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Sexo, Delitos y Pecados

Intersecciones entre religión, género, sexualidad y el


derecho en América Latina

Macarena Sáez y José Manuel Morán Faúndes


©CENTER FOR LATIN AMERICAN & LATINO STUDIES,
AMERICAN UNIVERSITY
Primera edición, 2016
ISBN: 978-0-692-80849-8

Editores: Macarena Sáez y José Manuel Morán Faúndes


Compilado por: Robert Albro
Edición del texto: Alexandra Vranas
Diseño de portada: Carlos Díaz Barriga

Se autoriza la libre copia, distribución y comunicación pública de esta obra


bajo las condiciones de reconocimiento (debe citarse siempre la fuente) y su
uso no comercial (no puede utilizarse este trabajo para fines comerciales). Se
prohíbe su reproducción y/o transformación.

Center for Latin American & Latino Studies


American University
440 Massachusetts Avenue, NW
Washington, DC 20016-8137
www.american.edu/clals

Washington, D.C. | December 2016


Índice

Agradecimientos | iv

Siglas | v

1. Introducción: Religión, género, sexualidad y el derecho en


América Latina
Macarena Sáez y José Manuel Morán Faúndes | 1
2. Sexualidad, derecho y religión: entramados en tensión
Juan Marco Vaggione | 17
3. Sexualidad, política y actores religiosos en la Argentina
post-neoliberal (2003-2015)
Mario Pecheny, Daniel Jones y Lucía Ariza | 52
4. La cruzada contra el matrimonio entre personas del mismo
sexo en Colombia
Mauricio Albarracín y Julieta Lemaitre Ripoll | 90
5. La reglamentación del aborto en Chile: el fracaso de la
separación entre Iglesia y Estado
Macarena Sáez | 121
6. Pentecostales y controversias de los derechos humanos en
Brasil
Maria das Dores Campos Machado | 157
7. Activismo heteropatriarcal: la evolución de las ONGs “Pro-
Vida” en Argentina y sus desplazamientos estratégicos
José Manuel Morán Faúndes | 188
Notas | 219

Bibliografía | 253

Biografías | 270
Agradecimientos
Este volumen editado es el resultado de un proyecto de dos años del Center for
Latin American & Latino Studies de American University, titulado Religión y
Contestación Democrática en América Latina que fue generosamente apoyado por la
Iniciativa de Religión en Asuntos Internacionales de la Fundación Henry R. Luce. El
objetivo de este proyecto fue mejorar la comprensión de las respuestas religiosas a las
emergentes movilizaciones de justicia social basadas en los derechos humanos en las
democracias latinoamericanas, incluyendo la impugnación relativa a género y la
sexualidad, elegida como tema dado el continuo debate público sobre estas cuestiones en
América Latina hoy, y nuestra evaluación de que las percepciones a estos temas están
cambiando. Este proyecto prestó especial atención a las interacciones entre la religión y
los gobiernos, los actores religiosos y de la sociedad civil y entre las redes locales y
transnacionales de incidencia, incluido el papel de los actores religiosos en la creación y
aplicación de la ley, con el objetivo de identificar y explicar el rango de la variación de las
orientaciones religiosas hacia los derechos, la justicia y la ley.
El volumen se benefició en gran medida por las contribuciones de los participantes
en tres talleres, organizados como parte de este proyecto entre enero de 2014 y diciembre
de 2015. Esto incluyó una reunión de planeación inicial en Washington, DC, durante
febrero de 2014, con académicos destacados de los Estados Unidos y América Latina
trabajando actualmente en cuestiones de religión, género, sexualidad, justicia y derechos
en la región. En noviembre de 2014, también en Washington, DC, convocamos a un grupo
de académicos destacados para presentar y discutir la investigación original guiada por
casos como parte de un taller de un día dedicado en parte a comprender las formas en que
la religión ha configurado las agendas públicas en torno al género y la identidad sexual en
América Latina. Finalmente, en octubre de 2015 organizamos un taller sobre "La religión,
la ley y el reto de los derechos LGBTI en América Latina," junto con el Proyecto de Litigios
de Impacto de Washington College of Law de American University, que convocó a
abogados, académicos y actores religiosos involucrados en la lucha por los derechos de
lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales de toda América Latina para
enfocarse en las formas en que la religión ha participado de diversas maneras en todos los
lados de este debate en los últimos años y para identificar oportunidades de cooperación
entre defensores religiosos y legales de este problema. Muchos de los argumentos
expuestos en los capítulos siguientes fueron desarrollados, discutidos con colegas y
perfeccionados en estas reuniones. Esta cooperación durante varios años ha sido
fundamental para ayudar a construir una red intercomunicadora de investigadores
interesados en las intersecciones de la religión con el género y la sexualidad en América
Latina, los cuales están representados en este volumen.
Por último, nos gustaría agradecer a Selma Cohen, por la traducción de los
capítulos; a Alexandra Vranas, por la edición del texto; y a Robert Albro, por la
supervisión de la gestión de este proyecto desde el principio.

iv
Siglas

ACIERA | Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República


Argentina
ASOEXMAR | Asociación de Exterminadores de Maricas, Colombia
CEDAW | la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de
Discriminación contra la Mujer
CELS | Centro de Estudios Legales y Sociales, Argentina
COMFER | Comité Federal de Radiodifusión, Argentina
CPPC | Cuerpo Psicológico y Psiquiátrico Cristiano, Brasil
FALGBT | la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans
FAMPAZ | Familias del Mundo Unidas por la Paz, Argentina
FPV | el Frente para la Victoria, Argentina
IELU | Iglesia Evangélica Luterana Unida, Argentina
IEMA | Iglesia Evangélica Metodista Argentina
IERP | Iglesia Evangélica del Rio de la Plata, Argentina
LGBT | lesbiana, gay, bisexual y/o trans
MADEL | Mujeres Auto convocadas para Decidir en Libertad, Argentina
ONG | organización no gubernamental
PNDH | Programa Nacional de Derechos Humanos, Brasil
PRO-Cambiemos | la Propuesta Republicana-Cambiemos coalición,
Argentina
PSDB-GO | Partido da Social Democracia Brasileira
VIH/sida | el virus de la inmunodeficiencia humana y el síndrome de
inmunodeficiencia adquirido

v
Capítulo 1

Introducción:

Religión, género, sexualidad y el derecho en América

Latina

Macarena Sáez y José Manuel Morán Faúndes

1
Las cuestiones de género, sexualidad y reproducción han adquirido una gran

presencia pública en América Latina en los últimos años. Las agendas políticas han

comenzado a incluir paulatinamente temas vinculados a los derechos LGBT 1 y el acceso

de la gente—especialmente las mujeres—a la justicia reproductiva. En algunos casos, estos

procesos han generado políticas, leyes y fallos favorables a las demandas de las mujeres y

del movimiento LGBT. Por ejemplo, en los últimos años, países tan diversos como

Argentina, Uruguay, México, Colombia y Brasil permitieron el matrimonio entre personas

del mismo sexo, ya sea mediante la adopción de leyes o mediante fallos judiciales

favorables luego de extensos debates sociales y políticos. Otros países, entre ellos

Ecuador, Costa Rica y Chile, todavía no reconocen el matrimonio entre personas del

mismo sexo, pero han autorizado las uniones civiles. Argentina y Bolivia también han

adoptado, entre otras cosas, leyes de identidad de género garantizando así el derecho de

la identidad de género auto percibida por sobre la asignada al nacimiento. Además, en los

últimos años, Uruguay y el Distrito Federal de México han legalizado el aborto basándose

en un sistema trimestral de plazos, mientras que otros países han ampliado las causales

de despenalización para terminar voluntariamente con un embarazo, a pesar de que

mantienen la ilegalidad del aborto.

Sin embargo, la exitosa ampliación de derechos en materia de género, sexualidad

y reproducción no es un proceso lineal o que esté exento de polémicas y reacciones

adversas. Por ejemplo, en 1997, El Salvador prohibió, sin excepciones, el aborto; decisión

que, en 2007, imitó Nicaragua. En 2015, el Congreso peruano rechazó la adopción de una

ley de unión civil. Además, desde, 1998, América Latina ha asistido a una ola de demandas

y procesos judiciales contra la anticoncepción de emergencia (Peñas Defago y Morán

Faúndes 2014). Algunos de estos procesos fueron revocados. En Chile, en 2010, durante

2
el primer mandato de Michelle Bachelet (2006-2010), se aprobó una ley que permite que

el sistema de salud pública provea anticoncepción de emergencia, revocando así un fallo

adverso de la Corte Constitucional en 2008. Sin embargo, en Honduras se mantiene la

prohibición de la anticoncepción de emergencia.

Considerando la actual y a menudo pública polémica en torno a estas cuestiones,

es necesario desarrollar y profundizar los parámetros con los que consideramos el modo

en que estas dinámicas se producen en la región. Con este objetivo, los colaboradores en

este libro consideran al género y la sexualidad como terrenos públicos y políticos

caracterizados por tensiones, debates y luchas de poder, incluido el poder del Estado

(Corrêa, Petchesky y Parker 2008; Pecheny y La Dehesa 2011). Los significados

establecidos sobre los roles de género, el cuerpo, las prácticas sexuales y la pública

expresión de deseo aceptable, entre otros, están plagados de suposiciones y discursos en

disputa que se manifiestan en la construcción de los principales marcos institucionales

que rigen el género y la sexualidad. Los colaboradores en este libro se apartan de todo

supuesto de género y sexualidad entendidos como algo natural, biológico e inmutable. Por

el contrario, parten de una concepción de los límites del género y la sexualidad según ha

sido delimitada por los discursos del conocimiento y del poder que establecen qué es

públicamente legítimo, verdadero y aceptable sobre, por ejemplo, la conducta sexual y los

roles de género (Foucault 1976).

Uno de estos discursos es la religión (Figari 2007). Algunos actores religiosos han

sido activos protagonistas en el contexto regional de avances y retrocesos en materia de

sexualidad y género, haciendo que sea esencial comprender mejor, por un lado, la relación

entre el género y la sexualidad y, por el otro, la religión. Los capítulos que aquí se

presentan abordan varios aspectos de esta relación. De modos diversos y con distintos

3
alcances, América Latina es una región que se caracteriza por una marcada herencia

cristiana—especialmente católica—donde las instituciones religiosas continúan

ejerciendo su autoridad sobre cómo se define lo que es públicamente aceptable en

cuestiones de género, del cuerpo y de la conducta sexual. Así, las políticas sexuales,

religiosas y de género están entrelazadas de modos complejos, lo cual, en los últimos años,

ha originado una serie de debates públicos en diferentes países, especialmente en torno a

los derechos reproductivos y los derechos LGBT. Hasta la fecha, las respuestas religiosas

ante el cambio de los roles de género, las nuevas prácticas y tecnologías

(no)reproductivas, la violencia contra las mujeres y la mayor visibilidad de los grupos

LGBT han oscilado entre la ambivalencia y la hostilidad. En algunos países, estos

acontecimientos han ocasionado reacciones negativas de líderes y grupos religiosos, los

que, al intentar restringir los derechos legales de las mujeres y de los miembros de la

comunidad LGBT, han provocado una mayor participación religiosa.

El hecho del que el Papa sea latinoamericano ha añadido un nuevo dinamismo al

papel de la religión en la región. Aunque sus palabras y actitudes aún son materia de

análisis y polémicas (Mallimaci 2013; Vaggione 2013), la crítica pública hecha por el Papa

Francisco—nacido en Argentina—a la Iglesia por la priorización del dogma y la doctrina

moral en detrimento de una actitud de inclusión y servicio es un giro notable. Las palabras

y acciones del Papa Francisco nos recuerdan que las actitudes y acciones religiosas en

torno a temas polémicos como la sexualidad son a menudo más dinámicas que lo que

tendemos a suponer.

A pesar de la aceptación de finales del siglo XX respecto de la creciente

secularización de la sociedad, y el debilitamiento y la decadencia de las creencias

religiosas acaecidas con el avance de la modernidad, hoy en día la religión mantiene una

4
marcada presencia pública en todo el mundo (Casanova 1994). Y América Latina no es la

excepción. Si, en el sentido más amplio, la religión ha dejado de proporcionar los

principios organizativos primarios para la mayoría de las sociedades y culturas, las

creencias religiosas siguen siendo una fuente vital de sentido en la vida de muchos. Al

mismo tiempo, los modos en los que la gente se identifica con las religiones, las

expresiones de fe, las interpretaciones del mundo y los vínculos de las personas con lo

sagrado se han orientado hacia un marcado proceso de individuación, sincretismo y

autonomía (Parker Gumucio 2005; Mallimaci y Giménez Beliveau 2007; Martínez 2011;

Blancarte 2012).

La abundante evidencia sobre la sostenida importancia de la religión en el mundo

ha desplazado a las ingenuas teorías sobre la secularización y ha revitalizado diferentes

áreas de los estudios religiosos (Casanova 1994). Una de esas áreas, que está generando

una creciente y sólida producción académica, es la relación entre la religión y la política.

Sin embargo, este “regreso” de la religión a las agendas académicas ha adquirido

diferentes matices en diferentes lugares. En América Latina, la investigación y el análisis

académicos se han centrado en diversos aspectos de la relación entre la política y la

religión, tales como el intento de identificar los umbrales de laicidad del Estado y el

crecimiento del pluralismo religioso. 2 Es en este contexto que hemos observado una

creciente atención a los vínculos entre religión, género y sexualidad. Aunque aún es un

campo relativamente fragmentario e incipiente, este libro representa un intento de reunir

algunos de sus principales aspectos y métodos de análisis desarrollados desde la

perspectiva de América Latina.

En los últimos años, las posturas religiosas han influido notablemente en los

debates políticos en torno a la definición jurídica—y los derechos vinculados con ella—de

5
género y sexualidad en la región. Con frecuencia, es en el terreno jurídico donde los

derechos vinculados al género y los límites de la sexualidad han ganado estatus

institucional en las democracias Latinoamericanas contemporáneas. Así, la ley se ha

constituido en el principal campo de batalla para los intentos de definir los límites del

género y la sexualidad. En diferentes países, los procesos de promulgación de leyes que

regulan el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el acceso a los métodos

anticonceptivos modernos, el reconocimiento de la identidad de género auto percibida y

el acceso a procedimientos y tecnologías para la modificación del cuerpo, entre otros

temas, han estado marcados por debates públicos permanentes en los cuales la Iglesia ha

sido un actor y una voz importante. A pesar del estatus laico de la ley, los conceptos

religiosos y sus defensores han tenido una influencia notable a la hora de decidir los

límites de qué está permitido y qué está prohibido, o sobre qué es legal o ilegal. En este

contexto, las instituciones parlamentarias no solo se convierten en la arena privilegiada

de estos conflictos, sino que los tribunales también se han vuelto un espacio notable

donde dirimir estas diferencias.

La movilización en torno a lo jurídico se ha convertido en una importante

estrategia entre los movimientos que luchan por expandir los límites entre la autorización

y la prohibición de ciertas expresiones de la sexualidad y los derechos relacionados con el

género (Cabal, Lemaitre Ripoll y Roa 2001; Yamin 2005; Cabal y Todd-Gher 2009;

Manzo 2011; Sáez 2014; Peñas Defago y Morán Faúndes 2014).

Por lo tanto, los capítulos de esta edición examinan las estrategias de la Iglesia y

de los grupos religiosos en tanto que estos trabajan frecuentemente con los gobiernos y

están empeñados en influir en el proceso legislativo—y por lo tanto en la ley—para

conseguir objetivos determinados con respecto al género, la regulación del cuerpo de las

6
mujeres y la regulación de expresiones sexuales alternativas. Los capítulos también

analizan la variedad de estrategias y de respuestas, incluyendo las respuestas religiosas,

ante los esfuerzos de restringir los derechos de las mujeres o de miembros de la

comunidad LGBT. Si bien hay importantes movimientos sociales con mucha visibilidad

que ahora exigen que se preste atención a la violencia contra las mujeres y las personas

LGBT y aunque existen significativos esfuerzos de los gobiernos para abordar la cuestión,

comparativamente, aún sabemos muy poco acerca de cómo las instituciones y los actores

religiosos han intentado involucrarse mediante marcos jurídicos con los derechos de las

mujeres y de las personas LGBT, en todos los aspectos de estas luchas. Este es un vacío

que el presente conjunto de capítulos comienza a abordar.

Sin embargo, los sistemas jurídicos no son solo arenas de disputa. También

articulan discursos de poder (Sousa Santos 2009). El discurso jurídico, así como el

religioso, presenta un mapa de afirmaciones, conceptos, categorías y creencias que

otorgan sentido a la realidad, instituyendo “verdades” autorizadas acerca de ella (Scott

1988). En las sociedades de América Latina, el derecho sigue funcionando como un marco

regulador que articula verdades sobre el cuerpo que reproducen modos de estratificación

sexual (Rubin 1989). Al establecer normas que regulan el cómo, el qué y el quién en

relación con las prácticas sexuales (Vaggione 2012), históricamente, la ley ha decidido

sobre los cuerpos y ha buscado regular los límites entre lo que está y lo que no está

permitido. Aunque estas regulaciones no son estáticas y varían de acuerdo a la época y a

las sociedades, producen diferentes jerarquías sexuales (Rubin 1989; Weeks 1998). Aún

hoy en día, en muchos países, las identidades heterosexuales tienen privilegios

normativos por sobre las expresiones gay o lesbianas, la sexualidad adulta por sobre la

7
adolescente, la masculina por sobre la femenina, las expresiones cisgénero por sobre las

transgénero, por mencionar algunos ejemplos.

Históricamente, en América Latina, la estructura legal de la familia fundada en la

religión ha precedido a la separación de la Iglesia y el Estado. Los marcos jurídicos

regionales han sido influenciados por valores religiosos tales como la protección de la

familia patriarcal, la celebración de la maternidad y la procreación como el fin principal

del matrimonio. De este y otros modos, en toda la región, la influencia religiosa en la

elaboración de la ley ha contribuido a hacer invisibles a las mujeres y a las identidades y

prácticas sexuales alternativas ante las instituciones jurídicas concebidas para proteger a

los individuos. Las mujeres en especial han sido tratadas como individuos incompletos,

con escasa capacidad para tomar decisiones responsables. Este es un contexto relevante

que hoy en día sustenta el modo en que la religión podría impedir la inclusión de las

mujeres y de reconceptualizaciones de la familia haciendo uso de los sistemas penal y

judicial. Son precisamente estas tensiones las que Juan Marco Vaggione (Capítulo 2)

recoge y considera en su contribución a esta edición. Vaggione nos invita a comprender

el vínculo entre derecho y religión como una “imbricación.” Utiliza este concepto para

problematizar la estabilidad de la separación entre política y religión como parte de la

modernidad latinoamericana. Al hacerlo, Vaggione destaca cómo la herencia de

conceptos y supuestos cristianos subyacen en el sistema judicial laico, afectando

directamente los derechos de ciertas categorías sociales históricamente excluidas por

causa del género y/o la sexualidad.

En los últimos veinte años se ha observado también un aumento en la cantidad de

movimientos que, en América Latina, abogan por mayor igualdad para mujeres y grupos

LGBT, junto a leyes anti-discriminatorias tanto a nivel municipal como nacional en

8
ámbitos como empleo, vivienda y derecho de familia (Pecheny y La Dehesa 2011). Si bien

estos avances aún deben conducir a cambios significativos en la postura oficial de las

principales iglesias en torno a la sexualidad, informal y estratégicamente han afectado el

modo en que ciertos actores religiosos se relacionan con la sociedad civil y los gobiernos.

En México y en Argentina, por ejemplo, grupos del clero católico, influenciados por la

teología de la liberación y en diálogo con posturas feministas y queer, expresan ahora su

apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo y respaldan los derechos de las

mujeres, aunque no necesariamente todos los derechos reproductivos. Aunque son una

minoría, hoy en día es posible encontrar algunas iglesias progresistas que están

abiertamente a favor de los derechos sexuales y reproductivos (Vaggione 2005; Jones y

Carbonelli 2012; Fuentes Belgrave 2013). La teología feminista representa otro ejemplo

de esta disidencia religiosa (Tamez 1989; Vuola 1996; Althaus-Reid 2000; Riba 2005;

Aquino y Rosado-Nunes 2008; Peñas Defago y Sgró Ruata 2009). El respeto por estado

democrático laico, junto con el reconocimiento del feminismo, ha conducido a que

algunos actores religiosos hayan comenzado a promover ideas más pluralistas, más allá

de las objeciones morales tradicionales. Aún no está claro hasta qué punto estos avances

son precursores de cambios más radicales en algunas de las posturas de la Iglesia

previamente arraigadas sobre el género y la sexualidad.

La aparición de actores religiosos progresistas en torno a esta problemática

cuestiona los abordajes teóricos y políticos tradicionales que asocian lo secular con

avances en el ámbito de los derechos sexuales y reproductivos y donde la religión está

inevitablemente vinculada a posturas conservadores (Jakobsen y Pellegrini 2008). Varios

autores en este libro analizan estos complejos y raramente profundizados modos de

articulación progresista entre religión, género y sexualidad. En el caso de Argentina,

9
Mario Pecheny, Daniel Jones y Lucía Ariza (Capítulo 3) demuestran cómo los actores

religiosos se ubican en ambos lados de los debates sobre género y sexualidad en el país, a

la vez que señalan la existencia de una cantidad de organizaciones religiosas, iglesias y

dirigentes que han apoyado algunas de las principales causas defendidas por las

feministas y los movimientos LGBT en la última década. En relación con esto último, el

capítulo de Juan Marco Vaggione hace hincapié en cómo la politización del pluralismo

religioso, junto con la defensa del secularismo, se ha convertido en una estrategia

fundamental del activismo feminista y LGBT en América Latina como un modo de separar

la ley de la herencia cristiana tradicionalmente conservadora.

Al mismo tiempo, en varios países latinoamericanos estamos asistiendo a una

potente reacción contra los derechos de las mujeres y de los grupos LGBT—impulsada en

gran parte por algunos actores religiosos—que se caracteriza particularmente por sus

esfuerzos legales y constitucionales sistemáticos para limitar o eliminar los derechos

reproductivos de las mujeres y evitar el reconocimiento de la diversidad sexual. La Iglesia

católica (Dides 2006; Mujica 2007; Peñas Defago 2010; Carbonelli, Mosqueira y Felitti

2011; Esquivel 2013; Morán Faúndes 2013), así como las iglesias evangélicas más

conservadoras (especialmente aquellas de raíces pentecostales) (Jones y Carbonelli 2012;

Campos Machado 2012; Vital y Leite Lopes 2013), se han convertido en los principales

actores de la oposición a las exigencias de las feministas y los grupos LGBT en la región.

Los actores religiosos más conservadores han reaccionado ante estas nuevas leyes

relativas a la sexualidad y a los paradigmas de género impulsados por movimientos

feministas y LGBT oponiéndose a la agenda de los derechos sexuales y reproductivos. De

diversas maneras, esta reacción ha significado un nuevo ingreso de la religión en el

10
espacio público (Vaggione 2005) que se manifiesta en intentos de llevar sus posturas

religiosas a las instituciones políticas.

Por ejemplo, en todos los países latinoamericanos estas iglesias han mantenido

posiciones categóricas en contra del aborto, aun cuando la vida de la mujer embarazada

corre peligro. A lo largo de la región, la Iglesia católica ha presionado políticamente para

enmendar leyes y constituciones con el objetivo de ampliar el derecho a la vida desde la

concepción y, por lo tanto, hacer que el aborto sea prácticamente imposible en toda

circunstancia (Htun 2003). La jerarquía de la Iglesia también ha presionado

políticamente para hacer cumplir los estatutos existentes y juzgar a mujeres que puedan

haber tenido abortos ilegales, como sucede en El Salvador y en partes de México.

Varios y detallados casos de estudio exploran el desarrollo y las implicaciones

jurídicas de la huella transnacional del activismo religioso conservador y su enorme

impacto en las políticas de género y sexualidad. El capítulo de Mauricio Albarracín y

Julieta Lemaitre Ripoll (Capítulo 4) se centra en el matrimonio igualitario en Colombia,

donde todos los estamentos de gobierno han intervenido de una u otra manera. Los

autores muestran con mucho detalle el camino de Colombia hacia el reconocimiento del

matrimonio entre personas del mismo sexo, el protagonismo de los funcionarios públicos

y las instituciones judiciales, y su compleja relación con la religión. Especialmente el rol

de Alejandro Ordóñez, Procurador General de Colombia y reconocido militante católico

de la extrema derecha de la Iglesia, ejemplifica la resistencia religiosa contra el avance de

los derechos sexuales y reproductivos y sus cruces con la esfera pública.

El capítulo de José Manuel Morán Faúndes (Capítulo 7) se centra en el caso de las

ONGs “Pro-Vida” en Argentina. Morán Faúndes expone cómo la sociedad civil se ha

convertido recientemente en la arena política de los activistas religiosos conservadores,

11
montando nuevos desafíos para los derechos sexuales y reproductivos. El capítulo destaca

de qué manera, con el tiempo, las organizaciones “Pro-Vida” han activado una serie de

estrategias a fin de maximizar el impacto legislativo y judicial en su oposición a los

avances feministas y de grupos LGBT. El traslado del activismo religioso conservador a la

arena de la sociedad civil ha permitido a dicho activismo ampliar su campo de

intervención y diversificar los mecanismos institucionales mediante los cuales la religión

podría influir en las políticas de género y sexualidad.

Por otro lado, Macarena Sáez (Capítulo 5) aborda la herencia religiosa en las

reglamentaciones laicas que afectan a las mujeres. Centrándose en Chile, Sáez sostiene

que históricamente la legislación que afecta a las mujeres ha sido laica en su forma y

religiosa en su contenido. Esto explicaría por qué, pese a la creciente influencia de la

“dignidad” como un concepto laico vinculado a la igualdad y a la autonomía, cuando se

trata del perjuicio sufrido por las mujeres en ámbitos como la violencia sexual o el aborto,

el concepto de dignidad ha sido usado contra las mujeres. Mediante un análisis de los

documentos oficiales del Vaticano e intervenciones públicas del clero chileno en el debate

sobre el aborto, Sáez muestra cómo la concepción católica esencialista de las mujeres

como madres y mártires ha entorpecido su tratamiento como ciudadanas con la misma

dignidad que los hombres.

Sin embargo, la capacidad de la Iglesia para dificultar a los avances de los derechos

sexuales y reproductivos varía de un contexto a otro. La contribución de Mario Pecheny,

Daniel Jones y Lucía Ariza analiza las variables que permitieron la creación de leyes y

políticas vinculadas al género y la sexualidad en la última década en Argentina, a pesar de

la marcada oposición de la Iglesia católica liderada en ese momento por Jorge Bergoglio

(ahora, el Papa Francisco) aliada con las iglesias evangélicas conservadoras. Centrándose

12
en los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández de Kirchner

(2007-2015), los autores revelan la conexión entre los acontecimientos vinculados a los

derechos sexuales y reproductivos y el escenario post-neoliberal argentino. Durante la

última década, el kirchnerismo impulsó un modelo de desarrollo basado en un discurso

de libertades individuales que buscaba consolidar un conjunto de derechos centrados en

mejorar las condiciones de los sectores excluidos de la población, incluidas las mujeres y

las personas LGBT. Este “populismo liberal,” como lo llama los autores, favoreció el

establecimiento de una serie de leyes y políticas públicas basadas en el respeto y la

promoción de los derechos sexuales y reproductivos. Por otro lado, el capítulo también

analiza los límites del post-neoliberalimo de Kirchner—y los del modelo basado en los

derechos que lo acompañan—representados en la incapacidad de su gobierno de aprobar

una ley de aborto integral.

Así como varía el grado de oposición de la Iglesia a los derechos sexuales y

reproductivos, también varía la oposición a estos temas entre los diferentes credos

religiosos. Por ejemplo, en los países de habla inglesa del Caribe, el sexo consentido entre

adultos del mismo sexo sigue siendo, en gran parte, criminalizado. Y las personas LGBT

sufren la discriminación violenta de un modo más sistemático y tolerado por el Estado

que en el Caribe hispano y en los países latinoamericanos, donde la Iglesia católica aún

tiene predominio. Por lo tanto, pareciera haber diferencias en las reacciones a los

derechos LGBT entre países donde la Iglesia católica es aún la institución religiosa

predominante y los países donde los grupos evangélicos han tomado la delantera. En el

Caribe de habla inglesa (como en algunos de los países del África subsahariana), los

grupos evangélicos han concitado una reacción más severa, a veces más violenta, a todo

intento de despenalizar la sodomía. A su vez, la Iglesia católica, prominente en el Caribe

13
hispano y en América Latina, exhibe una postura igualmente discriminatoria sobre los

derechos LGBT, pero no acepta explícitamente la violencia contra las personas LGBT de

la misma manera en que sí lo hacen ciertos grupos evangélicos. A diferencia de los

evangélicos, los grupos católicos han respondido a las demandas LGBT con un discurso

doctrinario de compasión hacia gays y lesbianas, identificándolos como marginados

sociales, pero no como blancos legítimos de violencia física. Si queremos entender la

variedad de respuestas religiosas en América Latina que abogan por las mujeres y los

derechos LGBT, necesitamos investigaciones que expliquen mejor el creciente pluralismo

religioso.

En su capítulo, María Das Dores Campos Machado (Capítulo 6) aborda las

complejidades asociadas al escenario brasileño, donde aún existe una mayoría católica,

pero también, donde los sectores evangélicos conservadores han crecido

considerablemente convirtiéndose en una importante fuerza política y social. En este

contexto, los actores evangélicos han adoptado estrategias de oposición a los derechos

sexuales y reproductivos. Un modo notable de esta adaptación es el uso del discurso de

los derechos humanos. Si, como demuestra la autora, los derechos humanos se han

convertido en un marco normativo disponible para ampliar los márgenes de la sexualidad

en Brasil, los sectores conservadores, especialmente los pentecostales, también movilizan

el discurso de los derechos humanos para defender su participación en debates sobre

política sexual, apelando a los conceptos basados en derechos que excluyen los derechos

sexuales y reproductivos.

En suma, esta edición aborda múltiples aspectos del cruce contemporáneo entre la

religión con el género y la sexualidad en América Latina, en el preciso momento en que el

tema se está desarrollando mediante diversas disputas en torno a la ley. Al ofrecer análisis

14
de casos demostrativos en la región, en países tales como Colombia, Brasil, Argentina y

Chile, este conjunto de capítulos inicia un diálogo activo con los debates jurídicos

fundamentales que actualmente están definiendo las fronteras entre religión, sexo y

género en toda América Latina. Los estudios de casos abordan cuestiones claves como el

matrimonio entre personas del mismo sexo; el derecho al aborto; la relación entre

pentecostalismo y catolicismo; hasta debates sobre derechos sexuales y reproductivos;

estrategias religiosas pro-vida; relaciones entre la Iglesia y el Estado con respecto al

género y la sexualidad; y los usos religiosos del discurso secular en estos debates jurídicos.

Cada caso examina la participación de los discursos y actores religiosos en las discusiones

en torno a definiciones jurídicas vinculadas a la sexualidad o al cuerpo de las mujeres. Los

capítulos reunidos en este número muestran dos tendencias: 1) de qué modo, en la

actualidad, los actores religiosos conservadores han reaccionado ante a los nuevos

paradigmas de género y sexualidad impulsados por las feministas, los movimientos de

mujeres y LGBT en el proceso de intensificar su presencia en la esfera pública a la vez que

desarrollan nuevos modos de acción política, incluyendo lo secular y, en ocasiones,

colaborando con los gobiernos; y 2) la incorporación de fuentes religiosas pluralistas

como una dimensión importante de los esfuerzos progresistas de base para promover la

agenda de los derechos sexuales y reproductivos y desafiar el monopolio de la moral

tradicional ejercido por las iglesias conservadoras.

En su conjunto, esta edición ofrece una fotografía actual de la diversidad teórica y

empírica existente en América Latina como parte de un continuo debate acerca de la

relación entre las comprensiones religiosas y seculares sobre género, sexualidad y

reproducción. Este conjunto de capítulos se ocupa de intervenciones jurídicas de

inspiración religiosa y del dinamismo de esas articulaciones, incluyendo los cambios en

15
las actitudes pastorales y en las estrategias de defensa, ya que estos a veces trascienden

de manera inesperada las conocidas divisiones de “religioso/secular” y

“progresista/conservador.” Los colaboradores también buscan identificar las fuentes de

la actitud y las acciones de las iglesias respecto de la mujer y la sexualidad en América

Latina en los conceptos y doctrinas religiosos predominantes—a menudo en conjunción

con fuentes jurídicas y seculares—y el modo en que dichos conceptos se combinan y se

usan para promover o descartar estas categorías de persona en tanto sujetos portadores

de derechos.

16
Capítulo 2

Sexualidad, derecho y religión: entramados en tensión

Juan Marco Vaggione

17
Introducción

América Latina atraviesa un momento de fuerte politización de la sexualidad

impulsado por los movimientos feministas y por la diversidad sexual. 1 En la mayoría de

los países de la región se corrieron los límites de la política incluyendo al debate público

las formas de regular la intimidad, el parentesco o la reproducción desde nuevas

cosmovisiones. Una de las características de esta politización, a diferencia de otros

momentos y debates, es la importancia adquirida por el derecho como codificador de los

principales posicionamientos. Con creciente insistencia se demandan, y con igual

intensidad se resisten, reformas que amplíen los márgenes legales para distintas prácticas

e identidades sexuales. Estos derechos, subsumidos bajo el rótulo de sexuales y

reproductivos, incluyen diferentes temáticas entre las que se encuentran el aborto, los

derechos de parejas del mismo sexo, el acceso universal a anticonceptivos, la

inseminación artificial, la educación sexual y la identidad de género.

Las consecuencias de esta política sexual basada en derechos han sido, sin

embargo, diversas. En algunos casos se han logrado modificaciones legales relevantes

respecto al aborto o al reconocimiento de parejas del mismo sexo. Sirven como ejemplos

la legalización del aborto en la ciudad de México y en Uruguay o las leyes de matrimonio

igualitario y de identidad de género en Argentina. Estas reformas, junto a otras leyes y

sentencias judiciales han reconocido derechos que eran impensables en la región. Sin

embargo, este proceso dista de ser homogéneo y generalizable ya que en distintos países

no sólo se dificultan este tipo de reformas, sino que incluso se rigidizan aún más las

regulaciones existentes. El aborto es un ejemplo de estas dificultadas ya que su

despenalización no sólo es resistida en la mayoría de los países sino que incluso ha dado

18
lugar a la inclusión de legislaciones que protegen la vida desde la concepción así como a

una intensificación de su criminalización. 2 También en la región se ha producido un

intento sistemático de ilegalización de la anticoncepción oral de emergencia llegándose

en algunas circunstancias a prohibir su venta y distribución (Dides 2006).

Un aspecto común de la política sexual contemporánea es la multifacética

presencia de lo religioso durante los debates sobre el derecho. Allí donde se discuten las

formas de regular la sexualidad o la reproducción se activan distintos sectores vinculados

a la Iglesia católica e iglesias evangélicas. El desmonte de la herencia católica, en las

formas de regular la familia o el matrimonio es un proceso aún incompleto en la región,

por lo cual no es sorprendente que la jerarquía católica sea un actor que lidera la

resistencia a los derechos sexuales y reproductivos. El ingreso de estos derechos a la

agenda pública además de evidenciar la influencia del poder religioso sobre las normas

culturales y legales genera nuevas dinámicas que impactan sobre los entrecruzamientos

entre religión y derecho. Lo religioso aparece entonces no sólo como resabio de formas

premodernas de control del orden sexual sino también como emergente adaptado a las

formas y canales de las democracias de la región.

La politización de lo sexual abre entonces una temporalidad diferente para

reflexionar sobre los vínculos entre religión y derecho, principal propósito de este

capítulo. La autonomía y diferenciación entre lo religioso y lo secular, sostenida por las

teorías de la modernidad y la secularización se vuelve compleja y difusa cuando se

consideran las formas de legislar el orden sexual. Por ello el capítulo comienza

proponiendo el concepto de imbricación como imagen que permite captar, al menos

parcialmente, una articulación alternativa entre derecho secular y doctrina católica. El rol

19
histórico de la Iglesia católica en la región ha implicado lógicas y dinámicas propias que

han producido un montaje, relativamente estable, entre lo religioso y lo secular en la

construcción e interpretación del derecho. La política sexual contemporánea y el debate

por los derechos sexuales y reproductivos vuelven legibles y permiten analizar de forma

novedosa distintas tensiones y articulaciones entre religión y derecho.

El propósito principal del capítulo es analizar las formas en que politizan lo

religioso los actores involucrados en el debate por la vigencia de los derechos sexuales y

reproductivos. Más allá de las definiciones y marcos normativos sobre el derecho y sus

fronteras con lo religioso, se busca entender las maneras en que dichas fronteras se

(re)construyen durante la política sexual contemporánea. Para ello se analizan las

estrategias de los principales sectores en pugna en América Latina: los movimientos

feministas y por la diversidad sexual y la Iglesia católica. Estos sectores inscriben tanto

en sus discursos y prácticas, formas dinámicas de articular derecho, religión y sexualidad.

En primer lugar, el capítulo considera las estrategias de los movimientos feministas y por

la diversidad sexual utilizadas para contrarrestar las influencias religiosas en la

regulación del cuerpo sexuado. El impacto de lo religioso sobre la política y el derecho es

el principal obstáculo para la vigencia de los derechos sexuales y reproductivos. En

segundo lugar, presenta algunas estrategias del activismo católico conservador con el

objetivo de evitar la vigencia de los derechos sexuales y reproductivos. Junto a las formas

convencionales de influencia de la Iglesia católica sobre el estado, la jerarquía católica ha

renovado las acciones y discursos para potenciar su impacto sobre la sanción y aplicación

del derecho. A partir de ambos ejes se identifican algunas dinámicas contemporáneas que

desplazan y/o (re)articulan los vínculos entre derecho y religión. La irrupción de

20
demandas vinculadas al aborto, las parejas del mismo sexo o la identidad de género, entre

otras, ofrecen nuevas tramas y sentidos para repensar lo religioso y su (des)articulación

con el derecho.

Derecho y religión: fronteras en tensión

La pregnancia de lo religioso es un aspecto que caracteriza la mayoría de las

democracias contemporáneas. Las instituciones y creencias religiosas nunca han dejado

de estar presentes en la política nacional y transnacional, aunque esta presencia haya sido

desatendida, en distintos momentos, por las ciencias sociales. Un área donde esta

pregnancia se presenta con peculiar intensidad son las normas legales que estratifican y

jerarquizan el orden sexual. La creación de un sistema legal moderno presupone, al menos

como ficción occidental, su desprendimiento y la autonomía de la herencia religiosa. Sin

embargo, cuando se legisla sobre la familia, el parentesco o la reproducción las influencias

religiosas continúan siendo relevantes. La modernidad en tanto proceso histórico no

necesariamente ha implicado el desmantelamiento de la influencia religiosa sino su

supervivencia adaptada a distintos momentos y contexto. 3

América Latina no es una excepción ya que las formas de regular la sexualidad

tienden a estar matrizadas por la herencia católica. La secularización respecto a las formas

de regular el orden sexual dista de ser estable o lineal y, al contrario, evidencian una

multifacética presencia de lo religioso. Más allá de lo establecido en el derecho

constitucional o del umbral de laicidad alcanzado, la sanción, interpretación y aplicación

del derecho en vinculación con el orden sexual ha estado y continúa impregnado por la

doctrina católica. En vez de procesos de autonomía o ruptura, el derecho secular marca

continuidades con la herencia cristiana en las formas de estratificar el orden sexual. Más

21
que separación y autonomía entre la religión y el derecho, puede proponerse la existencia

de una imbricación por la cual el derecho secular tiende a montarse sobre la doctrina

religiosa sin necesariamente desplazarla. Esta modelo de imbricación, si bien en

constante tensión y rearticulación, sigue siendo una característica saliente de las formas

de regulación legal de la sexualidad en los países de la región.

Esta imbricación de las regulaciones legales en la doctrina religiosa obedece a una

serie de procesos confluyentes que han producido una fuerte matriz católica sobre la

sexualidad, el derecho y la política. Uno de estos procesos es la determinante influencia

del cristianismo sobre la sexualidad. Las reglas de la jerarquía sexual contemporánea son

herederas, en gran medida, de las tradiciones religiosas porque “en las sociedades

cristianas, el sexo ha sido objeto de examen, de vigilancia, de confesión, de

transformación al discurso” (Foucault 1988:111). Este proceso que caracteriza al occidente

en general tuvo en América Latina su propia dinámica. El impacto del catolicismo se inició

con los procesos de conquista y colonización que portaban los principios católicos

rigidizados por el Concilio de Trento (1545-1563). 4 El matrimonio y la confesión eran

instituciones centrales para el dominio de la población en el “nuevo” continente (Bidegain

2005). Este impacto continuaba, de formas renovadas y adaptadas, durante la

consolidación de los estado-nación que aunque lidiaron con la Iglesia católica como factor

de poder, tendían a proteger la doctrina católica respecto a la regulación de los cuerpos. 5

La construcción de la “nación católica” que atravesaba los principales imaginarios

políticos de la región a lo largo del siglo XX, también reafirmaba los principios religiosos

como aspectos cruciales para la regulación legal. Lo religioso que en general ha matrizado

22
los principales sentidos y jerarquías que estructuran el orden sexual, tenía en América

Latina la casi exclusiva influencia de la Iglesia católica. 6

A este proceso debe agregarse la influencia que la Iglesia católica ha tenido sobre

el campo legal. 7 En particular, la teoría del derecho natural inspirada en Santo Tomás de

Aquino ha sido una matriz relevante para la enseñanza del derecho y la conformación de

la conciencia jurídica en América Latina. Reconociendo su limitaciones y compleja

formulación 8 (que exceden este capítulo), el impacto de esta teoría en la región propulsó

un modelo de correspondencia entre la doctrina católica, la moral universal y las leyes

estatales—o en términos de Santo Tomás: ley divina, ley natural y ley humana. Al reflejar

un orden moral objetivo, las leyes naturales son universales e inmutables y sobre ellas

descansa la legitimidad de las leyes estatales (o derecho positivo). Es sin duda una

perspectiva teológica ya que se sostiene en la existencia de un plan de Dios y en leyes

naturales que responden a él, pero considera que se puede acceder a dichas leyes (al

derecho natural) por medio de la razón y sin necesidad de la fe. Si bien ésta perspectiva

de corte teológico ha perdido vigencia en las aulas, los parlamentos y las cortes, 9 ha

servido como matriz que aún persiste entre expertos y decisores con especial intensidad

cuando se regula legalmente la sexualidad (Lemaitre Ripoll 2013). Su pérdida de vigencia

no significa su extinción ya que en el plano de la regulación de la familia o la sexualidad

sus principales postulados están siendo nuevamente discutidos y reactualizados 10 a los

requerimientos normativos y filosóficos de las democracias liberales.

Uno de los efectos del impacto de esta versión del derecho natural en América

Latina es legitimar un modelo de derecho secular amalgamado con los principios

religiosos. En una región donde la Iglesia católica ha tenido una influencia cuasi-

23
hegemónica sobre los debates morales, su concepción se vuelve insumo directo para las

leyes estatales. La apelación a las leyes de la naturaleza permite una (hiper)moralización

de la sexualidad que se vuelve contenido del derecho secular. En particular, el carácter

generativo del acto sexual propuesto por Santo Tomás 11 y luego actualizado a lo largo de

los siglos como una sexualidad abierta a la vida (a la reproducción) no sólo es una

regulación religiosa sino también una “virtud” que el derecho debe proteger y resguardar,

incluso criminalizando conductas y prácticas. Lo significativo de este modelo es que no

requiere de una apelación a lo religioso para su justificación a pesar de estar saturado de

su influencia. El papel que le otorga a la razón permite que sea un modelo—al menos

desde algunas lecturas—compatible con los principales requisitos de la modernidad tales

como la separación y autonomía de las esferas. Si bien ha sido criticado por cuestiones

como la apelación a un orden moral objetivo y universal, 12 se basa en una demarcación y

autonomía entre lo religioso y lo secular. Autonomía que paradójicamente no significa

independencia sino por el contrario total dependencia y fusión de lo secular con lo

religioso.

A esta matriz de sentidos sedimentados en la cultura y el derecho, se agrega que la

Iglesia católica nunca renunció a su papel de actor político influyente. Con tonalidades y

acentos diferentes la Iglesia ha sostenido su rol de guardiana de la moral sexual a lo largo

de los siglos tanto frente a los creyentes como a la comunidad política en general. 13 La

sexualidad es una temática para la cual la Iglesia católica ha mostrado una marcada

rigidez y resistencia a adaptar su posicionamiento a los distintos cambios y desafíos de la

modernidad—que van desde la distancia entre creyentes y jerarquía respecto a una

variedad de temas sobre la sexualidad hasta la necesidad de políticas públicas frente al

24
VIH/sida. Es frecuente, en foros nacionales y transnacionales contemporáneos, que la

jerarquía católica sea la principal defensora de un orden heteronormativo y

reproductivista. En los países de la región la jerarquía católica sostiene una influencia

directa sobre el Estado y sobre las formas de regular el cuerpo sexuado. Por supuesto que

existen rupturas y discontinuidades, pero la regulación de la sexualidad ha tendido que

ser una temática sobre la cual la jerarquía católica mantuvo una constante y activa

vigilancia.

Este poder de la jerarquía católica se potencia por las recurrentes crisis de

legitimidad que caracteriza a los gobiernos de la región. Estas crisis hacen que

funcionarios y políticos sean menos autónomos debido a la necesidad de apoyo de una de

las instituciones que sigue conservando los porcentajes más altos de confianza entre la

ciudadanía. 14 Existe así un vínculo clientelar (relativamente estable) entre gobernantes y

la jerarquía católica. Este vínculo implica el intercambio de apoyo y legitimidad de la

jerarquía católica a los gobernantes, a cambio de lo cual se conserven los privilegios de la

institución religiosa y se defiende su postura hacia la moral sexual como parte del derecho

secular. Si bien este intercambio es afín a los partidos y gobernantes conservadores—con

particular intensidad durante las dictaduras militares—los sectores progresistas no son

totalmente ajenos al mismo. 15 Más allá de las ideologías de los gobiernos, la Iglesia

católica pervive como un actor relevante en las tomas de decisiones públicas y, con

especial intensidad, en las formas de regular y controlar la población. Separar al derecho

de los contenidos católicos, desmontar la herencia religiosa del derecho secular, implica

necesariamente tensionar el vínculo con la Iglesia y exponerse a la oposición política de

su jerarquía. 16

25
Esta influencia sobre los sentidos culturales, legales y las dinámicas políticas hacen

que la sexualidad sea una temática en la cual la (des)vinculación entre derecho y religión

tenga sus propias especificidades. Si bien distintos países de la región se caracterizan por

haber profundizado la laicidad, estos procesos han sido compatibles con un derecho

nacional que absorbe a la doctrina católica como base de la regulación. La secularización,

en tanto concepto que describe y propone un proceso de diferenciación y autonomía entre

lo religioso y lo secular, no parece suficiente para comprender las formas de regulación

legal del cuerpo sexuado. Sin negar que esta diferenciación ha tenido su impacto, es

necesario identificar la existencia de articulaciones entre derecho y religión que

trascienden al modelo asociado a la secularización. La regulación legal de la familia, el

parentesco o la reproducción son temáticas donde la imagen de la diferenciación de

esferas no es suficiente, lo que no significa inexacto, para comprender la construcción del

derecho secular. Aceptando la importancia histórica de esta separación—pecado no es

delito, los mandamientos no son obligaciones legales o el sacerdote no es un juez—es

necesario reconocer que esta separación es compatible con una imbricación entre la

herencia religiosa y el derecho secular.

El concepto de imbricación permite describir una articulación alternativa entre lo

religioso y el derecho que se desdibuja bajo las teorías de la modernidad y de la

secularización. La imbricación como imagen capta las formas en que el derecho secular

tiende a montarse sobre la tradición religiosa sin necesariamente desplazarla o superar

su influencia. Responde a un proceso de solapamiento, de montaje, por el cual las

regulaciones seculares se construyeron (de formas más o menos coherentes) solapadas

con las religiosas. La moral sexual católica funciona entonces como matriz de sentidos

26
para las distintas ramas del derecho. El derecho penal, por ejemplo, ha servido como

instrumento de control sexual en contigüidad con los postulados religiosos. El adulterio

en su momento y el aborto en la actualidad recogen la tradición religiosa del pecado y lo

vuelven delito en defensa de un orden sexual matrimonial y reproductivista. El derecho

civil también ha establecido privilegios y exclusiones como forma de preservar una

jerarquía sexual acorde a la doctrina religiosa. Por ejemplo, las distintas normas del

derecho civil han protegido al matrimonio como forma legítima de intimidad. Ha sido

común en la región distinguir entre hijos provenientes de uniones matrimoniales y

otorgarles derechos y reconocimientos que se les negaban al resto.

La imbricación genera, de algún modo, un ocultamiento o desplazamiento de la

influencia religiosa. El derecho secular “transmuta” las normas religiosas en normas

sociales, la familia católica en familia nacional y el pecado en delito. Produce una ficción

de ruptura ya que la herencia religiosa parece esfumarse mientras se reinscribe como

derecho secular. Contraponer lo secular y lo religioso como esferas diferentes es

simplificar no sólo la forma de la construcción de la sexualidad en occidente sino también

el modelo de derecho que matrizó la regulación del orden sexual. El derecho imbricado

sobre lo religioso ha permitido un modelo estable de control; un sistema de integración

entre lo religioso y lo secular que en determinados momentos ha sido desestabilizado

dejando ver su complejidad constitutiva. En estos momentos se evidencia y (des o re)arma

el solapamiento entre derecho secular y tradición religiosa pero no necesariamente

implica un borramiento de esta última sino (al menos como posibilidad) su reinscripción

de formas más sofisticadas. 17

27
El impacto de los movimientos feministas y los movimientos por la diversidad

sexual es, precisamente, uno de estos momentos; tal vez el más significativo y

potencialmente más crítico a la imbricación entre derecho y religión. Estos movimientos

inician una temporalidad diferente en la articulación entre derecho y religión. Al politizar

la sexualidad, vuelven visible la imbricación y (re)trazan las fronteras entre lo religioso y

lo secular. Esta política sexual desesencializa construcciones históricas y discursos

ideológicos que habilitan renovadas críticas al poder religioso sobre el estado y sobre el

derecho. Se interrumpe la naturalización de ciertas regulaciones legales y se las reinscribe

en el debate público como resabios de lo religioso en el derecho. Sin embargo, la política

de estos movimientos hace algo más que volver visible los rastros religiosos en el derecho

ya que reconstruye (de formas más o menos acertadas) la genealogía religiosa de las

principales instituciones que controlan el orden sexual. La política sexual contemporánea

vuelve a trazar las fronteras entre lo religioso y lo secular reconfigurando lo que circula

como cultura laica o derecho secular hacia lo religioso. Este trazado pone en evidencia,

entre otras cuestiones, la artificialidad de las definiciones esencialistas sobre lo religioso

(y por ende lo secular) y la importancia de un abordaje que permita captar estos

procesos. 18

Sin embargo, las críticas inauguradas por estos movimientos sobre la imbricación

entre derecho y religión no significan necesariamente su superación o desplazamiento. Si

bien estos movimientos tensionan y critican esta imbricación de formas novedosas y

sostenidas, la impronta estructural del derecho montado sobre la herencia religiosa no es

necesariamente superada incluso cuando se reconocen los derechos sexuales y

reproductivos. El matrimonio para las parejas del mismo sexo es un ejemplo de esta

28
complejidad. Sin dudas reformar el derecho para erradicar el requisito de la diferencia de

sexo implica una ruptura con la herencia religiosa que insiste en una conexión

esencializada entre sexualidad y reproducción biológica. Sin embargo, esta reforma

continúa privilegiando al régimen matrimonial como forma de regulación de la intimidad,

aspecto que también tiene una genealogía que lo anuda a la doctrina católica.

Como lo propone este capítulo, para comprender la política sexual contemporánea

es necesario analizar las formas en que lo religioso y el derecho se (re)articulan al

momento de debatir los derechos sexuales y reproductivos. Una vez politizada la

imbricación, los principales sectores en pugna sobre las formas de regular la sexualidad

dinamizan distintas estrategias y acciones sobre el derecho y su vínculo con lo religioso.

Por un lado, los movimientos feministas y por la diversidad sexual inscriben distintas

estrategias y argumentos para resistir las formas en que lo religioso permea los poderes

estatales. Por otro lado, en reacción a la agenda de estos movimientos se genera un

activismo religioso conservador que se focaliza en el derecho con renovadas estrategias.

A partir del análisis de estos movimientos y sus estrategias se identifican los principales

rasgos de la política sexual contemporánea respecto a los procesos de (des)articulación

entre lo religioso y el derecho.

Las políticas de los movimientos feministas y por la diversidad sexual sobre

lo religioso

Los movimientos feministas y por la diversidad sexual promueven una serie de

cambios relevantes sobre las formas de regular el cuerpo sexuado. Uno de los principales

aspectos es interrumpir la construcción de la sexualidad como privada y, a través de ello,

evidenciar los enlazamientos entre sexualidad y poder. Esta privatización ha sido

29
compatible, en América Latina, con la obsesión reguladora sobre la sexualidad basada en

los principios católicos. Afirmar que pertenece a lo privado, es funcional con la delegación

(simbólica y material) que los gobiernos realizaron de la moralidad y la legalidad sexual

a la Iglesia católica. Politizar la sexualidad implica entonces visibilizar y buscar la

superación de la influencia religiosa sobre el orden sexual. Estos movimientos critican, de

diversas maneras, el funcionamiento de las instituciones religiosas, en particular la Iglesia

católica, como factores de poder en las democracias de la región.

