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"El psicoanálisis convida al deber de descifrar el inconsciente del

que se es sujeto: ese libro con tirada de un solo ejemplar cuyo texto
virtual llevas por todas partes y en el que está escrito el guion de tu
vida, o al menos su hilo conductor". Jacques Alain Miller. Cartas a la
opinión ilustrada.

DESTINOLOGÍA PSICOANALÍTICA

Autor: Lic. Basconcelo Juan Carlos


Derechos Reservados.
Destinología Psicoanalítica
Introducción

Por su misma índole, hablar de un “puente” entre el


psicoanálisis y la Destinología implica necesariamente
“hipótesis”, expectativas, hasta cierta “esperanza” científica de
vislumbrar nuevos descubrimientos para la mejora de la
humanidad. En el psicoanálisis, lo crucial puede ser el “punto
de fijación a un goce” que eclipsa la vida de un sujeto y el
análisis apunta a “descristalizar” la posición del sujeto en el
nombre de nuevas posibilidades de elección. Por su parte, para
la “Destinología psicoanalítica”, el “proceso de liberación” se
orienta hacia la búsqueda de un “destino hipotético”, erigido
como “verdad” en su faz igualmente parcial, en su faceta de
“ficción” que estructura una vida. Lo importante no son en
forma exclusiva los fundamentos que subyacen al mundo de
los símbolos, como la pulsión, sino el mensaje estructurante
que conllevan las manifestaciones de toda una vida: el Destino.
Buscamos “destino” y allí radica la diferencia con otras formas
de “hermenéuticas” interpretativas y métodos terapéuticos y de
cambios de la subjetividad humana. Por lo mismo, lo
importante no es la familia en si, como el cerebro en sí o la
comunicación o las ideas, etc, sino el papel que cumplen:
“programan una vida”. De ésta manera, podemos decir que lo
que Freud denominó “Aparato psíquico”, es para nosotros el
“programa mental”, el “Guión” de una vida, el mapa de la
existencia. De igual manera decimos que el Edipo es el
“programa emocional” asi como el amor mismo se funda en
tipos de elección y síntomas determinado por el programa

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Destinología Psicoanalítica

principal, la estructura-estructurante que denominamos


“Destino”.
La idea de “estructura” es considerada como “programa” asi
como el “mito individual” de todo neurótico, por lo que, la
exégesis del destino y su búsqueda- como toda búsqueda de la
verdad, una imposible posibilidad-no consiste en el análisis de
los fenómenos manifiestos, las vivencias, las fantasías,
síntomas, etc, sino en la medida en que “hablan” de un
Destino. La búsqueda de la “verdad libidinal” vira hacia la
búsqueda del Destino, que incluso, posibilita la vida sexual,
intelectual, familiar, etc. La suposición de que Freud se centró
en la faceta pulsional de la humanidad, y menos la del Destino,
nos permite enfocar la vida desde un nuevo discurso vinculado
al sentido de la existencia. El análisis de los “propósitos de un
deseo”, como el de Dora, Antígona, Hamlet, Edipo, etc, nos
llevan hacia la otra arista de la vida, la dimensión destinológica.
Con Lacan, la red de los significantes, que ofician de
“automatón” y los “encuentros” (buenos o malos) nos reseñan
su concepción de la causalidad y el Destino. El papel del deseo
del sujeto en la elección y la tyché, nos permiten superar la
visión simplista de Freud del pasado reeditado en el presente.
De ésta manera, la tyché nos hace pasar del puro determinismo
al papel del azar, la contingencia en la causalidad del destino.
Además, al hablar del Inconsciente como “programa”, desde
Lacan no podemos sostener un puro “automatismo” del
Inconsciente que repite destinos pasados porque cuenta el
deseo, la elección inconsciente del sujeto en los encuentros.
Un breve recorrido por las ideas del psicoanalista Ingles
Christopher Bollas, tanto como la “Neurósis de destino” de
Freud y la suposición de que constituye el punto de
“refutación” de su punto de vista patológico del ser humano,
asi como las reflexiones de Colette Soler sobre el Destino y el
psicoanálisis, nos llevan indefectiblemente hacia un corpus
consistente sobre la propuesta de una “Destinología
Psicoanalítica”. Con una metodología análoga al psicoanálisis,
resulta posible rastrear la verdad que mora en las mientes y que
nosotros denominamos “Destino”, amén de que se desee
buscar otros tópicos en la complejidad de las manifestaciones
de nuestra mente.
En este breve e incompleto ensayo, se realiza un recorrido
por diferentes tópicos, como la “identificación que destina”, el
proceso de “desidentificación”, el destino de Edipo, de
Hamlet, “El hombre de las ratas”, etc, para considerar la faceta
destinológica de tales. La lectura igualmente destinológica del
“Proyecto identificatorio” de Piera Aulagnier nos lleva a
horizontes promisorios que justifican la idea de un “proyecto”
compuesto de identificaciones que mantienen al sujeto alienado
en un destino necesario. Y el objetivo, por supuesto es el pasaje
del registro de lo necesario a lo contingente, a la posibilidad de
nuevas elecciones. Se tematiza un caso de Françoise Doltó para
indicar la “eficacia simbólica” del destino. En su conjunto, el
ensayo es incompleto, aunque sugestiva al proponer un “nuevo
punto de vista” para la interpretación del mundo simbólico del
ser humano.

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Destinología Psicoanalítica

Parte I: Inconsciente y Destino

¿Un inconsciente que Destina?

“Es que el inconsciente no es algo fijo sino una maquina


secreta que trabaja siempre”. Colette Soler.

Podemos afirmar que el creador del psicoanálisis- Sigmund


Freud-nos legó una concepción psicoanalítica del Destino. Y
esta suposición se funda en su caracterización de la primera
tópica donde tematiza el concepto de Inconsciente. Sin
embargo, podemos asegurar que Freud no buscaba el destino
de sus pacientes sino dolencias, enfermedades, síntomas y
cuadros, como la histeria o la obsesión. Como es muy
conocido, podemos resumir el descubrimiento freudiano con él
término “Inconsciente”. Como adjetivo, el inconsciente alude a
aquellas ideas no presentes en el campo actual de la conciencia
y desde un enfoque descriptivo. En sentido tópico y
considerando la diferenciación entre contenidos inconscientes
y contenidos pre conscientes (las ideas no conscientes aunque
el sujeto pueda acudir a ellas con su voluntad), la palabra
inconsciente alude desde su primer enfoque del aparato
psíquico, a aquellos contenidos reprimidos. Las ideas
reprimidas se deben al mecanismo de represión que expulsa y
mantiene en el inconsciente las ideas ligadas a la pulsión sexual.
Las características de este inconsciente es que está constituido
por ideas y fantasías que son representantes de la pulsión
sexual. Impulsados por el deseo inconsciente, buscan
satisfacción y sólo aparecen deformados en la conciencia por
efecto de la censura o represión.
En relación a la primera tópica de Freud, vamos a
reflexionar sobre su sentido destinológico desde la suposición
básica de un "inconsciente que destina". Debemos aclarar que
esta cuestión se relaciona con un aporte crucial del psicoanálisis
que es el concepto de "Neurósis de destino". Cabe recordar
entonces que, en su obra “Más allá del principio del placer” de
1929, en el capítulo Tres, Freud tematiza las características de
esta "Neurosis de destino". Lo considera como un “destino”
que persigue al individuo en forma demoníaca. Este destino es
construido por el sujeto mismo que es activo en su
estructuración gracias a tempranas influencias infantiles. Lo
central entonces, es que en esta clase de Neurósis no hay
conflicto neurótico ni síntomas como en las consagradas
neurosis psicoanalíticas donde aparecen conflictos defensivos
entre el yo y la pulsión sexual. Freud lo considera como "rasgos
característicos y permanentes del ser de una persona". Da el
ejemplo del filántropo abandonado por sus seguidores,
repeticiones del mismo tipo de amor en la pareja, etc. En
definitiva, consiste en una repetición del mismo destino: como
la mujer casada en tres oportunidades viendo sucesivamente
enfermar y morir a sus tres maridos. Tal neurosis de destino,
halla su lógica desde el “más allá” del “principio del placer”
que es la "compulsión de repetición" que viene en auxilio de la

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Destinología Psicoanalítica

búsqueda de placer, pero se erige como más fundamental. Es


lo que determina la compulsión de destino, enigmático y
demoniaca. Esta “fuerza del destino” fundada en dicha
compulsión de repetición, sustituye al principio del placer
como principio dominante de la vida psíquica. De ésta manera
podemos también considerar que el destino de un sujeto está
vinculado con los “contenidos” de su inconsciente. Aspecto
poco considerado fuera del sentido sexual del Inconsciente. Si
el Inconsciente es un "continente" de contenidos simbólicos, la
naturaleza cabal de los mismos aún no han sido estudiado en
forma consecuente más allá del aspecto pulsional. Considerar
que una idea permanece reprimida, no especifica su verdadera
“razón de ser”, vinculada para nosotros con el destino.
Lo que Freud descubrió como inconsciente, de índole
pulsional, constituye desde la perspectiva destinológica, un
"Inconsciente que destina". En esto, estamos de acuerdo con
psicoanalistas de la talla de Colette a Soler, quien ha
considerado la posibilidad de un inconsciente que destina. Sin
embargo, resulta interesante descubrir que la "Neurósis de
destino", considerada por Freud, constituye la prueba de que el
“inconsciente pulsional” caracterizado por Freud, no hace
honor a la verdad del destino del ser humano. Como hipótesis,
podemos considerar que él llegó a los umbrales de una
concepción destinológica del ser humano, pero que por su
compromiso con la psiquiatría y los cuadros patológicos o
"enfermedades mentales", mantuvo su fidelidad a los mismos.
Este proceso de descubrimiento o caracterización de un
inconsciente reprimido, desde su primera tópica, nos indica
claramente que Freud se decidió por el mantenimiento de sus
teorías antes que la aceptación de una "autorrefutación". Es
decir, sentamos la hipótesis de que Freud llegó a percibir que el
inconsciente reprimido guarda el verdadero sentido de la vida
de un sujeto y constituye el destino en su “potencialidad
simbólica”. Sin embargo, no hablamos de lo "escrito" en el
inconsciente como de aprioris determinante porque cuenta su
conjugación con las circunstancias de la vida.
Tanto el método de asociación libre, como el estudio del
inconsciente a través de los sueños, y síntomas patológicos, son
válidos para la interpretación del "destino oculto" en los
símbolos reprimidos en el inconsciente. En pocas palabras,
decimos que Freud caracterizó el inconsciente desde una visión
patológica del ser humano, por su compromiso con la
medicina y la psiquiatría de su época, por lo que se mantuvo
fiel a sus elaboraciones teóricas.
Otro tema vinculado con esto es que, Freud, en el "giro" de
los años veinte, desde su segunda tópica con el Yo, el Ello, y el
Superyo complicó el panorama al considerar la psiquis como
compuesto por un Ello pulsional, un superyo como
inconsciente represor, un yo en su aspecto de yo-
representación de sí, además de las funciones psíquicas. En
este devenir del progreso del pensamiento de Freud, podemos
observar el escamoteo de un descubrimiento crucial en el
estudio de las significaciones del comportamiento humano.
Entonces, Freud se inclinó por tornar ignoto su caracterización
del aparato psíquico antes que la consideración de un
inconsciente que destina para acceder a los recuerdos
reprimidos o huellas de memorias contenidas en la misma y
que además de lo sexual u otras características de la vida,

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Destinología Psicoanalítica

conlleva el "supra sentido" que engloba y da sentido a las


producciones del inconsciente: tal supra sentido es el destino
cuyos términos simbólicos podemos ubicar en lo reprimido, asi
como en el "más allá" en su pensamiento. Para decirlo en otras
palabras, la Neurósis de destino, nombre que Freud aplicaba al
destino, le estaba indicando que todo mal o sufrimiento es de
destino. Podemos decir así que, las producciones del
inconsciente como el sueño, el síntoma, etc., pueden ser
interpretadas como símbolos de un "destino escrito" en el
inconsciente. Es decir, que Freud descubrió muchísimo más
de lo que logró percibir desde su compromiso con la
psiquiatría de su época.
Intentaremos entonces, fundamentar esta idea de un
“Inconsciente que destina”. Volvamos al capítulo tres del texto
de Freud “Más allá del principio del placer”, donde reflexiona
sobre las ideas reprimidas en el inconsciente y las posibilidades
del psicoanalista de vencer las resistencias que libra el yo con lo
reprimido. Vinculaba esta resistencia con una “obsesión de
repetición” que hace vivir de nuevo los disgustos al yo por
acción de lo reprimido. Pero, para el inconsciente es algo que
resulta placentero, siendo solo el displacer para el yo
consciente, según nos asegura Freud. Así, descubre un hecho
singular consistente en que tal obsesión de repetición tiende a
repetir sucesos del pasado que en otra instancia es placer. Tales
repeticiones penosas dan la impresión de un destino que
persigue, así como de una influencia demoníaca que rige
nuestra vida.
Freud considera que tal destino viene estructurado por la
persona misma en su mayor parte y está determinado por
influencias infantiles tempranas. Pero luego, dice algo crucial:
que las repeticiones penosas, como productos de un destino
que persigue al yo, no se diferencian de la repetición de los
neuróticos. En esto también notamos que Freud equipara las
neurosis con las repeticiones de la neurosis de destino, por lo
que encontramos el momento en que descubre su error de
apreciación en lo atinente a las neurosis, pero que fuera
escotomizada por él. Neurosis de destino y Neurósis en general
son lo mismo. Sin embargo, se decidió por la lealtad a las ideas
psiquiátricas, lo que detuvo al psicoanálisis en el momento del
sufrimiento sintomático del ser humano sin posibilidad de dar
el salto dialéctico hacía el nivel de integración de la psiquis del
ser humano: la dimensión del Destino. Continuará luego con la
caracterización de lo que ya explicamos más atrás, y que es la
ausencia de "conflicto neurótico" en tales neurosis de destino,
y que por consecuencia, conocemos personas destinadas a
saborear todas las amarguras de la ingratitud, como las
amistades traicionadas, amores repetitivos, etc. Maravillado,
Freud habla de un perpetuo retorno de lo mismo afirmando
además una "conducta activa" del sujeto en generar tales
repeticiones. Aduce también que con tales repeticiones
podemos percibir “El rasgo característico del ser del sujeto” .
¿Rasgo estático o dinámico que delimita las posibilidades
existenciales, el destino mismo?. Nuestra hipótesis se vincula
con última premisa de la pregunta, por lo que el presente
trabajo se encamina a su justificación.
“Nos extraña”, dice, en aquellos casos en que los sucesos
parecen manifestarse fuera de toda influenciad de la voluntad
consciente: el caso de mujeres casadas varias veces, divorcios

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Destinología Psicoanalítica

repetitivos, las viudas negras, etc. Sostiene Freud que : “…. la


observación del destino de los hombres…” nos hace suponer
la existencia de tal "obsesión de repetición" que se ubica más
allá del principio del placer que se manifiesta además en la
terapia con la transferencia, en los juegos infantiles y en los
sueños.
Desde una visión poética del destino, nos recuerda “La
Jerusalén libertada” de Tasso, en que el héroe Tancredo da
muerte a su amada Clorinda sin saberlo, debido a que ella
combatió con una armadura del enemigo. Luego, Tancredo
penetra en un bosque encantado que infundía temor al
enemigo y abatio con su espada un árbol de cuya herida
manaba sangre y la voz de Clorinda, acusándole de haberla
matado nuevamente.
¿Cómo vincular las elaboraciones de Freud respecto de la
neurosis de destino y el "inconsciente que destina" como nueva
suposición respecto del sentido de un Destino? Por un lado,
Freud dice algo crucial: que las repeticiones de las neurosis de
destino no se diferencian de las demás neurosis y donde
además no se manifiestan síntomas ni conflictos neuróticos.
Esto a las claras prueba una tesis radical de la Destinología: que
toda problemática, conflictos, sufrimientos, o incluso las
supuestas "enfermedades mentales" constituyen
manifestaciones de un Destino inconsciente, donde el sujeto
resulta impotente para cambiar.

La obsesión de repetición (compulsión de destino) se debe a


lo reprimido, a un deseo reprimido. ¿Qué tipo de deseo
reprimido? Sabemos que un deseo ligado a la represión del
complejo de Edipo, deseo de índole incestuoso y prohibido y
que además se liga con lo que Freud llama "rasgos
característicos del ser". En este sentido, encontramos a Edipo y
su destino trágico donde nuevamente localizamos al
inconsciente que destina. Destina a cada uno según la
naturaleza de su problemática Edípica y a un destino más o
menos trágico. Entonces, el inconsciente freudiano posee un
corpus de saber (representaciones estructuradas, verdaderas
axiomáticas de la vida, un "programa" o "aparato psíquico")
que destina. Así como el destino de Edipo estaba escrito en su
inconsciente, a cada uno le cabe un destino escrito. Este saber
reprimido y oculto en el inconsciente, marca, orienta, prescribe,
atrapa y fija al sujeto en una senda prefijada y que tiende a
objetivarse como “ser”.

