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SEMINARIO CONCILIAR DE BARCELONA

San Ignacio de Loyola


La oración en los Ejercicios Espirituales

Federico Marfil Mur


15/05/2019
TABLA DE CONTENIDO

Tabla de contenido ........................................................................................................... 1


1. Introducción .................................................................................................................. 3
2. Biografía ....................................................................................................................... 5
3. Los Ejercicios Espirituales........................................................................................... 8
3.1 Excepcional valor e influjo de los Ejercicios ......................................................... 8
3.2 Naturaleza y fin de los Ejercicios ......................................................................... 10
3.3 Esquema de los Ejercicios .................................................................................... 12
3.4 Esquema y tiempos para cada ejercicio ................................................................ 14
4. Sobre la Oración ......................................................................................................... 15
4.1 Carácter central de la oración en los Ejercicios ................................................... 15
4.2 Carácter práctico de la oración en los Ejercicios ................................................. 16
4.3 Método general de la oración ignaciana ............................................................... 17
1ª. Preparación ........................................................................................................ 17
2ª. Oración preparatoria .......................................................................................... 18
3ª. Preámbulos ........................................................................................................ 19
4ª. Puntos ................................................................................................................ 19
5ª. Desarrollo de la oración..................................................................................... 20
6ª. Coloquio ............................................................................................................ 20
7ª. Plegaria .............................................................................................................. 22
8ª. Examen de la oración ........................................................................................ 22
4.4 Maneras de oración enseñadas en los Ejercicios .................................................. 23
1ª. Meditación ......................................................................................................... 23
2ª. Contemplación................................................................................................... 24
3ª y 4ª. Repetición y Resumen ................................................................................ 24
5ª. Aplicación de sentidos....................................................................................... 25
6ª, 7ª y 8ª. Tres maneras de orar ............................................................................. 27

1
Anexo
Del uso de las potencias naturales y de la consolación espiritual en los Ejercicios ....... 30
1. Introducción ............................................................................................................ 30
2. Objetivos................................................................................................................. 31
3. Conducencia del tercer estado de espíritu .............................................................. 35
4. El tercer estado de espíritu conduce positivamente al fin de los Ejercicios ........... 35
Escolio ........................................................................................................................ 38
Bibliografía ..................................................................................................................... 40

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Federico Marfil Mur

1. INTRODUCCIÓN
El presente trabajo versará sobre la oración que San Ignacio plasmó en su gran obra
Ejercicios Espirituales. Aunque, ciertamente, es un trabajo para la asignatura de
Propedéutico del Seminario Conciliar de Barcelona, no se ha podido resistir servidor, en
intentar hacer un buen trabajo extenso que pueda servirle a él mismo en su, D.m., futuro
ministerio y como “bonum est diffusivum sui”, como decían los clásicos, pueda también
servir a todos los que quieran entrar en el espíritu ignaciano de la oración.

Pero, el espíritu ignaciano ¿es un carisma particular de la Iglesia?, ¿sólo se pueden


aprovechar de él ciertos hijos de Dios y no otros?, ¿los Ejercicios son únicamente para
los que quieren hacer una elección vocacional o únicamente para religiosos? Las
preguntas aquí podrían ser múltiples y por tanto las opiniones podrían también diferir.
Pero querría que no fuese una mera opinión personal sino que los mismos Papas, a
través de la historia, nos dieran una respuesta global. León XIII, por ejemplo, afirmó
“Mucho he procurado hacer el bien en mi país natal, pero de todo lo que he hecho, lo
más saludable y lo que más me llena el alma de consuelo es el haber facilitado al clero
la práctica de los Ejercicios Espirituales. La meditación del fin del hombre por si sola
bastaría para renovar todo el orden social.” También San Pío X sentenció que “la obra
de los Ejercicios para los obreros es la más providencial de todas.” Existe una vigorosa
frase de Pío XI en que se sintetiza el caudal de ciencia que contiene el método ignaciano
en su encíclica Mens nostra: “Son los Ejercicios de San Ignacio el más sabio y universal
código espiritual para dirigir las almas por el camino de la salvación y de la perfección,
fuente inexhausta de piedad a la vez eximia y muy sólida.” Y sólo por citar otra vez esta
maravillosa encíclica, nos dejó escrito Su Santidad Pío XI “Los Ejercicios son el
antídoto de la novísima ligereza, la formación del cristiano, fragua de apóstoles,
estímulo fortísimo y puritísimo para procurar la reforma de las costumbres y alcanzar la
cima de la perfección.”

No puede ser más claro que los Ejercicios Espirituales son para todos los cristianos que
tengan ansias de santidad, para más y mejor seguir a nuestro Señor Jesucristo y quieran
responder con generosidad a la misión que les sea encomendada. Mi pregunta entonces
sería ¿hay cosa más noble, empresa de mayor importancia y fin más importante en
nuestra vida? Pero todavía algún atrevido podría llegar a afirmar que esto es ya del
pasado, los tiempos han cambiado, y el largo etcétera de frases necias que hoy nos
quieren “colar”. Tendré por tanto que nombrar a últimos Papas para saber si sigue
siendo actual o es una cosa para dejarla en el baúl de los recuerdos.

San Juan Pablo II afirmó rotundamente: “La escuela de los Ejercicios Espirituales será
siempre un remedio eficaz para el mal del hombre moderno, arrastrado por el torbellino
de las vicisitudes humanas a vivir fuera de sí, excesivamente absorbido por las cosas
exteriores. Sea fragua de hombres nuevos, de cristianos auténticos, de apóstoles
comprometidos. Es el deseo que confío a la intercesión de la Virgen, la contemplativa
por excelencia, la maestra sabia de los Ejercicios Espirituales. Que sacerdotes,
3
San Ignacio de Loyola Introducción
La oración en los Ejercicios Espirituales

religiosos y seglares continúen siendo fieles a esta experiencia y le den incremento.


Hago esta invitación a todos los que buscan sinceramente la verdad.”

Benedicto XVI, Papa emérito en la actualidad, nos enseña sobre los Ejercicios: “En un
tiempo como el actual, en que la confusión y multiplicidad de los mensajes y la rapidez
de cambios y situaciones dificultan de especial manera a nuestros contemporáneos la
labor de poner orden en su vida y de responder con determinación y alegría a la llamada
que el Señor dirige a cada uno de nosotros, los Ejercicios Espirituales constituyen un
camino y un método particularmente valioso de buscar y hallar a Dios en nosotros, en
nuestro alrededor y en todas las cosas, con el fin de conocer su voluntad y de llevarlas a
la práctica.”

Una vez calladas las voces insensatas y vemos resplandecer la obra de nuestro Señor
Jesucristo por medio de San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales lo esencial
de éstos, como el mismo santo plasmó, es la oración.

Se empezará con una breve biografía del santo. Posteriormente se pasará a exponer la
gran obra trascendente, los Ejercicios Espirituales. Aunque este punto no será tan
extenso, se expondrá su naturaleza, fin, importancia y un esquemita, más personal, que
nos ayudará, a golpe de vista, captar el desarrollo de la obra. A continuación
llegaríamos a la parte central, la oración en los Ejercicios Espirituales. Primero con la
“teoría y la práctica” de la oración expuesta por San Ignacio y seguidamente pasaríamos
al método ofrecido por el santo y los diversos modos de oración. Este último apartado
es el que me gustaría entretenerme a desarrollarlo porque como veremos no será sólo
para los Ejercicios sino que será ya un hábito, que bien adquirido, ayudará al cristiano a
poder llevar una vida espiritual seria y ésta sólo puede crecer con la oración. Al final he
adjuntado un anexo de un trabajo que ya tenía hecho previamente y me gustaría
adjuntarlo al presente porque también versa sobre los Ejercicios y es complementario a
lo que se explicará: hablará de los tres estados del alma, a saber: consolación,
desolación y el tercer estado. Esto también ayudará mucho para la persona que vaya
progresando en la oración.

Como diría Vittorio Messori “en realidad, no somos sino enanos sobre las espaldas de
gigantes. Y solamente la conciencia de nuestro extraordinario pasado donde abundó el
pecado, sí, pero también la gracia, puede abrirnos el camino del futuro”. Así que
apoyémonos en la espalda de este gigante de la santidad, como es San Ignacio de
Loyola, para poder “pasear, caminar y correr”, como decía el mismo santo, tras los
perfumes de nuestro Señor, dice el Cantar de los Cantares, por los caminos de la
santidad que nos llevarán al cielo y a cuantas almas podamos arrastrar.

A modo práctico, cuando cite un número será entrecomillado y entre corchetes [n.] el
número al que hace referencia; los paréntesis se utilizarán si dentro de un mismo punto
el autor cita otro. Por ejemplo en el n.258 refiere otros: “Se hará la misma adición que
en el primero y segundo modo de orar (nn.239 y 250)” [258].

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Federico Marfil Mur

2. BIOGRAFÍA1
Nacido en Azpeitia (Guipúzcoa), en el castillo de Loyola, de una familia de la nobleza
vasca, el 31 de mayo de 1495, se dedicó Ignacio a la carrera militar. Durante el sitio de
Pamplona por Fernando el Católico, resultó gravemente herido y hubo de guardar
reposo una larga temporada, dedicándose a leer obras de carácter religioso. Pudo
comprobar entonces que su alma se llenaba de paz y felicidad cuando se enfrascaba en
pensamientos religiosos, mientras que por el contrario las ideas mundanas que, de
momento, le producían complacencia, le dejaban en definitiva frío, desazonado y
descontento. Poco a poco vio claro que el bien y el mal se mezclaban en su corazón y en
su espíritu. Optó, después de una aparición de la Santísima Virgen María, por
abandonar su vida libre y una vez curado se retiró a la soledad, decidiéndose, tras sufrir
las peores tentaciones, a poner su vida al servicio de Dios. Las reflexiones que le
llevaron a tomar tal resolución y los conflictos internos que en esta ocasión le turbaron,
son típicos de todo ser humano que decide de modo consciente orientar su vida hacia
Dios.

San Ignacio describió todos estos pensamientos y luchas íntimas en su libro sobre los
Ejercicios Espirituales. Realizó una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de
Montserrat y, al no poder ir a Tierra Santa aún, se retiró a una cueva en Manresa durante
un año viviendo como penitente en la oración. Sería en este tiempo sus numerosas
experiencias espirituales las que le ayudarían a escribir los Ejercicios Espirituales. En
febrero de 1523 parte por fin en peregrinación a Tierra Santa, pidiendo limosna. Una
vez en Jerusalén un franciscano encargado de guardar los santos lugares le ordenó que
abandonase Palestina, temeroso de que los mahometanos, enfurecidos por el
proselitismo de Ignacio, le raptasen y pidiesen rescate por él. Ignacio renunció a su
proyecto y obedeció.

De nuevo en Barcelona estuvo estudiando gracias a una piadosa dama de la ciudad,


Ignacio tenía entonces 33 años. Después pasó a la Universidad de Alcalá donde viviría
de nuevo de limosna. Fue acusado y estuvo prisionero durante cuarenta y dos días hasta
que se le absolvió de su culpa, por enseñar cosas espirituales sin tener títulos ya que
había algunas desviaciones por la época. Se trasladó a Salamanca pero fue nuevamente
acusado de introducir doctrinas peligrosas y de nuevo fue encarcelado. Los inquisidores
le declararon después de tres semanas inocente, Ignacio usó todo esto para provecho de
su alma como pruebas de Dios que le iban purificando y le santificaban.

En 1528 se trasladó a estudiar a París obteniendo el título de maestro en artes a los


cuarenta y tres años, donde gracias a su método de los Ejercicios indujo a los amigos
que se había granjeado entre los profesores y alumnos de la Universidad parisién, a
proponerse como finalidad de sus almas el establecimiento del reino de Dios sobre la
tierra. El principio fundamental con que se inicia este librito de Ejercicios dice así: “el

1
Cf. Wilhelm Schamoni, El verdadero rostro de los santos, (1951) Barcelona, Ediciones Ariel

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San Ignacio de Loyola Biografía
La oración en los Ejercicios Espirituales

hombre es criado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor y mediante
esto salvar su ánima; y las otras coas sobre la haz de la Tierra son criadas para el
hombre y ara que le ayudan en la prosecución del fin para que es criado. De donde se
sigue que el hombre tanto ha de usar de ellas, cuanto le ayudan para su fin, y tanto debe
quitarse de ellas, cuanto para ello le impiden”. San Ignacio hacía que sus amigos
reflexionaran sobre estos pensamientos, en plena paz y soledad, preparando de este
modo la regeneración de lo íntimo del hombre, proponiéndose como fin el dedicar su
vida al servicio del Señor, proponiéndose como fin el dedicar su vida al servicio del
Señor, ofreciéndole como ejemplo al Salvador e invitándole a formar en el séquito del
Crucificado.

