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Unidad 2. La tradición de la filosofía occidental. Parte II. La radicalización de la razón.

Descartes. El yo: verdad y método


Apunte de Cátedra

En este texto queremos destacar que, más allá de Bacon y Galileo, es Descartes quien se convierte
en la figura clave de la modernidad, haciendo de la duda y del yo (pienso), un método de búsqueda
de la verdad y el encuentro con la verdad misma. Descartes elabora un método que, al tirar abajo
todo el edificio de los conocimientos que tenía hasta el momento, pretende, al mismo tiempo,
construir el conocimiento desde cero. Su método le permitiría, a su juicio, alcanzar la verdad al
tiempo que desterrar el error. El acceso a la verdad surgirá mediante la auto-reflexión. Y de la
reflexión “demostrará” asimismo, la existencia de Dios, convirtiéndose éste en la garantía del
conocimiento verdadero de sí y del resto de los entes. Esta forma de concebir el mundo, desde el
sujeto, desde la auto-reflexión, tendrá un peso importantísimo en el desarrollo de la historia y la
ciencia moderna.

1. Descartes y el espíritu moderno

En Descartes se refleja toda su época. Al seguir la historia de su espíritu se sigue al unísono la


historia de la llamada modernidad. El individuo Descartes «ejemplifica» su tiempo, y por eso
hablar de él es hablar de la modernidad. Con él se constituyó la modernidad, y en ella asistimos
a un nuevo comienzo de la filosofía, que va a colocar al hombre en su centro. Ahí reside la gran
tarea del filósofo Descartes, que abrió el camino a la ciencia y a la técnica modernas.
(Flórez Miguel, 2011, XI)

Descartes nació el 31 de marzo de 1596 en el pequeño pueblo de La Haye, en la Turena


francesa, […] Se educó en el colegio jesuita de La Fleche, en el que ingresó en la Pascua de
1607. […] Permaneció allí hasta septiembre de 1614, recibiendo clases de lógica y estudiando
a los clásicos, especialmente la filosofía tradicional aristotélica. También aprendió matemáticas
gracias a las clases suplementarias del jesuita Jean François, que siguiendo las instrucciones
de Christoph Clavius -uno de los grandes científicos del momento-- impartió, a partir de 1612,
clases suplementarias de matemáticas a los alumnos aventajados, entre los que con todo
merecimiento se encontraba Descartes. En su libro Prolegómenos Clavius criticaba las sectas
peripatéticas enfrascadas en vanas disputas, que conducían a la incertidumbre y al
escepticismo, y como alternativa proponía las demostraciones matemáticas, que excluían la
duda. Estas ideas de Clavius encontraron un claro eco en la primera parte del Discurso del
método. […] Tras dejar el colegio de los jesuitas Descartes cursó estudios de Derecho en la
Universidad de Poitiers, donde obtuvo la licenciatura en 1616. […] Concluida su licenciatura en
Derecho y después de pasar una temporada con su familia se alistó en la Escuela de guerra de
Breda (Países Bajos). Después de dos años en Holanda, en 1619 Descartes se unió al ejército
bávaro, y el 10 de noviembre de este año tuvo una famosa revelación referente a su sistema
de filosofía: La llegada del invierno obligó al ejército a detenerse, y mientras descansaba en
una habitación caliente […]; se le reveló la esencia de su «nueva filosofía»: la unidad de las
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ciencias (enciclopedia) en torno a la matemática. Los relatos, en forma de sueños, que


Descartes nos ha dejado sobre este acontecimiento son un claro ejemplo del modo en que se
convierte en el iniciador de la modernidad: el hombre se descubre a sí mismo como centro
gracias a una peculiar experiencia del yo que le posibilita una nueva forma de hacer filosofía
diferenciada del modo griego, fundamentado en la admiración de la naturaleza y orientado
hacia la búsqueda de su origen, sus principios, sus causas y sus regularidades.

A partir de Descartes la experiencia del yo constituye el fondo de una nueva forma de hacer
filosofía, que tiene como referente fundamental la individualidad humana considerada desde el
punto de vista de la subjetividad. […] Descartes la delimita [a la individualidad] desde la
subjetividad de un yo determinado por el tiempo (historia) y por el espacio (naturaleza) y
constituido en punto de partida de la filosofía, guiada con orden y medida por la matemática.
[…] En el Discurso del método relata este episodio, […]

[…] Esta obra describe lo que Descartes consideró una manera más satisfactoria de adquirir el
conocimiento que la presentada por la lógica de Aristóteles y la filosofía en general desde los
tiempos de Platón. Sólo las matemáticas -argumenta- son ciertas, de modo que todo debe
basarse en ellas. (Flórez Miguel, 2011, XII-XVII)

2. La cuestión del método

Si con Bacon se tiene clara conciencia de la necesidad de una nueva lógica y de una reforma
de la filosofía, con Galileo se sientan nuevas bases para el conocimiento científico desplazando
el antiguo concepto de ciencia e instituyendo la idea de “método”. El concepto
de “método” (Methodos) proviene del griego y significa “camino o vía por El método
Método = camino medio del cual podemos aproximarnos a lo que debe cartesiano: para
conocerse”. Pero es con Descartes donde se colman estas unificar el saber
y excluir el error
exigencias. Con el Discurso del Método (1637) el método adquiere el sentido
de unidad del saber y exclusión del error. Su proyecto es elaborar una ciencia
universal que pudiera reunir todo el conocimiento a través de un método que se aplicaría no
sólo a los objetos de la matemática y la física, sino incluso a las cosas espirituales. […] Así, el
conocimiento de la verdad queda sujeto al camino seguido, es decir, al método. Por tal motivo,
al inicio de la Primera Parte del Discurso… indica que su pretensión es mostrar
los caminos que él ha seguido para acercarse a la verdad y evitar el error. Esto El método es la
vía de acceso a
último puede eludirse si impedimos precipitarnos en nuestros la verdad
Crítica a los juicios, es decir, si evitamos tanto afirmar como juzgar
prejuicios apresuradamente, sin antes haber sometido esas opiniones al tribunal de la razón.
Con esta prescripción se inicia una batalla contra los prejuicios, que más adelante la
Ilustración y el Positivismo harán su bandera. El deseo de distinguir lo verdadero de lo falso
para poder juzgar con “claridad” (uno de los conceptos capitales del pensamiento cartesiano)
lo conduce a levantar el edificio del conocimiento sobre cimientos propios y no ajenos, ya que
en todos los anteriores había podido advertir el error. Así, procuró evitar el uso del método que
otros habían utilizado para alcanzar la verdad, conduciéndolo a la elaboración de cuatro reglas
que debía seguir quien quisiese juzgar con rectitud. Con el problema
La filosofía de la del método se inaugura así la filosofía moderna, y
modernidad se
con ello se formula la idea de que antes de Descartes
caracterizará por la elabora un
búsqueda del método más lanzarse al conocimiento del mundo debía nuevo método,
eficaz para alcanzar el realizarse previamente una investigación sobre la de aplicación
conocimiento verdadero
propia razón. (Ambrosini y Beraldi, 2015, 30-31) universal: EL
método

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El Discurso del método (Discours de la méthode) aparece por primera vez en Leyden (Holanda)
en 1637 como introducción a sus Ensayos (“Dióptrica”, “Meteoros” y “Geometría”),
publicado originalmente en francés, en un gesto por completo moderno, por el Primer texto
que logra trascender así las esferas académicas, donde se cultivaba el latín y no de filosofía
escrito y
las lenguas vernáculas. Ya desde su titulo se pueden delinear algunas cuestiones publicado en
centrales. En primer lugar, se trata de un discurso y no de un tratado: en una francés
carta al padre Mersenne de marzo de ese año, Descartes comenta que su intención
no es enseñar el método, sino sólo discurrir sobre él; tratados son, en cambio, los tres trabajos
a los que precede, pues exponen doctrinalmente los conocimientos científicos alcanzados
gracias a la aplicación de ese método –acaso Descartes se guardara de afirmar abiertamente
ciertas cuestiones, entre otros motivos tal vez para evitar una posible condena de la Iglesia, 1
como poco tiempo atrás había ocurrido con Galileo–. Por otro lado, este discurso se concentra
en el problema del método, una preocupación central para varios pensadores de la época, como
Jacopo Aconcio con su De Methodo (1558) o Francis Bacon con su célebre Novum organum
(1620). Sin embargo, en este caso la búsqueda no es de un método sino de “el” método, un
solo y único método, que no precise de otro criterio que lo fundamente para así evitar el regreso
infinito (la necesidad de un criterio del criterio) que podría objetarle el escepticismo.

El Discurso del método se divide en seis partes. En la primera, Descartes repasa su recorrido
y formación intelectual, tomando en consideración el estado de las ciencias en su tiempo. En
la segunda parte, una vez sentadas las bases de la necesidad de un método
El método para “para conducir la razón y buscar la verdad en las ciencias”, como apunta el
alcanzar el
conocimiento subtitulo de la obra, expone las principales reglas del método que ha
es deductivo encontrado para perfeccionar el conocimiento. La tercera propone una “moral
provisional” que le permite no alejarse de su propósito inicial de buscar la verdad
mientras reestructura su razón con el nuevo método. En la cuarta parte, presenta una especie
de síntesis de los planteos que desarrollará en las Meditaciones metafísicas y su intento de
probar la existencia de Dios y del alma, los fundamentos metafísicos que garantizarán la
posibilidad del conocimiento. La quinta parte expone cuestiones de física y la diferencia entre
el alma humana y la de los animales. En la sexta y última se refiere a las cosas que considera
necesarias para avanzar más en la investigación de la naturaleza y a las razones que lo han
impulsado a escribir.[…]

El método verdadero para alcanzar el conocimiento de todas las cosas de que es capaz el
espíritu no es otro que el método deductivo, 2 que Descartes extrae
esencialmente de la matemática y busca hacer extensivo a las demás
ciencias. El proceso deductivo supone partir de verdades conocidas, de De enunciados
verdaderos (por
las cuales se derivan necesariamente otras verdades, es decir, que se evidencia) se deducen
obtienen por deducción. Pero, para evitar un regreso al otros enunciados, los
infinito, esas primeras verdades no pueden deducirse de cuales también serán
Para llegar a verdaderos, ya que el
una verdad
otras, sino que se tratará de principios alcanzados
razonamiento
evidente, se mediante la intuición intelectual llamados “evidencias”. La deductivo transmite la
propone intuición, según señalan las Reglas para la dirección del verdad de premisas a
primero conclusión.
espíritu (1628, publicadas póstumamente en 1701),
comenzar por
dudar. constituye un acto de nuestro entendimiento que no
proporciona una confianza incierta o engañosa como la proveniente de los sentidos
o la imaginación, sino una “concepción evidente de un espíritu sano y atento, concepción que
nace de la sola luz de la razón”. De ahí que la tarea de reconstruir el edificio de la ciencia exija
un fundamento firme, es decir, una verdad evidente, indudable. Sin embargo, Descartes […]
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comenzará por dudar, aunque, a diferencia de las posturas escépticas de la época, como la de
Montaigne, la duda se aplica de manera metódica para alcanzar la verdad y sólo se detiene
ante el hallazgo de una certeza […] Si bien lleva la aplicación de la duda hasta extremos que
algunos escépticos ni siquiera habían alcanzado, Descartes es un dogmatico, no en el sentido
de quien no atiende a razones o sólo acepta lo que un dogma afirma, sino en tanto confía en
que el conocimiento es posible. La duda se pone en movimiento afectando a todos los
contenidos del pensamiento pero se detendrá al no poder abatir al pensamiento mismo. (Bidon-
Chanal, 2012, 133-135)

[…] El método filosófico, tal como lo plantea Descartes, desemboca


El método
necesariamente en la pregunta por el hombre y por el lugar que éste ocupa en el se propone
mundo con vistas a orientarle en su camino hacia la verdad. El método cartesiano orientar al
hombre
tiene un componente moral y práctico que mira necesariamente al hombre mismo
hacia la
a fin de que éste encuentre un suelo seguro en el que apoyarse, como ha sabido verdad
ver Martín Heidegger al escribir que el método cartesiano mira «Cómo conseguir y
fundar una certeza buscada por el hombre mismo, por su vida terrena, sobre su ser hombre y
sobre el mundo» […] Tenemos que advertir también que esta peculiaridad del método de
Descartes de tener siempre como referente al hombre para orientarle es común tanto a su
primer proyecto metafísico (búsqueda de la verdad) como a su proyecto final antropológico
(dirección de la vida). (Flórez Miguel, 2011, XLV)

Discurso del Método


Buen sentido
= Primera Parte
Razón
El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo,3 pues cada cual piensa
(Está en que posee tan buena provisión de él, que aun los más descontentadizos
todos)
respecto a cualquier otra cosa no suelen apetecer más del que ya
tienen. En lo cual no es verosímil que todos se engañen, sino que más Pensar
distinto no
bien esto demuestra que la facultad de juzgar y distinguir lo verdadero de lo falso, implica que
que es propiamente lo que llamamos buen sentido o razón, es naturalmente igual unos sean
en todos los hombres; y, por lo tanto, que la diversidad de nuestras opiniones no racionales y
otros no
proviene de que unos sean más razonables que otros, sino tan sólo de que
dirigimos nuestros pensamientos por derroteros diferentes y no consideramos las
mismas cosas. No basta, en efecto, tener el ingenio4 bueno; lo principal es aplicarlo bien. Las
almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes; y los
que andan muy despacio pueden llegar mucho más lejos, si van siempre por el camino recto,
que los que corren, pero se apartan de él.5

[…]

Pero, sin temor, puedo decir que creo que fue una gran ventura para mí el haberme metido
desde joven por ciertos caminos, que me han llevado a ciertas consideraciones y máximas,6
con las que he formado un método, en el cual paréceme que tengo un medio para aumentar
gradualmente mi conocimiento y elevarlo poco a poco hasta el punto más alto a que la
mediocridad de mi ingenio y la brevedad de mi vida puedan permitirle llegar. Pues tales frutos
he recogido ya de ese método que aun cuando en el juicio que sobre mí mismo hago procuro
siempre inclinarme del lado de la desconfianza mejor que del de la presunción, y aunque al
mirar con ánimo filosófico las distintas acciones y empresas de los hombres no hallo casi
ninguna que no me parezca vana e inútil, sin embargo, no deja de producir en mí una
extremada satisfacción el progreso que pienso haber realizado ya en la investigación de la
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verdad, y concibo tales esperanzas para el porvenir que si entre las ocupaciones que embargan
a los hombres, puramente hombres, hay alguna que sea sólidamente buena e importante, me
atrevo a creer que es la que yo he elegido por mía.

[…]

Mi propósito, pues, no es el de enseñar aquí el método que cada cual ha de Sólo pretende
seguir para dirigir bien su razón, sino sólo exponer el modo como yo he exponer la
forma en que
procurado conducir la mía.7 Los que se meten a dar preceptos deben estimarse
su método
más hábiles que aquellos a quienes los dan, y son muy censurables si faltan en fue una guía
la cosa más mínima. Pero como yo no propongo este escrito sino a modo de para su razón
historia o, si preferís, de tabula, en la que, entre ejemplos que podrán imitarse,
irán acaso otros también que con razón no serán seguidos, espero que tendrá utilidad para
algunos, sin ser nocivo para nadie, y que todo el mundo agradecerá mi franqueza.

[…]

Desde mi niñez fui criado en el estudio de las letras, y como me aseguraban que
Su
por medio de ellas se podía adquirir un conocimiento claro y seguro de todo
autobiografía
intelectual cuanto es útil para la vida, sentía yo un vivísimo deseo de aprenderlas. Pero tan
pronto como hube terminado el curso de los estudios, cuyo remate suele dar
ingreso en el número de los hombres doctos, cambié por completo de opinión. Pues me
embargaban tantas dudas y errores, que me parecía que, procurando instruirme, no había
conseguido más provecho que el de descubrir cada vez más mi ignorancia. […] Había aprendido
todo lo que los demás aprendían; y no contento aún con las ciencias que nos enseñaban, recorrí
cuantos libros pudieron caer en mis manos referentes a las ciencias que se consideran como
las más curiosas y raras. Conocía, además, los juicios que se hacían de mi persona, y no veía
que se me estimase en menos que a mis condiscípulos, […] Por último, parecíame nuestro siglo
tan floreciente y fértil en buenos ingenios como haya sido cualquiera de los precedentes.

[…] Pero creía también que ya había dedicado bastante tiempo a las lenguas e incluso a la
lectura de los libros antiguos y a sus historias y a sus fábulas. Pues es casi lo mismo conversar
con gente de otros siglos que viajar. Bueno es saber algo de las costumbre de otros pueblos
para juzgar las del propio con mayor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras
modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.

[…]

Profesaba una gran reverencia por nuestra teología y, como cualquier otro, pretendía ya ganar
el cielo. Pero habiendo aprendido, como cosa muy cierra, que el camino de la salvación está
abierto para los ignorantes como para los doctos, y que las verdades reveladas que allá
conducen están muy por encima de nuestra inteligencia, nunca me hubiera atrevido a
someterlas a la flaqueza de mis razonamientos, pensando que para acometer la empresa de
examinarlas y salir con bien de ella era preciso alguna extraordinaria ayuda del cielo, y ser,
por lo tanto, algo más que hombre.[…]

Nada diré de la filosofía sino que al ver que ha sido cultivada por los más excelentes ingenios
que han vivido desde hace siglos, y, sin embargo, nada hay en ella que no sea objeto de
disputa. y, por consiguiente, dudoso, no tenía yo la presunción de esperar acertar mejor que
los demás; y considerando cuán diversas pueden ser las opiniones tocantes a una misma
materia, sostenidas todas por gentes doctas, aun cuando no puede ser verdadera más que una
sola, reputaba casi por falso todo lo que no fuera más que verosímil.8

Y en cuanto a las demás ciencias, ya que toman sus principios de la filosofía,9 pensaba yo que

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sobre tan endebles cimientos10 no podía haberse edificado nada sólido; y ni el honor ni el
provecho que prometen, eran bastante para invitarme a aprenderlas; pues no me veía, gracias
a Dios, en tal condición que hubiese de hacer de la ciencia un oficio con que mejorar mi fortuna,
y aunque no profesaba el desprecio de la gloria a lo cínico, sin embargo, no estimaba en mucho
aquella fama, cuya adquisición sólo merced a falsos títulos puede lograrse. Y, por último, en lo
que toca a las malas doctrinas, pensaba que ya conocía bastante bien su valor para no dejarme
burlar ni por las promesas de un alquimista, ni por las predicciones de un astrólogo, ni por los
engaños de un mago, ni por los artificios o la presunción de los que profesan saber más de lo
que saben.

Así, pues, tan pronto como estuve en edad de salir de la sujeción en que me tenían mis
preceptores, abandoné del todo el estudio de las letras; y, resuelto a no buscar otra ciencia
que la que pudiera hallar en mí mismo o en el gran libro del mundo, empleé el resto de mi
juventud en viajar, […] en recoger varias experiencias, en ponerme a mí mismo a prueba en
los casos que la fortuna me deparaba, y en hacer siempre tales reflexiones sobre las cosas que
se me presentaban que pudiera sacar algún provecho de ellas.