Un eje relevante de esta política es cuestionar el papel del derecho en la

preservación de un orden sexual restrictivo y jerárquico. No es extraño que la pretendida

universalidad y objetividad de las normales legales sostengan y refuercen sistemas de

control patriarcal y heteronormativa. 19 La condensación más visible de este papel se da

en la criminalización de distintas prácticas e identidades sexuales (leyes de sodomía o

aborto) pero también se manifiesta en la distribución desigual de privilegios y derechos

que jerarquizan de forma desigual a los ciudadanos. En reacción a este carácter

criminalizante y jerarquizador, los movimientos feministas y por la diversidad sexual

orientaron sus esfuerzos a impactar en los sistemas legales. Los derechos sexuales y

reproductivos tienen como propósito revertir, o al menos reducir, el carácter

heteropatriarcal del sistema legal. Una cara de esta política busca proteger las libertades

negativas a través de revertir la criminalización de conductas y/o lograr legislaciones anti-

discriminación. La otra va más allá y tiene como objetivo garantizar una serie de derechos

positivos que posibiliten prácticas e identidades sexuales subalternas (Vaggione 2008).

Los movimientos feministas y por la diversidad sexual encuentran en el derecho

una materialidad para visibilizar y revertir las distintas desigualdades y exclusiones del

30
orden sexual jerárquico. De ser un discurso que condensaba la discriminación,

desigualdad y exclusión, el derecho pasó a ser utilizado—al menos para parte de los

movimientos y con distintas críticas desde otros sectores 20—como una construcción

política desde la cual se confronta el poder heteropatriarcal. Esta resignificación

codificada bajo el rótulo de los derechos sexuales y reproductivos pone en circulación una

cosmovisión diferente sobre articulación entre estado y sexualidad. Desde mediados de

los años 90 estos derechos ha intensificado su legitimidad en distintos foros nacionales e

internacionales logrando, en algunos casos, fracturar la hegemonía de definiciones rígidas

sobre las formas de construir y regular las prácticas e identidades sexuales. 21 Las

argumentaciones basadas en la naturaleza, en el conocimiento científico o en las

justificaciones ético-religiosas, que son las que dan basamento a las principales

regulaciones legales, son criticadas y discursos alternativos sobre la autonomía y la

democracia sexual puestos en circulación. 22

Estos derechos implican (de formas más o menos directas) una política sobre lo

religioso. Si bien el heteropatriarcado se sostiene desde distintas ideologías, el poder

religioso en América Latina es uno de sus pilares fundamentales. Al proponer un vínculo

alternativo entre el Estado y el orden sexual, los derechos sexuales y reproductivos

también abren al debate sobre las influencias religiosas en el derecho. Particularmente en

América Latina estos derechos inscriben un posicionamiento crítico sobre las distintas

formas en que el sistema legal vigente está matrizado por el catolicismo. Vuelven legibles,

y por ende criticables, sistemas de opresión naturalizados e invisibilizados en el derecho

secular. Los derechos sexuales y reproductivos buscan institucionalizar como saber, como

práctica y como propuesta legal una construcción de la sexualidad que se opone a la

31
reducción naturalista de la Iglesia católica y a la moral sexual basada en la reproducción

como aspecto unitivo. Son un relato alternativo, incluso un contra-relato, a la

(hiper)moralización de la sexualidad que caracteriza el posicionamiento de la Iglesia

católica y su impacto sobre la regulación legal del cuerpo sexuado. 23

La vigencia de los derechos sexuales y reproductivos está, en América Latina,

directamente condicionada por el poder de la Iglesia católica sobre el Estado. No es

sorprendente entonces que la política de los movimientos feministas y por la diversidad

sexual tiene como uno de sus principales propósitos resistir y confrontar la influencia de

la jerarquía sobre los distintos poderes del estado. Es posible, al menos analíticamente,

diferenciar dos tipos de estrategias de estos movimientos que politizan distintas facetas

de la influencia de lo religioso en las sociedades contemporáneas: la defensa de la laicidad

y la visibilización del pluralismo religioso. Ambas inscriben, entre otras cuestiones, los

principales rasgos de la política sobre lo religioso que caracteriza la temporalidad abierta

por los derechos sexuales y reproductivos.

La defensa de la laicidad

En América Latina la laicidad ha sido el término privilegiado para debatir los

vínculos entre el Estado y la Iglesia. Si bien tiene su origen en el proceso de secularización

política de Francia (laïcité), es extensamente utilizado en la región en defensa de la

autonomía del estado frente a la Iglesia católica. El concepto de laicidad se separó del

fenómeno, la experiencia específica francesa, y de este modo se utiliza como un

significante bajo el cual se inscriben distintas posturas que tienen en común defender la

separación y autonomía entre religión y política como horizonte democrático (Blancarte

2006). La laicización es, en general, un proceso incompleto en la mayoría de los países de

32
la región ya que además de los privilegios formales y materiales de la Iglesia católica, su

jerarquía tiene una influencia directa sobre la sanción y aplicación del derecho. Con el

propósito de visibilizar estos privilegios y profundizar la separación derecho y religión los

movimientos feministas y por la diversidad sexual, en alianza con otros sectores, han

priorizado la defensa de la laicidad como forma de resistencia al poder católico en

América Latina. En una región donde lo religioso permea de distintas formas al poder

judicial, legislativo y ejecutivo, estos movimientos encuentran en la laicidad tanto una

dimensión teórico-analítica como una estrategia política.

El impacto de los movimientos feministas y por la diversidad sexual ha potenciado

los debates académicos y las campañas vinculadas a la laicidad. Es posible observar en la

región un fortalecimiento, o incluso un retorno, a los estudios y debates sobre la laicidad.

Si bien la temática siempre ha sido relevante, la creciente legitimidad de los derechos

sexuales y reproductivos ha intensificado su importancia y abierto nuevas líneas de

indagación. Esto se debe, principalmente, a un doble impacto. En primer lugar, los

estudios sobre las religiones, algunos de los cuales se focalizan en la laicidad, han

incorporado en sus reflexiones los derechos de las personas LGBT y de las mujeres. En

segundo lugar, los estudios feministas y sobre la diversidad sexual han comenzado a

incluir la reflexión sobre el rol de lo religioso en la política. Estos impactos se plasman,

entre otras cuestiones, en la creciente presencia de congresos y publicaciones que

consideran al debate sobre las formas de regular el cuerpo sexuado como un momento

analítico clave para comprender los principales desafíos y aristas de la laicidad. Así la

sexualidad provee un lente teórico-analítico relevante para repensar los principales

postulados de la laicidad.

33
La defensa de la laicidad es además una de las principales estrategias de los

movimientos feministas y por la diversidad sexual para posibilitar la vigencia de los

derechos sexuales y reproductivos. Debatir las formas de regular la sexualidad implica

confrontar el poder religioso ya que para que los derechos sexuales y reproductivos sean

posibles es necesario que un estado legisle con autonomía e independencia de la jerarquía

católica. Una serie de campañas, declaraciones públicas y propuestas políticas se

conjugan con el objetivo de confrontar la influencia política de las religiones y, de este

modo, permitir la construcción de un derecho autónomo de la jerarquía católica. La

laicidad, al margen de sus diferentes definiciones 24 que exceden a este capítulo, ofrece a

estos movimientos un proyecto político que tiene como meta intensificar la separación

entre Estado e Iglesia (una asignatura pendiente en distintos países) así como solidificar

una serie de principios (por ejemplo las libertades laicas) que caracterizan a un régimen

de convivencia basado y legitimado por la soberanía popular y no por las instituciones

religiosas. 25 Existen distintos tipos de intervenciones, tanto regionales como nacionales,

que además de denunciar las violaciones a la autonomía e independencia del poder

político buscan defender y profundizar la laicidad en la región. Las mismas incluyen, entre

otras, la creación de observatorios para el monitoreo de la laicidad, la instrumentación de

distintos tipos de campañas y manifestaciones públicas para concientizar sobre su

importancia e, incluso, las propuestas de reformas constitucionales que fortalezcan la

separación entre Estado e Iglesia. 26 Un efecto relevante de esta estrategia es que inscribe

en la defensa de la laicidad (y la necesidad de confrontar el poder religioso) temáticas que

hasta el momento habían quedado fuera. La laicidad, o falta de ella, comienza a ser

pensada desde el grado de reconocimiento de los derechos para las mujeres y la diversidad

sexual. El cuerpo sexuado que hasta hace relativamente poco tiempo estaba por fuera de

34
lo político se transforma en el foco analítico y normativo para debatir la incompleta

autonomía entre religión y política en la región.

Politización del pluralismo religioso

Más allá del papel de las jerarquías, las religiones tienen un impacto directo sobre

el derecho por medio del mantenimiento de las creencias y cosmovisiones éticas. Esta

influencia es otro desafío para los movimientos feministas y por la diversidad sexual y sus

agendas vinculadas a las reformas del sistema legal. Este impacto de las creencias

religiosas es parcialmente confrontado en la defensa de la laicidad: un sistema laico

requiere, entre sus postulados, que (al menos) los tomadores de decisión pública dejen de

lado sus creencias personales particularmente al momento de construir el derecho. 27 Sin

embargo, la intensidad de la identificación religiosa suele influenciar la opinión

ciudadana así como sobre los principales decisores del derecho al margen de los modelos

normativos. Como lo señalan distintas investigaciones, a mayor intensidad del

sentimiento religioso mayor es la oposición a los derechos para las personas LGBT o a la

despenalización del aborto, una asociación que también se propone para el caso de

legisladores, jueces o gobernantes. 28

Los movimientos feministas y por la diversidad sexual han comenzado a utilizar

otra estrategia para resistir la permeabilidad de las creencias religiosas: la politización del

pluralismo que caracteriza las formas de identificación religiosa contemporáneas. Frente

a la presencia sostenida de las creencias, los movimientos incorporan este pluralismo

como parte de sus campañas y posicionamientos públicos. Como lo señalan distintos

estudios las formas en que las personas se identifican con lo religioso son plurales y

diversas, y dentro de este pluralismo es posible encontrar formas de identificación

35
compatibles con los derechos sexuales y reproductivos. Esta diversidad en las formas de

creer no sólo se da entre tradiciones religiosas, sino que incluso al interior del campo

católico que se caracteriza, precisamente, por una fuerte dispersión, sincretismo y

movilidad del sistema de creencias. Por ejemplo, existen distintos análisis que consideran

las formas en que las creencias permiten posturas favorables a los derechos de las parejas

del mismo sexo o con la despenalización del aborto. 29

Uno de los ejemplos más notables en la región de politización de este pluralismo

es la organización no gubernamental Católicas por el Derecho a Decidir que tiene un rol

significativo dentro del movimiento feminista. A partir de reclamar múltiples formas de

ser católica, luchan por una Iglesia más inclusiva y por la necesidad del reconocimiento

de los derechos sexuales y reproductivos con especial énfasis en la legalización del aborto.

Con este propósito, llevan adelante campañas que tienen en común confrontar la

construcción del catolicismo como una religión homogénea y opuesta a la libertad y

autonomía sexual o reproductiva. Utilizan distintas teologías que proponen una

interpretación de la tradición católica en tono con los derechos sexuales y reproductivos

o publicitan encuestas y estudios de opinión pública que evidencian que gran parte de las

personas auto-identificadas como católicas apoyan los derechos sexuales y

reproductivos. 30 Entre las distintas intervenciones se pueden mencionar la edición de una

revista regional (Revista Conciencia), la circulación de videos y folletos, la realización de

talleres y cursos y la realización de distintas campañas. Un eje común de estas

intervenciones es presentar al catolicismo como una tradición diversa y plural que,

incluso, sienta las bases para demandas tan resistidas por su jerarquía como la

legalización del aborto.

36
Durante los debates por el reconocimiento del derecho al matrimonio para las

parejas del mismo sexo también puede observarse la existencia de estrategias para

confrontar el poder de la jerarquía católica desde el mismo campo religioso. En Argentina,

por ejemplo, se movilizaron las creencias religiosas como una estrategia a favor del

matrimonio para las parejas del mismo sexo (Vaggione y Jones 2015). La Federación

Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT) cuenta desde su inicio 31 con

una Secretaría de Diversidad Religiosa con el objetivo de integrar la diversidad sexual y

con los múltiples discursos religiosos. Precisamente una de las campañas de la Federación

durante el debate fue conseguir que distintos sectores y actores religiosos se manifestaran

públicamente a favor de la reforma legal. El movimiento por la diversidad sexual también

circuló y potenció las manifestaciones de sacerdotes y personas católicas que

argumentaron a favor del matrimonio para las parejas del mismo sexo desde sus propias

creencias. 32

La politización del pluralismo religioso permite que distintos sectores de la

sociedad, tanto civil como política, apoyen los derechos sexuales y reproductivos desde

sus creencias religiosas y no a pesar de las mismas. Así que distintos tomadores de

decisión y constructores del derecho pueden potencialmente apoyar reformas legales

favorables a los derechos sexuales y reproductivos desde su identificación religiosa. Si

bien no existen investigaciones sistemáticas en la región, durante el debate por el

matrimonio igualitario en Argentina fue posible observar que algunos legisladores se

identificaron como católicos y apoyaron la reforma legal desde sus propias de creencias

(Vaggione 2011). Aunque la mayoría de los modelos normativos insistan en la

diferenciación y autonomía de las creencias religiosas privadas de las decisiones

37
vinculadas al derecho público esta dicotomización en el plano de la sexualidad se vuelve,

al menos, inestable (sino incierta). En vez de intensificar el hiato, esta estrategia visibiliza

continuidades y vínculos entre las identidades religiosas y las argumentaciones favorables

a la reforma legal.

Considerando ambas estrategias es posible afirmar que la política sobre la

articulación entre derecho y religión de los movimientos feministas y por la diversidad

sexual es multifacética. Por un lado, la defensa de la laicidad les permite a estos

movimientos construir alianzas, discursos y campañas en oposición a la influencia de la

jerarquía religiosa durante el debate legal. La laicidad se incorpora como un significante

privilegiado para denunciar y confrontar las formas de influencia de distintos sectores

religiosos sobre los poderes del estado. Si bien no es una estrategia novedosa, permite

desestabilizar la naturalización de ciertas fronteras entre lo religioso y lo secular respecto

a las formas de regular la sexualidad. Al resistir la influencia de la Iglesia católica en la

construcción del derecho, estos movimientos politizan como religioso aspectos que hasta

el momento eran considerados como derecho secular. La criminalización del aborto, por

ejemplo, se considera un resabio de castigo religioso del pecado en el derecho secular o la

exigencia del matrimonio heterosexual como reflejo de la doctrina católica que defiende

una sexualidad reproductiva.

Por otro lado, la politización del pluralismo religioso ofrece un modelo de

agenciamiento 33 alternativo para los decisores del derecho. No es necesario, o no es la

única opción, resistir la opresión religiosa desde fuera de la religión, sino que el mismo

discurso y su plasticidad permiten un agenciamiento favorable a los derechos sexuales y

reproductivos. La privatización de las creencias suele ser en algunas circunstancias una

38
metáfora que termina distorsionando lo religioso en tanto constitutivo de la política

sexual contemporánea. La politización del pluralismo religioso permite, en cambio, que

funcionarios, legisladores y la ciudadanía en general encuentren en sus tradiciones

religiosas argumentos (privados o públicos) para apoyar los derechos reproductivos o

sexuales. Utilizar las creencias religiosas para oponerse a un orden sexual jerárquico,

aunque es una estrategia embrionaria en la región, permite una política contraria a la

imbricación desde los propios discursos religiosos.

Las políticas del activismo católico conservador sobre la regulación de la

sexualidad

El otro polo de la política sexual contemporánea está constituido por un

conglomerado de actores religiosos y seculares que defienden activamente un orden

sexual reproductivista. En particular, la Iglesia católica ha sido y continúa siendo el

principal actor en defensa de un orden sexual basado en sus potencialidades

reproductivas (dentro del matrimonio) que no debe ser alterado por las legislaciones

seculares. Sin desconocer la creciente importancia de sectores del campo evangélicos en

el activismo conservador, es la Iglesia católica la que en general lidera y da forma a la

oposición a los derechos sexuales y reproductivos en América Latina. 34 La influencia de

la jerarquía católica, aunque de larga data, se ha renovado adaptándose a distintos

contextos y momentos. Si bien estas adaptaciones en su mayoría se diseñan e

implementan desde el Vaticano, debido al carácter piramidal de la institución religiosa,

tienen un impacto directo en los países de la región.

Para comprender la política de la Iglesia católica hacia la sexualidad es importante

tener en cuenta dos procesos de cambio y adaptación de la institución religiosa. El

39
primero tuvo lugar a mediados de los años 60 y suele considerarse con sus límites como

el ingreso de la Iglesia a la modernidad. La institución inició un proceso de

aggiornamiento a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965), con vaivenes y

contradicciones, por el cuál renunció a su pretensión de ser iglesia universal única, aceptó

la libertad religiosa (Pablo VI 1965a) y la independencia y autonomía entre religión y

política (Pablo VI 1965b). Esto incluso ha llevado a que la jerarquía católica reconozca,

décadas más tarde, la “sana laicidad” y la diferencie del laicismo (o laicidad agresiva) en

tanto posicionamiento anti-religioso (Benedicto XVI 2008).

Este aggiornamiento no significa que renuncie a participar de los debates

públicos. Al contrario, la Iglesia afirmó que “es de justicia que pueda la Iglesia en todo

momento… dar su juicio moral, incluso sobre materias referentes al orden político,

cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona o la salvación de las almas”

(Pablo VI 1965b:76). Así, influir sobre el derecho y la realización de la justicia es una

prioridad para la Iglesia católica ya que, como lo afirmara años después Benedicto XVI,

es la justicia donde “política y fe se encuentran,” ya que la “Iglesia tiene el deber de ofrecer,

mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para

que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables”

(Benedicto XVI 2005).

Este aggiornamiento no implicó, en términos generales, un cambio substancial en

su concepción del derecho natural. Esta cosmovisión que, como se indicó previamente,

superpone e integra lo religioso y lo secular es importante para entender la centralidad

que tiene para el activismo católico conservador el sistema legal, así como la rigidez con

que defiende ciertos posicionamientos. La Iglesia católica distingue la ley religiosa de la

40
secular (o ley civil como la denomina) y entiende los riesgos para la libertad religiosa si

esta distinción no está claramente marcada. 35 Sin embargo, distintos documentos desde

el Concilio Vaticano II hasta la actualidad reafirman que, cuando los estados no respetan

el “orden moral objetivo,” la Iglesia y sus integrantes deben oponerse a las leyes seculares

de maneras diversas. Aunque se reconoce “la legítima pluralidad de opiniones

temporales,” el creyente está llamado a manifestar su rechazo de las legislaciones que, en

clave de “relativismo moral,” son nocivas ya que la vida democrática “tiene necesidad de

fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, de principios éticos que, por su naturaleza y

papel fundacional de la vida social, no son ‘negociables’” (Congregación para la Doctrina

de la Fe 2002). 36

El otro proceso de cambio y adaptación para entender la política de la Iglesia

católica en la región es la consideración del pluralismo y la diversidad sexual como

expresión del relativismo moral o, dicho de otro modo, como reflejo de numerosos

apartamientos del “orden moral objetivo.” El cambio en las identidades y prácticas

sexuales, así como el impacto de los movimientos feministas y por la diversidad sexual en

su búsqueda por legitimar, este “relativismo” han intensificado la rigidez en la postura

pública de la Iglesia católica. Desde el Vaticano se comenzaron a adaptar los discursos y

estrategias frente al avance y creciente reconocimiento de los derechos sexuales y

reproductivos. 37 Estos derechos han generado un proceso de politización reactiva por el

cual desde el Vaticano se publican distintos documentos e instrucciones con el propósito

de resistir (o revertir) su vigencia. 38

Este desplazamiento en la política tiene un punto de inflexión a mediados de los

años 90s cuando, en reacción al avance internacional del feminismo y del movimiento de

41
mujeres, el Vaticano intensificó su papel de guardián de la moral sexual en defensa de la

“cultura de la vida” que consideraba amenazada por la “mentalidad anticonceptiva” (Juan

Pablo II 1995). Específicamente Juan Pablo II junto con Ratzinger—primero como

prefecto y luego como Benedicto XVI—iniciaron una política activa en defensa de un

orden sexual que consideraban amenazado. La amenaza, sin embargo, no es

necesariamente a nivel de las prácticas ya que en general han sido divergentes de la

doctrina en cuestiones vinculadas a la sexualidad y la reproducción. Es en esta lucha por

el plano simbólico, donde debería expresarse la moral objetiva, el que gatilla las

principales reacciones políticas de la Iglesia católica. En la postura del Vaticano, el

derecho ocupa un lugar prioritario ya que las “leyes civiles son normas escrutadoras en la

vida humana en la sociedad, por lo bueno o por lo malo. [Las leyes civiles] juegan un rol

clave en la promoción de una mentalidad y de unas costumbres” (Congregación Doctrina

de la Fe 2003). Para la Iglesia los derechos sexuales y reproductivos en general—aunque

no así denominados—tienen “una trágica apariencia de legalidad” ya que “ninguna

circunstancia, ninguna finalidad, ninguna ley del mundo podrá jamás hacer lícito un acto

que es intrínsecamente ilícito, por ser contrario a la Ley de Dios, escrita en el corazón de

cada hombre, reconocible por la misma razón, y proclamada por la Iglesia” (Juan Pablo

II 1995).

De este modo, la forma de regular legalmente el cuerpo sexuado es, para el

Vaticano, un aspecto prioritario tanto política como moralmente. Por ello no es

sorprendente que la Iglesia Católica reaccione enérgicamente ante las demandas de los

movimientos feministas y por la diversidad sexual ensayando distintas estrategias en

resistencia al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos. Se incluyen a

42
continuación dos estrategias por el impacto que tienen sobre la sanción y aplicación del

derecho en América Latina: las crecientes argumentaciones seculares y el fuerte activismo

de ciudadanos y políticos.

Intensificación de argumentos seculares en oposición a los derechos

sexuales y reproductivos

Una de las facetas del activismo católico conservador es la construcción y

circulación de argumentos “no religiosos” científicos, legales o bioéticos para potenciar el

impacto durante el debate legal. La politización reactiva de la Iglesia católica tiene como

una de sus estrategias intensificar el uso de argumentaciones y discursos seculares en

oposición a la agenda de los movimientos feministas y por la diversidad sexual. Desde el

Vaticano se convoca a los intelectuales y centros académicos a colaborar en la defensa de

la cultura de la vida y se los llama a “estar presentes activamente en los círculos

privilegiados de elaboración cultural, en el mundo de la escuela y de la universidad, en los

ambientes de investigación científica y técnica, en los puntos de creación artística y de la

reflexión humanística” (Juan Pablo II 1995). A ello se agrega la creación, en el año 1995,

de la Pontificia Academia para la Vida cuyos objetivos son: “estudiar, informar y formar

sobre los principales problemas de biomedicina y de derecho, relativos a la promoción y

a la defensa de la vida, sobre todo en la relación directa que éstos tienen con la moral

cristiana y las directivas del Magisterio de la Iglesia” (Juan Pablo II 1994).

Este desplazamiento se puede observar en los distintos foros donde el activismo

católico tiene participación y, por supuesto, América Latina no es una excepción. Tanto

los documentos oficiales de la Iglesia católica en los países de la región como los

principales defensores de su postura se oponen a los derechos sexuales y reproductivos

43
con argumentaciones biológicas, psicológicas, legales o bioéticas entre otras. 39 Las

justificaciones basadas en la Biblia o el magisterio siguen circulando, por supuesto, pero

su gravitación en el debate público se reduce frente a las justificaciones de corte “secular.”

En el tema del aborto, por ejemplo, se utilizan explicaciones genéticas sobre el inicio de

la vida o imágenes tecnológicas que humanizan al feto, así como investigaciones que

informan sobre los daños psicológicos de la mujer que interrumpe un embarazo. Lo

negativo de reconocer derechos a las parejas del mismo sexo, por su parte, se argumentan

a través de investigaciones que afirman que la ausencia de bipolaridad sexual crea

obstáculos al desarrollo normal de los niños (Morán Faúndes et al 2012). Algunas de las

universidades católicas de la región constituyen espacios desde donde se genera y/o

circula este tipo de argumentaciones que complementan los posicionamientos de corte

religioso. 40 Esta estrategia conecta la tradición del derecho natural y el uso de la

racionalidad con el requisito laico de argumentar secularmente cuando se debate al

derecho. Se podrá debatir la calidad y pertinencia de las argumentaciones científicas o la

conexión de las mismas con la moral y el derecho, pero estos debates no parecen

conectarse a un problema de insuficiente laicidad.

Los ciudadanos y políticos como creyentes

Otra cara del activismo católico conservador es el papel de los creyentes, en tanto

miembros de la sociedad civil y política, en la defensa de la postura oficial de la Iglesia

católica. La importancia que la sexualidad tiene para la institución se refleja en el

constante llamado, por medio de declaraciones públicas y documentos oficiales, a

oponerse a cualquier reforma favorable a los derechos sexuales y reproductivos. El

impacto de Juan Pablo II en las prioridades políticas de la Iglesia orientó ese llamado a la

44
defensa de la cultura de la vida que implicó una oposición directa a toda legitimización de

la sexualidad no reproductiva, desde el uso de anticonceptivos hasta la despenalización

del aborto. Tanto a la ciudadanía en general como a los políticos se los comenzó a

convocar activamente para defender la “cultura de la vida” porque “nadie puede renunciar

esta responsabilidad, especialmente cuando uno tiene un mandato legislativo o capacidad

de decisión, que llama a esta persona para responder a Dios, a su propia conciencia y para

el conjunto de la sociedad para renunciar posibilidades que pueden ser contrarias al bien

común” (Juan Pablo II 1995).

Los documentos del Vaticano instruyen a legisladores sobre cómo evitar leyes que

despenalizan al aborto u otorgan derecho a las parejas del mismo sexo. Se convoca al

parlamentario a que manifieste su total oposición a la despenalización del aborto y, en

todo caso, apoye propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley y disminuir así

los efectos negativos en el ámbito de la cultura y de la moralidad pública (Juan Pablo II

1995). Respecto a la diversidad sexual, la Iglesia sostiene que existen áreas donde excluir

expresamente a las personas por su orientación sexual no constituyen “discriminación

injusta” 41 y que reconocerles derechos significa “no solamente aprobar un

comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino

también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la

humanidad.” Sobre estas temáticas los legisladores también tienen el “el deber moral de

expresar clara y públicamente su desacuerdo y votar contra” cualquier tipo de

reconocimiento de derechos, incluso en países donde las legislaciones reconozcan estos

derechos deben dejar “pública constancia de su desacuerdo” (Congregación para la

Doctrina de la Fe 2003).

45
Estos llamados e instrucciones a los legisladores se materializan en los distintos

países de la región al debatirse los derechos sexuales y reproductivos. En defensa del

posicionamiento oficial de la Iglesia católica, distintos actores políticos lideran la

oposición a las demandas de los movimientos feministas y por la diversidad sexual. Es

frecuente que legisladores cercanos a la Iglesia católica o incluso partidos políticos se

opongan al reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos. Como lo indican las

investigaciones comparativas existentes, el grado de cercanía de los partidos políticos con

la Iglesia católica es una variable crucial para entender por qué ciertas reformas legales

favorables a derechos de las mujeres y de la diversidad sexual fueran posibles. 42

El Vaticano también convoca a un rol activo a los fieles en tanto ciudadanos

afirmando que “es urgente una movilización general de las conciencias y un común

esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos

debemos construir una nueva cultura de la vida” (Juan Pablo II 1995). Este llamado se

complemente con una de las principales estrategias impulsadas por la Iglesia católica: la

organización de una serie de reuniones periódicas que, bajo el nombre de Encuentro

Mundial de las Familias, son, desde mediados de los 90s, un espacio global para la

articulación de una agenda contraria a los derechos sexuales y reproductivos. 43 Estos

encuentros sirven, entre otras cuestiones, como espacios para la articulación de discursos

y actores de distintas regiones en defensa de la familia, lo que implica de forma directa el

matrimonio heterosexual y la sexualidad reproductiva.

En América Latina este llamado ha dado lugar a un proceso de ONGización del

activismo católico conservador (Vaggione 2005). Son cada vez más visible las

organizaciones no gubernamentales (ONGs) autodenominadas pro-vida o pro-familia

46
que utilizan una serie de medidas para impedir la efectivización de los derechos sexuales

y reproductivos en la región. Una de las estrategias de estas ONGs es la participación en

procesos de litigio y de cabildeo lo que se conecta con la creciente presencia de abogados

católicos movilizados contra los derechos sexuales y reproductivos (Lemaitre Ripoll 2012;

Peñas Defago et al 2014). Estos abogados han intervenido en contra de liberalización de

distintas leyes vinculadas a la criminalización del aborto, derechos para las parejas del

mismo sexo, uso de embriones para investigaciones científicas y la anticoncepción

hormonal de emergencia entre otras. Los abogados católicos utilizan un arsenal de

argumentos en el campo legal que van desde las investigaciones científicas previamente

referidas a argumentaciones de derecho constitucional y de derechos humanos, en

algunos casos en directa conexión con la perspectiva tomista del derecho natural. Tres

tipos de argumentaciones específicas tienen una mayor presencia, se repiten en distintos

contextos de la región, para horadar la vigencia de los derechos sexuales y reproductivos:

la defensa de la objeción de conciencia, el derecho de los padres a la educación de sus

hijos y la necesidad de proteger la libertad religiosa (Puga et al 2013; Alegre 2009).

Si bien estas estrategias evidencian una faceta novedosa también reflejan la

tradición de derecho natural defendida por la Iglesia católica. El uso de las

argumentaciones científicas se corresponde con la tradición de la ley moral natural de la

Iglesia para la cual la razón es la forma de acceder a los principios morales en ella

contenidos. Esta estrategia de la Iglesia maximiza, precisamente, el uso de la ciencia y de

la tecnología como formas racionales de aprehensión de las leyes de la naturaleza y, por

tanto, dadoras de legitimidad y moralidad al derecho secular. Lejos de ser la ciencia un

constructo en tensión con lo religioso, la Iglesia católica potencia su correspondencia.

47
Asimismo, las instrucciones a los legisladores, funcionarios y ciudadanos sobre las formas

de actuar frente a ciertos debates legales refuerzan la universalidad en su propuesta sobre

el derecho secular. Las leyes de la naturaleza además de ser objetivas son inmutables y

universalmente válidas motivos por lo cual obligan a todos más allá de las coyunturas

políticas: “su autoridad se extiende a todos los hombres.” 44 De este modo, el Vaticano

instruye a legisladores, funcionarios y ciudadanos sobre cómo actuar en los debates

públicos y legales vinculados a los derechos sexuales y reproductivos. El accionar de estos

actores frente al derecho trasciende los contextos particulares y debería acomodarse a una

moral universal. 45

Estas estrategias reflejan una fuerte capacidad de adaptación de la Iglesia a

distintos momentos y desafíos. El uso de argumentaciones científicas, por ejemplo, refleja

la adaptación de la institución a las condiciones de la democracia laica. Más allá que la

defensa de un orden sexual reproductivo esté motivada por creencias religiosas o, incluso

por verdades morales objetivas, la defensa pública de las mismas se realiza a través de

argumentos de tipo secular. Se desplaza el núcleo del debate de lo religioso a lo secular,

de la Biblia a las revistas académicas y de los sacerdotes a los científicos. Las instrucciones

dadas a legisladores y decisores públicos, por su parte, permiten la articulación de un

activismo conservador transnacional potenciado por el diseño institucional de la Iglesia.

La misma tiene un vértice poderoso en el cual se generan los principales

posicionamientos, discursos y prácticas, y un entramado de representantes

transnacionales, nacionales y subnacionales que le permiten articular las principales

decisiones.

48
Conclusión

Los debates sobre los derechos sexuales y reproductivos son un momento de

condensación que permiten observar las principales construcciones y tensiones del

entramado entre sexualidad, derecho y religión. La discusión sobre el acceso universal a

los anticonceptivos, los derechos para las parejas del mismo sexo, la identidad de género

o el aborto, entre otras temáticas, ponen en cuestión las fronteras entre lo religioso y el

derecho. En particular, se cuestiona un modelo relativamente estable de articulación

entre derecho y religión en relación al orden sexual. La influencia de la Iglesia católica

sobre la cultura y la política en América Latina ha producido una lógica de imbricación

entre lo religioso y el derecho respecto a las formas de regular el cuerpo sexuado. Más que

autonomía y separación, como lo postulan las principales teorías de la secularización, el

derecho secular tiende a montarse sobre la doctrina católica produciendo sus propias

dinámicas. No es, por supuesto, la primera vez que esta imbricación se tensiona, pero es

posible conjeturar que el impacto político de los movimientos feministas y por la

diversidad sexual llevan la visibilización y la crítica a un nuevo umbral.

Precisamente este trabajo identifica algunos desplazamientos y rearticulaciones a

través de analizar las principales estrategias utilizadas por los sectores en pugna en la

política sexual contemporánea. Por un lado, los movimientos feministas y por la

diversidad sexual inscriben una estrategia compuesta respecto a la influencia de las

religiones durante los debates sobre el derecho. La laicidad faculta, en alianzas con

diversos sectores, la defensa de un posicionamiento que limita lo religioso en la sanción y

aplicación del derecho. Pero la apropiación del discurso de la laicidad está acompañada

por una redefinición de las propias fronteras entre lo religioso y lo secular. La política de

49
estos movimientos permite que aquello que se naturalice como contenido secular del

derecho se debata y cuestione como herencia religiosa. A la defensa de la laicidad se

agrega una estrategia más embrionaria que re-articula lo religioso con una política de

reconocimiento para los derechos sexuales y reproductivos. La politización del pluralismo

religioso abre la posibilidad a que ciudadanos, funcionarios y legisladores apoyen las

reformas legales sin necesidad de privatizar o contradecir sus creencias religiosas. Esta

estrategia desplaza la construcción de lo religioso como antitética con una política sexual

progresista que suele caracterizar a los movimientos feministas y por la diversidad sexual

de la región.

Por otro lado, la Iglesia católica también inscribe sus propios desplazamientos y

rearticulaciones frente a la política sexual contemporánea. Tanto respecto a las

argumentaciones utilizadas como a los actores involucrados la Iglesia moviliza estrategias

que, aunque no completamente novedosas, se adecuan al debate por los derechos sexuales

y reproductivos. En línea con la defensa de la ley natural como expresión de un orden

moral, la Iglesia católica apela a la genética, la biología o la psicología como argumentos

en defensa de la criminalización del aborto o del rechazo de derechos para las parejas del

mismo sexo, entre otras cuestiones. A esto se agrega el llamado del Vaticano a

legisladores, funcionarios o abogados—además a los creyentes en general—en defensa de

una moral, de un bien común y de una dignidad de la persona, valores que al ser

“universales” trascienden las comunidades políticas. Lejos de ser el remanente de un

pasado, estas estrategias son el emergente de una nueva política conservadora que se

inscribe desde los principales parámetros de la democracia liberal. Sin desconocer la

rigidez de la agenda que defiende una moral sexual objetiva, universal e inmutable, los

50
mecanismos y canales utilizados responden, aunque sea de forma parcial, a los requisitos

de la laicidad como construcción normativa.

La política sexual contemporánea pone en escena diferentes recorridos en las

(des)articulaciones entre religión y derecho. Los sectores involucrados en esta política

desplazan algunos de los sentidos asociados con estos vínculos y, en estos

desplazamientos van generando entramados diversos donde pueden observarse los

principales rasgos y dimensiones de la política sexual contemporánea. Sin desconocer que

la distinción entre lo religioso y lo secular es una parte relevante del derecho moderno y

de la política sexual, incluso una empresa aún pendiente, es necesario también ofrecer

marcos analíticos y normativos que permitan comprender las complejas imbricaciones,

solapamientos y tensiones que complejizan esta dicotomía cuando se debaten las formas

de regulación legal del cuerpo sexuado en América Latina.

51
Capítulo 3

Sexualidad, política y actores religiosos en la Argentina

post-neoliberal (2003-2015)

Mario Pecheny, Daniel Jones y Lucía Ariza

52
Introducción

Numerosas personalidades argentinas son conocidas en todo el mundo: figuras

políticas como Eva Perón o Ernesto Che Guevara, jugadores de fútbol como Diego

Maradona o Lionel Messi y escritores como Jorge Luis Borges o Julio Cortázar. Desde el

año 2013, de forma inesperada, Jorge Bergoglio, hoy el Papa Francisco, se ha añadido a

la lista de argentinos famosos. La noticia de un Papa argentino ha provocado que la

historia política y religiosa reciente de Argentina se haya vuelto interesante para un

público más amplio. Pero la política en dicho país, particularmente en relación con la

sexualidad y el género, ya era un caso interesante antes de la designación de Francisco

como Sumo Pontífice de la Iglesia católica. Argentina, un país de América Latina con una

población mayoritariamente católica, tiene hoy uno de los registros legislativos más

progresistas del mundo en materia de matrimonio entre personas del mismo sexo y

derechos de personas trans. Este capítulo 1 se centra en el papel que juegan los actores

religiosos en la política sexual nacional en Argentina. El capítulo describe la política

sexual en Argentina entre 2003 y 2015, un período que puede ser políticamente definido

como “post-neoliberal,” y examina el papel de los actores religiosos particularmente con

respecto a las políticas en torno a los derechos LGBT y el aborto (Pérez, Aelo y Salerno

2011).

En América Latina, los gobiernos post-neoliberales a menudo están vinculados a

las tradiciones populistas, consideradas históricamente como anti-liberales (De Ipola y

Portantiero 1981). Sin embargo, los gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina

Fernández de Kirchner (2007-2011, 2011-2015), con el Frente para la Victoria (FPV), que

han sido incluidos entre los ejemplos de “resurgimiento de la izquierda latinoamericana”

53
(Levitsky y Roberts 2011) y considerados como populistas, neo-populistas o gobiernos “de

izquierda populista” (Etchemendy y Garay 2011), han promovido ampliamente los

derechos y las libertades individuales basados en el discurso de los derechos humanos.

Esto plantea una tensión en el modo como tradicionalmente se entiende a los populismos.

Los populismos se caracterizan por una fuerte concepción orgánica de los reclamos

populares y los antagonismos sociales, así como por una concepción de la comunidad

nacional que tiende a organizarse de arriba hacia abajo (por ejemplo, el Estado-nación-

como-el pueblo). Esta visión polarizadora privilegia la uniformidad por sobre las

diferencias y la pluralidad y la unanimidad por sobre la discrepancia (Etchemendy y

Garay 2011). Según Panizza,

El populismo es un modo de identificación política disponible a todo actor político

que opera en una formación discursiva en el que la noción de soberanía popular y su

corolario inevitable, el conflicto entre los poderosos y los excluidos son elementos

centrales de su imaginario político (2009:39).

Los 12 años de gestión del kirchnerismo podrían ser descritos con un oxímoron:

un populismo liberal. Es decir, un liderazgo populista, símbolos y movilización popular,

pero en el contexto de un programa de restauración institucional democrático-liberal.

Este es un acontecimiento extraño para quienes sostienen que en un régimen populista

las identidades populares se forman en oposición al orden institucional y al proceso

político formal representado por el orden liberal y el estado de derecho. El kirchnerismo

ha combinado un estilo de liderazgo y una lógica de articulación del campo político

populistas, pero dentro de la tradición democrática liberal que había comenzado a

54
resurgir con el gobierno de Alfonsín (1983-1989) en los primeros años de la nueva

democracia argentina.

Este liberalismo civil y político del gobierno “post-neoliberal” de los Kirchner es

particularmente evidente en relación con la sexualidad y el género: se han llevado

adelante políticas de promoción de prácticas de no discriminación y de reconocimiento

de los derechos reproductivos y sexuales. En este periodo, el Instituto Nacional contra la

Discriminación (INADI) ha sido muy activo en relación con las problemáticas de género

y sexualidad, y se han aprobado varias leyes en favor de las mujeres, los gays, las lesbianas

y de los derechos de las personas trans. Por ejemplo, desde la reforma del matrimonio en

2010, las parejas homosexuales tienen los mismos derechos y obligaciones jurídicos que

las parejas heterosexuales (Clérico y Aldao 2010). Y desde 2012 la Ley de Identidad de

Género reconoce el derecho de modificar el nombre y la identificación civil, de acuerdo

con la identidad de género auto-asignada por el sujeto. Para las y los ciudadanos trans, la

ley también garantiza el acceso universal a los tratamientos hormonales y quirúrgicos, sin

más requisito que la voluntad del individuo. Los principales opositores a estas medidas

liberales han sido la Iglesia católica, conducida por Jorge Bergoglio, y otros actores

religiosos.

Entre 2003 y 2015 las relaciones entre el Poder Ejecutivo y la jerarquía de la Iglesia

católica fueron tensas. En el período durante el cual Jorge Bergoglio presidió la

Conferencia Episcopal Argentina (2005-2011), el Papa actual no sólo era el jefe de la

Iglesia católica, sino que también jugaba un papel clave en la conducción de la oposición

política a los gobiernos de los Kirchner. Néstor y Cristina Kirchner se enfrentaron a

menudo con Bergoglio y con las autoridades católicas, y viceversa. Mientras que Cristina

55
Kirchner y Bergoglio se aliaron para bloquear el aborto legal, la discusión en torno a todos

los demás derechos sexuales y reproductivos fue una de las principales arenas de esta

confrontación pública. El matrimonio igualitario marcó el clímax de esta tensión. En

2010, cuando el Congreso debatía la reforma del matrimonio, la presidenta Cristina

Kirchner le respondió directamente al arzobispo Bergoglio en televisión; Bergoglio era

abiertamente contrario al reconocimiento de los derechos LGBT. El contenido y el tono

del diálogo fueron excepcionalmente agresivos.

Así, muchas de las acciones de gobierno, y no sólo las relacionadas con la

sexualidad, eran consideradas como una confrontación con la Iglesia: las denuncias de la

colaboración de la Iglesia con el terrorismo de Estado entre 1976-1983, la invitación a

líderes religiosos no católicos a participar de las ceremonias públicas, el desplazamiento

de organizaciones católicas de las actividades de asistencia social financiadas por el

Estado, así como la promoción de los derechos sexuales y reproductivos, especialmente

el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero también la educación sexual, la

consejería y la atención post-aborto y la provisión de métodos anticonceptivos de

emergencia y quirúrgicos (Mallimaci y Esquivel 2014).

En 2007, el presidente Néstor Kirchner decidió no asistir al Te Deum en la Catedral

Metropolitana de Buenos Aires. Esto constituyó un gesto político significativo. La Iglesia

católica tradicionalmente ha oficiado el Te Deum cada 25 de mayo, en conmemoración

del día de la independencia de la corona española y la creación del primer gobierno patrio;

históricamente, todos los presidentes han asistido a este ritual político-religioso. Entre

2003 y 2006, Néstor Kirchner había asistido a todas las ceremonias del Te Deum, en las

cuales el arzobispo Bergoglio había pronunciado homilías contrarias al gobierno. El 25 de

56
mayo de 2007, en lugar de compartir la ceremonia con Bergoglio en la Catedral

Metropolitana, Kirchner decidió viajar a Mendoza. Entre 2008 y 2013, la presidenta

Cristina Kirchner tampoco asistió a la ceremonia en la Catedral Metropolitana y la

jerarquía católica continuó realizando el Te Deum sin la presencia de las autoridades

nacionales. Sin embargo, de repente, en marzo de 2013, con la mudanza de Bergoglio al

Vaticano, estas tensiones se desvanecieron. Desde entonces y hasta el final de su mandato,

Cristina Kirchner y el Papa Francisco han exhibido una amistad pública y cordial. Ella,

incluso, ha visitado el Vaticano en varias ocasiones, a menudo acompañada de una gran

delegación de legisladores y gobernadores.

En la campaña presidencial de 2015, el candidato a nivel nacional que parecía estar

más cerca del Papa era Daniel Scioli, candidato del partido oficial (FPV). Cuando Mauricio

Macri, su oponente (PRO-Cambiemos, una alianza de centro-derecha), ganó las

elecciones, la prensa destacó el hecho de que no recibiera una felicitación personal de

Francisco desde el Vaticano. Los medios de comunicación interpretaron esto como una

señal de que el Papa había apoyado al otro candidato. En el mismo momento, en la

elección para la gobernación de la provincia de Buenos Aires, se denunció que numerosos

sacerdotes católicos habían apoyado activa y sistemáticamente a la candidata de la

oposición, María Eugenia Vidal (PRO-Cambiemos) contra el candidato oficial Aníbal

Fernández (FPV). Dada la importancia política de la provincia de Buenos Aires, las

elecciones en ese distrito son decisivas para el resultado de la elección nacional; por lo

tanto, esto podría contradecir el supuesto apoyo papal al FPV. En cualquier caso, esta y

otras dinámicas y alianzas contradictorias sugieren que las relaciones entre las gestiones

57
de gobierno, los dirigentes y los partidos políticos y los líderes religiosos y las iglesias han

sido ambivalentes e intrincadas durante el período considerado.

La política sexual en Argentina

En esta sección se describe la política sexual, que es, en gran medida, inseparable

de la política reproductiva y de género, en relación con estas tensiones entre los actores

políticos y religiosos. La política sexual abarca una variedad de temas: la situación de las

mujeres, la anticoncepción, la fertilización asistida, la educación sexual, la conyugalidad,

los derechos LGBT, el aborto, el trabajo sexual y el tráfico de personas con fines de

explotación sexual (la trata)—temas que en los últimos tiempos han ocupado la agenda

de los movimientos sociales e instituciones políticas en Argentina. Los conflictos en torno

a la política sexual se han convertido en uno de los campos de batalla decisivos de las

luchas en torno al papel de la religión y de los actores religiosos en el restablecido régimen

liberal-democrático en Argentina. La sexualidad y el género han sido temas centrales para

la “dimensión liberal” de la política y las políticas de los sucesivos gobiernos desde la

transición democrática en 1983. Y los actores religiosos han sido, constantemente, los

principales opositores a esta faceta liberal de la política democrática.

El discurso liberal basado en los derechos humanos—que no ha sido popular en un

país que históricamente ha alternado entre gobiernos populistas y autoritarios—resurgió

como discurso político de oposición a la dictadura de 1976-1983. Los actores de la

sociedad civil recuperaron el discurso liberal, en particular el derecho a la vida y al debido

proceso (en este caso, contra el terrorismo de Estado, la desaparición forzada y la tortura),

junto con el reclamo por la democracia y el estado de derecho (Jelin y Hershberg 1996).

Desde la transición a la democracia, el discurso secular de los derechos se fue convirtiendo

58
en la lengua franca que utilizan diferentes, incluso opuestos, actores sociales y políticos

con el propósito de formular y justificar sus demandas e identidades.

¿Por qué hablar de derechos relativos al género, la reproducción y la sexualidad?

El progreso de los reclamos de las mujeres, los derechos en torno al género, la

reproducción y los derechos sexuales ha permitido la politización de cuestiones que

anteriormente se presentaban como algo natural y necesario y, por lo tanto, sin carga

política, y que no estaban sujetas al proceso de deliberación democrática en la toma de

decisiones. Los actores religiosos conservadores definen el género, la reproducción y la

sexualidad como algo natural y necesario, es decir, como algo que no puede ser de otra

manera. Sostienen una noción no-política o pre-política del género, la reproducción y la

sexualidad. Por el contrario, el discurso de los derechos politiza el género y las relaciones

y prácticas reproductivas y sexuales de modo tal que se ajusten a principios como la

igualdad, la libertad, la autonomía, el consentimiento y la no violencia, así como a la

justicia social, al tiempo que los considera como derechos que necesitan ser fomentados

y protegidos (Pecheny y de la Dehesa 2014). En este contexto, desde 1983, han surgido y

se han diversificado organizaciones políticas que promueven reclamos con base en el

género y la sexualidad: en la década de 1980, los movimientos de mujeres y feministas;

en la década de 1990 los movimientos de gays y lesbianas y los relacionados con el

VIH/sida; en la década de 2000, los movimientos trans e intersex; y en la década de 2010

los movimientos de trabajadoras sexuales y los movimientos contra la trata.

Basándose en la idea de que la sexualidad es una construcción social, el desafío

central para los actores seculares en este punto es lograr el reconocimiento institucional

y político de la separación entre la sexualidad y la reproducción: se considera que la

59
sexualidad es valiosa, independiente de su resultado reproductivo; es decir, los hijos/as y

familias. Y a su vez, la reproducción se reconoce como valiosa en sí misma, independiente

de la sexualidad. El proceso de separación de la sexualidad y la reproducción, el cual ha

sido cuestionado por la mayoría de los actores religiosos, es relativamente reciente. A

pesar de que el Estado carecía de políticas estables de planificación familiar hasta bien

entrados los años 2000, en Argentina la anticoncepción moderna se generalizó a partir

de la década de 1960. Entre tanto, las técnicas de fertilización asistida están disponibles

desde mediados de la década de 1980, pero con condiciones de acceso desiguales. Estas

técnicas han sido reguladas legalmente recién en los últimos años (2010 y 2013),

incluyendo el derecho universal de parejas e individuos a tener libre acceso a tratamientos

de fertilidad.

Si pensamos en términos históricos más amplios, las técnicas modernas de

anticoncepción y fertilidad son nuevas. Sin embargo, existen otras dos prácticas,

utilizadas durante siglos, que también han separado la sexualidad y la procreación: el

aborto (ya que implica la destrucción del resultado procreativo del acto sexual) y la

homosexualidad (por definición, sexo no reproductivo). Es importante destacar que el

reconocimiento del aborto y de los derechos LGBT está en el centro de la política sexual

en el nuevo milenio y en la base del período analizado en este capítulo. Pero a diferencia

de América del Norte y Europa Occidental, Argentina ha sido pionera demostrando un

progreso notable hacia el matrimonio igualitario y otros derechos LGBT, hasta ahora poco

y nada ha cambiado en el statu quo en relación con la interrupción del embarazo.

Con respecto a la diversidad sexual, en 1996, la Constitución de la Ciudad de

Buenos Aires sancionó el derecho a no ser objeto de discriminación por motivos de

60
orientación sexual y consagró el derecho a “ser diferente.” En 2002, la Ciudad de Buenos

Aires también aprobó una ley de Unión Civil. Luego de este logro en el ámbito local, los

actores LGBT se movilizaron para conseguir el reconocimiento legal de las parejas del

mismo sexo a nivel nacional. La Iglesia católica y los grupos evangélicos conservadores se

movilizaron en contra de esta iniciativa y de otras propuestas relacionadas con los

derechos de individuos y comunidades LGBT. En 2010, luego de un amplio debate

público, Argentina aprobó la ley que regula el matrimonio entre personas del mismo sexo;

ley enmarcada en los términos de los principios liberales de igualdad de derechos,

secularización, justicia social y amor romántico (Figari 2014). Durante la discusión

mencionada anteriormente, el Poder Ejecutivo mantuvo fuertes enfrentamientos con la

jerarquía católica: la presidenta Cristina Kirchner y el ex presidente Néstor Kirchner

apoyaron la reforma del matrimonio, a pesar de la oposición de la Iglesia católica dirigida

por Jorge Bergoglio, entonces arzobispo de Buenos Aires (Hiller 2010; Corrales, Crook y

Pecheny 2011), junto con las iglesias y federaciones evangélicas (Jones y Santiago Cunial

2012). En ese momento, los analistas políticos sugirieron que un respaldo a los derechos

LGBT tendría costos electorales. Pero este no fue el caso. Un año después, en la campaña

presidencial de 2011, la presidenta en ejercicio, Cristina Kirchner, invocó el matrimonio

igualitario como uno de los principales logros de su primer mandato de gobierno. Cristina

Kirchner fue reelegida con el 54% de los votos. En 2015, todos los candidatos

presidenciales expresaron su compromiso de mantener la ley.

Por el contrario, hasta ahora, en 2016, el aborto sigue siendo ilegal en Argentina.

Desde 1921, el Código Penal lo penaliza y el aborto provocado está tipificado como un

crimen pasible de prisión, a pesar de que rara vez se ha aplicado la ley. Considerado como

61
un tema relativo a los derechos de la mujer y a los derechos humanos, el aborto volvió a

ingresar en la agenda política nacional en 1994, cuando una convención discutía la

reforma de la Constitución (Bergallo 2011). El entonces presidente Menem, un

conservador que buscaba reforzar una alianza con la Iglesia católica, propuso incluir un

artículo en la Constitución en relación con la protección de la vida desde la concepción.

La resistencia de las delegadas en la Convención constituyente y la movilización de los

movimientos feministas evitaron la aprobación de dicha legislación (Pecheny 2011;

Bellucci 2014). Desde entonces, particularmente bajo los gobiernos de Cristina Kirchner,

se han presentado en el Congreso propuestas de ley para despenalizar el aborto, pero

ninguna propuesta ni siquiera se ha debatido. ¿Cuál ha sido el papel de los actores

religiosos en torno de esta cuestión? Principalmente, tanto los militantes progresistas a

favor de los derechos sexuales como los actores religiosos conservadores están de acuerdo

en algo fundamental: las cuestiones sexuales deben formularse en términos de derechos

y, como tales, implican discusiones y conflictos éticos y políticos en torno a valores en

conflicto.

La Constitución de Argentina supone la separación formal entre la Iglesia y el

Estado. La Constitución liberal de 1853 refleja las relaciones de poder de ese momento.

La libertad religiosa estimuló la inmigración desde países europeos, pero no fomentó la

igualdad religiosa. En 1994, cuando se eliminó el requisito de que el Presidente y el

Vicepresidente fueran católicos, el catolicismo dejó de ser percibido como la religión

oficial del Estado. Sin embargo, el catolicismo mantiene una posición privilegiada. Por

ejemplo, el Artículo 2 de la Constitución vigente hace referencia al apoyo del Estado al

catolicismo.

62
En algunos países, los actores religiosos tienen una influencia directa en el

electorado y orientan las prácticas cotidianas, el compromiso político y el voto de la gente.