En principio concibió la idea que tanto él como sus amigos debían dedicarse a la obra
misional en Tierra Santa. Por ello el grupo de siete compañeros constituido por Ignacio
y sus amigos se obligó, en 15 de agosto de 1534, a formular, además de los votos de
castidad y pobreza, el de laborar en favor de la salvación de las almas en Tierra Santa, y
si en el espacio de un año no se ofreciera oportunidad para su traslado a aquel país
desde Venecia, ponerse a disposición del Papa. A consecuencia de la guerra con los
turcos, san Ignacio se dirigió a Roma y visitó al Santo Padre, quien lo recibió
afablemente y le asignó una misión pastoral. Ignacio acariciaba el propósito de reunir un
núcleo de hombres diligentes y abnegados que se pondrían a disposición de la Iglesia
para trabajar en favor del reinado de Dios.

Aquella época de descomposición, revolución religiosa y rápida formación exigía una


orden religiosa de un nuevo carácter: movible, disciplinada, capaz de aplicarse a
cualquier tarea apostólica donde quiera que las antiguas fuerzas al servicio de la Iglesia
fracasasen o no se mantuvieran a la altura de su ideal y, en consecuencia, de su tiempo.
Esta Orden fue aprobada por Pablo III en 1540, el mismo Papa de hecho nombró como
teólogos suyos, en el Concilio de Trento, a los padres Laínez y Salmerón, primeros en
formar parte de la Compañía. La Compañía de Jesús era exactamente lo que se
necesitaba en el siglo XVI para contrarrestar la reforma protestante, reconquistando
almas para el Señor. Como finalidad de la misma se prescribe en sus constituciones: “El
verdadero fin de la Compañía es el siguiente: Deseamos ayudar a nuestras almas y a las
de nuestro prójimo, para alcanzar el fin supremo, para que hemos sido creados”. El
santo aspiraba a mantener en esta posición fundamental a sus hijos espirituales, para que
decidieran todos sus problemas en la forma que más glorificase al Señor y le fuese más
querida. Esta posición exige un verdadero amor al Crucificado.

En 1541 San Ignacio fue unánimemente elegido general de la Compañía de Jesús como
“abanderado” de Jesús. El General exigía obediencia ante todo; pero no mansedumbre
de esclavos, sino una obediencia castrense, voluntaria y generosa. En su trato, San
Ignacio era serio y circunspecto, parsimonioso en el hablar, aunque tan afable que sus
hijos espirituales afirmaban que ninguna persona que conversara con el santo podía
retirarse descontenta o triste. Sin ningún género de duda fue este santo uno de los
mayores místicos y directores de la vida espiritual que ha dado el cristianismo; por
temperamento era un hombre de acción preparado para tratar con la almas y dotado de

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Federico Marfil Mur

un excepcional talento organizador y que supo hallar en la vida universitaria hombres


dignos de capacitarse de sus ideas y de comunicarlas a la juventud. Supo gobernar con
singular energía su Orden; a su muerte (31 de julio de 1556) contaba ya la Compañía
con unos mil miembros distribuidos en doce provincias y con 101 establecimientos.
Antes de que se fundara su segunda casa en Austria (la de Viena en 1551), la Orden se
había propagado por África, la India, el Japón y América. Su fiesta se celebra el 31 de
julio.

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San Ignacio de Loyola Los Ejercicios Espirituales
La oración en los Ejercicios Espirituales

3. LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES


3.1 Excepcional valor e influjo de los Ejercicios2
Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola pertenecen a la categoría de los
pocos libros que, como la Imitación de Cristo, han trascendiendo a toda clase de fieles y
siguen influyendo en la espiritualidad de millones de almas. Como dijo De Causette
“los Ejercicios son uno de los libros más venerables salidos de manos de hombres,
porque si la Imitación de Cristo ha enjugado más lágrimas, los Ejercicios han producido
más conversiones y más santos.” El texto ha adquirido gran difusión publicándose más
de 4.500 veces y traducido a 19 lenguas. Se podrían calcular más de cuatro millones de
ejemplares y una media de edición por mes a lo largo de los cuatro siglos.

Pero sobre todo es una revolución interna la que obra en cada alma que se deja llenar de
su espíritu. Ya San Francisco de Sales, muerto en 1622, decía que el libro ignaciano
había ya operado más conversiones que letras contiene. Tal vez el más importante y
significativo de todos, por el rango de quien procede y por lo trascendental de su
contenido, sea el estampado por León XIII y repetido y refrendado por Pío XI, que “en
esta palestra habían adquirido o amplificado sus virtudes todos los que han florecido
mucho en doctrina ascética o en santidad de vida en los últimos siglos.”

Y es que san Ignacio nos dio en los Ejercicios, como nos dice el padre Casanovas, “un
método práctico para saber vivir la santidad en su grado más perfecto, enseña la
santidad pura y total, sacándola de la doctrina y de los ejemplos de Nuestro Señor
Jesucristo… llega a compendiar la ascética evangélica cabal y eficazmente, asentándola
en las leyes eternas del mundo moral y elevándola hasta la unión vital con Jesucristo y
aun con la divinidad misma.” De hecho el propio san Ignacio, tan enemigo de hueras
ponderaciones, hizo, con epítetos excepcionalmente significativos, el panegírico más
excelso de su método. Escribe a su confesor de París, el Dr. Miona, y le dice:

“Mucho deseo tengo de saber cómo os ha sucedido, y no es maravilla, como tanto os


deba en las cosas espirituales, como hijo a padre espiritual. Y porque es razón responder
a tanto amor y voluntad como siempre me habéis tenido y en obras mostrado, y como
yo hoy en esta vida no sepa en qué alguna centella os pueda satisfacer que poneros por
un mes en ejercicios espirituales con la persona que os nombren y aun me ofreciste de lo
hacer, por servicio de Dios Nuestro Señor os pido, si lo habéis probado y gustado me lo
escribáis; y si no, por su amor y acerbísima muerte que pasó por nosotros, os pido os
pongáis en ellos, y si os arrepintieres de ello, demás de la pena que me quisiéredes dar a
la cual yo me pongo, tenedme por burlador de las personas espirituales a quien debo
todo… Dos y tres y otras cuantas veces puedo os pido por servicio de Dios Nuestro
Señor lo que hasta aquí os tengo dicho, porque a la postre no nos diga su divina
majestad por qué no os lo pido con todas mis fuerzas, siendo todo lo mejor que yo en

2
San Ignacio de Loyola, Obras Completas, (1982) Madrid, BAC

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Federico Marfil Mur

esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí
mismo como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos.”

Podríamos ir numerando cantidad ingente de testimonios de muy alto prestigio pero


creo que queda con clara lucidez la importancia de dicho texto para toda la Iglesia
Católica, para toda la humanidad en su historia, como para cada alma en particular. Me
parece oportuno acabar mencionando otra vez al Magisterio que siempre nos guía a
buen puerto. Empezando por Paulo III, que sólo después de juicios tan encomiásticos se
dispuso a redactar el solemne documento, el breve Pastoralis Officii, firmado el 31 de
julio de 1548. Y es que pasan de seiscientas las sucesivas aprobaciones, exhortaciones o
recomendaciones de los Ejercicios que a lo largo de pasados ya cuatro siglos ha ido
dando la Iglesia con solicitud amorosa y maternal.

Una de las más decisivas, la constitución apostólica en forma de bula solemne


Summorum Pontificum, del 25 de julio de 1922, por la que declara a San Ignacio
patrono de todos los Ejercicios espirituales, de las casas y obras dedicadas a ellos. Pío
XI con tal acto había accedido no sólo a sus más fervientes anhelos, sino a las
apremiantes peticiones. Con este patronazgo concedía Pío XI una clara primacía a San
Ignacio en una parcela tan importante de la espiritualidad. Parafraseando a Pla y Deniel
que cree ver un paralelismo innegable entre esta preferencia dada al autor del libro de
los Ejercicios y la otorgada por León XIII a Santo Tomás en el campo de la teología y la
filosofía. Como Santo Tomás ejerce un doctorado universal sobre la ciencia escolástica,
así San Ignacio debe ser, según el mismo Pontífice, el faro luminoso que guíe a las
almas en el sendero de la perfección. El mismo León XIII también afirmó “Mucho he
procurado hacer el bien en mi país natal, pero de todo lo que he hecho, lo más saludable
y lo que más me llena el alma de consuelo es el haber facilitado al clero la práctica de
los Ejercicios Espirituales. La meditación del fin del hombre por si sola bastaría para
renovar todo el orden social.” También San Pío X sentenció que “la obra de los
Ejercicios para los obreros es la más providencial de todas.” Existe una vigorosa frase
de Pío XI en que se sintetiza el caudal de ciencia que contiene el método ignaciano en
su encíclica Mens nostra: “Son los Ejercicios de San Ignacio el más sabio y universal
código espiritual para dirigir las almas por el camino de la salvación y de la perfección,
fuente inexhausta de piedad a la vez eximia y muy sólida.” Y sólo por citar otra vez esta
maravillosa encíclica nos dejó escrito Su Santidad Pío XI “Los Ejercicios son el
antídoto de la novísima ligereza, la formación del cristiano, fragua de apóstoles,
estímulo fortísimo y puritísimo para procurar la reforma de las costumbres y alcanzar la
cima de la perfección.”

Pío XII, en proceso de beatificación, nos dijo a los Españoles: “Si se quiere dar un
poderoso impulso a la renovación espiritual que, después de tantos sacrificios, se siente
en la noble y católica España será un poderoso medio propagar en toda la Nación esta
Obra de Ejercicios parroquiales que hará de todos aquellos que se retiran a meditar,
según el tradicional método ignaciano, las verdades eternas, perfectos cristianos que han
de irradiar a su vez, en torno suyo, la vida sobrenatural.”

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San Ignacio de Loyola Los Ejercicios Espirituales
La oración en los Ejercicios Espirituales

San Pablo VI, siendo Arzobispo de Milán, el Cardenal Montini, dijo: “Los Ejercicios
son escuela sublime, que después de tantos años, en vez de mostrarse superada y
agotada, parece inventada para nuestros tiempos y nuestra psicología. Ya Sumo
Pontífice afirmó: Los Ejercicios de san Ignacio son todavía hoy escuela insustituible
para introducir a las almas a una mayor intimidad con Dios, al amor a la virtud y a la
verdadera ciencia de la vida como don de Dios y respuesta a su llamada.”

San Juan Pablo II afirmó rotundamente: “La escuela de los Ejercicios Espirituales será
siempre un remedio eficaz para el mal del hombre moderno, arrastrado por el torbellino
de las vicisitudes humanas a vivir fuera de sí, excesivamente absorbido por las cosas
exteriores. Sea fragua de hombres nuevos, de cristianos auténticos, de apóstoles
comprometidos. Es el deseo que confío a la intercesión de la Virgen, la contemplativa
por excelencia, la maestra sabia de los Ejercicios Espirituales. Que sacerdotes,
religiosos y seglares continúen siendo fieles a esta experiencia y le den incremento.
Hago esta invitación a todos los que buscan sinceramente la verdad.”

Benedicto XVI, Papa emérito en la actualidad, nos enseña sobre los Ejercicios: “En un
tiempo como el actual, en que la confusión y multiplicidad de los mensajes y la rapidez
de cambios y situaciones dificultan de especial manera a nuestros contemporáneos la
labor de poner orden en su vida y de responder con determinación y alegría a la llamada
que el Señor dirige a cada uno de nosotros, los Ejercicios Espirituales constituyen un
camino y un método particularmente valioso de buscar y hallar a Dios en nosotros, en
nuestro alrededor y en todas las cosas, con el fin de conocer su voluntad y de llevarlas a
la práctica.”

3.2 Naturaleza y fin de los Ejercicios3


Lo intuyó certeramente el genio de Papini:

“San Ignacio… no se industria por proponer conceptos nuevos en forma bella. Se


propone sólo llevar por la mano, hora por hora y día por día, al alma ciega a la luz, al
alma fría al fuego… Es un prontuario pedagógico que se va llenando con las lecciones
del maestro y las composiciones del discípulo. El texto sólo se asemeja a la práctica
integral como un mapa de geografía a la riqueza efectiva y concreta del país
representado. El que lo tomase como libro de lectura cometería el mismo error que el
que quisiera juzgar la belleza y vida de un hombre a través de la contemplación de su
esqueleto.”