[…]

Es cierto que, mientras me limitaba a considerar las costumbres de los otros hombres, apenas
hallaba cosa segura y firme, y advertía casi tanta diversidad como antes en las opiniones de
los filósofos. De suerte que el mayor provecho que obtenía era que, […] aprendía a no creer
con demasiada firmeza aquello de lo que sólo el ejemplo y la costumbre me habían persuadido;
y así me libraba poco a poco de muchos errores, que pueden ofuscar nuestra luz natural y
tornarnos menos aptos para escuchar la voz de la razón. Mas cuando
hube pasado varios años estudiando en el libro del mundo y tratando Como todo le resultaba
de adquirir alguna experiencia, resolvime un día estudiar también en sospechoso, como no
había alcanzado la
mí mismo y a emplear todas las fuerzas de mi ingenio en la elección verdad, se propone
de la senda que debía seguir; lo cual me salió mucho mejor, según estudiarse a sí mismo
creo, que si no me hubiese nunca alejado de mi tierra y de mis libros.11

(Descartes, 2011, 101-107)

El camino hacia la razón y la verdad

El método es necesario para la investigación de la verdad.


René Descartes

El Discurso del método puede ser leído como una autobiografía, como el método (práctica) que
hace posible los «Ensayos» que vienen detrás de él y como una introducción a su filosofía.

[…] El Discurso nos muestra el camino de Descartes hacia la razón. […] Descartes elige su
propia vida como «ejemplo», hace de la historia de su vida la «fábula»12 por medio de la cual
nos introduce en el nuevo modo de hacer filosofía. La autobiografía precede al método, que a
su vez puede ser considerado como el resultado de esa autobiografía. La historia del espíritu
funciona como discurso sobre el método. Una historia individual, que a su vez se inserta en la
historia de Francia y de Europa al asumir la política de su país y la religión en la que fue
educado, […]

[…] En la primera parte del Discurso Descartes refiere su camino hacia la subjetividad; y en
ese camino destaca tres momentos: el de los preceptores como directores de su saber (lector
de libros), el de la salida al mundo como actor (soldado-viajero) y el de su constitución como
sujeto (autor): […] Decide dejar de ser lector (enseñanzas de los preceptores), dejar de ser

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actor (soldado- viajero) y constituirse como autor, como sujeto, lo que efectúa estableciendo
el yo como punto de partida. Un sujeto que no hay que entender desde el punto de vista de la
psicología, sino desde la metafísica. «No se trata de la “subjetivación” del saber, sino de la
institución de la “subjetividad” como el sujeto sobre el que reposa el objeto del saber.

[…]

A partir del final de la primera parte, Descartes nos presenta claramente el objetivo
fundamental de su discurso sirviéndose de la metáfora del viaje, de gran tradición en el terreno
de la filosofía y que nos permite comprender el sentido de su método y nos da pie para
comparar al filósofo francés con Miguel de Cervantes, otro contemporáneo de Descartes, […]
Descartes, igual que Don Quijote, el héroe de Cervantes, después de haber dedicado su vida a
la lectura decide abandonarla y salir fuera de su casa para leer el libro del mundo, aunque no
para atenerse a la escritura de ese libro, sino para interpretarlo desde la propia razón,
estableciendo un orden nuevo. […]

Esta primera parte del Discurso del método, […] conforma lo que desde el punto de vista de la
retórica se llama la «inventio del discurso», que de alguna manera pinta el objeto (res) sobre
el que versa el discurso con razones, […] El Discurso del método es la historia del espíritu de
Descartes construida como una fábula en la que se nos hace presente la filosofía en
La unidad
su nueva forma. Esta noción de fábula podemos entenderla en el sentido en el que
de historia y
ficción lo hace la Retórica de Aristóteles. En su Retórica, Aristóteles distingue dos tipos
de ejemplos: los sucedidos (historia) y los inventados (fábula), que se corresponden
con las res factae (cosas sucedidas) y las res fictae (cosas inventadas, ficticias). En su Discurso
Descartes usa los dos tipos de ejemplos. (Flórez Miguel, 2011, pp.XVL-L)

[…] Cuando Descartes replantea en su origen el problema primero de la filosofía, el mundo y


el hombre ya no son los mismos que en tiempos de Parménides o de Platón. Han transcurrido
veinte siglos de vida histórica filosófica. El pensamiento ya no tiene la virginidad,
Los errores la inocencia primitiva. No nace del puro anhelo de saber, sino de un anhelo de
anteriores de saber que viene prevenido por el tremendo fracaso de una filosofía multisecular.
la filosofía
condicionan Todo el pretérito presiona ahora sobre el presente, imponiéndole condiciones
a la nueva nuevas: y principalmente la condición de evitar el error, la necesidad de proceder
filosofía con máxima cautela, la obligación de preferir una sola verdad «cierta» a muchas
conjeturas dudosas y de practicar en la marcha hacia adelante la más radical
desconfianza. (García Morente, 2006, 12)

Segunda Parte

Hallábame por entonces en Alemania, adonde me llamara la ocasión de unas guerras 13 que
aún no han terminado; y volviendo de la coronación del emperador 14 hacia el ejército, cogiome
el comienzo del invierno en un lugar en donde, no encontrando conversación
Nuevamente
alguna que me divirtiera y no teniendo tampoco, por fortuna, cuidados ni aparece el
pasiones que perturbaran mi ánimo, permanecía el día entero solo y encerrado recurso a la
junto a una estufa, con toda la tranquilidad necesaria para entregarme a mis autobiografía
pensamientos.15 Entre los cuales fue uno de los primeros el ocurrírseme
considerar que muchas veces sucede que no hay tanta perfección en las obras compuestas de
varios trozos y hechas por las manos de muchos maestros como en aquellas en que uno solo
ha trabajado.16 […] Y así pensé yo que las ciencias de los libros, por lo menos aquellas cuyas
razones son sólo probables y carecen de demostraciones, habiéndose compuesto y aumentado
poco a poco con las opiniones de varias personas diferentes, no son tan próximas a la verdad
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como los simples razonamientos que un hombre de buen sentido puede hacer, naturalmente,
acerca de las cosas que se presentan. Y también pensaba yo que, como hemos sido todos
nosotros niños antes de ser hombres y hemos tenido que dejarnos regir durante mucho tiempo
por nuestros apetitos y nuestros preceptores, que muchas veces eran contrarios unos a otros,
y ni unos ni otros nos aconsejaban siempre acaso lo mejor, es casi imposible que sean nuestros
juicios tan puros y tan sólidos como lo fueran si, desde el momento de nacer, tuviéramos el
uso pleno de nuestra razón y no hubiéramos sido nunca dirigidos más que por ésta. 17 […]

[…] Por lo que toca a las opiniones, a las que hasta entonces había
La vieja dado mi crédito, no podía yo hacer nada mejor que emprender Pone entre
distinción de una vez la labor de suprimirlas, para sustituirlas luego por paréntesis,
platónica: deja de lado
otras mejores o por las mismas, cuando las hubiere ajustado al sus opiniones,
opinión
(dóxa) versus nivel de la razón. Y tuve firmemente por cierto que, por este hasta alcanzar
verdad medio, conseguiría dirigir mi vida mucho mejor que si me alguna verdad
(epìstéme)
contentase con edificar sobre cimientos viejos y me apoyase
solamente en los principios que había aprendido siendo joven, sin haber examinado
nunca si eran o no verdaderos.18 […]

Mis designios no han sido nunca otros que tratar de reformar mis propios pensamientos y
edificar sobre un terreno que me pertenece a mí solo. Si, habiéndome gustado bastante mi
obra, os enseño aquí el modelo, no significa esto que quiera yo aconsejar a nadie que me imite.
Los que hayan recibido de Dios mejores y abundantes mercedes, tendrán, sin duda, más
levantados propósitos, pero mucho me temo que este mío no sea ya demasiado audaz para
algunas personas. Ya la mera resolución de deshacerse de todas las opiniones recibidas
anteriormente no es un ejemplo que todos deban seguir. Y el mundo se compone casi sólo de
dos especies de ingenios a quienes este ejemplo no conviene en modo alguno, y son, a saber:
de los que, creyéndose más hábiles de lo que son, no pueden contener la precipitación de sus
juicios ni conservar la bastante paciencia para conducir ordenadamente todos sus
pensamientos; por donde sucede que, si una vez se hubiesen tomado la libertad de dudar de
los principios que han recibido y de apartarse del camino común, nunca podrán mantenerse en
la senda que hay que seguir para ir más en derechura, y permanecerán extraviados toda su
vida; y de otros que, poseyendo bastante razón o modestia para juzgar que son menos capaces
de distinguir lo verdadero de lo falso que otras personas, de quienes pueden recibir instrucción,
deben más bien contentarse con seguir las opiniones de esas personas que buscar por sí
mismos otras mejores.

Y yo hubiera sido, sin duda, de esta última especie de ingenios, si no hubiese tenido en mi vida
más que un solo maestro o no hubiese sabido cuán diferentes han sido, en todo tiempo, las
opiniones de los más doctos.19 Mas habiendo aprendido en el colegio que no se puede imaginar
nada, por extraño e increíble que sea, que no haya sido dicho por alguno de los filósofos, y
habiendo visto luego, en mis viajes, que no todos los que piensan de modo contrario al nuestro
son por ello bárbaros y salvajes, sino que muchos hacen tanto o más uso que nosotros de la
razón; y habiendo considerado que un mismo hombre, con su mismo ingenio, si se ha criado
desde niño entre franceses o alemanes, llega a ser muy diferente de lo que sería si hubiese
vivido siempre entre chinos o caníbales,20 y que hasta en las modas de nuestros trajes, lo que
nos ha gustado hace diez años, y acaso vuelva a gustarnos dentro de otros diez, nos parece
hoy extravagante y ridículo, de suerte que más son la costumbre y el ejemplo los que nos
persuaden que un conocimiento cierto; y que, sin embargo, la multitud de votos no es una
prueba que valga para las verdades algo difíciles de descubrir, porque más verosímil es que un
hombre solo dé con ellas que no todo un pueblo. No podía yo elegir a una persona cuyas

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opiniones me parecieran preferibles a las de las demás, y me vi como obligado a emprender


por mí mismo la tarea de conducirme.

Pero como hombre que tiene que andar solo y en la oscuridad, resolví ir tan despacio y emplear
tanta circunspección en todo que, a trueque de adelantar poco, me guardaría al menos muy
bien de tropezar y caer. E incluso no quise empezar a deshacerme por completo de ninguna de
las opiniones que pudieron antaño deslizarse en mi creencia sin haber sido introducidas por la
razón, hasta después de pasar buen tiempo dedicado al proyecto de la obra que iba a
emprender, buscando el verdadero método para llegar al conocimiento de todas las cosas de
que mi espíritu fuera capaz.21

Había estudiado un poco, cuando era más joven, de las partes de la filosofía, la lógica, y de las
matemáticas, el análisis de los geómetras y el álgebra, tres artes o ciencias que debían, al
parecer, contribuir algo a mi propósito. Pero cuando las examiné, hube de notar que en lo
tocante a la lógica, sus silogismos y la mayor parte de las demás instrucciones que da, más
sirven para explicar a otros las cosas ya sabidas o incluso, como el arte de Lulio, para hablar
sin juicio de las ignoradas, que para aprenderlas. Y si bien contiene, en verdad, muchos buenos
y verdaderos preceptos, hay, sin embargo, mezclados con ellos, tantos otros nocivos o
superfluos, que separarlos es casi tan difícil como sacar una Diana o una Minerva de un bloque
de mármol sin desbastar.22 Luego, en lo tocante al análisis23 de los antiguos y al álgebra de
los modernos, aparte de que no se refieren sino a muy abstractas materias, que no parecen
ser de ningún uso, el primero está siempre tan constreñido a considerar las figuras, que no
puede ejercitar el entendimiento sin cansar grandemente la imaginación; y en la
segunda, tanto se han sujetado sus cultivadores a ciertas reglas y a ciertas cifras,
La búsqueda
que han hecho de ella un arte confuso y oscuro, bueno para enredar el ingenio, de un método
en lugar de una ciencia que lo cultive.24 Por todo lo cual, pensé que había que que conserve
los beneficios
buscar algún otro método que juntase las ventajas de esos tres, excluyendo sus de otros
defectos. Y como la multitud de leyes sirve muy a menudo de disculpa a los métodos del
vicios, siendo un estado mucho mejor regido cuando hay pocas, pero pasado, pero
que excluya
muy estrictamente observadas, así también, en lugar del gran sus defectos
Las 4 reglas número de preceptos que encierra la lógica, creí que me
del método: bastarían los cuatro siguientes, supuesto que tomase una firme y
1) Evidencia constante resolución de no dejar de observarlos una vez
2) Análisis Evidencia:
siquiera. Conocimiento claro
3) Síntesis
4) Revisión (o y distinto que evite
Fue el primero no admitir como verdadera cosa alguna,
enumeración) la precipitación y
como no supiese con evidencia que lo es; es decir, evitar los prejuicios
cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no
comprender en mis juicios nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi
espíritu, que no hubiese ninguna ocasión de ponerlo en duda.

El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinare en cuantas partes fuere posible
y en cuantas requiriese su mejor solución.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples
y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento
de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden
naturalmente.

Y el último, hacer en todos unos recuentos tan integrales y unas revisiones tan generales, que
llegase a estar seguro de no omitir nada.

Esas largas series de trabadas razones muy plausibles y fáciles, que los geómetras
9
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

acostumbran emplear, para llegar a sus más difíciles demostraciones, habíanme dado ocasión
de imaginar de todas las cosas de que el hombre puede adquirir conocimiento se siguen unas
a otras en igual manera, y que, con sólo abstenerse de admitir como verdadera una que no lo
sea y guardar siempre el orden necesario para deducirlas unas de otras, no puede haber
ninguna, por lejos que se halle situada o por oculta que esté, que no se llegue a alcanzar y
descubrir.25 Y no me cansé mucho en buscar por cuáles era preciso comenzar, pues ya sabía
que por las más simples y fáciles de conocer; y considerando que, entre todos los que hasta
ahora han investigado la verdad en las ciencias, sólo los matemáticos han podido encontrar
algunas demostraciones, esto es, algunas razones ciertas y evidentes, no dudaba de que había
que empezar por las mismas que ellos han examinado, aun cuando no esperaba sacar de aquí
ninguna otra utilidad, sino acostumbrar mi espíritu a saciarse de verdades y a no contentarse
con falsas razones. Mas no por eso concebí el propósito de procurar aprender todas las ciencias
particulares, denominadas comúnmente matemáticas, y viendo que, aunque sus objetos son
diferentes, todas, sin embargo, coinciden en que no consideran sino las varias relaciones o
proporciones que se encuentran en los tales objetos, pensé que más valía limitarse a examinar
esas proporciones en general, suponiéndolas sólo en aquellos asuntos que sirviesen para
hacerme más fácil su conocimiento, y hasta no sujetándolas a ellos de ninguna manera, para
poder después aplicarlas tanto más libremente a todos los demás a que pudieran convenir.26
Luego advertí que, para conocerlas, tendría a veces necesidad de considerar cada una de ellas
en particular, y otras veces tan sólo retener o comprender varias juntas, y pensé que, para
considerarlas mejor en particular, debía suponerlas en línea, porque no encontraba nada más
simple y que más distintamente pudiera yo representar a comprender varias j untas, era
necesario que las explicase en algunas cifras, las más cortas que fuera posible; y que, por este
medio, tomaba lo mejor que hay en el análisis geométrico y en el álgebra, y corregía así todos
los defectos de una por el otro. (Descartes, 2011, 115)

Los cuatros principios del método para evitar el error y alcanzar la verdad

Segunda parte. A partir de este momento la estructura del Discurso se orienta hacia la
búsqueda de argumentos entendidos como razonamientos que permitan articular de manera
deductiva el tema nuclear del discurso que, en definitiva, es el método. Descartes toma sus
argumentos de tres tópicos (lugares comunes) del Renacimiento: el tópico de la ciudad ideal,
el del estado ideal y el del reino de Dios. De estos tres tópicos nos interesa fijar la
atención en el primero de ellos, por la relación que tiene con la fundamentación De la
de la nueva filosofía. […] Descartes abandona la red de metáforas relacionadas metáfora de
la luz a la
con la luz que habían dominado desde la Antigüedad en la filosofía e inaugura un
metáfora
nuevo sistema metafórico relacionado con el suelo, que caracteriza la constitución del suelo (el
de la modernidad tal como es propuesta por Descartes. […] En los tres tópicos terreno
firme)
destaca lo mismo: la primacía de la razón sobre la historia. En este punto está
siguiendo el espíritu geométrico de las utopías renacentistas, en consonancia con el
espíritu arquitectónico […] que nos permite pensar que «Se hace edificable el suelo de acuerdo
con reglas». Aquí no se trata de ninguna inquietud que atraviese el río que fluye, sino de la
seguridad de un punto firme (como el de Arquímedes) bien asentado. […] No obstante esta
seguridad que le proporcionan las metáforas arquitectónicas, reconoce que su proyecto no está
exento de dificultades, y para explicarlo acude a otro tópico del pensamiento moderno: la nueva
reforma.

En su esfuerzo por encontrar un punto firme sobre el que sentar su filosofía desecha la lógica,
el análisis de los antiguos y el álgebra de los modernos y opta por su conocido método

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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

matemático integrado por cuatro principios famosos que colocan a las matemáticas (en cuanto
que ciencia del orden y la medida) como su núcleo […] (Flórez Miguel, 2011, L-LI)

Las dos tendencias del espíritu que conducen al error, según señala Descartes, son la
prevención y la precipitación. La primera, como vimos, equivaldría a aquellos conocimientos
(pudiendo ser tanto falsos como verdaderos) recibidos por tradición, educación, cultura, etc.,
sin haber sido examinados por nuestra propia razón siguiendo los principios del método. La
precipitación consiste en el apresuramiento de la voluntad a afirmar o negar algo cuando aun
no dispone de todos los elementos de una evidencia. En los Principios de filosofía y en las
Meditaciones, Descartes señala que Dios provee al hombre de una voluntad infinita y, al mismo
La precipitación de
tiempo, de un entendimiento finito, de allí la tendencia a apresurarse a
los prejuicios como afirmar cuestiones que aun no ha examinado por completo con la luz de
fuente de error la razón. (Bidon-Chanal, 2012, 147).

