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VI Carta Pastoral

LLAMADOS PARA LLAMAR


A OTROS HERMANOS

Mons. Rogelio Cabrera López


Arzobispo de Monterrey
ZUAZUA No. 1100 SUR.
CENTRO, MONTERREY, N.L.
C.P. 64000.
TEL (81) 11582477
www.arquidiocesismty.org

VI Carta Pastoral
LLAMADOS PARA LLAMAR
A OTROS HERMANOS

Mons. Rogelio Cabrera López.


Arzobispo de Monterrey.

Primera Edición.
Agosto de 2019.
Impreso en México.
Dedicatoria
A mis hermanos sacerdotes, junto a los consagrados y fieles laicos:

“Porque tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo


unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que
tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Este es, quizá, uno de los
versículos más conocidos del Nuevo Testamento y,
probablemente, de toda la Sagrada Escritura. Es la primera
ocasión que aparece el verbo amar en el Evangelio de San
Juan, de aquí su alto valor y significado. El sujeto del amor es
el Padre y el objeto de su amor es el mundo, se trata por lo
tanto del acto de amor fundamental que explica la obra de la
salvación humana. Es el amor lo que está en el fondo de la
misión del Hijo unigénito, pues no existe ninguna otra razón
o motivación para la donación fundamental que implica su
obra redentora.

“Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a
dar es mi carne, para vida del mundo” (Jn 6, 51). Unos capítulos más adelante encontramos que al don
fundamental del Padre, el Hijo unigénito responde con el don de su propia existencia. Así va
tejiéndose en el Evangelio de San Juan, un eje que revela que el amor mueve a dar, a darse y quien da,
lo hace movido por el amor (cfr. 3, 35; 10, 17-18). Esta es la lógica que está detrás de la actitud de
Jesús cuando enfrenta la hora de su pascua pues “...los amó hasta el final” (Jn 13, 1) y está dispuesto a
darse hasta el final, pues ama hasta el final. Por eso, al término de su existencia no ha reservado
nada para sí. Su camino no ha sido el de la apropiación y acumulación egoísta, sino un camino de
auto-donación en nombre del amor.

La lógica de vida del discípulo no puede ser distinta: “cuando eras joven tú mismo te ceñías e ibas
adonde querías” (Jn 21, 18). Como Pedro, todo seguidor de Jesús está llamado a entrar en un camino
de desposesión que le reclamará el don de su propia vida: “... con esto le indicaba la clase de muerte
con que iba a glorificar a Dios” (Jn 21, 19). Jesús anuncia a Pedro este camino después de haberlo
examinado en el amor, que es el fundamento de una vida entregada como don. Si esto es válido en
toda vocación cristiana, lo es más para nosotros que, como sacerdotes, estamos particularmente
llamados a hacer vida en nosotros la kénosis de Cristo, como camino de desposesión y no de
acumulación (cfr. PO 15) pues el Señor “... se despojó de sí mismo tomando condición de esclavo...
haciéndose obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (Fil 2, 7-9).

“Dicho esto [Jesús a Pedro] añadió: Sígueme” (Jn 21, 19). Estimados hermanos, por medio de esta
Carta Pastoral, quiero animarlos a vivir nuestro seguimiento de Cristo desde la lógica fundamental
del amor de Dios, que se expresa como donación y desprendimiento, invitándolos a asumir de forma
más consciente y decidida nuestra identificación con el vaciamiento de Cristo, mediante una vida
más austera y cercana, siendo signo de Jesús, en medio de un mundo regido por la apropiación y el
consumo. Estoy convencido que, mediante este testimonio, Dios seguirá suscitando, en las mujeres y
los hombres de hoy, el vivo deseo de responder al llamado del Señor.

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Llamados para llamar a otros hermanos
Introducción
1. SER LLAMADOS PARA LLAMAR A LA SANTIDAD por el amor revelado en Cristo, es uno de los
rasgos que nos identifica como bautizados y como Pueblo de Dios. Este rasgo nos debe distinguir de
manera especial a todos nosotros, sacerdotes, que hemos sido hechos participes del sacerdocio
ministerial de Cristo. En nuestra historia personal, ha resonado su llamado cambiándonos la vida y
entregándonos el Espíritu Santo que, como a Jesús, nos guiará por caminos de santidad para poder
cumplir con nuestra misión. Como Iglesia de Monterrey hemos de responder a esta llamada de Jesús
y, para lograrlo, es necesario que, nosotros pastores, estemos cada vez más comprometidos con
nuestra propia misión, siendo conscientes de los desafíos de nuestro tiempo con un corazón lleno de
fe y esperanza cierta en el amor de Dios. Es importante que cultivemos en nosotros y en todos los
demás integrantes del Pueblo de Dios la “inteligencia espiritual de la pastoral”, propuesta por el
Proyecto Global de Pastoral 2031+2033 (PGP) de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM)
como un “modo para hacer más evidente la relación que existe entre el quehacer apostólico ya existente
y su correspondiente inspiración doctrinal” (PGP 15) de tal manera que se dé una relación entre las
ideas teológicas y el ejercicio pastoral “que requiere la convergencia de ánimo de los que tenemos los
mismos sentimientos de Cristo Jesús (cfr. Flp 2, 1-5), partiendo de la lúcida conciencia de que no nos
faltan fuerzas, ni talentos, ni recursos, sino más bien una verdadera conversión del corazón y una
coordinación inteligente de toda esta riqueza, para dirigirla con más eficacia hacia la meta común de la
evangelización, a fin de que nuestros pueblos en Él tengan vida” (PGP 16).

2. Por otro lado, el PGP nos propone, de cara a En este mismo espíritu, los obispos mexicanos
la celebración jubilar de los 500 años del reunidos en nuestra CVII Asamblea Plenaria y
Acontecimiento Guadalupano en 2031 y los buscando caminar juntos, hemos señalado tres
2000 años de la Redención de Jesucristo en emergencias pastorales en nuestro país donde
2033, que asumamos a manera de paradigma invitamos a todos a enfocar la mirada y nuestra
eclesial, seis Opciones Pastorales (PGP 172-188) acción concreta: las personas migrantes, los
que describen los rasgos de la Iglesia que jóvenes y los sacerdotes.
queremos ser: A) una Iglesia que anuncia y
construye la dignidad humana, B) una Iglesia 3. En esta tercera emergencia pastoral,
comprometida con la paz y las causas sociales, estamos incluidos todos nosotros, hermanos
C) una Iglesia pueblo, D) una Iglesia misionera sacerdotes. Creo que vivimos un tiempo en el
y evangelizadora, E) una Iglesia compasiva y que el testimonio que demos con nuestra vida,
testigo de la Redención y F) una Iglesia que será fundamental para una nueva primavera
comparte con los adolescentes y jóvenes la eclesial y vocacional. Es necesario orar, meditar
tarea de hacer un país lleno de esperanza, y contemplar juntos, desde la Sagrada
alegría y vida plena. Sin duda, la vivencia de Escritura, esta conversión personal,
estas Opciones nos exige una conversión comunitaria y pastoral que urge que vivamos.
personal, comunitaria y pastoral pues “Dios En mi anterior Carta Pastoral, reflexionamos
nos está llamando a generar esperanza y a sobre la necesidad de renovar nuestro llamado
fortalecer y reconstruir una vida humana más a participar en el sacerdocio de Cristo y a
plena para todos sus hijos, especialmente los valorar la misericordia mostrada hacia nosotros
descartados por estos nuevos fenómenos, una en este don sacerdotal. Ahora, tratando de
vida que refleje en cada persona a Cristo el iniciar una respuesta de vida a lo que
hombre perfecto y se manifieste en condiciones los obispos mexicanos presentamos en el
dignas para cada uno” (PGP 164).
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Llamados para llamar a otros hermanos
PGP, les propongo una reflexión sobre el
llamado a vivir la santidad, la sobriedad y la
austeridad, siempre necesarias en nuestro ... les propongo una reflexión
ministerio y ante el desafío vocacional de
nuestro tiempo, específicamente el de la
sobre el llamado a vivir la
vocación sacerdotal. Reflexionemos juntos santidad, la sobriedad y la
sobre el llamado a la vida y la felicidad que
todos los seres humanos hemos recibido y que
austeridad, siempre necesarias
en los cristianos se convierte en un llamado a la en el testimonio sacerdotal y
santidad, pero que en quienes somos ante el desafío vocacional
sacerdotes, se cristaliza, entre otras cosas, en
una vida ejemplar, sobria y austera que de nuestro tiempo,
motivará al resto del Pueblo de Dios a hacer específicamente el de la
propio el llamado a la santidad y a muchos
jóvenes varones, a vivir el camino de santidad vocación sacerdotal.
específico en el sacerdocio que nosotros hemos
abrazado.

I. El llamado a la vida y a la felicidad.


Valoración de la vida en todas sus dimensiones.
4. Dios, Padre de Misericordia, en su infinito amor, tuvo a bien crear el mundo y la vida. Con designios
que no comprendemos, ha creado una casa común que hospeda la vida realizada en muchas formas.
Cuando contemplamos la complejidad y convivencia de las especies animales y vegetales, así como el
gran milagro y equilibrio que esto representa, no podemos dejar de maravillarnos. Es más, si
repasamos las páginas de libros ilustrados o de imágenes en sitios de internet sobre la diversidad de
formas de vida, experimentamos aquello que el salmista expresó lleno de fe, capturado por la belleza
de la vida: “Cuando veo tu cielo, hechura de tus dedos, la luna y las estrellas que pusiste, ¿qué es el
hombre para que te acuerdes de él, el hijo de Adán para que de él te cuides? Apenas inferior a un dios lo
hiciste, coronándolo de gloria y esplendor; señor lo hiciste de las obras de tus manos, todo lo pusiste bajo
sus pies: ovejas y bueyes, juntos, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar que
circulan por las sendas de los mares” (Sal 8, 4-9). Solo al ser humano se le ha concedido el privilegio,
entre todos los seres vivos, de preguntarse sobre sí mismo, y en la contemplación de la creación,
surge esta íntima pregunta: ¿qué es el hombre?

