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Panel: Reforma del Estado, postgrados, investigación y transferencia hacia el sector público Coordinador: Lic. Cristina Botinelli.

La formación de agentes de desarrollo local: ¿cómo contribuir desde la universidad a la gestión territorial?

1. Una creciente demanda de nuevos perfiles locales

Oscar Madoery

Como consecuencia de las transformaciones globales y estructurales y los procesos de reforma del Estado, van surgiendo nuevas fórmulas de acción en ciudades y regiones latinoamericanas, que adquieren perfiles y responsabilidades tradicionalmente concentradas en la figura de los estados nacionales. Las interacciones sociales y entre ellas, las que atañen al desarrollo, se despliegan hoy en nuevas geografías, permitiendo que los territorios subnacionales se asuman como sujetos de desarrollo.

Así cobra fuerza el proceso de reinvención de lo local, que marca que el cambio estructural en los países latinoamericanos y particularmente en Argentina depende, entre otros factores, de la

estimulación de la innovación y la capacidad emprendedora local y regional, al tiempo que las políticas de los gobiernos centrales descansan cada vez más sobre la dinámica de las comunidades locales donde las autoridades públicas, las empresas y la sociedad civil pueden establecer nuevos compromisos

y seguir políticas de adaptación flexibles a entornos cambiantes.

Ello plantea una demanda creciente de recursos humanos capacitados para llevar adelante funciones adecuadas a los nuevos desafíos a los que se enfrentan las ciudades y regiones, procedente tanto de las administraciones públicas locales, provinciales y también nacionales, como de las empresas e instituciones económicas de base territorial (cámaras empresarias, centros de empresas, etc.), que es preciso satisfacer con programas específicos de capacitación. Se trata de formar agentes de desarrollo local, esto es personas con aptitudes y conocimientos específicos para desenvolverse en ámbitos locales

y regionales, tanto del sector público, privado o no gubernamental, y de llevar a cabo funciones de

animación económica y social, estimulando el conocimiento, organizando el potencial de desarrollo

local, promoviendo el asociacionismo, la autoorganización y el cambio cultural.

La formación para el desarrollo local busca adaptarse a esta nueva realidad, provocando importantes cambios tanto en la organización de la enseñanza de grado y de posgrado, como en las vinculaciones de las organizaciones educativas con el sector público, el medio empresarial y el institucional. Numerosas

experiencias internacionales 1 demuestran que el desafío abierto hacia la s instituciones universitarias en su vinculación con la realidad regional consiste en generar una oferta educativa y de formación que permita adecuar los contenidos curriculares a la realidad y características de cada territorio de referencia, al tiempo que anticipar las demandas futuras de cualificación que las instituciones públicas

y privadas van a presentar.

1 Tomamos básicamente en consideración tres experiencias de formación en desarrollo endógeno, como la del ISTAO (Istituto Adriano Olivetti di Studi per la Gestione dell‘economia e delle imprese), de Ancona en Italia, los cursos de la Fundación de la Universidad Autónoma de Madrid en el marco de los proyectos del Fondo Social Europeo, y de los “training programmes” de Shannon Development (Irlanda).

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2.

Algunas limitaciones en los modelos de formación

La realidad argentina demuestra que son aún escasas, esporádicas y discontinuas las experiencias generadas por universidades y centros de enseñanza de formación en los nuevos perfiles de recursos humanos para el desarrollo local. A su vez, que los modelos de formación terciaria y universitaria prevalecientes sobre procesos de desarrollo, no han logrado superar algunos déficit recurrentes que se presentan tanto en el plano epistemológico de las visiones predominantes, en el terreno de las vinculaciones reales de las universidades con el entorno institucional territorial, como en los contenidos específicos presentes en las propuestas curriculares.

a. Limitaciones conceptuales propios de enfoques reduccionistas

Como estamos transitando el paso de una visión del desarrollo adquirido a través de la dotación de capital físico, conocimiento, recursos, hacia una concepción del desarrollo como algo generado a partir de las capacidades de los actores locales (Madoery, 2000), sobresalen las limitaciones conceptuales de enfoques racionalistas, para los que las construcciones sociales sólo son válidas en la medida que respondan a un diseño intelectual previo, y que convierten al desarrollo en un tema “principalmente técnico”, factible de ser abstraído del contexto político, institucional y socio-cultural. Esto es, técnicas de construcción, planificación y administración del desarrollo concebidas como universales y racionales que pueden aplicarse sin tomar en “consideración las diversidades culturales e institucionales históricamente producidas” en cada lugar (Prats, 1999).

