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CASO DE LAS ACTIVIDADES MILITARES Y PARAMILITARES EN Y CONTRA NICARAGUA, DE LA CORTE

INTERNACIONAL DE JUSTICIA.

Temáticas vinculada al caso: medidas provisionales; competencia de la Corte


Internacional de Justicia; fuentes del Derecho Internacional; costumbre internacional;
tratados internacionales; principio de prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza;
principio de no intervención en los asuntos de otro Estado.
Decisiones Involucradas: Fallo sobre medidas provisionales de la Corte Internacional
de Justicia (10 de Mayo de 1984); Fallo sobre competencia de la Corte Internacional de
Justicia (26 de Noviembre de 1984); Fallo sobre el fondo de la Corte Internacional de
Justicia (27 de Junio de 1986).

Descripción de los hechos del caso.


El 9 de Abril de 1984 el embajador de Nicaragua en Holanda, Carlos Arguello,
presentó ante la Corte Internacional de Justicia una demanda contra los Estados Unidos
de América, solicitando que ese Tribunal declarase la responsabilidad de este último
Estado por sus actividades militares y paramilitares realizadas en y contra Nicaragua.
Al iniciar el procedimiento, Nicaragua peticionó a la Corte Internacional de Justicia
que juzgara y declarara:
“a) Que los Estados Unidos al reclutar, entrenar, armar, equipar, financiar,
abastecer y de cualquier otra manera alentar, apoyar, ayudar y dirigir acciones
militares y paramilitares en y contra Nicaragua han violado y violan sus
obligaciones expresas en virtud de Cartas y tratados con respecto a Nicaragua (…).
b) Que los Estados Unidos en violación de sus obligaciones derivadas del
Derecho Internacional (...) han violado y violan la soberanía de Nicaragua por el
hecho:
- de ataques armados contra Nicaragua por aire, tierra y mar;
- de incursiones en las aguas territoriales de Nicaragua;
- de la violación del espacio aéreo de Nicaragua;
- de esfuerzos por medios directos e indirectos por coercionar e intimidar al
Gobierno de Nicaragua.
c) Que los Estados Unidos, en violación de sus obligaciones en virtud del
Derecho Internacional (...), han usado y usan la fuerza y la amenaza de la fuerza
contra Nicaragua.
d) Que los Estados Unidos, en violación de sus obligaciones derivadas del
derecho internacional (...) han intervenido e intervienen en los asuntos internos de
Nicaragua.
e) Que los Estados Unidos, en violación de sus obligaciones en virtud del
derecho internacional (...) han infringido e infringen la libertad de los mares e
interrumpen el comercio marítimo pacífico.
f) Que los Estados Unidos, en violación de sus obligaciones en virtud del
derecho internacional (...) han matado, herido y secuestrado y matan, hieren y
secuestran a ciudadanos de Nicaragua.
g) Que teniendo en cuenta esas violaciones de las obligaciones jurídicas
antes mencionadas, los Estados Unidos tienen el deber expreso de cesar y desistir
inmediatamente:
- de todo uso de la fuerza directa o indirectamente, abierta o encubierta y
de la amenaza del uso de la fuerza contra Nicaragua;
- de todas las violaciones de la soberanía, la integridad territorial o la
independencia política de Nicaragua, incluyendo toda intervención directa o
indirecta en sus asuntos internos;
- de todo apoyo de cualquier naturaleza que sea, incluyendo el
entrenamiento y el suministro de armas, municiones, financiamiento,
avituallamientos, ayuda, mando o cualquier otra forma de apoyo a cualquier
nación o grupo, organización, movimiento o individuo que participe o se disponga
a participar en acciones militares o paramilitares en o contra Nicaragua;
- de toda tentativa que tenga por objeto restringir, bloquear o poner en
peligro la entrada o la salida de los puertos de Nicaragua;
- de todas las muertes, lesiones y secuestros de ciudadanos nicaragüenses;
h) Que los Estados Unidos tienen la obligación de pagar a Nicaragua en su
propio nombre y como 'parens patriae' de los ciudadanos de Nicaragua,
reparaciones por los daños sufridos por las personas, los bienes y la economía de
Nicaragua, a causa de las violaciones antes mencionadas al Derecho Internacional,
cuyo monto será determinado por la Corte. Nicaragua se reserva el derecho de
introducir ante la Corte una evaluación precisa de los daños causados (…)”.