5. Cuando los antiguos filósofos trataban de dar una respuesta clara, surgida de la reflexión serena y
atenta sobre el mundo, decían que el hombre era un animal porque formaba parte de todos los entes
que son vivos, es decir, que son o tienen un alma y un cuerpo y que, como tales, necesitan las
condiciones básicas para ejercer las funciones vitales, al igual que las plantas y los animales. El día de
hoy, a pesar de los avances tecnológicos, los seres humanos seguimos siendo seres vivos, necesitados
de oxígeno, hidrógeno, agua, sales, nutrientes diversos, alimentos y otros muchos elementos para
vivir, todo en la medida justa. La vida del ser humano y la justicia en el uso adecuado de los recursos
naturales están relacionados, pues sin esto no podemos subsistir por mucho tiempo.
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Llamados para llamar a otros hermanos
6. La contemplación de la creación y de la 7. Volviendo a la experiencia del salmista, que
historia del desarrollo de los seres vivos, hasta ahora ha guiado nuestra reflexión,
independientemente de la luz de la revelación, considero que, de manera artística, trata de
como ya lo ha dejado ver el salmista, recoger el sentimiento de todos los seres
desemboca en esa pregunta tan provocadora: humanos que contemplan cuando afirma:
¿qué es el hombre? Muchos seres humanos nos “Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo
hemos hecho esta pregunta y aunque los de gloria y esplendor; señor lo hiciste de las obras
caminos para llegar a ella son muchos, tienen de tus manos, todo lo pusiste bajo sus pies”
como rasgo común, la experiencia de historia (Salmo 8, 6-7). Con esto, proclama que hay
humana que ha llegado a una cierta madurez,
cosas que sobrepasan a nuestra razón y que la
en la que se ha comprendido, con cierto grado
corona de la vida humana, es la gloria y la
de razón, qué es la vida y todas las condiciones,
dignidad que tenemos por el solo hecho de
conectadas de manera muy compleja, para que
el individuo de una especie pueda vivir aquí y existir como seres humanos. ¡Cuántas
ahora. Esta pregunta es un privilegio, no de discusiones ha habido buscando comprender
poder, fuerza bruta, dominio o consumo, sino en qué consisten esta gloria y dignidad! El Papa
de responsabilidad. Pregunta y respuesta se Francisco nos ha recordado que el mandato
atraen, se buscan y provocan una gran divino de dominar la tierra, no es absoluto o
inquietud en los corazones humanos, que no implica destrucción, sino al contrario, es una
reposan ni sienten gozo sin alcanzar la luz invitación a ser responsables en labrar y cuidar
necesaria para ver, sentir, decir y comunicar lo la casa común, donde todo está conectado y en
que es la propia vida, y así darle sentido, más la que el ser humano no puede comprender la
allá de lo efímera que pueda parecer su vida ni a sí mismo, sin la relación de
duración aquí en la tierra. La responsabilidad de reciprocidad responsable con la naturaleza (cfr.
buscar para comprender, comprender para LS 67). Lo que el salmista intuía por el sentido
creer y creer para vivir ha sido, a lo largo de la de la fe, nos fue revelado con toda claridad en
historia, el motivo de grandes debates y Jesús, el Hijo de Dios, mostrándonos que la
batallas, de violencias y guerras, pero también
dignidad del ser humano está en el cultivar una
de avances y progresos, de desarrollo y felicidad
vida en libertad como hijos de Dios y su gloria
humana, de auténtica fraternidad y comunión.
está en llegar a morar en Dios, en comunión y
No pretendo en esta reflexión más que
maravillarme y conducirlos a maravillarse con la alegría perfecta. El camino de esta libertad y
creación y las preguntas que provoca, entre comunión es el amor de Dios revelado en Jesús,
ellas, como hemos dicho, la más humana de nuestro Señor (cfr. Jn 14, 9).
todas: ¿qué es el hombre?

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Llamados para llamar a otros hermanos
8. Contemplar la vida y contemplar al ser humano lleva al salmista a expresar un sentimiento de
reconocimiento agradecido: “¡Yahvé, Señor nuestro, qué glorioso es tu nombre en toda la tierra!” (Sal 8,
10). Estimados hermanos sacerdotes, deseo sincera y profundamente que cada uno de nosotros
realice este ejercicio espiritual de contemplación. Somos seres vivos, frágiles y, al igual que todos los
otros seres vivos creados, necesitados del resto de la creación, dependientes de las circunstancias y
dedicación para permanecer en óptima salud. Somos, pues, responsables de cultivar las condiciones
necesarias para favorecer nuestra salud y la de todas las personas. El esfuerzo por cuidar la creación,
de modo que sea posible la vida humana con dignidad y gloria, implica la lucha y a la vez el
testimonio de una generación, de una cultura y de una religión que ama la vida y que brota de la
apropiada contemplación del misterio de Cristo, expresada en hábitos saludables, individuales y
comunitarios que cultivamos, así como en los compromisos ecológicos que tomemos en todos los
ámbitos de la vida y en colaboración con todos los sectores sociales que luchan por la vida y la salud.

Estimados hermanos sacerdotes, deseo sincera y profundamente


que cada uno de nosotros realice este ejercicio espiritual de
contemplación. Somos seres vivos, frágiles y que al igual que
otros seres vivos, estamos necesitados del resto de la creación,
dependientes de las circunstancias y dedicación para permanecer
en óptima salud. Somos, pues, responsables de cultivar
las condiciones necesarias para favorecer nuestra salud
y la de todas las personas.

9. Por eso, reconocemos y afirmamos con claridad que la vida es un don y un llamado. Hemos sido
llamados a la vida por un Dios bueno y creador, santo y misericordioso. A Él elevamos el corazón
agradecido y expresamos nuestro compromiso por valorar, respetar y cultivar la vida en todas sus
formas.

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Llamados para llamar a otros hermanos
Reconocer el anhelo de la felicidad.
10. En el ser humano, la vida no solo es un
llamado a la existencia, pues en su corazón
subsiste la inquietud de una vida plena. Desde la
antigüedad, la humanidad se ha propuesto
llenar su vida y su corazón de formas diversas,
siendo así que muchos aún experimentan que
no basta una buena salud y gozar de bienestar.
Ese anhelo ha sido catalogado de melancolía,
por desear un estado de vida anterior o de
resentimiento, por quererlo alcanzar sin poder
hacerlo. Al estado de plenitud que motiva a
muchos seres humanos le llamamos felicidad,
un concepto tomado de la misma vida humana
y que se manifiesta cuando la persona La Iglesia reconoce el valor de las preguntas del
experimenta momentos en que se une a una ser humano acerca de su origen, identidad,
meta de bien propuesta desde la razón y la destino y sentido de la propia vida y de la
voluntad, y en los que todos los elementos de la humanidad entera en cada etapa de la historia.
existencia, en medio de su complejidad, tienen Los seres humanos de hoy reclaman su derecho
cierto orden y equilibrio respecto a uno mismo y a ser felices e intuyen que el camino es el libre
a los demás, revelándole así su identidad y el desarrollo de su personalidad. La felicidad se
sentido más profundo en su vida. El deseo de la piensa hoy por los conceptos de libertad,
persona consiste en vivir siempre así, en esa derecho, desarrollo y personalidad: ¿será este el
altura de vida, pero es consciente que esos camino hacia la plenitud humana?
momentos no llegan solos ni por casualidad ya
que es necesario el esfuerzo biopsicosocial, las 12. Esta pregunta surge también en nosotros,
virtudes fundamentales de la prudencia, hermanos sacerdotes. El corazón sacerdotal
templanza, fortaleza y justicia, la vivencia de las también entra en crisis y pregunta por el
virtudes propias del estado de vida de cada uno destino y el sentido. Pedro también se lo
y el ejercicio de las virtudes sociales necesarias expresó al Señor: “Ya lo ves, nosotros hemos
para la búsqueda del bien común. De esta dejado todo y te hemos seguido” (Mc 10, 28).
manera, la felicidad es un bien arduo, que ¿Cuál habrá sido su inquietud? Creo que este
requiere gran libertad y dedicación. pasaje del evangelio es provocador para
nosotros en nuestro caminar sacerdotal pues
11. Debido a la multiplicidad de formas de nos conduce a preguntarnos si ha valido
pensar y de querer, los seres humanos la pena el desprendimiento y si vale la pena
batallamos para encontrar claridad en la seguir al Señor en un orden de vida tan difícil.
comprensión y búsqueda de ese estado de En varias etapas de la historia de
felicidad. En ocasiones la confundimos con el la Iglesia, la consagración de la vida a Dios
gusto propio, con las ideas, con las habilidades, en comunidades religiosas y en el sacerdocio
con los resultados obtenidos, con los intereses secular, ha entrado en momentos de crisis,
individuales y colectivos, con prácticas y cuestionamientos y persecuciones. Debemos
ritualismos, con órdenes fantásticos, con reconocer que en el presente vivimos uno de
desarrollo externo, con la posesión de la ciencia, estos momentos. No dudamos que en el
con la manipulación colectiva, con el poder y el corazón de algunos hermanos nuestros
dominio, con las riquezas materiales y con un pueden surgir desalientos, dudas e incluso
largo etcétera. 6
Llamados para llamar a otros hermanos
hasta sospechas; no faltan acusaciones, fundadas o infundadas, que nos hieren y separan. Hermanos,
vivimos momentos en que es necesaria una respuesta muy madura, llena de humanidad y de fe.
Pedro pregunta, como todo ser humano, si será hasta el encuentro con el Resucitado cuando tenga
certeza y fortaleza. Nosotros hemos de recorrer el camino del Crucificado para encontrarnos con el
Resucitado, experimentando esa misma certeza y fortaleza en la vida. Solo así podremos encontrar la
fe y la comunión para cumplir nuestra misión en la tierra alentados por las palabras de Jesús: “…he
rogado por ti, para que tu fe no desfallezca. Y tú, cuando hayas vuelto, confirma a tus hermanos”
(Lc 22, 32).

13. Dios nuestro Padre, en su infinita bondad,


quiso llamarnos a la vida. Somos seres humanos
En el corazón de algunos hermanos con toda la complejidad que esto implica y, por
pueden surgir desalientos, dudas e la dependencia mutua que tenemos, con una
incluso hasta sospechas; no faltan relación necesaria con el resto de la creación,
que hemos de amar y custodiar para mantener
acusaciones, fundadas o infundadas, este don inicial de la vida. Además, anhelamos
que nos hieren y separan. Hermanos, no solo vivir, queremos una vida plena por un
vivimos momentos en que es necesaria estado de felicidad completo, mismo que solo
una respuesta muy madura, llena será posible si contamos con una luz verdadera y
cierta que clarifique e ilumine el caminar de toda
de humanidad y de fe. la humanidad y de cada ser humano en
particular.