A su vez, la mayor parte de la literatura sobre el desempeño económico de los países de la región es de

carácter macroeconómico, por lo que no logra captar la significación que tienen las fuerzas meso y microeconómicas así como el contexto institucional y regulatorio de cada realidad. De este modo, se pierde de vista la profunda heterogeneidad existente entre los distintos agentes productivos, así como la distinta capacidad de reacción que tienen los diferentes territorios, ante el cambio en el régimen global de incentivos prevalecientes en las sociedades latinoamericanas (Katz, 2000). Esto otorga una mirada simplista, de condicionantes estructurales a partir de los procesos de concentración de capital y poder, que prioriza la direccionalidad “arriba-abajo” y la inserción funcional de los diferentes territorios en un contexto macroeconómico dado.

Como enfoques reduccionistas, incorporan (cuando ello ocurre) sólo tangencialmente la perspectiva de las personas e instituciones en los procesos de desarrollo territorial, desconociendo de hecho, la capacidad constructiva y movilizadora de la política local. Y ofrecen supuestos de linealidad y causalidad, que no son suficientes para entender el desarrollo que, por definición, es un problema complejo, holístico, axiológico y de construcción política territorial (Boisier, 2000 a). Se requiere, entonces, de una teoría no mecanicista del desarrollo y una práctica que incluya el complejo entramado de múltiples estrategias individuales y colectivas que se tejen sobre un territorio determinado y los procesos de constitución y reconstitución relacional de los actores como parte misma del proceso de desarrollo.

Hoy el desarrollo es entendido como un conjunto de capacidades generadas endógenamente, ligadas a

la calidad de los recursos humanos, la capacidad organizativa y de articulación público-privada,

innovación de los agentes locales, la capacidad institucional territorial, donde los impulsos exógenos se incorporan un territorio organizado con una estructura de relaciones establecidas y consolidadas. Y esto sólo es comprensible desde una visión sistémica del desarrollo, desde una mirada compleja que se aproxime a la realidad admitiendo la unidad en la diversidad, la universalidad en la singularidad y permita replantear los temas y valores a partir de intereses propios, locales, sectoriales.

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De este modo, ganan lugar aproximaciones teóricas y experiencias prácticas que promueven el conocimiento local y la vinculación entre empresas, entre sistema productivo y sistema tecnológico y científico y que permiten superar otras visiones reduccionistas que históricamente han predominado en América Latina sobre la capacidad innovadora de lo local: lo local visto como “freno” al desarrollo para las corrientes evolucionistas; como “isla” sin capacidad para generar innovaciones para la corriente historicista y lo local visto como mero “recipiente” pasivo para el enfoque estructuralista que privilegia las macro racionalidades estructurales (Arocena, 1998).

En la sociedad contemporánea, los procesos sociales se producen en matrices espacio-temporales dinámicas, únic as e irrepetibles, que responden tanto a lógicas generales (globales), como particulares (locales). A partir de allí, el acontecimiento indeterminado y singular haría su reaparición como uno de los organizadores centrales del saber, permitiendo, en primer lugar, reconocer la diversidad de modelos de desarrollo, como un impacto territorial elocuente del cambio de época. Las trayectorias divergentes que las sociedades pueden tomar, implica un punto de ruptura con aquellos paradigmas que postulaban un final anticipado en los recorridos para el desarrollo, a partir del respeto a premisas predefinidas y determinadas trayectorias coherentes y trae aparejado el reconocimiento de la incertidumbre como elemento central en la evolución de los sistemas económicos y sociales locales. Hoy, los territorios atraviesan procesos de final abierto que permiten la recuperación de categorías analíticas propias de la realidad latinoamericana y argentina como las de heterogeneidad estructural o diversidad cultural y contribuyen a alejar el fantasma del evolucionismo ahistórico que ha predominado en las políticas de reformas macro.

