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340 PR E D IC A D OR E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I

C O N SI DE RA C IÓ N SÉPTIMA
si no estás en la misma damnación que ellos.
¿Qué puedo yo hacer á gente que aun á Dios
S u stu le r u n t la p id e* juch n itit la p id a ren t eum. no tiene respeto? ¿Que' hicieras si te hallaras
M n'ccinó red á is D om in o , p o p u le eh ilte et in s i­ aquí en este lugar, donde se levantaran piedras
p ie n te lyn.m quid non ipse est p a ter tu m , qui para emplearlas en la persona del Señor? ¿Qué?
p o sse d it te et fe c it et cre a rit te? (Deut., 3 2). Pero Pusiérame delante, y embrazara mí capa, y sa­
yo os suplico que en este inaudito desagradeci­ cara mi espada; y cuando más lio pudiera, dié-
miento, consideremos la cualidad de los nues­ líimc por muy satisfecho si algunas de aque­
tros, y no sea todo querer layar nuestras ma­ llas pedradas se dieran en mi persona porque
nos eon sangrú ajena-. Levantaron, dice San H i­ no dieran en la de mi Señor. Pues eso mismo
lario, piedras los judíos, y el dolor impío qne no que hagas acá, liarás sobrado. Pero ni ann eso
bastó á sufrir el sacramento saludable do la Te, te demando. ¿Qué harías si vieses venir un loco
veo llegar impetuosamente á querer quitarle la ochando cantos hacia donde tú estás? Echar á
vida. ¿Que menos haces tú ofendiendo á quien huir, qne es la mayor valentía. Eso solo qui;
ya no puedes arrojar piedras? lío falta ¡a volun­ hagáis en estotro caso, me doy por contento.
tad, sino quítate la facultad, ei trono puesto en Huid de los que tiran piedras á Dios, que cuan­
el cielo. Que por lo demás, r/uanto irreligiooior do ellos no hallaren cou quien, no hablarán si­
tu ju ilteo ? L a p id es U le in corpas eleva t; tu in quiera. N o consintáis que sean vuestras orejas
spiritum . U le £n hominem ni ¡m ia b a !, tu i.nl)e::m . contaminadas con aquellas infernales nieblas
l i l e indivertaniem. in terris, i'J in tkrono virtutia que. salen de sus bocas. Oíd con que razón las
$atientan. I l i e in ignoratm n ,tn in co n fettu m .Ille tapa y hace callar la mansedumbre divina: M td-
in m oritu m n t, tu i:i ju d iv em seeculorum (H ila­ ta liona opera ostem li rabie ex P a tee meo, prop­
rio, lib. 7 i)c T r i n i t iú e ) , Bien es verdad qua ter quod eorum opas me htpidatis? Entra con­
estas palabras más cuLidm-n á los arríanos con­ tigo algún día en cuenta y pregúntate lo que se
tra quien se dijeron que á otros; pero no de­ te preguntará algún dia que no haya escusa ni
jan de venir justas á cualquier pecador, y más enmienda, ¿Por cuál do los bienes que del noiu-
á los blasfemos y perjuros, qne éstos son los -bie de Dios recibes merece ser de tu lengua
que de punta en blanco arrojan piedras á Dios, tan nial tratado? ¿O por cuál de los beneficios
Ñ o quiero hablar con ellos, que los tengo por que te hace por su bondad debe ser de tu ma­
gente ya dejada de Dios y entregada er» sen­ licia ofendido? Y hallarás que es grande su bon­
tido reprobado, pues ni aun para el mal que dad 3r misericordia en sufrirte; pues te espera
hacen tienen sentido. V otan, perjuran y más hagas penitencia y reconozcas tus miserias, y
sin mirar en ello; por uso unos, por gala otros te dispongas para recibir su gracia, eon que
y otros por bizarría. Hablo cou tigo que lo oyes, después te de' su gloria. Am en.
CONSIDERACIONES
DlvL

J U E V E S D E S P U É S DEL D O M I N G O
DE P A SIÓ N

DE LA CONVERSIÓN DE L A M A G D A L E N A
Á LAS P Ú BL I C AS P E C AD O RA S

E cce m ulier , (¡mu erat in c¡vítatep ecca trix,


ut cngnmúi quod Ji-siix aceubvi*set in domo
p ítariitfí, a tiu lil alabustr-um tmguenti.
(L u c . , 7 ).

Siendo como es ln conversión del pecador si 110 hay más que nuestra industria, podremos
caso de los reservados á la diestra de Dios om­ lamentarnos con San Pedro: P e r toíam noctem
nipotente, de quien está escrito .wV»í /¡ir/fion?* laborantes, n ild l cepimus. c lío habernos pescado
aquarum ita cor ejis i» viaim D»tnhu (Prover- una sardina». In verbo autem tito la-subo rete:
ltii.is 21 ), coiur. de unas mismas ¡itfiuishizo Dios alias fiados de vuestra virtud y palabra tende­
división antiguamente, colocando unas sobre el remos la red». Haced que este lance no sea
cielo estrellado y dejando otras sobre la tierra, vano, sino que destos pescados de media playa,
:isí está eu su mano el corazón deleznable del en (d mar salado de sus vicios zabullidos, se sa­
hombre: ó subirlo á pisar estrellas ai cielo ó quen algunos para vuestra mesa. E l labrador
dejarlo en las bajezas de la tierra; él lo puede para aventar la parva toma el bieldo en la mano;
ablandar y volver á donde quisiere sin perjuicio mas si no hay aire íreseo, será vano su trabajo.
de su libertad. Y asi no son de electo las dili­ ¡Oh, divino espíritu; oh, blando céfiro!, aquí
gencias del predicar en esta parte, si no es te­ está la parva, donde por ventura tiene D ios al­
niendo de la suya el favor de D ios. Cuando gún grano que ha de ser recogido en la troje de
Dios quiso purificar la tierra eon el diluvio, re­ la gloria, aunque ahora esté cubierto con las
ventaron las fuentes del abismo y abriéronse las pajas, á quien espera el fuego inextinguible. E l
cataratas del cielo: aguas del cielo y de la tierra bieldo de la palabra de Dios está en la mano;
se juntaron. A s í para el lavatorio de las culpas no falta siuo vuestro soplo, silbo delicado, ma­
han de concurrir auxilios de Dios y diligencias rea fresca, que templáis el ardor de las concu­
de los hombres. A q uí daremos agna de doctri­ piscencias. Aire vital qne en el principio ventis-
na, y de arriba vendrá la pluvia de la gracia. cábades sobre las aguas, aspirad ahora á nues­
Qm'n ¡tut p lu rñ r pater/ ¿Quién es el padre de la tros intentos. Y vos, V irgen consagrada, á cuya
pluvia, sino ros, padre de los hombres, rico eu piedad nunca dieron en rostro pecadores, sine
misericordias? Derramad sobre estas almas te­ q-itibua minq-iittin ¡ores tanto digna filio : pues si
rrestres aquella celestial pluvia que guardáis no hubiera pecadores que redimir, ni Dios se
para beneficiar vuestra heredad. ¡Olí, H ijo de hiciera hombre ni vos fuérades madre de Dios,
Dios, maestro de las gentes, que de las playas ahora es tiempo que nos' alcancéis del Padre
y bureos sacastcs á vuestros apóstoles, hacién­ pluvia; del Iíijo, palabra; del Espíritu Santo,
dolos do pescadores de peces pescadores de hom­ soplo y aliento de vida, y de todos tres gracia,
bres, acudid ahora á vuestra pesquería; porque mediante vuestra intercesión sacratísima. A ve.
042 P R ED IC AD O R ES D E LOS SIGLOS X V I Y X V I I
IN T R O D U C C I Ó N ventura á dolerlcs de no sentir en sí lo que lrs
ponía espuelas para ser perversas. No pecan de
Peligroso sermón es éste, y muy para ser ignorancia ni flaqueza, sino de ciencia y mali­
dudado, á lo menos de aquellos que no nos sen­ cia. Y así, apenas sabemos qué les decir que
timos con aquel doti que es menester partí pre­ ellas no sepan; ni á qué les convidar que ellas
dicarlo. Porque en los demás basta interpretar no aborrezcan; ni con qué las amen ¡izar que
el Evangelio y decir alguna doctrina, mas en ellas teman; ni con qué las lastimar que ellas
este se pretende que se hagan milagros. ¿No sientan; porque ni vive en ellas amor de bien,
os parece que lo seria sacar un ánima de peca­ ni temor de mal, ni respecto á D ios ni á las
dos, estando tan obstinada en ellos, que vive de gentes vergüenza. Con todo eso habernos de
liacellos y ser causa que los hagan otros? L a hacer aquí lo que es uso antiguo de la Iglesia,
naturaleza en sus fueros no admito mudanzas aunque sea tan incierta la esperanza del pro­
repentinas. U n leño verde y mojado si lo dejan vecho.
estar en e¡ fuego espacio de tiempo, irálo dis­ Dícele D ios al profeta Jeremías que avise
poniendo y desecando, y al cabo lo quemará; á los pecadores. E t loquería ad eos omniti verba
pero que de sólo pasarlo por la llama se haga hwc et non audient te; et vocabis eos et non res-
brasa y arda como estopa, no puede ser. Una pondebvnt tibi\ « Predícales mis palabras, re­
gotera continua visto se ha cavar las piedras prehende sn dureza, notifícales mis amenazas.
duras; mas que un solo turbión haga mella en Mas de una cosa puedes estar cierto, que 110 te
un guijarro, nunca tal. Fuego es activo la pala­ han de oir, aunque des más voces; llámalos de
bra de Dios y lluvia del cielo: mas pedir que mi parte, pero no te responderán, aunque les
tan velozmente queme leños tan indispuestos, atruenes los oídos)'. Fues, Señor, ¿de qué sirve
corazones mojados con la humidad de sus pe­ llamar al qne no quiere responder y dar voces
cados, y que dos ó tres goteras de sermones al que no quiere oir y se hace sordo.’ Sirve, lo
hagan señal en almas empedernidas es pedir primero, de hacer vos lo que yo os mando, y
milagros. Y por tales se tuvieron las conversio­ cumplir cou la obligación de vuestro oficio.
nes de San Pablo, del buen Ladrón y ésta de E stá obligado el perlado, el gobernador, el mi­
la Magdalena que hoy celebramos. nistro de la palabra de Dios, á mirar por los
H ay en esta obre suma dificultad de parte, súbditos y decirles lo que conviene. / Fm m ihi .
del pecador, y así lo significa Dios por su pro­ et si non evan g elizaren ! -necessitas enim mihi
feta: S i -imitare potest M hiops pellem suctm, aut incumbit (I Cor., 9 ): íf¡A y de mi (dice San
pardas parietales sitas, et ros poteritis íene- Pablo), si no predicare y dijere la verdad! E s ­
fa cere cum didiceritiis mahim (Jere., 18). M i­ toy necesitado á hablar so pena de la vida".
rad si puede el negro de Guinea desnudarse de ¿Quién os impuso esa necesidad? F i l i homini¿,
¡a piel morena y pararse blanco, ó si el tigre speailatorem dedi te D om ini Isra el (Eceq., 3):
puede mudar las pintas con que nace todo su « Y o te liepuesto por veedor en Israel».Por ata ­
cuerpo manchado; quo así podréis vosotros ser laya y centinela del pueblo, para que veas y des
buenos habiendo deprendido el mal». U n arte rebatos, y llagas ahumadas. Has de ser intér­
ó un oficio no se aprende de una vez, sino do prete y lengua mía para con los hombres, y
muchas repetidas. Ñ o so aprende á escrebir en decirles lo que yo te dijere. S i ilicente me a l
un día, ni á pintar en un mes; ni sale uno letra­ impium: marte morieris, non anunciaberis ei, ñ e ­
do por haber estudiado un año; primero se ha q u e locutus fu eris vt arertat-ur a i-ia sua impía
de ejercitar. Pues las que han llegado ya á ser et vivat , ipse impius in impietate sita m orid ¡re:
artistas de maldad, y lian deprendido oficio de sanguinem autem ejus de manu tita requiraw
pecar, con la envejecida costumbre y largo ejer­ (Ibid.). «Si diciéndole yo al malo que ha de mo­
cicio de los pecados, ¿cómo las enseñarán á ser rir mala muerte, tú 110 se lo dijeres como yo lo
buenas eon la lección de un día? ¿Cómo se lava­ digo, y le exhortares y amonestares áque se con­
rán de su negrura y sacarán las manchas casi vierta y se guarde del gran mal que le está
naturalizadas de sus torpezas? Gejite que se re- guardado, el malo morirá en su pecado y con­
precia dellas, á quien ya la pasión no ciega ni denarse lia por su culpa, pero sn pérdida yo la
la edad engaña, ni el torpe deleite solícita, ni la asentaré á tu cuenta. Su muerte tú me la has
carne y leyes del pecado llevan á pasar de la do pagar, como si con tus propias manos hubie­
razón, captiva y forzada á la cn]pa. Todo eso ras derramado sn sangre,y su alipa á ti la tengo
es acabado en la juventud y sus ímpetus, y de pedir». (N o sé quién oyendo ésto tiene áni­
hace en ellas ya la razón mal habituada lo qne mo para encargarse de ánimas, oficio á quien es
hizo la pasión en otro tiempo furiosa. Bien anejo este cuidado.) «Mas si tú le desengañares
desengañadas están de su engaño, y lo que más de modo que no pueda pretender ignorancia, y
sienten algunas, es no tener ya edad para ser con todo estuviere rebelde ypertinaz en sil mida
engañadas. Que ha llegado por pasos á sij des­ vida, para él será todo el daño. E l morirá de,
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cruel muerte y tú. escaparás con la vida», lío os mueven las que hoy os dijesen, serán las car­
penséis, hermanas, que el traeros aquí es nego­ tas de UYías que lleváis en el seno en que va
cio voluntario ó do cumplimiento; no os sino escrita vuestra muerte y condenación.
l'orzoso, importantísimo, en quo va nuestra
salvación y la vnostra: á todos nos va la vida. CO V S rD B IU C IÓ N LUUMI3I1A
Si no os lo decimos, ¡ay de nosotros! Si
110 tomáis lo quo os dicen, ¡ay du vosotras! E c c e m u lie r . ¡Mujeres pecadoras! veis aquí
Dico vobis quJ.<.t ternu sodontorwn' remiss/us erit una que lo fue, y así se enmendó que ya es más
in die ju tlicii qwtm r,nbis\ '[Dignos do verdad, que mujer. V eis aquí que ninguna escusa os
qne en' el día del juicio habéis de ser de peor queda., pues tenéis delante una mujer que sa­
tundición quo los de Sodoma y Ctomorrn, quo lió del vicio donde estáis en vida sepultadas,
por sus pecados nefandos fueron abrasados con sabiéndose valer de lo que vosotras podríades
¡'negó del cielo». Porque, aquellos no tuvieron sin duda. E c c c m u lie r ! 2ío se dice esta palabra
fe ni Evangelio di; Cristo, ni quien los provo­ sin causa. Advertid que es gran maravilla ha­
case á penitencia, y vosotras sí. Con osle aviso, ber caído en tales desastres una mujer, y mu­
demás de cumplir nosotros mu nuestro oficio, cha mayor admiración es verla sacada de tal
r¡t¡l Dios muy bien su dado, y justifica su causa miseria. Ordinariamente hablando, suelen ser
para que no haya lugar á excusa alguna. íso más moderadas en sus pasiones las mujeres que
piense nadie quo este sermón se predica, sin los hombres. La natural complexión no admite
fruto. Lluvia es la palabra, do D iasque siem­ pasiones tan impetuosas como en los varones
pre aprovecha. Vtrbnm vu«m ¡¡¡tO'l e¡jre.dieí‘tr se hallan, y la vergüenza tiene más fuerza en
de o''e meo. non rarerie.ttir ad. me t'<tcnum, *t’d. ellas que eu los que de ellas nacemos. De aquí
¡firiút t¡mccum¡‘ie i'tilud! et ¡irox/iera’iHtir tn his es, que en número infinito nos exceden de ser
<td quo- mis*it iiiitd. (¡sai., »ii). Nunca vuelve castas; porque á duras penas hallamos hombres
de vacío; siempre tiene prósperos sucesos eu que lo sean, y mujeres se hallan á millares. ¡Qué
aquello para que. lo envían, O convierte :il pecn- alabado es de todos Josef por su eastmionia!; y
dui' ó sustancia el proceso do su condenación. suba Dios, de d.oee, hermanos que eran, qué ta­
Desde el principio dei mundo, diee San A g u s­ les debían de ser los otros. Pues esta virtud (de
tín, hasta la fin, á unos se predica por premio, que tan importunado, y do su señora, siendo
á otros por castigo y juicio. Porque conforme á mozo no se rindió á la culpa, que tan celebrada
l:i disposición que cada uno tiene eu su alma, es. quizá por ser casi sola entre los varones') se
así recibe daño ó provecho. Juntamente llueve halla eu cada rincón eu las mozas de servicio,
Dios sobre el trigo y sobre las espinas; y con y en hijas de, esclavas, como son sus ¡linos bue­
ser una la lluvia, á las miesüs aprovecha para nos testigos, Pero si la mujer rinde las armas
el granero y á las espillas partí la llama; asi la de ia vergüenza, y se deja sujetar de sus pasio­
palabra de Dios siendo una, riega los corazones nes, son tan furiosas y desenfrenadas, que no
do los oyentes. Mire cada uno la raí/, de 1a vo­ les igualan los hombres más lascivos. Como del
luntad que tiene: si es mala y produce espinas mejor vino se hace el más fuerte- vinagre, y del
de vicios, no tiene culpa ia lluvia, crecerá liara más hermoso ángel se hizo el más feo demonio,
el fuego sempiterno. Acabando Moisés el libro asi de la nm;er, que naturalmente es más tem­
de la ley de Dios, entrególo á los levitas y ilíee- plada y honesta, si se estraga y se malea, se
¡es; Tomad esto libro y ponedlo al lado del arca hace la criatura más do 5ton i piada y deshonesta
del Señor. Ut sit ihi c o n t r a fe in tr*tiuu>niitn¡. oue se puede pensar. Cuatro cosas halló insa­
,'Qnó decís, santo profeta,’ Aquel beneficio tan ciables el sabio Salomón: el infierno, la mala
señalado que hizo Dios al mundo en darle sn mujer, la tierra que uo se ve harta de agua ni
ley, tan celebrado 011 la Escritura, tan encare­ til 11LOL^'C>do leña. Pero la mala mujer ü-uie to­
cido de los profetas, que es el norte que nos das estas cosas juntas. E lla es sepultura de
guía y abre camino para la inmortalidad, ¿lo los cuerpos, infierno para las almas, D il- tic t r it
mandáis vos guardar por fiscal y testigo contra in fer n a # anim an/ * n a m et o p e r u it ns s itu m a b -s -

mí? Sí. Porqne así como para los buenos^ fue qne ¡tilo term in o (Isai.,7): «El infierno dilata su
sumo beneficio de Dios manifestarlos su volun­ seno, y abre la boca sin término para tragar al­
tad, para que obedeciéndola consiguiesen la mas1». A sí no tienen número ias almas que es­
vida eterna, así es gran escándalo y tropezón tos infiernos vivos han sepultado, y con todo
para los malos, que subiendo la voluntad do su no están contentas. Tierras salitrales y arenis­
Señor no la guardan, ¡Oh, cuántos han oído cas, que siempre están sedientas de agua; fuego
sermones con niuclio gusto, quo después serán insaciable de cudicia v de concupiscencia. Pues
tizonea que enciendan las llamas de sus tor­ la poca vergüenza ¿dónele está más en su punto
mentos! Abrid los ojos, hermanas; no penséis que en la mala mujer? F r o n s m tdir-ri* m e r etr ict?
que echa Dios sus palabras al viento, q u esillo ja c ta caí tibí, m l u h ü erukescere (Jereni., 3 ).
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Y a se trae por comparación. Tan desvergon­ llamados bestias. E l profeta Jocl los llama ju­
zada como mala mujer, tan sin lloara y sin mi­ mentos que se han podrido en su estiércol; .1 >a-
ramiento, L os egipcios en sns liieroglífieos, vid, caballos y mulos que no tienen entendi­
para significar una mala mujer, pintaban una miento. Pues si la lujuria es la qne principal­
leona con el rostro de mujer. ¡Maravillosa pin­ mente hace al hombre bruto, y en este vicio es
tura y que muy al vivo representa las malas la mala mujer tan extremada, ella será la gran
propiedades deste infelice estado! Y será bien bestia, la más brutal y fuera de razón. Bién se
ponerlas delante para hacerles un ecce m ulier compara á la leona que es reina de los brutos.
de quien son: que si se conocen, no es posible
que no se aborrezcan y se enmienden. L a mala C 0 H S I D E I U C 1ÓN S E G U N D A
mujer 110 tiene de mujer más que el rostro, 011
todo lo demás es una leona. L a leona es reina Con razón nos advierte el evangelista qne
de todos los animales brutos; la más lasciva reparemos. E c c e m ulier , quir erat in ciritate
que se llalla entre ellos; es crndelísima y vive p ec ca trix , ut cognorif., que t in a mujer públi­
cíe rapiña. Todo esto se halla en una mujer ca, pecadora, como quien dice una leona fiera,
pública pecadora L o primero, que es reina de conoció, se puso en rasión, entendió lo que Ir
los brutos. Entre todos los vicios, el que más convenía. Gran novedad y singular maravilla.
saca al hombre de razón y le ciega y casi priva M ás. L a incontinencia impetuosa de la mujer
el juicio es la lujuria; que de tal manera sepulta se significa por la leona, quo es lasciva. L a ava­
el alma en la carne, que la viene como á ha­ ricia y deseo da dinero y de robar á los tristes
cer carnal ó bestial. A veces por santos ejer­ que caen en sns garras, se entiende por la ra­
cicios, penitencias y espirituales ocupaciones, pacidad de aquella fiera, qne se mantiene de
viene el cuerpo á ser espiritual, á imitación do carnes ajenas, de los animales que despedaza.
aquel que cu la resurrección se ha de reparar. Y en esta crueldad se muestra ]a de una ma!a
Como dice San Pablo: Serninatur Corpus ani­ mujer, y e-1 daño que hace en los cuerpos y la
máis, surget corpus sp ir itu a le . H ay cuerpos es­ carnicería en las almas. Multon enim ruinera-
piritualizados y así mortificados, que ellos mis­ tos dejecit et Jortissim i quique interfecti sunt ab
mos ayudan á los santos ejercicios y no estor­ ea. Vio' inferí domas ejus, penetrantes in fe­
ban; así hay almas á quien su carne las ha riara mortis ( P r o v ., 7 ): «Son muchos, duv
vasallado, que las tiene obstinadas y embrute­ el sabio, los que la mala mujer ha derrocado
cidas y todas encarnizadas. No se gobiernan mal heridos, muchos valientes á quien h¡i' qui­
por razón, sino por pasión; los ojos de la mente, tado la vida. E l camino de su casa es eam ino
ciegos para ver el bien. No tienen consejo ni del infierno que penetra hasta lo interior de 1:1
consideración, ni firmeza en los negocios; ni muerte». Quiere decir: no para en esto extcriiT
conocen á Dios, ni levantan sus ojos al cielo, de la muerte del cuerpo, sino más adentro cal;!,
111 se acuerdan de sd salvación, Y aun vienen á hasta matar el alma y echarla en los infiernos.
tanta desventura, que 110 quem an que hubiese Ponderemos esto bien. Decidme, leonas crue­
otra vida, sino con esta se contentan como bru­ les, ¿sabéis lo que vale un alma? ¿Sabéis cuánto
tos. N o n d a bu n t cogitation es suas ut reverían* estima Dios á los hombres? ¿Entendéis.cuánto
iur ad Deum simirif quia sp ir itu s j'ornica tion um mal es ser ocasión de escándalo y que otro caiga
in medio eorum et Dmninum non cognoverunt en pecado? Vm homim M i per quem scanrlalum
(Oseas, 5): ftNo hayáis miedo que les pase por venití ¡A y de muerte sempiterna para aquel
el pensamiento convertirse á su Dios, porque el que fuere causa de ruina á otro; más le valiera
espíritu de fornicaciones está en medio de ellos». 110 ser nacido! O ya que nació, que con una pie­
Quiere decir, porque los manda, predomina y dra de molino al cuello lo zampuzaran en el
gobierna un espíritu lujuriosísimo; y de ahí profundo del mar, que no vivir para ser cansa
nace que no conocen á Dios. Aquellos malos qne otros ofendan á D ios y se condenen, ¡Oh
viejos, cuando fueron presos del amor de Su­ lazos de Satanás! ¡Puertas y caminos carrete­
sana, en revistiéndoseles este espíritu maligno, ros del infierno, por donde muchos caminan á
everterunt senmm suum et declinaverunt ocu~ la condenación! ¡O rzuelos, tram pas, hoyas
los sitos ut nun viderent axlwm, ñeque recorda- donde caen los miserables ciegos! ¡Oficialas y
rentur judiciorum justoi'um (Daniel, 13): «Lue­ obreras del demonio, y más pláticas en el ofi­
go se les trastornó el seso y trabucó el juicio; cio de mal hacer que vuestro maestro! Como
y como brutos que habían puesto su afición en los predicadores tienen trato de compañía con
la tierra, inclinaron los ojos á ella, por 110 ver Dios para negociar la salvación de las almas,
el cielo y no acordarse de los justos juicios de asi vosotras Je habéis hecho con Satanás para
Dios y do los castigos grandes que suele ha­ la perdición dellas. ¡Satanases encarnados, qne
cer su justicia en los pecadores». Por eso on la pobláis les infiernos de almas compradas con la
Sagrada Escritura, los hombres carnales son sangre de Jesu Cristo! Más valiera 110 ser naci­
P, FR. A L O N SO -DE C A P E E R A £¡4o
das pura tanto mal vuestro y de los pvújiraos. ciar: Q uid fecixti? I~ov. xanyuinis fr a ir ís tui
IOlí, cómo so querella Dios desta crueldad! .Et A bel clamat ad me de térra. «Traidor, ¿qué
in alia luis viventm est m nguia animarum, p a u ­ lieciste ? Mira que la sangre de tu hermano
perum et innneentnvi (Jerem,, 2). Habla con Abel me está dando voces desde la tierra, y te
una leona en figura de águila, que también es acosa y pide ju sticia contra ti» . P u es si la san­
ave de rapiña. Como el águila queda ensaugre- gre vocea desde la tierra pidiendo venganza de
tndas las uñas y pico y loa encuentros de k s quien la derramó, la sangre do tantas almas por
alas con la sangre de la caza que lia muerto y tu causa condenadas, ¿qué voces darán, no desde
cernido, y lo mismo le pasa á la leona en sns la tierra, sino desde el infierno? ¿Qué querellas?
garras y presas, asi estás tú manchada y teñida ¿qué alaridos? ¿qué clamores? ¿qué maldiciones
con sangre de almas, de inocentes y pobres que te echarán? Justicia, severísimo juez, de. aquella
has muerto. Los muchachos qne no sabían pe­ maldita que tanto mal me hizo! ¡V enganza de
car, de ti lo deprendieron. Los pobres que en quien para siempre me destruyó! ¡E n malos
otra parto 110 hallaron ocasión, en ti la halla­ infiernos arda su alma! !En poder de los demo­
ron. ¿Qne hayas tú de comer de matar almas? nios se vea! ¡No tenga ventura de alcanzar per­
¡ Y qne no te puedas sustentar sino eon sangre dón, pues por su causa estoy en este calabozo;
de ¡limas en que estás toda bañada? ¡Oh, qué pues me acarreó tormentos interminables! ¡Séa-
terrible crueldad! Mándale D avid en su testa-' me compañera en la pena quien lo fue también
¡liento á su hijo Salomón que hiciese matar á en la culpa! E stas son las oraciones que rezan
Joab porque él había mnertu á los capitanes y por vosotras aquellas almas rabiosas. E stas las
sido tan cruel que posuit cruorem p n r lii in bnl- bendiciones que os echan. ¡A y de las desdicha­
tiii’o sito et in ealccamento ano: «Que eon la das á quien han de comprehender! Y para aca­
sangre do sus cuerpos tiñó la banda de caba­ bar de poneros delante la miseria de vuestro
llero, preciándose de su valentía, y los zapatos, miserable estado, que 110 sólo sois leonas lasci­
como despreciando los muertos, pues les pisaba vas, brutas, robadoras, matadoras en los ojos
k sangre y 110 los teñía, en lo que hollaba», de Dios, sino en los del mundo sois la gente
l ’ ues la que no dos cuerpos , sino almas sin más infame y soez que se puede pensar. M ien­
cuento tiene despatilladas, y la que más ha tras estáis en esa vileza, 110 tenéis honra ni bien
echado a perder, se tiene por más honrada, y ninguno; sois la basura, los muladares de la re­
n trueque de su Ínteres vil y apocado 110 tiene pública, las horruras del mundo. 0 mitin mulicr
en lo que pisa provocar á pecado y enviar al r/iftti e*t fo rn ica ria , r/tutsi ataren* in ría ah nm-
infierno á los hombres ¿qué merece? ¿Qué cas­ nibtts pnrtereuntibíts conculcabitw . ¿Qué es una
tigo, qué muerte le mandará dar el rey del cielo? mujer errada? diee el sabio. «Una carga de
En la estima de Dios vale tanto nn alma, que estiércol puesta en el camino quo ensucia á
muriendo Cristo y dando su vida por la reden­ cuantos pasan, y todos la pisan y traen debajo
ción del mundo, con tales afrentas y tormen­ los pies)'. ¡ Desventuradas de vosotras, no cono­
tos, como todos sabéis y luego diremos, y de­ céis qué vida es Ja vuestra! Deshonradas, co­
rramando toda su sangre preciosísima (aunque rridas, afrentadas, sujetas á hombres m alvados,
eon esta muerte mereció, cuanto á la suficien­ crucies: hechas sus esclavas, que os venden y
cia, el remedio de todas las almas, y cnanto á la empeñan, y abofetean, y acuchillan, y acocean,
eficacia, las de todos ios predestinados), eon y matan. Y afanáis para qne ellos jueguen y se
todo eso, luego de contado y al pie de la obra embriaguen y vistan; traídas de unas partes á
nn le dieron más que una, que fue la del buen otras y trasegadas por estos recueros del in­
Ladrón, y pagando él de presente tan infinito fierno. Gitanas diabólicas, que 110 tenéis una
precio, con esta sola le hicieron por entonces horade descanso en esta vida. ¡ Y que sabiendo
pago. Más. Si un predicador á cabo de sesenta vosotras que esto y nmilio más es verdad, qite­
años de predicación estuviese cierto que había ráis más servir al diablo aperreadas que á Dios
ganado un alma sola pora Dios, y sido parte seguras y contentas! E o quod non tervieru D o ­
para que fuese al cielo, era sulicientísirao pre­ mino Deo tuo in gandió, cordii'tpie }>Hifia, p m p -
mio de tantos trabajos, vigilias, estudios, como ter réntnt omnium a-hundantiam, st'rrics inimico
cuesta este oficio. Pues, ¡oh desdichada de ti! tito, quem inmiUeí tibí Dom inus in fa m e et siti
¿qué recompensa puedes dar á Dios de tantas et ntulifate et omni penuria: et ponet jmjiim
¡dinas como le has quitado, siendo causa que le ferrevm (¡ujier cerricem tuam , doñee te conterat
otendan y se condenen almas que tanto cuestan (Deut,, 2 8): «Porque 110 quisiste servir á tn
á Cristo y á sus siervos, y que destruyas tú en señor Dios eon gozo y alegría de corazón, por
una hora más que podía ganar el otro en cien, la abundancia de todas las cosas: servirás ed
años? ¿Qué agravio le. haces, robándole tan pre­ enemigo eon hambre, sed, desnudez y pobreza
ciosas margaritas? M ata Caín á su hermano de todas las cosas; el cual pondrá un yugo de
Abel, y dícele Dios cuando le vino á senten­ hierro sobre tu cerviz hasta destruirte'». Sir-
346 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
vienclo á Dios no os ha de faltar sn misericor­ bierta, la desprecias y aborreces como cosa triste
dia y la de sus siervos. Tendréis honra y pro­ y desabrida. Porque si ahora no lo conoces, ve-
vecho y alegría de corazón, pues ninguna puede nient dies in te ef. cireundabunt te inim ici tui
haber como la de la buena conciencia. M as ai vallo. Días vendrán sobre lí. V ive como tú
rehusáis este ytigo suavísimo de Cristo, poneos quisieses eu este día tuyo, que entontes ven­
el demonio nn yugo pesadísimo de hierro into­ drán días no tuyos, sino de Dios, en que tome
lerable. Esos hombres á quien servís, qne no venganza.de sus injurias y te pondrá en manos
son amigos, sino enemigos; que os tienen ava­ de tus enemigos y cercarte han, y estrecharte
salladas, tiranizadas, robadas; quo ni sois seño­ lian por tedas partes, que no tengas quién te
ras do un real quo no os lo juegan, ni de una valga ni de dónde te pueda venir socorro. ¡Oh,
camisa que no os ia venden, ni de un manto qué angustia tan temerosa cuando, salida el
que 110 le empeñan. Urgebantque ivgj/ptii p o- alma de las carnes, seas presentada en el divi­
puhtm de torra exire velociter (E xo ., 32) : «Les no tribunal, rodeada de demonios qne te espe­
daban prisa». Vuestros trabajos os hacen fuerza ran para hartar su saña! ¿Adúnde piensas vol­
que saigáis de Egipto, de la mala vida. Muer­ verte entonces? ¿A quién acudirás? Si miras á
tas de hambre y desnudas y con mil necesida­ lo alto, verás al cielo enojado y esgreinir sobro
des, ¿con toilo servís al diablo.' ¡O h locura! tu cabeza la espada de la divina justicia. Si á
¡oh frenesí! ¡oh peores que bestias! ¿Dónde lo bajo, verás el infierno, abierta la boca y
tenéis el juicio? ¿Cómo habéis perdido la razón? dando estallidos para tragarte. Si atrás, verás
Volved, hijas despreciadas, á casa de vuestro á tus acusadores con el proceso de tus delitos.
Padre Dios, que pues tan mal os iia ido eu esa Si adelante, el juez severísimo, inexorable,
región apartada del pecado, paciendo vuestros vuelto do cordero león, de oveja tigre, de pia­
torpes apetitos eon tanta hambre y necesidad, doso redemptor riguroso juez. Si miras á ]¡i
eu la casa de Dios, aun los jornaleros tienen presente, haliarásto convencida y avergonzada
los panes sobrados. Entraos por sns puertas, con la publicación de tus maldades. Y si á. In
que os está esperando los brazos abiertos. Más porvenir, lin a eternidad espantosa que te aguar­
vale tarde que nunca. Decildn con humildad: da, habiendo de ser tn morada para siempre
Pater, peccavi in aelum et com m te: jani non eon el fuego abrasador. Si te miras ;i ti íiiesmn.
sum dJ.gnus vacarí /Mus luite: ja c me sicut unum verás tu conciencia que te tiene asida, como
/le maroenariis tuix. «cNo merezco tratamiento lebrel á toro, eon perpetuo dolor. ¡Qué angus­
de hija; recibidme en lugar de esclava, y me tia, qué estrechura será aquella: ¿Por cuánto
viene muy ancho». FAa'ji abjectus esse in domo no quisieras entonces haber andado ft tus an­
D e i mei, magis quam habitare in tahernaculis churas como indas? ¿No fuera bueno liao. r
peccatorun (Salmo 8 3 ). Y á quien no mueve creído á los que te avisan ahora deste tvanee
el conocimiento de su desventura que hasta aquí en que te lias ile. ver? ¿No fuera bueno haber
se ha' representado, tienda los ojos adelante y oido á los llamamientos de Dios, á quien lias
mire lo que eu el otro siglo le espera, sido más sorda que el áspid»! ¡i los encanta­
mentos? ¿Pues qué será, sobre todo esto, cuan­
C O N SID ERACIÓ N TEUOÜRA
do fulmine el juez el rayo de aquella sentencia
final: <cAndad, malditos, al fuego eterno que
U t cogwwit. E sto fue lo primero que esta está aparejado para Satanás y para sus ánge­
pecadora conoció de lo sobrenatural, y que no les; pues habéis sido miembros de Satanás y
so ve con los ojos corporales. E sta es la pri­ hecho sus negocios en !a vida, id á tenerlo
mera consideración, que suele espantar á los compañía en la eterna muerte»? ¿Que será
pecadores. S i cognovisies et tu et qnidem in kac cuando se abra la tierra y seáis despeñados -n
die tua, quoi ad panem tibi; mine autora abs- los abismos y caigáis hasta las concavidades
condita sunt ah ocuits luis. ¡Oh, si conocieses tú! y cavernas de las entrañas más profundas di:
¡Oh, si Dios te abriese los ojos para ver, ahora la tierra, con tanto ímpetu como la rueda ríe
que tienes tiempo en esto día tuyo! Día es de la molino que arrojó ol ángel en la mar? D e w » -
vida, porque es breve. Tuyo, porqne en él pue­ derunt in profnnduin tpntsi ¡apis et qausí phim-
des hacer tu voluntad y gastarlo en cosas de tu bum in aquis vehementilms. E n esta mazmorra
daño ó de tu provecho. Pues ¡oh, si conocieses encerradas, echará Dios sobre ellos la pesadí­
en este día tuyo la. paz y los bienes con que te sima compuerta de su ira. C enará aquellos
convidan! ¡Quo te ruegan eon la paz, que te fuertes cerrojos y candados, que nunca jamás
convidan con el perdón, cosas que te están muy serán abiertos ni ganzuados; y alli quedarán
bien! ¡Oh, si conocieses la hermosura de la todos los malos en la región de la muerte y en
virtud! Que si pudiera ser vista con los ojos la tierra del olvid.n mientras Dios fuese Dios.
corporales á todos forzara que se murieran por ¿Quién os podía clocir la muchedumbre de pe­
sus amores; y por estar ahora á tus ojos encu­ nas que alli padecerán, pues no tendrán íníem-
P. FR. A L O N S O DE C A B R E R A 347
bro ni sentido en su cuerpo, ni potencia en su deleites pasados y males venideros, viendo la
alma que no tenga especial dolor? Loa ojos lle­ brevedad de los unos y la eternidad de los
nos de adulterio, curiosos y altaneros, serán otros. L a voluntad con desesperación. V olve­
escocidos con sempiterno llanto, eseurecidos rán los malaventurados sus iras contra Dios
con el ¡mino negro y espeso del pozo del abis­ y contra sí, como dice San Juan: E t comman-
mo; en tinieblas más palpables que las de ilucnverunt lint/mis sui/s p n e dolare, ethlasplte-
Egipto ; en nna noche horrenda que nunca umverimt Deuut cwli p n e doloribua et i'ulne-
verá el al lia del día. Asombrados y atormenta­ ribua s u is : «Serán tan insoportables sus dolo­
dos eon la vista de las personas que fueron res, tan desesperadas sus llagas, que se come­
cómplices de sus pecados, para aumento de su rán á bocados sus lenguas, y despedazarán las
pena. Y más eon las espantables íiguias de los carnes con sus viñas; rompiendo sus entrañas
demonios, que con terribles y feísimos gestos con suspiros, quebrantando sus dientes á tena­
y ademanes se les representarán. llo& tis me¡vt zadas, y blasfemando siempre de Dios del cielo
te.rribiHbws ocitlts me intuitus est (Job, 1(5). qne asi ¡os manda penar». E sto es lo peor que
Los oídos, amigos de músicas profanas, de yo hallo allí: que asi como en el cielo le están
murmuraciones y de pláticas deshonestas, se­ eternamente amando y bendiciendo los santos,
rán atronados y ensordecidos con los golpes y así, por el contrario, le han de estar éstos abo­
maitiHadas de los atormentadores que habrá rreciendo y blasfemándole sin fin. ¡Oh, qué
en aquella herrería de Pintón, y eon los alari­ maldito oficio! ¿Quién os pudiera traer aquí en
dos y clamores de los «tormentados. Unos medio una de ¡as muchas de vuestro oficio que
aullarán como lobos, oíros ladrarán conio pe­ penau en aquel lugar, cute la viciados sentada
rros, otros bramarán como toras y leones, otros en una silla de luego, negra más que el carbón,
con voz ronca y dolorosa darán espantables ge­ echando por los ojos, boca y nariei-s humo y
midos, exprimiendo eon rubia los dolores in­ espadañas de fuego. Su cuerpo podrido y he­
trínsecos que padecen. Para el olfato, que se diondo, cubierto de gusanos y serpientes. E n
deleitaba eon los buenos olores y aguas de flo­ lugar de cabellos un manojo de víboras; y aque­
res, habrá intolerable hedor qne saldrá do sns llas crueles verdugos con los martillos en las
cuerpos, también del lugar que es albnñar y manos, martillando en ella como en un yun­
sumidero del mundo. D e crtfl'U'eribns eorum que, haciéndole el son para que ella cante. A llí
ascew lctfu'tüin (Isai,, :>4 ). «.Cuerpos podridos entona la música de Babilonia: P ereat dies in
exhalarán mal olor'); por perfume, luuno á na­ qua n utns sum et nos qtta d ietm n est: conceptits
rices; por ámbar, piedra azufre; pur agua de est homo. B ie s Ule verteúur in tenebraa (Job, !)).
ángeles, arroyos de pez y resina ardiente. Pura ((lUal Iiaya el día en que nací y la noche en que
el gusto, amigo de buenos manjares, bal irá fui concebida. Aquel día so vuelva en tinieblas».
hambre canina. Famem poticntur ut cunes (S al­ tenga Dios cuenta dél, 111 sea alumbrado
mo 'ití). Y para sed, el cáliz do la ira del Se- con lumbre: oscurézcanlo las tinieblas y sombra
Hoi : Jas heces y madres de aquel vino puro y de muerte: sea lleno de oscuridad y amargura.
mezclado; purga mortífera y emponzoñada. E n aquella noche corra un torbellino tcnebro-
Fara el tacto, amigo de la cama y ropa blan­ se: uo sea contada en el número de .os días ni
da, instrumento do las pasiones sensuales, de los meses clel año. ¿Por qué no me tomó la
mcdlct percutientes stuttorum corporibus (P ro ­ muerte en el vientre de mi madre? ¿Por qué
verbio, 1Ü): ((Martillos golpeadores para los luego que acabé de nacer uo perecí? ; P o r qué'
cuerpos de los necios que 110 quisieron con bre­ me recibieron en el regazo? ¿Por qué me die­
ve penitencia excusar tan gran torturas, Col­ ron lecho á. los pechos? .Mas no parará aquí.
chón de polilla, cobertor de gusanos, sábanas Andan los martillos y pídeule los herreros que
las llamas vengadoras. Qiiis poterit habitare de Cante más,— ¡Reniega, maldita!— ¡Reniego de
robis cum it/ne. decorante? (Isai., 3 ;>): "( Quién la madre que me parió y del padre qne me hizo,
de vosotros se atrevo á inorar en el fuego abra­ y de la leche que mamé y de la vida que viví,
sador?» ¿Quién á hacer vida con ardores sempi­ del cielo que me cubría, del aire con que res­
ternos? ¿Qué espaldas se profieren á sufrir esta, piraba, del agua que bebí, del pan que comí,
caída? ¿Qué lados á acostarse en esta cama? de la tierra que me sustentó.— ¡Reniega más!
¿Pues y á el alma, á quien cabe la mayor par­ — R eniego del Baptismo y de los Sacramentos
te desta pena? A llí se estará carcomiendo eon que reeebí, de la fe que profesé, de la iglesia
aquel gusano inmortal de la conciencia, que en que me crié, de las buenas obras que hice.—
acusa y muerde y reprehende perpetuamente, ¡Reniega más!— ¡ A h, que 110 hay quien pase do
y la imaginación atada á la consideración de aquí! i Olí, V irgen sacratísima, oh virginal pu­
las penas que padece. E l entendimiento priva­ reza, y qu.í ha de haber boca sacrilega que se
do de la visión beatífica en que consiste su g lo ­ deslengüe contra vos! Qne escupirán al ciclo y
ria. L a memoria afligida con el acuerdo de los blasfemarán de Dios y de su madre y de todos
S4S P E E D IC A D O E E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
los santos, y del santo de los santos, Cristo, y Cúihan et terram, quod praposuerim vohis vitam
i.le sus llagas, y do sli pasión y muerto y de su et mortem, benedictionem et malüdic.tionem. .E li­
cuerpo. E ste será para siempre su oficio. E sta ge ei-go tibí vitam, ut vivas et diligas Dom i-
es la capilla de Lucifer, los órganos y cantores mim Deum tuum atque obedias nocí ejv ,s et
del principe de las tinieblas. Estos son los mai­ M i adluereas: ipse enim est vita tua et longi -
tines y laudes que eternamente cantarán. ¡Olí, tildo die-rtrm tu-orvm. «Hago testigos á los cie­
desdichadas lenguas, qne ninguna otra palabra los y tierra; á todos los ángeles y á los hom­
hablaréis sino blasfemias! ¡Oh, miserablesoídos, bres que están presentes; á todos pido fe y tes­
que ninguna otra cosa oiréis sino gemidos! ¡Olí, timonio cómo os he propuesto y representado
desventurados ojos, que ninguna otra cosa ve­ la vida y la muerte, la bendición y la maldi­
réis sino miserias! ¡Oh, tristes cuerpos, que ción, la fealdad de vuestro estado, la gravedad
ninguno otro refugio tendréis sino llamas! Y de la culpa, la terribilidad de la pena, la seve­
esto, no por un año ni dos años, ni por millo­ ridad de la divina justicia, la infinidad de su
nes dellos, sino por toda la eternidad. Esto clemencia y misericordia; para que si habiendo
sólo faltaba para echar el sello á tan grandes oido su voz todavía endurcciéredes vuestros co­
males, que están ciertos los dañados que han razones, no podáis alegar excusa ni dar des­
de padecer mientras Dios fuere Dios. Qne com­ cargo de vuestra malicia delante del divino tri­
piten sns tormentos con la duración divina, y bunal». Para el cual os tened desde luego por
que están desahuciados que se han do acabar. citadas y emplazarlas, como desde aquí os cito
Dice un doctor que si hubiera una peña tan y emplazo, que parezcáis en el valle de Josat'nt
grande como todo el mundo, y de mil á mil en el día grande de su ira, eu presencia de los
años viniese nn mosquito y quitase de allí la ángeles y demonios y de todos los hijos de
cantidad que pudiese llevar en el pico, y les di­ A dán: delante el terrible juez donde todos es­
jesen á los condenados qne en acabándose de taremos á juicio. E l será el fiscal que os ponga
gastar toda la peña habían de cesar sus tor­ la demanda y os acuse de la rebeldía, presen
mentos, fuera para ellos gran consuelo; por­ tando los testigos que tengo hechos; para qne,
que al fin la peña es finita, y aunque tarde se siendo convencidas, se agrave vuestra condena­
acabaría; mas la duración de sus penas es infi­ ción y sea la sentencia más rigurosa. E lig e
nita y no reconoce fin. ¿ Y que por tau breves erqo tihi vitam ut tu vivas ut diligas Dominiim
contentos, por una vida de un soplo quieran Deum tuum , atque obedias i-oci ejus et i ll i ud-
los hombres granjear estos tormentos? ¡Oh, haireas. Pues no sea así, hermanas, por las en­
Cuán breve deleitación hizo tan larga soga de trañas de Jesucristo. N o toméis con vuestras
miserias! ¡Oh, locos y desventurados pecado­ manos la muerte, pues os damos á escoger.
res, acabad ya siquiera por aquí de conocer la T o m a d la vida, que viváis en servicio de Dios
gravedad de vuestros pecados; pues Dios, en y le améis y obedezcáis á sus mandamientos,
quien no puede caber injusticia, castiga tu pe­ y estéis firmes en su amor. N o sean conver­
cado mortal, que dura nn momento, con penas siones fingidas, por comer estos quince días y
tan graves y perdurables, y con todo eso dicen pagar deudas y luego volver como perro al
los teólogos que no le castiga con toda la pona vomito. NoUte errare; D ev s non irridetu.r
que merece; porque es tan grande desacato re­ ( Galat., 0). Mirad que es burla pesada para
belarse el gusanillo de la tierra contra la divi­ vuestras almas. Acordaos de la mujer de Lotli,
na majestad, la hechura contra el hacedor, que que por volver á mirar á Sodonia se volvió er.
con todo este infierno no queda suficientemen­ piedra sal. No volváis los ojos á los incendios
te castigada. de lujuria de que salís, sino caminad al monte
V eis aquí, hermanas mías, os he dicho de alto de la virtud, asidas á Dios, confiando en.
parte de Dios lo que E l me manda decir para E l, que es fortaleza para los ñacos, consuelo
cumplir con mi oficio y justificar la causa de para los tristes y refugio para los necesitados,
Dios. Concluyo con aquella protestación que vida y longura de Dios para los que le aman,
hizo el santo Moisés á los hijos de Israel des­ ‘ aquí por gracia y después por gloria.
pués que les dio la ley; Testes invoco hodie A m én .
C ONSIDERAC IONES
DEL

V I E R N E S DESPUÉS DEL DOMINGO


DE PASIÓN

Collcr/emnt ergo Pontífices et Pharistvi


coiici¡iif.ui et d ic e b a n t : C¿uid ju c in tu s , quia
hic homo um ita sig n a f a c i t ?
( J o a n ,, H ) .

IN T R O D U C C IÓ N vo á su luio, que vía inclinado á beber, á donde


estaba un borracho vomitando, caído, para que
Jj¡i experiencia dice ser maestra de los des­ escarmentase en tau afrentoso ejemplo, así po­
venturados; porque desventura no pequeña es déis á vuestro hijo, 110 por mormurar di; vidas
comprar tan caro como de la experiencia se ajenas, sino por instruir la suya, no sólo decirle:
compra, el saber nosotros portarnos y regirnos mira á Fulano que no es hijo de mejores padres
ou las cosas; eou todo eso, mayor desdicha es que tú, ni tiene más hacienda que tú tienes, y
la de quien ni aun después do bien acuchillado por ser concertado la lia multiplicado, sin en­
sube lo que le cumple, para 110 probar otra vez cargar su conciencia, y sustentado casa honrada
á qué sabe la trementina. Aquellos pueden en y honesta familia, puesto á sus hermanos y hi­
In vida presente sel' tenidos por bien afortuna­ jos de ellos en muy honesto estado, y así todos
dos á quien hacen cautos los peligros ajenos. le aman y precian de ser sus parientes, y tú an­
Y como dijo Planto: F e liciter sapit qui alie­ das hecho un picaro, entrampado y despreciado
na periculo ffijiit. De los primeros fue aquel de todos y de tus mismos deudos aborrecido, y
(¡ne dijo de si misino y se llamó auditor sermo- de todo el mundo hecho ejemplo y burlado; 110
Dei: qui cadit et sic aperiuntnr oculi ei más de por ser tu vida sin concierto. No sólo
(Ninn., .1.1). A u n medio mal es la eaida cuan­ esto, digo, le decís ó podéis, sino mira á F u la­
do de ella os levantáis abiertos los ojos para no, mozo noble, rico y heredero de un mayoraz­
dar otra; pero cuando no basta eso para que go tau calificado, que por 110 haber mirado por
abráis los ojos, tenedos ya por de la cuenta de si y dándose á vida viciosa, le han dado el pago
aquéllos que están desesperados. Vevberaventnt los no permitidos deleites á que tan temprano
me, sed non dolui; tra.rerunt mé, et ego nun sen­ se entrego, y está ahí que 110 será hombre en su
il, (¿uando erigüabo et rursus vina repenam? vida, lleno de humores hasta los ojos, podridos
■(De muy beodos no sienten sus grandes daños los huesos, que le sacan cada día con cauterios
y afrentas; ¡10 las creen aunque se las digan)». y hecho 1111 monstruo de feo y desemejado.
Azotáronme, y estaba tal, que no me dolió; Desta manera la Iglesia, madre y maestra nues­
arrastráronme, y no lo sentí. ¿Cuándo volveré tra, lo usa con sus hijos y discípulos, poniéndo­
en mi, para buscar otra vez el vino? Pensaréis nos delante buenos ejemplos unas veess, y otras
ile alguno quo de escarmentado está ya enmen­ algunos trabajosos y malos, para que los unos
dado, porque le veis algo más sosegado; pues imitemos y de los otros huyamos escarmenta­
sabed que no anda sino porque le fiéis algún di­ dos en cabeza ajena. E ntre los de este jaez pos­
nero para hacer otra hazaña; 110 siente aún la trero, es singular ejemplo el que hoy se nos re­
desventura. Por tanto, los maestros, ayos, pa­ presenta para el concierto de una de las más
dres y los demás que están encargados de per­ importantes cosas de toda la vida y policía hu~
sonas cuyo bien desean, 110 sólo eou buenos muña, que son las consultas. No se puede en
(.‘jemplos, sino con malos, procuran apartarlos ninguna manera vivir sin consejo ajeno; porque
del mal y encaminarlos al bien. Como quien lle­ sólo Dios es quien puede obrar, secundum con-
850 PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
siliuiri rnhintatis sutx ( E f e , , 1 ), Quien de si cátedra de Moisés, y así hicieran una junta pee*
se fiare y guiare por su consejo, dése por mal tileiicial y mortifica para toda su república.
guiado y perdido. Stid to domino credit qui sibi
credit , dijo San A gu stín . Pues así como para CONSIDERACIÓN PRI ME RA
guiarse á si lia menester el hombre consejo, asi
la república le lia menester y más para su go ­ Golleg erunt ergo Pontífices etpliaris;vi concí-
bierno. Y son perniciosísimos los yerros que se lium. Muchas consultas hemos leído, conjura­
hacen, ó cuando sin consejo se hacen las cosas, ciones y conciliábulos que se han hecho contra
ó cnando no es cual debe ser la consulta. Dn Dios, y todas han tenido fines desastrados.
razón de esto, pues, so nos pone delante eu este Entraron en consulta al principio del mundo
día una malísima consulta hecha eontm Dios y los hombres de hacer una torre que llegase
contra su Cristo, uo sólo para que veamos su hasta el cielo para eternizar su fama. L o que
cantidad y desastrado fin que tuvo, sino para de esta consulta resultó fue que, á cabo ele mu­
ver los malos medios, el perverso motivo y con­ cho trabajo y gastos, con un soplo dio por tie­
clusión abominable e n que. se resolvieron y las rra toda aquella máquina. Entraron loa herma­
razones de todo este daño que hubo en esta con­ nos de José cu consulta sobre quitar la vida,
sulta y. en los qne se imitaron en ella. Para de envidia muy soex y muy abatida. Resultó
guardarnos de todo y para mayor abundancia, que por ese, mismo camino' que ellos tomaron
dicho como ha de ser la consulta (tara no ser para abatirle, le levantó Dios y le puso sobre
mala, diremos brevemente cómo ha de sor la las cabezas de los que aborrecían verse sujetos
buena. De la primera estaba dicho: Beata* rir ó su mando. Entró eu consulta Absalón con
qui non abiit in consilio impiurum ei in cia p e c- Achitoful sobre quitar el reino y vida á D a ­
ctUorum non stetit, et in cathedra pestilentiw vid, padre del nuo, y gran amigo del otro. Lo
non sedit (Salmo 1). D e lo segunda, es lo que se que resultó fue. que Achitolel se ahorcó cou
sigue: S e d in lege Domine rol-mitas ejus et ¿niege sus manos y Absalón murió ahorcado de sus
ejus meditabitur die ac nocte. Y desta se con­ mismos cabellos, v atravesado de tres lanzadas,
cluyen prósperos sucesos en todos los hechos; y D avid volvió á su reino pacífico. Finalmen­
desoirá, que será como polvo de! viento sopla­ te, siempre se ha hallado por experiencia que
do. M as porque no habrá tiempo para más en ■¡:iaitim cous/lium consiiítorum pessimtim. Y
particular declarar estos tres grados de beatitud como dijo Claudiauo:
que este salmo significa, sólo,quiero n otarla
Quam bene t l i s p o s i t u m te r r U u t d i f / n ».t in iijiii
grandeza de la divina misericordia en el modo F n te fu x cu n a i lU p r if i n t s lut t o ri b im itixtcf.'
de proceder aquí apuntada; porque conforme á i>'«.■ n j i i f c x t a u r i tonm -niorum que rejm Hor
la manera de hablar que se usa en la elegancia Q u i f i m e s t u , non> f a b r i c a e n r n í avr.i ifu lo ri
P r im a s iiie.vjiertttm , f ia d a engente tyranna,
liumana, parece que al revés se habría de pro­ Sein-it opa*, daiutitque suu-m mugiré iurencvm.
ceder y decir. A quel hombre es bien dichoso,
no sólo porque no se sentó en la cátedra de pes­ ¡Qué buena disposición para las tierras que
tilentes decretos, pero que ni aun en pie estuvo el digno frnfco del mal consejo venga sobre sus
en e] camino de los pecadores; y no sóio no primeros autores! Como P erillo, que fabricó el
paró, pero ni dio paso para ir á ese consejo toro do metal en que, encerrado un hombre y
donde los impíos entran. Y no dice así, proce­ puesto por debajo fuego, se fuese abrasando
diendo de menos á más, que es el modo qne so^ con dolor increíble, y los gemidos y voces qne
lcmos, sino de más á menos; y es qne quiere diese, quejándose, pareciesen bramidos de toro
que conozcamos cuán bueno es para con los y uo moviesen á compasión. E l premio que re­
hombres Dios y pone tres grados de la bien­ portó de Falaris, tirano crudolísimo (á quien
aventuranza, y dice ¡A quel hombro se llame per­ pensó agradar con aquella nueva invención de
fectamente bienaventurado que uo dio un paso tormentos) fue por su mandado ser el primero
ni puso sn pie en camino que va á consulta de ue hiciese la experiencia de su inhumano arti-
impíos. Y si no fuere tan copiosa, su dicha, á lo eio, y enseñase con sus aullidos á bramar al
menos téngase por dichoso, si no parare y hi­ toro que había hecho con sus manos, Pero esta
ciere pausa- en el camino de Jos pecadores. Y si junta maliciosa de hoy se la gana á todas las
nun ahí no llegare su buena fortuna, á lo m e­ pasadas y sacan de la puja hoy los Pontífices
nos siquiera no se halla sentado en tan mala y fariseos á cuantos contra Dios han hecho
cátedra como la de pestilencia. No vayas, hom­ ligas. E sta había visto en espíritu Jacob, y
bre, con el pensamiento, no pase siquiera con abominándola y detestándola, dice: Simeón cf
la obra, siquiera no te sientes con el ejemplo L ee i fra lres:v a sa inii/uitatis bellaniia: in con&i-
malo de tu mala vida. E u esta maldita cátedra lium eorum non veniat anima mea et in ca-Ju
estaban sentados estos consejeros de hoy, que illo n m non sit gloria mea (Gen., 4 9 ). E u estas
por la autoridad de su oficio S9 sentaban en la palabras no sólo condena la conjuración de
P. FE. ALONSO DE GABRERA 851
aquellos dos hermanos, hecha para destruir la dicen que de Simeón los escribas y fariseos, y
ciudad de ñieben y matar ;1 todos loa varones de así lo siente San Ambrosio. Y estos son los
de ella (aunque de eso suena la letra), pero que hoy. se conjuran contra Cristo, y de quien
también con evidentes indicios apunta á la con­ Imilla aquella profecía. Simeón y L e vi hernia-
juración deste día. Fue atroz aquel liocho y es­ nos. ¿También no eran hermanos Iíu le n y J u ­
pantoso. Dos hombres solos y tan mozos, que si das, Isacar y Zabulón? Sí. Pero esta fue nna
¡líenlo miramos apenas les .apuntaba la barba, y gemianía de que Dios nos guarde. E llos solos
y la damisela sobre qne fue toda la desventura fueron liermanos en armas de'maldad. A los
apenas tenía edad de que. en ella pusiese, nadie otros habla Jacob sn padre á cada uno de por
sus ojos, porque ella casi 110 los había abierto. sí; á éstos de consuno. Porque hechos en cua­
Dina y ..losé'parece que nacieron en un mismo drilla. y para mal mancomunados, r u m iniqvi-
ano, que fue el decimocuarto de la peregrina­ tatis hellardiu, instrumentos de maldad y de
ción de Jacob. Y lnego trató de volverse ¡i su pelea. Yuso en ia Escritura se aplica á diver­
tierra, sino que importunado del suegro se sas cosas, y comúnmente ¡significa instrumen­
quedó otros seis años, con qne se cumplieron to. l'íVíír P to lm i: instrumentos músicos.'Varía
veinte, que él dijo haber ú Labán servido cator­ moriin: las saetas qne dan muerte. Aquí, rasa
ce por las hiias y seis por los "aliados. Comen­ bel lien lia: instrumentos con que se hace gue­
záronle a nacer lujos á Jacob el o c t a v o año de rra. Descubre, pues, Jacob una celada. Como
mi servicio, porque e.l sétimo le dieron á. Lia si dijera: ¿Vételas en hábito pacífico dü au tori­
|"ir Raquel con gran engaño. De modo, míe dad y santidad? Pues el ánimo no es sino de
saliendo en el nño vigésimo, el mayor ele sns guerra, Son sus rostros marchitos y palabras
liijos no podía tener más de doce años, y el compuestas vainas doradas que encubren es­
menor, que íue entonces .Tose, era de seis años, padas agudísimas y talantes. Como bordones
V de poco más Dina su hermana (postrer parto de romeros que parezcan báculos y son espadas.
di! L ía ), F u ol camino, pues, que volvía de ] lause ligad') unos y oíros para hacer una hoja
Kesopotnmia les sucedió este caso, á lo qne pa­ cortadora. Como el hierro y el acero convienen
rece. Y asi siendo aquellos dos segundo y ter­ cu la forja- de la espada, para mayor destruc­
cero, pudo sei' Simeón, cuando salieron, de ción de las vidas: que el hierro pone la forta­
linee años, y L cvi de diez. Mirad por vuestras leza y el acero la agudeza y los tilos: el hierro
lujas aunque sean niñas; y 110 las consintáis 1¡- por su gi'üseza no puede también cortar: al
l.n'i'l.ades desde sus tiernos años, que á gentes acero fáltale fortaleza contra la resistencia que
cnerdas lie oído decir q u e lo que con el capillo puede hacer el ob|eto que quisiere herir. Jim -
entra no sale sino con la mortaja. Pero vol­ tsnse el hierro y el acero y prestanse sns pro­
viendo á lo que decíamos, fue hecho nunca vis­ piedades, V de la í t irla' .-ski dei hierro y agude­
to dos solos mozuelos usar tal traición y aco­ za del acero liáccse una espada penetrante. Tal
meterla y salir eon ella. San Ambrosio (á irte la junta de éstos. L os pontífices como hie­
quien yo ahora sigo) dice que esta maldición no rro pusieron la fortaleza de la autoridad, los
1no tanto por este hecho, cuanto purque estos fariseos pusieron el acero lucido y agudo, que
tíos hermanos fueron los más culpados en la hace presa en los ojos y corazones de la apa­
traición que á José se hizo. Porque cuatro rente santidad, y han templado una espada
eran los principales hijos de L ía, y destos los aguda y cortadora. Como cipo Jeremías: Om­
dos, que fueron Rubén y Judas, hicieron su ni < isti principes decUno.ntea, ambulantes fr a u -
peder por librar á su hermano, como de la E s ­ duh.vttr; oc¡? ít jf-rrum, ut¡ire;*i corrupfi sunt.
critura consta: y así toda la carua es sobre ((Torios estos príncipes son apóstatas, qne se
estos dos hermanos, á quien siguieron los otros apartando Dios y de su culto», L os Setenta
menores. Ayuda á esta inteligencia la trasla­ trasladan: Son desobedientes. E l Parafraste
ción de los Setenta, porque donde nuestra letra Caldeo: Deu» principe? eorum rtbeUat, ambu­
dice: Quia in furaré suo occida'Uíit rirum e f in lante* indfílo: ai <pt¡ tniscet u:s cum ferro . U n i-
rnhmtate sua sujjbderuul nturuin. leen ellos en rerxi corruptores sunt, Teodereto: Congregati
lugar de sufjo-.ierurd murtón: siilnervarerunl suvt ut as et i'errum. Todos son rebeldes, que
tnurum, reí harem. Jarretaron al toro. Xom- tratan de alzarse contra su rey legítimo; andan
Ir.’c es el qne le dio Moisés á José en su bendi­ con falsía y debajo de honestas ropas de celo
ción, llamándole primogénito del toro, por la palian sus dañadas y perversas intenciones. Y
excelencia de sn dignidad y potestad, cuando para hacer más efecto, júntanse como acero y
niño, en sueños revelada, y cuando hombre cu hierro. E so es juntar concilio, pontifico* Y fa­
Egipto adquirida. E ste sentido declara, el Xnr- riseos. Y por eso dice luego: In com ilium
gun jerosoliniitano: E t in rol uníate sita rendi- eorum non retí/'ai anima mea (Cíen., 4 0 ). «.Eu
ih-runt JttstefiJi qui a tsim iln i’ig c,°t bovi. De Levi su consejo 110 vengo.», 110 voto eon ellos, saco
vinieron todos los sacerdotes y pontífices. Y mi decreto de su consulta, N o vea yo mi gloria
352 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
en su ayuntamiento; guarde Dios mi vida y mi menester muros. De Cristo profetizó Isaías:
honra de su conjuración, qne yo desde aquí Urbe fortitu d in is noxtra' S io n , sahator pone-
protesto ser sin mi consentimiento sus moni­ tur in ea murus et antemurale: «La ciudad de
podios. Quia in Juraré suo oeciderunt rirvin Sióu es fortísima, inexpugnable para nuestra
(Ibid.). Y a estas palabras señalan más precisa­ defensa». ¿Quién la fortificó? E l Salvador es
mente la figura; porque s! de Siehen sólo ha­ su fortaleza, su muro y cerca, sus traveses y
blara, muchos varones murieron, pues pasaron baluartes que la defienden. Y faltando esta
todos sin quedar uno ni más á. filo de espada. cerca, las demás son más Frágiles que de vidrio;
Dicen qne es la figura Tapinosis, en que se porque si el Señor uo guardare Ja ciudad, en
dice poco y significa mucho. Como aquello: vano se desvela el que la guarda. Luego éstos
que mataron á Cristo, desmantelaron á Jern-
U ternm que (innato m ilite cvmplenx. salem y derribaron el muro. Ellos son los que
( V i r g i l i o ). destruyen la patria, y queman el templo, y dan
por tierra con su república, y le ponen fuego.
Y está claro que fueron muchos los -armados L as malas consultas son las causas totales y
que en el paladión entraron. Y en la E scritu­ eficaces de todos los daños públicos. M aledtc-
ra: Venit ame ca gravisshna, Quiere decir: Pesa­ ius fu ro r eorum quia pertina.v, et indignatio
dísima muchedumbre de moscas. N o pára en eorum quia dura. Maldito sea su furor pertinaz
eso, ni lo niego, sino afirmo que se dijo con y su enojo tan duro con que quisieron más á
aquella figura para que entendiésemos lo figu­ Barrabás que á Cristo, y forzaron á Pilatos
rado. E n su rabia mataron al varón: á aquel que le crucificase. Dii'irfam ¿os in Jacob et dis-
de. quien se dijo: Fcemina circumdabit i'irum pergam eos in Isra el. E ste es el fruto que co­
(Jcre., 8 1 ), porque lo fue, hombre de razón, gieron de su mal consejo. Dividirlos he en
desde que en el vientre de su madre fue conce­ Jacob, y derramarlos he en Israel. ¿Cómo los
bido. Por su antojo decervigaron al toro, de dividió el que entonces moría, sino profetizan­
quien se dijo: 7 'uuri mei el a ltilia ■ mea occisa do lo que después Dios había de hacer? Como
•sunt. L o uno y lo otro es Cristo. Toro, por la se dijo á Isaías que cegase al pueblo con quien
fortaleza; ave, por la suavidad. E s becerro hablaba y le ensordeciese, porque mostró estas
pingüísimo, que mataron para hacer fiesta y dos faltas, así dijo Jacob que dividiría y des­
recibir en su gracia el padre al hijo pródigo. perdiciaría: porque señaló la perdición y des­
Buey, que lleva la carga de nuestras culpas, perdicio. Bien es verdad que estas dos tribus no
que fue sacrificado fuera de las puertas de Je- tuvieron heredad señalada en la tierra de pro­
rusalem por nuestros pecados. .Buey que por misión; porque los de Leví, en todas las demás
haber traído el yugo treinta y tres años nos lo tribus tuvieron pueblos de repartimiento, y no
dejó tan suave, que nos convida á el diciendo: campos ni heredades; los de Simeón alcanza­
.Jugum meum mmre est et onus meum leve. A ron un pequeño término dentro dei de Jm lásu
este toro desenervarou. Y con eso, m jfoderunt hermano; de donde, como adelante no cupie­
muritm: «Derrocaron el muro». Si preguntáis: sen, se salieron á buscar lugar en el desierto.
¿Quién destruyó á Jerusalem, y le batió la Pero asi los unos como los otros fueron espar­
muralla tan fuerte como tenía, allanó la bate­ cidos y desperdiciados, en señal del desperdicio
ría para que entrasen los romanos á quemar la de los judíos todos por el mundo universo.
tierra y á no dejar piedra en ella sobre pie­ Como profetizó David, hablando en persona de
dra? Dirá alguno: ¿Quién? Vespasiano, Tito. Cristo: D e m ustendit. mihi super inimicos meo*,
E s burla. ífo la derrocó sino la consulta destos "te occidas eos nequando abliriscantur popiüi
descendientes de Simeón y L eví. Agesilao, rey mei. «Dios me mostró el castigo ejemplar que
de los lacedemonios, preguntado por qué la había de hacer en mis enemigos: y conformán­
ciudad de Esparta no tenía muros, respondió dome con el decreto de su justicia, le dice:
mostrando sus soldados armados: E stos son Señor, no los matéis todos en la destruicción de
los muros de los lacedemonios. Y otra vez: A Jerusalem, no los acabéis, reservadlos para más
las ciudades, dice, no hacen fuertes las eerces larga miseria y muerte prolijas. Disperge ¿¡lo--
de piedras y maderos, sino las virtudes de sus in virtute tua et depone eos, prolector meus D o ­
moradores, lie.r sapiens stabiiimeritum p o p iü i mine (Salm o 5 8 ). Sea ésta la pena; derribarlos
est (Sap., 6). Y así á los emperadores quo de su alteza, deponerlos del reino y del sacer­
triunfaban, derribaban parte del muro, como docio, y derramarlos por todo el mundo: para
refiere Suetonio eu la vida de Nerón, que en que den testimonio de su culpa á los que vi­
Ñapóles le, derribaron un lienzo de la mura­ nieren basta el día del juicio, y los pueblos
lla, por donde entró cuando venía do Grecia cristianos á. iuí sujetos no se puedan olvidar de
triunfando. Protestaban con esto que la ciu­ aquel atroz hecho, ni de la severidad con que
dad que tenía tan valerosos capitanes no había fue castigado.
P. FR. A L O N S O DE C A B R E R A 353
CONSIDERACIÓN SEGUNDA hacen ponzoña. Imposible es de huevos de palo­
ma sacar milanos; no puede el caballo engen­
Comencemos ya á considerar las culpas de drar hombre, ni hombre al caballo. Porque ese
esta mala consulta. Vámonos en pos de los es orden de naturaleza, que cada cual engen­
que entran en este capitulo, y estemos atentos dre su semejante. Pero el orden que naturaleza
á sus dichos; y hallaremos que de parte de los guarda,pervierte la malicia. ¿Quién tal pensara,
capitulares hay ignorancia, malicia, envidia, que de tan buenos huevos se sacaran tan malos
temor mundano. ínteres propio, que son cinco pollos? ¿ Y que de tan soberanos milagros su
pestilencias en los que dan consejo. De parte engendrara tan rabioso aborrecimiento ? D e
de la cabeza desta congregación hay singulari­ ciertos pecadores dice Is a ía s : Ora aspiditm
dad, astucia, ¡simoníaca religión, y por consi­ ruperunt ei lelas aracnw texuerunt. Q ui come-
guiente falsa y Ikma de hipocresía, desprecio de derit de ovia eorum morieíur, et quod conjotum
todos, impiedad sacrilega, encubierta eou falsas est erumpet ia regultim ( 59). irEl que comiere
apariencias de celo del bien público. Son otras de estos huevos, morirá sin duda: y del huevo
tantas pestes como las dichas, y más pernicio­ que se empollare saldrá un basilisco». N o me
sas que ellas. Veamos cada cosa de estas, y de espanta eso,que de males saquen males losliom-
tolas .entendamos que no es posible sino pere­ bres y que de males pequeños se causen males
cer la república, cualquiera que sea, donde tales enormes, que eso es del huevo del áspide nacer
cosas ó semejantes se hallan. (lu id fucim uv? el basilisco. ¿Pero que de buenos huevos, de
Vez es de ignorantes, y no puede hacerse cosa buenas obras, saquen tan ponzoñoso basilisco?
buena donde confiesan los mismos consultores ¿Que de resucitar á Lázaro salga resolución tan
que 110 hacen ínula, que no saben qué lineen ni cruel coruo matar al autor de la vida? E s el
qué bagan, N o puede sin lástima considerarse cabo, el extremo de malicia. íE s te hombre hace
la desdicha de una república puesta en manos muchas señales». P or muchas que confesáis ser,
de ignorantes: que siendo ellos los que habían acusáis vuestra dureza en muchas maneras.
de saber cómo guiar á los otros, no saben qué Cuánto menos y cuán menores fueron las de
es su obligación, ni ¡as de su cargo. Si la luz Moisés delante de Faraón, y nunca acabáis de
smi tinieblas, ¿qné serán las tinieblas? Veamos encarecer aquella dureza del corazón empeder­
cumplido en nuestros tiempos lo que de los ma- nido que tuvo, pues ni se domó con ellas ni se
grs de Faraón se dijo: l i l i enim qui prom iite- ablandó siquiera. «Muchas señales hace». Si no
bmif iimoren et p ert’irhal iones empellerá se ab las hiciera, tuviérades alguna escu sa ; pero así
nrtttmt. Itnii/iicnte. hi cum derisu p le n i timare ninguna podéis alegar del pecado de vuestra
hniijiiebant. «. IjOS que prometían quitar los mie­ incredulidad. ¡Cómo.' ¿No os acordáis que le
dos y turbación á los medrosos, estaban con dijístes algún día: l ralúnate a te sicjnum vide -
gran mengua suya muertos de miedo». 1: aun re? Ahora declaráis que no lo deseábades, siuo
hay otra mayor lástima en nuestro siglo, que para descreer, ¿Qué haremos con gente que así
estos consultantes aun preguntaban; (¿u id fiici- importuna con señales, como si hubiese de creer
«i#*/ Otros ni aun eso preguntan, porque sus por ellas, y dadas, de ellas mismas toma oca­
tinieblas son tau horribles, que ni aun para ver sión para sus infidelidades?
que no veen les dan licencia. Que es cincuenta
hombres juntos en una consulta, y saber que los
C0KSIDE1UCÍÓN TERCERA
cuarenta de ellos no saben más lo que se hacen
que si nunca tuvieran vista, en pos cada cual S i dimittimus ewmsic, omines crecíent- in eum.
no más que de su cómodo propio y reglándolo E sta es la envidia, pesarles del bien ajeno, no
todo por este norte. Sólo aquél (dice llcsiodo) más que por serlo. Habíase conforme á razón
us sabio que por si alcanza lo que se debe hacer, de consultar sobre este punto: si era bien que
y el modo, y pesadas las razones, conoce lo que en él creyesen ó no, ó si les paraba á las almas
es nie|or. E n segundo lugar, aquél os sabio ó cuerpos perjuicio tomar sn consejo. Habían
que lo que por si ignora lo pregunta á qnicit de hacer conferencia de las predicaciones del
sabe, y sigue su parecer. P ero el que ni sabe, Señor, de sns avisos y amonestaciones, y psa-
ni pregunta, ni obedece al sabio, es el peor hom­ minar si les estalla mal guardarlas á quien las
bre que pnede ser, lfie homo multa signa facit. creía; cotejar lavida delosquc en él creían cou lá
Esta voz es de malicia, cuyo oficio es sacar mal de los incrédulos, y acordarse que ellos mismos
de lo bueno. A s í como la bondad divina mues­ no habían hallado qué reprehender en la vida
tra la copia de su riquezas en sacar bienes gran­ de sus discípulos, sino una cosa de tan poca im­
des de grandes males, asi la malicia diabólica portancia como era 110 se lavarlas manos cuan­
muestra su veneno en sacar males grandes de do comían. Miraran á lns de sus prosélitos y
grandes bienes. L as abejas de todas las yerbas hallaran los hijos del infierno al doble que sus
se aprovechan para su obra; las arañas de todo maestros. Pero la envidia á los ánimos que
P hkiuu, i>é los siglos X V I * X V ]h - 23
854 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
oc;;pa con su luí rao así los ciega, que no les deja CONSIDERACIÓN C OA R TA
libertad para las buenas deliberaciones. ¿Poi­
qué le ha de pesar á nadie del bien ajeno cuan­ Venient romrvni et tollent locum nostrvm et
do es sin perjuicio del común ni del propio? gentem. De aquellas cosas se ha de consultar
¿Qué perdéis vos de aquél que sea estimado re­ quo están en nuestra facultad y caen debajo de
putado, medro, Juzga? Yecl cómo se hace eso, nuestro libre albedrío. I\To se ha de consultar si
y si por malos medios, trátese del remedio; si lloverá ó no el abril ó mayo: ni si hará vien­
por buenos, ó los imitad ó no os pese ni os tos de norte ó vendaval, sino de qué modo nos
pongáis delante y los estorbéis. Qué bien dijo concertaremos que, ahora corran estos vientos,
un doctor (Alanus), de la envidia: ¿Qué mons­ ahora aquéllos, ahora llueva, ahora no Hueva,
truo hay más monstruoso Que la envidia? ¿O nosotros 110 padezcamos detrimento, ó á lo me­
qué daño más dañino? ¿Qué culpa más culpa­ nos poco. E s importuna cautela de algunos, que
ble? ¿Qué pena más penosa? E ste es un abis­ temen lo que otros pueden hacer. Y o me tengo
mo de ciego error, infierno del alma, estimulo de reglar por el camino que la razón y ley me
de contienda, aguijón de corrupción. ¿Qué son manda, vengan ó no vengan los romanos, qne
los movimientos de la envidia, sino enemigos teniendo yo á Dios de mi parte, confiadamente
dei humano reposo, sayones, cuadrilleros de diré:/)onií«iís mihi adjutoret ego despicinm m í­
]<i tentación mundana, veladores ''nemigos del micos meos. E sto sí era lo que habían de con­
ánimo trabajador, atalayas déla felicidad ajena? sultar: si tenían propicio á Dios, pnes sabían
¿Qué mal está al escribe y fariseo que sea Cris­ el consejo de guerra que HoloFerncs hizo con­
to creído, pues él manda á quien le cree que lo tra Judea, y lo que A chior dijo en ella, refi­
que el Fariseo desde la cátedra de Moisés ense­ riendo cómo aquel pueblo había sido invencible
ñare, uo contra ella, se guarde y cumpla? ¿E s­ mientras guardó la ley do Dios; y así que se mi­
taos mal esto?— ÜSTo. — Luego no os está mal qne rase si por algún pecado estaban en desgracia
le crean. Venient- román:. E ste es temor munda­ suya, porque 110 había que dudar de la victoria.
no, fundado no más que en amor propio: T o lh n t Pero si 110 tienen á su Dios ofendido, 110 po­
locum nosirum et gentem. E l temor vano y mun­ dremos nada contra ellos; porque su Dios los
dano, malo es, sin duda, fundado en humanos defenderá, y quedaremos afrentados en los ojos
respetos, y dél está dicho: Quitim ethom inem eito del mundo. Guardad vosotros la ley de Dios, y
comed. E i que teme á los hombros más que á no se os dé un clavo que vengan los romanía,
D¡os, y por elios desdice de la rectitud, presto ni los griegos, ni latinos. Ip se enim di.rít: non
caerá en gravísimos peligros de cuerpo y ele áni­ te descrean •ñeque dcrelinqumrt; ita ut confiden­
ma. E l Hebreo dice: Ttmor lom inis dnbit lo - te:!' dicamus: Dominus mihi adjutor, n 011 U’vtrfa
quema vel ofj&ndiculum: « E l temor del hombre qi'.idfaciet mihi homo (Hebr., ] 3 ). Primero fue­
da la soga para ahorcarse». E s tropezón para dar ron adorados los dioses de Babilonia que los
de ojos. ¡Qué de piei-tidos hacen los hombres por babilonios pudiesen empecer á Judea. Y ojalá
evitar daños temporales! Y permite Dios que no hiciera Judas Macaiieo 0011 los romanos
por ahí caígan más presto ellos, y de ahí, si no alianza, que luego lo pagó con la vida. L a regia
se enmiendan, en Jos eternos. E s lo que se dice es: -Yu/Zcí •nocchit adversitas, si nu lla tlowinc­
en el libro de Job: Fxtgiei arma ferrea el irruet luí' iniquitas. Conforme á aquello, priusqunnt
in arcum Lvmum: «Huirá las armas de hierro, y itumiliarer ego deliqui (Salmo 1 18 ). Abajaisiü
caerá en el arco de bronce». San Gregorio: « E l entrando por alguna puerta desque ya habéis
hierro gástase con el orín y ei moho, y no es tan topetado. Si primero os abajárades, 110 fuérades
durable como el bronce, y así significa ó los tra­ descalabrado. Pero de la venida de los roma­
bajos menores respecto de los mayores ó los nos ¿qué temen? T ollent locum nosfrum et g tli­
daños temporales en contraposición de los eter­ tan. E ste es el amor propio, de donde nació ri
nos». Feir-um pertransit animam ejus (P rover­ temor mundano; no del daño público, sino dr­
bios, 2Ü1). D ijo la Escritura de José: Vendido ía pérdida del interés propio. Si Aarón 110 hi­
por esclavo, infamado, encarcelado, que es todo ciera el becerro, llanamente perdiera el sacerdo­
el mal que el mundo lo pudo hacer. Pues el qua cio. Pues no se pierda la dignidad sacerdotal, y
por temor de algunos de estos males no hace el sea de uu becerro sacerdote. Fue extraño caso
deber, caerá en otros mayores. In c id it in S c y l- el de Aarón. V isto que no había podido sose­
lam , c-upiens vitaré Charibdim , Y si se escapare gar aquel motín do la comunidad sediciosa y
de ellos en esta vida, incurrirá á los de la otra, ciega que por la tardanza do Moisés le pedía
que. son más terribles y perdurables. E l cuchi­ dioses que los gobernasen con pedirles los zar­
llo véese cuándo hiere; ol arco, no, lnista qne ha cillos y arracadas de oro que traían sus muje­
herido. Por eso temen los hombres los daños res y hijas para fundir el becerro; viéndole ya
presentes, y de los futuros no se recatan hasta fabricado, y que el pueblo idólatra le apellidaba
que con eterna muerte sean punidos. j Dios, y le atribuía su libertad del cautiverio
P. FE. ALON SO DE C AB R E R A 355
do E gipto: Quod cum m düset A aron , (ndijicavii lugares y súbditos. Si así fuese, ¿qué tanto per­
altare eoram en: et pravonis vuce c la m w it d i- dería á vuestro parecer la república? ¿Qué pier­
cens'- eras solemniías Dom ini est. «Edificó nn de el pueblo á vosotros sujeto librado de vues­
altar delante el becerro, y mandó apercibir al tras uñas? Si los romanos los conservan en paz,
pueblo para el sacrificio, haciendo publicar por hacen justicia, guardan sus leyes y fueros, ¿ve­
toilos los reales á voz de pregonero: Mañana es rán menos que suelen vuestras codicias desor­
la fiesta dol soberano y supremo Dios». ¿Quien denadas, tratan eon más cuidado que el que vos­
pudiera creer tal del sumo sacerdote Aarón, del otros ponéis que el pueblo guarde las ceremo­
que Dios había escogido por compañero de M oi­ nias y estatutos qne les dio Moisés, qué pier­
sés, para sacar al pueblo de Egipto? ¿ Del que de el pueblo por que vengan los romanos? Quien
había, sido testigo y aun ayudante de las gran­ no mira más que á su interés, teme la venida de
des maravillas hasta allí por Dios obradas? ¿Del los romanos. E sto cuanto toca á los concillan­
que tan cierto y enterado estaba que sólo el tes ó partes de la consulta. Lo demás es po­
Dios de Israel es el verdadero Dins, y los dio­ nernos delante los ojos un príncipe ó goberna­
ses de las gentes son demonios, y aquel ídolo dor ó cualquier;'- otro que tenga oficio de cabeza
obra de las manos de los hombres.1 ¿Qué m al­ y 110 puede hacer cosa sin consentimiento de
dad es esta? ¿Qué diablura? E s el amor propio otros, ó 110 quiere á los menos parecer en lo que
que edifica la ciudad de Babilonia, que se re­ hace, sino que lo hace con consejo ó pareceres
mata en desprecio de Dios. Ambición sacrilega de quien puede darlos, por dar más autoridad á
de no perder el primado le obliga á hacer el al­ lo que pretende. Pero en hecho de verdad, él no
tar antes qtie le nieguen ni importunen, sino ¡unta c o n s e j o por tomar consejo, sino porque
en viendo el becerro, íue el primero que concu­ aprueben el suyo. Y así no va con la indiferen­
rrió ú la idolatría, Y aunque, como advierte el cia quo ha de ir quien toma consejo, sino con la
cardenal Cayetano, fue su locura y blasfemia porfía que el que quiere, se atenga al suyo. Jer-
más culpable sin comparación que la del vulga- jes, rey potentísimo, para la expedición memo­
z<\ porque ellos no atribuyeron al ídolo sino rable que hizo contra Grecia ¡untó á consejo
ios nombres comunes: Elnhim, Elohe, que in­ todos los príncipes de la Asia, y dijoles: Por no
diferentemente se. dicen del verdadero Dios y parecer que por mi solo consejo tomo esta em­
de los falsos; mas Aarón le atribnvó el nom­ presa. os he llamado aquí. (Jtrterui» memento te,
bre incomunicable y inefable: Tetragammaton , m ihi jia ren d u m tnagií quam stíadenrfítm (Eras-
diciendo: Festum J chora e ra s , protestándole mo, lib. Y ) . Palabra dos veces tirana. U sar de
por suu.m y verdadero Dios, fuente de todn el la consulta de los grandes por ficción y menti­
ser y de todos los bienes, y esto sin que nadie roso cumplimiento, Y emprender una jornada
lo'solieiíase. Y lo que peor es; eon pregón p ú ­ tan grande y tan peligrosa por su antojo y gus­
blico, y tan de prisa que un viendo el ídolo, edi­ to, y no por acuerdo. A s í pasa en este consejo.
fica el altar y hecha la liesta para otro dia, qne
fue el plazo más breve que se pudo tomar. A CONSIDERACIÓN Q DIKTA
semejantes cegueras trae la ambición del prin­
cipado. ST quiso Dios se escribiese, como en el Un un aunt ex eis, Cai/ph.as nomine, cum esset
nuevo testamento la negación de San Pedro, P o n tije x anni iUi-us, d ixit eis. E sta es la sin­
qae también fue grave culpa, aunque mucho gularidad, hija primogénita de la soberbia,
menor que la de A a roa, pura la recomendación aquella singular fiera qne destroza la viña.
de la bondad y gracia divina, que después de tal Aquellos quieren hacer estancos ó cotos de las
delito escogió á Aarón para el Sumo Pontifi­ cosas, y quedarse con ellas. Señor, sed letrado
cado. Allana infinitos barrancos que la ramón cuanto vos immdárades, experimentado, de pro­
pune el amor propio, ¿qué va en eso? ¿qué im­ fundo juicio, de entendimiento elevado hasta el
porta que eso se dejo ó se haga? Yo me tengo de elemento del fuego, y más arriba: pero no atéis
conservar en mi dignidad, y sea como quiera. las manos á Dios, ni llagáis tal injuria á su
No se puede vivir sin mandar, porque no es vida­ bondad y á su omnipotencia, que se os figure
la del que es mandado, según son tiranos los que en haciéndoos k vos, quebró la estampa 6
que mandan. Hase, pues, de mandar en todo molde, para que no saliese otro de sus manos
caso, en todas maneras, como quiera que sea. tan acabado. Sed vos hidalgo más que el Cid,
Nu querrán ser mi súbditos sino idólatras. M e­ pero dejad que haya otros liidalgos. Sed vos
nos inconveniente es tenerlos tales, que care­ señora, pero no sola. Que no basta paciencia
cer de todos, quo ser súbdito, quo no tener ofi­ para sufrir cpie haya estancos ni aun en los
cio. A tau miserables y desventurados barran­ naipes y solimán, cuanto más en el ingenio, en
cos como estos conduce arrastrando el ambición la nobleza, cu la prudencia y semejantes cosas.
a los ánimos sobre quien toma dominio. V er- E r g o i'Ots estis s o lí hom im s et robiscum morietur
náu, dicen, los romanos, y quitarnos han los sapienüa? (Job, 12 ). A u n Job, con ser tan
356 PR ED ICAD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
humilde, no puede sufrir semejante desvaneci­ leña se apaga el t'uego, y quitando los chismeros
miento de sus amigos. ¿Luego vosotros solos sesosiegan las riñas».Esos odios intestinos, esas
sois hombres, y cou vosotros se morirá la sabi­ discordias civiles, que como fuego abrasan las
duría? ¿Vosotros solos sois el archivo, el depó­ repúblicas y comunidades, no hay leña con que
sito del saber, de la discreción, de la rozón? más se ceben que cou dichos de malsines y re­
Muertos vosotros ¿no ha de quedar sabiduría e n voltosos, que revelan ios secretos y toman los
el mundo? E t mihi est cor sicut et vobis. Andá, dichos en la peor parte; exageran lo poco, y aun
que también yo tengo entendimiento como vos­ ponen de su casa mucho. A estos da lugar el
otros, y alcanzo lo que sabéis, y millares otros príncipe oledor.
por ahí. Quis enim }ia‘c quee nostis ignórate
¿Quién ignora esas cosas quo sabéis? ¿Qué C O N S i DEC, A C I Ó N SEXTA
secretos tan escondidos ? ¿ Qué primores tan
delicados para que. se nos vayan por alto, sino Cum esset P o n tife x anni ¿llivx. A qní juntas
cosas tan rateras y comunes que el más ratero hallamos la simonía, la religión falsa, la ambi­
tropieza luego e n ellas? ¡ Qne lindo v e j a m e n ción, la codicia endiablada; pues habia llegado
para la soberbia de este uno, que á sí solo tiene á profanar la santidad del otieio, debido á mé­
por hombre sabio y á todos los otros por bru­ ritos, 110 ú dineros. L a impiedad disfrazada cotí
tos! Cayphm nomine. Otro pecado. Dicen que hábito de religión mayores males hace que la
Caitas quiere decir sagaz ó investigador. P ru ­ injusticia por justicia estimada, aunque á, es:a
dente deseamos al presidente, no astuto; vig i­ llamó Platón ruina y destrucción de todo el
lante y despierto, no malicioso ni caviloso. Tan bien público. Nunca se compra sino para ganar
irregulares eran para el sacerdocio, según la ley, en la compra, ó siquiera para ahorrar el costo.
los narigudos como los desnarigados. No cum ­ Quien compra oficio seglar óeclesiástico, vender
ple que el gobernador, ó como quiera que sea tiene, y con él ha de valer el presente, los do­
presidente, sea muy esculcado!', muy desquisi- nes, los cohechos, ventas y compras sacrilegas
dor de cosas. E se más oficio es de adalid y de más que los méritos, justicia ni santidad; p u l ­
corredor de campo que de capitán y maestre de que en sus ojos nada vale más que el dinero.
campo. L o s muy oledores 110 pueden sino andar Miserable condición la de aquel pueblo, que ei
inquietos, y estándolo ellos, toda la consulta Jo sumo pontificado, oficio sagrado' y perpetuo, le
ha de estar por fuerza. Allende de que los tales había hecho anual y vendible, como dice Joseií-;
crían chismeros eu la república, que es linaje señal que estaban ya para dar aquella caída ,
ríe gente perjndicialísimo, y que siempre hacen de que 110 se han levantado tantos siglos l:a.
daño, asi á los que sirve con este acarreto como Rogad al Señor que en lo seglar y eclesiástico
á los que revuelve con el mismo; porque son os dé príncipes, no anuales, sino eternos, que
tenidos por amigos y por celadores del bien tengan por fin comodidades que 110 se han <ie
común, y. no lo son sino de sus bolsas. Quien acabar, y que ni con palabras ni hechos digan:
tuviere 'ilguna noticia de las Jiistorins romanas, F ia t tan tina p a x in diebus -mei*, sino que ten­
muchos ejemplos terná de los grandes daños gan puestos los ojos en bienes sempiternos. V
qne hicieron los que ellos llamaban delatores, si les da gusto el mandar, así manden que p a r a
nosotros revoltosos ó chismeros, el vulgo soplo­ siempre Ies dure el mando. S i ergo tlelectami-
nes, Véase A lejandro ab A le ja n d r o . Las gran­ ni. «edibtts et sceptn s, rege? p o p itii , diligilc *■/-
des crueldades que hizo Tiberio César por dar pientiam ut in perjietmnn regnetis. Este nues­
oídos á delatores; la inquietud y revuelta que tro Pontífice de aquel año, oídos sus pareceres
había en el pueblo, no viviendo nadie seguro. les dijo: 1 os r , e s t ( ¡ v i c q u a m nec uoyilitfi*.
L o mismo en tiempo de Dotniciano, aunque Palabras que significan bien el desprecio y poco
éste antes de malearse aborreció mucho á los o ningún caso que hacia de sus capitulantes.
delatores, y decía: P rin cep s qui delatores non Y a decíamos que no pretendía Caifas en esia
coMigat , irritat. A s í lo hicieron Tito y Vespa- junta arbitrios de la causa, sino escultores de
siano, inimicísimos de malsines, qué los man­ su malicia. Debieron ser varios los decretos quo
daban azotar. Y Pío Antoníno, que si 110 p ro­ allí dieron contra Cristo. ¿Qné podían votar ios
baban lo que decían, los condenaba á muerte, malvados contra la bondad, ios injustos contra
y si probaban, hacíales pagar la parte que Jes la justicia, los maliciosos contra ia inocencia,
tocaba por la denunciación, y quedaban infa­ loa perversos contra la santidad, los falsos y hi­
mes. Pero mejor que todos el Profeta Roy, que pócritas contra la simplicidad, Jos ambiciosos y
dicede si: Detrahente secreto próxima sun luirte soberbios contra Ja humildad}’ maestro de ella:
persequebar. Y su hijo Salomón nos avisa de la Lo qne dijeran los tigres de las ovejas, los lobos
importancia de este castigo: Cum defecerint lig­ de los corderos. Consultarlos, dirían unos qne
ua , extinguetur igras et sm urrone substráete se le pusiese perpetuo silencio; otros, que le
ju rg ia conquksciint (Pror-, 2 0 ). «Faltando la declarasen por descomulgado y echasen de la
P. PH. ALON SO "DE C AB R E R A
Sinagoga; otros, qnu lo desterrasen de los tér­ qué leyes, eu qué ordenanzas ó pragmáticas
minos (le Judea; otros, que 1c condenasen á había leído; en qué experiencia, en qué uso
cárcel perpetua. Y finalmente, cada uno dijo aprobado; en qué ejemplo digno de imitación
lo qne el odio, ira, envidia-, enojo, le ponía en visto que hubiese caso en que al inocente se le
la boca. Cuando en medio de sentencias tan debiese quitar la vida por bien de la república.
inhumanas, de votos tan crueles y tan crudos, Lom os qne por alguna malicia se hubiera de
levantó su cabeza aquella venenosa hidra, y seguir de la vida cíe Cristo la destrucción, de
extendió sobre todas las otras de vicios, la de aquella gente, como él pretendía dar á enten­
soberbia y altivez, desprecia y humilla- cnanto der. ¿Qné razón permite, en qué seso cabe ha­
se habia dicho como cosa de ninguna impor­ cer tan gran traición como matarse por excu­
tancia , dicho de hombres no hombres sino sar ese daño? N o hallarás escrito, sino que jus­
menos que bestias. Vos nescitis quicquam nec tamente se condena las que dicen se han de
coffitatis, quia evpedit vobis ut unas moriatur hacer males de que se consigan bienes. N o ha­
homo pro populo et non tota t/ens pereat. Creo llarás, sino que la culpa de si es para ninguna
que Lucifer mismo se espantó y quedó como cosa buena, ni es posible que del pecado se siga
filara de si enjoyado cuando tul sentencia oyó. buen fruto, ni puede tan mal árbol llevar cosa
Porque no cayó ni aun en su pensamiento, buena, ni ser medio para bien ninguno. N o ha­
ni tal jamás salió por lengua humana. « V os­ llarás sino que la república con todas sns fuer­
otros 110 sabéis nada, ni aun pensáis». Si ni zas ha de defender la vida del inocente (qne
sabor les concedes ni pensamiento, ¿qné les ese es su oficio) y ponerse á mil peligros en
dejas uiás que á brutos? .Donosos son los con­ esta defensa, porque es amparadora de la ino­
sultores de este capítulo, pues, á inicio del cencia, que es como huérfana en esta vida, y
que preside, ni saben para votar ni piensan encomendada por su Padre Dios on manos de
para saber. ¡Que suerte tan desventurada ser la república, como en manos de tntora y cura­
súbdito de tal prelado, como Caifas era, y qué dora. Son hijos de Dios, tiernamente amados,
deshonrados han de vivir los que le son en. el los inocentes. Por ellos sustenta al mundo, por
ofii'io compañeros ¿ en ]a administración suje­ ellos se conserva la república. Son la buena
to?! Porque la soberbia, cuando se le junta co­ sangre que conserva la vida-, y los viciosos la
dicia, no puede, sufrir igualdad ni que nadie mala que es causa de muerte. P or sólo diez
empareje con ella. No tengo por cónsul, dijo justos perdonara Dios cinco ciudades enteras,
Antonio, á quien no me tiene por senador. Que si so hallaran. Y el mundo todo no se conser­
es decir: No tengo porcorregidor á quien no me va sino por los justos que en él se hallan, y
tiene por regidor. Porque corregidor 110 se dice ellos acabados se concluirá todo, según aque­
porque corrige, sino porque eon los demás rige. llo: Fac conelv&ionem quoniam térra p len a est
Debían éstos, si hombres fueran, no conocer ju d id o sanf/uinum, et civitas plen a iniquitate
por pontífice al arrendador de su oficio, que no (Eco., 7 ). Entonces se concluyen las causas,
los conocían por sacerdotes. Bien debia saber y mandan cerrar los procesos, cuando estuvie­
cou quién lo había quien asi los trataba. «V os­ re la tierra llena de maldades, y de obras dig­
otros 110 sabéis nada, 111 aun pensáis», Demás nas de ser á muerte condenadas, por la sangre
que á sn gran estima de saber 110 arribase nadie injustamente vertida. E l laurel tiene privile­
con su voto, la buena razón demandaba alabar gio que 110 cae sobre él rayo, y así algunos le
las intenciones, deseos, celos, y dar á entender plantan eu sus casas por asegurarse de la íuria
que su parecer 110 sería en contrario de los di­ del rayo. E l justo es laurel que siempre está
chos, á lo menos en la sustancia, ya qiie discre­ verde con justicia. L a república que en sí tu ­
pase en las palabras ó modo de ellas, estimando viere esta planta, no será herida con rayo, ni
los hombres y sns razones, siquiera con apa­ asolada. Y así dico Dios por Jeremías: Circuí-
riencia los trajera más suavemente á su volun­ te rias Jerusalem et aspici-ia et considérate et
tad, y dando algo se puede quitar mucho. Pero qwerite in pin téis ejus. an inveniatis virum j'a -
despreciando, abatiendo, nada se puede acabar cienlem fu.dic.ivm 6t. q-uxorentem jidem et p rop í-
sino cou bestias, y tales eran aquellos desven­ tius ero et. Por sólo nn bueno dice el Se­
turados que se hallaron en tal consol tn, pues ñor que usará de misericordia con toda la ciu­
así tratados se rinden á parecer tan inicuo como dad. Pero nada de esto mira la ambición ava­
fue el que dio Caifas. ra, codiciosa, llena de amor y estima propia, y
desprecio ajeno. Solamente desea á solas rei­
CONSIDERACION SÉPTIM A
nar, y que nadie se le oponga á sus desafora­
das codicias, ni ose decir mal de sus simonía-
Quia e.ipedit robis ut unus moriatur homo eos robos y sacrilegas rapiñas, so pena de que
pro populo et non tota qena pereat. Quisiera yo le, ha de costar la vida. Y aun 110 purgará con
preguntar á Caifas, si presente me hallara, en sólo morir, sino que ha de morir condenado
858 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLO S X V I Y X V I I
con pública aprobación, como dañoso al bien público, que ha de hacer á ojos vistas, y hace
común. ¡Tanto puede dañar á la inocencia la del plomo oro, del vidrio perlas, rubíes y esm e­
falsa religión, con ropas de piedad cubierta! raldas, Malo es que Absalón se rebele contra
su padre, pero ¿que aforre su ambición infer­
CONSIDERACIÓN OCTAVA
nal con tela de religión y devoción: Yada-m ei
reddam vota mea, e/me vovi Domino in Hehro'a ,
E x p e d it ut imv.s moriatur homo pro popu­ y diga que quiere ir á tener novenas en He-
lo, De todos los pecados rogad á Dios que os bron, porque las tiene prometidas desde que
defienda, cuando pedís et ne nos tnducas in ten- andaba í'oragido, si Dios le restituyere en la
tationem; pero de aquellos con más cuidado, gracia de su padre? ¿Que se santifique el alza­
que están aforrados con algunas buenas apa­ miento con sacrificio y oración, y cumplir loa
riencias, que son los que siu resistencia dañan. votos? Extrem o de impiedad y sin remedio.
Soléis á las ropas que son bcclias de telas del­ E x p e d it ut itnus moriatur hamo -pro populo et non
gadas echarles un aforro, y por delgada que la tota yens pereat. Poco le pareció la hipocresía
ropa sea, y delgado eso en que la aforráis, de condenar á muerte á Cristo con voz de toda la.
ambas cosas delgadas (como de raso y bocací) consulta, haciendo que sirviesen á su parecer y
se hace una recia y de dura. A s í suele el ene­ deseos los votos ajenos; si á más de eso 110 hi­
migo aforrar unos pecados con otras tosas que ciera que la razón y la religión y .Dios mismo
por sí no serían dificultosas de rasgar, y hacer canonizase sn dañado intento, santificase la
una tela que nunca se sabe romper. A s í á la malicia de sus entrañas. E xp etlit. Di lo que
gula la lia aforrado con honra, y 110 se sirven quieres, que lo deseas, que lo mandas. N o es
muchos platos para satisfacer á la golosina, eso nada. Ha de entender que lo manda la ra­
sino porque es autoridad del qne convida y del zón, y que va la vida en que así se haga, y qun
convidado que sea demasiado todo. Fácil seria Dios mismo es quien lo pone por ley y por
á un eclesiástico que come, viste, y, como di­ precepto; que de otra manera él 110 lo haría,
cen, yanta de lo que canta, darle á entender sino forzado de la acusación de su conciencia,
que come de balde, y lo que quita de la boca ¡E xtraña y espantable osadía do la codicia, ilc
de cuyo es, cuando no va á sus horas y está la soberbia, dn la- ambición, que quieren hacer
como debe en ellas. Pero desque eso se aforra, de sus pasiones reglas de gobierno, y santificar
con decir que es oficio de veinteneros eso y de así sus maldades: que les hayan los hombres
capellanes, y se pone la autoridad en no entrar como á cosa divina catar reverencia. Estos son
en el coro, y cuando se entra, ó estorba parlan­ aquellos profetas que engañan al pueblo de
do á los que rezarían, ó estar en él como la si­ Dios. Qui mordent derttibus sais el pnedicnut
lla enclavado en ella, sin abrir la boca, 110 que­ paeem: et siqam non dederit in ore eorum r¡ni¡i-
da cómo poder poner remedio. A l otro perdu­ p ia m , scmctificat super eum prwlium (Mié., ;•!).
lario, desalmado y desconcertado, no sería muy Si les dais algo delante, si les untáis la mano,
difícil darle á entender sn perdición, y ponién­ luego sois discreto, hombre de valor y de go­
dole delante otros que con menos hacienda tie­ bierno; luego sois santo y sabio. Pero si 110 les
nen descanso y sustentan honra para sí y para echáis en la boca que royan, luego es santa la
otros, los autorizan y ponen en honra dos lu­ guerra que contra vos se predica. Que uno me
gares, no más que por tener concierto; que en persiga mereciéndolo yo. y me quiera abatir y
lo demás, ni en linaje ni en hacienda les hacen cortar los vuelos porque no merezco tcnellns,
ventaja. Y que ellos andan hechos bergantes digno es que se 3o agradezca yo, si no soy des­
en todo, pobres, desaproados, tratados de si atinado. Item . Si no conociendo vos mal en
mismos y de sns desconciertos como no lo fue­ vos que merezca odio y persecución ajena, ex­
ran de moros ni de turcos si fueran sus escla­ perimentáis en vuestro honor y salud loque 110
vos, ni hubiera tirano que tan perra vida les merecéis, difícil es de sufrir; pero al fin, si te­
diera como ellos so la dan á sí propios de su néis paciencia, llevarlo liéis. Porque á esos lla­
misma libertad, y de la sombra de olla cauti­ ma San P ablo: P a tien tcs. S i beite futiente*,
vos y aherrojados. F ácil fuera ponerles delan­ p atim ter sustijietif:, hmc est gratia apud, Deum
te los ojos de su ceguera cosas tan claras; pero (I Pet.. 2) . Que sufren, 110 lo que merecen do
desque llevan su perdición por vía de locura, y trabajo, sino lo que no merecen. L o que se me
hacen donaire de ella, y como profesión de lo figura á mí que ha menester un nuevo hábito
qne les habia de ser afrenta, quedan sin reme­ de sufrimiento para, poderse tolerar es, no que
dio en daños tan desventurados como son los padezcáis lo quo 110 debéis, de quien con tirana
suyos. Tiempo nos faltaría, no ejemplos de esta ánimo os aflige, ó por vengarse de vos, sino
miseria. Pero entre todos, ninguno llega al qne piense él ó quiera hacer entender al mun­
daño que hace la envidia, la ira, el odio disfra­ do que en eso hace á D ios sacrificio aceptísimo
zado, aforrado con celo de religión y de bien y digno del cielo. Apercibidos estamos para
P. FE. A L O N SO DE C A B R E R A 859
tan recio asalto, como sabía ser ésto del Señor | para qne huyese. Cnando Saúl se resolvió defi­
que dijo que venda hora en que quien nos mu- nitivamente que muriese T)avid, Jonatás, su
tase juzgaría que hacía gran servicio ¡i Dios primogénito, se lo descubrió á David, por que
un ello. É sto es lo que en sí experimenta hoy se pusiese en salvo. Y cuando Absalón se alzó
Cristo y el fin y conclusión de las malas con­ contra él, Chusay le sirvió de espía y lo avi­
sultas; porque todas ellas se rematan en quitar saba de todo lo que pasaba. A Cristo, pues,
¡a villa á Cristo en sí ó cu los suyos por lo ¿quien le descubrirá esta sentencia contra él
menos. Y porque no hay lugar de tratar de las pronunciada? N o lo ha menester, porque sn
buenas, lio pasemos sin considerar lo que San propio padre fue el que leyó la, sentencia. T u
Juan nos manda que entendamos. autem demonstrasti mihi studia eorum. «Vos,
Señor, me descubristes este mal concilio, y por
C O N S I DE R A C I ÓN NOVKNW.
manifestarle vos, le entendí y supe sus cuida­
dos, y lo que contra mi trataron los lobos ham­
Hoc autem a semetipso non d ixit; sed c u m brientos». E t et/o t/uasi aynus monsuetus, qui
esset P o n tife x anni illiu s, prophetapit . «No dijo poH atur ad victimam-, « Y con todo eso, yo como
est» corno propio parecer y sentencia, sino cordero manso é inocente escogido)). Que todo
emno Tuesepontífice de aquel año profetizó» qne eso y más significa la palabra hebrea Alv.ph.
Jesús había ríe morir por el pueblo judaico, y 1l como buey domado, acostumbrado al yugo
uo sólo por el, sino para juntar en mío á todos de la obediencia, fui llevado al matadero. N o
los hijos de Dios, que lo eran por eterna pre­ huí ni recusé la sentencia que contra mí se dio.
destinación. y estallan por ol mundo derrama­ E t non e.ognori i/nia cogitavervnt atiper me con-
dos. Y o confieso que do las cosas ¿ mi juicio *üta, dicentes: rnittamus lignum in-puñera ejns
más maravillosas en la Escritura, es la divinidad et erttelíumw eum de térra vivmtñ.un et /¡ornen
de esta sentencia- que pronunció boca tan per­ ejus non memore:!, ur ampli-ns-, reY 110 conocí qué
versa y tan maldita como la de Cadas en esiu habían pensado sobre mí, consejos diciendo:
cabildo. Que Hércules con su bastón herrado Echemos el madero en su pan ; la cruz, dice
achocase no sé qué jabalí, y aporrease á otro San Jerónimo, en el cuerpo del Salvador, que
león, y hiciese aquellas proezas que riel fingen dijo de sí: Yo soy pau que del cielo descendí,
las fábulas, estímolo, paro no me asombro. .Bue­ y mi carne verdaderamente es manjar. O de
nas fuerzas eon Inicuas armas, si hay ánimo, otra manera: E l pau de su doctrina corrompa*
liarán maravillosos efectos; pero que Sansón mosle con la cruz, porque nadie dará crédito á
con una quijada de una bestia hallada en ese sus palabras viéndole acabar tan afrentosamente
campo hiciese tal riza y estrago en un campo la vida. Arranqué;uosle de raíz de !a tierra de
ríe filisteos armados, esa llamo yo proeza y los vivos, v no quede rastro ni memoria rlél en
fineza inás que maravillosa. Que un músico con la tierra. Que tengan los suyos por infamia y
un buen instrumento, que estando bien tem­ mengua profesarse discípulos del crucificado.
plado suene suavemente, es de alabar, pero no E sta fue la cmisnlta malvada que hicieron: v á
de maravillar; mas que una vihuela desempe- éstos atinaron cuando decretaron tan gran des­
gadu y destemplada, v mal acordarla haga me­ atino, y que tan al revés sucedió de sus inten­
lodía, no puede ser sin gran maravilla oído. tos. Pues por este camino fue Cristo ensalzado
Qne por las bocas de [safas. Jeremías (y sea y ellos destruidos, como amenaza luego el Se­
Amos pastor de cabras) hable el Espíritu de ñor por el mismo profeta. ¿Pero cómo dice el
Dios, estímolo y ¡admiróme; pero hasta cierto Señor que uo conoció este consejo, si el Padre
punto no me saca de sentido, que al fin consi­ se lo habia mostrado? Conocióle, pero así se
dero que el Espíritu Santo por santas bocas hubo como si no lo conociera. íío sabe el Hijo
habla santas palabras; pero que por la boca de dei día del juicio, porque 110 le hace saber ni
Balaatn, siendo un agorero y nigromántico, se descubre á nadie, y el Padre lo sabe, porque
digan profecías tan subidas y tan sobro la noti­ lo notifica al H ijo. A si no sabe aquí Cristo lo
cia como fueron las que él dijo del Mesías y que sabe, porque aunque uo ignora lo que con­
de su reino y del de los romanos, digo que no tra él se trata, así se porta como si él lo ign o ­
me espanta menos que él se espantó de oir rase. Conociólo: pues que luego, jam non paitan
hablar palabras humanas á su borrica. Tanto ambulabat apud- Judíeos, sed abiit in regionent
importa ser pontífice, aunque anual, qne usa dél ju s ta desertam, in ciritatem n u,c 'U citurEphrem .
para hablarnos el Espíritu divino. E x p e d it ul: Húbose, como si no lo conociera, porque luego
uiius moriatttr homo. Y a está la sentencia dada volvió á .Lietania, y entró con triunfo en Jeru-
contra Cristo nuestro Redentor. ¿Quién se la salcm á morir por la obediencia del Padre,
notificará ó leerá, para que apele si quiere'ó ¡Admirable es, por cierto, la bondad de Dios y
se ponga eu cobro? Pensó E saú matar á su Su misericordia! Nosotros somos los malhecho­
hermano Jacob, y luego le dio aviso su madre res, y la sentencia se da contra Cristo. Propter
360 PR ED ICAD OR ES .DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
scehts p o p u li mei perennal eum. A dán hurtó la ue oblíviscaris: dedil enim pro te animam suam
manzana y Cristo lleva los azotes. Nuestra len­ (Eecles., 2 9 1 ). No te olvides de la gracia que
gua se deleito eu manjares y habló palabras ilí­ te hizo tu fiador; no se parta jamás de til me­
citas, y Cristo eu la suya es jaropado eon hiel y moria el beneficio que te hizo tu Redentor, sa­
vinagre. A nuestra cabeza suben los luimos de liendo por ti á una deuda infinita, y que reque­
soberbia, y la de Cristo es coronada de espinas. ría p arala paga caudal infinito, y él la pagó
Y porque nuestros cuerpos aman los regalos, el que solo podía; no con oro, ni con plata, sed
de Cristo l'uc lleno de dolores.Esa fue lainfinita praitíoeo sanguina quasiat/ni inm aculali Chrieti
misericordia,de Dios. Y como San Pablo dice, (I P etr., 1 ): «Sino con la sangre preciosa de
la gracia: ZJt gratín D ei pro ómnibus gustaret esto cordero inocentísimo Critto». Reconoce la
mortem. Gracia de Dios fue, merced graciosa, merced y agradece tanto amor; lio ofendas á tu
beneficio incomparable, no debido, que pagase bienhechor, sino gástate todo en sn servicio:
Cristo con su muerte la que todos debíamos, y pues él dio su alma por ti, y puso la vida por
muriese uno por todos. Pues, oh cristiano, con darte aquí su gracia y después eterna gloria.
tanta costa redimido, gratiam fideijussoris tai Am én.

