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PRESENTACIÓN

El presente trabajo tiene por objetivo determinar ciertos conceptos de manera


individual pero también de manera conjunta puesto que son de vital
importancia desarrollarlos, considerando que son temas de discusión y que
involucran derechos fundamentales de la personas, aplicándose en el en el
Perú y también abarcando otros países, a modo de realizar un Derecho
comparado y compartir doctrina a, además que en cada continente se
desarrolla de diferente manera conforme al desarrollo social y económico
INTRODUCCIÓN

El Derecho abarca muchas ramas, lo cual nos permiten desarrollar diferentes


campos, no solo en el ámbito jurídico sino en muchas otras más que no
necesariamente involucran penas o faltas, claramente son necesarias para
regular determinados comportamientos, El derecho ambiental viene a ser
uno fundamental puesto que involucra el ámbito donde nos desarrollamos,
además que todos deben de gozar de ese derecho , particularmente en el Perú
esta rama del derecho aun no es desarrollada en su totalidad , debe ser
importante puesto que gozamos de una flora , fauna y minería riquísima, lo
mismo que nos convierte en un punto controversial en el mapa de
explotación mundial, es necesario que el gobierno central, regional , local y
ante todo las personas hagan respetar ese derecho, pues ante todo debe de
primar los derechos humanos ante cualquier convenio minero , que
claramente es firmado sin consulta previa o si es este caso no es informado
en su totalidad a las poblaciones que son las más perjudicadas por ese sector
empresarial .

A continuación desarrollaremos estos temas expuestos cada uno engloba


diferentes temas pero que reúnen un mismo objetivo el desarrollo de la
persona en todo aspecto, y claramente de la sociedad en conjunto.
Contenido
DERECHO AMBIENTAL ...................................................................... 4
EL CONCEPTO DEL DERECHO AL MEDIO AMBIENTE SANO COMO
DERECHO PRIMORDIAL DEL SER HUMANO .......................................... 4
EL SABER AMBIENTAL ...................................................................... 4
DERECHOS HUMANOS, DERECHO AL MEDIO AMBIENTE Y EL BIEN
JURÍDICO PROTEGIDO...................................................................... 5
COMO PREMISA NECESARIA PARA ENFRENTAR LOS RETOS DE LA
MODERNIDAD ................................................................................. 6
LA CRISIS AMBIENTAL...................................................................... 7
DERECHOS HUMANOS ...................................................................... 9
LA AGENDA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LOS DERECHOS
AMBIENTALES ................................................................................. 9
DERECHOS HUMANOS Y SUSTENTABILIDAD ...................................... 10
DEMOCRACIA .................................................................................. 11
LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA: UNA NUEVA FORMA DE ENTENDER LA
PARTICIPACIÓN DE LA SOCIEDAD ANTE SU ENTORNO ........................ 11
HACIA LA MATERIALIZACIÓN DE MECANISMOS ESPECIALIZADOS DE
PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN MATERIA AMBIENTAL ........................ 12
DERECHO AMBIENTAL , DERECHOS HUMANOS Y DEMOCRACIA....... 13
DERECHOS HUMANOS, DERECHO AL MEDIO AMBIENTE Y EL BIEN
JURÍDICO PROTEGIDO..................................................................... 13
EL APROVECHAMIENTO DE MADERA EN LAS CONCESIONES CASTAÑERAS
.................................................................................................... 14
CONCLUSIONES ................................................................................ 16
FUENTE BIBLIOGRÁFICA ..................................................................... 17
Bibliografía ....................................................................................... 17
Linkografía ........................................................................................ 18
DERECHO AMBIENTAL , DERECHOS HUMANOS Y
DEMOCRACIA
DERECHO AMBIENTAL
EL CONCEPTO DEL DERECHO AL MEDIO AMBIENTE SANO COMO
DERECHO PRIMORDIAL DEL SER HUMANO
Crear y mantener condiciones medioambientales adecuadas para el libre desarrollo de la
personalidad de los seres humanos, es una de las premisas que fundamentan el sostenimiento del
planeta y de condiciones de vida digna para toda la población; no obstante, las diversas
condiciones sociales como pobreza, desempleo, injusticia, corrupción, entre otras, limitan el goce
y ejercicio de los derechos humanos, incluidos entre ellos el derecho a un medio ambiente sano.
Aunado a lo anterior, investigadores como Julieta Morales aseveran que no es factible perder de
vista que los derechos humanos encuentran obstáculos para su goce y disfrute en las condiciones
que el medio ambiente obsequia a las sociedades. Indubitablemente, el ambiente ha sufrido
cambios provocados por la misma actividad humana derivando en desastres naturales que motivan
la migración o el desplazamiento de poblaciones, la escasez alimentaria, conflictos armados, entre
otros1 . La perspectiva centrada en la pobreza permite observar las privaciones de origen
medioambiental en el acceso a combustibles modernos, agua potable y saneamiento básico, así
como la exposición a condiciones de riesgo, tales como patologías o agentes tóxicos. Estas
carencias absolutas, importantes por sí mismas, constituyen además violaciones graves de los
derechos humanos. En ese tenor, el derecho a un medio ambiente sano no sólo implica un derecho
que trae consigo la posibilidad de desarrollar una vida digna en la que todo el conjunto de derechos
humanos estén plenamente garantizados; es una obligación que debemos cumplir por las
generaciones presentes y futuras

EL SABER AMBIENTAL
Para poder escuchar el diálogo entre saberes que den luz para el entendimiento de los derechos
humanos vinculados al derecho al medio ambiente, es importante tomar como guía lo que señala
Enrique Leff: El saber ha sido siempre, y sigue siendo, el proceso que media las formas simbólicas
de significación y apropiación del mundo, y el que encarna el valor de uso de los significados
culturales. El saber aparece así como punto de condensación entre lo simbólico, lo imaginario y
lo real, lugar de encuentro entre significaciones y acciones, espacio donde confluye la
convolución, la biología y la cultura en donde se generan nuevas utopías y proyectos históricos
que reintegran el orden social dentro de la naturaleza.1 Es la formación a través del aprendizaje
lo que implica la internalización de un saber ambiental construido social y culturalmente. Pero no
se trata de la introyección de una doctrina y un conocimiento externo, sino de una construcción
siempre interactiva entre sujetos, individuos y comunidades, donde se reconfiguran los saberes
personales y las identidades colectivas.