La aproximación al desarrollo desde la complejidad plantea, en segundo lugar, la necesidad de resignificar el papel de los actores individuales y colectivos y los rasgos de la organización social y el contexto donde éstos se desenvuelven. Reconoce que la diferencia en el desarrollo de los pueblos está dado por su capacidad de acción colectiva que, como se corresponde con determinadas correlaciones de poder, establece el marco de constricciones e incentivos en el que se produce la interacción social. Como la matriz decisional del desarrollo ya no puede ser controlada por mecanismos estatales (la planificación tradicional), ni por mecanismos de mercado (asignación de recursos económicos sin consideraciones dinámicas y sociales), se necesita recurrir a políticas que fomenten la participación de la sociedad local en el proceso de desarrollo y enmarcar el funcionamiento de un sistema económico en un entorno cultural e institucional que favorece o limita su desempeño. La presencia de una sociedad civil articulada, con “densidad institucional” y la interacción social, es siempre un símbolo de mayor capacidad territorial para el desarrollo. Los agentes territoriales necesitan más que sus propias habilidades. Necesitan un ambiente institucional y organizacional que respalde y oriente sus esfuerzos, energías y encuadre sus actuaciones.

Por último, la situación de crisis y reemplazo de viejos paradigmas de desarrollo, provoca lógicamente

un cambio significativo en la conceptualización y en la aplicación de estrategias de

donde la cercanía, la interacción y la asociatividad cobran importancia como elementos cruciales que aparecen estructuralmente ligados al territorio. Es decir, cobran importancia las capacidades relacionales que, por oposición, evidencian un segundo déficit de las propuestas de formación.

desarrollo local,

b. Las dificultades relacionales o de articulaciones

Las universidades deben aumentar y redefinir su vinculación con las instituciones territoriales, con el entorno territorial de actuación, para poder afrontar de manera más adecuada los compromisos de la formación para el desarrollo. Las articulaciones entre sistema de gobierno, sistema productivo y sistema científico-tecnológico, son necesarias para generar alternativas de capacitación, investigación,

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y transferencia tecnológica que permitan aumentar la capacidad de innovación y la producción de conocimiento propio, específico, “pertinente” al territorio.

La trasmisión y generación de conocimientos en el entorno regional, a partir de los procesos de cooperación e interacción entre agentes vinculados con el proceso informativo y tecnológico, representan datos clave para la innovación y el desarrollo. Entramos aquí de lleno en la dimensión relacional del conocimiento: la creación de conocimiento demanda interacción (Nonaka y Takeuchi, 2000). Esto significa que la creación de conocimientos no consiste sólo en aprender de otros o en adquirirlos del exterior, cuestión contemplada en los planteos pedagógicos convencionales. Es imprescindible fomentar la capacidad de selección y traducción de experiencias, información y conocimientos tanto propios como ajenos y de sistematizar las experiencias en el contexto de proyectos e iniciativas concretas, de manera que enriquezcan los acervos locales. De igual importancia es el esfuerzo de producir conocimiento local, hecho que demanda una interacción intensiva y laboriosa entre los miembros de una organización (un colectivo).

Las experiencias mas logradas de procesos de desarrollo endógeno, demuestran que la complejidad del ciclo cognitivo presenta una esencia contextual: el conocimiento se genera en los contextos y a ellos retorna. El conocimiento producido por la ciencia y traducido en tecnología y en maquinaria, necesita

la información de los contextos

esta cuestión aparece la distinción inaugurada por Michael Polanyi en los años sesenta, entre conocimiento explícito (formal y sistemático), necesario para el funcionamiento de las tecnologías, que puede ser intercambiado como una mercancía, que puede expresarse con palabras y números y puede transmitirse y compartirse fácilmente en forma de datos, fórmulas científicas, procedimientos codificados o principios universales; y aquél conocimiento tácito, algo no muy evidente y que no es

fácil de plantear a través del lenguaje formal, que tiene sus raíces en lo más profundo de las acciones y

la experiencia individual, en los ideales, valores y emociones. Presenta dos dimensiones: el Know how

(saber hacer) y una dimensión cognoscitiva que incluye modelos mentales, creencias y percepciones que refleja nuestra imagen de la realidad y nuestra visión de futuro. “Saber hacer” y habilidades específicas que son difíciles de intercambiar y para las que el aspecto territorial resulta fundamental.

