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Javier Barragán, alumno IV AÑO Ciencia Política y Relaciones

Internacionales, UCALP.
Cuarto año Ciencia Política y Relaciones Internacionales, comisión turno tarde,
UCALP.

Materia: Filosofía social y política. Profesor: Álvaro Orellana.

Alumno: Javier Barragán.

El lado oscuro del liberalismo.

Tabla de contenidos.

Introducción p. 1

Desarrollo p. 2 Error! Bookmark not defin

Conclusión p. 6

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Bibliografía y referencias p. 7

Introducción.

“Como en el pasado, nuestra política no sólo ha sido respaldada por nuestra


fuerza, sino también por nuestros valores. Estados Unidos ha tratado durante
mucho tiempo de compaginar el poder y los principios, el realismo y el idealismo.
En algunos momentos, ha habido tensiones de corta duración entre ellos, pero
siempre hemos sabido dónde residen nuestros intereses de largo plazo” (C. Rice,
2008: 3)1.

1 Rice, Condoleezza (2008) “Rethink the National Interest. American Realism for a New World” in Foreign Affaire
July – August. “Repensar el interés nacional. El realismo estadounidense para un Nuevo mundo”. En Foreign
Affaire Latinoamérica. México, Vol. 8 Número 4.
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Internacionales, UCALP.
Desde que Wilson lograra posicionar a Estados Unidos a la cabeza del sistema
internacional, sirviéndose de un imperativo moral según el cual el mundo sólo seria
seguro y pacífico para los estadounidenses cuando fuera completamente democrático,
es bien sabido que Estados Unidos ha buscado asegurar sus objetivos internacionales
mediante una exitosa y casi ininterrumpida mirada wilsoniana.

Dicho país entraría a la Primera Guerra con el argumento de que el mundo debía
hacerse seguro para la democracia; con ello, la potencia continuó la política de
intervencionismo, ahora redefinida desde un punto de vista mundial.

Esta perspectiva mundial encuentra su fundamento en la tesis liberal, la cual concibe a


la libertad como un fin, y a la democracia como el medio por el cual alcanzar éste.

Si la libertad era un fin a alcanzar, Estados Unidos justificaría sus políticas


intervencionistas, bajo la idea de ser una nación libertadora de pueblos, con su
"promoción de los ideales democráticos".

Este idealismo liberal sería el gran vencedor de la historia; Carl Schmitt en “Los
fundamentos histórico-espirituales del parlamentarismo en su situación actual”
sostiene que “desde el siglo XIX, la historia de las ideas políticas y de la Teoría del
Estado puede ser abarcada con una simple formula: la marcha triunfal de la
democracia” (1923: 29)2.

La democracia liberal se ha impuesto, e inclusive, desde mediados del siglo XX, y


con mayor fuerza desde la implosión de la URSS, parece haber una voluntad
internacionalizadora del “fundamentalismo democrático”3.

Pero para justamente, no caer en fundamentalismos, entiendo clave repensar como


concepto el fenómeno político que es la democracia, por medio de la consulta
bibliográfica de prestigiosos autores.

2 Die geistesgeschichtliche Lage des Heutigen Parlamentarismus, 1923, 2ª ed. 1926, Duncker & Humblot, Berlín,
1985, versión en español, Los fundamentos histórico-espirituales del parlamentarismo en su situación actual,
1923, Tecnos, Madrid.
3 Con esta expresión titula el filósofo español Gustavo Bueno su libro sobre la democracia en su país. En dicho
trabajo de Bueno se observa que el fundamentalismo democrático es la concepción de la democracia política
como la única forma de organización política admisible, aquél blindaje de la democracia como régimen perfecto
sin necesidad de reformas más que de matiz, lo que merece ser calificado de “corrupción ideológica".
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Voy a procurar realizar, desde una perspectiva filosófica aristotélico-tomista, una
crítica a la tesis liberal, en base a las que creo son sus contradicciones.

Finalmente, pretendo analizar la intervención de Estados Unidos en Libia con el


respaldo de la OTAN, para intentar entender las consecuencias prácticas que apareja
el uso del ideal democrático para el cumplimiento de los fines políticos de una nación.

