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HISTORIA DEL ARTE

-------•«SEO--------

ARQUITECTURA,

ESCULTURA,

PINTURA,

MÚSICA,

ARTES

SUNTUARIAS

HISTORIA

DEL

0.

de

las

D.

POR

FRANCISCO DE P.

VALLADAR

Huales Academias

de

la

L ktiias

oe

S evilla .

Historia . de üellas

S ocio

P roi -'esoh

uk

Artes

ksta

v de

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E soi -kla

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Suciedad KcoxmircA

I nstitutrices

de

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la

Keai .

(Juegas

1’llOf-ESOH AUXILIAR DE LA lífjCUELA DF. ItELLAS ARTES DE LA MISMA l'UOVtNUA

L

i b

r

e

i u

a

Obra ilu strad a

con 266 grabados

BARCELONA

D E

calles

AN TO N IO

J.

I3A.S TINOS, — e d i t o r

de

i' elavo, -j í

v concejo

1894

he

cie .vío .

:!(

k renta

de

l.

Jepús,

callo

del

Notariado,

ninu.

9.—Telefono

lol,

I R A S

DEL AUTOR DE ESTE LIBRO

Guía A rtística

de Granada,

premiada con medalla

de oro

año 1800.

en

la Exposidón

internacional (le Bruselas, el

El incendio

de

la Alham bra.

de

Granada, por Francisco

H enri-

Los A nales quez de

Jorquera;

informe relativo á este fmrioso

manuscrito de la Biblioteca Colombina.

Las F iestas del Corpus en

Granada.

La R eal Capilla de

Colon en

Santafé y

Granada, (IHfc?).

Granada, (18í)2).

D.

A lvaro

de B azán en

Granada, (1888).

OBRAS DE ARTE

PUBLICADAS

A rqueología

POR

-

EL

EDITOR

+ K »

DE

ESTA

OBRA

española, por D. J osé oí; Manjauiiés.—

Un lomo con 80 grabados., en percalina. 5 pías.

La

H abitación, por I ) .

F

r

a

n

c

i

Un tomo con 1(32 grabados, en

s

c

o

M

i q

u

e

l

y

B

. \

í >

í a . —

percalina. 5 pías.

L as

Historia

EsculLura y la Pintura.—Un

en percalina. 177)0 ptns.—Próxima á acolarse.

B ellas

Artes:

de la Arquitectura, la Lomo con 250 grabados,

M onografía histórica

é iconográfica del Traje,

por I). JoriK PumuAití.—Un lomo con 800 figuras, en percalina, ü pías.

El A rte en la sociedad, por I). Josí;

CATtmiÑAs.—Un

lomo

con

22 grabados,

d

e

en

M artí y percalina

d

e

3 pesetas.

INTRODUCCIÓN

CARÁCTER

Y

DESARROLLO DE ESTA

OBRA

arle.—Su urigen, relacionado con In historia

vellidos )'

h a b i t a c i ó n . — I m p u l s o s

d e l

a r le . — G é n e s i s

del

a r le . — I.a

d el

h o m b r e

h is toria

y

de

la

l i a d a

hum anidad.i—L-tónsüijfr, P n:¡as,

la

c u li u t a

c o m o

i d e a

g e n e r a d u r a

In

a rq u e o lo g ía

v

su s

re la c io n e s

con

la

Gculugin.— Protohistoria.—Arqueología

pratoliístúríca

y

su

Di v i s i j n

de

ciú

n .— A r le

la

protoliis tona

en

tres periodos:

histórico;

Su di visión

en

cuatro

de

la pie d ra,

de

gran d es

¿p o cas:

desarrollo

le s

rre taie s ,

A n tig ü e d a d ,

hiM jrua.—

de

li-ansi-

t d a d

m e ­

dia.

Henncimicnto.

lüdad

moderna,— Clasificación

de

las

m anitslncinin>

artísticas

cu

i'ipticnp y acústicas.— El

arte

teatral.— Resumen.

clelinición del ahti;, por lo complejo y exter. so de sus

1 C conceptos, ha de resultar siempre poco clara y ex- plicita. Ateniéndonos á la etimología de la palabra—a r t e , del grie­ go aro (yo dispongo), y de arí/iocon (articulación).—el arte es manifestación de la actividad humana, tiene su origen en el trabajo del hombre, y su desarrollo, sus reglas y sus pe­ ríodos de perfeccionamiento,hállanse intimamente relaciona­ dos con la historia de la humanidad.

— Vlll

Tratándose de edades rudimentarias, claro es que debe de- considerarse el arte como el resultado de la vida puramente material; impulso de la propia conservación, que hace ¡al.

hombre inventar medios para procurarse utensilios, armas, vestidos y habitación, y herramientas con que construir todo eso, necesario para la vida aislada.

á la

La familia, la reunión de tribus, el poder, el amor

hembra, los odios y las amistades, modifican aquellos me­ dios de vida perfeccionándolos en su tosco desarrollo, y di- bújanse entonces los orígenes del arte en todas sus manifes­ taciones, porque el hombre halló incómoda la gruta en que se albergaba, mezquinos el abrigo de su cuerpo y los uten­ silios de que se servia, y necesitó, además, «causar efecto ó- producir impresión en el ánimo de los demás, por el empleo- de ¡os medios exteriores» (i), sintiendo entonces los impulsos

primeros, la idea generadora déla cultura y la civilización.

El arte nace después, cuando el hombre gusta de las exce­ lencias de la naturaleza, regula el trabajo, ordena preceptos y reglas y aplica toda su actividad á las creaciones de la ima­ ginación y del sentimiento. Entonces, la materia se dignifica y aspira á algo más que á ser máquina de las funciones or­ gánicas, y así como de las reglas ideadas por el hombre para raciocinar, surge la lógica, de la observación de las be- Ilezas de que Dios llenó la creación nace el genio del arte, reflejo de Dios mismo en la inteligencia humana, Estudiando la vida y las costumbres de los pueblos á quienes aun no ha llegado la civilización, pudiera estable­ cerse relación aproximada entre ellos y lo que por investiga-

([)

ru .o cisco

lÍEULE.tW .— U islo rL i

J c l

p ro g reso

b um dito.

'I'omo 1 de

I.o i

g r a n d e s

invenios.

(J^stn

interesante obra

la1liemos

de citar varias

veces

en este

libro,

y

como

es

mfts conocida

por

el nom bre

de

su

ilustrado

traductor

y

comentador

español

Federico

G illrn a n ,

nien.-ionnrcnios el apellido

de éste

en

las

citas).

 

IX

ciones arqueológicas conocemos respecto del hombre proto- histórico, de sus obras y de su progreso intelectual; y vena­ se, como se señalan afinidades interesantísimas entre los utensilios, armas, vestidos y habitación de las tribus que hoy permanecen en estado de barbarie por su apartamiento de todo rastro de cultura, y las toscas manifestaciones que de aquellas necesidades del hombre primitivo, de las primeras agrupaciones de seres humanos, nos han revelado los descu­

i

Por eso, en nuestra época, la esfera de la historia del arte ha ensanchado sus limites, y con excelente juicio, el historia­ dor y el crítico, antes de penetrar en las abstracciones de la

estética; antes de fijar, según preceptos de escuela, la teoría fundamental y filosófica del arte como apropiada y perfecta expresión de la belleza; antes de estudiar el desarrollo de las artes ideales (pintura, escultura, música), que supone en el pueblo donde se producen un grado superior de cultura,— recuerda que en la historia de la humanidad precede el arte­ sano al artista y la acción de elaborar lo necesario para la vida, á la formación de sistemas bien ordenados y á las creaciones de la fantasía, que determinan la belleza en el arte. Trazado el camino con arreglo á esa inflexible lógica, la Historia, en general, y la Arqueología (de arkáyos antiguo y

lagos discurso,

antigüedad} respecto de arte, en particular, modificaron su idea y significado, dilatando el campo desús investigaciones:

y la Historia y la Arqueología hallaron idénticas fuentes de

conocimiento en la Geología (de ghe tierra y lagos discurso,

ó historia física y orgánica de la tierra ', ciencia que «ha de­

mostrado que las primeras manifestaciones de la humana actividad y hasta de la existencia misma del hombre, hay que buscarlas entre los últimos materiales constitutivos del

planeta

brimientos geológicos.

ó

historia de

los monumentos y

artes

de

ict

»

( V i i .a n o v a , Geología y Prrilohistoria ibéricas;.

Gracias á esta ciencia y á sus asombrosos descubrimientos

la Historia no es ya narr ación de aconteci­

mientos memorables; sino filosófica expresión de la vida de la humanidad, y los estudios arqueológicos adquirieron un marcado carácter científico, viniendo á constituir una de las

dos grandes ramas en que se divide la Protohistoria (de

ó

aquella relacionada

con el hombre; ésta con sus obras. Prescindiendo aquí de todo lo referente al problema de la existencia del hombre, que corresponde de lléno á los estu­ dios paleontológicos, trazaremos, como antecedente, un es­ bozo histórico de las vicisitudes porque ha pasado la Arqueo­ logía prolobistórica. El primero que en los tiempos de la gran civilización romana escribió de asuntos relativos á Arqueología, aunque no d¿ un modo profundo y extenso, fué el poeta y filósofo

epicúreo Tito Lucrecio Caso, que en su poema,—elogiado por Cicerón, su contemporáneo,—de Rerum nalure, dice que

el hombre primitivo, antes de conocer los metales, se sirvió,

como herramientas y armas, de sus manos, de las piedras y las ramas de los árboles. En Grecia y en Roma, sin embargo, se confundían las ha­ chas y las puntas de lanza, de diferentes piedras, con trozos de aerolito ó piedras de rayo; llamábanlas cerámicas y les rendían religioso culto; creencias que se han divulgado hasta nuestra época, pues hay gentes del pueblo que piensan toda- via que las hachas de piedra pulimentada son la^forma nia-

terial del rayo al caer sobre la tierra y apagarse su brillan­

te luz.

y exploraciones,

f rotos,

primero,

é historia,

y

«comienzos de la historian):

Paleontología

humana

Arqueología,

En la mitología helénica figuran estas piedras como obje­

tos sagrados; los hebreos las colocaban en las coronas desús

reyes, y griegos, latinos y germanos poderosos amuletos.

