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1.

Las vocales y los diptongos

El sistema fonológico latino se componía de un nivel vocálico y otro consonántico,


atendiendo a la capacidad del primero para funcionar como centro de sílaba y a la
incapacidad del segundo. En latín clásico podían aparecer como centro de sílaba los
siguientes fonemas: ā, ē, ī, ō, ū (vocales largas), ă, ĕ, ĭ, ŏ, ŭ (breves), ae, oe, au, eu y ei
(diptongos).

El sistema clásico vocálico latino era un sistema triangular de cinco vocales (a, e, i, o,
u) que se oponían entre sí en función de su grado de abertura y localización además de
por su cantidad vocálica, la cual podía ser larga (dos moras de duración) o breve (sólo
una), dando lugar a una oposición difonemática en las vocales. Atendiendo a su
localización, es decir, a la posición de la lengua respecto al paladar, tenemos vocales
palatales o anteriores (e, i), velares o posteriores (o, u) y la central (a). En función del
grado de abertura podemos encontrarnos con vocales cerradas (i, u), intermedias (e, o) y
la abierta (a).

A pesar de las distinciones vocálicas descritas, compartían rasgos comunes: las vocales
largas son más estables que las breves, las sílabas átonas son más débiles que las tónicas
y la posición inicial es más estable frente a la media o final.

En latín postclásico se da un cambio radical en este sistema vocálico, ya que las


diferencias de cantidad pasan a ser irrelevantes y comienzan a confundirse los fonemas
de abertura similar. Se produce así el paso de una oposición basada en diferencias de
timbre y cantidad (latín clásico) a uno en el que primarán las diferencias de timbre y
apertura (latín postclásico).

Los fonemas vocálicos mencionados podían dar lugar a combinaciones binarias


llamadas hiatos y diptongos. Los diptongos en indoeuropeo eran seis (ai, ei, oi, au, eu,
ou) y tendían a la monoptongación, por lo que en el período clásico latino sólo
encontramos a tres de ellos (ae, oe, au).

1.1. Cambios cualitativos (timbre)

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1.1.1. Vocales en sílaba inicial: generalmente son muy resistentes, por lo
que los pocos cambios se producen en sílabas breves y suelen ser debidos a la influencia
asimilatoria de los sonidos con los que está en contacto o al acento histórico (Bassols).

1.1.1.1.1. Cambios de la -ĕ en -ĭ/-ŏ

La vocal -ĕ + nasal gutural > -ĭ (quinque <*quenque cf. gr. pente). Hay tendencia
(excepciones: tempus) a que la primitiva -ĕ se cierre + nasal + labial (simplex <*
semplex).

Cuando una -ĕ + -l velar (-l seguida de a, o, u, ē) > -ŏ (volo <* velo, cf. velim).
Algunas excepciones son el resultado de influencias analógicas (gelu/gelidus,
scelus/sceleris).

Se convierte también en -ŏ toda -ĕ seguida de una u antigua, como en novos <* neuos.
Finalmente, debemos registrar el paso de -ĕ > -ŏ en sílaba abierta cuando la -ĕ forma
parte de una sílaba inicial y va precedida de -s/-q y ų (soror <* suesor).

1.1.1.1.2. Cambios de la -ŏ en -u

Una -ŏ seguida de una nasal gutural se convierte en -u: uncus <* oncos. Parece que
experimenta también un cambio análogo cuando -o va seguida de una nasal labial
(umerus <* omesos). También se convierte en -u toda -ŏ + l y consonante (sulcus <*
solcos).

Cuando -o primitiva va precedida de -ų + r/s formando la misma sílaba o una -t en la


sílaba siguiente, se convierte en -ĕ (vester < voster, veto < voto).

1.1.1.1.3. Cambios que experimentan las restantes vocales

La -a precedida de -į tendía a convertirse en -e (ieiunus < iaiunus). Frecuente en el


latín vulgar (Ianuarius > Ienarius).

Parece que la -ĭ/-ŭ se abrían en -ĕ/-ŏ + -r procedente de una -s primitiva (sero <* siso).

La -u precedida de -l + labial aparece a veces sustituida por -i/-y (lubet/libet;


lumpha/lympha).

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1.1.1.2. Vocales y diptongos en sílaba interior : mucho menos
resistentes debido a la influencia del acento inicial o al esmero con que era pronunciada
dicha sílaba.

1.1.1.2.1. Vocales breves en sílaba abierta

Generalmente las vocales se cierran en -ĭ (ago < abigo). En otras ocasiones, la vocal
interior asume el timbre -e /-u dependiendo de la influencia de los sonidos contiguos:

 Las vocales asumen el timbre -e cuando a las vocales las sigue una -r
(cinis/cineris) excepto -e, que persiste (fero/defero) y cuando la precede una -i
formando hiato (varietas <* variotats).

 Asume el timbre -u cuando le sigue una -ų (domui <* domaui) o cuando le


sigue una -l velar (famulus, cf. osco famel).