En el mismo escrito, Nicaragua solicitó a la Corte el dictado de urgentes medidas
provisionales, por considerar que las actividades militares y paramilitares de Estados
Unidos contra Nicaragua continuarían provocando daños irreparables a la población y al
país. En virtud de ello, Nicaragua solicitó:
“Que los Estados Unidos cesen y se abstengan inmediatamente de prestar,
directa o indirectamente, todo apoyo incluyendo entrenamiento, armas,
municiones, avituallamiento, ayuda y recursos financieros, mando u otras formas
de apoyo a cualquier nación o grupo, organización, movimiento o individuo que
participe o se disponga a participar en actividades militares y paramilitares en o
contra Nicaragua.
Que los Estados Unidos deben cesar y desistir inmediatamente de toda
actividad militar o paramilitar de sus representantes, agentes o fuerzas armadas
en Nicaragua en o contra Nicaragua y a todo uso o amenaza de uso de la fuerza
en sus relaciones con Nicaragua.”
A su turno, Estados Unidos se opuso a la demanda en base a dos argumentos
principales. En primer lugar, alegó que si bien el Estado había aceptado la jurisdicción de
la Corte, de conformidad con el párrafo 2 del artículo 36 del Estatuto de la Corte, también
en el momento de su aceptación había hecho una reserva (“reserva Vanderberg”, nombre
tomado del apellido del diplomático estadounidense que la formuló) mediante la cual los
Estados Unidos limitaban la competencia de la Corte en aquellos casos de “(…) diferendos
resultantes de un tratado multilateral, a menos que todas las partes en el tratado que se
refiere la decisión, sean asimismo partes del caso sometido a la Corte”. La segunda
objeción se refirió a que los problemas del empleo de la fuerza y de la legítima defensa
colectiva presentaban aspectos políticos que estaban fuera de la competencia de la Corte
(Estados Unidos sostenía que había sido Nicaragua quien había agredido a El Salvador,
enviando armamento a la guerrilla que operaba en su territorio).
El proceso seguido a partir de allí puede dividirse en tres etapas diferentes,
basadas en las decisiones adoptadas por la Corte Internacional de Justicia.
En primer lugar, el 10 de Mayo de 1984, el Tribunal resolvió los planteos sobre las
medidas provisionales requeridas por Nicaragua. Partiendo del principio de que la
indicación de medidas provisionales de protección no prejuzgaba en forma alguna sobre la
jurisdicción, la Corte dispuso:
“Que los Estados Unidos deben inmediatamente cesar y abstenerse de
cualquier acción que tenga por efecto restringir, bloquear o poner en peligro la
entrada o la salida de puertos nicaragüenses, en particular por la colocación de
minas.
Que el derecho a la soberanía y a la independencia política que posee la
República de Nicaragua, como cualquier otro Estado de la región o del mundo, sea
plenamente respetado y no sea comprometido en manera alguna por actividades
militares y paramilitares que están prohibidas por los principios del derecho
internacional, particularmente por el principio de que los Estados se abstengan, en
sus relaciones internacionales, de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza
contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, y
por el principio relativo al deber de no intervenir en los asuntos que dependan de
la competencia nacional de un Estado, consagrado por la Carta de las Naciones
Unidas y la Carta de los Estados Americanos.”
En segundo lugar, el 26 de Noviembre de 1984, el Tribunal se declaró competente
para entender en el caso de las actividades militares y paramilitares en y contra
Nicaragua. Respecto de las objeciones planteadas por Estados Unidos: aceptó la validez
de la “reserva Vanderberg”, por lo que se vio impedida, en adelante, a fundamentar su
decisión en las Cartas de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización de
los Estados Americanos, pero no para aplicar el derecho consuetudinario internacional;
rechazó el planteo del carácter político de las cuestiones, alegando que en todas las
disputas surgidas entre Estados aparecen aspectos tanto legales como políticos, ya que se
trata de aspectos que se encuentran casi en todo momento en el camino.
