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De Judith Butler en esta Editorial Dar euenta de si mismne, ‘Violencia étiea y responsabilidad Sujetos del deseo Reflexiones hegelianas _en la Francia del siglo XX Judith Butler Amorrortu editores Buenos Aires - Madrid Biblioteca de flosotia Subjects of Desire, Hegelian Reflections in Twentieth-Century France, ‘Tadith Butler ‘© Columbia University Press, 1987 © Judith P. Butler, 1989 (Prefacio a la ediién en rasta) ‘Traduesidn: Elena Lujan Odrlozola (© Teds los derechos de la ecicién en enstallano reservados por Amorrortu editores S.A., Peraguay 1225, 7* piso - CLOS7AAS Buenos Aira Amorrorta editores Bspane SL, C/Lopox de Hoyos 15, 3° iq, - 28008 Madrid www amorrortueditores.com ‘La reproduecisn total o parcial de esto libro on forma idéntiea o modi ‘ada por cualquier medio meesin\ee, eleetrénies 0 informatics, incluyen- do fotocopia, grabaci6n, digtalizacin o cualquier sistema de almacena- miento y recuperacién de informacifn, no autorizada por los editores, viola derechos reservados, (Queda hecho el depésito que previene la ley n?11.723, Industria argentina. Made in Argentina ISBN 978-950.618-597.5, ISBN 978-0-281-06451-4, Nuova York, ediién original Butler, Judith ‘Sujetas del deseo, Reflexiones hegelianas en la Francia del siglo XK.- Tred, - Buonos Aires: Amorrorty, 2012 352 p, ; 2x14 em. -(Piaeofi) ‘Dradueein do: Blona Lujén Odriozola ISBN 978.950.518.3975 1, Pilsoffa, 1 Odriozola, Blena L, trad. ‘tule, cpp i190 Impreso on los Talleres Gratis Celor Efe, Paso 192, Avellaneda, pro- Vineia de Buenos Aires en enero de 2012. ‘Tirada de esta edicion: 2.000 ejemplares, Indice general 9 Profacio a la edicién on risties 23 Prefacio 27 Abreviaturas 29 Introduecién 49. 1, Deseo, ret6riea y reconocimiento en la Fenomenologia del espéritu de Hegel 58 La ontologia del deseo 81 Paradojas corporales: seftorfo y servidumbre 105 2. Deseos histéricos: la recepcién de Hegel en Francia 108 Kojeve: deseo y agencia histérica 128 Hyppolite: deseo, fugacidad y Absoluto 145 De Hegel a Sartre 165 3, Sartre: la busqueda imaginaria del ser 155 Imagen, emoeién y deseo 180 Las estrategias de la eleccién prerreflexiva: el deseo existencial en Kl Ser y la Nada 201 Turbacién y anhelo: el efreulo del deseo sexual en El Sery la Nada 224 Deseo y reconocimiento en Saint Genet y El idiota dela familia En las secciones dedicadas a Kojéve, Hyppolite y Sar. tre, respectivamente, vimos la ereciente inestabilidad de] sujeto, su falta de lugar, las soluciones imaginarias que proponta ese sujeto, sus diversas estrategias para escapar de la inevitable falta de sustancialidad. Fl deseo de crear un mundo ficticio, metafisicamente placentero, plena- mente presente y vacio de negatividad muestra al sujeto humano en sus aspiraciones metafisicas como fabricanto de falsas presencias, unidades construidas, satisfacciones meramente imaginadas. Las indagaciones biogréficas de Sartre, en particular, interpretan al sujeto mismo como una unidad ficticia proyectada en palabras. Mientras que en Hegel el sujeto se rroyecta y luego se recupera, en Sar- tre se proyecta de manera indefinida sin recuperacion po- sible, pero de todos mados se conoce en su extrafiamiento ¥, por ende, sigue siendo una conciencia unitaria, idénti- ‘ca a ai misma reflexivamente. En el estructuralismo psi- coanalitico de Lacan y en los eseritos nietzscheanos de Deleuze y Foueault, el sujeto vuelve a interpretarse como una unidad proyectada, pero esa proyeccién disfraza y falsifica la desunién railtiple constitutiva de la experien- cia, ya sea que se la conciba como fuerzas libidinales, como voluintad de poder o como estrategias diversas de poder y discurso. La diferencia entre el hegelianismo de Sartre y el pos- hegelianismo del estracturalismo y el posestructuralismo se vuelve evidente er: la reformulacién del deseo y de la «proyecciéne, Para el Sartre de El idiota de la familia, el deseo humano siempre sirve, de manera implicita, al pro- yecto del autoconocimiento: pone en escena al yo, la his- toria especifica de negatividad que caracteriza a cual quier individuo, y esta proyeccién proporciona la condi cién para el autorrecanocimiento. Por lo tanto, la