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de Sexología

... diciembre 2008


Anuario de Sexología
nº 10 | 2008

aeps
asociación estatal de profesionales de la sexología
A.E.P.S.
(Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología)
Apdo. de correos 102
47080 Valladolid
Tlf. y fax: 983390892
http://www.aeps.es

Editores: Lucía Glez-Mendiondo Carmona


Agustín Malón Marco

Diseño Gráfico: Fernando Alonso Martínez / Virginia Vílchez


alonsosantamaria@gmail.com

Imprime: Infoprint

ISSN: 1137-0963
D.L: Z-3768-1994
Índice

Editorial

Kinsey, sesenta años después (1948-2008)


A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe
Joserra Landarroitajauregi Garai ........................................................................................................... 11
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia
Diederik F. Janssen .................................................................................................................................. 59
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea
Agustín Malón Marco ............................................................................................................................... 79

Miscelánea
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas
Fernando Alvarez-Uría ............................................................................................................................. 107

Representaciones sociales de la masculinidad y la feminidad


Enrique Gil Calvo ...................................................................................................................................... 125

Educación
Avances en educación sexual. La asignatura de los sexos
Efigenio Amezúa ....................................................................................................................................... 139

NORMAS BÁSICAS PARA COLABORACIONES EN LA REVISTA


Editorial

“El Anuario de sexología es una publicación de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS)
y tiene como finalidad fundamental la profundización y divulgación académica y profesional en el
saber y la práctica sexológicas desde el rigor intelectual, la crítica fundamentada y la libertad de pen-
samiento”.
Con esta firme idea abrimos esta nueva etapa del Anuario de Sexología, conscientes de que no estamos
iniciando nada, sino tratando de dar continuidad a lo que se inició hace ya quince años y que el empeño
de muchos ha hecho posible. Y os presentamos su décimo número —que es, en realidad, el volumen
decimoprimero—.
Hay quienes afirman que corren malos tiempos para la producción teórica, lo que, aplicado a nuestro
ámbito, viene a ser lo mismo que afirmar que corren malos tiempos para la profesión sexológica, ya que
sin teoría que la sostenga no hay práctica que se mantenga. Queremos creer que esta afirmación no es
cierta, y consideramos que los seis artículos que componen este volumen son clara prueba de ello.
Con los tres primeros pretendemos ofrecer una modesta síntesis de las principales aportaciones, los
debates suscitados y las posibles líneas de reflexión y profundización que abrieron el trabajo de Kin-
sey y su equipo, de cuyo Informe sobre la conducta sexual del hombre se cumplen ahora sesenta años. Sus
autores —Joserra Landarroitajauregi, Diederick Janssen y Agustín Malón—, nos acercan a la figura y
los estudios de Kinsey desde diferentes perspectivas y atendiendo a distintos aspectos, ofreciéndonos la
oportunidad para profundizar en sus aportaciones y su aún vigente relevancia.
Desde la revisión sociológica, Fernando Álvarez-Uría nos remite a otro autor fundamental y otro debate
antiguo pero aún abierto, el concerniente a Freud y el papel que otorgó a la sexualidad en la etiología
de la histeria femenina, señalando la centralidad de la dominación masculina en el origen mismo del
psicoanálisis. Por su parte, Enrique Gil Calvo profundiza en la construcción de nuevas masculinidades
y feminidades así como en la problemática transformación actual de las relaciones entre los sexos en
dirección a la equidad. Como colofón, Efigenio Amezúa nos invita a reflexionar sobre algunas salidas
prácticas a esta “problemática transformación en las relaciones”, a través de la presentación de “La asig-
natura de los sexos” como materia educativa.
Pensamos que el resultado compensa la demora con que llega este décimo número, y esperamos que así
lo consideréis también vosotros, los lectores. Porque sin lector atento, ni el esfuerzo de los autores ni el
de todos aquellos implicados de una u otra forma en este proyecto tendrían sentido.
Lucía Glez-Mendiondo Carmona
Agustín Malón Marco

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Kinsey, sesenta años después (1948-2008)
Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.
2008 | nº10 | pp. 11-57 ISSN: 1137-0963

A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe


Joserra Landarroitajauregi Garai
Sexólogo. Pedagogo. Psicólogo
Codirector del Centro de Atención a la Pareja Biko Arloak. Bilbao
Biko1@correo.cop.es

Resumen
Se cumplen sesenta años de la publicación del primer Informe Kinsey (1948) y cincuenta y
dos años de la muerte del propio Alfred Kinsey. Sin embargo, el Dr. Kinsey sigue estando
de actualidad a través de su trabajo —reimpreso a finales de los noventa—, su aún activo
Instituto, los debates y controversias que todavía suscita, las biografías, películas, documen-
tales, musicales o novelas sobre su vida; además de potentes campañas orquestadas contra su
figura. Se ha escrito mucho, y desde todas las perspectivas posibles, sobre Kinsey y su obra.
Probablemente ningún otro científico —y desde luego, ningún otro sexólogo— ha sido tan
meticulosa y críticamente revisado. Se ha mirado con lupa su obra, sus muestras, sus métodos,
sus propósitos, su vida, su personalidad, sus relaciones, incluso su más estricta intimidad. Así
que, para el lector bien informado, no creo que este artículo aporte nada original que no haya
sido dicho antes por alguien en algún sitio.
Es por ello que esta entrega tiene como única pretensión ofrecer al lector del Anuario de Sexo-
logía una recopilación actualizada y en castellano sobre el “Fenómeno Kinsey”. El trabajo se
estructura en tres grandes partes. La primera, El maleficio de Kinsey, describe la persecución
que, aún hoy, recibe la figura de Kinsey. En la segunda, titulada El fenomenal Alfred, resumo el
trabajo y principales aportaciones de este autor, así como la vasta revisión que sobre su vida y
obra ha sido realizada en estas seis últimas décadas. Finalmente, en la tercera parte, La episteme
de Kinsey, hago una revisión crítica sobre su marco teórico.

Palabras clave: Kinsey, sexo, historia de la sexología, episteme, investigación sexual.


11
Joserra Landarroitajauregi Garai

Abstract
It has been sixty years since the publication of Kinsey’s Report (1948), and fifty two years since his
death. Nevertheless, he continue to generate interest, debate, and controversy. The Kinsey Institute at
the University of Indiana in Bloomington, USA, remains prominent, Kinsey’s works have been repub-
lished in English and in many other languages, and there have been biographies, movies, and even a
musical stage play about his life, not to mention the many “smear” campaigns to which his memory
and his works have been subjected. Perhaps no other scientist —and certainly no other sexologist— has
been so meticulously scrutinized; his works, samples, methods, motives, even his private personal life; all
have been examined and dissected under a microscope. So, for the well informed reader, I do not believe
that this article contributes anything original.
What is presented here to the reader of the Yearbook of Sexology is a review —in Spanish— of the
“Kinsey Phenomenon” in three parts: the first, “Kinsey's Curse”, describes the antagonism to him as a
person, and to his works, that is still very much present today; the second, “The Astonishing Alfred”,
is a summary and review of his contributions; and the third, “Kinsey's Episteme”, is a critical analysis
of his theoretical frame.

Keywords: Kinsey, sex, history of sexology, episteme, sex research.

Prefacio tratamiento, sus mayores detractores acuer-


dan tales influencias. Así que, unos elogiosa-
Hay un acuerdo generalizado sobre que Kin- mente y los otros enojadamente, en los Esta-
sey y su trabajo produjeron un gran impacto dos Unidos suelen tenerle por y nombrarle
sobre la cultura americana, causando cam- como el “padre de la Revolución Sexual”.
bios en la intimidad de sus alcobas; según
muchos un precursor necesario para la luego Creo ingenua esta explicación. Considero
llamada “Revolución sexual” de los años que Kinsey más bien predijo que produjo
sesenta y setenta. En ello —para ensalzarle tales cambios sexuales y que éstos fueron
o para denigrarle— coinciden tanto sus ocurriendo a lo largo de todo el siglo XX
defensores como sus detractores. De suerte por múltiples y complejas causas que no
que para muchos, en positivo o en negativo, pueden ser atribuidas a la obra de una sola
“Kinsey” ya no es un autor y una obra, sino persona. Lo que sí hizo Kinsey es descubrir
una especie de marca comercial, un Mesías y describir que tales cambios venían pro-
de los nuevos mores sexuales o el leviatán de duciéndose, además de hacerlos públicos y
la tradición familiar.  hablar elogiosamente sobre ello en términos
normalizadores. Al documentar lo que ya
Según Paul Robinson (1995, p.142-144), la estaba pasando, hizo patente que no pasaba
influencia de Kinsey en la cultura norteame- lo que se suponía que pasaba, ni lo que estaba
ricana posterior ha sido de suma importancia prescrito que tendría que estar pasando. Pero
en tres áreas: a) la mayor tolerancia ante la predecir no es producir; y dar cuenta, no es
homosexualidad; b) la creciente normaliza- ser causa. 
ción de la actividad sexual de los solteros;
y c) la desmitificación del sexo —que pasa A mi juicio, la influencia de Kinsey no
de lo sagrado y misterioso a lo profano y fue tan grande en los usos eróticos como
conocible—. Con otras palabras, y con otro en los discursos públicos sobre tales usos.
12
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Luego no creo que produjese cambios en lo ricano, sino que ha cruzado el Atlántico y
que pasaba, sino en cómo se hablaba sobre no es difícil encontrar muestras de ello en
lo que estaba pasando. Por todo ello, este nuestro país.
hombre que fue para unos Apóstol y para
otros Apóstata, ya no es sólo un autor y una 2. El maleficio
obra. Es ya algo más que aquí llamaremos el
“fenómeno Kinsey”.  Parece pesar sobre Kinsey un maleficio con
un inconfundible aroma bíblico muy del
gusto de sus combativos adversarios: “quien a
Parte uno: hierro mata, a hierro muere”. Tal maleficio le
el maleficio de Kinsey  persiguió en vida y le sigue persiguiendo des-
pués de muerto. La primera consecuencia del
tal maleficio podría describirse del siguiente
1. Introducción modo: si Kinsey se atrevió a mostrar públi-
camente las vergüenzas de la sociedad norte-
La vida y obra de Kinsey han resultado siem- americana, ésta tiene derecho a airear las ver-
pre polémicas. En palabras muy comedidas güenzas del propio Kinsey. Curiosamente,
de Brancroft: “Desde su primer curso de pre- a esta exhibición pública han contribuido
paración matrimonial su trabajo fue objeto tanto las vanguardias de la progresía como
de creciente controversia (…) En los poste- las retaguardias de la conservación. Al punto
riores 50 años la controversia fue disminu- que, en ocasiones, parece que lo sustancial de
yendo hasta que, en los 10 últimos años, ha su aportación a la ciencia, al conocimiento
vuelto a emerger a través de una campaña y a la cultura resulta ser si era o no usuario
política llevada a cabo por los que deploran de pornografía, si tuvo o no tuvo relaciones
los cambios familiares y los cambios de los eróticas homosexuales, si compartió o no a su
valores sexuales que han ocurrido en este esposa, si empatizó o no con los pederastas, si
tiempo en los Estados Unidos y en otras par- se cortó o no el prepucio, etc. En fin, cuestio-
tes. Ellos ven a Kinsey como el arquitecto nes intestinas —incluso intestinales— en las
de tales cambios, atribuyéndole una enorme que aquí no entraremos excepto para afirmar
influencia sobre este proceso de cambio social rotundamente que Kinsey fue obsesivo en
que ha afectado no sólo a los Estados Unidos, preservar el anonimato y la confidencialidad
sino a todos los países industrializados. Pare- de las miles de intimidades a las que tuvo
cen creer que por desacreditar a Kinsey van acceso. Pues prevaleció en él, taxativamente,
a lograr, en algún sentido, retrasar el reloj la máxima de decir los pecados sin delatar ni
hacia lo que ellos consideran tiempos mejo- enjuiciar a los pecadores.
res.” (1995, p. a).
Pero los más fieros enemigos de Kinsey apun-
Pero lo cierto es que los detractores de Kinsey taron, desde bien pronto, contra su autoritas
no pretenden tanto “retrasar el reloj” cuanto —intelectual, científica y moral—; ya no sólo
otros objetivos más pragmáticos entre los desautorizándole, sino abiertamente, descali-
cuales destacan el estrangular económica- ficándole, calumniándole o difamándole. Así
mente al Instituto Kinsey —y a otras institu- podemos afirmar que la segunda parte del
ciones como la IPPF o el SIECUS— o lograr maleficio se ha expresado mediante la falacia
que los Programas de Educación Sexual que ad hominem cuya estructura paralógica es la
se realizan en los Estados Unidos se sustitu- siguiente: 1) A afirma B; 2) A es desautori-
yan por programas contra el aborto, por la zado por cuestiones Z —que sí se ofrecen y sí
castidad y la abstinencia prematrimonial. Y se argumentan—; 3) Luego, en tanto que A
no se trata sólo de un fenómeno norteame- queda desautorizado por las tales cuestiones
13
Joserra Landarroitajauregi Garai

Z perfectamente argumentadas, se concluye cas, idiomáticas, culturales— especialmente


que “la afirmación B, hecha por el desautori- en Europa y en el Pacífico, iniciándose una
zado A, es —paradójicamente— falsa. geopolítica sumamente favorable. En térmi-
nos de potencia militar, los Estados Unidos
habían sometido —al tiempo— a la potente
3. Contexto histórico y Alemania y a la belicosa Japón. En Europa, la
político del “maleficio Kinsey” democracia formal había derrotado al totali-
tarismo nacionalsocialista; y en el Pacífico, el
El “fenómeno Kinsey” o del “Dr Sex” —pues moderno, occidental y democrático Coman-
éste fue el tratamiento mediático que reci- dante en Jefe había derrotado al feudal Empe-
bió en aquella época— ocurrió en un con- rador nipón. En unos y otros casos las liberta-
texto histórico sumamente ambivalente que des y los derechos civiles habían derrotado
nos ayuda a entender tanto su gran impacto al totalitarismo y a la obediencia ciega al
científico, mediático y cultural, como su pos- gran líder. Además, la dinámica bélica había
terior decadencia y desconsideración. Casi producido un enorme incremento del lide-
todos sus biógrafos (Pomeroy, Christenson, razgo mundial norteamericano, de su iden-
Brecher, Robinson, Gathorne-Hardy, Bullo- tidad nacional interna, de su economía, de
ugh, Jones e incluso el cineasta Condon) su industria y de su investigación. Todo ello
sugieren que Kinsey fue primero encum- sin que ninguna bomba hubiese estallado en
brado y luego desechado por el público, la territorio propio; luego sin que hubiese nada
prensa y las instituciones norteamericanas. que reparar o reconstruir.
Podría decirse que la sociedad norteameri-
cana primero le hizo una estrella y luego le En este clima de efervescente optimismo la
estrelló en las ciénagas del deshonor. Con investigación gozaba de un enorme presti-
matices, unos y otros señalan que la razón gio. Al fin y al cabo, la guerra se había “ató-
del punto de inflexión en su carrera como micamente” ganado porque los científicos nor-
docente, investigador y divulgador sexual teamericanos habían sido mejores —o más
fue que chocó contra el tabú de la supuesta rápidos— que los investigadores enemigos.
asexualidad de las mujeres norteamericanas. Incluso la investigación psicosocial y humana
se vio favorecida por este fenomenal empuje
En mi opinión, además de esta cuestión que bélico y postbélico. Así que, con la colabo-
Betty Friedan llamaría del “misterio femenino” ración de los hipertrofiados presupuestos
—“misterización de lo femenino” y “feminiza- militares, fueron tiempos de consolidación y
ción del misterio”—, Kinsey tuvo a su favor y expansión del Conductismo, la Psicometría
en su contra algunos de los grandes vientos y la Modificación de Conducta, tiempos del
políticos e ideológicos que azotaron los Esta- nacimiento y la emergencia de la Cibernética
dos Unidos. Tales vientos soplaron a veces y la Teoría General de Sistemas y tiempos de
de proa y otras de popa. Cuando soplaron a descubrimientos farmacológicos que influi-
favor, desplegó el velamen y subió hasta lo rían en el devenir sexual del mundo —sul-
más alto; pero cuando soplaron en contra, no famidas, antibióticos, hormonas sexuales,
replegó velas. anovulatorios, tampones—.

3.1. Viento a favor En fin, que con unas y otras cosas, a mediados
de la década de los cuarenta el país galopaba
Los Estados Unidos de América habían sobre un optimismo eufórico que podría
ganado la II Guerra Mundial. El nuevo resumirse en la siguiente frase: Nortemérica
Imperio norteamericano asentaba sus bases es todopoderosa y todo es posible en Norteamérica.
—militares, políticas, económicas, científi- Fue en los años inmediatamente posteriores
14
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

cuando esta desmedida euforia se fue tor- En 1953, el desmesurado McCarthy llegó a
nando en disparatada paranoia con motivo sospechar del mismo Eisenhower, pretendió
de la “amenaza roja” y los “valores americanos investigar a las Fuerzas Armadas y denunció
tradicionales”. al secretario de Defensa de encubrir activi-
dades de espionaje extranjeras. Evidenciadas
3.2. Viento en contra sus prácticas por determinada prensa, la tele-
visión retransmitió la audiencia del Senado
Pero no todo iba a ser bueno en una heterogé- en la que —con su estilo demagógico y bru-
nea nación que necesita enemigos exteriores tal— arremetía contra oficiales del Ejército
como fuente de cohesión interna. Quedaba por su presunta actividad comunista. En
un enemigo en pie: Stalin y el poder sovié- 1954, McCarthy fue censurado por el Senado
tico; y otro aún peor: los nacionales filoco- estadounidense por “conducta impropia de un
munistas. Así fue como la euforia fue dando Senador”. A partir de lo cual fue perdiendo
paso a la prevención, al temor, a la sospe- poder, protagonismo y salud para morir
cha, a la paranoia y a la delación, creándose finalmente a los 48 años víctima de cirrosis
el peor monstruo de todos: el fiero y ciego y hepatitis.
anticomunismo. Y resultó que fueron más
peligrosos para los grandes valores naciona-
les los cruzados anticomunistas que los temi- 4. Las cuatro falacias
dos filosoviéticos. Y a la sombra de aquel
anticomunismo germinaron las semillas del Básicamente han sido cuatro las falacias ad
belicoso e imperialista pannacionalismo y del hominem contra Kinsey, que llamaremos aquí:
fundamentalismo puritano que, con el andar a) Kinsey el Indocumentado, b) Kinsey el Revo-
del tiempo y el barniz de la posmoderni- lucionario, c) Kinsey el Pornógrafo y d) Kinsey
dad, fueron decantándose en la denominada el Filopederasta. Las tres primeras ya estuvie-
Mayoría moral, en la nueva pudibundez de ron presentes en vida de Kinsey y pertenecen
“lo políticamente correcto” y en las renovadas al espíritu de aquellos tiempos. La cuarta,
formas “neocon”. sin embargo, ha emergido recientemente y
corresponde al espíritu de estos tiempos. En
En aquel tiempo, la paranoia anticomunista palabras de Bancroft: “qué mejor manera de
encontró a su gran valedor en Joseph Ray- desacreditar a alguien en este tiempo en el
mond McCarthy (1908-1957) que, desde que, a propósito del abuso sexual infantil, la
1947, fue senador republicano por el estado ansiedad raya con la histeria y en el que el
de Wisconsin, máximo responsable del Comité acusado es considerado culpable hasta que
de Actividades Antiamericanas y promotor de demuestre su inocencia.” (1995, p. j).
la campaña de delaciones, denuncias y listas
negras gestionadas por empresas privadas, 4.1. Kinsey el Indocumentado
llevada a cabo contra personas sospechosas de
filocomunismo. Este fenómeno de persecución En orden de aparición histórica, la primera
moral y política mccarthista fue conocido falacia ad hominem descalificaba a Kinsey por:
como la “caza de brujas” con motivo de la su autoridad científica —era un neófito, un
obra teatral de Arthur Miller —“Las brujas experto inexperto—, su inadecuada forma-
de Salem” (1953)— en alegoría a los hechos ción previa —no era médico, ni tenía forma-
ocurridos en 1692 en aquella pequeña aldea ción en ciencias humanas: era biólogo—, su
de Massachusetts donde, por una mezcla de competencia investigadora —no era un cien-
luchas internas entre familias y fanatismos tífico objetivo y ecuánime sino un activista
puritanos revestidos de paranoia, fueron eje- que pretendía una revolución de los mores
cutadas sin juicio alguno 25 personas. sexuales—, su extravagante atrevimiento
15
Joserra Landarroitajauregi Garai

—siendo un especialista en insectos, se atre- bajo era notablemente superior —en detalle
vió a investigar lo más complejo e íntimo y en escala— al resto de los estudios realiza-
de lo humano: su sexualidad—, su método dos en este campo (Bancroft, 1995, p. c).
científico —se puso en solfa su sistema de
obtención de informantes, su muestra, su No nos entretendremos más en esta fala-
tratamiento estadístico, etc.— y su honesti- cia, pues dedicaremos la segunda entrega,
dad investigadora —se le acusó de inventar “El fenomenal Alfred”, a documentar esta
datos, de retorcer las muestras y las entrevis- cuestión.
tas para obtener los datos que él previamente
pretendía—. 4.2. Kinsey, el Revolucionario

Lo cierto es que a Kinsey no le preocupó tanto La segunda falacia guarda relación con un
su respetabilidad moral como su respetabili- largo listado de descalificaciones que giran
dad científica. Él estaba muy seguro de su en torno a la “norma” —política, moral,
competencia como investigador y metodó- nacional, etc.—, a su supuesto incumpli-
logo, así que defendió las particularidades de miento y a la supuesta pretensión transgre-
su trabajo frente a todos sus críticos, sin por sora de Kinsey. En virtud de ello, ha sido
ello dejar de mostrarse abierto y colaborador tratado como: revolucionario, hetedoroxo,
a que su trabajo fuese revisado. De hecho, en provocador, extravagante, activista, comu-
1950, el Consejo Nacional de Investigación nistoide, antiamericano, anti-familia, inmo-
—mecenas fundamental de su investiga- ral o depravado. Esta falacia podría haberse
ción— solicitó a la Asociación Americana de titulado “Kinsey el anormal” —en relación a
Estadística que evaluara la metodología de la norma sexual— o “Kinsey el inmoral” —en
la investigación de Kinsey. Con este motivo relación a los mores sexuales—, pero final-
se constituyó un comité de revisión formado mente me he decantado por esta acepción
por siete expertos que, —después de un largo —más política y más propia de los modos de
período de evaluación y muchas reuniones la descalificación de aquellos tiempos—. En
con Kinsey y su equipo investigador— dio palabras de Bancroft:
finalmente un “non obstat” a su trabajo, aun-
que éste no fue unánime. “Kinsey ha sido descrito por algunos como
un hombre con una «misión»: cambiar el
La Comisión reconoció las dificultades que modelo de comportamiento sexual en los
Kinsey había afrontado y concluyó que estaba USA, causar «una revolución» en los valores
del todo justificada la no utilización del sexuales, incluso minar la estructura social
muestreo aleatorio en las etapas más tempra- de los USA para promover el comunismo
nas del proyecto —aunque consideraban que —Kinsey no era decididamente un comu-
éste debería ser el procedimiento futuro—. nista—. (…) La «misión» de Kinsey en el
Además expresaba un juicio crítico sobre la Volumen Masculino no era cambiar el modo
que consideró una escasa precaución en la del comportamiento sexual de los hombres,
interpretación de las conclusiones y fue espe- cuanto tratar de incrementar el entendi-
cialmente crítica con el empleo incorrecto de miento de por qué estos se comportaban
determinadas técnicas estadísticas —en con- como lo hacían, así como tratar de disminuir
creto el procedimiento compensatorio para los efectos lesivos de la estigmatización cau-
producir las Correcciones estadounidenses—. Sin sada por los códigos morales. En este sen-
embargo, aplaudieron su diligencia, conclu- tido, él claramente vio que la mayor parte
yendo que su trabajo era “un esfuerzo monu- del comportamiento sexual socialmente
mental” y, tras cuidadosa comparación con la considerado inmoral era intrínsecamente
investigación anterior, estimaron que su tra- inofensivo y no tenía repercusión negativa
16
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

alguna. (…) En el Volumen Femenino su normal su modo de entrevistar; si eran —o


«misión» principal era mejorar el entendi- no— normales las personas entrevistadas;
miento sexual entre hombres y mujeres con si eran –o no— normales sus procedimien-
el fin de mejorar sus relaciones sexuales. (…) tos estadísticos; si lo eran sus relaciones, sus
Todo ello contrasta con la opinión vasta- preguntas, sus datos, sus conclusiones, sus
mente extendida de que la «misión» de Kin- intenciones, etc.
sey era minar la importancia del matrimonio
y la familia en el estilo de vida americano. Hasta 1938 nadie dudó de la “normalidad”
(…) Estoy de acuerdo con la conclusión de —académica, moral, política, nacional, sex-
Robinson [1976, p. 78] sobre que Kinsey ual— de Alfred Kinsey, pero cuando inició
evaluó la mayor parte de los «actos sexua- su labor docente como coordinador y profe-
les» desde parámetros matrimoniales. (…) sor del curso matrimonial de la Universidad
[y también coincido con] Morantz [1993, p. de Indiana, no sólo comenzó su conocimiento
162] cuando concluye que: «Kinsey no era de la intimidad erótica de sus estudiantes y
un revolucionario social. Su rebelión contra su interés por la investigación sexual, sino
los mores sexuales anticuados de su tiempo que principió la persecución política del
no le condujo a cuestionar otros valores fundamentalismo puritano que le acom-
estructurales. Como la mayor parte de sus pañó durante toda su vida y le siguió tras
contemporáneos, él creía en el matrimonio su muerte.
feliz y estable y esperaba que su investiga-
ción ayudase a la mayoría de los americanos Lógicamente, el primero en escandalizarse
a obtener la satisfacción de una monogamia por lo que estaba pasando en aquellas aulas
permanente en un marco de estabilidad fue el clero local, que formuló su pertinente
social».” (Bancroft, 1995, p. g-h) queja a Nellie Showers Teter —primer fidei-
comisario mujer de la Universidad de Indi-
Para bien o para mal, hay un hecho que me ana—. Ésta se presentó ante Wells quien le
parece del todo evidente: la obra de Kin- sugirió que “tomase el curso y viese con sus
sey no sólo ofreció datos, sino que tuvo un propios ojos. La mujer aceptó el consejo y
efecto “normalizador” —que él expresamente meses después volvió al Rector para decirle:
pretendió— de lo anteriormente “anormali- «lamento que yo no tuviese estos cono-
zado”. Él lo sabía y sus adversarios también. cimientos cuando me casé».” (Moke, 1997)
Así que este referente de “lo normal” —en
tanto que norma y en tanto que prevalen- Como hizo casi siempre, Kinsey optó por no
cia o frecuencia— estuvo siempre presente callarse y dirigió una carta a los responsables
en la crítica a su obra y en las controversias de la Universidad declarando que se negaba a
posteriores, un aspecto que retomaré más que los clérigos interfiriesen en la formación
adelante. universitaria desafiando la obligación de la
Universidad de transmitir conocimiento
Si él insistió en afirmar que eran muy nor- científico a sus alumnos. Sin embargo, y pese
males —al menos frecuentes— las conduc- a contar con el apoyo del rector, la cuestión
tas supuestamente anormales, sus detrac- no se zanjó tan fácilmente. Algunos profe-
tores han insistido en afirmar que no es normal sores de la Facultad de Medicina sugirieron
normalizar lo anormal; más aún: que no puede que Kinsey estaba ejerciendo de médico
ser muy normal quien así actúa. Así que en rel- sin serlo y otros que había incompatibi-
ación a su vida y a su obra aún sobrevuelan lidad entre la investigación de Kinsey y su
las sombras sobre: si eran —o no— normales papel en el curso. Además, algunos padres
él mismo y su esposa; si eran —o no— nor- —fundamentalmente de chicas— expresa-
males sus colaboradores; si era —o no— ron sus quejas en relación a informaciones
17
Joserra Landarroitajauregi Garai

explícitamente sexuales que en aquellas La muerte le encontró precisamente en este


clases se facilitaban. Asimismo, el profesor periodo de penuria.
de bacteriología Thurman Rice fue tenaz y
combativo en su persecución y denuncia en Durante esta etapa, el Instituto se financió
relación a la pretendida heterodoxia de las exclusivamente con los derechos de autor de
formas académicas de Kinsey, la supuesta sus dos publicaciones y con algunas ayudas
inmoralidad de los contenidos de sus clases privadas entre las que, según los detrac-
y, muy especialmente, su atrevimiento al tores de Kinsey, estarían las provenientes
formular —incluso a las chicas— preguntas del Director de Playboy, Hugh Hefner. No
de manifiesto contenido íntimo —a Rice le fue hasta 1957, muertos ya Kinsey y McCa-
obsesionó especialmente que Kinsey hubiese rthy, que el Instituto, bajo la recién estre-
sugerido a alguna de ellas que se midiese el nada dirección de Paul Gebhard, recuperó la
clítoris—. financiación pública para continuar con su
labor investigadora.
Parecería que con su decisión de abandonar
las clases del curso matrimonial y dedic- 4.3. Kinsey el Pornógrafo
arse exclusivamente a la investigación, se
acabaría la persecución. Sin embargo, el Antes de adentrarnos en la tercera de las fala-
acoso de sus perseguidores le acompañó per cias, conviene aclarar que en los Estados Uni-
secula seculorum. Tras la publicación del Volu- dos se considera pornografía cualquier material
men Femenino, McCarthy —junto con otros sexualmente explícito, entendiendo por esto lo
senadores republicanos—, repitió hasta la genitalmente mostrado. Así que, finalmente,
saciedad que aquella obra era el mayor se produce un equívoco entre pornografía
insulto que nunca se había hecho “contra y visibilidad genital. En cualquier caso, se
nuestras madres, esposas, hijas y hermanas”, y ha relacionado a Kinsey con la pornografía
que las conclusiones de Kinsey minaban la mediante cuatro hilos argumentales: a) en
estructura familiar tradicional norteameri- relación a la colección de material erótico
cana, preparando a América para la “invasión explícito —fotografías, pinturas, grabados,
comunista”. tallas, etc.— que el Instituto Kinsey ha ido
recopilando desde su creación; b) la supuesta
Las sospechas sobre sus pretensiones e ideas conexión entre el Instituto Kinsey y el
le llevaron a ser investigado por el FBI de emporio Playboy; c) la renuencia de Kinsey a
aquel Hoover de los años cincuenta y por condenar la pornografía —a su comprensión
el Comité de Actividades Antiamericanas del por los usuarios de tal industria, así como su
Senador MacCarthy. De hecho, en medio pretensión despenalizadora de la tal activi-
de aquella paranoica época maccarthista, dad—; d) la producción propia de material
en 1954, el senador de Tennessee, B. Car- audiovisual con contenidos explícitos y pre-
roll Reece, constituyó la “Comisión de Inves- tensión investigadora.
tigación para Fundaciones Exentas de Impues-
tos” según relata Pomeroy (1972, p. 375) Respecto al primero de estos argumentos,
“con el fin expreso de investigar y entorpecer la en el año 1950, la Aduana Federal de la
financiación del Instituto”. A partir de ese ciudad de Nueva York incautó una serie de
momento, la Junta Directiva de la Fun- fotografías eróticas propiedad del Institute for
dación Rockefeller, presionada por el propio Sex Research alegando que se trataba de mate-
Reece, retiró el apoyo financiero al Instituto rial pornográfico. Esto daba más munición a
Kinsey. Con lo cual llegaron los años duros sus detractores. Aunque el contexto político y
para un Kinsey que no encontraba recursos legislativo no era alentador —la pornografía
financieros y cuya salud se iba mermando. no sólo era ilegal sino que, en pleno maccar-
18
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

thismo, se consideraba actividad anti-nortea- y en el ático de su domicilio particular, se


mericana— se inició un proceso legal denomi- habían filmado actividades eróticas en las que
nado el caso “USA vs. 31 Fotografías”, cuyo habían participado voluntarios —incluso sus
final Kinsey no llegó a ver porque se dilataría propios colaboradores y esposas—. Respecto
durante siete años. Sin embargo, en 1957, el a este material sexual explícito —filmado
caso fue finalmente resuelto por el Tribunal en secreto— en la página Web del Insti-
Federal a favor del Instituto. Aquella senten- tuto Kinsey se afirma: “El Dr. Kinsey estaba
cia permitió al Instituto importar y recopilar interesado en el comportamiento sexual de
materiales eróticos —incluso explícitos— mamíferos, así pues se hizo con películas
con fines de investigación. sobre el apareamiento de muchos animales.
Asimismo, no creía que la fotografía pudiera
En el ínterin —hablamos de 1953— Hugh todavía representar con exactitud la respuesta
Marston Hefner había fundado la revista sexual humana, por lo que comenzó a fil-
Playboy, en cuyo primer número se ofreció mar también la actividad sexual humana.
el mítico desplegable del desnudo de Mari- Existen unas pocas de estas películas que
lyn Monroe y aquel editorial —escrito por fueron filmadas a una selección del personal
el propio Hefner— en el cual se exponía la y sus cónyuges, así como a un puñado de
filosofía del proyecto —contra el puritan- voluntarios.”
ismo y en favor de los placeres—. Hasta los
setenta, que le salió una competencia aún
más explícita con la revista “Hustler” de 5. La cuarta falacia:
Larry Flint, la industria Playboy no hizo sino Kinsey, el Filopederasta
crecer y Hefner amasar fortuna.
Parece evidente que la cuestión difamatoria
Ciertas, interesadas o difamatorias, se han de aquel tiempo no fue baladí, pues trajo
establecido conexiones entre Kinsey, su asociadas paranoicas investigaciones de FBI
Instituto y el emporio del conejito diseñado y serias amenazas de ingresar en las “listas
por Arv Miller. De hecho, los diferentes negras” de Mccarthy, además de decomiso
medios de Hefner siempre se hicieron eco, de material erótico, deshonor, perdida de
en términos elogiosos, del trabajo de Kinsey financiación, enjuiciamiento e ignominia
y de su Instituto. Incluso, al parecer, hici- mediática. Sin embargo, quien salió relati-
eron generosas aportaciones económicas en vamente indemne de todo aquello está hoy
los tiempos difíciles. No he logrado verificar amenazado por la peor de las máculas actu-
tal información puesto que el Instituto tiene ales: el abuso sexual infantil. Encabezando la
una política de estricta confidencialidad que está resultando ser la más negra de todas
en torno a las ayudas privadas. Así que tal las listas negras. Pero antes de presentar esta
acusación “ni se confirma, ni se desmiente”. actual cuarta falacia, veamos los hechos de
Pero encuentro plausible que así fuese. aquel tiempo.

En cuanto a la legalización de la pornografía, 5.1. “Rex King” el omnifilo


fue el excéntrico y combativo Larry Clax-
ton Flynt quien finalmente presentó y ganó Kinsey explicaba en su volumen sobre el
esta batalla legal, alegando el derecho a la hombre (VM, p. 160) que parte de su infor-
libertad de prensa protegida por la Primera mación sobre sexualidad infantil había sido
Enmienda de la Constitución de los USA. obtenida de las entrevistas hechas a varios
pederastas que habrían tenido actividad
Aún así, los detractores de Kinsey no olvi- criminal con niños. El resto de la información
daban que, a instancias del propio Kinsey, provenía del recuerdo adulto sobre la propia
19
Joserra Landarroitajauregi Garai

sexualidad infantil, de informaciones de Según informó Pomeroy (1972, p. 122-


padres y educadores, así como de unas pocas 123), Kinsey supo de su existencia a través
entrevistas realizadas a niños acompañados de Dickinson y —a diferencia de la mayoría
por sus padres. No obstante, y según Ban- de sus entrevistados que se ofrecieron vol-
croft (1995, p. l), es probable que los nueve untarios—, este hombre fue activamente
pederastas de los que Kinsey informó pudi- buscado por Kinsey y su equipo porque con-
eran ser solamente uno —un hombre de 63 servaba registros exactos de su extraordinaria
años apodado “Rex King”— y que Kinsey actividad sexual. Por lo que sabemos de este
mintiese sobre este asunto para garantizar la hombre, tuvo relaciones sexuales con unos
confidencialidad de su informante. ochocientos menores de diferentes edades
—unos seiscientos chicos y unas doscientas
Sin embargo, Judith Reisman ha denunci- chicas—, así como con innumerables adultos
ado la existencia de, al menos, otro pederasta de ambos sexos y con animales de muchas
que también fue entrevistado por Kinsey especies. Además, informó que se había ini-
—aunque no sabemos si éste ofreció o no ciado sexualmente con su abuela y que tuvo
información sobre su actividad pederasta; ni su primera experiencia homosexual con su
incluso si la había tenido antes de ser entre- padre. También había desarrollado comple-
vistado—. Lo que sí parece ser cierto es que jas técnicas de masturbación fruto de lo cual
un antiguo nazi huido a los USA, identifi- se mostró jactancioso acerca de su capaci-
cado por Reisman como Fritz von Balluseck, dad para eyacular en 10 segundos desde un
fue entrevistado por Kinsey y posteriormente comienzo flácido. Cuando Kinsey y Pomeroy
fue juzgado y condenado, en 1956, por la expresaron abiertamente su incredulidad, el
violación y asesinato de un niño de 10 años. hombre les demostró eficazmente su compe-
tencia in situ. Al parecer, ésta fue la única
En cualquier caso, fuesen uno, dos o nueve, demostración sexual que tuvo lugar durante
resulta evidente que Kinsey entrevistó a per- las dieciocho mil entrevistas realizadas.
sonas con actividad pederasta, efeberasta y/o
incestuosa. Esto es, tipificada en los actuales Las precisas y obsesivas notas de este hom-
códigos penales como criminal. Además, bre en torno a su actividad sexual con niños,
también entrevistó a otros muchos que habían púberes y adolescentes, constituyeron la prin-
tenido otras actividades eróticas, considera- cipal fuente de información sobre comportami-
das, en aquellos códigos penales de entonces, ento sexual infantil recogida por Kinsey en las
como criminales; también entrevistó a otras hoy demonizadas Tablas 30 a 34 del Volumen
muchas personas que no habiendo cometido Masculino. Y a partir de los años ochenta,
delito sexual alguno, sí habían cometido Kinsey y sus colaboradores fueron satanizados
otras actividades delictivas. Por todo ello fue por utilizar los datos del tal “omnífilo” y por
y sigue siendo muy criticado. no informar del asunto a las autoridades. Lo
curioso de todo es que Kinsey nunca albergó
Uno de estos pederastas, el denominado ninguna duda sobre la naturaleza criminal y
“Rex King”, que Brancoft (1995) califica de depredadora de aquel hombre. Pero lo que a
“omnifilo”, fue efectivamente entrevistado en él le preocupaba era si contaba la verdad, y si
una sesión absolutamente extraordinaria que —de su relato y sus observaciones— podía
duró unas 17 horas y en la que participaron obtenerse información fidedigna sobre la
tanto Pomeroy como Kinsey. La información respuesta sexual infantil. De hecho, concluyó
obtenida de aquella entrevista fue efectiva- que ofrecía información veraz.
mente una fuente importante de informa-
ción sobre respuestas sexuales infantiles que A partir de estas y otras pruebas, afirmó
Kinsey consideró fiable y veraz. con rotundidad que no existía el “periodo de
20
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

latencia” del que había hablado Freud; luego, matrimonio, la familia y la santidad de la
que los niños y las niñas tenían, desde su vida humana en la política nacional (…) se
nacimiento y sin discontinuidad alguna, esfuerza por asegurar que los atributos úni-
respuestas manifiestamente sexuales que cos de la familia sean reconocidos y respeta-
incluían excitación y orgasmo. dos por legisladores y magistrados.” Su líder,
George A. Rekers, fue Profesor Emérito de
5.2. Los Ángeles de la Guarda Ciencias del comportamiento en la Facultad
de Medicina de la Universidad de Caro-
Los activistas del fundamentalismo puritano lina del Sur. Bajo la presidencia de George
—sobre todo protestantes, pero también Bush fue nombrado asesor de la Casa Blanca,
católicos y judíos en ecuménica coalición de además de miembro de diferentes comités de
odios e intereses— han hecho de esta falacia asesoramiento del Senado y de la Cámara de
ad hominem un potente ariete contra Kinsey. Representantes, así como de organismos ofi-
Con frecuencia se justifican en la admonición ciales como el Departamento de Salud y Serv-
del Nazareno: “al que escandalice a uno de icios Sociales —fue el experto que defendió
estos pequeños que creen en mí, más le vale con éxito la ley que prohíbe la adopción
que le cuelguen al cuello una de esas piedras para parejas homosexuales en el Estado de
de molino y le hundan en lo más profundo Florida—. Entre sus muchas publicaciones
del mar” (Mateo, 18:6). Así que, con este destaca su Manual de problemas sexuales infan-
parapeto bíblico, se han arrogado el derecho tiles y adolescentes (1995); además es el autor
de colgar del cuello de Kinsey las muelas de del Programa de Tratamiento de Inversión de la
la difamación para lanzar su vida y su obra a Identidad de Género —haciéndola coincidente
las profundidades de la ignominia. con la anatomía del niño— que le valió el
premio “Sidmund Freud Award” de la homó-
Lo más preocupante de esta campaña inter- foba National Association for Research and
nacional es que un importante número de Therapy of Homosexuality.
organizaciones en Defensa de los Menores
y en Defensa de la Mujer —religiosas, pero En el otoño de 1995, el Senador por Texas,
también laicas— se han unido —o han con- Rep Steve Stockman, hizo suya la denuncia
fraternizado— con esta nueva “caza de bru- del FRC y solicitó apoyo en el Senado para
jas” que con sarcasmo denomino el “látigo del presentar un proyecto de ley —que nunca
ático”. Este azote flagelante es blandido con salió adelante— para investigar las fuentes
mucha infamia y ninguna compasión por los de información de Kinsey. Stockman alegó
que a sí mismos se tienen por Ángeles de la que la investigación de Kinsey estuvo finan-
Guarda. ciada por fondos federales y que en ella se
contenían actos de acoso sexual a niños —los
Entre los más activos difamadores de la vida llamados “niños de la Tabla 34“ de Judith
y el trabajo de Kinsey podemos encontrar Reisman—. Logró al menos que el Senado
a las organizaciones norteamericanas Fam- abriese una investigación y que se interro-
ily Research Council (FRC) y Concerned gase al personal del Instituto y de la Univer-
Women for American (CWFA), apoyadas sidad de Indiana.
siempre en las denuncias de Judith Reis-
man1 y en la belicosidad de algunos sena- El CWFA es un lobby cristiano constituido
dores republicanos. en 1979, con sede central en Washington
DC y redes por toda Norteamérica. Actual-
El FRC es —según su página Web— un mente, es la organización política femenina
lobby cristiano fundado en 1983 como una más grande de los USA. Pretende que todos
“organización dedicada a la promoción del los niveles de la política pública se rijan en
21
Joserra Landarroitajauregi Garai

coherencia con los principios Bíblicos, y conmemoraciones y cambios. Nadie esperaba


según reza en su página Web, su misión es que aquel año pasase a la historia del Insti-
“proteger y promover los valores bíblicos tuto por otras razones diferentes a ésta. Pero
entre todos los ciudadanos, en primer lugar así fue. La WAS —antes “World Association
a través de la oración, después a través de la for Sexology” y ahora, desafortunadamente,
educación, y, por último, a través de la influ- “World Association for Sexual Health”
encia pública en los valores morales tradi- organizó un Congreso Mundial de Sexología
cionales de nuestra nación”. Pretenden “rees- cada 2 años. El de 1981 se celebró en Jerus-
tablecer la familia tradicional” en coherencia alén. En aquel marco, en la mañana del
con la Biblia a la que consideran fuente de la martes 23 de junio, Judith Reisman subió al
Verdad revelada y autoridad definitiva. atril para presentar su comunicación titulada
The Empirical Study and Statistical Procedures
En 1997, la CWFA llevó a cabo una campaña on Child Sexuality Undertaken by the Institute
pública de denuncia anti-Kinsey haciendo for Sex Research and Dr. Alfred Kinsey: A Criti-
un nuevo llamamiento en favor de una inves- cal Analysis of Child Sexual Experimentation’.
tigación en el Congreso. En enero de 1998, Y por los altavoces de aquella sala pudieron
el Representante del Estado de Indiana, oírse estos argumentos:
Woody Burton, presentó una Resolución a
la Asamblea General de Indiana basándose “Yo revisé el informe Kinsey. Cuando revisé
en las alegaciones de Judith Reisman. En las tablas me quedé espantada. ¿Cómo pudi-
agosto de 1998, y en relación a estos hechos, eron conseguir estos datos?, ¿Cómo pudi-
el canal de televisión Yorkshire emitió un eron saber que un bebé de 2 meses de edad
programa que fue públicamente contestado tiene o no tiene un orgasmo? (datos de la
por el Director del Kinsey Institute, John tabla 31) ¿Cómo obtuvieron un registro de
Brancoft (véase en Bancroft, 1995). 26 orgasmos en 24 horas para un niño de 4
años de edad? (datos de la tabla 34). Si estos
5.3. El látigo del ático experimentos tuvieron lugar, involucraron
actos en que los niños no podían dar su con-
Curiosamente, la figura señera del “látigo cris- sentimiento, ni tampoco pudieron hacerlo
tiano” es judía. Se llama Judith Reisman y es sus padres o tutores. Por tanto, estamos
—según afirma en su página www.drjudith- hablando de una actividad de carácter crimi-
reisman.org— profesora de investigación de nal: abuso sexual infantil.” (Citado en Susín;
la American University, veterana militante ver bibliografía)
anti-pornografía y asesora de la Comisión sobre
Pornografía del Fiscal General de los USA. En Con esta indignación, en 1990, Reisman
esta página explica que, gracias a sus investi- publicó junto con Edward Eichel su Kin-
gaciones, ha llegado a conclusiones alarman- sey, Sex, and fraud (1990), que en palabras
tes respecto a las conexiones existentes entre de Vern L Bullough “es un libro mal escrito
la educación sexual que se ofrece en las y pobremente editado en el que Kinsey es
escuelas norteamericanas —influenciada por descrito como un no-científico por depender
Kinsey— y el incremento de las infecciones de la memoria de los adultos sobre su propia
venéreas, la pornografía, la actividad —y el infancia o de los datos recogidos por un
activismo— homosexual, la pederastia y los pedófilo. En el libro se denuncia que Kinsey
abusos sexuales. debió de haber conducido los experimentos
con niños él mismo.” (1994, nota 5, cap. 7).
En el año 1981, el todavía Institute for Sex Una revisión de algunos fragmentos del texto
Research celebraba los 25 años de la muerte nos dan una idea del tipo de acusaciones que
de Kinsey con una importante agenda de incorpora: abuso de niños, agenda ideológica
22
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

y moral encubierta, falsedad, uso de pobla- inmoral y criminal—. En su apocalíptica


ciones delincuentes y de perversos de todo interpretación, Kinsey no sólo no fue un
tipo, etc., con la consiguiente y nefasta influ- científico —o se equivocó—, sino que es el
encia en los actuales programas de educación mismísimo Mefistófeles. La desmesura y la
sexual. falta de tino de Reisman deberían haber bas-
tado para que su discurso cayese en saco roto;
En 1991, cuando el Instituto Kinsey sin embargo, y a través de los media, la vida
respondió públicamente a este libro, Reis- y obra de Kinsey son ofrecidas al siglo XXI
man presentó una demanda contra el Insti- envueltas en la ignominia.
tuto, contra la entonces Directora June Rei-
nisch y contra la Universidad de Indiana Por ejemplo, en el contexto del estreno de la
alegando difamación y calumnia. En sep- película Kinsey de Bill Condon y el llamami-
tiembre de 1993, el abogado de Reisman se ento al boicot nacional que un buen número
retiró del caso, y en junio de 1994 el tribu- de organizaciones religiosas llevaron a cabo,
nal desestimó el caso con perjuicio —lo que la presentadora radiofónica y comentarista
en el sistema legal norteamericano significa de Premiere Radio Networks, Laura Schless-
que Reisman no puede recurrir, ni reactivar inger, en su programa The Dr. Laura Show
la demanda—. Desde entonces Judith Reis- —el tercero en el ranking norteamericano y
man no ha vuelto a llevar al Instituto Kinsey escuchado en 471 estaciones de radio— ofre-
a los tribunales, pero sigue sentando a Kin- ció los siguientes argumentos: “El acto de
sey en los banquillos de la ignominia. alentar a los pedófilos a la violación de bebés
y niños pequeños inocentes en nombre de la
Su siguiente entrega, Kinsey: Crimes and Con- «ciencia» es ofensivo. El acto de no proteger-
sequences (1998), incidía sobre su tesis de que los de la persecución es ofensivo. Y el acto de
el origen de todas las pandemias sexuales de falsificar los resultados de la investigación—
esta época tenían su origen en la influencia lo cual, a su vez, abre la puerta para nuevos
criminal de Kinsey, que habría trufado con abusos sexuales infantiles—, es ofensivo…”
su ideología a la ciencia, la cultura, la legis- (véase contestación de Bancroft en la página
lación y la educación norteamericanas. Web del Instituto Kinsey).

Y en su última entrega, Kinsey’s Attic: The Considero que no puede ser éste el tratami-
Shocking Story of How One Man’s Sexual Pathol- ento, la imagen, los argumentos, las con-
ogy Changed the World —El ático de Kinsey: la clusiones y las críticas que ofrecemos a los
espantosa historia de cómo la Patología Sexual habitantes del siglo XXI sobre Kinsey, su
de un hombre cambió el mundo— (2006), tras trabajo y su obra. Sirva este documento para
el “descubrimiento” de que fue en el ático ofrecer otra perspectiva. También crítica,
de la casa particular de Kinsey donde se pero no por ello mendaz ni descalificadora.
realizaron aquellas filmaciones secretas de
voluntarios realizando actividades sexuales,
trata de demostrar que en aquel mismo Parte dos: el fenomenal Alfred
lugar también se llevaron a cabo espanto-
sas investigaciones con niños promovidas 1. Introducción 
por el propio Kinsey; que éste era un per-
vertido sexual que cambió la moral sexual Afortunadamente, y al margen de las utiliza-
occidental “engañando” a científicos, legis- ciones políticas de sus detractores, el Kinsey
ladores y educadores, haciéndoles creer que que ha pasado a la historia de la Sexología no
sus investigaciones eran científicas —cuando es el Kinsey de las cuatro categorías falaces
realmente sólo escondían ideología perversa, que se han explicado en la primera parte de
23
Joserra Landarroitajauregi Garai

este trabajo, sino este quinto del cual daré Quiero detenerme un momento en este
alguna cuenta en estas segunda y tercera par- asunto de fechas y localizaciones: Aunque
tes. Se trata de Kinsey el Recolector, que nos Skinner hizo casi toda su carrera en Harvard
trajo a los sexólogos “mucho fruto y poco cesto” —allí se graduó y doctoró en 1931, allí fue
(Landarroitajauregi, 1996; 2000, p. 17 y investigador hasta 1936 y allí regresó de
ss.). Analizaremos algo de sus muchos frutos nuevo como profesor en 1948 para ejercer
sexuales en esta entrega y dejaremos su limi- el resto de su vida—, durante unos años fue
tado cesto epistémico para la tercera. Pero antes también profesor en la Universidad de Min-
de entrar en ello, comenzaremos presentando nesota y —precisamente en los mismos años
el contexto intelectual y científico de aque- que Kinsey investigaba el comportamiento
llos años cuarenta y cincuenta en los USA.  sexual masculino—, fue también profesor en
la misma Universidad de Indiana donde Kin-
sey ya era catedrático. No me consta ninguna
2. Contexto intelectual y científico relación entre ellos, ni personal, ni intelec-
de los tiempos de Kinsey en USA  tual, pero no tengo ninguna duda de que las
teorías conductistas de Skinner encontraron
2.1. Conductismo algún lugar en la estructura mental de Kin-
sey. Volveré a ello en La episteme de Kinsey.
Aunque el Conductismo nace a principios
del S. XX con J. B. Watson (1878-1858), En 1953, —y de nuevo coincidiendo con la
se desarrolla a mediados del siglo bajo el publicación del Volumen Femenino— Skin-
impulso de B.F. Skinner (1904-1990). En ner publicó su “Science and human behavior”
1913, Watson publicaba su artículo “La y, en 1957, publicó su “Verbal behavior”, del
psicología desde el punto de vista conductista”, cual Noam Chomsky escribió, en 1959, una
considerado el artículo fundacional del revisión muy crítica que supuso el inicio de
Conductismo, en el que pone el énfasis un cambio paradigmático conocido como
sobre la conducta observable y las relacio- “revolución cognitiva”.
nes que se producen entre el estímulo y la
respuesta, los cuales serían, por su objeti- 2.2. La Cibernética y la
vación, los temas de estudio de una Psico- Teoría General de Sistemas 
logía científica. Pero es Skinner quien dará
un empuje a toda la psicología Conduc- En el año 1942, se celebró en la Fundación
tista, considerando la conducta —animal y Josiah Macy Jr. de Nueva York la primera
humana— como el resultado de la función de las que luego serán conocidas como las
de los refuerzos —positivos o negativos— Conferencias Macy —un total de diez— que
ambientales que operarían mediante los se programaron primero semestralmente y
principios convencionales del aprendizaje. luego anualmente entre 1946 y 1953 y en
Es este autor quien describirá el condicio- las cuales participó la flor y nata del pensa-
namiento operante —en oposición al condi- miento científico norteamericano —desde
cionamiento clásico— que ha resultado ser luego, se trataba de un grupo sumamente
uno de los baluartes de la Modificación de innovador, creativo e interdisciplinar—.
Conducta. En 1948, —precisamente el año Entre otros, allí estuvieron los matemáticos
de la publicación del Volumen Masculino John von Neumann, Norbert Wiener y Wal-
y recién llegado Skinner de la Universidad ter Pitts; los neurofisiólogos Warren McCu-
de Indiana—, se publica “Walden Dos”, obra lloch, Arturo Rosenblueth y Walter Cannon,
novelada en la que se describe una comu- los antropólogos Margaret Mead y Gregory
nidad utópica estructurada mediante una Bateson, el psicólogo Lawrence Franck y el
ingeniería social conductista. hipnoterapeuta Milton H. Erickson.
24
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Estas Conferencias Macy, de las cuales sur- tuvo influencia teórica alguna en Kinsey,
girá posteriormente la Cibernética, se finan- excepto en cuestiones puramente pragmáti-
ciaron en parte con presupuestos militares. cas y tecnológicas —por ejemplo, la incor-
La inversión fue tan rentable según el excén- poración del ordenador para los tratamientos
trico y genial Gregory Bateson, que llegó a estadísticos de sus datos—. Sin embargo,
afirmar que “la cibernética constituye el avance aquella euforia por la importancia de los
intelectual más importante y fundamental de los nuevos descubrimientos científicos sí influyó
últimos dos mil años” (Brockman, 1977, p. en él porque de hecho fue uno de los auto-
13). De aquellos lodos surgieron barros cua- res de aquel fértil diálogo entre la ciencia
les fueron: en la reunión de 1945, John von de primer nivel y la cultura coetánea. Pro-
Neumann describió la arquitectura de lo que bablemente, si Kinsey hubiese vivido más
después serán los ordenadores; en la reunión tiempo, hubiese tenido más apetito teórico
de 1946, —celebrada bajo el título “Mecanis- y hubiese estado más cerca de aquel neo-
mos teleológicos y sistemas causales circulares”—, nato paradigma, habría dado con las claves
Claude Shannon desarrolló, en el marco de del sexo como sistema —luego de los sexos
una Teoría de la Información, el concepto de como integrantes del Sistema sexual—; de
“incertidumbre”, que después von Neumann las relaciones como interacciones; de la cau-
llamará “entropía”. Posteriormente, en 1948, salidad circular de los encuentros eróticos;
Norbert Wiener publicaría “Cibernetic” y, en de la homeostasis diádica; y seguramente
1952, IBM comercializaría su ordenador de habría incorporado el “doble vínculo” a las
primera generación. relaciones sexuales e incluso habría dado con
la Sinergia sexual. Pero nada de todo esto
En 1950, Ludwig von Bertalanffy desarro- ocurrió. Y la Sexología ha tardado más de
lla la Teoría General de los Sistemas como una cincuenta años en dialogar con aquel para-
metateoría que, partiendo del muy abstracto digma que nacía en los cuarenta.
concepto de Sistema, busca reglas de valor
general aplicables a cualquier nivel de la 2.3. Investigación farmacológica
realidad. Ese mismo año Bateson emprende
la tarea de introducir la Cibernética en las Algunos cambios venían ocurriendo en las
ciencias sociales. Pretendía elaborar una Teo- alcobas norteamericanas antes de que Kin-
ría General de la Comunicación, así que con sey diera con ellos. Y no me refiero sólo a
fondos de la Fundación Macy, organizó los efectos de la guerra y a la euforia de la
un grupo integrado por John Weakland, Jay victoria, que siempre relajan las restriccio-
Haley, Virginia Satir, Jules Riskin, William nes morales, sino a la influencia de los nue-
Fry y Paul Watzlawick, al que luego se unirá vos fármacos contra las infecciones vené-
Don Jackson. Con estos mimbres surgirá su reas. Parecía que, por fin, la Ciencia derro-
artículo "Hacia una teoría de la esquizofrenia” taba a los gérmenes que habían psicotizado
(1956) en el que desarrolla la “Teoría del doble los amores decimonónicos. De hecho, en
vínculo”. Unos años después, en 1959, Jac- tiempos de Kinsey, las sulfamidas estaban
kson funda el Mental Research Institute. El siendo bastante eficaces contra la gonorrea
grupo, que se conocerá internacionalmente y la penicilina resultaría eficaz contra la sífi-
como Palo Alto, estará integrado por: Jules lis. Desde comienzos de siglo, destacados
Riskin, Virginia Satir, Paul Watzlawick, investigadores como Paul Ehrlich, Gerhard
John Weakland, Jay Haley, Richard Fisch y Domagk, Alexander Fleming, Howard Flo-
Arthur Bodin. rey o Ernest Chain todos ellos Premios
Nobel llevaron a cabo hallazgos revolu-
Hasta donde puedo atisbar, el desarrollo del cionarios arsfenamina, sulmanilamida,
nuevo paradigma cibernético-sistémico no penicilina en la lucha contra diversas
25
Joserra Landarroitajauregi Garai

infecciones de transmisión genital. En el gido por su autoritario padre, el joven Alfred


inmediato periodo de postguerra, otros orientó sus estudios hacia la Ingeniería hasta
antibióticos sintéticos fueron descubrién- que, contrariando el consejo paterno, se deci-
dose y comercializándose. Así que aque- dió por lo que había sido su vocación más
llas temidas enfermedades venéreas —que, temprana: la biología, la botánica y la ento-
entonces, todavía lo eran del amor— no sólo mología. Así pues, se graduó en biología en
cambiaron de nombre, sino que cambiaron la Universidad de Bowdoin —Brunswick,
de significado: dejaron de ser la gran y abo- Maine— obteniendo su licenciatura en
minable plaga para empezar a ser enfermeda- 1916. Posteriormente, se trasladó a la Uni-
des científicamente entendibles y médica- versidad de Harvard donde impartió clases
mente curables. de zoología y botánica, obteniendo el docto-
rado en septiembre de 1919. Ya Doctor, se
Por otro lado, estaba la cuestión hormonal trasladó a la Universidad de Indiana donde
y anticonceptiva, que arrancaba con la iden- comenzó a ejercer como profesor auxiliar de
tificación a finales de los años veinte de la Zoología en agosto de 1920. A partir de este
progesterona y el estrógeno. En años pos- momento, su carrera académica y su nombre
teriores se avanzó en este campo hasta dar quedaron unidos a esta Universidad, sita en
con los anovulatorios orales y su progresivo Bloomington y en la cual se haría catedrático
perfeccionamiento y diversificación en diver- en 1929.
sas combinaciones hasta que, en 1960, fue
posible la comercialización del Enovid 10, el En 1921, cuando contaba con 27 años, se casó
primer contraceptivo oral de la historia. con Clara Bracken McMillen, de 22 años, con
la que tuvo cuatro hijos: Don (1922), Anne
Con lo antedicho, a lo que podríamos (1924), Joan (1925) y Bruce (1928). En
añadir inventos como el Tampax que sal- 1927, su primogénito murió a consecuen-
dría al mercado en 1936 encontramos cia de una diabetes. En 1930, los padres de
muchas otras explicaciones adicionales Kinsey se divorciaron y Kinsey perdió todo
diferentes del trabajo de Kinsey que contacto con su padre. Kinsey murió el 25
alguna influencia tuvieron en los cambios de agosto de 1956, a los 62 años, afectado de
de los mores sexuales de los años sesenta y una neumonía que acabó produciéndole una
setenta. No se trata de quitar importancia insuficiencia cardio-respiratoria. Su esposa
a Kinsey, sino de situarle en su contexto y murió, en 1982, a los 83 años.
en su tiempo.
En cuanto a su carrera como autor, en 1930
publicó su exhaustivo y meticuloso libro
3. El Hombre que inventó el Sexo Gall wasp Genus Cynips: A study of the ori-
gin of species, considerado aún hoy como la
3.1. Biografía más importante monografía sobre el tema y
tenida por modélica por su impecable rigor
Alfred Kinsey nació el 23 de junio de 1894 científico. Para entonces ya había publicado
en Hoboken (Nueva Jersey) y fue el mayor el artículo An Introduction to Biology (1926).
de tres hijos educados en la más estricta Posteriormente publicaría trabajos como
devoción a la Iglesia Metodista. Su madre New introduction to Biology (1933), una obra
fue ama de casa con escasa formación escolar todavía de referencia, o The origin of higher
y su padre profesor en el Instituto Stevens categories in Cynips (1935). En 1937, su repu-
de Tecnología —además de ocasional predi- tación científica y académica eran tales que
cador dominical—. La familia era humilde, el American Men of Science lo nombró como
así que su infancia fue austera y severa. Diri- uno de sus precursores.
26
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

