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JOHN VICTOR MURRA. ENTRE LA VERTICALIDAD...Y EL HORIZONTE EN LOS


ESTUDIOS ANDINOS

Mag. Marissa Bazán Diaz, UNMSM

I. SUMILLA*
La conquista española significó un momento traumático, al frustrar el avance de una
civilización, que había logrado desarrollar una economía, sociedad y cultura de manera
singular. Ante esto, “los vencidos” responderán combinando su andamiaje cultural con el
extranjero. Tan es así que hoy se reconoce el mestizaje como característica propia de los
países sudamericanos, ya que las “sobrevivencias” del pasado siguen vigentes.
Considerando estas ideas al buscar conocer los modos de vida de las sociedades andinas–
las cuales no dejaron una escritura, o al menos aún no lo conocemos – fue necesario que
dos disciplinas se unieran: la historia y la antropología; las cuales componen a la
etnohistoria, buscando corregir los puntos débiles, que por separado tenían cada una de
ellas, en su análisis de las sociedades andinas.
Los estudios que buscaron revalorar el pasado andino desde el siglo XIX confiaron en el
análisis de las crónicas para reconstruir la historia de los reyes incas y sus conquistas,
intentos que acabarán en una selección más o menos arbitraria y personal de las versiones
preferidas de los cronistas. Recién en los años 50 se va a producir una renovación
metodológica al cambiar los propósitos de la investigación –lo biográfico – y al usarse
nuevas técnicas y fuentes. Entonces nos encontrábamos ante el ingreso de la moderna
antropología al campo de la historia y viceversa. Bajo este contexto surgieron dos figuras
que han brindando a la historia andina dos marcos teóricos fundamentales gracias a su
vinculación con realidades distintas a las europeas, ya que su formación estaba
familiarizada con las culturas africanas y la India: Nos estamos refiriendo a John Murra y
Tom Zuidema, respectivamente.

*
AVILA MOCERO, Javier. 2000 pp. 180-187; BURGA, Manuel. 1990. p 3, ARANA, Luis S.F. pp 3-5
2

Precisamente, el presente trabajo indagará en la vida del primero, buscando comprender su


vocación por la etnohistoria, así también el valor de su trabajo como aporte a los estudios
andinos. Por ello, el objetivo perseguido será conocer sus propuestas, influencias y aportes
al desciframiento de la historia andina. Estos puntos serán desarrollados en las páginas que
siguen, pero antes de empezar sugerimos las siguientes hipótesis:
 Las obras de John Murra han aportado al quehacer etnohistórico diversos postulados
tales como: la insistencia de que la antropología y la historia forman una sola
disciplina; el estudio de la economía andina cuyas ideas principales sería la
verticalidad, archipiélagos y redistribución; la inclusión de las visitas como fuentes
de investigación, entre otros.
 Estos postulados han influenciado a diversos estudiosos, en su metodología de
trabajo de investigación de temas andinos. Es así que los aportes de Murra siguen
vigentes y es necesario su continuación y renovación con la finalidad de
aproximarnos cada vez más al desciframiento de la historia andina. Por ello, su
trabajo es un legado valioso para las ciencias sociales y constituyen un aporte a la
búsqueda de una identidad nacional.

Para sustentar estas premisas, comenzaremos presentando la biografía de John Murra.

II. APUNTES BIOGRÁFICOS: John Víctor Murra1

Remembrar la vida de John Murra es un aspecto importante para aquellos que deseamos
comprender su vocación por la etnohistoria y el valor de su trabajo, como aporte a los
estudios andinos. Sobre todo, en los tiempos actuales donde se ha dejado de lado el cariz
positivista, para cederle lugar a concepciones diferentes, destacando por ejemplo el admitir
que el historiador no puede desligarse de su carga subjetiva. Acentuando está última idea,

1
CASTRO, Victoria; Carlos, ALDUNATE y Jorge, HIDALGO, 2000. Biblioteca de la República. Biblioteca Luis
Angel Arango, 1986.
3

y atendiendo a las recomendaciones de Edward Carr, nuestro primer paso será el reconstruir
la vida del autor en mención2.