para operar como fuerza productiva (Rullani, 2000). En el fondo de

De modo tal que el conocimiento para el desarrollo es necesariamente dinámico, porque su valor disminuye a lo largo del tiempo, mantiene su valor sólo si se regenera y se amplía continuamente a través del aprendizaje. Y es esencialmente relacional, porque su producción deviene de un trabajo de interpretación que, ubicando cada fenómeno en una red conceptual de esquemas, expectativas, memorias sedimentadas en los individuos y en los sistemas sociales, les asigna sentido de acuerdo a las especificidades de sus contextos de acción. El desafío para las propuestas de formación en desarrollo local es reconocer que el conocimiento siempre se genera en contextos específicos de aprendizaje y a ellos hay que reconducirlo, mediante procesos de “conversión” 2 de conocimiento en los que deben actuar las instituciones de formación, asumiendo que los canales de conocimiento no son sólo los lógico racionales, sino también herramientas dialógicas, empíricas, que pueden convertirse en

2 La mayoría del saber que se desarrolla en estos contextos tiene carácter tácito, es decir, una colocación inconsciente del agente en el contexto y en el flujo de las experiencias. Pero no puede permanecer tácito ya que solamente a través de su explicitación la experiencia se socializa. Sin embargo, entre los dos polos actúa un ciclo de conversión (Nonaka y Takeuchi) que funciona siempre y que transforma el conocimiento tácito en explícito y viceversa:

Socialización (de tácito a tácito): trabajos en equipo y espacios de interacción. Externalización (de tácito a explícito): diálogo, metáfora, lenguajes formales, programas de simulación. Combinación (de explícito a explícito): educación, investigación, comunicación social, networking. Internalización (de explícito a tácito): learning by doing, ensayo y error, learning in action.

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aprendizaje. Este hecho está señalando, además, que la formación para el desarrollo necesita de un ambiente institucional y organizacional que fomente la interacción y respalde y oriente los esfuerzos de los actores locales.

c. Los contenidos formativos

El tercer aspecto de la enseñanza formal para el desarrollo que las universidades deben adecuar alude a los contenidos curriculares. Los problemas mas comunes se reflejan en su falta de adecuación a las distintas realidades territoriales, al desconocimiento del entramado institucional y el contexto jurídico- normativo territorial, a la falta de capacidad para “anticipar” demandas de formación, al uso recurrente de fórmulas de aprendizaje receptivo, como las currículas por contenidos estandarizados.

La formación de agentes y emprendedores locales requiere que el foco de análisis se traslade a la problemática de la creación endógena de capacidades de desarrollo y no sólo de propuestas académicas recostadas sobre los impactos de los procesos globales y de cambio estructural sobre el territorio. Requiere de un espacio de múltiples perspectivas teóricas, metodologías y prácticas de investigación, que contribuyan a comprender cómo se produce la experiencia social y con qué significados y cómo es el proceso de construcción social de la realidad en cada lugar. Asumir la complementariedad de las políticas en diferentes escalas de desarrollo, ya que la geografía de la política no permanece ligada exclusivamente a la figura del Estado Nación, sino que transita por otros territorios. Entender que el desarrollo es producto de la integración de visiones e intereses y la concertación estratégica de agentes públicos y privados (gobierno, empresas, ONGs, org. intermedias, redes de solidaridad, centros de investigación y educación), con incidencia en el territorio. Un enfoque basado en “activos relacionales”, en el rol que juegan las personas y organizaciones en la creación de un entorno económico, social y político conducente a un desarrollo sostenible y las capacidades más importantes para acelerar el proceso de cambio territorial, resulta necesario porque el desarrollo es, en términos procesuales, un permanente proceso de toma de decisiones. Es decir, trasladar el énfasis desde los impactos territoriales de las transformaciones globales y las nuevas estrategias macroeconómicas, a las diferentes escalas del desarrollo y las capacidades locales.