Este primer precepto, en el que aparecen varios de los conceptos fundamentales Principio de
de la filosofía cartesiana, es el denominado principio de la evidencia. La evidencia evidencia
constituye el criterio de verdad que adoptara Descartes: un conocimiento es
verdadero cuando es evidente, es decir, cuando no se puede dudar de él, cuando no hay
“ocasión de ponerlo en duda”. La evidencia se opone a la conjetura; lo evidente se distingue
de lo verosímil y lo probable, nociones propias de la lógica escolástica. La evidencia se
caracteriza por dos notas: la claridad y la distinción. Una idea es clara cuando se presenta
inmediatamente al intelecto, “así como decimos que vemos claramente los
Lo evidente
se opone a
objetos, cuando se presentan a los ojos que los miran de manera fuerte y
lo manifiesta”, aclara Descartes en los Principios, recurriendo a la comparación con
conjetural la vista. La claridad de una idea lleva a asentir irresistiblemente su verdad, a
diferencia de la impresión del recuerdo de una idea, que en tal caso sería lo opuesto,
sería oscura. La otra característica de la evidencia es la distinción. Distinta es la idea definida
en sí misma y separada respecto de todas las demás, que no contiene nada que le pertenezca
a otra idea, “aquella que es tan precisa y diferente de todas las demás y no contiene nada en
ella más que lo que aparece manifiestamente a quien la considera como se debe”. Lo contrario
de una idea distinta es una idea confusa. Si decimos “un triangulo es una figura geométrica”,
no hay nada en esta proposición que lo distinga de un cuadrado o un
Claridad:
rectángulo; en cambio, al decir “el triangulo es una figura geométrica
se opone a oscuridad.
de tres lados” estamos frente a una idea distinta. De manera que “claro” Distinción:
se opone a “oscuro”, y “distinto” a “confuso”. Vemos entonces que todo se opone a confusión
conocimiento distinto tiene que ser claro, aunque un conocimiento claro
puede ser tanto distinto como confuso. En este primer precepto se pone de manifiesto lo que
se venía advirtiendo en los párrafos precedentes: la necesidad de proceder de tal
manera de evitar la precipitación y la prevención. Por otro lado, aquello
Alcanzar un
que se presenta clara y distintamente al espíritu, de manera conocimiento evidente
inmediata, se capta a través de un acto intelectual simple: la intuición. implica haber evitado
[La intuición] cartesiana constituye un acto intelectual, propio del el error, es decir, haber
evitado los prejuicios y
pensar puro, desvinculado de lo sensible; la intuición es la captación la precipitación
inmediata de una idea simple, una idea completamente abarcada por el
intelecto. […] De acuerdo con las Reglas para la dirección del espíritu, la intuición
y la deducción constituyen las únicas vías para alcanzar el conocimiento verdadero,
operaciones ambas del entendimiento (por lo tanto, diferentes de la imaginación y los sentidos,
facultades por las que no llegamos a obtener certeza) que poseemos por naturaleza y que el
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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

método sólo nos enseña a emplear de forma correcta. Mientras la intuición es un concepto que
forma el entendimiento puro, con tanta claridad y distinción que no queda duda
alguna sobre lo que entendemos (por ejemplo, que pensamos, que existimos,
La falibilidad de
la memoria, que 2+3=5, que 1+4=5), por deducción (o razonamiento discursivo) se refiere
hace necesaria a todo conocimiento que es consecuencia necesaria de otras cosas conocidas
la 4ª regla:
con certeza (por ejemplo, que 2+3=1+4). A partir de principios verdaderos se
enumeración
pueden deducir numerosas verdades formando largas cadenas deductivas
cuyos eslabones están unidos uno a otro de forma inmediata,27 y es la memoria
la que asegura la certidumbre, ya que es ella la encargada de recordar los pasos anteriores a
medida que el intelecto avanza. (Bidon-Chanal, 2012, 149-150)

El segundo precepto es la llamada regla del análisis. Según este, el primer paso
Análisis: frente a una dificultad, a un conocimiento complejo, es analizarlo,
dividir el Principio
problema en es decir, dividirlo hasta llegar a algo evidente, a una idea simple, de análisis
tantas partes un conocimiento captable por intuición. (Bidon-Chanal, 2012, 150)
sea posible

El análisis es, pues, el primer momento del método. Dada una dificultad, planteado el problema,
es preciso ante todo considerarlo en bloque y dividirlo en tantas partes como se pueda (segunda
regla del método)

Pero ¿en cuántas partes dividirlo? ¿Hasta dónde ha de llegar el fraccionamiento de la dificultad?
¿Dónde deberá detenerse la división? La división deberá detenerse cuando nos hallemos en
presencia de elementos del problema que puedan ser conocidos inmediatamente como
verdaderos y de cuya verdad no pueda caber alguna duda. Los tales elementos simples son las
ideas claras y distintas. (Final de la primera regla). (García Morente, 2006, 19)

Principio de El siguiente precepto es la regla de la síntesis. Una vez alcanzada por la intuición
síntesis una idea simple, es preciso ascender gradualmente hasta los
conocimientos compuestos, siguiendo el orden de la deducción, Síntesis:
pues no tendríamos un autentico conocimiento sino una serie inconexa de de lo más
simple a lo
distintos elementos simples, separados unos de otros. En algunos casos, ese más
orden incluso puede reemplazar al que guardan los objetos naturalmente: se complejo
trata del orden de las razones, no del de las cosas). (Bidon-Chanal, 2012, 150)

Supongamos que queremos tener un conocimiento verdadero sobre si lo que estamos trazando
en el pizarrón, por ejemplo, es un cuadrado. ¿Cómo hemos de saberlo? ¿Qué es lo más sencillo
aquí y qué lo más compuesto? Quizás esto dependa desde la perspectiva en que sea analizado.
Pero supongamos que conocemos la definición de “cuadrado” y entonces queremos saber si lo
que trazamos es un cuadrado o no. Primero hemos de ver si es una figura (conjunto no vacío
cuyos elementos son puntos), luego si ella constituye un polígono (secuencia finita se
segmentos rectos), a continuación, si es un cuadrilátero (polígono de cuatro lados), seguido de
ello si es un paralelogramo (cuyos lados opuestos son iguales y paralelos dos a dos), y por
último si es un cuadrado (que tiene sus cuatro lados iguales y con sus cuatro ángulos de 90º).
Así, hemos ido del conocimiento más sencillo al más compuesto, pudiendo afirmar que un
“cuadrado es un paralelogramo que tiene sus lados iguales y sus cuatro ángulos iguales de 90º
(rectos)”. (Ambrosini y Beraldi, 2015, 33)

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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Principio deEl cuarto precepto, la regla de la enumeración, propone revisar la cadena


enumeración deductiva para asegurarse de no haber cometido
Revisamos para no
ninguna omisión, ya que, como ocurre en la incurrir en omisiones
demostración de un teorema, nuestro intelecto avanza paso por porque nuestra memoria
paso, confiando los anteriores a la memoria, que es falible. puede fallar

(Bidon-Chanal, 2012, 150)

3. Las Meditaciones metafísicas y la aplicación del método

Con el Discurso del método concluye la etapa cartesiana de los ensayos y se abre una nueva
etapa en la que cambia de estilo de escribir y en la que expone su sistema de filosofía. Dicha
exposición la realiza en tres obras fundamentales: Meditaciones metafísicas, Los principios de
la filosofía y Las pasiones del alma. Detrás de cada una de ellas está el yo con su forma
correspondiente: como yo pensante (Meditaciones y Los principios) o como yo sintiente
(Pasiones); incluso puede hablarse de un yo libre, que cierra el sistema filosófico cartesiano y
que sería el yo de la volición.

Las seis En 1641 se publicaron las Meditaciones metafísicas, dirigidas a


meditaciones filósofos y a teólogos. Constan de seis meditaciones: «De las Meditaciones
metafísicas
cosas que podemos dudar», «De la naturaleza de la mente
humana», «De Dios: que Él existe», «De la verdad y el error», «De la esencia de las cosas
materiales», «De la existencia de las cosas materiales y la verdadera distinción entre la mente
y el cuerpo del hombre». En ellas Descartes expone el núcleo de sus ideas metafísicas, […]

[…]

Con las Meditaciones metafísicas el proyecto cartesiano de «investigación de la verdad» llega


a su madurez y la nueva metafísica […] se consolida como tal. Las seis meditaciones tienen
una estructura bipartita, que es también la estructura del sistema cartesiano. En las tres
primeras meditaciones establece un itinerario metafísico en tres etapas bien definidas. Primera
etapa: si dudo, es que pienso; segunda etapa: pienso, luego soy. Y tercera
1º) si dudo, pienso etapa: si soy yo, ser imperfecto, tiene que existir Dios como ser perfecto
2º) si pienso, existo
3º) si existo, y soy y no falaz. En esta primera etapa Descartes separa la mente de
imperfecto, Dios los sentidos y sienta las bases para, sin salir de la mente, Cogito
existe, es pefecto y llegar al conocimiento de la verdad del mundo. Se sitúa en el =
no me engaña (yo) pienso
cogito, entendido como luz natural (segunda meditación), y
siguiendo el orden de razones pasa a las ideas como el espacio en el que se nos
presenta la realidad y en el que se nos da la idea de Dios como el verdadero fundamento
(tercera meditación). […]

[…]

En el punto de partida de la filosofía lo que busca Descartes es una


certeza metafísica, y para ello el referente fundamental está, en Si Dios existe,
entonces mi yo existe
definitiva, en la existencia de Dios. Sólo la existencia de Dios garantiza (aún no sé si existo
la certeza metafísica de nuestras ideas. Dios, como fundamento de como materia, pero sí
nuestra certeza metafísica, garantiza las evidencias de nuestra razón como espíritu)

(ideas o nociones).

[…]

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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Así, presentada la estructura de la primera parte, veamos ahora la de la segunda. Al principio


de la cuarta meditación Descartes traza el camino que nos lleva de la certeza de
El mundo existe Dios, alcanzada en la tercera meditación, al conocimiento de la realidad de las
porque Dios cosas y del mundo […], con lo cual tenemos que Descartes está invirtiendo el
existe, y no al
revés (como en argumento cosmológico, ya que demuestra la existencia del mundo a partir
Tomás de de la existencia y de la veracidad de Dios. No vamos, como en las vías de
Aquino) santo Tomás, de las cosas a su causa primera, Dios, sino de Dios, como verdad,
al conocimiento de las cosas, que en definitiva son el objetivo último de la filosofía
de Descartes.

El gran objetivo es que el hombre llegue a ser el dueño y señor de la


naturaleza, tarea que se cumple gracias a la ciencia y a las técnicas El conocimiento
metafísico como
modernas, cuyo fundamento se encuentra en la metafísica, dado que es ella fundamento del
precisamente la que establece asimismo el fundamento de todos los saberes. resto de los
Tal fundamento descansa en la veracidad de Dios, que se demuestra en la conocimientos

quinta meditación. Con todos estos elementos, articulados según el orden de


razones, llegamos al final de las Meditaciones.

En la sexta meditación Descartes recupera el mundo con todos sus componentes sensibles, y
esta recuperación se realiza en tres momentos: en un primer momento como posibilidad
(momento físico-matemático), en un segundo momento como probabilidad (momento
imaginativo), para culminar en el tercer momento (momento sensitivo), en el que recuperamos
el mundo que habíamos puesto entre paréntesis y lo hacemos con toda su riqueza y toda su
variedad.

[…] En esta segunda parte de las Meditaciones, que culmina en la sexta meditación, pasa de
la luz natural del entendimiento a la enseñanza de la naturaleza como maestra; una maestra
de la que se puede fiar porque ha sido creada por Dios. Y en el caso de la naturaleza humana
puede llegar a la verdad y eludir la duda. […] Entre las cosas que me enseña la
naturaleza está también la de la unión del cuerpo y la mente, Lo que vemos
enseñanza que realiza por medio de los sentimientos. en el mundo
es verdadero
Asegurado el
mundo material […] En la sexta meditación el camino del método y el camino porque Dios
no nos engaña
como verdadero, de la metafísica quedan articulados en torno a un yo que se
el yo corporal piensa como punto de partida y se siente como el punto de enlace
también lo está,
así, se une el yo de la mente y el cuerpo. Ese punto de confluencia en el que nos
espiritual con el experimentamos simultáneamente como activos (acción) y pacientes (pasión)
material. es el yo como sujeto del cogito cartesiano. (Flórez Miguel, 2011, XVII y LXI-
LXV)

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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Meditaciones Metafísicas28

Meditaciones concernientes a la filosofía primera en las cuales se demuestra la


existencia de dios y la distinción real entre el alma y el cuerpo del hombre

Primera meditación

Acerca de las cosas que se pueden poner en duda

Hace ya algún tiempo que advertí cómo desde mis primeros años había recibido por verdaderas
una cantidad de falsas opiniones, y que aquello que después he fundamentado sobre principios
tan mal asegurados no podía ser sino muy dudoso e incierto; de manera que me hacía falta
intentar seriamente una vez en mi vida deshacerme de todas las opiniones a las que hasta
entonces había dado crédito, y comenzar todo de nuevo desde sus fundamentos, si quería
establecer algo firme y constante en las ciencias. Pero como me parecía que tal
empresa era enorme, esperé hasta haber alcanzado una edad que fuese tan La duda
metódica:
madura, que no pudiese esperar que hubiese otra en la que estuviera en
*universal
condiciones para ejecutarla; lo cual me ha hecho diferirla tanto tiempo, que en *hiperbólica
adelante creeré cometer una falta si continuara empleando en deliberar, el tiempo
que me queda para obrar.

Ahora, pues, cuando mi espíritu se halla libre de toda preocupación, y habiéndome procurado
un seguro reposo en una soledad apacible, me aplicaré seriamente y con libertad a destruir
de manera general todas mis antiguas opiniones. Ahora bien, no será necesario, para lograr
este empeño, probar que todas ellas son falsas, a lo que tal vez nunca podría llegar; sino que,
dado que la razón me persuade desde un principio que no debo negarme con más cuidado a
otorgar crédito a las cosas que no son por completo ciertas e indubitables, que a las que nos
parecen con evidencia falsas, será suficiente que yo encuentre el más mínimo motivo de duda
para hacer que las rechace a todas. Y para ello no es necesario que las examine a cada una en
particular, lo que sería un trabajo infinito; sino que, dado que la ruina de los fundamentos
arrastra consigo necesariamente el resto del edificio, atacaré en primer lugar los principios
sobre los cuales se apoyaban todas mis viejas opiniones.29

La duda Todo lo que hasta ahora he recibido como lo más verdadero y seguro lo he
acerca de aprendido de los sentidos, o por los sentidos: ahora bien, algunas veces he
las cosas
materiales comprobado que esos sentidos eran engañadores, y es prudente no fiarse nunca
por completo de quienes hemos sido alguna vez engañados.30

Pero, aun cuando los sentidos nos engañen algunas veces con respecto a las cosas poco
sensibles y muy alejadas, tal vez haya muchas otras de las que no se pueda dudar
razonablemente, aunque las conozcamos por su medio: por ejemplo, que estoy aquí, sentado
cerca del fuego, vestido con una bata, teniendo este papel entre mis manos, y otras cosas por
el estilo. Y ¿cómo podría acaso negar que estas manos y este cuerpo son míos?, a no ser que
me compare con esos insensatos cuyo cerebro está de tal manera perturbado y ofuscado por
los negros vapores de la bilis, que aseguran constantemente que son reyes, siendo muy pobres;
que están vestidos de oro y púrpura, estando por completo desnudos; o que se imaginan que
son cántaros, o que tienen un cuerpo de vidrio. Pero no son más que locos, y yo no sería menos
extravagante si me guiase por sus ejemplos.31

15
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Sin embargo, tengo que considerar que soy hombre, y que por consiguiente acostumbro dormir
y representarme en mis sueños las mismas cosas, y algunas veces hasta menos verosímiles,
que esos insensatos cuando están despiertos. ¿Cuántas veces me ha sucedido soñar, durante
la noche, que estaba en este lugar, vestido, cerca del fuego, aunque estuviese dentro de mi
lecho y por completo desnudo? Es cierto que me parece ahora que no es con ojos
dormidos que miro este papel; que esta cabeza que muevo no está adormecida; El argumento
del sueño
que extiendo esta mano con intención y deliberado propósito, y que la siento: lo
que acontece en el sueño no parece, ni tan claro, ni tan distinto como todo esto.
Pero, pensando en ello con cuidado, me acuerdo de haber sido engañado con frecuencia por
semejantes ilusiones mientras dormía. Y al detenerme en este pensamiento; veo con tal
evidencia que no hay indicios concluyentes, ni marcas tan ciertas por las cuales se pudiese
distinguir con nitidez la vigilia del sueño, que me lleno de extrañeza; y esta extrañeza es tal,
que es casi capaz de persuadirme de que estoy dormido.

Supongamos pues ahora que estamos dormidos, y que todas esas particularidades, a saber,
que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos las manos, y cosas semejantes,
no son sino falsas ilusiones; y pensemos que tal vez nuestras manos, o todo nuestro cuerpo,
no son como nosotros los vemos.

[…]

Y por la misma razón, aunque esas cosas generales, como los ojos, una cabeza, las manos y
otras semejantes, puedan ser imaginarias, es necesario confesar, sin embargo, que hay cosas
aún más simples y más universales que son verdaderas y existentes; de cuya mezcla, ni más
ni menos que de la mezcla de aquellos colores verdaderos, están formadas todas esas imágenes
de las cosas que residen en nuestro pensamiento, sean verdaderas y reales, sean fingidas y
fantásticas. De este género de cosas es la naturaleza corporal en general y su extensión;
igualmente la figura de las cosas extensas, su cantidad o magnitud, y su número; así como el
lugar donde están, el tiempo que mide su duración y otras semejantes.

Por lo cual tal vez no concluiríamos mal si dijéramos que la Física, la Astronomía,
La duda acerca
la Medicina y todas las otras ciencias que dependen de la consideración de las
de los entes
matemáticos cosas compuestas, son muy dudosas e inciertas; pero que la Aritmética, la
Geometría y las otras ciencias de esta naturaleza, que no tratan sino de cosas
muy simples y muy generales sin preocuparse mucho de si se dan en la naturaleza o no,
contienen algo cierto e indudable. Porque, ya sea que yo esté despierto o que duerma, dos y
tres juntos forman siempre el número cinco, y el cuadrado no tendrá nunca más de cuatro
lados; y no parece posible que verdades tan patentes puedan ser sospechosas de alguna
falsedad o incertidumbre.32

[…]

Supondré entonces que hay, no un verdadero Dios que es fuente soberana de verdad, sino un
cierto genio maligno,33 no menos astuto y engañador que poderoso, que ha empleado toda su
destreza para engañarme. Pensaré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las figuras, los
sonidos y todas las cosas exteriores que vemos no son más que ilusiones y engaños, de los
cuales se sirve para sorprender mi credulidad. Me consideraré a mí mismo como si no tuviera
manos, ni ojos, ni carne, ni sangre, como si no tuviera sentido alguno, pero El argumento
creyera erradamente tener todas esas cosas. Con obstinación permaneceré del genio
aferrado a este pensamiento; y si por este medio no está en mí poder llegar al maligno
conocimiento de ninguna verdad, por lo menos está en mi potencia el suspender mi
juicio. Por ello me cuidaré mucho para no darle crédito a ninguna falsedad, y prepararé de tal

16
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

manera mi espíritu contra rodas las astucias de ese gran engañador, que, por más poderoso y
astuto que sea, nunca podrá imponerme nada.

