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CURSO:

ACOSO ESCOLAR:

DETECCIÓN E INTERVENCIÓN

MÓDULO 9
Módulo 9. EL ACOSO ESCOLAR EN LA ERA DIGITAL.

09
MÓDULO
EL ACOSO ESCOLAR

EN LA ERA DIGITAL

ÍNDICE DE CONTENIDOS

1. Introducción.
2. Ciberacoso o ciberbullying.
3. Clasificación de las agresiones electrónicas.
4. Elementos empleados en el ciberbullying.
5. Cómo detectar el ciberbullying.
6. Actuaciones en un centro educativo ante el ciberbullying.
7. Protocolo ante el ciberbullying.
8. Medidas preventivas para evitar el ciberbullying.

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Módulo 9. EL ACOSO ESCOLAR EN LA ERA DIGITAL.

“El ordenador nació para resolver problemas


que antes no existían”

Bill Gates

1. INTRODUCCIÓN

La especial afinidad que ha surgido entre menores y las nuevas Tecnologías de


la Información y de la Comunicación (TIC) está ampliamente documentada:
constituyen una generación de vanguardia en el uso de las TIC y han sido
denominados como nativos digitales, net-generation, generación interactiva, etc,
etc.
Lo que parece claro es que esta relación especial que mantienen nuestros
alumnos con la tecnología supone el acceso a múltiples oportunidades en todos
los ámbitos, al mismo tiempo que plantea nuevas situaciones que pueden ser
problemáticas para los menores. La alarma social se acrecienta cuando estos
riesgos son desconocidos para los educadores, los padres las madres, que han
crecido en un contexto semidigital, en el mejor de los casos, o no digital en
muchos otros.
En este campo, se pueden distinguir los riesgos pasivos del uso de la tecnología
de los riesgos activos. Se debe entender por riesgos pasivos aquellas
disfunciones que el uso de la tecnología implica, sin que curse necesariamente
la voluntad de los usuarios. Sufrir acoso virtual, ciberacoso o ciberbullying
(utilizaremos indistintamente los dos términos), entraría en esta categoría así
como, por ejemplo, recibir mensajes obscenos o contactos no deseados a través
de Internet o del teléfono móvil. Por otro lado, los riesgos activos hacen
referencia a situaciones en las que disponer de una determinada tecnología
facilita que alguien desarrolle una pauta nociva, como puede ser acosar a
alguien, por ejemplo, a través de ella.

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El ciberacoso es un fenómeno que preocupa por la relativa novedad que supone


en el comportamiento de nuestros adolescentes, con las consiguientes dudas
que pueden generar su abordaje y tratamiento. Entendemos por ciberacoso el
acoso de una persona a otra por medio de tecnologías interactivas. Se trata de
un tipo de comportamiento especialmente preocupante y las noticias al respecto
de situaciones relacionadas con esta forma de agresión a las personas son cada
vez más frecuentes en los medios de comunicación.
Desde el sistema educativo no podemos ser ajenos a este problema.
Recordemos que el maltrato entre iguales, además de los graves efectos que
puede producir sobre la salud física y psíquica de los jóvenes, afecta
notablemente a la habilidad de los escolares para progresar académica y
socialmente en la escuela. La mayor parte de las veces genera desagradables y
tensas situaciones de convivencia. En sus formas más extremas, puede llegar a
generar denuncias y exigencias de responsabilidades legales contra los
agresores, por su papel activo, y sobre el colegio o instituto, por su
responsabilidad de vigilancia y custodia de los alumnos agredidos. De esta
forma, la gestión de esta compleja situación supone, para los propios docentes,
una variable muy importante en la generación de estrés percibido en la
realización de su trabajo.
En este sentido, es necesaria la comprensión de estas conductas y el análisis de
las múltiples variables que caracterizan el ciberacoso, con el fin de favorecer una
cultura de tolerancia cero hacia el maltrato, tanto en su concepto tradicional como
el llevado a cabo mediante las nuevas tecnologías. Saber reconocer estas
situaciones, adelantarse a ellas a través de estrategias preventivas y finalmente
actuar una vez que se ha identificado un caso de ciberacoso es fundamental si
pretendemos adaptarnos adecuadamente a las nuevas necesidades formativas
de los centros escolares.

2. CIBERACOSO O CIBERBULLYING

El acoso digital surge por el rápido avance de las nuevas tecnologías de la


comunicación como Internet, telefonía móvil, videojuegos, tablets, PDA, etc. Las
nuevas tecnologías de la información y de la comunicación han promovido, sin
proponérselo, una nueva forma de intimidación y de acoso entre los
adolescentes conocida como ciberacoso o ciberbullying. Se trata de una
conducta agresiva (incluye actuaciones de chantaje, vejaciones e insultos de
niños a otros niños) e intencional que se repite de forma frecuente en el
tiempo mediante el uso, por un individuo o grupo, de dispositivos electrónicos
sobre una víctima que no puede defenderse por sí misma fácilmente (Smith
et al., 2008).
En una definición más exhaustiva, la guía legal sobre ciberbullying y grooming
de INTECO indica que el ciberbullying supone difusión de información lesiva o
difamatoria en formato electrónico a través de medios de comunicación como el

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correo electrónico, la mensajería instantánea, las redes sociales, la mensajería


de texto a través de teléfonos o dispositivos móviles o la publicación de vídeos y
fotografías en plataformas electrónicas de difusión de contenidos. Es decir,
entendemos por ciberbullying el acoso de una persona a otra por medio de
tecnologías interactivas. Delimitando un poco más esa definición, es necesario
detallar que el “ciberbullying es un tipo concreto de acoso en la red aplicado
en un contexto en el que únicamente están implicados menores”.