3.2. El curso de formación matrimonial 3.3. Recolectando “frutos sexuales”

En 1938, Herman B. Wells, que entonces En 1939, Kinsey diseñó y dirigió un proyecto
tenía 35 años y que sería su más constante de investigación sobre el comportamiento
valedor, fue nombrado Rector de la Uni- sexual humano que contó con la financia-
versidad de Indiana. Recién estrenado en ción de la Fundación Rockefeller a través del
su cargo, la Asociación de mujeres estudiantes prestigioso Consejo Nacional de Investiga-
de la Universidad de Indiana le solicitó un ción. Ello le permitió recopilar datos sobre el
curso de preparación matrimonial para los comportamiento sexual más allá de las aulas
alumnos ya casados o para aquellos a punto universitarias de Indiana y, sobre todo, le
de hacerlo. Wells accedió y Kinsey comenzó permitió ir construyendo el que finalmente
a impartir clases y a coordinar el curso de fue su modelo de entrevista personal con su
Formación Matrimonial desde su primera particular sistema de categorización de las
edición. respuestas. En junio de 1939 hizo un corto
viaje a Chicago para realizar decenas de estas
El curso era impartido por docentes —todos entrevistas y en esas mismas fechas empezó
varones— de los departamentos de Derecho, a compilar historias sexuales de presos y
Economía, Sociología, Filosofía, Medicina y familiares de estos de la Explotación agro-
Biología. Y fue en este nuevo marco docente pecuaria penal del Estado de Indiana.
donde comenzó el interés científico de Kin-
sey por el comportamiento sexual humano, En 1940, y para conseguir más financiación
pues, con motivo de la preparación de sus para su proyecto de investigación, Kinsey
clases, el compulsivo y sistemático recolector acudió al Committee for Research in Pro-
de datos que ya era Kinsey, empezó a recabar blems of Sex (CRPS) presidido por Yerkes. El
información entre sus propios estudiantes comité ya había financiado la investigación de
en relación a su actividad sexual —edad de Adolf Meyer sobre comportamientos y acti-
la primera relación sexual, actividad sexual tudes sexuales de los estudiantes de Medi-
prematrimonial, frecuencia de actividad cina de la Johns Hopkins, pero tales datos no
sexual, número de parejas a lo largo de su llegaban a formalizarse en un informe final.
vida, frecuencia masturbatoria, uso de servi- Así que los miembros del CRPS buscaban un
cios de prostitución, etc.—. investigador solvente: científico respetado y
establecido, esposo y padre ejemplar, con un
Pese a que contaba con la confianza del Rec- sólido curriculum como investigador y una
tor y el respeto de sus alumnos, las clases de historia de proyectos llevados a cabo hasta el
Kinsey fueron llenándose de controversias. final. El doctor George Washington Corner,
En 1940, el rector Herman B. Wells, pre- ginecólogo y miembro del CRPS, que pos-
sionado por las crecientes reacciones adversas teriormente dirigiría a William Masters en
al proceder docente de Kinsey y tratando de una investigación sobre reproducción animal
hallar una salomónica solución le convino y humana, escribió sobre él:
a que eligiese entre continuar con el curso
matrimonial o con su proyecto de investiga- “Fue un profesor íntegro, casado y con hijos
ción. Kinsey no tuvo ninguna duda y aban- adolescentes. Mientras continuaba sus res-
donó el curso para dedicarse enteramente a ponsabilidades didácticas en el Departamento
la investigación sobre la conducta sexual de de Zoología trabajó cada hora disponible, día
los norteamericanos. No obstante, mantuvo y noche, viajando a cualquier parte donde las
su actividad docente en el departamento de personas le concediesen entrevistas. Estaba
Biología y nunca perdió el contacto con los adiestrando a una pareja de hombres jóvenes
jóvenes universitarios. en su método de entrevistar. El propio Dr.
27
Joserra Landarroitajauregi Garai

Yerkes y yo mismo nos sometimos por sepa- sidad de Indiana que trabajó en su equipo,
rado a su técnica de recopilación de datos. Me el psicólogo Wardell Baxter Pomeroy; y, en
asombró su habilidad para lograr los detalles 1946, al antropólogo de la Universidad de
más íntimos de la historia sexual del sujeto, Harvard, Paul Gebhard. Uno y otro fueron
introduciendo las preguntas gradualmente y personalmente entrenados por Kinsey para
transmitiendo una completa seguridad sobre realizar entrevistas. El primero realizó unas
la confidencialidad de las respuestas que eran 8.000; y el segundo, unas 2.000.
registradas en hojas especiales impresas con
una rejilla en las que se apuntaba la infor- Había razones, no sólo económicas, para que
mación obtenida mediante signos ininteli- el equipo investigador fuese reducido, el exi-
gibles. Me explicó que el código nunca se gente método de entrevista y el alambicado
había apuntado en lugar alguno y que sólo sistema de codificación in situ de la informa-
sus dos colegas, Wardell B. Pomeroy y Clyde ción obtenida requerían meses de entrena-
E. Martin, podrían leerlos. Sus preguntas miento y memorización para lograr todos los
incluían trucos sutiles para detectar infor- exigentes criterios de Kinsey. Finalmente,
mación deliberadamente incorrecta.” (citado fruto de este trabajo, se publicaron, en 1948
en Bullough, 1994, p. 125) y 1953, los afamados “Informes Kinsey”. El
primero de ellos, que aquí llamaremos el
En un principio, tal como ya había hecho con Volumen Masculino, fue “Sexual behavior in
las avispas, Kinsey pretendió realizar perso- the human male” y el segundo, que llamare-
nalmente todo el trabajo, pero pronto com- mos Volumen Femenino, fue “Sexual beha-
prendió que el proyecto era demasiado vasto vior in the human female”.
para una sola persona. Se había propuesto
recopilar 100.000 historias y cada entrevista 3.4. Los hombres de Kinsey
—sin contar desplazamientos— le ocupaba
un mínimo de una hora y media. Esta carga Clyde Martin, Wardell Pomeroy y Paul
le hubiera supuesto unos setenta años de Gebhard —todos ellos varones— fueron
dedicación exclusiva, lo cual resultaba ina- los constituyentes del equipo investigador
barcable. Con todo, él personalmente, rea- contratado por Kinsey. Sin embargo, en la
lizó 7.985 entrevistas.  página Web del Instituto se subraya que,
aunque no figuraron como autoras, varias
En aquel tiempo, en la primavera de 1939, el mujeres del personal del Instituto contri-
joven estudiante de Economía Clyde E. Mar- buyeron también a las investigaciones. En
tin, —que había sido alumno de Kinsey en concreto, Jean Brown, Cornelia Christenson,
aquel primer curso de 1938 y uno de los pri- Dorothy Collins, Hedwig Leser y Eleanor
meros voluntarios entrevistados—, comenzó Roehr, son citadas y reconocidas en las por-
a colaborar en la tabulación de las primeras tadas como colaboradoras. Además, estaba la
entrevistas. Posteriormente, cuando en 1941 abogada Alice Field que no sólo colaboraba
ya hubo suficiente financiación, Martin fue en la investigación sexual sino que, además,
contratado como investigador y acabó reali- asesoraba sobre temas legales. A continua-
zando unas 2.000 entrevistas. ción, ofrezco algunos datos de “los hombres
de Kinsey” en su orden de aparición en el
En los años posteriores, Kinsey fue reno- Instituto.
vando la financiación para su proyecto, al
punto que, en el curso 1946-1947, recibió la 3.4.1. Clyde E. Martin
mitad del presupuesto total del CRPS. Esta
continuidad económica le permitió contra- Nacido el 2 de enero de 1918, comenzó sus
tar en 1943, al único graduado de la Univer- estudios de Economía en la Universidad de
28
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Indiana en 1937 y fue alumno de Kinsey en la que Kinsey confió para realizar entre-
en aquel primer curso de 1938, siendo la vistas. Muerto Kinsey fue designado director
suya una de las primeras “historias sexuales” del Área de Investigación —que no Direc-
que Kinsey recogió. A partir de la prima- tor Ejecutivo, puesto que ocupó Gebhard—.
vera de 1939 se convirtió en asistente per- Permaneció en este puesto hasta que pre-
sonal de Kinsey —le cuidaba el jardín— y sentó su renuncia en 1963, para trasladarse
colaborador voluntario —le ayudaba en la a Nueva York e iniciar la práctica privada de
tabulación de sus primeras entrevistas—. terapia sexual. En los años posteriores conci-
Cuando, en 1941, hubo suficiente financia- lió su actividad clínica con una prolija acti-
ción para el proyecto, fue contratado como vidad como autor. Además de una docena de
primer investigador aún sin haber finalizado artículos, escribió tres libros de divulgación
unos estudios que abandonaría a partir de ese sobre educación y sexualidad adolescente
momento para dedicarse a tiempo completo (Boys and sex, 1968; Girls and sex, 1970; Your
a la informática —de la cual fue responsa- child and sex: A Guide for parents, 1974), así
ble— y al análisis estadístico de los datos de como un libro sobre Kinsey y su Instituto
las entrevistas. Firmó como tercer y último que citaremos con frecuencia en este tra-
autor en los dos Informes y posteriormente, bajo (Kinsey and the Institute for sex research,
tras la muerte de Kinsey, volvió a ser tercer 1974).
autor —la cuarta era Cornelia Christenson—
en “Embarazo, Nacimiento y Aborto” (1958) Durante el bienio 1966-1968, fue Presidente
con Gebhard y Pomeroy antecediéndole. de la Society for the Scientific Study of Sexuality
(SSSS). En 1976 fue nombrado Decano del
Muerto su benefactor, en el año 1960, aban- recién creado Institute of Advanced Study of
donó el Instituto para finalizar sus estudios y Human Sexuality de San Francisco y también
obtener su grado doctoral, que logró en 1966 profesor adjunto de la Facultad de Medicina
—a sus 48 años— en la Universidad Johns de la Universidad del Estado de California.
Hopkins de Baltimore. Hasta su retirada, en En 1983, y debido al creciente deterioro de
1989, fue investigador contratado del “Fran- su salud neurológica, se jubiló para morir
cis Scott Key Medical Center” en esa misma demenciado 18 años después. A su muerte,
ciudad, donde se dedicó al estudio de temas fue Gebhard el encargado de escribir su obi-
relacionados con la gerontología y la socio- tuario. Sobre éste último, el tercero de los
logía. A partir de ahí prácticamente perdió colaboradores de Kinsey, daremos alguna
todo contacto con la investigación sexual, cuenta en el epígrafe “Los directores del
aunque, en 1981, publicó un breve artículo Instituto”.
sobre la sexualidad de las personas mayores
en los Archives of Sexual Behavior.
4. Kinsey en constante revisión
3.4.2. Wardell B. Pomeroy
4.1. La revisión de su obra
Nació en Kalamazoo (Michigan) el 6 de
diciembre de 1913 y murió en Bloomington En vida de Kinsey fueron varias las evaluacio-
(Indiana) el 6 de septiembre de 2001. Se gra- nes externas sobre su trabajo. La primera de
duó en la Universidad de Indiana y obtuvo ellas, de carácter estadístico, se produjo tras
el doctorado en Psicología en la Universidad la publicación del Volumen Masculino. La
de Columbia en 1954. Conoció a Kinsey tra- muestra que Kinsey había logrado para sus
bajando como psicólogo del hospital South investigaciones era la que era: muy grande,
Bend y, en 1943, se incorporó al proyecto de pero ni aleatoria, ni estratificada. Además,
investigación sexual. Fue la primera persona según informa Pomeroy (1972, p. 138 y
29
Joserra Landarroitajauregi Garai

464) contenía demasiada gente del Oeste y publicación y analizando los resultados con
poca del Este y, en ella, los indios, los presos nuevas técnicas estadísticas e informáticas.
y los homosexuales estaban excesivamente Fruto de este trabajo se constituyó lo que se
representados respecto a la población nor- ha dado en llamar la “Muestra básica” y se
teamericana de aquel tiempo. Kinsey había publicó lo que aquí citaremos como “Kin-
tratado de controlar estos sesgos mediante sey Data”. En esta obra (Gebhard y John-
clusterización —obtención de submuestras al son, 1998, p. 25-26) se describe el método
100%; esto es, grupos naturales en los que y se da cuenta de cómo fue diseñado en el
todos sus miembros aceptaban ser entrevis- procedimiento científico que Kinsey había
tados—. Así que se las ingenió para lograr desarrollado cuando estudió la variabilidad
unidades sociales no surgidas por un interés de las avispas. En aquella ocasión, una vasta
sexual común: usuarios de una residencia, muestra con una gran cantidad de insectos le
estudiantes de un curso, socios de un club permitió realizar promedios al margen de las
social, etc. La cuarta parte de su muestra pro- tendencias y sesgos. Y eso mismo esperaba
cedía de tales clusters. Después, comparó estas hacer con sus entrevistas. 
submuestras con el resto de historias resul-
tando que las diferencias eran mínimas y La “Muestra básica” de Gebhard y Johnson
muy poco significativas (Volumen Masculino estaba constituida exclusivamente por per-
en adelante VM, p. 93-102 y Volumen sonas que nunca fueron condenadas —ni
Femenino VF, p. 30). Con estos controles, siquiera por infracciones de las normas de
la muestra superaba su control de calidad. Sin circulación— y cuya inclusión no suponía
embargo recibió un buen número de críti- ninguna fuente de sesgo en cuanto a com-
cas provenientes de expertos estadísticos. Lo portamiento sexual —i.e. participación en
cual condujo a que un comité especial de la organizaciones homosexuales—. De este
Asociación Americana de Estadística inves- modo, la muestra masculina quedó final-
tigase su metodología. mente formada por 4.694 hombres blancos
escolarizados, 177 hombres negros escola-
Fruto de la tal investigación, en 1954 se rizados y 766 hombres blancos sin escola-
publicaron dos revisiones críticas del trabajo rización. Y la muestra femenina, por 4.358
de Kinsey: la de Cochran, Mosteller, Tukey mujeres blancas escolarizadas, 223 negras
y Jenkins Problemas estadísticos del Informe escolarizadas y 1.028 blancas sin escolari-
Kinsey sobre comportamiento sexual del hombre; y zación. Luego la muestra sin escolarización
la de Geddes: Análisis de los Informes Kinsey. era –tanto para hombres, como para muje-
No obstante, y pese a las repetidas críticas res- exclusivamente constituida por personas
sobre sus muestras sesgadas y constituidas blancas. Así que en ella resultaban dos sesgos
por voluntarios, Kinsey se mantuvo siempre muestrales evidentes: gente culta —blancos
firme en su fórmula, que defendió y justificó y negros— y gente blanca —escolarizados y
repetidamente (VM, p. 17-21 y 93); aunque sin escolarizar—; resultando pues una mues-
en el Volumen Femenino, efectivamente se tra más WASP.
excluyeron las mujeres presas y no se realiza-
ron las “correcciones estadounidenses”.  Curiosamente, aunque la muestra había
variado sustancialmente, los resultados fue-
Precisamente por la reiteración de estas y ron relativamente similares. Al punto que
otras críticas sobre aspectos metodológicos Gebhard y Johnson (1998, p. 9) afirmaron que
y muestrales, en 1979 Gebhard y Johnson “las conclusiones principales de los trabajos
reanalizaron los datos de las entrevistas originales en cuanto a la edad, el género, el
“completando” y “limpiando” las muestras, estado civil y la clase socioeconómica perma-
añadiendo nuevas entrevistas posteriores a la necen intactos. Los añadidos y la limpieza de
30
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

las muestras han aumentado notablemente Reisman. Éstos sirvieron para alimentar las
su valor, pero no producen cambios signifi- campañas “antikinsey” que posteriormente
cativos que impliquen que nos retractemos han ido dirimiéndose a veces en medios
de ninguna afirmación importante”. Motivo científicos, pero sobre todo en los medios de
por el cual la mayor parte de los investigado- comunicación e incluso, como se explicó en
res actuales siguen utilizando los datos origi- la primera parte, en los tribunales.
nales de los dos primeros volúmenes.
Tras tales campañas, Vern Bullough ofreció
Sin embargo, una cuestión que sí resultó una nueva revisión rehabilitadora en su obra
algo diferente fue la incidencia de conducta de 1994, Science in the bedroom: A history of sex
homosexual. Mientras que las cifras para research y en dos artículos de 1998 y 2004
hombres escolarizados no cambiaron, las de —Alfred Kinsey and the Kinsey Report: Histori-
hombres sin escolarización una vez exclui- cal overview and lasting contributions y Sex will
dos los registros con criminales resultaron never be the same: The contributions of Alfred C.
ser notablemente inferiores. Esto pudo tener Kinsey—.
relación con el hecho de que en aquel tiempo
la escolarización no era mixta y la mayor
parte de las experiencias homosexuales se 5. El mediático “Dr. Sexo”
producían en la adolescencia y con com-
pañeros de clase. Así pues, la submuestra Efectivamente, la vida y obra de Kinsey han
“sin escolarización” una vez excluidos los resultado ser un fenómeno mediático que ha
reos— no habría tenido convivencia alguna llegado al gran público a través de biografías,
en ambientes unisexuales. literatura, cine, prensa escrita, música pop,
radio y televisión. Basándome fundamental-
Con anterioridad a este trabajo de Gebhard mente en la información ofrecida en la Web
y Johnson, pero en esta misma década de los del hoy llamado Kinsey Institute for Research
setenta, fueron varios los trabajos de revi- in Sex, Gender and Reproduction, llevaré a cabo
sión y crítica que se publicaron sobre la obra una breve exposición de estos aspectos.
de Kinsey. El primero fue el de su estrecho
colaborador Wardel Pomeroy que, estando 5.1. El éxito editorial 
ya fuera del Instituto, explicó muy diversas
cuestiones relacionadas con la dinámica de Kinsey se convirtió en un fenómeno de
la investigación en su obra Dr. Kinsey and the masas a través de un sistema muy simple
Institute for sex research. El siguiente fue Paul pero efectivo: el increíble éxito editorial de
Robinson que hizo una lectura bastante más sus dos volúmenes. Especialmente, el Volu-
crítica en su articulo de 1972, El Dr Kinsey y men Masculino que —aunque se trataba de
el Instituto de investigación sexual, y en su obra un libro de tapas duras, caro, sin precedente
La modernización del sexo (1976), que comen- mediático alguno y publicado en una editorial
taré detenidamente más adelante. Final- médica—, estuvo 43 semanas en la lista del
mente, en ese mismo año, fue Weinberg, The New York Times best-seller. De este primer
desde el propio Instituto, quien recopiló el volumen se vendieron más de doscientos mil
trabajo de Kinsey y su Instituto en su obra ejemplares y del segundo otros cien mil.
Investigación sexual: Los estudios del Instituto Uno y otro fueron traducidos a once idiomas.
Kinsey (1976). Los dos informes tuvieron gran impacto
público y produjeron respuestas sumamente
Pero ninguno de estos trabajos sobre la obra emocionales y contrapuestas en la opinión
de Kinsey levantó tanta polvareda como los pública —y en la opinión publicada— esta-
tendenciosos trabajos ya citados de Judith dounidense. Fueron motivo de admiración
31
Joserra Landarroitajauregi Garai

y de descalificación; produjeron agradec- de la investigación de primera mano. Ahora


imiento y repugnancia; se contestaron con bien, tuvieron que aceptar, mediante con-
elogio o con denuncia; pero prácticamente trato firmado, determinadas condiciones: no
nadie permaneció impasible. Curiosamente, podían publicar artículos de más de 5.000
fallecido ya Kinsey y en los setenta, el ter- palabras y éstos habían de ser revisados
cer volumen revisado de Gebhard y Johnson previamente por personal del Instituto; no
pasó prácticamente desapercibido. podían publicarlos antes del 20 de agosto de
1953 —día que, en el Instituto, fue denomi-
5.2. Kinsey y la prensa escrita nado “K-Day”—; y no podían hacer fotos,
aunque sí solicitarlas, previo pago, al fotó-
El seguimiento de la prensa escrita de aquel grafo oficial del Instituto.
tiempo a los dos Informes Kinsey fue impre-
sionante. La Biblioteca del Instituto Kinsey Ni qué decir tiene que tales condiciones no
cuenta con 18.700 recortes de periódicos y fueron muy del agrado periodístico, pero,
revistas de todo el mundo analizados por con todo, allí fueron enviados representantes
Gathorne-Hardy, quien concluyó (2000, de: Collier's, Time, Life, Woman's, News-
p. 395 y ss) que todas las revistas femeni- week, Redbook, Reader’s Digest, Modern
nas —excepto Cosmopolitan— mostraron Bride, McCall’s, US News, World Report,
una respuesta favorable. Y que, de los 124 The Bloomington Herald-Telephone, Indi-
periódicos analizados, 79 (64%) mostraron ana Daily Student, The New York Times,
opiniones favorables y ensalzadoras, mien- The San Francisco Chronicle y The London
tras que 38 (31%) fueron críticos o des- Sunday Dispatch.
calificadores. Finalmente, siete (5%) fueron
ambiguos o ambivalentes. Lo que ocupó la Así que, el 20 de agosto de 1953, los kioscos
mayor parte de los titulares sobre el Volu- se llenaron de “adelantos” de los resultados
men Masculino fue la homosexualidad y del Volumen Femenino. Y finalmente, el 14
su incidencia. En cambio, los titulares con de septiembre, el libro llegó a las librerías
motivo del Volumen Femenino giraron en de todo el país. Se trataba de un libro caro
torno al placer femenino y, sobre todo, a la —ocho dólares de entonces—, pero también
incidencia de la actividad prematrimonial y éste estuvo en la lista de los best seller.
extramatrimonial.
5.3. Biografías de Kinsey
Así como el fenomenal impacto mediático
del Volumen Masculino no fue predecible, También la vida de Kinsey, incluso la más
los media esperaban impacientes el segundo íntima, ha sido objeto de estudio y revisión,
volumen. Los periodistas buscaban primicias al punto que son ya varias las biografías
y esta presión mediática dificultaba el tra- publicadas. La primera de ellas, publicada
bajo. El asunto se puso especialmente tenso 15 años después de su muerte, en 1971, fue
cuando el manuscrito entraba en imprenta. obra de su estrecha colaboradora y miembro
La “solución” que Kinsey dio a esta fenom- del Instituto, Cornelia Christenson. Llevaba
enal presión mediática para que se adelan- por título Kinsey: A Biography, y fue publi-
tasen los datos del estudio femenino antes de cada por la propia Universidad de Indiana.
su aparición pública, fue invitar al Instituto Pasaron bastantes años hasta que apareció en
a unos sesenta periodistas de distintos países 1997 el minucioso, polémico y crítico tra-
Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, bajo de investigación biográfica realizado
Dinamarca, Suecia y Australia—, los cuales, por James Jones que llevaba por título Alfred
durante cuatro días de agosto de 1953, tuvi- C. Kinsey: A Public/Private Life y por el cual
eron oportunidad de conocer los resultados el autor recibió el premio Pulitzer. Posteri-
32
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

ormente, ya en el año 2000, fue Jonathan Sex and the scientist es un documental de 90
Gathorne-Hardy quien escribió la biografía, minutos realizado en 1989 y dirigido por
digamos oficial, de Kinsey que llevaba por Diane Ward para WTIU documental.
título Sex, the measure of all things: A life of
Alfred Kinsey y que fue también publicada Reputations: Alfred Kinsey. Es un documental
por la Universidad de Indiana. En todas realizado en 1996 por Clare Beavan para la
estas biografías encontramos al hombre BBC.
sumamente trabajador, tenaz, curioso, hero-
ico, meticuloso, obsesivo, sutil, ingenioso, The children of table 34 es un documental de
contradictorio y sumamente empático que 30 minutos producido por Snake Ranch Stu-
luego Bill Condon llevó a la gran pantalla dios para “Family Research Council”. El guión
en el año 2004. y dirección es de Robert Knight y presenta
las denuncias de la Dra. Reisman contra
5.4. Kinsey y las Artes Kinsey. Se distribuye a través de la red inter-
nacional de asociaciones pro-abstinencia y
Excepto en lo que quedase en círculos pro-vida.
musicales —Oh, Dr Kinsey, de la cantante
y cómica Martha Raye, vendió medio mil- Kinsey’s paedophiles es un documental produc-
lón de copias; la canción Too Darn Hot de ido en 1998 por Tim Tate para la cadena tel-
Cole Porter, originalmente escrita para el evisiva Yorkshire. El documental fue pública-
musical Kiss me, Kate, fue cantada de nuevo mente respondido por el Instituto Kinsey.
por Ella Fitzgerald en los años cincuenta—
, el gran público norteamericano de los Social science in America’s bedroom: Alfred Kin-
setenta, ochenta y noventa había olvidado sey measures sexual behavior es un documen-
a Alfred Kinsey. Pero el cambio de milenio tal de 16 minutos de duración hecho en el
reverdeció su figura pública a través de las año 2000. Son entrevistados el anciano Paul
artes. En el año 2003 se estrenó en Chicago Gebhard y John Brancoft.
el musical Dr. Sex —ganador de siete Jeff
Awards—. La obra versaba sobre el trián- Mr. Sex, realizado por Steve Coombes, fue un
gulo amoroso entre Kinsey, su esposa y su documental radiofónico que recibió el Rich-
colaborador Martin. Al año siguiente, y ard Imison Memorial Award 2005.
casi al unísono, se estrenó una película y se
publicó una novela sobre la vida de Kinsey. Kinsey es un documental recopilatorio reali-
Bill Condon fue el guionista y director de zado en cooperación con el Kinsey Institute y
la película, titulada Kinsey, en la que se da la Universidad de Indiana.
cuenta de la vida de Alfred Kinsey —inter-
pretado con credibilidad y pericia por Liam El 2/10/96 el informativo Documentos TV
Neeson. La novela es de T. C. Boyle y de La 2 de TVE emitió un reportaje en cas-
lleva por título The Inner Circle —El círculo tellano títulado Alfred Kinsey, el hombre que
íntimo—. En ella se recrean los primeros inventó el sexo.
años de Kinsey en Bloominton a través del
relato de un ficticio ayudante.
6. La Entrevista Kinsey
5.5. Documentales sobre Kinsey
El modo básico de obtención de información
En el tiempo de los audiovisuales no podían que usó Kinsey fue la entrevista personal
faltar los documentales. Sin ánimo de ser individual realizada en ambiente íntimo
exhaustivo traigo cuenta de los siguientes: a personas voluntarias. Había además dos
33
Joserra Landarroitajauregi Garai

aspectos para él determinantes: a) la escucha Además, las preguntas se formulaban con


no-enjuiciadora que evitase cualquier estig- rapidez, concisión y determinación y se real-
matización; y b) la garantía absoluta sobre la izaban varias preguntas de control. También,
confidencialidad de la información recabada. cuando fue posible, se hicieron controles de
La entrevista duraba habitualmente entre 90 verificación: o bien contrastando información
y 120 minutos y estaba internamente orde- obtenida de dos esposos; o bien, realizando
nada “de menos a más”. Sumados todos estos “retest” con dos o más años de latencia.
elementos puede afirmarse que se trataba de
una experiencia casi terapéutica. Tanto es Henry Remak, profesor emérito de estudios
así que Bancroft (1995, p. f) afirma: “En el Germánicos y Literatura Comparada de la
Instituto tenemos muchas pruebas del nota- Universidad de Indiana, fue entrevistado
ble impacto que la experiencia tenía sobre por Kinsey cuando, en los años cuarenta,
los individuos entrevistados, permitiéndoles era estudiante. Ya anciano relata: “La razón
hablar sobre sus vidas sexuales de un modo por la que Kinsey hizo entrevistas en vez
que nunca lo habían hecho antes, obtenién- de cuestionarios era porque era muy difícil
dose importantes beneficios personales”. De mentirle. Si le mirabas, comprendías que él
los tales beneficios personales producidos lo hacía demasiado bien para ser engañado.
gracias a la escucha empática y no enjuici- Hacía que te sintieras como un co-investi-
adora de la verbalización íntima de la propia gador con él. Era un hombre inmensamente
experiencia erótica, lo sexólogos tenemos íntegro.” (Mooke, 1997).
muy buena cuenta.
Como informa Pomeroy (1972, p. 4), una de
Kinsey estaba convencido de que sólo medi- las grandes preocupaciones de Kinsey era la
ante tales requerimientos podrían compilarse exactitud del sistema de codificación de las
datos exactos. Como su precaución sobre la respuestas y la confiabilidad inter-investiga-
fiabilidad y la exactitud de la información dores, lo cual le obligó a limitar el número
recabada era obsesiva, cuidó especialmente de entrevistadores —aunque en total fueron
todos los aspectos que podrían producir cuatro, dos de ellos, Kinsey y Pomeroy, reali-
errores. De ahí que fuese especialmente zaron el 80% de las entrevistas— y a realizar
celoso de los posibles sesgos producidos por numerosas y concienzudas reuniones de adi-
el engaño deliberado, la exageración volun- estramiento y codificación conjunta.
taria o inconsciente y los recuerdos inexactos
producidos por distorsiones de la memoria. La entrevista básica contenía 350 ítems de
Con este fin, la entrevista estaba diseñada información —aunque, si aparecía infor-
para evitar y detectar engaños, exageraciones mación adicional, el entrevistador podía
e incongruencias. incrementar sus preguntas hasta obtener un
total de 521 ítems—. Las preguntas per-
Según informa Bulloug (1990, p.172), cada manecieron prácticamente inalteradas a lo
entrevista daba comienzo con la fórmula: largo de toda la investigación porque Kinsey
“Para que este ejercicio funcione, debe se resistía a realizar cambios. Sin embargo,
responder honestamente”. Posteriormente según informó Pomeroy (1972, p. 121), en
se aludía tantas veces como fuese necesario 1948, y tras muchas propuestas, accedió a
a la tal “necesaria honestidad”; incluso, si realizar algunos cambios que afectaron a diez
aparecían sospechas sobre la no veracidad ítems.
de la información, el entrevistador daba por
finalizada la entrevista. O, en algunos casos, Todas las preguntas eran previamente mem-
se le daba al entrevistado una nueva oportu- orizadas por los entrevistadores y no había
nidad para que respondiese con sinceridad. ninguna referencia a ellas en la tabla de codi-
34
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

ficación. Ésta consistía en una única hoja en 7. Los datos de Kinsey


la cual se apuntaban marcas y signos. Con
este ingenioso sistema se registraban las 7.1. Los sexos y las clases sociales 
respuestas del sujeto sin interrumpir el hilo
de la conversación y manteniendo el “rap- Al margen de los datos concretos que ofreció,
port”. Pomeroy (1972, p.121) calculó que y de los cuales daremos alguna cuenta más
la hoja proporcionaba información equiva- abajo, Kinsey hizo dos grandes aportaciones
lente a veinticinco páginas mecanografiadas. relativamente novedosas: una en relación a
Las preguntas se hacían directamente sin las diferencias y semejanzas entre los sexos;
disculpa alguna, y tras ser formuladas eran la otra, en torno a las diferencias eróticas
acompañadas de un silencio de espera. La entre clases sociales. 
formulación de la pregunta presuponía que
el comportamiento cuestionado efectiva- En la cabeza de Kinsey ya rondaban los
mente era realizado: ¿A qué edad comenzó vientos de igualdad que después soplarían
a masturbarse?¿Cuántas veces lo hace al día? con fuerza en los años sesenta, así que,
¿Acompaña esta masturbación con algún como afirma Robinson “una parte sustan-
tipo de fantasía? ¿Cuándo tuvo su primera cial del Volumen Femenino está dedicado
experiencia sexual? a demostrar que, en términos físicos, las
respuestas sexuales masculinas y femeninas
Como informa Bulloug (1990, p. 171), las son bastante similares” (1976, p. 129) y a
preguntas se realizaban con un “tempus” destacar que “las mujeres desean y gozan
prefijado. Las primeras eran sencillamente de los orgasmos tanto como los hombres,
informativas y convencionales —edad del aunque su actividad —frecuencia— sea
informante, lugar de nacimiento, educación significativamente menor.” (p. 133). Sin
recibida, estado civil, hijos, etc.—. Posteri- embargo, este Volumen Femenino también
ormente se formulaban preguntas más per- dedica un importante espacio a comparar el
sonales —ocupación, religión, salud, hob- sexo de los sexos, esto es, a describir las dife-
bies—. Las preguntas de contenido íntimo rencias —sexuales— entre sus conductas
aparecían en torno al vigésimo minuto de —eróticas—.
la entrevista y comenzaban por la educación
sexual recibida — ¿A qué edad supo por pri- En el Volumen Masculino, Kinsey se había
mera vez de dónde provenían los bebés? ¿A basado en dos conceptos básicos: descarga
qué edad supo de la menstruación?— y por —outlet2 y factor. Descarga hace referen-
los aspectos más tempranos — ¿A qué edad le cia a cualquier actividad que resultase en
apareció el vello púbico?—. A partir de aquí, orgasmo, mientras que factor hace referencia
las preguntas se dirigían hacia las primeras a cualquier circunstancia que puede afectar
experiencias sexuales, incluyendo la edad de la capacidad o frecuencia de la tal descarga.
la primera masturbación, las fantasías eróti- Básicamente Kinsey describe seis formas de
cas durante la masturbación y acerca de las descarga: masturbación, emisión nocturna,
experiencias eróticas más tempranas. Final- petting heterosexual, coito heterosexual,
mente las preguntas se orientaban hacia las actividad homosexual y actividad sexual con
prácticas eróticas actuales. Antes de realizar otras especies.
preguntas sobre aspectos no convencionales
de la sexualidad —contacto homoerótico, Los factores que Kinsey consideró son cinco:
conductas bestialistas, relaciones extramari- matrimonio, creencia religiosa, diferen-
tales, etc.—, se formulaban doce averigua- cia generacional, edad y clase social. Como
ciones buscando indicios de la orientación afirma Robinsón (1976, p.108), en su pri-
sexual del entrevistado. mera entrega, Kinsey decrementó la impor-
35
Joserra Landarroitajauregi Garai

tancia sexual tradicionalmente concedida En primer lugar conviene aclarar que Kinsey
a las tres primeros factores —matrimonio, define clase social en relación a la instruc-
fe y generación—, mientras que subrayó ción formal y al nivel de estudios alcanzado
la importancia sexual de los dos últimos —escuela elemental, secundaria y universi-
—edad y clase social—. Así pues, afirmará dad— y no a la disponibilidad económica.
que las dos influencias más importantes en De suerte que él mismo sería de clase alta,
la sexualidad del hombre son: el factor bio- aunque procediese de una familia de origen
lógico de la edad y el factor cultural de la humilde. Yo, con sus mismos datos, hubiese
clase social. La primera determinando la fre- dicho —y he dicho aquí— las clases más
cuencia y la segunda el tipo de conducta. Por formadas, o instruidas, y las menos forma-
el contrario, no encontraría tan importantes das. En cualquier caso, en términos acadé-
diferencias entre los hombres religiosos y los micos, esta cuestión desafiaba la validez de
no creyentes o entre los hombres de unas u la mayoría de los estudios previos que se
otras generaciones. habían basado exclusivamente en muestras
universitarias. Y, según Robinson, interpe-
Sin embargo, sigue Robinson, en el Volumen laba a la supuestamente interclasista socie-
Femenino las conclusiones son radicalmente dad norteamericana porque “las diferencias
diferentes: “los factores de mayor influencia de clase llegarían hasta el dormitorio y a
en la conducta sexual del hombre resultan los más íntimos detalles de la vida erótica.”
ser lo menos significativos en las mujeres, (1976, p. 115).
mientras que los que apenas afectaban a los
hombres tienen un efecto mucho más mar- Tales diferencias mostraron una mayor ten-
cado sobre las mujeres” (1976, p. 124). De dencia de la clase alta para experimentar con
tal suerte que en el Volumen Femenino los la masturbación, el petting premarital, el
factores más importantes sean: el religioso coito en diferentes posiciones y el sexo oral;
—por ejemplo, las mujeres piadosas tienen así como para tener más tipos de juegos pre-
mucha mayor dificultad para obtener orgas- liminares y tomarse más tiempo en ellos. Por
mos— y, en menor medida, el factor gene- el contrario, las clases más bajas tendrían
racional —las mujeres nacidas después de relaciones coitales más directas, en la con-
1900 tienen mayor incidencia en todas las vencional postura del misionero y con menos
formas de descarga excepto en la actividad y más breves juegos preliminares —aunque
homosexual: el doble de relaciones prema- no con menos orgasmos femeninos—. O,
trimoniales y significativos mayores por- dicho con palabras de Robinson:
centajes de masturbación y de relaciones
extramatrimoniales; también habría menos “Las diferencias principales se refieren al tipo
esposas frígidas entre las más jóvenes—. de descarga y al estilo de la ejecución (...)
Sin embargo “en términos de frecuencia, Dicho groseramente el pobre copula y el rico
las hijas no tenían más actividad que sus se masturba (…) el pobre difiere del rico en
madres.” (Robinson, 1976, p. 126). Esto es, su adicción a las relaciones prematrimonia-
distribuían sus descargas en más tipos, pero les, a la prostitución y a la homosexualidad
mantenían un similar “total sexual outlet”. (…) Entre los 16 y 20 años los chicos con
educación elemental tenían siete veces más
El otro de los aspectos más novedosos y relaciones prematrimoniales que los univer-
sobresalientes de la investigación de Kinsey sitarios y una variedad mucho más amplia
gira en torno a las importantes diferencias de compañeras (…) acudían tres veces más
sexuales entre las clases sociales, afirmando a prostitutas y tenían cuatro o cinco veces
que tendrían modelos de comportamiento más experiencias homosexuales (…) y, una
sexual del todo diferentes. vez casados, eran más promiscuos en los
36
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

primeros años y más fieles posteriormente autoestimulación. Además, según se refiere


—inversamente a los ricos— (…) mientras en el Volumen Femenino (p. 525-532), la
los pobres copulan los ricos se dedican a la masturbación femenina proporcionaría entre
masturbación, el petting y las emisiones el 7 y el 10% de los orgasmos de las mujeres
nocturnas (…) entre los 16 y 20 años, los de entre 16 y 40 años.
universitarios se masturban el doble, tie-
nen el triple de emisiones nocturnas y tiene Según se indica en los Kinsey Data (Gebhard
orgasmos mediante petting tres veces más y Johnson, 1998, p. 225), el 89% de los
que los pobres (…) Los ricos prefieren la hombres y el 64% de las mujeres entrevista-
sofisticación sexual y los preliminares y los das utilizarían la fantasía sexual como fuente
pobres la simplicidad y lo directo (…) sin de estimulación acompañante de esta mas-
embargo las mujeres de pobres alcanzan el turbación. Sin embargo, según se informaba
orgasmo con más regularidad que las ricas”. en el Volumen Masculino (p. 571), sólo 3 o 4
(1976, p. 117-118) hombres, de más de 5.000, habían eyaculado
fantaseando situaciones eróticas sin estímulo
A continuación, ofrezco algunos de los por- táctil alguno. Por el contrario, en el Volu-
centajes más reseñables contenidos en los tres men Femenino (p. 163), se informaba que
Informes: el Volumen Masculino, el Volu- el 2% de las mujeres sí había alcanzado el
men Femenino y los Kinsey Data (Gebhard y orgasmo de este modo.
Johnson, 1998). Los presento conforme apa-
recen en la Pagina Web del Instituto Kin- En el Volumen Femenino (p. 665) se señala
sey, aunque agrupados según mis propios que el 84% de los varones y el 69% de
criterios. las mujeres tenían fantasías con activi-
dad sexual explícita con personas del sexo
7.2. Masturbación opuesto. En este mismo trabajo (p. 196 y
215) se da cuenta de que aproximadamente
Según informa Kinsey en el Volumen Mas- el 70% de las mujeres y casi el 100% de
culino (p. 499) y en el Volumen Femenino los hombres informó tener sueños explícita-
(p. 142), el 92% de los hombres y el 62% mente sexuales y que aproximadamente el
de las mujeres se habrían masturbado en 12% de las mujeres y el 22% de los hom-
alguna ocasión a lo largo de todo su ciclo bres declararon haber tenido una respuesta
vital. En los hombres casados tal conducta se erótica ocasionada por un relato sado-maso-
reduciría, aunque no desaparecería (VM, p. quista (p. 677).
507). El 45% de las mujeres que informaron
que se habían masturbado, indicaron que Respecto a las zonas erógenas, los datos
mediante este procedimiento podían alcan- expresados en su segundo trabajo reflejan que
zar el orgasmo en 3 minutos (VF, p. 163). no hay parte del cuerpo humano insensible
al efecto de la excitación erótica. Así estima
Conforme a los datos aparecidos en esta que los senos, y especialmente los pezones,
misma obra (p. 189), las técnicas de mastur- son eróticamente sensibles para la mitad de
bación femeninas serían las siguientes: 84%, las mujeres (p. 157); sin embargo, un 2% de
utilizaba la estimulación del clítoris y los mujeres (p. 512) nunca habría tenido excita-
labios vulvares; el 20%, utilizaba la inserción ción sexual alguna bajo ningún tipo de estí-
vaginal de dedos o artefactos; el 11%, utili- mulo en ninguna parte del cuerpo. En esta
zaba la estimulación de los senos; el 10%, la misma obra (VF, p. 677) se nos advierte que
presión de los muslos; el 5% la tensión mus- el 55% de las mujeres y el 50% de los hom-
cular; el 2%, la fantasía —sin estimulación bres informaron de que habían respondido
táctil alguna— y el 11%, otras técnicas de eróticamente al ser mordidos.
37
Joserra Landarroitajauregi Garai

En cuanto a la técnica de los juegos previos el orgasmo casi cada vez que tenían coito
al coito, y en orden decreciente, el Volumen (VF, p. 377 y 383), mientras que el 10% de
femenino (p. 361) presenta los siguientes mujeres de su muestra nunca había llegado al
porcentajes: besos labiales (99,4%); estimu- orgasmo en el coito (VF, p. 408). Alrededor
lación manual de los senos femeninos (98%); del 50% de las mujeres había experimentado
estimulación manual de los genitales feme- el orgasmo antes de los 20 años y alrededor
ninos (95%); estimulación oral de los senos del 90% lo había experimentado por vez pri-
femeninos (93%); estimulación manual de mera a los 35 años (VF, p. 513). El 14% de
los genitales masculinos (91%); besos pro- sus mujeres tenían orgasmos múltiples (VF,
fundos (87%); estimulación oral de los geni- p. 375).
tales femeninos (54%); estimulación oral de
los genitales masculinos (49%). Respecto a la multiorgasmia masculina, el
Volumen Masculino (p. 233) informaba que
Y en cuanto a la duración de los tales juegos entre un 15-20% de los hombres eran capa-
los Kinsey Data (Gebhard y Johnson, 1998, ces de repetir el orgasmo en un período de
p. 364) informan que el 18,5% de varones tiempo limitado en su adolescencia y pri-
y el 20,7% de mujeres informaron que tales mera juventud, si bien la mayoría de ellos
preludios se prolongarían entre 3-7 minu- había perdido esta capacidad hacia los 30
tos; el 19,5% de hombres y el 21,2 % de años.
mujeres, entre 8-12 minutos; el 19,1% de
varones y el 13,8% de mujeres entre de 13- En relación a los sueños eróticos y los orgas-
17 minutos. mos nocturnos, el Volumen Femenino (p.
196) informa que el 37% de las mujeres
Según reflexiona Kinsey en el Volumen había experimentado orgasmos durante sue-
Femenino (p. 687), los hombres serían más ños de contenido erótico. En el Volumen
sensibles a la estimulación visual e imagina- Masculino, Kinsey ya había informado que
tiva y más dados a prácticas sexuales como el 83% de los hombres habían tenido emisio-
relaciones extramatrimoniales, sadomaso- nes nocturnas acompañadas o no por sueños
quismo, fetichismo y travestismo. Por otro eróticos (p. 518 y 199). Según se afirma en
lado las mujeres se distraerían más frecuen- el Volumen Femenino (p. 200), la frecuencia
temente perdiendo la excitación.  de los orgasmos femeninos nocturnos habían
permanecido bastante constante para las
7.3. Orgasmo mujeres casadas de todas las edades: desde la
adolescencia hasta los 50 años, mientras que,
En su Volumen Femenino, Kinsey informó en el caso de los hombres, la frecuencia más
de la enorme diversidad femenina en relación alta, 70%, se produjo en la adolescencia, dis-
a la frecuencia orgásmica. Así, desde mujeres minuyendo en la treintena.
casadas que nunca habían experimentado el
orgasmo, hasta mujeres que habían tenido Los datos ofrecidos en el Volumen Mascu-
uno o dos orgasmos durante toda su vida, lino (p. 190) sobre las fuentes de la primera
pasando por mujeres que sólo lo alcanzaron eyaculación masculina indican que en el
después de veinte años de matrimonio, muje- 68,2% de las veces ocurrieron por mastur-
res que dejaron de tener orgasmos después bación solitaria, el 13,11% por emisión
de muchos años de relación matrimonial o nocturna involuntaria, el 12,53% por coito
también mujeres que podían tener orgasmos heterosexual y el 4,33% por alguna forma
múltiples —una docena o más—. Según los de contacto homosexual. En torno a esta
datos de este trabajo, entre el 40-50% de su misma cuestión de las fuentes del primer
muestra de mujeres decían que alcanzaban orgasmo femenino, el Volumen Femenino
38
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

(p. 545) ofrece los siguientes datos: 40% la “mujer anteriormente”. Kinsey estimaba
masturbación, 27% coito, 24% petting que un 70% de la población masculina uti-
prematrimonial, 5% sueños nocturnos, 3% lizaba exclusivamente la posición coital del
contactos homosexuales, 1% otras fuentes. “hombre encima” (p. 578), aunque en la
En los varones la media máxima de orgas- submuestras de varones escolarizados encon-
mos se produciría entre los 16 y 20 años tró un 35% de “mujer encima” (p. 372). En
(VM, p. 226), así que, con seguridad, el la muestra de mujeres (VF, p. 400), encon-
pico máximo de actividad orgásmica mas- tró que: el 100% habían practicado el coito
culina se produciría antes de la convivencia con el “hombre encima”, el 45% con la “mujer
matrimonial. encima”, el 31% en posiciones laterales, el
15% con inserción posterior, el 9% con la
7.4. Coito mujer sentada y el 4% con la mujer de pie. Y
en esta misma obra (p. 665) informó que el
Según se indica en los Kinsey Data (Gebhard 40% de los varones y el 19% de mujeres pre-
y Johnson, 1998, p. 267), la edad del primer ferían que el encuentro erótico se celebrase
coito masculino era: 20,9%, a los 16 años; con algo de luz.
10,7% a los 17 años; 11,5% a los 18 años;
10,8% a los 19 años. Todo ello implica que 7.5. Relaciones amatrimoniales
el 46,1% restante tuvo su primer coito con
20 o más años. Y el primer coito femenino: En cuanto a las relaciones sexuales prematri-
6% a los 16 años; 4,9% a los 17 años; 9,1% a moniales —y dependiendo del nivel econó-
los 18 años; 11,2% a los 19 años, con lo que mico—, en el Volumen Masculino (p. 550)
el 68,8% restante tuvo su primer coito con se informaba que entre el 67 y el 98% de
20 o más años. los hombres las había tenido. Incluso que un
68% de los varones ya había experimentado
En su Volumen Masculino (p. 580), Kinsey el coito prematrimonial a los 18 años. En
estimaba que tres cuartas partes de los hom- cuanto a las mujeres, el Volumen Femenino
bres eyaculaban 2 minutos después de iniciar (p. 333) informa que aproximadamente el
el coito, lo cual suponía una frecuente fuente 50% de las mujeres norteamericanas habían
de conflictos conyugales. Sin embargo, en tenido relaciones sexuales coitales antes del
los Kinsey Data (p. 373) resultaba que sólo el matrimonio. Kinsey estimó que el hombre
17,6% de los hombres —que eran un 22,8% medio norteamericano había tenido unos
según las mujeres— eyaculaba en menos de 1.500 orgasmos antes del matrimonio mien-
2 minutos después de la intromisión, mien- tras que la mujer media habría tenido unos
tras que el 22,9% —19% según las muje- 250 (VF, p. 526). 
res— lo hacían en 10 o más minutos. Si bien
el 47,6%, —o el 52,6% según las mujeres— Además, según estimaciones de Kinsey pre-
había eyaculado en menos de cinco minutos sentadas en ambos Informes (VM, p. 587;
en su primer coito. Por otro lado, según los VF, p. 416), el 50% de los hombres y el 26%
datos ofrecidos en el Volumen Femenino de las mujeres casadas tenían alguna expe-
(p. 351), la frecuencia de coito marital era riencia extramarital en algún momento de
de 2,8 veces a la semana —veintena—; 2,2 su vida matrimonial. Volviendo sobre este
veces a la semana —treintena—; y 1,0 veces mismo asunto extramatrimonial, los Kinsey
a la semana —cincuentena—. Data (Gebhard y Johnson, 1998, p. 400)
informaban que el número de parejas sexua-
En cuanto a las posturas coitales referidas en les extramaritales, sin contar los servicios
el primer volumen, la más frecuente era el obtenidos mediante prostitución, durante el
“hombre encima” y la variante más común primer matrimonio fue para los varones: el
39
Joserra Landarroitajauregi Garai

71,6%, ninguno; el 16,7%, entre 1-3 par- 8. La Escala Kinsey


tenaires; el 5,6% entre 4-6 partenaires; y el
5,9%, 7 o más. Y para las mujeres: el 79%, En relación al comportamiento erótico entre
ninguno; el 15,7%, entre 1-3; el 2,4% entre hombres, en el Volumen Masculino (p. 650
4-6; el 2,7%, 7 ó más. y ss) se informaba que: el 46% de los hom-
bres había participado en alguna conducta
En relación a los servicios eróticos presta- o había “reaccionado” alguna vez con perso-
dos por prostitutas, Kinsey informó en su nas de su mismo sexo; que el 37% de los
Volumen Masculino (p. 382 y 597) que el hombres había tenido al menos una expe-
69% de los hombres blancos había tenido al riencia homosexual con orgasmo durante
menos una experiencia con una prostituta; toda su vida; y casi el 50% de los hombres
que entre los varones solteros las relaciones que permanecieron solteros hasta los 35
sexuales con prostitutas significaban el 10% años tuvieron experiencias homosexuales
del total de sus relaciones prematrimoniales; explícitas. Además, en los hombres de entre
y que entre los varones casados las relaciones 16 y 55 años, un 13% tuvo más experien-
sexuales con una prostituta no superaban el cias homosexuales que heterosexuales y un
1,7% del total de sus orgasmos. 8% tuvieron experiencias exclusivamente
homosexuales durante al menos tres años.
7.6. Conductas no coitales También estimó que el 4% de los hombres
blancos habían sido exclusivamente homo-
Según datos ofrecidos por los Kinsey Data sexuales desde el inicio de su adolescencia
(Gebhard y Johnson, 1998, p. 256), los hasta el momento de las entrevistas. Así-
porcentajes de varones que dijeron que mismo, un 11,6% de los hombres blancos
habían realizado cunnilingus fueron: antes de entre 20 y 35 años expresaban un gra-
del matrimonio alrededor del 10%; en el diente de “experiencia/respuesta” tan hetero-
matrimonio el 48,9%. Y según esta misma sexual como homosexual.
fuente (p. 257), los de mujeres que dijeron
haber realizado felación fueron del 19,1% En relación a las mujeres, en el Volumen
antes del matrimonio y 45,5% en el matri- Femenino se constata que los contactos
monio. Los porcentajes de varones que homosexuales lésbicos eran menos frecuen-
habían tenido una felación homosexual con tes. Así encontró que un 28% había tenido
orgasmo al menos una vez, eran, según el algún contacto homosexual, pero menos del
Volumen Masculino (p. 373) los siguien- 3% había tenido experiencias exclusiva-
tes: 14% felación realizada y 30% felación mente homosexuales (VF, p. 450) y tuvie-
recibida. ron al menos una experiencia homosexual
con orgasmo el 13% de ellas —p. 475—.
Con respecto a la erótica anal, Kinsey ofreció Respecto a las mujeres de entre los 20 y los
bien poco. Aunque en el Volumen Masculino 35 años, se informó que: un 6-14% tenían
(p. 579) informó de varones homosexuales al menos una experiencia homosexual en su
que ocasionalmente lograron orgasmo anal, historia; un 2-6% fueron más o menos homo-
no ofreció porcentajes de incidencia ale- sexuales en experiencia/respuesta y entre
gando que la información disponible no era 1-3% de las solteras eran exclusivamente
suficiente. En el Volumen Femenino (p. 585) homosexuales en experiencia/respuesta (VF,
repetiría la misma alegación. Sin embargo, p. 488). Además, para este mismo corte de
los Kinsey Data (p. 383) sí informaron de un edad, un 7% de solteras y un 4% de casadas
11% de hombres que habían tenido relacio- expresaban un gradiente de “experiencia /res-
nes anales en el matrimonio —desde una puesta” tan heterosexual como homosexual
única ocasión, hasta frecuentemente—. (VF, p. 474 y 499).
40
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Sus datos ofrecían importantes variaciones tal; y la categoría 5, a personas homosexuales


en cuanto a las experiencias homosexuales que habían tenido actividad heterosexual
de los hombres y las mujeres según su nivel más que incidental —predominantemente
educativo. Entre los hombres, fueron los no homosexual—.
escolarizados los que tuvieron más expe-
riencias homosexuales; mientras que, entre Kinsey claramente pretendió evitar las cate-
las mujeres, fue el grupo más instruido el gorías esencialistas, dicotómicas y disyun-
que tuvo más actividad homosexual (VF, p. tivas de homosexual/heterosexual, tratando
460). de reconvertirlas en el marco de un conti-
nuo conductual. Sin embargo, como señala
Con todos estos hechos de diversidad, Kin- Robinson (1976), por ser sus términos “inci-
sey repitió en ambos volúmenes que era dentalmente” y “predominantemente” muy
imposible determinar el número de personas imprecisos, las siete categorías se resumen
que “son” homosexuales o heterosexuales, y perfectamente en tres, siendo dos de ellas
que sólo era posible determinar si el compor- las que quería evitar. Respecto a “lo homo-
tamiento era homosexual u heterosexual. O sexual” —que así le gustaba decirlo— insis-
mejor: más heterosexual, más homosexual o tió en la condición adjetiva —y no sustan-
tan homosexual como heterosexual. Así que, tiva— del término. Afirmó que no era un
con estas consideraciones, Kinsey desarrolló síndrome clínico, ni tampoco una opción o
la “Heterosexual-homosexual Rating Scale”, más una identidad sexual, mostrando desdén por
conocida como “Escala Kinsey”, tratando de la búsqueda de una explicación biológica de
dar cuenta de que las categorías dicotómicas la homosexualidad.
y disyuntivas de “heterosexual” u “homosexual”
eran inadecuadas para describir la tal diversi-
dad conductual humana. Esta escala se com- 9. El Instituto Kinsey
pone de siete categorías —numeradas del 0
al 6 y cruzadas por una diagonal del uno al 9.1. Fundación,
cinco—, basándose tanto en la experiencia financiación y denominación
—conducta explícita— como en la reactivi-
dad —expresión manifiesta y conciente de En 1947, y con el decidido apoyo del Rector
deseo y/o excitación—. Wells, se fundó el “Institute for Sex Research”
con el fin de lograr una estructura organiza-
La categoría 0 corresponde a los individuos tiva funcional y una ubicación segura y per-
cuyas experiencias eróticas habían sido exclu- manente para la creciente colección de diver-
sivamente con individuos del sexo opuesto sos materiales: objetos de arte, artefactos
—heterosexuales— y la categoría 6 corres- eróticos, películas, fotografías, libros, rejillas
ponde a los individuos con experiencias de codificación de las entrevistas realizadas,
eróticas exclusivamente homosexuales. La manuscritos, etc. El Instituto se creó como
categoría 1 contiene a personas heterosexua- corporación sin ánimo de lucro asociada a la
les con actividad homosexual incidental; la Universidad de Indiana. En el acto fundacio-
categoría 2, a personas heterosexuales con nal Kinsey transfirió la propiedad de todos
actividad homosexual más que incidental — sus materiales de investigación al nuevo Ins-
predominantemente heterosexual—; la cate- tituto por el precio simbólico de un dólar,
goría 3 a las personas cuya actividad/reacti- siendo los primeros fideicomisarios de aquel
vidad sexual sería, por igual, heterosexual y recién estrenado Instituto el propio Kinsey,
homosexual —bisexuales o ambisexuales—; Paul Gebhard, Clyde Martin, y Wardell
la categoría 4 contendría a personas homo- Pomeroy. Según se recoge en su página Web,
sexuales con actividad heterosexual inciden- los objetivos del Instituto establecidos en
41
Joserra Landarroitajauregi Garai

sus bases fundacionales eran: “... promover directora June Reinisch, el Instituto mudó
y continuar la investigación sobre compor- su ubicación trasladándose a Morrison Hall
tamiento sexual humano; aceptar, mantener, y cambió de nuevo el nombre para conver-
administrar y gestionar los diversos materia- tirse en el actual “Kinsey Institute for Research
les de investigación, la biblioteca, las histo- in Sex, Gender and Reproduction”, con el obje-
rias de casos y otros materiales diversos rela- tivo explícito de ampliar y reflejar mejor su
cionados con el proyecto”. campo de investigación.