II. Jesús, revelador del llamado


a la santidad.
La santidad redime la felicidad.
14. La sociedad actual sufre a causa de muchas crisis, vivimos en un constante estado de alerta.
Estamos en un cambio de época y tenemos que posicionarnos ante él para poder aprovechar sus bríos
y dirigirnos de manera virtuosa hacia una etapa mejor de nuestra humanidad. El PGP en su Primera
Parte, al hacer una mirada de la realidad, entre las cuestiones que inquietan nuestra cultura
mexicana y marcan nuestra vida, señala: el relativismo por encima de un sano pluralismo; el consumo
sobre el cuidado ecológico; la crueldad sobre la compasión en la comunicación; la confusión sobre el
fervor religioso; la desorientación en el sentido de la vida humana sobre la certeza llena de esperanza;
la migración forzada sobre la oportunidad de desarrollo integral en el propio origen y cultura; la
dictadura de las ideologías sobre la existencia humana; la pobreza, injusticia y violencia sobre el
rostro de la mujer; las megatendencias globales entre el verdadero desarrollo; la pérdida de la
libertad, el posthumanismo y la injusticia sobre las prácticas económicas apropiadas. Al afirmar esto,
somos conscientes que vivimos una verdadera batalla espiritual, un combate por alcanzar una meta
de gloria y dignidad humana. Todo ser humano, buscando un refugio en este combate, debería poder
encontrar, en la comunidad eclesial, un verdadero hospital de guerra donde puedan ser atendidas sus
heridas. Cuando las contradicciones aparecen en el camino humano, las palabras del Señor dan
consuelo y aliento: “no piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer la paz, sino
espada” (Mt 10, 34).
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Llamados para llamar a otros hermanos
15. En esta batalla, todos hemos de revisar las heridas sufridas y los sentimientos consiguientes, así
como los pensamientos que luchan por encontrar un sentido, las conductas de reacción que tenemos
y las costumbres que vamos generando. Todo para encontrar consuelo y mantener la salud en todas
las dimensiones de nuestra vida. Hermanos sacerdotes, con mirada compasiva, revisemos las heridas
de unos y otros pues también necesitamos de este hospital, que es la comunidad eclesial. “Tenemos
que reconocer que los efectos de esta nueva época han llegado y dañado también la vida de los
presbíteros. Fenómenos señalados como el individualismo, el hedonismo, la superficialidad y la
mundanidad, se han instalado en la vida de muchos de ellos. Vivimos con mucho dolor y tristeza el
sufrimiento de las víctimas del abuso sexual de menores y de sus familiares por parte de presbíteros”
(PGP 71).

Vivimos una gran cuaresma eclesial, un tiempo privilegiado en el que somos invitados a una
verdadera y profunda fe cristiana y a retomar como pueblo, y en específico como sacerdotes, el
camino de conversión hacia el Señor Jesús. Necesitamos pedir mucha fe y gracia para vivir
nuevamente la Redención de nuestro cuerpo, alma y espíritu.

Hermanos sacerdotes, con


mirada compasiva, revisemos
las heridas de unos y otros pues
también necesitamos de este
hospital que es la comunidad
eclesial. “Tenemos que
reconocer que los efectos de
esta nueva época han llegado
y dañado también la vida de
los presbíteros. Fenómenos
señalados como el
individualismo, el hedonismo,
la superficialidad y la
mundanidad, se han instalado
en la vida de muchos de ellos.
Vivimos con mucho dolor y
tristeza el sufrimiento de las
víctimas del abuso sexual de
menores y de sus familiares por
parte de presbíteros” (PGP 71).

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Llamados para llamar a otros hermanos
16. La comunidad eclesial es nuestro hospital y Jesús es nuestra roca en medio de esta batalla. Él
viene a sanar las heridas en los corazones bien dispuestos. En la más intensa oscuridad, podemos
apreciar y valorar su luz y el camino para volver a la esperanza. Es la voz del Buen Pastor que viene a
llamarnos por nuestro nombre, para revelarnos quiénes somos y el valor que tenemos. Retomando
la historia de la Iglesia, en su sinuoso camino de conversión y reforma para ser más fieles al mandato
del Señor, volvemos a escuchar la firmeza del llamado de Dios a la santidad. Desde el llamado a
Abraham, en el Antiguo Testamento, a quien el Padre le dice “... anda en mi presencia y sé perfecto”
(Gn 17, 1), hasta el camino de santidad revelado en Cristo, quien nos ha mandado “ustedes, pues, sean
perfectos como es perfecto su Padre celestial” (Mt 5, 48). Esta invitación es la que puede despertar los
corazones dormidos y heridos y la voz que puede mover al más testarudo y al más enviciado de
todos nosotros. Si no hacemos caso al mismo Señor, a quién iremos o a quién esperamos. La
presencia suave del Señor, su mirada compasiva y su mano misericordiosa se acercan ahora a cada
uno de nosotros y nos preguntan: ¿qué te impide tomar el camino de la santidad?

Si no hacemos caso al mismo Señor, a quién iremos


o a quién esperamos. La presencia suave del Señor, su
mirada compasiva y su mano misericordiosa se acercan
ahora a cada uno de nosotros y nos preguntan:
¿qué te impide tomar el camino de la santidad?

17. Meditando en la vida de Jesús, proclamamos que el ser


humano no solo está llamado a la vida biopsicosocial, sino que
también lo está a la santidad, es decir, a la perfección de su ser
por el camino del amor misericordioso, revelado en la
encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección del Señor, así
como por el envío del Espíritu Santo. Un llamado que
transforma los corazones humanos porque les revela que, la
comunión plena con Dios Padre y con los hermanos, es la meta
de la vida, siendo el mismo Jesús el camino para alcanzarla, y el
amor de Dios y entre los hermanos, el sentido del esfuerzo
humano para llegar a ella con el auxilio de los dones del
Espíritu Santo. Así, el punto decisivo en este camino es la fe en
la Redención obrada por Jesús, en compañía con el pueblo de
Dios. Este llamado resuena y cada día se vive porque “... en el
fondo la santidad es vivir en unión con Él los misterios de su vida.
Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una
manera única y personal, en morir y resucitar constantemente
con él. Pero también puede implicar reproducir en la propia
existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida
oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza
y otras manifestaciones de su entrega por amor” (GE 20).

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Llamados para llamar a otros hermanos
18. Los seres humanos de hoy gimen con los hombres de todos los tiempos; quieren ser felices, pero
no saben cómo decirlo; buscan plenitud, aunque no saben dónde reside; en su interior no alcanzan a
comprender esa inquietud por la paz y la felicidad, pero las desean. El llamado de Jesús a la santidad
redime el deseo humano de ser feliz y le abre la puerta y la posibilidad. Su gracia sana las heridas del
camino y fortalece a los hombres para que no caigan ante las adversidades; ilumina los corazones
para renovar sus esfuerzos por un mejor cuidado de la casa común; compromete en la construcción
de órdenes políticos, económicos y sociales más justos y verdaderamente al servicio de la dignidad
del ser humano. En nuestra vida sacerdotal los deseos por una comunidad más compasiva y
misericordiosa, estructuras pastorales más solidarias y subsidiarias, verdadera fraternidad
sacerdotal y un largo etcétera, son deseos buenos, pero necesitados de Redención y gracia divina. La
fe nos ilumina para descubrir que estos deseos e inquietudes no solo son sueños y aspiraciones
puramente humanos, sino que son manifestaciones de una acción personal. Son una invitación, un
llamado, una vocación de Dios y una palabra salvadora que, quizá, las dificultades de la vida puedan
adormecer, pero nunca borrar. El corazón humano, al descubrir que es llamado, es impulsado a dar
una respuesta. Los más profundos deseos humanos de libertad, paz, justicia, alegría y felicidad son
salvados por la invitación a vivir la santidad de parte de Jesucristo y les provee la libertad de los hijos
de Dios para entregarse sin demora a la construcción del Reino de los cielos.

El llamado a la sobriedad y a la austeridad


como camino de santidad.
19. La etapa histórica que vivimos despierta en El camino
el interior muchas inquietudes, tantas que a
veces ya no alcanzamos a ser conscientes de de la mundanidad
nuestras necesidades y respondemos de manera es uno de los grandes
compulsiva a propuestas diversas. En esta
dinámica tecno-consumista, reinante en nuestro riesgos en nuestro
tiempo, se diseñan estrategias para estimular camino ministerial.
las áreas inconscientes de nuestro cerebro, el
cual responde con una señal de deseo, 20. La ansiedad que vivimos solo se satisface
llevándonos a reacciones semi-inconscientes, consumiendo, de tal manera que al poco
como en un estado hipnótico, digamos por tiempo nos descubrimos rodeados de falsas
ejemplo, para comprar un producto. El Papa necesidades, productos materiales, ideologías,
Francisco nos invita a reflexionar lo que maneras de hablar, de vestir, megaproyectos y
Romano Guardini pensaba a mitad del siglo XX: proyectos esnob con los que buscamos imitar
“... el ser humano ‘acepta los objetos y las formas estilos o apariencias que nos son propias.
de vida, tal como le son impuestos por la Mentes obtusas llenas de rencores, propuestas
planificación y por los productos fabricados en individualistas sin comunidad; espíritus
serie y, después de todo, actúa así con el ansiosos llenos de mundanidad y ebrios de
sentimiento de que eso es lo racional y lo materia y de sí mismos, sin trascendencia y
acertado’” (LS 203). Estamos ante la estrategia y alejados del Dios de la vida. El camino de la
dinámica consumista y sentimos que nuestra mundanidad es uno de los grandes riesgos en
ansiedad es lo racional y correcto. nuestro camino ministerial.

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Llamados para llamar a otros hermanos
21. En la encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco Volver al primer amor, al amor misericordioso
hace una invitación a un cambio de vida a todos de Cristo que nos llamó a este ministerio
los que habitamos esta casa común, implica regresar a nuestra primera respuesta a
actualizando el llamado a la santidad en ese llamado, poniendo todo el corazón en el
nuestros tiempos, con una fuerte carga seguimiento de Jesús, creyendo en su palabra y
espiritual. Según el camino de la enseñanza confiándole nuestra vida. Por eso, la sencillez y
evangélica, el vino nuevo, necesita odres nuevos la sobriedad, son los modos concretos que el
(cfr. Mt 9, 14-17), así como una nueva manera de Papa Francisco nos ofrece para dar esta
vivir, necesita una nueva educación y nuevos respuesta personal y comunitaria en este
aprendizajes. Preguntémonos: ¿Cuáles son los tiempo.
nuevos aprendizajes necesarios para vivir una
vida profético-contemplativa? Les propongo,
como un camino a la santidad, reflexionar y
meditar Laudato Si’, así como orar de su mano,
por el mensaje de santidad tan actual que
contiene. Especial atención merece el sexto
capítulo llamado Educación y Espiritualidad
Ecológica. Subrayaré enseguida algunos puntos
que me parecen importantes sobre ella y así
plantearnos un primer compromiso sacerdotal.