John Murra nace en Odessa – Rumania, un 24 de agosto de 1916 y desde muy joven su
padre lo hizo estudiar idiomas; es por esta vía – el aprender francés – que conocerá, textos
socialistas y se interesará por esta postura. En 1934 se trasladó a Estados Unidos donde
ingresa “a la Universidad de Chicago sólo porque mi tío vivía ahí... yo aproveché poco (la
universidad) consumido por la política ... encarcelado varias veces... terminé el primer
título en sociología sin gloria, en 1936. Lo único de importancia que me paso este año fue
el descubrimiento de que existía antropología”3.

En 1937 fue reclutado por el secretario de Juventudes Comunistas, para ir a España y


colaborar en la guerra civil. En esta travesía, participó como traductor –aprendiendo el
castellano -; luego, cansado de esta función y desobedeciendo órdenes, en 1938 se traslado
al frente de guerra, donde fue herido por dos balas y allí acabó su corta carrera militar. Sin
embargo, para él: “España fue una experiencia formadora… ahí me sané del comunismo.
Porque yo vi a los nuestros en el poder... yo soy graduado de la guerra civil española no
de la Universidad de Chicago”.4 Es así que en 1939 retornó a la Universidad a seguir un
post grado en Antropología donde se interesará por las culturas africanas.

En 1941 participa en un proyecto, dirigido por Collier, en el Ecuador, siendo este su primer
contacto con los Andes. En 1943 empezó su carrera como catedrático enseñando etnología
en Chicago – mientras continuaba con sus estudios de Maestría y Doctorado en
Antropología-; y luego de pasar una temporada en Puerto Rico, entre los años 50 y 60,
enseñará en el Vassar College, una Universidad femenina, allí conoce a Heather Lechtman,
su eterna amiga. En 1955 escribió su tesis sobre los Incas, sin conocer el Perú, basándose
en crónicas y bajo el impulso de su amigo – y psicoanalista – Newton, a quien le dedicó la
tesis5. Luego, en 1958 le otorgaron el pasaporte y pudo viajar a Sudamérica, nuevamente;

2
CARR, Eward, 1972: pp 11-34
3
CASTRO, Victoria; Carlos, ALDUNATE y Jorge, HIDALGO, 2000: p. 28
4
Ibid, pp. 30-31; 58
5
Id pp. 49; 78; 65-66
4

es así que en este año llegó al Perú y dio algunas clases en San Marcos sobre los Incas y
Etnografía6 y además entre 1962 y 1964, planificó el trabajo de campo en Huanuco. En
1965 regresó a los Estados Unidos y entre 1968 y 1982 ejerció la Cátedra Titular de
Antropología en la Universidad de Cornell, donde se jubila y es elegido profesor emérito.
Es en este lapso de tiempo donde se desarrollará la publicación de sus artículos, tesis y
editará documentos como la famosa visita de Garci Diez de San Miguel; también organizó
junto a Angel Palerm, el Simposio de 1972 en México, donde se comparó las
investigaciones andinas con las mesoamericanas.7

Después ha proseguido con su labor de profesor, en diversos países, principalmente como


conferencista; continuó investigando y publicando artículos. Actualmente, sigue
colaborando en países sudamericanos: Perú, Chile y Bolivia, entre otros; y es admirado por
muchos estudiosos de la cultura andina.

Al haber efectuado los apuntes biográficos de John Murra, muchas cosas brotan a la luz,
siendo una de éstas – y tal como lo reconoce él mismo -, el hecho de que las circunstancias
por las cuales atravesaba, en el camino de su vida, lo llevaron a su conversión en
etnohistoriador y a su interés por los estudios andinos.. A continuación, veremos qué otras
vertientes alimentaron el caudal de sus investigaciones.

