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CÓMO CREAR PERSONAJES INOLVIDABLES

Material complementario del Curso Online de Narrativa Oficio de Escritor:


informe digital y original, no publicado anteriormente. Algunos conceptos
están tomados del eBook:
«El Oficio de Escritor Versión Premium»
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éxito de cada uno depende de sus propios conocimientos, capacidad de
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© Alejandro Quintana Tomás, 2014

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INTRODUCCIÓN
¿Sabes de dónde deriva la palabra persona?
Persona es la raíz de muchas definiciones de uso común y frecuente:
personalidad, personificar, personalizar, personaje…
Pues la raíz de persona se encuentra en el teatro griego. En aquella
época, como es lógico, no existían los medios tecnológicos para hacer llegar
la voz de los actores a todo el aforo. ¿O sí?
Los griegos utilizaban dos ingeniosos medios para transmitir la voz, de
forma que todos los asistentes a la obra escucharan lo que Sófocles tuviera
que decirles.
Un método consistía en la misma construcción del teatro: su
composición semicircular, escalonada y, en definitiva, la mayoría de
elementos que componían sus teatros, estaban pensados y diseñados no
sólo para que la representación pudiera verse, sino también para que
pudiera escucharse. Los antiguos griegos aplicaban las leyes de la acústica.
Y como apoyo a este método, los actores utilizaban unas máscaras que
cumplían dos funciones: una, representar de forma visual el rol de ese
personaje (alegría, tristeza, ira…). En la boca, una abertura en forma de
embudo, actuaba como altavoz. A estas máscaras las llamaban «prósopon».
Los romanos, que adoptaron muchas costumbres, usos, vocablos e
incluso mitología de los griegos, tradujeron esta palabra al latín: «per
sonare».
Para sonar.
Y del latín evolucionó a personaje, en castellano moderno. Así que, tal
vez, personaje no derive de persona, sino que sea a la inversa.
Sin duda es una bonita historia. ¿Hasta qué punto es cierta? Se le otorga
bastante crédito, pero es algo con lo cual los expertos en etimología no
terminan de llegar a un acuerdo.
Pero sin duda es una bella definición y una mejor metáfora: la persona,
la personalidad, es un personaje y no al revés. Es una máscara para
personificar una manifestación de algo que se oculta tras ella en la gran
obra de la vida. Por supuesto, la gran pregunta es ¿quién es el actor? ¿Quién
se pone la máscara?
Los griegos también eran grandes buscadores de verdad. En el dintel del
Oráculo de Delfos, rezaba
«Conócete a ti mismo»
Tal vez al mirar detrás de esa máscara, que llamamos personalidad, se
encuentre la respuesta.
Puedes pensar que me he desviado del tema. ¿Lo he hecho? Diría que
no. Pero tampoco es el objeto de este Informe Digital filosofar y
profundizar en este asunto. Ten en cuenta que este eBook es un
complemento al curso de narrativa online que estás siguiendo. Es un
documento que debe tomarse en cuenta junto a los vídeos y a la ficha de
personajes.
No voy a repetir conceptos que se citan en la Unidad Segunda y sin
embargo, voy a resaltar y desarrollar la mayoría de ellos con la profundidad
que permite un curso de estas características.
En el contexto que nos ocupa, te basta con tener claro que un personaje
es una máscara que el escritor utiliza a su conveniencia para comunicarse
con sus lectores. Pero, para ver esto con todo su sentido, debo pasar ya a
definir…
QUÉ SON LOS PERSONAJES
La explicación más clara y simple, es que un personaje es el canal que
utiliza el escritor para transmitir ideas desde su mundo interior al mundo
interior del lector. Es, por tanto, un médium.
Explicaciones más elaboradas dicen que ese médium es el conductor de
la historia: la personificación que arrancará los motores de acción y
conducirá la historia. E incluso representaciones simbólicas de conceptos
trascendentales: el bien, el mal, la fuerza, la debilidad…
Como autor literario, y según el objetivo de este curso, te interesan los
aspectos prácticos. Lo anterior es cierto, debes tener presente que tus
personajes son el vehículo con el cual vas a conducir tu narración y también
el puente con el cual vas a comunicar dos mundos: el tuyo y el del lector.
Por tanto no solo debes conocer a fondo a tus personajes, vas a dotarles de
vida cual Doctor Frankenstein a su criatura. Debes ser no su padre, sino su
Dios. Pero ¿significa eso que debas regir sus destinos a cada paso? No.
Significa que debes configurarles como a figurillas de barro, insuflarles tu
aliento de vida y soltarles al mundo —un mundo que también has creado—
para que se las apañen. Es decir, créales, pero otórgales libre albedrío: que
puedan reaccionar según la personalidad que les has creado, no según
como reaccionarías tú en las mismas situaciones que les planteas a ellos.
Lo que debes saber de ellos está resumido en la Segunda Unidad del
curso —cómo son, qué hacen, qué quieren—. Qué vamos a tratar aquí en
profundidad:
 Qué rol desempeñan en tu narración y qué importancia tienen en
los hechos narrados
 Cómo es su personalidad según el Eneagrama
A la hora de saber cómo son por dentro, para crearles, debes tomar tu
primera decisión…

¿Va a ser hombre o mujer?


Porque no es lo mismo. Dejando aparte el tema de su funcionalidad
dentro de la historia, no es lo mismo un personaje masculino que uno
femenino. Por varias razones obvias pero, narrativamente hablando, dos
motivos fundamentales:
Imagen arquetípica y cultural: volveré a tocar el tema de los personajes
arquetípicos en un apartado posterior, pero aquí me refiero a la imagen
arquetípica del concepto cultural MACHO y el concepto HEMBRA.
Se espera, de forma arquetípica, que el hombre sea el fuerte y la mujer
la débil. Por supuesto esto ya no es así, pero en nuestro subconsciente
colectivo esto es un poderoso anclaje. Lo puedes utilizar a favor o en contra.
Lo usarás a favor si contravienes esta imagen cultural e inviertes ciertos
papeles: haz fuerte a la hembra y débil al macho. En contra lo usarás si
conviertes esto en un estereotipo: si el hombre siempre es el fuerte y la
mujer siempre la débil.
Pero no te dejes cegar por si esto te convierte en convencional, en
popular o impopular. Diseña a tus personajes según la necesidad de la
historia. Si necesitas que una mujer sea débil y un hombre sea fuerte para
el buen funcionamiento de la trama, que esto no te frene por si es
políticamente correcto o no lo es. La historia siempre es lo primero. Y quien
no te comprenda, de todas formas no comprenderá nada más de la historia,
así que debería darte lo mismo. De verdad, no se trata de machismo o
feminismo. Se trata de conceptos culturales y funcionales dentro de una
trama narrativa.
El concepto biológico: siguiendo un poco en la línea del punto anterior,
me refiero por concepto biológico a la distinta funcionalidad natural del
cuerpo y la mente de un MACHO y el de una HEMBRA. Aparte de la
obviedad de poder engendrar hijos, como en toda especie animal se dan
unas diferencias biológicas respecto a este hecho.
El macho, por lo general, tiene más masa muscular, más capacidad
pulmonar, genera más adrenalina y aspectos semejantes. La hembra es más
flexible y está más preparada para el camuflaje y la huida que no para el
enfrentamiento. La voz del macho es grave y autoritaria, para intimidar a
otros rivales. La de la hembra es aguda y un grito de auxilio puede ser
escuchado a mucha distancia.
Por todo esto y algunos otros factores, el cerebro del hombre tiene una
configuración diferente al de la mujer. No tiene nada que ver con la
inteligencia, pero sí que afecta, y mucho, al comportamiento y la
emocionalidad.
Se ha dicho que los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez y la
mujer sí. Pues es cierto: el cerebro del hombre posee más capacidad de
focalización, porque esto le dispone para detectar y enfrentarse a posibles
amenazas. Es un cerebro apto para la lucha. El de la mujer está preparado
para detectar esa amenaza y tomar la mejor decisión para protegerse y
proteger al feto o al bebé que está preparada para criar algún día.
Todo esto no es cultural, es evolutivo. El hombre piensa, actúa, razona y
siente de una forma diferente a como lo hace una mujer. Y esto tiene un
componente biológico, como te he mostrado. Por tanto, al diseñar a un
personaje hombre o mujer, debes tener en cuenta esta diferencia. Es cierto
que puedes otorgar a un hombre rasgos femeninos y viceversa. De hecho,
todo hombre tiene un lado femenino más o menos desarrollado y toda
mujer un lado masculino, más o menos evidente. Pero el verdadero error
esta en:
 Si eres una autora feminizar a tus personajes masculinos
 Si eres un autor masculinizar a tus personajes femeninos
Es decir, debes conocer cómo piensa, actúa, razona y siente el sexo
contrario al tuyo. ¿Has escuchado alguna vez eso de que los hombres y las
mujeres están condenados a no comprenderse? Pues si eres escritor o
escritora, quítatelo de la cabeza porque necesitas conocer estas diferencias.
Comienza por observar. Observa mucho a tu sexo opuesto. Ten en
cuenta estas diferencias y apunta estos dos consejos a la hora de diseñar
personajes de otro género:
Principales consideraciones masculinas: los hombres actúan de manera
directa y espontánea. La acción les define. Cuando deben ser resolutivos no
suelen pensar ni meditar mucho sus acciones, ni antes ni después de
tomarlas. En cambio razonan pros y contras de todo, en cuanto tienen
ocasión de pensar y anticiparse a los acontecimientos. Planifican y actúan
basándose en la razón. Para ello, acumulan datos concretos, cifras y
estadísticas, analizan y deciden en consecuencia. Dan mucha importancia a
lo visual, necesitan sentirse halagados respecto a su fuerza, velocidad y
condición física en general. Tienen una mejor percepción de su propio
cuerpo y sus capacidades. Buscan estabilidad y comodidad en su vida antes
que estatus social.
Los hombres con rasgos femeninos acentuados —que no afeminados u
homosexuales, no hay que confundir la tendencia sexual con el desarrollo
de su parte emotiva—, tienden a ser más emocionales: guiarse por sus
instintos, dejar que les influyan sus pasiones y emociones y, en general,
cuanto más tengan ese lado desarrollado, más tenderán a ser emocionales.
De esta forma, un hombre con pocos rasgos femeninos será un hombre
con una emocionalidad baja. Y al contrario. Por tanto, cuantas más
emociones demuestre un personaje hombre, por coherencia de ese
personaje, deberás atenuar otros rasgos que potencien su masculinidad. O
usar esto a tu favor y hacer que ese personaje exagere artificialmente su
masculinidad para compensar su lado emocional.
En cualquier caso, todos los hombres sienten emociones —a no ser que
sean psicópatas—, así que por muy masculino que sea tu personaje,
siempre deberá demostrar en ciertos momentos sus emociones. Pero
cuando actúe un personaje hombre, ten en cuenta que estará guiado por
su lado racional más que por el emocional.
Y cuando no tenga más remedio que ser resolutivo y actuar de forma
instintiva, se decantará por luchar, huir o camuflarse según la proporción
de componentes masculinos o femeninos que dominen en él. Esto vale para
todas las situaciones, no solo las de peligro físico: en su comportamiento
cotidiano será más agresivo, asertivo, conciliador o huidor de conflictos
según esta naturaleza.
Principales consideraciones femeninas: por el contrario, las mujeres se
dejan guiar más por su lado emocional y después tienden a racionalizar su
conducta. Es decir, cuando realicen un acto impulsivo, justificarán su acción
analizando la parte positiva de su decisión. Cuando tienen ocasión de
planificar, se dejan influir por su parte emocional y razonan fríamente la
decisión apoyándose en datos concretos y buscando opinión objetiva. Y si
esa visión objetiva contradice su decisión, se sentirán ofendidas o
decepcionadas.
Tienden más a ser personas que dan importancia a los valores
personales, las cualidades, virtudes y fortalezas interiores que a las
condiciones físicas y el aspecto visual. Necesitan sentirse queridas,
confortadas y respetadas. Se inclinan por la búsqueda de estatus más que
por la comodidad: tienen necesidades relacionadas con la protección, la
seguridad y la preservación de esa estabilidad.
Una mujer con el lado masculino desarrollado, dará más importancia al
razonamiento que a la justificación racionalizada de sus acciones. Por
descontado que todas las mujeres razonan, igual que todos los hombres
sienten, por tanto deberá tener esta capacidad desarrollada en igual
medida que lo esté su lado masculino, disminuyendo sus otros rasgos
relacionados con la feminidad.
Otro rasgo distintivo de la mujer, como ya has visto, es su instinto de
protección. En ellas están más desarrolladas las capacidades de huida y
paralización —camuflaje— en situaciones de peligro que las de lucha y
agresión. Por tanto, en situaciones cotidianas de no peligro físico,
prevalecerá esta condición. Se sentirán más inclinadas a mediar o rehuir
conflictos que a enfrentarse a ellos. Por eso las mujeres escuchan, asienten
y apoyan en más ocasiones que los hombres, propensos a quitar
importancia a muchas cuestiones y ofrecer consejo aún si nadie se lo ha
solicitado.
Todo esto no te quita ni te da libertad a la hora de construir personajes.
Son sólo rasgos que debes tener en cuenta a la hora de definir sus acciones.
Como autor literario tienes la obligación y la necesidad de conocer los
procesos mentales y conductivos de hombres y mujeres. No es que esto
vaya a determinar sus acciones o condicionar sus decisiones. Pero desde
luego, sí va a condicionarte como escritor el no poder describir cómo su
proceso interior les lleva a tomar unas decisiones en lugar de otras, o
justificar con coherencia cómo las llegan a tomar.
Por tanto, asume las diferencias entre hombres y mujeres, que las hay
por mucho que intereses en uno u otro sentido —léase culturales,
mediáticos, políticos, sociales o intelectuales— intenten defender lo
contrario. Esa diferencia es positiva. ¿Te imaginas un mundo sin estas
diferencias entre el sexo masculino y femenino? Yo no. Y además ¡sería tan
aburrido!
Junto a la distinción inicial que debes hacer entre personajes masculinos
y femeninos, hay algo básico a la hora de definir a un personaje literario:
sus motivaciones. Qué les mueve, qué les impulsa a superar obstáculos y
pasar por las mil y una penalidades para lograr sus objetivos.
Por tanto, te interesa que tus personajes sean seres activos, vivos, con
inquietudes y retos que superar. Imagina una historia en la cual tu
personaje principal no hace nada. No le mueve el afán de superación, ni el
recuperar un estado de bienestar perdido, ni siquiera el deseo de venganza
o la búsqueda del amor.
Por supuesto que puedes crear personajes así, pero o bien no pueden ser
los principales o, si son los principales, lo que estás relatando es el mundo
interior de esos personajes, incapaces de evolucionar o sin capacidad de
reacción. No sirven para las novelas o relatos de acción, en las cuales tus
personajes deben ser seres proactivos. Deben tener sangre en las venas.
Por ello, cuando les sobrevengan las penalidades que debes hacerles caer
encima, con toda la fatalidad del destino sobre sus cabezas, se pondrán en
marcha. Y lo que pone en marcha a los personajes siempre son dos factores:
una motivación o un conflicto.
Una motivación forma parte indivisible de la condición íntima del
personaje. Está directamente ligada a su personalidad y su circunstancia, su
vida. Desea con todo su afán conseguir algo. Puede ser un objeto, una
cualidad, un estatus. Por ejemplo, desea conseguir el amor de alguien en
concreto: no desea conseguir el amor, desea el objeto de su amor, que sería
ese alguien. Si desea enamorarse de alguien o que alguien se enamore de
él/ella, entonces sí desea alcanzar el amor, como concepto intangible.
Pero lo que pone en marcha a los personajes son los motores de la acción
en una historia. Comenzar una narración con un personaje que persigue
algo no está mal. Pero comenzar a relatar el conflicto por el cual se está en
persecución de ese algo, es más efectivo. ¿Por qué?
Está claro que los sueños son motivadores. Casi cualquier lector se
identificará con un personaje que se mueve por alcanzar un objetivo
deseado. Esa implicación, por supuesto, se dará en mayor o menor medida
cuanto más se reconozca el lector en ese personaje y lo que persigue. Será
complicado mantener la atención del lector durante toda una historia si el
objeto del deseo del personaje no es exactamente el mismo objeto del
deseo que el del lector.
Pero será mucho mejor que ese deseo esté motivado por la aparición de
un conflicto, una dificultad añadida, un problema; ya que es probable, de
hecho es casi demostrable por el método científico, que todos los seres
humanos han sufrido, sufren o sufrirán alguna vez problemas y conflictos,
tanto externos como internos.
Siempre.
En toda época y condición humana.
Por tanto, cualquier lector se identificará con cualquier personaje al cual
le planteemos un reto lo bastante interesante. La magnitud del conflicto
central determina —o debería determinar— todos los aspectos de la obra.
Es el punto donde debe pivotar el eje narrativo. Por tanto, es el punto de
partida de todo, lo que determina las acciones y reacciones de los
personajes. Y por tanto, en este manual sobre creación de personajes, es
obligatorio conocer las características de un buen…