consideráronlas como

XI

Estas preocupaciones 110 se extinguieron, y el origen divi­ no de esas piedras sostiénenlo San Isidoro, Alberto el Gran­ de, Paracelso, y los físicos y eruditos de la Edad medía, á pesar de que Agricola lo había puesto en duda y de que Boecio, si bien con ciertas salvedades, en su famosa obra De consolatióne fihilosophie, parece conveíicido del origen humano de esas antigüedades, considerándolas como mar­ tillos, hachas y otros útiles, producto de la industria del hombre. Es muy interesante la noticia que Benter, el historiador de Valencia en el siglo xvi, consigna en su crónica: «Agora— dice—en el año de 1534, cerca de Fuentes, á media iegua de Cariñena de Aragón, donde está un monasterio de Cartujos, ¡se ha hallado en un campo lleno de montes de tierra, cavan­ do por otra ocasión, que estaba poco debajo de tierra, gran multitud de huesos grandes, y de armas hechas de pedernal, ¿ manera de hierros de saetas y de lanzas, y como cuchillos á manera de medias espadas, y muchas calaveras atravesa­ das de aquellas piedras como de hierro, de lanzas y sae­ tas» ( 0 -

de clasificación de las

antigüedades que de esta clase se guardaban en el Vaticano, escrita por Miguel Mercato en el referido siglo xvi, con el tí­

tulo Meiallolheca vaticana (se imprimió en 1717 con notas de Juan M. Lancisio), son tal vez las revelaciones primeras de que ya se estudiaban con método científico los hallazgos arqueológicos, siendo quizá la causa de esta trascendente novedad el descubrimiento de América, porque como dice el

La anterior noticia y los trabajos

[1}

lis

interesante hacer

nuuir

la

acniejanía

de

este

descubrimiento,

que

parece

revelar íué

aquel

sitio

teatro de algún

com bate

protohistórico,

con

los

restos

de

ani­

m ales

y hombres

hallados

piedra caliza, á

la orilla del

en,

lomo

I,

(Los

habitantes

cráncos hallados por Lund

por

layo

Luud,

LagDa

el

do

naturalista

Sum idairo,

dinamarqués,

en

una

cueva

de

en

el

Brasil.— Crdnhu,

A tu¿ri~

de

Am érica

en

tienen

un

agujero

el

tiempo

prolah'istóríco.)

A lgunos

del tamaño

de

un arm a

de piedra.

de

los

XII

ilustre geólogo Vilanova, «el espectáculo que ofrecían los

salvajes de América no usando otros

atención de loa

eruditos y facilitarles las explicaciones categóricas de un he­ cho, en torno al cual giraban sin acabar de comprenderle» (Obra citada). Con efecto, desde que los cronistas comenzaron á escribir del descubrimiento de América, obsérvase que aumenta el ínteres en los eruditos por tratar de antigüedades, y aun de explicar su uso, Bernaldez, el cronista de los Rej-es Católi­

sino los de piedra v hueso, debió llamar

instrumentos y armas,

la

cos, que fue muy grande amigo de Cristóbal Colón, dice

describiendo los habitantes de las primeras islas descubier­

ce no tenían armas sino de

cañas, e de varas sin yerros con alguna cosa aguda en el cabo, que pueden á los hombres de acá empecer muy poco, e

tas por el insigne navegante:

aunque aquellas armas tenían, no sabían usar de ellas, 7 1 1 d e

piedra, que es juerta arma,

modo se explica Pedro Martyr en sus famosas Décadas, si bien como hombre de más vario saber que Bernaldez, de­ muestra más espíritu de observación y habla de armas, uten­

silios, trajes y viviendas en aquellos países.—En la Historia del Almirante, que se supone escrita por su hijo, se consigna este hecho, que viene á robustecer nuestras opiniones acerca del hombre primitivo y las afinidades que han dejado esta­ blecidas entre él y tas tribus incultas de los países descu­

no tenían

biertos, las investigaciones de los viajeros: «

armas como las nuestras, ni las conocían, porque enseñándo­ les los cristianos una espada desnuda, la cogían por ios filos bobamente y se cortaban; ni tenían conocimiento alguno de

cosas de hierro, porque las lancillas que hemos dicho, eran de madera, con la punta aguda y tostada y en ella.un diente

de pez por hierro

(cap. XXII). Estos antiguos cronistas y

otros de que ya trataremos, como más adelante se consig­ nará, explican también algo de los procedimientos usados

(cap, CXVIII).—De idéntico

»

»

XIII

por los habitantes de los países descubiertos, para fabricar sus armas3 utensilios, vestidos y habitaciones. Un escritor español, Marín y Mendoza, en la Historia de

la milicia española ( 1759),

orden y método que debe de seguirse en los estudios arqueo­ lógicos y aun ofrece la novedad de hacer comparaciones entre las armas del viejo continente y las que usaban los america­

nos cuando el descubrimiento. A fines del pasado siglo, y después de las importantes in­ vestigaciones de Bernardo de Jussieu, Escard y Goquet, se señalaron las tres edades de los descubrimientos protohistó-

ricos, de piedra, del bronce y del hierro. Ya en nuestro siglo Mouget, Boucherdes Perthes, Moulin, Quignon y otros sabios, organizaron los estudios geológicos, que en la época actual han llegado á su mayor desarrollo, prestando su valiosísimo apoyo á la Historia y á la Arqueo­ logía, y demostrando que «el comienzo de la humana histo­ ria, mejor que en archivos y bibliotecas debe buscarse entre los últimos materiales terrestres» (Vilanova, obra citada).

trata con excelente sentido del

La división de la Protohistoria en tres edades, de piedra,

del bronce y del hierro, propuesta por el sabio danés Thom- sen, en i836, ha sido objeto de animadas discusiones* «Mu­ chos arqueólogos, —dice Gillman,—cegados por el afán, no

siempre justificado, de sistematizar y generalizar,

extensiva á la Europa entera, y hasta á los demás continen­ tes*, esa división de los tiempos protohistóricos —«Algunost —continúa,—han ido más lejos aun y dividen la edad de la piedra en una época paleolítica, ó de utensilios más anti­ guos, labrados á golpe, y una época neolítica, ó de utensilios menos pulimentados, Otros, como Mortillet, alambicando todavía más y fundándose en los descubrimientos hechos en Francia, distinguen en la edad de la piedra épocas sucesiva,

han hecho

XIV

llamadas de Moustier, de Solutré, de Aurignac, de la Made- laine, etc., á las cuales asignan determinados tipos de uten­ silios. De igual modo, y partiendo siempre de caracteres europeos puramente locales, ha prevalecido la opinión, res­ pecto de los metales, de que el uso del bronce siempre pre­ cedió al del hierro» (Obra citada), Vilanova, examinando este asunto, dice que «la clasilka- eión de Thomsen no llenaba satisfactoriamente el lin que debía representar en el estudio de la primitiva historia hu­ mana, pues sobre no abarcar todas las edades primeras, tampoco comprendía los múltiples y variados aspectos que debe revestir, para merecer el dictado de método ó clasili-

y para estudiar la Geología y protohistorki

cación natural

)'

ibéricas adopta esta clasificación:

Tiempos antiguos ó protohistóricos.—Época de

la

piedra,

caracterizada por formaciones diluvianas, cuevas, turberas y toba caliza.—Cascos, astillas y hachas de siles, cuchillos

de id; objetos de hueso y asta de ciervo; divididos en tres períodos.

de la piedra,

Tiempos medios ó prolohisLóricos

—Epoca

cuyos caracteres son cuevas, palafitos, dólmenes, grutas fu­ nerarias, cuchillos, puntas de lanza, objetos de hueso, cerá­ mica tosca, hachas pulimentadas, fechas de pedernal, cerá­ mica; divididos en dos períodos. Modernos ó históricos,—Época de los metales, á cuyos ca­ racteres, divididos en tres periodos, del cobre, del bronce y del hierro, corresponden dólmenes, grutas y palañtos, Ierra- mares y túmulos; objetos de bronce é hierro y algunos de

piedra. Aunque la anterior clasificación no puede

para

ajustar á ella la Protohistoria general, porque no en todos los países hay silex, pedernal y obsidiana, por ejemplo, y ya no es posible asegurar que la extracción del cobre precedie­ ra á la del hierro, hemos de escoger un término medio para

adoptarse

XV

el estudio de la Protohistoria, dividiéndola en tres grandes períodos: de la piedra, de los metales y de transición á los tiempos conocidamente históricos, en los que el arte se nia- nitlestá como tal, revelando sistemas ordenados, reglas y preceptos, et caso justificado de que satisfecho lo necesario y lo útil, el hombre ha embellecido antes su persona, después cnanto le rodea, y ha representado sus ideas, más ó menos toscamente, valiéndose de las artes bellas (la pintura, la es­ cultura, la música y la poesía). I-.n cuanto á los tiempos conocidamente históricos, dividi­ remos el estudio del arte en sus diversas manifestaciones, en c u a t r o grandes grupos: la Antigüedad: la Edad media; el Renacimiento y la Edad moderna, clasificando las manifesta­ ciones artísticas del modo siguiente:

Artes ópticas.

Artes acústicas

Artes estáticas.

/ Arquitectura.

\ Escultura.

( Pintura.

\ Baile (orquéstica).

\ .Música. ( Arte literario.

De las arles estáticas se derivan otras manifestaciones ar­ tísticas, cuyo estudio es de interés sumo en la Historia det. a r t e , las artes suntuarias, ó industrias artísticas. He aquí su procedencia y enlace:

Arqu ¡lectura.

.

.

Cerámica ó arte de los vasos.

^ Dedálica ó arte del mueblaje (carpinte-

ria, ebanistería, etc.) Toréutica ó arte de los metales (cerra­ jería, armería, -orfebrería, etc.)

,

XVI

j Indumentaria ó arte del traje.

I Glíptica ó arle del

(Tallados,

grabados, repujados, cincelados, da-

grabado

Escultura-Pintura. í

 

f

masquinados, monedas, etc.)

\

Relieves (altos y bajos relieves.)

í

Pintura

(Tejidos,

tapices,

bordados,^

Pintura

esmaltes,

mosaicos,

pintura

orna-

 

l

mental.)

Como síntesis de las artes bellas y de las suntuarias debe conceptuarse el Arte teatral, porque en ella se reúnen: la Poesía, la Música, la Mímica, la Coreografía y las artes es­ táticas y sus derivadas las suntuarias. Resumiendo: el estudio del arte hemos de ajustarlo á estas agrupaciones cronológicas:

PROTOIUSTORIA.— TRANSIClÓN

, — ANTIGÜEDAD. — ÜüA D

R

e n a c im ie n t o .—

E dad

m

o

d

e r n

a

.

MEDIA

PROTOIUSTORIA

i

Época de la piedra

nrm íi.s

<k-

11 l o n s ilin s .—

l’nlufiLos. — A r n m s y u lcii-íilin s ,— M u n l i c u l o s ■> cuIím iis cíiii.iliífi'ijis ini A m e n - cu . u l iliü ü iliis ( 'i i m n s e p u l t u r a s . — A rinsis, iiíi‘iif>llios, :t<U>r>ios, voslfilo.s y c i> ni- niir;i d r rslt- primiM' ¡HTÍmln (iiulfiíiisiiiricii.

ili‘i

— Aliitiilí'tli's

f i i l i v

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i 'im ^ li

i n - r j i m i ’s.

i i u c v n

u t r n M i i o s

\

I m ltis

f.íi

l o s fti ií si's.— An;tlo: 4 ¡;i' (‘tilri* i.'l v i c j i i

¡ m l ii íi i u s

y

y

r l

m i i m l n . — K í ^ n m c J i .