proyee- cién ficticia del yo es siempre una oportunidad de adqui- rir eonocimiento, una fiecidn informativa y transparente, inmanentemente filoséfica. Segtin Sartre, el proyecto he- geliano del deseo es evidente en la dramatizacién retérica del deseo en la cual ana ficcidn (irrealidad) se expresa (realiza), en la cual lo negativo se transforma magicamen- te en ser. Por consiguiente, a su juicio, le exteriorizacién del deseo es siempre, on potencia, la revelacién dramética de la identidad, Ia agencia unitaria de eleccién que opera 262, como el principio unificador de toda vida. De modos muy diferentes, para Lacan, Deleuze y Foucault, el yo proyec- tado es un falso constructo impuesto sobre una experien- cia que elude por completo la categor‘a de identidad. En su nivel més general, se declara la existencia del sujeto en .ol intento de imponer una unidad inventada sobre ol de- se0, deseo que ahora se interpreta como la multiplicidad y discontinuidad de la experiencia afectiva que desafia la integridad del sujeto mismo, En las paginas que siguen examinaré el efecto de la ruptura de la dialéctica en el destino del sujeto, asf como Ja reconceptualizacién del deseo, el placer y el euerpo fuera del contexto de la dialéctica; por tiltimo, reflexio- naré acerca de la condicién de ese «fuera dev. Llegado ese punto, tendremos que preguntarnos por qué estos pensa- Gores poshogelianos vuelven a las esconas de la Fenome nologia para argumentar contra las tesis hegelianas; qué forma peculiar de fidelidad filoséfica estructura implicita- mente estas rebeliones contra Hegel; si tales rebetiones tienen éxito, y, finalmente, qué tipo de andlisis hace posi- ble el derrocamiento de Hegel. Lacan: la opacidad del deseo (Berits 3). _ Al igual que Kojéve, Lacan acepta la existencia de una distincién entre deseo animal y deseo humano, y denomi- 8 Véase Freud, olnstincts and their Vicisitudes, en Pil i i cit Vicissitudee», en Philip ieff(ed), General Paychological Theory, Nueva York: Macmillan, 1976, pgs. 873 LPultione destin depen, n Obras completa, vl 1s Buenos Alves: Amorrortu, 1979}. ca i 270 3 na «necesidad» al primero, mientras que reserva el tér- mino «deseo» para los seres humanos. También como Ko- jive, Lacan considera que el deseo se distingue en y a tra- vvés de su manifestacién en el diseurso. Para Kojéve, ha- blar sobre el deseo precipita la referencia al «yo» como - conseeuencia no deliberada: la primera persona del sin- gular surge retrospectivamente como condicién necesaria de la expresién del deseo. Lacan acepta la verbalizacién de este como su condicién necesaria, pero sostione que la cadena metonimica de asociaciones ‘jue el deseo denota es 6] sitio donde reside su inextricable opacidad. Siguien- do a Hyppolite, Lacan coneuerda en que el deseo es siempre deseo del Otro, pero apunta que este deseo jamés podrd satisfacerse por cuanto el Otro, lo inconsciente, es siempre, al menos en parte, opaco. Es més: el deseo no ha de identificarse con el proyecto racional del sujeto, como ‘en cambio parecen dispuestos a creer Hegel y Kojeve, sino que existe como la diserepancia entre necesidad (pulsién biol6gica) y demanda (que es siempre demanda de amor, de reconocimiento absoluto a través Ce la recuperacién de Ia unién preedipica). «Asi, ¢] deseo no es ni apetito de sa- tisfaccién ni demanda de amor, sino la diferencia que re- sulta de sustraer el primero de la segunda, el fenémeno de su division (Spaltung)» (Bcrits 281) ‘Aqui es posible empezar a advertir la profunda dife- rencia que hay entre Lacan y sus antecesores hegelianos en Io que respecta a la relacién entreel deseo y el lengua- je. Bs evidente que para Kojéve la expresin del deseo ‘guarda una relacién interna con el deseo mismo; hablar es la puesta on acto retériea del deseo, su necesario com- plemento, su expresién. En rigor, también para Sartre la expresién es siempre una afirmacién no deliberada del deseo, y la retérica en general, desde Hegel hasta Sartre, leva a cabo la unificacién de fenémenos, incluso cuando lo hablado es una negacién o distincién, ‘Todos los pensa- dores hegelianos considerados en el presente trabajo adoptan una vision implicita del lenguaje como un con- junto