III. MEMORIAL ACADÉMICO

John Murra reconoce que no fue fácil graduarse como Doctor en Antropología, por sus
malas experiencias académicas. Luego, en él existen muchas influencias teóricas, como
por ejemplo las de su profesor Radcliffe Brown, quien lo introdujo en la literatura
africanista y británica en general8; y el marxismo seguirá influenciando su quehacer
científico9. Otroras influencias son las de Malinowski, a quien tomó como modelo en su

6
Id pp 11 - 114
7
Id p. 125
8
Id p. 104
9
Id p. 98; ARANA, Luis S.F. p. 5
5

juventud (de allí su afán por aprender el idioma quechua)10. También, reconocerá como los
inspiradores de sus principales postulados a: Cunow, quien afirmaba la necesidad de colocar
el estudio incaico comparándolo con grupos no europeos; y a Troll, quien sostuvo que los
incas tenían sitios destinados a los prisioneros de alimentos en variadas alturas ecológicas11.
A estas influencias se suman las de la “Ecología cultural”, tendencia muy difundida en
EE.UU. durante la década de los años cincuenta, donde se veía a los seres humanos y sus
sociedades como parte de un todo ecológico (interrelacionándose los humanos con la
naturaleza) y la influencia de los “sustantivistas”, de donde brota la figura de Polanyi, y su
concepto de redistribución.12

Sobre este último punto, Murra afirma lo siguiente: “yo nunca había escuchado de Polanyi
hasta 1950... yo nunca había oído hablar de redistribución... y creo que lo único que le
debo a Polanyi, es eso, la idea de redistribución me gustó y lo utilicé en la tesis... asistí a
dos seminarios (de él), con la tesis ya hecha... fuera del nombre del concepto que sí le debo,
del año 1950... Las comparaciones que el hace con otras sociedades, yo lo había hecho
desde 1940... hay un paralelismo; no puedo probarlo, es cosa de confiar en mi palabra”13.
Es decir, él niega la influencia de Polanyi, de quien sólo tomó el término “redistribución”
pero no el desarrollo del mismo, ya que el entendimiento y aplicación del concepto en los
Andes se deriva de la experiencia africana14. Todas estas influencias teóricas se
complementaron con los trabajos de campo realizados en Ecuador y Perú.15

De esta manera, Murra y sus confluencias teóricas y prácticas, nos ofrecerá una nueva forma
de trabajar los temas andinos dándole su toque original y ofreciendo nuevos horizontes. En
el siguiente punto ilustraremos respecto de esta última afirmación.

10
Id p. 100; MURRA, John 2002; p. 246.
11
Id p. 136; MURRA, John 1975: p. 11-15.
12
DEGREGORI, Carlos, Ed. 2000: pp. 207-214, BURGA, Manuel; 1999: p3.
13
CASTRO, Victoria. 2000 p. 93; ARANA, S.F. p. 6
14
MURRA, 1987: pp 13-14
15
MURRA, 1975: pp 12-17
6

IV. ¿Cómo se trabaja?: Obras “tácticas” en el quehacer científico, aportes, influencias y


horizontes en los estudios andinos.

Al examinar la vastísima producción de John Murra, hemos podido advertir dos momentos
en su quehacer científico, los que no se oponen. Es decir, este investigador ha mantenido a
lo largo de su experiencia etnohistórica, un mismo tronco, el cual, a medida que el tiempo
transcurría, lo hizo florecer con nuevos elementos; que han contribuido al fortalecimiento
de su tesis y al crecimiento en las posibilidades de la reconstrucción y conocimiento de los
modos desarrollados por las sociedades andinas. Estos dos momentos los hemos clasificado
de la forma siguiente: En primer lugar, tenemos al Murra I o el de la época en que elaboró
su tesis y al Murra II o el de los tiempos posteriores a la tesis. Dicho esto, pasaremos al
procesamiento de estas ideas.

a. Murra I:
En el año de 1955 finaliza su tesis de doctorado titulada: La organización económica
del Estado Inca, basándose en las crónicas, sin haber conocido el Perú,16 y a pesar
de su interés primigenio por las culturas africanas. Gracias a su experiencia en el
Ecuador – es decir, “a las circunstancias” – es que se introducirá a los estudios
andinos.17Cabe destacar que, la tesis mencionada, recién fue publicada en 1978, ya
que según su autor: “[...] la gente continuamente me decía que la publicara [...]
pero no me convenció. Todo me parecía obvio”.18