La clave, en cualquier caso, es que se trata de una situación en que acosador y


víctima son niños: compañeros de colegio o instituto y personas con las que se
relacionan en la vida física.
Los criterios que caracterizan este tipo de conducta violenta son, al igual que en
las formas tradicionales de acoso escolar:

• La intencionalidad.

• La repetición de la conducta dañina.

• El desequilibrio de poder entre el agresor y la víctima.


El ciberbullying, en suma, supone acosar en el contexto digital. O aprovecharse
de él para hacerlo diferente, expansivo, muy frecuentemente, más virulento
incluso. Pero no todo comportamiento irregular y poco deseable (usando
TIC) que tenga que ver con las complejas relaciones entre iguales debe ser
considerado como ciberbullying sin más. Este escenario de acoso en la red
desarrolla una vida propia, un escenario de manifestaciones peculiares y
exclusivas cuyas claves están descifrándose día a día: características singulares
de los acosadores, recorrido, impacto, difusión y duración de la acción,
repercusiones en las víctimas...
En el contexto virtual “desaparece la barrera de la mirada del otro” y la
sensación de impunidad se hace hueco con fuerza. El desarrollo del fenómeno

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a través de comunicaciones virtuales permite que el acoso en la red pueda


llevarse a efecto de una forma más sistemática y estable y, en ocasiones, incluso
anónima. Y las consecuencias pueden perpetuarse en el tiempo de forma
profunda. Por eso, entre otras consideraciones, es imprescindible actuar cuanto
antes, detener la situación que pueda estar produciéndose, evitar el punto más
cercano a las terminaciones nerviosas del sufrimiento.
Desde un punto de vista más práctico y aplicable a casos concretos, el
ciberbullying se caracteriza por los siguientes aspectos:

• Que la situación de acoso se dilate en el tiempo. Aquí quedan


excluidas las acciones puntuales. Sin restar importancia a estos sucesos,
que pueden tener serios efectos para el afectado y constituir un grave
delito, un hecho aislado no sería ciberacoso. Si bien un hecho aislado
podría no ser tasado como ciberbullying en sentido estricto, no es
infrecuente que una situación específica, dependiendo de su gravedad,
expansividad y repercusión, pueda acarrear daños de gran trascendencia
en las víctimas.

• Que la situación de acoso no cuente con elementos de índole sexual.


Si contara con elementos y connotaciones de carácter sexual la situación
se podría considerar sextorsión o grooming, si interviniera un adulto en
este último caso.

• Víctimas y acosadores deben tener edades similares. Puede


evidenciarse cierta jerarquía de poder o prestigio social del acosador o
acosadores respecto de su víctima, si bien esta característica no se da en
todos los casos.

• La intención de causar daño de modo explícito no está siempre


presente en los inicios de la acción agresora. No obstante, el daño
causado a un tercero utilizando dispositivos digitales multiplica de manera
notable los riesgos a los que se expone aquel en muy poco tiempo. El
impacto y recorrido de este tipo de acciones (sean claramente
intencionadas o derivadas de una broma sin aparente deseo de causar
perjuicio) es difícil de medir y cuantificar. La penetración lesiva de este
tipo de actos en el mundo virtual puede ser profunda.

• Que víctimas y acosadores tengan relación o contacto en el mundo


físico. Es necesario que ambas partes tengan algún tipo de relación
previa al inicio del acoso electrónico. Es frecuente que los episodios de
ciberbullying puedan estar ligados a situaciones de acoso en la vida real.
Comportamientos de exclusión y aislamiento en los espacios físicos
surgen como previos y, en ocasiones, añadidos, a las experiencias en
contextos virtuales. Con frecuencia, la situación de acoso comienza en el
mundo real, siendo el medio electrónico una segunda fase de la situación
de acoso. Sin embargo, cada vez son más frecuentes conductas
claramente aisladas en el entorno de las tecnologías, sin paralelo alguno
en el entorno físico.

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• Que el medio utilizado para llevar a cabo el acoso sea tecnológico.


En este sentido, puede tratarse de Internet y cualquiera de los servicios
asociados. Los medios a través de los cuales se produce el ciberbullying
son muy diversos, si bien incorporan los dispositivos tecnológicos de
mayor uso por parte de adolescentes y jóvenes en la actualidad:
mensajería instantánea, perfiles de redes sociales, teléfonos móviles
(mensajería instantánea, envío de fotografías o vídeos), juegos online a
través de videoconsola o en Internet, páginas personales, chats en
Internet, etc.
Aunque el ciberbullying puede ser considerado como una nueva modalidad o
subtipo del acoso, el uso de medios electrónicos para acometer las agresiones
hace que este tipo de acoso tenga unas características distintas y propias.

• El anonimato del agresor. La mayoría de las veces, el agresor utiliza


pseudónimos o nombres falsos para acosar a la víctima. La ocultación de
la identidad facilita, por una parte, la agresión e impunidad del agresor y,
por otra, aumenta el potencial de indefensión de la víctima.

• La rapidez de difusión. las agresiones electrónicas pueden difundirse


muy rápidamente a un gran número de personas, que, a su vez, pueden
reproducirlas y reenviarlas un número indefinido de veces. Cuando
alguien cuelga una foto o un vídeo con la intención de herir a una persona,
la audiencia que puede ver ese material puede ser muy grande. En el
acoso tradicional, los espectadores de las agresiones eran grupos más
pequeños. La capacidad potencial de las nuevas tecnologías para llegar
a infinitas audiencias es una característica solo aparece en el ciberbullying
en comparación a otro tipo de acoso.

