Está en la página 1de 3

Universidad del Valle de Guatemala María Celeste

Ciclo 2, año 2019 Urzúa Oliva


Introducción a la Ingeniería Química Ingeniería Química Industrial
03/09/2019 Carné 19246

ÁCIDO ACETILSALISÍLICO

El ácido acetilsalicílico o AAS (C9H8O4), conocido popularmente como aspirina, nombre de


una marca que pasó al uso común, es un fármaco de la familia de los salicilatos. Se utiliza
como medicamento para tratar el dolor (analgésico), la fiebre (antipirético) y la inflamación
(antiinflamatorio), debido a su efecto inhibitorio, no selectivo, de la ciclooxigenasa

Se utiliza también para tratar inflamaciones específicas tales como la enfermedad de


Kawasaki, la pericarditis o la fiebre reumática. La administración de aspirina poco después
de un ataque al corazón disminuye el riesgo de muerte y su uso a largo plazo ayuda a prevenir
ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y coágulos de sangre en personas con alto
nivel de riesgo. Puede disminuir el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer, en especial el
cáncer colorrectal. En el tratamiento del dolor o la fiebre, sus efectos comienzan de forma
típica a los treinta minutos.1 El ácido acetilsalicílico es el antiinflamatorio no esteroideo
(AINE) por excelencia y funciona de forma similar a otros AINE, aunque bloquea el normal
funcionamiento de las plaquetas (antiagregante plaquetario).

Entre los efectos secundarios comunes se encuentra la dispepsia y entre los efectos
secundarios más importantes la úlcera péptica, la perforación del estómago y el
empeoramiento del asma. El riesgo de hemorragia aumenta en personas mayores,
consumidores de alcohol, de otros antiinflamatorios no esteroideos o de anticoagulantes. La
aspirina no está recomendada en mujeres que se encuentren en la última fase del embarazo.
En general, tampoco está recomendada en niños con infecciones, debido al riesgo de sufrir
el síndrome de Reye, y en dosis altas puede provocar tinnitus (zumbido en los oídos).

El ácido salicílico, presente en las hojas del sauce (Salix), ha sido utilizado por la humanidad
desde hace por lo menos 2400 años. El ácido acetilsalicílico fue sintetizado por primera vez
por el químico francés Charles Frédéric Gerhardt en 1853, al combinar el salicilato de sodio
con cloruro de acetilo. En la segunda mitad del siglo XIX otros químicos describieron su
estructura química e idearon métodos más eficientes para su síntesis. En 1897, los científicos
de Bayer comenzaron a estudiar la aspirina como un posible reemplazo menos irritante que
los medicamentos de salicilato comunes. Aunque antes de 1899, Bayer había llamado al
fármaco «Aspirina» y la comercializaba bajo esa marca en todo el mundo, los derechos de la
empresa sobre la marca se perdieron o vendieron en muchos países. Su popularidad creció
durante la primera mitad del siglo XX, lo que condujo a una fuerte competencia entre
distintas marcas y productos cuyo principio activo era el ácido acetilsalicílico.
La aspirina es uno de los medicamentos más utilizados en el mundo, con un consumo
estimado en 40 000 toneladas anuales, o lo que es lo mismo, entre 50 000 y 120 000 millones
de pastillas. Está en la lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la
Salud, donde se clasifican los medicamentos básicos que todo sistema de salud debería tener.
La aspirina también está disponible como medicamento genérico y el coste al por mayor en
los países desarrollados en 2014 era de entre 0,002 y 0,025 dólares (USD) por dosis. En el
caso de Estados Unidos, en 2015 un mes de medicación tenía un coste de media menor a 25
dólares (USD).

HISTORIA:

Los antiguos egipcios pueden haber utilizado la corteza del sauce blanco (cuyo nombre latino
es Salix alba) para fines medicinales.Los sumerios y los chinos usaban las hojas de sauce
como analgésico antes del 1000 a. C.La primera mención se encuentra en los textos de
Hipócrates (460-370 a. C.), padre de la medicina griega, que usaba un brebaje extraído de
hojas y corteza del sauce Salix Latinum para aliviar los dolores y la fiebre de sus pacientes.

También en alguna cultura amerindia (en el continente americano) se puede haber utilizado
la corteza del sauce blanco para fines medicinales.Existen evidencias de que entre los pueblos
hispanorromanos se contaba con algún posible ejemplo del uso y sacralidad del sauce. Los
efectos medicinales del sauce blanco continuaron siendo mencionados por autores antiguos
como el polígrafo y naturalista romano Plinio el Viejo (23-79), el médico y farmacéutico
grecoturco Dioscórides (40-90) o el célebre médico griego Galeno (130-200).