A r a í a s

\

h¡il>i(;ici i n . — T riiiíliid ilíis

nim lf'n '-

Xo es posible determ inar á que civilización, m ás ó menos rudim entaria, corresponden los m onum entos que

revelan la infancia clel ¡irle. Lns investigaciones arqueo­ lógicas lian evidenciado asombrosas; alinidades y analo­ gías (M iliv las construcciones, utensilios y arm as de Lodos los países, y más aun. liau aventurado una lesis para c u y a sustentación no faltan argumentos: el parentesco entre los liévoes. la civilización y el lenguaje de los pue­ blos del viejo mundo, coa los del nuevo continente des­ cubierto por Colón, lista lesis. sustentada con interesan­ tes investigaciones por Os borne , Th<> Ktjihn'tl K hu/s u f

Egijde, Cana ni a >; JorHNAT

(A n d en Races o / lHu'n, Con«hiís diís Amkuicaxistks,

XTaucy, 1875,. t. I), comímUla

vol. XIV) y M. Cbampbell

con

m uy

buenas

razones

el sabio arqueólogo i). Francisco Fernández González en

su obra Primeros pobladores historíeos de la península ibérica. Dice así el ilustre orieutalista español: «A vuel­ tas de algunas exageraciones, no puede negarse que M. Chainpbell ha vislumbrado cierta analogía entre la civilización turania de la Caldea, la de los Arabes ó Ara­

meos antiguos, la de algunos Egipcios, la libia, la vasca,

y la peruana, que según he indicado anteriormente

se corrobora por el lenguaje. Hasta la palabra Inca pa­ rece de origen medo.» Uno de los vocables que significa sacerdote, escribe Z. Ragozín (La Caldca, versión espa­ ñola anotada por I). Ju an de D. de la R ada y Delgado,

página 2Cí>) en la antigua lengua turania de Shumir, era

, El Sr. Fernández y González continua examinando esta cuestión y agrega: '<Por lo demás, las relaciones antiguas

de Asirios y transatlánticos parecen comprobadas asi­ mismo por un particular, acerca de cuya enseñanza han llamado ya la atención MM. Layard t'Nhi. and Bab., pá­ gina 3:18) y Kawbinson (The secoud Monarchy, pág. 212). Entre varias frutas representadas en los monumentos asirios al lado de granadas y acitrones, aparece figurada la an an a ó pina de tierra am ericana, representación so­ bre la cual, en sentir del último reputado historiador «difiáhuenlepuede caber duda.» (Obra citada, cap. II, pá­ ginas 12:J, 124 y 12o. notas). Refiérese todo esto á épocas elasiiieadas en periodos históricos, y á países que creyéronse ignorados unos de

otros hasta el descubrimiento de América; ¡cuánto más difícil sería señalar la procedencia de las construcciones, utensilios y armas protohistóricos, cuando ya se han estudiado las afinidades de los megalitos en diferentes

hom bre h a utilizado en todas

países y sabemos que el

partes la piedra, los hierros, la madera, corno armas, utensilios y herramientas! El impulso de la propia conservación—dice Gillman—

que en el idioma semítico más moderno fué t>¡ag

’>

3

'■anles que otro alguno, determ ina eu el ham bre <’ii*rt

las materia 110 halló ésta

neresij riaspara

íiflividud

El hambre

le

mueve á buscar

su a li m e n t a c i ó n c u a n d o

l-’ i y .

I , —

L:i

i

i

i l a

il(* árl i ip le .-.

>n

la

naturaleza, e.

hombro

inventó

utensilios, armas,

■rodos de rti;a>\ para

’iiratum y ei rausancio

obLenerlas;

la tem-

le lucieron inventar el rostido y

los

rigores

de

la ltahi iM'h'ht. y la reunión con sus semeja ules el h uym je* liste lógico proceso de la actividad humana, es aplica­ ble á lodo lugar donde la arqueología ha hallado un cen­ tro de civilización, Las afinidades de tinos con oíros, solo pueden explicarse por las emigraciones de aquéllas tri­ bus nómadas y porque las conmociones terrestres ha­

yan «parlado

tierras antes-

con enormes masas de

agua

unidas. Las habitaciones más primitivas son las cuevas ó ca­ vernas, las nalurales primero, las labradas después. Donde la naturaleza 110 ofreció al hombre primitivo las hendiduras de las rocéis para resguardarse, por el mo­ mento. de los rigores de la atmósfera, el hom bre cons­ truyó una especie de tienda cuya armadura formaba con ramas de árboles sobre la cual extendía pieles y córlelas y ramas de vegetales. De una y otra habitación primitiva, consérvanse remi­ niscencias importantes en la época actual. Los habitan­ tes de lá's estepas americanas, los del África occidental, los pechuenches cercanos á los Andes, los nóm adas de las regiones polares, aun couslruyen sus viviendas.de ese-modo, y la tienda del árabe errante es esa misma habitación trasporta ble, corregida por ía civilización y la cultura. Respecto de las grutas ó cuevas consideradas como ha­ bitación. en Toledo (1), G ranada y Guadix, por ejemplo, hállanse interesantes rasgos de la vida prolohistórica.

El barrio de Santiago, en Guadix, es digno de estudio:

«Yive parte del pueblo en esas cuevas artificiales sin otra luz que la de su estrecha abertura; y apenas puede uno lijarse en esas lóbregas moradas, sin creerse trans­ portado á los pueblos trogloditas. Ocupan estos subte­ rráneos todo el barrio de Santiago y se extienden hasta

•i,

'

(1)

Ln Guiirdia, provinda rio Toledo, .sr>í-'ún Gongos*. Antíy- prehi¿t. de-

A ndalucia-

5

'Piii'ullcHiü. presentando en eierLo punLo el aspecto de castillo con cubos y torreones, elevándose en oíros á dos ó más pisos y formando en oíros bellos y pintorescos

(Pí v Makuau., (ñ'füia'/ft. Jara. Mnituja y A /-

iítfi'ii!, cap. XXI).

grupos

I’ ¡tí.

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.

lin Granada. el aspecto de los barrios en donde las vnovas continúan convertidas en habitaciones. es mas alegre y pintoresco. Familias gitanas residen en las ca­ vernas dei bellísimo camino del Sacronionte. y en m n- cliHS de ias abiertas en las pintorescas laderas de la eminencia donde se alza la iglesia m m lejar de San Crisló- lial y en las del barranco del Abogado. ( l ) una de las ver­

il i

Imi

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nuniwUi.'i á r a b n s .

b a rr a n r > > .

c i t a r a s lontiiiti

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á ra b e .

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f r i i g n i e n l i i s

1SS7. ;il ¡iht'ii'

\ a s i j a s

d o

y

u n m u í s

m i n i n o ,

d¡¡,‘/

v

c i n i k ' i t l i ' s

s e i s d

d(*

e

s('[niU iii;is c o lo r a d a s

^i‘|u i lf n r a s

p ied ra s

las

vim

r

d i l b ' b i s ,

v e i n l c

i'ii lútiM

du

iw N i

lad rillo s, se p u lc ro .

en

d e

I’o iiípii I p ;i

y

c u b ija n

M e d i o d í a .

d e

lle n e n

l 'u r n i i i h a i L s e

A l g u

n a s

l a s de-

los t-anlos

culi q u e

p i e d r a s

p i z a r r a . lab n u ln s

e s le rio n iio n lr

e n la z a d a

á

e s t a s

.sf'in'illa

a lg u n a s

r e d u c e n

c o n p a l a b r a s :

in srrilic io n e s

t l.a

" b u l a

eú licas. p e r l e n e c e

d e

á

a r f i e l e r

Kíiii'iiiji-o y i|u i)

s e

I )í 11.4. !■

6

líenles que forman el hermoso valle del Genil, Ninguno de los tres sitios puede ser más encantador, ni los aires (jne en ellos se respiran más puros, ni la vegetación más rica y lozana; de modo (pie aquellas cuevas convertidas en viviendas. Mancas como la nieve porque sus dueños se esmeran en encalarlas con mucha frecuencia, no son repugnantes, ni inspiran, genero luiente, (tira cusa que curiosidad, porque en ellas se celebran esas famosas dan­ zas de gitanos que los extranjeros consideran, equivoca­ damente. como uno de los espectáculos característicos de toda expedición por Andalucía (1). En América hállanse con frecuencia restos de la vida protohistórica en las cavernas, (véase la ItUroditecioii-) y aparecen rastros de otro nuevo albergue que utilizó el hombre. El I)r. Ameghino ha hallado en el rio Frías á unas 20 leguas de Buenos Aires, restos de las gigantescas corazas de gliplndonles suficientes para albergar á un hombre, y entre aquellos, puntas de flecha de pedernal, huesos puntiagudos y herram ientas-para afilar, y otros, vestigios de la labor hum ana. (Cronau, A'Hiérir/t TJ). A este periodo más embrionario de la vida prolohistó- rica, corresponden, en todos los sitios donde la arqueo­ logía ha hallado restos de la hum ana actividad, los cas­ cos, astillas y cuchillos y hachas de silex, y los propios objetos de hueso y asta de ciervo, como armas y herra­ mientas. Cuando el hombre organizó la familia, y de las fami­ lias se crearon las tribus, pensó en el modo de lijar su vivienda en lugar determinado, y entonces construyó las agrupaciones de chozas de madera solamente, unas veces,

(1)

Ks ii'nliiu’iik' IdinrnUible ¡mra Ivipafut. «¡itc á c;hiso de

esas

('\tiibiein-

ncs di' duiis:!'

(]iie niiiiíiiii p aiv n tesen tie n e n

con

m u ñ i r o s

p opulares,

ttcconrunctjin.

|n>r vin jerus y i-scritoros

c o stu m b re s. [a ro ta gitano q in' d os-

ríi-

pueblo

ím d a liu . t|iic uingim a íilin ihiil l e n e m il jupiidla. Al tra ta r del b aile, eslLidia­

de el sjL^Pn \ t v s us ruüles e n A ndalucía y q u e no

rnrlúres lUionómieos,

ha

perdido ni siid

ni sus

w -Ju m h re s públicas y privadas, eon

el

rem os t-on ;ilgnua dt'leiiviiin i's!í> asunto.

de tierra otras; sirviéndose al propio tiempo de

vas para enterrar á los muertos, primer signo de respeto

y consideración hacia los

dura. A este lapso indeterminado de tiempo, corresponden \qs palafito# (tepalayos, antiguo, y pkítus planta), ó agru­ paciones de chozas construidas sobre estacas que se clavaban en la tierra ó en los lagos: prefiriéndose tal vez los últimos, por la seguridad de que se prevenían sus ha­ bitantes contra los ataques ile las fieras ( 1 ). Descubriéronse estos sin­ gulares construcciones con motivo de h ab er bajado ei nivel de las aguas, en 1No3 y 1854, del lago de Zuricb (Suiza). Los restos más notables

de p a l filos conservan

en suizos, «especialmente los de

Wanpie, en el lago de Constanza; de la turbera de Robe- nhausen; de >leilen. en el lago de Zurich: de Wamvil, cerca de Lucerna; los de los lagos de líienne y Xeucha- tel; el de Morges. en el lugo de Ginebra; de l'ranenfeld. en el cantón de Turgobin y el de Unosseedorf, en el cantón de Berna» (Giu,man. obra citada).

