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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

UNIVERSIDAD DEL ZULIA


FACULTAD DE MEDICINA
ESCUELA DE MEDICINA
CÁTEDRA DE METDOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN

ANÁLISIS DE LOS CRITERIOS DIAGNÓSTICOS Y TRATAMIENTOS ACTUALES EN


NIÑOS CON TRASTORNO DE ESPECTRO AUTISTA.

Bachilleres.
Fernandez Joseglis C.I: 25.907709
Flores María C.I: 27.312.257
Flores Williana C.I: 26.963.091
Galban Nestor C.I: 26.957.740
García Alejandra C.I: 24.956.474
García Maha C.I: 25.962.027

Maracaibo, junio del 2018


Resumen.
El trastorno de espectro autista (TEA) está caracterizado por la dificultad de relacionarse
socialmente con las personas, la constante repetición de patrones de conducta y por la
pérdida de interés en las actividades. Diferentes personas con autismo pueden tener
síntomas diferentes. Por este motivo, el autismo se conoce como un trastorno espectral,
es decir, que hay una gama de características similares en personas diferentes con el
trastorno. Anteriormente para el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales
(DMS por sus siglas en ingles) que utilizan los médicos para diagnosticar diferentes
enfermedades mentales, el TEA era una categoría y había cuatro tipos de autismo dentro
de ella conocidos como: Autismo clásico, Autismo atípico, Síndrome de Asperger y
Trastorno Desintegrativo de la Infancia. En mayo de 2013 se publicó una nueva versión
del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM-5) que introdujo
cambios sustanciales en la clasificación del “autismo”. Según el DSM-5, alguien con
síntomas más graves de autismo y alguien con síntoma menos graves tienen el mismo
trastorno: TEA. No hay pruebas suficientes para recomendar la detección temprana del
trastorno en niños de 18 a 30 meses de edad en quienes aún no se tiene sospecha de la
existencia del trastorno, sin embargo, recientes hallazgos demuestran que la intervención
conductual intensiva basada en aplicar análisis del comportamiento, mejoran la habilidad
cognitiva, el lenguaje y destrezas adaptativas en los niños. Un progreso significativo en la
caracterización de las primeras trayectorias de desarrollo, así como la identificación de
marcadores conductuales específicos, ha ayudado a la detección temprana. Los
medicamentos farmacológicos se pueden utilizar como tratamiento complementario para
conductas inadaptadas y condiciones psiquiátricas comórbidas, pero no hay una terapia o
tratamiento específico para todos los efectos del trastorno del espectro autista. Los
últimos hallazgos de estudios prospectivos demuestran que los síntomas de conductas
restringidas y repetitivas junto con la dificultad para interactuar con otras personas,
emergen en los niños a los 2 años de vida, más sin embargo, durante el primer año se
pueden notar las destrezas motoras y sensoriales anormales.
Palabras Clave: Autismo, detección temprana, trastorno de espectro autista, DMS-5
Abstract
The Autism Spectrum Disorder (ASD) is characterized for the difficulty of socially
interacting with people, the constant repetition of behavior patterns and the loss of interest
during activities. Different people with autism may have different symptoms for this reason,
autism is known as and spectral disorder, i.e. (or in other words), there is a wide range of
similar characteristics in multiple people with the same disorder. Formerly, for the
Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM) that doctors use to diagnose
different mental illness, ASD was one category where 4 types of autism were classified
inside: classic autism, atypical autism, asperger syndrome and childhood disintegrative
disorder. In may of 2013, a new version of Diagnostic and Statistical Manual of Mental
Disorders (DSM-5) was published that introduced substantial changes in the classification
of “autism”. According to DSM-5, someone with more severe symptoms of autism and
someone with mild symptoms have the same disorder: ASD. There isn’t enough proof to
recommend the early detection of the disorder in children from 18 to 30 months of age, in
whom the disorder is not suspected, nonetheless, recents research found that intensive
behavioral intervention based on behavioral analysis improves cognitive abilities, language
and adaptive skills in children. Significant progress in the characterization of early
development trajectories, as well as the identification of specific behavioral indicators, has
helped early detection. Pharmacological drugs can be used as a complementary treatment
for inappropriate behaviors and comorbid psychiatric conditions, but there is no specific
therapy or treatment for all the effects of autistic spectrum disorder. Recent studies show
that the symptoms of restricted and repetitive behavior together with the difficulty to
interact with other people, emerge in children of 2 years old, however, during the first year
of age some abnormality in motor and sensory skills can be noticed.
Introducción.
El autismo fue descrito por primera vez en 1943 por el psiquiatra Leo Kanner como un
trastorno en niños que tenían problemas para relacionarse con los demás y una gran
sensibilidad a los cambios de su entorno. Aunque parecía ser un trastorno raro en ese
momento, la prevalencia del trastorno del espectro autista (TEA) ha aumentado
considerablemente. El aumento en la prevalencia de TEA se puede atribuir en parte a la
evolución de los criterios de diagnóstico antes de la publicación del Manual Diagnóstico y
Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª ed. (DSM-5) y a un aumento en la conciencia
social (Sanchack, K. E., & Thomas, C. A. 2016).
La heterogeneidad de los trastornos del espectro autista, tanto desde el punto de vista
clínico como etiológico, crea desafíos para identificar un conjunto de marcadores de
riesgo temprano que informen, de la gravedad y complejidad de los niños afectados. Sin