Es un aprender a aprender de un proceso dialógico: diálogo abierto con los otros y con un mundo
en vías de complejización. Aprender la complejidad ambiental es una pedagogía política de
aprendizajes dialógicos y actores sociales capaces de abrir las posibilidades para la creación de
mundos alternativos, guiados por los valores de la democracia y los principios de la
sustentabilidad.2 El saber ambiental no se limita a la comprensión de una evolución “natural” de
la materia y del hombre (ecologismo naturalista). El saber ambiental se asume como una política
del conocimiento, puesto que es una racionalidad, fuera del campo de la metafísica, fuera del
logocentrismo, y fuera de la cientificidad, y busca, por lo tanto, reconstruir identidades a través
del saber, y de la reapropiación del mundo, desde el ser, y en el ser. El saber ambiental retoma la
cuestión del ser en el tiempo; del conocer en la historia; del poder en el saber, y la voluntad de
poder, que es un querer saber. Se trata de una nueva comprensión del mundo que incorpora el
límite del conocimiento y la incompletud del ser, y que implica que la incertidumbre, el caos y el
riesgo son condiciones intrínsecas del ser y del saber, lo cual nos lleva necesariamente a
reflexionar y a cuestionar la naturaleza del ser, del saber y del conocer, y la forma en que los
valores permean el conocimiento del mundo, rompiendo la dicotomía sujeto-objeto del
conocimiento, e incorporando valores e identidades al saber. Respecto al “saber ambiental”, Leff
considera que nace de una nueva ética y una nueva epistemología, donde se funden
conocimientos, se proyectan valores y se internalizan saberes, que se convierte en el
cuestionamiento sobre las condiciones ecológicas de la sustentabilidad y las bases sociales de la
democracia y la justicia, y que permite la construcción y comunicación de “saberes” que ponen
en tela de juicio las estrategias de poder y los efectos de dominación que se generan a través de
las formas de detención, apropiación y transmisión de conocimientos.

DERECHOS HUMANOS, DERECHO AL MEDIO AMBIENTE Y EL


BIEN JURÍDICO PROTEGIDO
Se ha reconocido constitucionalmente, por una parte, el derecho al medio ambiente y el deber de
los particulares y el Estado a conservarlo, y por la otra, su calidad de bien jurídico tutelado con
notoria autonomía de fines directamente antropogénicos. Así este tipo de referencias, involucran
varias áreas mutuamente relacionadas:

— Su consideración como derecho subjetivo a favor de los ciudadanos;

— Como norma programática o meta de la actividad de los poderes pú- blicos; y

— Como criterio para la distribución de competencia entre niveles del Estado, federales,
estaduales y municipales, o bien centrales y territoriales.

En la literatura jurídica, desde que se inició el desarrollo del derecho ambiental en el mundo, se
han dado amplias discusiones y debates en torno al alcance del objeto del derecho al medio
ambiente, individualmente entendido, es decir como derecho humano. En el fondo lo que se quiere
determinar es la forma en que este derecho se puede hacer efectivo y los mecanismos para ello.
Los objetivos de un derecho humano a un ambiente adecuado pueden desdoblarse en una meta de
carácter general, la que se refiere a la protección de la humanidad, amenazada seriamente por el
deterioro ambiental, y otra de carácter individual, que se refiere al mantenimiento o la generación
de las condiciones ambientales necesarias, para que sea posible el desarrollo de la persona, del
individuo que requiere del disfrute de este derecho a través de los otros diferentes derechos
humanos. Se considera, por algunos autores, que este derecho al medio ambiente, tiene un
contenido social.

El derecho al ambiente se resiste a ser una simple definición literaria. Debido a que su alcance,
su efectividad e incluso su propio contenido, varían en función de las condiciones humanas y
sociales y de la realidad en que resulte su aplicación. Esta realidad es la que va a condicionar
seriamente el desarrollo y la forma de garantizar este derecho humano que no sólo comprende
situaciones económicas constatables empíricamente, sino que también se va a nutrir del desarrollo
de la conciencia colectiva y de los principios y valores e incluso de orden moral que inspiran en
un momento histórico determinado a la sociedad. Como puede apreciarse, el derecho al medio
ambiente como derecho humano es una realidad muy difícil de aprehender, lo que conduce
irremediablemente a convivir con zonas de incertidumbre en la definición del derecho. Por ello,
cuando se pretende definirlo, más bien se le caracteriza en función de un derecho humano, pero
son pocas las definiciones que abordan al derecho al medio ambiente desde el punto de vista del
bien jurídico que entraña este derecho. Por el contenido de realidad que tiene este derecho, se
vincula con situaciones que se encuentran más en el campo económico, por ello parece que la
evolución de este derecho tiene como tendencia que a él se le sume el derecho al desarrollo
sustentable.

El desarrollo sustentable como paradigma para fundamentar el derecho al medio ambiente


adecuado, o como un derecho en sí mismo como “derecho al desarrollo sustentable” que contiene
un alto valor económico, que para algunos, es el motor principal e irreemplazable de la actividad
humana, no puede agrupar otros bienes jurídicos vinculados a él, como la supervivencia física, la
salud, la dignidad, el amor a los demás, el patriotismo y la religión, entre otros.

COMO PREMISA NECESARIA PARA ENFRENTAR LOS RETOS DE


LA MODERNIDAD
El ser humano tiende a ignorar los problemas que no le aquejan directamente hasta que los tiene
en la puerta de su vivienda; pero en lo que concierne a la problemática ambiental, ya no se puede
sustraer de la misma en la medida que no está tocando en la puerta, sino que ya está adentro, se
ha hecho sentir como en casa y no tiene ninguna voluntad de irse. Nada más ilustrativo de esta
realidad que las cifras presentadas por Carlos Priego en el estudio “Áreas Verdes en las
Ciudades”, el cual expone que ya en el año de 1990 las centena de urbes más grandes del mundo
albergaban a 540 millones de personas, y de esas 100, en las 20 mayores ciudades, vivían cerca
de 220 millones de ciudadanos10. Las ciudades de más de 10 millones de personas, denominadas
“megaciudades”, constituyen aglomerados de continua urbanización que se extienden por cientos
de miles de hectáreas y sólo dos de las diez ciudades más grandes del mundo se encuentran en
zonas desarrolladas (Tokio y Nueva York), y alguna de ellas dejará pronto de estar entre las
primeras. Las restantes son del Tercer Mundo o de los denominados países en vías de desarrollo
(Seúl con más de 25 millones de habitantes, Shangai rozando los 25 millones, Delhi en la India
con 23 millones, México, Bombay o Sao Paulo) son algunos ejemplos de ciudades que sobrepasan
ampliamente la cifra de los 15 millones de habitantes. Esta constante evolución en el crecimiento
de la población en las ciudades ha repercutido en el cambio del uso del suelo, provocando
importantes efectos tanto desde el punto de vista ambiental como social y económico.