CONSIDERACIONES
DTCL

S Á B A D O DES PUES DE L D O MI N G O
DE PASION

N un c judicim n est rrtwuli; mmc. P rín cej»


hujus m un'li ejiciet-ur Juras.
( J o a n , 12).

E l Santo Evangelio es muy largo, porque hasta la muerte, le representa la costa y artifi­
casi contiene todo el cap. X I I de San Juan, y cio eon que le dio vida, diciendo en el capi­
encierra en si otros muchos evangelios que en tulo V I I I de los Cantares: Sid> arhore malo
el discurso d d año se cantan en diversas fies­ suscitar i t te, ubi corrupta est mater tua, ibi vio-
tas, Por donde, no siendo posible predicarle lata est genitrix tua. A lgunos quieren (y i»
todo, me pareció escoger una parte dél, que mal) que en esta sentencia hable ia esposa; pero
viene muy á propósito del tiempo en que esta­ Santo Tomás y San Teodoreto y otros doctores
mos, de pasión; y muestra los frutos admira­ explican estas palabras como dichas del espo­
bles que de la de Cristo nuestro Redentor se so. «Debajo de un granado te resucité, esposa
siguieron, cuyas son estas palabras: «Ahora es mía; allí fue muerta tu madre; allí violada la
el juicio del mundo; ahora el Principe de este que. te engendró». Este árbol frutal (como dure
mundo será echado fuera. Y yo si fuere ensal­ el Hebreo), este granado, es el árbol de la cruz
zado de la tierra, todas las cosas traeré á mi preciosísimo, de quien canta la Iglesia:
mismo». P or esto dijo, significando la muerte
Crv.sejidelis ínter (turnes. Arijor ihm nobilfo,
de que habia de morir: «Soberanos misterios JVulln Hlva Ude.m proferta Fi'oa&e^ flori-, f/pyr/iint’.
están encerrados en esta breve sentencia». Para D u lc e lignum , dvliwtt clavo ,•
?7JJulcti p o n d u s susf ln d .
declararlos á gloria de Dios, y edificación núes ■
tra, pidamos la gracia. A ve. cCruz fiel entre todos los árboles, única y la
más noble; ningún bosque, soto ni floresta pro­
IN T R O D U C C IÓ N duce planta semejante en hojas, en flor y en
fruto; dulce madero, dulces clavos, dulce carga
E l esposo celestial, enamorado del alma, y sustenta». Díeese granado señaladamente, poi­
deseoso de aficionarla á sí, y que le pague en la que la granada tiene el color rojo, y ¡os granos
misma moneda la deuda del amor que le tuvo unidos y ordenados, y el zumo de ella embriaga
P. FR. ALONSO DE CAR RERA 361
como el vino. Y así es símbolo du aquella cari­ Doliéndose el médico celestial de ver aquel va­
dad inflam ada que mostró Cristo en la cruz, guido peligroso que tuvo nuestra primera cabe­
de aquel exceso de amor que le sacó de si, y za, aquella modorra fría, que privándole de sen­
hizo dar por nuestro rescate, no tina gota de sil tido dio con él á los umbrales de la muerte, y
sangre divina, que bastaba, sino to la la dn sus agraviado de que esta caída y dolencia mortal se
venas, y con ella la vida, ut /titos D ei qui le hubiese recrecido de aquella venenosa manza­
erant disper si congregaret in unum-, «Para, jun­ na qne comió por persuasión de la serpiente
tar tn uno á los lujos de Dios que estaban des­ antigua: Ipse, lignina tune notavit , davina ligni
perdiciados». E sto es: para hacer de sn Iglesia ut solreret. N o dice schideret, sino solver et.
una granada, en que estéis muchos fieles y jus­ Fue nota y advertencia digna del saber de Dios
tos rfnidos en una fe, en un bautismo y en una tomar por medio un árbol para desatar y des­
alma y corazón. Fruto es este de la c r u z de hacer los daños de otro árbol. M ultiform is
Cristo. Y así debajo de este árbol dice el esposo p roditorís ctrs ut artem fa lle ret et medelum fe -
haber resucitado á su Iglesia. Sub arhore tríalo rret inde, hostia tmde bnserat: «Para que el
tusátain te. Porque estando él pendiente en la arte y consejo de la divina sabiduría sobrepu­
cruz, y recibiendo por la obediencia del Padre jase y venciese la malicia y sagacidad del astuto
y amor de los hombres la muerte quo no debía, y voltario tentador, sacando de allí la medicina
nos libró de la muerte qne p o r la transgresión de donde el enemigo sacó la enfermedad:». A r ­
de nuestros primeros padres, y por nuestros bol mató al hombre, árbol le sane. Mujer el pri­
particulares delitos, teníamos merecida. De ma­ mer escalón donde puso el pie el demonio para
nera que porque él m urió, vivimos nosotros. más de cerca aturdir á A d án , mujer el primer
¿Pues qué motivo turo Dios para escoger un escalón donde puso Dios el pie para levantarle.
m ed io tan costoso? ¡b i corrupta i't-’t -mate)' tua, A s í se la juró. Ip s a conteret caput tuum. Cou
ibi riolata est genitrix tua. Quiso mostrarse tan su mismo alfanje en mano de una mujer fue
sabio como poderoso; y no sólo remediar al cortada la cabeza á Holoíernes. E n eso muestra
hombre con su poder, sino inventar esta traza Dios, 110 solo el poder, sino sil sabiduría. Pero
cou su sabiduría: q u o pues la sombra del árbol no fue sólo eso lo que. pretendió por ese medio
prohibido emponzoñó al hombre, y su Trato tan costoso, tan arduo, que escogía por el mejor
gustado le causó la muerte, la sombra y fruto para remediar al hombre, sino mostrar su jus­
del árbol de la cruz le restituya la vida. «En ticia, de que todo príncipe debe ser muy celoso,
árbol, dice, fue perdida y violada tu madre, que y guardarla y hacerla guardar á todos en su
es la naturaleza humana». Y en árbol fue repa­ reino; porque, esta es ia principal defensa y
rada la hija, que es la Iglesia. E sto q u i s o dar á fuerza que le sustenta y tiene en pie. Pues como
entender San Juan: i n hoc appnruit F iliu s D ei Dios sea el supremo juez y monarca de todo lo
■ ut di^aulrat opera diaboli: «.Para esto se hizo criado (á quien pertenece mantener justicia y
hombre el H ijo de Dios, y apareció en el muudo dar á cada uno su derecho), en la redención del
visible vestido do nuestra humanidad, p a r a des­ mundo (que fue la más señalada de sus obras),
atar las obras del diablos. Advierte San Cri- quiso que resplandeciese señaladamente su jus-,
sóstomo que no diee mintiere, sino ilituohere. tieia. ¿En qué? E u muchas cosas. Pero lo que
Porque no monta tanto cortar c o m o desatar hace al propositó, es la que trae San Juan Da-
(puesto que (.lijo lo contrario A leja n d ro ), por maseeno. J u slitia vero quoniam, homine- victo,
que en el corlar sólo se muestra el poder y va­ non alio quam homine fe c it rinci ti/rammm:
lentía, pero en el desatar imito con eso campea '(Descubre Dios aquí su justicia; porqne ven­
el ingenio y habilidad. Bien pudiera el autor de cido el hombre, no quiso que por otro que hom­
la vida d a r l a luego (d hombre, cortando de 1111 bre fuese vencido ei tirano». L ey es de guerra-
golpe cou su brazo p o d e r o s o el hilo de sus en­ que el vencido queda por esclavo del vencedor.
f e r m e d a d e s ; pero q u i e r e q u e se vea qne 110 es A (pao quia sntperatvs est, hujus Ct serrus est.
m e n o s snt.il fin sabiduría que tuerte su omnipo­ ( I I Pet., 2 ). E l hombre fue vencido del demo­
tencia Y así la descubre eu desatar las lazadas nio en el paraíso; y así quedó por su esclavo,
y ñudos ciegos de la culpa con que el hombre ávido de mala guerra y por fraude y tiranía,
estaba ligado y preso, [niqititates suw capíim t
impiiim et f i n í bus peccatorum suorum cortsfrin-
CONSIDERACIÓN PRIMERA
if/iitr. Estos lazos y enredos d e s h i z o el Señor
por los mismos pasos que la astucia diabólica Pudiera Dios por fuerza sacar al hombre de
los había armado. Y asi lo canta la Iglesia, de­ esta servidumbre; pero 110 quiso sino llevar el
clarando la habilidad de su esposo: negocio por justicia, y hacerse D ios hombre, y
pelea con el demonio diversas veces. Déjase
De •¡ihrt'nlis p rn tn plasti, F rn vrle fa c tu s condoletis,
Qiuntd» poní’, no.viah-: Alarte. muí'í'k eo rn i.it. tentar las corazas en el desierto, permitiendo
Ipse lignu-vH tune uatarit, Damna líg>it ut soh'ert'i. ser tentado. Otras veces le lanzaba de los cuer­
362 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
pos donde estaba encastillado hasta que en ol veisle roto, con una cadena al pie majando
Calvario, en campo aplazado, se desafiaron á esparto todo el día.. Señor ¿cómo está éste así?—
todo matar, y con sn muerte venció Cristo al Señor, ya 110 es mió; no le pude sufrir, vcnrlíle.
fuerte armado y le echó de su estancia, y le qui­ Caín despedido de Dios le dijo: Kc.cc- e-jicis me
tó los despo jos, los cautivos y prisiones que tirá­ hodie a fa ció tua; echado de vuestra easa, ¿quién
nicamente poseía, y deshizo todos los agravios no se me atreverá? Omnis igitur qui ¿nvenerit
y desainaros y sínjnsfcieins qne los tiranos nos me., occidet me... Y D aviddíee de los israelitas:
habían lincho. Y porque esta justicia ejemplar Quomodo persequebaütr muís mil/e et duofugn-
se había de ejecutar eu la pasión, por eso ha­ rent decem m illia f ¿Cómo es posible ser tan
llándose Cristo cercano á ella dice: JYunc j-udi- cobardes los israelitas, que nno de sns enemi­
cium est mundi: nunc .Princeps huj-us mundi gos ponga en huida á mil de ellos y dos á di(v,
ejiciet-ur fo ra s. Mundo se toma en tres maneras. mil? Claro está que 110 va eso en la Fortaleza
P or la universidad de lo criado, como allí: de sus adversarios. Pues, ¿en qué va? Jtonnr.
Mantés in miaidttm imiver¡mm,pra‘üicate E v a n - ideo, quia Deus suiis vendidit eos? 2Jo hay otra
geli-um omni creaturw, por la congregación de razón, sino porque el Dios qne solía ser suyo,
los malos: Mtmdu-ts tutus in -maligno ¡msitus est; los vendió y se deshizo de ellos, y quiso acabar
ítem: por los hombres todos en común: Murnlus con ellos y acaballos. E so dio á entender á
totus post eum abiií. D e todos estos mundos, Moisés después de la idolatría, diciéndnlo:
en cierta manera estaba el demonio hecho señor, Peccavit populas Unís, quem. ednxit de tem í
y los había tiranizado, y so nombraba príncipe A i g ’j p t i . Qne vuestro es Señor y vos le aaeastos
y gobernador, y como tal se trataba. Porque del con mano poderosa, qne 110 mío (podía decir
mundo universo que Dios obró con tanto pri­ M oisés).— ÍTo sino tuyo, que ya por el pecado
mor, él es tan insolente, que, se atrevió á decir dejó de ser mío.— En esto se cifra toda calami­
á Cristo qne era suyo, cuando en la tercera ten­ dad posible, y ésta declara tener los mulos, lla­
tación le mostró iodos los reinos del orbe, y le mando al demonio su príncipe jurado, á quien
dijo: T ib i dabo -potestatem hanc, miivcrsam et. reconocen y sirven. Pues en todos los otrns
gloriam illorum; quia miiti tradita sunt et cui hombres, aunque fuesen buenos, tambie'n ejer­
volo do illa . « A ti te daré todo este imperio y citaba algo de su tiranía: pues todos estaban
monarquía, porque en mi mano la tengo y la sentenciados á morir y á ser detenidos en ias
doy á quien quiero». Pues de los malos conoci­ cárceles del limbo, privados de la vista de Dios.
damente es Señorveabeza de ellos, que los man­ Quis est homo qui vivet et non riilehit. mortetn:
da y rige á su voluntad: Ipse est lie-x super eruet animam s-ua-m de mann in ferí? ¡A h! ¡Gran
universos filia s mperbün ■ y ellos le sirven y desdicha la que ha venido por los miserables
obedecen y tiran sus gajes, y su ración y quita­ hombres! ¿Quién hay de ellos que se escape d:
ción, que es el pecado en esta vida y muerte la muerte y que libre su alma del infierno? El
eterna on la otra: y así no es mucho que hagan cuerpo á la huesa; el alma del más bien librado
desatinos teniendo tal cabeza; destos se llama al lim bo; C11 aquel reino escuro, desterrados
él con toda, propiedad príncipe y aun Dios, nomo por la malicia del demonio que engañó al hom­
lo diee San Pablo: «Ufo peleamos con carney san­ bre. Pues para librar al mundo de este cauti­
gre, quoniam non e-st. nobis collnctalio wlversiis verio viene el príncipe legítimo, natural y ver­
carnem et scaiguinem; sed advers-us p rincipes e f dadero, heredero universal de todos bienes dei
potestates , adverstisimmdi rectores tm ebram m ». Padre, y litiga contra el injusto poseedor, y 110
¿Qué tinieblas son esas? L as que él mismo ex­ le quiere desposeer por fuerza, sino por pleito
plica eu otra parto: E ratis enim aliquando te- y sentencia de justicia. Y por eso diee: N xnc
nebr/i!. Y en otra parte: I n quibus Deus hujus j-udicium est mundi: mmc princeps kttjus vnm-
sccculi exccecabit mentes in jh lelim i ut non fid- d i ejicietur fo ra s.
geat eis illu m in a tioE va w jelii(flor ti k CJi-risti qui
est imago D ei. Esas son las tinieblas. Y llama CONSIDERACIÓN SE GUN DA
D ios del siglo á Satarnás, no porque lo os, sino
porque como á tal le obedecen los malos. A Pi- Veam os ahora cómo pasó este juicio, cómo
lato dijo Cristo: Regnum meum non est de hoc se sustanció el proceso, en qué estuvo el punto
inundo. Jío viven los míos con estos fueros. lío de su justicia. Para esto es de saber que cu tres
sé cuál es peor de estas dos cosas; porque la daños principales incurrió el hombre por el pe­
primera declara que los hijos de este siglo son cado. E l primero, maldición y deshonra. Y así
esclavos del demonio, y la otra quo no son va­ eu pecando Adán, le maldice Dios en la labran-
sallos do Cristo. Malo es servir al demonio; xa de la tierra, y á E va en el dolor de los par­
mas peor es no tenernos D ios por suyos, y ha­ tos, y á Caín: Ma-ledictus eris mvper terram , y
berse deshecho de nosotros. Como el esclavo á todos los pecadores, es cosa horrenda oir las
travieso que le veude su amo á la espartería maldiciones que les echa en la ley: S i audire-
P. FR. AL O N SO DE C A B R E R A 363
nolueris vocem D om inis D e i tu i , venient super gos : M orte turpissima condémnemvs eum.
te omnes nialedictiones isla; et ctppreJiendent te Muerte vilísima, ignominiosísima. Por eso dice
(D eut.. 2 8 ). Maldito serás on la ciudad, calles, San Pablo; Christus fn ctu s est pro nohis mede-
plazas y en el campo. Malditos tus hijos, tus dictum. Que irte tratado no sólo como maldito,
bueyes, vacas y rebaños. Malditos tus trojes, sino como si fuera la misma maldición y des­
c-íllas, bodegas. Maldito tú cuando entrares en honra: como el más infame de todos los naci­
la guerra, y cuando salieres de ella. Enviarte dos. Y así en su muerte, lo que por de fuera
ha el Señor hambre, sed, pestilencia, aire co­ más reluce, son escarnios, afrentas, blasfemias,
rrupto, fiebres, calor qne te derrita, frío que te maldiciones. Afrentosa cosa venderle por trein­
traspase. Será para ti el cielo de bronce 3' la ta dineros. Decorum pnetiv.m jtw npprutiuiuR
tierra do hierro, el agua para tus sembrados sum ab eis. E s ironía admirable. «Hermoso
polvo y llueva Dios sobre tus trigos ceniza. Y precio en que fui apreciado de ellas». Donosa
asi va enhilando otros mil cuentos dn maldicio­ cosa; en poco me estimaron. Afrentosa la pri­
nes y desgracia, que nunca se oyeron en tarta sión, eon bastones, espadas, armas: Tan quam
de descomunión. Porque veáis las plegarias y ad latronem e:i:istix cum tjladiis et fu stibus com­
rogativas qne se hacen en la Escritura por los pre!íendere me. «Como á un salteador ríe cami­
pecadores, pues la mengua y deshonra que nos». Afrentado en casa de l r'S príncipes. E s ­
consigo trac el pecado en ninguno se pueden carnecida su doctrina, sn divinidad y profecía
ver mejor que en el mismo A d án, cuando salió en casa de Caifas. Su saber en casa do H ere­
desterrado del paraíso, corrido y avergonzado, des. vistiéndole de Illanco como & loco. Su dig­
hecho de caballero villano y gañán, vestido de nidad real eu casa de Pilatos, con púrpura vieja
pieles de animales muertos y burlándose Dios y corona de espinas. Afrentado de los pasaje­
de él, porque presumiendo ser como Dios, se ros: Vah.' qui destruí» iemplum Dei et in triduo
había hecho semejante á las bestias. Lo segun­ ¿liad reanlificas: salvo tcmítipsmn, si F iliu s Dei
do que por ei pecado se gima es pena eterna de e--\ Como si dijera: ; Oh, hablador de ventaja,
daño, carecer de la vista de .Dios para siempre. que te jactabas de derribar el templo y reedifi­
Y esta pena correspondí' á la primera malicia carle en tres dias! ¿Cómo 110 te vales á ti ni
que tiene la culpa, que es la aversión; volver el te puedes librar de muerte? Afrentado aun de
hombre las espaldas á Dios, despreciarle y tro­ los ladrones, compañeros de su tormento; I d
carle por la criatura Pues en pena de ese des­ ¿psum et ¡citrones impropenibant eum, qne con
acato, que 110 vea á Dios. A uferatur imju'us las mismas injurias le denostaban. A l fin San
ve rídm t gloriam Dom ini. L o tercero, granjeria Pablo lo dijo en una palabra: S ’istinuit crucem
del pecado es el dolor y [tena del sentido, que confugione contempla. N o cuenta ni pondera el
corresponde á la otra deformidad del pecado, dolor de la eruz, aunque fue tan grande, sino
que es la conversión al bien conmutable: que la afrenta, Padeció la muerte de cruz, sin em­
pues el hombre se abrazó eon la criatura para bargo de la vergüenza y confusión que en ella
tornar gusto en ella, suceda otra criatura, que había. Pues ¿que justicia es esta, que descar­
es el fuego que le abrase y atormente, E ste es guen sobre el Hijo de Dios las maldiciones de
el decreto de la justicia de Dios. Quiailuni i/h- nuestras culpas? Callad, que ese es el primor
rijícavit se ei in ile lic iif fu it. lanlum thttfi ilii de la cura. N o sabéis do la cirugía, que cuan­
tormentar» et luctum (A poc., 1 S). Daos prisa, do la llaga 110 se puede curar por donde se hizo
mundanos, á buscar pasatiempos y solaces. No hacen otra por la parte sana, y per allí curan
dejéis pasar la ocasión de holgares y haber la vieja herida, Hácense fuentes en los brazos,
placer, que á medida de los gustos ha de ser la y en las piernas estando sanas piara evacuar el
de los tormentos. Si mucho os deleitáredes, mal humor qne hay en otras partes enfermas.
mucho habéis de lastar. Pues teniendo la do­ A sí curó Dios al hombre enfermo. E staba todo
lencia estos tres males: maldición y deshonra, este cuerpo del linaje humano cancerado y po­
destierro eterno, terrible dolor, para desatarlos drido é incurable; no había en él otra parte
el Hijo de Dios escoge una muerte de cruz, sana sino Cristo; y por allí hirió el artista di­
que era la muerte más deshonrada, prolija y vino, piara sanar todo el resto. Ciijus livore
dnlorosa, para que con estas penas se quitasen sanati sinmiii: «Hiriéndole á él, sánanos á nos­
las culpas y los castigos debidos á ellas. Si el otros". Con las penas suyas se remediaron las
pecado lo primero merece tantas maldiciones, culpas nuestras. Esto es lo que dijo San Pablo;
cosa conveniente fue que la. paga del las fuese Kiun qui non ñor erat peccatum . pro ?lobis pecca-
lina muerte maldita, y esta era la muerte de t.um fe cit. Qne quiere decir: Mirad en el tribu­
cruz: Q uia m aledictm a Deo est qui pendet- in nal del Santo Oficio, cuando no parece el here­
hf/no. E sta era la muerte más infame y afren­ je ó es muerto, toman su estatua y sácanla al
tosa entonces, como ahora el sambenito y el auto; llévanla desde la cárcel y pónenla en el
luego. Y esta fue la pretensión de sus enemi­ tablado, y iéenle los delitos del otro de quien
PREDICADORES D E LOS SIGLOS X V I Y X V I I
os figura y luego la sentencia y lleva ti la a l can por Dios. ¿Qné hicieron? Desmídanle en
brasero. ¿Pues qné, pecó la. estatua? 2Jo más de carnes y pénenle en alto á la vergüenza. Esto
que se parece al reo. A s í Cristo sin pecado, misino Cristo á ellos. Espolíenla p rin cip a l us et
sin poderlo tener, pero es semejanza de peca­ potentat.es, Iraitv.vit confidente!' palam , tJiríuii-
dor: D eus m ittem F iliu v isu u m in sim litudinem p lta m illos in seinetipso (Coios., i ) ¡ « Desnudó y
carpís peccatí. Verdadera carne human» tuvo, despojó á los principados y potestades del infier­
como verdadero hombre que era. Lim pia, por- no, y los sacó á la vergüenza en pública plaza
-que no por obra de varón, sino por el Espíritu en el monte Calvario, triunfando do ellos como
Santo fue concebido ; pero semejante á carao de gento vencida». ¿Qué más? Crucificaban á
de pecador, porque era pasible, mortal y sujeta Cristo los pecadores, y pónenle en 1111 palo,
á peuas como la carne de los otros pecadores, donde muere colgado. E l también crucifica á
l ’ues á esta estatua de pecador (que realmente los pecados, y los mata en su misma cruz.
ni pudo ni supo pecar) la saca al auto la divi­ D elens quod advers-us nos erat chirographumde-
na justicia; llévanle á los jueces, léenle nues­ creti , affigens illu d cruci. Aquella escritora que
tros delitos como si fueran suyos, pronuncian contenía todos nuestros pecados, y la obliga­
contra él la sentencia, la maldición de A dán, ción de muerte eterna, que hizo el hombre pe­
y muere como maldito crucificado. ¿Quién, pen­ cador, la rompió Cristo muriendo; borróla con
sara que daban en vacío, sentenciado por tantos sn sangre, rasgóla con sus clavos y fijóla en la
tribunales y consejos? Y era la estatua de cruz á vista del inundo, como cuelgan acá los
A dán y no el reo. E s la pared dol templo que pesos falsos en la picota. ¿Qué más? Entierran
vio Ecequiel, donde no estaban los pecados, á Cristo después de muerto. Entierra él tam­
sino las pinturas de los pecadores. A s i hay en bién los pecados. Consepidti enim svinus otm
Cristo las penas, y no las culpas, y sus afren­ tilo per baptisvntm in mortem. Juntamente fue­
tas son pagas de él. E ritis sicut d ii, scientes ron con E l sepultados nuestros pecados; y
bonum et malum... Para esto escogió la infa­ anegados como los gitanos en el mar bermeio
mia de la cruz. de su sangre: y en señal de esto, nos zabullen
en el agua cuando nos bautizan. Finalmente,
c o n s id e r a c ió n tercera escogen los hombres á Barrabás homicida para
que viva, y quieren que el autor de ¡a vid;i
L o segundo, la muerte más prolija de todas muera. Eso mismo escogió Dios por otro ca­
era la de la cruz, que estaban allí padeciendo y mino, que vivamos los traidores y que muera
agonizando mucho tiempo. Y así convino que el cordero inocentísimo. P ara esto fue la muer­
muriese es ta muerte, porque esto correspondía te prolija. L o tercero que bay en la culpa es
á 'la adversión de la culpa, que se castiga con dolor, y por eso escogió Cristo muerte de cruz,
pena eterna y destierro preciso de la bienaven­ que es dolorosísima, y quiso que sus penas lo
turanza. Quisiei’on los judíos darle otrogénero fuesen, tanto que sus dolores se tienen por los
de muerte. U na vez, despeñarle; otras, ape­ más recios y crueles que en esta vida fueron
drearle; pero no quiso, porque eran muertes ni serán, así por la delicadeza de su compostu­
breves, y escogió una muerte espaciosa, cou ra y buena complexión de aquel cuerpo fabri­
cuyo espacio venciese la eternidad de nuestro cado por el Espíritu Santo, como por haber pa­
castigo y nos fuese haciendo mil bienes. Tan- decido sin ningún alivio ni consuelo, como El
to, que piadosamente creemos que, según la se querelló al Padre diciendo que le habia des­
prisa que le dieron, muriera antes si fuera amparado. Por lo cual se comparan sus dolo­
hombre puro, mas por ser Dios hombre, pudo res á los del infierno. Dolores inferni ciraan-
y quiso que durase más y así padeciese más dederimt me. Porque allí padecen sin ningún
por nosotros. Pues en este espacio era una do- género do refrigerio, y ni aun una sota de agua
lorosa y admirable representación: que lo que se concede; y así se la negaron á Cristo, cuan­
en ]a carne de Cristo pasaba por mano de sus do hi pedía muriendo. Y también porque los
enemigos, eso mismo por las de Cristo pasaba tormentos de suyo fueron recísimos y muchos,
en e! demonio y en ¡os pecados. Ilácenle pro­ inventados por la rabiosa crueldad del demo­
ceso y júzganle como á delincuente. E l hace nio, y admitidos por la caridad inmensa de
juicio y pronuncia sentencia de condenación Cristo. Y como padecía por todo el cuerpo du
contra Satanás y contra los pecados. Nwrtc sn Iglesia, quiso que por todas las partes de su
judiciu m est mundi. <cAhora en la cruz, como en cuerpo se hubiese aquel dolor extendido. Pa­
riguroso tribunal, se ha de hacer el juicio dol decía por las cabezas: príncipes, tiranos, perla­
mundo». Sáeanle á justiciar fuera de Jerusalem dos; fue su cabeza atravesada con crueles espi­
al monte Calvario; E l eolia de su reino á los nas. Padecía por los nobles, poderosos, valien­
adversarios. N u n c P rin ceps h u jm mundi ejicíe- tes, enclavadas las manos. P or los bajos y ple­
tur fo ra s, para que ya ní le adoren ni le conoz­ beyos, agujereados los pies. Padecía por los
P. FR. ALON SO DE C AB R E R A 365
sabios y elocuentes, en la lengua de sed grue­ cilidad á los sobrenaturales bienes que ‘ espera­
sa y denegrida. Padeció en todas sus sentidos. mos. E t ego si e.ealtatus fuero a térra , omnia
Eu el tacto, con la cruz (lecho y cama asperí­ traJtam ad me ipsum. E sta es la potencia ex­
sima), para condenar las holandas y sedas y traña de la cruz: atraer á si todas las cosas.
camas mullidas. E n el olfato padeció eu lugar Abajó lo supremo y levantó lo ínfimo. Púsose
sucio y asqueroso, para confundir pomas, al­ entre, cielo y tierra, para que corno á centro
mizcles, ámbares, aguas de flores. Eli el gusto, acudiese á la cruz el cielo y la tierra, con le­
con la sed, hiel y vinagre, en odio de nuestras yes ctcrnales de amor indisoluble. N o puede
comidas regaladas y bellidas frías. E n los Dios dejar de amar á quien tanto se abajó por
oídos, con escarnios, blasfemias, clamores, con­ cumplir su voluntad, ni es posible que corazo­
tra las músicas, palabras vanas y perniciosas. nes humanos se endurezcan para agradecer esta
En los ojos velados y con sangro oscurecidos, merced suprema. E l arco en el cielo tiene dos
y riendo huir los discípulos, y la madre santí­ electos: aplacar á Dios y traerle á la memoria
sima lastimada, para condenar las vistas, cu­ el pacto que tiene hecho con los hombres de
riosidades, comedias, alamedas, novedades. J)e no destruir el mundo con aguas de diluvio, y
suerte que le puso buen nombre Isaías: Virum alegrar al hombre y darle seguridad y convi­
i/nlorum et sriejite/u injirmit.td.vm. V eis aquí darle á alabar á Dios. Yide arcum et benedic
cómo eon estas tres cosas, muerto afrentosa y eitut ipd fe c it iilum: vaíde speciosus est tn splen-
maldita, espaciosa y llena de dolor, se contra­ dure suy (Tjfcl., 18): «Mira al arco del cielo, y
puso el remedio al daño y la satis ¡acción á la alalia al que le hizo, porqne es muy hermoso
culpa, pagando Cristo de todo rigor de justi­ en sus colores». Cristo es el arco; vele el P a ­
cia lo quo el homiire debía. Y con cuánto dre, y basta aquella hermosura á atraer los
acierto de la sabiduría divina. i¡¡,sv lignum no­ ojos para que ya no maldiga la tierra por el
tar it ilamixi iigni utsolreret: «Tomó por instru­ hombre. Véanle los hombres y bendigan <4
mento ol árbol de la m iz , para resucitar á la Dios que nos le dio. A llí atrajo al Padre á sí;
vida á los que el árbol vedado había dado la y asi inclinó la cabeza. Cajntt Chrisii. D e i. A tra ­
muerte», jo las almas del Limbo: Pac.ijicans p/r sangui-
¡tein enteis ejus sire quw in terris sire qms in
C O N SI DE RA C IÓ N C U A R T A cmlis sunt. A trajo el intuido: D ntu est mihi om-
nis potentila in c<i-lo et in térra. Resta que atrai­
Hecho el juicio y dada la sentencia contra ga nuestros corazones. Pretendía Dios qne los
ei tirano, que sea echado y desposeído, veamos hombres le sirviésemos, porque ¡as cosas que
(.'ómo toma Cristo la posesión. E t ego si e.rtd- hacemos por amor son las mejor hechas y de
taius fuero ti te m í, ii/itnia truJmm ad me ip- más dura. Pues para que le amásemos, fue
aum. Con gran respeto halda de sil pasión y menester que conociésemos que él nos amaba,
crux. ¿Quién os puede á vos sublimar ni eual- porque amistad es urut.ua cum notitia redama-
b't’iT? Quoniam tu toltts aliisstm tis, Je<sut> C¡tris­ tío. N o bastaban palabras amorosas para este
te. Y Isaías; G i-l/m sedes mea, térra autem «•<*- eíerto. Esto, cristiano, no se hace con palabras,
/it lhtm pedum meorum. Y con todo eso, llama sino con obras. Am a, que ya le amó él prime­
su exaltación á la cruz, que antes parecía hu­ ro. Pero ¿quién hace qne lo veamos sino la
mildad. L o primero, quiso ser levantado en cruz/ lisa, donde se enclavaron sus manos,
alio, para representar al enemigo la batalla en despierta las mías. E sa, donde abrieron su
su misma tierra (que dicen ser linaje de victo­ costado, descubre su amor y provoca el mío.
ria más glorioso) y para mayor destruieión del 'Esa, donde fijaron sus pies, solicita mis alec­
adversario. Eran señores los enemigos de esa tos. ¿Quién os corona de espinas, rey de glo ­
región superior, por lo cual los llama- San P a ­ ria? ¿Quién eseureció vuestra hermosura, res­
blo S piritus orín Imjiis. Y en otro lugar: S p i- plandor del cirio? ¿Quien os cubrió (como á
riliiles netf>tilio¡ in cadestiims. Fue el ánimo del esclavo ladrón) de azotes, principo de nuestra
¡Señor tan generoso, que para subir á esos aires, libertad? ¿Quién aheleó vuestra boca, dulzura
para echar de ellos al enemigo, quiso ser levan­ ile la bienaventuranza?— E l amor, hombre, que
tado en cruz. Pero más importante razón fue te tuve.— Pues harto vil y h a r t o miserable seré
el traer los hombres Cristo por este medio á sí 3'0, si ya que amare pitjebat, redamare pit/uis-
para subirlos al cielo. Toda la dificultad con­ set, tían Pablo: Ciiaritus C hristi urget nos. No
siste en desenclavar el alma ó el a lición de la sólo dueit, tra h it , sino un/et: «Apremia, fuer­
tii-iTü do está regada, porque levantada desde zan, para que le paguemos y muramos. Vivam os
el suelo hasta !a cruz, fácil es el tránsito de la al que murió porque viviésemos. Si el «mor es
cruz ¡d cielo. E se fue el admirable artificio de virtud unitiva, ¿cómo no nos juntará consigo
Cristo subiendo á la cruz: subir allá nuestros aquella forja de amor.' Si los vientos arrancan
corazones, para de ahí poder llevarnos con fa­ de cuajo las encinas, ¿cómo el amor de Cristo
880 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
no arranca nuestros corazones? ¡Oh, maldita car sino de la contraria parte, y gustan de la
dureza nuestra, que corre las parejas con la cruz porque es honra, y por sus intereses y ri­
eficacia y virtud de la cm z! ¡Que amere Cristo quezas. Y el otro se hace santo por coger el
por traernos y llevarnos á si, y 110 queremos obispado y ser proveído en el oficio; y es un
ser traídos y levantados! E sa 110 es falta de la Simón Cirineo que llera la cruz pagado, y se­
cruz, sino sobra de malicia nuestra. San A g u s­ mejante al ladrón que hurta el Agnus D ei, 110
tín, contando algunos efectos maravillosos de por la cera bendita, sino por el oro. Cáesele á
cosas naturales, y llegando á la fuerza de la nn pobre discípulo del profeta Eliseo en el río
piedra, imán, cuán poderosa es para atraer al Jordán la hacha con que estaba cortando leña;
hierro, cliee que vio por sus ojos mi anillo de manifiesta al profeta su pobreza y pérdida di­
hierro que, tocado cou esta piedra, levantaba ciendo que era la hacha prestada; toma el pro­
otro anillo, y aquél otro, y éste á otro, de suer­ feta el Astil 1.1e la bacila anegada, y échalo en
te qne hacia una cadena de anillos por de fue­ el agua: y éste hizo subir arriba el hierro. Que
ra trabados, como' se hacen los eslabones por al fin es la cruz piedra imán del hierro duro de
de dentro. Y antes de San A gu stín , lo cuenta nuestros corazones, y si 110 subm arriba y son
Lucrecio, A llega á tanto la fuerza de la pie­ traídos, es porque no se quiere el hombre valer
dra imán, que navegando cierta parte del mar. do la virtud de madero tan santo, ni ruega á
pasando las naos á vista de unos montes ó pe­ Cristo, verdadero Elíseo, pues avisó á los que
ñascos de esta piedra, se pasman los navios y fueren tau rebeldes y pesados, que en la cruz
son detenidos por las áncoras y clavazón de so hizo juicio del mundo, y qne por ella quedan
hierro que llevan, y son compelidos á usar de juzgados y condenados, A h d ti enim ambulaut,
clavos de madera. Y lo que puede con el hie­ quo» titrpe dieebum vobis (m n ic autem et scieus
rro ia piedra imán, puede con ella la estrella dico ) i n i mi eos cruda OJir/nti, quorum ji-nis inte-
del E orte, que siempre está á él asestando; de 1 ¿tus, quorum D e m rento- est et gloria in eon -
donde salió el ingenio tan necesario y prove­ Jiixionc ipsoruui qui termita capiwnt-. «-'Aquellos
choso de la aguja de marear. Con todo eso, si (cuyo Dios es el vientre) son los mundanos
junto á una piedra imán se pono un diamante, enemigos de la cruz». E lla los juzga. Aud.it,-
no puede levantar una aguja ni el aguja toca­ ■verinun Dom ini, raer,v pingues tjiun est i» in mon­
da asestará al Norte. Poderosísima piedra imán té S ‘i!iíari‘V, qmv calumniüm fa rilis egenis ti
es Cristo levantado en la cruz, para atraer co­ confringitis pa-upere*: qu'n dicitis D om inis r o -
razones de hierro y duros. Mas si no los trae, tris: A jjerte et hibernas. Y luego, como para
y al mundo todo, no es por falta de sn virtud, justificar la causa de Cristo, en el rüa de! jui­
mas porque quieren pasar los hombres de hie­ cio, apparebü m / n u m jilii hom inis en los aires,
rro y mármol á la dureza del diamante. Cor para mostrar euán inexcusables son los que de
suwm posueru-nt ut adamanlam. Bien podrían ella 110 se quisieron aprovechar. E a, pues, eon
estas agujas que navegan para el cielo asestar tiempo reconozcamos esta señal en nuestras
á su estrella y verdadera luz, si quisiesen ser obras, conformando nuestra vida con la de
tocadas de la cabeza de esta piedra imán divi­ Cristo, para alcanzar de él en esta vida gracia
na, de esta cruz poderosa; pero 110 quieren to­ y después la gloria. Am én.

C ON SIDERACIONES
DEL

D O M I N G O DE R A M O S
D iciteJiliee S io n : E c c e R exvem 't tib i tuus,
mansuetas, sedens super asiuam et pvllw m
jiliu m subjvgulis. ( M a t . , 2 1 ).

H oy entra eu Jernsaleui con gran alegría y tras. Y como á ta l, luego el viernes aquellos
triunfo el cordero pascual que el domingo pasa­ crueles carniceros le sentenciaron al degüello y
do se puso con los conocedores á examen que al talón, juzgando ser él sólo el que para este
en él 110 habia mancha de culpa, y por consi­ holocausto convenía, y viniese él mismo de si:
guiente, era apto para el sacrificio de las nues- voluntad al matadero, porque ninguna violencia
P. FR. ALONSO DE CAB RE RA 867
fuera bastante á traerlo, si la ele su amor y obe­ vertido en amargo y doloroso llanto, y las acor­
diencia del Padre no le atura y pusiera en ma­ dadas voces de mis órganos se han mudado en
nos de los matadores. Tiende .Dios la mano á lamentos y gemidos:». ¿Qué razón puede haber
Abraham para que no degüelle á su liijo, y para tan súbita mudanza? ¿Cuál es ja causa de
muéstrale un carnero que ofrezca e n e u lugar, tan extraña variación? L a solución de esta duda
y viole el patriarca ínter r e p r e s h w r en te n i eor- podemos sacar de una doctrina de] filósofo:
nitms:« Q ue estaba como en maraña cío y asido por Abatrahentiwn non est mendacium (A ristót.),
ios cuernos entre las espinas:». No lo prendió Muéstranos la gran sutileza de nuestro enten­
Abraliam, que preso y atado se lo da Dios. P oi­ dimiento eu sus obras, que por muy juntas y
que el Cordero inocentísimo que lia de quitar trabadas que- estén dos cosas 1mede contemplar­
los pecados del mundo, no son parte los ejecu­ la una sin tocar eu la otra. Y á eso llama A r is ­
tores para prenderle. E l Padre cierno !e eul.re- tóteles abstraer. Representalde al entendimien­
gu: ( l u i p r o p i o j i l i n tito non p e p e r c i t $>hI piro to una cosa, que tiene juntamente diversas y
■nobis ó m n ib u s t r u d i d i t i í l u m , Y su amor es quien aun contrarias propiedades. Hace anotomía- de
le ata y rinde, y pone libre y graciosamente todas ellas, distinguiendo con tanta delicadeza
en manos fie sus enemigos. \ pues amor es can­ la una de la otra, que 110 le siente. Parte el ca­
sa de esta entrada y de la alegría y solemni­ bello por medid, aparta la carne del hueso, ía
dad que en ella hay, amor sólo se predique en vena del niervo. E s esgrimidor tan diestro, que
osla tiesta. Celébrese su poder: publíquelo la da un toque tranco en la una y salva la otra:
Inicua, y siéntalo el corazón. M as porque dice tirador tan certero, que aunque haga dos hitos
Han Bernardo; U n g u n umoris ei <¡ni von mnut en 1111 blanco, enclava ¡d uno y no hiere al otro.
Ihtrbiiirí est; «El lenguaje del amor es algarabía E n una misma cosa (que. por diversos respetos
pura quien ama.», pidamos al Espíritu Santo hay razones y motivos de alegría y de tristeza,
(que esencial y personalmente es amor) encien­ de aborrecimiento y amor, de bien y de mal),
da nuestros corazones y lenguas eon una cente­ s a b e apartar y considerar lo uno sin pensar en
lla de este luego, la cual nos alcanzará la .Divina lo oti’n, y al contrario. Y como la voluntad va
Virgen diciendole: A r e María. siguiendo los pasos del entendimiento, y baila
y danza al son que él le lince, y conforme, á
IN TR O D U CCIÓ N como él lo pinta las cosas, así ella las ama ó las
aborrece; de ahí vii-ne que una misma cosa di-
Los que 110 so contentan, cniuo la gente vul­ versameiiíe entendida y considerada por el en­
gar, de ver solamente la sobrehaz de las cosas, tendimiento causa diversos alectos y sentimien­
ni se quedan en esta primera acera y zaguán, tos en la voluntad, y aun pasiones contrarias
sino procuran, entrar más adentro y calar y pe­ en el apetito sensitivo. U11 ejemplo: La leche
netrar hasta el postrer rincón de la casa, lio muí ámente es blanca y dulce, y en ella no es-
pueden deiur de haber reparado en esLa variedad tan apartadas la blancura y la dulzura: pero la
de ceremonias y representaciones que en ia vista percibe el color y no el sabor, y el gusto,
Iglesia Católica el día de hoy se ven. ¿Qué al contrario, siente el sabor y 110 el color, y
quiere decir primero una alegría tan extraordi­ ninguno de estos sentidos es mentiroso en su
naria, una procesión tan solemne, sus altares obra. Porque no dice la vista que la leche n o es
cubiertos de seda, sus ministros de brocado, dulce ni el gusto que la leche no es blanca, sino
tantos ramos y palmas (señales de sn triunfo), que cada uno asesta al blanco que le pertenece
tantos himnos, aclamaciones, voces de regocijo, y 110 hace caso cío lo demás. 111 se entremete en
cantares de alabanza? Parece que va el contento ios negocios de su vecino (como los quem as sa­
de niara mar, y que abanderas desplegadas hace béis de la casa ajena que de la vuestra). A s í el
ostentación de sus jaeces, preseas y joyas y do entendimiento puede considerar ia leche como
su mucho placer y alegría. Y luego á deshora y blanca, y entonces engendra deseo en el apetito
de repente, veréis añublado su gozo y eclipsada de verla como al más excelente de los colores;
sn luz: los retablos cubiertos de velos, los alta­ y puede contemplarla como dulce, y entonces
res enlutados, los ministros vestidos de negro. engendra deseo de gustarla. L o mismo hallare­
No se oye voz que 110 sea triste ni suena canto mos en la muerte: que juntamente es amarga y
que 110 sea doloroso. Arranca la Iglesia suspi­ dulce, y mala y buena. E n cuanto es fin y tér­
ros del alma, y da unos gemidos do muerte quo mino ele los males de esta vida, principio de los
has tan para quebrantar cíe compasión los cora­ bienes de la otra, medio y camino pava ver á
zones. Puédese por ella decir lo que el santo .Dios, es tan buena, tau dulce y sabrosa, que
Job, viéndose caído de su alteza, decía: C ¡jiba­ dice el Eclesiástico: Oh mor*, banmu <’8t ju d i­
ra mea rtrsa est in luctum et organum meum in a n m tuum! ¡Cuán dnlcc os hallan los hijos de
riivem jUntium . «E l dulce sonido de mi vihuela, A dán! Y representad con estos colores á ia vo­
la música y melodía de mis cantares se. han con­ luntad, viene á desearla y quererla, y alegrarse
368. PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
con ella. Como parece en los mártires y en los Iglesia comienza á bailar y dar zapatetas de
santos, que con mayores ansias deseaban la placer, y á esto la convida el Profeta Zacarías
muerte y se alegraban eon sn venida, que los en aquella profecía, quo cita el Evangelista en
mundanos desean la vida larga y descansada. Y las palabras dal tema: E.oull<t satis, filia Sion;
asi decía San Pablo: Cupío dissolri et esse cum. ju bila , filia ilie m sa le in ; E cce 11 ex- tmts ven/l, tibí
C hrisio. Pero esa misma, muerte, considerada justas, et Sah'-ator. Ale'grate muelle, hija de
como división de aquella amable compañía de Sión; da gritos de placer, hija de la soberana
alma y cuerpo, y privación de nn bien tan gran­ Jerusalem, Aquella palabra, E x u lta , significa
de como la vida, es tan amarga, qus no hay una alegría tan sobra-fia, que no se puede conte­
quien la quiera gustar. ¡O h mora, quam amara ner eti el corazón, sino que sale á fuera con sal­
est memoria tua homini pacán habenli in sitbs- tos y movimientos exteriores. Y ¡a otra- palabra,
tuntUs sais.' ¡O h muerte, cuán amarga, e s tn Jubila, significa una vocería, que es señal de mu­
memoria al gusto! Y si la memoria es desabri­ cho placer y regocijo, cuando no se puede expli­
da, ¡cuánto más lo será la presencia! Omnium car con palabras, que es lo que llaman los rús­
terribilium terribilishm m est morí, dijo A ristó ­ ticos hacer albórbolas con gritos y los moros
teles. E l más terrible trance que en esta vida se algazara. Y así quiere decir el Profeta á !a
ha do pasar. De esta anorte contemplada, en­ Iglesia: Sea tan grande tu placer y tan extre­
gendra en la voluntad tanto horror y aborreci­ mada tu alegría, que no haya palabras para de­
miento, que no hay quien la arrastre. Calum as clararla; vengan cortas las razones, desiguales
e x p o lia n , sed s-uperrestiri; ut absorbet-ur quod y desproporcionadas á lo mucho qne sintieres.
mortale eat a vita. jSTo queremos ser despojados Y porque tanto gozo 110 se puede disimular,
de esta túnica del cuerpo, sino que sobre ella muéstralo con brincos y saltos y eon 1111a gran­
nos vistiesen la estola de inmortalidad; que la de algazara, que siquiera en confuso dé testi­
vida se tragase en un punto la muerte, y que monio de tu placer.
nosotros no la gustásemos. V eis aquí cómo lina
misuia cosa, según diversas razones y aspectos, CO N SI D E R A C IÓ N PR1MEIÍA
es deseada, y aborrecida y es causa de alegría y
tristeza. Pues esto mismo le acontece hoy á ia ¿ Y qué razón hay para tanta alegría? E rce
Iglesia Católica en la contemplación de ia pa­ R ex tmts re-nit Ubi. «Porqne viene el rey para
sión y muerte de su querido Esposo. Mírala con ti». He aquí la. razón del gozo. E l gran provecho
dos rostros, táñela con dos sones y píntala con y utilidad qne de ellas nos resulta. E l que viene
diversos colores, y así son diferentes los senti­ y la venida es todo nuestro, para nosotros.
mientos. L a pasión de Cristo, una es; pero en­ Para nosotros nace, para nosotros trabaja, para
cierra en sí una y diversas propiedades. Tiene nosotros ayuna, para nosotros ara, para nos­
haber sido el remedio del mundo, el rescate del otros vive, para nosotros muere, para nosotros
linaje humano, el reparo de las ruinas del cielo, resucita y sube al cielo. Y no se escandalice
el tesoro y riqueza de la Iglesia, la fuente de la nadie cou el nombre del Rey. Porque este rey
gracia y de todos los dones sobrenaturales. no es como los otros del mundo, que reinen
Tiene haber sido muestra de la gloria de Dios, más para su provecho que para el de sus vasa­
testimonio de la ardentísima caridad da Cris­ llos, empobreciéndoles á ellos para enriquecerse
to, cumplimiento de sns deseos, exaltación de á sí, y poniendo ápeiigro las vidas de ellos por
su nombre, y triunfo y vencimiento de su ene­ guardar la suya. Cuando el pueblo de Israel
migo. Por otra parte tiene haber sido dolorosa pedía rey al Señor, mandóle Dios al profeta
y lastimera para aquel mansísimo cordero, llena Samuel les apercibiese primero y declarase el
de angustias y tristezas mortales. Cuchillo de derecho y modo de gobernar de! rey temporal
división de aquellos amantísimos compañeros, que pedían. Hoc erit ./leyi# qui imperaturus eat
alma y cuerpo, entre quien hubo suma paz y vobis; filios rastros tollet el ponet in enrribw
concordia y ninguna disensión, .Privación de silis; jacietqu e sibi equites &t precursores qua-
aquella vida de Cristo, que valía más que todas drigaram suarum et constituet sibi tribuno*-:
las vidas de los hombres y de los ángeles. T o ­ «Esta lia de ser la jurisdicción y gobierno del
das estas caridades encierra en sí la pasión de rey que os ha de enseñorear. Tomaros ha vues­
Cristo. ¿Qué hace la Iglesia? Contempla en ella tros hijos, y de ellos hará para sí cocheros,
primero los inestimables frutos y utilidades que jinetes, palafreneros y escuderos que vayan
de ella resultaron; da un toque franco en todas delante de sus carrozas; hará de ellos para sí
las razones de bien que en ella hay; píntala con capitanes, tribunos, labradores, segadores». F i ­
aquellos hermosos colores, y mostrándola a s iá lias i/uoque rastras fa cie t ¡¡ibi unt/uetitarias tt
la voluntad y alecto de los fieles, parece tan fo ca ría s et panificas-. « A vuestras hijas hará co­
hermosa, alegre y amable, que todos los justos cineras y panaderas para sí». Tomaros ha vues­
la desean. Hacen ta'n suave y dulce son, que la tras haciendas, heredades, ganados, esclavos, y
P. FE. ALON SO DE C A B R E R A 369
servirse ha de ellos». D e suerte que este rey todo remedio del mundo. Entonces vio este penoso
será para sí, y no para vosotros. Pero el Rey día, y se gozó. ¿Pues por qué se gozó? ¿Porven-
eterno no viene para sí, sino Ré¡c tuus venit tura de los azotes, ó tristeza, ó tormentos de
tibi. Tuyo, y pnra ti. No viene ft servirse de ti, Cristo? Tan grande fue por cierto la tristeza
sino á servirte á ti. N o quiere carros, ni coches, de Cristo, que bastaba á entristecer de compa­
ni escuderos, porque viene en una borriquilla, sión á cualquier alma por mucha alegría que
mansa y humilde, cercado de unos pescadores. tuviese. Si no, díganlo sus tres amados discípu­
No viene á quitarte tu hacienda, sino á darte su los, á los cuales dijo: Tristia est anima mea
sangre. No quiere arriscar tu vida para asegu­ ■usf/ue ad mortem. ¿Que' sintieron sus corazones
rar la suya, sino morir él por que tú vivas. F a c ­ al sonido de esta palabra, la cual suele aun á
tas estprincipatus super humerum ejus. Su prin­ los que de lejos la oyen lastimar el alma de
cipado (dice el profeta) está puesta sobre los compasión, pues sus tormentos, azotes, clavos
hombros del qne lo tiene, y no sobre los hom­ y cruz fueron tan duros y lastimeros, que á los
bros de su pnebln: para que el trabajo do la más fieros tigres y leones enternecieran y mo­
carga sea suyo, y el provecho y fruto sea nues­ vieran la piedad? ¿Pues cómo Abraham siendo
tro. E l principado de los otros reyes está sobre tan santo y amigo de Dios se goza de ver el día
sus vasallos: los tributos, las rentas, las gue­ en que su Redentor tanto trabajo pasó? A esto
rras. El gasto del rey do los vasallos ha de sa­ no se puede responder, sino con lo dicho: Aba-
lir: pechos, alcabalas, servicio real, imposicio­ trahentium non est mendacium. Mira Abraham
nes, sacaliñas. Pero e! de Cristo, super hume la muerte y dolores de Cristo con el primer
nun ejus. Pues venida de Rey tan útil y pro­ rostro y aspecto que tiene, de ser útilísima para
vechosa para sus vasallos, justo es que sea fes­ el hombre y gloriosísima para Dios, y repre­
tejada coa solemne recibimiento, con arcos sentándola así en su entendimiento, cansa ale­
triunfales, eon invenciones, juegos, danzas y gría y regocijo en la voluntad. Pero eso no
bailes, con música y otras señales de placer. Y quita que, considerándola con el otro rostro de
esto es lo qne hace la iglesia hoy en la proce­ ser dolorosa para Cristo, no engendre grande
sión: un recibimiento solemnísimo á su esposo sentimiento y compasión. L o cual se colige del
y legitimo Iley: da brincos y zapatetas de pla­ mismo testo: Abraham e.rultavit ut videret diein
cer, voces de contentamiento, ¡V iva el Roy! meam. L a exaltación (como habernos dicho) es
¡irnedictm t¡n.i venit in nomine Dom ini. Para una alegría tan grande, qne no se puede disi­
esn.s son los ramos, los brocados, y las sedas y mular, sino que se muestra con saltos y brin­
atavíos: para salir á recibir á su Rey. ¿Pues no cos del cuerpo. Pero gaudium (según Santo
veis que vuestro provecho viene acompañado Tomás) es un gozo espiritual que solamente
con su trabajo, y vuestro descanso ha de sor está en la voluntad, por alguna razón que el
muy á costa de su contento? Ahora abstrae la entendimiento le ofrece, y no nos sale afuera
Iglesia de eso; 110 mira más de su provecho, el con señales exteriores. D ice, pues, Cristo:
grande bien que de la venida de su esposo se le Abraham dio saltos y brincos de placer para
sigue, y con esa consideración se alegra y rego­ ver mi dia; y cuando lo vio gozóse, que es ale­
cija. Üsto mismo le aconteció al santo Abraluim gría de sola la voluntad. ¿Pues cómo antes que
con k consideración de la muerte y pasión de lo viese , sola la esperanza de verlo le hacía
Cristo, según lo afirma el mismo R eden tor: salir de sí de placer; y después que lo vio se
Abraham ñxidtarit ut rideretdiem meum, ridit et tiempla y sosiega, y no se alegra- ínás de en lo
i/arisits eH. «.(Abraham vuestro padre dio sal­ interior? S í; porqne antes consideraba no más
tos de placer para ver mi dia: violo y gozóse». de Redentor, contemplaba en su remedio y
Llama el Señor su día al de su pasión, do la cómo en Cristo habiau de ser benditas todas
manera que los hombres llaman sn día aquel en las generaciones; entonces se alegró para ver
que señaladamente muestran su valor. E l capi­ su día, y no en los trabajos que había de costar.
tán cuando se aventaja y extrema en las armas Y de esa suerte alegrábase espiritual y corpo­
dice: esto es ni! día. E l letrado, cuando hace una ralmente. Como David: Cor meam et caro mea
grande ostentación de sus letras, dice: este es exiUtarfirunt. in Deum rt'vum. Pero cuando en
mi dia. Pues Cristo nunca tanta demostración particular entendió el modo de la redención, y
hizo de su valor, de su fortaleza y sabiduría, con cuánto tormento de Cristo 8e habia de
como en su pasión y muerte, y por eso le llama obrar; cuando yio á D ios muerto, parece que
sil día. Est.e dia vio Abraham (como dico San se le aguó el contento. E n Dios vivo se alegra,
Juan Crisóstomo) cuando en el monte Moria, y en Dios muerto templa el placer. Bien que
que es el monte de Sióu, en aquella semejanza se gozó con la voluntad mirando la razón da
y dibujo del sacrificio de su hijo, entendió por bien y utilidad que hallemos dicho.Pero no salió
revelación divina la dolorosa muerte qne Cristo ese gozo á lo exterior, porque no se puede tanto
había de padecer, ofreciéndose al Padre por el abstraer nuestro provecho que no hallemos alK
PlEDIC. DK 103 S IG LO S XVI V X V II.— 2 4
370 PR E D IC A D OR E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
muy junto el trabajo de Cristo. Por eso la Igle? hay que espantar, porque cada uno busca su
sia, aunque, mirando la, • pasión de su esposo provecho y se huelga cuando lo alcanza. Mas
como provechosa para sí, se regocija y hace vos, Sí-ñor, ¿qué razón tenéis para holgaros de
cantares de alabanza de elia: morir? ¿Cuál es la cansa de vuestra alegría,
presente? Y c o os, Señor, venir al lugar del sa­
P u n ge , liilg n a , (¡lúriosi Pra 'H iim eerta m in is.
Jit, super f-mtcis trophípvm J)ir,th/HnnipJmmnobtteni crificio con majestad imperial, con triunfo más
(¿líáliter Redemjitor orbis yumulutus oieerit. que de rey, con pregones y voces de alegría,
con tanto concurso de pueblo, que no parece
«Canta lengua la batalla de aquella gloriosa que vais á desposorios y á bodas; oh ¿quien
contienda: di el triunfo noble que eu el árbol jamás de los nacidos caminó desa suerte á re­
de la cruz alcanzó el Redentor del mundo: que­ cibir la muerte? E n espíritu vio Salomón la
dando, después de muerto, victorioso», y en figu­ alegría de esta entrada, y fue tanta su admira­
ra de esto, el día que los hijos de Israel se vieron ción, que convocó á todas las hijas de Sión que
libres del poder de Faraón, haciendo alegrías os saliesen á mirar. Eg redim in i et vid etc, jULc
comenzaron á decir: Canteimis Domino, g lo rióse Üion, Regcm Salomonem in diademate , quo 1?»-
enim hpnorificatus est; eqitum et ascmisorem p ro- ronavit illum mater sua tn die despom atim ix
iecit in mam: Pero al fin, como todo este triunfo illiu s et in die hHitw! cordis ejus: «Salid, hijas
va acompañado c o il la muerte y dolores do sn de Sión, y mirad al rey Salomón con la guir­
esposo, no se detiene mucho en esta primera nalda con que le coronó su madre en el dia de
consideración, sino luego revuelve los ojos á su desposorio, y en el día de la alegría de .su
mirar solamente aquella benditísima humani­ corazón». No se lee que el rey Salomón fuese
dad, tan afligida y maltratada, forzada y derri­ coronado de su madre Bethsabé con guirnalda
bada en tierra en el huerto, cubierta de sudor ó corona en el día de su desposorio, y así este
espantoso de sangre, rodeada de tristezas y lugar á la letra se entiende de Cristo, pacífico
ansias de muerte. Oye aquellos golpes, bofeta­ Salomón, que hizo pass cutre Dios y los hom­
das, azotes, cañazos. Contémplale atado á la bres, cayendo sobre E l la pena de nuestros pe­
columna, todo hecho carne, que apenas £igne cados, que eran causa de la enemistad. Este
rostro de hombre, iodo mesado y escupido. V ele divino Salomón salió del vientre purísimo de la
vestir aquella, ropa rozagante, aquella túnica V irgen sin mancilla, tamquam aparisus proce­
talar, tan rica, tan bien bordada, que después dería da thalamo svo. E x u lta r it ut gigas ad cn~
que se la probó, desde la planta del pie hasta rrendvm viam. AIchtósr
o como fuerte oa,ifr:inte
r*
la corona de la cabeza no quedó en él cosa sana. para correr la carrera, tomando con alegría ¡i
Sale á mirar aquellas fiestas reales, aquella co­ pechos la obra de nuestra redención, que fue la
ronación imperial, aquellas espinas agudas que más dificultosa cosa que se podía emprender.
traspasan la cabeza, donde está todo el seso de Y al fin de la carrera, en el día del Viernes
Dios. V ele caminar por aquella calle de la A m a r­ Santo, se casó por palabras de presento eon su
gura con tanta fatiga que viene á caer con el Iglesia, por quien había trabajado, como Ja­
peso de nuestros pecados. Y finalmente, vele cob por Raquel; porque entonces le fue sacatín
morir en una cruz: gusta su hiel y vinagre. Y de su costado, estando E l durmiendo el sueño
con la contemplación de ta;i lastimera figura, de la muerte, á semejanza de E va, sacada del
olvidada toda alegría., se cubre de luto y de tris­ costado de A dán que dormía. Pues en este dí;i
teza, y muda los cantares en endechas, diciendo salid, hijas de Sión, almas que atalayáis á Dios
en los maitines con David: Girctmdtderun!. me por fe, salid á ver al pacífico Salomen, que ton
gemitns mortis ; dolores in fcrn i circundederunt sus dolores va á hacer la paz deseada. Y entre
me. «Cercado me han gemidos de muerte, bas­ todos los atavíos, mirad á la guirnalda de es­
cas, tristezas y agonías mortales. Rodeado me pinas qne lleva en su divina cabeza, con la cual
lian dolores del infierno, dolores que 110 admiten le dice haberle coronado sn madre la Sinagoga,
consuelo ni alivio, como los infernales». Y e is pues por contemplación de ella se 1a pusieron
aquí cómo las diversas abstrae-iones y contem­ los gentiles. Y 110 os parezcan nuevos atavíos
placiones del entendimiento acerca de la pasión y aderezos de desposado por guirnalda lasti­
de Cristo son causas de la diversidad de afec­ mera corona; por anillos clavos, azotes, y sogas
tos y sentimientos en la voluntad y de estas por cinta; los cabellos pegados y enrubiados
mudanzas que en la Iglesia vemos. cou su propia sangre: la sagrada barba arran­
cada; las mejillas bermejas con bofetadas: el
CONSIDERACIÓN SEGUND A
tálamo rico, blando y oloroso una muy áspera
Cruz; los compañeros dei desposado, dos la­
Pero, Señor, que se alegre la Iglesia y se re­ drones; la fruta y colación que su madre y
gocije Aty-aham, y se gocen los hombres de amigos del desposado comen, son dolores, an­
vuestra muerte en cuanto es remedio suyo, no gustias y lágrimas. Y del dia ¿le este desposo-
P. FR. A L O N SO DE CABREJtA. 371
rióse diga; in die Iretitúm coráis ejus? No alegría deseaba padecer los tormentos del infierno; y
fingida, ni solo por de lucra, sino alegría del aunque no perder 1» gracia, ser privado de la
corazón dél. ¡Oh alegría de los Angeles y río gloria, si fuera menester, por el remedio do sus
de los deleites de la gloria! Y ¿de qué se ale­ hermanos? Pues sí la caridad de estos santos
ara tu corazón en el día de tus tormentos,? ¿ Y era tan grande qne se extendía á desear la
por qué vienes á padecer cop tul demostración muerte con tanto afecto y ardor por la gloria
de placer? ¿Por ventura lio te lastiman? L asti­ de Dios y remedio de sus prójimos, ¿cuál sería
man cierto, y más á ti qne á otro ninguno, la caridad del santo de los santos, y á quien se
pues era más delicada tu complexión. Pues dio la gracia sin tasa ni medida, á cuya alma
¿cómo tiene lugar el gozo en día de tanto do­ como á im mar Océano corrieron los ríos de
lor? ¡Oh! que también abstrae Cristo, y releva todas las gracias, para que de allí tornen á de­
y guarda la consideración vehemente y pura de rivarse por partes en los demás? ¿Qué deseo
sus dolores para la oración de! huerto, cuando tendría de. padecer? ¿Qué sed, qué ardor, qué
sólo imaginarlos ¡o hará agonizar y sudar san­ afecto por la gloria de su Padre y por la gloria
gre. Pero ahora contempla su pasión como del mundo? Verdaderamente, cadamomento que
señal de su amor incomprensible, como cum­ se dilataba este día se le hadan á su amor mil
plimiento de sns deseos. Y corno estos eran años, y se angustiaba y estrechaba sn corazón.
tan encendidos de padecer por los hombres, no YT si aquellos santos corrían á la muerte con
pudo haber para E l día más alegre, ni pudo tanta alegría, ¿con cuánta mayor correría aquel
ser fiesta más regocijada para su amor que el fuerte gigante que se alegró para correr la ca­
día en que tuvo oportunidad para padecer. .De rrera, eu tuya coniparaciónlos otros eran peque­
este amor nacía aquel deseo impaciente, que ños enanos? Si, como dice el Sabio; Spes qwr
significo á sus discípulos el día de la cena: difjertnr, ajfligit animam: ligimm riten deside-
Desiderio ileniderart hrn: pottdm manducare ro- riunt rertirm. Y más abajo: Desiderium si com-
bimtm ardAquanipatiar. ¡Oh. qué deseado tenia plcatur, dclectni animam. L a esperanza qne se
comer cou vosotros esta pascua! Con deseo lie dilata, aflige y fatiga al alma; pero el enmpli-
deseado. No se puede entender la grandeza de mif'iit.o del deseo, es árbol de la vida que deleita
este deseo, así como ni de la caridad de donde el corazón. ¿Cuánta sería la aflicción y fatiga
procedía. Pero por algunos ejemplos podremos que tendría aquella alma santísima que tan
colegir algo de lo qne es. De nuestro padre vehemente deseo tenía de xnorir viendo que
Santo Domingo se cuenta que, preguntado qué tanto se dilataba? ¿ Y qné árbol de vida sería
liaría, siendo comprehendido de ios herejes, para ella la cruz? ¿Qné deleite le daría el cum­
respondió que les rugaría que no le matasen plimiento de este su deseo? Pues si en este
eon alguna muerte breve, sino que le cortasen día se le cumple este gran deseo, con razón le
pieza por pieza todos sns miembros; y después ilaina día de alegría do su corazón. Y si la
le sacasen los ojos, y dejasen el cuerpo como un alegría del corazón es tan grande, justo es se
tronco revolearse on sn propia sangre. Tanta muestro eon señales exteriores. Y esa es la
era su caridad y deseo de padecer tormentos causa de esta procesión y solemne recibimiento.
por Líos. Pues aquel valeroso mártir San L o ­ Para eso son las palmas y ramos de oliva ¡por­
renzo, cuando por mandado del cruel tirano lo que nos quiete dar enramado y florido su divi­
iba á poner en las parrillas, eon un ánimo in­ no amor. Mandaba D ios antiguamente que le
trépido le dijo: hifeii.c, han ep n lu s cijo aemper sacrificasen una vaca bermeja fuera de los rea­
optad; y estando extendido en ellas, como le les, ofreciéndola eu holocausto;,y con las ceni­
asasen las encendidas brasas, dijo: «Estas bra­ zas de ella se santificaban los hombres y eran
sas me dan refrigerio?.; Oh, voz generosa, d ig­ limpios de las inmundicias legales. E sta vaca
na de tan notable varón, que con tanto ardor todos los santos convienen haber sido figura
deseaba beber ei martirio, que las llamas de de la humanidad sacratísima de Cristo, que
fuego tenía por aguas frescas que refrigeraban por los pecados del mundo fue sacrificada y
su sed! ¿Q.ué diré de la caridad de San Andrés, ofrecida en holocausto, abrasada on el fuego de
que con tanto gozo y seguridad le llevaba á la su amor y de sus tormentos fuera de Jerusa­
cruz? Aquellos requiebros que, le decía, las lem, E x tr a portam p a ssus est, dice San Pablo.
ternuras y regalos que le hablaba, las rique­ Pero lo que tiene aquí duda es: ¿Por qué razón
zas y pedrería que hallaba en ella, aquel pe­ el Señor mandaba que la vaca fuese bermeja?
dirle á Ja cruz que se alegrase para recibirle y ¿Qué importaba para la, religión que fuese ne­
darle estrechos abrazos. ¿Pues si pasarnos ade­ gra ó blanca y de otro cualquier color? Razón
lante á considerar la caridad espantosa de San literal 110 se halla que tenga apareneia, y asi
Pablo, que estaba sediento de la gloria de Dios, de necesidad habernos de acudir al sentido mís­
y de la salud de los hombres, que teniendo en tico. Y* es que por aquel color bermejo quiso el
poco todas las penas y dolores del mundo, Señor significar el abrasado y encendido amor
372 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
de Cristo nuestro bien, con cuánta alegría, vais llorando de compasión de Jerusalem, allí
regocijo y prontitud se ofreció á la muerte eon lloran por vos las hijas de Jerusalem. Ahora os
el deseo de nuestra salud; para que eon sus ponen ¡as ropas para qne pasáis; entonces os
gloriosas cenizas, esto es, con los m¿ritos de desnudarán de las vuestras al redopelo. Ahora,
su sangre, se quitasen no las inmundicias lega­ Señor, vais descansando; entonces iréis afligi­
les que sólo manchaban el cuerpo, síno las má­ do, causado, el cuerpo y huesos molidos á azo­
culas do todos los pecados del mundo. E sto es tes, vuestras carnes despedazadas, el rostro
lo que dijo San Pablo: S i enim cinis vituliB m - sangriento, con una soga á la garganta, como
persxis inquinatos snnctificat ad emundationem malhechor. Hoy os honra todo el mundo; en­
carnis; quanto magia sanguis Christi qui p er tonces os deshonrarán. H oy os confiesan á vo­
Spiritum sanctum semetipsum abstulit immav.u- ces por rey; entonces dirán que 110 tienen otro
latum Deo, emutulabü conscientiam nostram ab rey sino á César. H o y : ¡bendito sea el que viene
opéribits mortuis ad serviendvm Deo víventi? «Si en el nombre del Señor! entonces: Si éste no
las cenizas de la yaca bermeja tenían poder de fuera malhechor, no te le entregáramos para
limpiar á los que estaban inmundos corporal- que muriese. H oy os llaman H ijo de David;
mente, y les daban una santidad exterior y entonces os juzgarán por peor que Barrabás.
corporal, ¿cuánto más la sangre de Cristo, que H oy dicen ¡Hosana! ¡Sálvanos en las alturas!
se ofreció á sí mismo por el Espíritu Santo en entonces: á otros hizo salvar, y á sí no se pue­
sacrificio á Dios'ÍJ A quise significa el amor con de salvar. Sola una cosa tendrá de ventaja
que Cristo se ofreció al Padre en decir: Que aquella procesión: que en ésta, por ser de ale­
por el Espíritu Santo (que es amor esencial) y gría, no se halla vuestra amantisima madre;
personalmente se ofreció, y con grande pron­ pero en Ja calle de Am argura verla liéis á tiem­
titud y alegría. Como suelen ser todas las po que os vea arrodillar en el suelo y caer eon
obras que se hacen por impulso y movimiento la carga de la cruz, cnando os traspale el cora­
del Espíritu Santo, ¿cuánto más lo sería aqué­ zón de pena su vista y rasgue su alma con cu­
lla, donde el E spíritu'Santo más concurrió qne chillo de dolor la vuestra. E stas son, cristianos,
en otra alguna? Pues la sangre de Cristo, que las procesiones que anduvo nuestro Reden­
como vaca roja en el encendimiento del amor tor, la causa de ella, que fue su excesivo amor.
se ofreció á sí mismo al Padre como holocaus­ ¿Quién será de aquí adelante tan duro, quién
to agradable sin mancha de culpa, ¿cuánto más de corazón tan frío, que 110 se abrase con el
poderosa será de santificar las almas y limpiar­ fuego de tan encendido amor? ¿Quién no pon­
las de las obras muertas, que son los pecados drá su gusto y alegría en padecer trabajos por
que matan al alma, para que viras y limpias Cristo, pues él 110 tiene mejor día que el de su
sirvan á D ios vivo? pasión y muerte por el hombre? Si éste es el
día de su desposorio y de alegría de su cora­
CONSIDERACIÓN TERCERA
zón, ¿por qué no lo ha de ser para nosotros el
dia que por él sufriremos penas, cruz, peniten­
Pues este amor encendido, esta caridad tan cia, pobreza y mortificación? Y si tanto es el
inflamada, es la que hoy le trae á Jerusalem, y amor que á tan buen Señor debemos (que por
le pone en manos de los carniceros que Je han mucho que le amemos y sirvamos no podremos
de sacrificar. E ste amor es el que quiere ser re­ pagar la mínima parte de esta deuda), ¿que
cibido con triunfo. H oy le sacan á vistas v al será, no sólo dar el retorno á tal amor, sino ol­
paseo, hoy anda la procesión; pero no lo ha él vidarse de él? ¿No tener memoria de sus tor­
tanto por esta, como otra que de aquí á cinco mentos y no hacer caudal de sus beneficios?
días ha de andar por la calle de la Am argura ¿Qué será, despreciando tal amador, poner
con que E l quede satisfecho y nosotros reme­ nuestra afición en las vanidades y vilezas del
diados, ¡Oh! ¡Qué diferente procesión y paseo mundo? (.En las honras fugitivas, en las rique­
será, Señor, aquel por donde os llevará vuestro zas perecederas, en los deleites impuros? L;i
amor, de éste por donde lo lleváis vos á él1 cual ingratitud cuánta sea, declaró el Señor por
A quí vais, Señor, caballero, aunque en una hu­ mía semejanza admirable, diciendo por el pro­
milde bestczncla; allí iréis á pie y descalzo, tro­ feta Oseas: Vade, dilige mulierem dilectam
pezando y dando de ojos. A qu í vais sentado amico et adultérame sieví d ilig it Dom inus j i lio*
sobre, las ropas de vuestros discípulos; allí os Israel et ip si d iliy u n t vinatia iwarinn. «(Vete
cargarán una pesadísima cruz á cuestas. A quí y pon tu afición en una mujer amigada con
vais cercado de vuestros criados y amigo;;; allí otro, y adúltera, de la manera que el Señor
rodeado de alguaciles y porquerones. A qní os ama á los hijos de Israel». Mira la llene/a;
reciben con palmas y olivas; allí relumbran mira la gran fuerza de amor, que le obliga á 1111
alabardas y lanzones. A q u í suenan voces de D ios de tanta majestad á poner su amor en
alabanza; allí los pregoneros de la justicia. A quí unas almas adúlteras, mancebas de Satanás.
P. FE. A L O N SO DE CABRERA 373
¿Cuánto le deberían amav por tal dignación? tial? ¿De esta suerte agradecemos aquel amor
¿Qné amor se debe pasar en recompensa dn abrasado que con tanta alegría se ofreció por
esta deuda? E t ipsi diUgunt, vt-mf.ia wrimm-. nosotros á la «inerte? N o lo bagamos así, cris­
«Y ellos aman el orujo de las uvas». ¿Es posi­ tianos, miremos Jo que le debemos, que es in­
ble que traeca el hombre á Dios por el orujo? menso amor. No es mercaduría que recibe com­
Sí, porque quien ofende á .Dios por esta basura pensa de otra moneda, sino de amor. Amemos
de ios bienes temporales, y por la inmundicia y á quien tan de atrás madrugó á amarnos. Sir­
suciedad de los pasatiempos de la carne, á Dios vamos á quien todo se empleó en nuestro re­
deja por orujo, y aun por cosa peor. ¿Pues qué medio, para que de esta suerte alcancemos el
maldad puede ser más execrable que ésta? ¿Qné fruto de su amor y de sil muerte, aquí por gra­
cesa m is aborrecible? ¿Qué ingratitud más bes­ cia y después por gloria. Am én.

C ON S ID ERA CI ON ES
DEIr

LUNES DESPUES DEL DOMINGO


DE RAMOS

A nte se:r dies Paschce venit Jesus B etha-


niam , ubi L aza ru s fu erat mortuus, quem sus -
citavit J esús.
( J o a n ., 1 2 ).