CONFLICTO
En el contexto literario que nos ocupa, un conflicto podría definirse como
todo hecho que provoca una ruptura en el devenir previsible de los
acontecimientos normales. O sea: una horda de guerreros a caballo invade
la aldea de un muchacho, matan a toda su familia y a él le hacen esclavo.
Está claro que genera un conflicto en la vida de ese muchacho.
Pero, en realidad ¿puede considerarse un conflicto narrativamente
válido? No.
Vaya… qué decepción. ¿Y por qué no?
Este chico puede resignarse a ser un esclavo toda su vida. Lo atan a una
pesada rueda de molino y pasa un año gira que te gira, moliendo grano para
los asesinos de su tribu. Un día se muere. Fin de la historia.
Porque, para ser un conflicto auténtico, narrativamente funcional, debe
cumplir otro requisito: debe generar en los personajes nuevos objetivos en
su vida.
Ese chico morirá encadenado a una rueda de molino gigante y morirá
pronto. Pero si ese muchacho odia, el odio le puede mantener con vida el
tiempo suficiente para vivir y poder vengarse. Pasará años y años
encadenado a la rueda mientras otros esclavos mueren a las pocas
semanas. Él crece fuerte porque el odio y el deseo de venganza le
mantienen vivo. Y el día que Conan, el Bárbaro, se libere de esas cadenas…
el mundo puede temblar. Eso sí es una historia.
Porque un conflicto debe cumplir dos condiciones: poner el mundo de
los personajes del revés y además generarles nuevos objetivos en sus vidas,
un motivo para moverse, para hacer avanzar la narración.
Por eso te decía antes que los personajes deben tener sangre en las
venas. Un buen conflicto va a marcar la fuerza de la historia. Que una horda
de guerreros asalte un poblado y regañe a sus habitantes no es un conflicto
que pueda sostener una estructura narrativa.
Sí lo es que violen a la madre de Conan, que torturen y desmiembren a
su padre ante sus ojos, mientras el jefe de los guerreros se carcajea durante
el espectáculo. De acuerdo, tampoco es necesario pasarse. La saturación
de conflictos o los excesos al plantearlos pueden insensibilizar o confundir
al lector.
Basta con un conflicto central potente como para poner en marcha los
motores y la generación de nuevos conflictos menores, derivados del
avance en la historia. Lo ideal es guardar un equilibrio entre conflictos
externos, que requieran una acción de los implicados directa o
indirectamente, y los internos, que les fuercen a evolucionar como
personajes.
De hecho, la potencia del conflicto central la puede llegar a determinar
cómo impacta y afecta ese conflicto en el mundo interior de los personajes.
En la siguiente unidad del curso, te mostraré otra característica
interesante sobre los conflictos. Pero aquí voy a ceñirme a su influencia en
la creación de personajes. Porque, de hecho, según cómo afronten en su
fuero interno los conflictos, y cómo se desarrollen en relación a ellos, los
personajes pueden ser de dos tipos:
 Personajes planos: no experimentan evolución mental, ni
sentimental, ni social, ni cultural, ni espiritual, ni de ninguna clase.
Son los mismos cuando comienza la historia que cuando termina,
por muchas dificultades, pruebas o sinsabores que les hayas hecho
vivir. Tal vez hayan envejecido, sí, pero siguen en esencia siendo
los mismos. Esto puede deberse a tres factores: o estás retratando
personajes incapaces de evolucionar, o son personajes
secundarios sin importancia, o es un fallo garrafal del escritor que
no puede darse el lujo de cometer. Cuidado, entonces, con esa
falta de evolución en el carácter y otros aspectos, incluso físicos,
de los personajes principales al menos.
 Personajes redondos: lo contrario a los planos, está clarísimo.
Experimentan variación en sus valores personales o en alguna
característica interna. Es evidente que son más interesantes
porque muestran una capacidad de asimilación, de tener una
relación permeable con su mundo ficticio, una mayor capacidad de
interacción con él.
Pero cuidado, que no siempre tiene que ser una evolución, puede
ser una involución. Los personajes redondos tienden hacia el
crecimiento o la aniquilación. El caso es que exista un cambio, que
esos personajes hayan asimilado los sucesos de la historia y de
alguna forma hayan cambiado, para bien o para mal.
Por este motivo, la fuerza de los conflictos determina la intensidad de los
personajes en la medida que les afectan… y viceversa: la fuerza de los
personajes también puede determinar la intensidad de dichos conflictos.
Y para que esos conflictos, esa intensidad, esa historia sea coherente,
bien estructurada y enganche, los personajes deben ser consecuentes,
coherentes e intensos. Si eres capaz de crearles un mundo interior rico y
rodearlos de conflictos interesantes que resuenen en ellos —y por
extensión en tus lectores—, tendrás ya la mitad de tu historia configurada
y bien encaminada.
Hay novelas pobres en estructura, en coherencia, en definición, que se
sostienen por la fuerza de sus personajes y la intensidad de los conflictos
que marcan sus vidas. Pero, a estas alturas del curso, ya sabes que lo ideal
es el equilibrio: tal vez no necesites personajes o conflictos muy intensos,
pero sí situarles en un contexto interesante que refleje su evolución de una
manera emocionante.
El conjunto de todo ello es lo que va a hacer que sean inolvidables.
Con todo lo visto hasta ahora, en verdad ya puedes comenzar a crear
personajes encaminados a convertirse en inolvidables. Pero quiero
ofrecerte más material.
Otro aspecto que necesitas conocer de tus caracteres es el rol, la función
que cumplen en tu historia y la importancia de su papel. Para ello, necesito
pasar a la Segunda Parte de este manual y explicarte…
LOS ARQUETIPOS
En realidad, ya te he explicado qué son los arquetipos de personajes en
la Unidad Segunda. Lo que quiero explicarte aquí es cómo usarlos. Pero
para saber cómo debes utilizar este concepto de personajes tipo, primero
te quiero mostrar los principales personajes que vas a utilizar.
Hay muchos tipos y subtipos, y de hecho, te recomiendo que busques
información sobre ello en la red. Como en alguna ocasión te he dicho ya, al
final del curso ofreceré una bibliografía recomendada, para profundizar en
éste y otros temas. Pero para una mayor utilidad práctica de este Informe
Digital, quiero citar sólo los principales con sus principales rasgos.
Porque debes saber que hay dos maneras de enfocar el uso de los
personajes arquetípicos:
La primera consiste en utilizarlos como base para definir su papel en la
historia que deseas contar.
La segunda consiste en utilizarlos como modelo para definir su
comportamiento y personalidad.
Es decir, pueden actuar como actúan los héroes, los villanos, las
princesas y los mentores. O pueden tener los rasgos de personalidad que
definen a los héroes, los villanos, las princesas o los mentores.
Lo que quiero mostrarte es la primera opción. Y no por capricho, tengo
tres motivos.
 Uno: es muy sencillo caer en el tópico, el estereotipo, si se utilizan
las características predefinidas de los arquetipos para determinar su
comportamiento. O sea, el héroe bueno, el villano malvado, la
doncella frágil, el mago sabio… y así hasta el infinito.
 Dos: no es interesante narrativamente hablando que
comportamiento y personalidad vayan de la mano. Un personaje
puede jugar el papel de antagonista porque sus intereses son
opuestos al del protagonista de nuestra historia, pero no significa que
sea malvado. Un malvado puede actuar en un momento dado como
héroe porque salva a un niño. La doncella puede rescatar al héroe en
un enfrentamiento a muerte con el antagonista —nótese la palabra
empleada—. El mago puede engañar al héroe para que parta a la
aventura porque en realidad él es el villano. Como puedes ver, esto
da mucho más juego.
 Tres: por un motivo muy parecido al punto anterior, y es que es
también sencillo encasillar a los personajes en su papel dentro de la
historia. Es decir, el héroe siempre actúa como héroe, el mentor
como mentor, la princesa como princesa… es muchísimo mejor que
el mentor haga en algunas secuencias de bufón, por ejemplo. O la
princesa sea el personaje cambiante y no sepamos nunca de qué
parte está. O que el propio héroe sea su propia sombra, jugando un
papel desdoblado y esquizofrénico, al estilo del Dr. Jekill y Mr. Hide.
Entonces, lo que voy a definir ahora, son los rasgos por los cuales puedes
identificar el papel de tus personajes en la historia. Y ten en cuenta también
que esto pertenece al aparatado de estructura clásica, tal como has visto
en el Informe Digital anterior: Cómo se cuenta una historia. Estos
arquetipos están ligados al viaje del héroe. Y recuerda también que el viaje
del héroe no se refiere a la literatura fantástica, sino a la estructura
narrativa —ejemplo de la violinista enamorada—, por tanto, el héroe se
refiere al papel que juega un personaje, no a un señor en taparrabos
blandiendo una espada.
En las siguientes definiciones, se identificará al héroe en el papel
protagonista de la historia que se narra. Y al villano en el papel antagonista.
Tampoco se especifica género, por lo cual pueden ser tanto papeles
masculinos como femeninos.