• La vulnerabilidad de la víctima. Este tipo de acoso de carácter más


público que las agresiones tradicionales aumenta, además, el sentimiento
de vulnerabilidad de la víctima, que no se siente segura en ningún
momento ni lugar. A cada instante puede recibir mensajes y llamadas no
deseadas por el móvil. También, en todo momento, puede ser víctima de
agresiones en cualquier sitio de la red (programas de mensajería
instantánea, salas de chat, páginas web).

• En cualquier lugar y en cualquier momento: La movilidad y


conectividad de las nuevas tecnologías de la comunicación provoca que
se traspase los límites temporales y físicos que marcaban el acoso en la
escuela. Como se ha dicho, el hogar ya no es un refugio, ni incluso los
fines de semana ni los períodos vacacionales.

• Imperecedero. El contenido digital usado en el acoso se almacena en los


sistemas electrónicos y no se pierde.

• La fuerza física o el tamaño no afecta. Como consecuencia del


anonimato, los acosadores digitales no tienen que ser más fuertes
físicamente que sus víctimas.

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• El acosador no marginal. En el bullying, los acosadores suelen tener


malas relaciones con los profesores mientras que los acosadores digitales
pueden tener buenas relaciones con ellos.
El Ciberbullying es un fenómeno que preocupa por la diversidad de sus efectos
en los diferentes contextos y planos en los que se gesta y nutre el desarrollo
personal y social: interpersonal, intrapersonal, intragrupal y contextual; y, por
supuesto, por las dudas que puede generar su abordaje y tratamiento.

3. CLASIFICACIÓN DE LAS AGRESIONES ELECTRÓNICAS

Respecto al tipo de agresiones electrónicas, Willard (2006, 2007) propone una


clasificación de las mismas según la conducta realizada por el agresor. Las
principales categorías son:

• Hostigamiento (Flaming). Envío y difusión de mensajes ofensivos o


vulgares.

• Persecución (Acoso online). Envío de mensajes amenazantes.

• Denigración. Difusión de rumores sobre la víctima.

• Violación de la intimidad. Difusión de secretos o imágenes de la víctima.

• Exclusión social. Exclusión deliberada de la víctima de grupos en la red.

• Suplantación de la identidad. Envío de mensajes maliciosos haciéndose


pasar por la víctima.

• Outing 1. Enviar o colgar material sobre una persona que contenga


información sensible, privada o embarazosa, incluido respuestas de
mensajes privados o imágenes.

4. ELEMENTOS EMPLEADOS EN EL CIBERBULLYING

Los principales medios tecnológicos a través de los cuales los menores reciben,
y pueden llevar a cabo, actos de acoso, son los siguientes:

• Uso de plataformas online de difusión de contenidos. Un gran


número de casos de acoso online se convierten en situaciones de
riesgo más grave para los menores, en la medida en que el medio
empleado para la difusión de información vejatoria o difamatoria lo

1
El término “outing” se utilizó a finales del pasado siglo para hacer pública la homosexualidad de una persona, “salir del armario”.
En la actualidad hace referencia a cuando se hacen públicos datos de una persona (fotos, mensajes, etc) sin su consentimiento.

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constituyen las plataformas online de difusión de contenidos que


permiten la publicación de vídeos o imágenes fijas y el visionado
por millones de personas de todo el mundo.
Así, lo que en principio nace como una mera fotografía o vídeo
alojados en un dispositivo móvil pasa a ser difundido de forma
masiva y mundial, logrando que el efecto dañino buscado por el
acosador conlleve un mayor impacto.

• Uso de redes sociales. Con frecuencia, los menores emplean las


redes sociales como medio
para intercambiar
impresiones y comunicarse
con sus compañeros. El
alto grado de difusión y
viralidad de las redes
sociales, y la posibilidad de
publicación de fotografías y
vídeos por parte de sus
miembros, hacen que este
tipo de plataformas resulte
un nuevo medio especialmente atractivo para los acosadores.

• Medios de contacto electrónico. Programas de mensajería


instantánea, chats públicos, foros de discusión y correo electrónico.
Son herramientas que favorecen y facilitan las comunicaciones
entre los menores pero al mismo tiempo constituyen un nuevo
canal través del cual se pueden recibir contenidos y mensajes
susceptibles de constituir acoso.

• Teléfonos móviles multimedia. La aparición y difusión de


teléfonos móviles con cámara de fotos y vídeo constituye un canal
que, en manos de usuarios acosadores, supone un nuevo medio
con el que realizar actos de intimidación.

5. CÓMO DETECTAR EL CIBERBULLYING

En la mayor parte de casos el menor víctima de ciberacoso, al igual que ocurre


en el acoso, no cuenta a sus padres o profesores lo que le está sucediendo, por
ello es muy importante conocer cómo puede manifestarse este acoso en la forma
de comportarse del menor. La detección de situaciones de ciberbullying requiere
de una serie de claves que nos permitan abordarlo en la etapa más incipiente y
con menos consecuencias para los implicados.
Conocer lo que es el ciberbullying no asegura su detección. Al igual que en el
acoso tradicional, una de las características que acompaña a los casos de
ciberbullying es la llamada ley del silencio. Por este motivo, es necesario contar
con una serie de indicadores que nos ayuden a contrarestar esta ley del silencio

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y nos permitan identificar esas situaciones que podrían suponer un riesgo de


ciberbullying.