22. En primer lugar, la vida profético-


contemplativa tiene cuatro características:
libertad, austeridad, sobriedad y gozo. Estas nos
liberan de la dinámica de consumo, de
ansiedades, estrés y falsas necesidades,
permitiéndonos distinguir el justo valor de las
cosas, reconociendo el valor de las personas en
el centro y la distinción entre lo necesario y lo
superfluo para una vida digna en camino de
santidad. Facilita además que tengamos el
equilibrio personal necesario, la salud mental y
espiritual y la libertad de los hijos de Dios, para
desarrollar los dones recibidos en justicia,
solidaridad, subsidiariedad, reconciliación y
misericordia, cultivando el gozo y la paz como
frutos del Espíritu Santo.

23. En segundo lugar, el cambio de época que


estamos viviendo, exige de nosotros, como ...la sencillez y la sobriedad,
respuesta, el reconocimiento de los desvíos, el
arrepentimiento personal y comunitario y el
son los modos concretos que
compromiso firme y decidido por la santidad de el Papa Francisco nos ofrece
vida que el Espíritu Santo ha inspirado en todas
las ocasiones en que los cristianos han sufrido
para dar esta respuesta personal
las consecuencias del alejamiento de los y comunitaria en este tiempo.
caminos divinos y en épocas de persecución.

11
Llamados para llamar a otros hermanos
24. San Pablo, dirigiéndose a Timoteo, nos exhorta a vivir la sencillez o austeridad. Veamos el texto
con versículos señalados para poder reflexionar más fácilmente:

3Si alguno enseña otra cosa y no se atiene a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina
que es conforme a la piedad, 4está cegado por el orgullo y no sabe nada; sino que padece la enfermedad
de las disputas y contiendas de palabras, de donde proceden las envidias, discordias, maledicencias,
sospechas malignas, 5discusiones sin fin propias de gentes que tienen la inteligencia corrompida, que
están privados de la verdad y que piensan que la piedad es un negocio. 6Y ciertamente es un gran negocio
la piedad, con tal de que se contente con lo que tiene. 7Porque nosotros no hemos traído nada al mundo y
nada podemos llevarnos de él. 8Mientras tengamos comida y vestido, estemos contentos con eso. 9Los
que quieren enriquecerse caen en la tentación, en el lazo y en muchas codicias insensatas y perniciosas
que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. 10Porque la raíz de todos los males es el afán de
dinero, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos
sufrimientos (1 Tim 6, 3-10).

Como podemos ver, en los versículos 3-5 propone el primer signo interior hacia la austeridad y el
riesgo de enfermedad; en los versículos 7-10 habla de la causa de enfermedad y de los signos externos
de la austeridad.

El primer paso hacia la austeridad consiste en alejarse de la enfermedad de las disputas y las
contiendas de palabras. Hermanos sacerdotes, ¿han leído esas discusiones que se forman en nuestros
grupos y páginas de Facebook?, ¿han estado presentes en reuniones de sacerdotes hablando de sus
propios hermanos sacerdotes y obispos, que terminan convirtiéndose en gestos y palabras sin
compasión? Necesitamos una gran libertad, fuerza de voluntad y la gracia de Dios para alejarnos de
esta manera de conducirnos y de tratar las situaciones delicadas de nuestra vida. Es el primer
movimiento de la austeridad y es un paso que el Espíritu cultiva en el interior, en el corazón de
quienes estén dispuestos. San Pablo afirma que la raíz de la enfermedad es el afán de dinero (v. 10),
¿será esta la causa de nuestra falta de compasión? Por un lado, reconozco que nos falta una vida más
solidaria entre nosotros, de tal manera que no haya hermanos con muy poco y otros con mucho, pues
esta injusticia nos provoca indignación. Pero, por otro lado, también soy consciente que en algunos,
la necesidad de reconocimiento y de bienes materiales se ha convertido en ambición manifiesta en
estas reuniones, donde se expone públicamente el sufrimiento interior y extravío del corazón.
Hermanos, Cristo nos llama a sanar de esta enfermedad.

Hermanos sacerdotes, ¿han leído esas discusiones que se


forman en nuestros grupos y páginas de Facebook?,
¿han estado presentes en reuniones de sacerdotes hablando
de sus propios hermanos sacerdotes y obispos, que terminan
convirtiéndose en gestos y palabras sin compasión?
Necesitamos una gran libertad, fuerza de voluntad y la gracia
de Dios para alejarnos de esta manera de conducirnos
y de tratar las situaciones delicadas de nuestra vida.

12
Llamados para llamar a otros hermanos
25. El signo exterior consiste en tener lo necesario, expresado en los versículos 7-8, “porque nosotros
no hemos traído nada al mundo y nada podemos llevarnos de él. Mientras tengamos comida y vestido,
estemos contentos con eso”. Esta exhortación es una actualización de la primera de las
Bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”
(Mt 5, 3). Juan también lo señala, respondiendo a los soldados que le preguntaron qué debían hacer:
“No hagan extorsión a nadie, no hagan denuncias falsas y conténtense con su salario” (Lc 3, 14). Se trata
de un serio llamado a la austeridad por el camino de la justicia. Como lo comenté en mi V Carta
Pastoral, el Papa Francisco tiene el empeño de lograr en nosotros estos movimientos interiores. Por
un lado, la sobriedad como una virtud que nos da la capacidad de necesitar poco y de gozar mucho
con eso poco, aprendiendo a valorar lo pequeño, y por otro lado, para llegar a necesitar poco, hemos
de seguir el camino de la cruz y del desprendimiento viviendo la austeridad cultivada por la justicia.

26. Esto me lleva a reflexionar brevemente con ustedes el tema de la justicia, pues sin ella no hay
libertad, ni camino de amor, alegría y mucho menos, santidad. San Basilio nos enseña una manera
evangélica para actuar ante la diferencia en las posesiones: “Pero si confiesas que los frutos provienen
del cielo, ¿será injusto Dios cuando nos distribuye sus dones de una manera desigual? ¿Por qué tú vives en
la abundancia y el otro pide limosna, sino para que consiga el primero el mérito de la caridad y el último el
que se alcanza con la paciencia? ¿No serás por ventura despojador, reputando tuyo lo que has recibido
para distribuirlo? Es el pan del hambriento el que tú tienes, el vestido del desnudo el que conservas en tu
guardarropa, es el calzado del descalzo el que amontonas y la plata del indigente la que escondes bajo la
tierra. Cometes, pues, tantas injusticias cuantas son las cosas que puedes dar” (Homilía 6, sobre Lucas
12).

Se trata de la fe cristiana en sus orígenes, que hemos de recuperar para que el Espíritu Santo cultive
reformas de espíritus y de costumbres entre nosotros.

13
Llamados para llamar a otros hermanos
...reconozco que nos falta una vida más solidaria entre nosotros,
de tal manera que no haya hermanos con muy poco y otros
con mucho, pues esta injusticia nos provoca indignación.
Pero, por otro lado, también soy consciente que en algunos,
la necesidad de reconocimiento y de bienes materiales se ha
convertido en ambición manifiesta en estas reuniones, donde se
expone públicamente el sufrimiento interior y extravío del corazón.
Hermanos, Cristo nos llama a sanar de esta enfermedad.

27. San Agustín, comentando el Salmo 119, nos Nosotros sabemos que esta vida no es fruto de
llama a revisar lo necesario y lo superfluo, un voluntarismo o de un minimalismo
haciéndonos conscientes de que Dios nos da puramente humano e individualista, pues la
más allá de lo necesario y no solo para justicia se realiza en la recta relación con la
nosotros, sino para distribuirlo, de tal manera creación, de forma concreta en la relación con
que si lo guardamos nos estamos quedando con las personas y de manera específica con los más
el bien que le pertenece al otro. Santo Tomás de necesitados. La espiritualidad cristiana nos
Aquino, al hablar sobre el precepto de la llama a la justicia con los pobres en la que
limosna, distingue entre lo necesario buscamos la promoción de toda persona y de
absolutamente y lo necesario relativo. Lo toda comunidad, por un camino de libertad en
primero es aquello sin lo cual no podemos ser ni el que cada quien sea sujeto y protagonista de
vivir; lo segundo se refiere a lo que requerimos su propio desarrollo integral, con los bienes y
para vivir dignamente y lo que honestamente servicios que le son necesarios para una vida
necesitamos por nuestro estado de vida, digna y llena de fruto en el Espíritu Santo.
nuestros oficios y responsabilidades. De lo cual
se sigue que lo que no requerimos es superfluo. Para esto ayunamos y nos mortificamos,
Y concluye que es de precepto entregar al trabajamos y hacemos penitencia, por eso
necesitado lo que cada uno no necesita (cfr. IV hemos entregado nuestra vida a Cristo como
Sent. XV, II. a.1, q.4). respuesta a su llamado. En el camino de
atención a los pobres y necesitados está el
San Juan Pablo II nos hablaba de la acento de la vida sacerdotal y su realización, es
característica interior de los bienes necesarios, el signo evidente de que somos Iglesia de
ya que a la vez que satisfacen una carencia, puertas abiertas y en salida misionera,
encaminan al ser humano a nuevos horizontes cumpliendo así con la tarea evangelizadora de
(cfr. SRS 29), pues son propios del ser y no tanto que el Reino de Dios siga siendo vida entre
del tener. nosotros pues “los ciegos ven y los cojos andan,
los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los
28. Este pensamiento originario de nuestra fe, muertos resucitan y se anuncia a los pobres la
nos llama a la vida austera. Es austero, quien se Buena Nueva” (Mt 11, 5).
deja tocar por la justicia y aprende a vivir con lo
necesario.