Un caso especial de vacilación se produce cuando la vocal va seguida de labial, así


encontramos las formas recipero y recupero derivadas de capio.

1.1.1.2.2. Vocales breves en sílaba cerrada

La vocal -a inflexiona en -e (facio/confectus), en -i (+n gutural como tango/contingo)


o en -u (seguida de -l velar como en insulsus <*ensalsos) por influencia de las
consonantes contiguas.

La vocal -o inflexiona en -u (onustus <*onostos cf. onus).

1.1.1.2.3. Diptongos

Tres de ellos tuvieron el mismo tratamiento que en sílaba inicial y la misma


cronología, concretamente los diptongos -ei > -i y -eu/-ou > -u (obduco <* obdouco <*
obdeuco).

La evolución del diptongo -oi no es segura. Algunos gramáticos piensan que, al igual
que en sílaba inicial, monoptonga en -u; en cambio, otros consideran que monoptonga
en -i como en silaba final.

Los diptongos -ai y -au tienen una evolución diferente, pues el primero monoptonga en
-i y el segundo en -u (excuso <* excauso).

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1.1.1.3. Vocales y diptongos en sílaba final: estas vocales se encuentran
en la posición más débil, especialmente lo estuvieron en época imperial, momento en el
que estas sílabas llegaban incluso a ni pronunciarse.

1.1.1.3.1. Vocales breves en sílaba abierta

En esta posición las vocales tienden a caer, pero esta tendencia se frena porque las
vocales finales son usadas como desinencias nominales o verbales, por lo que son
necesarias para identificar la función sintáctica de la palabra. Si no experimenta
apócope, la -e y la -a finales persisten (quinque); en cambio, la -i cambia a -e en casos
como el de mare, palabra que deriva de mari como puede verse en la forma maria,
donde al no estar la -i en posición final conserva su timbre primitivo.

1.1.1.3.2. Vocales breves en sílaba cerrada

La -u y la -i persisten como podemos ver en palabras como exercitus o magis.

La -a pasó a -e como en aurifex (<* fac -s), aunque en contacto con -r persiste
(Caesar).

La -e generalmente persiste como en flumen, pero cuando va seguida de -t o -s se


convierte en -i (agit <* aget).

La -o generalmente se oscurece en -u (filius < filios).

1.1.1.3.3. Diptongos

Los diptongos breves en -i (ai, ei, oi) se convirtieron en -i, pasando el primero y el
último por -ei y continuando luego con una evolución análoga a la del diptongo -ei en
sílaba inicial.

El único diptongo breve en -u atestiguado a final de palabra es -ou, ya que -au no


aparece nunca en esta posición y -eu evolucionó por su parte a -ou, por lo que siguieron
una evolución análoga.

Cabe recordar la existencia de diptongos largos, los cuales se resolvían bien mediante
la abreviación del primer elemento, pasando a ser diptongos breves y siguiendo la
evolución de estos, bien perdiendo el segundo elemento. El diptongo -āi tendía a
abreviar el primer elemento en contraposición a -ōi > -ō.

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1.1.2. Cambios cuantitativos

1.1.2.1. Alargamiento

Una silbante ante consonante sonora (l, m, n) sonoriza y cae, alargando por
compensación a la vocal precedente como en dīnosco <* dĭsnosco.

Una n en contacto con una s/f es casi imperceptible en la pronunciación, por lo que por
compensación se alarga la vocal anterior, como en cō(n)sul.

Una vocal breve en contacto con el grupo -nct- se alargaba también por compensación
ya que la gutural dejó de pronunciarse, como en la palabra sānctus.

Las raíces verbales que terminan en -g al formar el participio de perfecto y palabras


derivadas del mismo convertían en larga por naturaleza la vocal precedente a excepción
de la -i: āgo/āctum o rĕgo/rēctus/rēctor. Este fenómeno se explica debido a que la
gutural, al estar en contacto con una -t, pasa de sonora a sorda y transfiere la vibración a
la vocal.

1.1.2.2. Abreviación

Vocalis ante vocalem corripitur: toda vocal se abrevia salvo si esta va seguida de otra
vocal ya que al estar en posición de hiato son más resistentes y conservan su cantidad
(flĕo, flēmis/diēi). En los poetas arcaicos es bastante frecuente que las vocales -i, -u
mantengan la cantidad tradicional de las vocales a pesar de ir seguidas de otras vocales,
como en fūit. Hay que tener cuidado con el verbo fīo (se debe a la influencia de fīs, fīt…)
y con los genitivos pronominales en -īus (illīus) hasta Lucilio.

Se abrevia toda vocal larga seguida de nasal tautosilábica y oclusiva o líquida (l, r) y
consonante. Esta abreviación queda limitada al habla vulgar y suele producirse en las
formas verbales de la primera y segunda conjugación, cuya vocal se abrevia al entrar en
contacto con -nt y -nd (amāre/ amănt/ amăndus).

