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REFLEXION EN LAS

BODAS DE PLATA SACERDOTALES


DEL PRESBÍTERO DOMINGO PERNÍA
PÁRROCO DE SANTA ANA/TÁCHIRA

El Club de Leones de Santa Ana se llena de gozo al celebrar las Bodas de Plata
Sacerdotales del Presbítero Domingo María Pernía, párroco de nuestra comunidad.

Para nosotros, que somos unos humildes feligreses, pecadores; y que muy poco
hemos sido asiduos al fervor religioso y al conocimiento de las estructuras canónicas de la
Iglesia, se nos hace muy difícil expresar las ideas con relación al sacerdocio.

La tendencia muy normal y natural en estos casos, es felicitar al sacerdote por


haber cumplido sus 25 años y alabarlo por sus virtudes y dones y desearle eterna dicha en
su ministerio. Algo así como halagar el ego del homenajeado para que se sienta feliz y
dichoso y que perciba el afecto de su feligresía.

Pero en nuestro caso particular, quisiéramos ir un poco más allá y aprovechar estos
instantes que nos ofrecen, para hacer una breve reflexión que nos ayude a interpretar y
entender ese misterio que constituye el ser sacerdote y a la vez desde nuestra humilde
percepción de feligreses, motivar la autoevaluación del sacerdote cumpleañero a fin de
estimular su crecimiento espiritual y el nuestro.

Buscando ideas, nos encontramos con la sorpresa que en el reciente cuatro de


agosto, la iglesia celebró la memoria de Juan María Vianney, santo sacerdote, más
conocido como el Santo Cura de Ars y quien es el patrono de todos los sacerdotes
diocesanos, especialmente los que ejercen la misión de Párrocos.
Y fueron tantas las virtudes que según los cronistas, adornaron a este insigne
sacerdote, que nos preguntábamos: ¿será posible que en la actualidad, los hombres
consagrados a Dios, puedan poseerlas y practicarlas y ser ejemplo al estilo del Santo Cura
de Ars?

Comenzamos por expresar que recién tuvimos conocimiento que el sacerdote lo es


hasta la eternidad. Es un compromiso mucho mayor que el matrimonio. Según las normas
canónicas, el matrimonio tiene vigencia: “hasta que la muerte los separe”. Es decir, con la
muerte se termina la obligación matrimonial para el cónyuge sobreviviente; porque es un
compromiso hecho ante Dios entre un hombre y una mujer.

Pero aprendimos que el compromiso del sacerdote, es directamente con Dios y no


se acaba nunca y perdura hasta la eternidad. Tamaño compromiso adquieren quienes
asumen este orden sacerdotal. Requieren una gran fortaleza para ser fieles al compromiso
que han asumido voluntariamente con El Señor hasta el infinito. A veces en medio de
tantos malos ejemplos y de tantas tentaciones, mantener esa fidelidad a toda prueba, es
sin duda alguna una manifestación de la protección de Dios para con sus elegidos.

Por lo tanto, las primeras preguntas que se haría un sacerdote en su


autoevaluación, luego de 25 años de servicio espiritual, serían: ¿he sido fiel al compromiso
adquirido con El Señor? Y la consecuencia de la respuesta a esa pregunta, sería ¿Estoy
dispuesto a ser fiel a mi promesa hasta la eternidad?; para concluir que si la respuesta a
esta última pregunta es afirmativa, deberá colocarse enteramente en las manos de Dios y
pedirle la fuerza y la entereza necesarias para perseverar en su sacerdocio y mediante él
buscar la santidad.

Superada esta primera reflexión, se nos ocurre pensar en ¿cómo hará un hombre
para existir en medio del mundo sin ambicionar sus placeres? Porque, eso imaginamos, lo
vive el sacerdote en el ejercicio de su ministerio. Es él y su circunstancia. A su alrededor
hay una maraña de placeres y de tentaciones que a primera vista, en nuestro pensamiento
humano, resultarían irresistibles para un hombre normal que vive en el mundo; pero que
de hecho no debe pertenecer a él. Es un gran misterio en la esencia sacerdotal y sigue
siendo la fortaleza, el don del Espíritu Santo que más necesita para vencer esas
tentaciones mundanas que se le presenten en el transcurso de su vida. Allí tendría unas
nuevas pregunta para su autoevaluación: ¿He sido inmune a las ambiciones humanas y a
los placeres mundanos? ¿Estoy preparado para mantener esa inmunidad hasta la
eternidad?