Incluso en países que tienen una separación formal entre la religión del Estado, los

partidos políticos religiosos—o partidos con importantes conexiones con organizaciones

religiosas—pueden ser influyentes, mayoritarios o conformar alianzas mayoritarias

(como en Chile en la post-dictadura) y estas alianzas pueden ser fundamentales en el

diseño de la política nacional. Este no es el caso de Argentina. A diferencia de los

evangélicos en Brasil, por ejemplo, en Argentina no hay una influencia religiosa directa

sobre los votantes y no hay partidos políticos religiosos de importancia. No articulados en

partidos, los actores religiosos, en su mayoría católicos, persiguen dos estrategias

principales: por una parte, intervienen en los debates públicos a través de líderes

religiosos y sus aliados en el mundo académico y los medios de comunicación; por otra

parte, intentan influir en las decisiones de los miembros de los poderes legislativos y

judicial, individual y colectivamente. En este sentido, a menudo, los políticos y otras élites

creen que el apoyo religioso y de la Iglesia católica son vitales para sus carreras

personales. Este tipo de influencia religiosa es más importante a nivel del aparato

institucional que a nivel social.

Aunque el grado de secularismo en Argentina es relativamente alto, no es mucho

mayor que el de otros países latinoamericanos como Chile, Perú, Colombia y México

(Corrales, Crook y Pecheny 2011). En Argentina, el 76,5% de la población se identifica

como católica, el 9% como evangélica y un 11% como agnóstica o atea (Mallimaci

2013:189). Sin embargo, la mayoría de los católicos en Argentina no comparte los

preceptos católicos relacionados con la sexualidad, por ejemplo, aquellos que tienen que

63
ver con el divorcio, la anticoncepción, el uso del preservativo o el sexo pre-matrimonial

(190). El uso histórico y generalizado de anticonceptivos y preservativos y la práctica del

aborto (aproximadamente 460.000 por año; es decir, un aborto cada tres embarazos),

también sugieren que una gran proporción de la población no se ajusta a las normas de la

Iglesia católica sobre el ejercicio del sexo (Pantelides, Binstock y Mario 2007).

Es revelador observar la composición estructural de la vida religiosa (Mallimaci,

Esquivel y Irrazabal 2008; Vaggione 2011). La estadística clave para comprenderla no es

tanto la que señala que Argentina es predominantemente católica—que lo es—sino más

bien la que indica que la asistencia a la Iglesia es baja: sólo aproximadamente el 22% de

la población asiste semanalmente a servicios religiosos. En segundo lugar, la población

evangélica es muy pequeña (sólo el 9%, incluyendo pentecostales y protestantes

históricos). Esta es quizás la diferencia estructural más importante con otros países de

América Latina, donde la asistencia a la iglesia es mayor y el evangelismo es alto o está

creciendo. La baja asistencia a la Iglesia y, comparativamente, el bajo nivel de

evangelismo nos ayuda a entender la historia reciente en torno a la legislación sobre los

derechos sexuales, ya que subrayan el alcance del laicismo de la sociedad, así como la

relativa debilidad de las iglesias conservadoras como fuente de movilización social.

Argentina es peculiar en ambos aspectos (Corrales, Crook y Pecheny 2011).

En este contexto relativamente laico, la Iglesia católica y sus aliados se han opuesto

a cualquier medida progresista en relación al género, la sexualidad y la reproducción. Y,

la mayoría de las veces, han fracasado. En 1987 la Iglesia se opuso al divorcio, pero la ley

fue aprobada (Pecheny 2010). En las décadas de 1990 y 2000, se aprobaron leyes sobre

anticoncepción y salud reproductiva en cada una de las provincias y al nivel nacional. A

64
partir de 1994, se otorgó estatus constitucional a la Convención sobre la Eliminación de

todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).

Desde 2010, gays y lesbianas pueden casarse y adoptar niños. A partir de 2012 se han

reconocido legalmente los derechos trans. Y desde 2014 el Código Civil reformado

reconoce diferentes formas de familia y de filiación y el acceso universal a técnicas de

fertilización asistida.

Conscientes de la existencia de una cultura política cada vez más secularizada en

Argentina, así como de la hegemonía del discurso de los derechos humanos, los actores

religiosos han enfrentado las medidas adoptadas en torno a la sexualidad,

principalmente, con argumentos no religiosos: mientras que unos pocos han mencionado

la Biblia, la mayoría de las declaraciones públicas sobre el asunto ha apelado a diferentes

formas del conocimiento científico, ético y jurídico. Por ejemplo, para oponerse al aborto

los paladines católicos han recurrido al discurso del derecho a la vida mencionando en la

Convención sobre los Derechos del Niño 2 o la Convención Interamericana de Derechos

Humanos.

En cuanto a otros grupos religiosos, en las últimas décadas una creciente

proporción de la población de América Latina se identifica como evangélica,

encontrándose su base más amplia en las comunidades pobres y de clase obrera. Este

crecimiento se ha concentrado en los credos carismáticos más recientes, los cuales

adoptan posturas más conservadoras en cuestiones vinculadas a la sexualidad. Si

anteriormente, para contrarrestar la influencia de la Iglesia católica, los grupos

históricamente protestantes a menudo habían apoyado proyectos seculares, las iglesias

evangélicas contemporáneas (especialmente las pentecostales) han asumido un papel

65
más activo en la política, aunque, una vez más, esto varía según los países y las

denominaciones (Freston 2008). En Brasil, por ejemplo, las iglesias evangélicas han

organizado bloques multipartidarios. En contraste, en Argentina, sólo un par de

diputados se han identificado como evangélicos. Si bien las diferencias de denominación

han dificultado la consolidación de estos bloques, a medida que se unifican, lo hacen en

oposición a los derechos sexuales adoptando un “ecumenismo conservador” (Jones,

Azparren y Polischuk 2010).

Podríamos considerar al activismo religioso como una “politización reactiva” que

responde ante los avances obtenidos por los movimientos en favor de los derechos

sexuales (Vaggione 2011). En la medida en que los actores religiosos se ven obligados a

debatir en una esfera pública pluralista, hasta los más conservadores han adoptado un

discurso formulado en términos de derechos liberales y términos científicos, articulando

sus posiciones políticas en un lenguaje secular al que se suman críticas al

neocolonialismo. Algunos actores religiosos han afirmado que existe un movimiento

internacional encabezado por feministas que trata de imponer políticas poblacionales

neo-Malthusianas y valores culturales ajenos que incluyen una “ideología de género” y la

imposición de identidades LGBT “occidentales.” El desplazamiento de la argumentación

bíblica hacia un discurso laico refleja los cambios dentro de las propias iglesias. Como ha

sugerido Vaggione (2011), el cambio refleja un “secularismo estratégico” en tanto que los

militantes religiosos se han adaptado a las condiciones de debate dominantes con el fin

de encontrar repercusión en la opinión pública que, de otro modo, les estaría vedado.

66
El matrimonio entre personas del mismo sexo

En 2010, el Congreso argentino aprobó la ley que reformó el matrimonio; esta ley

permitió a las parejas del mismo sexo casarse y gozar exactamente de los mismos

derechos y responsabilidades que las parejas heterosexuales. Legisladores de los

diferentes partidos políticos votaron a favor de la reforma. Jorge Bergoglio manifestó

firmemente su posición en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo—y otros

actores religiosos conservadores encabezaron la resistencia—pero fracasaron. En parte,

como ha explicado Roberto Gargarella, uno de los problemas de los militantes

conservadores era que no podían mantener su oposición sin utilizar argumentos

discriminatorios (inaceptables en un régimen democrático) o argumentos religiosos

(inaceptables en un debate político secular) (Clérico y Aldao 2010). Una vez que los

activistas religiosos acordaron en que la igualdad-libertad era la base común del debate,

se les hizo muy difícil negar la igualdad ante la ley para todos los ciudadanos y ciudadanas,

independientemente de su orientación sexual.

El proceso legislativo incluyó la discusión y votación en la Cámara de Diputados en

mayo de 2010 y en el Senado en julio de 2010, en medio de un vivo debate público (Hiller

2010). El encuadre del matrimonio entre personas del mismo sexo como “matrimonio

igualitario,” como un reclamo por la igualdad, fue clave para su éxito. A diferencia del

aborto, el matrimonio igualitario adquirió legitimidad a través de una retórica que podía

vincularse con valores como la libertad y la igualdad, la justicia social y la no

discriminación, pero también con la defensa de la familia y el amor romántico (Pecheny

2014). El derecho de amar y de tener una familia han resultado ser argumentos “positivos”

poderosos que no se consideran incompatibles con la defensa de las tradiciones y las

67
instituciones. Lo que los gays y las lesbianas exigían era ser aceptados en el seno de

instituciones tradicionales como el matrimonio, el amor romántico y la familia.

En mayo de 2010, después de que los diputados votaron el proyecto de reforma de

la ley de matrimonio, el cardenal Jorge Bergoglio, entonces Presidente de la Conferencia

Episcopal Argentina, envió una carta a las monjas Carmelitas. En la carta, Bergoglio

afirmaba,

No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política, es la pretensión

destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo

el instrumento) sino de una “movida” del padre de la mentira que pretende

confundir y engañar a los hijos de Dios. [El proyecto está destinado a destruir el

plan de Dios.] Aquí también está la envida del Demonio, por la que entró el pecado

en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y

mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la tierra (2010).

La carta, ampliamente reproducida en los medios de comunicación, fue criticada incluso

por algunos actores religiosos y legisladores cercanos a la Iglesia católica.

La respuesta a la reforma de la ley de matrimonio a través del espectro del

catolicismo nacional resultó ser heterogénea. La mayoría de los voceros católicos estaban

en contra del proyecto de ley, pero algunos grupos de sacerdotes, históricamente

vinculados con los organismos de derechos humanos, lo apoyaban. Por ejemplo, el Grupo

Sacerdotal Enrique Angelelli, 3 que trabaja con sectores carenciados de la provincia de

Córdoba, publicó un documento titulado “Aporte al debate sobre modificaciones a la ley

de matrimonio civil.” Otro grupo de sacerdotes, de la Provincia de Buenos Aires, también

emitió un documento de apoyo al proyecto de ley (Blanco, Ciaramella y de la Serna 2010).

68
En ambos se proporcionan principalmente argumentos religiosos, y se afirma que la

posición oficial de la Iglesia católica no coincide necesariamente con el mensaje del

Evangelio de Jesús.

Esta pluralidad también se encontraba en el campo evangélico. En Argentina, el

campo evangélico tiene dos polos: el histórico liberacionista y el conservador bíblico

(Wynarczyk 2009). Esta escisión se corresponde con puntos de vista opuestos sobre el

matrimonio entre personas del mismo sexo. Por un lado, para los conservadores bíblicos,

principalmente Bautistas y Pentecostales, el matrimonio entre personas del mismo sexo

profundizaría el alejamiento respecto de la moral cristiana que postula una “familia

original y naturalmente constituida” (ACIERA 2011), es decir, una unión matrimonial

monógama, heterosexual y con hijos. Esto, pues, justifica el rechazo de cualquier otro

modelo de conyugalidad y de familia. Este razonamiento es cercano a la idea de la

jerarquía católica respecto de la Ley Natural y busca ser reconocido como derecho

positivo. Los conservadores bíblicos adhieren a la misión profética de “prevenir el pecado”

y “conseguir autoridad espiritual sobre las autoridades” (ACIERA 2010); es decir, actuar

como guardianes de un orden jurídico que refleje los valores cristianos. Por otro lado, las

iglesias históricas liberacionistas, como la metodista, la reformada y la luterana, apoyaron

el matrimonio entre personas del mismo sexo. Estas iglesias valoran “positivamente toda

iniciativa tendiente a reparar situaciones de injusticia y discriminación sufridas por

minorías en nuestra sociedad” (IERP e IELU 2010) y celebran esta ley porque ayuda a

preservar la libertad y la dignidad de todos los seres humanos y su convivencia en una

sociedad pluralista (IEMA 2010). Desde su punto de vista, la legislación debe basarse en

principios de no discriminación y pluralismo, en contraposición con las posiciones

religiosas “absolutas” que tratan de imponerse a la sociedad en su conjunto (IEMA 2011).

69
Así, algunas instituciones evangélicas apoyaron públicamente el matrimonio entre

personas del mismo sexo. Este apoyo inició entre los evangélicos un debate que se refleja

en documentos, actos y comunicados de prensa.

El debate público en torno al matrimonio nos permite observar articulaciones

específicas entre religión y política. De hecho, ambos campos, el católico y el evangélico,

demostraron no ser homogéneos (Jones y Vaggione 2012).

Los argumentos católicos y evangélicos se ubicaron en ambos lados del debate. Los

movimientos LGBT aprovecharon este evidente pluralismo para establecer alianzas con

dirigentes y grupos religiosos progresistas, tales como la sede local de Católicas por el

Derecho a Decidir o algunas organizaciones judías, refutando así la imagen de un frente

religioso monolíticamente hostil a los derechos sexuales. La mayoría de la población

acompañó estos cambios culturales. En junio de 2010, una encuesta señaló que el 81%—

de entre el cual un 76,7% de individuos se auto-identifica como religioso—estaba de

acuerdo con que los homosexuales y los heterosexuales debían disfrutar exactamente de

los mismos derechos (Informe Estudio Cuantitativo 2010). En relación al apoyo popular

al matrimonio entre personas del mismo sexo en las Américas, el Barómetro de las

Américas (Lodola y Corral 2010) coloca a Argentina inmediatamente después de Canadá,

con un 57,5%. Casi la misma proporción de ciudadanos no religiosos y de ciudadanos que

profesan una religión ha apoyado el matrimonio igualitario (Lodola y Corral 2010).

Es importante destacar que la división entre partidarios y detractores del

matrimonio entre personas del mismo sexo no coincide con la división entre ciudadanos

laicos y religiosos. Si bien Bergoglio y otros líderes religiosos se manifestaron

enérgicamente en contra de los derechos LGBT, el análisis también muestra de qué modo

70
el pluralismo religioso permite, en algunos casos, que la religión se convierta en una

fuerza política a favor de los derechos sexuales (Jones y Vaggione 2012; Vaggione y Jones

2015). Desde la aprobación de la reforma, ningún actor religioso o político ha intentado

anularla por razones constitucionales o políticas y el pueblo argentino acepta, en general,

cada vez más el reconocimiento jurídico de las parejas del mismo sexo y los derechos

LGBT (Pecheny 2014). Como era de esperar, durante la elección de 2015, todos los

candidatos a la presidencia expresaron su apoyo al matrimonio igualitario, incluso

aquellos que habían votado en contra de la ley en 2010, como Gabriela Michetti, la actual

vicepresidenta y miembro del partido de derecha PRO-Cambiemos.

El aborto

En Argentina, con unas pocas excepciones, el aborto está penalizado. Desde 1921,

el Artículo 86 del Código Penal considera que el aborto es ilegal y no es punible solamente

cuando se realiza para evitar un peligro para la vida o la salud de la mujer o si el embarazo

es el resultado de una “violación o de un atentado al pudor cometido sobre una mujer

idiota o demente.” 4 Sin embargo, en Argentina, cada año se realizan aproximadamente

460.000 abortos clandestinos (Pantelides, Binstock y Mario 2007). En marzo de 2012 la

Corte Suprema emitió un fallo en el que especifica que la despenalización incluye a todo

embarazo resultante de cualquier tipo de violación y rechazó la necesidad de obtener una

orden judicial para realizar el aborto en caso de violación. El fallo también indica que cada

jurisdicción debe tener un protocolo para estas situaciones (es decir, en casos de violación

o riesgo para la salud de la mujer); en estas situaciones, de acuerdo con el Código Penal,

los abortos no son punibles. Sin embargo, la mayoría de los abortos todavía se realizan de

manera clandestina y la demanda de legalización se ha convertido, en la actualidad, en el

71
tema principal de los debates sobre la política sexual en Argentina (Bergallo 2011;

Pecheny 2014). Hasta este momento, los esfuerzos para legalizar el aborto han fracasado.

Junto con el matrimonio entre personas del mismo sexo, el aborto es también un

tema clave en la política sexual de la Iglesia católica y puede que sea, simplemente, el gran

tema político clave, no solo para la Iglesia católica, sino para las instituciones y la

ciudadanía en general. La presidencia de Bergoglio de la Conferencia Episcopal Argentina

entre octubre de 2005 y octubre de 2011 coincidió con los períodos presidenciales de

Néstor y Cristina Kirchner. Durante esos años, el aborto estaba en el centro de la agenda

de los medios de comunicación y de la legislatura (Bergallo 2011) y las autoridades de la

Iglesia católica expresaban habitualmente su postura sobre el tema. En 2005, el obispo

Antonio Baseotto publicó una carta dirigida al Ministro de Salud, Ginés González García,

quien en ese momento estaba dispuesto a considerar el aborto en el marco de la salud

pública. La carta condenaba en términos bíblicos el apoyo del Ministro Salud a la

despenalización del aborto. En la carta, el obispo sugería que se arrojara a González

García al Río de la Plata, con una piedra atada al cuello. El obispo Baseotto diría después

que su comentario había sido, simplemente, una parábola.

Las declaraciones públicas contra el derecho al aborto que habitualmente realizan

la Conferencia Episcopal y algunos obispos y sus mensajes “en defensa de la vida” que

manifiestan en las ceremonias religiosas, tienen por objeto impedir la discusión de una

legislación liberal. Estas declaraciones también apuntan tanto a reafirmar la autoridad

católica en materia de sexualidad y género como a definir un modo de alinear a la

jerarquía católica con el Estado. El ala hegemónica de la Iglesia católica argentina ha sido

habitualmente un aparato romanizado antiliberal (Mallimaci 2000) que, desde mediados

72
de la década de 1980, ha disparado una andanada de ataques contra cualquier intento de

liberalización o cuestionamiento del papel naturalmente asignado a las mujeres como

protectoras de la especie y amas de casa. El primer enfrentamiento entre las autoridades

democráticas y los obispos católicos se produjo durante la discusión y aprobación del

divorcio, en 1986 y 1987 (Pecheny 2010), y continúa hasta el día de hoy en torno a temas

relacionados con la anticoncepción, la educación sexual, la fertilización asistida y el

matrimonio entre personas del mismo sexo. La Iglesia interpreta cualquier

cuestionamiento del “orden natural” como un desafío a la reproducción de la sociedad y

a su propia posición privilegiada como autoridad moral. La insistencia católica en la

unidad de la familia y su posición hostil respecto al feminismo se ha expresado con mayor

virulencia a partir los años 90 (Brown 2014). Durante esos años y la época de la

presidencia de Carlos Menem, quien propuso la inclusión del derecho a la vida desde la

concepción en la Constitución, las autoridades gubernamentales y la Iglesia católica eran,

mayormente, aliados. Pero la década de 1990 fue también el periodo en que los derechos

reproductivos se desarrollaron más rápidamente en Argentina (Petracci y Ramos 2006;

Petracci y Pecheny 2007).

Sin embargo, en la década de 2000, durante los gobiernos de Néstor y Cristina

Kirchner, la capacidad de la Iglesia católica para presionar al gobierno nacional e influir

sobre su política se debilitó. Como se discutió anteriormente, el caso del matrimonio

igualitario hizo evidente esta situación. Aunque los gobiernos de los Kirchner

promovieron los derechos sexuales y reproductivos, éstos no incluían la legalización del

aborto. Sin embargo, se habían tomado algunas decisiones al respecto en el Ministerio de

Salud. El Ministro de Salud, Ginés González García, quien ocupó el cargo entre 2003 y

73
2007, impulsó la investigación sobre la mortalidad materna en relación con el aborto y

tomó algunas medidas para enfrentar las consecuencias que los abortos clandestinos

provocaban en la salud de las mujeres. González García invitó a los ministros de salud

provinciales a firmar un Compromiso para la Reducción de la Mortalidad Materna, al

tiempo que subrayaba la necesidad de despenalizar el aborto. En 2005 apoyó

personalmente la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, e

impulsó pautas relacionadas con la atención posterior al aborto (Brown 264).

Las autoridades católicas rechazan la práctica del aborto y la idea misma de que

las mujeres puedan tener derecho al aborto. Esta posición ha sido expresada mediante

declaraciones, cartas públicas y homilías. Como han señalado Jones y Dulbecco (2014),

en las ceremonias religiosas la jerarquía católica promueve constantemente mensajes

referidos a la “defensa de la vida.” Con el tiempo, tanto la Conferencia Episcopal como

ciertos obispos han hecho declaraciones públicas en torno al aborto que han tenido

amplia cobertura mediática. En las ceremonias religiosas, la jerarquía católica y los

sacerdotes reafirman su rechazo al aborto y su posición “a favor de la vida” haciendo

referencia a historias de la Biblia y a la hagiografía católica. Las celebraciones de San

Ramón Nonato (el Día del Niño por nacer), la peregrinación masiva a Luján o la misa de

Navidad, en las que se restaura la “defensa de la vida,” apuntan a la construcción de una

cultura que entiende la defensa de la vida como un conjunto de valores, creencias y

símbolos. Estos mensajes rechazan el aborto en toda circunstancia, incluso en aquellas

excepciones reconocidas por el Código Penal, y atacan los métodos anticonceptivos que

la Iglesia considera abortivos, como la anticoncepción de emergencia. Pese a esto, en 2014

más de setenta legisladores de diferentes partidos políticos, entre ellos un gran número

74
de diputados y senadores afines al gobierno, firmaron en el Congreso un proyecto de ley

para legalizar el aborto. No obstante, Cristina Kirchner y sus dirigentes partidarios (FPV),

que contaban con mayoría legislativa en ambas cámaras, bloquearon todo intento de

debatir la despenalización del aborto, que había sido recibida pasivamente por la

oposición.

El discurso de los derechos también se ha utilizado para defender el derecho a la

vida del embrión, feto o niño no nacido. Valores como la libertad y la vida tienen un

significado especial en Argentina después de la experiencia de los desaparecidos y

torturados durante los años 70, cuando la dictadura secuestró, incluso, a cientos de bebés

(Felitti 2014). Los grupos católicos sostienen que toda la población comparte la “cultura

de la vida,” que está siendo amenazada por una “cultura de la muerte” encarnada en la

práctica del aborto. Esta cultura de la muerte comienza con actitudes modernas que

implican el debilitamiento de los valores de la comunidad y la liberalización de las normas

morales, sexuales, amorosas o eróticas. La cultura de la muerte también está impulsada

por una serie de otras causas como el individualismo, el relativismo, la inestabilidad de la

familia, de la comunidad y de las relaciones sociales. La “vida” que se defiende es una vida

extra mundana, sagrada e ideal. La vida humana existe desde la concepción hasta la

muerte natural; por lo tanto, nadie tiene derecho a afectar su curso. De acuerdo con este

punto de vista, el aborto y la eutanasia interfieren con el curso natural de la vida y son

inaceptables bajo cualquier circunstancia (Brown 285).

En tanto es un tema relevante para la agenda política del Episcopado, las

declaraciones de los católicos sobre el aborto apuntan a obstaculizar toda tentativa hacia

una mayor liberalización. Periódicamente reafirman el rechazo de la doctrina católica

75
respecto al aborto y tratan de manipular a legisladores y jueces. En este periodo los

obispos han enviado cartas a diputados y senadores, en las cuales se expresa el rechazo

de los católicos a toda legislación, política o decisión judicial que pueda liberalizar la

postura respecto de la penalización del aborto. El tono de estas declaraciones y los

contextos en las que se producen no son predominantemente religiosos. Más allá del

aborto en sí, todas estas acciones también apuntan a mantener a la Iglesia católica como

la autoridad moral del país en materia sexual y de género (Jones y Dulbecco 2014).

Al igual que en el caso del matrimonio entre personas del mismo sexo, otros actores

religiosos han manifestado su apoyo a la liberalización y su rechazo de la posición católica.

La Iglesia Metodista Argentina y la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, por ejemplo, han

fomentado el debate público sobre el estado de la cuestión del aborto (Jones, Azparren y

Cunial 2013). Las activistas de Católicas por el Derecho a Decidir forman parte de la

Campaña Nacional por el Aborto Legal (Foster y Miguens 2015), y organismos de

derechos humanos que históricamente han contado entre sus miembros a activistas

religiosos, como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), han manifestado su

apoyo a la reforma jurídica.

A pesar de todos los avances en materia de derechos sexuales de las últimas

décadas, el aborto aún sigue siendo un tema pendiente en Argentina. Una de las

explicaciones posibles remite a las desigualdades de género presentes y a la condición

subordinada de la mujer en la sociedad y la política (Bergallo 2011). En cuanto a la

movilización política, los movimientos feministas no han sido capaces de realizar una

acción conjunta y efectuar alianzas más amplias, incluso con actores religiosos

potencialmente afines. En términos de retórica, el aborto sigue siendo considerado un

76
“mal menor,” incluso por la mayoría de la ciudadanía laica. A pesar de una larga historia

de luchas políticas y disputas, a diferencia del matrimonio entre personas del mismo sexo,

el derecho al aborto no ha sido efectivamente incorporado en un discurso positivo sobre

los derechos, como sí ha sido la defensa de la dignidad de las mujeres, de las familias y de

la vida (Pecheny 2011). Por el contrario, la defensa de la vida, tanto sagrada como laica,

sigue desempeñando un papel importante para impedir la plena legitimidad del derecho

a interrumpir un embarazo. El matrimonio igualitario obtuvo legitimidad a través de su

asociación con valores “positivos,” incluidos el amor romántico y la protección de la

familia y los hijos y mediante valores liberales como la libertad y la igualdad. La

promoción de una “cultura de la vida” sigue siendo un instrumento privilegiado de la

Iglesia católica para legitimar su rechazo al aborto como una fuente potencial de

identificación: “Públicamente, es imposible contravenir el discurso de la vida” (Brown

286). La cultura de la vida concibe a la vida como un valor sagrado y no político. Esta

visión sagrada y absoluta de la vida, religiosa, pero también laica, ha impedido hasta

ahora cualquier intento liberal de relativizar los derechos que están involucrados en la

interrupción de un embarazo (Pecheny 2011).

Los esfuerzos de la jerarquía católica contra el derecho al aborto no sólo apuntan

a negar a las mujeres el derecho a elegir. También se trata del papel político de la Iglesia

como un actor con autoridad sobre diferentes temas—incluyendo la sexualidad y la

reproducción. El desempeño de ese papel le permite, al mismo tiempo, probar y confirmar

su influencia en los poderes del Estado. Que la penalización del aborto no se haya

modificado desde hace casi un siglo es un buen indicador de que, en este tema, la jerarquía

de la Iglesia católica no ha sufrido un serio revés, a pesar de los avances en otros frentes

77
respecto del género, la sexualidad y la reproducción. En este sentido, el aborto podría ser

“la madre de todas las batallas” en términos de la política sexual.

Durante los primeros años de Francisco como Papa, la demanda de legalización

del aborto se mantuvo como la exigencia central de los movimientos feministas en

Argentina. El proyecto de ley de aborto elaborado por la Campaña Nacional por el Aborto

Legal, Seguro y Gratuito fue enviado nuevamente a la Cámara de Diputados en abril de

2014. Sin embargo, el aborto fue excluido del proyecto de reforma del Código Penal y hubo

serios contratiempos en el proyecto de reforma del Código Civil con respecto al tema del

aborto. En diciembre de 2015 el presidente electo de centro derecha, Mauricio Macri, al

igual que lo había hecho Cristina Kirchner antes que él, declaró que su gobierno no

promovería reformas en relación con el aborto, pero permitiría libertad de acción en el

Congreso.

Conclusión: Post-neoliberalismo, política sexual y actores religiosos

En esta última sección, ofrecemos un recuento del papel de los actores religiosos

con respecto a la política sexual en el contexto post-neoliberal en Argentina. El post-

neoliberalismo, como fenómeno político, integra elementos del liberalismo (es decir, el

liberalismo político y el reconocimiento de los derechos individuales y la autonomía), del

neoliberalismo (es decir, la nueva ola de liberalismo económico, la hegemonía de criterios

instrumentales de rentabilidad y la tecnocracia y las políticas orientadas al mercado) y del

“post-neoliberalismo” (es decir, las respuestas políticas a las consecuencias negativas de

las políticas neoliberales y un resurgimiento de las identidades y las políticas culturales

populistas o de izquierda). Esquemáticamente, el liberalismo en Argentina coincide con

los años 80, la primera década de la transición a la democracia; el neoliberalismo coincide

78
con la década de 1990 y el período posterior a la crisis de la deuda; y el post-

neoliberalismo coincide con la década de 2000. En cada una de estas décadas se han

producido avances en materia de derechos sexuales.

En la década de 1980, durante un período de liberalismo y un contexto

democrático favorable a la promoción de la autonomía individual, la no discriminación y

el pluralismo, los actores religiosos conservadores desempeñaron el rol de “guardianes de

la moral” del orden social. Después de la dictadura, los actores de la sociedad civil se

apropiaron del discurso de los derechos para politizar la sexualidad y las relaciones

interpersonales. El discurso de la liberación sexual de los años 70 reapareció en la década

de 1980, pero transformado en el discurso liberal de la reivindicación de derechos bajo la

forma de derecho positivo y de políticas públicas favorables en esta materia. Durante la

primera década de la transición democrática, los derechos de igualdad de género, la

reparación de las desigualdades civiles entre mujeres y hombres, y la actualización de las

leyes de familia, fueron una prioridad para el gobierno y el Congreso. Entre estos temas,

el reconocimiento del divorcio fue, quizás, lo más significativo.

La legitimidad de la jerarquía de la Iglesia católica como autoridad moral se

debilitó en esos primeros años de democracia como consecuencia de lo que se percibía

como su colaboración con la dictadura. A diferencia del periodo post-dictatorial en Chile,

esta situación ayudó a crear un ambiente favorable para los avances en materia de género

y derechos sexuales. En la década de 1990, en el contexto del neoliberalismo y sus

justificaciones impersonales de la política, los actores religiosos desempeñaron un

interesante papel: intentaron mantener viva la idea de que hay una ética implícita en cada

79
acto político. Las exigencias del mercado o de la economía, las necesidades demográficas

o epidemiológicas no pueden legitimar políticas que sean éticamente inaceptables.

Este razonamiento sirve a dos propósitos diferentes. Por un lado, en Argentina y

otros países de América Latina, la Iglesia católica hacía un llamado ético sobre de la

pobreza y la desigualdad como consecuencias de un ajuste estructural. Por otro lado, la

promoción del uso del preservativo para prevenir la transmisión del VIH/sida, una

medida técnica, era criticada como inmoral porque, de acuerdo con la Iglesia católica,

promovería la promiscuidad sexual. Una vez más, esto es, principalmente, una crítica de

naturaleza moral. 5 Paradójicamente, el período neoliberal favoreció los derechos sexuales

y de género debido a algunos “imperativos de salud,” relacionados con la salud

reproductiva o con la epidemia del VIH/sida, y con la hegemonía de políticas sociales

“focalizadas” que permitieron un amplio reconocimiento de sujetos y de derechos

sexuales.

Después de 2003 y durante la era post-neoliberal, el papel de los actores religiosos

se ha vuelto más ambivalente. Por un lado, la visión política de los actores religiosos, entre

ellos los “católicos populares,” ha sido coherente con la revalorización de lo político como

algo colectivo, comprometido con la identidad nacional-popular, y que critica los efectos

negativos de las políticas neoliberales. Por otro lado, los actores religiosos han

desempeñado un papel importante denunciando la corrupción y organizando la oposición

a los gobiernos post-neoliberales. Una revalorización post-neoliberal de los “actores

populares” también redefinió la política sexual: las mujeres y los ciudadanos LGBT se han

convertido en parte de la categoría de “pueblo,” cuya opresión el movimiento populista

intenta combatir. Durante el período aquí considerado, de 2003 a 2015, muchos

80
militantes feministas y LGBT se convirtieron en parte de las redes de diseño de políticas

e, incluso, fueron cooptados por el gobierno.

Los 12 años de las presidencias de Néstor y Cristina Kirchner han sido definidos,

tal vez con optimismo, como “post-neoliberales,” y no sólo porque este período haya

seguido a la “década neoliberal.” Conceptualmente, podemos definir a este período como

“post-neoliberal” en tres sentidos diferentes del término: post-neoliberalismo, post-

neoliberalismo y post-neoliberalismo. Los componentes del término, que pudieran, en

teoría, ser contradictorios, se articulan de manera más coherente en la práctica. Las

características sociopolíticas atribuidas al prefijo neo en relación con el neoliberalismo

aún funcionan bajo el post-neoliberalismo. Desde la década de 1980, las transformaciones

estructurales provocadas por el neoliberalismo dieron origen a regímenes políticos y

culturas neoliberales que surgieron en un contexto de instituciones estatales y economías

neoliberales; los argentinos, hoy en día, aún viven en estos regímenes políticos y

culturales neoliberales. En octubre de 2015, la victoria de la coalición de derecha

Cambiemos y las primeras medidas del presidente Macri han confirmado que el

neoliberalismo no está muerto en Argentina.

El neoliberalismo se define por una comprensión instrumental de la política:

lógicas económicas; ajuste estructural y desmantelamiento del Estado; priorización de la

rentabilidad costo-eficacia; concepción del orden social como un orden autorregulado, un

orden natural; políticas fundadas en un discurso de “evidencia” positivista; segmentación

y especialización de las políticas y de la política; ONGización y profesionalización de los

movimientos sociales; una ideología del fin-de-las-ideologías, fomento de la tecnocracia

y otras lógicas. Si bien algunas de estas características no pertenecen exclusivamente al

81
neoliberalismo, una de las características principales del neoliberalismo es la explícita

despolitización de la política. En este sentido, la política centrada en el Estado en América

Latina ha sido atacada gravemente. La salud pública, la promoción de la educación y del

bienestar social y las universidades con financiamiento estatal, han sufrido la

implementación de procesos de descentralización y privatización. Incluso si debido a la

movilización popular y a la resistencia colectiva no siempre se han logrado estos objetivos,

los lazos y las redes sociales, especialmente entre los pobres, se han debilitado o destruido.

Sin embargo, a pesar de la crisis de la deuda y las políticas de ajuste estructural,

Argentina ha logrado avances importantes en términos de género y de derechos sexuales

y reproductivos. Desde la década de 1990, en respuesta a las fuertes movilizaciones

sociales de organizaciones de homosexuales y de activistas a favor de las campañas contra

el VIH/sida y debido a la legislación y a un sistema de salud que garantiza el acceso

universal a la atención sanitaria, Argentina ofrece acceso universal al tratamiento

antirretroviral para pacientes VIH positivos y ha producido reformas jurídicas

progresistas en torno a la salud reproductiva, el género y la sexualidad, incluyendo algún

tipo de reconocimiento de los derechos LGBT, como aquí se ha descrito.

Para concluir nuestra discusión, nos gustaría señalar que los derechos sexuales han

avanzado rápida y sostenidamente en Argentina durante las tres primeras décadas de la

democracia: en la década liberal, en la neoliberal y en la década posterior a la neoliberal.

En cuanto al periodo 2003-2015, los avances en las políticas en torno al género, la

reproducción y la sexualidad podrían explicarse por los tres “componentes” del post-

neoliberalismo.

82
El componente neo hace referencia a lógicas económicas, a la rentabilidad y al

discurso de modernización. Las políticas neoliberales tienden a resolver la crisis fiscal del

Estado y disciplinar a los actores sociales. Los avances en la anticoncepción, la salud

reproductiva y los derechos sexuales, en particular en el contexto del VIH/sida, han sido

muy compatibles con políticas sociales focalizadas y con procesos de ONGización. El

VIH/sida, la salud reproductiva (o planificación familiar) e incluso la desnutrición, han

proporcionado un discurso médico impersonal que sirve como base para la legitimación

de leyes y políticas que también podrían enmarcarse como cuestiones de derechos

sexuales. En otras palabras, los avances en los derechos de las personas LGBT se

consiguieron gracias a la epidemia del VIH/sida y el progreso en los derechos de la mujer

se logró gracias a los índices de mortalidad materna o de embarazos no deseados. Los

gobiernos neoliberales y las instituciones globales son más proclives a aceptar

argumentos elaborados en términos de “salud,” típicamente impersonales y apolíticos,

que argumentos estructurados en términos de derechos sexuales y justicia social.

Algunos avances han sido fundamentales para los neoliberales: estos avances han

permitido la reducción de costos, la homogeneización de las poblaciones y el control de

los actores sociales potencialmente radicales. Las medidas han sido presentadas de una

manera moderada y traducidas en leyes y políticas decisivas. La aplicación de tales

reformas jurídicas y políticas también ha fomentado las ganancias del sector privado: las

empresas farmacéuticas y los proveedores de salud privados y públicos, ganan más dinero

si más gente tiene acceso a medicamentos y tratamiento. Los avances en torno al género

y a los derechos sexuales facilitan una imagen propia compatible con la de una sociedad

moderna, con políticos modernos y con un sistema político moderno. Las clases medias

83
ilustradas que apoyan los valores individuales de libertad sexual, divorcio, educación

sexual e, incluso, el matrimonio igualitario, encuentran en estas medidas legislativas

algún tipo de compensación para lo que ocurre, simultáneamente, con las políticas

económicas injustas y los ataques a los derechos sociales. Las élites políticas y legislativas

han utilizado las leyes “modernas” y las políticas en torno al género y la sexualidad para

demostrar que son “modernos,” “primer mundo” y “no conservadores.” De esta manera,

la política neoliberal es consecuente con el hecho de que la población acceda a los

derechos a través del mercado (es decir, prácticas de ciudadanía de consumidores) y no

es incompatible con el avance de los derechos sexuales. Este fenómeno es, tal vez,

paradójico, pero no es contradictorio.

Un segundo componente es el aspecto liberal del neoliberalismo y post-

neoliberalismo. Este componente liberal hace referencia al discurso de los derechos

personales, la autonomía, la igualdad y la libertad. Después del período 1976-1983, el

discurso de los derechos humanos se convirtió en una lengua franca, un marco universal

de reivindicaciones políticas y jurídicas en Argentina y otros países de América Latina. El

discurso de los derechos humanos ha permitido, en toda la región, la constitución de una

agenda de justicia social y de justicia sexual y, también, la formación de sujetos sexuales

y movimientos sociales en torno al género y la sexualidad. Estos procesos están bien

documentados. El discurso liberal fundado en los derechos ha predominado, sin

interrupciones, desde la década de 1980: durante la “etapa de la esperanza” de las

primeras transiciones democráticas (los años 80), el clímax neoliberal (los años 90), el

período de crisis del neoliberalismo (2001, 2002...) y en el período post-neoliberal actual

(la última década, aproximadamente).

84
Desde la transición a la democracia, los diferentes actores sociales y políticos han

utilizado el discurso de los derechos para dar marco a sus reivindicaciones e identidades.

Las demandas por los derechos de las mujeres y los derechos en relación al género, la

reproducción y la sexualidad han permitido la politización de los asuntos religiosos

construidos como naturales y necesarios; dichos reclamos son, a la vez, demostración

concreta de los principios de igualdad, libertad, autonomía, no violencia y de justicia

social y erótica (Pecheny y de la Dehesa 2009, 2012). En contraposición, si la sexualidad

y el género son contingencias (es decir, que se construyen social y culturalmente),

entonces, los actores religiosos conservadores consideran que el orden social

heteronormativo está siendo atacado. 6

La sexualidad y el género, junto con la adopción de valores liberales, han sido

temas importantes de la modernización en Argentina. Cada disputa señala las diferencias

entre los valores tradicionales y los valores modernos. El sexo y la expresión de género se

organizan en sistemas múltiples, con diferencias que se manifiestan en la clase, la etnia,

la raza y las zonas geográficas. Las prácticas sexuales simbólicas y políticas habitualmente

se asocian con los proyectos de la modernidad, proyectos que involucran cuestiones como

la secularización, la democracia y el desarrollo económico. Por ejemplo, persiste una

ideología modernizadora, típica de las clases medias, que se asocia con modelos de género

y de sexualidad más flexibles. Los sectores de las clases medias urbanas han construido

una imagen “moderna” de sí mismos. Esta imagen moderna involucra estilos de vida

sexual. Los “efectos de demostración,” relacionados con los modelos de consumo de las

clases medias céntricas que luego se adoptan en la periferia, se pueden encontrar en la

tendencia de las clases medias y otras clases en Argentina de copiar, adaptar o traducir

85
modos de ser sexualmente, prácticas sexuales y de género, e identidades, como la “mujer

liberada” o “gay.” La asociación de “ser moderno” con “ser sexualmente liberal” ha

contribuido, por ejemplo, a otorgar legitimidad a las uniones y matrimonios entre

personas del mismo sexo en la sociedad y entre los legisladores, en tanto que dicha

asociación ha sido criticada por los actores conservadores religiosos y no religiosos.

Por último, podemos considerar el tercer componente: post. Este momento post-

neoliberal es, al mismo tiempo, un renacimiento de los discursos populistas y de izquierda

del pasado. Este periodo ha sido designado tanto “post-neoliberal” como “neopopulista.”

Entre los investigadores contemporáneos circulan varias articulaciones diferentes de esta

dinámica: las disputas sobre los significados del populismo y de la izquierda son, de

hecho, parte de la política de América Latina.

No entendemos al kirchnerismo como un resurgimiento de “el pueblo” (pueblo-

uno), como cristalizó en un conjunto de experiencias de dominación o intereses

determinados en el mundo de la producción; el kirchnerismo tampoco se estructura

mediante un dispositivo institucional, con base en los sindicatos, corporativo, como en la

tradición del peronismo. En cambio, la “unidad del pueblo,” en oposición a las clases

poderosas o dominantes, se basa en el reconocimiento de un conjunto de derechos

fundamentales y en un proyecto de igualdad e integración que se articulan en la

pertenencia a una comunidad popular al tiempo que afirman la singularidad de las

experiencias y los derechos individuales y colectivos. Esto no es, entonces, un tipo

tradicional de populismo.

Aunque las estructuras neoliberales todavía se mantienen, la calificación post es,

de hecho, apropiada. En la Argentina de los Kirchner hemos asistido a una repolitización

86
de la política, a una repolitización de la retórica, la legitimidad, las identidades y la

movilización social. El discurso de los derechos humanos se ha vuelto a radicalizar,

animado por una nueva etapa de las políticas de la memoria y la justicia. Hemos visto un

renacimiento del discurso de la justicia social, con campañas a favor de los derechos de

género y los derechos sexuales que replantean sus reclamos en nombre de la igualdad, la

democracia y con enfoques intersectoriales. Todos estos procesos se han producido

dentro de las provincias, partidos políticos e instituciones públicas que han tomado forma

durante dos o tres décadas de hegemonía neoliberal. Es en este contexto de políticas post-

neoliberales que Argentina votó, en 2010, a favor del matrimonio igualitario; y votó con

argumentos populistas, liberales, neoliberales y post-neoliberales, todos, en conjunto,

contribuyendo al éxito de la propuesta. Históricamente, las elites liberales, neoliberales y

post-neoliberales han adoptado la narrativa teleológica del progreso y la modernización

como justificación de sus proyectos económicos y políticos. Con respecto a la política

sexual, las construcciones de modelos de género y sexualidad articulados en discursos

sobre la nación, la clase, la etnia y la raza, han sido siempre parte de estos proyectos

diversos: todos ellos enmarcan la política sexual en términos binarios, es decir, en

términos de pasado-presente.

En este marco, las leyes de matrimonio igualitario e identidad de género (o la ley

de muerte digna) proporcionan al kirchnerismo un carácter modernizador que le ha

permitido articular un mayor conjunto de demandas liberales alineando a los sectores

urbanos y de clase media “progresistas” con la clase obrera, la clase popular. Al mismo

tiempo, la resistencia de Cristina Kirchner a la liberalización del aborto es considerada

por los movimientos feministas como una evidencia de sus límites como “liberal,”

87
reformista o demócrata. Estos sectores urbanos y de clase media progresistas

normalmente suelen ser activos en la formación de la opinión pública y en el

establecimiento de una agenda. El kirchnerismo se ha revelado como una experiencia

populista mucho más flexible y menos agresiva que el peronismo clásico o el chavismo.

Este componente liberal, con la política sexual como un elemento clave, ha permitido a

los Kirchner construir una coalición más amplia y plural con sectores que, de otro modo,

hubieran sido excluidos.

En este capítulo se ha explorado de qué modo los debates políticos y la legislación

en torno al género y la identidad y los derechos sexuales han creado, hoy, en Argentina,

un contexto paradójico. En relación con la política sexual, hay un último tema en el que

los actores religiosos se han involucrado: el trabajo sexual y la trata. A partir de la década

pasada, cuando el tema de la trata entró en la agenda de los medios de comunicación y de

la política, el debate público en torno a la situación del trabajo sexual se ha vuelto muy

polarizado en Argentina y en otros lugares. Dos posturas caracterizan el campo: la

abolicionista, que condena cualquier forma de comercio sexual como una forma de

violencia; y quienes intentan cambiar las condiciones de comercio sexual “autónomo” a

través del reconocimiento del trabajo sexual y de organizaciones de trabajadores sexuales.

En este contexto, la postura abolicionista atrae a los actores que históricamente se han

opuesto: feministas radicales, funcionarios estatales, legisladores progresistas y actores

religiosos, incluyendo la jerarquía de la Iglesia católica y el Papa Francisco. Este estado

de cosas ha llevado al siguiente conjunto de alianzas: el Estado y la mayoría de la clase

política son aliados de los activistas en materia de sexualidad y género en relación con

temas LGBT, y están en contra de los principales actores religiosos; el Estado y la mayoría

88
de la clase política son aliados de los principales actores religiosos, en contra de activistas

en materia de sexualidad y género, con respecto al aborto; y el Estado, la mayor parte de

la clase política, los principales actores religiosos y algunos militantes en temas de

sexualidad y género son aliados y cierran filas frente a la mayoría de la militancia sexual

en relación con la difícil situación de los trabajadores sexuales.

89
Capítulo 4

La cruzada contra el matrimonio entre personas del

mismo sexo en Colombia

Mauricio Albarracín y Julieta Lemaitre Ripoll

90
San Estanislao de Kotska

San Estanislao de Kostka, con aproximadamente 18.000 habitantes, está situado

a una hora de distancia de la ciudad de Cartagena, al norte de Colombia.1 Es tan pequeño

que los lugareños a menudo se refieren a él como Arenal del Norte, para ubicarlo en

relación al municipio vecino más grande, Arenal, apenas un poco más grande, en lugar

de utilizar su nombre real. Como Arenal, San Estanislao se encuentra en la margen norte

de las extensas zonas inundables del norte de Colombia, donde terminan los Montes de

María y donde el río Magdalena y sus afluentes desbordan periódicamente durante la

estación de lluvias y que, al retirarse, revelan fértiles tierras bajas que, en los últimos

cien años, han sido objeto de agrias disputas de propiedad.

En este pequeño municipio, el juez Carlos González casó durante dos años parejas

del mismo sexo que viajan a San Estanislao para este fin. Durante este tiempo fue uno

de los pocos jueces en Colombia que se atrevía a hacerlo, como solitaria resistencia a una

de las instituciones públicas más poderosas de Colombia: la Procuraduría General de la

Nación. Fue un periodo en el cual el matrimonio de parejas del mismo sexo estaba en un

limbo jurídico, pues la Corte Constitucional había dicho que era inconstitucional

excluirlas de los beneficios del matrimonio, pero había dicho además que sólo el Congreso

era competente para regular el matrimonio (Sentencia C-577 de 2011). En 2013, al

vencerse el plazo que la Corte dio al Congreso, empezó un periodo en el cual lo único que

detenía a los notarios y jueces que quisieran efectuar estos matrimonios era la amenaza

de la investigación y otros ataques jurídicos por parte de la Procuraduría.

La Procuraduría General de la Nación tiene la obligación constitucional de

garantizar que los funcionarios públicos cumplan con sus deberes legales y

91
constitucionales, y para ello tiene funciones disciplinarias. Con sede en Bogotá, la

Procuraduría cuenta con más de 4.000 empleados distribuidos por todo el territorio.2 Su

titular entre 2009 y 2016, Alejandro Ordoñez, utilizó la Procuraduría para procesar a los

funcionarios públicos que implementaran políticas que, aunque no siempre ilegales, son

contrarias a una interpretación conservadora de la Constitución.3 Esta persecución

alcanzó a exmiembros de movimientos guerrilleros y presuntos simpatizantes de la

guerrilla, incluyendo un alcalde y una senadora, así como a feministas y funcionarios

públicos que abogaron en favor de los derechos de los homosexuales. Y en particular,

desde que los activistas en favor de derechos de los homosexuales comenzaron a ganar

casos judiciales, Ordóñez encabezó un ataque legal y moral de amplio alcance sobre los

derechos de las parejas del mismo sexo. Este ataque incluyó la adopción de medidas

disciplinarias contra funcionarios públicos que, como el juez de San Estanislao, Carlos

González, entienden que el derecho constitucional permite el matrimonio entre personas

del mismo sexo.

La ubicación de Carlos González en San Estanislao es significativa para

comprender la marginación de las parejas de mismo sexo en un contexto de persecución.

El pequeño pueblo está bajo la jurisdicción de Cartagena a un par de horas de distancia

en carro, pero a un mundo de distancia cultural de esta cosmopolita capital regional. A

diferencia de Cartagena, San Estanislao siempre ha estado asociado a la cultura

campesina del río Magdalena y el sistema de lagunas, tributarios y humedales que

conforman el ecosistema del Magdalena en el norte del país. El pueblo está

estratégicamente situado en el camino que va de las zonas inundables del interior de

Bolívar y Sucre hacia la costa Caribe, y a orillas del Canal del Dique, un canal artificial

92
construido por la corona española para unir pantanos y lagos. El pueblo, nombrado por

los jesuitas San Estanislao de Kotska en honor del mártir polaco, prosperó hacia finales

del siglo XIX y principios del XX cuando estaba en el camino de las vías del ferrocarril4 y

atrajo un notable flujo de inmigrantes de Siria y el Líbano que huían del caos provocado

por la caída del Imperio Otomano. Sin embargo, la disminución de los viajes en

ferrocarril y el aumento de carreteras que pasaban por pueblo condenaron y frenaron el

crecimiento del pueblo. Cuando el ferrocarril fue eliminado en 1951, los comerciantes se

fueron paulatinamente, y San Estanislao se redujo en población y vitalidad, dependiendo

cada vez más de la economía de Cartagena. Por décadas ha subsistido en un olvido

tranquilo, inadvertido por la prensa local, salvo los años que se inunda durante la época

de lluvias, y en 2003, cuando la prensa regional mencionó brevemente una masacre en

una zona rural del municipio durante la expansión paramilitar en el norte de Colombia.5

Hoy en día, el pueblo es descrito por todos como tranquilo: otras palabras usadas

frecuentemente para describirlo son polvoriento y olvidado. Por eso, cuando el alcalde

de San Estanislao supo que el juez local, Carlos González, había decidido casar a parejas

del mismo sexo, su primera reacción fue de entusiasmo. Ese día irrumpió en la oficina

del juez, habitación grande compartida con dos asistentes, y exclamó “¡Te felicito! ¡Por

fin saldrá San Estanislao en el mapa!”

El juez promiscuo municipal de San Estanislao de Kotska

Carlos González había sido nombrado recientemente como el juez promiscuo

municipal de San Estanislao; esto significa que estaba a cargo de todos los casos:

penales, civiles y laborales. Era un puesto ganado en el concurso regional para nuevos

jueces, en virtud de su alta calificación en las pruebas judiciales. Para Carlos, significó

93
un salto enorme pasar de asistente de un tribunal en Cartagena a presidir su propio

juzgado. En el sistema colombiano, esto también significaba que había empezado el

lento ascenso en la escala judicial, lo que eventualmente podría llevarlo incluso a la Corte

Suprema.

Carlos soñaba con ascender en el escalafón y ser juez en lugar de asistente

judicial; ganar el concurso para juez de la ciudad fue un alivio, y estaba feliz de alejarse

del circuito de Cartagena y ser el único juez en un pueblo. Poco después de llegar a su

pequeño despacho, su entusiasmo fue puesto a prueba: no le llevó mucho tiempo revisar

los casos del juzgado, organizar archivos y darse cuenta de que la mayor parte de su

tiempo la pasaría esperando. Sus días pasaban charlando con sus dos asistentes, que

eran ampliamente versadas en los rumores locales, y alimentando sus redes sociales de

las cuales hacen parte un pequeño grupo de amigos jueces y personal judicial

progresista. San Estanislao parecía cumplir la promesa del estereotipo del pueblo chico

donde no pasa nada.

A principios de octubre de 2013, Carlos leyó en las noticias que el Procurador

General estaba acosando a los jueces que intentaban casar a parejas del mismo sexo.

Supo de una protesta en la ciudad andina de Gachetá cuando la gente del pueblo se

enteró de que el juez local casaba a parejas del mismo sexo.8 Carlos había leído el fallo

de la Corte Constitucional y estaba convencido de que la Corte tenía razón al insistir que

en el principio democrático no permitía que los homosexuales fueran relegados a la

categoría de ciudadanos de segunda clase y que, por lo tanto, también tenían derecho a

formar una familia y obtener el reconocimiento legal de esa familia. Carlos también

estaba convencido de que una interpretación de sentido común que se tomara en serio

94
los derechos tenía que aceptar el matrimonio entre personas del mismo sexo, incluso sin

una ley específica que lo regulara, y que una vez pasado el término que tenía el Congreso

para regular el tema, los jueces podrían casar parejas del mismo sexo por el mismo

procedimiento utilizado para los heterosexuales. Escribió en sus redes sociales que él sí

estaría dispuesto a realizar estos matrimonios, noticia que a pesar del reducido grupo

de seguidores, llegaría a las parejas que querían casarse. Su corazón latía de emoción al

escribir sus convicciones, pero sus amigos se mostraron escépticos: podrías perder tu

trabajo, le advirtieron. El Procurador General se te echará encima.