Como ya se ha dicho la fuente principal de Tanto las líneas de investigación como la


financiación del Instituto había sido el Com- apuesta formativa del Instituto son de natu-
mittee for Research in Problems of Sex, raleza manifiestamente interdisciplinar. Con
dependiente del National Research Council ello la Sexología no adquiere carta de Disci-
(NRC) cuyo principal mecenas era la Fun- plina, de suerte que la Ciencia que estudia el
dación Rockefeller. En pleno macCarthismo, Sexo —o los Sexos; o “lo sexual”— resulta
era 1954, la Fundación Rockefeller, presio- un conglomerado de las múltiples ciencias
nada por el Senador B. Carroll Reece, retiró cada una de las cuales aborda “lo sexual”
su subvención. En los años siguientes el Ins- —los múltiples “los” de “lo sexual”— desde
tituto se financió exclusivamente de ayudas su propia perspectiva y su propia episteme.
privadas y de los derechos de sus dos obras De este modo “lo sexual” no se resuelve en
ya publicadas. Muerto Kinsey y apaciguada términos sustantivos y sexológicos, sino en
la paranoia anticomunista, se logró por vez términos adjetivos que cualifican la sustan-
primera una importante subvención del Ins- tividad disciplinar de las otras ciencias. Así
tituto Nacional de Salud Mental (NIMH). que el conocimiento científico del sexo se
Desde entonces, con más o menos dificulta- resuelve siguiendo tales hilos interdiscipli-
des y más o menos generosidad, el Instituto nariamente y desgajados en múltiples aspec-
ha recibido financiación de diversas fuentes tos, múltiples disciplinas y múltiples marcos
públicas y privadas. Entre ellas los Institu- teóricos y acerbos terminológicos.
tos Nacionales de Salud —NIMH, NICHD,
NIDA—, la Fundación Rockefeller, la 9.2. Los directores del Instituto
Fundación Ford, Eli Lilly & Co y la propia
Universidad de Indiana. Actualmente tiene Durante los 26 años posteriores a la muerte
sus propios recursos de financiación. Sin de Kinsey, el Instituto fue dirigido por el
embargo, cualquier aportación incluso Dr. en Antropología por la Universidad de
humilde e individual es bien recibida. Harvard y miembro del Departamento de
Antropología de la Universidad de Indiana,
En su fundación fueron varios los nombres Paul Gebarhd, quien fue designado Director
que se barajaron para el Instituto. Final- Ejecutivo y, tras la renuncia de Pomeroy en
mente se decidió “Institute for Sex Research”. el año 63, fue el único Director del Insti-
En 1981, siendo aún director Gebhard y tuto hasta su jubilación en 1982. En su largo
con motivo del 25 aniversario de la muerte tiempo de mandato continuó el plan dise-
de Kinsey, se organizó una Conferencia ñado por Kinsey pero con un perfil mediático
Conmemorativa y se realizaron algunos pretendidamente bajo —la cuestión mediá-
cambios. Entre otros citar que el Instituto tica había resultado demasiado cara en tiem-
pasó a denominarse Kinsey Institute for Sex pos pasados—. En su pragmatismo explicó
Research. No hay mucho que explicar sobre su labor del siguiente modo: “conseguimos
este cambio de denominación: se trataba de mantener el Instituto vivo y ser razonable-
homenajear a su fundador. Sin embargo, al mente productivos y honestos. Creo que de
año siguiente, en 1982, y recién nombrada eso se trataba.” (Moke, 1997).
42
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

En este tiempo se publicaron obras como Puede decirse que a lo largo de sus 61 años
Pregnancy, birth and abortion (Gebhard et al., de existencia, el Kinsey Institute ha sido la
1958), Sex offenders: An analysis of types (Geb- mayor y la mejor herencia del fenome-
hard et al. 1965), Sexual deviance (Gagnon y nal Alfred Kinsey. Sin ninguna duda esta
Simon, 1967), The sexuality of women (Geb- institución ha preservado su legado en
hard et al., 1970). Todos ellos pretendieron lo mejor y en lo peor que Kinsey ofreció,
ser científicamente excelentes, pero dirigidos continuando con la recolección de más y
al público general.  mejores “frutos sexuales”, pero negándose
a la confección de un “cesto” disciplinar
Tras la jubilación de Gebhard el puesto fue sexológico.
ocupado por la psicóloga June M. Reinisch,
que había investigado la influencia prenatal
de drogas y hormonas en la diferenciación Parte tres:
sexual y el desarrollo psicosexual. Introdujo La episteme de Kinsey 
la investigación psicobiológica al Instituto
y apostó decididamente por la interdiscipli-
nariedad —obviando la disciplinariedad—, 1. Introducción 
la salud sexual, el género y la reproducción.
Asímismo, cambió la política mediática de Como se ha repetido a lo largo de todo este
Gebhard y volvió a poner al Instituto en la trabajo, Kinsey estaba en lo más alto de
lógica de los media; incluso con una columna su reputación científica cuando comenzó
semanal con consultorio sexológico en un con la investigación sexual; se sentía muy
periódico. Dejó su cargo en 1993, con lo que seguro de sí mismo como investigador y
su subdirectora, Stephanie A. Sanders, fue como estadístico, tenía prestigio como
nombrada Directora interina hasta que en docente y era autor de varias publicaciones,
1995 se designó a John Bancroft. pero no era ni quiso ser un teórico. Al
respecto Robinson afirma: “Alfred Kinsey
En el siguiente periodo de nueve años, entre apenas es tomado en serio como pensador.
1995 y 2004, el Instituto fue dirigido por En contraste con Havellock Ellis y Sid-
el psiquiatra John Bancroft, cuya política ha mund Freud, que disfrutan de una buena
sido básicamente continuista de la de Rei- reputación como teóricos, Kinsey general-
nisch —especialmente en lo interdiscipli- mente es relegado a la categoría de atrevido
nario— excepto en lo que hace relación al empirista (…) [desde luego] no demanda
público en general y a su educación, pues nuestra atención por la profundidad o la
Bancroft consideró que la misión del Insti- elegancia de su pensamiento.” (1976, p.
tuto debía centrase en la comunidad cientí- 59). De ahí que pueda considerarse un atre-
fica y académica, además de promover que vimiento, incluso una provocación, hablar
políticos y legisladores faciliten el estudio de la episteme de Kinsey dada su condición
científico de la sexualidad y del género. Ban- ateórica y anepistémica. Desde luego no fue
croft ha resultado ser el director más intere- un hombre de ideas y teorías, sino un hom-
sado por los aspectos teóricos y conceptuales bre de investigación de campo, de datos y
del estudio del sexo. de estadística. Ahora bien, no es posible
ser anepistémico, aunque se pretenda. Cono-
Finalmente, desde el año 2004 y hasta la cida o no, consciente o no, elaborada o no,
actualidad, el Instituto está dirigido por la siempre hay una episteme. Aunque sea la
Dra en Psicología Clínica Julia Heiman, elemental episteme de lo cotidiano o una epis-
que es también Profesora del Departamento teme pragmática y antiteórica, cual fue su
de Psicología de la Universidad de Indiana. caso.
43
Joserra Landarroitajauregi Garai

2. Una episteme “elemental” que los hombres. De lo cual concluyó que


sería la estimulación del compañero, la que
Se supone que un científico se enfrenta a la produciría la conciencia del deseo femenino.
observación de su objeto epistémico —en Ahora bien, Kinsey presuponía el deseo erótico
este caso el sexo; o mejor, la conducta eró- —las ganas, el anhelo, la necesidad— como
tica— no sólo con sus “esquemas mentales” instancia previa al encuentro —lo cual, en
de usuario, sino con un complejo marco epis- relación al deseo femenino, es mucho pre-
témico, abstracto y elaborado, constituido suponer y poco atinar—. Nunca distin-
por paradigmas, elaboraciones teóricas, guió entre deseo y excitación, pues uno y otro
axiomas, hipótesis, conceptos y términos. Y quedaban subsumidos en la “necesidad de
se supone que, siendo el sexo el objeto de descarga” que era el concepto que él mane-
estudio elegido, esta episteme habría de ser jaba. Como su erudición clásica era mínima,
razonablemente sexológica. Por unas u otras tampoco operaba con la dinámica “eromeno/
razones, nada de esto ocurrió con Kinsey. erastés” de la tradición griega, por lo que no
Él tenía una sólida formación y una vasta podía suponer un deseo eroménico —deseo de
experiencia científica, pero no tenía ninguna ser deseado— y un deseo erástico —deseo de
episteme sexológica. En relación al sexo tuvo ser deseante—. Luego, podemos afirmar que
siempre una episteme elemental, intuitiva y Kinsey tuvo la dinámica “eromenia/erastia”
falta de toda elaboración teórica que no iba delante de sus ojos pero no la vio. No es que
más allá de una “episteme de usuario”. Con sus mujeres no fueran conscientes de su deseo
ello no quiero decir que Kinsey fuese “ele- previo, sino que “sentirse deseadas” a través del
mental y poco elaborado”, de hecho, fue un “deseo de desearlas” de sus amantes —que no
hombre brillante, agudo, intuitivo, perspi- el hecho mismo de “ser tocadas”— era preci-
caz, dotado de una memoria, un orden lógico samente el estímulo que activaba su deseo y,
y una capacidad taxonómica envidiables. con él, la conciencia del mismo. Su ausencia
Pero su episteme sí que era elemental y poco de teoría determinó su errónea observación y
elaborada. trajo a colación un consejo inadecuado que
aún circula: las mujeres desean y se excitan
Conforme a la máxima eisteniana de que “la siendo tocadas.
teoría determina la observación”, uno ve
lo que sus ojos le permiten ver; pero sobre Este y otros muchos ejemplos devienen del
todo, lo que su cerebro, con sus esquemas hecho de que Kinsey estudió el sexo con el
mentales, le permita ver sobre aquello que respeto debido, con la metodología adecuada,
está viendo. Así pues, es la Episteme la que, pero sin la arquitectura teórica suficiente.
finalmente, produce la observación. En este Seguramente, esta episteme elemental de
caso, una episteme elemental produce una Kinsey pueda explicarse por su condición de
observación elemental. Presento un ejemplo pionero, por los aires intelectuales de aquel
para aclarar lo que quiero decir.  tiempo pragmatista, por su irredento empi-
rismo, por su pereza teórica y por su forma-
Kinsey tomó cuenta de que muchas de las ción sexológica tardía y autodidacta.
mujeres a las que entrevistó raramente expe-
rimentaban deseo sexual antes de ser estimu-
ladas. Así que, según Kinsey, con frecuencia 3. La formación sexológica de Kinsey
éstas se hacían conscientes de su deseo cuando
estaban ya en los brazos de su compañero. Como ya se ha dicho repetidamente, Kinsey
Esto le hizo creer y afirmar que las mujeres tenía una sólida experiencia como investiga-
eran menos conscientes de su deseo y que dor y taxonomista y una labrada reputación
además eran más táctiles y menos visuales académica; sin embargo, aunque Catedrá-
44
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

tico, era un neófito en materia de sexuali- sobre la relación entre conducta sexual y la
dad humana. Hasta aquel curso del 38 ni salud mental no tenían validez alguna. En
siquiera había manifestado especial interés este sentido, intuyó perfectamente que la
por el tema, así que su formación sexológica conexión sexo/salud producía una construc-
autodidacta comenzó cuando tenía 44 años y ción teórica en la cual las conductas sexuales
un cerebro ya amueblado y formateado. Ahora efectivamente realizadas en la intimidad de
bien, con el mismo ímpetu y avidez con el la alcoba no tenían cabida alguna. De hecho
que recababa y compilaba información sobre Kinsey entendió que el “sexo real” caminaba
comportamiento sexual humano, fue hacién- por sendas diferentes de las dictadas por la
dose con la mejor biblioteca sobre temática moral y la salud. En este sentido, en el Volu-
sexual que en aquellos tiempos era posible, men Masculino afirma: “no se puede insistir
y recabando la mayor masa de información en que cualquier alejamiento de las costum-
sexual de la que fue capaz. Pues tesón, curio- bres sexuales tradicionales o cualquier par-
sidad, sacrificio y entrega fueron valores que ticipación en actividades socialmente tabúes
nunca le abandonaron. supongan neurosis o psicosis. Los casos estu-
diados demuestran que la mayoría de los
Sin embargo, adoleció del prejuicio del individuos que participan en estas activida-
adanismo, suponiendo que, en el mejor de des están perfectamente integrados social-
los casos, el conocimiento científico del mente.” (VM, p. 201). 
sexo habría comenzado unas décadas antes
con Krafft-Ebing, Mantegazza o Forel. De Respecto de Freud y el psicoanálisis, se asom-
hecho, despreció todo conocimiento anterior braba de cómo —en coherencia con Krafft-
al siglo XIX y fue bastante escéptico y crí- Ebing y con el orden moral imperante— se
tico con el trabajo de la mayoría de sus ante- obstinaban en considerar la masturbación
cesores en la investigación sexual. Especial- como una enfermedad, una inmadurez o un
mente desdeñó la catalogación paracientífica sustituto en contradicción con los datos a los
y prejuiciada de Krafft-Ebing al que consi- que él estaba teniendo acceso. Así que, en
deraba el pionero en esta materia. Conoció contra de la opinión psicoanalista que con-
la obra de Freud, aunque la consideró bien sideraban la masturbación adulta como un
poco y la criticó mucho; procedente de una indicio de inmadurez psíquica y una fijación
tradición científica empirista, desconfiaba narcisista de la libido, Kinsey fue un tenaz
de las impresiones subjetivas y no probadas defensor del autoerotismo y afirmó rotunda-
del psicoanálisis. De hecho, mantuvo con- mente que la masturbación era totalmente
troversias públicas con los primeros psicoa- inocua con independencia de la frecuencia,
nalistas y muy especialmente con Stekel. Su condición o edad a la que se realizase; incluso
obra contribuyó sobremanera a desmontar que, especialmente la femenina, sería bené-
la denominada Teoría hidráulica de Freud fica pues “la chica que no se haya mastur-
—demostrando que era incierto que la exce- bado se halla en posición de seria desventaja
siva actividad sexual juvenil produjese dis- sexual.”(VF, p. 172). Más aún, indicó que
minución de la vida sexual adulta o que la la masturbación sólo es patógena cuando se
masturbación decrementase el coito— así reprime, señalando que había visto daños psí-
como la doctrina de la sublimación, según quicos tremendos precisamente en personas
la cual la represión sexual generaría cultura, que habían intentado, en vano, abandonarla.
creatividad, genio, etc. Una idea ésta recurrente en su obra (VM, p.
503-506 y 513-514; VF, p. 167-170). 
Además, en coherencia absoluta con las
ideas de la primera generación de sexólo- Kinsey atribuyó la aversión freudiana a la
gos, consideró que las afirmaciones de Freud masturbación a sus reminiscencias talmúdi-
45
Joserra Landarroitajauregi Garai

cas advirtiendo que “muchas de las actitudes últimos años de su vida, sí conoció la inter-
sexuales actuales son cuestiones establecidas sexualidad y los estados intersexuales a través
por la filosofía religiosa de los autores del de la obra de Gregorio Marañón —a quien
Antiguo Testamento.” (VM, p. 415). Final- llegó a visitar personalmente en Madrid—.
mente, también en contra de las tesis freu-
dianas, afirmó que “las paredes vaginales Finalmente también conoció la obra de la
carecen de terminaciones nerviosas por lo incipiente Antropología cultural, mostrando
que no existe razón para creer que la pene- abiertas discrepancias con Malinowski y
tración es lo más importante para la satis- Margaret Mead con la que discutió públi-
facción femenina”, así que rechazaba rotun- camente. Según relata Bullough, Mead le
damente la teoría freudiana de la inmadu- acusó de hablar sólo del sexo y de no abordar
rez del orgasmo clitórico y denunciaba la temas como el amor o la maternidad. Kinsey
“imposibilidad biológica” de la transferencia con su reactiva rotundidad le contestó que
evolutiva del clítoris a la vagina (VF, p. 162, él pretendía estudiar el sexo y no el amor
580-584, 592 y 632). Vistas las cosas desde (Bulloug, 1994. p. 168).
hoy, puede afirmarse que en esta pugna entre
el teórico Freud y el empírico Kinsey, el empi-
rismo ganó por goleada. 4. Reactividad epistémica 

En cuanto a los sexólogos, conoció y estimó La reactividad no fue en Kinsey sólo una
la obra de Moll y de Bloch, y también característica biográfica, sino también una
conoció la obra de Havellock Ellis, del cual referencia intelectual. De ahí que sea tan
recelaba por lo que consideraba excesiva fácil encontrar en su trabajo muestras de
pudibundez ya que no realizaba entrevistas animadversión hacia el marco epistémico
personales “cara a cara”, mientras que sí se del puritanismo protestante y victoriano en
documentaba epistolarmente. Sin embargo el que había sido rígidamente educado. Los
no es difícil reconocer a Havellock Ellis referentes axiomáticos del tal marco fueron,
en muchas cuestiones centrales del pensa- sustancialmente, los siguientes: a) una con-
miento de Kinsey: el no enjuiciamiento, la cepción epistémica antisexualista, proce-
tolerancia, la empatía, la comprensividad, dente de la tradición hebrea y luego Patrís-
el desprecio de las pocas miserias frente a la tica, que conocemos como tesis antiséptica
consideración de las muchas riquezas sexua- según la cual Sexus es igual a sepsis —con-
les, su decidida apuesta por sacar el sexo de taminación, suciedad, vileza, bajeza, inmo-
las garras de la Moral, la Ley y la Salud, la ralidad—; b) una concepción paradigmática
idea de que las cosas adquieren otra dimen- del binomio Amor/Sexo por el cual ambos
sión tras ser comprendidas, el concepto de conceptos son antagónicos y están unidos
continuum, etc. por el que denomino vínculo detergente, de
suerte que las gracias del primero limpian
Asimismo, en consonancia con Freud y Moll, las indignidades del segundo; c) una exalta-
y pese a su reconocido y coherente talante ción del arquetipo amoroso ágape que, aun-
hemofílico3, mostró manifiesto desdén por la que es en origen griego, una vez latinizado y
declarada y militante condición homosexual cristianizado como caritas, se torna en amor
de Hirschfeld que, a su juicio, le impedía ser sacrificial, entregado, empático, incondicio-
un científico objetivo. Si se hubiese dejado nal, desapasionado, casto y altruista; siendo
influir por este genial homosexual, habría nombrado por sus valedores como Amor
dado con el concepto de intersexualidad que le Verdadero; y d) una concepción axiomática
hubiese supuesto un alimento epistémico del del Matrimonio en tanto que Sacramento del
que estaba necesitado. De hecho, y ya en los Amor y la Progenie. 
46
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Con más o menos combatividad, Kinsey reac- sexológica previa, no tirase nunca del hilo
cionó contra estos cuatro referentes epistémi- erótico; hilo que podríamos considerar pla-
cos. Pero fue especialmente combativo con las tónico y aristofánico del diosecillo griego
derivaciones de la tesis séptica, afirmando taxa- de las flechas. Esto resulta especialmente
tivamente que el sexo no es sucio, ni malo, llamativo respecto de su patoso manejo de
ni bajo, ni nocivo, ni indigno, ni animal; y la cuestión del binomio Amor/Sexo. Res-
afirmando que tanto su realización como pecto a él, Kinsey quiso ser reactivo; pero,
su investigación, son actividades humanas queriéndolo negar, quedó atrapado en él. Por
sumamente dignas. Incluso excelsas. razones metodológicas pretendió investigar
un sexo —conducta objetiva— despojado de
Parecería, así lo afirman sus detractores, que amor —emoción subjetiva—; y por razones
Kinsey se adscribiría a la tesis sexual hedó- ideológicas quiso dar dignidad a un sexo que
nica según la cual el Sexo es sustancialmente: no necesitaba de la acción detergente del amor.
hedonia, ludus, climax, libídine, sensuali- Pero se enredó tanto en esta madeja bino-
dad, voluptuosidad; o, en términos reactivos: mial que, reactivamente a quienes necesita-
lujuria, lascivia, concupiscencia, impudicia, ban cubrir de amor al sexo para limpiar lo que
desenfreno, liviandad o incontinencia. Pero, aquel ensuciaba, acabó desnudando al sexo de
definitivamente, Kinsey nunca se adscribió, todo rasgo amoroso y amatorio. Y tanto se des-
de ningún modo, a la tesis hedónica. O, a orientó sobre este asunto que acabó por dese-
lo sumo, sería un hedonista de perfil muy rotizar la misma conducta erótica que estaba
bajo. Pues si bien fue un decidido orgasmi- investigando. Seguramente porque consi-
cista, la hedonia de su orgasmo se resuelve deró agápica y puritana cualquier mención
siempre en términos pragmáticos de des- al amor, acabó perdiendo el hilo de eros y se
carga, alivio o relajo; y en su discurso nunca enmadejó en las redes del tramposo binomio.
hubo cabida para la exaltación de los gozos Algunas de sus polémicas, por ejemplo con
sensuales de la carne, de las exquisiteces de Margared Mead, giraron sobre esta cuestión.
la libertina transgresión o la afirmación del Y, aunque Kinsey nunca lo entendió, Mead
libre albedrío y la caprichosa voluntad. Muy y otros no le estaban hablando de ágape, sino
al contrario, el hilo de su discurso está tru- de eros. 
fado del referente conceptual de la Necesidad
que aunque se disfrace de un oblicuo outlet, Llegados a este punto, conviene detenernos
se presenta como exigencia, obligación o para presentar las cuatro formas del amor
menester; como apetito natural; y apunta griego perfectamente distinguidas en la
a las condiciones previas de ahogo, apuro o época clásica mediante cuatro términos con
aprieto. De ahí que su visión del climax sea, una doble formulación sustantiva y verbal
sobre todo, resolutiva, casi en términos de —una para el amor sustantivo como noción
excreción, evacuación, o deposición de la tal intelectual y otra para el amar verbal como
picazón o comezón previas. Respecto de esto acción emocional—. Así la Grecia Clásica
no estuvo demasiado lejos de aquel esquema distinguió los sustantivos y verbos: phi-
“tumefacción/detumefacción” que con abso- lia —y philein—, eros —y eran—, ágape
luto desprecio y lejanía de la hedonia usa- —y agapan— y storgé —y stregein—. Los
ron los sexólogos de la primera generación. cuales, respectivamente, significarían: el
Como afirma Robinson , “nadie ha asociado amor de la amistad, el respeto, el aprecio, la
de manera más evidente la experiencia sexual atracción y la consideración que era philia;
con el desapasionamiento.” (1976, p. 145). el amor ardiente, romántico, apasionado y
carnal nacido del deseo que era eros; el amor
En cualquier caso, sorprende que el prosexua- entregado, abnegado e incondicional que era
lista Kinsey, en contradicción con la tradición ágape; y el amor afectivo, tierno y familiar
47
Joserra Landarroitajauregi Garai

que era storgé. Con posterioridad el cupidi- res le acusan de socavar la matrimonialidad,
tas latino se correspondería con aquel eros lo distorsionan indisimuladamente, pues
griego; y el caritas latino, con aquel ágape diciendo “matrimonio” se refieren a “sacra-
griego. Todas las formas de ortodoxia reli- mento”. Aquí sí que encontramos severas
giosa cristiana han tirado del hilo de ágape diferencias entre el pensamiento de Kinsey
—o mejor, de caritas— para hablar del amor y la tradición puritana cristiana, pues es del
divino. Y para el cristianismo ágape ya no es todo cierto que Kinsey mostró abierta sim-
tanto una emoción, cuanto una voluntad, un patía por las relaciones prematrimoniales y
principio, un valor y un mandato. En su pro- aversión a la prescriptividad de la virginidad
pia episteme: un Mandamiento. matrimonial; asímismo fue condescendiente
con las relaciones extramatrimoniales. 
Me temo que Kinsey no indagó demasiado
sobre este asunto. Pero curiosamente la Kinsey defendía las relaciones sexuales pre-
forma del amor griego que se deja entrever matrimoniales, con petting y mutua mastur-
en el pensamiento de Kinsey no es ni una ni bación; alegando que “contribuían al éxito
otra: es storgé. Puede afirmarse que la formu- sexual matrimonial” (VF, p. 328). Asimismo,
lación del amor que le resulta cercana y ama- consideraba la abstinencia prematrimonial
ble, con la que Kinsey operaba, es el amor como algo anormal y del todo ajeno a la
afectivo, práctico, controlado, tierno, cola- naturaleza humana —antinatural—, subra-
borador, desapasionado y amistoso que trae yando que casi todas las culturas sin tradi-
storgé. Al este respecto observa Robinson: ción judeocristiana consentían o fomentaban
“Entendía el matrimonio en término prag- tales relaciones. Del mismo modo conside-
máticos (...) como un acuerdo conveniente raba que, en ocasiones, las relaciones extra-
para la satisfacción regular del deseo sexual. matrimoniales, si no había gran implicación
«Conveniencia» es la palabra que más uti- afectiva, podían servir para mejorar el “ajuste
liza para describir las ventajas del matrimo- sexual matrimonial”. Además, Kinsey consi-
nio.” (1976, p. 101). Todo lo cual nos lleva deraba que tal ajuste era determinante para la
al cuarto punto de su reactividad: la cuestión estabilidad matrimonial y, viceversa, estando
matrimonial y los referentes sacramental el desajuste sexual entre las causas de ruptu-
y progenitor de la formulación cristiana.  ras y sufrimientos matrimoniales.

Conviene aclarar en primer término que,


aunque sus religiosos detractores le hayan 5. El Marco epistémico de Kinsey y
acusado de atentar contra la institución la Sexología como “cesto” 
matrimonial, Kinsey fue un decidido matri-
monialista. Tanto es así que, según relata Kinsey es ampliamente respetado por la
Pomeroy (1972. p. 101), exigió a sus cola- comunidad sexológica actual por cinco razo-
boradores que estuvieran felizmente casados. nes: a) por la bondad metodológica de la
No apostó, por lo tanto, por la pareja erótica entrevista personal empática y no enjuicia-
—que ha sido la tradición sexológica—, sino dora como método de recopilación de datos
por el matrimonio. Matrimonio pues en su íntimos, creando un clima de confidencia-
sentido más formal, institucional, conven- lidad cuasi clínico; b) por documentar la
cional, longevo, sólido, estable y pragmá- variabilidad del comportamiento sexual en
tico. Ahora bien el matrimonio de Kinsey la tradición paradigmática del continuum;
no es reproductivo o progenitor, sino Erótico c) por explicar la conducta erótica fuera de
—aunque, dicho en su propia terminología, todo referente normativo al punto que, en
sexual—; y no es Sacramento, sino acuerdo el plano erótico, hoy podemos afirmar que
o contrato. Así pues, cuando sus detracto- el individuo, y la relación interindividual,
48
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

son la norma; d) por estudiar explícitamente adjetiva y no sustantiva; y era una cuestión
las diferencias sexuales a propósito del com- de método y no de episteme.
portamiento erótico y de la percepción del
mismo; y e) por contribuir sobremanera a la Quizás por ello, Kinsey nunca conectó con
dignificación y al conocimiento del estudio la que fue clave nuclear de aquella naciente
científico del sexo.  Sexología del otro lado del Atlántico: los
estados intersexuales y la intersexualidad.
Ahora bien, esta misma comunidad sexo- Luego tampoco siguió de cerca lo que des-
lógica que le estima y le elogia, también se pués se conocería como proceso de sexuación
muestra crítica con él por cuatro motivos: a) o de diferenciación sexual, que se encontraba
su reduccionismo que contribuyó a constre- en sus albores con lo que, entonces, llama-
ñir el sexo —lo sexual— al comportamiento ban quimismo sexual. En los tiempos en los
erótico; la conducta erótica al logro orgás- que él investigaba se estaban poniendo los
mico; y el encuentro amatorio a su expresión cimientos de la posterior Sexología endo-
genital; b) por su empirismo conductista crinológica, pero Kinsey desconfiaba de la
que sólo consideró el “sexo que se hace” en importancia que empezaba a concedérsele a
detrimento del “sexo que se tiene” —caracte- las gónadas y a sus producciones hormona-
res sexuales, afectos, simbolismo subjetivo, les en relación a la sexualidad, pues consi-
etc.— y el “sexo que se es” —sexuación, iden- deraba que la conexión gónada-sexo era sólo
tidad, etc.—; c) por su anepistemia y su des- de “proximidad local”; así que, sobre esta
interés teórico en general; y d) por su nulo cuestión, su proverbial visión anticipatoria
compromiso sexológico por la constitución no estuvo muy fina. Sin embargo, en el Volu-
de una Ciencia de los Sexos.  men Femenino (p. 711) predijo diferencias
sexuales neuronales y encefálicas, al punto
Curiosamente, Kinsey, el más insigne inves- que llegó a suponer, usando una fórmula que
tigador sexual de su tiempo y paladín del luego ha tenido mucho éxito, un “cerebro
estudio científico del sexo, nunca estuvo femenino”.  
muy interesado por la Sexología a la que
apenas mencionó y nunca consideró. De Otro aspecto en el que se adelantó a su
hecho, su fórmula de relacionar sexo y cien- tiempo fue el concepto de “desajuste” o
cia era inequívocamente la de “investigación “incompatibilidad” que después retomarían
sexual”. Este extremo no es casual. Él era y se y desarrollarían Masters y Johnson en aque-
tenía por investigador, siendo su referente la lla “inadecuación” que abriría su nuevo ars
investigación. Lo sexual era para él una cues- amandi terapéutico. De hecho, el interés cen-
tión del todo adjetiva. Así que se interesó tral del Volumen Femenino reside precisa-
mucho por estudiar el sexo científicamente, mente en conocer y ofrecer material sobre las
pero no mostró interés alguno por contri- diferencias de la sexualidad de los hombres y
buir o constituir una Ciencia que estudiase las mujeres, así como de los malentendidos,
el sexo. De hecho, aunque no fue ese su pro- conflictos y tensiones interpersonales que de
pósito consciente, alimentó lo que Amezúa tales diferencias y desajustes se derivan. 
(2003) ha llamado “el sexo sin Sexología”, que
en su caso sería el sexo científico sin Ciencia
del Sexo. Evidentemente no es lo mismo el 6. El objeto epistémico de Kinsey:
“estudio científico del sexo” que la “Ciencia que los “frutos sexuales” científicamente
estudia el Sexo”. El sexo en los dos casos es estudiados 
estudiado científicamente, pero en uno con
Episteme y en el otro sin ella. Sin embargo, El objeto de estudio de Kinsey fue siempre
para Kinsey lo científico era una cuestión el “sexo que se hace”, al cual, con atrevido des-
49
Joserra Landarroitajauregi Garai

conocimiento y gran éxito de fórmula, llamó un embrollo que no sólo no contribuyó a


“sexualidad”. Este “sexo que se hace”, que aclarar, sino que ayudó a expandir.
podría haber sido menos constreñido, quedó
reducido en sus manos a todo “comporta- Sesenta años después en su Instituto no se ha
miento genital con propósito orgásmico”. avanzado gran cosa sobre este asunto. Excepto
en la incorporación del concepto Género
Pese a que dedicó muy buena parte de su que, supuestamente, resolvería el uso polisé-
vida a ello, murió sin darse cuenta de que mico del mismo término con la fórmula, aún
había caído en la trampa conceptual de estu- más embrollada, de: “el sexo de los Géne-
diar el sexo de los sexos y los sexos del sexo, dando ros” y “los géneros del Sexo”. Excepto que,
un significado absolutamente diferente al por razones en las que ahora no voy a entrar,
singular y al plural del objeto que estudiaba. el Género siempre se expresa en su condi-
Por supuesto, tampoco explicó el soporte ción mayúscula y singular, refugiándose en
teórico de tales usos terminológicos que dis- su condición de Estrategia —estratagema o
tinguían conceptualmente el singular y el “perspectiva”— y distanciándose activamente
plural de su objeto de estudio. Es cierto que de aquello que hace de los hombres, hombres; y
no siempre el plural significa lo mismo que de las mujeres, mujeres, para subrayar, precisa-
el singular —por ejemplo: celo y celos—, mente, la indeseable prescriptividad cultural
pero en el caso de Kinsey el plural y el sin- de los guiones sexuales.
gular de sexo significaban cosas bien diferen-
tes y nada explicadas. Estoy convencido de Si Kinsey hubiese caído en la cuenta de este
que no explicó nada al respecto simplemente embrollo terminológico no lo hubiera tra-
porque no se dio cuenta —como tampoco se tado sólo como un asunto de palabras, porque
dan cuenta hoy muchos profesionales de la curiosamente él fue muy nominalista. A su
renovada Salud sexual—.  manera sabía que la palabra es el instrumento
científico más preciado, precioso y preciso
Así que resultó que, estudiando este sexo que que jamás se haya inventado —mucho más
los sexos hacían, nunca vio que los tales suje- que el microscopio electrónico, el tomógrafo
tos que hacían el tal sexo eran, precisamente, computerizado o el acelerador de partícu-
en homo o en hetero, los plurales sexos. Y las—; así que el científico no pueda usar tal
estos plurales sexos que desconsideró cons- instrumental con desdén, descuido o des-
tituyen sujetos sexuados que se conducen eróti- consideración; ni, desde luego, sin la debida
camente; luego no puede ser que el sexo fuese pericia y cuidado. Pese a su sensibilidad
conducta pro-orgásmica que es como él lo con- sobre la importancia de los términos, para-
sideró y lo trató. dójicamente, no hizo uso de ella para acotar
teóricamente el término central que dio sen-
En su caso esta contradicción se hace aún más tido a su vida y a su obra. 
llamativa por: a) la elección del tratamiento
terminológico de sus títulos que, pudiendo
haber utilizado Man y Woman, tituló Human 7. Empirismo, conductismo y
Male y Human Female, subrayando preci- objetividad
samente la condición sexual de los sujetos
que practicaban las tales conductas sexua- A Kinsey le preocupó sobremanera la cues-
les; y b) por la circunstancia de que dedicase tión del “ser” —ciencia— frente a la cues-
gran parte de su segunda obra a mostrar y a tión del “deber ser” —moral—, de ahí que
demostrar las diferencias sexuales de las con- estableciese siempre una frontera entre los
ductas sexuales; de suerte que, de nuevo, el usos sexuales y los mores sexuales, entre la
primer sexual diferiría del segundo. En fin, realidad íntima y la prescripción pública.
50
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Más aún, Kinsey constituyó su “ser” onto- respuesta, condicionamiento, aprendizaje,


lógico en un “hacer” pragmático. De ahí que influencia, etc.— y en sus usos taxonómicos
reiterase repetidamente a lo largo de toda definiendo, por ejemplo, la sexualidad por el
su obra que el comportamiento sexual de “total sexual outlet”; la homosexualidad por los
los norteamericanos no era como supuesta- actos homosexuales; o la religiosidad por la
mente debería de ser según la costumbre, frecuencia de asistencia a los cultos eclesiásti-
la moral o las leyes. Y muy explícitamente cos. Si aquel conductismo de los años cuarenta
afirmó en su primera entrega que “Este es y cincuenta era sumamente reduccionista,
un informe sobre lo que la gente hace y no el de Kinsey lo fue especialmente al punto
se plantea lo que la gente debería de hacer.” que desexualizó buena parte de la experiencia
(VM, p. 7). Coincido con Robinson en que sexual humana. En ese sentido, coincido de
“los Informes Kinsey contenían un conjunto nuevo con Robinson cuando afirma que “su
de valores y preferencias intelectuales que, decisión de evaluar la experiencia sexual en
juntos, podemos decir que constituían una términos de orgasmos, y los orgasmos en tér-
ideología. Esta ideología no era exclusiva minos cuantitativos, le llevó a ignorar la acti-
de Kinsey, sino común a todo el «establis- vidad sexual no orgásmica y a considerar que
ment» científico moderno.” (1976, p. 67). la sexualidad de una persona es el resultado de
todos sus actos sexuales.” (1976, p. 75).
Esta ideología de la que habla Robinson es la
episteme de investigador de Kinsey y se refiere Su conductivización del sexo le sirvió para des-
fundamentalmente al mito científico de la mitificar las cuestiones sexuales tanto como
objetividad, de la incontrovertible realidad le fue posible. Especialmente en lo que hace
de las observaciones y de la prístina transpa- relación a la erótica femenina, a las conduc-
rencia de los datos. En este sentido, yo subra- tas eróticas homosexuales, al autoerotismo,
yaría que Kinsey pertenecía a la línea más a la actividad erótica prematrimonial y a las
dura de la Ciencia dura, de ahí que especial- aventuras eróticas extramaritales. El sexo
mente incurriese en el mito científico, muy dejó de ser misterio para ser comportamiento:
de su tiempo, de que él mismo era un “obje- comportamiento importante, pero compor-
tivo descriptor de una realidad objetiva que tamiento al cabo. Así que, como reflexiona
podía aprehenderse a través de la conducta Robinson, si el sexo de Freud estaba lleno
—sexual— objetivable”. Efectivamente, de profundidades, irracionalidad, peligros y
creyó que su trabajo ofrecía la verdad de los oposiciones con la cultura y el sexo de Have-
datos objetivos. Con ello obvió la realidad llock Ellis contenía complejos factores emo-
del sujeto cognoscente que, objetivando al cionales, el sexo de Kinsey quedaba despo-
objeto conocido, lo reconstruye. De suerte jado de lo animal y demoníaco freudiano y
que está inventando la realidad que pretende de lo romántico de Havellock Ellis. Y remata
descubrir. Pese a ello, Kinsey estuvo en los este autor: “Kinsey hizo cuanto puede hacer
principios de lo que luego se ha llamado un intelectual para conseguir una vida sexual
el Construccionismo social y fue contrario menos dolorosa, más libre y más feliz. Sin
a todo esencialismo. Pese a su evidente e embargo, en el proceso de desmitificación
ingenuo Naturalismo, a su tenaz empirismo del sexo, éste quedó trivializado.” (Robin-
positivista y su inconfundible aroma con- son, 1976, p. 146).
ductista, no puede considerársele, de ningún
modo, un Materialista.
8. La moral antimoralista de Kinsey
Por otro lado no es difícil encontrar en Kinsey
una poderosa influencia del Conductismo que Kinsey quiso presentarse al mundo como un
puede verse en su terminología —estímulo, científico —en oposición a un moralista— y
51
Joserra Landarroitajauregi Garai

repetidamente afirmó que la emisión de jui- “...el lector puede observar posturas morales
cios morales no era tarea del científico. Los oblicuas que van desde la indignación sobre
ejemplos son muchos: “La conveniencia la represión de minorías sexuales a la iró-
moral de eliminar la masturbación es una nica condescendencia para desengañar a su
cuestión que los científicos no están cua- público sobre la supuesta rareza de prácticas
lificados para juzgar” (VM, p. 513); “Si el tomadas por inmorales o ilegales (…) [Sin
petting premarital es bueno o malo es una embargo] la tendencia fundamental de la
cuestión moral que un científico no tiene ideología de Kinsey es la tolerancia. Repeti-
ninguna capacidad para juzgar (…) pero si el damente subraya la necesidad de la compren-
petting premarital puede servir a un mejor siva aceptación de la gente tal y como es y la
ajuste matrimonial sí es una materia que el necesidad de reconocer los límites de la capa-
científico puede medir” (VM, p. 546); “... cidad del hombre de modificar su conducta
como científicos hemos renunciado a nuestro sexual (...) Parece no habérsele ocurrido que
derecho de hacer evaluaciones [morales] (...) tal insistencia en la tolerancia es ya un juicio
cuando uno hace un estudio científico de una moral. Para él moral implicaba invariable-
población humana no le queda otro camino mente condena.” (Robinson, 1976, p.67)
que abstenerse de la discusión de todas las
cuestiones socialmente polémicas”(VM, p. Luego puede afirmarse que, aunque no hizo
57). Pero finalmente resultó que no se abs- juicios morales, sí tuvo juicio moral. No
tuvo y, contrariamente a lo afirmado, sí dis- enjuició, pero tuvo juicio. Tanto que, como
cutió y emitió juicios morales sobre muchas sus detractores críticamente subrayan, con
cuestiones socialmente polémicas. sus claros y sus oscuros, fue un precursor, un
pionero o un visionario de la actual moral
Sin embargo, y seguramente por razones bio- sexual científica, laica y democrática, que ya
gráficas bien entendibles, Kinsey sentía cierta es mayoritaria en los países occidentales.
aversión al juicio moral religioso. Tanto que
llegó a confundir el juicio moral con el com-
bativo enjuiciamiento —y la consecuente 9. Legislación y política sexual
condena— del furibundo moralismo. Como
él se negaba explícitamente a toda forma Una de estas cuestiones polémicas en las que
de condena moral, tendía a considerar que Kinsey no iba a entrar, pero en la que repe-
no emitía “juicios morales”. Sin embargo, tidamente entró, fue el asunto del sexo y las
su obra está llena de moral. Por lo tanto la leyes norteamericanas. Seguramente porque,
supuesta inmoralidad o amoralidad de Kin- en su tiempo, prácticamente todas las formas
sey es otra quimera de sus detractores.  de sexualidad no matrimonial eran ilegales
en los USA, y algunas, como la felación o el
Ahora bien, la moral de Kinsey no era de coito anal, lo eran, al menos en algunos esta-
condena, sino de aceptación, de empatía y de dos, incluso dentro del matrimonio.
comprensión; no era religiosa, sino laica; no se
basaba en la Religión —Verdad revelada—, Kinsey informó en su Volumen Masculino
sino en la Ciencia —Verdad descubierta—; que menos de la mitad de los orgasmos
y desde luego era una moral filosexual —de alcanzados por los hombres estadouniden-
respeto y consideración hacia lo sexual— y ses se producían en el coito matrimonial con
no misosexual —de aversión y odio hacia lo sus esposas, luego que más de la mitad de
sexual—. Pero, aunque él lo negase, era una tales eyaculaciones ocurrían por fuentes y
moral. Y además, una moral sexual. Más medios “socialmente reprobables e incluso
aún, la moral sexual que décadas después ha penalmente penados” (VM, p. 568). Al res-
prevalecido. Respecto a esto dice Robinson : pecto de esta cuestión afirmó en el Volumen
52
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

Masculino que “Sobre un cálculo de nues- grado.” (1976, p. 72). Así que, para Kinsey
tros datos, puede asegurarse que al menos el “normal” y “anormal” no eran conceptos úti-
85 % de la población masculina más joven les aunque luego los usó, e incluso se
podría ser condenada por delitos sexuales si preguntó si tenían alguna cabida en el voca-
los funcionarios policiales fueran lo eficien- bulario científico. Él tenía una muy firme
tes que quisiéramos que fuesen.” (VM, p. idea de continuum por la cual afirmaba q
224). E, insistiendo sobre esa misma idea, ue “Ningún individuo tiene una frecuencia
señalaría que “... sólo alguna vez se detiene, sexual que se diferencie más que en un grado
se procesa o se condena a una diminuta frac- muy leve de las frecuencias de aquellos colo-
ción del porcentaje de las personas que están cados antes y después sobre la curva” (VM,
implicadas en comportamientos sexuales p. 199). Así pues consideraba que no había
contrarios a la ley (…) los culpables de algún categorías discretas en la Naturaleza y que
delito sexual que es banal e inocuo, a menudo no era posible definir las fronteras de tales
sufren consecuencias absolutamente despro- términos, salvo en claves de una moralidad
porcionadas en relación al daño causado por inhumana y falta de toda comprensividad. 
su «crimen».” (VF, p. 18). De todo lo cual
concluye que “las leyes sexuales son inapli- Sin embargo, sí usó profusamente el término
cables porque están completamente fuera “natural”, en oposición a “antinatural” o “con-
de la realidad del comportamiento sexual tra natura” que usaban los moralistas, y que
humano” (VF, p. 20) y además “hay cuestio- es también una categoría discreta. La natura-
nes tan inconsistentes como la imposibilidad lidad dependía para Kinsey de si el compor-
de que un marido pueda ser acusado de vio- tamiento estaba o no presente en otras espe-
lar a su esposa, mientras que un matrimonio cies no humanas. En palabras de Robinson:
cometería un crimen por realizar sexo oral “el naturalismo de Kinsey era muy profundo
consensuado.” (VF, p. 322). (…) Nada era más característico en él que
su afición a los argumentos «de animalibus»
Así que formuló repetidamente un exhorto (…) las prácticas prohibidas eran naturales
en relación a la falta de coherencia y realismo porque estaban presentes entre los mamí-
entre unas leyes que supuestamente emana- feros (…) Kinsey rechazaba conceder al ser
ban del pueblo norteamericano, frente a los humano un lugar privilegiado en el orden de
usos y costumbres íntimos de este mismo los seres vivos.” (1976, p. 73-74). Creo que
pueblo. Como indica Robinson, Kinsey cuando Robinson dice profundo quiere decir
profesaba una especie de liberalismo sexual arraigado, porque el Naturalismo de Kinsey
basado en la máxima de que “la mejor polí- no era en absoluto profundo, si no más bien
tica sexual es la desaparición de toda política superficial e ingenuo. 
sexual [pues] el índice de conducta sexual es
tan diverso, que cualquier intento de esta- Desde Aristóteles, el Naturalismo sexual
blecer niveles uniformes de actividad sexual es reproductivista, porque acaba por ver
es impracticable e injusto.” (1976, p. 69). la cópula, lo genital, la progenie, la espe-
cie o el gen egoísta como lo natural de la
naturaleza del sexo. Así que el Sexus, tras
10. Normalidad y naturalidad pasar por el filtro epistémico Naturalista,
se torna Genus. Sin embargo, el natura-
Como afirma Robinson, “El principal objeto lismo de Kinsey no fue reproductivo, sino
de su crítica fue la distinción entre sexuali- más bien hedónico. Si bien, como el otro,
dad normal y anormal. Por encima de cual- genitalista y centrado en la eyaculación o el
quier otra cosa —como Ellis— estableció orgasmo, atenuado por aséptico término de
que las diferencias sexuales eran cuestión de outlet, en alusión a desahogo, alivio o des-
53
Joserra Landarroitajauregi Garai

carga de una previa, apremiante y “natural” 11. Comprensividad y diversidad 


necesidad. En esto, también, Kinsey fue un
precursor que se anticipó a su tiempo, dife- En consonancia con todos los sexólogos de la
renciando lo “sexual” de lo reproductivo. primera generación —Havellock Ellis, Magnus
Así dirá en el Volumen Femenino: “El hecho Hirschfeld y Gregorio Marañón—, Kinsey
de que el deseo sexual femenino parece ser se esforzó por lograr y proponer un mayor
más intenso justamente antes de la mens- entendimiento de las muchas variedades de
truación —en periodo infértil— demuestra la expresión sexual, así como por promover
que se ha producido una radical separación una mayor tolerancia hacia tal vasta varia-
de las funciones sexual y reproductora en bilidad. El referente “diversidad” estuvo en
el animal humano.” (VF, p. 609). En esta todo momento presente en su obra y en su
misma dirección subrayó que el clítoris no pensamiento. Tratándose, además, de un
jugaba papel reproductivo alguno y negó referente pre-sexológico que Kinsey traía
que la menopausia supusiera una desapari- consigo desde la época de sus investigaciones
ción de la respuesta sexual femenina. sobre avispas. De ahí que, cuando se dedicó a
la investigación del comportamiento sexual
Desde Kinsey, tal diferenciación entre lo humano, consideró que no se trataba de estu-
reproductivo y lo “sexual” se ha subrayado diar lo perverso, cuanto de entender lo diverso.
e hipertrofiado tanto que, a veces, parece En tal sentido escribió en el Volumen Mascu-
que lo reproductivo ya no es sexual y que lo lino: “Hay mínimas pruebas de la existencia
sexual ya no es reproductivo. Sin embargo, de tal cosa como la perversidad innata (…)
se trata de subrayar que lo sexual no es sólo [sin embargo] hay abundancia de pruebas
reproductivo, pues lo que se niega es la sobre que la mayor parte de las actividades
exclusividad y no la relación, que es mani- sexuales humanas se harían comprensibles a
fiestamente cierta. la mayor parte de los individuos si pudieran
conocer a fondo el comportamiento sexual
Hay otro aspecto curioso respeto al natura- humano.” (VM, p. 678). Esta es la declara-
lismo ingenuo de Kinsey. Cuando describió ción de alguien que estaba más preocupado
las diferencias de clase social en cuanto a con la comprensión de la sexualidad humana
la moralidad sexual, descubrió que para las que por su condena. Que apostaba por enten-
clases altas el dilema se producía entre lo der y estudiar, y no por reformar, cambiar o
“correcto y lo incorrecto”, o “lo normal y lo transgredir. Y en esto coincidió plenamente
anormal”; mientras que para la clases bajas con su criticado y pudibundo Havellock
el dilema estaría entre “lo natural y lo anti- Ellis en la formulación de su conocido primer
natural”. Él, en esto, como en otras cosas, axioma: en Sexología hay muchos más hechos com-
coincidió y conectó con las clases bajas, per- prensibles, que hechos tratables. 
mitiéndole reflexionar sobre los procesos de
tiranía o colonización sexual que se deriva-
rían de la imposición de un código de mores Epílogo
sexuales de las clases altas, que se estaría lle-
vando a cabo a través de asesores, pastores, Creo que el “fenómeno Kinsey“, incluso pasa-
médicos, profesores, legisladores, etc. das ya más de cinco décadas de su muerte,
sigue produciendo un grave sesgo de des-
Con estos perfiles de pensamiento no es mesura que distorsiona su revisión, tanto
extraño que levantase sospechas entre la elogiosa, como crítica. Me parece del todo
gente de McCarthy y que sea, aún hoy, consi- evidente que el Dr. Alfred Kinsey no fue ni
derado un comunistoide por los actuales here- Mesías ni Mefistófeles, ni de la Revolución
deros del fiero senador.  sexual, ni de la cultura norteamericana, ni de
54
A propósito de Kinsey: Seis décadas de informe

los mores sexuales actuales, ni de la Investi- mos otro mejor, sencillamente, porque nadie
gación Sexual, ni de la Sexología. Por no ser, ha vuelto a embarcarse —ni ha encontrado
ni siquiera fue el primer investigador sexual. financiación para hacerlo— en otra aventura
Todo lo más, fue uno de los primeros inves- investigadora tan vasta, ni con una metodo-
tigadores de la conducta erótica que, con logía de obtención de información tan certera
sus errores y limitaciones, con sus aciertos y y adecuada. Actualmente, sólo los clínicos
competencias, trató de ser todo lo riguroso acceden a este tipo de información íntima,
y veraz que pudo. Ofreció lo que ofreció; y pero sus muestras son mucho más pequeñas
precisamente porque lo hizo, y como lo hizo, y sesgadas. El resto de investigaciones están
podemos todavía hoy hablar de su trabajo casi siempre determinadas por sus propias
y de las reales o fingidas repercusiones del metodologías de obtención de datos —nor-
mismo. Kinsey trató, lo mejor que supo, y malmente encuestas, incluso telefónicas—.
según sus propias palabras, de “llenar el vacío
científico” en materia sexual. Probablemente Con toda seguridad, los datos Kinsey ya no
el vacío aún subsista. son actuales porque la sociedad norteame-
ricana que él investigó ya no existe. Aun-
Con todo, sesenta años después, los sexólogos que, en la intimidad de las sábanas, quizás
seguimos usando como referencia sus datos; los cambios no hayan sido ni tantos, ni tan
aunque, mucho menos, sus explicaciones. Y espectaculares. De ahí que sus datos nos
nos ocurre esto, no porque su trabajo fuese sigan sirviendo no ya para explicar aquel
inmejorable, sino porque, en su segmento, tiempo pasado, sino para seguir explicando
sigue siendo lo mejor que tenemos. Y no tene- nuestro tiempo presente.

Notas al texto
[1] La campaña que la Dra. Reisman está llevando a cabo contra Kinsey se llama RSVP America (Res-
toring Social Virtue & Purity to America). Su Página Web es: www.rsvpamerica.org.
[2] La traducción de outlet es complicada. Su primera acepción sería “salida”, pero en este contexto
podría traducirse como descarga, alivio o desahogo; incluso como orgasmo o eyaculación. En la
versión castellana del Volumen Masculino, se tradujo como “acto”. En La modernización del sexo,
de Robinson, se usó “descarga” que es la que uso. Al respecto de este término Robinson afirma “es
un concepto cuantitativo, moralmente indiferente y sin color” (Robinson, 1976, p. 145)
[3] Uso inadecuadamente este término como una concesión. Homofilia quiere decir “consideración
hacia lo propio” —que no “consideración hacia lo homosexual”—. Así mismo homofobia quiere
decir “desprecio o desconsideración hacia lo ajeno o extraño” —que no hacia lo homosexual—.
Gracias a estas concesiones y colonizaciones acabamos idiotizándonos.

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Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.
2008 | nº10 | pp. 59-77 ISSN: 1137-0963

Kinsey, el “desarrollo sexual”


y la angustia Americana por la infancia
“Incluso los más serios científicos, los más extremos positivistas, no pueden prescindir de la ficción;
deben al menos utilizar categorías, que en sí ya son ficciones, ficciones analógicas, o etiquetas, que nos
proporcionan el mismo placer que sienten los niños cuando les es señalado el “nombre” de una cosa.”
(Henry Havelock Ellis, The Dance of Life, 1923)
Diederik F. Janssen, MD
Investigador Independiente
Berg & Dalseweg 209/60
Nijmegen 6522BK
The Netherlands
Tel. +31-(0)621677497
diederikjanssen@gmail.com
Traducción: Agustín Malón Marco
El autor quiere agradecer especialmente al traductor su
esfuerzo en la preparación de este artículo para su edición en español.

Resumen
La sexología de la etapa prepuberal se ha convertido en un problema central en las sociedades
post-industriales, permaneciendo en un estado de punto muerto entre verdades y hechos. Esto
genera unas ansiedades de las que, debido a su politización, es cada vez más difícil saber en
qué consisten. Este artículo explora esta situación centrándose en la cuestión del desarrollo
sexual en el trabajo de Kinsey y sus colegas. Su objetivo es situar tanto el interés kinseyniano en
los niños como el del más reciente anti-kinseyniano, en el marco de una más amplia valoración
histórico-académica de las ideas evolutivas ofrecidas por los sexólogos antes y después de este
autor. La adopción claramente biológica y conductual del “desarrollo sexual temprano” por
parte de Kinsey no es ni única ni original desde un punto de vista histórico, ni fue progresiva
o debidamente inclusiva desde un punto de vista contemporáneo y postestructural. De hecho
los análisis de Kinsey permanecen crucialmente divididos entre la determinación biológica
y la social. Las objeciones metodológicas y éticas que emergieron a finales del siglo XX en
círculos conservadores a propósito de los datos sobre los niños nos dicen más sobre la ciencia
conservadora americana que sobre el “fraude científico” por parte de Kinsey. Específicamente,
las reservas de Kinsey sobre de la supuesta naturaleza inherentemente traumática de lo que
mas tarde sería denominado “abuso sexual infantil” articularon el consenso científico a media-
dos de siglo. La posterior erosión de las teorizaciones críticas y transculturales en relación a la
sexualidad de los niños deberían ser consideradas como una dinámica histórica en la creación
de opinión pública. En consecuencia, las cuestiones clave a propósito de esta cuestión, que
fueron planteadas por Kinsey, permanecen en un estado de emotiva suspensión.

Palabras clave: Kinsey, desarrollo sexual, infancia, sexología.

59
Diederik F. Janssen

Abstract
The sexology of pre-pubertal children has become a central problem in postindustrial societies, where it
is characterized by a stand-off between truths and facts. This produces anxieties of which, due to their
politicization, it is increasingly hard to discern what they are about. This paper explores this stand-
off by focusing on the theme of sexual development in the work on Alfred Kinsey and colleagues. It aims
to situate the Kinseyan and recent anti-Kinseyan focus on children within a wider historical-academic
appraisal of developmental ideas offered by pre-and post-Kinsey sexologists. Kinsey’s distinctly biological
and behavioral take on “early sexual growth” is neither unique or original from an historical point of
view, nor was it progressive or duly inclusive from a contemporary, poststructural point of view. In fact the
Kinsey volumes remain crucially divided over issues of biological and social determination. The ethical
and methodological objections raised in late 20th century conservative circles with regard to childhood
data, however, say more about American conservative science than about “scientific fraud” on the part of
Kinsey. Specifically, Kinsey’s reserved attitudes about inherent traumatic sequelae of what later came to
be called “child sexual abuse” articulated scientific consensus in mid-century, and the erosion of critical
and cross-cultural theorizing regarding children’s sexualities during the 1980s and 1990s should be
considered an epoch-making dynamic in the manufacturing of current public opinion. Key issues about
children’s sexuality raised by Kinsey, by consequence, remain to date in a state of emotive suspension.