Después del fracaso de Estados Unidos para impedir que la Corte conociera en la
demanda planteada, en una actitud sin precedentes y después de una fuerte campaña
para desacreditar a la Corte Internacional de Justicia, Estados Unidos dirigió una carta al
Tribunal, el 18 de Enero de 1985, en la que expresaba:
“Los Estados Unidos se ven obligados a concluir que la Sentencia de la
Corte es claramente errónea, tanto respecto a los hechos como al derecho (...).
Los Estados Unidos continúan firmemente convencidos de que la Corte no tiene
jurisdicción para conocer del conflicto y que la demanda nicaragüense del 9 de
abril de 1984 es inadmisible. Me incumbe, en consecuencia, informarles que los
Estados Unidos no tienen la intención de participar en ningún otro procedimiento
referente a este caso (…)”
Si bien se trataba de un caso inédito, la posibilidad de que un Estado se retire del
procedimiento o se abstenga de defender sus propios intereses se encuentra prevista en
el artículo 53 del Estatuto de la Corte. El mismo establece para esas situaciones que la
otra parte puede pedir a la Corte que decida a su favor, pero antes de ello el Tribunal
debe asegurarse de que la demanda está bien fundada en cuanto a los hechos y al
derecho.
En tercer lugar, en estas condiciones el procedimiento continuó sin la intervención
de Estados Unidos y, tras la producción de la prueba y la formulación de los
correspondientes alegatos, la Corte dictó su sentencia sobre el fondo de la cuestión el 27
de Junio de 1986. En sus puntos resolutivos, dispuso:
“La Corte:
Decide que los Estados Unidos de América, al entrenar, armar, equipar,
financiar y abastecer a las fuerzas “contras” y al instigar, apoyar y asistir en
cualquier otra forma las actividades militares y paramilitares en Nicaragua y contra
esta, han violado (...) la obligación que les impone el Derecho Internacional (...)
de no intervenir en los asuntos de otro Estado;
Decide que los Estados Unidos de América, en virtud de ciertos ataques
efectuados en territorio nicaragüense en 1983 y 1984, (…) así como en virtud de
actos de intervención que implican el uso de la fuerza indicados en el inciso 3
anterior, han violado, respecto a la República de Nicaragua, la obligación que les
impone el Derecho Internacional consuetudinario de no recurrir a la fuerza contra
otro Estado;
Decide que los Estados Unidos de América, al ordenar o autorizar el
sobrevuelo del territorio nicaragüense, así como por actos que les son imputables
(...), han violado, respecto a la República de Nicaragua, la obligación que les
impone el Derecho Internacional (...) de no atentar contra la soberanía de otro
Estado;
Decide que al colocar minas en las aguas interiores o territoriales de la
República de Nicaragua en el transcurso de los primeros meses de 1984, los
Estados Unidos de América han violado, respecto a (...) Nicaragua, las obligaciones
que les impone el Derecho Internacional (...) de no recurrir a la fuerza contra otro
Estado, de no intervenir en sus asuntos, de no atentar contra su soberanía y de no
interrumpir el comercio marítimo pacífico; (…)
Decide que los Estados Unidos de América, al no indicar la existencia ni
situación de las minas colocadas por ellos (...), han violado las obligaciones que les
impone al respecto el Derecho Internacional;
Indica que los Estados Unidos de América, al producir en 1983 un manual
titulado “Operaciones psicológicas en guerra de guerrillas” y al difundir el mismo
entre las fuerzas “contras” han instigado a estas a cometer actos contrarios a los
principios generales del derecho humanitario; pero no encuentra elementos que le
permitan concluir que los actos de tal clase que se hayan podido cometer sean
imputables a los Estados Unidos (...) en calidad de actos propios de estos;
Decide que los Estados Unidos de América, por sus ataques contra el
territorio de Nicaragua (…) y por el embargo general del comercio con Nicaragua
que han impuesto en 1 de mayo de 1985, han cometido actos susceptibles de
privar de su finalidad y objeto el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre
las Partes, firmado en Managua el 21 de Enero de 1956;
Decide que los Estados Unidos de América están obligados a poner fin
inmediatamente y a renunciar a cualquier acto que constituya una violación de las
obligaciones jurídicas mencionadas;
Decide que los Estados Unidos de América están en la obligación, frente a
la República de Nicaragua, de reparar cualquier perjuicio causado a esta por la
violación de las obligaciones impuestas por el Derecho Internacional (…) y el
Tratado de Amistad, Comercio y Navegación; (…).”