de relaciones internas, un entramado que une las diserepancias. Lacan difiere en forma radical de los de-~ més pensadores al adoptar la pos-ura de Saussure en ‘cuanto a que el significante determina el significado pero no se encuentra manifiesto en él; ax, es la ruptura entre 271 significante y significaio lo que genera la significacién, no Ta manifestacién de una unidad previamente oculta. La- can es claro respeeto de la transposicién: «Si la lingitstiea nos permite ver el signifieante come determinante del significado, el andlisis rovela la verdad de esta relacién produciendo “cavidaces” en el sentido de los determi- nantes del discurso [del sujeto)» erits 299). El deseo, en- tonees, aparece como una oquedad, una discrepancia, un significante ausente, y por lo tanto s6lo aparece como aquello que no puede eparecer. Expresar el deseo no re- suelve esta negacién; en consecuencia, el desco jamés se materializa ni se concreta en el lenguaje, sino que es de- notado mediante los intersticios del Lenguaje, es decir, aquello que el lenguaje no puede representar: «En el in: tervalo que eruza los significantes, que forma parte de la estructura misma del significante, se halla el emplaza- miento de lo que (....) he llamado “metonimia”. Es hacia all{ adonde, como un hurén, se arrastra, se desliza, se es- cabulle aquello que lamamos “deseo”» (FCP 214), Por consiguiente, para Lacan, el deseo estd siempre vineulado con un proyecto de recuperacién imposible, que busca recobrar tanto el campo libidinal reprimido consti- tutivo de lo inconsciente como el «objeto perdido», 1a ma- dre preedipiea, Este proyecto de recuperacién se encuen- tra fuera de lo posible, precisamente, porque el sujeto desea ser idéntico al significante y, sin embargo, tal iden- tificacién se ve impedida por el lenguaje mismo. En rigor, el sujeto 68 lo que reemplaza al objeto perdido y puede ser interpretado como la incorporacién de esa pérdida. Por ello, el sujeto es, segin Lacan, ela introduecién de una, pérdida en la realidad? el discurso de ese sujeto, ator- mentado por la pérdida, se halla plagado de ausencias. Es mas: ese discurso indiea la (pag. 194). El efecto de la expresién del desec es el desplazamien- to perpetuo del significado, En la medida en que la de- manda de amor presente en el desec es una demanda de Ja prueba o muestra de amor, el dese> no se halla referido al objeto que lo satisfarfa, sino al objeto originalmente perdido. Este objeto, concebido desie el punto de vista psicoanalitico como la madre preedipica, es un objeto prohibido en virtud de la Ley del Padre, en términos de Lacan, que esté en consonancia con la Ley del Significan- te, Cuando Lacan dice que «el deseo del Hombre es el deseo del Otro», esté dando su versin del Absoluto, pues- to que el deseo del Otro es tanto el origen como le meta final de la demanda de amor. Este Absoluto, este «ser» del cual se earece, también se denomina «goce» (jouissancel, Ja plenitud del placer que, en términos lacanianos, siem- 218 | | i | | | pre resulta frustrada por el dolor de La individuacién, con. dicionada edipicamente, porque es «la castracién lo que gobierna e] deseo» (Pcrits 823), «el deseo es una defensa (éfense) y una prohibigién (défense) de ir més alld de cier. to limite en el goco» (Berits 322). El ideal nostalgico de} deseo os e] mundo de} deseo antes de que el sujeto se dife. =éQué soy “yo”? “Yo" estoy en el lugar de donde proviene una vor que clama “el universo es un defecto en la pureza del No- Ser”. Y no sin razén, puesto que, al protegerse a si mismo, este lugar hace que el mismo Ser languidezea. Este lugar se Mama goce, y es la auseneia de esto lo que hace que el universo sea vano» (Berits 317). Puesto que el deseo busca de manera implicita una re- cuperacién imposible del goce a través de un Otro que no @s el objeto original del deseo, el proceso del deseo se con- vierte en una serie necesaria de desconocimientos [mé- connaissances} que nunea resultan totalmente esclare- cidos. En la medida en que la represién encuentra al de- 860, el engafio es la eontraparte necesaria de este. El de- seo del deseo del Otro sélo es posible, por lo tanto, escu- chando lo no dicho, lo