Sin embargo, esta resolución es ardua y laboriosa, y cierta pereza me arrastra insensiblemente
al trajín de mi vida ordinaria. Y de la misma manera que un esclavo que goza en el sueño de
una libertad imaginaria, cuando comienza a sospechar que su libertad no es más que un sueño,
teme ser despertado y conspira con sus agradables ilusiones para que lo engañen por más
tiempo, así también recaigo insensiblemente por mí mismo en mis antiguas opiniones, y temo
despertarme de esta somnolencia, por temor a que las vigilias laboriosas que seguirían a la
tranquilidad de este reposo, en lugar de aportarme alguna claridad y alguna luz en el
conocimiento de la verdad, no sean suficientes para aclarar las tinieblas de las dificultades que
acaban de ser suscitadas. (Descartes, 2011, 165-170)

El primer momento: la duda, condición para alcanzar la verdad

Las Meditaciones intentan demostrar las verdades hasta ahora admitidas por la metafísica a
través de nuevas vías. Sería vano haber pergeñado un método para el uso correcto de la razón
y no emplearlo para mostrar los fundamentos de la creación del espíritu y de aquello que lo
rodea. Sabemos que los sentidos a veces nos engañan, de modo que no resultaría ridículo dejar
de fiarse de ellos y suponer que nada de lo que nos presentan es tal como nos lo muestran.
Pero Descartes lleva más allá el ejercicio de la duda a través de dos argumentos: por un lado,
el argumento del sueño, ya esbozado más arriba, mediante el cual se pone de manifiesto que
nada nos asegura que aquello que tomamos como realidades corpóreas o extensas no sea
producto de un sueño, y por otro, la célebre hipótesis del genio maligno. Según el planteo de
Descartes, podemos suponer la existencia de un espíritu engañador que deposita pensamientos
falsos en nuestra mente, así no sólo el conocimiento de las cosas materiales y el cuerpo propio
se vuelve dudoso, sino también aquellas cosas evidentes, que sólo dependen de nuestro
pensamiento y que concebimos clara y distintamente, como las verdades matemáticas.

Con la hipótesis del genio maligno, la duda es llevada a su máxima La duda es aplicada
universalidad y extremo; si encontramos algo que pueda sobrevivir a ella, a todos los tipos de
entes y llevada al
estaríamos ante la primera certeza que buscábamos: el fin de la duda
extremo.
implica el comienzo de la certeza. (Bidon-Chanal, 2012, 136-137)

Segunda meditación

Acerca de la naturaleza del espíritu humano; que es más fácil de conocer que el
cuerpo

La Meditación que hice ayer me ha llenado el espíritu con tantas dudas, que en adelante ya no
está en mi potencia olvidarlas. Y sin embargo no veo de qué manera podría resolverlas; y como
si de golpe yo hubiera caído en aguas muy profundas, me hallo tan sorprendido, que no puedo
ni afianzar mis pies en el fondo, ni nadar para sostenerme a flote. Me esforzaré, sin embargo,
y continuaré otra vez el mismo camino por el que me encaminé ayer, alejándome de todo
aquello en lo cual pueda imaginar la menor duda, lo mismo que si supiera
Continuar
que es por completo falso; y continuaré siempre por este camino hasta que
dudando hasta
haya encontrado algo cierto, o por lo menos, si no puedo otra cosa, hasta alcanzar alguna
que haya aprendido con certeza que en el mundo no hay nada cierto. 34 certeza

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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Arquímedes, para sacar el Globo terráqueo de su lugar y transportarlo a otro, no pedía más
que un punto que fuera fijo y seguro. También yo tendré derecho a concebir grandes
esperanzas si tengo la suerte de encontrar al menos una cosa que sea cierta e indudable. 35

Supongo entonces que todas las cosas que veo son falsas; me persuado de que, de todo lo que
mi memoria repleta de mentiras me representa, nada ha sido jamás; pienso que no tengo
sentidos; creo que el cuerpo, la figura, la extensión, el movimiento y el lugar no son más que
ficciones de mi espíritu. ¿Qué será entonces lo que podrá ser considerado verdadero? Tal vez
únicamente que en el mundo no hay nada cierto.

Pero ¿qué sé yo si no hay alguna otra cosa diferente de las que acabo de juzgar como inciertas,
de la cual no se pueda tener la menor duda? ¿No hay acaso algún Dios, o alguna otra potencia
que me introduzca en el espíritu estos pensamientos? Esto no es necesario; porque bien puede
ser que yo esté en capacidad de producirlos por mí mismo. Pero entonces al menos yo ¿no soy
algo? Ya he negado, sin embargo, que tuviese sentidos, o cuerpo. Pero sin embargo titubeo,
porque ¿qué se sigue de ello? ¿Soy acaso tan dependiente del cuerpo y de los sentidos como
para no poder ser sin ellos? Me he persuadido, empero, de que no había
Repaso de
todo lo que absolutamente nada en el mundo, de que no había cielo, ni tierra, ni espíritus, ni
le resultaba cuerpo alguno; pero entonces ¿no me he persuadido también de que yo no era?
dudoso Ciertamente no; sin duda que yo era, si me he persuadido, o sólo si yo he pensado
algo. Sin embargo, hay no sé qué engañador muy poderoso y muy astuto que emplea
toda su destreza en engañarme siempre. Pero entonces no hay duda de que
soy, si me engaña; y que me engañe cuanto quiera, él no podrá nunca hacer Si dudo, pienso.
que yo no sea nada mientras que yo piense ser algo. 36 De manera Y si alguien me
engaña,
que después de haberlo pensado bien, y de haber entonces, si soy
La primera
certeza. El primer examinado con cuidado todas las cosas, hay que llegar a engañado, soy.
conocimiento concluir y a tener como firme que esta proposición: yo soy, Existo.
evidente: soy, yo existo, es necesariamente verdadera cada vez que la
existo.
pronuncie, o que la conciba en mi espíritu.37

Pero aún no conozco con suficiente claridad lo que soy, yo que estoy cierto de que soy; de
manera que en adelante es necesario que atienda con cuidado a no tomar de
Pero… ¿qué soy?
manera imprudente alguna otra cosa por mí, y a no equivocarme así en este
conocimiento, que sostengo que es más cierto y más evidente que todos los que he tenido
anteriormente.

Por esto consideraré de nuevo lo que yo creía ser antes de haberme introducido en estos
últimos pensamientos; y separaré de mis antiguas convicciones todo lo que pueda ser
combatido por las razones que acabo de alegar, de manera que no quede precisamente nada,
sino aquello que es por completo indudable. ¿Qué es entonces lo que creía ser antes? Sin
dificultad pensaba ser un hombre. Pero ¿qué es un hombre? ¿Diré que es un animal racional?
No, por cierto: porque sería necesario investigar luego lo que es animal y lo que es racional, y
así, de una única cuestión, caeríamos de manera insensible en una infinidad de cuestiones aún
más difíciles y embarazosas, y no querría desperdiciar lo poco que me queda de tiempo y de
ocio empleándolo en desenredar semejantes sutilezas.38 Me detendré más bien a considerar
aquí los pensamientos que nacían antes por sí mismos en mi espíritu, y que me los inspiraba
únicamente mi naturaleza cuando me aplicaba a considerar mi ser. En primer lugar me
consideraba como alguien que poseía un rostro, manos, brazos y toda esta máquina compuesta
de huesos y de carne, tal como aparece en un cadáver, y a la cual designaba con el nombre de
cuerpo.39 Consideraba además que me alimentaba, caminaba, sentía y pensaba, y refería todas
estas acciones al alma; pero no me detenía a pensar lo que era esa alma, o si me detenía en

18
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

ello, imaginaba que era algo en extremo raro y sutil, como un viento, una llama o un aire muy
fino, que se insinuaba y se expandía por mis partes más burdas. En lo que respecta al cuerpo,
no abrigaba duda alguna sobre su naturaleza; porque pensaba conocerla de manera muy
distinta,40 y si hubiese querido explicarla según las nociones que tenía de ella,
Lo que creía
la hubiese descrito de esta manera. Por cuerpo entiendo todo lo que puede
ser a partir de
ser delimitado por alguna figura; lo que puede estar comprendido dentro de los atributos
algún lugar y llenar un espacio de manera que todos los demás cuerpos estén corporales.
excluidos de él; lo que puede ser sentido, ya sea por el tacto, ya por la vista o
por el oído, o por el gusto, o por el olfato; lo que puede ser movido de muchas maneras, no
por sí mismo, sino por alguna otra cosa extraña de la cual sea tocado y de la cual reciba la
impresión. Porque si tuviera en sí el poder para moverse, sentir y pensar, no creía de ninguna
manera que se le pudiesen atribuir estas ventajas a la naturaleza corporal; por el contrario,
más bien me extrañaba de ver que semejantes facultades se encontrasen en ciertos cuerpos.

[…]

¿Y qué Pasemos entonces a los atributos del Alma y veamos si hay algunos que estén en
atributos mí. Los primeros son los de alimentarme y caminar; pero si es verdad que no tengo
del alma cuerpo; también lo es que no puedo caminar ni alimentarme. Otro es
tengo?
el de sentir; pero tampoco se puede sentir sin el cuerpo: además El pensar sólo
me pertenece
de que en otras ocasiones he pensado que sentía muchas cosas
a mí. El pensar
durante el sueño, las cuales al despertarme he reconocido no haberlas sentido pertence a mi
efectivamente. Otro es el de pensar; y aquí encuentro que el pensamiento es alma, a mi
espíritu.
un atributo que me pertenece: sólo él no puede ser desprendido de mí. Yo soy,
yo existo: esto es cierto; pero ¿por cuánto tiempo? A saber, por el tiempo que
piense; porque tal vez sea posible que si yo dejara de pensar, cesara al mismo
¿Qué soy
tiempo de ser o de existir. Ahora no admito nada que no sea necesariamente entonces?
verdadero: por lo tanto no soy, hablando con precisión, sino una cosa que Soy una res
cogitans, una
piensa, es decir, un espíritu, un entendimiento o una razón, que son términos
cosa que piensa
cuyo significado me era desconocido hasta ahora. Así pues, soy
Sólo soy una cosa una cosa verdadera, y en verdad existente; pero ¿qué cosa? Lo he dicho:
que piensa una cosa que piensa. ¿Y qué más? Excitaré aún mi imaginación41 para buscar
porque aún de lo
corpóreo no si no soy algo más. No soy este montón de miembros al que se llama cuerpo
puedo fiarme, mehumano; no soy un aire fino y penetrante expandido por todos esos
provoca dudas miembros; no soy un viento, un soplo, un vapor, ni nada de todo eso que
puedo fingir o imaginar, puesto que he supuesto que todo ello no era nada, y,
sin cambiar esta suposición, encuentro que no dejo de estar cierto de que soy algo. […]

Pero entonces ¿qué soy? Una cosa que piensa. ¿Qué es una cosa que piensa? Es decir,
una cosa que duda, que concibe, que afirma, que niega, que quiere, que no quiere,
que también imagina, y que siente.42 No es en verdad poco si todas estas cosas Cosa
pensante:
pertenecen a mí naturaleza. Pero ¿por qué no le pertenecerían? ¿No soy acaso ese -duda
mismo que duda casi de todo, que sin embargo entiende y concibe ciertas cosas, -afirma
que asegura y afirma que sólo esas son verdaderas, que niega todas las demás, -niega
-quiere
que quiere y desea conocer otras, que no quiere ser engañado, que imagina -no quiere
muchas cosas, aun algunas veces a pesar mío, y que también siente -imagina
El pensar, con muchas como por intermedio de los órganos del cuerpo? ¿Hay -siente
todas sus
algo de todo eso que sea tan verdadero como es cierto que soy y
características,
es inseparable que existo aun cuando durmiera siempre, y aun cuando aquel que me
del yo ha dado el ser empleara todas sus fuerzas para engañarme? ¿Acaso hay
también alguno de esos atributos que pueda ser distinguido de mi pensamiento,
19
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

o que se pueda decir que está separado de mí mismo? Porque de suyo es tan evidente que soy
yo quien duda, quien entiende y quien desea, que ahí no hay necesidad de añadir nada para
explicarlo. Y también tengo ciertamente el poder de imaginar; porque, aunque pueda suceder
(como lo he supuesto antes) que las cosas que imagino no sean verdaderas, sin
embargo este poder de imaginar no deja de estar realmente en mí, y hace parte El sentir
como una
de mi pensamiento. En fin, soy el mismo que siente, es decir, que recibe y conoce forma del
las cosas como por los órganos de los sentidos, puesto que en efecto veo la luz, pensar
oigo el ruido, percibo el calor. Pero se me dirá que esas apariencias son falsas y que
estoy dormido. Sea; sin embargo, por lo menos es muy cierto que me parece que
Es más fácil
veo, que oigo y que me caliento; y esto es propiamente lo que en mí se llama
de conocer el sentir, y esto, tomado así precisamente, no es otra cosa que pensar. Por donde
alma que el comienzo a conocer lo que soy con un poco más de luz y de distinción que antes.
cuerpo, lo
Sin embargo, no puedo impedirme creer que las cosas corporales, cuyas
espiritual que
lo corporal
imágenes se forman por mi pensamiento y que caen bajo los sentidos, no sean
conocidas con más distinción que esta no sé qué parte de mí mismo que no cae bajo
la imaginación: aunque en efecto sea una cosa bien extraña que cosas que encuentro dudosas
y lejanas sean conocidas por mí más clara y más fácilmente que aquellas que son verdaderas
y ciertas, y que pertenecen a mi propia naturaleza. […] 43(Descartes, 2011, 170-174)

La primera certeza: pienso, soy

Puede que todos los pensamientos que haya depositado ese dios engañoso en nuestro
espíritu y que creemos verdaderos sean falsos, pero de lo que no podemos dudar
es que poseemos esos pensamientos; en otras palabras, puede que el contenido No puedo
dudar de que
de todos y cada uno de esos pensamientos sea ilusorio, pero no podemos dudar pienso,
de que pensamos. Desde el momento en que duda, se le aparece porque si
inmediatamente al sujeto como una evidencia que piensa, y si piensa, tiene que dudo, pienso,
y si pienso,
ser algo, entonces es, existe; no como resultado de un razonamiento, de una existo
deducción, sino de una intuición. Esta certeza de ser (“yo soy”, “yo existo”, ego
sum) la extrae el yo que piensa (“yo pienso”, ego cogito) de sí mismo, por un
movimiento simple de su espíritu. Según la formulación del cogito que aparece en las
Meditaciones, “hay que concluir y tener por constante que la proposición ‘Yo soy, yo existo’ es
necesariamente verdadera, todas las veces que la pronuncie o que la conciba en mi mente”.
Pero ¿qué clase de ser establece el cogito? El cogito no descubre la totalidad del ser, ni siquiera
la de nuestro ser, sino sólo nuestro ser en la medida en que pensamos, por todo el tiempo que
dura nuestro pensar. Lo único innegable al aparecer el cogito es el hecho del pensar. Podemos
preguntarnos si habría alguna diferencia entre las proposiciones “pienso, luego existo” y
“respiro, luego existo”.

No es posible probar que respiramos sin antes haber mostrado que existimos, lo único que se
presenta a nuestro espíritu antes que nuestra existencia es el sentimiento de que respiramos,
pensar que respiramos (sin saber si de hecho lo hacemos o no). Por eso no hay diferencia entre
ambas afirmaciones: afirmar “respiro, luego existo” equivale a decir “pienso que respiro, luego
existo”. Todavía no sabemos si de verdad poseemos un cuerpo o un alma. El ser que el cogito
establece es sólo el ser del pensamiento.

Pero a pesar de haber dado con esto la piedra de toque fundamental del idealismo moderno,
Descartes cae pronto en los hábitos del realismo –que recién terminará de eliminar Kant en la
Crítica de la razón pura– cuando, trascendiendo la certeza del pensamiento y concibiéndolo
según el tipo de la sustancia o la cosa, afirma que ese yo que existe mientras piensa es una

20
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

cosa que piensa (res cogitans, sustancia pensante), una sustancia cuya esencia consiste en
pensar y que es totalmente independiente de cualquier cosa material (res extensa, sustancia
extensa).

Descartes presenta, de este modo, el dualismo entre una sustancia cuyo atributo esencial es
el pensamiento y otra cuyo atributo fundamental es la extensión. No obstante, ese
“pensar” es utilizado en un sentido más amplio que el habitual, comprendiendo
Dualismo entre en él cualquier actividad psíquica, que se considera modificación o accidente
cuerpo y
espíritu (alma),
de la sustancia pensante, alma o espíritu, como dudar, entender, concebir,
entre res afirmar, negar, querer, no querer e incluso imaginar y sentir.
extensa y res
cogitans, entre De ahí se sigue que el alma es completamente distinta del Si la primera
verdad es la
lo corporal y elcuerpo y resultará más fácil de conocer que éste. Es preciso existencia de mi
pensamiento
dejar de lado lo corpóreo pues lo único perteneciente al yo es yo pensante,
el pensamiento; las representaciones son lo único con lo que entonces el
espíritu es más
tenemos contacto inmediato y directo. fácil de conocer
que el cuerpo
Aunque nos equivoquemos o nos engañemos, lo que pensamos es pensado: si
imaginamos (un centauro o una quimera) o percibimos a través de nuestros
sentidos (sentimos calor cuando hay baja temperatura) cosas que no son verdaderas, aun así
es verdad que estas forman parte de nuestro pensamiento. Luego pasa a demostrar que lo
más fácil de conocer es lo puramente espiritual tomando un cuerpo particular: un pedazo de
cera.44 (Bidon-Chanal, 2012, 137-138)

Tercera a sexta meditación: la salida del solipsismo y la garantía de veracidad

Una vez establecida la certeza del cogito, del yo como sustancia pensante, desde la “Meditación
tercera”, buscará extender su conocimiento examinando si puede descubrir en su espíritu más
cosas de las que ya ha percibido. Esta búsqueda apunta a averiguar si partiendo […] de la
propia interioridad, es posible hallar algo exterior a esta, o si no hay nada que podamos
encontrar fuera de ella, es decir, si se puede evitar el solipsismo (solus ipse, sólo
¿Sólo el yo yo mismo), según el cual todo lo que conocemos (o lo existente) quedaría reducido
puedo
a nuestro yo. Partiendo entonces de la primera certeza descubierta, que somos
conocer?
sustancias pensantes, y del principio de evidencia, que todas las cosas concebidas
clara y distintamente son verdaderas, Descartes desandará el recorrido llevado a
cabo a través de la duda. El primer paso será enfrentar la hipótesis del genio maligno, y para
ello se vuelve preciso probar si hay un Dios y si puede ser engañador.

Para demostrar la existencia de Dios, Descartes despliega su teoría de las ideas.


La necesidad
Comienza por distinguir modos de pensamiento con objeto de ver en cuáles de demostrar
hay verdad o error. 1) Las ideas, que son “como imágenes de las cosas”, la veracidad de
Dios para
consideradas en sí mismas, es decir, sin referirlas a algo exterior, no pueden
refutar la
ser falsas, porque aun si imaginamos una cabra o una quimera, es cierto que hipótesis del
las imaginamos. 2) Tampoco hay verdad o falsedad en las voliciones o genio maligno
afecciones; aunque deseemos algo que no existe, no es falso que lo deseamos.
3) Sólo en los juicios cabe errar, ya que comúnmente podemos equivocarnos al juzgar que las
ideas, que están en nosotros, coinciden con ciertas cosas situadas fuera de nosotros. En razón
de que las ideas son indubitables, Descartes intenta entonces deducir de ellas alguna verdad
que trascienda al sujeto. (Bidon-Chanal, 2012, 138-139)

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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

La teoría de las ideas, que Descartes expone en la tercera meditación, es


3 clases de
fundamental en su filosofía, y distingue tres tipos de ideas: adventicias, o las que
ideas:
*innatas proceden de los objetos que están fuera de la mente; hechas [o facticias], que
*adventicias son producidas por la facultad de pensar, e innatas, que son «formas de los actos
*facticias
del pensar» que están impresas en la naturaleza humana, siendo Dios su artífice.
El tercer tipo de ideas, las innatas, es el que califica la teoría cartesiana de las ideas,
es decir, la mente tiene ideas que residen en ella desde siempre y que no proceden ni de las
cosas exteriores ni del propio yo, sino que han nacido con nosotros, como es el caso de la idea
del yo y de la idea de Dios.