embargo, a pesar de estos desafíos, existen muchas razones para continuar
esforzándose por una detección y diagnóstico más temprano del trastorno. Ya que el
diagnóstico precoz crea oportunidades para que los niños con trastorno del espectro
autista se beneficien más plenamente de la iniciación temprana de la intervención, lo que
beneficia tanto al niño como a la comunidad. Una demora en la confirmación de un
diagnóstico de trastorno del espectro autista, crea un estrés adicional para las familias y
puede tener un impacto adverso en la evolución del niño diagnosticado (Sacrey, L.-A. R.,
Bennett, J. A., & Zwaigenbaum, L. 2015).
Estudios de hermanos de infantes de alto riesgo han demostrado que las características
conductuales definitorias de TEA surgen durante la última parte del primer y segundo año
de vida. Debido a que el TEA está definido conductualmente y no biológicamente, un
diagnóstico formal de TEA antes de los tres años sigue siendo un desafío, y los niños a
menudo no reciben un diagnóstico hasta los años preescolares o más tarde. Las formas
más leves de TEA son particularmente difíciles de detectar temprano, en parte porque una
amplia gama de síntomas del neurodesarrollo son comunes a varios diagnósticos. Incluso
en casos de incertidumbre diagnóstica, biomarcadores confiables que detectan síntomas
de TEA emergentes podrían ser útiles para desarrollar intervenciones tempranas
apropiadas (Sacrey, L.-A. R., Bennett, J. A., & Zwaigenbaum, L. 2015).
Por lo que un diagnóstico temprano y la intervención de un equipo multidisciplinario
adecuado, es fundamental para mejorar el pronóstico de los pacientes con TEA,
permitiendo así que estos individuos puedan adaptarse e integrarse a la sociedad,
llevando una vida plena.
Sin embargo, a pesar de que el diagnóstico y la intervención tempranos parecen ofrecer la
mejor oportunidad para una mejora significativa de la salud, el diagnóstico de autismo
sigue siendo complejo y, a menudo, difícil de obtener. Actualmente depende de la
experiencia médica especializada con instrumentación de diagnóstico que depende de la
codificación interpretativa de las observaciones de los niños, las entrevistas con los
padres y las pruebas manuales. Estos instrumentos consumen mucho tiempo y son
clínicamente exigentes. El diagnóstico médico puede ser retenido por muchos años
debido a los tiempos de lista de espera o la incertidumbre en el ajuste de diagnóstico
clínico.
Material y método.
En este trabajo de investigación se realizó un estudio descriptivo, de tipo documental en
base a lo descrito por varios autores para establecer los criterios diagnósticos y
tratamiento del trastorno del espectro autista.
Análisis.
Los TEA se desarrollan antes de los 3 años. Por lo general, a estos bebés no les gusta
que los abracen ni los acunen y no extienden la mano para que los recojan, a menudo son
difíciles de consolar, generalmente se aquietan más fácilmente cuando se los deja solos.
Pueden evitar y no iniciar el contacto visual o mirar al espacio. A pesar de los primeros
signos, los niños con TEA a menudo no acuden a la atención médica hasta después del
segundo año, cuando las demoras en el lenguaje son obvias.
Para la mayoría de los niños, el inicio de los síntomas de TEA es gradual; sin embargo,
aproximadamente el 30% tiene un inicio obvio "regresivo". Estos niños comienzan a
hablar y luego, de forma gradual o precipitada, pierden el lenguaje y se vuelven distantes.
En cuestión de días, el niño puede negarse a mirar a los ojos y dejar de responder a su
nombre (Stefanatos GA. 2008). Los movimientos repetitivos pueden desarrollarse de
inmediato o no hasta que el niño tenga 3 o 4 años de edad. Aunque se ha debatido si
estos niños están bien y luego se dañan por alguna exposición exógena, la mejor
evidencia, incluido el análisis retrospectivo de videos de primeros cumpleaños y estudios
neuropatológicos, sugiere que su curso regresivo está genéticamente determinado.
Las principales características de diagnóstico de los niños con TEA incluyen deficiencias
en la comunicación social y patrones de comportamiento, interés o actividades
restringidos y repetitivos. Algunos signos y síntomas pueden aparecer entre los seis y los
12 meses de edad. En muchos casos, se puede hacer un diagnóstico confiable a los 24
meses de edad. Las deficiencias sociales y las demoras en el lenguaje hablado son las
características más destacadas en los niños menores de tres años. La atención conjunta
es la capacidad de coordinar la propia atención entre otra persona y un objeto distante
para compartir el interés. Los niños neurotípicos responden a la atención conjunta a los 12
meses de edad y la inician a los 14 meses de edad. Aquellos que no demuestren atención
conjunta después de los 15 meses de edad deben ser evaluados para ASD. Los padres
pueden presentar una preocupación por la pérdida de la audición porque los niños con
ASD pueden no responder después de múltiples intentos de llamar su atención. El retraso
en el desarrollo del lenguaje debe generar inquietudes. El retraso del lenguaje entre los 18
y 24 meses de edad sin señalar ni gesticular de manera compensatoria puede ayudar a
diferenciar entre ASD y el retraso del lenguaje expresivo. La ecolalia utilizada como el
único idioma en un niño mayor de 24 meses se asocia con TEA. Se requiere un rango
restringido de interés y comportamientos repetitivos para el diagnóstico de TEA. Estos
pueden ser menos evidentes en los niños más pequeños. El cambio en la rutina es a
menudo un desafío significativo para los niños con TEA. Se pueden notar patrones de
juego inusuales, como centrarse solo en una parte de un juguete. Los niños con TEA
pueden mostrar movimientos estereotípicos, como el movimiento de las manos, el
caminar de los pies o el movimiento de los dedos cerca de los ojos (Sanchack, K. E., &
Thomas, C. A. (2016).