El citado crecimiento ha ocasionado que aquellas ciudades que siempre habían sido consideradas
como un ecosistema vivo se hayan tenido que adaptar a las nuevas necesidades del habitante. A
pesar de que la supervivencia de la sociedad ha dependido siempre de la salvaguarda del balance
entre las variables de población, recursos y medio ambiente, parece ser que el surgimiento de
nuevos modelos de habitabilidad han provocado importantes efectos negativos en la calidad de
vida de sus habitantes. El precio desorbitado de la vivienda, el aumento de la contaminación, ya
sea del aire, o bien de las aguas o del suelo, la disminución de las superficies naturales, junto con
el estrés, el tiempo invertido en el transporte y los trastornos psicológicos, ocasionados por un
mundo que corre cada vez más deprisa son algunos de los problemas con los que el ciudadano
tiene que vivir diariamente.
La realidad de la superpoblación metropolitana expuesta en supralíneas sirve para ilustrar que en
la medida en que las problemáticas ambientales se van convirtiendo en las problemáticas del
ciudadano común, va cobrando mayor relevancia el que este tenga contacto no sólo con los
derechos ambientales que las legislaciones nacionales e internacionales prevén, sino con el deber
ambiental que es intrínseco a los mismos, deber que precisa de mecanismos para ser ejercido y en
su momento, ser la articulación de una participación ciudadana ambiental capaz de influir de
manera relevante en el tratamiento de los problemas a los que se enfrenta. Casos trágicos como
el de Fort McKay, población aborigen canadiense localizada en la cuenca petrolera de Atabasca,
una de las áreas geográficas denominadas como “bombas de carbono”, ilustran a detalle los
riesgos que conlleva el que la ciudadanía local no se involucre ni ponga en práctica mecanismos
de participación que le permitan tener voz y relevancia sobre el futuro del ecosistema que les
rodea, que hoy en día se encuentra irreversiblemente dañado a cambio de beneficios económicos
que no son equivalentes a los perjuicios que se les han ocasionado al no poder acceder a su derecho
a vivir en un medio ambiente sano. La participación ciudadana se erige como una consecuencia
del principio democrático y se apoya sin miramientos en el derecho a la información relativa a
los proyectos ambientales, o que son susceptibles de causar una lesión a los recursos naturales y
el medio ambiente, y la garantía de una efectiva participación en la toma de decisiones. Por tanto,
no es suficiente con brindar información sobre un proyecto determinado para satisfacer este
postulado, sino que es necesario darle un papel eminentemente trascendente a la población
afectada en la toma de decisiones. Para ello se debe tomar en cuenta, que “esta participación debe
ser efectiva, en el entendido de que los criterios externados deberán ser considerados al momento
de adoptar una decisión, por parte de la Administración Pública”

. La ciudadanización de lo ambiental no es asunto que exclusivamente deba permear las


preocupaciones concernientes al aquí y al ahora del enfoque correctivo, sino asumir
simultáneamente la previsión de un enfoque preventivo, en ese tenor, valdría la pena recordar las
palabras del ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Luis María Aguilar, quien en
la inauguración de un seminario de derecho ambiental, se pronunció de la siguiente forma: “Es
una responsabilidad de quienes habitamos hoy el planeta dejar las condiciones, no sólo que
nosotros tenemos, sino mejorarlas para la supervivencia de quienes vendrán, y nos sucederán sin
duda en nuestra existencia”

LA CRISIS AMBIENTAL
La crisis ambiental es el efecto de una serie de fenómenos naturales y de acciones humanas que
como respuesta a ellos se llevan a cabo en todos los ámbitos y por todos los individuos, por ello
no se trata simplemente de proteger los recursos naturales y a la población, es decir no sólo es
establecer políticas y emitir normas de protección civil y ambiental. Los problemas ambientales
repercuten directamente en lo social, lo económico, lo político, lo cultural y lo ideológico. Por
ello es urgente construir el saber jurídico ambiental que permita dar contenido a los derechos
humanos y fundamente la actuación de los gobiernos, los organismos internacionales, a la
sociedad civil y a todos los actores que influyen y se encuentran involucrados en la formulación
e incorporación de nuevos estándares internacionales en materia de derechos humanos, en
especial de los derechos económicos, sociales y culturales que son lo que ahora son los llamados
derechos ambientales. La severa crisis ambiental que enfrentamos se debe a factores concurrentes
como el vertiginoso incremento de la población humana, que actualmente supera los 6 000
millones', y que en sólo 37 años se duplicó de 2 500 a 5 000 millones, así como a su longevidad';
aunado al acelerado crecimiento de todas las actividades económicas que ha producido impactos
negativos en el ambiente, deteriorándolo y afectando la calidad de vida, amen de la
sobrexplotación de los recursos naturales.

Ello se agudiza por la pobreza que sufre una gran parte de la población del planeta' , de hecho
más de tres mil millones de personas viven hoy con menos de dos dólares al día; y son más de
40,000 los niños que cada dia mueren por enfermedades relacionadas a la desnutrición, lo que
repercute en el uso intensivo de los recursos, lo cual, a su vez, alimenta el círculo perverso
causando más pobreza y subsecuentemente más degradación de la naturaleza. Estos niveles de
pobreza que alimentan los problemas ambientales se explican también por el desbalance de la
distribución demográfica mundial, ya que en los paises más ricos del mundo reside sólo el 20%
del total de la población mundial; agravándose por el desbalance mundial en los ingresos y
consumo, pues este 20% más rico representa más del 86% del consumo privado, mientras que el
20% más pobre de la población del mundo representa menos del 2% del total del consumo
privado. Este nivel de consumo concentrado explica tambien el desbalance en los niveles de
emisiones contaminantes, así por ejemplo, sólo cuatro países producen casi la mitad de las
emisiones globales de CO, (Estados Unidos 22,9%, China 15,1%, Japón 5% e India 4,4%)'.