En Notas a un programa, texto escrito el año 1647, Descartes explica el innatismo en los
siguientes términos:

La doctrina del artículo doce no parece distinguirse de lo que yo opino en relación


con este problema sino en cuestión de palabras. Cuando éste afirma que la mente
no necesita de ideas, o nociones, o de axiomas innatos y, al mismo tiempo, atribuye
a esta facultad de pensar (esto es, una facultad natural e innata), está defendiendo
una doctrina igual a la defendida por mí, aunque parece negarlo con sus palabras.
En realidad, nunca he escrito o pensado que la mente precise de idas innatas, que
fuesen algo diverso de su facultad de pensar. Más bien, advirtiendo la exigencia en
mí de algunos pensamientos que no procedían de los objetos externos ni de la
determinación de mi voluntad sino de la facultad de pensar que poseo, a fin de
distinguir las ideas o nociones que son las formas de estos actos de pensar de
aquellas otras que son adventicias o construidas, he decidido llamarlas a las
primeras innatas. Uso este término en el mismo sentido que cuando afirmamos que
la generosidad es innata en algunas familias y que en otras lo son algunas
enfermedades como la gota o el cálculo, pero no en el sentido de que los hijos de
esas familias padezcan estas enfermedades desde el vientre de sus madres, sino
en el sentido de que nacen con cierta disposición o facultad para adquirirlas.

Es decir, Descartes entiende el innatismo como una disposición o capacidad de


La idea de
Dios procede engendrar esas ideas. Y el caso más claro de este tipo de ideas es la idea de
de la propia Dios, que no puede proceder de otra parte que de la propia mente: «por
mente consiguiente, no queda más que decir sino que, al igual que la idea de mí mismo,
ella nació y fue producida conmigo desde que fui creado». El innatismo, pues, es
uno de los ejes de la filosofía de Descartes, algo en lo que todos los intérpretes están de
acuerdo. Las diferencias entre los intérpretes surgen en el modo de interpretar ese innatismo:
unos se remiten a Dios como fundamento, mientras que otros -a los que seguimos- resaltan la
capacidad que tiene la mente para producir algo, para engendrar a partir de sus capacidades.
En definitiva, lo que se discute entre los diversos intérpretes es determinar qué es lo más
relevante en el planteamiento de la filosofía de Descartes: si Dios o el yo. Es una famosa
discusión que se conoce como la «cuestión del círculo». (Flórez Miguel, 2011, LXII-LXIII)

22
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

A grandes rasgos, el primer argumento que plantea Descartes para probar


¿Qué o quién causa
la existencia de Dios es el siguiente: la realidad objetiva45 de una idea (produce) la idea de
tiene que tener una causa y debe haber al menos tanta realidad en esa Dios (en mí)?
causa como en el efecto que produce. Puede haber una realidad exterior
que sea causa de una representación y de su realidad objetiva, como también puede ser
producto de nuestro propio espíritu que la imaginó o la soñó ya que tenemos suficiente realidad
como para dar a una idea el contenido o realidad objetiva de cosas externas. Sin embargo,
entre las ideas que tenemos en nuestro espíritu, hay una que tiene una realidad
objetiva infinita, la idea de Dios. Pero nosotros somos sustancias finitas e
Como Dios es
la causa de la imperfectas, y lo finito e imperfecto no puede ser causa de lo infinito y perfecto,
(mi) idea de por eso, en tanto sustancias finitas, no podemos ser causa de una realidad
Dios, Dios objetiva infinita, y tiene que haber entonces una realidad
existe
infinita que se corresponda con esa realidad objetiva Como no es posible
infinita. Esa realidad infinita es Dios; por lo tanto, Dios existe. que nosotros nos
hayamos creado,
Una segunda prueba demuestra negativamente la existencia de Dios a Dios nos creó, por
lo cual, Dios existe.
partir de la sustancia pensante misma. Dado que poseemos la idea de lo
perfecto, si no es por Dios que existimos, es necesario que sea por nosotros
mismos o porque hemos existido siempre. Si fuéramos nuestros propios creadores, nos
habríamos otorgado todas las perfecciones, todos los atributos que componen la idea de Dios
(infinito, perfecto, omnisciente, etc.), ya que el ser es el más difícil de dar de los atributos.
Pero, aunque fuéramos nuestros propios creadores, tendríamos que darnos la conservación en
el tiempo, pues creación y conservación son efectivamente lo mismo, sólo difieren en nuestro
modo de pensar. Para conservarnos tendríamos que poder crearnos continuamente, pero no
encontramos esa capacidad en nosotros; por lo tanto, tiene que haber algo que nos haya creado
y nos conserve continuamente, y esto es Dios.

En la “Meditación quinta”, una tercera prueba […] deduce la existencia de Dios de su esencia.46
Es posible resumirla de la siguiente manera: tenemos la idea de un ente perfecto; si a este ser
le faltase algo, no sería perfecto; por lo tanto, no puede faltarle la existencia
Si Dios existe, no (así como es imposible separar de la esencia de un triángulo que la suma de
puede ser sus ángulos internos es igual a dos rectos, resulta también imposible separar
engañador.
Entonces no hay de la esencia de Dios su existencia); de modo que Dios existe.
tal genio maligno
La demostración de la existencia de Dios permite la salida del Ya no hay una
única verdad.
solipsismo; nos encontramos con otro existente: existimos yo y Dios. Esto nos
Hay dos:
coloca frente a otras dos cuestiones. Por un lado, el problema que se planteaba existo yo y
al tener solamente la certeza del cogito era que toda otra cosa existe Dios

Si Dios es podía ser pura ilusión o producto del engaño del genio maligno;
perfecto, no le pero la existencia de Dios otorga validez a nuestra luz natural, permitiendo que
puede faltar la podamos conocer los demás objetos, ya que entre sus
existencia, por
lo cual, Dios perfecciones está la de ser eminentemente bueno y veraz.
Si no hay genio
existe Aunque contamos con la posibilidad de equivocarnos, Dios nos maligno, y Dios
ha dado la razón y las ideas innatas como recurso para alcanzar no engaña, todo
el conocimiento verdadero. Si nos equivocamos, es porque nos ha creado lo que podamos
conocer es
libres, con una voluntad infinita que nos puede hacer verdadero. Sólo
La existencia de Dios es afirmar cosas antes de haber llegado a un nuestro error lo
la garantía de que conocimiento claro y distinto, pero también nos ha haría falso.
nuestro conocimiento es dado un entendimiento que, a pesar de ser finito, puede
verdadero
evitar el error si es aplicado correctamente. La veracidad divina

23
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

constituye entonces la garantía de que podamos lograr un conocimiento verdadero, nos


asegura la verdad de las ideas claras y distintas, que nos conduce a la de la esencia de las
cosas materiales y de la existencia de las cosas que percibimos por los sentidos, pero no
garantiza que las conozcamos adecuadamente, pues aunque claras nunca llegan a ser distintas.

Por otro lado, si bien queda anulada la hipótesis del genio maligno, descubrimos que somos
sustancias pensantes finitas, creadas por una sustancia pensante infinita e
increada, de la cual dependen nuestro ser (y subsistencia) y nuestro ¿Qué soy? Soy
conocimiento de la verdad. Con este descubrimiento, llegaríamos entonces a un una sustancia
pensante,
nuevo criterio de certeza fuera de nosotros mismos del que se seguiría el primer
pero finita. No
criterio de evidencia. Esto implicaría un círculo en la argumentación de soy eterno.
Descartes: demostramos la existencia de Dios a partir del criterio de evidencia
pero al mismo tiempo ese criterio es válido gracias a la garantía divina. De modo que, desde
el punto de vista del conocimiento, la certeza del cogito parece quedar en una posición
subordinada respecto de la veracidad divina y, desde el punto de vista del ser, el yo se desplaza
a un segundo rango ontológico.47 (Bidon-Chanal, 2012, 139-141)

Descartes está invirtiendo los modos antiguos de hacer filosofía y está abriendo
El camino de la un nuevo camino a la metafísica, que puede calificarse
modernidad: la como el camino específico de la modernidad, en la Las certezas: yo existo
metafísica como que la metafísica deja de ser la ciencia del ser en como sustancia pensante,
fundamento de corpórea y finita.
las ciencias cuanto ser y se transforma en la ciencia También existe Dios. Y
fundamentadora de la física, o sea, en filosofía también existe el mundo.
primera. Todos estos son objetos
de nuestro conocimiento.
No se trata de ir más allá de la física, como pensaba Aristóteles, sino
de fundamentar la física como ciencia, y para ello va a considerar la
veracidad incuestionable de Dios como el fundamento para llegar con seguridad al conocimiento
del mundo construyendo una ciencia física capaz de desvelar los secretos de las cosas y del
mundo. «Descartes salta, pues, del islote solitario de su conciencia de ser pensante a la
existencia de Dios; y de la mano garante de éste, que no puede ser falaz, desciende al mundo
exterior, para hacer posible su conocimiento. Necesita un alto fiador que garantice la relación
entre su yo pensante y el mundo circundante». (Flórez Miguel, 2011, XXXII)

El método y el conocimiento del yo, de Dios y el mundo

La noción del método, la teoría del conocimiento y la metafísica se hallan íntimamente enlazadas
y como fundidas en la filosofía de Descartes. La idea fundamental de la unidad del saber
humano, que Descartes, además, se representa bajo la forma seguida y concatenada de la
geometría, es la que funde todos esos elementos, reúne la metafísica con la lógica, y éstas a
su vez con la física y la psicología, en un magno sistema de verdades enlazadas.
La duda se […]
transforma en
método porque El punto de partida es la duda metódica.
la duda es el
La duda cartesiana refleja la situación real, histórica, del
clima de época.
Es una época momento. El hombre ha perdido sus convicciones y no sabe a El hombre
de pérdida de qué atenerse. No posee una verdad cierta que se halle a necesita una
certezas verdad (una
cubierto de la duda. Pero necesita esa verdad. ¿Cómo ilusión, una
encontrarla? La duda cartesiana no es escepticismo, sino, ficción) para
primero: una actitud de desconfianza y de cautela […]; y segundo: un método de guiarse en la
vida
investigación positiva, puesto que aquella afirmación que logre salir victoriosa de
los ataques de una duda […] será la verdad cierta que buscamos y podrá servirnos
24
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

de fundamento sólido para descubrir otras verdades.

[…]

La base primera de la filosofía cartesiana es el cogito ergo sum: pienso, luego soy.

Pero de la certidumbre del yo hay que transitar a otras certidumbres. La


evidencia que acompaña la intuición de mí mismo, como pensamiento,
contiene mi existencia. Pero la evidencia que acompaña las intuiciones de Mis ideas existen
porque son
mis ideas «claras y distintas» no contiene la existencia de los objetos de pensamientos,
esas ideas. Cualquier idea clara y distinta me persuade de que yo existo, pero para saber si
puesto que la pienso, pero no me persuade de que exista su objeto. […] esas ideas existen
como cosas, debo
Para no dudar de que existen los objetos […], necesito la garantía de Dios; recurir a otro
necesito saber que Dios existe. […] garante.

Por eso el primer problema que Descartes acomete después del cogito es el
de la existencia de Dios. Demuéstrala en tres pruebas […] La idea de Dios sería, pues, una idea
–la única– donde la existencia del objeto estaría garantizada por la idea misma.

[…]

De la existencia de Dios y sus propiedades, deriva ya Descartes


La existencia de Dios
fácilmente la realidad de las naturalezas simples en general, y, por tanto,
garantiza ahora el
de los objetos matemáticos, espacio, figura, número, duración,
conocimiento de mi
cuerpo y del mundo.
movimiento. La metafísica le conduce sin tropiezo a la física. Esta debuta
Mi alma ya la había
en realidad con la distinción esencial del alma y del cuerpo. El alma se
llegado a conocer sin
define por el pensamiento. El cuerpo se define por la extensión. Y todo lo
la necesidad de Dios.
que en el cuerpo sucede, como cuerpo, puede y debe explicarse con los
únicos elementos simples de la extensión, figura y movimiento. (García Morente, 2006, 21-25)

4. Descartes y el idealismo48

La filosofía de Descartes se origina en la crisis del realismo aristotélico. […] Depende, pues, de
la filosofía precedente en el sentido de que el fracaso del aristotelismo la obliga a plantear de
nuevo en su origen el problema del ser; y también en el sentido de que aleccionada y
condicionada por el pretérito, ha de iniciar un pensamiento cauteloso, prudente, desconfiado y
resuelto a una actitud metódica, reflexiva, introvertida, frente a la espontaneidad
El inicio del
idealismo ingenua y «natural» del realismo aristotélico. Y así Descartes es conducido, por la
filosófico coyuntura histórica misma, a poner las bases del idealismo filosófico, que es una
moderno actitud insólita, difícil y contraria a la propensión natural del hombre.

[…]

Descartes inaugura la actitud filosófica que, en su raíz, recibe el nombre


de idealismo. Desde entonces el idealismo domina sobre todo el La representación del
sujeto sobre “lo que
pensamiento moderno. El grupo de problemas que, derivados de esa
son” las cosas, es el
actitud, propone Descartes a la reflexión filosófica ocupará los punto de partida para el
espíritus durante más de un siglo. El nuevo conjunto de cuestiones conocimiento de ellas
con que Kant sustituye a los problemas propiamente cartesianos se
deriva –aunque en otra modalidad– de la actitud idealista fundamental. Puede decirse, por
consiguiente, que el impulso y la dirección dados por Descartes a la filosofía llenan tres siglos
de pensar humano.[…]

25
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

[…] La verdad o falsedad de una idea no consiste, para Descartes, como para los escolásticos,
en la adecuación o conformidad con la cosa. En efecto, las cosas existentes no nos son dadas
en sí mismas, sino como ideas o representaciones, a las cuales suponemos que corresponden
realidades fuera del yo. Pero el material del conocimiento no es nunca otro que ideas –de
diferentes clases– y, por tanto, el criterio de la verdad de las ideas no puede
ser extrínseco, sino que debe ser interior a las ideas
El punto de partida
no son los datos de la mismas. La filosofía moderna debuta, con Ya no se constata la
realidad, porque no Descartes, en idealismo. Incluye el mundo en el palabra con la cosa (el
sabemos “qué es la lenguaje con la
sujeto; transforma las cosas en ideas; […]
realidad”, sólo la realidad), sino la
ideamos (García Morente, 2006, 9-10, 13 y 20) palabra con la idea (el
lenguaje con nuestras
representaciones)

5. Algunas críticas al cartesianismo

¿Es posible conocerse el sí mismo (el yo) a partir de sí mismo?

Nietzsche, […] al menos, sólo dice esto: dudo mejor que Descartes. El Cogito también es
dudoso.
Yo,
(Ricoeur, 2006, XXVIII)
¿primeramente,
pienso? ¿No habrá
otra cosa antes que
me permite pensar En líneas generales, una filosofía reflexiva es el modo de
lo que pienso?
pensar procedente del cogito cartesiano, pasando por
Reflexión:
Kant y la filosofía poskantiana […] Los problemas filosóficos volver el
que una filosofía reflexiva considera más importantes se refieren a la pensamiento
posibilidad de la comprensión de uno mismo como sujeto de las operaciones sobre sí mismo y
para sí mismo.
cognoscitivas, volitivas, estimativas, etcétera. La reflexión es el acto de
volverse sobre sí por el cual un sujeto vuelve a captar, en la claridad intelectual y la
responsabilidad moral, el principio unificador de las operaciones en las que se dispersa y se
olvida como sujeto. “El ‘yo pienso’ –dice Kant– debe acompañar todas mis
representaciones. En esta fórmula se reconocen todas las filosofías reflexivas. ¿Soy tal cual
Pero, ¿cómo se conoce o se reconoce a sí mismo el “yo pienso”? […] [En esta creo que soy?

perspectiva] se vincula con la idea de reflexión el deseo de una


autotransparencia absoluta, de una coincidencia perfecta de uno consigo mismo […]

[…] [Sin embargo] no hay una autocomprensión que no


¿Puedo El autoconocimiento
esté mediatizada por signos, símbolos y textos; la es mediado.
conocerme
desde mí autocomprensión coincide en última instancia con la Mi yo no es aséptico,
mismo? interpretación aplicada a estos términos mediadores. […] mi yo supone huellas
de mi cultura, entre
Se afirma así la condición originariamente lingüística de toda ellas, el lenguaje.
experiencia humana. […] El camino más corto entre mí y yo mismo es la
palabra del otro, que me hace recorrer el espacio abierto de los signos.
(Ricoeur, 2002, 28 y 31)

26
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Mi yo es
producto de La razón, lo que llamamos tal, el conocimiento reflejo y reflexivo,
siglos de el que distingue al hombre, es un producto social. El lenguaje es el
tradiciones que nos permite
Debe su origen acaso al lenguaje. Pensamos articulada, o sea pensar, y cuando
reflexivamente, gracias al lenguaje articulado, […] Pensar es hablar consigo pensamos, lo
hacemos en una
mismo, y hablamos cada uno consigo mismo gracias a haber tenido que
lengua. Y cada
hablar los unos con los otros […] El pensamiento es lenguaje interior, y el lengua, tienen
lenguaje interior brota del exterior. De donde resulta que la razón es social sus tradiciones.
y común. (Unamuno, (1913) 1958 XVI, 152)

[…] El punto de partida lógico de toda especulación filosófica no es el yo, ni es la


representación —Vorstellung— o el mundo tal como se nos presenta inmediatamente a los
sentidos, sino que es la representación mediata o histórica, humanamente elaborada y tal
como se nos da principalmente en el lenguaje por medio del cual conocemos el mundo; […]

Cada uno de nosotros parte para pensar, sabiéndolo o no y quiéralo o no lo quiera, de lo que
han pensado los demás que le precedieron y le rodean. El pensamiento es una herencia.

(Unamuno, (1913), 1958 XVI, 432)


El punto de partida para
Para llegar, lo mismo un pueblo que un hombre, a conocerse, tiene
reflexionar no es el yo, ni
que estudiar de un modo o de otro su historia. No hay intuición
las representaciones, ni
directa de sí mismo que valga; […] del conocimiento de nuestras
los datos sensoriales. Es
nuestra historia y nuestra
obras entramos al de nosotros mismos, […] Mas como esta
literatura. Es lo heredado.
inferencia de nuestras obras a nuestro carácter es de todos los días,
apenas nos damos cuenta de ella creyendo conocernos intuitivamente,
de modo directo. Y, sin embargo, ¡cuántas veces no se dice uno a sí mismo: «no me creí
capaz de tal cosa», o «no me reconozco», «soy otro»! (Unamuno, (1898-1902) 2007, VIII,
91)

[…] [Lo dicho] contribuye a disipar la ilusión de un autoconocimiento El autoconocimiento


intuitivo, al imponer a la autocomprensión el gran rodeo a través de los por medio de la
intuición es una
símbolos transmitidos por las culturas en cuyo seno hemos accedido al ilusión
mismo tiempo, a la existencia y a la palabra.