El héroe
La palabra héroe procede de una raíz greco-latina que significa «proteger
y servir». Sí, claro que te suena de las películas: es el lema de la policía
norteamericana. En consecuencia, la función dramática del héroe es la del
protector del rebaño, el guardián del bien común, garante del orden
establecido del mundo ordinario. Su cualidad más destacable es la de estar
dispuesto a realizar grandes sacrificios, incluso dar su propia vida, por
salvaguardar las vidas de los más débiles e inocentes. Esta es su
característica más notable, pero posee otras que le definen y le hacen
reconocible.
Como por ejemplo, el crecimiento. La figura del héroe se caracteriza por
estar asociada a un viaje, tanto el viaje de su aventura en pos de recuperar,
adquirir, proteger, rescatar o lo que sea que en tu narración le envíes a
hacer, como un viaje interior de aprendizaje y despertar. De hecho, el viaje
de su aventura es una excusa e incluso una metáfora que expresa su avance
personal de tipo moral, psicológico, espiritual…
La acción es otra de sus funciones. Actuar con resolución, correr riesgos,
superar el miedo e incluso el daño físico e interno. Esto simboliza el control
de su propio destino. Aunque a veces pueda necesitar ayuda, los mayores
peligros debe afrontarlos y superarlos en soledad, sin intervención de
terceros o de influencias externas debidas a la suerte, la providencia y
semejantes.
En algún momento, el héroe debe enfrentarse cara a cara con la muerte.
Aunque sea una muerte simbólica: en una lucha titánica contra el villano o
su fuerza antagónica, el héroe sale vencedor o perdedor. Perder significa
morir, vencer significa ganar. Al perder puede verse desposeído del amor o
la capacidad de amar, su cordura, su fuerza, su prestigio. Y es recomendable
que en algún momento de la narración, el héroe experimente la pérdida.
Así, cuando luche por segunda vez, dispuesto a realizar el mayor sacrificio,
este enfrentamiento tendrá más valor si cabe.
Porque la función narrativa principal del héroe, aparte de conducir la
historia y ser un motor de su avance, es la de lograr identificación con el
lector. Es por ello que debe poseer cualidades reconocibles, que cualquier
lector pueda percibir como propias. Tanto las buenas cualidades como
algunos defectos. A nadie le gusta leer sobre seres perfectos o cualidades
divinas encarnadas. Los lectores quieren reconocerse en el héroe, soñar,
mientras dura la historia, que ellos serían capaces de realizar también
hazañas extraordinarias si se dieran las condiciones.
Pero ¿debe ser el héroe el protagonista forzoso de la historia? No tiene
por qué. El protagonista puede tener otro rol, pero en algún momento de
la trama deberá comportarse de forma heroica. Todos los personajes
cumplen funciones de tipo variado, según la situación. No hay que caer en
el error de otorgar el mismo papel arquetípico a los personajes durante
toda la historia.
Algunos personajes susceptibles de transfigurarse en héroes pueden ser
el aprendiz, novato o inocente: excusa para ir desvelando al lector
particularidades del mundo fantástico, nuevo empleo, situación fuera de lo
común, etc. También el guerrero o amazona, que actúan por razones
agresivas como la venganza en lugar de la recuperación de un valor o el
equilibrio del mundo; el rufián que busca su satisfacción por motivos
puramente narcisistas pero termina ayudando a la causa e incluso
sacrificándose…
Otras variedades de héroe pueden ser el antihéroe, que no tiene unas
cualidades propiamente virtuosas pero actúa heroicamente. Está herido en
su interior y eso le ha vuelto cínico o poco sociable. Y aún así despierta la
simpatía y logra la identificación con el lector.
El héroe solitario también suele funcionar y su viaje es algo diferente: no
sale del grupo para recuperar su equilibrio, sino que se incorpora a un grupo
para lograr una meta común por motivos casi siempre egoístas, y cuando
termina la aventura regresa a su aislamiento —o en algunos casos se integra
por completo al grupo.
Y también está el héroe transformador, que en verdad no realiza un viaje
interior porque ya es un ser formado, semejante al mentor, que actúa de
maestro, salvador o generador de evolución en otros personajes.
Algunos ejemplos de héroe:
 Clásico: Ulises, el héroe por excelencia de la Odisea, el viaje del héroe
por excelencia, modelo de modelos.
 Antihéroe: el Capitán Alatriste de las novelas de Arturo Pérez-
Reverte, es una suerte de héroe amargado y cuyas intenciones no
son del todo altruistas, pero termina siempre por tomar el camino
recto y noble.
 Solitario: el personaje de Shane en Raíces Profundas, western de los
años cincuenta. Llega, triunfa, impone el orden y se marcha.
 El novato: Jon Nieve, de Juego de Tronos, se incorpora a la Guardia
de la Noche como novicio y, en un momento dado, debe «espabilar»
o morir.
 El rufián convertido en héroe: Han Solo de la saga Star Wars, que
inicia la aventura por dinero pero se adhiere a la causa rebelde por
lealtad —y más tarde sabemos que por amor—. Comienza realizando
un acto heroico aislado, pero en la evolución del personaje en la saga,
Han Solo se convierte en un héroe con todas las de la ley.
 El catalizador: Superman es un ejemplo de personaje que en realidad
no realiza un viaje interno durante toda la aventura. Es una suerte de
héroe que ha completado su periplo, ha adquirido las habilidades
necesarias para ejercer de guardián y protector —es decir, un
superhéroe—, que salva e influye en las personas con su ejemplo.
El villano
Aparte de saber que es siempre la antítesis del héroe y, de hecho, si el
protagonista de una historia es un héroe, su antagonista será sin remedio
el villano, para comprender esta figura es necesario aclarar dos aspectos.
Uno, es el viejo dicho que reza: «nada es verdad o mentira, todo es según
el color del cristal con que se mira». El otro, es asimilar el concepto
arquetípico de La Sombra. Pero voy por partes.
Desde la perspectiva del villano, él es el héroe en su propia percepción
de la realidad. El villano no es malvado porque sí, por el mal puro. El
malvado es malo porque sus intereses son los opuestos al del héroe. Y, si el
héroe hace el bien, el villano, a los ojos del lector, hace el mal. O sea, desde
el punto de vista del villano, el villano de su propia historia es el héroe.
La característica principal del villano es que, por lo general, lo mueve el
egoísmo. El bien común, el equilibrio del mundo, la estabilidad de los otros
y todo eso son zarandajas en comparación con su propio bienestar. Por
descontado no realizará ningún sacrificio propio, pero no dudará en
sacrificar a otros para dificultar el camino al héroe, debilitándole al máximo
en caso de un enfrentamiento inevitable.
Sin embargo, sería aconsejable en algún momento de la historia, al igual
que debemos dotar al héroe de defectos, dotar al villano de cualidades
positivas, e incluso verle cometer un acto heroico. No solo para aparentar
bondad de cara a la galería, sino por otorgarle el beneficio de la duda.
Algunos ejemplos fantásticos de villano son los encarnados por personas
vulgares que cometen una atrocidad en nombre de una causa que
consideran justa, o desencadenan un suceso terrible con la intención de
crear un despertar de conciencia colectivo. Humanizarles y mostrarles en
su faceta más vulnerable provoca un efecto de máximo impacto. En algunos
casos, incluso, pueden redimirse en el último momento y ayudar a paliar lo
que han liberado, sacrificándose, al fin, en un acto de heroísmo.
Pero los villanos que dan el mejor juego son los que encarnan La Sombra.
Se trata de un arquetipo muy de Carl Gustav Jung, padre de los arquetipos.
Representa el lado oscuro, los aspectos rechazados y contradictorios de una
cualidad. Es decir, si un personaje es generoso, su sombra será un personaje
tacaño. Si un personaje es alegre, su sombra será otro amargado.
La magnitud de un héroe se la proporciona su enemigo, su antagonista.
Un héroe es tan grande como el enemigo al que se enfrenta. Muchas
historias están definidas por la relación entre héroe y villano, en la cual uno
aprende del otro y se llegan a respetar e incluso tomarse aprecio, si bien el
enfrentamiento y la muerte de uno de los dos —recordemos que puede ser
simbólica, estar representada por una derrota o victoria— serán
inevitables.
Esta retroalimentación se da porque, en verdad, los extremos se tocan.
Si alguien es la sombra de alguien, el negativo, el reflejo, es porque en el
fondo son muy parecidos. Las cualidades de uno complementan los
defectos del otro y viceversa. Por tanto, es sencillo establecer una relación
estrecha amor-odio entre un héroe y un villano que es su sombra.
Proporciona, narrativamente hablando, un rival a la altura, un oponente
digno para uno y otro.
En verdad, todo uso de rasgos arquetípicos en los personajes, deberían
incluir una parte de todos en todos, pues la definición de cada tipo de
personaje es el simbolismo de diferentes partes de la psique humana. Son
manifestaciones personificadas de rasgos que definen una personalidad
completa… y compleja.

El mentor
El mentor es una figura que adopta innumerables formas. Solo me voy a
detener aquí a definir sus rasgos principales y su función dramática. El
mentor es un personaje que actúa como maestro, instructor o protector del
héroe, todo junto o por separado.
Puede ser una profesora, un sargento, un mago, una gitana en el camino
polvoriento. Cualquiera que otorgue al héroe una enseñanza, un don,
incluso una herramienta con la cual defenderse o atacar al antagonista, se
convierte en ese instante en la figura del mentor.
Otra cualidad del mentor puede ser la de dar al héroe ese empujoncito
en forma de voto de confianza para animarle a iniciar su aventura. Y
siembra las pepitas de oro que después el héroe podrá utilizar en su
enfrentamiento final o en alguna prueba decisiva. O, en su camino,
encuentra a tantos mentores como precisa para recoger después los frutos
de esa siembra, el conocimiento que le permitirá vencer.
El aprendizaje adopta muchas formas, por lo cual un mentor puede ser
un enemigo, incluso el mismísimo villano antagonista. De la derrota, el
héroe podrá aprender y asimilar sus fallos para no volver a cometerlos.
Entre los innumerables tipos de mentores podría destacar el iniciador
sexual, cuya explicación tal vez no sea necesaria. A menudo, un iniciador
sexual se convierte después en personaje obstáculo.
El mentor oscuro intenta llevar al héroe por la senda tenebrosa,
confundiéndole o bien indicándole un camino que éste tomará gustoso
para convertirse en villano… puesto que no solo el héroe tiene por qué
tener mentores.
El mentor interno suele darse en personajes con experiencia, tipos duros
que aprenden a base de sufrir reveses de la vida. Suelen tener un código
interno del honor o del deber, tan interiorizado que marca su aprendizaje y
su camino, sin apenas necesitar ayuda externa.