Según Yilanova. no todos los palafitos pertenecen al

período de la piedra, es decir, no en lodos (dios se han

tan solo arm as y utensilios de hueso y asta, ha­

chas pulimentadas, cuchillos y Hechas de pedernal y ruda

hallado

<i« pj*<im imii»-

las

cue­

vesti­

que

dejaban

la

carnal

son

los

tos que

se

wy

cauirmes

da» en in* coiinus oomMiíf^ros >\*

1,1 nMl-

(I)

«En

u n

|ir¡in-i[)hi.— (Iji-i!

V i l a i u i v a . — h is

c h o z a s

l' í i I iíimíis

i[ut*

(’ u n

h a r t o

tunilíu¡]il:ilo se Mipoiiifi

JialH’i' i'xislirto s o b iv lo> [lilolt**. si* la* llamó

n i o n e s

l a c u s t r e s .

p e n i

s ie t it lu

P a la fito

"

(O bra dtaiki.

put:.

la

l o c u c i ó n

s u l i r a d u

l a r y a

¡ m i ’ iiló.M'

la

liabilti-

p a l a b r a

-

8

cerámica, sino que también contienen utensilios de me­

tal,

cobro, bronco y hierro; lo cual dem uestra la

exacti­

tud

de la noliciri

de Herodoto que retí ere el caso de que

una tribu, cinco siglos aules de Jesucristo, habitaba en el lago Prarias (Kumelia) en chozas construidas sobre pi­ lotes ó estacas y que en algunos países siguieron utili­ zándose como viviendas esas construcciones, hasta en ios tiempos conocidamente históricos. Corresponden también á este periodo proíohistórico los

m onum entos megaliticos más rudos, en el antiguo con­

tinente, y

los montículos* con­

chíferos de

varias regiones de

Kigs. 5 y ÍK—P u n ía s

(!<•

Ilecliu

<1(; piedra, am eriraiiíis.

América, Utilizados para sepul­ tura por el hom bre primitivo en aquellos países (i).

Los megaHtos (de meyas gran- de v W/tos piedra), representan : el enlace de la época de la pie­ dra, con la de los metales, cir­ cunstancia por lo que dejamos su descripción y caractéres pa­ ra el capítulo siguiente.

investigaciones de-lDoc-

tor Roth, acerca de las colinas conchíferas del Brasil son

interesantes. «Según él,—dice Crbnau,— los depósitos más antiguos se encuentran com unm ente á 15 ú 20 me­ tros de elevación sobre el nivel máximo de las m areas

del Océano

en algunos esqueletos encontrados, atestiguan que el muerto había sido transportado allí para su sepelio en actitud de estar sentado y engalanado probablemente

Las

Concienzudos reconocimientos practicados

(1)

Sejtiíi] Ci'OJiau. cífos depósitos

se

b a ila n

á lo lai'i/o

do las eostíiü J e

Ca­

lifornia. e n los Estados

de Ja

lJIala y del E c uador, e n el Urasíl y yiras

m u fl ía s

islas. C erca d e

S. F rancisco de CuliFoniia,

liuy c o lin a s

cío

c o n c h a s

de

m ás do

‘J00 m etros do longitud

]>nr 13 d e

a n c h o

y 10 du aliara.

-

9

con las alhajas que en vida había usado, como por ejemplo, pendientes, areles y oíros adornos para los labios, ajorcas para las piernas y pulseras para los brazos. Vecino á los esqueletos aplastados ó des­ truidos bajo ta grue­ sa capa de valvas, búllanse principal­

Yvfdkfxr

7, — l l a c l i a lim<‘iit;nla

<ltr

|>¡i'<liu

^ICuro]i;i

| i u -

mente armas de pie­ dra. luichas. anillos arrojadizos, cuñas. \ puntas de lanza y j

dardos de Mecha, los / últimosde pedernal. V morleros.piedras pa­ ra majar, manos de mortero de figura rú­ nica, bolas redondas

de piedra, ele

to á los muertos se enterraban también

J u n ­

pedazos ó terrones de tierra roja ó de bolo, como la que usan todavía los indígenas

para

teñirse la piel y dar color á sus va-

sijas

de barro, y últim am ente tam bién se

encuentran allí algunos objetos de adorno elaborados con una resina semejante al ambav. y trozos de cristal, vasijas de ar­ cilla. etc.» (CüuNAr. obra rilada).

datos t ^;dÍ ” ^ ,,2 ull,l¡!;

, que el hom bre atendiera a cuurir sus i/M¡,iini- fi;iana-

*if,i

sus

<’» «klill’S mi«s (TiCit (l<‘

es considerable, . . . ,

Respecto de trajes. la carencia de

pero , parece

.

.

lo

la naturaleza

para

. probable

estreñíase

los

rarn es allí donde

rigores y

que

iiiilm- i!<* o*

iim.

1¡-

ello utilizara

materiales

que

la

naturaleza

misma

le

brindaba

al

paso.

Pieles

y

tejidos de

las

plantas

lilamentosas.

he

10

aquí las primeras! m aterias que se usaron en la indu- menlaria. K1 profesor de Washington Mr. Henry, halló en el valle inferior del Mississipí (Luisiana). debajo del esqueleto

r¡t!. !t — Mil¡ lí><() (lil [HOtll'it hillhldo l'll llllil i-olilltl til' MHIl'IltIS,

oii

Ca li Ti iri i Ui

s i ' i a i n

I' i* >11 ;i 11 .

de un m am ut. restos; de tejidos de esparlo y cestos cons­ truidos con la caña Arundiiutria inacrosjicriva:—y tejidos de aquella planta textil. halló el entendido arqueólogo D. Manuel de Góngora, en la cueva de los Murciélagos, cerca de Alljuñoí (G ran ad a).

I.os objetos

de

adorno

y

los vasos

complementan

el

cuadro de lan nulas civilizaciones.

Id.— V;isij:i ili'

In sro

(l\iii iipa)

Los adornos primitivos se diferencian, según el país, pero nótase una circunstancia digna de atención, que

casi en loda.s parles el hombre pinta sus [‘arnés con las

Quizá al coni-

m aterias colorantes que le son conocidas.

11

con la de los animales que hallaba ti su

paso, envidió los múltiples tonos de las plumas de las aves y las rayas que cual signos cabalísticos cruzan la piel de algunas fieras. A esas pinturas, á collares y ajorcas tejidas, debieron reducirse los adornos primitivos; añadiendo los adornos de la cabeza para retoger y arreglar el pelo. La cerámica, imita primero los vasos naturales (hue­ vos, cáscaras de frutas, conchas,- etc.; d élo cual aun sé conservan eti las. artes m uchas : reminiscencias), y én unos países se agregan á las piedras bordes de arcilla, en otros se hacen vasos de esta materia, se utiliza la madera, y aun se perforan las conchas para poder beber en.ellas con mayor comodidad. Los grabados núm eros 1 al 8 , dan ligera idea de las artes industriales en este primer periodo de la Protohis­ toria arqueológica.

p arar su piel

II

Época de los metales

L o s 111 i m i s

T ú m u l o s . — i r o t i u r t s - L u i i l d o r í . — I’ ii l a í l l u s

l U o m m i i ' J t U j s

m e ^ a l í l i c i t s . — l)i>l i n i 1n

¡ r i’ >.—

o

li i niíl o r n s . —

y

. — H e m

i j r u

o

i

kl u l m é n

u l i . —

o

. — Tj'i

I f l o s .— i];t-

— c e r a -

l

c u l)ic l i t i s . — M o n li

i

i

l

P i e d r a s

ú

i

o

y

m o v i b l e s

l

T e i r , m i n i e s . — A cu i

m ica

(leí

p erio d o

tic’

Ins

n i d a l e s . —CoiicUc-m»».

El enlace de las épocas de Iris piedras y de los melnles

esta representado por los monumentos turf/alitiros, como antes queda dicho. Encuéntrause notables ejemplares de estos monumentos en Europa, Asia y África. y convie­ nen con los nuninríx americanos, aunque estos son. gene­ ralmente. montículos formados con tierras y piedras transportables.

Corresponden tam bién á la referida época

de los me­

tales,. los jtwfa/íYíw, en donde se han bailado objetos de distintos metales, una variedad de aquellas construccio­ nes de madera y los Ic /ra m a m de Italia y oíros países. Explicaremos prim eram ente lo que son los ¡nonUun-ntos nwgaU ticos. Dólmenes.—H ay todavía arqueólogos que consideran los dólmenes como monumentos célticos, piedras de cruentos sacrificios ó altares de culto pagano. La etimo­ logía de la palabra y las investigaciones arqueológicas

1 3

lian dado la explicación monumentos de piedra.

Dohtien (do l»ii mesa. y meii piedra* es corrupción de (uhtifíit. palabra que se aplica - A todo monum ento fune­ rario compuesto de, una o varias piedras m ás ó lítenos grandes y planas, puestas horizontalmente ú algún tanto inclinadas sobre otras verticales á manera de pilares, dejando debajo y dentro del recinto un espacio hueco ó cámara donde se colocaban los cadáveres y los objetos

que con ellos se en cuentran K1 dolmen, propiamente

mudo ile la C/'it: tfi’J fio L'atjtílh-i'n. en F orielas (Granada),

furmado por once piedras, y cuya cubierta mide 3m.40 de largo.

do 1¡ i

que eran

('.sos grandiosos

».

<Vilanova, fibra citada).

dicho, es por ejemplo,.el lia-

H¡í. II. —DüIllU’ll lie |;l i;i!lí (k*l lílt

Con objeto de resguardar esos monumentos, recordan­ do lal vez las grutas y cavernas, el hombre protohistórico solía cubrir los dólmenes con un montículo de tierra. En Galicia dan á estos monumentos el nombre de ¿tíamoas, ■útartorms y manthlaa por compararlos con los pechos de

la mujer.

idea de lo que es un dolmen revestido.

El dolmen del ioy o <h> las Villas (Folíelas) da

I no de los caracteres mas notables de estos m onu­

mentos. es la primorosa unión de las juntas de piedra y

piedra, valiéndose de otras m ás

Como magnífico ejemplar de dolmen cubierto por

pequeñas, chinos y tierra.