[…] [Con la mediación a través de los textos] se pone definitivamente punto final al ideal
cartesiano […] de la transparencia del sujeto para sí mismo. El rodeo a través de los signos y
los símbolos se amplia y se altera a la vez en virtud de esta mediación a través
Nos conocemos
de los textos […] Comprenderse es comprenderse ante el texto y recibir de
a través de los
textos (historia él las condiciones de un sí mismo distinto del yo que se pone a leer.
y literatura) (Ricoeur, 2002, 32-33)

27
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

Diferencias entre la duda metódica y el escepticismo

La duda metódica de Descartes es una duda cómica, una duda puramente teórica, provisoria;
es decir, la duda de uno que hace como que duda sin dudar. […] Descartes, no se propuso
sino “reformar sus propios pensamientos y edificar sobre un cimiento suyo propio”. Y se
propuso no recibir por verdadero nada que no conociese evidentemente ser tal, y destruir
todos los prejuicios e ideas recibidas para construirse de nuevo su morada intelectual. Pero
“como no basta, antes de comenzar a reconstruir la casa en que se mora, abatirla
y hacer provisión de materiales y arquitectos o ejercitarse uno mismo en la ¿La duda
cartesiana
arquitectura..., sino que es menester haberse provisto de otra en que pueda
implica una
uno alojarse cómodamente mientras trabaja”, se formó una moral provisional actitud
—une moral de provisión—, cuya primera ley era obedecer a las costumbres de escéptica?
su país y retener constantemente la religión en que Dios le hizo la gracia de que
se hubiese instruido desde su infancia, gobernándose en todo según las opiniones más
moderadas. Vamos, sí, una religión provisional, y hasta un Dios provisional. Y escogía las
opiniones más moderadas, por ser “las más cómodas para la práctica”.

Esta duda cartesiana, metódica o teórica, esta duda filosófica de estufa, no es la duda, no es
el escepticismo, no es la incertidumbre de que aquí os hablo, ¡no! Esta otra duda es una duda
de pasión, es el eterno conflicto entre la razón y el sentimiento, la ciencia y la vida, la lógica
y la biótica. […]

Y esta duda no puede valerse de moral alguna de provisión, sino que tiene que fundar su
moral, como veremos, sobre el conflicto mismo, una moral de batalla, y tiene que fundar
sobre sí misma la religión.

Y habita una casa que se está destruyendo de continuo y a la que de continuo hay que
restablecer. […] (Unamuno, (1913) 1958 XVI, 235-237)

¿Hay una expulsión de todos los prejuicios (tradiciones-valores) en la metafísica


cartesiana?

Descartes y la ideología (política)

[…] Tal como han demostrado claramente Maquiavelo, Spinoza y Marx (y tal como ha
establecido, después de ellos, el amplio consenso filosófico que se forma entre Nietzsche y
Foucault/Derrida), toda metafísica es de algún modo una ontología política.

[…] [Descartes] funda una ontología política no solo nueva sino distinta: […] dirigida a la
construcción de la hegemonía de una clase social. Una ontología que, por así decirlo, añade
a las razones constitutivas de lo político moderno (que se presenta bajo la imagen del Estado
absoluto) un proyecto evolutivo para la hegemonía cultural y el dominio burgués sobre la
sociedad. […]

La metafísica La hipótesis de Descartes consistía en la propuesta de una “ideología


cartesiana vienerazonable”. […] Se trataba, por un lado, de confirmar, desde el punto de
a construir y
justificar la
vista metafísico, la potencia naciente de la burguesía, el potencial
hegemonía de la revolucionario de su acción, la decisión de la autonomía de la razón
nueva burguesía burguesa: el “yo pienso” representa esta determinación. […] La idea de
libertad, introducida por la revolución humanista, se veía asechada, además
de por la prepotencia de las aristocracias reinantes y por la continuidad del orden real
(patrimonial y carismático), también y sobre todo por los levantamientos y las revoluciones
de las nuevas multitudes campesinas y artesanas. Estas representaban la base material y el
motor productivo de ese proyecto de apropiación del valor que la burguesía estaba
28
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

construyendo. Si la burguesía se presentaba como clase hegemónica, capaz de


la construcción de una nueva civilización, era porque había identificado,
En Descartes
también hay como base de esta, una nueva fuerza productiva: la del trabajo. Retener y
ideología, aunque explotar la nueva fuerza de trabajo y, al mismo tiempo, responder al
él pretenda peligro que representan los levantamientos de la multitud y configurar un
hacernos creer
que su método
espacio que, en la alianza con el ancien régime (puesto que entonces, fuera
rechaza los de la trascendencia, era imposible definir la autoridad), permitiese el
valores desarrollo de la burguesía: este es el razonable proyecto de Descartes. Un
extracognitivos
proyecto abierto y reformista que permitirá a la burguesía desarrollar la idea
de progreso y ampliar poco a poco su hegemonía dentro de las nuevas
estructuras del Estado absoluto (por consiguiente, elaborar teorías no teológicas
y prácticas materiales adecuadas a una nueva definición de autoridad). […] La filosofía de
Descartes puede leerse en esta clave: como ideología (ideología en sentido estricto,
representación “de parte” de la realidad, esto es, afirmación de la verdad de clase de la
burguesía hegemónica) y como razonable ideología, instalada en la conciencia de las
relaciones de fuerza actuales y en las posibilidades progresivas, eventualmente abiertas a ese
nuevo cuerpo social y a esa verdad.

[…]

Descartes, […], intenta afirmar una vía que mantenga la libertad y la autonomía de la
burguesía naciente y manufacturera, ya a punto de presentarse como clase hegemónica, en
pleno proceso de construcción del Estado moderno. (Negri, 2008, 5-6, 8-9 y 15)

1 Al respecto Cirilo Flórez Miguel afirmaba: “[…] le llegó la noticia del arresto domiciliario de Galileo. El de julio de
1633, en el convento de Santa Maria Sopra Minerva, el anciano Galileo, en camisa, se arrodillaba ante un tribunal de la
Inquisición y leía un texto en el que renunciaba a las ideas que había defendido durante toda la vida. Descartes decidió
no correr el mismo riesgo y rehusó publicar el Tratado [de la luz], parte del cual sólo fue publicada después de su muerte.
Con esta decisión se sintió liberado de la presión de la Iglesia […]” (Flórez Miguel, 2011, XVI).
Lo mismo puede decirse de la actitud tomada por Descartes. Se puede decir que éste adoptó una actitud de gatopardo
inverso: primero porque, “cuando descubre el ‘yo pienso’, el Sujeto moderno, y lo llama ‘res’ (cosa) usando
terminología escolástica” (Alonso, Ambrosini y Beraldi, 2017, 110), y luego al escribir una carta a los decanos y
doctores de la “Sagrada Facultad de Teología de París”, que anticipa los objetivos de las Meditaciones metafísicas: “En
ella, en una actitud casi de servilismo, pero que esconde la ruptura, afirma:

La razón que me mueve a presentaros esta obra es tan justa, que cuando conozcáis mi designio, la tomaréis
bajo vuestra valiosísima protección. […] A nosotros, los fieles a la Iglesia, nos basta creer por la fe que
existe un Dios y que el alma no muere con el cuerpo, porque es inmortal; pero es imposible, que los infieles
lleguen a persuadirse de la verdad de una religión y de las virtudes que contiene, si por la razón natural no
se les convence. […] Por todo ello, he pensado que no falto a mis deberes de filósofo, si muestro cómo y
por qué camino, sin salir de nosotros mismos, podemos conocer a Dios, con más facilidad y certeza que a
las demás cosas del mundo. […] No he intentado reunir las diversas razones que podrían alegarse para
probar la existencia de Dios, porque esto sólo hubiera sido necesario en el caso de que ninguna de esas
razones fuere cierta. Me he ocupado exclusivamente de las primeras y principales, de tal manera que me
atrevo a sostener que son demostraciones muy evidentes y muy ciertas. Y diré, además, que dudo mucho
de que la inteligencia humana pueda inventar otras de tanta fuerza como ellas. […] En el campo de la
filosofía; todos creen que todo es problemático, pocos son los que se entregan a la investigación de la
verdad, y muchos, aspirando a tener fama de inteligentes, combaten arrogantemente hasta las verdades que
parecen más seguras.
Por mucha fuerza que tengan mis razones, basta que sean de carácter filosófico, para que no produzcan
gran efecto en los espíritus, a no ser que vosotros las toméis bajo vuestra protección.
Por todo ello, no vacilo en suplicaros, primeramente, que corrijáis mi obra (conociendo mi falta de
seguridad y mi ignorancia no me atrevo a creer que no contenga errores); después, que añadáis las cosas
que faltan, acabéis las imperfectas y déis una explicación más amplia de la que lo necesite o por lo menos
me indiquéis cuáles son las más necesitadas de esta ampliación; y cuando las razones por las que pruebo la
existencia de Dios y la diferencia entre el alma y el cuerpo, lleguen al punto de claridad y evidencia a que
pueden y necesitan llegar para ser consideradas como demostraciones exactísimas, si vosotros os dignáis
autorizarlas con vuestra aprobación, rindiendo así un público testimonio de su verdad y certeza, no dudo de
que, a pesar de todos los errores y falsas opiniones referentes a esas dos cuestiones importantísimas –la
29
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

duda abandonará el espíritu de los hombres.

2
La deducción es una forma de argumentación. Los argumentos son un conjunto de oraciones mediante las cuales
damos razones acerca de algo. Los argumentos o razonamientos están compuestos de al menos dos oraciones
informativas. Las oraciones informativas son aquellas de las cuales podemos decir que son verdaderas o falsas. Por
ejemplo: la oración “Juan salió a jugar” es una oración informativa, mientras que la oración “¡Juan, salí a jugar, por
favor!” es una oración directiva. La primera, brinda información, la segunda da una orden o hace un pedido. De la
primera podemos decir que es verdadera o falsa. Si Juan, efectivamente, salió a jugar, será verdadera, mientras que si
Juan no salió a jugar, será falsa. En el segundo caso no podemos decir de ella que es verdadera o falsa. En todo caso,
Juan cumplirá o no la orden, pero no se puede decir de una oración directiva que es verdadera o falsa. Retomando, los
razonamiento se construyen con oraciones informativas, también denominadas proposiciones, enunciados o juicios. Y
decíamos que los razonamientos están compuestos de, al menos, dos oraciones de este tipo. Una de ellas funciona
necesariamente como conclusión de la otra u otras. Y la relación que se establece entre premisas y conclusión en un
razonamiento deductivo, es una relación de necesariedad lógica, es una relación deductiva. Así, por ejemplo, si digo:
“Todos los hombres son mamíferos”, “Juan es hombre”, por lo tanto, “Juan es mamífero”, esta última oración es la
conclusión de las otras dos, a las cuales denominamos “premisas”. Las premisas cumplen la función de dar razones o
dar justificaciones a una afirmación. Así, a mi afirmación “Juan es mamífero” puedo establecerle la justificación de eso
diciendo que: “Juan es mamífero” porque “Juan es hombre” y porque “Todos los hombres son mamíferos”. Ahora bien.
En este razonamiento tenemos que ambas premisas son verdaderas. Los razonamientos deductivos tienen la
característica de conservar la verdad de premisas a conclusión. Con lo cual, si mis premisas son verdaderas, la
conclusión es necesariamente verdadera. Esto significa también que, en los razonamientos deductivos no puede darse
el caso que si mis premisas son verdaderas, la conclusión sea falsa. Si ocurriese esto, el razonamiento ya no sería
deductivo. En la lógica contemporánea, las premisas que funcionan como punto de partida de un razonamiento
deductivo se las supone verdaderas, y se las supone de tal modo porque si tuviéramos que demostrar la verdad de cada
premisa, deberíamos construir un argumento donde ella fuera la conclusión de otra serie de premisas, y así
indefinidamente. Pero en la época de Descartes, para no incurrir en esta regresión al infinito, las premisas que
funcionaban de punto de partida de los razonamientos se las consideraba verdaderas por evidencia (verdades evidentes).
Y una verdad evidente para Descartes, se obtiene intuitivamente, por claridad y distinción. Cuando Descartes obtiene
intuitivamente el primer conocimiento indubitable, y en consecuencia verdadero, la formulación de ese conocimiento
como un enunciado “yo soy, yo existo”, funcionará como premisa de una cadena deductiva que irá estableciendo a
medida que vaya haciendo nuevos “descubrimientos”. Así, si tengo, por ejemplo: “yo soy, yo existo”, “Dios existe”,
“Dios no es engañador”, “yo no puedo estar siendo engañado por Dios”, junto a otras informaciones que irá
estableciendo, es posible concluir de todo eso que “las cosas materiales del mundo también existen” (conclusión),
porque “Dios existe” y “Dios no es engañador”, y “Como Dios no es engañador, yo no puedo estar siendo engañado”,
“Y como yo no puedo estar siendo engañado, yo existo y también existen todas las cosas del mundo” (encadenamiento
de premisas) que antes me ofrecían alguna duda, puesto que creía que “había un Dios engañador (genio maligno) que
utilizaba toda su astucia en engañarme acerca de mi propia existencia y de la existencia de las cosas materiales” (otra
premisa). Y así, en esta cadena deductiva, si las premisas son verdaderas, la conclusión también lo será.
3
“El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo.” El Discurso abre con un principio propiamente moderno: la
igualdad de todos los hombres, en este caso en su aspecto intelectual. La razón es una y la misma y cualquier ser humano
puede alcanzar el conocimiento de la verdad en la medida en que no equivoque el camino: el acierto y el error no
provienen de disponer de una mayor o una menor inteligencia sino de cómo se la aplica. Por eso, es preciso encontrar
un método (el termino griego methodos significa “camino” o “vía”) que permita conducir bien la razón y comenzar
entonces por abordar el problema del conocimiento antes de lanzarse a hacer afirmaciones metafísicas. El contrapunto
con la formación escolástica, que recibió Descartes en su juventud en el colegio jesuita de La Fleche, se pone de
manifiesto desde el comienzo del Discurso. A ella le deberá el rigor en el abordaje de sus estudios, pero al mismo
tiempo se opondrá a su rígido sometimiento a la autoridad de la Biblia y la doctrina aristotélica. Descartes pone de
manifiesto dos fuentes fundamentales del error: la precipitación y la prevención, es decir, el apresuramiento a aceptar
juicios y la afirmación de prejuicios, opiniones recibidas, sin antes haberlos sometido correctamente al tribunal de la
razón. (Bidon-Chanal, 2012, 134)
4 El término que aparece en el original francés es esprit. Si bien en otros lugares lo traduciremos por “espíritu”, resulta

difícil en este caso conservar su equivalente castellano más literal, pues se le podría dar
así a este pasaje un matiz moral que lo alejaría del sentido más bien intelectual que Descartes le otorga a la palabra,
comprendiendo en ella todas las facultades mentales por naturaleza perfectibles (el pensamiento, la imaginación y la
memoria). Aunque podría traducirse también por “mente”, “intelecto” o “entendimiento” –cuando Descartes no utiliza
ni entedement ni jugement–, preferimos la traducción que, por ejemplo, elige Manuel García Morente, pues
consideramos que conserva mejor la equivocidad del vocablo francés, teniendo en cuenta además que habitualmente el
equivalente latino de esprit utilizado en las versiones originales o traducciones revisadas por el propio Descartes es
ingenium. (Bidon-Chanal, 2012, 143)

5Descartes introduce ya en las primeras líneas del Discurso algunos de los conceptos centrales de su sistema. La razón,
que identifica con el buen sentido [bon sens] y el ingenio o espíritu [esprit], es una facultad natural, de la que disponen
todos los hombres, que permitirá distinguir lo verdadero de lo falso. Sin embargo, esta “luz natural” puede ser 30
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

obstaculizada en la búsqueda de la verdad. La diversidad de opiniones, como se mostrará luego, da cuenta de la caída
en el error: si acerca de una misma cuestión se sostienen dos afirmaciones opuestas es porque al menos una de ellas
incurre en error. En Descartes opera el supuesto de la unidad del saber y de la verdad, frente a las formas de relativismo
de la época y la profusión de opiniones en un mismo ámbito. Pero el error no surge de la propia razón, que es una y la
misma en todos los hombres, sino de su mal uso, de que no se la ha aplicado bien. De allí la importancia del método,
que mencionara unas líneas más adelante y que constituye el camino recto para alcanzar la verdad. Bidon-Chanal, 2012,
143-144)
6 Mientras los preceptos son reglas de acción que se dirigen a todos, Descartes entiende por máximas las proposiciones

generales que rigen la conducta individual. (Bidon-Chanal, 2012, 144)


7 En una carta ha explicado Descartes que si a este trabajo le ha puesto el título de Discurso y no de Tratado del método,

es porque no se propone enseñar el método, sino sólo hablar de él, pues más que en teoría, consiste éste en una práctica
asidua. Creía, en efecto, que la labor científica-no requiere extraordinarias capacidades geniales; exige sólo un riguroso
y paciente ejercicio del intelecto común, ateniéndose a las reglas del método. Dice en una ocasión: «Mis descubrimientos
no tienen más mérito que el hallazgo que hiciere un aldeano de un tesoro que ha estado buscando mucho tiempo sin
poderlo encontrar». (García Morente, 2011, 102)
8 Lo verosímil y lo probable eran nociones con las que trataba la lógica escolástica, a las que Descartes opondrá el

concepto de evidencia, su criterio de verdad. (Bidon-Chanal, 2012, 144)