En el último siglo el crecimiento industrial se ha multiplicado por cincuenta veces,


correspondiendo las cuatro quintas partes de ese crecimiento a los últimos cincuenta años; por
ello se suele indicar que 1950 constituye el umbral de la crisis ambiental. Tal incremento obedece
al espectacular desarrollo que experimentó la ciencia y la tecnología aplicada a todos los campos
del quehacer humano, esto explica el crecimiento de actividades como la minería, pesca,
comercio, industria, construcción, transporte, agricultura y ganaderia; no sólo como respuesta a
un deseo de progreso sino al imperativo de satisfacer las necesidades de una población humana
que crece de manera exponencial. El ser humano de la sociedad industrial se mostró arrogante
respecto de la Naturaleza, envanecido por su tecnologia "que todo lo puede" y no concibiéndose
a sí mismo como parte de ella sino como una realidad distinta, se dio a la tarea de "dominarla" y
servirse de sus componentes.

Tal concepción, como refiere Barrero', provocó que el deterioro ambiental estuviera exento de
sentimientos de culpa, debido a que los daños ambientales no eran más que "los costos del
progreso o desarrollo", por eso la prevención de los impactos ambientales negativos no fueron
incluidos en los costos operativos de los procesos productivos, configurándose una injusta
externalización de los mismos. Incluso se legitimó hacer todo aquello de lo que fuera capaz la
tecnología, al margen del respeto al equilibrio ecológico y favoreciendo asentamientos humanos
como sistemas autónomos altamente subsidiados y ajenos al medio natural. En el campo de la
actividad agraria, para destacar un ejemplo con gran impacto en el ambiente, el crecimiento está
dado por el paquete tecnológico al que se llamó «revolución verde,,; gracias al cual fue posible
sembrar grandes extensiones de terreno con monocultivos de alto rendimiento y bajo costo, ello
en virtud a la escala de producción y al incremento de la productividad por el uso de semillas
genéticamente mejoradas, fertilizantes sintéticos, biocidas, mecanización en el cultivo y cosecha,
riego presurizado (goteo, aspersión, microaspersión, etc.); todo ello acompañado de la capacidad
técnica para ampliar la frontera agrícola, a costa del despoblamiento de bosques, irrigaciones en
desiertos y la desecación de humedales; con el impacto ambiental que todo ello origina, a saber:
la sustracción de agua fresca de su medio natural y la descompensación ecológica que ahí se
produce; la destrucción del hábitat de ingentes cantidades de especies dependientes del bosque
natural y los humedales, la contaminación del suelo, el agua y la atmósferc, etc. Este crecimiento
se refleja en una acelerada pérdida de diversidad biológica por el uso intensivo de pocas especies
Ilas genéticamente mejoradas} en desmedro de las tradicionales y por la destrucción de los
ambientes naturales que han cedido paso a los campos agrícolas y a las praderas ganaderas, a
punto tal que se calcula que se pierden cien especles diariamente por efecto de este crecimiento
y, asimismo, que en una semana se extinguen más especies que en los últimos 300 años. A estos
altos estándares tecnológicos se agrega recientemente la creación de los organismos
genéticamente modificados, cuyos impactos en el ambiente y la salud son materia de especial
preocupación.

DERECHOS HUMANOS
LA AGENDA DE LOS DERECHOS HUMANOS Y LOS DERECHOS
AMBIENTALES
La agenda de los derechos humanos y el ambiente está enfocada en garantizar que entendamos
que el ambiente constituye un contexto inalienable donde todos vivimos, y que el ejercicio de la
mayoría de nuestros derechos humanos depende de su preservación y protección.8 Los derechos
humanos son la expresión de la conexión entre la persona y el planeta, que Theodore Roszak
sostiene que es, una conexión política, que resulta ser un descubrimiento claramente
contemporáneo, que ha podido volverse aparente sólo después de que nuestras instituciones
económicas alcanzaron cierta dimensión y complejidad críticas, cierto marcado nivel de
dinamismo y de eficiencia insensible que han provocado un serio y profundo deterioro ecológico
que cuestiona no sólo la sustentabilidad de las condiciones de vida natural y el sano
desenvolvimiento de los ecosistemas, sino las propias condiciones de vida humana, y al hacerlo,
pone en riesgo la sustentabilidad de las instituciones y las formas de organización humana, entre
las que se incluyen las formas democráticas que conocemos hasta ahora. Es la contradicción del
sistema social que puede llegar a ser mucho más potente que esas contradicciones clasistas en las
que Marx depositó sus esperanzas revolucionarias.

El antropocentrismo y la industrialización se encuentran entre las principales barreras para