Los ayudantes del héroe y los lugartenientes del villano

Tanto los héroes como los villanos tienen ayudantes en su aventura. Es


muy posible que, de hecho, el antagonista del héroe no sea el villano, sino
uno de sus ayudantes. Por ejemplo, el antagonista de Luke Skywalker es
Darth Vader, pero la encarnación del mal es en verdad el emperador de la
galaxia y Vader es su lugarteniente —si prestas atención, habrás observado
también que Vader sirve como ejemplo de villano que se redime en el
último instante, realizando el sacrificio heroico verdadero de toda la saga.
Los ayudantes del héroe suelen ser de tipo cómico o bien cumplir
funciones de tipo cómico en algún momento. Conocidos estos por el
nombre arquetípico de Embaucador, cuando son pillos simpáticos y
canallas con más o menos gracia, sirven como contrapunto gracioso y para
hacer tocar con los pies en el suelo cuando el héroe se lo cree demasiado o
se toma a sí mismo demasiado en serio.
Mentores de todo tipo y condición los encontrará en el camino o le
acompañarán. Su función, ya vista, es la de apoyarle en las pruebas, dotarle
de herramientas, etc., pero también la de ofrecer un contrapunto para
ayudar a relajar la tensión después de un revés o enfrentamiento. Cuando
actúan como embaucadores, sus enseñanzas suelen ir acompañadas de
ironía, sarcasmo y puede que algo de cinismo.
Guerreros o amazonas y doncellas o princesas suelen ser otros
acompañantes en el periplo del héroe. Como regla general, se sigue la línea
que rige también la aparición de otros personajes.
Así, un personaje femenino que acompañe a un héroe masculino puede
necesitar ser rescatada en un momento dado —princesa—, puede rescatar
al héroe en otro —amazona—, puede engañarle para que quede en
evidencia cuando él está fanfarroneando —embaucadora— y el héroe
puede aprender de ese engaño gracias a haber hecho el ridículo, con lo cual
ha actuado de mentora.
Los lugartenientes y esbirros del villano o, como se les conoce en su
función arquetípica, los Guardianes del Umbral, tienen la misión de
salvaguardar la guarida del antagonista. Cada prueba a superar, cada
dificultad, cada paso decisivo estará protegido por un guardián. Una
aclaración: el guardián no tiene por qué saber que está ayudando al villano.
Es posible que esté asociado o subordinado de alguna manera, pero es
posible que ni siquiera se conozcan. Puede ser un ser neutral que custodia
algo que el héroe necesita para derrotar al villano.
Por ejemplo, Medusa no tiene ninguna asociación con los dioses ni con
el Kraken, pero Perseo necesita su cabeza para petrificar al monstruo y
liberar a Andrómeda.
El guardián del umbral sirve para probar la resolución del héroe y
determinar si está preparado para pasar al siguiente nivel. Las pruebas
pueden ser físicas o de ingenio. Se les puede sortear con astucia, engañar,
vencer e incluso atraer como aliados. Representan los obstáculos en el
camino y, a su manera, también actúan de mentores cuando el héroe
obtiene un valioso aprendizaje de tales pruebas.

Heraldos y Figuras Cambiantes


Un heraldo cumple la función de anunciar cambios, retos, desafíos. Incita
a la aventura, a seguir la llamada del camino. Pueden ser afines, neutrales
o antagonistas del héroe, a veces es incluso el mismo villano o un poderoso
ayudante quien hace de heraldo. Su sentido narrativo es el de anunciar,
pero también el de motivar. Por ejemplo, a comenzar una nueva prueba.
Un representante de heraldo lo encontramos en El Nombre del Viento,
cuando un personaje menor llamado Carter, entra en la taberna de Kvothe
—hasta el momento tan sólo Kote, el posadero— portando la noticia de que
ha sido atacado por un escral, ser demoníaco que anuncia la llegada de
horrores desconocidos.
Una figura cambiante es ese personaje que varía su condición, y cuando
pensamos que se comporta de una forma determinada, se comporta de
forma opuesta. Es muy frecuente utilizarlo en parejas sexuales,
compañeros sentimentales, amantes y demás. Sirven para crear confusión
en el personaje principal, contribuyen a las sensaciones de suspense y
misterio. Su explicación a nivel psicológico es la de mostrar la dualidad, la
coexistencia en un mismo personaje de un lado aceptado y su sombra, tal
vez cualidades mal reprimidas que pugnan por salir a flote.
Sirva esto para reforzar la idea de las diferencias citadas al inicio de este
manual, cuando he definido las características de personajes masculinos y
femeninos. Un lado masculino o femenino reprimido con demasiado
ahínco, puede causar trastornos y tornar a los personajes en cambiantes.
Un ejemplo típico es Gollum, de la saga El Señor de los Anillos, el cual es
dual: sufre episodios de doble personalidad y en algunos pasajes sale a
relucir su sombra, a pesar de que el lado bueno lucha por apartarla. El lector
se pregunta por qué lado se decantará, lo cual solo se desvela al final de
toda la serie.

CONCLUSIONES FINALES
Todas estas indicaciones deberían servirte para no caer en el
estereotipo. Cada rol arquetípico de una historia es una personalización
simbólica de un rasgo de personalidad característico. Pero en esta parte has
visto el rol que desempeña ese rasgo como apoyo a la estructura narrativa.
Para desarrollar la personalidad, utilizaremos otra técnica más elaborada
y acorde a las nuevas necesidades de los tiempos actuales. La frontera entre
personajes masculinos y femeninos, aunque vigente, es cada vez más
difusa: los hombres no ocultan tanto su lado femenino como hace unas
décadas, las mujeres han asumido posiciones sociales de afirmación y
poder que hasta hace poco se asociaban a los hombres.
Si bien es cierto que los arquetipos siguen funcionando a un nivel
narrativo, el autoconocimiento, una mayor cultura y el acceso masivo a
fuentes de información en la actualidad, hacen que algunos
comportamientos se perciban como pertenecientes a una forma de actuar
que ha perdido frescura en los últimos tiempos.
Tal vez se deba a que se ha abusado tanto de estas figuras y el cine, la
televisión, la literatura nos bombardea tanto con contenido a menudo muy
estandarizado, que se reconocen ya de lejos los diferentes roles y
arquetipos clásicos. Por ello, la industria del entretenimiento busca
pervertir estas formas, darles la vuelta y sorprendernos con golpes de
efecto. Me temo que, cada vez, menos efectivos.
Es por ello que considero que la parte siguiente puede ser un
complemento a la hora de definir personalidades más elaboradas y
complejas. En estrecha unión con el nivel arquetípico y otras
consideraciones, contribuirán al diseño de personajes con una profundidad
extra de realismo.
Por todo esto, deja que te hable sobre cómo crear personajes utilizando
el apoyo de…
EL ENEAGRAMA
Este medio puede parecer algo místico, complicado y poco serio. Pues es
cierto, tiene algo de todo eso, pero también es una herramienta que,
aplicada en su justa medida, se convierte en un efectivo método para
detectar patrones de conducta. Junto a las características de los arquetipos
«junguianos» —que a veces también pueden parecer místicos, complicados
y poco serios—, y junto a las técnicas de creación de personajes literarios,
se convierte en una herramienta útil a la hora de diseñar personalidades
para tus historias.
En cuanto tú mismo identifiques tu propio «eneatipo», te sorprenderás
de lo acertado de sus definiciones. En verdad, el Eneagrama no es más que
un sistema de clasificación de la psicología humana. Te garantizo que es un
sistema de clasificación asombroso. No está muy alejado de los conceptos
propuestos por los psiquiatras Sigmund Freud y Carl Gustav Jung a
principios del siglo XX, que sentaron las bases del psicoanálisis y buena
parte de la psiquiatría moderna. Ellos también establecieron métodos de
clasificación de las características humanas: Freud con sus etapas del
desarrollo psicosexual —oral, anal, fálica, latente y genital—, y Jung con sus
arquetipos del inconsciente colectivo que ya hemos tocado de pasada en
la parte anterior.
Pues bien, el Eneagrama es un complemento a todo eso que lleva
utilizándose, se cree, desde el Siglo X. Incluso se hacen especulaciones
sobre si se empleaba en Babilonia hace unos 2500 años, pero son
especulaciones. Una breve historia de este método de clasificación, pues no
es el objetivo de este manual convertirte en un especialista del Eneagrama,
tan solo que lo sepas utilizar para tu creación de personajes.
Se cree que lo empleaban ya algunas sectas de sufíes —místicos del
Islam— en el S. X, que lo habían adoptado de civilizaciones más antiguas.
Fue transmitido a Occidente junto con otros conocimientos árabes en los S.
XIV-XV. Si no trascendió al conocimiento popular, fue porque era utilizado
por sectas de estudios místicos, a los cuales solo podían acceder algunos
iniciados. Lo usaban para el crecimiento personal y para su organización
interna.
Se atribuye el mérito de haber sacado a la luz de la cultura popular el
Eneagrama a George Ivanovich Gurdjieff (1877-1949), aventurero y
buscador de conocimientos ocultos. Pero otra línea de transmisión de este
medio llega por medio de Oscar Ichazo, boliviano fundador del Instituto
Arica, que lo difundió después de haberlo aprendido en Afganistán, de
primera mano, con unos místicos sufíes. Se popularizó gracias a las
corrientes new-age que estallaron en los años sesenta y setenta.
Yo llegué a este método, casi por casualidad, interesándome por la
filosofía ancestral de culturas antiguas. El conocimiento me llegó de Don
Richard Riso, mediante su tratado Tipos de personalidad: el Eneagrama
para descubrirse a sí mismo (Cuatro Vientos Editorial, 1993). Y en cuanto vi
cómo funcionaba —debo reconocer que al principio me mostré escéptico—
me fascinó su exactitud y su precisión de reloj suizo. Me dije «para crear
personajes literarios, esto debería funcionar». Vamos a comprobarlo.
Advertencia: el Eneagrama, al igual que los personajes arquetipo, al igual
que el uso de técnicas narrativas, es una guía, una herramienta de apoyo a
la hora de crear personajes literarios. Ni hay que tomarlo al pie de la letra,
ni supone un método definitivo e infalible para la creación de personajes.
Y en realidad, de nada. Todos los conocimientos, métodos, sistemas,
herramientas, son precisamente eso: herramientas. Depende del albañil
cómo utilice la plomada, siempre será bajo su responsabilidad. Si te sirve,
estupendo. Puedes profundizar más en esta técnica buscando por tu
cuenta. Aquí de lo que se trata es de conocer su uso básico y exclusivamente
para el asunto que nos ocupa. Por tanto, veremos solo la parte práctica de
los temas que nos ocupan.

Comprensión básica del método


En realidad solo se necesitan unos pocos conceptos para comprender
cómo funciona el Eneagrama. Una vez comprendido lo esencial, puede
profundizarse en los muchos matices y variaciones pero, como he dicho,
aquí voy a mostrar lo justo y necesario para configurar personalidades
elaboradas y coherentes de personajes literarios.