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Destinología Psicoanalítica

Automatón y tyché

“Pero no se trata de comprender, se trata de saber qué


hacer para ayudar a alguien a elegir su destino”. Erich Laurent

Para intentar comprender el destino desde el psicoanálisis


vamos a continuar con el tema de la cadena significante
Inconsciente desde el “Automatón” y la “tyché” en Lacan.
Sabemos que estos dos conceptos conllevan una idea de
Destino tal como él mismo lo expresara a partir de la lógica del
significante. Vamos a partir de ésta red significante y su
automatismo, que determina al sujeto en sus éxitos y fracasos,
en su destino. A este automatón propia de la red significante,
relaciona la tyché, comprendida como buen o mal encuentro
con lo real. Este encuentro bueno o malo reactualiza un
significante crucial que oficia de causa. Como el caso del amor,
donde se activan modelos previos, aunque resignificados por el
sujeto, lo que evita la repetición en su sentido neto. Según esto,
no existiría el "eterno retorno" sino creatividad en la repetición.
De ésta manera Lacan introduce la causalidad significante del
sujeto.
La dialéctica entre el automatón de la red significante
Inconsciente y el encuentro de lo real (tyché), nos permite
vislumbrar que no todo es automático porque entra a jugar la
“causa accidental” en el destino. Por ello, como en el caso del
amor, no podemos hablar de una repetición pura de amores
pretéritos en lo actual como aseguraba Freud. Cuenta la
elección del sujeto en base a su deseo que a su vez se conjuga
con el encuentro. Por ello, la tyché relativiza el determinismo e
introduce la "dimensión accidental" en la causalidad del sujeto.
En otros términos, el Inconsciente como batería significante
no es puro automatismo porque aparece la dimensión
accidental de los encuentros. Pero, fundamentalmente, el
Inconsciente de Lacan es concebido como "no realizado",
como fundamento del deseo. Por ello, remite a un encuentro
que no es pura repetición del pasado como en el caso del amor.
Recordemos que para Freud sí el amor es una repetición de
otros amores.
Por otro, Lacan nos dice desde su noción de Inconsciente
no realizado, que no constituye algo que es o que no es sino,
algo por advenir. Por consecuencia, no constituye una memoria
sino una falta, un vacío que aprehendemos a través de la
palabra. Así, podemos decir que el Inconsciente constituye la
posibilidad de un destino por advenir. Es en éste sentido que
hablamos de un “destino lacaniano”. Pero, Lacan nos habla de
un “real” más allá del automatón de los significantes. Es un
encuentro, un real que se sustrae porque insiste desde un más
allá del principio del placer. Por ello, el encuentro que
introduce la dimensión accidental en el destino es
fundamentalmente un encuentro fallido. En este encuentro se
juega el deseo del sujeto, que supone no una elección
consciente sino inconsciente. Por ello, en Lacan no se habla de
una causalidad significante determinista debido al papel del
azar (tyché). Esto resulta crucial debido a que una causalidad
determinista borra la singularidad de un destino. Si todo está
determinado, el “Análisis del destino” sería imposible por la
ausencia de nuevas posibilidades electivas.

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Destinología Psicoanalítica

Precisando entonces, podemos escribir que la repetición ya


no se apoya en la simple ley del significante sino en una causa
real. Recordemos que Lacan considera el automatón como el
funcionamiento automático de la cadena significante, sin que el
sujeto se percate desde su conciencia. Esta insistencia
significante se rige por el principio del placer. Pero más allá del
automatón encontramos la el goce y la tyché como lo que se
resiste a la representación y que es el real imposible de ser
representado por el significante. Para Freud lo irrepresentable
era el trauma y para Lacan es el goce, como más allá de lo
simbólico.
Entonces, para Lacan juega el deseo Inconsciente, como
una “intención inconsciente” que permite una visión no
determinista del destino debido a la elección inconsciente del
sujeto.
Respecto del automatón que opera como una batería
significante previa, como estructura previa, y la tyché como
encuentro de lo real, no debemos olvidar lo que Lacan asevera:
“Pues sencillamente que el mapa ya está trazado, en el que
están inscriptos los puntos de referencias significantes, y la
solución no podrá nunca rebasarlo”. Alude claramente al
destino trazado, al mapa de la existencia que debemos
específica en el entrelínea de los sentidos que emergen de la
libre asociación. Suponemos el destino simbólico como una
“lengua” principal que el sujeto habla a través del lenguaje, de
los síntomas, olvidos, sueños, etc, y que las imágenes, síntomas,
etc, constituyen una “transliteración” de sus términos
fundamentales. Previo enfoque “analítico”, deconstructivo, de
destitución subjetiva, existe otro movimiento constructivo,
sintético, que nos lleva a un sentido mayor que engloba las
premisas significantes: la batería significante en su conjunto
habla del destino con “elementos” diversos (síntoma, sueños,
etc) pero solo a título de significantes polisémicos.
Volviendo a Lacan, debemos considerar que no todo se
reduce al automatismo significante y más allá de las
repeticiones simbólicas resulta necesario la conexión con lo
real, resistente a la simbolización y por lo mismo imposible.
Entonces, lo crucial en Lacan es que la tyché juega una
elección del sujeto aunque supeditado a una elección
inconsciente. En materia de destino, lo crucial resulta entonces
el papel del sujeto en los encuentros buenos o malos (tyche).
En ello se repite lo que no era, lo imposible de un deseo, lo que
no se dio allá. En “El deseo y su interpretación”, a propósito
del destino de Hamlet, dice Lacan: “Hoy veremos aún más
hasta qué punto Hamlet es en verdad la imagen de ese nivel del
sujeto en que se puede decir que el destino se articula en
términos de significantes puros, y que el sujeto solo es, en
cierto modo, el reverso de un mensaje que ni siquiera es el
suyo”.
El interés de Lacan va claramente hacia la trama de una
tragedia que faltó poco para que denominara “Destino”.
Destino como tragedia del sujeto, de su deseo, de los
automatones que lo cruzan y los encuentros que lo matizan.
Pero también como destino de no saber sobre este deseo,
apuntando el sujeto al encuentro consigo mismo, con su deseo
y el sentido de su existencia. Por ello, el análisis supone una cita
con el destino para el sujeto. Al respecto dice Isidoro Vegh:
“El destino al que el camino sin límite de la pulsión nos llevaría

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Destinología Psicoanalítica

no es un destino fabricado en la naturaleza, es un destino


gestado en el designio de los dioses, del Otro” (“Las
intervenciones del analista”, Editorial Agalma).
Por otro, resulta necesario pensar el destino como sujeción
a lo real, a lo imposible, al goce que mantiene enquistado al
sujeto al Otro.(Isidoro Vegh) Sin embargo, debemos advertir
que tal sujeción a un “destino inexorable” tiene salida a través
de la palabra, la escucha del analista y la posibilidad de
reposicionar al sujeto en relación al goce inconsciente al que se
encuentra fijado y atrapado. Por ello, resulta necesario que el
sujeto demande y se interrogue sobre aquello que lo hace sufrir
y que lo sume en un destino de sufrimiento.
La “maldición” del Inconsciente

“Las computadoras encarnan en nuestro mundo el pasaje


en lo real del orden simbólico”. Erich Laurent

En su famoso texto “La maldición del sexo”, Colette Soler


tematiza la idea de destino desde el psicoanálisis Freudiano y
Lacaniano. Si bien, vamos a extractar las ideas sobre el destino
desde su punto de vista, debemos constar que ella como
psicoanalista mantiene su adscripción al psicoanálisis en su
vertiente lacaniano y Freudiana.
Soler considera el término “maldición” en el sentido lógico
del término, como lo imposible de la “relación sexual” en el
sentido en que hombres y mujeres hagan “relación-
proporción”, o en términos más simples, la imposibilidad del
retorno a las relaciones preedipicas incestuosas a la que apunta
el deseo. Maldición no como sinónimo de “mala suerte” sino
como algo que escapa al sujeto que no es responsable (aunque
relativiza este punto debido a que el sujeto elige, en el marco de
una elección forzada, pero elección al fin, por lo que, también
el sujeto es responsable) porque es fatalidad, destino. Y nos da
el ejemplo de Edipo que cae bajo el peso de una maldición, que
hace de él la marioneta de un destino ignorado.
El término “maldición”, en Lacan implica un juego de
palabras con “Maldecir” y “decir mal” donde sabemos de la
eficacia de los dichos de los padres en relación a la

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Destinología Psicoanalítica

estructuración de un sujeto. Entonces, la maldición se vincula


con la infelicidad que provoca el “mal-decir”.
Algo crucial en su pensamiento es que la maldición no
compete al automatón de los símbolos significantes sino a la
tyché, es decir, un encuentro que provoca la mala fortuna. Es
esta tyché, encuentro bueno o malo, la que se convierte en
destino. Va de la contingencia de un encuentro a la necesidad
de un destino. El encuentro, como en el amor, es como por
azar aunque está comandada por el inconsciente.
Por otro, la repetición de la infelicidad hace existir al Otro
de voluntad y poder nocivo. Alli se sitúa la causa en el otro
gracias a la interpretación. En éste sentido, la maldición habla
de un sentido, la del goce de un otro incluso malo, negativo, el
de un Dios por ejemplo. Cita el caso del cristianismo que logró
el cambio desde un Otro negativo al Otro del amor, como
mérito crucial. Entonces, es que hace recaer la culpa sobre el
sujeto. Asi, en un polo la "inocencia paranoica" que proyecta la
culpa sobre el Otro dejando al sujeto inocente y en el otro
polo, la "indignidad melancólica" que asume la culpa por
completo.
Soler indica que la pérdida del “sentido del destino” en la
actualidd nos libra al infortunio, sin un “otro” que otorgue
sentido, lo que es peor. El antiguo Dios ha sido sustituido por
el Inconsciente de la modernidad y la maldición de la que habla
es la de éste Inconsciente que "sobredetermina" para bien o
para mal. Un inconsciente que "predestina" al sujeto en sus
actos, repeticiones, amor, etc. Vale decir, el Inconsciente
constituye una fatalidad, un destino. Vincula esto con el
“Malestar en la cultura” como una “Neurósis de destino”
generalizada. Refiere al caso de Hélene Deutsch donde carga a
la cuenta de la neurósis de destino a todas las neurosis.
Luego considera el "Inconsciente reprimido", las ideas
reprimidas, en relación a si contribuyen a forjar un destino.
Vincula la defensa del sujeto debido al conflicto psíquico.
Remarca que tales consideraciones no hace del Inconsciente un
destino porque la defensa hace responsable al sujeto en la
elección. Al respecto recuerda que el análisis lleva a revisar las
represiones debiendo el sujeto elegir nuevamente sus
posiciones consolidadas. Sin embargo, el sentido que le damos
a lo reprimido desde la Destinología es que conlleva un sentido
más abarcativo que el simple deseo sexual y que se erige como
un suprasentido que “clasifica” o da sentido a todas las
manifestaciones humanas incluidas las inconscientes. En otros
términos, las formaciones del Inconsciente hablan algo más
que de sentido sexual o de goces.
Por otro, analiza la “represión primaria” considerando que
“hace destino” porque se impone a todos, casi un aprioris y
que por lo mismo no depende de ninguna posibilidad de
elección del sujeto. Sin embargo, las elecciones-consideramos-
no están exentas como factor de destino e incluso, para
nosotros, la elección es la que "hace destino" y que podemos
comprobar en las defensas del sujeto o en sus elecciones aún
forzadas o inconscientes.
Luego pasa a Lacan para considerar si el Inconsciente hace
destino. Se trata del Inconsciente como saber, que Lacan
teoriza como “discurso del Otro”, lo que implica un “está
escrito”, por lo que el sujeto posee poca posibilidad
escapatoria. Es el Inconsciente como discurso transindividual,

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Destinología Psicoanalítica

que proviene de afuera, de la generación de los padres y en que


el sujeto queda atrapado. Un “discurso del Otro” como batería
significante que conlleva el deseo del Otro y se erige como
verdadero automatón que determina y no da posibilidad de
elección alguna. Como primera figura del destino Lacan dice
del sujeto que “su existencia está en litigio” (“La instancia de la
letra”. En su “Posición del Inconsciente”) planea un
Inconsciente como “corte en acto" entre el sujeto y el Otro,
como lógica de la alienación sin escapatoria. Pero cuando habla
de elección alude a “elección forzada” como en los casos de
Edipo, Antígona, etc., atrapados como marionetas del destino,
desde un Otro que le prescribe su destino.
Más aún, en “Televisión”, el Inconsciente es definido con la
“insistencia del deseo”, como la “repetición de la demanda”,
excluyendo elección alguna, donde la suerte está echada.
En “Aún”, el Inconsciente es una frase que ordena toda una
vida, funcionando como una verdadera trampa.
Finalmente, en "Les non dupes erret” habla del
Inconsciente como saber que no perdona. Resonancia que nos
remite al Inconsciente como una verdadera maldición del
sujeto predestinado. Un Inconsciente productor de síntomas
que provoca infelicidad por su vinculación con lo sexual, la
pareja sexual, los padres y en el caso de la mujer; enferma a
causa de los hombres, y de éste, a causa de la mujer. Pero la
maldición del Inconsciente es porque condena a la sexualidad
sintomática, debido a que “dice mal del sexo”, un defecto en el
decir, porque el Inconsciente no dice del sexo. Esto se debe a
que solo existe una libido masculina, el Uno fálico que hace al
hombre y a la mujer “no todas”.
En términos generales, el Inconsciente fija los caminos en
que queda atrapado el goce y el deseo de un sujeto. Sería como
un lenguaje singular que gobierna a cada sujeto. Por otro,
diferencia la “maldición del discurso”, como el discurso del
amo capitalista que ordena -siempre en forma incompleta-el
deseo y el goce a sus anchas. Un discurso que hace soportable
el orden social. Este discurso sofoca los discursos singulares
del sujeto a través de la educación, las profesiones, etc,
formateando los goces singulares a fin de lograr una
convivencia pacífica. Pero no funciona sin poder de policías y
síntomas, por lo que redobla el “malestar en la cultura” como
decía Freud.
Comprendemos que su tesis es, en cierta manera,
determinista: el significante determina al sujeto, que queda
atrapado como marioneta. Sería la parte calculable del sujeto: la
cadena significante. Por otro, el Inconsciente no está en la
profundidad sino en la superficie, en lo visible al no ser
interpretado o leído. Se lo ve como cosa y no como
significante. Asi, podemos concluir que con Lacan citada por
Soler que “…el significante es el destino”.

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Destinología Psicoanalítica

El "Sujeto" de un Destino

“Los pasos que da un hombre, desde el día de su


nacimiento hasta su muerte dibujan en el tiempo una
inconcebible figura”. J.L.Borges.

El destino del sujeto es un destino dramático, y en muchos


casos, trágico. Recordemos a Edipo y su destino inexorable y
determinante. Por ello, el destino es lo que adviene como
sentido de una existencia tanto como del “sinsentido” trágico
en muchos aspectos. Constituye un discurso potencial sobre la
vida. Una verdad incompleta cada vez por la sencilla lógica de
que es incompleta porque es un advenir y nunca lo que es o lo
que no es.
Lo singular del sujeto denominó “el destino”. Destino
singular tanto en relación al goce en que se mantiene fijado
como el deseo que la delimita en el fondo de imposibilidad de
su realización. Sujeto sometido al Otro, al deseo que lo sujeta y
determina, al ideal, al orden simbólico. Entre tales, no obstante,
puede elegir y que, aunque realice una elección forzosa, aparece
el margen de libertad necesaria para nuevas posibilidades.
En su seminario II, “El yo en la teoría de Freud y dentro de
la teoría psicoanalítica” sostiene: “La pregunta del sujeto no se
refiere de manera alguna a lo que puede resultar de tal o cual
destete, abandono, falta vital de amor o de afecto; concierne a
su historia en cuanto él la desconoce (…). Su vida está
orientada por una problemática que no es la de su vivencia,
sino la de su destino, a saber: ¿qué significa su historia? “. Pero
la pregunta no se ubica a nivel de los fenómenos imaginarios,
sino a nivel simbólico, a nivel de la estructura, en la misma
neurósis como pregunta. Por ello, lo que el sujeto busca en
análisis es lo que sostiene Lacan: “Viene a buscar lo que hay
para encontrar (…). Y lo único que él tiene para encontrar,
propiamente hablando, es el tropo por excelencia, el tropo de
los tropos, se llama su destino”. Jacques Lacan, Libro VIII, “La
transferencia” (1960-1961).
Sin embargo, para Lacan, no hay un determinismo, al
menos en su sentido fuerte, debido al sujeto y su deseo que se
juega en cada encuentro. Mejor dicho, no hay el “reino de la
necesidad”, la repetición, porque no hay mecanicismo de la
vida psíquica. Ante ello, Lacan aduce “esta cadena bastarda de
destino e inercia, de tiros de dados y estupor, falsos éxitos y
encuentros desconocidos, que constituye el texto habitual de
una vida humana”. Este rol del deseo del sujeto en los
encuentros, conduce a “la insondable decisión del ser”,
verdadera trampa del destino que lo engaña respecto de su
supuesta “libertad”.
Por otro, Lacan nos habla de un “cuerpo de hierro”, con
“poderosas identificaciones”, como “complacencia del destino
inscriptas en los otros”. Por ello, el psicoanálisis del destino
constituye una marcha hacia el encuentro con el destino, la
propia verdad (que sabemos no es exacta), gracias al
atravesamiento de la castración en el análisis, del fantasma

25
Destinología Psicoanalítica

como punto de horror, el sinsentido que trastoca las marcas


que trazaron el mapa del destino.
Respecto de la estructura que destina, deja marca,
“programa”, como en el caso del amor, es el Complejo de
Edipo. La tragedia de Edipo originado en el deseo de los
padres, y el lenguaje que, como “baño significante” nomina, da
destino, programa.
Con la operatoria del Nombre del padre sobre el deseo de la
madre, se constituye el Deseo y la demanda, superando la pura
necesidad, que, al ser decodificada por la madre como
demanda, torna los gritos como pedido, verdadera demanda.
Operación significante donde el deseo materno es sustituido
por el nombre del padre. De ser objeto del deseo materno,
aun a riesgo de quedar atrapado en la “boca de cocodrilo” del
deseo materno enigmático para el niño. Sin embargo, es el
nombre del padre (NP) el que culmina dando sentido al deseo
insaciable de la madre.
Como portador del falo, el padre da significaciones al deseo
materno, librando al niño de la mortal condena de quedar
atrapado en el deseo materno. Ello posibilita la falta, el deseo,
el efecto sujeto y su búsqueda perpetúa a partir del señuelo
imaginario. Sin deseo no hay amor y el amor mismo es
respuesta a la búsqueda del objeto “a”, el objeto causa del
deseo que localizamos por ejemplo en el partenaire. Pero el
sinequanon del amor es la castración simbólica del Edipo,
operatoria simbólica propia del lenguaje. El amor intenta
suturar el deseo resultante, aunque nunca lo logra. Entonces, el
amor intenta reencontrar el objeto primitivo, el Otro
primordial, de índole incestuosa e imposible por lo mismo. Por
ello dice Lacan que “no hay relación sexual”, es decir, no hay
retorno al goce del objeto primitivo, el “Otro primordial” (Das
ding, la cosa). Ello supone el Inconsciente como saber que
destina, que nos hace singular, tanto en la estructura como en
el deseo, y que determina nuestra “suerte”, nuestro destino.