reconocer a la naturaleza, no sólo como sujeto de derechos sino incluso como un bien con valor
intrínseco digno de protección con prescindencia de su utilidad para el hombre. Al margen de las
posturas fisiocentristas y antropocentristas, que en el fondo se encuentran ante un nuevo
fundamento ético–filosófico: “El hombre debe existir”, que replantea el fundamento kantiano y
se convierte en un imperativo moral mucho más radical. Se ha pasado de una construcción
sociohistórica denominada naturaleza a una denominada ambiente; si a la primera (naturaleza)
correspon dió el desarrollo y constitución de las ciencias humanas en el contexto de la
modernidad, a la segunda construcción (ambiente) le corresponde la incertidumbre de la
posmodernidad y la transformación de las ciencias sociales, en concordancia con la
reestructuración de los paradigmas científicos. Los efectos de la forma en que se ha transformado
la relación del hombre con la naturaleza, que ha sido expresada desde la individualidad, en una
proporción uno a uno, que en realidad es un hombre con todo lo que requiera para determinar sus
necesidades básicas frente a todo aquello que puede cubrirlas. Así el hombre, que satisface sus
necesidades, altera la relación y no toma en cuenta los servicios que la naturaleza presta al hombre,
como fuente de recursos, recipiente de residuos, y medio en que aquél se desenvuelve. Loperena
Rota en este sentido señala: En efecto, el test para averiguar si una actuación humana viola o no
el derecho al medio ambiente adecuado es ver sus consecuencias desde la hipótesis de que todos
los seres humanos hubiesen realizado el mismo uso de la biosfera. Los científicos nos darían con
cierta facilidad la respuesta de si sería seriamente alterada la biosfera o no.
En el primer supuesto se trataría de un acto antijurídico, perfectamente punible. Naturalmente,
cuando una actuación no sea imputable a un individuo, sino a una colectividad, local, regional o
estatal, debe hacerse la correspondiente ponderación. Y aquí es precisamente donde debemos
resaltar uno de los rasgos que, por su evidencia, no suelen comentarse en exceso, pero que exigen
un leve apunte. Nos referimos al principio de igualdad en el ejercicio de este derecho. Dicho sea
de una manera tosca, pero bien entendible, todos los seres humanos tenemos derecho a la misma
cuota parte de capacidad autodepurativa y autorregeneradora de la biosfera. Y esto no se cumple
en la práctica, a pesar de las enfáticas declaraciones internacionales. Cuando un país emite a la
atmósfera cantidades de CO2 que son absorbidas y depuradas por la atmósfera sólo porque otros
muchos países no lo hacen en la misma cantidad; cuando la parte de capacidad autodepurativa o,
autorregeneradora de la biosfera usada por un país es varias veces superior a la que en aplicación
del principio de igualdad le correspondería, nos hallamos ante una palmaria actuación antijurídica,
contraria al derecho al medio ambiente adecuado y al principio de igualdad en el uso de la biosfera
que le es inherente.

La desigualdad entre la forma en que distribuye y aprovecha la naturaleza es además fortalecida


en el esquema en que se basa la industrialización que distorsiona la relación del hombre con la
naturaleza, en tanto que el hombre se masifica y se convierte en consumidor, y la industria, que
es quien “produce”, la naturaleza se deteriora. Si la vida del ser humano implica la satisfacción
de necesidades, y si éstas se satisfacen mediante procesos económicos que requieren de los
servicios del ambiente, para cubrir las necesidades de una población, las industrias necesitan tanto
de productos naturales para extraer, transformar y comerciar; como de lugares aptos para destinar
los residuos de los procesos productivos. Por lo tanto “la preservación de la naturaleza es un
presupuesto y un imperativo ético y económico”

DERECHOS HUMANOS Y SUSTENTABILIDAD


Para entender el vínculo entre derechos humanos y derechos ambientales se requiere de un análisis
que permita determinar cuáles son los elementos que permiten establecer los puntos de conexión
entre ellos. Estos elementos son: — Elemento humano: el orden jurídico y su efectividad para
garantizar los derechos humanos — Elemento material: el desarrollo sustentable como requisito
esencial para lograrlo Para ello es necesario contar con elementos jurídicos que permitan conocer
la forma en que los elementos naturales que interactúan en un espacio y tiempo determinados,
interactúan a su vez con normas jurídicas, considerando al sistema jurídico como la síntesis de
este vínculo. Es decir, considerar al orden jurídico como el elemento integrador que permite
garantizar los valores y principios contenidos en el derecho a la vida y por ende a la calidad de la
misma.

Guimarães considera que la sustentabilidad se refiere a un paradigma de desarrollo y no de


crecimiento debido a dos razones fundamentales: por establecer un límite ecológico inter-
temporal muy claro al proceso de crecimiento económico y debido a que pone de relieve que para
que exista el desarrollo son necesarios, más que la simple acumulación de bienes y de servicios,
cambios cualitativos en la calidad de vida y en la felicidad de las personas, aspectos que, más que
las dimensiones mercantiles del mercado, incluyen dimensiones sociales, culturales, estéticas y
de satisfacción de necesidades materiales y espirituales, por ello lo importante es que la calidad
de vida de una población y, por ende, su sustentabilidad, no es únicamente su entorno natural sino
la trama de relaciones entre cinco componentes que configuran un determinado modelo de
ocupación del territorio y que configuran el POETTA de su sustentabilidad. Propone Guimarães,
a partir de una imagen sugerida inicialmente por Otis Duncan,16 que la sustentabilidad de una
comunidad depende de las interrelaciones entre: población (tamaño, composición, densidad,
dinámica demográfica); organización social (patrones de producción, estratificación social,
patrón de resolución de conflictos); entorno (medio ambiente físico y construido, procesos
ambientales, recursos naturales); tecnología (innovación, progreso técnico, uso de energía); y
aspiraciones sociales (patrones de consumo, valores, cultura).17 Otis Duncan señala que para
poder establecer una nueva comprensión del mundo habría que tomar como punto de partida al
concepto de “calidad de vida” que es la forma en que se puede determinar la sustentabilidad de
una comunidad en un espacio y tiempo determinados. Así, la sustentabilidad depende del
equilibrio dinámico (homoeostático) de la interrelación que se entabla entre los elementos.

DEMOCRACIA
LA DEMOCRACIA PARTICIPATIVA: UNA NUEVA FORMA DE
ENTENDER LA PARTICIPACIÓN DE LA SOCIEDAD ANTE SU
ENTORNO
Teóricamente, la democracia participativa es la condición sine qua non para transformar al Estado,
como “redistribuidor de riqueza, como garante de derechos integradores de ciudadanía social,
como lugar público para construir justicia social, desde una ética pública que comparte un
proyecto ambiental, intercultural e interétnico sustentable”7 . El gran reto de nuestros días
consiste en generar un modelo de desarrollo que no apueste todo al mercado y afecte a la sociedad
ni tampoco sea el estatismo populista del pasado, o en otras palabras: “El Estado debe intervenir
en la economía, pero debe ser una intervención diferente a la de las prácticas tradicionales: no
clientelar, transparente y con los debidos controles legislativos y de los distintos sectores de la
sociedad”

En realidad, la garantía más viable para apuntalar un modelo económico y social diferente, pasa
necesariamente por el fortalecimiento del Estado de derecho en sus vertientes liberal,
democrática, social y de respeto irrestricto de los derechos fundamentales por las mayorías
legislativas. La ampliación, difusión y defensa efectiva de los derechos fundamentales es, sin
argumento de por medio, uno de los objetivos más valiosos a realizar para abonar a la confección
de nuevas generaciones de ciudadanos que no desconozcan ni teman llevar a la práctica los
mecanismos de empoderamiento que permitan delimitar la influencia partidaria sobre la
percepción y el correcto ejercicio de la democracia. Un asunto crucial de este nuevo modelo tiene
que ver con el establecimiento de garantías efectivas para la protección de los derechos
económicos, sociales y culturales.