Palabras clave: “idealismo liberal”; “fundamentalismo democrático”;


“intervencionismo”; “libertad”.

Desarrollo.

Si hablamos de pensar como concepto el fenómeno que es la democracia, primero hay


que deslindar dicho concepto de su noción liberal, para luego ver como
históricamente se imbrican en la circunstancia concreta en que vivimos.

Pasando a reveer como definían la democracia los clásicos, para Aristóteles la


democracia es una forma política imperfecta.

En la Etica a Nicomaco, afirma que: "la democracia es la menos mala de las


desviaciones, porque se desvía poco de la forma de la república"4.

"Ya en la Política, la considera inicialmente como la perversión "más moderada"5. Y


según avanzamos en esta obra, observamos un paulatino acercamiento entre la
democracia y la tiranía, descubriendo en el régimen democrático la capacidad de
transformarse fácilmente en tiránico6.

A su vez, distingue diversas formas de democracia, expresando: algunos piensan que


existe una sola democracia y una sola oligarquía, y esto no es verdad; de forma que no
deben olvidarse las variedades de los sistemas políticos, cuántas son y cómo se

4 E.N. 1160 b
5 Pol. 1289 b
6 Cfr. Pol. 1305 a, 1310 b, 1319 b
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constituyen, y compete a esta misma previsión ver las mejores leyes y las apropiadas
para cada régimen7.

Lo que interesa destacar es que no hay democracia perfecta, ni hay un único régimen
democrático; por eso democracia no es un concepto equívoco ni unívoco sino análogo,
es decir, admite distintas formas.

Con el término liberal ocurre algo similar, ya que podemos hablar del liberalismo en
su forma política, económica, etc.

Sin embargo, cuando hablamos de democracia liberal, identificamos su origen en


aquélla particular corriente ideológica del liberalismo que encuentra su fundamento en
Locke y Smith como dos de sus principales autores.

El problema es que dicho liberalismo ha traído consigo una confusión semántica, al


considerar a la libertad como un fin en sí mismo.

En la encíclica Libertas, León XIII destaca los excesos del liberalismo respecto del
concepto de libertad: la extensión indebida del contenido genuino de la palabra
"libertad" ha llevado a confundir la misma con un libertinaje en el que el capricho del
individuo es la norma de su conducta8.

La vertiente liberal no concibe a la libertad como un don del propio ser; refiere a una
reducida libertad exterior, vulnerable a las circunstancias que le rodeen.

Según esta corriente de ideas, la libertad no se tiene de hecho, sino por derecho; de
esta manera, defenderla no parece estar justificado más que por una ideología que
desea hacer de las personas seres libres, y en esa medida, la persona está expuesta
también a otras ideologías que decidan establecer otra condición de seres humanos en
la que no se incluya la libertad.

Alejandro Llano dice que el peligro de pensar que la libertad debe ganarse, es que, en
esa misma medida, puede perderse9.

7 Cfr. Pol. 1289 a


8 Gabriel ZANOTTI, Reflexiones sobre la encíclica “Libertas” de León XIII (En su centenario), en “El Derecho”,
7090, 11-X-88, tomo 129 (1988).
9 A. Llano, Caminos de la filosofía, Eunsa, Pamplona, 2011.
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Asimismo, el liberalismo concibe la libertad desde una única dimensión, la de tener la
capacidad de elegir.

A la libertad tomada en este sentido se la toma como fin y quiere dársele un valor
absoluto: se es más libre en la medida en la que uno hace lo que desea hacer.

En realidad, libertad refiere a aquella capacidad de la razón de enlazarse con la


voluntad y conducir la conducta; toda persona por estar dotada de inteligencia y
voluntad posee libertad y ninguna circunstancia puede arrebatársela, debido a que se
trata de una libertad ontológica.

Como la libertad es un valor ontológico, ser libre no dependerá, por lo tanto, de que
las demás personas o las situaciones exteriores actúen en respuesta a esa condición. Se
puede ver coartada la libertad en un aspecto, a saber, impidiendo el ejercicio de elegir,
por ejemplo, con quién casarse o qué carrera estudiar, pero nunca se le puede quitar al
hombre su libertad interior. Esta libertad no se conquista mediante la lucha, porque no
se tiene libertad, sino que el ser humano es un ser libre de un modo originario.