No existen personas, situaciones o circunstancias predestinadas a verse


implicadas en casos de ciberbullying, sino que debemos hablar de un conjunto
de factores de riesgo de implicación. Es decir, un conjunto de elementos
predictores del fenómeno, que nos permitirán identificar grupos de riesgo que
requerirán de una valoración posterior para constatar la existencia del
ciberbullying.
Indicadores de posible implicación como víctima o agresor
Son un conjunto de indicios y prácticas de riesgo que nos pueden llevar a la
conclusión de que hay o puede haber una implicación en un caso de
ciberbullying:

• Falta de supervisión por parte de los padres en el uso de internet.

• Falta de dialogo sobre lo que hace en internet.

• Pasar muchas horas conectado a internet o con el móvil.

• Contar con al menos una cuenta en una red social tipo Facebook,Twitter,
Intagram, Myspace, Metroflog…

• Disponer de ordenador o dispositivo de acceso en su propia habitación o


en un lugar fuera del control parental.

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• Se siente molesto por las interrupciones producidas en el uso del


ordenador u otros dispositivos cuando está conectado a internet.

• Tener la necesidad de estar siempre disponible en el móvil.

• Usar el móvil en el centro escolar.

• Considerar que la prohibición de uso del móvil o de acceso a internet es


uno de los peores castigos.

• Participar cada vez menos en actividades que impidan disponer del


acceso a internet o al teléfono móvil.

• Normalizar el uso de la violencia y el abuso de poder bajo expresiones


como “son bromas”.

• Justificar la ley del silencio con expresiones como “son cosas nuestras”.

• Cambia de humor en situaciones sin acceso al móvil o a internet.


Comportamientos e indicadores de una posible víctima
Comportamientos y actitudes que podrían implicar convertirse en una víctima del
ciberbullying son:

• Pensar que internet en un lugar seguro.

• Utilizar la misma contraseña en varios programas, plataformas o servicios


de internet.

• Dar o colgar datos personales en la red.

• Dar contraseñas de programas, plataformas o servicios de internet a algún


amigo.

• Ser o haber sido víctima de acoso tradicional en la escuela.

• Haber intentado reunirse con personas a las que ha conocido a través de


internet.

• Haber intercambiado fotos o videos personales con personas que ha


conocido a través de internet.

• Intercambiar, de forma poco meditada, direcciones de correo electrónico


o mensajería instantánea.

• Aceptar como amigos en internet a personas que no conoce.

• Mostrar desgana o tristeza para realizar las actividades cotidianas.

• Manifestar cambios de humor repentinos.

• Sufrir deterioro de habilidades sociales, especialmente las asertivas, de


defensa de sus intereses y derechos.

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• Tener tendencia al aislamiento.

• Poseer baja autoestima o muestras de inseguridad.

• Rechazar el hablar de situaciones de ciberbullying.


Comportamientos e indicadores de un posible agresor
Comportamientos y actitudes que podrían implicar convertirse en un agresor en
un caso de ciberbullying son:

• No poseer normas de uso de internet.

• Haberse hecho pasar por otra persona a través del móvil o internet.

• Tener escasa tolerancia a la frustración.

• Justificar situaciones de ciberbullying sufridas por otros.

• Mostrar o pasar fotos o videos que considera graciosos aunque sean


humillantes o desagradables para el protagonista del video.

• Haber intimidado o acosado a algún compañero en la escuela.

• Justificar la violencia, especialmente la indirecta.

• Reducir las actividades que supongan no disponer de internet o el móvil.

• Mostrar actitudes de prepotencia, abuso de poder y de falta de respeto


hacia sus iguales.

• Falta de respeto hacia la autoridad de padres o docentes.

• Actitud negativa hacia actividades cooperativas en las que se potencie la


colaboración y el reconocimiento de las cualidades de cada uno.

6. ACTUACIONES EN UN CENTRO EDUCATIVO ANTE EL


CIBERBULLYING

En la actualidad, el ciberacoso provoca un debate abierto sobre la pertinencia de


una intervención por parte los docentes y de la comunidad educativa en su
conjunto. ¿Ha de actuarse desde los equipos de profesores? ¿Cuál es el papel
de los tutores docentes en este fenómeno de magnitud y aristas crecientes? Sin
perjuicio de la responsabilidad de control inherente a la función educadora de los
padres, los centros educativos deben incorporar mecanismos de respuesta
adecuados y eficaces a los nuevos comportamientos de acoso detectados,
siempre que afecten a sus alumnos.

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Consecuentemente, cualquier miembro de la comunidad educativa que tenga


sospechas, considere la existencia de indicios razonables o tenga conocimiento
expreso de la existencia de una situación de ciberbullying tiene la obligación de
comunicarlo al Equipo Directivo del centro.
Igualmente, una situación de acoso continuado debe considerarse una situación
de riesgo (artículo 13 de la Ley Orgánica 1/1995, de 15 de enero, de Protección
Jurídica del Menor) y deberá ser comunicada a la Fiscalía de Menores. El
procedimiento lo articulará cada centro o administración, siendo recomendable
por escrito y primando en todas las actuaciones la confidencialidad.
Tras la sospecha inicial será el tutor del alumno implicado, en colaboración con
el equipo docente, el que se encargue de coordinar el proceso de detección y de
intervención. En el caso de ser necesaria la toma de medidas cautelares, será
el tutor quien las proponga al Equipo Directivo y a la Comisión de Convivencia.
Ante un posible caso de ciberbullying, el centro educativo debe trabajar en tres
líneas simultáneas:

• Valoración.

• Comunicación.