Hasta el momento estos derechos han sido proyecciones optimistas, propuestas programáticas
con pocas concreciones reales, como lo demuestra el poco entusiasmo con el que el Estado
mexicano se conduce para atender las sentencias dictadas por la Corte Interamericana de Derechos
Humanos. La teoría del derecho precisa el establecimiento de los mecanismos institucionales y
jurídicos necesarios para la protección de estos derechos. El ámbito de los derechos sociales,
económicos y culturales no debe ser más el espacio para la lucha política; debe ser el espacio para
el reclamo jurídico de los derechos ante los órganos jurisdiccionales. Con ello no pretende
excluirse a la política del debate de estos derechos, lo que se pretende es ceñirla al ámbito
legislativo para que ahí se generen las leyes y las instituciones que materialicen, mediante
garantías y recursos efectivos, a los derechos sociales y económicos.
HACIA LA MATERIALIZACIÓN DE MECANISMOS
ESPECIALIZADOS DE PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN MATERIA
AMBIENTAL
participar en la toma de decisiones sobre asuntos ambientales, puesto que deben ser los
ciudadanos directamente afectados en su derecho al medio ambiente, debidamente informados,
los que tengan la última palabra cuando exista un riesgo real e inminente de una afectación
irreparable. Si contamos con información oportuna, confiable y veraz sobre la problemática
ecológica y la forma en que actúan las autoridades gubernamentales frente a ella, podemos forjar
una opinión objetiva que nos permita actuar en consecuencia, e involucrarnos en proyectos que
contribuyan a mejorar nuestra propia calidad de vida y de nuestro medio ambiente. El acceso a la
información y la participación ciudadana en la toma de decisiones son indispensables para
consolidar la democracia participativa y otorgar gobernabilidad por que enriquecen el contenido
de la discusión y brindan legitimidad a la decisión que tome la autoridad. Al lograr la pretensión
de socializar la información ambiental estamos en posibilidades de “brindar las herramientas para
que todos podamos contribuir de manera responsable en la instrumentación de soluciones y
alternativas que contribuyan efectivamente a una sociedad más madura”

. De acuerdo con la Guía de Participación Ciudadana en Materia Ambiental de la Environmental


Law Alliance Worlwide, hablar de participación ciudadana en México en la toma de decisiones
en materia ambiental, sin lugar a dudas nos remite a la colectivización de la información científica
generada en virtud del agravamiento de los grandes problemas ambientales, escenario que trajo
aparejado el advenimiento de nuevos actores sociales: los grupos ecologistas, hoy denominados
ambientalistas17. Empero, si jugamos al abogado del diablo, no hay deuda que no se pague ni
plazo que no se cumpla, a raíz de que una sociedad a la que se le niegan los medios mínimos
requeridos para expresar sus demandas, ya sea en el tema ambiental o en los muchos otros que no
gozan de la atención debida, tarde o temprano se verá recurriendo a vías no convencionales que
generan instancias de confrontación, a las que un Estado que no esté dispuesto a conceder espacios
para el diálogo ciudadano, no estará capacitado para atender en los tiempos y formas; de tal suerte
que las tensiones sociales irán en aumento y el acontecimiento que finalmente señale el punto de
no retorno de un estallido social generalizado será inminente; un parteagüas que será la marca
histórica de una desintegración social que con muchas probabilidades colapsará traumáticamente
el Estado de derecho y pondrá a la nación mexicana en la vía del retroceso, con los dilatados
procesos de cicatrización y reconstrucción que ello supondría.

Por el otro lado, se nos presenta una ventana hacia el desarrollo de nuestras responsabilidades
individuales y colectivas como ciudadanos frente a un andamiaje de democracia participativa que
necesita no solo ser más utilizado, sino adicionado, reinventado y evolucionado, con mecanismos
que se retroalimenten entre si y construyan nuevas plataformas de desarrollo participativo a partir
de las conquistas obtenidas por los que les precedieron, de ahí la visión de una implementación
por etapas que haría uso de la progresiva madurez y pericia de la ciudadanía para operar sus
herramientas de participación en una modalidad que permitiera evidenciar los beneficios tangibles
de tales esfuerzos. En la opinión de la investigadora del derecho ambiental, Raquel Gutiérrez
Nájera, el origen de la participación ciudadana en materia ambiental, ya sea individual o colectiva,
ha ido concatenada con el reconocimiento e internacionalización de los problemas ambientales
que tenemos hoy en día y que han sido acumulados en el concepto de crisis ecológica. Bajo esta
premisa, los espacios que los grupos ecologistas o ambientalistas han ganado a los campos
tradicionales de acción del Estado son el resultado de la participación activa organizada, lo que
ha traído como consecuencia que, sobre todo en lo referente a temas de calidad de vida y siniestros
ambientales, que la sociedad en su generalidad ya demuestre un mayor interés por mantenerse
informada y pudiera darse el caso, que en momentos cruciales de deterioro ambiental saliera a
tomar las calles para exigir una política coherente que lleve a la conservación del patrimonio de
las presentes y de las futuras generaciones