_— \\

montículo artificial de tierra, debe citarse el de Ante- quera, llamado cueva de Menga. Fórmanlo treinta y una piedras distribuidas de este modo: «veinte los muros,

Fijj. 12 — Dfilmi'ii d<'l Tuvo <k‘ las Vi/las,

una en el fondo ó pared extrema

techo, dos.

el

el ingreso, y

alineados á lo largo del m onum ento que,

es

descubiertas,

del

aposento,

cinco

más pequeñas

dos naves

»

y

tres los pilares,

<lividen en

La altura

total

del

recinto

Fig. 13.—Dolmen tle A ntoquera llam ado c u e c a d e M en fía .

de

6'75; la latitu d tte fsr entrada, ÍTI4;

del fondo, 3 68; y el espesor de

cho,

la

3 45

m,;

la longitud

cu b iertar

L6’50; U: dfi&auhieEta^.

la del centro, piedra m ayor

5’73;

la

del te­

1’08.

(

R

o

j a

s

,

H isi. de Anteqiiera, cap. I).

— 15" —

Las más extrañas consejas se refieren acerca de ese dolmen, que desde tiempo inmemorial es conocido en el país por la cueva de Mmiga, pues parece-que en-otras épocas sirvió de albergue á gitanos y á malhechores y á una especie de saludadora á quien se daba el nombre de Menga (1).

Conviene consignar, que los dólmenes, así como los

los

de

que la estructura y calidad de las piedras varían según la naturaleza de los terrenos en que están enclavados. Según hace observar Yüanova estudiando estos antece­ dentes, por la magnitud de esos monumentos y los res­ tos humanos y manifestaciones de arte industrial halla­ dos en ellos, debe atribuirse la construcción délos mega- lilos más bien que á pueblos errantes «á gentes sedenta- rias y que dispusieran de mucho tiempo para llevar á cabo tam añas empresas.» (Obra citada, pág. 351) (2).

demás m onumentos megalíticos, tienen, comparados

de unos con otros países,

visibles

analogías,

apesar

H ksudólmktíes.—Numbranse así los dólmenes, cuando

de cubierta

uno de los extremos

de la piedra que

sirve

\l) Es in teresanteJiare r c o n t a r el cnso de (| hl* entre' los cortijos de (tacna

magnífico vuciihir de 12 píes de

y llujalance (Córdoba], donde descuella altura, se canta esta copla:

un

Jilicn jilando

puso aqni

este tango,

y Menga'Mengal

lo volv ió

¡i

q u i t a r .

-

.

(Góxgora. A n tic u e p reh ist. jje A n d a lu c ía ).

¿Qué relación puede haber entre la M enga de la cucva y la M enga M en- gal del m enhir de la provincia cordobesa? Los estudios follt-loricos pudie­ ran esclarecer esto curiosísima analogía de las tradiciones populares. (2) Ampliando después esta teoría y dando á conocer las opiniones diver- sasque acerca del origen é invención de los monumentos primitivos sostienen los arqueólogos, dice: .creemos que se rompen la cabeza en vano cuantos

se proponen adjudicar su invención y propagación

(página 552, notas), lin comprobación de esta lógica teoría, téngase presente que en América se han hallado dólmenes; por ejemplo, el llamado mausoleo

en Acora.

ó este ó c! otro pueblo

»

descansa inm ediatam ente sobre la (ierra, en In Corma í[ní; representa el grabado.

l-'is.

I i'-—llfltlitlnl lilí'll.

Xada se sabe acerca del objeto de eslos monumentos, que en algunos casos tienen el aspecto de un Ti'tlil», al que fallara uno de los pilares <le sostenimiento. Tiulitoh.—Quiere decir esla palabra {¡rs p k d m a . l'o- nócense estos monumentos por ¡icha re.na ó ¡¡citaren, pa­ labras compuestas de las célticas lec/t (sitio, me­ sa) y rail (piedra), de donde se dedujo, cuando los arqueólogos opina­ ban que los dólmenes y dem ás mega!i los eran altares de sacrificios h u ­ manos, que estos ser­ vían de altares de obla­ ción. Su altura des-, miente esa hipótesis:

siendo mucho más lógi­

co suponer que los trilitos son recuerdo de batallas o h e­ chos notables de las edades prolohistóricas. pues tienen

modernos arcos de triunfo,

de los cuales pudieran ser origen, como lo son. por

gran parecido con

l-'iií.

Tí.— T r ilito ,

nuestros

ejemplo.

tas

rev es

los

dólm enes

históricas

h éro es.

11¿1 los ¿grandes

se

h a n

erigido

t os

n o

e s t á n

a b i e r t o s no

que

recnnocer

sepulcros

en

([lie

de

en

los

ed ad es de

v ( í a m i m i s

e s l e

c o n

extremos.

h o n o r

los

<' r m i a r r o s . — ( l o m o

!i u ) 11 ni n e 11 l o s

p o r sino

c o n o c i d o s

s

dólm enes

noi ii l>re.

hay

que

s i n o son

m u i

d e

s u

o lorías m e n e s

d

Ki' an

m c u in o

a

g n i t u d

la

d i v i d i d o s

«mi

d o s

ó

m u s e s l o s

v e z s e p u l l u r : . i

e n m a r a s

g r

á

ó a n d e s !a vi1/

i'ifrrd

t e m p l o s

dr M fnf/!!. T al

y

l u ^ a r

d

e

f u e r o n

c a ­ d ó l ­

,M i'Mi ¡ i: k s . —

D e r i v a s e

y

e s l a

p a l a

l i r a

di*

l a s

c é l t i c a s

nie-u

(piedras

é

h ir

\ la r ^o j;

c o n ó c e u s e

r o n

ei

n o m b r e

d e

iiit'nlrirt’s

ó pt'ttJratt

(poste)

ciertos

m onolitos de

diferentes

alturas

hincados

tierra

por

una

de

sus

extrem idades,

(¡ue.

liien

se

en lia lla n

solos,

y

es

el

itti’itlt'u' propiam cuie

di­

c h o .

b i e n

f o r m

a n d o

a ^ r n j ia i - Í i m i ( is.

y a

p r e c e d i e n d o

al

duf-

nifu u al (>>tu tilo.

(Ionio

dijim os

de

los

ti'W fus.

p a rée en n o s

los

ineriln'tYS

nioiiimien[os sim bólicos y lal vez origen de los monolitos

egipcios, í;riegos y

romanos.

18

-

agrupaciones de tncnfttres

La1 como se

ceden á los dólmenes, rumo queda dicho. otras y así su­ cede en Carnal;—donde se conserva un monumento de osla índole notabilísimo—precede á un vi'muh'dt.

representa en i'! grabado. Muchas veces pre­

Kixtir.KiiAs.—Filas. líneas ó

I"’iSI. 17. —Híii^Uteis.

lín Dihir.

segYm las A ,it) ( j) ie .il< u lv s p s e ltis lú r ir a x

de A

tu la -

óchenla

centímetros de altura. El dolmen era grandioso y estuvo cubierto con un montículo. (liiOMLKCií.E l a'O/tifedf e s la reunión de varias agru­ paciones de piedras más pequeñas que los men.ltin-a. Lus

I n d o ., lml>o un dolmen

rodeado

de

m o i h

'm 'x

de

hay circulares, elípticos, rectangulares, ele., y según dico

alinea­

ciones ó lilas de piedras, como en Dinamarca y Argelia y se representa en nuestro grabado. La palabra c r o m le c h , se compone de dos raíces del bajo bretón: de h r o t n u . r o u r b a . y h ’d t ó ld> . piedra sagrada.

Mortillet, com unicante ó enlázause algunos por

Ouizá—como dice Jlanjarres,—tengan relación estosmo-

11)

mímenlos

algunos

templos, de tribunales. siLios para asambleas. exaltación

que ^sirvieron á la ve¡í de

«con los períbolos sagrados que existieron en

países.v

creyéndose

dejeles, ó inhumación de cadáveres de personajes nota­ bles v. | Las brthis arles. Monum. pi'thñt. - (1 >.

(I)

l o s

d e

lid

!a

p i e d r a s

p p n ín s u lii

m u y

d e

SjH in liiin ,

d e l

! u s

h igo

U m iiy o .

s e n u ' j a n U ' s

íi

c n j m l c c h s .

e o n s é i v a n s e

u n o s

c í r c u ­

.

20 —

monumentos

son inexplicables en su origen. Fórmanse de una gran piedra fónica colocada sobre otra ó en la cúspide de un montículo, guardando maravilloso equilibrio, que es al­ gunas veces tan perfecto, que alinenor impulso la piedra

se mueve sobre su eje. Hay monumentos de esta (dase en Europa, en Asia y en América. En el atajo del camino de íllora. (entre Granuda y

Jaén), «escita la curiosidad el trilito y piedra gira Loria de Luque;>- la piedra giratoria está colocada en la meseta de un tajo y el trilito formando tres grandes peñones, co­

locados en ellfondo de] precipicio.(G óxcíora, obra citada,

pag. M). T h d u ú m .—ha etimología de la palabra

P iedras

moviiílkk. — Estos curiosísimos

da exacta idea

de esLos monumentos. En griego, hállase la radical tnm

y (ambos, eminencia ó sepulcro; en latín. túumhts, moii- tet-illo; la palabra sanscriLa ir. significa crecer.

Los ¿ttmnlos tienen el aspecto exterior de un dolmen

cubierto por montículo de tierra, pero están formados

el

centro del montículo está el espacio donde se sepultó el cadáver ó la urna cineraria con las cenizas deL diluirlo,

lo cual prueba,—como dice Yilanova,—que entonces se

practicaba ya la cremación

ha forma del túmulo es cónica más ó menos perfecta En Cannoua (Sevilla), consérvanse importantes restos de estas construcciones protohistóricas, conociéndose el yacimiento con el nombre de campa de túmulos.

Según un estudio publicado recieulemenLe, divídense esos túmulos «en Lres especies: unos en los que sólo se encuentran instrumentos de piedra, otros en los que hay

solo por el am ontonam iento de tierras y piedras. En

( 1).

