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CABALLO CRIOLLO COLOMBIANO

HISTORIA RAZA
De hecho, el arribo de los primeros equinos a las Antillas Americanas, en el año de 1493, como
producto de la empresa conquistadora española, se conoce históricamente gracias a las líneas de
ciertas crónicas, según las cuales, con el segundo viaje realizado por Colón llegaron 20 caballos y
cinco yeguas a la isla que llamaron La Española, actualmente República Dominicana, donde se
establecieron criaderos con muy buenos resultados. Con este primer aporte y algunos posteriores
hasta 1507 (cuando se suspendieron las importaciones por orden de la Corona) se fueron poblando
las islas vecinas, donde se abastecieron los españoles para la conquista de los países del norte,
centro y sur América.
Los caballos encuentran allí un hábitat propicio y se multiplican en una forma más fecunda que en
España; allí se inicia el primer centro de cría de los caballos en América. De La Española se
distribuyen los caballos a Cuba, Puerto Rico, Colombia y Perú.
El caballo traído de España tenía un andar suave, no lo llamemos aún Paso Fino. Dentro de esos
caballos españoles había un caballo pequeño muy parecido al nuestro: vivo, de andar suave, que
llamaban "The Spanish Jennet", o sea, jaca española el cual las Cortes españolas, extinguieron pues
cuando quisieron tener caballos para halar carrozas y carruajes lo cruzaron con ejemplares de sangre
fría (sangre frizona), para lograr caballos más grandes.
Las nuevas condiciones de hábitat, la alta consanguinidad y la selección, dieron come fruto un
caballo de mejor calidad, come consecuencia no sólo del esplendoroso hábitat que encuentran no
sólo en el Caribe, Puerto Rico, Colombia y Perú, sino que nuestros antiguos comienzan a cuidar esa
nueva raza que usaban para recorrer grandes distancias, y ellos necesitaban sentir y tener en la silla,
un caballo que desplazara mucho pero que fuera muy suave, para sus largas jornadas de recorrido.
La gran mayoría de las tesis suelen afirmar que la sangre de los primeros equinos llegados a nuestro
continente, correspondía a la de caballos andaluces-berberiscos y árabes-berberiscos, pues, no sólo
eran los predominantes en España para la época de los descubrimientos en América, sino que,
además, habían sido éstos el producto de los cruces entre castas autóctonas con la raza berberisca,
introducida previamente por los moros tras su proceso de dominación, y con la árabe, llevada por
los mahometanos durante sus antiguas conquistas a lo largo de la costa del Mediterráneo.

Incluso, aclara el libro “El Caballo Colombiano. Cinco siglos de historia”, que entre dichos caballos
no estaba el pura raza español, simplemente porque aún no existía como casta. Aquella sólo saldría
muchos años después del descubrimiento”. Además, según este, “Inicialmente no pudieron llegar
caballos de gran calidad. Los que trajeron los conquistadores debieron ser caballos comunes,
seguramente producto de cruces de las varias castas existentes en los años finales del siglo XV en el
sur de España y, más concretamente, en la región de Andalucía”.
Según este mismo autor, fue a Colombia donde ingresaron primero los caballos reproducidos en las
Antillas, llegando con las expediciones de Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa, en 1509.
Posteriormente, en 1525, con la expedición de Don Rodrigo de Bastidas para fundar la ciudad de
Santa Marta; y en 1538, con la de Gonzalo Jiménez de Quesada, para fundar a Santa Fe de Bogotá,
llegarían otros contingentes importantes de equinos. Aunque, este último también ingresó, según
Ángel Cabrera, “(…) por Urabá, Darién, Choco y el Valle de Buriticá, con 582 caballos llevados
por el oidor Don Juan de Vadillo”, los cuales, pasarían a conformar, con posterioridad, la
importante colonia del occidente antioqueño.
Pero, sin lugar a dudas, la característica de los primeros equinos llegados a América que más debe
interesarnos, a fin de comprender la evolución de los andares autóctonos del caballo criollo
colombiano, es aquella según la cual “sus movimientos se hacían ceñidos a la ambladura o
andadura, que se caracteriza por el desplazamiento sucesivo y alternado de dos miembros laterales
en cada batida y que producen un sonido de un solo golpe al asentar el bípedo lateral, para
completar el paso en dos golpes” .
fue a Colombia donde ingresaron primero los caballos reproducidos en las Antillas, llegando con las
expediciones de Alonso de Ojeda y Diego de Nicuesa, en 1509. Posteriormente, en 1525, con la
expedición de Don Rodrigo de Bastidas para fundar la ciudad de Santa Marta; y en 1538, con la de
Gonzalo Jiménez de Quesada, para fundar a Santa Fe de Bogotá, llegarían otros contingentes
importantes de equinos. Aunque, este último también ingresó, según Ángel Cabrera, por Urabá,
Darién, Choco y el Valle de Buriticá, con 582 caballos llevados por el oidor Don Juan de Vadillo”,
los cuales, pasarían a conformar, con posterioridad, la importante colonia del occidente antioqueño.