San Ignacio no permitió la edición pública del libro. Se imprimió, pero más bien para
uso de los futuros directores. El mismo santo controlaba personalmente su difusión y
sólo concedía su uso a los que ya habían practicado el mes. Así también el P. Manuel
Iglesias en el prólogo de la edición de los Ejercicios, que he hecho servir, dice: “San
Ignacio no los escribió para leerlos de corrida, sino como apuntes y normas
esquemáticas para que el que da los Ejercicios ayude mejor al que se ejercita. No es un
libro de lectura, sino cuaderno de notas orientadoras”. Y en contraportada:

3
Cf. Ibídem

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Federico Marfil Mur

“Temo al hombre de un solo libro, dice el dicho popular. Sin embargo, jamás se pudo
condensar tanta experiencia de cómo caminó el autor hacia el encuentro con su Dios, ni
tanta pedagogía a la hora de enseñar este mismo camino a los demás, en un obra tan
reducida como ésta. Viene a ser un auténtico libro de ruta con el que cada ejercitante
recorre el largo camino que va desde lo más deformado del propio corazón, pasa por las
vías de la su propia reforma y conformación con Cristo, muere con Él en la Cruz, y
logra su transformación definitiva en la mañana de su Resurrección. Cierto, el libro de
los Ejercicios de San Ignacio vienen siendo durante siglos un instrumento eficacísimo
con que el Capitán de Loyola sigue conquistando súbditos para su Rey y Señor. Todo en
cuatro semanas que reflejan las cuatro etapas de la vida espiritual del cristiano”.4

Decimos por tanto que sólo entenderá la obra aquel que se ejercite en ella. San Ignacio
quiere la perfección de esa alma, su “salud”, que pueda desarrollarse la semilla de la
gracia mediante el recto y normal desenvolvimiento de sus funciones espirituales, de
modo que el alma puede “en todo amar y servir a su Divina Majestad”. Por tanto el
primer trabajo será poner al alma en el camino verdadero, es decir, “hallar la voluntad
divina en la disposición de su vida”, lo que dada la lucha interna de la concupiscencia y
los halagos de las criaturas, supone “quitar de sí todas las afecciones desordenadas”.
Todo esto lo presentará San Ignacio en “Principio y Fundamento”, el criterio que debe
regular el alma sus acciones, de modo que a través de todas las cosas pueda ir
avanzando hacia Dios. Será por tanto el mismo Señor nuestro Jesucristo quien llenará el
corazón del ejercitante y constituirá la realización concreta de la norma dada en el
principio y fundamento. Verá a éste mismo Señor le llama a participar en sus empresas.

Simultáneamente san Ignacio irá preparando y disponiendo al alma para que a su


imitación ordene todas sus potencias y su propia vida, no dejándole hasta que sea copia
viva de Cristo. Progresivamente al alma le irá exigiendo cada vez cosas más arduas y
con intensidad de afecto. Práctico San Ignacio irá apartando al alma de los escollos que
más fácilmente podía encontrar en esta ardua navegación hacia su meta: de los escollos
del entendimiento mediante la meditación de las dos banderas; de los de la voluntad,
mediante los tres binarios; y los del corazón, con las tres maneras de humildad.

En la primera semana trata de crear un instinto de repugnancia hacia el pecado, en la


segunda un instinto sobrenatural de atracción hacia Jesucristo y sus exigencias de
perfección. En la tercera y cuarta semana intenta una más íntima compenetración y
transformación del alma con el Señor, mediante una interna crucifixión y como
identificación de criterios y sentimientos con Jesucristo: una profunda amistad con Dios
mediante la mutua entrega de todo. Éste último paso lo realizará en la contemplación
para alcanzar amor en la que San Ignacio, lanzando ya un puente hacia el mundo real en
que se ha de mover el ejercitante, especifica el modo con que se puede en la vida
realizar este ideal de servir y amar a Dios del modo más perfecto posible, a Él en todas
las cosas y a todas las cosas en Él.

4
San Ignacio de Loyola, Ejercicios de S. Ignacio de Loyola. Edición preparada por Manuel Iglesias S.J.
(2005) Burgos, Monte Carmelo

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San Ignacio de Loyola Los Ejercicios Espirituales
La oración en los Ejercicios Espirituales

3.3 Esquema de los Ejercicios5


Anotaciones para entender… [1-22]

Primera Semana [23-90]

 Principio y Fundamento [23]


 Examen particular [24-26]
 Adiciones [27-31]
 Examen general [32-44]
 1er Ejercicio: meditación con las tres potencias sobre el 1er,2º y 3er pecado
(ángeles, Adán y Eva, personal) [45-54]
 2º Ejercicio: meditación de los pecados [55-61]
 3er Ejercicio: repetición del 1º y 2º con tres coloquios [62-63]
 4º Ejercicio: resumir 3º [64]
 5º Ejercicio: meditación del infierno [65-71]
 Nota [72]
 Adiciones [73-90]

Segunda Semana [91-189]

 Llamamiento del rey temporal-eternal [91-100]


 1er Día [101-131]
o 1ª Contemplación: Encarnación [101-109]
o 2ª Contemplación: Nacimiento [110-117]
o 3ª Contemplación: repetición 1º y 2º [118-119]
o 4ª Contemplación: repetición 3º [120]
o 5ª Contemplación: aplicación de sentidos sobre 1ª y 2ª [121-126]
o Notas [127-131]
 2º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: la Presentación y la huida a
Egipto [132-133]
 3er Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: Niño en Nazaret y Perdido y
hallado en el Templo [134]
 Preámbulo para considerar estados de vida [135]
 4º Día [136-157]
o Meditación de dos banderas: 4 primeros ejercicios [136-147]
o Nota [148]
o Meditación de los tres binarios: hora antes de cenar [149-157]
 5º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: Partida y Bautizo [158-160]
 6º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: del Jordán al desierto [161]
o 7º Día: Seguimiento primeros discípulos
o 8º Día: Bienaventuranzas
o 9º Día: Aparición en el mar

5
Ibídem

12
Federico Marfil Mur

o 10º Día: Predicación en el Templo


o 11º Día: Resurrección de Lázaro
o 12º Día: Día de Ramos
 Notas y grados de humildad [162-168]
 Para hacer elección y reformar la propia vida [169-189]

Tercera Semana [190-217]

 1er Día [190-207]


o 1ª Contemplación: de Betania a Jerusalén y Última Cena [190-199]
o 2ª Contemplación: al Huerto de los Olivos [200-203]
o 3ª Contemplación: repetición 1ª y 2ª
o 4ª Contemplación: repetición 3ª
o 5ª Contemplación: aplicación de sentidos sobre 1ª y 2ª
o Notas [204-207]
 2º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: del Huerto a la casa de Anás y
de la casa de Anás a la de Caifás [208]
o 3er Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: de casa de Caifás a
Pilatos y de Pilatos a Herodes
o 4º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: Herodes a Pilatos y
casa de Pilatos
o 5º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: de casa de Pilatos a la
cruz y desde que fue alzado hasta que expiró
o 6º Día: Idem 1er Día pero 1ª y 2ª Contemplación: descendimiento y
sepultura y hasta donde fue María
o 7º Día
 1 y 2 Ejercicio: Contemplación de toda la Pasión
 Durante todo el día considerar el Cuerpo de nuestro Señor
separado del alma y dónde y cómo fue sepultado y soledad de
María y discípulos
 Nota [209]
 Reglas para ordenarse en el comer [210-217]

Cuarta Semana [218-237]

 1ª Contemplación: Aparición a Nuestra Señora después de resucitar [218-225]


 Las siguientes contemplaciones recorremos apariciones del resucitado (números
siguientes) de la forma acostumbrada
 Notas [226-229]
 Contemplación para alcanzar amor [230-237]

13
San Ignacio de Loyola Los Ejercicios Espirituales
La oración en los Ejercicios Espirituales

Anexo6 [238-370]

 Modos de orar [238-260]


o 1er Modo: mandamientos, pecados capitales, potencias del alma,
sentidos corporales [238-248]
o 2º Modo: contemplación por palabras [249-257]
o 3er Modo: acompasadamente [258-260]
 Misterios de la vida de Cristo Nuestro Señor [261-312]
 Reglas para mociones de la Primera Semana [313-327]
 Reglas para mociones de la Segunda Semana [328-336]
 Distribución de Limosnas [337-344]
 Sobre los escrúpulos [345-351]
 Reglas para sentir en la Iglesia [352-370]

3.4 Esquema y tiempos para cada ejercicio


Esquema del ejercicio (1h)

 Preparación remota y próxima (antes del ejercicio)


 Oración preparatoria
 Preámbulos
 Puntos
 Desarrollo de la oración
 Coloquio
 Plegaria
 Examen de la oración (después del ejercicio)

Tiempos para los ejercicios (según edad, disposición…)

 1º a medianoche (menos en 4ª semana)


 2º nada más levantarse a la mañana
 3º antes o después de Misa (antes de comer)
 4º hora de vísperas
 5º una hora antes de cenar

6
No se usa con el término “anexo” en los ejercicios sino que lo he puesto para encuadrar los demás
puntos que vienen al final de la obra, que vienen seguidamente.

14
Federico Marfil Mur

4. SOBRE LA ORACIÓN7
Aunque es cierto que la palabra ejercicios en San Ignacio significa diversas operaciones
espirituales, antonomásticamente lo aplica a la hora de oración mental en que el alma
pone en juego todas sus facultades en la comunicación íntima con Dios. Cada
meditación, contemplación, repetición, aplicación de sentidos, viene siempre
encabezada con el nombre de ejercicio, queriendo decir que el principal ejercicio en los
Ejercicios es la oración. Todo lo demás está de modo relativo a los ejercicios de oración
mental para fomentarlos. El mirar la oración como medio esencial de santidad no es
cosa exclusiva de San Ignacio sino propia de todos los santos enseñada por nuestro
Señor Jesucristo y muy recomendado por la Iglesia. Lo característico de San Ignacio
podríamos reducirlo en cuatro puntos: 1) el carácter central de la oración; 2) el carácter
práctico; 3) el método; 4) las formas de oración.

4.1 Carácter central de la oración en los Ejercicios


Hace falta distinguir dos tipos de escritos: el primero el que lleva por título ejercicio; el
segundo no lo lleva o lo lleva diferente, como es anotación, adición, nota, preámbulo,
regla, etc. y se les suelen llamar documento. Tanto ejercicios como documentos van
ordenados a un mismo fin ayudando al ejercitante a trabajar como con dos manos. El
ejercicio se presenta en forma de oración según las diferentes maneras de meditación,
contemplación, etc.; el documento se da normalmente en forma de doctrina: a veces
para llevar a la oración, como en Principio y Fundamento, la materia de la oración suele
pasar por diferentes documentos, como las Elecciones. Aunque el propósito de San
Ignacio no es dar un conjunto doctrinal estructurado en su libro no hay duda que hay
una riqueza como para elaborarlo. Pero notemos la diferencia: “hacer los ejercicios” es
propiamente experimentar en sí mismo a fuerza de oración, la eficacia de las verdades
enseñadas por San Ignacio en orden a “vencer a sí mismo y ordenar su vida sin
determinarse por afección alguna que desordenada sea” [21]; en cambio “estudiar los
ejercicios” se trata de entender bien el libro y darse cuenta, con una reflexión
introspectiva o sobre los demás, del cambio que producen. Pero el estudio nunca puede
ser un estorbo para la oración y nunca caer en confundir con la vida de la santidad la
teoría sobre la misma, peligro que ya apuntamos. Por tanto San Ignacio trata de mover
al alma para que haga no para que solo piense.

Ya hemos podido ofrecer una buena definición sobre los Ejercicios por el mismo santo.
Todo esto se ha de alcanzar con la oración y contemplación de las grandes verdades,
continuando en ellas hasta que la luz divina ilustre el entendimiento, la voluntad se vea
movida a darse enteramente a Dios y las afecciones queden ordenadas con los

7
Cf. P. Casanovas, S.J. Biblioteca d’exercicis (III). Introducció als exercicis espirituals. Teoria i
preparació (1931) Barcelona, Foment i Pietat
Cf. Darío López Tejada S.J. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Comentario y textos
afines (2002) Madrid, Edibesa

15
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

sentimientos espirituales. “Vale más sentir la compunción que saber su definición”


como decía Kempis y lo mismo decimos nosotros: vale más experimentar la eficacia de
los Ejercicios mediante la práctica de la vida de santidad, que saber explicar ésta
teóricamente. Vemos ya nada más empezar la necesidad y eficacia de la oración.

De hecho, si la maravillosa estructura de los Ejercicios se viera desprovista de la fuerza


de vida que le comunica la oración, sería, sí, una máquina perfecta, pero por desgracia
completamente muerta. Una verdad elevada ofrecida con claridad es mediante la
oración por la que la entendemos, saboreamos y la convertimos en substancia propia,
sino no es más que un plato de mesa muy bien presentado. El arte de la santidad que
encierran en sí los Ejercicios es para convertirse en santidad personal. Es más, sólo
quién ha experimentado la fuerza de la oración podrá luego entender especulativamente
los Ejercicios en su perfección. La oración es como el mejor laboratorio para las
combinaciones espirituales entre entendimiento y voluntad, pensamiento y acción,
gracia y naturaleza…

4.2 Carácter práctico de la oración en los Ejercicios


Lo que en segundo lugar distingue la oración enseñada por San Ignacio, es ser
esencialmente práctica. Por esto algunos le han criticado, de que cierra la puerta a la
contemplación mística. Debemos decir que es cierto que pueda estar en oposición con
ciertas teorías místico literario, o en prácticas pseudomísticas de quietistas, pero tiene la
gran suerte de ir acorde con la doctrina del Evangelio y con la vida práctica de todas las
almas santas que en la oración gozan de las más altas comunicaciones con Dios.

Conviene poner en claro el verdadero sentido práctico de la oración ignaciana, porque


hay quienes la tachan de oración mecánica, de reglamento rutinario de punto y actos
inflexible, como sacramentos que obran ex opere operato. Pero con esto mismo se
podría criticar también al mismo Evangelio, como han hecho muchos incrédulos. La
oración de San Ignacio puede y debe llamarse práctica por dos razones principales:
porque toda ella va enderezada a la consecución de un fin concreto y en segundo lugar
porque es oración metódica. Esto último será lo que expliquemos en el siguiente punto y
la primera razón será la que declararemos a continuación.