14
Llamados para llamar a otros hermanos
y abundantes en signos de belleza y arte
En el camino de atención a los cristiano evangelizador. Unámonos a las
pobres y necesitados está el iniciativas juveniles y sociales en materia
ecológicas, especialmente en el uso moderado
acento de la vida sacerdotal de plásticos y productos desechables, la
y su realización, es el signo siembra y el cuidado de árboles, la higiene en
evidente de que somos Iglesia espacios comunes, así como cuidado de los
recursos naturales en general. Revisemos toda
de puertas abiertas y en salida nuestra pastoral parroquial, pues en ella, el
misionera, cumpliendo así con la signo del Reino de Dios debe ser la atención
tarea evangelizadora de que subsidiaria y solidaria a los pobres, enfermos y
necesitados.
el Reino de Dios siga siendo
vida entre nosotros.
Todo aquello que no usamos,
29. Hermanos, esto nos lleva a hacer nuestro todo lo que no necesitamos tiene un
examen de conciencia personal y comunitario único dueño: el pobre... Revisemos
en el que revisemos nuestras palabras,
nuestras prendas, armarios, coches y
actitudes, costumbres y bienes materiales.
Pidamos y ejerzamos el don de sabiduría para todo lo que personalmente tenemos.
distinguir lo verdaderamente necesario. Todo No necesitamos casas parroquiales
aquello que no usamos, todo lo que no ni templos lujosos, revisemos más
necesitamos tiene un único dueño: el pobre. Es
precepto entregárselo sin olvidar que el Espíritu
bien que sean espacios limpios,
nos invitará incluso a dar y compartir de lo que funcionales y ordenados,
es necesario para nosotros. Cuando hacemos respetando su valor, en el caso
esto, el dolor causado por el desprendimiento concreto de bienes históricos.
oblativo, es auténtico dolor humano y cristiano
y nos unimos al dolor de Cristo en su cruz.
Revisemos nuestras prendas, armarios, coches y 30. El llamado del Papa Francisco a ser Iglesia
todo lo que personalmente tenemos. No en salida y a ser pastores con olor a oveja se
necesitamos casas parroquiales ni templos realiza cuando vamos a encontrarnos
lujosos, revisemos más bien que sean espacios directamente con los necesitados. Ningún
limpios, funcionales y ordenados, respetando su estudio teórico, película, serie o documental
valor, en el caso concreto de bienes históricos. televisivo, puede suplir este encuentro. Solo los
Propongamos espacios que respondan a las encuentros personales, con profundidad e
necesidades comunitarias, que sean sobrios y intimidad, pueden tocar las fibras de nuestro
sin otra distinción que el decoro y la dignidad corazón y transformar nuestro modo de pensar
litúrgica. Vayamos en camino de construir y de vivir, nuestras ideas y costumbres. Este es
nuevos templos y centros comunitarios un camino para transformar toda una cultura.
sustentables, donde realicemos eventos Estimados hermanos, cuando los he invitado a
austeros, que no se distingan por el gasto ir a los Centros de Reinserción Social
realizado, sino por el proyecto de salvación de y a los Hospitales, como lo hemos hecho los
Dios para todos. Seamos sobrios en lo material, pasados Miércoles de Ceniza, o a acercarnos
pero ricos y abundantes en las expresiones a los lugares más necesitados de nuestra
sinceras de nuestra fe en Cristo; ricos en Arquidiócesis, como lo hemos hecho en
creatividad en nuestras acciones pastorales la Jornada Mundial de los Pobres, ha sido para
15
Llamados para llamar a otros hermanos
vivir juntos una experiencia, un verdadero encuentro. Podemos aprender tanto de ellos, formando
grandes redes de servicio mutuo, de cercanía, conocimiento, amistad, solidaridad y misericordia
¿Acaso no es este el camino del Reino de Dios revelado en Cristo? El olor a oveja se percibe en los
rasgos más nobles y humanos de los pobres y necesitados: en su sencillez, su libre austeridad y
elegante sobriedad, en su atención, nobleza y servicialidad; en su hospitalidad y generosidad,
confianza y santo temor de Dios. Este es el olor a oveja que el Papa Francisco pide de nosotros y que
hay que aprender al estar con ellos, pero solo es posible estando ahí, sintiendo con ellos y
compartiendo lugar y tiempo con quienes más nos necesitan en nuestras comunidades. Todos
necesitamos años de estar con ellos, en cercanía y aprecio. Si un día, tu Obispo te pide ir a ejercer tu
ministerio sacerdotal a una comunidad necesitada, reconoce, como buen discípulo de Cristo, la voz
del Buen Pastor que te llama a estar ahí con Él.

El llamado del
Papa Francisco
a ser Iglesia
en salida y a ser
pastores con
olor a oveja se
realiza cuando
nosotros vamos
a encontrarnos
directamente con
los necesitados.

Austeridad y servicio alegre.


31. La sobriedad y austeridad no son modas o formas para que nos vean. Se trata de la respuesta a un
llamado y como tal, es una disposición de gran libertad, como fruto del discernimiento y de la
oración, de variados momentos de tiempo ante el Señor, donde Él, con toda paciencia, va formando
el corazón de cada uno de nosotros. Por ello, sobriedad y austeridad no solo se refieren a la relación
con los bienes materiales, sino que implican toda nuestra vida y ministerio. Considero importante
también reflexionar con ustedes sobre el modo en el que ejercemos nuestra autoridad. Veamos
sobre todo los números 30 y 71 del Documento final del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y
el discernimiento vocacional para iluminar lo siguiente.

32. El Papa Francisco relaciona la crisis de todo tipo de abusos (económicos, de conciencia, sexuales)
contra menores en la Iglesia, con el abuso de poder que corrompe el don de la autoridad concedida
por Dios. Esta corrupción se manifiesta en “creer que pertenecemos a un grupo que tiene todas las
respuestas y no necesita ya escuchar ni aprender nada o hace como que escucha” (No. 30) que no tiene
que obedecer a nadie, ni siquiera a su obispo, ni rendir cuentas de su conducta, muchas veces
perversa.
16
Llamados para llamar a otros hermanos
Esta creencia provoca un rancio clericalismo que lleva a los presbíteros y comunidades a la frialdad, a
la lejanía y desinterés, en una palabra, a la disolución de la comunidad; es como la crónica de una
auto-excomunión mutua anunciada, en las que unos no tardan en correr personas e incluso grupos
enteros, otros declaran un autoexilio de todo lo que se refiera a la Iglesia, unos más sufrirán abusos
de alguna manera por algún miembro de la comunidad, y algunos otros buscarán sacar ganancia de
esta situación, en fin, un desastre total.

33. La mentalidad clericalista genera en nosotros comportamientos y pensamientos que nos alejan
de las comunidades e incluso pueden pervertir el servicio pastoral para convertirlo en autoridad
tiránica. Hemos escuchado expresiones escandalosas entre nosotros: “me siento desaprovechado”,
“ya quiero y merezco ser párroco”, “si me enviaron a estudiar, merezco tal cargo o tal parroquia”, “soy
obispo, monseñor, doctor, sacerdote, diácono y no se reconoce mi trayectoria pastoral... entonces
merezco tal o cual cosa”. Este tipo de pensamientos llegan alguna vez en la vida, tocan la puerta de la
mente, para luego, si alguien les abre y los recibe, internarse en el corazón. Se dan en todo ámbito
del ministerio sacerdotal. Quiero decirles que comprendo el camino de madurez de cada sacerdote y
que llegamos a una edad en la que experimentamos la fuerza y experiencia que nos parecen
suficientes para sobrellevar alguna responsabilidad. También comprendo la buena voluntad e
intención de quien se siente con las capacidades para tal o cual servicio en la tarea evangelizadora. Es
mi deber llamar a todos a superar la mentalidad de la competencia mal entendida y tan común en
nuestra sociedad, donde competimos por mejores lugares, mejores puestos, mayores honores,
mejores placeres, mejores prerrogativas. En el ámbito sacerdotal no puede ser así. Deben resonar en
nuestro interior las palabras del Señor: “... el que quiera ser el primero entre ustedes, que sea su esclavo;
de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como
rescate por todos” (Mt 20, 24-28).

La mentalidad clericalista genera en nosotros comportamientos y


pensamientos que nos alejan de las comunidades e incluso pueden pervertir
el servicio pastoral para convertirlo en autoridad tiránica. Hemos escuchado
expresiones escandalosas entre nosotros: “me siento desaprovechado”, “ya
quiero y merezco ser párroco”, “si me enviaron a estudiar, merezco tal cargo
o tal parroquia”, “soy obispo, monseñor, doctor, sacerdote, diácono y no se
reconoce mi trayectoria pastoral... entonces merezco tal o cual cosa”...
Es mi deber llamar a todos a superar la mentalidad de la competencia mal
entendida y tan común en nuestra sociedad, donde competimos por mejores
lugares, mejores puestos, mayores honores, mejores placeres, mejores
prerrogativas. En el ámbito sacerdotal no puede ser así.
34. La ambición y la altanería ciegan la mente e impiden la creatividad. Cuando nos sentimos
demasiado grandes o capaces como para atender tal o cual servicio o comunidad, claramente
estamos cegados, pues el llamado de Cristo es a crear lo que haga falta donde quiera que estemos;
pero, con esas actitudes, ¿cómo podrás ser creativo?, ¿con cuáles recursos? Siguiendo la pauta de
San Basilio, los dones que reconoces tener, son recursos que el Señor te concedió para crear,
construir y fructificar en dicho encargo. Si no somos humildes para crear entre los más pobres y
necesitados, no lo haremos en ninguna parte pues, aunque tengamos el reconocimiento de la
comunidad, será para nosotros solo un camino a la soberbia.
17
Llamados para llamar a otros hermanos
Las grandezas de honor y recompensa son Especialmente agradezco a quienes han
siempre tentación de soberbia, son exceso de asumido proyectos pastorales de atención
amor a sí mismo, son simplemente orgullo y directa a personas y comunidades pobres y
vanidad. Pretender poner por delante de los necesitadas. Incluso algunos hermanos
demás los títulos y trofeos, es tanto como sacerdotes han tomado la iniciativa de solicitar
poner por delante del ser un soplo. El hecho de ser enviados a vivir con ellos. En ustedes, que
que alguien haya obtenido un título académico, así viven su ministerio, se hace realidad el amor
habla de una disciplina muy concreta que le fue y la misericordia de Cristo. Sigan entregando su
concedida para bien del pueblo, patrocinada en vida, siendo para nosotros testimonio de una
gran parte por ese pueblo y concedida por vida santa a ejemplo del Buen Pastor, sabiendo
Cristo. No te lo concedió para que te sientas o que Dios mismo y un servidor, como padre y
presentes como mayor ante tus hermanos. El pastor, estamos a su lado.
hecho que, en nuestra Arquidiócesis de
Monterrey, un buen número de hermanos
sacerdotes hayan obtenido un título académico, El hecho que, en nuestra
habla de la generosidad de nuestro pueblo y del Arquidiócesis de Monterrey,
compromiso que tenemos ante él y ante Cristo;
entre más reconocido sea un título, más grande
un buen número de hermanos
ha de ser la humildad y servicio de quien lo ha sacerdotes hayan obtenido un
recibido.
título académico, habla de la
35. Mi compromiso, como pastor de esta generosidad de nuestro pueblo
porción del Pueblo de Dios, es proveer a sus y del compromiso que tenemos
necesidades, con sabiduría y prudencia, con
honor y justicia, con respeto a todos y cada uno ante él y ante Cristo; entre más
de ustedes. De ninguna manera es mi intención reconocido sea un título, más
minusvalorar a unos y favorecer a otros, ni caer
en preferencias y acepción de personas. grande ha de ser la humildad y
Tenemos que recordar que fuimos llamados a servicio de quien lo ha recibido.
atender todos los ámbitos del Pueblo de Dios y
que, el hacer diferencias y preferencias entre
personas, lugares, comunidades y servicios, no 36. Es necesario recordar que, para nosotros
corresponde a la presencia del Espíritu Santo en como pastores, la autoridad ministerial es un
nosotros. Quien tome un tal catálogo como servicio alegre, no el ejercicio de un poder. Este
criterio de juicio, debe reconocer que ese es el don original tiene el sentido profundo de un
camino de la necedad, que aleja de la sabiduría carisma para hacer crecer y para liberar a los
y conduce hacia la soberbia. seres humanos, alienados por los poderes de
este mundo. El Señor ejerce este don sin
Bendito sea Dios, entre nosotros hay grandes manipular, sin seducir, sin ser posesivo, sino
ejemplos de vida sacerdotal que debemos más bien, transformando el corazón humano
imitar. Quiero reconocer y expresar mi para que pueda vivir, crecer y dar fruto en
admiración y agradecimiento a los hermanos abundancia para que las personas sean sujetos
sacerdotes que han asumido sus cargos y oficios responsables de su propia vida en comunión
con espíritu cristiano, que manifiesta el con Dios y los hermanos. Quien ejerce este
auténtico espíritu sacerdotal participado por don, hace crecer a su prójimo, facilita
Cristo y que hacen patente el amor del Señor su transformación existencial cristiana, forma
por su pueblo.