DERECHO AMBIENTAL , DERECHOS HUMANOS Y


DEMOCRACIA
DERECHOS HUMANOS, DERECHO AL MEDIO AMBIENTE Y EL
BIEN JURÍDICO PROTEGIDO
La extracción de madera es una de las actividades económicas de mayor importancia en el
Departamento de Madre de Dios en la amazonia peruana. El objetivo de este documento es
evaluar la situación del aprovechamiento de madera en las concesiones forestales para otros
productos del bosque de Madre de Dios (en adelante concesiones castañeras) desde el año 2004,
cuando se publicó la norma con carácter de complementariedad que permitió esta actividad y
hasta la zafra concluída para el año 2010. Para este fin se analizaron las cifras oficiales de
volúmenes de extracción de madera en concesiones castañeras y en concesiones madereras dentro
de las Administraciones Técnicas de Tahuamanu (que administran las concesiones ubicadas en la
provincia de Tahuamanu) y Tambopata-Manu (que administran las concesiones ubicadas en las
provincias de Tambopata y Manu). Se encontró que los volúmenes de madera extraídos son
comparables y en algunos años hasta superiores a los extraídos en concesiones madereras. En
particular, desde el 2004 al 2009, los volúmenes totales por hectárea por año extraídos de madera
en concesiones castañeras varían desde 3.19 m3 hasta 3.81 m3 (sólo en el 2010 se extrajo en
promedio 2.16 m3 /ha). En contraste, los volúmenes totales por hectárea por año extraídos de
madera en concesiones de madera para el mismo período varían desde 1.05 m3 hasta 3.48 m3
(sólo en el 2010 se extrajo un promedio de 0.80 m3 / ha). En los años 2009 y 2010, el volumen
total de madera aprovechado en concesiones castañeras superó al aprovechado de concesiones
madereras. La gran mayoría de los contratos en concesiones castañeras reportaron volúmenes de
madera aprovechados Resumen alrededor de los 5 m3 /ha mientras que la gran mayoría de los
contratos de concesiones madereras reportó volúmenes mucho menores. Con el objeto de adquirir
información adicional sobre la viabilidad de la extracción de madera en las concesiones
castañeras, se realizaron consultas a profesionales expertos. Algunos de ellos expresaron que no
es viable extraer madera de las concesiones castañeras y que el límite numérico de intensidad de
extracción no es suficiente ni pertinente aplicarlo como receta única para todas las concesiones
castañeras. Las impresiones recogidas durante las entrevistas sugieren además que no ha ocurrido,
como debió ser, la verificación o inspección ocular de los planes de manejo complementario anual
antes (o después) del otorgamiento de los permisos de extracción de madera en concesiones
castañeras. El informe concluye que el carácter de complementariedad que actualmente permite
extraer madera en concesiones castañeras en Madre de Dios se ha desvirtuado y en consecuencia,
el objetivo inicial del establecimiento de estas concesiones. Se sugiere además que la aplicación
de límites numéricos uniformes a las concesiones castañeras para la extracción de madera no es
la forma adecuada de guiar el manejo de ambos productos. La eventual aplicación de un marco
de manejo integrado de la madera y la castaña, enfocado más en buenas prácticas de
aprovechamiento y menos en aspectos normativos poco flexibles, dependerá de la
implementación de procesos de diálogo transparentes entre los diferentes actores de Madre de
Dios y ajenos a visiones cortoplacistas o situaciones coyunturales.
EL APROVECHAMIENTO DE MADERA EN LAS CONCESIONES
CASTAÑERAS
En su artículo 31, la Ley Forestal y de Fauna Silvestre promueve el aprovechamiento sostenible
de los recursos forestales con el fin de “conseguir la mayor rentabilidad económica y beneficio
social a favor de la población vinculada a la actividad forestal”. Debido a una interpretación de
este principio, en el año 2002, a través del Decreto Supremo Nº 044- 2002-AG, se posibilitó el
aprovechamiento comercial de madera en las concesiones forestales para otros productos del
bosque. Para el aprovechamiento de madera, el adjudicatario de una concesión para otros
productos del bosque debe incluir un Plan de Manejo Complementario Anual (PMCA) en el Plan
General de Manejo Forestal (PGMF) presentado, luego de lo cual la autoridad competente
otorgaría el permiso correspondiente (Recuadro 1). La Directiva Nº 014-2003-INRENA-IFFS
define y uniformiza el procedimiento para el otorgamiento de permisos de aprovechamiento de
madera en permisos o concesiones forestales de otros productos del bosque. El permitir el
aprovechamiento de madera, en particular dentro de las concesiones castañeras, ha generado
numerosas discusiones y cuestionamientos sobre la viabilidad y también pertinencia de esta
actividad (Peña 2010). Las siguientes secciones presentan especificidades del marco regulatorio
que propició la posibilidad de aprovechar madera en concesiones castañeras, los debates que se
han dado en torno a la viabilidad técnica de esta norma y algunas percepciones sobre la misma.

Dinámica regulatoria El Decreto Supremo Nº 044-2002-AG estableció la posibilidad de


aprovechar madera “con carácter complementario” para fines comerciales o industriales en las
concesiones forestales para otros productos del bosque. Este aprovechamiento está supeditado a
aquellos casos en los que “el bosque tenga aptitud para extracción permanente de madera”, es
decir donde “las condiciones físicas y ecológicas del lugar permitan técnicamente la extracción
forestal 3. El aprovechamiento de madera en las concesiones castañeras maderable en forma
sostenible”. Con este fin, en abril del año 2003, la entonces Intendencia Forestal y de Fauna
Silvestre (IFFS) estableció los procedimientos para el otorgamiento de permisos de
aprovechamiento de madera en permisos o concesiones forestales de otros productos del bosque.
Estos procedimientos están plasmados en la Directiva Nº 014-2003-INRENA-IFFS aprobada a
través de la Resolución de Intendencia Nº 005-2003-INRENA. Del mismo modo, el 29 de
Setiembre del 2004, la Resolución de Intendencia Nº 294-2004-INRENAIFFS modificó la
Directiva Nº 017-2003- INRENAIFFS11 con el fin de adicionar los criterios para la autorización
de volúmenes de madera en las concesiones de castaña hasta casi 5m3 /ha. Bajo estos criterios, la
autoridad regional es la responsable de realizar la inspección ocular, antes o después del
otorgamiento del permiso correspondiente. La promulgación de la Resolución de Intendencia
Nº 294-2004-INRENA-IFFS tuvo como respaldo el Informe Técnico Nº 052-2004-INRENA-
ATFFSTAMB-MA/PNM-PDM, presentado por la ATFFS Tambopata-Manu el 24 de Septiembre
del 2004, que propone un aprovechamiento máximo de 4.78 m3 de madera por hectárea dentro
de una concesión de castaña (Recuadro 2).

