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REPRESA BALA-CHEPETE

El proyecto Bala-Chepete desplazará a las comunidades nativas y puede acabar con el sueño de desarrollo
del turismo ecocomunitario de la zona

Entre las dos casas de la familia Nay Vargas hay 45 minutos de navegación río Beni arriba. Una se encuentra
en Rurrenabaque y otra en la comunidad tacana de San Miguel del Bala. La primera está en la ciudad, con
servicios comerciales, médicos y de transporte accesibles, mientras que la otra está casi a la puerta del Parque
Nacional Madidi, uno de los lugares con mayor biodiversidad del mundo. Allí cocinan con leña en el terreno
alrededor de la casa de madera, donde crecen los cítricos y siembran otros cultivos como la yuca o la caña de
azúcar. Es su hábitat; así lo defienden sus habitantes cuando hablan de las consecuencias del proyecto
hidroeléctrico Bala-Chepete, llamado a ser parte fundamental de la conversión de Bolivia en “el corazón
energético de Sudamérica” con la construcción de dos represas en plena Amazonía.

Los indígenas involucrados en el ecoturismo están entre los primeros que entraron en alerta por el proyecto
hidroeléctrico, una megaobra cuyo coste se cifra en casi 7.100 millones de euros en diversos documentos de
estudio previo elaborados por empresa italiana Geodata a petición de la estatal de energía ENDE. El proyecto,
cuyas obras comenzarían en 2018, prevé la construcción de dos represas que inundarían 661,9 kilómetros
cuadrados, una extensión algo más grande que todo el municipio de Madrid. Entre afectados directos —los que
viven en zonas que se prevé inundar— e indirectos —quienes habitan áreas colindantes a los embalses—, la
construcción de ambas represas implicaría el desplazamiento forzoso de más de 5.000 personas. El segundo
embalse —creado por una represa un par de kilómetros río abajo del angosto del Bala— inundaría la comunidad
de San Miguel, según su ficha ambiental, sin que se conozcan los planes para reubicar a sus 251 habitantes
censados en 2012.

La comunidad se encuentra muy cerca de la entrada al Parque Nacional Madidi, una de las áreas de mayor
biodiversidad del mundo, donde están presentes el 9% de las especies de aves del planeta. Según el
estudio Identidad Madidi, se estiman alrededor de 8.000 especies de plantas vasculares y al menos 2.100 de
vertebrados. Algunas de ellas, como el venado andino o el jaguar, están amenazadas a nivel continental.

Cortar el caudal del río también afectaría a la agricultura, que aprovecha las inundaciones periódicas de las
tierras ribereñas para renovar la fertilidad del suelo gracias a los sedimentos depositados. Aunque el proyecto
de Geodata contempla la construcción de una “escalera de peces”, los pobladores piensan que también
afectaría a la pesca de especies migratorias como el bagre o el pacú, que llegan de río arriba. Solo la
construcción del Chepete, 50 kilómetros río arriba del angosto del Bala, haría uniforme el cauce del río, mientras
que la ausencia de sedimento lo volvería más erosivo y modificaría todo el ecosistema río abajo, advierte el
ingeniero hidráulico Jorge Molina, de la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz.

La idea de aprovechar el elevado caudal del río Beni para la generación de energía eléctrica es un viejo proyecto
de gobiernos bolivianos de todo signo y el primer estudio de viabilidad data de 1955. El Gobierno de Morales lo
decretó de prioridad e interés nacional en 2007, sólo un año y medio después de asumir el poder. La capacidad
instalada de Bolivia ya excede el consumo eléctrico interno y no hay proyecciones que muestren la necesidad
de construir obras de envergadura para el abastecimiento nacional. Por el contrario, la construcción del sistema
hidroeléctrico Bala-Chepete es un proyecto emblemático del Gobierno para convertir a Bolivia en un centro
exportador de energía al resto de Sudamérica. La energía generada con esta hidroeléctrica tendría por destino
el mercado brasileño, según han declarado siempre las autoridades competentes y a pesar de que no existe
todavía un acuerdo oficial entre los países. Con el fomento de nuevas megaobras —de las que esta es, junto a
Rositas en la cuenca del Río Grande, la más importante en generación de energía— y el cambio de matriz
energética, el Gobierno boliviano pretende encontrar una vía de entrada de divisas al país que compense la
caída de precios del gas natural, principal exportación de Bolivia destinada a Brasil y Argentina. Actualmente
Bolivia trabaja en diversos acuerdos bilaterales con Argentina, Brasil, Perú y Paraguay para avanzar en la
interconexión de sus sistemas eléctricos con el objetivo de exportar electricidad a sus países vecinos.

PROYECTO HIDROELÉCTRICO “EL BALA” GARANTIZARÍA LA SOBERANÍA ENERGÉTICA DEL PAÍS

El Proyecto Hidroeléctrico Angosto de “El Bala” se constituye en uno de los proyectos con mayor historia en el
país, es un proyecto de Interés y Prioridad Nacional (Ley Nº628, 28 de mayo de 1984; Ley N°1887 de 31 de
agosto de 1998), de igual manera mediante Decreto Supremo N°29191, de 14 de julio del 2007, se señala que
es la Empresa Nacional de Electricidad – ENDE, la encargada de llevar adelante los estudios.

Detalles Técnicos acorde al Estudio de Identificación

Componente 1: Chepete 3.251 MW (Potencia instalada). El embalse lo formaría una presa vertedero de
gravedad, la presa tendría 183 m de altura. El embalse en su nivel máximo extraordinario, tendría una superficie
de 680 Km2.

Componente 2: Bala 425 MW (Potencia instalada). Es un aprovechamiento de “pasada” (run off the river),
situado a 2,5 Km aguas abajo del angosto El Bala. Es decir, que no se tienen prevista ninguna obra civil en el
angosto de El Bala. Este componente aprovechará las aguas reguladas y de rebose del Componente 1,
Chepete, además de las aguas aportadas por los afluentes entre estos dos sitios. El área de impacto máximo
de este componente sería 93 Km2.

La Potencia Instalada Total del Proyecto Hidroeléctrico El Bala, es de 3.676 MW, con una generación total de
18.048 GWh/año, una vez concluidos los Estudios de Preinversión, el tiempo de construcción previsto en el
Estudio de Identificación del proyecto, que será definido con mayor precisión recién a la culminación del Estudio
de Diseño Técnico de Preinversión (EDTP), es de seis años para el Componente 1 Chepete, y cuatro años para
el Componente 2 Bala. Cada uno de los componentes puede ser construido de manera independiente.

Estudios ambientales

Todo proyecto independiente de su magnitud, genera un impacto ambiental, el mismo se ha estudiado en una
primera instancia en el Estudio de Identificación y continúa en el Estudio de Diseño Técnico de Preinversión
(EDTP). En el Estudio de Identificación, se elaboraron y presentaron a las Instancias Ambientales Competentes
las Fichas Ambientales, siguiendo los procedimientos establecido según Ley 1333 de Medio Ambiente y sus
reglamentos, siendo que a la fecha se cumple con todo lo estipulado por la normativa ambiental vigente.

En el marco del EDTP, se elaborarán Estudios Ambientales complementarios y los Estudios de Evaluación de
Impacto Ambiental (EEIA), para cada uno de los Componentes del Proyecto, también en el marco de la Ley
1333.
BIBLIOGRAFIA

- https://elpais.com/elpais/2017/09/05/planeta_futuro/1504563761_414612.html

- https://www.ende.bo/noticia/noticia/57

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