18
Llamados para llamar a otros hermanos
verdaderas redes y comunidades de aprendizaje de Dios, sino que está preñada de abuso de
y desarrollo, promueve el encuentro y la bienes materiales, recursos pastorales y de
conexión entre los corazones, siendo, además, personas. La santidad de todo sacerdote se vive
factor de ayuda de unos a otros y agente de todos los días, se prepara en el encuentro con
comunión, perdón y reconciliación. De esta su pueblo y con Cristo, se une al proyecto de
manera, acompaña los aprendizajes humanos, salvación en las iniciativas y planes pastorales y
ejerciendo el triple ministerio participado por se celebra en la Eucaristía, origen y cumbre de
misericordia de Cristo. todo culto agradable a Dios. Hermanos,
necesitamos regresar a la integración armónica
de estos dones recibidos de Cristo. La Iglesia es
Bendito sea Dios, entre nosotros responsable de la misión recibida, pero cada
hay grandes ejemplos de vida uno es responsable de llevarla a la propia vida,
de manera que todos los carismas humanos y
sacerdotal que debemos imitar. divinos, labrados por el Espíritu Santo en el
Quiero reconocer y expresar mi interior de cada sacerdote, redunden en frutos
admiración y agradecimiento de santidad para todo el pueblo, siendo
verdaderamente varones justos, hombres de
a los hermanos sacerdotes que Dios y portadores de Buena Nueva.
han asumido sus cargos y oficios
con auténtico espíritu cristiano,
que manifiesta el auténtico
espíritu sacerdotal participado
por Cristo y que hacen patente
el amor del Señor por su pueblo.
Especialmente agradezco
a quienes han asumido proyectos
pastorales de atención directa
a personas y comunidades
pobres y necesitadas.

37. La austeridad en el servicio alegre, nace del


camino de perfección de todo sacerdote,
llamado por Cristo a la santidad; un recorrido
signado por el ministerio de santificar, enseñar
y regir en el Pueblo de Dios (cfr. PO 12). Cuando
en el camino, estos tres ministerios se
fragmentan, se rompe también la vida
sacerdotal, pues una acción rectora
sin contacto con los fieles, sin oración,
sin inspiración de la Palabra de Dios, ni
con finalidad santificadora, no nace de la
compasión, ni de la misericordia, ni del amor

19
Llamados para llamar a otros hermanos
38. Quiero proponerles seis actitudes que resultan de la austeridad en el ejercicio de la autoridad.
Estas actitudes podemos reconocerlas en santos pastores a lo largo de la historia de la Iglesia y en los
ejemplos de obispos y sacerdotes de nuestros tiempos; si ves algún hermano con uno o varios de
estos rasgos, podrás dar testimonio de la presencia de Cristo en él y de estas recomendaciones que
te comparto:

a. Superemos el clericalismo, escuchando a Dios y a su pueblo ¡escuchemos más! Confiemos en


Dios y en nuestros laicos, ¡confiemos más!
b. Busquemos la manera de poder crecer y de mejorar, estableciendo momentos de revisión de
vida personal y comunitaria. El examen de conciencia tiene el valor de invitarnos a crecer desde
una mirada compasiva y misericordiosa.
c. Llevemos al altar de la oración, el don de regir, pidiendo incansablemente lo que Salomón pidió
a Dios: el don de la sabiduría para saber regir a su pueblo y la fortaleza en la caridad para atender
a los pobres, enfermos y necesitados. Distingamos este don y busquemos potenciarlo,
capacitándonos para generar aprendizaje, crecimiento y libertad en nuestro prójimo.
d. Demos su lugar, escuchemos y aprendamos de los jóvenes y de las mujeres. Aprendamos y
preparemos lo necesario para confiarles cargos de decisión en nuestros Consejos Pastorales,
tomando en cuenta lo que el Documento final del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el
discernimiento vocacional establece.
e. Aprendamos con empeño a formar comunidades cristianas que correspondan a la cultura de
este cambio de época, cuidando lo que haya que cuidar y renovando lo que haya que renovar. La
formación, promoción y cultivo de nuestras comunidades, constituye uno de los grandes desafíos
de la tarea evangelizadora, en medio de una sociedad individualista.
f. Promovamos con nuestro testimonio y entrega de vida, la vivencia de nuestra vocación
bautismal a la santidad y con ello generemos una cultura vocacional.

39. Para desarrollar estas actitudes de servicio alegre,


pongamos atención en las alabanzas de la gente, no vayan Cuidemos de no fomentar
a superar el justo honor y nos lleven al orgullo y la
soberbia; pongamos atención a las amistades de utilidad,
actitudes clericalistas
sobre todo con quienes tienen poder y lo ejercen de entre los diversos
manera abusiva, no vaya a ser que pasemos el límite de la
justicia y colaboración por el bien de los necesitados;
agentes de pastoral,
cuidemos el valor del don recibido, no lo vendamos, no fomentemos la
solamente le pertenece a Cristo y a la Iglesia. Cuidemos de formación de clerilaicos
no fomentar actitudes clericalistas entre los diversos
agentes de pastoral, no fomentemos la formación de que pretendan secuestrar
clerilaicos que pretendan secuestrar la misión de la la misión de la comunidad,
comunidad, así como algunos clérigos pretenden
secuestrar la misión de la Iglesia. Promovamos la así como algunos clérigos
conciencia del don recibido de Dios, cultivemos todos los pretenden secuestrar
carismas que el Espíritu Santo ha derramado en sus hijos,
pues todos son necesarios para realizar la misión que la misión de la Iglesia.
Cristo ha dado a la Iglesia.
20
Llamados para llamar a otros hermanos
III. La misión de crear
una auténtica cultura vocacional.
La sinodalidad misionera de la Iglesia: actualización
de la santidad sacerdotal.
40. La Iglesia de nuestros tiempos tiene una conciencia cada vez más clara, de que el único modo
para realizar apropiadamente la misión encomendada por Jesucristo es estando unida a su cabeza,
entendiéndonos todos como miembros de un solo cuerpo y colaborando en la realización de esa
misión (cfr. 1 Cor 12, 12ss). Esta conciencia nos ha llevado a comprender el carácter sinodal de esta
misión. El Papa Francisco nos ha llamado una y otra vez a que profundicemos en este rasgo como
esencial en nuestro camino: “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del
tercer milenio” (Discurso, 17 de octubre 2015). En el fondo se trata de un reconocimiento mutuo como
bautizados, como hijos de Dios, como hermanos en Cristo: “En esta experiencia reconocemos un fruto
del Espíritu que renueva continuamente la Iglesia y la llama a practicar la sinodalidad como modo de ser
y de actuar, promoviendo la participación de todos los bautizados y de las personas de buena voluntad,
cada uno según su edad, su estado de vida y su vocación (Documento final del Sínodo Obispos 2018.
No. 119).

41. El llamado a la santidad, en clave de sinodalidad,


nos invita a reconocer que Dios nos llama a la
perfección de vida desde este mundo y de modo
pleno en el cielo, pues cada uno tiene una vocación
particular para participar en el camino de santidad
de los demás y para la misión de toda la Iglesia como
Pueblo de Dios. Decimos que este llamado es sinodal
porque todos somos corresponsables de la santidad
de los hermanos; la misión de la Iglesia sólo puede
realizarse con el carisma que cada uno ha recibido, su
misión bautismal. De aquí la necesidad de conocer y
valorar a cada persona. La Iglesia está formada por
niños, adolescentes, jóvenes, adultos y hermanos
mayores, cada uno en una etapa de vida, con sus
propios desafíos individuales, sociales y eclesiales;
con experiencias y aprendizajes diversos, con estados
de vida y carismas diferentes. Eso es una riqueza
humana insondable, llamada a integrar una hermosa
sinfonía existencial. Solo el Espíritu puede revelar
esta riqueza y dirigir esta sinfonía. No hemos recibido
los carismas para presumirlos u obtener ventajas,
sino para cumplir una misión. Es necesario que todos
nos ayudemos a reconocer los carismas depositados
en nuestros corazones para dar lo mejor de nosotros
mismos.