Tabla 1. Pruebas clínicas para la vigilancia del autismo.


Prueba de intereses
Edad Pruebas de habilidades Pruebas de lenguaje restringidos o
sociales comportamiento repetitivo
(-) Girar y hacer contacto (-) Balbuceo. (+) Llevar un objeto de
visual cuando escucha su (-) Tomando turnos para comodidad inusual (por
nombre (orientación social). vocalizar de ida y vuelta. ejemplo, artículos duros como
(-) Desarrollando bolígrafos, palos, rocas).
vocalizaciones más variadas. (+) Demostrar apegos
(-) Agita la mano para decir inusuales o intensos,
9 Meses "adiós" o levanta los brazos movimientos estereotípicos,
para que lo carguen. comportamientos autolesivos
(-) Responde a la voz del o rabietas inusualmente
cuidador, así como a los severas con transiciones o
sonidos ambientales. sin motivo aparente.
(+) Haciendo sonidos (+) Participar en
inusuales o agudos. comportamientos repetitivos,
como alinear objetos en una
fila.
Repita sondeos de Repetir sondeos de lenguaje Repetir prueba de intereses
orientación social de nueve de nueve meses. restringidos o
meses. comportamientos repetitivos
(-) Volteando y mirando si el de nueve meses.
12 Meses cuidador o el médico señala
un objeto al otro lado de la
habitación y le pide al niño
que mire (atención conjunta).
(-) Señalando para solicitar
un objeto (señalamiento
imperativo).
Repita sondeos de (+) Repitiendo solo lo que Repetir prueba de intereses
orientación social de doce escucha (ecolalia). restringidos o
15 Meses meses. (+) Demostración de la comportamientos repetitivos
regresión en los hitos del de nueve meses.
lenguaje.
(-) Señalando para compartir Repetir sondeos de lenguaje Repetir prueba de intereses
experiencias (señalamiento de quince meses. restringidos o
18 Meses declarativo). comportamientos repetitivos
(-) Participar en juegos de de nueve meses.
simulación.
(-) Participar en señalar y Repetir sondeos de lenguajeRepetir prueba de intereses
24 Meses mostrar declarativamente los de quince meses. restringidos o
objetos (atención conjunta) comportamientos repetitivos
de nueve meses.
(+) = la presencia de este comportamiento sugiere autismo; (-) = la ausencia de este
comportamiento sugiere autismo. (Adaptado de Carbone PS, Farley M, Davis T. 2010).
Aproximadamente el 25% de los niños que cumplen con los criterios de diagnóstico de
TEA a la edad de 2 o 3 años posteriormente comienzan a hablar y comunicarse y, a la
edad de 6 o 7 años, se fusionan en mayor o menor grado con la población escolar regular.
Incluso para este grupo, las deficiencias sociales generalmente continúan. Para el 75%
restante, la mayoría mejora con la edad, pero continúa requiriendo apoyo de padres,
escuela y sociedad (Farley MA , McMahon WM , Fombonne E , et al. Autism Res). Algunos
estudios indican que menos del 5% de los niños con autismo se recuperan por
completo (Nordin V , Gillberg C .1998).
Los criterios para el diagnóstico de TEA se encuentran descritos en el DSM-5 (Manual
Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5 edición), pero existen una gran
cantidad de herramientas que facilitan el diagnóstico de estos pacientes, las cuales
tienen un grado de sensibilidad variada.
El más utilizado de estos instrumentos es la escala de Observación para el Diagnóstico
del Autismo Genérica (ADOS-G) y la versión actualizada ADOS-2. Los profesionales
capacitados clínicamente administran el examen ADOS para obtener tipos específicos de
respuestas durante una serie de actividades estructuradas. El examen se divide en cuatro
módulos en función del idioma y nivel de desarrollo del sujeto, lo que garantiza la
cobertura para una amplia variedad de edades y manifestaciones conductuales. Por
ejemplo, el módulo 1, es el más comúnmente utilizado para la evaluación de los niños
pequeños, ya que se adapta a personas con poco o ningún idioma.
La duración del examen ADOS y la necesidad de la administración en un centro clínico de
un profesional capacitado tanto contribuyen a los retrasos en el diagnóstico y la cobertura
desigual de la población que requiere atención (Shattuck PT, Durkin M, Maenner M,
Newschaffer C, Mandell DS, Wiggins L.2009).
Otro instrumento de diagnóstico es, la Escala de Autismo Infantil-Segunda Edición
(CARS-2), una herramienta de clasificación clínica que debe ser utilizada por un
profesional capacitado para ayudar a diagnosticar el TEA, existen 2 versiones del CARS-
2: CARS2- HF, para niños mayores de 6 años con una inteligencia igual o superior a la
media, y CARS2-ST, para niños con menos de 6 años, discapacidad intelectual o una
inteligencia inferior a la media. El CARS2-ST se completa mediante la observación directa
de la conducta del individuo durante la evaluación. El CARS2-HF se completa usando
observaciones directas de la conducta del individuo, así como información colateral a
partir de un cuidador o informante.
Tabla 2. Sensibilidad y especificidad de la CARS2-ST con DSM-IV y DSM-5.