• Acciones de Protección
Valoración
Ante la información de partida, el tutor debe establecer un proceso de recogida
de información que permita valoración del supuesto caso de ciberbullying.
La actuación debe ser comedida, pausada y ajustada a la circunstancia.
Debemos tener en cuenta que las consecuencias pueden ser graves por lo que
merece toda nuestra atención y contundencia, evitando reacciones improvisadas
y alarmistas.
En esta fase las fuentes de conocimiento deben buscarse en las personas
implicadas y sus familias. También serán de gran ayuda el equipo docente y el
orientador del centro.
Esta fase debe caracterizarse por la comprensión de la posible víctima. Por
este motivo se recomienda comenzar la fase de recogida de información por la
posible víctima, posteriormente con sus padres o tutores legales para luego
continuar con posibles alumnos conocedores de los hechos, el chico o chica que
estuviera provocando la victimización y finalmente los padres de estos últimos.
Se debe evitar la coincidencia de la parte acosadora y acosada en el lugar de las
entrevistas, así como la de sus padres.
En el encuentro con la víctima se debe procurar que:

• Analice lo sucedido y los pasos hasta llegar a esa situación.

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• Identifique tanto los hechos que ha padecido con la persona o personas


que lo han provocado.

• Señale las plataformas a través de las que se han producido los acosos,
los medios y las aplicaciones utilizadas.

• Ayude a localizar las posibles pruebas que se pudieran encontrar.


Insistiendo en que no es culpable por lo que le está sucediendo, se le debe
preguntar si le gustaría que se tomará alguna decisión en ese momento hasta
que se aclaren los hechos.
En la entrevista individual con la familia de la víctima se le debe indicar el
problema, los hechos que se investigan, las medidas que se han tomado hasta
ese momento y el procedimiento educativo y disciplinario que se inicia.
En la misma línea se deben realizar el resto de entrevistas con los alumnos
implicados y sus familias.
Esta fase finaliza con un breve informe por parte del tutor en el que indica los
datos más relevantes de la situación denunciada, valorando si hay indicios
suficientes para considerar la existencia de un caso de ciberbullying y las
acciones inmediatas que se deben lleva a cabo.
Comunicación
Cualquier sospecha de episodio de ciberbullying debe ser comunicada al director
y este al inspector educativo de referencia, al que se le hará llegar tanto el
informe del tutor como las medidas adoptadas hasta ese momento desde el
centro.
Del mismo modo se informará a las familias de los alumnos implicados,
favoreciendo la coordinación y comunicación entre las familias y el centro. En
todo momento, independientemente del rol de cada alumno, nuestro objetivo
debe ser ayudar al alumno a superar esta situación.
Los responsables de la comunicación pueden ser diferentes, en función del
destinatario. En el caso de las entrevistas con las familias es preferible que sea
el tutor o tutora dado que se conocen y se les presupone cierta relación. En estas
reuniones con las familias puede ser útil la presencia del orientador del centro.
Acciones de protección
Durante el proceso de comunicación y valoración se estima necesario tomar en
consideración ciertas orientaciones psicoeducativas para el momento en que se
ha detectado un posible caso de ciberbullying. En estas situaciones lo más
importante es ofrecer apoyo y establecer los pasos de la intervención, incluso
previamente a la confirmación de la existencia del caso.
Estas medidas deberían estar recogidas en un Plan o Protocolo ante el
ciberbullying que, incluido en el Protocolo antiacoso, Normas de Convivencia o
Reglamento de Régimen Interno del centro, deberían contemplar:

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a) Posibles actuaciones con la presunta víctima


b) Posibles actuaciones con el alumnado presunto agresor
c) Posibles actuaciones con el alumnado espectador o, en su caso, con el
grupo de la clase
d) Actuaciones con las familias
e) Actuaciones con el equipo docente
f) Actuaciones del equipo docente
g) Criterios de seguimiento y evaluación de las intervenciones

7. PROTOCOLO ANTE EL CIBERBULLYING

Como se ha indicado a lo largo de los módulos anteriores, todo centro debe


disponer de un marco para la acción en situaciones problemáticas, en el caso
que nos ocupa relacionadas con comportamientos inadecuados del alumnado
en materia de uso de dispositivos digitales. La intervención debe estar tasada,
pautada, medida y adecuadamente planificada. Siempre de manera que aporte
seguridad a los procesos de detección, y, sobre todo, de análisis y valoración de
las situaciones, toma de decisiones y configuración de procesos de
sensibilización y toma en consideración a partir de los hechos que hayan podido
acontecer.
Para José María Avilés 2, desde el punto
de vista del centro escolar, “aunque
reconozcamos que cada uno de los
actores de la comunidad educativa tiene
responsabilidades inherentes a su
posición en ella, la verdadera fuerza para
luchar contra el ciberacoso está
depositada en la intención conjunta de
esfuerzos de toda ella en conformar un
«Proyecto antiacoso» en el que primen:

• Una declaración institucional antiacoso en la comunidad educativa que


reconozca el rechazo frontal de todos los sectores educativos al
ciberbullying como forma de acoso. Esto supone reconocer que puede
intervenirse desde cualquier ámbito de la comunidad educativa
independientemente desde donde se produzcan los acosos, porque
suponen un atentado a la convivencia dentro del centro escolar.
Reconocimiento que supone legitimación.

2
Avilés Martínez, José María, psicólogo, profesor en la Universidad de Valladolid y en el IES Parquesol (Valladolid). De la Guía de
Intervención contra el Acoso INTECO. Octubre 2012.

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• Un compromiso de lealtad educativa por parte de los actores de la


comunidad educativa que persiga de forma efectiva compartir una misma
línea de acción. Remar en la misma dirección.

• Apoyar medidas restauradoras de las relaciones interpersonales más


allá de las medidas disciplinarias y punitivas que tendrán siempre un
carácter subsidiario si lo que queremos es buscar salidas educativas ante
los casos de ciberbullying.