Esto supone un cambio de eje en los contenidos curriculares: de la visión funcional del territorio a la visión territorial de cada lugar (el territorio como actor del desarrollo). De la visión del desarrollo como proceso inducido por factores exógenos (capital, inversión, infraestructura, tecnología) y la adaptación local de esos factores, a la visión del desarrollo como conjunto de capacidades generadas endógenamente, ligadas a la calidad de los recursos humanos, la capacidad organizativa y emprendedora de los agentes locales. En este sentido, lo “local” define un compromiso, un conjunto de capacidades y una direccionalidad endógena, antes que una escala geográfica circunscripta al plano urbano y microrregional. Es un concepto político antes que geográfico. Y requiere, además, de un nuevo sujeto “constructor” de desarrollo.

3. El sujeto del desarrollo local

El sujeto del desarrollo local es un mediador, una figura capaz de observar, analizar, comprender y traducir tanto las lógicas y racionalidades de los otros agentes (políticos, funcionarios, empresarios, sindicalistas, actores sociales, etc.), incorporar propuestas de concertación y de ofrecer el diseño de las actuaciones necesarias. Y un emprendedor territorial, con capacidad de intervenir (con instrumentos más específicos, visión más amplia e interpretaciones no convencionales), sobre los principales aspectos gestionales, en las instituciones públicas y sectoriales, y con capacidad de gobernar el sistema de instituciones característico de un modelo de desarrollo que adecue la economía territorial a las

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exigencias del contexto. Es decir, personas cuyos comportamientos permitan una elevada influencia sobre la dirección, sobre la modalidad y sobre la naturaleza del desarrollo del territorio, sean en su rol de dirigente político, emprendedor o de manager, de profesores, de funcionario de la Adm. Publica, de profesional con actuación regional, etc. Como característica transversal, está su capacidad de generar

conocimiento pertinente,

diferentes roles:

Líderes institucionales para el cambio: personas con aptitudes y conocimientos específicos para desenvolverse en ámbitos locales y regionales, tanto del sector público, privado o no gubernamental, capaces de conducir y guiar el proceso de cambio socio-cultural; llevando a cabo funciones de animación económica y social (estimulando el conocimiento, organizando el potencial de desarrollo local, promoviendo el asociacionismo, la autoorganización y el cambio cultural) y de promoción de iniciativas de desarrollo y proyectos de creación de riqueza y empleo en la economía local y regional (identificando, sistematizando, evaluando y acompañando proyectos individuales y colectivos).

contextual, relacional. Como perfiles específicos, pueden desempeñar

Emprendedores: personas capaces de asumir decisiones en contextos de incertidumbre, riesgo o carencia de información. La actividad emprendedora, consiste en definir proyectos, combinar los factores productivos para ejecutarlos y de asumir los riesgos productivos, económicos y financieros. Por eso, el emprendedor tiene responsabilidad sobre su empresa, sus colaboradores y sobre el sistema económico y la sociedad de la que forma parte (responsabilidad social y moral del emprendedor). Operadores territoriales: capaces de desempeñarse en las competencias básicas, de gestión, funcionales y sectoriales del territorio; capaces de aportar tanto el conocimiento y la competencia necesaria para hacer menos aleatorio el proceso decisional, como de no eludir la responsabilidad propia. Entonces, técnicos y expertos en condiciones de utilizar y desempeñarse tanto en las técnicas de producción, funcionales y de organización de la empresa como en las de gestión empresarial e institucional y trabajadores en condiciones de asumir nuevas tareas, con componentes tecnológicos avanzados, que exigen mayores conocimientos, capacidad creativa y versatilidad.

En síntesis, el agente de desarrollo local es aquél que expresa incidencia y compromiso sobre el proceso de desarrollo territorial, más allá de su inserción sectorial. Como actor de desarrollo está

definido por el sistema de la acción. Es, por tanto, un activista (acción), pero también un analista (diagnóstico), portador de propuestas que tiendan a capitalizar mejor las potencialidades locales (como dice Arocena). Es un actor dotado de conocimientos, pero también provisto de habilidades relacionadas

con

información.

la disposición y habilidad para negociar y generar consensos, de procesar

el

liderazgo,

4. El desafío abierto para las instituciones educativas.

Muchas universidades y centros de investigación en nuestro país están comenzando a formular contenidos curriculares específicos, tanto a nivel de grado como de posgrado, para esta nuevo perfil de “Agente de Desarrollo Local”. La Maestría en Desarrollo Económico Local organizada conjuntamente por la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Nacional de Rosario y la Fundación Instituto de Desarrollo Regional, que a partir del año próximo involucrará además, a la Universidad Nacional de General San Martín y la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, representa una experiencia singular, de la que se pueden extraer algunas observaciones respecto al tipo de problemas a enfrentar y el tipo de respuestas generadas.