CARS2-ST tuvo una sensibilidad de 0,84 para el criterio diagnostico DSM-5 y 1,00 de
especificidad, CARS2-HF tuvo una sensibilidad de 1,0 y mostró una especificidad de 0,71
según (Dawkins, T., Meyer, A. T., & Van Bourgondien, M. E. 2016). Por lo tanto, CARS2
es una herramienta de diagnóstico adecuado para una evaluación de TEA cuando se
utilizan los criterios de DSM-5. Mientras que el corte para la CARS2-HF condujo a una
excelente sensibilidad en comparación con el CARS2-ST, CARS2-ST tuvo una mayor
especificidad.
Debido a que es probable que el desarrollo atípico del cerebro que conduce a síntomas
de TEA preceda al comportamiento atípico por meses o incluso años, una ventana de
desarrollo crítica para la intervención temprana puede pasarse por alto si el diagnóstico o
la detección se basa únicamente en características conductuales. Esto ha impulsado una
búsqueda de correlatos neurales tempranos o indicadores biológicos que podrían
identificar TEA en la fase prodrómica.
Un reciente estudio de resonancia magnética funcional de 59 bebés de 6 meses de edad
demostró diferencias significativas en los cerebros de los niños que desarrollarían un
diagnóstico de TEA a los 24 meses de edad (Emerson, R. W. 2017) Si bien estos
resultados son científicamente prometedores, quedan dos desafíos importantes antes de
que se puedan desarrollar métodos de medición de biomarcadores para uso clínico. En
primer lugar, para ser viable en un entorno de atención primaria, cualquier método de
medición del cerebro debe ser de bajo costo y simple de administrar en el contexto de un
chequeo del bebé sano. En segundo lugar, ASD es un trastorno del espectro que exhibe
un conjunto heterogéneo de características de comportamiento definitorias.
Aunque el autismo se define sobre la base de criterios de comportamiento, la condición se
asocia con una amplia gama de otros fenómenos biológicos. Se espera que la traducción
de los marcadores de estos fenómenos en biomarcadores clínicamente útiles mejorará la
validez y eficacia de los métodos de diagnóstico existentes (Walsh, P., Elsabbagh, M.,
Bolton, P., & Singh, I. (2011).
Por otro lado, existen diferentes enfoques para el tratamiento de personas con TEA, las
aportaciones iniciales de la corriente conductual al campo de estudio del autismo han ido
cambiando a lo largo del tiempo y, mediante la incorporación de estrategias tales como el
Pivotal Response Training (PRT) (Koegel, Koegel, & Harrower, 1999; Koegel, Koegel,
Shoshan, & McNerney, 1999), han dado lugar al análisis conductual aplicado
contemporáneo, ABA por sus siglas en inglés —Applied Behaviour Analysis— (Mulas et
al., 2010). Este tipo de intervención persigue, a través del refuerzo positivo, la extinción, el
tiempo fuera o el castigo instaurar conductas adaptativas y eliminar comportamientos
problemáticos en los niños con autismo. Además, defiende la intervención temprana y el
entrenamiento de los padres en técnicas de modificación de conducta (Francis, 2005).
Fuentes et al. (2006) destacan que “en todos los estudios revisados se muestra un
beneficio cognitivo y funcional [en los participantes] después de recibir al menos 20 horas
de terapia a la semana basada en los principios de modificación de la conducta (ABA)” (p.
157). En esta misma línea, (Lindgren et al. (2016) destacan los efectos positivos de la
metodología ABA sobre los problemas de comportamiento manifestados por niños con
TEA con edades comprendidas entre los 21 y 84 meses. Por su parte, (Eikeseth et al.
(2007) observaron que los participantes que habían recibido un tratamiento basado en el
análisis conductual aplicado manifestaban una mejora tanto de su inteligencia como de su
comportamiento adaptativo. Como consecuencia de los buenos resultados obtenidos tras
su aplicación, diversas investigaciones concluyen que los programas de intervención que
tienen en cuenta el análisis conductual aplicado contemporáneo se configuran en la