Contrapuesta a la doctrina ignaciana se habla de una oración en nuestros días que deje al
espíritu volar. Pero esto mismo es lo que trata de hacer San Ignacio, entendiéndolo
como la oración que permita a Dios entrar en el alma con la puerta siempre abierta para
comunicarse con el alma en la misma oración, y que el alma, al ir a Dios, sigue
libremente las divinas mociones o inspiraciones, independientemente de nosotros [330].
San Ignacio sabe bien que toca solo a Dios entrar y causar en el alma sin causa
precedente [322], lo que llamaría Consolaciones, y no es de nosotros tener devoción
crecida sino es don y gracia de Dios. Nosotros hemos de dejar todo para ir a Dios [154].
San Ignacio mismo dice que la dirección espiritual, tan buena y alabada, se interponga
entre Dios y el alma, sino que el director debe limitarse a aconsejarle que busque
puramente la voluntad divina [15]. San Ignacio lo que pretende hacer en los Ejercicios

16
Federico Marfil Mur

es una manera de preparar y disponer nuestra alma para que Dios le manifieste sin
trabas su Voluntad [1].

Esto mismo es materia de elecciones en la que primeramente debe ser Dios mismo el
que mueva la propia voluntad y le declare al alma si es su beneplácito [180]. Esto
último lo desarrollaré en un Anexo puesto al final del trabajo en el que hablaré también
del Tercer Estado.

Vemos que San Ignacio da el protagonismo a Dios para hacer y deshacer en el alma y
ofrece un programa al alma para poder disponerse a recibirle y seguirle sin nada
desordenado. Ciertamente lo hará hasta minuciosamente en fórmulas y anotaciones,
pero propuesto para hallar mejor el fin que se busca y aplicarse de manera relativa y no
con un rigor absoluto [73, 76]. Sobre la penitencia, por ejemplo, San Ignacio indica que
no sea ni poca ni demasiada y que para venir al justo medio se vaya tanteando hasta que
la experiencia nos dé a conocer la voluntad divina [89]. Al final diríamos la “santa
indiferencia” el “tanto en cuanto” que ofrece en Principio y Fundamento de servirse de
las cosas tanto en cuanto le ayuden al fin.

Concluyamos diciendo que San Ignacio es humano, flexible y espontáneo en el empleo


de los métodos y fórmulas sin sacarlos de la categoría de medios, no de fines. Por el
contrario, respecto del fin que se propone “lo que quiero”, es absoluto, insistente y
eficacísimo. Va a un fin general del que nunca se pueden apartar los que realmente
quieren hacer los Ejercicios como son. Cada semana, cada día y cada ejercicio tiene un
fin peculiar sacado de las entrañas mismas de la oración y siempre estrechamente unido
al fin general. El santo insiste en que no se divague ni se entretenga en cosas superfluas.
Hablamos ciertamente de que es la oración en los Ejercicios, no de la cotidiana, aunque
haciéndola bien y fielmente en los Ejercicios podrá el ejercitante mejor hacerla en su
vida ordinaria.

4.3 Método general de la oración ignaciana


San Ignacio es metódico como lo fueron los grandes hombres que pusieron la mira en
un fin trascendente. Siendo pues la oración el acto central en sus Ejercicios también ella
tendrá su método, un conjunto de medios ordenados a conseguir el fin que se propone.
Cada hora de oración tiene ocho partes distintas, a saber: preparación, oración
preparatoria, preámbulos, puntos, desarrollo de la oración, coloquio, plegaria y examen
de la oración. Pasamos a comentar cada una de estas partes.

1ª. Preparación
Para hacer bien la oración hacen falta dos clases de preparación: la remota y la próxima.
La preparación remota consiste en la guarda continua del recogimiento del espíritu la
próxima alguna práctica dirigida inmediatamente a la oración. Siendo la remota más
importante que la próxima ya que ésta encierra dos elementos claves: el deseo intenso
de adelantar cuanto sea posible y la actividad diligente de todas las facultades ocupadas
en alcanzar los fines propuestos. Por tanto el recogimiento habitual será condición o
medio muy apto de la actividad espiritual.
17
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

La preparación próxima, prácticas inmediatamente ordenadas a la oración que San


Ignacio propone en las tres primeras adiciones.

1) “La primera adición es, después de acostado, cuando ya estoy para dormirme, por
espacio de un Ave María, pensar a qué hora me tengo que levantar, y para que,
resumiendo el ejercicio que tengo que hacer” [73]. Es tan clara que no necesita de
explicación. Apunta al fin propio de cada meditación, es alma de los Ejercicios. Así el
alma del ejercitante se duerme con esta hermosa disposición y de continuarla avivándola
al despertarse.

2) “La segunda: cuando me despertare, sin dar lugar a unos pensamientos ni a otros,
fijarme en seguida en lo que voy a contemplar en el primer ejercicio (el de media
noche)” [74], y pone como ejemplo los pensamientos que deben ocupar la mente en la
primera meditación de la primera semana que son de vergüenza y confusión de mis
pecados; en la segunda serán deseos de “conocer más al Verbo eterno Encarnado, para
más servirle y seguirle” [130]; en la tercera “esforzarme, mientras me levanto y me
visto, en entristecerme y dolerme de tanto dolor y de tanto padecer de Cristo nuestro
Señor” [206]; y en la cuarta “queriéndome alegrar con mucho afecto de tanto gozo y
alegría de Cristo nuestro Señor” [229]. He aquí el fruto que en cada semana se desea
sacar.

3) Además, esta segunda adición debe cumplirse en todos los ejercicios del día: “la
tercera, un paso o dos antes del lugar donde tengo que hacer la contemplación o
meditación, me pondré en pie por espacio de un Padrenuestro, alzado el entendimiento
arriba, considerando cómo Dios nuestro Señor me mira, etc., y haré una reverencia o
gesto de humillación” y también dice en la quinta nota de la segunda semana “en todos
los ejercicios, excepto en el de la media noche y en el de la mañana, se tomará lo
equivalente de la segunda adición de la manera siguiente: en cuanto me acuerde de que
es hora del ejercicio que tengo que hacer, antes de ir a hacerlo consideraré a dónde voy
y delante de quién, resumiendo un poco el ejercicio que tengo que hacer; y después,
haciendo la tercera adición, entraré en el ejercicio” [131].

2ª. Oración preparatoria


Una vez puesta la persona en el sitio de la oración pide San Ignacio que se comience
con la oración preparatoria, que “es pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas
mis intenciones, acciones y operaciones se ordenen puramente al servicio y alabanza de
su divina majestad” [46]. Esta oración nunca se cambia y se hará siempre al empezar
cada ejercicio de oración. Es una petición continua en los Ejercicios y como sabemos el
fruto está contenido siempre en la petición.

Ya en Principio y Fundamento dio a conocer la disposición perfecta que ha de tener


quien sólo busca la voluntad de Dios en la disposición de su vida y demás cosas suyas
particulares, en que consiste el verdadero fin de los Ejercicios. Por tanto sabe la
necesidad de que el ejercitante no lo medite una sola vez sino que ese grado de
perfección lo alcanzará considerando esa verdad fundamental en los siguientes
ejercicios. Por eso en cada ejercicio el ejercitante renovará con un acto fervoroso de
18
Federico Marfil Mur

adhesión a él y poniendo en ello las fuerzas de su voluntad. Esto es en una palabra la


oración preparatoria, como un resumen del Principio y Fundamento que se renueva al
empezar cada ejercicio.

3ª. Preámbulos
San Ignacio en cada ejercicio pone dos preámbulos que se llaman composición de lugar
y petición; cuando la materia es hechos acaecidos, pone por delante un tercero que se
llama historia.

La historia. Tiene por fin recordar al comienzo de la oración los hechos que se han de
contemplar. Así dice “que la persona que da a otro el modo y orden de meditar o
contemplar debe narrar fielmente la historia de dicha contemplación o meditación,
recorriendo solamente los puntos con breve o sumaria explicación” [2]. Así San Ignacio
al final de su obra dedicará una lista de los misterios de la vida de nuestro Señor
dividiéndolos por puntos y anotando las citas para que se pueda ir directamente a la
fuente. San Ignacio sabe que la mejor manera de conocer la historia es ir directamente a
los Evangelios.

La composición de lugar. Este es el segundo preámbulo y no es más que una


representación imaginaria del lugar en donde se desarrolla la escena a contemplar o
meditar. Tiene un doble fin: que la imaginación y las otras potencias del hombre se
entreguen por completo a la hora de la contemplación, y un segundo en esforzarse en
reconstruir el misterio lo más vivamente posible. Hay que notar que esto depende
mucho del ejercitante porque lo que para uno será sencillo y descanso para otro podría
ser un auténtico martirio. Los medios para el fin y este preámbulo es un medio, por
tanto se ha de usar la categoría ignaciana del “tanto en cuanto” [23].

La petición. Este es parte esencial del ejercicio. San Ignacio la anuncia con un tono
absoluto “lo que quiero”, como la voz del capitán que manda. El fruto que del ejercicio
se ha de sacar y la convicción de alcanzarlo depende, después de la gracia de Dios, de la
decisión de una voluntad resuelta, que sea declaración explícita de aquel deseo de
adelantar todo lo posible [20] y repetición confirmativa del “quiero y deseo y es mi
determinación deliberada” [98]. No se ha de mirar como acto aislado de la voluntad sino
oración hecha a Dios, como el mismo nombre indica. Se ha de rogar y permanecer
constante en las súplicas hasta que sienta mi espíritu embelesado con él y a Dios
propicio a oír mis plegarias. Aquí nos resuena vivamente el “pedid y se os dará, buscad
y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y
al que llama, se le abrirá” (Mt 7,7-8).

4ª. Puntos
Podríamos clasificarlos en dos tipos por el lenguaje que utiliza. Así tenemos los que son
materiales, que dividen el tema que se medita o contempla, y los formales, como
consideraciones o puntos de vista aplicables a la materia de oración.

San Ignacio divide la materia en puntos para que no se divague ni desoriente sino que
encuentre el ejercitante facilidad en el curso del ejercicio de oración. Por eso aconseja

19
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

que en la preparación de la oración cada uno se trace el plan de la misma, atendidas la


materia y sus disposiciones personales [228]. Esto no es nada supersticioso ni rígido
sino que por el contrario deja a la libertad de añadir o quitar puntos lo mismo que en
alguna semana añadir o quitar misterios a contemplar [228, 4]. Hay que fijarse siempre
que en cada ejercicio se busca un fin “buscar lo que quiero” [76] y no detenerse hasta
alcanzarlo, parando cuando se tiene y alargarlo si no se consigue. Referente al
ejercitante el santo atiende a tres cosas: a la capacidad natural de éste, a su fervor y a las
dificultades externas que el enemigo le pone. Esto es ser hombre práctico y saber
acomodar las cosas a las personas y no las personas a las cosas.

5ª. Desarrollo de la oración


Nos lo describe en la cuarta adición: “en entrar en la contemplación, unas veces de
rodillas, otras postrado en tierra, otras tendido rostro arriba, otras sentado, otras en pie,
yendo a buscar lo que quiero. Dos cosas advertimos: la primera es que, si de rodillas
hallo lo que quiero no pasaré adelante, y si postrado, lo mismo, etc.; la segunda: en el
punto en el cual hallare lo que quiero me detendré, sin tener ansia de pasar adelante
hasta que me satisfaga” [76]. Todas estas posturas son medio del que se usa en tanto en
cuanto ayude a la oración y se prescinda si estorba. Aunque la segunda parte es más
importante. El alma no tiene que ansiarse por discurrir por todos los puntos, lo esencial
de la oración es el fin o fruto que pretendemos sacar de ella. Por tanto en el punto donde
hallemos el fruto ya tenemos todo. Por tanto invita San Ignacio a quedarse ahí, ese es el
camino por el que debe pasar el espíritu sin ir a otro, descansemos en el Señor que nos
ha venido al encuentro en ese punto en particular, sin prisas. Todo esto está ordenado
por las reglas de la prudencia práctica.

6ª. Coloquio
La oración según la voluntad de San Ignacio ha de acabar con el llamado coloquio, sea
con nuestro Señor Jesucristo o con la Santísima Virgen María, según la contemplación.
Veíamos la trascendencia que tiene la petición en el arte ignaciano, pues el coloquio
también la encierra con la diferencia de que el espíritu estará hecho una brasa después
de la hora de oración y deseará más ardientemente el fruto que buscaba.

El sentido general de la palabra “coloquio” lo expone del siguiente modo al final del
primer ejercicio de la primera semana: “el coloquio se hace, propiamente, hablando
como un amigo habla a otro o un siervo a su señor, unas veces pidiendo alguna gracia,
otras culpándose por algo que se ha hecho mal, otras comunicando sus cosas y deseando
consejo de ellas” [54]. El coloquio es una plática íntima con nuestro Señor llena de
afecto y ordenada al fruto.