• Situar al alumnado en el plano del protagonismo. Deben ser parte de


la salida y no el problema. Hacerles participar en estructuras de equipos
de ayuda o de cibermentores para ayudar a sus iguales a evitar, gestionar
mejor o erradicar las situaciones de abuso y ciberbullying.

• Disponer de herramientas institucionales reconocidas por la comunidad


educativa, como el “Proyecto antiacoso”, que permitan abordar los casos
de ciberbullying con respaldo de las partes.

• Organizar el centro educativo para


luchar contra el abuso y el
ciberbullying.

• Tratar el tema del ciberbullying y


los riesgos de las nuevas
tecnologías dentro del curriculum
que el profesorado lleva a la
práctica en la clase.

• Elaborar, asumir y practicar


códigos saludables online y
fomentar las buenas
prácticas entre el alumnado
en sus relaciones
interpersonales virtuales.

• Diseñar y llevar a la práctica un programa intencional y planificado de


educación moral en los ámbitos educativos en los que se maneja el
menor (escuela, familia, grupo de iguales, medios de comunicación).

• Fomentar la convivencia positiva en las relaciones interpersonales


virtuales en el marco de un Plan de Convivencia consensuado y a través
de una educación en valores.
En este sentido, Carlos Represa 3 hace hincapié en la importancia de este
Protocolo de actuación para garantizar, en una primera fase, los siguientes
procesos:

3
Represa, Carlos, abogado especialista en derecho de nuevas tecnologías. De la Guís de Intervención contra el Acoso INTECO.
Octubre 2012.

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a) Canal de comunicación. Cualquier miembro de la comunidad


educativa que tenga indicios razonables de que puede estar
produciéndose un caso de ciberacoso entre iguales pondrá esta
circunstancia en conocimiento de algún profesor, preferentemente
el tutor, orientador o miembro del equipo directivo.
b) Gestión adecuada de la información. La información recibida
deberá ser analizada por el equipo directivo a la mayor brevedad,
con la colaboración del tutor y del orientador del centro y, en su
caso, del inspector del centro.
Asumida la necesidad de, en el marco de las Normas de Convivencia,
Reglamentos de régimen interno, Planes de acción tutorial y Plan de Convivencia
de los centros, la elaboración de un Plan o Protocolo de actuación antiacoso. En
este documento deberían considerarse al menos los siguientes apartados:
a) Posibles actuaciones con la presunta víctima

• Proporcionar garantía de apoyo, protección y seguridad a la víctima


a través de un adulto del centro que el alumno considere de su
confianza.

• Visualizar claramente el mensaje de combate del centro contra el


ciberbullying.

• Activar las estructuras de ayuda en el grupo de alumnos que


conviven con él, haciendo que éstos se muestren contrarios a lo
que ha sucedido.

• Haciéndolos protagonistas y garantes de que el compromiso de


cese del ciberbullying por parte del acosador es real, creíble y se
mantiene en el tiempo.

• Indicarle que debe pedir ayuda. Disuadirle de que pedir ayuda no


le va a perjudicar y garantizarle la mayor discreción y
confidencialidad. Se deberá potenciar la confianza para que sienta
que puede comunicar cualquier experiencia que pudiera estar
relacionada con los contenidos del acoso que está recibiendo,
dejando siempre muy claro que éstos no justifican el acoso que
está recibiendo.

• Realizar un análisis contextual de la situación de violencia para


tener en cuenta el momento en que se encuentra dicha situación:
Si está en las primeras fases: trabajo inmediato con la
víctima para que se sienta segura, mantenga o recupere su
equilibrio emocional, no se culpabilice, reduzca su nivel de
estrés, no haga generalizaciones y ni perjudique su
autoestima.
Si está en fases posteriores, la víctima puede creerse
culpable de la agresión o manifestar cambios de conducta.

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En este caso hay que valorar la posibilidad de apartarla del


alumnado agresor y tejer una red de protección afectiva a su
alrededor. Sin embargo, ha de tenerse en cuenta que las
medidas de protección que supongan establecer una
separación física entre la víctima y las personas agresoras
o espectadoras deben valorarse en extremo, teniendo
siempre cuidado de no generar la idea de que el/la agresor/a
ha logrado su objetivo estigmatizando aún más a la víctima.

• Trabajar la mejora de su autoestima.

• Realizar un entrenamiento en habilidades sociales: conductas de


autoprotección y asertividad; habilidades de trabajo en grupo,
desarrollo de destrezas para dejar de ser víctima sin ser agresor,
trabajar situaciones de role playing (simular situaciones reales).

• Si se considera necesario, derivar a servicios externos (Servicios


sociales, sanitarios o a ambos), o a otros servicios especializados.
En todo caso, si se trata de alumnos o alumnas menores de edad,
debe informarse a los progenitores o responsables legales.
b) Posibles actuaciones con el alumnado presunto agresor

• Intervenir inmediatamente ante las personas acosadoras


transmitiendo un mensaje nítido de tolerancia cero a cualquier
agresión.

• Organizar entrevistas individualizadas para:


o Concienciar de la gravedad del problema.
o Identificar conductas violentas.
o Analizar la causa de su actitud.
o Reflexionar y reconocer el daño causado.
o Trabajar la empatía y el razonamiento moral.
o Orientar hacia el cambio de actitud y a la reparación del
daño.
o Promover la reparación o compensación de los daños
causados.
o Transmitir la idea de que las actuaciones negativas o
antisociales no se toleran ni van a resultar impunes.

• Poner en marcha programas de entrenamiento en habilidades


sociales.

• Promover programas de autocontrol de la agresividad.