Keywords: Kinsey, sexual development, childhood, sexology.

1. Introducción trucciones científicas en el discurso sobre la


masturbación” (ver un ejemplo en Mortier y
Las convicciones morales han estado desde Colen, 1995) y en otras problematizaciones
hace tiempo acompañadas por una marcada en la historia de la ciencia1.
necesidad por moderar el entusiasmo del
científico; éste, a su vez, ha sentido muy a Es ésta, no obstante, una tranquilidad para
menudo una poderosa inclinación a derri- el historiador que parece más interesante
bar sólidas y profundas convicciones. Es esta allí donde precisamente no se disfruta hoy
dialéctica la que configura profundamente la en día. Así por ejemplo, nos encontraríamos
sexualidad como un eje discursivo de la sub- con un sosiego más bien relativo en ámbitos
jetividad moderna, siendo sus articulaciones como el de la Sexualidad infantil, según ha
de un gran interés académico, tanto en tér- sido denominado a lo largo del siglo XX,
minos micropolíticos como de cara a una más dado el paradójico descubrimiento de que
amplia teoría antropológica de la intimidad. las “ansiedades”, los “pánicos” y las “histe-
Desafortunadamente, nuestros análisis acerca rias” en este terreno han sido aquí más la
del impacto que ejercen ciertos pronuncia- norma que la excepción, según es opinión
mientos de los científicos se enfrentan muy de sexólogos y educadores sexuales de cual-
a menudo con ideas establecidas dentro de quier época. El criterio de los sexólogos
amplios contextos de racionalidad científica, puede ser de hecho de central importancia
un ejercicio que quizá resulta más produc- en este punto. Foucault (1978, p. 146 y
tivo cuando contamos con la relativa ventaja 153) habla de un proceso de sexualización de
que nos ofrece el transcurso del tiempo y el la infancia por parte de la ciencia, proceso
análisis retrospectivo. Estoy pensando, por que habría complicado y desestabilizado el
ejemplo, en el significado de las “recons- sexo (adulto) como un “juego de presencias y
60
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

ausencias, de lo visible y lo oculto.” Podría- Esta interacción entre hechos (científica-


mos incluso conjeturar que a través de este mente hallados) y verdades (enfáticamente
proceso, todavía en marcha, las nociones de sostenidas) convierte cualquier análisis trans-
madurez e infancia fueron mutuamente con- histórico del mérito científico en un ejercicio
figuradas en torno a una creciente y cada de cierta duplicidad no muy diferente al
vez más amenazante y ansiógena idea cien- de los trabajos biográficos–. El constante y
tífica de lo sexual. nunca satisfactoriamente identificado ele-
mento de la “ansiedad” convierte las bús-
Así la infancia, si no en fuente primordial quedas de la ciencia sexual en un heroísmo
de ansiedades pedagógicas, deviene en distintivo de la modernidad, desde Havelock
dispositivo explicativo de emergentes y Ellis y Alfred Kinsey hasta otros ejemplos
más amplios sentimientos de pánico. Esto más recientes. Se trata de un heroísmo a tra-
puede ser productivamente rastreado desde vés del cual, más precisamente, la persona
el movimiento proto-sexológico de la pureza del sexólogo y la lógica del “peligro” se ven
social, presente en el ámbito anglosajón en continua y recíprocamente construidas. Las
las postrimerías del siglo XIX. De acuerdo narrativas sobre el desarrollo de la sexuali-
con Egan y Hawkes (2007, p. 457), es posi- dad, del sexo como desarrollo, resultan aquí cru-
ble observar cómo en aquellos discursos ciales. Incluso los biógrafos de Freud, Ellis
sobre la pureza social tanto el niño “ade- y Kinsey han considerado por largo tiempo
lantado” (en materia de sexualidad) como los productos académicos de estos hombres
su cuerpo se convirtieron en “recipien- como el resultado de trágicas tensiones con
tes de ansiedad y símbolos de los posibles su infancia (en el caso de Kinsey véase espe-
peligros y la potencialidad caótica de la cialmente Jones, 1997). Contemplad pues
vida urbana”. De acuerdo con una lógica a la verdad más profunda de la sexualidad
menudo veraz, el niño se vería alterado no moderna. El sexo conquista al hombre, pues
sólo por el acto o la visión del “sexo”, sino su desarrollo es el desarrollo de este.
por la simple idea de sus principios (Egan y
Hawkes, 2007, p. 455), no pudiendo por lo
tanto participar de aquellos esquemas cien- 2. Análisis trans-histórico de Kinsey,
tíficos que podrían sugerir este tipo de ideas la infancia y el “escándalo” público
en el niño. La misma reverencia hacia esta
“impresionabilidad” o sensibilidad del niño En este artículo participaré en este enreve-
en este asunto es observable en las actua- sado debate –la infancia en la historia, la
les teorías conservadoras sobre la educación infancia y la historicidad, la infancia como
sexual (e.g. Irvine, 2000). Ambos elemen- pasado– mediante un intento preliminar por
tos, la ignorancia y la hipersensibilidad del situar el trabajo de Kinsey en el contexto
niño, serían pues transformados en truismos de la moderna formulación de la sexualidad
pedagógicos entrelazados; verdades que no como concepto evolutivo. Una perspectiva de
pueden sino causar a su vez trastornos e análisis que quizás pueda aportarnos algo de
ignorancia. Si esto viene a ser una orquesta- luz a la hora de abordar la “ansiedad” en la
ción circular de la verdad –quizá una eficaz experiencia americana del siglo XX.
definición de cultura–, deberíamos pensar
en círculos concéntricos, dado que los críticos Como ya he señalado anteriormente, la sexua-
morales habitualmente extienden la noción lidad infantil puede ser entendida situándola
de niño más allá de la concepción popu- en el marco de una cada vez más presente
lar más común, convirtiendo el problema meta-narrativa de la sexualidad, ya palpa-
del niño en un elemento central de un más ble desde finales del siglo XIX en la proli-
amplio y generalizado problema (cultural). feración de categorías sexuales i.e. el niño
61
Diederik F. Janssen

masturbador que ahora adquieren sentido (2004)–. No está claro cómo este valor
en el nuevo paradigma transdisciplinar del “escándalo”, en absoluto relacionado con sus
desarrollo. Los corolarios de este discurso a datos sobre los niños, forma parte del con-
finales del siglo XX empezarían a focalizarse cepto de tabú John Gagnon (1998) com-
en la cuestión de la infancia desde una pers- pararía a Kinsey con un perdurable tótem en
pectiva tal que acabaría destinando el tra- la tierra del tabú , especialmente tras la
bajo de Kinsey a ser reinterpretado, según la segunda ola feminista. Con sus perdurables
pauta conservadora, como un behaviorismo resonancias antropológicas, ¿es el tabú en
amoral que, en sus esfuerzos por promover última instancia algo relacionado con los
su particular agenda liberal, habría condu- hechos, el lenguaje, la intimidad, los actos
cido a la naturalización de la precocidad y la “sexuales”, la edad y las diferencias gene-
promiscuidad. Una agenda que, en opinión racionales, el niño, el espacio familiar, los
de las voces más conservadoras, es sistemá- vínculos relacionales? ¿O bien tiene que ver
ticamente considerada como paradigmática con una cierta construcción politizada e his-
en los Estados Unidos desde la publicación toriable de todos estos elementos? Existen
de sus obras. recientes propuestas de clasificación, como
por ejemplo ciertas “antinomias sexuales”
Son abundantes los trabajos que han anali- que podrían específicamente configurar la
zado extensivamente la visión kinseyniana infancia (Jackson & Scott, 2004, pp. 235-6)
del hombre, con frecuencia incluyendo un o la educación sexual familiar en la Gran Bre-
rechazo, en ocasiones paranoico, a sus ideas, taña del siglo XXI (Frankham, 2006). Pero
seguido a su vez de los escritos en su defensa ninguna de ellas ofrece un análisis trans-
por parte del Instituto Kinsey2.Yo por mi versal, ya sea teórico o histórico, realmente
parte me centraré en estudiar la relevancia sólido de los muchos temas pertinentes para
histórica del trabajo de Kinsey en el marco la época de Kinsey así como para la nues-
del moderno paradigma evolutivo de la sexua- tra ideas como educación sexual, fases de
lidad, marco que en definitiva es el que ha la vida, la evitación del incesto como hecho
hecho en primer lugar posibles, además de “fundacional” de la sociedad, la sexualidad
peligrosas, estas discusiones de orden ético. como “desarrollo” o como “abusiva” por vio-
Defenderé que lo que convierte a Kinsey en lar los “hechos” o “necesidades” del desarro-
algo escandaloso no es simplemente el mar- llo–. Los datos de Kinsey o de otros autores
cado positivismo que defendía y que impreg- de aquellos años sobre el incesto entre padre
naría tanto sus investigaciones como las de e hija, por ejemplo, nunca parecieron gene-
sus colegas. La cuestión que aquí nos interesa rar impacto alguno, ni en el ámbito publico
es qué sucedió con el “desarrollo sexual” antes ni en el académico (Devlin, 2005, p. 609 y
y después de Kinsey, así como el papel que 615). El escándalo, de este modo, parece ser un
desempeñó este autor entre ambos periodos, complicado sentimiento, tratándose quizás
para acabar convirtiendo, entonces y ahora, de una compleja interacción entre “hechos”
su trabajo en algo tan impactante. incómodos y molestos sentimientos.

El periodismo contemporáneo definió el En los Estados Unidos el trabajo de Alfred


trabajo de Kinsey como un “escándalo” –en Kinsey y sus colegas es el más acalora-
el sentido más amable y “comercializable” damente discutido como un conflicto de
del término– para la audiencia popular del hechos y sentimientos, siendo quizás com-
momento. Esto convierte la influencia de su parable con el caso actual de John Money3.
obra en algo comparable a la de Nabokov y Estas revisiones éticas de Kinsey, que se vie-
su exitosa novela Lolita (1955) –conexión nen dando desde los años ochenta a propó-
ésta parcialmente explorada por Goldman sito de las cuestiones evolutivas, nos animan
62
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

además a su comparación con lo sucedido ponsabilidad parental y sus potenciales tra-


con Sigmund Freud, punto que desarrollare- gedias, viene a codificar distintos personajes
mos en un próximo apartado. No es sorpren- sociales construidos ambos como cons-
dente que en los años ochenta las intensas titutivos del orden doméstico y, al mismo
reacciones de los conservadores contra Kin- tiempo, como enfrentados con él–. Así por
sey giraran progresivamente en torno a las ejemplo, los historiadores han observado
cuestiones de la infancia y la educación. Y cómo en la Europa occidental del siglo XIX
ello por dos razones. En primer lugar por- la proximidad del niño hacia figuras adultas
que la idea del niño educable es habitual- distintas de los padres  personal domés-
mente identificada en la retórica nacionalista tico y niñeras  era considerada como una
como el portador de la carga que simboliza privilegiada fuente de depravación. “El mal
el futuro de la nación, lo que lo convierte en está ahí junto al niño en forma de adulto, y
conducto y símbolo prioritario de este futuro esencialmente en la forma de adulto inter-
–una encendida crítica de la misma puede mediario” (Foucault, 2003, p. 244). Durante
verse en Edelman (2004)–. Por otro lado, lo el siglo XX en América, el educador sexual
cual es más relevante a efectos de este artí- liberal fue ocupando de forma progresiva un
culo, durante los años setenta el niño, y más sospechoso lugar como potencial corruptor
ampliamente el desarrollo sexual, comenzó a de la infancia. Esto sucedió en los años 50
ser observado a través de otras lentes gracias y 60, durante la Guerra Fría, con la imagen
a las nuevas categorías, narrativas y priorida- del homosexual “reclutador” y ya más tarde
des de la norma psico-emocional. El discurso con la figura del “acicalado” paidófilo, que
conservador sería aquí oportunamente recep- surgiría durante los ochenta con la segunda
tivo a la lógica ofrecida por la idea de sex- ola del feminismo y de las taxonomías
ualidad en el siglo XX que convierte el psiquiátricas.
“sexo” en una compleja realidad evolutiva que
responde casi exclusivamente a ideas peda- Es interesante observar que durante los años
gógicas, teniendo que ser pedagógicamente noventa la imagen de Kinsey sería “expuesta”
monitorizada, regulada y controlada–. Para a todos estos registros un padre cuestion-
Kinsey, por el contrario, esta compleja sex- able, un escasamente fiable educador sexual
ualidad era mucho menos interesante que lo (además de seductor de estudiantes), un
que él consideraba un fenómeno “natural” activo reclutador de homosexuales y, final-
subyacente. En otras palabras, rechazó gran mente, cómplice de los crímenes pederas-
parte de esas elaboraciones que él interpretó tas de sus informantes convirtiéndose,
como un mero oscurecimiento ideológico en última instancia, en un trans-histórico
de simples principios biológicos, los cuales “Otro” del padre Americano. Sexo y ciencia
podían expresarse en necesidades naturales y se ven así fusionados como un único fenó-
en actos orientados a su satisfacción. meno en la retórica conservadora, consid-
erándose poco más que una obsesión o una
Esta doble tesis de la receptividad del niño adicción, un estado de confusión personal
y de la posibilidad o incluso necesidad de proyectado sobre el medio social. Tal y como
ser instruido por la atención pedagógica, es señala Irvine (2003, p. 452), al menos en los
usualmente utilizada para legitimar ciertas Estados Unidos, los “estudios sobre la sexu-
convicciones éticas: la moderna idea de la alidad están íntimamente relacionados con la
sexualidad mantiene poderosas conexiones sexualidad en sí; todas las ansiedades, plac-
históricas con las ideas pedagógicas de la eres, ambivalencias y estigmas que nosotros
necesaria moderación y, simultáneamente, [los americanos] atribuimos al sexo, afectan a
con la idea del abuso de dicha responsabi- su legitimidad como parte de la sociología.”
lidad. La consiguiente división entre la res- Aquí el caso de Michel Foucault puede ser
63
Diederik F. Janssen

un ejemplo representativo –una idea ya fiado territorios desconocidos”, según anun-


argumentada por Miller, 1993–, aunque él ciaba el Kinsey Today del 2001, como el de
sería criticado principalmente por parte de haber maniobrado entre las muchas tramas
las feministas estadounidenses de los noventa del evolutivismo que caracteriza la sexología
por no comprometerse con la para entonces del siglo XX.
ya definida problemática de los abusos sexu-
ales infantiles. Foucault, por supuesto, era un
influyente historiador y filósofo francés, una 3. El desarrollo
figura muy alejada de la provocadora imagen sexual antes de Kinsey
de un entomólogo convertido en reformador
sexual. Otros pensadores europeos que se Como los teóricos de la literatura sugieren,
presentaron a sí mismos como reformadores el esquema evolutivo es uno de los más impor-
sociales, incluidos René Guyon, Wilhelm tantes tropos que conforman la moderna idea
Reich o, más tarde, René Schérer y Thore de infancia: esto es, el delineamiento de eta-
Langfeldt, eran potencialmente escanda- pas de socialización a partir de trayectorias
losos por sus ideas sobre sexualidad infantil, biológicas (e.g. Honeyman, 2005). Ello se
pero su influencia en la sensibilidad pública traduce en la tendencia moderna por explicar
de europeos o americanos es prácticamente lo posterior en términos de lo anterior, hasta
inexistente. el punto de que lo inicial es esencializado
como vector etiológico, como antecediendo
Pero por encima de todo, Kinsey fue personal- o precediendo algo definitivo, una especie de
mente acusado de ser “un crudo empirista, funcionamiento definitivo en la edad adulta
un descarado behaviorista, un burdo reduc- (Janssen, 2008). Los capítulos más perti-
cionista científico” (Epstein, 1998, p. 38) nentes a este respecto en las obras de Kinsey
hasta el extremo de llegar a admitir datos cuentan con títulos como “Desarrollo sexual
inadmisibles, tanto desde criterios éticos temprano y actividad” en 1948 (pp. 157-
como metodológicos. Si lo analizamos a 197) y “Desarrollo sexual en la preadoles-
través de la variedad de opciones teóricas cencia” en 1953 (pp. 101-131)5. Estas frases
disponibles en la actualidad, desde la teoría señalan la consolidación de una concepción
queer hasta la menos radical y más extendida específicamente evolutiva de la sexualidad
teoría poststructural y constructivista sobre desde finales del siglo XIX, así como una
la sexualidad infantil, esta acusación no iría forma de descomponer el tema sexual y la
desencaminada. Como Lionel Trilling señal- idea del “acto sexual” de acuerdo con una
aba, “Aunque Kinsey y sus colegas lamen- lógica (biológicamente) evolutiva.
taron el hecho de que el concepto de lo “nor-
mal” obstaculizara el conocimiento científico Esta lógica estuvo precedida por una estricta
del sexo, a lo largo de su obra la idea de lo concepción pato-biológica de la infancia.
‘natural’ acaba sutilmente asumiendo idén- Von Krafft-Ebing, en su concepto de la para-
tica posición”4. No obstante hoy en día las doxia sexualis, patologizó específicamente las
normalidades, reducciones y extrapolaciones manifestaciones del impulso sexual antes
permanecen igualmente presentes, como ha de la madurez sexual o su persistencia en la
sido debidamente lamentado, pero escasa- vejez. Este concepto fue acuñado por primera
mente resuelto, en el monográfico actuali- vez en un artículo de 1877, siendo mante-
zado en 2003 por el Instituto Kinsey –véase nido en las muchas reediciones de su obra
la presentación de Bancroft (2003) a la Con- magna Psychopathia Sexualis. Cualquiera de
ferencia sobre Desarrollo Sexual de ese Insti- los autores de cierta importancia seguiría
tuto en el 2001–. Aquí el legado de Kinsey utilizando posteriormente este concepto o su
podría no ser tanto el de haber “Cartogra- equivalente calificación de “sexualitas prae-
64
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

cox.” El epíteto disfrutó consecuentemente de un modo entusiasta, con el resultado de


de un considerable consenso en la literatura que el “juego sexual”, la “sexualidad adoles-
francesa, italiana y alemana hasta los años cente” y el “abuso sexual infantil” (realida-
20, momento en que las teorías evolutivas des mutuamente excluyentes) se consideran
sobre el fenómeno de la sexualidad, tanto en en la actualidad como categorías que gozan
el ámbito de la endocrinología como de la de una lectura clínica mucho más detallada
neurología, comenzaron a ganar aceptación. de lo que sucede por ejemplo con el matri-
El acento se puso entonces en ver cómo estas monio, la latencia o la pubertad. De hecho,
etapas del desarrollo sexual se relacionaban el mundo clínico se esforzó en el objetivo de
con misteriosos y esenciales procesos confor- diferenciar el “juego sexual normal” de lo
madores del individuo como “constitución que en los años noventa vendría a denomi-
física” y “degeneración”. Max Dessoir, Sig- narse como juego “sexualizado”. Los jugue-
mund Freud, Albert Moll y Leopold Löwen- teos tempranos vinieron a reemplazar a los
feld, entre otros, propusieron varias teorías “instintos” e “impulsos” precoces, lo cual,
al respecto. sin embargo, no sirvió demasiado para alte-
rar el impulso científico por imaginar nue-
En el interior de estas teorías biológicas de vas categorías patológicas. Podríamos pues
los estadios, hallamos contribuciones pedagó- argumentar que la apropiación científica de
gicas y etnográficas que venían a observar una la infancia como un legítimo periodo para
consideración más fenomenológica, diferen- el juego sin complicaciones, limitó la nor-
ciando el sexo normal como juego (infancia), malidad de la sexualidad temprana a ser un
experimentación (adolescencia, especialmente índice de una localizada curiosidad fácil-
identificada con el periodo anterior al matri- mente satisfecha (“juego genital”, “explora-
monio) y, finalmente, actividad sexual (en la ción sexual”), pudiendo pasar a ser proble-
madurez e identificada básicamente con la mática en el caso de que hubiera algo más
consumación del matrimonio). Por ejemplo que mera “diversión”.
Adler (1911) enumeró en la revista Anthro-
pophyteia un total de nueve juegos “eróticos” Kinsey utilizó la noción de juego sexual
que serían “típicos” de la infancia. Una idea como título organizativo, pero hizo poco
del juego sexual que posiblemente cuenta con por distinguir una función específicamente
una cuádruple genealogía en Europa: en pri- evolutiva del mismo –tal y como haría
mer lugar una que sin duda se relaciona con Money más tarde con la noción zoológica
el folklore profano sin influencias científicas; comparativa de “ensayo de juego sexual”–.
otra basada fundamentalmente en la litera- El juego, de acuerdo con Kinsey, sería más
tura erótica del XVIII; un tercer origen pro- bien una realización temprana de la misma
viene de la identificación que se da en el XIX “capacidad de respuesta” que observamos
de los “juegos de amor” infantiles en obras a lo largo de la vida, siendo consecuente-
sobre folklore y en influyentes trabajos como mente explicada en los términos habituales
el artículo de Bell (1902); y finalmente en de “técnica”, “competencia”, “habilidad”,
las favorables referencias que hicieran Freud “rendimiento” y “posibilidades” para la
y Albert Moll de aquel trabajo de Bell y de satisfacción de los propios deseos. Kinsey
dos libros sobre teoría del juego escritos en hizo igualmente poco con la actual noción
Alemania por el psicólogo evolucionista funcional de “fase homosexual adolescente”
Kart Gross. (cf. Spurlock, 2002) es ilustrativa su
argumentación a favor de la centralidad del
El ámbito de la clínica fue lento en asumir periodo adolescente por su evidente y elevada
estas propuestas populares, pero para la “potencialidad” biológica y la frecuencia de
época de Kinsey ya habían sido aceptadas los “desahogos”.
65
Diederik F. Janssen

Según Gorchov (2002, p. 5, 64, 116 y La mayor parte de la literatura estadouni-


nota 101 en p. 215), fueron “numerosos” dense estaba dirigida al “control de los ins-
los investigadores estadounidenses que a tintos sexuales” así como a la apropiada o
comienzos de los años veinte propusieron normal “dirección de los impulsos sexuales”.
estudios sobre la sexualidad del infante y Exner, en consonancia con el consenso de su
del niño, pero Kinsey fue el primer miem- época, argumentaba a favor de la abstinencia
bro del Comité para el estudio de los problemas total fuera del matrimonio, dada la elevada
sexuales en publicar datos en este sentido. frecuencia con que se daba el “autoabuso”
Alrededor de cincuenta estudios publicados así como por la “estimulación precoz de los
con anterioridad a 1948 nos ofrecen nume- intereses sexuales y […] la temprana desvia-
rosos datos sobre conductas genitales o con- ción del instinto sexual debido a desafortu-
tactos en este grupo de edad, entre los que nadas fuentes de información y atractivos ”
cabe destacar en los años treinta los estu- (1915, p. 17-18). No es pues sorprendente
dios de Davis, Hamilton y Dickinson con que muchos de los estudios sobre la “vida
muestras particularmente amplias. Estos sexual” estuvieran claramente limitados. Es
estudios gravitaban generalmente en torno ilustrativo que un capítulo retrospectivo en
a la hegemonía moral de ciertas institu- la obra de Landis, Sex in development (1940),
ciones sociales (“hábitos sexuales premari- dedicado a la “Formación temprana [prea-
tales”), la categoría social del joven delin- dolescente]” se centrara de forma casi exclu-
cuente (e.g. Merrill, 1918) y, por último, siva en la educación sexual y en lo que ahora
sobre el onanismo, que era considerado sería posiblemente denominado como abuso
como un autolimitante “hábito nervioso” o, sexual.
más tarde, como una adecuada sustitución
adolescente del sexo “real”. Uno de los escasos estudios dedicados espe-
cíficamente al análisis de los grupos de jóve-
Una línea de estudios relacionada iría nes, aparte de los más generales ya citados,
evaluando la necesidad de la “ilustración fue supervisado por el propio Kinsey. Se
sexual” en proyectos de “higiene social” trata de la disertación doctoral de Glenn
para hombres jóvenes, con iniciales con- Ramsey, defendida en 1941 en el departa-
tribuciones de Exner (1915) y Hughes mento de Zoología de la Universidad de
(1926). Un más amplio número de estu- Indiana. En ella Ramsey entrevistó a 291
dios de observación, destacando el trabajo muchachos entre los 10 y los 20 años. Este
de Susan Isaacs en los años treinta y pos- investigador publicó dos artículos en 1943 y
teriormente el de Anna Freud, trataron de más tarde, en 1950, publicaría con recursos
respaldar las teorías Freudianas recurriendo propios según algún crítico “debido a las
al examen de lo que podían ser interpreta- constantes demandas” para que lo hiciera
das como actividades infantiles libidinosas. los descubrimientos de su investigación en
Esto se vio complementado por las obser- un libro titulado Factors in the sex life of 291
vaciones de niños realizadas en trabajos de boys. Es claro que el trabajo ensayaba el enfo-
campo con grupos de iguales desarrollados que Kinseyniano con su interés por el tema
sobre todo en el periodo comprendido entre y el lenguaje del “desahogo” y la respuesta
1920 y 1960. Cabe destacar aquí los estu- sexuales. Se citan además datos prelimina-
dios realizados por destacados antropólogos res de Kinsey basados en “2300 hombres y
como Bronisław Malinowski (Trobiande- jóvenes” Kinsey ya había presentado algu-
ses), Jules y Zunia Henry (Pilagá; Muria) y nos de sus primeros hallazgos en un artículo
etnopsicoanalistas como Géza Róheim (Isla publicado en 1941 en el Journal of Clinical
de Normanby; Australia) y George Deve- Endocrinology. En uno de aquellos artícu-
reux (Mohave). los Ramsey concluía que “las preocupacio-
66
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

nes sobre los supuestos efectos nocivos de central en la esfera “sexual” de la vida (el pri-
la masturbación era uno de los problemas mer estudio de Freud dedicado a un niño,
sexuales más comunes presentados por los el pequeño Hans, de cinco años, fue escrito
muchachos”, señalando como sus principa- en 1909). Un tercer contexto histórico que
les responsables tanto a la literatura popular dio lugar a la narrativización del sexo fue el
sobre la educación sexual como al profeso- emergente foco pedagógico-higienista de la
rado (1943, p. 232). “ilustración sexual”, que en primer término
ambicionó un formato profesional para la dis-
La tradición kinseyniana también formó cusión intergeneracional de la “sexualidad”
parte de una larga historia de aproximacio- ajeno al marco estrictamente clínico, aunque
nes narrativas a la vita sexualis. De hecho no necesariamente en términos menos uni-
podríamos hablar del importante papel de laterales. La educación sexual utilizaría bien
las narrativas del desarrollo en la producción pronto estampas o cuadros familiares modé-
de la moderna normalidad sexual. Según licos para hablar sobre sexo.
Foucault (1978, p. 18), un elemento vital de
la nueva idea de sexualidad estaría precisa-
mente caracterizado por una constante inci- 4. La “infancia” en Kinsey
tación institucional a hablar más y más sobre
el sexo, así como por una clara determina- El trabajo de Kinsey puede haber contribuido
ción por parte de los agentes de poder a oír sustancialmente a la discusión sobre el sexo
hablar sobre ello y a hacerlo hablar mediante en las décadas subsiguientes, al menos en los
una explícita articulación y una creciente términos que él propuso. Sin duda hubo sóli-
acumulación de los detalles. das razones para ello. Por ejemplo, el apro-
vechamiento empresarial del psicoanálisis
Históricamente es posible observar una clara que se produjo en Estados Unidos favoreció
relación con los primeros patólogos sexuales el interés del público en los aspectos tera-
en Alemania que empezaron a fundamentar péuticos de una interpretación biográfica a
su nosología en argumentos a menudo pro- la hora de analizar los problemas relaciona-
fundamente evolucionistas y recapitulacio- les y sexuales. La exploración narrativa de la
nistas, además de comenzar a reconocer la infancia (i.e. su narrativización) se convirtió
“anamnesis sexológica” como característica posteriormente en una sólida característica
ya rutinaria de sus escritos. Las historias tanto de la era de la terapia sexual, cuyo flo-
sexuales fueron de una importancia clave, recimiento estaba a dos décadas de distan-
tanto en los clínicos (e.g. Von Krafft-Ebing) cia, como, incluso más fundamentalmente,
como en los primeros promotores del movi- en el marco de la recuperación de recuerdos
miento por los derechos sexuales (e.g. Karl de abuso sexual infantil en los años ochenta
Heinrich Ulrichs) en sus deliberaciones y noventa. Es, por cierto, en los Estados
sobre la cuestión central de la psicogénesis Unidos donde esta tendencia experimentó
de la inversión sexual. En este marco, este su más seria crisis de credibilidad precisa-
género anamnésico del hablar sobre sexo pudo mente a propósito del problema (positivista)
haber favorecido la divulgación de historias de la recuperación de la memoria, los “falsos
sexuales consideradas normativas, como las recuerdos” y la sugestionabilidad. Hablar
publicadas en algún artículo por Havelock sobre el sexo era, y continua siendo, la mejor
Ellis (1901) o en los apéndices de tres de los respuesta contra el mal sexo.
seis volúmenes de su obra Studies in the Psy-
chology of Sex. Estarían además las publicadas Lo que aún no está claro es qué papel tuvie-
por los psicoanalistas con su configuración ron exactamente los trabajos de Kinsey en la
e interpretación de la edad temprana como construcción del “sexo” como una narrativa
67
Diederik F. Janssen

del desarrollo. Por un lado las discusiones como “claramente restrictiva”, mientras que
sobre sexualidad pudieron ser más fácil- Whiting y Child (1953, p. 79) situaron a la
mente consideradas como efectivas en térmi- clase media americana justo por debajo de la
nos pedagógicos, dada su sugerencia de que menos indulgente de las sociedades “primiti-
se estaba hablando de “hechos” y al mismo vas”, aunque “sin embargo no en el extremo
tiempo erradicando las falsas creencias de más bajo según la base de la estimación abso-
la época. Kinsey se esforzó en eliminar las luta establecida por los que codificaron estos
dudas sentidas por una amplia parte de la materiales”. El grupo Americano fue acusado
población con la tranquilizadora idea de que de ser más bien extremo en la severidad con
eran comunes. Su trabajo presentaba una que los niños eran castigados por la mastur-
aproximación analítica y semiestructurada bación, otorgándole una puntuación similar
del ciclo vital que en efecto eludió muchas a la más extrema de las muestras “primiti-
de las cuestiones relacionadas con el desarro- vas”. Sin embargo, en cuanto a la severidad
llo como una experiencia subjetiva, y confió general de la socialización sexual, entraba
en que el poder estadístico de las grandes en el nivel intermedio entre la media y el
muestras iría mostrando los patrones “natu- extremo superior. Más tarde Frayser (1994,
rales”. La pauta natural podía ser utilizada p. 209-210) señalaría que los autores ame-
entonces para explicar o arbitrar cualquier ricanos puntuaron las actitudes estadouni-
trayectoria particular y subjetiva. Pese a la denses como “restrictivas, especialmente en
presentación de algunos elementos narrati- cuanto a la conducta sexual de los niños”.
vos personales –el volumen sobre el hombre Así, la represión parental podría poner en
incluyó nuevamente los datos cualitativos de peligro al niño haciéndolo “más vulnerable”
Ramsey en cuanto a la estimulación proto- a las malas experiencias, según sería toda-
erótica en muchachos prepuberales–, lo que vía aceptado tres décadas después de Kin-
observamos es básicamente una prosa cien- sey (Finkelhor, 1980). No obstante Frayser
tífica distante y generalizadora. No el sexo, (1985, p. 361-422) ha argumentado que el
sino los mismos datos, parecían ser en este concepto de “represión” es ya una designa-
caso “la medida de todas las cosas”. ción obsoleta. De hecho, a excepción de los
estudios comparativos de tipo cuantitativo
El argumento general kinseyniano de la de los años setenta y ochenta, este paradigma
vita sexualis era el de una supresión, mediante marxista ha sido finalmente, y en su mayor
la inhibición cognitiva, de los impulsos natura- parte, desbancado por los conceptos Foucal-
les. Lo cual era coherente con las aportacio- tianos de poder-verdad.
nes de la investigación transcultural de la
época en el ámbito de la socialización sexual. No es pues sorprendente que la sexología de
En esta literatura hallamos un concepto de Kinsey adopte una definición estrictamente
socialización a menudo precedido por ideas biológica de la “adolescencia” y no opte, con-
econo-represivas sobre la sexualidad, resal- secuentemente, por el moderno tríptico de
tando conceptos negativos como “inhibi- juego-experimentación-actividad. En su lugar,
ción”, “control sexual”, “tabú” o “libertad en el volumen sobre el hombre se incluye
sexual”, y tensiones entre actitudes permi- una especulación sobre el papel causal de
sivas/restrictivas típicamente generalizadas la pubescencia en la discontinuidad con-
al nivel de todas las “sociedades”. Lo mejor ductual: “una ruptura entre la sexualidad
que una “sociedad” podía hacer era pues “no preadolescente [prepuberal] y las actividades
restringir.” sexuales adultas” merecedora de un “estu-
dio detallado por un estudioso cualificado”
Así por ejemplo, Ford y Beach (1951, p. 185- (1948/1998, p. 182). Así Kinsey señaló una
187) consideraban la “sociedad Americana” única y binaria tipología fenomenológica del
68
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

contacto sexual, considerado como (1) parte con la antropología y la biología a la hora de
de un más amplio dominio de conducta plantear la cuestión específica de qué consti-
lúdica y exploratoria, y (2) como un fin en tuiría la “sexualidad” en el curso de la vida.
sí mismo. Ésta continua siendo de hecho la Tras los años sesenta, la sexualidad infantil
teoría biológica de la pubertad más aceptada, y el papel del cuerpo se convirtieron en foco
lo cual asigna un rol esencial a la libido en el de una amplia gama de estrategias interpre-
sentido psico-endocrinológico. tativas y aproximaciones cualitativas (ver
Janssen, 2007a, 2009). Un pionero estudio
Por otro lado, en su capítulo sobre los ado- cualitativo fue por ejemplo el ofrecido por
lescentes, el volumen deriva hacia una expli- Floyd Martinson (1973). A excepción del
cación de la discontinuidad peripubescente ámbito del psicoanálisis infantil, los térmi-
en términos sociales, sirviéndose de obser- nos utilizados evolucionaron desde la res-
vaciones antropológicas, zoológicas e histó- puesta sexual, la represión y las hormonas
ricas. Tanto en el volumen sobre el hombre hacia la identidad, la autodeterminación y la
(Kinsey et al., 1948/1998p. 180-181) como propiedad. En los estudios estadounidenses,
en el dedicado a la mujer (Kinsey et al., la materialidad del cuerpo fue puesta bajo
1953/1998, p. 115-116), el concepto psi- escrutinio por tres vías distintas. En primer
coanalítico de pre-genitalidad es rebatido al lugar, mediante la gradual pérdida de su
resaltar la respuesta orgásmica del niño. A su auto-evidencia material y su transformación
vez, la idea de “latencia biológica” es explí- en un objeto de análisis para las aproxima-
citamente rechazada mediante una teoría de ciones simbólicas y constructivistas en tér-
la imposición social –“condicionamiento”, minos, por ejemplo, de “corporeización”. En
“inhibición”–, fundada por un lado en la segundo lugar, mientras que algunos aspec-
continuidad observada en las pautas mastur- tos corporales del erotismo eran discutidos
batorias; y, por otro, en las discontinuidades en iniciales investigaciones sociológicas den-
que se dan entre culturas y entre sexos en tro de la vida escolar, el cuerpo comenzó a ser
las actividades socio-sexuales con la llegada teorizado en gran medida como un conducto
de la pubertad. La idea concomitante de una para las prácticas de la identidad o de género
capacidad de condicionamiento existente a más que para la “expresión” de impulsos
lo largo de toda la vida, aparte del “bloqueo internos o la llamada de la carne. Finalmente,
psicológico” o la “supresión de capacidades”, en tercer lugar, el “desempeño” sexual de
parecería refutar simultáneamente el ritmo los niños comenzó a ser identificado con
“natural” de la biología y la rígida idea espa- discurso, manejo de información y “trabajo
cio-temporal Freudiana de la “sexualidad de identidad” –en definitiva viéndose limi-
infantil”. tado por lo que puede ser observado por los
investigadores adultos en contextos institu-
cionales como las escuelas (ver un reciente
5. Después de Kinsey ejemplo en Renold, 2005).

Así, ambos volúmenes permanecen en el Esta aparente huída desde el cuerpo per se,
nivel de la especulación en cuanto a la opo- característica de las postrimerías del siglo
sición naturaleza/cultura que claramente XX, puede encuadrarse en el marco de una
proponen. Aunque la mayoría de los sexó- más amplia y duradera reacción contra el
logos ya no suscribirían oposiciones dema- cuerpo de los niños. Fue tan efectiva que sus
siado rígidas a este respecto, esta cuestión no defensores podrían finalmente concentrarse
ha sido todavía resuelta. Como he sugerido generalmente en representaciones tanto
anteriormente, es un tema que se presta a la convencionales (publicitarias y de la cultura
fragmentación entre disciplinas relacionadas pop) como menos convencionales del cuerpo.
69
Diederik F. Janssen

Durante los años noventa los materiales para siglo sin desencadenar demasiadas inquie-
la educación sexual eran en su práctica tota- tudes éticas, al menos hasta que se iniciara
lidad dibujados; pero incluso estos dibujos la guerra de Judith Reisman, incluyendo
del cuerpo de los niños podían ser también varias monografías, contra lo que en círculos
definidos como “pornografía infantil virtual” conservadores suele ser definido como kinse-
y son de hecho ilegales en muchas jurisdic- ynismo. Temas recurrentes en este proyecto
ciones europeas y americanas. En la cultura incluyen la admisión e interpretación de los
popular las representaciones del cuerpo de datos sobre orgasmos aportados por el “Sr.
las niñas tendieron a interpretarse cada vez X”, alias Rex King, un activo “delincuente
más en términos de “sexualización”, prin- sexual” y un voraz sexófilo. Es un interesante
cipalmente mediante narrativas basadas en hallazgo el hecho de que este importante
argumentos feministas sobre la pornografía tema kinseyniano (capacidad y respuesta)
y la mujer como “objeto” (Judith Reisman haya conservado exactamente la misma cen-
proviene de esta corriente; un grupo de tra- tralidad simbólica para sus críticos, según
bajo de la Asociación Americana de Psicolo- puede ser extraído de diversos materiales: en
gía dedicado a este tema publicó un amplio varios libros (Reisman & Eichel, 1990, Cap.
informe en 2007). Este proceso condujo 1 y 2; Reisman, 1998, Cap.7); en un vídeo del
finalmente a que en la década de los noventa Family Research Council de treinta minutos
el cuerpo quedara en manos de los ámbitos de duración y titulado The Children of Table
forense y clínico, con sus respectivos contex- 34 (1993); en otro más breve titulado Kinsey
tos de significación; ye ello quizás hasta el Coverup (Judith Reisman, Coral Ridge, USA,
punto de que los más íntimos aspectos de 2006); o en un trabajo británico (Secret his-
la pubertad permanecían sin ser adecuada- tory: Kinsey’s Paedophiles. Dir. Tim Tate, UK,
mente explorados (ver Janssen, 2007b). En 1998). Este proyecto se completa con nuevos
aquellos años docenas y docenas de estu- escritos y comentarios7.
dios trataron de establecer lo que podría ser
la conducta apropiada a cada edad, a partir Todo este asunto nos habla de un interesante
de los juegos sexualizados con muñecos, los giro histórico: el de un conservadurismo
dibujos y las interacciones entre pares. De americano que ha acabado especulando no ya
este modo, el aparato diagnóstico y tera- sobre las erróneas interpretaciones que hacen
péutico que emergió en torno a la categoría los niños sobre ciertas “escenas primordiales”
del abuso sexual se presenta como la única entre los padres (Freud), sino sobre las elabo-
herramienta teórica para la comprensión de radas por los adultos a propósito de escenas
la semiótica y significación del cuerpo así de horror con niños.
como de la intimidad del niño. No es pues
sorprendente que, dado este paradigmático En general este giro implica una refutación
estatus, el “abuso” sea la pieza fundamental ética de lo que habían sido concebidas como
en la actual condena a Kinsey, lo cual merece las inevitables implicaciones del behavior-
un análisis más detallado. ismo en la ciencia sexual; esto es, la primacía
de lo biológico sobre el pudor, así como el del
repertorio conductual sobre la experiencia.
6. El Kinsey escandaloso Las apreciaciones sobre los datos de Kinsey
después de Kinsey. y sus colegas en relación a los niños, surgen
Los abusos sexuales infantiles. sin excepción de una más amplia crítica a
Kinsey por parte de la sexología libertaria
En la ausencia de hallazgos clínicos, los Americana, así como de ciertos sexólogos,
destacados datos de 1948 sobre el orgasmo generalmente científicos; y, por otro lado, de
en niños fueron citados durante casi medio la articulación de valores americanos conser-
70
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

vadores en torno a nociones morales. Lo cual de esta nueva noción popular de abuso para
se corresponde con una postura más motivada evaluar los principales trabajos de Kinsey
por una determinada concepción política del podría ser un anacronismo, en tanto el abuso
mundo que con una preocupación por atender fue acuñado como concepto clasificatorio
al rigor académico. Ninguno de estos fervi- por los pediatras Americanos de los sesenta
entes críticos han publicado nada sobre sexu- (Hacking, 2000, Cáp.5).
alidad infantil o presentado ninguna rami-
ficación sexológica sólida –ni tampoco ética En este sentido es difícil ver a Kinsey, como
o histórica– más allá de la divulgación de hace Jenkins (2003), contra un poco prob-
una asumida postura moral. Es significativo lemático trasfondo del “péndulo investi-
que Judith Reisman desarrollara una inves- gador”. Este autor, en su trabajo sobre las
tigación cuantitativa sobre representaciones oscilaciones del interés público y clínico
en dibujos de niños en medios como Hustler sobre la cuestión del abuso sexual infantil
y Playboy, aunque sólo pudo especular sobre en los Estados Unidos, recurre a la metáfora
sus efectos en las costumbres Americanas. del péndulo para sugerir que estamos ante
un fenómeno constante en torno al cual las
No fue Kinsey el único en admitir datos de actitudes públicas y profesionales pueden
paidófilos sobre niños. Materiales igualmente ser, alternativamente, “correctas” o “incor-
explosivos que ponen en relación la paidofilia rectas”. No obstante, puede ser más produc-
y la sexualidad/orgasmo de los niños pueden tivo analizar las peculiaridades históricas y
ser encontrados en el occidente Europeo y culturales, por muy sutiles que sean, sobre
en Australia en trabajos como por ejemplo cómo las actitudes son presentadas en primer
los de Sandfort (1979, pp. 210-5), Pieterse lugar para reformular qué es el “abuso sex-
(1980), Wilson (1981), Borneman (1983, p. ual”. Por ejemplo, sobre si tiene que ver con
2) y, más recientemente, Yuill (2005). Algu- la masculinidad, con el “patriarcado” o con
nos de estos autores han sido objeto de inci- la psicopatología; o si la inquietud por el
dentes menores en relación a sus obras, pero abuso sexual tiene finalmente que ver con el
nada que ver con los niveles alcanzados en el “niño”, la “sociedad” o con lo que podría ser
caso Kinsey. la unidad esencial de la sociedad: la familia.
En definitiva, ¿sobre qué “punto de apoyo”
El informe sobre la mujer afirmaba, sobre está el péndulo oscilando?
la base de mínimos datos descriptivos, que
la mayoría de los contactos sexuales no Reid (2001, I, p. 90-98) por su parte, iden-
agresivos que implicaban a adultos y niños tifica en el uso (ciertamente tendencioso) que
“probablemente no generarían en el niño hace Kinsey de la antropología una “evasión
ningún daño apreciable si sus padres no se del razonamiento ético” y una “minimiza-
mostraban afectados” o no afectarían al niño ción” de lo que se presenta como una defini-
a no ser que este estuviera “culturalmente tiva verdad victimológica en el abuso sex-
condicionado” por ejemplo como resultado ual infantil. Mientras que este argumento
de la “actual histeria sobre los delincuentes repite el acuerdo feminista de comienzos de
sexuales” (Kinsey et al., 1953, p. 121-2). los ochenta, hay razones para detenerse en
Esta perspectiva crítica con lo que eran con- el trabajo de Reid y su postura que define
siderados como traumas socialmente indu- como “conservadurismo compasivo” (Reid,
cidos, formaba más o menos parte de un II, p. 297). No ha sido todavía reconocido
consenso generalizado hasta los años setenta, que la literatura del género del abuso, prin-
pero estaría en progresiva contradicción con cipalmente desarrollada en los Estados Uni-
la movilización, primero psiquiátrica y luego dos, tiende a excluir aquellas investigaciones
feminista, tras la bandera del abuso. Servirse que pueden señalar con precisión el mecan-
71
Diederik F. Janssen

ismo exacto, así como los factores pertinen- ser además considerados como verdades
tes, implicados en la generación del trauma psicológicas previas, especialmente en con-
psíquico el actual y generalizado uso del textos mediáticamente saturados donde las
concepto de trauma en este contexto podría narrativas psicológicas invaden las prácticas
a su vez reflejar una más que “cuestionable biográficas cotidianas en sus más ínfimos
ampliación” de su especificidad freudiana detalles. La movilización política, clínica,
(Brette, 2005, p. 1802). El estado de este activista y periodística en los Estados Uni-
campo, e incluso la construcción de un ámb- dos ha privilegiado siempre que la inter-
ito de investigación en torno a este concepto vención legal parezca legítima por encima
de abuso, dependen claramente de lo que del interés por descifrar posibles factores
podría ser descrito como una forma de con- iatrogénicos (relacionados con la medicali-
structivismo débil y selectivo que tiende a dejar zación) o sociogénicos (culturales). Así pues
de lado ciertas “interpretaciones” y “discur- Kinsey se anticipó a lo que hoy se deno-
sos” al considerarlos parte de una ciencia mina “psicología discursiva”, una corriente
“apologética”. De este modo, como una de de indagación crítica que sigue siendo cate-
sus consecuencias fundamentales, dejan de góricamente rechazada desde la clínica y el
ser planteadas algunas cuestiones califica- ámbito legal.
das de obsoletas. En realidad hechas obso-
letas por ese universalismo inherente tanto El caso de Kinsey, como se ha señalado ante-
a los textos bio-psicológicos como al actual riormente, nos invita a una comparación con
imperativo psicoterapéutico, empeñado en el de Freud. Las fuertes críticas a la vaci-
situar a las personas en trayectorias biográ- lante postura de Freud ante la cuestión de
ficas de corte psico-“terapéutico” –i.e. medi- la “seducción” articularon un triunfo del
ante su etiquetamiento como “mentalmente feminismo sobre la patriarcal “conspiración
enfermos”–. Kinsey fue seguramente un bio- de silencio” y su “negación” de las “verda-
logicista en su tarea sexológica, pero es éste des” sexuales. El hecho de revisar el manejo
un reduccionismo biologicista que él posi- freudiano del doble enigma de la seducción
blemente no habría suscrito y por medio del y la sexualidad infantil se convirtió en algo
cual está siendo precisamente desacreditado así como una causa célebre para las historia-
y situado en el ostracismo. doras feministas, a la par que un elemento
central en la historia de la psiquiatría, pro-
El equipo de Kinsey hizo poco por abordar vocando comentarios literalmente en cientos
estas cuestiones, y allí donde los datos post- de libros, disertaciones y artículos. Ello fue
Kinsey condujeron a resultados controver- atribuido, como sucedió con Kinsey, a un
tidos, éstos se vieron usualmente limitadas defecto ético con una inmensa significación
a los muchachos adolescentes8. Es más, la histórica (el texto clave es Masson, 1984).
literatura académica sigue fracasando a la Los tecnicismos de este debate podrían sin
hora de plantear ciertas cuestiones histó- embargo escapar en su mayoría al público en
ricas y propias del mundo “Americano” u general, siendo la mayor parte de ellos publi-
“Occidental”, mostrándose reacia u olvida- cados en ámbitos especializados.
diza ante toda sugerencia antropológica que
no confirme el paradigma del “abuso”. Con La polémica con Kinsey, por el contrario, fue
lo cual fracasa a su vez a la hora de reconocer más un proyecto ético de autores conservado-
ciertos factores –género, clase, edad, “fase res, algunos de los cuales trataron en última
de la vida”, parentesco, intervención clínica instancia de derribar la sexología americana
y legal, conocimientos del cuidador– como en su totalidad. En esta polémica fundamen-
relevantes para el análisis de estas cuestio- talmente participaron un limitado grupo de
nes. Los estados psicológicos no deberían lo que eran considerados fanáticos ultracon-
72
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

servadores y la clase dirigente de la sexología y parcialmente a causa de estos treinta


–representada por el Instituto Kinsey–, con años de investigaciones. Lo que no resulta
un inicial y marcado énfasis en los métodos del todo sorprendente cuando se analiza
de investigación –operativización, muestreo, en términos históricos de ciclo largo y se
estadísticas– y en la ética de la misma, ade- observa la brevedad relativa de este fenó-
más de una real e importante apuesta en sus meno –comparémoslo por ejemplo con las
políticas y financiaciones. Todo ello llegaría amplias y problemáticas trayectorias de las
al público profano dado el elevado sensacio- intimidades entre el mismo sexo o la de la
nalismo de su retórica, su variada pertinencia masturbación.
para la política americana –educación sexual,
reputación, la politización de la familia, el
conflicto entre ciencia y religión e incluso 7. Concluyendo
sus conexiones con la guerra fría–, y su con-
secuente recurso a los creadores de documen- Kinsey levanta muchas pasiones. Para los
tales y películas –aspectos que fueron breve- sexólogos es un heroico pionero, mientras
mente mostrados por ejemplo en Kinsey, del que para otros fue el desencadenante de la
director Hill Condon, 2004. ruina moral de la sociedad. De acuerdo con
la reflexión post-estructural aquí presentada,
Ni uno ni otro debate, Kinsey o Freud, Kinsey puso en marcha la articulación de un
sirvieron sin embargo para alterar impor- conjunto de discursos evolutivos y compro-
tantes formaciones discursivas como la del misos ontológicos. Uno siente la tentación
abuso sexual, más allá de conferir un mayor de ver a Kinsey retroactivamente incluido en
peso a su ya paradigmático estatus, lo cual la más actual línea de investigadores crítica-
se evidencia en el hecho de que esos discur- mente implicados en el análisis de los nexos
sos raramente se hayan visto sometidos a un culturales existentes entre edad y erotismo,
análisis histórico y comparado. La relectura y que a menudo chocan con problemas rela-
biográfica y simplemente antagonista ha cionados con su movilidad investigadora,
hecho poco o nada a la hora de cuestionar publicaciones, presupuestos, publicidad
el agresivo anticulturalismo que caracte- encubierta, campañas calumniosas e incluso
riza todo este asunto, que puede ser más denuncias políticas.
productivamente interpretado como una
alianza, específicamente americana y propia Espero haber demostrado que la actual noto-
de finales del siglo XX, entre feministas, riedad de Kinsey está basada en una aprecia-
conservadores y grupos de interés cristia- ción reduccionista, sin distancia histórica y
nos. La mayoría de los críticos de Kinsey, y tendenciosa de las inferencias especulativas
muchos expertos, subscriben la postura de de Kinsey, de su biografía y de sus centros
rechazar cualquier tipo de línea argumental de interés a priori, y no en el interés por el
de tipo constructivista, discursiva o histori- estudio de la idea de desarrollo sexual en
cista. Los sexólogos, sin embargo, tienden a el corpus y tradición kinseynianos. Este ata-
reconocer que el uso de recursos discutibles que ad hominem contra Kinsey puede ser de
no tiene por qué ser necesariamente peor hecho relacionado con el muy dudoso con-
que la cuestionable confianza en métodos y cepto clínico de mediados de los ochenta lla-
grupos selectivos de investigación. El modo mado “distorsión cognitiva”, según el cual
en que la masiva movilización medico-legal las racionalizaciones de los ofensores sexua-
desde los años setenta haya podido impac- les, en su mayoría paidófilos, son patologi-
tar en la legibilidad o potencialidad expe- zadas e identificadas en contextos forenses
riencial del “sexo” como “traumático” per- como parte de su diátesis paidofílica. En
manece así completamente oscuro, a pesar América esta noción es incluso libremente
73
Diederik F. Janssen

utilizada fuera de las situaciones forenses y Trabajando hacia una concepción de la prea-
aplicada a la mayoría de los autores críticos dolescencia como una categoría sexológica,
en el ámbito de la sexualidad infantil. Esto Kinsey proporcionó un espectro conductual
ha hecho complicado el profundizar en toda de base que era más extensivo y más fundado
la cuestión (antropológica) de la ansiedad en la biología que anteriores encuestas. La
que parece rodear el tema de la sexualidad focalización cuantitativa privilegió las cate-
infantil a lo largo del siglo XX. Sobre qué gorías biológicas (hombres, prepubescentes,
gira exactamente esta ansiedad es algo que desahogos sexuales) y demográficas (sexo,
permanece pues abierto a la especulación. edad). Pero su equipo hizo un pobre trabajo
Gilbert Herdt, tal vez como harían la mayo- en elucidar lo que sin embargo contenía el
ría de los antropólogos, conjeturaba en una justo castigo a su investigación: “condicio-
entrevista realizada en 1994 que esta ansie- namiento social”, “tabú”. Las lecturas a-his-
dad guarda relación con los cambios acaeci- tóricas de los descubrimientos de Kinsey, y
dos en la concepción del incesto en América especialmente de su noción de condiciona-
desde finales del siglo XIX. Nuevamente miento, que precedió a los paradigmas de
hay aquí todavía una escasa evidencia para pensamiento constructivistas y postestru-
transformar estas cuestiones en torno a la cutrales, resultan desafortunadas porque
sexualidad infantil en un simple fact of life9; inscriben un universalismo traumatológico
algo que por otro lado no sabemos si en la que podría estar implicado de forma impor-
práctica serviría para relajar las persistentes tante, e histórica, en la actual circularidad
ansiedades existentes en este punto. discursiva de la verdad del trauma sexual.

Notas al texto
[1] Ver Capps (2003) y Malón (en prensa) para sugerencias sobre cómo ciertas problematizaciones pue-
den mostrar una sustancial interconexión e interdependencia.
[2] Ver por ejemplo Bancroft (1998) y el Instituto Kinsey.
[3] Una discusión crítica de sus ideas sobre la sexualidad infantil es desarrollada en Gijs (2001, p. 221-
252); un ataque desde el ámbito periodístico a las ideas de Money aplicadas al ámbito de la “sexolo-
gía pediátrica” puede verse en Colapinto (2000); sobre Money y Kinsey, véase Money (2002).
[4] En el Bulletin of the Menninger Clinic (XIII, 1949), según es citado en Psychoanalytic Quarterly,
19, 136-137 (1950).
[5] Pomeroy, Flax and Wheeler (1982, pp. 95-103) detallan 30 cuestiones sobre “juego sexual prea-
dolescente” como parte del modelo de entrevista codificada de Kinsey. Otro recurso es el Kinsey
Interview Kit (Kinsey & Brewer, 1985. Ver pp. 39-40, 84-87). Datos pertinentes de Kinsey fueron
más tarde ofrecidos en el estudio de Gebhard (1965) sobre los ofensores sexuales, así como en el
posterior análisis de Gebhard y Jonson (1979/1998, Tablas 123-151, 629). Alrededor de unos
doce estudios han proporcionado comparaciones cuantitativas con los datos de Kinsey a lo largo de
cincuenta años.
[6] Revisión de datos no publicada.
[7] www.drjudithreisman.com. Véanse críticas a Reisman en Vern Bullough (1992) SIECUS Report,
20(3):24-5 y en Bullough (1995)
[8] Los posteriores y populares libros de Pomeroy, Boys and Sex (1968) y Girls and Sex (1969), igno-
raban este tema a excepción de una breve discusión sobre el “incesto”.
[9] El autor hace aquí un juego con el doble significado de “facts of life”, como hecho científicamente
consensuado, y las “cosas de la vida” como expresión para referirnos al sexo explicado a los niños.
(N. del T.)

74
Kinsey, el “desarrollo sexual” y la angustia Americana por la infancia

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Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.
2008 | nº10 | pp. 79-103 ISSN: 1137-0963

Kinsey, las estadísticas de


la intimidad y la moral sexual contemporánea
Agustín Malón Marco
Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación
Universidad de Zaragoza
C/Valentin Carderera, 4
22003, Huesca, España
agustín.malon@unizar.es

“Iniciamos nuestra investigación, según hemos dicho, con el objeto de mejorar nuestros conocimientos
en un dominio donde tales conocimientos escasean. Luego, hemos proseguido nuestra labor también
porque comprendimos que la sociedad en general y muchos de los individuos que la integran habrán
de beneficiarse con un mejor conocimiento de la conducta sexual del hombre y la mujer.” Kinsey, A.,
Pomeroy, W., Martin, C. y Gebhard, P.H. (1967b; orig. 1953) Conducta sexual de la mujer. Buenos Aires:
Siglo XX. p. 21.

“Pues cabe pensar que el fracaso de los grandes modelos de ciencia social se debe, al menos en parte,
a su éxito práctico y (por qué no decirlo) comercial, de tal modo que las consecuencias no intencionadas
de la ciencia social, derivadas de su conocimiento, hayan sido superiores y más importantes (al menos
pasado cierto tiempo) a las intencionadas.” Lamo de Espinosa, E. (1990) La sociedad reflexiva. Madrid:
Siglo XXI p. 137.

