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Fabiana Rubino / Débora Oviedo Didactica de las CS.

Sociales 4°1° TV

8 de marzo

Sobre el 8 de marzo existen diversas versiones. La más conocida es la de un incendio ocurrido


en una fábrica textil de Nueva York en 1857, donde habrían muerto quemadas las obreras que
hacían una huelga. Según la historiadora canadiense Renée Côté, no existen pruebas
documentales de que un incendio de esas características se produjera ese año, ni que ese
hecho fuera el motivo para establecer una jornada internacional de las mujeres. Las
investigaciones de historiadoras feministas(*) señalan que lo que pasó en 1857 fue, en verdad,
la realización de una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de
la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de
sólo 10 horas. Diez años después, en 1867, también en el mes de marzo, tuvo lugar una huelga
de planchadoras de cuellos de la ciudad de Troy, en Nueva York, quienes formaron un
sindicato y pidieron un aumento de salarios. Después de tres meses de paro, las huelguistas se
vieron obligadas a regresar al trabajo sin haber logrado su demanda. La historia del 8 de marzo
está cruzada por situaciones y hechos que muestran un escenario más complejo y rico en
acontecimientos marcados por la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa, la lucha por el
sufragio femenino, las pugnas entre socialistas y sufragistas, y el creciente auge del
sindicalismo femenino durante las primeras décadas del siglo XX en Europa, Estados Unidos y
Latinoamérica. Los orígenes del Día Internacional de la Mujer están ligados a los partidos
socialistas de Estados Unidos y Europa, en particular al protagonismo de las mujeres del
Partido Socialista Norteamericano que, desde 1908, instauraron unas jornadas de reflexión y
acción denominadas Woman's Day. La primera tuvo lugar el 3 de mayo de 1908, en el teatro
Garrick de Chicago, con el objetivo central de hacer campaña por el sufragio y contra la
esclavitud sexual. De esta manera, el Día Internacional de la Mujer surge para hacer
propaganda a favor del sufragio femenino, para defender los derechos laborales de las
trabajadoras y manifestarse contra la guerra.

Fuente: Baerga, María del Carmen y Marcia Rivera. 8 de Marzo. Luchas cotidianas a favor del
bienestar y la igualdad. Centro de Investigaciones Académicas de la Universidad del Sagrado
Corazón. Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña. Puerto Rico, 1988.

24 de marzo:

El 24 de marzo de 1976 no fue un día más en la historia argentina. En esa fecha las Fuerzas
Armadas de nuestro país usurparon el gobierno y derrocaron a la entonces presidenta
constitucional María Estela Martínez de Perón. Del mismo modo destituyeron a los
gobernadores de las provincias, disolvieron el Congreso Nacional y las Legislaturas
Provinciales, removieron a los miembros de la Corte Suprema de Justicia y anularon las
actividades gremiales como así también la de los partidos políticos. En suma clausuraron las
instituciones fundamentales de la vida democrática.

La Constitución Nacional –es decir, la ley de leyes de la República Argentina–, dejó de regir la
vida política del país y los ciudadanos quedaron subordinados a las normas establecidas por los
militares. Se inició entonces una dictadura que se instaló en el gobierno por la fuerza, por
medio de lo que se denomina golpe de Estado. El gobierno de facto estuvo integrado por una
Junta Militar que reunía a los máximos jefes de las tres Fuerzas Armadas: el ex general Jorge

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Rafael Videla por el Ejército, el ex almirante Emilio Eduardo Massera por la Marina y el ex
brigadier Orlando Ramón Agosti por la Aeronáutica.

El golpe de 1976 fue el último pero no el único. Desde 1930 nuestro país había sufrido
sucesivas interrupciones del orden democrático. La supresión de los gobiernos elegidos por el
pueblo, la represión de los conflictos que surgían entre distintos sectores sociales y la
apelación a la violencia habían sido, lamentablemente, bastante frecuentes desde esa fecha.
Sin embargo, la dictadura que se inició en 1976 tuvo características inéditas, recibiendo el
nombre de terrorismo de Estado.

Algunos ciudadanos e investigadores prefieren hablar de golpe cívico-militar. ¿Por qué?


Porque entienden que los militares no actuaron solos ni por su cuenta. La decisión de tomar el
gobierno contaba con la adhesión de diversos grupos de la sociedad (sectores con gran poder
económico, grupos conservadores, algunos medios de comunicación aines) que entendían que
una dictadura era necesaria para organizar el país.

De este modo, a la vez que se desarrollaban acciones de control, disciplina y violencia nunca
vistas sobre la sociedad, se tomaban decisiones económicas que privilegiaban el ingreso de
bienes y mercancías desde el exterior por sobre la producción de nuestro país. Así miles de
trabajadores de nuestras fábricas perdieron su trabajo debido a que la industria nacional no
podía producir productos a un precio similar o menor a los importados. Este proceso fue
acompañado por una campaña publicitaria que intentaba convencer a la población de que la
industria argentina era mala, de baja calidad y asociaba a lo venido de afuera con lo bueno, lo
interesante, lo deseado, ocultando que en esa decisión miles de argentinos quedaban sin
trabajo y muchas familias perdían su salario y pasaban entonces a ser pobres.

A la vez, los sucesivos miembros de la Junta Militar y diversas empresas asociadas solicitaron
grandes sumas de dinero al exterior en carácter de préstamos. Ese dinero incrementó la deuda
externa del país de una manera inédita: de 8 mil a 43 mil millones de dólares que se convirtió
por decisión de la misma dictadura, en deuda pública, es decir en deuda que debieron pagar
todos los argentinos.

Por otra parte se tomaron distintas medidas financieras y administrativas que hicieron que el
Estado iniciara un período de desinversión en salud, educación y vivienda con efectos muy
importantes en el empeoramiento de las condiciones de vida de la gente: aumento de la
pobreza e inicio de lo que hoy denominamos exclusión social. Es decir, se inició el proceso por
el cual muchos hombres y mujeres no encontraban trabajo porque no había fábricas ni
instituciones que necesitaran trabajadores y por lo tanto no podían cubrir sus necesidades
básicas.

La fecha fue establecida en el año 2002 por Ley de la Nación N° 25.633, cuyo artículo 1º
establece: “Institúyase el 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la
Justicia en conmemoración de quienes resultaron víctimas del proceso iniciado en esa fecha
del año 1976.

Fuente:http://educacionymemoria.educ.ar/primaria/24/terrorismo-de-estado/titulo-a-
confirmar/index.html

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2 de abril

El 2 de abril de 1982, tropas argentinas desembarcaron en las islas Malvinas con el fin de
recuperar la soberanía que en 1833 había sido arrebatada por fuerzas armadas de Gran
Bretaña. A pocos días del desembarco y toma de las islas por parte de la tripulación argentina,
la entonces primera ministra de Inglaterra, Margaret Tatcher, envió una fuerte dotación de
militares ingleses para dar respuesta y desplazar a la milicia argentina.

El conflicto bélico resultó ineludible. Si bien fue corto, duró alrededor de dos meses y medio,
tuvo resultados contundentemente trágicos: 649 bajas argentinas y más de 500 suicidios
motivados por secuelas y traumas de posguerra.

El desalentador escenario político, social y económico que Argentina protagonizaba en ese


entonces, funcionó como principal motivación para que la dictadura cívico-militar decidiera, de
forma apresurada y sin mayores estrategias militares, realizar un acto patriótico y heroico que
mejorara su imagen como gobierno. Sin embargo, el fracaso y derrota de las tropas argentinas
deterioró aún más su imagen.

A grandes rasgos, la realidad de la guerra de Malvinas no fue otra que la de una clara
desventaja de la milicia argentina frente a las fuerzas inglesas, que estaban mejor preparadas y
contaban con un armamento superior en fuerza. Nuestros soldados, jóvenes que fueron
alistados de forma obligatoria y otros que lo hicieron voluntariamente, fueron mantenidos en
precarias condiciones durante los meses en que se produjo la guerra. La falta de comida, de
armamento, de comunicación, de directivas claras y coordenadas precisas, fueron moneda
corriente para una misión de semejante calibre.