Pero “lo obvio” que advierte Murra estaba cubierto, en ese entonces, por el velo de
las concepciones occidentales que buscaban adecuar los aspectos socioeconómicos
de los incas a las formas europeas o a las chinas (esclavismo, feudalismo o al
socialismo). Murra, más bien, tomará la experiencia africana como modelo y les
dará un enfoque diferente a los estudios ya planteados, sobre los Incas; siendo loable

16
CASTRO, 2000 pp. 64; 98 ARANA, S.F. p.5
17
En 1943 Murra trabaj en artículo sobre las etnias del Ecuador precolombino, para la Handbooe of South American
Indians es así como empezó a consultar fuentes primarias sobre los Andes. Introducción a la edición de 1977. En
MURRA, 1987, p. 12; CASTRO, 2000 pp. 64-66.
18
CASTRO, 2000; p. 99
7

su originalidad, a pesar del uso de las mismas fuentes, que los estudiosos de su época
también utilizaban.

Murra tendrá como objetivo de su obra “[...] intentar el estudio de la economía de


los incas, y en parte de su organización social, dentro de un marco etnológico y de
la antropología social [...], el énfasis está puesto en la descripción integradora de
una sociedad específica, y no en su clasificación según categorías que surgen de la
historia económica y social de Europa”.19 Es decir, buscar entender a la sociedad
andina, en si misma, con sus características propias que las diferencian de las
culturas occidentales. Para Murra, la historia andina ha desarrollado una economía
propia, de acuerdo con su realidad, dándose en ella un modo de producción original
que solo puede asociarse con las culturas del África.

Es así que Murra nos brindará nuevos aportes para la historia de los Incas a través
de los ocho capítulos y el epílogo que componen su tesis. Los primeros cuatro
capítulos nos describen los aspectos económicos de las aldeas, etnias y del Estado;
a través del análisis de la agricultura, tenencia de la tierra, rebaños y tejidos. Pero la
sección central de su tesis se encuentra en la segunda parte, a partir del capítulo
cinco: donde planteará, a través del ejercicio de las crónicas, que las prestaciones de
trabajo y las pautas recíprocas, provienen de siglos anteriores, a la aparición de los
incas, donde se sintetizará para generar los excedentes del Estado cuya idea
dominante, era la de turnarse. Es a través de esta dinámica que las unidades
domésticas “tributarán” al Estado Inca, con sus trabajos por turnos, manteniendo su
autonomía, existiendo una estrecha relación entre reciprocidad y las prestaciones
de trabajo, las cuales se daban entre la misma comunidad o entre la comunidad y el
Estado. Pero no todos participaron en las prestaciones otorgadas al Estado, este es
el caso de los “orejones” (nobles), incas de privilegio y los parientes administrativos.
Ahora bien, la principal prestación de trabajo de la unidad doméstica serán las
labores agrícolas, ligada al servicio militar (en el varón) y los tejidos (prestación

19
Introducción a la Versión de 1955 en MURRA, 1987 pp. 18-19
8

exigida a la mujer). Para administrar estas prestaciones rotativas, se estableció a


funcionarios y se efectuó planificaciones anuales.20

Para explicar la forma cómo se repartió el excedente almacenado, planteará la


redistribución, como un medio para fines estatales: obtener por ejemplo la lealtad
del ejército, la burocracia, la nobleza y la casta sacerdotal. En cuanto a la comunidad,
como ya se mencionó, ésta conservó su autonomía velando por su propio bienestar,
ante la no intervención en ese aspecto del Estado (que solo se preocupaba por
obtener de ésta, las prestaciones de trabajo en las tierras del sol y del estado).Por
consiguiente, la comunidad no participa de la redistribución estatal. Además, el
planteamiento de redistribución y la ausencia de fuentes suficientes, lo incitan a
formular la idea de una inexistencia de mercados incaicos. Para finalizar, Murra
daba poca vigencia al sistema redistributivo, el cual sería incapaz, en su opinión, de
incluir a los nuevos actores políticos y sociales que aparecerán como consecuencia
de la intensa expansión territorial de aquel entonces. Por ello, él, observará los
cambios estructurales que estaba viviendo el Imperio de los Incas en sus últimos
decenios. Esto, lo enmarcará en la aparición de un control particular sobre los
recursos y la servidumbre personal al analizar a los yanas, acllas y mitimaes; con lo
cual afirma que el Estado inca estaba experimentando cambios profundos que
desembocarán en algo distinto por la llegada de los españoles.21