Antecedentes: el matrimonio entre personas del mismo sexo en Colombia

Como se ha explicado, fue en 2011, con la sentencia C-577, que la Corte

Constitucional colombiana declaró que es inconstitucional la exclusión de parejas del

mismo sexo de los beneficios del matrimonio legal, y solicitó al Congreso que aprobara

una ley que regulara las uniones del mismo sexo. La decisión dejó abierta la posibilidad

de que los funcionarios públicos que tenían el poder de casar a los ciudadanos (jueces y

notarios públicos) casaran parejas del mismo sexo mientras no existiera dicha ley. La

decisión reconoció, por primera vez, que las parejas del mismo sexo eran familias,

modificando el precedente que establecía que el único tipo de familia que tenía

protección constitucional era la familia de las parejas heterosexuales. Asimismo, la Corte

determinó que era inconstitucional la ausencia de un mecanismo legal para las familias

del mismo sexo, específicamente un contrato aprobado legalmente. Sin embargo, la

Corte también decidió que, por respeto al principio democrático de la separación de

poderes, era el Congreso y no ella quien debía elaborar ese contrato, fuera este un

contrato matrimonial o de otro tipo.

95
La Corte puso el 20 de junio de 2013 como plazo para que el Congreso creara esta

ley y advirtió que, si para tal fecha la ley no había sido aprobada, las parejas del mismo

sexo podrían, entonces, recurrir a jueces y notarios públicos para “solemnizar y

formalizar su vínculo contractual.” Y aunque la Corte no utilizó la palabra matrimonio,

el lenguaje utilizado—especialmente la referencia a un contrato solemne que se

formaliza ante un juez o un notario público—es coherente con el lenguaje sobre el

matrimonio en el Código Civil.

Esta decisión abrió el camino para que las partes interesadas presionaran al

Congreso. Congresistas de distintas bancadas presentaron cuatro proyectos diferentes

para la regulación de las familias del mismo sexo; dos de ellos proponían el matrimonio,

y dos abogaban por contratos de otro nombre con derechos similares. La intensa presión

de las organizaciones de defensa de los derechos de la población LGBT se centró en dos

objetivos: el primero era evitar la aprobación de todo régimen de unión civil que fuera

discriminatorio, y el segundo era promover el derecho al matrimonio para parejas del

mismo sexo. Las organizaciones conservadoras y el Procurador General, por su parte,

también presionaron al Congreso, pero se centraron en impedir la aprobación de todo

proyecto de ley y no en proponer uno distinto.

El 24 de abril de 2013 hubo una manifestación frente a la sede del Congreso, con

activistas LGBT en un costado de la Plaza de Bolívar y militantes conservadores en el

otro. Los manifestantes esperaban que el Congreso votara la última ley de matrimonio

homosexual que quedaba en pie en el proceso legislativo, es decir, la última oportunidad

para un contrato que regulara las uniones de parejas del mismo sexo, como lo había

ordenado la Corte. Mientras que una de las partes desplegaba banderas con los colores

96
del arcoíris y un gran cartel exigiendo “¡matrimonio igualitario YA!,” la otra parte

portaba pancartas con la frase de la Constitución que define el matrimonio como entre

un hombre y una mujer. Una bandera gigante con los colores del arcoíris dividía ambos

grupos y la plaza. Mientras los activistas gays vestidos de forma festiva tocaban música,

se besaban y cantaban de forma desordenada y espontánea, los activistas conservadores

se mantenían juntos, en orden bajo una única consigna: un hombre más una mujer es

igual a matrimonio.9 Al final, en el Congreso la votación se decidió a favor de los

conservadores con 51 votos contra 17, derrotando el último proyecto de matrimonio

igualitario dentro del plazo otorgado por la Corte al Congreso.

Fracasada la vía legislativa, los activistas regresaron a la Corte Constitucional. La

decisión de 2011 había advertido que si el Congreso no regulaba las uniones

matrimoniales entre personas del mismo sexo en un plazo de dos años las parejas

homosexuales podrían formalizar sus uniones como “contratos solemnes y formales”

ante jueces y notarios públicos. Dentro de la estrategia para lograr una nueva

intervención de la Corte Constitucional, Colombia Diversa, la principal organización en

favor de los derechos para la comunidad LGBT, decidió promover solicitudes de

matrimonio de parejas del mismo sexo ante los jueces y adelantar campañas que

fortalecieran la legitimidad de estos matrimonios.10

Al mismo tiempo, el Procurador General redobló sus esfuerzos para impedir todo

matrimonio entre parejas del mismo sexo. En primer lugar, insistió en que la decisión

de 2011 no podía aplicarse sin un nuevo fallo de la Corte y que, mientras esa segunda

decisión estuviera pendiente, los jueces y notarios públicos que oficiaran matrimonios

entre parejas del mismo sexo estaban, de hecho, violando la ley. También amenazó

97
públicamente con tomar medidas disciplinarias contra quienes lo hicieran y pidió a las

procuradurías regionales que monitorearan las solicitudes de licencia de matrimonio a

toda pareja del mismo sexo ante cualquier juez o notario público. Por último, ordenó a

sus delegados en los tribunales civiles que se opusieran formalmente a toda solicitud de

licencia de matrimonio de parejas del mismo sexo. Los notarios públicos, a través de su

asociación profesional, el Colegio de Notarios Públicos, decidieron que no inscribirían

matrimonios sino “uniones solemnes” para parejas del mismo sexo bajo un tipo de

contrato con derechos matrimoniales reducidos. Esto dejó a los jueces como la última

frontera para presentar solicitudes de matrimonio entre personas del mismo sexo y

preparó el escenario para una virulenta batalla legal mientras la Corte Constitucional

permanecía muda.

Los activistas LGBT pronto sintieron el poder del Procurador General. En junio

de 2013, varias parejas del mismo sexo solicitaron licencias de matrimonio ante jueces

en todo el país. En Bogotá, cada una de estas solicitudes fue objetada por representantes

del Procurador General11 y la intensidad de la estrategia de litigio impidió los

matrimonios. En reacción a la estrategia del Procurador General, Colombia Diversa

decidió buscar pequeñas ciudades donde esta presencia no fuera percibida con tanta

fuerza como en Bogotá y eligió como muestra el juez del pequeño municipio de Gachetá,

Cundinamarca, a dos horas de Bogotá. Un primer matrimonio se celebró con éxito en

Gachetá, y la noticia salió en el periódico del domingo en Bogotá. Esto llevó a que las

fuerzas conservadoras organizaran una protesta pública contra el matrimonio gay, en la

cual uno de los carteles de los manifestantes decía: esto es Gachetá, no Gaychetá.

La situación creó una paradoja para el matrimonio entre personas del mismo sexo

98
en Colombia. Por un lado, el matrimonio es valorado culturalmente por su carácter

público: se trata de un acto público en el que una pareja manifiesta su vínculo bajo la

protección del Estado y ante su familia y amigos. En este contexto, y teniendo en cuenta

la intensa persecución del Procurador General, el matrimonio entre personas del mismo

sexo existía como un acto privado y con poca visibilidad, donde un juez declaraba una

pareja unida en matrimonio, ante dos testigos y no más de dos miembros de la familia,

luego de un largo viaje al polvoriento y olvidado San Estanislao de Kotska. Esta paradoja

fue el resultado directo del poder y la obsesión del Procurador General, Alejandro

Ordóñez, que describimos a continuación.

Los riesgos de casar a parejas del mismo sexo

El ascenso de Alejandro Ordóñez al cargo de Procurador General12 en 2009 y su

confirmación por el Congreso en 2012, estuvieron envueltos en rumores sobre el alcance

de su extremo conservadurismo. Ordoñez venía de ser magistrado en el Consejo de

Estado, y desde antes de ser elegido Procurador, la prensa nacional, especialmente la

prensa progresista de Bogotá, disfrutaba cubrir sus excesos: se decía que en su juventud

había participado en quemas de libros, apuntando específicamente a la literatura

marxista y anticristiana;13 que era devoto de la disidente Iglesia Lefebvrista, un grupo

escindido de la Iglesia Católica que rechaza la modernización de esta y que aún da misa

en latín.14 De Ordoñez, además, se decía que negaba el Holocausto y era antisemita, entre

otros escándalos.15 Otro rumor era que cuando llegó al Consejo de Estado, Ordóñez

quitó el retrato de Francisco Santander (uno de los padres fundadores de Colombia y el

fundador del partido liberal) de la sala de audiencias y lo reemplazó por un crucifijo.16

Su reputación de católico conservador fue intensamente discutida en el Congreso las

99
dos veces que fue elegido Procurador (2009 y 2012), y su creciente influencia en esta

institución sería más tarde motivos de escándalos de corrupción.17

La actitud de Ordoñez hacia la homosexualidad fue de especial interés para la

prensa. Se reveló que su tesis de grado de abogado18 fue una ardiente defensa de un

Estado confesional católico que adoptara como suyos los contenidos de la ley natural

católica.19 Aunque esto podría atribuirse a pasiones juveniles, la pasión persistió.

Efectivamente, Ordóñez estuvo involucrado en una quema pública de libros en 1985.

Durante su carrera como abogado y magistrado publicó varios libros defendiendo de un

catolicismo radicalmente conservador. En particular, en 2003, publicó un breve libro

donde atacaba las decisiones de la Corte Constitucional sobre los derechos de los

homosexuales: el libro se tituló Hacia el libre desarrollo de nuestra animalidad. En

este libro Ordoñez alegaba enfáticamente contra los fundamentos de la Corte que

defendían el derecho constitucional al libre desarrollo de la personalidad (un derecho de

autonomía inspirado en la tradición constitucional alemana). Abrazando el

perfeccionismo moral católico, Ordóñez insistía en que la ley no podía proteger el

derecho de pecar, ya fuera mediante la práctica de sexo homosexual o por cualquier otra

conducta inmoral, por ejemplo, el consumo de drogas. Incluso como magistrado, en

2003, envió al Congreso una carta en la que se oponía a un proyecto de ley que esperaba

regular las uniones de parejas del mismo sexo, utilizando el mismo argumento de que la

libertad no puede ser invocada para defender actos contra el orden natural, la razón

natural y la justicia.20

El activismo católico laico de Ordoñez es un fenómeno nuevo en Colombia. Si

bien el país ha sido un Estado confesional a lo largo de la mayor parte de su existencia

100
republicana y la Iglesia católica ha tenido siempre una fuerte presencia política, esta

influencia se limitaba al clero, especialmente a la Conferencia Episcopal de Colombia.

Sin embargo, durante la última década, la Conferencia Episcopal junto con otros líderes

católicos, como los provinciales jesuitas, han centrado su atención en los derechos civiles

y políticos, prestando menos atención a las cuestiones de moral sexual. Por ejemplo, a

pesar del activismo de algunos sacerdotes conservadores en contra de la liberalización

del aborto, pasó un año entero antes de que la Iglesia hiciera de forma oficial un

pronunciamiento público, luego de que, en 2006, la Corte Constitucional decidiera sobre

la despenalización del aborto.21 Este aparente desinterés por parte de la jerarquía de la

Iglesia contrasta con el intenso activismo de católicos conservadores laicos como

Ordoñez.

Bajo la dirección de Ordóñez, la planta de la Procuraduría General se alimentó

de otros católicos conservadores laicos, algunos los cuales están vinculados al Opus Dei.

La más destacada es la delegada por los derechos de la mujer, Ilva Myriam Hoyos,

profesora de larga data en la Universidad de la Sabana afiliada al Opus Dei, así

expresidenta de la ONG antiaborto Red Futuro Colombia. Bajo este liderazgo conjunto,

la Procuraduría General adoptó posiciones conservadoras tales como la interpretación

y aplicación restringida del aborto legal22 y la interpretación amplia de la objeción de

conciencia médica, presionando a las instituciones de salud pública que realizan abortos

legales.23 También se opuso sistemática y enérgicamente a los derechos de matrimonio

y adopción para parejas del mismo sexo.24

Así, Ordóñez se ha opuesto constantemente ante la Corte Constitucional cada vez

que se discuten los derechos de las parejas del mismo sexo. Por ejemplo, bajo su

101
dirección, la Procuraduría ha solicitado a la Corte Constitucional que s e elimine la

pensión otorgada a los/as compañeros/as del mismo sexo y que impida que los hombres

homosexuales puedan adoptar niños (T-716 de 2011, T-276 de 2012). También ha

intervenido en varias ocasiones en un caso de alto perfil, el de la familia Leiderman

Botero (popularmente conocido como “el caso de las madres lesbianas”), solicitando a

la Corte que niegue a la demandante la posibilidad de adoptar el hijo de su pareja. Este

caso no es aislado, ya que, con frecuencia como Procurador General, Ordóñez ha

presentado escritos en contra de la constitucionalidad del matrimonio entre personas

del mismo sexo.25

Sus acciones no se limitan a los procesos judiciales. Después de que, en 2011, la

Corte Constitucional falló que la prohibición de las uniones del mismo sexo era

inconstitucional, el Procurador General declaró públicamente que la Corte se había

equivocado y que su decisión era confusa, contradictoria y, en general, carente de

verdad.26 El Presidente de la Corte Constitucional protestó públicamente por el uso de

términos despectivos referidos a la Corte e invitó al Procurador General a mantener “el

decoro de su cargo.”27 Ordóñez también ha sido activo en el Congreso. En abril de 2013

participó en un debate público contra el matrimonio homosexual organizado por los

senadores Édgar Espíndola y Claudia Wilches, alegando que era estigmatizado por

liberales a los que les gustaba hablar en su contra, acusándolos de hacerlo bajo los

efectos de la marihuana y la cocaína.28 Y hubo, además, un escándalo en el prensa

cuando un periodista reveló que la procuradora delegada para la familia, Ilva Myriam

Hoyos, mencionada arriba, lideraba un fuerte grupo de presión en el Congreso contra

de la ley de matrimonio entre personas del mismo sexo.29

102
Una vez que los jueces y notarios públicos comenzaron a celebrar matrimonios

entre personas del mismo sexo, la Procuraduría General utilizó su poder disciplinario

para poner fin a esta práctica. En una entrevista, Ordoñez los amenazaba con una

investigación disciplinaria si se atrevían a casar a parejas del mismo sexo.30 Envió una

carta al organismo que se encargaba de supervisar a los notarios insistiendo en que estos

no podían celebrar matrimonios, sino sólo “contratos solemnes” para uniones de

personas del mismo sexo.31 También envió instrucciones a todas las oficinas de la

Procuraduría del país unos días antes de la fecha luego de la cual, de acuerdo con los

términos propuestos por la Corte Constitucional, los jueces podrían comenzar a casar

parejas del mismo sexo.32 Estas instrucciones incluían la orden de revisar todas las

solicitudes de licencia de matrimonio de parejas del mismo sexo33 en los juzgados de su

competencia y de oponerse a ellas mediante un formulario que incluía una frase que

decía que estos matrimonios “podrían, incluso, violar los derechos de las personas en

uniones heterosexuales.”34 Las instrucciones también contenían pedidos de informes

periódicos sobre estos temas, y autorizaban a todos los funcionarios públicos a usar la

objeción de conciencia para impedir todo matrimonio entre parejas del mismo sexo, a

pesar de que la objeción de conciencia argumentada por funcionarios públicos no es un

derecho legal y, de hecho, ha sido declarada por la Corte Constitucional como

inconstitucional.

El pedido de informes fue particularmente eficaz. En primer lugar, eran informes

semanales que demandaban un seguimiento constante y, en segundo lugar, contenían

información confidencial como los nombres, direcciones, nombres de padres y testigos

de las parejas del mismo sexo, así como el contenido de dichas solicitudes. Apenas

103
comenzó a llegar la avalancha de informes, junto con las objeciones, muy pocos jueces

se atrevieron a casar a parejas del mismo sexo.35

Siguiendo instrucciones, los procuradores judiciales utilizaron diferentes

recursos legales para impedir los matrimonios entre personas del mismo sexo,

incluyendo visitas a los jueces para convencerlos de que negaran la licencia en

cuestión.36 En 2014, a raíz de una acción judicial presentada contra la Procuraduría

General, la Corte Constitucional investigó la conducta del Procurador General y resolvió

que esta constituía una violación de los derechos de las parejas del mismo sexo, así como

una violación de la independencia de jueces y notarios. Según la Corte, el Procurador

General no podía imponer su propio punto de vista sobre el modo en que los jueces y

notarios interpretaban la decisión de la corte de 2011.37

La insistencia del Procurador General estaba destinada a provocar un efecto en

los funcionarios públicos. A pesar de sus numerosos problemas de corrupción y

violencia, Colombia sigue siendo un país marcadamente institucionalizado, con una

fuerte inclinación legalista y un abordaje formalista de la ley y su interpretación. La

Procuraduría General es temida por muchos a causa de la gran burocracia y por su poder

disciplinario sobre los funcionarios públicos. Ante la amenaza de una investigación

disciplinaria, los funcionarios públicos tienden a seguir instrucciones. Desde el

comienzo de su mandato, Ordóñez ha investigado e impuesto sanciones disciplinarias a

un número extraordinario de funcionarios públicos entre los que se incluyen más de un

centenar de alcaldes cada año, casi la mitad de los gobernadores departamentales, e,

incluso, algunos senadores destacados que han perdido sus cargos debido a dichas

sanciones disciplinarias. El temor a sanciones disciplinarias es tan común que la

104
expresión “síndrome de la Procuraduría” se utiliza a menudo para describir el temor de

los funcionarios públicos de actuar de formas que pudieran interpretarse como una

violación de la ley.

En este contexto, los jueces que realizaban matrimonios de parejas del mismo

sexo realizaban actos de valentía que desafiaban la creciente injerencia del Procurador

General. Técnicamente, el Procurador General no supervisaba directamente a jueces

como Carlos y sólo podía intentar impedir las bodas mediante recursos legales. Pero,

incluso, los jueces locales que simpatizaban con Carlos y con los derechos LGBT no se

atrevieron a desafiar la influencia política del delegado local del Procurador General, un

abogado conservador conocido por su esnobismo, su familia aristocrática y su supuesta

lealtad al Opus Dei. Los amigos progresistas de Carlos le advirtieron que podría haber

consecuencias en su contra y sugirieron esperar como lo hacían ellos, ya que el Congreso

no había aprobado la ley, a que la Corte Constitucional proporcionara instrucciones

claras sobre la situación de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Pero Carlos

consideraba que lo correcto y lo que ordenaba la Constitución, en la interpretación

autorizada de la Corte Constitucional, era casar a las parejas del mismo sexo.

El primer matrimonio, la primera torta

Hay dos maneras de llegar a San Estanislao: carro particular o transporte público.

El transporte público es un autobús que sale cada dos horas de Cartagena y que lleva a

los comerciantes y funcionarios públicos que trabajan en San Estanislao y los pueblos

vecinos, pero que viven en Cartagena. Los calurosos y abarrotados autobuses a menudo

rebosan de mercadería destinada a los mercados locales, sus pasillos obstruidos por

cajones de alimentos y cajas de cartón envueltas apresuradamente, ante lo cual los

105
ocasionales policías que también viajan en el autobús permanecen indiferentes. El

autobús toma el camino largo a San Estanislao, dando tumbos en arranques y paradas a

lo largo de una de las avenidas principales de Cartagena, pasando por el enorme mercado

público que a veces desborda a la carretera y por las numerosas obras en construcción

que prometen a la ciudad un futuro mejor y, en especial, un mejor sistema de transporte

público. Este es el bus que Carlos toma todos los días y que toma dos horas para llegar a

San Estanislao.

Las primeras parejas que se casaron en San Estanislao tomaron un camino

diferente y se fueron en carro desde Barranquilla, una ciudad grande a cuatro horas de

viaje en auto. Eran dos parejas de lesbianas, cuatro jóvenes abogadas que compartían un

compromiso con el activismo. También compartían el terror por lo que pudiera suceder.

El viaje había sido organizado por una de ellas, Ana. Mientras se acercaban a San

Estanislao, su mayor preocupación era qué pasaría si se cruzaban con personas armadas

en ese camino polvoriento rumbo a un pueblo perdido.38 Ana María había trabajado en

el campo de los derechos civiles y conocía bien la violencia desatada contra los

homosexuales por grupos armados irregulares. También temía que el Ejército o

cualquier otro retén de hombres armados les preguntara a dónde iban y por qué. Todas

llevaban pantalones blue jeans y zapatillas deportivas y, en caso de que las detuvieran,

ocultaban en bolsas la ropa más elegante que usarían para el matrimonio. Pero no había

nadie en los caminos y llegaron a la ciudad sin incidentes. Al salir del coche con aire

acondicionado, las golpeó el calor, el polvo y la pequeñez del pueblo. Ana seguía mirando

nerviosamente alrededor, buscando hombres armados, multitudes que protestaran u

otra señal de peligro. Pero el pueblo estaba inmóvil y silencioso en el calor del mediodía.

106
El nerviosismo de Ana se explicaba por la presencia de paramilitares en la región

en décadas anteriores. San Estanislao está justo al otro lado del río de San Onofre, el

municipio anteriormente controlado por El Oso, un comandante paramilitar conocido

tanto por su crueldad contra las mujeres y los homosexuales como contra sus

enemigos.39 Estas son las tierras bajas de Montes de María, una región montañosa que

fue el escenario de una guerra encarnizada entre las guerrillas y los paramilitares aliados

con el ejército colombiano; una guerra por la tierra y la gente en la que murieron

brutalmente a muchos campesinos por vivir en el lado equivocado del río, del camino y

del pueblo. Carlos sabía de una de esas masacres en la zona rural de San Estanislao:

sucedió mucho antes de su llegada, en 2003, relacionada con un despojo de tierras que

desplazó a campesinos de las zonas rurales cercanas.

Cuando Ana y Sandra llegaron a San Estanislao para casarse, no había rastros de

ese pasado. Para 2015 estaba previsto que San Estanislao formara parte el programa de

restitución de tierras del gobierno, que sólo estaba dirigido a municipios considerados

seguros para los campesinos y los funcionarios del gobierno que trataban de reparar y

restituir el despojo violento perpetuado por los paramilitares.40 En esos días, la mayor

amenaza era el robo esporádico en los autobuses que hacían el viaje desde y hacia

Cartagena.

Las jóvenes no tuvieron problemas para encontrar el juzgado, una casa de color

amarillo brillante en frente de la plaza de la iglesia. Carlos les dio la bienvenida con

manos sudorosas, porque el aire acondicionado se había estropeado y porque estaba

nervioso. Se turnaron para cambiarse de ropa en el pequeño baño del juzgado, mientras,

a pesar del calor y la humedad, el juez se ponía su toga negra. Carlos ofició el matrimonio

107
con las mismas formalidades de una boda civil entre heterosexuales, mientras las jóvenes

mujeres intercambiaban miradas nerviosas. Sandra, la esposa de Ana, le preguntó en un

momento dado: “¿estás segura de que esto es legal?” Intercambiaron votos y anillos en

una ceremonia más corta que la emotiva celebración compartida con los amigos en

Bogotá unos días antes. El juez había hecho una torta tradicional de matrimonio,

envuelta en papel de aluminio, densa y dulce, con frutas secas, jengibre, clavo y canela,

que compartieron con la otra joven pareja en una breve celebración. Ana no se relajó

hasta que estuvieron en el coche fuera del pueblo, fuera de los caminos destapados y

rumbo al aeropuerto para tomar un avión de regreso a la relativa seguridad de Bogotá.

Amanda y Amparo toman un taxi

Algunos meses más tarde otras dos parejas contrataron un taxi desde Cartagena

para ir a San Estanislao. Tuvieron suerte, les dijo el conductor, porque había llovido y la

parte del camino sin pavimentar no estaba tan polvoriento como de costumbre y el día

era más fresco que los típicos días húmedos de 38 grados centígrados. Las dos parejas

estaban vestidas para la ocasión, con trajes y colores haciendo juego: Amanda y Amparo,

junto a dos jóvenes abogadas, haciendo una declaración de igualdad, así como de amor

y compromiso. Una vez en el pueblo, el conductor encontró con facilidad la casa amarilla

con la pequeña oficina del juez.

De las tres parejas que el juez casó ese día, la historia de Amanda y Amparo lo

conmovió especialmente y lo convenció más aún de que estaba haciendo lo correcto.

Amanda y Amparo habían vivido juntas durante treinta años. Amparo estaba muriendo

de cáncer y quería que Amanda recibiera la pensión a la viudez a la que, de otro modo,

no tendría derecho.41 Por supuesto, antes de morir, también quería casarse con la mujer

108
que la había cuidado en su larga batalla contra el cáncer y en períodos difíciles de

depresión. Quería que su familia llamara a Amanda como su esposa, luego de décadas

de ardua lucha para ser aceptada como lesbiana; una lucha que había comenzado cuando

Amparo salió del clóset a principios de los años sesenta y su familia la recluyó en un

manicomio donde, para curarla de su orientación sexual, fue sometida a choques

eléctricos. Casarse significaba un último acto de dignidad en una vida de lucha buscando

dignidad y respeto; y su historia y sus conmovedores ojos celestes, que hacían juego con

los vivaces ojos negros de Amanda, era una historia ejemplar para el movimiento por el

derecho al matrimonio igualitario. Pero por ahora tenían que casarse solas, lejos de sus

amigos, en San Estanislao.

La ceremonia fue emocionante, tanto a causa de la enfermedad de Amparo como

de la tercera pareja presente, que esperaba para casarse. Eran dos hombres de mediana

edad, trigueños, vestidos con camisas azules haciendo juego, con su hijo de trece años

sonriendo y tomando fotografías durante la ceremonia. Eran la única pareja

abiertamente gay de San Estanislao y habían decidido hacer oficial su relación. El juez

vestía su toga negra y las dos parejas hacían mutuamente de testigos, mientras

pronunciaban sus votos, intercambiaban anillos. Amparo prometió a Amanda: “hasta

que la muerte nos separe” y la frase hizo evidente la cercanía de la separación. Todos

también compartieron la torta de matrimonio casera hecha por el juez y Amparo le dio a

Carlos un regalo: una estrella de David de oro, que para ella representaba la búsqueda

del verdadero yo. Dio luego un breve discurso alabando al juez por su valentía. Murió

pocos meses después.

Carlos ofició más de treinta bodas secretas en San Estanislao entre el 2013 y 2015.

109
En algunas de ellas, hizo una torta de bodas para la ocasión, aunque a veces dijo a las

parejas que su madre fue quien hizo la torta. Para la mayoría de los matrimonios, las

parejas han tomado el autobús de las 7:30 de la mañana. Las parejas apiñadas en el calor

de la mañana, con la torta de bodas cuidadosamente estabilizada sobre las rodillas,

manteniéndola pacientemente en equilibrio mientras el autobús se sacude y se detiene y

arranca de nuevo en el pesado tráfico de la mañana. El autobús deja Cartagena, atraviesa

calles arboladas y la somnolienta y próspera ciudad de Turbaco, trepando por las suaves

colinas que aseguran a Turbaco su clima moderado y brisas frescas y luego desciende de

nuevo hacia Arenal y San Estanislao, disminuyendo la velocidad mientras pasa por

caminos aún sin pavimento.

En San Estanislao todo el mundo sabía que se realizaban estos matrimonios. El

alcalde lo apoyó, al igual que muchos de los habitantes del pueblo a quienes, como al

alcalde, les gustaría ver a San Estanislao “en el mapa” y que asocian las bodas con otros

signos de modernidad, como el puente prometido sobre el río que el próximo año

finalmente podría unir a San Estanislao con la otra orilla del Canal del Dique, por mucho

tiempo solo accesible por medio de canoas. Otros en cambio estaban de acuerdo con el

cura del pueblo, que también hizo una visita a Carlos, advirtiéndole sobre lo pecaminoso

de su conducta. Pero, por lo general, Carlos se impuso al prejuicio, como lo hizo el día

que acompañó al sacerdote hasta la puerta con la advertencia de que, si bien la Iglesia

era la autoridad espiritual del pueblo, Carlos representaba la autoridad civil del Estado

y que ambas estaban separadas en virtud de la Constitución de 1991.

La violencia y la amenaza de violencia

La Constitución de 1991 es un hito para el movimiento de los derechos LGBT que

110
le proporciona tres herramientas clave. En primer lugar, introdujo una sólida

declaración de derechos, incluyendo la igualdad y la autonomía. En segundo lugar, creó

un recurso jurídico especial, llamado acción de tutela, que puede ser usado por ante

cualquier juez para asegurar la protección directa de estos derechos y una Corte

Constitucional que puede revisar los recursos de tutela.42 En tercer lugar, incluyó la

separación de Iglesia y Estado, lo que abrió el camino para una más enérgica

secularización de los debates sobre sexualidad y reproducción.

Estos cambios abrieron las puertas a demandas que tenían por objetivo proteger

a los ciudadanos contra toda forma de discriminación mediante el recurso acelerado de

tutela, así como a presentaciones judiciales de interés público que exigían cambios en

leyes y políticas discriminatorias contra homosexuales y personas transgénero. Durante

los últimos 25 años, los activistas LGBT han usado exitosamente estas herramientas, en

especial las demandas sobre derechos humanos ante la Corte Constitucional, para

promover su causa. En más de 100 sentencias la Corte ha resuelto que la orientación

sexual y la identidad de género están protegidas por la Constitución y que las personas

LGBT están protegidas contra la discriminación en diversos ámbitos como escuelas,

lugares de trabajo, cárceles, el espacio público y centros de salud, entre otros. Asimismo,

la Corte ha derogado leyes que castigaban la homosexualidad y ha ampliado los

derechos de que gozan las parejas heterosexuales a las parejas del mismo sexo,

incluyendo una decisión reciente sobre adopción por parte de parejas del mismo sexo.43

Este corpus de fallos no ha puesto fin con la violencia contra la comunidad LGBT.

En noviembre de 2009, el mismo año en que Ordóñez fue elegido Procurador General,

un grupo de ONG colombianas llevó a cabo una sesión especial sobre derechos LGBT

111
en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.44 Esto pudiera parecer

sorprendente, teniendo en cuenta las sentencias progresistas de la Corte Constitucional

en torno a los derechos LGBT. Pero la sesión fue una respuesta a una situación de los

derechos humanos que sigue siendo problemática y que presenta numerosas y

persistentes formas de discriminación como la persecución y el miedo, además de casos

de tortura, violación y asesinato de personas que no se ajustan a las exigencias de una

sociedad homofóbica. Esta situación persiste.

Colombia Diversa lleva un registro de la violencia contra las personas LGBT, que

incluye no sólo los crímenes de odio, sino también casos de violencia policial y de

amenazas de grupos armados no estatales. Entre 2006 y 2014 denunciaron 784

asesinatos y 398 casos de violencia policial.45 En la mitad de los casos de asesinato

motivado por odio (55,22%), había poca información sobre las víctimas. En su mayoría

eran hombres homosexuales (52,7%) y mujeres trans (40,45%). La violencia policial

pudo ser mejor identificada: en el 86% de los casos se contaba con datos sobre las

víctimas: el 56,8% era mujeres trans, el 25,3% hombres homosexuales, el 15% lesbianas

y el 2,85% bisexuales. Las denuncias se concentran en las zonas más pobladas del país

(Antioquia, Valle del Cauca y Bogotá). Entre 2008 y 2014 Colombia Diversa también

denunció el asesinato de 19 personas LGBT que eran defensoras de los derechos

humanos y líderes comunitarios. La mayor parte de la violencia puede vincularse a los

grupos armados involucrados en el conflicto armado interno de larga data en Colombia.

También se denunció que en la actualidad hay registradas 1.299 víctimas LGBT del

conflicto armado. Los actos violentos denunciados incluyen el desplazamiento forzado

(72,9%), amenazas (13,85%), asesinato (6,3%) y violencia sexual (2,07%).46

112
Otra forma específica de violencia son las amenazas de muerte contra las

personas LGBT; amenazas que están vinculadas a las prácticas de asesinato en serie,

conocidas como “limpieza social.” Las prácticas de limpieza social incluyen tanto

amenazas de asesinato generalizadas, así como actos de violencia específicos. Colombia

Diversa ha llevado un registro de las amenazas de limpieza social hechas contra

personas LGBT desde 2010. Estas amenazas suelen ser puestas en circulación por

sectores armados no identificados que amenazan con asesinar tanto a los homosexuales

locales como a las prostitutas y a los consumidores de drogas si estos no abandonan la

zona. Las amenazas, a menudo, se hacen a través de panfletos y rara vez son investigadas

por la policía. Entre 2010 y 2014 ha identificado 61 de estos panfletos, la mayoría en la

costa norte. De las amenazas identificadas en 2013 y 2014, 23 fueron atribuidas a bandas

criminales que surgieron a raíz de la desmovilización de los paramilitares en 2006.

Varios de estos volantes fueron distribuidos en zonas que antes estuvieron bajo el

control de grupos paramilitares, evocando así el terror del control paramilitar.47

Las amenazas, la intimidación y el control armado sobre la comunidad LGBT son

comunes entre los grupos criminales que reemplazaron a los ejércitos paramilitares en

las localidades que estos solían controlar antes de su desmovilización. En la ciudad de

Barrancabermeja, por ejemplo, hubo numerosas amenazas contra organizaciones

comunitarias, incluidos sindicatos, organizaciones defensoras de derechos humanos,

estudiantes, organizaciones LGBT y de mujeres, asociaciones de víctimas y juntas de

acción comunal. Varias de estas amenazas estaban firmadas por el denominado Ejército

Anti-restitución48 y ASOEXMAR—Asociación de Exterminadores de Maricas. Este tipo

de amenazas se ha extendido a lugares donde estas bandas criminales han ampliado su

113
presencia. En enero de 2014, en algunas localidades empobrecidas de Bogotá y en la

ciudad vecina de Soacha, aparecieron panfletos firmados, de modo similar, por las

“Águilas Negras” de Bogotá; los panfletos estaban dirigidos a estudiantes, grupos

artísticos y de jóvenes, consumidores de drogas, militantes de izquierda y personas

LGBT. La mención de estos grupos de personas como indeseables y como sujetos de un

posible exterminio sugiere un vínculo entre este tipo de amenazas y ex paramilitares,

como también lo hacen las denuncias recientes en los medios de comunicación sobre el

crecimiento de estas bandas.

Las amenazas y los panfletos no sólo generan el terror de manera directa, sino

también mediante la alusión a la turbulenta historia de control paramilitar en Colombia.

En la misma región de tierras inundables de San Estanislao, justo al otro lado del río,

así como en las llanuras costeras vecinas, y el piedemonte de los Montes de María, los

grupos paramilitares utilizaron sus armas para controlar y aterrorizar a la población

civil. Los homosexuales de la zona fueron el blanco frecuente de la violencia paramilitar,

desde de la distribución habitual de folletos, amenazas y humillaciones hasta niveles

más espectaculares como la parodia de un combate de boxeo “gay” celebrado en el

vecino municipio de San Onofre. Los espectadores hablaban de un público que reía y se

burlaba de los contendientes: “era como el circo romano,” dijo un espectador “ellos

boxeaban y todos los demás se reían.” Una entrevista con uno de los participantes en el

combate de la pelea describe la atmósfera naturalizada de hostilidad e intimidación

contra hombres gay y mujeres:49

Pregunta: ¿Cómo hicieron los paramilitares para que la gente supiera que no les

gustaban los gays?

114
Porque ellos lanzaban panfletos a la calle, todos los días hacían listas, les daban

veinticuatro horas para irse.

Pregunta: ¿Y los panfletos decían que la razón era porque eran gays?

Respuesta: Sí, decían gays, putas, drogadictos, chismosos. Amenazaban a la

gente por cualquier cosa solo para asustarlos.

Pregunta: ¿Cómo se referían a los gays?

Respuesta: “marica” Siempre decían: “hijueputas maricas.” Muy agresivos, si

entiende lo que quiero decir.

Pregunta: ¿Alguna vez lo llamaron marica?

Respuesta: Sí. A veces llegabas a un sitio y ellos decían, así que llegó ese marica.

Vete al diablo. No me gustan los maricas—palabras que te hieren. Pero tenías que

irte porque eran más y tenían armas.

Un informe de 2011 de la Comisión de Memoria Histórica describe la región no

sólo en relación con la confrontación armada, sino también como caracterizada por la

regulación armada de la vida social mediante una disciplina forzada y el castigo a la

disidencia (Comisión de Memoria Histórica 2011). En San Onofre, en particular, la

denuncia describe cómo los paramilitares ejercían un control de la vida cotidiana que

redificaba jerarquías de clase, raza y género a través del sometimiento diario a la

autoridad paramilitar, con la esperanza de crear un orden social en consonancia con sus

valores patriarcales y militaristas. Esto implicaba la regulación de cuerpos, espacios y

prácticas sociales y el uso de la violencia simbólica. Entre los ejemplos, pueden citarse

un concurso de belleza que, según se dice, permitía el abuso sexual de las jóvenes que

115
participaban y el ya mencionado simulacro de combate de boxeo de hombres

homosexuales y de mujeres (Comisión de Memoria Histórica 2011:67). Al describir estos

acontecimientos, el informe final de la Comisión destacó que, en todo el país, y

especialmente en la región del Caribe, los paramilitares ridiculizaban y estigmatizaban

a los hombres homosexuales y a las mujeres, degradando su dignidad y haciendo de la

homosexualidad un objeto de escarnio público con el propósito de normalizar el odio y

la discriminación (Grupo de Memoria Histórica 2013:147).

En el contexto de la reciente guerra civil en Colombia, la violencia homofóbica y

la estigmatización de la homosexualidad ofrecen un panorama inmejorable para la

resistencia activa del Procurador General contra el matrimonio entre parejas del mismo

sexo, lo cual lo hace aún más amenazador. Y, aunque a primera vista pareciera que el

Procurador General, un católico devoto, está en el extremo opuesto del espectro social

respecto de los paramilitares que humillaban a los homosexuales en San Onofre, hay

también sorprendentes afinidades en sus ideas de un orden social que reproduzca las

jerarquías tradicionales de raza, clase y género. Para un observador colombiano no es

sorprendente enterarse de que en 1987 cuando las unidades paramilitares—conocidas

entonces como fuerzas de autodefensa—fueron identificadas por primera vez, Alejandro

Ordóñez salió en su defensa en un periódico local.50 Las revelaciones del horror que estas

fuerzas de autodefensa, convertidas en ejércitos paramilitares, infligirían en la

población, estaba todavía en un futuro lejano.

Conclusión: el matrimonio homosexual ante la Corte Constitucional en

2015

En 2014 y 2015, Colombia Diversa inició varios casos para garantizar que las

116
parejas del mismo sexo pudieran casarse. Uno de los casos que defendió fue el de una

pareja conformada por un hombre trans y una mujer quienes inicialmente fueron

casados por un juez civil pensando que se trataba de una pareja heterosexual, y

posteriormente, ese mismo juez anuló el matrimonio y pidió a la Fiscalía que los

investigará penalmente por falsedad. Este caso, junto con otros que se reclamaba el

derecho a casarse, fue parte de un juicio por discriminación iniciado por Colombia

Diversa contra el Procurador General, jueces civiles y notarios. En todos ellos, la Corte

debía determinar si las parejas del mismo sexo tenían un derecho constitucional a

contraer matrimonio y debía considerar al menos tres problemas constitucionales. El

primero fue considerar si el Procurador General puede utilizar acciones de tutela en los

tribunales para impedir matrimonios entre personas del mismo sexo, o si esto es una

forma de discriminación. Teniendo en cuenta el fracaso del Congreso para aprobar una

ley que regule las uniones entre personas del mismo sexo, el segundo problema era

decidir si los jueces y notarios públicos están facultados para celebrar uniones entre

personas del mismo sexo y bajo qué marco legal debieran hacerlo, ya sea como

matrimonio o bajo otra forma jurídica. Por último, la Corte debía decidir si la pareja

conformada por un hombre trans y una mujer cometió o no fraude, dado que uno de

ellos está registrado oficialmente con un nombre de hombre, a pesar de haber nacido,

biológicamente, mujer.

La Corte Constitucional decidió tratar estos casos en julio de 2015 y convocó a

treinta expertos, activistas y parejas del mismo sexo para testimoniar en torno a ambas

posturas de la cuestión.51 Las personas que se casaron o buscaban casarse relataron las

dificultades que enfrentaban para casarse y sus temores con respecto a su seguridad

117
personal. Dirigiéndose a la Corte, una de las lesbianas casadas declaró:

Gracias por dejarnos estar aquí, por permitirnos sin máscaras y sin miedo venir

a defender nuestro matrimonio. Nosotras estamos casadas… Casadas por amor,

por convicción, somos una pareja del mismo sexo y estamos convencidas de que

tenemos los mismos derechos de cualquier otra pareja en el país… Hemos sido

sometidas al escarnio público y a la persecución… Nosotras llevamos diez años

juntas, siete de los cuales hemos estado luchando por conseguir casarnos, cuando

por fin lo logramos nos toca hacerlo sin la posibilidad de escoger la fecha y casi a

escondidas.

A su testimonio siguió el de dos hombres que optaron por permanecer en el anonimato,

manifestando que mantenían su identidad en secreto porque “temían ser reconocidos en

la calle,” donde trabajaban en venta ambulante: “Tenemos miedo de que unos minutos

de visibilidad pública destruyan nuestra vida privada construida a lo largo de veintiocho

años. Aunque nuestras familias nos han apoyado incondicionalmente, tenemos miedo

de la discriminación y la humillación social”. La audiencia, que duró un día entero,

incluyó el testimonio de funcionarios gubernamentales, funcionarios de la Procuraduría

General, de congresistas, de expertos internacionales, de profesores de derecho y

activistas. Fuera de la sala de audiencia, los activistas exigían el derecho al matrimonio;

el evento fue cubierto no sólo por los principales medios de comunicación, sino también

a través de las redes sociales, señalando la importancia de la audiencia.52 Dentro de la

sala audiencias de la Corte, los jueces y el Gobierno defendían los matrimonios entre

personas del mismo sexo, un notario público elogió la figura del “contrato solemne” y

los representantes de la Procuraduría General defendieron su interpretación de la ley

118
que excluye al matrimonio entre personas del mismo sexo.

El 28 de abril de 2016, la Corte Constitucional decidió los siete casos acumulados

referentes al reconocimiento y validez de los matrimonios entre parejas del mismo sexo

que habían sido celebrados o negados por varios jueces y notarios según el caso. En la

sentencia SU- 614 de 2016, la Corte reconoció el derecho al matrimonio a las parejas del

mismo sexo en las mismas condiciones de las parejas heterosexuales. Para llegar a esta

conclusión, la Corte usó los siguientes argumentos: En primer lugar, la Corte argumentó

que se trataba de derechos de una minoría discriminada, y derechos que las mayorías

políticas eran reacias a reconocer precisamente por razones de discriminación histórica.

Esta discriminación, reflejada en la política mayoritaria, no puede ser un obstáculo para

el reconocimiento de derechos constitucionales. En segundo lugar, la Corte señaló que

había habido una evolución jurisprudencial de la protección contra la discriminación

sexual (señalando que se trataba de una constitución viviente) y describió la ampliación

de estos derechos a través del tiempo hasta incluir los derechos familiares de parejas del

mismo sexo. El matrimonio se convertía así en la pieza culminante de esta expansión. Al

fallar a favor del matrimonio de parejas del mismo sexo, la Corte Constitucional dio de

manera expresa la razón a los jueces civiles que como Carlos habían celebrado

matrimonios de parejas del mismo sexo, y ordenó a los notarios que no los estaban

realizando, que los realizaran.

Además, la Corte se refirió a la Procuraduría y sus acciones: dijo que no podía

usar su poder para obstruir los derechos de las familias de parejas del mismo sexo,

alegando que esto iba en contra de la función constitucional de la Procuraduría que es la

protección de derechos. También dijo de manera expresa que la acción de tutela no podía

119
ser utilizada por la Procuraduría para obstruir los matrimonios civiles de parejas del

mismo sexo. Al poco tiempo, el Consejo de Estado anuló la segunda elección del

Procurador Ordoñez, por irregularidades en su nominación por parte de la Corte

Suprema de Justicia, quedando la Procuraduría sin dirección en la cruzada contra el

matrimonio de parejas del mismo sexo; sin embargo, sigue siendo un líder político y

posible candidato de la derecha colombiana en las elecciones presidenciales del 2018.

En el 2016, el juez Carlos González concedió una entrevista a una de las revistas

más importantes, Semana, contó la historia de los matrimonios que ha celebrado en la

polvorienta San Estanislao, descrita por los periodistas como “el único lugar donde los

homosexuales pueden casarse en Colombia.”5 Al poco tiempo fue denunciado por un

ciudadano ante la autoridad competente para hacer la investigación disciplinaria de los

jueces, el Consejo Superior de la Judicatura, por casar personas no domiciliadas en San

Estanislao; al momento de publicarse este libro (Diciembre 2016) la investigación

continúa abierta. Finalmente, el alcalde del pueblo logró cumplir su deseo: San

Estanislao estuvo en las noticias por un motivo diferente a sus periódicas inundaciones.

120
Capítulo 5

La reglamentación del aborto en Chile:

el fracaso de la separación entre Iglesia y Estado

Macarena Sáez

Pero llega la hora, ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en

plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder

jamás alcanzado hasta ahora (Mensaje del Papa Pablo VI a las mujeres católicas,

Trabajos del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965

121
Introducción

La Iglesia católica se ha caracterizado por su defensa en contra de diversas formas

de violencia en Latinoamérica. Su posición, sin embargo, ha sistemáticamente dejado

fuera ciertos tipos de violencia en contra de las mujeres. Una de las formas de violencia

contra las mujeres que la Iglesia tolera e incluso apoya deriva de su oposición al aborto

legal sin excepción. Forzar a una mujer a ser madre aun cuando el hijo sea producto de

una violación, o forzarla a dar a luz a un hijo con anencefalia destinado a morir a pocas

horas del parto, o forzarla a aceptar su muerte antes que interrumpir un embarazo son

actos de violencia que atentan contra la dignidad de una persona, especialmente en el

caso de las niñas menores de edad. Para entender la postura de la Iglesia frente a este tipo

de violencia contra las mujeres este capítulo se centra en dos usos diversos del concepto

de dignidad: el de la Iglesia usado para defender la penalización del aborto, y el de los

grupos laicos para defender la regulación del aborto. El capítulo analiza el rol de las

mujeres en la sociedad de acuerdo con los documentos de la Iglesia y el efecto que dicho

rol ha tenido y aún tiene en la construcción laica del aborto en Chile. Aunque el énfasis

principal está puesto en Chile, el capítulo también recoge ejemplos de otros países de

América Latina para ilustrar las semejanzas de la participación de la Iglesia en los

procesos políticos que afectan a las mujeres. El capítulo también analiza los discursos

laicos que la Iglesia escoge para oponerse a toda protección de las mujeres en caso de

aborto, incluso cuando la vida de la mujer embarazada corre peligro.

La Iglesia católica es la institución religiosa más influyente en América Latina. Pese

al aumento de nuevos credos, en 2010 más del 70% de los latinoamericanos se

identificaron como católicos.1 América Latina es, también, la región con mayor cantidad

122
de población católica en el mundo.2 En esta región la Iglesia no solo representa una

religión, sino que es, también, un actor político con influencia permanente en las elites,3

y un actor social que tiene la capacidad de llegar a gran parte de los sectores más

marginados de la población.4 En una región marcada por las diferencias socioeconómicas,

muy pocos grupos han sido capaces de unir a los pobres y a los ricos bajo la misma esfera.

Esta capacidad ha permitido a la Iglesia actuar como un tercero “neutral” en los conflictos

sociales y políticos, tanto a nivel nacional como internacional.5

A pesar del descrédito sufrido por la Iglesia luego que salieran a la luz pública

cientos de casos de pedofilia cometidos sistemáticamente durante años—abiertamente

encubiertos por la Iglesia—en muchas áreas sigue siendo una institución con estatus

moral para intervenir en todo tipo de asuntos, públicos y privados.6 Entre estos se

encuentra el papel tremendamente complejo e influyente que juega la Iglesia frente a

conflictos violentos y en la construcción jurídica del significado de violencia. Por ejemplo,

en Chile la Iglesia fue el actor más importante en la protección de los derechos humanos

durante la dictadura de Augusto Pinochet.7 En varios países de Centroamérica, la Iglesia,

junto con aliados estratégicos de otras iglesias cristianas, ha jugado un papel clave en la

negociación de procesos de paz entre pandillas (Brenneman 17, 145, 217-218). En todos

estos conflictos violentos, la Iglesia presenta una posición de rechazo a la violencia y al

hacerlo, no siempre usa argumentos basados en la fe. En su papel como actor social y

político, la Iglesia también usa discursos de instituciones laicas como el derecho

constitucional y los derechos humanos, los que a veces aparecen en el discurso de la

Iglesia de manera más preponderante que los argumentos basados en la fe.8 No cabe duda

que la posición de la Iglesia contra la violencia es encomiable. Sin embargo, ella no

123
contempla todas las situaciones violentas. Las mujeres y las niñas han sido

constantemente excluidas de los esfuerzos de la Iglesia en su lucha contra la violencia;

más aún, su posición respecto a las mujeres ha resultado en la normalización e, incluso,

la legalización de algunas formas de violencia brutal contra las mujeres.9 Es difícil separar

la postura de la Iglesia católica del trato laico que se da a las mujeres en países donde la

mayoría de los legisladores son parte de la Iglesia. Sin embargo, hay situaciones en las

que la postura de la Iglesia católica respecto a las mujeres se aparta de la posición

adoptada por las autoridades laicas. Es en esos momentos cuando la Iglesia interviene

como un grupo de presión para promover una agenda particular (Warner 2000).

La primera parte de este capítulo analiza la posición de las mujeres en la Iglesia.

Esta incluye la consideración del valor de las mujeres en tanto seres humanos y madres,

y los conceptos que suele usar la Iglesia de “dignidad femenina” y de “genio femenino.”

Dada la importancia generalizada del catolicismo en las sociedades de América Latina, no

cabe duda que la Iglesia es un actor político influyente. Por lo tanto, el punto de vista

católico respecto de las mujeres no solo incumbe a las mujeres católicas en el contexto de

su comportamiento religioso. También se traduce, con más o menos éxito, en estatutos

y políticas públicas que restringen la autonomía e integridad de las mujeres en modos

que aún no han sido estudiados sistemáticamente.

La segunda parte de este capítulo ilustra de qué manera los daños sufridos por

mujeres han permanecido invisibles para los sistemas legales laicos. Esta parte demuestra

de qué modo la invisibilidad del daño sufrido por las mujeres ha concordado con la visión

de la mujer en la Iglesia católica y cómo—incluso en los casos en que se protege a las

mujeres—el perjuicio real que estas han sufrido normalmente no forma parte de las

124
reglamentaciones predominantes.

La tercera parte, por su lado, presenta un análisis de la invisibilidad del daño que

sufren las mujeres por reglamentaciones específicas sobre el aborto. Demuestra cómo las

mujeres han estado permanentemente ausentes en las diferentes etapas de la discusión

en torno al aborto en Chile, para luego relacionar esta invisibilidad con el concepto

católico de dignidad femenina discutido en la primera parte y la diferencia entre el

concepto de dignidad como autonomía y dignidad femenina.

La cuarta parte argumenta que el concepto de dignidad femenina desarrollado por

la Iglesia ha sido dañino para las mujeres y para su participación como ciudadanas.

Mientras la idea laica de dignidad está ligada a la autonomía, el concepto de dignidad

femenina ubica a las mujeres más cerca del martirio que de la ciudadanía. La violencia

contra las mujeres, por lo tanto, es aceptada como normal y no dentro del terreno de lo

que consideramos como conductas violentas.

Dignidad humana y dignidad de las mujeres

Dignidad humana laica vs. Dignidad humana católica

Para la Iglesia católica, como para la mayoría de las religiones, mujeres y hombres

ocupan posiciones diferentes en la sociedad. Sin embargo, existe un discurso formal

acerca de la igualdad entre hombres y mujeres en su humanidad común.10 Según la

Iglesia, hombres y mujeres comparten una “igualdad esencial” que proviene de su

creación “a imagen y semejanza de Dios” (Título V 16 Par 3). Esta característica distintiva

de igualdad en los orígenes de la creación de hombres y mujeres es la fuente de la dignidad

de la persona humana (Catecismo de la Iglesia católica 3.1 Par 1700). La dignidad en su

125
fuente católica deriva del origen divino en la creación de hombres y mujeres. Desde un

punto de vista laico, la dignidad humana no se basa en un rasgo específico de los orígenes

del ser humano. En la mayoría de los abordajes laicos es irrelevante cómo hemos llegado

a existir. Lo importante es que todos los seres humanos comparten ciertas características

comunes que los hacen especialmente “dignos.” Una de las fuentes comunes del concepto

laico de dignidad humana es la idea que los individuos debieran ser capaces de tomar

decisiones que puedan afectar profundamente sus vidas.11 Esta es la noción kantiana de

dignidad (Kant 1989). En cierto sentido, la idea católica de dignidad se asocia también

con la de autonomía ya que “es esencial para un ser humano dirigirse [por sí mismo] por

su voluntad hacia su plenitud…”12

En su forma elemental, la dignidad humana católica no parece ser incompatible

con los usos más corrientes de la dignidad humana desarrollados por tratados y tribunales

internacionales, así como por cortes supremas o constitucionales en distintos países. Con

o sin Dios, es posible encontrar afinidades para un uso más o menos homogéneo del

concepto de dignidad humana.13 Según McDougal,

Históricamente, los valores de la dignidad humana han sido justificados según

premisas derivadas de los más diversos orígenes, trans-empíricos y empíricos,

tales como la religión, la ley natural, la metafísica, la ciencia, la historia, el sentido

común, etcétera, y parecería que no hubiera necesidad de escoger entre opciones

odiosas de los distintos tipos de justificación. Gente de muchos credos y creencias

diferentes ha demostrado hace tiempo que pueden cooperar para el logro de

valores compartidos, independientemente de la diversa procedencia de esos

valores (1959).14

126
El concepto de dignidad humana ha sido utilizado con frecuencia por tribunales de

diversos países para respaldar sus decisiones.15 Intelectuales, jueces, políticos y todo

aquél que quiera obtener apoyo para su causa con frecuencia usa el concepto de dignidad

humana. Después de todo, ¿quién podría estar en contra de la dignidad humana? Sin

embargo, estar a favor de la dignidad humana no significa que todos estén de acuerdo en

lo que se está apoyando. Los redactores de la Declaración Universal de los Derechos

Humanos tenían clara conciencia de esto por lo que decidieron incluir referencias a la

dignidad humana sin explicar qué significaba.16 Existían muchas “dignidades humanas”

en discusión que tenían poco o nada en común aparte de las palabras “dignidad” y

“humana.”