mayor parte de los casos como el tratamiento de elección (Ejiyeh, Abedi, & Behnamnejad,
2015).
En relación a los tratamientos farmacológicos, algunas de las prescripciones médicas más
comunes entre los pacientes con TEA son los antipsicóticos atípicos, los estimulantes, los
Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS) y los antiepilépticos (Doyle
& McDougle, 2012). Es importante destacar que las conductas agresivas presentes en
algunos de los pacientes con TEA disminuyen la eficacia del resto de aproximaciones
terapéuticas, de lo que se deriva la idea de que un tratamiento farmacológico que mitigue
la intensidad de algunos síntomas propios del autismo, puede actuar como facilitador de
la implementación de una estrategia de intervención de corte psicológico (Fitzpatrick,
Srivorakiat, Wink, Pedapati, & Erickson, 2016). Sin embargo, la evidencia señala que,
aunque las intervenciones farmacológicas consiguen paliar algunos de los síntomas
presentes en los TEA, en la actualidad no se dispone de psicofármacos específicos que
pongan fin a la sintomatología central.
Otro tipo de estrategia son las intervenciones evolutivas, que se centra en la adquisición
de habilidades de la vida diaria, así como en la mejora de la competencia social del
paciente (Mulas et al., 2010). Dentro de este apartado encontramos diferentes técnicas
entre las que destaca la Responsive Teaching (RT) o educación en sensibilidad
(Mahoney, Perales, Wiggers, & Herman, 2006). Se trata de una intervención diseñada
para ser implementada por los padres y centrada en tres focos principales: el área
cognitiva, el área comunicativa y el área socioemocional (Mahoney et al., 2006). En un
estudio llevado a cabo por Mahoney y Perales (2003) en el que se aplicó la RT durante un
periodo medio de once meses a veinte niños de entre dos y cinco años con diagnóstico de
autismo y a sus padres, los resultados obtenidos indicaron una mejora en el
funcionamiento socioemocional de los infantes, así como una disminución en los
problemas de conducta. Además, se observó que los cambios en el comportamiento de la
madre explicaban el 20% de la varianza de los cambios observados en la conducta de los
hijos (Mahoney et al., 2006). (Hartford (2011) confirmó la hipótesis de que los cuidadores
de los niños que presentan una sintomatología autista más severa poseen un estilo
comunicativo más directivo e intrusivo que los cuidadores de los niños que manifiestan un
menor número de síntomas. Tras comprobar que la RT disminuye los niveles de
directividad y aumenta el grado de sensibilidad en las interacciones entre los menores
autistas y sus padres, esta autora defiende el empleo de la técnica tanto en niños con
TEA como en aquellos que son candidatos al diagnóstico. Intervenciones basadas en
terapias Dentro de este conjunto de estrategias encontramos las intervenciones basadas
en la comunicación, las intervenciones basadas en la familia y las terapias combinadas: –
Los sistemas alternativos y/o aumentativos de la comunicación, también conocidos como
SAAC (Ganz, 2014), constituyen herramientas de interacción distintas al lenguaje oral
cuya finalidad es aumentar y/o compensar los problemas de comunicación que presentan
muchos niños con TEA. Uno de los principales métodos que se engloban dentro de esta
categoría es conocido como Picture Exchange Communication System (PECS), un
sistema de comunicación por intercambio de imágenes, en castellano (Bondy & Frost,
1994). El principal objetivo de este modelo es que el niño aprenda a comunicarse con su
entorno. Para ello, y aprovechando el procesamiento predominantemente visual de los
pacientes con TEA, la metodología PECS combina la palabra con apoyos visuales
(Nedelcu & Buceta, 2011). Son diversas las investigaciones que apuntan a que el sistema
PECS da lugar a un incremento en el comportamiento sociocomunicativo de los niños con
problemas del desarrollo y además de disminuir también el número de conductas
problemáticas.