b. Murra II
En esta etapa suscitada posteriormente a los planteamientos de su tesis, Murra va a
incrementar sus conocimientos sobre la historia andina y mejorará sus técnicas de
trabajo, tal como él lo reconoce: “[...] hay en la tesis debilidades técnicas serias
[...] no había logrado descubrir [...] las visitas de etnias [...] no fue sino en 1958 –
59, cuando por fin regrese a los Andes, es que puede estudiar tales fuentes [...] en
los ensayos recopilados en Formaciones Económicas y Políticas en el Mundo

20
Cap. 5, en MURRA, 1987: pp. 136 - 169
21
Cap. 8 en MURRA, 1987: pp 215-258
9

Andino he tratado de corregir estas lagunas técnicas”.22 Precisamente con su


regreso, en 1958, acumuló nuevas experiencias etnográficas, dejando de estudiar a
la historia andina desde el escritorio, para introducirse en el campo de la practica y
la teoría en conjunto.

Las visitas – especie de censos – le abrían un nuevo rumbo a sus perspectivas,


incrementando sus conocimientos previos. A diferencia del Murra de la tesis, basado en
hipótesis sobre todo el aparato estatal, con esta nueva fuente, él va a analizar a las unidades
étnicas que formaron parte del Imperio de los Incas. Él buscará apreciar la “[...] dialéctica
entre la continuidad y los cambios históricos [...] la preocupación fundamental es para
Murra lo que permanece por encima de los cambios [...]”23

Por ello editará dos documentos importantes: la Visita hecha a la provincia de Chucuito
por Garcia Diez de San Miguel [1567] y la Visita de la provincia de León de Huánuco por
Iñigo Ortiz de Zúñiga [1567] *la que contrastará en el campo en su famoso proyecto
interdisciplinario, financiado por el Instituto de Investigaciones Andinas y la Fundación
Nacional de ciencias de los Estados Unidos: Huanuco Pampa, donde además aplicó su
postulado de unión entre historia y antropología y sus conocidas tácticas; que consisten en
combinar los manuscritos, la etnografía y la excavación, las cuales, para él, no deben
separarse.24

En su libro Formaciones Económicas y Políticas del Mundo Andino, se reunió una docena
de artículos elaborados en los 15 años posteriores a su tesis doctoral; lo cual permitió una
mayor difusión de sus estudios. De todos estos, nosotros destacamos los artículos
concernientes a lo que en los capítulos 7 y 8 de su tesis comenzaba a vislumbrarse: “El
control vertical de un máximo de pisos ecológicos en la economía de las sociedades

22
MURRA, 1987: p. 14
23
MURRA, 1975: p. 13
*
Aquí existe una polémica ¿Quién la descubrió?, Murra aclara que lo hizo Waldemar Espinoza. CASTRO, 2000 pp.
126 - 128
24
CASTRO, 2000 p. 114; DEGREGORI, 2000. p. 209, MURRA, 2002: P. 465; Prólogo en MURRA 1975 p. 16
10

andinas”, otro de sus principales aportes formulados a partir de las visitas el cual consistió
en el dominio del hombre andino sobre sus múltiples ambientes naturales, un solo
“macrosistema económico”; de la cual dedujo la función de los mitimae como lazo
ideológico de conexión(¿), su mayor convencimiento de la ausencia de mercados; al igual
que la falta de tributos, reemplazado por los mitimae por turnos.25

Además, se dio cuenta que con “[...] el Tawantinsuyo y su utilización de colonias, veremos
que la ‘verticalidad’ física pierde su importancia y es reemplazado por otra estructural,
por un archipiélago cuyas ‘islas’ constituyentes ya no necesitan tener ninguna proximidad,
ya que sus nuevas funciones parecen independientes de toda consideración ecológica”26;
es allí donde la “reciprocidad y redistribución” son las que conectarán al núcleo con las
islas periféricas.27 Es decir, para Murra la “complementariedad ecológica”, es un ideal
andino que ayuda a comprender el desarrollo de esta civilización, la cual, según él, iba
complejizándose cada vez más, a medida que creció en poder político. Por ello, el autor
hace hincapié en la diferencia entre “control vertical (dado en las étnicas) y el de
“archipiélago vertical” (practicado por el Imperio Inca al crecer en territorio). Estas ideas
hasta el día de hoy, aguardan mayores estudios.