La meditación de los pecados por ejemplo quiere conseguir estas gracias: “la primera
para que sienta interno conocimiento de mis pecados y aborrecimiento de ellos; la
segunda, para que, aborreciéndolo, aparte de mí las cosas mundanas y vanas” [63]; en
las contemplaciones de las Banderas y Binarios quiere clavar hondo el deseo de pobreza
actual y espiritual y el anhelo de sufrir oprobios por imitar a Jesucristo [147, 157].

20
Federico Marfil Mur

El coloquio lo desarrollará multiplicando los mismos coloquios como primeramente


empezar por la Madre de Dios para que me presente a su Hijo; pidiendo a Jesucristo que
nos lleve al Padre, y suplicando por fin a éste que se digne concedernos aquellas
grandes gracias. En segundo lugar encarga que además de pedir se razone; es decir [61]
que se pesen argumentos y razones para meter muy hondo en nuestras almas el deseo de
aquellas gracias y para mover a la divina misericordia a concedérnoslas.

La manera expuesta lo pedirá en determinadas meditaciones en particular pero aconseja


que use de ella. Lo que quiere el santo es que el coloquio sea en cada meditación un
acto viviente: como si en él se quisiera resumir y vivificar toda la vida espiritual de los
Ejercicios.

Lo podemos también leer en los siguientes puntos del librito de los Ejercicios “hay que
advertir, como ya antes y en parte está explicado (n.54), que en los coloquios debemos
hablar y pedir según la materia correspondiente, es a saber, según me halle tentado o
consolado y según desee adquirir una virtud u otra, según quiera resolverme a una parte
o a otra, según quiera dolerme o gozarme en el misterio que contemplo; en fin, pidiendo
aquello que más eficazmente deseo sobre alguna cosa particular; de esta manera el que
se ejercita puede hacer un solo coloquio a Cristo nuestro Señor, o si la materia o la
devoción le mueve a ello, puede hacer tres coloquios: uno a la Madre, otro al Hijo, otro
al Padre, de la misma manera que queda dicho en la segunda semana en la meditación
de las dos banderas (n.147), con la nota que sigue a los binarios (n.157)” [199]. Vemos
que no es una simple plática con Dios sino que encierra grande verdades de los
Ejercicios en la fragua de la oración para clavarlas ardientes en el corazón. Y además es
una dulce violencia a la gracia divina. Doctrina profundamente teológica y humana.

Veíamos en el preámbulo llamado petición que encerraba el fruto del ejercicio, ahora en
el coloquio parece olvidarse de éste elevándolo a otro fin más elevado y perfecto,
convirtiendo el coloquio, por decirlo así, en una contemplación más rápida precisamente
por el calor de las consideraciones pasadas han producido en el alma. Lo vemos
claramente en el coloquio del primer ejercicio de la primera semana: la petición dice
“pedir vergüenza y confusión de mí mismo, viendo cuántos han sido condenados por un
solo pecado mortal, y cuántas veces yo merecía ser condenado para siempre por tantos
pecados míos” [48] y en el coloquio leemos “imaginando a Cristo nuestro Señor delante
y puesto en cruz, hacer un coloquio, considerando cómo de Criador ha venido a hacerse
hombre, y de vida eterna a muerte temporal, y así a morir por mis pecados. Otro tanto
mirando a mí mismo, considerando lo que he hecho por Cristo, lo que hago por Cristo,
lo que debo hacer por Cristo; y al fin, viéndole de esa manera y colgado así en la cruz,
dejar correr el afecto, expresando lo que se ofreciere” [53]. ¡Qué vuelo tan enorme
hemos tomado desde la petición al coloquio!

En el arte ignaciano el oficio propio del coloquio es obtener un fruto más elevado que el
de la petición previa, sabiamente preparado con la exposición de los puntos meditados.
En la petición nos hace pedir San Ignacio “lo que quiero y deseo” [43] y en el coloquio,
“aquello que más eficazmente deseo” [199], y claro está que lo principal es lo que con

21
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

mayor eficacia se busca. Es preparar el alma para que al final de la meditación aspire a
fines más altos que los propuestos en la petición. Las cosas difíciles que a primera vista
se rechazan parecen la cosa más natural llegándolas a desear si se prepara el espíritu a
su favor con un buen discurso, propio de los grandes oradores.

El fruto que se pretende sacar de la oración lo tiene siempre delante de los ojos el Santo,
y lo busca por todos los medios durante la hora de meditación y en la preparación de la
misma: se presenta en el preámbulo (paseando), se profundiza en el desarrollo de la
oración (caminando) y se perfecciona en el coloquio (corriendo). Cogiendo los
paréntesis anteriores de las palabras de San Ignacio en el primer punto que explica que
son los Ejercicios “porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios
corporales, de la misma manera todo modo de preparar y disponer el alma para quitar de
sí todas las afecciones desordenadas, y después de quitadas buscar y hallar la voluntad
divina en la disposición de su vida para la salud del alma, se llaman ejercicios
espirituales” [1].

7ª. Plegaria
Es una o varias oraciones vocales con que se termina el coloquio, en confirmación de
que todo el fruto lo esperamos principalmente de la bondad de Dios nuestro Señor.
Señala tres oraciones principalmente.

La primera, el Padrenuestro. San Ignacio le tenía gran devoción porque fue la que
nuestro Señor mismo enseñó. Y así se podría tomar solo esta oración como materia de
ejercicio según el 2º y 3er modo de orar. La segunda es el Anima Christi. Aunque lo
digan algunos devocionarios esta oración no fue compuesta por San Ignacio. Sí que la
propagó cuanto pudo ya que es una íntima oración de unión con nuestro adorable Jesús,
mediante esta letanía cargada de unción y amor. Cuando se hacen grandes coloquios el
segundo suele ser a Jesucristo y suele acabarse con el Anima Christi. La tercera es el
Avemaría. La Virgen como principal intercesora, la que primero nos presentará a su
Hijo y con Ella tiene que ser el primer coloquio concluyéndolo con la salutación
angélica. ¡Cuánto se acordaría San Ignacio de los coloquios con nuestra Señora en
Montserrat y Manresa! La misma Virgen fue maestra del santo, enseñándole la
sabiduría celestial y todos la hemos de tener por Madre de nuestra vida espiritual
esperando de Ella cuanto necesitamos para conservarla y aumentarla.

8ª. Examen de la oración


En la quinta adición nos dice así “después de acabado el ejercicio, por espacio de un
cuarto de hora, sentado o paseándome, miraré cómo me ha ido la contemplación o
meditación; y si mal, miraré la causa de donde procede, y al descubrirla me arrepentiré,
para enmendarme en adelante; y si bien, daré gracias a Dios nuestro Señor, y haré otra
vez de la misma manera” [77]. Aunque parezca tiempo excesivo notamos con esto la
vital importancia que le da San Ignacio a los ejercicios de hora de oración. Así también
nos quiere inculcar la buena costumbre y hábito de hacer bien las cosas.

En el examen no se va mirando las menudencias que hemos estado meditando en la


oración, no es volver sobre todo en modo exhausto, sino ir a lo esencial y esto es al
22
Federico Marfil Mur

fruto. Sobre todo a la voluntad fervorosa y activa que se pone en alcanzarlo. En el


examen hay que tomar lo esencial como esencial y lo accidental como accidental. Por lo
tanto hay que mirar la voluntad de santidad con la que hemos entrado e ir a la raíz.
Mirar si la hemos mantenido trabajando a tono con lo que se pedía y así de un vistazo se
puede dar uno cuenta de cómo han ido las demás cosas. Quien mantiene viva la
voluntad de alcanzar la santidad velará sobre ella y la examinará con atención para ver
si crece o mengua; y por el contrario el que no la conserve viva, ni tendrá interés alguno
en examinarse sobre este punto, ni mucho menos se fijará en las otras prácticas
menudas.

También importante ver que la postura puede variar en el ejercitante según como haya
estado durante el ejercicio, volvemos a observar que el santo se fija en todo. Advertimos
también lo que recomienda San Ignacio “que, como en el tiempo de la consolación es
fácil y suave estar en la contemplación la hora entera, así como en el tiempo de la
desolación es muy difícil cumplirla. Por tanto la persona que se ejercita, para hacer
contra la desolación y vencer las tentaciones, debe siempre estar algún tiempo más de la
hora cumplida; porque no sólo se acostumbre a resistir al adversario, sino incluso a
derrocarle” [13]. Este esfuerzo y santa tenacidad, no obedecen al propósito de buscarlo
porque sí sino que van a dejar el alma en paz, y segura de que por su parte no se pierde
ninguna de las gracias que el Señor haya determinado concederle. También notemos
que San Ignacio nos revela su fina atención en conceder al ejercitante acortar algunas
horas del día o aflojar en la penitencia.

4.4 Maneras de oración enseñadas en los Ejercicios


Al hablar de oración ignaciana, no se suele citar más que la meditación o ejercicio de las
tres potencias, como si ésta fuese la única forma enseñada en el libro de los Ejercicios.
Tal confusión nace de no haber hecho ni leído la obra del santo, pasaremos a resolver
estas falsas interpretaciones, cómo también las señalamos en párrafos anteriores.

1ª. Meditación
Por este nombre se entiende la forma de orar mediante el uso de las tres potencias.
Aunque evidentemente siempre que obramos como hombres las usamos: memoria,
entendimiento y voluntad; también en la oración, aplicando de forma ordenada y
reflexivamente dichas facultades, a una materia con un fin espiritual, hacemos lo que se
dice meditación.

La materia suele ser de carácter más abstracto y común en la primera semana sobre los
pecados, también la meditación de las dos banderas y los tres binarios, por eso no son
contemplaciones. Buen método para dar forma y manera de orar para éstas verdades:
que la memoria nos recuerde las palabras y hechos que contienen, el entendimiento
penetre el sentido y la voluntad mueva los afectos que de ellas nacen y sean más
convenientes a nuestras almas, según sea el fruto que buscamos en aquella meditación.

23
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

Así dice el santo que en la meditación el acto de mayor importancia es “mirar a mí


mismo” [51], “comparar” [52] y más frecuentemente “reflectir” [106]. Este reflectir es
lo que da el sentido más práctico de la meditación.

Aunque diga san Ignacio que es propio de este modo de orar el ejercicio de las tres
potencias no por ello los otros modos que enseña presentan ese mismo aspecto.

2ª. Contemplación
La mayoría de ejercicios propuestos por San Ignacio son contemplaciones. Aquí se
cuentan todas las horas de oración acerca de la vida, pasión y resurrección de nuestro
Señor Jesucristo, materia propia de las tres últimas semanas.

San Ignacio fue un gran contemplativo, hábito nacido del ejercicio de las facultades y
no de la infusa que es don gratuito del Espíritu Santo. Llama materia de contemplación
las cosas visibles. Hace consistir el ejercicio en “ver las personas” [106], “oír lo que
hablan” [107] y “mirar lo que hacen” [108]; y todo esto no como distante sino que
espiritualmente son algo actual y presente “como si presente me hallase” [114]. Y por
cierto el reflectir, ejemplifiquemos en el segundo y tercer puntos de la contemplación
del Nacimiento “El segundo: mirar, advertir y contemplar lo que hablan; y
reflexionando en mi interior sacar algún provecho” [115]; “El tercero: mirar y
considerar lo que hacen, como por ejemplo caminar y trabajar, para que el Señor nazca
en suma pobreza, y al final de tantos trabajos, de hambre y sed, de calor y de frío, de
injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí; después, reflexionando, sacar
algún provecho espiritual” [116]. No puede ser más claro, el santo no quiere que la
contemplación sea puramente especulativa, estética, sentimental ni golosa, antes
práctica y, de una gran fuerza espiritual. De tal modo que la contemplación sensible
eleve su espiritual mirada a cosas más altas e independientes de la materia.

Esto es lo que pedimos “conocimiento interno” [104] de Jesucristo en todas las


contemplaciones de la segunda semana. Sólo los ojos clarísimos del alma, iluminada
por la gracia, pueden entrar tan adentro. En la segunda semana éste es el fruto, en la
tercera y cuarta pasa a ser materia esencial.

3ª y 4ª. Repetición y Resumen


Estos ejercicios consistirán en meditar y contemplar la misma materia de los ejercicios
pasados, aunque con sus notas propias. La repetición, según San Ignacio, consiste en
repasar los mismos puntos antes meditados “notando y haciendo pausa en los puntos
que he sentido mayor consolación o desolación o mayor sentimiento espiritual” [62]. En
el resumen “digo resumir, porque el entendimiento, sin divagar, ha de ir repasando
asiduamente los recuerdos de las cosas contempladas en los ejercicios pasados y hacer
los mismos tres coloquios” [64].

Diríamos que la repetición va dirigida a reforzar el sentimiento haciéndole golpear de


nuevo aquella roca dura que la primera vez se resistió y sería más propio de la
contemplación. En el resumen tiende a dejar bien clavadas las ideas en el entendimiento

24
Federico Marfil Mur

y sería más propio de la meditación. Pero ambos modos van directamente a la oración
de simplicidad tanto de ideas como sentimientos.

5ª. Aplicación de sentidos


Último ejercicio que precede a la cena y cuya materia son los misterios contemplados y
repetidos durante el día. “Traer los sentidos”, como dice el santo “aplicar los cinco
sentidos de la imaginación por la primera y segunda contemplación” [121].