Sin embargo, esta autorización sólo se mantuvo en vigencia hasta octubre del 2007 cuando fue
derogada a través de la Resolución de Intendencia N° 254-2007-INRENA-IFFS. El argumento
para tomar dicha medida fue la carencia de indicadores que permitirían determinar el impacto
negativo de la tala selectiva sobre el recurso de la castaña, por lo cual “los márgenes de volúmenes
que se puedan autorizar y los criterios para proceder a la autorización automática o, en su defecto,
a la inspección ocular al amparo de la directiva mencionada no resultaban los más adecuados.”
En reconocimiento del principio precautorio12 y del principio de prevención13 de la Ley General
del Ambiente, esta resolución dispone que las ATFFS realicen de forma obligatoria la inspección
ocular previa a la aprobación del aprovechamiento de madera en las concesiones de castaña, así
como la evaluación de los volúmenes que corresponde aprobarse para garantizar el origen legal
de la madera solicitada y que el aprovechamiento de madera no perjudique la actividad principal
(Peña 2010).

ORDENACIÓN DEL TERRITORIO Y LA INDUSTRIA EXTRACTIVA


MINERA EN EL PERÚ

Con el objeto de adquirir conocimiento sobre la viabilidad técnica de la extracción de madera en


las concesiones de castaña, en Octubre y Noviembre de 2010 se realizó una consulta informal
mediante entrevistas presenciales a profesionales expertos en las ciudades de Puerto Maldonado
y Lima. Los temas considerados fueron: (1) la viabilidad técnica de la extracción de madera en
las concesiones de castaña; (2) la intensidad de extracción como criterio y criterios alternativos y
(3) la identificación de problemas en el marco legal y su aplicación. La información presentada a
continuación refleja una síntesis de las opiniones obtenidas durante las entrevistas. Viabilidad
técnica Algunos expertos manifestaron que no es viable extraer madera de las concesiones
castañeras. En su opinión, la extracción de madera, con todas las operaciones que implica
(apertura de caminos, vías de arrastre, patio de acopio, generación de claros de tala), no es
realmente una actividad complementaria a la recolección de castaña (como lo sería la recolección
de otros productos no maderables del bosque o el ecoturismo). Para otros expertos, la viabilidad
de aprovechar madera de las concesiones castañeras depende de varios factores tales como las
especies maderables a extraer y estiman que de ninguna manera se debería autorizar la extracción
de madera en aquellos sitios donde hay bajo potencial o no hay recurso maderero. De la misma
forma, consideran que se deberían tener en cuenta las especies maderables a extraer ya que
algunas aparentan tener una relación simbiótica con el árbol de castaña a nivel de sus
polinizadores. También expresaron que sería contraproducente efectuar la extracción de madera
en lugares donde la densidad de los árboles de castaña es alta. Otra apreciación fue que el
castañero casi siempre estará sujeto a la imposición de la voluntad de terceros que sólo se dedican
a la extracción 5. Percepciones sobre la viabilidad de la extracción de madera en concesiones
castañeras de madera y no al manejo y por lo tanto son víctimas directas de las consecuencias de
la tala sin planificación y con beneficios económicos mínimos. La intensidad de la extracción de
madera como criterio numérico Para uno de los expertos entrevistados, un límite numérico
superior de la intensidad de extracción de madera por hectárea ayudaría a la toma de decisiones
sobre el aprovechamiento. Sin embargo, para la mayoría de los expertos entrevistados un límite
numérico per se no es suficiente y es hasta contraproducente. Por ejemplo, variables como la
capacidad productiva de árboles de castaña en función de su proximidad a especies maderables
de tamaño cosechable podrían ser útiles ya que hay castañales que tienen árboles que ya dejaron
de producir o que tienen baja producción anual .O por otro lado, deben cuidarse de recibir daños
ocasionados por la tala selectiva de madera si es que son árboles de castaña de carácter productivo.
Como se menciona arriba, otras variables a considerar son el potencial maderable a largo plazo
dentro de los castañales (el cual es variable), el tipo de aprovechamiento a utilizar (artesanal o
mecanizado) y la frecuencia de extracción. Aplicar un criterio numérico común para todas las
concesiones de castaña desestima además las capacidades técnicas de los concesionarios
castañeros que son muy heterogéneas, sin mencionar la variabilidad biofísica que existe entre las
concesiones. En resumen, un mensaje transmitido por varios expertos durante las entrevistas es
que la elaboración de criterios para permitir la extracción de madera en las concesiones castañeras
deben integrar ambas actividades.
CONCLUSIONES
 Las concesiones mineras deben de ser constituidas en base al ámbito de
practica y no solo científico, pues mencionaron las cifras que se emplean
para la extracción de madera en Madre de Dios, y con las consultas
realizadas se concluye que no concuerdan las cifras debido a que no se
emplea esta concesión como instrumento más sino como un documento de
mera formalidad.
 En cuanto a la democracia deberíamos, tal vez, considerar que la población
deba participar de la formulación de estos contratos, son recursos propios
de sus localidades, lo mismos que no son de aporte las poblaciones no solo
de Madre de Dios, sino de todas las poblaciones que poseen recursos que
son parte de su territorio, agregar contenido a la Ley de Consulta previa, y
más que nada la legislación se cumpla.

 El medio ambiente es un recurso muy valioso, quizá, el más valioso que


podemos poseer y sin embargo no todos somos consiente de lo que
poseemos , la explotación de estos debe de ser estrictamente regulado y
controlado, actualmente en muchas zonas del Perú y del mundo no sucede
así , por lo que se debe instaurar más que nada una cultura de sensibilización
por el Medio Ambiente, y exigir a las autoridades que se protejan tantas
zonas que han sido invadidas por la minería , deforestación , y que
lamentablemente su recuperación demorará mucho más .

 Los derechos humanos abarcan más que facultades del ser humano, las
varias generaciones han proporcionado a las poblaciones derechos que con
el plazo del tiempo se han incrementado cada que siendo necesarias
implementar muchas más, como las de cuarta generación que permiten al
ser humano y no solo a éste sino a toda la población de seres vivientes ,
vivir o sobrevivir en este mundo donde se dificulta una vida saludable y
mucho más en las ciudades donde la existencia de flora y fauna es escasa.
Considero que este tema al igual que otras más caminan de la mano, donde
no podemos hablar de derechos humanos olvidando la democracia , o el
derecho ambiental alejado de las legislación y ante todo la aplicación de
esta. .

FUENTE BIBLIOGRÁFICA

Bibliografía
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extractiva minera en el Perú. Brasil: CYTED.

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concesiones castañeras en Madre de Dios - Peru. Bogota: CIFOR.

Linkografía
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