Estructura
Aunque a primera vista puede parecer algo confuso, su estructura es muy
sencilla. En una circunferencia hay nueve puntos equidistantes. A cada
punto se le asigna un número, del uno al nueve. Cada punto representa uno
de los nueve tipos básicos de personalidad humana. Las líneas que unen
estos puntos indican la manera en cómo se relacionan entre sí estas
personalidades. Porque no hay un tipo «puro» de personalidad.
Para empezar, cada tipo básico siempre tiene un ALA. Es decir, la
composición de la personalidad la indica un tipo base predominante, más
la tendencia hacia uno de los tipos adyacentes. Y cada tipo básico tiende a
tener rasgos de los tipos con los cuales está unido, en una u otra dirección,
según su personalidad sea sana o malsana. Lo mostraré paso a paso.
Al igual que en el concepto arquetípico de la parte anterior, toda
personalidad es un compendio de muchas características, modelos de
comportamiento, tendencias, etc.
La mejor manera de comprender el Eneagrama es dibujando uno:

Une los puntos 3-6-9 con un triángulo. Después une los otros puntos con esta
secuencia: 1-4-2-8-5-7-1

Esta secuencia es la manera en que los distintos tipos de personalidad


están relacionados. Más adelante veremos en qué consiste esta relación,
cuando veamos las características distintivas y predominantes de cada
«eneatipo».
Las tríadas
En un nivel muy simple de análisis, el Eneagrama es una agrupación de
nueve tipos de personalidad en tres tríadas. Hay tres tipos de personalidad
en la tríada relacionada con el SENTIR (2-3-4), tres en la del HACER (5-6-7)
y tres en la del RELACIONARSE (8-9-1).

Como dato a tener en cuenta, puesto que esto ya es importante para la


creación de personajes, en cada tríada hay un tipo de personalidad que
sobredesarrolla la facultad característica de su tríada, otro la subdesarrolla
y otro está más fuera de contacto con esa facultad. Así, por ejemplo, en la
tríada del Sentir, el Dos ha sobredesarrollado sus sentimientos: expresa
solo sentimientos positivos y reprime los negativos. El Tres está fuera de
contacto con sus sentimientos y proyecta una imagen que sustituye a los
genuinos. El Cuatro los ha subdesarrollado y se revela mediante alguna
forma de arte o forma de vida estética. Y así en las demás tríadas.
Te mostraré las principales características de cada «eneatipo» a su
debido momento. Porque nos queda algo importante por ver, antes de
pasar a definirlas:

En vías de integración o desintegración


Como ya he explicado, no existe un tipo «puro» de personalidad. Una vez
identificado el tipo básico, es decir, aquel con cuyas características básicas
nos identificamos más, hay que detectar hacia qué ALA se decanta uno. El
Ala siempre es un número adyacente a nuestro tipo básico. Por ejemplo,
un Cuatro puede ser un Cuatro con Ala Tres o Cinco y así con todos los tipos.
Pero, además, cada personalidad puede estar en vías de integración o
desintegración. Dicho de otra forma, un tipo básico de personalidad o
«eneatipo» puede estar en vías de crecimiento personal o en vías de
deterioro de la personalidad. Por tanto, los «eneatipos» no solo no son
nunca puros, sino que son siempre dinámicos.
Así, en las líneas que unen a los tipos básicos, detectamos dos
movimientos.
Uno de integración: 9-3-6-9 y 1-7-5-8-2-4-1

Y, es evidente, otro de desintegración en sentido contrario:


9-6-3-9 y 1-4-2-8-5-7-1

Esto significa que si un tipo básico de personalidad Nueve es un individuo


sano, equilibrado y que tiende al crecimiento —por ejemplo, uno
identificado con el arquetipo del héroe—, tendrá rasgos muy cercanos a un
tipo de personalidad básico Tres. Pero si lo que quieres es retratar a un
antihéroe, un personaje herido en vías de autodestrucción, ese mismo
Nueve deberá poseer rasgos de una personalidad Seis. Y así con todos los
tipos de personalidad.
Por tanto, a la hora de diseñar la personalidad de tus caracteres, con
independencia del rol que juegan en el desarrollo de los hechos, pueden
tener una personalidad completa —y compleja— que corresponda a una
lógica y a una interacción de diversas cualidades. Proporciona un mapa
básico por el que navegar en las turbias aguas de la constitución de la mente
humana.
Porque sabiendo cómo funciona este sistema de clasificación y
correlación de tipos básicos de personalidad, tan solo queda conocer los
rasgos que definen a estos tipos.
En base a eso, puedes diseñar a tus personajes teniendo en cuenta los…

Rasgos básicos de personalidad según el Eneagrama


Otra forma muy simple de definir el Eneagrama es decir que es una
configuración de nueve tipos de personalidad diferentes, en que cada
número indica un tipo. Todo ser humano —hombre o mujer, el Eneagrama
no distingue entre géneros—, ha entrado en la vida adulta con un tipo de
personalidad dominante y diversos condicionantes han desarrollado o
deteriorado su potencial psicológico.
Los tipos de personalidad y la relación con los demás se representan de
forma esquemática: uno de esos nueve puntos del círculo caracteriza a
cada persona más que cualquier otro. Ese es el tipo básico de personalidad
dominante o «eneatipo» y, como he mostrado, tiende hacia un Ala y
además a estar en proceso de integración o desintegración.
Pero ese tipo, a pesar de los muchos cambios que puedan producirse en
la vida, la conducta y la misma personalidad, no cambia. Forma parte de las
personas como lo forma el color de ojos, el color de cabello. Por mucho que
uno use lentillas azules y se tiña el pelo de rubio, seguirá siendo una persona
de ojos oscuros y cabello castaño.
Hay mucha más profundidad a la hora de analizar todo el material del
Eneagrama. Pero, desde luego, para utilizarlo con fines literarios hay más
que de sobra. Paso, pues, a describir lo primordial de cada tipo, de forma
esquemática y resumida.
Comenzaré por la Triada de sentir, descibiendo al…

Tipo Dos: el Ayudador


Percepción: el tipo Dos se forma en aquellos niños que perciben de sus
padres que van a enfrentarse continuamente por su insatisfacción entre sí.
Aprende a minimizar el problema, diciéndose «todo va bien», con la
esperanza de asegurar su relación.
Motivaciones clave: desea ser amado, expresar sus sentimientos por los
demás, ser necesitado, apreciado, obligar a los demás a corresponderle,
reclamar lo que demanda de sí mismo.
Perfil: el Dos promedio demuestra sus emociones, es efusivo, amistoso y
está lleno de buenas intenciones hacia todo. Se vuelve demasiado íntimo,
envolvente, posesivo. Es el Ayudador, la persona abnegada y maternal a
quien nunca le basta lo que hace por los demás. Puede volverse engreído
cuando siente que es indispensable, pero en realidad esta sobreestimando
esa ayuda. Arrogante y muy a menudo con aires de superioridad.
Cuando es sano, el Dos se vuelve desprendido, desinteresado y
auténticamente altruista, brindando su amor a los demás. Empático,
compasivo, cariñoso, estimulante y generoso: una persona servicial y
amorosa.
Pero cuando es malsano, el Dos se torna manipulador y funciona solo en
beneficio propio. Hace sentir mal a los demás, endeudándolos con él. Se
autoengaña respecto a sus propias motivaciones, se siente con derecho a
obtener lo que quiera de los otros. Se torna «víctima y mártir», sintiéndose
objeto de abusos, resentido e iracundo. Puede volverse hipocondríaco y
sufrir males psicosomáticos.
Con un Ala Uno: los rasgos tienden a estar en pugna, ya que los Uno son
racionales e impersonales. Como habrá conflicto entre la cabeza y el
corazón, se guiarán por principios y códigos morales, tendiendo a la
imparcialidad emocional.
Con un Ala Tres: los rasgos del Dos y el Tres se refuerzan entre sí. Estas
personalidades están marcadas por su buena relación con las personas. Si
están sanas, las personas de este subtipo son encantadoras, comunicativas
y amistosas.
Conclusiones: los Dos tienen conflictos entre su deseo de amar, su
necesidad de ser amados, su autoestima y el impulso de manipular a los
demás. Cuando se vuelven malsanos, irónicamente consiguen lo contrario
de lo que deseaban: no ser amados e incluso ser odiados. La moraleja es
que los Dos tienen razón en sus creencias sobre el amor, pero no en su
modo impositivo de amar.
Ejemplo de ficción: figura de la madre Judía, manipuladora y absorbente
con su prole.

Tipo Tres: el Triunfador


Percepción: cuando eran niños, percibían que la madre miraba demasiado
fuera de la familia y aprendió a brillar para llamar su atención.
Motivaciones clave: desea atención, distinguirse de los demás, ser
afirmado, admirado e impresionar a otros.
Perfil: carrera y éxito son cosas muy importantes, le preocupan el prestigio
y el estatus. Consciente de su imagen y muy preocupado por cómo aparece
ante los demás, el Tres promedio es pragmático, orientado a metas y
eficiente, calculador y desafecto bajo su fachada. Siempre promoviéndose
y haciéndose aparecer mejor de lo que es en verdad. Se vuelve narcisista,
arrogante y emergen la hostilidad, el desprecio por los demás.
El Tres sano, en cambio, se guía por normas propias y es un ser auténtico,
es todo lo que aparenta ser: seguro de sí mismo, enérgico, adaptable.
Ambicioso para perfeccionarse a sí mismo, encarna cualidades admiradas y
motivan a otros de forma positiva.
Pero cuando es malsano es oportunista, explotador y le mueve el interés
propio, el egoísmo. Mentiroso patológico, engañoso y traidor, así como
vengativo. Intenta arruinar aquello que no puede poseer. Y cuando cae en
la enfermedad tiene tendencias sádicas, psicopáticas.
Con un Ala Dos: buen complemento, sus rasgos se refuerzan entre sí
cuando están sanos. Poseen extraordinarias cualidades sociales y le
complace ser el centro de atención, lo cual consiguen a menudo por resultar
simpáticas, sociables y populares.
Con un Ala Cuatro: esta combinación produce un subtipo complejo, de
rasgos en permanente conflicto. Ya que el Cuatro evita el contacto con los
demás y se expresa muy a menudo con el arte, este subtipo puede
sobresalir en alguna especialidad, pero también ser calladas e
introspectivas. Pueden desarrollar una sana y rica vida emocional o bien
pueden volverse narcisistas y arrogantes.
Conclusiones: solo en su estado más sano logran autenticidad. Como son
expertos en proyectar una imagen de sí mismos, es posible que los Tres no
se preocupen de su verdadero desarrollo interior. Cuando se tornan
explotadores y abusones, terminan siendo lo contrario de lo que quieren
ser: los demás acaban por despreciarles, por rechazarles. Entonces puede
derrumbarse su fachada como un castillo de naipes, revelando su vacío
interior.
Ejemplo de ficción: Yago (de la obra Otelo de William Shakespeare)

Tipo Cuatro: el Artista


Percepción: en algún momento de su infancia, creyó perder el amor de sus
padres. Aprendió a reclamar, pero nadie le oyó. Aprendió a castigar al
padre para que volviera la madre.
Motivaciones clave: desea comprenderse y expresarse en algo hermoso,
retraerse para salvaguardar sus sentimientos, cuidar sus necesidades
emocionales antes que nada.
Perfil: es el artista, el romántico que adopta hacia la vida una orientación
estética basada en la imaginación, expresando sentimientos mediante algo
hermoso. Ensimismado, se vuelve introvertido, malhumorado y
melancólico a veces. Se percibe diferente y exento de vivir bajo las mismas
normas. Es autoindulgente y promueve ilusiones sobre sí mismo. Un
soñador poco práctico e improductivo.
Si es sano, se vuelve inspirado, creativo, capaz de expresar lo más sublime
y universal de la condición humana. Directo y emocionalmente honesto:
serio pero gracioso, sensible pero fuerte en sus emociones.
En vías de desintegración, puede alienarse de sí mismo y de los demás,
autoinhibirse y volverse depresivo. Emocionalmente bloqueado,
despreciándose a sí mismo, llenándose de pensamientos mórbidos. Cae en
la desesperanza y la autodestrucción, puede llegar a caer en el alcoholismo
o las drogas para escapar. Y, en casos extremos, suicidarse o caer en el
colapso emocional.
Con un Ala Tres: debido a la contradicción entre las principales
características de los Tres y Cuatro, este subtipo puede sufrir altibajos
emocionales, debido a la coexistencia de sus opuestos. En cambio, en
estados sanos, pueden ser artistas de gran reconocimiento si prevalece su
buena capacidad de relacionarse.
Con un Ala Cinco: tienden a reforzarse, ya que ambos tipos son retraídos.
Prestarán más atención a su alrededor y a las personas. Pueden darse
ejemplos de alta sensibilidad y profundidad intelectual, pero también
mucha inseguridad social. Suelen ser individuos aislados, son
independientes y extravagantes hasta caer en la excentricidad.
Conclusiones: son tan ensimismados que cometen el error de confundir su
personalidad con sus sentimientos. Y con demasiada frecuencia, además,
con sus sentimientos negativos. Si llegan a confiar en ellos mismos y
decantarse por amar a los demás, salir del sí mismo, es posible que lleguen
a convertirse en personas con un buen nivel de autoestima. En caso
contrario, están abocados a la autodestrucción, probablemente al suicidio,
la locura o las adicciones.
Ejemplo de ficción: Blanche Dubois (personaje de Un tranvía llamado
deseo, pieza teatral de Tennessee Williams)