En noviembre del 2000, a través de la Ley 25.370, el día 2 de abril fue declarado Día de los
Veteranos y Caídos en Malvinas en homenaje a todos los combatientes caídos y los
sobrevivientes de la guerra de Malvinas y sus familiares.

Actualmente, la disputa por estas tierras se realiza de manera diplomática y forma parte de las
agendas en cumbres presidenciales en las que varios países latinoamericanos y del mundo
adhieren al reclamo argentino por la soberanía sobre las islas Malvinas.

Fuente: http://www.mendoza.edu.ar/2-de-abril-qdia-del-veterano-y-de-los-caidos-en-la-
guerra-de-malvinasq/

1 de mayo

“[…] Entre 1820 y 1852, el espacio geográfico-social y político argentino se fragmentó como
medio para mantener la posibilidad de reunificación. Al promediar el siglo, los sectores política
y económicamente dominantes en Buenos Aires resistieron los reclamos de una alianza de
sectores dominantes del litoral fluvial y del interior […] otra vez las provincias Unidas se
fragmentaron en dos organizaciones políticas formalmente separadas: el Estado de Buenos
Aires y la Confederación Argentina…[…]” Ansaldi y Giordano.

Corría el mes de Septiembre de 1852, en la ciudad de Santa Fe comenzaban los preparativos


para dejar finalmente inaugurada la Asamblea Constituyente el 20 de Noviembre, y en Buenos

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Aires estallaba una sublevación cívico-militar. Los convencionales estarán en la ciudad capital
cinco meses para la votación y aprobación del texto constitucional. Así el 1º de Mayo de 1853
los congresales aprobarán la Constitución sin la participación de Buenos Aires; proclamando a
Justo José de Urquiza presidente de la Confederación Argentina. Sin lugar a dudas, la ausencia
de Buenos Aires en este proceso debe leerse a la luz de los intereses económicos; y políticos
que se tensionaban en este contexto: los ingresos aduaneros, la libre navegación de los ríos, la
decisión sobre qué provincia convocaría finalmente a la unidad nacional, y la definición del
lugar que sería la capital de la Nación; constituirán el núcleo de las disputas. También la
cuestión religiosa generará conflicto hacia dentro de la convención: si bien se impone el
principio liberal, en tanto no hay religión de Estado, el presidente de la Nación deberá ser
católico, y el Estado sostiene el culto católico apostólico y romano.
El 1º de Mayo de 1853, la Constitución nacional fue aprobada. A través de un decreto se
promulgó el 25 de mayo y finalmente fue jurada el 9 de julio de ese mismo año. La
Constitución Nacional establece la forma de gobierno Representativa, Republicana y Federal
de gobierno, la división de poderes, garantizando las libertades individuales y lo derechos
civiles a todos los habitantes del país. Establece también la federalización de Buenos Aires y la
nacionalización de los ingresos de la Aduana. Pero la Confederación no pudo imponerle a
Buenos Aires estas medidas; y el país se dividió: Buenos Aires, con su ciudad puerto por un
lado y la Confederación con capital en Paraná, provincia de Entre Ríos, por otro. Desde 1853 La
Constitución Nacional sufrió cinco reformas, incorporándose nuevos derechos a los ya
existentes. En 1949 se incorporaron al texto de la Constitución los derechos del trabajador, de
la familia, de la ancianidad, de la educación y cultura. En 1957 se incorporaron los derechos del
trabajador, de los gremios y la seguridad social. La última reforma de 1994 incorporó derechos
denominados de “Tercera Generación” como por ejemplo derecho a gozar de un medio
ambiente sano y equilibrado, así también se han incorporados derechos referidos a los
consumidores y usuarios de bienes y servicios esto implica requerir información veraz sobre
los productos que se consumen y/o del servicio que usan. También la reforma de 1994
incorporó diversos mecanismos judiciales para proteger los derechos individuales: el habeas
data, el amparo, habeas corpus y el amparo colectivo. En su conjunto, la reforma no cambió
los principales contenidos de la Constitución de 1853, aunque sí modificó parte de la
estructura institucional e incorporó nuevos derechos, a partir del reconocimiento de jerarquía
constitucional a los tratados internacionales sobre Derechos Humanos.
En el año 2001, la crisis de gobernabilidad y de legitimidad que atravesó el país puso en
cuestión los principios esenciales que definen a la Constitución Nacional como ley
Fundamental, y que organiza al Estado, poniendo al país al borde de la disolución misma. Sin
embargo, la legitimidad de las instituciones asimilada a la legalidad que proviene de la
Constitución, junto con la legitimidad del ejercicio del poder puestas en tensión, implicó una
ardua tarea de relegitimación de la política y la validación de la Constitución Social como
contrato social.
En el 2003, con motivo de conmemoración de la sanción de la constitución, el Congreso de la
Nación sancionó la ley 25.863, que en su articulado dispone que el primero de mayo sea el
“Día de la Constitución Nacional”.

Artículo 14 bis- El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes, las que
asegurarán al trabajador: condiciones dignas y equitativas de labor; jornada limitada; descanso

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y vacaciones pagados; retribución justa; salario mínimo vital móvil; igual remuneración por
igual tarea; participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y
colaboración en la dirección; protección contra el despido arbitrario; estabilidad del empleado
público; organización sindical libre y democrática reconocida por la simple inscripción en un
registro especial. Queda garantizado a los gremios: Concertar convenios colectivos de trabajo;
recurrir a la conciliación y al arbitraje; el derecho de huelga. Los representantes gremiales
gozarán de las garantías necesarias para el cumplimiento de su gestión sindical y las
relacionadas con la estabilidad de su empleo. El Estado otorgará los beneficios de la seguridad
social, que tendrá carácter de integral e irrenunciable. En especial, la ley establecerá: el seguro
social obligatorio, que estará a cargo de entidades nacionales o provinciales con autonomía
financiera y económica, administradas por los interesados con participación del Estado, sin que
pueda existir superposición de aportes; jubilaciones y pensiones móviles; la protección integral
de la familia; la defensa del bien de familia; la compensación económica familiar y el acceso a
una vivienda digna.

Fuente: http://campuseducativo.santafe.gob.ar/1o-de-mayo-dia-de-la-constitucion-nacional/

Día del Trabajador:

En 1884, a raíz de la explotación laboral que imperaba en esos años, trabajadores


estadounidenses reunidos en el IV Congreso de la American Federation of Labor (Federación
Americana del Trabajo) acordaron que a partir de 1886 se ajustarían a jornadas laborales de
sólo ocho horas en lugar de catorce o más, como lo venían haciendo. Además de evitar el
desgaste físico producido por jornadas de trabajo tan extensas, los objetivos de este acuerdo
buscaban generar mejores condiciones de empleo en las fábricas, aumentar los salarios y
disponer de más tiempo para poder disfrutar de sus familias, de las artes, las ciencias.
Enterados de los reclamos, los dueños de las fábricas decidieron no reducir las horas de
trabajo y, en efecto, los empleados convocaron a una huelga general para el 1 de mayo. La
ciudad de Chicago se convirtió entonces en un escenario convulsionado y sangriento. La huelga
fue brutalmente reprimida, varios trabajadores murieron, un centenar resultó herido y otros
fueron detenidos.
Otro acontecimiento, el más trascendente por su repercusión y consecuencias, tuvo lugar días
después de la primera represión de la que fueron víctimas los trabajadores en Chicago. En esta
ocasión, en medio de una nueva protesta que repudiaba la represión policial, alguien lanzó una
bomba y produjo la muerte de varios policías. Si bien el responsable nunca pudo ser
identificado, cuatro dirigentes anarquistas fueron detenidos y sentenciados a la horca tras un
proceso irregular y parcial.
La Segunda Internacional, reunida en París en 1889 y conformada por los partidos socialistas y
laboralistas con el objetivo de articular actividades, instituyó el 1 de mayo como jornada de
lucha y memoria por los acontecimientos trágicos ocurridos en Chicago.
En Argentina, esta fecha fue celebrada por primera vez en 1890. Desde entonces, se
conmemora de diferentes formas y con distintas perspectivas y contenidos políticos. De hecho,
columnas socialistas y comunistas han realizado, en distintas oportunidades, actos paralelos a
los oficiales para distinguir los matices e ideologías que cada grupo perseguía.
El Día Internacional de los Trabajadores es una fecha en la que se conmemoran las luchas y los
derechos conseguidos por todos los sectores trabajadores, en los que se incluyen la jornada de
no más de ocho horas, las vacaciones, el aguinaldo, etc.