MODALIDADES

Pero, sin lugar a dudas, la característica de los primeros equinos llegados a América que más debe
interesarnos, a fin de comprender la evolución de los andares autóctonos del caballo criollo
colombiano, es aquella según la cual “sus movimientos se hacían ceñidos a la ambladura o
andadura, que se caracteriza por el desplazamiento sucesivo y alternado de dos miembros laterales
en cada batida y que producen un sonido de un solo golpe al asentar el bípedo lateral, para
completar el paso en dos golpes” .
“La posibilidad de que el ejemplar de “paso castellano” ejecutara a voluntad del jinete el paso fino o
la trocha, tuvo su origen en el cruzamiento frecuente con el trote y galope traído por los
conquistadores. El mestizaje así obtenido se debía a la presencia simultánea del fino y el trotón
galopero para las actividades ganaderas y para trajinar los malos caminos de la época, a lo cual se
sumaba la escasez de vías de comunicación para el intercambio reproductivo”.

No obstante, es necesario aclarar, que la presencia de caballos trotones galaperos dentro de los
equinos que arribaron con los conquistadores españoles, no pareciese ser idea exclusiva de este
autor, pues FEDEQUINAS, ente rector del gremio del caballo criollo colombiano, a través de su
publicación “El Caballo Colombiano. Cinco Siglos de Historia”, reconoce, al hablar sobre el origen
racial de este, la existencia de unos “aires madres”, conformados por el llamado trote diagonal y
trote lateral o ambladura que solían ejecutar los primeros caballos llegados a territorio colombiano;
y unos “aires derivados”, entendidos como aquellos que se originaron tras la mezcla en distintas
proporciones de los dos anteriores, esto es, el paso fino, la trocha, el trote y el galope. En términos
puntuales, subraya la publicación: “Al irse formando las ciudades y pueblos y siendo el caballo el
medio de transporte más importante se inicia una selección funcional. Algunos caballos, que aun
conservaban su ancestro ibérico, fueron utilizados para el manejo de ganados; el trote diagonal les
provee un mayor equilibrio, mayor facilidad para saltar pequeños obstáculos y al ir acompañado del
galope lo hacía más útil en este tipo de faenas de campo. Otro tipo de caballos con la mezcla
apropiada de trote diagonal con trote lateral o ambladura aportada por el berberisco fueron
utilizados y seleccionados para el transporte entre pueblos, buscando ya un poco de comodidad, y
de allí se forman la trocha y el paso fino”.
Esos caballos trotones de los que tanto habla Estrada Londoño en su obra, eran, bajo su lógica, y, al
parecer, fundamentado en la del hipólogo Ángel Cabrera, de origen árabe-berberisco; en tanto, los
caballos ambladores y de paso tenían un origen andaluz-berberisco. Señala aquel, que la razón para
que la primera de estas variedades “se seleccionara con mayor interés en Argentina, en Venezuela y
en algunas regiones colombianas, se debió a la necesidad de obtener un tipo de ejemplar que con su
desplazamiento diagonal lanzado ofreciera una mejor solución a sus necesidades conquistadoras
iniciales y agropecuarias posteriores” .

Ahora, hacia el año de 1960, lograda ya la parte inicial del proceso de selección del caballo de paso
fino, y tras el surgimiento de algunos de sus primeros representantes (como el caballo Resorte I),
aparece en el panorama cabalístico colombiano el famoso caballo Don Danilo, cuyo origen obedece
al cruce de la Danesa, yegua media sangre, hija del caballo Lusitano, un portugués puro y
representante del caballo español moderno, traído en 1946 a Colombia por la rejoneadora Conchita
Cintrón; con el caballo Rey Cometa, nieto de Cometa, caballo antioqueño descendiente de las
mejores líneas seleccionadas del suroeste, mantenidas dentro de la conservación cuidadosa de la
sangre tradicional berberisca traída por los conquistadores.
se abrió paso a un proceso en el que, al cabo de dos o tres cruzamientos, se modificarían los
movimientos de algunos de nuestros caballos, mejorando los ritmos diagonales, esto es, el trote y el
“troche”. Incluso, la importancia de Don Danilo en la historia del gremio equino nacional radica en
que algunas características transmitidas por sus hijos más sobresalientes –el Arco, Veneno,
Rebelde, Anarkos, Canario, etc.-, permitieron la estabilización, en un afortunado acontecimiento
genético, de la trocha pura colombiana, como movimiento diagonal de cuatro tiempos, producido
con fijeza, especialmente por la línea del Arco.