En relación a la denuncia del Congreso norteamericano sobre “la intención de
establecer una dictadura comunista totalitaria”, dijo la Corte:
“Sea cual sea la definición que se hace del régimen de Nicaragua, la
adhesión de un Estado a una doctrina particular no constituye una violación del
Derecho Internacional (...) Concluir de otra forma supondría privar de su sentido al
principio fundamental de la soberanía de los Estados sobre el que reposa el
Derecho Internacional, y la libertad que todo Estado tiene de elegir su sistema
político, social, económico y cultural”.
Refiriéndose a la política exterior y alianzas de Nicaragua, expresó:
“Es suficiente constatar que la soberanía de un Estado se extiende (...) al
ámbito de su política exterior y que no existe ninguna regla de Derecho
Internacional (...) que impida a un Estado decidir y conducir una política exterior
coordinada con otros Estados”.
Abordando la situación de los derechos humanos, la Corte manifestó:
“Si los Estados Unidos pueden ciertamente tener su propia apreciación
sobre la situación de los derechos humanos en Nicaragua, el empleo de la fuerza
no puede ser el método apropiado para verificar y asegurar el respeto de tales
derechos”.
Tras la histórica sentencia, y tras varios fracasos para intentar arribar a un acuerdo
bilateral sobre las reparaciones, el 29 de Marzo de 1988 Nicaragua presentó un memorial
ante la Corte requiriendo una indemnización de doce mil doscientos dieciséis millones
seiscientos mil dólares (U$S 12.216.600.000) en concepto de reparación de los daños
sufridos por Nicaragua entre el 1 de Diciembre de 1981 hasta la fecha de presentación de
la demanda. A la fecha, la indemnización nunca ha sido abonada.

Las fuentes del Derecho Internacional en el fallo de la Corte de 27 de Junio de


1986.
Interesa examinar ahora el fallo de 27 de Junio de 1986 desde la perspectiva de
las fuentes del Derecho Internacional y, concretamente, de la costumbre y su vínculo con
los tratados. En ese sentido, el fallo textualmente reza:
a) Refiriéndose con carácter general a las normas consuetudinarias:
“174. (…) El Tribunal observa que, según la argumentación de los Estados
Unidos, debería abstenerse de aplicar las normas del Derecho Internacional
consuetudinario porque tales normas habrían sido “resumidas” y “sustituidas” por
las del derecho convencional y sobre todo por las de la Carta de las Naciones
Unidas. Parece que de esta forma los Estados Unidos consideran que la
enunciación de principios en la Carta de las Naciones Unidas impide admitir que
normas semejantes puedan tener una existencia autónoma en el Derecho
Internacional consuetudinario, bien porque hayan sido incorporadas a la Carta bien
porque las disposiciones de la Carta hayan influido en la adopción posterior de
normas consuetudinarias con un contenido similar.
