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De los rústicos muros al detalle de la catedral, cambio de época.

Autores: Valentina Buelvas y Luis Acosta.

Si bien el románico es el antecesor de uno de los movimientos artísticos


vanguardistas de la época medieval, con el gótico se produce una de las rupturas
estilísticas más marcadas de la historia de la arquitectura, desde un sentido que
abarca/comprende no solo sus diferencias estéticas, como lo expresa Claramunt,
1980. Pág.135. “En el siglo XI la población de Occidente se duplicó; aumentaron
las tierras de cultivo después de pacientes e intensas roturaciones; el comercio
volvía a tener auge; y el hombre después de siglos de provisionalidad empezaba a
construir residencias sólidas. De estas residencias, las más importantes fueron las
«casas de Dios». Sino también arquitectónicas, estas a lo sumo realizo un cambio
en la filosofía de la humanidad en este periodo histórico, la arquitectura no es
simple infraestructura.

El templo gótico se vale de recursos constructivos para brindar espacios que


evocan la máxima expresión divina sobre el mundo terrenal, de tal manera que te
transporta a otra realidad intangible donde todos somos participes. Uno de los
componentes que hace todo esto posible y en contraste con el románico, es el
uso inteligente de la iluminación, como lo expresa Le Goff citado por Claramunt,
1980, págs 136-137: «La Edad Media casi incolora que se admira hoy es un
producto de la destrucción del tiempo y del gusto anacrónico de nuestros
contemporáneos. Sin embargo, detrás de esta fantasmagoría coloreada, subyace
el miedo a la noche, la búsqueda de la luz, que es salvación.», la evolución de las
técnicas implementadas en la construcción permite remplazar los pesados muros
macizos donde era casi imposible abrir vanos sin sacrificar la estabilidad de la
estructura, por altas y esbeltas paredes mucho más livianas donde los vitrales
son los protagonistas del espectáculo visual provocado por el juego de la luz
traspasando el cristal, dándole la connotación metafísica tan característica de la
luz a este periodo. Así corrobora Rohert Grosseteste (1175-1253) citado por
Claramunt, que expresa que se establece un lazo entre la idea-forma y la realidad
sensible, gracias a una doctrina de la «corporeidad» en la que la luz se presenta a
la vez como energía radical, forma primera y lugar de todas las sustancias.

La explicación detrás de la razón por la cual el románico se ve obligado a levantar


muros de gran espesor que resultan un poco engorrosos es debido a la
configuración de su sistema estructural, en esté el peso de la bóveda estaba
apoyado sobre toda la extensión del muro, condición que exigía tabiques fuertes y
robustos capaces de aguantar la presión de los elementos que descasan sobre él.
Ahora con el gótico el nuevo sistema de distribución de cargas es mucho más
eficaz, el uso del arco ojival sobre el arco de medio punto románico aligera
notablemente los esfuerzos de la estructura ya que las cargas de la bóveda bajan
mucho más verticales y el empuje horizontal es menor. Ocurre un cambio también
en el tipo de bóveda, se sustituye la bóveda de cañón ampliamente utilizada en
los siglos anteriores al gótico por la bóveda de crucería, recurso que además de
su función estructural aporta vistosidad a los espacios. Con la bóveda de crucería
haciendo su aparición, se contempla la posibilidad de sacar de la ecuación los
grandes muros divisorios románicos para conseguir espacios amplios, continuos y
sin interrupciones que dan un sentimiento de mayor libertad al desplazarse por el
lugar. Los cuales pueden observarse tanto en la catedral de Notre Dame en Paris,
como en otras por ejemplo la de Toledo desde su construcción en 1222 bajo el
reino de los Visigodos.

Otro Mecanismo del que se apropia el gótico para solucionar el problema de


cargas, son los arbotantes y contrafuertes, ambos revolucionan por completo la
ingeniería antigua de manera nunca antes pensada, permitiendo erigir edificios de
mucha más altura y a su vez alimentando la ideología de la época en la que se
pensaba que los templos más altos estaban más cerca de Dios. Básicamente el
arbotante es un medio arco que recoge los empujes horizontales de la bóveda y
los trasmite al contrafuerte, así fácilmente podemos construir catedrales de alturas
inimaginables sin comprometer la integridad de toda la estructura.

Un aspecto interesante entre estos dos estilos que también explicaría sus
abismales diferencias a pesar de ser contiguas una con la otra, es el entorno en
que nacen, la arquitectura románica es un arte netamente rural, caracterizada por
la vida campesina, en un periodo en donde las ordenes monásticas estaban en
pleno apogeo, la falta de luz puede interpretarse como símbolo de austeridad que
invita al recogimiento y a la meditación, por otro lado su solidez y monumentalidad
puede atribuirse al hecho que se buscaba que los templos fueran perdurables a
través del tiempo dadas las condiciones del ambiente donde se desarrollaba, en
cambio, el gótico es una arquitectura de ciudades, emerge con osadía, con nuevos
progresos técnicos, que lo posicionan como uno de los movimientos que rompe
con los esquemas de lo tradicional y que además marca un cambio tanto en el arte
como en la sociedad misma. Lo cierto es que a pesar de sus diferencias cada una
cuenta con un encanto particular que las distingue y las hace autenticas, son un
claro ejemplo en el que podemos evidenciar como la transformación del hombre y
sus necesidades modifica los parámetros de cómo hacer arquitectura.

A manera de conclusión, la catedral ha sido eje de dos cambios históricos


relevantes, el primero es de la muralla y pocos elevadas estructuras románicas,
poco detalladas a las esbeltas y detalladas estructuras catedráticas del medioevo,
con materiales constructivos más finos, y el segundo momento es cuando se pasa
de la catedral al palacio, podemos en palabras de Claramunt, afirmar que una
nueva sensibilidad ha surgido a la sombra del espíritu franciscano, y que estamos
asistiendo a un renacer de una serie de valores arrinconados hasta entonces,
cuya evolución nos conducirá al delicado arte del Quattrocento. El cual se
abordara en otra ocasión.

Referencias bibliográficas.

 Claramunt, S. (1980). El Arte de la Baja Edad Media Occidental como


exponente de una nueva mentalidad. Acta historica et archaeologica
mediaevalia, (1), 133-142.

Fecha: 12/06/2019.