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Fuente:http://www.mendoza.edu.ar/1-de-mayo-qdia-del-trabajadorq/

25 de mayo:

Hacía tiempo que el ritmo natural que durante siglos había caracterizado a las colonias
españolas de América se había alterado. Las guerras en Europa, las mismas reformas
borbónicas de la segunda mitad del siglo XVIII, la inquietud de la aristocracia española
americana y el descontento de muchos criollos, generaban no pocas preocupaciones. El
comercio con los ingleses y la circulación de ideas liberales hacían que la sociedad de los
estratos sociales definidos y duraderos comenzara a resquebrajarse.

El 13 de mayo de 1810, los habitantes de Buenos Aires pudieron confirmar los rumores que
circulaban intensamente: la Junta Central de Sevilla, último bastión de la Corona española en
pie, había caído también a manos de los ejércitos napoleónicos. Inmediatamente, el virrey
Cisneros advirtió que se crearía una nueva regencia americana en representación de Fernando
VII y en defensa de la Corona. Pero la Junta que lo había nombrado había desaparecido y los
patriotas porteños creyeron que era momento de convocar a un Cabildo Abierto que discutiera
los pasos a seguir.

El 19 y 20 de mayo, las reuniones fueron febriles. El 21 de mayo, una multitud, encabezada por
Domingo French y Antonio Luis Beruti, se reunió con las armas en la mano para exigir el
Cabildo Abierto y la renuncia del virrey. Llevaban el retrato de Fernando VII y una cinta blanca,
símbolo de la unidad criollo-española. El Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio Saavedra,
logró calmar los ánimos, pero la convocatoria para el día siguiente era un hecho.

El 22 de mayo, “la parte más sana y principal del vecindario” concurrió al Cabildo. Como el día
anterior, la plaza estaba llena, mientras transcurrían las acaloradas discusiones, que se
extendieron durante 15 horas. Se discutía qué hacer tras haber caído Sevilla en manos de los
franceses. Los más conspicuos defensores del statu quo, entre quienes se encontraban el
obispo Benito de Lué y Riega y el fiscal Manuel Genaro Villota, sostenían que los americanos
debían obediencia a los españoles. Pero los criollos, en boca de Juan José Castelli y Juan José
Paso, exigían la conformación de juntas autóctonas, porque consideraban que, desparecido el
virrey, el poder había regresado al pueblo.

Se votó en la noche del 22 y el 23 por la mañana se realizó el conteo de votos. Triunfó


ampliamente la opción de deponer al virrey y delegar el poder en el Cabildo. Sin embargo, ese
mismo día el Cabildo daría su golpe contrarrevolucionario nombrando una junta presidida por
al virrey depuesto, algo que concretaría el 24 por la mañana y que resultaría inadmisible para
los partidarios del cambio.

La junta propuesta por el Cabildo se componía, además de Cisneros, por una vocalía integrada
por Cornelio Saavedra y Juan José Castelli (criollos) y el párroco de Monserrat, Juan
Nepomuceno Solá, y el comerciante José de los Santos Inchaurregui (españoles). De inmediato,
desde los suburbios porteños cundió el descontento general. Castelli y Saavedra, que no
habían sido siquiera consultados, renunciaron a integrar la junta, y patricios y Arribeños
tomaron las armas. Recomenzaron así las discusiones de los patriotas.

El 25 de mayo, las protestas eran ya incontenibles. La misma multitud de días atrás ocupaba
nuevamente la plaza. El movimiento patriota se había instalado cerca del Cabildo, el cual
reunido desde temprano había rechazado la renuncia de la Junta. Ni los jefes militares estaban

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ya del lado del virrey. Los cabildantes debieron finalmente solicitar la renuncia de Cisneros y
aceptar la propuesta de nombrar una nueva junta. Así, nacía el primer gobierno patrio.

Saavedra fue el presidente. Lo secundaron Mariano Moreno, Juan José Paso, Manuel Alberti,
Miguel Azcuénaga, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Juan Larrea y Domingo Matheu. Todos
juraron en nombre de Fernando VII, pero algunos creían que era sólo cuestión de tiempo para
que esto dejara de ser así. Años de guerra deberían pasar antes de que el 9 de julio de 1816 se
declarara la independencia.

Recordamos los acontecimientos del 25 de mayo con palabras del presidente del primer
gobierno patrio, Cornelio Saavedra, sobre aquellas jornadas.

Fuente: Cornelio Saavedra, Memoria Autógrafa, en Biblioteca de Mayo, Tomo II, págs.
1050-1051.

“Con las más repetidas instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de
aquel nuevo empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo,
sino también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de
aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir empleos y
honores por aquel medio. A pesar de mis reclamos no se hizo lugar a mi separación. El
mismo Cisneros fue uno de los que me persuadieron aceptase el nombramiento por dar
gusto al pueblo. Tuve al fin que rendir mi obediencia y fui recibido de presidente y
vocal de la excelentísima Junta (…) Por política fue preciso cubrir a la junta con el
manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus
providencias y mandatos”.

Cornelio Saavedra

Fuente: https://www.elhistoriador.com.ar/el-25-de-mayo-de-1810-el-primer-gobierno-patrio/

20 de junio

20 de junio de 1820, muere Manuel Belgrano, abogado, economista, periodista y propulsor de


la educación pública y popular en Argentina y creador de nuestra Bandera Nacional, tarea ésta
que la educación en escuelas primarias se encargó de resaltar como la más representativa. Sin
embargo, Manuel Belgrano no sólo creó la Bandera, también ocupó el cargo de Secretario del
Consulado, lugar desde donde impulsó e incentivó la práctica de oficios y la conformación de
una industria nacional, en contraposición a las posturas económicas de carácter importador
que desalentaban cualquier empresa nacional; estuvo a cargo de la Expedición de Paraguay en
1812, el éxodo del pueblo jujeño y las victorias de Tucumán y Salta. Fue uno de los hombres
dedicados a la conformación de la patria y el sentimiento de nación indispensable para
cualquier pueblo que pretenda regularse y declararse libre de cualquier dominio extranjero.

Los triunfos logrados en Tucumán y Salta le significaron a Don Manuel el otorgamiento, por
parte de la Asamblea del Año XIII, de la suma de 40000 pesos oro. Con ese dinero, Belgrano
podría haber comprado tierras, ejecutado inversiones o bien haberlo despilfarrado en placeres
o subsistencia, pero no; Manuel Belgrano donó ese dinero al Estado bajo la directiva de que
con ese monto se construyeran escuelas en Tarija, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán.
Proyecto que quedó a mitad de camino, ya que los sucesivos gobiernos destinaron el dinero
a otros emprendimientos.

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Las condiciones en que murió Manuel Belgrano estuvieron alejadas de lo que podría haberse
imaginado para una persona que dio tanto por el pueblo y por aquella Revolución de Mayo
que nos condujo hacia la independencia. La pobreza y el olvido fueron el escenario donde se
desarrolló la trágica escena de Belgrano muriendo, ni más ni menos. Quizá porque la inercia
que caracteriza a la historia de los países no cuenta con la holgura suficiente para reconocerle,
hasta el último momento y segundo de vida, el reconocimiento debido a aquél o aquélla que
se apasionó y destinó su vida a la conformación de una patria y nación libre y soberana.El 20
de junio queda así como fecha histórica destinada al reconocimiento del abogado, militar,
economista, pensador, educador y solidario Manuel Belgrano, creador de nuestro símbolo
identitario durante la Expedición del Paraguay en 1812: la celeste y blanca Bandera Nacional
Argentina.