175. El Tribunal no considera que, en los ámbitos jurídicos que afectan a
esta diferencia, sea posible sostener que todas las normas consuetudinarias
susceptibles de ser invocadas tienen un contenido exactamente idéntico al de las
normas que figuran en las convenciones que no pueden aplicarse en virtud de la
reserva de los Estados Unidos. En muchos puntos, los ámbitos regulados por las
dos fuentes jurídicas no se superponen y las normas sustantivas que las expresan
no tienen un contenido idéntico. Pero, aun cuando una norma convencional y una
norma consuetudinaria relevantes para el presente caso tuvieran exactamente el
mismo contenido, el Tribunal no vería en ello una razón para que la intervención
del proceso convencional hiciese perder necesariamente a la norma
consuetudinaria su aplicabilidad distinta. Además la reserva relativa a los tratados
multilaterales tampoco puede interpretarse en el sentido de que, si se aplica en un
caso concreto, deba excluir la aplicación de cualquier norma consuetudinaria de un
contenido idéntico o análogo al de la norma convencional que origina la reserva.
(…)
178. Numerosas razones conducen a considerar que, incluso si dos normas
procedentes de dos fuentes de Derecho Internacional parecen idénticas por su
contenido e incluso si los Estados afectados están obligados por esas normas en
los dos planos, convencional y consuetudinario, estas normas conservan una
existencia distinta. Ello es así desde el punto de vista de su aplicabilidad. (…)
183. (…) El Tribunal debe identificar ahora las normas de Derecho
Internacional consuetudinario aplicables al presente caso. Para ello debe examinar
la práctica y la opinio iuris de los Estados. (…)
184. (…) Cuando dos Estados deciden incorporar en un tratado una regla
particular, su acuerdo es suficiente para convertirla en norma entre ellos,
obligatoria para ellos; pero en el ámbito del Derecho Internacional consuetudinario
no es suficiente que las partes tengan la misma opinión sobre lo que consideran
como norma. El Tribunal debe asegurarse de que la existencia de la norma en la
opinio iuris de los Estados está confirmada por la práctica. (…)
186. No debe esperarse que en la práctica de los Estados la aplicación de
las normas impugnadas sea perfecta (…). El Tribunal no piensa que, para que una
norma esté bien fijada como costumbre, la correspondiente práctica deba tener
una conformidad absoluta con esa norma. Para deducir la existencia de normas
consuetudinarias le parece suficiente que la conducta de los Estados en general
sea conforme con esa norma y que ellos mismos consideren los comportamientos
contrarios a esa norma como violaciones de la misma y no como indicaciones del
reconocimiento de una nueva norma. Si un Estado actúa de un modo
aparentemente incompatible con una norma reconocida, pero defiende su
conducta apelando a excepciones o justificaciones contenidas en la misma norma,
de ello se deduce una confirmación más que un debilitamiento de esa norma,
independientemente de que la conducta de ese Estado pueda o no pueda
justificarse sobre esa base (…)”
b) Refiriéndose específicamente a la obligación de abstenerse de la
amenaza o el uso de la fuerza:
“188. El Tribunal debe asegurarse de la existencia, en Derecho Internacional
consuetudinario, de una opinio iuris relativa al carácter obligatorio de esta abstención.
Esta opinio iuris puede deducirse, con las debidas precauciones, inter alia de la actitud de
las partes y de los Estados respecto a ciertas Resoluciones de la Asamblea General, sobre
todo respecto a la Resolución 2625 (XXV) titulada “Declaración relativa a los principios de
Derecho Internacional referentes a las relaciones de amistad y a la cooperación entre los
Estados, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas”. El efecto del
consentimiento a este tipo de Resoluciones no puede interpretarse como una simple
“reiteración o aclaración” del compromiso convencional presente en la Carta. Por el
contrario, debe interpretarse como una aceptación de la validez de la norma o del
conjunto de normas declaradas por la Resolución en sí mismas consideradas (…).