Así mismo, como afirma San Agustín10, la libertad es un medio para alcanzar el fin
propio del hombre, que es el bien. Nunca puede constituir un fin en sí mismo, puesto
que podría usarse para cometer barbaries.

La persona humana, ciertamente, posee una libertad inicial y radical (el libre albedrío).
Ahora bien, la libertad de arbitrio no es un valor absoluto, sino que está referido y
condicionado a un fin: el bien. La verdadera libertad es entonces referencial y
condicionada, implica responsabilidad y comporta dos elementos: autodeterminación
de la voluntad y orientación al bien.

Al negar la libertad en su sentido ontológico y considerarla un fin, el liberalismo


niega la libertad misma y surge como ideología de sometimiento.

Basado en esta construcción del concepto libertad, fundamenta el orden social


democrático, y lo erige como el único medio ideal por el cual cada ser humano puede
cumplir su finalidad, el ser libre.

10 San Agustín, El libre albedrío, “Obras de San Agustín. Obras filosóficas”, versión, introducción y notas de
Victorio Capanaga, Editorial Católica, Madrid, 1951.
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Estados Unidos ha seguido esta doctrina y la ha aplicado, tiñendo de un falso
moralismo sus políticas intervencionistas en otros países.

Sin embargo, ya en el pensamiento de Herder se leía, que las culturas tienen


principios orgánicos de desarrollo intrínsecos y absolutamente incomunicables con
otras culturas sino mediante choques de tipo bélicos11.

Esta suerte de cruzada perpetua en nombre del idealismo ha llevado a catástrofes,


desde el siglo XIX hasta hoy, porque no se puede trasladar el sistema republicano a
todas las culturas de forma militar, sin generar resultados adversos a los buscados.

Una de esas catástrofes se dio en Libia, país en que se ha intervenido de una manera
muy notoria. La importancia estratégica de Libia radica en que alberga la mayor
reserva de petróleo de África, la novena del mundo, y es miembro de la Organización
de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). En 1969, un grupo de oficiales del
ejército había puesto fin a la monarquía y proclamado la república como nueva forma
de gobierno en Libia.

Si bien en un primer momento se instauró un gobierno colegiado bajo el Consejo del


Comando Revolucionario, pronto Gaddafi se convirtió en el líder de facto de la nueva
república; sin embargo, en el año 2011, comenzaron las protestas en contra de su
gobierno.

El gobierno libio respondió con una feroz represión, y a esto se sumaron los discursos
que enunció el ex Presidente libio enunció, llamando a la “limpieza” de los desertores.

Ante este panorama, la Liga Árabe reaccionó expulsando a Gaddafi del organismo.

La resolución 1973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas establecería una
zona de exclusión aérea, con el objetivo de proteger la población libia.

Sin embargo, una vez emitida dicha resolución, la Secretaria de Estado de Estados
Unidos, Hillary Clinton, declaró desde Túnez: “Queremos apoyar a la oposición que
se levantó contra el dictador”. ¿La misión era, entonces, proteger a los rebeldes, tomar
parte en el conflicto? Ninguna de las resoluciones de la ONU legitimó un cambio de
11MAYOS SOLSANA, Gonçal, Ilustración y Romanticismo. Introducción a la polémica entre Kant y Herder,
Barcelona, Herder Editorial, 2004.
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régimen. Sin embargo,la legitimidad de ello –o más bien su aceptación– fue
construida discursivamente al establecer una continuidad entre la protección de la
población y la necesidad de derrocar a Muammar Gaddafi y establecer la democracia
liberal en Libia.

En palabras de Obama: "He dicho desde el principio que nuestro objetivo, la razón
por la que intervenimos en Libia, era proteger a la gente sobre el terreno y dar al
pueblo libio el espacio que necesitaba para lograr un cambio hacia la democracia"12.

De esta manera, no se alude a los conflictos como si estuvieran constituidos por


cuestiones políticas, sino por cuestiones morales.