E l santo Evangelio contiene la última jor­ valor del ungüento, indignóse mucho que se
nada do Cristo nuestro Redentor á Jerusalem, hubiese así gastado, y dijo: ¿Por qué no se ven­
|i:ira dar cima á. la obra de nuestra redención. dió este ungüento en trescientos denarios que
Había estado retirado en Et're'n, después qne se podía valer, y se dio ei precio álo s pobres? ¿De
pasó en el eabildo su muerte, y so mandó pre­ qné sirve este desperdicio? M as esto no lo dijo
gonar, y so pusieron cedulones, qne quien su­ él por algún cuidado que tuviese de los pobres,
piese de él lo viniese diciendo pura que la jus­ sino porque era ladrón, y despensero que reci­
ticia le prendiese. A hora quo es llegado el bía y gastaba las limosnas que á Cristo se
tiempo de pasión, por el Padre difinido, él se daban, y sentía en el alma haber perdido la
descubre y de su voluntad se viene acercando ocasión de. sisar y aprovecharse del precio de
al lupai1 del sacrificio. L legó á Betania seis días aquel ungüento. Pero el Señor toma la mano
antes de la Pascua, á donde fue muy bien reci­ en defender á su bienhechora, y dijo á Judas:
bido de sus grandes amigos y leales servidores, Déjala, no impidas su buena obra, porque esta
Lázaro (el que poco antes había resucitado) y unción es anuncio do mi cercana muerte y se­
de sus hermanas M arta j M aría. Diéronle pultura, pues me ungen ya, como suelen á los
aquella noche una cena suntuosa y á ella sirvió cuerpos muertos para, sepultarlos; y no os con­
Marta; Lázaro Tuo uno de los de mesa, y M a­ gojéis por los pobres, porqne esos siempre los
ría, par no estar ociosa, tomó un bote de ala­ tendréis con vosotros y les podréis hacer bien;
bastro que cabía una libra de ungüento de nar­ pero á mí no me tendréis siempre en esta for­
do preciosísimo, y ungió con él los pies del ma visible que me podáis regalar y servir. P u ­
Señor, habiéndoselos limpiado primero con sus blicóse luego la venida de Cristo a Betania, y
cabellos;-}', según dicen otros evangelistas, así de la gente que había concurrido á celebrar
quebrando el vaso vertió todo el licor sobre la la Pascua, vinieron muchos á verle y también á
cabeza de Cristo, quedando falda la casa llena Lázaro, de cuya vuelta de la sepultura al man­
do aquella fragancia y suavísimo olor; por el do 110 sólo estaban admirados, sino curiosos
cual, conociendo Judas Iscariote la finesa y por oir las novedades que de la otra vida con­
374 PREDIO ADORES D E LOS SIGLOS X V I Y X V I I
taría. E sta es la letra. Pidamos para tratar de cielos está dado á saco y se puede entrar por
ella alíro para aprovechamiento do las ai más la fuerza de armas». L os soldados varoniles,
gracia dol Espíritu Santo, por intercesión de la arriscados, determinados, que trepan por las
sacratísima V irgen. A ve. picas y se arrojan por los hierros de las espa­
das y lanzas, esos la ganan á fuerza de brazos.
IN T R O D U C C IO N Luego bien dice David: V iriliter agite; «Pe­
lead como valientes»; sacad fuerzas de flaqueza,
E l santo profeta y rey David, sabiendo por animaos, iio desmayéis; macerad la carne, aco­
experiencia las dificultades grandes que se re­ cead al mundo, haced rostro al demonio, atro­
crecen en la virtud á los que tratan de ella y pellad vuestros enemigos, no reparéis en incon­
quieren descompadrar con el mundo por agra­ venientes. Buen consejo; pero ¿dónde están las
dar á Dios, procura ponerles ánimo con pala­ fuerzas para todo eso? ¿Quién es poderoso para
bras de gran esfuerzo para, que no desfallezcan, fortalecer al hombre flaco y cobarde, y ponerle
sino vayan siempre adelante fiarlos en el socorro tanto brío? A. eso responde: Omnes qui sperani
que les dará el Señor. Y asi dic-e en el sal­ in Domino. No habia eon todos, sino eon los
mo 3 0 : V irM ter agita et confortetxir cor resfrian que esperan en el Señor. Estos que desconfían
omnes qui sp&raiis in Dom ino. «Haced como de sí y ñau de Dios participan la misma forta­
hombres, y esfuércese vuestro corazón, todos leza de Dios, que los hace invencibles. Comu
los que esperáis en el Señora. E s empresa de dice Isaías: Q ui autem sperant in Domino, mu-
valientes salvarse, porque la virtud de suyo es ta i ¡mt fortitiu lin em . Advierte San Gregorio
ardua. V irtm vursatur ct'rca difficile (A rist.), que no dijo tomarán, sino trocarán una forta­
dijo Aristóteles. E l hombre mal inclinado y leza por otra. L os malos son fuertes para id
falto de fuerza, por la contradicción que hace la mal. V iri fortes ad mtsceiidam ebrietatem. Para
sensualidad y apetito depravado tiene, á más do hacer calabriada de blanco cou tinto, y embria­
eso, enemigos extrínsecos, el demonio, ol man­ garse con los bienes y contentos de este sisólo,
do, que hacen brava resistencia. Pues quien sufren trabajos, ofrécense á los peligros, no
ha do vencer todos estos contrarios, menester perdonan á gastos en orden de satisfacer á sus
ha ser hombre de hecho, y tener fortaleza y apetitos; pero en convirtiéndose á Dios y po­
osadía de varón. Cuando salieron los hijos de niendo su amor y esperanza en él, dejan csia
Israel de E gipto y enviaron sus espías que re­ fortaleza y toman otra, que es la de los justes.
conociesen la tierra de promisión, ordena Dios Qne si antes eran fuertes para vengar las inju­
que vayan á dar en Hebrón los descubridores, rias, ahora lo son para perdonarlas. A n tes ven­
donde estaba la generación de Anach, todos g i­ cían á los otros: ahora se saben vencer á si.
gantes pavorosos que los asombraron; y así Antes eran manirrotos para gastos superfinos
vinieron diciendo: ffLa tierra que habernos vis­ y vanos; ahora lo son en obras de caridad.
to bonísima es."; sed cultores fortissiirws habet eí Antes eran fuertes para comer y beber y con­
urbes grandes atque m uratas. «Pero los mora­ tentar su carne; ahora lo son para afligirla ron
dores son valentísimos, y las ciudades grandes ayunos, disciplinas y otros malos tratumient >s.
y bien muradas y torreadas». N o las podemos A n tes eran fuertes para huir los trabajos de la
conquistar, porque delante de aquellos mons­ penitencia; ahora lo son para sufrirlos. Esta es
truos parecemos nosotros langostas. ¿Para qne la fortaleza de los que esperan en el Señor. Y
quiso Dios que Inego á la entrada de la buena para dársela y quitarles todos los miedos, «tic
tierra, en el primer umbral (como dicen), trope­ hoy Cristo en público, y viene al desafío de su
zase sil pueblo con aquellos disformes jayanes pasión á combatir en campo aplazado con el
que le amedrentaron? P ara mostrar que en el príncipe de este mundo, qué es aquel Inerte ar­
camino dei cielo, en el ejercicio de la virtud hay mado que estaba en pacífica posesión guardan­
también semejantes monstruos que nos estor­ do su estancia; mas sobreviniendo otro más
ban: grandes dificultades, asperezas, peligros, fuerte que él, le venció y desarmó, y quebramó
temores, espantos de enemigos domésticos y siis fuerzas, y le quitó los despojos que poseía.
extraños. Buena es la tierra, dulces son los fru­ E sto da á entender el evangelista en el princi­
tos, sazonados, de lá virtud; bienaventurada es pio de nuestro evangelio.
aquella tierra de los vivos, qne mana leche y
miel; pero tiene guardas fortísimas, querubines CONflíDERACIÓNT PK1M.ERA
armados eon montantes de fuego: señal certísi­
ma que á fiiego y á sangre se ha de hacer la A nte seo; dies Pasckm , vm it .fe,sus, etc. Paré-
guerra. E s una fortaleza inexpugnable, y así ceme que el águila real San Juan, cuando esto
para conquistarla es menester gran denuedo y escribía puso los ojos en David, aquel máncelo
pelear cotilo buenos. Hegnuéi cáthman v im p a ti- blanco y rojo, á quien desde el desierto (donde
'tur , et violenti rapiunt illu d : c E l reino de loe estaba repastando sú ruanadillá de ovejas) eu-
P. FR. A L O N S O D E C A S R E E A 375
vio su padrü á visitar á sns hermanos, que es­ es el suyo invencible. Y así lo declaró él. Venit
taban en campaña contra los filisteos. Trájoles enim P rin cep s ?nund¿ hujus et in me non habet
tres medidas de harina y diez panes. Llegado qiítdqaam. S e d ut cognoscat mv.ndus quia (litigo
al campo, como oyó hablar en la fortaleza do P atrem et aicut mandatum dedit mihi P a te r ,
Güilas, que con tanta arrogancia desafiaba & sic fa ció . A las manos quiere venir conmigo
todos los reales fie Israel, y ninguno se atrevía Satanás; pero no halla en qué hacer presa, que
á responderle, toma la demanda el animoso son mayores íiiis fuerzas que las suyas. Mas
mancebo y dice: N o n conr.idal cor cujuwpium para que conozca el mundo que yo amo á mi
in eo. Fj'Jo serrín tuna radetm et pugnaba ad- Padre y hago lo que me mandó, surgite, eamus
reritt» philistivum . « Y o me prefiero de hacer hinc: «Levantaos y varaos-de aquí». Por eso
con el batallas. Reprendióle su hermano mayor caminando ¡i Jerusalem hace alto en Betania.
Jíliau, espantado de verle allí, y túvole por te­ Y a haciendo posas, no de cansancio, sino de
merario y atrevido. M as David apartóse de él majestad y fortaleza, porque 110 se le atribuya
un poco, y torna á ofrecerse á la lid; y porque la cruz que padece á falta de poder, sino á so­
110 lo tuviese en poco, en presencia del rey hace bra de amor y voluntad y á gran prontitud de
alarde de sus valentías, pues solo y sin armas obediencia, Y como David para acreditarse de
desquijaró nn león y mató un oso qne le ha­ valiente contó sns proezas pasadas y las V i­
cían daño en el ganado. Con esto dio de sí torias habidas de leones y de osos, así viene
buenas esperanzas; y 110 queriendo las armas Cristo á Betania, ubi L azarus fu er a t mor tuve:
do Saúl, con su cayado y tinco piedras se va quem su sc ita v it Jesu. F ue refrescar 1a memoria
contra el filisteo, esperando en el nombre del de aquella hazaña, y decir: Quien alcanzó Vi­
Señor; y derribándole de una pedrada, le cortó toria del león de la muerte, sacando de sus g a ­
la cabeza cou su propia espada del gigante. L o rras el cuerpo podrido, j del oso del infierno,
cual visto por los filisteos, huyeron, y los israe­ sacándole del, vuelve el aiuia que tenía tragada;
litas cobraron ánimo, y persiguieron y mataron quien de tales fieras libró este cordero de L á ­
á sus enemigos. Cristo es el verdadero David, zaro, poderoso será de pelear con el gigante
bbmco'por su inocencia y colorado en la pasión. demonio, y librar el pueblo de su tiranía. Y
Envióle el Padre á visitar á sus hermanos los esto uo con las armas de Saúl, d o con riquezas
hombres que estallan en el campo, romo dice y fuerzas mundanas, sino con el báculo de In
el Santo Job: JSIiliiia est vita hominis super cruz, y con cinco piedras de cinco llagas en el
terram. A los cuales trajo tres medidas de lia - nombre del Señor. E sto es, con la virtud de la
riua, que es el conocimiento de la santísima divinidad le derrocó y mató con sus pnpifts
Trinidad y los diez panes de los Mandamientos armas. D e peccata rlamnavit peccatum . Con la
de la ley. Y viéndolos afrentados y oprimidos muerte, que es efecto del pecado, padecida como
del demonio (á cuyas fuerzas desiguales 110 po­ si fuera pecador, destruyó al verdadero pecado,
día resistir) él se convida á la batalla. N un c y triunfó del enemigo á su propia costa; con
jttdi'cium est inundi: nunc princeps kujus m>in- esto quedan debilitados nuestros adversarios, y
di xjicietur Joras. Ahora se lia de hacer juicio los que esperan en Cristo fortalecidos. Y á
del mundo, y se porná en juicio de batalla el ellos se dice: Virih'ter agite et confortetvr Cor
señorío de él, y se verá la poca justicia que tie­ vestrum, omnes qui speratis in Deo. «Haced
ne el principe de este mundo: vo le echaré del como buenos, esforzaos y no temáis los que
eauipo, y de sn posesión y señorío. L a repre­ esperáis en el Señor», Tales eran los vecinos de
hensión del hermano mayor es la indignación Betania, de quien so dice luego.
del pueblo hebreo (hermano de Cristo según la
carne) que 110 le quieren recibir por Cristo, C O N SI DE R A C IÓ N SEGUND A
porque no les parece poderoso para salvar. E l
apartarse 1111 poco David, es haberse retirado F ecem n t autem ei ctvnain ib/. Y a andaba el
Cristo (después qne en el cabildo se decretó sn Señor encartado; ya dado mandamiento que lo
muerte) al lugar de Et’ren. Pero 110 se detuvo denunciasen; ya se tenía por enemigo de la pa­
mucho, sino ante se.x ¡lies P a sd u v . Seis días tria el que se le llegaba. Y en este tiempo tiene
antes de la batalla sale del lugar donde habia amigos que se ponen á tanto riesgo por él. E u
estado como escondido, y eon ánimo intrépido esto muestran su valor y fortaleza los amigos
y determinado so ofrece d la muerte. Y porque de Dios que esperan en él; en serlo cuando el
se entienda que hace esta jornada por mandado partido de Dios está caído, entonces so declara
de su Padre, uenit Dethaniam. qne quiere decir Lázaro, M arta y María, y le hacon espaldas.
casa de obediencia, porque la de su Padre es la E l santo Moisés, grandis factus negávit se esse
que lo lleva á morir, y nn fuerzas de enemigos, filittm filiá P haraon ts. Habiásele pasado la
ni astucias de Satanás ni necesidad de hados niñez en casa de Faraón, criado como hijo de
ni de la muerte; porque para todos esos brazos la princesa de E gipto, servido de todos en pa~
37G PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
lacio, abre los ojos siendo ya grande, y viéndo­ ces le condenan, los sayones le silban y escu­
se con tanta estimación, tomó ánimo y negó ser pen su rostro, el pueblo le desconoce; San Juan
Lijo suyo. YT esto cuando el partido de los he­ y su madre allí llorosa callando (que el hablar
breos estaba tan caído, que todos los tenían por no convenía entonces); y él toma por toda la
esclavos, magis eligens qjligi cum populo D ei iglesia ia mano, y no teniendo libre más qno
quam temporalis peccati halare jucundilaiem : la lengua, reprehende al compañero, publica la
majores 'livitias mstimans thesauro legyptiorum inocencia de Cristo, la injusticia del juez y tjo
improperiumClvristi. «Queriendo antes ser mal­ los acusadores; llámale rey, pídele memoria
tratado con el pueblo de Dios y ir á los adobes para cuando esté en su reino, i Oh íe fundada
y al trabajo con sus hermanos, que gozar de la en caridad, cuánto puedes, qne sacas fuerzas cíe
prosperidad temporal con los pecadores, te­ un cuerpo tan flaco] Crucificado estaba y ago­
niendo por mayores riquezas ser deshonrado nizando; y en tal aprieto le confiesa, y vuelve
por Cristo que todos los tesoros de los gita ­ por él contra todo el mundo. ¿Que decimos á
nos». E sta misma constancia mostró el profeta esto nosotros, qu¿ queremos ser cristianos á
Daniel, siendo privado del rey Darío, cuando á poca costa, quo no dura más nuestra virtud do
instancia de sns émulos mandó echar aquel cuanto no se atraviesa alguna persecución, y
bando: Que por espacio de treinta días ninguno no son menester adobes de E gipto, ni leones
pidiese merced alguna ni á Dios ni á los hom­ de Babilonia, ni malas voluntades de Judea, ni
bres, excepto al rey, so pena de ser echado á tormentos ni muertes de todo el mundo, sino
los leones el que 1o contrario hiciese. Bien en­ una ligera pérdida de nuestro pundonor, gusto ó
tendió Daniel el designio é intento de sus ad­ interés nos hace desdecir de lo justo? Diréisle ;il
versarios, que era buscar algún achaque para otro: Hermano,perdonadla injuria, que lo man­
ealuniarie y destruirle. Mas nada alterado se da Cristo.— ¿Pues mi honra? Quedo cargado
fue á su casa, y sin cerrar puertas ni ventanas, que me silbarán cuantos me conocen. N o puedn
ni curar de otra guarda ni cautela, hacia su obedecer á Cristo cou tanto detrimento de mi
oración tres veces al dia mirando hacia Jernsa- honra.— A l otro que tiene la hacienda mal ga­
lem, y alabando y bendiciendo á Dios, como lo nada, decidle que restituya.— ¿Pues qué come­
tenía de costumbre. Espiáronle sus enemigos, rán mis hijos? ¿He de caer de mi estado? ¿11c
y convencido que hacía oración á Dios, contra de pedir de puerta en puerta, un hombre qne me
el mandamiento del rey, fue echado en el lago he visto fin tanta honra?— E l otro mancebo ga­
de los leones. Pero libróle Dios eon mucha llardo, que deja de confesar y comulgar, y no
honra suya y muerte de sns enemigos. E stos osa ir á los hospitales, porque sus compañeros
pechos quiere Dios, que ni el furor ni privan­ perdidos y disolutos no burlen dél, y le llamen
za del rey, ni la envidia y persecución de los hipocritón y santucho. Decidle á la otra moza
malos, ni la cruel muerte, sea parte para ne­ de buen parecer que se recoja y viva honesta­
gar á Dios y hacerle desdecir un punto de mente.— ¿Pues cómo me tengo de sustentar.1
su servicio. Otro testigo tenemos do esta ver­ — Hilad y trabajad, ó entrad á servir, y dejaos
dad en el apóstol San Pablo. E l no alaba sn de copetes y oros, y terciopelados mantos de
predicación á la usanza de ahora, que es subir­ soplillo.— No, señor, que ninguna de mi linaje
se en el pulpito honroso, tener grandes audito­ sirvió, y yo me lie de tratar como las de mi
rios atentos, la estimación de ser predicador calidad; y eso del trabajar es allá para genio
evangélico, sino cuando estas verdades eran baja. — E s virtud esa qne entra en costa. ¿De
aborrecidas y costaba la vida el predicarlas. manera que en ofreciéndose algún trabajo ó pe­
iVos prívdicamus Christum crucifixum, J iu lm s ligro, ó menoscabo, luego se acaba la amisiad
(piidem scandalum , gentibv.s autem atultitiam de Dios? Pues acordaos de aquella aiuenaz:i:
(I Cor,, 1). E sto es tener amistad al evange­ Q ui erubuerit me et mean sermones httic F ili»*
lio y á Cristo, en tales tiempos romper con el kominis em bescet , cían vc.neril in viaje?tute aun
mundo; hacer rostro y declararse por el bando et Patria et sanctorum angelormn. «El que se
del Señor. E l buen José Abarim atia, después avergonzare de parecer mío delante los hom­
de Cristo crucificado, estando aborrecido y abo­ bres, yo me correré de tenerle por tal delante
minado de todos, audacter introivit ad Pilatwm mi Padre y de todos los ángeles». No basta, ím,
etpeti.it Corpus Jesu. Con osadía se declaró por avergonzaros de ser cristianos, sino de la do-
amigo, contra todos ellos, y trató de ungir y trina y mandamientos de Cristo, que dice: T)i-
sepultar aquel sagrado cuerpo. Lo mismo fue ligite inimicos vestros. ¿Que pensáis que signi­
del buen ladrón. Que la grandeza de su nego­ fica la cruz de Cristo que ponen en la frente al
cio estuvo en este punto confesarlo cuando cristiano cuando lo confirman? E s decirle que
todos le faltaran. Judas le vende, Pedro le nie­ le arman caballero cristiano; y que esa es su
ga, ios apóstoles huyen, todos se escandalizan : nobleza y caballería, el hábito de Cristo; y que
los amigos se encogen, los magistrados y jue­ no se ha de avergonzar de la cruz de Cristo,
P. F R . A L O N S O DE C A B R E R A 377
sino traerla en público, y preciarse de ella como señora principa] era; pero no se fia de ellos
esclavo de Jesucristo, comprado con su sangre, sino ella por su mano Jo liada, porque no se
herrado con su hierro, qne es el Tau con que despreciaba de servir á Dios. No corno los se­
el Señor mandó señalar á sus escogidos para ñores y señoras do ahora, que tienen por baje­
que los conozcan por tales. A sí lo honraba za dar por su mano la limosna al pobre, que
David de serlo y parecerlo, cuando decía: E l representa la persona de Jesucristo; aun de
ambulabam in Iatitudinr, quia mandato, tita ayudar á misa no se precian los caballeros
quisiei. ((Señor, yo andaba en público, 110 por (oficio de qne mi son dignos los ángeles).
rincones, sino mi cara descubierta, porque [Cuánto mejor lo miraba David, paos siendo
guardé vuestros mandamientos». N o me des­ rey se quita las vestiduras reales, y como hom­
preciaba de parecer siervo vuestro, observante bre de placer baila, tañe y canta delante del
de vuestra ley. L a esposa sale por las calles á arca del Señor, que era la sombra de este mis­
buscar á su esposo sin empacho ninguno, y á terio. ¿Pues ya por su mano curar al pobre?
cuantos encuentra les pregunta por su amado. ¿guisarle la comida? ¿trabajar de sus manos
Todo esto nos enseña el valor y constancia con para haoor limosna? ¿Quién hace eso? ¿Qué fue­
que habernos de confesar á Cristo y declarar­ ra ver á Abraham, un hombre tan grave y tan
nos por sierros suyos, aunque sea con riesgo y poderoso que con sola la gente de su casa dio
perdida de todo lo temporal. Como lo hicieron batalla á cuatro reyes y los venció, estar espe­
los de Hethauia, que cuando todo el mundo dice rando los caminantes á la puerta de su taber­
quo lo han do prender, entonces le reciben y le náculo, en mitad de la fiesta; y en llegando,
regalan. hincarse de rodillas y pedirles por merced que
c o n s id e r a c ió n t jí k c e i ¡ a
hiciesen venta en su casa; y traer él propio el
agua y lavarles los pies? ¿ Y luego mandar á su
Eecerunt. autem ei ernam ib : , et Jíurfa mi- mujer que les haga torticas; y él ir corriendo á
nistrabat;Latarus vero itnus erat ex diseumben- la vacada, y maLar una terncrica de lecho? ¿Qué
tibus cum eo. Dos dudas hay aquí cerca de la es esto? ¿No había en aquella casa criados?
letra. L a primera, en qué easa se dio esta cena. ¿Para casar á su hijo envía un criado, y servir
La segunda, quién la costeó. L a primera, es al peregrino él y su mujer? Si viérades ahora al
manifiesta quo l'uo en casa de Simón Leproso; marqués y á la marquesa, corriendo de la boti­
porque así consta expresamente! en los otros llería á la cocina pani hospedar nn peregrino,
evangelistas. A la segunda, San Crisóstomo ¿qué dijéradesí— Sin duda debe ser el rey, que
y Eutimio dicen quo las dos hermanas Marta y viene en hábito de romero, por no ser conocido.
María dieron la cena; y porque había de ser Pues esto entendía Abraham, que en aquellos
muy espléndida, y muchos ios convidados, es­ peregrinos recibía á D ios: y así se honraba de
cogió la casa de Simón Leproso, que debía de servirlos por su propia persona, Seu:ire Deo
ser muy capaz ó porque, por ser Imnibre, era regnare est, dijo San Antonino á la hora de su
más á propósito casa que las do unas señoras muerte. Los que de este Señor son tan servi­
doncellas para tanta gente. Otros dicen que el ciales, son reyes. ¿No se tienen por muy hon­
Concejo de la villa de Bethania fue el que pro­ rados y favorecidos los grandes caballeros y
veyó la cena, sintiéndose obligado por los mu­ señores en servir al rey en su cámara y en
chos beneficios que aquel lugar del Señor había oficios de sn casa? ¿Pues qne interesan de ahí?
recibido, y por el honor y Hombradía que de su O id nn rey cómo los desengaña: consi­
hospedaje les resultaba. L o cual da á entender dere in p rin cip ibu t, i n jiliis hominum, in quibvrn
el evangelista diciendo que vino Cristo á Bo- non fst sahts. E x ih it .<¡¡¡mtus ejus et revertetur
tbania, y que allí le ordenaron una cena; no se­ in terram sitam: in tila die jieribunt omite?- co-
ñalando persona particular, da á entender que gitationes eorum. Cuando mueren los reyes
la dio el común. Y es bien asi; porque como el hay también general mortandad de pensamien­
Señor ordenaba esto para quitar el escándalo do tos, de pretcnsiones. Rómpense las redes, mar-
su cruz, y probar ]a superioridad que tenía á ehítanse las esperanzas,sepúltanse los servicios,
todos sus enemigos, tanto más se manifestaba resucitan las hambres y desconfianzas, pero no
su gloria cuanto más se declarase por sus ami­ así contigo Señor. R ea i strculorum, inm ortali,
gos, Proveída la cena, y señalada la casa de inrisibili: soii D eo honor et gloria (S . Tim ot.),
Simón, no faltaron las hermanas, ó porqne te­ «A solo este rey de los siglos inmortal, que no
man deudo con Simón, ó por su devoción par­ pasa con los tiempos, os debido el honor, y la
ticular. Marta se encargó del guisado y servi­ gloria, y el servicio». Aunque por ser invisible
cio, como otras veces lo habia, hecho. Marta en esta vida es menester fe para reverenciarle.
ministraba. ¡Bien empleado servicio, seguro E sta tenía M arta muy viva, pues dijo: E g o cre-
trato! ¿A dónde se pueden mejor em plearlas didi quia tu es Christvsf-li-us D e i viví. Y como á
fuerzas y la industria? Criados tenía Marta; tal le servia en cuanto hombre por su persona.
378 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I

CON S I D E R A C I Ó N C U A RT A
ejemplos de toda suerte (como prueba San Je­
rónimo): Pecadores y convertidos. Patriarcas,
Lázaro era uno de los quo comían á la mesa los hijos ele Jacob, que vendieron á su herma­
de Cristo; parque se viera cómo fue verdadera no. Profetas, Moise's, que pecó á las aguas de
resurrección, y no fantástica ni fingida. Y con contradicción; Jonás,fugitivo; el otro qne comió
haber estado de tantos días muerto, podrido y en Sumaria, desobediente. Pontífices, Aarón y
hediondo, no tiene asco de sentarle á sn mesa, Jesús hijo de José, vestido de ropas mancha­
porque á D ios no le huele mal el pecado pasa­ das. Apóstoles, San Pedro y San Pablo, y casi
do, sino el presente. N o le enfada el pecado qne todos Jos líeyes, David, Manases, Nabueodo-
fue, sino el que lo es, Muéstrasenus en esta nosor. Sabios, Gatnaliel, Ambrosio, A gustino.
cena la piedad con que trata Dios á tina alma Y el cielo lleno de estos. I llu c enim ascende-
recién salida del sepulcro, convertida dtel peca­ rnnt tribus, tribus Dom ini, testimonium Israel.
do. iCóruo la regala? Son dolientes de convale­ E n testimonio de que por más pecadores que
cencia, son plantas tiernas, traspuestas del mon­ seamos nos podemos salvar y sentar cabe ellos.
te del pecado al vergel de la gracia, y es me­ A sí lo dice por su Profeta: S i cunrerteris, con-
nester regarlas y cavarlas y tener gran cuenta vertam te, et ante faciern meam s ta b it.E t si sepa-
dallas. Como el cazador que lia perdido su hal­ raveris prwttosum a r ili, quasi os meum eris.
cón, y se le lia remontado, toma el señuelo en «Si te convirtieres á mí, yo te perdonaré, y es­
la mano, y anda por sierras, cerros, valles, dan­ tarás delante do mi rostro como privado mío;
do voces y auchando el halcón, hasta qne se le y si te apartares, el alma preciosa que yo crié
viene á U mano. Y cuaudo le tiene en su poder, de la hediondez y vileza del pecado que tn hi­
no le repela ni castiga, antes le halaga y le com­ ciste, serás gentilhombre de ía bocas. ¡Olí, qué
pone las alas, y le iguala las plumas, y le da á nuevo trueque! ¡A dónde te pasa y á dónde te
comer de un pecho de ave, para que eon el con­ halla! Del polvo, al cielo; del estiércol, al tro­
tento y regalo no se le vaya otra vez. Y si so no de gloria ■d.el muladar, al regalo de la
le fuere, al primer silbo se le torne, acordándo­ boca de Dios. ¡Oh celestial banquete, cuál se­
se del buen tratamiento pasado, asi Cristo (di­ rás! Si esta mesa hoy nos espanta en ver á L á ­
vino cazador) cuando estas primas de las almas zaro resucitado en ella, ¿qué será verte á ti,
se le huyen, búscalas, dales voces con inspira­ inocentísimo Cordero de Dios, riquísimo Señnr,
ciones, con sus palabras, llámalas con el señue­ cuando convidares í los pecadores justificados,
lo de su misericordia, Y cuando vuelven, no y los sentares en el convite donde no habrá uno
las hostiga, ni riñe, ni muestra mal rostro, sino solo resucitado, sino todos tus predestinados
regálalas y compónelas, y dase á sí mismo en llenos de inmortalidad? Donde 110 sirva Marta,
manjar, porque otro día 110 se le huyan y se sino tú, Señor, seas el huésped y el maestresa­
vuelvan á su pecado. ¡Oh, Señor, y cómo sa- la y el manjar; donde no hable Judas murmu­
be'is hacer estas caricias.’ Dice el ángel á las rando, sino todos digan con los ángeles can­
Marías: Ite, d i cite discipidi* ejus et P etro que tando: Bendición, claridad,, sabiduría y baci-
ya su maestro ha resucitado.¿Por qué-más, Se­ miento de gracia, honra, virtud y fortaleza se
ñor, á Pedro? ¿Qué regalo tan especial? Sí. Que de á nuestro Dios en los siglos de los siglos.
había tenido gran dolencia: habia echado la vida Am én.
por la boca negando á Dios. E stá ya converti­
do, 11oró grandemente, estaba tierno, y muy COÍTSIDEItACIÓfT Q U IN T A
necesitado de consuelo. A Saulo, después de
derribado y cegado, le envía á Ananíns que le M nria ertjo accepit librara nngv.enti nardi
consuele y 1c bautice, qne le cure y le aliente. A l p istici p m tio s i. Como María vio á su hermana
ciego que dio los ojos, que le habían tratado M arta empleada en servir á Cristo, y á Lázaro
mal los fariseos, le busca y anima y santifica., sentado con él, acuerda ella de hacerle algún
A s í ahora resucita á Lázaro, y le sienta á su regalo (que el amor no puedo estar ocioso) y
mesa. No se desdeña Dios de sentar cabo sí á torna mía libra de ungüento de nardo precioso,
los pecadores, antes los honra y autoriza, sali­ no adulterado, aniexo ni corrupto, y unge con
dos del pecado, y los abraza y estima. S u scita t él los pies del Señor, ¿Qué es eso, Magdalena,
de pulvere egenum et de, stercore elevat paupe- pues para derramar en los pies y por el suelo
rem: ut sedeat cum principibus et, solium glories habéis buscado ungüento tan fino y de tanto
teneat: ^Levanta al menesteroso riel polvo de la valor? Sí, poique es para D ios, á quien se ha de
tierra; de la inconstancia que tiene e l malo, servir con lo mejor y más precioso. Son los
cou que os llevado de sus pasiones, y saca al buenos muy libres para con Dios y muy esca­
pobre de la basura y torpeza de] pecado para sos con el mundo. Abraham (aquel qne con los
darle silla entre los Príncipes y sentarlo en peregrinos fue tan cumplido) echando de su
trono de gloria». P or eso quiso que hubiese casa á A g a r su esclava y á Ism ael su hijo, no
P. FR. A L O N S O D E C A B R E R A 379
les dio más regulo que mi poco de pan y uu al rostro de Cristo, y así le dijo: Judo., osculo
correando de agua que llevaba la madre á unes- filium ha mi ni s tradie? Como si dijera: ¿No tie­
tas. ¿Pues con una mujer con quien había sido nes empacho de haberme vendido y darme
casado, y con su propio hijo, tanta lacería? ¿Pan beso de amigo? Sino como María, que después
y agua? Sí, qne eran malos y pertenecían á este que oyó á los pies: Tus pecados te son perdo­
siglo.Abel ofrece sacrificio á Diosyofreee lom ás nados, pasó adelante á ungir la cabeza. A q u í
grueso y escogido de su ganado. A l revés son se nos encomienda mucho la virtud de la per­
los malos, que dan á Dios lo peor; como Caín, severancia, que es el remate y perfección de to­
que ofreció el deshecho de sus frutos. Hijos su­ das las virtudes, sin la cual ninguna merece
yos son los que ahora dan al diezmo los suelos alabanza ni nombre de virtud. D e aquellos san­
del trigo y la uva podrida, que no la pueden tos animales se dice: pedes eorum, pedes i'ecti.
aprovechar. ¿Demodo que todo lo que es diezmo Y luego más abajo: N o n revertebantur rum in -
se ha de vender á menosprecio, porque es para ciderent, nsd v.numquortque, ante factem suam
Dios? A estos les echa sil maldición, como á gradiebatur. Donde diee San Gregorio que los
C'aíu. Maldito sea el engañoso, que teniendo en santos -tienen los pies derechos, porque sus
su ganado cordero gordo y sin falta, ofrece á obras y afectos no se tuercen para seguir al p e­
Dios lo más falto de su mimada. ¿Osaras ofre­ cado. Son perseverantes en el bien comenzado.
cer el deshecho á tn rey si le hubieses de hacer Pero los malos tienen los pies zopos, porque se
un presente? ¿Buscaras lo más vil y desaprove­ vuelven á revolcar en el cieno de los vicios que
chado? Pues rey soy yo grande (dice el Señor dejaron. Los justos no vuelven atrás, 110 des­
de los ejércitos) y mi nombre es horrible en to­ andan lo andado, no derriban lo que han edifi­
das las gentes. ¿Pues por que' conmigo habéis cado, sino siempre caminan delante su rostro.
de ser escasos y descomedidos y con el mundo Esto es. Siempre van adelante, de bien en me­
tan largos y desperdiciados? E l rico avariento jor, de virtud en virLnd, hasta ver á Dios en
cada día tenía eu su casa banquete espléndido, Sión. E sto es caminar delante de su rostro, con
muchos convidados, músicos, truhanes, ehoea- la esperanza de la eterna retribución: perncio-
rreros, vestidos costosos, púrpuras, sedas, ho­ narse cada día más, Qué de ellos se confiesan
landas, caza, perros, sabuesos, halcones, giri­ en la Cuaresma, y lloran á los pies del confe­
faltes, sacres, caballos, muías, Irisónos. Para sor, y llegan al rostro de Cristo, comulgando la
todo esto había; y el pobre Lázaro que á sus Pascua. Ungen á Cristo eon buenos deseos, con
ojos moría de hambre, no iiabia quien le diese santos propósitos, con ayunos, con limosnas y
las migajas qne se caían de su mesa. X aval oraciones; y luego aflojan en el rigor, en el re­
Carmelo, á David y á los suyos les niega nn cogimiento y penitencia, y se vuelven como
pedazo de pan y á sus pastores y ganaderos perras al vómito. A éstos más les valiera tío
hace un convite, quasi v.tmririum rct/i#. Pero haber comenzado que volverse tan presto atrás.
dice la Escritura que se le murió el corazón en Mira, hombre convertido, que te mira Dios,
el cuerpo, y se le puso como una piedra. ¡Oh, renueva tus buenos propósitos, y por amor, ó
qué de elíos hay en el mundo que tienen los por temor, ó por vergüenza, trabaja de perse­
corazones empedernidos! ¡Q uegastan sin dnelo verar. Mira que está en tu mano dejar el bien
sus haciendas, y derraman millaradas de duca­ comenzado, y por ventura 110 lo estará tornan­
dos en pleitos ó en sastii’acerse de sus agravios! do otra ve» á comenzar. Más. E l qne tiene
Otros en juegos, galas, comidas, truhanes, ca­ guerra continua, continuamente ha de pelear, y
ballos, joyas, mujercillas. Pava eso son A lejan ­ el que siempre recibe mercedes, no debe cesar
dros; y para Dios, para sus templos, para los de hacer gracias, y el que siempre es amado, no
pobres, que son los pies de Jesu Cristo, no hay ha de refriarse en amar. Con razón pide Dios
sacar jugo de ellos más que de nn guijarro. L a perseverancia en su servicio, pues E l tiene tal
Magdalena no es asi, sino que para los pies de tesón en hacernos cada día beneficios nuevos,
Cristo gasta sin duelo lo mejor. San Mateo y y no cesa de llover sobre nosotros bienes, y
San Marcos dicen que también le ungió la ca­ tiene en peso los méritos de su pasión, y ma­
beza. Y todo es verdad, que San Juan escribe nan siempre las fuentes de los Sacramentos, y
la unción de los pies, que ellos dejaron. E n lo la gloria que nos promete nunca tendrá fin 111
cual se nos muestra, que el bien comenzado no dará hastio. Por eso la M agdalena persevera en
se ha de dejar, sino que vaya siempre en creci­ su penitencia, ungiendo los pies, y procura me­
miento. Cuando estuviéredes en pecado, á los jorarse, ungiendo también la cabeza,
pies de Cristo á llorar, A los pies del confesor.
Mas cuando estuviéredes perdonado, á la cabe­ C O N SI D E R A C IO N SEXTA
za, abrazaos al cuello de Cristo, recibiéndole en
vuestro pecho. Y no como el traidor de Judas, E t domvs impleta est eo: odore unguenti. L a
que sin ser perdonado llegó su boca sacrilega casa dol bueno toda está oliendo, y todo lo que
880 P R E D IC A D O R E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
en ella liay. Dice San Marcos que tomó el vaso fusión, que son ropas de pecador, y entonces
María, y le quebró en alto sobre la cabeza del oleréis á todos vuestros atributos y á todas las
Señor: porque el ungüento le ungiese y rega­ virtudes. Cuando castigáis á Sodoma, oléis á
lase todo, descendiendo desde la cabeza á los justiciero. Cuando perdonáis á Niuive, oléis á
pies. Y sin duda fue impelida María del E sp í­ misericordioso. Cuando resucitáis á Lázaro, á
ritu Santo, pava significar el fruto y utilidad vida. Cuando reprehendéis al fariseo, á verdad.
que había de manar de la muerte del Ecdentor. Cuando enseñáis el cielo, á camino. Cuando os
Para entender este misterio, liemos de suponer transfiguráis, oléis á H ijo de Dios, ; Pero cuán­
que en la Escritura se miraba muelio cuando á do será odor agri plenus.’ Cuando se quebrare
nn principe ungían por rey y el vaso eu que el el alabastro, y cur.npliéredes las Escrituras, y
bálsamo iba tenía particular consideración. llcnárcdos de luz las sombras, oleréis á verda­
Cuando Dios mandó á Samuel ungir á Saúl, dero Consummatum est. Pagaréis por los hom­
llevó el bálsamo en un vaso de barro. T u íit bres. E l inocente por los culpados, olereis á
Sam uel lenticulam olei et effudit super caput justo. A d ostensionem justüit? suas. Poneros han
ipsius. M as cuando le envió á ungir á David, eu un palo, pasaréis dolores y afrentas, y calla­
le mandó llevarle en un vaso de cuerno. Im plé réis como un cordero; oleréis á pacientísimo.
cornu tuum oleo, San Gregorio dice que en esto Quasi agnus coram tondenie se, ohmutexcr.t.
hay misterio: porque e l reino de Saúl era breve Daréis vuestra sangre á los predestinados, y
y no habia de perseverar, por eso fus ungido verterla heis por la remisión de todos, oleréis á
sacando el óleo de vaso de barro quebradizo, y misericordioso. Propt.e.r remisinnem pra redev-
así fue. Mas porque el de David había de ser tium delictorw n. .Rogaréis por los enemigos,
reino perpetuo, juravit Dom inus D a v id verita- oleréis á más que hombre; dando nuevo ejem­
tem et non fn istra b itu r eam. D e fr u ctu ventrís plo de caridad, mejor que la sangre de Abel:
ttu ponam super sedem tuam. Por eso se ungen Me.lius loquentem quam A bel. Vestirse ha el
sacando el olio dé hueso duro. H oy vemos un­ S o ld é luto, y anublarse lia el cielo por vos:
gido á nuestro príncipe, y para la sepultura romper ha ei velo del templo, quebrarse han
(como él dice). ¿ Y en qné veremos que le lia las piedras unas eon otras, temblará la tierra;
de durar poco la vida presente? E n que el vaso oleréis á H ijo de Dios, Vere J'ilitw D ei eral inte.
se quiebra. V aso quebradizo, símbolo es que E sto es llenarse 3a casa del olor del ungüento.
está cerca su muerte y la sepultura. ¡Oh, Señor,
qué nos importa! Quiébrese el vaso de vuestra c o n s id e r a c ió n s é p t im a
humanidad, para que á todos nos alcance el
buen olor y fragancia del ungüento y seamos Pero con ser tan suave este olor ¡10 Falta á
ungidos eon el olio de vuestra gracia preciosí­ quien le huela mal. A Judas Iscariote, que dice:
sima. Quiébrese ese cántaro de vuestro cuerpo, Quare hoc unguenUnn nun neni/t trecenti* deiia-
fabricado por el Espíritu Santo 011 las entrañas ris et datm n est «genis.1 ;Oh traidor! ¿ Y paré­
virginales de vuestra madre purísima, y saldrá cete á ti que está nial empleado eu Cristo, pa­
mejor que de los cántaros de Gedeón, luz ver­ triarca de los pobres, que con su pobreza nos
dadera que alumbra á todo hombre que viene vino á hacer á todos ricos? E s grande colmo de
al mundo. Bien se puede ya quebrar el cántaro, maldad murmurar de lo bueno y poner faltas
pues también habéis tañido la trompeta de en ello. E l escarabajo en la rosa y la mosca
vuestra predicación, Y si la esposa dice: Oleum en el ungüento, que le quita su buen olor y
ejfttsum nomen tuum, cuando en la cruz os suavidad; asi es el malo que procura escurecer
sobreescriban ese nombre: Jesús Nazareno, Rey la buena obra. Pero el Evangelista quitóle el
de Judíos, porqne allí haréis el oficio de Salva­ rebozo y disfraz qne estas palabras tenía, di­
dor, entonces se derramará el bálsamo de vues­ ciendo que él no lo había por los pobres, sino
tra unción, y el mundo será lleno de vuestro? perqué era ladrón y pesábale de haber perdido
olores, de vuestra verdad, justicia, paciencia, una ocasión como ésta, donde pudiera bien lle­
misericordia y amor, ¿Cuándo olió bien el hijo nar las manos. ¡Oh ínfelice hombre, que su
Jacob á sa padre Isaac, sino cuando vino con desventura le lia traído á tal estado, que le pesa
las vestiduras de su hermano Esaú? Entonces por las ocasiones qne pierde para, el mal! Que­
le dijo: JSccé odor filii mei sicut odor agri p le- dó tan penante Judas de haber perdido ésta,
ní, cui benedixit Dum inus: Olor de nn campo, que de aquí la tomó para vender á sn maestro.
mezclado de todas las flores y árboles floridos. Y fue tan mal apreciado, que el ungüento es­
A l arrayán, á la murta, al jazmín, al azahar, timó en trescientos denarios, y á Cristo vendió
rosa, clave!, azucena, mosqueta, un olor gene­ por treinta; pero 110 consintió el Señor que
ral, Así, Señor, cuando os vistiéredes las ropas nadie pusiese Falta en una obra tan excelente,
del hermano Esaú, travieso, profano, cazador, de tanta piedad y devoción, y sale á defendella.
'■estíos de llagas, de vituperios, desnudez y con­ S in ite M am : «Dejadla, que la obra que ha he-
P. FB. A L O N S O DE C A B R E R A 381
cbo en mí es buena y digna de eterna memoria esposo, así Cristo, dejándose ungir, se prueba
mientras el mondo durare». Prcevenit, enhn un- las ropas de muerte eon qne ba de salir en el
gere corjmx meum in sepulturam: «Ella se anti­ dia de su desposorio, in die deaponsationis
cipó á ungir mí cuerpo para la sepultura». illiu s (C ant., ¡i), que es el día de su pasión.
Quiso hacer Cristo un ensaro de su muerte, y Desde hoy, pues, almas cristianas, podéis con­
por eso consintió ser ungido. Y así dice San templar muerto y sepultado á vuestro esposo;
Bernardo sobre este lagar que el ungir Maria aquel más alindado que Absalón: aquel inocen­
á Cristo Fue abrirle la sepultura para cuando te y santo, colgado por nuestras maldades en
muriese, De la suerte que un caballero que lia el árbol de la cruz, y acabar su vida en la más
de salir á un juego de cañas y de sortija, antes fresca y florida ioventud. Comenzad desde lue­
quo salga á la plaza se va al campo á imponer go á hacer las exequias. E sta es semana de
para venir más industriado, asi Cristo se co­ luto, de tristona y de dolor. Hagan pansa nues­
mienza hoy á ensayar, dejándose ungir para tros contentos; póngase entredicho á las ale­
cuando salga á la fiesta de su pasión en la pla­ grías: dése larga licencia A Jas lágrimas: rom­
za del Calvario y liaga gentilezas en el caballo pan el aire nuestros gemidos; rasguease de
de su cruz, Donde se líos descubre el inflama­ compasión nuestros corazones: luigauios amar­
do deseo que tenía de morir; pues tantos días ga penitencia de nuestros pecados, para que
antes se ensayaba, no por necesidad, sino para haciendo compañía al Redentor en los trabajos
muestra de su amor. Como la desposada que de su pasión, merezcamos tenersela en ¡os go­
hace unas ropas para el día de la velación, y se zos de la resurrección, aquí por gracia y des­
las prueba dos ó tres días antes para ver cómo pués por gloria.
le vienen, y si podrá con ellas parecer bien á su Am én,

C O N SI DE RA CI ON ES
D1SL

MARTES DESPUES DEL DOMINGO


DE R A M O S

DE LA. NEGACION DE SAN PEDRO

E t conrersus Dom im ts, retpe-xit P e in a n ;


el recardatu.i est P e tn is rerbi D om ini,

(L u c ., 2 2 ).

Acontece en un dia de primavera que el plegarias, doblar campanas, Y siempre deja una
cielo amanece claro y sereno: todo está alegre tormenta, de c'stas un hecho solemne: un almez
y el campo se ríe, las flores hermosas deleitan grandísimo arrancado, un campanario caído, nn
cou su olor y variedad Jos sentidos, y recrean rayo que cayendo sobre uu» peña la parte por
el ánimo; cuando allá sobre tarde se revuelve el medio; al fin. algo eon que los venideros se
tiempo, y una nubecilla parda qne ciñe el hori­ acuerden. ¡Qué primavera tan alegre de gracia
zonte y poco á poco se va levantando y tor­ habia en el colegio apostólico veinte horas
nando negra, cubre el cielo y comienza á, fuci­ antes de la muerte de Cristo! E l reposo con.
lar y echar relámpagos, truenos y rayos, y que se sentó á cenar, las regaladas palabras que
llover á cántaros, Vere'is, en descubriéndose la le dijo, la buena gracia del maestro, la devoción
tempestad, la prisa de esconderse las aves, los de los discípulos. Levántase uim nubecilla de
animales; irse los hombres á las iglesias, hacer un Judas, con una furia de huracán del infier­
332 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
no. V erlo heis todo trocado: Jerusalem revuel­ viene la salud y el esfuerzo, ad te. Dom ine, cla­
ta; entristecido Cristo, haciendo plegarias en el m a d , el ad Deum meum deprecaba;-: «A vos, Se­
huerto; los discípulos huyen turbados, medro­ ñor, chimaré confiado en vuestra bondad, y de
sos, A l fin hizo una cosa notable. Cayó nn corazón y entrañas os suplicaré me hagáis mer­
rayo y dio en la piedra cimenta!, do que siem­ ced». E n este ejemplo está muy al vivo represen­
pre queda eu la Iglesia memoria. Y así la hi­ tado el peligro que corren de perderse los ricos
cieron (como'de caso raro) todos cuatro evan­ y abundantes de virtudes, de gracia y clonas
gelistas, como admirados de esta caída, y de sobrenaturales, y la causa ordinaria de sus caí­
haberla permitido Dios, en el que tenía escogi­ das, que suelen ser presumir de sí y desasirse
do para fundamento de su Iglesia. H ay en esta de D ios. E l viento deshecho, aunque sea prós­
dispensación mucha y muy importante dotrina pero, zozobra el navio; y así el marinero dies­
encerrada, para la gloria de D ios y edificación tro quita el paño, y amaina las velas, saca bo-
de las almas. Para saberla sacar, pidamos la neta, y corre con el papahígo del trinquete á
gracia por intercesión de la divina V irgen. A ve, medio árbol. E n esta navegación peligrosa de
la vida espiritual, cuando sopla el viento prós­
IN T R O D U C C IO N pero de loa favores divinos, es menester amai­
nar las velas de Ja presunción humana, porque
E l santo profeta y rey D avid, queriendo dar de no hacerlo, muchos arriscados han ido á
á los hombres un desengaño de lo poco qne fondo en el abismo de la soberbia. Cuando nn
son y valen por sí y cuán necesitados viven del hombre piensa que es algo, y se tiene por más
favor de Dios, cuán pendientes de su providen­ que otros, y se regodea con su alma á solas,
cia, cuán colgados de su mano, pénese á sí por por ocasión de sus virtudes, como el otro rico
ejemplo de la incostancia y mutabilidad de las avaro por la de sus riquezas. A nim a mea, habe*
cosas humanas, cuando le faltan la permanen­ multa búna poaita in annos plurimoa, requitset-,
cia y estabilidad qne de solo Dios les puede comede, bibe, epulare.’M .uj rica estáis,alma mía,
venir; y dice en el salmo 2 9 : F.tjo autem d ixi de bienes espirituales. Y a son muchos años que
in abundantia mea: non movebor in mterniim. guardo castidad inviolable; no he consentido
Después de haber hecho gracias al Señor por cosa que sea pecado mortal. Cada día rezo mis
haberle librado de un gran trabajo ó enferme­ horas, mis devociones; no falto á mis espiritua­
dad, qne ls puso en las puertas de la muerte, les ejercicios. Soy regalado con gustos del cie­
declara la causa que él dio á sus daños y la lo, lágrimas, sentimientos, algunos arrobos;
culpa porque fue dejado caer en tan graves pe­ castigo mi cuerpo con ayunos, cilicios; hago de
ligros. « Y o , dico, en mi abundancia: no seré mis bienes limosnas. E sta es la abundancia
derrocado eternamente». E l Parafraste caldeo, que desvanece al hombre tocando blandamente
dice: I n con/identia, Elevado eon la continua en el corazón, y engendrando en el alma una
prosperidad de mis buenos sucesos, viéndome complacencia de sí mismo y desprecio de los
rico y venturoso, lúceme presuntuoso y confia­ demás. U na seguridad y persuasión, que ya
do, y con demasiada lozanía me prometí segu­ está muy provecto en la virtud, y qne siempre
ridad; ninguna cosa será parte para derribar­ ha de ir de bien en mejor. ;Oh pestilencia de
me de la alteza y gloria que poseo; soy á los malditos pensamientos! ¡No han hecho iiavius
golpes de fortuna lo que un isleo inmoble á las en Scila y Caribdis tan lastimeros naufragios
olas bravas del mar. Doyiine, in volúntate tua como han peligrado varones perfectos en estos
p m ’stilisti decori meo ririutem: <cY vos, Señor, bajíos! Cuantas veces el hombre se aplace á si
por el tiempo que fuistes servido (no por mis mismo en la posesión de sus bienes, tantas cae
méritos, sino de vuestra bella gracia) me con- en el profundo de la soberbia. E so que en sus
servastes en el decoro de mi estado, dando fir­ ojos reluce, por el mismo caso no es oro, sino
meza al dichoso y floreciente estado de mi per­ alquimia. M uy de otra suerte el humilde como
sona y reino». E l Hebreo dice: F e c is ti stare cuerdo hace la buena obra, y tiénese por siervo
fortitudinem m ontim eo: ccHicístesme fuerte como inútil, y su obra, indigna de los divinos ojos,
un monte, que no puede mudarse». Mas para llenado faltas y mancillas; y así 110 saca de elia
desangrarme de mi vana confianza y presun­ aplauso, sino temor, diciendo con Job: Verebar
ción en las propias fuerzas, avertisti faciem omnia opera mea, sciens quod non parcere*
tuam am e et fa ctu s sum conturbatus: ffEscondis- d tlin q u m ti. Recatábame yo de todas mis obras.
tes un rato vuestro rostro de mí; un solo des­ Mirad quo son buenas Y aun por eso me rece­
vío de ojos, y luego quedé turbado, mortal, sin lo de ellas. Y para arrancar de su ánimo cual­
aliento, sin vida, vacilando, titubeando como quiera raíz y hebra de soberbia, ora con David:
arena movediza que el viento arrebata». Por N on veniat m ihip es superbice.ii?m qué dijo pie
donde habiendo tocado en la mano mi fragili­ de soberbia y no la soberbia entera? Porque el
dad, y visto bien y entendido de dónde me santo no sólo teme á todo el cuerpo de la so­
P. PE. A L O N S O D E C AB K ER A 383
berbia, sino al primer acometimiento y entrada CONSIDERACIÓN PRIMERA
de ella. E l que quiere entrar en casa, primero
pone el pie en el umbral de 1a puerta, y tras él va ¿Qué sacamos de aqu(?Á'¿ te, Dom ine, cla ­
todo el cuerpo. B uega, pues, el Santo, quo ni maba el ad Deum mevm deprecabor. Orar con
primer movimiento de soberbia asalte bu cora­ gran afecto al Señor, y suplicarle continuamen­
zón, porque de ahí se ocasiona la ruina. Ib i te que nos mire eon ojos de misericordia, y no
ceciilerunt qui. operantur iniquítatem; exputei alce su mano de nosotros. Sentencia es de
sunt, nec p otu en m t stare. A llí cayeron los nuestro padre Santo Tomás, que el don de la
obreros de maldad: fueron expulsos, y 110 pu­ perseverancia 110 se puede merecer, como ni la
dieron estar. San A g u stín : Ubi tmperbin, ibi primera gracia. Porque la perseverancia 110 es
qitod acceperis p e r d is . Y San Juau Crisóstomo: otra cosa que una manutenencia, un conservar
Ninguna cosa tanto enflaquece al hombre como Dios al hombre en la gracia que. una. vez le lia
]a soberbia. Si viésedes un hombre que piensa dado, continuando aquella acción primera con
de ai que es más alto que un monte, y que da que se la dio. Y así como no cae debajo de mé­
con hi cabeza en las estrellas, ¿nn le terníades por rito la primera gracia, ni la acción con que Dios
loco v sin juicio? Tal es el soberbio, que en su la da, tampoco el continuarla, que es el don de
estimación se prefiere á los demás. S i t¡uis t.rix- la perseverancia. Pero si 110 se puede merecer,
iimnt sí aliq uid eme cum n ik il sil, ipse, se sedu- puédese impetrar con oraciones, como la misma
cit (Galftt., 6): <iEl que de sí piensa que es algo, gracia, que no la merece, ni puede el pecador,
siendo nada, á sí mismo se engaña», dice San pero eon oraciones la alcanza. Corno la alcanzó
Pablo. E l por su antojo se precia de seso y de el hijo pródigo, v el publicano, que hiriéndose
■juicio. L a prueba de esto tenemos bien clara, los pechos oraba; Devs. propitiv.* ettom ihi peccn-
no menos que en el Principe de la Iglesia San tori. E n lo cual se conoce la excelencia de la
Pedro, que engreído con los favores de C ris­ oración, que es el único medio para alcanzar el
to, y presumiendo más de lo justo de sus fuer­ don de la perseverancia, tan importante, que
zas. en la abundancia de sa hervor de espíritu y sin él no hay corona ni premio, ni los otros do­
amor grande que tenía á su Señor, dijo: S o n nes y virtudes, antes se vuelven en cargos y
mur.ehur in ivternum . P icele ¡1 Cristo: Animam materia de mayor castigo. P or eso el cristiano
meam pro teponam . ¿Asi que la vida ponéis por que desea salvarse, cada día ha de hacer ins­
mí? Pues esta noche habéis de ser todos en mí tante oración, á Din? que le deje acabar en su
escandalizados. Besponde más ¡mimosamente: gracia, y que 110 le permita caer en tentación ni
Jitxi nmnes ?can</ftli:ati fueri-nt in te, ego m m - en pecado, H a de andar tamañito, temblando
q u a m scandaiizobor .N o pudo ser mayor brava­ como azogado, conociendo su impotencia y la
ta, pero con muy poco saber, porque contradijo precisa necesidad que tiene de que Dios le mire
á la palabra de Cristo (primera verdad) y por­ y sustente. L o que dice San Pablo: Cum metu
que se aventajó á los demás y presumió de­ ít tremor'', restram sahite-m operamí-ni. D eus est
masiadamente de si. — Mira, Pedi o.que vos mis­ enim qui operatur in robín et relh. et p erfeere
mo en esta noche lite habéis de negar tres ve­ pro bona volúntate (Pliilip., 2 ). «(ion miedo y
ces.— E u ninguna manera. E ím oportuerit. me con temblor hacer las obras de vuestra salva­
stmul commori tibi, non. te n-g-d/o. Todavía se ción. Miedo en el ánimo: temblor en el cuer­
está en sus trece, y vive confiado que nadie le po. Porque .Dios es el que obra en vosotros el
puede turbar. D om ine , in roluntote tua , pi'it'&ti- querer, y el ejecutar y iievar al cabo lo bueno,
tisti ikeori meo rirM e m . Y mientras el Señor, : por su buena voluntad». A lu d e al Dom ine, in ro-
por su beneplácito, quiso dar á su gallardía fir­ hm tate tua p ra ’,?titÍ8t¿ dixori meo virtvUm (sal­
meza, bien mostró su ánimo qne era de igua­ mo 29 ), y quiere decir: Debéis andar humildes
lar con las obras sus palabras; pues en el huer­ y temerosos en las obras de vuestra salud espi­
to puso mano contra todo el batallón, y de un ritual, porque ni el querer el bien, ni el obrarle,
altibajo le derrocó la oreja derecha á Maleo, y consiste eu vuestras fuerzas, sino que D ios por
él no tii-aba sino á rajarle por medio la cabeza. su bella gracia quiere obrar en vosotros, y cau­
¿Qné más pudieran hacer Héctor y Aquiles? sa, como principal autor, así el buen propósito
¿Veía este tan valiente, tan arriscado? A vertis- de la voluntad como la ejecución de él y perse­
ti faciera tua a me; et /achí* sum conturbatua. verancia en el bien comenzado. De suerte que
En volviendo Cristo su rostro de él, un punto 110 basta estar un hombre en gracia, ni tener
que le dejó de sn mano, se turbó y amilanó de todas las virtudes y dones (aunque sea en gra­
manera que á la voz de una inozuela, negó á do heroico), sino qne demás de esto es necesa­
Cristo. Tres veces hizo signos con osadía y rio el concurso de Dios, auxilio especial actual,
tres veces netró con pusilanimidad, \ si el S e­ para obrar bien meritoriamente y para no caer
ñor no le volviera á mirar con su clemencia, en pecado. Que es lo que dijo Cristo: S in e me
tan rematado iba como Judas. ni hit potestis fa ceré. «Sin mí, nada que impor­
384 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
te para el cielo podéis hacer, sin mi gracia, sin para la caída de Pedro con la de A dán, porque
mi favor». E n quitando Dios su concurso, en ambos fueron engañados por mujer. N e c enim
apartando sus ojos del alma, y dejándola á si diabolus Jf deles vi ros n isi per muliercm oppug-
misma, queda como la luna eclipsada, cuando nare cons-uevit: «Porque no suele el diablo com­
se interpone la tierra entre ella y el sol; como batir á los hombres valerosos leales á Dios
la tierra antes que Dios criase la luz, qne esta­ sino tomando por instrumento ia mujer». En. el
ba descompuesta y fea, y vacía de todos los paraíso de los deleites se halló el diablo, y tam­
bienes, toda cubierta de tinieblas; como el cuer­ bién entendemos qne no faltó en el Pretorio de
po sin el alma, que nada puede y pava nada es los judíos. A llí sobre estaba Satanás, serpiente;
de provecho, sino para manjar de gusanos. aquí Judas, culebra, ahincaba. Am bos tuvieron
Cierto es, diee el Cavdenal Cayetano, qne San precepto de Dios: A dán que no comiese; el
Pedro en la cena estaba en gracia, pues Cristo apóstol que no negase. Gusta aquél lo que nn
con su boca testificó que estaba limpio; habia es lícito; habla éste lo que no conviene. Mal
recibido dignamente el sacramento del cuerpo y persuadió E va á A d án , y mal dio la puerta la
sangre divinísimo dei Señor; estaba avisado de esclava á Pedro, Aquélla le echó fuera del P a ­
Cristo de la tentación venidera; eva más fuerte raíso; ésta le excluyó de Cristo. Aquélla con su
y más ahervorado que los otros discípulos: y persuasión engañó á su marido; ésta con su
entonces verdaderamente estaba dispuesto y pregunta enredó al apóstol. E t ideal sa.rus os­
determinado á morir por Cristo. Y con todos tiario’ ojficivm gerenta aut. exclud.it. c vita, aut
estos requisitos, á la voz de una mozuela niega, includ.it ad morlem: « Y este mismo sexo hacien­
perjura, anatematízale. ¿Qué es esto? Porque le do oficio de portera, ó echa fuera de la vida, ó
faltó la ruanuteneneia de Dios y su especial da entrada para la muerte». Todas estas son pa­
auxilio. L uego menester es orar continuamen­ labras de San Máximo. Pero hay mucho que
te, como nos enseña Cristo. E t ne nos indvcax reparar en aquellas primeras: Que no se atreve
in tentationem, sed libera nos a malo. Am en. Y el diablo á tentar á los varones fieles sino pol­
cou este presupuesto entremos en la historia. la mujer. Bien fue para desentonar á Pedro,
que le amedrantase una mujer. No le pusieron
CONSIDERACIÓN SEGUNDA
potros delante, ni cruces ni bestias: 110 verdu­
gos, sino dos mujercillas de vil condición. Fue
P e tra s autem sedebat fo r is in atrio deorsutu. darle de palos eon una rueca. Toma, para qne
Entró Pedro en casa de Caii’ás (principe de los sepáis qué sois sin D ios. Por gran vituperio
sacerdotes) en seguimienlo de Cristo, y por di­ tuvo Abimeleeh morir á manos de mujer, y así
simular estaba sentado á la lumbre en compa­ mandó á su escudero que le acabase eon espada.
ñía de los soldados que estaban en el patio de Bien pudiera Dios castigar la soberbia de F a ­
abajo, fuera de la sala ó consistorio donde Cris­ raón enviando leones, osos y tigres que des­
to estaba. Notemos el discurso de esta caída. truyesen á E gipto, pero 110 quiso sino con
Primero se ensoberbeció Pedro, como dice C-ri- mosquitos, y moscas, y ranas. L a arrogancia
sóstomo, que fue tocado de alguna ambición y de aquel bravo jayán Goliat humilló con la
arrogancia, cuando dijo aquellas palabras: E t- honda del zagalejo David, á quien él tuvo en
si omnes sca n d a liza ii fie r ín t in ie, ego num- poco. lia insolencia de Holofernes fue castiga­
qtiam scandalisabor. Luego se durmió en el da con la mano flaca de Judith, que le cortó la
huerto, que es ordinario ser cobardes los habla­ cabeza con su propia espada. Y á nosotros nos
dores de ventaja, y los muy confiados dar en aflige con cosas pequeñas y viles, D11 mosquito
ser dormilones y perezosos. Cobra buena fama hará rabiar al más bravo soldado de Flandes.
y échate á dormir. Tras eso, apartóse de los U na pulga le quitará el sueño al Emperador.
condiscípulos, juntóse en compañía de los malos; Para que conozcamos que somos hombres suje­
y así negó. E stos fueron los pasos de sn perdi­ tos á semejantes bajezas y nos humillemos
ción. D e modo que el principio de la caída es debajo la mano del potentísimo Dios. Pero
presunción y negligencia en la oración y culto juntamente nos quiere avisar la divina provi­
divino. Pero veamos cuál fue el golpe primero, dencia que los pastores, prelados, y general­
y con qué armas Satanás le tiró. V iole una mente todos los eclesiásticos y varones espiri­
criada del Pontífice, que era portera, y debía tuales, de ninguna cosa tanto se han de recatar
ser traviesa y maliciosa conforme al ingenio de como de Jas mujeres; ninguna cesa tanto han
su amo, pues es ordinario en las casas acomo­ de huir como sn conversación y compañía. San­
darse los criados á la condición de los señores; són, fortisimo nazareo, consagrado á Dios, por
que por eso se dijo: Sim iles iiahent labra lac­ mujer perdió toda su fortaleza. Y el Príncipe
tucas, y di jale: ¿P o r ventura eres tú de los de los Apóstoles, que eon su palabra lanzaba
discípulos de este hombre? Respondió: N o soy. demonios, atónito á la voz de una mozuela,
San Máximo Taurinense en dos homilías com­ negó á su maestro. M ujer hizo á David, de
P. FR. ALON SO L E C A B R E R A 385
<*ran Profeta, adúltero y homicida. Salomón, se anubla el tiempo, os quedaréis solo como el
de tai) gran sabio, y qne en su mocedad le puso espárrago.
Dios por nombre Am abilis Dom ino, por muje­
D u u i f u e r ií/ M íe , inu ltos iium erabis am ieos;
res idolatró y apostató á la vejez. San Pmena- Tém pora s i f i i e r i n t n u h ila . solug eris.
ventura, tratando do la pureaa de la conciencia,
encarga mucho á los temerosos de «lia que se Esto significó Pitágoras en aqnel símbolo:
guarden de amistades de mujeres. N o diee de kirundinem dond non haheto . L as golondrinas
las profanas, parleras, galanas, músicas; eso están con nosotros en el verano (tiempo sere­
visto se está, sino de las muy perfiladas, con­ no); en viniendo el invierno, frío, tempestuoso,
templativas, mortificadas, con título y color de desaparecen. Símbolo de. los falsos amigos, que
santidad, y que en aquel trato uo se busca ni acompañan en la prosperidad y en la adversi­
r e l u c e otra cosa sino Dios. Digo que es rejalgar.dad dejan. Por esto dijo el sabio: A d amicue
tuos atiende. «Recataos de vuestros amigos, no
fiéis mucho de ellos». Y en otra parte: N o n
C O N SI DE RA C IÓ N T E R C E R A agnotcetur in ñoñis amicus. «No es buen ensaye,
ni se ha de tocar el amigo para conocerle en la
¿Pero que diré de nuestro Pedro, que tan prosperidad)). Sacamos do aquí que sólo D ios es
presto desmayó y negó? N o soy. N o conozco buen amigo, y sola su amistad se ha de prefe­
tal hombre. Ño sé lo que os decís. Salvum me rir á las demás. Porque en todo tiempo ama, y
fac, Domine, quoniam. déficit m n etm : quoniam . más en el de la tribulación; y es amigo sin in­
diminuter sunt veritaU-s a Ji.ltis hominum (S al­ terés, .Est autem Deus i:era.r, omnis antem homo
mo 11). "Salvadm e, Señor, socorredme, que memlaur. íD io s es verdadero fiel amigo (dice San
veo desmayado al santo, y que las verdades se Pablo), y todo hombre es falso, mentiroso, por
han acabado entre los hijos de los hombros». lo que tiene de hombre, y si trata verdad, es
San Jerónimo aplica este lugar á la negación por lo que tiene de Dios», E lig e ilhim amicum
de Pedro. Si la verdad su perdiera en el mun­ tuum pnr, ómnibus amicis luis; qui cum omnia
do, dijera yo que en la boca de Pedro so habia ¡abstracta fu erin t, solus Ubi fidem serrabit. I n
de hallar. Pues si aquí falta, no hay quien la die seq/ultura?., cum omnes amici tui recedant a te,
diga, no hay de quien fiar; todos mienten. Bien Ule te non derelinquet: te tuebitv.r a rugientibvs
dijo David: Etjo tii.a' in excessn meo: omnis praparatt's ad escam, et canducet le per ignotam
huno mendaz, k í'o dije en mi exceso, arrobo y regioucm atque pf.rducet ad plate&m supernw
revelación, por D ios alumbrado: Todo hombre S ia n et. ibi te collocabit cum angelis. ¿Qué mejor
es mentiroso, falso, in£d>'. Dejado á su inge­ ejemplo? Los mejores hombres del muodo fue­
nio, á su inclinación, no hay que fiar de él. ron los Apóstoles: todos acompañaron á Cristo
Porque si se vuelve el temporal, al mayor ami­ cuando predicaba y hacía milagros y el pueblo
go no conoce. ¡Qué bien nos dice esto en su le reverenciaba; todos cenaron con él pocas
persona el santo Job, que, como San G rego­ horas antes, y en viéndole preso le desampara­
rio diee, fue nn dibujo de Cristo y de sns pa­ ron, ¿Qué títulos les da? F ratres mei: «Mis
siones! Fratrcs meos tange fe c it a me et noti hermanos, mis conocidos, mis allegados». E stos
iiiíi quasi aíten i , reccsxcntnt a m e. i) ere' i - me dejaron, me desconocieron, me olvidaron,
t[uerient me propinan/ mei, et qui me nocerant sobre todo, abominati sunt me quondam consi-
uhUti sunt mei: teAlejó de mí ám is hermanos y lia rii mei, et quem máxime diligebam, aversatus
luis conocidos; como extraños se apartaron de est me: «Abomináronme mis consejeros, y el
mí. Dejáronme mis allegados, y los que nie co­ que más amaba me volvía el rostro con aborre­
nocían se olvidaron de mí:». E ste es el ingenio cimiento». L os apóstoles, consejeros de Cristo,
do los hombres: medir la amistad por la utili­ que les pedía consejo sin haberle menester por
dad, y como dijo Kschiues, orador, por la. co­ honrarles, Felipe, /..donde compraremos panes
municación de las comodidades, sin ningún para dar de comer á esta gente? ¡O h, conseje­
respeto á la virtud. E n tanto sois mi amigo en ros! Porque les descubrió el inefable consejo do
cuanto me podéis sordo provecho. E u tanto me su encarnación, y de la Redención del mundo.
hacéis amistad en cuanto os puedo ser de algu­ Pedro, tan alumbrado en el conocimiento de
na utilidad. Hazme la barba, hacerte he el co­ Cristi;., guia caro et sanguis non revelavit tibí,
pete. ¡Qué afrenta tan insufrible para una sed P a ter meus cadestis. P or revelación del P a ­
dama tan bella y tan generosa como la amis­ dre llegó á la noticia, á donde la carne y san­
tad, que sola es el alivio de los trabajos de la gre uo pudo arribar. E se tan querido, tan favo­
vida, sal y gusto de los contentos, entregarla á recido , más quo todos honrado y privilegiado,
un tan infame y vil rufián como el interés! D e aversatus est me. Jura y perjura que no conoce
aquí es, que si sois rico y poderoso, se os llega­ á Cristo, y anatematiza y detesta que no co­
rán más amigos que moscas á la miel. Pero si noce tal hombre, y como á cosa aborrecible le
PnaDIC. BE IOS SIGLOS X V I s X V I I , — 2 5
PE E D IC A D O R E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
vuelve la cara. ¿Quién no se com padre aquí do venga eon su majestad y con la ,del Padre v
del mansísimo Jesús? Cuando Julio César vio de los santos ángeles». No paró aquí el nuil
entrar los conjurados que lo estaban dando de recaudo de Pedro, aunque pudiera, porque se
puñaladas, dijo á Bruto-muy lastimado: 7?í tu comenzó á ir de casa y salir del patio por la
tjuoque^ J ili? Duelen mucho las heridas dadas de puerta del medio: y allí cantó el galio' la pri­
los amigos. Pedro, que los judíos me persigan, mera vez; y era tanto ei desatino y turbación,
el juez blasfeme, les soldados me hieran, los que 110 se acordó de la palabra, de Crisln. Y
sacerdotes me escupan no hay que espantar, vuélvese á entrar donde antes estaba. Liega
que son enemigos; ¿pero vos también, hijo del otra criada y dice á los soldados: E ste estaba
. alma, del corazón? Mirad, Pedro, que me con­ con Jesús Nazareno. A cude ríe mala uno do
donáis vos primero que los Pontífices, pues ellos. ¿ Y tú de ellos eres? Dice Pedro: ¡Oh,
dais á entender que soy persona tal que vos hombre, 110 soy! Y negó con juramento que im
.mismo os despreciáis y deshonráis de conocer­ conocía tal hombre. De allí á una hora llega
me. ¿Pues qué mayor injuria que esa? ;Oh, otro, y dice; Verdaderamente éste estaba cou
como se enterneció eu este paso el clementísimo él.— IsTo hay tal. Sí, que yo te vi en el huerta
Redentor! ¡Oh, cómo le traspasó las entrañas con el; y éste era pariente de M aleo,á quien San
la ingratitud del discípulo, el desconocimiento Pedro habia cortado la oreja. Apriétanle otros
del amigo, el desprecio del hijo! ¡Cuánto sintió rnás: verdaderamente, eres de ellos, porque eres
su eaida! iío hay padre que tan tiernamente galíleo y en el habla se te parece. Entonces él
ame á un hijo único y que así llore su muerte comenzó á jurar y echarse mil maldiciones que
como lloró el Salvador la muerte espiritual de tal hombre 110 conocía. Y en el mismo punto
Pedro, cuya pérdida causo más dolor en su segunda vez el gallo cantó. Dame gana en este
inocentísima alma que las heridas mortales que paso de hablar cou Pedro, y decirle con razón
recibió en su sacratísimo cuerpo. lo que al santo Job dijo uno de sus amigos, sin
ella; E c c e Uocuisti amitos et manus Ittetws m-
CONSIDERACIÓN CUARTA borastt, c u a l (untes conjirmaverunt sermones itn
et gem ía tvementia conjbrttisti. ¿Que es est>,
N o n novi hominem. P or este acto no perdió Pedro? ¿Vos 110 habéis enseñado á muchos
Pedro la fe; porque no negó ser Cristo Dios, ignorantes el camino del ciclo? ¿Y habéis pre­
ni el M esías, ni le preguntaron eso. Sino pecó, dicado y hecho milagros en el nombre de Cris­
porque no confesó esteriormente la fe que creía to? V os reforzastes las manos cansadas, dandi,
siendo preguntado. E stá obligado el cristiano á ánimo á los discípulos temerosos para que se
confesar que lo es cuando le preguntan. Pedro ofreciesen á seguir á Cristo hasta la muerte.
lo negó, y se despreció de parecer discípulo de Porque prometiéndolo vos, sim iliter et omne*
Cristo. ¿Cuántos cristianos se hallarán hoy que (hscipuli dixerunt, confinnastes con vuestras
de esta manera le niegan? Q ui confiten-tur se palabras á los que titubeaban para caer. Cuan­
nosee Deum, fa c tis autem negant. Son cristianos do algunos discípulos dejaron al Señor por di­
de palabra, porque dicen qne conocen á Dios ficultades que hallaban en su dotrina, y vos sa­
y juran su santo nombre en vano; pero con los listeis con aquella generosa vox; ¿A dónde ire­
hechos lo niegan. Son peores qne turcos eu las mos, Señor, si de vos nos apartamos, porque
obras. San Bernardo; ¿Pensáis qne tiene por tenéis palabra de vida eterna? V uestro oficio es
hijo de Dios á Jesús aquel hombre (cualquiera fortalecer á vuestros hermanos en la fe, como
que sea) que ni se espanta de sus amenazas, ni os dijo Cristo: E t tu aliquando conversas, con­
se mueve por sns promesas, á los mandamien­ firm a jra tree titos. ¿Pues qué mudanza ha sido
tos no obedece, los consejos 110 toma? Item ; esta tan grande? N u n c autem venit super te p la ­
L os que 110 osan confesar y comulgar, orar y ga et defecisti: tetigit te et conlurbatus es, ¿Cónio
tratar de Dios, perdonar las injurias, ir á los ahora al primer repiquete de broquel habéis
hospitales, porque el mundo no los desestime y desmayado? ¿Una liviana ocasión os ha rendi­
burle de ellos; ¿qué es esto, sino negar á C ris­ do, un mundano temor os ha turbado? Ubi tul
to, y tener vergüenza de parecer su discípulo ■ timar tuus, fortítudo iua, p a tien tia tua et per-
y. guardador de sus mandamientos, como le jectio viarum tuarum? ¿Dónde está aquel temor
negó San Pedro? Teman los tales aquella terri­ filial, con que solíades respetar á vuestro maes­
ble amenaza que les tiene hecha por San L u ­ tro, cuando teniéndoos por indigno de su
cas: Qui me erubuerit et meos sermonea , huno presencia, le dijistes: E x t a me, quia homo
F iliw t liorninís ernbescet , cum venerit in majes­ peccator sum, Dom ine. Y cuando ayer le dijiste:
táte sua et P a tr is et sanctorum angelorum .Domine, tu m ihi lavas pedes? ¿Por qué ahora le
(Lúe,, 9). « E l que se afrentare de parecer mío negáis como á enemigo? ¿Dónde la fortaleza
y guardador de mis palabras, el hijo de la V ir ­ con que blasonábales antes del peligro? *Si
gen se afrentará de reconocerle por suyo cuan­ fuese necesario morir contigo, no te negaré.».
P. FR. AL O N SO D E C AB R E R A 387
■Dónde la p a c i e n c i a que debo t e n o r e l pastor I damento de la gran fábrica de la Iglesia), que­
para sufrir, cuando conviniere, la muerte por la brantada su firmeza, la traen rodando en luga­
g l o r i a de Dios y bien de sus ovejas? ¿No Tisis ei res profanos debajo los pies. N o hay que
mal ejemplo que dais á vuestros súbditos? espantarnos, siuo humillarnos; que eso es ser
¿Dónde la perfección de vuestros caminos? Que hombres, y por santo que seáis y perfeto, siem­
desposeído de todas las cosas del siglo, y te­ pre estáis á peligro de caer: N u li altwn sapere
niendo la mira en solo Dios, le pudistes con la sed time. No tengáis pensamientos altivos, sino
verdad decir: Ecce. nos reliquimus omnia et temed y pedid con humildad el favor de Dios
si’i:uti sumas te. ¿Cómo, pues, ahora le ne­ y su asistencia. Porque, como dice San A g u s ­
gáis? ¿Cómo 110 le conocéis? ¿Cómo os m a l d e ­ tín, nullum peccatum Jacit homo quod non
cís? ¿Cómo os a n a t e m a t i z á i s ? i Oh l m n i a u a fla­ faceret et. aller homo , si desit rector per quem f a c -
queza, confiada de sí y desamparada de Dios! tus est homo. Pero ya será razón ver el modo
■Con cuánta razón podemos lamentar con . el de la conversión de Pedro, y la amargura de su
Profeta esta desventura: Qunnwii.n ohscuraitim penitencia.
est atinan, mutatus est color óptimas; di ¿per si
tunt Utpide.s sanctuarii in capite om niim p la ­ C ONSIDERACIÓ N QUINTA
tearum! ¡Cómo se ha oscurecido el oro, y mu­
dado el color muy bueno, y desperdiciado en E t com ersas Dom inus, respexit Petrum .
las bocas do las calles las piedras del Santua­ Fueroiisele los ojos tras aquella oveja perdida,
rio, en las entradas de las plazas! DI oro signi­ y con gran presteza procuró sacarla de las pre­
fica la sabiduría, como dice Salomón: A cvipite sas del lobo infernal. San Máxim o, habiendo
pruduntiam sicu t arijiintain et sapientiam si­ considerado la caída de A dán y de Pedro, com­
cut aurum probatura. Do esta manera lee este para la penitencia de entrambos: F a c ilio r fitií
lugar San Agustín, sobre el salmo 7 1 . E x p li­ negatio P e tr i quam A díe p nevaricatio. C itius
cando aquel verso: D uhitur ei de avro Arubün, enim Apostóla quam protoplasto suhvenitur.
Que el Mesías le liaLiía de ofrecer oro do A ra ­ «.Más fácil fue la negación de Pedro que la
bia. dice: iiAquí se profetiza que los sabios del transgresión de A dán. Y así ,con más preste­
mundo habían de creer también en Cristo:". za se socorre al A póstol que al primer padres.
También el oro significa la caridad encendida. A este, perdido, busca Dios á la tarde; á Pedro,
Suadeo Ubi emere a me aúnan igniturn. Y la negativo, á la madrugada. A dán, viéndose cul­
razón do estas significaciones es, porque como pado del hecho y desnudo, se avergonzó. P e­
ol oio excede á los metales, así la sabiduría á dro, conociendo culpa en su dicho, corregido,
las otras dot-rinas y la caridad á las virtudes. gimió. Aquel, como comprehendido, corrió á
¿Pues cómo la sabiduría de Pedro se ha oscu­ esconderse. E ste, como enmendado, reventó en
recido? Aquella sabiduría por el padre revelada, lágrimas. A A dán como escondido y que se
que Jos Príncipes de este mundo no pudieron quería ocultar, se le dice: Adán, ¿dónde estás?
alcanzar, que resplandeció en aquella magnífica No que A dán se pudiese esconder á los ojos del
confesión: Tú eres Cristo, hijo de Dios vivo, Señor, sino que á la conciencia pecadora nin­
¿cómo está aquí eseurecida,' ¿Quien anubló su gún lugar hay seguro y cierto cuando teme ser
refulgencia y claridad? Aquei oro encendido de comprehendida. A Pedro miró el Señor con sus
su caridad, con que á todos se aventajaba, ojos, y abriéndole los suyos enmendó su error.
¿como está aquí amortiguado? E l color mny Notemos este discurso, Primero cantó el gallo;
bueno, es el buen exterior. Pedro tan ejemplar, luego miró el Señor; luego se acordó Pedro de
que poniéndose á conversación de los soldados, la palabra de Jesús; á esto se siguió salir fuera
cu la modestia de su habla, en la gravedad de y llorar amargamente. E l gallo es el predica­
sus razones conocieron claro que era discípulo dor, que con sus voces pretende despertar á los
de Cristo, y Galileo, esto es, que se mudaba ó pecadores dormidos del sueño de la culpa, que
pasaba de la tierra al cielo, cíe la vida del siglo duermen en la noche de la ignorancia. Pero por
a la del espíritu, ¿cómo se lia, de repente, más que los predicadores se quiebren las cabe­
mudado en votar, en jurar y maldecir, eemo los zas, y aunque revienten por los ijares, es pre­
soldados más desgarrados? L as piedras del dicar en desierto si el Señor no mira al peca­
Santuario (como declara aquí Sau Jerónimo), dor. Muchos oyentes tuvo San Pablo en aquel
son las doce piedras del racional ó pectoral del sermón que predicó en F ilip os, ciudad de Ma-
Sumo Sacerdote. Aquellas doce piedras precio­ eedonia, y solamente se convirtió una nmjer
sas de los doce Apóstoles, engastados por es­ hilandera de púrpura: C a jas Dom m us aperv.it
pecial amor en el pecho de Cristo, las vemos cor i atendere i¿s,quce dicebantur a Pa u lo . «Cuyo
desperdiciadas. Unidos todos, cada uno por su corazón abrió el Señor para que atendiese á las
cabo. Y lo que más es de sentir, que la piedra cosas que Pablo decía», Y así es necesario su­
fundamental (este diamante escogido para fun- plicar al Señor abra los corazones de los oyen­
388 PR ED ICAD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
tes, los ablande y enternezca, para qne las pa­ sí, y acordóse de Ja palabra que Jesús le había
labras de los predicadores llagan eñ ellos im­ dicho: «Antes que el gallo cante dos veces, tú
presión. Conversus D om inus, respexit Petrum . me negarás tros®. E ste recuerdo fue el princi­
V eis aquí cómo el principio de la justificación pio de su penitencia; porqne la memoria de
es de Dios, que con su gracia preveniente mue­ Cristo y de sus palabras destruye el pecado y
ve al pecador y le despierta, para que quiera sana el alma. Maravillosamente dice esto el
salir de su culpa. San Ambrosio (cuya senten­ Profeta Jeremías, en persona del pecador, y
cia alega con gran veneración San A gu stín ) viénelo muy al justo á Pedro en este paso:
dice: Bonrn lacrymce qua culpam lavant, sed et Castújasti me et eruditas sum t/uasi jurenculus
quos Jesús respicit p loran t delictiim. N egavit indóm itas . Converte me et cont'ertar, quia tn,
prim o P etras et non fi.evit quia non respexerat Domine, Deus meus . Postquam. enim converiisti
Dom inus. N egavit secundo e.t non ftevit quia non me, egi peenitentiam; et postquam or.te.ndiiti
respexerat Dom inus. N egavit tertio, respexit J e­ m ihi, p ercussi fém ur meum. «Castigástesme,
sús, et Ule amarissime fievit. Bien entendía esta Señor, y perdí el mal siniestro como becerro
teología David, cuando decía orando al Señor: cerril». ¡Que indómito estaba Pedro antes de
Usquequo exaltabitur inim icus meus super me? la caída! ¡Que presumir de su valentía! ¡Qué
Respice et exaudí me, Domine D eus meus. «¿Has­ despreciar á los otros! Dícele Cristo: Mirad,
ta cuándo, Señor, ha de prevalecer contra mí Pedro, que vos que eso decís me habéis de ne­
el enemigo, y tenerme avasallado y oprimido? gar esta noche. N i por esas. U n novillo por
Miradme, Señor Dios mío, no escondáis vues­ dotnar. Castígale ei Señor, permitiéndole caer
tro rostro de mí. Oíd mis ruegos y no me ol­ en pena de su soberbia; quitóle los bríos como
vidéis». Porque si Dios no mira al pecador, y con la mano. Pregúntale después de resucita­
eon este mirado no le comunica las fuerzas de do: Simón, hijo de Juan, diliijis me p lu s hi n/
su gracia, no puede él con las suyas solas le­ Responde: V os sabéis, Señor, que yo os amo.-—
vantarse. Tomad un espejo y miraos á é l: sí Quo 110 os pregunto eso, sino si me amáis más
vos bajáis los ojos y los ponéis en el suelo, lo que los demás.— V os sabéis, Señor, que yo os
mismo hace la figura que en el espejo está; si amo. ¿Amusme? responded. C o n tr ís ta te est
queréis que ella levante los ojos y miro al cielo, P etru s quia d ixit ei tertio amas me? De verse
eí remedio es que los levantéis vos primero y apretar los cordeles. ¡O lí, Señor, que son odio­
miréis allá. Cuando peca el hombre, clava los sas esas comparaciones, y cuál mal me lia ido
ojos en la tierra. Oculos mo$ staiuerunt decli­ con ellas! ¿Veis qué manso está y qué «lomado?
nare in terram. Y de los adúlteros viejos qne ¿Qué humilde le puso el castigo de la caída?
acometieron á la casta Susana, dice Daniel: D e - Converte me et conrertar, quia tu, Dom ine, Deas
clinaverunt oculos suos ut non viderent ccclum meus: «Convertidmey conveitiréme, porque yus,
nec recordarentur ju d iá o ru m justorum ! «Apar­ Señor, sois mi Dios». San Jerónimo muestra
taron sus ojos para no ver <>í ciclo ni acordarse que el hombre libremente y por su voluntad Si’
de los juicios de Dios justos». E sto hace el pe­ convierto'; mas para qne quiera convertirse y ha­
cador, Poner los ojos en la tierra, en su gusto cer penitencia, es menester auxilio de Dios nno
ó en su interés, y apartarlos del cielo, para 110 le prevenga con su gracia. Eso es mirar Cris­
acordarse de Dios ni de sus justos juicios. ¿Qué to á Pedro. ¿ Y qué resultó de ahí? P o s t quam
remedio para que levanten los ojos al cielo y se enim convertísti me egi pamitentiam: «Después
acuerden de Dios? Que c¡ mismo Dios (á cuya que me convertí stes, hice penitencia», y después
imagen y semejanza fue hecho el hombre) vuel­ que me mostrastes, herí mi ruuslo. L os Setenta
va primero los ojos á él y le mire. Porque si vuelven: porstquam cognovi, ego ingemui. Cuan­
D ios no mira al hombre, imposible es que el do un hombre cae en la cuenta de alguna cosa
hombre vuelva á mirar á Dios. Pues, Señor, si grave, nueva, insólita quo do antes no advenía
tan necesitado estoy de vuestra vista, aspice in ni la imaginaba, suele, no sin asombro ni ed-
me et miserere mei sc-cundum ju d iciu m diiigen - miración, darse una palmada en el muslo 6 en
tium nomen tuum (Salm o 118): «(Miradme, Se­ la frente. ¿Yálam e D ios, que tal cosa había e n
ñor, y habed misericordia de mi. Apiadaos de el mundo? ¿Tal ha pasado sin entenderlo yo ni
mi miseria y estrem a necesidad según el uso y echar de ver en ello? ¡Oh, qué asombro; oh, qué
costumbre que guardáis con los que os quieren ' pasmo concibe el alma del pecador cuando Dios
bion, al fuero de vuestros amigos, como vos lo vuelve en sí, y le ábrelos ojos con nueva luz,
soléis mirarlos y remediarlos». para quo eche de ver sus tinieblas, la gran­
deza del peligro que corre, el engaño do la ser­
CONSIDERACIÓN SEXTA
piente antigua, la figura detestable del pecado,
la paciencia de la divina bondad en haberle su­
E t recordatus est P etru s verbi D om ini sicut frido , su benignidad en haberle alumbrado,
dixerat'. E n mirando Cristo á Pedro, volvió en la soberanía de su majestad, la severidad de su
P. FR. ALO N SO DE C AB R E R A 389
justicia! Quien esto conoce, porque Dios se lo ■ CONSIDERACIÓN SÉPTIM A
Íi¡i mostrado, hiere su muslo con admiración.
En parte se muere de temor, en parte se anima Había estado el esposo llamando á la puerta
eon esperanza, en parte se enciende en amor; de su. esposa una noche lloviosa y tempestuosa,
pero, sobre todo, se asombra de sí mismo y de rogándole que le abriese, con palabras muy
su ceguera. ¿Qué es posible que yo tal hice? amorosas: <tAbreme hermana mía, amiga mía,
¿Que tan furiosa Fue mi pasión que en tal lo­ paloma mía, que mi cabeza está mojada con el
dazal me derribó? ¿Que por- nn vi! Ínteres, por rocío y mis cabellos de la escarcha». E lla estuvo
uu momentáneo contento, perdí al samo bien? tan terca y descortés, que no se quiso levantar
¿A dónde tenía el seso cuando tal pensé? ¿Dón­ de la cama; entró el esposo la mano por la jun­
de estaba mi juicio cuando tal hice? Va: teñe- tura de la puerta, y quitó el aldaba. Y a en­
¡iris meis in quibus aliquando jeteut. Cmcus enim tonces ella se levantó más que de paso á abrir­
eram et tenebras amabam et ad tenebras per le; y congojada de su descortesía, dice: A nim a
ietiébrcis ambulabam: « A y, ay, de mis tinie­ mea liquefacta est ut dilectus locutug est. «El
blas en qne ya estuve caído, decía el glorioso alma se me regaló y derritió acordándome de
Agustino..Ciego estaba y las tinieblas amaba, y las palabras que me había dicho mi querido, de
á las tinieblas por las tinieblas iba». P or las sus requiebros y de mi villanía». E sto es lo que
tinieblas de la culpa iba á las tinieblas de la pasa en la. justificación del pecador. Convida
puna eterna. También herir el muslo es señal Dios al alma con su corazón, representándole
de dolnr y arrepentimiento. ¡Oh, qué mal caso! los bienes inmensos que trae consigo para
Nunca yo lo hubiera dicho. Y asi en este lugar enriquecerla, y los trabajos que padeció en sil
significa el dolor que trae consigo el conoci­ pasión por librarla de sus males. E lla resiste,
miento de la culpa, y el castigo que el peniten­ porque es libre y puede despedir á Dios, y es­
te comienza á hacer en si, juzgándose primero tarse en la complacencia de su culpa. Pero si
para no ser juzgado. Y como preveniendo á la Dios entra la mano de su auxilio eficaz, y quita
divina justicia, que ningún mal deja sin castigo. la aldaba de la dureza dol corazón que defendía
Esto hizo Pedro, que vuelto ya en sí, y caído la entrada, al punto se levanta el alma corrida
en la cuenta de su yerro, et/ressiix Jot as P etrus, y lastimada de su descomedimiento. Y acordán­
jlerit amare. No es pequeña parte de castigo dose de los requiebros do su esposo, de los
salir fuera de todas las ocasiones. Privarse el cumplimientos de haberla esperado, llamado,
hombre de sus gustos, poner entredicho á los convertido, se enternece y regala, y se derrite.
pasatiempos y despedirse de todo cuanto bien Santo Tomás dice qne la liquefación es efecto
quería, para no volver más á ello, ni aun con el dol amor, contrario á la dureza y obstinación. Y
pensamiento, grande mortificación es, pero ne­ así cuando el alma resiste á la vocación de Dios,
cesaria de todo punto; porque no se puede ba­ á sus inspiraciones y impulsos, está el corazón
cal' penitencia estándose voluntariamente en las endurecido. Cuando está tierna y blanda para
ocasiones do ofender á Dios. E n eso fue extre­ oir sus palabras y obedecerlas, está regalado,
mado Pedro, ¡qué presto se convirtió! Con una derretido. Duro estaba el corazón de Pedro, y
seña de ojos, no fue menester más para salir. helado con el temor; pero después qne eon la
Séptica in die cadit ju sta s ct re m rg it . Si es vista de Cristo, y con la memoria de sus pala­
justo, ¡cómo eae? Y si cae, ¿cómo es justo'7 bras se encendió en su pecho el íuego ardentí­
Porqne se levanta cou gran presteza, y no me­ simo del amor de Dios y dolor de sus culpas,
rece perder el nombre de justo quien tiene tan­ todo se enterneció y ablandó. Bien pudo decir
to cuidado de levantarse. Los hijos de Lovi, con la esposa: A nim a mea liquefacta est ut d i­
aunque pecaron como los otros, adoraron el lectas, etc. Y con David: Factum est cor meum
becerro, pero fueron los primeros en convertirse lanqitnm cera liqitescens in medio ventris mei.
y hacerse al bando ole Dios, juntándose con «:En medio de mi pecho fue mi corazón como
Moisés, porque están acostumbrados al culto cera derretido». Y esa alma, y ese corazón, en
divino. A sí los justos, cuando caen, como están ainur y en dolor derretidos, salen distilados por
berilos á la virtud, vuelven presto á ella. Por los ojos en lágrimas. Porque, jievit amare. O
eso -íijo San Juan Crisóstomo que aun los pe­ como dice San Marcos: C u p it flore. D io princi­
cados de los justos son hermosos. Como un pio á las lágrimas, y no fin, hasta que la muer­
lindo cuerpo aun después de muerto está her­ te se lo dio. ¡Oh, cuántos mayores pecados y
nioso, asi el justo en la caída y en el pecado más enormes maldades hacemos nosotros cada
muestra lo que es; porque peca más raras ve­ día, y no lloramos! Nuestros delitos suben al
ces, y con vergüenza y recato, y se levanta más cielo y piden á D ios justicia, como los de So-
presto, y oon más humildad y cautela; como se dorna y Gomorra, y no nos puede sufrir la tie­
vee en Pedro, y qne luego sale de la ocasión. Y rra-, y el abismo está abierto para tragarnos,
esa quitada, flevítamare: «Lloró amargamente». como á Datán y Abirón, y nosotros gastamos
390 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
ja vi fia en comer y beber, y holgar, tan olvida­ lágrimas, pues el Señor resucitado las vino á
dos de la muerte y de la justicia de Dios como enjuga!1, y antes de darse á ver á los otros discí­
si no hubiese en nosotros pecados. ¿Por qué pulos, apareciéndote á solas te las quiso lini-
no lloramos? ¿Sabéis que por un pecado mor­ liar y trocarlas en lágrimas de alegría! Así
tal se pierde el derecho á la herencia del reino oimos afirmar á los discípulos: Quia surrexíi
do los cielos? ¿Sabéis que se gana el tormento Dom inus rere et apparv.it Sim oui, Y los An­
sempiterno del infierno? Son niales estos qne, geles á las Marías: Cito emites dieite diteijm-
si posible fuera, 80 habían de llorar con lágri­ lis ejus et P etra. M ás: cliole las llaves clel cielo,
mas de sangre. Sobre todo, ¿sabéis que per­ ei Sumo Pontificado. A n tes se le había prome­
disteis á Dios infinito y sumo bien, y el supre­ tido. después con efecto dado. Finalmente,
mo de cuantos so pueden ofrecer al deseo? ¿ Y quedó más santo que todos; porque con más
que de Padre amorosísimo y benignísimo le caridad, d ilig is me p lu s his? Y si no fuera
, habéis convertido en capital enemigo y severí- así, no lo preguntara el Señor. A q u í se cum­
simo juez? ¿Pues con qué tristeza, con qué do­ plió la profecía de liaruch: S icu t fe c it sensus
lor merece ser llorada esta pérdida? Llora tina vester ut erraret-is a Deo, deciett tantmn iteran
viuda noches y días porque perdió á su mari­ co?u-ertent.es requiretis eum: «Como pusiste-;
do; ¿por qué no lloras tú por haber perdido á vuestro sentido en apartaros de I>ios, eonvir-
Dios? Con cuán diferente sentimiento lloraba tiéndoos después con diez tanto amor y dili­
estas pérdidas el santo David, cuando decía en gencia, le buscareis». Porqne el dolor de k
una parte: Laboravi in gemitu meo: lavabo per culpa cometida, y la firme esperanza del per­
singulas noctes lectum mecían. «Fatigúeme gi­ dón inflaman el corazón en amor del ciernen l.i-
miendo y suspirando; lavaré todas las noches sirno Dios, y hacen al hombre cauto para luí ir
mi cama, y regaré con lágrimas mi estrado». los pecados, y más pronto y alegre pina las
Turbatus est a jurare oculus meus: «Turbáron- obras de virtud. San G regoiio: D u x in p n rti»
seme los ojos con la cólera y furor que contra illum müitem p lu s diligit, qui post fugam en
mí concebí». San Jerónimo vuelve: Caligavit verauSi fortiter hostem prem it , quam qui num-
prce amaritudine oculus meus. «Cegaron, oscu­ qiiam f i g i t et nvmquam fo rtiter egit. «El capi­
reciéronse mis ojos por la amargura de mis lá­ tán en la batalla, en más estima á aquel solda­
grimas y tristeza». Y en otra parte: E x itu s do que aunque huyó á les primeros encuentra,
aquarum deduxerunt oculi mei (Salmo 1 18 ). volviendo sobre sí, valerosamente sojuzgó al
Vuelve San Jerónimo: l iiv i aquarum dejlue- enemigo, que al que nunca huyó ni tauipivn
bant ab oculis meis. D e esta manera lamentan hizo cosa señalada!. P or eso tan favorecido Pe­
su. desdicha los que la conocen, esclarecidos con dro después de convertido. E n la cena, estuvo
divina luz. De esta manera la lloró Pedro amar­ tan corto, que no osó preguntar á Cristo quién
gamente con lágrimas perenales, que no se aca­ había de ser el traidor; y hizo señas á Jumi
baron sino con la misma vida: F e lice s , sánete que se lo preguntase, como á más familiar.
Apóstale, lacrymce tuce, quw ad diluendam cul­ Después creció con la privanza tanto sn furia,
pam. negationis virtutem sacri habuere bap- que osó preguntarle del mismo Juan: Donn-tt,-,
tism atis. Dijo San León papa: «Dichosas tus hic autem quid? Si á mí que os negué, me bu­
lágrimas (apóstol santo) que para lavar la cul­ céis heredero de vuestra cruz, de este vuestro
pa de la negación tuvieran fuerza de sagrado querido, ¿qué pensáis hacer? E n las cuales pa­
bautismo; que quiere decir que fueron tan labras (como San Crisóstomo nota) se nos en­
copiosas, tan dolorosas sns lágrimas, que alcan­ comienda la virtud admirable de la penitencia,
zaron perdón á culpa y á pona, como en el que no solo restituye la primera gracia, pin'>á
bautismo: que esa fuerza tiene la contrición veces levanta á mayor alteza. Y esto n¡> s.,-
cuando es vehementísima. dice para provocaros á pecar con esperan/.;i ^ei
perdón (D ios nos guarde) sino (como dice Cri­
CONSIDERACIÓN O C TAV A sóstomo) para que sepáis aprovecharos de esta
medicina, á quien ninguna dolencia es incura­
E sta razón da San Jerónimo por qué permi­ ble; y que no sólo restaura la salud del alma,
tió el Señor la caída do tan grande A póstol: rehace las fuerzas, recupera el vigor perdido;
para que por su ejemplo entendiésemos ser pero á veces le acrecienta y enriquece al peni­
tanta la eficacia de la penitencia que por ella tente de muchos dones y virtudes. Pero en
podemos alcanzar, no sólo perdón, sino igual ó esto no sólo ae descubre el valor de la peniten­
mayor dignidad que la que se perdió por la cia, sino la bondad incomprehensible de nues­
culpa. A San Pedro le dio que sanase con su tro Dios, que después de la penitencia asi se
sombra los enfermos, lo cual no quiso Cristo olvida de sns iujurias pasadas, como si en ínnhi
tomar para sí. ¡Oh, cuánto merecistes, bien­ hubiera sido ofendido. E l mismo amor le queda
aventurado Apóstol, cou aquellas tus amargas para con el penitente, la misma benignidad y
P. FE. ALON SO D E C AB R E R A 391
á veces mayor, según ]a cantidad de la peni­ les pesa perfectamente, no hay más mención
tencia. A si lo protestó ei santo Rey Eeechías: de ellos para siempre. L os cirujanos curan las
Tu autem eruisti animam meam ut non pei'iret; heridas, pero no quitan las señales, los puntos;
projecisti p ost tergum tuum omnia peccata mea. mas el médico divino sana las llagas, y quita
«Tú, Señor, libraste» mi alma que no pereciese, las cicatrices; no queda.rastro de enojo ni in­
y echaste detrás de tns espaldas todos mis pe­ dignación, A D avid pecador no le oyó cuando
cados». D a á entender por esta metáfora la oró por el hijo adulterino, pero después alcan­
inefable misericordia de Dios para con ios pe­ zó con sus lágrimas que de la misma mujer
nitentes y el olvido total de sus pecados, qne (ya contraído matrimonio) le diese Dios á S a­
ya no los mira para imputarlos, como el hom­ lomón, tan sabio, tan valeroso, digno sucesor
bre no puede ver lo que tiene á sus espaldas. de su reino; esto debe animar y alentar á los
E l marido que torna á recibir en su casa á la pecadores más caídos y desahuciados á que no
mujer adúltera nanea le tiene el amor que an­ desconfíen de la misericordia divina, sino abra­
tes, ni la trata con aquel regalo. Y aunque zándose con la virtud de la penitencia, á imita­
ella esté recogida y 110 de muestra de livian­ ción de David y de Pedro, se esfuercen á de­
dad, mil veces le da en rostro con lo pasado. testar sus «lipas y llorarlas, confiando alcan­
Pero aquella clemencia, real y magnánima de zar por esta vía remisión de ellas, la estola de
nuestro Dios, así celia á las espaldas jos peca­ la gracia y el premio de la gloria.
dos de los verdaderos penitentes, que si á ellos Amén.