Una primera cuestión ligada al diseño de programas de formación para el desarrollo local es que, en

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general, las personas involucradas en la promoción del desarrollo a escala local, proceden de contextos formativos diversos y suelen aplicar sus conocimientos a los problemas y retos que les plantea su actividad a partir de su propia experiencia, por lo que su formación en desarrollo es esencialmente autodidacta. Las ciudades y regiones no disponen habitualmente de recursos humanos suficientes y debidamente cualificados para poner en marcha y sostener este tipo de programas, por lo que se suele recurrir a expertos o firmas externas o a recursos propios pero con cualificaciones inespecíficas. Esta circunstancia pone de manifiesto la necesidad de institucionalizar la formación para el desarrollo,

fundamentalmente en el mismo territorio de referencia y a partir de la formación local y de establecer ciertas premisas orientativas básicas. Se requerirá de la abierta cooperación entre instituciones (locales

o

administraciones, las universidades, centros de investigación e institutos tecnológicos, las empresas y organizaciones sectoriales y sociales, etc.

externas)

y

los

agentes

implicados

en

los

procesos

de

desarrollo

territorial,

como

las

En todo programa de desarrollo se produce el contacto y la comunicación entre los diferentes agentes

(institucionales, económicos, sociales) con presencia en el territorio. Pero es fundamental partir del conocimiento de que dichos agentes muestran racionalidades y conductas diferentes y que expresan intereses diferentes (aunque en cierto punto plausibles de coincidir en estrategias comunes). Es decir, componentes de un sistema socio cultural, con sus normas, sus expectativas, sus conflictos y sus mecanismos de cohesión. El cambio sociocultural que propicia la aplicación de programas de desarrollo entraña una dimensión temporal de largo plazo, justamente por afectar intereses, valores, capacidades, formas de organización de las personas y los colectivos que integran el ámbito territorial de referencia. Por lo tanto, el desarrollo local necesita ser interpretado como un proceso de aprendizaje abierto, colectivo, de base territorial y de comunicación, de negociación y concertación entre diferentes agentes orientado al cambio cultural.

Asimismo, la práctica del desarrollo suele presentar desajustes entre los “tiempos” de las diferentes dimensiones que la misma involucra. En general, los cambios de contexto económico o tecnológico son más acelerados que los cambios socioculturales, por tanto, son percibidos localmente como “imposiciones externas” del sistema general, por lo que suelen ser vistos con reticencia, generando

respuestas defensivas (la adopción de mecanismos de adaptación flexible de la población a ciertos cambios estructurales, pero carentes de una participación activa, propositiva por parte de los actores locales y la población). Por su parte, las metas políticas suelen ser fijadas de acuerdo a tiempos electorales; desajuste entre el tiempo institucional y sociocultural que genera problemas como la “sobreinnovación” (introducir cambios a un ritmo que no logra ser asumido por la población, provocando rechazo y/o frustración), o la “adopción acrítica” de programas y contenidos provenientes

de otras realidades. Las mejores prácticas internacionales reconocidas al respecto, han resuelto aquellos

dilemas a partir de lógicas sencillas, pero efectivas, señalando la existencia de algunos factores clave de

éxito:

Involucración institucional en las políticas educativas y de formación: el compromiso de las instituciones públicas y privadas involucradas traducido en una participación explícita y formalizada, tanto en el diseño como en la implementación de los proyectos formativos. Visión integrada: tratar conjuntamente los temas de la gestión de cada unidad productiva o

del

de gestión (sea una empresa, una oficina pública, una entidad comunitaria) y los temas funcionamiento del sistema institucional, económico y social.

Fuerte asentamiento en la realidad local: conocimiento profundo del territorio de actuación y adecuación de los contenidos académicos y las actividades de investigación a los perfiles regionales.