El Mito, estructurante de un Destino.

Para el psicoanálisis, el ser humano vive en pos de un


“mito” vinculado al Complejo de Edipo, al “Edipo que
somos”, por su condición de eficaz y simbólico. Aquel niño
“narcisista”, completo, ilusorio, en un “mundo ideal” y que
“completa” el deseo de los padres aún sobrevive en el deseo y
su objeto de búsqueda: el objeto perdido. Mito simbólico que
engendra el ser y la subjetividad y su fundamento: el deseo.
Mito que posee la eficacia simbólica capaz de organizar una
vida, dándole sentido y dirección. Decimos además, entonces
que, todo mito es de origen pero también de destino. En su
“Introducción al narcisismo”, donde Freud sienta el
fundamento del narcisismo desde la “célula narcisismo-madre-
niño”, de carácter pleno, el “sueño realizado”, en que el niño
viene a completar los deseos insatisfechos de los padres. En
este momento, son depositados en él no solo los deseos
inconclusos de los padres sino la misma esperanza perdida del
narcisismo de los padres, las realizaciones personales
frustradas, etc, para que, por fin, el niño las lleve a cabo. Allí el
niño se siente completo al satisfacer las expectativas y deseos

27
Destinología Psicoanalítica

frustrados de los padres. Un ser mítico, producto del deseo de


los padres y de sus dichos, como dos vertientes de la eficacia
simbólica del mito estructurante del destino. Los padres
destinan con su deseo pero también con sus dichos, sus
oráculos y predicciones, sus mandatos, etc. Es el niño del
“Narcisismo primario” y al parecer, todo “avance” en un
destino consiste en el distanciamiento de este niño ideal,
aunque también, como forma de retroceso en el espacio
atemporal hacia ése niño ideal. El deseo apunta al narcisismo
primario. Desde su posición de “His Majesty the Baby” entrará
en conflicto con las exigencias del medio, la realidad, las
relaciones con los padres, la diferencia sexual, etc, que torna al
narcisismo como buscado aunque resulte insostenible desde el
ahora. Sin embargo, es buscado como momento ideal, como la
utopía personal, como “destino final”.
Lo que viene con posterioridad, el futuro potencial, lo que
nos queda por vivir, será la forma singular de buscar el
narcisismo primario descripto previamente. Asi, el ser humano
persigue ésta situación mítica, fundante, en una búsqueda
perpetua por encontrar ése niño narcisista que fuimos. En
términos lacanianos, volver a ser el falo que completa al Otro
primordial, la madre, como momento ideal y narcisístico en
que la operatoria del Nombre del padre en el Edipo conduce a
la “castración simbólica o “separación” que permite la
subjetivación y el deseo, aunque nuevamente, en búsqueda de
aquel falo reprimido en el inconsciente y que alude al
narcisismo primario. Es en éste sentido en que afirmamos al
principio que este mito, organiza una vida, un destino.
Por otro, los "enunciados míticos" de los padres que
conllevan su deseo y el lugar o destino del hijo: “Serás esto o
lo otro”, “Exitoso o fracasado”, etc, adquieren eficacia
forjando un destino. Asi, el mito es la frase que nos da un
destino y un origen como continuación del destino de los
padres y del linaje. Vivimos atrapados y orientados por un mito
fundante de un destino. Para el psicoanálisis es el mito de
Edipo y del Edipo que somos todos. Este mito fundante se
erige en “llamado”, como llamado a cumplir los propósitos de
una familia, de los padres, del deseo de lo mismo, aunque
cifrados por propio deseo del sujeto. Vivimos tras los pasos de
nuestros ancestros pero también sobre pasos virtuales, pasos
aún no dados, y que fueron cifrados en nuestra mente por el
deseo de nuestros padres y que pasaron a constituir nuestro
deseo como fundamento del destino. Tenemos no solo el caso
del hijo que sigue los pasos de su padre, sino la del discípulo
respecto del maestro, José en cuanto a Jesús, Cleopatra
emulando a Afrodita, etc, donde el “contenido de la existencia”
se vincula con los modelos destinantes que infiltran en nuestro
mundo vía identificación, permitiendo la supervivencia de la
cadena de generaciones y la concreción del destino del sujeto
asi como las “misiones” y mandatos escritos en su
inconsciente.
Por ello, resulta lógica la afirmación de que el mito
estructura un destino, un sujeto, el ser. El mito legitima, da
valor de verdad, consagra una vida. Entonces podemos decir
que un sujeto sujeto a su destino por el “mito destinante”, se
erige como motor de su vida. Tal “sujeto modelo”, como el

29
Destinología Psicoanalítica

padre para un hijo, constituiría el “prototipo mítico” fundante


de la subjetividad y el destino en cada sujeto.
A propósito de los “prototipos míticos” citamos el borrador
de la carta de Freud a Thomas Mann en respuesta a la
Conferencia de éste sobre: “Freud y el futuro”:

“APRECIADO amigo!
Las agradabilísimas impresiones personales que me
quedaron de su última visita a Viena vuelven a animarse sin
cesar en mi recuerdo. No hace mucho terminé de leer su nuevo
volumen de la historia de José, con la melancólica reflexión de
haber dejado tras de mí otra hermosa experiencia y de que
probablemente no me será dado leer la continuación.
La coincidencia de dicha historia con la idea de la «vita
vivida» y su prototipo mitológico, que usted expuso en su
conferencia, hizo germinar en mí una reflexión que tomo ahora
como motivo para conversar con usted como si se encontrara
aquí, sentado frente a mí en este gabinete, sin que por ello
pretenda, empero, una respuesta amable, ni menos aún una
atenta consideración. Yo mismo no tomo muy en serio mi
construcción hipotética, pero tiene para mí el encanto que
despierta, por ejemplo, el restallido del látigo en un carretero
jubilado.
A saber: ¿existe un personaje histórico para el cual la vida de
José sería el prototipo mítico, de modo que pudiéramos admitir
que la fantasía de José fue el motor demoníaco oculto tras la
completa imagen de su vida?
Creo que Napoleón I fue esa persona.
a) Napoleón era corso, el segundo entre una multitud de
hermanos. EI mayor, el único que lo precedía, se Ilamaba…
José, y ésta fue la circunstancia que marcó su destino, pues es
así como lo casual se entrelaza en la vida humana con lo
inevitable. Las prerrogativas del primogénito se respetan en la
familia corsa con una veneración rayana en lo sacrosanto.
(Creo recordar que Alphonse Daudet lo describió cierta vez en
una novela: ¿me equivoco o fue en El nabab? ¿Acaso en otra
parte? ¿O fue Balzac?) Esta tradición corsa exalta al máximo
una relación humana que en otras partes no pasa de lo normal.
El hermano mayor es el rival por antonomasia; a él le dedica el
menor una hostilidad elemental, infinitamente honda, que en
años posteriores podrá ser lícitamente calificada como deseo de
muerte, como propósito homicida. Eliminar a José, colocarse
en su lugar, ser a su vez José: tal debe de haber sido el más
poderoso anhelo afectivo del pequeñuelo Napoleón. Por
notable que parezca, la observación lo ha demostrado con
certeza: justamente los impulsos infantiles, tan desmesurados,
tienden a revertir en lo contrario. El odiado rival se convierte
en el ser más amado.
Así ocurrió también en Napoleón. Inferimos que primero lo
odió a muerte, pero nos enteramos de que más tarde amó a
José como a ningún otro ser humano, y que a él, a ese inútil e
irresponsable hermano, le perdonó casi todo. El odio
primordial quedó, pues, sobrecompensado, pero la agresión
desencadenada otrora se mantuvo al acecho para desplazarse a
otros objetos. Centenares de miles de seres anónimos habrían
de expiar el hecho de que el pequeño demonio respetara a su
primer enemigo.

31
Destinología Psicoanalítica

b) En otro plano, el joven Napoleón está tiernamente ligado


a su madre y se esfuerza por sustituir al padre, muerto
prematuramente, en la misión de amparar a los hermanos.
Apenas llegado a general, le insinúan que case con una viuda
joven, pero mayor que él, de alto rango y de influencia. Mucho
habría que decir contra ella, pero para él probablemente fuese
decisiva la circunstancia de que se llamase Josefina. Gracias a
este nombre puede transferirle una parte de los lazos cariñosos
que lo atan al hermano mayor. Ella no lo ama, lo trata mal, lo
engaña; pero él, el déspota, cínicamente frío por lo general para
con las mujeres, se le aferra con pasión, se lo perdona todo. Le
resulta imposible guardarle rencor.
c) El enamoramiento de Josefina Beauharnais ya era
inevitable a causa del nombre, pero naturalmente ella no podía
representarle una identificación con José. Ésta, en cambio; se
expresa al máximo en la famosa expedición a Egipto. ¿A qué
otro lugar podríase ir sino a Egipto, si se es José, el que quería
ser grande a los ojos de los hermanos? Si se examinaran
detenidamente los móviles políticos de esta empresa acometida
por el joven general, probablemente se comprobaría que sólo
eran racionalizaciones forzadas de una idea fantástica. Por otra
parte con esta expedición de Napoleón se inicia el
redescubrimiento de Egipto.
d) El propósito que impulsó a Napoleón hacia Egipto lo
realiza en Europa durante los años posteriores. Cuida de los
hermanos, exaltándolos al rango de príncipes y de reyes. EI
inútil de Jerome quizá haya sido su Benjamín. Y entonces
repudia a Josefina. Con ello comienza el eclipse. En adelante el
gran destructor se dedicará únicamente a su autodestrucción.
La expedición a Rusia, arriesgada y mal preparada, significa su
fin. Es como un autocastigo por su infidelidad hacia Josefina.
No obstante, también aquí repitió el destino, contra todos los
propósitos de Napoleón, otra parte de la historia de José.
EI sueño de José, el sueño en el que el sol, la luna y las
estrellas se inclinan ante él, fue el que lo llevó a ser precipitado
en el pozo.”
29-11-1936

La Neurósis de Destino revisitada

Desarrollado por Freud en su “Más allá del principio del


placer” (1927) en el capítulo III, resulta algo curioso-como
sostiene Soler- “Porque si el Inconsciente hace destino,
tendríamos que plantear que cualquier neurósis es de destino”.
Ciertamente es lo que podemos considerar desde la propuesta
destinológica: que si bien no podemos negar diversos grados
de alienación, los “cuadros” famosos no constituyen sino
descriptivas que ocultan el verdadero destino de un sujeto y
que toda neurósis, psicósis o perversión es destino, en
diferentes versiones de “programas” mentales que luego
operan en forma de automatón en los encuentros buenos o
malos (tyché).
Vayamos un poco a Freud para conocer éste ¿fenómeno?,
llamado “Neurósis de destino”. Opone la Neurósis de destino

33
Destinología Psicoanalítica

a las neurósis de defensas. Este último implica síntomas,


defensas, formación de compromisos, fracaso de la represión,
retornos…y la lucha contra lo pulsional como clásicamente es
conocido. Pero, en la Neurósis de Destino no hay síntomas
típicos (fóbicos, obsesivos, histéricos, etc) o sea, es
asintomática, por lo que deja librado al sujeto a su suerte. Es
algo silencioso y ataca al sujeto haciéndolo sufrir. Todo ocurre
como si el destino se encarnizara contra el sujeto. Son ejemplos
aquellos sujetos que repiten los mismos vínculos amorosos,
engaños, filántropos abandonados por sus seguidores, la viuda
negra que vio morir de idéntica forma a sus tres maridos,
infidelidades repetitivas, etc. Evoca el personaje de Tancredo
en “La Jerusalén libertada” de Tasso, quien vuelve a matar a su
amada Clorinda al oír su voz salir de un árbol luego de haberla
matado confundiéndola con el enemigo. En tales casos no
observamos el clásico “conflicto psíquico” entre el sujeto y la
pulsión sino encuentros repetitivos que hacen sufrir y que
aparece para el sujeto como una verdadera maldición.
Soler considera que con la Neurósis de destino Freud
extiende la definición del síntoma desde lo intrapsíquico
(represión, fracaso de la represión, retornos) a lo intersubjetivo
como forma de cierre de la problemática de que la neurósis de
destino no posee síntoma. Sin embargo, éste es el punto en que
divergimos con su visión tanto como el de Freud:
consideramos que la dimensión intersubjetiva e intrapsíquica se
vinculan como el día a la noche y que no se puede justificar la
evidencia de que la Neurosis de destino nos habla de hechos
que suceden porque simplemente están programadas. La
defensa, su fracaso, los síntomas son hechos emergentes de un
programa que delimita lo posible y lo imposible. Por eso
hablamos de destino y no cuadros o nosologías. Ello no
implica negación de “grados de libertad” o de alienación en
relación al manejo de los símbolos sociales o familiares. La
justificación de ello lo ubicamos en la idea de que si el
Inconsciente programa un destino, entonces programa
decepciones, fracasos, éxitos, virtudes, etc. Cuando Lacan
habla del “partenaire-síntoma” considera extender la definición
de la neurósis a lo intersubjetivo como Freud al hablar de
neurósis de destino, pero el retorno desde el otro, ya sea amigo,
partenaire, etc, requieren de premisas psicológicas inmanentes
que la posibiliten. El programa es anterior a los mecanismos o
niveles tanto intra o intersubjetivo. Tampoco la idea de que en
tales casos “nada funciona” (otro nombre del síntoma) resulta
probativo de que lo asintomático implique síntoma alguno ni
justificación de las neurósis en general.
Lo que aceptamos es que tal “programa” promovido por el
Inconsciente sea un nuevo nivel de integración del sujeto y su
universo simbólico, una nueva dimensión, la dimensión
destinante, ineludible en materia de humanística. Es muy claro
que el Inconsciente es un programa, que delimita estilos de
vida, formas de parejas, el amor, etc. Aunque no exista el
conflicto entre la pulsión y el sujeto en la neurosis de destino,
creemos que el automatón de la repetición habla de un
programa simbólico cuya naturaleza debemos precisar desde la
óptica destinológica. En este sentido, citemos a Colette Soler
quien en su : “¿Qué se espera del psicoanálisis y el
psicoanalista?” sostiene: “Evidentemente también el
inconsciente programa los golpes para cada uno….¡Pero

35
Destinología Psicoanalítica

siempre los mismos¡. Freud lo decía cuando hablaba de


neurosis de destino. En realidad toda neurósis es neurósis de
destino”. Página 151.

Un caso de “Neurósis de destino” de Hélene Deutsch

En 1930, Hélene Deutsch nos presenta su famoso caso de


Neurósis de Destino. Una neurósis que caracteriza como sin
síntomas, donde no encontramos el fracaso típico de la
represión con el retorno de lo reprimido, el síntoma. Nos
indica que: “La paciente no tenía síntomas y que, al igual que
sus amigos y parientes, no sospechaban la existencia de
elementos patológicos de su destino, estaba empero sometida
en su vida psíquica a las mismas dificultades y las mismas
fijaciones patológicas que otras personas que padecen síntoma
histéricas graves.” (Hélene Deutsch, “La neurósis de destino”).
Sin embargo, aunque no presentaba síntomas, había
intentado suicidarse varias veces debido a la angustia
experimentada. En relación a la causa de su “mal”, ubicamos la
“causa accidental”, que obligó a la sujeto a solicitar análisis ante
el “llamado” de su inconsciente donde suponemos contenidos
reprimidos que ofician de motivos de su accionar. Tal como
Freud describiera la neurósis de destino, se le imponían
padecimientos regulares como provenientes del exterior, como
algo demoniaco. Al parecer, los factores actuales o
desencadenantes se “imponían” en el caso. Deutsch caracteriza
asi a la Neurósis de Destino como aquella en la que la
repetición de patrones pretéritos lleva al sufrimiento. En el
caso tratado por ella, la sujeto demando análisis porque días
antes de su boda con el hombre que decía amar, intento
suicidarse con un tiro en la cabeza, que falló. Había conocido a
este hombre durante su viaje y entabló una relación en un
principio sin elementos eróticos. La esposa de este hombre
había muerto y le confeso a ella que su matrimonio era poco
feliz debido a la muerte de su primera mujer. Confesión que
detonó el enamoramiento de la joven debido a su posición e
identificación con la ex de éste hombre: ser amada como una
mujer muerta, como posición en relación al deseo del hombre.
El tipo de elección de objeto en juego resulta entonces amar a
un hombre en duelo, buscando “reparar” su dolor, su pérdida.
En oportunidad en que el hombre debió ausentarse para asistir
a su mujer, en venganza, entabló una aventura con otro
hombre, de la que quedó embarazada debiendo abortar. Luego,
retornó a su amor y acordaron fecha para la boda. Para ello, el
hombre se divorció y durante los preparativos, intento
suicidarse, lo que llevó al término de la relación. La
identificación con la “mujer muerta” de su hombre la precipitó
hacia el suicidio. Pero ello no constituye fundamento suficiente
para aducir que el caso de neurósis de destino escapa a las
formas de neurosis conocida. Digamos, como sostiene Colette
Soler, cada sujeto posee sus “condiciones de amor” y ello no
justifica que nos encontremos ante una “neurósis clásica”. Para
Deutsch, lo “neurótico” es la “decepción repetida” donde el
activismo de la sujeto sorprende. Considera que el
automatismo de repetición lleva a que no se pueda soportar los
logros, como cuando recibe el reconocimiento de amor de

37
Destinología Psicoanalítica

aquel hombre desconsolado. Sin embargo, tanto el tipo de


elección de objeto, sus avatares, como la decepción repetida del
caso, no aluden a una supuesta “neurósis” más que en la
suposición de que existen las “enfermedades mentales” con sus
síntomas presentados como prueba de verdad. Suponemos que
tales, “hablan” el lenguaje del destino y los grados de
padecimiento o problemas existenciales son diversos, y no se
requiere de una visión “patológica” de la vida sino en la medida
de una referencia médico-psiquiátrico. El lenguaje de la
existencia y el Destino pueden ser diversos.
Hélene Deutsch busca las raíces edípicas del caso, donde el
padre hace un hermanito con la madre, y que termina muerto.
En este Edipo, la imagen desvalorizada, de sumisión de la
madre a quien no deseaba parecerse. Por otro, desea ser el
“objeto masoquista” del padre, como forma de identificación
con la mujer muerta de su hombre, la precipitó al intento de
suicidio. El reconocimiento de su faz intelectual por el hombre,
tan deseada, constituye el comienzo de su sufrimiento, pues la
posicionaba en el lugar de la dependencia de un padre tiránico.
Podríamos decir con Freud que su Neurósis de destino es
resultado de su fijación a éste padre.
Por ello, vemos que repite el destino materno, como
decepción ante el hombre, como cumplimiento del deseo
masoquista de sometimiento al hombre. Para Deutsch,
constituye una de las características de la neurósis de destino.
Para Soler, no asistimos a los famosos “golpes de la fortuna”
sino a los golpes que le desata su inconsciente, los golpes de su
fantasma. El inconsciente programa los tipos de elección y las
decepciones en éste caso según el modelo de relación de la
madre con el padre. La neurósis de destino habla de la
repetición a nivel del partenaire como síntoma, tanto como en
su elección y fijación al goce. En los casos de neurósis de
destino lo fallido es el encuentro y no la adaptación. Y ello se
erige en una de las características principales del mismo. El
encuentro con el “objeto de su deseo” (una mujer muerta) y su
identificación con la misma la llevó al intento de suicidio. Otra
característica es el tipo de elección de objeto (un hombre en
duelo) que al despertar su amor y al reconocer sus dotes
intelectuales, lleva a la angustia y al pasaje al acto suicida.
Entonces, el automatón significante es “la mujer muerta” y la
tyché, el encuentro fallido con el objeto. Localizamos asi la
determinación simbólica del significante, la retroacción del
sentido desde el encuentro y su Edipo, y la sobredeterminación
de lo real. Desde el enfoque de Lacan, la premisa necesaria de
la dirección de la cura es la “caída” del significante mortal para
permitir que el destino del sujeto vuelva a ser resignificada.