Acá es interesante resaltar la categoría de “libertad”, a la que refería Obama cuando


señalaba: "Mi enfoque a lo largo de las convulsiones que han barrido a Medio Oriente
es, número uno, nada de violencia contra los ciudadanos; número dos, estamos a favor
de la libertad y la democracia"13. Así, los conceptos de libertad y democracia fueron
homologados.

Estados Unidos plantea así la democracia como un deber ser, reivindicando intereses
que, dice, no son nacionales, sino internacionales.

En este sentido, puede tomarse como ejemplo la siguiente afirmación de Obama:


"Hoy formamos parte de una amplia coalición. Estamos respondiendo a las llamadas
de un pueblo amenazado. Y estamos actuando en interés de los Estados Unidos y del
mundo"14. También decía: "No hay dudas de que Libia –y el mundo- estarán mejor
sin Gaddafi en el poder"15.

Conclusión.

12 CASA BLANCA (2011), “Remarks by President Obama and Prime Minister Cameron of the United Kingdom in
Joint Press Conference in London, United Kingdom”, 25/05/2011. (En línea), disponible en www.whitehouse.gov,
consultado en octubre 2018.
13CASA BLANCA (2011), “Remarks by President Obama and President Calderón of Mexico at Joint Press
Conference”,03/03/2011. (En línea), disponible en www.whitehouse.gov, consultado en octubre 2018.
14CASA BLANCA (2011), “Remarks by the President on Libya” 19/03/2011. (En línea), disponible en
www.whitehouse.gov, consultado en octubre 2018.
15 Ibid. Idem.
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Puede aducirse que entre Republicanos y Demócratas existen marcadas diferencias
ideológicas que derivan en distintas valoraciones de los organismos internacionales.
Sin embargo, ambos se encuentran inmersos en un discurso liberal más amplio que
supone una única forma de gobierno mundial: la democracia.

Homologada con la libertad, la democracia liberal se presentaba como una demanda


universal de los pueblos de todo el mundo, y, por lo tanto, como una necesidad que
justificaba políticas intervencionistas en su nombre.

Por medio de construcciones discursivas se forjó la identidad moralista


estadounidense, que atribuyó a esa nación, una misión universal: libertar a los pueblos,
aludiendo la defensa de intereses no nacionales, sino mundiales. Desde una
perspectiva realista se observa cómo ese discurso viene a respaldar los intereses
nacionales de Estados Unidos, proclamados como aspiraciones mundiales.

Este discurso liberal tuvo efectos en la realidad, por ejemplo, en Libia.

Creo que tener en cuenta la experiencia en Libia resulta de fundamental importancia


en el contexto internacional actual, en vista de la insistencia de las voces que apoyan
otras intervenciones.

Bibliografía y referencias.

Aristóteles. (1992). Ética nicomaquea (7ª ed.). Madrid, España: Alianza


Editorial.

Aristóteles, A. (1986). La Política (4ª ed.). Buenos Aires, Argentina: El


Ateneo.

Rice, Condoleezza (2008) “Rethink the National Interest. American Realism


for a New World” in Foreign Affaire July – August. “Repensar el interés
nacional. El realismo estadounidense para un Nuevo mundo”. En Foreign
Affaire Latinoamérica. México, Vol. 8 Número 4.
Javier Barragán, alumno IV AÑO Ciencia Política y Relaciones
Internacionales, UCALP.
Die geistesgeschichtliche Lage des Heutigen Parlamentarismus, 1923, 2ª ed.
1926, Duncker & Humblot, Berlín, 1985, versión en español, Los
fundamentos histórico-espirituales del parlamentarismo en su situación actual,
1923, Tecnos, Madrid.

Gabriel ZANOTTI, Reflexiones sobre la encíclica “Libertas” de León XIII (En


su centenario), en “El Derecho”, 7090, 11-X-88, tomo 129 (1988).

A. Llano, Caminos de la filosofía, Eunsa, Pamplona, 2011.

San Agustín, El libre albedrío, “Obras de San Agustín. Obras filosóficas”,


versión, introducción y notas de Victorio Capanaga, Editorial Católica, Madrid,
1951.