Tabla 3. Descripción de algunos estudios acerca el tratamiento de TDA.


Año Autores Características
2016 Fitzpatrick, El objetivo de este artículo es presentar diferentes alternativas de tratamiento que
Srivorakiat, Wink, mitiguen las conductas agresivas en los TEA. Los resultados obtenidos destacan
Pedapati, & la eficacia de los antipsicóticos de segunda generación, así como de las
Erickson. estrategias de reforzamiento y de desarrollo de la comunicación funcional en la
intervención de los comportamientos desafiantes en el autismo.
2015 Ejiyeh, Abedi, & Metaanálisis sobre la eficacia de la terapia de conducta en niños iraníes
Behnamnejad. diagnosticados de TEA. Los autores revisaron un total de 142 artículos publicados
entre 2005 y 2013 destacando, finalmente, el efecto positivo de ABA en el
tratamiento de niños con diagnóstico de autismo.
2014 Canal, García, Publicación que subraya la importancia de la atención temprana no sólo a nivel de
Santos, Bueno, & detección sino también a nivel de intervención en los TEA.
Posada
2014 D´Elia et al. Estudio longitudinal que subraya la eficacia del modelo TEACCH en una muestra
de 30 niños de edades comprendidas entre 2 y 6 años. Los autores observaron
una disminución de las conductas desadaptativas en los preescolares sometidos
a la metodología del aprendizaje estructurado.