negado, omitido, desplazado: «Ei deseo del Otro es aprehendido por el sujeto en aquello que no encaja, en las falles del discurso del Otro» (FFCP 214). No se trata de una clase de escucha que pertenezca al do- minio enrarecido del psicoandlisis, sino que se manifiesta en el deseo infantil: «El sujeto encuentra una falta en el Otro, en Ia intimacién que ol Otro le hace a través del dis- curso, En los intervaios del diseurso del Otro surge en la experiencia del nifio algo que es totalmente detectable: Me esté diciendo esto, pero, iqué quiere decir?» (FFP 214). El «sentido» por el cual pregunta el nifio es mucho mas que la intencién del sujeto, algo similar a le interminabi- lidad metonimica del Otro. Lacan pregunta: «No esté, reproducide abi, el elemento de alienacién que yo designé para ustedes en el fundamento del sujeto como tal? Si s6lo en el nivel del deseo del Otro puede el hombre recono- cer su deseo como deseo del Otro, :no hay alli algo que debe aparecer como un obsticulo a su desvanecimiento, que es un punto en el cual su deseo no puede reconacerse? Ese obs- 274 téculo nunca es levantado, ni habré de levantarse, pues la experiencia analitica nos muestra que es al ver que toda una cadena entra en juego en el nivel del Otro cuande el deseo del sujeto se constituyes (FFCP 235). Esta cadena de significaciones, asociaciones y sustitu- * ciones metonfmicas que re-presentan el deseo del Otro es, al mismo tiempo, un desplazamiento de ese deseo, de mo- do que el intento de conocer el deseo siempre resulta des- viado de su curso. Lacan diserepa de lo sostenido por Hegel en relacién con este tema. Segtin Lacan, Hegel fusiona Eros y Logos, vineulando todo deseo al deseo de autoconocimiento. En este sentido, el deseo queda subsumido en el proyecto ge- neral del conocimiento, lo cual es evidenciado por la tem- prana superacién del deseo en la Fenomenologia. 9 Par- tiendo del supuesto de que el sujeto hegeliano es transpa~ rente para si mismo, Lacan atribuye al psicoandlisis el mérito de introducit la nocién de opecidad en la doctrina hegeliana del deseo: «Pues en Hegel es el deseo (Begierde) ol que se designa res- ponsable de esa conexién minima eon el conocimiento anti- ‘guo que el sujeto debe consorvar para lograr que la verdad sea inmanente en la realizacién del saber. La *astucia de la razén” hegeliana significa que, de principio a fin, el sujeto sabe qué quiore. Es aqui donde Freud reabre la juntura en- tre verdad y saber a la movilidad do la cual nacieron las re- voluciones. En este sentido, el deseo se anuda al deseo del Otro, pero en este lazo radica el deseo de saber» (crits 301). La critica de Lacan parte del supuesto de que el sujeto de Hegel, on efecto, «sabe qué quiere», cuando hemos vis~ 10 Véase J. Melvin Woody y Bdsrard Casey, Hegel, Heidegger, Lacan: ‘The Dialectic of Desires, on Smith y Kerrigan, Interpreting Lacan. Los autores sostienen que le superacién del deseo en la Fenomenologia es cequivalenta a su trascendenci, y eonsiderar que Hegel se equivocs al ‘esechar al deseo como forma elemental de eutoconciencia. Una inter pretacién muy diferente, aogtn le cual el deseo no es eliminado sino, és bien, considerado fundacional on rolacin con ol avance dela Reno ‘enologia, puede hallarse on Stanley Rosen, Hegel: An Introduction to the Seience of Wisdom, pg. 41 215 a een to que ese sujeto yerra de manera sistemética en la iden. tifieacién del objeto del deseo; de hecho, el término laca. niano méconnaissaiice (desconocimiento] bien podria ser. vir para describir las desventuras del sujeto viajero de Hegel. No obstante, es evidente que la wastucia de la ra. 26n> puede servir como ardid metafisico al llevar a eabo las transiciones entre capftulos en Ia Fenomenologia; ea. be preguntarse si no Lay un logos implacable que dirige ot espectaculo hegeliano desde el comienzo mismo, El su- jeto, sin embargo, no sabe qué quiere ya desde ol inicio, aunque es posible que lo que quiere eca implicitamente todo lo que llega a saber respecto de sf mismo en el curso de la Fenomenologia. Asi, el sujeto identifica constante- mente en forma errada lo Absoluto, algo muy similar a lo que le ocurre al sujeto del deseo lacaniano, que vive atraido por un