A pesar de esta diversidad de significados, tribunales en distintos países laicos han

usado la palabra dignidad con algunos sentidos recurrentes. Por ejemplo, dignidad en

tanto integridad corporal se usa con frecuencia para justificar una prohibición absoluta

de la tortura.17 El concepto también se ha usado para justificar la reglamentación del

aborto y la decisión de las mujeres de no embarazarse.18 La dignidad humana se cita a

menudo como la razón que permite a los individuos tomar decisiones que afectan

profundamente su vida personal, como, por ejemplo, a quién pueden amar.19 El concepto

también ha sido utilizado para rechazar la intromisión gubernamental en los cuerpos.20

De todos los conceptos de dignidad desarrollados por los tribunales e intelectuales laicos

hay uno que parece abarcar todos las demás: la obligación negativa de otros, entidades

públicas y privadas, de no humillar a un individuo. David Luban explica que, si la dignidad

es un concepto vinculado con el rango, la dignidad humana se refiere “al prestigio

otorgado simplemente por el hecho de ser humano” (2007). Tratar a alguien ignorando

127
su dignidad humana es tratarlo/la como si no fuera humano.

Hay muchos ámbitos en los que los discursos actuales, católicos y laicos, acerca de

la dignidad confluyen. Por ejemplo, en la lucha por la abolición de la pena de muerte, en

la protección de los derechos laborales, en la prohibición del uso de la tortura y para salvar

a los individuos de la violencia ejercida por las pandillas, por mencionar algunos. Sin

embargo, las diferencias son evidentes en las áreas específicas de género y sexualidad. En

ellas, la dignidad católica y la dignidad laica difieren completamente.

Dignidad humana católica y dignidad femenina

Si la dignidad humana es inherente a todo individuo, ¿es posible pensar en una

situación en la que un mismo acto, simultáneamente, viola la dignidad humana de alguien

y no viola la de otro individuo cuando ambos se encuentran en las mismas condiciones?

Es muy difícil, si no imposible, pensar que solo se violó la dignidad de algunos de los

detenidos que aparecen en las fotos en que soldados estadounidenses humillan a

prisioneros iraquíes en Abu Ghraib en 2004, mientras que la dignidad de otros, que

también aparecen fotografiados, no fue violada.21 Un ataque a la dignidad perjudica a todo

individuo involucrado en el ataque. Lo que constituye una violación a la dignidad humana

es la acción o la omisión que la socava.22

Para que el concepto de dignidad se utilice selectivamente en individuos diferentes

es necesario que haya una comprensión diferente de la dignidad para distintos individuos.

Es aquí donde las concepciones de dignidad humana de la Iglesia y la secular se separan.

Aunque la dignidad humana domina la atención de investigadores en diversas disciplinas

y nos encontramos con diferentes nociones de dignidad humana, la mayor parte de la

postura laica, si no toda, aplica el concepto a todos los individuos por igual sin tener en

128
cuenta su raza, género, orientación sexual, etnicidad, origen social o cualquier otro estado

social o natural. La dignidad humana católica, en cambio, está marcada por el género.

Aunque para la Iglesia todos los individuos han sido creados iguales, hombres y

mujeres tienen finalidades y vocaciones diferentes en la vida y su dignidad está marcada

por estas finalidades y vocaciones. No hay, por lo tanto, un concepto de dignidad, sino

dos: la dignidad humana universal, como se utiliza para los hombres, y un concepto de

dignidad marcado por el género que se utiliza para las mujeres y al que a veces se

denomina dignidad femenina.23 Esta distinción es fundamental para entender por qué

ciertos actos de violencia contra mujeres son tolerados por la Iglesia y no son

considerados como violencia real contra las mujeres: “Cada uno de los dos sexos es, con

una dignidad igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios.

La unión del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne

la generosidad y la fecundidad del Creador…” (Catecismo de la Iglesia católica 2335). Sin

duda,

Los recursos personales de la femineidad no son ciertamente menores que los

recursos de la masculinidad; son sólo diferentes. Por consiguiente, la mujer —

como por su parte también el hombre— debe entender su “realización” como

persona, su dignidad y vocación, sobre la base de estos recursos, de acuerdo con

la riqueza de la femineidad, que recibió el día de la creación y que hereda como

expresión peculiar de la “imagen y semejanza de Dios” (Mulieris Dignitatem Par

10).

Sólo si se concibe la construcción de la dignidad femenina como diferente de la

dignidad humana, es posible conciliar la aprobación y el apoyo a profundos actos de

129
violencia en contra de las mujeres como actos legítimos de sacrificio, como una “entrega

de sí” que la Iglesia entiende como parte de la vocación y dignidad de la mujer: “En el

cristianismo, más que en cualquier otra religión, la mujer tiene desde los orígenes un

estatuto especial de dignidad, del cual el Nuevo Testamento da testimonio en no pocos de

sus importantes aspectos…”24

Los escritos de la Iglesia de comienzos del siglo XX son claros sobre la diferente

concepción de la naturaleza humana de hombres y mujeres. Ninguno lo hace más

claramente que la Encíclica de 1930 del Papa Pío XI, Casti Connubii, sobre el Matrimonio

Cristiano. El documento explica el rol de la mujer en la “sociedad doméstica,” donde lo

que rige es “un orden de amor” (Par 26-27). En la sociedad doméstica, el sometimiento

de la mujer es innegable. Este incluye “tanto la primacía del varón sobre la mujer y los

hijos como la diligente sumisión de la mujer y su rendida obediencia.” Esta obediencia,

sin embargo, no coloca a la mujer en la misma jerarquía que a los hijos, pero prohíbe

“aquella exagerada licencia, que no se cuida del bien de la familia, prohíbe que en este

cuerpo de la familia se separe el corazón de la cabeza, con grandísimo detrimento del

conjunto y con peligro de ruina” (Par 26-27).

La perspectiva católica de la diferente naturaleza de la mujer y, por lo tanto, de su

dignidad diferente, no ha cambiado en esencia desde los tiempos de Pío XI. Sin embargo,

a medida que los derechos de las mujeres han ganado terreno, la Iglesia ha cambiado el

tono de su discurso respecto de las mujeres reconociendo, por ejemplo, el lugar de la

mujer en la esfera pública (Juan Pablo II 1995).

El documento que proporciona más información sobre la naturaleza de la dignidad

de la mujer es Mulieris Dignitatem del Papa Juan Pablo II. La Carta se refiere a la

130
dignidad de la mujer como “entrega de sí,” que implica una actitud receptiva a la

procreación y al servicio. Hacia el comienzo la Carta Apostólica de Juan Pablo II hace

referencia a la “dignidad extraordinaria de la ‘mujer’” que proviene de su capacidad

procreadora.25 La “plenitud de gracia” concedida a la Virgen María en la Anunciación es

“lo que es femenino.” La Carta añade “nos encontramos aquí, en cierto sentido, en el

punto culminante, el arquetipo de la dignidad personal de la mujer” (Par 5). El documento

no niega el sometimiento de la esposa al marido, pero trata de equilibrar el mandato

bíblico según el cual los maridos gobiernan a sus esposas. Explica que la “entrega de sí”

de la esposa es correspondida por el marido, lo que se traduce en el respeto por la esposa

que no puede ser tratada como un objeto de dominio masculino (Par 10). Sin embargo, el

texto advierte a las mujeres que la “justa oposición de la mujer frente a lo que expresan

las palabras bíblicas ‘él te dominará’ (Gén 3,16) no puede de ninguna manera conducir a

la ‘masculinización’ de las mujeres. La mujer—en nombre de la ‘liberación’ del dominio

del hombre—no puede tender a apropiarse de las características masculinas, en contra de

su propia ‘originalidad’ femenina” (Par 10).26 En ocasiones, la dignidad especial de la

mujer es llamada “vocación” de la mujer, “personalidad femenina” o “genio femenino”

(Par 3). Mulieris Dignitatem explica la virginidad y la maternidad como “dos dimensiones

particulares de la realización de la personalidad femenina” (Par 17).

Aborto y dignidad femenina

Hay varios elementos en la concepción del catolicismo acerca de la mujer y la

humanidad que hacen imposible que una mujer se deshaga de un embarazo. El primero

y más importante, la maternidad es parte de su dignidad extraordinaria y la maternidad,

para la Iglesia, comienza en el momento de la concepción. Sin importar la edad de una

131
mujer, su vocación es la maternidad y no se viola su dignidad si se obliga a una joven o a

una mujer a llevar adelante un embarazo no deseado. Todo plan, toda decisión, debe ser

sometida a la “apertura especial hacia la nueva persona; y éste es precisamente el papel

de la mujer” (Par 18). Para la Iglesia, la mujer embarazada, sin importar la edad,

circunstancias y calidad de vida futura, está cumpliendo con su dignidad femenina al

aceptar y recibir el embarazo con los brazos abiertos: “La maternidad involucra una

comunión especial con el misterio de la vida que se desarrolla en el útero de la mujer. La

madre se maravilla ante el misterio de la vida y comprende con intuición única lo que

sucede dentro de ella. A la luz del principio, la madre acepta y ama como persona al hijo

que lleva en su seno” (Par 18).

La “entrega de sí” que se materializa en la aceptación de la maternidad también

expresa la disposición al sufrimiento, el que, según los documentos de la Iglesia, a

menudo soporta mejor que los hombres (Par 19). La Carta también explica la vocación de

virginidad y maternidad espiritual de las mujeres que no se casan. El “misterio de la

mujer” es tridimensional: “virgen-madre-esposa” (Par 22).

Según la Iglesia, las mujeres son madres. Más aún, el ser humano comienza con la

concepción, haciendo madres a las mujeres aún antes de que sepamos si estamos

embarazadas, sin importar las circunstancias en que dicho embarazo pudiera suceder

(Catecismo de la Iglesia católica 2270). Así, una niña de once años embarazada no puede

buscar un aborto, aunque su vida corra peligro. Incluso la fecundación forzada debe ser

aceptada tanto por mujeres como por niñas.27 Esto no significa que, en principio, la

Iglesia se oponga a castigar a los autores de esos crímenes. Significa que, para la Iglesia,

el embarazo nunca es un daño al que haya que poner fin. Es el destino de la mujer

132
que, en circunstancias ideales, debiera suceder dentro del matrimonio y como un acto

de amor. Sin embargo, en otras circunstancias, aún es una situación que niñas y mujeres

deben aceptar como parte de su dignidad femenina.

A diferencia de la dignidad femenina católica, no existe una idea laica de la

dignidad que esté sujeta al embarazo per se. Dicho de otro modo, el embarazo no hace

que una persona sea más o menos digna, independiente de cual sea el significado que le

demos a dicho concepto. Si todas las personas, sin distinción de sexo, gozan de la misa

dignidad inherente, el embarazo no puede constituir una diferencia en el respeto que los

sistemas judiciales les ofrecen a los individuos cuando dichas regulaciones afecten la

dignidad humana. Una concepción laica de dignidad humana lleva al imperativo jurídico

de tratar a las mujeres con igualdad y a respetar sus opciones de vida más profundas.

Cuando un sistema legal recoge una concepción católica de la dignidad humana, las

mujeres no gozan de los mismos derechos que los hombres, ya que en esos casos su

dignidad proviene de la reproducción y el sacrificio.

La inexistencia histórica del daño a las mujeres: aborto, violación y

violencia doméstica

Históricamente, las mujeres no han sido iguales a los hombres. El modo en el que

la Iglesia consideraba a las mujeres, como subordinadas a los hombres, constituyó el

modo en que los sistemas jurídicos concibieron a las mujeres: como subordinadas a los

hombres. América Latina, colonizada mayormente por España, heredó las leyes basadas

en la concepción católica de la mujer. Su participación en la sociedad dependía de su

vínculo con otros: como esposas, hijas y madres. En Chile, las mujeres no tuvieron el

derecho a la participación política hasta 1949.28 Pero aún luego de su incorporación como

133
votantes, ha llevado años para que el sistema legal considere a las mujeres como

portadoras de los mismo derechos y no como seres con un rol específico que cumplir. Este

es el problema del debate actual respecto del aborto en Chile y ha sido siempre el

problema para reconocer daños concretos sufridos exclusiva o principalmente por

mujeres. Si las mujeres tienen un rol específico que cumplir en la sociedad y el

cumplimiento de ese rol las dignifica como mujeres, todo sufrimiento que implique el

cumplimiento de dicho rol no puede ser considerado un sufrimiento ilegal. El hecho de

que Chile haya oficialmente separado Iglesia y Estado en 1925 no se tradujo en un sistema

jurídico igualmente separado de las normas y principios religiosos. Mucho después de

esta separación, las mujeres han sido tratadas de manera diferente, debiendo acatar el rol

bíblico de la mujer, aunque disfrazado en un discurso laico.

Las mujeres podían gozar de la protección legal en todos los ámbitos en que el

género es neutral: homicidios, agresiones físicas de extraños, robos y otros crímenes

contra la propiedad privada. Sin embargo, el derecho penal ha sido históricamente

indiferente a los daños concretos sufridos mayor o exclusivamente por mujeres: la

violencia doméstica no existió como figura penal hasta hace pocos años. La violación

sexual y los abusos sexuales en general no tenían, hasta hace poco, como sujeto de

protección directo a la mujer sino a las familias. El embarazo no deseado no tenía

escapatoria y cuando comenzó a regularse se hizo desde una perspectiva penal y sanitaria,

sin las mujeres. En tanto las mujeres han ganado visibilidad como ciudadanas e

individuos autónomos, ciertos daños concretos que sufren las mujeres han

paulatinamente cobrado, también, reconocimiento legal. Este es un proceso continuo que

ha necesitado un cambio de mentalidad respecto al rol de las mujeres en la sociedad; este

134
cambio de mentalidad incluye el desplazamiento desde una concepción de la mujer que

cumple un rol específico en la vida, a juicio de la Iglesia merecedora de la dignidad

femenina, hacia una concepción de la mujer como portadora de dignidad humana en

igualdad de condiciones a la reconocida a los hombres: una dignidad humana laica.

La reproducción como un rol natural: reglamentación de la violencia sexual sin

mujeres

Mientras las mujeres fueron “el otro” en el proceso político, lo que las definía era

su rol en la reproducción y la crianza de los hijos. El daño sufrido por las mujeres también

se determinaba por el daño de su capacidad reproductiva y por el trastorno en la crianza

de los hijos. Por lo tanto, la violación y la violencia sexual no podían reconocerse como

daño per se, sino en tanto perturbaran el rol natural de la reproducción. En el caso de los

delitos sexuales contra mujeres, el Código Penal Chileno de 1874 imponía un castigo más

severo al secuestro con “fines deshonestos” de una “mujer de buena fama,” que al

secuestro de una mujer que no gozara de buena reputación (Artículo 358). En lo que

respecta a la violación, durante muchos años no era suficiente que una mujer mayor de

12 años se opusiera a una tentativa de relación sexual. Para que una relación sexual se

convirtiera en violación debía darse mediante la fuerza o la intimidación, o la mujer debía

estar privada de razón (Artículo 361). La falta de consentimiento no era suficiente para

provocar una sanción penal. Más aún, tal y como lo establecía la Biblia, el matrimonio

entre la víctima y el victimario anulaba el procedimiento penal o la sanción (Artículo 369).

En todos los casos de delitos sexuales sólo un reducido número de individuos, incluida la

víctima, tenían legitimación activa para presentar una denuncia penal (Artículo 369). Si

se lo compara con las referencias bíblicas, el primer Código Penal de Chile constituyó una

135
mejora en la situación de las mujeres, aunque ambos daban más importancia a la

violación de una mujer dependiendo de la percepción que otros tuvieran de su

honestidad. En el caso de Chile, la mujer se encontraba en mejores circunstancias si tenía

“buena fama.” Esta disposición respecto de la violación era similar a la norma bíblica que

establecía una diferencia entre la violación a una mujer casada y a una virgen

(Deuteronomio 22).

No era infrecuente en las decisiones de los tribunales chilenos de finales del siglo

XIX que se absolviera a presuntos delincuentes porque existían dudas sobre la virginidad

de la víctima,29 o si el agresor se casaba con la víctima.30 Los delitos sexuales se incluían

en el Título VII del Código Penal Chileno, “Crímenes y simples delitos contra la moralidad

pública y el orden de la familia.”31 El Titulo refleja los verdaderos intereses de la sociedad:

moralidad, honestidad, familia y honor. Proteger la integridad y autonomía de las mujeres

no fue la razón para penalizar la violación y otros delitos relacionados.

Hasta hace poco la diferencia entre mujeres de buena o mala reputación era

habitual en muchos países de América Latina. Hace menos de treinta años, la Cámara

Constitucional de la Corte Suprema salvadoreña concluyó que la violación de una

prostituta no podía ser castigada con penas similares a las aplicadas cuando la violación

la sufría una mujer que no era una prostituta: “El legislador no puede desconocer la

existencia de esa clase de mujeres y la menor responsabilidad que tiene un hombre

provocado por una mujer de esa condición, que naturalmente no puede ser el mismo

respeto que se tiene para una mujer honesta.”32

Que la violación sea reconocida como un delito contra la autonomía sexual ha

necesitado un cambio en la percepción de las mujeres en tanto individuos dotados de

136
dicha autonomía. Este cambio ha sido aún más difícil en el caso de las mujeres casadas.

Académicos y legisladores han discutido por años si la violación puede suceder entre

esposos. Para algunos, un hombre no puede cometer el delito de violación cuando tiene

relaciones sexuales con su esposa, “aún si [la relación sexual] ha sido forzada o [realizada]

contra la voluntad de la mujer” (Perkins 115). Hasta 2005 los tribunales mexicanos tenían

fallos contradictorios respecto de la violación dentro del matrimonio. Ese año,

finalmente, la Corte Suprema de México prohibió toda interpretación de los tribunales

inferiores que trate de manera diferente a mujeres casadas o solteras en casos de

violación.33 Hasta entonces, hubo fallos que rechazaron la violación dentro del

matrimonio aduciendo que era legalmente imposible. Por ejemplo, en 1989, un tribunal

mexicano afirmó que “la relación sexual realizada con violencia por el marido o sin el

consentimiento de la esposa no puede ser considerada violación porque si [el esposo] usa

a la esposa con fines sexuales está ejerciendo un derecho legítimo.”34 En 1992 otro juzgado

afirmó que:

1. El derecho mutuo al débito carnal, lo adquieren los cónyuges con la

celebración del matrimonio.

2. La imposición de un cónyuge hacia el otro de la cópula normal, mediante

la violencia, no configura el delito de violación, sino que se traduzca en el

ejercicio indebido de un derecho, por lo que de existir este tipo legal sólo se

podrá sancionar por este delito, y en su caso contrario, únicamente por las

lesiones que resulten de la ejecución de la violencia.35

Estos fallos muestran que a finales del siglo XX los sistemas judiciales aún

consideraban el cuerpo de la mujer como pertenencia del marido o del matrimonio. El

137
matrimonio ha sido utilizado como una autorización en blanco para usar el cuerpo de la

esposa. El caso mexicano que provocó la interpretación de la Corte Suprema que

reconoció la violación conyugal castigó la violencia extrema contra las mujeres. El

testimonio de la esposa, incluido en el fallo, demostró el uso de la violencia sexual como

medio de humillar y controlar a la esposa. Mientras el marido apuñalaba a su esposa le

gritaba “MÍA O DE NADIE” (8). Aun cuando el fallo reconoció la posibilidad legal de la

violación entre cónyuges, los argumentos no tuvieron en cuenta el daño real sufrido por

la esposa y se puso el énfasis en la intención del esposo más allá de su “lujuria:”

[Ya que] la intención del activo no fue sólo el satisfacer su libido, [sino] demostrar

la superioridad y dominio hacia la pasiva, sometiéndola para imponerle la cópula

en condiciones humillantes (habiéndola seriamente lesionado), el débito carnal

perdió su vigencia, pues la cónyuge con el matrimonio no se obligó a prestarse a

una relación sexual en esas circunstancias (8-9).

La violación conyugal era aún más invisible en los sistemas de precedentes como el

americano o el inglés. William Blackstone definió coverture como la unidad entre el

marido y la esposa bajo la identidad del marido (1769). Matthew Hale lo describió de la

siguiente manera: “el esposo no puede ser culpable de una violación cometida por él

contra su esposa legítima, ya que ella no puede revocar el consentimiento mutuo” (629).

El Código Penal chileno no eximía a los maridos del delito de violación. Sin

embargo, incluso hoy en día, es extremadamente difícil probar que un marido ha

cometido una violación. Los principios del derecho penal construidos pensando en que

víctima y victimario no tienen una relación de parentesco no favorecen a las víctimas de

violación, menos aun cuando la esposa es atacada sexualmente por el marido (Lemaitre

138
Ripoll 2008: 581). Entre la presunción de inocencia y la prueba de culpabilidad más allá

de toda duda razonable, las víctimas de abusos sexuales se enfrentan a un sistema en el

cual su palabra vale menos que la palabra del victimario. Probar falta de consentimiento,

aun cuando exista evidencia de violencia, puede ser complicado cuando la sociedad cree

que una relación sexual consentida puede, también, ser violenta. En esas circunstancias

probar la falta de consentimiento, aun cuando exista evidencia de violencia, es muy

complicado.

Reglamentación del aborto con Dios y sin mujeres

Históricamente, las mujeres han acabado con embarazos no deseados con los

medios más precarios disponibles. Los riesgos de morir, sufrir serios problemas de salud

de por vida y soportar dolores atroces, no ha disuadido a millones de mujeres de buscar

modos de terminar el embarazo. A pesar de ser una práctica que involucra y afecta a las

mujeres, la historia de la reglamentación del aborto en Chile ha tenido escasa o ninguna

participación de mujeres. La falta de participación de las mujeres ha hecho que el daño

que ellas sufren sea invisible para el sistema legal.

El aborto fue reglamentado en el primer Código Penal chileno de 1875. Según

Antonio Bascuñán, los autores del Código de 1875 consideraron que el aborto, cuando era

realizado por un médico, debía, en ciertas circunstancias, ser exceptuado de sanciones

penales (Bascuñán Rodríguez 145). La postura de los autores reflejaba la opinión de la

mayoría de los académicos, tanto en medicina como en derecho (145). Así, el Código

afirmaba que el aborto era un acto criminal cuando se cometía “maliciosamente.”

Bascuñán asevera que cualquiera que sea la interpretación subjetiva de comportamiento

malicioso vinculada a la realización de un aborto, nunca fue interpretada en el sentido de

139
una teología moral que restringiera la posibilidad de excepciones, excepto en casos

contemplados por la doctrina del doble efecto.36 El aborto inducido como medio para

salvar la vida de la mujer embarazada era considerado legal por la comunidad médica

(145).

Las primeras discusiones sustantivas en torno al aborto en Chile se llevaron a cabo

en la segunda década de siglo XX, cuando los médicos comenzaron a prestar

atención al problema de la mortalidad materna causada por abortos inseguros. Al menos

hasta 1925 los hospitales en Chile no llevaron estadísticas de abortos (Del Campo Peirano

2008). Del Campo Peirano afirma que las primeras estadísticas provienen de dos

hospitales públicos de Santiago. En 1920 el aborto se había convertido en una

preocupación para la comunidad médica. Las mujeres llegaban a los hospitales

sufriendo riesgos inminentes para su salud y su vida luego de haberse realizado

abortos inseguros. Sin embargo, la mayor preocupación que planteaban los médicos

no era el problema de la muerte de las mujeres ni de los riesgos para la salud de estas,

sino las consecuencias para una nación joven como Chile de tener un escaso número

de recién nacidos. (Del Campo Peirano 2008).

Esta discusión era solo otro punto de vista sobre un problema mayor que

preocupaba a las elites chilenas: la necesidad de contar con una próspera y saludable “raza

chilena” (Subercaseaux 29-63, 55). En 1917, con el objetivo de difundir las ideas de la

eugenesia, un médico fundó la Liga Chilena de Higiene Social (56). Las ideas darwinianas,

extendidas en ese momento a través de numerosos países,37 comprendían la erradicación

de las enfermedades venéreas y el control de los comportamientos considerados viciosos,

como el alcoholismo y la prostitución. Estas ideas también incluían la criminalización del

140
aborto o el endurecimiento de las sanciones en casos de aborto. En el caso de Chile, la

Liga sostenía que el aborto y la anticoncepción debían ser erradicados ya que iban “contra

los intereses de la patria” (Del Campo Peirano 242-243). Este argumento eugenésico se

combinaba también con un discurso que, en su origen, puede ser interpretado como

religioso. Según Del Campo Peirano, los estatutos de la Liga chilena prometían

“proteger…a los tiernos seres que duermen el sueño de la inocencia en el claustro

materno” (242-243). Sin embargo, en aquel momento, la mayoría de las preocupaciones

en torno al aborto estaban relacionadas con la necesidad de mantener altos niveles de

crecimiento poblacional.

Es difícil saber si los médicos que comenzaron a plantear la cuestión del aborto lo

hicieron motivados por sus creencias religiosas. Uno de los primeros médicos en apoyar

la idea de legalización del aborto admitió que a pesar de “ser un católico ferviente” no

estaba en condiciones de elogiar el hecho de tener un bebé o de hacerse un aborto y que,

al final, era una decisión que solo podía tomar un médico que pensara “como un hombre

y un cirujano” (Urzúa 5). Aun cuando se reconocía que las mujeres podían sufrir daño

ante la falta de prácticas abortivas seguras, las mujeres no eran consideradas individuos

autónomos capaces de tomar decisiones. Un aborto no era algo que una mujer pudiera

decidir sin un médico—y no había médicas para decidir.

Muchos médicos creían que el aborto era una práctica más común entre mujeres

de niveles socioeconómicos medio y alto. Las estadísticas, sin embargo, provenían de los

hospitales públicos que recibían a las mujeres pobres después de que habían tenido un

aborto inseguro (Del Campo Peirano 2184). Aunque la mayoría de los médicos se oponía

a la práctica del aborto, en el caso de mujeres solteras embarazadas tendían a culpar a

141
la sociedad y apoyaban mayor protección para éstas como un modo de disminuir los

abortos (2238). Culpaban a la pobreza y la deshonra como dos de las causas principales

por las que las mujeres buscaban un aborto (2258). La comunidad médica, así como la

comunidad jurídica, estaba compuesta en su mayoría por hombres. La autonomía de

las mujeres nunca fue parte de la discusión sobre el aborto. En el caso de las mujeres

pobres, la causa del aborto debía ser la necesidad económica o la vergüenza social. En

el caso de las mujeres ricas, tenía que ser el egoísmo del matrimonio o la vergüenza

social. Del Campo Peirano cita al doctor Monkeberg, quien afirmó que algunos

matrimonios decidían ligeramente sobre el aborto a causa de la “ignorancia de la vida

embrionaria” que era “tan sagrada y respetable como la vida de la madre que lo llevaba

en su seno” (2258). Vemos aquí la imposibilidad de separar los argumentos laicos y

religiosos contra el aborto.

Un médico marcó la diferencia al hablar abiertamente sobre la necesidad de

reglamentar el aborto por el daño que los abortos inseguros causaban a las mujeres. El

doctor Víctor Gacitúa escribió que no había discusiones públicas, fuera de los círculos

feministas, sobre las razones por las cuales las mujeres se hacían abortos a pesar de los

riesgos para la vida y la salud. Sin embargo, el doctor Gacitúa trataba a las mujeres

contemplando su relación con los demás, lo que justificaba la necesidad de reglamentar

el aborto: “El aborto debía ser discutido para evitarle a la mujer ‘que es nuestra madre,

nuestra esposa, nuestra hija y nuestra hermana, los peligros, muchas veces graves, a que

se ve expuesta en tales circunstancias” (Gacitúa, “Sobre el Aborto Criminal,” 7).

Las discusiones médicas de las primeras décadas del siglo XX no incluían las voces

de las mujeres. Dichas discusiones iban desde la reglamentación del aborto en ciertos

142
casos a su prohibición en todos los casos. La Iglesia católica t ambién intervino

públicamente sosteniendo una postura similar.38 Por el contrario, las organizaciones

feministas tenían sus propias posiciones respecto del aborto. El boletín feminista del

Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres publicaba reiterados editoriales sobre el

problema del aborto para las mujeres de clase trabajadora.39

Como complemento al Código Penal, el Código Sanitario de 1931 codificó los

abortos legales con el siguiente texto:

Artículo 226: Sólo con fines terapéuticos se podrá interrumpir un embarazo o

practicar una intervención para hacer estéril a una mujer quiere la opinión

documentada de tres facultativos. Cuando no fuere posible proceder en la forma

antedicha, por la urgencia del caso por falta de facultativos en la localidad, se

documentará lo ejecutado por el médico y dos testigos, quedando en poder de

aquél el testimonio correspondiente.

En 1967 este estatuto sufrió una modificación procesal que cambió los testigos por la

opinión de dos cirujanos (Decreto con Fuerza de Ley 725). Aún después de estas

modificaciones, el acceso al aborto fue difícil y el riesgo de penalización mantuvo a las

mujeres en el mercado del aborto clandestino. Para entonces, las complicaciones por

abortos inseguros eran un problema creciente para la salud pública. Según al menos un

autor, alrededor del 35% de las cirugías en los servicios de obstetricia derivaban de

abortos inseguros y el 26,7% de todas las transfusiones sanguíneas realizadas en salas de

emergencia estaban destinadas a mujeres que presentaban complicaciones luego de

haberse sometido a abortos inseguros (Piper Mooney 2008).

En la década de 1960, Chile comenzó a implementar una política de planificación

143
familiar que fomentaba el uso de anticonceptivos. Este cambio tuvo lugar a pesar del

hecho que el Papa Paulo VI rechazó el uso de todos los métodos anticonceptivos no

naturales en la Encíclica Humanae Vitae. Curiosamente, el presidente de Chile que

impulsó el cambio pertenecía al partido político Democracia Cristiana y era católico. Sin

embargo, Eduardo Frei Montalva comprendió que la anticoncepción podía reducir el

número de abortos inseguros. Además, el Cardenal de Santiago, Raúl Silva Henríquez,

hizo hincapié en la Encíclica como un documento a favor de la responsabilidad de los

padres más que como un documento contra la anticoncepción (Del Campo Peirano

3508).

Aunque las principales beneficiarias de los métodos anticonceptivos eran las

mujeres, a las políticas públicas y a los debates médicos de los sesenta les faltaron la

perspectiva de las mujeres, así como había sucedido durante las discusiones de los años

veinte y treinta. Todas las posturas tanto a favor como en contra de la anticoncepción, así

como aquellas a favor y en contra de la reglamentación del aborto, consideraron a la mujer

como un objeto controlado por los médicos o por la naturaleza. Quienes debatían estos

temas entendían algunos de los problemas que enfrentaban las mujeres, pero en ninguna

circunstancia se incluyó en el debate cuestiones como la autonomía o la ciudadanía de las

mujeres.

La ley chilena mantuvo el aborto terapéutico hasta 1990. Ese año, y gracias al

pedido directo de la Iglesia católica a la junta militar, se derogó el Artículo 19 del Código

Sanitario.

La Iglesia católica y el aborto en Chile

El fin del aborto terapéutico bajo el régimen militar

144
Durante los últimos días de la dictadura de Pinochet (1989-1990), la junta militar

se mantuvo ocupada promulgando leyes y reglamentos que le garantizaran el poder aún

en una democracia formal. Una de las “leyes” que el régimen quería derogar era la del

aborto terapéutico reglamentado en el Código Sanitario. El régimen militar, a pesar de

ser una dictadura, tenía una obsesión por aparentar tener un poder legislativo en

funciones. Se discutían “proyectos de ley” y los cuatro miembros de la junta militar hacían

las veces de legisladores. Así, la modificación al Código Sanitario comenzó con un

proyecto propuesto por el Comandante en Jefe de la Armada el 6 de julio de 1988. La

introducción al proyecto explicaba que ya que la constitución chilena afirmaba que “la ley

protege la vida del que está por nacer,” el Comandante en Jefe de la Armada concluía que

el Código Sanitario era incompatible con este mandato constitucional: “La amplitud e

imprecisión de su Artículo 119 no resguarda la vida en su etapa intrauterina.” El proyecto

también afirmaba que el Código Penal tenía dos conceptos diferentes de “vida,” uno para

el ser que ya había nacido y otro para quien está en el vientre materno. Finalmente, la

introducción afirmaba que “[e]l proyecto representa para autoridades, profesionales y

ciudadanos de este país un punto de partida ineludible para…reforzar las acciones

protectoras para la vida del que está por nacer” (Historia de la ley N 18.826).

El proyecto incluía varias modificaciones al Código Penal que aumentaban las

sanciones para el delito de aborto y limitaban las facultades de los profesionales de la

salud. La modificación original, sin embargo, todavía incluía una excepción para casos en

que fuera necesario tratar a las mujeres embarazadas por una enfermedad grave que

pudiera causar indirectamente la muerte del feto. En esos casos, el proyecto exigía la

opinión de un médico especialista en obstetricia, otro especialista en pediatría y un tercer

145
médico que, en lo posible, fuera el director del hospital en donde se trataba a la mujer

embarazada (Historia de la ley N 18.826). La historia legislativa del proyecto muestra

varios “informes técnicos” sobre el derecho a la vida y el aborto terapéutico. Un informe

de la Facultad de Economía y Administración de la Universidad Federico Santa María

afirma: “Entre la supervivencia de la madre o la del feto, la solución real solo puede

provenir de la ciencia y la habilidad médicas, y también de las virtudes morales que

la misma maternidad exige naturalmente a la mujer” (Historia legislativa 47).

A pesar de que la mayoría de los informes sugiere que la protección de la vida del

niño no nacido requiere sanciones más estrictas para casos de aborto ilegal y que el aborto

terapéutico es necesario en escasas ocasiones, la Comisión Legislativa Conjunta

concluyó que no era necesario reglamentarlo (106-120). Un mes después, los ministros

de Justicia y de Salud reactivaron una vez más el proceso legislativo (129). En el

primer proceso legislativo solo participaron hombres. La comisión conjunta y los

fundamentos técnicos contenidos en un informe enviado a la comisión fue elaborado

por médicos, abogados y sacerdotes, todos hombres. Ninguno de los fundamentos

técnicos dedicó la menor consideración a pensar sobre cómo la decisión de practicarse

un aborto afectaba a la mujer como individuo autónomo. Las discusiones en torno al

aborto terapéutico trataban el cuerpo de la mujer como si fuera un objeto que necesitaba

intervención.

El dilema moral no es cuál de las dos vidas “elegir,” la de madre o hijo, sino cuál

acto realizar: el de quitar la vida al feto (un homicidio), o el de no hacer nada al

respecto, incluso si ese no hacer pudiera derivar en el deterioro de la salud de la

madre o en su eventual muerte. Si no se establece la clara diferencia moral entre

146
matar y dejar morir, carece de sentido todo el debate actual en torno a la

eutanasia (52).

Hubo solo una opinión, la de un profesor de la Facultad de Medicina de la

Universidad de Chile, que afirmó que era fácil hablar del aborto cuando no se era una

mujer en esa situación. Sin embargo, luego se concentró en la necesidad de prevenir

los embarazos indeseados y no profundizó sobre la reglamentación del aborto (90).

Luego que el proyecto se presentó nuevamente, hubo una segunda ronda de

fundamentos técnicos. Curiosamente, la Iglesia evangélica luterana emitió un dictamen

basado en la realidad de las mujeres que buscan abortar. Afirmaba que las sociedades

debían evitar las situaciones de pobreza y proporcionar más apoyo a las mujeres en el caso

que estas decidieran no abortar. El argumento se basaba, sin embargo, en la

consideración del aborto como una opción trágica que solo la mujer embarazada y su

familia podían tomar (139).

La mayoría de los informes consideraba injustificable al aborto en casos en que la

vida de la mujer embarazada estuviese en peligro. Algunos médicos de la Facultad de

Medicina de la Universidad Católica señalaron que los abortos terapéuticos eran muy

raros o inexistentes. La postura de los médicos de la Facultad de Medicina de la

Universidad de Chile tuvo más matices: existían diversas situaciones donde la vida de la

mujer embarazada podía estar en riesgo y podía ser necesario un aborto. Esta postura

también planteó el tema de los fetos no viables llevados a término por falta de una

excepción jurídica al aborto ilegal en esa situación (161). Jorge Medina, entonces un

obispo chileno que luego se convertiría en Cardenal de la Iglesia católica y prominente

figura dentro del Vaticano, envió una carta a los cuatro miembros de la junta militar

147
solicitando que se derogara el aborto terapéutico del Código Sanitario chileno. En su

carta, el obispo Medina sostenía que los avances científicos “nunca ponen en

contraposición la vida de la madre y la vida del feto” (2). La carta explica que incluso si

hubiera un conflicto entre la vida de la mujer embarazada (a quien Medina llama “la

madre”) y el feto, “la moral cristiana nunca ha permitido…se salve la vida de la madre

destruyendo directamente la vida del hijo que está por nacer” (2). En la carta, Medina

afirmaba que el camino al aborto masivo estaba abierto en Chile, del mismo modo que “en

tiempo de la Unidad Popular [refiriéndose a la coalición Socialista de gobierno

derrocada por el golpe militar] este fue el camino para realizar abortos bajo el amparo

legal” (2). Medina explica que “es posible que no exista otra oportunidad como la presente

para enmendar el rumbo de una legislación que contradice la moral cristiana y cuyos

efectos pueden ser nefastos para la vigencia de los grandes valores que forman el alma

nacional…” (2). Medina se refiere al hecho que el régimen militar estaba a punto de

terminar y la democracia iba a ser reestablecida. En otras palabras, era el mejor momento

para hacer la reforma a puertas cerradas y sin la oposición de las organizaciones que

luchaban a favor de los derechos de las mujeres—o, de hecho, cualquier otra organización.

Finalmente, Medina terminó su carta: “pido a Él para ustedes la bendición por todo

el bien que han hecho a nuestra querida Nación” (3). Es a lo menos extraño que el

obispo Medina alabara a la dictadura por el bien hecho al país en un momento en que

el régimen militar cometía violaciones a los derechos humanos que incluían tortura,

asesinatos y desaparición de personas—violaciones que eran conocidas por la mayoría del

pueblo chileno—especialmente cuando la alabanza provenía de una Iglesia católica que,

bajo el liderazgo del Cardenal Raúl Silva Henríquez, había estado a la vanguardia de la

148
defensa de los derechos humanos.40

La discusión del “poder legislativo” desestimó los dictámenes de los médicos que

habían afirmado que los abortos terapéuticos no eran frecuentes, pero sucedían. En un

momento de la discusión, uno de los miembros, el capitán Sánchez, afirmó que era una

opinión unánime entre los expertos que los médicos nunca se habían enfrentado con la

necesidad de practicar un aborto terapéutico (177). Fernando Matthei, miembro de la

junta militar, negó que hubiera una postura unánime. Sin embargo, al final estuvo a favor

de aprobar el estatuto, cerrando la puerta al aborto terapéutico.

Hubo también un diálogo entre el general Matthei y el Ministro de Salud que

demuestra la irracionalidad del proyecto de ley. El Ministro de Salud explicó que el último

“aborto terapéutico” registrado en un hospital público había tenido lugar ocho años atrás.

Al mismo tiempo, en 1987, hubo alrededor de 22.000 abortos clandestinos que llevaron

a los hospitales públicos a mujeres que presentaban complicaciones derivadas de dichos

abortos. Matthei preguntó si el proyecto eliminaría esos 22.000 casos y el Ministro de

Salud respondió: “Eso es absolutamente imposible” (177). Matthei le preguntó entonces

al Ministro si llevaría a esas 22.000 mujeres a la cárcel y la respuesta fue que no. La

discusión terminó con Matthei afirmando, “firmé el informe pues, en realidad, no tiene

ningún efecto.” El Ministro de Salud aceptó que era un “problema de principios.”

En la última sesión legislativa, durante la cual se aprobó el cambio legislativo, hubo

treinta y dos hombres y tres mujeres. El Código Sanitario fue modificado en su Artículo

119: “No podrá ejecutarse ninguna acción destinada a provocar el aborto.” Durante

los dos años en los que la junta militar discutió este proyecto, recibió siete dictámenes

de expertos. Todos ellos fueron redactados por hombres y cuatro de los expertos se

149
identificaron abiertamente con un credo religioso o habían realizado sus estudios de

medicina en una institución católica.41 Durante el proceso del segundo proyecto, la junta

militar recibió seis dictámenes. Todos fueron redactados por hombres, cinco de ellos

fueron confeccionados por individuos que habían realizado estudios o tenían afiliación

profesional con la Universidad Católica de Chile, o pertenecían abiertamente a un credo

religioso.

El nuevo debate sobre el aborto y el enfrentamiento de Dignidad católica y Dignidad

laica

El 31 de enero de 2015, la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, envió al Congreso

un proyecto de ley que regula la despenalización de la interrupción voluntaria del

embarazo por tres causales. El primer encabezado del Mensaje de la Presidenta se titula:

“la dignidad de las mujeres como atributo inviolable y el deber de respeto y protección.”42

Por primera vez el aborto es analizado poniendo la vida de las mujeres en el centro de la

escena. El Mensaje de la Presidenta explica la necesidad de equilibrar la protección

constitucional “de la vida del que está por nacer” con situaciones que afectan la vida, la

salud y la dignidad de las mujeres.43 El Mensaje vincula la dignidad de las mujeres con la

autonomía, enfatizando que Chile es un estado laico y que en circunstancias extremas el

Estado debe respetar la voluntad de las mujeres de continuar o interrumpir el embarazo.44

En el núcleo del proyecto se encuentra el respeto de la dignidad humana vinculada a la

autonomía, equilibrando al mismo tiempo el interés legítimo del Estado de proteger la

vida prenatal.

Como respuesta al proyecto, la Conferencia Episcopal Chilena publicó una carta

con el siguiente encabezado: “El derecho humano a la vida, a una vida digna para toda

150
persona.”45 La posición de la Iglesia en el documento reafirma el rol de las mujeres

instándolas a aceptar su destino. Pese a que reconoce que el embarazo puede ser una

experiencia dolorosa, presenta el aborto como “una rápida solución” para las mujeres que

sufren la angustia del embarazo, especialmente en casos de embarazo producto de una

violación o en circunstancias de extrema pobreza. La Iglesia asume una postura semi-

empática con relación al dolor del embarazo no deseado, pero no puede aceptar que este

sea en sí un daño a una mujer.

A diferencia del concepto laico de dignidad, donde la autonomía debe ser tomada

seriamente, la Iglesia asume que la mujer embarazada es madre y que su vida y la del feto

comparten un interés común y único. El documento afirma que “una actitud

verdaderamente cristiana, mirará siempre, en estos casos, la vida, la dignidad y el mayor

bien de la madre y de su hijo, y jamás la exclusión y supresión deliberada de uno de

ellos.”46 El embarazo, a cualquier edad y en cualquier circunstancia, hace

automáticamente madres a niñas y mujeres. Al mismo tiempo, los intereses de las madres

son los intereses del hijo. El sufrimiento de la mujer embarazada es comprensible, pero

según la postura de la Iglesia ella debe aceptar su destino, su rol de madre, su dignidad

femenina. La sociedad debe acompañar a la mujer embarazada en su sufrimiento, pero

no puede permitirle decidir la vida que va a vivir.

El comentario oficial de la Iglesia sobre el proyecto de ley utilizó tanto argumentos

religiosos como laicos. Por un lado, en varios pasajes se refiere al niño por nacer y a la

vida inocente como una creación de Dios. Por otro lado, se refiere al derecho a la vida

reconocido por el Código Penal, la Constitución de Chile y los tratados internacionales, y

afirma que el proyecto puede ser inconstitucional al privar del derecho a la vida a

151
ciudadanos chilenos que merecen nacer. El documento supone, como lo hace la posición

contemporánea de la Iglesia respecto del aborto, que el ser humano no es un proceso, sino

un acto automático que sucede incluso antes que sepamos que esa persona existe.

También considera que el inicio de la maternidad es un hecho automático. Ambas, la

condición de persona y la maternidad, suceden en el momento de la concepción.

La posición de la Iglesia respecto de la dignidad de la vida desde la concepción sólo

puede sostenerse desde un punto de partida basado en la fe. No hay motivos científicos ni

históricos para afirmar que, en Chile, como en otros países, la persona tiene origen en el

momento de la concepción. Además, existe un conflicto inevitable entre otorgar dignidad

humana a un feto y respetar la dignidad de la mujer embarazada. La solución a ese

conflicto desde una perspectiva laica no puede favorecer a priori al feto y esa es la posición

tomada por la Iglesia.

En consonancia con la Iglesia, el partido Demócrata Cristiano, parte de la coalición

de gobierno de la Presidente Bachelet, emitió un comunicado oficial en contra del

proyecto, a pesar de que en el Congreso algunos legisladores Demócrata Cristianos

apoyaron el proyecto de ley. El comunicado del partido Demócrata Cristiano también

puso la dignidad en primer plano, afirmando que uno de los principios fundantes del

partido político es el inalienable valor de todos los miembros del género humano,

“conocido como dignidad humana.”47 El documento equiparó la dignidad humana con la

vida y extendió la dignidad humana a todas las etapas del desarrollo fetal. Al igual que el

documento de la Iglesia, el comunicado del partido político no separó la vida del feto y la

vida de la mujer embarazada: la sociedad “debe preocuparse del cuidado de la madre,

íntimamente unida al ser que se desarrolla en su vientre, y de que su embarazo sea

152
apoyado en todo lo que sea necesario.”48 El documento criticó el Mensaje Presidencial del

proyecto a causa de su defensa de la autonomía, afirmando que el proyecto tenía un sesgo

individualista, considerando a la mujer como “separada de su contexto social y

familiar.”49 Esta declaración de uno de los mayores y más influyentes partidos políticos

en Chile no puede ser tomada a la ligera. Expresa una visión de las mujeres donde la

autonomía no es un rasgo relevante, al menos no lo es cuando se trata de la reproducción.

Ambos documentos, el de la Iglesia y el del partido Demócrata Cristiano, tratan a

las mujeres no como sujetos de dignidad sino como portadoras de un ser dotado de

dignidad humana. Ambas ignoran la autonomía y equiparan embarazo y maternidad.

Esta perspectiva es consecuente con el rol de la mujer encarnado en la Constitución

chilena de 1980, como dejó en claro uno de sus principales redactores:

Hay personas para las cuales el límite entre el heroísmo o el martirio, por una

parte, y la falla moral, por otra, se estrecha hasta hacerse imposible. La mayoría de

los seres humanos viven gran parte de sus vidas en una amplia zona intermedia

que hay entre ambas, pero la Providencia permite, exige o impone muchas veces a

un ser humano que ese cerco se estreche y la persona se encuentre obligada a

enfrentar una disyuntiva en la cual no queda sino la falla moral, por una parte, o el

heroísmo, por la otra, en ese caso tiene que optar por el heroísmo, martirio o lo que

sea…Respecto de la madre y del hijo, no se trata de dos derechos que estén en

pugna, porque no se trata de que se tenga que escoger entre matar a la madre o al

hijo, porque sólo se trata del posible homicidio del hijo: la madre moriría como

consecuencia de elementos naturales. No se está optando entre dos homicidios, no

se trata de dos derechos que estén en pugna. Se trata de que hay un derecho que

153
será afectado por tratar de preservar no un derecho, sino que un deseo

afectivamente comprensible.50

El nuevo proyecto, si se aprueba, es tan revolucionario como el derecho a voto de

las mujeres. Señalará una separación de la idea católica de dignidad femenina imbuida en

la Constitución chilena y el reconocimiento de la dignidad humana como un concepto de

género neutro que corresponde igualmente a hombres y mujeres. Este concepto ha estado

permanentemente detrás de la oposición de la Iglesia para reglamentar el aborto, incluso

cuando la vida de la mujer embarazada está en peligro. El arzobispo de Santiago, Ricardo

Ezzati, envió una carta a la Presidenta afirmando que el gobierno no debe ratificar la

Convención Interamericana Contra Toda Forma de Discriminación e Intolerancia ya que

podría ser inconstitucional y porque está “fuertemente marcada por perspectivas de

género.”51 Asimismo, en una entrevista a un diario nacional señaló que “con todas

nuestras fuerzas, hemos dicho que un proyecto de aborto es siempre contrario a lo que

Dios quiere porque Dios nos ha hecho para vivir y la sociedad humana está llamada a

organizarse justamente para que la vida sea defendida y pueda crecer desde el comienzo

y hasta el final.” 52 El Cardenal afirmó que la Iglesia no convoca a manifestaciones, pero

que él sabía que el laicismo se estaba organizando para “manifestar lo es que nuestra fe

sobre la vida y nuestro propósito de defenderla. Siempre he invitado también a quienes

están en la tarea legislativa y que son cristianos y creyentes que su juicio y su votación, su

voto, frente a estos temas obedezca siempre a una recta conciencia y también a sus

convicciones cristianas.”53

Conclusión

El aborto ha sido discutido principalmente como un asunto filosófico que involucra

154
cuestiones en torno a cuándo comienza la vida. El hecho que las mujeres queden

embarazadas y que sean las mujeres quienes buscan hacerse un aborto ha sido

generalmente dejado fuera de la discusión. Desde la perspectiva de la Iglesia, un sistema

de penalización total del aborto o con mínimas excepciones es compatible con la dignidad

femenina: las mujeres están destinadas a ser madres y a sacrificar su individualidad. De

hecho, la Iglesia ha sido coherente en el tratamiento de hombres y mujeres como

individuos con diferentes funciones en la sociedad. Su mayor conflicto ha sido tratar de

reconciliar ese mensaje con uno que concuerde mejor con la noción laica de igualdad. En

países laicos como Chile, el error es creer que la Iglesia, cuando habla de dignidad

humana, se refiere a conceptos comparables con los derechos individuales. Los conceptos

laicos de dignidad, sin embargo, son incompatibles con la idea que ciertas personas estén

destinadas a vivir una vida en el ámbito de la ciudadanía y otras en el ámbito del martirio

o el heroísmo.

La utilización de la dignidad laica en el Mensaje Presidencial del proyecto sobre el

aborto marca una separación del trato que se da a la mujer en la Constitución chilena. A

pesar de ser un proyecto limitado que permitiría el aborto en determinadas

circunstancias, por primera vez en la historia, el eje de la discusión se desplaza de la

dignidad religiosa—con su dualidad de la dignidad humana en tanto vida elemental y

dignidad femenina como entrega de sí—hacia la dignidad laica como autonomía.

Existen abundantes estudios sobre el aborto y muchos más que discuten el sombrío

escenario del aborto en Latinoamérica. Internet y las redes sociales nos han posibilitado

sufrir con Beatriz,54 Belén,55 una niña de 10 años en Paraguay,56 Paulina en México,57 L.C.

en Perú58 y todas las niñas a lo largo y lo ancho de América Latina, generalmente víctimas

155
de abuso sexual en sus propios hogares. Estos casos son ejemplos dramáticos de la

violencia que implica un embarazo forzado. Si las historias de Beatriz, Paulina, Belén y

muchas otras no conmueven a quienes se oponen al aborto, hay muy poca esperanza de

llevar la discusión hacia el respeto por la dignidad de la mujer. Los grupos que se oponen

a la regulación del aborto desestiman las profundas consecuencias que tiene el estado de

embarazo y, más aún, el proceso de convertirse en madre. El embarazo tiene efectos

duraderos, tanto psicológicos como físicos. La maternidad es un compromiso de por vida

que cambia para siempre a una mujer.

El Mensaje presidencial del nuevo proyecto de ley nos permite por primera vez

concentramos en el daño real que sufren las mujeres. Nos invita a dirigir nuestra atención

al hecho que el aborto prohibido resulta en mujeres y niñas forzadas a llevar adelante

embarazos y generalmente, convertirse en madres. Desde un punto de vista laico de

dignidad humana, es indiscutible que dicha imposición no solo atenta contra la dignidad

de la mujer embarazada, sino que constituye un acto de violencia.

156
Capítulo 6

Pentecostales y controversias de los derechos humanos

en Brasil

Maria das Dores Campos Machado

157
Introducción

En este capítulo presento los resultados de un estudio cualitativo 1 realizado entre

2011 y 2012 con 58 dirigentes pentecostales brasileños. 2 El objetivo de esta investigación

era comprender la posición de las autoridades religiosas en relación con una serie de

cuestiones sociales, políticas y económicas contemporáneas, incluyendo asuntos

relacionados con el movimiento de derechos humanos en Brasil. Cabe destacar, sin

embargo, que aun cuando los entrevistadores no lo preguntaron directamente, los

dirigentes religiosos hicieron referencia al concepto de derechos humanos, aunque hubo

varias interpretaciones sobre lo que esto significa en el contexto de su trabajo. En la

discusión que sigue examino de qué modo el concepto de derechos humanos aparece en

la visión de estos dirigentes en relación con tres temas diferentes, aunque relacionados:

el aumento de la participación de los pentecostales en la política brasileña, el aborto y el

movimiento de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT).

Gran parte de la bibliografía socio-antropológica dedicada a investigar las

intersecciones de las esferas religiosas y legales privilegian cuestiones constitucionales

(Davie 2012); también, en las últimas décadas, puede observarse una tendencia creciente

de publicaciones relacionadas con el proceso de construcción de marcos legales que

regulan las relaciones entre el Estado y la Iglesia en distintas sociedades (Blancarte 2008;

Da Costa 2006; Bauberot 2007; Berger et al. 2008). El número de estudios que se ocupan

la relación entre la religión y los derechos humanos ha aumentado paulatinamente. En

general, los estudios reconocen la creciente importancia de los derechos humanos en las

sociedades occidentales contemporáneas y destacan en el carácter ambivalente de los

158
grupos religiosos hacia los derechos humanos (Carrette 2013; Santos 2015; Casanova

2009; Davie 2012).