(I) En Amc-rica. además de los mouiids, liny muchos ejemplares de túmulos, siendo el más nofalile el llamado El Obispo, ou el Peni. Tiene 50 mi*- Irns do elevación y cutiré uno superficie de H arcas inglesas. (Chonav, ulna citada, pag. IIS ,

tam bién (le metal y otros en los que dominan éstos por completo. Los más antiguos son los primeros, compues­

tos, lo mismo que los demás (pues en esto Lodos son igua­

les)

de una ó dos sepulturas en su interior, en las cuales

se

encuentran Los cadáveres

senlados ó acurrucados. Los del período de transición de la piedra á tos metales tienen sus muertos tendidos y la cremación comienza á susti­ tuir á la inhumación, cosa que sucede completamente

en los terceros, del cobre, en

los cuales las cenizas del di­ funto están en el suelo de una de las cavidades inte­ riores del túmido, menos en uno que se ha encontrado una urna cineraria de barro que contenía los reslos calci­ nadas del cadáver.» Pe eslos túmulos son de los que se han sacado los objetos.más nota­ bles del Museo formado por 1). J u a n Peíaez y ííarrón.

persona ilustrada que ha es­ tudiado atentamente aque­ llos restos de la protohisto- r¡; ' La andalucia- moderna,

- villa. 1893).

K1 túmulo es la construc­ ción prolohistórica quem as afinidades ofrece entre unos

y oíros pueblos, y la que acerca aquellas edades á las

conocidamente históricas, por que demuestra tenden­ cias hacia la regularidad y proporciones de las formas

externas de la construcción. Gillmandice á este propó-

2

2

silo: '(Compárense, por ejemplo los túmulos sem i-esleri- cosde los nebros musgos del Africa central, ron los del Himalaya y de Copal, correspondientes á la primera época del budhismo, y los daneses prehistóricos. Los maoris de la Nueva Zelanda, erigían sepulcros cónicos con lados reídos, lo mismo que los antiguos pelasgos de ta llanura de Troya, los arios, los celtas del Hósforo y de la comarca de Maratón, y los chinos. La forma cónica [niñ­ eada se encuentra en los sepulcros budhistas de Copal, en los llamados de ¡os espiritas, en la costa de Síberia y en muchos de esos ¡nouuds ó cerros problemáticos de los

Estallos Unidos>>

Estas investigaciones y otras que sería prolijo enume­ rar prueban los estrechos laxos que unen las manifesta­ ciones artísticas de todos los pueblos, que 110 pueden explicarse de 1111 modo satisfactorio, pero que, induda­

blemente, están señaladas allí donde el arle se revela, aun del modo más rudo y embrionario. MorxDS-iti'ir.bKus.—Estos monumentos, que según pa­ rece han lomado el mismo nombre con que se designa­

ba á los hombres de la raza superior que los erigió (cons­ tructores de montañas.) desde el Alto Canadá basta los valles del Mississippí y del Ohio, divídenlos, Sqníer y

seis clases: 1 .a obras de defensa; 2 .* cercas ó

vallas de templos; :i.;i templos; 4.11 colinas para los sacri­

sepulcros, y 6 .;i colinas que imitan figuras de

Davis, en

(Obra citada: La «rqmt. \

ficios; -V

animales. Short agregó una 7.11clase: estaciones de obser­ vación.

Estas construcciones y los objetos de cerámica, pie­ dras y metales que en ellas se han encontrado, revelan una cultura más desarrollada que la correspondiente á los megalitos y palafitos en el viejo mundo; pero apesar de ello corresponden á aquel periodo, porque el pueblo que los construyó carecía de toda clase de escritura, hasta de la geroglífica, y ningún antecedente histórico lia podido averiguarse acerca de él.

'23 —

Pí y Míirgall en su H istoria de la América.ftnli-colo-m-

biana (en publicación), reduce la clasificación de Siquier

á más concreLos términos: campos atrincherados (í'ortili-

caciones y recintos religiosos) y túmulos (templos de for­ mas simbólicas). Los (‘ampos atrincherados están formados siempre de tierra y piedra, sin adobes ni argamasa. Los de carácter defensivo tienen el aspee Lo de modernos campos de

trincheras, unidos u nosá otros y resguardados por

exLeriores generalmente. Los de carácter religioso, están rodeados de murallas de tierra construidas en llanuras

y encierran túmulos diversos (1 ). Los túmulos-templos, tienen de base el diámetro pro­ porcionado á la altura y esta varia entre .'> á S)0 pies. Llégase á la cúspide, donde se cree estuvo el aliar, por

suaves gradas. Los túmulos simbólicos afectan en silbase la forma de las aves, los cuadrúpedos, los reptiles y alguna vez la del hombre, si bien siempre del modo más rudo. La al­ tura de eslos monumentos es escasa. Además de estos túmulos hay otros cónicos sin gradas ni plataformas, y allá en la cúspide tienen algo parecido

á un altar; los

que servían de sepulcros también ere. 11 de

forma cónica ( 2 ). En éstos se han hallado los cadáveres sentados, en cuclillas ó tendidos, !o cual recuerda la posición de los

fosos.

(1)

Nmiimi (’nnsíijíi-n n

eslos

m o n u m e n to s

especial

atención

y

n«'m ’inn¡i

en Iré

lo.s prim eros el fuerle Ancienl.

i>n Otiio, c u y o

in te re s a n lc

plano

insería

en su

ol>ra. lis una v erd a d era forlilicíición

i|uc

o c u p a

I00ai:ri;s

ik1a n c h o pin1

"ÍH k i l ó m e t r o s tío lurgo. Contiene veinticuatro depósitos

para agua

y

l a s

m ura­

llas se enlazan, á modo d e lioneras, con

servir de alber­

gue á s a c e rd o le s y de. lugar d e a s a m b le a al puelilo, a u n q u e l’u tm a n dice que

esos recintos albergaron

«lo a n d s du regular altura.

Hesperio de las secundas,

conjeturo Cronati que pudieran

pueblos profanos. (Obra citada. pái:. iti),

(í) Se^ún O o n a u , los tú m u lo s -te m

p lo s re c u e r d a n los (e o c a llte s mejicanos

de que tralarem os en su lugar corres poml¡ente.

esqueletos de los dólmenes y túmulos de Europa, Asia y África ( 1 ).

y t k k h a m a u k s . — Y a hemos dado sucinta idea de lo que son los palafitos en el capí Lulo anterior. Al mencionarlos nuevamente, hacérnoslo porque hay que considerarlos como origen de los terrajares en la edad de los metales y porque en gran número de ellos, más perfeccionados en su forma y disposición, se han hallado objetos y armas de metal y cerámica más artística que la correspondiente á la época de la piedra. Los terminares, lo mismo que los cranoges y stohaded ishtnd de Irlanda, guardan gran semejanza con los p a ­ lafitos.

Los ¿erra m ares i ierra masa, abono amoniacal, en ita­ liano), hállause eu Italia cerca de las riberas de los ríos

P

a

l

a

f i t

o

s

y

también de lus (.‘ampos cultivados, especialmente en

el

X. de Italia: en Francia, en Moravia, en el Mecklem-

burgo, en América y en la costa O. de Africa. (Vilanova, obra citada, pág. ;i(i4). Distínguese este periodo por el hallazgo, en Lodos los yacimientos mencionados, de objetos de cobre, de bron­ ce. de hierro, hachas pulimentadas, objetos de piedra, é instrumentos} de las mismas materias y cerámica algo más artística que eu el anterior. Keconocen los arqueólogos, aunque con ciertos distin­ gos, en ¡a edad de los metales esta gradación: cobre,

(1)

En Cunnona, se lia explorado ¿diera

el

túmulo llamado

di-las

c u cea s

i/e la B ütida., <|lio t.ls di» lumia senii esférica, a):_'i> apianada, y mide 18 m. ilo diámolro porV:MJ de ¡illury. E nlosrios (creios superiores si* lian hallado 1(5

un

eemci'io, euii ¡'rail cantidad de ceniza. entre la cual se fian hallado restos de

huesos i-aleinados. lín eslu zima de! túnmJose han eneonlnuld armas y uten­ silios de piedra y vasijas de tosca arcilla. Próximamente á it'od milímetros del pavimento de los liontos se luí hallado uno planicie de piedras y bajo ¡■Mas tina espesa capa do arena. culre la eiitd hatjía un esqueleto humano. Las amias de piedra <|ue se encentraron entro la arena son más toscas rpie

hum us di' forma elíptica.

eons'im dos des iinmipusten.i. Cadu horno tiene

las

d e

la

p rim e ra

'/.una de!

túmulo. (Artículo lirm a d o

p o r P .

J u a n

Pelaez).

bronce

va.—el artífice reprodujo las formas de las hachas puli­

mentadas, de las puntas de lanza, dardos, flechas, etc ;

labró objetos de adorno, tales como sortijas,

tando en las paulatinas y difíciles vías del progreso,

é liierro, «En el periodo

del cobre.—dice V ilano-

y adelan­

l1i^.

; n . “—^ tiMjti

l u r j iu -

itu hulLida en un moimd. ¡íL’giiiL Cro-

nau.

iií. 21.—Puño (le ¡nula do cobi't.'.liitilii- ík> en Dinamarca.

Kiy. 22.—Vasija de Im ito proce­ den le do Almería.

I-'ííí.ÍJ.—P untii de lan­ za,de cobre (l'!^¡>uña).

inventó sin duda el torno de alfarero, con lo cual ya las vasijas revestían formas mucho mas regulares que en la

época anterior

confusión es digna

de detenido estudio. Figuier, cree que los importadores

»

(Obni citada, págs. 3No y 38í>).

la

Respecto del periodo del bronce

-

26

á líuropa del robre y el bronce debieron parecerse m u -

caldereros errantes y quiere h allaren

aquellos el origen de los antiguos celias. Como el insigne físico opinan gran número de arqueólogos y geólogos negando á la industria del bronce el carácter huligena: y en esos debates se lian invertido muchas sesiones de

cbo tí los m odernos

Congresos de Arqueología, no llegándose nunca á satis­ factorio acuerdo, Nuestro sabio Vilanova. resume hábilmente lodas las

teorías en

gumenLos de los arqueólogos que sostienen aquella

ú los^ar-

su notable obra ya citada,

y opone

ter­

minante conclusión, que no hoy razones bastantemente justificadas para negar al europeo, «que supo fabricar los mil y mil objetos preciosos en piedra, en hueso y en cerámica, que supo grabar y hasta pintar durante las edades anteriores, teniendo ó encontrando en abundan­ cia en muchas regiones el cobre nativo, los sulfuro?, carbonatos y otras especies, el estaño, rel oro, la pla­ ta, eLc.», que imitara con el metal el hacha, el marlillo, la lanza y demás utensilios que habían salido de sus manos en tiempos anteriores. (Obra citada, págs. 39:í y 394). Gillman, dice que el periodo de los metales no eslá se­ parado del de la piedra por límites precisos, sosteniendo la lógica teoría de que el uso de la piedra y los m eta­ les se subordinó á la producción de cada pais. «Iil empleo del bronce,—dice,—dió Jugaren todas parles á la forma­ ción de objetos más ricamente ornados; y es muy digno de notar, tratándose del desarrollo de la civilización, que los adornos de los bronces norteamericanos, si bien m uy sencillos, son enteram ente parecidos á los que se obser­ van en la costa noroeste de Asia, en los confínes de la Mandchnria y en Java. Así mismo las formas de las armas de bronce se repiten en las regiones más aparta­ das de la tierra.» (Obra citada, pág. 90). Respecto delhierro, su antigüedad es incalculable, en­

lazándose con la mitología de muchos países, los datos

que la

ciona. La industria de este periodo, Pe caracleriza, prim era­

proLohistóríni aceren de él propor­

arqueología

Klg.

a

í'i. — Punía

tl(’

lnn«i il« hierro <

I"iK-

(LH

M usen ¡m in en ló g ico nacio n al.

l’ ilí ia l

l'ii;. '2?.—l'ufto de. (?,■!-

[iada

(lim ita).