Método de aprendizaje: programas basados en la didáctica activa y proyectos de campo en

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las instituciones regionales. Profesionalismo: en los equipos directivos y de coordinación como responsables de la relación con instituciones, docentes, alumnos y empresas y perfiles docentes con fuerte formación académica, experiencia en el mundo de la empresa y práctica de gestión pública e institucional.

En síntesis, los objetivos centrales de los programas de formación en desarrollo consistirán en generar una oferta educativa y de formación que permita contribuir con su accionar a articular (generar interacciones entre) el sistema productivo, el sistema educativo y tecnológico y el sistema institucional de la región, a partir de la realización de múltiples actividades de capacitación, investigación y vinculación empresarial. Asimismo, adecuar los contenidos curriculares a las demandas de cada territorio de referencia y promover la difusión y creación de conocimientos explícitos y tácitos, para ayudar a transformar, reconvertir y dinamizar el tejido productivo regional. Por último, poner a disposición de los sistemas productivos, sociales y de gobierno territoriales personas capaces de entender y anticipar los cambios necesarios para reconfigurarlo y fortalecerlo, así como anticipar las demandas futuras de cualificación que las instituciones públicas y privadas van a presentar. Es decir, formar agentes de desarrollo local y emprendedores territoriales.

Algunas líneas de acción que se podrían incluir en las propuestas pedagógicas son:

A. Conocer el entramado institucional y el contexto jurídico-normativo territorial. Esto es así toda vez que las racionalidades económicas y sociales, se encuentran arraigadas en contextos culturales, valóricos e institucionales y las opciones estratégicas que adoptan los actores y las sociedades locales dependen de la orientación de ese contexto.

B. En consecuencia, adecuar contenidos curriculares a los perfiles de cada territorio de actuación e incidencia institucional, académica, profesional y tecnológica de la universidad. 3

C. Incorporar fómulas de aprendizaje activo: como reconocimiento de la importancia del “saber aplicado” a través de prácticas organizacionales, institucionales y estratégicas de los agentes económicos:

didácticas en campo o proyectos en empresas: actividades que permitan adiestrar los alumnos “en el campo”, y a la vez que los alumnos mientras se adiestran, producen nuevos conocimientos. Fórmulas donde los alumnos sean estimulados a ejercitar su espíritu de iniciativa y de responsabilidad en el desarrollo de investigación del grupo sobre problemas económicos, sociales, institucionales; la solución de problemáticas empresaria e institucionales concretas con “trabajos” en la unidad de referencia; el check up de empresas; la realización de estudios de factibilidad.

Prácticas coloquiales: que permitan estimular el surgimiento de un clima de mayor confianza y asociatividad entre el sector público y privado, basado precisamente en un conocimiento común y una capacidad de comunicación, orientada a producir un proyecto

3 Se pueden rescatar experiencias como la de la Asociación Civil Rafael de Aguiar en San Nicolás (Argentina), de oferta de formación terciaria de técnicos a partir de un estudio de demanda territorial y la actualización permanente a partir de un Observatorio socioeconómico y de empleo regional.

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político de desarrollo para la región de referencia. 4

D.

Implementar currículas por competencias: esto es, de saber aplicado a las realidades sectoriales y territoriales 5 . Desde las competencias básicas necesarias para que los sistemas productivos locales se puedan insertar en los nuevos marcos del funcionamiento de la economía nacional, regional y mundial, pasando por las competencias de gestión, hasta las competencias sectoriales y funcionales específicas de cada territorio de actuación.

Competencias básicas: son aquellas que todo trabajador debería dominar cualquiera sea su tarea concreta. Ej.: competencia de tratar con textos escritos, de escribir, tratar con símbolos matemáticos, analítica, de habla y expresión. En el sistema productivo, estas prácticas permiten lograr el paso efectivo de lo abstracto, que es el de las propias ideas sobre las cosas, al ámbito concreto del espacio productivo integrado por máquinas y seres humanos. Además, permiten identificar los elementos centrales y los problemas del proceso de trabajo en el que el individuo está inmerso; y como uso colectivo permite acrecentar solidaridades e identidades grupales, que permitan al grupo percibirse como unidad de producción. Por último, como uso comunicativo, permite incrementar capacidades dialógicas, de expresión y adquisición de nuevos conocimientos.