El Destino como proyección del superyo

En principio, el destino freudiano está determinado por los


avatares del complejo de Edipo y su heredero, el superyo. Este
proceso se debe al mecanismo de identificación, en el que el
sujeto repite activamente el destino paterno. De ésta manera, el
superyo del niño se estructura conforme con el superyo
paterno, se adecua a su ideal, a su destino. Así, el superyo porta
un destino, la tradición familiar, los valores e ideales familiares

39
Destinología Psicoanalítica

que se perpetúan a través de los tiempos. Por eso dice Freud


que nuestro destino está determinado en gran parte por
nuestro superyo. Por ello, nos resulta imposible vivir
enteramente en el presente: el pasado sobrevive en el superyo.
Resulta importante recalcar que el superyo contiene la
identificación primaria, la que se da entre él sujeto y su modelo
paterno, que es fundamental. Es la incorporación más
temprana e inmediata que conformará el modelo o matriz de
todas las identificaciones posteriores. Con el sepultamiento del
complejo de Edipo, quedarán las identificaciones
fundamentales del individuo con el Padre, tanto como con la
Madre como objeto de deseo y amor. De ésta manera, el
superyo constituye una marca e influenciada destinante para el
individuo debido a que constituye su ideal del yo. Los
conflictos entre el yo y el superyó reflejan la diferencia entre lo
psíquico y lo externó. Una vez conformada esta instancia, toda
figura de autoridad, como maestros u otras figuras de
autoridad, pasan a ocupar el lugar de sustituto paterno. Un la
función de la consciencia moral del superego posibilita las
prohibiciones, como la prohibición del incesto y el
cumplimiento de los mandatos familiares y sociales.
Finalmente, podemos observar que el yo se somete al
imperativo categórico de su superyo de la misma manera que
se sometía a los mandatos y paternos, pasando a ocupar luego
dicho lugar el destino o la providencia desde una concepción
religiosa. Dice Freud en su libro: “El yo y el Ello”: “El superyó
subroga la misma función protectora y salvadora que al
comienzo recayó sobre el Padre, y después se sobre la
providencia o el destino”
En otro de sus textos, “El problema económico del
masoquismo” de 1924, Freud aclara que resulta muy difícil
librarnos de una concepción del destino como proyección del
Padre. Sostiene que los que atribuyen la guía del acontecer
universal a la providencia o a Dios y la naturaleza, son
sospechosos de conferir estos poderes-desde un enfoque
mitológico-a la pareja parental. Freud está de acuerdo con la
sustitución de la Moira (destino de los griegos) por la pareja
divina Razón y Necesidad. Con esto acentuamos algo crucial
en la concepción del destino en Freud. La Moira o destino es
fatal, inevitable, pero en el caso de la Ananké no, que relaciona
con lo necesario, con la razón o actitud básica del individuo.
En relación a las posibilidades de nuevas elecciones en el
marco de un destino escrito en el superyo, lo anterior resulta
crucial.
Entonces, con Freud asistimos a que la última serie de
figuras sustitutas del súper yo es el destino. En su art.
“Dostoievski y el parricidio” (1927) lo puntualiza en este
sentido: “…y el destino mismo no es en definitiva sino una
tardía proyección del Padre”. Por otro, en su “Malestar en la
cultura” concluye en la misma dirección: el destino como
sustituto de la instancia parental. De ésta manera, ante un
destino de desgracia un individuo puede sentir el mismo
desamparo que ante el abandono del amor paterno o en su
contrario, experimentar gran satisfacción ante un destino
positivo.

41
Destinología Psicoanalítica

¿Identificaciones que destinan?

“Los padres comieron uvas verdes y los hijos padecieron


por ello durante tres o cuatro generaciones”. Santa Biblia

Habíamos visto que el superyo se constituye en gran medida


por identificaciones con la instancia parental en el marco del
complejo de Edipo. Y efectivamente, vamos ahora a
caracterizar esta "faceta destinante" del proceso de
identificación. En psicoanálisis, al deseo de ser como otro
idealizado como modelo se los denomina identificación. Claro
es que, es un deseo inconsciente de ser como el otro. El niño
idealizada al Padre y quiere ser como él e incorpora todo el
punto de vista del padre. Las reacciones paternas, sus
emociones, fantasías y deseos deducidos por el niño, son
asimilados al yo del individuo. De la misma manera, el chico
incorpora las "faltas" paternas, su estilo de relación con la
madre, y todo lo inherente a su historia, que quedará
“reprimida” como destino personal. Sobre todo, el niño se
identifica con el deseo paterno, como cuando un Padre
docente desea ser un escritor, y logra la consecución del mismo
en el destino del hijo. Quizás nadie entienda las razones del por
qué el hijo se hizo escritor, pero a nivel inconsciente todo está
muy claro.
Ser idéntico al otro, asumir sus insignias, deseos, fantasías y
aspiraciones no constituye sino una forma de amor hacia
nuestros progenitores. En éste proceso, se forma el carácter, el
yo y el destino de un hijo. Por eso Freud define al yo como la
suma de las identificaciones en su famosa obra “El yo y el
Ello”. Son un conjunto de rasgos o insignias tomados del otro.
No consiste en una imitación mecánica sino en una
identificación inconsciente con el otro, aunque también puede
ser con personajes ficticios tanto como con la fantasía de los
Padres o con los modelos del árbol genealógico de otras
generaciones. A ello Freud le agrega las herencias ancestrales,
filogenéticas de la humanidad.
Por otro, en la identificación asistimos al proceso de "ser
identificado" en un destino particular. Este proceso proviene
de los otros hacía el individuo, que queda identificado y
destinado según un modelo o sistema de vida. Sin embargo,
sin el proceso complementario de lo que llamamos
"autoidentificacion", que consiste en la asunción (consciente o
inconsciente) de las insignias de un modelo desde su
reformulación y adecuación a los aprioris del propio ser,
destino o programa, la "identificación" o clasificación o
nominación por los otros no se llevaría a cabo. Por eso, la
"autoidentificación" destina, fija un rumbo organizando una
vida.
Un tipo particular de identificación merced a la escasez,
pobreza, injusticias y sufrimientos, etc., es lo que podemos
llamar "identificación finalista" u orientada según propósitos o
metas específicos. Consiste en asumir el destino de un modelo
exitoso como en el caso de aquellos que además de la
identificación de base acaecida en el marco familiar, asumen
ciertos modelos sociales que se complementan con aquella

43
Destinología Psicoanalítica

incorporada en la familia. Aunque también en la familia, en el


caso de aquella hija que considera a la madre como privilegiada,
con poder y amor hacia el padre, lo que la joven ambicionara
como su propio destino. En el caso del hijo se identifica con
un Padre exitoso.
Sin embargo, la "identificación-guía" o fundamental
proviene del linaje familiar, de la línea paterna o materna, y que
permiten orientar la búsqueda del propio destino. Un chico
destinado a hacer el bien difícilmente se identificara en forma
sustancial con villanos. En términos freudianos diríamos que
en ésta identificación alcanzamos la meta deseada en forma
sustitutiva al identificarse con modelos felices. Si uno no puede
ser como un Padre exitoso, al menos resulta posible parecerse
a él en algunos aspectos.
En ciertos casos, esta identificación no es con la totalidad
del modelo, como el caso del Capitán que termina hundido con
el titanic por ejemplo. Son los modelos de la vertiente social,
cuyos requisitos para anclar a buen puerto es que el sujeto
posea esos modelos familiares en su haber. Si existen
similitudes marcadas, entre el destino del sujeto y los modelos
inducidos desde lo social, la generalización identificatorio es
más fácil. El hijo de un marino será marinero o seguirá el deseo
de su Padre tanto como el deseo de la Madre según la "línea
familiar" dominante en la sucesión de las identificaciones que
estructuran su destino. ¿Podemos considerar entonces que la
identificación constituye un "organizador existencial"?.
Podemos suponer que imnumerables casos justifican esta
suposición.
Destino y elección en Freud

Habíamos visto que para Freud el destino es el sustituto de


la instancia parental. Un destino que determina, al igual que en
su primera concepción del destino trágico de Edipo o incluso
en las neurosis de destino. Sin embargo, como un verdadero
arqueólogo, Freud hace surgir el deseo reprimido para extinguir
sus efectos de repetición a través de síntomas y sufrimientos.
¿Cómo logra Freud la llamada curación?. A través del trabajo
analítico. Para él, la vía regia para acceder a los deseos
reprimidos en el inconsciente, son los síntomas y sueños
etcéteras que analiza con su método. Tales deseos reprimidos
solo podrán ser despojados de su efecto patógeno si llega a
hacerse consciente. Por eso Freud decía: “Donde ello era, yo
debo advenir”. Entonces, el objetivo de la terapia analítica es
hacer consciente los deseos reprimidos a través del
pensamiento que introduce el principio de realidad en lugar del
principio del placer. Sin embargo, desde el punto de vista de su
segunda tópica, los enfoques terapéuticos tienen por intención
fortificar al yo al hacerlo más independiente de los mandatos
del superyo, ampliar su campo de percepción, de modo que
pueda apropiarse de nuevos fragmentos del ello dónde mora el
deseo inconsciente. En este deseo inconsciente que el
psicoanalista busca a través de la asociación libre y la atención
flotante, reside la verdad de todo destino. En cierto sentido, los
síntomas, chistes, lapsus y sueños que Freud interpreta como
mensajes del inconsciente y del deseo reprimido, constituyen
un libreto que determina el curso de una vida, es decir, un

45
Destinología Psicoanalítica

destino. En el análisis, lo que se busca es que la llamada


elección forzada de la neurosis, pueda ser relativizada y pueda
el sujeto decidir por otras alternativas, para evitar ser
influenciado en forma automática por el inconsciente, por lo
reprimido y pueda realizar una nueva elección respecto de su
deseo. Pero la labor de acceder e interpretar los sustitutos
sintomáticos, sueños, etcétera, del deseo reprimido no es fácil
debido a la acción de la resistencia de las defensas y de la
transferencia que obra en el mismo sentido. Por ello, el
enfermo repite lo reprimido como vivencia presente en vez de
recordar su posición infantil ante la vida. Por su parte, el
analista fomenta el recuerdo en aras de disminuir la repetición.
Considerando los objetivos del análisis, se busca que la
consciencia ocupe el lugar del inconsciente o sea: "Donde el
ello era el yo debe advenir". Pero también significa que el yo no
sea dominado por el superyo y la compulsión de repetición y
que el principio del placer sea remplazado por el principio de
realidad. Todo ello se traduce en indicadores de una mayor
libertad respecto de los mandatos superyoico, mayor libertad
para nuevas elecciones, mayor capacidad para las aspiraciones
dentro de las propias posibilidades, proyección de un plan de
vida más original, mejora de los vínculos con los demás, mejor
manejo de las fuerzas conservadoras y las creadoras, etc..
Podemos concluir que las consideraciones previas, aunque
esquemáticas, sobre la interpretación psicoanalítica del destino,
nos ayudan a sostener que resulta posible tal suposición, y que
el método de Freud resulta fecundo para analizar el destino y
lograr cambios sustanciales en el curso de la misma. En este
caso, tanto analistas como psicólogos, estarán operando como
analista del destino, desde una visión psicoanalítica del destino.

El Destino, entre disposición y azar

Para Freud resulta crucial la historia singular de cada uno.


No hay posibilidad de generalización desde un caso a otro, ni
desde el supuesto de un "destino tipo" a otros debido a que
todo caso, tanto como el destino constituye el efecto
conjugado entre lo constitucional y lo accidental según su
modelo de la causalidad denominada "series complementarias".
Gracias a estas series que se complementan como causación
etiológica, Freud puede sostener que la disposición innata y las
vivencias tempranas, se conforma un clise repetitivo en cada
uno. En 1910, en su texto “Un recuerdo infantil de Leonardo
Da Vinci” Freud replantea sus resultados sobre la causalidad
donde rechaza el azar en la causación de las enfermedades.
Considera entonces lo que traemos en forma de herencia
(factor constitucional) y lo que las experiencias de la vida
conllevan (factor accidental) . Por ello, decimos con Freud que
tanto las causas de las neurosis como el destino, se juegan entre
el factor constitucional y el azar. Sin embargo, debemos
mantener la atención en lo que Freud sostiene en “El delirio y
los sueños en la de la Gradiva de W. Jensen”, donde dice:
“…pero la vida psíquica tiene mucho menos libertad y
caprichos de lo que querríamos creer; puede ser incluso que no
las tenga en absoluto. Lo que en el mundo exterior llamamos

47
Destinología Psicoanalítica

azar termina por resolverse como sabemos, en leyes; lo que en


la vida psíquica denominamos capricho también se asienta en
leyes, que por el momento sólo pre sentimos oscuramente”.
Vemos que la articulación entre azar y ley en Freud se inclina
por ésta última. Una concepción determinista de la causalidad
y el destino.
De igual forma en: “Sobre la dinámica de la transferencia!”,
Freud vuelva a considerar lo constitucional y lo accidental.
Donde destaca el rol del factor innato y las experiencias
infantiles. El destino se juega entonces entre éstos dos polos.
Por ello decimos que no se puede generalizar y cada caso debe
ser considerado como un “destino único” desde el
psicoanálisis.

El fundamento de un Destino

Vamos a sostener desde la concepción de Freud, el destino


constituye la realización de un deseo en su versión final o por
lo mismo, como deseo en proceso, como un deseo que
adviene. De igual manera, vamos a caracterizar las vías de
accesos a este destino desde el psicoanálisis.
Vamos a partir conceptualizando el deseo. Como en
muchas disciplinas, algunas nociones resultan fundamentales y
difíciles de ser delimitadas. Por un lado, Freud diferencia el
"deseo" de la "necesidad" biológica. Por otra, el deseo se halla
ligada a las “huellas mnémicas”, cuyo recuerdo puede llevar a la
satisfacción. Sabemos que el deseo se centra sobre todo en la
búsqueda de la satisfacción ante la falta. En Freud, la
concepción sobre el deseo alude básicamente al “Deseo
inconsciente”, ligado a las huellas mnémicas de índole infantil.
A partir de las primeras huellas se inmortaliza como búsqueda
de satisfacción, como consecución de su "objeto", imposible
por definición. El deseo se exterioriza como búsqueda de su
objeto…que jamás alcanza, proyectándose hacia el futuro, al
ser inextinguible. Por ello, el deseo inconsciente jamás puede
ser realizado debido a que su objeto de satisfacción se escapa.
Aunque todo deseo proviene del pasado, sobre todo apunta al
presente y al futuro, desde una búsqueda perpetua, pero, es el
sujeto el que ignora lo esencial del deseo que lo habita y que
comanda su vida, su destino todo.
En forma extensiva, si preguntamos que es el
“Inconsciente”, diremos que son las “huellas de la memoria”
que aluden a una "no memoria", a una falta, a una estructura
que busca completarse. Por ello, el deseo no resulta pasible de
ser hallada como “recuerdo” sino que debe ser deducida del
relato del individuo. Freud distingue dos tiempos en el origen
del deseo: una es la tensión de necesidad debida a una
necesidad biológica (hambre, excitación sexual, etc.). Esta
“necesidad” queda inscripta como “huella” en la memoria.
Luego, aparece la satisfacción. Con posterioridad, la fase de
tensión y la búsqueda de satisfacción se vuelven automáticas, es
entonces que se ha fundado un deseo. Es decir, el deseo va del
displacer al placer. Por lo que podemos decir con Freud que el
Inconsciente es como una “memoria vacía” de la infancia y
posee un motor que lo impulsa: el deseo.