Resumen
Cumplidos sesenta años desde la publicación del primer informe Kinsey en 1948 dedicado
a la conducta sexual del hombre, este artículo desarrolla un análisis crítico del papel de este
autor en nuestra más reciente historia, tratando de entender básicamente cuáles son sus apor-
taciones, tanto explícitas como implícitas, o incluso no buscadas por él, en el orden de la
moral sexual contemporánea. La tesis fundamental es que Kinsey fue ante todo un testigo de
su tiempo que constató, desde una metodología y epistemología particulares, muchos de los
signos que, concretamente en la sociedad estadounidense, anunciaban el nuevo orden de los
sexos, de sus deseos y sus placeres. Kinsey estudió esa profunda transformación originada en
cambios socioculturales y económicos de más largo alcance, proponiendo al mismo tiempo su
particular manera de responder a los novedosos anhelos y obstáculos generados para la convi-
vencia sexual. En este sentido se defiende el interés que tiene el estudiar a Kinsey como vía
para acceder a una mejor comprensión de nuestra historia y para reflexionar críticamente sobre
el papel de la ciencia, en este caso la sexológica, en la sociedad moderna.
Palabras clave: Kinsey, sexo, moral sexual, sexología.
79
Agustín Malón Marco

Abstract
Kinsey, the statistics of intimacy and contemporary sexual morality
Reviewing the sixty years since the publication of Kinsey’s groundbreaking 1948 report on the sexual
behavior of the human male, this article develops a critical analysis of the role of this author in our more
recent history, trying to understand the explicit, implicit, and even unanticipated, contributions he made
to contemporary sexual morality. Kinsey was first of all a witness of his time who showed us, from his
particular methodology and epistemology, many of the signs that foreshadowed a new order of the sexes,
and of their desires and pleasures, in American society. This deep transformation originated in sociocul-
tural and economic changes of greater scope, and Kinsey proposed innovative ways of dealing with both the
desires and obstacles generated by these changes. The study of Kinsey is a route to a better comprehension of
our history and of a more critical examination of the role of scientific sexology in modern society.

Keywords: Kinsey, sex, sexual morality, sexology.

1. Introducción industrializado sin una guerra reciente en


su territorio y como el nuevo imperio mun-
La obra de Alfred Kinsey y sus colegas, cuya dial a nivel militar, económico, cultural y
parte conocida —que al parecer supone una científico.
pequeñísima porción de toda la información
recopilada (Bullough, 2004, p. 285)— se En este artículo me serviré del trabajo de
recoge en los dos famosos informes sobre Kinsey y de sus colegas como excusa e hilo
el hombre (1948) y la mujer (1953), puede conductor para reflexionar y profundizar en
ser estudiada y discutida desde muy diver- una cuestión que me parece de interés. Me
sas perspectivas. Personificada en la figura refiero en términos generales al papel de
de Kinsey, éste personaje es convertido según la ciencia, en este caso la sexológica, en las
la aproximación adoptada en adversario, cuestiones que atañen a las costumbres, la
interlocutor, héroe, chivo expiatorio, colega moralidad y la ética en materia de sexuali-
o fenómeno histórico —hijo/padre de su dad y vida amorosa. Me interesará reflexio-
tiempo— entre otras cosas. La prolifera- nar sobre el papel que la ciencia estadística,
ción de investigaciones, biografías, películas aplicada a la conducta erótica de las personas,
y documentales en torno a su figura y sus ha ido ocupando a lo largo del pasado siglo
aportaciones dan cuenta cuando menos de la XX en las cuestiones morales y en los deba-
enorme relevancia que su trabajo ha tenido tes culturales a propósito de una política de
en sociedades como la estadounidense. Kin- los sexos y, más específicamente, de su con-
sey es para algunos “uno de los más influ- dición erótica y amatoria. En cierta ocasión
yentes americanos del siglo XX” (Bullough, alguien sugirió que cuando el epicentro de
2004, p. 277) y sin duda es un hito en la la sexología mundial se trasladó de Europa
historia de la investigación sexológica esta- a los Estados Unidos, ello supuso el paso de
bleciendo un modo particular de entender “los cuentos a las cuentas.” Esto es, de los rela-
e investigar el “sexo” que se extendería al tos a los números y las estadísticas; en rea-
resto del mundo desarrollado tras al segunda lidad otra forma de contar cuentos aunque
Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos sea mediante porcentajes. Este trabajo parte
quedaron prácticamente como el único país de esa reflexión y trata de elaborarla por dis-
80
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

tintas vías para profundizar hasta donde sea la dimensión moral de sus planteamientos.
posible en esa relación que se da entre un Además sus dos volúmenes son obras de tal
discurso científico —habitualmente susten- envergadura, con tantos niveles de análisis
tado en estadísticas— y el estilo de vida y de y tal multiplicidad de reflexiones y apor-
pensamiento de una sociedad y de sus indi- taciones, que su revisión crítica y detallada
viduos. El objetivo último es tratar de situar es una tarea que sobrepasa las intenciones y
a Kinsey y su aportación en el marco de la posibilidades de este artículo. Son muchas
más reciente historia de lo que Robinson lla- y notables sus influencias en el ámbito de
maría la modernización del sexo (Robinson, los saberes legales, médicos y psicológicos
1995). (Allyn, 1996, p. 419-421), siendo posible
que, dada la magnitud y complejidad de su
Comenzaré diciendo que este texto parte trabajo, este análisis no haga mérito a todas
de una sincera admiración por el trabajo de sus aportaciones e incluso peque de cierto
este sexólogo y su equipo, resultado en mi desconocimiento de algunos detalles que, en
opinión de una convicción personal y una cualquier caso, no creo indispensables para
capacidad de trabajo que los sexólogos nunca lo que es su tesis general.
deberíamos olvidar y admirar, dando como
resultado una obra que estamos obligados a
conocer al menos en sus aspectos fundamen- 2. Kinsey y la ciencia social al
tales. No nos interesarán aquí los ataques servicio del matrimonio
a Kinsey de corte ideológico. Entrar en ese
debate supone aceptar el reto o la trampa de Según Julia Ericksen (1999, p. 36 y ss.) o
defender a Kinsey, entrando en un juego de Aron Krich (1966), la investigación de Kin-
todo o nada que a mí personalmente no me sey es un hito más, sin duda de gran rele-
interesa lo más mínimo. Sí nos interesarán vancia, en la historia del esfuerzo de la cien-
no obstante aquellos autores que por el con- cia social por resolver los problemas de las
trario, proviniendo de ámbitos académicos, sociedades modernas. A comienzos del siglo
morales y políticos diversos, han abordado XX, en los Estados Unidos, el conocimiento
críticamente su obra pero sin dejar de tomár- científico en general había ido adquiriendo
sela en serio —véase por ejemplo Kubie un creciente prestigio como herramienta
(1955) para una equilibrada crítica en su para la construcción de una sociedad mejor,
época—. Discutir con Kinsey no significa ni afrontando aquellos obstáculos que, supues-
atacarle ni defenderle. Discutir con Kinsey tamente, impedían el progreso social y la
y con lo que su obra y sus ideas supusieron, mejora de la existencia individual y colec-
significa ni más ni menos que establecer un tiva. Era una perspectiva acorde con las teo-
debate honesto y leal con su universo inte- rías del pragmatismo que estaban en boga
lectual. Un debate en el que nosotros ahora en ciertos ámbitos filosóficos, pedagógicos y
actuamos con ventaja pues nuestro “inter- científicos desde finales del XIX. Desde ellas
locutor” no puede replicarnos y contamos se establecía una relación directa entre cono-
con el transcurso del tiempo —ahora ya seis cimiento y acción. Un conocimiento, cientí-
décadas desde la publicación de su primer ficamente sustentado, que debía ser público
informe— y lo que éste nos ha enseñado. y que permitiría abordar eficazmente los
problemas, aportando información sobre su
Kinsey fue un hito en el estudio de la sexua- frecuencia, factores, variables, etc. Los inves-
lidad humana y su trabajo está repleto de tigadores sociales, bien implantados en las
sugestivas ideas en sexología que merece la universidades estadounidenses, se sentían
pena revisar. Pero aquí no vamos a hacerlo, capaces de estudiar también los problemas
pues nos interesa analizar fundamentalmente de la convivencia entre hombres y mujeres
81
Agustín Malón Marco

y, sobre todo, dar con las claves para su solu- teamiento del matrimonio como un vínculo
ción (Merrill, 1954). orientado fundamentalmente a la búsqueda
compartida de la felicidad. Una felicidad
En la primera mitad del siglo XX uno de que ya no se basaba en referentes tradiciona-
estos obstáculos y problemas, particular- les —autoridad, respetabilidad, estabilidad,
mente inquietante en los Estados Unidos, procreación, economía— sino en la plenitud
era para muchos la crisis de la institución individual de cada uno de los miembros de
matrimonial y familiar, reflejada sobre todo la familia. Una plenitud que, en un marco
en el significativo aumento en el número de de creciente liberalización de las costumbres
divorcios y en la reducción en el número de y las actitudes amorosas, incluía el placer
hijos. Esto se producía especialmente entre la erótico de los cónyuges como un requisito
clase media, considerada por muchos médula imprescindible e incluso vertebral para el
de la nación y clave de su futuro. Se asistía logro de esa expectativa. Pero una expecta-
a una lenta pero imparable transformación tiva que, finalmente, parecía no cumplirse
social asociada a la evolución de los sexos y en la realidad para una gran parte de los
sus relaciones, donde por primera vez la inti- matrimonios:
midad y la satisfacción sexual eran valores
extendidos a una amplia capa de la pobla- “Inicialmente hombres y mujeres intentaron
ción. Su presencia era ya constatable desde encontrar su realización en el hogar pero,
los años veinte, reflejando la profunda evo- cuando quedó claro que el matrimonio no
lución en las costumbres y la moral asociada podía cumplir sus excesivas expectativas,
a los cambios de la modernidad (D’Emilio y el descontento fue creciendo gradualmente.
Freedman, 1988). Sin duda para muchos era Cuanto más esperaban la gente alcanzar la
desconcertante y preocupante, pues se tra- felicidad personal dentro del matrimonio,
taba de un cambio radical respecto de mode- tanto más crítica era su visión de las rela-
los anteriores que, si bien permanecería par- ciones «vacías» o insatisfactorias.” (Coontz,
cialmente contenido por la gran depresión 2006, p. 327)
del 29 y la Segunda Guerra Mundial (1939-
1945), resurgiría con vitalidad a mediados La secularización de la sociedad, en este caso
del siglo XX: en materia de sexualidad y erotismo, con su
progresivo alejamiento de los referentes tra-
“…cuando en la década de 1950 retornaron dicionales y el aumento de la autoridad de
la paz y la prosperidad, las aspiraciones para las ciencias sociales para estudiar y gestionar
alcanzar la realización personal y la satis- la sociedad e incluso la vida personal, hizo
facción sexual volvieron a ocupar el centro posible que los investigadores sociales empe-
del escenario y penetraron en vastos sectores zaran a indagar en la vida más íntima de las
de la población que antes nunca se habían parejas, incluida su faceta erótica y sensual.
atrevido a abrigar semejantes esperanzas.” Se propusieron abordar este malestar cre-
(Coontz, 2006, p. 327) ciente y, como en el caso de Gilbert Hamil-
ton, que publicaría en 1929 su obra A research
Fueron varias las razones especuladas para in marriage, responder a la pregunta sobre si
explicar estos cambios. Contemplaban desde el matrimonio era en sí una institución que
aspectos relacionados con la transición hacía conducía necesariamente a la destrucción de
un nuevo marco económico y laboral, hasta la cordialidad y la intimidad entre los espo-
la evolución en el papel de la mujer, y por lo sos (Krich, 1966, p. 76) o si, por el contra-
tanto del hombre, en la familia, el matrimo- rio, era realmente viable encontrar el modo
nio y la sociedad. Se observó que en general de alcanzar una convivencia grata y duradera
esta transformación conducía a un replan- entre los cónyuges.
82
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

Los primeros investigadores estadounidenses están entre aquellos capaces de contribuir a


de las relaciones matrimoniales, incluida su la felicidad o infelicidad, al mantenimiento
vida erótica, que comenzaron a recurrir de o la disolución de hogares y matrimonios.
un modo sistemático a muestras de estudio Cuando existen intereses sexuales comunes
más o menos amplias —Gilbert Hamilton a ambos, o alguna comprensión mutua de
(Hamilton, 1929), Katharine Davis (Davis, las preferencias recíprocas, la pareja puede
1929), Lewis Terman o Robert Latou Dic- llegar a una unión afectiva que trasciende
kinson y Lura Beam entre otros— indagaron todo otro tipo de relación humana. Cuando
en cómo las necesidades afectivas y sensuales la pareja goza de relaciones sexuales mutua-
de las mujeres y los hombres eran o no satisfe- mente satisfactorias, puede encontrar la
chas en la institución matrimonial. En todos rutina hogareña menos irritante y aceptarla
sus trabajos se aceptaba y reforzaba implí- como hecho natural de la convivencia.” (Kin-
citamente la idea de que la satisfacción eró- sey, Pomeroy, Martin, y Gebhard, 1967b, p.
tica era un elemento central para el bienestar 11).
vital y el éxito de la pareja. La insatisfacción,
mayoritariamente femenina, fue entonces En absoluto era la intención de Kinsey des-
considerada por muchos como un creciente truir la institución del matrimonio o de la
obstáculo para la estabilidad de los cónyuges familia, sino mejorarla de acuerdo a nuevos
en el marco de un nuevo orden relacional. De parámetros y en consonancia con los nuevos
este modo el “sexo” fue puesto al servicio de tiempos. Al igual que muchos de sus pre-
la pareja convirtiéndose en el “cemento” de decesores, Kinsey consideró que buena parte
los matrimonios de clase media y la insatis- de la infelicidad sexual dentro y fuera del
facción sexual, sobre todo de las esposas, en matrimonio se debía a la extendida igno-
su mayor amenaza (Ericksen, 1999, p. 41). rancia sobre cuestiones sexuales y a una
moralidad victoriana mojigata, trasnochada
Si bien las opiniones de todos estos auto- y represiva. Estos factores impedían descu-
res, basadas en sus respectivos estudios, no brir y disfrutar el placer erótico de un modo
siempre coincidían —por ejemplo respecto “natural” antes y durante la vida conyugal.
del logro del orgasmo por parte de la mujer En este sentido Kinsey no fue tan original.
como requisito imprescindible para la feli- Respondía a una corriente científica ya fir-
cidad matrimonial—, todos ellos apuntaban memente establecida y a una nueva sensibi-
de un modo u otro a la necesidad de afron- lidad social en materia de vida amorosa que,
tar la crisis del matrimonio mediante una más o menos reconocida y defendida públi-
mejora y replanteamiento de esta institución camente según contextos y clases sociales,
donde la cuestión erótica, si bien no era la parecía ir emergiendo de forma imparable
única, tenía una gran importancia. Es esta como resultado de transformaciones socia-
precisamente la filosofía que subyace al tra- les y económicas de largo alcance (Coontz,
bajo de Kinsey, particularmente interesado 2006; D’Emilio y Freedman, 1988; Beck y
en aportar datos útiles de cara a la felicidad y Beck-Gernseheim, 2001). Como se ha seña-
estabilidad matrimoniales: lado varias veces, la revolución de los sexos y
sus relaciones, y más específicamente en sus
“…los factores sexuales no son los elemen- costumbres amorosas, era ya evidente en los
tos que más influyen en la suerte de un años veinte, anunciando otros cambios que
matrimonio. Hemos dicho también que no habrían de llegar a lo largo del pasado siglo a
parece existir otro factor más importante todas las sociedades desarrolladas.
para el mantenimiento del vínculo matri-
monial que la determinación, la voluntad de Pero el importante papel de la dimensión
no disolverlo. (…) Pero los factores sexuales erótica para la felicidad individual, y esta fue
83
Agustín Malón Marco

sin duda una de sus principales aportaciones reconocimiento del esfuerzo y las aportacio-
respecto de sus predecesores, no se limitó nes a aquellos otros estudiosos y teóricos.
para Kinsey únicamente a los que ya estaban
emparejados, sino a aquellos que no podían La principal crítica de Kinsey a éstos sus
estarlo por diversas razones —sobre todo por predecesores, europeos o estadounidenses,
edad y la orientación sexual de su deseo—. era en gran parte de orden metodológico.
Su sincera preocupación por los más jóvenes, Criticó sobre todo el problema de lo que él
incluidos preadolescentes, y por las minorías entendía era la escasa representatividad de
eróticas, especialmente los homosexuales, todas esas muestras, que recogían muchas
dan muestra de esta actitud. A ello podríamos historias de personas individuales —como
añadir el estudio e incluso admiración por las de Ellis— o de grupos particulares
el estilo amatorio de las clases sociales más —i.e. matrimonios de clase media— pero
bajas (Ericksen, 1999, p. 51); o su defensa no sabían nada de lo que la gente hacía en
de buena parte de los entonces considerados general (Bullough, 2004, p. 282). Se tra-
como delincuentes sexuales frente a los abu- taba pues, en opinión de Kinsey, de datos
sos de una sociedad victoriana y sexualmente que impedían establecer resultados estadís-
enferma. Sus análisis de la masturbación, las ticos generales (Kirch, 1966, p. 81). Según
experiencias prematrimoniales, los contactos Kirch (1966, p. 80), en realidad no era
homosexuales, muestran no sólo la común y para tanto si tenemos en cuenta el volumen
cotidiana existencia de estas conductas, sino de trabajo desarrollado por autores como
su actitud personal de valoración, desmiti- Dickinson, Davis o incluso Hirschfeld en
ficación y dignificación de las mismas y de sus estudios sobre los homosexuales. Pero
las personas que las practican. Finalmente muchos de estos trabajos o bien no fue-
su estudio y consideración de la naturaleza ron elaborados en su totalidad (Bullough,
erótica de las mujeres y los rasgos de su ama- 1998), o bien habían sido poco divulgados,
toria —i.e. debate vagina vs. clítoris— dan permaneciendo en su mayor parte en cono-
cuenta de su general consideración del placer cimiento de profesionales y científicos, pero
como un fenómeno deseable y común a todos desconocidos para el gran público.
los individuos.
No obstante, aun teniendo en cuenta estas
Si bien buena parte de sus análisis ya habían matizaciones, es cierto que Kinsey planteó
sido desarrollados de un modo u otro por sus igualmente ideas y vías de indagación sin
antecesores, es cierto que Kinsey fue para el duda novedosas y chocantes para muchos de
gran público el primer sexólogo que se hizo sus colegas y para el público en general. En
verdaderamente popular como un novedoso términos metodológicos tuvo la virtud de ser
pionero. Un mito que al parecer él no se el primero en utilizar, en materia de com-
preocuparía por disipar (Krich, 1966), pre- portamiento erótico, una muestra amplísima
sentando su trabajo como el primero que de sujetos que, si bien fue fundadamente
realmente abordaba la materia desde una criticada por su representatividad (Erick-
perspectiva científica y con posibilidades sen, 1998; Hobbs y Kephart, 1954; Kubie,
generalizadoras dada la gran cantidad de 1955; Locke, 1954), resultaba en cualquier
informantes que habían participado. El tra- caso apabullante y con el objetivo de abarcar
tamiento que hizo de anteriores investiga- a toda la población y no sólo a ciertos grupos.
dores no fue siempre muy positivo ni justo, El número de encuestados es efectivamente
especialmente en el primer volumen dedi- enorme, aunque el tiempo dedicado al estu-
cado al hombre. En el segundo volumen, al dio de cada caso era menor que en anteriores
parecer con muchísimas mejoras sustanciales investigaciones. También el modo de acceder
respecto del anterior, observamos un mayor a la información mediante el famoso cues-
84
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

tionario, fue novedoso, aunque igualmente En los últimos tiempos ha ido en aumento
sujeto a críticas sin duda en gran parte justi- el interés del público por conocer más en
ficadas (Ericksen, 1998). Todo ello fue resul- materia de sexualidad (…) Crece día a día el
tado de un trabajo inmenso por parte del número de personas que quisiera saber más
equipo de Kinsey y de éste en especial. Su acerca de temas tales como la adaptación
objetivo era obtener finalmente una muestra sexual en el matrimonio, la guía sexual del
tan amplia de sujetos que permitiera estimar niño, las relaciones prematrimoniales de la
en detalle la conducta sexual de todas las per- juventud, la educación sexual, las activida-
sonas y no sólo de las que habían participado des sexuales no aprobadas por las costumbres
directamente en la investigación. En alguna y demás problemas que preocupan a las per-
ocasión Kinsey habló de entrevistar a un sonas interesadas en el control social de la
total de 100.000 personas para alcanzar este conducta humana a través de la religión, la
objetivo. costumbre y la ley. Antes de encarar cien-
tíficamente cualquiera de estos aspectos, es
El objetivo final de Kinsey era pues el de necesario saber más acerca de la verdadera
capturar la realidad del comportamiento conducta sexual de las gentes, y de las inte-
erótico en su totalidad y de este modo llegar rrelaciones de esa conducta con los aspectos
a la “verdad” de los hechos. El título de sus biológico y social de sus historias.” (Kinsey
libros sugería que se trataba de conocer la et al., 1967a, p. 3).
“conducta sexual humana” y no, por ejem-
plo, la conducta de “cinco mil trescientos Esta demanda por saber más y el derecho de
hombres que casualmente suministraron los ciudadanos a hacerlo, fue interpretada por
esta información” (Kirch, 1966, p. 83). Kinsey como algo que no podía ser resuelto
Kinsey aspiraba pues a reflejar la conducta sin el trabajo y las aportaciones de los cientí-
de todos los humanos —equiparados a esta- ficos. Éstos ofrecerían a la sociedad un saber
dounidenses— y lo hizo, según sus críticos, objetivo y desprejuiciado, según explicaba
con una actitud de superioridad taxonó- en este párrafo tantas veces citado:
mica que no se sustentaba en la realidad.
Ya he citado que en el segundo volumen, “El presente estudio constituye pues un
dedicado a la mujer, Kinsey y sus colegas intento encaminado a acumular una masa
corrigieron muchos excesos que habían de hechos objetivamente determinados
surgido en su primer trabajo, y específica- acerca del sexo en el cual se descartan rigu-
mente dedicaron algunas frases a limitar el rosamente interpretaciones de orden moral
alcance de su estudio a “ciertos grupos de o social. Quienquiera que lea este trabajo
la especie humana” reflejando a lo sumo “el querrá hacer interpretaciones de acuerdo con
comportamiento acaso típico de no más de su manera de entender los valores morales
una fracción, aunque tal vez considerable, y sus significaciones psicológicas; pero con
de las mujeres de raza blanca que viven en ello, violarían el método científico y, en rea-
los Estados Unidos. No se infiera pues del lidad, los científicos no poseen capacidades
título de esta obra, ni de la anterior sobre especiales para formular evaluaciones de esa
el varón, que los autores ignoran la diver- especie.” (Kinsey et al., 1967a, p. 5).
sidad de hábitos sexuales de los habitantes
de otras partes del planeta.” (Kinsey et al., Si bien las acusaciones contra Kinsey fueron
1967b, p. 4). Se trataba de representar la en parte reacciones histéricas y moralizantes
variedad real de la conducta amatoria de los que en cualquier caso reflejaban la transfor-
humanos para responder a lo que él percibía mación social en marcha y de la que Kinsey
como una demanda de conocimiento por no era en absoluto responsable sino más bien
parte de la sociedad: un reflejo más, otras críticas a su trabajo no
85
Agustín Malón Marco

negaban el valor científico y humano de sus los individuos. Su respuesta, teóricamente


estudios (Hiltner, 1972), aunque añadían objetiva, fue en realidad muy subjetiva y
ciertas dudas sobre su objetividad y posibi- con unas implicaciones morales que se hacen
lidades. Según Morantz (1977, p. 576) las evidentes. Pero su sincero interés por resol-
principales objeciones a Kinsey se centraron ver los problemas de la sociedad implicaba
en estos dos aspectos. En primer lugar emer- necesariamente posicionarse más allá de la
gieron las dudas sobre si es posible el desa- mera acumulación de datos más o menos
rrollo de una investigación científica libre objetivos.
de valores en este ámbito; y, por otro lado,
sobre si una aproximación meramente con- Kinsey pretendió cambiar la consideración
ductual a esta materia podía ayudar a resol- social, y por lo tanto moral, de la condición
ver las cuestiones fundamentales que estaban y expresión erótica del ser humano. Lo hizo
en juego. desde unos criterios que no eran inocentes
y que sobre todo pasaban por la transfor-
Respecto de la pretendida objetividad de su mación de la moralidad reinante como vía
investigación, Kinsey, según han señalado para la resolución de los problemas exis-
muchos de sus críticos, se mostraba parti- tentes. Luego su esfuerzo investigador es
cularmente ingenuo (Bullough, 1998). Una un esfuerzo, al menos implícitamente, de
ingenuidad que aparentemente le llevaba a ingeniería social: estudiemos a la gente para
olvidar que medir, por ejemplo, el tamaño transformar la sociedad. Veamos qué hacen
del pene en miles de “especimenes” huma- las personas —y no tanto qué piensan—
nos, no es lo mismo que estudiar su con- para ver qué debería hacer la sociedad. Ana-
ducta amatoria. Y que pretender estudiar licemos qué problemas genera nuestro modo
—i.e. medir— ésta como se miden aquellos de entender, organizar, educar y controlar la
supone incurrir en un error de base; sobre vida erótica de los ciudadanos para mejorarla
todo si, como al parecer sucedió a menudo de acuerdo a parámetros más modernos que
con Kinsey, se confunden el nivel de la des- seguramente estaban ya presentes en buena
cripción con el nivel de la interpretación. parte de la sociedad estadounidense.
Esta confusión es sólo parcialmente inevita-
ble —la propia elección del objeto a medir, Según Allyn (1996), Kinsey se diferenció
como por ejemplo la “descarga orgásmica”, de anteriores investigadores en que si éstos
es una opción en absoluto aséptica—; pero acumularon datos de cara a promover cierto
también es en gran medida controlable, aun- cambio conductual en los individuos más o
que sólo sea mediante un mayor autocontrol menos acordes con la moral sexual vigente
del autor a la hora de presentar sus datos y —i.e. prevención de la sífilis, promoción de
formular sus interpretaciones. la fidelidad y la estabilidad matrimonial,
incluyendo el logro de la satisfacción erótica
Es probable que Kinsey —como “taxó- en el matrimonio—, Kinsey se dedicó ade-
nomo”— pudiera haber permanecido en un más a defender implícitamente, mediante
nivel descriptivo particularmente fructí- esos datos, la necesidad de modificar en pro-
fero y que hallamos implícito en su trabajo. fundidad la moral sexual americana y muchas
Pero en ese caso es posible por un lado que de sus leyes (Allyn, 1996, p. 412). Aquí, y
su obra no hubiera alcanzado la resonancia este es el punto en el que profundizaré más
social que alcanzó y que él había buscado. Y, adelante, la pretensión de la representativi-
por otro, es también probable que entonces dad mediante la investigación estadística se
no hubiera respondido a esa demanda social convirtió en un argumento de orden moral
de claves para abordar esos problemas asocia- cuyo objetivo no era el testar la moralidad
dos a la nueva condición sexual y erótica de de una sociedad, sino su conducta. Ambas
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Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

cosas no son lo mismo, aunque en opinión de dividir nuestra respuesta en una doble vía.
Kinsey, deberían serlo. Por un lado deberíamos señalar lo que Kin-
sey propuso más explícitamente, apuntando
en esencia a una relativización de las nor-
3. La privatización de la moral sexual mas morales tradicionales e incluso coque-
tear con una desaparición de toda moralidad
Me sorprendería que hubiera científicos y compartida. Y por otro, reflexionar sobre lo
pensadores que, al menos en lo más profundo que sugirió implícitamente en sus trabajos,
de su ser, no contaran con la íntima ilusión favoreciendo, creo que más bien inconscien-
de que su trabajo sirviera para mejorar la vida temente, la instauración una moral permi-
de las personas y el progreso de la humani- siva pero igualmente normativa. Ahora me
dad, fantaseando al mismo tiempo —incluso detendré brevemente en la descripción de
como motivación principal— con el logro la primera aproximación, dejando las conse-
de la fama, el reconocimiento público y la cuencias implícitas de su planteamiento para
admiración de su esfuerzo. Al parecer Kinsey, un próximo apartado.
según declaró en una entrevista poco antes
de morir (Morantz, 1977, p. 589), confiaba Kinsey fue un acérrimo defensor de una pri-
íntimamente en esa posibilidad, esperando vatización de la moral sexual; abogó por una
que sus libros ayudaran a hacer del mundo relajación, incluso desaparición, del concepto
un lugar mejor donde vivir. de “normalidad”; y, en tercer lugar, por una
consideración de lo “natural” —a menudo
Efectivamente Kinsey quería mejorar la equiparado a lo biológico/animal— como
vida de las personas, ayudar a solucionar, criterio de valor fundado en la libre satisfac-
como ya he mencionado, los problemas que ción orgásmica del deseo erótico. En este sen-
angustiaban a muchos hombres y mujeres tido se trata de tres premisas que refuerzan la
de su época. En este sentido se ha dicho con tendencia a una progresiva desaparición de la
acierto que Kinsey no era un revoluciona- anterior moral de máximos frente a la actual
rio. No pretendía mejorar la sociedad dán- moral de mínimos (Cortina, 1996), relajando
dole la vuelta del revés. Sus propuestas de el criterio de lo “deseable” y ampliando el de
cambio no requerían en apariencia ninguna lo “posible”. La diversidad humana y animal,
transformación social y económica de fondo, donde lo “normal” deja de ser un concepto
sino más bien el modificar algunas cuestio- viable porque prácticamente todo se da en la
nes para que todo siguiera igual. De hecho, naturaleza, se convierte en el principal cri-
según algunos, él creía en el orden social y terio moral para, precisamente, socavar toda
consideraba el cambio hacia una mayor per- moralidad en este terreno.
misividad respecto de la conducta erótica
como un modo de mejorar, entre otras cosas, En aquellos años se produce lo que Allyn
la institución del matrimonio, su estabilidad (1996) llama la privatización de la moral sexual
y su felicidad (Morantz, 1977, p. 584). Se cuando, fundamentalmente tras la segunda
trataba de un ajuste en la felicidad indivi- guerra mundial, los expertos van abando-
dual, aunque fuera compartida en la pareja, y nando progresivamente el hasta entonces
no en la estructura total de la sociedad. habitual concepto de “moral pública” para
sustituirlo por un individualismo moral
¿En qué consistía exactamente esta pro- crecientemente reacio a la intromisión del
puesta? ¿Cuáles eran sus ideas, explícitas o Estado o la comunidad en la vida privada de
implícitas, sobre cómo solucionar los pro- las personas. El trabajo de Kinsey habría ocu-
blemas? Creo que para atender adecuada- pado un papel relevante en este proceso cola-
mente ambos interrogantes deberíamos borando en la consideración de las cuestiones
87
Agustín Malón Marco

sexuales como un problema de moralidad incluso de la comunidad, en la vida privada


privada y no pública. Según Allyn (1996, p. de las personas.
416 y ss.), lo hizo, entre otras vías, mediante
su profundización en el comportamiento Desde el siglo XIX los movimientos de
privado de la gente y su desentendimiento pureza social en los Estados Unidos, como el
de los comportamientos públicos. Su pro- de Anthony Comstock, habían insistido en
pia epistemología —la conducta individual, la dramática extensión de fenómenos moral-
genital y orgásmica— y la metodología uti- mente degradantes como la prostitución o
lizada —la entrevista anónima e individuali- la pornografía. Estos planteamientos serían
zada— habrían permitido una aproximación luego sustituidos por las propuestas del
exclusivamente privada del fenómeno. higienismo social. Kinsey se habría opuesto a
ambas líneas de intervencionismo desviando
Fueron dos las vías por las que el estudio de la atención de la comunidad desde estas
Kinsey socavó los fundamentos de la moral cuestiones más públicas hacia otros aspectos
dominante (Allyn, 1996, p. 407). En primer de la vida privada de las personas que en un
lugar mediante la demostración del abismo principio no tendrían mayores implicaciones
que se daba entre lo ideal y lo real, lo que colectivas. Así no habría tocado en profun-
se suponía que pasaba —o debía pasar— y didad cuestiones como la pornografía, las
lo que realmente sucedía, considerando así representaciones burlescas o las muestras
que la moral imperante estaba basada en un de erotismo en el cine, las violaciones o el
absoluto desconocimiento de lo que era el intercambio homosexual en lugares públicos
comportamiento de la gente. Si la conducta (Allyn, 1996). Tampoco abordó temas como
privada de las personas no se ajustaba a lo las infecciones venéreas, el intercambio de
que era la norma social, ésta norma debería parejas o la conducta de ciertas minorías
modificarse para adaptarse a esa realidad. eróticas —sadismo y masoquismo, traves-
Esto significaba implícitamente que la cien- tismo, voyeurismo o exhibicionismo— que
cia estadística sería el árbitro de la moral desdeñó en teoría por considerarlas estadísti-
al establecer lo que realmente pasaba. De camente insignificantes (Bullough, 1998, p.
hecho, una de las principales características 131). La prostitución la abordó en el caso de
destacadas del trabajo de Kinsey fue su papel los hombres pero precisamente para restarle
a la hora de cuestionar el orden moral impe- importancia, algo que sucedería también con
rante en su momento, siendo posible definir lo que ahora llamamos los abusos sexuales
su libro sobre el hombre como un “761 page infantiles, denunciando la histeria colectiva
study of American hypocrisy” (Allyn, 1996, por hechos que en general consideró desde
p. 411). la levedad.

En segundo lugar, señala Allyn (1996), este Esto se refleja con claridad en sus opinio-
cuestionamiento de la moral sexual se pro- nes sobre los códigos penales del momento,
duce de un modo más indirecto mediante siendo muchos los expertos juristas que
una evidente minimización en sus trabajos siguieron la brecha abierta por Kinsey, o al
del problema de las expresiones sexuales en menos ensanchada, en su demanda de una
público. Si uno se guía por el estudio Kinsey, despenalización de una amplia gama de
señala Allyn, da la impresión de que toda conductas sexuales. Como señala Bancroft
conducta sexual se da en el espacio privado (1998, p. 8), Kinsey se opuso principalmente
del hogar pues su trabajo es particularmente al uso simbólico del derecho penal como vía
silencioso a propósito de esas manifestacio- para imponer una determinada moralidad.
nes públicas, lo cual ayudaría en sus inten- Las posteriores modificaciones en los códigos
ciones de negar la interferencia del Estado, e penales se orientarían en este sentido, despe-
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Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

nalizando lo que eran meras opciones mora- parada constantemente con la de otras espe-
les —i.e. el caso del adulterio o la homose- cies, en el que establecer qué es normal y qué
xualidad— y limitando el registro de con- no lo es supone más bien una decisión arbi-
ductas susceptibles de una intromisión por traria. Para Kinsey, desde una perspectiva
parte del Estado. pragmática, el criterio de normalidad ya no
debería ser de orden moral, sino que debe-
“Se sostiene por lo general que la legislación ría fundarse en la realidad desvelada por la
penal tiene por objeto proteger la propiedad investigación científica capaz de estudiar no
y las personas; sin embargo, si el exclusivo solo la frecuencia de ciertas conductas sino
interés de la sociedad al controlar la conducta sus efectos en los individuos y en la sociedad.
sexual fuese el de proteger a las personas, los No hay conducta ni condición erótica que
códigos penales que legislan la violación y la no se de en la naturaleza, animal y humana,
agresión bastarían para proporcionar una pro- siendo la mayor parte de ellas inocuas,
tección adecuada.” (Kinsey et al., 1967a, p. 4) cuando no positivas, para los individuos y la
comunidad. Con lo cual la tradicional con-
Para los legisladores, los nuevos plantea- sideración de lo “normal” pierde aquí toda
mientos defendidos en el trabajo de Kinsey razón de ser. Las implicaciones de este nuevo
condujeron a la necesidad de establecer más planteamiento, que no obstante Kinsey ni
claramente una diferencia entre las esferas inventó ni fue el único en defender, merecen
pública y privada en lo que a la legislación un especial análisis.
se refiere. Pero sobre todo, como se refleja en
una propuesta del American Law Institute
para la reforma del código penal que atendía 4. Norma y realidad. ¿La ciencia
también al capítulo de los delitos sexuales, contra la moral?
supuso una transformación tendente a la
criminalización únicamente de aquellas con- Una de las revisiones críticas más sugestivas
ductas que ponían en peligro, además de la que he podido leer del trabajo de Kinsey es
integridad física o psicológica de los ciuda- la del sociólogo alemán Helmut Schelsky
danos, el orden y la convivencia social y no (1912-1984) que en 1955, dos años después
necesariamente la moral. La propuesta para de la publicación del segundo informe Kin-
despenalizar el adulterio es el mejor ejemplo sey, publicaba su obra Sociología de la sexua-
de este giro. Se trataba de despenalizar toda lidad. En ella dedicaba un amplio capítulo a
conducta sexual que tuviera lugar entre dos la cuestión de la moral sexual y más específi-
adultos que consentían. Según Allyn (1996, camente a la moral sexual en Kinsey. En este
p. 424 y ss.) estas sugerencias de cambios apartado y en el que le sigue daré cuenta de
estaban claramente influenciadas en el tra- buena parte de sus ideas —lo cual no implica
bajo y la filosofía de Kinsey, siendo el informe que siempre las comparta— empezando por
de la American Law Institute un texto de resumirlas brevemente.
gran peso en las posteriores transformaciones
legales a lo largo de los años sesenta. Según Schelsky, la normatividad en materia
de sexualidad es uno de los productos funda-
Esta privatización de la moral sexual se rela- mentales de todas las culturas pues en última
ciona a su vez, en un juego de mutua influen- instancia remite, directa o indirectamente, a
cia, con la critica al concepto tradicional de la realidad de los sexos y su configuración
normalidad. Es sabido que la propuesta de social, elemento vertebral de la condición
Kinsey, a su entender fundamentada en los humana en sociedad. Así pues la normativi-
hallazgos de su estudio, es la del continuum dad sexual responde no a una supuesta rea-
de la conducta erótica de los humanos, com- lidad biológica o al capricho humano, sino
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Agustín Malón Marco

a la estructura general de cada sociedad que al hogar y la crianza—. Esta consideración


se serviría de la “exaltación metafísica de sus de algo como lo “natural” era la prueba de su
normas sexuales para salvaguardar sus funda- éxito y arraigo en términos morales. Ahora
mentos vulnerables” (Schelsky, 1962, p. 65). la ciencia nos habría permitido liberarnos de
De ahí el carácter necesariamente absoluto este “engaño” para instalarnos no obstante
de estas normas que son interiorizadas por en otra normatividad igualmente fundada
los individuos en forma de tabúes y princi- en lo “natural-biológico”. Ésta no vendría
pios considerados como “naturales”, esto es, dada por la ley divina sino por la naturaleza
“irrebatibles”. Sentir algo como lo natural, biológica del animal humano, caracterizada
sería la máxima expresión de una exitosa precisamente por su gran variabilidad y plas-
interiorización de un cierto orden moral ticidad científicamente constatadas. De ahí
entre los miembros de una comunidad. que ahora toda actividad tachada de contra
natura sea precisamente toda la que supone
La tradicional hipertrofia normativa, casi una prohibición o ataque a esa sexualidad
siempre de base religiosa, que llevaba en oca- natural. Lo cual ha sucedido precisamente en
siones a generar culpa por condiciones bio- una época de creciente prestigio de la ciencia
lógicamente determinadas, habría sido sus- en su descripción de los “hechos” como refe-
tituida en la actualidad —recordemos que rente de autoridad moral.
escribe esto hace más de medio siglo— por
una creciente resistencia a toda normativi- El trabajo de Kinsey y sus implicaciones en
dad y a una relativización que pondría en los Estados Unidos, continua Schelsky, son
entredicho su papel social. El estudioso que, un perfecto ejemplo de este dilema moderno
en su comparación entre culturas, cuestiona entre las aportaciones de los datos científicos
la validez de las normas propias y sugiere su y la necesidad de una norma sexual. Kinsey,
modificación, se queda en realidad a mitad de según resaltan varios autores (Kubie, 1955;
camino al olvidar que toda norma sexual está Schelsky, 1962) habría demostrado científi-
basada en la articulación total de cada cul- camente lo que ya era intuido previamente:
tura y que “perturbarlas significa nada menos la gran variabilidad y plasticidad de la con-
que atacar los fundamentos de la estructura ducta sexual, señalando que muchos com-
total de esa cultura” (Schelsky, 1962, p. 63). portamientos considerados contra natura eran
Esto supone además el negar la dimensión en realidad expresiones naturales de la sexua-
histórica del ser humano al considerar que, lidad humana. En dicha lógica, diría Kinsey,
dada la plasticidad y el carácter fundamen- esta variedad ha de ser moralmente legiti-
talmente social de la sexualidad humana — mada haciendo que lo “biológicamente natu-
en gran medida gracias a las aportaciones de ral” sea considerado “moralmente natural”.
la ciencia primero antropológica y más tarde La principal consecuencia de ello es que de
estadística—, toda norma podría ser alterada este modo la biología y la estadística, aplica-
arbitrariamente sin mayores implicaciones. das al comportamiento humano, se convier-
ten en ciencias no descriptivas —como podría
Pero junto a esta creciente relativización de suceder con el estudio de las avispas— sino
las normas sexuales, Schelsky señala el peso fundamentalmente normativas.
todavía mayor de una nueva norma, que sería
igualmente dogmática y absolutista, basada En resumidas cuentas, lo que Schelsky viene
en una novedosa concepción de lo “natural”. a decir es que la ciencia estadística pasa a ser
Hasta ahora lo “natural” era un argumento con frecuencia una ciencia del deber ser y no
secundario para justificar normas y princi- exclusivamente del ser cuando es aplicada
pios en realidad culturalmente establecidos al comportamiento humano. El ejemplo de
—i.e. lo “natural” es que la mujer se dedique Kinsey es paradigmático en este sentido,
90
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

al aplicarse la investigación social al estu- Esta fue una de las críticas fundamentales
dio de un comportamiento de tan amplías que se le hicieron: su reducción del ero-
y profundas implicaciones sociales y mora- tismo humano al placer, básicamente genital
les como es el erótico. Alguien ha definido y orgásmico, no daba cuenta del lugar que
a Kinsey como “el prototipo del predicador este aspecto tenía o podía tener en la existen-
moral al revés” (Schelsky, 1962, p. 144) cia humana. Fue acusado así de materialista
haciendo referencia a cómo en realidad su desde los autores cristianos y de haber con-
postura acabó imponiendo una nueva dic- vertido el modelo del deseo y el placer de los
tadura moral basada en una cierta idea de mamíferos como vía para la salvación de los
lo “natural” en cualquier caso asociada a la humanos (Hiltner, 1972). Kinsey se habría
cuantificación del desempeño sexual y en la detenido en lo que había aparentemente de
norma del orgasmo. Ciertamente en Kinsey común —la conducta sin significado— entre
hay implícita una moral caracterizada por la animales y humanos y habría prescindido de
trasformación de la norma prohibitiva por la lo que habría de específico en éstos —i.e.
norma permisiva, según algunos igualmente la voluntad sobre los instintos, la libertad
preceptiva y potencialmente tan angustiosa sobre la predestinación, la creatividad sobre
como la anterior: la determinación, etc.— (Johnson, 1975).

“…como la potencia sexual y el orgasmo se Esta postura se fundaba en su visión de la


han convertido en una normal exigencia con- vida erótica de los humanos como algo simi-
vencional y han llegado a constituir la evi- lar a la de los mamíferos. Según esta perspec-
dencia de un standard social elevado, natu- tiva habría pues una vida erótica “natural”,
ralmente se origina el temor y la angustia de y por lo tanto universal, que en realidad no
no poder satisfacerlo. El temor a la impoten- se expresaría más a menudo por culpa de la
cia y la angustia se convierten en los moder- represión social. La cultura y la sociedad,
nos miedos sociales. La declinación ‘libera- con sus costumbres, normas, valores, etc.,
dora’ de las convenciones del pudor, lograda no serían sino cortapisas restrictivas a esta
por medio de la franqueza sexual, sólo ha sexualidad natural. Si el ser humano lograra
creado la convención opuesta: la necesidad dar rienda suelta a esa naturalidad, entonces
del orgasmo.” (Schelsky, 1962, p. 144) estaría más cerca de la felicidad. La sexuali-
dad es pues algo innato que debe ser respe-
Kinsey, lo reconociera o no, tenía mucho de tado. La investigación sexual habría demos-
cruzado (Morantz, 1977). Su postura hacia el trado que esta sexualidad natural adquiere
papel y el manejo de la vida erótica era clara, formas diversas que la sociedad estaría repri-
expresando implícitamente su admiración miendo sin justificación, por pura ignoran-
por aquellos con una vida sexual más activa cia y religiosidad. La revelación de los datos
y su recelo respecto de los que defendían una científicos sirve para poner a la sociedad ante
sexualidad más contenida. Sus interpretacio- sí misma y su “realidad”.
nes estadísticas se decantan invariablemente
del lado de la permisividad —i.e. la aproba- A menudo la tarea del científico social, y
ción de aquellos hombres que han iniciado entramos en un punto particularmente inte-
antes su actividad genital y orgásmica—, resante del análisis de Schelsky, tiene que ver
mientras que su consideración del placer, o con lo que podríamos llamar la visibilización
más específicamente de la descarga orgásmica, de lo invisible. Lo que hasta entonces era pro-
como medida de su investigación, dejaba lógi- pio de la más oculta intimidad de los sujetos
camente de lado el estudio de otros elementos —como es el comportamiento amatorio—
motivacionales para la comprensión del com- pasa a convertirse en materia de conversación
portamiento humano en este ámbito. y conocimiento públicos. Esto es sin duda un
91
Agustín Malón Marco

hecho novedoso para el ser humano se mire tación, al gran público de clase media, al
como se mire, pues nunca hasta entonces mismo tiempo objeto y destino de sus inda-
había sido posible conocer lo que la mayoría gaciones. De forma paralela, en aquellos años
de la gente hace en este terreno de máxima pri- se multiplicaron los libros de consejo matri-
vacidad, poniendo por primera vez a disposi- monial, los cursos universitarios de prepa-
ción del gran público lo que hasta entonces ración al matrimonio y la vida familiar, los
permanecía oculto o como mucho parcial- servicios de asesoramiento, etc., que susti-
mente revelado para algunos especialistas tuirían a los clásicos manuales y cursos desa-
(Schelsky, 1962, p. 7). rrollados desde la perspectiva de la higiene
social (Bullough, 1998, p. 128). Eran sin
Para muchos (Allyn, 1996, p. 406; Bullo- duda tiempos de rápidas transformaciones,
ugh, 2004, p. 277) la obra de Kinsey supuso como lo ha sido todo el siglo XX, y en ellos
en última instancia la victoria definitiva de la demanda de claves para gestionar la vida
una nueva forma de pensar y dialogar sobre privada al margen de modelos tradicionales
la sexualidad caracterizada por una mayor crecientemente cuestionados, se combinaba
franqueza y apertura, dando la estocada final con el emergente desarrollo de las nuevas
a la tradicional “conspiración de silencio” profesiones en torno a la ciencia social.
que rodeaba estas cuestiones en las socieda-
des occidentales. Una de sus grandes virtu- Además, el trabajo de Kinsey y su acogida
des habría sido el poner sobre la mesa por mediática y social hizo, en opinión de Julia
un lado el abismo que separaba los ideales Ericksen (1999), que las encuestas sobre el
de la realidad y, por otro, la necesidad de comportamiento erótico fueran recibidas y
establecer un diálogo público abierto y más valoradas de un modo completamente dis-
sincero sobre la vida erótica de las personas tinto por la sociedad. Kinsey manejó cuida-
(Morantz, 1977, p. 583)(Bullough, 1998). dosamente la cuestión mediática y generó
Esto sin duda no fue sólo ni principalmente una audiencia expectante a las estadísticas
responsabilidad de Kinsey, sino que se debió sobre el sexo —especialmente con la lle-
en gran medida al uso posterior, azuzado por gada del segundo volumen—. Su trabajo y
la respuesta mediática y social, que se hizo las posteriores reacciones se convirtieron en
de su obra, convirtiendo un aburrido tra- objeto de atención social. Los medios ayu-
tado científico en un bestseller y sus tópi- daron a convertir las estadísticas de la vida
cos en objeto de conversación por todos los privada en materiales de atención para el
rincones de la sociedad estadounidense. La público en general y no únicamente para los
divulgación de esos datos, necesariamente expertos. No obstante estos medios, junto a
simplificada para ser esparcida y convertida los manuales de autoayuda que incorpora-
en materia sensacionalista, sobre la vida pri- ron rápidamente algunos de sus resultados,
vada de las personas tuvo un efecto en cierto difundieron una versión simplificada y más
modo paradójico que me interesa analizar a digerible de sus estudios. Para el gran público
continuación. eso fue lo que quedó de Kinsey, mientras que
sus dos libros fueron, a decir de Pomeroy, los
dos bestsellers menos leídos de la historia.
5. Las estadísticas de la intimidad y Pero el “escándalo Kinsey” puso como nin-
la moral sexual contemporánea gún otro en manos del gran público la vida
más privada de la gente, favoreciendo a su
Con Kinsey sucedió que los hallazgos y con- vez una creciente demanda de información.
sideraciones de los investigadores de la vida
matrimonial llegaron por primera vez, al Se dice que la minuciosidad de Kinsey en el
menos en forma masiva y generando expec- estudio de la conducta sexual humana fue
92
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

similar a la de sus estudios en biología. Y es “Kinsey no entiende que el conflicto susci-


cierto que Kinsey profundizó tal vez como tado entre las normas sexuales de una socie-
nadie en los detalles más ínfimos del com- dad y la gama de variaciones naturales del
portamiento físico de los sujetos, centrán- comportamiento sexual fáctico es estruc-
dose en la medición de conductas como la turalmente inevitable, que siempre existe
masturbación, el orgasmo o el coito en for- y, por consiguiente, que debe ser aceptado
mas nunca hechas hasta entonces. Apunta a priori. En materia de normas nunca se
Schelsky (1962) que, en su descripción de la alcanza el ideal; pero, para afianzar los hábi-
conducta sexual, Kinsey puso sobre la mesa tos y costumbres, es necesario que haya un
conductas que, como sucede con los contac- ideal.” (Schelsky, 1962, p. 69)
tos homosexuales esporádicos, habían per-
manecido hasta ese momento acertadamente Critica aquí Schelsky la tendencia de muchos
en el silencio social, pues se trataba en gran científicos a cuestionar de forma tal vez frívola
parte de adiáforas morales; esto es, eran en las costumbres y normas de su propia cultura
realidad conductas indiferentes a lo moral —i.e. las diferencias entre los sexos— sobre
que permanecen por debajo del nivel de nor- la base de esa variabilidad natural, olvidando
matividad siendo innecesaria su reglamenta- de este modo el papel que esos elementos
ción. Al ponerlas en la conciencia pública, juegan en la estructura de toda la cultura.
dice Schelsky, y sobre todo al hacerlo en los Kinsey habría olvidado en sus estudios el
términos que se hizo, añadiría yo, se “las investigar una cuestión que ciertamente es
eleva al plano de aquello que debe ser regu- relevante y que Schelsky nos recuerda en
lado” (1962, p. 68). concreto a propósito de las relaciones sexua-
les prematrimoniales. Los datos de Kinsey
En este sentido Kinsey, señala Schelsky, sería hablaban de un elevado porcentaje de estas
un puritano y sus propuestas un reflejo del conductas, especialmente para los hombres,
ideal propiamente estadounidense de per- pero olvidaba el preguntar a esos mismos
feccionamiento y de “adaptación perfecta” encuestados qué opinaban de su comporta-
que serían por el contrario ajenos a la tradi- miento y de esa conducta. Schelsky, basán-
ción católico-romana. En ésta se aceptarían dose en otros estudios, se atreve a formular
mucho mejor las inevitables trasgresiones la hipótesis de que en el ámbito anglosajón,
del orden moral, las posibilidades reales de al contrario de lo que sucede en Alemania,
las normas morales y el valor de una norma la diferencia entre lo que la gente hace y lo
independientemente de su relativa inefica- que considera que es correcto hacer es mucho
cia. En los pueblos de tradición católica, mayor. Esto es, la moral y la realidad están
según Schelsky, se da “por supuesta la índole más distanciadas e incluso los que transgre-
decididamente privada del comportamiento den la moral —i.e. manteniendo relaciones
sexual; por ende, en esos países, los hechos sexuales prematrimoniales— consideran que
expuestos en el informe Kinsey no entrañan ésta es apropiada y debería seguirse.
un shock, ni interesa demasiado la prédica
moral ‘a la inversa’ que en él se formula.” Ciertamente Kinsey pudo cometer aquí un
(Schelsky, 1962, p. 68). Kinsey, reflejando error de interpretación respecto al signifi-
el espíritu estadounidense, pretendería cado de lo moral. En la corriente de aquellos
adaptar la moral a los hechos poniendo de que han ido viendo a los individuos como
relieve esa extendida dificultad para aceptar víctimas de un modo u otro de la sociedad
las inevitables tensiones entre los ideales y —en este caso de su moral victoriana y de
la realidad, convirtiendo de este modo la la ignorancia—, Kinsey olvidó que la hipo-
adaptación entre ambas en un ideal en sí cresía no se da únicamente en el nivel del
imposible: grupo, que fue lo que él básicamente denun-
93
Agustín Malón Marco

ció, sino que la hipocresía, o, si se prefiere, se ve favorecida por un evidente estado de


la distancia entre lo que uno hace y lo que inseguridad relacional y familiar en los Esta-
uno dice hacer y/o desearía hacer, también dos Unidos. Allí, debido a la propia historia
se da en el mismo individuo. Y que incluso, y sociología de país, la crisis de valores, la
como decía Mary Douglas (Douglas, 1991), ausencia de arquetipos y el debilitamiento de
esta distancia es necesaria en cierto grado en la estructura familiar tradicional habrían tra-
toda sociedad para que sea tal, dada la con- tado en parte de subsanarse, quizá en mayor
dición moral del ser humano. Lo que uno medida que en cualquier otro país, mediante
reclama en el comportamiento de los demás el recurso al criterio experto (Sykes, 1992).
no siempre se aplica en el propio comporta- Esto no empieza no obstante con Kinsey, sino
miento. Esto es un principio fundamental de que la propia entrada de Kinsey en el mundo
la sabiduría popular y posiblemente se trata de la sexualidad tuvo que ver precisamente
de un hecho imposible de resolver del todo. con la generalizada demanda que había entre
Es decir, cierto grado de “hipocresía” sería los estudiantes universitarios —y entre la
consustancial a toda comunidad humana, población en general— de información
lo cual tiene que ver con el carácter necesa- sobre la vida familiar y matrimonial. Habla
riamente absoluto de las normas sexuales para allí Schelsky de una “credulidad científica”
que sean tales, pues si no lo son se acaban sujeta a los avatares de las modas científicas y
debilitando y pierden eficacia en cuanto a su cuya consecuencia le parece clara: “Esto sig-
funcionalidad social. nifica simplemente que, al admitir la seudo
orientación de la ciencia en el ámbito íntimo
Las estadísticas que, como las de Kinsey, y personal, aumenta la inseguridad y la dis-
son divulgadas como meros números sobre continuidad en el comportamiento.” (Schel-
la frecuencia de ciertas conductas sin que sky, 1962, p. 74).
esos datos sean adecuadamente matizados,
contextualizados e interpretados, pueden en Aquí el estudio de Kinsey, y más concreta-
este sentido conducir a un cuestionamiento mente su divulgación mediática y simplifi-
en falso del orden moral y generar incluso cada, generaría la misma sensación que un
daños mayores que esa supuesta hipocre- discurso experto mal gestionado: la sensa-
sía allí denunciada (Kubie, 1955). En opi- ción de que algo se está haciendo mal, de
nión de Schelsky esta conducta consistente que algo funciona mal y de que algo hay
en divulgar meros datos estadísticos sin un que hacer para que vaya “bien”. La ciencia,
adecuado análisis crítico de los mismos es en este caso estadística, se convierte en el
algo inmoral, pues genera una interpretación lenguaje y el modo de pensar al hombre y
mecánica de los mismos sin atender en el sus relaciones, pero, con la esperanza de eli-
juicio a los elementos realmente pertinentes. minar ciertos conflictos originados en “una
Así por ejemplo, en el caso de las cifras sobre moral anticuada, sólo han de crear nuevos
la infidelidad divulgadas como simples por- conflictos, que no podremos dominar si no
centajes (véase Schelsky 1962, p. 72 y ss.), se disponemos de suficientes recursos morales.”
despersonaliza la relación con el cónyuge y se (Schelsky, 1962, p. 75). Para Kinsey, conti-
olvida la importancia del vínculo personal a nua Schelsky, eran los datos reales los que
la hora de emitir un juicio. obligaban a modificar la moral y la legisla-
ción. Este sería precisamente el problema,
Ahora bien, como señala Schelsky, la inter- este estilo de cambiar las cosas, pretendiendo
pretación que la gente haga de estos núme- que la realidad conductual defina lo moral y
ros va a depender lógicamente de su situa- olvidando, como hace Kinsey, que también
ción personal, considerando este sociólogo es viable y deseable el camino inverso por el
que una interpretación simplista de los datos que la conducta se modifique para adaptarse
94
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

a la moral. Un comportamiento que respon- a mi entender que el cambio moral va por