ANDARES
como producto del proceso de selección de nuestras gentes y de los aportes del medio geográfico.
Hablamos de cuatro andares, para hacer referencia a la existencia del trote, el galope, la trocha y el
paso fino; andares que, magistralmente lograron entremezclarse, para dar lugar a cuatro posibles
modalidades reconocidas en el seno del ente rector de nuestro caballo –FEDEQUINAS- y en los
juzgamientos avalados por el mismo, a saber, el trote y galope reunido colombiano, la trocha pura
colombiana, la trocha y galope y el paso fino colombiano.
Mas, tratándose de los exponentes del paso fino colombiano, estos suelen marcar únicamente dicho
aire; exceptuando algunos representantes, que por instantes descansan su andar original en la trocha,
sin convertirse, por ello, en ejemplares trocadores puros. No obstante, también, es posible encontrar
el caso de ejemplares cuya ascendencia es totalmente de paso fino, y a pesar de ello, nunca logran
afinarse, esto es, se quedan trochando para toda la vida.

Esto último, nos lleva a puntualizar el carácter natural, no artificial, de los andares autóctonos del
caballo criollo colombiano, lo cual supone, que estos no requieren de intervención humana o de una
enseñanza para su ejecución.

PASO FINO
El caballo trotón galopero. Se denomina trotón galopero al ejemplar criollo que ejecuta los ritmos
de trote reunido y galope reunido, bajo el cumplimiento de las siguientes características puntuales:

El Trote es un desplazamiento realizado por bípedos diagonales (el caballo levanta la mano de un
lado y la pata del lado opuesto al mismo tiempo) y en dos tiempos. Su sonido característico es
tas… tas… tas… tas…; y su cadencia o velocidad para ejecutar el ritmo es lenta.
• Una característica fundamental del desplazamiento al trote y al galope es la ausencia total de
suspensión en todos los tiempos de sus ritmos. Esto quiere decir que, en todo momento, y para
ambos andares, el ejemplar tiene por lo menos una de sus extremidades en apoyo al piso. De
acuerdo con Raúl Estrada Londoño, “Esta característica le garantiza mejor suavidad a nuestro trote
y galope porque, después de cada uno de los tiempos el ejemplar, como resultado de conservar en
apoyo alguna de sus extremidades, elimina los efectos de la caída libre, con enorme beneficio para
la suavidad” .
• Por su parte, el galope es un andar de secuencia diagonal, característico de tres tiempos, esto es,
el ejemplar ejecuta un primer tiempo con una de su patas, un segundo tiempo con el bípedo
formado por la otra pata y su mano diagonal, y un tercer tiempo con la mano diagonal a la pata con
la cual se inició el ciclo” . El sonido característico del galope criollo es
ca…tor…ce…ca…tor…ce…ca…tor…ce…ca…tor…ce…, su velocidad o cadencia típica es lenta,
y se trata de una marcha de carácter lanzado.
• La elevación de las patas y manos en la marcación del trote criollo es alta, con gran elasticidad y
energía en el movimiento de estos.
• Fenotípicamente, los ejemplares representantes de esta modalidad son los de mayor alzada o
tamaño, respecto a las demás modalidades del caballo criollo colombiano. Generalmente, esta
oscila entre los 1.38 mts. y 1.48 mts.

b. El caballo trocador puro. Son características típicas de los ejemplares que ejecutan
exclusivamente la trocha colombiana:

• La trocha es un andar de cuatro tiempos, en el que los ejemplares se desplazan por bípedos
diagonales, es decir, los equinos trasladan de manera sucesiva y alternada sus dos bípedos
diagonales (pata y mano contrarias), produciendo dos tiempos con cada bípedo, y realizando el
ciclo completo en cuatro tiempos. No obstante, es necesario aclarar, que “La identificación sonora
de la trocha se hace por bípedos, sin que en su sonido se aprecien los cuatro tiempos. Esto significa
que para confirmarlos, contrario a como sucede en el paso, es indispensable recurrir a alguno de los
sistemas modernos de cámara lenta”.
• El sonido característico de la trocha es tras… tras… tras… tras… tras… tras… tras…, y su
cadencia, para el caso de ejemplares que únicamente ejecutan la trocha, suele ser bastante rápida.
Por su parte, la elevación de las patas y manos es media, con gran elasticidad en el tren posterior y
en los brazos, así como gran potencia en la pisada.