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• Aplicar medidas educativas y correctoras.


c) Posibles actuaciones con el alumnado espectador o, en su caso,
con el grupo de la clase

• A través del Plan de acción tutorial, realizar actividades que


posibiliten el rechazo y la denuncia explícita de conductas violentas
en la convivencia entre iguales:
o Definir claramente los comportamientos que deben ser
denunciados.
o Definir claramente el papel que los espectadores juegan en
estas situaciones. Analizar la diferencia entre la conducta
solidaria de denunciar la injusticia y el ser chivato.
o Fomentar actitudes de desaprobación de estas conductas,
mediante sesiones de análisis, discusión y búsqueda de
respuestas alternativas.
o Debatir sobre la falsa seguridad que proporcionan las
pandillas y el aparente atractivo de las bandas.

• Implicar al alumnado en la creación de un marco protector,


preventivo y correctivo del aislamiento y la victimización.
o Desarrollar estrategias de ayuda entre iguales.
o Promover la intervención de alumnos/as mediadores.
o Integrar a todo el alumnado en el grupo y desarrollo de
habilidades prosociales a través de trabajos cooperativos.

• Enseñar a los alumnos a pedir ayuda, a superar el miedo a ser


calificados de chivatos o incluso a convertirse ellos mismos en
víctimas.

• Informar sobre la posibilidad y recursos existentes en el centro para


denunciar situaciones de intimidación, garantizando la
confidencialidad (teléfono amigo, buzón de sugerencias, comisión
de convivencia, comisión de resolución de conflictos...).

• Utilizar los sociogramas u otros instrumentos que considere el


centro para recoger información, aunque sea aproximativa, sobre
las relaciones internas del grupo.
El trabajo a nivel de grupo debe hacerse con mucha cautela. Durante el período
de crisis, si se trabaja en grupo, debe ponerse especial cuidado en que no se
relacione directamente la actividad con la situación que se está viviendo (puede
ser humillante para el alumno acosado, al tiempo que aumenta el carisma y la
sensación de poder del acosador). No se debería personalizar en ningún caso.
Hay que tener en cuenta la manera en que pueden interpretarse las actuaciones

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e intentar prever las consecuencias de cada actuación. Se debe analizar cada


paso dado. Siempre debe cuidarse de no significar a la víctima ante el grupo ni
exponerla a situaciones de riesgo. En ocasiones debe evitarse tratar
públicamente en el aula la situación de acoso de forma que la víctima pueda
sentirse aludida y experimentar vergüenza o humillación.
d) Actuaciones con las familias

• Planificar cuidadosamente y concretar de forma clara los objetivos


de cada reunión. Reducir el número de interlocutores en las
entrevistas. No duplicar reuniones. Mostrar que se está tomando el
asunto muy en serio tranquiliza y da confianza a las familias.

• Trabajar con las familias por separado. Solo al final del proceso o
por razones muy fundamentadas se podrá trabajar con varias a la
vez. Evitar enfrentamientos.

• Que independientemente de la posición que ocupe nuestro hijo en


los casos de ciberbullying (acosado, acosador, no implicado)
nuestro planteamiento con él debe ser siempre el que mejor
conforme su educación moral en un futuro, aunque ese futuro no
sea el inmediato. Estaremos incidiendo sobre la educación moral
de nuestro hijo/a con la postura que adoptemos.

• Subrayar que el objetivo no es solo que desaparezca la situación


conflictiva sino que además los alumnos aprendan de la
experiencia: cambio de actitud, habilidades sociales…

• Mostrarse comprensivo/a con las familias. No culpabilizar. Sugerir


cambios o hacer propuestas con sutileza y respeto. Dejar bien claro
que el objetivo último es el bienestar y el desarrollo personal, social
y moral adecuado y de sus hijos e hijas.

• Levantar acta de todas las reuniones, indicando los objetivos de la


reunión, asistentes, conclusiones, propuestas….

• Informar a las familias de la situación de su hijo/a, nunca dar


información relativa a otro alumno/a.

• Informar de los pasos que se están dando por parte del centro.
e) Actuaciones con el equipo docente

• Acordar y unificar criterios de actuación.

• Apoyar y facilitar la labor del/la tutor/a,

• Evaluar mediante cuestionarios la naturaleza y magnitud del


fenómeno y diseñar estrategias de intervención concretas según el
caso.
f) Actuaciones del equipo docente

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• Recordar la obligación de todo el profesorado de intervenir


inmediatamente ante cualquier situación de agresión o acoso que
detecten, de mostrar apoyo inmediato a la persona agredida y de
garantizar su protección, tanto dentro como fuera de las
instalaciones del centro.

• Mostrar una actitud abierta hacia las demandas e informaciones


que los/as alumnas puedan solicitar o proporcionar en relación a
su situación o a la de cualquier otro compañero/a.

• Vigilancia específica y sistemática. Se debe estar alerta ante los


cambios de actitud del alumnado que puede estar sufriendo acoso
(cambios de humor, actitudes de retraimiento, de soledad,
disminución en el rendimiento escolar…)

• Promover cauces para que el alumnado pueda hacer llegar la


información al/la tutor/a, profesores/as u otros miembros de la
Comunidad Escolar: Instalar buzones, proporcionar información
sobre direcciones de ayuda, etc.