Fuente.http://www.mendoza.edu.ar/20-de-junio-qdia-de-la-banderaq/

9 de julio

El 9 de julio de 1816, el Congreso que se había reunido en Tucumán en marzo de aquel año
dio un paso trascendental y declaró la independencia “del rey Fernando VII, sus sucesores y
metrópoli”. Tras seis años de avances y retrocesos, de mucha lucha y sangre derramada, de
fuertes debates entre decididos e indecisos y muchos cambios en el panorama internacional,
se había declarado la independencia.Se había abandonado el ridículo, como decía San Martín,
de tener bandera, moneda, himno y guerrear contra España, pero seguir, de hecho,
reconociéndose dependientes.

Aquel histórico Congreso no fue, sin embargo, la culminación pacífica de un proceso de unión y
concordia entre los pueblos allí representados. Era más bien, como sostenía Mitre en su
Historia de Belgrano y de la Independencia argentina, “la última esperanza de la revolución”.
Así describía Mitre el cuerpo fundante de nuestra independencia: “Heroico y paradójico
Congreso de Tucumán, producto del cansancio de los pueblos; elegido en medio de la
indiferencia pública; federal por su composición y tendencias y unitario por la fuerza de las
cosas; revolucionario por su origen y reaccionario en sus ideas; dominando moralmente una
situación, sin ser obedecido por los pueblos que representaba; creando y ejerciendo
directamente el poder ejecutivo, sin haber dictado una sola ley positiva en el curso de su
existencia; proclamando la monarquía cuando fundaba la república; trabajando interiormente
por las divisiones locales, siendo el único vínculo de la unidad nacional; combatido por la
anarquía, marchando al acaso, cediendo a veces a las exigencias descentralizadoras de las
provincias, y constituyendo instintivamente un poderoso centralismo, este célebre Congreso
salvó sin embargo la revolución, y tuvo la gloria de poner el sello a la independencia de la
patria”.

No había dudas, retornado al trono Fernando VII, la declaración de independencia significaba


un punto de no retorno para aquellos patriotas que hacía tiempo se habían mostrado
dispuestos a vencer o morir y que no ignoraban que contaban con una muerte segura si
volvían a caer bajo el yugo español.

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Pero los representantes de aquel congreso debían enfrentar una amenaza todavía mayor: la
desunión, la discordia, la anarquía y las rivalidades, que desde hacía seis años se dirimían a
golpes de mando, encarcelamientos, exilios y campañas militares.

De hecho, vastas regiones del ex virreinato no estaban representadas en el Congreso: Santa Fe,
Entre Ríos, Corrientes y la Banda Oriental decidieron no enviar representantes. Tampoco
asistirían diputados de Paraguay y del Alto Perú, con excepción de Chichas o Potosí, Charcas
(Chuquisaca o La Plata) y Mizque o Cochabamba.

Tan significativo resultaba el estado de disolución que el extenso manifiesto que enviaron los
congresales el 1º de agosto de 1816 –del que aquí reproducimos algunos fragmentos- se
refería casi exclusivamente al peligro de la desunión y la anarquía: “El estado revolucionario no
puede ser el estado permanente de la sociedad: un estado semejante declinaría luego en
división y anarquía, y terminaría en disolución. (…) La desunión rompe los vínculos de
correspondencia social, los de sangre y familia, las relaciones de común interés, las afecciones
de amistad. (…) …coraje y espíritu para sobreponeros a la humillación presente: triunfad de
vosotros mismos y de vuestras rivalidades, y contad seguros con las victorias. Legiones
valientes, que malgastáis vuestro espíritu sirviendo a la anarquía que nos destruye, dad un
empleo más digno al furor que os anima, y llevad vuestras iras donde los agravios del enemigo
común empeñan nuestra venganza”.

Fuente: Heráclito Mabragaña, Los mensajes. Historia del desenvolvimiento de la


nación argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes. Tomo I, 1810-
1910, Buenos Aires, Talleres Gráficos de la Compañía General de Fósforos, 1910.

Fin de la revolución, principio del orden – Manifiesto del Congreso de las


Provincias Unidas de Sud América, excitando los pueblos a la unión y al orden

Pueblos; enviados por vuestra expresa voluntad y unidos en este punto a formar el
Congreso, que fijando la suerte y constitución del país, llenase los designios de la
grande obra en que se ve empeñado; consagrados a nuestro alto destino, y expedidos de
las tareas preliminares que debían franquear nuestra carrera, somos a cada paso
interrumpidos en nuestras meditaciones por la incesante agitación tumultuosa que
os conmueve; y echando una ojeada desde la cumbre eminente en que os observamos,
se ha detenido con asombro nuestra consideración sobre el cuadro que ha ofrecido a
nuestra vista la alternativa terrible de dos verdades, que, escritas en el libro de vuestros
destinos, nos apresuramos a anunciaros: unión y orden, o suerte desgraciada. (…)

Queremos excusaros el disgusto de recorrer la serie odiosa de acaecimientos; que


degradando el mérito de la revolución y el crédito de las gloriosas expediciones
militares, nos ha reducido en las últimas derrotas a la situación más desolante. Mil veces
una vanidad torpe, o una tan necia confianza, predijo triunfos que nos arrancaron
lágrimas; y otras tantas los pueblos interiores, comprometidos a mil conflictos, y los
pueblos contribuyentes, brumados con el peso de nuevos empeños, provocaron la
desesperación. Observad sus resultados.

Dueños de un territorio pingüe y poderoso, que recobramos en la rápida carrera de


nuestras primeras empresas hasta la línea que demarcaba el estado, el desorden y la
división nos lo hicieron perder con retroceso violento, reduciendo hasta hoy a tan
estrechos límites nuestra existencia, cuanta es la extensión e importancia del territorio
vasto, poblado y rico de que nos han privado. Esfuerzos repetidos y malogrados, no
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han servido más que a inspirar el desaliento que dejan las reiteradas derrotas;
soldados infructuosamente sacrificados al furor enemigo, o vagando dispersos
entre los horrores de la miseria; millares de familias, o huyendo despavoridas a
buscar un asilo en la piedad, o indignamente ultrajadas por el tirano que las
insulta; pueblos enteros entregados al incendio y a la carnicería; fortunas
saqueadas y abandonadas al pillaje; los tesoros minerales alimentando la fuerza
que los subyuga; obstruidas las vías del comercio al Perú y a Chile (…); estancadas
en almacenes las importaciones extranjeras, por falta de consumidores, el erario
sufre un quebranto enorme en sus ingresos; las fortunas particulares recargan el
peso de nuevas contribuciones sin otra medida que la de las urgencias cada vez
mayores; el comercio y la industria apenas respiran; todas las clases del estado se
aniquilan y consumen; el país devastado y exhausto no presenta sino la imagen de
la desolación, y aleja de nuestras costas los negociantes que no hallan un objeto de
interés a sus especulaciones. (…)

El extravío de los principios nos alejó demasiado de los senderos del orden: el
horror a las cadenas que rompimos, obró la disolución de los vínculos de la
obediencia y respeto a la autoridad naciente; la libertad indefinida no reconoció
límites, desde que perdidas las aptitudes de la sumisión, se creyeron los hombres
restituidos a la plenitud absoluta de sus arbitrios: el poder, por otra parte, sin
reglas para conducirse, debió hacerse primero arbitrario, después abusivo y
últimamente despótico y violento: todo entró en la confusión del caos: no tardaron
en declararse las divisiones intestinas: el gobierno recibió nueva forma, que una
revolución varió por otra no más estable; sucedieron a ésta otras diferentes que
pueden ya contarse por el número de años que la revolución ha corrido; y es tal la
indocilidad de los ánimos, que puede muy bien dudarse si en todas las
combinaciones de los elementos políticos hay una forma capaz de fijar su
volubilidad e inconsistencia.