• Los representantes de este andar suelen tener, en términos fenotípicos, una alzada un poco
menor que la de los equinos trotones galaperos y trochadores galaperos.
• Se dice que la trocha es una marcha de tipo lanzado, esto es, para ejecutarla, el ejemplar lanza
sucesiva y alternadamente cada uno de sus dos bípedos diagonales.

c. El caballo trochador galopero. Se denominan ejemplares trochadores galoperos a aquellos


equinos que combinan la marcación de la trocha con un galope criollo reunido, bajo el
cumplimiento de los siguientes parámetros:

• La trocha, en el caso de los ejemplares trochadores galoperos, guarda las mismas características
enunciadas para los equinos trochadores puros; pero, a diferencia de estos, la cadencia en la
marcación de la trocha que va acompañada con el galope suele ser mediana, para poder facilitar la
desprendida a galopar. De igual modo, la trocha de los equinos trochadores galoperos suele tener
una elevación en patas y manos de término media-alta.
• En el caso del galope, conserva las mismas características enunciadas para este en el literal del
caballo trotón galopero.
• A nivel fenotípico, los representantes de esta modalidad suelen cumplir con una alzada muy
similar a la de los ejemplares trotones galoperos, siendo, quizás, la de mayor tamaño, en relación
con la de los equinos trochadores puros y de paso fino colombiano.

d. El caballo de paso fino colombiano. Se le llama caballo de paso fino colombiano al ejemplar
criollo colombiano cuyo desplazamiento cumple las siguientes características:

• El paso fino es el andar que ejecutan algunos ejemplares, desplazando de manera sucesiva y
alternada sus dos bípedos laterales, produciendo dos tiempos con cada bípedo, para realizar un paso
completo en cuatro tiempos. Así las cosas, es un aire de marcación lateral (se levanta pata y mano
del mismo lado simultáneamente) y de cuatro tiempos.
• Su sonido característico es ta… ca… ta… ca… ta… ca… ta… ca… ta…
• La velocidad con la cual el ejemplar de paso fino suele ejecutar el ritmo es muy rápida. Por su
parte, la elevación de las patas y manos durante la marcación de este es baja o muy baja, sin que
ello suponga, en ningún momento, la desaparición de la elasticidad, especialmente, en el tren
posterior.
• El paso fino es considerado como una marcha de tipo desplazado, lo cual supone que, para
ejecutarlo, el ejemplar desplaza sucesiva y alternadamente sus dos bípedos laterales.
• Esta modalidad exige, además, y de manera ideal, una extrema quietud de las ancas del caballo,
esto es, que cuando este se encuentre ejecutando el andar, sus ancas no se muevan de lado a lado, o
de arriba hacia abajo, o viceversa.
• Fenotípicamente, el caballo de paso fino colombiano suele ser el de menor alzada, oscilando esta
entre los 1.36 mts. y 1.42 mts., en el caso de ejemplares adultos.
• Otra exigencia para los ejemplares que representan esta modalidad, es que, idealmente, cuenten
con una pureza racial que garantice el desplazamiento por bípedos laterales, materializada ésta, en
tres o más generaciones paternas y maternas de paso fino.
WEBGRAFIA
https://prezi.com/tnzy5tq-rw7v/origen-evolucion-e-historia-del-caballo-criollo-colombiano-y-su-
importancia-social/
http://www.suscaballos.com/foros/index.php?topic=25615.0

http://equinosudec.blogspot.com.co/p/historia-de-los-caballo-en-colombia.html
CABALLO CRIOLLO COLOMBIANO

JULETH MELISSA ARTEAGA

UNIVERSIDAD DE LA AMAZONIA
FACULTAD DE CIENCIAS AGROPECUARIAS
PROGRAMA DE MEDICINA VETERINARIA
ELCTIVOS II: EQUINOS
04 de mayo de 2017
FLORENCIA CAQUETA