derá, en definitiva, al orden social general, delante de los datos de la ciencia social. Las
siendo la sexualidad como es un elemento estadísticas de Kinsey no cambiaron por sí
estructural poderosamente vinculando a las solas la mirada social sobre la homosexua-
transformaciones de toda la sociedad. lidad. Esta sólo ha podido cambiar, y lo ha
hecho hasta cierto punto, por un cambio
Los científicos sociales habrían ido acu- estructural más amplio que ha permitido la
mulando datos estadísticos para tratar de tolerancia de conductas individuales hasta
cambiar el comportamiento de la gente o entonces amenazantes para el orden social. Se
la moral de la sociedad. De este modo Kin- han desactivado parcialmente los argumen-
sey podía cuestionar las afirmaciones de tos de la anormalidad y de la enfermedad,
aquellos que criticaban ciertas conductas quedando en su lugar únicamente el de la
por ser raras y por lo tanto “no naturales”. maldad que es aplicada a las minorías ahora
Con la fuerza de sus datos, Kinsey podía públicamente condenadas —i.e. el caso de la
reprochar que en realidad se estaban cues- pederastia—.
tionando conductas habituales y comunes.
¿En qué medida sirvieron sus datos y los de Muchas de las críticas de Schelsky no tienen
otros para cambiar la opinión pública y/o el a mi entender tanto que ver con el trabajo de
comportamiento de la gente? Desde luego Kinsey sino con lo que la sociedad hace con
que las estadísticas son un elemento cen- estudios científicos como el suyo. Puede que
tral en los actuales debates sobre cualquier sea cierto que Kinsey olvidó, como destaca
materia de interés social y la opinión de Schelsky (1962), que la moral y el compor-
los expertos posee un peso específico nada tamiento amatorio de los individuos no son
despreciable. Pero sólo hasta cierto punto. entes aislados del orden social que respondan
Sin excluir que sus aportaciones puedan a los fluctuantes caprichos de la comunidad
tener un importante peso por vías diversas, o de los mismos sujetos. Más bien se trata de
en realidad el papel de los científicos o de fenómenos sociales incardinados coherente-
los datos estadísticos per se para cambiar la mente en la estructura social y, por lo tanto,
moralidad pública y el comportamiento de íntimamente dependientes de ella. Pero pre-
la gente es a mi entender bastante limitado. cisamente es aquí donde se equivocan en mi
Otra cosa es que se pueda hacer un uso opinión aquellos que pretenden responsabili-
interesado y más o menos eficiente de esos zar a Kinsey, para bien o para mal, de los cam-
datos, de su interpretación, para instaurar un bios sociales habidos en la moral y el com-
determinado modo de ver las cosas e inter- portamiento erótico de las personas. Si este
venir socialmente. cambio se ha producido o, sobre todo, si se
ha extendido y estabilizado —por ejemplo en
Podemos resaltar el hecho de que los datos un modelo consumista del placer— no habría
que interesan o no en un momento deter- sido por el impulso generado por individuos
minado es algo que la sociedad “decide”. La como Kinsey o por las ideas por éstos defen-
reacción ante el informe sobre el hombre no didas, sino por una transformación más de
fue la misma que la reacción ante el informe fondo en toda la estructura social. Es difícil
sobre la mujer. La infidelidad masculina no definir en dónde se origina el cambio social
generó ninguna sorpresa pero si lo hizo la y qué duda cabe que tanto las ideas como las
femenina. La cuestión de los niños y sus rela- personas que hicieron cosas relevantes son ele-
ciones con adultos generaría escándalos cua- mentos a tener en cuenta (Sztompka, 1995).
renta años después de su publicación, pero Pero, además de recordar que la sociedad hace
en su momento, hasta donde yo sé, práctica- su personal lectura de los planteamientos de
mente nadie le prestó atención. Esto indica estos autores, no olvidemos que en última
95
Agustín Malón Marco

instancia es la estructura social, en sus múl- demostró, y sin lugar a dudas alentó, la cre-
tiples dimensiones y relaciones, la que decide ciente presencia de una concepción mera-
cuál será la personalidad adoptada por una cul- mente hedónica del encuentro amoroso, des-
tura. Kinsey pudo creer o al menos transmitir prendida de sus elementos trágicos y míti-
la idea de que el “sexo” era algo específico y cos (Morantz, 1977, p. 589). Pero él no se
absolutamente privado, algo que podía ser la inventó, aunque la mediatización de sus
separado de la sociedad o incluso de las per- informes favorecieran un debate público más
sonas. Pero ello suponía olvidar que en rea- abierto o incluso que éste se hiciera en unos
lidad son las personas las que son sexuadas, términos y no en otros (Bullough, 2004,
siendo sujetos biográficos, históricos y socia- p. 285). Y ya hemos señalado cómo, en ese
les, siendo su vida erótica y amorosa un reflejo nuevo marco social, la vida privada de las
más de esa condición integral. personas habría ido adquiriendo progresiva-
mente una mayor relevancia como vehículo
A mi entender Kinsey no hizo sino consta- para el logro de la felicidad y el desarrollo
tar la realidad de una transformación social personal. Los cónyuges, cada vez más aleja-
ya en marcha en el terreno del comporta- dos de las biografías impuestas por la socie-
miento amatorio de los estadounidenses, dad y del modelo tradicional de matrimonio,
poniendo sobre la mesa una realidad que se convertían en compañeros y en amantes
muchos expertos y profesionales, y segu- antes que en progenitores. Esto, histórica-
ramente muchos ciudadanos, ya percibían mente, era un paso revolucionario cuyas con-
o al menos intuían. Esta transformación secuencias todavía estamos elaborando. Kin-
tenía lugar en el marco de una sociedad cre- sey atendió a esta evidencia y, como muchos
cientemente individualista donde la satis- de sus colegas, reconoció la importancia de
facción personal, la felicidad individual, la vida erótica para el funcionamiento de
adquirían prioridad frente a las necesidades la pareja, aunque sin convertirla, al menos
del orden social. Su descubrimiento sobre pretendidamente, en clave exclusiva de su
el omnipresente —y en cierto modo sor- éxito. Creo que Kinsey buscó sobre todo el
prendente— recurso al “petting” entre las dar las claves, fundamentadas en su concep-
nuevas generaciones no hacía sino constatar ción de la investigación científica, para res-
el surgimiento de una nueva concepción de ponder a los retos planteados por la nueva
la intimidad erótica, del matrimonio, de la realidad social en cuanto a la vida amorosa de
virtud, de la virginidad, del placer y de la hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos,
relación entre comportamiento personal y ricos y pobres.
estructura social. Sus repetidas y justifica-
das críticas a los códigos penales vigentes
—por ejemplo con el castigo del adulte- 6. Kinsey, el “sexo” y la condición
rio— no deben hacernos olvidar que, como postmoderna
el propio Kinsey reconoce —véase Kin-
sey et al., (1967b, p. 437) a propósito del Se ha dicho que Kinsey no sólo investigó
coito extraconyugal—, en la mayor parte el “sexo”, sino que lo “creó”, influyendo en
de las conductas contempladas en ellos, nuestro nuevo modo de pensarlo (Bullo-
estos códigos raramente se aplicaban en la ugh, 2004, p. 285). En este sentido parece-
práctica y, cuando se hacía, se trataba de un ría que Kinsey, y otros autores destacados,
uso interesado de la norma penal para otros habrían influido considerablemente, si no
fines bien distintos (Allyn, 1996). en nuestras costumbres, sí cuando menos en
nuestro modo de abordar conceptualmente
En el marco de una sociedad guiada por la la realidad erótica del ser humano. Vale la
libertad y el bienestar individual, Kinsey pena, en este punto de nuestra argumenta-
96
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

ción recurrir al trabajo de Paul Robinson, en la vida erótica.” (Robinson, 1995, p. 8).
publicado en 1976 y titulado La moderni- En este sentido la progresiva naturalización
zación del sexo, para adentrarnos en el modo y valoración de la masturbación es uno de los
en que Kinsey y otros sexólogos se interesa- mejores ejemplos de esta transformación his-
ron y colaboraron en “establecer un sistema tórica que en última instancia remite, como
de pensamiento moderno sobre los asuntos bien dice Robinson, a una nueva —y com-
sexuales” (Robinson, 1995, p. 9). En su pre- pleja— consideración del encuentro carnal.
facio, Robinson plantea la tesis de que el
saber sexológico merece un reconocimiento Robinson nos alerta no obstante de que defi-
digno en la historia del pensamiento con- nir el modernismo sexual como una “reac-
temporáneo. Esa modernización del sexo, a ción contra el victorianismo” (1995, p. 209),
la que hace referencia el título del libro, y en si bien puede ser útil para empezar, conlleva
la que el trabajo intelectual de ciertos sexó- el riesgo de equiparar a éste con represión
logos —especialmente Ellis, Kinsey, Masters y modernismo con permisividad, obviando
y Johnson— habrían tenido un papel fun- las interesantes tensiones que surgen dentro
damental, implicaría en términos esenciales de ese proceso de modernización con otra
un progresivo proceso, iniciado en el paso corriente en cuyo diálogo los modernizadores
del XIX al XX, de cuestionamiento y aban- del sexo estaban necesariamente implicados:
dono, cuando no ataque frontal, a las tesis
planteadas por la moral victoriana a propó- “Estas tensiones sólo son inteligibles cuando
sito del sexo, considerada por Robinson, con entendemos el modernismo en términos de
sus oportunas matizaciones y clarificaciones su relación dialéctica con los valores sexuales
geográficas, la ortodoxia sexual a lo largo del del romanticismo europeo. A un nivel más
XIX en Occidente: profundo, la historia de las opiniones sexuales
en el siglo XX representa una revuelta incon-
“Contra los victorianos, los modernistas man- clusa contra la ideología sexual impuesta por
tenían que la experiencia sexual no era ni una ciertos pensadores ingleses y alemanes en los
amenaza moral ni un desperdicio de energías primeros años del siglo XIX.” (Robinson,
vitales. Por el contrario, la consideraban una 1995, p. 209)
digna (aunque a menudo precaria) actividad
humana, cuya adecuada gestión era esencial La doctrina sexual romántica se define bási-
para el bienestar social e individual. Expre- camente por la asignación de un elevado
sado claramente (…) los modernistas eran valor humano a la experiencia erótica, siem-
entusiastas sexuales.” (Robinson, 1995, p. 8) pre que ésta se produzca en el contexto de un
determinado vínculo —espiritual, emocio-
Esta tesis lleva a definir la modernización del nal, intelectual— entre los amantes. Por su
sexo como un reconocimiento del valor del parte, el pensamiento moderno sobre el sexo
placer erótico, una progresiva legitimación entra en un diálogo con este ideal romántico
de algunas de sus desviaciones, un mayor que es sucesivamente “reafirmado, criticado
reconocimiento de la sexualidad femenina y finalmente transformado”. Si Ellis fue el
en paridad con la del hombre y, finalmente, más romántico de los modernos —hasta las
una ampliación de los contextos para la aventuras extramatrimoniales eran cosas del
vivencia del placer más allá del matrimo- corazón, que no del cuerpo— Kinsey, señala
nio heterosexual y reproductivo, “elevando a Robinson, sería seguramente el más anti-
nivel de debate explícito lo que me parece romántico de estos sexólogos:
el problema más exasperante de la psicolo-
gía sexual humana: la paradójica necesidad “Alfred Kinsey, por el contrario, representa
tanto de compañerismo como de variedad el verdadero impulso anti-romántico en el
97
Agustín Malón Marco

modernismo sexual. No es un materialista relacionado con el paradigma sexual con-


sexual del tipo del Marqués de Sade, pero temporáneo, y en cuya evolución el papel de
busca, por encima de todo lo demás, sepa- Kinsey es en su opinión más difuso y abierto
rar la experiencia sexual humana de sus al futuro. Se refiere a la progresiva desmiti-
asociaciones emocionales elaboradas. Tales ficación del sexo, considerado cada vez más
asociaciones, creía, suponen restricciones como “una experiencia natural y común,
innecesarias a la expresión de una inocente más que como algo misterioso o prohibido
necesidad física. Solamente al ser reprimidas (…) pasando del terreno de lo sagrado al de
amenazan las exigencias sexuales y la esta- lo profano” (Robinson, 1995, p. 130). Para
bilidad emocional, por lo que una sociedad Robinson, Kinsey sería el mayor desmitifica-
racional debe intentar promover no sólo una dor sexual del pasado siglo aproximándose al
actitud positiva, sino esencialmente causal sexo como un “acto natural” y convirtiendo,
hacia la sexualidad. La noción de que el sexo como habría hecho Sade, la experiencia
sólo debía ser permitido cuando las personas sexual en un fenómeno sin pasiones. En su
se amaban realmente, para él no era menos defensa de una ciencia sexual sin premisas
absurda que la creencia de que la masturba- o implicaciones morales, Kinsey defendió
ción provocaba la locura.” (Robinson, 1995, y justificó públicamente esta potencialidad
p. 212) desmitificadora de sus investigaciones. Pero
en opinión de Robinson, su impacto en este
Por su parte Masters y Johnson buscaron tal sentido no habría dependido tanto de estos
vez, aunque infructuosamente según Robin- gestos como de las propia estructura de su
son, un reencuentro razonable entre ambas pensamiento sexológico y el papel otorgado
fuerzas, la moderna y la romántica. Una a la descarga como medida de la conducta
síntesis deseable pero imposible entre Ellis sexual:
y Kinsey. Que esta cuestión sigue sin ser
resuelta lo demuestra la constante presencia “un concepto esencialmente cuantitativo,
del debate entre el sexo y el amor, el sexo y el moralmente indiferente y lo que también es
afecto, el sexo y la relación o, si se prefiere, el importante, sin color. La noción de descarga
compromiso y la pasión: desnuda a la experiencia sexual de todos sus
matices, incluidos la magia y el terror. Al
“En cuanto modernos, continuamos per- mismo tiempo, implica una democratización
manentemente divididos entre el pasado de los asuntos sexuales humanos. Presenta
romántico, de cuyas represiones nos gustaría las actividades más tabúes bajo el mismo
liberarnos y el futuro desromantizado, cuyo entramado conceptual que las relaciones
vacío emocional nos asusta, aunque antici- matrimoniales, proceso que acaba haciéndo-
pemos una mayor libertad. Es precisamente las inocuas.” (Robinson, 1995, p. 131)
en esta antítesis de los impulsos románticos
y anti-románticos donde debe colocarse el Esta interpretación me sirve para reforzar mi
elemento característicamente moderno de la impresión de que el principal “problema”
modernización del sexo.” (Robinson, 1995, de Kinsey no tiene tanto que ver con lo que
p. 212) escribió sino con el modo en que se le leyó
—o simplemente no se le leyó— y la forma en
En su análisis de las aportaciones de Kinsey a que sus ideas, como sucedería con las de otros
la sexualidad contemporánea, tras señalar su sexólogos, han sido posteriormente divulga-
clara influencia en aspectos como la toleran- das, manipuladas, simplificadas y descontex-
cia hacia la homosexualidad y hacia la vida tualizadas por parte de la sociedad mediática
sexual de los jóvenes y fuera del matrimonio, y del consumo en la que nos encontramos.
Paul Robinson comenta un tercer ámbito, Algo similar podría haber sucedido con el
98
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

modelo DEMOR de Master y Johnson o el reglas del juego, debe el Estado inmiscuirse
binomio sexo/género de Money (1985), cons- para reestablecer las condiciones básicas del
tructos pensados con una finalidad científica mismo.
que luego son reinterpretados y utilizados
con un sentido distinto al original. Creo que Kinsey no inventó este modelo,
sino que fue testigo de su surgimiento y lo
Así por ejemplo, creo que su consideración articuló, consciente o inconscientemente,
del orgasmo como dato “empírico” para la en el transcurso de sus investigaciones. A lo
investigación no explicaría la posterior ele- sumo, se aventuró a explorarlo en muchas de
vación del orgasmo al estatus de criterio de sus implicaciones. Se adelantaba así a lo que
valor fundamental. Me atrevería a especular sería, para bien o para mal, una forma parti-
que ésta tuvo que ver más bien con otras cularmente poderosa de entender el deseo y
influencias de corte reichiano en los años el placer que todavía está con nosotros, con-
sesenta y sobre todo con su asimilación por secuencia lógica del proceso de secularización
la sociedad de consumo en sus más diversas e individualización acaecido en las socieda-
manifestaciones. Es cierto que Kinsey fue des modernas y de la progresiva desaparición
de la opinión de que tener un orgasmo era del tradicional vínculo entre la sociedad y el
mejor que no tenerlo, afirmando que la “gran comportamiento erótico. Kinsey visibilizó
mayoría de las gentes vive más feliz con- en la sociedad estadounidense los primeros
sigo misma y con los demás si su excitación signos de aquello que finalmente ha pasado
sexual, cuando ha llegado a cierto grado, es en la modernidad con la condición erótica
descargada a través del orgasmo.” (Kinsey et de los humanos y su manera de entenderla
al. 1967b, p. 166). Pero quiero pensar que se y vivirla.
extrañaría ante ese tipo de propuestas donde
el orgasmo se convierte en algo así como Estudiar a Kinsey es, en este sentido, estudiar
una vía para la liberación política. El papel historia. Leyendo sus páginas, prescindiendo
otorgado al orgasmo era en él, digámoslo así, sin demasiados problemas de las muchas
mucho más modesto y cotidiano. dedicadas a tablas y porcentajes, puede uno
asomarse a los inicios de la modernidad sexual
La propuesta de Kinsey para resolver el en su expresión estadounidense; contexto cul-
malestar sexual contemporáneo suponía a tural que acabaría siendo, también en esto, el
mi entender una consideración del deseo gran modelo y referente del mundo desarro-
y el placer como “cosas de andar por casa”. llado. Leer a Kinsey nos ayuda a entender-
Era una parte más de la existencia humana, nos mejor. Este es uno de sus atractivos. El
aunque importante, que podía ser estudiada atractivo de leer a un clásico que supo cap-
con la misma distancia y desapasionamiento tar a su manera una nueva forma de pensar y
con que se estudia cualquier otra conducta vivir nuestra condición erótica y sensual. En
humana o animal (Bullough, 1998, p. 131). sus investigaciones Kinsey desveló, mal que
Se trataba de restarle dramatismo, misti- bien, con aciertos e imperfecciones, lo que era
cismo y moralismo, convirtiéndolas en un la vida erótica de miles de personas. Segura-
juego placentero que, por otro lado, las pro- mente no la reflejó en toda su complejidad y
pias investigaciones de Kinsey demostraban riqueza —algo por otro lado imposible— y es
como algo bastante extendido y aceptado probable que, en su particular aproximación
en buena parte de la sociedad estadouni- al fenómeno, dejara de lado aspectos de gran
dense (Foote, 1954). Un juego que, para ser relevancia —como el amor—. A pesar de ello
tal, debe ser libremente practicado por los su trabajo encierra un valor a mi entender
interesados. Sólo cuando uno es obligado a incalculable: nos muestra el “sexo” nuestro de
jugar a la fuerza o no es capaz de entender las cada día, el de la mujer y el hombre comunes.
99
Agustín Malón Marco

Esto es, cómo las personas se apañaban en este depender del modo en que éstas consideren
ámbito, con sus deseos y sus contradicciones; la sexualidad en uno u otro sentido. Para los
con lo que hacían y lo que no hacían, testando que consideren que vivimos bajo el manto
hacía dónde apuntaba la mayoría y cuáles eran de la ignorancia victoriana y el prejuicio
las minorías. Nos mostró que la vida de las generadores de sufrimientos, Kinsey seguirá
personas es muy larga y son muchas las posi- siendo objeto de admiración. Para los que
bles experiencias a vivir. Lo cual no implica, y piensen, por el contrario, que el sexo ha sido
no sé si fue esto algo que no destacó suficien- tristemente trivializado y despojado de sus
temente como señala Schelsky (1962), que elementos más atractivos y humanizadores,
no existiera un patrón general, una moralidad las ideas y el paradigma de Kinsey generará
—en el sentido de mores, de costumbres— más o más bien recelos y rechazo.
menos imperante que era seguida y defendida
por un porcentaje suficiente de la población Más de treinta años después de que Robin-
como para decir que “funcionaba” (Kardiner, son reflexionara sobre estas cuestiones, pode-
1962, p. 110). mos concluir que Kinsey es a partes iguales
despreciado por unos y admirado por otros.
La transformación de las sociedades moder- Para la gran mayoría es sin duda indiferente
nas ha traído nuevas preguntas, nuevos anhe- pues no se le conoce; pero sus ideas, las que
los que sustituyen a los anteriores. La lucha él defendió y las que simplemente promo-
por la supervivencia ha sido sustituida por la vió en su manera de pensar el sexo, siguen
búsqueda, por primera vez en amplias capas siendo objeto de debates y posicionamientos
de la población, de un sentido para la exis- morales cuyas tensiones todos vivimos y a
tencia. Los teóricos de nuestra actual condi- menudo padecemos aunque no seamos cons-
ción tienden a mostrar una imagen más bien cientes de ello. A mi entender actualmente
pesimista del individuo moderno, situado nos encontramos en un proceso de búsqueda
ante el abismo generado por el derrumbe de de un nuevo equilibrio, quizá imposible,
los valores y las instituciones tradicionales. entre estas dos fuerzas de la mitificación y
El vacío existencial y la paradoja de la infe- la desmitificación, sabedores, quizá incons-
licidad personal en medio de la saturación cientemente, de que ambas miradas, en sus
material y consumista, serían los signos de formas más extremas, no valen demasiado la
una creciente sensación de aburrido y absurdo pena.
agotamiento vital. Estamos amenazados por
el “sudario del tedio” (Nisbet, 1981). El En este sentido puede ser acertada la crí-
nuevo peso de la vida privada y sentimen- tica de Schelsky (1962, p. 157 y ss.) sobre
tal como caminos para la felicidad y la auto- la simpleza del “juego sexual” planteado en
rrealización personal, convierten estas esferas la modernidad y, a la larga, su inevitable
en terreno de particular inquietud para los avocamiento al aburrimiento y la decepción.
individuos. Ello hace que los hombres y las Este “juego”, —del que Kinsey sería culpa-
mujeres de esta postmodernidad vivamos con ble en opinión de muchos de sus críticos—,
una concepción totalmente novedosa, en tér- está prácticamente limitado a la excitación
minos históricos, del deseo y los placeres del y el orgasmo, que adquieren así un prota-
erotismo cuya evolución futura es todavía gonismo que deja de lado elementos igual-
incierta. mente atractivos y enriquecedores. Pero este
placer erótico sería, en opinión de Schelsky,
Robinson (1995) concluía su obra plan- un fenómeno breve y puntual que pierde
teando un interesante interrogante sobre la buena parte de su valor para el ser humano
valoración que se hará de Kinsey por parte cuando se convierte en mero esparcimiento
de las generaciones futuras, haciéndolo efímero y bulímico asociado al tiempo libre.
100
Kinsey, las estadísticas de la intimidad y la moral sexual contemporánea

El placer sensual como algo que vale la pena cómo la ciencia social, en este caso la sexo-
por sí mismo podría conducir a la conside- lógica, abordó desde el pasado siglo XIX la
ración de la excitación y el orgasmo como existencia y convivencia entre los sexos y, más
principios rectores, pasando a ser objeto de específicamente, su mutua atracción y dis-
consumo como lo es cualquier otra cosa. frute. Visto así, Kinsey es un representante
del modelo estadounidense, donde, quizá
Según Schelsky, si realmente el “juego” fuera como en ningún otro lugar, los expertos fue-
una metáfora útil para explicar lo que había ron demandados y escuchados para resolver
sucedido con el erotismo en esa primera las crecientes inquietudes que parecían ago-
mitad del siglo XX, este se habría estilizado biar a los ciudadanos en las cuestiones más
y enriquecido fuera del logro orgásmico. En cotidianas y, en cierto modo, prosaicas de
realidad lo que ha sucedido es que ha per- su existencia. De ahí tal vez que la llamada
dido el carácter de verdadero juego puesto cultura terapéutica haya triunfado en aquel
que, si realmente fuera tal, ello querría decir país de un modo especial (Furedi, 2002a;
que “la meta final no se encara como algo Furedi, 2002b; Dineen, 1996; Zilbergeld,
demasiado fundamental y que, precisamente 1983) o que la ciencia social se haya conver-
por ese hecho, las circunstancias preliminares tido en referente de orden moral y ético y los
se desarrollan como un juego más refinado y “expertos”, sobre todo con el actual discurso
estéticamente satisfactorio.” (Schelsky, 1962, victimológico, en sujetos con un poder que
p. 158-9). Asistimos entonces a una decaden- quizá nunca habían imaginado (Best, 1997;
cia de lo erótico y a un resurgimiento de lo Money, 1988, p. 9). En este sentido, revisar
físico en su modalidad de “carga/descarga”. el trabajo de Kinsey y lo que sucedió después
Se habría divulgado más bien una falsa con él y con sus ideas, puede ser un excelente
idea del sexo meramente lúdico y de libre mecanismo para la autocrítica de los respon-
entrega. En realidad, como todo consumo, se sables de la ciencia social en general y en la
encara demasiado en serio en la práctica al ciencia sexológica en particular. Una vía para
haberse convertido en un “método insusti- volver a reflexionar, si es que alguna vez lo
tuible de afirmación del ser y de la existencia hemos hecho seriamente, sobre nuestra rela-
personal y social, y en consecuencia está muy ción con la sociedad y el papel que podemos
alejado de la serenidad del juego.” (Schelsky, y debemos desempeñar.
1962, p. 159). En este proceso, como sugería
en 1950 David Riesman en su clásico The Igualmente he sugerido que me parece más
lonely Croad a propósito de los cambios en acertado ver a Kinsey como un testigo de su
el carácter de los estadounidenses, el sexo tiempo y de aquellas transformaciones, que
habría pasado a ser en el fondo algo dema- como un pionero revolucionario que cambió
siado serio; incluso terrorífico. la faz del orden sexual en el mundo Occi-
dental. Esta visión me parece exagerada y
en gran medida viene dada por la confusión
7. Conclusión entre lo que él hizo y lo que se hizo luego con
parte de lo que dijo. Una de sus aportaciones
He llevado a cabo una revisión del trabajo de fue pues el constatar el cambio social y suge-
Kinsey tratando de abordarlo fundamental- rir en parte la respuesta que a su entender
mente desde una perspectiva sociohistórica se debía dar ante el mismo y ante los pro-
y esforzándome por situarlo en el marco de blemas que generaba. Esta pasaba por una
un nuevo universo cultural y social para los cierta idea de los deseos y los placeres alejada
hombres y las mujeres en relación. He suge- del misticismo tradicional y conducente a
rido que Kinsey puede ser entendido como una creciente relativización del concepto de
una muestra particularmente ilustrativa de normalidad y una redefinición de los valo-
101
Agustín Malón Marco

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Miscelánea
Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.
2008 | nº10 | pp. 107-123 ISSN: 1137-0963

La otra escena. Sigmund Freud,


el teatro y las mujeres histéricas
Fernando Álvarez-Uría
Facultad de Psicología
Universidad Complutense de Madrid
Campus de Somosaguas, s/n
28223 Pozuelo de Alarcón. Madrid. España
furia@ucm.es

Resumen
En el proceso histórico de formación del psicoanálisis, en la Viena de fin de siglo, se encuen-
tra el tratamiento de las mujeres histéricas, y, más concretamente, el tratamiento de Anna O
(Bertha Pappenheim). Sigmund Freud concedió una gran importancia a la sexualidad en la
etiología de las neurosis. Al hacer radicar la histeria en bases biológicas, pulsionales y emo-
cionales, el fundador del psicoanálisis privilegió las relaciones sexuales, tanto reales como
imaginarias, sobre las relaciones de dominación. En el siglo XX el psicoanálisis se convirtió
en el principal pilar de una nueva cultura psicológica, pero para ello tuvo que pagar un alto
peaje: renunciar a cuestionar los desequilibrios de poder existentes en las relaciones sociales.
La dominación masculina ocupa, por tanto, un lugar importante en el inconsciente social
del psicoanálisis de Freud.

Palabras clave: Historia, psicoanálisis, histeria, matriarcado, patriarcado, feminismo,


complejo de Edipo, Anna O (Bertha Pappenheim), sexualidad.

Abstract
The other scene.
Sigmund Freud, the theatre and the hysteric women
In the historical process of psychoanalysis development, in the Vienna of the turn of the century, wom-
en’s hysteria treatment and, in particular, the treatment of Anna O (Bertha Pappenheim) took place.
Sigmund Freud conferred a major role to sexuality in the neurosis etiology. In advocating for the emo-
tional, biological and driving basis of hysteria, the founder of psychoanalysis stressed out the key role
of the analysis of sexual relationships, both real and imaginary ones, upon the domination analysis.
In the twentieth century, psychoanalysis became the main resource for the psychological culture, for
which a high toll had to be paid: renouncing to challenge the existing unbalanced of power in social
relationships. The masculine dominance plays so a major role in the social unconscious of Freud’s
psychoanalysis.

Keywords: History, psychoanalysis, hysteria, matriarchy, patriarchy, feminism, Oedipus


complex, Anna O (Bertha Pappenheim), sexuality.
107
Fernando Álvarez-Uría

1. Introducción un episodio de la formación del psicoanáli-


sis. Nos referiremos concretamente al Com-
El 6 de mayo de 1936 Sigmund Freud cum- plejo de Edipo, piedra angular de la psicología
plió ochenta años y, con motivo de este feliz freudiana. Para ello daremos un rodeo por el
aniversario, un grupo de intelectuales le mundo del teatro y de la histeria.
dirigió una carta pública de felicitación. El
texto estaba encabezado por Stefan Zweig,
Thomas Mann, Romain Rolland y Virginia 2. De Casa de muñecas a
Woolf entre otros, pero se adherían a él más Derechos de mujer
de ciento cincuenta artistas y escritores entre
los que figuraban Salvador Dalí, Hermann En 1880 el dramaturgo noruego Henrik
Hesse, André Gide, James Joyce, Robert Ibsen dio a la luz Casa de muñecas, una impor-
Musil y Pablo Picasso1. Hoy somos cons- tante obra de teatro que anticipaba el gran
cientes del clima social de la época. Hitler y movimiento de emancipación de las mujeres
Mussolini estaban asentados en el poder, la que tuvo lugar durante el siglo XX. La repre-
guerra de España estaba a punto de estallar y, sentación de esta obra provocó en la época
poco tiempo después, tras el pacto germano- un escándalo, así como duras diatribas, pues
soviético que sirvió de base al reparto de Ibsen defendió la autonomía de las mujeres y
Polonia, ya se podría percibir el cataclismo un mayor equilibrio de poder entre los sexos.
de la Segunda Guerra Mundial. ¿Podía con- Mediante la magia de la escritura construye
tribuir el psicoanálisis de Freud a evitar que una escena, un marco de ficción dentro de
el mundo se fracturase en un mar de violen- la realidad del teatro, que pretende ser una
cia; o más bien constituía un refugio y una mímesis de la vida misma del confortable
huida hacia las interioridades del Yo para mundo social burgués. La obra transcurre,
mejor olvidar que la barbarie se había mate- por tanto, en un espacio íntimo, en una casa
rializado ya en el mundo social? Dejemos en que es el baluarte de una familia de clase
suspenso la respuesta pues lo que tratamos media que vive una existencia confortable, y
de mostrar a partir de esta conmemoración se prepara para festejar la Navidad.
es que decenas de intelectuales, en 1936,
rendían un homenaje al creador del psicoa- Desde el primer acto, Ibsen nos plantea
nálisis y a su nueva ciencia del psiquismo el problema del drama: Nora, para salvar
humano. la vida de su marido enfermo, a quien los
médicos recomiendan con urgencia viajar al
En los últimos decenios, algunos sociólo- Mediodía, pide un préstamo al Sr. Krogs-
gos hemos intentado explicar el crecimiento tad. Como las mujeres en la época tenían
exponencial de esta nueva cultura dedicada un estatus de minoría y no eran considera-
por entero a la exploración del psiquismo, das plenamente sujetos de derecho, el prés-
una cultura que amenaza con arrancar a los tamo tenía que estar firmado por un varón.
sujetos de la tierra para conducirlos a una Nora pensó en recurrir a su padre, también
interminable ensoñación; es decir, para diri- enfermo, pero finalmente terminó por falsi-
girlos a la búsqueda de los entresijos del ficar su firma. De hecho cometió el error de
inconsciente en donde libran sin cesar una estampar la firma falsificada de su padre en
feroz batalla las pasiones del alma2. El psi- un documento fechado con posterioridad al
coanálisis nació a la sombra de la medicina fallecimiento de su propio padre, por lo que
mental, pero creció y se desarrolló más allá el delito resultaba flagrante. Por su parte el
de sus fronteras hasta el punto de servir de abogado Krogstad había falsificado papeles
elemento de articulación de la nueva cul- en el banco, y una de las primeras medidas
tura psicológica. Nos vamos a detener en que adoptará Torvaldo Helmer, el marido
108
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

de Nora y nuevo director del banco, es des- diana de la ciudad4. Por los escenarios de los
pedirlo de su puesto, por corrupto. Krogs- teatros de Viena desfilaron también heroínas
tad hace saber a Nora que debe convencer tales como Cleopatra, Lucrecia Borgia, Elena
a su marido para que lo mantenga fijo en de Troya, Salomé, la Nana de Zola, Manon
su empleo pues de otro modo estallará el Lescaut y otras mujeres atormentadas que
escándalo3. Wittels asociaba con la histeria: El arte dra-
mático, escribe, es el verdadero terreno de la
La obra de Ibsen es un alegato en favor de la histérica5. La histeria no es una enfermedad
libertad de las mujeres, pero a la vez plan- exclusivamente femenina pues, como señala
tea la incertidumbre de la emancipación de Wittels, también Don Juan es un histérico
todas aquellas mujeres sin profesión que no que busca compulsivamente a su madre.
gozan de un patrimonio económico propio.
La obra se inscribe en una saga literaria de Uno de los primeros contactos del Dr. Freud
escándalos y de fracasos de mujeres que en con la psicopatología de la histeria vino
ocasiones pagan con su vida la ruptura del a través de su amigo y protector, el doctor
corsé patriarcal. Madame Bovary, la novela de vienés Josef Breuer. Freud, en una carta a su
Flaubert, abrió el espacio imaginario de la prometida, escrita a las dos de la madrugada
literatura a la insumisión de las mujeres de del 13 de julio de 1883, relata que acaba de
las clases medias. Años más tarde, en 1877, regresar de casa de Breuer en donde sostu-
Leon Tolstoi publicó Anna Karenina, y La vimos una prolongada conversación médica sobre
Regenta de Clarín data de 1884, lo que indica la vesania moral, las enfermedades nerviosas, y
que cuando se representó por vez primera los casos clínicos extraños —entre otras personas
Casa de muñecas se iniciaba un fuerte debate hablamos de tu amiga Bertha Pappenheim—-.
sobre el estatus de las mujeres burguesas en Breuer atendió de una tos nerviosa y, pos-
la sociedad europea de fin de siglo. teriormente, de una grave crisis psíquica a
Bertha Pappenheim, describiendo con preci-
En las cartas de Freud a Martha Bernays, su sión su cuadro clínico. La muchacha, escribe,
novia y futura esposa, las referencias a grandes de una vitalidad mental desbordante, llevaba una
obras de la literatura universal y de la ópera, vida altamente monótona en el seno de una fami-
como Don Quijote, Fausto, Hamlet y Carmen, lia de hábitos puritanos, vida que ella trataba de
son frecuentes. Estas obras estaban incardi- embellecer de un modo probablemente decisivo para
nadas en la cultura vienesa de la época. Fritz su enfermedad. Cultivaba sistemáticamente la
Wittels, el joven médico, dramaturgo, bió- ensoñación despierta que llamaba su “teatro pri-
grafo y seguidor del psicoanálisis de Freud vado”. Mientras que todos los demás la suponían
hasta que se produjo la ruptura entre ambos, presente, vivía interiormente una vida de cuento,
y también compañero de fatigas del bohemio pero siempre que alguien se dirigía a ella respon-
y temido periodista Karl Kraus, escribió que día de inmediato, de modo que nadie lo notaba.
el teatro municipal de Viena fue entre 1870 Simultáneamente con las tareas de la casa que
y 1890, y aún más tarde, un lugar de una desempeñaba sin tacha, se desarrollaba permanen-
importancia singular para la vida cultural de temente esta actividad psíquica6. Esta especie de
la ciudad; y ello tanto para un público cul- desdoblamiento psíquico, el hecho de estar
tivado como para las clases populares. Obras en dos lugares a la vez, explica Breuer en sus
de Goethe, Schiller, Shakespeare, Calderón… Consideraciones teóricas, se produce especial-
en fin, las grandes obras de los grandes dra- mente en aquellas personas que, teniendo gran
maturgos europeos, pero también obras de vivacidad de espíritu, son torturadas por ocupa-
comediógrafos vieneses como Arthur Schni- ciones monótonas, simples y carentes de estímulo,
tzler, Hermann Bahr y el propio Karl Kraus, y buscan casi premeditadamente el entretenimiento
conmocionaban periódicamente la vida coti- de pensar en otra cosa (“el teatro privado”de Anna
109
Fernando Álvarez-Uría

O.). En realidad, en estrecha relación con la aún no había sido publicada por el Dr. Breuer,
histeria de las mujeres, está la rebelión con- pero, tras la conversación entre Breuer y
tra su situación como reina del hogar. Sin Freud el 12 de octubre de 1883, el psicoaná-
embargo el propio Freud ofrecía este estatus lisis iniciaba su accidentada andadura.
a su prometida: Estoy seguro de que compartirás
todos mis intereses y que serás alegre a la par que Bertha Pappenheim se preocupó en Frankfurt
hacendosa. Te dejaré las riendas de la casa en la de los niños huérfanos, abrió una escuela, y
medida de tus deseos, y tú me recompensarás con en 1890 publicó cuentos infantiles con el
tu dulce amor, superando todas esas debilidades seudónimo de Paul Berthold. Mas tarde, en
que a menudo os atribuyen a las mujeres (23- 1899, el mismo año en el que tradujo el libro
X-1883). Freud estaba horrorizado por la de Mary Wollstonecraft, Una vindicación de
figura inmoral de Carmen, la cigarrera, hasta los derechos de la mujer, escribió también una
el punto de establecer una clara dicotomía obra de teatro titulada Derechos de mujer en
entre la gente del pueblo, la masa grosera, donde, siguiendo la senda de Ibsen, cuestio-
vulgar, y la minoría cultivada, refinada, que naba la dominación política y económica de
controla sus instintos. Yo estimo que el cuidado las mujeres, así como su explotación sexual.
de la casa y de los niños, así como la educación
de éstos, reclaman toda la actividad de la mujer, Derechos de mujer de Bertha Pappenheim, es
eliminando prácticamente la posibilidad de que decir, de Anna O, iba más allá que Casa de
desempeñe cualquier profesión (15-XI-1883). Y muñecas, pues Bertha en realidad finalizaba la
algunos años más tarde escribe: Mientras tú te obra proponiendo una alianza entre las muje-
lo pasas tan bien con actividades de administra- res burguesas y las de las clases populares
ción del hogar, yo me siento de momento tentado para su emancipación. Fue preciso esperar a
por el deseo de solucionar la incógnita de la estruc- 1953, es decir, a una revelación realizada por
tura cerebral (Viena, 17-V-1885). el psicoanalista inglés, y también biógrafo
de Freud, Ernest Jones, para que saliese a la
Aun no se había apagado el eco del debate luz que bajo el nombre real de Bertha Pap-
suscitado por Casa de muñecas cuando el 5 de penheim, feminista y trabajadora social, se
abril de 1881 falleció el padre de Bertha Pap- escondía la verdadera identidad de Anna O,
penheim, la amiga de Martha Bernays, que la joven diagnosticada de histeria por el Dr.
entonces tenía 22 años, de modo que su cri- Breuer, y cuya historia clínica sirvió de base
sis psíquica se agudizó. Por la misma época para el nacimiento del psicoanálisis7.
el mago Charcot hacia subir a la tarima de
sus clases en la Salpetrière a las mujeres his-
téricas para que exteriorizasen sus traumas, 3. El teatro y la histeria
como en un teatro del absurdo, ante los ojos
asombrados de sus ayudantes y estudiantes Freud llegó a París a mediados de octubre de
de medicina. Entre ellos se encontraría, ape- 1885. Antes de emprender el viaje estuvo en
nas tres años más tarde, el propio Sigmund Baden en donde asistió a la representación de
Freud. El mendigo estudiante. En París aún no habían
empezado las clases en la Universidad y en la
A finales de 1888 Bertha Pappenheim, ya Salpetrière se esperaba la llegada del Direc-
curada de su grave crisis psíquica mediante tor de la clínica para enfermedades nerviosas
el recurso al método catártico, se instaló en Jean Martin Charcot, catedrático de Anato-
Frankfurt y entró en estrecha relación con la mía patológica en la Facultad de Medicina
Asociación de Mujeres Israelitas que reunía de la Universidad de París. Freud describe en
a un colectivo de mujeres feministas. Su his- su carta a Martha (19-X-1885) cómo asistió
toria clínica, con el sobrenombre de Anna O, desde el gallinero, mezclado entre la masa
110
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

del público que no paraba de aplaudir, a la nes diabólicas. En la época Desiré Magloire
representación de tres obras de Molière, Le Bourneville editaba una serie de libros sobre
mariage forcé, Tartuffe, y Les precieuses riducules. brujería y demonología; y el propio Charcot
Al día siguiente se produjo el tan esperado publicó Les démoniaques dans l’art en donde
encuentro con Charcot. ponía de manifiesto que las posesiones satá-
nicas podían ser explicadas recurriendo al
Freud quedó fascinado por la ciudad, sus alienismo, a la ciencia del alma, que se mos-
grandes avenidas, sus museos, los lujosos traba en este sentido superior a las religio-
escaparates de los grandes almacenes, su vida nes. Cuando Freud fue invitado a cenar por
alegre y sus teatros. En el teatro de la Porte primera vez en casa de los Charcot fue presa
St. Martin asistió impresionado a la repre- de una gran excitación que trató de neutra-
sentación de Theodora, una obra escrita por lizar con una dosis de cocaína. Sin embargo
el dramaturgo francés Victorien Sardou y la curiosidad se acrecentó al adentrase en la
protagonizada por Sarah Bernhardt, la actriz vivienda del mago de la histeria pues, como
más reconocida entonces en el mundo del el propio Freud escribió, Charcot vivía en
teatro parisino. La Ville Lumière era la ciudad el interior de un castillo encantado, un castillo
de la libertad, con sus mujeres desenfadadas mágico; en fin, en una de esas misteriosas y
y cafés cantantes; pero era también la lóbrega abigarradas viviendas que tanto fascinaban a
ciudad de los museos anatómicos en donde los victorianos. El joven becario de medicina
se agolpaban los cadáveres de los criminales asistió a las clases del maestro Charcot que
conservados en formol para ser diseccionados destruía una a una todas las ideas recibidas.
por los estudiantes. Freud sintió una especie Mi cerebro se queda tan saciado de él, escribe a su
de atracción fatal por la catedral de Nôtre preciosa novia, como después de haber pasado una
Dame, con sus gárgolas monstruosas y sus velada en el teatro (24-XI-1885). Unos meses
obscuras torres, en donde aún se podía perci- más tarde su admiración seguía viva: Me ha
bir la inquietante presencia de Quasimodo. quedado un recuerdo tan amable y edificante de
París seguía siendo la ciudad del crimen y Charcot que, a su modo, no difiere del que me
del misterio. El movimiento neogótico, que dejaron los diez días que pasé contigo, escribe a
triunfaba con fuerza en la Inglaterra victo- su dulce amada (Berlín, viernes, 19-III-1886).
riana, también hacia acto de presencia en Y añade: El sábado y el domingo iré al teatro
la bulliciosa capital de Francia8. El 16 de impulsado por mi hosca y gris desesperación9.
enero de 1886 Freud asistió en la Comedie
Française, en compañía de Jules Bernays, El padre de Freud murió el 23 de octubre de
primo de su novia, a la representación de Las 1896. Casi un año mas tarde Freud escribe
bodas de Fígaro de Beaumarchais. a su amigo Wilhelm Fliess y le dice que
está realizando su propio autoanálisis y que
En la Facultad de Medicina de París todo el ha encontrado que estaba enamorado de su
mundo hablaba del mago Charcot y de sus madre y celoso de su propio padre, algo que
lecciones en la clínica de la Salpetrière en ahora considero que es un evento universal de la
dónde las crisis de las histéricas irrumpían primera infancia, e incluso de una infancia no
bajo la forma de bouffés delirantes. En la etio- tan temprana en niños que se han convertido en
logía de la histeria, Charcot privilegiaba los histéricos. Y añade: Si esto es por consiguiente así,
factores hereditarios y situaba en un segundo podemos entender el apasionante poder de Oedi-
plano los traumas sufridos por los enfermos. pus Rex, a pesar de todas las objeciones que la
El espiritismo estaba entonces de moda, razón haga surgir contra la presuposición del
y Charcot, como buen racionalista, estaba destino. Y añade: la leyenda griega se sirve de
dispuesto a demostrar que la histeria en rea- una fuerza que cada uno reconoce porque siente
lidad solucionaba el enigma de las posesio- su existencia en su propio interior. Un poco más
111
Fernando Álvarez-Uría

adelante Freud se refiere también a Hamlet10. este sentido el hermano de Ida Bauer, Otto
Freud, por tanto, a partir de obras del teatro Bauer, fue una excepción y brilló formando
clásico, ponía la primera piedra para la cons- parte del movimiento de los austromarxistas
trucción de su teoría sobre el complejo de en el Partido Socialdemócrata. Freud, que
Edipo. En las cartas que escribe más tarde a vio a Otto dos veces, no compartía sus ideas
Fliess le reprocha que no le diga nada sobre socialistas. No intento que la gente sea feliz, le
mi interpretación de Oedipus Rex y Hamlet (5- dijo. La gente no quiere ser feliz11.
XI-1897); y también señala que tiene que
informarse más sobre la leyenda de Edipo
(24-III-1898). 4. Matriarcado versus patriarcado

La relación entre el padre y la mujer histérica En 1861 el pensador suizo Johann Jakob
se convierte, por la mediación de Anna O y Bachofen publicó Das Mutterrecht, El
del autoanálisis de Freud, en un fenómeno matriarcado, un libro fundamental que
universal para la estructuración del aparato ponía en cuestión la naturaleza natural del
psíquico. Edipo Rey, la tragedia de Sófocles, patriarcado y, por tanto, las bases mismas en
se imponía sobre Casa de muñecas de Ibsen las que se pretendía asentar la dominación
como modelo para explorar el aparato psí- de los varones sobre las mujeres. Lo impor-
quico y resolver el enigma de la histeria. Se tante de las tesis de Bachofen no era tanto el
trata de una opción fundamental para el pen- hecho de que fuesen verosímiles o no, sino
samiento y la cultura contemporánea pues que cuestionaban el sistema del patriarcado,
Freud, al universalizar a Edipo, convierte al históricamente avalado por las tres grandes
sujeto en un sujeto soberano que ha perdido religiones monoteístas; es decir, cuestiona-
la tierra; es decir, un sujeto subjetivado al ban un modelo de familia conyugal que la
margen del espacio social y político. triunfante burguesía defendía como una ins-
titución natural, básica e incuestionable.
En 1900 Freud trató en su consulta a una
joven judía de 18 años que padecía una tos Cuando en los años setenta y ochenta del
persistente y pérdida de voz. Dio a la paciente siglo XIX el antropólogo norteamericano
el nombre de Dora, quizás en recuerdo de Lewis H. Morgan, el antropólogo inglés
Victorien Sardou que escribió una obra de Edward Burnett Tylor y el antropólogo ale-
teatro con este título, o quizás también en mán Adolf Bastian consideraron seriamente
homenaje a la hija pequeña del Dr. Breuer, la tesis de Bachofen, revolucionarios defen-
y publicó su historia clínica con el título de sores del socialismo como Friedrich Engels y
Fragmento de un análisis de un caso de histeria. August Bebel establecieron un vínculo inse-
En realidad la joven Dora se llamaba Ida parable entre la dominación masculina y el
Bauer y su padre, el rico industrial Philipp capitalismo que el socialismo debería hacer
Bauer, acudió a la consulta de Freud con su añicos.
hija pese a las objeciones de la joven que se
resistía a ser tratada por un psiquiatra. Los Los movimientos feministas de finales del
judíos representaban en Viena más del 10% siglo XIX se aferraron a la tesis de la exis-
de la población pero no gozaban de plenos tencia del matriarcado para evitar la natu-
derechos ciudadanos. El alcalde de la ciudad, ralización de la dominación masculina,
el reaccionario antisemita Karl Lueger, lan- y para exigir con fuerza un nuevo derecho
zaba periódicamente sus diatribas contra lo civil basado en la igualdad entre los sexos.
judíos. Estos brillaban en el teatro municipal Fue este movimiento social de las feministas
y en general en el mundo de la cultura, pero europeas el que sirvió de base, y también de
pocas veces en el mundo de la política. En eco, a la defensa de las mujeres realizada por
112
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

Ibsen. Ibsen visitó Viena en 1891 y recibió para Wittels, en un pleonasmo, a la vez que
un telegrama de bienvenida de las mujeres preconizaba el amor libre, el retorno de las
progresistas vienesas. Cuando se produjo su mujeres al modelo de la hetaira griega. El 15
muerte en 1906, las revistas de las feminis- de mayo el artículo fue sometido a discusión
tas austriacas saludaron la contribución a la en la reunión psicoanalítica de los miércoles.
igualdad del gran dramaturgo que defen- Freud, señala Rank en las actas de la reunión,
dió la incorporación de las mujeres a la vida comienza expresando su agrado por el artículo ori-
social con plenos derechos de ciudadanía. ginal lleno de sagacidad e ingenio. Por otra parte,
Nora se convirtió en el símbolo de todo un sin embargo, halla en él algunas semiverdades (o
movimiento social: el movimiento de las cuartos de verdad). (…) En opinión de Freud,
mujeres por la igualdad y la democracia. es verdad que la mujer no gana nada con estu-
Dominación de la mujer, colonialismo sal- diar y que eso, en términos generales, no mejorará
vaje y explotación capitalista constituyeron su suerte. Además, la mujer no puede igualar al
el telón de fondo sobre el que se desarrolla- hombre en cuanto a la sublimación de la sexuali-
ron las ciencias sociales en el siglo XX, y más dad. Freud, asediado en ese momento por las
concretamente la sociología occidental12. acusaciones de colegas médicos, que acusa-
ban al psicoanálisis de pansexualismo, difiere
En 1895 Eduard Albert, conocido cirujano sin embargo de Wittels en su apología de la
y viejo profesor de la Universidad de Medi- cortesana: El ideal de la hetaira no tiene cabida
cina de Viena, condenó violentamente que en nuestra cultura13.
las mujeres estudiasen medicina. A su jui-
cio las mujeres podían ser un buen auxiliar El apasionado debate se prolongó con la
del médico como enfermeras, pero el ejerci- cuestión de la maternidad que alcanzó su clí-
cio de la medicina era incompatiblecon su max en 1910, cuando el profesor Max Gru-
dedicación a la maternidad. Auguste Fic- ber escribió un panfleto en el que sostenía
kert, una de las promotoras e impulsoras de que dar a las mujeres una educación acadé-
la Asociación de Mujeres Austriacas, refutó mica dañaba la salud de la raza al disminuir
en un encuentro de la Asociación las tesis de el deseo de las mujeres de tener niños. En
Albert, y las feministas decidieron hacer una realidad el debate reproducía otro anterior
petición al Parlamento a la que se sumó la desencadenado con motivo de la publicación
escritora, artista y feminista Rosa Mayreder. del libro de Theodor Hertzka titulado Frei-
En 1900 la Facultad de Medicina abrió por land, Tierra libre. En esta obra, que data de
primera vez sus puertas a las mujeres que en 1889, el autor defendía el retorno al matriar-
el curso 1900-1901 representaban el 2,3% cado, a una sociedad en la que las mujeres
de los estudiantes matriculados. mantenidas por el Estado se dedicasen a la
reproducción y a las tareas estéticas. Frente
Pero el debate no terminó aquí. El 3 de a estas propuestas, las feministas defendían
mayo de 1907 Karl Kraus imprimió en su el trabajo como vía de emancipación de las
panfletario periódico, La antorcha, un artí- mujeres. En realidad, como Engels demostró
culo firmado con el seudónimo de Avicena, de un modo incontestable en La situación de
que en realidad había sido escrito por el la clase obrera en Inglaterra, el trabajo de las
joven Fritz Wittels, discípulo de Freud y mujeres proletarias había representado un
del propio Kraus. La tesis del artículo era importante papel en el inicio y el desarro-
que la histeria era la responsable de que las llo de la revolución industrial, pero las leyes
mujeres estudiasen medicina y también que protectoras del trabajo infantil y del trabajo
se encontraba en la base de la lucha de las de las mujeres proletarias se aprobaron en la
mujeres por obtener igualdad de derechos. mayor parte de los países europeos justamente
Feminismo e histeria se convertían por tanto, cuando las mujeres de las clases medías pug-
113
Fernando Álvarez-Uría

naban por incorporarse al mundo de las pro- paron en Ascona, en Monte Veritá, con otros
fesiones. Y aunque algunas feministas de las varones y mujeres libertarias, en la búsqueda
clases medias se adscribían al socialismo, la de una Nueva Comunidad. Mühsam, que
cuestión sexual no estaba vinculada a la cuestión estuvo muy vinculado a la esposa de Gross,
social, de modo que el movimiento feminista Frida, escribió una obra de teatro en 1911
europeo nació escindido por la división entre que se titulaba El matrimonio libre, en la que
las clases. Anna O fue en este sentido una la protagonista, Alma, se convierte en una
excepción pues fue muy consciente de esta especie de Nora ya emancipada de las ser-
división y trató de neutralizarla. vidumbres del hogar burgués. En un pasaje
de la obra, Alma, que espera un hijo fruto
Mientras Freud escribía a Fliess sobre los del amor libre, exclama: Mi pequeño no crecerá
avatares de su autoanálisis y acerca de sus en el seno de una familia burguesa. Sus primeras
propios encuentros, como Hamlet, con la impresiones de la vida han de proporcionarle una
sombra de su padre, un grupo de escrito- sensación de libertad. (…) Si es un niño, será un
res e intelectuales entre los que destacaban rebelde; y si es una hermosa niña, pues no tendré
el poeta Stefan George y el filósofo Ludwig un hijo feo, entonces sé que nunca cuestionará el
Klages fundaron en Munich el llamado Cír- natural privilegio de la belleza: la libertad de
culo Cósmico, una especie de comuna libertaria explorar los placeres de la vida14.
en la que defendían el retorno al matriarcado
y la practica del amor libre. Entre los miem- En 1908 Gross, que era adicto a la morfina,
bros más activos del Círculo se encontraba un comenzó a psicoanalizarse con Carl Gustav
discípulo de Freud, Otto Gross. Jung en Zurich. En la correspondencia que
mantuvieron Jung y Freud las referencias a
En 1907 Gross envió un artículo al Archiv, Gross son frecuentes pero no precisamente
la revista alemana de sociología que dirigía muy laudatorias. Gross llegó incluso a acu-
Max Weber, en el que abogaba por una nueva sar a Jung de servirse de su psicoanálisis
ética sexual. Marianne Weber, en la biografía para retomar de él una teoría de la signifi-
que dedicó a su marido, reproduce la dura cación del padre, acusación que Jung desca-
carta en la que Max Weber se opone a la lificó apelando al alto grado de paranoia al
publicación del artículo por considerarlo un que había llegado Gross en la última fase de
mal sermón. Los Weber defendían la igualdad su drogadicción. La correspondencia entre
entre los sexos y la protección de las madres Freud y Jung refleja también la importan-
solteras, pero estaban lejos de preconizar el cia que tanto Freud como Jung confirieron a
amor libre. En su carta, Max Weber contra- los deseos incestuosos de los niños. En todo
pone la ética higiénica, la ética psiquiátrica caso Jung vincula el incesto al periodo del
individualista, a la ética heroica que señala matriarcado y a la familia matrilineal. Freud,
un camino de esfuerzo, así como un compro- alejado de lo que él consideraba las velei-
miso con la sociedad y con la democracia. El dades de Gross y de Jung sobre la familia,
procedimiento de curación de Freud, escribe, no es no se mueve ni un ápice de su defensa del
otra cosa que una nueva versión de la confesión patriarcado15.
con una técnica algo transformada. A juicio de
Weber, el deber de conocerse a si mismo con Freud se sintió obligado a poner orden
ayuda psiquiátrica no debe convertirse ni en cuando la sociedad psicoanalítica superaba
una cosmovisión ni en una cultura. Por su el estadio de secta para convertirse en una
parte Otto Gross, hijo de un autoritario y iglesia. Para esta ocasión delicada escribió
reconocido criminólogo conservador, coinci- Totem y tabú que se publicó en 1913. Totem
día con Erich Mühsam y otros anarquistas y tabú constituye la primera obra social de
en preconizar el amor libre. Ambos partici- Freud, pero precisamente por ello es tam-
114
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

bién una pieza fundamental en la metamor- de sumisión ante el misterio está en la base
fosis psicoanalítica de los vínculos sociales del acceso a la sabiduría.
en vínculos emocionales. Al no renunciar al
papel transcendental del patriarcado, Freud ¿Qué fue lo que tanto impresionó a Freud en
se enfrentaba a las feministas, pero también a Edipo Rey hasta el punto de llegar a conver-
los movimientos libertarios y socialistas que tir esta obra en el modelo de observación del
cuestionaban radicalmente la sumisión a la conflicto psíquico constitutivo de la persona-
ley del padre. El complejo de Edipo se erigió lidad humana? Quizás Freud, un apasionado
efectivamente no sólo en la piedra angular amante del mundo clásico y del teatro, como
de la teoría psicoanalítica, sino también en otros muchos vieneses cultivados, se interesó
un importante impulso para el nacimiento por el hecho de que la tragedia de Edipo, la
y el desarrollo de una cultura familiarista y historia de una vida marcada por el poder
psicológica. y la gloria, pero también por la miseria, la
ceguera y el desprecio, fuese teatralizada
sobre un escenario y convertida en drama.
5. De Edipo Rey a Hamlet
En el gran teatro del mundo los seres huma-
La tragedia de Sófocles, Edipo Rey, es bien nos buscamos casi siempre fuera de nosotros
conocida pues forma parte del patrimonio de mismos las raíces de nuestros males que radi-
la literatura universal. En la obra se pone de can, como en el caso de Edipo, precisamente
manifiesto la superioridad de los dioses sobre en el tiempo pasado, en nuestra infancia, en el
el más poderoso de los mortales, pero también lado oscuro, desconocido, de nuestras vidas.
Sófocles nos muestra la fragilidad de la con- Es muy posible que Freud, tras la muerte de
dición humana que puede pasar del poder y su padre, y tras iniciar su autoanálisis, inten-
la gloria al sufrimiento y la miseria, de la tase ―a diferencia de Edipo que desconocía
luz a la total oscuridad. Edipo Rey, el pode- su propio origen— remontarse en el tiempo
roso, rico, sabio y soberano señor de Tebas, a su propia infancia, pues pensó, a partir de
el más noble de los mortales, termina ciego, la experiencia de las histéricas, que la his-
pobre, destronado, desterrado, condenado a toria desconocida de nuestra propia infancia
vagar sin rumbo sobre la tierra. Hay en la nos impide el acceso a nuestro propio des-
obra también una segunda lectura que no se tino. Tiresias, como el psicoanalista, es el
agota en el carácter efímero de los poderes ciego que, sin ver la superficie de las cosas,
humanos. Es como si a través de la terri- se procura el acceso a las verdades ocultas, de
ble historia de Edipo, Sófocles nos señalase modo que el psicoanálisis es un arte que se
que el camino hacia la sabiduría pasa por la asemeja a la vieja práctica de la adivinación.
humildad y la aproximación a los oráculos
de los dioses por la práctica de la adivinación Freud asocia a Edipo con Hamlet. Y sin
como la que lleva a cabo el ciego Tiresias. embargo el joven Hamlet, príncipe de Dina-
Edipo puede ahora aproximarse a la luz de marca, no es en este caso el objeto de la
los dioses, a sus oráculos y a sus decisiones venganza de los dioses, sino la mano que ha
inapelables, pues ha recibido la lección que le de vengar el asesinato de su padre, el Rey
han proporcionado los dioses humillando su Hamlet, a manos de su tío paterno Claudio,
altivez. La insolencia engendra al tirano, canta que, después de envenenar a su hermano y
el coro, es decir, el pueblo. Para Sófocles no arrebatarle el trono, se desposó con Gertru-
es la lógica ni el razonamiento riguroso de la dis, reina de Dinamarca y madre de Hamlet.
ciencia lo que conduce al verdadero conoci- Al igual que en Edipo Rey, en Hamlet el ase-
miento, sino el reconocimiento de la finitud sinato de un Rey y su sustitución en el trono
y de la posibilidad de errar: una actitud ética van acompañados del matrimonio del nuevo
115
Fernando Álvarez-Uría

