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En el comercio indiano del siglo XVI y XVII el continente americano era conocido como se

representa en la imagen. Luego vinieron los holandeses a instalarse al norte del actual Brasil.
Felipe II tiene como objetivo el proteger la ruta de
plata y oro entonces el comercio indiano tendrá
principios.
1) el monopolio comercial. La Corona es la única
que puede comerciar con las colonias (tampoco
podían negociar “legalmente” entre ellas”). Portugal
utiliza los mismos principios para su colonia.
2) la creación de un sistema de puerto único. Con
esto se restringía y se controlaba la cantidad de flota,
de cuántos iban y venían. Dicha ubicación del puerto
estaba en Sevilla. Aunque Sevilla no tiene costa en el
Mediterráneo, sí la tiene Cádiz, que era por donde
entraban todos los barcos para ir río arriba hacia
Sevilla. Luego, como las transacciones comerciales
aumentan, genera que proporcionalmente aumenten
los tamaños de los barcos, imposibles de pasar por el río que unía Cádiz con Sevilla, es por ello
que, luego de un gran período de tiempo, se cambia de jurisdicción hacia la ciudad costera con
el Mediterráneo.
Como se ha mencionado solamente existía en Europa (Castilla-España) un solo puerto, pero en
América se contaron con tres, ubicados en el centro del continente. El primero es el Portobelo,
el Veracruz (Fundado por el mismísimo Cortés) y el tercero fue el Cartagena.
3) Sistema de flotas y galeones. Dicho principio se trataba de custodiar con barcos de guerra
(galeones) a flotas para el comercio americano-europeo. Los viajes eran dos en el año. El
primero sucedía en abril destinada hacia Veracruz y la segunda salía en agosto tanto para
Portobelo y para Cartagena. El cometido de dichas flotas era la máxima extracción y carga
de materias primas (oro, plata, cuero, etc.).
El regreso, los barcos que participan en el viaje de ida al “nuevo mundo” se reunían en Cuba.
De allí, en octubre, partían las dos flotas anuales al mismo tiempo. Con la implementación de
los galeones para la custodia de barcos comerciales, a los piratas les surgía difícil hacer sus
ataques en alta mar, es por ello que intentan robar las riquezas antes del embarque, es decir, en
los puertos. A modo de respuesta, los puertos son amurallados. Se puede tener como ejemplo
el puerto de Cartagena que se encuentra amurallado y custodiado por cañones. Se forma similar
el puerto cubano. La llegada a Europa es a mediados de diciembre.

En agosto del año siguiente las flotas ya iban con manufacturas listas para vender a América. Se
puede apreciar aquí una paradoja: estas manufacturas que se vendían en el “Nuevo Mundo” eran
hechas de materias primas que pertenecían al continente. El material que llegaba a América
era escaso, es por ello que aumentaba el precio de la mercadería.
La flota que abastecía Sudamérica es la que llegaba en agosto, le correspondía al puerto de
Portobelo (ubicado en las costas panameñas del Mar Caribe). La mercadería cruzaba el Darién
(el lugar más estrecho de América). La descripción de dicha zona es la de una selva muy cerrada
y compleja a la hora de cruzar. Luego, el curso hacía una parada en Guayaquil para así avanzar
más al sur hacia el puerto de El Callao/Lima. A partir de aquí comenzaba la expedición “tierra
adentro en América del Sur”. Primero va hacia Cuzco, pasando por el lago Titicaca para después
venderse en Potosí, uno de los grandes centros comerciales. La mercancía viaja luego (a tracción
a sangre de mula, desde que entró a suelo sudamericano) desde el norte de la actual
“Argentina” por las ciudades ya fundadas culminando su viaje en Buenos Aires.
Es evidente que el recorrido que se ha descrito en palabras llevaba muchísimos meses y hasta
años, desde su punto de origen Portobelo hasta Buenos Aires. En el medio del viaje, es probable
la pérdida de mercadería, las ventas en dichas ciudades y la muerte de la tracción a sangre.
Todo esto produjo dos características principales de la mercadería cuando llegaba a la actual
capital de Argentina. La primera es que la cantidad de mercadería que llegaba allí era
sumamente ínfima y luego que tras las pérdidas en el viaje era totalmente legítimo que el precio
de éstas sean sumamente inaccesibles para el común de la gente. Se menciona en general un
producto que costaba 1 unidad en Sevilla llegaba a valer 600 unidades en Buenos Aires. La poca
cantidad de la mercadería como su costo tan elevado produjo que dichos accesorios solamente
fueran usufructuados por la clase adinerada de la ciudad o burgueses.
La reacción de los bonaerenses no se hizo esperar. Las quejas de los precios y de la escaza
cantidad de productos provenientes de Europa eran habituales. Buenos Aires comienza a sentirse
desabastecido y pagando por productos sumamente caros. La Corona se percata de ello y
consigue “navíos especiales” (Navíos de registro). Estos provenían directamente de Cádiz
hacia Buenos Aires, sucedía una o dos veces al año. La diferencia es que no contaban con la
custodia de los galeones, es por ello que debían desarrollar una defensa dirigida hacia los ataques
de los piratas. Los precios de las mercaderías, gracias a este procedimiento pudieron bajar
sus precios.
Además, Buenos Aires consigue permisos especiales para poder comerciar con puertos de
colonia española, ya que entre 1580 y 1640 tanto la corona española como la portuguesa estaban
unidas. En el último año de la unión de estas coronas comienza el contrabando en Buenos Aires.