre el bienestar, analizando, en particular, la relación que
interacción; 4) la interdependencia orgánica, en la que no sólo éste guarda con el interés. Donde hay intereses, existen también
existe una interacción de partes, sino que dicha interacción mo- valores. Cometeríamos, sin embargo, la «falacia naturalista» si
difica las características esenciales de éstas; 5) la interdependencia identificáramos sin más el valor con el interés. Para evitar este
existencial, en la que las partes dependen entre sí tanto por sus error, hubimos de distinguir entre la no indiferencia psicológica
rasgos esenciales como por su propia existencia; 6) la unidad de —el interés— y la no indiferencia ética —el deber—. Especi-
configuración, en la que las partes son interdependientes y, a la ficamos, sin embargo, que es la no indiferencia psicológica la que
vez, están determinadas por las características del conjunto; 7) la hace que algo no sea indiferente a nivel ético. El interés posi-
unidad biológica, en la que existe una unidad simple, la vida del tivo debe ser y, en este sentido, es bueno.
conjunto, que es el fin de las partes; y 8) la unidad psicológica,
En un sentido estricto, el valor intrínseco afecta al interés y
en la que la unidad vital del grado anterior alcanza el nivel de
no a su objeto. Lo que constituye un valor intrínseco no es, por
la conciencia.
ejemplo, el dulce que me como, sino el placer que experimento
A la vista de estos niveles de integración, cabe la posibilidad al hacerlo. Cabe decir, en líneas generales, que se puede hacer
de denunciar los principales errores del individualismo y del co- radicar el bienestar humano en el cultivo y en la satisfacción de
lectivismo extremos. El primero interpreta los grupos en térmi- intereses positivos (situaciones de agrado), y la miseria humana
nos de la mera contigüidad, de la asociación externa o de la en intereses negativos (situaciones de desagrado) y en la frustra-
interdependencia mecánica, descuidando o excluyendo las formas ción de intereses positivos.
superiores de unidad como efecto del énfasis excesivo que pone
en la independencia de los individuos. El segundo, por el con- Todo individuo presenta tres dimensiones o aspectos funda-
trario, atribuye a los grupos humanos las formas más intensas de mentales: el cognitivo, el afectivo y el volitivo. ¿Qué relación
integración. Algunos de los niveles superiores —la interdepen- guarda cada uno de ellos con el interés y el valor?
dencia orgánica, la interdependencia existencial y la unidad de
Aristóteles es el exponente clásico de los valores cognitivos.
configuración— pueden ser aplicados con toda propiedad a cier-
Defiende que el bien supremo es la vida de la razón, en cuanto
tos grupos humanos; pero otras formas más intensas de integra-
que responde a la naturaleza humana que es, en su esencia, ra-
ción —la unidad biológica y la psicológica —resultan inapropia-
cional. Distingue entre el bien moral, que es el apetito orientado
das para calificarlos. Al hacerlo, el colectivismo extremo incurre
por la razón, y el bien intelectual, que es el ejercicio libre de la
en el error fundamental de suponer que el g