(Almc-

mente por las armas y utensilios fabricados con hierro, brunce v cobre. En la cerámica búllanse los vestigios del lorno, de la cocción hábilmente dispuesta y de los ador­ nos figurando animales y combinaciones de líneas.

— 28 —

En los Monnds se han hallado vasijas de arcilla con formas y dibujos que demuestran cierto grado de per­ fección; algunas esLaluilas, pulseras, collares, pendien­ tes. amuletos y cuentas de cobre, y a m a s y herram ien­ tas de piedra, hueso y aquel metal. Enlazanse los grados de perfección de este periodo con las fantásticas noticias que la mitología nos reitere; con las tradiciones que los pueblos más antiguos poseían y

los albores de la historia. En el siguiente capítulo resu­ miremos la interesan Le época de la transición, para pe­

n etrar

bros y en los monumentos arqueológicos.

ya en los dominios de la historia escrita en los li­

III

Época de transición y enlace de la Protohistoria con los tiempos históricos.

arlísficas.—Uis conslrur-

«.•ionos i-icliipcas.— Xa volas.— Ma[ialcs.—TalnyoU.—Xura^lms.—Consiiueirici-

í:arác(w¡« déosla i'poca en

las manifostacione»

iu ‘s

cicliiid'.H .—Clili'

i l w e l i c r s

lí¡

C h o r e a

" i ^ a n l u n i . — K]

l e m p lu

del

Alio

Knlaco,

A n tig ü ed a d

c iv ilizacio n es. N oticias d e

siniH'S,

d e

d e

la

p ru to b isto ria

lus

p u e b lo s

con

lo s

tie m p o s

ecm oeiilam euli*

las

h istó rico s.—

arle s

y

p rim itiv o s. Anatomías enln»

los

a u to re s

”t

p rim e ra s

y la tin o s _ H e su n ien .—C o n d u -

La época ele transición entre el Arte jjroLoliistóri<;o y las arles históricas, propiamente elidías, márcase con suave gradación en las arles suntuarias, algo en la es­ cultura y más en la pintura, cuyas representaciones ó símbolos desarrollaron no solo el arte pictórico, sino la escritura, desde las imágenes, geroglíticos, signos cunei­ formes, em blem as de palabras y sílabas, hasta el alfabeto, cuya invención corresponde á los egipcios, como su pro­ pagación en Oriente y Occidente á los fenicios, incansa­ bles viajeros que transportaron de unos á otros países el progreso. las artes, la cultura y el comienzo de toda civi­ lización. Es curiosísimo observar, como, respecto de es­ critura, se va lentamente transformando la representa-

30 —

ción. con imágenes más ó menos nulas, de seres y obje­

tos. en los esto,

entre la escritura piel úrica ó figurativa d d viejo mundo, con la de igual índole de la joven América, cuyas tribus más civilizadas valiéronse, como los egipcios y babilonios,

de figuras y símbolos para e x p r e s a r sus ideas y lijar

noticias cuyo conocimiento podía interesar á lodos los individuos de cada tribu. Respecto de monumentos. Jas construcciones ciclópeas parecen ser el enlace de los tiempos primitivos con los conocidamente históricos, y véase que estrecha relación guardan entre sí las na re(tí* de Menorca, ¡os ¡napnlt’s de ÁTrica. los laJat/ots de las Baleares, los viu'tiff/tn.s de O r ­ deña. las construcciones ciclópeas de Oriente y Occiden­ te. las de América. las cVrf/'(Lreljers de Nuevo Méjico, el ('¡tarea <jigüntt>»t de Kalisbury, y el m onum ento del Alio

Denme, en los Yosgos.

caracteres de la moderna escritura. ( 1 ).

como e n

lodo, saltan á

la

E n

vista las afinidades

las

v

Vis. 2S.-Navt.-la.

¡a de un barco con la quilla

hacia arriba. Las más notables de las que se conservan en Menorca es la llamada la ñau deis Tudons. Sampere y

N

a v e t a s .—Es

S u

forma

I.a escritura, incluyo Gíllnum un su no­

table obrti Los g r a n d e s ¿nüt’ntas. os m u y baslm iíe. h-ii pern-trai' en t>sludtos

do In in lcliycncia

humana.

siip e r ío iv s .

(l|

La monografía (¡ue arn iv a do

para

c o m p r e n d e r

l;m

lirrm osa

iuanifi\<la<-i.)ii

31

Miqucl 011 su e-s Indio de loa atonamentón viegalllicos ibéri­ cos, asigna á estos monumentos origen semítico. JMal'Alhs.—(Mayalia, mapali y tam bién IVlagalia), voz púnica, según Frenad, y también hebrea, «que indica aspee Id de nave.x» Sampere y Yitanova dicen que el '¡no- im l es nna '«habitación africana, hecha con cantos sin pulir ni escuadrar, puestos unos encima de otros, que parecían á la vista como un montón de escombros y m e­ jor una cabaña ó Lienda.» Aun construyen estas chozas l¡is tribus nómadas del Atlas (1). Tai.avots. ó luihilacióit al descubierto.—Sampere divide estas construcciones en dos grupos, las de puerta alta y las de puerta baja y escalera interna. Señala el Talayots

.Noguera deis Frarcs (Mallorca), como tipo de los

de

S.

primeros, Su plañía es circular con 13 m. de diámetro; la altura 4 oO. Fórmanlo hiladas de piedras, las mayores de 2 m. de largo por 1 de ancho y 0’70de allura; el talud ó inclinación del muro es de unos 20 grados. Sampere dice, que se cubrían estos monumentos avanzando las hiladas de piedras unas por encima de otras. La forma exterior de estas construcciones es la de un cono trunca­ do sobre plano circular ó elíptico. Por rampas exteriores ó rudas escaleras se asciende á unas cám aras con lechos planos ó abovedados.

(l)

Vi>use

!_■] Viaje

á

Oriente

de

la fragata

de

atierra

Arapilcs,

— 32 —

Para Sampere, los talayoh son viviendas, y no cám aras funerarias coma aseguran algunos arqueólogos, y la pa­ labra lalayots, de ToJal. raíz cananea, significa mansión elevada, habitación alta.

la

isla de Gerdeña con los Talmjots, es evidente. El signifi­ cado de la palabra miraghas preténdese hallarlo en la pa-

N

u

r

a

g

h

a

s

. —

L

a

analogía

de estos

monumentos

de

33 —

labra plm r. fuego, esto es: lugar destinado á quem ar ho­ gueras de señales, pero esta etimología no está compro­ bada.—La forma exterior de estos m onum entos es la de un pilón de azúcar colocado sobre una base redonda y de menor altura; están construidas con sillares tosca­ mente labrados y colocados en seco. En el interior hay cámaras, ascendiéndose á ellas por escaleras ó rampas. —Los nuragkas se pueden estudiar como monumentos aislados; como grupo de ellos dentro de un circuito y como reunión de muchos de ellos, formando un solo edi­ ficio. De todas estas formas se conservan restos. Coystiiuccio:s'es ciclópkas.—En Italia, Grecia. España y el Asia menor, es donde mayor número de monumen­ tos de esta clase se hallan, aun cuando los datos más in­ teresantes acerca de esas construcciones, ya destruidas

de los poetas é H istoria griega.

atribuye esas construcciones á la época de la Grecia he­ roica, y cree que tal modo de construir fue importado á aquel país por los fenicios. Sin embargo, muchos arqueó­ logos las designan con el nom bre de pdásgicas, esto es:

obra de los peíasgas, primitivos pobladores de Grecia, Italia y parte de España, y realmente hay que reconocer afinidades dignas de estudio, entre las construcciones

gigantescas de estos países,, por ejemplo, el llamado cas­ tillo de Ibros (Jaén), las antigüedades de Cabra, los m u­ ros de Tarragona, y las construcciones de Canarias, en España; los muros ciclópeos de Sumía, el arco de cobijas en la isla de Délos y otras obras colosales en aquellos países, que lentamente aproximan el arte de la cons­

primitivos m onum entales del Egipto

y Babilonia. Hay que advertir, también, la semejanza de las cons­ trucciones ciclópeas con las m m lm , talayoh ynuraghas, que liemos mencionado antes. Una de las afinidades más extrañas que pueden seña-

en su mayor parte, se deben á los libros historiadores griegos. Mr. CurLius. en su

trucción á los restos

¡3

31

-

larse es, la de estos monumentos con los de antiguos pue­

blos (,‘ullos de América, por ejemplo, los del Perú, cuyos

sepulcros de o ue llénala llamados

ni menos que los lalttyols, aunque con la traza de cono truncado invertido, es decir, el diámetro m enor sirvien­ do de base. Los muros que rodean ó enlazan los chulpas son verdaderas m urallas ciclópeas. (Véase el libro citado

de Cstonal', pág. lOí) á 112). Schliemann (el entendido investigador de las antigüe­ dades de Ilissarlik, la ^Pompeya de la Grecia antilegen­ daria» sepultada bajo montones de lava, según los geó­ logos, veinte siglos antes de Jesucristo, y entre cuyas ruinas se han hallado restos de delicadas obras artísti­ cas (Ui'iícv, Ilis/. de los fj/'w/ox), opina que los muros ciclópeos pertenecen á varios sistemas. En los del pri­ mero están las piedras sin desbastar y son á veces enor­ mes, entre ellas hay otras más pequeñas; «en los det

segundo

sistema las piedras están talladas en. las jun ln -

luras, ei param ento es plano y el con junio presenta un

en el tercero, «las piedras, gene­

aspecto imponente

ralmente rectangulares, están colocadas en hiladas hori­ zontales »

rhi'lpas. son ni más

»;

Estas construcciones componían

los muros de gigan­

tescas ciudades, siendo, realmente, los primeros m onu­

mentos urbanos que se conocen, y

como portentosas revelaciones de una civilización pre­ cursora de las primeras edades históricas. Homero describe palacios, jardines y otros monumen­ tos, pero como acertadamente dice Manjarres (Las bellas artes), «Homero debe ser leído y creído en estas descrip­ ciones como poeta, no como arqueólogo,.,» Las puertas deesas construcciones son cuadradas ó en forma de triángulo. En Italia se conservan algunas tum bas ó túmulos de grandes piedras labradas que se atribuyen á los pe­ lasgos.