Rey con la reina. Al igual que en Edipo Rey, un escenario improvisado en el palacio hace
en Hamlet aparecen estrechamente unidos el representar los crímenes acontecidos en la
poder político, la sexualidad, y la muerte. vida real del teatro de la vida. ¡Sentaos!, dice
Pero hay algo más: en el fondo de las dos Hamlet a su madre la Reina, no os moveréis de
tragedias el crimen permanece oculto, escon- aquí ni saldréis hasta que os haya puesto ante un
dido, bajo el libre juego de las apariencias. espejo dónde veáis lo más íntimo de vuestro ser! Y
Es preciso por tanto que la verdad salga a en la misma escena, un poco más adelante, la
la luz; es preciso que, como en las novelas propia Reina exclama: ¡Me haces volver los ojos
policíacas, se demuestre la culpabilidad del alma adentro, y allí distingo tan negras y profun-
asesino que se esconde bajo el poder de un das manchas que nunca podrán borrarse!
trono presidido por el rótulo de la inocen-
cia; es preciso, finalmente, que el culpable, El psicoanálisis es la técnica de observación y
consciente o no de su culpa, pague por su conocimiento que permite mirar en la oscu-
crimen. La resolución de la búsqueda de la ridad de nuestro propio mundo interior para
verdad se manifiesta claramente en los pro- proyectar luz en el terreno cenagoso y mis-
tagonistas de las dos tragedias, Hamlet y terioso del inconsciente en donde mantienen
Edipo. Los actos criminales, dice Hamlet en la una guerra sorda las fuerzas irracionales que
escena II del primer acto, surgirán a la vista lo habitan. En este sentido el analista, en la
de los hombres, aunque los sepulte toda la tierra. consulta, hace volver al paciente a la escena
Pero para que se restablezca la verdad, para del crimen, lo acompaña a presenciar una
que lo oculto salga a la luz y se haga patente, escena traumática que el paciente se obstina
es preciso que los dos protagonistas trans- impunemente en olvidar. Sólo así se produ-
formen su modo de mirar habitual y que se cirá la catarsis, la liberación. Como en el tea-
produzca una remodelación profunda de sus tro, la escena a la que se retorna no es la rea-
modos de pensar. Si, dice Hamlet tras hablar lidad, sino una representación de la realidad
con el alma en pena de su padre, borraré de que ha sido objetivada por Freud a partir del
las tabletas de mi memoria todo recuerdo trivial y teatro clásico. El psicoanálisis se desarrolla
vano, todas las sentencias de los libros, todas las por tanto en la otra escena.
ideas, todas las impresiones pasadas, que copiaron
allí la juventud y la observación. Y sólo tu man-
dato vivirá en el libro y volumen de mi cerebro, sin 6. Rebecca West
mezcla de materia vil. El mandato de su padre
había sido formulado con claridad: ¡No con- Nos encontramos ahora en 1916, cuando ya
sientas que el tálamo real de Dinamarca sea un el psicoanálisis ha dejado de ser una secta
lecho de lujuria y criminal incesto! Es preciso para convertirse en una nueva Iglesia. Han
desenmascarar al criminal y romper las rela- transcurrido por tanto algunos años desde
ciones incestuosas por lo que no sólo es nece- que Sigmund Freud sentó las bases de la cura
sario conocer la verdad, también es preciso psicoanalítica a partir del complejo nuclear
actuar. En el acto de desvelamiento, venganza de Edipo. A finales de ese año de 1916,
y reparación, los dos héroes caminan hacia cuando la Revolución de los soviets estaba a
su propia desgracia personal: Edipo, ciego, punto de estallar, Freud publicó en la revista
hacia el destierro; Hamlet, muerto, hacia la Imago un ensayo titulado Algunos tipos de
tumba del héroe llorado por el pueblo. carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico.
El texto ha sido recogido en el tomo XIV
En Hamlet, el papel esclarecedor de Tiresias de las Obras completas de Freud editadas por
lo encarnan los cómicos ambulantes guia- James Strachey. Curiosamente en este escrito
dos por la mano maestra de Hamlet. Hamlet el alienista vienés retorna una vez más al tea-
introduce el teatro dentro del teatro pues en tro para reunir en escena, por primera y única
116
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

vez, a Shakespeare y a Ibsen. El encuentro mundo de aventura en aventura hasta que conoció
de estos dos dramaturgos se produce preci- a un artista que supo apreciar su encanto feme-
samente en torno a dos mujeres fatales: Lady nino. El joven la recogió en su casa, y tras
Macbeth y Rebeca Gamvik. Esta última es la una convivencia de años, estaba dispuesto a
heroína de una obra de teatro de Ibsen titu- hacerla su mujer ante la ley. La joven, a par-
lada Rosmersholm (1886). tir de ese momento, descuidó la casa cuya ama
legítima estaba destinada a ser ahora, se consi-
El principal objetivo del ensayo de Freud es deró perseguida por los parientes de su com-
mostrar que el psicoanálisis parte de los sín- pañero, y, en fin, terminó por contraer una
tomas neuróticos para buscar su significado grave enfermedad psíquica.
en las mociones pulsionales que se ocultan
tras ellos, aunque, en ocasiones, cuando se El siguiente ejemplo recuerda, en negativo,
agudizan las resistencias del enfermo, es la trayectoria del propio Freud a la sombra
preciso avanzar más allá para aproximarse de su maestro Charcot. Se trata de un hombre
también al carácter forjado en determinadas respetable en grado sumo, un joven profesor uni-
vivencias patógenas de la primera infancia. versitario que había alimentado durante muchos
años el comprensible deseo de convertirse en suce-
El texto está dividido en tres apartados titu- sor de su maestro, el que lo había introducido en
lados respectivamente, I. Las “excepciones”, II. la ciencia. Cuando se produjo el retiro del
Los que fracasan cuando triunfan, y III. Los que anciano, sus colegas lo eligieron para susti-
delinquen por conciencia de culpa. Las referen- tuirle, pero entonces el profesor se intimidó,
cias a las dos mujeres de Ibsen y Shakespeare se declaró indigno, y cayó en una melancolía
se encuentran en el segundo apartado, pero que lo inhabilitó para cualquier actividad.
ya en el primero Freud anticipa una curiosa
observación sobre las mujeres que se consi- La explicación de esta especie de neurosis
deran a si mismas singulares, excepciona- provocada por el éxito la encuentra Freud
les. Posiblemente pensaba en mujeres como apelando a una frustración interior que pro-
Nora, o también en feministas como Anna híbe a la persona extraer de un cambio obje-
O: No queremos abandonar las “excepciones” sin tivo el provecho largamente esperado. Tanto
apuntar que la pretensión de las mujeres a ciertas Lady Macbeth como Rebeca Gamvik com-
prerrogativas y dispensas de tantas coerciones de partirían esa especie de frustración interior,
la vida descansa en el mismo fundamento. Como asentada en un tipo de carácter, que las lleva-
lo averiguamos por el trabajo psicoanalítico, las ría a derrumbarse tras alcanzar el éxito. Pero
mujeres se consideran dañadas en la infancia, cer- mientras que Shakespeare no da muchas pis-
cenadas de un pedazo y humilladas sin culpa, y tas para averiguar por qué esto se produce en
el encono de tantas hijas contra su madre tiene el caso de Lady Macbeth, Ibsen, en su drama
por raíz última el reproche de haberlas traído al psicológico, proporciona más datos a partir
mundo como mujeres, y no como varones. Una vez de la figura de Rebeca Gamvik, una mujer
más el principio de realidad, que el psicoaná- libre, que desprecia las cadenas con las que la
lisis freudiano sacraliza, pasa por la subordi- fe religiosa ata a una determinada moralidad
nación a la dominación masculina. imperante en la mayor parte de las mujeres.
Rebeca es atrevida, osada, no se detiene ante
En el segundo apartado, Freud se interesa por los prejuicios, los miramientos, ni las con-
aquellas personas que sufren una enfermedad venciones sociales, impone sus deseos más
del alma precisamente cuando se cumplen allá del amor y la muerte, pero cuando se
sus deseos más soñados. Cita en primer lugar abre para ella el camino de la felicidad cobra
el caso de una muchacha de buena familia una conciencia de culpa que le niega el goce.
que desde muy joven se fue de casa, rodó por el Más allá de la figura de Rebeca está el incons-
117
Fernando Álvarez-Uría

ciente de Ibsen, genial poeta y dramaturgo, ción; es decir, a la aceptación de la ley del
que se ve obligado a introducir en el drama padre. El diwan es ahora el nuevo teatro de
la conciencia moral antes de que Rebeca sea los sueños, el hogar seguro en el que reposan
consciente del incesto con su padre adoptivo, los delirios viajeros, las ensoñaciones errá-
el doctor West, que era en realidad su padre ticas. Allí acuden pacientes de ambos sexos
biológico. aquejados de neurosis, sonambulismo, cruel-
dades imaginarias, enfermos cegados por la
La conclusión que extrae Freud del análisis de ambición de poder o movidos por una sexua-
estos dos caracteres femeninos, una vez más, lidad desatada que los hace estar fuera de si.
resulta previsible: El trabajo psicoanalítico La curación es un pleonasmo del retorno a
enseña que las fuerzas de la conciencia moral que la aceptación de la ley del padre; es decir,
llevan a contraer la enfermedad por el triunfo, y implica la aceptación de un guión preesta-
no, como es lo corriente, por la frustración, se entra- blecido en cuyo interior los personajes aún
man de manera íntima en el complejo de Edipo, la conservan un cierto grado de improvisación.
relación con el padre y con la madre, como quizá lo
hace nuestra conciencia de culpa en general. A partir del teatro de la histeria, Sigmund
Freud abrió para el psicoanálisis, para el arte
Si forzamos un poco el análisis de Freud, y y la literatura moderna, también para el tea-
su lectura de Ibsen, se podría ir más allá de tro moderno, un territorio nuevo: el nuevo
las palabras de padre del psicoanálisis para mundo de las emociones. Al igual que Cal-
hacer explicita una tesis inconsciente que derón, al igual que Schopenhauer, se planteó
Freud asumió durante su proceso de socia- en serio el análisis de la vida como represen-
lización, un proceso también mediado por el tación; pero, a diferencia del teatro clásico
teatro: Detrás de cada Nora, en lo más íntimo de en el que la vida individual sólo cobra sen-
su pasado, habita una Rebecca. Así lo entendió tido en el interior de una densa trama social,
la militante feminista, periodista y novelista Freud subordinó el mundo social al mundo
inglesa, Cicily Isabel Fairfield, que firmó psicológico sirviéndose de las figuras del tea-
sus escritos con el pseudónimo de Rebecca tro clásico.
West. Cicily estudió en la Escuela de Arte
Derramático de Londres y encarnó en alguna En los cimientos, en la base de la formación
ocasión el personaje de Rebecca. Convivió del psicoanálisis freudiano, se encuentran las
durante diez años con el escritor Fabiano H. mujeres histéricas; es decir, las mujeres que,
G. Wells, con el que tuvo un hijo. En 1927 como Nora o Anna O, se resisten a ser muje-
comenzó a psicoanalizarse y pronto aban- res niñas. La histérica, al igual que algunas
donó. A su juicio el psicoanálisis es un nego- heroínas del espacio dramático, no acepta la
cio terriblemente intrincado y complejo con una sumisión al poder patriarcal, no se atiene a
especie de fijación la en la figura del padre. un papel doméstico, presuntamente prees-
tablecido por la naturaleza y la costumbre,
y despliega todo su poder de fascinación
7. Reflexiones finales atentando contra las normas. La sugestión,
el sonambulismo, el hipnotismo, el embo-
Freud fue un alienista que buscaba fama y tamiento de la memoria, la perdida de la
fortuna, un Macbeth cegado por la ambición conciencia, mantienen a la mujer histérica
del éxito en el campo científico que arrancó a fuera de si, desdoblada, como sometida a un
las histéricas de las manos del mago Charcot hechizo que la aprisiona y le impide desa-
para reclinarlas en el diwan de los psicoana- rrollar su propia identidad, como sujeta a
listas en donde la verbalización de sus deseos un poder diabólico que, uno a uno, guía sus
las reconducirá, presuntamente, a la cura- actos convirtiéndola en la esclava del mal. La
118
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

histérica, sedienta de mal, es como una Eva plazar nuestras vidas a la otra escena, ha ten-
al desnudo que renuncia violentamente a la dido a sustituir el mundo social por nuestros
dulzura femenina para reconvertir todo su malestares psicológicos; las redes sociales del
poder de seducción en crueldad16. drama por la vida individual convertida en
un psicodrama. Incorporó al teatro moderno
Freud abordó psicoanalíticamente la escul- la situación de soledad y desarraigo social y
tura de Miguel Ángel o la pintura de Leo- político que vivieron a finales del siglo XIX
nardo, pero no escribió explícitamente sobre los judíos vieneses. Buscó en el psicoanálisis
el psicoanálisis del teatro, a pesar de su gran un refugio seguro, protector, en un mundo
interés por el mundo de las representaciones despiadado. Cuando la inseguridad y la incer-
escénicas, si se exceptúa un pequeño texto de tidumbre golpeaban al confortable mundo
1905 o 1906 que se publicó después de su familiar de la burguesía, Freud encontró una
muerte con el título de Personajes psicopáti- técnica reparadora fraguada en los moldes de
cos en el escenario. En este breve texto Freud la medicina mental. Revolucionó con ello la
se refiere no sólo a Ibsen, y al dramaturgo medicina mental, pero a la vez aceptó el orden
vienés Hermann Bahr, alude también al patriarcal, sus pompas y sus obras; y con él,
drama religioso, al social y al de caracteres, el orden capitalista. El psicoanálisis se convir-
para detenerse en el drama psicológico inau- tió así en un saber que pone entre paréntesis
gurado por Hamlet17. Los fantasmas de la el espacio social y político, abierto al futuro,
Opera, los duendes del teatro, se encuentran para aislar al sujeto en el estrecho espacio de la
reprimidos en el inconsciente social del psi- representación simbólica que mira al pasado.
coanálisis freudiano. Para bien o para mal, el Olvida que la tragedia griega, como observó
psicoanálisis revolucionó el mundo del arte, Nietzsche, ha surgido del coro trágico18. En
incluido el mundo del teatro, pues sin Freud todo caso, la voz colectiva del coro tan sólo
es imposible comprender el teatro del siglo se escucha a través del sujeto individual, de
XX; es decir, la omnipresencia de esos perso- modo que la política del psicoanálisis pasó
najes desgarrados, atormentados, que, como casi a ser un remedo de una política dentro
Edipos ciegos, emiten sonidos guturales del orden. Sigmund Freud fue un extraordi-
inarticulados y no cesan de vagar sin rumbo nario director de escena que se concentró en
sobre el espacio cerrado del escenario. la dirección de actores para dejar intacto el
guión y el escenario en el que se desarrolla el
El psicoanálisis permite que nos convirta- gran teatro del mundo. La acción conjunta del
mos en actores de nuestra propia vida con la psicoanálisis y de la teoría subjetiva del valor
ayuda de las prótesis que nos proporciona el mantenida por la Escuela Austríaca de Econo-
analista. La importancia del psicoanálisis no mía marcó de forma decisiva en el siglo XX
radica exclusivamente en el hecho de que la el nuevo rostro del capitalismo de consumo.
representación de nuestros sentimientos y Freud, quizás sin saberlo, asestaba así un duro
percepciones se exprese predominantemente golpe a la sociología de los sociólogos clásicos,
a través de un lenguaje psicoanalítico, sino a la vez que proporcionaba un fuerte impulso
también, y sobre todo, en el hecho de que al individualismo metodológico. Pero hacía
fue el Dr. Sigmund Freud quien defendió algo más: reducía la riqueza de la cultura
con argumentos contundentes que nuestro occidental, expresada a través del teatro, a los
mundo interior puede y debe ser compren- estrechos y prosaicos moldes del familiarismo.
dido, y también remodelado, a partir de una Y al hacerlo, el psicoanálisis mismo pasaba a
ciencia del inconsciente, lo que convierte al ser un fuerte obstáculo para que nuestra vida
creador del psicoanálisis en el nuevo Newton social y política pueda desembarazarse de sus
de nuestro tiempo. Freud es por tanto tam- propias ensoñaciones, así como de los corsés
bién el gran director de escena que, al des- que la atenazan y nos impiden avanzar.
119
Fernando Álvarez-Uría

Notas al texto
[1] Véase el texto de felicitación en Stefan Szweig, Correspondencia con Sigmund Freud, Rainer María
Rilke y Arthur Schnitzler, Paidos, Barcelona, 2004, p. 90-92.
[2] Cf., entre otros, Michel Foucault, Historia de la locura en la época clásica, FCE, México, 1967;
Robert Castel, El psicoanalismo. El orden psicoanalítico y el poder, Siglo XXI, Buenos Aires, 1980;
Jacques Donzelot, La policía de las familias, Pretextos, Valencia, 1998, 2ªed.; Julia Varela, “El
descubrimiento del mundo interior”, Claves de la razón práctica, 161, 2006, p. 42-48. Fernando
Alvarez-Uría, “Viaje al interior del yo. La psicologización del yo en la sociedad de los individuos”,
Claves de la razón práctica, 153, 2005, p. 61-67; Fernando Alvarez-Uría y Julia Varela, Sociología,
capitalismo y democracia, Morata, Madrid, 2004.
[3] Cf. Henrik Ibsen Casa de muñecas, Unidad Ed., Madrid, 1999.
[4] Cf. Fritz Wittels, Freud and His Time, Liveright Pub. Corporation, New York, 1931, p. 13-15.
Sobre Viena y la importancia del teatro Cf. Edward TIMMS (Ed.), Freud y la mujer niña. Memorias
de Fritz Wittels, Seix Barral, Barcelona, 1997. Véase también Carl E. Schorske, Viena fin-de-siécle,
Gustavo Gili, Barcelona, 1981, William M. Jonston, L’Esprit viennois, Une histoire intellectuelle
et sociales. 1848-1938, PUF, Paris, 1985 y Josep Casals, Afinidades vienesas. Sujeto, lenguaje, arte,
Anagrama, Barcelona, 2003.
[5] Cf. Fritz Wittels, Freud and His Time, op. c. p. 231 y 225.
[6] Cf. Josef Breuer, Contribución a los estudios sobre la histeria, Siglo XXI, México, 1976, p. 54. En las
Consideraciones teóricas, Breuer, también aficionado al teatro, hace referencia a Macbeth y al Sueño
de una noche de verano, y pone de manifiesto a través del concepto de simulación la afinidad electiva
entre la representación teatral y la ensoñación histérica. Una de las alucinaciones de Bertha es ver
a su padre muerto como una calavera. Ser o no ser, he ahí el dilema.
[7] El argumento de la obra era el siguiente: En el primer acto Susana, una joven proletaria y madre
soltera que tiene dificultades para sacar adelante a su bebé hambriento, se ve acompañada por otras
mujeres que se reúnen con ella en el ático de su casa y deciden protestar. Entre ellas hay algunas
prostitutas que las delatan a la policía. Susana es detenida y conducida a la cárcel. En el segundo
acto, Alice Scholl, la esposa del editor de un diario, se preocupa de los pobres y conoce a Susana.
Su marido Martin se niega a darle dinero para caridades pero Alice lo convence para que socorra a
la joven obrera. En el tercer acto Susana regresa de la cárcel. Martin la visita y reconoce que fue él
quien la embarazó y abandonó. Alice, a diferencia de la Nora de Ibsen, decide seguir viviendo en
la casa familiar pero deja de ser su esposa: Es mi derecho como mujer. Decide trabajar y ayudar a otras
mujeres porque tenemos que ayudarnos a nosotras mismas. Para todo lo relativo a Bertha Pappenheim
he seguido el documentado libro de Melinda Given Guttmann, The Enigma of Anna O., Moyer
Bell, London, 2001. Cf. también Lucy Freeman, The Story of Anna O, Jason Aronson Inc., London,
1994, así como Max Rosenbaum y Melvin Moroff, Anna O. Fourteen Contemporary Reinterpretations,
The Free Press, London, 1984.
[8] Estoy bajo el pleno impacto de París y, hablando en tonos poéticos, podría compararlo con una esfinge de formas
ampulosas y adornos estrafalarios que se zampara a todos los extranjeros incapaces de contestar correctamente
a enigmas. (…) La ciudad y sus habitantes me parecen irreales; es como si las personas perteneciesen a especies
distintas de la nuestra, como si estuvieran poseídas por mil demonios. (…) Creo que [los parisinos] descono-
cen el significado de la vergüenza o el temor. Mujeres y hombres sin distinción, se apretujan ante los desnudos,
del mismo modo que lo hacen alrededor de los cadáveres en el depósito (…) Son gente dada a las epidemias
psíquicas y a las convulsiones históricas de masas, y no han cambiado desde que Victor Hugo escribió Nôtre-
Dame, novela que debes leer para comprender París, pues, aunque todo lo que dice es imaginario, uno se queda
persuadido de su realidad. Cf. Sigmund Freud, Carta a Martha Bernays (Paris, 24-XI-1885) en
Epistolario I (1873-1890), Plaza y Janés, Barcelona, 1971, p.171.

120
La otra escena. Sigmund Freud, el teatro y las mujeres histéricas

[9] Cf. William J. McGrath, Freud’s Discovery of Psychoanalysis. The Politics of Hysteria, Cornell Univer-
sity Press, Ithaca, 1986. Véase también Georges Guillain, J. M. Charcot, 1825-1893: His Life-His
Work, Pearce Bailey, New York, 1959. Las relaciones de las lecciones de Charcot con la histeria y
las relaciones entre la locura, el teatro y el anfiteatro, han sido objeto de estudio. Cf. por ejemplo
Hector Pérez-Ricón, El teatro de las histéricas. De cómo Charcot descubrió, entre otras cosas, que también
había histéricos, FCE, México, 1998; así como Marcel Gauchet y Gladis Swan, El verdadero Charcot.
Los caminos imprevistos del inconsciente, Nueva Visión, Buenos Aires, 2000.
[10] Cf. toda la carta del 15 de octubre de 1897 en The Complete Letters of Sigmund Freud to Whilhelm
Fliess 1887-1904, Harvard University Press, Cambridge, 1985, p. 272. La lectura de Freud de
Edipo Rey se produjo durante sus estudios de bachillerato. En una carta escrita en Viena a su amigo
Emil Fluss (16-VI-1873) relata los avatares de sus exámenes del curso de preuniversitario en los
que obtuvo muy buenas notas. El ejercicio de griego, escribe, que consistía en un pasaje de 33 versos
extraídos de Oedipus Rex, me salió mejor y obtuve el único notable. También lo había leído anteriormente
por mi cuenta y no lo oculté. En la reunión de la Sociedad psicoanalítica de Viena del 9 de octubre de
1906, en la que Otto Rank disertó sobre El drama del incesto y sus complicaciones, en donde aludió
directamente al Edipo Rey de Sófocles, Freud defendió que Edipo debería servir de núcleo y modelo
del análisis del incesto. En las Actas de estas reuniones de los miércoles se percibe con claridad la
enorme importancia que tuvo la literatura, y especialmente del teatro, en el proceso de formación
del psicoanálisis.
[11] Véase la historia clínica en Sigmund Freud, Escritos sobre la histeria, Alianza, Madrid, 1974, p.
7-105. Freud defiende que la fábula de Edipo constituye la elaboración poética del nódulo típico de
las relaciones incestuosas inconscientes entre padre e hija y madre e hijo. En todo caso la curación
psicoanalítica pasa, como en Ana O, por reenviar cada síntoma histérico a la correspondiente
escena traumática. La analogía entre Dora y Ana O ha sido puesta de manifiesto por Hannah S.
Decker: Ambas chicas era de familias judías de clase media alta, ninguna se llevaba bien con su madre, las
dos tenían hermanos muy cercanos en edad, ambas adoraban y fueron mimadas por sus padres, estos padecían
tuberculosis y ellas los cuidaron, las dos tenían una educación superior a lo normal en una chica, y al principio
ambas presentaban el mismo síntoma: una tos histérica. Asimismo las dos padecían una neuralgia facial.
Además puede que Ana O y Dora hayan hecho partos histéricos; Freud desde luego lo creía así. Finalmente
en ambos casos quien fijó la fecha de terminación del tratamiento fue la paciente. Cf. Hannah D. Decker,
Freud, Dora y la Viena de 1900, Biblioteca Nueva, Madrid, 1999, p. 265-266.
[12] Cf. Harriet Anderson, Utopian Feminism. Women’s Movement in fin-de-siécle Vienna, Yale University
Press, New Haven, 1992, p. 205- 211.
[13] Cf. Herman Numberg y Ernst Federn (Comps.), Las reuniones de los miércoles. Actas de la Sociedad
Psicoanalítica de Viena, Nueva Visión, Buenos Aires, 1979, T.I, p. 211-218. Wittels centró tam-
bién la reunión científica del 11 de marzo de 1908 con una conferencia sobre “La posición natural de
las mujeres” que Freud encontró divertida y estimulante. En su intervención Freud señaló, una vez
más, que el error de John Stuart Mill, en el libro, Servidumbre de las mujeres, es no percibir que las
mujeres no pueden a la vez ganarse la vida y criar a los hijos. Y añade: Las mujeres, como grupo, nada
ganan con los modernos movimientos feministas; en el mejor de los casos sólo extraen provecho algunas mujeres
aisladas (p. 356). Sobre el patriarcado y el psicoanálisis véase el documentado estudio de Ann
Taylor Allen, “Patriarchy and its Discontents” en Suzanne Marchand y David Lindefeld (Eds.),
Germany at the Fin de Siècle. Culture, Politics and Ideas, Louisiana State University Press, Baton
Rouge, 2004, p. 81-101. Véase también su artículo ”Feminism, Social Science and the Meanings
of Modernity: The Debate and the Origin of the Family in Europe and the United States 1860
-1914”, American Historical Review 104, October 1999, p. 1085-1113.
[14] Cf. Marianne Weber, Max Weber. Una biografía, Ed. Alfons el Magnanim, Valencia, 1995, p. 544.
Erich Mühsam, que murió asesinado por los nazis en 1934 tras ser trasladado al campo de con-

121
Fernando Álvarez-Uría

centración de Oranienburg, escribió una breve monografía sobre la comuna de Monte Veritá que
él quería convertir en un refugio para presos fugados, expresos, apátridas, y todos aquellos que,
víctimas de las condiciones sociales existentes, son buscados, martirizados y viven sin orientación
en el mundo, aunque aún no han dejado de anhelar poder vivir dignamente entre gente que los
respete como iguales. Cf. Erich Múhsam, Ascona, Colección con.otros, Barcelona, 2003, p. 40.
Sobre Mühsam, Gross, Max Weber y el anarquismo en Ascona, véase el libro compilado por Sam
Whimster, Max Weber and the Culture of Anarchy, Macmillan Press, Londres, 1999.
[15] Por ejemplo, en noviembre de 1909 Jung le escribe a Freud deteniéndose en sus lecturas sobre la
mitología y los símbolos y Freud le responde: Estoy encantado con sus estudios mitológicos. La mayor
parte del lo que usted escribe me resulta nuevo. (…) Edipo, creo que ya se lo dije, significa pies hinchados, es
decir, pene erecto. (…) Cada vez les doy más importancia a las teorías infantiles sobre la sexualidad (21-XI-
1909). Cf. The Freud/Jung Letters, Princeton University Press, Princeton, 1974, p. 414.
[16] Recordemos las palabras de Lady Macbeth: Venid espíritus que animáis los pensamientos de muerte; pri-
vadme ahora de mi sexo y llenadme de la más temible crueldad, desde la coronilla al pulgar del pie: espesad mi
sangre, tapad el acceso y la entrada a la piedad, para que ningún natural acceso de compasión haga vacilar
mi fiero propósito, ni ponga una tregua entre él y la ejecución. Venid a mis pechos de mujer y cambiad mi leche
por hiel, asistentes del crimen, dondequiera que, en vuestras substancias invisibles, sirváis a la desgracia de
la Naturaleza.
[17] Cf. Sigmud Freud, “Personajes psicopáticos en el escenario” en Obras completas, T. VII de la edición
de James Strachey, Amorrortu, Buenos Aires, 2000, p. 273-282.
[18] Cf. F. Nietzsche, El origen de la tragedia, Espasa Calpe, Madrid, 1964, 4ª ed. Es interesante la obser-
vación de Nietzsche de que Sófocles restringió en sus tragedias la acción del coro asimilándolo a
los actores. La aniquilación del coro dio paso al teatro de Eurípides, Agatón y la comedia nueva; es
decir, a un teatro unidimensional. Sobre la vida y la obra de Sófocles véase el monumental libro de
Jacques Jouanna, Sophocle, Fayard, París, 2007.

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123
Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.
2008 | nº10 | pp. 125-134 ISSN: 1137-0963

Representaciones sociales
de la masculinidad y la feminidad
Enrique Gil Calvo
Facultad de Ciencias Políticas y Sociología
Campus de Somosaguas, s/n
28223 Pozuelo de Alarcón. Madrid
gilcalvo@telefonica.net

Estas ideas fueron presentadas en la Ponencia “Representaciones sociales de la masculinidad y la


feminidad”. XXIV Universitat d’estiu d’Andorra. Andorra, 27 al 31 d’agost del 2007.

Resumen
Hablar de representaciones sociales de la masculinidad y la feminidad no resulta sencillo,
pues el de representación es un concepto tan polisémico que usarlo a la ligera puede causar
muchos equívocos. Este artículo comienza por precisar primero el sentido en que se utiliza
aquí el concepto, para pasar después a su aplicación a los códigos socialmente aplicables a
mujeres y hombres que hemos heredado de la tradición occidental. Finalmente, me referiré
a la codificación asimétrica de las relaciones entre unas y otros, así como a su problemática
transformación actual en dirección a la equidad.

Palabras clave: Masculinidad, feminidad, identidad sexual, relaciones de género, equidad.

Abstract
Social representations of masculinity and femininity
To speak about masculinity and femininity social representations is not simple, because of the meaning
of representation: it is a polysemic concept and to be used it carelessly could cause a lot of mistakes.
This paper starts specifying the sense in which I am going to use it and covering later its application
to men and women’s social codes that we have inherited from Western tradition. Finally, I will refer
to the asymmetric codes of relationships between them, as well as its current problematic transformation
towards the equity.

Keywords: Masculinity, femininity, sexual identity, gender relationship, equity.


125
ENRIQUE GIL CALVO

1. Representaciones sociales: Y, finalmente, hay otros dos usos del término


roles y códigos “representación social” que sí se aproximan
bastante a aquello de lo que voy a hablar. El
El concepto de representación admite varios primero se refiere a la representación escénica
significados múltiples en función de su uso o representación teatral, de larga tradición
en uno u otro juego de lenguaje (Wittgens- en el campo de la sociología, que ha hecho de
tein). Así, por limitarnos a su utilización la teoría del rol o papel social a desempeñar,
en la jerga de las ciencias sociales, aparecen basada en la metáfora del juego teatral, uno
cuando menos cuatro campos semánticos. de sus fundamentos epistemológicos, siendo
Ante todo la representación metodológica, Erving Goffman uno de los últimos grandes
como sucede por ejemplo con la representa- maestros que con su metodología dramatúr-
ción gráfica o la representatividad estadística. gica contribuyó a renovar la teoría del rol
Este uso es asimilable a la cartografía, como social. Pues bien, aquí voy a utilizar el con-
cuando pensamos en que un mapa geográfico cepto de representación social en este mismo
o un callejero urbano representan a determi- sentido de máscara teatral, al entenderla
nada escala un territorio o una ciudad. Y como representación escenográfica. Es lo que
lo mismo ocurre con ciertos instrumentos en el campo de los estudios de género ya ha
metodológicos, como los datos demográficos venido haciendo Judith Butler (2001) a par-
o las estadísticas sociales, que representan de tir de su concepto de performance o mascarada
modo fidedigno ciertos fenómenos cuantifi- (interpretación o ejecución escenográfica).
cables de la realidad social. Por ejemplo, las
tasas de nupcialidad, la fecundidad extracon- Pero para representar bien un papel teatral
yugal o el antes llamado estado civil. No es hay que creer en él, pues de no ser así los
éste el uso del concepto de representación roles de género se convertirían en una mera
que yo utilizaré aquí, aunque los modelos de ficción. De ahí que el concepto de repre-
mujeres y hombres a los que aludiré estén sentación escénica haya de ser completado
por supuesto indirectamente relacionados con el de representación mental, de larga
con estas variables sociodemográficas. tradición en el pensamiento sociológico a
partir de Durkheim. Y esta concepción dur-
El siguiente juego de lenguaje en que se kheimiana de la representación mental está
maneja el concepto de representación en hoy encarnada por las obras de dos grandes
las ciencias sociales es el de la representa- autores recientemente desaparecidos: Pierre
ción política, como cuando hablamos del Bourdieu, con su concepto de capital sim-
Gobierno representativo por oposición a bólico asociado al habitus; y Mary Douglas,
otro autocrático, cuando decimos que los con su metáfora del pensamiento institucio-
parlamentarios representan a sus electores, nal codificado según la clase social (grid) y
o cuando criticamos el déficit de representa- la integración grupal (group). Pues bien,
tividad de los partidos políticos respecto de aquí hablaré de las representaciones sociales
sus bases sociales. También este uso del con- entendiéndolas en este mismo sentido como
cepto está relacionado con la materia que voy clasificaciones compartidas de la realidad,
a tratar, como revela la actual polémica sobre que permiten definirla, calificarla y codifi-
las políticas de paridad (cuotas de género, carla en términos morales.
acción afirmativa, discriminación positiva,
listas cremallera, etc.), siempre discutibles De este modo, las representaciones sociales
desde el punto de vista de la teoría pura de la de las feminidades y las masculinidades a las
representación política en un régimen demo- que aquí aludiré tendrán dos caras. De un
crático. Pero aquí no me referiré a este sen- lado serán roles teatrales: papeles reconoci-
tido del concepto más que indirectamente. bles que se ponen en escena para representar
126
REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

ante los demás un tipo definido y socialmente lucha por la vida que no todos logran supe-
compartido de feminidad o de masculinidad. rar con éxito. Aquellos que logran pasar la
Y, por otro, serán códigos morales: marcos prueba ascienden a la categoría dominante
interpretativos (frames) o encuadres cogni- de patriarcas u hombres de poder que ocupan
tivos con los que se define, se califica y se las posiciones revestidas de autoridad hacién-
juzga el comportamiento de las personas en dose cargo de las responsabilidades institu-
función de su género. Un concepto éste, el de cionales. Y los que pierden o se evaden de
framing, inaugurado por el propio Goffman las pruebas son apartados del común de los
con su Frame análisis (Goffman, 2006), que hombres para ingresar en la categoría margi-
hoy goza de múltiple aceptación y respaldo nal de monstruos estigmatizados u hombres
en el campo de las ciencias sociales (socio- de genio (ya sean geniales, sólo ingeniosos
logía política, estudios de opinión publica, o estén poseídos por su mal genio): pobres
etc.). hombres, malos hombres, hombres carismá-
ticos y hombres malditos.

2. Códigos de masculinidad Este esquema triádico puede resultar artifi-


cial, pues su único mérito es su sencillez eco-
Ante todo hay que darse cuenta de que no nómica. Pero tiene la ventaja de que escapa
existe un modelo único de masculinidad al modelo del hombre unidimensional, al
común, sino que siempre aparecen diver- que sólo se valora por su éxito social. De ahí
sos códigos plurales y contradictorios que que sea comparable a los modelos metodo-
compiten entre sí, por lo que el grado de lógicos que se han diseñado para superar el
masculinidad no puede ordenarse unilateral- reduccionista unilateralismo del homo econo-
mente en una sola dimensión jerárquica de micus, que sólo sabe perseguir y maximizar
más hombre a menos hombre. Por el con- su propio interés racional. El más famoso de
trario, hay varias escalas opuestas para medir estos modelos heterodoxos es quizá el pro-
la masculinidad, de modo que quien puntúa puesto por Albert Hirschman en su libro
alto en una escala puede puntuar bajo en Salida, voz y lealtad (1977), donde propone
otra. ¿Qué tipos de códigos plurales existen tres opciones estratégicas de elección racio-
para evaluar el nivel de masculinidad? Por nal, alternativas entre sí, que pueden ser
razones de economía son preferibles los códi- fructíferamente comparadas con el modelo
gos triádicos. tridimensional derivado de Lévi-Strauss. La
salida es la opción típica del homo economicus
En mi libro Máscaras masculinas (Gil Calvo, que abandona sus relaciones cuando le resul-
2005) he propuesto una tipología de tres tan disfuncionales para buscar otras más pro-
ejes de masculinidad fundada en el triángulo metedoras mediante la competencia de mer-
culinario de Lévi-Strauss que disecciona los cado. Pero la salida no es la única estrategia
campos culturales según el esquema sim- posible ante la insatisfacción, pues hay otras.
bólico crudo/cocido/podrido. Los hombres Una es la lealtad: permanecer fiel al compro-
crudos serían los jóvenes inmaduros en vías miso contraído sin desertar de él, a la espera
de desarrollo, los hombres cocidos serían los de que la relación se recupere y mejore. Y
hombres maduros legítimamente realizados la otra opción es la voz: elevar una protesta
como maridos y padres y los hombres podri- pública para abrir un conflicto y exigir nego-
dos serían los hombres fracasados y echados ciaciones, a fin de reformar la relación defici-
a perder. Así surge mi esquema triádico de taria haciéndola más satisfactoria.
héroes, patriarcas y monstruos. Los héroes
son los hombres de acción, puestos a prueba Pues bien, la salida es la opción del aventu-
mediante trabajos duramente competidos de rero hombre de acción, que sale fuera de su
127
ENRIQUE GIL CALVO

familia de origen para buscarse la vida en escala micro figuran todos los padres bioló-
el exterior, probando experimentalmente gicos o sociales que ejercen autoridad fami-
diversas relaciones laborales o amorosas liar o educativa: padres, maridos, abuelos,
para quedarse con ellas mientras le parez- tíos, tutores, hermanos mayores, maestros,
can beneficiosas y sustituirlas por otras profesores. Después están los patricios o
cuando ya no le resulten satisfactorias. La autoridades públicas, desde los ediles, con-
salida es también la opción del competidor cejales y alcaldes hasta los gobernantes y
de mercado que emula a sus rivales tratando demás padres de la patria. También apa-
de superarles, lo que aplicado a los héroes recen los patrones o autoridades privadas:
alude a la lucha por la vida de los jóve- propietarios, directivos, empresarios, ejecu-
nes que compiten entre sí en los mercados tivos, etc. Y luego está el lado oscuro de la
académicos, laborales y matrimoniales, en figura patriarcal: el padrino o capo mafioso,
busca de la mejor salida profesional y amo- que dirige autocráticamente una gran fami-
rosa que les permita integrarse y ascender lia criminal o una simple red de patronazgo
socialmente. Por su parte, la lealtad es la clientelar, dedicada al tráfico de influencias
opción del patriarca, obligado como está por que bordea la legalidad. Figuras de patriar-
sus compromisos sociales a hacerse cargo de cado moralmente negativo a las que pueden
sus responsabilidades sin poder evadirse de asimilarse los déspotas tiránicos familiares o
ellas. Y la voz es la opción del monstruo o civiles, según el modelo de personajes como
genio maldito, un transgresor que protesta Otelo, Lear o Macbeth: malos padres, mari-
y se rebela contra el orden patriarcal cons- dos agresores, políticos corruptos, patronos
tituido tratando de recrearlo o subvertirlo: explotadores, etc.
ésta es por ejemplo la opción del gay que
eleva su voz al salir del armario. Y queda finalmente el transgresor hombre de
genio, dispuesto a violar el espíritu y la letra
Pero por supuesto, cada una de estas tres mas- de la ley por deseo, voluntad de poder o puro
culinidades tiene diversas manifestaciones. placer. Esta tercera figura masculina aparece
En el repertorio del competidor u hombre de dicotómicamente escindida en dos imágenes
acción aparecen figuras como las siguientes. especularmente opuestas: una positivamente
En el extremo moralmente positivo destaca atractiva, la del genio creador (artista, lite-
el voluntario altruista (paladín, mártir, sal- rato, científico, sabio); la otra negativa, pero
vador), que se ofrece desinteresadamente a extrañamente fascinante, es la del héroe mal-
defender los derechos de los demás a costa de dito (psicópata, asesino en serie, torturador
los suyos propios, lo que caracteriza al héroe genocida, violador múltiple, …), pugnando
genuino: médicos, bomberos, etc. En el otro ambas por presidir el ranking de la popula-
polo moralmente negativo aparece la figura ridad mediática masculina. Pues no parece
del mercenario sólo movido por el afán de haber duda de que estos grandes genios o
lucro en cualquiera de sus variantes: villano, grandes criminales parecen encarnar el arque-
aventurero, sicario, gorrón, esquirol. Y entre tipo de la masculinidad, en mayor medida
ambos extremos se sitúan otras figuras ambi- incluso que otras figuras carismáticas que se
valentes, como el trabajador, el profesional, sitúan entre ambos extremos, como la del
el funcionario, el militar, el deportista, etc., líder revolucionario o el profeta religioso.
compartiendo todas ellas la característica del Una masculinidad perversa que, dejando al
luchador que ha de enfrentarse al peligro tra- margen la excluida comunidad gay, también
tando de vencerlo para imponerse a él. anida en aquellos monstruos menores que en
su vida cotidiana abusan sin escrúpulos de
El repertorio de los patriarcas u hombres de los más débiles de forma solapada e impune,
poder también es muy variado. A pequeña practicando la mediocre banalidad del mal.
128
REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

3. Códigos de feminidad tica de la crianza y a la ética del cuidado, tan


ponderada por las feministas de la diferencia
Pasemos ahora al repertorio de códigos feme- como Gilligan (1985), un cuidado que debe
ninos, utilizando para ello el mismo esquema prestar con entrega altruista y desinteresada
triádico extraído de Lévi-Strauss y Hirsch- a su marido e hijos, así como por extensión
man. En mi libro Medias miradas (Gil Calvo, a todos los demás miembros de su familia.
2000) tuve ocasión de exponer la tríada feme- De ahí el deber de fidelidad que se espera
nina virgen-madre-puta, según terminología de novias o esposas, el espíritu de sacrificio
prestada del título de la psicoanalista Estela que se espera de madres o abuelas y la pie-
Weldon, que también podría denominarse dad filial que se exige a hijas o hermanas. Y
mejor como chica-madre-bruja y que es simé- por último la puta o bruja representa la voz
tricamente análoga a la masculina de héroe- porque la suya es una práctica subversiva y
patriarca-monstruo. Y sus respectivos papeles transgresora que viola las reglas de juego y
pueden definirse en los mismos términos del desafía el poder simbólico impuestos a todas
triángulo culinario crudo/cocido/podrido: la las mujeres por el orden familiar patriarcal.
virgen (la chica: girl) es la mujer libre sexual-
mente disponible para el emparejamiento Por lo tanto, esta tríada de chica/madre/puta
legítimo; la madre es la mujer comprometida implica un claro paralelo con su homóloga
con la familia del cónyuge que la monopoliza masculina de héroe/patriarca/monstruo. De
sexualmente; y la puta (bruja, perra, zorra, este modo, si los héroes compiten entre sí
etc.) es la mujer sexualmente estigmatizada como hombres de acción, las chicas com-
por la autoridad patriarcal a la que se prohíbe piten entre sí como mujeres en exposición
emparejarse legítimamente por haber trasgre- que rivalizan por llegar a ser mujeres de
dido el orden familiar. relación, y para ello se exponen a todas las
miradas como espectáculos atractivos u obje-
Si ahora traducimos este triángulo al esquema tos de admiración a la espera de ser nomi-
de Hirschman obtenemos otra versión aná- nadas como candidatas al emparejamiento,
loga. La virgen premoderna representa la esperando establecer con alguien relaciones
opción de salida en el sentido de que es formales de acceso sexual exclusivo mutua-
objeto del intercambio exogámico entre las mente consentido. De igual modo, si los
familias patriarcales: sale de la familia de su patriarcas son hombres de poder, las madres
padre para ingresar en la familia de su futuro son señoras o dueñas de casa, en la medida
marido. Y en cuanto a la chica moderna, en que deben dirigir y administrar toda la
hoy es una competidora que busca su mejor infraestructura material y moral de la vida
salida personal tratando de ascender social- hogareña, doméstica y familiar. Y si los
mente mediante el estudio, el trabajo y el monstruos son hombres de (mal) genio, las
amor. Para ello debe competir con las demás putas o las brujas son mujeres de cuidado,
jóvenes rivales buscando activamente carrera, mujeres peligrosas, mujeres de armas tomar
empleo y pareja en los mercados académicos, o mujeres de vida airada, que amenazan con
profesionales y matrimoniales, lo que exige llevar a la perdición a los hombres débiles o
salir fuera del hogar participando en los mis- blandos que se colocan bajo su dominio.
mos rituales de cortejo y galanteo que com-
parte con sus coetáneos: una práctica que hoy Y cada una de estas formas de ser mujer
incluye ejercicios de competición académica, posee su propio repertorio de múltiples
laboral y profesional, además de amorosa. variantes que divergen entre sí. Comen-
zando por las chicas competidoras que riva-
La madre representa la lealtad porque su fun- lizan en busca de salida, tenemos ante todo
ción es dedicarse a tiempo completo a la prác- a la menor inmadura, novia casta o virgen
129
ENRIQUE GIL CALVO

propiamente dicha, necesitada de protec- persistir. De ahí que sus representantes de


ción y tutela por parte de alguna figura carne y hueso sean insustituibles, aunque
masculina (padre, tío o hermano mayor). tengan la mala fama de la suegra o de la
Pero casi siempre, esta imagen de virgen abuela, figuras dominantes de la edad pos-
insignificante por asexuada tiende a modi- menopáusica que, gracias a la labor de auto-
ficarse para conducir a dos extremos contra- ras como Fisher o Brizendine, hoy recobran
puestos. De un lado, la víctima inerme e un prestigio desaparecido que jamás debie-
indefensa, que ha sufrido o corre el riesgo ron perder.
de sufrir toda clase de ataques, abusos y
sevicias, como el maltrato, la violación o Y, por último, está el tercer tipo maldito,
la tortura. Es el caso de la virgen-mártir o, estigmatizado y transgresor de la puta, la
en nuestros días, de la anoréxica, víctima bruja o la zorra, con variantes tan nume-
propiciatoria que protagoniza la publicidad rosas como los otros dos. Ante todo está
y las pasarelas porque provoca la morbosa por supuesto la femme fatale o vampiresa
lubricidad de las fantasías violadoras. Y en seductora como Lulú, arquetipo cinemato-
el polo opuesto, la chica moderna, que ha gráfico de la mala perversa y devoradora de
de ser tan dinámica y competitiva como las hombres que rompe todos los hogares con
amazonas andróginas, siempre dispuesta a el hechizo fascinante de su displicente des-
competir en pie de igualdad con chicos y dén. Después aparecen la adúltera o esposa
chicas para superar a todos en los juegos de infiel, como Mme. Bovary, y la mala madre:
destreza formal (las modas) o académica (las la madre castradora, la madre indigna o la
oposiciones). Y entre una y otra aparece la madre perversa, como Fedra o como Medea.
guapa o la buena de las películas, que suele Luego viene la machorra hombruna en sus
ser una chica atractiva y adorable adornada dos vertientes, la lesbiana donjuanesca que
con los signos que anuncian su futura meta- compite con los hombres seduciendo muje-
morfosis como madre nutricia. res y la mujer dominante capaz de impo-
nerse a sus parejas llevando en casa los pan-
Respecto al tipo de la madre, también apa- talones. Y finalmente, por debajo de todas
recen diversas variantes. Está por supuesto la estas figuras malditas revestidas de presti-
madonna de la iconografía cristiana, figura gio literario están las pobres putas de carne
de crianza que sostiene amorosamente a un y hueso, humilladas y explotadas por sus
bebé junto a su pecho, de gran éxito actual proxenetas como víctimas representativas
en los anuncios publicitarios. Luego está la de toda una serie de mujeres marginadas
señora, la gran dama elegante que exhibe el y socialmente excluidas que han perdido
estatus y el rango representativo del marido su legitimidad (madres separadas, madres
que le transfiere su misma posición social, adolescentes, viudas sin derechos), a las que
posición que ella debe realzar con dominio todos maltratan, vejan y desprecian con
de sus habilidades sociales como anfitriona la justificación de que son malas mujeres,
cuando recibe a los invitados desde el salón indignas de respeto y por ello carentes de
de su casa. Y por fin está la matrona, autén- derechos como personas.
tica madre-coraje que dirige la vida de los
suyos, se sacrifica incansablemente por ellos
y sale en su defensa cuando las cosas vienen 4. Asimetrías de género
mal dadas. Esta figura es quizá menos deco-
rativa que las otras, pero constituye la auten- ¿Qué relaciones se establecen entre estos
tica espina dorsal de la estructura familiar, códigos masculinos y femeninos? En princi-
pues sin su resistencia, liderazgo y fuerza de pio, parece darse un equilibrio complemen-
voluntad las familias concretas no lograrían tario entre los vértices homólogos de uno y
130
REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

otro género. Así, los héroes protegen y cor- edad mientras dependan de la familia, otros
tejan a las vírgenes esperando que ellas acep- familiares acogidos a su cargo, entre los que
ten convertirse en sus novias; los patriarcas destacan las nueras especialmente, así como
se casan con sus esposas y las convierten en el servicio doméstico, si lo hay. Pero esta
madres y señoras de su casa; y por último, autoridad de las matronas sólo es ejercida de
tanto los monstruos como las putas son mal- forma delegada, pues quien ostenta su titula-
decidos, están proscritos y suelen ser castiga- ridad es el marido y padre, o sea el patriarca.
dos. Pero a poco que se mire se advierte que De tal modo que sólo cuando éste se ausenta,
estas relaciones no son enteramente simétri- en condiciones de separación o viudedad,
cas en ninguno de los tres ángulos. pueden las matronas ejercer el poder real.

Y donde mejor se observa la asimetría es Lo peor de esta delegación del poder patriar-
en el ángulo maldito de la transgresión. Es cal, que las mujeres sólo pueden ejercer
verdad que ciertos transgresores masculi- vicariamente como matronas, es que resulta
nos son castigados, como los notorios cri- asimétrica, pues sólo puede transmitirse de
minales múltiples, pero muchos otros no lo hombres a mujeres, pero nunca a la inversa.
son, por ejemplo los delincuentes de cue- Los varones detentan el poder de transmitir
llo blanco. Además, otros héroes malditos su propio estatus a sus parejas e hijos, siem-
resultan socialmente recompensados con un pre que unas y otros sean reconocidos por
elevado prestigio cultural, como sucede con ellos como legítimos, pero esto no ocurre a
los grandes artistas y otros genios creadores la inversa. De ahí que antes eran exclusiva-
que se comportan en su vida privada como mente los varones quienes podían repudiar a
auténticos monstruos. Nada de esto ocurre sus esposas e hijos, retirándoles su reconoci-
en el vértice femenino de la maldad, pues si miento de legitimidad. Es verdad que esto
descontamos algunas excepciones notorias ahora ya no es así, pues hoy son las esposas
del mundo del espectáculo (ciertas estrellas quienes toman mayoritariamente la inicia-
de cine, pocas top models, grandes divas de tiva del divorcio. Pero se sigue manteniendo
la música lírica o popular), lo cierto es que la asimetría del vínculo conyugal, que per-
todas las transgresiones femeninas resultan mite transmitir el estatus social en una sola
culturalmente reprobadas y socialmente cas- dirección, de hombre a mujer y de padre a
tigadas. Y por si esto fuera poco, del juicio y hijos. Al casarse, las esposas se convierten en
castigo de las transgresoras se encarga exclu- “señoras de” su marido, accediendo al mismo
sivamente el poder masculino, representado estatus de sus cónyuges, pero esto no ocurre
por los patriarcas y los agentes de la autori- a la inversa, como revela el ejemplo de reinas
dad. No son las madres, hermanas o rivales o primeras damas, que comparten la realeza
quienes castigan a las mujeres malvadas, sino y la presidencia, mientras nada de esto ocu-
que siempre lo hacen sus padres y hermanos, rre con los maridos consortes, que no com-
sus novios o maridos, sus compañeros o ami- parten nada.
gos, ejerciendo contra ellas su violencia real
o simbólica. Este carácter asimétrico de la institución
del matrimonio ha hecho que esté entrando
También es asimétrico, aunque quizá no en decadencia y franca regresión, pues se
tanto, el vértice de la autoridad, ocupado contradice con el ideal moderno del amor
por matronas y patriarcas. Es en este ángulo romántico como unión simétrica entre libres
donde las mujeres gozan de mayor poder, e iguales (ideología de las dos medias naran-
que ejercen a veces de forma muy dominante jas). Por eso en la Europa nord-occidental las
sobre todas las personas sometidas a su auto- uniones informales entre cohabitantes están
ridad: hijos sólo menores, hijas de cualquier superando a los enlaces matrimoniales, y la
131
ENRIQUE GIL CALVO

mayoría de los nacimientos son ya extra- recer o primar su ascenso hasta los cargos
conyugales. Lo que no parece haber mejo- revestidos de autoridad. Son las leyes asi-
rado significativamente la simetría entre métricas de paridad, concesiones del poder
los miembros de la pareja, pues una buena masculino a la voluntad femenina de ascenso
parte de los padres-maridos actuales tienden igualitario, que equivalen al modo en que el
a incumplir sus compromisos familiares tra- vínculo conyugal hace posible que el esta-
tando de evadirse de ellos. tus se transmita de los hombres a sus parejas
pero no a la inversa.
Es el gran problema emergente de la ausen-
cia paterna, que ha determinado un gran Respecto al vértice de las relaciones de
incremento compensatorio de la familia competencia y rivalidad entre héroes y
matrifocal, dirigida por esas nuevas matro- amazonas o chicos y chicas, sin duda es aquí
nas que son las madres separadas y solteras donde más ha avanzado la voluntad polí-
que cargan a solas con el peso de la respon- tica de igualdad entre ambos géneros. Hoy
sabilidad familiar. Fenómeno que a su vez la competencia escolar, académica, laboral
ha provocado como consecuencia reactiva el y profesional está absolutamente abierta a
aumento de la violencia de género dirigida todos, mujeres y hombres, por lo que puede
contra las mujeres (aparentemente mayor decirse que en este campo, y aunque per-
en las uniones privadas entre cohabitantes, sistan ciertas asimetrías residuales (segrega-
según observa Gerardo Meil (2003), como ción ocupacional, discriminación salarial),
peor efecto perverso del backlash denunciado las relaciones entre unas y otros ya se han
por Susan Faludi (1993). Todo lo cual viene hecho casi completamente equilibradas,
a demostrar que estamos muy lejos todavía equiparables y equitativas. Es verdad que
de alcanzar la simetría paritaria entre los todavía subsiste por parte femenina una
poderes relativos de que disponen matronas cierta aversión al riesgo de discriminación
y patriarcas, como si la autoridad familiar y divorcio, lo que lleva a muchas mujeres
hubiera de ser necesariamente masculina y a protegerse con políticas de seguridad
las mujeres sólo pudieran ejercerla de forma (sobretitulación académica, subempleo pro-
vicaria, otorgada por delegación viril. fesional, preferencia por la función pública).
Pero hay fuerte tendencia hacia el ascenso
Todo esto sugiere que la idea de que la asi- de la competitividad femenina en todas las
metría del vínculo conyugal se extiende áreas y profesiones.
también a las demás posiciones revestidas
de autoridad, ya sea pública o privada. Es Por lo tanto, si queremos buscar en este vér-
verdad que hoy las mujeres pueden acceder tice la persistencia de desigualdades y asime-
en igualdad de condiciones con los varones trías tendremos que prescindir del campo de
a todos los puestos institucionales dotados la competencia profesional para centrarnos
con poder de decisión: empresariado, cargos en otros terrenos de juego. Y aquí destacan
directivos de nivel ejecutivo, cuadros inter- dos campos relacionados entre sí, pues ambos
medios, administración pública, función derivan de la cultura del cortejo, como son el
ministerial, judicatura, liderazgo político, culto al cuerpo y el culto al amor (o empa-
etc. Pero todo parece indicar que existe un rejamiento), donde aparecen claras especiali-
invisible techo de cristal, operado por las zaciones asimétricas entre uno y otro género.
redes masculinas de complicidad y ayuda Comenzando por el cultivo corporal, chicos
mutua, que les frena o les impide el paso y chicas prestan una dedicación desmedida a
para lograr la plena equiparación en poder sus estilos de vida y demás prácticas corpora-
y autoridad, por lo que necesitan la ayuda les, desde alimentos, bebidas y drogas hasta
otorgada por sus pares masculinos para favo- vestimenta, accesorios y una gran variedad
132
REPRESENTACIONES SOCIALES DE LA MASCULINIDAD Y LA FEMINIDAD

de ejercicios físicos. Pero las chicas se cen- A esto se añade que las jóvenes de hoy,
tran sobre todo en el baile, las tiendas y el mucho más escolarizadas que sus coetáneos
mundo de la moda y la belleza, prestando masculinos, ya no están dispuestas a mante-
gran atención mimética a las modelos de ner relaciones de pareja basadas en la sumi-
pasarela. Mientras que los chicos centran sión machista con segregación de roles. Esto
todo su interés en la música, el mundo del se traduce en un sostenido descenso de la
motor, los deportes de competición, la por- nupcialidad, explicable, al modo feminista,
nografía y el cine de violencia y terror. Lo por que las chicas de hoy buscan novios igua-
cual predispone a las chicas a convertirse litarios que aún no existen mientras que los
en espectáculos visuales expuestos al deseo chicos siguen buscando novias sumisas que
ajeno mientras convierte a los chicos en con- ya no existen. De ahí que las relaciones de
sumidores adictos a las prácticas de riesgo, pareja se formen manteniendo intacta la
como corresponde a su vocación de hombres vieja hipergamia de edades, pues las chicas
de acción. eligen emparejarse con chicos mayores que
ellas por creerlos más maduros y responsa-
Esta asimetría de sus ejercicios corporales bles, mientras éstos prefieren hacerlo con
tiende a transmitirse a su actitud ante el chicas menores que ellos esperando domi-
emparejamiento amoroso. La inercia cultu- narlas con el poder de su mayor edad. Lo cual
ral predispone a los chicos a la promiscuidad viene a reproducir la asimetría del empare-
moralmente ambivalente que les hace ena- jamiento que antes vimos institucionalizada
morarse de las chicas sexualmente inacce- en el vínculo matrimonial y que ahora sigue
sibles; mientras que éstas, por el contrario, aflorando bajo el signo del amor informal.
tienden a enamorarse del amor, perdiendo la
cabeza por el chico que las domine y las sub- Así explica Bourdieu (2000) que persista
yugue emocionalmente. Pero la precocidad casi intacta lo que él llama la dominación
actual de las relaciones sexuales a prueba se masculina, pues lo que aman los chicos es
ha generalizado entre los dos géneros, por lo participar activamente en las competiciones
que cada vez hay mayor simetría en materia o juegos de poder que les enfrentan a sus
de permisividad sexual, por más que las chi- pares y rivales, mientras que las chicas aman
cas sigan prefiriendo el sexo cuando va unido presenciar las rivalidades masculinas como
al amor mientras que los chicos continúan espectadoras pasivas, enamorándose de los
prefiriendo practicarlo sin compromisos vencedores que superan con éxito el juego
amorosos. dominante del poder.