C ON SIDERACIONES

MIERCOLES DESPUES DEL DOMINGO


DE HAMOS

DE L A CONVERSION DEL BUEN LADR ON

D ucebantur autem et a lii dúo ner¿uam cura


eo, ut interjicerentur.
(L e e ., 23 ).

E l sagrado Evangelio contiene uno de los mostrar que él era tal como ellos, y que todos
más ilustres testimonios de la divinidad de tenían unos mismos méritos y oficio. Habién­
Cristo y uno de los mayores milagros que hizo dolos llevado por las calles acostumbradas, lle­
eu la conversión de los pecadores. Y como tal garon al Calvario (qne era el lugar donde jus­
lo guardó para el fin-de la vida, cuando obraba ticiaban á los delincuentes) y allí crucificaron al
la redención de los hombres, y cuando estando uno á la mano derecha y al otro á la izquierda,
el más abatido de todas las criaturas; tanto que y á Cristo, como el más facineroso, en medio.
puede decir: E g o autem pttm rermi* et non homo; Pero el clementísimo Redentor está tan ajeno
opprobriumhominum et abjectio ptebis, Eran me­ de indignarse de aquella injuria, que antes rue­
nester más admirables testimonios que testifi­ ga á grandes voces A su Padre por los que la
casen la gloria de su divinidad. Fue así, quo hacían, diciendo: Padre, perdónalos, porque no
para más afrenta del Redentor ordenaron los saben lo que hacen. Pagaban tan mal este amor
judíos de justiciar aquel mismo día dos insignes aquella mala gente, que en cambio mofaban de
malhechores quo tenían presos; y asi los sa­ el y le vituperaban. Y para que nada faltase á.
caron en compañía dol Salvador. Queriendo la deshonra, uno de los ladrones, que estaba á
392 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
la mano izquierda, le blasfemaba, diciendo: <rSi fa c it cisterna aqnam suam, sic frigidam fecit
tú eres Cristo, líbrate á ti y á nosotros de la m alitiam suam. «Como se enfria el agua en las
muerte». Toma la mano el de la derecha en vol­ cisternas y aljibes (donde se suele recoger la
ver por el Redentor, y lo primero corrige al frialdad, huyendo del calor del verano), asi el
compañero, y díeele: «¿Ni tú temes á Dios es­ pecador ha resfriado su malicia», huyendo dol
tando en el estado en que estás? Nosotros jus­ calor de la caridad, Y Cristo dice por S:m Ma­
tamente padecemos y tenemos nuestro mereci­ teo, hablando de los tiempos cercanos ú la fin
do, y por nuestras obras venimos á este lugar; dei mundo: Quoniam abundahi tiniquitas, re-
pero éste es inocente y ningún mal hizo». Y frigescet chantas multorum. Habrá tanto hielo
vuelto al Redentor, le dice con grande humil­ de maldad, que se helará lacaridaden los pechos
dad: «Señor, acordaos de mí cuando estnviére- de muchos. Como los malos siguen el partido
des en vuestro reino». Respóndele Cristo sin de Lucifer, el cual huyendo de Dios, que es fue­
dilación: «En verdad te digo, que hoy serás go y caridad, puso su manida in lateribus aqui-
conmigo en el Paraíso». E sta es, en suma, la lonis: «En los escondrijos del aquilón», aque­
letra de la historia. Pidamos la gracia por inter­ llas regiones septentrionales donde 110 alcanzan
cesión de la V irgen, A ve. los rayos del Sol, y siempre corre el cierzo frí­
gidísimo de su obstinada malicia. Corazones
que están en región tan fría, no es maravilla
IN T R O D U C C IO N que estén congelados como la nieve y granizo.
Pero en esta nieve tiene Dios guardadas gran­
E ntre muchas cuestiones y preguntas que des riquezas. Sólo Dios puede hacer tesoro do
hizo Dios al santo Job, en una plática que con los pecadores, que de si son tan desaprovecha­
él tuvo, llena de dificultad y admiración, para dos. E l los puede aprovechar y convertirlos eu
mostrarle la excelencia de su divina Sabiduría joyas, aljófar, perlas y piedras preciosas. Mil'ad
y omnipotencia sobre todas las criaturas, una qué montones de nieve tenía en el pecho la
de ellas (y no la menos escura y admirable) es Magdalena, que' helada y fría estaba. ¿Quién pen­
la siguiente: N un quid ingressus es thesauros ni- sara que en una mujer tenida, y llamada en la ciu­
vi& avt thesauros gran din is aspexisti , quae dad por pública pecadora tenía Dios escondido
preparavi in tempus kosiis, in diem pugnm et tal tesoro? L lega Dios y entresácala de los de­
belli? «¿Por ventura has entrado en los tesoros más; caliéntale el pecho con el fuego del amor.
de la nieve ó viste los tesoros del granizo, que D im issa sunt a peccata m ulta , quoniam. dilerit
aparejé para el tiempo del enemigo, para el día multum. Y resuélvese la nieve en agua de lá­
de la pelea?» P or cierto, Sefíor, que son extra­ grimas, que como ríos saleo por sus ojos, bas­
ños tesoros los vuestros; nuevas riquezas. Bien tantes á regar los pies do Cristo; y de gran pe­
medrado estaría el hombre que no tuviese otro cadora la hizo Apóstola de Apóstoles, compa­
mayorazgo sino la nieve toda de Sierra N eva­ ñera de la V irgen y enamorada do Cristo.
da, ni otro juro sino nn gran torbellino de gra­ ¿Qué granizo so puede imaginar más duro y
nizo. ¿ Y que vos hagáis tanto canda), de la nie­ nocivo que un Sanio, que así destruía y quema­
ve y granizo, que hagáis de ella tesoro y teso­ ba las ñores y frutos tiernos de los fieles, cuan­
ros, y los guardéis tanto que no dejéis entrar do comenzaba á brotar en la heredad del Se­
en las salas y torres donde los tenéis ni aun á ñor, que es sn Iglesia? S aubts antevi derushthol
vuestros amigos, ni se los deis siquiera á ver de licclestam , p er domos intrans et trabens virox ac
los ojos? ¿ Y que hagáis provisión de ellos para midieres íradehat in cuatadimn. N o hay nubada
el tiempo de guerra? ¿Que sean esas vuestras de piedra ni de granizo que así apedree y asuele
atarazanas, donde guardáis la munición y vues­ una heredad como Saulo á la Iglesia. Quien
tra armería? ¿Que puede responder á eso vues­ viera ú San Esteban tan abrasado en caridad,
tro amigo Job, sino que no ha entrado ni visto que rogaba á Dios por los que le apedreaban, y
esos tesoros, y sabe de qué pueden servir para viera á Simio lan helado en su malicia, que
el tiempo de la pelea? Declarádnoslo vos, Se­ guardaba las capas á los sayones, y era con­
ñor, pues no sin causa lo preguntáis. E l glo­ sentidor de su muerte, si entonces le dijeran:
rioso San Gregorio sobre este lugar da una pues sabed que de este granizo ha de sanar
muy galana explicación, digna, de su espíritu. Dios mayor fuego que ríe aquel mártir; más
P or la nieve, que es fría, y por el granizo, qne caridad ha de tener Saulo qne Esteban. ¿Es
es duro, muy convenientemente se entiende los posible? ¿Quién puede hacer eso? Aquel de quien
pecadores, que tienen los corazones helados con dice Isaias: Utinam din-im peres cirios etdesvea-
el frío de su malicia y endurecidos con su per­ deres atque arderent igni. Son tesoros estos que
tinacia. Y así es costumbre de la Escritura sig­ tiene Dios en la nieve y granizo; quw pra-p'>-
nificar la malicia por la frialdad. D el alma pe­ ra?:i in tempus Iwstis, in diem pugnm et btlh.
cadora, dice Dios por Jeremías: S icu tfr ig id a m Y más: que lo aparejó para el tiempo del ene­
P. FR. A L O N SO DE C A B R E R A 39?.
migo y de líi guerra. ¿Qué soldado tnvo Dios fueron echados en la, cárcel por su delito. Pero
más animoso, qué guerrero más esforzado, que después Faraón libremente perdonó al copero
asi volviese por su honra, hiciese guerra al de­ por su clemencia, y mandó ahorcar al panade­
monio, le sacase ele su pocler las almas, extirpa­ ro, haciendo justicia. Pues lo que pudo lícita­
se los vicios, como San Pablo? Pnes use tenía mente hacer Faraón, mejor lo podrá hacer el
Dios guardado en los tesoros del granizo. M is­ Señor, qne es más absoluto. E ste misterio de­
terios altísimos de la predestinación, que no se claró el A póstol con una linda comparación:
pueden apear. Y así el mismo Apóstol conside­ A n non habet potestatem figv.lus luti ex eadem
rando esto da voces: Oh altitudo dívitianim sa- massa facere aliu d quidem vas in honorem, aliud
pienti/e ct scientiix D ei! Quam incoinprensibiha- vero in contnmeliam? N o dice: ¿P o r ventura
sunt judicia ejus et -invest ig ahíles rite ejus! Son no tiene libertad el platero para de una misma
tesoros que no se pueden agotar, que nadie ha barra de plata ó de oro hacer un vaso de apa­
entrado en ellos ni se dan á ver. Uno de estos rador y otro para deshonor? Porque pudiera
juicios muy altos, y no el menor, tenemos en la quizá decir alguno: Sí, señor, que es agravio
historia presente. A quí hallaremos tesoros de que se hace al oro emplearlo en servicios viles
nieve y granizo. Dos hombres que t.oda sn vida y afrentosos; sino pone la comparación en el
habían gastado en saltear caminos, robar y ma­ barro, á quien no se le hace ofensa en hacer de
tar hombres, por los cuales delitos habían sido él vasos de servicio humildes y se le hace hon­
crucificados. Ambos, según la opinión de mu­ ra en darle tal forma que lo pongan en la mesa;
chos doctores, fundada en el texto e v a n g é l i c o y porque los hombres, no sólo somos hechos de
de San Mateo y San Mareos, blasfemaban de barro en lo natural, sino habiéndonos Dios le­
Cristo primero y le decían denuestos y baldo­ vantado á la participación del sér divino por
nes. ¿Quién dijera que de nieve tan helad» y gracia del oro fino, nos volvimos tierra por la
granizo tan endurecido había de salir ningún culpa de nuestro primer padre, y nos hicimos
bien? Mas Dios tiene ahí tan gran tesoro guar­ barro, como lo llora Job: Cvwparatus sum iuto.
dado, que entresaca al uno y derrite esta nieve, Dios, que es el ollero, al que se le deja barro, no
y ablanda esc granizo, y regala ese corazón, y le quita nada, ni le agravia en dejar en su vile­
lo enciende en caridad. Y lo que más es, lo tie­ za; pero al que afina y levanta á ser vaso de su
ne aparejado para el tiempo del enemigo. E l mesa, hace soberano beneficio. Y esta es la ra­
tiempo del enemigo fue el tiempo de la Pasión, zón potísima de la elección del buen ladrón y
en que por dispensación divina fue dado poder del desamparo del malo: la divina voluntad.
á Satanás para que por medio de sus ministros L os medios por donde se ejecutó veremos en el
ejecutase en aquella humanidad sacratísima to­ Evangelio.
dos los tormentos ó injurias que quisiese, tiem ­
po eu que hartase su saña. Y así les dijo C ris­ CONSIDERACIÓN PKIM ERA
to á los que le iban á prender: Thvc est hora
t’t’stra et p otista s tenebrar-tau. E l día de la p e ­ D-ucebnntitr autem et a lii dito neq-aa-m cum eo
lea fue este mismo. Cuando en el campo del ut interficerentitr. E ste fue el más bajo escalón
Calvario pasó aquella sangrienta lid entre C ris­ al que pudo descender la humildad de Cristo.
to y el fuerte armado, que es el demonio, en la Grande baja de la divina alteza le pareció al
cual, muriendo Cristo, con su muerte mató la Apóstol que el H ijo de Dios, igual eon el P a ­
muerte, y veució al demonio, y despojó al in­ dre, hum iliarit semetípsum, fúnnara serví acci-
fierno. Pues para este tiempo, y para este día pieiis: «El que tenía forma y naturaleza de
de tanta afrenta, abre sus atarazanas de la Dios, se humilló tanto que tomó forma y na­
nieve y del granizo, y tiene guardado este turaleza de siervos, haciéndose hombre en la
poderoso guerrero que vuelva por su honra encarnación. Mayor fue la baja de la natividad,
y defienda su inocencia, y publique su jus­ pues se compara á las bestias, naciendo en un
ticia; y de ladrón, lo hace mártir; de blas­ establo, siendo reclinado en nn pesebre eu me­
femo, confesor: de malvado, sardísimo. ¿Pues dio de dos animales brutos. E n la encarnación
cómo se dejó á su compañero.'' ¿Por que no bajó del cielo al vientre purísimo de la V irgen,
le hizo esa merced? Esos son ¡os tesoros de que era más sagrado que el cielo: pero de este
la nieve, donde ninguno ha entrado. Tesoros de mismo santuario, eu su natividad salga á ser
la sabiduría de Dios, quo nadie puede compren­ puesto en pesebre, grande humildad fue. E n la
der. No hay otra respuesta sino la de David: circuncisión bajó aún más, pues tomó forma y
tialimm. me fe c it, quoniam rohn t me, A este apariencia de pecador, recibiendo el hierro y el
quiso y al otro no. A este hizo mucha gracia, cauterio de la culpa, el que sólo estaba sin
enn el otro usó de justicia. Los dos criados de ella , porque la circuncisión era sacramento
haraón, copero y panadero, ambos dice la E s ­ ordenado para quitar el pecado original, y así,
critura que pecaron contra su Señor; ambos el que le recibía profesaba tenerlo. E n el bau­
394 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
tismo, aún bajó más, pues se quiso parecer á ro ver. Y visto y conocido, dice su dicho.
los pecadores actuales, que tenían pecados he­ Asentad: Lum en ad revelationem gentium ei
chos de su propia voluntad., cuales eran todos gloriam p leh is t w , I s r a e l : «Esta es la lumbre
los que entonces se bautizaban de mano de San que ha de alumbrar al mundo». Preguntado
Juan. U"o quedaba más qne bajar, sino ser te­ cómo lo sabe, dice: Quia viderunt oculi mei sa­
nido, no sólo por pecador, sino por grande pe­ livare tvAim. Con estos ojos, que han de compi­
cador. Y esto se cumplo hoy; como dice el E van ­ la tierra, le vi. Habla como testigo de vista, y
gelio: Ducebantur et aUi dúo nequam cum eo. que la misma lumbre le dio en los ojos, y con
E n decir: también y otros dos, parece que sig­ ellos vio al Salvador. También le confesó An;i
nifica que era tercero. Isaías lo tenía profeti­ profetisa. Im porta también el dicho de los que
zado. E t cum sceleratis reputatus est. Fue con­ pueden ser interesados. Y así el gran Bautista
tado y puesto/con los pecadores malvados, in­ (á quien convidaran con la dignidad de Cristo)
signes malhechores, con ladrones famosos, te­ dice su dicho, y firmó de su nombre: E cce
nido por el mayor y como tal crucificado en agnus D ei, qui to llil peccata mundi. Tambie’n es
medio de ellos. E sta fue la mayor injuria que de mucho crédito el dicho de gente desapasio­
á Cristo se hizo, y así parece que la sintió él nada, y así le dijo el Centurión: Vere fiHits
mismo cuando dijo á sus discípulos poco antes D e i erat iste. Estím ase en mucho el dicho fa­
que le prendiesen: D ico enim vobis quoniam vorable de los enemigos. E s muy notoria la
adhnc hoc, quod scriptum est, oportet iinpleri verdad, cuando el enemigo la confiesa (porque
in me: E t cum m iquis deputaius est. ¿Pues, y es cierto que no los corre afición, sino pasión),
no se han de cumplir otras cosas? Si; pero esto pues dice su dicho Judas: P ecca v i tradem.
3e dnele m ás, y asi lo particulariza. A d h u c , sanguinem justum . L a mujer de Pilatos envía
A u n esto se ha de cumplir, que es lo más gra­ á decir á su marido; N íh i! tib i , et justo ilh ,
ve. También mostró este sentimiento á los que «No te entremetas en juzgar aquel justo, no le
lo prendieron, Tamquan ad latronem existís llagas mal». E l mismo Pilatos qne. le senten­
cum g la d iis et fu stibus comprehendere me? Con cia dice quo él no halla en él causa, que él se
espadas y bastones. ¿No me pudiérades echar sale á fuera: [ nnocens ego sum a eanpttine hit-
mano llanamente en la ciudad, donde me tenia- ju s. Y para firmar la sentencia se lava las n¡a-
des cada día, sino salirme á prender con tanto mos. Y porqne no dijesen los fariseos que se
estruendo como si fuera un salteador? Como hizo esta probanza á pediuiiento de parte, sin
los judíos vieron qne de aquello se sentía. citar la parte contraria, para ver si tenía que
¿ A sí que os da pena ser preso como ladrón? alegar ó contradecir, el mismo Cristo les citó
Pnes aquí haremos que, no sólo preso, sino diciendo: Quis ex robis arguet me de peccata?
justiciado y muerto como ladrón y en medio de Y no tuvieron que decir. Pilatos: E cce ego co~
ladrones. Y asi lo hicieron, Grande fne el amor ram vobis interrogans nullam causara inven! in
que tuvo Cristo á la virtud de la humildad, y homine isto. «Hago el interrogatorio y tomo la
extraño el deseo de persuadir á los hombres so­ confesión 011 vuestra presencia, y no resulta
berbios, pues con tan espantosos ejemplos la contra él culpa alguna». ¿Qué puede faltar á
encomendó y ensoñó en su propia persona, esta probanza ó qué se le puede añadir? Una
Pero como el Padre eterno tenía tan á su car­ sola cosa. Suélese dar mucho crédito á los que
go la honra de su Hijo, ordena que de este he­ están en el trance de la muerte, para ir á dar
cho quo los judíos tramaron para su infamia cuenta á Dios, y así cuando uno desde empalo
salga uno de los mayores argumentos de su disculpa á alguno, es gran indicio que están
inocencia. A n tes este fue el postrer dicho en sin culpa. Pues 110 quede por eso. V en ga un
qne se cerró la probanza y proceso que so hizo ladrón que estando en el palo para morir. L le­
en vida de la santidad de Cristo. ¡Mirad con gan á tomarle el dicho, y dice: que para ei
qué probanzas tan firmes está sustanciado este paso en que está, y por la cuenta que va á dar
proceso! E n naciendo Cristo en el mundo, á D ios, nos quidem juste: hic vero n iliil malí
luego bajaron ángeles, y como mayores en dig­ ffessit. Que él y su compañero lo deben, y es
nidad de naturaleza que todas las criaturas, justo que lo paguen. Pero que Cristo está sin
los más ilustres y nobles le tonían primero su culpa, y 110 merece la muerte que le dan, y que
dicho, y piden su firma que digan quién es, y está tan lejos de ser reo, que es el Rey de todo
pusieron N a tus est vobis Salvator, qui est 6 hris- lo criado, y con este dicho cierra el Padre ia
tus Dom inus. A s í lo decimos. Tras la gente probanza y el proceso, pues ya no hay más que
noble importa mucho el dicho de los viejos y pedir. Porque veáis por qué atanores ó atajeas
hombres de edad. Dice Simeón anciano, y por trajo la sabiduría de D ios el agua á su moli­
no hablar de oídas, llévalo el Espíritu al tem­ no, y ordenó que lo que los judio* inventaron
plo, y para enterarse más, como era yiejo y para ignominia de Cristo, le sirviese para su
corto de vista,, dice: Dénmelo acá que lo quie­ mayor gloria.
P. FR. AL O N SO DE C A B R E R A - 395
tario, gimiendo en el nido y árbol seco de la
c o n s id e r a c ió n segunda cruz; corno otro Job, destruida y robada la ha­
cienda, perdidos los hijos, la mujer de la Sina­
Pero diréis: ¿Quién le dio tan en breve á goga haciendo burla de él, induciéndole con
este ladrón tnn alto conocimiento do Cristo, blasfemias que perdiese Ja paciencia, provocar­
pues poco antes lo blasfemaba? Muchas razo­ le á, que faltase 011 la mansedumbre y benigni­
nes dan los santos; yo diré sola una que está dad; llagado de pies á cabeza como leproso,
en el Evangelio de hoy. Que el motivo que tuvo fieclro una plaga, 110 sentado en el muladar,
para convertirse, detraes de la iluminación de sino fijado en la cruz en el monte Calvario.
Dios, que milagrosamente le iníuudió lumbre V io que los hombres le habían negado todo re­
de fe, para que conociese la divinidad de su frigerio de comida y bebida; hasta un jarro de
hijo; pero el medio que para ello tomó, fue la agua cuando le pidió muriendo, y que en su
paciencia que Cristo tenia en los trabajos, ver lugar le amargaran la boca con hiel y vinagre.
tal tolerancia entre tantos y tan desígnales tor­ Viole anegado en las muchas aguas de sus do­
mentos. Consideraba el peso de la cruz, y la lores, y que las angustias habían entrado hasta
corona, el deshonor, las blasfemias; vele bo­ Su ánima, ¿ lío habrá aqirí algún alivio á una
cho nn retablo de dolores; y á todo esto 110 un alma tan trabajada? Sí. N o se contenta con
gemido, no un ceño m una descortesía, antes mantenerla con la esperanza del fruto que ha­
vele rogar por los enemigos. Eran esos argu­ bía de sacar- de sus dolores, sino en medio de
mentos más qne de hombre. Y aquí comenzó la fatiga. Como acá á los segadores cuando
con más prisa el socorro divino á darle fe y están muy desmayados les dan un bocado de
conocimiento, que quien tal paciencia y caridad pau mojado en agua y vinagre ó de otra cosa
tenia era R ey y Hijo de Dios. Estaría diciendo para templar el ardor, y con eso cobran aliento
entre sí: Audivim us quod. regen Isra el clementes y brío, así el Padre, para consolar el alma de
.«mí; este es dementísimo sobre todos. Y P i­ Cristo y templar el ardor de aquella sed de
latos 1c pone en el titulo: iie x jiirtívomm. E l qne nuestra salvación qne mostró en la cruz, para
pur sus mortales enemigos se hace intercesor v alentarla, dale este bocado de pan, que es este
abogado, 110 me dejará de recibir á nú que le ladrón convertido, que para su gran hambre y
confieso. es posible sino que es Rey quien sed que tenia ríe nuestra salud, no era más. de
tiene pecho tan generoso. Sin duda fuera gran­ un bocado; mas al fin le pudiera dar' gusto y
de alivio para la tristeza de Cristo la conver­ entretener. A q u í se cumplió lo que dijo el
sión de este ladrón; si él 110 se hubiera cerrado P rofeta s Mittit chrt¡*tiülum suam sicut bttccellas.
á sí mismo las puertas del consuelo, v no viera Dice San A gu stín : S icu t frustu p a ñ is. ¡Oh
que el remedio do este sólo había de ser oca­ gran poder de Dios, que tales mudanzas bacel
sión de perderse muchos. ¿Queréislo ver? A llá, ¿Que la nieve helada y endurecida (que es el
tlice Isaías, hablando de la muerte de Cristo: cristal) vuelve en bocaditos de pan tierno y re­
Pro eo quod lahorubit anima ejtts, riilebit et sa- galado, que sustenten á Cristo,’ Ahora entien­
turabitur. E l manjar que puede hartar el alma do, Señor, la razón por qué no quisistes vol­
de Cristo, llano es que 110 puede ser el corpo­ ver ias piedras en pan cuando os dijo el demo­
ral, porque el alma no come. Y el mismo C ris­ nio: S i F iJius D ei es, 1lie ut lapides isti panes
to dijo á sus discípulos que sti manjar no era jin v t. Porque uo era ose el pan que podía m ata­
sino hacer la voluntad de su Padre en la con­ ros la mayor hambre. E l poder de vuestra divi­
versión de los pecadores. M ás le regaló á Cris­ nidad en otra conversación más admirable se
to la conversión de la Samaritana que las vian­ había de mostrar; en hacer de corazones de pie­
das que los discípulos trajeron compradas ríe la dra panes blandos, para dar de comer á vues­
ciudad. Pues lnego la hartura que se promete tra alma. Potens est D eus de lapidib-us istis
á Cristo en pago del trabajo de la ánima, es suscitare filios Abrahcr. E n esto se nrnestra el
que se hartará de comer pecadores, justificados poder de Dios, H ijo de Abraham es aquel que
cou su sangre. Y asi añade luego el Profeta: es imitador de su fe; el que tiene la ciencia de
!n scientia sna justificaba t'pse justus Ferros salud viva que justificar, este es el pan que sus­
meas multas. Con la ciencia suya, con la fe tenta á Cristo. Pues veislo aqui cumplido hoy
viva que les dará, para qne lo conozcan los jus­ en este ladrón, que era nieve, cristal, guijarro,
tificará, y así guisados, serán su comida. De y en uu punto la omnipotencia de Dios le hace
suerte que eon ciarse á conocer á. Cristo, y sal­ de piedra hijo de Abraham, imitador suyo, y
var pecadores se habia do sustentar. Viéndo- aun mayor en su fe, y con ella le justifica y
lo, pues, su Padre eterno tan afligido, qne su convierte en pan. Bocado fuera este de mucha
pueblo amado le entregó á la muerte, su discí­ suavidad para Cristo en tal coyuntura, sino
pulo le vendió, Pedro le negó, los domas após­ que él suspendió la dulzura que podía sentir
toles le desampararon, violo como pájaro soli­ porque quiso padecer sin ningún género de
396 PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
consuelo, y también porqne aquel gustó le aguó hablaba desdo la zarza, pero vela arder y que
con extraña amargura que sintió, sabiendo qué no se quemaba; éste ve al mismo Dios en la
de pecadores se habían de condenar, gastando zarza de su cruz, todo coronado de espinas y
toda la vida en pecados, y esperando al fin de abrasándose en vivas llamas da penas. Pe tuvo
ella hacer penitencia como el ladrón, y se ha­ San Pedro, pues se arrojó al mar en pos de
bían de hallar burlados. N o son todos los tiem­ Cristo; pero rióle á él primero andar sobre las
pos iguales, ni de un caso rarísimo y milagroso aguas; éste no le ve pisar las aguas, sino ba­
que hizo el Señor para manifestar su divinidad ñado de pies á cabeza en su propia sangre. Los
á la hora de su muerte se ha de hacer la regla hijos del Zebcdeo íe tuvieron; pero vieron á
general. Fue ventura la del buen ladrón llegar Cristo transfigurado en el monte Thabor, sil
á tal tiempo. E stá uno jugando y g-n.ua en nn rostro más resplandeciente que el sol y sus ves­
resto diez mil ducados; no tiene en nada dar tiduras mas albas que la nieve; éste no le ve
ciento de barato, como tiene allí el dinero de­ transfigurado, sino desfigurado; no hermoso,
lante, y está fresca''la ganancia; pero en lle­ sino feo; no blanco, sino denegrido y despo­
vando el dinero á su casa, y guardándolo en el jado de sus vestiduras. Muchos justos en Israel
cofre, llogalde á pedir barato; enviaros ha á creyeron, pero riéronle hacer grandes maravi­
pasear. L a sabiduría encarnada, que en la crea­ llas; inas ésto que ni vio milagro, ni leyó E scri­
ción de las cosas allá en el pecho del Padre ju­ tura, ni vio en Cristo cosa digna de rey ni de
gaba, porque las hizrt eon suma facilidad, tu- Dios (en lo que es grandeza y aparato exte­
dens corara eo omni tempore, como quien juega. rior), y con todo eso creyese con tanta firmeza,
Para haberlas de reparar vino á jugar á la tie­ cosa prodigiosa es. ¿Pues esperan/a? ¿Qué
rra : Lí/deus in orbe terrarum. Puso tabla de mayor, pues espera reino y pide memoria?
juego en la tierra, y el tablero fue la cruz. E l Domine, memento mei. Aunque, Señor, sea difi­
contrario con quien jugó es el demonio. E l jue­ cultoso á quien tan tarde te conoce y servirte
go, la gana-pierde. Pierde Cristo la vida, y desea, aunque es mucho hacer ciudadano de tu
gana las almas. Gana infinitos tesoros de gra­ Peino á un ladrón de por vida, aunque lo sea
cia, que bastan para gratificar infinitos hom­ pasar de la horca al Paraíso. Con todo eso
bres si los hubiera. Tenía Cristo todo esto di­ espero: Memento mei, dum renaris in regnum
nero encima la mesa de sn cruz, la ganancia tuum. Por gran cosa dice San Pablo de A bra­
fresca y corriendo sangre. L lega este venturoso ham: Q ui contra spem, in spem credidit. E spe­
ladrón á pedir el cielo. Dom ine, memento mei rando que de aquel hijo que mataba había de
dum verteris in regnum tuum . Diósele de bara­ tener generación, porqne Dios se lo había de
to, Fue grande la coyuntura. Y no es tanto de resucitar ¿Pero qué mucho esperase de Dios se
espantar que hiciese esta largueza entonces lo resucitaría muerto el que se lo había dado
quien tanto acababa de ganar. Pero ahora que sin esperarlo, estando por su vejez y la de su
está Cristo en su casa, y tiene su tesoro ence­ mujer imposibilitado para tenerle? ¿Pero que
rrado en los cofres de sus Sacramentos, no espere este reino del que le ponen título de rey
iiace esos baratos de ordinario; por su cuenta por escarnio, corona y cetro de burla, y aferré
y razón han de ir. tan fuertemente con esta esperanza? 2¡To hay
duda, sino' qne contra spem, in spem credidit.
¿Pues caridad y amor? Ñ o podía dejar de abra­
C O N S I DE R A C I Ó N TERCERA sarse y derretirse en él, pues tan cercano estaba
á la esfera del fuego del amor. Había enviado
Pero yo quiero decir más. Haced vos lo que el Padre eterno á su Ilijo , que es fuego de
el buen ladrón hizo á la hora de sn muerte, amor, Deus rtoster , ignis comtumens est , para
que yo os aseguraré el cielo, aunque hayáis qne abrasase en él los corazones helados de los
sido peor que él y que Judas. Porque dado hombres. Y así dijo Cristo: Tgnem vent m i t u ­
que la- gracia y conocimientos de Cristo se le re in terram et quid rolo n isi ut necúndatur?
dio de barato como habernos dicho, pero el cielo Mucho había que este fuego ardía; pero ahora
110 se le dio de gracia, sino de justicia, por altí­ cebado con la leña de la cruz, y rociado con el
simas virtudes y heroicas obras que en aqnel aceite de la misericordia, y avivado con los so­
breve espacio hizo. Porque él tuvo en grado plos do las blasfemias de los judíos, echaba las
porFetísimo las tres virtudes teologales. L o pri­ llamaradas que llegaban al cielo, pidiendo al
mero, fe que asombra. Abraham creyó á Dios Padre perdón por los enemigos. Pues quien tan
que le hablaba desde lo alto del cielo; éste le cerca estaba como el ladrón ¿no había de parti­
ve colgado en un palo. Isaías creyó en Dios, cipar de tan excesivo calor? Cual suele des­
viéndolo sentado en un magnífico trono, cer­ hacerse la niebla delante del viento, y deshelar­
cado de serafines; éste ve á Dios crucificado se la nieve con el calor del sol, y derretirse la
entre ladrones, Moisés creyó á Dios qne le cera delante los ardores del fuego, así se infla­
P. FR. AL O N SO DE C A B R E R A 397
mó sil corazón, y se regaló su frialdad, y so CO NSlnERACIÓ N CÜARTA
derritió su dureza, y comienza á hervir con
llamas de amor. USTo siente ya sus dolores, no Ñeque tu times Deum quod in eadem damna-
le lastiman sus penas: sólo siente la cruz do tione es, ¿ Quien jamás lia visto dos ladrones
Cristo, su cruz le aflige y sus tormentos le que padecen por un delito, consortes en nn
atormentan. Llám ale Señor; llámale su rey; mismo pecado, el uno blasfemar del otro y
pídele le tenga en su memoria. Todas esas son darle en rostro con la pena que padece?— Pues
señales de amor. Más, D ale cuanto puede, y aunque este crucificado fuera ladrón, también lo
sacrifícale todo lo que tiene libre en su persona. eres tú; y así 110 habías de escarnecer y mofar
¡Oh cruz y cnanto puedes, pues los ladrones de él, cuanto más que la verdad es que nosotros
consagras en sacerdotes! Veam os el sacrificio justamente padecemos; pero éste no ha hecho
del buen ladrón. Ofrece Caín á D ios mieses, mal ninguno. Mirad si pndo ser corrección
Abel corderos, Uoé carneros, Abraliam palo­ luás caritativa ni m á s discretamente dada.
mas, Mclchisedeeh pan y vino, D avid oro, Jep- V eis aquí el ladrón hecho predicador por virtud
té á su hija, A n a á su hijo. Mucho es esto; de la sangre de Cristo. Judas, que era predica­
pero al fin todo está fuera de la persona que lo dor, se hace ladrón, y el ladrón predicador. E l
ofrece. Pero el ladrón ofrece de su sustancia: pulpito en que predica es la cruz; la iglesia
uo dineros, que se los tomó el fisco; no la ropa, donde predica es el Calvario; el santo de quien
que se la tomó el verdugo; 110 los pies, que predica es Cristo; el auditorio es S11 compañero
están presos; ni las tuanos, que las tiene cla­ y los hebreos; el sermón es: Ñ eque tu times
vadas ; ni el cuerpo, que está quebrantado. D eum , quod in. eam damnatione es. E l n u sq u i-
Honra que dar no la tiene; la vida ya se le dem junte, nam digna ja ctis recipimus; hic ret o
ataba; no le queda más que el corazón y la nihil m a le gessit. E l oficio del predicador, dice
lengua líbre, y eso todo lo ofrece con larga San Gregorio, consiste en extirpar vicios, des­
voluntad. Y asi no podernos argüir de mise­ cubrir secretos de la Escritura, plantar virtu­
rable su ofrenda, pues ofrece á Dios todo lo des ; todo eso contieno el sermón del buen la­
que poseía. L o principal que Dios pide á sus drón. ¿Quién como él reprende los vicios, pues
amados y de lo que más se paga es el corazón. á sí se acusó de pecador y á su compañero re­
F ili, pni'he mihi cor tuum (P ro v., 2 3 ). Pues prehendió ol poco temor de D ios que tenía, y á
vcislo aquí, Señor, guisado con el fuego de la P ilatosyáloshebreos la injusticiaeonquehabían
contrición y caridad: Sarrijicium Deo sjuritus condenado al inocente? ¿Quién descubrió más al­
contribulatus; cor eoutritum et humiliatum, tos secretos quo confesar y predicar por Dios á
D iUlS, non despides. D e este corazón contrito un hombre crucificado? ¿Pues plantar virtudes?
nació la confesión de sn culpa que dijo: N os ¿Qué más que las que en sí plantó, y las que á
qaidem juste, nam digna jac.tis rectpimvs. E l co­ nosotros con su doctrina y ejemplos nos en­
razón aborreció el pecado, y la lengua lo con­ seña? Pero aquí es menester ponderar la insu­
fesó. Ofrecióle también el corazón fiel, lleno de perable fortaleza de este atleta y defensor déla
fe viva. Y porque diee San Pablo: Corete cre­ honra de Cristo, qne nacía do Ja caridad: F o r -
tíi tur ad justitiam ; ore autem canjeas/o sit ad tis est ut mors dilectio (C ant., 8 ) ,Pero aquí más
fcduiem. L uego publica con la lengua la fe fuerte, pues por temor de ella 110 deja de confe­
interior de su corazón, pregonando la inocen­ sar la verdad. N o teme las iras del furioso pue­
cia de Cristo y llamándole Señor. ¡ Oh que blo, que ardía en odio mortal contra el S alva­
consuelo es este para los miserables! Aunque dor; 110 la potencia de Pilatos; no la rabiosa
110 tengas salud para ayunar, ni hacienda para malicia de los pontífices y fariseos; no las cruel­
dar limosna, ni pies para ir á la Iglesia; aun­ dades que podían ejecutar en él, viéndole excu­
que seas cojo, ciego, tullido, te puedes salvar. sar y volver por quien ellos habían condenado,
Moisés fue tartamudo, Tobías fue ciego, M¡- sino con ánimo intrépido sale al campo á defen­
phibosetli fue cojo, Lázaro leproso, Job todo su der la honra de su Señor. V o s quidem ju s te .
cuerpo llagado; pero nada de eso les estorbó el lío lo niego, bien juzgastes en ponernos aquí.
servir á Dios y ser buenos. Dale á D ios el co­ ¿Pero este, quid n o li gessit ? Injustam ente le
razón, que, si no hay más, con eso sólo se con­ habéis sentenciado. ¿Quién te dio, hombre, tal
tenta y sin él nada le agrada. M as porque la osadía? Cuando los amados discípulos relicto
caridad no sólo tiene este primer acto, que es eo Jv.gerunt; cuando Pedro, el más esforzado, á
amar á Dios, sino también el segundo, que es la voz de una mozuela se niega; cuando Judas
amar al prójimo, mirad cómo lo ejercita procu­ le vende, y los más amigos de medrosos callan;
rando la salud de su compañero. Guarda con cuando está Cristo tan solo y desamparado qne
él el precepto de la corrección fraterna, repre­ dice: Considerabam ad dexteram et videbam et
héndele su culpa, avísale del peligro en que es­ non erat qvi cotjnosceret me. «Miraba á los la­
taba. dos y no había quien me conociese»; cuando
398 PR ED ICAD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
tan olvidado y aborrecido que dice: Oblivitioni se detiene Cristo de responder: Am en dico tibí,
datus sum tunquam mortttus a corde' (Sal­ hodie mecum eris in puradiso. Iio y. Sin dila­
mo ñO). Cuando so mucre una persona que tarle la merced, i Oh, dichoso ladrón, y qné
queréis bien, aunque muere en el cuerpo, queda presto has negociado! Más te valen tres horas
viva en vuestro corazón, por el amor y memo­ que estuviste eu la cruz que á Judas tres
ria que de ella tenéis; pero si la olvidáis, muere años que estuvo en el apostolado. Veislo aquí
del todo en el cuerpo y en el cora non. Pues absuelto á culpa y á pena, canonizado en vida
cuando Cristo estaba olvidado como muerto, y por boca del mismo Dios; el primer hombre
borrado del corazón de las gentes (y aun de los que en muriendo vio á Dios. Ñ o se concedió
más de sus amigos), ¿que venga este famoso eso á los santos padres, qne lnego en murien­
ladrón y tortísimo soldado á ponerse á su laclo, do viesen la esencia divina. La, inocencia de
y le tenga en su corazón j memoria y sea es­ Abel, la justicia de X oé, la fe de Abrahani, la
cudo para defender su inocencia? i Grande valor obediencia de Isaac, la mansedumbre de M oi­
y fortaleza de ánimo fue! Sólo Jonatás se atreve sés, la caridad de David, la paciencia de Job,
acometer el real de los filisteos, y no lleva con­ la largueza de Tobías, la pobreza de Lázaro,
sigo más de un escudero ó paje de lanza; pero están millares de años en el limbo en tinieblas,
tan animoso, que le dice: Perge quo capis et ero esperando esta buen» vista; y el ladrón, en rin­
tecum uhicumqufí vohieris. <cVe donde deseas, diendo el alma, se halla eon Cristo en la gloria,
que yo te acompañare y no te dejaré en ningún Pero ya veis si hizo obras en aquel poco tiem ­
peligro». E sta promesa hizo á Cristo el A p ó s­ po por donde lo mereciese. ¿Cuándo pensáis
tol San Pedro: Tecum paratas sum et in caí-ce- vos hacer otro tanto? ¡Oh, que vuestra mnerLe
rem et in mortem iré. Pero sólo el buen ladrón tendrá tales razones! ¿.Cuándo t.uvistes ó ten­
la cumplió por él. E ste solo paje de lanza lleva dréis vos tal fe? ¿.Cuándo tan firme esperan xa?
Ci'isto cuando acomete el ejército de Satanás, ¿Cuándo tan abrasada caridad? ¿Cuándo tal
y no le deja en todo trance. E ro tecum. E n la cuidado de los prójimos? ¿Cuándo tal conoci­
cruz, y si tú quisieres, en el paraíso. E ste es el miento de vuestras culpas? ¿Cuándo os pusis-
granizo duro que aparejó el Señor, in tempus tes por la honra de Dios contra todo el mun­
hosiis et in diem pugiite et belli. Con este ape­ do? ¿Cuándo tal humildad, paciencia y resig­
dreó al demonio y a los desvergonzados judíos, nación eu las manos de Dios? Tenedme vos
y les hizo guerra, estas virtudes á la hora de vuestra muerte, ha­
ced tales obras, que yo os aseguro el cielo.
C O NS IDE RA CI ÓN' Q U I S T A
¿Pero quién os podrá asegurar que las haréis?
X o os fiéis en eso, que os hallaréis burlado.
P aes la. virtud de la humildad, ya veis cuán­ Mirad que es negocio peligroso, que viviendo
to resplandeció en él: 110 sólo en confesar su siempre mal esperéis acabar bien como el la ­
culpa, sino en aquella humilde petición qne drón, porque lo que Dios hizo cou él no fue
.hizo: Dom ine , memento mei, etc. X o se tuvo por por vía Ordinaria. Temóme que por un ladrón
digno de pedirle el rein o ; sólo se contenta no pierdan muchos el mesón, porque dejan su
con que tenga de él alguna memoria. Como el penitencia y conversión para la muerte, «cufia­
hijo pródigo, cuando volvió á la casa de su pa­ dos de este buen suceso. Mirad que dice San
dre: P a ter, p ecca v i in ctiilum et eorum te: ja m Crisóstomo que el ladrón 110 dijo memento mei
non sum dignus vocari J ilk is tuus; fu e me sicut hasta haber puesto dolante su arrepentimiento
unum de m ercen«tiis tuis. Enternecido el pa­ y confesión de los pecados. A sí vos, si no pre­
dre eon tanta humildad, dice: Cito p>rof t r te cede primero la penitencia de los vuestros,
stolam primam et induite illam . date annulu-m ¿cómo pensáis decir en la muerte: D om ine , me­
in manum ejus et calceamcnta in pedes ej-us. mento -mei? ¿X o veis que lo que en aquella
«Prestamente, sin dilación, le vestid y calzad hora se hace, por la mayor parte es necesidad
como á mi hijo, hágase banquete en mi casa y 110 voluntad; fuerza, y 110 libertad; temor, y
por su venida». A s í este santo ladrón, des­ no amor; y si amor, no de Dios, sino vuestro,
pués que como hijo pródigf Labia desperdicia­ que naturalmente teméis vuestro daño? ¿No
do sus bienes y gastado ¡os años de su vida en veis que es contra justicia que habiendo em­
desatinos y pecados, lleno de contrición y hu­ pleado toda la vida en servicio del demonio
mildad se entra por las puertas del Padre de vais en la muerte á pedir á Dios galardón?
las misericordias, y no osa pedir mucho: D o ­ ¿Qué os ha de responder sino lo qne tieue en
mine, memento mei! X o osa llamarle padre, sino mil partes respondido: U bi sunt di i eorum in
señor, confesándose por mercenario. X o pide quibus habeba-nt fidutiam ? Surgam et opitu-
la herencia del reino como hijo, sino alguna lentur vobis et in n e ce síta te tíos protegani.
memoria como siervo. A u n eso 110 merezco. A (D eu., 3 2 ). «¿Dónde están ahora vuestros
tanta humildad, á virtudes tan excelentes, no dioses, en los cuales pusisteis vuestra fucia y
P. FE. A L O N SO DE C A B R E R A 399
confianza?» ¿Dónde está el oro que adoraste Sus palabras están en el tomo X , homilía 4 1 :
como á Dios? ¿La ara en que idolatraste? D e vere Pw nitentiim s. Quiero referirlas á la
¿Que es de tu vientre y recalo que cía tu Dios? letra; encornendaldas á la memoria, y aprove­
¿Qué de las mujeres por quien apostataste y chaos de ellas, porque tengáis buen fin: «Si al­
negaste al Señor? ¿Los hijos que por dejarlos guno, puesto en la última necesidad de su en­
ríeos traspasaste la. ley divina? E l mundo, de­ fermedad, pide penitencia, yo os confieso que
monio y carne á quien has servicio, y cuyos se la damos, y.no le negamos lo qne pide; mas
aranceles has guardado, á esos llama. Leván­ este tal no sé si va seguro. Penitencia le pode­
tense y socórrante sí pueden, y ampárente en rnos dar, pero no seguridad. No digo que.se
tiempo de tanta necesidad como la muerte. condenará, mas tampoco afirmo que se salvará.
Merecida respuesta para quien lia gustado en ¿Quieres salir de esta duda y hacer cierto lo
ofensas de Dios tocia la vida. Pareceos ha que que está dudoso? Hay, penitencia mientras tie­
lo liilo muy delgado, y que ato corto la miseri­ nes salud. Si así lo haces seguro estás, porque
cordia de Dios; pero no lo hilo yo, quo Dios lo te arrepentiste cnando pudiste. Entiéndese se­
hiló por sus pulgares, y aunque tan delgado guro de la manera que en esta materia puede
como se os antoja, no por eso quebrará, so haber seguridad, no infalible. Pero si dejas la
pena de no ser Dios quien es, y de su hilado penitencia para cuando no puedas pecar, ya
os vendo yo esta tela. No estrecho yo la mise­ entonces no (lejas tú los pecados, sino ellos te
ricordia de Dios, qne bien sé es tan grande dejan á ti», listas son sus palabras: pues si
como Dios, infinitamente mayor que todo?, los queréis que no dudemos de vuestra salvación,
pecados. líieu sé que te puede perdonar al aprended á bien morir, antes que lleguéis á tal
punto de la muerte, porque fu c ile eM in ocifh's punto. Oficio es que para hacerlo bien, lo ha­
D ii sitbilo honestara pavpfrwui. Bien sé que béis de deprender toda la vida; porque en
tocio el tiempo que el ánima esLá en las carnes aquella hora hay tanto que hacer en morir, que
puedes hacer penitencia y negociar con Dios el no hay espacio para aprender á bien morir. L a
perdón de tus culpas. Pero no sé si serás tan regla general es que la buena vida es víspera
venturoso mercader ó tan bmn solicitador que de la buena muerte; y si hay alguna excepción,
lo negocies. ¿Como, estando enfermo, turnada es privilegio particular. Si toda la sagrada E s ­
la razón y el juicio agravado con Jos dolores de critura se pudiese fundir para ver qué salía de
la enfermedad, distraído eon cuidados de ha­ ella, ninguna cosa saldría más repetida que
cienda, testamento, hijos y mujer; lastimado tras buena vida buena muerte, y tras mala vida
de verte apartar de todas las cosas en que te­ mala muerte: porque nunca vistes cabo de oro
nías puesta tu afición y segar de la tierra don­ eu soga de es -arto. Pues sí vuestras obras han
de tenías echadas tan fuertes raíces, y sobre sido malas, y toda la vida ha¡ éis estado á la
todo mal habituado con la mala y antigua cos­ banda del infierno, ¿cómo pensáis en la muerte
tumbre, cómo presumes hacer la penitencia, ir á la del cielo? Porque la pared siempre va á
que en salud y sin estos inconvenientes no lu­ caer á donde está inclinada. No penséis en
ciste? ¿Habéis oído decir, dubitat Aut/ustiims? vuestras espinas coger uvas, y de vuestros car­
Pues sabed que su eluda es de la salvación de dos trigos. Lo que sembrare el hombre eso co­
aquel que para la muerte deja su penitencia. gerá: si pecados, fruto de infierno, y si buenas
Pues si él duda siendo tan sabio marinero, obras, fruto del cielo, descanso y bienaventu­
gran locura será tener por segura la navega­ ranza y gloria.
ción 'de un golfo, de quien él habla cou temor. Am én.
CONSIDERACIONES
DEO

j u e v e s d e l a c e n a
A n te diem festum Paíchee, sctem Jesús
quia venit hora ejus v i transeat ex hoc inun­
do ad P a trem , cuín dilexisset suos qui erant
in m undo, in fineta d ile x ii eos.

(J o a w , 13).

E n aquella reseña qne hizo Dios de su ma­ triunfo que refiere del amor divino, es menester
jestad, cuando bajó al monte de Sinai pava dar el sentimiento que da la gracia. Pidámosla por
ley, hubo truenos y relámpagos, sonidos de intercesión de la Virgen Sacratísima. A v e .
trompeta, nublado de humo que cubría todo el
monte, insignias todas do temor. Y así le pu- IN T R O D U C C IÓ N
sierou en todos los populares: Q ui perlerriti
ac pcwore concussi steterunt procul (E xo ,, 20 ). David, rey de Israel y profeta tan alambra­
Hiciéronse á fnera medrosos y despavoridos do, que con la enseñanza del Espíritu Santo
del estruendo y humareda; pero no vieron el y el continuo estudio de la ley de Dios vino á
fuego que en la cumbre ardía, no sintieron su ser más entendido que los viejos y más sabio
calor; sólo Moisés, como discreto y privado, que sus maestros, en ol salmo 1 1 nos dice su
accessit ad caliginem in quct erat D eus. Pasó grande erudición y la facultad en que consiste:
por aquella oscuridad y niebla, y gozó do la lla­ Omnis consummationis v id ifin em , latuni man-
ma y resplandor del fuego en que Dios fue de- datum tuum nim is. «Señor, muchos se han
eendído ; de donde se le pegaron al rostro aque­ desvelado en hojear el libro de vuestras mara.
llos rayos de luz que deslumbraban á los hijos villas, y lian sacado muy buenos apuntamien­
de Israel. A esta traza, en la demostración que tos, pero ninguno tan visto y leído como yo;
hizo Dios de su bondad bajando al monte C a l­ ninguno más resuelto, quo lo he pasado de ta ­
vario en fuego de amor, que le abatió hasta ia bla á tabla, he visto el remate de todo fin qne
ignominia de la cruz, hubo tinieblas, escureccr- es mandamiento espacioso en demasían. De dos
se el sol, temblar la tierra, herirse las piedras. fines se puede entenderlo que dice aquí David:
Y en la representación que hace la Iglesia ca­ ol primero os la caridad, cuyo mandamiento se
tólica de estos misterios hay gran ruido y apa­ dice de Cristo por excelencia: H oc est praicep-
rato exterior de ceremonias, monumentos, la­ tum metan ut ditiga tis invicem . «Este es el pre­
vatorios, oficios en que repara el vulgo y se cepto señaladamente mío: Que os améis unos á
quedan los imperfectos; pero los avisados y con­ otros):. E n amar á Dios por si mismo, al pró­
templativos han de pasar con Moisés adelante, jimo por amor á D ios, se remata el cumpli­
y íüibir á la cumbre donde arden las llamas del miento de toda la ley. P or eso el mandamien­
fuego vivo dol amor. E sto es lo fino y más to del amor se dice fin de la ley: F in is pnucep-
apurado de estas obras, el amor con que el R e­ ti, cha n ta s. L os otros preceptos y los actos de
dentor las hizo. Y de haber llegado aquí tuvo las virtudes que mandan se dicen consumacio­
el amado discípulo para contar las palabras tan nes ó perfecciones; porque hacen al que las tic-
dulces, regaladas y encendidas, que muestran no perfecto j consumado, cada virtud on su
bien estar inflamado en aquel amoroso fuego; género. L a paciencia, dice Santiago, opus per-
110 en el rostro sólo como Moisés, sino en los fectum habet-, ccHacc su obra perfecta». L a mi­
o]os, boca, manos y corazón. Mas para que sus sericordia, la justicia, hacen sus obras perfec­
palabras ardientes hagan impresión en nuestros tas. Pero la caridad eolia el sello á todas esas
corazones helados, y celebremos dignamente el perfecciones, y sin ella todas quedan imperfee-
P. FR, A L O N SO DE C A B R E R A 401
tas. Por eso se llama, vinculum perfectionis: quilates que pudieron tener. Y este final glorio­
«Atadura de perfección»; porque es una lasada so quo dio el Señor á todas las cosas malas y
que nos junta y liga cotí Dios, qne es nuestro buenas en el remate de sn vida nos cuenta San
último fin; en la cual unión está toda nuestra Juan en el Evangelio de hoy, que es del capí­
perfección. E s la caridad reina de todas las vir­ tulo X I I I .
tudes, á quien todas sirven. Y como á la maes­
tra sirven las abejas todas, y la traen flores á CON SID E RAC IÓ N P R IM E R A
la mano, de que ella hace la miel, así la cari­
dad se aprovecha de los actos de las virtudes A n te diem festum Paschce, sciens J esú s , etc.\
teologales y cardinales, para hacer el panal «Antes del día de la Pascua, sabiendo Jesús que
suavísimo del amor de D ios. Luego bien dice era llegada su hora». Tienen las buenas almas
David: Omnis consummationis vidijinem . «Hallo sus días festivos, y sus pascuas; pero tienen
que el amor os fin de todas las cosas». L a ley sus vigilias estas fiestas, sus cuaresmas estas
se cumple con amor; las virtudes se perfeccio­ pascuas, sus antes estos solemnes y regocijados
nan con amor, y este mandamiento es anchuro­ días. L o que consuela es que las vigilias se lla­
so en gran manera. Llám ase amplio el manda­ man horas y las pascuas se dicen días. A d
miento de la caridad. L o primero, porque se ex­ punctum in modico dereliqui te et in miseratio -
tiende á todos los mortales, conocidos, extra­ nibuft magnis congregaba te (Isai., 54) . Habla
ños, y alcanza hasta los enemigos. Lo segundo, con un alma querellosa, que, como mujer de su
porque ensancha el corazón. San Pablo dice que marido olvidada, se lamentaba de los olvidos de
la caridad do Dios es derramada en nuestros ausencia. «Por un solo punto, por brevísimos
corazones por el Espíritu Santo. L o qne se de­ espacios te desamparé». Si cotejas la pena de
rrama, extiéndese, dilátase; y asi la caridad hace la partida con los regalos de la tornada, fue un
el corazón generoso, capaz, que caben en el momentáneo consuelo ese que me hizo volver
Dios y el prójimo, buenos y malos, amigos y el rostro de ti; pero la vuelta será de una sem­
enemigos; liberal para hacer y padecer mucho piterna misericordia que no tendrá fin. N o se
por el amado. L o tercero, porque el camino del nos hagan esos olvidos intolerables, que bien se
cielo (que dice Cristo ser angosto) Á rcta est vía suelen pagar de contado con las consolaciones
quie ducit ad vitam: «Estrecha es la senda que que permanecen. Pero en Cristo admira que su
lleva á la vida»; la caridad le ensancha. Y así pascua es el morir y el ante es su fiesta, ¡Cosa,
dice Cristo: «Mi yugo es suave y mi carga li­ ex tra ñ a ! ¿ Quién previene con alegría una
viana». ¿Cómo puede ser suave si es yugo? ¿ Y muerte tan dolorosa? E sto pondera el A p ós­
cómo liviana, si es carga? Respondo San A g u s­ tol : Dom inus Jesús in qua nocte íradebatur.
tín: A m anti fu c ile ac suave est, non amanti ¡Am or inmenso que en la misma noche que los
difjkílc. « A l que ama todo es fácil y suave; al hombres le tratan la muerte á traición, estaba
que no ama, todo es dificultoso y desabrido». el buen Jesús tan en sí, de tan buena gracia y
Ño siente peso el amor, ni padece trabajos, ni temple, quo trata él de darles la vida! U n hom­
halla dificultad. L o cuarto, se dice espacioso bre sentenciado á muerte, cuando le dicen: ya
este mandamiento porqne es un Océano don­ llega el verdugo, ¿qué tal está su corazón? ¿cuá­
de el hombro no halla fin. Siempre hsiy^fvs ul­ les son sns pensamientos, sus agonías y desma­
tra] no hay tasa ni medida en el amor. L a me­ yos? M ás terrible y espantosa cosa es esperar
dida es amar sin ella. V eis aquí cómo la caridad la muerte que el morir. Pues en aquella noche
es fio de toda perfección. E l otro fin es Cristo: que esperaba muerte tan atroz está Cristo de
Finís legis, C hristvs. «Cristo es fin de la ley», fiesta con los suyos, y se regala con ellos; les
y de las virtudes, y de la misma caridad; fin de lava los pies, les da su cuerpo en manjar, su
toda consumación. D e dos maneras se acaba sangre en bebida, y como olvidado de sí, se
una cosa: ó cnando deja do ser, como se acaba acuerda de nosotros. ¡Oh noche entonces llena
el hombre cuando se muere; ó porque consigue de tristeza y ahora llena de alegría para los
su debida perfección, como se acaba una casa, hombres! E t erat nubes tenebrosa et illum inans
cnando está edificada del todo. P or ambas vías noctem. Aquella noche que salieron los hijos
es Cristo fin de toda consumación, Porque todo de Israel de E gipto, para los gitanos habia
lo malo (cuando más fuerte y poderoso estaba) oscuridad y para los hebreos luz. Señor, esta
lo feneció, destruyó y io deshizo, y todo lo noche para los hombres más clara la veo yo que
bueno lo concluyó, poniéndolo en su punto y en el sol de medio día. Bien puede decir D avid:
su última perfección. L a muerte, el pecado, la E t n oz illum inaUo mea in delitiis meis. «La
tiranía del demonio, con la muerte de Cristo noche fue para mí luz y claridad», pues mis
fueron deshechos y quebrantados. Todas las regalos y dulzuras, que en el convite de vues­
virtudes y el amor (que es cumplimiento de tro cuerpo sagrado me aderezastes; para vos,
ella) llegaron á la suma fineza y más subidos Señor, noche oscura y tenebrosa fue, y así lo
PjEBIC. DH IOS SHJÜJS X V I Y X V I I . — 2 6
402 P R ED IC AD O R ES DE LOS SIGLOS X V I Y X Y I I
dijistes t o s á loa que os iban á prender: IIwc Señor! ¿Por qué me cmnplistes deseo tan á mi
ést hora vestra etpotesias tenebrarum. «E sta es costa? ¿Para qué concebí hijos que tanto habían
vuestra hora en que reinan las tinieblas, y se de doler? Consuélala Dios, y dice: «Mirad, Re­
íes da poder para anublar la luz». Mas su amol­ beca, que tenéis en el vientre dos hijos, y que no
le hace alegrar en noche tan triste y tenebrosa, va menos en vuestro parto qne la vida de dos
tanto que la llama sa y a : Sciens quia venit hora pueblos. Dolores habrán de costar, pero sufrir­
ejus. «Sabiendo que era llegada su hora». Pero, los heis con paciencia, poniendo los ojos en ei
Señor, ¿cómo se compadece ser de tantos una bien que se ha de seguir». ¿Qué dice Cristo
misma hora? ¿Vuestra; pués lo dice vuestro dis­ nuestro bien en esta noche oscura ormulo en el
cípulo^ y de los pecadores, pues vos lo decís? huerto, cercado de agonías y angustias morta­
Esperad, qne él mismo lo declaró esta noche, les? F a c tu s in ago n ía p r o lix iu s orabat, v t si
en aquel sermón altísimo que hizo sobremesa. fic r it p o ss e t tra n sirét ah eo h ora. Pedía al P a­
Tratando de su pasión, riño á decir: M u lier dre, que si era cosa hacedera, pasase por él esta
cuín p a rit tristitiavi habet quia venit hora ejus, hora. Cuando á un hombre le da un mal repen­
cum autem peperit puerum , jam non meminit tino, gravísimo, decís qne pasó hora por él.
joressurm propter gattdktm , quia natus est homo Padre mío, no pase hora por mí. Excusadme, si
in muridum. «L a mujer, cuando pare, tiene tris­ es posible, los dolores de este parto; que si va­
teza, porque es llegada sn hora; pero después liera el voto del sentimiento natural, no qui­
que ha parido, y más si es hijo, con el contento siera ver concebido estos hijos. ¡Oh, mi Dios,
presente se olvida del peligro y dolor pasado». y 110 se os niegue, sino qne es hora terrible esta,
Una misína hora es la de la madre deshecha on cruelísimos dolores habéis de sufrir! Y a yo veo,
dolores y del hijo nacido; pero es tan gran bien Señor, 3a dificultad grande que hay en hacerme
haber dado á un hombre la vida, que 110 se á mí de hijo de ira hijo de Dios; pero esta l>s
tiene en nada haber pasado los dolores da la vuestra hora. Dos pueblos, gentil y judaico, se
muerte. ¡Qué comparación tan á propósito! han de remediar. N o va menos cu vuestra
Ordena D ios que el nacimiento del hombre, el muerte quo la salud del mundo; tristezas ha­
abrir las ojos una criatura á esta luz, gozar de béis de pasar, recios tormentos, penosa muerto;
este aire, le cueste á la triste madre tormentos pero, Señor, atended que esa muerte va por pre­
crueles. ¿Por qué razón? P ara mostrarnos cuán cio do tantas vidas. Por esto, hora ejus. ¿Pues
indignos quedamos por el pecado, aun del sor 110 dijimos que tam bién es nuestra? Si. ¿Hay
natural que nos dan nuestras madres, que para hora más suya de nn hombre que en la quu
nacer en el mnndo quiso el cielo que lo compre nació puntualmente? Preguntadlo á San Pai>’n
la madre para el hijo que trae en sus entrañas en qué hora nació: Cum autem p la ca it ei qui me
con sangre, con gemidos, con dolores, y qne segregetrii ex útero m aíris merv et r o c u r itp e r qru-
merezca con lágrimas para su hijo lo que des­ tiant suam ut revelaret jilk t m suitm in me, vt
merecieron sus pecados. E sta ea su hora, y por evn n g elita rem illu m in (/entibas, con tin u o non
ella entendemos la de Cristo; porque si para acr/tiieví ca rn i ac sa n g u ín i. «La hora que -s ií
darle á una criatura esta vida, que quien más del pecado y pasé á la gracia de Dios, esa misma
la goza r ife ochenta años, y si de ahí pasa es hago cuenta que nací». Según éstos, una misnai
duelos y malas Tentaras, y á veces en naciendo es la hora de Cristo y nuestra. Suya, porque en
el muchacho luego es muerto, con todo eso le ella muere; nuestra, porque en ella nai-imos á la
cuesta tan caro á su madre, para darnos el sér vida. Suya, porque en ella vence la terribilidad
sobrenatural de la gracia, Ja vida eterna, aque­ del pecado; nuestra, porque en ella somus
llos aires de la bienaventuranza, ¿qué le había hechos hijos de Dios. Suya, porque en ella en­
de costar á aquella humanidad sacratísima, que ternece con alaridos el cielo: nuestra, porque en
es la madre que nos parió y nos trae en las ella granjeamos la gracia. L a hermosa Raquel,
entrañas de su misericordia? F ilio li mei, quos cuando llegó á parir á Benjamín, oh ihfjictilta-
üerum parturío doñee jorm etur Christu sinvobis: tem p a r tu s p e r ic lita ri ceepit, y como se le arran­
«Hijuelos míos, que tan recios dolores me habéis case el alma por la vehemencia del dolor, al hijo
costado». Y era San Pablo quien decía esto, y nacido le puso por nombre Benoni, que quiera
no más de por la doctrina que como maestro les decir hijo de mi dolor; mas el padre lo llamó
había enseñado. ¿Qué dirá el que muriendo nos Benjamín, esto es, hijo de la mano derecha. Mi­
engendró? ¿E l que de yeras le costamos sangre rad euán al vivon os pinta San Pablo este mis­
y vida? Andaba Rebeca deseosísima de tener terio: Q tü in diebus carnis suw p reces tttpplica-
hijos. D ale Dios de un vientre dos; pero los tionesque ad eum q ui p o s s it illum sa lvum j'a c o t
niños hacían atlá dentro tales movimientos, que a morir ., cuín clam are va lid o et Ifxcrymis ojje-
le causaban molestísimos dolores á la madre, y rens (H cb., 5). ¿Que fue aquél rato que Cristo
así quejándose dijo: ¿ S i sic mihi juturum erat, estuvo en la cruz, sino un parto recísimo y umy
quid necesaejuit eoncipere? ¡M i gozo en el pozo, dificultoso? A quél fue el dia, ]a hora de la fla-
P. FE. AL O N SO DE C A B R E R A 403
qneza de su carne. A llí, bañados en lágrimas le menoscabase. A esto responde Santo Tomás
'os ojos, manando todo su cuerpo viya sangre, que el trabajo se puede medir y pesar, ó por la
calentando el aire con gemidos, rogó al Padre, dificultad que tiene la obra en sí (que de suyo
que le podía librar de la muerte, y fue oído por es grande y dificultosa) ó porque dado que sea
el respeto que le era debido. Pues si le oyeron, fácil el que la lia de hacer, por su desgana ó
¿cómo no le excusaron la muerte? Porque no poca fuerza la halla pesada. De la primera ma­
era eso lo que él pedía absolutamente: pedía mi nera, no quita el amor el trabajo, antes le au­
v i d a , pedía mi gracia y mi perdón; pedia, que menta, P or eso dice San A gu stín : N o n recusa-
pues el moría por mí, viviese yo por él; y eso tur labor. Acom ete cosas difíciles por el amado,
se le otorgó. [Oh Benoni cristiano! I lo n o r a ayunos, vigilias, cilicios, disciplinas, renuncia-
patrón tuum et gemitué matris tu«; ne oblivism - ción de los bienes do esta vida, la misma muer­
n's (Ecle., 7). Honra á tu Padre quo te hizo te. Cosas que en sí son de inmenso trabajo y
hijo de su mano derecha, que por sil verbo te dificultad, el amor las allana y facilita: Opera-
dio poder para ser hecho hijo de 'Dios. Y uo te tur enim magua, si est. «Hace cosas grandio­
olvides de loa gemidos de tu madre, de aque­ sas si es amor». Y esto no disminuye, sino
lla hermosa Raquel, de aquella innocentísima acrecienta el mérito; porque padecer mucho por
humanidad (cuyo hijo de dolor eres) que acabó el amado y con alegría, muy meritorio es.
la vida al punto que tú empezaste á gozar de Pero de la segunda manera, el trabajo apoca el
ella. Luego bien se llama hora suya y nuestra. mérito: porque dar vos un cuarto de limosna
con mala gracia, ayunar un dia con pesadum­
CON SID E RAC IÓ N secunda
bre, rezar un rosario con gran resistencia, poco
merecéis con Dios. N o está la dificultad en la
¿Mas por qué hora, habiendo durado tantas obra, sino en vuestro poco amor. Pues este tra­
el martirio de su pasión? Porque es lenguaje de bajo del que obra, este enfado y desgana, quita
amor, que todo lo facilita. San A gustín : Omnia el amor, añade fuerzas y brío. Y por eso se
f'i'ra et inmu-nia fa c ilia et prope m illa facita m or. dice que quien ama no trabaja; no porqne no
El amor es un condimento que todo !o amargo lo hace grandes cosas y laboriosas, sino porqne
lineo dulce, lo terrible suave, lo áspero fácil; lo las hace eon suavidad, lo cual hace mayor el
lime.1lio que hace le parece poco ó nada. Por eso mérito. A s í pasó en los trabajos de Cristo, que
á Jacob, enamorado de Raquel, los siete años de ellos en sí fueron terribles y dificilísimos, pero
servicio de pastor (oficio trabajosísimo) se le su amor ardentísimo los facilitó é hizo parecer
antojan pocos dias por la grandeza del amor. do una hora. Y llegó á tanto, que la muerte
Por eso San Pablo, la tribulación de Asia, qne que e ra : mwiimn terribilium terribilisimum
cotcjada eon las fuerzas naturales era desmedi­ (Aristófc.); ,«De las cosas terribles que hay en
da y le tenia apurado, rendido y oprimido y la naturaleza, las más terribles; de las desabri­
desalentado, que no deseaba más que la muerte das, la más amarga», ya el amor la ha troca­
pina que le despenase; pero comparada con el do y la ha hecho amable y dulce, como lo sig­
ánimo y fuerzas que le daba su amor, la llama: nifica el nombre nuevo con que la han bautiza­
Momentaneum et lera’ trilmlationts nostmi. «Tri­ do: U t transeat ex hoc mundo ad pcitrem.
bulación momentánea y ligera, breve y poca».
De aquí viene la esposa á llamar la cruz que C O N SID E RAC IÓ N TERCERA
con su peso hizo arrodillar al esposo, Jhecicitlus
irijrrh'.n dilectus meus mihi (Cant., 1): «Mano- E n este nombro nuevo que se da á la muer­
jito de mirra es mi ainado para mí». L a peni­ te, llamándola tránsito de este mundo al P a ­
tencia y mortificación, mirra es de suyo amar- dre, se toca delicadamente la consumación que
gil y desabrida, cruz pesada; mas al cpic ama, Cristo lvizo de todo lo malo, acabándolo y des­
ramillete que se trae en los pechos: Inter ubent truyéndolo. L a muerte, tirana que todas las co-
mea commorabitur, donde tiene su asiento el sasacababa y consumía, ahora queda consumida
amor, porque, es el quo le quita el peso. Pues y acabada. Y así mofa de ella San Pablo: A b -
veamos: si el amor quita el trabajo de la obra, sorpta ¿sf mors in victoria. Cuando la muerte
luego apoca el mérito. San Pablo dice: U nus- pensó que habia triunfado de Cristo, revolvió
<¡visque propriam mercedem accipiat sí r.niulum sobre ella y quitóle la victoria de la manos y
lubormn, «Que á medida del trabajo lia de ser tragóse á la muerte. L o que come el hombre
la del galardón». San A gustín dice: N o n recu- conviértelo en su propia sustancia. Cristo es
saiur labor si adest amor; quoniam q u ia mnat , vida por esencia, comióse la muerte y convir­
non laboral. «No se hurta el cuerpo al trabaio, tióla en vida. Jurada se la tenía: E r o mors tua ,
donde liay amor; porque el que ama, 110 traba­ oh mors. ¿Oómo mató Cristo la muerte? M atan­
ja». ¿Luego ni merece? .Bueno sería eso, que el do el pecado. Muerte viva es muerte con peca­
amor (por quien solo se da el premio esencia]) do; y por eso en el infierno la muerte no mué-
PR ED ICAD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
re, porqne el pecado siempre vive: Stim ulus en sus enojos. Y el mismo D ios dice de sí: Non
mortis peccatum est. L a abeja, en perdiendo el in sempiternum litiyabo, ñeque usque in jinem
aguijón, se muere, y la muerte no dura más da irascar, ]STo se enoja cuanto puede ni cuanto
cuanto se acompaña con culpa. Cristo en su nuestras maldades merecen; 110 se quiere mos­
muerte mató el-pecado; cuanto fue de su parte trar infinito en llegar al finios enojos; pero en
le crucificó consigo en la cruz y dio suficientes amarnos hace cuanto puede, lo que sabe, lo que
remedios para que ol hombre se pueda librar de vale. Nadie sabe lo que E l, que es sabiduría;
él. E ste fue ei tiempo que dijo el ángel á D a ­ nadie puede lo que puede, que es infinita om­
niel, en que después de las setentas.hebdómadas nipotencia; nadie quiere lo que quiere E l, que
(que eran setenta semanas de años) había de es la misma bondad, y así E l solo ama in jinem.
ser ungido el Santo de los Santos y muerto el Apura, da fondo, liega al centro, tira la barca,
verdadero Cristo, que es el mismo: U t conswn- eu amar; los demás ni pueden, ni quieren amar,
metur pramaricatio et jinem accipiat peccatum. sino limitadamente, porque son en todas las
«Para que se dé finiquito al pecado, y se aca­ cosas limitados. Navegaron los antiguos por el
be y aniquile la desobediencia». D e suerte que mar Mediterráneo, y escalaron todas sus pla­
Cristo con su muerte dio fin al pecado y mató yas. Otros después osaron salir por el Estrecho
á la muerte; y muerte muerta, ya es vida. Y y tentar osada y venturosamente los Cabos
así el día de la muerte del justo, se llama día Blancos y Verdes y de Buena Esperanza, y »1
de sn nacimiento, porque entonces nace á la fin los doblaron y navegaron por mares de an­
vida eterna. E l cerrar los ojos á la luz corporal tes no conocidos. Pero todo calle con quien, en
es abrirlos á la claridad de Dios. De estremo á competencia del Sol, 110 dejó paso por andar de
extremo. E sto es pasar de este mando al P a ­ los que mira el. Pregunto con todo eso: ¿Son
dre;.del mundo, que es la cosa peor que hay, al ya acabados los descubrimientos? ¿Ha llegado
Padre, que es la mejor; de la tormenta, al al fin la navegación? Será posible que aun se
puerto; de la batalla, á la paz: de este ralle de halle otro pedazo, que descubierto dé tanto es­
lágrimas y miserias, al paraíso de los deleites. panto á los que vinieren cnanto á nosotros lo
E sto es ya la muerte, vado, pasadizo y puente que en nuestros días se descubrió; y así no di-
levadizo para la vida. V eis aquí cómo dio fin ‘ remos que ha llegado el descubrimiento al lin.
Cristo á todo lo malo, destruyéndolo. Veamos Pero en este mar del amor, en este océano de
ahora cómo acabó lo bueno perficoionándolo: la caridad, 110 queda nada que no esté apeado
Cum dilexisset suos (fui erant in mundo in ya, medido y sondeado por este gran navegan­
jin em . d ilex it eos. E s frase muy ordinaria en te, con la nao V itoria de la C ruz. ¿Pues no di-
la Escritura para significar el cumplimiento jístes que es un piélago espacioso que 110 tiene
y perfección de Tina obra, y que quien la hizo fin? Respecto del hombre, es verdad que no le
llegó á lo sumo y alcanzó victoria, decir: In puede todo navegar ni llegar á lo sumo del
jin em . «Hasta la fin». H a y muchos salmos amor; mas respecto de Dios, todo está andado.
intitulados con esta palabra, y en lugar de ella Porque así como de todas las cosas es fin, así
hay en el Hebreo otra que significa victori seu ha hallado ya fin á la caridad. Bien diee
vincenti. Como si dijese: E ste salmo se canta D avid: Omnis consummationis vid i fineta. Pues
al vencedor. A s i lo traduce San Jerónimo en á la caridad, que es fin de todas las virtudes,
los títulos del salmo cuarenta y cuatro y seten­ Cristo le ha dado fin: In jinem dilexit eos.
ta y cuatro. Simacho vuelve: Triunfo y palma
de victoria. Dase á entender que en el salmo CO N SID E RAC IÓ N CUARTA
que tiene aquel sobreescrito infiriera, se cele­
bra alguna insigne victoria de David y de C ris­ Menester es apurar esto más, y ver-la Vito­
to, Abacuc, para significar que en el pueblo de ria que alcanzó de Cristo este amor final. Dos
Israel ni la verdad prevalecía ni la justicia dificultades había en la obra de la redempcicm:
reinaba, dice: N o n pervenit usque in jin em j v - la una, morir Dios, que es inmortal; la otra,
dicium . í i To llegó el juicio basta el fin®; no gran amargura y desabrimiento en la muerte.
salió con victoria. Según éstos, amar Cristo á M as para vencer éstas hay otras dos propieda­
los suyos m jinem es haber llevado el amor al des en el amor: fortaleza y dulzura. E s violen­
cabo. Dio cima á esta peligrosa aventura. E n ó­ cia suave y fuerza amorosa. Con la violencia
jase cou los hombres D ios, y olvídalos; pero ni venció la difien ltad que había en la muerte, y
lo uno ni lo otro hace in jinem . David: Usque- obligó á Dios á morir. Fuerza de amor le quitó
qug¡Dom ine,oblivisceris me in jin em l Señor, ¿han la vida, y cou la suavidad azucaró su anuir-
de ser eternos los enojos? ¿Para siempre el ol­ gura y así triunfó del Redentor. Pues para dar
vidar? E sta pregunta niega con más fuerza que á entender el amado discípulo la suma perfec­
si llanamente negara, porque sabía de la condi­ ción y cumplimiento del amor de Cristo, que
ción de Dios que no se quiere mostrar cabero habiendo empezado la obra dificilísima de la
P. FR. AL O N SO DE CAB RE RA 405
redenipción no la dejó imperfecta, sino acabilda 1 ¿Que- fuerza es esta tan violenta para vencer
gloriosamente, saliendo victorioso y con lo que y tan vencida para recibir fuerza? Con razón
pretendía, que era hacer morir á Dios, dice: se admiró este santo del poderío de este tirano,
Como amase á los suyos que estaban en el que no habiendo afecto más fuerte para domar
mundo, amólos hasta la fin, hasta la Vitoria del corazones, roba el alma, la vida, las entrañas.
amor. ¡Mirad á qué términos trajo el amor á No hace eso con rigor, sino con caricias y blan­
Cristo en este día, y veréis la gloria y triunfo duras de afición. E s la declaración del que es
que de él alcanzó! Am or que le derriba á los cosa y cosa de Sansón: Quid dulcius mete?
pies de unos pecadores, y á los del traidor que quid fo rtiu s leone? Para hacer cosas grandes,
le lia de vender; amor que 1c obliga ¡t hacerse vencer dificultades, atropellar resistencias, qui­
golosina para que le coman los que ama; amor tar libertades, nadie más fuerte que el amor:
que mañana le traerá maniatado por las calles no teme, ni debe; león arriscado. Para endul­
públicas de Jerusalem, hecho retablo de lástimas zar desabrimientos, hieles, no hay miel, almí­
y espectáculo de dolores. ¿No diremos que le bar más dulce que la afición. Para echar el
sujetó y alcanzó yitoria, pues asi lo postró y sello á todo este pensamiento, y representarlo
humilló á sufrir tales injurias y tormentos por á los ojos como en un espejo, hay un lugar
el amado? Cuando la noble Roma estaba en sn insigne en Ezequiel. D ice en el capítulo pri­
alteza, á los capitanes y emperadores qne ha­ mero, que vio sobre un trono do zafiro (piedra
bían conquistado provincias y alcanzado in­ preciosa de color de cielo) un hombre todo de
signes vitorias, les señalaban un dia para entrar fuego, y el fuego tenía color de electro, que es
en Roma triunfando con pompa solenísima. una m ixtura do oro y plata de color de ámbar.
Iban en carros triunfales con aclamaciones y Pero aunque este hombre de pies á cabeza es­
aplauso y regocijo de todo el pueblo: delante taba hecho un ascua, desde la cintura arriba
llevaban los reyes vencidos, presos con cadenas. era fuego oculto, no salía fuera ia llama; pero
Aureliano César llevó á Zenobia, reina de Asia, de ahí para abajo el fuego se parecía exterior-
presa con cadenas de oro. A ugusto César trajo mente y echaba centellas y llamaradas en con­
ía imagen do Cleopatra, reina de E gipto, que torno. E ste hombre misterioso, en sentencia de
por 110 pasar aquella afrenta se mató á sí mis­ todos los santos, es Cristo, D ios y hombre.
ma. Quinto Cecilio Metelo, en la primera gue­ E stá sobre el trono de zafiro, porque desde su
rra púnica, llevó trece capitanes de los cartagi­ concepción estuvo en el cielo, según la parte
nenses y ciento veinte elefantes que los había superior de su alma fue bienaventurado, y por­
tomado. Las banderas de los vencidos se arras­ que aun en cuanto hombre es superior á todos
traban por tierra; y con esta majestad entra­ los ángeles, que son trono de Dios. Todo él es
ban en la ciudad. Pero todos los trecientos y de fuego, porque desde que fue concebido se
veinte triunfos de la soberbia Roma callen con apoderó el fuego del amor do su alma beatí­
este que hoy alcanzó de Cristo el amor. Sen­ sima, y la penetró toda. Sus potencias y sen­
tado va el amor en aquel carro triunfal de su tidos de Cristo, por puro amor de su Padre y
amoroso corazón; desde allí manda y gobierna, nuestro eran regidas: .pero de la cinta arriba,
y el buen Jesús como su vencido va preso con esto es, on los primeros años de su vida, cuan­
soga á la garganta, coronado de espinas, con do vivió en tanto silencio, no se había el fnego
salivas desfigurado, rasgado con azotes, sn cuer­ descubierto. E n los tres años de su predicación
po denegrido con cardenales, bañado en su pro­ echaba centellas de milagros, beneficios, doctri­
pia sangre, cercado do gente de guerra, arras­ na; chispas eran que salían de aquella fragua
trando por tierra el pie de la cruz qne lleva en de caridad. Cum dilexisset suos qui erant in
sus hombros, bandera y estandarte del Rey mundo. Fuego do amor ardía en el pecho, y
eterno. Y con esta pompa no entra, sino sale abrasaba las entrañas; pero disimulado. No
de la ciudad á morir en el Calvario, ;O h triunfo mostraba la fuerza y actividad que tenía. Mas
glorioso, victoria inefable! Oh su-avitaten, oh desdo allí abajo, al fin de la vida, cuando llegó
gratiam, oh amoris vira! «Oh suavidad, oh gra­ la hora de pasar de este mundo al Padre, ya
cia, oh fuerza de am or», dice San Ucrnardo. relumbra el fuego y relampaguea. I n finem di-
¿Es posible que el más alto y soberano que lexit eos. Salió eon la suya, y con la alegría de
todos se ha hecho el menor de todos? ¿Quién la vitoria echó tales llamaradas que. esclareció
hizo esto? E l amor, que no conoce dignidad ni todo el mundo. Contemplad lo que hizo y dijo
hace diferencia de personas: en antojos rico, Cristo estando con la candela on la mano, aca­
en afición poderoso, en persuadir eficaz. Quid bándose el pabilo de la vida, y veréis que el
violentiiis? Triumjshat de Deo amor, mi nun hombre del fuego de la cinta abajo resplandece.
ti'ophwum. Q uid tamen jam non violentum? ¡,Q,ué L a vigilia de la muerte festeja á sus discípulos.
cosa hay más fuerte que el amor pues triunfa Sale su humildad de quicios, pues lava los pies
de Dios? ¿ Y qué cosa hay más sm violencia? de los pecadores. Su magnificencia echa el res­
406 P R E D IC A D O R E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
to, pues da de un bocado toda la riqueza del buena compañía, relumbra eon más viveza que
cielo y del suelo. Su amor sale de Pascua, pues por sí sola. A s í el amor tiene violencia, signifi­
con haber andado tan de fiesta hasta aqui, res­ cada en el color encendido del oro, y junta­
pecto de, las demostraciones de hoy, parecen mente tiene suavidad, entendida por la blan­
hielo las pasadas. L as palabras que hoy habla á cura de la plata. Y de esta m ixtura la fortale­
sus discípulos van. tan encendidas, que harán za no se menoscaba, pero la suavidad que la
arder la nieve fría y derritirán corazones de templa parece más admirable por estar junta
bronco. Encárgales el precepto del amor, corno con tal eficacia de amor. Fuerza es do amor
especialmente suyo. Requiébralos: mis hijuelos, que muera Dios por el hombre; pero extraño
mis queridos. Quítales el nombre de siervos, regalo de afición, qne al punto del morir lave
dales el honroso de amigos; descúbreles ol se­ los pies de sus discípulos y se dé á sí mismo
creto de la santísima Trinidad; ordénales sacer­ en manjar á los hombres. ¡Oh bondad divina,
dotes y obispos; hace oración al Padre por to­ afición suave, pecho de Jesús traspasado con
dos los escogidos, y finalmente, da la'últim a y saetas de amor, que subrepnjas al Padre terre­
mayor señal riel amor, que es morir por ol no en piedad, á la madre en caricias, al herma­
amado. ¡O lí amor detenido! ¡O h caridad repre­ no en mansedumbre, al amigo en fidelidad!
sada! ¡O h fuego violento y con qué rompi­ ¿Quien no se rinde á esta fuerza? ¿A quién no
miento has salido! Cual suele el gran fuego si ablanda esta dulzura? Si el amor triunfa de
le aplican un tuero de roble ó encina (materia Dios, quo tiene por renombre thriim phator in
dura y difícil de quemar) irle labrando poco á Isra el (I Reg., 15 ), ¿cómo no alcanza vitoria ilr
poco eon el calor, y gastando su dureza, y en­ los gusanos? Si captiva á Cristo ¿cómo no su­
trañándose en él, y este es fuego intrínseco, jeta al hombre? Cuando Jacob luchó eon el
basta que se apodera del madero y prevalece, y ángel pidie'ndolo la bendición por temor de sn
como alegre y vitorioso levanta la llama; ó co­ hermano, respondióle el ángel: S i contra Deum
mo los barriles y quintales de pólvora, por mi­ fo rtis ju ix ti, qitanto mugís contra hoMtnes pr.i-
nas secretas puestos debajo de las torres y cas­ valebisl ¡Oh amor! si eres tan fuerte que triun­
tillos roqueros, cuando les pegan fuego, como fas del pecho divino, ¿por qué no gozas de los
hallando resistencia revientan, rompen las lla­ despojos del corazón humano? Tío está la falla
mas violentas con horrible temblor y estampido, en el amor, sino en el corazón duro. ¡Oh hnin-
y arruinan los muros y edificios, desmenuzan bres protervos, tigres crueles y dragones, si no
los peñascos y vuelan los castillas enteros, así dais el retorno de tanto amor, con que habién­
aquel fuego de amor inmenso que en el pecho doos amado desde el principio os amo hasta
de Cristo ardía, habiendo gastado 1a dureza y la fin!
dificultad del madero de la cruz, para qne no CON SIDERACIÓN Q U IN TA
la hubiese en morir Dios en él. Habiéndose
detenido tanto tiempo hasta llegar la hora defi­ E t (urna ja c ta . Pasa el evangelista á contar
nida por el Padre, cuando halló lugar por don­ las obras que fueron testimonio de este amor.
de salir y mostrar á dónde llegaba su fortaleza, «Hecha la cena del cordero..n H e aquí el fin de
rompió con extraño ruido y voló el castillo ro­ otra consumación. L a cena antigua, quiso to­
quero de la humanidad hasta subirle por los mar por ante de la nueva, y cumpliendo con
aires en una cruz de donde cayó hecho partes: sus ceremonias, las acabó y anuló. Por eso
el cuerpo en el sepulcro y el alma en el L im ­ pasa San Juan tan sobro peine, ligeramente,
bo. Estremeció la tierra, quebró las piedras, por aquella cena, como cosa de todo rematada,
abrió las sepulturas, y eon el humo de la pól­ para no haber más memoria de ella, y va á
vora anubló el cielo. Y en medio de esas tinie­ contar la cena misteriosa del Nuevo Testa­
blas y humareda resplandecían las vivas y vito- mento. Como yendo á contar el Verbian cctro
riosas llamas del amor, en que la única ave factum est, no para en la creación de todas las
F én is se estaba quemando sobre la leña de su cosas, sino en una palabra: Omnia per i-pstun
cruz. E ste es el triunfo del amor, el fin de toda ja cta ¡íunt. Moisés cuenta eso muy despacio y
consumación, con que, amando á los suyos, in lo tiene por negocio principal. E n el principio
finem d ilex it eos-, hasta lo último del amor. crió Dios el cielo y la tierra; pero quien ha (le
Pero esta gran fortaleza fue acompañada con contar cómo Dios se hizo hombre, no hace caso
suavidad. Porque dice el Profeta qne el fuego de cómo fue hecho el cielo. A s í la cena del cor­
entrañado en el hombre, que significa el amor dero era de las ceremonias más sagradas que la
apoderado de Cristo, tenía semejanza de elec­ ley de Moisés tenía, y con más solemnes ritos
tro. Electro, como dice San Gregorio, es una se celebraba: era su Pa¡jeija principal. Poro
masa de oro con liga de plat^, con tal temple, quien va á contar la cena en que se sirve la
que el oro pierde algo do su resplandor, aunque cena de Dios, el pan de vida sustancial, en
no de su fineza, y la plata, por e ^ r en tan cuyo respecto la antigua es frutilla, merendilla
P. FR. A L O N S O D E C A B R E R A 407
de niños, una cena donde los convidados se hacer misericordia, porque esta es obra propia
sientan , porque ha de durar mientras el mundo de Dios. D eus quiproprium est misereri semper
durare, y es menester limpieza hasta en los et pcircere, dice la Iglesia. L a justicia se llama
pies, que son los alectos del alma, 110 tiene obra suya peregrina, extraña. Peregrinum est
que reparar en la antigua, sino dejarla por opiis ejus ab eo. Pero la misericordia suya propí-
fenecida. Cum jarn diabolus iníssisset in cor, ut sima. P la ca re, D om in e ; atiende, D om ine, et fa c .
traderet eum Ju ila s Iscarioth.es. Cuatro razo­ Señor, ahora es tiempo de hacer como quien,
nes se ponen aquí de esta obra prodigiosa que sois. Cuando el hombre hace como quien es;
el Señor hizo de lavar los pies á sus discípulos. cuando vuestras leyes violadas, vuestros bene­
La. primera, que consideró Cristo la gran nuil- ficios desconocidos, las maldades multiplicadas,
dad de Judas, que persuadido del demonio or­ esmeraos en hacernos bien. E sto es vuestro
denaba de entregarle, V eis aquí la malicia con­ tiempo. Por eso padeció Cristo en la luna
sumada, subida de punto. Pecador metalado de llena cuando el cordero se sacrificaba, y hay
hombre y diablo, es el más fino que puede ser. oposición entre la luna y el sol, para significar
Como para el bien es menester que se junten quo cuando la malicia del mundo estaba más
Dios y el hombre, así para el nial han de con­ llena y más encontrada con el cielo, entonces
currir el hombre y el demonio. Y corno Dios á el Cordero de Dios fue sacrificado por los pe­
solas 110 había hecho obras tan señaladas como cadores. ¿Queréis ver cuán consumada la mal­
después que se hizo hombre, qne con esta unión dad? Malo es matar un hombre, peor matar á
de lo divino y humano hizo todos sus poderíos un inocente; pésimo matar á un justo, prove­
un el bien, así el demonio á sojas 110 puede choso á la república, con crueles tormentos. Y
liíicnr tanto mal como haciendo liga eon el si á esto añadís quo quien le vende es su dis­
hombro. A s i le llama Cristo hximicits Jtomo, de­ cípulo de los doce escogidos, y quien lo compra
monio mancomunado con el hombre; revestido el pueblo regalado á quien había hecho innu­
tn el hombro, más estrago hace que por sí solo. merables beneficios con su dotrina y milagros,
Darío, rey pagano, cuando á más no poder per­ y sobre todo, que este hombre es verdadero
mitió echar á Daniel en el lago de los leones, D ios, esa es la más extremada m alicia, á
eerró la boca do la cueva á piedra y lodo y se­ donde pudieron llegar los hombres y las furias
llóla con .su sello y de los grandes del reino, infernales. Conswmmetur nequitia peccatorum .
porque ningún hombro íupse osado de entrar Afínese, cólmese la malicia de los pecadores.
allá á hacer mal al San tu Profeta, ne quid fie - Entonces, dice San A gu stín , seconsumó, cuan­
ret contra D m iitlem . ¡Donoso resguardo! ¿De- do osaron los hombres poner las manos en Dios.
fáislo en la leonera entre siete leones hambrien­ Y así el mismo Redentor, on gustando el vina­
tos, que cu el aire despedazaban los hombres, gre en la cruz, dijo: Con&ummatum est. Y a no
y guardáisle de hombres? Sí; que peor y más puede más crecer vuestra crueldad, pues negáis
cruel es 1111 hombre enemigo para otro hombre un jarro de agua á quien la pido muriendo, y
que 1111 león. Y a habernos visto tigres y leones buscáis nuevas invenciones para atormentar al
tlomados y agradecidos, y un hombre no so que por tantas vías tenéis atormentado. Om-
doma. ¿Qué mayores mimos y regalos se pu­ nts consummationis vidiJinem . ¡A h , Señor, que
dieron hacer á un hombre qtic los que Cristo ha llegado la maldad hasta la fin! Pues espera,
usó con Judas? Perdonóle, luzole su apóstol, que mi bondad la pasará con mil ventajas, y
su mayordomo, darlo los bocadillos de su mano, si los hombres me negaren un jarro de agua
lavarle los pies. E l león bravo se aplacó vien­ para mi leugua, yo se la daré á cántaros para
do al hombre postrado ante sí, y este Satanás lavar sus pies. Si tienen sed de mi sangre para
encarnado 110 se ablanda viendo á Dios derri­ hartar su saña, yo so la daré por medicina.
bado á sus pies. Pero no hay que espantar, que E ste cnerpo á quien han de matar con tantas
está endemoniado. Jlomo juicia mea': «Hombro crueldades, yo se lo guisaré en manjar que les
á quien yo hacía amistad.1'. Jfagni/icctrif super dé vida. E s ta es la venganza cristiana: vencer
me .iu-pptantationem . ¿Cómo es posible? Porqne al enemigo cou beneficios. Iv o ii vinci a malo,
es demonio, Umus retinan din bolas est. .Jodas, sed vince in bono malum. H o íe dejes vencer
hombre por naturaleza, por malicia, diablo, fue de su mala voluntad, sino sé tú más poderoso
el caudillo de ja suma maldad. ¿Pues á qué pro­ en el bien que tu enemigo en el mal, que por
pósito considera Cristo eso 011 esta ocasión? oso Cristo, para lavar los pies, se acuerda que
Porque salen á campo la maldad humana y Judas le ha de entregar.
diabólica con la bondad divina, y aunque la
maldad está calmada y crecida, vence la bon­ CONSID E RAC IÓ N SEXTA
dad, que, es mayor. Tem pm Jaciendi, Dom ine,
dissipaverunt legem tuq-m. Cuando esta palabra, L as otras tres consideraciones son: Q uia
faceré se pone sola en la Escritura significa omnia dedit ei P a te r in manus etquia a D eo ex i-
408 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
nit et ad Deum. vadit. «Sabiendo su infinito po­ ellas. Y para levantarlo á su primera alteza,
der, que el Padre le había puesto en sus manos Dios, que es eminentemente todas las cosas,
todas las cosas», la muerte, la vida, y al mismo se pone debajo sus pies más profundo que el
Judas también, para que todo lo hiciese á su infierno. Porque Judas, revestido del demonio,
voluntad. Y lo tercero, sabiendo su ilustre des­ peor era que el infierno. Señor, ¿qué hace'ís á
cendencia y hidalguía, que «salió de Dios, y su los pies de pecadores? E stá alzaprimando al
santidad, con que vuelve á Dios». Hace San hombre para restituirle la dignidad perdida.
Juan la salva á la humildad de Cristo, dicien­ Omnia dedit ei P a te r in manus. E sas manos
do primero su alteza. E s el hombre de armas pone debajo los pies, para que se verifique más
y guión que Va delante, en señal qne viene de­ altamente Omnia subjecisti sub pedibtts ejus.
trás el rey, para, que viéndole arrodillado á los M ás. Quiere con este ejemplo admirable enco­
pies de pecadores, no le despreciéis. Húbose mendarnos la virtud de la humildad, como cosa
Cristo en estas consideraciones como un águi­ importantísima. Exem plum enim dedi vobis.
la real, otra ave grande de rapiña, que cuando Am or y humildad son las que en este dia se
quiere levantarse de tierra á lo alto va dando llevan la gala. Sin amor, las virtudes son im­
vueltas en el aire á modo de caracol, y haciendo perfetas, sus obras muertas. Y sin humildad,
puntas, y é cada vuelta se sube más y se me­ son como edificio sin cimiento. Pnes para zan­
jora y aventaja, y desque tiene sojuzgada la jar la humildad, ahonda el sabio arquitecto
caza, se deja caer para hacer presa. A s i el hijo hasta los abismos, poniéndose á los pies de los
do Dios, águila real de altísimo vuelo, como pecadores. ¡Oh soberbias! ¡Oh faustos! ¡Oh
dice Moisés: S icu t aquüa provocans ad volan­ altiveces mundanas! ¿Cómo halláis lugar entro
do p u llo s stms et super eos volitnns. Cual suele cristianos? ¿De qué te ensoberbeces, tierra y
el águila, para sacar á sus hijuelos á volar, re­ ceniza? A quel árbol tan hermoso, tan fresco
volear delante de ellos, y con aqual vuelo los y tan alto, que cuenta D aniel, que con nn gol­
llama y convida á hacer lo mismo, así esta pe que le dieron por el píe, puso por el suelo
águila divina, al tiempo qne provoca á los su­ su frescura, ¡y tú con tantos ejemplos dn humil­
yos á dejar las cosas terrenas y volar á las ce­ dad 110 derribas tu entonación? Aquella estatua
lestiales por medio de la humildad (que es el de tan ricos metales, herida en los pies de barro
camino más cierto para subir), volaba delante con una piedra que se cortó de un monte sin
de ellos; íbase encumbrando en su entendimien­ manos, vino abajo y se deshizo sin quedar ras­
to con las puntas de estas consideraciones de tro de ella. Cristo es la piedra, cortada sin ma­
su omnipotencia, de su real sangro y genera­ nos del monte sacro do María, hoy da consigo
ción eterna, y ascensión gloriosa. Y cuando es­ á los pies lodosos de los hombres, para dar c o n
tuvo elevado sobre todos los cielos, tan alto los hombres y con su vanidad á los pies do
que no se podía divisar, cierra las alas y abá­ Dios. Dc.stiérrese de hoy más la soberbia del
tese al profundo de la humildad para hacer mundo delante un ejemplo de tanta humildad.
prosa on olla y en nuestros corazones. S u r g ü a M ás. Cuando enseña el maestro á escribir áun
cmna et pon it vestimenta sita et cum acccpisset niño, al primer formar de las letras le gobierna
linteum praectnxit se. Levántase en pie, quítase la mano. V in o Cristo á enseñarnos á andar los
la ropa y manto de encima, cíñese con un paño caminos del cielo; nosotros, no sólo 110 lo
de lino, á manera de sirviente, echa agua en habíamos (eso fuera medio mal), sino teníamos
una vacía y empieza á lavar los pies de sus dis­ enseñados los pies á caminos de infiernos. P e ­
cípulos. i O h a b y e c c ió n espantable, humildad des eorum ad mahtm currunt. Para cualquier
consumada y suma! Asomaos, ángeles, á esas maldad son unos corzos ligerísimos. Viam■ peí­
ventanas del cielo; mirad si conocéis á vuestro a s non coffnoveritnt: «El camino pacífico del
R ey en traje tan encubierto, haciendo oficio de cielo no lo saben». Pues aunque le señalen con
siervo. Cielos, ¿no os corréis de ver las manos y el dedo el camino no atinan con él. Pies tan
dedos qne os tornearon y bordaron de luz, man­ mal acostumbrados, luego se deslizarán al mal.
chados con la inmundicia que sacan de los pies ¿Pues qué remedio para tanto desvarío? Qne el
de unos pecadores? Digam os alguna razón de mismo maestro que vino á enseñarnos á andar,
esta obra: para alzaprimar una cosa que está no sólo nos muestre el camino, sino con su
baja y caída es menester calzarla, poniendo mano nos gobierne los pies. P o s v it inmacula-
otra debajo que la levante y suba arriba al peso tam viam meam. Q ui perfecit pedes meos tan-
en que estaba. Puso Dios al hombre tan alto quam cervorum (Salm o 17 ). N o tengo (dice
con su gracia, que omnia subjecisti sub piedibus David) por vía de mis caminos á otro que Dios;
ejus: «Todas las cosas le puso debajo los pies». él me dio pies de ciervo para correr por ellos.
N o se entendió el hombre; estando en esta Y sobre haberme enseñado un camino limpio,
honra y pecando cayó hasta el profundo, quedó hizo más, que me limpió los pies. Porque el
inferiora todas las cosas el que era superior á camino del cielo en esto se diferencia de los
P. FR. A L O N S O D E C A B R E R A 409
demás: que en los otros, después de haberlos tales; con aquel aspecto hermoso bastante á
andado, se lavan los pies; pero eu éste, al prin­ amansar los tigres de Hireania. ¿Cómo no te
cipio, para andarle. Y por eso ccepit lavare p e ­ enterneciste, cruel dragón? Hinca ambas rodi­
des discipulorum . llas delante sus pies, eon sns sagradas manos
los lava y con su graciosa boca los besa. Debió
CON SID E RAC IÓ N SÍPTIM A
levantar el rostro y mirarle con los ojos arrasa­
dos de lágrimas y hablarle por señas al corazón.
L lega, pues, á lavar á Pedro, como cabeza de ¡Oh, amigo mío, lo que siento perderte! Más
todo el colegio. A tónito Pedro y asombrado, me lastima tu pérdida que tn.traición. Oveja
desviando los pies y poniendo las manos, llo­ mía, señalada con el hierro de mi discipulado,
rando de sus ojos, dice: D om ine , lu m ihi lavas que te veo en las presas del lobo y deseo reme­
pedes? ¿Tú á mí? No se puede decir más. Todo diarte, ¿y tú no quieres? Si sañas tienes contra
lo que más se dijere, es no d^cir nada; no sé yo mí, lugar tienes ahora de satisfacerte. Si te he
quién tiene licencia do añadir en este caso á las ofendido, véngate á tu placer. Si mis pies te
palabras de San Pedro. Si él no supo más, ni han agraviado, pon los tuyos sobre mi cabeza,
alcanzó más, ¿qué podré yo decir? Sino que se pónlos sobre mi corazón, para enjugarlos el
ha de dejar todo el pensamiento que se canse fuego de amor que traigo encerrado en mi pe­
en entender lo que la lengua no puede explicar. cho. E l calor de mis entrañas entre por estas
Qne diga yo: ¿Tú, á quien adoran las domina­ plantas frías y ligeras para venderme y que­
ciones? ¿En cuyo acatamiento los cielos no se brante la dureza de tu alma y derrita tu hielo.
tienen por limpios? ¿A mí, que soy polvo y ce­ ¿Cómo 110 sientes los latidos de mi corazón, el
niza? como dijo Abraham, hablando con I)ios, pulsar, que no es otra cosa sino dar golpes y
Todo es poco. Más dice San Pedro. Salió este aldabadas al tuyo, para que abras la puerta de
dicho de aquel misino ánimo de donde salió tu voluntad cerrada con el cerrojo duro de la
aquella confesión tan extraña: T u es Christus obstinación? ¡ Y que todo eso no bastó para
F ilius D e i viví, Y aquel T u 110 significa menos aplacarle! ¿Qué demonio (si tuviera naturaleza
aquí qne lo que definió acullá, Y aquel M ih i capaz do mudanza) con tales caricias no se do­
también lo tenía ya definido cuando en otra mara? Y en Judas no hace mella. P lega á
parte dijo: E x i a me, quia homo peccator sum, Dios que no haya muchos Judas que por me­
Domine. De modo que no hay para qué gastar nosprecio 1c vendan, que con falso beso de paz
palabras y tiempo en explicar las de Pedro, pues y buenas muestras eneubrau sus traiciones;
nadie mejor que él tiene explicado lo que por que recibiendo los divinos Sacramentos (donde
ellas entiende. ¿Tú, Cristo, hijo de Dios vivo, no agua, sino sangro de Cristo se sirve) que­
A mí, hombre pecador? No hay más quo decir. den más empedernidos. Libradnos, Señor, del
Mas cou todo, le corrige Cristo y le amenaza corazón duro; regale nuestras entrañas de hie­
con infierno sí no se deja lavar. ;O h, Señor, rro el fuego de vuestro amor; ablanden nuestras
pies y manos y cabeza: echadme en la mar. P ro­ durezas aquellas llamas de caridad, para que si
sigue Cristo su oficio lavando á los demás. ¿Con era molesto amar, ya uo le sea pagar la deuda
que devoción, con qué sentimiento debieron so­ del amor; quebrante nuestra soberbia, y abaje
lemnizar los discípulos este hecho? Entiendo nuestra cerviz vuestra inaudita humildad, para
que el maestro puso el agua y ellos las lágrimas que con vuestro ejemplo nos sujetemos humil­
y sollozos. H asta que llega á los pies de Judas, demente á todos por amor de Dios, que resiste
cou el rostro encendido y sonrosado del traba­ á los soberbios y á los humildes da su gracia y
jo; con aquella frente clara, sembrada de gotas después la gloria.
de sudor como granos de aljófar y perlas orien­ Am én.
410 P R ED IC AD O R ES DE LOS SIG-LOS X V I Y X V I I