Competencias de gestión: son las que se refieren a la acción de las personas, de sus interacciones y de sus comunicaciones:

 

Uso de recursos: identificar, organizar, proyectar y asignar recursos diversos. Interacción y comunicación: trabajar y cooperar con otros. Información: adquisición y utilización reflexiva de datos. Entendimientos de sistemas: entender las interrelaciones complejas.

 

Competencias sectoriales, funcionales: aquellas vinculadas a procesos y prácticas medulares

en las especializaciones productivas territoriales (ej. El caso de los procesos químicos en la industria siderometalúrgica).

E.

Diversificar el alcance de la oferta de formación: las instituciones educativas debieran involucrarse no sólo en alternativas de formación continua (cursos, seminarios, programas de

especialización), sino en programas de reentrenamiento y especialización laboral,

asistencia

técnica a empresas, pasantías, generación de información territorial pertinente, conexión con redes, animación de la población local, para generar innovaciones aptitudinales, organizativas y tecnológicas, convenios de colaboración y apoyo técnico, realización de estudios e investigaciones, programas de apoyo institucional, etc.

5.

Conclusiones

La formación para el desarrollo está provocando importantes cambios en la organización de la enseñanza y en las vinculaciones de las entidades educativas con el medio empresarial e institucional. Las experiencias más enriquecedoras, han enfrentado este tipo de problemas desde una perspectiva local, ya que este tratamiento parece ser el más adecuado para ajustar oferta y demanda educativa en

4 Sergio Boisier es quien mas ha avanzado en la formulación y ejecución de este tipo de experiencias y a él debemos estas ideas. Véase del autor: Conversaciones sociales y desarrollo regional, 2000.

5 En este sentido, una experiencia que merece ser tenida en cuenta por su alcance y profundidad es la del Centro de Formación Profesional de Comodoro Rivadavia (Argentina)

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una amplia gama de tareas y cualificaciones laborales y profesionales. Del mismo modo, implica que los gestores locales intervengan en la política de educación y formación, al menos al nivel de la planificación y que las organizaciones educativas adapten sus programas a las necesidades del entorno. De este modo, la formación de agentes de desarrollo local representa una oportunidad para que las universidades y centros de formación actualicen miradas, compromisos y currículas.

Experiencias como la de la Maestría en Desarrollo Económico Local, inician un camino necesario para concientizar y sensibilizar a los representantes de los sectores públicos provincial y municipales, del sector privado del trabajo y la producción, así como a los ámbitos académicos, respecto de la necesidad de formar nuevos perfiles de agentes de desarrollo local. Para ello, ha tenido un diseño teórico-práctico, complementado con el aporte de responsables públicos y privados de experiencias de desarrollo local/regional, para que los participantes puedan incorporar experiencias de políticas específicas vinculadas a la temática. Ahora el desafío consiste en impulsar articulaciones institucionales que fortalezcan ese tipo de propuestas.

Los programas de formación para el desarrollo local suponen la comprensión de la necesidad de una nueva cultura del desarrollo a partir de la incorporación de conocimientos, habilidades, actitudes y destrezas en todos los niveles de participación y decisión local, para promover innovaciones generalizadas y difusas en el territorio. Se trata, en definitiva, de reforzar la capacidad de reacción y de innovación sobre toda la esfera productiva y a nivel del sistema de las instituciones; y de multiplicar los ejemplos de excelencia organizativa y de gestión tanto interna como externa a cada sistema productivo, social y de gobierno territorial, de modo de conducir lo mas rápidamente posible elevar el nivel difuso de situaciones de liderazgo emprendedor. Formar para el desarrollo local es generar capacidades de desarrollo.

Bibliografía

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“Territorio, conocimiento y competitividad de las empresas. El rol de las instituciones en el espacio global”, Miño y Dávila editores, Madrid.

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Reseña Biográfica

Autor: Madoery, Oscar Alberto. DNI: 16061652 Director Ejecutivo Maestría en Desarrollo Económico Local, Universidad Autónoma de Madrid – Universidad Nacional de Rosario – Fundación Instituto de Desarrollo Regional. Docente e Investigador de la Universidad Nacional de Rosario. Maipú 1065, (2000), Rosario, Argentina Telefax: 54-341-4802781 E-mail: omc@intercom.com.ar

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