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ENRIQUE GIL CALVO

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Educación

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Anuario de Sexología © Anuario de Sexología A.E.P.S.
2008 | nº10 | pp. 139-154 ISSN: 1137-0963

Avances en Educación sexual.


La asignatura de los sexos
Efigenio Amezúa
Instituto de Sexología
C/Vinaroz, 16
28002 Madrid
incisex@incisex.com

Resumen
La necesidad de un nuevo planteamiento en relación a la Educación sexual, motivado por
los cambios sociales y culturales acaecidos en las sociedades modernas, invita a una revisión
de las líneas teóricas y de acción desarrolladas hasta el momento en este ámbito. Este aná-
lisis apunta por un lado a la preeminencia de los modelos preventivos y a la dificultad para
establecer un marco estable y coherente para una Educación sexual de calidad. El presente
ensayo propone un modelo fundado en las aportaciones de la Sexología como conocimiento
de los sexos y de su modernización, que permitiría la elaboración de un formato para la
Educación sexual como asignatura optativa a desarrollar en los centros de enseñanza de
infantil, primaria y secundaria. En este artículo el autor esboza las bases teóricas, conceptua-
les y organizativas de esta asignatura, así como algunas de sus más destacadas implicaciones
prácticas.

Palabras clave: Educación sexual, Sexo, Prevención, Enseñanza.

Abstract
Advances on sex education. The sexes subject
Ongoing social and cultural changes in modern societies indicate a need for review of theory and
practice in sex education to determine if new approaches are needed. This present analysis points out
the current preeminence of preventive models, and the difficulty of establishing a more comprehensive,
stable, and coherent framework for quality education based on the latest contributions of the science of
sexology. Such a structure needs to be established in order to provide the basis for development of syl-
labi for optional sex education classes in both primary and secondary schools. This article outlines the
theoretical, conceptual and organizational bases of these issues, as well as some of the more outstanding
implications.

Keywords: Sexual Education, Sex, Prevention, Teaching.


139
efigenio amezúa

1. Introducción 2. Los avances de


las últimas décadas.
En el presente artículo nos centraremos en
los avances de la Educación sexual tal como
han sido estudiados y vividos desde nuestro 2.1. Desde la Sexología
grupo y su entorno —el Instituto de Ciencias
Sexológicas de Madrid— durante las últi- Desde nuestro punto de vista, el rasgo más
mas décadas. En su primera parte se señalan destacable sucedido en las últimas décadas
los principales rasgos de estos avances cen- ha consistido en el punto de partida para la
trándonos en cuatro factores: la base sexoló- elaboración de una Educación sexual. Frente
gica, los formatos metodológicos, los conte- al conglomerado de áreas y campos de cono-
nidos y, finalmente, en cuanto a la selección cimientos presente en períodos anteriores, lo
de un marco de acción eficaz. Estos rasgos sucedido en las últimas décadas —siendo su
sugieren la necesidad de un planteamiento más fuerte innovación— ha sido la de tomar
moderno del sexo como objeto de estudio y como base la Sexología y desarrollarla, extra-
conocimiento. yendo sus consecuencias.

En la segunda parte del trabajo expone- La amalgama teórica desde la cual se habían
mos el carácter preferente del marco edu- reunido las justificaciones y acciones para
cativo de la Enseñanza, en el cual la Edu- una Educación sexual procedían de fuentes
cación sexual se presenta como el avance morales a las que se añadían una serie de
más importante en nuestros días por la conocimientos de orden anatómico, psicoló-
perspectiva que ofrecen sus repercusiones gico o social para formar una serie de utili-
generales y de futuro. Por ello, planteamos dades de carácter muy heterogéneas sobre el
la asignatura de los sexos en su modalidad sexo. Es lo que era llamado, con diversa for-
de optativa, de la cual se ofrece el esquema tuna, enfoque multi-disciplinar, coloquial-
general de sus Unidades Didácticas distri- mente conocido como conjunto de pizcas o
buidas por las distintas etapas del currículo aspectos.
escolar.
La novedad, lenta pero clara, es que en las
Finalmente, en la tercera parte de este tra- últimas décadas se ha conectado cada vez
bajo, desarrollamos una semblanza-resu- más con un cuerpo teórico sexológico capaz
men de los rasgos y ventajas que ofrece de ofrecer una coherencia y dar un sentido
esta modalidad desde la experiencia de a esa gran multitud de pizcas. En efecto,
sus primeros pasos dados con vistas a su la primera generación de sexólogos, corres-
debate. pondiente al primer tercio del siglo XX y
la segunda, correspondiente a los años cin-
La idea central que se expone en este texto cuenta-setenta, ofrecieron una considerable
es, pues, que la asignatura de los sexos cons- dosis de conocimientos desde los cuales la
tituye el formato del futuro de una Educa- tercera generación de sexólogos —la que
ción sexual basada, más que en la prevención produce en nuestros días— ha tomado una
de riesgos, en el conocimiento del sexo para el fuerza innovadora sobre la base histórica y
entendimiento de las identidades y relaciones conceptual de las generaciones anteriores. Es
de los sexos, así como de sus consecuencias este cuerpo teórico de la Sexología el que ha
en la organización de una sociedad moderna dado la principal base a la Educación sexual
y avanzada que se sostiene, precisamente, en en las últimas décadas. Este avance, funda-
el conocimiento frente a la prevención y la mentalmente epistemológico, es decir, teó-
asistencia. rico, es el que ha tratado de plantear y revisar
140
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

la idea que se tiene de sexo y, con más razón, Pero es importante ver el paso del antiguo
la idea que se puede o se desea tener. A partir sistema —“revelar los enigmas de la vida y
de ahí la Educación sexual ofrece un signo el amor”— a uno nuevo basado en el cono-
diferente al tradicional. cimiento organizado y sistemático del fenó-
meno sexual y sus consecuencias. Estos ciclos
A pesar de las dificultades, la Educación abiertos de Educación sexual se han exten-
sexual se ha hecho cada vez más como una dido como formato —muy flexible— que
consecuencia de estas dos generaciones de es capaz de incluir intervenciones que van
sexólogos, así como de la tercera emergente desde los centros de enseñanza hasta ambien-
en la actualidad. El hecho es que los que tra- tes de educación informal en grupos y colec-
bajan en Educación sexual son, cada vez más, tivos sociales diversos. Un sinfín de retículas
personas de diversas procedencias pero todas han actuado durante estas últimas décadas,
ellas formadas en Sexología a través de Estu- con diversa fortuna, pero siempre con este
dios de Postgrado, lo que les permite una formato abierto de los ciclos de Educación
visión de ese conjunto teórico como base y sexual iniciado en los años setenta.
búsqueda de coherencia. Es, pues, este rasgo
el que ha sido cada vez más acentuado y ha A más de 30 años de la aparición de una
tomado una presencia mayor. pequeña obra nuestra titulada Ciclos de Edu-
cación sexual (Amezúa, 1973), alguno análisis
han señalado el formato propuesto en ella
2.2. Desde los formatos como final de un sistema anterior y comienzo
metodológicos de otro. En aquellos momentos no podíamos
imaginar lo que iba a suceder. Pero hoy, reca-
El segundo rasgo a destacar es que, desde pitulando, sí podemos constatar esos años
esta base nueva, se han creado una serie de como el comienzo del cambio y la apertura
formatos metodológicos variados y diversos. de las innovaciones que se han seguido.
He aquí algunas notas sobre ellos.
B. Diversos formatos
A. El corte
En todo caso, a partir de este cambio se han
La sustitución del antiguo sistema, conocido sucedido formatos de muy distinta arquitec-
como charla, por el de ciclos o series de ciclos tura. Es el caso de los llamados temas trans-
de coloquios abiertos que de forma gradual versales en el ámbito de la enseñanza o de los
o sucesiva se han ido abriendo camino como programas de intervención más elaborados
forma de acomodar una serie de informaciones y organizados en los mismos ámbitos entre
y conocimientos. Algunos de los lemas que se alumnos, profesores y padres.
usaron en los comienzos de estos ciclos fueron:
“No charlas sino series de coloquios”. “No una Una serie de programas han ido planteándose
intervención puntual, sino un proceso abierto en estas décadas, algunos más extendidos en
para el acompañamiento”. “No una informa- función de las colaboraciones instituciona-
ción vertical sino un trabajo horizontal”. “No les o de un pujante voluntariado, lo que ha
informaciones cerradas sino acciones abier- contribuido a su expansión a través de una
tas”. “No tratar sólo los problemas y peligros serie de autores y colectivos. Cabe señalar
sino los fenómenos y sus posibilidades”. “No las producciones de Félix López, Fernando
se trata de dar peces para la urgencia del ham- Barragán, Pére Font, María Luisa López,
bre sino cañas para pescar y organizarse”. “El José Luis García y María José Urruzola; los
sexo no es sólo un factor de riesgo; es, sobre materiales de colectivos como Harimaguada
todo, una cualidad de los sujetos.” y Era-Berri; o una serie de programas espe-
141
efigenio amezúa

cíficos entre los que cabe destacar Uhin bare tenidos, dentro de los cuales la prevención
(Zapiain, Abaceta y Pinedo, 2000) o Agari- no es sino un capítulo más que, por cierto,
mos (Lameiras, 2004). desde este planteamiento se revela de una
eficacia mayor.
A otro nivel, Carlos de la Cruz ha creado
una considerable cantidad de materiales La cuestión principal ha sido, pues, la de abrir
dedicados a las distintas redes de educación la vía al abanico temático de conocimientos
no formal. Igualmente, la Revista Española relativos al sexo como valor que, como tal
de Sexología1 ha ofrecido a lo largo de las valor —perdón por la redundancia—, vale la
últimas décadas variados formatos de inter- pena conocer, cuidar y cultivar. La elección
vención de Consuelo Prieto, Félix Loizaga, de este objetivo, por encima del preventivo,
Francisco López-Báena, Joan Ferrer, Encarna aunque sin su exclusión, constituye el avance
Sedeño, Fernando Galán, Santiago Frago, más significativo de los últimos años. Por
Silberio Sáez, Xabier Iturbe, o el ya citado otra parte, frente a un viejo lema centrado en
Carlos de la Cruz, entre otros, que pueden ser los cambios de actitudes hacia el sexo, esta
una muestra de la elaboración producida. innovación del trabajo centrado en los con-
tenidos se ha revelado como el mejor camino
Es importante considerar que las razones de para trabajar las actitudes desde los mismos
urgencia han condicionado una gran parte de contenidos.
estas formas de intervención, coincidiendo
con una serie de temas coyunturales tales En efecto, la experiencia de estas últimas
como las oscilaciones de los datos de emba- décadas ha revelado que no se pueden pro-
razos no deseados, las cifras variables de las ducir actitudes nuevas sin profundización en
infecciones de transmisión genital y SIDA o los conceptos. O, dicho en positivo: la base
la alarma de la casuística relativa a la violen- de los conceptos trae consigo nuevas actitu-
cia entre los sexos. des a través de su conocimiento. Se trata por
lo tanto de un planteamiento más cognitivo
Estos distintos formatos de intervención, que actitudinal. Y, sobre todo, más episte-
conocidos sobre todo por su carácter de mológico que conductual.
acción sobre problemas urgentes o de espe-
cial necesidad, han dado una gran presencia La clave reside —de nuevo es preciso repe-
a la Educación sexual pero, por otro lado, la tirlo— en el cuerpo teórico elaborado por los
han llevado hacia terrenos conocidos como sexólogos de la primera y segunda generación,
de prevención y de emergencia. Ello ha dado autores de la modernización del sexo. Recor-
como consecuencia una mayor búsqueda dando una sentencia bien conocida en otros
de reflexión sobre sus métodos y formas y, ámbitos podemos afirmar en éste “Es la sexo-
de un modo especial, sobre sus objetivos y logía, estúpidos”. Es la epistemología de los
contenidos. sexos la que conecta con ese fondo de riqueza
innovadora. De esa forma, como en todos los
campos del conocimiento, se da la preferencia
2.3. Desde los contenidos a las ideas y conceptos, siendo éstas la base
del resto; esto es, de las distintas actitudes y
El rasgo de los contenidos es sin duda el conductas. El sexo ha dejado de ser materia
más fecundo de los últimos años. El punto de moral para ser objeto de estudio y conoci-
más interesante de este debate plantea una miento. Y, por tanto, objeto de educación.
elección básica. Se trata de elegir entre una
Educación sexual centrada en la prevención En distintas ocasiones hemos afirmado que
de riesgos o desarrollar la riqueza de sus con- “el sexo, la reproducción y el placer son tres
142
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

conceptos distintos y no dos”. En la tradición ral —en el currículum escolar— para que
se ha confundido el sexo con la reproducción niños, adolescentes y jóvenes puedan acceder
y con el placer. La novedad ha consistido en a los conocimientos mínimos de esta área de
dar al sexo la entidad y solidez que éste tiene forma articulada, lo mismo que sucede con
como concepto propio y no como un simple otras áreas básicas para su entrada y vida en
adosado a los otros. A partir de ahí el sexo se la sociedad.
plantea de forma troncal y el punto central
del interés son los sujetos sexuados. Cómo La base, pues, de la elección de este marco
éstos se sexuan y las consecuencias de sus reside en que la Enseñanza es la institu-
procesos biográficos, desde los cuales se plan- ción moderna que más posibilidades ofrece,
tean sus modos, matices y peculiaridades. hecho que todos reconocemos y aceptamos:
una sociedad es —se ha afirmado— lo que
Las implicaciones de este fenómeno plan- es la educación en ella. Esta articulación de
tean el cuadro general de los contenidos la Educación sexual en la Enseñanza ofrece
más importantes para el conocimiento de la ventaja de ser para todos sin exclusión de
las identidades y las relaciones, así como sus ningún sector o grupo social; sin menoscabo
dificultades y problemas. El conocimiento de otros refuerzos de acciones centradas en
de esta red de contenidos es lo que mejor sectores o edades desde los servicios sociales
puede facilitar un detalle muy práctico y o de la salud, los que, por otra parte, pue-
puntual que es la prevención. Pero no hace den ser de mayor utilidad cuando se cuenta
falta insistir en que el objetivo principal no con estas bases generales de esta Enseñanza
es la prevención sino el conocimiento desde básica para todos.
el cual aquélla no es sino una sencilla conse-
cuencia en un engranaje de conjunto. Plan- Un ejemplo de estos servicios añadidos es
tear y conocer este engranaje es el objeto de el caso de la creación de redes de centros o
la Educación sexual para que cada cual separa unidades de asesoramiento o, en ocasiones,
situarse y gobernarse. de terapia sexual que, sobre estas bases, pue-
den ser orientados a sectores de la población
por distintas razones (véase a este respecto
2.4. La búsqueda Amezúa, 2004). Pero la Educación sexual
de un marco adecuado en la Enseñanza constituye la base principal
sobre la cual organizar estas otras opciones o
Al centrar la Educación sexual en los conte- complementos.
nidos —como ruta principal para los cono-
cimientos y las actitudes—, se ha entrado en Siguiendo esta evolución podemos hablar de
una nueva vía que es el marco de la Ense- un nuevo futuro de la Educación sexual con
ñanza. Si una de las innovaciones más visi- un objetivo claro: que todos puedan tener
bles de las sociedades modernas ha sido el una idea moderna y nueva del sexo como un
acceso de todos al derecho a la educación, valor de riqueza y no sólo como un factor
este dato plantea una serie de acciones y for- de riesgos o peligros. Es lo que da al sexo
matos de la Educación sexual para articularlo su razón de ser en una sociedad moderna y
en el sistema educativo. avanzada. El descubrimiento teórico del sexo
como valor, tal como ha sido planteado por
La organización de la educación general las distintas generaciones de sexólogos, es
incluye dentro de sus temas de estudio los lo que le sitúa en clave de objeto de cono-
principales temas de la Educación sexual. cimiento por lo que éste puede aportar para
Se trata, pues, de la organización de la Edu- la vida de los sujetos y su desarrollo en las
cación sexual dentro de la educación gene- relaciones.
143
efigenio amezúa

2.5. La modernización en perspectiva teóricas nuevas para integrar todos estos


cambios, incomprensibles desde viejas ideas
Desde los años sesenta a nuestros días se periclitadas. Se trata, pues, de una actualiza-
han producido una serie de factores que ción acorde con los tiempos.
han situado al sexo como un campo privi-
legiado en torno al cual se han articulado Por otra parte, es importante constatar que
luchas políticas y sociales sin una respuesta el tema de la violencia entre los sexos no
educativa organizada. Pero no sólo en la es sino una forma de manifestarse la caren-
segunda mitad del siglo XX, sino a lo largo cia de nuevos planteamientos de conviven-
de todo él, se han producido estos fenóme- cia tras los cambios operados. Así pues,
nos. Hace ahora cien años que Havelock el problema en Educación no es la lucha
Ellis lo advirtió cuando en la introducción contra la violencia, sino la innovación y
de su Summa sexológica planteó una reforma consolidación de nuevas formas de convi-
sexual a fondo capaz de acompañar a esta vencia. Asimismo los riesgos de las prác-
modernización que daba entonces sus pri- ticas sin protección han sido y son objeto
meros pasos. de campañas diversas pero se trata de un
replanteamiento de las mismas relaciones
Esta Educación sexual no se conforma ya —un ars amandi nuevo— y no ya de los
con parches o remiendos, ni sólo con obje- remedios de siempre insostenibles en un
tivos preventivos de riesgos o peligros. Trata mundo que se rige por otras ideas y otras
de un planteamiento del sexo en términos reglas.
modernos y propios del presente y, sobre
todo, abiertos al futuro. Digamos, al menos, Es este conjunto de confluencias el que hace
que sirva para salir del atraso en el que la que el sexo, soslayado de muy diversas for-
Educación sexual ha sido recluida. mas pero sin haber sido considerado en serio
desde la educación, no puede esperar más
La confluencia de una serie de factores suce- para ser abordado de una forma articulada.
didos en las últimas décadas no son sino Y es este fondo el que se plantea en la asig-
nuevas llamadas de esta necesidad general, natura de la Educación sexual como educa-
continuamente emprendida por los hechos ción de los sexos. Se trata por lo tanto de
y continuamente bloqueada y aplazada por una educación capaz de ofrecer una coheren-
distintas contra-corrientes; pero que, en cia teórica acorde con las exigencias de una
nuestros días, ya no admite más aplazamien- transformación que, en la práctica, ya se ha
tos. Se trata de un planteamiento moderno producido y que necesita ser continuada y
del sexo de forma global. Los restos y vesti- profundizada.
gios del pasado ya no sirven. Y es precisa una
puesta al día inaplazable. Tal vez sin que muchos se hayan dado
cuenta, hace tiempo que la Educación
Por tomar sólo la referencia desde los años sexual ha dejado de ser “una cosa de críos” o
sesenta, cabe citar los movimientos de trans- de decirles a estos “algunas cosillas sobre el
formación de las mujeres, así como las nue- uso de sus genitales” y se ha convertido en
vas relaciones entre ambos sexos; o bien los un capítulo serio e importante de la Edu-
replanteamientos de las nuevas identidades cación. Es a esta Educación sexual a la que
de uno y otro sexo y el derecho a las manifes- aquí nos referimos. Y ésta sólo es posible, si
taciones de sus diferentes matices y peculia- se quiere ser eficaz, en el marco de la Ense-
ridades. Todo ello, tras las reivindicaciones ñanza por ser ese marco el que ofrece las
de los movimientos homosexuales, ha confi- mayores y mejores posibilidades para sus
gurado un cuadro general que necesita bases objetivos.
144
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

3. La Educación sexual términos científicos para hacernos con la rea-


en el marco de la enseñanza lidad o, dicho de otro modo, para construirla
y gestionarla mediante reglas razonables. En
este caso con la realidad del sexo, clave para
3.1. El cuerpo teórico el entendimiento de los sexos. Sólo aclarando
la inteligibilidad del sexo, puede éste ofre-
A. El planteamiento cer su contenido razonable para abordar las
posibilidades de su vivencia y expresión que,
La base que sustenta la Educación sexual por incuria, han sido incomprendidas. La
aquí planteada es el paradigma moderno falta de estudio o dedicación —puesto que
de los sexos, nacido con la Ilustración y que esto quiere decir estudiar: dedicar un tiempo
ha supuesto el gran vuelco teórico con rela- a algo— ha propiciado que este campo se
ción a los planteamientos anteriores deriva- haya poblado de pre-conceptos, viveros de
dos del antiguo régimen del locus genitalis. pre-juicios. Y de ahí su explicable empobre-
El proceso de transformación de los sexos cimiento en lugar del cultivo de su potencial
desde el paradigma moderno requiere tomar de convivencia.
en consideración el concepto de sexo para
una comprensión de los sujetos que viven C. Las actitudes y valores
o pueden vivir la riqueza de su dimensión
sexuada como tales sujetos sexuados que Esta actitud de búsqueda teórica y expli-
son: socialmente iguales e individualmente cativa es, sin ningún género de dudas, el
diferentes. rasgo más visible y propio de la disciplina
de los sexos tal como ésta ha sido perfilada
En este marco histórico y de ideas, una serie por la primera generación de sexólogos
de problemas antiguos han dejado de ser correspondiente al paso del siglo XIX al
tales y otros se presentan como retos nuevos XX, así como de la segunda generación y
que requieren ser conocidos y analizados. El la tercera con la que entramos en el siglo
conocimiento de unos ayuda a comprender XXI.
los otros, pero su estudio y discernimiento
contribuye a situarse en el aquí y ahora de la Siguiendo uno de los axiomas básicos de la
época en que vivimos. Sexología desde su formulación por Have-
lock Ellis —“Entre los sexos, por definición
B. Los contenidos conceptuales de su continuo, se producen más situaciones
compa(r)tibles y de entendimiento que nece-
Estas transformaciones, en ocasiones acele- sidades de tratamiento”— , estas claves con-
radas, incluso vertiginosas, requieren una ceptuales apuntan a una actitud de búsqueda
clarificación de los conceptos básicos que fundamentalmente explicativa, y no asisten-
permitan comprenderlos. De ahí la máxima cial, que puede ofrecer, de por sí, un talante
preferencia dada en este plan a la considera- explorador de los valores nuevos y propios de
ción de los contenidos conceptuales o, dicho la relación entre los sexos.
de otro modo, al planteamiento de la episte-
mología de los sexos como punto de partida El estudio y cultivo de estas nuevas acti-
por ser ésta la que hace inteligible el mismo tudes y valores aporta, a su vez, recursos e
concepto de sexo y, por lo tanto, sus múlti- instrumentos nuevos para una convivencia
ples consecuencias. más eficaz y operativa, tal y como, de hecho,
corresponde a sus deseos razonables. Si el
Los conceptos — es necesario afirmarlo— conocimiento es importante por sí mismo,
son los medios de los que disponemos en ésta es una de sus consecuencias.
145
efigenio amezúa

3.2. El marco de la Enseñanza estado más ocupada en la erradicación de


prejuicios que en el conocimiento de los con-
A. Evoluciones y cambios tenidos propios de su campo y que son, por
otra parte, los que pueden aportar la consis-
Si la transformación de las identidades de los tencia a las nuevas actitudes y valores.
sexos y de sus relaciones ha sido grande en la
sociedades avanzadas de Occidente, los cam- El hecho de erradicar unos prejuicios, como
bios acaecidos en la sociedad española de las se arrancan unas hiervas, no quiere decir, de
últimas décadas han sido especialmente noto- por sí, plantar otras. Pueden reproducirse o
rios. Como consecuencia se han producido nacer otras nuevas en el lugar de las anti-
fenómenos nuevos de los que se han derivado guas. Educar es contribuir, más que a erradi-
problemas cuya denominación dispar no car unas ideas, a promover otras nuevas. Y la
impide ver un marco común de referencia. Educación sexual, por motivos de urgencia,
ha tendido a confundirse más con una lucha
Algunos de estos problemas, tales como los contra los prejuicios que con una oferta de
embarazos no deseados, las enfermedades de conceptos.
transmisión genital, las discriminaciones por
razón de sexo o de identidad sexual, las lla- Subsanar estas insuficiencias es, sin duda,
madas agresiones sexuales y tantos otros, son una deuda pendiente tanto de cara a una
indicadores que apuntan —todos ellos—, de sociedad caracterizada por sus continuas
forma reiterativa y constante, a un eje que transformaciones como por la coherencia del
los ofrece su cohesión y, al mismo tiempo, mismo sistema de Enseñanza, abierto y sen-
aporta claves nuevas para su conocimiento en sible a tales evoluciones y cambios. Se trata,
un marco de inteligibilidad general. pues, de unos objetivos no ya asistenciales
o preventivos frente a problemas urgentes e
De ahí el interés de una Educación sexual inmediatos, sino capaces de dar un paso ade-
articulada en la que esos y otros problemas lante para entrar en un planteamiento global
puedan ser entendidos y abordados de una y articulado de su campo, tal como corres-
manera conjunta dentro de un marco con- ponde a los objetivos generales y propios del
ceptual y de valores. El planteamiento de mismo sistema educativo.
estas bases y este marco no sólo no obstacu-
liza estrategias posteriores o puntuales sino El carácter urgente de algunos problemas no
que contribuye a una eficacia mayor de las puede hacer olvidar que el cometido de la
mismas en sus distintas manifestaciones. Enseñanza, más que responder a campañas de
emergencia, es adelantarse y abrir horizontes
B. La Educación sexual en la Enseñanza de futuro mediante el uso de ideas y conteni-
dos organizados de forma sistemática.
El sistema educativo español, como otros de
su entorno, gira sobre los tres ejes bien cono- C. La Educación sexual en el currículum
cidos que son los contenidos conceptuales,
procedimentales y actitudinales. No obs- Por otra parte, el sistema educativo español
tante, en lo que concierne a la educación de ha contemplado la Educación sexual como
los sexos, el trabajo del segundo y el tercer un tema o materia transversal, tal como es
eje ha hecho cada vez más patente la defi- descrito en los reales decretos de instaura-
ciencia del primero. ción y aplicación. Sin embargo, la creciente
sensibilidad y una mayor exigencia en el
Ello ha motivado que la Educación sexual orden del conocimiento ha llevado cada
desarrollada durante los últimos años haya vez más a desarrollar la materia optativa
146
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

de Educación sexual como una contribu- corresponde al final de la etapa de Educación


ción eficaz, siguiendo la vía de los mismos Infantil; 10 al comienzo del último ciclo de
decretos de forma que “permita responder Educación Primaria; 14 a la mitad de la ESO
a los intereses de los alumnos para ampliar y 16 al comienzo de Bachillerato o Ciclos
las posibilidades de su orientación a la vida Formativos-Formación Profesional.
activa y contribuya al desarrollo de las
capacidades generales a las que se refieren El núcleo principal de los contenidos se desa-
los objetivos de cada etapa.” (Real decreto rrolla en Primaria y Secundaria Obligatoria
1345/1991). (ESO). Es el corpus básico de referencia y,
por lo tanto, imprescindible para todos. En
“Las materias optativas —continúan los Primaria se trata del primer contacto con el
citados Decretos— podrán establecerse a sexo; en la ESO se trata de su profundización
propuesta de los Centros o por decisión del o, por decirlo con la metáfora que da pie al
Ministerio de Educación al que competerá título de su libro de texto, el recorrido por
la aprobación de dichas propuestas.” (Real las distintas rutas temáticas desde el mapa
decreto 1345/1991). En el caso de las com- general.
petencias transferidas —hoy ya todas—, esta
capacidad corresponde a las propias Comu- Junto a este núcleo, la etapa previa de Edu-
nidades Autónomas. cación Infantil se plantea como los prelimi-
nares; y la final de Bachillerato y FP como
En todo caso la asignatura de Educación una entrada en la modernización del sexo
sexual no sólo no pretende sustituir al plan- y sus debates para que los alumnos puedan
teamiento transversal o a las otras formas de conocerlos y participar en ellos tal como son
intervención, sino enriquecerlo mediante su vividos y debatidos por la sociedad.
apoyo en el conjunto del marco curricular
así como contribuyendo con su aportación
al fomento de grupos de trabajo entre pro- 3.3. Las distintas Etapas
fesores y alumnos, escuelas de padres y otras
actividades que, bajo el nombre de extra- Tratando, pues, de responder a estas innova-
curriculares, pueden convertir el Centro de ciones, la asignatura de los sexos ha seguido,
Enseñanza en una comunidad educativa. para su elaboración, los criterios genera-
les y comunes a toda asignatura para darla
D. La fórmula “6/10/14/16” su cuerpo y distribuirla por etapas (véase
Amezúa y Foucart, 2005a, 2005b).
La idea de unidad y continuidad de esta
asignatura optativa, en sus distintas etapas o A. Educación sexual I:
niveles, puede no coincidir en ocasiones con Etapa de Educación Infantil
las estructuras organizativas de las etapas de
Infantil y Primaria, por no tener éstas el dis- La configuración de esta etapa plantea sus
positivo propio de una optativa, lo que deja- objetivos como una primera aproximación,
mos a la libre disposición de los distintos muy amplia y general, como valores básicos
profesores de estas etapas puesto que ellos dentro de otros que descubren en esta edad.
son, en definitiva, los realizadores en las for- Los contenidos se centran en tres nociones
mas que estimen convenientes. o ideas elementales: el sexo, el placer y la
procreación, en torno a las cuales pueden
Pensando en las edades de los alumnos y descubrir la común del por qué los sujetos
en sus distintas capacidades, hemos adop- se organizan en las distintas formas de atrac-
tado la fórmula de 6/10/14/16, en la que 6 ción y relación.
147
efigenio amezúa

Los distintos puntos de evaluación están Siguiendo el planteamiento de la Etapa ante-


indicados en las Unidades Didácticas con- rior con la que los alumnos están ya fami-
cretas, siempre en función de los contenidos liarizados, los contenidos son fundamental-
y objetivos de Etapa. mente la consolidación y clarificación de los
conceptos ya estudiados y otros nuevos que
B. Educación sexual II: se añaden. Estos son tratados siempre como
Etapa de Educación Primaria claves de entendimiento del hecho de los
sexos, sus variedades y diversidades, tanto en
Los objetivos específicos de la Educación el orden teórico o de su comprensión como
sexual II, correspondientes a la Etapa de en el orden práctico de su manifestación o
Educación Primaria (pensados para el último formas de plantearse en la vida de los sujetos
ciclo: 5º y 6º), consisten fundamentalmente y en la sociedad.
en que los alumnos entren en contacto con
un marco de pensamiento lógico y organi- Los criterios de evaluación giran en torno a
zado desde el cual puedan explicar o com- la capacitación en primer lugar explicativa
prender el hecho sexual humano: sus modos, y lógica de los alumnos frente a las distintas
matices y peculiaridades, así como las conse- situaciones y, en su caso, de las dificultades o
cuencias que se derivan de ello a través de las problemas más comunes que se dan en la vida
manifestaciones de sus variedades y diversi- de los sexos y, en especial, en su convivencia.
dades en la vida cotidiana. A partir de esos
objetivos los contenidos exponen una serie D. Educación sexual IV:
de nociones y conceptos básicos de los cuales Bachillerato y Ciclos Formativos
servirse para la organización de dicho cuerpo
teórico de conocimiento y análisis. Finalmente, los objetivos de Educación
sexual IV destinada a Bachillerato y Ciclos
Dado el carácter primario de esta etapa, los Formativos de Grado Medio, giran en torno
criterios de evaluación no se centran tanto en al conocimiento de los principales proce-
el número o cantidad de conceptos cuanto en sos de modernización de los sexos tal como
su función mediadora en el orden del cono- éstos se han sucedido en la época moderna
cimiento con vistas a hacerse una idea expli- y, de un modo especial, en la más inmediata
cativa o comprensiva —global— del objeto actualidad.
de estudio como tal campo de conocimiento,
previo a otros planteamientos. A partir de ahí los contenidos consisten en el
desarrollo de dichos procesos a través de sus
C. Educación sexual III: hitos más sobresalientes con vistas a articu-
Etapa de la ESO lar una visión de conjunto, abierta y plural,
al mismo tiempo que razonada y razonable,
Por su parte, los objetivos de Educación de dichas transformaciones, así como de sus
sexual III, correspondiente a la Etapa de la repercusiones en las identidades de uno y
Educación Secundaria Obligatoria, con- otro sexo y de sus consecuencias en la con-
sisten en completar y consolidar el marco vivencia entre ellos. Una especial atención
teórico de referencia iniciado en Educación merecen los grandes debates planteados hoy,
sexual I y continuado en Educación sexual II así como sus respectivas alternativas en orden
con más extensión y profundidad. Es decir, a la misma convivencia.
abordando de la forma más completa posi-
ble la comprensión del mismo hecho sexual Los criterios de evaluación correspondientes
humano, así como de las consecuencias que a los contenidos de Educación sexual IV se
se derivan de él. centran en el conocimiento de los principa-
148
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

les hitos planteados, así como en su asimila- triple dispositivo compuesto por tres piezas
ción y correlación entre ellos. De un modo imprescindibles para su funcionamiento.
particular, en la nueva episteme de los sexos En primer lugar, tal como ha sido expuesto
nacida de la cuestión sexual tras la Ilustra- de forma más amplia en La educación de los
ción; en las aportaciones de la primera gene- sexos: la letra pequeña de la Educación sexual
ración de sexólogos y la reforma sexual; en (Amezúa, 2001), se trata de una asignatura o
las innovaciones de la segunda generación de materia con su espacio y tiempo de estudio.
sexólogos en torno al nuevo ars amandi de Este tiempo y espacio forman, pues, parte
los sexos, así como en las consecuencias de insustituible de ella. Sin asignatura no hay
las transformaciones promovidas por los dis- estudio y sin estudio no hay conocimiento.
tintos movimientos “por razón de sexo”. Por ello la asignatura necesita ser delimitada
y marcada para poder ser estudiada.
E. Una mirada de conjunto
La fórmula que mejor se adecua en el actual
Una mirada de conjunto ofrece el cuerpo refe- sistema educativo es la asignatura o materia
rencial teórico imprescindible para el conoci- optativa. Por un lado, es libre, y, por otro,
miento del hecho de los sexos: su articulación y una vez elegida, es evaluable en su espacio
desarrollo, así como sus manifestaciones y difi- académicamente definido. Conviene no sub-
cultades o problemas más comunes. Si el prin- estimar el espacio y tiempo que proporciona
cipal cometido de la Enseñanza, en sus distintas una asignatura para el diálogo y debate orga-
etapas, es dotar a los alumnos de un cuerpo de nizado de forma que las ideas estudiadas
contenidos razonables para la vida en sociedad, puedan ser contrastadas como corresponde al
los centros pueden ofrecer tales recursos relati- proceso de todo aprendizaje.
vos a la vida de los sexos y su convivencia.
B. Los libros de texto
Por otro lado, si el objetivo general de los dis-
tintos niveles es que la educación de los sexos Los cuatro niveles de Educación sexual I, II,
deje de ser “una asignatura pendiente” y pueda III y IV, que componen El libro de los sexos,
ser estudiada, lo que la Educación sexual I, II, están diseñados sobre la base de sus corres-
III y IV plantean, es su articulación de forma pondientes libros de texto como objeto
viable y operativa en el sistema actual de la de estudio. El libro de texto, no hace falta
Enseñanza. De esta forma, se habrá dado un decirlo, es la unidad de referencia o guía para
paso importante para subsanar las actuales la entrada en el campo del conocimiento
insuficiencias y situar la base de los conoci- concreto del que se trata.
mientos, actitudes y valores de una cultura
de los sexos en la que niños, adolescentes y Estos libros de texto, como cualquier libro
jóvenes puedan participar de forma activa y, de texto de cualquier otra asignatura o área
con conocimiento de causa, en la creación y de conocimiento, no consisten, pues, en unos
perfeccionamiento de unas relaciones entre simples “materiales de apoyo” ni en prospec-
los sexos más razonables y de convivencia. tos o manuales de instrucciones prácticas
sobre algunas conductas, propios de ocasio-
nales campañas de prevención o asistencia
3.4. El dispositivo de acción ante situaciones coyunturales.

A. La asignatura Conviene, por otra parte, no subestimar una


función básica de los libros de texto como
La realización de este plan de Educación es la de poder ser leídos y conocidos por los
sexual en la Enseñanza se sustenta en un padres o tutores para que estos no sólo estén
149
efigenio amezúa

al tanto de lo que estudian sus hijos sino Es posible, tal como ha sido constatado en
también para que sirvan de motivo de diá- las primeras evaluaciones experimentales del
logo y debate inter-generacional. formato, que este objetivo final resulte exce-
sivamente alto. Conviene no olvidar que éste,
C. El profesorado como corresponde a todo objetivo último,
es el resultado de los pequeños objetivos de
Finalmente, junto con la asignatura y el cada etapa y de cuya suma se alimenta. Si
libro de texto, la otra pieza clave de este dis- hemos señalado éste como objetivo último,
positivo es el profesorado, puesto que es éste el trabajo diario en educación se centra más
su coordinador y conductor principal. De ahí bien en objetivos más modestos.
el interés de su perfil en el que, junto a los
requisitos generales y de uso, sea necesaria
la correspondiente acreditación de formación 4. La asignatura de los sexos.
mediante, al menos, el curso de post-grado Un resumen en diez puntos
de Sexología y Educación sexual.

No se trata de ser especialistas en Sexología, 4.1. El rasgo principal


pero sí profesores formados para esta asigna-
tura en el marco de la disciplina general y El rasgo principal de toda asignatura, por defi-
con la capacitación acreditada para desarro- nición, es hacer que los conocimientos reuni-
llar la materia en sus distintos niveles. Según dos en ella pasen a formar parte del corpus
los datos de la Asociación Estatal de Profe- general de los saberes de los que da cuenta el
sionales de la Sexología, existen actualmente currículo escolar de niños, adolescentes y jóve-
en España varios miles de titulados que res- nes para su entrada en la sociedad. Los conoci-
ponden ya a este perfil con una evaluación mientos que no forman parte de ese currículo
altamente positiva. se quedan fuera y, por lo tanto, marginados.
De ahí que la asignatura de Educación sexual
D. El objetivo final tenga por objetivo principal que los suyos
entren en ese conjunto y formen parte de él.
El objetivo último de la asignatura en sus Sólo así podrán ser conocidos y convertidos en
distintas etapas no es tanto asistencial y objeto de estudio, debate y, finalmente, con
práctico en respuesta a una serie de proble- utilidad para la vida cotidiana.
mas inmediatos que tiene o puede tener el
alumno en la edad por la que pasa. Responde El mantenimiento de tales conocimientos
más bien a una invitación a explicar y com- fuera del currículo, tal como ha sucedido tra-
prender un fenómeno humano universal de dicionalmente, incluso aunque sea suplido
la forma más razonable posible para, a su vez, con otras fórmulas, contribuye a prolongar su
poder explicar y comprender sus manifesta- marginación y, en definitiva, a la ignorancia
ciones como consecuencias lógicas y, por lo del campo por parte de generaciones que en
tanto, también explicables y comprensibles. su currículo escolar no tuvieron la ocasión de
encontrarlo. La experiencia ha mostrado que
Decir que no es asistencial o práctico no del mismo modo que la disciplina académica
quiere decir que no sirva para el aquí y el es la columna vertebral de la Sexología, la
ahora, sino que estos aquí y ahora no impi- asignatura de los sexos es la fórmula de la Edu-
dan ver que la función de la Enseñanza no es, cación sexual dentro de la Educación general.
por decirlo con el axioma conocido, dar peces Sin disciplina no hay Sexología articulada y
para hoy sino aprender a pescar en este río sin asignatura no es posible una Educación
que llamamos sexo. sexual organizada de conocimiento.
150
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

4.2. Lo esencial de la asignatura mado o licenciado, tal como es un profesor,


al que se añade un postgrado de sexología y
El objeto de esta asignatura es el estudio del Educación sexual acreditado —en la situa-
hecho sexual humano o hecho de los sexos. ción actual de una base mínima de 25 crédi-
Dicho de otra forma, el hecho insoslayable tos/250 horas—.
de que los sujetos humanos sean sexuados y
las consecuencias que se derivan de ello. Este El profesor de la asignatura no necesita ser
objeto es el que dota a esta asignatura de su un especialista; es un generalista y ése es jus-
estructura y consistencia propia en el marco tamente el objetivo de ese postgrado. Existen
general de las distintas áreas y materias. Y en la actualidad varios miles de profesionales
es esta troncalidad del hecho sexual humano dotados de este perfil y que, por lo tanto, tie-
en las vidas de los sujetos como potencial de nen las capacidades que aquí se señalan como
atracción y convivencia, la que constituye criterios mínimos.
su objeto central —lo esencial de la asig-
natura— y permite afirmar su interés en el Siguiendo otros modelos, muchos de estos
conjunto del currículo. profesionales suelen intervenir de forma
esporádica en el aula para abordar “estos
El recurso que consiste en adosar “lo sexual” temas” y, por falta de un espacio y tiempo,
o “el tema sexual” a otras materias o en tienen que reducirse a ser más asistenciales
repartirlo a través de una serie de áreas ha que educativos; es decir, más preocupados
dado lugar a los llamados “aspectos del sexo” por la prevención y solución de los problemas
o pizcas. En nombre de estos aspectos —los urgentes o rápidos que por la explicación y
interminables bio-, físico-, psico-, socio-, comprensión del fenómeno sexual, tal como
antropo-, ético, axiológico, etc. —, el sexo es propio de la educación. Se trata, pues, de
resulta desbordante y termina siempre por las bases generales y no de los problemas oca-
perder su troncalidad en función de dichas sionados por la carencia de esas bases.
pizcas o aspectos. Estas polémicas son bien
conocidas.
4.4. El tiempo y el lugar
La interdisciplinaridad de los conocimientos
no puede sustituir a la disciplina; lo mismo Una de las principales aportaciones de la asig-
que la transversalidad no puede desplazar a natura de los sexos es ofrecer por sí misma
la troncalidad propia de cada una de ellas. un tiempo y un lugar —un espacio—para el
Otra cosa es que sus contenidos sean cote- estudio, la reflexión, el diálogo y el debate en
jados y debatidos desde los distintos puntos el marco académico general, lo que equivale
de vista. Pero, con excesiva frecuencia, estos a algo imprescindible para el conocimiento
puntos de vista han contribuido a paralizar organizado y la reflexión sobre él.
los contenidos de esta disciplina. Por eso
ésta resulta imprescindible hoy para ofre- Las fórmulas de uso han sido en general oca-
cer una idea general del sexo por ser éste un sionales y de paso, tanto en lugares como en
ámbito de interés en la vida de los sujetos y tiempos; y, por lo tanto, inevitablemente par-
la sociedad. ciales, sesgadas o apresuradas. En general los
motivos de extrema necesidad o de urgencia
suelen ser los más habituales para su justifi-
4.3. El perfil del profesor cación. El modelo de la asignatura permite
incluir todos estos, pero ofrece el princi-
El perfil del profesor de la asignatura de pal que otros no tienen por no disponer del
Educación sexual en la Enseñanza es el diplo- tiempo y las posibilidades que vienen con él.
151
efigenio amezúa

Hubo en otros tiempos un círculo vicioso: de riqueza, siempre a través de su estudio y


como no había tiempo no se daba más que conocimiento. El sexo es aquí un valor.
lo urgente; y no se podía dar más porque no
había tiempo ni espacio para ello. Este cír-
culo vicioso es el que se rompe con la asig- 4.6. El libro de texto
natura de los sexos que, si bien optativa,
plantea ese espacio y ese tiempo para poder El libro de texto, que constituye una de los
tratar y profundizar en aquello para lo que elementos imprescindibles de la asigna-
no había ni espacio ni tiempo, es decir, los tura, es, por definición, una guía básica y
contenidos que componen la educación de orientativa del campo de conocimiento del
los sexos. La materia de la educación de los que se ocupa: en este caso, el sexo; o sea, el
sexos no es precisamente lo que se conoce fenómeno sexual, el hecho de los sexos y sus
como urgente. Es la construcción de sus consecuencias. La principal ventaja de un
identidades y relaciones lo que constituye la texto es que está escrito y puede ser leído y
materia principal. estudiado, comentado, explicado, criticado,
etc. En todo caso, debatido. El debate es lo
principal.
4.5. Los objetivos
El texto no sustituye al habla, pero su refe-
La base de los contenidos internos de la rencia sí sustituye al “se dice” y al saber “de
asignatura está formada por las actitudes de oídas”, así como a las informaciones secretas
conocer, explicar y comprender fenómenos, que vienen siendo la fuente más común de
lo que equivale, de por sí, a abrir un obje- los conocimientos sobre el sexo. El libro de
tivo de ocupación distinto al de la atención texto no es sustituible por otros materiales,
y asistencia a los problemas o riesgos de los tales como los folletos o las publicaciones
mismos sujetos del conocimiento. periódicas de los quioscos y sus noticias oca-
sionales. Al contrario, puede y suele servir
Este rasgo es insoslayable para definir los para entender mejor estas otras informacio-
objetivos de la asignatura, es decir, sus nes sobre la base de una formación previa.
contenidos conceptuales, procedimentales
y actitudinales, por usar la fórmula de uso Lo principal de un libro de texto es la oferta
en la Enseñanza. Se trata, pues, del enri- de un marco ordenado para el debate epis-
quecimiento del sujeto del conocimiento témico en el que sean posibles todos y cada
en una sociedad llamada precisamente del uno de sus puntos. Y, aunque sólo fuera por
conocimiento. este motivo, el libro de texto resulta, de
por sí, una imprescindible introducción,
Por lo general, las acciones educativas han un comienzo. El libro de texto es una base
estado centradas en la evitación de riesgos y imprescindible.
en la asistencia más que en la suscitación de
la curiosidad por el saber, tal como es propio
de la educación y tal como todos reconoce- 4.7. Las utilidades indirectas
mos en todas las declaraciones instituciona-
les propias de la educación. Las consecuen- El libro de texto y los otros recursos de la
cias de este giro pueden, de por sí, explicar asignatura tienen una serie de utilidades
el interés de la asignatura. Se trata de sobre- indirectas que conviene resaltar. Por ejem-
pasar los planteamientos asistenciales, basa- plo, como ya he señalado, permite la parti-
dos en las miserias del sexo, y de sustituirlos cipación de miembros de la familia al poder
por instrumentos que son en sí creadores ser leído y, por lo tanto, conocido. Del mismo
152
avances en educación sexual. la asignatura de los sexos

modo puede ser un recurso para el diálogo o 4.9. Otros argumentos


debate en el exterior del aula y especialmente
entre las distintas generaciones. A los que argumentan que ya hay muchas
materias o asignaturas como para añadir una
Igualmente la asignatura puede ser un refe- más, se les puede responder que el saber no
rente en el mismo centro educativo para otras tiene límites. Pero es importante abrir cami-
acciones a las que puede servir de ocasión o nos a la innovación. Se puede añadir que la
potencial, como es el caso de los llamados asignatura de educación de los sexos se plan-
temas transversales o educación en valores. tea como una optativa y, por lo tanto, es para
Lo mismo puede decirse con relación a las que quienes lo deseen tengan esa posibilidad.
escuelas de padres y otros grupos de trabajo
que pueden tomar aspectos de la misma A quienes objetan que ésta debe ser objeto de
asignatura y de sus textos como pie y tema colaboración interdisciplinar, simplemente
para sus debates. se les recuerda que sí; pero que para que haya
interdisciplinaridad es necesario que haya
En ocasiones los padres se preguntan —y disciplina previa; es decir, en este caso, asig-
con razón— sobre lo que les van a contar a natura. De lo contrario es una excusa para
sus hijos en las clases de Educación sexual y que no haya sino pizcas ocasionales.
se bloquean acciones educativas que requie-
ren muchas explicaciones, lo que hace a éstas Queda el argumento de la facilidad. Frente a
llenarse de complicidades suplementarias. las complejidades organizativas de los otros
La asignatura puede ser, pues, origen de estas sistemas para su realización, la asignatura de
otras actividades en torno a ella o a propósito los sexos se plantea con los mismos disposi-
de ella. En este sentido la asignatura de edu- tivos generales de la Enseñanza, bien conoci-
cación de los sexos es de efectos expansivos y, dos de todos. En ello radica su facilidad. Y
por lo tanto, motivo de diálogo y debate. por lo tanto su viabilidad.

4.8. Un potente dispositivo 4.10. La dimensión razonable

A través de estos rasgos y elementos, la asig- A quienes arguyen que estos conocimientos
natura de los sexos constituye un potente no son como los otros, la respuesta es pre-
dispositivo de perfiles definidos, a pesar de cisamente que de lo que se trata es de que
los intereses, unas veces explícitos y otras no sean distintos de los otros para que no
implícitos, de los distintos sectores sociales sean excluidos y anulados del conjunto del
y comerciales. Se trata, pues, de un instru- conocimiento.
mento para el conocimiento y el cultivo de
un valor: el valor del sexo, o sea, de los sexos, Si es cierto lo que se dice tantas veces —que
del hecho de ser sujetos sexuados. Un instru- hace falta una Educación sexual—, es nece-
mento que la Enseñanza tiene en sus manos. sario pasar a la acción organizada. Y en esta
acción organizada, la fórmula de la asigna-
Tanto las ideologías y morales como el mer- tura de los sexos es una más entre las exis-
cado en sus variadas formas se aprovechan de tentes pero sus rasgos propios la dotan de un
este valor para llevarlo hacia sus respectivas especial peso y figura capaz de abrir un hori-
direcciones y beneficios. Si la educación es zonte distinto al acostumbrado.
educación en conocimientos y valores, la asig-
natura de los sexos es el principal instrumento Por todo ello es, pues, la fórmula adecuada
para promover y dar contenido a este valor. para una modernización sexual basada en el
153
efigenio amezúa

conocimiento, el diálogo y el debate. En defi- su organización en las vidas de los sujetos y


nitiva, en el cultivo de la dimensión razona- en sus relaciones. Se trata, en última instan-
ble, el más preciado valor que tenemos en la cia, del punto más importante: la conviven-
condición humana. Se trata, pues, de conocer y cia de todos.
pensar el sexo, condición imprescindible para

Notas al texto
[1] De las 130 monografías de la Revista Española de Sexología, aparecidas hasta el momento, las hay
relativas a estos distintos avances de la Educación sexual de las últimas décadas en sus diversos
formatos. A ellas remitimos (www.incisex.com).

Referencias
Amezúa, E. (1973) Ciclos de Educación sexual. Amezúa, E. y Foucart, N. (2005b) El libro
Barcelona: Fontanella. de los sexos. Educación sexual V. Guía para el
Amezúa, (2004) Sobre el trabajo de los sexó- profesorado. Tercer y cuarta parte. Diálogos y
logos. Nota para gestores y políticos. Boletín de controversias. Revista Española de Sexología, Vol.
Información Sexológica, AEPS, nº 41. 129.
Amezúa, E. (2001) La educación de los Lameiras, M. (2004) Programa Agarimos. Pro-
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de los sexos. Educación sexual V. Guía para el (2000) Uhin bare. Programa de educación afectivo-
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Sexología, Vols. 127-128.

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NORMAS BÁSICAS PARA COLABORACIONES EN LA REVISTA

El Anuario de Sexología publica trabajos originales en sexología o que supongan aportaciones


a este campo desde cualquier otra disciplina.

Los manuscritos deben ser enviados por correo electrónico a la siguiente dirección publicaciones@
aeps.es

Estilo de publicación
Los trabajos, que habrán de ser inéditos, se recomienda que tengan una extensión máxima de
25 hojas tipo DIN A4, de 33 líneas con letra tamaño 12 y márgenes no inferiores a 2,5 cm. El
texto no incluirá tabulación ni sangrado alguno. En el caso de recensiones o críticas de libros no
podrán superar las cinco páginas. Se aceptan escritos en español y en inglés, en cuyo caso,
de ser aceptados, serán traducidos al español por la revista.

Cada artículo se acompañará de:


Primera hoja: Título del artículo y nombres, direcciones, contacto y filiación del autor
o autores.
Segunda hoja: Un resumen en español y en inglés, incluyendo al final de cada uno de
ellos un máximo de 6 palabras clave. Cada resumen irá precedido del
título del artículo en el idioma correspondiente y tendrá una extensión
máxima de 200 palabras.
Cuando el artículo incluya gráficos o tablas, éstos irán numerados y en hoja aparte señalando en
el cuerpo del artículo el lugar donde habrán de incluirse. Estos estarán elaborados en tinta negra
y bien contrastados. Las tablas se simplificarán en lo posible, evitando las líneas verticales.

Las notas ―que preferiblemente se reducirán al mínimo― se numerarán en forma consecutiva


e irán reseñadas en el texto del artículo utilizando el formato superíndice. Al final del trabajo ―y
no a pie de página― se incluirán los textos correspondientes a dichas notas.

Los diferentes apartados y subapartados que compongan el artículo se numerarán correlativa-


mente de la siguiente manera: 1, 1.1., 1.1.1., 1.2., 1.2.1, etc., evitando usar negritas, cursivas
o subrayados para diferenciar subcapítulos de capítulos.

Las referencias bibliográficas en el texto incluirán el apellido del autor y el año de publicación
(entre paréntesis y separados por una coma), añadiendo la página/s (con una p.) en el caso
de que se incluya una cita literal (i.e. Money, 1999, p. 25). Si el nombre del autor forma parte
de la narración, se pone entre paréntesis sólo el año. Cuando vayan varias citas en el mismo
paréntesis, se adopta el orden alfabético por autores. Para identificar trabajos del mismo autor
o autores, de la misma fecha, se añaden al año las letras “a”, “b”, “c”, hasta donde sea nece-
sario, repitiendo el año. En el caso de que sean tres o más los autores del libro o del artículo,
se nombrarán todos ellos en la primera citación y sólo el primero, con el añadido “et al.”, en las
siguientes.
Las referencias bibliográficas irán alfabéticamente ordenadas al final del texto según la siguiente
normativa:
a) Para libros: Autor/es (Apellido con la primera letra en mayúscula, coma e iniciales de nom-
bre y punto; en caso de varios autores, se separan con coma y antes del último con una
“y”); año (entre paréntesis) y punto; título completo en cursiva y punto; ciudad y dos puntos;
editorial. En caso de que se maneje una edición posterior al original se añadirá al final Ori-
ginal (entre paréntesis) y el año.
Bruckner, P. y Finkielkraut, A. (1996) El nuevo desorden amoroso. Barcelona: Anagrama.
Kinsey, A., Pomeroy, W. y Martin, C. (1967) Conducta sexual de la mujer. Buenos Aires: Siglo XX.
(Original 1953)

b) Para capítulos de libros colectivos o de actas: Autor/es; año; título del trabajo que se cita y
punto; a continuación, introduciendo “En”, el o los directores editores o compiladores (ape-
llidos e iniciales del nombre) seguido entre paréntesis de “Dir.”, “Ed.” o “Comp.”, añadiendo
una “s” en el caso del plural; el título del libro, en cursiva. La ciudad y la editorial.
Delgado, M. (1991) La reconquista del cuerpo. Ideologías sexuales. En Delgado, M.; Nieto, J.A.
(Comps.) La sexualidad en la sociedad contemporánea. Lecturas antropológicas. Madrid: UNED. Fun-
dación Universidad Empresa.

c) Para revistas: autor/es; año (entre paréntesis), título del artículo y punto; nombre de la revista
completo y en cursiva y coma; volumen seguido, en su caso, del número entre paréntesis
y coma; página inicial y final.
Money, J. (1999) Antisexualismo epidémico: del onanismo al satanismo. Anuario de sexología, 5,
23-30.
Green, R. (2002) Is pedophilia a mental disorder? Archives of sexual behavior, 31(6), 467-471.

d) En caso de citar un documento de Internet se añadirá a los datos pertinentes del docu-
mento ―autor, año, título― la dirección Web y la fecha de la consulta.

Valoración y aceptación
Todos los artículos que cumplan con los intereses y condiciones de esta revista serán enviados
al menos a un revisor que, desconociendo la identidad de los autores, elaborará un informe
al respecto. Para garantizar la imparcialidad de la revisión se evitará que, en la medida de lo
posible, aparezca en el cuerpo del artículo cualquier información que oriente sobre la identidad
del autor o autores.
Además del visto bueno de los editores, se requiere la opinión favorable a la publicación de
al menos un revisor para la aceptación definitiva del artículo. En su caso se pueden solicitar al
autor modificaciones en el manuscrito para su publicación.
La decisión final será notificada al autor o autores en un plazo máximo de cuatro meses desde
la recepción del texto.
El autor o autores recibirán dos ejemplares del número de la revista en que se publique su
artículo.
aeps
asociación estatal de profesionales de la sexología

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