El Directorio oficial de los Ejercicios dedica un capítulo especial para la aplicación de


los sentidos, publicado en 1591, que dicen así algunos de sus puntos: “El quinto
ejercicio, que es aplicación de sentidos, es muy fácil y útil, imaginando que vemos las
personas, y que oímos las palabras o el ruido si alguno hay; que tocamos o besamos los
lugares o las personas, cosa que debe hacerse con gran reverencia, modestia y temor. El
olfato, nuestro Padre San Ignacio lo aplica a oler la fragancia del alma por los dones de
Dios, y el gusto, a saborear la dulzura; cada uno de los cuales pide cierta presencia del
objeto o de las personas que meditamos, acompañada de gusto y de tierno amor hacia
ellos.” “La aplicación de sentidos se distingue de la meditación, en que la meditación es
más intelectual y se entretiene más en el discurso y es mucho más elevada; como que
discurre por las causas de aquellos misterios y por los efectos, investigando en ellos los
atributos de Dios, como son la sabiduría, caridad y demás. Pero la aplicación de
sentidos no discurre, sino que sólo se detiene en aquellas cosas sensibles, mirando,
oyendo y haciendo otros actos, en los cuales se goza con deleite y fruto espiritual.”
“Don son los provechos: cuando el alma no puede contemplar cosas más profundas,
deteniéndose en los sentidos se prepara poco a poco para elevarse a aquellas cosas más
altas; o por el contrario, cuando el alma ya está muy llena de devoción por el
conocimiento de aquellos misterios más altos, bajándose a estas cosas sensibles, por
todas partes halla abundante pasto, consolación y fruto, debido a que la abundancia del
amor hace apreciar en mucho las cosas más insignificantes, hallando en ellas materia de
amor y consolación.”8

Mucho se ha escrito al respecto sobre la aplicación de sentidos y no todos son unánimes


en estos ejercicios. Son diferentes los Directorios los cuales unos quieren que de los
sentidos pase hasta llegar a la razón unos se dedican más a poner al ejercitante como
presente con la imaginación en los misterios que se han contemplado, otros los dejan
más a la prudencia del director explicar más la una o la otra: los sentidos más
imaginativos o los de la razón. Cierto es que en aquellas época se tachaba rápidamente
de iluminados a los que tenían cierta espiritualidad original o desviada y no querían caer
en eso.

Pero pasemos a las palabras de San Ignacio: “La quinta será aplicar los cinco sentidos
sobre los temas de la primera y segunda contemplación. Oración. Después de la oración
preparatoria y de los tres preámbulos, aprovecha aplicar los cinco sentidos de la
imaginación por la primera y segunda contemplación de la manera siguiente: Primer
punto. El primer punto. El primer punto es ver las personas con la vista de la
8
Directorium in Exercitia Spiritualia, cap. XXI

25
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

imaginación, meditando y contemplando en particular sus circunstancias; y sacar algún


provecho de lo que vemos. Segundo punto. El segundo: oír con el oído lo que hablan o
pueden hablar, y reflexionando en mi interior sacar algún provecho de ello. Tercer
punto. El tercero: oler y gustar con el olfato y con el gusto la infinita suavidad y dulzura
de la divinidad, del alma y de sus virtudes y de todo, según fuere la persona que se
contempla, reflexionando en sí mismo; y sacar provecho de ello. Cuarto punto. El
cuarto: tocar con el tacto, por ejemplo abrazar y besar lugares donde esas personas pisan
y están colocadas, procurando siempre sacar provecho de ello.” [121-125] Aquí la
materia de contemplación es nueva “la infinita suavidad y dulzura de la divinidad”, y
también el modo proporcionado de contemplarla: “gustad y ved que bueno es el Señor”9
dice el salmista, esto es la puerta misma de la contemplación mística. Siempre el santo
lo hace acabar con un coloquio.

Sobre este tema se ha puesto también muy en relación la aplicación de sentidos con
otros puntos donde el santo también nombra mucho la vista, como por ejemplo [66,
114-116]. Padre Luis de Lapuente dice al respecto sobre los sentidos espirituales “así
como el cuerpo tiene sus cinco sentidos exteriores con que percibe las cosas visibles y
deleitables de esta vida y toma experiencia de ellas, así el espíritu, con sus potencias de
entendimiento y voluntad, tiene cinco actos interiores, proporcionados a estos sentidos,
que llamamos, ver, oír, oler, gustar y tocar espiritualmente, con los cuales percibe las
cosas invisibles y deleitables de Dios, y toma experiencia de ellas. De donde nace la
noticia o conocimiento experimental de Dios, que excede incomparablemente a todos
los conocimientos que proceden de nuestros discursos; así como se conoce mucho
mejor la dulzura de la miel gustando un poco de ella, que haciendo grandes discursos
para conocerla. Y así por estas experiencias se alcanza la Teología mística, que es la
sabiduría y ciencia sabrosa de Dios; la cual se alcanza por medio de estos cinco sentidos
interiores de los cuales hacen mucha mención la Sagrada Escritura, y los Santos Padres,
especialmente San Agustín, San Gregorio, San Bernardo y otros; cuyos dichos
largamente trae San Buenaventura en el Tratado de los siete caminos de la eternidad, en
el camino sexto.”10 Y sigue declarando cómo hacerse dicha aplicación de sentidos
añade: “Es un modo, más de contemplación que de meditación; porque la meditación
discurre de una cosa en otra buscando verdades escondidas, como hasta aquí se ha
hecho; pero la contemplación es una vista sencilla de la verdad, sin variedad de
discursos, con grandes afectos de admiración y amor; y como regularmente se alcanza
después de la meditación, así después de haber meditado estos misterios de Cristo
nuestro Señor, es bien dar otra vez vuelta sobre cada uno con este modo de
contemplación afectuosa, que llamamos aplicación de sentidos; porque así como los
sentidos perciben sus objetos, y se deleitan y saborean en ellos, así en esta
contemplación los sentidos perciben sus objetos, y se deleitan y saborean en ellos, así en
esta contemplación los sentidos interiores del alma, que son sus mismas potencias
interiores, con la variedad de sus actos sin nuevos discursos, presuponiendo los que se
han hecho en otros tiempos, perciben estas verdades y sacan de ellas afectos

9
Salmo 33, 9
10
P. Luis de La Puente S.J., Meditaciones espirituales, (1961) Madrid, Editorial Testimonio

26
Federico Marfil Mur

maravillosos de devoción, previniéndolo nuestro Señor con su especial gracia, sin la


cual no acertaremos a entrar en tal modo de contemplación.”11

Si el Señor se digna tocar el alma mediante alguna gracia, en ese mismo punto saboreará
ésta suavidad y dulzura de la divinidad, cosa que suele acontecer en los Ejercicios. Las
consolaciones son poderosa ayuda, son causa en el alma justa. Muy importante son las
reglas de discreción de espíritus de primera y segunda semana.

6ª, 7ª y 8ª. Tres maneras de orar


En la definición que San Ignacio da de los Ejercicios en la primera de la anotaciones
distingue entre “meditar, contemplar y orar vocal y mentalmente” [1]. La manera de
saber juntar la oración mental con la vocal la enseña en los “tres modos de orar” que
pone al final de la cuarta semana después de la “contemplación para alcanzar amor”
[238-260]. En los tres, la materia de meditación son las oraciones del catecismo; o
alguna de las oraciones litúrgicas, y en torno de ellas gira todo el trabajo mental. Este
difiere mucho en cada uno de los tres modos de orar.

El primer modo viene a ser una especie de examen de conciencia instructivo y a la vez
agradable sobre los mandamientos de la ley de Dios, pecados capitales, potencias del
alma y sentidos corporales. Sobre esto pensar cómo se ha observado y se ha faltado;
acusarse de las faltas; pedir perdón a Dios; y pedir gracia para enmendarse [238-248].

El segundo modo la mente se ocupa entreteniéndose “contemplando la significación de


cada palabra de la oración” [249] mientras halle en ella “significaciones,
comparaciones, gusto y consolación en consideraciones pertinentes a tal palabra” [252].
La oración meditada es una plegaria, como el Padrenuestro, el Avemaría… [253] y
también acto de esperanza, de contrición, etc. [249-257].

El tercer modo la materia son las oraciones antes dichas pero ahora la mente se reduce a
atender, reparando “principalmente en la significación de tal palabra, o en la persona a
quien reza, o en la bajeza de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza
propia” [258], y todo esto mientras se va rezando lentamente la oración, a compás del
aliento o respiraciones [258-260].

A estos tres modos les da el santo una forma semejante a la de un ejercicio ya conocido:
una oración preparatoria, un coloquio y plegaria. “primeramente, hágase el equivalente
de la segunda adición de la segunda semana (n.131), es a saber: antes de entrar en la
oración repose un poco el espíritu, sentado o paseándose, como le parecerá mejor,
considerando a dónde voy y a qué; y esta misma adición se hará al principio de todos
los modos de orar” [239].

Los modos de orar no entran en el cuadro de las meditaciones y contemplaciones de las


semanas, encaminadas todas ellas a la consecución del final total y esencial de los
Ejercicios; refleja el espíritu de la cuarta adición, lo que dice en el segundo modo de
orar “El segundo modo de orar es que la persona, de rodillas o sentado, según se halle

11
Ibídem

27
San Ignacio de Loyola Sobre la oración
La oración en los Ejercicios Espirituales

más dispuesto y como más devoción le acompañe, teniendo los ojos cerrados o fijos en
un lugar sin andar variando con ellos, diga ‘Padre’, y esté en la consideración de esta
palabra todo el tiempo que halle significaciones, comparaciones, gustos y consolación
en consideraciones a propósito de esa palabra; y de la misma manera haga en cada
palabra del Padrenuestro, o de otra oración cualquiera con la que quiera orar de esta
forma.” [252] También expone, como si fuera un ejercicio normal, que en la palabra
donde encuentre buena materia o consolación que no pase adelante y al final de la hora
diga una oración sea vocal o mentalmente [253-254].

Quiere San Ignacio que los que hacen los Ejercicios típicos de un mes, se ensayen en
ellos antes de salir, al fin de la cuarta semana. Esto también dará al ejercitante pauta
para la oración diaria que ha de hacer durante algún tiempo al salir del mes de
Ejercicios. Parece que San Ignacio deseaba que el ejercitante continuase la meditación y
contemplación de la vida de Jesucristo hasta acabarla, y ésta tal vez sea la razón por qué
puso a continuación de los tres modos de orar la serie de misterios reduciéndolos a tres
puntos cada uno. Así se lee en la nota de la segunda semana, después del día doce, sobre
alargar o acortar los días y los misterios. Da la facultad para hacerlo y enseña el modo
de cómo debe hacerse, dando por razón “que esto es dar una introducción y modo para
después mejor y más cumplidamente contemplar” [162].

Es precisamente la cosa más natural que San Ignacio señale materia para la oración
diaria del ejercitante. Precisamente al salir de un ambiente de recogimiento a la vida
ordinaria más fría y agitada, el ejercitante necesita tomar preocupaciones especiales para
que no se desvanezcan las buenas disposiciones alcanzadas con tanto esfuerzo en el
tiempo de Ejercicios.

Así también sobre los tres modos de orar su aplicación también se puede dar a
diferentes tipos de personas:

La primera para las personas que no pueden hacer los Ejercicios típicos sea por falta de
capacidad, voluntad, tiempo… compone unos Ejercicios de primer grado con el primer
modo de orar, según el siguiente plan: “Se puede dar el examen particular, y después el
examen general; juntamente por media hora a la mañana el modo de orar sobre los
mandamientos, pecados mortales, etc., comendándole también la confesión de sus
pecados de ocho en ocho días, y si puede tomar el sacramento de quince en quince y si
se afecta mejor de ocho e ocho. Esta manera es más propia para personas más rudas o
sin letras, declarándoles cada mandamiento, y así de los pecados morales, preceptos de
la Iglesia, cinco sentidos y obras de misericordia” [18]. Estos “Ejercicios” daba San
Ignacio en Manresa y Alcalá a la gente sencilla. San Ignacio lleva aquí la intención de
enseñar con estos tres modos de orar, el camino de la oración mental.

Del segundo se puede decir que es un medio cómodo para adiestrar a los hombres en la
meditación y contemplación, para someter el alma a la dirección del Espíritu Santo. Si
un alma entra por este camino de seguro que Dios le elevará, sería como la
contemplación casera al alcance de todos.

28
Federico Marfil Mur

El tercer modo de orar es el segundo, pero abreviado o simplificado para personas a


quienes las circunstancias no les permiten tener una hora de oración y sólo disponen de
un corto tiempo. Podemos también ver un modo excelente para todos aquellos que por
obligación han de cantar diariamente las divinas alabanzas, enseña el alma del canto
litúrgico.

No puede menos de causar admiración, el ver la riqueza y variedad de métodos de


oración enseñados por este gran Santo en tan pocas páginas, tan acomodados a toda
clase de personas, y todos tan sólidos y tan aptos para acercarse a Dios nuestro Señor.