Tipo Cinco: el Pensador


Percepción: interpretó que los padres estaban tan apartados, que aprendió
a ser frio y distante para que se unieran, al menos para decidir cómo actuar
con el comportamiento de su hijo.
Motivaciones clave: quiere entender el entorno, adquirir más
conocimientos, interpretarlo todo como un medio de defensa ante las
amenazas ambientales.
Perfil: intelectual del tipo analítico, especialista en hacer de todo una
ciencia. Desapegado, disfruta especulando sobre ideas abstractas,
desarrolla complicadas interpretaciones de la realidad. Lo define todo con
teorías reduccionistas, impone ideas sobre los hechos y puede volverse
muy iconoclasta, extremista y excéntrico.
Al estar sanos, son individuos visionarios, comprenden el mundo en
profundidad y es probable que descubran algo importante. Observan todo
de forma muy introspectiva, se vuelven eruditos e innovadores. Al volverse
expertos en un campo, pueden desarrollar ideas extremadamente valiosas
y originales.
Pero si un individuo malsano se aísla de la realidad, recluyéndose, se torna
cínico y hostil. Se obsesiona con ideas extrañas, se vuelve paranoico y cae
en multitud de fobias y distorsiones de la realidad, siendo corriente la
tendencia a la esquizofrenia.
Con un Ala Cuatro: los Cinco son calculadores y mantienen la experiencia a
raya, mientras que los Cuatro intensifican sus sentimientos. Cuando estas
dos vertientes se combinan bien, de este subtipo se pueden obtener
grandes logros tanto intelectuales como artísticos. Se produce una gran
unión entre el conocimiento y la intuición.
Con un Ala Seis: sus dos rasgos principales se refuerzan para producir un
subtipo con el cual es difícil establecer una relación o un contacto íntimo.
No saben comunicarse con los demás, ni expresar o atender las necesidades
emocionales ni propias, ni de los demás. Pero si son individuos sanos, son
leales y comprometidos con su familia y sus creencias. Personas muy
trabajadoras y eficientes.
Conclusiones: al observar con cuidado a los Cinco promedio, se observa una
lucha entre el pensar y el hacer, una fascinación por el mundo equivalente
a un temor al mundo, entre la identificación y el rechazo a los demás. Se
defienden tanto de las amenazas exteriores que también se aíslan de lo
bueno. Al final, son los creadores de profecías autocumplidas: al considerar
que el mundo es hostil y que debe protegerse, cuando los demás se apartan
les considera hostiles.
Personaje de ficción: Dr. Sheldon Cooper (de la sitcom norteamericana The
Big Bang Theory)

Tipo Seis: el Lealista


Percepción: en algún momento percibió que había tantos problemas entre
el padre y la madre, que era mejor quedarse quieto y en estado de alerta,
procurando que ellos se percataran.
Motivaciones clave: desea ser querido, seguridad, contar con la aprobación
de los demás, poner a prueba la actitud de los demás hacia su persona, ser
paladín contra la angustia y la inseguridad.
Perfil: se identifica con una figura de autoridad, siendo obediente a ella. Es
el típico «fanático de la organización», tradicionalista, cumplidor, pero
también a veces tiende a reaccionar en contra de la autoridad. Reacciona a
su propia ambivalencia en ese sentido poniéndose a la defensiva,
adoptando la actitud del «hombre recio»: parcial y autoritario, culpando y
acusando a los demás para compensar sus temores. Indeciso, evasivo,
cauteloso.
El individuo sano de este «eneatipo» es autoafirmativo, confía en sí mismo
y en los demás. Es independiente, aunque interdependiente y cooperador.
Atrayente y cautivador, puede llegar a ser adorable y obtener intensas
respuestas emocionales. Comprometido y leal con aquellos con los que se
identifica, da mucha importancia a la familia, los amigos, el colectivo social.
Es responsable, digno de toda confianza.
Y malsano se vuelve inseguro, dependiente hasta el extremo. Se
menosprecia y se siente inferior. Sobre reacciona a la angustia, puede llegar
a ser paranoide, sentirse perseguido. Si actúa de forma irracional en ese
sentido, provoca lo que más teme. Termina humillándose y auto
derrotándose para ser rescatado de sus propias acciones y de la angustia.
Tendencias masoquistas.
Con un Ala Cinco: en un estadio sano, pueden ser cautivadores e
interesantes. Al interiorizar asuntos académicos o prácticos, son excelentes
observadores del ambiente y de las personas. Su capacidad analítica les
convierte en individuos muy competentes, en lugar de intelectuales
teóricos. En fases no tan sanas, se convierten en fanáticos miembros de
organizaciones políticas, religiosas o militares. La empresa y el mundo legal
son sus áreas de acción favoritas.
Con un Ala Siete: este subtipo es más extravertido, está interesado en
pasarlo bien, es sociable y se siente aceptado, busca la felicidad más que la
pertenencia. No se toman la vida de forma solemne. Pero, si no manejan
bien la angustia, se tornan ambivalentes e indecisos, impulsivos y
gruñones. Y, si sienten inferioridad, intentan escapar de sí mismos. Pueden
llegar al intento de suicidio para llamar la atención y obtener ayuda.
Conclusiones: no hay nada malo en establecer vínculos con los demás, pero
es vital que los Seis conozcan a la perfección a sus figuras de autoridad, ya
que su influencia va a ser determinante para ellos. Temen ser abandonados
y quedar solos; sin al menos otra persona en su vida, quedarían a merced
de la angustia. En estados de deterioro, con sus conductas masoquistas y
autoderrotantes, es probable que alejen a los demás de su lado, causando
lo que más temen. Deben, para escapar de sus tendencias dependientes,
confiar en sí mismos y reconocer su propia autoridad para no depender de
otros.
Personaje de ficción: el León Cobarde de El mago de Oz.
Tipo Siete: el Generalista
Percepción: percibió que la llama entre sus padres se apagaba y aprendió a
proponer muchas alternativas para dinamizarla, con la esperanza de
reavivar su relación.
Motivaciones clave: desea pasarlo bien, ser feliz, divertirse. Hacer y tener
más de todo para escapar de la angustia vital.
Perfil: el mundano y conocedor que se divierte con cosas y experiencias
nuevas. Extravertido y sin inhibiciones, metido en demasiadas cosas a la vez
y de forma superficial. Materialista, consumidor compulsivo, siempre
codicia más y más, nunca está satisfecho. Es exigente y egocéntrico.
En su mejor faceta se convierte en un individuo agradecido y asombrado
por las maravillas de la vida. Gozoso, entusiasta y vital. Es práctico y
productivo, capaz de conocimientos y aptitudes muy variadas. Con
frecuencia talentoso en áreas diversas.
En su lado oscuro, puede ser insensible y ofensivo con las necesidades
ajenas mientras va en busca de las propias. Impulsivo, infantil y odioso,
nunca sabe cuándo hay que parar. Pervertido, un escapista descontrolado,
expresa su angustia en conductas sin inhibiciones antes que afrontarla.
Puede volverse adictivo, maníaco-depresivo y tener reacciones histéricas
de pánico.
Con un Ala Seis: en los dos tipos existen dependencias, bien de otros, bien
del ambiente, para ser felices, por eso hay cierta tensión en este subtipo. O
son una excelente compañía por su carácter, esa simpleza juguetona que
forma parte de su sentido del humor, o bien son demasiado inseguros e
impulsivos para gozar de su compañía. Se enamoran con facilidad, pero
también se desencantan enseguida de todo.
Con un Ala Ocho: producen una combinación explosiva y agresiva, ya que
los componentes principales de uno y otro lo son. Son exigentes con el
ambiente e imponen esta exigencia por la fuerza de su ego. Un subtipo con
mucha capacidad de liderazgo, de mente rápida y estilo propio. Muy
materialistas, pueden ser líderes vivaces, potentes y triunfadores o
descontrolados, imprudentes y peligrosos.
Conclusiones: el vivir para su propia satisfacción inmediata les hace vivir de
forma superficial, como si todo existiera para su propio placer. Como son
agresivos, por lo general consiguen aquello que persiguen, pero este afán
de experiencias superficiales les lleva a una profunda insatisfacción y a una
decepción constante. Si sobrepasan los límites del exceso, destruirán su
capacidad de ser felices. Si no interiorizan y extraen aprendizaje útil de sus
experiencias, todo lo que hagan será en vano.
Personaje de ficción: Martha, personaje de ¿Quién teme a Virginia Woolf?
Pieza teatral de Edward Albee.

Tipo Ocho: el Líder


Percepción: en cierto momento de su infancia, se hizo fuerte y se posicionó
junto a uno de los padres para compensar que uno era más débil que el
otro y equilibrar la relación.
Motivaciones clave: desea confiar en sí mismo, guiarse por el propio
interés, impactar en el ambiente y triunfar sobre los demás.
Perfil: es el emprendedor, el individualista recio y negociante. Enérgico,
agresivo, expansivo, constructor de poder que domina su ambiente.
Voluntarioso y combativo, no teme las relaciones conflictivas. Puede llegar
a ser intimidante.
En su vertiente sana, los Ocho son magnánimos, valientes e incluso
heroicos. Asertivos, con una gran confianza en sí mismos, fuertes y capaces
de inspirar a los demás. Decididos y honorables defensores de las personas.
Pero en su vertiente malsana, pueden ser implacablemente agresivos y
despiadados. Dictadores tiránicos y amedrentadores. Llegan a desarrollar
ideas megalómanas y a sentirse invulnerables. Pueden destruir todo lo que
no se somete a su voluntad. Vengativos, violentos e incluso asesinos.
Con un Ala Siete: uno de los subtipos más agresivos y tal vez el menos
relacionado con los demás, lo convierte en uno de los más difíciles de
congeniar. Cuando son extravertidos, toman la iniciativa en asuntos
difíciles, con una gran confianza en el éxito. Su carisma y capacidad de
disfrutar a la vez de la vida, les pueden llevar a conseguir un gran impacto
público e incluso histórico… o si se tornan demasiado egocéntricos, llegar a
ser crueles y manipular a los demás tratándolos como marionetas para
servir a sus propios fines.
Con un Ala Nueve: los rasgos de uno y otro están en abierto conflicto,
aunque están más orientados a las personas que a las posesiones, como en
el anterior subtipo. En estados sanos, son los líderes con esa aura de
fortaleza quieta y de poder mantenido en reserva. Padres de familia
afectuosos, resueltos pero de modales suaves. Si son malsanos actúan de
forma despersonalizada, lamentando el daño que ocasionan pero sin sentir
empatía, ni tener verdadera conciencia de lo que hacen.
Conclusiones: este tipo de personalidad corre el riesgo de basar su
autoestima en ser cada vez más destructivos en lugar de constructivos. Si
tanto avanzan en esta destrucción, pueden llegar a verse sometidos por una
rebelión, habiendo causado aquello que más temen. Además, no habrán
cumplido aquello que en el fondo desean: rehacer el mundo a su imagen.
Si por el contrario basan la fuente de su poder en la construcción, pueden
llegar a ser muy respetados y queridos, incluso figuras históricas relevantes.
Personaje de ficción: Don Vito Corleone, de la novela El Padrino, de Mario
Puzo (y películas de Francis Ford Coppola)