Aún está reciente la memoria del movimiento del 15 de abril antepasado, en que la
capital sacudió el yugo de la facción atrevida que la tiranizaba; la dulce satisfacción
de haber arrojado a sus opresores, la inspiró el deseo generoso de asociar los pueblos a
su nueva fortuna…

(…) El germen de la anarquía con la fermentación de cinco años desenvuelve todos


sus principios; el contagio de la capital se difunde a las provincias y pueblos,
afectándose éstos con sus mismos síntomas; algunas provincias cortaron con
aquella sus relaciones; al ejemplo de éstas sus pueblos dependientes rompieron los
ligamentos que los unían a ellas; unos con otros, todos en celos y rivalidades, cada
cual aspira a constituirse o asoma pretensiones. Jamás, situación tan peligrosa y
degradante. (…)

El ejército enemigo del Perú reforzándose y llevando su empeño con el tesón de un


orden sostenido, donde todo cede a la voz del que manda; el nuestro en la más
espantosa disolución, arrastrando desde Sipe-Sipe la degradación de nuestras
armas, y derramando en todo el país la amargura, la consternación y el estupor.
Por todas partes no se ve sino la sombra del espanto, un silencio profundo que
indica el abatimiento; y en medio de la capacidad de recursos para reprimir el
torrente de males, falta resorte al espíritu para decidirse a buscarlos. (…) Sin
hombres para soldados, sin dineros para pagarlos, sin víveres con que sostenerlos; todo

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queda en una parálisis mortífera. Cada momento nos advierte la instante necesidad de
repararnos, y se pasan unos tras de otros los días y los meses sin sacarnos de la inercia
en que yacemos. Es que faltaba una voz imperiosa que se hiciese oír con respeto, un
espíritu vivificante que reanimase el abatimiento, un móvil vigoroso que diese
impulso a la acción.

¡Pueblos! el contacto de la aflicción y el sentimiento de nulidad a que os redujo la


desunión y el desorden, arrancaron del seno mismo de los males el único remedio
que ha de curarlos. Vosotros provocasteis la creación de una autoridad
representativa, que, erigida con el voto universal, formase un punto de unión de
todas las relaciones, una expresión de todas las voluntades, una concentración de
todos los poderes: vuestras acciones están todas comprometidas en este árbitro
soberano de vuestros destinos. Marcad ese momento, último recurso en vuestras
desgracias; él va a decidir la suerte del país. Él debe fijar límites a la revolución,
abrir los senderos del orden, restablecer la armonía, sofocar las aspiraciones,
acallar los resentimientos y querellas de los pueblos, y consolidar la unión de las
partes dilaceradas. (…)

El estado revolucionario no puede ser el estado permanente de la sociedad: un


estado semejante declinaría luego en división y anarquía, y terminaría en disolución.

…el país hizo un sacudimiento de la dominación violenta que le subyugaba… (…)


Todo nos invita, provoca y obliga: los derechos más irrefragables de gentes en sociedad;
el interés manifiesto de la necesidad y conveniencia; los estímulos más poderosos del
honor y crédito. (…)

…ya es un axioma incontestable que toda autoridad legítima emana de los pueblos;
hoy no se puede sorprender la sencillez de las gentes vendiéndoles por canónica
una constitución civil o haciendo bajar del cielo el título de un soberano, o el óleo
de su unción.

(…) el poder y autoridad que ejercemos deriva a vuestros mismos ojos de origen tan
augusto. Mandamos con el poder y autoridad de los pueblos; y la voluntad soberana
se ha de cumplir. (…)

Cuando la revolución afecta la suerte de la causa del país, es además un crimen de lesa
patria… (…) No basta reconocer y obedecer la autoridad soberana; es necesario
respetar y sujetarse a su dirección y disposiciones. El plan que haya de salvarnos
debe reglar la conducta del estado por un sistema ordenado en la posible armonía y
consonancia entre el que dirige, el que preside y manda su ejecución y los que deben
observar sus mandatos. (…)

La desunión no os es menos funesta que el desorden. La desunión debilita el


espíritu público que por la unión se concentra, lo aniquila o cuando menos lo
sofoca. La desunión rompe los vínculos de correspondencia social, los de sangre y
familia, las relaciones de común interés, las afecciones de amistad. La unión al
contrario todo lo consolida; y aunque sea de pura agregación, forma masas enormes
difíciles de mover: con la unión todo es más fuerte. (…)

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Fabiana Rubino / Débora Oviedo Didactica de las CS.Sociales 4°1° TV

Si cuando entrasteis en el designio de formar sociedad, consentisteis en la idea de


huir de los bosques y desiertos para buscar en la asociación unidas las ventajas que
aislados no disfrutaríais, ¿cómo cabe en el juicio de hombres cuerdos apresurarse
a dividir y disociarse al aproche[1] de los peligros, cuya inminencia, cuando
vivieran aislados como los salvajes, los reuniría, como lo hacen las bestias mismas
para auxiliarse y defenderse? (…)

Tenéis erigido un tribunal anfictión encargado de oír las causas de vuestras


diferencias, y terminarlas al amigable con toda la imparcialidad que podéis
apetecer.(…) Acercaos al paño en que trazamos el bosquejo del estado que
entramas a constituir. Fijas nuestras miras al objeto de vuestra común felicidad,
en vano es que nos autorizásemos con vuestros poderes, ni con las facultades de
arbitrar en vuestros destinos, para no dirigir y terminar las líneas por los puntos
indicados al bien general.(…) …nuestra comisión es para regenerar, formar y felicitar
el país; nuestros planes deben ser de vida y beneficencia. Que vivan, pueblen y
prosperen el estado en un sistema de unión, y de integridad. (…)

Nuestra situación es de apurado conflicto: la patria está amenazada próximamente de


ruina. Dos ejércitos enemigos victoriosos nos amagan y estrechan por dos puntos;
nuestras fuerzas en el uno no alcanzan; en el otro están en nulidad y a punto de
disolverse. Sin protección ni recursos extraños, todo lo debemos buscar en nosotros
mismos; las rentas públicas no bastan a las cargas ordinarias; y si hemos de hacer
algo, ha de ser únicamente con nuevos sacrificios.

Necesitamos reforzar un ejército, crear otro, proveerlos de lo necesario, vestuario,


subsistencias y pagas para establecer la disciplina y contener las deserciones: esta obra
debe ser prontísima y requiere toda la actividad del gobierno supremo que manda, y
toda la deferencia y acción de los gobiernos y jefes subalternos… Son tan inminentes
los peligros, que cualquier dilación puede desconcertar el proyecto…

La discordia (…) opone obstáculos invencibles al plan ya concertado y fácil para


reparar de un golpe todas las pérdidas, precaver todos los riesgos, y fijar para
siempre la fortuna a nuestro favor. La discordia, en que nunca con más calor que
hoy os empeñáis unos con otros, os tiene en continuas alarmas, ocupando los
soldados y hombres útiles que necesitan los ejércitos; consumiendo en mantenerlos
las escasas rentas que habían de servir al sostén de aquellos; apurando en las
fortunas particulares los únicos medios con que podemos contar para la empresa
de salvarnos.

¡Pueblos! ¡Ejércitos! ¡Ciudadanos! (…), dad una tregua en estos fatales momentos
a vuestras disensiones y querellas: consagrad a la salud de la patria…
(…) Conspirad unidos a sostener el crédito de la autoridad que habéis creado, a que se
respeten y obedezcan sus disposiciones, y a exterminar esos genios turbulentos, y veréis
desaparecer en breve las sombras horribles de males y peligros, y presentarse a vuestra
esperanza el cuadro iluminado con los colores más vivos y lisonjeros. (…)

Que renazca la unión y se establezca el orden, y veréis renovarse el espíritu


patriótico casi extinguido; los ciudadanos correrán voluntarios a las armas; los
desertores se restituirán a los ejércitos… (…) Veréis reproducirse los días alegres que
dan las nuevas de los triunfos, y dulcificarse nuestras amarguras con las

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inundaciones del júbilo. Se romperán los obstáculos, y franquearán los canales de


las riquezas. Las naciones que hoy no ven en nosotros sino el desecho de lo que
fuimos, pueblos en horror y desolación, desde que nos vean en sociedad ordenada,
nos dispensarán otras consideraciones. El título de independencia, que sostenido
solamente por la justicia, no es respetado por más que una denominación vana, llevado
por la voz de la fama de los triunfos, se hará un rango espectable entre las gentes. El
pabellón victorioso de la nación más rica de la tierra se ostentará sobre los muros de
nuestras fortalezas, y flameará sobre las ondas con toda la dignidad que le atraiga los
respetos. Tierras inmensas y feraces, climas variados y benignos, medios de
subsistencias abundantes, montes de oro y plata en extensión interminable,
producciones de todo género exquisitas atraerán a nuestro continente millares de
millares sin número de gentes, a quienes abriremos un asilo seguro y una protección
benéfica.