CONSIDERACIONES
DEL

VIERNES SANTO

DE L A PASION DE JESU CRISTO N UESTRO R E D E N T O R


Egressus est J t t u t cum discip ulis ««<*
trans torrentcm Cedrón.
(J oan ., ]S).

E n toda obra y ejercicio virtuoso,mayormente yor dolor. B en d ita entre todas las mujeres soy,
en el de la predicación (que es obra apostólica pues parí sin dolor quedando virgen, pero los
y divina), para hacerla dignamente es necesario dolores que entonces no sentí pariendo, ahorn
invocar la gracia del Espíritu Santo, sin la cual los pago con ¡as setenas, viendo morir eon tan­
ninguna cosa bien se comienza, ni comenzada ta pena al que entonces parí con tanta gloria.
se prosigue, ni proseguida se perfecciona. Y Bendito es el fru to de mi vientre; pero hoy está
porqne la Reina del cielo es madre de gracia pendiente en el árbol de la cruz entre dos la­
(y como dijo el A n gel, la halló delante del Se­ drones, como si fuera maldito; porqne escrito
ñor, ínvenisti gratiam apud D eu m ), solemos en está: M alúdictm a D eo omnia qui pendet it Si­
los demás sermones auudir á las puertas de sa g n o . «Será tratado de Dios como maldito el que
clemencia á pedir limosna de la gracia, convi­ fuere crucificado en el maderos. T'e/'ítt est in
dándola con aquella dulce canción quo el A n gel lu ctim cithara mea et orgamtm meun in roce.m
le cantó en el día de su anunciación. Pero eí jlentium : «El dulce sonido de mi vigüela se ha
día de hoy, según la representación de la Igle­ convertido en doloroso llanto, y las acordadas
sia, está la V irgen tan afligida y lastimada con voces de mi órgano se han mudado en lamentos
la pasión y muerte de b u unigénito H ijo, que y gemidos»; porque todas las prerrogativas,
no viene á proposito de esta representación la gracias y excelencias que aquella salutación
Salutación angélica, que contiene materia de contiene, hoy se han convertido para mi en pe­
singular alegría. Porque si la llamamos A v e nas, lágrimas y aflicción. Pues siendo así, cris­
M aría y llena de gracia, ppdrános responder lo tianos, que no viene bien la música de la salu­
que Noemi á sus vecinas, cuando perdió sus tación angelical con el llanto ¡le la pasión, y
hijos y marido: N s vocetis me N oem i ( id est p u l- nosotros tenemos necesidad de gracia para
chram) sed vocate me M ara ( id est amaram) tratar dignamente este altísimo misterio, vámo­
quia amarihicline valde replevit me Omnipotens. nos al huerto de Getsemani, donde está el Hijo
'No me llaméis A ve, que quisiere decir sin ay, de Dios postrado en tierra haciendo la más do-
sin gemido, sin dolor; no me llaméis Hoemi, lorosa oración que jamás hubo ante su Padre
que quiere decir hermosa: no me llaméis J fa - Eterno. Y juntando nuestra oración con k
«'a,que quiere decir luminosa y resplandeciente, suya, para que merezca ser oída, pidamos con
sino llamadme un mar de am argura, porque ol humildad la gracia al Padre de las miserkor-
Omnipotente ha llenado mi corazón de dolor. dias, diciendo la oración del P a te r noster.
E g ressa sum p len a ei vacuam reduxit me D om i­
nus: «Llena de gracia soy, pero ahora estoy IN T R O D U C C IÓ N
llena de tristeza». Salí de N azaret para venir á
Jerusalem á celebrar la Pascua y vine llena y Entre los preceptos judiciales que Dios nues­
rica, pues venía con mi hijo, que es todo mi tro Señor dio á su pueblo para el buen gobier­
bien y tesoro; ahora le dejo muerto y me vuel­ no y conservación de aquella república, uno de
vo viuda, vacia y desacompañada. Si me decís los más importantes fue acerca de la pesquis;!
Dominus tecum, verdad es que está conmigo; y averiguación que se había de hacer cuando
pero tengole en mis brazos muerto para mi ma- hallasen en despoblado algún hombre muerto
P. FR. A L O N SO DE C A B R E R A 411
violentamente. Como vale tanto la vida de un no pensó iba el negocio tan adelante, y trata
hombro, qne sólo D ios la puedo dar, y E l solo de rescindir el contrato, vuelve el dinero y co­
es señor absoluto de ella, no es bien que disi­ noce su culpa, y no consiente en la muerte.
mule la injuria que recibe del homicida, que L os sacerdotes y escribas se excusan con J a ­
saca el alma de donde lio la puso, y quita la das, y se la cargan diciendo: Q uid ad nos?
Tifia que no dio, y divide los buenos amigos, T u videris. «Miraras tú lo que hacías, que nos­
alniii y cuerpo que él no juntó. L a república otros libres estábamos de este hecho». Herodes,
también es justo no puso entre renglones tan rey de Galilea, no se quiso empachar en este
insigne maleficio, sino que pues el hombre es negocio y remítelo á Pilatos. Pilatos dice que
miembro y parte suya, la cual injustamente vee 110 halla en él culpa ni causa por que deba mo­
de si apartada, debe mostrar dolor de esta heri­ rir, y así se lava las manos, protestándose ino­
da y hacer sentimiento por tal pérdida, y pro­ cente en este caso. D e suerte que no se halla
curar la venganza y castigo de quien así la las­ quien se conozca por culpado en esta muerte.
timó. Pues para cumplir eon Dios y con las ¿Qué so hará en este negocio? ¿Será boeno
gentes, mandaba el Señor en el Deutcronomio: echarle tierra y pasarlo en silencio? 3STo ge pue­
Quando inveiitimi fu e r it in térra quam D om i­ de eso hacer, porque el muerto era persona do
no» Deus tuus daturas est tibi, hominis cadaver mucha calidad y soberanas prendas, y la justi­
oc.cisi et ignorabitur caláis reus, egredientur ma­ cia de Dios lo ha sacado á la plaza del monte
jares natu et ju d ia s tui et metieutur a. loco ca- Calvario para ver si hay quien lo conozca. Y
daverts singularitm p er circuitnm sp a tiacivita - aunque tiene tantas heridas y llagas que en
t-wm. «Cuando en el campo inore hallado el todo su cuerpo no hay cosa sana, aunque tiene
cuerpo de 1111 hombre muerto, y 110 se supiere perdida toda su antigua hermosura y desfigu­
quie'11 ha sido culpado en su muerte, salgan rado su resplandeciente rostro, aleado con sa­
los ancianos y jueces del pueblo de Israel, y livas, manchado con la sangre, denegrido con
midan la distancia que hay del cuerpo hasta la los cardenales, escarnido con la amarillez y
ciudad más cercana»; y de la que pareciere es­ sombra de la muerte; aunque está en forma y
tar más cerca, salgan los más viejos y tomen traje tan abatido, como estar enclavado en 1111
una vaca nueva no domada, que no sabe de madero, su honestísimo cuerpo descubierto á la
yugo ni de arado, y llévenla á un valle áspero vergüenza en medio de dos famosos ladrones,
y pedregoso, y allí, en presencia de los sacer­ tenido por uno de ellos, blasfemado fie sus ene­
dotes del Señor, ctrdent cem 'cex vitida’ : ((De­ m igos, que por verle en esta figura le descono­
gollarán la becerra)', y sacrificarla han, y des­ cen; y unos dicen que es un malhechor, otros
pués, viniendo donde está el muerto, lavarse que es un alborotador y revolvedor de pueblos;
han las manos y dirán; M anus v-ostrm non efftt- pero no falta quien le conozca y declare el
derunt sangidnem hunc, nec oc. tdt riderunt; p ro- valor de sn persona, porque si los hombres ca­
jiitius esto populo tito Is/a e l qncm redemisti, D o ­ recen del conocimiento que deben, las criaturas
mine, et ne reputes sanguinem inrtocentem. «c3 Tnes- insensibles dan voces y manifiestan la muerte
tras manos 110 vertieron esta sangre. !N"o hici­ de su Señor. E l sol detiene sus rayos dorados,
mos este mal recaudo, ni lo vimos ni consenti­ y se pono un triste, capuz de luto para mos­
mos; habed, Señor, misericordia de vuestro trarse lloroso y dolorido: la luna, escondidos
pueblo que redimiste» y libras tos, y no le im­ sus hermosos cuernos, está teñida de color de
putéis la culpa de este homicidio, ni le car­ sangre; el aire, lleno de horribles tinieblas; la
guéis el castigo ni la pena por él debida». L a tierra se altera con espantosos terremotos; las
razón literal de este precepto (como dice Santo piedras, de dolor se hacen pedaxos. Abrense
Tomás) era porque presumía ser el matador de los sepulcros y salen los muertos á confesar
la ciudad más cercana, y así hacían todas aque­ por Dios al que no conocen los vivos. Y son
llas diligencias, para ver si los ciudadanos sa­ las señas que dan tan bastantes, que algunos
bían algunos indicios por dando se viniese á de los que antes le escarnecían no conociéndo­
descubrir el delincuente. E l día de hoy, cristia­ lo, mirando más en ello, vinieron á caer en la
nos, en la tierra que el Señor nos dio en pose­ cuenta de quién era y se volvieron á la ciudad
sión, que es su Iglesia, ha descubierto la fe un hiriéndose los pechos, en señal do arrepenti­
hombre muerto, y tal muerto, que junto con miento. Y otro testigo que se halló á la última
ser hombre es verdadero Dios. E stá el matador, boqueada, cuando se Je arrancaba el alma, dice
quien quiera que es, oculto; no se sabe quién que le conoció en la voz; porque fue tan pode­
son culpados en su muerte, porque todos nie­ rosa una con que espiró, que convencido, vino
gan y se excusan y salen á fuera. L os judíos á decir: Vere F ilm s D e i erat. Pues siendo esto
dicen que ellos no lo matan, porque las leyes así, ¿cómo puede Dios disimular esta injusta
no se lo permiten: N obis non lieet interjir.ere muerte? ¿Cómo ha de dejar pasar tan grave
quemquam. E i discípulo que lo vepdió dico quo injuria? S i en la muerta de un puro hombre se
412 PR E D IC A D OR E S D E LOS SIGLOS X V I Y XV.U
mira tanto, ¿cuánto se ha cíe mirar la del Hijo descendit de ccelis. Bajó del cielo á ¡a tierra, y
de Dios? Si la vida corruptible del hombre vale se hizo hombre como nosotros, nuestro herma­
tanto, ¿cuánto más vale la vida de Dios? Pues no y nuestro compañero. Pues si la ciudad de
la república de la Iglesia no se debe mostrar los hombres es la más cercana, la ley presume
menos lastimada; porqne si Dios pierde su que de ella salió el matador, dentro de olla es­
Hijo, ella pierde su esposo y su cabeza. Ip se est tán los culpados. Y no es vana, sino con mucho
caput corporis Ecclesim , E l muerto es cabeza del fundamento sn presunción, porque os hago
cuerpo místico de la Iglesia. Luego el cuerpo saber que por cosas que sucedieron y palabras
no está ajeno del mal de ¡a cabeza, y la Iglesia que se hablaron antes y después de la muerte,
debe hacer sentimiento de su daño y tener por resulta pública infamia y rumor contra los pe­
propio su dolor. ¿Pues qué se ha de hacer? cadores. Violenta sospecha hay contra ellos;
H ágase pesquisa de los culpados y averigüese hállause expresos grandes indicios de que ellos
quién es el matador. E grediantu r majares natu le mataron, y solos ellos son culpados en su
etju d ices tui. Salgan los ancianos y jueces del muerte. Dicen que de muy atrás traían con él
pueblo, y midan la distancia que hay del muer­ grandes enemistades y competencias, y que no
to á la más cercana ciudad. L o s ancianos son faltó quien ¡es oyó concertarse de mancomún
los patriarcas y profetas del Testamento viejo; para quitarle la vida. Dixerunt im pii cogitantes
los jaeces son los apóstoles del nuevo. Vos apud se non rede. Palabras son que se las oye­
sedi ju s ti judices, les canta la Iglesia. Cuya ron tratar á los malos; consulta fue y conjura­
sentencia, dada en la tierra, es de tanta firmeza ción que entre sí hicieron: Circunreniam us jun-
que se acepta en el cielo; y enya autoridad es tum quoniam in u tilis est nobis et contrarias est
tan grande, qne en el juicio universal del mun­ operibus nostris et improperat nobis peccata legis
do han de estar sentados en doce sillas como et diffam at in nos peccata d iscip lin a nostrue.
asesores y acompañados del supremo juez. L as Prom ittit se scientiam D e i habere.et F iliitm D ei
ciudades qae hay que medir 110 son más de se nominat (S ap ., 2). «Cerquemos al justo, co­
tres: cielo, tierra, infierno. Ahora, pues, veamos jámosle en medio, no se nos vaya; saquémosle
cuál está más cerca del muerto, ¿Será por ven­ del mundo, porqne para nosotros es inútil y
tura el infierno? Eso no; porque uno do los an­ desaprovechado. Esperábamosle rico, viene po­
cianos, llamado A braham , quiso medir esta bre; esperábamosle rey, viene vasallo. Quería-
distancia,' y echando la cuerda desde el limbo mosle á nuestro talle y condición, y es del
halló que citaos magnum firmatwn est ínter «os todo contrarío á nuestras obras. Danos en
et vos. Que había una tiramira tan grande que rostro eon nuestros pecados, saca á plaza
110 se podía acabar de pasar. Y con todo eso aún nuestras m aldades, descubre el engaño de
no llegaba con muchas leguas al lugar donde nuestras hipocresías; dice que sabe las cosas
está el muerto. Pues la ciudad del cielo tampoco como Dios, y llámase verdadero Hijo suyo».
es la más cercana, porque entonces todos sus Marte turpíssim a condemnemus eum: « E a, qui­
vecinos eran ángeles, Y uno de los jueces, quo témosle la vida, démosle una muerte afrentosí­
es San Pablo, dice que ellos 110 son los más sima y dolorosísima». Y como lo dijeron, así
cercanos al muerto. N usquam enim angelas se entiende lo- pusieron por obra. Y al mismo
apprekendit, sed semen Abrahm apprehendit: muerto, antes que muriese, le oyeron tratar del
«No está tan junto con los ángeles, no se acercó odio que esta mala gente le tenía, y temerse y
tanto á su ciudad como á la de ¡os hombres». recelarse de ellos como de enemigos. S a p e e.v-
Resta, pues, quo la ciudad de la tierra es la pugnaverunt me a juventute mea, dicat nunc,
más cercana, y sus vecinos, que son ¡os hom­ Isra e l. A l Redentor del mundo, que es ol ver­
bres, son los que más cerca están en la o b liga­ dadero Israel, qne desde ol instante de su con­
ción á Dios. Y en esto se conforman los viejos cepción vio á Dios, á ese le oyó David en es­
y los .jueces que lo midieron. Porque Moisés píritu decir que desde su niñez y juventud le
dice: N o n est a lia natío tam granáis qua> ha- habían perseguido los pecadores, siempre an­
beat Deus appropinquantes sibi sicut adest no­ daban á malas con él. E teniin non potuerunt
bis D m s noster. «No hay tierra n¡ ciudad que miM. Porque nunca pudieron acabar con E l
esté tan cerca de sus dioses como lo está de que disimulase y consintiese sus maldades. Y
nosotros nuestro Dios». Y otro anciano profe­ al fin pasó la enemistad tan adelante que, m -
ta dice: P o s t hcec in terris visus est et cum homi- p ra dorsum meum ja bricam run t ptec,catares; pro -
nibus conversatus est. Que le vieran al muerto longaverunt iniquitatem s-uam. Qtio le vino ¡i
avecindarse en la ciudad de la tierra y tratar caer á cuestas; sobre sus espaldas fabricáron­
y conversar con los otros ciudadanos como uno los pecadores; allí descargaron su mortal furia,
de ellos. Y finalmente, todos los jueces convie­ dándole cinco mil y tantos azotes; cargáronle
nen que está tan cerca de los hombres que con una cruz pesadísima en que había de mo­
propter nos homines et propter nostram salutem rir. Sobre aquel cuerpo bellísimo edificaron te­
P. FE. AL O N SO D E C AB R E R A 418
rribles máquinas de tormentos nunca vistos. lem, tierra áspera y tan pedregosa, que no se
Los pecadores Jo hicieron: ellos son culpados, contentó con apedrear los profetas, sino que
ellos los atrevidos, ellos los malhechores. A s í también pretendió apedrear al Señor de los
lo dijo también otro viejo honrado, Isaías: profetas, y al fin le dio cruda muerte. Tierra
Omnes nos quasi oves errai’tmus; nnusquisque es áspera, subida en un monte a lt o ; pero las
in irain suam declinavit; et posuit in eo Dom i­ estaciones que nosotros habernos de andar son
nus iniquitates omnium nosti'um. «Descarriados las que anduvo el inocentísimo Cordero para
andábamos todos como ovejas erradas, cada ser por nosotros .sacrificado. Vam os siguiendo
uno tiró por su vereda». Nosotros comimos la los pasos desde Bethania al Cenáculo, del C e­
manzana y E l padece la dentera. Nosotros náculo al huerto, del huerto á casa de A n á s,
hicimos la culpa y E l lleva la pena. Nosotros de A n ás á Caitas, de Caifás á Pilatos, do P i­
gustamos el deleite y E l experimenta el dolor, latos á Herodes, de Herodes á Pilatos, de P i­
¿Vuestras espaldas, Dios mío, cargadas de mis latos al Calvario, del Calvario á la Cruz, de la
pecados? V eis ahí la fábrica de los pecadores Cruz al sepulcro, ¡Oh qné tierra tan áspera y
sobre las espaldas del Redentor. S i ajjiget pedregosa! ¡Oh qué pasos tan tristes! ¡ Qué es­
homo Deum. quia vos canftgitisme? Habla Dios á taciones tan lastimeras I A q u í se ha de sacrificar
los pecadores. ¿Quién dijera tal que el hombre nuestra voluntad, aquí degollar la cerviz de la
había de crucificar á Dios, y vosotros me cruci­ soberbia, aquí ablandar su dureza y derretirse,
ficáis á mi y me enclaváis? Mis maldades os aunque sea más que de piedra. A quí, finalmen­
apremiaron, buen Jesús; mis iniquidades os te, rendirse del todo á la obediencia de Dios.
molieron vuestros delicadísimos hombros; mis Y tras esto venient ad interfectum , lavabuntqiw
delitos os quitaron la vida. Y a tenemos al mal­ man-us suas super vittdam. V en ir al muerto, y
hechor. N o podéis negar, pecadores, quo con­ conocer el mal qne hicimos, y lavarnos con
vencidos estáis todos cuantos aquí estáis, que aguas de lágrimas, llorando la muerte de nues­
os convencéis por pecadores, os conocéis tam- tro Redentor, Quien no trae aparejadas las lá­
bien por matadores de Cristo. Todos sois cul­ grimas para llorar este muerto, no oiga el ser­
pados en su muerte, todos disteis á ella bastan­ món de la Pasión. N o es mortuorio este que
te causa. Cuando le viéredes vender como á un se puede celebrar sin amargo llanto. Muere el
vil esclavo por treinta dineros, entended que patriarca Jacob, y llórale todo E gipto setenta
vos sois el Judas. Cuando le viéredes preso y dias, y al hacer de las obsequias, p la n ctu magno
maniatado como ladrón, entended que vos sois atque vekementi impleverunt septem dies. Tanto,
el cohorte. Cuando amarrado á una columna y que aquel lugar se le quedó por nombre P la n c -
cruelmente azotado, creed que sois el verdugo. tus A egypti. ¿Cuánta mayor razón será que nos­
Cuando abofeteado, escupido, creed que sois otros, en estos siete días de la Semana Santa,
fariseo. Cuando mofado y escarnecido, teneos lloremos la muerte del Patriarca de los pa­
por Iíerodes. Cuando sentenciado á muerte, triarcas y Profeta sobre todos los profetas con
entended que sois Pilatos. Cuando enclavado tan vehemente llanto, con tan crecido alarido,
en un madero, teneos por sayón. Cuando alan­ con tan íntimo sentimiento, que se le quede á
ceado después de muerto, entended que sois este santo templo por nombre el llanto, no de
Longinos. Finalmente, de todos los dolores, E gipto, sino de la Iglesia en la muerte de su
heridas, lástimas, tristezas, tormentos y muer­ querido esposo? ¿Cuánto es más lo que le debe
te del Salvador, á vos solo y á vuestros peca­ la Iglesia á Cristo que le debía á Jacob E g ip ­
dos echad la culpa; porque si ellos no estuvie­ to? Pues si aquellos bárbaros se muestran tan
ran de por medio; ni J udas pudiera venderle, agradecidos en este sentimiento, ¿por qué no
ni los cohortes aprisionarle, ni los judíos escu­ lo tendremos nosotros mayor en la muerte de
pirle, ni Herodes escarnecerle, ni Pilatos sen­ nuestro Dios? Oye David las nuevas de la
tenciarle, ni los verdugos quitarle la vida. muerte del rey Saúl y de los fuertes de Israel,
¿Pues qué remedio á lo hecho? Salgan los y díceles: FiU m Isra el, s uper S a ú l fl.ete; qui res-
viejos y sacerdotes de esta ciudad y lleven tiebat vos caccino in deliciis, qxd prccbebat orna­
una ternera cerril por lugares ásperos á sacri­ menta aurea cultui vestro. «Hijas de Israel,
ficarla, A eso nos habernos aquí juntado, cris­ llorad sobre el rey Saúl, derramad lágrimas por
tianos, los predicadores y sacerdotes; á llenar su muerte, que os vestía de grana y carmesí en
nuestra voluntad cerrera, indómita, que no ha vuestras fiestas y regocijos, y os daba joyeles
sujetado la cerviz al yugo suave de Cristo. L a de oro para vuestro atavio». ¡Con cuánta ma­
que hasta aquí ha sido tan brava y sacudida, yor rfwon os podré yo pedir estas lágrimas, al­
que ha rompido las coyundas de las leyes, y mas cristianas? H ijas de Israel, llorad y hágan-'
sacudido de si el yugo de la cruz de la peni­ se vuestros ojos fuentes, no sobre el rey Saúl,
tencia y mortificación. A sáculo confregisti j u - sino sobre el R ey del cielo, Jesucristo, injus­
gvm. (Jercm,, 2). A ésta llevárnosla á Jerusa­ tamente muerto por los pecadores, que os vestía
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y viste, no de sedas ni escarlatas, sino de la tad indómita por las asperezas que D ios pasó,
ropa rozagante do la caridad, que cubre la des­ el primer paso que habernos de dar es desde
nudez del pecado, de aquella telilla finísima Bethania al Cenáculo, porque allí eo casa de la
de la gracia, que es nn pedazo y participación de Magdalena se entiende piadosamente haber el
la pieza de la Divinidad. Que para vuestro or­ Señor despedídose de su madre sacratísima el
namento y atavio os da galas y joyeles de oro, jueves después de comer para irse á morir á
dones y virtudes del Espíritu Santo quo ador­ Jerusalem. Cosa es muy puesta en razón y muy
nan y hermosean el alma. L os zarcillos de la digna de predicar al pueblo cristiano, entender
fe, las arras de la esperanza, el collar de la ca­ que 110 dejaría el Señor de dar cuenta á su ma­
ridad, el anillo de la lealtad, las ajorcas do las dre bendita muy en particular de su pasión y
demás virtudes. Y sobre todo, el agua de su muerte, y de despedirse de ella al tiempo que se
costado y el resplandor de sn sangre. Llorad, partió á padecer. Porque si guarda el Señor á
pues, sobre el buen Jesús que os da tales ade­ sus siervos tanto respeto que, como dice Am os:
rezos y atavíos ; condoleos de su pena, com­ 1V011 ja cietD o m in u s D eus verbum, nini rerelave-
padeceos de su pasión, pero mirad quo las lá­ ril secretum suum ad servas suos prophetas; «No
grimas lian de caer sobre la ternera muerta. liará el Señor cosa alguna sin dar primero par­
Lcwabunt manus suas super vitidam. L as ma­ te de sus secretos á los profetas sns siervos»;
nos son las obras y los pecados. Porque da tal pues si tan llanamente descubre sn pecho á los
suerte habernos de llorar la muerte de Cristo, siervos, y parece que se muestra corrido Elíseo,
que con esas mismas lágrimas lloremos junta­ porque se detuvo el Señor en revelarle la muer­
mente nuestros pecados que fueran la causa de te del hijo de su huéspeda, cuánto mejor á los
ella. A s í nos lo manda el mismo Señor. F ilitr amigos! Y a no os llamaré siervos, sino amigos,
Ilierusálem , nolite jlere mpe.r me, sed super vos dijo ol Salvador á sus discípulos, pues os he
ipsas flete. N o prohíbe el llanto por su muerte, descubierto todos los misterios y secretos que
que es obra de caridad y de compasión y de mi Padre me encargó os revelase. Y en razón
grandísimo merecimiento, sino que qnierc que de esto, muchas veces les declaró el misterio de
entiendan cuál es causa de ella, que son nues­ su muerte y de su Pasión con todas sns cir­
tros pecados, y qne les lloremos y gimamos, cunstancias. ¿Pues cómo se puede dudar deja­
que nos pese dé haberle ofendido, que nos se de dar parte á sn madre del secreto que ha­
duela el haberle muerto, que lloremos por haber bía revelado á los siervos? ¿Qué criatura hay
pecado, y hacie'ndolo así, pidamos perdón al ni puede haber tan amada del hijo como su ca­
Padre Eterno, á quien con verdad podemos rísima madre? ¿Qué cosa hubo en el pecho de
decir: M anus nostrw non effuderutit sanguinem Cristo encubierta para su madro de las que
Aunc, nec oculi viderunt. Señor, nosotros no convenía ser declaradas? Y pues ésta lo había
derramamos esta sangre, ni consentimos en de ser, 110 era justo la supiese ella de otra boca
esta muerte, porque aunque es verdad que que de la de su hijo. Estando, pues, en el C e­
como pecadores le matamos, pero ya justifica­ náculo donde se celebraron los misterios de la
dos con su muerte y lavados con su sangre y cena, ó según otros dicen, comiendo el Señor
nuestras lágrimas, ya somos libre de esa culpa. en Bethania el Jueves Santo en casa de las dos
Vivo autem, ja m n o n ego, vivit vero in mí C kris- hermanas M arta y María, miraba el hijo á la
tus. Somos ya otros hombres nuevos, renova­ madre que estaba con él á la mesa, y acordán­
dos con la penitencia. Y por eso podemos con dose del cuchillo de dolor que otro día habla de
verdad d ecir: M anu s nostrm non ejjudermit atravesar su piadoso corazón, olvidábase de co­
sanguinem hunc. Sednos, Señor, favorable y mer y arrasados los dulcísimos ojos de agua, ha­
propicio y usad de benignidad y clemencia con blaba con ellos lo que callaba la lengua, y en lu­
este pueblo por vuestra sangre redimido. Y no gar de palabras, da lágrimas y suspiros. L lo ­
caiga sobre nosotros la pena que merece el de­ raban juntamente los discípulos, certificados ya
rramamiento de esta sangre, como cayó sobre que la muerte de su maestro había de ser otro
los malvados judíos que ia pidieron, San gu is día, porque tan claro como esto se lo había di­
ejus super nos et super jilio s nostros : «Venga cho el miércoles antes: S c itis quia post bidu-um
sobre nosotros y sobre nuestros hijos la pena y Pascha, fiet et fd ius hominis tradetur in manus
castigo de esta sangre». A llá so lo hayan con peccatorum. Mensajeros eran estos que solicita­
su demanda. Nosotros pedimos el fruto y me­ ban el corazón de la V irgen. Nuevas le trae­
recimiento de esta mísina sangre. rían que seacercaba ya la muerto detodo su bien;
la cual, como estaba llena de Espíritu Santo,
CON SI D K K A C I Ó N P R IM E R A
entendía no se podía ya tardar. Y no pudiendo
sufrir tan recia experiencia de amor, postrada
Supuesto que para quedar sin culpa de esta ante los pies de su hijo acnantísimo, le suplica
muerte somos obligados á llevar nuestra volun­ le declare la causa de sus lágrimas y cuál es el
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clin señalado de su pasión. Y no pudiendo el patriarca Abraham, cuando le manda Dios so-
Señor dejar de condescender á sn petición, re­ crificar á au hijo; lastimado lleva el corazón con
traídos ambos á un secreto aposento, le dijo; el amor del hijo, enternecido con el afecto pa­
dMftdre dulcísima, vuestra humildad me Y un ci ó ternal. Pero obedeciendo al Señor, rendido á su
á venir'del cielo á la tierra, y vuestras lágrimas voluntad va á cumplir el riguroso mandamien­
me obligan á cumplir á costa de entrambos to, E l Padre Eterno te pide, Señora, que le sa­
vuestra demanda. Llegado es, madre santísi­ crifiques tu hijo. Bien creo yo (y así lo dice San
ma, el tiempo de mi dolorosa Pasión; ya ha ve­ Anselm o) que si como á Abraham te mandara
nido la hora del Padre determinada para, la re­ ser la ejecutora del sacrificio, no te faltara cari­
dención del mundo; cumplir se tienen en mi to­ dad para hacerlo, aunque con horrible y mortal
das las profecías que, vos sabéis están, escritas. dolor; pero ya que eso no convino, á lo menos
Y esto hijo vuestro, que vos concebísteis do E s ­ do tu parte le ofrecistés al Padre para remedio
píritu Santo, será entregado esta noche en ma­ del género humano, y te conformaste con su
nos de sus enemigos. Tan cortos como éstos son divina voluntad y aceptaste la sentencia dada
los plazas quo me otorga la divina justicia. eon acto de caridad y obediencia, sin compara­
Mañana seré escarnecido, abo Toteada, escupido, ción más heroico que el de Abraham . Pero no
y cruelmente anotado, y al fin puesto en una obstante eso, como madre que amas con entra­
cruz. E stos cabellos que aquí veis serán mu­ ñable amor á tu hijo, 110 pudiste oir estas nue­
chas veces sogas, y yo por ellos arrastrado y vas sin gravísimo dolor ni hacer esta resigna-
traído de juez en juez. Sobre ellos será puesta ción sin mortal tristeza. ¡Oh lastimada Señora,
la real corona de penetrantes espinas, que hie­ esfuérceos Dios, aparejad ánimo, que se está
ran y traspasen mi cabeza, renovando sus dolo­ afilando el cuchillo que Simeón desenvainó,
res cotí ios golpes de la caña que por cetro me traspasador de vuestra alma! ¡Oh cuánto os
darán. E l rostro, que es espejo de vuestro con­ fuera menos penoso morir una vez que sufrir
suelo, lo veréis tan desfigurado, que á duras tantas muertes! Y lo más trabajoso es que aún
penas le conoceréis. E l cuerpo qne en vuestras estáis al principio, y el hijo os pide licencia para
virginales entrañas formó el Espíritu Santo lo irlo á comenzar. Hincan el uno y el otro la ro­
veréis arado y rompido con llagas, ronchas, dilla en tierra, échanse los brazos al cuello, ma­
cardenales, verdugos; esmaltado eon su sangre nan fuentes de lágrimas de sus ojos, lastiman
p cárdena, ya viva, roja y colorada, ya un poco las entrañas de la madre los suspiros del hijo
más denegrida. Seré despojado de la túnica in­ y las del hijo los gemidos y sollozos de la ma­
consútil que por vuestras manos labrastes. y dre. A l fin, le dijo la madre: «¡Oh espejo de mi
sobre ella echarán suerte !os sayones. E u lugar amia en quien siempre me suelo mirar, pues os
de la dulce ¡eche que mamó de vuestros pechos, vais á morir y yo quedo cual veis, dadme si­
seré cou hiel y vinagre abrevado. E n lugar de quiera vuestra última bendición, con que me
vuestros cánticos, oiré injuriosas blasfemias. sustente y pueda haceros compañía en este
Finalmente, madre mía, allí me veréis morir trance!» Bendijo el manso Cordero á aquella
atravesado en una cruz, sin me poder remediar. inocentísima oveja como hijo de Dios y de ella,
Eli vuestros brazos u.ie veréis después de muer­ y ella á E l como su verdadera madre. Y párte­
to, y en valde buscaréis cu mi cuerpo cosa sana, se el Salvador como á las cinco de la tardo de
porqne no la hallaréis. Esforzaos, ma'ire bendi­ Bethania para Jerusalem. ¡Oh paso áspero!
ta, que esta es la voluntad del Padre Eterno, ¡Oh estación dolorosa! ¡Oh despedida triste!
mi muerte y vuestra angustia no so escusa; go­ que ve la madre salir por la puerta á su hijo y
zaos ahora conmigo, que ésta será la postrera sabe que va á morir, y que no le ha de tornar á
plática en carne mortal-?. ¡Oh nueva! ¡Oh emba­ ver. Lloremos, cristianos, con laV irgen . E nter­
jada lastimera! ¡O h palabras agudas quo ras­ nézcase el corazón y ablándese nuestra volun­
gáis el corazón virginal! ¡O h oídos sagrados tad.
que tal pudistes oir! ¡O h soberana Señora, co­
tejad esta nueva con la que os trajo el ángel CONSIDERACIÓN SE G U N D A
ahora treinta y tres años, y templad el agro de
ésta con la dulzura de aquélla! Guardaos, Se­ De Bethania vino el Señor á Jerusalem,
ñora, guardaos para mañana, qne tiempo os donde tuvo la misteriosa cena con sns discípu­
queda para angustiaros y doleros, cuando veáia los, esforzándolos con su sagrado cuerpo y san­
cumplido por obra lo que me habéis oído de pa­ gre para el trabajo venidero. L a cual acabada
labra. ¡Oh corazón piadosísimo, y cómo te veo y juntamente aquel regalado y soberano sermón,
fuertemente apremiado con la obediencia dol va de noche cerrada salió de la ciudad y pasó el
Padre y ol amor del Hijo! Luchando están arroyo Cedrón, para ir á hacer oración al huer­
dentro en tu divino pecho estos dos afectos, y to de Gethsemaui, que estaba al pie del Monte
cada uno sale con lo que pretende. A q u í reo al Olívete. Este es el segundo paso por donde ha-
PR E D IC A D OR E S D E LO S SIGLOS X Y I Y X Y I I
bemos de traer nuestra voluntad. A q u í reo al así en la prosperidad como en la adversidad y
buen D avid salir de Jerusalem huyendo de su trabajos; y cuando con el ímpetu del dolor no
hijo Absalón, que contra él se había rebelado, lo pueden refrenar, retíranse y la demostración
que le pretenda quitar la vida, y pasa David que hacen como hombres procuran tenerla á
rodeado de sus siervos el arroyo de los Cedros solas, ó con sus muy privados y amigos. Asi,
á pie y descalzo. N u d i?p ed ib u s inr.idtns et oper- aunque Cristo nuestro Señor no era inferior á
to capite, sedet omnis populus qui erat cían eo las pasiones y dolor, porqne en su mano las te­
operto capite ascendebat ploran s. ¡Olí alma, nía y conforme á ]a razón y voluntad superior
contempla en esta hora el verdadero David, se gobernaban; pero cuando quiso, conforme á
Cristo nuestro bien, de noche oscura salir de esa misma razón, mostrar que era verdadero
Jerusalem (pueblo rebelde que contra su natu­ hombre, y comenzó la parte sensitiva, regida y
ral Señor había conjurado) no huyendo de su movida por la intelectual, á entristecerse y
hijo Absalón, sino yéndose al lugar oportuno mostrar mudanza en Jo exterior, y hacer su ope­
donde le pudiese hallar el desleal discípulo que le ración natural como verdadero hombre, no qui­
buscaba para ponerle en manos de sus enemi­ so estuviesen presentes todos los apóstoles sinn
gos! E l cual justamente es figurado por el trai­ solos los tres más privados y familiares que le
dor Absalón, pues le imitó en la traición; por­ habían visto glorioso y transfigurado, para que
que si aquél se conjuró contra su padre, éste diesen testimonio de ambas cosas: allí, cono­
contra su padre y maestro. A s í como aquel mu­ ciendo que era verdadero Dios, y aquí, experi­
rió colgado de una encina, asi éste murió ahor­ mentando que era verdadero hombre. Y porqne
cado. A pie va el piadoso rey y descalzo llo­ entendiese que no eran menos los trabajos in­
rando de sus ojos,' y la cabeza cubierta en teriores de su ánima que los que por de fuera
señal de tristeza, cercado no de legiones de se comenzaba á descubrir, di joles aquellas tan
gente dé guerra que le defiendan, sino de once dolorosas palabras: T ristis est anima mea usque
medrosos discípulos que le lian de dejar, los ad mortem; «Triste está mi ánima hasta la
cuales le acompañan llorando con gran senti­ muerte», llena está de tristeza mortal, bastan­
miento. Mas |oh buen Jesús! aunque la ida te á causar la muerte. K o hay lengua humana
es tan triste, mucho más lo será la vuelta; por­ que pueda explicar la grandeza de esta tristeza,
que al fin aliora vais suelto y después tornaréis porqne fue la mayor que hombre jamás tuvo ni
preso y maniatado. A hora vais acatado de los puede tener, por haber querido el Señor (como
vuestros, después volveréis maltratado de los dicen comúnmente los santos) padecer sin nin­
ajenos. Ahora os van oyendo vuestros amigos, gún género de alivio ni consuelo que en algu­
después volveréis oyendo denuestos de vuestros na manera pudiese m itigar su tristeza. Hablan­
enemigos. Yaislos vos edificando ahora con do Santo Tomás de los remedios de la tristeza,
vuestra dotriua, mas á la vaelta serán escan­ dice que se puede mitigar, ó con el doleite de la
dalizados con vuestra prisión. ¡O h celestial y contemplación de la verdad con que el hombre
segundo A d án, cómo llenáis la redención orde­ se divierte de su tristeza, ó con la compasión de
nada segúu el desorden d éla caída, respondien­ los amigos, que parece que os ayudan á llevar
do la pena á la culpa! E n huerto perdimos la carga de vuestra pona. Y porque la carga
nuestra libertad y en huerto nos la restituís repartida suele ser menos penosa, por eso sue­
con la pérdida de la vuestra. E n huerto enfer­ le ser gran alivio á los tristes tener compañeros
mó el mundo y en huerto comienza la cura; de su miseria y ver que los aman tanto quo los
porque donde se hizo el daño comience el re­ ayudan á llevar su trabajo, teniéndolo por pro­
medio, y donde A dán fue ligado sea por vues­ pio. También las lágrimas suelen ser descanso
tra prisión absuelto. Llegado que fue al huerto de los afligidos, por ser conformes á la disposi­
con sus once discípulos, apartó tres de ellos los ción en que están, y porque el dolor que está
más amados, San Pedro, Santiago y San Juan. en el pecho encerrado parece que se distila p o l­
Y diciendo á los otros que allí le esperasen los ojos como pordos alquitaras, y con esta exhala­
mientras iba á hacer oración, se fue con los tres ción se menoscaba; y finalmente, el sueño sue­
que habían sido testigos poco antes do sn glo­ le reformar el daño que la demasiada tristeza
riosa transfiguración, para que ellos mismos ha cansado. Pero el Redentor del mundo, que
viesen cuán diferente figura tomaba ahora por se había determinado de beber por amor nues­
amor de los hombres el que tan glorioso se les tro puro el cáliz de la pasión, sin mezcla de
había mostrado en aquella visión. Y estando ningún alivio y consuelo, de ninguna cosa de
allí, cjEpit contristan et mwstus esse: «Comen­ éstas se aprovechó para remedio de sn tristeza.
zó á entristecerse, demudarse y tener pavor». 2ío del deleite de la contemplación, porque aun­
E s costumbre de ■ los grandes señores, de los que es verdad que su alma santísima, desde el
príncipes y personas de grande valor y sér instante de su concepción estaba en 1a supre­
tener siempre el rostro sereno, de un semblante ma cumbre de la contemplación (como aquélla
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que gozaba de D ios claramente visto por esen­ grasamente el V erbo no la sustentara, reservan­
cia con el más alto y eminente grado de gloria do la vida para los tormentos que restaban.
q u e ninguna criatura tiene ni puede tener), pero Sentido literal es y verdad que se saca de las
no quiso que de aquel inmenso deleite se deri­ mismas palabras: T ristis est anima mea usque
vase una gota siquiera á la parte sensitiva, sino ad mortem. Tristeza tengo de muerte. L a tris­
por especial milagro la represó y detuvo eu la teza que mi corazón posee es bastante á quitar­
parte superior del entendimiento y la voluntad me la vida. Y aunque de esta mortal tristeza
para padecer tanta amargura y dolor. De suer­ dan los santos muchas causas, yo diré solas dos
te que, así como en la región del aire distingui­ que nos moverán á más compasión y amor del
mos dos partes, una suprema, jauto al elemen­ Salvador. L a primera y principal causa de esta
to del fuego, donde hay perpetua tranquilidad y agonía y dolor de Cristo fueron nuestros innu-
110 llegan estas peregrinas impresiones, y otra ■merables y gravísimos pecados, nuestra obsti­
inferior, que confina con la tierra y el agua, nada malicia y bestial ingratitud: ellos le afli­
donde se congelan las nubes, que está sujet» á gieron y pusieron en las puertas lie la muerte.
tempestades, truenos, relámpagos, lluvias y Cosa cierta es (do que la experiencia ha dado
vientos, y ni la tempestad de ésta impide á la testimonio) que si D ios con una nueva luz die­
serenidad de la otra ni al contrario, así habe­ se á entender á un pecador la malicia de un pe­
rnos de entender quo en el alma de Cristo la cado, la injuria que lince á la infinita majestad
parte superior que estaba junto á Dios y lo go­ y el cruel daño de su alma, de puro dolor y
zaba estaba serena, tranquila y quieta con la arrepentimiento se le rompería el corazón y
gloria de la bienaventuranza; pero en lo infe- perdería la vida. Y así cuenta San Juan C h­
hur, que es el apetito sensitivo y la razón infe­ inaco de un monje que, habiendo incurrido en
rior que tocaba á la tierra, allí eran los nublados un pecado, lo descubrió á su prelado, y le pidió
de las tristezas, los truenos de los temores, las le dejase ir á hacer penitencia á la cárcel de los
tempestades y lluvias de los dolores, fatigas y penitentes; y como el padre no se la quisiese
penalidades; queriendo el Señor, por aquel sin­ dar, porque su culpa era digna de misericordia,
gular milagro, que en su alma santísima habió­ echóse á sus pies, y regándoselos conabnndancia
se juntamente sumo gozo y suma tristeza, se­ de lágrimas, acabó con él que la clemencia del
gún diversas partes, y aun en la misma volun­ médico se convirtiese en rigor, y dale licencia,
tad, según diversas consideraciones, y que ni el y vase á la cárcel y hácese compañero de los
deleite Lie la una mitigase la tristeza de la otra, otros penitentes, y herido gravemente en el co-
ni, al contrario, la tristeza de la una turbase el ¡ razón con el cuchillo del dolor, el cual había
gozo de la otra. Pues amigos que lo consolasen ! afilado el amor de Dios, tan grande pena reci­
tampoco los tuvo; E t sustinvit qui sim ul con- bió por haberle ofendido, que ocho días después
tristaretur et non f n t , consoinute.m me qu-msivi que allí estuvo rindió el espíritu al Señor. Y
et non im eni. «Esperé quien me tuviese com­ reveló Dios á otro religioso que antes que se
pañía en mi tristeza, y no lo hube; busque quien ; levantara de los pies del prelado, cuando le pi­
me consolase en su compasión, y 110 lo hallé». dió licencia para irse á la cárcel, ya el Señor le
Porque dando parte de su pena á sus discípu­ liabía perdonado su pecado. De otro pecador se
los y pidiéndoles su compañía, les dijo: S u s ti- cuenta en la vida de San Vicente Ferrer, que
lute hic et v ig ila tc mecum, «Esperadme aquí y en cierta parte de Francia se vino un hombre á
velad conmigo». ¡Oh riqueza del cielo! ¡Oh confesar con el mismo santo de 1111 gran peea-
bienaventuranza cumplida! ¿Quién te puso, S e­ ! do de incesto. Y como el santo le dijese que
ñor, en tal estrecho? ¿Quién te echó per puer­ hiciese penitencia siete años, y que Dios le per­
tas ajenas? ¿Quién te hizo mendigo de tus mis­ donaría, estaba el pobre hombre tan contrito,
mas criaturas, sino el amor de enriquecerlas? que le pareció ia penitencia pequeña, y así le
Pero ellos lo hicieron tan bien, que vencklos de dijo: ¡ Ohpadre! ¿y pensáis que me podré salvar?
un pesado sueño, ni aun una hora te hicieron E l santo le respondió, vista su contrición: Si,
compañía. Pues el alivio de las lágrimas tampo­ hijo. A yuna solamente tres días á pan y agua.
co le tuvo por entonces, porque el temor vehe­ ¡ Lloraba el pecador amargamente su culpa,
mentísimo de la parte sensitiva endurecía el vieudo la grande misericordia de Dios, y dceía:
pocho y detenía los espíritus vitales, para que Padre, ¿es posible que un maldito como yo al­
no hubiese descanso de lágrimas, sino en su lu­ cance perdón de Dios con tan ligera penitencia?
gar padeció aquel horrible sudor de sangre. Si, hijo, dijo el santo, aunque no digas sino tres
Pues el sueño no tenía allí lugar, donde tanto veces el P a te r noster. E n aquel punto fue tan­
cuidado habia de la continua oración. V eis aquí to el dolor que tomó de su culpa, que diciendo
cómo la tristeza de Cristo fue pura, sin mezcla el Pa ter nosier murió allí á sus pies. Y la no­
Lie consuelo, y tau grande y excesiva, que sola che siguiente lo apareció, diciendo que estaba
«lia fue bastante para arrancar el alma, si mila- en el cielo y que no había pasado por el purga­
PlBÍIC. DI 105 8HJIOE X V I I X V II.— 27
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torio. D e esta manera se duelen del pecado es sin pecado! ¡Que el goao del cielo padecen
aquellos á quien D ios abre los ojos para que tristezas de muerte! ¡ Y lo que nosotros pesa­
vean su. fealdad. Pues como el H ijo de D íqs se mos con los deleites ilícitos, lo pague él con
hubiese por su inmensa caridad encargado de acerbísimos dolores! L a otra cansa de esta tris­
todos los pecados dol mundo, y en especial de teza íue la representación de todos sus tormen­
los predestinados para satisfacer al Padre por tos, afrentas, dolores y muerte que habia do
ellos, era razón que hiciese penitencia de ellos, padecer, los cuales pcrfectísimamente aprehen­
y se doliese y angustiase por ellos como si él dió con su imaginación nobilísima, como si los
los hubiera cometido. Porque ésta es la princi­ tuviera presentes. Y aunque con la voluntad
pal satisfacción que Dios pide por la culpa, racional y deliberada, de muy buena gana los
S a crijíd u m Deo spiritus contribulatus; corcon- aceptó para la gloria del Padre y amor de los
tritum et liumiliatum , D eu s , non despides. Y hombres, pero el apetito sensitivo y la misma
para esto puso ante sus ojos todas las maldades, voluntad con nn impulso y movimiento natural
traiciones y blasfemias do todos los hombres; y se espantó terriblemente de los cruelísimos mar­
de todas recibió tan gran dolor cuan grande era tirios que vio aparejados para el más doliendo
su caridad y el celo de la honra de su Padre. de los cuerpos, y naturalmente los rehuyó como
Por donde, así como no se puede estimar este es natural á cualquier hombre, so pena de no
celó y amor, así tampoco este dolor. D e esta serlo, amar naturalmente su vida y aborrecer
contricióu habla el Profeta Isaías cuando dice: ]a muerte. Tembló toda la parte inferior, y co­
Vere langores nostros ipse tulit, et dolores nos- menzó á agonizar y sentir mortal angustia con
tros ipse portavit. Attritv.s est proper ¡¡celera la imagen de la muerte. Y viéndose en tul
nostra et Dom inus voluit conterere eum, <£V erda­ aprieto, recurrió al remedio de la oración.
deramente él tomó sobre si nuestras enferme­
dades y se encargó de nuestros dolores. E l se C O N S ID E RA C IÓ N" T E R C E R A
dolió do nuestros pecados. E l túvola contrición
de nuestras maldades; su corazón se deshizo de E t p r o d d it in fa d e m suam. Postróse en el
dolor de nuestras ofensas». Pues si los hombres suelo, su rostro cosido con la tierra, como hom­
quo 110 llegan, ni pueden llegar á conocer la. bre sentenciado á muerte, que veía delante de
malicia de la culpa, y la injuria de la divina si desenvainada la espada de la divina justicia.
majestad vienen á morir de tristeza, ¿cuál se­ Postróse en tierra como aquel siervo qne debía
ría la del Salvador, qne sólo conoce la dignidad diez mil talentos pedía que le aguardasen. Te­
de su Padre y la. abominable malicia del peca­ nía A sn cargo todas las deudas del mundo, pol­
do? "No hay duda sino que era bastante á qui­ las cuales se habia obligado á pagar; Immíiksi:
tarle muchas vidas. Si el profeta David, viendo ai Padre á pedirle misericordia. Postróse en
las injurias de los hombres contra Dios, decía: tierra á hacer oración como si no fuera Dios
V id i praivariccmtes et tabescebam, quia eloquia igual como el Padre; como si fuera algún mal­
tua non custodierunt: «Que se deshacía y mar­ hechor, indigno que el Padre le oyera; como si
chitaba viendo á los q ueb rantad les de la ley de fuera uu publicauo quo 110 osaba levantar los
Dios», ¿qué haría aquel que tanta mayor caridad ojos al cielo, ¡Oh dichosa tierra, mírate bien
tenía que D avid y tanto mayores males veía que tienes sobro ti aquel rostro bellísimo, in
que él, pues tenía ante sí todos los pecados de quem dedderant avgeli prospicere! E l espejo de
los siglos pasados, presentes y venideros? L e y los bienaventurados, el rostro del que es es­
era y costumbre muy guardada entre los judíos pejo sin mancilla de la caridad del Padre y
en oyendo alguna blasfemia ó injuria de Dios rayo de su resplandor. D ad paz, Señor, á la
nuestro Señor romper en señal de dolor sus tierra con vuestra hermosa boca, que así lo can­
vestiduras, para mostrar con aquel hecho el celo taron los ángeles en vuestro nacimiento. Ben­
que tenían de la honra de su Dios. Pues si esto decid, Señor, la tierra con el toque de vuestro
hacían aquellos fingidos hipócritas, ¿qué haría el rostro, á la cual maldíjistes por el pecado con
H ijo de Dios, que dice de si: Z e lu s domus tuw vuestra palabra. Comenzad, Señor, á dar besos
comedit me? ¿Qué dolor sentiría de ver las inju­ á la tierra, pues ha de ser el ara y el cáliz y la
rias y desprecios de aquella soberana M agdale­ patena quo ha de recibir vuestro sagrado cuer­
na? Verdaderamente.no rompió sus vestiduras po y sangre preciosa que dél ha de salir esta
en señal de dolor, sino aquella sagrada vesti­ noche. Consagradla, Señor, para que, bendita,
menta de su carne santísima que vio Isaías reciba tanta santificación. P r o d d it in juciem
manchada con su sangre, que se rompió por suam et fa ctu s in a g o n ía p ro lixiu s orabat. Pos­
muchas partes, por las cuales manó aquel es, trado, hace oración al Padre por tres veces,
pantoso sudor de sangre, ¡Oh inefable bondad alargando la oración, y repitiéndola con extra­
de Cristo Jesús! ¡Oh amor incomprensible! ña fuerza y agonía: P a te r , si vis transfer caü-
¡Que se cargue de vuestros pecados el que solo cem istum a me. No es petición de la voluntad
P. FR. A L O N SO DE C A B R E R A 419
deliberada, sino que aboga condicionalmente resplandeciente como en la transfiguración,
por la parte inferior. Propone el natural deseo sino todo manchado de sangre! ¡Oh; divina
de vivir, y el n atu ral aborrecimiento de la sangre, cuántos querubines andarían cogién­
muerte; pero está tan sujeto á la razón (la cual dola por tierra! ¡Oh, sangre, quién os viera de­
estaba conforme á la voluntad del Padre) quo rramada eineo mil años ha! ¿Q ué dieran por
añade: Verumtamen , non mea voluntas, sed este sudor los patriarcas y los profetas? ¡Oh,
tua fíat. N o se haga lo que pide el natural rey David! ¿Quién entrara por vuestro real
deseo, sino lo que quiere la razón rendida á la palacio con estas nuevas en el fervor de la
divina voluntad. ;Oh, buen Jesús, y cómo su­ fiesta, cuando vos decíades: S itiv it anima mea
jetando vos este afecto natural que vos desper- ad Deum fontem vivum, Quando i-eniam etajipa-
instes en vos mismo sanáis el nuestro desor­ rebo ante fctciem D ei? ¿Quién os dijera enton­
denado, que nos aparta de la virtud y amor de ces: Albricias, David, que fa ctu s est sudor ejus
Dios! V uestra voluntad sujeta á Dios sana la sicut gutta> sanguinis decurrentis in terram? Y a
nuestra rebelde, y vuestra concupiscible rendi­ mana la fuente, ya corren los veneros, ya suda
da á la razón (aunque haciendo su oficio natu­ sangre vuestro D ios. ¡Qué priesa se diera el
ral) es medicina para sanar la nuestra, qne buen D avid á venir cantando por el camino:
siente demasiadamente los trabajos y dolores, Quemadmodum desiderat cervus adfontes aqua-
y se aparta de lo bueno por no sufrirlos, Pero rum , ita desiderat anima mea ad te, D eus!
no se hizo esto sino con tanta costa de aquella Y en entrando en el huerto, ¡cómo abriera
sagrada humanidad, que en este doloroso con­ aquellas labios desequidos y lamiera aquella
flicto fue su alma en tanta manera angustiada, sangre! ¡Bien seáis venida, fuente de agúas
y sns sentidos y carne delicadísima tan turba­ vivas! ¡Qué de años ha que os espero! ¡Y a q u e os
dos, que todas las fuerzas y elementos de su he hallado, bien puedo beber y matar la sed!
cuerpo se destemplaron, y la carne benditísima ¡ Oh, Magdalena, y que lance has perdido en no
so abrió por todas partes, y dio lugar á la san­ te hallar aquí en esta sazón! ¡Qué bien vinieran
gre que manase por toda ella con tanta abun­ allí tus destrenzados cabellos, no ya para lim­
dancia que corriese hasta la tierra. piar sus píes, sino para toalla del hermosísimo
rostro, y para coger en ellos aquel sanguíneo
CO N SID E RAC IÓ N CUARTA
sudor que se derramaba por tierra! ¡Cuán á
tu salvo le pudieras allí servir! No estaba allí
E t factu s est sudor ejus sicut g ut Si? sangui- el fariseo que te juzgase, ni Judas que se in­
nis decurrentis in terram. ¡Oh, Redentor mío! dignase de tu servicio, ni tu hermana que te
tQué afición es esa tan grande? ¿Qué mal de reprehendiese, ni los apóstoles que te estorba­
muerte tan terrible que causa estos trasudores ran, quo todos dormían; solo está, y no le acom­
sangrientos? ¡Oh, manso cordero! ; Y cómo en pañan sino oscuridad y tristezas y angustias
la entrada do vuestra pasión se trasluce su do­ de muerte; y aun no tiene un paño con que se
loroso fin y. salida? Porque si tanto espanta la limpiar el sudor. ¡ Oh qne color hubieran saca­
sombra, ¿qué hará la verdad? Si sólo pintada do de allí tus cabellos, enrubiároslos con aquella
basta á causar la muerte, ¿qué hará en efecto lejía rosada de la sangre preciosa, colada por
padecida? ¡Ob, amor, fuego de alquitrán que la ceniza de aquella carne divina, con que que­
ardes en las aguas de nuestros pecados, que daran tan hermosos que tuviera envidia de
cuanto en mayor número se representan tanto ellos el sol! ¡Olí, Reina del cielo! ¡Oh castísi­
con mayor fuerza te enciendes! i Oh, caridad ma esposa, que tanto deseábades salir á los
excesiva! ¡Oh, sangre deseosa de verterte por huertos para coger mirra; salid a éste y hallarlo
nuestro remedio, pues no sufres la tardanza de heis lleno de matas de mirra, donde podréis
las verdugos, y les ganas por la mano, siendo hacer muchos manojos y ramilletes. Mas, ay,
por amor primero que por violencia vertida! que muy amarga será para vos, Señora, esta
¡Oh, Salvador mío, y cuán costoso es mi res­ mirra; venid presto, madre bendita, socorred á
cate ! ¡ Oh, mi verdadero A dán, echado del pa­ vuestro hijo querido en esta mortal angustia;
raíso por mis pecados, que con sudores de san­ limpiadle el sudor, aunque sea con vuestras
gre de vuestro rostro ganáis el pan eon qne me tocas; porque si ahora que está solo no venís,
habéis de mantener! Bogad, Rendentor mío, después no os darán ese lugar. Finalmente, pe­
ahora la tierra con vuestra sangre, quo antes cadores, que estáis mordidos de víboras ponzo­
de muchas horas os la harán barrer vuestros ñosas de pecados, veis aquí la atriaca que sola
enemigos con vuestro sacratísimo cuerpo. ¡Oh, tiene fuerza contra ese veneno; heridos, llaga­
Adán, que estuvistes en el otro huerto del pa­ dos, almas enfermas, veis'aquí el precioso bál­
raíso, ven á este huerto y verás el costo de tu samo y saludable medicina que os puede dar
manzana! ¡Oh, Moisés, que tanto deseabas ver entera salud; pecadores, si no os acabáis de
el rostro de tu D ios, llégate acá y verle has no persuadir que habéis sido los matadores de
420 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
Cristo, venid á este huerto y miradle cuál está divina. L a paz da la boca cou la enemistad del
tendido en el suelo, pegado sn rostro eon la corazón. A l comprador dol mundo eon el ven­
tierra, desamparado del Padre, cercado de tris­ dedor, que eres tú. Dime, desatinado y cruel
tezas de muerte, afligido con nuestros pecados, mercader, ¿por qué precio vendiste al creador
espantados de su tormentos, su cuerpo destem­ del mundo? ¿A tu maestro, de quien tantas
plado, todos sus miembros hechos fuentes do mercedes liabíns recibido? ¿Por treinta dineros’
sangre, y niirá que de todo eso son causa ¡Oh qué bajo precio es ese para tan gran señor!
vuestros pecados; porque ahora 510 le azotan P or más subido precio se vende un esclavo fu­
los verdugos, 110 le coronan los soldados, no gitivo y ladrón. Ño te tiene él á ti en tan poto
son los clavos ni las espinas los que ahora le como eso. Tú vendes á tu Dios por treinta di­
bacen salir la sangre, sino tus pecados. Estos neros, y él te compra, no con oro, ni eon plata,
son las espinas que lo punzan, esos los verdu­ sino con su preciosísima sangre. ¡Oh estima
gos que le atormentan, esa la carga tan pesa­ del hombre y desestima de Dios! Sacáraslo á
da que le hace sudar ese sudor. Trae, pues, la la plaza si tanta sed tenías de dinero, y mandá­
ternera á este valle áspero y pedregoso; venga roslo pregonar: Quien quisiere comprar un es­
la voluntad indómita á esta doiorosa estación, clavo, blanco, gentil hombre, ladino, con infi­
y sacrificadla aquí ni Señor; enseñadla á rendir­ nitas gracias, tan hernioso y alindado, que
se á la voluntad de Dios, á imitación de Cristo, speciosus forma, pra' filiis hominum. (cHermoHo
y lavaos con agua de lágrimas; porque si en de rostro sobre todos los hijos de los hombres»,
este paso no os compadecéis del Señor, y sí v hi gracia y donaire está vertida en sns labios.
cuando E l suda sangre de todo su cuerpo vos Tan excelente oficial y tan primo, quifabrícalas
no vertéis lágrimas de vuestros ojos, pensad est auroram etsulem <1Que con sólo una palabra
que tenéis corazón de piedra y que se 03 ha [orinó el sol y hizo el alba dol día», y fabricó la
de imputar la sangro de Cristo. Inna y estrellas sin otra herramienta que un
Jiat, y sin otros materiales que la nada. Tan
CO N SID E RAC IÓ N QUINTA
famoso contador, qui numeral multitvdinfm
stellarum el ómnibus ejus nomina vocat. «Qne
E l tercer paso por donde habernos de llevar cuenta la inmensa muchedumbre de las estre­
á la voluntad es desde el huerto á Jerusalem, llas y á cada una conoce por su propio nombre".
y á casa de A n ás. Porque acabada la oración, Tan gran letrado, in quo s-utit omnes tltesanri
dicen los evangelistas que se fue el Señor don­ sapientio; et scientim D ei absconditi. «Que en su
de estaban sus discípulos, y despertando á los cabeza está todo el seso de Dios, y en su po­
tres primeros, y después á los ocho, díjoles: cho so encierran todos los tesoros de su ciencia
Levantad, discípulos, que ya es llegada la hora y sabiduría». Tan escogido médico, que solo ser­
de mi pasión. Estando diciendo esto llegó mone restaurat universa . Tan bien acondiciona-'
aquel escuadrón del infierno de gente armada do, que es manso y humilde de corazón. Tau
eon lanzas y espadas, hachas, linternas y sogas gran trabajador, que en su vida no supo des­
para prender al Redentor. V enia Judas por cansar, Tan fiel, que nec inventiis est dolus in­
adalid y capitán de este ejército, caído ya como ore ejus, «En su boca jamás se halló fraude ni
otro LuciEer del más alto estado do la Iglesia mentira alguna». U n esclavo, que es la riqueza
en el más profundo abismo de maldad, qne era del cielo, la imagen del Padre eterno, la espe­
ser el primer conjurado en la muerte de Cristo, ranza de los patriarcas, la fe de los profetas,
Y habíales dado el traidor señal diciendo: la fortaleza de los apóstoles, la constancia de
A quien quiera que yo besare, ese es, tenedlo los mártires, el ejemplo y gloria de los confe­
fuertemente y llevadlo con cautela, no se os sores, la corona de las vírgenes y la redención
vaya de entre 3as manos como otras veces lo d élos hombres. U n esclavo á quien sirven los
ha hecho, Y asi llegó aquella fiera bestia, ángeles, y temen Jos demonios, y el mar obe­
aquel falso amigo á dar paz á su Maestro; dece, y los vientos están sujetos; cuya grande­
como el traidor de Joab con beso de paz dio za no tiene fin, y cuyo imperio no se ha de aca­
la muerte á Am asa, valeroso capitán. ¡ Oh bar. Pregonaras traidor estas gracias y exce­
maldito Judas! ¿qué has hecho? ¡Oh infernal lencias y no lo dieras por tan bajo precio. Y si
boca! ¿cómo osastes tocar en la cara de Dios? por ser sus gracias inestimables no se atreviera
¡Oh lobo carnicero! ¿eómo aplicastes tu boca nadie á comprarlo, ya que te determinabas ven­
sangrienta 4 la del cordero mansísimo, en quien der á tu Dios, vendiérasselo á su madre, qne
no se halló engaño ni fraude? ¡Oh mal monaci­ si por su pobreza no pudiera comprarlo, con
llo, que en oficio de muerto y misa de requiem lágrimas de sus ojos le comprara, ó á lo menos
das paz haciendo muy cruda guerra! ¡Oh mal se vendiera á sí por rescatarlo á él, que es li­
aventurado que tales extremos juntastes, el bertad de los hombres. ¡Oh Princesa del ciclo
besar con el matar! Tu boca de infierno con la y Reina de los ángeles, entended en aquella
P. FE. AL O N SO D E C A B R E R A 421
venta, com prada vuestro hijo; sacadle, Señora, chanzas.» Porque no me prendieron en el tem­
por ol tanto, si os le quieren dar. Pero creo plo y públicamente donde los enseñaba, ni en
que es excusado vuestro deseo, porque el trai­ el día de la fiesta, porque el pueblo no me libra­
dor de Judas 110 quiere vender vuestro lrijo se, sino con traición de mi discípulo de noche
sino á sus mortales enemigos, quo le preten­ y á salas en el huerto. Pero todo eso no basta­
den beber la sangre, y con esa dañada inten­ ra., sino que 110 hubo quien me favoreciese, por­
ción le lia dado J'also beso de paz, diciendo: que el Padre eterno me desamparó. Y o no me
Ave, Rabbi. A ceptó el Señor este cruel beso por quiso valer de la potencia de mi divinidad, ni
quebrantar siquiera con la dulzura de su man­ rogar al Padre me diese legiones de ángeles
sedumbre la dureza de aquel rebelde corazón; que me defendiesen; mis discípulos huyeron y
y sabiondo que venía aquel traidor á hacerle me dejaron solo y así prevalecieron mis enemi­
guerra, le recibe de p nz y le llama amigo. gos contra mí. Q uasi rupto muro. De la suerte
quo los codiciosos soldados arremeten al asalto
C O N S I DE R A C I ÓN SEXTA cuando ven abiertas las puertas de la ciudad,
entran de rondón á saquearla, así arremetieron
Amice, ad quid Tenista ¿Qué ánimo, aunque contra mí mis enemigos, viendo derribado el
estuviera más duro que uu peñasco, no se ablan­ muro de la protección de mi Padre que me am­
dara con tal palabra? ¿O qué corazón de bronce paraba, y hallado abierta la puerta de su per­
ó diamante no se deshiciera? Am igo llama al misión: ad meas miserias devohiti sunt. E n solo
que desea beberle ¡a sangre. Todo esto para de esto entendieron de darme dolores y hacerme
su parte hacer todo lü que podía ablandar la miserable. ¿Mas quie'n podrá encarecer cuántas
pertinacia de aquel malvado corazón, y asi le fueron estas miserias? ¿Cuán grandes estos do­
recuerda la amistad pasada, llamándole amigo lores y tormentos de esta primera arremetida?
y le pone delante su traición presente diciendo: Porque si la crueldad de estos perros rabio­
Judas, ¿besando vendes al hijo del hombre? sos era tan excesiva que no se hartó con su
Mas para mostrar Cristo cuán do buena gana muerto y con su sangre, sino que con sns len­
se ofrecía á la muerte, y cuán iYunl cosa le era guas le crucificaban blasfemándole, y aun des­
librarse de todos ellos si quisiera, con una sola pués de muerto no le perdonaron, ¿cómo es de
palabra derribó de espacias en tierra toda aque­ creer le tratarían estando vivo? Si en el fin de
lla canalla. Y después, dándoles licencia para su vida con tantos ensayos y géneros de tor­
que se levantasen, mandóles que no llegasen á mentos no pudieron hartar su saña ni satisfacer
ninguno de sus discípulos; y así lo cumplieron á su ferocidad, ¿qué sería en el primer ímpetu
ma! que les pesó, que no tuvieron poder para cuando la ira estaba más encendida? ¿Cómo
les dañar. Y tras esto mostró su misericordia, liarían presa en aquella mansa oveja aquellos
sanando la oreja de Maleo, que San Pedro había lobos Carniceros, ensangrentando en ella sus
corlado, y mandando al discípulo que no se pu­ agudos dientes? ¿Cómo ejecutarían allí aquellos
siese en defensa. Pero aquellos ánimos feroces, odios envejecidos, aquellas iras guardadas?
no espantados de su poder, ni convencidos do ¿Cómo vomitarían todo el veneno y ponzoña de
su benignidad, instigados del demonio (á quien pestilenciales rencores que contra él tenían con­
eu aquella hora ee le dio poder de lo alto para cebidos? ¿Cómo se alegrarían viéndolo en su po­
que mostrase su furia y rabia en aquella huma­ der? Aperaerunt super te os saam omnes inim ici
nidad inocentísima), arremetieron á echarle tía'; sibilaverunt et freim ierunt dentibus et di-.re-
mano. E sto se colige de aquellas palabras de runt: devarabimits. E n , ista est dies quam expe-
Cristo que dijo á los judíos que lo vinieron á ctarimus vnvenimus, vidim us. «Abrieron sobre ti
prender; el poder del demonio, que es principe ¡oh manso cordero! sus horribles bocas aquellos
de las tinieblas. De suerte que así como el san­ crueles leones tus enemigos, silbaron y regaña­
to Job, por divina permisión, t'uc entregado en ron sus dientes contra ti y dijeron: Tragarc-
poder de Satanás, para que le luciese todo el , mos. E ste es el día qne esperárnoslo, hallárnos­
mal que quisiese, eon tanto que 110 le tocase en lo, vítaoslo:». Y como cosa tan deseada no se tie­
la vida, así fue dado poder á los príncipes de ne por bueno el que no encarna en él sus uñas.
Ins tinieblas, sin excepción de vida ni de muer­ Unos le dan de empellones, otros de golpes y
te, para que por medio de sus ministros y de coces, otros toman aquellas manos podero­
miembros ejecutasen eu Cristo todos los tor­ sas, obradoras do tantos milagros, qne hartaron
mentos 3' crueldades que quisiesen. Y así dice cinco mil hombres con cinco panes, eon su tac­
de si el santo Job en persona de Cristo: In s i- to sanaron tantas enfermedades, y átanlas con
diati sunt inim ici, et prtr.ralv.erurit; et non fu it unos lazos corredizos y tiran de ellas hasta. de­
qui ferret auxilium . Q uasi rapto muro el aperta sollarle las muñecas y hacerle reventar la san­
janua irruenm t ¡super me et ad meas miserias gre. Unos le arrancaban los cabellos; otros le
dtvoluti nunt. «Pusiéronme luis enemigos ase­ mesaban las barbas; otros le escupían y apuñea­
422 PR E D IC A D O R E S D E LOS SIGLOS X Y I Y X Y I I
ban; otros, indignados porque les habia derri- sienten mucho cualquiera que se les escape, y
bado en el suelo, le derribaban á él y le molían le andan á buscar. Pero en esto se mostró la
y pateaban. ¡ Olí pecadores, compadeceos en esto virtud do Cristo, que eon una sola palabra los
paso de vuestro Redentor, condoleos de su tra­ guardó todos. Diríale el inicuo viejo con sober­
bajo, mirad que vuestros pecados le entregan á bia: D i, embaidor y engañador de gentes, ¿qui!
tan crueles enemigos! Mirad que vosotros sois conventículo es este de discípulos que traca ?
el Judas, que 110 por treinta dineros, sino por ¿Qué dotrina nueva es esta que enseñas? ¿Con
nn cuarto, por un vil interés y deleite le habéis qué autoridad predicas nueva ley, é introduces
vendido. Vosotros habéis sido la causa de esta nuevas ceremonias del bautismo, causando tan­
dolorosa prisión. A sí lo dice el profeta Jere­ to alboroto en el pueblo? E l Redentor del mun­
mías: S p iritu s oris nosíri, Christus Dominus , do á la pregunta de los discípulos calló, porque
captas est in peccatis nostris. E l espíritu de no había de decir bien de ellos entonces, sino
nuestra boca, el anhélito con que respiramos en todos oran dignos de reprehensión. Uno k
todas nuestras angustias, I n quo vivim us , mo­ había vendido; los otros, huido y desamparado.
vemos et svm uíj toda nuestra vida y nuestro Calla el Señor sus faltas, y encúbrelas con el
bien fue preso por nuestros pecados. Y pues velo del silencio, como los pintores suelen con
ellos son la causa, justo es le acompañemos en sombras y oscuros encubrir lo que no es bien
esta procesión que hace desde el huerto á casa que se vea, Y danos en esto ejemplo de callar
■de A n ás. V aya la voluntad, qne el camino es las faltas, y no hablar mal de los ausentes.
áspero y cuesta arriba, y al Señor no le dan Pero de la dotrina, como era tan irreprehensi­
vagar los que lo llevan. ¡O h buen Jesús, ena­ ble, más clara que la luz del medio dia, res­
morado de los hombres! ¿qué mauez'a de cami­ ponde mansamente: Y o he hablado claramente
nar es ésta? ¿E l paso tan corrido, el huelgo al mundo; he enseñado, no por rincones, 111 di-
apresurado, la color demudada, el rostro encen­ noche, si no en las Sinagogas, delante de Dios y
dido y sonrosado con la prisa que os dan, cer­ de todo el mundo ;’’ en el templo, en las pliwas,
cado de enemigos y desamparado de todos en los montes; pregúntalo á los que me lian
vuestros amigos? ¡Oh qué diferente procesión oído, que ellos darán testimonio de lo que les
es ésta, Dios mío, de aquella que hicistes seis he enseñado. E n respuesta de estas corteses
días ha! Entonces entrastes caballero en una palabras uno de aquellos porquerones que allí
asnilla, fuistes recibido 0011 ramos y palmas, los asistían, queriendo hacer lisonja al pontífice y
niños os cantaban cantares de alabanza; ahora á todos los circunstantes, alzó la mano (qne
vais los pies descalzos, desollados y sangrien­ por ventura estaba arm ada),y coneuanta film a
tos, las rodillas llagadas de las caídas, las manos pudo dio una tan cruel bofetada al Señor, que,
hinchadas de los cordeles, acompañado de cor­ según dice San Vicente, le derribó en ei suelo,
chetes y porquerones, con vcces de enemigos bañándole (según se puede pensar) todos ios
que piden vuestra muerte. Y con este estruen­ dientes en sangre, y dejándola señalad» en
do llega el Salvador á Jerusalem, A llí viérades aquella sagrada mejilla. San Juan Crisóstomo
el bullicio de la gente asomarse á las puertas y dice que era éste Maleo, á quien Cristo había
á las ventanas con lumbres. Unos se dolerían sanado la oreja cuando San Pedro se la cortó.
de él, otros dirían qué, ¿en esto lia parado la do- Cielo, ¿cómo no te caes? Tierra, ¿cómo 110 te
trina de éste y su predicación? Sin 'duda debía estremeces? A ngeles, ¿cómo 110 os pasmáis
ser algún burlador. Otros se adelantarían á vietldo tal paciencia en el Señor y tal atrevi­
gana i- .las albricias diciendo que ya venía el miento en un esclavo? ¡Oh universidad do to­
malhechor preso y á buen recaudo como él me­ das las criaturas! ¿cómo no os armáis para ha­
recía. Y así llegó el Salvador á casa de A n ás, cer venganza de Ja injuria de vuestro Criador?
qútí era suegro de Caifas, pontífice do aquel año, E l fuego abrasó á Choré y á su gente, y los
el oua! lo estaba esperando con otros machos tragó la tierra, porque se rebelaban contra Moi­
escribas y' fariseos, sés, Y ¡a mar ahogó la gente de Faraón por­
que perseguían al pueblo de Dios. E l aire, in­
CON SI D E R A C I Ó N SÉPTIM A ficionado con peste, ha vengado las injurias de
Dios, E l cielo muchas veces con tempestades
Puesto eri su presencia comienza el mal juez y rayos y malos temjjorales. LTn ángel m ato
á hacer su interrogatorio para sustanciar el una noche ciento ochenta y cinco mil hombres
proceso, y antes que examinase testigos ni le por una blasfemia, ¿Cómo ahora pasáis por tan
tomasen juramento, preglintanle, por yía de grave injuria como se hace contra vuestro cria­
simple inquisición, de sus discípulos y doctri­ dos? ¡Oh malaventurada mano que tal has pa­
na. Debía de estar el traidor muy sentido de rado el rostro ante cuyo acatamiento so arrodi­
que se hubiesen escapado los discípulos, como lla el ciclo, ante cuya majestad tiemblan los
cuando-van 4 coger una cuadrilla de ladrones, serafines y toda la naturaleza criada! ¿Qué viste.
P. FR. A L O N SO DE C A B R E R A 423
en él, por qué asi borrastes la figura de aquel do, pues hablaba tan pacíficamente, y por vol­
que as traslado de la gloria del Padre, y. asi ver por su dotrina que tocaba á la gloria de su
afeaste y avergonzaste al más hermoso, de los Padre. Y para mostrarnos que suframos con
hijos de los hombres? Y vos, Señor, ¿por qué paciencia las-injurias, pero no por eso callemos
permitís tan gran menosprecio de vuestra ma­ lo que es necesario para la corrección de los
jestad? Por haber extendido Jeroboán la mano que nos persiguen. Porque con esta palabra
para mandar prender á un profeta vuestro, ai blandamente corrigió al mal ministro que lo
punto se le.socó la mano y no la piído retirar; hizo y al mal juez quo lo consintió. Y con ella
así, pues, ¿cómo 110 se seca ó se le arranca a! también reprehende al mal cristiano,.que cono­
que ha herido tan enormemente al Señor dé los ciéndole por verdadero Dios no cesa de abofe­
profetas? A Oza, porque tocó eon su mano el tearle con sns pecados. C ur me coidis? ¿Por
arca del Señor que se iba á caer y la tuvo, 'r a ­ qué me hieres, hechura mía? Hombre redimido
tas est indignatione Dom inus contra Qzam et con mi sangre, ¿por qué me hieres no perdo-.
pe-rcussit eum super temeritate; /¡vi mortuus est liando la injuria, habiéndola yo perdonado?
ihi ju x ta arc.am D ei. «Airóse el Señor c<¡n ¿Por qué me hieres buscando satisfación y
gran indignación contra Oza, y por esta teme­ venganza, pues yo no la busqué de mis agra­
ridad y atrevimiento le hirió en el mismo pun­ vios? ¿Por qué dices palabras injuriosas, ha­
to, y cayó muerto en aquel lugar iunto al arca biéndolas yo dicho mansas? ¿Por qné añades
del Señor». ¿Pues cómo 110 le acontece lo mis­ pecados á pecados en retorno de tantos bene­
mo á este descomunal ahorcadlo, que con tan ficios?
sacrilega temeridad puso ia mano en el figura­
do por el arca, no para tenerlo, sino para derri­ C O N S ID E R A C IÓ N O C TA V A
barlo en el suelo? ¡Oh paciencia maravillosa del
Salvador! ¡ Oh santísimo Miélicas, qne por Acabado esto auto, mandó A n a s llevar á
haber dicho la verdad, qne descontentó al mal Cristo á casa de su yerno Caifás, que era sumo
rey, sois herido en vuestro divino rostro! ;Oh sacerdote, en cuya casa se había, juntado todo
Señor, y cómo se cumple en vos lo que mucho el concilio de los ancianos, con gran banquete y
antes tenía de vos profetizado Jeremías: D abit regocijo, para tratar la muerte del Salvador.
pere.utienti. se m axillam : saturabifur opprohiie, Pusieron al Señor en medio de estos toros
«Dará de buena gana sus graciosas mejillas á agarrochados, llenos de ira y furor, y todos le
los que le quisieren herir en ellas, y será harto miraron con sañudo semblante, diciéndole pa­
de vituperios é injurias». (iraudo hambre tenéis, labras mayores. ¡Oh manso cordero y cómo es­
Señor, de padecer por los hombres afrentas, y táis solo entre tantos lobos tan hambrientos y
grande sed de tormentos y dolores; pues la deseosos de vuestra sangre! Cumplida veo la
mesa tenéis puesta donde estos crueles minis­ profecía de D avid: Circum dedenint me vit-uli
tros os daráu abasto. Aunque según vuestra m ulti , tauri pingues obsederunt me: apemerunt
caridad es grande, al fin saldréis con un sitio, Hit-per me os sutm sicut leo rapten s et rugiens.
sed tengo de más dolores, como si no hubiése- «Cercado me han muchos becerros y novi­
des comido ni bebido nada. Compadeceos, cris­ llos, toros ferocísimos me hau rodeado; sus
tianos, en este paso del buen Jesús; miradle bocas abrieron para despedazarme como leones
corrido y afrentado dolante de tanta gente, y bramadores que van á hacer presas. Comien­
sus enemigos riendo y mofando de él; mirad zan á buscar testigos contra Cristo para hacer
aquella profana y sucia mano señalada en el la información, y dice San Marcos que no los
resplandeciente rostro de vuestro Dios: que hallaban, porque los falsos testigos que atesti­
pues San Juan hace mención tan particular de guaban 110 conformaban en cosa que decían.
esta bofetada, y ol Señor, aunque mansamente ¡Mirad cuál andaba la justicial Primero le
respondió al que lo había herido, sin duda fue prendieron quo lo hiciesen el proceso ni hubie­
de las mayores injurias que en ol discurso de se bastante información, sin saber por qué le
sti pasión recibió. E l que se la dio era un vil prendían, y ahora la hacen con testigos falsos.
sayón; la bofetada fue crudelísima. Diósela en A l fin el pontífice Caifás, viendo que no le po­
juicio delante de mucha gente contra todo de- día convencer, determínase de tomarle jura­
rucho y razón. Fue golpe en el rostro, que es mento, no para creer lo que dijese, sino para
la más venerable parte del cuerpo humano, y tomar ocasión de su respuesta para condenar­
estando Cristo atado y desfavorecido, y con te­ lo.)) Y o te conjuro por Dios vivo que nos digas
ner tantas circunstancias responde el manso Cor­ si eres Cristo, H ijo de D ios. «El Señor, por la
dero: S i male, iocutus sum, testimonium pe.rhibe reverencia del nombre santo de su Padro, res­
de malo-, si autem be.ne, cur me ctudis? Mirad qué pondió abiertamente la verdad, diciendo: «Tu
respuesta de tanta mansedumbre. Respondió dices verdad, que yo soy H ijo de Dios. Y os
para mostrar que no tenía el corazón indigna­ doy mi fe, que habéis de ver al hijo del liorn-
PR ED IC AD OR ES D E LOS SIGLOS X V I Y X V I I
bre, que ahora está tan abatido, sentado á la gasen sus martilladas aquellos crueles herreros»
diestra de la virtud de Dios, que viene en las ¡Oh mortales! ; Olí gente empedernida! ¿Cómo
nubes dol cielo á juzgar ol mundo». Entonces 110 te humillas cou este ejemplo, tierra y ceni­
el mal sacerdote rasgó sus vestiduras contra el za? ¿Cómo ha quedado en el mundo rastro de
precepto de la ley (mostrando no sólo cuán in­ soberbia después de tan gran ejemplo de humil­
digno era de aquel oficio, sino cuán cerca esta­ dad? Dios calla escupido y abofeteado. Los án­
ba de ser abrogado aquel viejo sacerdocio), y geles y todas las criaturas tienen las manos
le condonó por blasfemo; y todos los demás por quedas viendo así maltratar á su Criador, y tú,
digno de muerte. Y como estaban tan sentidos vil gusanillo, trastornas el mundo sobre nn
de E l por las reprehensiones que les daba en punto de honra, humo, aire, viento, viendo til
sus sermones, volviéronse contra el como pe-’ cabeza y R ey de tal manera tratado. Que ya
rros rabiosos, y allí descargaron sobre E l toda no es deshonra una mala palabra, la injuria, el
sn ira y rabias; allí todos, á porfía, le dan de bofetón; pues todo está bendito, honrado y pre­
bofetadas y pescozones. A llí escupen con su? cioso en el sagrado cuerpo y rostro de Cristo,
infernales bocas on aquel divino rostro. A llí le No baya de hoy más quien se vengue; 110 haya
cubren los ojos con un paño, y dándole palma­ quien 110 se humille hasta el polvo de la tierra.
das y torniscones juegan, con E l, diciendo: Cesen nuestras locuras y pundonores, si 110
A divin a quién te dio. ¡O h hermosura de los queremos hacer burla de las afrentas de Cristo.
ángeles! ¿rostro era ese para escupir en e'1? Dice
San Jerónimo quo solía tanto resplandor de C O N SID E R A C IÓ N N O V E N A
los ojos de Cristo, que mirándole 110 le podían
ejecutar en él su furia, y por eso so los taparon. A l tiempo que Cristo estaba en este conflicto
Conforma esto con lo que se cuenta en el li­ acrecentóle sus dolores la negación de San Pe­
bro 4 de las revelaciones de Santa Brígida, ca­ dro, quo habiéndole negado una vez en casa do
pítulo 70 , «Que era Cristo nuestro bien tan her­ A n ás, le volvió á negar otras dos veces en casa
moso de rostro y tan amable, quo ninguno había de Caifas, hasta echar juramentos y maldicio­
tan lleno de tristeza, que si era justo, en sólo nes sobro sí, diciendo que 110 era su discípulo
mirarle no recibiese consolación espiritual, y si ni le conocía. ¡Oh, Pedro, mirad que respondéis
pecador, por aquel tiempo que le miraba se le más de lo que os preguntan! lío os preguntan
quitaba toda la tristeza y congoja del corazón, sino si sois su discípulo, y vos decís más, que
y recibía notable alivio en los trabajos; tanto, 110 le conocéis. ¡Oh, Pedro, qué tan mal hom­
que era común dicho entre ellos, cuando algu­ bre es éste que allí está, que tenéis por gran
nos se veían afligidos, para aliviarse de la tris­ vergüenza haberlo conocido! Mirad que eso es
teza y fatiga tomar por remedio ir á verle; y condenarlo vos primero que los pontífices, pues
así decían: Vam os á ver el hijo de María». Pues dais á entender en eso que él es persona tal quo
este rostro bellísimo, que os el consuelo y des­ vos os despreciáis de conocerle. V eis aqui, cris­
canso de los afligidos, por quien suspiraban los tianos, la flaqueza humana confiada de sí, y
antepasados; aquel rostro de quien decía D a ­ desamparada de Dios en qué para. V eis ahí
vid: Oetende faciem tuam e ísa lv i erhmis. irMue's- qué hace la compañía, San Pedro confesó á
tranos, mi Dios, tu cara llena de todas las gra­ Cristo en compañía de los discípulos y le negó
cias, el rostro alindado del hermosísimo A b sa­ en compañía de los soldados. A l fin puso ol
lón, en quien 110 había mancha ni falta alguna; Señor los ojos en Pedro, ora fuesen los corpo­
por cuyos amores se pierde la esposa y so ga­ rales, si estaba en parte que lo pudiese mirar, ó
nan las almas», ese es eclipsado con una nube como dice San A gu stín , hízole volver sobre si
de hediondas salivas, oscurecido con trapo su­ con una inspiración secreta, y luego cae Pedro
cio, arañado con las uñas de aquellos crueles en la cuenta, K t egresmis fo ra s ffei'it amare.
tigres, abofeteado, escupido, remesado, que no Salióse fuera, porque para hacer penitencia ver­
quedó on él rastro de su antigua hermosura. dadera es menester dejar las ocasiones de los
Todo esto tenía profetizado Isaías cu persona pecados, y, como dice San Marcos, ca p il flert:
del Salvador: Corpus meum dedi percutientibus «Entonces comenzó el llanto, y toda la vida lo
et genas ir.eas vellentibus; faciem meam. non prosiguió». Pues, como dice San Clemente en
arerti ab increpantibus et conspuentilms in me. su Itinerario: «De allí adelante todos los días
P o su i faciem meam ut p&iram duriesimam. «Mi de su vida se levantaba al canto del gallo á llo­
cuerpo ternísimo y delicado ofeecí á los que le rar, y eran tantas sus lágrimas quo habían hecho
herían y golpeaban, y mis mejillas hermosas á canales y regueros en sus mejillas». Aprenda­
los que las pelaban y carnían. íTo aparté mi mos de aquí á humillarnos y á no confiar en
rostro de los que, diciéndome blasfemias, le es­ nosotros mismos. Aprendamos á huir las oca­
cupían y abofeteaban. Puse roí rostro como una siones y llorar nuestros pecados amare. Y si
piedra durísima, como un yunque donde descar­ nos faltan estas lágrimas y sentimientos, pida­
P. FR. A L O N S O DE C A B R E R A 425
mos al Señor quo nos mira como miró á Pedro. celó como Cristo? Los tributos de César nunca
Jiespicé in me et miserere mei, quia unicus et él prohibió pagarlos, antes preguntarlo de ese
pauper sum ego: «Miradme, Señor, y habed mi­ particular, respondió: lied d ite qitm sunt Ccvsa-
sericordia do mí, porque soy solo y pobre de lo ris Ciesari, et qua• sunt D e i , D eo. Y á San P e ­
que tanto me conviene». Aquella noche pasó el dro le mandó lo pagase por ambos (aunque no
Señor en casa'de Caifás en poder de los sayo­ lo debía) cuando sacó el dinero de la boca del
nes verdugos, que para nn dormirse tomaban pece. Pues rey temporal tampoco se habia lla­
por remedio y entretenimiento atormentar y es­ mado, porque antes huyó cuando el pueblo le
carnecer al Salvador. D ice San Jerónimo, que quería alzar por rey. D e suerte que en todo le
hasta el dia del juicio no es posible saberse por levantaban falso testimonio. Mas Pilato, no
el cabo las afrentas y dolores que Cristo pade­ haciendo caso del primer cargo de la ley, por­
ció aquella noche. A l fin él estuvo hecho terre­ que como gentil lo tenía por de poea importan­
ro de las mayores crueldades que jamás se usa­ cia; ni del segundo del tributo, porque todo el
ron con hombre, ni se usarán, hasta que luego mundo subía que era mentira, examinó á Cris­
por la mañana se tornaron á juntar los sacer­ to en lo tercero, que tocaba á su jurisdicción, y
dotes y ancianos del pueblo, los escribas y fari­ dijole: T u es R ex JuAocorum? ¿Pretendes tener
seos, y con mucha trulla de gente vulgar que los derecho á este reino? Tus pontífices y tu pue­
seguía llevan al Redentor del mundo al tribu­ blo te han puesto en mi poder; Q uid fed sti?
nal del adelantado P ondo Pilato, para que él ¡Oh, Pilato, si supieses lo que ha hecho! Pre­
mandase ejecutar la pena de muerte á que ellos gúntalo á sus profetas, pues él no quiere res­
le hnbiuu condenado: como cuando acá el Santo ponder por sí. Pregúntaselo al rey David, y
Oficio relaja, á un hereje el brazo seglar. Salió mira lo que dice: Qui fe c it calos in irtielledu,
á olio s Pilato y díjoles: Quam accusationem Qui fe c il lum inaria magna, Solem in potestatem
ajfertis adrersus hominem hurte:' ¿Do qué cri­ diei, lunavi et stellu í in potestatem n o d is. «Ilizo
men le acusáis? ¿Qué «irgo lo hacéis? Ellos, que los cielos con grande artificio y consejo. H izo
pensaban lo había de sentenciar en llegando dos hermosísimas lumbreras, el sol qne presi­
por solo su dicho, respondieron corrillos: S i non diese en el día y la luna en la noche». F e cit cce-
esset !tic malefactor, non tibi tradidissemus eum. ium et terrean, mare et omnia quee in eis sunt. "i
íjíesotros somos hombre de tan baena concien­ por concluir: eu una palabra, «hizo el cielo y la
cia, tan celosos de la honra de Dios y de su ley, tierra y la mar, y cnanto en ellos hay». Pues á
que si éste no fuera malhechor y digno do muer­ este pueblo que te pide sn muerte, ¿qué obras
te, no te lo hubiéramos relajado)). ¡Oh, traido­ le tiene hechas? Coram patribus eorum fe c it ma-
res, decid ahora los malos hechos! ¿Es malhe­ rabilia in térra sE g y p ti, in campo Thaneos:
chor porque alumbró los ciegos y limpió los le­ «Delante de sus mayores y antepasados hizo
prosos y dio oídos á los sordos, sanó los perlá­ maravillas y prodigios espantosos en la tierra de
ticos, resucitó los muertos y libró los endemo­ E gipto, azotando aquel pueblo con diez plagas
niados? ¡Oh, Pilato, no los croas! Tómale el terribles». Dioles paso á pie enjuto por el mar
dicho á Moisés, que dice verdad, y decirte ha Bermejo; ahogó en él á todos sus enemigos,
que rídit D eus c u n d a qua1fecerat et erant ralde sustentólos en el desierto cuarenta años con
bona, Y si por ser tú gentil 110 le das crédito, pan del cielo; sacó agua de la piedra para ma­
pregúntalo á la gente sencilla que está libre do tarles la sed, y finalmente, los puso en posesión
pasión, y responderán: Bene omnia fe c it et sur­ de esta tierra quo ahora poseen, peleando por
tios fecit audire et mutos lo<pti. Viendo los ju­ ellos contra sus enemigos. Y si hizo esto por
díos que por aquel dicho no sentenciaba Pila- sus padres, por e'stos que le acusan no ha hecho
tos á Cristo, antes se lo remitió á ellos para menos, porque pertransiit benefaciendo, et sa­
que lo juzgasen conforme á la ley, opusiéronle nando omnes oppressos a diabolo: y á todos los
tres delitos. Nosotros, dicen, hallamos qu¿ este miserables y enfermos. ¡Mira si por esto que
hombre es engañador de nuestra gente, pervir­ ha hecho merece muerte! M as si por esto no lo
tiéndola y apartándola del culto de Dios y de la merece, diga Moisés, veamos qué es lo qne ha
ley de Moisés. Prohíbe pagar los tributos á hecho, á ver si por ventura nos declara la cau­
César, y llámase rey de judíos, que es crimen sa ile su muerte: F'ecit D eus hominent de limo
hsti’ majestatis, contra ti y el imperio romano. térra?. «Hizo al hombre del lodo y del barro»;
Por la menor cosa do éstas merece sor crucifi­ liízole á su imagen y semejanza, y habiéndose
cado. E n todas tres cosas mentían malamente; el miserable hombre deshecho por su culpa, en­
porque 110 contradecía sino las tradiciones de cárgase el Hacedor de rehacerlo á costa de sn
los fariseos, que eran contrarias á la ley; pero sangre y do su vida, E g o feci et ego feram ;
la ley él la guardaba, pues dijo do si: N o n veni ego portaba et salvabo. « Y o lo hice, yo lo quiero
solvere legem, sed adim plere. Pues el culto y llevar; yo crié al hombre, lo quiero tomar sobre
honra de Dios, ¿quién miró tanto por él y lo mis hombros; yo me encargaré de las penas y
426 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
trabajos dermi hechura, y le salvaré». E sto es lo nos. E n casa de Caifas, el amito con que os
que hizo, esta obra le híi puesto en este trance; cubrieron el rostro. Aquí, en casa de Herodes,
el hombre le ha traído al estado en que está; el alba con que os moteja de loco. E11 la de
pecados ajenos que no propios le quitan la vida, Pilatos os está aguardando la mitra, sembrada
de agudas espinas, que son las piedras precio­
CONSIDERACIÓN DÉ C IM A
sas, los ricos y t.ransparentcsdiamantes, las ver­
des esmeraldas y rubicundos rubíes que la ador­
Enterado Pilatos de la inocencia de Cristo nan y enriquecen. L o demás, vestidura de púr­
y de la malicia de los que ]e acusaban, y que el pura, clavos, azotes y cruz ha de ser, que ser­
Señor no pretendía reino temporal y terreno, virán do hermosa y rica casulla, buenas calzas,
sino espiritual y del cielo, procuró salirse á fue­ mejores anillos y más pesado báculo. De todo
ra de este negocio qne le parecía pesado. Y así, este escarnio y afrenta sois la causa, pecadores,
informado de que Cristo era de la provincia de hijos de A dán, E l perdió en el paraíso la vesti­
Galilea, remitió á Herodes, que era tetrarca de dura blanca de la inocencia, por querer ser sabio
aquella provincia, y á la sazón estaba en Jeru- como Dios; aquí la halla ahora Cristo querien­
■salem por razón de la Pasen», Llevan á Cristo do ser tenido por loco. E l hombre la perdió por
á Herodes, el cual tenía mucho deseo de verle soberbia, Cristo la halla por humildad. Mira,
por la faina de sus milagros; y así holgó mucho hombre, cuán caro le cuestas, que con tanta
con su presencia, y hablólo blandamente, y hí- afrenta sufre las injurias que merecías, por res­
zole grandes ofertas porque hiciese algún mi­ tituirte ia honra y sabiduría que pecando per­
lagro en su presencia; pero el Señor no le quiso diste.
responder, porque pedía milagros por yana cu­
riosidad y no con deseo de aprovecharse. Y C O N SID E RAC IÓ N UNDÉCIM A
también porque este Herodes era el que había
degollado á San Juan, que era voz y pregone­ L levan de allí al Bedontor con la fatiga qne
ro de Cristo, por donde 110 mereció oir palabra podéis pensar. Porque si de sólo andar á pie
de ia boca del Verbo divino, pues había muer­ dice San Juan; Fatigatu s 6x ¿tiñere, sedebat ai<;
to á su voz quo le manifestaba. Indignado H e­ supra fontem ; «Tenía necesidad de sentarse en
redes de que el Señor le despreciase y no qui­ el canto de la fuente», ¿qué seria habiendo an­
siese hacer nada por él, ni aun hablarle, túvolo dado tantas estaciones preso y atado, dándole
■en poco y hizo burla de E l con todos sus cor­ empellones, haciéndolo venir apresuradamente,
tesanos, y como á loco le hizo vestir nna vesti­ no dejándole reposar un punto toda aquella no­
dura blanca sobre las suyas, y así lo volvió á che y dia? ÍTo hay duda sino que muchas ve­
enviar á Pilatos. ¡O h Cristo, verdadero David, ces le hicieron dar de ojos como iba atadas las
y cómo os veo hecho loco delante dei rey Achis! manos y no tenía con qué ayudar, y cuando
Aunque D avid se hizo loco por escapar la vida, caía 110 le ayudarían á levantar dándole la mano,
y vos consentís ser tenido por loco por que no sino tirando de las sogas con crueldad. D e esta
se escuse vuestra muerte. E l se hace loco de suerte llegó segunda vez delante P ila to s , el
temor, y vos, sabiduría dol Padre, lo parecéis cual con todos los medios quo pudo procuraba
por puro amor. S i en alguna parte podemos librarlo de sus manos. Y alegando el juicio de
llamar á Cristo loco enamorado (si así es lícito Herodes, que lo había dado por libre; y viendo
hablar) es aquí, pues por amor de su esposa y que porfiaban pidiéndole á grandes voces que
querida quiso ser reputado por loco y tratado lo mandase sacrificar, hízoles partido que fue=e
como tal, para dejar ejemplo á los suyos del libre por el privilegio de la Pascua. Tenía por
poco caso que deben hacer de los juicios del costumbre el pueblo cada año en semejante pas­
mundo; que á los que no proceden con la pru­ cua pedir quo le soltase uno de los delincuentes
dencia mundana de los hijos de A g ar, luego que tenía presos, en memoria de cómo fueron
los llaman locos. Por locos tuvo á todos los libres del cautiverio de E gipto. Y el presiden­
santos, en quien están encerrados todos los te­ te, por obligar al pueblo que pidiese la libertad
soros de la sabiduría y ciencia de Dios. Porque de Cristo, no lo comparó con otros ladrones
veáis cüán desatinado es en todos sus dichos y que tenía presos menos perjudiciales, como eran
hechos, y en sus parecedes y juicios. ¡Oh Cris­ Gestas y Dimas, sino con el más facineroso y
to, sumo ponttfice de la Iglesia!, ¿qué vestidura malvado, que era Barrabás, insigne ladrón,
de pontificar es ésta con qne os veo vestido desuellacaras, sedicioso y matador. ¿A quién
para ofrecer sacrificios al Padre eterno? ¡ Oh queréis, dice, que os suelte de ,éstos dos que
cuán derramado tenéis, Señor, el pontifical, y aquí os nombro, á Barrabás ó á Jesús, que se
creo no lo podréis juntar sin mucho trabajo! llama Cristo? L a gente, ciega y liviana, per­
E n.'el huerto veo la cinta, estola y manípulo suadida de los príncipes del pueblo, escogió á
con que os ciñeron el cuerpo, el cuello y las ma­ Barrabás, y pidió con grande instancia que fue­
P. FR. A L O N S O DE C A B R E R A 427
se crucificado Crista. E sta fue por ventura la le diesen azotes de muerte, temiendo no le sol­
mayor injuria de cuantas el Señor recibió en su tase Pilatos. Todo eso se juntó para que fuese
pasión. ¿Que viniese la misma inocencia á com­ esta la más cruel disciplina y los más crudos
petir con Barrabás? ¿ Y que se pusieseen dispu­ azotes que jamás á hombre se dieron, ni cuer­
ta cuál do los dos era más indigno do vida? po humano pudiera sufrir sin morir. Dice San
¿ Y no sólo eso* sino que puestos ambos en tela Jerónimo (como se refiere en la glosa y es ya
de juicio salga el Señor condenado y libre y comúnmente recibido), que seis sayones, de dos
suelto Barrabás? ¿A quién no pune espanto en dos, azotaron á Cristo entrando de refresco.
esta tan grande adyección y humildad del Hijo Los primeros, con varas de espinas y abrojos,
de Dios? P or grande afrenta decía Isaías: Otan con qne abrieron su sacratísimo cuerpo, aguje­
m iquis deputatus est. Que fue contado con los reándole todo y rompiéndole. Lossegundos,con
malhechores, siendo crucificado como uno de unos azotes de nudos, eon aguijones al cabo, que
ellos; pero aquí es mucho mayor, pues hecha entrando en la carne virginal lasurcaban y rom­
comparación con este malhechor, por común pían. Los terceros, con unas cadenas que en el
sentencia y aclamación del pueblo es sentencia­ fin tenían unos garfios á manera de uñas, con
do por peor que él. ]Olí gran dolor, que dan la que despedazaban la delicadísima carne y la
vida al que mata los vivos y quieren qne mue­ arrancaban de los huesos. Y así Eusebio Cesa-
ra el que resucita los muertos! ¡Oh R ey de glo­ riense, y San Crisóstomo sobre aquel lugar de
ria; y cómo en este juicio, aunque hecho con Isaías: D is c ip lin a p a c is nostree super eum. «La
tanta ingratitud y malicia, está encerrado el sa­ disciplina para apaciguarse el Padre con nos­
cramento de nuestra redención! P or qué acuer­ otros cayó sobre E l»; dicen que esta disciplina
do fue de vuestro pocho amoroso, y de vuestro fue de tres maneras: dura, porque con varas y
eterno Padre, qne muriésedes vos, Cordero ino­ espinas; más dura, porque cou azotes de ñu­
centísimo, porque fuesen libres los culpados. dos; durísima, porque con cadenas de hierro.
El ladrón fue A dán, que pretendió hurtar la Aparejados estos instrumentos y ahorrados de
gloria de Dios, y pagáis vos su hurto para ropa los verdugos, arrebatan al Señor, y mó­
que digáis con verdad quw non rajnti, tune tenle en una sala baja, que tenía en mc-dio una
exolveliam. lío hícístes hurto, porque non ra- fuente y gruesa columna, deputada para aquel
pinam arbitratus est se esse wqualem D ei, pero fin. ]Ah, Señor, esfuerzo, que os mandan des­
pagáis lo que no hurtaste», humillándoos por nudar para abriros á azotes, que no ven la
librar al hombre hasta la muerte de cruz. Para hora de romper esas piadosas entrañas! Comen­
Ja expiación del pecado mandaba el Señor quo zad, Señor, á quitar esas ropas, hiladas con las
echasen suerte sobre dos cabrones, y que al virginales manos de vuestra sacratísima madre;
qne le cupiese la suerte del Señor fuese sacrifi­ desnudaos, Señor, que en vivos cueros habéis
cado por el pecado, y al que le cupiese la suerte de quedar para vestir la desnudez de mis peca­
de ser libre le echasen lleno de pecados y m al­ dos. L legan, pues, aquéllos crueles carniceros,
diciones al desierto. V eis aquí cumplida esta y con toda descortesía le quitan sus ropas al
figura (como dicen Orígenes y San Cirilo). redopelo, y dejan desnudo al que viste los cie­
Porque á Barrabás (hidiondoy maldito cabrón) los de nubes, y á los campos de flores, y á los
lo dejaron suelto y libre, y Cristo, nuestro S e ­ lirios y azucenas de mayor hermosura que tuvo
ñor (quo aunque era cordero de Dios, por es­ Salomón en sn gloria. Pareció desnudo, lleno
tar encargado de nuestros pecados, es figurado de virginal vergüenza aquel noble mancebo de
por el cabrón, al quien le cabe la suerte del Se­ treinta y tres años, con tanta lindeza de cuer­
ñor) queda preso para ser sacrificado por los po y proporción de miembros hasta entonces
pecados, no suyos, sino del pueblo. nunca de otros vistos que de la V irgen, su ma­
dre, que sólo ver hombre tan lindo bastaba
CONSIDERACIÓN DU OD ÉCI M A
para atar las manos de las fieras bestias, no
pudiendo querer afear la belleza de toda la na­
Viendo, pues, Pilatos que por esta vía no turaleza humana. Pero aquellos ministros de
había podido librar de la muerte ai Salvador, Satanás, más obstinados que demonios, nada
tomó otro medio mny doloroso y lastimero; enternecidos con esta vista-; echan mano del
fue mandarle cruelmente azotar, para de esta cuerpo delicado, y con furia diabólica le ama­
suerte amansar la rabia de sus enemigos. Y rran á la columna y pegan aquel santo cuerpo
como se hacía esto á fin do mover aquellas fu ­ con la piedra dura. E stiran con cordeles recios
rias de corazones infernales á compasión y pie­ sus pies y sus brazos, con tanta fuerza, qne los
dad do los tormentos de Cristo, debió de man­ cordeles se entraban y sumían en la carne ter­
dar que fuesen acotes de escarmiento y casti­ nísima; y (como dicen algunos contemplativos)
go. Y los sayones que se lo tenían á cargo de­ la sangre le reventaba por las uñas de lo mu­
bieron ser sobornados de los judíos, para quo cho que los apretaron. Comienzan luego con
428 PR E D IC A D O R E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
firmeza inaudita á descargar sobre E l sus láti­ tían con reverencia los ancianos, y en cuya pre­
gos y disciplinas, ciñen el santo cuerpo de car­ sencia no osaban hablar los duques y capita­
denales y verdugos, rasgan los cueros, revien­ nes? ¿Pues dónde está ahora su alteza? ¿Dón­
ta la sangre y corren arroyos de ella; rompen de está su prosperidad? ¿Qué so hicieron sus
la carne, surcan el cuerpo, añaden llagas sobre queridos hijos? ¿Cómo está desacompañado de
llagas. Abren sus espaldas liasta descubrir sus criados? ¿De dónde procedió en él tan gravo
entrañas, y en poco tiempo 110 dejan en e'1 enfermedad? ¿Cómo ha venido á tanta bajeza?
figura de hombre, sino de un leproso y de mal Con mayor espauto debieron quedar los ciuda­
de San Lázaro. A p la n ta p ed ís usque ad rei'tí- danos de la gloria, amigos de este señor, cuan­
cem capitis non est tn eo semitas. ¡Olí yunque do desde los miradores del cielo alzaron los
divino! ¡Oh espaldas sufridoras de tantas mar­ ojos para verle amarrado á la columna, y ape­
tilladas! ¡Olí cuerpo blanco, como te tiñen de nas lo conocieron, por verle en traje tan dife­
colorado! Y cnanto el rosicler fino es más su­ rente del que allá tiene. Creo que debieron al­
bido, tanto es más para ti costoso. ¡Oh V irgen gunos de tomar cuerpos para poder llorar con
y madre bendita, y cómo lian de lastimaros á el Señor, y cumplir aquella profecía: A n g elí
vos en el alma estos golpes y llagas quo des­ p a cis amare flebunt. Y dirían: ¿No es éste aquel
pués veréis en este sagrado cuerpo! L a túnica grande entre los orientales? ¿Aquél que ab
inconsútil que labrastes, Señora, entera, la veo eterno es engendrado del Padre entre los res­
guardada para los sayones; mas la que en vues­ plandores de los santos? ¿Pues cómo está aquí
tras entrañas labró el Espíritu Santo de vues­ contado entre los malhechores? E s éste aquel
tra sangre pursísirna, harpada está y rota por tan rico y hacendado que es suya la tierra y
millares de partes. Y a veo la cansa de tan toda la redondez del mundo; ¿pues cómo está
cruel disciplina. Porque m ulta fiagellapeccato- aquí tan pobre, que le han desnudado aun de
ris. ¡Oh casulla digna cíe este gran sacerdote! sus vestiduras? E s éste el que tiene por silla
¡O h divinas labores y recamados, y bordaduras los cielos, y por escabelo de sus pies toda la
de cardenales, ronchas, llagas y sangre! V er­ tierra; ¿pues cómo no tiene otro lugar sino
daderamente, cristianos, este fue el más extra­ amarrado á una columna? E ste es aquel Rey á
ño espectáculo que lia habido eu el mundo á quien sirven millares de millares de ángeles,
Dios, y á los ángeles, y á los hombres. Paréce- y diez veces cien mil millares asisten en su
me cierto que todos los coros de los ángeles es­ acatamiento; ¿cómo está aquí tan solo y des­
tuvieron aquí como atónitos y espantados mi­ acompañado que ninguno tiene de su parte?
rando esta maravilla, y adorando y reconocien- E ste es aquel Dios de tanta majestad ante
do la inmensidad de aquella divina bondad que quien se postran los veinticuatro ancianos, de­
aquí se les descubría. Cuando por permisión rribando su s1coronas en señal de humildad y
de Dios vino sobre el Santo Job aquella gran reconocimiento; ¿pues cómo es aquí atormen­
miseria y calamidad, que de rey tan próspero tado de verdugos? ¿Cómo no le guardan respe­
y famoso vino á quedar pobre y desnudo en nn to los sayones? E s e'ste la gloria del Padre, la
muladar, sin hijos ni criados, todo su cuerpo figura de su sustancia; ¿pues cómo está hecho
llagado, sin otro alivio para sus llagas que una oprobio y afrenta de los hombres? ¿Cómo no
teja con que raía la materia que de ollas salía, tiene figura de hombre? ¿Cómo está llagado de
tres amigos suyos del tiempo de su prosperi­ pies á cabeza? ¿Qué tienen que ver azotes con
dad concertaron entre sí de irle á visitar y con­ las espaldas de Dios? ¿Dónde están sus discí­
solar en su trabajo, y dice la D ivina Escritura pulos? ¿Qué se hicieron sus allegados? ¿Cómo
que como desde lejos alzasen sns ojos para ver­ ha venido á tanta bajeza? ¿Cuál fue la causa
le, non cognovertint eum; exclam antes p lo ra - de tanta calamidad? Y si los ángeles se es­
v en m t; scisiaque vestibus sparserunt puh.erem pantan, y en su manera se compadeeen, cris­
super caput suwn in crelum. Y sin hablarle pa­ tianos, por quien el Hijo de Dios muere, rmis
labra estuvieron con él siete días y siete noches justo es que nosotros nos compadezcamos. Y
embelesados y enmudecidos. Videbanl enim do- pues ellos nos hacen ventaja eu sentir, como es
lorem esse vehementem: «Porque veían ser su razón, la dignidad de esta obra, hagámosla
dolor vehementísimo». Paréceme á mí, que nosotros en llorar, pues ellos no pueden. L e­
pues estos hombres eran tan discretos, que en vantemos la voz y alcemos alarido que llegue
este tiempo quo estuvieron callando estarían al cielo; rompamos, no las vestiduras, sino los
pensando entre sí las extrañas mudanzas qne corazones: echemos ceniza sobre las cabezas, y
veían en su buen amigo, y la caída que había hagamos compañía al Salvador en su trabajo,
dado de tan alto á tan bajo estado, y divían: callando y contemplando, pues vemos que el
¿Es e'ste aquel grande entre los orientales? ¿Es dolor es vehementísimo, l í o se puede encarecer
éste aquel tan rico y hacendado? ¿Es éste aquel el dolor que el Señor recibió en esta disciplina,
á quien temían los mancebos, y ante quien asis­ porque por razón de su complexión nobilísima
P. FR. A L O N S O DE C A B R E R A 429
y compostura de su cuerpo, que habla sido f a ­ tro y de fuera; y con gran fuerza; y aun eon
bricado por obra de Espíritu Santo, con gran­ golpes de una lanza, como dice San Anselmo,
de armonía y proporción de los humores, era la encajaron y fijaron en su sagrada cabeza;m u­
más sensible, y le dolía más mi ¡«oto que á chas de las espinas se quebraban ai entrar por
todos los hijos de los hombres. Paos mirad qué la cabeza; otras llegaban, como dice San Ber­
dolor causarían tantos y tan crueles. Pero yo nardo, hasta los huesos, rompiendo y agujeran­
os quiero decir una conjetura buena de esto do­ do por todas partes la sagrada cabeza; luego se
lor. Cosa cierta es que esta disciplina, como le ensangrentó- todo el rostro y las barbas sa­
diee Isaías, se dio al Señor por todos los peca­ gradas y los cabellos quedaron teñidos de san­
dos dol mundo. Pues si, conforme á la ley, gre, que como hilos de seda corría por eilos,
cuando azotaban á alguno, secttndmn mensurara dejándolos apelmazados y hechos una plasta do
delicti trit et plagarum tnoclus. «Conforme á la sangre. Tras esto le ponen una caña por cetro
medida del delito había de ser la de los azotes»: real en la mano, y sentado en una silla vieja que
á Cristo lo azotan, 110 por su delito, sino por servía de trono hincábanse de rodillas dándole
innumerables delitos, no podían dejar de ser de bofetadas, y escupían en su divino rostro, y
muchos y sin tasa sus azotes. Bien veo, Dios tomándole la caña de las manos, heríanle eon
mío, que la ley ponía tasa en los azotes, man­ ella la cabeza, diciendo: Dios te salve, Rey de
dando, que 110 pasasen de cuarenta, porque no los judíos. N o parece quo es posible caer tantas
caiga, dice, tu hermano delante de ti, feamente invenciones de crueldades en corazones huma­
despedazado. Pero, Señor, eso se entiende nos, porque cosas eran estas que si en nn ene­
cuando es un pecador solo, y el castigo por un migo mortal se hicieran, bastaran para enter­
delito, poro vos sois azotado por innumerables necer cualquier corazón. Mas como el demonio
delitos; representáis la persona de todos los era el que las inventaba y Dios el que las pade­
pecadores. Pues si David dice: M u lta jiagella cía, ni aquella tan grande malicia se hartaba en
puccatoris, que son muchos los azotes que el ningún tormento, según era grande su odio, ni
pecador merece, y todos ellos liando descargar ésta tan grande piedad se contentaba c o d me­
sobre vos, que pagáis por nuestros hurtos, más nores trabajos, según era grande su amor. V eis
de cuarenta han do ser; si miramos vuestra aquí el Cordero que ha de ser sacrificado en
inocencia no mereciades alguno; si al valor de j lugar de Isaae, ínter vepres harentem cornibus.
vuestra persona, uno bastaba para redimirlo; A sida la cabeza y marañada entre crueles espi­
pero mirando á vuesLro inmenso y sobrado nas. Maldijo Dios á ]¡i tierra por el pecado de
amor, y á nuestros innumerables pecados, cinco Arlan: M aledicta ten-a in opere tu o, spinas ct
mil y tantos fueron menester. V eis aquí, peca­ tribuios germinabit tibi. Y cae la maldición so­
dores, la fábrica que habéis hecho con vuestros bre la cabeza de Cristo, el cual recibe en sí
pecados en las espaldas de Cristo. Temblad de f nuestras espinas para qne ya de aquí adelante
pecar, pues veis cómo castiga Dios el pecado la tierra de nuestros corazones, regada eon sn
en las espaldas de su Iíijo. Si azota el Señor sangre, dé frutos de buenas obras, de santidad
al esclavo, y está temblando el hijo inocente, y justicia. Tenga empacho de aquí adelante
¿cuánto más debe temer el esclavo viendo azo­ el cristiano, que es miembro de Cristo, de ser
tar al hijo? Mayormente si anotan al Hijo pol­ ! delicado; pues su cabeza está espinada ¿cómo
los delitos del esclavo. Acordaos de aquella i busca el regalo, deleites y pasatiempos, el que
sentencia del Salvador: Scrrus qui scit rohin- ve padecer á su cabeza tan gran dolor por los
tatem D o m in i sui, et non j u c i t eam, ra-pulubit pecados de sus miembros?
«muchos azotes en id infierno para siem­
m itlli#;
pre jamás le darán.». c o n s id e r a c ió n d e c im o c u a r t a