Según Carrette, la base ética de los derechos humanos surge de muchas tradiciones

religiosas que defendían la dignidad humana, pero, a pesar de este vínculo fundacional,

las actividades de estos grupos religiosos no siempre han respetado los principios de los

derechos humanos. Es decir, dependiendo del contexto histórico, las religiones pueden

proteger a los grupos minoritarios o ayudar a la construcción de una identidad política

para estas minorías. Pero también pueden ser fuente de división, opresión e intolerancia,

lo que puede conducir a la violación de los derechos humanos. En este sentido, aunque

podemos evocar la importancia de los sectores evangélicos en el movimiento de derechos

civiles de los años sesenta en los Estados Unidos, en la actualidad, algunos sectores

pentecostales de Brasil que provienen de esta tradición evangélica han sido denunciados

e investigados por la policía por ejercer prácticas intolerantes hacia grupos

afrobrasileños; prácticas que incluyen, entre otras, la destrucción de imágenes, invasión

a templos y ataques a los fieles. 3

De la misma manera, Santos (2015) sostiene que la relación de las religiones con

el discurso de los derechos humanos es compleja y varía según las diferentes tradiciones

religiosas y la situación política de una sociedad determinada. Esto resulta tanto de la

heterogeneidad discursiva dentro de las congregaciones religiosas como del aumento de

“zonas de contacto” entre las nuevas teologías y los principios de los derechos humanos

con el modelo del Estado liberal (Pratt 1991). De todas maneras, en la tradición jurídica

laica, la religión suele equipararse a la esfera privada y se considera una cuestión de

derechos humanos individuales: el derecho a la libertad religiosa. Esa situación favorece

159
la proliferación de grupos religiosos y crea tanto posibilidades de diálogo como tensiones

entre las nuevas perspectivas teológicas y la idea de los derechos humanos. Mientras las

doctrinas progresistas, como la teología de la liberación, proponen una crítica radical de

la explotación capitalista como forma de reforzar algunos de los principios de los derechos

humanos, el incremento de doctrinas fundamentalistas ha causado “turbulencia política,

cultural e ideológica” en las sociedades contemporáneas y ha aumentado las

desigualdades sociales (Santos 2015).

Análisis sociológicos también muestran que la incorporación de los principios de

los derechos humanos en los discursos religiosos actuales es más fácil en algunas áreas

temáticas, tales como el cuestionamiento de la desigualdad económica y la injusticia

social, que en otras como la moral privada (Hagopian 2009; Santos 2015). En parte, esto

se debe a cuestiones tales como la educación sexual de los niños, el comportamiento

reproductivo, la homosexualidad y el aborto que exijan una revisión exhaustiva de la

doctrina moral de las iglesias cristianas, las cuales históricamente han demostrado ser

más resistentes al cambio que las doctrinas políticas y sociales.

Durante las dos últimas décadas, los estudios relacionados con la sociología de la

religión han generado investigaciones comparativas que se centran en analizar el papel

que desempeñan los actores religiosos individuales y colectivos en la esfera pública y a lo

largo de diferentes sociedades. En este proceso, dichos estudios han contribuido al debate

en torno a las llamadas modernidades múltiples. Este enfoque reconoce la existencia en

el Occidente “de múltiples patrones de diferenciación entre lo religioso y lo laico” y, por

lo tanto, amplía nuestra capacidad para comprender la importancia de la manifestación

religiosa como parte del orden social contemporáneo (Eisenstadt 2001; Hefner 1998;

160
Casanova 2009; Berger et al 2008). El abordaje desde el concepto de múltiples

modernidades es pertinente para el estudio de las intersecciones entre religión y política

en Brasil y también para los debates actuales sobre políticas públicas en materia de salud

reproductiva, educación sexual y de los derechos de las minorías sexuales (Machado

2013). La polémica involucra, por un lado, a pentecostales y católicos conservadores y,

por el otro, a feministas y militantes LGBT, enfrentados en una incesante disputa de

sentido en torno de los valores difundidos por el ideario religioso y los derechos humanos,

respectivamente (Emmerick 2013; Duarte y Ali 2009; Rosado Nunes 2008; Luna 2007).

Esta controversia también señala el conflicto dentro del sistema jurídico con respecto a

los derechos de las minorías sexuales y los derechos individuales de practicar la religión

en la sociedad brasileña contemporánea. Sin embargo, cualquier discusión en torno a este

debate debe reconocer los aportes que los sectores cristianos han realizado en el

desarrollo del ideario laico de los derechos humanos.

La importancia de la lucha de los protestantes europeos por la inclusión de la

libertad religiosa en la definición de los principios básicos de la Declaración de los

Derechos del Hombre de 1789 ha sido suficientemente estudiada (Huber 1996; Witte

1988). Numerosos autores también han señalado la importancia del papel de los sectores

cristianos en el desarrollo del movimiento de derechos humanos mundial, especialmente

en el caso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas

(Banchoff 2011; Davie 2012; Carrette 2013). En el caso de América Latina, a partir de la

década de 1960, los movimientos sociales han adoptado una perspectiva sobre los

derechos humanos que está estrechamente alineada con los sectores del catolicismo

progresista (Wilde 2015; Cleary 1997; Freston 2011; Hagopian 2009; Machado 2010).

161
Según Freston, el protagonismo de los sectores católicos en el terreno de los derechos

humanos es el resultado de varios factores, entre ellos la hegemonía de la Iglesia en la

región, la gran capacidad de articulación de esta institución en el contexto internacional

y cambios doctrinarios ocurridos en el Concilio Vaticano II y en las Conferencias de

Medellín y Puebla (Freston 2011). Estos tres importantes acontecimientos provocaron el

aggiornamento (o una “puesta al día” oficial) de la Iglesia católica, ya que los documentos

elaborados en ellos denunciaban el contexto histórico de desigualdad y pobreza en la

región y expresaban la intención de que la institución debía adoptar la opción por los

pobres, defendiendo los derechos de los oprimidos por la estructura económica

capitalista. Sin embargo, al mismo tiempo y comparado con el catolicismo, el carácter

fragmentario del protestantismo, así como la expansión del pentecostalismo entre los

sectores más pobres y menos educados de la sociedad, parecen haber entorpecido la

posibilidad de establecer relaciones más estrechas entre los sectores protestantes y los

movimientos de derechos humanos en la región (Freston 2011).

Las relaciones entre el cristianismo y los derechos humanos en Brasil

El análisis de los aportes realizados por los sectores cristianos en el desarrollo de

una cultura de derechos humanos en Brasil también ha destacado el papel de los sectores

católicos desde la redacción de la primera constitución republicana. De acuerdo con

Giumbelli, los sectores católicos fueron los actores políticos más importantes en la

definición del derecho a la libertad religiosa garantizada por la Constitución de 1891

(2008: 82-83). Y esto no sucedió porque hubiera un alineamiento entre la institución y

las formulaciones internacionales sobre los derechos humanos, sino, más bien, debido a

la ley de 1890 que decretó la separación del Estado y la Iglesia católica y que fue vista

162
como una amenaza para “la autonomía jurídica de las asociaciones religiosas.” Con el

apoyo de otros sectores sociales, los católicos lograron modificar los artículos referidos a

la libertad religiosa, asegurando que en la Constitución de 1891 “todos los individuos y

confesiones religiosas pueden practicar públicamente su culto y, para este fin, adquirir

propiedades, como establece la ley (Art: 72-73)” (Giumbelli 2008: 83).

Paula Montero sostiene que la lucha de los católicos por el derecho a la libertad de

conciencia en este contexto histórico terminó siendo un modelo para la definición de los

derechos civiles en la primera constitución republicana (2012: 169). En sus propias

palabras,

Es necesario reconocer que la Iglesia católica en Brasil—aún la institución religiosa

más influyente en el país—siempre intervino, material y simbólicamente, en la

formulación del ideario de los derechos (individuales, colectivos y culturales) y fue

un factor importante en la construcción de un modelo de sociedad civil en, al

menos, tres momentos importantes: desde el comienzo de la República hasta la

década de 1970 luchó contra las fuerzas positivistas y anticlericales en la definición

de la libertad civil y religiosa; en los años 70 y 80, colaboró en las construcción de

los derechos sociales; en las décadas siguientes, se alineó con las luchas por los

derechos étnicos. Por lo tanto, en general, puede afirmarse que desde la República

hasta el final de la dictadura, la Iglesia católica fue una pieza fundamental del

proceso de legitimación de las exigencias de protección de los derechos

individuales y la libertad de conciencia. 4

Sin embargo, los límites de negociación de la dirigencia católica sobre temas de

derechos humanos pronto serían puestos a prueba por las feministas, que enfrentaron la

163
oposición de ciertos sectores del catolicismo durante el proceso constitucional que

comenzó en la segunda mitad de la década de 1980. Desde entonces, han aumentado las

denuncias hechas por las feministas sobre la interferencia de la Iglesia católica en las

políticas públicas en materia de sexualidad y salud reproductiva de las mujeres (Rosado-

Nunes 2006). Desde los años 90, otras voces han reforzado la percepción de que la

articulación entre discursos religiosos y derechos humanos con respecto al género y la

sexualidad no era una tarea fácil; así, por ejemplo, militantes homosexuales e

investigadores han advertido sobre la oposición de la Iglesia a las políticas de prevención

del VIH/sida (la distribución gratuita de preservativos y campañas fomentar su uso en los

medios de comunicación) y a la inclusión de los derechos sexuales como derechos

humanos (Luna 2010; Machado y Piccolo 2011; Seffner 2008).

Las opiniones y actitudes de los sectores evangélicos brasileños en materia de

derechos humanos han sido, en gran medida, menos estudiadas. Esto se debe no sólo a la

posición minoritaria de los evangélicos, 5 sino también a su postura establecida de

mantenerse al margen del debate político en gran parte de la historia de la República de

Brasil. Por lo tanto, nuestro equipo de investigación encontró un pequeño número de

análisis sobre la participación de los evangélicos en el debate en torno a la libertad

religiosa en la primera mitad del siglo XX y sobre su participación en las organizaciones

campesinas y movimientos sociales que enfrentaron al autoritarismo militar que

caracterizó las décadas de 1960, 1970 y el comienzo de la década de 1980 (Novaes 1985;

Freston 1993).

¿Qué sucede con las relaciones actuales de los grupos pentecostales con los

movimientos sociales y el ideario de los derechos humanos? Brevemente, se puede

164
afirmar que, hasta final de la década de 1970, la sociología de la religión identificó el

rechazo a la participación política y social como una de las características más

importantes de la mayoría de los grupos pentecostales (Willens 1967; D’Epinay 1970;

Rolim 1985 y 1987). La politización de los sectores pentecostales se hizo visible solo

recientemente, a partir de la década de 1980, cuando el número de políticos con una

identificación religiosa aumentó considerablemente en el Congreso Nacional, donde los

pentecostales superaron en número a los legisladores de otros grupos protestantes

(bautistas, metodistas, presbiterianos, luteranos, etc.).

En las dos últimas décadas, se observa un aumento significativo de publicaciones

sobre la expansión y las implicaciones de la representación de los pentecostales en el

Congreso Nacional de Brasil, 6 verificándose un consenso acerca de la enorme capacidad

de los grupos pentecostales para reinventarse en la sociedad brasileña. Como parte de

este proceso de reinvención, se puede destacar la incorporación de ritos y prácticas de

otras tradiciones religiosas, el uso de la televisión para promocionar sus actividades y

atraer fieles; y la flexibilización de algunas normas respecto de la vestimenta y el

comportamiento de sus miembros (Mariano 2005, 2007; Oro 2004; Machado 2006). Las

publicaciones sobre la participación de los grupos pentecostales en el debate político en

torno a los derechos humanos han aparecido recientemente. Las investigaciones

académicas se inician con el activismo conservador de la jerarquía pentecostal durante el

lanzamiento del Programa Nacional de Derechos Humanos (PNDH) 7 en 2009, así como

durante las campañas electorales de 2010 y 2014. En general, el análisis sugiere una

apropiación selectiva de algunos principios de los derechos humanos que ponen el énfasis

165
en la libertad de asociación religiosa (Duarte et al 2009; Machado y Piccolo 2011; Vital y

Lopes 2013; Machado 2012; Duarte 2013; Montero 2009, 2012).

Según Freston, la cosmovisión pentecostal es el factor principal que dificulta el

acercamiento de estos sectores al ideario liberal de los derechos humanos (2011). Dicha

cosmovisión valora “la agencia personal del individuo” y utiliza la magia para combatir el

mal. 8 En otras palabras, esta visión del mundo presenta características que contrastan

con la idea de los derechos humanos como algo colectivo que tiende “a colocar a estos

mismos individuos como víctimas de los procesos sociales.” Además, el movimiento de

derechos humanos parece tener dificultades para incorporar a los movimientos religiosos

de los sectores más pobres de la sociedad brasileña, los cuales tienen, a menudo, un

carácter proselitista y hacen hincapié en la agencia o la capacidad creativa que los

individuos pueden desarrollar cuando aceptan los principios de la doctrina pentecostal.

Es decir, los militantes de los movimientos de derechos humanos tienden a presentar un

imaginario laico que no acepta prácticas mágicas, como el exorcismo, que son comunes

en los ámbitos pentecostales (Freston 2011: 120-121).

Es importante tener en cuenta que el pentecostalismo es un fenómeno heterogéneo

que comprende múltiples congregaciones de fieles e iglesias reformadas, con discursos

variados en relación a la modernidad, la política y el orden social contemporáneo. Estos

discursos, que al principio expresan interpretaciones conflictivas de las relaciones de

género y sexualidad humana, sugieren también enfrentamientos más amplios de

diferentes propuestas de modernidad. En mi interpretación, tales discursos deben ser

analizados teniendo en cuenta el diálogo de las religiones con otros campos discursivos

166
tales como las ciencias humanas, la psicología, los derechos humanos y las ideologías de

los movimientos sociales contemporáneos de la sociedad brasileña.

Minoría religiosa y representación política

Asimismo, existe una pluralidad de doctrinas y discursos en pugna dentro del

pentecostalismo, no sólo en términos políticos, sino también en torno a los derechos

individuales y de los grupos religiosos en la sociedad brasileña contemporánea. En este

sentido, aunque el Artículo 5 de la Constitución brasileña de 1988 define la libertad

religiosa como un derecho individual, observamos, no obstante, una interpretación

predominante que refleja un énfasis más corporativo y, según la cual, las comunidades

religiosas podrían reclamar derechos colectivos. De esta manera, la participación de los

pentecostales en las elecciones se entiende en términos de los derechos de una minoría

religiosa—en este caso, los llamados “creyentes” o evangélicos—que ha sido siempre

ignorada por el Estado y por las elites políticas. Por consiguiente, esta participación se

interpreta como una estrategia jurídica para reducir las desventajas de los sectores

pentecostales en relación con los católicos, que sí están representados en la esfera política

y participan en la definición de la ley brasileña.

En la década de 1990, el proceso de difusión del pentecostalismo,

Se dio principalmente en los estratos sociales menos privilegiados, tanto en la

periferia de las ciudades como en las zonas urbanas, entre las mujeres, la población

preta + parda, 9 la población con bajo nivel de instrucción y entre los jóvenes. Por

lo tanto, podemos decir, aproximadamente, que, con la difusión del mensaje

evangélico, Brasil está atravesando un proceso de cambio cultural y religioso que

se produce de arriba hacia abajo, en términos sociales, de la periferia hacia el

167
centro, en términos espaciales, de lo urbano a lo rural, en términos de localización

de domicilio, de negros a blancos, en términos étnicos y raciales, de jóvenes a

ancianos, en términos etarios y de mujeres a hombres, en términos de género

(Diniz 2009).

En las décadas siguientes, la doctrina de la prosperidad desarrollada dentro de los

grupos neo-pentecostales ha estimulado el avance del pentecostalismo dentro de la clase

media y ha hecho más notorios los cuestionamientos respecto del trato desigual que el

Estado brasileño dispensa a la Iglesia católica y a los grupos evangélicos. Dicho de otro

modo, el crecimiento numérico y la percepción de gran capacidad para la movilización de

las comunidades pentecostales condujeron a una revisión de las opiniones de los líderes

religiosos acerca de la importancia de la acción política de sus pastores y fieles. Entre los

encuestados en nuestro estudio, la opinión predominante es que la segunda práctica

religiosa del país ha aportado valores importantes a la cultura política nacional, así

legitimando las exigencias de una mayor participación en la esfera política por parte de

los evangélicos.

Un dirigente del Frente Parlamentario Evangélico en el Congreso Nacional afirma

que “la mayoría de la población es cristiana y Brasil es un país democrático. Por lo tanto,

todos los grupos sociales tienen el derecho de colocar en el Congreso a quienes mejor los

representen. Y, debido a esto, tenemos el claro objetivo de conquistar un espacio mayor

tanto en la política como en la sociedad.” 10 Este tipo de argumento aparece repetidamente

en los discursos de los dirigentes pentecostales para justificar el alejamiento de una visión

negativa sobre la política, enfatizando el compromiso de los miembros de estas

168
congregaciones con los partidos políticos, con el proceso electoral y con los debates

políticos.

De acuerdo con un pastor nacido en 1934, el “flagelo” de la corrupción tiene raíces

profundas en la historia política brasileña y la responsabilidad no puede ser atribuida a

las congregaciones religiosas que, “atemorizadas por la posibilidad de contaminación,” se

han mantenido fuera de este terreno durante la mayor parte del siglo pasado. Después de

todo, su generación aprendió de sus mayores que la “iglesia viene de Dios y la política

viene de un perro o del diablo. Y que una cosa no debe mezclarse con la otra.” En las

últimas décadas este dirigente ha revisado su postura de rechazo a la política electoral,

como puede comprobarse en las siguientes palabras:

Tuve una reunión con la dirección y [le] dije: “Miren, hoy somos varios millones

de brasileños y somos como cualquier otro brasileño que paga impuestos. Por eso

también tenemos nuestros derechos. Entonces, ¿por qué no formar parte del

gobierno? Fue entonces cuando comenzamos a elegir algunos funcionarios, ¿no es

así?” 11

El proceso de reconfiguración del discurso de los lideres sobre la participación

política de los pentecostales se ha producido con la incorporación de argumentos

jurídicos que, cuando se entrecruzan con las formulaciones religiosas, adquieren nuevos

significados. El carácter individualista del pentecostalismo es indiscutible, pero no se

puede ignorar que, con el cambio de enfoque del plan individual al plan social y político,

se crea también la posibilidad de nuevas formulaciones sobre los derechos de las

comunidades religiosas. Entre las nuevas formulaciones discursivas de los pentecostales

podemos destacar el argumento de que son una minoría religiosa que quiere no sólo

169
expresar sus pensamientos, pero que desea fundamentalmente, influir en el diseño de

políticas sociales y definir el proceso para la construcción de los derechos humanos en el

país a través del lente de sus propios valores religiosos. En esta revisión discursiva, el

individuo, que es el portador tanto del derecho a la libertad religiosa como del derecho al

voto, a menudo pareciera desaparecer o ser desplazado por el grupo religioso corporativo

o la Iglesia, cuyos propios intereses orientan su acción política.

Sin embargo, algunos de los encuestados expresaron una visión reducida de la

política que enfatiza la necesidad de representar los intereses de los evangélicos en los

espacios de poder, mientras que otros entrevistados manifestaron un reconocimiento de

las acciones colectivas en la sociedad civil. Incluso entre aquellos que emplean una

concepción tradicional de la política, se verificaron diferentes usos de este concepto. Por

una parte, algunos dirigentes presentan a la política como una forma de resistencia y/o

“supervivencia para los cristianos” que sufren el avance del relativismo y el secularismo.

Por otro lado, algunos aprovecharon la política como un medio para implementar una

hegemonía evangélica en la esfera política de la sociedad brasileña (Machado y Burity

2014).

Debe quedar claro que este deseo de algunos líderes pentecostales de crear una

hegemonía no resultó en el desarrollo de un proyecto político claro y consistente. En este

debate, como en cuestiones de doctrina y gobierno de las congregaciones confesionales,

no es fácil construir una propuesta consensuada. Lo que existe son narrativas sobre una

nación cristiana, que a veces incorporan a los católicos y, a veces, los presentan como los

responsables de los vicios culturales de los brasileños. De todos modos, parece

predominar la idea de que es necesario actuar en el terreno político en favor de los

170
pentecostales. Con este fin, los sectores pentecostales han enunciado una serie de

objetivos entre los que se incluye la formación de ciudadanos más activos y de un

liderazgo político que pueda ocupar espacios de poder político y proponer leyes y políticas

públicas en consonancia con los ideales cristianos. En otras palabras, existe la expectativa

de que una mayor participación de los evangélicos en la política podría transformar la

sociedad. Una pastora, fundadora de una iglesia pentecostal, manifestó:

En 1989, tuve una visión y el Espíritu Santo me dijo que la redención de Brasil

vendría a través de la iglesia. No es que crea en un Estado teocrático, pero creo en

los cristianos que viven de acuerdo a los valores del Reino, sinceramente, donde

quiera que estén. Creo en el pueblo de Dios, que vive acorde al Evangelio, en la

Iglesia en expansión, llegando a las universidades, a la política y a todos los

sectores sociales…Porque no es suficiente ser evangélico, el individuo tiene que

acceder a la cultura, tiene que preparase, tiene que tener la capacidad intelectual

para iniciar un proyecto de transformación de la nación que realmente cambie la

situación política, económica y social del pueblo. 12

Este tipo de argumento demuestra que la reconfiguración de la postura política de

los pentecostales, especialmente en lo que respecta a su relación con los partidos políticos

y con el congreso brasileño, sigue una trayectoria peculiar que desafía las expectativas de

diferentes movimientos sociales que luchan por un Estado laico. Después de todo, gran

parte de la dirigencia pentecostal concibe al congreso como un espacio en el que están

representados diferentes sectores que defienden sus propios intereses, pero donde las

normas jurídicas serán definidas, en última instancia, según los valores de una mayoría

cristiana.

171
El derecho a la vida más allá de los principios laicos de la Constitución de

Brasil

Desde la Asamblea Constituyente de 1986, se ha producido un aumento de los

enfrentamientos entre cristianos y feministas en torno al tema de la legalización del

aborto en Brasil. 13 En ese contexto, mientras que estas últimas feministas querían ampliar

la autorización del aborto para incluirla en la nueva constitución, católicos y evangélicos

repudiaban la autorización tanto por razones de salud de la mujer como en los casos en

que las mujeres hubieran sido violadas.

Cabe señalar que actualmente hay opiniones divergentes entre los evangélicos

sobre el aborto. Respondiendo a la influencia del movimiento feminista, algunas iglesias

han sido más flexibles respecto de los pedidos de revisión de la legislación nacional

vigente (Mariz 1998; Gomes 2009). Incluso, dentro del movimiento pentecostal, hay

dirigentes que presentan un discurso más liberal sobre el aborto (Machado 2000, 2006 y

2012).

Sin embargo, la opinión predominante entre los pentecostales sigue siendo muy

conservadora y asocia la globalización con la difusión de ideas nocivas para la familia

cristiana tradicional; ideologías que aumentan el riesgo de desintegración moral de la

sociedad brasileña (Machado 2013). En este marco, la amenaza viene de afuera, más allá

de las fronteras nacionales y, en gran medida, ha sido bien acogida tanto por la elite

política tradicional, como por los movimientos sociales locales. La existencia en el

Congreso Nacional de proyectos legislativos que aspiraban a regular el trabajo de

trabajadores sexuales, despenalizar el aborto y legislar sobre los derechos LGBT se

172
interpretó como una señal de que la batalla que los cristianos debían librar exigía de su

presencia activa en la legislatura.

En este sentido, pese a la competencia con la Iglesia católica en el reclutamiento

de fieles y a la asociación de esta con agencias gubernamentales, legisladores

pentecostales y católicos en el Congreso están actuando una de manera coordinada para

la aprobación de la despenalización del aborto.

Según un director del Frente Parlamentario Evangélico en el Congreso Nacional,

el acercamiento político de los dos grupos fue el resultado de una iniciativa de la

Conferencia Nacional de los Obispos del Brasil en mediados de la década de 2000. Desde

entonces, la colaboración y entre los políticos pentecostales y católicos ha sido cada vez

más frecuente. Una misionera evangélica nos dijo que, junto a un sacerdote católico,

estaba ejerciendo presión sobre los políticos que conforman la 54a Legislatura de la

Cámara de Diputados (2011-2015) en contra de las enmiendas jurídicas propuestas por el

movimiento de mujeres y en defensa de la vida del feto.

Las alianzas de políticos pentecostales en el Congreso son, principalmente, con

legisladores católicos carismáticos, pero sus declaraciones dejan claro que existe una red

mucho más amplia que también incluye movimientos transnacionales como Pro-Vida,

Pro-Familia y Encristus. 14 Esta red ha organizado un curso destinado a entrenar a

militantes cristianos brasileños, católicos y evangélicos, para el debate en torno a la vida

humana y para la acción con las mujeres que tengan la intención de realizarse un aborto.

De acuerdo con la misionera antes citada:

Trabajamos en contra de todas las leyes anti-vida, anti-cristiana que expresan la

“cultura de la muerte” aquí en el Congreso Nacional. Ayudamos a los diputados y

173
senadores en la elaboración de proyectos de ley para defender la vida y la familia

construida según los principios cristianos y acompañamos las votaciones que se

efectúan en las comisiones y en las sesiones. 15

La expresión “cultura de la muerte,” también puede encontrarse frecuentemente

en discursos, libros y documentales de la Iglesia católica, 16 así como en el material

producido por el movimiento Pro-Vida que se distribuye en diferentes países. Y esta

expresión sugiere que las amenazas a la dignidad humana son el resultado de las

diferentes tendencias presentes en las sociedades laicas contemporáneas, siendo una de

las más importantes la legalización del aborto en varios países de todo el mundo.

Los estudios sobre la actuación parlamentaria en el Congreso brasileño confirman

la colaboración entre estos grupos religiosos y muestran un aumento en el número de

propuestas legislativas relacionadas, directa o indirectamente, con el tema del aborto

(Emmerick 2013; Luna 2010). Estos investigadores también señalan un predominio de

propuestas que se oponen a las exigencias realizadas por el movimiento feminista a favor

de una mayor autonomía para las mujeres. A excepción de las iniciativas de unos pocos

legisladores afiliados a la Iglesia Universal del Reino de Dios, todos los demás proyectos

aspiran a revisar la legislación vigente con el objetivo de modificar el estatuto jurídico del

feto—que se convertiría en un “sujeto de derecho”—y/o de reducir los derechos jurídicos

de las mujeres (Emmerick 2013). 17

En nuestra investigación, muchos pentecostales manifestaron que los sistemas

jurídicos deben expresar los valores de la mayoría de la población, que es cristiana. Tal

postura sugiere que muchos dirigentes pentecostales—a pesar de que se sienten una

minoría discriminada por los católicos—se identifican con estos en lo que se refiere a

174
combatir los intentos de despenalización del aborto por parte de las feministas. En otras

palabras, los encuestados no consideran las feministas como representantes de todas las

mujeres brasileñas que se enfrentan a la discriminación en la sociedad. También ignoran

la posibilidad de que las mujeres no profesen religión alguna, o que estén vinculadas a

grupos no cristianos que no requieran compartir valores cristianos. Consultado por un

investigador acerca de si el concepto de derechos humanos era importante entre los

evangélicos brasileños o, si se lo considera como algo extraño, un dirigente pentecostal

respondió con claridad:

Creo que depende de qué aspecto de los derechos humanos se trate, porque hay

varias áreas en las que se reivindican los derechos humanos; porque entiendo que

el Evangelio es una cuestión de derechos humanos. El Señor Jesús fue un defensor

de los derechos humanos. Por lo tanto, creo que la Iglesia evangélica lleva en sí

misma el principio de los derechos humanos. Ahora, todo depende de la

connotación de que la sociedad da al aborto o la unión estable de personas del

mismo sexo. Cuando esta interpretación de los derechos es contraria a las

enseñanzas de la Biblia, entonces la Iglesia se opondrá siempre. Creo que los

derechos humanos son aquellos que defiende la Biblia. 18

Reforzando la tesis de una falta de consenso entre los pentecostales sobre el

alcance y la aplicación de los derechos, se identificaron discursos discrepantes respecto

de las normas legales vigentes. Un número significativo de encuestados sólo reconoce

como justificaciones legales para el aborto el riesgo para la salud de la mujer y la violación

y, por lo tanto, no comprende ninguna razón para cambiar la legislación brasileña vigente.

Sin embargo, un pastor de un grupo disidente de la Iglesia Asamblea de Dios que hizo

175
hincapié en la necesidad de separar la vida política de las opiniones religiosas—como

cuestiones privadas que deben seguir los principios laicos—señaló en repetidas ocasiones:

“Creo que hay que negociar teniendo en cuenta lo que es posible y no simplemente cerrar

los ojos, por una convicción personal, ante la muerte de tantas mujeres. Tenemos que

negociar estas cuestiones.” 19 Esta línea de argumentación, que se acerca a la postura del

mal menor, fue la posición más cercana a las exigencias del movimiento feminista.

En el discurso de estos dirigentes sobre el aborto podemos identificar un intento

de articular el concepto de derechos naturales otorgados por Dios a sus hijos unidos en

matrimonio con una percepción liberal de los derechos individuales. El principio de la

inviolabilidad del derecho a la vida, que se encuentra en la Constitución de 1988, aparece

con frecuencia en los discursos de los legisladores pentecostales para refutar las

exigencias de las feministas sobre el derecho de la mujer de disponer sobre su propio

cuerpo. De esta manera, los argumentos religiosos se juntan con los legales y los seculares.

Más allá de los conflictos que puedan surgir entre el derecho al aborto de la mujer

embarazada y el derecho a la vida del feto, la opinión predominante entre los

pentecostales es que la condición vulnerable de este último requiere de una protección

especial. En este sentido, en relación con el pasaje de la constitución sobre la

inviolabilidad del derecho a la vida, algunos dirigentes defienden la modificación del

Artículo 5, Capítulo 1, que se trata los derechos y garantías fundamentales del pueblo

brasileño, para incluir la expresión “desde la concepción.” Tanto en las entrevistas como

en sus esfuerzos legislativos, los encuestados usan argumentos científicos para

proporcionar una mayor legitimidad al argumento jurídico en favor de la modificación

del estatus jurídico del feto. 20

176
En resumen, aunque la posición mayoritaria entre los dirigentes entrevistados

estaba a favor de mantener la legislación vigente, también se identificaron posturas más

liberales que abogan por la despenalización del aborto. Pero también se identificaron

posturas más conservadoras que proponen la suspensión de la actual permisividad de la

ley, abogan por el registro público de abortos y promueven la penalización de la

interrupción del embarazo. Lo más preocupante para los movimientos sociales

progresistas es que esta parece ser la visión hegemónica entre los líderes religiosos que

trabajaban como parlamentarios en el Congreso Nacional de Brasil en el momento de la

encuesta. En otras palabras, las interpretaciones más conservadoras del derecho a la vida

fueron presentadas por quienes se identifican como los representantes del “pueblo

evangélico.” Este hecho puede ocultar pequeños, aunque significativos, cambios que han

tenido lugar en el pentecostalismo en su conjunto.

Las tensiones entre el derecho a la libertad de pensamiento y los derechos

de las minorías sexuales

Así como las feministas brasileñas adoptaron el discurso de los derechos humanos

en su lucha por el reconocimiento social y por la despenalización del aborto, la comunidad

LGBT también privilegió el desarrollo de una política de identidad fundada en el discurso

de los derechos humanos. Debe quedar claro que, motivados inicialmente por la epidemia

del VIH/sida, estos sectores sociales se convirtieron en importantes actores colectivos

durante las últimas tres décadas. Con una creciente capacidad de movilización política, la

comunidad LGBT ha obligado a la sociedad a debatir temas polémicos tales como los

diferentes tipos de la sexualidad, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la

adopción de niños por parejas homosexuales, la penalización de la homofobia y la

177
inclusión de la cirugía de reasignación de sexo entre los servicios que presta el sistema de

salud, entre otros. Durante la década de 2000 y los dos gobiernos de Luiz Inácio da Silva

y el Partido de los Trabajadores, este movimiento ha logrado desarrollar una serie de

iniciativas para cambiar el estado de subestimación de gente LGBT en la sociedad,

disgustando, así, a la mayoría de los evangélicos más conservadores. 21

Este acercamiento, que reúne al Estado brasileño con los movimientos LGBT, ha

facilitado cuestiones relacionadas con las demandas que las minorías sexuales

manifiestan en las entrevistas acerca de la importancia de la participación política de la

comunidad pentecostal y la importancia de los derechos humanos. El análisis de los datos

obtenidos revela que la mayoría de los dirigentes pentecostales discrepa con las

concepciones predominantes sobre la sexualidad y los derechos humanos del movimiento

LGBT; algunos encuestados han desarrollado estrategias legislativas para impedir la

inclusión de los derechos sexuales en el listado de los derechos humanos. Una de estas

estrategias consiste en la ocupación de bancas en las comisiones de trabajo especiales en

las que se debaten proyectos de ley en la cámara legislativa. Estas comisiones determinan

si los proyectos agravian o no la constitución y si, entonces, pueden enviarse al recinto de

sesiones para su votación.

Un legislador pentecostal, que en el momento de la entrevista era representante

del Partido Social Cristiano en la Comisión de Derechos Humanos de la asamblea

legislativa de Minas Gerais (un estado de Brasil), declaró que:

El derecho a ser libre (el libre albedrío) no puede ser combatido, porque es una de

las cosas más preciadas que Dios les dio al hombre y a la mujer. Dios sólo dijo: si

haces esto, esto sucederá, ¡así que no lo hagas! Una cosa es dar consejos, otra cosa

178
es interferir en la libertad personal. Ellos continuarán, pensarán que esto es

correcto, que no es un problema, que es normal…ahora, estamos aquí para

demostrar que [ellos] también tienen la opción de cambiar su vida a través del

Evangelio, a través de la Palabra. Hacemos lo que podemos; tenemos que ser

responsables por lo que fuimos llamados a hacer. Hemos sido llamados y estamos

aquí para servir a Dios y se hará su voluntad. 22

Esta cita, que destaca el libre albedrío que Dios ha dado al hombre, también utiliza

el concepto de normalidad que se originó en el campo de la biomedicina, pero fue

incorporada en diversas teorías sociales y psicológicas desde mediados del siglo XIX. Este

concepto reafirma la heterosexualidad como la norma social y asocia las experiencias

sexuales entre personas del mismo sexo como una anomalía que ha sido principalmente

relacionada con problemas psicológicos y domésticos. Este tipo de interpretación ha sido

cuestionada por otras narrativas más estrechamente ligadas con las demandas de los

movimientos sociales, los cuales se han fortalecido en esos campos del saber. Sin

embargo, los líderes religiosos tienden a adoptar las perspectivas científicas más

estrechamente relacionadas con sus propias posiciones cuando se ven obligados a revisar

su sistema de valores en virtud de los cambios culturales que los rodean (Machado 2013).

Una misionera cristiana, graduada en psicología, informó que durante la década de 1990

se dedicó a la Iglesia con el fin de “ayudar a los homosexuales.” Pero sufrió mucha

persecución de otros psicólogos vinculados al movimiento LGBT. Según sus palabras:

Yo era activa en el Cuerpo Psicológico y Psiquiátrico Cristiano (CPPC) y fue

invitado a formar parte de un servicio de apoyo. Sin embargo, en 1999, el Consejo

Federal de Psicología emitió una resolución que prohibía a los psicólogos ayudar a

179
toda persona que quisiera apartarse voluntariamente de la homosexualidad y que

también prohibía hablar públicamente sobre el asunto. Después de la resolución,

el CPPC se retractó y comenzó a dejar sin efecto [el servicio] porque quería cumplir

con la resolución del Consejo de Psicología. Pero, como yo lo entendía, había sido

Dios quien me había llamado para ayudar a los homosexuales y yo no estaba de

acuerdo, así que abandoné la institución (CPPC). En ese momento no entendí el

porqué de esta restricción de los derechos de los psicólogos a ayudar a las personas

homosexuales. Voy a seguir apoyando a las personas de condición homosexual. 23

Esta cita es importante porque demuestra las complejas relaciones de la esfera

religiosa con otros ámbitos culturales, así como la circulación de los cristianos a través de

los diferentes espacios institucionales que existen en la sociedad brasileña. Esta

misionera, que fue luego sancionada por el Consejo Federal de Psicología, tuvo que dejar

a un lado el tratamiento psicológico de los homosexuales y, según su reporte, hizo un

curso en el área de derechos humanos para poder trabajar junto a legisladores cristianos

en el Congreso Nacional, defendiendo los principios cristianos.

Como ella, la mayoría de los encuestados evitó la asociación que tradicionalmente

vincula a la homosexualidad con la posesión demoníaca. Un pastor reconoció que había

un “prejuicio contra los homosexuales y también muy poca información” sobre la

homosexualidad en la sociedad. En su opinión, “hay una serie de indicadores que asocian

la homosexualidad con abusos sufridos en la infancia.” Otro dirigente manifestó que el

movimiento LGBT—con su aspiración de lograr cambios legislativos y de ampliar sus

propios derechos—“asegura que una persona nace homosexual, pero no hay ninguna

prueba científica de esto.” En este contexto, clasificado como “confrontación,” los

180
cristianos “tienen la función de afirmar la importancia de la familia y de la iglesia y

aseguran que se ha demostrado científicamente que un niño necesita una figura paterna

para su desarrollo.” 24

Los asesores políticos y legisladores pentecostales están conscientes de que no

pueden “dar la impresión de que nuestra causa principal es perseguir a los homosexuales”

y de que la acción política del sector evangélico tiene un carácter deliberadamente reactivo

que poco propone en materia de políticas públicas. La solución que los dirigentes

pentecostales encontraron ha sido presentar sus posiciones políticas en relación con las

demandas de las minorías sexuales como una defensa de la libertad de pensamiento. En

esta formulación discursiva, las minorías abogan por un “tratamiento privilegiado” en una

sociedad caracterizada por lo cristiano y la heteronormatividad y, si sus exigencias fueran

acogidas por un espectro político más amplio, el derecho a la libertad de pensamiento

podría estar amenazado. Preocupado por las consecuencias del proyecto de ley PL122,

que intenta penalizar la discriminación por razones de género y de orientación sexual, un

político pentecostal declaró:

Tenemos que ocupar espacios porque tenemos un foro de discusión plenaria y en

el plenario tenemos la garantía de inmunidad que nos otorga el mandato. Por lo

tanto, podemos decir lo que queremos decir. Aunque se trata de un derecho

sagrado de la constitución, la libertad de expresión, los pastores (que no tienen

inmunidad parlamentaria) tienen que pensar muy bien antes de hablar en la Iglesia

y en los medios de comunicación sobre el tema de la homosexualidad. Porque

nosotros, cristianos, evangélicos y católicos, somos considerados homofóbicos por

el movimiento homosexual. Para nosotros ellos son “cristofóbicos” y, si hay espacio

181
para hablar, ese espacio será ocupado cada vez más. Lo que los homosexuales

quieren no es la conquista de derechos, sino, más bien, la conquista de

privilegios. 25

Como otros han demostrado, la presentación de este proyecto en la Cámara de

Diputados, en 2001, por la diputada del PT Iara Bernardi, profundizó los conflictos entre

los movimientos sociales y los dirigentes pentecostales (Machado y Piccolo 2011; Vital y

Lopes 2013). La militancia de los pastores en los medios de comunicación y la

movilización de los legisladores evangélicos no pudo evitar la aprobación de este proyecto

en la Cámara de Diputados y su envío al Senado en 2006. Sin embargo, después haber

sido demorado durante varios años mediante el uso de una clara estrategia de

obstaculización que impediría su aprobación, los senadores vinculados a grupos religiosos

triunfaron finalmente a fines de 2013, logrando acoplar el proyecto PL122 con la revisión

de la reforma del Código Penal.

La agenda de las minorías sexuales es amplia, pero la fuerte reacción a la propuesta

de penalizar la homosexualidad oculta posiciones más variadas en relación con la unión

civil entre personas del mismo sexo e, incluso, la adopción de niños por parte de estas

parejas. Unos pocos encuestados, aunque temerosos de que el proyecto PL122 pudiera

poner en peligro el derecho de la religión para expresar sus creencias, reconocieron la

posibilidad de la unión civil entre personas del mismo sexo y la necesidad de que las

iglesias establezcan “nuevas formas de convivencia con los homosexuales.” Esto no

significa la aceptación “de los homosexuales, sino volver a aprender cómo hablar con este

tipo de personas. Porque no pueden ser tratados como los tratan los skinheads.” En otras

palabras, ya no es posible ignorar a los fieles homosexuales o “subir en el púlpito y afirmar

182
que Dios no acepta a los homosexuales y que los homosexuales no heredarán el reino de

Dios.” Los pastores tienen que crear una nueva forma de acercarse a este grupo social y,

en la opinión de los encuestados, “este debe ser un cambio que repercuta en todo el

pentecostalismo.”

El movimiento político que permitió al político pentecostal Marco Feliciano

(afiliado al el Partido Social Cristiano) ocupar la presidencia de la Comisión de los

Derechos Humanos y Minorías de la Cámara de Diputados durante un año (2013),

muestra que esta reconfiguración de los actores religiosos para adaptarse a las normas

actuales del orden social también puede presentarse como un esfuerzo por mantener la

moral cristiana. Es decir, por un lado, el interés de los pentecostales en esta comisión

sugiere un creciente reconocimiento de la importancia de los derechos humanos en la

sociedad contemporánea y, por otro lado, significa una nueva etapa en la pugna entre los

grupos conservadores y los movimientos sociales.

Cabe señalar que, durante la presidencia del legislador pentecostal, la Comisión

aprobó el proyecto de ley (PDC 234/2011)—que se hizo conocido a nivel nacional como

“la cura gay”—presentado por João Campos (PSDB-GO) que es, también, pastor de una

iglesia pentecostal. El proyecto proponía la abolición de la resolución del Consejo Federal

de Psicología que prohíbe a los profesionales tratar a los homosexuales con el objetivo de

cambiar su orientación sexual. Como era de esperar, la aprobación del proyecto de ley

generó una fuerte reacción de algunos movimientos sociales y fue archivado a petición de

su autor. Durante el periodo en que se mantuvo en la presidencia de la Comisión de

Derechos Humanos, Marco Feliciano batalló contra los movimientos feministas y LGBT,

haciéndose conocer a nivel nacional y, debido a esto, logró su reelección al Congreso en

183
2014 ocupando el tercer lugar en relación al número total de votos en el estado de San

Pablo.

Sin embargo, la elección como presidente de la Cámara de Diputados, en 2015, de

uno de los políticos pentecostales más rígidos, el diputado federal Eduardo Cunha, 26

sugiere que el conservadurismo en el parlamento brasileño va más allá de los grupos

cristianos confesionales. Cunha fue apoyado por una amplia gama de políticos molestos

con las políticas adoptadas por el Partido de los Trabajadores y, tan pronto como asumió

la presidencia de la Cámara, creó una comisión para acelerar la aprobación de un proyecto

de ley que estableciera el Estatuto de la Familia. El proyecto de ley (N° 6583/2013),

presentado por el legislador evangélico Anderson Ferreira (PR-PE), definía a la familia

como la unión entre un hombre y una mujer y, si se aprobaba, podría impedir que las

parejas del mismo sexo adoptaran niños. 27

Las propuestas de los movimientos feministas y LGBT analizados en este apartado

y en el anterior, aunque incluyen temas como el aborto y la orientación sexual en el

contexto de los derechos humanos, pueden tener consecuencias diferentes para los

grupos religiosos que disienten con esta perspectiva. Si bien la propuesta de penalizar la

homofobia sigue una tendencia punitiva tradicional de la ley brasileña que puede limitar

el proselitismo religioso, las propuestas para ampliar la autorización o la despenalización

del aborto no amenazan directamente a los sectores religiosos. Estas propuestas entran

en conflicto con la creencia cristiana de que la vida es un don divino que debe ser

preservado, pero no prevén un castigo para las personas que expresan opiniones contra

el aborto. Estas diferentes propuestas hacen que algunos pentecostales, a pesar de que

184
asumen la defensa de la vida, adopten un discurso más firme e iniciativas más agresivas

para combatir la penalización de la homofobia.

Sin embargo, la posibilidad de reconfigurar el discurso religioso parece ser mayor

en el campo de la sexualidad que en el caso del aborto. Aunque los pentecostales han

resistido las propuestas legislativas que amplían derechos, tanto para las uniones estables

como para la penalización de la discriminación sexual, algunos dirigentes han reconocido

que, como el divorcio, la unión estable entre personas del mismo sexo se convertirá en

una institución y que, finalmente, la comunidad religiosa tendrá que hacer frente a esta

realidad. Existen voces disidentes que expresan una conciencia más inclusiva de la

pluralidad social, reconociendo, al mismo tiempo, a las comunidades pentecostales. Su

argumento es que si los sectores pentecostales quieren asegurarse un lugar en la sociedad

contemporánea tendrán que adaptarse a los cambios culturales y entender que la

observancia de los principios religiosos solo puede ser impuesta a los creyentes. Aunque

su importancia numérica no sea significativa, sus dirigentes pueden ayudar al

movimiento LGBT en la lucha contra las fuerzas conservadoras—religiosas y no religiosas

por igual—en el Congreso Nacional, una vez que se revelen las fisuras en el

pentecostalismo.

Conclusión

Las últimas tres décadas se han caracterizado no sólo por el fortalecimiento de los

derechos humanos en la sociedad brasileña, sino también por el avance simultáneo de

movimientos culturales en conflicto. Por un lado, el país ha visto crecer los movimientos

de derechos humanos centrados en los derechos de la mujer y de las minorías sexuales.

Por otro lado, ha sido testigo del fortalecimiento político de los pentecostales. Las

185
estrategias de las feministas y de la comunidad LGBT para poner en práctica sus

respectivas agendas culturales en Brasil han utilizado el discurso universalmente

aceptado de los derechos humanos en un intento de situar sus intereses en el marco de

estos derechos. Esto ha llevado a un aumento de los conflictos en torno al significado de

los derechos humanos entre los distintos actores políticos individuales y colectivos:

religiosos, LGBT y feministas.

El hecho de que los intereses de los sectores pentecostales parezcan discrepar con

las demandas de los movimientos LGBT y feministas no debe, sin embargo, interpretarse

como una negación del proyecto de la modernidad en su conjunto. Los dirigentes

pentecostales tienen sus propias concepciones respecto de los derechos humanos, la

modernidad, la democracia y el Estado, así como sobre proyectos políticos, aunque estos

no estén muy bien definidos para el país. La expansión del movimiento pentecostal ha

sido interpretada por varios autores como un signo de democratización en el terreno

religioso y político (Burity, Freston y Machado 2006). Me gustaría añadir, también, que

se trata de una expresión del tipo de modernidad que la sociedad brasileña ha venido

desarrollando desde el siglo XX. Y si la mayoría de la jerarquía pentecostal rechaza el

aborto y las propuestas de los movimientos LGBT que han orientado las políticas públicas

brasileñas en el campo de la salud reproductiva, la educación y los derechos humanos,

este fenómeno se debe discutir tomando en cuenta la naturaleza conflictiva de la

democracia (Mouffe 2006).

Utilizando el discurso de un frente religioso minoritario contra los católicos, los

dirigentes pentecostales hacen uso del discurso de los derechos individuales y colectivos

para reivindicar sus propias exigencias de una mayor participación en el debate público y

186
en la esfera política. Esta dirigencia busca construir puentes con el ideario de los derechos

humanos, pero, a menudo —y el caso más claro en este sentido es su postura en defensa

del derecho a la vida—su fuente de inspiración es la formulación cristiana de la ley natural

del hombre. En particular, no significa que los pentecostales no valoren la actual realidad

jurídica que predomina en la sociedad brasileña contemporánea, sino que la mayoría de

los dirigentes entrevistados quieren detener el proceso de ampliación del concepto de

derechos humanos y, por lo tanto, hacen uso de formulaciones cristianas procurando, al

mismo tiempo, reforzarlas con argumentos científicos.

Es cierto que, a pesar de grandes dificultades, los movimientos feministas y LGBT

han logrado que sus temas sean incluidos en la agenda de las iglesias evangélicas y que

más voces e iniciativas progresistas hayan empezado a salir a la luz en la prensa, los

medios televisivos y las redes sociales de diferentes denominaciones. La tendencia

creciente del sacerdocio femenino en las comunidades pentecostales y la creación de

iglesias inclusivas centradas en las minorías sexuales son algunos de los ejemplos más

significativos. Las congregaciones son pequeñas, pero han movilizado a sus miembros

para participar en los desfiles gay que se celebran en las principales ciudades de Brasil y

han organizado encuentros con la comunidad religiosa para discutir el tema de los

derechos humanos. En los últimos años, a estas voces se unieron otras de teólogos y

pastores no homosexuales cercanos a las perspectivas de la teoría de género y de la teoría

queer que han criticado la intolerancia hacia los homosexuales dentro del universo

pentecostal. La profundización de este debate en la esfera pública puede beneficiar a los

movimientos LGBT, reduciendo la resistencia de dirigentes y fieles pentecostales a la

política de reconocimiento de la comunidad LGBT brasileña.

187
Capítulo 7

Activismo heteropatriarcal: la evolución de las ONGs

“Pro-Vida” en Argentina y sus desplazamientos

estratégicos

José Manuel Morán Faúndes 1

188
Introducción

La sexualidad constituye un terreno dinámico en abierta disputa, sujeto a luchas

de poder que lo transforman constantemente. En las últimas décadas, las expresiones de

la sexualidad que se ubican fuera del marco de mandatos reproductivos y matrimoniales

han entrado en conflicto con las ideologías tradicionales que limitan la sexualidad

exclusivamente dentro de las fronteras de la heterosexualidad, la conyugalidad, la

monogamia y la procreación (Htun 2003; Vaggione 2005). La masificación de nuevas

tecnologías reproductivas y no reproductivas desarrolladas en las últimas décadas ha

suscitado transformaciones radicales y nuevas posibilidades en las prácticas sexuales en

nuestras sociedades (Plummer 2003). Al mismo tiempo, en América Latina, las luchas

iniciadas en la década de 1970 por sectores excluidos de la ciudadanía por causa de su

género y de sus prácticas sexuales—organizados en torno a las agendas de los feminismos

y movimientos LGBT—han logrado politizar la sexualidad y legitimar nuevos paradigmas

que la desplazan del terreno de lo natural y lo dado hacia un lugar que le otorga mayor

reconocimiento al papel del poder social y político en el establecimiento de las identidades

sexuales (Femenías 2009; Pecheny y La Dehesa 2009).

Aunados bajo la noción de los “derechos sexuales y reproductivos,” los

movimientos feministas y LGBT han buscado consolidar una agenda sexual superadora

de las estratificaciones sociales que coloca al hombre heterosexual, de clase media,

blanco, cisgénero en una posición social privilegiada (Bellucci 1997; Miller 2000). Bajo

este paraguas, han confluido diversas demandas que incluyen, entre muchas otras,

cuestiones como la legalización del aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo,

189
el acceso a métodos anticonceptivos modernos y el reconocimiento de cuerpos e

identidades desmarcados del binario hombre/mujer.

La agenda de los derechos sexuales y reproductivos ha puesto en cuestión el

predominio del orden sexual defendido por los sectores más tradicionalistas. En América

Latina, la jerarquía de la Iglesia católica y los sectores más conservadores del

protestantismo han sido los principales actores cuyas convicciones en torno a la moral

sexual han sido puestas en entredicho por esta agenda. Frente a esto, los sectores

religiosos tradicionalistas han reaccionado tratando de intervenir y utilizar su poder

político con el fin de frenar el avance de los feminismos y movimientos LGBT (Htun 2003;

Vaggione 2005; Dides 2006; Jones y Vaggione 2012). Así, lejos de que se cumplieran los

presagios de las teorías de la secularización que auguraban el debilitamiento y/o la

privatización de religión en la modernidad, los sectores religiosos siguen manteniendo un

papel protagónico en el espacio público contemporáneo (Casanova 1994). Además, los

sectores religiosos se han convertido en actores claves en la delineación de ciertas

políticas y es, precisamente, en la política sexual donde su presencia se ha intensificado

en los últimos años (Vaggione 2009).

Sin embargo, el modo en que el activismo contrario a los derechos sexuales y

reproductivos se ha desarrollado no ha sido uniforme. Por el contrario, las iglesias

conservadoras no han sido las únicas que han organizado la agenda antifeminista y anti

LGBT. También se ha producido una confluencia de otros actores comprometidos con

una agenda prácticamente idéntica a la de las jerarquías eclesiásticas, priorizando la

defensa de una moral sexual tradicional. Instituciones y sectores académicos religiosos,

movimientos laicos, bioéticistas y grupos parlamentarios, entre otros, conforman un

190
frente activo que se opone a la agenda de los derechos sexuales y reproductivos y que

participa en las disputas en torno a las políticas sexuales (Peñas Defago 2010; Morán

Faúndes 2013; Irrazábal 2013). La diversidad de actores que forman parte de este

activismo ha confluido, en gran medida, bajo el rótulo “Pro-Vida,” 2 emulando a los grupos

“Pro-Life” surgidos en los Estados Unidos en la década de 1970 (Luker 1984). Así, la

coalición “Pro-Vida” funciona como una forma de organización y como una identidad

política.

Bajo este nombre auto-asignado, estos actores promueven una agenda común que

se centra en la defensa de un orden sexual conservador fundado en la heterosexualidad,

el matrimonio, la monogamia y la reproducción. A pesar de sus alianzas y fracturas,

históricamente los diversos feminismos y movimientos LGBT han perseguido abolir el

sistema patriarcal de dominación y poder, así como deconstruir las bases

heteronormativas en nuestras sociedades. Por su parte, el activismo “Pro-Vida” se ha

orientado en la dirección opuesta. En su conjunto, estos actores constituyen lo que

podemos llamar un “activismo heteropatriarcal.” Al enfatizar la característica

heteropatriarcal de su agenda, este concepto nos permite destacar el modo en que la

política sexual de estos grupos se orienta a reproducir sistemas de poder basados en

relaciones de género y sexualidad asimétricas. Desde allí, promueven políticas de

dominación masculina y heterosexual, al tiempo que buscan confinar a las mujeres al

espacio reproductivo y a las expresiones no heterosexuales a los márgenes del tejido

social.