Acabad de decidiros: una resolución pronta y magnánima salva la patria, y la


releva de su degradación al colmo de la gloria y al rango brillante de las naciones.
(…) …coraje y espíritu para sobreponeros a la humillación presente: triunfad de
vosotros mismos y de vuestras rivalidades, y contad seguros con las
victorias. Legiones valientes, que malgastáis vuestro espíritu sirviendo a la
anarquía que nos destruye, dad un empleo más digno al furor que os anima, y
llevad vuestras iras donde los agravios del enemigo común empeñan nuestra
venganza. (…)

Y si aún hubiere algunos, que tenaces en la idea de sacrificar la patria al empeño de sus
caprichos, insistieren o intentaren renovar las vías del desorden, o los proyectos de
disolución, adviertan, que, si pudiendo hablarles con el tono enérgico del imperio,
hemos preferido ilustrar antes su obediencia, esta conducta sobria hará la autoridad
inexorable a no permitir que los agentes de la revolución y de la discordia queden
impunes en su crimen. Antes que todo es la patria, la suerte y salud del estado, la
independencia y constitución del país.

El Congreso ha pronunciado el siguiente decreto

Fin a la revolución, principio al orden, reconocimiento, obediencia y respeto a la


autoridad soberana de las provincias y pueblos representados en el congreso, y a sus
determinaciones. Los que promovieren la insurrección, o atentaren contra esta autoridad
y las demás constituidas o que se constituyeren en los pueblos, los que de igual modo
promovieren u obrasen la discordia de unos pueblos a otros, los que auxiliaren o dieren
cooperación o favor, serán reputados enemigos del estado, y perturbadores del orden y
tranquilidad pública, y castigados con todo el rigor de las penas hasta la de muerte y
expatriación, conforme a la gravedad de su crimen, y parte de acción o influjo que
tomaren. No hay clase ni persona residente en el territorio del estado exenta de la
observancia y comprensión de este decreto, ninguna causa podrá exculpar su infracción.

Queda libre y expedito el derecho de petición no clamorosa ni tumultuaria a las


autoridades y al congreso por medio de sus representantes.

Comuníquese al supremo Director del estado para su publicación en toda la


comprensión de su mando. Congreso en Tucumán a 1° de agosto de 1816.-

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Dr. José Ignacio Thames, Presidente.


Juan José Paso, Secretario.

17 de agosto

1850: Muere en Boulogne-Sur-Mer, Francia, el general José de San Martín. Militar argentino,
obtuvo su primera victoria en la causa de la independencia de América en el combate de San
Lorenzo, al frente de los Granaderos a Caballo. Fue gobernador intendente de Cuyo y organizó
el Ejército de los Andes. Tras cruzar la cordillera, obtuvo las victorias de Chacabuco, en 1817, y
de Maipú, en 1818, que aseguraron la independencia de Chile. En julio de 1821 entró en Lima,
Perú, y el 28 de ese mes declaró la independencia de ese país. Las desavenencias con el
gobierno de Buenos Aires lo decidieron a marchar hacia Europa. Había nacido en Yapeyú,
actual provincia de Corrientes, el 25 de febrero de 1778.Para poner fin a la resistencia realista,
intentó sumar esfuerzos con Simón Bolívar, con quien tuvo la famosa entrevista de Guayaquil,
en julio de 1822. Pero las diferencias políticas y militares, hicieron que se retirara y dejara todo
en manos del líder venezolano. Pronto renunció al protectorado del Perú y se retiró de la
política.San Martin Intentó regresar a Buenos Aires en 1828, pero no bajó del barco ante la
guerra civil desatada por el general Lavalle. Luego de pasar por Montevideo, regresó a Europa,
donde vivió veinte años más, hasta que falleció, enfermo de asma, reuma y úlceras, el 17 de
agosto de 1850.

Carta de San Martin a su amigo Tomas Guido Bolívar y yo no cabemos en el Perú. He


penetrado sus miras arrojadas; he comprendido su desabrimiento por la gloria que pudiera
caberme en la prosecución de la campaña. Él no excusará medios, por audaces que fuesen,
para penetrar a esta república seguido de sus tropas: y quizá entonces no me sería dado evitar
un conflicto a que la fatalidad pudiera llevarnos, dando así al mundo un humillante escándalo.
Los despojos del triunfo de cualquier lado a que se inclinase la fortuna los recogerían los
maturrangos, nuestros implacables enemigos, y apareceríamos convertidos en instrumentos
de pasiones mezquinas. No seré yo, mi amigo, quien deje tal legado a mi patria, y preferiría
perecer, antes que hacer alarde de laureles recogidos a semejante precio.

Carta de San Martin a su amigo Tomas Guido

Estimado general:Le escribiré no sólo con mi franqueza natural sino con la que exigen los
grandes intereses de América.Los resultados de nuestra entrevista no son los que yo tenía
previstos para dar un final rápido a la guerra. Por desgracia, estoy completamente convencido
de que o bien usted no ha estimado sincero mi ofrecimiento de servir a sus órdenes con las
tropas a mi mando, o mi persona le resulta molesta. Las razones que usted adujo –que su tacto
no le permitiría nunca darme órdenes y que, aunque ése fuera el caso, el congreso colombiano
no lo autorizaría a separarse del territorio de Colombia- no me han parecido muy plausibles.La
primera se contradice por sí sola. En cuanto a lo que a la segunda se refiere estoy convencido
de que, si usted expresara sus deseos, encontraría aprobación unánime, puesto que el objetivo
es terminar la campaña que iniciamos y en la cual estamos comprometidos, con su
cooperación y la de su ejército, y de que el honor de llevarla a termino recaería en usted y en

