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Juan David Mestra González

Informe de lectura.

1. Periodo de vigencia subjetiva del derecho comercial

El surgimiento del derecho comercial se da de manera autónoma al derecho civil, en el siglo IX,
como producto del florecimiento del comercio, en especial en materia de navegación en aquellas
ciudades que tenían al mar mediterráneo. El comercio estaba regido por las costumbres
imperantes en esos lugares y quienes lo practicaban trataban de evitar el excesivo formalismo de
las normas de los regímenes civiles de la época. La idea de los comerciantes al evadir tanta
rigurosidad era la de aumentar la efectividad en el desplazamiento de bienes y servicios. Es allí en
dónde surgen las principales instituciones y contratos mercantiles; así pues, si era necesario
movilizar una mercancía surgía un contrato de transporte y, a su vez, un contrato de seguro por la
posibilidad de que los bienes se perdieran o deterioraran en el camino.

El comercio es de naturaleza dinámica, esto supone que se encuentra en un desarrollo constante,


es por esto que los comerciantes entienden que no es posible alcanzar plenamente el éxito en la
individualidad, entonces resuelven unir esfuerzos y nace la sociedad colectiva y la anónima. La
sociedad de responsabilidad limitada surgió posteriormente en Alemania (1890).

El origen de la letra de cambio, alrededor de la cual surgirían luego los demás títulos de valores, se
da por la necesidad que creó la compra y venta de bienes de transportar dinero de un lugar a otro
y el peligro que implicaba poseer este último. De este modo, el comprador le entregaba el dinero a
un colega para que este, actuando en su nombre, le entrega determinada cantidad de dinero a
otra persona. Además de la peligrosidad, a veces a los comerciantes se les hacía imposible
físicamente hacer presencia en los lugares dónde se ejercían las labores mercantiles, lo cual da
origen al contrato de mandato y al acto unilateral de apoderamiento. Así mismo, en el comercio
surgió el crédito y con él el contrato de mutuo comercial.

Por todos estos contratos, indiferentes al régimen civil de la época, se constituyó un gremio de
comerciantes, dirigidos por el cónsul y que tenían su propia jurisdicción para solucionar los
conflictos internos que se presentaran. El Código Civil y el derecho romano no eran adecuados
para este tipo de actividades, razón por la cual fueron las costumbres desarrolladas en la práctica
mercantil las que se emplearon como derecho ante ese gremio.

Es así como en este periodo se da una contraposición clásica del derecho: De un lado un estricto
Código Civil y del otro las costumbres del derecho mercantil. Eran estrictamente privadas las leyes
que regían el derecho comercial, ya que estas normas consistían en la costumbre y no por normas
emanadas de la autoridad y su aplicación no era a juicio de ningún funcionario público del Estado,
sino por directores particulares de los diferentes gremios mercantiles. Sin embargo, con el auge
de la monarquía y la desaparición del sistema feudal, el derecho mercantil se fue positivizando en
las distintas legislaciones monárquicas.
2. Periodo de vigencia objetiva del derecho

Con la Revolución francesa se propugnó la abolición del derecho mercantil por ser considerado
clasista y de élites, por cuánto, una de las premisas fundamentales de esta revolución era la
igualdad ante la ley. A consecuencia de esto, Napoleón, en el año 1807 al expedir el Código de
comercio abandonó la tesis del derecho comercial basado en la idea central del comerciante y
adoptó la que consistía en el acto objetivo del comercio, tendencia que más adelante se extendió
a los códigos de los demás países europeos y latinoamericanos.

Así pues, comerciante ya no era el inscrito en un gremio mercantil, sino el que habitualmente
realizaba actos de comercio. Con la revolución se quiso que el comercio fuera realizado
libremente, por lo cual se abolió cualquier tipo de gremio o corporaciones bajo el argumento de
que atentaban con la igualdad y libertad de trabajo de las personas

En el Código Napoleónico se hizo una enunciación objetiva de los actos considerados mercantiles,
resaltando que los parecidos a ellos también se les consideraría como tales. Los actos señalados
por el legislador no eran obedecidos, porque eran muy limitados para la realidad de la actividad
comercial. Desde el momento en que se hizo este cambio de enfoque, nadie sabe, a ciencia cierta,
qué es un acto de comercio en sentido legal.

Nuestro Código de Comercio siguió la tendencia señalada por el Código Mercantil Francés, por eso
nos encontramos en una posición desfavorable a la hora de analizar cuando un acto es civil y otro
comercial, puesto que a la hora en que lo franceses adoptaron como piedra angular del derecho
comercial el acto objetivo de comercio, para clasificar un acto mercantil hay que mirarlo desde el
punto de vista del sujeto, de la naturaleza del acto, de la causa, de la forma, de su conexidad con
empresas mercantiles o por analogía, en ningún caso habrá certeza sobre ello.

Criterios diferenciadores del acto de comercio y del acto civil.

1. Criterio subjetivo

Este criterio se superó históricamente en 1804 y hace referencia al sujeto realizador de la actividad
mercantil.

2. Criterio de ánimo de lucro

Se ha dicho que el criterio para diferenciar un acto civil de uno comercial es el ánimo de lucro, sin
embargo, este también lo tienen los actos civiles, como, por ejemplo: los artistas al crear su obra
de arte.

3. Criterio de intermediación

Se ha dicho que el criterio diferenciador es el de tráfico o la intermediación de bienes y servicios,


pero el derecho comercial no solo regula estos, sino que también acarrea la producción de bienes
y servicios y en ocasiones hasta su consumo, cuando el bien se adquiere de un comerciante.