Posteriormente, se ha hecho una nueva compilación de sus trabajos: El mundo andino:


Población, medio ambiente y economía, donde se han reunido veintidós artículos, incluidos
los compilados en el libro Formaciones... al que se le han sumado los escritos posteriores
de Murra. Esta labor fue comenzada por Franklin Pease – interrumpiéndose a raíz de su
muerte, en 1999 – y terminada por su esposa Mariana Mould, junto a otros colaboradores
(principalmente del IEP). Lo novedoso de esta compilación, es que Carlos Contreras ha
clasificado temáticamente los artículos. De estos, nos ha llamado la atención la pregunta
que inició uno de ellos: “¿Existieron el tributo y los mercados en los Andes antes de la
invasión Europea?” a la cual responde, - pero con una mayor seguridad, contrapuesto a
sus primeros trabajos, donde aún se sentía dudoso por no poseer las fuentes suficientes que

25
MURRA, 1975: pp. 86 – 127.
26
Ibid p. 122
27
Id p. 128-139
11

le permitieran dar una sentencia segura* – que “[...] en los Andes hubo un intercambio
marítimo, de larga distancia, de objetos preciosos [...], sin hablar de “comercio”, ‘tributo’
o ‘mercados’ que no existieron en los Andes”.28

De esta manera hemos presenciado la evolución y crecimiento intelectual de un estudioso


e investigador, cuyo valor ha sido reconocido por muchos. Este reconocimiento se ha
reflejado, en otros tantos investigadores que han recogido los planteamientos de John
Murra,29 tratando de profundizar y atar los cabos sueltos, dejados por tan insigne intelectual.
En este rubro tenemos por ejemplo a: Franklin Pease, María Rostworowski, Mayer,
Ravines, Lechtman, Flores Ochoa, Golte, Mendizábal, Degregori; entre otros. Todos estos
investigadores permiten que el legado donado por Murra, a los estudios andinos, continúe
vigente. Ahora bien, antes de finalizar el presente capítulo, hay una última interrogante a
desarrollar:

¿Cuáles son los horizontes futuros en los estudios andinos?


En los años 70, él observa estos horizontes, de manera positiva y alentadora. Esa idea se
expresa en el hecho de que hay avances en el conocimiento de las fuentes, ya sean antiguas
– crónicas – o nuevas – visitas y expedientes de litigios de tierra. Además, ve prometedor
el uso de sus “tácticas” en el quehacer científico y destaca el abandono de modelos
occidentales en el análisis de la cultura andina para obtener un enfoque más nutrido y
preciso, al hacer las comparaciones. Luego, Murra apela a la necesidad de que sus
postulados deben ser desarrollados por nuevos investigadores, él mismo hace observaciones
a su trabajo, dándose cuenta que aún queda mucho por hacer*, siendo la
interdisciplinariedad una cooperación necesaria, y en la cual se debe poner énfasis,
realizando seminarios, donde conversen las diferentes disciplinas con la finalidad de
enriquecer los conocimientos para ir al encuentro del pasado, actividad que Murra a

*
Al revisar su tesis, el presentó constantemente la siguiente muletilla: “No podemos establecer en 1955 [...]”
28
MURRA, 2002 p. 247
29
MURRA, 2002: p. 18-19; DEGREGORI, 2000. p. 190-210
*
Un gran ejemplo de lo mencionado, se expresa e la observación que él hace a las fuentes por las cuales otorga –
visitas, expedientes de litigio – los cuales “[...] pueden proporcionarnos información y sugerencias sobre como
funcionaban las instituciones andinas, pero que no aumentan nuestro conocimiento sobre el proceso histórico andino”.
MURRA, 2002. p. 462.
12

desarrollado a lo largo de su vida30. Actualmente para él los pueblos andinos ya no son una
mayoría – al querer vivir en la ciudad y a veces al rechazar su origen – por ello, Murra apela
a la consideración de esta dificultad, a los nuevos etnohistoriadores, a los cuales les exige
en su labor mayor dedicación.31