2013 Ichikawa et al Estudio piloto que puso de manifiesto la eficacia de TEACCH sobre una muestra
de once niños japoneses diagnosticados de autismo de alto funcionamiento y sus
madres. Las edades de los participantes estuvieron comprendidas entre 5 y 6
años.
2012 Doyle & Artículo de revisión acerca del rol de la farmacología en el tratamiento de la
McDougle sintomatología autista. Los autores destacan el papel de los Inhibidores
Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS) en el abordaje de las
conductas repetitivas, así como el de los antipsicóticos en la intervención de la
agresividad.
2011 Matson, Sipes, Estudio sobre las estrategias para disminuir las conductas desafiantes en adultos
Fodstad, & con TEA. Dada la escasez de investigaciones en el campo del autismo centradas
Fitzgerald en población adulta, los autores destacan la necesidad de promover este tipo de
estudios.
2010 Hart & Banda Metaanálisis de estudios de caso único cuyos resultados destacan la eficacia de
PECS en el aumento de las habilidades comunicativas y el decremento de los
problemas de conducta en niños con trastornos del desarrollo.
2010 Mulas et al Artículo de revisión que subraya algunos de los tratamientos empleados en los
TEA, entre los que destacan la metodología ABA, el modelo TEACCH y el
sistema PECS.
2010 Vismara & Rogers Estudio que pone de manifiesto la eficacia de la terapia conductual en el
tratamiento del autismo. Las autoras subrayan que dos de las características que
garantizan la eficacia del análisis conductual aplicado son su inicio temprano
(antes de los cinco años) y su carácter intensivo (al menos veinte horas de
intervención semanales durante, como mínimo, dos años)

Conclusión.
En conclusión, el estudio del trastorno de espectro autista (TEA) ha evolucionado
conforme a los años y los amplios estudios realizados, considerándose ahora como un
trastorno espectral en el que hay una gama de características similares en personas
diferentes con el trastorno. Los criterios para el diagnóstico del TEA son dados
principalmente por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª ed.
(DSM-5), aunque también se toman en cuenta otros instrumentos como la escala de
Observación para el Diagnóstico del Autismo Genérica (ADOS-G) y la versión actualizada
ADOS-2 y la Escala de Autismo Infantil-Segunda Edición (CARS-2). Los signos de TEA se
desarrollan antes de los 3 años, surgiendo características conductuales definitorias del
trastorno durante la última parte del primer y segundo año de vida, tales como no
responder por el nombre, evitar y no iniciar el contacto visual o mirar al espacio,
problemas de lenguaje, también, a estos bebés no les gusta que los abracen ni los
acunen y no extienden la mano para que los recojan y por lo general son difíciles de
consolar. A pesar de estos síntomas iniciales, muchos niños con TEA no acuden a la
atención medica hasta el segundo año de vida, por lo que se recomienda el diagnóstico
precoz para que los niños con trastorno del espectro autista se beneficien más
plenamente de la iniciación temprana de la intervención, lo que beneficia tanto al niño
como a la comunidad. Para el tratamiento de personas con TEA, se utilizan estrategias
tales como el Pivotal Response Training (PRT) y ABA por sus siglas en inglés (Applied
Behaviour Analysis). Este tipo de intervenciones persigue, a través del refuerzo positivo,
la extinción, el tiempo fuera o el castigo instaurar conductas adaptativas y eliminar
comportamientos problemáticos para que el niño tenga una adaptación a su comunidad
más efectiva. Con respecto a los tratamientos farmacológicos, algunas de las
prescripciones médicas más comunes entre los pacientes con TEA son los antipsicóticos
atípicos, los estimulantes, asi como los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de
Serotonina (ISRS) y los antiepilépticos. Otro tipo de estrategia son las intervenciones
evolutivas, que se centra en la adquisición de habilidades de la vida diaria, así como en la
mejora de la competencia social del paciente.

Bibliografia.
 Carbone PS, Farley M, Davis T. (2010).
 Stefanatos, G. A. (2008).
 Sanchack, K. E., & Thomas, C. A. (2016).
 Farley, M. A., McMahon, W. M., Fombonne, E., Jenson, W. R., Miller, J., Gardner,
M., Coon, H. (2009).
 Dawkins, T., Meyer, A. T., & Van Bourgondien, M. E. (2016).
 Emerson, R. W. et al. (2017).
 Mulas et al. (2010).
 Lindgren et al. (2016).
 Ejiyeh, Abedi, & Behnamnejad (2015).
 Doyle & McDougle (2012).

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