21
Llamados para llamar a otros hermanos
42. La santidad y la austeridad sacerdotal tienen este doble rasgo sinodal, por un lado, el camino de
la escucha fraterna y el diálogo intergeneracional y, por otro, la participación y la corresponsabilidad.
Nuestra pastoral ha de tomar muy en serio la escucha y el diálogo en todo ámbito social y eclesial,
como lo hemos afirmado en nuestro Plan de Pastoral Orgánica 2018, solo así es posible el
conocimiento y reconocimiento mutuo para conocer quiénes somos y a qué estamos llamados, desde
la mirada compasiva y misericordiosa de Cristo, reconociendo los propios carismas en un verdadero
discernimiento comunitario. Necesitamos retiros y encuentros destinados a escuchar y dialogar que
propicien el reconocimiento de las necesidades humanas y de la posibilidad de satisfacerlas con los
dones que cada uno hemos recibido de parte de Dios.

43. El discernimiento comunitario propicia una gran fraternidad y una fuerza vital de la que hemos
sido testigos según la metodología de nuestro Plan de Pastoral Orgánica que hemos seguido en los
últimos años. El Espíritu ha inspirado nuestra pastoral misericordiosa y ha fortalecido nuestros
proyectos pastorales. Hoy tenemos que reconocer que, sin el pueblo, el sacerdote queda solo, aislado
y como administrador de tristeza. Sin los carismas del pueblo, el sacerdote está desarmado: sin los
niños le faltará la frescura de la alegría; sin los adolescentes no tendrá la fuerza creativa; sin los
jóvenes necesitará la valentía; sin los adultos le faltará la fortaleza; sin los hermanos mayores
carecerá de la serenidad de la experiencia; sin los varones no habrá la permanencia y sin la mujer no
tendrá el arrojo de la fe. El Espíritu sinodal nos hace expresar: ¡nos necesitamos!

22
Llamados para llamar a otros hermanos
Evangelizar desde y hacia la conciencia bautismal.
44. Esta conciencia sinodal ha conducido a la Iglesia a reconocer nuestro bautismo como un llamado.
La vida humana, la búsqueda de la felicidad, la inquietud por la paz y la alegría, más allá del mero
bienestar, han sido iluminados por la gracia divina concedida en nuestro bautismo. Así entendemos
la vida, como un llamado personal pues Alguien ha pronunciado nuestro nombre. La gracia del
bautismo, ganada por Cristo, revela la profundidad y riqueza de la vida del ser humano, somos hijos
de Dios, creados directamente por un acto de amor, con el concurso de nuestros padres, llamados
por Dios Padre. Esta misma gracia es la que salva al ser humano de una vida sin origen y sin destino,
de una vida sin sentido. ¡Cuánto hace falta al ser humano de hoy reconocer este llamado! ¡Cuánto
nos falta valorar nuestra vocación!

45. El llamado de parte de Dios revela al ser Así entendemos la vida,


humano el amor, sin el cual no es posible un
sentido de vida. La vocación bautismal a la
como un llamado personal
santidad cambia la comprensión de la vida y del pues Alguien ha pronunciado
ser del hombre, pues al reconocer este llamado,
la persona es transformada en su ser, en su
nuestro nombre...
pensar, su sentir, su querer, su desear y su ¡Cuánto nos falta valorar
actuar. nuestra vocación! ...
Todas sus capacidades adquieren una nueva El llamado de parte de Dios
actualización pues “el hombre no puede vivir sin revela al ser humano el amor,
amor. Él permanece para sí mismo un ser
incomprensible, su vida está privada de sentido si sin el cual no es posible
no se le revela el amor, si no se encuentra con el un sentido de vida.
amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no
participa en él vivamente. Por esto precisamente, 46. La fragmentariedad propia de muchos
Cristo Redentor, como se ha dicho anteriormente, esquemas de vida en la actualidad, no permite a
revela plenamente el hombre al mismo hombre. muchos escuchar el llamado ni la conciencia
Tal es -si se puede expresar así- la dimensión plena de su ser. El camino de santidad
humana del misterio de la Redención” (RH, 10). sacerdotal, como llamado lleno de amor,
conlleva que cada sacerdote proclame con
La conciencia de los efectos de la Redención valentía el llamado de Dios a todos los hombres
obrada por Jesucristo a favor del hombre, urge a la perfección y a la santidad. Necesitamos una
al propio hombre, pues el amor de Dios evangelización que nazca desde la conciencia
actualiza los corazones humanos en cada bautismal, acercando a los hombres de hoy la
momento de la historia y de la etapa de la vida posibilidad de encontrarse con Cristo y
individual y comunitaria. Urge a la persona de escucharlo. Esta urgencia es sentida con mayor
hoy, la conciencia de la Redención y del intensidad en la relación con adolescentes y
bautismo, del llamado lleno de amor de parte jóvenes, quienes experimentan la dispersión de
de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que sus sentidos y facultades, así como la
redimen su inquietud más profunda por la consecuente fragmentación de sus vidas y
felicidad en sus vidas. confusión en sus aspiraciones.

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Llamados para llamar a otros hermanos
El camino de santidad sacerdotal, como llamado lleno de amor,
conlleva que cada sacerdote proclame con valentía el llamado
de Dios a todos los hombres a la perfección y a la santidad.
Necesitamos una evangelización que nazca desde la conciencia
bautismal, acercando a los hombres de hoy la posibilidad
de encontrarse con Cristo y escucharlo.

El compromiso bautismal: una cadena vocacional.


47. Los invito, estimados hermanos, a unirnos en una cadena vocacional en la que todos trabajemos
para anunciar, tanto a nuestros fieles laicos, como a todas las personas de buena voluntad el
llamado universal a la santidad y el llamado a realizarla en una misión individual y específica; una
cadena en la que todos los sacerdotes tomemos la firme decisión de actualizar la Redención de
Jesucristo en nuestras vidas y que sea Él quien nos impulse a llevar el anuncio de su amor que llama a
todos a la perfección y al gozo propio de la santidad. Que todos los sacerdotes nos encontremos con
Cristo para renovar la respuesta a nuestra propia vocación, para renovarnos en el don recibido a
favor de todo el Pueblo de Dios. Vayamos a Cristo como aquellos primeros discípulos que seguían al
Señor y recibieron el llamado, “vengan y verán”, para luego salir a proclamar “¡hemos encontrado al
Mesías!” (cfr. Jn 1, 35-42) impulsando, inspirados por el amor experimentado, una cadena que ha
llegado hasta nuestros días. Una cadena vocacional en la que los discípulos de Cristo van
compartiendo la riqueza del amor en el llamado del Señor y la alegría a la que son invitados.
Empecemos rezando por nuestra propia vocación e invitando a toda nuestra comunidad a rezar por
su propia vocación, así podremos construir una espiritualidad vocacional.

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Llamados para llamar a otros hermanos
48. Juan el Bautista se encuentra con Jesús y se lo transmite a Andrés y a otro de sus discípulos;
Andrés se encuentra con Jesús y se lo comunica a Simón Pedro; Jesús encuentra a Felipe y este se lo
comparte a Natanael (cfr. Jn 1, 19-51). La fe se transmite de encuentro en encuentro; así
comunicamos la experiencia interior que cada uno va teniendo con Cristo y cómo hemos sido
llamados, sanados y fortalecidos. Es una experiencia de conversión que el Espíritu Santo labra poco a
poco, que brota en un momento dado de la vida, que va creciendo en cuanto nos dejamos conducir
por Él y que da fruto a su tiempo, como los viñedos bien cuidados y como las flores del campo. En
estos tiempos, en los que sufrimos una crisis vocacional, reflejada en pocos seminaristas, religiosas,
religiosos, matrimonios por la Iglesia y un aumento considerable en los divorcios y separaciones,
quiero invitarlos a realizar una gran cadena vocacional, que se convierta en una gran red para las
vocaciones. Una cadena en la que todos los sacerdotes reúnan a los niños, adolescentes, jóvenes y
familias de sus parroquias y comunidades y se propongan firmemente platicar con ellos de su propio
testimonio vocacional, contando su historia con Jesús y de cómo llegó Él a sus vidas; de cómo fue su
reacción, cómo influyó su familia, qué le dijeron sus amigos y amigas, qué pasó con sus sueños de
niñez y juventud… En ese encuentro de cada sacerdote con los muchachos y las familias, no se trata
de inventar nada, ni de presumir logros, ni cultivar victimismos o autocompasión, sino de compartir
sinceramente el camino de la propia vida a manera de testimonio agradecido y entusiasmado por
Cristo y su pueblo, dejando que el Espíritu actúe en los corazones de cada uno. Pienso que estos
encuentros testimoniales y vocacionales debemos tenerlos en cada parroquia, comunidad y grupo;
cada año podríamos dedicar una semana vocacional, buscando la mejor fecha para entrar todos en
el mismo espíritu.

Los invito, estimados hermanos, 49. Tenemos que partir del llamado universal
a unirnos en una cadena vocacional de Cristo a la santidad: todos los seres
humanos somos llamados a la resurrección por
en la que todos trabajemos para la encarnación, pasión y muerte de Cristo, así
anunciar, tanto a nuestros fieles como por la acción del Espíritu Santo en
laicos, como a todas las personas nuestras vidas. La sinodalidad misionera brota
de este llamado bautismal. Tenemos que
de buena voluntad el llamado proclamar, con sencillez y dignidad, que
universal a la santidad y el llamado nuestra vida está consagrada a Dios por el
bautismo recibido. El Catecismo de la Iglesia
a realizarla en una misión Católica nos recuerda en el No. 1213 que “por el
individual y específica; una cadena Bautismo somos liberados del pecado y
en la que todos los sacerdotes regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser
miembros de Cristo y somos incorporados a la
tomemos la firme decisión de Iglesia y hechos partícipes de su misión”, por eso
actualizar la Redención de es necesario entrar todos de nuevo en la
Jesucristo en nuestras vidas y que predicación del bautismo como “fundamento
de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el
sea Él quien nos impulse a llevar el espíritu”. Y decir a toda persona de nuestras
anuncio de su amor que llama a comunidades que Cristo ha realizado la
todos a la perfección y al gozo Redención a favor nuestro y nos ha abierto la
puerta a la santidad.
propio de la santidad.

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Llamados para llamar a otros hermanos
La misión que tenemos cada uno, nos es revelada por nuestro compromiso bautismal, es decir, la
vida cristiana dirigida hacia la perfección en Cristo y hacia el gozo de la santidad, es el fondo sobre el
que se nos revela la vocación específica.