29
San Ignacio de Loyola Anexo
La oración en los Ejercicios Espirituales

ANEXO
DEL USO DE LAS POTENCIAS NATURALES Y DE LA
CONSOLACIÓN ESPIRITUAL EN LOS EJERCICIOS12

1. Introducción
En el artículo de Enero “La consolación de índole ascética en San Ignacio” se expuso la
teoría sobre los tres estados de espíritu que el padre Luis de La Palma, en su certera
interpretación que descubre en el libro de los Ejercicios: 1) consolación, 2) desolación o
tentación y el 3) de mera tranquilidad o serenidad como intermedio entre los dos
anteriores.

En el artículo de Abril “Los tres estados de espíritu en el libro de los Ejercicios” se


propuso demostrar que la teoría del Padre Luis de La Palma acerca de los tres estados de
espíritu, expuesta en el número de Enero, adivina y refleja fielmente el pensamiento de
San Ignacio. Los tres estados del alma, capítulos 28 y 29 del Camino espiritual del
padre La Palma.

 Consolación[316]
3ª Regla: “La tercera, de consolación espiritual: llamo consolación cuando en el
alma se produce alguna moción interior, con la cual viene el alma a inflamarse
en amor de su Criador y Señor, y como consecuencia ninguna cosa criada sobre
la faz de la tierra puede amar en sí, sino en el Criador de todas ellas. También es
consolación cuando se derrama lágrimas que mueven a amar a su Señor, sea por
el dolor de sus pecados, o por la Pasión de Cristo nuestro Señor, o por otras
cosas ordenadas derechamente a su servicio y alabanza. Finalmente, llamo
consolación todo aumento de esperanza, fe y caridad y toda alegría interna que
llama y atrae a las cosas celestiales y a la propia salud de su alma, aquietándola
y pacificándola en su Criador y Señor”.

Cuando faltan las consolaciones puede quedar el alma en uno de estos dos estados:

 Desolación[317]
4ª Regla: “La cuarta, de desolación espiritual. llamo desolación todo lo contrario
a la tercera regla; así como oscuridad del alma, turbación en ella, inclinación por
las cosas bajas y terrenas, inquietud de varias agitaciones y tentaciones,
moviendo a desconfianza, sin esperanza, sin amor, hallándose el alma toda
perezosa, tibia, triste y como separada de su Criador y Señor. Porque así como la
consolación es contraria a la desolación, de la misma manera los pensamientos
que salen de la consolación son contrarios a los pensamientos que salen de la
desolación”.
12
Sobre el número del mes de julio de 1934, del artículo del Padre Orlandis, en la revista Manresa

30
Federico Marfil Mur

 Tercer_estado
Intermedio entre consolación y desolación, o sea, del estado de mera
tranquilidad y serenidad: “Otro estado diferente de éste, es medio entre la
consolación y la desolación, cuando el alma ni es movida del espíritu ni agitada
del malo, sino que goza de una natural tranquilidad y serenidad. De esta
disposición del alma hizo mención nuestro Santo Padre en los tres tiempos de la
elección [175-178], cuando habiendo hablado en el primero y en el segundo del
tiempo de las consolaciones divinas, dijo del tercero: El tercero es tiempo
tranquilo, y más abajo: Dije tiempo tranquilo, cuando el ánima no es agitada de
varios espíritus y usa de sus potencias naturales, libera y tranquilamente. Esta
tranquilidad de espíritu, dijo nuestro santo Padre, que por lo menos se sacaba del
retiramiento y soledad, como arriba dijimos, y se saca de aquellas palabras de la
anotación 20, donde dice: Estando así apartado, no teniendo el entendimiento
partido en muchas cosas, poniendo todo el cuidado en una sola, es a saber, en
servir a su Criador, y aprovechar a su propia ánima, usa de sus potencias
naturales más libremente para buscar con diligencia lo que tanto desea”

Hallamos, pues, en el espíritu tres diferentes estados:

 Uno de consolación, en que es movido del espíritu bueno


 Segundo de desolación, en que es movido y agitado ordinariamente del malo
 El tercero, medio, de serenidad y quietud, con que usa de sus potencias
libremente y a su voluntad.

“Así como los navegantes experimentan estas tres maneras de tiempos en la mar, uno de
viento favorable; otro de viento contrario y de tempestad; tercero, de tiempo tranquilo y
sosegado, en el cual, aunque no se pueden ayudar mucho de la vela, pero se ayudan con
más facilidad del remo”. Aunque después en el artículo de abril afirma que San Ignacio
en ningún lugar de su libro formula en forma esquemática esta división tripartita, esto se
debe al buen análisis que hace el padre La Palma de los Ejercicios y que por tanto no
dudamos de él y de la veracidad de la reconstrucción del cuerpo doctrinal de San
Ignacio.

2. Objetivos
En el presente artículo que nos ocupa nuestro trabajo, publicado en la revista Manresa
en julio de 1934, “Del uso de las potencias naturales y de la consolación espiritual en
los Ejercicios” se continúa exponiendo sobre el comentario del padre La Palma al libro
de los Ejercicios de San Ignacio. Sobre los estados sería mejor no pretender hacer una
división tal que no se pueda franquear y que éstos queden totalmente delimitados. Es
decir, en este tercer estado, sólo se excluirían aquellas consolaciones o desolaciones que
hagan innecesario o contraproducente el uso discursivo de las potencias naturales.
Aunque ciertamente pensamos que así también lo quiso decir el padre La Palma. En el
artículo de abril se expuso estas consolaciones y desolaciones que ejercían influencia,
ahora se concretará mejor y se pondrá en claro.

31
San Ignacio de Loyola Anexo
La oración en los Ejercicios Espirituales

Objetivos sobre este tercer estado: 1) posibilidad y legitimidad; 2) normalidad; 3)


conducencia para el fin de los EE.EE; 4) raíz de la divergencia entre el padre La Palma
y el padre Jaime Nonell. Los dos primeros ya fueron expuestos en el artículo de abril.
En este artículo tratará de la conducencia (1: en sí misma y 2: para el fin de los
Ejercicios) y dejará para otro artículo posterior la divergencia entre ambos autores (el
padre La Palma y el padre Jaime Nonell).

Como se expuso en anteriores artículos la posibilidad, legitimidad y la normalidad sería


bueno hacer un breve resumen antes de adentrarnos sobre la conducencia, precisamente
para su mejor comprensión. Se comentó sobre si reconocía el padre La Puente las
consolaciones de tipo ascético además de las místicas (concluyendo negativamente) y
comparándolas con la doctrina de Santa Teresa sobre los contentos y los gustos.
Después hablaba el padre Orlandis, sobre las dos maneras de obrar (con o sin la gracia,
de las consolaciones) que se corresponden con los tres estados de espíritu:

 Primera manera de obrar:


o Segundo estado de espíritu (de desolación)
o Tercer estado de espíritu (de tranquilidad y serenidad natural). No es la
ausencia total de consolaciones, más solamente de las características del
primer estado, de las sobrenaturales o místicas; sería presencia de
consolaciones de orden ascético, las adquiridas como dice Santa Teresa,
las cuales suelen ser fruto connatural de esta primera manera de obrar.
 Segunda manera de obrar:
o Primer estado o de consolación. Se caracteriza por la presencia de
consolaciones de orden místico o sobrenatural, las cuales son fuente de
este segundo modo de obrar.

Según parece el padre La Palma reserva el término consolación espiritual para el primer
estado de espíritu y por tanto el segundo modo de obrar, pero vemos en San Ignacio que
las consolaciones ascéticas también se encuentran, pues, como dice Santa Teresa, son
término del ejercicio del entendimiento que medita y la voluntad, se hace también con el
auxilio divino. Y así dice el padre Orlandis que es como buscar agua en el mar ver esto
en los Ejercicios. Aunque si observamos bien también el padre La Puente, en el capítulo
12 del “Camino espiritual” que los gustos y consolaciones, al distraerse el
entendimiento, llegan al alma por la meditación. Esto parece alejarse de las
consolaciones del primer estado sino de orden ascético aunque como hemos dicho
siempre con el auxilio divino.

Se concluía que los estados de consolación y desolación no son muy extraordinarios


sino todo lo contrario. De hecho, San Ignacio dice en la anotación 6ª “el que da los
ejercicios, cuando siente que al que se ejercita no le vienen algunas mociones
espirituales en su ánima, así como consolaciones o desolaciones ni es agitado de varios
espíritus, mucho le debe interrogar acerca de los ejercicios, si los hace, a sus tiempos
destinados y cómo, asimismo de las adiciones, si con diligencia las hace, pidiendo
particularmente de cada cosa destas”. Vemos que les da mucha importancia.

32
Federico Marfil Mur

Sobre el tercer estado (el de mera tranquilidad), se podría dar confusión con el de
consolación, como si esta tranquilidad pudiera ser una manera legítima de consolación.
Se expone un comentario a la sexta anotación de los Ejercicios del padre Jaime Nonell,
dice resumidamente que el no tener consolaciones o desolaciones, en quien está
haciendo los ejercicios, resulta que nos los está haciendo bien. El padre Nonell, de
hecho, identificaba en el mismo estado el de tranquilidad y el de consolación (el tercero
y el primero según el padre La Palma). No es que sean opuestos sino que el padre La
Palma, en este tercer estado intermedio, lo considera legítimo y querido por Dios para
alcanzar también el fin de los Ejercicios pero sin embargo parece que el padre Nonell lo
considera como tibieza o flojedad. El padre Orlandis se decanta más por la explicación
del padre La Palma como la que más refleja la doctrina ignaciana.

Y así vamos ya a la posibilidad, la legitimidad y la normalidad del tercer estado


haciendo un brevísimo resumen:

 La posibilidad es indiscutible:
o Por la anotación 6ª ya aludida
o Como consecuencia de las reglas 3ª y 4ª, ya que las de desolación no dice
ausencia de consolación como una oposición contradictoria (en la que no
cabe término medio) sino como oposición de contrariedad (en la que sí
que cabe)
 La legitimidad: Deja Dios al alma para corrección y enmienda de sus faltas que
aunque en el concepto nada se incluya de malo excluye sin embargo la
consolación que es de tipo más elevado.
o Lo analizamos en la 7ª regla de 1ª semana: se expone como el alma de la
consolación ha pasado a la desolación pero sin embargo podría quedarse
en un estado intermedio, dejada en prueba de sus potencias naturales.
o Así también en la 9ª para probarnos hasta donde estamos dispuestos a
llegar sin consolaciones
 La normalidad:
o En la anotación 6ª: Una cosa es la mera tranquilidad y la otra la pereza o
tibieza. De hecho San Ignacio no condena a priori al que no está en
consolación o desolación, así tampoco lo que busca el ejercitante parece
que es propiamente la consolación o desolación sino algo inferior como
un estado afectivo.
o El tercer tiempo para hacer elección: tiempo tranquilo, cuando el alma no
es agitada de varios espíritus y usa de sus potencias naturales libre y
tranquilamente.
 Se aclara con [178] Si en el primero o en el segundo tiempo no se
hace elección, entonces en este tercer tiempo hay dos modos para
hacerla. Parece que puede ser perfectamente compatible con el
movimiento del espíritu para poder ver la voluntad de Dios y así
poderla elegir. Aquí sería el modo de elegir prudente y razonable.

33
San Ignacio de Loyola Anexo
La oración en los Ejercicios Espirituales

Y así las explicaciones del padre La Palma serían un poco


inexactas
 Cuando se habla de tres tiempos de elección se ponen tiempos
diferentes según circunstancias en que el ejercitante puede
hallarse para conocer la voluntad divina. El tercero hace
referencia a la deliberación prudencial. Se dice:
 Que el ejercitante puede hacer uso de las potencias
naturales ya que no tiene el entendimiento partido.
 Debe valerse de la deliberación prudencial, como camino
único al no hallarlo en los dos tiempos anteriores, pero si
ya se hubiese hallado sería inútil ir al tercer tiempo.
 Entonces en el tercer tiempo lo que se desecha son la
agitación de varios espíritus que dificulta el uso tranquilo
de las potencias naturales.
 Advertimos que los Ejercicios no es un libro de ciencia
escolástica sino un método de curación y robustecimiento
espiritual, no tan teórico sino más práctico.
 Se concluye con el padre La Palma que en la mente de San
Ignacio se quieren los tres tiempos con diferencias de matices
siendo el santo más práctico y el padre La Palma más escolástico.
o La anotación 20: ”al estar así apartado, y no tener el entendimiento
dividido en muchas cosas, sino poniendo todo el cuidado en sólo una, es
a saber, un servir a su criador y aprovechas a su propia alma, usa de sus
potencias naturales más libremente, para buscar con diligencia lo que
tanto desea”.
 Comenta el Padre La Palma que esta tranquilidad se sacaba del
retiramiento y la soledad y así hallamos tres estados: consolación,
desolación y el tercero, medio, de serenidad y quietud con que
usa de sus potencias libremente y a su voluntad.
 San Ignacio también lo comentará en el Directorio y así con el
Padre La Palma afirmamos un tercer estado en el cual no se dan
consolaciones ni desolaciones (propiamente hablando) sino del
uso tranquilo de las potencias naturales con el auxilio de la gracia
para buscar y hallar lo que desea. Así sería más una disposición
para buscar después lo que desea que no se da tanto en este tercer
estado. En este estado uno se dispone confiadamente esperando
en su Criador y Señor.