pueden

considerarse

3 ;

CliI'I’ mvKLLEiiS. ó casas de peñascos.—Convienen per­ fectamente con bis construcciones ciclópeas las notables ruinas ile pueblos fortificados, que describe Cronau y que selian bailado en las regiones del Oeste de La Unión,

Nuevo México y A m ona, «donde 110

solo se descubrieron restos de colonias cu verdadero es­ tado de defensa para la guerra, sí qne hasta ciudades completas arruinadas, como también algunos edificios tan gigantescos que en circunferencia y extensión dejan atrás á todas las modernas ediOraciones del antiguo ConLinenle.ij Tal vez las ruinas más notables son las de Pueblo Bonito, en el cauce del río Chaco, Nuevo México,

en Ulali. Colorado,

cuya base de edificación, de forma elíptica, mide 1H0 me­ tros de, longitud y 103 de altura. Las m urallas tenían la elevación de 10 metros y las edificaciones debían de ser de varios pisos, formando terrazas uno sobre otro. No hay resto alguno de escaleras, por lo que el teniente Simp- son. que ha hecho el estudio de reedificación del pueblo, opina que debían servirse los habitantes de escaleras portátiles. Los muros esLán construidos con grandes pie­ dras colocadas en hiladas y unidas entre sí por medio de una especie de argamasa. También habla Cronau de las eliJ' /muses (casas de pie­ dra), construidas en los huecos de las rocas y cuya dis­ posición recuerda la construcción ciclópea del castillo de Ib vos.

cosas

usaban de una como escritura geroglífica inexplicable hoy completamente. Cronau inserta en su obra un/frc sim ih de mía de esas escrituras cincelada en una roca del río San Juan, Nuevo México, que representa una larga procesión de hombres, animales, aves y figuras es­ triñ a s . (Pág. <>3 á 78 del libro citado). Chouka ciigantcm (en Stoue-Hcnge ,—Es una especie de gran cromlech. Se compone de dos círculos concéntri­ cos y el mayor mide 2 1 ó pies de diámetro. Fórmanlos

Los habitantes

de las

y pueblos

de

peñascos,

3ti

grandes piedras colocadas de punía á modo de pilares, que sostienen otras que sobre ellas gravitan en for­ ma de arquitrabe. Este grandioso monumento presen­

ta

ya

formas

arquitectónicas;

hállase en completa

ruina.

 

í'ig. ;JL— í’h o r c a

g i ^ o n k u n .

en los Yosgos, y su

semejanza con los templos griegos es por demás visible, según puede advertirse en el grabado. Se cree que es una construcción céltica, pero es lo cierto que representa en todos los detalles y componentes el verdadero enlace en­ tre las construcciones protoliistóricas y el arle histórico, propiamente dicho.

E l templo del A lto Donnt’.—Álzase

F ig .

3 2 ,— T e m p l o

d e l

a l t o

lHv.1110.

Las armas, cerámicas, joyas

y demás

objetos y útiles,

la protohistoria, son

semejantes á las de anteriores edades, con la diferen­ cia de que las labores se complican y se hacen artís-

de este importantísimo

periodo de

trazas generales revelan ya sentimiento de lo bello y los materiales están labrados con relativa perfección.

Resumamos en breves líneas cuanto queda diclio res­ pecto de la Protohistoria. para poder comenzar el estudio de las épocas de que la historia lia dejado recuerdos es­ trilos, á que sirven de comprobación los grandiosos mo­ numentos erigidos por pasadas civilizaciones. El hombre primitivo vivió en las cavernas labradas por la Naturaleza. La contemplación de los encantos de la Creación le hizo pensar en que la luz es hermosa y que mejor habí taría donde pudiera gozar de ella y de todo lo creado, y construyó las chozas aprovechando tal vez los árboles que halló á su paso en los bosques vírgenes. Mas larde, unió á las maderas los pedruscos para formar las pare­ des. ó construyó asilos parecidos á los dólmenes con gran­ des piedras solamente y así de los dólmenes á las cons- trucciones.pelásgicas y de éstas á los palacios tallados en las rocas y á las grandiosas viviendas de la India y el Egipto, fuá naciendo el arte arquitectónico en Oriente, cuna de las grandes civilizaciones, origen de las heroicas epopeyas, cuna del saber y de la cultura de los antiguos pueblos.

UN LA CE

DE

LA

riíO T O H lST O R IA

CON

LOS

CONOCIDAMENTE

HISTORICOS.

TIEMPOS

Apesar de cuantas sabias y trascendentales investiga­ ciones se lian hecho en todos los países, es lo cierto que 110 está perfectamente definido cuál sea, entre los grandes pueblos de la antigüedad, al que se deben los primeros destellos de aqüellas civilizaciones famosísimas.

:js

Entre los monumentos de la ludia y los del Egipto liav estrechas relaciones, pero ¿ c u á le s son los primitivos? «La asombrosa antigüedad—dice I), l ’elipe Pica tosté en su libro M Universo en, la ciencia antigua—que á sí mismos se dan algunos pueblos del Asia, lo mismo que

el Egipto, no es mas

sión orgullosa, y tal vez, según lia dicho un historiador, prueba inequívoca de su juventud, cuando todavía están

en*la edad en que se entretienen con la rábula,—La cien­ cia consultada acerca de este punto, demuestra sin gé­ nero alguno de duda, que esas tradiciones, esos hechos históricos, esas maravillas que componen la cronología de tales pueblos, no se remontan á más de tres mil años

antes de Jesucristo; siendo de notar, como liemos indi­ cado, que esta época á que llega la tradición histórica y científica es común con corta diferencia para todos esos pueblos, así para los egipcios como para los chinos, así para los indios como para los persas y caldeos» (i).

importante cuestión en

su libro Las bellas artes y hace constar las circunstancias

de que entre los monumentos de Nínive y los de Egipto haya ciertas analogías; que los artistas asirios y los egip­ cios trabajaron para el gran imperio asirio y para Egipto

y que en el Asia, los monumentos indican «la época pri­

mitiva del arte de construir.aunque en via de adelanto». Más extraña es la analogía, imposible de negar, entre los m onumentos asirios y egipcios especialmente, y los de México, cuyos teocallis dedicados á templos, recuer­ dan las pirámides egipcias en la traza exterior, en la or­ nam entación de relieves y pinturas y en el empleo de

jeroglíficos; entre las construcciones ciclópeas atribuidas

á los etruscos y primitivos griegos y los monumentos gi-

que un error de cálculo

6

una

ilu­

Manjarres, trata también esta

(!)

Como rie advertirá más a d e la n te , daln-s reciente.* dem uestran <[iie lia^

Iradicioiu.'s,

más

u

menos

histéricas,

{interiores en ¡JílOO años a i# hra Cri;j-

liiHKl.

33

gantes del Perú, construidos con enormes bloques de piedra de lorma irregular: las puertas en forma de ira- pecio y sobria y severa ornamentación á lo sumo. (Rjaño, E l arle Monumental americano). Parécenos encauzada la cuestión con los siguiente datos que agrupamos en resumen, para deducir después concretas y breves conclusiones:

Herodolo, consigna al comienzo de su historia: «Los

hombres más instruidos de Persia dicen que los fe n i& io .s1 fueron los primeros factores de la enemistad entre Grecia

y los Bárbaros. Dados á la navegación, transportaban los

productos de Egipto y de Siria á los demás paises De los libros de Platón, Aristóteles. Prodo y Diodoro Siculo, resulta «la presunción—como dice Riaiio en su citado trabajo—con visos de realidad, do h ab er existido comunicación en tiempos remotos entre el Oriente y la América», y téngase en cuenta que los datos de Diodoro Siculo son decisivos: «porque en frente de África, dice, existe una isla m uy grande en el vasto Occéano. de m u ­ chos días de navegación desde la Libia en dirección á

»

Occidente. Es aquí el terreno m uy fructífero

blos están decorados con majestuosos edificios, pabello­

nes para celebrar banquetes aquí y allí, agradablemente

situados en sus jardines y la isla íué descubierta por

los fenicios, «que em prendie­

en busca de tráfico como

mercaderes, para lo cual establecieron m uchas colonias, así en África como en los puntos occidentales de Eu­

ropa,

» Agrega, que una tem pestad

las columnas de Hércules

construyeron la ciudad llamada Gades, cerca de

ron frecuentes viajes por m ar

Los

pue­

huertas

» Diodoro dice que

arrojó varios barcos «muy lejos adentro del gran Occéa-

110

y

arribaron

por

último

á

esta

isla

(Riaño,

estudio citado). Ahora bien: este ligero resumen que podría

ilustrarse

con gran número de datos y noticias importantes,

á demostrar:

viene

40 —

Que las analogías señaladas enLre los monumentos prolohistóricos del nuevo y viejo Continente, y en las

base del

soberbias obras de arte de a si ríos y egipcios,

arte arquitectónica, como se verá desjniés, se deben a los

fenicios, que «dados á la navegación—según dice Hero-

doto— transportaban los productos del Egipto y de Siria á los demás paises». y llevaron á todas partes la luz po­ tente de aquellas grandes civilizaciones orientales, aun

no bien comprendidas ni estudiadas, sin que por ello se

niegue la existencia de un arte indígena, más ó menos rudimentario en cada pueblo, lo cual parece comprobado;

piuliendo deducirse de lodo ello, las siguientes conclu­ siones:

1.a Que la idea del arte es innata en el hombre, luego

que su cultura se desarrolla, debiéndose de admitir la

posibilidad de artes indígenas, que las relaciones de unos pueblos con otros han perfeccionado.

2.a Que los monumentos prolohistóricos (y entiéndase en esta denominación cuanto corresponde á todas las

manifestaciones del arte), representan las formas rudi­ mentarias de las grandes construcciones y de las artes

suntuarias, por lo menos, y a q u e no también de la escul­

tura y la pintura, artes que necesitaron para su desa­

rrollo ideológico mayor suma de civilización en los

pueblos.

3.;l

Que las arles, en su

maravilloso

período

de

per­

feccionamiento, parecen venir de Oriente á Occidente,

traídas por emigraciones de aquellos antiguos pueblos y

por los incansables viajeros fenicios.

A R Q U I T E C T U R A

LA

ANTIGÜEDAD

LIBRO PRIMERO

La

an tigü ed ad

I

en

el

O riente

La arquitectura. Lugar que ocupa eulie las arle.-i ópticas.—Concepto filosófico y técnico de este arle,—División det estudio de ín Antigüedad.

Corresponde á la Ahqcitiíctcua el primer lugar en el

grupo de las artes ópticas, y se sirve de masas corpóreas,

dispuestas según las leyes de la ciencia y medíante la

inspiración del artista, como medio de expresión.

Derívase la palabra Arquitectura, de archilekion (a r-

che, mando y