Empecemos rezando por nuestra propia vocación e invitando


a toda nuestra comunidad a rezar por su propia vocación, así
podremos construir una espiritualidad vocacional... quiero invitarlos
a realizar una gran cadena vocacional, que se convierta en una gran
red para las vocaciones. Una cadena en la que todos los sacerdotes
reúnan a los niños, adolescentes, jóvenes y familias de sus parroquias
y comunidades y se propongan firmemente platicar con ellos
de su propio testimonio vocacional... Pienso que estos encuentros
testimoniales y vocacionales debemos tenerlos en cada parroquia,
comunidad y grupo; cada año podríamos dedicar una
semana vocacional, buscando la mejor fecha para entrar
todos en el mismo espíritu.
50. Tenemos la tentación de pensar que primero es la vocación específica y luego la vocación
bautismal; nos dedicamos a desarrollar el carisma individual suponiendo que, en el camino, se nos
revelará el llamado a la santidad, provocando la mentalidad de que la santidad es algo añadido y
accesorio en la vida. De hecho, cuando en centros vocacionales eclesiales salimos a llamar
muchachos y muchachas, en ocasiones lo hacemos presentando el carisma individual y hasta
entramos en competiciones para mostrar cuál es el mejor. Algunos pensaban que invitando a los
jóvenes de hoy mostrándoles las alegrías concretas de los seminarios, casas de formación y carismas
específicos, responderían con entusiasmo, dejando todo para ingresar, como si entrar al discipulado
fuera sólo decisión suya; pero muchas veces mostramos alegrías pasajeras, las que pertenecen a este
mundo.

Tenemos que reconocer que la realidad es diversa y que en nuestras comunidades hay muchos
jóvenes heridos por diversas situaciones familiares y sociales adversas. Unos abandonados por sus
familias, sus amigos y por la sociedad que no los han sabido educar, otros azotados por quienes los
tratan como esclavos. Es lamentable que muchos jóvenes parecen estar con las manos y los pies
atados a una columna, pues les han quitado las fuerzas y la libertad para crecer y cultivar el fruto de
la vida. Encontramos a jóvenes atemorizados y amenazados por personas que depositan en ellos
ideas de esclavitud, cayendo por el peso de la cruz que otros han depositado en ellos, a veces cruces
falsas, que no participan de ninguna Redención; jóvenes burlados por quienes los buscan para
sacarles provecho, por quienes quieren verlos consumir droga, sexo, alcohol e ideologías de
esclavitud y cruelmente engañados por quienes quieren consumirlos, robándoles su cuerpo, su
dinero, sus dones, su fuerza, su creatividad, su alegría, su libertad, su santidad y su vida.

Son muchos los jóvenes crucificados por la esclavitud, las injusticias y maldad, pero en todos ellos,
late el Espíritu de Dios y esperan la acción misericordiosa de nosotros para tomarlos de la mano y
llevarlos a Cristo.
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Llamados para llamar a otros hermanos
51. Hermanos, nuestro trabajo vocacional está ahí, en la pasión que cotidianamente viven los jóvenes
y adolescentes. No podemos soñar en llamarlos ya resucitados, sino que debemos acompañarlos en
su viacrucis juvenil, por el que Jesús ya camina con ellos. Si Cristo camina con ellos, ¿qué pasa con
nosotros?, ¿por qué no hemos salido a trabajar en la viña con el Señor? Nuestro gran desafío
vocacional está en salir a encontrarlos, acompañarlos y llamarlos a la libertad en Cristo, a la
Redención y santidad en Él con nuestro testimonio de vida. Estos jóvenes son los evangelizadores
que han de asumir la misión de la Iglesia y nosotros, los adultos cristianos de hoy, hemos de
transmitirles el depósito de la fe, mientras que los atendemos con la misericordia del Señor. Este
gran desafío vocacional exige que todos como Iglesia, pero especialmente nosotros como pastores,
aprendamos formas de acompañamiento adecuadas a las personas de hoy. Esta actualización es
nuestro llamado de conversión pastoral al inicio de este siglo.

Si respondemos a la invitación que Cristo nos hace, acompañando verdaderamente a los jóvenes, y
en general a toda persona, les trasmitiremos el deseo de vivir y generar libertad y santidad. En este
momento de la historia de la Iglesia, no podemos ni debemos estar contentos con la forma de
acompañar que hasta ahora hemos desarrollado. El Espíritu Santo nos llama a rendir cuentas y
transformar nuestra pastoral, a fin de estar cercanos al Pueblo de Dios. Tampoco podemos dejar de
salir al encuentro de las familias para acompañarlas y guiarlas, porque en ellas se aprenden los
valores y se dan los primeros pasos en la fe. ¡El primer llamado vocacional se escucha en la familia!

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Llamados para llamar a otros hermanos
Nuestro gran desafío Los jóvenes esperan ser acompañados por la
presencia de un adulto en la fe y así entregan su
vocacional está en salir a confianza a quienes muestran la sabiduría de la
encontrarlos, acompañarlos vida en Cristo. Un adulto sabio en la fe muestra
paciencia, serenidad y control de sí mismo;
y llamarlos a la libertad en Cristo, encuentra en la oración de silencio ante el
a la Redención y santidad en Él Señor la fuente interior del agua de la vida y,
con nuestro testimonio de vida... compadecido, da de beber esa agua y se
alimenta del Cuerpo y la Sangre del Señor al
Este gran desafío vocacional transmitir a los fieles, especialmente a los
exige que todos como Iglesia, jóvenes, la certeza de fe de Abraham que desde
su corazón esperanzado dice Dios proveerá;
pero especialmente nosotros entrega la luz de vida que enseña a creer que el
como pastores, aprendamos Espíritu Santo dará a cada uno los dones
necesarios para cumplir su llamado a la
formas de acompañamiento santidad y superar los desafíos para desarrollar
adecuadas a las personas de hoy. su misión en la vida. Nosotros podemos, con la
acción del Espíritu, ser esos pastores que
Esta actualización es nuestro nuestro pueblo necesita hoy.
llamado de conversión pastoral
al inicio de este siglo.

52. Sin embargo, en el tema vocacional,


tengamos claro que no se trata de abaratar la
gracia del don del sacerdocio, con el objetivo de
contar con un mayor número de jóvenes en
nuestro seminario, sino de presentar un
llamado de perfección, una vida de exigencia y
alegría, de cruz y resurrección. Un camino que
retoma la llamada a todos los bautizados a ser
santos y que, en una nueva cultura de santidad
verdadera inspirada en el ejemplo de vida, los
llamados al sacerdocio encontrarán una
comunidad renovada y fuerte en la fe, una
Iglesia que sabe, pero que también aprende a
ofrecer un acompañamiento a la altura de los
desafíos de nuestro tiempo, para dar respuesta
a Cristo que llama.

53. La santidad es el llamado fundamental y el


amor de Cristo azotado, burlado, cargando la
cruz y muriendo por nuestra Redención, es la
realidad existencial que puede inspirar y ¡El primer llamado vocacional
entusiasmar a un corazón. se escucha en la familia!

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Llamados para llamar a otros hermanos
... en el tema vocacional, tengamos claro que no se trata de abaratar la
gracia del don del sacerdocio, con el objetivo de contar con un mayor
número de jóvenes en nuestro seminario, sino de presentar un llamado de
perfección, una vida de exigencia y alegría, de cruz y resurrección.

Proyecto de vida: la humildad alegre.


54. Hermanos, agradezco su paciencia a estas letras. Hagamos un llamado a la serenidad. Los invito
a recordar el Salmo 130: “Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo
grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de
su madre. Espere Israel en el Señor, ahora y por siempre”. Todos deberíamos tener un proyecto de vida
claro, basado en la humildad, como lo ha propuesto el autor sagrado en el salmo. El Papa Francisco
nos llama a un estilo de vida profético y contemplativo, que se vive en la humildad, la sobriedad y la
austeridad. Vivir así nos ayuda a concentrarnos y moderar nuestros deseos, arropados por el amor
divino que le da sentido a nuestra vida. Muchas cosas inquietan los corazones de los hombres de
nuestro tiempo, fragmentando su atención, multiplicando sus emociones, derramando sus
sentimientos. ¡Hay muchos corazones hechos trizas! El amor revelado en Cristo, el camino de la cruz
y de la resurrección, da unidad a nuestra vida y nos forja como hombres de un solo llamado, un solo
deseo, una sola esperanza. La austeridad cristiana, pues, es un verdadero camino de perfección,
santidad y unidad: “Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que
está sobre todos, actúa por todos y está en todos” (Ef 4, 5).

Los jóvenes esperan ser acompañados por la presencia


de un adulto en la fe y así entregan su confianza a quienes muestran
la sabiduría de la vida en Cristo... El Papa Francisco nos llama a un
estilo de vida profético y contemplativo, que se vive en la humildad,
la sobriedad y la austeridad... La austeridad cristiana, pues,
es un verdadero camino de perfección, santidad y unidad.

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Llamados para llamar a otros hermanos
Consagración a Nuestra Madre.
55. No dejo la oportunidad de agradecer el cariño materno de María, Madre de Dios y Madre nuestra,
que nos ayuda a entrar en el misterio de estar y vivir “como un niño en brazos de su madre” (Salmo
130, 2). Encomendamos nuestros corazones a su Inmaculado Corazón, que nos anime y empuje a
aceptar y vivir el llamado de Cristo a la santidad. Que nos haga fuertes en la fe para responder a los
desafíos que, como Iglesia, enfrentamos en nuestro tiempo. Hoy, como siempre, resuenan en
nuestro interior sus palabras maternas: “Hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5) Como pastor de la Iglesia
de Monterrey quiero consagrar a todos los sacerdotes al amor materno del Inmaculado Corazón de
María. ¡Virgen Santísima del Roble, cúbrenos con tu manto!

Dada en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de la Ciudad de Monterrey, N.L. a los 15 días del
mes de agosto, Solemnidad de la Asunción de María, del año del Señor 2019, en ocasión de las
ordenaciones sacerdotales y el aniversario de muchos hermanos diáconos y sacerdotes que, en torno
a esta fecha, han sido llamados a entregarse al pueblo de Dios como pastores.

+ Rogelio Cabrera López


Arzobispo de Monterrey

En comunión con nuestro Arzobispo, suscribimos también esta carta:

+ Juan Armando Pérez Talamantes + Heriberto Cavazos Pérez

+ Alfonso Gerardo Miranda Guardiola + Oscar Efraín Tamez Villarreal

+ José Lizares Estrada

Doy fe:
Pbro. Pedro Pablo González Sias
Secretario-Canciller

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