34
Federico Marfil Mur

3. Conducencia del tercer estado de espíritu


Y por fin pasamos ya a la conducencia. Aunque parecería que al afirmar la posibilidad,
la legitimidad y la normalidad de este tercer estado nada añadiríamos al exponer la
conducencia, pues cómo podría ser algo bueno y normal en los Ejercicios que no
conduzca al fin de los mismos. Pero aclarando conceptos se podrá ver con mejor
exactitud a lo que nos referimos.

Al afirmar la legitimidad se concluye que nada hay de malo en dicho estado y sobre la
normalidad que nada de extraño hay en ello que no caiga en la previsión en la mente de
San Ignacio. Así podemos pasar a la conducencia como un mejor estudio que lo
anterior.

Concepto general de conducencia: especie y grado

El término conducencia refiere a virtud, energía, influjo o por lo menos guía o dirección
para alcanzar un fin. Conceptos de conducencia:

 Conducencia ocasional: lo que lleva al fin no como causa o medio sino mera
ocasión. Así por ejemplo el segundo estado de desolación no lleva al fin sino
que es ocasión para el combate que sí que lleve al ejercitante al fin.
 Conducencia negativa: ausencia de algo que impide la consecución de lo que se
busca.
 Conducencia positiva: propia para obtener el efecto o medio ordenable a la
consecución del fin. Esta es la que se atribuye al tercer estado. Aunque supone
en el alma vida espiritual fecunda para que pueda trabajar por sus potencias
naturales.

4. El tercer estado de espíritu conduce positivamente al fin de los


Ejercicios
El tercer estado de espíritu conduce positivamente al fin de los Ejercicios, aunque no
atribuimos aún una conducencia suficiente, sino diríamos que sin salir de este estado se
podría llegar a alcanzar el bien que los Ejercicios prometen. Sabemos que el fin último
de los Ejercicios es hallar lo que quiere, desea y busca el ejercitante o algún fin próximo
que sirva por grados al total. La pregunta es si puede valiéndose solo del uso libre y
tranquilo de las potencias naturales.

Con San Ignacio decimos que este uso tiene un valor positivo para buscar, tanto el fin
último como los parciales que en los Ejercicios se han de querer y desear; este valor es
suficiente para hallarlo más o menos plenamente los fines particulares tomados de uno
en uno; pero hallarlos todos colectivamente, uno tras otro sin desfallecer ni extraviarse
de momento ni afirmamos ni negamos.

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San Ignacio de Loyola Anexo
La oración en los Ejercicios Espirituales

Comprobación de lo propuesto

En el artículo de abril ya lo expusimos donde aparece el uso de estas potencias en el


libro de los Ejercicios:

 [20] La anotación 20: provecho el apartarse y retirarse para no tener el


entendimiento partido sino puesto solo en una: servir a su Criador para buscar lo
que desea.
 [178]] El tercer tiempo de elección: tranquilo sin ser agitados de varios espíritus.
Si no se puede hacer elección en los tiempos anteriores se sigue éste (un no
dirigirse por consolaciones o desolaciones sino desde el auxilio divino no
claramente sentido por las potencias naturales).
 [320] 7ª regla primera semana: en desolación ver como el Señor le deja en
prueba en sus potencias naturales para resistir con el auxilio divino.

- Significación: en el [320] nota la exclusión de algo sobrenatural (en la que entraría la


consolación) pero no la gracia en general o suficiente. Se da:

 Para probar cuanto es y se alarga en el servicio y alabanza de Dios, sin tanto


estipendio de consolaciones y gracias.
 No se excluye el auxilio general o gracia suficiente, sería error grave, ya que no
se puede hacer nada agradable a Dios sin su gracia (no se puede hacer nada
sobrenatural sino por la gracia). Dice del auxilio no sentido.
 Lo que se excluye es este auxilio claramente sentido: el hervor, crecido amor y
gracia intensa: la consolación.

- Valor del “usar de las potencias naturales”: se precisa de deliberación discursiva, al


declarar los modos de elección en el tercer tiempo: Parecido a las meditaciones por el
uso de las potencias (entendimiento y voluntad), el discurso intelectivo en sinónimo del
uso de las potencias naturales.

- Libertad y tranquilidad en el usar de las potencias naturales:

 Liberad: concentrando, atención e intención, en una sola cosa: en servir a su


Criador y aprovechar a su propia ánima. Supone ausencia de distracciones y
divagaciones
 Tranquilo: se añade a lo anterior que el alma no es agitada de varios espíritus.
Así resiste en fidelidad a las tentaciones.

Argumento para comprobar y declarar la conducencia positiva del tercer estado


de espíritu para el fin de los Ejercicios

Reconocemos con san Ignacio que el ejercitante puede hallarse por un espacio de
tiempo en este estado de espíritu que para adelantar deberá usar libre y tranquilamente
de las potencias naturales ayudadas del auxilio general de la gracia. Este tiempo puede
coincidir con el de elección, momento más trascendental en los Ejercicios. Se

36
Federico Marfil Mur

caracteriza por la ausencia de consolaciones y desolaciones. Es el tercer estado que


expone el padre La Palma (intermedio).

Por tanto san Ignacio reconoce que sin salir de este estado, con el sólo uso de las
potencias naturales libre y tranquilamente, con el discurrir del entendimiento ayudado
del auxilio divino, se puede llevar a cabo la elección. Así se elige no tanto a donde se
inclina la moción espiritual sino la razón, no por la experiencia de consolaciones o
desolaciones y la discreción de varios espíritus. En este uso de las potencias también
mueve la gracia aunque no se sienta, si se discurre bien y fielmente conforme la
voluntad de Dios.

Hecha la elección o deliberación debe el ejercitante ofrecérsela a Dios, para que su


majestad la quiera recibir y confirmar, siendo su mayor servicio y gloria [183]. Dios por
otros caminos fuera de las mociones espirituales puede confirmar la elección: por el
director, por los acontecimientos… en este estado se puede conocer la voluntad de Dios,
elegirla con resolución definitiva de cumplirla y que te la confirme. Y esto también
sirve análogamente para cada meditación, examen particular, resistir tentaciones,
practicar las virtudes, etc. Con esto se ve claramente cuan errados eran los que
exageraban absolutizando las consolaciones en los Ejercicios. Se ve en este estado se
puede alcanzar tanto frutos definitivos como elección como particulares mencionados.

Por eso no tan solo el ejercitante puede buscar sino también hallar. Queda de manifiesto
que en la primera semana [4] “unos son más tardos para hallar lo que buscan”, da a
entender que en el tercer estado se puede lograr el fruto propio de la primera semana (si
no hubiese dicho que unos son más tardos en recibir consolaciones).

Confirmación de lo dicho

1. Las potencias naturales de por sí mismas no conduce al fin sobrenatural sino


elevadas por la gracia.
2. Esta infusión por las virtudes teologales (fe: por la que poseemos la verdad;
esperanza: por la que conforta en la lucha; y caridad: reina y forma de las
virtudes, radicada en la fe de que Dios es para los hombres Señor amorosísimo,
de quien todo lo reciben y en espera hasta la posesión eterna de su infinita
bondad, amigo del alma) y morales (poniendo orden sobrenatural en las
potencias del alma: para que la sensualidad obedezca a la razón) y gracias
actuales.
3. Estos elementos pueden estar en estado latente (las gracias no sentidas), se
puede ocultar por la tibieza o por el estado en que le deja Dios para probarle.
Los Ejercicios despiertan el alma.
4. Esta es la razón más íntima de la conducencia positiva de este tercer estado: con
arte maravilloso y divino se obliga al ejercitante a poner todas sus fuerzas en
cooperar a la gracia.

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San Ignacio de Loyola Anexo
La oración en los Ejercicios Espirituales

Escolio
Los dos modos de obrar en el libro de los Ejercicios

Sobre la conducencia del tercer estado no tan sólo es muy buena sino también
suficiente. Como se ha dicho ha de ser libre y tranquilo el ejercicio de las potencias
naturales.

Índole del influjo que la consolación ejerce en la actividad espiritual del ejercitante

Es innegable la influencia de la consolación, definida y estudiada en las reglas de


discreción. Su obrar se hace más fácil, rápido y fecundo. No solo las ventajas en
comparación con la desolación sino con las del tercer estado también. Nos seguimos
sirviendo de la anotación 20, del recogimiento comporta un mayor grado de libertad en
el uso tranquilo de las potencias naturales para el fin de los Ejercicios “buscar con
diligencia lo que desea”. Este provecho viene a ser para estar mejor dispuesto a recibir
la consolación.

Efectos de la consolación:

 1ª Hipótesis: Meramente accidental: grado más subido para mejor acertar en el


uso de las potencias (naturalmente llamado euforia). Los que esto admiten
niegan que el efecto sea sacar al alma de su modo connatural de obrar, sería algo
seminatural la consolación atribuyéndola solo una atribución general a Dios
(como todas las obras naturales y de gracia).
 2ª Hipótesis: No meramente accidental: supone la admisión de los dos modos de
obrar ya expuestos. Son distintos esencialmente ya que responden a dos maneras
de como Dios mueve al alma y así las dos maneras de obrar:
o Se distinguen en su origen: de tal manera mueve al alma que también se
mueve a sí misma, en el segundo modo de tal manera es movida como si
ella no se moviera y su libertad consiste en dejarse mover por Dios, no
resistir.
o Diversos en su desarrollo: 1) de manera humana, propios de nuestro
entendimiento y voluntad; 2) los actos aún nuestros se dice que Dios los
obra en nosotros, por ser movidos por un principio superior: obrar
sobrenatural

Partidarios de la primera hipótesis: la mística no significa sino revelaciones, visiones,


raptos, etc. sería la gracia gratis data y puede recibirlas un pecador y las gracias
propiamente místicas solo el justo. Otros dan el concepto verdadero de mística pero
pueden desvariarse, aun reconociendo las dos maneras de obrar verán las sobrenaturales
propias de solo los adelantados y no de los que hacen Ejercicios estando en vía
purgativa e iluminativa.

Partidarios de la segunda afirmándolo como doctrina verdadera y enseñada en los


Ejercicios: tenemos por ejemplo al Padre Luis de La Palma, ya aludido en el Camino
espiritual “de cuando somos movidos y enseñados de Dios con luz y moción celestial o

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Federico Marfil Mur

cuando, faltando aquella, nos ejercitamos nosotros en nuestros propios actos”. También
por ejemplo el Padre Aquiles Gagliardi en su tratado De Oratione, segundo capítulo de
la obra De Meditatione. Lo vemos también claramente en las reglas para discernir
espíritus de primera y segunda semana. También el Padre Francisco Suárez en su
tratado De Institutio Societatis Iesu. Resumimos diciendo que la primera manera de
obrar mueve y conduce Dios al hombre por los dones de su Espíritu, en la segunda le
ayuda para que ejercite las virtudes. Así lo encontramos Los Directorios: citamos el del
año 1599 en la elección obran unidas tanto la voluntad como el entendimiento pero en
los dos primeros tiempos precede la voluntad y el entendimiento es llevado por ella sin
discurso ni titubeo, en el tercero precede el entendimiento. Así lo expone Santo Tomás:
los que son movidos por algún instinto divino no les conviene deliberar según la razón
humana ya que son movidos por un principio superior mejor que la razón.

Así la segunda manera de obrar tiene su origen en este instinto divino, en el amor
sobrenatural y la primera por medio del discurso, para encontrar razones que muevan a
la voluntad, aunque no es tan elevada esta vía es de más seguridad. La segunda manera
de obrar no es exclusiva del tiempo de elección. Dice el Directorio que la consolación
no es un hábito, sino diríamos una gracia actual, y son diversas sus especies.

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San Ignacio de Loyola Bibliografía
La oración en los Ejercicios Espirituales

BIBLIOGRAFÍA

- Wilhelm Schamoni, El verdadero rostro de los santos, (1951) Barcelona,


Ediciones Ariel
- San Ignacio de Loyola, Obras Completas, (1982) Madrid, BAC
- San Ignacio de Loyola, Ejercicios de S. Ignacio de Loyola. Edición preparada
por Manuel Iglesias S.J. (2005) Burgos, Monte Carmelo
- P. Casanovas, S.J. Biblioteca d’exercicis (III). Introducció als exercicis
espirituals. Teoria i preparació (1931) Barcelona, Foment i Pietat
- Darío López Tejada S.J. Los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.
Comentario y textos afines (2002) Madrid, Edibesa
- Directorium in Exercitia Spiritualia
- P. Luis de La Puente S.J., Meditaciones espirituales, (1961) Madrid, Editorial
Testimonio
- Revista Manresa
- Biblia de Jerusalén

40
Acabose de imprimir este trabajo, sobre la oración en los

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola

el día 15 de mayo de 2019, festividad de

San Isidro Labrador, en el Seminario

Conciliar de Barcelona, Calle

Diputación, 231,

Barcelona

AD MAIOREM DEI GLORIAM