C ON SIDE UAC lÓN DÉG[ i íU T E R C E R A


Cuando Pilatos vio al Señor tan mal parado
parecióle que bastaba su lastimera figura para
Acabado este tormento, los soldados de P i­ amansar la furia de sus enemigos, y con este
latos vistieron al Señor jaira burlar del una ves­ intento le sacó asi como oslaba á vista del pue­
tidura, como túnica de paño colorado, ya desla­ blo furioso, y dijoles: E cce homo. A lgunos
vada y muy vieja, y sobre ella una capa ó ropa contemplan que con la mano alzó la vestidura,
do grana, que era vestido que entonces usaban para que viesen las crueles llagas de su cuerpo,
los reyes, y tomando unos júneos marinos que pues la cabeza y rostro bien la veían todo acar­
son de largas y agudísimas espinas (como se lo denalado y bañado en sangre. Venid acá. almas
reveló nuestra Señora á San Anselm o), de elios cristianas, á ver este maravilloso espectáculo, y
hicieron una corona, que, como dice San B er­ mirad con atención esta figura que saca el que
nardo, tenía l'orma de sombrero, llena do las es respkudor de la gloria del Padre y espejo de
mismas espinas, púas y aguijones fijos de den­ su hermosura. Mirad cuán avergonzado estaría
430 PR ED IC AD OR ES D E LOS SIGLOS X Y I Y X V I I
allí en medio de tanta gente, con su vestidura digno de este nombre, i Oh paralíticos y enfer­
de escarnio, con sus manos atadas, con su coro­ mos que estáis en los portales de la piscina!
na de espinas, eon su caña en la. roano, eon el ¡Oh pecadores, ciegos, cojos, mancos, tullidos,
cuerpo todo quebrantado y herido de los azotes que ha tantos años que estáis enfermos en la
y todo encogido, afeado y ensangrentado. M i­ camilla de vuestras culpas, dando por excusa:
rad cuál estaría aquel divino rostro hinchado Hominem- non habeo , E c c e homo ! V eis aquí al
con los golpes, afeado con las salivas, rasguña­ hombre deseado, que os ¡levará sobre sns cues­
do con las espinas, arroyado cou la sangre, por tas á la piscina de sus sacramentos, y os lavará
■unas partes reciente y fresca, por otras fea y con sangro, y os dará, sí no resistís, perfecta sa­
denegrida. Y como el santo Cordero tenia las lud. Estaba tan obstinada aquella gente cruel,
manos atadas, no podía con ellas limpiar los que no sólo no se ablandó con esta vista, sino
hilos do la sangre que por los ojos corrían; y como elefantes azorados, viendo su roja sangre,
así estaban aquellas dos lumbreras del ciclo fue más encarnizada y embravecida; y alzando
eclipsadas j casi ciegas y hechas un pedazo ríe los gritos que rompían el cielo, decían: Tolle,
carne. Finalmente, tal es su figura, qne no pa­ tolle, crucijige eum, conforme á lo que de ellos
rece hombre, sino un retablo de dolores, pinta­ había dicho en su nombre el sabio: Gravis est
do por mano de aquellos crueles pintores y de etiam vobis ad videndum. Am cnázanle con Ce­
aquel mal juez, á fin de qne abogase por él ante sar, danle á entender que tenía en poco el cri­
sus enemigos esta tan dolorosa figura, tanto men lesee majestatis; y esto con tanta determi­
que, porque no pensasen era otro, ó algún lepro­ nación y efieaeia que, vencido el juez de temor
so, fue menestera visarles: R cce homo. Señal es humano, juzgó se hiciese lo que pedían: no obs­
de condenación no compadecerse en este paso tante que fue avisado de su mujer Proele qui­
de los dolores del Salvador. Porque si él estaba era justo y que no le condenase, alegando lo qm:
tal que pensó Pilatos bastaba para quebrar los había padecido en visión por esta cansa. Ñu
corassones de tan obstinados enemigos, ¿cuánto bastó este aviso para que se reportase Pilatos,
más debe ser poderoso para mover á compasión que ya tenía el judío en el cuerpo; mas lavóse
á los fieles que nos preciamos de sus amigos? las manos, y confesando que Cristo era inocen­
V eis aquí al santo Job, á quien el demonio por te, y cargándoles á los judíos la pena de su san­
medio de sus ministros percussit ulcere pessimo gre, y tomándola ellos de buena gana á su
a p la n ta p ed ís usjtte ad veHícem ejus. Y así he­ cuenta y á la de sus hijos, confirmó lo que ha­
rido como está, os da voces: Miacremini mei, bía sentenciado.
tmseremini mei, sultem vos am ici mei, quia ma­
nus Dom ini tetigit me. Pups los judíos mis ad­
versarios no se compadecieron de mí, antes á CONSIDERACIÓN DECIMOQUINTA
voces me pidieron la muerte, vosotros quo sois
mis amigos habed misericordia de mí, condo­ Dada la sentencia, tomaron en su poder los
leos de mi mal, porque la mano del Señor me soldados de Pilatos al Señor, y quitándole la
hirió. L os judíos le hieren, y el Señor lo per­ vestidura de púrpura eon que habían hecho bur­
mite. E líos le matan, pero el Padre le entrega, la de él, volviéronle á vestir sus propias vesti­
que dice ¡■Propíer scelus p o p u li mei percuasi eum. duras para que por ellas fuese conocido, pues el
¡Oh, cómo aborrece al pecado el que de esta rostro estaba tan desfigurado. Y toman el san­
suerte le hiere en el rostro de su hijo! A quí to madero de la cruz, que según se escribe era
veréis, pecadores, la malicia del pecado, pues de quince pies, y cárganlo sobre los hombros
tal paró la hermosura del cielo, E c c e agmis D e i , del Salvador. E l cual, según los trabajos di;
ecce qui to llit peccata nvundi. Mirad cuál lo pa­ aquel día, y de la noche pasada, j la mucha
ran para quitar los pecados del mundo. Estaba sangre que había perdido, apenas podía tenerse
el hombre honrado, dice David, y no se enten­ eu pie y sustentar la carga de su propio cuerpo;
dió, y pecando se hizo semejante á las bestias. y sobre ésta le añaden tan gran sobrecarga como
Y así el Profeta Jeremías pudo decir con ver­ era la de la cruz. D e esta suerte sacaron á Cris­
dad: In tv itiis sum et non erat homo. Mirado to de casa de Pilatos para llevarle á crucificar
he con mucha curiosidad y columbrado con la Tuera de la ciudad. E sta es, cristianos, la pos­
vista, y no hallo un hombre, porque todos es­ trera estación y la más áspera y pedregosa por
tán hechos jumentos por sus pecados. Pues ¡oh donde habernos de traer nuestra voluntad en
santo profeta! no os canséis en buscar más: seguimiento del Señor. Y a saca el envidioso
E cce homo. Que para restituir al hombro en la Caín al campo á su. hermano menor A bel, para
dignidad perdida, vino á perder la figura de vengar en él su saña y quitarle la vida. Y a lo?
hombre; y aunque está tal que á duras penas injustos renteros y malvados labradores echan
le conocerán, con todo eso, le conoce Pilatos, y fuera de la viña al hijo del padre, al único he­
dice: jEcce homo. V eis aquí al hombre solamente redero, para matarle y alzarse con su heredad.
P. FE. A L O N S O DE C A B R E R A 431
Y a va el inocente Isaac cargado con la leña en deshonra de nuestra maldad, que vos injusta­
que ha de ser sacrificado, y el padre lleva en una mente padecéis, mas la colpa de vuestra pasión
mano el fuego de su amor y en otra el cuchillo nuestra es, Y por eso se suma nuestro pregón
de sn justicia que le obligan á hacer sacrificio. en esta palabra: Quien tanto ama, y á tales ama,
Y a veo el buen Eliaein con aquella llave en los justo es que tales cosas padezca.
hombros que tanto antes estaba profetizada.
Dabo clavem domus D a v id super hum&runi ñjus:
«Darle he la llave de la casa de David, para CONSIDERACIÓN D E C IM O S E X T A
que la traiga sobre su hombro». L a llave en la
cinta se suelo traer, no sobre el hombro, sino que Mas en el entretanto que caminan, será bien
habla de esta cruz que le pusieron sobre sus que vamos á dar cuenta de esto á la V irgen, su
hombros, que es la llave eon que so han de madre, que 110 es bien se haga esta procesión
abrir los cielos, y como era tan pesada, no se sin ella. Con apresurados pasos, eon aquejados
podía llevar en la cinta. V a , pues, Cristo en me­ gemidos y con ojos llorosos corría el amado
dio de los soldados y gente de guerra, cercado discípulo, después que así vio llevar á su maes­
de armas, acompañado de dos ladrones. Concu­ tro, á dar la dolorosa nueva á la que lo engen­
rre toda la gente de la ciudad á ver hacer justi­ dró. Y llegado ante ella, derribado á sus pies,
cia de un hombre tan notable y famoso. Y co­ comienza á decirle con lastimera voz: i Oh R ei­
mienzan á sonar la trompeta y á dar el primer na del cielo, Señora de los ángeles, puerta del
pregón.— E sta es la justicia que manda hacer paraíso, columna inmóvil de la Iglesia, si al­
Policio Pilato, presidente de Judea, por el em­ gún tiempo la muerte pudo atajar los dolores
perador Tiberio César, á este hombre por revol­ de la vida presente, para ti sería ella ahora
vedor de pueblos, y traidor al imperio romano muy provechosa: en mis señas puedes ver la
y usurpador del reino de los judíos, mandan embajada que la lengua no dice! M uy cruel
que muera por ello crucificado en el monte Cal­ mensaje te traigo, penarás oyéndolo, y mucho
vario en medio de dos ladrones. Quien tal hace, más en lo que verás. H oy comienza tu muerte;
que tal pague.— ¡Oh falso y mentiroso pregone­ hoy se acaba tu vida. ¡Oh madre viuda, qne
ro! L o que el presidente Pilato hace no es jus­ hoy es el día que Simeón te señaló para el cu­
ticia, sino muy gran injusticia, pues condena á chillo de dolor penetrador de tu alma. A tu hijo
muerte al que tres veces confesó que no tenía querido vendió Judas, Pedro lo negó, los de­
culpa. Mas quien haceesta justicia es presidente más lo dejaron, sus enemigos lo prendieron.
del Ciclo, delante quien se cometen todos los E n casa de A n ás y Caifas y Herodes fue heri­
pecados del mundo, el eual es tan justo que ni do y escarnecido; en el pretorio de Pilatos muy
uno solo quiere que quede sin castigo; y porque cruelmente azotado; es sentenciado á muerte de
su propio Ilijo salió por fiador de los traidores, cruz. Con corona de espinas y la cruz á cues­
manda que muera crucificado, llevando la pena tas lo llevan con pregones de grande infamia
que ellos merecen. Y va esta justicia pregonada, al monte Calyario. Si le quieres alcanzar á ver,
no por este mal pregonero, sino por muchos san­ esfuérzate y ve presto, que con dos ladrones le
tos profetas que muchos siglos antes pregona­ llevan á gran priesa. ¿Qué sentido puede aquí
ron y dijeron: Que por la maldad de su pneblo alcanzar hasta dónde llegó este dolor á la V ir ­
habia de ser herido, y por nuestras culpas ator­ gen'? Verdaderamente su alma fue herida de
mentado, ¡Oh sagrado tribunal del justísimo y mortales dolores y angustias, bastantes á qui­
supremo juez, que tan riguroso te muestras tarle la vida, si la dispensación divina no la
contra los pecados! ¿Cómo, Señor, consientes guardara para mayor trabajo y para mayor co­
que vivan los pecadores y muera el inocente? rona. Levántase, pues, con ánimo más que
¿Como es justicia caber tanto castigo donde hay humano, y acompañada de la Magdalena, que
tanta inocencia, y entregar al hijo por librar al muy amargamente lloraba, y de otras devotas
esclavo? ¡Oh alteza de las riquezas de la sabi­ mujeres, llevando á San Juan por guía, va en
duría y ciencia de Dios, que tal medio ordenó busca de sn Hijo, dándole el amor las fuerzas
para satisfacer su justicia y usar con nosotros qne el dolor le quitaba. No habéis de pensar
de su misericordia! No se hace injusticia ni que iba la V irgen prudentísima por las calles
agravio al que por sí 110 debe nada si él se dando gritos como mujer vulgar, ni desmaya­
quiere obligar á deberlo, ni tiene menos derecho da, ni fuera de sí como mujer de poco corazón,
el juez para mandar hacer ejecución en el fiador porque estaba llena de E spíritu santo, y tenía
que de voluntad se obliga que en el principal más gracia que todos los ángeles; y así tuvo
deudor on quien está la raía de la obligación. soberana constancia en todos estos martirios,
Porque si su inocencia lo hace libre, su amor Y eon maravillosa honestidad caminaba cubier­
(en que se puso á fiar) lo hace obligado. P regó­ tos los ojos, llorando y suspirando con inesti­
nese, pues, Señor, á honra de vuestro amor y mable amargura y no menor prudencia, lia-
432 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
mando á Dios y encomendándolo oí hijo, y ' hediondas salivas. L os labios es verdad que pa­
dándole gracias, y ofreciéndole aquellas angus­ recen lirios, pero cárdenos y amoratados, y no
tias. Pues como la V irgen por la callo donde destilan mirra preciosa, sino sangre y saliva
iba comenzó á ver el rastro de la sangre que salada. L as manos de oro, que tantas miseri­
su hijo dejaba; y á algunos que le lmbían visto cordias hacían, van tan yertas y lisiadas que no
llevar, y se volvían, especialmente algunas puede jugar dellas, ni tener la cruz eon qne va
piadosas mujeres que mostraban haber de éí cargado. E l vientre do marfil sembrado de za­
compasión, pregúntalos por nuevas de su hijo. firos, cinco mil y tantos azotes lleva tan juntos
A djuro t>os, filien Hierusalem , si invenerítís di- unos con otros, que no parece esmalte, sino
lectum meum. ut nunciftis ei quia amare lati­ toda una llaga. L as piernas no son columnas
gueo? (C ant., 5). Qtie muero con su deseo y me de mármol fuerte, porque se van doblegando,
atormenta su ausencia. Q ualis est dilectas tuus y aun cayendo y arrodillando con la cruz, tro­
ex dilecto , oh pulcherrim a ¡mUierum, quia sic pezando á cada paso. Sn parecer no es como el
adjurcisti nos? ¿Qué señas tiene ese tu queri­ monte Líbano, sino como un erial de matas se­
do? ¿Qué faciones son las de tu amado, oh her­ cas; ni menos como los cedros altos, porque
mosísima entre todas las mujeres, que así nos aunque era derecho y gentilhombre, pero va
has conjurado? Tan hermoso debe ser para agonizando con el gran peso do la cruz. L a
hombre corno tú para mujer. D ilectas meus can­ garganta y voz no es suave, sino ronca, que no
didas et rubicundus , electus ex m illibus: «Blau- puede echar la palabra. De manera qne como
co es y colorado como el envés de la rosa,escogi­ va ninguno le puede amar y desear, antes de
do entre millares». Su cabeza es de oro fino, su todos es despreciado y aborrecido. Con estas
cabellera como hojas de palma poblada: toda amargas nuevas se fue la V irgen acercando al
negra como la plnma del cuervo, y sin cana al­ lugar donde pudo ver á sn hijo. ¡Oh Sara, que
guna; sus ojos como palomas lavadas con le­ á vos por no daros pena no os dan noticia del
che; sus mejillas como eras de flores; sus la­ sacrificio que van á hacer de vuestro hijo Isaac,
bios como lirios y azucenas quo destilan de sí y por eso sale Abraham de noche! Pero á vos,
mirra escogida; sns manos volteadas, que se Reina del ciclo, os avisan y traen para que en
mueven con más facilidad que si fueran de mitad del día veáis con vuestros ojos lo que
gonces de oro sembradas de piedras preciosas, tanto ha de lastimar vuestro afligido corazón.
de jacintos; su vientre de marfil con m il es­ Tiene sus ojos oscurecidos, y míranse aquellas
maltes de zafiros; las piernas blancas y fuertes dos lumbreras del cielo, y atraviésanse los co­
como columnas do alabastro que están funda­ razones con los ojos, y hieren con la vista sus
das sobre basas de oro; su gentileza y buen pa­ ánimas lastimadas. ¡Oh piadoso Jesús, más te
recer es como el monte Líbano; dispuesto y es­ lastiman y más sientes el dolor de tu amanti-
cogido como los cedros entre la m adera; su sima madre que tu cruz! Más te duelen sus lá­
garganta y habla suavísima; todo es amable, grimas y hftiestísimos suspiros, y las angustias
todo deseable; no tiene cosa que no lleve, el co­ de su corazón (que como D ios veías) que los
razón tras sí. Tan lindo como éste es m i queri­ azotes; más te penetran y llagan que las agu­
do y amigo: éstas son sus lacio ríes, hijas^de das espinas. ¿Tor qué, Señor, pues nació libre
Jerusalem, ¡Oh señora, si vuestro hijo es tan de culpa, la hiciste tributaria de tanta pena?
hermoso como decís, no toméis congoja ni pe­ ¿Por qué no la excusabas y te excusas de tan
sar, porque este que llevan á crucificar muy gran dolor?'~Verdaderaine¡jte, Señor, sabías la
contrarias señas tiene desas. Vidim us eum et non resignación de su voluntad en la del Padre eter­
erat aspectus , non est species ei decor ñeque de- no, y ia quisiste llevar por el camino que cami­
cor et quasi absconditus imitas ejus, itnde nec re- nas de tormento y de cruz, y ni á ella quisiste
pulavim us eum (Isaías, 53): «No tiene donaire privar de este merecimiento ni á tu ánima ili;
ni hermosura; visto le habernos y no tiene gesto este dolor. Y vos, V irgen y madre bendita, ¿qué
de hombre, todo dis figurado y feo, y así no sentistes cuando vuestro hijo unigénito os mi­
hicimos caso de él». Llam aisle blanco y colora­ raba y le mirábades, entregado á sus enemigos
do, mas él va amoratado y denegrido; no esco­ en hábito de culpado, en compañía de ladrones,
gido entre millares, sino el más vil y desecha­ tan otro su cuerpo y rostro de lo que solía?
do de los hombres. Su cabeza no es de oro fino, ¿Qué sentistes cuando le vistes caer y dar de
sino de abrojos y espinas. Lacabellera no es de ojos con el terrible peso de la cruz, donde iban
palma, porque la más va arrancada, y no tiene todos los pecados del mundo, cuando á golpes y
color de cuervo, porque va toda ensangrentada, empujones le visteis levantar sin ninguna pie­
Los ojos no de paloma, porque no están lava­ dad? ¿Cuáles fueron vuestros dolores, vuestros
dos y claros, sino coíi grandes ojeras, hundidos gemidos, vuestros suspiros y lágrimas en esta
con la sangre y polvo casi ciegos. L as mejillas larga y penosa procesión? U o hay palabras que
no son eras, sino cardenales, sembradas de eso puedan explicar.
P. FE. A L O N SO DE C A B R E R A

CO N SI DE RA C IÓ N JÍKCT JfOSÚPTIM A
varón los pies, quedando así extendidas aque­
llas divinas cuerdas de los miembros virgíneos
.Llevados ya al monte Calvario, que era el en el arpa de la cruz, haciendo la más triste
lugar donde so ajusticiaban los malhechores, y doloroso. música que los hombres oyeron, y
lo primero quitaron sil Señor sus vestiduras, por otra parte la más dulce y acordada melodía
y como estaban pegadas á las carnes de los que el cielo jamás oyó. Clavado ya de pies y
azotes y llagas, y la sangre estaba helada y manos, llenos aquellos campos de gente, con
abrazada con las mismas ropas, y ellos las des­ grande alarido levantan la bandera de nuestra
pegaran de golpe y eon grande inclemencia, victoria en el aire á vista de todo el mundo.
desolláronle todo y renovaron las llagas, de Descubren eí estandarte y guión del pneblo
suerte que aquel bellísimo cuerpo quedó por cristiano, aquel santo palo de M arat con que
todas abierto y descortezado, y hecho todo una las aguas de los martirios se habían de tor­
carnicería y manantial de sangre. Algunos doc­ nar dulces; aquél báculo con que liabían de
tores afirman que para desnudarle la vestidura pasar el golfo de los pecados los que de él
le quitaron primero la corona de espinas, por­ se quisiesen valer. Pónese el arco de la re­
que no les impidiese, y después de ya desnudo conciliación de Dios en medio de los aires ,
se la tornaron de nuevo á poner y hincar en el matizado de diversos colores. Y como le levan­
celebro, haciendo nuevas aberturas y añadiendo taron á fuerza de brazos, temblando E l y la
Unirás á llagas. Tiéndenle luego en el suelo so­ cruz, que parecía cedro muy cargado, allí se
bre el madero de la cruz, aquella cajna tan ás­ renovaron las llagas y se ensancharon los agu­
pera para tan delicado cuerpo, tan humilde jeros. Mayormente que dejaron caer la cruz de
para tan alto Señor, tan estrecha para tan ex­ golpe en el hoyo que tenían cavado en una pie­
tendido poder, y tómase medida de los clavos. dra, y estremecieron todo el sagrado cuerpo,
Yeis ahí, Dios mío, la cania blanda que os apa­ las espinas se hincaron más, no quedó paite en
rejan los pecadores; este es ol lecho florido del su cuerpo que no sintiese nuevo tormento. L a s
verdadero Salomón; pero muy duro y seco lo llagas de pies y manos se rasgaron más, y co­
veo yo para vos. E ste refrigerio os tenia guar­ menzaron á correr canales de sangre. H npti
dado el mundo para d e s c a n s o de los trabajos sunt fon-tes abyssi magiue et ccttharacia: cteli
incomportables que habéis padecido; mirad el npertir sant. Rompiéronse las fuentes de aquel
colchón mullido y las sábanas de holanda para abismo sin suelo de misericordias; abriéronse
esas espaldas tan llagadas. Levantaría los ojos las cataratas del cielo, y de aquel paraíso de
al cielo á su Padre eterno, y di ríale: ¡Oh Padre deleites comienzan á manar aquellos cuatro ríos
mío y criador de tudas las cosas, gracias te doy caudalosos que riegan toda la haz de la tierra.
porque me lias traído al término de mi obedien­ ; Oh monte Calvario, que aunque en ti cayó
cia; á ti vuelvo, no por otro camino que por el para más subir el fuerte de Israel, no te com­
de cruz, recibe el sacrificio y ofrenda agradable prenderá la maldición que echó David sobre los
ele tu unigénito H iio y abre la puerta del cielo montes de Jclboé, pidiendo que no cayese sobre
A los pecadores. Extendido el manso cordero y ellos el rocío del cielo, porque regado te veo
hechos los barrenos andan apriesa los martillos con este celestial rocío que fertiliza la ciudad
y los clavos. Comienzan á clavar la mano iz- de Dios. Solías ser estéril y maldito, ahora es­
quirrda, y del primor golpe pasó el duro clavo tás hecho tierra de promisión y paraíso de de­
la mano, rompiendo la carne, rompiendo ¡as leites, pues en ti está plantado el árbol de la
venas, cortando los nervios y apartando y desen- vida, que da fruto doce veces en el año, y sus
C !is ¡u id o los huesos: oyeron los golpes y el soni­ hojas aprovechan para la salud de las gentes.
do los oídos de la madre, y hieren los clavos las Mons D ei, mons p inguis, mon* coagulatu?, mons
manos del Hijo y atraviesan cou una espada pingtiis. Ut quid suapicamini montes coagula*
violenta el corazón de la madre. Enclavada la tosí1 (Salmo 67): «Monte de Dios, monta fér­
una. mano acuden por la otra, y del gravísimo til, abundoso, grueso, lleno de frutos de bendi­
dolor y sentimiento hallan encogidos los ner­ ción, con quien ya no se pueden comparar los
vios del otro brazo, y que no llegaban al lugar más famosos montes»; mejor eres que el monte
del barreno. Y como dice San Anselm o, ata­ de Dios Orcb, más celebre que Sinai, más fa­
ron con una soga la mano clavada, porqne ¡d moso y de mayor gloria qne Tabor. Solías ser
tirar de la otra no se desgajase, y así ataron lugar de malhechores, ya eres casa de Dios,
otra cuerda á la que estaba por clavar, y tiran­ puerta del cielo y lugar de adoración. E n ti
do unos por una parte y otros por otra, exten­ está asentada aquella escalera mística que vio
dieron los nervios y descoyuntaron los huesos, Jacob, que junta el cielo eon la l ¡erra, por don­
desabrocharon los encajes del sagrado pecho, de los ángeles descienden á los hombres y los
que íue el más intenso dolor que Cristo reci­ hombres suben á Dios, E u aquella estaba Dios
bió. Y con la misma crueldad estiraron y cla- arrimado, mas en ésta está fijado con duros
¡’ k k b i c . llí ID S S IG LO S XVI Y XV II, — 2S
484 PR ED IO AD O BE S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
(llaves sin poderse desasir, Pero esta gloría que conoció la virtud infinita que estaba escondióla,
tú tienes no se alflanzó sin gran ignominia y ¿Quién tiene ya ánimo para guardar odios ni
dolor del Salvftdqf, ¡Oh mi Dios, y ouál estáis! manos para vengar injurias? Con esta música,
Cercado os han gemidos de m uerte; dolores del hermano (tú que estás endemoniado, lleno de
infierno os han codeado, porque así como allá mortal odio y rencor contra tu prójimo), podrás
padecen sin ningún alivio, así padecéis vos sin ahuyentar de ti al demonio, perdonando á m
admitir consolación, Embestido os hau las olas enemigo á imitación y por amor de Cristo,
de las muchas aguas; atollado habéis en el como ahuyentaba D avid con su arpa al espíritu
abismo de las miserias, y no tenéis donde estri­ maligno que fatigaba á Saúl. L a segunda pa­
bar. Véoos¡ D ios mió, cosido en un madero, ta­ labra fue de inefable misericordia, perdonando
ladrados vuestros pies y manos; no hay quien al buen ladrón, y prometiéndole silla en el Pa­
sustente el santo cucrpp sitio tres clavos de raíso, con lo cua] se alienta nuestra esperanza;
hierro. Cuando para descargar cargáis el cuer­ pero 110 ha de tomar alas nuestra presunción.
po sobre los pies, desgarrarse las heridas; Mas, oh Salvador mío, pues habláis á los ex­
guando sobre las manos, rómpense más sus lla­ traños, ¿cómo no os acordáis de los vuestros?
gas con el peso del cuerpo. N o se pueden soco­ Stabat ju x ta crucem Jesu mater ejus. !No sula-
rrer unos miembros á otros, sino con igual per­ mente estaba par de Ja cruz, viendo con sus
juicio suyo. Pues mi Dios, vuestra santa ca­ piadosos ojos Jas heridas del hijo, mas aun es­
beza atormentada con las espinas y traspasada taba en pie. ¡Oh fortaleza de ánimo! ¡Olí ma­
con desigual dolor, ¿que' almohada tiene? ¡Oh ravillosa constancia! E l mundo se trastornaba,
cuán bien empleados fueran a llí, Señora, vues­ la tierra se estremecía, las columnas del eii-lo
tros brazos ( mas no servirán ellos, sino los de temblaban y los miembros virginales están que­
la cruz; y el refrigerio que de ellos tendrá, será dos en su lugar. L as piedras se hacían pedazos
hincarse más la« espinas! ¡Oh cruz sacratísima, y está enteró el corazón de la madre. Su corazón
ya que en los hombres no hay misericordia estaba hecho un mar de amargura, y las olas ilu
para con su Dios, tú, árbol dichoso, donde está este mar subían hasta los ciclos; mas el marine­
pendiente el fruto de nuestra vida, te apiada ro era tan diestro y llevaba en sus manos el go­
dél! bernalle con tan maravillosa prudencia, que no
bastó para desatinarlo una tan espantosa tormen­
F lecte ramos, ardor alta: tensa laxa viscera,
U t rigor lenteteat Ule ijuem dedit nativitas
ta, ni apartarlo un punto de la voluntad de Dios.
Vi itip e r n í meniira ÍU-git m iti tondan stipite, Mas con esta conformidad de voluntad, no se
podía excusar en su ánima un espantoso dolor,
«Encoge y dobla tus ramos J brazos, árbol viendo con sns ojos lo que el amantísímo hijo
altísimo; ablanda y afloja tus yertas entrañas; padecía. Porque si cualquier alma devota no pue­
remite el rigor y dureza nqtural que tienes para de sin mucho dolor y sentimiento contemplar
tratar con blandura y suavidad los miembros la pasión del Redentor, y algunas se vienen, á
del sobefano Rey)), Pero, Redentor mío, pues arrebatar tanto en esta contemplación, que sien­
la vihuela está tan acordada, tan bien estiradas ten verdaderos dolores como si realmente las
las cuerdas y tan apretadas las clavijas, cantad crucificaran (como se cuenta de Santa Catali­
Señor alguna canción; dadnos música suavísi­ na de Sena y de otros santos), ¿cuál seria el
ma con que mejor que con la arpa de D avid sentimiento de la criatura más devota que Dios
huya de nuestras almas el espíritu maligno hizo, y que junto con esto era verdadera ma­
que las aeosa. dre, no sólo contemplando, sino viendo con sus
mismos ojos el cruel tormento de su amor? Ko
hay duda sino que lo sentía como si ella inora
O O N S I D 1R A O I Ó S D É C I M O 0C J A V A crucificada. Y sí lo era: porque si San Pablo
se sentía tan junto y unido por la fuerza del
L a primera voz que dio aquel blanco Cisne amor con Cristo crucificado, que decía: Christú
en la hora de su muerte fue; P a ter, dimitte illis, confixus sum. cruci; y en otra parte: Stigmata
quia nesciunt quid fa ciu n t: sPadpe, perdónalos, D om ini Jesu in corpore vieo jio ito , no sólo en e)
que no saben lo que hacen*, ¡Oh voz extre­ alma, sino en el cuerpo, la V irgen que amaba
madal ¡Oh tonada nueva nunca hasta entonces á su hijo como verdadera madre, y como ma­
oíd»; rogar por los que actúalo:ente le estaban dre sola, que Je hubo sin compañía de varón, y
crucificando y blasfemando! Verdaderamente, sobre todo le amaba con la más encendida ca­
esta voz espantó al príncipe do Jas tinieblas, que ridad que ninguna pura criatura tuvo (en cuya
tantos tiros había asestado contra aquella sagra­ comparación la caridad de San Pablo era til'ic-
da humanidad, para moverla á alguna impacien­ za),¿eómo sería crucificada? ¿cómo r e c ib ir ía sus
cia; pues viéndola ahora salir con una palabra llagas y heridas? Si, como dice San Agustín, el
tan nueva, tembló todo el poder del infierno y alma más está donde anja qne donde anim a,
P, FR, AL O N SO D E O A B R E B A
el alma de la V irgen, qne tanto amaba á sil jl foitMva tft a$&(i
S ta u a t pe-i‘ t u p i r m e
h'Í°> y Pm" consigiiiento estaba ou él transfor­ (¿ui jji'o nubiv natu-S)
mada, allí fue lastimada y herida con su hijo; í u l i i Ci&C tU1tSik
y crucificándole á él el cuerpo, l'ue crucificad»
ella en el alma; y así l'ue la mayor mártir do Y usad con vuestros hijos de misericordia.
los mártires, pues padeció en la parte impasi­
ble que es el alma, siendo atravesada de cruel CO NS ID E RA C IÓ N D ECI MO NO VE NA
dolor. E sta consideración enternecía tanto á
San Bernardo, que le liacía decir: ¿Qué pecho Después de haber hablado á la madre, con­
puede ser tan de hierro, qué entrañas tan du­ viértese á su eterno Padre y propone una pia­
ras, que no se muevan á compasión ¡oh dulcí­ dosa queja de su sagrada humanidad. ¡Dios
sima Madre! considerando las lágrimas y do­ mío, Dios mío! ¿porqué me desamparaste? Este
lores que padeciste al pie de la cruz, cuando fue el más triste canto y la más ¿olorosa voz
viste á tu dulcísimo hijo sufrir tan grandes y que se oyó jamás en todas las generaciones, y
tan largos y tan vergonzosos tormentos? ¿Caá- la que más deben sentir nuestras almas. Pues
Ies serían tus suspiros y fatigas cuando viste á por ello entendemos el gravísimo desamparo
tus entrañas tan mal tratadas, y no las pudiste que padeció aquella santa humanidad, dejada
socorrer’/ V iste á tu hijo desnudo, y in lo pu­ en el piélago de sus tristezas, no sólo de su
diste vestir; vístelo transido de sed, y no lo pu­ Padre, sino de sí misma, no queriendo admitir
diste dar á beber; vistelo injuriado, y no le pu­ ningún género de consuelo, bebiendo puro el
d i s t e defender; vístelo infamado por malhechor, cáliz do su pasión, para con esto encender más
y no pudiste responder por él: viste escupido nuestro amor y darnos ánimo en nuestras tri­
su rostro, y no lo podías limpiar. Finalmente, bulaciones. Vuélvese luego al pueblo y dice con
viste sus ojos corriendo lágrimas, y no se las gran voz: S itio , «rSed tengo». ¿Qué es esto, mi
podías enjugar ni recoger aquel postrer huelgo Dios, más pena, os da la sed que la cruz? ¿Pues
que de su sagrado pecho salía, ni juntar eu uno no quejándoos de la cruz, os quejáis de la sed?
los rostros tan conocidos y tan amados y mo­ Claro está que la sed que os fatiga más es de
rir así abrazada con él. Bien sentistes enton­ mi salud que de agua, más de iai remedio que
ces el cumplimiento de la profecía de Simeón, de vuestro refrigerio. Corre uno y llena una es­
y experimentaste los acerados filos de aquel ponja de vinagre y pénesela á la boca de segui­
cuchillo. Bien pudiste, señora, decir: O ros da. ¡Oh malditos! de cuanta agua os sacó en el
omnes qui transitia per viam, attendite et r i dete desierto de una peña, ¿no ie daréis ahora una
si est dolor sicut dolor meus (Treno). Pues es­ poca? Si no la tenéis, llevad esa esponja á las
tando el Señor en el último trance y contienda fuentes de los ojos de la V irgen, que ella dará
da la muerte, cuando ya los postreros gemidos lágrimas eu abundancia que pueda beber. ¡Oh
levantaban su pecho atormentado, baja sus ojos viña de Sodorna que tal vino das! ¿El tiene sed
sangrientos y escurecid"s, que. mira el rostro de tu salvación y tú dasle hiel y vinagre? ¡Olí
difunto de su madre y al discípulo junto á ella. buen Jesús, este es el zumo de la manzana que
Y de la suerte que dos espejos vueltos el uno Adán comió; él lo gustó y vos sentís el amar­
contra el otro se miran, así la madre y el hijo gura y acedía! E sta es la purga para expeler de
se muestran el uno al otro los íntimos dolores mi alma los malos humores. Probado ei vinagre,
de sus corazones. Abre la boca el manso Cor­ dijo: Consum m atum est. Y a los dolores están
dero, y cou la lengua, que sola tenía libre, con­ en su punto; los tormentos que poco á poco lum
suela k su madre, diciendo: M ulier, ecce Jilius ido creciendo, ya han llegado á colmo; ya están
tuus: «Mujer, ves ahí á tu hijos. Y al discípulo: en lo sumo. Con esto queda cumplida la obe­
Yes ahí á tu madre. ¡Oh V irgen afligida, ¿qué diencia del Padre y acabada la obra de la reden­
consuelo te daré, si te Hamo madre al tiempo ción. Y a se ha dado glorioso remate á todas
que pierdes al hijo? Atorm entarse lian tus en­ las figuras, ceremonias, misterios del viejo tes­
trañas con esta voz. Si no me despido en tan tamento; confirmado queda el nuevo con la
largo camino, acrecentarse ha tu dolor, pues muerte del testador. Y a se ha hecho todo lo
llamóte 110 madre, sino: ¡ Mujer, cata ahí tu que ordenó la divina sabiduría, lo que pedía la
hijo! ííuevo dolor fue éste para la V irgen, pues justicia y abogaba la misericordia, y alcanzó la
le da el hijo del hombre por el H ijo de Dios, excesiva caridad. E a, Padre eterno, daos por
el discípulo por el maestro, el criado por el se­ bien pagado, recibid la satisfacción de vuestro
ñor; pero de gran honra para San Juan y de H ijo por el hombre, que más pagamos que de­
gran consuelo para todos los hijos espirituales bíamos. Decid vos, Señor, también: C om u m m a -
de. Cristo, que todos tenemos ya por madre á tum est. Dadnos conocimiento, finiquito de que
la Virgen, y con mucha, confianza podemos l le­ estáis satisfecho y pagado. Y pues lo más está
gar á pedirle mercedes, diciendo: hecho ¡olí buen Jesús! acabad lo que queda;
P R ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
dad "esa ánima benditísima á vuestro Padre, quémosla aqní al Señor, negándonos á nosotros
qne el tesoro es tan grande que no se debe po­ mismos, crucificando nuestros apetitos y pasio­
ner en otras manos: P a te r, in manus titas com- nes, lío haya más pecado mortal, pues t into le
m&ado spiritwn m&iim. «Padre,en tus manos en­ cuesta al H ijo de Dios; apartemos nuestro amor
comiendo mi espíritu». ¡Oh, cuán tos millones de de las cosas terrenas, abracemos con Cristo
ángeles estarían volando alrededor de la cruz, crucificado. Miralde qne tiene los brazos exten­
para servir y acompañar al alma de su D ios, didos para recibirnos, las manos rotas para ha­
lío resta, Señor, sino tomar la bendición de cernos mercedes, los pies enclavados para espe­
vuestra madre; y pues no tenéis pies con qué rarnos y perseveraren nuestro amor. Voces nos
hincaros de rodillas, ni manos para quitaros la está dando: Tota die expandí manus meim ad
corona, ni lengua para pedirle la bendición, in­ populum non credentem, sed contradicentem mihi
clinad la cabeza y pedidle licencia, E t in clin a - (Rom,, 10). M ás siente esta contradicción que
to capíte, emissit spiritum, Luego las criaturas Jos trabajos de la cruz. E l pecho tiene abin'lo
hacen sentimiento: el sol se viste de luto y con para daros entrada en sn corazón, la caluma
un general eclipse escarece toda la tierra; la inclinada para decir perpetuo sí á todas viifí.
Iun/t se pone tocas de viuda, y todo el cielo se tras peticiones. E s la muestra de la justicia di;
cubre por no ver al verdadero ISToé desnudo, es­ Dios, del odio que tiene al pecado; ésta es la re­
carnecido de sn malvado y maldito hijo Oam. comendación de la divina caridad, el baneu en
Arrástranse los pendones, rómpese, el velo del que se nos libran todos los bienes. 'Lloivinús
templo en dos parte?, tiembla la tierra, hácense nuestros pecados, compadeciéndonos de este
pedazos las piedras; toda la naturaleza liaos soberano muerto, y haciendo esto, vamos ni
sentimiento. Y como dice San León: I n obitu Padre eterno y digámosle: M anus nostrtr non
conditoris sui vellent omnia finiré. ¿Qué tal que- effmienvñt sanguinem Jmnc. Nuestros, mimos,
daríades vos, V irgen y Madre, Señora del mun­ Señor, que de antes os ofendían porque estaban
do? ¿Cuán sin culpa han hecho sobre vos tribu­ llenas de sangre de pecados, le. mataron; peni
to de tanta pena? ¿Conocéis vos, señora mía, ya lavadas con lágrimas y eon el agua del cos­
aquella figura? ¿Oistes aquella terrible voz? tado de vuestro Hijo, podernos decir que están
¿Cómo se ha descolorido el rubí en que se mi­ libres de su muerte por virtud de su pasión,
raban vuestros ojos? ¿Cómo se ha marchitado P rop itiu s esto, Dom ine, populo quem redimid!.
la flor de la mañana? ¿Cómo es eclipsado el sol Mirad, pues i oh Santo Padre! desde tu san­
de medio día? ¡Oh, castísimos ojos, guardados tuario en la faz de Cristo: mirad esta sacratí­
para verdugos de su alma en este dia! V enid sima hostia que te ofrece este sumo Pontífice
acá, pecadores, á consolar á la V irgen, pues vos­ por nuestros pecados. Y por el infinito olor de
otros sois causa de su dolor. Matadores del este sacrificio os pedimos uo os huelan sintl
Hijo de Dios, mirad cuál hau puesto vuestros nuestras maldades, ni enviéis sobre nosotros el
pecados á la misma inocencia. E ste es el muer­ castigo del derramamiento de esta sangre, sino
to que hoy ha parecido en la Iglesia, hijo úni- que abrasados eu el ara de la cruz con el 1'ui‘go
,co de la V irgen y H ijo natural de Dios. L os pe­ de su amor, seamos purificados y limpios y
cadores son los que le quitaron la vida, pues agradables en vuestro divino acatamiento, aquí
sólo mucre por nuestros pecados. Traigamos por gracia y después por gloria.
aquí la ternera de nuestra voluntad, y sacrifi- I Am én.
CONSI DERACIONES
BU LA

SOLEDAD Y LLANTO DE LA SACRATISIMA VIRGEN MARIA


NUESTRA SEÑORA

P o s t hcec autem rogavit P ila tu m Joseph


ab Arim uthea ( eo quod esset d iscip u lu sJ esv ,
occultus autem p r optar metum judm arvM ),
ut taller et corpiin Jesu.
(J o an ., 19),