V. OTRAS OPINIONES: ¿Qué representó John Murra?

Con la reconstrucción de la vida, vertientes teóricas y prácticas y el análisis de la forma


cómo trabajó los temas andinos, enmarcados en sus obras, aportes e influencias, podemos
comprender por qué John Murra significa para muchos estudiosos una fuente de inspiración
y un derrotero en los horizontes del quehacer científico. Por ello, en esta sección se ha
recopilado algunas opiniones pertenecientes a otros estudiosos, sobre John Murra;
opiniones que dejamos a disposición de las interpretaciones, que de seguro aflorarán
propiamente de todos aquellos que hayan leído el presente trabajo.

Para uno de sus principales discípulos como Franklin Pease, John Murra, le hizo distinguir
lo que la gente andina unía y separaba de la visión europea que la historiografía sobre los
Andes había desarrollado y gracias a la inclusión de las visitas en el quehacer científico
sobre los Andes, ésta no se “[...]simplificaba, como antes, a una historia importada
[...]descubríamos que la historia andina era mucho más vasta y rica”.32

Para la arqueóloga Ruth Shady, la trascendencia de su labor se expresa en su “modelo de


archipiélago vertical y sus aportes acerca de la caracterización de las diferentes relaciones
económicas del estado inca y la vinculación de este con los otros estados andinos”.33 Otra
opinión vertida, sobre John Murra, se expresa en una pregunta que se hace Jorge Flores
Ochoa – de la Universidad San Antonio Abad, Cusco -; “¿Cuánto me enseño? Mucho,

30
MURRA, 2002 pp. 445 – 470
31
CASTRO, 2000. pp 150-155.
32
CASTRO, Victoria... 2000: p243 Prólogo en MURRA 1975: p9-10.
33
Ibid. P. 250
13

muchísimo. A comprender la importancia de la dimensión histórica y que la antropología


debía acercarse a la historia”.34
Jorge Hidalgo, científico social chileno, afirma que: “los instrumentos metodológicos, los
modelos y las fuentes que Murra utilizaba saltaban o quebraban las visiones disciplinarias
e invitaban a la colaboración entre diversas disciplinas[...] Su permanente rechazo a las
terminologías y etiquetas de la historia europea; permitían descubrir una realidad social,
cultural y política que tenía valor por si misma y [...] sugería que los historiadores
comprenderían mejor sus fuentes saliendo de sus gabinetes y haciendo trabajo de campo,
así como los antropólogos, por su parte, debían recurrir a los archivos [...]”35, en estas
ideas coincide Matos Mar,36 y a esto agregamos la opinión de Javier Avila para quien:
“Murra, en tanto, planteó una crítica sustantivista al discurso moderno occidentalista que
había creído encontrar en el Estado Inca una expresión del socialismo (Baudin), el
comunismo (Mariátegui) o el esclavismo (Choy). En este sentido, la tesis doctoral [...]
significa un porte fundamental cuya influencia esta todavía presente[...]”.37

Otra es la opinión de Waldemar Espinoza quien afirma que los postulados de reciprocidad
y redistribución asimétrica “no son suficientes para dar cuenta cabal sobre cual pudo ser
el carácter de la sociedad inca”38, haciendo un llamado a Murra a que se pronuncie sobre
qué modo de producción imperó en la sociedad incaica.

Bueno, y a todo esto qué opina él mismo sobre su obra, muchos se preguntarán, y ante ello
él destaca, de todo lo pronunciado por los estudiosos ya tratados, que su aporte principal es:
“La insistencia de que la antropología y la historia forman una sola disciplina [...]”.39

De tal manera podemos afirmar que el trabajo desarrollado por John Murra, ha aportado al
quehacer etnohistórico enormes influencias abriendo nuevos caminos a interpretaciones,
que se distinguen de la forma tradicional, con que era visto el modo de reconstruir el pasado

