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Agustín Lara y la autoaceptación

CANCIONES Y POEMAS DE AGUSTÍN LARA


Ediciones del club de discos de selecciones Orfeón, SA, México, 1969

Lo primero que llama la atención de este libro es la información de la página 3: “Colección


completa. Antología realizada bajo la supervisión de Roberto Ayala”. ¿Es colección completa o es
antología? Al leer la introducción se comienza a comprender las dificultades que entrañó esta
publicación. Ayala habla de 600 canciones, sin embargo la antología sólo contiene 311 textos, y
menciona que 73 canciones sólo quedaban entonces en el recuerdo de ciertos cantantes.

La sección “Cancines” boleros, baladas, canciones, chotís, corridos, mazurcas, rancheras,


pasodobles, pregones, tangos y valses. La sección “Poemas” al final del volumen contiene textos
en prosa. Es una lástima que en esa gran oportunidad no se haya realizado una edición exhaustiva
y crítica.

En la mayoría de los textos se aprecia la recombinación de las mismas palabras y fórmulas (lo cual
en sí ya es un trabajo titánico): términos como amor, corola, dolor, flor, melancolía, tristeza;
fórmulas como boca chiquita y pie pequeño desfilan una y otra vez a lo largo de las páginas. Lara
canta a España, a los toreros, al mar, a ciertos pueblos, a su propia labor de juglar, pero sobre todo
al amor-pasión. Entre toda esa obsesiva repetición de fórmulas y temas destacan ciertas canciones
por su métrica, comparaciones y metáforas, por su tema y su estructura.

Cuando se llega a la sección “Poemas”, al final del libro, da la impresión de que este autor hubiera
desarrollado primero algunos temas en prosa y después hubiera abordado la tarea de darles
métrica y música. Desgraciadamente esto se quedará como suposición, pues la antología no tiene
fechada ninguna canción ni poema, sino que presenta los textos en orden alfabético.

Después de leer el conjunto se tiene la impresión de que el autor simplemente vivía una obsesión
por el sufrimiento, por los amores imposibles o rotos, y con ello, una especie de gusto por la
infelicidad. Sin embargo uno de los poemas me hace reflexionar sobre la autoconciencia y la
autoaceptación del autor. Con ese texto deseo terminar este primer acercamiento:
“No podría contar mi fracaso por temor a que los demás se rieran. En el fondo, siento una gran
compasión de mí. ¿Tal vez mañana cambien de parecer? ¡No lo creo! Hay un equilibrio perfecto
entre mis cosas buenas y mis cosas malas. Así puede entenderse mi camino, si bien lleno de
abrojos, también lleno de esperanzas. ¿Por qué no?”.

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