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la república que usted preside.No se deje caer en engaños, general. Las noticias que usted
tiene sobre las fuerzas realistas son erróneas: entre el Alto y el Bajo Perú suman más de
19.000 veteranos, que pueden reunirse en dos meses. El ejército patriota, diezmado por las
enfermedades, no estará en condiciones de mandar al frente a más de 8.500 soldados, gran
parte de ellos reclutas rasos. La división del general Santa Cruz (cuyas bajas según él mismo me
dice no han sido reemplazadas a pesar de su insistencia) experimentará considerables pérdidas
en su larga marcha por tierra, y no contribuirá en nada en esta campaña.La división de 1.400
colombianos que usted está mandando hará falta para guarnecer El Callao y mantener el
orden en Lima. En consecuencia, sin el respaldo del ejército que usted dirige, la operación
planeada a través de los puertos (Guayaquil, etc.) no tendrá las ventajas que podrían
esperarse, a menos que fuerzas poderosas puedan arrastrar al enemigo a cualquier otra parte.
Y, de esa manera, la lucha se prolongará indefinidamente. Digo indefinidamente porque estoy
convencido de que sean cuales sean las dificultades de guerra actual la independencia de
América es irrevocable. Pero también estoy convencido de que la prolongación de la guerra
será la ruina de los pueblos y es un deber sagrado de los hombres, en cuyas manos descansa
su destino (el de América), evitar que continúen sus males.Sea como sea, general, mi decisión
está irrevocablemente tomada. He convocado al primer congreso de Perú para el día 20 del
mes próximo y, al día siguiente de su instalación, me embarcaré rumbo a Chile, convencido de
que mi presencia es el único obstáculo que le impide a usted venir a Perú con el ejército a sus
órdenes. Para mí habría sido el colmo de la felicidad terminar la Guerra de la Independencia a
las órdenes del general a quien América debe su libertad. El destino ordena otra cosa y
debemos resignarnos a él.Como no tengo duda de que el gobierno peruano que se establezca
cuando yo me haya ido solicitará la cooperación activa de Colombia y de que usted no podrá
negarse a tan justa demanda, le mandaré una lista de todos los oficiales cuya conducta, tanto
militar como privada, pueda recomendar a usted.El general Arenales quedará al mando del
ejército argentino. Su honestidad, su coraje y sus conocimientos lo hacen merecedor de todas
las consideraciones que usted tenga con él.Nada diré de la anexión de Guayaquil a la Republica
de Colombia. Permítame, general, decir que no creo sea de nuestra incumbencia decidir
asunto tan importante. Al terminar la guerra lo habrían decidido los respectivos gobiernos, sin
los conflictos que ahora pueden resultar para los intereses de los nuevos estados de
Sudamérica.Le he hablado, general, con franqueza; pero los sentimientos expresados en esta
carta quedarán enterrados en el más profundo silencio. Si se conocieran, los enemigos de
nuestra libertad podrían aprovecharse de los motivos de nuestros pesares; los intrigantes y
ambiciosos sembrarían la discordia.Con el mayor Delgado, portador de esta carta, le envío una
escopeta y un par de pistolas, junto con mi caballo, que le ofrecí en Guayaquil. Acepte,
general, este suvenir de su más ferviente admirador.Con estos sentimientos y la esperanza de
que usted tenga la gloria de poner fin a la guerra de la independencia de Sudamérica, su
seguro servidor: José de San Martín

11 septiembre

Sarmiento es uno de los educadores que da mayor aporte a las poli ticas educativas de
Argentina en el siglo XIX, fue por sobre toda las cosas, un educador nato; durante toda su vida,
en todas partes, ocupase el cargo que ocupase, fue siempre educador: educó siendo ministro,

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gobernador, legislador o presidente. De hecho, se inició como maestro en una escuela rural en
la provincia de San Luis en 1826, a los 15 años de edad. En dos de las principales obras escritas
en su segundo exilio en Chile, Viajes por Europa, África y América, escribió sobre todo lo
educacional observado en sus viajes y en Educación Popular, transcribió gran parte de su
pensamiento `pedagógico, y su proyecto de educación pública, gratuita y laica La doctrina
pedagógica de Sarmiento se encuentra fundamentalmente en la Acción. Sus principios se
encuentran dispersos en sus Obras: cartas, discursos, proclamas, proyectos, estudios, notas,
reglamentos. Sin embargo, hay otros textos durante su gobierno enfatizó la creación de
Bibliotecas Populares en las diversas Provincias Argentinas, especialmente en los lugares más
apartados Entre 1845 y 1847, por encargo del gobierno chileno, visitó Uruguay, Brasil, Francia,
España, Argelia, Italia, Alemania, Suiza, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá y Cuba. En cada uno
de estos países se interesó por sus sistemas educativos, el nivel de enseñanza y las
comunicaciones. Cuando Sarmiento asumió la gobernación de San Juan dictó una Ley Orgánica
de Educación Pública que imponía la enseñanza primaria obligatoria y creaba escuelas para los
diferentes niveles de educación, entre ellas una con capacidad para mil alumnos, el Colegio
Preparatorio y una escuela destinada a la formación de maestras. Desde la presidencia siguió
impulsando la educación fundando unas 800 escuelas.

Sarmiento aprendió en Estados Unidos la importancia de las comunicaciones en un país


extenso como el nuestro. Durante su gobierno se tendieron 5.000 kilómetros de cables
telegráficos y en 1874, poco antes de dejar la presidencia, pudo inaugurar la primera línea
telegráfica con Europa. Modernizó el correo y se preocupó particularmente por la extensión de
las líneas férreas, tenía una confianza única en la educación popular; por lo mismo, como
estadista afirmaba que no hay verdadera democracia sin la educación popular. Sólo mediante
la difusión de la educación es posible realizar el ideal de la igualdad republicana. Toda su
política educacional gira en torno a la doctrina del “estado enseñante”; en Chile colaboró para
acuñar lo que allí se llamó “estado docente”. Finalmente, hay que mencionar que este
importante personaje fue un gran promotor de la ciencia, pues pensaba que era la única forma
de democratizar el conocimiento; por lo mismo instó a la divulgación masiva científico-
tecnológica como una manera de superar el atraso en los países sudamericanos. Al plantear
que la educación ayudará a extender la democracia se adelanta a los planteamientos que al
respecto hará John Dewey, el gran educador norteamericano, hacia finales del siglo XIX con sus
ideas que consolidará en Democracia y Educación En 1943 durante la primera Conferencia
Interamericana de Educación, reunida en Panamá, se estableció como “Día Panamericano del
Maestro en las Américas” al 11 de septiembre en homenaje al fallecimiento de Sarmiento:
“Considerando: que es actividad fundamental de la Escuela la educación de los sentimientos,
por cuyo motivo no debe olvidarse que entre ellos figura en primer plano la gratitud y
devoción debidas al maestro de la escuela primaria, que su abnegación y sacrificio guía los
primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros
pueblos; que ninguna fecha ha de ser más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11
de septiembre, día que pasó a la inmortalidad, el año 1888, el prócer argentino Domingo
Faustino Sarmiento”.

12 DE OCTUBRE

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Fabiana Rubino / Débora Oviedo Didactica de las CS.Sociales 4°1° TV

Día del respeto a la diversidad cultural. Se conmemora en nuestro país desde 2010 por
disposición de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en reemplazo de la celebración del
“día de la raza” que había dispuesto por decreto Hipólito Irigoyen el 4 de octubre de 1917 en
recuerdo de la llegada de Cristóbal Colón a América.

Argentina: el Día de la Raza fue establecido en la Argentina en 1916 por decreto del presidente
Hipólito Irigoyen. Existió desde 2007 un proyecto de decreto, presentado por el INADI, de
modificar el nombre de Día de la Raza por Día de la Diversidad Cultural Americana. Finalmente
fue consagrado como Día del Respeto a la Diversidad Cultural por medio del Decreto de
Necesidad y Urgencia 1584/2010 emitido por la presidenta Cristina Fernández.
Anteriormente conocido como "Día de la Raza", el 12 de octubre, es una fecha utilizada en la
Argentina para promover la reflexión histórica y el diálogo intercultural acerca de los derechos
de los pueblos originarios. En este sentido, en el año 2010 el Poder Ejecutivo Nacional envió al
Congreso un proyecto de ley para modificar el nombre de "Día de la Raza" por "Día de la
Diversidad Cultural Americana". Es muy importante la decisión de cambiar el nombre del
feriado del 12 de octubre, ya que el término utilizado anteriormente (“Día de la Raza”) es
ofensivo y discriminatorio. Desde hace años se ha venido debatiendo lo que sucedió en
nuestro continente con la llegada de los conquistadores en 1492, por eso establecer un feriado
donde se conmemore el respeto por la diversidad cultural, es un reconocimiento histórico para
con los pueblos originarios.El cambio en el significado del feriado "implica armonizar la
legislación nacional con el derecho de los pueblos indígenas, consagrando y reconociendo que
los derechos humanos tienen los caracteres de universalidad, indivisibilidad e
interdependencia", informaron desde el Instituto Nacional contra la Discriminación, la
Xenofobia y el Racismo (INADI).Vale destacar que la Constitución Nacional consagra el derecho
a la igualdad en sus artículos 16 y 75, inciso 23; mientras que el artículo 75, inciso 17 reconoce
la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos, garantizando el respeto a
su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural y el artículo 75, inciso 22
otorga jerarquía constitucional a los instrumentos internacionales de derechos humanos allí
enumerados, los cuales a su vez consagran en más de una oportunidad el mencionado
principio de igualdad y no discriminación.