Otro aspecto de interés en la vida del sacerdote, es: ¿cómo se integra como un
miembro más en cada familia de su feligresía aún sin pertenecer de hecho a ninguna de
ellas? El sacerdote no debe estar enclaustrado en la sacristía esperando por la llegada de
sus feligreses; sino que como buen pastor de su rebaño, debe conocer sus ovejas y sus
ovejas lo deben conocer a él; lo cual hace que se integre en cada familia sin apegos
desmesurados; ya que debe estar dispuesto a incorporarse a nuevas familias cuando sea
asignado a diferentes destinos. Esto indica la universalidad del sacerdote y cómo su
espíritu y su acción deben amoldarse a las características diversas de las familias de su
parroquia. Nuevas preguntas para la autoevaluación: ¿me he integrado espiritualmente a
las familias de mi parroquia? ¿Estoy dispuesto a seguirlo haciendo permanentemente y a
conocer todas mis ovejas y lograr que mis ovejas me conozcan?

Se incluye también en el devenir del sacerdote, el que comparta las alegrías y los
sufrimientos de sus feligreses. El sacerdote es a su vez, portador del perdón y de la
misericordia y es el confidente de las almas colocadas a su cuidado. Otras preguntas: ¿En
estos 25 años he sabido ser el amigo y confidente de mis parroquianos? ¿He sabido
perdonar las calumnias y las ofensas que voluntaria o involuntariamente se me hayan
levantado? ¿He sabido compartir alegrías, lágrimas, éxitos y desconsuelos de las almas
puestas a mi cuidado? ¿Podré seguir haciéndolo hasta la eternidad?
Una misión fundamental del sacerdote, debe ser convertirse en intermediario
entre Dios y el hombre. Por lo tanto, sus oraciones deben partir desde las almas de cada
uno de sus feligreses y llevarlas en sus plegarias permanentes ante el altísimo; para luego
convertirse en emisario de Dios y traer su respuesta al hombre, convertida en esperanza,
en fe y en perdón. La oración es el alimento permanente que todo sacerdote debe
perpetuar en su actividad diaria. La oración es la energía que debe motorizar la acción
constante del sacerdote. Sacerdote que ora, tiene fortaleza perenne. Aquí nuevas
preguntas: ¿Oro permanentemente con fe y devoción? ¿Elevo ante Dios las necesidades
de mis feligreses? ¿Soy portador de fe, esperanza, amor y perdón de Dios hacia la
humanidad?

Igualmente, el espíritu y el corazón del sacerdote, deben arder con el fuego divino
que los impulse hacia la caridad y el perdón y a la vez deben ser sólidos como el metal más
resistente para conservar la castidad en sus pensamientos, en sus deseos, en sus
sentimientos, en sus palabras y en sus obras. Más preguntas: ¿conservo la pureza y la
castidad en todos los actos de mi vida? ¿Amo y perdono?

La vida del sacerdote debe ser una continua enseñanza cuya mejor palabra sea el
ejemplo. De nada valen los conocimientos filosóficos y teológicos y la preparación
académica y la brillantez de muchas exposiciones y homilías si no van acompañadas de la
correcta conducta diaria. El ejemplo enseña más que las palabras. Y cada paso que dé el
sacerdote, debe ser una cátedra que deje una estela de virtud como arte pedagógico para
la formación de todos los que reciban su presencia física y espiritual. Nueva pregunta: ¿He
procurado ser ejemplar en mi conducta diaria? ¿He sido testimonio de vida?

Podríamos seguir enumerando otras tantas características ideales de nuestros


sacerdotes; pero sería demasiado extensa nuestra breve exposición y además estamos
abrumando con muchas preguntas a nuestro sacerdote cumpleañero; pero hay una que
considero fundamental en la vida diaria de un hombre de Dios y es la de bendecir siempre.
Tenemos entendido que las manos del sacerdote son benditas y consagradas en su
ordenación y hay un rito muy hermoso que se practica tradicionalmente en esos
momentos; tal como es el beso en las manos del sacerdote.

Eso simboliza algo muy importante; y es que las manos del sacerdote deben estar
dispuestas todo el tiempo para alabar a Dios, para consagrar las divinas formas; pero más
aún, deben estar prestas para bendecir en nombre de Dios y nunca deberán usarse para
pecar. Esto sería un sacrilegio. Las manos del sacerdote, son sagradas y siempre
esperamos que nos bendigan en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Con estas reflexiones, hemos tratado de ver la luz y penetrar en el insondable


misterio del ser sacerdote; con lo cual solicitamos la presencia de Dios para que el
Presbítero Domingo María Pernía, nuestro Párroco, en sus 25 años de sacerdocio, reciba la
luz del Espíritu Santo y que le otorgue todos sus dones y frutos para que siendo fiel al
compromiso adquirido con Dios hasta más allá de la eternidad, sea un auténtico Apóstol
de Cristo y un fiel imitador sobre todo de la humildad de su patrono el Santo Cura de Ars
.
Dios bendiga al Presbítero Domingo Pernía y que su bendición se derrame también
sobre todo nuestro pueblo.

El Club de Leones de Santa Ana se alegra con la satisfacción pastoral de nuestro


párroco y le pide una especial bendición para todos nuestros socios, nuestras familias y
todas nuestras actividades al servicio de la comunidad.

Y finalizamos con la palabra de Dios: Tú eres Sacerdote hasta la eternidad … Amen!