9 Entendiendo por principio aquello primero desde el punto de vista del conocimiento, ya sea como proposición

indemostrable que sirve como fundamento de una deducción o del desarrollo de una teoría, ya como hipótesis explicativa
fundamental. (Bidon-Chanal, 2012, 145)
10 El termino francés fondement, que significa tanto “fundamento” como “cimiento”, concepto central en la filosofía

cartesiana, se refiere al conjunto de elementos esenciales que sirven de base a una doctrina o una teoría. [La traducción]
por “cimiento” [es] para preservar la apelación al lenguaje metafórico. (Bidon-Chanal, 2012, 145)
11
Como puede apreciarse, Descartes relata aquí sus vivencias, su recorrido intelectual y su relación en torno a la verdad.
Ni los estudios en La Fleche, ni sus lecturas de otros libros, ni las apreciaciones que se pudieran hacer sobre su persona
en relación con las de los demás, ni sus conocimientos sobre la historia presente y pasada, ni las costumbres aprendidas
de otros pueblos por los libros, ni la teología, ni la filosofía, ni las demás ciencias, y menos aún las pseudociencias, le
brindaban un conocimiento fiable. Tampoco, cuando se lanzó a viajar por el mundo y conocer en carne propia las
costumbres ajenas, encontró concordancia de opiniones respecto de las cosas, sino antes bien lo contrario. Todo ello le
abrigaba más dudas y lo sumía en una profunda ignorancia. Esta experiencia será capital para las Meditaciones
Metafísicas, ya que ella será el punto de partida para la búsqueda de un principio indubitable. Debía buscar entonces
una forma de eliminar todas las dudas y alcanzar la certeza. Y es así que, para buscar la verdad y eliminar el error, se
dedicará a indagar en sí mismo, y ya no en los libros ni en el mundo.
12 El concepto de fábula es un elemento fundamental de la interpretación cartesiana del mundo. Él no puede pretender

conocer el mundo verdadero, dado que no es su creador, pero puede imaginar un mundo,
dentro de otros muchos mundos posibles, que además podría ser hecho tal como es imaginado. Esta interpretación
cartesiana del mundo supone una clara ruptura con el platonismo. El mundo de la materia
platónico era hecho por el demiurgo a imitación del verdadero mundo de las esencias. El mundo cartesiano es imaginado
por el hombre, y podría ser hecho tal como es imaginado. La imagen platónica del demiurgo es sustituida por la del
ingeniero. El hombre, gracias al poder de su mente, se afirma como creador y se dispone a intervenir en la naturaleza.
Y lo va a hacer siguiendo dos caminos: el de Bacon (empirismo), que interpreta la mente como un espejo en el que se
refleja la naturaleza, y el de Descartes (racionalismo), que interpreta la mente como la capacidad de concebir mundos
imaginarios y de realizarlos. Para Descartes no se trata de descubrir el orden de la realidad, sino de crear un nuevo orden
a partir de la mente, y por eso la tarea de la filosofía de Descartes no es leer el libro del mundo como es el caso de Bacon
y Galileo, sino la construcción teórica de la verdad, para lo cual es fundamental la teoría cartesiana de la fábula, que
Descartes aplica tanto a la sustancia pensante como a la sustancia extensa. (Flórez Miguel, 2011, XXXVIII-XXXIX)
13
La Guerra de los Treinta Años.
14
Fernando II, coronado emperador en Frankfurt en 1619.
15 En el margen de una hoja de su manuscrito Olímpicas, Descartes escribe: “El 10 de noviembre de 1619, con pleno

entusiasmo, descubrí los fundamentos de una ciencia admirable” […] Ese año, alistado en el ejercito del duque
Maximiliano de Baviera, de regreso de la coronación de Fernando II en Frankfurt, Descartes se hospeda en una
habitación junto al Danubio, donde tenía la calma necesaria para pensar, lejos de las pasiones que pudieran perturbar su
espíritu. En el transcurso de aquel día, habría tomado decisiones capitales para alcanzar la verdad en la ciencia, y por la
noche, tres sueños consecutivos le habrían permitido vislumbrar el camino para lograrlo. Según el relato reproducido
por Adrien Baillet (La Vie de M. Descartes, 1691), en el primer sueño Descartes caminaba por una calle, oprimido por
un torbellino que parecía poder hacerlo caer a cada paso, hasta que dio con un colegio en el que podía refugiarse;
buscando allí adentro una iglesia para rezar, vio a un hombre conocido y, queriendo volver sobre sus pasos para
saludarlo, noto que mientras los otros podían sostenerse en pie sin dificultad él mismo tenía que luchar contra un viento
que lo azotaba. Del segundo sueño sólo recordaba haber oído un trueno fuerte y agudo que lo despertó y al entreabrir
los ojos vio muchas chispas de fuego repartidas por toda la recamara hasta que, después de unos parpadeos, las imágenes
se esfumaron y volvió a dormir, esta vez con más calma. En el tercer sueño, encontraba sobre su mesa un diccionario y
una antología poética titulada Corpus poetarum… Abrió esta última al azar y dio con el verso de Ausonio “Quod vitae
31
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

sectabor iter?” (¿Qué camino he de seguir en la vida?). Inmediatamente notó la presencia de un desconocido que le
citó el comienzo de otros versos del mismo poeta latino: “Est et non” (si y no). […] Según la interpretación que habría
dado Descartes de sus propios sueños, el primero señalaba los temores, dudas y errores de su vida pasada. Aquel trueno
del segundo sueño constituía un signo evidente del espíritu de la verdad que se hizo presente en él. El ultimo sueño le
representaba el porvenir, un futuro en que le serían reveladas la verdad y la falsedad de los conocimientos humanos (el
“si” y el “no” de los versos de Ausonio) habiendo encontrado el camino correcto para alcanzarlos. (Cfr. Adrien Baillet:
Vie de Monsieur Descartes, Paris, La Table Ronde, 1972.) Hamelin observa que Descartes ya se inclinaba desde sus
tiempos de estudiante en el colegio jesuita de La Fleche por una concepción deductiva de la ciencia, y había encontrado
en la matemática el modelo de la demostración, e incluso puede que ya concibiera la idea de que las cosas físicas podían
ser representadas y tratadas matemáticamente […]; sin embargo, el verdadero descubrimiento de aquella noche es la
unidad del saber y su proyecto de elaborar una mathesis universalis, una ciencia universal que pudiera reunir todo el
conocimiento a través de un método que se aplicaría no sólo a los objetos de la matemática o de la física, sino también
a las cosas espirituales. (La importancia de la matemática no reside en que ésta facilite el acceso a la verdad, sino a la
comprensión de la certeza. En ese sentido, la mathesis universalis permite concebir que no hay conocimiento y ciencia
sino por la subjetividad, lugar propio de la inteligibilidad. Cada espíritu funda en él mismo su comprensión y sus juicios,
y el problema es saber lo que hace que un sujeto pueda adquirir una certeza y, a partir de ella, el conocimiento de las
cosas. No es muy difícil vislumbrar aquí una de las razones por las cuales Descartes escribe su Discurso en primera
persona del singular, apelando a una suerte de autobiografía intelectual.)
En Olímpicas, las cosas espirituales, los pensamientos, según Descartes, […] se pueden representar a través de símbolos
matemáticos, cuestión sobre la cual vuelve en cierta forma diez años más tarde […] donde se refiere –respondiendo al
planteo de un tal Hardy, figura aún hoy enigmática– a la posibilidad de un idioma universal inspirado en el lenguaje
matemático que evitase las confusiones de las distintas lenguas a las que están acostumbrados los hombres, […] (Bidon-
Chanal, 2012, 131-132)
16 Las empresas llevadas a cabo por una sola mente son más beneficiosas que las realizadas por impulsos independientes

a los que sólo les ha dado una unidad de manera más bien azarosa el transcurso del tiempo. Los emprendimientos de
uno solo tienen más posibilidad de obedecer a principios racionales que a la casualidad o el azar. Así como las ciudades
en las que predomina un crecimiento no planificado estarían peor construidas que las que fueron proyectadas por un
urbanista con una planificación racional (como en nuestro país la ciudad de La Plata, por ejemplo), es preferible, según
Descartes, que el edificio del saber sea fundado, desde un principio, por una única razón y por un único sujeto. (Bidon-
Chanal, 2012, 146)
17 Lo que ocurre con las grandes empresas de los hombres también sucede en nuestra historia individual; nuestras

convicciones y conocimientos no suelen construirse a partir de una planificación racional sino de la acumulación de
múltiples experiencias, esto es, responden a la educación y la cultura en las que nos formamos desde la infancia. Se
plantea aquí entonces la oposición entre los juicios obtenidos por el solo uso de la razón y las opiniones recibidas,
formadas por la tradición. Estos prejuicios son los que Descartes llamara más adelante “prevención”, junto con la
precipitación una de las propensiones del espíritu de las que debemos guardarnos para evitar el error. Por otro lado,
señala también Descartes otra fuente de error de larga data para el pensamiento occidental: la opinión formada por la
intervención de los apetitos (appétits), los movimientos de deseo o rechazo generados por la percepción sensible de
ciertos objetos. Estos deseos o tendencias pertenecen a la parte irracional del hombre y están estrechamente ligados al
cuerpo, constituyendo, de este modo, un obstáculo para la labor racional y, por lo tanto, para alcanzar la verdad. (Bidon-
Chanal, 2012, 146)
18 El nuevo edificio del conocimiento no podrá sostenerse sobre cimientos cuya verdad no ha mostrado ser indudable;

por lo tanto, no es posible aceptar pasivamente principios inculcados desde fuera. Antes de
admitirlas, las opiniones deben revisarse sistemáticamente por el solo uso de la razón. Se verá que el mejor remedio
contra la prevención es la duda. Ya empleada por Montaigne y otros escépticos, si bien constituye el momento
destructivo de este recorrido, la duda tendrá aquí un carácter positivo al ser introducida como método. (Bidon-Chanal,
2012, 146)
19 Tampoco puede Descartes tomar esta última actitud, pues en la disputa entre las convicciones opuestas dada por la

pluralidad de escuelas, el modesto adscribe a alguna de ellas cuando ninguna es tan firme como para ser seguida con
confianza. (Bidon-Chanal, 2012, 147)
20 Muchos de los prejuicios que nos separan de la verdad (que es universal) provienen de la pertenencia cultural, tienen

una raíz etnocentrista. Se puede notar aquí la influencia de las ideas que presenta Montaigne en textos como su ensayo
“Sobre los caníbales” (1580); aunque sin adscribir a una forma de relativismo cultural, Descartes reconoce la
importancia de la situación cultural e incluso nacional y temporal en la formación de los prejuicios. Es probable que
Descartes tuviera noticia también de los viajes de Marco Polo y de sus consideraciones acerca de la cultura china. Varios
pensadores del siglo XX se han ocupado de señalar que esta supuesta universalidad responde muchas veces también a
parámetros propios de la cultura europea occidental. (Bidon-Chanal, 2012, 147)
21 Descartes, en las Reglas para la dirección del espíritu, define al método como un conjunto de “[…] reglas ciertas y

fáciles que, seguidas rigurosamente, nunca llevarán a que se suponga lo falso y harán que, sin consumir fuerzas
inútilmente y aumentando progresivamente su ciencia, el espíritu se eleve hasta el conocimiento exacto de todo aquello
de que sea capaz.”
22 De las tres ciencias que alcanzaron claridad y distinción, la primera que revisa Descartes es la lógica aristotélica

sistematizada por la escolástica. Esta ciencia se basaba en el silogismo, un razonamiento deductivo en el que 32 la
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

conclusión se desprende necesariamente de dos premisas (una mayor y otra menor), cuyo ejemplo más celebre es:
“Todos los hombres son mortales; Sócrates es hombre; Sócrates es mortal”. El problema que presenta el silogismo
consiste en que no aumenta el conocimiento ni dice nada acerca de la verdad de lo afirmado. Por un lado, el silogismo
no produce novedad, pues lo deducido en la conclusión ya se encuentra dicho (aunque sea implícitamente) en la premisa
mayor. Por otro, aún si alguna de las premisas es falsa, el silogismo seguirá funcionando, de manera que el propio
silogismo no da elementos para decidir sobre la verdad de sus premisas, sino sólo de la validez de su forma; en todo
caso, posee un valor como método expositivo de verdades ya sabidas pero no para obtener nuevos conocimientos. Como
eran las Escrituras y la filosofía aristotélica las que decidían la verdad, el silogismo reportaba utilidad para la escolástica,
pero no para el proyecto cartesiano. (Bidon-Chanal, 2012, 148)
23 Método que consiste en referir una proposición dada a otra más simple, ya conocida por verdadera, de suerte que

luego, partiendo de ésta, puede aquélla deducirse. Es el procedimiento empleado para resolver problemas de geometría,
suponiéndolos ya resueltos, y mostrando que las consecuencias que de esta suposición se derivan son teoremas
conocidos. Pasa Platón por ser el inventor del análisis geométrico. (García Morente, 2011, 113)
24 Como ya hiciera Platón, Descartes critica fundamentalmente a la geometría su dependencia de las figuras espaciales.

La geometría podría, sin embargo, proporcionar un conocimiento adecuado en tanto se independice de la figuración en
el espacio, extrayendo entonces su pura forma intelectual. La geometría analítica creada por el propio Descartes reduce
las figuras a formulaciones a través de coordenadas cartesianas. Por su parte, la notación algebraica utilizada hasta
entonces resultaba demasiado compleja e intrincada; Descartes introducirá una nueva notación, que se utiliza aun en la
actualidad. No obstante, la matemática le proporcionara el modelo para la elaboración del método. (Bidon-Chanal, 2012,
148-149)
25 Se presentará en adelante la matemática como el modelo para todas las ciencias. La matemática le proporciona a

Descartes la base del método, puesto que es la única ciencia que, hasta entonces, ha alcanzado certeza y evidencia, y
esto no se debe a la naturaleza de los objetos de los que se ocupa, sino al procedimiento que utiliza para conocerlos, por
ello Descartes encuentra en ella las bases del nuevo método. (Bidon-Chanal, 2012, 150)
26 Se trata del intento ya mencionado de establecer los principios de una mathesis universalis, una ciencia

universal que pudiera reunir todo el conocimiento y que expuso en buena medida en las Reglas para la dirección del
espíritu. Su proyecto se elevó al punto de pretender crear un lenguaje universal basado en el lenguaje matemático.
(Bidon-Chanal, 2012, 150-151)
27
Ver nota Nº 2
28 Las Meditaciones no son sólo la demostración de la existencia de Dios y de la distinción real entre el alma y el cuerpo,

como reza el título completo del libro, sino también la prueba de la aplicación del método a los problemas de la
metafísica; […] (Bidon-Chanal, 2012, 136)
29 Frente a la versión escéptica de la duda (“los escépticos, que sólo dudan por dudar y fingen ser siempre

irresolutos”[…]), de la que no se puede salir, la duda cartesiana se caracteriza por ser metódica, en tanto constituye un
instrumento para llegar a la certeza; universal, porque se debe someter todo a ella sin excepción alguna, e hiperbólica,
pues es aplicada de manera radical, debe ser llevada hasta las últimas consecuencias, pues a nada que pueda ser apenas
tocado por ella se lo podría considerar verdadero: la duda no se detendrá ante un hecho porque este responda a un
criterio preestablecido sino ante un hecho que por sí solo se revela inaccesible a la duda. El método cartesiano consistirá
en emplear la duda con el propósito de alcanzar aquel punto en que ésta no pueda hacer mella, la certeza absoluta que
será el principio de la filosofía. Hamelin observa que Descartes pone en movimiento la duda con la misma franqueza
que los escépticos, pero justamente se diferencia de ellos en tanto “lleva el escepticismo más lejos que ningún escéptico
se haya atrevido a hacerlo, y la refutación del escepticismo del agotamiento del propio escepticismo”(Bidon-Chanal,
2012, 151-152)
30 El paso que da inicio al recorrido que llevará a cabo Descartes consiste en dudar del saber que nos proporcionan los

sentidos. En primer lugar, estos a menudo nos engañan, provocan ilusiones. Se trata de cosas que no son fácilmente
perceptibles, cosas que incluso sólo podríamos conocer con ayuda de instrumentos como un microscopio o un
telescopio, […] Descartes despacha rápidamente este nivel de conocimiento, ya que no pueden ser aceptadas como
verdaderas cosas que admiten la menor duda. (Bidon-Chanal, 2012, 152)
31 Pasaría por demente si alguien dudara de este tipo de cosas también conocidas por los sentidos pero que

parecen indudables, como la propia situación espacial y corporal. Sin embargo, a continuación Descartes somete a todas
las cosas materiales al alcance de la duda a través del llamado argumento del sueño (que ya fue utilizado también por
Montaigne y otros): nada nos asegura que todo aquello de naturaleza corpórea que consideramos real no sea producto
de un sueño. Mientras, en un primer momento, la duda alcanzaba a un conocimiento meramente sensorial, ahora puede
alcanzar a todas las ciencias empíricas, las cuales, si bien se estructuran de maneras que parecen muy claras y evidentes,
se basan en experimentos, en datos sensoriales. La astronomía y la física galileana caen entonces también bajo sospecha.
El argumento del sueño pone en duda la existencia de las cosas corporales o extensas y con ella la validez de las
afirmaciones referidas a la existencia de esas cosas. (Bidon-Chanal, 2012. 152)
32 Luego de haber abarcado por la duda incluso las ciencias cuyos objetos son cosas compuestas, Descartes apunta a las

ideas simples de la matemática, la ciencia que ha dado origen al método, que proporciona el modelo para las demás
ciencias y parecería ser inmune al argumento del sueño, pues no atañería en nada a las figuras de la geometría o las
proposiciones de la aritmética que aparezcan en estado de sueño o de vigilia. Por otra parte, se percibe nuevamente el
proyecto cartesiano de mathesis universalis, pues las cosas compuestas que son los objetos de ciencias como la física,
33
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

la astronomía o la medicina dependen, en lo más profundo, de estos elementos simples propios de la geometría y la
aritmética. Sin embargo, estas esencias matemáticas de las cosas materiales o extensas que parecen escapar a la duda
serán luego pasadas por un nuevo tamiz. (Bidon-Chanal, 2012, 153)
33 En un párrafo anterior, Descartes plantea la hipótesis (que rápidamente desestima) de que sea Dios quien, a pesar de

su bondad suprema, así como permite que nos dejemos engañar por los sentidos, también deja que nuestra razón se
equivoque. Podría pensarse que sólo para evitar incurrir en ideas impías sustituye esa hipótesis por la de la existencia
de un espíritu engañador que introduce pensamientos falsos en nuestras mentes. No obstante, Dios desempeñará un
papel clave y, al mismo tiempo, problemático para desandar el recorrido de la duda. (Bidon-Chanal, 2012, 153)
Esta hipótesis ha sido diversamente interpretada; quién la tacha de fantástica y superflua, suponiendo que Descartes lo
dice por juego y sin creer en ella; otros, por el contrario, la consideran muy seria y fuerte, hasta el punto de creer que
encierra el espíritu en tan definitiva duda, que no cabe salir de ella sin contradicción. En realidad, la hipótesis del genio
maligno ni es un juego ni un círculo de hierro, sino un movimiento dialéctico, muy importante en el curso del
pensamiento cartesiano. Repárese en que la hipótesis del genio maligno, necesita, para ser destruida, la demostración
de la existencia de Dios. Sólo cuando sabemos que Dios existe y que Dios es incapaz de engañarnos, sólo entonces
queda deshecha la última y poderosa razón que Descartes adelanta para justificar la duda. ¿Qué significa esto? La
hipótesis del genio maligno tiene dos sentidos –estrecamente enlazados uno con otro–. En primer lugar es la expresión
rigurosa del punto de vista idealista adoptado desde luego por Descartes. En efecto, la duda metódica hace mella en
todo contenido de pensamiento y únicamente se detiene ante el pensamiento mismo. El pensamiento es necesariamente
pensamiento de algo; es decir: el pensamiento tiene necesariamente un objeto, pero no puedo dudar nunca del
pensamiento. […] La hipótesis del genio maligno expresa rigurosamente ese carácter mediato del objeto, frente al
carácter inmediato del pensamiento; significa que en el contenido del pensamiento (de la idea) no hay nada que legitime
la existencia del objeto y, por consiguiente, que esta existencia del objeto necesita una garantía ajena: justamente la
existencia de Dios.
Más por otra parte, la hipótesis del genio maligno significa el planteamiento y solución de un grave problema lógico,
que luego ocupará hondamente a Kant: el problema de la racionalidad o cognoscibilidad de lo real. El genio maligno y
sus artes de engaño simbolizan la duda profunda de si en general la ciencia es posible. ¿Es lo real cognoscible, racional?
¿No será acaso el universo algo totalmente inaprensible por la razón humana, algo esencialmente absurdo, irracional,
incognoscible? Esta interrogación es la que Descartes se hace bajo el ropaje dialéctico de la hipótesis del genio maligno.
Y las demostraciones de la existencia y veracidad de Dios no hacen sino contestar, afirmando la racionalidad del
conocimiento, la posibilidad del conocimiento, la confianza postrera que hemos de tener en nuestra razón y en la
capacidad de los objetos para ser aprehendidos por ella. (García Morente, 2006, 22-23)
34 La paradoja a la que conduciría esta segunda alternativa, la de un escepticismo radical, es evidente: la certeza de que

no hay certezas. (Bidon-Chanal, 2012, 154)