Por otro lado, poner énfasis en la idea de “activismo” nos permite dar cuenta de

este frente de coalición, destacando su intensa dedicación para lograr un impacto en la

191
vida pública. Por supuesto, América Latina es una región que se asienta en una larga

tradición de normas patriarcales y heteronormativas, lo cual, a primera vista, haría difícil

caracterizar a los diversos actores que participan en el “activismo heteropatriarcal” a

partir de los sistemas de poder que este reproduce, ya que toda la cultura hegemónica

posee elementos heteropatriarcales y estos no son exclusivos de estos actores. Sin

embargo, la caracterización de estos sectores como activismo heteropatriarcal busca

destacar que, más allá de la transversalidad con la que estos dos sistemas de poder han

impregnado históricamente la cultura latinoamericana, estos actores procuran

transformar el patriarcado y la heteronormatividad en una agenda de intervención social

y política. 3 Esto no significa que toda manifestación patriarcal y/o heteronormativa forme

parte de su agenda; más bien, se trata de hacer hincapié en comprender de qué manera

sus objetivos y acciones se configuran a través de elementos heteropatriarcales que los

activistas, intencionalmente, buscan inscribir en el orden político.

Las formas de acción colectiva con las que opera el activismo heteropatriarcal

también han evolucionado con el tiempo. Una de las transformaciones más importantes

de las últimas décadas ha sido su inscripción en la arena de la sociedad civil como un

campo de batalla. En este contexto y entre los múltiples actores que convergen bajo la

agenda “Pro-Vida,” esto ha sucedido principalmente mediante la proliferación de una

serie de organizaciones no gubernamentales (ONG) creadas por estos sectores para

oponerse a los derechos sexuales y reproductivos. Como tales, las ONG “Pro-Vida” han

llegado a representar un núcleo opositor que trasciende las acciones de las iglesias y que

ha profesionalizado su accionar, desarrollando estrategias de impacto que complementan

los modos religiosos tradicionales de resistencia consagrados por el liderazgo eclesiástico.

192
En este capítulo, propongo describir los modos en que el campo del activismo “Pro-

Vida” ha priorizado la conformación de ONG como una estrategia de impacto en las

discusiones en torno a la política sexual en Argentina. Al mismo tiempo, analizo las

principales transformaciones que estos nuevos actores del campo opositor a los derechos

sexuales y reproductivos han experimentado en los últimos años. Para ello, me concentro

en tres acciones estratégicas de las ONG: el giro hacia el Estado, la borradura de lo

religioso y su proceso de federalización y ecumenismo civil. 4

Priorización de la sociedad civil: las ONG “Pro-Vida”

Aunque la jerarquía católica y algunas iglesias evangélicas juegan un papel clave

en la oposición a la agenda de los derechos sexuales y reproductivos en América Latina,

desde la década de 1980 el activismo que trasciende las prácticas de estas iglesias ha unido

sus fuerzas para rechazar las demandas de los movimientos feministas y LGBT. En virtud

de la diversidad de sus acciones estratégicas, sus múltiples campos de acción y su alcance,

quizá la forma de acción más destacada que ha logrado sea la conformación de ONG “Pro-

Vida” (Vaggione 2005; Mujica 2007; Morán Faúndes 2011; Peñas Defago y Morán

Faúndes 2014). Estas organizaciones respaldan políticas sexuales congruentes con las

posturas de las iglesias conservadoras, aunque apelan a diferentes acciones, imágenes

públicas y legitimidades respecto de iglesias.

En contraste con otras organizaciones sin fines de lucro tales como universidades,

clubes deportivos, sindicatos o iglesias (es decir, organizaciones que se preocupan

primordialmente por los intereses de sus miembros) las ONG pueden ser consideradas,

independientemente de su situación jurídica, como redes de ciudadanos asociados

libremente que carecen de autoridad estatal y persiguen un “bien” que presentan como

193
común o público (Berger 2003). Así, las ONG “Pro-Vida” se constituyen en actores que se

presentan en el espacio público como representantes de intereses que asumen en nombre

del cuerpo social en su conjunto. En este contexto, el activismo religioso conservador

utiliza el poder movilizador de las ONG para defender las mismas políticas sexuales

conservadoras de las iglesias bajo la apariencia de estar protegiendo un interés público

mayor que abarca a una comunidad más amplia que la religiosa. Esta operación

representa una estrategia de movilización colectiva que busca trascender lo eclesiástico y

legitimarse como una forma de participación democrática capaz de lograr un mayor

impacto social y político.

En un contexto regional de transformaciones sociales en el que la sociedad civil ha

adquirido un protagonismo creciente, la presencia de ONG responde al modo en que el

activismo religioso conservador se ha adaptado a los contextos particulares de las

democracias latinoamericanas contemporáneas. Como señala Nuria Cunill Grau, el

protagonismo actual de la sociedad civil reside en su capacidad para movilizar a “sectores

sociales y a la opinión pública en temas de interés público para influir en la dirección de

las políticas…teniendo como base a la propia democracia” (2007: 120). La formación de

ONG “Pro-Vida” supone una forma directa de acción que utiliza los canales abiertos y

legitimados en los procesos post-dictatoriales. Así, la incidencia política de estos sectores

se sitúa en un terreno estrictamente democrático y se funda en una imagen y una

legitimidad diferentes a las de los líderes religiosos u organizaciones civiles que velan

principalmente por los intereses de sus miembros. En palabras de un activista de una

ONG “Pro-Vida:”

194
En la sociedad civil, el hecho de que uno sea un hombre de la calle, ayuda a que la

gente te escuche y no te encasille antes de oírte. Esto es, “¿Qué opinas sobre el

aborto?” “Bueno, estoy en contra.” Entonces dicen: “Está bien,” y tal vez te

etiquetan y no dejan que digas por qué o que trates de convencerlos, o proponer

argumentos que al menos los dejen pensando (Activista “Pro-Vida,” Córdoba,

2012).

A pesar de que la presencia pública de las ONG “Pro-Vida” se ha vuelto relevante, sobre

todo después de la politización de temas como el aborto 5 y el matrimonio igualitario, 6 sus

orígenes en Argentina son anteriores a la aparición de estos temas en la agenda pública.

Algunas de estas ONG se crearon en la primera mitad o hacia mediados del siglo XX,

incluso antes de que el movimiento “Pro-Life” fuera fundado en los Estados Unidos y

Europa. Pero recién hacia el final del siglo se incorporaron a este tipo de activismo,

adaptando sus agendas a temáticas de política sexual y utilizando una retórica

enfáticamente centrada en la idea de la “vida.”

Así, a pesar de que a lo largo del siglo XX ya existía en el país una forma de

activismo heteropatriarcal que operaba dentro de la sociedad civil a través de ONG, no

fue sino hasta los años ochenta que estas organizaciones empezaron a utilizar la expresión

“Pro-Vida” como forma de identificación política. Como señalan Fortunato Mallimacci y

Verónica Giménez Beliveau (2007), en las décadas de 1920 y de 1930 el Vaticano impulsó

lo que denominó como “catolicismo integral;” es decir, un llamamiento a los feligreses

para ocupar espacios en la política, la economía, la educación y otras áreas profesionales

con el fin de llevar el catolicismo a la sociedad. En este marco surgieron organizaciones

como el Consorcio de Médicos Católicos (Buenos Aires, 1929) o la Corporación de

195
Abogados Católicos (Buenos Aires, 1935), cuyo objetivo era promover el catolicismo en

espacios profesionales. A mediados del siglo XX, y como respuesta a los debates

suscitados por las transformaciones sociales que comenzaban a cuestionar el rol

tradicional del hombre y la mujer en el espacio público y doméstico, se formaron otras

organizaciones tales como la Liga de Madres de Familia (Buenos Aires, 1951) y la Liga por

la Decencia (Santa Fe, 1963), o Tradición, Familia y Propiedad (Buenos Aires, 1967), para

mencionar solo algunas. Este activismo dio prioridad a temas tales como los debates de

mediados del siglo XX en torno al divorcio, la incorporación de la mujer a la fuerza laboral

y la regulación del trabajo sexual, articulados en torno a un discurso centrado en la noción

de “la familia” entendida siempre como conyugal, monógama, heterosexual y

reproductiva (Vázquez Lorda 2007). Pero fue recién con la agenda sexual que el Vaticano

impulsó en el último cuarto del siglo XX—que fue reforzada a través de un discurso

fundado en la defensa de la “vida”—que las agendas de esas organizaciones surgidas a

comienzos y mediados del siglo XX se transformaron, adaptándose a la configuración del

incipiente movimiento “Pro-Vida.”

Otras ONG “Pro-Vida” más contemporáneas se crearon durante la última

dictadura militar (1976-1983), pero no fue sino hasta el regreso de la democracia en 1983

que la mayoría de estas organizaciones se constituyeron. Así es cómo la idea de “vida” se

introdujo paulatinamente como el eje central de este activismo. La Iglesia católica

argentina—alineada con la agenda católica internacional impulsada por el Papa Karol

Wojtyla—acuñó el término “Pro-Vida” para oponerse al aborto. Por supuesto, el discurso

en defensa de “la familia” no ha sido abandonado por este nuevo giro del activismo, sino

que, en el último cuarto del siglo XX, comenzó a ser reforzado gradualmente mediante la

196
idea de la “vida;” idea que ocupará un lugar de privilegio como eje temático del activismo

religioso conservador.

El desarrollo de estas ONG no ha sido lineal, sino que se ha adaptado de diversas

maneras a los procesos sociopolíticos del contexto local. El Gráfico 1 muestra su desarrollo

en Argentina. A partir de un mapeo general se encontraron 140 ONG “Pro-Vida,” la

mayoría de las cuales permanece vigente. De entre estas ONG, se logró relevar el año de

fundación del 63,6% del total de organizaciones consignadas en el mapeo.

Gráfico 1: Fundación de ONG “Pro-Vida” en Argentina (valores absolutos) 7

Comparado con el incipiente proceso de creación de ONG en la década de 1980 y

principios de los años 90, a partir de mediados de la década de 1990 se observa un

incremento en la cantidad de organizaciones formadas en Argentina. Por un lado, esto

coincide con la celebración de dos conferencias internacionales de las Naciones Unidas

que tuvieron una fuerte repercusión en la consolidación de los derechos sexuales y

reproductivos a nivel internacional: la Conferencia Internacional sobre Población y

Desarrollo, celebrada en El Cairo en 1994 y la Cuarta Conferencia Mundial sobre Mujeres

en Beijing, en 1995. Por otro lado, el incremento de ONG mencionado también coincide

con el proceso de reforma constitucional llevado a cabo en Argentina en 1994. Durante

dicha reforma el tema del aborto fue una cuestión muy disputada después de que el

197
gobierno de Carlos Menem intentara introducir una cláusula constitucional para proteger

la vida, considerando que esta comienza en el momento mismo de la concepción. En este

contexto, para contrarrestar el avance en materia de derechos sexuales y reproductivos a

nivel internacional, y para apoyar las medidas conservadoras a nivel local, surgieron una

serie de ONG “Pro-Vida” que buscaron disputar estos avances en distintas instancias de

participación política. Más adelante, comenzado en el siglo XXI, se observa otro pequeño

aumento de las ONG “Pro-Vida;” esto sucede precisamente en un periodo en que los

reclamos por la despenalización del aborto empiezan a cobrar fuerza luego del debate y

aprobación de una serie de leyes y políticas favorables a los derechos sexuales y

reproductivos. Pero es entre los años 2010 y 2014 cuando asistimos a una verdadera

“explosión” de ONG, muchas de las cuales se formaron en consonancia a la intensa

politización que se generó en el país en torno al debate sobre la legalización del

matrimonio igualitario en 2010.

Ante la politización en materia de sexualidad y reproducción, para el activismo

heteropatriarcal la sociedad civil se convirtió en el escenario predilecto para disputar las

políticas sexuales. Sin embargo, esto no siempre ha dado de manera uniforme. Podemos

identificar tres desplazamientos estratégicos generales adoptados por las ONG “Pro-Vida”

en las últimas décadas. El primero de ellos está vinculado a un “giro hacia el Estado;” es

decir, un cambio en el fundamento estratégico de los activistas mediante el cual se

desplazaron desde una búsqueda de intervención a nivel social y cultural, a tratar de

influir en la legislación y las políticas públicas. En segundo lugar, se ha producido un

desplazamiento identitario orientado hacia un proceso de “des-identificación religiosa”

cuyo resultado ha sido la borradura de la identificación religiosa en las identidades

198
institucionales públicas de las ONG. Por último, en la actualidad, estas organizaciones

experimentan también un proceso de “ecumenismo civil y federalización” mediante el

cual han intentado articular el activismo a nivel nacional que trascienda las diferencias

religiosas.

Primer desplazamiento: El giro político-estatal de las ONG “Pro-Vida”

Siguiendo la experiencia de los Estados Unidos de formar del movimiento “Pro-

Life” en la década de 1970, las primeras ONG argentinas auto-identificadas como “Pro-

Vida” se formaron en la década de 1980: entre ellas, ProFamilia (Buenos Aires, 1983),

Movimiento Familia y Vida (Tucumán, 1983), Grávida (Buenos Aires, 1989), ProVida San

Luis (San Luis, 1989), Fundación Argentina del Mañana (Buenos Aires, 1989) y Portal de

Belén (Córdoba, 1991). En un período durante el cual el tema de la interrupción del

embarazo aún no se había instalado con fuerza en la agenda pública del país y de los

medios de comunicación masivos (Brown 2008), estas primeras ONG conservadoras

concentraron su accionar, de manera preventiva, en la cuestión del aborto. Esto contrasta

con lo que sucedido en Estados Unidos donde las organizaciones “Pro-Life” se crearon en

un momento de gran politización del tema (Munson 2008). Al mismo tiempo, recién a

partir de principios del siglo XXI, y en consonancia con los incipientes debates que

comenzaban a producirse públicamente en torno a estos temas, la problemática

relacionada con la diversidad sexual ingresó con mayor fuerza en la agenda de estas

organizaciones. 8

Por lo general, las primeras ONG “Pro-Vida” intentaron defender su posición

mediante una búsqueda de impacto de naturaleza simbólica y cultural que buscaba influir

en las opiniones sociales, percepciones, ideas y creencias relacionadas con la sexualidad,

199
la reproducción y las prácticas relativas a estos ámbitos. La Fundación Argentina del

Mañana, creada con el objetivo de influir en el contenido de la programación de los

medios de comunicación, es un ejemplo paradigmático de este enfoque. Por más de veinte

años y mediante diversas estrategias, como el envío de cartas a los canales de televisión,

presentaciones ante el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), o estableciendo

alianzas con los anunciantes de ciertos programas de televisión, esta ONG ha buscado

influir en el contenido de los medios masivos en Argentina intentando alinearlos con la

postura en torno a la sexualidad sostenida por la Iglesia católica y, así, incidir en la

opinión pública.

Al mismo tiempo, entre los esfuerzos por reducir el aborto, otra forma de acción

estratégica llevada a cabo por las primeras ONG “Pro-Vida” se centró en la asistencia a

sectores específicos de la población, principalmente mujeres embarazadas de escasos

recursos. En el contexto de América Latina, las políticas neoliberales implementadas en

la década de 1980 habían limitado el poder del Estado como entidad capaz de

proporcionar ciertos servicios básicos a los sectores más desfavorecidos de la población.

En Argentina, estas políticas se implementaron con mayor vigor durante el gobierno de

Carlos Menem, entre 1989 y 1999, y, como resultado, muchas ONG “Pro-Vida” se

presentaron como una alternativa ante la incapacidad del Estado de atender a las

necesidades de los sectores más vulnerables. Así, para algunas de estas ONG, como

Grávida o Portal de Belén, el asistencialismo se transformó en un modo de trabajo

privilegiado para lograr un impacto social en sectores específicos de la población. El

objetivo principal de esta intervención no era necesariamente el desarrollo personal de

aquellos a quienes se asistía o la superación de las condiciones de vulnerabilidad

200
existentes, sino evitar que las mujeres embarazadas recurrieran al aborto. En palabras de

un militante de una ONG “Pro-Vida:”

¿A quién vamos a ayudar nosotros, principalmente? Y ahí decidimos que tenían

que ser las mujeres más desamparadas…Algunas mujeres pueden necesitar una

casa, comida, otras pueden necesitar atención médica, otras pueden necesitar

atención jurídica también, en fin. Otras, ir a conversar con los padres para

explicarles la situación y que tienen que recibir al hijo. Otras, hablar con los

patrones para que no las echen. Es decir, las problemáticas son diversas. Entonces,

la idea es ser la mano amiga que necesita cualquier mujer embarazada en situación

de conflicto para que no aborte (Activista “Pro-Vida,” 2010).

Sin embargo, la profundización en la politización del aborto ocurrida a partir de la década

de 1990 y la creación de la organización a favor del derecho a decidir MADEL (Mujeres

Auto convocadas para Decidir en Libertad) en 1994, junto a la transnacionalización de los

derechos sexuales y reproductivos, dio lugar a una reorganización de estas ONG “Pro-

Vida” (Brown 2008). Sus actividades tradicionales en las áreas de cultura y asistencia

social se complementaron con nuevas estrategias que no solo buscaban incidir sobre

ciertas poblaciones, sino también colonizar el Estado e influir en el diseño de leyes y

políticas públicas.

Durante la década de 1990, las conferencias internacionales de las Naciones

Unidas—en especial la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en El

Cairo (1994) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing (1995)—fueron

instancias en las que se puso de manifiesto una evidente priorización política y

visibilización de las agendas feministas (Álvarez 1998). Estos espacios también señalaron

201
un momento de intensa movilización de los sectores religiosos conservadores a nivel

global, los cuales crearon nuevas formas de activismo destinadas a resistir el

reconocimiento internacional de los derechos sexuales y reproductivos. En ese momento,

el Vaticano estableció alianzas con algunos Estados que apoyaban su política sexual, entre

ellos Argentina. A esta alianza se sumaron una serie de ONG que desde entonces han

utilizado el activismo internacional para defender un modelo de sexualidad restrictivo

(Buss y Herman 2003). En este marco, algunas ONG “Pro-Vida” en Argentina pasaron a

ocupar el primer plano, orientando su trabajo político a los espacios internacionales. Por

ejemplo, en 1994, se formó en Buenos Aires la ONG católica Familias del Mundo Unidas

por la Paz (FAMPAZ), que participaría en 1995 en la reunión preparatoria de la Cuarta

Conferencia Mundial sobre la Mujer en Beijing. 9

Del mismo modo, a partir de la década de 1990 y principios de los años 2000,

comenzaron a aparecer en todo el país una serie de ONG que incorporaban en sus agendas

estrategias de impacto local en los espacios estatales de toma de decisión. Estas

organizaciones comenzaron a desarrollar paulatinamente estrategias de presión política:

presentaciones en ámbitos legislativos, seguimiento de proyectos de ley, asesoramiento a

legisladores provinciales y nacionales, recolección de firmas para solicitar la modificación

de ciertas leyes o políticas, etc. ONG como la Unión de Entidades por una Vida Más

Humana (Mendoza, 1995), SOS Vida (Chaco, 1998), Pro-Vida (Buenos Aires, 2000), la

Fundación 25 de Marzo (Córdoba, 2002) y el Centro de Bioética, Persona y Familia

(Buenos Aires, 2009), entre muchas otras, constituyen sólo algunos ejemplos de esto.

Además, en este período, algunas de las organizaciones fundadas en la década de 1980 y

202
principios de los años 90 reorganizaron sus estrategias con el fin de incorporar la acción

política entre sus actividades.

En algunos casos, el impacto político en el Estado se vio reforzado por la incursión

de algunos de los activistas de estas organizaciones en el campo de la política partidaria.

Si bien esta no es una estrategia uniforme dentro del movimiento, algunos militantes de

ONG “Pro-Vida” comenzaron, paulatinamente, a postularse a cargos de elección popular

con el fin de ingresar en los espacios legislativos. Este ha sido el caso, por ejemplo, de las

organizaciones cordobesas Mujeres por la Vida y Portal de Belén. En 1999, Cristina

González de Delgado, presidenta de Mujeres por la Vida, fue candidata a legisladora

provincial por el partido Acción por la República, fundado por el ex ministro de economía

de Menem, Domingo Cavallo. Del mismo modo, Rodrigo Agrelo, miembro de Portal de

Belén, fue legislador provincial por el partido Unión de Centro Democrático y candidato

a vicegobernador de la provincia de Córdoba en el año 2003 por la alianza multipartidaria

Frente de la Lealtad, que apoyaba como candidato presidencial a Menem. En 2009, el

fundador y entonces presidente de Portal de Belén, Aurelio García Elorrio, participó en

las elecciones legislativas provinciales por el partido Encuentro por Córdoba. Pese a que

en ese momento no fue elegido, en 2011 ganó una banca en la legislatura provincial como

representante del partido Encuentro Vecinal Córdoba.

Además de su incidencia en el proceso de toma de decisiones políticas, a principios

del siglo XXI, algunas ONG comenzaron a desarrollar estrategias de judicialización. La

reforma constitucional de 1994 permitió, por primera vez, que las organizaciones civiles

pudieran interponer acciones judiciales bajo la figura del recurso de amparo (Peñas

Defago 2010). Esta nueva forma de intervención política fue adoptada por varias ONG

203
“Pro-Vida”, que hicieran de la judicialización una práctica vastamente utilizada,

especialmente una vez finalizado el gobierno de Menem, con objetivo de dilatar la

aplicación de determinadas políticas o impedir el acceso de la población a ciertos derechos

sexuales y reproductivos garantizados por ley (Peñas Defago y Morán Faúndes 2014).

Como señala Mala Htun, en América Latina las oportunidades para la aprobación

de políticas favorables a los derechos sexuales y reproductivos suelen darse,

generalmente, en contextos políticos de tensión entre la jerarquía del Vaticano y el

gobierno de turno (2003). Mientras que en la década de 1990 las políticas públicas y la

legislación en materia sexual tuvieron un sello conservador en virtud de la alianza entre

la jerarquía católica y el gobierno de Menem, la ruptura de esta alianza en la década

siguiente (especialmente bajo el gobierno de Néstor Kirchner) significó un giro favorable

a la proliferación de derechos sexuales y reproductivos en la política sexual argentina.

Aunque muchas de las demandas de los movimientos feministas y LGBT continúan

pendientes, la promulgación de la Ley de Salud Sexual y Procreación Responsable en

2002, la aprobación de las leyes de anticoncepción quirúrgica y educación sexual integral

en 2006, la promulgación del matrimonio igualitario en el año 2010, la aprobación de la

Ley de Identidad de Género en 2012, entre otros, son ejemplos de los avances en materia

de género y sexualidad que Argentina ha experimentado en los últimos quince años. Ante

este panorama, varias ONG “Pro-Vida” como Portal de Belén, Fundación 25 de Marzo,

Mujeres por la Vida, Consorcio de Médicos Católicos, Corporación de Abogados Católicos,

ProFamilia y muchas otras comenzaron a privilegiar la judicialización en contra de los

derechos sexuales y reproductivos, una práctica que se intensificó frente a la pérdida de

alianzas con el poder ejecutivo nacional.

204
Segundo desplazamiento: La borradura de lo religioso

Una característica evidente de las primeras ONG “Pro-Vida” fue su fuerte impronta

católica. En un período en el que aún no había surgido una importante militancia civil

evangélica, las organizaciones creadas en la década de 1980 y principios de los años 90

estaban fuertemente atravesadas por la retórica y la influencia de la jerarquía del Vaticano

y muchas de ellas se presentaban abiertamente en el espacio público como católicas.

Algunas de ellas nacieron bajo el amparo de organizaciones católicas internacionales que

comenzaron a operar en la región en la década de 1980. Human Life International, una

organización católica surgida en los Estados Unidos en 1981, fue una de las más

importantes en este sentido. Entre sus objetivos institucionales figura la formación de

líderes que defienden la posición del Vaticano en temas de sexualidad, así como la

promoción de organizaciones orientadas a este mismo fin. 10 Bajo su alero se articularon

diversas organizaciones de distintos países de América Latina, como Ceprofarena en Perú

(1981), Movimiento Anónimo por la Vida en Chile (1985) y ProFamilia en Argentina

(1983), cuyo objetivo común era defender la moral sexual impulsada por el Vaticano

(Vassallo 2005; González Ruiz 2006; Mujica 2007). Por supuesto, no todas las ONG “Pro-

Vida” surgidas en Argentina en la década de 1980 se formaron dentro del circuito de

Human Life International. Sin embargo, esta organización contribuyó al crecimiento de

algunas ONG y fortaleció el activismo de otras, favoreciendo la creación de una primera

generación de organizaciones que en gran medida adscribía a una identidad

explícitamente católica.

Sin embargo, en las décadas siguientes, se produjo un cambio en la identidad

religiosa de estas ONG. Por un lado, las primeras organizaciones comenzaron a

205
incorporar en su seno a militantes católicos y evangélicos conservadores. Algunas,

incluso, comenzaron surgir bajo una identidad específicamente evangélica, como fue el

caso de la Asociación Argentina de Abogados Cristianos (Buenos Aires, 2001) o la ONG

Plan 1.5 (Córdoba, 2009). A pesar de esto, las agrupaciones específicamente evangélicas

siguen siendo una minoría dentro de un activismo más amplio (Tabla 1).

Sin embargo, en algunos casos, las transformaciones en la identidad confesional

pública también han implicado una borradura de todo tipo de identificación religiosa.

Estos son los casos de la Asociación Civil Por Venir (Santa Fe, 2004), Elegimos la Vida

(Buenos Aires, 2005), Centro de Bioética, Persona y Familia (Buenos Aires, 2009), entre

muchas ONG que se presentan en el espacio público sin una identidad religiosa explícita.

Así, hoy en Argentina las organizaciones “Pro-Vida” se presentan en el espacio público de

manera heterogénea; algunas de ellas lo hacen apelando a una identidad confesional

explícita, ya sea católica o evangélica, mientras que otras se presentan con una identidad

desvinculada de la religión, como se observa en la Tabla 1.

206
Tabla 1: Identidad religiosa pública de ONG “Pro-Vida” 11

n %

Católica 51 36.4

Con identidad religiosa pública Evangélica 6 4.3

Identidad religiosa no especificada 2 1.4

Sin identidad religiosa pública 32 22.9

Sin datos 49 35.0

Total 140 100

De todos modos, la presencia de ONG “Pro-Vida” basadas en la fe y de otras ONG

“Pro-Vida” que carecen de una identificación religiosa no debe reducirse a un simple

esquema binario religioso/secular. Las formas en que la religión atraviesa estas

organizaciones son complejas. Atendiendo a la conexión entre las identidades

institucionales públicas que ostentan estas organizaciones y la afiliación religiosa de sus

miembros y su dirigencia, es posible sistematizar esta relación en tres categorías

analíticas generales:

a) Religiosidad institucionalizada: Pertenecen a esta categoría aquellas ONG

cuyos miembros profesan una religión específica que se manifiesta explícita y

públicamente como una característica identitaria de la organización. Este es el caso

de las organizaciones exclusivamente católicas que comenzaron a incorporarse al

movimiento en los años 80 y de las que más tarde siguieron este modelo, como el

207
Consorcio de Médicos Católicos, la Corporación de Abogados Católicos, Portal de

Belén, la Fundación 25 de Marzo y otras. Por el lado evangélico, encontramos

organizaciones tales como la Asociación Argentina de Abogados Cristianos,

Mujeres Cristianas Marplatenses Alfa y la Fundación Red Para el Mundo.

b) Religiosidad interiorizada: Corresponde a las ONG cuyos miembros y/o

dirigentes pertenecen a una religión específica y están comprometidos con las

ideas de esta religión en materia de política sexual, a pesar de que la identidad

pública de la organización no se presente como religiosa. Por lo tanto, la

denominación “religiosidad interiorizada” refiere al uso de una identidad

institucional secular que se conecta con una religiosidad interna concreta de los

miembros. En esta categoría encontramos organizaciones como el Centro de

Bioética, Persona y Familia, por ejemplo. Esta organización normalmente se

presenta públicamente como asociada al campo de la ciencia y el derecho, y los

discursos que sus miembros emplean en los espacios de incidencia política se

refieren, por lo general, a elementos exclusivamente seculares. Sin embargo, esta

ONG fue creada y está dirigida por militantes del Movimiento Fundar, una

organización reconocida por el arzobispado de Buenos Aires y conformada

exclusivamente por católicos que “trabajan en la evangelización de la cultura”

(Lafferriere s/f.). Así, a pesar del compromiso de los dirigentes de esta ONG con la

visión y la posición de la jerarquía de la Iglesia católica, el aspecto religioso a

menudo se minimiza cuando la agrupación se presenta en el ámbito público, en

consonancia con la idea de “secularismo estratégico,” presentada por Juan Marco

Vaggione (2005). Este concepto supone que la adopción de una posición secular

208
responde a una estrategia para lograr una mayor incidencia en el debate político y

penetrar en espacios a los que sería difícil ingresar con un discurso explícitamente

basado en la fe y los dogmas religiosos.

Esto no significa que las organizaciones que recurren a una identidad pública laica

lo hagan respondiendo necesariamente a una estrategia de camuflaje que intenta ocultar

la religiosidad de los miembros del grupo. En el caso de algunas ONG los militantes no

necesariamente ocultan sus creencias personales al presentarse en el espacio público, sino

que las desplazan un segundo plano con el objetivo de privilegiar estratégicamente

argumentos seculares.

c) Des-identificación religiosa: Esta categoría corresponde a las ONG “Pro-Vida”

que presentan una identidad institucional no confesional y cuyos miembros no

pertenecen a una religión en particular. Esto no significa que representen a grupos

ateos (de hecho, en Argentina no hay ONG “Pro-Vida” que se identifiquen como

ateas), sino que en estas ONG el componente religioso se reduce al mínimo en lo

que respecta a la identidad de la organización y de sus miembros; así, al carecer de

una identificación religiosa específica, la organización puede acoger militantes que

profesan diversas religiones o que no practican religión alguna. Por esta razón, este

tipo de ONG favorece una especie de “ecumenismo inclusivo” entre sus miembros;

es decir que no solo admiten la participación de militantes católicos y evangélicos,

sino también de activistas que no tienen necesariamente una afiliación religiosa.

Organizaciones como Por-Venir (Santa Fe, 2003), Jóvenes Auto-convocados por

la Vida (Córdoba, 2004) o Elegimos la Vida (Buenos Aires, 2005) son ejemplos de

209
este tipo de ONG. En las palabras de una activista perteneciente a una ONG de este

tipo:

[La organización] a la que yo pertenezco a no tiene una identidad religiosa ni

política…hay miembros de profesión católica, evangélica, hay chicos que no

profesan una religión…Qué quiero decirte con esto: hemos entendido que el único

requisito para entrar [a la organización] es entender que la vida es un bien

valorable que trasciende la fe que cada uno de nosotros profesa (Activista “Pro-

Vida,” 2012).

Estas tres categorías corresponden a tipos ideales, cuyo propósito es sólo presentar

sucintamente las formas que adopta hoy la relación entre los fenómenos religiosos y ONG

“Pro-Vida” en Argentina. A través de estas categorías, es posible observar que es

imposible calificar inmediatamente a este movimiento como estrictamente religioso, ya

que en su seno conviven tanto elementos religiosos como seculares que hacen más

compleja la relación de estos sectores con la religión (Munson 2008).

Tercer desplazamiento: Federalización y ecumenismo civil

La aprobación del matrimonio igualitario en julio de 2010 marcó un punto de

inflexión en el desarrollo del movimiento “Pro-Vida” en Argentina. La oposición a la

reforma legal reactivó la movilización de los militantes del activismo heteropatriarcal

quienes alcanzaron nuevos niveles de coordinación, tanto a nivel provincial como

nacional (Sgró Ruata 2011; Jones y Vaggione 2012). Por un lado, muchas de las ONG que

habían trabajado principalmente en torno a la problemática del aborto desplazaron su

agenda para oponerse al matrimonio igualitario (Morán Faúndes 2011). Por otro lado, la

politización del debate generó un aumento exponencial de este tipo ONG en todo el país,

210
muchas de las cuales se crearon durante el proceso de discusión del proyecto de ley o

luego de su aprobación como reacción a esta. Ejemplos de esto último son las ONG S.O.S.

Familia (Catamarca, 2010), Frente Joven (Buenos Aires, 2010), Salvemos la Familia (San

Juan, 2010), Familia Viva (Jujuy, 2010), entre otras.

La aprobación del matrimonio igualitario significó una derrota política para estos

sectores, la que desencadenó la necesidad de establecer iniciativas estratégicas que se

orientaran a fortalecer las articulaciones entre ONG afines y capitalizar la movilización

lograda durante la oposición a la reforma legislativa. Paradójicamente, el interés de las

ONG “Pro-Vida” por consolidar una coordinación institucional a nivel nacional buscó

imitar el modelo iniciado en el año 2005 por organizaciones progresistas que abogaban

en favor de los derechos sexuales y reproductivos. Tal es el caso de la Campaña Nacional

por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito 12 que coloca la problemática del aborto

en la agenda pública en 2006, así como la Federación Argentina de Lesbianas, Gays,

Bisexuales y Trans (FALGBT), que reúne a una serie de organizaciones comprometidas

con una agenda sexual común, que incluyó la sanción del matrimonio igualitario (Rabbia

y Iosa 2011). Como resultado de esto, en 2010, se creó la Red Federal de Familias que

tenía por objeto lograr un mayor impacto en las agendas políticas nacionales y

provinciales. La Red Federal de Familias reúne a varias ONG bajo un ideario común

fundado en cuatro puntos básicos: 1) la defensa de la vida humana desde la fecundación;

2) la defensa del matrimonio entre un hombre y una mujer; 3) el respeto por el fin

“natural” de la vida; y 4) la defensa del derecho inalienable de los padres a educar a sus

hijos. Así, más allá de la identidad religiosa o partidaria de las ONG, la participación de

211
cada una en la Red Federal de Familias está sujeta al compromiso con estos “mínimos

comunes.”

Esta política de mínimos comunes ha permitido a estas ONG reunir tanto a

católicos como a organizaciones evangélicas y constituirse como un núcleo articulador,

logrando así superar las ocasionales diferencias fundadas en cosmovisiones teológicas

diversas o en los roces políticos derivados de creencias religiosas. Desde hace años, las

cúpulas de la jerarquía católica y las iglesias evangélicas argentinas mantienen tensiones

respecto la inscripción de la dirigencia evangélica en un espacio público tradicionalmente

dominado por el catolicismo. Si bien durante la discusión del matrimonio igualitario los

líderes religiosos católicos y evangélicos lograron establecer alianzas a nivel de sus

cúpulas y coordinar acciones conjuntas con el fin de defender una política sexual

conservadora, esta alianza no implicó necesariamente la superación de los problemas que

han dividido históricamente a ambos sectores en el país (Jones y Cunial 2012). Por el

contrario, a nivel de las ONG “Pro-Vida,” los militantes han tratado de minimizar estas

diferencias, especialmente a través de la formación de Red Federal de Familias,

manteniéndose al margen de las disputas entre los líderes de cada iglesia:

También cuidamos de no llevar un mensaje como corporativo. No es que somos la

Iglesia y todos pensamos igual. De alguna forma, de la misma Iglesia a veces,

cuando toma posiciones que son intransigentes, termina cortando el diálogo…a

Red [Federal de Familias] no es confesional, lo que tiene es un respeto porque a

cada organización de origen se [le] respeta su identidad. (Activista “Pro-Vida,”

2012).

212
De este modo, después de la aprobación del matrimonio igualitario, las mismas

ONG “Pro-Vida” se han reorganizado en base a lo que puede llamarse un “ecumenismo

civil;” es decir, una alianza en la cual han buscado construir un activismo que deja de lado

las tensiones entre las jerarquías eclesiásticas en aras de identificar y perseguir una

agenda común. Si bien se consolidó en 2010, este ecumenismo a nivel de ONG tiene su

origen algunos años antes en la formación de las primeras organizaciones que se

presentaban en los espacios públicos sin una identidad religiosa particular, fenómeno que

he denominado como “des-identificación religiosa.” Así, el ecumenismo civil puede

considerarse un paso más en la dinámica organizacional de estas agrupaciones, ya que no

sólo relega la identidad religiosa a un segundo plano para lograr una coordinación entre

ONG que pertenecen a diferentes religiones, sino que también hace explícita una agenda

de mínimos comunes que favorece la inclusión de diversas organizaciones religiosas en

una entidad federalizada.

Conclusión

En Argentina, la sociedad civil ha sido una arena fuertemente privilegiada por el

activismo heteropatriarcal para incidir en la política sexual local y confrontar

directamente la postura adoptada por los movimientos feministas y de LGBT. En este

terreno, la formación de ONG ha constituido un mecanismo esencial utilizado por este

movimiento en las últimas décadas. La relevancia que estas organizaciones han adquirido

reside no sólo en el aumento sostenido de su número, como se evidencia a lo largo de los

años, sino también en la diversificación de sus acciones estratégicas a través del tiempo.

A finales de los años 90 Sonia Álvarez propuso el término “ONGización” para

referirse a la forma en que los movimientos sociales han priorizado la formación de ONG

213
que buscan conseguir ciertos efectos sociales y políticos a través de la institucionalización,

la especialización y profesionalización de su trabajo (1998). Esta dinámica, considerada

críticamente desde la perspectiva de la teoría de los movimientos sociales, sugiere que las

ONG a menudo terminan funcionando como organizaciones “neo” o “para” en lugar de

funcionar como “no” gubernamentales. 13 Siguiendo a Evelina Dagnino, el Estado

privilegia a las ONG, específicamente al reconocerlas como “las” representantes de la

sociedad civil (2003). Básicamente, esto ha llevado a que las ONG abandonen sus vínculos

orgánicos con los movimientos sociales, reorientando sus prioridades con el fin de

mantener su legitimidad frente al Estado y a las agencias internacionales que las

financian. Estos intereses en conflicto resultan en una limitación del discurso de las ONG,

en la disminución en la radicalidad de sus demandas y reducen la posibilidad de que estas

organizaciones adopten políticas que cuestionen las injusticias y exclusiones

reproducidas por las estructuras estatales, judiciales y económicas.

Sin embargo, en el caso del movimiento “Pro-Vida” de Argentina, la dinámica de

ONGización no parece haber “domesticado” sus demandas y acciones, precisamente

porque estas demandas no implican una oposición de las ONG a las formas de dominación

o a la exclusión política y económica que sí son denunciadas por otro tipo de movimientos

sociales. La causa del activismo heteropatriarcal no apunta sus armas contra un sistema

de poder que produce desigualdades—como el patriarcado y la heteronormatividad al que

se oponen los sectores feministas y LGBT—o en contra de las instituciones que

históricamente han reproducido estos regímenes de poder y dominación. Por el contrario,

desde el comienzo, su agenda ha buscado influir en las instituciones judiciales y políticas

para que estas reproduzcan una moral sexual conservadora alineada con ciertas

214
estructuras tradicionales de dominación. Así, su objetivo no es crear un nuevo mapa de

relaciones de poder, sino conservar o restaurar el mapa tradicionalmente hegemónico de

las relaciones patriarcales y heteronormativas. Por esta razón, el proceso de ONGización

de este movimiento no ha restringido la agenda ni los objetivos de las organizaciones

“Pro-Vida” ya que—en su búsqueda por influir en el Estado, la ley y las prácticas

sexuales—el proyecto político de estas no es necesariamente contrario a la normalización

de los cuerpos y las subjetividades llevado a cabo históricamente por el poder político. La

aplicación del concepto de ONGización en el contexto del activismo heteropatriarcal

invita a entenderlo como un término analítico-descriptivo que nos permite observar de

qué manera el movimiento “Pro-Vida” ha privilegiado la formación de ONG como una

estrategia para logar un impacto político y social.

Una segunda definición del concepto de ONGización ha sido propuesta por

Vaggione quien ha usado el término para referirse a las formas en que la religión se ha

revitalizado recientemente a través de la acción de organizaciones de la sociedad civil que

se movilizan en defensa de las doctrinas religiosas promovidas por ciertas iglesias (2005).

Al aplicar este término al movimiento autodenominado “Pro-Vida,” el concepto se torna

sumamente útil para explicar el surgimiento y la actuación de organizaciones que

adhieren explícitamente a una cosmovisión religiosa específica, funcionando como si

fueran una suerte de “brazo civil” de ciertas iglesias. Sin embargo, la utilidad del término

es limitada para referirse al movimiento “Pro-Vida” en su conjunto, ya que no permite

capturar completamente la identidad no religiosa que algunas de las organizaciones del

movimiento han adquirido. Principalmente, como he mostrado anteriormente, algunas

ONG han buscado crear un tipo de militancia que trascienda la religión, minimizando o

215
borrando el componente religioso al presentarse en el espacio público. Precisamente, las

ONG que he mencionado bajo el concepto de “des-identificación religiosa” han impulsado

una articulación entre activistas creyentes y otros militantes que no necesariamente

profesan una religión, lo que demuestra la dificultad de asociar automáticamente la causa

del movimiento con un fundamento puramente religioso. Al mismo tiempo, varios

estudios sobre el tema han demostrado que su discurso también se ha desligado de las

ideas religiosas, apelando a argumentos seculares asociados principalmente con el

derecho y la ciencia (Vaggione 2005; Morán Faúndes y Peñas Defago 2013; Lemaitre

Ripoll 2012).

Así, siguiendo a Ziad Munson, el vínculo entre esta forma de militancia y la religión

quizás no deba ser pensado como una relación omnicomprensiva, sino más bien como

dos esferas que se superponen en muchos puntos, pero que en otros se separan (2008).

Concretamente, entender este activismo como un movimiento heteropatriarcal nos

permite centrar la atención no sólo en el aspecto religioso de sus actores (como lo hacen

otros conceptos como “fundamentalismo” o “conservadurismo religioso”), sino en los

sistemas de poder que su agenda busca reproducir, mantener e instaurar.

Además, es posible darse cuenta de que si bien la jerarquía católica y algunas

iglesias evangélicas conservadoras son una parte activa de la militancia contra los

derechos sexuales y reproductivos, el movimiento “Pro-Vida” no es una mera

prolongación de estas iglesias. La organización—que se ha ido profundizando y

complejizando en los últimos años luego de la creación de la Red Federal de Familias que

congrega en un mismo espacio a ONG católicas y evangélicas—ha permitido a estos

organismos liberarse de las fricciones históricas que atraviesa la relación entre la

216
jerarquía católica argentina y las iglesias evangélicas, permitiéndoles avanzar en una

articulación política al margen de las disputas que puedan existir entre los líderes

religiosos. De este modo, no es posible considerar al movimiento autodenominado “Pro-

Vida” como un colectivo organizado en tanto prolongación civil de las iglesias. Hoy en día

estos sectores están experimentando un proceso de (re)organización de consecuencias

inciertas, por lo que se hace necesario continuar observándolo atenta y analíticamente.

Suponer que la oposición a los derechos sexuales y reproductivos puede trascender

las asociaciones religiosas implica repensar las formas en que se tiende a considerar la

relación entre la religión, la vida secular y la sexualidad. En términos generales, el ingreso

de la religión en la política sexual contemporánea ha tendido a ser interpretado según

paradigmas que asocian lo secular con los avances materias de derechos sexuales y

reproductivos, y la religión como inevitablemente ligada a posiciones conservadoras. Sin

embargo, estos marcos de pensamiento binario limitan nuestra capacidad para valorar

las múltiples dimensiones en las cuales lo religioso y lo secular se interconectan con la

sexualidad (Vaggione 2005; Jakobsen y Pellegrini 2008). De hecho, estos marcos de

pensamiento binario son puestos en cuestión, entre otras cosas, cuando se observa el

modo en que el activismo “Pro-Vida” pone en circulación en una serie de discursos e

identidades seculares para defender políticas sexuales restrictivas. De este modo, al

liberarse del vínculo con la religión, algunos de estos sectores han adoptado una variedad

de mecanismos para defender un orden sexual patriarcal y heteronormativo apelando a

discursos que tradicionalmente se han pensado fuera de lo religioso. Frente a esto, el

desafío radica en construir marcos de análisis lo suficientemente complejos para que

superen las limitaciones de las perspectivas que asocian lo secular con el progresismo

217
sexual y que ven a toda movilización social necesariamente como un espacio de

transgresión de los sistemas de poder tradicionales.

218
Notas

Capítulo 1

1 En este volumen editado hemos escogido utilizar el término amplio, “lesbiana, gay,

bisexual y/o trans” (abreviado como LGBT) para referirnos a la diversa comunidad de

personas que se identifican con modos de sexualidad diferentes a las normas

heterosexuales.

2 El concepto de “umbrales de laicidad” fue desarrollado por el sociólogo francés Jean

Baubérot (1990).

Capítulo 2

1 Se usa el término de diversidad sexual para englobar la defensa de un conjunto de

identidades y prácticas que escapan de la heteronormatividad.

2 Por ejemplo, la reforma constitucional de la República Dominicana o la

criminalización completa del aborto en Nicaragua.

3 Existen distintos abordajes que marcan las formas en que lo religioso continúa

influyendo la construcción del derecho secular contemporáneo respeto a la sexualidad.

Ver, por ejemplo, el concepto de cristonormatividad (Jakobsen y Pellegrini 2003).

4 En reacción a la reforma protestante, la Iglesia católica reforzó el disciplinamiento

sobre la sexualidad (Fox 2000).

5 Aquellas construcciones culturales y legales que escapaban a la normatividad católica

tendían a ser consideradas como contrarias a los intereses de la nación.

219
6 Por supuesto que han coexistido distintas construcciones religiosas y espirituales, pero

ha sido la Iglesia católica la proveedora de las principales regulaciones que estratifican

el orden sexual.

7 El impacto de la Iglesia católica sobre la matriz del derecho occidental excede, por

supuesto, a América Latina, pero por cuestiones de espacio nos concretamos en

dinámicas vinculadas al contexto regional.

8 Para un análisis de los principales planteos del nuevo derecho natural y sus críticas

desde una mirada feminista puede consultarse Skerrett (2007).

9 En particular, durante el desarrollo de la doctrina positivista.

10 Lo que se denomina como la teoría nueva de la ley natural (new natural law theory)

cuyos principales exponentes son John Finnis y Germain Grisez, entre otros. Ver

Skerrett (2007).

11 Ver Summa Theologiae, Vol. 43, 2ª2ae, Preguntas 153 y 154.

12 La ley natural incluso ha sido considerada por algunos críticos como un acercamiento

anti-democrático al debate público (Lemaitre Ripoll 2012). Por un análisis crítico de la

nueva teoría de la ley natural, ver Bamforth et al. (2007).

13 Incluso durante el del Concilio Vaticano II (1962-1965) cuando se produjo el

aggiornamiento de la Iglesia católica e importantes cambios en distintos aspectos, se

reafirmó la defensa de una moral sexual exclusivamente reproductivista a pesar de

corrientes de opinión favorables para la admisión de métodos anticonceptivos para

parejas casadas (Fox 2000).

14 Ver datos de Latinobarometro: http://www.latinobarometro.org/lat.jsp.

220
15 Presidente Ortega de Nicaragua y Presidente Correa de Ecuador son ejemplos de

líderes “progresistas” que han comprometido acuerdos de asociación distintos con la

Iglesia católica respeto a temas de la sexualidad.

16 La sanción del divorcio vincular es un ejemplo en este sentido en la mayoría de los

países de América Latina.

17 A lo largo de la historia de la región, la influencia religiosa se ha politizado, permitiendo

nuevas articulaciones entre el derecho secular y la doctrina religiosa sin que

necesariamente se desplace el sustrato o mantra religioso. Por ejemplo, el liberalismo del

siglo XIX o el higienismo del siglo XX.

18 Por ejemplo, Connolly (1999) y Asad (2003) han argumentado sobre la artificialidad

de la división entre lo religioso y lo secular.

19 Una variedad de estudios sobre la ley latinoamericana revela el rol de las normas

legales en la mantención del orden heteropatriarcal. Algunos de estos estudios se

pueden acceder en la Red de Académicas/os del Derecho:

http://www.redalas.net/a2/index.cfm?aplicacion=PAK024.

20 Al interior de estos movimientos existen importantes diferencias sobre el uso del

derecho para desmantelar los regímenes de opresión. Por ejemplo, dentro del

movimiento por la diversidad sexual se debate, de formas diferentes, sobre los

desmovilizadores y asimilacionistas de la demanda legal (queer v. gay/lesbian). Ver

Vaggione (2008).

21 Si bien la bibliografía en general considera los mediados de los años 90 como un

momento clave debido a distintas razones nacionales y transnacionales. Dentro de los

primeros el impacto acumulado de los movimientos feministas y por la diversidad

sexual y los procesos de transición y consolidación democrática son los más

221
considerados. Dentro de los segundos suelen mencionarse las conferencias

internacionales de El Cairo (1994) y Beijing (1995) como bisagras relevantes para

entender el ingreso de los derechos sexuales y reproductivos a los derechos humanos.

22 Un aspecto no explorado en este capítulo, pero también relevante es la fuerte

conexión entre los derechos sexuales y reproductivos y el discurso de los derechos

humanos. Ver, por ejemplo, Miller (2010).

23 Debe notarse, sin embargo, que este contrarelato tiene algunos puntos de contacto

como, por ejemplo, la importancia del discurso de los derechos humanos en ambas

posturas frente al estado.

24 Hay una variedad de definiciones de laicidad que subraya aspectos diferentes. En

América Latina, Blancarte (2000) y la Red Iberoamericana por las Libertades Laicas

han sido influyente en la mayoría de los debates respeto al tema. Otras definiciones han

sido producido por la Cátedra Jorge Carpizo, Universidad Nacional Autónoma de

México: http://catedra-laicidad.unam.mx/?page_id=122.

25 Por esta definición de laicidad, ver Blancarte (2000). Esta definición ha sido

ampliamente legitimada en distintas intervenciones político-académicas de la Red

Iberoamericana por las Libertades Laicas.

26 En México, por ejemplo, se incorporó un artículo constitucional garantizando la

laicidad con amplia movilización del feminismo.

27 Existen distintas campañas y análisis teóricos al respecto. Habermas (2006) ha

sofisticado su posición inicial de una argumentación de tipo secular al respecto

diferenciando entre la sociedad civil (ciudadanos religiosos como parte de “la

222
complejidad polifónica de voces públicas”) y los cuerpos políticos (como parlamentos y

cortes) que requieren de un filtro institucional.

28 Aunque este tipo de investigación no ha sido bien desarrollada en América Latina

(como en los Estados Unidos), hay datos que demuestran los vínculos entre intensidad

religiosa y actitudes hacia los derechos sexuales y reproductivos (Rabbia 2014; Rossi y

Triunfo 2010; Dides et al. 2011; Lista 1996).

29 Ver, por ejemplo, Mallimacci (2013) o las encuestas de Católicas por el Derecho a

Decidir de países como Perú, Brasil, México o Argentina.

30 Por un análisis del rol de estas organizaciones en América Latina, ver Vaggione

(2007).

31 La FALGBT se fundó en 2006 ante la necesidad de un nuevo ámbito nacional de

articulación de los diferentes grupos de lesbianas, gays, bisexuales y trans; y condujo

políticamente la demanda por el matrimonio igualitario en Argentina:

http://www.falgbt.org/.

32 En Argentina dos grupos de sacerdotes radicados en distintas provincias se

manifestaron públicamente a favor de la reforma del régimen matrimonial para incluir a

las parejas del mismo sexo (Vaggione y Jones 2015).

33 El agenciamiento se describe como la capacidad de resistencia a las normas y las

estructuras de dominación (Butler 1999).

34 Un proceso similar al estadounidense, aunque invertido, se presentó en la mayoría de

los países de la región. En los Estados Unidos sectores del catolicismo comenzaron a ser

parte de lo que se denomina como la nueva derecha religiosa. En América Latina la

jerarquía católica, y su tradicional rol de guardián del orden moral, se le sumaron

223
líderes y sectores evangélicos que coinciden en el rechazo de los derechos sexuales y

reproductivos.

35 “Identificar la ley religiosa con la civil puede, de hecho, sofocar la libertad religiosa e

incluso limitar o negar otros derechos humanos inalienables,” Juan Pablo II, “Si quieres

La Paz, respeta la conciencia de cada hombre,” 1 enero 1991.

http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/messages/peace/documents/hf_jp-

ii_mes_08121990_xxiv-world-day-for-peace.html.

36 Sin embargo, puede marcarse una diferencia entre los documentos de los años 60, en

particular Dignitatis Humanae Personae y la Nota Doctrinal ya que mientras el primer

documento inscribe la objeción de conciencia como el principal mecanismo, la Nota

Doctrinal abre a que los creyentes usen los medios democráticos para generar normas

seculares que estén basadas en los “la objetividad moral fundacional” (Christians 2006).

37 La ideología de género o el “feminismo radical” constituyen para la Iglesia los

principales impulsadores de esta mentalidad que, entre otras cuestiones, “induce a la

mujer a creer que para ser ella misma tiene que convertirse en antagonista del hombre,

llegando a una rivalidad extrema entre sexos, en que la identidad y el rol de uno son

asumidos en desventaja del otro” (Ratzinger 2004).

38 El concepto de politización reactiva y su impacto distinto sobre la política sexual

fueron desarrollados en Vaggione (2005).

39 Hay distintas investigaciones alrededor de este tema. Ver, por ejemplo, Vaggione

(2005); Morán Faúndes et al (2012); Lemaitre Ripoll (2012); Mujica (2007) y Peñas

Defago (2010).

224
40 A modo de ejemplo pueden mencionarse lugares como la Pontificia Universidad

Católica de Chile, la Pontificia Universidad Católica Argentina, la Universidad Austral

(Argentina), la Universidad de Los Andes (Chile).