49
Destinología Psicoanalítica

Por ello, lo reprimido en el Inconsciente insiste, se


repite….reaparece disfrazado en los síntomas, etc., trayendo
una verdad respecto del deseo del sujeto y agregamos símbolos
de su destino. En el análisis, se interpreta el deseo reprimido a
partir de los símbolos oníricos, síntomas, etc., para permitir
nuevas elecciones y sobre todo la asunción del propio deseo.
La tarea entonces es incitar al sujeto a revisar y modificar su
posición respecto de su deseo. Al respecto Freud nos habla de
la muchacha pobre que asume fácilmente su deseo en relación
a la joven rica y cultural que entra en conflicto con su deseo
padeciendo neurósis.
En los casos que Freud denominó “Neurósis de destino”, el
deseo y su manifestación en decepciones o sufrimientos
repetitivos es muy claro. A pesar de que Freud no descubre
síntomas como "retorno de lo reprimido" en éstos casos, las
caracterizó como una neurosis entre otras. Punto en que no
coincidimos debido a que las “Neurósis de destinos” hablan de
otra dimensión del sentido de la vida: el Destino. Pero para
Freud, al analizar la constelación edípica de tales neurosis de
destino, surge claramente la naturaleza del deseo y sus
vicisitudes.
Parte II: Destinos singulares

El Destino trágico de Edipo

¿Quién fue Edipo? Para Freud, Edipo rey es una tragedia


del destino. Para nosotros, desde la óptica destinológica, Edipo
rey puede ser interpretado desde diferentes lecturas, sean
psicológicas, destinológica, sociológica, antropológica o
filosófica etc. Por lo que la interpretación de Edipo llevará la
impronta destinológica para poder diferenciar una mirada
psicoanalítica del destino. Freud considera que el destino de
Edipo es similar a cada uno de nosotros. Veamos el caso y la
posibilidad de pasar del mito Edípico al destino de Edipo
interpretado desde el psicoanálisis aunque desde una lectura
destinológica. En su “Interpretación de los sueños" de 1900,
Freud resume la leyenda del rey Edipo y el drama de Sófocles
en ella fundado. Edipo era hijo de Layo, rey de Tebas, y su
Madre era Yocasta. Fue abandonado al nacer sobre el monte
Citeron, debido a que el oráculo había predicho a su Padre que
el hijo futuro de Yocasta sería un incestuoso y parricida. Unos
pastores lo encontraron y criaron, siendo llevado luego al rey
de corinto quien lo educó como un príncipe. Deseando
conocer su origen, Edipo consultó al oráculo que le aconsejó
no volver a su tierra porque estaba destinado a matar a su
Padre y a desposarse a su Madre. Cierta vez, al alejarse de

51
Destinología Psicoanalítica

corinto, se encuentra con el rey Layo y previa disputa lo mata.


Ya en la entrada de Tebas, adivina el enigma de la esfinge que
impedía la entrada en la ciudad. En agradecimiento, los
Tebanos lo nombraron rey, concediéndole la mano de Yocasta.
Reino pacíficamente, tuvo dos hijos y dos hijas, hasta que una
peste invade Tebas. Entonces los Tebanos consultaron al
oráculo para la solución del problema. Este declara que la peste
cesará cuando sea expulsado el asesino de Layo. Como
resultado, el momento trágico de la leyenda se da cuando se
evidencia que Edipo es el asesino de Layo, su Padre, y que era
hijo de Yocasta. Horrorizado, Edipo se arranca los ojos y huye
de su tierra. Las profecías del oráculo se habían completado.
Es de notar claramente la impotencia del ser humano ante
su destino, destino que según Freud es la de todo ser humano.
Podemos considerar algunas interpretaciones posibles del
destino de Edipo. Por un lado, la que considera a Edipo como
víctima de un destino, un “mal” que se abate sobre el
determinando su tragedia. En este sentido, Freud caracteriza la
concepción del destino como producto del deseo reprimido en
el inconsciente de cada uno. Lo vincula al deseo incestuoso
hacia la Madre y el odio al Padre, propio del complejo de
Edipo. En ese sentido, el psicoanálisis sostiene que todos
somos Edipo y padecemos psicológicamente su destino
emocional. Al respecto, podemos considerar con Freud un
concepto de destino alejado de la leyenda y el mito. No sería
una maldición divina sino algo originado en el deseo de todo
sujeto. En otros términos, una concepción científica del
destino y un método, el psicoanalítico para su estudio.
Podemos sostener entonces que el destino psicoanalítico está
determinado por el Edipo que mora en cada uno de nosotros.
Ligado a la tragedia, la concepción del destino en Freud denota
su primera versión como destino trágico.
Por conclusión, podemos sostener desde la interpretación
psicoanalítica y destinológica que, el destino de Edipo
constituye el producto de la estructura edípica contenida en el
inconsciente como una verdad reprimida que determina la
historia del sujeto cuyo sentido es el de un destino. Los
términos de éste destino oculto y reprimido, lo interpretamos a
partir de las formaciones del inconsciente como son los
sueños, el síntoma, los lapsus o actos fallidos, entre otros. De
ésta manera, a la clásica interpretación psicoanalítica del sujeto,
debemos agregarle una interpretación psicoanalítica del destino
utilizando el método psicoanalítico, tanto como su concepto de
la terapia, y su concepción del mundo. De ésta manera, la
Destinología psicoanalítica consiste en una mirada, una
interpretación, y una intervención sobre el destino escrito en el
inconsciente y que podemos leer desde el complejo de Edipo,
los sueños y los síntomas, con el objetivo de que el sujeto
pueda constituir otra elección a pesar de la verdad contenida en
su inconsciente y cuya naturaleza resulta difícil de cambiar,
aunque tal empresa no sea imposible.
La Destinología psicoanalítica buscar descifrar el destino
escrito en los contenidos reprimidos para que el sujeto se
apropie de lo que lo determina desde un más allá de su
conciencia. Sin duda, el Edipo constituye una estructura que
determina la propia identidad sexual, aunque además y gracias a
las identificaciones ocurridas durante el mismo, el sujeto
incorpora modelos que no sólo constituyen patrones o

53
Destinología Psicoanalítica

modelos libidinales, sino además, identificaciones y que él


sujeto lo hace propio desde una alienación fundamental al
deseo de los Padres. La labor destinológica será entonces,
reconstruir el destino escrito en el inconsciente para que el
sujeto pueda realizar una nueva elección o variar su actitud ante
su “Destino impuesto”.

El Destino "enigmático" de Hamlet

En su “Interpretación de los sueños”, Freud analiza a


Hamlet basándose en la idea de que su duda en llevar a cabo la
venganza del padre se vincula con deseos edípicos. Considera
que Hamlet manifiesta un deseo edípico por su madre y que lo
que inhibe su venganza es lo que inconscientemente desea.
Freud se interroga: “¿Qué impide a Hamlet cumplir la tarea
que le asigna el espectro (the ghost) de su padre?”. Y responde
que lo que le impide cumplir su destino es la imposibilidad de
vengarse de un hombre que ha concretado sus deseos
inconscientes de naturaleza edípica, a saber, el hecho de haber
matado a su padre y haber tomado su lugar junto a su madre.
Su tío ha concretado sus deseos reprimidos y esto lo inhibe de
la venganza según Freud. Entonces, toda la labor de Freud
consistió en traducir a nivel consciente los deseos
inconscientes de nuestro héroe.
Pero por otro, Freud dice además que la obra de
Shakespeare manifiesta su propio estado psicológico, a saber,
que su hijo ha muerto hace poco y su nombre era “Hamlet”.
Continuando, decimos que la trama de la tragedia se articula
con los deseos inconscientes de Hamlet, orientando su destino
según la naturaleza de éste deseo. Pero por sobre todo, el
destino de Hamlet consiste en éste no saber sobre el deseo que
lo habita. Hamlet, como ficción literaria que vehiculiza
aspectos del deseo de su creador, Shakespeare, nos indica el
destino guiado por un deseo que se ignora.
Por su parte, Lacan considera que la pregunta que subyace a
la dramática de Hamlet es él como sujeto y apunta a ese
encuentro consigo mismo, ese encuentro con su voluntad (“El
deseo y su interpretación”, clase del 15 de abril de 1959). Para
nosotros, el encuentro con su destino, su verdad en mayúscula,
su esencia más radical.

El Destino anticipado del “Hombre de las ratas”

Otro caso psicoanalítico donde vemos el papel destinante


del deseo es la historia del “Hombre de las ratas”. Lo crucial en
ella, como vamos a demostrar, es el “destino anticipado” por
los padres muchos años antes de su nacimiento. En este caso,
lo que acosa al sujeto son los "mandatos" provenientes de su
Inconsciente versus su deseo y ante el cual no manifiesta sino
“síntomas” que lo sumen en un “destino obligado”. Y esto en
un momento de su destino en que, habiéndose recibido de
abogado, debía “definir” su nueva orientación hacia la vida.
Debía casarse, siendo que en su familia la “línea dominante”
provenía de su madre. Por ello, como su padre, debe casarse

55
Destinología Psicoanalítica

con una mujer que no ama, solo por su dinero, tal cual lo fuera
su padre. Contrariamente a tales mandatos, el joven se había
enamorado de una joven pobre a quien amaba. Como ya lo
intuía Freud, el conflicto era entre su deseo y la de sus padres.
La famosa “procastinación” no consiste sino en este
“postergar” la decisión debido a conflicto entre deseos. Todo
esto genera angustia, inhibiciones y síntomas, todos muy
conocidos. Sin embargo, el sujeto trata de “hacerse” un destino
a la medida del “destino paterno”. Las consagradas ideas de
que el obsesivo busca construir la “función paterna” consiste
más bien en la búsqueda de comprensión del destino paterno y
su propio destino, su definición de su subjetividad y su ser
tanto en el marco familiar como su linaje. Recordemos las dos
dimensiones del sujeto según Freud, a saber, ser un fin de si
mismo y al mismo tiempo, como representante de la cadena
transgeneracional de su linaje.
Las preguntas sobre la vida, la existencia, la muerte, el amor,
etc., no apuntan sino al “suprasentido” que otorga dirección y
lógica a los síntomas, inhibiciones y angustias: el Destino del
“Hombre de las ratas”. Como una verdadera "Gramática
inconsciente" que fija su destino como copia literal de la del
padre por lo que el “Hombre de las ratas” cede el manejo del
dinero de su herencia a su madre, por ejemplo. Por tradición
masculina, no desea deber nada a una mujer y ello no solo
habla de un carácter desligado de su existencia porque es marca
de un destino masculino, tal cual lo era el de su padre. Solo
desea tener deuda con un hombre y por ello el “delirio”
justificatorio de que no le debe a la estafetera sino al teniente
durante su estadía en el servicio militar. Por otro, la
determinación paterna lo obliga a elegir una mujer rica, pero su
síntoma lo induce hacia su deseo de enamorarse de una mujer
pobre.
Esta historia de oscilaciones entre una mujer rica y otra
pobre se reitera por ejemplo entre la estafetera “rica” (que le
paga la deuda) y la cantinera pobre. De idéntica forma que el
padre por su paso por el servicio militar, debió contraer una
deuda, un amigo salvador y la oscilación entre ambas mujeres.
En el fondo, y como búsqueda de una ideal del yo que regule
su vida, el “Hombre de las ratas” deseaba contraer una deuda
con el hombre, o mejor, con el padre. Por ello, perdido en la
imagen especular, el “Hombre de las ratas” se pierde en el
laberinto de su destino simbólico donde se juega el deseo de
sus padres versus el suyo. Lo insistente en su caso es la historia
donde el padre utilizó el dinero de su compañía en el ejército,
oportunidad en que lo salva un amigo aunque nunca devolvió
ese dinero. La “eficacia simbólica” del mito (Destino para
nosotros) aparece en todo detalle del caso, como el momento
en que debía elegir una mujer entre la rica que no amaba y la
pobre amada. Debía adecuarse a los mandatos de la historia
paterna y sus dudas y síntomas se remontan a la pregunta por
su destino versus la del padre y el mandato familiar donde
mandaban las mujeres. Identificado a las insignias parentales, el
“Hombre de las ratas” materializa su destino apoyado en el
ideal paterno.
En cierta manera, el discurso inconsciente aliena al sujeto en
un destino literal y paterno. Las fallas paternas retornan en el
sujeto como deuda impaga al amigo, como oscilación entre dos

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Destinología Psicoanalítica

mujeres, etc., donde ubicamos la identificación del “Hombre


de las ratas” al padre y a su destino.

Reflexiones sobre el “Hombre de las ratas”.

En su famoso caso del “Hombre de las ratas”, Freud narra


el caso de un obsesivo que, tenazmente buscaba coartadas para
salvarse si era acusado de asesinato. Para Freud se jugaba en
éste caso un deseo criminal hacia el padre, de índole
inconsciente. Luego Freud estudia el mecanismo de la
obsesión, las causas inconscientes, el deseo como imposible en
el sujeto obsesivo y delimita la cuestión desde el “Complejo de
Edipo” como fundamento de toda neurósis y del sujeto
deseante.
Ya con Lacan, éste sujeto del inconsciente se sostiene del
“Mito individual” como lo especifica el mismo. Freud nos
hablaba de la “novela familiar del neurótico” que en el
trasfondo implica la dimensión simbólica, producto de la
función Paterna que oficia de corte en la relación narcisista
madre-hijo. En el caso del obsesivo, este corte falla, el padre
falla, su ideal no es todo, y el sujeto queda en la imposibilidad
de asumir su deseo. Por otro, la pregunta del neurótico por la
función paterna, el ser y la existencia en función de la “deuda”
simbólica en juego. Se suma la identificación al padre y la
característica de incorporación oral, ambivalente en que se
plasma el llamado “crimen simbólico” del padre. Luego analiza
la culpabilidad resultante y la obediencia retroactiva a su
autoridad. Todo el proceso culmina para el obsesivo en el
“deseo de muerte”, en una verdadera identificación con el
muerto o a la espera de que el amo muera, propio del obsesivo.
Un deseo imposible en suma. Su expectativa de vida depende
de la destrucción del otro, que para el es goce horrible que, no
obstante, ignora. De ahí la vida alienada de los obsesivos.
Pero otra mirada es posible. Y es la vinculada con la
constelación familiar que le dio origen dice Lacan. En el marco
de una familia donde el prestigio se encuentra del lado de la
madre-mujer adinerada que cautivó al padre-. De ahí la
dificultad para asumir su ser y su destino de hombre que decide
según su deseo. El padre había renunciado a su deseo al
cambiar una mujer pobre amada por otra no amada pero
adinerada. Por lo tanto, se trata de un padre fallido y toda la
cuestión del destino del “Hombre de las ratas” será dudar y
oscilar entre dos mujeres, repetir la deuda impaga tal cual le
ocurrió al padre, utilizando la potencia de su pensamiento pero
cuyos móviles inconscientes no alcanza a percibir.
Pero, si hablamos de “destino cifrado” desde el
Inconsciente que marca los pasos y aún el deseo del “Hombre
de las ratas”, veremos una lógica diferente. Ello obliga hablar
de un “discurso inconsciente” que determina sus dudas y
dificultades para optar entre una mujer y otra, sus síntomas,
resultante de la neurósis según Freud. Todo el supuesto “mito”
que tematiza un origen, la deuda, y los avatares de la estructura
del sujeto. Pasamos asi, del mito al Destino que nos permite
ver las cosas desde otro ángulo diferente aunque
complementarias al de Freud. Antes que un padre fallido
tendríamos un padre como modelo eficaz que otorga un legado

59
Destinología Psicoanalítica

y un modelo de masculinidad, de hombre luchando por su


amor, etc. El “dialecto” que habla la Neurósis obsesiva no
consiste sino en un discurso inconsciente que alude
simbólicamente a su origen, a sus moldes simbólicos (el padre),
al modelo de pareja que le dio origen y los avatares de su
vínculo amoroso, todos como dificultad para asumir el destino
del padre. Una de esas dificultades consiste en asumir las fallas
del padre, un padre que transgrede la ley y lo obliga a tener que
acudir a un salvador como el amigo del padre en el servicio
militar. Por lo tanto, el mito que determina desde la “otra
escena” no consiste sino en el “Destino” eficaz, mítico, que
habla de un modelo de existencia del “hombre de las ratas”,
cifrado como un “programa emocional” (Edipo como
programa emocional) que lo sume en la repetición o si se
quiere la “compulsión de destino” desde el “más allá del
principio del placer” en términos de Freud. El juego que
preocupa al “Hombre de la ratas” es la del padre y la llamada
“obediencia retroactiva” no consiste sino en la necesidad de
reeditar el modelo fundante de su identidad que es la del
padre. Podríamos decir entonces: “De tal palo, tal astilla”,
pasible de ser explicada desde varios enfoques, como el
psicoanalítico o el destinológico.
Los oráculos paternos (sus insignias operando como
mandatos), lo que sume al sujeto en un despliegue de
estrategias, dudas, imposibilidades, ambivalencias, fantasías y
procastinación de la elección, que remiten todos al modelo
paterno. En búsqueda de su verdad, verdad cifrada como
destino, y que encuentra su sostén simbólico en el Inconsciente
que le dicta un destino cifrado aunque ignorado. Su verdad es
la repetición de un destino fallido del padre que le retorna
desde lo reprimido como mandato familiar que sume al sujeto
en el impasse. Podemos pensar entonces que lo que el sujeto
busca es la desalienación de un destino escrito que lo sume en
el sufrimiento de emular las elecciones paternas como forma
singular de conquistar la “herencia de sus antepasados”
(Goethe) para hacerla propia.