10 de noviembre

El día de la tradición se conmemora en nuestro país el 10 de noviembre, día en que nació José
Hernández, el autor del Martín Fierro, una de las obras más representativas de la literatura
gauchesca argentina.La idea de propender a la institucionalización de un día que conmemore
las tradiciones gauchas, correspondió al poeta Francisco Timpone, que la propuso en la noche
del 13 de diciembre de 1937, en una reunión de la Agrupación llamada Bases, institución que
homenajeaba a Juan Bautista Alberdi y que tenía su sede en La Plata, provincia de Buenos
Aires.
El 6 de junio de 1938 la agrupación presentó ante el Senado de la Provincia de Buenos Aires
una nota pidiendo que se declare el 10 de noviembre como «Día de la Tradición», por el
natalicio en dicha fecha de José Hernández. En la nota se propuso la peregrinación cívica al
Museo Gaucho Ricardo Güiraldes, de San Antonio de Areco, en homenaje y como consagración
efectiva de ese día.La aprobación ante la Cámara de Senadores y Diputados fue unánime,

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declarada bajo la ley Nº 4756 / 39, promulgada el 18 de agosto de 1939, y se publicó en el


Boletín Oficial (entrando en vigencia), el 9 de septiembre del mismo año. La referida ley se
originó en el Senado y fueron sus autores D. Edgardo J. Míguenz y D. Atilio Roncoroni.
En su primera celebración los intendentes municipales de La Plata y San Antonio de Areco,
realizaron el primer festejo de las tradiciones. A partir de 1940, La Plata contuvo en su seno la
fiesta. La Agrupación publicaba cada año un libro, resumen de todo lo acontecido.
La Ley 10220/84 modificó a la Ley 4756/39 el Art. 3° original, que pasó a decir: Declárase sede
provincial permanente de la tradición a la localidad de San Antonio de Areco.
Por otro lado, por Ley Nacional N° 21154 de 1975, el Congreso Nacional extendió a todo el
territorio argentino la vigencia del 10 de noviembre como «Día de la Tradición» (cumpliéndose
lo que fue una aspiración inconclusa de la agrupación Bases) y declaró Ciudad de la Tradición a
la Ciudad de San Martín, por ser el pueblo natal de José Hernández.

20 de novimbre

El Día de la Soberanía Nacional se celebra anualmente el 20 de noviembre, en conmemoración


de la Batalla de la Vuelta de Obligado, librada el 20 de noviembre de 1845. La Nación Argentina
se encontraba gobernada por Juan Manuel de Rosas, quien al mismo tiempo ejercía como
gobernador de la provincia de Buenos Aires.Esta conmemoración fue propuesta, junto con la
repatriación de los restos de Rosas, por el historiador José María Rosa en 1974 y aprobada por
el Congreso de la Nación Argentina el mismo año. Años más tarde, el 3 de noviembre de 2010,
año del Bicentenario de Argentina, fue promovida a feriado nacional mediante un Decreto de
Necesidad y Urgencia por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Se le denomina día de la soberanía, en recuerdo del episodio conocido como la Vuelta de
Obligado ocurrido el 20 de noviembre de 1845. En aquella histórica jornada el general Juan
Manuel de Rosas, al mando de las relaciones exteriores del territorio nacional, decidió
enfrentar a las fuerzas anglofrancesas cerca de San Pedro oponiendo una heroica resistencia.
El encargado de la defensa del territorio nacional fue el general Lucio N. Mansilla, quien tendió
de costa a costa barcos “acorderados” sujetos por cadenas. La escuadra invasora contaba con
fuerzas muy superiores a las locales. A pesar de la heroica resistencia de Mansilla y sus fuerzas,
la flota extranjera rompió las cadenas colocadas de costa a costa y se adentró en el Río Paraná.

10 DE DICIEMBRE

Día internacional de los derechos humanos.Día de la restauración democrática, en recuerdo


del día en que el candidato radical Raúl Alfonsín asumió como presidente del país, poniendo
fin a más de siete años de dictadura cívico militar en la Argentina, una de las etapas más
oscuras y sangrientas de nuestra historia, este día fue establecido por la Asamblea General de
las Naciones Unidas. Busca promover los valores establecidos en la Declaración Universal de
Derechos Humanos de 1948.El 10 de diciembre se conmemora el Día Internacional de los
Derechos Humanos. Luego de la Segunda Guerra Mundial, uno de los principales mensajes ha
sido el de la promoción y protección de derechos en todas las naciones. El respeto a la
dignidad de la persona es el fundamento para la libertad, la justicia y la paz en el mundo.
Debido a la importancia de esta Declaración, muchos países la han incorporado a sus

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constituciones para seguir sus lineamientos en políticas públicas y para que sus ciudadanías
reciban protección legal. Se trata de derechos inherentes a todos los seres humanos, sin
distinción de sexo, nacionalidad, lugar de residencia, origen nacional o étnico, color, religión,
lengua, edad, partido político o condición social, cultural o económica. El catálogo completo de
los mismos puede encontrarse en nuestra Constitución Nacional y en los instrumentos
jurídicos internacionales vigentes en Argentina.En nuestro país, los Derechos Humanos
constituyen una política de Estado. Argentina ha implementado políticas y programas relativos
a la protección y promoción de los derechos, especialmente a grupos sociales que han sido
postergados o vulnerados: personas con discapacidad, comunidad LGBT, personas privadas de
su libertad, niños, adultos mayores, mujeres en situación de violencia, migrantes, entre otros.

Declaración Universal de Derechos Humanos

Adoptada y proclamada por la Asamblea General en su resolución 217 A (III), de 10 de


diciembre de 1948

•Art 1. Nacer libres e iguales en dignidad y derechos.

•Art 2. No ser discriminados por raza, color, sexo, religión, opinión política, posición
económica u otras razones.

•Art 3. Derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad.

•Art 4. A no ser esclavo de nadie.

•Art 5. A no ser sometido a torturas, ni penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

•Art 6. Al reconocimiento de su personalidad jurídica.

•Art 7. A ser iguales ante la ley.

•Art 8. A tener acceso a la justicia siempre.

•Art 9. A no ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

•Art 10. A tener un juicio justo e imparcial.

•Art 11. A ser inocente hasta que se demuestre su culpabilidad.

•Art 12. A tener una vida privada sin ser objeto de injerencias arbitrarias.

•Art 13. A circular libremente, salir y volver a los países de origen

•Art 14. A buscar asilo y a disfrutar de él, en cualquier país (si no hay acción penal en contra).

•Art 15. A tener nacionalidad.

•Art 16. A casarse y tener una familia.

•Art 17. A la propiedad individual y colectiva.

•Art 18. A la libertad de pensamiento, conciencia y creencia.

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Fabiana Rubino / Débora Oviedo Didactica de las CS.Sociales 4°1° TV

•Art 19. A la libertad de opinión y de expresión.

•Art 20. A la libertad de reunión y asociaciones pacíficas.

•Art 21. A participar en el gobierno de su país.

•Art 22. A la seguridad social universal.

•Art 23. A un trabajo por salario equitativo y protección contra el desempleo.

•Art 24. Al descanso y disfrutar del tiempo libre.

•Art 25. A la alimentación, vestido, vivienda y asistencia médica.

•Art 26. A la educación.

•Art 27. A gozar de las artes y la cultura, y participar de la ciencia.

•Art 28. A un mundo justo y libre.

•Art 29. A desarrollarse como una persona, a través del trabajo en la comunidad.

•Art 30. A que nadie pueda quitarte los derechos.

Bibliografia:
PIGNA, Felipe. Domingo Faustino Sarmiento (1811 - 1888) en

www.elhistoriador.com.ar, consultado 5/07/2012.

Fuente: Harvey Robert, Los Libertadores: La lucha por la independencia de América Latina
1810-1830. Traducción Aguilar, Carmen. 2002. RBA. Barcelona. págs. 224-225.

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