Durante la Edad Media se hervía la corteza del sauce y la daban a beber a la gente que sufría
de dolencias. Sin embargo este brebaje divino paso al olvido debido a una ley que restringió
el descortezamiento y corte de hojas de este sauce, ya que eran utilizadas en la industria
cestera.

En la época posrenacentista (1763) Edward Stone, reverendo de la Iglesia de Inglaterra,


presentó un informe a lord Macclesfield, quien presidía la Royal Society, referente a estas
propiedades terapéuticas de la corteza de sauce blanco destacando su efecto antipirético.
Stone describió en su trabajo que había administrado el extracto en forma de té o cerveza a
50 pacientes febriles, aliviándoles el síntoma. Investigaciones posteriores condujeron al
principio activo de esta planta, que los científicos llamaron salicilina, un precursor del ácido
salicílico y del ácido acetilsalicílico.

El principio activo de la corteza de sauce fue aislado en 1828 por Johann Buchner, profesor
de Farmacia en la Universidad de Múnich, quien relató que se trataba de una sustancia
amarga y amarillenta, en forma de agujas cristalinas que llamó salicina. Sin embargo, dos
años antes, los italianos Brugnatelli y Fontana aislaron ese mismo extracto, pero en forma
muy impura, y no lograron demostrar que la sustancia era la causante de los efectos
farmacológicos de la corteza de sauce blanco. En 1829 un farmacéutico francés, Henri
Leroux, improvisó un procedimiento de extracción del que obtuvo 30 gramos de salicilina a
partir de 1,5 kg de corteza. En 1838 Raffaele Piria (químico italiano), trabajando en La
Sorbona de París logró separar la salicina en azúcar y un componente aromático llamado
salicilaldehído. A este último compuesto lo convirtió, por hidrólisis y oxidación, en cristales
incoloros a los que puso por nombre ácido salicílico.

El ácido acetilsalicílico fue sintetizado por primera vez por el químico francés Charles
Frédéric Gerhardt en 1853, queriendo mejorar el sabor amargo y otros efectos secundarios
del ácido salicílico como la irritación de las paredes del estómago, al combinar el salicilato
de sodio con cloruro de acetilo; y luego en forma de sal por Hermann Kolbe en 1859. No
obstante, hubo que esperar hasta 1897 para que el farmacéutico alemán Felix Hoffmann,
investigador de los laboratorios Bayer y que, buscando un alivio eficaz contra los dolores que
su padre sufría por un reumatismo crónico tratado con ácido salicílico además de importantes
efectos secundarios, consiguiera sintetizar al ácido acetilsalicílico con gran pureza. Sus
propiedades terapéuticas como analgésico y antiinflamatorio fueron descritas en 1899 por el
farmacólogo alemán Heinrich Dreser, lo que permitió su comercialización.

Muchos años después, en 1949, el que fuera jefe directo de Hoffmann, Arthur Eichengrün
publica un artículo reivindicando el descubrimiento. Se trataría de algo realmente
sorprendente, que alguien reclame para sí un mérito 50 años después, cuando la aspirina ya
llevaba décadas convertida en un fármaco famoso en todo el mundo. De hecho esta
reivindicación fue ignorada por los historiadores científicos hasta 1999, fecha en la que el
investigador de Walter Sneader de la Universidad de Strathclyde (en Glasgow), volvió a
postular que fue Eichengrün quien tuvo la idea de sintetizar el ácido acetilsalicílico. En todo
caso, la casa Bayer, a la que importaría poco si los méritos deberían caer en uno u otro de sus
empleados, y que lógicamente tiene todos los documentos que afectan al caso, refutó en un
comunicado de prensa esta hipótesis, pero la controversia sigue abierta.

SUSTITUTOS:

Debido a los efectos secundarios menores de la aspirina, y a que algunas personas son
alérgicas a ella, se han desarrollado varias sustancias sustitutas. La más común es la
acetaminofén (Tylenol, Anacin-3), que reduce la fiebre y alivia el dolor de manera muy
semejante a la aspirina, aunque no aminora la inflamación. El uso excesivo de acetaminofén
puede ocasionar daño renal y hepático. Un segundo sustituto común es el Ibuprofeno (Advil,
Nuprin y Motrin IB), que funciona justo como la aspirina para reducir dolor, fiebre e
inflamación. Otra adición a la familia de los sucedáneos de la aspirina que se venden sin
receta es el naproxeno (Aleve). Su principal ventaja es su efecto duradero. Mientras que casi
todos los analgésicos requieren dosis cada 4-6 horas, una sola tableta de naproxeno dura 8-
12 horas.