Abreviación yámbica: dos sílabas con estructura yámbica en interior o final de palabra
se abreviaba en latín arcaico cuando la seguía una sílaba acentuada (pŭdĭcítiam en lugar
de pŭdīcítiam). En época clásica pasó a emplearse en palabras bisilábicas acabadas en -ō
(hŏmŏ) y em imperial se extendió a palabras de estructura espondaica (vīrgŏ).

El nominativo singular de la primera declinación y el plural de los neutros pasan a


tener -ă (vină, rosă), lo cual puede deberse a una consecuencia de la abreviación
yámbica.
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Las palabras polisilábicas abrevian la vocal final salvo si la consonante que cierra la
sílaba es -s o está acentuada (velĭm/velīs). Las palabras monosilábicas eran + resistentes,
produciéndose la abreviación sólo en los monosílabos terminados en -m o en -t (rĕm,
rēs).

Los diptongos largos se abrevian si van seguidos de consonantes (găudium <


gāudium).

2. Consonantes y semiconsonantes

Respecto al sistema consonántico latino, este procede del indoeuropeo, el cual ha


podido establecerse gracias a la comparación entre distintas lenguas. Si contrastamos
este sistema consonántico con el latino, veremos cómo ha tenido lugar una reducción de
las oclusivas, el desarrollo de dos consonantes fricativas como fruto de la evolución de
las aspiradas (f, h) y la no conservación ni de las sonantes en su versión vocálica ni de
las laringales.

El sistema consonántico latino estaba formado por quince fonemas: b, c, d, f, g, gu, h,


l, m, n, p, qu, r, s, t que se integraban en el mismo mediante oposiciones fonológicas. En
cuanto al modo en el que se articulaban, las consonantes podían ser oclusivas (la
corriente de aire al salir por la glotis encuentra el paso obstaculizado), continuas (el aire
se comprime, pero no llega a estar obstaculizado). Teniendo en cuenta la posición del
velo del paladar, las consonantes oclusivas se dividen en bucales (b, d, g, gu, p, t, c, qu)
y nasales (m, n) y las continuas en fricativas (f, s, h), vibrantes (r) o laterales (l).

En cuanto a las cuerdas vocales, si estas están separadas y el aire pasa libremente sin
vibraciones, hablaremos de consonantes sordas; en cambio, si el aire necesita abrir las
cuerdas vocales dando lugar a vibraciones, nos encontraremos con consonantes sonoras.
Con respecto al punto de articulación las consonantes son bilabiales (p, b, m),
labiodentales (f), linguodentales (t, d, n, s), velares (c, g, h) o labiovelares (qu, gu).

Existían también en este sistema consonántico las semiconsonantes, vocales que se


abreviaban con el fin de pronunciarse más cerradas y perder su carácter vocálico y
poder acompañar de este modo a otra vocal y formar un diptongo. Las
consonantizaciones más frecuentes se producen en la -i y la -u.

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La -i semiconsonántica recibe en latín un tratamiento diferente en función del lugar
que ocupe en la palabra (en posición inicial se conserva como observamos en įuvenis y
en intervocálica cae, tres < *treįes scr. trayah) y de la consonante que la proceda.
Cuando la -i iba precedida de -d o -g asimila estas consonantes dando lugar a una -i
geminada que se simplificaba en la escritura (peįor <* pedįos, maįor <* magįos); en
cambio, cuando la precedía cualquier otra consonante, vocalizaba (alĭus < alįos). Su
pronunciación variaba en función de su posición en la palabra y entorno.

La -ų semiconsonántica se correspondía con la digamma griega y recibió un


tratamiento similar al de la -į. Se conservaba en posición inicial (ųideo) y entre vocales
excepto si tenían el mismo timbre y la segunda era átona (latrina <* laųatrina, diųínus)
o si estaba seguida de -o/-u ya que los sonidos eran tan parecidos que los dos fonemas
se confundían en uno solo (oleum <* oleiųom). Si estaba precedida por consonante
podía conservarse (precedida de -q, -s, -r), vocalizar (precedida de -t, mortŭos), asimilar
(precedida de -l, sollus <* solųos) o perderse (precedida de -p, -bh, -f, -b, operio <*
opųerio).

3. Sonantes: concepto y evolución

Las sonantes (m, n, r y l) tienen como rasgo principal el de la posibilidad de funcionar


como centros de sílaba y además como elemento consonántico. Esta posibilidad se debe
al grado de abertura intermedia que presentan entre las consonantes más cerradas y las
vocales más abiertas.

Sobre la existencia de estas sonantes comenzó a hablarse en 1876 cuando Sievers


afirmó que la unión de an, am, ar, y al es equivalente a la unión de dos vocales. Tras esta
afirmación, Osthoff, entre otros, postuló la existencia en indoeuropeo de las sonantes
nasales (n, m).

Posteriormente, fue fundamental el descubrimiento de Brugmann al demostrar la


conexión de las sonantes nasales con la carencia de acento, es decir, el grado cero. En
las mismas fechas, Osthoff descubre las sonantes líquidas y propone un doble
tratamiento para las sonantes en las diversas lenguas indoeuropeas.

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