goce que siempre lo elude. Al no tomar en cuenta la comedia de errores que signa los viajes del sujeto hegeliano, Lavan le atribuye a este ultimo una transparencia cartesiana sin tener justificacién alguna para hacerlo, Lo cierto es que el significado de lo Absoluto cambia para el sujeto de la Fenomenologta, y a medida que la nocién de lo Absoluto se modifica, también eam. bian el aleance y la es:ruetura del sujeto. El argumento de Lacan de que el impulso filoséfieo, el deseo de saber (el amor a la sabidurfa), surge del interior del eirculo del deseo cel deseo del Otro constituye, en ri- gor, un alejamiento sorprendente dol programa hegelia- no. Lo que Lacan postula es, al parecer, que el saber s6lo se vuelve una busqueda relevante para los seres huma- nos cuando estos desean el deseo del Otro, Al tratar de in- dagar cudl es la intencién oculta tras lo dieho, al escuchar las negatividades del hablante con el fin de ofr su deseo, los seres humanos se vuelven buscadores del saber, pero esta biisqueda siempre se encuentra condicionada y con- textualizada por la cadena de significantes, la intermina- ble metonimia del Otro. Por lo tanto, Lacan ofrece una version esquemitica del modo en que podria entenderse el impulso filoséfico desde el punto de vista psicoanaliti- co. Bl deseo no seria tanto la consumacién de verdades fi- loséfieas como su condicién renegada, la verdad contra la cual se defiende, Hn le medida en que la filosofia goza de Ja postulacién de un sujeto adecuado a sf mismo, el dis- 276 ‘curso filos6fico pretende decir todo lo que tiene inteneién de decir, y nunca implicar mas que lo que concretamente dice, La deconstruccién psicoanalitiea do la filosofia con- sistirfa, entonces, en escuchar las faltas y oquedades del discurso filosdfieo y, sobre esa base, especular acerca de qué clase de defensa contra el deseo aparenta ser el pro- yeeto filoséfico, ‘Sin embargo, para Lacan, la formu‘acién hegeliana no ‘es del todo incorrecta, puesto que, en cuanto demanda, el deseo es un proyecto de conocimiento. Aunque no es posi- ble asimilar la demanda al deseo, que se define como la diferencia entre demanda y necesidad, la demanda con- serva, de todos modos, algo de la busqueda trascendental de la presencia que hemos observade en los pensadores hegelianos. Lacan explica: «La demanda en si influye en algo diferente de las satisfacciones que exige. Es deman- da de una presencia o de una ausencia, que se manifiesta en la relacién primordial eon la madre (,..). La demanda constituye al Otro como quien posee el “privilegio” de sa- tisfacer necesidades, es decir, el poder de privarlas de aque- lo que es lo tinico que puede satisfacerlas» (Ecrits 286), ‘Mas que satisfaccion, Ia demanda busca pruebas de amor y quiere saber, por lo tanto, que el Otro puede ofrecerle ‘amor incondicional. Ast, los ofrecimientos de ese Otro no se miden en funcién de la gratifieacién que proporcionen, el placer o la satisfaccién de las necesidades, sino que sélo se pereiben como signos de amor incondicional —la refor- mulacién psicoanalitiea Incaniana de la nocién del recono- cimiento de Hege!—. La caracteristica trascendental dela demanda manifiesta su total indiferencia respecto de las muestras particulares de afecto 0, mas bien, lee cada muestra particular en busea de la muestra de amor incon- dicional que puede constituir. De hecho, la demanda pue- de tener como resultado la renuncia a las necesidades, puesto que la satisfaccién de estas aparece como la pre- sencia de una infinidad de particulares falsos, muestras de ateneién aleatorias e insignificantes que de nada sirven a la demanda de amor. En este contexto, el deseo surge como un mediador expiatorio, un mediador para el ‘cual el logro de la mediacién es imposible. El deseo pone ‘en acto la paradoja de la necesidad y ia demanda, mas, co- ‘mo la pasién kierkegaardiana, jamés logra una unidad 207 armoniosa entre necesidades particulares y demandas universales, sino que slo puede profundizar la contradic. cin, buscando lo imposible en lo trivial sin promesas, Asi, es posible considerar que Lacan reformula a sue antecesores hegelianos: para él, el deseo surge como tna actividad necesariamente paradéjica; en