Tipo Nueve: el Pacificador


Percepción: los padres discutían tanto, que aprendió a estar muy quieto y
tranquilo para no provocar conflictos.
Motivaciones clave: desea unión con el otro, evitar los conflictos y la
tensión, preservar su paz a cualquier precio.
Perfil: humilde, se acomoda demasiado a los demás, aceptando roles y
expectativas convencionales. Ignora cualquier cosa que le perturba, es
olvidadizo e indiferente. Pasivo y complaciente, minimiza los problemas
para apaciguar a los demás, volviéndose fatalista y resignado.
Puede convertirse en un individuo dueño de sí mismo, sentirse autónomo
y realizado. Ecuánime y satisfecho, profundamente receptivo, poco
cohibido, resuelto y estable. Optimista, apaciguador y paciente, un ser
agradable con el cual sentirse aceptado y a gusto.
O puede volverse reprimido, poco desarrollado e incompetente total.
Negligente, no quiere ver los problemas y se vuelve obstinado, disociándose
de todos los conflictos. A la larga será incapaz de funcionar, se volverá
demasiado desorientado y despersonalizado. Podría desarrollar
personalidad múltiple.
Con un Ala Ocho: a pesar del conflicto entre los diferentes rasgos, si se
encuentra el equilibrio, se integra a las principales características positivas
de este tipo una gran fortaleza interna. Puede imponerse con facilidad,
porque a pesar de su afabilidad, poseen fuerza interior. A pesar de su
temperamento calmado, pueden tener un mal genio formidable. También
compartimentan sus emociones y pueden llegar a ser agresivos. Mientras
en unas áreas parecen pasivos, en otras pueden llegar a ser muy
competitivos.
Con un Ala Uno: en cambio estos rasgos se refuerzan entre sí. Los Nueve
reprimen sus emociones para mantener la paz, mientras que los Uno las
reprimen para mantener el control. Pueden, entonces, ser personas con
una gran serenidad y control de sí mismas. Siendo sano, un individuo de
este subtipo poseerá una gran integridad y sólidos principios, con
verdadero sentido común. Pero también, por ese motivo, llegar a la
insensibilidad, el convencionalismo y ser conservador en extremo. Pasivo-
agresivo, puede tornarse castigador y neurótico, olvidando sus obsesiones
tan rápido como las ha creado.
Conclusiones: el problema de los Nueve promedio es que llegan a
disociarse de sí mismos con tal de mantener la paz. Pocos se deterioran
hasta el punto de volverse inoperantes por completo, ya que su propio
sistema de defensa, la disociación, les regresa a su estado primigenio. Si
aprenden a aceptar e incluso asimilar y aprender de su sufrimiento, serán
capaces de llevar una vida emocional y personalmente rica, en lugar de
empobrecerla con tal de evitar el conflicto. Al escoger el sentido de sus
experiencias, los Nueve se crean a sí mismos en lugar de disociarse.
Personaje de ficción: Desdémona, personaje femenino protagonista de
Otelo, de William Shakespeare.

Tipo Uno: el Reformador


Percepción: la relación percibida con sus padres es que uno no estaba y se
sintió con la obligación de cuidar al otro, cayéndole por ello el peso de una
responsabilidad.
Motivaciones clave: desea tener razón, esforzarse y dar el máximo,
perfeccionar a los demás. Justificar sus opiniones y estar más allá de la
crítica para no ser condenado por nadie.
Perfil: el idealista noble que se esfuerza por la excelencia en todo lo que
hace. Reformador, cruzado, abogado de las causas perdidas. Ordenado y
eficiente, pero demasiado impersonal, controla sus emociones hasta el
extremo. Se vuelve muy crítico, enjuiciador y testarudo en sus opiniones. Es
el típico perfeccionista adicto al trabajo. Moralizador, indignado y duro con
los demás «por su propio bien».
En un estadio sano de su desarrollo, es una persona tolerante, sabia y
juiciosa. Es equilibrada y realista en sus juicios, racional y concienzuda. De
elevados principios, aunque moderada en su aplicación, tarta de ser justa y
objetiva. La integridad personal es su bandera. La ética, la verdad y la
justicia significan mucho.
Y en estadios destructivos, es una persona intolerante, inflexible,
dogmática. Severa en sus juicios, no soporta que le demuestren sus errores.
Tiene pensamientos obsesivos y realiza actos compulsivos e incluso
contradictorios. Cruel y castigador, puede volverse hipócrita y vivir de
forma contraria a lo que predica. Probabilidad de colapso nervioso y
personalidad bipolar.
Con un Ala Nueve: impersonales y fríos, ya que se relacionan ambos tipos
con ideales —de la realidad y de las personas—. Tienden a ser personas con
un lado místico y sienten una especial atracción por la naturaleza, sintiendo
más interés por los animales que por los humanos. Gran implicación con los
principios, las nociones de clase y responsabilidad pública son importantes
para ellas. Tienden a ser indiferentes con las motivaciones humanas en
general. Se resisten a ver lo que no encaja en sus valores.
Con un Ala Dos: rasgos en conflicto, entre los impersonales de uno y la
emocionalidad comprometida del otro. Por eso, si predominan los rasgos
del Dos, predomina cierto grado de calidez. Pueden ser generosas y
serviciales, ya que su idealismo es más eficiente cuando se reviste de interés
por las personas. Son bien intencionados y tratan de convertir prosélitos a
su causa, tanto por un deseo de obligación como por deseo de ejercer su
influencia. Tienden al perfeccionismo y a una conciencia vanidosa de su
propia bondad. En estados malsanos, pueden manipular emocionalmente
a los demás, haciéndoles sentir culpables por ser menos perfectos de lo que
deberían.
Conclusiones: muchas de las proposiciones que los Uno promedio tirando
a malsanos predican como verdades objetivas, no son más que
predilecciones personales, al menos en gran parte. Comienzan a tener
problemas cuando dan demasiada importancia a la razón, sin tener en
cuenta los sentimientos ni el instinto. Pueden ser grandes líderes morales
cuando aceptan que en su vida lo subjetivo e incluso irracional también
juegan un papel. Para ellos, la vida es caminar en la cuerda floja y no se
permiten un pequeño desliz. Cuando son capaces de defender una causa
sin ser un incordio, son fuente de atracción.
Personaje de ficción: Mr. Spock (Serie de televisión Star Trek)

Consideraciones
Como autor literario, tienes la obligación de conocer la naturaleza
humana en toda su profundidad. Escribir es contar historias que lleguen al
meollo de los temas, impactar y dejar, de una u otra forma, huella en quien
las lee. Para ello necesitas dominar dos disciplinas:
 El arte de influir en las emociones humanas
 El arte de retratar las emociones humanas
Lo mires como lo mires, como escritor eres como un médico radiólogo:
capaz de ver, analizar y diagnosticar las fuerzas y las debilidades humanas
examinando la radiografía de su alma. Tal radiografía no es otra que la
observación continua de sus acciones. A través de una manifestación
externa, ser capaz de penetrar en el interior, diseccionar la naturaleza de
los actos y llegar a la raíz de los pensamientos.
Para ello, el Eneagrama es una ayuda inestimable. Si ya lo conocías, aquí
tienes una nueva utilidad práctica. Si no lo conocías, profundiza en él para
adaptarlo a tu necesidad como literato y crearte un mapa general, a vista
de pájaro, de la condición humana.
Porque eso es el Eneagrama: un fresco en el cual están retratados los
principales modelos de comportamiento humano. Siempre incompleto, por
supuesto. A pesar de que este método de clasificación es bastante preciso,
no resume, ni unifica, ni engloba a la totalidad de la gran variedad humana.
No hay dos personas iguales porque la personalidad, lo que retrata el
Eneagrama, es tan solo una parte, esa parte bajo la superficie del agua que
supone la porción más grande del iceberg, del cual únicamente podemos
ver la punta.
¿Para qué, entonces, el Eneagrama para el diseño de personajes
literarios? Por una sencillísima razón: para poder salirse de los esquemas
preestablecidos, pero poder hacerlo con rigor, sin desviarse tanto del
camino que los personajes diseñados parezcan caricaturas o marionetas
movidas al antojo del creador.
Los personajes literarios, como creaciones, corren el riesgo de
convertirse en extensiones más o menos reconocibles de su diseñador.
Cuanta más autonomía tengan de éste, más vida propia, más auténticos
serán.
Es sabido que es más sencillo ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el
propio. Por tanto, un escritor siempre corre el riesgo de crear personajes
que tengan sus mismas motivaciones, encaren idénticos desafíos,
reaccionen según el modo de reaccionar del creador, y así en todas las
facetas.
Se supone que un personajes es el retrato de un ser con vida propia
dentro de un mundo imaginario. Si ese mundo es reflejo de un mundo
interior, esos personajes serán pálidos reflejos de las diferentes
características de la personalidad de su creador. Si Dios creó al hombre a su
imagen y semejanza, el autor crea de la misma manera a sus personajes.
Pero si Dios creó al hombre a su imagen y lo hizo libre, el autor literario
debe hacer lo mismo: otorgar a sus criaturas el libre albedrío. Colocarles en
su mundo y dejar que se desenvuelvan en él lo mejor que sepan o que
puedan.
De esta forma, activando diferentes resortes y poniendo en marcha
ciertos mecanismos, estos seres hechos de papel y tinta [sic], cobrarán vida
propia y su creador, desde las alturas, se limitará a ver cómo se las apañan.
Cierto que la tentación de manipular sus acciones es grande.
Y, en fin ¿por qué no?
Pero, ya que tarde o temprano lo harás, es casi inevitable, concédeles al
menos a tus personajes la ilusión de libertad. Porque de esta manera, el
lector se hará eco de esta libertad y se sentirá más cercano, más implicado
en sus vaivenes por las olas de la vida, como se siente él mismo.
Lo cual es, en primera y última instancia, tu intención cuando diseñas y
creas a los personajes.
Pero todavía queda por ver cómo usar de forma práctica todos estos
elementos vistos hasta ahora. Cómo integrarlos y usarlos en tu provecho. Y
para ello, quedan un par de cosas por saber sobre los personajes…
INSTRUCCIONES DE USO
Con todo lo visto, ya serias capaz de crear personajes de alto impacto.
Podrías otorgarles un papel en tu historia y diseñarles una personalidad
atractiva, coherente y realista. Pero ya sabes que en este proyecto Oficio
de Escritor, siempre procuro ir más allá.
Porque decir que un personaje va a ser un antihéroe de tipo solitario y
que actuará como catalizador: que, además, va a tener la personalidad de
un tipo Ocho con ala Nueve, en vías de desintegración y que al final de la
historia, recuperará su humanidad, integrándose en el grupo y separándose
de los rasgos en proceso de desintegración, para ir adquiriendo los rasgos
de su tipo integrador… todo eso está muy bien. Ya tienes mucho más de lo
que tiene la gran mayoría de creadores literarios.
Pero no es todo. Ese personaje ¿es protagonista o circunstancial? ¿Es
inteligente? ¿Es culto? ¿Tiene estudios? ¿Familia, amigos, aficiones…? Todo
eso también configura su personalidad. Pero, además ¿tiene algún trauma?
Es decir, un conflicto interno que superar. Y en las circunstancias actuales,
cuando le conocemos dentro del relato ¿ha sufrido alguna pérdida, en qué
momento de su evolución está, cómo es su estado anímico?
Está claro que todo esto estará de alguna manera relacionado con su tipo
de personalidad. Pero hay que tener en cuenta la mayor parte de variables,
al menos las variables que van a influirle mientras dure la historia.
Para todo esto te voy a explicar el método de la ficha de personaje, pero
con otra particularidad Oficio de Escritor: los niveles de relación.
Para empezar, debes decidir cuál será su importancia dentro de los
hechos que se narran. Porque, según su importancia, los personajes pueden
ser…

Principales
Son los que llevan el peso de la acción. Los que sufren o provocan el
conflicto o los conflictos principales. O ponen en marcha los mecanismos o
sufren sus consecuencias. En cualquier caso, sus acciones definen el avance
de la narración.
No confundas personajes principales con protagonistas, ni mucho
menos con los «buenos» o los «malos». En la saga de Patricia Highsmith
sobre Tom Ripley, el papel principal y protagonista recae sobre un villano.
Sean cuales sean, siempre van a recibir una mayor atención y cuidado a
la hora de su diseño. Ten en cuenta que los vas a tener que crear con el
máximo de detalles y de complejidad, los debes conocer más que a otros
personajes de la historia. Deberás tener muy en cuenta su propio mundo
interno y la evolución —o involución— que van a experimentar.