35 La certeza, la evidencia a partir de la cual podrá reconstruir el edificio del conocimiento derrumbado por la duda y,

por tanto, la que a su vez legitimará el método. (Bidon-Chanal, 2012, 154)


36 Luego de recapitular brevemente el recorrido que ha llevado a cabo hasta quedar en la desnudez provocada por la

duda radical, donde la razón se pregunta por sí misma, Descartes llega finalmente a la certeza racional, la evidencia que
estaba buscando: la proposición “Yo soy, yo existo” es necesariamente verdadera mientras la estoy pensando, es decir,
la certeza de que yo exista está condicionada por el pensar. Así sortea el último y más radical de los artificios de la duda,
la hipótesis del genio maligno, pues para que este pueda engañarme debo existir, debo ser algo. Lo mismo se puede
decir respecto del argumento del sueño. En suma, podemos dudar de todos los contenidos de nuestro pensamiento pero
no de que poseemos esos pensamientos. Descartes mostrará en breve que ese “yo” que sabe que es, pero que aún no
sabe qué es, justamente es una cosa que piensa, una sustancia pensante (res cogitans). El cogito constituye el “primer
principio de la filosofía” porque, desde un punto de vista epistemológico, es aquel punto firme a partir del cual se podrá
levantar nuevamente el edificio de las ciencias y es también el fundamento del criterio de evidencia y del método que
lo trajo hasta aquí; y a la vez lo es desde un punto de vista ontológico, porque nos coloca antes el primer ente
indudablemente existente: yo en tanto pienso, es decir, en tanto soy una sustancia pensante. Entre las varias objeciones
al cogito cartesiano una de las que más han trascendido es la que plantea Thomas Hobbes, quien advierte que debería
haber un sustrato material para ese pensamiento; Descartes replica que el pensamiento es su propio sustrato, la sustancia
pensante misma. […] Un siglo después David Hume pondrá en jaque la noción misma de sustancia pensante. […]
(Bidon-Chanal, 2012, 155)
37 En el Discurso del método aparece la célebre sentencia “cogito ergo sum”, aunque enunciada originalmente en francés

(“je pense, donc je suis”, “pienso, luego soy”): “Entonces, advertí que, mientras yo pensara así que todo era falso, era
necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa. Y notando que esta verdad: ‘yo pienso, luego soy’, era tan firme y
segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de conmoverla, juzgué que podía
recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que buscaba”. La nueva formulación del cogito que
aparece en las Meditaciones logra evitar que se confunda la proposición con un entimema (es decir, una abreviación del
silogismo “todo lo que piensa es; yo pienso; luego, yo soy”), confusión a la que conduce acaso el fuerte carácter lógico
del ergo latino (con un matiz más suave en el donc del original francés), pues no se trata de un razonamiento sino de
una intuición, de un acto solo del pensar, de la tan esperada proposición absolutamente verdadera que se presenta ante
el espíritu de manera inmediata e indudable. (Bidon-Chanal, 2012, 155)

34
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

38 Descartes busca evitar aquí el método sintético para poner en marcha el analítico, haciendo referencia a la definición
clásica de hombre como animal racional, muy común en la tradición escolástica y proveniente de la traducción latina
que restringe al aspecto racional la definición aristotélica de hombre como ζῷον λογικόν [zóon politikón]. Algunos
siglos más tarde, Ernst Cassirer planteará una interesante variación de esta definición al reemplazarla por la de “animal
simbólico”. (Bidon-Chanal, 2012, 156)
39 Se comienza a ver la concepción mecanicista que opera respecto de la sustancia extensa o material, que

seguirá desplegando a continuación. Y eso incluso respecto de nuestro propio cuerpo. Descartes considera
que nuestros cuerpos son incapaces de realizar actividades inteligentes (como el habla) por sí mismos porque responden
a las mismas leyes mecánicas que gobiernan las conductas de los cuerpos en general, cuyos movimientos son meros
efectos de los movimientos de los otros cuerpos que entran en contacto con ellos. (Bidon-Chanal, 2012, 156)
40 El cuerpo propio, que parece una evidencia, constituye en realidad un prejuicio que se acarrea desde la

infancia. El conocimiento que se tiene del cuerpo propio es confuso y oscuro, está sujeto a la duda; el nuevo
conocimiento exige dejar de lado lo corpóreo y concentrarse en lo único claro y distinto del yo cuya existencia necesaria
acaba de descubrirse: el pensamiento. Sólo se puede decir con claridad y distinción que somos una pura acción de
pensar. El alma es más fácil de conocer que el cuerpo: aun si se objetara que la fuente del pensamiento quizá sea física,
es decir, que se deba a mis neuronas, aun así la primera certeza que tenemos es la del pensamiento, independientemente
del cuerpo. (Bidon-Chanal, 2012, 156)
41 Descartes considera que la imaginación, en particular por su dependencia de lo extenso o corporal (a lo

que recurre el pensamiento para formar imágenes), no es una facultad que conduzca a la verdad; sólo podemos alcanzar
esta última a través del entendimiento. Sin embargo, aquí hace uso de ella para mostrar negativamente aquello que es
falso. (Bidon-Chanal, 2012, 157)
42 Según Descartes, el yo es una sustancia o cosa pensante (res cogitans), una cosa cuyo atributo esencial es el pensar.

Podemos afirmar o negar algo equivocadamente, podemos imaginar seres inexistentes, podemos sentir confusamente,
pero todas esas acciones no son sino modos del pensamiento. Todas las actividades psíquicas son entendidas como
pensamientos (o modos de pensar), incluso imaginar y sentir. (Bidon-Chanal, 2012, 157)
43 En adelante, la “Meditación segunda” culmina con el desarrollo de este planteo según el cual lo espiritual es más fácil

de conocer que lo material, a través del ejemplo de la cera […] (Bidon-Chanal, 2012, 158)
44 A través de los sentidos creemos conocer la cera, pero si la acercamos al fuego, muta, cambian su forma, su olor, su

sabor, etc.; sin embargo, sigue siendo la misma cera. Tampoco la imaginación puede conocer la infinidad de cambios
que puede sufrir esa cera. Sólo el entendimiento conoce clara y distintamente la cera porque conoce el concepto de cera.
Pero nuestro concepto de cera, a su vez, podría estar errado si lo comparamos con la certeza más simple de que
conocemos nuestro propio espíritu. En pocas palabras: a diferencia de lo conocido por los sentidos (el trozo de cera),
conocemos clara y distintamente los contenidos del pensar (el concepto de cera), pero más clara y distintamente aún
conocemos el pensamiento mismo, más allá de sus contenidos; nada hay más fácil de conocer que nuestro propio
espíritu. (Bidon-Chanal, 2012, 138)
45 Descartes distingue dos tipos de realidades en las ideas: una realidad formal, que posee toda idea en la medida en que

es algo, en tanta modificación de la sustancia pensante, y una realidad objetiva, la realidad que está en la idea en tanto
representa algo. Como modos de pensar son todas iguales, pero las que representan sustancias tienen más realidad
objetiva que las que representan accidentes o modos y, a su vez, la idea de una sustancia infinita (Dios) tendrá más
realidad objetiva que la de una finita (el alma). (Bidon-Chanal, 2012, 139)
46
Esta prueba es conocida, desde Kant, como argumento ontológico de la existencia de Dios. Si bien debemos al filósofo
prusiano esta denominación, su primera formulación y desarrollo se lo debemos al monje benedictino Anselmo de
Canterbury (1033-1109) de donde Descartes retoma la idea que desarrolla en la Quinta Meditación de que a un ente
perfecto no le pude faltar la existencia, por lo cual, Dios existe.
Para Descartes la existencia es una característica de la perfección; Dios tiene todas las perfecciones; luego Dios tiene la
existencia. Así, Descartes considera la existencia de Dios tan demostrada como la propiedad del triángulo de tener tres
ángulos. Luego, toda la metafísica del siglo XVII y XVIII se apoyará más o menos encubiertamente en el argumento
cartesiano. La metafísica cartesiana y la que le sigue tienden así a demostrar las existencias mediante actos subjetivos.
Siendo el yo su punto de partida, no podrán considerar como dadas las realidades externas al yo, y necesitarán
demostrarlas partiendo de las esencias, puesto que el yo conoce inmediatamente esencias, las existencias, que son
exteriores, son siempre, en el racionalismo, inferidas mediatamente de las esencias. Sin embargo, Kant, en la Crítica de
la razón pura, en la Tercera Sección del Tercer Capítulo del Libro Segundo de la Dialéctica Trascendental, rechazará
el argumento cartesiano de la derivición de la existencia de Dios a partir de su perfección, y en consecuencia rechazará
la afirmación cartesiana “Dios existe”, puesto que para Kant la existencia no es un predicado esencial. Si decimos “Dios
es omnipotente” el predicado “omnipotente” es un predicado esencial del sujeto “Dios”. Conceptualmente no se puede
concebir la idea de Dios sin la idea de la omnipotencia, de la omnipresencia, de la perfección, etc. Lo mismo que en el
juicio “el perro es un animal” no se puede concebir que el predicado “animal” no le corresponda esencialmente al sujeto
“perro”. Sin embargo, la existencia no deisgna una nota conceptual como “el perro es animal”, sino que señala el hecho
de que el objeto se me da “el perro existe” –cuando bien podría no existir. Así, para Kant, la existencia es una categoría
que no tiene significación fuera del ámbito de la experiencia. Esta distinción bastará a Kant para refutar toda la
metafísica cartesiana y abrir un nuevo rumbo en la filosofía. Bastará distinguir entre lo nouménico (en sí, esencia) y lo
fenoménico (lo existente) para señalar que, mientras el primero es objeto objeto de conocimiento intelectual, el segundo
35
UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

será objeto del conocimiento empírico. Así, para conocer la existencia de un ente ser precisará una intuición no
intelectual, sino sensible. El cogito y el argumento ontológico podrán servir para instituir ideas, pero no cosas existentes.
47 En su examen de las Meditaciones, un filósofo contemporáneo como Paul Ricoeur observa que Descartes no percibe

en ello un círculo ni un sofisma, sino más bien el beneficio de la eliminación de la hipótesis del dios engañador que
provocaba la duda hiperbólica. Pero así como para varios de los primeros lectores de las Meditaciones, para Ricoeur se
trata de saber si la forma de círculo del orden de las razones no hace “de la actividad que arranca al cogito, por tanto al
‘yo’, de su soledad un gigantesco circulo vicioso”, quedando entonces abierta la siguiente disyuntiva: o bien, si el cogito
sigue teniendo el valor de fundamento, se vuelve una verdad estéril pues no se puede continuar sin alterar el orden de
las razones; o bien, al ser la idea de perfección (Dios) la que lo fundamenta como ser finito, pierde su estatus de
fundamento último. Esta disyuntiva ha signado buena parte de la herencia cartesiana de la modernidad por ejemplo, en
el racionalismo de Spinoza, donde únicamente la sustancia infinita tiene valor de fundamento, siendo tanto el
pensamiento como la extensión sólo atributos de la sustancia y no sustancias. La segunda desemboca en la corriente
idealista: la certeza de la existencia de Dios es tan subjetiva como la del yo, de manera que el cogito no es una primera
verdad de la que se seguirían una segunda, una tercera, etc., sino un fundamento que se funda a sí mismo, y para no caer
en un idealismo subjetivista debe desligarse de todo psicologismo (y, por supuesto, de toda referencia autobiográfica,
como las que persisten en el yo de las Meditaciones y, sobre todo, del Discurso) y convertirse en un sujeto trascendental,
como en el “yo pienso” kantiano.
Sin embargo, Descartes responde al presunto círculo vicioso de su argumentación. Su respuesta, en pocas palabras,
consiste en que el cogito, en tanto constituye un conocimiento intuitivo, no necesitaría de garantía, como sí precisarían
el conocimiento sensible y el conocimiento discursivo o deductivo, debido a la falibilidad de la memoria, que interviene
en la deducción. La veracidad divina interviene entonces para asegurar la racionalidad frente a las influencias
irracionales a que está sujeto el pensamiento (los sentidos, la imaginación, las pasiones, la memoria), personificadas en
la figura del genio maligno. Dios, como ser eminentemente racional, anula la hipótesis del genio maligno y asegura un
mundo racional en que el entendimiento, nuestra única facultad cognoscitiva, no está sujeto a las ilusiones de los
sentidos, la imaginación, las pasiones o la memoria, sino que encuentra como encauzarlos y emplearlos correctamente.
(Bidon-Chanal, 2012, 141)
48 Leibniz empleó el término 'idealista' al referirse a Platón y a otros autores para quienes la realidad es la forma (o la

idea). Los autores idealistas —o, como también los llamó Leibniz, “formalistas”— sostienen doctrinas muy distintas de
las propugnadas por autores que, como Epicuro, son calificados de “materialistas”. Sin embargo, Leibniz proclama que
las doctrinas de los grandes idealistas y de los grandes materialistas pueden hallarse reunidas en su doctrina de la
armonía preestablecida. Es todavía bastante común emplear 'idealismo' para referirse al platonismo, al neoplatonismo y
a doctrinas filosóficas análogas. Sin embargo, como desde el punto de vista de la doctrina de los universales, los filósofos
de tendencia platónica son calificados de “realistas” —por afirmar que las ideas son “reales”—, el término ‘idealismo’
en el sentido antes apuntado puede prestarse a equívocos. Preferimos emplearlo aquí en el sentido más específico, o
más circunscrito, que se ha dado al vocablo, al aplicarlo a ciertos aspectos de la filosofía moderna. Observemos que el
sentido de ‘idealismo’ como ‘idealismo moderno’ no está completamente separado de su sentido “antiguo”: la filosofía
idealista moderna se funda asimismo en las “ideas”. Lo único que sucede es que el significado moderno de ‘idea’ no
equivale, o no equivale siempre, al platónico. […] [El] idealismo, sea gnoseológico, sea metafísico, o ambas cosas a un
tiempo, se ha manifestado en muy diversas formas a lo largo de la época moderna. […] En lo que sigue trataremos del
idealismo —por lo pronto metafísico y gnoseológico— de un modo muy general. Nos referiremos luego a [una
manifestación] del idealismo moderno, e introduciremos luego [un] esquema clasificatorio. […] El rasgo más
fundamental del idealismo es el tomar como punto de partida para la reflexión filosófica no “el mundo en torno” o las
llamadas “cosas exteriores” (el “mundo exterior” o “mundo externo”), sino lo que llamaremos desde ahora “yo”,
“sujeto” o “conciencia” — términos que usaremos un tanto como abreviaturas, pues en ciertos casos podrían, y aun
deberían mejor, emplearse vocablos como ‘alma’, ‘espíritu’, ‘pensar’, ‘mente’, etc. Justamente porque el “yo” es
fundamentalmente “ideador”, es decir, “representativo”, el vocablo ‘idealismo’ resulta particularmente justificado. En
efecto, aquello de que se parte es, para emplear el vocabulario de Schopenhauer, “la representación del mundo” y no
“el mundo”. Así, el idealismo comienza con el “sujeto”. […] Es razonable restringir el idealismo propiamente dicho a
la edad moderna, pues aun cuando en ésta no se eliminan los motivos teológicos, van cobrando decisiva importancia
los motivos gnoseológicos — y las tesis metafísicas derivadas de tales motivos o estrechamente relacionadas con ellos.
Considerando, pues, el idealismo primariamente como idealismo moderno, y teniendo en cuenta que el punto de partida
del pensamiento idealista es el “sujeto”, puede decirse que tal idealismo constituye un esfuerzo por responder a la
pregunta: “¿Cómo pueden conocerse, en general, las cosas?” […] El idealismo es, pues, fundamentalmente
“desconfiado” y, por consiguiente, esencialmente “cauteloso”. Tal desconfianza no afecta únicamente a la llamada
“realidad sensible”, pues tal ocurría asimismo en el “platonismo” y en el agustinismo. La desconfianza en cuestión se
manifiesta hacia todo lo real o, mejor dicho, hacia todo lo que “pretende” ser real, incluyendo, por tanto, lo inteligible
o los supuestos modelos de la realidad sensible.
La pregunta: “¿Cómo pueden conocerse, en general, las cosas?” no es por ello simplemente una pregunta gnoseológica,
sino también, y a veces sobre todo, una pregunta metafísica. En efecto, en tal pregunta se presupone que las cosas que
se declararán “reales” serán fundamentalmente las que se admitirán como “cognoscibles”, y en particular como
cognoscibles con plena seguridad, según completa evidencia poseída por el sujeto cognoscente.
Para el idealismo “ser” significa primariamente “ser dado en la conciencia [en el sujeto, en el espíritu, etc.]”, “ser
contenido de la conciencia [del sujeto, del espíritu, etc.]”, “estar contenido en la conciencia [en el sujeto, en el espíritu,
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UBA XXI – Filosofía – Apunte de Cátedra: La radicalización de la razón. Descartes

etc.]”. El idealismo es, así, un modo de entender el ser. Ello no significa que todo idealismo consista en reducir el ser
—o la realidad— a la conciencia o al sujeto. Una cosa es decir que el ser o la realidad se determinan por la conciencia,
el sujeto, etc. y otra es manifestar que no hay otra realidad que la del sujeto o la conciencia. Esta última posición es
también idealista, pero es sólo una de las posibles posiciones idealistas. […]
En Descartes —llamado a veces “el primer idealista” y, en todo caso, “el primer idealista moderno”— el idealismo
consiste primariamente en arraigar toda evidencia en el Cogito. Ello no significa que se niegue la existencia del mundo
exterior; sólo se pone de relieve que el mundo exterior no es simplemente un “dato” del cual se parte. El mundo exterior
es puesto en paréntesis para ser ulteriormente justificado. Como ello tiene lugar mediante el “rodeo” de Dios, puede
decirse que el idealismo cartesiano es sólo relativo. Aunque la idea de Dios aparece en la conciencia y en el sujeto,
aparece en ellas como la realidad, el ens realissimum.
[…] En lo que toca a la clasificación de las corrientes o formas del idealismo, nos limitaremos a apuntar algunos modos
de ordenar estas corrientes o formas. Primero, puede hablarse de idealismo gnoseológico (o primariamente
gnoseológico) e idealismo metafísico (o primariamente metafísico). El idealismo gnoseológico resulta de un examen de
las condiciones del conocimiento y no presupone ninguna tesis sobre la estructura de la realidad. El idealismo
metafísico, en cambio, resulta de un supuesto sobre la estructura de lo real en cuanto éste está ligado a la conciencia o
depende inclusive de la conciencia. En la mayor parte de los casos el idealismo gnoseológico está mezclado con el
metafísico, y lo único que puede hacerse es tratar de ver qué “dosis” hay de uno u otro en una determinada doctrina.
(Ferrater Mora, I, 1964, 888-901)

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