34
Id.p. 247
35
Id.p. 207
36
Presentación en MURRA, 1975
37
DEGREGORI, 2000: p. 188
38
ESPINOZA, 1981: pp 10-11
39
CASTRO, 2000 p. 131
14

andino. Esto ha sido posible gracias a su insistencia en la interdisciplinariedad, su propuesta


en la economía andina, donde destaca el “control vertical” y la inclusión de nuevas fuentes,
como las visitas, las cuales proporcionaron nuevos datos destacando el conocimiento sobre
las sociedades andinas, mejorando la labor de los estudios en Ciencias Sociales. Por ello,
nuestra opinión coloca a Murra como uno de los hitos más importantes de los estudios
andinos y consideramos que sus postulados siguen vigentes y merecen ser tomados en
cuenta para mejorarlos y acumular mayores conocimientos40 de nuestras realidades pasadas
para una comprensión más plausible del presente, donde aún existen “sobrevivencias” de
muchos aspectos que les competen a los orígenes de los pueblos andinos.

VI. CONCLUSIONES GENERALES

Al evocar los recuerdos vivenciales de John Murra, se ha podido comprender que su


vocación por la etnohistoria andina no surgió de forma espontánea, más bien se produjo
como una necesidad circunstancial que luego incorporará de forma definitiva a su vida. A
esto se suma la capacidad de recoger muchas vertientes teóricas, las cuales abrieron sus
concepciones científicas y le permitieron alumbrar propuestas innovadoras a los estudios
andinos. Esto se expresa al leer sus diversos trabajos, donde hemos podido notar dos
momentos que no se contraponen. Murra ha recorrido un camino asiéndose de provisiones,
que le han permitido aportar postulados como: La búsqueda de comprensión a las
sociedades andinas en sus realidades propias, dejando los modelos eurocentristas; la
incorporación de nuevas fuentes como las visitas; la construcción de la dinámica andina
con sus modelos de “redistribución”, “control vertical” y “archipiélago”; sus “tácticas”
interdisciplinarias – principalmente la unión entre antropología e historia -, sus
percepciones del futuro en los estudios andinos; entre otras cosas.

Todo lo mencionado es un legado que brinda a las Ciencias Sociales, por ello sus influencias
han calado en una serie de investigadores, que mantienen vigente sus propuestas. Negar la
importancia de Murra sería imposible, ya que él va a ser uno de los principales innovadores

40
SHAFF, Adam. Pp 110-111
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de la metodología de investigación. No olvidemos que alienta a la aplicación de las


“tácticas”, él mismo pasó del Murra de gabinete, - de escritorio-, al Murra activo y práctico
– trabajo de campo. Y a esto se suma el dejar de lado las reconstrucciones biográficas de
los incas que buscaban la “mitificación andina”; por la consideración de lo que estaba más
allá de lo evidente, en las fuentes, especializando sus temas de investigación. Sin embargo,
sería más productivo si hubiese escrito una verdadera obra, donde reúna todas sus
propuestas. Por esto es importante leer las compilaciones que se han hecho sobre sus
trabajos, sobre todo el libro El Mundo Andino, donde se los ha clasificado temáticamente y
su tesis.

Hacer etnohistoria desde el punto de vista de John Murra se muestra tentador, no solo para
estudiar a los Incas, sino también al siglo XX; donde existe un gran dinamismo en la
población peruana, cuya diversidad está más acentuada. Esta heterogeneidad andina,
estudiada por Murra, no se opone a la existencia de un ideal – expresada en la
complementación ecológica, dado entre todas las etnias -, que apela en la actualidad a la
búsqueda de una nueva visión que posibilite una identificación nacional. Por ello, Murra y
sus investigaciones son temas vigentes, que no ocupan solo a la etnohistoria, sino a las
Ciencias Sociales en general. De esta manera se concluye el presente trabajo, afirmando
que los estudios John Murra constituyen un legado para comprender nuestro presente, ya
que hay sobrevivencias culturales datadas de la época Inca, en los modos de vida andina de
la actualidad, si tomamos en cuenta que los migrantes andinos casi han conquistado los
principales sectores de la capital. Los estudios de Murra contribuyen, pues, a la elaboración
de un proyecto a futuro que involucre el conocimiento y comprensión de nuestra diversidad
cultural, para la construcción de una posible identidad nacional.
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