Destino de mujer desde el psicoanálisis

Podemos constar que el "destino de mujer" se vincula con


el “espíritu de la época” y su impronta en el modelo de mujer.
Por otro, debemos pensar que los aportes de Freud sobre la
psicología femenina fueron considerados como “falocéntricas”
y como producto de un resabio patriarcal de su época. Para
comenzar, preguntémonos si la vieja afirmación de Freud es
coherente con una concepción que dé lugar consecuente a la
mujer en las teorías científicas a saber, su afirmación: “La
anatomía es destino”. Es muy conocida la crítica a las ideas de
Freud de que ha sido contaminada por la moral victoriana. Por
otro, la idea es explicar sus aportes respecto del destino
femenino partiendo del corpus de ideas desarrollada por él.
Aclaremos que para Freud el deseo de mujer siempre fue el
“continente desconocido” debido a que no pudo explicar "qué
quiere una mujer”. Sin embargo, nos legó su propuesta de
fundación de la mujer a partir del Complejo de Edipo, las fases
del desarrollo psicosexual y la sexualidad infantil en su

61
Destinología Psicoanalítica

conjunto. Claro es que tales fueron criticados por propio el


Lacan, y el tema es vasto, aunque nuestra intención sea solo
indicar algunos lineamientos para la lectura destinológica del
tema.
El "destino de la mujer" desde la óptica de Freud es el
camino libidinal de la niña que realiza el pasaje de su madre al
padre y de este a otro hombre. Por supuesto que no es solo
una historia libidinal sino de identificaciones, por lo que,
debemos considerar este punto. Por ello para Freud, el destino
ideal de una mujer es asumir la castración y ser la mujer de un
hombre, previo abandono del objeto incestuoso tanto materno
como paterno. Veremos más adelante que no todas lo logran.
Si tomamos como punto de referencia en la obra de Freud, la
fundación de la mujer y la feminidad, debemos remontarnos a
la fase fálica. El pasaje de la madre-al comienzo tomado como
objeto incestuoso- es más complejo que el del varón. El varón
continúa apegado a la madre hasta el "sepultamiento del Edipo
en el inconsciente". Lo crucial en el Edipo femenino es la
decepción al comprobar la falta de falo durante la investigación
sexual infantil. Esta decepción trueca luego en la “envidia del
pene”. La envidia tiñe todo el Edipo femenino, aunque luego
cambia a “deseo de tener un hijo del padre”, como "ecuación
simbólica" típica del término del Edipo femenino.
Posteriormente, este padre será sustituido por el hombre de su
vida. Por otro, Freud agrega luego al sentimiento de envidia
celosa del pene otro miedo, que no es la angustia de ser
castrada como en el Edipo del varón ante la amenaza real o
imaginada, sino como temor a la pérdida del amor del amado.
Al parecer, la interpretación de Freud sobre la psicología
femenina otorga preponderancia al factor sexual de la envidia
del pene. Considerada casi como deficiencia originaria, todas
las cualidades conocidas de la feminidad se deben a la rebelión
contra el papel sexual que les tocó vivir. Sentimiento de ser
inferior, envidia del pene, la ambición de igualar al hombre en
el terreno de los logros culturales, en la tendencia a dominar a
los demás, etc., podrían constituir reacciones de compensación
a la desventaja en que considera fue pospuesta.
Podríamos resumir la teoría psicoanalítica del destino
femenino en que, a temprana edad, la niña descubre que fue
privada del preciado órgano masculino al observar a su
hermanito o a la madre como castrada. Este descubrimiento es
lesivo y deja rastros imborrables en su memoria y en su
carácter. Sin embargo, se le abren tres posibilidades de
elección: Una es la “feminidad normal” al asumir el papel
sexual asignado, la aceptación de las características femeninas
como pasividad, el deseo de ser madre, etc. En el segundo
caso, el descubrimiento de la castración lleva a la neurosis, a la
inhibición o al apartamiento general de la vida sexual. Por eso
dice Freud que la mujer en germen, asustada por la
comparación de si misma con el varón, insatisfecha de su
clítoris, renuncia a la actividad fálica y su sexualidad general y
gran parte de sus inclinaciones masculinas. Sin embargo, puede
que adopte en forma tenaz la autoafirmación de la
masculinidad amenazada, con la esperanza duradera de que
algún día recibirá un pene, como objetivo cardinal de su vida.
Este verdadero “Complejo de masculinidad” puede incluso

63
Destinología Psicoanalítica

desembocar en la homosexualidad o un “carácter neurótico” de


muy difícil trato.
Solo la opción femenina “normal”, en la que toma al padre
como objeto de amor, le posibilita acceder a la forma femenina
del Complejo de Edipo. Este complejo, en la mujer, constituye
el resultado final al comprobar la niña que la castración es un
hecho. Asi, esta comprobación crea y le posibilita entrar en el
Complejo de Edipo. En el hombre, el Complejo de Edipo
queda sepultado, reprimido en el Inconsciente, pero en la
mujer escapa a ella y con mucha frecuencia nunca lo supera.
De allí también la menor capacidad sublimatoria de la mujer
según Freud.
Para especificar, Freud postula que la fase preedipica suele
resultar mucho más importante en la mujer que en el hombre.
Muchas manifestaciones de la vida emocional femenina pueden
ser explicadas por reducción a la fase preedipica. Dice Freud:
“…hace tiempo hemos advertido que muchas mujeres eligen a
su marido de acuerdo con el modelo del padre o lo colocan en
el lugar de este, pero en el matrimonio repiten con ese marido
su mala relación con la madre. El marido debía heredar la
relación con el padre, y en realidad asumió la vinculación con
la madre”. Freud asevera que el calco del modelo materno,
como repetición del vínculo temprano con ella, aparece como
un “destino de mujer". Lo explica como el retorno de lo
reprimido. Por ello, muchas mujeres se encuentran "atrapadas"
en los conflictos con su marido, como desplazamiento del
primitivo conflicto con la madre. Además, la rivalidad de la
mujer con la madre no es solo consecuencia de la “rivalidad
edípica” sino que tiene su origen en la fase preedipica. En este
punto Freud pone atención al proceso de "desprendimiento"
de la madre. Postula una diversidad de factores que
contribuyen a la constitución de la feminidad. Entre ellas, la
más crucial, el efecto que el complejo de castración ejerce
sobre la niña que se descubre sin pene. Ya hemos aludido a la
reacción ante éste descubrimiento: a) Pasividad y renuncia a la
vida sexual; b) Defensa obstinada y desafiante de la propia
masculinidad; c) Orientación hacia la feminidad definitiva.
Pero cabe jerarquizar la castración descubierta por la niña
debido a que la considera como un “infortunio personal”,
como deficiencia que generaliza desvalorizando la feminidad y
esto además en su propia madre. Esto conlleva un
resentimiento y el reproche a la madre por no haberla dotado
del preciado órgano. Por ello, esta vinculación ambivalente
con la madre, genera para Freud, con los primeros
matrimonios que fracasan al chocar con desengaños y
agresiones que encuentran su lugar propicio. Como
consecuencia, sostiene que los segundos matrimonios resultan
mejores.
Como resultado de todo lo anterior, la niña se aparta de la
madre por considerarla castrada y elige al padre como objeto
de amor. Asi, esperará de este padre el preciado órgano negado
por la madre que luego trueca en el deseo de tener un hijo con
el padre. Al elegir al padre como objeto de amor, debe
identificarse con el modelo materno como vía de acceso a lo
que aquella le negó. Busca reparación del daño sufrido
deslizándose a lo largo de la ecuación simbólica pene=niño
(esperar un hijo del padre y luego de su hombre). Asi,
desarrollará celos hacia la madre y amará y esperará un hijo

65
Destinología Psicoanalítica

como regalo del padre. En este momento, podemos decir con


Freud que la niña ya es una mujer en miniatura. Esto da
término al complejo de castración y comienza el Edipo
propiamente femenino donde su objeto elegido es incestuoso
(el padre). Contrariamente al niño, cuyo complejo de Edipo
queda sepultado, el de la niña es detonado por el complejo de
castración. Con posterioridad, la niña cambia de objeto de
amor como ya lo remarcamos: del padre a otro hombre,
reeditando como decía Freud los vínculos tempranos con su
propia madre, en muchos casos.
Desde el punto de vista de que suponemos una concepción
implícita del destino desde el psicoanálisis, podemos afirmar
que las tres posibilidades marcan destinos, orientaciones
diversas y no solo de la conformación del "carácter femenino"
como conjunto de rasgos productos de identificaciones e
investiduras de objetos. Cada vía remite a un destino complejo
y podemos asegurar que, tal como testifica Edipo, Hamlet, El
hombre de las ratas, etc, tales casos nos conducen al “mito”
fundante de un destino. El “mito individual” nombrado
posteriormente por Lacan no consiste sino en el “Destino”
fundante de una vida. O mejor, el destino reprimido en sus
premisas fundamentales, juega su carta en cada caso, tanto en
las elecciones de la identidad sexual como en las vicisitudes
vinculares posteriores.
Destino de mujer II

Recordemos que una suposición básica transita nuestra


mente respecto del psicoanálisis: que los términos de su
paradigma implica una concepción subyacente sobre el destino.
Ello no invalida sus explicaciones y la suposición se justifica
por el carácter complejo y polifacético del ser humano. Sobre
todo la idea de un “saber reprimido en el Inconsciente” pasible
de lectura en la libre asociación, el síntoma, etc. Consideramos
que los conceptos psicoanalíticos “hablan” de un destino
además de sus significaciones consagradas.
Habíamos dicho en el apartado anterior que el enigma de la
sexualidad femenina Freud no pudo resolver. No pudo constar
que en el Inconsciente existiera la esencia que diferenciaría una
mujer de un hombre y solo nos brinda sus contornos generales
en el Edipo femenino ya caracterizado. Por ello, la mujer
freudiana no queda bien caracterizada y la labor de muchos
psicoanalistas como Lacan, Miller, Laurent, o Soler, se orientó
hacia una mejor explicación del problema. Volviendo a Freud,
habíamos visto que se esforzó en fundar la identidad sexual
masculina y femenina con mito edípico. Mito que posibilita un
destino sexual desde la prohibición de desear al objeto
incestuoso (Prohibición del incesto). Pero la pregunta clave de
la que debemos partir ahora es: ¿Qué es una mujer y cuál es su
destino?. Indefectiblemente debemos volver sobre las tres
orientaciones de la niña a partir del descubrimiento de la
castración. En esas vías, hemos podido comprobar que algunas
mujeres no cumplían con el “destino tipo” de la verdadera
mujer que asume su condición, como el caso de las que

67
Destinología Psicoanalítica

rechazan la vida sexual o de aquellas que reniegan de la misma


e intensifican sus aspectos viriles. En éste último caso, muchas
llegan a la homosexualidad, cuando no en el movimiento
feminista (histeria). Pero es claro que muchas no acceden al
destino común de la mujer que desea a un hombre y de quien
espera un hijo. La falta fálica destina a la mujer al amor de un
hombre a lo que se conjuga sus primitivas relaciones con la
madre, luego desplazado hacia el padre y por fin sobre su
substituto o marido. En éstas premisas ubicamos las
determinaciones inconscientes que orientan el destino de
mujer. Cuando observamos que una mujer no sigue la serie
“madre-padre-esposo” podemos sospechar de un “destino
atípico”, cuyas ramificaciones simbólicas, el psicoanalista puede
rastrear en las asociaciones libres, el sueño, lapsus, síntomas,
etc., interpretando y construyendo el destino psicoanalítico
entre lo disposicional y la vida actual. De todo ello, podemos
conjeturar tres destinos posibles de toda niña desde la base
edípica: por un lado, y, por otro, los factores actuales y el papel
del azar en la determinación de todo destino.
Parte III: Significante y Destino

Un significante que destina

El potencial explicativo del psicoanálisis nos llevó a la


suposición de que sus conceptos implican algo más que una
"visión pulsional" del ser humano porque también habla de un
nivel superior de sentido que delimita la especificidad de
muchos conceptos: el Destino. Por ello, debemos ahora
ahondar en el sentido destinológico del significante. Por ello
hablamos de una “Destinología psicoanalítica” y ello nos lleva
a una cita con Lacan y su propuesta sobre el significante.
Sabemos que realizó una relectura sumado con aportes sobre el
psicoanálisis a partir de la lingüística estructural de Ferdinand
de Saussure, además del estructuralismo en antropología
liderado por Jean Claude Levis Strauss.
Para Lacan: “Si lo que descubrió Freud (…) tiene sentido, es
que el desplazamiento del significante determina a los sujetos
en sus actos, en sus destinos, en sus rechazos, en sus cegueras,
en sus éxitos y en su suerte, no obstante sus dotes innatos y su
experiencia social, sin consideración por el carácter o el sexo, y
que de buena o mala gana todo lo dado psicológico seguirá el
tren del significante con armas y bagajes”. Escritos I, pagina
N° 40, Editorial Siglo XXI editores.
Entonces, claramente podemos captar que el significante
determina el destino para Lacan. La suma de los significantes
constituidos en el Inconsciente. ¿En qué consiste éste

69
Destinología Psicoanalítica

significante que destina?. Una de las definiciones clásicas del


significante para el psicoanálisis es que constituye una entidad
formal diferenciable que se especifica por su relación con otros
significantes. No constituye el “Signo” clásico donde se
relaciona un concepto (significado) con un significante (imagen
acústica de la palabra) debido a que la teoría del significante
“rompe” el signo para hacer prevalecer el significante sobre el
significado. Un significante puede ser una palabra, un gesto, un
sueño, un elemento del mismo, un síntoma, un recuerdo, un
tipo de sufrimiento, un silencio, etc. No obstante su carácter de
polisémico, remite a significados reprimidos en el Inconsciente.
Los significantes vehiculizan un deseo reprimido como la
“verdad” oculta de un síntoma o un sueño, etc, . En su
concatenación con otros significantes, genera un efecto crucial
para el psicoanálisis; el efecto sujeto. Asi, Lacan dice que el
significante representa al sujeto para otro significante. El
desplazamiento significante determina al sujeto…en su destino.
El significante es autónomo, nos atraviesa a pesar de nuestra
conciencia, se articula y repite hasta de un sujeto a otro.
Por otro, el mismo Inconsciente que habíamos dicho
determina un destino, consiste en la repetición de una batería
significante. Verdadera cadena inconsciente que se revela a
través del discurso, un síntoma, un sueño, etc, y que sorprende
y supera nuestra intención consciente. Por ello, el psicoanalista
lee o interpreta los cortes de la palabra, los olvidos, errores, etc,
como significantes de una significación reprimida en el
inconsciente.
Gracias al automatismo de la cadena significante, en
psicoanálisis se habla de “causalidad significante” que
determina al sujeto en su destino, entre otros. Y dicho en
forma explícita por Lacan en la frase citada al comienzo de éste
apartado. Por ello, podemos sostener que el sujeto se encuentra
capturado en la cadena significante de su Inconsciente que, de
ésta manera, hace destino.
Fundamentalmente, debemos considerar la articulación de la
batería significante Inconsciente como un “lenguaje” que en su
decir produce su mensaje a descifrar. Por ello decía Lacan que
el Inconsciente está estructura como un lenguaje a interpretar.
Creemos que además de hablar de síntomas y verdades
vinculadas a la pulsión sexual, el lenguaje mismo constituye el
carril de un destino cifrado en sus intersticios. Como un
“escrito” que consta en el Inconsciente, a semejanza de un
programa informático que "programa" no solo síntomas sino
un "destino escrito" en la concatenación significante. Un
ejemplo simple es el del sujeto que reseña su historia de
fracasos en un: “Soy un perdedor”, posición de perdedor que
el padece y considera como su único destino y que el análisis
debe relativizar para pasar de la necesidad de un destino de
condena a otro de nuevas posibilidades. En otro caso, una
afirmación significante versa asi: “Vivo entre dos tiranos” y es
el caso de una mujer maltratada por su hombre tanto como por
su suegra, donde volvemos a encontrar lo que Freud ya había
afirmado respecto de algunas mujeres: que transfieren sus
vínculos preedipicos tempranos con la madre (entrevista como
“tirana”) sobre el marido y suegra.

71
Destinología Psicoanalítica

Una Estructura que Destina

En el capítulo “El destino que nos hace el Inconsciente”,


del libro “La maldición del sexo” de la psicoanalista Francesa
Colette Soler afirma que “…la estructura es el destino”.
Considera que el concepto de lo ineluctable, con independencia
de la voluntad, puede ser aplicado al concepto de “estructura”
en psicoanálisis. Por ejemplo, el proceso de estructuración de la
mujer remite al Edipo femenino tal como Freud ya lo había
considerado. Esta estructura edípica no solo funda la
subjetividad sino la identidad sexual y hasta el “programa
emocional” como el amor, pareja etc. Por lo mismo, y gracias a
la estructura del Edipo femenino, el destino tipo de una mujer
es en Freud el pasaje de la madre a su padre y del padre a otro
hombre. Por otro, se habla de “estructura histérica”,
“obsesivas”, “psicóticas”, etc., donde el factor estructural
determina al sujeto. Pero antes de ahondar en la hipótesis de
que la estructura “hace destino”, podemos preguntarnos sobre
el significado de esta noción. Para Lacan, la “estructura”
constituye un conjunto co-variante de elementos significantes.
Pero el sentido de esta estructura no es el de una estructura
completa como podría pensarse por generalización, un
“destino completo”, cerrado, sino el de una estructura
incompleta que busca completarse. En términos de la
suposición de un “Destino” psicoanalítico, decimos que la idea
de estructura se resume en la idea de los elementos simbólicos
del destino y las regularidades o “leyes” que la constituyen.
Pero sobre todo, hablar de estructuras neuróticas, histéricas,
etc., nos remite a la posibilidad de intervenir y facilitar efectos
reales a nivel de la modalidad de goce en que un sujeto está
fijado y que lo sume en un destino de condena. Mejor dicho,
estudiamos las estructuras clínicas no solo con fines
diagnósticos sino todo, sobre todo, para conocer su
funcionamiento para reorientar al sujeto desde el reino de la
necesidad al de la contingencia y elecciones mejores.
Por ello, como posibilidad de incidencia sobre el “destino
escrito” en el Inconsciente (como nuestra suposición), en una
estructura destinante, en el deseo como "camino simbólico
prefijado", el síntoma y el goce, la concepción de estructura
concebida es la del lenguaje articulado. La estructura en
cuestión es posibilitada por el lenguaje significante, por un
sistema interpretante que conforma un “discurso”, el
psicoanalítico, y que nos permite construir este objeto teórico
que es el destino. Todas nuestras manifestaciones son
significantes y remiten a un sentido a leer como un “destino
escrito” en el Inconsciente, asi como desde la estructura o
desde el síntoma que remite a ella. Por esto, cualquier gesto,
idea, pensamiento, conducta, etc, posee sentido en función de
la batería significante del “A” (Otro, Inconsciente). Es la
sincronía de los significantes que simbolizan además de una
modalidad de goce, un destino. Pero sobre todo, lo que nos
autoriza a hablar sobre “destino psicoanalítico”, el “está
escrito”, un discurso que además remite al linaje, al Edipo
ampliado que nos lleva a la doble dimensión del sujeto: ser
objetivo o fin de sí mismo y al mismo tiempo pertenecer a la
cadena de su linaje, como continuador de las insignias de sus
ancestros.