ese sentido, po- demos entender su versién del deseo como una transposi- ‘ién psicoanalitica de la nocién del deseo paraddjico pos- tulada por Hyppolite. Al mostrar que la necesidad sigue presente en el ejercicio del deseo, Lacan revela que la es- tricta distincién que Kojave traza entre necesidad y deseo es ingenua desde el punto de vista fenomenolégico. Es nis: la expresin del deseo en el discurso pone de mani- fiesto el problema del simbolismo, eseneialmente romén- ‘ico, que domina las teorfas del lenguaje v la expresién en Hegel, Kojéve, Hyppolite y Sartre, quienes entienden el lenguaje como la vida ulterior de un objeto, su exteriori- zacién necesaria, su forma més explicita, la conclusién dialéctica de su desarrollo. Para Lacan, el lenguaje siem- pre denota una ruptura entre significante y significado, una exterioridad imposible de remontar, con la conse- cuencia adieional de que la significacién lingiiistica es uria serie de sustituciones que no pueden reclamar un sentido original. En efecto, ostar on el lenguaje significa ser desplazado infinitemente del sentido original. ¥ dado ‘que el deseo se constitaye dentro de este campo lingiifsti- co, siempre va tras aquello que en realidad no quiere y siempre quiere aquello que finalmente no puede tener. Asi, el deseo denota un dominio de contradiccién irreparable. Si bien Lacan refuta la doetrina de las relaciones inter- nas de Hegel, queda inseripto, de todos modos, en el dis- ‘curso hegeliano, en la medida en que la demanda retiene el ideal hegeliano; el deseo sigue siendo el portador de ‘esta mala noticia ontolégica. Para Lacan, la dialéctica he- geliana del deseo es, eiectivamente, preferible al discurso fisiolégico del «instinto» que suele prevalecer en ciertos cfreulos psicoanaliticos. Con plena conciencia de las fal- sas promesas de progreso y unidad que contienen las ex- plicaciones fenomenolégicas de Hegel, Lacan sigue con- vencido, pese a todo, de que la dialéctica hegeliana inclu- ye elementos de valor universal, que se ven confirmados de manera indirecta por los resultados obtenidos tanto 278 por la lingifstica estructural como por el psicoandlisis. Lacan objeta la habitual traduecién al inglés de Trieb co- mo «instinto» y sostiene que la nociér hegeliana de deseo presenta la misma dosis de ambigiiedad que Freud quiso asignar originalmente al término «pulsion» (Trieb; literal- mente, empuje 0 pulsin)."! Oponiéndose a las lecturas naturelistas de las pulsiones que las ensideran basadas y constituidas fisiolégicamento, Lacan sostiene que, para Freud, lo natural siempre es moderads por lono natural; en rigor, la naturslidad es una significacién paradéjiea en cuanto siempre se expresa en un diseurso linguistico que niega intrinsecamente lo «natural» como dominio pasible de ser aislado: «Lo que el psicoandlisis nos muestra del deseo en relacién con lo que podria Ilamarse su funcién mas natural, puesto que de ella depende la propagacién de la especie, no es sélo que se encuentra sujoto, en su agencia, su apropiacién, su normalidad, en poces palabras, a los accidentes de la historia del sujeto (la nocién de trauma como contingencia), sino también que todo esto necesita dela cooperacién de ele- mentos estructurales que, a fin de intervenir, pueden arre- glarselas muy bien sin esos aceidentes, cuyos efectos, tan poco armoniosos, tan inesperados, tan dificiles de reducir, parecen por cierto dejar un resto a la experiencia que indujo a Froud a reeonocer que la sexualidad debe llevar la marea de alguna fractura no natural (felure) (Ecrits 810). ‘La demanda de amor bajo la cual opera el deseo —es decir, a la sombra de la cual existe siempre—no es redue- tible a la necesidad fisiolégica, No es posible reducir el de- seo especificamente humano de reconocimiento incondi cional a un materialismo crudo de la vida afectiva. Lacan considera que Hegel constituye un correctivo indispensa- ble del materialismo reduccionista cue entraiia la teoria peicoanalitica basada en Jo fisiolégica: «Creo necesario decir que si uno entiende qué clase de apoyo ‘hemos buseado en Hegel para eritiear una degradacién tal de] psicoanélisis, que lo vuelve tan inepto que no puede 11 Vease Gadamer,