Suelen los hijos eti los entierros de sus padres otros hacer en la sepultura de Cristo, no viejo
ir mny cubiertos de hito, con largas lobas quo anciano, sino mancebo de treinta y tres años,
arrastren y ton capuces; con lienzos cu las el más hermoso de todos los nacidos, que con
manos enjugando las lágrimas de los ojos. Y lágrimas en los ojos y gotas de sangre que sudó
no parece nial este sentimiento; en especial si, de t.odo su cuerpo, lloró nuestras culpas comi­
por dejarlos sus padres aventajados en mayo­ das do las fieras de nuestras culpas; y nos me­
razgos, dignidades y ofieios, so entregaron á joró, 110 en la tierra del Príncipe deshonesto,
k s ocasiones manifiestas de su muerte. L os que sino eu la celestial herencia de la bienaventu­
esta tarde venís á los templos entapizados de ranza? Y si á José' lo acompañaron tantos de
luto; los que en este lugar nos subimos y los la casa de Faraón, los principales y ancianos,
que desde abajo escucháis, más segura y des­ bien será que para estas dolorosas exequias, el
cansadamente, sabed quo venimos á celebrar el más ilustro acompañe boy á José Arimatea,
entierro de nuestro padre Jesucristo, que por noble senador y veinticuatro, y el más letrado,
lavar nuestras culpas y dejarnos ricos, con el á Nicudemus, maestro de la ley, y el linaje de­
mayorazgo del cielo, se entregó él mismo i la voto do las mujeres á la V irgen santísima y á
muerte. Por tanto, si dejadas las alegrías del sus compañeras. Para que de tan sagrado tú ­
mundo, trajéremos enlutado el corazón con la mulo podamos sentir y hablar como es razón,
tristeza y sentimiento de su muerte, y si la de­ pidamos á la V irgen apasionadísima nos alcan­
voción del alma y ternura del espíritu hiciere á ce alguna parte de su pasión, y eon su interce­
los ojos fuentes, bien se deben las lágrimas sión sacratísima la gracia del Espíritu Santo.
temporales al quo lloró por librarnos de k s A ve.
eternas, y proponiéndole por una parto el gozo
y descanso, de otra la tristeza y tormento, echó IN T R O D U C C IÓ N
mano de la tristeza, dolor y con fusión de la cruz.
Qui proposito st-bi gandió sustim át crucem, con- Son las cosas de la muerte y pasión de Je­
fuxione contempla. Si el Santo José, viendo di­ sucristo nuestro Redentor tan llenas de miste­
funto á su padre anciano, derribado sobre su rios que agotan el caudal de todo entendimien­
rostro, lloró, y pidiendo al rey licencia le llevó to criado, y pierde pie y se anega en este
eon ilustre acompañamiento al sepulcro de la Océano de grandezas. Tiempo en que vemos
tierra de Canaán, y le ungió con bálsamos olo­ por nuestros ojos que manda el Padre eterno
rosos y otras especies aromáticas, y conside­ hacer justicia de su unigénito Hijo, inocentísi­
rando las lágrimas que había costado á su pa­ mo, sapientísimo, poderosísimo, igual eon E l,
dre cuando lo tuvo por comido de la fiera, y la E s un día donde vemos á Dios muerto, afren­
mejora que le hizo do la tierra de Sichen, tornó tado, escupido, sentenciado, por mandado de
a hacer de nuevo gran llanto, ¿cnanto mayor hombres puesto entre ladrones. Puso este día
sentimiento y más amargo llanto debemos jios- espanto al cielo y á la tierra, y á los infiernos,
438 PR E D IC A D O R E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
y á todos los pasmó y sacó de juicio. L os que ab eis. E ra para ellos algarabía; tanto que para
t í o entendían quién era el que padecía, estaban dárselo Cristo á entender desentierra los muer­
locos, y Jos qne lo entendían, también estaban tos (como acá decís) y saca el día do su trans­
sin juicio. Espantó al cielo ver la junta que figuración á Moisés y á E lias, que lo tratasen
hizo Dios de cosas tan desproporcionadas de y hablasen con é], porqne á los vivos se hiciese
majestad, grandeza, gloria, poderío y bondad creedero. También es negocio que espantó á loa
de Dios, con los blasones y baldones de la cruz, infiernos, y á aquella horrenda canalla, que se
que era horca, deshonra, tormento dn malhe­ hallaron cnando menos pensaron vencidos y
chores. Hecho estaba y no lo entendían bien, y quitados sus presos, saqueada su antigua mo­
así preguntan en la Ascensión de Cristo: Qtás rada. Entonces se cumplió el cantar de los hi­
est iste qui venií de Edora, tinctis vettilm# de jos de Israel: Tvmc eontvrbnti sunt principes
tíosra? Iste form osiis in stola sua, gradién» in JEdom, robustos Moab obtinuit tremor, obrigng-
m ultitudine jbrtitudiiiis stuv? (Isa ía s, 6 8 ', runt omnes habitatores Caim an (E xod., l.i):
¿Quién es e'ste qne viene de Edcn? ¿De ese mun­ «Entonces so turbaron los Príncipes sanguino­
do terreno y sangriento, que siempre está ba­ lentos, los robustos y valientes de Moab tem­
ñado con la sangre de sus pecados? E ste que blaron y quedaron amilanarlos; y todos los mo­
tuyo sus vestiduras manchadas y teñidas en la radores de aquellas tartáreas cavernas (don­
vendimia eje sn pasión con el mosto de la san­ de reina la envidia) se pasmaron y secaron do
gre, ¿corno viene ahora tan hermoso y galán en asombro v espanto». Porqne juzgado por sí, no
su estola? Carne tan aleada, ¿cómo viene tan pudieron imaginar que D ios se pusiera á hacer
hermosa? E l qne entonces estaba tan flaco, lo quo ellos no hicieran. Y pnes estas cosas
¿cómo viene ahora tan fuerte que sube pom­ son talos que á todos ponen asombro, ángeles,
peando por los aires aJ cielo? Espectáculo fue hombres, demonios, y los dejan embelesados,
eu que tuvieron bien qne mirar y aun que atónitos y ruera de sí, 110 es maravilla que no
aprender. Como dice el Apóstol: Ut innot'es- tenga nombre ni so halle palabra ajustada á k
cat principibus et potestatibvs in calestibus, grandeza dellas. San Pablo no se atreve á po­
p er E clesium , m ulti formis sapientia D ei. Para nerías nombre con haber estudiado en el tercer
que aprendan y vean los principes y grandes cielo, sino dice: Recogitante eum (¡vi talem «■
•«*-
del cielo, y sepan los más sabios querubines, tinuit adversw semetipmim a peecatoribus con-
cómo puede ser Dios y entre pasiones del mun­ tradictionem. ccParaos una vez y otra á pensar
do sin perder punto de su gloria, y cómo hom­ en él, que tal contradicción sufrió contra sí mis­
bre y entre la gloria de Dios sin perder un punto mo de mano de los pecadores», H ase de pon­
de tormento; cómo Dios y entre serafines en el derar, qne así como dijo E u m , «aquel)', poique
cielo, juntamente crucificado entre ladrones en no era cosa que se podía sumar quién ora el
la tierra; Dios H ijo entre el Padre y ol E sp í­ que pádecía, S11 grandeza y majestad: no hay
ritu santo, y ese mesmo muerto entre malhe­ términos para decir eso. Como dijo allá el sabio:
chores. D e más de esto, espantó á los hombres, Quod no-men est e.jvs? «¿Quio'n es ese: ¿El?
y no digo á los incrédulos, que esos unos lo te­ ¿No tiene nombre?» A s í dice: Talem . Tal enn
nían por escándalo y otros por locura y desati­ tradiceión. ¿Pero qué tal? N o hay nombre para
no, sino á los mejores y más santos. Isaías lo pa­ eso. L a persona y la pasión 110 se pueden espe­
rece que no ha de haber quien lo crea. D om ine, cificar. Y así Moisés y E lias, cuando de ella
quis credidit a u ditvi nostro? ¿Quién creerá esto trataron, no le pusieron nombre propio A lo
cuando lo oyere, que parece increíble? Aba ene uno ni á lo otro, sino dicebant excessum ejus:
dice que lo oyó y le tiemblan las carnes de oírlo. el exceso del E l, E um , de San Pablo: i/iu-m
D om ine , audivi av-ditionen tuam et lim ui. Y que­ completnrvs erat in Hierusatem. Salió Dios
dó asombrado, temeroso y despavorido. E l Prín­ do sí en este hecho. Pasó todas las rayas, re­
cipe de los apóstoles, que más ilustremente glas y límites. D eus autem qui dires est in
confesó la divinidad de Cristo, y con mayor misericordia, propter nimiam charitatem suam
fervor le amó, oyendo al Señor tratar de su qua d ilex it nos, et cum essemus mortvi per­
muerte, le dice: A b sit a te , Domine, non erit tibi cutís, convivijicabit nos in Christo (Efes., 2).
hoc. «Arriedro vaya de vos, que tal cosa venga Excedió en la demostración de su amor, justi­
por vos». Pues lo demás discípulos estaban tan cia, misericordia y sabiduría. Fueron demasia­
ajenos de pensar que Dios había de morir, que das sus obras, y asi exceden á las palabras: no
dictándoselo Cristo tan claro como esto: Mirad se les ponga otro nombre, sino exceso. De aquí
que ahora subimos á Jerusalem, y el hijo de la veremos él artificioso estilo del A gu ila Real
V irgen será relajado al brazo seglar de los y sagrado corouista en contarnos estas cosas
gentiles, y lo azotarán, y lo escarnecerán y es­ que no les quiere dar otro nombre, sino post
cupirán, y lo crucificarán. E t ip si n ih il horum kcec: «Después de estas cosas». ¿Qué cosas?
intellixerunt et erat verbum istud absconditum ¿No tienen nombre? — No, señor.— ¿Viose en
P. FR. A L O N SO DE C AB R E R A 439
el mundo más extraña brevedad y resolución? y con la eaña lastimada; los ojos rasgados, co­
¿Tal tropel de misterios como en el largo dis­ cidos de polvo y de sangre mezclada; el bellísi­
curso (le la pasión acontecieron, resumirlos en mo rostro golpeado con puñetes y bofetadas,
tan breve epílogo, cifrarlos en tal compendio? afeado con salivas (afrentoso y doloroso tor­
Es abrazar el cielo en el puño, y recoger la mar mento}; barbíj y cabellos mesados y arrancados;
en un estrecho vaso. pies rotos, clavados; manos abiertas, rasgadas;
el cuerpo todo sembrado de llagas y cardenales,
CONSIPERAOIÓN PH IMKEA como el cuerpo dej mundo por quien' padecía,
que en si no tenía (¡osa sana; A p la n ta p ed ís
Post haic. Palabra preñadísima que encierra vsque ad verticem non est in eo san¡itas; agí no
ti>do cuanto sucedió y pasó desdo el huerto la hay en el cuerpo del Salvador. Después de
(iloudc sudó el H ijo de Dios sangre) hasta el haber padecido en los sentidos todos; en el tac­
sudor frío de la muerte. Aquel escuadrón de to, con el dolor general y e$tar. desenlazada
trabajos y vituperios que sobre el Redentor ha­ aquella compostura tan sensible y perfecta, y
bían descargado. P o s t ha>c. Quiere decir: des • los encajes del pacliQ desabrochados; pj gus^o,
¡mes que el buen Jesús padeció en todas los co­ con sed, ¡uel y vinagre ofendido; el olfato, con
sas que por alguna vía retocaba; después que el mal olor de aque] lugar 3b.qmin.qV.le; los oídos,
padeció en los amigos tan amados: que el unq oyendo tantos depuestos y blasfeipias; ja vista,
le vende á traición, y el otro le niega y se afren­ viendo delante de sí al pie de la cruz á sn aman-
ta de haberle conocido y lo tiene por caso de tísima ruadle, 4e mortales tristezas, traspasada.
menos saber; y los otros todos, relicto eo,Ju- ¿A qué hombre 110 le ^pan los qjos para que
i/enmt, dejando al manso Cordero solo, en po- no vea el cuchillo que le ha de matar? Pero á
iIlt de aquellos lobos carniceros, deseosos de Cristo, que vea Jos clavos y ja er.vjz y la lleve á
despedazarle, todos huyeron y le desampararon. cuestas. Y finalmente, despua's que no quedó
Después que fue maltratado en la fama; porque nación ni género de gente que no le persiguie­
jamás se dijeron de hombre tales blasfemias; se; judíos, gentiles, pontífices, sacerdotes, fa­
llamándole embaidor, endemoniado, comunero, riseos, Herodes rey, Pilatos presidente, hom­
revoltoso, engañador. Después que fue ofendi­ bres, mujeres; hasta su mis(no Padre Je desam­
do cu la honra, apreciando al mayorazgo del para, para que muera sin ningúii genero de
cielo en treinta dineros, prendiéndolo como á alivio ni de consuelo en la cruz.
ladrón, azotándolo como á esclavo, escarnecién­
dolo como á loco, mofando de su dignidad real, C O N S I DE R A C I Ó N SEGUNDA
¡ligando con di á los cañazos y torniscones, adi­
vina quien te dio; poniéndolo en competencia P o s t h¡ve. Después de es^as cosas, entra la
de Barrabás sedicioso y homicida, y al cabo te­ soledad de ja V irgen. Tras de la pasión del
niéndolo por peor y por más indigno d éla vida H ijo se sigue la compasión de la madre, por­
que á él. Despué-: que padeció en la hacienda, que veáis si Hueve ^obr^ mojado, y el dolor
despojándole de §us ropas y dejándole desnudo que sobre tantos dolores pae, si de razón lia eje
i'ii carnes, su virginal cuerpo á la vergüenza; ser desigual después que por oídas supo de $an
nu hubo más, Señor, que llevante, ni te pudo Juan y de la Magdalena la pjisa y crueldad
sacar más el fiscal ni tomar los verdugos; por­ con qne llevaban á su H ijo á morir, y despiiós
que, aunque Señor de ciclos y tierra, 110 tenías que ella salió para ser testigo (le vista de lo
dónde reclinar tu cabeza ni en que caer muerto. quo tanto fallía de atormentar su corazpp. Y
Después quo padeció en el alma, porque sus como la reina de Sabá, qpe Djdá l,a fapia de
angustias y temores fueron terribles; como pa­ Salomón vino del cabo eje la tierrq ^ ver con
rece en el huerto, donde le tomaron tristezas dp sus ojos las grandezas j sfl.liidnWS que fie él
muerte, ansias y congojas espantosas: Tímor había oído, después que entró en su casa, t i ­
et tremor venerunt super me et contexerunt me llen# autent omnem sqpientiqip Salom onis et
tencira;, «Han dado sobre mi el temor y el tem­ doinum quam aid¿$ra,rcrat, et cib.o.s mensa1 ej.us,
blor; hanme oprimido los asombros y pavores, et habitáculo, ae?To>,^, e,t orefipis mimstran-
y hanme cubierto el corazón tinieblas escuri- fiitm, restesqye eorum et pi^Qernas. et holocaus­
siuias de tristezas!; hanme anublado el ajpia to, qiuv offerebat in rioper p.oinini, non liabebat
aquella terrible y disforme visión do yuestros ultra spírítum: «VjgpdD la cas?). real que había
disformes pecadps: Ja viya representación dp edificado, los manjares dp su Huesa, jos apo­
sus dolores que le fatigara^ y apremia rje sentos de snsj priados, ql orden ¡Je Jos minis­
suerte que esprime aqqel espantoso §i}dor de tros, sug librqap: vjo los tjg ía bpea qne 3e ser­
sangre. Después qpe padeció en todas las par­ vían de Ja ¡jopa, £ los pwrj jipíos que ofrecían
tes de su deljcaflísjmo cuerpo, ^in qijedqr nin­ en el |emplq, y quedó fijgra sí, y sin espiri­
guna: sagrada cabeza penetrad^ con espinas, ta», dijo al rgy-: «Verdad ep ]p gue pie depíaij, y
440 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
más he visto con mis ojos ele lo que me supie­ allí ardió todo con el fuego de sus tormentos,
ron decir de tu. sabiduría; k mitad de lo que ofrecido al Padre, y recibido con tanta acepta­
es no me liabían contado». A si al tiempo que ción y suavidad, como lo merecia el sacerdute
el verdadero Salomón, Jesucristo, estaba coro­ y el sacrificio de la ley vieja. A llí trató la reina
nado eon la diadema de espinas que le puso su soberana sus secretos y enigmas cou el rey Sa­
madre la Sinagoga, y con el cetro de la cruz á lomón. A llí hablaban los corazones y se encon­
cuestas, fa ctu s est principatus super Jumerum traban los ojos de la madre con los del hijo:
ej-us\ salió la .Ueina de los ángeles (mujer iner­ los cuales no sintieron mayor lesión que la que
te, cuyo precio es procul et de v.ltimis finibus ella le causó con su presencia. Corrían lágri­
p nctium ejus) á la fama de su sabiduría, con mas de los ojos del hijo y de los de la madre,
deseo de ver con sus ojos lo que había oido. Y que parecían los cuatro ríos del paraíso. V con
yendo en su seguimiento hasta el Calvario, vio todo su sentimiento, stabat ju xta crucem Jes'i
la sabiduría de Salomón, que es la cruz de Je­ ■mater ejus: «Estaba en pie junto á la crtiz».
sucristo, que aunque es escándalo para los ju­ Tome sn lugar en la edificación de la Iglesia,
díos, y locura para los gentiles, es virtud de que es ser cuello. Y así todos los dolores y pa­
D ios y sabiduría divina con que trazó la repa­ siones del hijo daban de golpe en el corazón
ración del templo de la Iglesia. V io la realeza de la madre, y le lastimaba más que si en mi
de su tratamiento, que á menudo mudaba ro­ propia carne los recibiera; porque allí le atra­
pas. E n casa.de Herodes las mudó una vez, y vesó las entrañas el agndo cuchillo que Simeón
dos ó tres en casa de Pilatos, y al pie de la desenvainó: E t tuam ipsius animtrm p ertraw i-
cruz se la quitaron otra vez muy á costa de sus bit t/ladius. L a espada de la pasión de Cristo
carnes y llagas, que allí se refrescaran y des­ lo traspasó el alma; y como estaba junto á hi
cortezaran al despegar de la ropa, y se comen­ cruz, ju xta crucem. entra la espada en su cora­
zó de nuevo á desangrar. V io la casa que edi­ zón hasta la cruz. Do aquí infiere San Jeróni­
ficó en la cruz, que es la Iglesia qne sacó de su mo que fue la V irgen corona de todos los már­
costado, sustentada con siete columnas de siete tires; porque ellos padecieron en la carne sen­
sacramentos, jaspeadas de agiia y sangre que sible, y la V irgen en el alma, que es impasible.
salió de la. llaga del costado. V io los manjares Ellos, en lo que aborrecían, que ora sn carne:
de su mesa: todas las afrentas, injurias, vitu­ la V irgen, en lo que más que á sí amaba. q ; ; e
perios, que eran los potajes, viandas exquisitas era su hijo. E s tanta k. coniormidad qne hay
y saínetes de que había de comer hasta hartar, en los miembros del cuerpo que, como dice el
como dice el profeta Jeremías: Saturahitur apóstol: S i quid patitu r unum membrwn, rom-
oppi'obüs. V io los aposentos de sus siervos, patiuntur omnia mimbra, y cada uno tone:
aquellas cavernas y cuevas cavadas con fuerza- por suyo el dolor del otro. L a V irgen que pa­
de hierro en la piedra viva, que es Cristo, para dece en su alma y corazón, que es su hijo y su
aposentar á sus fieles, con que convida á las cabeza, tan graves dolores, ¿qué compasiú;:
palomas sencillas de las almas devotas. Colum ­ será la suya? ¿qué angustia? ¿qué aflicción
ba mea, in fnram im bus pétrea, in caverna mrwe- Dice San Jerónimo que cada golpe qne al Ile-
rim\ «Paloma uaía, ven á anidarte en los agu­ dentor daban era una lanzada para la madre.
jeros de la piedra y en la abertura de la pared». Pues si el cuerpo de Cristo estaba eon seis niii
Aquellas cinco llagas mortales, de las cuales azotes, la cabeza bocha una criba de las espi­
vio llover sangre sobre sí. A llí consideró el or­ nas, pies y manos taladrados, y todo su cuerp.i
den que se guardaba en servirle, que aunque leproso y herido, ¿qué tal estaría el corazón vir­
los ministros eran rabiosos y desatinados, guar­ ginal? Píntanla atravesada con siete espadas;
daban tanto orden como si tuvieran el arancel con siete mil os habían de pintar, V irgen pia­
de las sagradas Escrituras delante. Unos le dosísima, y era poco.
sirven injurias, otros blasfemias, otros divoivos
ensayes y géneros de tormento. A llí vio tam­ C O N S I DE R A C I Ó N TE R C E I Í A
bién las libreas de los siervos: no sólo las lan­
zas, armas, martillos, clavos, tenazas, sogas, Todas las cosas hizo el Señor en número,
que traían los soldados y sayones, sino las peso y medida, si 110 son dos: amor y dolor.
lib reas y lutos que sacaron aquel día las criatu­ E l amor, dice San Bernardo, motín & amuria
ras; el sol escurecido, la luna eclipsada para e$t sine modo diligcre , y ol dolor á medida riel
llorar la muerte do so. criador. V io también el amor, amor sin medida, dolor sin ella. Ponde­
servicio de los que servían la, copa: que prime­ remos ahora (si es posible) el amor de la V ir-
ro le dieron vino mirrado á beber sin pedirlo, y gen. E l amor natural que hay mayor es el <le
después, pidiéndolo E l en la cruz, le dieron la madre á nn hijo único y solo. Y este fm> el
hiel y vinagre en una esponja. A l fin, vio aquel mayor encarecimiento quo hizo David del gran
Sacrificio y holQcaustq d.e valor infinito, que am or que ten ía á su am ig o J o n a tá s ; S icu t mo.-
P. FE. A L O N SO DE C AB R E R A 441
ter u ni cum amaí Jilium , ita ego te diliqebam. lc o s a ; conforme con la voluntad del Padre
Cuando una madre tiene muchos hijos, tiene el eterno, resignada en sus manos, sabedora del
amor repartido entre todos, y así no es tan paradero de su H ijo; certísima en la fe de su
grande en cada uno de ellos; pero si no es más divinidad. E so significa en decir que estaba en
de uno, pone allí toda, la fuerza de su querer. pie. Mas la otra palabra, ju xta emeem, muestra
Como la fuente que no tiene más que un des­ el interno dolor de su corazón, porque es la
aguadero, por él deriva todo el caudal de sn que más cerca está de la cruz después de su
corriente. No tenía la Virgen más que esta hijo; la que más participó de sns dolores; la
lumbre de sus ojos que hoy le han apagado; no más afligida y atribulada. Paréceme que veo
más que este espejo cristalino en que se remi­ aquí al patriarca Abraliam cuando Dios le man­
raba; amábale como á su hijo único á solas. dó ir á sacrificar á su hijo. ¡Qué animoso va el
Las otras madres, arinque no tengan más que buen viejo honrado! A media noche se levanta,
un solo hijo, Amenle á medias cou el padre que y él mismo apareja el jumento. ¿Qué es verlo
lo engendró; pero la V irgen ama á su hijo á subir la cuesta con tanto brío, su rostro sereno,
solas en cnanto hombre, porque así no tiene en una mano el cuchillo y en otra el fuego;
[ladre, y es todo suyo; y así su amor natural se hacer el altar, disponerse para el sacrificio? D e­
aventaja á todos los amores. Piles el amor so­ cid buen hombre, ¿sabéis lo que vais á hacer?
brenatural, qne es el más fuerte, ninguna cria­ ¿Sabéis quo vais á ser verdugo del hijo que salió
tura como ella; porque la cavidad es á medida de vuestras entrañas? ¿ Y que vais á cortar con
de la gracia. L a V irgen llena de gracia eon el su cabeza la parte más tierna y más sensible
lleno que convenía para ser madre de Dios, y de vuestro corazón? ¡Oh, quién le viera ei co­
así llena de caridad. E l amor tiene raíz en el razón dentro del pecho, y cuán diferente le ha­
conocimiento del valor de la cosa amada, y llara del semblante! ¡Qué tierno, qué lastimado,
crece con los beneficios. Nadie tanto alcanzó qué lloroso! N o era menester sino tocarle para
de Crista como su madre; porque le concibió que reventara eu gritos y lágrimas, i Oh, cómo
por el Espíritu Santo, y In trató y conversó le debió tocar en lo vivo del alma aquella pre­
unía su vida, y tuvo más alio conocimiento dél gunta de su hijo: P a ter mi, ecr.e ignis et ligua;
que todos los ángeles. Nadie más beneficios re­ ■ubi est victima holocausti? E a, buen viejo,
cibió de su mano, pues la levantó á la dignidad que os aprieta Dios los cordeles para haceros
de ser madre de Dios, que es infinita. A sí, le salir. ¿Qué pensáis que sintió aquí el corazón
amaba con un amor de caridad tau encendida, del padre, qne sabe que el mismo que le pre­
que la de los abrasados serafines es tibia en su gunta es el cordero que ha de ser sacrificado?
presencia. Am ábale como á su Dios, esposo, Fue una estocada por el corazón; estuvo por
criador, hijo, Redentor; como madre y como romper en gran alarido los cielos; pero calla y
esclava redimida con su sangre. Pues si e] dolor tra g a ; recuécelo allá dentro por no mostrar
habia de ter semejante al amor, y á la tasa y flaqueza: E l Señor proveerá, hijo mío. A s í está
medida suya, porque tanto duele la pérdida de la madre piadosa al pie del altar, donde se hace
una cosa, cuanto más se ama y estima y por el sacrificio cruento de su hijo amado. E n lo
mayor bien se conoce. Siendo el amor de la exterior: stahat. N o acobardada ni amortecida,
Virgen tan sin medida, ¿qué tal sería su dolor? sino como Reina del ciclo, entera, su rostro
¿Cómo sentiría esta pérdida? ¿Cómo aterraría grave y sereno, aunque afligido, triste y baña­
esta calamidad á la que le amaba con amor na­ do en honestísimas lágrimas. P ero, señora,
tural tan extraordinario y con amor de caridad ¡quién os mirara el corazón! ¡Oh, qué tierno,
tan excesivo, y según estos dos amores se dolía? qué regalado, qué recocido con dolor! ¡ Qué
Do tales dos manantiales, ¿qué arroyos do an­ lleno de tristezas! ¡O b, cómo os debió tocaren
gustias y penas correrían al corazón de la V ir ­ el alma aquella palabra de vuestro hijo, qne fne
gen? Que como estanque de agua que por dos la postrera que os habló en estado mortal: M u ­
partes se va llenando, y por estas dos vías se lier, ecce jilin s tim s ,1 N o os pone el nombre de
hacia nn mar de dolor. ¿Hay quien pueda tan­ madre por 110 lastimar con el regalo de eso
tear este dolor? ¿Hay entendimiento criado que nombre vuestro afligido corazón. De suerte que
lo pueda compreliender? N o. A sí como no pue­ está firme y lastimada. Cual suele en los días
de tantearse el amor, Como la reina de Sabá de invierno estar el valle cubierto de niebla y
quedó viendo esto casi siu vida, y sin aliento, la cumbre del monte esclarecida con los rayos
non habebat ultra spiritum . Eseureeióse su co­ del sol, así está el alma de la V irgen : en lo
raron y no había cosa en su alma que no estu­ alto de la razón superior serena y clara con­
viese poseída de dolor M as con todo eso, sta- forme á la voluntad del Padre, ofreciéndole á
hat ju x ta crucem: «Estalla junto á la cruz», su hijo con mayor caridad qne Abraham por la
enhiesta, derecha y constante como columna salud de los hombres: pero en el valle de la ra­
iuiiióvjl do la Iglesia, como mujer fuerte y y¡*- zón inferior (donde se miran á solas las razo-
442 PR ED ICAD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
r, 's que hay para sentir dolor por la muerte del han dejado y no os conocen. Vuestros queri­
hijo) está su piadoso corazón anublado do mor­ dos discípulos, al tiempo de la mayor necesi­
tales tristezas, llagado de crueles heridas, ver­ dad os han faltado, los amigos no parecen, no
tiendo lágrimas de sangre, tienen ya los unos disculpa, pues ya son idos
los enemigos. Y a no hay aquí sino este campo
c .o im p E u ^ p ió fr cuarta
solo, y vos en él solísimo, yo la más sola de
todas las mujeres. ¡Oh, hijo mío y Dios mío,
Siendo, pues, los dolores de la V irgen tan no querría yo más de que os quitasen de esa
desiguales, y habiendo visto por sus ojos más cruz y os pusiesen en estos mis brazos! ¡Oh,
de lo que podía saber y barruutar por oidas. cruz dichosa, que allá tienes mi tesoro, y no
P o s t lu sa «Después de estas cosas». Bien hace me lo das; clavado lo tienes, y no lo sueltas!
el evangelista en no poner nombre á la compa­ F lecte ramos,arbor alta,tensa laxa viscera. ¡Oh
sión de la madre; pues no le hay para la pa­ cedro más alto que los del Líbano, inclina esas
sión del hijo. N o se mida su dolor, pues 'no ramas, dobla esos brazos, ablanda esas duras y
tiene tasa su amor. Después de estas lástimas, yertas entrañas, remite el rigor natural eon
sobre tantas fatigas, cae ahora la soledad, su que tan estirado tienes ese delicado cuerpo;
desamparo. Véese sola en el Calvario, el hijo bájate para que yo pueda tomar mi caro depó­
do sus entrañas muerto, la cruz alta, las fuer­ sito. Pero, señora, si no se os concede eso; si
zas flacas, sin mortaja ni sepultura; la tarde se no hay orden de sepultar vuestro hijo, ¿que
acaba; la fiesta venía en que no se podía ente­ haréis? — ¿Qné? Morir aquí en su compañía.—
rrar. ¿Qué hará en tal necesidad ia madre des­ Si Joab, ochando mano del altar, aferrá de ma­
consolada? Qiwmodo sedet gola tirita s p le n a nera que por no salir ni soltarlo se dejó matar
■populo! Jacta est quasi viclua domina gentiam. cu el mismo lugar: N o n egrediar , sed hic mo-
P rin ceps provintiarum facta est sub tributo riar, la V irgen que está jv x ta crucem, asida de
(Treno, 1). ¿Cómo está tan sola la ciudad de aquel altar y propiciatorio, donde se ofreció
Dios que de antes solía estar tan frecuentada aquel holocausto de infinita suavidad para apla­
y acompañada? ¿Qué es de los coros de los car al Padre, seguro que no le deje. N o n egre­
ángeles que solían servirla, y vinieron á te­ diar, sed Me moriar: «No me iré, sino aquí me
nerle compañía, en su sagrado parto? ¿Cómo quiero dejar morir». Aquella mujer Respha que
está viuda la señora de las gentes de tan re­ tenía crucificados dos hijos, vistióse de cilicio,
galado Esposo? L a princesa de los reinos, que y ochada en una piedra los guardó desde ul
tan libre está de culpa, ¿quién la lia hecho tri­ principio de las m'ieses hasta que comenzó á
butaria de tanta pena? Sns hermosísimos ojos llover por el otoño, sin dejarlos comer á las
tiene hechos fuentes, que sin cesar riegan y ba­ bestias de noche y á las aves de día, hasta qne
ñan sus rosadas mejillas. Mas es tanta su or­ constando al rey David la perseverancia do la
fandad, que non est qui conso le tter eam ex óm­ madre, mandó quo enterrasen honradamente á
nibus charis ejus; om.nes am ia ejm spreverunt los hijos. V os, señora, tenéis un hijo crucifica­
i'.am; «No hay quien la consuele de todos sus ca­ do, que aunque es uno en la persona tiene dos
rillos; no hay quien le enjugue sus lágrimas; no naturalezas, divina y humana; no os faltará
hay quien dé remedio á su pena». L os que an­ ánimo ni valor para guardar vuestro hijo, y no
tes se le daban por amigos, ahora que la ven sin partiros de día ni de noche de él, no sólo para
hijo k han despreciado. Cuando ella tenía vivo aventar las fieras, sino para arrodillaros á los
á su bien, todos la habían menester, rogaban y sayones que le quisieren maltratar. Poro el P a­
á todos acudía. ¡Que' do necesidades debió de dre eterno, vista vuestra constancia, teniendo
remediar la piadosa señora, como aquella de las atención á vuestras lágrimas, manda que vues­
bodas! Vimán non habenl. No debió de ser esta tro hijo sea honradamente enterrado. Y asi
sola. Cuando ella tenía á su hijo, de todos era pone en corazón á José, noble caballero, que
respetada; pero ahora que está sola, queda po­ era discípulo de Jesús (pero hasta allí habia
bre, viuda y triste; no hay quien se acuerde de estado encubierto por miedo de los judíos):
ella. L a que á todos socorría, no tiene eon qué éste toma la mano en hacer ese entierro. E t
comprar una sábana en que amortajar á su audacter introivit ad P ita tu m et p etiif corpvs
hijo, ni un palmo de tierra, cuanto más siete Jesu. Ayúdale también para ello Nieodemus.
pies para enterrarlo. Con qué dolorosos senti­ maestro do la ley, que antes había hablado con
mientos se volvería á su hijo, y le diría: ¡Oh, Cristo de noche, y dándose por su discipulo
hijo de mis entrañas, y qué solo y desampara­ ahora se descubro y trae cien libras de mirra y
do os reo! L as compañas de gentes que os se­ áloes para embalsamar el cuerpo. Extraños
guían, á quien enseñastes dotrina tlé vida, á efectos fueron los de la sangre de Cristo, y
quien distes de comer en los desiertos, á quien muy nuevo el modo de pelear que el Salvador
curastes de todas sus enfermedades, todos os en sn pasión inventó; y conviénenos saberlo,
P. FR. ALO N SO P E C A B R E R A 443
pues somos soldados de su milicia. E sto es, de Cristo, ¿Quién duda sino que l a V irgen lo
pues, lo que anima á José que liablc á Pila!os. consolaría y ayudaría á morir? Ea, señora, ¿que­
y á Nicodemus que lo .acompañe. réis algún despacho para vuestro hijo? Porque
hay mensajero cierto para donde él está: el la­
drón está el pie en el estribo, y antes de mucho
p ossiE jE H A piórr q u in t a
estará con él. Bien creo que lé daría encomien­
P ila tu s autem mirabatur s i ja m obiisset. das para su hijo. U t n v n c ictis ei qu ia amore
Como las prosperidades do los enemigos siem­ langueo\ «Decidle que estoy enferma de amor,
pre parecen mayores, así los desastres y tor­ que me aqueja su deseo y m e atormenta bu so­
mentos siempre parecen menores. N o le pare­ ledad)). A d J e s ’iw autem cum ven issen !, ut r i-
cieron á Pilatos los tormentos de Cristo tan derv-nt eum ja m mortuum , non Ji-eg erunt ejiis
grandes que le pudiesen tan presto acabar; y cru ra . 'Vienen también á quebrantar á Cristi}
así se espantó que sea m uerto.'¡D e qué te es­ las piernas. ¡Oh, V irgen, poneos delante por
pantas, P latos? ¿No ves qne con ser Dios tam­ escudo; descarguen sobre vos sus rigurosos
bién es hninbrc y mortal como tú? Mandaba la brazos! ¡Cómo se arrodillaría la Emperatriz de
ley qne no diesen más de cuarenta azotes al loa ángeles delante dellos! — ¡Por A quel que nos
malhechor, porque no cay eso muerto á los pies mira desde el cielo que no le lastiméis! Y o
del v e r d u g o j mándasle tú dar seis mil con ra­ soy la madre que lo parió, afligida y desconso­
biosa crueldad, ¿y maravillaste qne sea muer­ lada; si mi hijo os tenía descontentos y agra­
to? Cnando salió de tu casa con la cruz á cues­ viados, ya le habéis muerto; él os tiene'perdo­
tas, era tan grande el peso, y tanta su flaque­ nada la muerte, y yo os la perdono. Y si 110
za, que alquilan nn hombre bajo que se la ayu­ estáis satisfechos, volved contra mi vuestras
de á llevar, porque* uo espire en el camino, espadas, quebrad en luí vuestros e n o j o s y de­
pasando sobre esto de nuevo tantos dolores, jadle á él.— Mientras ella estaba haciendo estas
que cada uno por sí bastaba á acabar un hom­ súplicas, nnits m ilitu m lan cea h d u s ejus ape-
bre, ¿y maravillaste? Estando los hijos de I s ­ rit, llega Longinos y por cima la cabeza de la
rael afligidos y cansados sobre manera en madre dale por el costado una cruel lanzada,
E gipto, aborrecidos y maltratados de los gita­ que rompe el pecho y va rasgando las entra­
nos, tanto que diee la Escritura que ad. am a- ñas hasta llegar al corazón. ¡Olí, manos crue­
ritm linem p erd u reb a n t ritam illo ru m operibus les! ,O h, lanza rigurosa, y qué de entrañas
(Inris hit.i et ¡aterís; que les daba la más atraviesas! ¡Oh, madre bendita, cumplido es
amarga y triste vida que jamás tuvo forzado ya vuestro deseo: escudo sois hecha de vuestro
de galera, ocupándolos en obras durísimas v hijo, pues aquel golpe á vos hiere y no á él!
muy pesadas: en hacer de barro ladrillos y D eseábades los clavos y las espinas: eso para
otros servicios de gran trabajo con qne loa su cuerpo; la lanzada se guardaba para vos.
traían molidos y acosados. Y con todo eso le E l alma de vuestro hijo ya era salida del cuer­
parece al tirano tan pequeño su trabajo que po, y en sn lugar habí;: entrado la vuestra;
diee: V a c a tis olio: «Estáis ociosos, y no ha­ allí se iiabía anidado aquella paloma sin hiel.
céis midas, A sí hay gentes que no se duelen Sola estaba entonces en la posada, y más vi­
de los trabajos de los otros más que si los vie­ vía en aquel pecho que en su propio cuerpo.
sen en un fierro. Duros sin piedad, que os ve­ Y así el hierro desapiadado y crudo abre el
rán morir y luirán burla de vos. Tal es Pilato, costado del hijo y traspasa el alma de la ma­
que so maravilla que haya Cristo muerto. Y dre. Y advertid que 110 sin gran misterio dice
para más certificarse, y á petición de los escri­ el evangelista de esta lanza no que hirió á
bas y fariseos, manda que les quiebren las pier­ Cristo, sino que abrió su costado, para signifi­
nas á los crucificados y lns quiten de las cru­ car qne ya está abierta la puerta de la vida.
ces. E sto pidieron los judíos: que pareció que E sta 110 es lanza, sino lanceta qne acertó y
vivo ni muerto lo podían sufrir, Vinieron, pues, rompió la vena de nuestra salud. M ás hieistes
los soldados á ponerlo por obra. ¡Qué asom­ t o s , Longinos, que el querubín portero del P a ­

bros, qué temores pasaría la V irgen viéndolos raíso, E l con su espada guarda la puerta del
venir! — ¡Oh, .hijo mío, que uo basta haberte Paraíso cerrada; vos cou vuestra lanza la des-
quitado la vida, sino que aun al cuerpo muerto eci-rajastes, franqueando á todos la entrada.
no perdonan! Ruega á tu Padre que los aman­ Abiertas están las cataratas del cielo, y de ellas
se. Padre eterno, santísimo, baste ya si sois manan agua y sangre para fertilizar la tierra.
servido ló que hasta aquí se ha pasado; no per­ E sta es la fuente viva que mana en medio del
mitáis, Señor, más crueldades en el cuerpo di­ Paraíso, que riega toda la ciudad de Dios. De
funto de mi hijo.— Llegan los soldados y echan aquí manan los sacramentos que tienen virtud
mano á las espadas y curtan las piernas á los de. santificar las almas, agua del costado y san­
ladrones. Múel’e el bueno, y va en seguimiento gre del corazón.
PR E D IC A D OR E S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I

C O N S I DE R A C I O N SEXTA
— ¡Oh pies que para andar á buscar esta oveja
perdida os habéis espinado con clavos!— Llega
Vienen, pues, José y Nicodennis, con la San Juan y pone la boca en el costado.— ¡Oh
licencia de Pilatos; y cuando la V irgen los vie­ pecho divino y sagrado escritorio de los secre­
se venir, pensaría que por mandado del juez tos de Dios, do otra manera estáis ahora que
tornaban otra v e z á cortarle las piernas; pero ayer cuando me recosté aquí! ¡Oh recámara
llegando ellos y riendo aquel doloroso espec­ real, donde yo fui secretario! ¿cómo estáis
táculo: el hijo tan llagado y descoyuntado y la abierta de par eu par?— L as Marías entréganse
madre tan triste y afligida, atónitos no habla­ en aquellas manos de su sobrino, de quien tan­
rían palabra, como los amigos de Job. V id eb a n t tas bendiciones habían recibido. — ¡Oh manos
enim dolaran esse vehement-er; porque juzgarían que daban vista á los ciegos, eon lodo; manos
ser vehementísimo su dolor. Pero, después, to ­ que tocaban á los leprosos sanaban, los sordos
mando un poco de más osadía, le dirían: ¡Olí oían, los mudos hablaban, los muertos revivían;
la más bendita de las mujeres y la más atribu­ manos que tocando los panes de cebada se mul­
lada; Dios os dé fuerzas, señora, y os.consuele tiplicaban!—'Pero más que todos lo contempla
en tan gran angustia ! Veis aquí dos discípulos la madre, de pies á cabeza.— ¡Oh boca llena de
de vuestro hijo; bien quisiéramos quitaros este mil gracias, de donde tanta suavidad de dotri­
dolor y no luimos parte, ni consentimos en su na ha precedido] ¿quién os ha baleado? ¡Ojos
muerte; mas como éramos pocos y ya que en piadosos que cou tanta gracia y misericordia
vida no pudimos servirle, haremos lo que es po­ mii'ábades á. los afligidos! ¿quién os lia quebra­
sible en la muerte. L a m is agradecida de las do? ¡Pecho divino tan tierno para los pecadores!
criaturas, ¿qué gracias les daría, qué bendicio­ ¿quién os alanceó? ¿Tatito os apretó en el amor
nes?— Dios os lo pague, señores, y de su mano del hombre, que no cayendo en el pecho, fue
hayáis el galardón do obra tan piadosa. Rué- menester desabrocharlo con tau grande herida.’
goos que lo quitéis de la cruz y me lo deis en ¡Oh lanzadas y puerta por donde se nos da el
mis brazos, para que yo en los suyos muera,— cielo! ¡O h ventana del arca de ZSfoé, donde se
Suben con una escalera, andan las tenazas y ha de salvar el linaje humano! ¡Oh manos lar­
los martillos y con mucho tiento le quitan los gas para hacer mercedes al mundo, rasgadas
clavos v la corona; y los que estaban abajo pé­ con clavos! Que hasta en esto quisistes ser ma­
nenlos en las manos de la madre. ¡Oh clavos nirroto con los hombres.— Todos lloraban y no
que habéis atravesado mi corazón! ¿cómo os se cansaban, ni se acabara el llanto dolorido,
atrevistes á romper la carne de vuestro criador? aunque el sol se había escondido de piadoso,
¡Oh clavos que habéis sustentado al que sus­ sino quo la noche se acercaba V la fiesta; ya era
tenta los cielos! de vosotros lia estado pendien­ forzoso despedirse dél y darle sepultura. Ponen
te el peso de la justicia divina y el contrapeso el cuerpo descoyuntado en la. sábana limpia,
de ios pecados del mundo. ¡Oh corona de todas Tómanle aquellos varones en sus hombros y
las coronas y cabeza de la Iglesia! ¡Olí corona comienzan á caminar en procesión, siguiendo
del que es gloria y corona de los hombres, y re­ poco á poco la madre cansada, acompañada de
parte coronas á los reyes y emperadores! ¡Oh las santas mujeres. L as lágrimas, suspiros, so­
espinas que entrando por la cabeza santa ha­ llozos con que se respondían unos á otros, más
béis llegado á lastimar mi corazón! Espinas es para contemplar qne para decir. A q u í puedo
que soléis lastimar los.pies, ¿cómo habéis subi­ el corazón cristiano acompañar este santo en­
do á la cabeza? ¡O h juncos criados on el agua tierro, donde hallará cada uno lo qne ha menes­
del mar, y ahora regados cou la sangre y mar ter. L os soberbios hallarán la cabeza humilla­
de misericordia de mí hijo! Pues ya cuando da y coronada con espinas; los avarientos, las
baja el santo cuerpo y lo ponen en su regazo, manos rasgadas; los deslenguados, la lengua
allí son las angustias y lamentaciones. A p riéta­ heleada; los regalados, las espaldas abiertas;
lo eu sus brazos; hace con ellos un nudo ciego, los deshonestos y llenos de malos pensamientos,
pone su rostro entre las espinas quo en la ca­ el corazón lanceado; los que andan en malos
beza quedaran fijadas, y comienza á regar el pasos, los pies atravesados. Llegan al sepulcro
rostro sangriento y desfigurado.— ¡Oh vida y ponen en él el santo cuerpo. A llí quedó el
muerta! ¡Oh lumbre de mis ojos oscurecida! santo José puesto en la cisterna vieja de la
¡Oh sol de mi alegría eclipsado! ¡Oh rosa del muerte. E ste es el santo Jonás lanzado en el
Paraíso! ¿cuáles han sido las manos que ansí mar de su pasión y muerte, porque así se sosie­
os han sobajado y marchitado vuestra hermo­ gue la tempestad de la ira de D ios. Hoy se en­
sura? ¡Oh espejo cristalino de mi alma! ¿quién cierra en el vientre de la ballena, donde estará
os lia quebrado?— Cercan todos el santo cuerpo, tres días y de ahí saldrá á la ribera de la bien­
rogándolo y lavándolo con fuentes de lágrimas. aventuranza siu lesión alguna. Cubren con una
L lega la Magdalena y abrázase con loe pies. losa el sagrario donde queda el cuerpo del hijo
P. FR. A L O N S O D E C A B R E R A 445
y el alma dé la madre. Mirad cuál quedaría en vendimiarte. Pero el fruto que nos dio aquel
aquella Luna hermosísima eclipsada por la in­ racimo grande, que hoy trajeron á mostrar en .
terposición de la tierra entro ella y el Sol. ¡Qué aquel palo atravesado, 110 le dejó una sola uva.
triste y solo le parecería el mundo! A llí llegan E n aquel racimo va todo; en ei llevó padre,
Jas Marías y le ponen en su cabeza tristes tocas madre, hijo, esposo, hermano, y tudo su bien.
de luto como á huérfana, como á viuda; sn di­ L lega la V irgen á su casa; púsose á un rincón
vino rostro cubierto. Comienzan á caminar para sola. Como hace la tortolilla que ha perdido su
Jerusalem, después de habers? despedido del compañía, que 110 se sienta en ramo verde, ni
sepulcro. Diría la apasionada señora á los que en árbol florido: bartaríase de aquellas lágrimas
encontrase: Oh vos mimes qui transitis per viam, turbias. Creo que se llevaría consigo la corona,
attendite et videte si est dolor sicut dfíínr meu$; y los clavos; ese sería su libro. A llí lamentaría
quoniam vindim iavit me Dom inus in die irm ft<- su viudez y soledad. ¡Oh ángeles, oh hombres,
rorix sui. Comparad la vendimia de vosotros oh mundo universo!, venid á consolar á la rei­
eon la mía, veréis si hay dolor que se me igua­ na del cielo, á la madre de misericordia que está
le. ¿Quién vendimia tan por moñudo que no en la mayor amargura que se puede pensar;
deje algún rebusco? De tal manera nos vendi­ venid, que en los trabajos se parecen los ami­
mia Dios qne eu fin nos deja algún consuelo. gos. Si queréis hacer placer al hijo, acompañad
Si te llevó el padre, dejóte el marido; ai te llevó ú la madre, para que os dé en esta vida la gra­
el marido, dejóte la madre, si te falto el herma­ cia, eon que después participéis del gozo de la
no, ahí te queda un tío. Misericordioso es Dios resurrección de la gloria. Am én.

CONSIDERACIONES
DF.L

D O M I N G O DE L A R E S U R R E C C I Ó N
DE JE SU C R IST O NUESTRO REDENTOR

Jesvm qiurritis, Nazarenum , cruciftxum ;


Sui'resít; non est hic.
( M a h c ., 16 ) .

Después qne la valerosa Judit acabó aquella I visitar á la real Princesa y Em peratriz de los
hazaña tan memorable de cortar la cabeza á ángeles, á aquella mujer famosa y fuerte de
Holofernes, y desbaratar con esto todo el poder quien al principio del mundo pronunció Dios
de los asirios, y libertar su patria del ecrco y que quebrantaría la cabeza de la serpiente mal­
opresión en que estaba, Joaquín, samo sacer­ dita: Ip sa conteret caput tuum, porque de sus
dote, vino á Jerusalem yon todos sus ancianos entrañas saldría quien destruyese la infernal
y presbíteros á visitarla, deseosos todos de ver tiranía y potencia del demonio. JSÍo hay duda
una mujer que á obra tan señalada pudo dar sino que aquellos santos patriarcas, qne, conm
cima; y en viéndola, todos á una voz le echaron dice San Mateo, resucitaron eon Cristo y vi­
mil bendiciones diciendo: Tú, gloria de Jeru­ niendo á la santa ciudad aparecieron á muchos,
salem; tú, alegría de Israel; tú, honra de núes- : 110 dejarían en primer lugar de presentarse á
tro pueblo, pues hiciste una obra tan varonil y j esta señora que tanta parte fue de su libertad,
tuviste tan esforzado corazón, y por esto serás ¡ y le darían el parabién de la resurrección de su
eternamente bendita. A lo cual todo el pueblo hijo, y las gracias de ser ella la medianera de
respondió. A m en , amen; j ii d ,ji a t . E n este día nuestra salud. Pero no vendrían solos, sino
solemnísimo de la triunfante resurrección de acompañando al gran sacerdote Jesús; 110 ya
Cristo nnestro Redentor, en que el príncipe vestido de ropas manchadas cuales las tuvo en
deste mundo eon todo su poder queda quebran­ su pasión, sino del pontifical preciosísimo y
tado y el linaje humano redimido, justo es ir á resplandeciente de su cuerpo glorificado. Y to­
PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
dos á una entonarían las alabanzas do la ver­ escogiese primero ei bueno vendría 4 tenor doy
dadera Jndit: T u, gloria Jerusalem; tu, Uvtitia días malos; porque el bueno se haría malo con
Israel; tu, honorificentia populi nostri. «Tú. el temor del segundo. Pero si escogiese antes
gloria de la triunfante Jerusalem; tú, alegría el malo tendría dos días buenos, porque ei malo
de la militante Iglesia, honra dG todo el linaje cou la esperanza del bueno se haría bueno, pues
humano», porque eres ía segunda E va de quien desde las vísperas empieza la solemnidad del
mucho mejor que de la primera se puede de­ día; y ol dia bueno parecería mejor y más gu s­
cir: Haic vocabitur virago. «La varonesa»; que toso, por Venir tras los trabajos y molestias del
como coluna inmóvil estuviste junto al árbol día malo, V así es lindo orden y maravilloso
de la eni2 entreviniendo en la obra de la R e­ concierto el que Dios guarda en su día, para
dención; así como la primera E v a junto al que la tarde sea más tolerable con la esperanza
árbol prohibido entrevino en nuestra perdición, de la mañana, y el día más alegre por suceder
y así seréis bendita para siempre, A estas aeja- á la noche. No parece tan claro y hernioso el
macioíjes habernos de responder nosotros: F ia t, sol como cuando sale tras los nublados espesos
fíat. Am en, amen. Todos debemos decir esto. y oscuros que han tenido marañado el cielo. No
Sólo el pecador es el que está mudo y calla, es tan apacible la bonanza y serenidad del mar
porqne non est specioSa latís in ore peccatoris. como cuando le ha precedido alguna borrasca
Y así, para ser admitidos en aquel coro de y furiosa tormenta. Por eso se celebra tanto la
justos, y juntar nuestras voces con ¡as suyas, alegría de una victoria; porqne se ha comprado
supliquemos á la divina V irgen nos purifique con sangre y con los peligros de la batalla. Y
lenguas y corazones eon el fuego de la gracia, aquella honra suele ser más estimada, que se
alcanzándonosla mediante sú intercesión sacra­ alcanza después de la afrenta é ignominia. Y
tísima. A ve. así el llanto de la víspera hace crecer el gozo
del día. A d vesperum demorabitur fletas et ad
IN T R O D U C C IO N matutinum Icetitia.

David, hombre cortado al talle del corazón CON: ID EK ACIÓN P1UMERA


divino, como aquel que bien sabía la buena
condición de D ios, y qué poco le dura el enojo; Ningún día lia tenido el mundo más solemne
cuán breve es en sus cóleras y largo en su cle­ y glorioso que el do la Resurrección de Jesu­
mencia, momentáneo al azote, eterno al regalo, cristo nuestro Redentor. Dice San Agustín,
dice en el salmo 29 : A d resperum demorabitur qne como la madre de Dios tiene el primado
fletas et ad matutinum Iwtitia. «.A. la tarde se entre, las mujeres, así este día de la resurrec­
deterná el lloro, y á la mañana nacerá el ale- ción de Cristo entre todos los días se lleva l.-i
g r ía í. Tan pronto como esto se muda ol tiem­ gala. E ste es el que por excelencia se llama el
po, que si viene con pesar la noche, amanece día de Dios. H iec dies quam facit Domirut*;
con placer el día. Sácase de aquí una diferencia exultetnus et Urtermir in ea. E ste es su din en
entre el día de Dios y el día del hombre; que que acabó la. más señalada de sus obras. Dia
el día de Dios empieza por la tarde y acaba en todo de Dios y de su gloria, que no tuvo parte
la mañana: Factum que est vespere et mane dies la culpa que el hombre hizo ni la pena que se
unus. Aquellos días primeros que hizo Dios le siguió. Pues siendo día de Dios, conforme a
en e] mundo, primero tuvieron la tarde que la su estilo empieza por la tarde y acaba en ma­
mañana. Pero el día del hombre es al revés: ñana. L a víspera i'ue la pasión del Salvador.
empieza por la mañana y acaba en la tarde. De. ¡Oh qué tarde tan triste, qué noche tan lóbre­
mane usqae ad nsperam fin ies me (Isai., 38 ). ga y melancólica y lamentable! Pero la mañana
«De la mañana á la tarde me acabo», decía un de la Resurrección, alegre y regocijada. F x u i-
rey que se estaba muriendo. M i día empieza en temv.s et Iwtemur in ea: «(Socémonos y alegré­
luz y acaba en tinieblas. Dios empieza por tra­ monos en ella». A d matutinq,m Iwtitia , No es
bajos breves y acaba con descansos largos. Los alegría esta particular de una casa, como e!
hombres ducunt in bonis dies suos et in puncto nacimiento de Isaac, que fue risa de sus padres.
ad inferna descenclunt (Job, 21 ): «Gastan sus N o de la vecindad, como el del Baptista, No
días en contentos momentáneos, y súbitamente de un linaje entero, como la presidencia de Jo-
descienden á los tormentos sempiternos». E s sef en E gipto. N o do una ciudad, como la li­
que el mundo pone al principio del banquete bertad de Detulia. N o de toda una nación,
ei mejor vino y á la postre da la zupia; tiene como la salida del pueblo del cautiverio de Ba­
mal dejo. Dios guarda para la postro lo mejor. bilonia v la revocación de sentencia de muerte
Dice Casiodoro que si un hombre hubiese de que estaba dada contra los hebreos por la ma­
tener dos días, uno bueno y otro malo; y deja­ licia de A m án, sino alegría general de todo el
sen á su elección por cuál quería empezar, si mundo. A sí como la tarde ó víspera, que fue el
P, FR. ALON SO DE C A B R E R A • 447
tiempo de eu pasión, fue la más triste y dolo- vertidas sus afrentas en honras, subido en el
r o s a que jamás lia habido; y en ella todas las caballo real de su cuerpo glorificado, por man­
criaturas en su tanto lloraron y se condolieron dado del Padre eterno es ensalzado y entroni­
de su criador. E l cielo se puso luto con horri­ zado con plenaria potestad en los cielos y en la
bles tinieblas. E l sol, rehusando ver desnudo tierra. Pero si tan alegre es esta mañana; si taii
a) que le vistió de luz, escondió sus rayos res­ universal es su alegría y tan bastantes causas
plandecientes. L a luna quedó por el mismo tiene este gozo, bien dice el Profeta Rey: A d
caso eclipsada. L a tierra con espantoso terre­ vesperum demorabitar ftetus; et ad raaiutmvm
moto se abrió, para tragar si pudiera, á aquellos Irutitia. «Que los que lloraren á la tarde, se ri -
crueles verdugos. Las piedras tañeron á doble, goeijen á la mañana». Mayormente que d< &-
hiriéndose unas con otras; y como reprehen­ pues de Cristo, nos cabe la mayor parte de hi
diendo la dureza de aquellos corazones empe­ gloria de su resurrección. También el linaje
dernidos, se hicieron pedazos, L os ángeles, no humano tuvo su tarde y noche oscura. San
teniendo por suficientes las lágrimas de los A gu stín , explicando este verso, dice: Yespéra
hombres, se vistieron de cuerpos aéreos para jít qaando sol oecidit; occidít sol ab homine, .d
llorar aquella muerte: A ng elí pacía amare jle - est, Ivx illa jiíHtitia;prwser»tía D ei: «La tarde si:
irtcnt. (Isai., 33). Y finalmente, toda la natu­ hace cuando el sol se pone. 15n pecando el hom­
raleza hizo sentimiento y quisiera acabar con bre se le puso el sol, aquella luz de justicia que
su hacedor, como dice San León papa: /?/■ nacia en él de la presencia de D io si. Luego
obiiu conditoris sui vellent omniu jin ir e . A sí en fue tarde. V in o Dios á sentenciar á A dán, od
el ilia do su gloriosa resurrección, el cielo y la auriim pust mer/di&m: «"Allá á la tarde)'. Y
tierra y todas las criaturas se alegran y cantan Adán rehusaba y se escondía de Dios. Occide-
dulce aleluya. E l cielo se quita el luto y des­ rat ílli sol justith e; non gaudebat adpramevtki-fu
cubro su rostro claro y sereno. E l sol apresuró V eí. Porque á los ojos enfermos es aborrecible
sn carrera por ver esta mañana, y con nueva la luz, que á los puros es amable. Desde allí
luz sirvió á su Criador en el día de su. gloria, empezó esta vida mortal, esta tarde melancóli­
así como le había servido con sus tinieblas en ca. A d vesperum déwiorabitur fletus, ¡Oh qlté
el día de su ignominia. L a tierra se alboroza larga noche se te apareja, linaje humano! ¡Que
con lluevo temblor, no ya de espanto, sino clello durará» tus lágrim as, tu destierro, tu
dando saltos de placer y regocijo. Y por con­ penosa oscuridad! ¿Hasta cuándo? E t ad mu~
cluir, hoy so alegran los ángeles y los hombres, tutinum hvtitia. Hasta la mañana de la resu­
los vivos y los muertos ; y basta al misino rrección. I n Domino noxtru fuii, quia
infierno cupo parte desta alegría, porque por sfpultus est: et niututimnn (¡nía surrexit leriiu
virtud de la resurrección de Cristo se abre el die. SepultuH es et tu «espere in paradiso et re-
infierno y se renueva el mundo y se nos des­ 8vrre*i*t¿ iertia die (San A g u stín ).
cubre, camino para ei ciclo, Y el infierno abier­
to suelta los muertos, y el mundo renovado C O N SI DE RA C IÓ N SEGUNDA
recioe los vivos, y el cielo descubierto aposenta
loa resucitados. E li esta mañana serena, tras Tres días ha tenido el mundo. E l primero,
los nublados oscuros de sus dolores y penas ele la kjy de naturaleza; el segundo, de la E scri­
sale este luciente Sol con su dorada cabellera tura; el tercero, de la ley de gracia. A la ma­
lleno dé resplandores divinos, echando de sí ñana desto resucitó el Señor y con él eTl linaje
rayos de inmortalidad y gloría con que alegra humano ¿Quién podrá encarecer el honor de
todo lo criado. E n esta mañana, tras aquella aquella horrenda y prolija noche en que estu­
brava tempestad y furiosas olas de tristezas y vieron los santos padres del limbo tantos años
angustias (que como muchas aguas entraron sentados en tinieblas y sombra de muerte, escu­
hasta el alma del Salvador y con su ímpetu y rando la luz desta mañana? Si á un enfeimo
pujanza le anegaron) sucede grande tranquili­ que está una noche con un dolor agudo ó i-i n
dad y bonanza, y nuestro sabio piloto toma una recia calentura dando vuelcos en la cama
puerto en la tierra de los vivos, donde hay sin reposar se le hace la noche uu año, desean­
eterna paz y seguridad. E n esta mañana, nues­ do que amanezca el día y que entre uu rayo de
tro invencible capitán, después de aquella bata­ luz por la ventana, que tan poca parte ha de
lla rigurosa y sangrienta que pasó en el palen­ ser para curar su dolencia; si tan breve espacio
que de la cruz contra la muerte y el demonio, parece, tan largo, y tan pequeño remedio se de­
triunfa dellos con admirable victoria y les quita sea tanto, ¿qué sentirían los que á cabo de tan­
los despojos que tiránicamente poseían. En tos años padecían oscuridad de aquella noche
esta mañana, nuestro fiel Mardoqueo, libre ya tan larga y deseaban nn tan gran remedio con o
de su pobreza y abyección, despojado de su la venida, de Cristo su libertador? Pues en aca­
saco v cilicio, vestido de vestiduras reales, con­ bando ejl H ijo de D ios de rendir el alma en la
448 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
cruz en las manos dol Padre, luego aquella os ayudó en la batalla de la pasión ; daos priesa
alma gloriosa omnipotente decendió real y sus- á sacarle de la oscuridad de la sepultura. V a se
tancialmeute á las cavernas de la tierra y entró llegaba el día tercero y empezaba á reír el au­
en las cueras del limbo, L donde estaban depo­ rora- más clara y serena qne vieron los siglos,
sitadas las almas de todos los justos que vivie­ cuando aquella alma poderosa, unida al Verbn
ron con su temor y murieron eon sú' esperanza. eterno, y acompañada de aquel senado gravísimo
Y con sn presencia ilustró aquellas tristes mo­ de justos (desde los primeros padres y Abel su
radas y esclareció aquella noche eterual; y con hijo hasta el alma del santo ladrón) sale de las
la visión de su divinidad los beatificó á todos y entrañas de la tierra con tan rico despojo y
hizo del limbo paraíso. ¿Qué lengua podrá ex­ llega al sepulcro alegrísimo y más que el sol
plicar el alegría destos padres, viéndose en un resplandeciente. Cnal el capitán, alcanzada la
instante trasladados de un extremo á otro? ¿De victoria, para haber de repartir los despojos en
■tan tristes tinieblas á tan grande luz? ¿De tan su tienda; cual el piloto al puerto, pasada la
miserable destierro á tan dulce patria? ¿De tal tempestad con gran bonanza, á unirse al santo
cautiverio á tal libertad? ¿De tan oscura noche cuerpo que tan afeado le tenían nuestros peca­
á tan cla'ro d íad e la eternidad? También, ¿que dos. Levántase más hermoso que el sol que
temores serían los de aquellas infernales com­ pasa por la vidriera, que la esclarece y hermo­
pañas cuando sintieron el poder infinito del no­ sea cou sus rayos, haciendo salir eon su luz
ble conquistador qne los iba ejecutando, eon quo aquellos varios colores de que estaba matizada.
quebró sus fuertes cerrojos y candados y entró Sale Cristo resucitado del sepulcro, habiendo
.por sus términos y jurisdicción, no como reo, su alma santísima entrado en el cuerpo y bo­
sino como juez; no como culpado, sino como chóle parte de los dotes de la gloria de que es­
acometedor? Tune conturbati simt principes taba llena. Que justo era que quien tanto había
E d o m , robustos Moah obtinuit tremor. Obri- servido y padecido en aquella jomada gozase
guerunt omnes habitatores Canaam (E so ., 15). enteramente de los frutos y despojos de la vic­
«Entonces fueron turbados los príncipes de toria. y resplandece más que el sol el que est-a-
Edón y ocupó el temblor á los valientes de ba escurecido más que la noche, hermoso el
Moab, y se pasmaron todos los moradores de la afeado. Y muéstrase, candidas et rubicunda*:
tierra de Canaan». Caiga, Señor, sobre ellos «Blanco y colorado» el esposo de las almas que
miedo y asombro, por la fortaleza de vuestro antes habían visto en la cruz sangriento. Y al
brazo. Sean hechos inmobles insensibles como qne dijeron viéndolo así lo que Sófora: Sjiovstis
piedras mármoles, hasta que pase vuestro pue­ sanguinum tu mihi es: «Sangre os lia costado
blo, este pueblo de santos que rescatas tes y rai desposorio», costoso os ha salido mi casa­
poseistes, y eon la virtud de vuestra sangre sa- miento; ahora le digan: ¡qué hermoso, qué ga­
castes del lago en que 110 había agua. Y los llardo salis de la sepultura! Tamquam ?ponnu>-
mismos santos redimidos, viendo ya sus tinie­ proceden-s de thalamo suo (Salm o 28 ); «Cual el
blas alumbradas, acabado su destierro y su glo­ desposado del tálamo rico y bien adornado".
ria comenzada, ¿eon qué voces y júbilos acla­ V an le mirando el vestido que saca de inmorta­
marían al triunfador de los enemigos? C antemus lidad, y alabando su gallardía le echan mil apo­
Dom ino;gloriase enim magnijicatus est; equumet dos, habiéndole dicho que hace á todos ventaja:
ascensores p rojecit in mare (E so ., 15): «Can­ E iectu s ex m illibus. Míranle la cabeza taladra­
temos al Señor porque gloriosamente ha. triun­ da con las espinas antes y pegados con la san­
fado, bravosamente lo ha hecho, mny valiente gro los cabellos, remesados y nial compuestos;
ha andado. A l caballo y al caballero arrojó en y vénle ahora tan trocada, resplandeciente c¡¡n
el mar». D om inus quasi i'ir pugnator; omnipo- aquellos rayos de gloria que por los taladros
tens numen ejus; currus P ltaraonis et exercitum salían, que le dejaban más que el brocado roja,
ejus projecit in mare: « E l Señor como podero­ rubia y hermosa. Y apodándola, dicen que pa­
so guerrero hundió en el mar á Faraón y á sus rece su cabeza un pedazo de oro fine,; Caput
carros y ejércitos». A l demonio y al pecado y á ejus aurmn optimum, Míranle aquella frente y
la muerte anegó en el mar Bermejo de su san­ m ejillas, antes tan acardenaladas y lastimadas,
gre. Dcxtera tua, D om ine , magnijicata est in tan blancas, lisas y hermosas, que dicen son
fortitw line; dexiera iua, Domine, perenssit in i- como eras de jardines sembradas de olorosas
micum: «Tu diestra, Señor, ha descubierto tu flores. Genuw illh ts sicut areola: aromatwn con-
fortaleza; con golpe irreparable hirió al enemigo sitie a pigm entariis. Míranle aquellas piernas eu
y eon la muchedumbre de tu gloria derribaste á la cruz tan lastimadas y flacas, que no pudion-
todos nuestros adversarios». V eis aquí cómo en do safrir en el camino del Calvario el pese del
el limbo hubo llanto á la noche y á la mañana herido cuerpo se doblaron y cayó en tierra; y
alegría. Pero, Dios mío, no os olvidéis de vues­ viéndolas ahora tan fuertes, las apodan á recias
tro cuerpo virgíneo, fiel compañero que también columnas de mármol; y k los pies heridos y pu-
P. FR. A L O N S O DE C A B R E R A 449
gados con crueles clavos, á basas do oro sobre gnno que no lo derribase. V iene Cristo y lucha
que se fundan. Orura illiu s columna’ marmorm con ellos; conocen su valor, que en algunos re­
qmr, Jundatu! sunt super bases aitreas. Final­ encuentros que habían tenido con él les habia
mente, viéndole tan acabado y perfecto, le di­ vencido, lanzando al demonio de muchos cuerpos
cen: lío hay más que desear; á todo deseo ha­ á su pesar, y á la muerte sacándole de sus ga­
béis llenado y satisfecho. Totus desíderabilis. rras algunos muertos. Júntanse, diciendo: Ste-
Pues si tal está y tan para ver, centinelas del mus sim ul et nullus adversarius prmvalebit. V e ­
cielo, guardas dese santo difunto, puestas por los venir Cristo dos á uno; 110 huye el encuen­
Dios, que tal le ha sacado de ]¡l sepultura (le­ tro ni vuelve las espaldas, sino cierra con ellos
cho donde por solo tres dias lo pusieron) des­ y para derribarlos dejóse caer; muriendo cogió­
engañad á las Marías quo le han velado en la los debajo y rindiólos. De. la primera lucha ha­
ciudad en compañía do su tristísima madre, y bla el profeta Jeremías: F o r lis impegit in fo r -
decibles cómo 110 está ya en el sepulcro. Daldes tem. et am boparíter conciderunt: «El fuerte fajó
las alegres nuevas de su resurrección.— Que nos con el fuerte y ambos juntamente cayerons. E l
place, que para echar este bando y dar ose pre­ principe de la lúe, cuyo nombre es Deus jo r t is ,
gón estamos aquí. Surre.n't , non est hic. Sabe­ y el demonio, príncipe de las tinieblas, que es el
mos que buscáis á Jesús Nazareno crucificado, fuerte armado que pacíficamente poseía el mun­
aquel Nazareno tan amadn vuestro, como bien­ do que había tiranizado, luchando el uno contra
hechor; no está aquí, que ya ha resucitado. el otro. Cristo no se aprovechó en. la lucha de
¿Muerto le buscáis, crucificado y afrentado? las fuerzas de su divinidad, porque el demonio
Pues sabed que ya está vivo, vencedor de sus 110 se atreviera á cometerle, ni era mucho ven­
enemigos y honrado del Padre. cerle con ella, sino mostró la flaqueza de nues­
tra humanidad, aquellos temblores del huerto,
C O N S I D E R A C I Ó N TE R C E R A rehusar la muerte. E l demonio viendo flaqueza
cobró ánimo y presumió derribarle. E t ambo
.Tí-?i<m qn/nritis, N 'a M r e m im , cru ctti.ru m ; s h - p ariter conciderunt: «Ambos cayeron)'. Cristo
rre.cit, non est h ic. E stas dos palabras tan jun­ en el sepulcro y Lucifer en el infierno. Cristo
tas a u c ijij'u m , s v r r e x it, nos dicen la gloria deste murió, pero él demonio quedó vencido, porque
dia y la causa de su mayor contento, el cual es, cayó debajo, y Cristo hizo presa en lo mejor que
que cayendo Cristo se levantó y muriendo dio i el demonio tenía en su poder, que eran las al­
vida. Este es el triunfo de nuestro capitán, mas de los santos padres. Y sacándoselas de las
nunca vencido; este fue su trofeo, ésta fue su uñas y dejándolo vencido, se levanta triunfante
mayor gloría y la razón de nuestra mayor ale­ y glorioso. Surrexít; non est hic. Paréceme esta
gría debida á la resurrección del Señor, y tan contienda como la que tiene ei dragón con el
provechosa para nosotros. Cayó en el Calvario elefante, según escribe Plinio. E l dragón es de
el día tristísimo de su pasión, pero no fue caída complexión calidísima y seca, y asi padece gran
afrentosa, aunque lo afrentaron cou ella: Vah, sed; el elefante, por el contrario, tiene la sangre
qui destruís tem p lu m D e i et in trib u s diebits illu d frígidísima. L o cual conociendo el dragón por
ríifi/ ijk a s. Pues se levanta al cabo de los tres instinto natural, busca al elefante para chupar­
días, dejando muertos sus enemigos. No tiene le la sangre y refrigerar sn gran sed; y hallán­
por afrenta el buen luchador, cuando anda á las dose arrimado (como él suele) á algún árbol,
presas forcejando eon su contrario para derribar­ acométele y trábale con la cola pies y manos, y
le en el suelo, caer él juntamente si coge al con­ puesto debajo dél, comienza á chupar y atraer
trario debajo y dejándole rendido so levanta toda la sangre de sus venas. E l elefante, vién­
después. Pues así el verdadero Jacob, Cristo dose desangrado y ya cercano á la muerte, dé­
nuestro bien, valiente y discreto luchador, an­ jase caer sobre el dragón, y con el peso de su
duvo á las presas forcejando en el Calvario con cuerpo lo mata; y así muriendo el elefante con­
el demonio y con la muerte, grandes y tortísi­ sigue victoria contra el dragón. E l demonio
mos luchadores. E l demonio tiene grandes fuer­ es significado por el dragón en muchos lugares
zas. N 'tm est p ote sta s s u p er terram, </un; co m p a ­ de la Escritura,. U raco iste ipietn form asti ad
r t í ur ei (Job, 41 ). Pero más se precia de la ¿lludendum ei (Salmo 103). Y San Juan en el
maña que tiene eu luchar, destreza y ardid. De Apocalipsis dice: M iclia elp ra ’liabatur cum dra-
un solo traspié derribó en el paraíso á las cabe­ cone et draco pugnabat et angelí ejus. E s do sn
zas de todo el linaje humano, y de allí lo quedó condición calidísimo, y con el ardor de su mali­
ser amigo de zancadillas. Conforme á lo que dél cia tiene tanta sed de almas, que dice Job: A h -
dijo Dios: T u in s id ia b e ris c a ln tn e o ejus. «Tú sorbebit jluvium et non mírabitur; et h a b etjid u -
harás guerra á los hombres, dándoles traspiés tiam quod Jordanus injluat in os ejus. No tie­
con grande engaño y cautela». Pues la muerte ne en nada de beberse los pecadores que como
era tan bravo luchador que 110 topaba con nin- río arrebatado so van tras la corriente de sus
Pmídic. un ios salios X V I i X V » . — 29
PR E D IC A D O R E S DE LOS SIGLOS' X V I V X V I I
pasiones, sino que es tanta sq. sed que ge que­ dos resucitarán para no morir. Entonces cesará
rría beber el Jordán; .quemase tragar los jus­ el reino de la muerte y le darán la vaya y grita.
tos, que son significados por el Jordán, río san­ Cum moríale hac induerit inmortalitatem, tune,
to, eii el cual obró el Señor grandes maravillas, jie t sermo qui scriptus est:. Absorta est mors in
. Pues este dragón infernal, sediento de la san­ victoria. U bi est mors victoria tua? Ubi est
gre de Cristo, estando él arrimado, ó por mejor mors stimufus tuus? Y porque aquella general
decir clavado en el árbol de la cruz, la chupó resurrección se ha de hacer por virtud de la pa­
toda, no dejándole gota en pie, ni manos, ni sión y resurrección de Cristo, y él la mereció
Cabeza, ni cuerpo. Mas Cristo, ya desangrado, muriendo, por eso se dice que con su muerte
inclinando la cabeza se dejó caer sobre el dra­ mató nuestra muerte. Más. A s í como á Adán
gón, y con el peso de su divinidad lo venció, y dijo Dios que moriría en comiendo del árbol
quebrantó la cabeza; T u tonfregisti ca p üa dra- vedado, aunque v í t í Ó después muchos años,
conís. Y habiéndole rendido, surrexit. Se levan­ pero luego en pecaudo murió, porque incurrió
tó de la caída más glorioso y triunfante.' Mata en la necesidad de morir que antes del pecado no
también con su caída al otro luchador, que es la tenía, así la muerte fue muerta cuando murió
muerte, hasta entonces nunca vencida. Cuentan Cristo; porque antes la muerte era inmortal v
las historias fabulosas que luchando Hércules por la muerte de Cristo caminó á morir y á ser
con Antcóiij hijo de la Tierra, no le podía ven­ destruida. Item . Y á la muerte del juste no es
cer, porque én tocando A uteóu L la tierra, co­ muerte, sino paso para la vida eterna; no es fin
braba nuevo aliento y vigor, porque su madre del justo, sino principio de su bien aventuran ¡sn.
la Tierra le daba fuerzas. V isto esto por H ér­
cules, levantólo de la tierra en sus brazos, y
apretándolo entre ellos lo ahogó. Por esta la- CO NS IDERACIÓN' CUAliTA
billa, como por una alusión ó semejanza, se
puede explicar la lucha que tuvo Cristo con la Aunque los evangelios no cuentan el apare­
muerto. L a muerte era hija de la tierra, porque cimiento y visita de Cristo á su madre bendití­
en nuestra compostura corruptible, que es de sima; pero no es cosa que puede caer debajo de
tierra, tiene su fundamento. Pues mientras ella dudas, como lo afirman comúnmente todos los
peleaba coil hombres terrenos, cuyo ser estriba­ santos, y se prueba por evidentes razones. La
ba en la tierra, 110 podía ser vencida; porque la primera, porqne la visión beatífica es premio fie
tierra Id daba fuerzas y nuestra propia mortali­ la fe; y así el Señor (dice el Sabio) apparet his
dad para derribar los hombres. Pues ¿qué hizo qui fidem habent in illum . L a V irgen santísima
Cristo para vencer la muerte? Levantóla de la iuc columna inmóvil do la fe firmísima, que
tierra, púsole en ei. supuesto divino, queriendo nunca vaciló ni titubeó para caerse. Tuvo fe
él niorir por los hombres. Q ui de c-ado venit su­ viva, operatoria, y con esto hizo á todos venta­
per omnes est. Y San Pablo; Prim a s homo tle ja. Luego á ella se le había de aparecer la pri­
térra terrenus: teoundus homo de ecelo cadesiis. mera. L o segundo, Cristo nuestro Señor dice;
E u el Calvario fue aquella maravillosa lucha Q ui d ilig it me, diligetur a Patre meo, ít ego
que canta la Iglesia: M ors et vita úvello con/li- diligam eum et manife&tabo ei meipsiim, que es
xere mirando. Moría como hombre y vivía como señal de perfecto amor. L uego si la Virgen
Dios, que es vida por esencia, Eu un supuesto amó á Cristo como á hijo único suyo, y como
estaban muerte y vida. ¿Qué lucha pudo ser á su Dios, y fue amada dél sobre todas las
más trabada? Y entrambos cayeron; porque el criaturas, convino que se le manifestase resuci­
capitán de la vida cayó muerto, pero cogió de­ tado y glorioso la primera de todas. L o terce­
bajo á la muerte y matóla; y ahora se levanta ro, precepto divino es: H onora patvem tuum et
vivo dejándola muerta. ¿Cómo decís que mató gemitus matris tua: ne obliviscaris (Ecles., 7).
Cristo á la muerte, pues todavía morimos todos Cristo honró siempre en todas las cosas á su
y ella reina en todos los hijos de Adán? Tan Padre: los gemidos de su madre fueron muy
viva parece que está ahora como antes. Mirad, dolorosos (no cuando le parió, sino cuando le
el hombre incurrió dos muertes por el pecado: vio niorir), pues no era razón que se olvidase
una temjjoral y otra eterna. Cristo nuestro Se­ el buen hijo de venir á consolar á su madre,
ñor, muriendo, destruyó la muerte eterna luego que tan buena compañía le hizo en los tormen­
de los suyos; y así el alma justificada y pura, tos de su cruz. Si estuviese un hijo de lina viu­
en saliendo - dol cuerpo ve á Dios y tiene vida da cautivo en A rgel, y tuviese su madre nueva
eterna. L a temporal no la quiso quitar luego, dél que es muerto, y volviendo él de allá sano
porque 110 era justo que dejasen de morir cor­ y salvo fuese á visitar á otras personas extra­
poralmente los hombres habiendo muerto Crís- ñas, y no fuese primero á consolar á su madre
to,- qúe es cabeza de todos los predestinados. afligida por su muerte, éste no sería buen hijo.
Pero destruirla ha el día del juicio cuando to­ Mirad vos lo que hiciérades teniendo tan buena
P, FR. A L O N S O I)E C A B R E R A 451
madre on este caso, y oso entended que bino cuando viese á su hijo resucitado! Si á Sara le
Cristo, y mucho mejor. V así el Papa, el dia dijeran á lo que i lia Abraliuni cuando llegó de­
de la Pascua, la primera estación la hace á noche á Isaac, y supiera el mandamiento de
Santa María la Mayor, mostrando en esto que Dios que fuese sacrificado, ya- veis lo que sen­
fue la primera visita do Cristo resucitado á su tiría. Pues, ¿cómo se alegraría cuando Jo viese
sacratísima madre. No honrara Cristo á su ma­ tornar vivo? Pues la V irgen santísima no fue
dre si primero se apareciese á otros y los visi­ de oídas, sino con sus propios ojos vio á su
tara y consolara queá ella. Justo era que, pues amantísinio hijo Isaac ser sacrificado en ia cruz,
ella fue la primera que le vio y adoró en carne por la obediencia de su eterno Padre: allí le
mortal, le viese en esa misma ya inmortal y vio, abrasado en el fuego de su caridad, morir
glorioso, no acordándose del trabajo del parto con tantos tormentos. Pues cuando le viese
ni pie de la cvnz por el gozo de ia resurrección; volver vivo, ¿qué alegría, que gozo sería el suyo?
pues había ya nacido un hombre nuevo en ni Mucho se alegraría Yocabed, madre de Moisés,
mundo, renovador de los hombres y causador viendo que el niño Moisés, á quien había echa­
de nueva alegría de los ángeles. Pero los evan­ do en el río y ofrecido 4 peligro tan manifiesto,
gelistas no escribieron esta visita á su madre le viese volver á su casa por mandado de la
santísima porque (como dice San A gustín) hija del rey, con seguridad suya y nombre de
cualquiera que la leyera lo tuviera por escritu­ hijo adoptivo. Si Jacob se alegró tanto cuando
ra superfina, pues era cosa evidente había de después de haber llorado eon tantas lágrimas á
aparecer primero á su madre que á los demás. Josef, su muy amado hijo, por muerto, le dije­
Y porque en la Escritura no lia de haber nada ron que era vivo y señor de toda la tierra de
superfluo ni [alto, así lo dejaron de escrebir, Y Egipto, fue tanta su alegría y espanto que
si San Marcos dice que apareció primero á M a­ como quien despierta de un pesado sueño no
ría Magdalena, respóndese que cuenta los tes­ acababa de entrar en su acuerdo, ni podía creer
tigos de la resurrección que no pudiesen tachar lo que los hijos le decían; pero ya que lo creyó,
los incrédulos é infieles; y por eso no cuenta á R fv ix it spiritus ejus: «Volvió su espíritu á re­
la madre, que aunque era más fidedigna que vivir de nuevo», y dijo: S u fjicit mihi s i adhuc
toi.los, mas por ser parte á los infieles no hi­ Joseph jiliu s meus vivii, Yadnm et rideho illum
ciera fe su dicho. Lo segundo, porque el evan­ ante quam moriar-, «Bástame este solo bien, si
gelista cuenta las visitas qne bino Cristo resu­ Josef mi hijo es vivo iré y verlo be antes que
citado, y destas la primera l'uc á la Magdalena. muera». Pues si con tener once hijos en casa,
El hijo venido de Indias llega á casa de su tanta alegría recibió en saber qne uno solo á
madre y por la mañana va á visitar á su amigo quien él tenía por muerto era vivo, ¿qué alegría
y dícele: E sta es la primor visita que hago des­ recibiría, la V irgen sacratísima que no tenia
pués que vine.— Pues, señor, ¿no estuvist.es más que uno, y era tal j tan querido, después
ayer con vuestra madre?— Señor, esa no es vi­ de haberle visto muerto, enterrado en el sepul­
sita, sino irme á mi casa; ahora que salgo dolía cro, le viese ahora resucitado y glorioso, y no
á visitar, la primera estación es á la vuestra. señor de E gipto, sino de todo lo criado? Ilev i-
Así Cristo resucitado, lo primero que lince es x it ¡‘p iritu s ejus. Resucitó y revivió ella tam­
irse á su casa, donde, está su madre; y cuando bién en su espíritu que tan triste estaba. Con
salió á visitar á los suyos, apareció primero á la cuya intercesión sacratísima revive el nuestro
Magdalena. E sta fue la primera visita. ; Cuán­ y resucita á la vida de la gracia con esperanza
ta sería la alegría de la V irgen sacratísima de la gloria. Am én.
C O N SI DE RA CI ON ES
DEL

LUNES DESPUES DEL DOMINGO


DE LA R E SU R R E C C IO N

D úo ex M is ibant ipsa die in ca&telhtm


quod erat in spatio stadiorum sexaginta tib
Jerusalem , nomine Emmatcs.
(L du ., 24 ).

E l santo Evangelio contiene uno de los apa­ admirable. Y es que por una puerta que se abrió
recimientos que hizo Cristo el mismo día de su en el cielo vio en él una silla y trono real cu
resurrección, cuando andaba haciendo testigos que estaba asentado uno cuyo rostro resplande­
della á los que después la habían de publicar. cía como piedras preciosas, y que en su lado
Tenemos en un misterio tres artículos de fe. E l derecho tenía un libro escrito dentro, y fneiu
primero, la descendida del alma beatísima de con siete sellos sellado. Y vio nn ángel pode­
Cristo al limbo donde estaban los santos pa­ roso que dio una gran voz y dijo: Qw's est
dres. E l segundo, la resurrección suya ai ter­ nus aperirc Ubmm et solvere signaculu eju s 1
cero día después que murió. E l tercero, la nues­ «¿Quién será digno, quién tendrá poder di;
tra, que será en el juicio final. San Angustí» abrir el libro y desatar sus sellos?» Y no se ha­
dice que el misterio de la resurrección do Cris­ lló en el cielo, ni en la tierra, ni debajo delln,
to es propia fe de los cristianos. Porque su alguno tan confiado que probase el aventura ni
muerte los judíos y paganos la pregonan; mas presumiese abrirlo, San Juan debía de estar in­
creer que resucitó glorioso con la monarquía diciosísimo de ver lo que había en el libro, pues
del mundo, esc es el tesoro y mayorazgo de los no sin causa estaba tan guardado. Y como no
fieles. Pues creer nuestra resurrección ;i vida había quien satisfaciese á su deseo, afligióse
perdurable es el fundamento de toda la filosofía I tanto que se deshacía en lágrimas. Llegóse á
del Evangelio, Porque si no se cree premio para él uno de veinticuatro senadores ancianos que
la virtud y castigo para el vicio que dure en la asistían ante el trono de Dios, y díjole: AV
otra vida eternamente, la vida cristiana sería la ¡lev crin. E c c e vicit leo de tribu J u ila , rai7 z> Da­
más desdichada de todas, como dice San Pablo. vid, aperire hbrum et solnere septem signando,
P or eso se entretuvo Cristo cuarenta días para ejus: «No llores, enjuga las lágrimas, porque
fundar esta fe; y el día que resucitó, después ya ha vencido el león del tribu de Judá, raí/, y
que visitó á su madre y le dio las buenas P as­ tronco de David; y desta victoria sale cou po­
cuas, y consoló á la Magdalena, luego á todas der para abrir el libro y quitar sus manecillas
tres Marías, después á Pedro, apareció á estos selladas, de modo que todos lo puedan leer",
discípulos qne iban á Emaús; á la noche, á to­ Y luego dice San Juan quo en medio de uqiirl
dos , excepto Tomás. E l sermón tendrá dos par­ teatro vio un cordero que estaba enhiesto y
tes. E n la primera, trataremos de la resnrree- como muerto, y teníe. siete cuernos y siete ojos,
oión de Cristo y la nuestra. E n la segunda, del que son los siete dones del espíritu de Dios, j
Evangelio, y por que no seamos tardos y fríos tomó el libro de la diestra del que estaba sen­
para sentir estos misterios, supliquémosle en­ tado en el trono, y le abrió sin dificultad. V
cienda nuestros corazones como hoy á estos abierto, todos cuantos estaban delante del tro­
discípulos, dándonos su gracia por intercesión no se postraron en tierra y comenzaron á tocar
de la "Virgen santísima. A v e. las citaras que tenían en las manos, y á cantar
con gran melodía un motete en alabanza del
cordero: «Digno eres, Señor, de abrir el libro y
IN T R O D U C C IÓ N
sus sellos, pues fuiste muerto, y con tu sangre
E l evangelista San Juan, en ol capitulo V del nos redimiste y nos hiciste reyes y sacerdotes
libro de sus Revelaciones, cuenta una visión y reinaremos sin fina. E ste libro cerrado, ¿qué
P. FR. A L O N S O DE CAB RE RA 453
aíra cosa es sino la disposición de Dios, y sus ¿Quién es este león del tribu de Judá, sino aquel
secretos consejos encerrados en la divina E scri­ de quien profetizó Jacob á la hora de su muer­
tura? L a cual se llama un libro, porque fue es­ te, catultes leomis Jada: a d p rin d a m ,fili mi, as­
crita con un mismo espíritu, un mismo autor; cendiste: requiescens accubuisti ut leo et quasi
y porque es tesoro y sagrario de una misma lecena, Qitis suscitaba eum? (Gen., 49). E sta
palabra de Dios. E ste mismo libro vio Isaías profecía es de Cristo, que descendió del tribu
cerrado y sellado, que ni el idiota ni el letrado de Judá, como dice el apóstol: M anijestum est
lo pudieron leer. Ecequiel le vio envuelto. Y quod ex J u d a ortus sit D om inus noster. Puso
añade una cosa que San .Juan calló: que en el los ojos el patriarca en Cristo, ydice: «Cachorro
libro estaban escritas lamentationes et carmen de león eres Judá, Subiste hijo mío para hacer
et v i l ’ . Tres materias son las que principalmente prrsa; descansando te acostaste como león y
se tratan eu este libro. Llanto de penitencia y como leona, ¿Quién lo despertará?» ¿Qnién es
lágrimas, que se persuaden á los penitentes. este cachorro de león y juntamente león, sino
Música de premios qne se prometen á los jus­ Cristo Hijo de Dios y verdadero Dios igual con
tos. A y de amenazas que se hacen á los peca­ el Padre? Deum de Deo. Y en cuanto hombre
dores. Está escrito dentro y fuera el libro: por­ niño en el vientre de su madre y varón en el
que tiene sentido literal y espiritual, paja y sexo y sabiduría. Subió como león fuerte y ani­
grano, corteza y medula. E stá cerrado y sella­ moso á lo alto de la cruz para hacer presa; por­
do con siete sellos, que son siete misterios de que por medio della despojó aquel fuerte arma­
Cristo que en la Escritura están contenidos, do y le quitó los despojos de las almas santas
todos altísimos: la Encarnación, la Pasión, la que estaban, en el limbo detenidas. E t expo-
Resurrección, la Ascensión, la Misión del E s ­ lians p rincipatus et potéstates, traduvit confi­
píritu Santo, la vocación de la gentilidad, la dente!' palam , triunplians illo s in semetipso (Co-
segunda venida del Cristo ajuicio, E u cada cosa locenses, 2): «Despojó á los príncipes y poten­
dastas hay grandes profundidades. Y no se ha­ tados del infierno, quitóles la presa». Cov.fi-
llaba en el cielo, donde hay ángeles; ni cu la denter. N o á escondidas, sino públicamente;
tierra, donde hay hombres; ni en el limbo, don­ seguro y cierto que nadie le podría resistir ni
de estallan los patriarcas, quien pudiese abrir quitársela. Saqueóles su tierra y á ellos los sacó
este libro y desatar sus sellos. N o había criatu­ á la vergüenza en el Calvario, triunFando de
ra que pudiese cumplir y verificar estos miste­ ellos como de gente vencida, lletpiiescens acca-
rios, ni dar ol lleno á estas profecías, para que, buisti ut leo et quasi leoina. Dicen los naturales
siendo cumplidas, quedasen claras y por los he­ que el león cuando se acuesta á dormir brama,
chos se entendiese lo escrito, y por lo figurado y duerme abiertos los ojos y sin temor: y re­
las figuras. E l ángel que preguntaba á voces si cién nacido está tres días sin sentido, como
habia alguno que abriese el libro, y el llanto de muerto, y entonces á los bramidos de sus pa­
San Juan porque no se hallaba, significa los dres revive y despierta. A s i el león de Judá,
deseos encendidos de los padres antiguos que cuando se acostó á dormir el sueño de la muer­
(como dice San Pablo) acabaron con esta fe y te, dio un bramido. Clam ans voce magna, emis-
murieron con este hipo de ver á Dios hecho sit spiritmn. N o se acuestan así á dormir los
hombre que diese el lleno á los vacíos de la ley otros animales. Cuando se ochan á morir, se
j profecías; y no vieron el cumplimiento de las enronquece la voz, se quita la habla, enflaque­
profecías, sed a longe aspicientes et «ahitantes: cida la virtud; pero que al tiempo que se le
mirábanlas do lejos porque vían el libro cerra­ arranca el alma, saca este león fuerzas de fla­
do, y enviábanle sus saludos y encomiendas en queza, y con espantoso clamor y alarido espi­
testimonio del ansia que tenían de verle abier­ ra; señal es de fortaleza divina. Y así el Cen­
to. Pero venido Cristo, que dico de si que vino turión, viendo quod sic clamans e-xpiretsset, co­
á cumplir la ley. y habiendo en su vida y mue - noció la fortaleza del león, y dijo: Vere hic
te cumplido las Escrituras, hasta decir en la homo filiu s D ei erat. Más hay aquí de lo que pa­
cruz consummatmn est, ya se ha dado el lleno á rece. Durmió los ojos abiertos; porque entre las
la ley y profecías, y el testamento viejo, siendo tinieblas de la muerte pudo ver los caminos de
cumplido, queda acabado. Y en señal deso, so la vida. N otas m ihi fe c is ti vías vita?, adim ple-
rasgó el velo del templo y fue visto el San cta his me Lrtitia cum vultu tuo (Salm o 7), por
üanciorum. Porque venida la lux de la verdad estar uuido á la divinidad, que siempre vela y
cesaron las sombras y se habían de revelar los nunca tiene los ojos plegados. Y se acostó en
misterios escondidos. Y a le dicen á San Juan: la sepultura siu temor de quedarse en ella.
iVe fieveris. E cce vicit leo de tribu .Tuda, radix Caro mea requiescet in spe . Quoniam non dere-
David , aperire librum et solvere septem signa- linques animam meam in ivjerno; nec dabis san-
cula ejus: No lloréis, que el león del tribu de ctis tuis videre corruptionem (Ibid,): «Mi carne
Judá ha vencido, y él es digno de abrir el libro. descansará en el sepulcro con esperanza que no
454 PR ED ICAD OR ES DE LOS SIGLOS 5 V I Y X V I I
dejarás, Señor, á mi alma en el limbo desampa­ la muerte por la virtud de mi brazo. ¿Quién lo
rada, ni el cuerpo santo en la tierra .permitirás despertará? E l se despertará y su Padre le des­
qne. vea la corrupción». Estuvo este cachorro pertará. E n la Escritura unas veces se dice
de león tres dias muerto en La sepultura; y en­ Cristo resucitado por la virtud de Dios y que
tonces fue resucitado á los bramidos de su P a ­ Dios lo resucitó; otras, que él mismo se
dre, esto es, con la virtud y fortaleza de Dios resucitó. Todo es uno: porque en D ios no
(qne como veremos es propia suya); y á los hay más que una virtud común á todas las
bramidos de la madre, que como leona piadosa, personas. L a virtud del Padre es su divinidad,
con ansias y deseos clamorosos llamaba y roga­ y esa misma es la del Hijo, que por ser Dios se
ba al hijo que resucitase la mañana do la resu­ pudo, resucitar. Estaba esta virtud en aquel
rrección. Dice más: que se acostó como leona, cuerpo sagrado encubierta y disimulada: porque
qne es fiera erudelísiina para todos los otros quien le viera amortajado, harpado con tantas
animales; pero muy aficionada á sus cachorri­ heridas, feo y sin rastro de su antigua hermo­
llos, con los cuales reparte de la presa que caza. sura, ¿cómo pudiera pensar q\ic tenía virtud v
A sí Cristo, para el pecado, muerte y demonio, poderlo para volverse á juntar con su alma y
que le habían tomado sus hijuelos, erudelisimq. salir del sepulcro el más hermoso y resplande­
A l pecado lo crucificó en la cruz y lo borró con ciente de todos los cuerpos? Pero al tercero día
su sangre. ; Qué riza y estrago hizo en el reino so manifestó esta virtud, y el león del tribu de
de tinieblas cuando entró aquella alma gloriosa, Judá que estaba dormido, despertó de su sueño
como leona irritada y brava, por aquellas cár­ y espantó con sus bramidos al infierno. Qtiis
celes y cavernas infernales, quebrando cerradu­ suscitabit eum? E s comparación muy á propó­
ras y candados, derribando las puertas acera­ sito llamar á la muerte de Cristo sueño, y su
das, atando al demonio, asombrando al infierno, sepultura estar acostado en la cama. De la cual
haciendo justicia de la muerte, para cumplir la usó también el real Profeta: E g o dormí vi et ¡>o-
amenaza! E r o mors tua, oh mors, mor sus tuus poratns sum et exv rreri, quia Dom inus suscepil
ero, irtféme (Oseas, 13). ¡Oh muerte, yo seré me (Salmo 3 ). «Y o dormí y tomé sueño y des­
tn ponzoña! Matándome á mí, morirás. A/bmís perté, porque el Señor se encargó de mí». El
tuus ero,, inferne. Y tú, infierno, me darás un hombre dormido tiene virtud propia para des­
bocado con qne te ahogues. Como el que come pertar y levantarse de su sueño, porque tiene
un bocado dañoso que no puede digerirle lo dentro de sí el principio ele su vida y Diovi-
vuelve con fuerza y con e'1 cnanto tiene en el miento, qne es el alma. A si Cristo, por tener
estómago, así el infierno tragaba almas y to­ virtud de Djos como H ijo natural suyo, se dice
das las abrazaba; pero tragando á Cristo, jine­ que duerme estando muerto, porque tiene con­
ta quod impossibíle erat teneri ühim ah eo sigo el principio de vida y resurrección, quo es
(A ctu., 2 ), lanzóle y eon él las ánimas del la divinidad; por la cual resucita con sn propia
limbo, v la muerte queda muerta. Como quien virtud. Sobre esta verdad y artículo de fe es­
da tóxico en una manzana, muerde el otro, y triba tocio el edificio cristiano, y la certidumbre
paga con la vida. Y esto es lo que dice San de nuestra fe, y su misterio se asegura con esta
Pablo: Absorta est mora in victoria; cchebida la obra. Por lo cual queda Cristo declarado por
muerte en un trago», Paréceme que esta bata­ Hi jo de Dios natural, verdadero en sus palabras,
lla se hizo á bocados do ambas partes. L a cumplidor de sus promesas y señor de la vida
muerte y el infierno mordieron á Cristo, y con­ y de la muerte. E ste es el potentísimo milagro
sintiéndolo él, le sacaron de uu bocado, el alma de donde se saca más cierto argumento de ser
el infierno y el cuerpo la muerte: pero no pu­ Cristo H ijo de Dios. Y no puede entender en­
dieron digerir el bocado; fue su muerte y des­ tendimiento criado que se resucitase á sí sin
truid ón, y Cristo les mordió; y á la muerte le entender divinidad y fuerzas sobrenaturales.
quitó el poder, y a] infierno como efe manzana Y esto es lo que dijo San Pablo: Q ui pr,p-
podrida le sacó un bocado que tenía sano, que destinatus est JTih'us D e i in virtnte, secun-
eran las almas de los santos padres. Y así sale dum. spiritum sancti/icátianis ex resurrectime
hoy triunfante, los demonios aherroja-don, la mortuorum Jesuchristi D om ini vostri. «Qun
muerte ligada, saca sus cautivos consigo. Quia fue ordenada la Encarnación del Verbo por el
suscitabit eum? N o tiene necesidad de quien le Padre, para que mostrase Cristo ser Hijo de
dispierte: no ha menester virtud ajena que le Dios, y la potencia diyina que ten|a en santifi­
resucite. F a ctu s sum sicut homo sine adyutorio , car las almas y'en resucitar los cuerpos». El
Ínter mortuos líber (Salmo 87): «Soy hombre suyo primeramente y después los nuestros: poi­
que no he menester ayuda de nadie, y salí sólo que como leona que para sus hijuelos es amo­
de entre los muertos libre». Quiere decir: sólo rosa ha de repartir con nosotros la presa, dán­
yo de todos los hombres toe pude resucitar á donos parte de la resurrección y gloria que hoy
mi mismo y librar mi cuerpo de las ataduras de gana. Y esta es otra, razón por que- nosotros
P. FR, AL O N SO DE C A B R E R A 455
nos alegramos-en esta fiesta. Porqne en ella so' •nostrum Jesum Christum, qui reformaba c.orpus
nos da esperanza y prenda de inestimable valor JmmiHtatis nostra?, confguratv.m corpori clari-
qne habernos de gozar-los bienes eternos, pues taíis stm (P ilip ., 8). Paréceme que se entró
Cristo toma hoy la posesión por todos mostran­ el Apóstol con el espíritu por los sepulcros y
do en su cuerpo glorificado que' tules han de bóvedas llenas de cajas, arcas de mármol, ataú­
resucitar los nuestros, siendo miembros vivos des, huesos, y preguntó: ¿Qué hacéis aquí, cuer­
desta cabeza. P or eso, estando el santo Job pos muertos, huesos secos, cenizas frías? Y res­
cercado de miserias y trabajos, desbandado de ponden: Esperamos á nuestro Salvador y se­
la vida, y sos amibos consolándole, dijo: Con- ñor Jesu Cristo que nos venga á libertar de la
solatores onerosi vos esiis. «Consoladores mo­ muerte y nos repare y reforme en vida glorio­
lestos y pesados sois vosotros», daisme fastidio, sa, cual la tiene su cuerpo resucitado. E sta es
eansáisme. Pues veamos, santo Job, ¿que' cosa la victoria de Cristo quo alcanzó en su resurrec­
tenéis vos de. mayor consuelo? Quis mihi tri­ ción. Y desta dice el anciano San Juan: V icit
bual iií scribantur sermones mei.' Quis mihi dét lea de tribu .h u ía , radio: D a v id . «Piaíz de D a­
ut exarentnr in libro t-ti/lo farreo , et plum bi la­ vid». Nueva eosa es que el hijo sea tronco y raíz
mina, velceltesculpantur in siiice? «¡Ah! ¿quién de su padre, E sto en solo Cristo se halla, que
me diese que se escribiesen mis palabras en según !a humanidad nació do la raíz y linaje
blanco pergamino, con gruesa pluma de hierro, de David (como dice Isaías), mas según la di­
eon letras góticas que queden bien señaladas, vinidad es raíz que sustenta y produjo al mis­
ó en planchas fie plomo, que duran más?» A u n ­ mo David. E sto es como el enjerir un árbol.
que oí fuego podrá consumirlas, y asi será me­ Ponen una púa ó escudete en el tronco, y el
jor grabarlos con un buril ó cincel de acera fruto tiene el sabor de ambos árboles; así en el
templado, en nn pedernal donde estén más se­ árbol de la divinidad se enjirió la humanidad,
curas de daño, y duren piara siempre, y rengan y quedó el hombre enjerto en Dios. De tal ma­
á noticia de, todos los que han de suceder. ¿Qué nera, que en un mismo árbol vemos dos frutos:
palabras son osas de tanto peso? Scia /¡vori R e- muerte y vida, pena y gloria, padecer y hacer
demptor meus virit., et in non'ssimo die fie le n a milagros. Por la humanidad muere, por la di­
surrexturus sum. No es sospecha ni barrunto vinidad resucita. Pues este león victorioso ha
mío, sino fe certísima infalible, que lo futuro de abrir el libro. ¿Quien ha de declarar la E s ­
tengo por cierto como si lo viera presente; y critura y los misterios della? Unigenitvs qui est
así, no me contento con decir que lo creo, sino in sinu P atria ipse narruvit: «El unigénito Hijo
digo que lo sé y tengo evidencia dello: «que de Dios que sabe su pocho y corazón, él lo lia
mi Redentor vive y vivirá para siempre una vez manifestado». V io San Juan un cordero casi
levantado do entre ios muertos: y de aquí se muerto que tomaba el libro para abrirlo. ¡V ála-
cría en nú una esperanza fuerte, que yo tam­ me Dios! ¿no dijeron que un león lo habia de
bién me he de levantar del polvo de la tierra en abrir? ¿Cómo lo abre un cordero? Todo es uno;
el último día». E t nirsum cire umlahor pedi e mea, el mismo que es cordero es león fuerte. N am
,’t in carne mea vi debo Deum meum. Quem ri- et si cruciiixus est ea: injirm itaie , sed riv it ex
fi/rtts sum Cijo ip se et oculi mei conxpect u r i S7int rirtute D e i (I Cor., 18 ). Si es cordero, tiene
et non afine: « Y otra vez me veré rodeado des­ siete cuernos, qne demuestran la fortaleza de
ta vestidura de ¡ni carne, de que la muerte me león, y siete ojos, qne demuestran su sabiduría.
desnuda, y en mi carne veré á D ios: con los E stá en pie, poique está vivo. \ parece casi
ojos del cuerpo la humanidad del Redentor, con muerto, porque algún tiempo lo estuvo, y por­
los del alma la divinidad», i'o mismo, y no que después de resucitado tiene llagas, las mis­
otro por mí, tengo de ver al Señor con estos mas que tuvo cuando muerto. A l fjn venció
ojos y eon este cuerpo quo ha de comer la tie­ como león, pero muriendo como cordero. Cúm ­
rra. Repasita est ¡uve spes mea in sinu meo. plese eu él lo que se dijo de D avid: Prin ceps
Esta esperanza me consuela, que me ha que­ Ínter tres: ipse est <¡vasi tenernm us ligni ver­
dado después de todas mis pérdidas. Pudié­ micidas <)ui octingenios interfecit Ímpetu uno:
ronme quitar los hijos y la hacienda y salud, «De los tres tortísimos el más fuerte.El es como
pero no la esperanza que está guardada como el gusanillo, que con ser ternísimo, taladra un
tesoro inestimable en el cofre de mí corazón. madero duro, Y mató ochocientos de un aco­
Esta esperanza es la que hace á los santos lio metimiento». E n persona de Cristo, se dijo:
temer los fuegos ni cuchillos, y ofrecerse de su F,¡/n nvtein sum renitis et non homo (Salmo 21).
voluntad á la muerto; macerar su carne con Porque dado que en vencer la muerte y el de­
ayunos y asperezas, no dudando perder esta monio mostró su fuerza infinita, en que escede
vida perecedera y caduca eon esperanza de á todo lo criado, mas porqne le venció con fla­
aquella inmortal, eterna. E sto os lo que dice queza muriendo, fue como cordero y gusanito
San Pablo: Salvatorem expectamus Dom inion que carcomió con su ternura las fuerzas de sus
PR ED ICAD OR ES D E LOS SIGLOS X V I Y X V I I
enemigos. ¿Qué cosa más flaca al parecer que el rey hasta ol labrador. Los pobres discípulos
Cristo crucificado? Pues esa cruz quebrantó á pleitean: quis eorum rideretur ese major. A u n ­
todos los enemigos; y por eso es cordero y león, que sean dos hermanos, cada uno quiere man­
Y este venció para abrir el libro y soltar sus dar. Rómulo y Remo 110 se pudieron sufrir, y
sellos. Parece que no es buen orden. A c á pri­ Rómulo mató á Remo por quedar solo con ei
mero Se abren las maiiccil-as y después el libro, señorío de Roma. César y Pompeyo, suegro y
¿cómo allá lo dicen al revés, que ha de abrir el yerno, ñieron causa de las guerras civiles,
libro y después desatar los sellos? M uy bien porque César no quiere superior ni Pompeyo
dice: porque Cristo nuestro bien, encarnando, igual.
muriendo, resucitando, subiendo á los cielos,
y « c qventquam jtt m fe r r é potest, C'ieiar ve p r io r em,
abrió el libro, esto es, mostró con la obra ser
P n m p t'ju -m parcm .
en su persona cumplidos estos misterios que en ( L u c a n o ),
la vieja ley estaban dél pronosticados. Verificó­
los en el hecbo, y después desató los sellos, de­ Alejandro dijo á Darío: «Ni el mundo dos
clarando de palabra á sus apóstoles las E scri­ soles ni A sia dos reyes». Pero lo que más es­
turas y dándoles el Espíritu Santo para que las panta es que Jacob y E saú en el vientre de su
entendiesen. Y eso mismo veremos en el evan­ madre luchen sobre cuál ha de ser mayorazgo.
gelio de hoy. Iban dos discípulos do Jerusalem Y Pharc's y Zarán, al tiempo de nacer, pelean
al castillo de Emaús tristes y llorosos, porque sobre cnál ha de nacer primero. E ste es el in­
el libro estaba cerrado, y llegóse á ellos Cristo genio del hombre mundano; desear ser único y
en traje de peregrino como ellos, y díceles: solo entre todos, como el ave fénix, y pensarlo
¿Qué palabras son éstas que vais hablando, y de sí: en letras, en linaje, en virtud 110 quiere
estáis tristes? Como si Ies dijera lo quo el viejo igual. Pero el discípulo do Cristo nunca en su
á San Juan: N e fieveris; «N o estés triste»; pensamiento camina solo, sino acompañado con
porque el icón vencedor abrirá el libro, Y así otro tan bueno y sabio como él. Porque si se
comienza Cristo (cordero muerto) á abrir el li­ imagina solo, luego es acometido de soberbia y
bro. E t incipiens a M oyse et ómnibus prophetis hace estanco de la virtud y nos la vende por
interpretabutur M is in ómnibus ucripturig, (/tur onzas, dando á entender que 110 hay medien):!
de ipso erant. E ste es el intento del Evangelio. segura sino en sn botica, ni van curados ni en­
Veam os la historia cómo pasó. señados sino los que pasan por sus manos.
Por eso está desterrada la singularidad de la
C O N SI DE RA C IÓ N PRIMERA
casa de Dios, como sospechosa de soberbia,
que es la que suele tullir á los que al parecer
D ú o ex illis ibant ipsa die in casstellum, ote. caminan más ligeros y no se. menean porque
Iban dos: porque era orden del Señor que sus les faltan pies de humildad. E l singular, como
discípulos anduviesen combinados- San Lii cas pretende su estimación, trabaja de caminar
dice que á los setenta y dos mi&sit illas binos solo, aunque vaya reventando; porque cuanto
in omnem dvUatem et locum quo erat ipse ven­ más solo, más señalado y visto, y por consi­
turas: «Enviólos de dos en dos á predicar». guiente más alabado.
San Pedro y San Juan subieron al templo á
orar. San Pablo y San Bernabé fueron combi A i p v li 'h n t v i e st d íg it o ■monstrari e t t i t e e n : b ir rat.
nados por el E spirita Santo. Cuando envió por ( P E l í s i u , Sátira 1).
el asnilla y á que le aderezasen la casa para la
cena, envió dos. E s símbolo de la caridad fra­ Filósofos hubo que hollaron la honra y des-
ternal que quiere haya on los suyos, Gusta de preciaron las riquezas, obras al parecer de gran
verlos unidos y hermanados, y preciase que por resplandor de virtud, y no lo eran, porque lo
esta devisa los conozcan. In h o c cognoscent om­ hacían por ser singulares en sus pareceres, ga­
nes quia d iscip u li mei est i í , si dilectionem habv.e- nando honra en desechar lo que otros con tanta
ritis ad invicétn: <rLa librea que los míos han de diligencia procuran. H ay algunos que por el
vestir, las insignias y señales por donde los han mismo caso que vos vais por un camino, aun­
de conocer, es amor recíproco hermamible: que que sea acertado, van ellos por el contrario,
os améis unos á otros». También los apareaba, todo por ser solos. Dice E lias: A lta r ía tua dts-
porque conociendo la vanidad del hombre (qne truxerunt; propíneteos tuus occiderunt gladio, de­
quiere ser absoluto señor) les pone regla de re,lictus sum ego solus ( I I I R eg., 17). ¿Que no?
hermandad fraternal. D e d il M is virtutem etpo- Humillaos, Elias, qne otros muchos hay: siete
testatem super omnia darmonia et ut languores rail tengo yo que no han hecho vileza en ado­
curarent. A todos igualmente, porque no se al­ rar ídolos. N o deja Dios á los suyos caminar
cen á mayores. E sto es contra la ambición de solos, sino dúo ex i llis , porque la compañía es
los hombres. Ninguno quiere tener igual desde el seguro de ¡a humildad, Pero ni solo ni aconi-
P. FR. A L O N SO DE C AB RE RA 457
paflado so puede caminar seguro y sin errar, si guíame, encamíname en vuestro servicio lo que
no v í i Cristo con ellos. E l es la guía y el ¡ilivio más me conviene. Cum ignor&mvs quid agere
de caminantes. debeamus, hoc solum Jiabemus residid, ut oculos
nostros dirigamus ad te ( I I Pasa., 20). E l es
CON SI 13Eít A CI ÓN SENQUDA
la introducción de nuestras ignorancias, luz de
nuestras tinieblas, el buen consejo en nuestras
E t factum est dum fabularentur et secum dudas; del nos viene elnoeaerni peligrar en esta
qumrerent; et ipse Jesu appropinquans ibat cum jornada, porque va tan cerca, que cum ceciderit,
illiít. Iban platicando de Cristo y de su pa­ non collidetur, quia Dom inus suppon.it manían
sión; y aunque faltos en la fe y quebrados en suam (Salm o 3 G). Cuando cayere el que va
la esperanza, luego se les llega. ¡Qué cerca está con Cristo, no dará recio golpe, porque el Se­
Dios del pecador, y qué deseoso de bailar en­ ñor lo recoge en sus manos como en almohadi-
trada en su corazón! Estaréis al medio día en Jla blanda, porque no se lastime. Bendito seáis
un aposento cerrado, y por poquito que abráis vos, Señor, que con tan buen compañero lleva­
la puerta ó ventana, por un resquicio cuela el mos salvoconducto para pasar por tierra tan pe­
rayo del sol, por una teja quebrada, por una ligrosa como el mundo. Por puco qne os alejéis
vidriera; así Dios por cualquiera vía que le deis desmaya el hombro y se pierde. Apartóse Cris­
entrada, por uno que reís morir, por una buena to de los suyos en el huerto quantum ja c tu s
conversación, por una limosna que llagáis, lue­ la p id is: «Un tiro de piedra», y luego se duer­
go llega y os toca en el corazón y nace el buen men, y Pedro el animoso, el primero. Y así
deseo, y tras él la obra. E stos hablaban dél y entre todos los dioses que los hombres han
luego se les acerca. Son caminantes y así los adorado, sólo el Dios de Israel es Dios de cer­
acompaña como caminante. !No hay oficio ni ca. N e c est a lia natio tam granáis quoi ha-
estado donde no liuliéis á Dios como le habéis beat. Déos appropinqwantes sibi sicut Deus nos-
menester. E l maestro le halla en el templo, ter adest ca n d is obsecrationibus nostris (Deu-
como maestro, in medio doctorum sedentem toronomio, 4 ). P ara oir nuestras peticiones y
attdieniem ¿líos et intii'rogantem eos. L os que socorrer á nuestras necesidades. Todos los de­
¡leseaban, como pescador. E ! ladrón, como la­ más son dioses de lejos, que ni ven ni oyen, y
drón en la cruz. La M agdalena que le busca en cuando más los habéis menester faltan y burlan
la huerta como hortelano, LaSam aritana yendo vuestras esperanzas. Donosa era la burla que
por agua, le halla que ]e ofrece agua en la hizo Elias de los falsos profetas que se hacían
fuente. E l caminante, como peregrino. ¡Cnán pedazos y desangraban llamando á su dios
á la mano y cuán á vuestro propósito le halla­ B aal en la manifestación y probanza del verda­
réis sí le queréis buscar! Y pues este es el oficio dero Dios. Heríanse con lancetas, gritaban,
de Dios, estar cerca de los suyos y acomodarse corrían. B a a l, e.caudi nos. E t non erat vo.v, ñe­
con ellos, llámase Jesús appropim ¡uansm . «Dios que quis responder et . Ríese Elias y hace donai­
de cerca». ¡Qué buen lado llevan los justos! re, y díecles: Clam ate voci majorí; quizá como
¡Qué seguros caminan en medio de los peligros es dios está hablando en otra parte, y no os
unu lan buena compañía! Cum transieris per ove, ó está en el mesón ó en el camino. A u t
iiquits tecum eru, et Ilumina non operient te; cum cerlé dormit: «Por ventura estará durmiendo.
ambuhweris in ignenort combitrcris (Isaías, 43 ): Llam alde recio por que despierte».Tales son los
iiCuando pasares las aguas de las tribulaciones dioses que ei hombre adora y sirve en este
yo seré contigo y te daré la mano para que los mundo, sordos y lejanos. Pusiste tu confianza
ríos no te cubran; y aunque pises las brasas no en un hombre y cuando más le hubiste menes­
te quemarás». Echan á los tres niños en el lior- ter, ó se va ó te olvida y se muere. A s í M oi­
no de Babilonia, y luego acude Dios á librarlos sés : U bi sunt di i eorum in quibi/s habebant
y vese con ellos otro compañero. E t species fd u tia m l Surgant et opitulentvr vobis. E sta
quarto s¡m ilis filio D ei: «El aspecto que tenía es, pues, la prueba del verdadero D ios, que
o¡ cuarto es del H ijo de Dios». ¿Quién podía ser está cerca para oir y socorrer al que le llama.
sino el que dice de sí: U bi enim sunt dúo vel Jesús appropinquans. L o que dijo D avid: P r o ­
tres congregati in nomine meo, ibi sum in medio p e est Dom inus ómnibus invocantibus eum. Pues
eorum? Cou tres, es cuarto; y eon dos que ¿cómo no le vemos? O cidi eorum tenebantur ne
van á Emaús es tercero, y con Tobías os se­ eum agnoscerent. Y a disimulando en hábito de
gundo, y con Jacob, y uno de mil que caminan peregrino, que los mismos discípulos yendo con
por el desierto que sin E l no pueden acertar. E l no le conocían, INo quiere que le veáis el
S i non tu ipse prcecedas, ne educas nos de loco rostro, por que no se pierda el mérito de la fe,
isto: «Señor, dice Moisés, si vos no vais en la Qitem cuir, non videi-itis d ilig itis : in quem nvnc
delantera guiando, no nos mandéis mover deste quotjtte non videntes creditis. Grande loa de los
lugar». E sto le habéis de pedir á D ios: Señor, fieles que creen y aman á Cristo sin haberle
458 PR ED IC AD OR ES DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
visto con los oíos corporales; creen cu nn Cris­ .Ecce gigantes gemunt sub aquis et qui habitant
to rebozado que ancla con nosotros para mies- cum eis (Job, 25 ). No les tengáis envidia á esos
tro consuelo. A h i le tenéis disimulado en el gigantes del mundo, delante de quien esotros
Sacramento, tan cerca que lo podéis guardar son enanos, quo bien rescatan los dulces boca­
un vuestro pecho, No os de pena el reboza, que dos que el mundo les pone á la mesa con el ací­
por eso no se deja ver aquí, porque en e¡ cielo bar 011 qne se los revuelve. Y entre esas rosas de
le veamos para siempre, ¡Oh peregrino celes­ honra, respeto, regalo, hay espinas que pasan el
tial! Con nosotros camina y á los tristes se corazón. Gemunt sub aquis. A llá tienen sns ba­
llega y los consuela. rrenos por donde se desaguan sus contentos, y
gimen debajo las aguas de sus-cuidados y obli­
C O N S I DE R A C I Ó N TERCERA
gaciones. A todos les pregunta nuestro pere­
grino: Q ui svn i hi sermones, quos confertis ad
(3¡í¿ sunt hi sermones, quos confartis ad ¿n ri- in tictm ambulantes, et estis tristes? E l remedio
cem ambulantes et estis tristes? Pregunta es más poderoso, el cóndito y epítima más eficaz
ésta á la cual cada uno responderá de su ma- es poner ol corazón en Dios; que como esté
'neya, conforme al próspero ó adverso suceso aquí aferrada la voluntad, aunque le toquen en
de sn bnena 6 mala fortuna. Y aun algunos la honra, hacienda, etc., como el golpe dé en
callarán el secreto de su tristeza por ser afren­ Dios, no duele. N o n contristaba j-ustum qitic-
toso, y ahíjanla 110 al mundo (cuya bija legíti­ quid ei acciderit (Prov., 12). Porque el dolor
ma es) sino á otros buenos respectos. Mas por­ y la tristeza nace del amor; cuanto es mayor
que las tristezas de los hombres son innume­ el amor que á estas cosas visibles tenéis, tanto
rables y aun contrarias entre sí, cifrémoslas en es mayor la tristeza que en perderlas sentís.
una sola como fundamento de todas las demás. Mas puesto el amor en Dios, aunque todo se
¿Qué es lo qne trae á estos discípulos hoy tris­ pierda, corno este tesoro quede en salvo, 110 se
tes? V enir flacos en la fe y en la esperanza de siente. E ste ánimo tenía San Pablo que decía:
Cristo, cjue si estuvieran bien fundados, ale- I n ómnibus tributationem patimur, sed non an-
gráranse creyendo que ya era resucitado, como gustiam nr: aporiamur, sed non destiiuimur:
las Marías les dijeron. Pues esta es la raíz de persecutionen patimur, sed non derelinquimitr:
nuestras tristezas y disgustos: no tener el co­ d ejicim w , sed non perimus ( I I Cor., 4 ). «Con
razón fijo en Dios y en su lev. De aquí se de­ toilas las cosas posibles nos fatigan los adver­
ducen como lineas de su centro todas las cau­ sarios, pero no desfallece ni se aflige el ánimo.
sas de pesar. A l que de veras 110 tiene echada Tenemos pobreza, y no somos dejados; persí­
el áncora de su esperanza en lo firme de Dios, gnennos de un cabo á otro y no somos desam­
luego el navio de su corazón es combatido de parados; humíllennos, y no somos contundi­
vientos contrarios que le zozobran y anegan. dos; pónennos en las puertas de la muerte, y
Y a triste, ya alegre, ya contento, ya descon­ no perecemos». Nada nos empece, porque es­
tento, ya seguro, ya desconfiado, ya osado, ya tán los corazones eomo petos fuertes templados
temeroso, ya quiere, ya no quiero, ya ama una eon el amor y confianza en Dios, hechos á
cosa, ya la aborrece. Si acompañado, luego es el prueba de todas las balas del mundo y demo­
fastidio y se retira; si solo, luego es la cólera y nio. Y por faltar este temple á estos dos dis­
melancolía; si rico y con cargo, dice que anda cípulos, iban heridos de tristeza. Pero veamos
distraído y cansado y que desea un recogimien­ qué responden á la pregunta de Cristo.
to seguro: si recogido, vuelve los ojos al mundo
y suspira por él. Finalmente, son tantos los CO N S I D E R A C I Ó N C U A li T A
accidentes, que ni hay camaleón que se vista de
tantos colores, ni Proteo qne se mudo de tan­ T u solus peregrinas es in Jerusalem , et non
tas figuras, ni Juna sujeta á tantos crecientes coe/novisti qvee Jacta sunt in illa bis diebus? Sin
y menguantes, ni mar á tantas mudanzas. Tam - saber lo que decían le pusieron un nombre cor­
quam p id v is qnem p r o jic it ventus a fa c ie terree tado á medida de quien era, Tú solo peregrino
(Salmo I). Compáralos David al polvo que en Jerusalem, hombre extraño en todas sus
no tiene firmeza, sino que el viento de las pa­ cosas y diferente de ¡os demás, peregrino ve­
siones lo lleva, sube y baja, y trae en remoli­ nido dei ciejo á tierras extrañas, peregrino eu
no, corno se ofrece. Y aunque parece que los el ser, por ser Dios y hombro en nacer de ma­
pobres son más sujetos á estas torpientas, no dre virgen; en lenguaje y obras jamás vistas,
es así. Que como los ricos y poderosos están vestido de la esclavina de nuestra humanidad,
más vivos en la honra, acrecentamiento, esta­ Dios escondido, majestad encubierta, hermo­
do, hacienda, en tocándoles un soplo en algo sura rebozada, riqueza pobre; pero conocido de
desto son más sensibles, lastimándoles en el los ángeles, adorado de los pastores y reyes.
corazón, y padecen más terribles melancolías. Solo. Que en es^e camino de la redención no
P. FR. A L O N S O B E C A B R E R A 459
ee detuvo á tomar descanso; siempre apresu­ ra extendens me ipsum: «De todas las buenas
rando los pasos por llegar á la eruz; necesita­ obras pasarlas me olvido; de las que dejo atrás'
do, pobre, huyendo de Judea á Egipto, de no hago cuenta; cada dia gano de nuevo». Pues
Egipto á Galilea y de Jerusalem á Samaría. lo adquirido, ¿piérdese? Que no. Sci.o cui cre-
Solo. Porque ¡Hinque á todos acompaña y ayu­ d id i et certus sum quia potevs est depasüim
da al tiempo de su necesidad, cuando por muer­ meum servare in íllum diera (Timot., 1 ). N o lo
te pasó a¡ Padre, nadie le acompañó. T orad ar echo en saco roto; bien sé de quién me fio;
calccwi sohts , et ¿le gentibus non est rir mecum tengo un fidelísimo depositario que guarda mis
(Isaías, 6;¡). Solo pisó el lagar subido en una obras para el día de la paga, y aunque yo me
cruz, coronado, enclavado, el pecho abierto, ríe olvide, él no se olvida, ¿Queréis ver qné cuen­
donde manó agua y sangre cou que Ja Iglesia ta tiene? Absterget Deus omnem Jacri/mo.m ab
está enriquecida, Solo él tiene título de Re­ oculis eorum: et mors ultra 'non erit, ñeque luc-
dentor. Peregrino que habiéndose ele partir á tus, ñeque clamor, ñeque dolor erit ultra, quia
su tierra natural, se quedó con maravilloso ar­ prim a jbierurd. Dice que quitará toda lágri­
tificio para sustento de caminantes, disfrazado ma, para significar que tiene Dios cuenta y
con especies de pan y vino. Antes Dios escon­ hace mención de cada lágrima en particular; y
dido en hombre; lo qne erado hombre visto, cada una. por sí la ha de quitar con sus bendi­
lo qne de .Dios creído. En el sacramento que­ tísimas manos, dando por ella particular gozo
dáis Dios y hombre escondido y creído: y así y bienaventuranza. Pues eso quiere Dios que
más peregrino porque más disimulado. «¿Tú vos hagáis; que os acordéis de las mercedes y
sólo eres peregrino en Jerusalem, que no sabes beneficios que él os líate, pues son tales que no
lo que ha pasado en ella estos días?» Si supic- se linbían de caer de la memoria. Cuando Dios
sedes. discípulos, cómo lo sabe y cómo ningu­ trac á la memoria del hombre los beneficios qne
no Jo sabe como él. Pero quiere ver si vosotros le ha hecho, malo anda su partido. A Saúl,
Jo sabéis. Qíht’ ? ¿Qué cosas Sun éstas? Señor, inobediente: nonti e cum era.s p arrnius in oculis
¿tan presto se os Jian olvidado? Miraos, Se­ tuis, caput in tribu Israel ja ctu s es? In gra­
ñor, pies y manos y costado: veréis las cisuras to, ¿cómo te has olvidado que del polvo de la
de los clavos y lanza orno], aquel sudor espan­ tierra te levanté á ser rey, y te di la dignidad
toso, aquella tristeza mortal, aquella prisión de que tú mismo te juzgabas por indigno? A
como á ladrón, azotes, liol'etadas, afrentas, es­ D avid, cuando pecó, léele Natlian un memorial
pinas, muerte de tanto dolor ¿se os ha pasado de las mercedes recebidas. E g o uit.ii te in re­
de la memoria? Sí E l pasarlo, sufrirlo y olvi­ g en evper Israel: et ego erui te de rnami S a ú l
darlo es de Dios, como de quien tanto ama; et dedi tibi domvm D om ini tui: et ■ u xores
pero el acordarse dello es del hombre. Porque n i tui in sinti t-uo, dedique tibi domum Isra el et
los beneficios, el que los recibe los ha de decir Jada; et si parva sunt ista, adjiciam tibi multo
y tener en la memoria, no el que los hace. A majara ( I I Reg., 22 ). A Jos judíos incrédulos,
vos, hermano, conviene eso; ya está pnesío á díeeles CrisLo: M ulta bona opera o sttn di vobis
vuestra cuenta. Si os condenáis, vuestra será ex P a tre meo: propter quod eorum opus me la-
la culpa; Dios no se olvida de los servicios qne pid atis? «¿Por Cuál dellas me queréis ape­
le hacéis, sino los tiene muy en la memoria drear?» A sí aquí hace que no se acuerda de
para pagarlos; haecldos vos y olvidaldos, qne sus trabajos, porque ellos los cuenten. Cuen­
él se acordará. Dice Cristo qne en el dia del tan ellos su lástima: la muerte de Cristo, gran
juicio dirá á los buenos: Venid, benditos de mi profeta, poderoso en obras y en palabras, cuán
Padre, y tomad el reino de los cielos, porque injustamente le condenaron los príncipes y fa­
tuve hambre y me distes de comer; sed y me riseos; y al cabo descubren la llaga de sn poca
distes de beber. Y responderán los buenos: fe y desconfianza, que ya no esperaban la re­
Domine , quando te vidimus esurienteni et pai:¿~ surrección del Señor.
mus te? No ignoran los justos que la limosna
que dan al pobre por amor de Cristo la recibe c o n sid e r a c ió n q u in t a
él á su cuenta; y así, aquella pregunta es de
olvidaros do sus buenas obras. Señor, ¿es po­ Oh stulti et tardi corde ad credendiim in
sible que os hicimos este servicio de sustenta­ ómnibus qua¡ locuti sunt prophetie.' ;Oh locos y
ros en el pobre? ¿Cuándo se me ofreció á mí tardos entendimientos, groseros, que uo acabáis
esa ocasión? Y responderá el Señor: Aunque de entender la convenencia admirable de la cruz
vosotros tenéis olvidados los regalos qne hi- de Cristo para redimir el mundo y ser sn cuer­
eistes á mis pequeñuelos, yo no, que ¡os estimo po glorificarlo! Toma el catedrático del cielo en ­
en mucho; ninguno quedará sin su premio de­ tre manos aquellos rudos discípulos, et interpre-
bido, Esto es lo que dijo San Pablo: Q\uv re­ tabatur illis in ómnibus scripturis quiv de ipso
tro sunt obliviscens, ad ea vero qua; sunt p rio ­ erant: « Y comienza á declararles las Escrituras
460 PKE DIC AD ORE S DE LOS SIGLOS X V I Y X V I I
desde el Génesis hasta los Profetas». Ajúsfalas do cercado de sus contrarios y encerrado en la
con Cristo crucificado, muerto, resucitado, como cárccl, levantarle á media noche quebrando las
aquel quo era autor dellas y las había cortado cerraduras y puertas, dejando burlados los pro­
á su medida y le venían al justo. Abre el libro pósitos de los filisteos, sino que Cristo, del se­
y desata los sellos el cordero muerto. ¿No fuera pulcro sellado y coreado de guardas salió libre,
bien que mirárades lo escrito y por ello en- dejando burlados los designios de los judíos?
tendiérades la concordia y correspondencia de ¿Qué fue D avid vencer con cinco piedras al gi­
lo que pasó por Cristo á lo profetizado? ¿Qué gante y cortarle con su misma espada la cabeza,
fue dormir A dán para de su costado formar sino que Cristo eon cinco llagas venció al demo­
a E va su esposa sino haber de dormir Cristo nio, y con la muerte (qne es propia armadel ene-
en la cruz para que de la llaga de b u costa­ raigo) le cortó la cabeza? ¿Qué fue estar la cruz
do saliese su espoía la Iglesia, y agua y san­ aparejada para el santo Mardoqneo y su pueblo
gre en que consisten, los principales sacramen­ condenado á muerte y después despojado de su
tos della? ¿Qué fue plantar JToé una viña de su cilicio y vestido de ropas de rey, ser honrado
mano y embriagarse con el vino della, y hacer su de todos y Am án su enemigo crucificado en sn
lujo escarnio dél y descubrirlo, sino estar Cris­ misma cruz y el pueblo librado de la muerte,
to tan embriagado y tan como fuera de sí dol sino que el demonio fue crucificado en la mis­
amor que tenía á la viña de la Sinagoga que él ma cruz que aparejó para Cristo, y el Redentor
había plantado en la tierra de promisión, y el despojado del saco do nuestra mortalidad, y li­
pueblo hebreo, como mal hijo, lo desnudó y es­ brando á su pueblo de la muerte eterna fue
carneció dél en la cruz? ¿Qué fue Job estar en glorificado como Hijo de Dios? ¿Qué fue salir
el muladar llagado de pies á cabeza, con una Daniel del lago de los leones, donde fue echa­
teja sola para raer la podre de sus llagas y que do sin recebir perjuicio de las bestias hambrien­
su mujer era la que más le injuriaba, sino estar tas? ¿ Y qué fue Jonás salir libre al tercero d in
Cristo en el Calvario leproso y llagado, con del vientre del gran pescado, sino que al ter­
solo una teja de su cruz, y que su. mujer la Si­ cero dia había de resucitar Cristo libre, sin ha­
nagoga es la que más le persigue y blasfema? ber recebido detrimento del infierno ni do la
¿Qué fue Moisés ser sacado de las aguas del muerte? Con estas y otras figuras, declaradas
oSHlo para ser caudillo del pueblo de D ios y como él sabía, fue deshaciendo las tinieblas de
destruir á E gipto, sino haber sido Cristo saca­ sus ignorancias y alumbrando los eclipses do
do de las aguas de sus penas, que en la pasión sus entendimientos, y encendiendo en amor sus
le anegaron, para ser capitán del pueblo cris­ corazones, y eon la buena conversación se aca­
tiano y destruir el reino del pecado? ¿Qué fue bó el camino sin sentirlo. Y llegados á la po­
el santo Josef sacarlo de la cárcel, cortado el sada, Lácenle quedar por fuerza; y cenando con
cabello, vestido de nuevo y hacerlo señor de ellos, en el partir y bendecir el pan le conocie­
toda la tierra de E gipto, sino quo Cristo había ron; y luego se les quitó delante de los ojos.
de salir de la cárcel de la muerte, cortado el ¡Bienaventurados ojos que tal merecieron ver,
cabello de nuestra mortalidad, vestido de esto­ y dichosa misericordia que hospeda al peregrino
la de gloria, hecho y declarado señor absoluto y después halla ser Dios! Regalémosle en sus
de los cielos y de la tierra? ¿Qué fue Sansón pobres, partiendo con ellos el pan que tenéis,
muriendo matar á sus enemigos, sino que C ris­ pues paga tan bion el escote, aquí con gracia
to con sn muerte alcanzó victoria de sus ad­ y después con gloria.
versarios? ¿ Y qué fue el mismo Sansón est-in- A m én.
CONSIDERACIONES
DEL