73
Destinología Psicoanalítica

De la “estructura” al Destino

En psicoanálisis, la estructura es el conjunto compuesto de


elementos significantes que varían en su sentido según las
relaciones entre significantes y que nos permiten diagnosticar y
caracterizar lo que determina a un sujeto. Entonces, podemos
profundizar en el sentido de ésta estructura. Para Lacan, toda
estructura está ordenada por tres registros: el simbólico, el
imaginario y el real (SRI). Accedemos a éstos tres registros a
través del discurso concreto. En el registro simbólico ubicamos
la cadena significante, el Inconsciente, la determinación y hasta
la “sobredeterminación” simbólica según Freud. Lo simbólico
es todo lo inscripto en el Inconsciente para Freud y la batería
significante para Lacan. Es la estructura del lenguaje, por lo que
Lacan asegura que el Inconsciente está estructurado como un
lenguaje. La palabra de los padres es lo que permite la
identificación del niño a las insignias paternas. Son las frases y
palabras que destinan, que trazan el mapa de la existencia aun
antes de nacer. Es el ejemplo del nombre propio, donde el
destino dependen del deseo que conlleva las palabras de lo
padres para el hijo. Los niños nacen en un mundo de palabras
que definen los contornos de su existencia a partir de los
deseos y fantasías de los padres. Son los oráculos y profecías
cuyos bordes simbólicos lo encontramos en lo que Freud llamó
“Complejo de Edipo”. Sobre todo, el "Complejo de Edipo
ampliado" (que incluye la generación de los padres de los
padres) que ubica al sujeto en un linaje, en función del deseo y
los legados de sus antecesores. Las identificaciones cruciales y
destinantes que revelan las profecías paternas que el sujeto
encarna.
Por otro, el registro imaginario, donde las imágenes son
determinadas por el registro simbólico. Es el registro del
narcisismo y los vínculos especulares cautivantes del yo del
sujeto. Sin embargo, como ya lo expresamos, las imágenes son
estructuradas por la compleja red de símbolos significantes que
organizan el mundo del sujeto. Es en este registro imaginario
donde podemos encontrar las identificaciones alienantes que
cautivan al yo. Este yo se estructura por identificaciones y su
función es básicamente de engaño, de ilusión. Nos permite una
imagen íntegra aunque falsa. De ahí la necesidad del eje
simbólico en que aparece el Sujeto. Por ello, la labor del análisis
es ir más allá del yo imaginario a través de la lectura e
interpretación de los síntomas, sueños, etc.
Partimos en este ensayo de que, si la palabra constituye un
significante que quiere decir más de lo que decimos, es porque
el deseo es polisémico y habla de un destino cifrado en el
Inconsciente. Por otro, los tres registros abarcan además lo
“Real”, aunque no se refiere con ello a la “realidad”
considerado como amalgama de “simbólico e imaginario”, sino
como lo que resiste a la simbolización, lo que no es
simbolizable. Lo real alude al goce al que está fijado el sujeto y
que insiste "más allá" del registro del principio del placer. De
éste lado se ubica lo que Freud denominó “Neurósis de
destino”, como repetición no simbolizable. Sin embargo, puede

75
Destinología Psicoanalítica

ser influenciado desde el eje simbólico de la interpretación del


analista.
Es por ello que la tarea del analista es ir más allá de las
imágenes consagradas en lo especular e incluso más allá de lo
simbólico para entrever las fijaciones del sujeto a un goce que
lo destina al sufrimiento. En esto, es el discurso y la escucha lo
que nos permite indagar y localizar el destino que mora en cada
estructura o programa de vida. Es la posibilidad que nos brinda
la palabra del sujeto para acceder a la dimensión del sentido de
su destino.

Parte IV: La perspectiva de Christopher Bollas


sobre el Destino

“Existe una apetencia de formular el propio ser genuino y la


denominamos pulsion de destino que enlazo con el ímpetu que
lleva al propio ser genuino a elaborar un potencial de
personalidad” Christopher Bollas.
"Fuerzas de Destino"

Para el psicoanalista Ingles Christopher Bollas, la condición


humana se explica desde el concepto del “propio-ser-genuino”
(self, Winnicott). Denomina “Pulsión de destino” a la apetencia
(búsqueda, porfía) de formular o concretar éste ser genuino en
la vida. En ésta búsqueda, Bollas diferencia entre el "Hado" y el
"Destino". El hado se ubicaría del lado del síntoma, la
enfermedad que mantiene cautivo al sujeto. El rol del
psicoanalista sería la de descifrar el “oráculo” del hado. Junto al
hado, diferencia el "Destino potencial", cuya lógica se vincula
con el desarrollo hacia el futuro a través del “uso de objetos”.
Expliquemos el desarrollo de la propuesta de Bollas. Lo
primero que debemos aclarar es que la utilización del concepto
de Winnicott de “propio-ser-genuino” (self) considera la teoría
freudiana del Inconsciente, aunque resignificado al recurrir a la
noción de “goce” de Lacan.
Algo crucial afirmado por él es que usamos a los demás
para concretar nuestro destino y que algunos usos pertenecen a
una categoría diferente a la representada por el “conflicto
inconsciente reprimido”. Es decir, no aparecen conflictos entre
el sujeto y la pulsión o el deseo, como clásicamente
observamos en las neurósis. Esto resulta importante debido a
que la visión psicoanalítica de la existencia no escapa al de las
categorías nosológicas como neurosis, psicosis, etc. Es además,
la vía de apertura hacia una visión destinológica del sujeto.
Bollas considera que el momento en que Winnicott
introduce la idea de “propio-ser-genuino” para indicar un

77
Destinología Psicoanalítica

"potencial heredado" que se expresaría espontáneamente, no


había sido teorizado con anterioridad. El estudio de ésta
potencialidad es promisoria, indica Bollas. Efectivamente, para
Winnicott el “propio-ser-genuino” es un “potencial heredado
que experimenta una continuidad de existir y que a su modo y
a su ritmo adquiere realidad psíquica personal y un esquema
corporal personal” (1960, página 60). Entendiendo el concepto
como potencialidad heredada, es la “presencia singular de
existir”, el “idioma de nuestra personalidad”. Como verdadera
disposición, orientada genéticamente, el “propio-ser-genuino”
existe antes del allegamiento de objetos. Es asi, un “potencial”
que depende de los cuidados maternos para su evolución.
Como disposición heredada se conjuga con el mundo real y el
resultado de ésta dialéctica entre el "idioma" de nuestra
personalidad y la cultura es la vida psíquica. Aparece asi la
dialéctica y el conflicto entre el propio-ser-genuino y lo real, de
cuyo equilibrio depende la salud mental. La madre por ejemplo,
posibilita las posibilidades de expansión del self. Conocemos el
potencial heredado antes por su retoño, como conocemos el
Inconsciente. Antes que un “guion escénico” oculto en la
biblioteca del Inconsciente para revelarse a través de la palabra,
el “idioma de la persona” se aparece como un conjunto de
posibilidades singulares de la persona y que en su formulación
dependen de la experiencia en el mundo real. Citamos: “El
idioma que somos encuentra su expresión en las elecciones y
usos de objetos que a él se ofrecen disponible en el medio”
(Bollas, 1989).
Si la madre capta la necesidad de su bebé proveerá objetos,
como ella misma, etc, que sirvan como “elaboradores
vivenciales” del potencial de personalidad.
Al “saber disposicional”, heredado y constituyente del
“propio-ser-genuino” y operativo en la estructuración de
percepciones, recuerdos, uso de objetos, etc, lo llama “Lo
sabido pensado”. Es así, más complejo que el “instinto” que
otra forma de manifestación de un saber no pensado. Si los
padres facilitan un mundo sensible al saber disposicional,
entonces, él bebe experimentará el mundo como posibilidad y
facilitador de sus potenciales.

El idioma del “propio-ser-genuino”

Bollas considera que el "Inconsciente reprimido" resulta


compatible con el de propio-ser-genuino. Cita a Freud: “Si hay
en el hombre unas formaciones psíquicas heredadas, algo
análogo al instinto de los animales, eso es lo que constituye el
núcleo del inconsciente” (1915, pág.). Tales “formaciones
psíquicas heredadas”, núcleos del inconsciente, pueden ser
equivalentes al idioma del propio-ser-genuino. Verdaderos
esquemas heredados, que trascienden al individuo, las
denominó Freud “fantasías primordiales”. Sin embargo, el
Lamarkismo de Freud de la transmisión de los caracteres
adquiridos Bollas no avala. Habla más bien de un idioma
humano como retoño de una disposición orientado
genéticamente, aunque los "factores concurrentes" sean

79
Destinología Psicoanalítica

desconocidos. Pero, aunque sea in útero y luego de nacer, los


hijos heredan rasgos del "idioma familiar ancestral", debido a la
posesión de un potencial de personalidad auspiciado
genéticamente, buscando expresión y formas de existir.
En su concepción la pulsión no ocupa el lugar de primacía
como posee en Freud. Por ello propone reemplazar las mismas
con el de “idioma de personalidad” como núcleo del
Inconsciente reprimido y como núcleo dinámico del
inconsciente que busca existir a través de la experiencia.
Sostiene que Winnicott equivoca al vincular el propio-ser-
genuino con el Ello y el yo con el propio-ser-genuino. Al
destacar que esto último representaba la vida pulsional, omitía
la idea de que el “propio-ser-genuino” es una organización de
persona. Además, las pulsiones son organizadas por el yo
porque el "propio-ser-genuino" que nos soporta es una
estructura profunda que procesa instintos y objetos en una
conformidad con su idioma. Entre el “saber disposicional no
pensado” del propio ser genuino y las exigencias del mundo
real, el yo es su producto y su intermediario.
Las “reglas de existir” o “teorías para la conducción” del
propio self con los otros, los incorpora conjuntamente con la
madre y el padre. El idioma transformacional materno
(facilitador), verdadero paradigma, conlleva presupuestos o
reglas de existir que el niño desarrolla por influjo reciproco o
inducción.
¿Cómo identificar éste “propio-ser-genuino”?. Como
constituye un potencial, solo llega a existir a través de la
experiencia, el uso de objeto, en la transferencia al usar al
analista para la apertura de su idioma. Lo podemos conocer en
el uso de los elementos de la personalidad como la alegría del
otro, la comunicación y en todo lo que sea “uso del otro” para
exteriorizar el propio idioma. Esto se debe a la búsqueda de
experiencias para instalar el “propio-ser-genuino”. En otras
ocasiones, las relaciones de objeto buscan transmitir reglas de
existir derivadas de su relación con los padres. Es importante
considerar no solo los vínculos en que se manifiesta el idioma
de una persona sino también: películas, intereses, literatura,
fotografías, amigos, logros, etc, para rastrear las huellas del
propio ser genuino. Pero, resulta imposible conocer el “propio-
ser-genuino” por introvisión o introspección y solo podemos
conocer desde el idioma que formulamos en la experiencia de
vida.
Lo claro en su formulación es que el concepto de Idioma es
propuesto para denominar el potencial de personalidad singular
de cada uno, potencial que solo se formula en parte en las
experiencias de vidas como ya lo afirmamos. En ello, Bollas
considera el factor innato como “teoría de la personalidad” y
no un simple saber filogenético universal.
Aludiendo a la “preconcepción” de Bion (1962) sostiene
que los infantes nacen con “preconcepciones innatas” las
cuales se realizan a través de experiencias coincidentes y
conducen a nuevas concepciones. El “propio-ser-genuino” es
un idioma compuesto por preconcepciones de la personalidad.
La espontaneidad y alegría ante tales experiencias coincidentes,
es graficada con el concepto de “goce” de Lacan, que entiende
como el “inalienable derecho del sujeto al éxtasis, verdadero
imperativo categórico del deseo". Goce que se da en la alegría
al hallar la elección y uso de objeto adecuado.

81
Destinología Psicoanalítica

El análisis del Destino según Bollas

Bollas propone un “psicoanálisis del destino”, del propio ser


genuino y su elaboración como verdadero proceso
deconstructivo posibilitado por los aportes del sujeto: sueños,
narraciones, pensamientos casuales, etc., Del lado del analista:
solicitar asociaciones, descomponiendo el “texto manifiesto”
para revelar el “contenido latente” (inconsciente). Verdadero
acto de deconstrucción que luego torna “conjunto” con el
paciente para pasar de la palabra a los pensamientos
inconscientes reprimidos. De ésta manera, los significantes van
dejando “huellas” en la arena para revelar los secretos de ese
“mundo otro” (el sub-texto secreto). Regularmente, el uso
inconsciente del psicoanalista de parte del paciente en la
transferencia lleva a un proceso elaborativo aunque también
deconstructiva. La transferencia posee una lógica constructiva,
asi como un sueño trae a la luz cadenas de significaciones.
El analista es usado asi para elaborar el idioma del
analizando, aunque resulta más difícil que objetivar un sueño o
la transferencia. En tanto como figura de la transferencia, el
analista es receptivo más que analítico. A decir de Winnicott, el
proceso no debe ser perturbado debido a la fabricación de
interpretaciones en forma exclusiva. La idea es dar al
analizando tiempo para que se instale y formule su mundo
interno. Lo claro es la elaboración del propio-ser-genuino a
través de la transferencia. El “afán de saber” y el “ímpetu de
llegar a ser” son complementarios en el proceso.
El lugar del “Destino” en el psicoanálisis

Habíamos dicho al comienzo de éste capítulo que Bollas


diferenciaba entre Hado y Destino. Para él, el destino aparece
como un concepto positivo que delinea el potencial de vida.
Proviene del latín “destinare” y significa “establecer”,
“afirmar”. Se vincula a la acción más que a la palabra.
Constituye la “senda preordenada” que el ser humano recorre.
Su lógica en psicoanálisis es que aparece como movimiento
hacia el futuro a través del uso de objetos y del desarrollo de la
transferencia. Su utilidad consiste en evaluar la evolución del
“propio-ser-genuino” y determinar si cumple o no su destino.
Además, nos brinda una “porfía” por instalar el propio ser. Por
ello Bollas nos habla del “impulso de destino” como fuerza
inmanente del idioma del sujeto para consumar su potencial de
personalidad. Citamos: “Por medio de objetos mentales y
reales este idioma busca formularse a través de los
encadenamientos de "experiencias” (Bollas página 48).

La pulsión de Destino

Bollas considera la “Pulsión de destino” como un


“…sentimiento interno de evolución personal en el espacio y el
tiempo”. Constituye una verdadera “apetencia” por formular el

83
Destinología Psicoanalítica

propio ser genuino enlazada al ímpetu que lleva el propio ser


de elaborar el potencial de personalidad. Una porfía por
instalar el propio ser genuino. Constituye una fuerza inmanente
al idioma humano por consumar el potencial de persona.
Entonces, el sentimiento de destino aparece como una
virtud de la persona que consuma alguno de los términos de su
idioma interior a través de objetos familiares, sociales,
culturales, e intelectuales. Este impulso de destino surge de la
experiencia infantil de “facilitación del propio ser genuino” de
parte de la madre. Lo podemos deducir del “idioma potencial
que somos” a través de su proyección en sueños, mitos,
ensueños diurnos, visiones del futuro, etc. Así, la Pulsión de
destino recurre a proyecciones inconscientes de potencial de
idiomas organizando los objetos para exteriorizar el propio ser
genuino.
Las proyecciones del idioma interno nos permiten sentir
una dirección, un sentido del destino, y hasta podemos ver su
opuesto de perdida de sentido de destino en sujetos psicóticos
por ejemplo.
Las tareas del análisis consisten en habilitar al analizando
para que entre en contacto con su destino. Como formulación
progresiva de su propio ser genuino a través de diversos
objetos. En forma más clara, el análisis consiste en instalar y
elaborar el idioma propio y del hado. En esto, el analista pasa a
ser un objeto más en el juego del paciente vía la transferencia.
También, Bollas diferencia el Hado del Destino. El término
“hado” deriva del latín “fatum” y es una “declaración
profética” y “fatus” se define como un oráculo. Clásicamente,
el hado es anunciado por un oráculo o por las palabras de una
persona, como el hado de Edipo es pronunciado por el oráculo
de Apolo en Delfos. En forma diferente, el Destino de Edipo
está determinado por la cadena de sucesos anunciados por el
oráculo. El destino es la senda preordenada que recorremos y
el hado lo que cautiva a una persona como el síntoma. El hado
subyuga a la persona, lo que le impide cumplir su idioma
interior. Por otro, el hado aparece como la parte escindida del
propio ser (o de otros). Presa de un hado, una persona se
encuentra encerrada en su mundo interno repitiendo las
mismas secuencias de escenas. El sentido del hado es
desesperanza y pesimismo respecto de las posibilidades de
cambios del propio mundo.
Lo que Bollas denomina “futuro” consiste en la capacidad
de proyectar posibilidades de idioma. Los sujetos que poseen
un “sentido de destino” invierten psíquicamente en el futuro.
Contrariamente, quienes están atrapados en un hado imaginan
un futuro de desesperanzas. Subyugados por el hado, solo
proyectan el oráculo en que están atrapados (síntomas, el poder
o del contexto sociocultural que lo oprime). Si son muy
intensos, es probable que reprima tanto futuro como el pasado.
La pérdida de futuro o de posibilidades de relaciones con los
objetos lleva a la pérdida de relaciones futuras con tales
objetos. Se trata de la pérdida de las posibilidades potenciales
que requerirá la elaboración del duelo consecuente.

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Destinología Psicoanalítica

La incompletud del Destino

Bollas nos da unas pocas líneas sobre el carácter incompleto


del destino. Lo podemos deducir del carácter “potencial” del
destino. Cita a Madame Stael (1985): “Las mayores hazañas del
hombre las debe este a la penosa sensación de incompletud de
su destino”. Incompletud soportada como sensación especial
de pérdida porque no somos sino sujetos parciales, un
fragmento de nuestro potencial. Aquel dicho: “Para muestra,
basta solo un botón” viene al caso. Por ésta incompletud
solemos intuir que no vamos a alcanzar la plenitud de una
existencia o destino pleno. Por otro, afirma que, sostener la
incompletud del destino consiste en afirmar que el idioma
personal media lo inconsciente y sus leyes. Este idioma
personal es el destino.
Parte V: Proyecto identificatorio y Destino

El Destino desde la perspectiva de Piera Aulagnier

¿Un “Proyecto identificatorio”…destinante?