Secundarios
Sus papeles siempre están subordinados a los acontecimientos que
afectan o ponen en marcha los personajes principales. Pueden generar
también conflictos que afecten a los principales y los hechos de la trama.
Su función es contribuir al desarrollo de los acontecimientos y llevar el
peso de tramas secundarias que se relacionan con el eje principal de acción.
Por lo general, protagonizarán giros inesperados y proporcionarán datos
relevantes a la hora de crear y mantener elementos de tensión.
No es imprescindible que experimenten tanta evolución interior, aunque
siempre es interesante contar con secundarios de fuerte personalidad y
carácter. Necesitas conocerles también a fondo, pero quizá tengas
suficiente con aquellos rasgos que mejor los definen.

Circunstanciales
Son aquellos que aparecen de vez en cuando, cuya presencia no tiene
una importancia capital en los hechos, pero son necesarios para
complementar, validar o reforzar un hecho. Para estos personajes suelen
emplearse modelos arquetípicos. Es decir, si un personaje aparece en un
momento dado porque el protagonista necesita conocer un dato concreto,
se convertirá en un mentor circunstancial.
Hay una variedad que deberías utilizar con cierto cuidado. Es lo que en el
argot literario se conoce como «personaje besugo». Aparece una sola vez
en un momento muy puntual, con una información relevante de
importancia capital para el relato. Y desaparece para siempre, sin dejar
rastro.
Podría decirse que, si no está bien empleado, es un recurso de los que el
escritor no debería abusar: los ases en la manga que le convienen para salir
de un apuro. Demuestran tener poco control de la situación.
No deberías gastar mucho tiempo ni energía en su creación, pero procura
no caer en el estereotipo fácil. Trabaja aunque sea cinco minutos en diseñar
un circunstancial con algo de gracia.

NIVELES DE RELACIÓN
En mis lecturas profesionales, las que me encargan escritores en busca
de consejo y apoyo, detecto casi siempre el mismo nivel psicológico de los
personajes. No me refiero a sus personalidades o comportamientos.
Tampoco me refiero a su evolución como personajes redondos, planos, con
más o menos entidad, protagonistas, ni secundarios, ni circunstanciales.
Me refiero a las diferencias psicológicas, culturales, sociales,
intelectuales e incluso físicas que separan al escritor de sus propios
personajes. También respecto a los personajes entre sí, pero en especial a
la relación de su creador con ellos. Si quieres construir personajes potentes,
inolvidables, debes relacionarte con ellos a tres niveles:

Superior al personaje
Eres superior a tus personajes. Conoces a la perfección sus
pensamientos, sentimientos y reacciones, por eso no necesitas diseñarlos a
fondo, o crearles personalidades muy complejas y elaboradas. Al estar a un
nivel de conciencia inferior al tuyo, eso sí, debes ir con cuidado de no
manejarles como si fueran marionetas.
Según quieras que reaccionen, crea su circunstancia: manipula su
entorno, no su personalidad.
Para no caer en estereotipos previsibles, identifica una cualidad positiva
y un defecto de estos tipos de personaje y dales la vuelta. Convierte su
defecto en algo simpático, su virtud en algo grotesco. Es rápido, simple y
eficaz. Apóyate en el Eneagrama para no caer en la simplicidad, porque por
lo general emplearás a personajes inferiores a tu nivel para los secundarios
y circunstanciales.

Al mismo nivel
Les conoces bien, sabes cómo piensa, cómo actúa, puedes prever su
comportamiento. Si lo has hecho bien, se te va de las manos a veces,
sorprendiéndote con una frase especialmente ingeniosa o una acción más
allá de la esperada.
Vas a estar a cada momento preguntándote «¿Actuaría así en una
situación real? ¿Diría realmente esto y de esta manera?»
Al pertenecer a los tipos de personaje más parecidos a tu propia
psicología, será tu forma habitual de relación con la gran mayoría de ellos.
En especial con tus protagonistas y personajes principales.
Algo a tener muy en cuenta: cuanto más potentes y auténticos sean los
conflictos internos en estos tipos de personaje, más potente, auténtica y
eficaz será la historia.
Algo muy positivo de estos personajes es que pueden ayudarte a
profundizar mejor en tu propia psique: al ponerles en situaciones diversas,
puedes analizar o intuir cómo reaccionarías tú mismo.
Pero un peligro lo tienes precisamente ahí. Al ponerte a prueba, al
mantenerles cercanos a tu propio nivel, puedes otorgarles demasiado de ti
mismo. El Eneagrama a la hora de diseñar personajes a tu misma altura, te
será de mucha utilidad práctica.
Suelen ser personajes frescos, en el sentido de que al ser cercanos a ti y
tu forma de pensar, sentir, hablar y comportarte, siempre tendrán ese
componente de cercanía y naturalidad. Con algo de dedicación, tienes en
las manos a personajes con garra. Dedícales atención aunque sean
personajes secundarios o poco relevantes. Es aquí donde tienes a tus
secundarios con fuerza.
Pero no caigas en la trampa de poner a todos los personajes a tu mismo
nivel psicológico.

Inferior al personaje
Tal vez necesites crear a un ser complejo que no se comporta, ni
reacciona, ni piensa como lo haces tú. Personajes con un nivel de
inquietudes, traumas, complejos o, al contrario, virtudes y cualidades que
no van contigo.
Para ello necesitarás el Eneagrama y saber todo de estos personajes.
Quiénes son, a dónde van, por qué hacen lo que hacen.
Puedes pensar que no vas a escribir sobre personajes que no conozcas a
fondo o no seas capaz de desarrollar. Pues, al contrario de lo que puedas
creer, esto es sano para ti como persona y mejor todavía como escritor.
Atrévete a desarrollar personajes que están por encima de tu nivel de
comprensión.
En primer lugar eso le dará una nueva dimensión a tu obra. Tus
personajes no sólo serán magnéticos: vivirán su propia vida. Te conducirán
por caminos desconocidos y ensancharán los horizontes de tu historia. Es a
esto cuando me refiero a que deberían reaccionar según su propia
personalidad, no según la tuya.
En segundo lugar, es posible que ellos te muestren algo de ti. El trabajar
con personajes por encima del propio nivel de comprensión, puede
estimular o despertar partes desconocidas de tu propia personalidad.
Al contrario de lo que pueda parecerte en un principio, no reserves este
tipo de personajes para tu protagonista. Usa este recurso para antagonistas
potentes y parejas sentimentales con fuerza, entidad y protagonismo.
Es decir, para personajes que de otra manera relegarías a estar al mismo
nivel que este protagonista o incluso a nivel inferior. Si los enemigos poseen
más y mejor información, o bien posición social, o bien recursos
tecnológicos, económicos o todo ello a la vez, supone un mérito mayor al
vencer. Y si una pareja sentimental es superior, esto hará ganar humanidad
a tu héroe por una parte, y le otorgará un aire de seguridad o un aura de
sensualidad irresistible.
También es útil este nivel de relación a la hora de las apariciones
estelares de «personajes besugo»: puedes necesitar a un doctor en
neurocirugía, al dueño de una gran corporación de nanotecnología o al
presidente de un país con poder para desencadenar una guerra atómica.
Investiga cómo piensan, sienten y hablan estos personajes. Merece la
pena: su propia complejidad creará situaciones y escenas que te
sorprenderán a ti mismo.

CÓMO CREAR PERSONAJES INOLVIDABLES


Con todo esto puede que te sientas abrumado a la hora de ponerte a
crear personajes. Es mucha información es cierto, pero ten en cuenta que
la complejidad humana es mucho más que un listado de características,
datos, tendencias y roles. Cada ser humano es intrínsecamente complejo,
único.
Es por ello que necesitas un mapa. Un mapa como el que tienes ante los
ojos. Y, por supuesto, necesitas una hoja de ruta. Algo que tener frente a ti
para no perder de vista todos los vericuetos de una personalidad a la hora
de ponerte a relatar.
A esa hoja de ruta se le llama la Ficha de Personajes.
Crea y diseña tu propia ficha para elaborar a tus personajes, para conocer
qué hay bajo la superficie, cuán grande es el iceberg del cual solo vemos la
punta. En esta ficha debe constar:

TODO
Todo lo que seas capaz de recopilar de tus personajes. ¿Recuerdas?
Cómo son por dentro, por fuera, qué piensan, qué sienten, qué les motiva,
de dónde vienen, a dónde van, qué papel juegan en la historia, qué
importancia tienen en ella, a qué nivel se relacionan contigo y también
entre ellos.
Detalles como el color de ojos, su sabor favorito, qué no soportan, qué
hacen el fin de semana, cómo visten, cómo son sus movimientos. Son
detalles importantes.
Y es para esta ficha que debes utilizar todo lo visto hasta aquí. El sentido
de todo este material es para que trabajes en la ficha de personajes. Desde
una ficha completa de personaje principal para una novela, hasta cuatro
anotaciones básicas para un personaje secundario de un relato corto.
Todo pasa por la ficha de personajes.
Así que, antes de ponerte a buscar información complementaria sobre
los personajes arquetipo y sobre el Eneagrama…
¡DISEÑA TU PROPIA FICHA DE PERSONAJES!

Y como advertencia final


Recuerda que todo esto son conceptos de apoyo. La verdadera
creatividad consiste en la práctica y la observación activa de tu realidad
inmediata. Es en ella donde tienes tus historias, donde tienes a tus
personajes.
Observa la gran historia en la que todos estamos inmersos y toma
muchas notas. Con unos pocos minutos al día es suficiente para escribir.
El sentido de este Informe Digital
Has recibido este Informe Digital como parte del Curso Online de
Narrativa que estás siguiendo desde el blog Oficio de Escritor. Es un Informe
redactado a propósito para el curso y sólo para inscritos. Algunos conceptos
que en él se han tratado, se han extraído del eBook:

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plan personalizado o grupal, según te aconseje, lo que pagues por ella se
absorberá en el precio de dicho plan.
Y si no sigues, tras la sesión privada tendrás una visión global de tu
situación: valoración objetiva de tu obra y orientación para perfeccionarla
(en sustitución de los antiguos y, según mi parecer, ya obsoletos Informes
de Lectura tradicionales). También, si así lo prefieres, podré orientarte y
aconsejarte sobre el proceso editorial, o diseñar contigo una campaña de
visibilidad, promoción de obras, marca personal... son noventa minutos
que te dedico plenamente ¡utilízalos como mejor te interese! Te dejo el
enlace con información detallada:
Asesoría Privada para Escritores Independientes
Espero poder ayudarte en algo y acercarte al menos un paso más a la
consecución de tus sueños. El proyecto Oficio de Escritor nace con la ilusión
de ayudar a personas apasionadas por la escritura a perfeccionar su técnica
narrativa, publicar o bien autopublicarse y promocionar, distribuir y vender
su obra. Ayuda a difundir el proyecto en las redes sociales y sigue la
evolución del proyecto desde el blog.
Gracias por tu atención, permanece atento a las siguientes unidades del
curso ¡ponlas en marcha o no te servirán de mucho!

PERMANECE ALERTA A TU BANDEJA DE ENTRADA DE


EMAIL: EN BREVE RECIBIRÁS EL ENLACE CON LA TERCERA
UNIDAD DEL CURSO