• Promover la implicación del alumnado en la gestión de


determinados conflictos (organizar programas de alumnos/as
ayudantes o mediadores).
También es recomendable que en el Plan de Acción tutorial se
incluyan actuaciones encaminadas a hacer conscientes a los
alumnos de los posibles daños y las posibles consecuencias que
tiene el uso inadecuado de las Nuevas Tecnologías de la
Información y Comunicación, informándoles de que algunas
actuaciones son delitos (suplantación de personalidad,
amenazas…).
Según el caso, la dirección del centro puede denunciarlo, si se
produce en sus dependencias, o bien orientar a las familias a
interponer denuncia policial cuando el ciberbullying se produce
desde los domicilios de los/as alumnos/as o desde otros lugares.
g) Es importante establecer criterios de seguimiento y evaluación de las
intervenciones llevadas a cabo, así como aquellos indicadores del éxito
del proceso para decidir sobre la resolución satisfactoria de la situación.

8. MEDIDAS PREVENTIVAS PARA EVITAR EL CIBERBULLYING

Debemos partir de la premisa de que no podemos impedir a los menores y


adolescentes que utilicen las TIC (principalmente internet y telefonía móvil) si no
queremos abocarlos al llamado analfabetismo digital, pero siempre es deseable
que ese contacto se realice bajo supervisión paterna.

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Lo interesante es educar al menor para que ni siquiera llegue a la que


denominábamos primera fase de contacto o acercamiento en el ciberacoso y si
ve algo extraño que tenga la suficiente confianza para acudir a sus padres y
contarles lo sucedido.
Para ello es muy importante que
entre padres e hijos haya una
buena relación y que los padres se
involucren en el uso que hacen sus
hijos del ordenador e internet,
informándoles de sus peligros,
supervisando su utilización, fijando
unas reglas y horarios, controlando la
seguridad del equipo y estableciendo
sistemas de control parental y filtrado
para evitar que accedan a contenidos
inadecuados; asimismo, los padres
también deben de estar alerta ante
cualquier cambio repentino e
inexplicable en el comportamiento de
su hijo.
En cuanto a los menores, para evitar ser víctimas de ciberacoso, sería extensible
al grooming, deben:

- Tener especial cuidado en los chat, Messenger, redes sociales


frecuentadas por menores (Instagram, Facebook, Twitter...), ya que los
ciberacosadores frecuentan este tipo de servicios en busca de una
potencial víctima y deben tener mucho cuidado con los amigos nuevos
que se agreguen y no conocen personalmente, ya que a lo mejor no son
quienes dicen ser.
- El menor debe utilizar una identidad digital y ser cuidadoso con los datos
personales que introduce en sus perfiles, blog, foros...y sobre todo un
especial cuidado a la hora de publicar fotografías e imágenes.
- Es muy importante que se haga un uso responsable y seguro del
ordenador y de la webcam, teniendo en cuenta que lo que el menor ve
a través de su cámara web puede tratarse de un montaje y no ser en
realidad su interlocutor la persona atractiva que dice y parece ser. Debe
utilizarse la webcam únicamente con personas de máxima confianza y no
hacer delante de ella nada que no se hiciera en público. Se debe tener el
equipo libre de software malicioso para evitar activaciones remotas de la
cámara web, siendo una medida preventiva girarla hacía un ángulo
muerto cuando no la estemos utilizando o taparla, si va integrada en el
equipo.

- Comunicar inmediatamente a los padres cualquier situación de


riesgo en la que puedan estar incursos.

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- Por último, en los centros escolares es muy importante que se den a los
alumnos charlas informativas con el fin de hacerles llegar los riesgos en
la utilización de las nuevas tecnologías, haciendo especial referencia al
ciberacoso.
A nivel familiar hay una serie de acciones preventivas que se pueden llevar a
cabo, todas ellas basadas en el diálogo y la transmisión de valores básicos de
comportamiento y convivencia. Destacamos:
1. Los padres y madres deben estar informados de los diferentes tipos de
acoso escolar y de las características o peculiaridades de cada uno de
ellos.
2. Deben informar a sus hijos e hijas sobre las formas de acoso y las
consecuencias que tienen sobre el acosado y el acosador. No obviar
estos temas por ser potenciales fuentes de conflicto. Es mejor hablar en
familia. Ellos lo conocen, no tiene sentido ocultar una realidad.
3. Deben informarles y prevenirles de los problemas que pueden generar
las relaciones establecidas a través de la red con gente desconocida,
así como dar información personal que pueda luego ser publicada.
4. En base a casos reales cercanos a los hijos e hijas, si los hay, comentar
a nivel familiar qué problemas acarrean y qué pautas de comportamiento
serían más correctas para, bien evitar el acoso, o bien minimizar sus
efectos.
5. Los padres y madres que son conscientes de que su hijo o hija tiene un
perfil candidato a ser acosado, deben tener una atención especial y estar
pendientes ante cualquier señal de alerta.
6. Siempre escuchar a los hijos e hijas, prestarles atención y orientarles en
todo aquello que les preocupa. Todo ello favorecerá su proceso de
maduración personal.
A nivel escolar también hay una tarea preventiva del acoso muy importante. El
profesor permanece con los menores durante mucho tiempo, los conoce, sabe
el tipo de comportamiento que manifiesta cada uno de ellos y cómo se relaciona
con los demás. Puede detectar incipientes formas de acoso en el aula y/o en las
instalaciones del centro, comunicarlo a los padres y madres e intentar poner
solución antes de que vaya más allá.
Pero, en el caso del ciberbullying el problema trasciende fuera del aula y del
centro y se escapa del control y seguimiento que pueda realizar el profesorado.
Por ese mismo motivo es tan importante informar y orientar a los padres y
madres, que son los que conviven con él y van a captar más rápidamente
posibles problemas de acoso digital.
Por supuesto la colaboración centro-familia debe estar siempre presente.
Normalmente el ciberbullying es una ‘ampliación’ del acoso en el ámbito escolar
y el trabajo conjunto va a ser decisivo tanto en la prevención como en la
detección y posibles vías de solución.

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