En este capítulo vamos a problematizar el “Proyecto


identificatorio” desde el pensamiento de la psicoanalista
francesa Piera Aulagnier. Suponemos la hipótesis de que tal
“proyecto identificatorio” es “destinante” y que su
consideración conlleva posibilidades para comprender el
destino desde su propuesta.
Cabe recordar que la “identificación” en el pensamiento de
Freud es el mecanismo por el cual un objeto perdido se
reconstruye en yo. Consiste en que una investidura de objeto es
relevada por una identificación. Esta sustitución participa para
Freud en la conformación del yo y cristaliza lo que conocemos
como “carácter”. Por lo que, luego de considerar en su “Duelo
y melancolía” (1913), que la identificación constituye un forma
patológica de elaboración del duelo, lo transforma en el
mecanismo de constitución del yo y el superyo. Y sabemos
que el superyo constituye el depositario de la tradición familiar,
lo legados paternos, los mandatos…Debido a que la catéxis o
investidura libidinal es sustituida por la identificación con el

87
Destinología Psicoanalítica

objeto perdido, Freud lo resumió con su famosa frase; “La


sombra del objeto cae sobre el yo”.
Previo recordatorio de la propuesta de Freud sobre la
identificación, vamos a realizar una relectura destinológica del
tema, sumado a un recorrido por el concepto de “Proyecto
identificatorio” de Piera Aulagnier. Para nosotros, la
identificación consiste en la asunción de insignias, perspectivas
de vidas, deseos, puntos de vistas, orientaciones ante la vida,
propósitos, misiones, etc., vinculadas a un “sistema de vida”
que denominamos Destino. Intentaremos justificar ésta
hipótesis a través del análisis de la identificación como
“proyecto” desde su pensamiento.
Pensemos ahora ésta cita de Piera Aulagnier: “Toda nueva
función y toda nueva instancia que se instalan sobre la escena
psíquica son el resultado de un trabajo de diferenciación, de
separación, jamás pacífica y jamás asegurada”. A partir de éstas
premisas, sostenemos que el “Destino” tal como lo venimos
estudiando, constituye un nuevo nivel de diferenciación
producto de la cultura y el papel del símbolo que nos relata no
solo imágenes y escenas inconexas sino una existencia cifrada y
organizada. Decimos también “Programada”. El sentido
implica una integración relativa y una organización en
estructura, a fuer de un programa que destina. Respecto de si
un destino es pacifica o no, decimos que su naturaleza más o
menos conflictiva se vincula tanto con su naturaleza interna.
No obstante, la característica singular de cada destino viene
determinada por lo "escrito" en el programa existencial. Es
nuestra premisa fundamental. Lo externo solo actúa a través de
lo interno.
En su trabajo de 1984 intitulado “Los dos principios del
funcionamiento identificatorio: permanencia y cambio”
enuncia: “…el sistema nervioso central como un “generador de
orden” transformando el ruido en información, ganando en
complejidad asignable a la propia capacidad de
autoorganización del mismo.”. Creemos que tales
aseveraciones apoyan nuestra suposición de un nuevo nivel de
integración semántico denominado “nivel destinológico”,
susceptible de ser comprobado en varios procesos psicológicos
como la identificación, el proyecto identificatorio, principio de
permanencia y de cambios, entre otros. Por ello y en forma
incompleta, solo tomaremos algunos conceptos de su
propuesta.
Piera Aulagnier define el “Proyecto identificatorio” como la
autoconstrucción del Yo por el Yo, crucial para que pueda
proyectarse en el tiempo. Para nosotros, el Yo forja
virtualidades identificatorias, posibilidades potenciales futuras
proyectadas. Conceptualiza al Yo como simple saber sobre el
Yo. Este saber asegura al Yo un saber sobre el Yo futuro tanto
como el futuro del Yo. Este “Yo advenido”, de un Yo futuro
se caracteriza por la prueba de la castración y la necesidad de la
renuncia a la certeza. Y precisamente, el Yo representa lo que
espera devenir como esperanza básica. El Proyecto es la
posibilidad de acceder al futuro con un pasado compatible con
la misma. Proyecto que otorga lugar al tiempo y la historia en el
destino del sujeto. Los enunciados identificatorios en su
conjunto, la identidad del Yo y su futuro. De esta manera, el
Yo está constituido por un proyecto identificatorio fundados
en enunciados que sobre el mismo profirieron los otros

89
Destinología Psicoanalítica

significativos. Asi, el Yo aparece como “Historiador de si”,


apropiándose de un proyecto identificatorio considerando el
no retorno de lo mismo desde el principio de cambio. Gracias
al Complejo de Edipo, se separa el Yo del ideal como fisura y
prueba de la castración necesaria. Asi, el ideal considerado por
el Yo, supone un estado potencial en el Yo actual sobre el
futuro. Esa potencialidad identificatoria, como sentido de un
proyecto por advenir, es lo que suponemos como “Destino
escrito” en el Yo desde un desarrollo de la propuesta de Piera
Aulagnier.
Por otro, nos habla de la “Anticipación materna” a través de
enunciados identificatorios como sinequanon de lo que deberá
advenir. Por ello, la determinación simbólica de las propias
identificaciones halla su lógica en el Inconsciente de los padres.
Por ello, el narcisismo del yo supone la separación entre el yo y
el otro primordial como “índice de exterioridad” necesaria.
También debemos considerar la separación posterior al Edipo
entre ser y tener, entre lo que el Yo deberá advenir y los
objetos de elección. Primero, el niño incorpora una historia
relatada sobre él y que reformula según sus vivencias
tempranas. Pero lo decisivo es que el conjunto de los
enunciados le posibilitan armar el rompecabezas de su
Proyecto identificatorio. Es decir, en términos destinológico,
su Destino. De carácter mixto, el proyecto identificatorio se
nutre identificaciones edípica y simbólicas para luego nutrirse
de identificaciones posteriores que el Yo inviste. Por este
carácter mixto de las identificaciones, Piera habla de
“conflictos identificatorios” como potencialidades siempre
presente. Los casos de fragmentación identificatoria son las
relacionadas con la potencialidad psicótica por ejemplo, y,
quedando la neurosis, donde la resolución edípica no es
fragmentada.
Piera considera la necesidad de conservación de éste
proyecto identificatorio al “Yo Inconsciente”, como efecto del
poder represor ejercido por el proyecto mismo respecto de los
enunciados en los que se reconoció y que reprime en toda
oportunidad en que corre peligro el proyecto.
En sentido global, el Yo comprende el conjunto de
enunciados identificatorio en los que se ha reconocido
significante. El resultado del proyecto es brindar al Yo la
imagen futura hacia lo que se proyecta, asi como preservar los
enunciados pasados, que constituyen la historia a través del
cual se autoconstituye como relato. Entonces, el Yo está
constituido por una historia (destino programado para
nosotros) representada por el conjunto de los enunciados
actuales que se relacionan con el proyecto y los enunciados que
permanecen inconscientes para el Yo, lo que representa el “Yo
Inconsciente” que reprime una parte de su historia. Es decir,
lo que comprende la mayor parte de los enunciados
identificatorios del pasado, los que podrían hacerle conocer
quién ha sido el Yo, sus deseos y los objetos cuyo duelo ha
debido transitar.
Por otro, la apropiación de un Proyecto identificatorio
supone para el sujeto la asunción de un saber sobre su propia
muerte, aunque el proyecto presupone el sueño de un mañana
siempre diferido: que el deseo encuentre su objeto de búsqueda
y que el Yo pueda anular la carencia en relación al ideal con el

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Destinología Psicoanalítica

que sueña. Sin embargo, el proyecto pone límites al Yo y sus


sueños.

Parte VI: Intervenciones sobre el Destino

El proceso de "desidentificación" como “liberación” del


Destino

En su “Introducción del Narcisismo”, Freud señala


claramente que el niño puede quedar cautivo de los ideales
narcisistas de sus padres. A través de la identificación, los
“padres internos” se erigen como “organizadores” de la vida.
Es lo que se denomina “identificaciones alienadas” en la que la
causa del sujeto se encuentra en el destino del otro. Sin
embargo, la alienación es en sentido relativo debido a la
capacidad interpretativa del sujeto quien reescribe los legados
familiares. Pero ello no excluye los casos en que la identidad
queda atrapada en el deseo de los padres. Son los casos de
“destinos de condenas” al ser fagocitado en el deseo de los
padres. Resalta entonces la necesidad de escapar a tales
identificaciones alienantes. Lo que podemos llamar
“liberación” devendría de la mano de la historización del
Destino, buscando la deconstrucción de lo escrito en el
Inconsciente como “proyecto de vida”. El develamiento de las
identificaciones que dan contorno a una historia, cuyo
contenido latente es el Destino, permitirá el pasaje de la
"alienación obligada" a las contingencias de nuevas elecciones.
Verdadera reescritura del pasado y de la historia y
reformulación del futuro al que el Yo debe advenir. Sin
embargo, las identificaciones toman fuerza del deseo, que alude
predominantemente al futuro, aunque también hable del
pasado y el presente. Por ello, identificación supone un
“tiempo circular” al transitar los ejes temporales previamente
enunciado. Por éste carácter circular, fija al sujeto en un
"Destino circular".
Por otro, a la exegesis y reescrituras de las identificaciones
debemos sumar la propia interpretación del sujeto de su
historia manifiesta y latente de su destino escrito. De ésta
manera, sumamos a la interpretación de las identificaciones el
saber del sujeto sobre su destino y su deconstrucción.
Cambiando las identificaciones alienantes, o, el saber, el sujeto
logra la liberación de un destino de condena.
Como sabemos, el sujeto es “víctima” de las identificaciones
reprimidas, de las que resulta efecto un “discurso imaginario”,
por lo que, debemos poner hincapié en encontrar los símbolos
capitales, a saber, los significantes reprimidos en el
Inconsciente. Todo ello implica un "sinsentido" para el sujeto
asi como sus lapsus, sueños, y síntomas nos llevan a sentidos
ocultos vinculados con su verdad, verdad que el psicoanálisis
relaciona con la sexualidad y el goce y que nosotros vinculamos
además con un “destino escrito”. Antes que discrepancias,
operamos un “ajuste” de las hipótesis psicoanalíticas en
relación al nuestro. En todo el proceso movilizamos el método

93
Destinología Psicoanalítica

psicoanalítico, la libre asociación, la atención flotante, la


interpretación y construcción a partir del discurso del sujeto.
Lo que se busca difiere en el sentido en que no buscamos la
identificación al "sinthome" ni el famoso “atravesamiento del
fantasma” sino un Destino escrito que alimenta todas las
producciones simbólicas del sujeto porque es un “programa”
generado a partir del postulado del autoengendramiento del Yo
a partir de los enunciados identificatorios de los padres y el
linaje.
Además de pulsiones y deseos reprimidos, los símbolos en
que se encuentra alienado el sujeto conllevan un cifrado de su
destino.
Debemos considerar que cada símbolo está
sobredeterminado, ligado entre si a través de una cadena
significante que alude directamente al destino del sujeto y por
otro, a la cadena transgeneracional del que el sujeto es también
efecto directo. Por ello, para evitar caer en una causalidad lineal
y mecánica del pasado sobre el presente, tanto desde lo infantil
como desde la cadena de las generaciones que preceden al
sujeto, es que hablamos de “programa significante”, secreto,
verdadera red de significantes que aluden a significaciones
inconscientes, que nos conducen a una trama de saber
historizado cuyo contenido latente es el Destino. Por ello
resulta necesaria la reescritura del destino para pasar del reino
de la necesidad repetitiva al de la contingencia y posibilidad de
nuevas elecciones. A mayor verbalización, mayor historización
y mayor construcción del destino.
En este proceso de “desidentificación” nuestra labor
consiste en desanudar los nudos secretos vehiculizados por la
palabra, nombrando los recuerdos de su programa, facilitando
la reformulación de las identificaciones inconscientes, abriendo
el acceso del sujeto al mundo simbolizado de su destino escrito
a través de las identificaciones.
Este pasaje de lo imaginario de las representaciones
conscientes y preconscientes al inconsciente del programa
simbólico constituye el paso imprescindible de la liberación del
sujeto de un destino de condena. En el fondo, todo el proceso
de desidentificación consiste en liberar al sujeto de una historia
y destino obligado para darle acceso al destino elegido. De esta
manera, la desidentificación libera al sujeto de su sujeción al
pasado, de los oráculos familiares, del “siempre lo mismo” del
presente continuo. En una palabra, la famosa “sombra del
objeto” que cayó sobre el yo debe ser apropiada por el sujeto.
Para nosotros, lo que "cae" es el destino del otro al que el
sujeto se encuentra alienado por identificaciones y saberes
ignorados.
Ya Freud había demostrado que la repetición penosa se
relaciona con las identificaciones que, como precipitados de
cargas libidinales abandonadas reciben refuerzos del complejo
de Edipo. El heredero de éste complejo es el superyo, que
porta a su vez el superyo parental, su deseo, sus ideales de vida,
sus síntomas, y en suma su destino. Por ello en Freud asistimos
a cierta “supremacía” del pasado sobre el sujeto como el caso
del amor y sus “condiciones” vinculados a repeticiones. En
términos de Freud el objetivo es volver más independiente al
Yo de los efectos de lo reprimido, donde suponemos mora el
destino escrito. Retraducido diríamos: “Donde el Inconsciente
y el destino obligado era el destino elegido debe advenir”.

95
Destinología Psicoanalítica

Para Lacan, todo consiste en una “reconciliación” o


reintegración de la parte de sí desdoblada como destino escrito.
En lo posible, el discurso del Otro que es el Inconsciente y la
reconciliación con el mismo. Sin embargo, sería el primer paso
desde la Destinología, donde construímos el “Destino
impuesto” para luego buscar el “Destino elegido”.
Sin embargo, no consiste en un simple reconocimiento del
deseo, de sí mismo, sino del Ser, ser que se especifica como
efecto de un deseo Inconsciente que además “habla” una
"lengua" sobre el "Destino escrito". Por ello, decía Lacan que
el “desplazamiento del significante determina al sujeto en sus
actos, en su destino, en sus rechazos, en sus cegueras, en sus
éxitos y en su suerte, a despecho de sus dones innatos y su
experiencia social, sin consideración del carácter o el sexo, y
(…) de buena o mala gana seguirá el tren del significante con
armas y bagajes todo lo perteneciente a lo dado psicológico”.
Entonces, “si tocamos (…) la relación del hombre con el
significante, (…) cambiamos el curso de su historia”. Jacques
Lacan, “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón
desde Freud”.
Según Lacan, el destino del sujeto vuelve a jugarse en la
cura, en la transferencia, en el juego significante de la metáfora
y la metonimia. Asi, el automatón de los significantes se
conjugan con los encuentros buenos o malos. Por lo mismo,
Lacan recomienda “reconquistar ese campo perdido del ser del
sujeto” (“El deseo y su interpretación”).
A modo de conclusión

Isidoro Vegh/ Fragmento

Es común que venga un paciente y nos diga: “Usted,


doctor, qué puede hacer conmigo, mi madre murió cuando yo
nací, en el parto, mi padre no soportó la situación, se fue y me
dejó con mi abuela...”. Qué podemos hacer ante eso, es lo real.
Sí, es lo real, pero podemos hacer algo; no vamos a revivir a la
madre ni hacer que la historia se retrotraiga a aquel instante,
pero podemos propiciar que el sujeto diga de otro modo ese
real. Y decirlo de otro modo es situarse de otro modo ante eso
que aparecía como un destino inexorable.

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Destinología Psicoanalítica

Bibliografía

• Sigmund Freud, “Más allá del principio del placer”.


Ediciones Orbis. S.A. 1984
• Colette Soler, “La maldición sobre el sexo”. Editorial
manantial. 2000.
• Colett Soler, “La repetición en la experiencia analítica”.
2004.
• Claude Geets, Donald Winnicott. Editorial Almagesto.
1993.
• Alfredo Eidelsztein, “Las estructuras clínicas a partir de
Lacan” I y II. Editorial Letra viva. 2008.
• Jacques Alaín Miller, “Introducción a la clínica
Lacaniana”. Conferencias en España. Escuela Lacaniana de
psicoanálisis. 2006.
• Yvon Brés, “El Inconsciente”. Editorial Nueva
serie.2002.
• M.A.Mauas, “Paradojas psicoanalíticas”. Editorial
Paidós.1981.
Indice

“Destinología Psicoanalítica”…………………………….....1
Introducción……………………………………………....…3
Inconsciente y Destino……………………………………....6
Automatón y tyché…………………………………………14
La maldición del Inconsciente……………………………..19
El sujeto de un Destino…………………………………….24
El mito estructurante de un Destino………………………..27
La Neurósis de Destino revisitado………………………....33
Un caso de “Neurósis de Destino” de Hélene Deutsch…....36
El Destino como proyección del superyó……………….....40
¿Identificaciones que destinan?............................................42
Destino y elección en Freud……………………………….45
El Destino, entre disposición y azar……………………….47
Fundamentos de un Destino…………………………….…48
Parte II: Destinos singulares……………………………….51
El Destino trágico de Edipo………………………………..51
El Destino enigmático de Hamlet………………………….55
Reflexiones sobre el Hombre de las ratas……………….....58
Destino de mujer desde el psicoanálisis……………………61
Destino de mujer II………………………………………....67
Parte III: Significante y Destino…………………………....69
Un significante que destina………………………………...69
Una estructura que Destina………………………………...72
De la estructura al Destino…………………………………74
Parte IV: La perspectiva de Christopher Bollas sobre
el Destino………………………………………………......77
“Fuerzas de Destino”……………………………………....77
El idioma del propio-ser-genuino………………………….79
El análisis del Destino según Bollas……..……….………..82
El lugar del Destino en el psicoanálisis…………………....83
La incompletud del Destino………………………………..86
Parte V: Proyecto identificatorio y Destino………………..87

99
Destinología Psicoanalítica

El Destino desde la perspectiva de Piera Aulagnier………..87


Parte VI: Intervenciones sobre el Destino………………….92
A modo de conclusión……………………………….…......97
Bibliografía……………………………………………........98
Indice……………………………………………………….99