41 En concreto se mencionan la adopción o el cuidado de menores, el empleo como

maestro o profesor de educación física y el ingreso como militar (Congregación para la

Doctrina de la Fe 2003).

42 Ver, por ejemplo, Htun sobre la política del aborto (2003) o Díez por matrimonio

entre personas del mismo sexo (2015).

43 Bajo la convocatoria de Juan Pablo II, el primero de estos encuentros se dio en

octubre 1994 en Roma y luego cada tres años en distintos países siendo los últimos

encuentros en la Ciudad de México (2009), Milán (2012) y Filadelfia (2015).

44 “Tercera Parte: La Vida en Cristo,” Catecismo de la Iglesia Católica.

http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s1c3a1_sp.html.

45 Por supuesto, estas actuaciones se articulan con requisitos y discursos locales y con

los principios del derecho nacional en cuestión.

Capítulo 3

1 Este texto se basa en el análisis cualitativo de artículos de tres periódicos (entre ellos,

Clarín, La Nación y Página 12) y documentos de la Conferencia Episcopal Católica y las

iglesias y federaciones evangélicas, disponibles en sus páginas de internet y sus medios

de comunicación masivos de carácter religioso. También se analizan fuentes

secundarias. Algunas secciones recurren a textos anteriores de Daniel Jones escritos en

coautoría con Juan Marco Vaggione, Paloma Dulbecco, Marcos Carbonelli, Santiago

Cunial, Lucía Ariza y Mario Pecheny.

225
2 En la década de 1990 el Congreso argentino precisó que un “niño” existe legalmente

desde la concepción.

3 Enrique Angelelli Priest Group, “Aporte al debate sobre modificaciones a la ley de

matrimonio civil,” Centro Cristiano De La Comunidad GLTTB (19 mayo 2010).

http://elcentroglttb.blogspot.com/2010/05/grupo-de-sacerdotes-enrique-

angelelli.html.

4 Título 1, Delitos Contra las Personas, Código Penal de la Nación de Argentina.

http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/15000-

19999/16546/texact.htm#15.

5 Se puede argumentar algo similar sobre las actuales críticas de la Iglesia al capitalismo

global y su impacto en el medioambiente.

6 Para un análisis crítico de la teoría de la secularización y del papel de las creencias

religiosas en la política sexual contemporánea, ver Juan Marco Vaggione y Daniel Jones,

“La política sexual y las creencias religiosas: el debate por el matrimonio para las parejas

del mismo sexo (Argentina, 2010),” Revista de Estudios Sociales 2015 51:105-117.

Capítulo 4

1 Información disponible en la página de Internet de San Estanislao:

http://www.sanestanislao-bolivar.gov.co/indicadores.shtml#poblacion.

2 Información disponible en la página de Internet de la Procuraduría General de la

Nación: https://www.procuraduria.gov.co/portal/Objetivos-y-funciones.page.

3 A lo largo y ancho de las Américas, la ley natural católica se usa para argumentar

contra el derecho sexual y reproductivo. Ver Julieta Lemaitre Ripoll, “By Reason Alone,”

226
International Journal of Constitutional Law 2012 10:493-511; y Nicholas Bamforth and

David Richards, Patriarchal Religion, Sexuality, and Gender (Cambridge UP, 2011).

4 El pueblo data de 1650, cuando un grupo de sacerdotes jesuitas, con una dispensa

especial de la corona española, fundó un centro urbano que agrupó los núcleos

campesinos de esas tierras bajas, hasta entonces dispersos. La fecha proviene de la

página de Internet del pueblo. Sin embargo, una edición muy usada de un libro local

titulado Este es nuestro pueblo, de Leonidas Osorio López (s/f), afirma que, en realidad,

nadie sabe cuándo fue fundado (206).

5 Como se describe en el actual plan de desarrollo del pueblo, la masacre condujo al

desplazamiento de un considerable número de personas.

https://drive.google.com/file/d/0BzpAyfwfT-eQUUJscDVxbUxWMHM/view.

6 Entrevista con Carlos González en julio de 2015 y noviembre de 2014.

7 La homofobia en la región del Caribe es un hecho ampliamente conocido y

naturalizado. Para esta región, ver los reportes de la ONG Caribe Afirmativo:

http://caribeafirmativo.lgbt/.

8 “Polémica en Gachetá por unión de parejas gay,” El Tiempo (10 octubre 2013).

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13112395.

9 Ver imágenes en Wradio (2013):

http://www.wradio.com.co/noticias/actualidad/galeria-manifestaciones-en-la-plaza-

de-bolivar-por-el-debate-sobre-el-matrimonio-gay/20130417/nota/1883434.aspx.

10 A los efectos de transparencia: Uno de nosotros (Mauricio Albarracín) es un antiguo

miembro de Colombia Diversa y fue su director interino entre 2014 y 2015.

227
11 A diferencia de un completo “rechazo,” para lo cual no están facultados. Lo más que

pueden hacer es asentar una “objeción” formal, pero la decisión final queda a cargo del

juez. Sin embargo, estas objeciones tienen mucho peso en el juez, en tanto que las

objeciones son una forma de proteger los derechos humanos.

12 La Procuraduría General de Colombia es una poderosa institución de vigilancia.

13 Ver, por ejemplo, “Triste aniversario de la quema de libros,” Revista Semana (10

mayo 2013). http://www.semana.com/nacion/articulo/el-triste-aniversario-quema-

libros/342756-3.

14 Para bibliografía exhaustiva sobre Ordóñez y sus relaciones con el catolicismo

conservador, incluyendo la rama disidente de los lefebvristas, ver Norbey Quevedo, “El

misterio de los lefebvristas,” El Espectador (20 febrero 2010).

http://www.elespectador.com/noticias/investigacion/articulo188861-el-misterio-de-

los-lefebvristas.

15 “La pregunta de Héctor Abad que incomodó al Procurador Ordóñez,” Blu Radio (8

abril 2013). http://www.bluradio.com/25268/la-pregunta-de-hector-abad-que-

incomodo-al-procurador-alejandro-ordonez.

16 “El cruzado,” Revista Semana (24 octubre 2010).

http://www.semana.com/nacion/articulo/el-cruzado/109036-3.

17 Para acusaciones de corrupción ver Norberto Quevedo, “El expediente Ordóñez,” El

Espectador (11 julio 2015). http://www.elespectador.com/noticias/investigacion/el-

expediente-ordonez-articulo-571941.

18 Egresó de una universidad católica, la Universidad Santo Tomás, en 1979.

228
19 Mauricio Albarracín, “El manuscrito de la juventud del Procurador” La Silla Vacía (3

octubre 2013). http://lasillavacia.com/elblogueo/blog/el-manuscrito-de-juventud-del-

procurador-45785.

20 Puesto a disposición por Colombia Diversa. Ordóñez ha profundizado su explicación

sobre su oposición a los derechos de los homosexuales en El nuevo derecho, el nuevo

orden mundial y la revolución cultural (2007). http://imgur.com/e0f2vgv.

21 Ver “Jornada nacional del niño por nacer pide la Iglesia católica en mensaje de

Semana Santa,” El Tiempo (23 marzo 2007)

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-3490368; “Mensaje de la Iglesia

católica,” El Tiempo (7 abril 2007)

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-2438612.

22 La decisión C-355 de 2006 de la Corte Constitucional permitió la despenalización del

aborto en tres circunstancias: en caso de violación, amenaza para la vida o la salud de la

madre, o en caso de serias malformaciones fetales que hagan inviable la vida

independiente. Para la Procuraduría esto no significa que ahora el aborto deba ser

incluido en los planes nacionales de salud y, de hecho, ha insistido en que las

instituciones de salud deben asegurar asesoramiento terapéutico a las mujeres que

soliciten un aborto legal, así como atender al derecho de objeción de conciencia de

médicos y enfermeras. Ver la Procuraduría General de la Nación, Informe de vigilancia

de la sentencia C-355 de 2006 (15 agosto 2010).

23 Sobre la presión a funcionarios públicos, ver “Procurador instruye a funcionarios que

respeten el derecho de los médicos de oponerse al aborto,” El Tiempo (14 mayo 2009)

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-5186001; “Exige vigilar si se está

229
respetando el derecho a la objeción de conciencia. Procurador pide más vías de control

para la práctica del aborto,” El Tiempo (15 mayo 2009)

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-3445011.

24 Procuraduría General de la Nación, Concepto ante la Corte Constitucional 4876

(2010)

https://www.procuraduria.gov.co/portal/media/file/descargas/Concepto%204876.pdf;

Concepto ante la Corte Constitucional 5110 (2011)

https://www.procuraduria.gov.co/portal/media/file/descargas/conceptos/2011/7%20d

e%20marzo/CONCEPTO%205110.pdf.

25 Procuraduría General de la Nación. Concepto ante la Corte Constitucional 8367 y

8376 (2011)

https://www.procuraduria.gov.co/portal/media/file/descargas/conceptos/2011/7%20d

e%20marzo/CONCEPTO%205110.pdf.

26 Intervención de Alejando Ordóñez Maldonado, Procurador General de la Nación en la

IV Jornada Internacional de Derecho Notarial, realizada en Cali (Valle del Cauca).

https://www.youtube.com/watch?v=-PEjvOyP_Gc.

27 Comunicado del Presidente de la Corte Constitucional, magistrado Jorge Iván Palacio

(19 julio 2013) http://www.caracol.com.co/docs/20130719a4a33722.pdf.

28 Intervención de Alejandro Ordóñez Maldonado, Procurador General de la Nación en

Foro sobre Matrimonio Igualitario en el Congreso (7 abril 2013)

https://www.youtube.com/watch?v=3O6D-9PGdY8.

29 Según reportó la prensa, Hoyos lo confesó en una conversación que fue captada por

los medios de comunicación. “La foto del BlackBerry: nueva evidencia de que Ilva

230
Myriam Hoyos desconoce un fallo de la Corte,” La Silla Vacía (18 abril 2013)

http://lasillavacia.com/historia/la-foto-del-blackberry-nueva-evidencia-de-que-ilva-

myriam-desconoce-un-fallo-de-la-corte.

30 Entrevista de María Isabel Rueda a Alejandro Ordóñez. “Alejandro Ordóñez no

aspirará a la Presidencia,” El Tiempo (6 mayo 2013)

http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12781222.

31 Carta del Procurador Alejandro Ordóñez al Superintendente de Notariado y Registro

Jorge Enrique Vélez sobre sentencia C-577 de 2011 (6 mayo 2013)

https://jkrincon.files.wordpress.com/2013/12/carta-procu-a-supernotario-posicion-

matrimonio-mayo-2013.pdf.

32 Procurador General de la Nación. Circular 013 de 2013. Directrices, Recomendaciones

y Peticiones en Relación con el Cumplimiento del Resuelve Quinto de la Sentencia C-577

de 2011. (7 junio 2013)

https://www.procuraduria.gov.co/portal/media/file/portal_doc_interes/121_Circular

%20013%20de%202013%20PGN%20SENTENCIA%20C577%2020111.pdf.

33 Por ley, estas solicitudes deben ser hechas públicas, en un tribunal especial en cada

tribunal, junto con todas las otras solicitudes que tienen un carácter público. Este

tribunal se conoce como estrado.

34 Procurador General de la Nación. Circular 013 de 2013.

35 Id.

36 Id.

231
37 Corte Constitucional, sentencia T-444 de 2014. Magistrada ponente María Victoria

Calle.

38 Entrevista con Ana María, Bogotá, octubre de 2015.

39 Grupo de Memoria Histórica, ¡Basta ya! Colombia: Memorias de guerra y dignidad

(Imprenta Nacional, 2013): 322. Ver también Mauricio Albarracín, “Desplazamiento

forzado contra las personas LGBT: reflexiones para la investigación e implementación

de políticas públicas” en Colombia Diversa, Todos los deberes, pocos los derechos:

situación de las personas lesbianas, gay, bisexuales y transgeneristas, 2008-2009

(2011): 131-145. Y Albarracín y Juan Carlos Rincón, “De las víctimas invisibles a las

víctimas dignificadas: los retos del enfoque diferencial para la población LGTBI en la

Ley de Víctimas” Revista de Derecho Público (31 diciembre 2013).

40 “Unidad de Restitución comenzará trabajos en nueve poblaciones del norte de

Bolívar,” RCN Radio (22 junio 2015) http://www.rcnradio.com/locales/bolivar/unidad-

de-restitucion-comenzara-trabajos-en-nueve-poblaciones-del-norte-de-bolivar/.

41 Entrevista con Amanda, Bogotá, octubre de 2015.

42 La tutela es un procedimiento de tratamiento urgente mediante el que se solicita un

recurso para la protección de los derechos constitucionales y permite que cualquier

persona pueda peticionar ante cualquier juez que este establezca medidas para

protegerlos contra cualquier violación en curso de sus derechos constitucionales.

43 Corte Constitucional, sentencia C-683 de 2015, magistrado ponente: Jorge Iván

Palacio. Para información sobre las decisiones de la Corte Constitucional sobre derechos

LGBT ver Colombia Diversa: http://www.colombia-diversa.org/p/sentencias.html.

232
44 Los derechos LGBT son relativamente nuevos en el derecho internacional. El Comité

de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha defendido estos derechos,

especialmente en lo que concierne a los derechos de pensión para parejas del mismo

sexo en Young vs Australia (Comunicación N° 941/2000), X vs Colombia; recientemente

la Corte Interamericana tomó una resolución muy progresista en Karen Atala vs Chile.

Ver Human Rights Committee. Communication N° 941/2000: Australia. 18/09/2003.

CCPR/C/78/D/941/2000. (Jurisprudence). Communication No. 1361/2005: Colombia.

05/14/2007. CCPR/C/89/D/1361/2005. (Jurisprudence). Case of Karen Atala Riffo and

Daughters v Chile. Merits, Reparations and Costs. Judgment of 24 February 2012, Series

C No. 239, http://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_239_ing.pdf.

45 Téngase en cuenta que un único caso de violencia policial puede tener más de una

víctima.

46 Red Nacional de Información, Unidad para la Atención y la Reparación Integral a las

Víctimas.

47 Para más detalles, ver el informe de Colombia Diversa: http://www.colombia-

diversa.org/2015/03/intervencion-completa-de-colombia.html.

48 En 2011 Colombia adoptó una pionera ley de transición jurídica conocida como Ley

de la Víctimas (Ley 1448 de 2011). Siguiendo esta ley y una vasta reforma institucional,

el país se embarcó en un proceso de restitución de tierras perdidas a causa de las

amenazas y la violencia. La resistencia a la restitución de tierras generó un misterioso y

elusivo grupo autodenominado el Ejército Anti-Restitución que formula amenazas

similares a las que realizaban las antiguas unidades paramilitares.

233
49 Entrevista con John, habitante de San Onofre durante los años del control paramilitar

y participante en la parodia de combate de boxeo, abril de 2010.

50 Daniel Coronel, “El pasado en presente,” Semana (1 marzo 2015)

http://www.semana.com/opinion/articulo/daniel-coronell-el-pasado-en-

presente/413725-3.

51 Para más información ver el informe de Colombia Diversa sobre el matrimonio

igualitario: http://www.colombia-diversa.org/p/matrimonio-igualitario_45.html.

52 La etiqueta #MatrimonioIgualitario se convirtió en el tema del momento en Twitter.

53 Ver Juan David Laverde Palma y Santiago Martínez Hernández “El escrito de

acusación contra Jorge Pretelt,” El Espectador (28 septiembre 2015)

http://www.elespectador.com/noticias/judicial/el-escrito-de-acusacion-contra-jorge-

pretelt-articulo-589354; “Congelan fincas de Pretelt que habrían despojado los

paramilitares,” El Tiempo (11 abril 2015)

http://www.eltiempo.com/politica/justicia/escandalo-corte-constitucional-congelan-

fincas-de-pretelt-que-habrian-despojado-los-paramilitares/15554502; “Los

señalamientos de ‘Báez’ que vinculan a Pretelt con paramilitares,” El Tiempo (27 abril

2015) http://www.eltiempo.com/politica/justicia/senalamientos-de-ernesto-baez-

contra-magistrado-jorge-pretelt/15642876.

54 “La escondida historia del juez que casa a los gais,” Semana (28 noviembre 2015)

http://www.semana.com/nacion/multimedia/juez-carlos-garcia-casa-los-gais-en-

bolivar/451492-3.

234
Capítulo 5

1 “The Global Catholic Population,” Pew Research Center (13 February 2013)

http://www.pewforum.org/2013/02/13/the-global-catholic-population/.

2 Id. América Latina reúne el 39% de todos los católicos del mundo.

3 En los países de la región, no es inusual observar declaraciones en los medios de la

jerarquía local de la Iglesia católica instando a los miembros católicos del congreso a

votar proyectos de ley que interesan a la Iglesia, de acuerdo con sus valores cristianos.

Muchos países en la región no se han librado aún de la intromisión y la influencia de la

Iglesia católica en la arena política, lo que se manifiesta principalmente al permitir que

la Iglesia católica mantenga su posición privilegiada en lo que respecta a su rol en la

toma de decisiones gubernamentales. Ver Erika Sánchez, “Thank the Catholic Church

for Terrifying Abortion Restrictions in Latin America,” The Guardian (23 August 2013)

https://www.theguardian.com/commentisfree/2013/aug/27/abortion-rights-latin-

america;

y Edgar González Ruiz, “La Iglesia y las leyes en América Latina,” Red Voltaire (1 mayo

2004) http://www.voltairenet.org/article120821.html.

4 Curas y monjas, especialmente de congregaciones específicas como los Franciscanos y,

hasta cierto punto, los Jesuitas y los Salesianos, tradicionalmente han centrado su

trabajo en los pobres. La teología de la liberación surgió a partir de los esfuerzos de los

obispos de la región que buscaban defender a los desposeídos política y socialmente.

Principalmente, centraban su trabajo en la defensa de los derechos humanos y en la

denuncia de las dictaduras militares en la región. Ver Emelio Betances, “The Catholic

235
Church and Political Mediation in the Dominican Republic: A Comparative Perspective,”

Journal of Church and State 2004 46:341-364.

5 Por ejemplo, la Iglesia católica ha estado activamente involucrada en el proceso de paz

colombiano. Ver Vicenç Fisas, “El Proceso de Paz en Colombia,” Quaderns de

Construccio de Pau 2010 17:8-9. La Iglesia también ha jugado un papel importante en el

conflicto armado de El Salvador. Ver Rodolfo Cárdenas, “Iglesia y proceso de paz: el

caso de El Salvador,” Nueva Sociedad 1995 136:156-163. En 1978 Chile y Argentina

aceptaron al Papa como mediador en la disputa territorial sobre las islas del canal de

Beagle. Ver Ascanio Cavallo, Manuel Salazar y Oscar Sepúlveda, La historia oculta del

régimen militar: memoria de una época 1973-1988 (Uqbar, 2008): 285.

6 En 1984, la Iglesia católica sufrió el primero de muchos, complejos y agraviantes

incidentes de conducta sexual inapropiada por parte del clero. Los efectos de estos

escándalos alcanzaron los niveles más altos del gobierno del Vaticano, incluido el Papa.

Esto ha dado como resultado una confluencia de tensiones políticas, legales y

financieras que han originado una desconfianza en la institución que pudiera poner en

peligro la capacidad de la Iglesia para desarrollar su liderazgo social, moral y de

beneficencia en el mundo. Ver Jo Renee Formicola, “Catholic Clerical Sexual Abuse:

Effects on Vatican Sovereignty and Papal Power,” Journal of Church and State 2011

53(4):523-544; Thomas P. Doyle, O.P., J.C.D. and Stephen C. Rubino, Esq., “Catholic

Clergy Sexual Abuse Meets the Civil Law,” Fordham Urban Law Journal 2003

31(2):549-616.

7 La Vicaría de la Solidaridad fue una organización patrocinada por la Iglesia en la cual

los abogados de derechos humanos encontraron un espacio relativamente seguro para

236
presentar recursos de habeas corpus por los cientos de personas detenidas ilegalmente.

Gracias a la Vicaría, se salvaron vidas. Ya en democracia, sus meticulosos registros

permitieron al sistema judicial procesar a quienes habían violado los derechos humanos.

Ver Gwynn Thomas, Contesting Legitimacy in Chile: Familial Ideals, Citizenship, and

Political Struggle, 1970-1990 (Penn State UP, 2011): 172.

8 Para un análisis del uso de argumentos laicos por parte la Iglesia ver Julieta Lemaitre

Ripoll, Laicidad y Resistencia. Colección de Cuadernos Jorge Carpizo para Entender y

Pensar la Laicidad (UNAM, 2013).

9 Oficialmente, la Iglesia ha dejado de aconsejar a las mujeres que respondan

pasivamente a la violencia doméstica. Ver, por ejemplo, el Congreso de Obispos

Católicos de los Estados Unidos respecto de la violencia doméstica:

http://www.usccb.org/issues-and-action/marriage-and-family/marriage/domestic-

violence/when-i-call-for-help.cfm.

Aunque la postura oficial, al menos en los documentos, pueda estar contra la violencia

doméstica, es bien sabido que muchos sacerdotes aconsejan a las mujeres golpeadas que

permanezcan en una relación abusiva. Esto lo confirman un funcionario del Ministerio

de la Mujer Chileno y la propia Ministra, quien afirmó en una entrevista con un

periódico chileno que, cuando desde el Ministerio se aconseja a una mujer que

abandone una relación abusiva, algunos sacerdotes se oponen y aconsejan a las mujeres

a permanecer con sus maridos. Ver “La República Independiente de San Bernardo,” La

Nación (7 diciembre 2008) http://www.lanacion.cl/la-republica-independiente-de-san-

bernardo/noticias/2008-12-06/173222.html.

237
10 Para referencias sobre la igualdad de hombres y mujeres, ver Papa Juan Pablo II,

Carta Apostólica Mulieris Dignitatem del Sumo Pontífice Juan Pablo II Sobre la

Dignidad y Vocación de la Mujer en Ocasión del Año Mariano, 1998, Título III.6 Par 3.

11 El concepto de dignidad es usado en Skinner vs. Oklahoma (1942, esterilización

forzada en los EEUU); Planned Parnethood vs. Casey (1992, derecho al aborto en los

EEUU); C-577/11 (2011, sentencia de matrimonio en Colombia); C-355/06 (2006,

derecho al aborto en ciertos casos en Colombia, entre otros casos.

12 Ver Catecismo de la Iglesia católica, 3.1 Par 1700. Ver también, Gaudium et spes, Par

16.

13 Sin embargo, en un nivel más profundo, para los ideólogos católicos la dignidad

humana sin Dios pierde su sentido. En “The First Historian of Human Rights,” Samuel

Moyn se refiere a un artículo escrito por Jacques Maritain en un número de la revista

Fortune en el año 1942, en el que Maritain “alabó el concepto de, y devoción a, los

derechos de la persona humana como ‘el desarrollo político más significativo de los

tiempos modernos’ pero advirtió, de manera amenazante, acerca de la peligrosa

tentación de ‘sostener los derechos humanos y la dignidad—sin Dios.’ Una ‘ideología’

laica basada en la ‘autonomía infinita, divina, de la voluntad humana,’ advirtió, solo

llevaría a la catástrofe,” The American Historical Review 2011 116(1):71.

14 Traducción de la autora.

15 Para un análisis comparativo del uso de la dignidad en diferentes cortes en el mundo,

ver Erin Daly, Dignity Rights: Courts, Constitutions, and the Worth of the Human

Person (Penn Press, 2012).

238
16 Como explica Luban, citando fuentes diferentes, “La expresión ‘dignidad inherente a

la persona humana’ es, por supuesto, vaga y los autores de esos documentos la dejan

difusa intencionalmente. Cuando se redactó la Declaración Universal, al comienzo

pareció una buena idea incluir a filósofos y teólogos de todo el mundo que ayudaran a

aclarar estos conceptos básicos. Pero, como era de esperar, estos pronto cayeron en

discusiones sectarias. Los autores de declaración terminaron negociando un lenguaje

que resolviera diplomáticamente las cuestiones metafísicas y teológicas en discusión.”

(Traducción de la autora.) David Luban, Legal Ethics and Human Dignity (Cambridge

UP, 2007): 67.

17 Entre otros, ver Tribunal Europeo de Derechos Humanos, Peers vs. Grecia (2001);

Florea vs. Rumania (2010); X vs. Turquía (2012); Valasinas vs. Lituania (2001).

18 En Planned Parenthood vs. Casey (1992) la Corte Suprema de los Estados Unidos

menciona la “dignidad personal” y la “dignidad humana” como fundamentos del

derecho de las mujeres a tomar decisiones que afecten sus cuerpos y sus vidas. La Corte

Constitucional alemana usó el concepto de dignidad como fundamento para prohibir el

aborto, pero también para justificar el derecho de la mujer a la autodeterminación. Para

un análisis del uso de la dignidad humana en los fallos sobre el aborto de la Corte

Suprema de los Estados Unidos, ver Reva B. Siegel, “Dignity and the Politics of

Protection: Abortion Restrictions Under Casey/Carhart,” Yale Law Journal 2008

117:1694-1737; para un análisis comparativo de la dignidad humana en fallos sobre el

aborto en diferentes tribunales del mundo, ver Reva B. Siegel, “Dignity and the Duty to

Protect Unborn Life” en Christopher McCrudden, Understanding Human Dignity

(Oxford UP, 2013); ver también Rosalind Dixon y Martha D. Nussbaum, “Abortion,

239
Dignity, and a Capabilities Approach” in Beverly Baines, Daphne Barak-Erez, y Tsvi

Kahana (eds.) Feminist Constitutionalism: Global Perspectives (Cambridge UP, 2012).

19 Lawrence vs. Texas (2003); Obergefell vs. Hodges (2015).

20 Ver, por ejemplo, Safford Unified Sch. Dist. #1 vs. Redding (2009).

21 Un informe de 2014 de la cadena de noticias BBC titulado “Fotógrafo de Abu Ghraib:

recuperando la dignidad de los detenidos” subraya uno de los mayores horrores de la

tortura: el ataque a la dignidad humana. El fotógrafo Chris Bartlett creó un proyecto

donde las mismas víctimas de Abu Ghraib fueron fotografiadas nuevamente esta vez con

el fin de devolverles algo de su humanidad. Tara MacKelvey, “Abu Ghraib photographer:

Restoring dignity to detainees,” BBC News (15 September 2014)

http://www.bbc.com/news/29183096.

22 Un ataque a la dignidad puede suceder aún si la persona que lo recibe no se siente

atacada. Ver, por ejemplo, la decisión del Comité de Derechos Humanos de las Naciones

Unidas que ratificó la prohibición de los tribunales franceses de “arrojar enanos,” aun

cuando el demandante era una persona que sufría de enanismo, ya que era necesario

“proteger el orden público, que implica consideraciones acerca de la dignidad humana

que son compatibles con los objetivos del Acuerdo.” (traducción de la autora).

CCPR/C/75/D/854/1999.

23 Algunas mujeres católicas se refieren a la “dignidad femenina” para hablar de

fertilidad. Ver “Holding Fast to My Feminine Dignity:”

http://www.catholicsistas.com/2012/08/holding-fast-to-my-feminine-dignity/.

24 Pablo VI, Discurso a los participantes del Congreso Nacional del Centro Italiano

Femenino (6 diciembre 1796). Citado en la Carta Apostólica Mulieris Dignitatem del

240
Sumo Pontífice Juan Pablo II, Sobre la dignidad y vocación de la Mujer en ocasión del

Año Mariano (15 agosto 1988).

25 Mulieris Dignitatem Par 4: “Esta dignidad consiste, por una parte, en la elevación

sobrenatural a la unión con Dios en Jesucristo, que determina la finalidad tan profunda

de la existencia de cada hombre tanto sobre la tierra como en la eternidad. Desde este

punto de vista, la ‘mujer’ es la representante y arquetipo de todo el género humano, es

decir, representa aquella humanidad que es propia de todos los seres humanos, ya sean

hombres o mujeres. Por otra parte, el acontecimiento de Nazaret pone en evidencia un

modo de unión con el Dios vivo, que es propio sólo de la ‘mujer,’ de María, esto es la

unión entre madre e hijo.”

26 En Par 24 la Carta explica que el sometimiento debe ser entendido como una

“sumisión recíproca en el temor de Cristo.” No rechaza la idea de que el marido es el

dueño de la mujer, sino que la interpreta como una sumisión recíproca.

27 La fecundación forzada es una de las espantosas estrategias del genocidio. Fue usada

por todos los bandos en el conflicto yugoslavo, donde se establecieron campos de

violación que no solo apuntaban al propósito de humillar a un grupo étnico, sino

también de fecundar a las mujeres que luego tendrían hijos del grupo étnico enemigo.

Kelly Dawn Askin, War Crimes Against Women: Prosecution in International War

Crimes Tribunals (Martinus Nijhoff Publishers, 1997): 273. El papa Juan Pablo II,

hablando sobre las mujeres bosnias afectadas por esta terrible tortura, afirmó que “estos

semejantes de Dios, estas nuevas criaturas han de ser respetadas y amadas...Toda la

acogida.” (Traducción de la autora.) “Pope Urges Bosnian Rape Victims Not to Have

241
Abortions,” Los Angeles Times (28 February 1993) http://articles.latimes.com/1993-

02-28/news/mn-234_1_bosnian-serbs.

28 En 1934, se concedió a las mujeres el derecho a voto en elecciones para

municipalidades, pero recién se les otorgó el derecho a votar en las elecciones

presidenciales en 1949. Biblioteca Nacional de Chile. Memoria Chilena: Elecciones,

sufragio y democracia en Chile (1810-2012), “Voto Femenino”

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-93508.html.

29 José Ramón Ravest, Jurisprudencia de las Cortes de Justicia de la República de

Chile: Estudio Jurídico de la Gaceta de los Tribunales 1878 - 1887. Ver 9936, Tribunal

Penal de Concepción; 9940 Tribunal de La Serena, 541.

30 Id. 9928, mencionado en 187 Corte de Concepción.

31 Título VII, Código Penal de Chile, 1875, “Crímenes y simples delitos contra la

moralidad pública y el orden de la familia.” Según Bascuñán, el Título fue importado del

Código Penal belga, aunque los artículos que comprendía dicho Titulo fueron

trasplantados del Código Penal español de 1848-50. Antonio Bascuñán, “Delitos contra

la Autonomia Sexual,” 30 agosto 2001, 8, en el archivo de la autora.

32 Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, 2/89, 10 septiembre 1990

https://www.scribd.com/doc/130924399/2-89-Inconstitucionalidad.

33 9/2005-PS

http://www.miguelcarbonell.com/artman/uploads/1/violaci__n_entre_conyuges.pdf.

34 Id.

242
35 9/2005-PS, 3, mencionado en Contradicción de tesis 5/92, Segunda Sala en materia

Penal de la Corte Suprema de Justicia la Nación.

36 La Enciclopedia de Filosofía de Stanford afirma que “La doctrina (o principio) del

doble efecto es invocada a menudo para explicar que una acción que causa un daño

grave, como la muerte de un ser humano, es admisible si tiene el efecto secundario de

promover un buen fin” (traducción de la autora). La Iglesia incluyó la doctrina del doble

efecto en la Encíclica de 1930, Casti Connubii.

37 En un número de 1020 del Boletín de Higiene Social, publicado mensualmente por la

Asociación Americana de Higiene Social, se leía el siguiente encabezado:

“Organizaciones Eugenésicas son Fuertes en América Latina.” La nota menciona varias

organizaciones creadas en la región. Ver Social Hygiene Bulletin 1920 7(9): 10.

38 Según la Iglesia católica el rol de la mujer era “predicar el santo evangelio y estar

siempre al lado de la cuna de su hijo.” El Diario Ilustrado 18 mayo 1922, citado por

Edda Gaviola Artigas et al, Queremos votar en las próximas elecciones: Historia del

movimiento femenino chileno, 1913-1952 (Centro de Estudios de la Mujer, 1986): 25.

39 Ver, por ejemplo, “La Mujer Nueva,” Boletín del Movimiento Pro Emancipación de

las Mujeres de Chile. 8 noviembre 1935: 5.

40 Ver Historia de la Vicaria de la Solidaridad:

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-3547.html.

41 Dos médicos de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica, un dictamen de la

Iglesia católica polaca de Chile y un presbítero católico.

42 “Mensaje de la Presidenta de la Republica con el que Inicia el Proyecto de Ley que

243
Regula la Despenalización de la Interrupción Voluntaria del Embarazo en Tres

Causales” http://3causales.gob.cl/proyecto-de-ley/.

43 Id.

44 Id.

45 Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, “El derecho humano a la vida, a una

vida digna para toda persona,” 25 marzo 2015

http://documentos.iglesia.cl/documento.php?id=4356.

46 Id.

47 Informe Comisión Partidaria Sobre El Proyecto De Ley Del Ejecutivo Que “Regula La

Despenalización De La Interrupción Voluntaria Del Embarazo En Tres Causales,” En

archivo de la autora.

48 Id.

49 Id.

50 Actas de la Comisión Constituyente, República de Chile, Sesión 87 (14 noviembre

1974)

http://www.bcn.cl/lc/cpolitica/constitucion_politica/Actas_comision_ortuzar/Tomo_I

II_Comision_Ortuzar.pdf.

51 Carta disponible en Jorge Molina Sanhueza, “Ezzati pide a Piñera que Chile no

ratifique Convención contra la Discriminación porque incluye respeto a “orientación

sexual y expresión de género,” The Clinic (16 octubre 2013)

http://www.theclinic.cl/2013/10/16/ezzati-pide-a-pinera-que-chile-no-ratifique-

244
convencion-contra-la-discriminacion-porque-incluye-respeto-a-orientacion-sexual-y-

expresion-de-genero/.

52 “Ezzati: Con todas nuestras fuerzas, hemos dicho que un proyecto de aborto es

contrario a lo que Dios quiere,” La Tercera (5 febrero 2015)

http://www.latercera.com/noticia/ezzati-con-todas-nuestras-fuerzas-hemos-dicho-que-

un-proyecto-de-aborto-es-contrario-a-lo-que-dios-quiere/.

53 Id.

54 Beatriz es una mujer salvadoreña a quien se le ha negado un aborto aun cuando sufre

de lupus y su embarazo pone su vida en peligro. Beatriz también es madre:

http://www.bbc.com/mundo/ultimas_noticias/2013/05/130530_ultnot_el_salvador_

aborto_autorizacion_parto_inducido_jrg.

55 Belén es una niña chilena de 10 años que sufrió múltiples violaciones de su padrastro

y quedó embarazada en 2013. Sebastián Piñera, Presidente de Chile en ese momento,

felicitó a Belén (y reveló su identidad a la prensa) por su madurez al decidir tener el

bebé, como si hubiera una opción de terminar con su embarazo:

http://www.elmundo.es/america/2013/07/09/noticias/1373403555.html.

56 “Paraguay deniega el aborto a la niña de 10 años embarazada tras una violación,” El

Mundo (5 mayo 2015)

http://www.elmundo.es/internacional/2015/05/05/55488f7622601dca3b8b4576.html.

57 “Historia de Paulina,” Proceso (30 enero 2002)

http://www.proceso.com.mx/239608/historia-de-paulina-2.

58 L.C. es una niña peruana que fue violada durante dos años por su padrastro y quedó

245
embarazada a los 13 años. Cuando se enteró de que estaba embarazada trató de

suicidarse, quedó parapléjica y le fue negado abortar:

https://tierraylibertad.lamula.pe/2013/12/05/peru-sigue-sin-indemnizar-a-mujer-que-

quedo-paraplegica-tras-negacion-de-aborto-terapuetico/comunicaciones.tyl/.

Capítulo 6

1 El proyecto se titula Pentecostal Leaders in Latin America: Political and Socio-

Economic Attitudes, financiado por la Pentecostal and Charismatic Research Initiative

(PCRI), y ha sido desarrollado por la autora junto a los profesores Paul Freston,

Joanildo Burity, Ari Oro y Brenda Carranza.

2 Estos dirigentes desarrollan su actividad en las ciudades de Salvador, San Pablo, Belo

Horizonte, Brasilia, Campinas y Río de Janeiro. Casi todos tienen un cargo eclesiástico—

pastores, misioneros, obispos, sacerdotes—y 18 encuestados de sexo masculino han sido

autorizados por la iglesia para ocupar bancas en la Cámara de Diputados, asambleas

legislativas o en la cámara municipal de las ciudades mencionadas anteriormente. Todos

los demás encuestados son pastores que dirigen programas de asistencia social o son

asesores políticos en el Congreso Nacional.

3 Ver “Intolerância religiosa leva menina a ser apedrejada na cabeça,” O Dia, (16

septiembre 2015) http://odia.ig.com.br/noticia/rio-de-janeiro/2015-06-

16/intolerancia-religiosa-leva-menina-a-ser-apedrejada-na-cabeca.html.

4 Traducción de la autora.

5 Sin embargo, debe quedar claro que el catolicismo, aunque es la religión predominante

en el país, ha sufrido un continuo debilitamiento durante la segunda mitad del siglo XX

y que la pérdida de fieles en favor de las iglesias evangélicas se ha intensificado a partir

del comienzo de la década de 1990. Según el censo realizado por el Instituto Brasileño

246
de Geografía y Estadísticas, mientras la representación de católicos en la sociedad

brasileña disminuyó de 83,3% en 1991 a 73,8% en 2000 y a 64,6% en 2010, durante el

mismo periodo los evangélicos ascendieron de 9% a 15,6% y 22,2% (Machado 2012).

6 Según el censo de 2010, los pentecostales representan el 13% de la población brasileña.

La Cámara de Diputados consta de 513 miembros y la participación de evangélicos—

tanto pentecostales como no pentecostales—era del 12% en 2010. La mayoría de los

políticos evangélicos en la legislatura son, de todos modos, pentecostales.

7 Luego de la democratización, ha habido un compromiso del Estado brasileño para

fortalecer los derechos humanos en el país. Así, en 1996, Fernando Henrique Cardoso,

presidente afiliado al Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), lanzó el PNDH-

1 que enfatizaba los derechos civiles y políticos. En 2002 Luiz Inácio da Silva lanzó el

PNDH-2 “que incorporó los derechos económicos, sociales, culturales y del medio

ambiente.” El PNDH-3 abordó temas diferentes y controversiales tales como la

despenalización del aborto; la creación de la Comisión de la Verdad para investigar los

crímenes cometidos por la dictadura militar; la creación de redes de protección de los

derechos humanos de bisexuales, travestis y transexuales; y la regulación

gubernamental de los medios masivos de comunicación, como punto de referencia para

los derechos humanos.

8 En los servicios religiosos que se realizan en las iglesias pentecostales de las metrópolis

brasileñas, puede verse, por ejemplo, que algunos de los fieles preocupados por el

posible despido propio o de algún familiar, lleven sus tarjetas de trabajo para que sean

bendecidas por los pastores y por la prédica de dichos ministros. Este fenómeno, a

menudo se asocia con la intervención maligna de ciertas entidades afrobrasileñas que es

247
necesario confrontar mediante el exorcismo. Sobre la relación de los pentecostales con

la pobreza y las cuestiones económicas en Brasil ver Mariz (1994).

9 Una caracterización brasileña que se refiere a una variedad de colores de la piel u otras

características físicas como una asignación étnica.

10 Traducción de la autora.

11 Traducción de la autora.

12 Traducción de la autora.

13 Según el Código Penal de 1940, el aborto está permitido en dos circunstancias: si la

vida de la madre corre peligro y en caso de violación. En 2012, como resultado de las

luchas del movimiento feminista, el Superior Tribunal Federal (STF) [la Corte Suprema]

aprobó la Acción de Incumplimiento de Precepto Fundamental 54, permitiendo así

interrumpir el embarazo en casos de anencefalia fetal.

14 El objetivo de este movimiento es “favorece[r] el encuentro de evangélicos y católicos

que desean buscar la santidad y la unidad fraternalmente, movidos por la efusión del

Espíritu Santo que experimentan en sus Comunidades. Este encuentro tiene un sentido

espiritual, discipular, bíblico y apostólico. No se trata de una ‘comisión’ inter-

confesional, ni de una instancia representativa de los dirigentes de las Comunidades

participantes—aunque algunas están representadas por presidentes, obispos o

delegados oficiales. Se trata, sobre todo, de un encuentro de hermanos y hermanas que

se reconocen llamados por el Señor Jesús Cristo a una vida de santidad y unidad,

conforme al Evangelio”

http://www.encristus.com.br/dinamic/index.php?option=com_content&view=article&i

d=48&Itemid=56.

248
15 Traducción de la autora.

16 Ver la carta encíclica “Evangelium Vitae,” del Sumo Pontífice Juan Pablo II (25 marzo

1995) http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/encyclicals/documents/hf_jp-

ii_enc_25031995_evangelium-vitae.html.

17 En años recientes, los legisladores pentecostales han trabajado en el proyecto de ley

N° 478/2007 que estipula acerca del estatuto del feto no nacido. El proyecto fue

aprobado en Comisión y enviado a la Cámara de Diputados para ser votado. En 2013, el

diputado Pentecostal Eduardo Cunha (PMDB/RJ) elaboró un informe solicitando la

aprobación del proyecto en las comisiones de Seguridad Social y de Familia; en el

informe abogaba por garantizar al ser humano no nacido el “derecho a la vida, la salud y

a las políticas públicas que garanticen su desarrollo. Según este proyecto, un feto no

nacido que es resultado de una violación tendría el derecho a asistencia prenatal y a ser

dado en adopción, si la madre lo desea. Si la madre no tuviera los medios económicos

para hacerse cargo del niño, el Estado otorgará una pensión hasta que el violador sea

identificado y declarado responsable por el niño este [el niño] será dado en adopción, si

la madre así lo desea” http://www2.camara.leg.br/camaranoticias/noticias/DIREITOS-

HUMANOS/444095-ESTATUTO-DO-NASCITURO-E-APROVADO-PELA-COMISSAO-

DE-FINANCAS-E-TRIBUTACAO.html.

18 Traducción de la autora.

19 Traducción de la autora.

20 En este sentido, los discursos y proyectos promovidos por los pentecostales en

relación con el embarazo y la posibilidad del aborto, corroboran la interpretación de

Montero acerca de que “cuando los agentes religiosos tienen que actuar públicamente,

249
se ven obligados a aprender, en cada situación específica, la gramática y la semántica

relacionada al modo de organización de cada cultura pública en particular” (2012:176).

21 Entre estas medidas se cuentan: “Brasil sin homofobia, un programa para combatir la

violencia contra LGBT y promover la ciudadanía homosexual” (2004); la 1° Conferencia

Nacional en Políticas Públicas y Derechos Humanos de LGBT (2008); y el lanzamiento

de un nuevo Programa Nacional de Derechos Humanos (PNDH-3, 2009).

22 Traducción de la autora.

23 Traducción de la autora.

24 Traducción de la autora.

25 Traducción de la autora.

26 Este legislador presentó, en 2011, dos proyectos de ley que provocaron una gran

controversia con las minorías sexuales. Uno de estos proyectos (PL 16172/2011)

intentaba promover el Día del Orgullo Heterosexual; el otro proponía criminalizar la

discriminación contra los heterosexuales en la sociedad brasileña, PL 7382/2010. En las

elecciones de 2014 fue el tercer candidato más votado en el estado de Río de Janeiro y

apenas asumió su banca ordenó que los dos proyectos anteriormente citados fueran

sacados del archivador para ser presentados nuevamente.

27 “Cunha retoma projeto que proíbe adoção de criança por casais gays,” Folha de S.

Paulo (12 febrero 2015) http://www1.folha.uol.com.br/poder/2015/02/1588894-

cunha-retoma-projeto-que-proibe-adocao-de-crianca-por-casais-gays.shtml.

Capítulo 7

1 Doctor en Estudios Sociales de América Latina. Docente de Sociología Jurídica en la

Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Investigador postdoctoral, CIJS-

250
CONICET. Investigador en el Programa de Derechos Sexuales y Reproductivos, Facultad

de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba.

2 Uso intencionalmente del término “Pro-Vida” en mayúsculas para destacar

gramaticalmente el concepto como sustantivo propio y no como adjetivo. El uso del

concepto como adjetivo responde más a un ejercicio político que a una categoría

descriptiva, mediante el cual el autoreconocimiento como pro-vida (a favor de la vida)

automáticamente asigna un carácter atentatorio contra la vida a aquellos que se oponen

a su visión del mundo y sus demandas, especialmente a los movimientos feministas y

LGBT. Del mismo modo, busco enfatizar la idea de que el término “Pro-Vida” es la

manera en que estas organizaciones se autodenominan, y no una etiqueta que goce del

consenso académico o político.

3 Uso esta idea como lo hace Vaggione (2010), quien señala que una característica

relevante de los fundamentalismos religiosos es que estos transforman el patriarcado en

un eje de intervención política.

4 Esta investigación fue realizada usando metodologías cualitativas y cuantitativas. Las

fuentes primarias consultadas fueron: a) entrevistas en profundidad a 13 miembros de

ONG autodenominadas “Pro-Vida” en Argentina, realizadas entre 2010 y 2014; b) sitios

de internet de las ONG estudiadas; y c) material documental e informativo producido

por dichas ONG. Se realizó también una revisión de materiales de prensa escrita de los

periódicos Clarín, Página 12 y La Nación de los años 2000 a 2011. A partir de los datos

obtenidos, se realizó un mapeo de ONG que se complementó con un rastreo en internet

mediante descriptores de búsqueda específicos y la aplicación de la técnica bola de nieve

para acceder a otras organizaciones que no fueron identificadas en la exploración inicial.

251
5 En Argentina el aborto es ilegal, excepto en ciertos casos no punibles contemplados en

el Artículo 86 del Código Penal; a saber: cuando peligra la vida o la salud de la madre

y/o si el embarazo es producto de una violación.

6 En 2010, luego de un intenso periodo de politización y debate, se aprobó la ley que

permite el matrimonio entre personas del mismo sexo.

7 N=89 (ONG de las que se obtuvo información de la fecha de fundación) Fuente:

Elaboración propia.

8 Especialmente, luego del debate y posterior aprobación de la Ley de Uniones Civiles de

la Ciudad de Buenos Aires en 2003.

9 Ver Fampaz: http://www.fampaz.com.ar/actividades.html.

10 Ver Human Life International: http://www.hli.org/.

11 N=140. Fuente: Elaboración propia.

12 Esta iniciativa reúne a varias organizaciones feministas y de mujeres de Argentina a

favor del aborto legal. Ver: Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y

Gratuito (2015).

13 Álvarez (2009), sin embargo, revisó más tarde su postura crítica en relación con este

proceso.

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Biografías
Mauricio Albarracín ha trabajado por varios años con Colombia Diversa, una
organización que defiende los derechos de las personas LGBT en Colombia. Sr. Albarracín
posee un LL.M por el Washington College of Law de American University (Washington,
DC) y una maestría en Derecho por la Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Sus
campos de investigación incluyen el derecho internacional de los derechos humanos, el
derecho constitucional, la sociología jurídica y teoría legal. Sus investigaciones se centran
en la relación entre la ley y los movimientos sociales. Sr. Albarracín reflexiona acerca de
esas cuestiones en su blog, www.malbarracin.com; también escribe por el sitio de noticias
colombiano La Silla Vacía y ha sido un asesor para el Observatorio de Derechos Humanos
en Colombia.
Lucía Ariza es Investigadora Visitante en El Instituto de Investigaciones Gino Germani
de la Universidad de Buenos Aires. Se graduó del programa de Sociología de esa misma
universidad, recibió su maestría de la Universidad Nacional de San Martín (Argentina) y
posee un doctorado por Goldsmiths, University of London. Desde la perspectiva de los
estudios de Ciencias y Tecnología, sus investigaciones y obras exploran el
involucramiento continuo entre las ideas y prácticas que se relacionan con y (re)-
establecen la autoridad de la “naturaleza” en el contexto de las tecnologías reproductivas
y genéticas. Dra. Ariza ha realizado investigaciones en clínicas privadas de fertilidad y en
hospitales públicos, donde se están implementando los servicios de fertilidad en
Argentina.

José Manuel Morán Faúndes es miembro del Programa de Derechos Sexuales y


Reproductivos de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Hace poco recibió su
doctorado en Estudios Sociales de América Latina de la misma universidad. Sus
investigaciones se centran en los discursos y las estrategias del activismo religioso
conservador en América Latina, especialmente en Argentina, dentro el marco de la
oposición ante la agenda de los derechos sexuales y reproductivos. Recientemente Dr.
Morán Faúndes se ha enfocado más intensamente en las ONG “Pro-Vida” y la
organización de ellas y sus acciones a partir de los años 80 hasta la actualidad. También
es el compilador del volumen Sexualidades: desigualdades y derechos (Ciencia, Derecho
y Sociedad, 2012).

Daniel Jones es Doctor en Ciencias Sociales y Licenciado en Ciencia Política por la


Universidad de Buenos Aires (UBA) e Investigador Adjunto del Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Docente regular en la carrera de
Ciencia Política y profesor del Doctorado en Ciencias Sociales, ambos en la Facultad de
Ciencias Sociales (UBA) y del Programa Interinstitucional de Doctorado en Educación
(UNTREF, UNLA y UNSAM). Dr. Jones trabaja temas de salud, sexualidad, género,
juventud, religión, política y metodologías de investigación, sobre los cuales ha dictado
cursos y publicado artículos, capítulos y libros, en español, portugués e inglés. Dr. Jones
participa desde su formación (en 2005) del Grupo de Estudios sobre Sexualidades (GES)
y de proyectos nacionales e internacionales, en el Área de Salud y Población del Instituto
Gino Germani (UBA).

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Julieta Lemaitre Ripoll es Profesora Asociada en la Facultad de Derecho de la
Universidad de los Andes (Bogotá), PRIO Global Fellow y Becaria Visitante de los
Derechos Humanos de la Fundación Robina en Yale Law School. Posee su título en
Derecho por la Universidad de los Andes, una maestría por New York University y su
doctorado en Ciencias Jurídicas por Harvard Law School. Sus campos de investigación
incluyen: la ley y los movimientos sociales, la ley y la violencia y los derechos sexuales y
reproductivos. Sus publicaciones más recientes son El derecho como conjuro (Siglo de
Hombre, 2009), Derechos enterrados (Uniandes, 2010), La paz en cuestión (Universidad
de los Andes, 2011) y La Quintíada (Universidad de los Andes, 2013). Actualmente Dra.
Lemaitre está trabajando en la intersección de la ley, movimientos sociales y la violencia
en Colombia con proyectos acerca de organizaciones populares de Asociados para el
Desarrollo Internacional (IDP) y el impacto de la violencia, sobre todo la violencia
relacionada a las drogas en las organizaciones populares.

Maria das Dores Campos Machado es Profesora Asociada de la Universidad Federal


de Río de Janeiro. Es licenciado en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de Río
de Janeiro (1980) y posee una maestría en Sociología por la Sociedad Brasileña de
Educación (1989). Dra. Machado recibió su doctorado en Sociología por la misma
universidad y llevó a cabo sus estudios postdoctorales en la Pontificia Universidad
Católica de São Paulo y en el Instituto del Desarrollo Económico y Social de Buenos Aires
en 2005. Dra. Machado estudia la sociología de la religión, y trabaja los siguientes temas:
el pentecostalismo, los evangélicos, la sociedad, la política y el género.

Mario Pecheny es Profesor de Ciencia Política y Sociología de la Salud en la Universidad


de Buenos Aires. También es Coordinador del Grupo de Estudios sobre la Sexualidad en
el Instituto Gino Germani e Investigador Asociado en Sociología y Demografía en el
Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONICET) en Argentina. Dr. Pecheny cumplió
su doctorado en Ciencias Políticas por la Universidad de París y ha realizado amplia
investigación sobre cuestiones relacionadas a la salud (VIH/sida, la salud reproductiva,
enfermedades crónicas y el uso de drogas), la sexualidad, los derechos humanos y las
políticas en América Latina y otras regiones. Ha publicado y editado varios libros, que
incluyen Todo el sexo es político (Del Zorzal, 2008) y The Politics of Sexuality in Latin
America: A Reader in Lesbian, Gay, Bisexual, and Transgender Rights (co-editado con
Javier Corrales, University of Pittsburgh, 2010).

Macarena Sáez es Profesora y Becaria en el Programa de Estudios Internacionales de


Derecho del Washington College of Law (WCL) de American University (Washington,
DC) y Directora del Centro por Derechos Humanos y Humanitarios del WCL y su Proyecto
de Litigio Impacto. Obtuvo su Juris Doctor de la Facultad de Derecho de la Universidad
de Chile. Sus áreas principales de investigación son la discriminación de género en
América Latina y el derecho de familia comparado, con un enfoque en el impacto del
debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo en la formación de familias en
todo el mundo. Dra. Sáez es miembro del Comité Ejecutivo de la Red de Académicos del
Género, la Sexualidad y la Educación Legal (Red ALAS) financiada por la Fundación Ford,
una organización que proporciona entrenamiento a profesores de ley en América Latina
sobre cómo transversalizar las perspectivas acerca del género y la sexualidad en la
educación legal. También es miembro de Libertades Públicas, una organización que con

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la cual ella litigió con éxito el primer caso de orientación sexual ante el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos. Dra. Sáez actualmente sirve como co-
investigadora principal de la iniciativa del CLALS sobre Religión y Conflicto Democrático
en América Latina.

Juan Marco Vaggione es Profesor de Sociología en la Universidad Nacional de


Córdoba (Argentina) e Investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y
Técnicas en Argentina. Dr. Vaggione posee un doctorado en Sociología por la New School
for Social Research en New York un doctorado de Ley por la Universidad Nacional de
Córdoba y también forma parte de los Católicos por el Derecho a Decidir. Actualmente
dirige el Programa de Derechos Sexuales y Reproductivos en la Facultad de Derecho
(Universidad Nacional de Córdoba). Es autor de “Families Beyond Heteronormativity,”
un capítulo en Ius Gentium: Comparative Perspectives on Law and Justice (Springer,
2013) y coautor de Conservadurismos, religión y política: perspectivas de investigación
en América Latina (Ferreyra, 2013).

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