D O M I N G O EN L A O C T A V A
DE LA PASCUA DE R E SU R R E C C IO N

S tetit Jesús in medio díscipulorum suo-


rum et d ix it eis: P a x vobis. E t cum hoc
dixisset, ostendit eis manus et latus.

( J o a n ., 20 ).

E l santo Evangelio contiene la primera vi­ E ii saliendo de ia mano de Dios, luego co­
sita que el dia de su resurrección hizo Cristo mienzan los bandos y discordias entre los ele­
nuestro Redentor á sus discípulos todos juntos, mentos y sus propiedades, y Dios á poner tre­
excepto Síiiitr Tomás, que estaba ausente. E n ­ guas y hacer paces. D iv isit lucem a tenebris.
tró estando las puertas cerradas, y poniéndose Para que nanea jamás se encontrasen. Y si el
en medio dellos, díjoles: <tPaz sea con vos­ húmedo del aire es contrario al seco del fuego,
otros». Y diciendo esto, muéstrales las manos en lo cálido se parecen y dan las manos. Y si lo
y el costado, y los pies también, como dice San cálido del aire es contrario al frío del agua, en lo
Lucas, causando en sus corazones inestimable húmedo simbolizan, Y si lo húmedo repugna
alegría. Viene bien este evangelio para la fiesta al seco de ¡a tierra, en ser fría se conciertan.
que se celebra hoy en esta iglesia á honor de Y asi queda el coro de los elementos ordenado,
las cinco llagas principales de Cristo, nuestro y ellos asidos de las manos, y templada esta
bien; porque esta fue la primera muestra que vihuela de cinco órdenes del universo de mano
laxo dellas delante su Iglesia, después de resu­ del divino Orfeo. De suerte, que aunque las vo­
citado, dándolas por señas certísimas de ser el ces son diferentes, parecen contrarias, tienen tal
mismo que había sido muerto. A q u í veremos temple que hacen una música muy concertada
la guerra sangrienta que causaron nuestros pe­ y ana armonía muy suave; y cual hora aflojase
cados, la paz que Cristo nos procuró y lo que una cuerda, se desharía todo ese concierto, paz
le costó alcanzarla y establecerla. Para que sea y liga. Y asi en el diluvio que aflojó el agua, y
á gloria de Dios y edificación nnestra, pidamos en el día del juicio que aflojará el fuego y estará
la gracia por intercesión de la V irgen sacratí­ en el punto de la tierra, se acabará el mundo.
sima. A ve. Pero quiso Dios para mayor muestra desu habili­
dad, poner en cifra de un pequeño rabel toda esa
IN T R O D U C C IÓ N música que se toca en el laúd tan grande del
universo. Y así criando al hombre, templó en
De la primera pellada que dio nuestro pode­ ol estas cuerdas que parecían discordes. A h í
roso Dios en este su alcázar del mando; del hallaréis los elementos en sus cualidades: el
primer meneo de su divina mano, quedaron fuego, la cólera, el aire, la sangre, el agua, la
criadas algunas cosas, aunque con calidades flema, la tierra, la melancolía. Hallaréis el peso
contrarias. In principio creavit D eu -s ctelum et de la tierra, la ligereza, del cielo, la corruptibi­
terram. E l cielo incorruptible y la tierra eorrap- lidad de la tierra en el cuerpo que fue della for­
tibie. E l cielo ligerisitno y la tierra muy pesada. mado, la ¡ncorruptíbilidad del cielo en el alma
Los elementos cou calidades coaLrarias. E l fue­ inmortal. Templó tan curiosamente las demás
go cálido y seco, el agua fría y húmeda, el aire cuerdas de las potencias inferiores y sentidos
húmedo y cálido, la tierra seca y fría. coa el temor de la razón, la cual había de sus­
tentar esa consonancia que llevara Dios ese ins­
F ríg id a ¡rugnajiant ca lid is, hum cutia siccis. trumento deste mando al otro, y estuviera siem­
( O v i d i o , M etam órfusis), pre templado en las manos de Dios. Toca el
402- PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V II
hombre con su mano grosera, tuerce la razón, á sí mismo, rsi participaba nada de nuestras
destempla esa armonía, deshace la consonancia, miserias, y así no podía ser medio. E l hombre
rompe la p:iz, comienza la guerra; echa Dios puro, menos, porque no participaba de las pro­
por ahí el instrum ento, pregónase guerra á piedades de Dios. E l hombre finito, pecador,
fuego y á sangre contra él. Pone Dios el mon­ m ortal; Dios, infinito, santo, inm ortal. ¿Qué re­
ta n te de fuego á la puerta del paraíso y el que­ medio? H ágase Dios hombre y pondrá medio
rubín airado que guarde el paso y dice: N on entre Dios y ¡os hombres; y sea la persona del
permanebit spiritus meus in homine , quia caro Hijo, que tam bién es medio entre las divinos
est. jSTo comeremos en uu plato; siempre anda­ personas, quitada la imperfección de memoria
remos á malas. E l Helu-eo dice: N o n evaginabit y diversidad. Son las tres personas iguales de
spiritus meus in homine, quia caro est. E l aliua lina misma sustancia, en que no hay menor ni
está en el cuerpo, como el espada en la vaina, mayor, primero ni postrero. M as eon todo, el
y ts l diee: «No estará el espirita vital qne yo H ijo se dice medio, porque conviene con el P a ­
inspiro envainado en el hombre, porque es car­ dre en producir divina persona, siendo co n E l un
ne». Fue amenaza de muerte. Pero la divina principio de espirar al E sp íritu Santo. Y con el
misericordia, pretendiendo hacer las paces y que E sp íritu Santo conviene en ser producido, poi­
vuelva Dios á templar ese instrum ento, da or­ que es engendrado del Padre. De m anera que
den cómo lo reciba en las manos, haciéndose el P adre y el E sp íritu Santo distan eu esto:
hombre. E u el Verbo encarnado se tornó otra qne el P adre produce y no es producido; el E s­
vez á concertar esta música,; y las cnerdas de píritu Santo es producido y no produce; el Ilijo
diferentísimos sonidos se tem plaron en tal me­ produce y es producido. Y así es medio entre
dio y proporción, que hicieron admirable con­ las divinas personas, y hecho hombre es medio
sonancia. E ste misterio tiene llamarse Cristo eiare Dios y los hombres. P orque lo primero,
en cuanto hombre medianero entre Dios y los según la hum anidad, es menor que el P adre y
hombres. Unas est mediator D éi et hominum., mayor que todos,los hombres por la gracia dn
homo Ghristus Jesu (Tim ot., 2 ), Sólo entre los unión hiposLátioa con que está unido al ser di ■
hombres pudo poner medio en tan ta diversidad. vino, y por la plenitud de gracia y gloria que
E n señ a la filosofía que el medio ha de tener naturalm ente á esta unión se consigue. P a rti­
tres condiciones. L a primera, que diste de los cipa lo segundo de las propiedades de los ex­
extremos con tal orden que sea después del pri­ trem os; porque de Dios tenía la infinidad, jus­
mero y antes del postrero. L a segunda, que ticia, gracia y gloria; de los hombres tuvo penas
participe las propiedades de ambos extrem os: y muerte. Y así pudo ju n tar estos dos extremos,
tenga deudo, afinidad y semejanza con ellos. couio dice el A póstol: Deus erat in Christu ,
L a tercera, que en él se junten y den paz los mundum reconnl/ans sibi. E n Cristo se dieron
extremos que por si están desavenidos. U n las manos y se hicieron amigos Dios y el hom­
ejemplo: E l hombre es medio entre las sustan­ bre; en él se juntaron las miserias humanas y
cias espirituales y corporales, porque es inferior grandezas divinas. De nosotros tomó penas,
á los ángeles y superior á los brutos. Tiene en­ llagas y m uerte, que ofreció á Dios en satis­
tendim iento y voluntad y libre albedrío como facción de nuestras culpas, y de Dios tomó vi­
los ángeles, y sentidos corporales como los ani­ da, gloria y bienaventuranza, que dio á lo?
males; y en él se juntan estos dos extremos, hombres con sü sangre redimidos. Murió como
porque tiene alma que es espíritu y carne que hombre, resucitó como Dios. ¡Qué lindo instru­
es cuerpo. E staban Dios y el hombre en extre­ mento! D iscante templado por el E spíritu
mo distantes y apartados mucho más que el Santo, donde hicieron melodía cosas tan encon­
calor y el frío, lo blanco y lo negro. Como las tradas como muerte y vida, Dios y el mundo,
cuerdas de la oveja y el lobo no se pueden tem ­ flaqueza humana y fortaleza divina. U n cuerpo
plar, mucho menos se podían acordar Dios y el m ortal y pasible, verlo heis transfigurado, glo­
hombre. D istaban por naturaleza lo que va de rioso y resplandeciente; y el mismo después
la nada al ser por esencia, del Criador á la cria­ inmortal, resucitado y glorioso, verlo heis en
tura, que es distancia infinita. D istaban más por cinco partes llagado. E s música qne hizo Dios
la culpa, Iniquitates uestrtE diviserunt ínter vos en Cristo, extremos que se juntaron en este
et Deum im tr w m (Isais., 19 ): «V uestras mal­ medio. P o r eso amaba C risto tan to el medio,
dades os han alejado de vuestro Dios» y puesto que le escogía en todas las cosas. Nace en me­
da por medio un caos inmenso de culpa,.una dio de dos animales, disputa en el templo en
tiram ira de leguas que no se pueden andar, medio de los doctores, obra nuestra salud en
para que ni Dios venga al hombre ni el hom­ Jerusalem que está en medio de la tierra, mue­
bro vaya á Dios. Medio entre tan ta despropor­ re en medio de dos ladrones. D espués de resu­
ción y desigualdad no se hallaba; porque Dios citado se pone en medio de los discípulos y su­
en la puridad de su naturaleza no era inferior bido á los cielos aparece á San J u a n en medio
P. FR. ALONSO DE CABRERA 483
de siete candcleroB de oro. Pava m ostrar,qne él gar el golpe sobre el que se puso en medio á po­
solo es el medianero entro Dios y los hombres; ner paz; y al cabo quedan ellos despartidos, y
el quo halló medio y <2oiivmiictic¡ii .entre tunta el tercero jas manos en la cabeza, Pues así ie
desconformidad. Y esto es lo q u e dice nuestro aconteció á nuestro Salvador. Estaban Dios y
tema: S t e t i t J en v s in m edio tli& c ip u lo n m el hombre malam ente reñidos: había muy de
svorum. atrás eternos bandos entre la tierra y el cielo;
no se. hablaban ni trataban, ni Dios se dejaba
COXSIDERACIÓH FIUÍlEJtA ver. E l cielo echaba chuzos contra la tierra, di­
luvios, rayos para asolarla; ia tierra producía
Cristo puesto en medio de los discípulos en­ espinas y abrojos contra cielo: idolatrías, peca­
soñado primero que, está en medio de todos los dos abominables. También había grande discor­
hombres, y que ningún bien ni nía! podéis ha­ dia entre judíos y gentiles: odios envejecidos
cer al prójimo que no )e. tuque á Cristo prime- sin esperanza de concierto ni eonvenencia; te­
ro; porque después que se hizo hombre, nues­ níanse quitada la habla, el trato y comunica­
tros bienes y males tiene por suyos. Perseguía ción; queríanse mal y no hacían caso los unos
Faraón al pueblo de Israel y m altratábale. S en­ de los Otros. Condoliéndose, pues, el divino
tido Dios desta ofensa, dice á Moisés: V id i medianero de tan tas divisiones, entra de pi i‘
affiictionám p o p v li me.i in s E g y p to et dtin to rem medio á poner paz con el bastón de su cruz, y
ejus a u d ii'i , p r o p te r d u r itin m eorum qui ]>rm- luego en entrando en la tierra dice: P az. \ Ja
sunt ope.ribuv; et. scienu rh lo re m ejus, d e tc e n tii cantan los ángeles: E t in térra p a x homimbim
■ut liberem eum ríe m a n ih u s w g y p tia rv m . «H e bwhr rolvntatis. Y viviendo dice: P az. P a cít»
visto la gran aflicción de mi pueblo que está en meam do vobis. Y muriendo dice: P az. Pacem
Egipto, y sus clamores y querellas han subido reliíifpj.o vobis. E n la Cruz: Paz. P ater, rlimitte
delante de mí: vengo á librarlos desta servi­ illitt, nun enim sciunt quid faciunt. Pero como
dumbre». Y aunque (íleo que E l viene, envía á so pliso cu medio de Dios airado de una parte
Moisés; y líbralos por tercera persona. Pero y del h om bre pecador de otra; como le cogieron
después de hecho hombre, persigue Sanio h en medio indios y gentiles enemistados, tcd ;s
Iglesia, y sale de él en propia persona al camino á porfía descargaron sobre él. E l P adre Je hiere
y quejase: ¡Sanie, S a n ie , q u id me persetjVúris? cara á cara, porque Je o b lig a á morir y se ¡o
¿Quién sois, Señor, que decís que os persigo? manda y dice; Propter r ctlv tp o p u li m eiperci't
¿Yo á vos? ¿Cuándo? E g o ftum Je*ux jVocare­ si eum (Isaías., 3 o). ¿Pues qué culpa tiene él
nas, qitem t n pt-rscqueris. Persiguiendo á los de lo que pecó el pueblo? N inguna, mas de ha­
míos, me persigues á mi. ¿Pues por qué no di­ berse puesto eu medio. Y é l se queja: S u p ia
jisteis eso rtitstno á Moisés, sino v id i n j/tic fio ■ dorsv.m meum- fo.bricarerunt peccatores ( Sal­
ncm p o p u li mei? ¿Por qné no mi adicción? P or- mo 128 ): «Que los pecadores descargaron sobre
<pe ahora soy hombre y estoy do por medio en­ sus espaldas sus látigos y disciplinase, paia
tre los hombres y sus cosas toug» por mías: sus verificar lo que Isaías dijo: D iscip lin a P a tr is
males y sus bienes. f¿uod u n í e x m in im is met's ■nostri ntipei' fian. Alcanzóle el ramalazo. E l lle­
Jecisti», m ih i je c is tis . E l beneficio hecho al hom­ vó Ja disciplina, porqu e nosotros quedásemos en
bre y id agravio, primero se hace A C risto y él paz. Y así fue que Dios y el hombre quedaron
io pone á su cuenta; porque noluiy llegar donde reconciliados, y judíos y gentiles convenidos. Y
esiá el prójimo sin encontrar primero eon C ris­ en señal desto, Pilatos, gentil, y Herodes qne
to quo está en medio. M ás. Pónese C risto en guardaba el rito judaico, fa c ti simt am ia in
medio; veis allí el instrum ento y dice: P a .v ro - ij)sa die, nam ante ivim ici erant ad invicem.
bis. «La paz sea con vosotros». E sa es la mú­ E n la muerto de Cristo se hicieron amigos, h a­
sica. M uestra las llagas de pies y manos y cos­ biendo sido hasta allí enemigos. Y quedando
tado. E sas son las clavijas que estiraron las todos en paz, queda el medianero descalabrado
cuerdas para que hiciese armonía. Porque en y las manos en la cabeza. M irad qué claro nos
virtud de las llagas de Cristo se capitularon las dice esto el A póstol San Pablo: Ip se enim est
paces entre la carao y el espíritu, entre Dios y p a x nostra, qué Jecit -utraque u n u m (Efes., 2 ).
los liomhres y entre los mismos hombres judíos Cristo os nuestra paz, como nuestra justicia;
y gentiles, que entre sí estaban desavenidos y porque es causa de toda nuestra paz y justicia
encontrados. Acontece, y no pocas veces, estar y el autor della. Como Dios se dice nuestra sa­
dos riñendo con grandísim a furia y cólera, y un lud, porque la causa en nosotros, es nuestra
hombre de bien, movido de compasión por que paz, porqne apacigua al hombre en si mismo,
no se maten, entro de por medio con un bastón. alum bra al entendim iento, rectifica la voluntad,
iSefiores, paz, no haya más. P az». Y como los sujeta el apetito á la razón. Y asi en naciendo,
otros- andan furiosos y desatinados, en lugar de la paz que se pregona es á los hombres de.bue­
herir cada tino á sn enemigo, aciertan á desear' na voluntad, significando que el que nacía es
PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V II
autor desa paz y buena voluntad. Hace también demás de valor qne ha conocido en Dios. Sabe
paz entro los hombres. E t médium parieiem que el Verbo es candor hteis cstern-ce, speculum
macerice solven s,inim icitias in carne sua (Ibid,). sine macula, et imago bonitatis illiu s (Sap,, 7).
D erribó aquella pared y muro do la ley vieja Quiere falsar y contrahacer esa firma y alzar­
j sus ceremonias, que dividía á los judíos de se con ella, y dice: E r o sim ilís altissim o. Oye
Jos gentiles, y así acabó sus diferencias y an­ que dico el P adre al H ijo: Sede a dextris meis;
tiguas divisiones. U t dúos condat in semetipso así, pues, yo subiré al cielo, E t super astro, Dei
in unum novum hominem. Y como quien hace exaltaba solium meum: ccY pondré mi silla ¡i
de dos casas una, derribando la pared de en par de Dios». Dice Isaías de Cristo que so lia
medio que las divide, así, quitada de por inedio de institular P rin cep s pacía. Pues fálsese era
aquella ley, hizo Cristo en la ley nueva do dos provisión, hagamos otro príncipe de paz. Hace
pueblos, gentil y judaico, un pueblo cristiano un Mercurio que sea un corredor de amistades
qne ha de ser tan uno, que todos los fieles ha­ entre Dios y los hombres; con alas en los pies,
gan u n hombro nuevo en Cristo, juntándolos y en la mano el caduceo, que es un ceptro con
en el cuerpo místico de la Iglesia (cuya cabeza dos sierpes asidas á él, que lo besan. Si de la
es Cristo, con unidad de espíritu y novedad do paz de C risto dice el profeta quo habitabit lu­
g rac ia). E t reconcüiet ambos in uno corpore p u s cum agno; et pardvscum limdo accubabít; t i ­
D eo. Y á estos pueblos así hermanados los re­ tulas et leo et ovís sim ul morabuntur (Isaías, 1 1 );
concilió eon D ios, haciendo asientos de paz in­ acá un dragón con una serpiente, y con este ti­
violables entre ambas partes, p er crucem inter- tulo pretende sembrar paz interior y exterior.
ficiens inim icitias in sómetipso. !N"o fue esto tan L a interior del alm a con el cuerpo, que nada
á. su salvo que no le costase m uerte de cruz; pide al cuerpo y sensualidad qne no lo otorgue
porque muriendo en ella, mató en si mesmo el ánima. E sta es paz afrentosa para el que la
todas estas enemistados que había en los hom­ hace; porque en ella manda la esclava de la car­
bres: para consigo mesmos, para con los próji­ ne, que había de servir, y sirve la señora de la
mos, para con D ios. N o dice que las quitó ó razón, que había de mandar. N o n decet serriun
compuso, sino (lo que os más) que las mató, dominari principibus (P ro v ., 1 9 ) : «K"o con­
que las desarraigó y acabó totalm ente cuanto viene, ni parece bien que el esclavo mande ¡i los
es de su parte, si el hombre no las resucita por príncipes»; y que el entendim iento y la razón
la suya. M ató las enemistades in semetipso sirvan á los contentos y antojos do la sensnali
porqae en él se envolvieron, y todas se le caye­ dad. N o hay guerra más sangrienta que esta
ron á cuestas y con su m uerte las acabó. E t ve­ paz desordenada. E s la paz que dio Joab á
n ía is evangelizavit pacem vobis q u ilo n g efu istis, A m asan, qne con abrazo y beso de paz le atra­
et pacem iís qui prope, Quoniam per ipsum ka- viesa un puñal por las entrañas. E s fil abrazo
bemus accesum ambo in uno spiritu ad Patrem , que da el segador al trigo, entrando por debajo
Y concluidos estos hechos, viene á dar á los su- la hoz para derribarlo. V e Sara á Ismaelillo, el
la buena nueva de paz, P a x vobis. Pónese en hijo de la esclava, htdentem cum Isaa c filio svo,
medio dellos como medianero y dice: P az, Y que era hijo del espíritu, y dícele á Abraham
diciendo esto, ostendit eis manus et latus. Como que luego al punto eche de casa á la madre val
quien dice: M irad la ganancia que he sacado de hijo. ¿Pues porque juega con vuestro hijo?¿Qne
ser medianero, de haber puesto país; sean te sti­ cosa más natural que jugar dos niños uno con
gos estas llagas de cuán caro me ha costado otro? San Pablo dice que eran burlas pesadas.
volveros al temple y que sonásedes bien á los I s qui secundum carnem persequebatur eum, qui
oídos de Dios. secundum spiriium (G alat., 4 ), Parecía juego y
era persecución, regalos de la sensualidad y
CONSIDERACIÓ N SEGUNDA
apetito. Los mimos y caricias que hace al espi­
rita con que lo halaga, persecuciones son del
M ucho se encarece el valor de la paz en que espíritu, y esa paz, guerra cruel. E l que está
por sola ella se hacen gastos excesivos, se jun­ acostado en cama de espinas, encenagado en el
ta n ejércitos, se arriscan tantas vidas y se dan lodo de la torpeza, tan contrario á la dignidad
y reciben tan tas heridas y llagas. Blasón de los del alm a; el que trae á cuestas la carga pesa­
romanos: B e lla gerimus ut in pace degamus. dísima de la culpa, á quién remuerde el gusano
P orque para eso se ordena la guerra, para vi­ de la conciencia y am enaza la espada de la di­
vir en paz después de conseguida la victoria. vina justicia; quien sirvo á señores que no dan
Pero todo eso es poco, que al fin son vidas de descanso de día ni de noche y es mandado de
hombros; poro estas son llagas de D ios, y heri­ antojos ciegos, sin número y pasiones contra­
das de Dios y vida de Dios. ¡Y que la dé por rias, ¿cómo puede decir que está en paz? E cce
esta paz! E x trañ o valor debe tener. P or lo cual in pace amaritudo mea amarissima. Con lágri­
el demonio cudició esta joya, como ha hecho las mas se queja Ecequías. ¿Qué grande mal que
P. FR. ALONSO DE CABRERA ,465
en la paz fae mi am argura amarguísima? E n señal do las paces; que estaban ya asentadas.
las flores de mis contentos hallé abrojos, en el A sí después de la torm enta de la pasión, Cristo,
panal acíbar, en la miel biel. Pero en la guerra paloma sin hiel, vuelve resucitado á visitar á
que turba esa paz mala, se halla la dulzura. sus discípulos que estaban encerrados por el
Haciendo resistencia á las pasiones se g u sta la miedo de los judíos, y el ramo de la oliva que
suavidad del espíritu. M uerto el león por m ano trae en la boca es p a x vobis: «L a paz sea con
de Sansón, hacen las abejas el panal dulce en vosotros». G rande bien es la paz, que no mere­
su boca; y así después de la pelea de la carne ce estar menos que en boca de ángeles cuando
vencida y mortificada hay panal de paz más Dios es niño, y cuando sabe hablar, en boca de
dulce que la miel. U n a tranquilidad y quietud Dios. L o prim ero que pregona cuando nace, lo
de la buena conciencia, que no hay gusto en la que más nos encomendó en vida, lo ultimo con
tierra con que se pueda comparar. Cuando D a ­ que se despide cuando va á la muerte, es la paz.
vid andaba por los m ontes desquijarando leo­ E sta dio con palabra, corazón y obra. Con pa­
nes, domando sus apetitos; cuando se niega la labra, p a x vobis. Con el corazón, mostrándolo
venganza de N abal y de Saúl; cuando no bebe partido. Con la obra, p acijican s p er sanguinem
el jarro de agua que apetecía; cuando corrido y crucis ejus, sine quo>. in ccelis sive qwe in terris
eu guerra contra sí, ¿qué de regalos de Dios? sunt (Coios., 1 ). «D erram ando su sangre en la
¿qué de victorias? ¿qué paz de alma traía consi­ cruz para hacer paces así en el cielo como en la
go? Perocuandobace paces con la vista del cuer­ tierra». Si Caín la tuviese en el corazón, no
po y mira á Bersabé y se le rinde, levántase Dios am alsinara á su herm ano; si Achitofel la tu ­
contra él y envía ángeles, gnerréalo, m átale el viese en la boca, no diera consejo á A bsalón
muchacho y mucha sum a de soldados; hasta contra su padre David, y si Ju d as la tuviera
que David se pone en medio de la m atanza, en las manos, no las extendiera para recibir el
diciendo: E g o sum. quipeccavi, et ego ¿ñique egi; precio injusto de la venta de su maestro. Tres
¿di qui oves sunt quid fecerunt/ I ertatur, obse­ desesperados que leemos en la E scritura, que
cro, manus tua contra me. «Heme aquí hum illa­ son éstos, fueron perturbadores de la paz, y así
do y rendido á vuestra voluntad: yo lo hice, yo murieron de malas m uertes. Tal la puede espe­
lo quiero pagar; no mueran éstos que no tienen rar el que por alguna destas vías la perturba.
culpa en mí yerran; entonces envaina Dios la Como la paz es el tem plador cou que se con­
espada. L a paz que Dios quiere que tengan los cierta la armonía del universo, antes la mesma
sujos es la que recomendó el ángel á A gar, la melodía y consonancia, no puede sufrir que le
esclava de S ara, diciéndole: J?etertere ad d o ­ toquen en ella. E s sum am ente aborrecible á
mínala tuam et hum illare sub maim ¡M us. Que Dios el que siembra cizaña y discordia entre los
la carne esté sujeta al espíritu, domados sus herm anos; no lo puede trag ar. Y porque se vea
bríos y humillada. E sa es 3a paz interior de la razón que tiene para estim ar esa paz, y
Dios, contraria á la que el demonio procura. airarse contra los que la rom pen, diciendo paz
También pretende persuadir paz exterior de m uestra las llagas, porque cosa que tan to costó
unos con otros; mas para vicios y ruindades, á Dios eu mucho la han de preciar los hom­
pura juegos, paseos y traiciones. Son culebras bres.
y serpientes las que se besan en el caduceo de CONSIDERACIÓN TERCERA
Mercurio. Q ui mordent dentibus sru's et p rtn li-
cant pacem. L o que suena es paz, am istad. F u ­ Pero, Señor, ya que es pasado el tiempo de
lano y Fulano, grandes amigos, comen y cenan la guerra, y vuestra hum anidad santísim a goza
juntos, nunca está el uno sin el otro. ¿Te en de eterna paz y tranquilidad, ¿para qué dejáis
qué entienden? E n rondar toda la noche, ha- en ella esas señales de vuestras batallas? ¿P ara
ei-rse la pala el uno al otro, jugar las capas, qué quedan allí esas heridas y rastros de vues­
agraviará quien se les antoja, favorecerse para tros tormentos? Habiendo reformado todas las
cuantas maldades intentan. E sa no es paz, sino fealdades de vuestro cuerpo despedazado, ¿por
liga y conjuración; malos en cuadrilla. Dios qué no soldáis estas quiebras y cerráis estos
nos libre dellos. L as raposas de Sansón ligadas, portillos, que no dicen bien con el cuerpo g lo ­
mas para quem ar las mies es y abrasarse á sí rioso? M uchas razones dan los santos desta d is­
mismas. No es esa la paz que da Cristo, sino pensación maravillosa, en especial Santo To­
unidad de corazones para el bien, enníormidad más, de las cuales yo diré algunas. L a prim era:
de voluntades p a ra la virtud y servicio de Dios. In signum victoria• et ut in perpetinm glorien
Esa es la música que suena bien á sus oídos. sine circunferat triumphum. Dejó en su cuerpo
Este fue el fruto de la m uerte del Redentor. abiertas aquellas heridas para gloria y honra
Después de la torm enta del diluvio vuelve la suya; por señales de sus victorias y trofeos per­
paloma con el ramo de oliva en el pico, y dá­ petuos de sus hazañas. Solían antiguam ente
selo 4 Noé que estaba encerrado en el arca, en los valerosos capitanes y soldados, cuando ha-
PlLEDIC» U S L « g 3 1 G U IS XVI X X V II.—3 0
460 PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V II
bíau conseguido alguna notable victoria, levan­ tiano: A ssatw n est jam, versa et manduca. He­
ta r una memoria de ella, que llamaban trofeo, chos señalados, hazañas maravillosas, dignas
polgando los despojos del enemigo en un árbol de eterna memoria. A l B autista, que tomó por
desmochado. Pero nuestro capitán invictísimo, empresa dar á conocer á Dios hombre, un cor­
habiendo sojuzgado á los príncipes de las tinie­ dero y la letra: E cce agnus D ei; ecce qui to-
blas y á sus aliados, pecado, muerte, infierno, llit peccata muncli. Dice San A g u stín que eu
pone el trofeo de sus victorias en sí mismo, que el reino de los cielos veremos en los cuerpos ile
es árbol de vida desmochado en la cruz, Y aun­ los m ártires las señales de las heridas y llagas
que con el riego del alma gloriosa en la resu­ que por C risto recibieron. E n tero s resucitarán
rrección está verde y muy florido, estim a tanto los cuerpos que aquí fueron despedazados, pera
el trofeo de sus llagas qne no las qniere quitar con las señales de sus victorias. N o n enim ¡Je-
de allí por ño derribar el triunfo de su gloria; form itas in eis, sed dignitas erit,: et qua-dam
y esto es lo qne Santo Tomás dice: U t in p e r - quamvis in corpore , non corporis, sed viríutis
p e tu u m gloria; sum c irc u m fe ra t tro p h e u m . H onra prulchritudo fulgebit: quamvis itetque, omnia
es del soldado valiente cuando sale de la bata­ qua: acciderunt corpori vitia , tune non eru-at,
lla sacar las arm as falsadas, rajado el escudo, non sunt tamen deputanda vel appellanda ritin,
abollado el yelmo; porque es señal que no ha virtutis ju d itia (D e G iv ita te). P ues si los sol
estado holgando, Sino que se halló en las prie­ dados tienen sus armas y guardan las señales
sas más reñidas y más peligrosas refriegas de de sus heridas en testim onio de sus victorias,
la batalla. A sí las llagas de Cristo, testim onio el capitán invictísimo, el mismo rey y príncipe
son que no se estuvo holgando en la guerra de desta república, ¿no será razón que tome armas
su pasión. E n fuertes priesas y mortales tran ­ y blasones que recuerden sus hazañas? Pnes
ces y recuentros os hailastes, Dios mío, solo y estas armas son las cinco llagas, con una letra
desamparado de todo favor. T o tu m pond-its p n v - que diga: P a x t’obis ; pues hacer esta paz fue
l i i versión est in S a ú l . V os solo peieastes; por­ el hecho más señalado de Cristo, y en lo cute
que todo el peso de la batalla se volvió contra m ás trabajó. E sta s son las arm as de Cristo:
vos, y de ahí sacastes tales heridas. Costumbre e'stos los blasones de nuestro divino capitán;
es antigua en todas las repúblicas, cuando al­ bordadas, no en doseles ni en reposteros, sitio
guno se señala en la guerra en servicio do su en los brocados de tres altos de su gloriosíshnu
rey, tom ar por arm as alguna cosa que recuerde humanidad, donde resplandecen estos diviims
aquel famoso hecho por el cual mereció ser así engastes mucho más que los finos rubíes, dia­
honrado. De aquí ha tenido origen tan ta diver­ m antes ni esmeraldas, y más que los rayos del
sidad de armas como los m undanos han inven­ mismo sol. N am in M is locis vulnerum, quidmu
tado: escudos, blasones, epitafios, letreros, or­ specialis decor apparebit, según Santo Tomás:
las; los leones, águilas ram pantes, sierpes, lo­ «Maravilloso resplandor». T anto que los bien­
bos, cabras, torres, estrellas, girones, reyes aventurados tendrán particularísim a gloria acci­
presos; y así cada uno aquello que sea memo­ dental en la vista de las llagas de Cristo. En
rial de su hazaña. P ues si esto pasa en la repú­ esto sentido explica R uperto aquel lugar de
blica tem poral y hacen tan to caudal los hom­ Z acarías: Q uid sunt plaga? istoe in medio n::t-
bres desta gloria vana que se deshace como nuum tuarum? D ecirle han los ángeles y los
humo, ¿cuánto es más razón lo haya en la re­ hombros: «¿Qué significan esas llagas en medio
pública espiritual, donde la gloria es sólida, de tu s manos?» E li manos de D ios ¿qué iiaccn
verdadera y perpetua? Los valerosos soldados esas llagas? Y dirá: E sta s llagas recebi en casa
qne con horribles m artirios y lastim eras m u e r­ de mis amigos A braham , Isaac y Jacob; pero
tes triunfaron de los tiranos y se señalaron en ellas son testim onio de la caridad do mi Padre,
servicio del rey eterno, y de su p atria ]a sobe­ señales de mi obediencia. Q ui etiam proprio filio
rana Jerusalem , ¿no será razón que sean honra­ suo non pepercit, sed p ro nobis ómnibus tn td i-
dos-con arm as, con escudos y con blasones? Sí, dit illum (Rom ., 8 ) . Dice luego el pro leí a:
por cierto. D ense á S anta Lucia por arm as dos Fram ea, suscitare super pastorem m eum et super
ojos en un placo y en la orla una letra que diga: virum colurrentém m ih i. E n, cuchillo de pasión,
O c u li m ei sernper a d D o m in io n . «.Del cuelgan y cáliz de angustia, levántate y toma poder y
están pendientes mis ojos». A S an ta A gueda brío contra el pastor mío. Pelea contra el varón
un pecho cortado y la letra: P r o p te r fid e m c a s- que está conjunto conmigo, que es Cristo, que
tita tis j u s s a su m i n m a m illa to rq u e ri. San A n ­ es buen pastor, y tan conjunto al Padre, que
drés, el requebrador de la cruz, tómela por ar­ en cuanto D ios tiene una misma esencia; quia
mas, y la letra: S a lv e , c n tx prcetiosa, ques in ego in P a tr e et P a te r in me est. Y en cuanto
cvrpore G h risti d e é ic a ta e st. A San Lorenzo un hombre, tiene la voluntad sujeta y rendida á la
hombre asado en unas parrillas, y la letra aque­ divina. P u es levántate contra e'l y quita la
lla generosa voz de pecho verdaderamente cris­ vida al pastor, y serán descarriadas las ovejas.
P. FE, ALONSO DE CABRERA
físíe fue el encendido am or del Padre, que en­ discípulos de Cristo (no todos, sino algunos)
tregó su H ijo por redim ir a,l siervo; y ésta fue que habían tenido lumbre del cielo, enseñados
la incomparable obediencia del H ijo, que pade­ en aquella escuela de verdad, tan tas veces avi­
ció la m uerte por obedecer al Padre. Y porque sados de la resurrección de su m aestro , que
síV obediens lo q u etu r m cA oriam (P ro v ., 2 1 ), habían visto tan to s milagros y prodigios sobre
por eso deja las llagas en señal de su obedien­ todo orden de naturaleza, con todo eso duda­
cia, que es su victoria.: para ostentación de su ron y fueron incrédulos á este artículo? Cuando
gloria y triunfo. P ues si el H ijo de Dios no las tres M arías les dieron la nueva de que ha­
sólo no se afrenta de haber padecido por los bían visto al Señor resucitado, dice San Lucas,
hombres, sino que lo tiene por ta n ta honra que que v is a s u n t a nta illa s s ic u t d d ir a m e n tu m ver^
lo toma por arm as, ¡cuánta mayor razón será ba is ta et n o n c re d id e ru n t. Y por esta incredu­
que el cristiano, redimido con la sangre de lidad les reprehendió San Marcos. E x p r o b a -
Cristo, no sólo no se afrente de padecer por E l, v it in cre d u lita te rn eúrum ¿t d u r itia m co rd is:
sino que tenga por gran gloria y trofeo suyo q u ia ü s q u i v i d e m n t eum re su rre x iv e n o n cre­
parecerse e n algo á b u pasión? Como el apóstol d id e r u n t. Y así los santos Padres, en el credo
San Pablo se gloría en ella: M ih i au tem absit que compusieron en el concilio niceno, añadie­
íjloriari n is i in cruce D o m in i n o stri J e s u c h r is ti ron al artículo de la resurrección aquella pala­
(G alat., 6 ): «No permita Dios que yo tome otras bra se c u n d u m sc r íp tu r a s , que tom aron de San
armas que la cruz de Cristo», E t g ln r ia m u r in Pablo. E t q u ia s ttr re x it te r tia d ie se c u n d u m
tribulationibiis. Y en otra p arte:. E g o enim sc r ip lu r a s . Y aunque el apóstol trae el se c u n ­
stigm ata D o m in i J e s u in c o tp o re meo p o sto . d u m s c r íp tu r a s al artículo de su muerte, tam ­
bién el concilio solo en el artículo de la resu­
C O NSID ER A C IÓN CUARTA
rrección. Porque los gentiles y paganos vieran
su pasión, m uerte y sepultara, pero la resurrec­
La segunda razón por que guardó Cristo ción negaban, Y por eso para m ayor confirma^
nuestro Señor las señales de las llagas después ción se dice: resucitó como estaba profetizado
de resucitado fue in cow jirm ationem J h le i: «Eu en las santas escrituras, que no pueden faltar.
confirmación de la verdad de su resurrección». N o es invención de hombres, sino verdad ense­
Este artículo de la resurrección es dificultosí­ ñada por el E sp íritu Santo. Y por esa misma
simo de creer sobre todos los demás de la Im- razón San A ug u stín llama al artículo de la re­
numidad. P orque en la lumbre natural era surrección propia fe de los cristianos; porque
rebebido como primer principio a p r iv a tio n e a d esta creencia no es de gentiles, sino de las al­
habitum n o n est reg ressu s (A ristóteles, I n p o s t mas alumbradas con luz celestial. P ues porque
Prt<ld,')\ «D e la privación á la forma perdida esto artículo importaba tan to ser creído, guardó
no hay vuelta, no se puede andar el camino». el Señor en su cuerpo sacratísimo, ya glorioso
Ko puede el ciego volver á la vista, ni el sordo y resucitado, las mismas llagas que tuvo siendo
á tener buen oído, ni el mudo á tener habla. pasible; para que por ellas se viese llanam ente
Pues la m uerte es la mayor privación de todas; la verdad de su muerte y resurrección, y que
porque no sólo priva de la vista ó habla, sino el mismo que había sido crucificado era el que
de todos los sentidos y de la vida. P o r donde, después resucitó glorioso. P ues para eáto les
si es imposible do ciego venir á tener vista, mostró á sus discípulos las llagas; para esto
mucho más lo parecía de m uerto poder resu­ llama á Tomás, que era el más incrédulo de
citar. Y asi, predicando el apóstol San Pablo todos y le dice: I n f e r d ig itu m tu u m hnc et v id e
en Atenas, donde estaba el general estudio de m a n u s m e a s. Y m ostrándole las llagas de su
los filósofos y sabios de Grecia (como si dijé­ cuerpo le sanó las que él tenía de infidelidad
semos ahora Salam anca), oyéronlo con rancho en sn alma. Y no sólo con ellas confirmó la fe
silencio todo el sermón en que trató de la va­ de sus discípulos, sino tam bién la nuestra. P o r­
nidad de los ídolos y de la unidad de Dius; que como dice San Gregorio: P lu s nobis c o n tu -
pero en llegando al artículo de la resurrección Ut Thom a; iiic re d u ü ta s ; d u m e n im ipse v u ln e r a
de Cristo, q u íd a m ir r id e b a n t. O tros más come­ ta n g it carnis, in n o b is r u in e r a san as in fid e iita -
didos lo dejaron para otra consulta. A u d ie m u s tis . E l hizo lo que pudiera desear el hombre m ás
te de hoc ite ru m . Otros le llam aban s e m in iv e r- incrédulo y más amigo de certificarse, y con su
hivs: charlatán, parlero, que echan palabras al demasiada curiosidad y diligencia 110 dejó ya
viento. Otros decían: N o v o r u m d in n o n io ru m lugar para que en nosotros quede alguna duda.
Videtur a n u n c ia to r esse, q u ia J e s u m et resu rrec-
üonem a n u n c ia b a t eis. P ero ¿qué mucho que los C O NSID ERA CIÓN QUIN TA
filosofos gobernados por lumbre natural, ense-
' fiados en las escuelas de P latón y A ristóteles, L a tercera razón fue: I n su b le va tio n em spei,
hiciesen burla de la resurrección, puea que los « P ara alentar y fortalecer nuestra esperanzad.
468 PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V II
Porque aquellas llagas benditas m uestra el tis; no toméis ocasión para pecar de la mise­
Señor ahora á los ojos de su P adre eterno tan ricordia de D ios y del favor qne tenéis en
frescas y recientes como estaban en la cruz, y Cristo. S e d et si qu is p e c c a v e rit, a d v o ca tu m ha-
con ellas aboga por nosotros representando sns bem us a p u d P a tr e m , Je&um C ristu m ju s tu m ; et
m éritos y sil justicia; por los cuales nos alcanza ip se est p r o p itia tio p r o p e c c a tis n o s tr is , non
gracia, perdón y misericordia. Ora, mirad lo p r o n o stris a u tem ta n tu m ; sed e tim n p r o totius
que debemos á Cristo, y cuán bien liizo el m u n d i. L lam a á Cristo justo, porque aboga
oficio de intercesor y abogado por los hombres. representando su justicia. 2ío es abogado in­
E t rogó á sil P adre por los hombres, de pala­ justo ni aboga contra justicia, N escÁt ju s t il i a
bra, que bastaba para nuestro remedio. E g o D e i p a tr o c in iu m d a ré c rim in ib u s . N o toméis
p r o eis rogo. Y San Lucas dice que p e r n o c ta - ocasión para pecar. I p s e est p r o p itia tio pro
b a t i n o ra tio n e D e i. [No oraba de paso, sino p e c c a tis n o stris. Quiere decir: satisfacción por
muy de propósito. L o segundo oró al P adre nuestros pecados. Porque satisfizo por todos
por nosotros cum la c h r y m is et cla m a re v a lid o . los pecados del mundo cuanto á su suficiencia
E stando crucificado en la. cruz, anegado en el y por los predestinados cuanto á la eficacia,
abismo de sus dolores, como olvidado de sí, se Con este mismo motivo alienta nuestra espe­
acuerda de nuestros negocios, y á voz en grito, ranza San P ablo: Q uis a c citsa b it a d v e rsu s elec­
con gran afecto y eon lágrim as rogó al P adre tos D e i? D e u s q u i j u s tijic a t, q u is est q u i con -
por nuestra salud. L o tercero, oró eon el derra­ dernnet? G h r is tu s J e s ú s q u i in o rtu u s e s t , immo
mamiento de su sangre. P orque aquella sangro q u i et re su r re x it, q u i est a d d e x te r a m D e i, qui
vertida en el suelo, daba voces al cielo pidiendo e tia m in te r p e lla t p r o n o b is. Como si dijese:
misericordia para los pecadores. A c c e s is tis a d ¿P or que' desconfía el hombre que tiene de su
sa n g u in is a spersionem , m e liu s loqitentem qu a m p arte á Dios? Tiene á Cristo sentado á la dies­
A b e l. P orque la sangre de A bel pedía vengan­ tra del P a d re para abogar por él, representando
za y justicia del m atador, pero la de Cristo su m uerte y su pasión. ¿Qué no alcanzará tal
pide perdón para los culpados. L o cuarto, H ijo de tal Padre? ¿Y qué no esperará quien
aboga por nosotros con ¡a representación de tiene tal abogado y tal patrón? V en acá, pues,
sus llagas; porqne ahora quo está glorioso y hombre desconfiado, mira qué abogado tienes;
no puede llorar y verter sangre, ni es bien quo m ira quién se ha encargado de tus negocios, y
se hinque de rodillas para rogar al Padre, el confía que tendrás muy buen despacho dellos.
modo que tiene para favorecernos y abogar por Si pides al P ad re perdón de tus culpas, poní!1
nosotros es poner por delante á sn P adre sus delante Jas llagas de su H ijo. Si le pides gra­
llagas, y con ollas sns torm entos, su cruz, sus cia, si virtudes, si la salvación, si la salud y
satisfacciones y m éritos; por los cuales pide necesario su sten to de la vida, cualquiera cosa
por justicia al P adre que use con nosotros de que pretendas alcanzar de Dios, ponía en las
misericordia. C uenta Josefo que A n tipatro, manos de Cristo y espera que éi la negociará
padre de Herodes A scalonita, el que mató los muy á provecho tuyo. San Bernardo: O h Jiomn,
inocentes (que era gran privado del em perador se c u ru m habes accesum a d D t u m u b i habes ma­
A ugusto César), y en su servicio había peleado trera a n te J iliu m et filiu m a n te p a i r a n . M nier
en muchas batallas y recebido en su cuerpo o ste n d it filio et jie c iu s et libera; J ilia s ostendit
muchas y muy grandes heridas, fue acusado p a t r i la tu s et r u in e r a . Q uom odo p o te r it ibi rwí
delante el em perador de traidor. Y siendo ci­ r e p u lsa u b i io t c o n c u r ru n t c h a r ita tis in sig n ia !
tado que pareciese y se descargase, no habló Segura tienes la entrada, muy buenos padrinos
palabra, sino desnudóse sus vestiduras y des­ llevas aunque seas pecador fugitivo, esclavo;
cubrió las heridas de su cuerpo y dijo: N o n seguro puedes entrar doliéndote de tus culpas.
s u n t is ta sig n a p r o d itio n is , sed fid e l it a t is . E n ­ M irad si puede ser aspecto de planeta más
tonces el emperador, movido con aquel espec­ benévolo y propicio para la tierra. L a madre
táculo, abrazó y besó á A n tipatro, y le hizo mira al H ijo y le m uestra los pechos qne le
más merced que hasta allí, no dando crédito á criaron; el H ijo m uestra al P adre el costado
lo que le imponían. P ues si ta n to como esto abierto y las llagas de sus pies y m anos; ¿cómo
pudieron las llagas de A ntipatro, ¿cuánto más no alcanzarán todo lo que pidieren al Padre? Si
podrán con el P adre eterno ias llagas de su las llagas de A n tip a tro convencen al César,
H ijo recebidas por su amor y obediencia, para ¿las de C risto no convencerán al Padre? ¿Qué
que por ellas perdone el Señor nuestras trai­ os parece, cristianos, qne le debéis á Cristo por
ciones y alevosías y use con nosotros de benig­ esta abogacía? ¿E n qué obligación os pone mu
nidad y clemencia? ¡Qué fuerza harán en aquel este patrocinio? ¿Con qué le pagaréis el cuidado
divino pecho! ¡ Cómo le ablandarán y m itigarán y diligencia que pone en vuestros negocios? Si
el rigor concebido contra nuestras maldades y vos tuviéredes un pleito en la Chancillen» do
pecados I F ilio li, lime scribo vobis u t n o n p ecce- G ranada, ó en Consejo Real, en que os va todo
P. FR. ALONSO DE CABRERA 469
vuestro estado y mayorazgo, y no teniendo abogado, sino juez de vivos y muertos, ¿cuán­
quien por ros abogase y costease de su dinero to nos debe esto aficionar á Cristo, y robarnos
viniese un letrado, el mejor de E spaña, y por los corazones y traernos á su servicio? Que se
haceros bien se encargase de vuestro pleito y diga de nosotros con verdad: T o to carde u n i-
le solicitase y costease de su dinero, y al fin v e rsu s I s r a e l se q u itu r A b s a ló n . De todo corazon
por sil buena industria, trabajo y diligencia sigue todo el pueblo cristiano á Cristo; de todo
saliese con el pleito y se diese sentencia en corazón le ama, sirve é imita y guarda sus
vuestro favor, ¿con qué os parece podríades m andam ientos.
pagar á este letrado tan grande beneficio?
¡Cuánto le debríades am ar y desear servir por
esta buena obra? Pues, hermano, todos traemos CONSID ERA CIÓN BEXTA
pleito en aquel supremo Consejo del cielo so­
bre nuestra salvación; es negocio tan impor­ L a cuarta razón, I n sig n u m a m o ris. «E n
tante que nos va á ser mayorazgos y reyes en señal del amor» y de la memoria que de nos­
el cielo para siempre jamás, ó ser esclavos del otros tiene; para eon esto inflamar la caridad y
demonio en el infierno eternam ente. Pues este provocarnos á que le amemos y tengam os me­
pleito no tenemos nosotros caudal para cos­ moria dél. E sta razón toea Santo Tomás di­
tearlo, ni habilidad para proseguirlo; encárgase ciendo: U t sita m or te re d e m p tis, q u a m m ise ri-
Cristo de ser nuestro letrado, y pleitéalo á c o rd ite r s u n t a d ju ti p r o p o s itis suee m o rtis in d i­
costa de su sangre y de sus llagas; y si nos- t a s in sim ie t, «P ara que mostrando las señales
otms no lo desmerecemos, saldrá la sentencia de su muerte á los fieles con ella redimidos, les
en nuestro favor. ¿Qué le debemos á tal abo­ dé á entender la grandeza del amor y miseri­
gado? ¡Con qué le pagaremos tanto bien como cordia, con qne fueron ayudados y hechos sal­
nos hizo sin algún interés y con tan ta costa vos»; la cual representación no puede dejar de
suya? ¿Cómo le debemos amar y servir, em­ encenderlos en amor de quien tan graciosa y
pleándonos del todo en su servicio, pues él se fuertem ente ios amó. Costumbre es entre dos
empleó todo en nuestro remedio? C uentan de que bien se quieren cuando se ofrece apartarse
Absalón que cada día se ponía á la puerta de llevar consigo una sortija ó im joyel en que
palacio para ver los negociantes que venían á suelen á veces escribir el nombre de su amada,
negociar con su padre el rey D avid; y era tan ta para que esto les sea un perpetuo despertador
su llaneza, que se informaba de sus pleitos y ó libro de memoria que no dé lugar al olvido.
negocios, y m ostraba gran deseo que tuvieran Cristo, nuestro bien, enamorado de su Iglesia y
buen despacho, y decía: Q u is me c o n stítu a t ju - de cada una de nuestras almas, habiéndose de
dkcm su p e r te rra m u t a d me v e n ia n t om nes qui apartar della por la presencia visible y subirse
hnbent negotium et j u s te fu d ic e m ? Y luego más al cielo, para m ostrar que en él no puede caber
adelante: F a c ie b a lq u e Itoc o m n i Is r a e l v e n ie n ti olvido de quien bien quiere, lleva su. nombre es­
ud ¡ud itiu m ut a u d ir e tu r a rege, et s o llic ita b a t crito, no en sortijas y joyeles, sino en sus sa­
torda virarían I s r a e l . ¡O h , si yo fuera presi­ grados pies y manos y en su amoroso pecho.
dente destos reinos, qué diferentem ente se A quellas llagas preciosas que guardó en sns
despacharan los negocios! lío hubiera en mi manos son las sortijas; aquella gran abertura
casa puerta cerrada para nadie; todos vinieran del costado, es el joyel donde nos tiene escritos
á mi, y á cada uno le guardara su justicia! Y para nunca olvidarse de nosotros. A sí lo dice
deste término usaba con todos los del pueblo por él el profeta Isaías: E t d i.rit St'o n : d tr e li-
que venían á pedir justicia al rey D avid su qut me D o m in u s , et D o m in u s o b litu s est mei.
padre, y de tal suerte los robaba y aficiona­ N u m rjitid a b lir is c i p o te s t m itlie r iv fa n te m suitm
ba , que á un sonido de trom peta toto c o n le ■ut non m iserea!tir fil i o u te rí su i. E c c e in m a n i-
m ir e r s u s I s r a e l se q u itu r A b s a ló n . P ues si solo bus m eis d e sc rip si te; m u r i tu i coram ocu lis
este cuidado de saber sus negocios y el deseo m eis sem per. Sión, que es la Iglesia y el alma
de ser juez para despacharlos robaba los cora­ contemplativa que por fe atalaya á Dios, vien­
zones de los hombres y los atraía al servicio de do subir á Cristo á los cielos, parece que se ha­
Absalón, el H ijo de Dios, que después de re­ lla sola y desamparada, y dice: «E¡ Señor me
sucitado se allanó tanto que no sólo se informa ha dejado y se lia- olvidado de mí». Pero á esto
de nuestros negocios, sino que los tom a á su responde el Señor: «¿P or ventura podrá olvi­
cargo y los negocia y tra ta con su P adre, y darse la madre del niño que cría muy regalado
para alcanzarnos buen despacho dellos guarda y no acariciar al hijo que salió de sus entrañas?
en su cuerpo las llagas que represente al P adre Pues si ella se olvidase, yo no me olvidaré de
eterno y no lia menester desear que le hagan ti. ÍTo hay nadie que tan to quiera á su hijo
juez como Absalón, porque ipse est c o n stitu fu s como yo á mi querida esposa». Señor, y ¿quién
a Deo ju d e x v iv o ru m et n w rtu o ru m ; no sólo es ha de avivar vuestra memoria y solicitar vues­
470 PREDICADORES DE LOS SIGLOS X V I Y X V II
tro corazón para que no se olvide de m í 7E c c e in tada en nuestros cuerpos la figura dé Cristo
m a n ib u s m eis d e sc rip si te. ¡Ah, que tengo escri­ crucificado». Sea nuestra divisa su mortifica­
to en mis m anos; no me-puedo m ira rá ellas sin ción en la tierra, para que en el cielo alcance­
acordarme de ti! ¿Qué hombre hay tan perdido mos la divisa de su gloria y nos parezcamos á
por los amores de una m ujer que consintiere la figura de Cristo glorioso resplandeciente,
escribir su nombre en su propia carne con un
cauterio de-fuego como suelen herrar á los es­
clavos? ¡Oh divino enamorado de nuestras al­ CONSID ERA CIÓN SÉPT IC A
mas, tan perdido (si así se puede decir) por sus
amores, que quisiste escribir en tu carne virgí­ Y no sólo nos son las Hagas de Cristo pren­
nea los nombres dellas con plumas de hierro das de su amor y de la memoria que de nos­
que son los clavos, y con la tinta, que es tu otros tiene, sinn testim onios y señales evidentes
preciosa sangre, para nunca olvidarte de ellas! de su grandeza. Y a habréis echado de ver en
Cuando uno está muy bien en una cosa y la los hornos las braveras que les hacen á un lado
sabe con mucha resolución, por gran encareci­ de la capilla, para que cuando caldean el horno
miento solemos decir: F ulano tiene toda la teo­ se exhale por allí parte de la llama y respire el
logía o todo el derecho en la uña; porque lo que calor grande y no derribe el horno. Y aunque
en la uña se escribe, está mny presente á los por ellos se exhala alguna parte del fuego, mu­
ojos y al corazón. A sí C rista tiene todos nues­ cho más es lo que dentro queda. L o mismo es
tros nombres en la uña, en sus manos, pies y cuando se arde una casa, que destechan y abren
costado; presente nos tiene en sus ojos y cora­ ventanas para dar lugar al fuego que sal:;»,
zón. Escribiónos en las manos, para ayudarnos A sí estaba en el pecho de C risto aquel homo
en nuestras necesidades; escribiónos en los pies, de su amor, ta n abrasado y encendido; eran t>m
para nunca apartarse de nosotros: para que cuan­ vehementes las caldas de aquel fuego abrasa­
do por nuestra culpa se nos quisiese alejar, mi­ dor, que si no le dieran por donde respirar Te-
rándose á los pies nos vea allí escritos y detenga ventara aquel sagrado pecho y aquel sagrado
el paso. E n el corazón, para que nunca pierda templo de su hum anidad se ardiera. Y así, danle
nuestra memoria. E t m u r i tu i coram o c id is m eis lugar que el fuego salga, y no una ventana sinn
sem per, L lam a muros á sus llagas; porque así cinco fue necesario abrir en él para que se in ­
como las ciudades son defendidas por sus muros, halase alguna p arte del calor encendidísimo orn1
así nuestras almas tienen defensa y amparo en estaba encerrado y se descubriese á los hombres
sus llagas. P ues estos muros tuyos siempre es­ la fuerza de su amor. Y así sale por pies y ma­
tá n delante mis ojos. ]STunca deja de m irar sus nos y pecho. A unque no es tan to lo que pade­
llagas porque no quiere dejar de acordarse de ce cuanto lo que allá dentro se queda y está
su misericordia, j ío quiso borrar la escritura de ardiendo. V enid, pues, acá, almas frías, y en­
sus clavos, por no borrar el nombre de su espo­ trad por estas ventanas : zambullios en esüie
sa; antes la tiene por empresa y no por divisa, llamas y seréis abrasadas en amor. A lm as de­
que trae por amor de su enamorada. P ues si votas, que como palomas tenéis por canto el
C risto te quiere tanto, alma cristiana, que te gem ir; tórtolas castas, que habéis renunciado la
escribe en sus manos y corazón con plum as de compañía del mundo para vivir en soledad, si
hierro, ¿por que' no le escribirás tu con pluma qaere'is que os m uestre unos nidos donde si ■ju­
de amor; estam pando su nombre en tu corazón, ram ente podáis morar, m irad aquella piedra
imprimiéndole en tu pecho, para nunca olvidar­ agujereada. P e t r a au tem e ra t C h r is tu s . Los
te del? Si él por tu amor trae como por empre­ agujeros sus llagas. P a s s e r in v e n it sib i dom-nm
sa y divisa sus llagas; si los anillos con que et tu r tu r n id u m u b i repon-ai p u l io s suos (^al­
adorna sus manos y el joyel que cuelga en su mo 83 ). M irad qué linda casa os halláis en
pecho son crueles heridas, ¿por qué no traerás tú aquel amoroso costado, las puertas abiertas de
por su amor y deyisa lo primero su caridad, par en par, para que podáis entrar. L;l tórtola
amando á D ios y á los prójimos, que esa es la halla nidos donde anidarse y criar sus hijuelos.
principal devisa de Cristo? I n hoc cog n o scen t E l alm a que g u sta de la soledad, que es amiga
om nes q u ia d is c ip u li m e i e s tis : s i d ile c tio n e m de recogimiento, ésta se anida en las llagas de
h a b u e ritis a d in v ic e m . También la humildad, la Cristo. A estas tales convida el profeta Jere­
penitencia y mortificación, el ayuno, el silicio, mías: R e lin q u ite c iv ita te s et h a b íta te in i>dra,
el traje honesto y no profano, todas estas son h a b ita to re s M o a b et sto te q u a si colum ba nidifi­
divisas de nuestro amado. L as cuales habernos can# in sum m o ore f o r a m in is (T ren,, 4 S). o: De­
de traer por su amor, como dice S an Pablo: jad las ciudades, moradores de M oab; los quo
S e m p e r m o rtiñ e a tio n é m J e s u i n corpore n o stro vivís en el mundo, desocupaos dél, dad de muño
c ircu m feren tes; u t et v ita J e s u m a n ije,stetu r in á sus negocios, salid de sus tráfagos y ruidos,
corporibus n o s tr is . «Traigam os siempre retra* y inorad en la piedra. Tom ad casa de asiento
P. FR. ALONSO DE CABRERA 471
en aquella piedra, herida con la vara de la cru z; sustentan, con el agua del costado se bañan-
sed como la paloma que hace nido en la boca E sta s son: las fuentes del abismo rasgadas, las
del agujero más alto de la piedra». Anidaos en cataratas del cielo abiertas, por donde cae la
aquella abertura mayor del costado de C risto; lluvia de los dones y riqueza de D ios; uo
allí criaréis vuestros pollitos, los santos deseos, para anegar el mundo, sino para fertilizar la
los buenos propósitos, los castos y amorosos tierra de nuestras almas con aquella lluyia vo­
afectos con que el alma se regala con Dios. Con luntaria que el Señor guardó para su heredad,
la consideración destas llagas se engendran, eon que es Ja gracia y la gloria.
aquella sangre se crían, de aquellas entrañas se A m én.

LA U S DEO
CONSIDERACIONES
SOBRE LOS

Por el R. P. M. Fr. Alonso de Cabrera.

SERMON PR IM ER O
E K EL

PRIMER DOMINGO DE A D V I E N T O
E r u n t s ig n a in solé et lu n a et rte llis.

(L ucas, S I).

Dos pies tiene Dios eon que anda los cami­ pie del temor, así ella procura atemorizarnos
nos de nuestra salad, como dice San JSernardo: con la representación del juicio final y temero­
el uno tem or y el otro amor. A lte r u m m ise ri- sas señales que le han de preceder. Y con este
c o rd ia m , a lte ru m j u d it i u m n o m in e m u s; con los asombro nos dispone para tener buenas pas­
cuales hace entrada por los caminos de las al­ cuas en la natividad de Cristo. P ara que este
mas. H i s ( in q u a m ) p e d ib u s d evo ta s p e ra m b u - pie señale en nuestros corazones de tierra y
la t m en tes, in c e ss a n te r íu s tr a n s , sc ru ta n sq u e haga vacío donde quepa la caridad es menester
co rd a et renes fid e lk tm , dice el mismo santo lluvia de gracia que los humedezca y ablande.
pocas palabras más abajo. Con estos dos pies Pidam os al cielo por intercesión de la Virgen
torno á decir que anda D ios por las almas de­ nuestra Señora, A ve M aría.
votas de una en otra, sin parar uu punto, des­
cubriendo y escudriñando corazones y entrañas; IN T R O D U C C IÓ N
y cuando ha de entrar en un alm a, primero
asienta el de tem or que el de am or; y conforme David, á quien los antojos de la fe y luz de
á la señal y huella que deja el primero, sucede profecía hicieron de tan larga vista que desde
comúnmente el efecto del segundo. L a Iglesia tuuy lejos alcanzó á divisar las obras de Dios
católica, en esta vigilia del Adviento, apercibe en los siglos venideros, no á bulto ni en confu­
á los fieles para el recibimiento del Rey de glo­ so, sino por tan m enudo y en particular que,
ria que, saliendo del vientre virginal con pasos como historias ya pasadas las puso en metro
invisibles, viene á m orar en nuestras almas por cuando le corría la vena del cielo, que le hizo
gracia, para despertar, en ellas el tem or y res­ poeta escogido, y como excelente músico las
peto debido á tan grande m ajestad, y el amor cantó en su arpa, contemplando en espritu los
que pide ta n soberana clemencia. R epresénta­ misterios que la Iglesia en este santo tiempo
nos sus dos advenimientos: el uno en carne comienza á solemnizar, y teniendo de ellos el
pasible á redimirnos, que fue testimonio de su mesmo sentimiento, compuso un breve salmo,
misericordia, y el otro con todo el poder y que en el número de su salterio es el setenta y
autoridad de su P adre, á juzgarnos, que será cuatro; y hizo una octava rim a ó soneto á ma­
m uestra de su justicia. M as como la Iglesia es nera de diálogo, en que los cifró todos. Los in­
regida por el espíritu de sa Esposo, y en todo terlocutores son dos: uno el profeta, que habla
sigue sus pisadas, como E l asienta primero el en persona de todos los justos; otro el Reden­
P. FR. ALONSO DE CABRERA 473
tor del mundo, que responde como juez de t i ­ to vuestras dos venidas para despertar dos afec­
t o s y muertos. Comienza en su dicho el pro­ tos: tem or y am or en las almas; y habiendo
feta: C o n fiteb im u r tib í, D e u s , co n fiteb im u r , et esto, in v o c a b im u s nom en tu u m . In v o c a r e est
invocabim us n o m en tu u m ; n a rr a b im u s m ira b i- in tu s vacare, llam ar á Dios, no acá fuera con
Ua tu a . «Confesaremos á ti, Dios, confesar­ la boca, sino allá dentro en el corazón; convi­
nos liemos, invocaremos tn santo nombre y darle con la posada para que venga á m orar en
cantaremos tus maravillas». Paréceme que veo ella. D esta manera de invocar dice el apóstol:
á David en el púlpito, obligado á proponer O m n is quicu m q u e in v o c a v e rit nom en D o m in i
al pueblo los dos advenimientos de Cristo y á s a lv u s e rit (Rom ., 10 ). Después que el tem or
tratar en prim er la g ar del segundo, y de la tu r­ rae y lim pia la casa, y la confesión la barre y
bación y desconcierto que sus señales causarán escombra, y el amor la adorna con la tapicería,
en la tierra y en sus moradores, y como el ar­ de todaa las virtudes que trae en su compañía,
gumento es ta n grave, prepárase como todo viene bien llam ar dentro al Esposo y convidar-
buen predicador: lim piar primero el vaso del le con la E sposa al lecho florido del corazón
corazón para que la lengua sea órgano conve­ limpio. L e c tu lu s n o ste r j lo r i d u s , sin espinas de
niente de las divinas alabanzas, invocar el favor vicios, sembrados de rosas y claveles de santos
de Dios y luego predicar sus m aravillas. E ste es­ afectes y deseos. L a conciencia pura es cama
tilo guardó en el salmo 50 muy al descubierto. regalada en que descansa el pacífico Salomón;
Cor m u n d u m crea in me, D e u s, et spiiritum rec- porque en ol alma pecadora no en tra la sabidu­
iu m in n o v a in viscerib-us m e is . «Señor,el corazón ría, ni mora en el cuerpo sujeto á la esclavonía
es el vaso donde se ha de infundir el precioso del pecado. P u es teniendo en casa ta n hermoso
licor de vuestra doctrina: Kmpialde prim ero de huésped, para darle música y solaz, n a r r a ­
las heces de la culpa para que sea capaz de re- bim us m ir a b ilia t u a : «C antarle he sus propias
cebir vuestra gracia». Luego pide socorro al m aravillas». ¿Qué mayores grandezas que las
cielo: D o m in e , la b ia m ea a peries et os m eum a n - tres uniones que hizo Dios, tres ligas y juntas
itunciabit la u d a n tu a m . «Señor, abridme esta de cosas tan d istantes: D ios y hombre en un
boca, purificadme los labios con fuego do altar, supuesto, m adre y virgen, fe y corazón hum a­
para que con lengua y labios inflamados en no? E sta s proezas celebra la Iglesia en este
amor cante vuestras alabanzas)). Y habiendo tiempo, y éstas cantara D avid, sino que le a ta ­
esta preparación, docebo in iq u o s v ía s tu a s\ ((Yo ja el R edentor y corta el hilo, comenzando aquí
me obligo á predicar y enseñar á los pecadores su dicho. C u m accepero tem p u s ego j u s t it i a s j-n-
vuestros caminos». E ste mismo camino guarda d icabo. Principio es de filosofía m oral que lo
hoy, aunque más disimulado. C o n fite b im u r tibi, que es últim o en la ejecución es primero en la
D eus, c o n fiteb im u r et in ro c a b im u s nom en tu u m . intención. Queréis vos ir á Sevilla, y para esto
Dos confesiones quiere hacer: nna de pecados, os aprestáis, buscáis dinero, alquiláis m uía,
para lim piar el alm a; otra de alabanzas, para dar proveéis la alforja y hacéis vuestras jornadas,
gracias á Dios. L uego pide favor: In v o c a b im u s L o último qne conseguís es llegar á Sevilla;
numen tu u m . «Invocando el nombre del Señor». mas lo primero que proponéis es ir allá, y por
Y" tras esto se ofreceá predicar: N a r r a b im u s m i ■ ese fin hacéis todo lo dem ás. E l juicio final en
rabilia tu a . E ste arancel guardará el predicador que se ha de dar premio consumado á los bue­
deseoso de hacer provecho; pues sabe qne no es nos y castigo á los malos es lo ú ltim o , el fin y
hermosa la alabanza en la bocadelpecador, y que remate de la redención. E s ta es la clave y ce­
se queja Dios dél, porque predica sus justicias rradera con que echa D ios el sello á todas sus
y se atreve á tem ar su ley y testam ento en su m aravillas; y así quiere que aunque en la eje­
boca. También so confiesa dos veces D avid, cución os la últim a, en la intención y propósito
porque como se ha ofrecido por adalid y guía sea prim era, y que della se dé principio á la
de los caminos de D ios, por donde viene á vi­ narración desas m aravillas. C u m accepero tem ­
sitar á las alm as, y éstos (como él dice en otra p u s ego j u s titia s ju d ic a b o : «Sépase que cuando
parte) son misericordia y verdad, por el de la yo tomare el tiem po tengo de juzgar á las jus­
misericordia vino de paz á salvarnos, y por el ticias». D os cosas dice temerosas. L a primera,
de la verdad le esperamos de guerra para tom ar que ha de tom ar el tiem po; y una de las cosas
venganza de sus enemigos; por eso lo confiesa más preciosas que ha dado Dios al hombre y
dos veces. Confiosoos, Señor, por mi Salvador, de que m ás estrecha cuenta le ha de pedir es
y juntam ente os confieso por mi juez: no lo ol tiempo. ¡,Con qué se puede pagar un mo­
uno sin lo otro. Que es lo que en otro lugar mento de vida en que coo el favor de Dios se
dijo más claro: M ise ric o r d ia m et j u d ic i u m c a n ­ puede granjear ol descanso de toda la eterni­
taba Ubi, D o m in e . Dos pies tenéis, juntos los dad? Con los ángeles anduvo D ios en esto tan
quiero besar, porque de la clemencia sola no limitado, que por in stan tes les dio los térm inos
presuma y del rigor á secas no desconfíe. C an­ de merecer ó desmerecer, brevísimos espacios y
Í7i PREDICADORES DE LOS SIGLOS S Y I Y X V II
momentos, qne algunos dicen quo fueron dos, los pies son de fuego, que significa rigor, E n es­
otros tres, y los que más lo alargan llegan á tas dos extrem idades, que son el principio y fin
cuatro, y sin razón. Con ser tan pocos, fueron del cuerpo humano, están dibujadas las dos ve­
tan cortos estos plazos, que regulados por el nidas de Cristo. L a primera de misericordia, á
reloj con que so mide la duración dol sér angé­ poner paz entre Dios y los hombres; y así trae
lico, son menos que tres m inutos de nuestro por divisa el arco en señal de clemencia, y que
tiempo para nosotros. Bien es verdad que oso ya han cesado las aguas del diluvio de Jos eno­
bastó para la viveza de su ingenio y perFección jos y castigos pasados. E n la últim a vendrá
de su naturaleza. M as al hombre tard o , m u­ justiciero, bravo, sañudo, y así traerá píes coirm
table y vario, que m uda más pareceres que el columnas de fuego, rigor inflexible, ira impla­
camaleón colores, dale Dios el tiempo de por cable. I g n i s a n te ip su m p reccedet et in fía m m a b it
vida: tantos años y edades para negociar su in c ir c u itu m ím ic o s ejus (Salmo 96 ). E l apo­
salvación; espacio de penitencia para restaurar sentador será el fuego que vaya delante abra­
sus pérdidas, si ha quebrado; ahora tieno tiem ­ sándolo todo. E l libro abierto que trae en su
po de hacer su voluntad buena ó mala, y Dios mano es la sabiduría eterna que tiene en cuanto
le deja librem ente disponer de si y del tiempo. Dios, por la cual so le apropia el oficio de juez,
Pero no se engañe nadie ni piense que es se­ y la eicncia plenísima de que está lleno en cuan­
ñor del tiempo; no es sino usufructuario. Como to hombre para conocer los méritos de las cau­
echa trazas nn sastre sobre una vara de paño sas y procesos de todos los hijos de A dán, y el
para hacer un sayo: de aquí se sacará el cuer­ arancel de la ley divina por donde han de ser
po, de aquí las m angas, de allí los faldamentos, juzgados. B ram arán como león cuando pro­
asi hay quien tan tea y comide el tiempo. L a nuncio la sentencia de condenación contra los
niñez, para juguetes; la juventud, para soltura pecadores. E ste ángel poderoso hará aquel pio­
y pasatiem pos; la edad viril, para contratacio­ nísimo juram ento: Qwía tem p u s non e rit am ­
nes y granjerias; la vejez, para oficios; ía edad p l iu s . Y allí cum plirá lo'que tiene amenazado:
decrépita ó la hora de la. muerte, para servir á que ha de tom ar el tiempo. ¡Oh qué burlados