189. Respecto a los Estados Unidos en concreto, puede atribuirse semejante valor
de opinio iuris al apoyo dado por ellos a la Resolución de la Sexta Conferencia
Internacional de los Estados Americanos condenando la agresión (18 de Febrero de 1928)
y a la ratificación de la Convención de Montevideo sobre los derechos y los deberes de los
Estados (26 de Diciembre de 1933), cuyo artículo 11 impone la obligación de no reconocer
adquisiciones territoriales o ventajas especiales obtenidas mediante la fuerza. También es
muy significativa la aceptación por los Estados Unidos del principio de prohibición del uso
de la fuerza contenido en la Declaración sobre los principios que rigen las relaciones
mutuas de los Estados participantes en la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación
en Europa (Helsinki, 1 de Agosto de 1975) (…)
190. La validez en derecho consuetudinario del principio de la prohibición del
empleo de la fuerza expresado en el art. 2, pár. 4, de la Carta de las Naciones Unidas
encuentra otra confirmación en el hecho de que los representantes de los Estados lo
mencionan frecuentemente no sólo como un principio del Derecho Internacional
consuetudinario, sino también como un principio fundamental o esencial de este
Derecho...”
c) Refiriéndose específicamente al principio de la no intervención de un
Estado en los asuntos de otro:
“202. El principio de no intervención incluye el derecho de todo Estado
soberano de decidir sus asuntos sin injerencia externa; aunque los ejemplos de
atentados al principio no sean extraños, el Tribunal estima que forma parte del
Derecho Internacional consuetudinario. (…) No es difícil encontrar numerosas
expresiones de una opinio iuris sobre la existencia del principio de no intervención
en el Derecho Internacional consuetudinario. (…) La existencia del principio de no
intervención en la opinio iuris de los Estados se basa en una práctica establecida y
sustantiva. Se ha presentado a veces este principio como un corolario del principio
de igualdad soberana de los Estados (…).
203. El principio ha sido reiterado en numerosas declaraciones adoptadas
por diversas Organizaciones y conferencias internacionales en las cuales
participaban los Estados Unidos y Nicaragua, como la Resolución 2131 (XX) de la
Asamblea General, que contiene la Declaración sobre la inadmisibilidad de la
intervención en los asuntos internos de los Estados y la protección de su
independencia y soberanía. Si bien los Estados Unidos han votado a favor de la
Resolución 2131 (XX) de la Asamblea General, precisaron sin embargo en el
momento de su adopción por la Primera Comisión que la consideraban “solamente
como una declaración de intención política y no como una elaboración de derecho”
(…). Sin embargo, lo esencial de la Resolución 2131 (XX) se repite en la
Declaración aprobada por la Resolución 2625 (XXV), que recoge principios
declarados por la Asamblea General como “principios básicos” de Derecho
Internacional y en cuya adopción el representante de los Estados Unidos no
efectuó declaración análoga a la que acaba de ser citada. (…)
206...El Tribunal debe examinar si no existen indicaciones de una práctica
ilustrativa de la creencia en una especie de derecho general de los Estados a
intervenir, directa o indirectamente, con o sin fuerza armada, apoyando la
oposición interna de otro Estado cuya causa parezca particularmente digna en
razón de valores políticos o morales con los cuales aquélla se identifica. La
aparición de tal derecho general supondría una modificación fundamental del
principio consuetudinario internacional de no intervención.
207. (…) En numerosas ocasiones las autoridades de los Estados Unidos
han expuesto claramente los argumentos para intervenir en los asuntos de un
Estado extranjero aduciendo razones como, por ejemplo, la política interna de ese
país, su ideología, su nivel de armamentos o la orientación de su política exterior.
Pero en realidad se trataba de argumentos de política exterior y no de la
afirmación de normas existentes en Derecho Internacional.”

Cuestiones suscitadas por el caso.


1. Explique por qué la Corte Internacional de Justicia resultó competente para
entender en el caso a pesar de la existencia de la denominada “reserva Vanderberg”.
2. Relacione uso social internacional y costumbre internacional.
3. Defina los elementos de la costumbre internacional y describa su trascendencia
según esta sentencia.
4. ¿Cómo operan los elementos material y formal frente al principio de prohibición de
la amenaza o el uso de la fuerza?
5. ¿Cómo operan los elementos material y formal frente al principio de no
intervención?
6. Explique los posibles procesos de creación de nuevas normas consuetudinarias de
Derecho Internacional.
7. Exprese las relaciones entre costumbre y tratados. ¿Existe primacía de alguna de
las fuentes anteriores por sobre la otra?